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1. ¿Que es el absolutismo?

El absolutismo fue un tipo de gobierno y un régimen político monárquico típico del Antiguo
Régimen, es decir, el periodo anterior a la Revolución Francesa. En este sistema todo el poder
residía en el rey y este poder no podía estar limitada por ninguna medida, excepto por la ley
divina. Se decía que el rey tenía linaje divino, siendo la representación divina de Dios, y por
tanto no estaba sujeto a las normas terrenales.

Para el absolutismo, el rey era el estado, por lo que todos los poderes emanaban de su figura,
y estaban subordinados a su voluntad. El poder del rey abarcaba todos los campos de la época,
por lo que también tomaba las decisiones relacionadas con el mundo religioso.

El absolutismo dominaría Europa Occidental durante tres siglos, siendo la forma de gobierno
más importante de la Edad Moderna. Esto supone un cambio frente a la época anterior, donde
el poder estaba compartido entre el rey y los señores feudales.

2. Normalmente se atribuye a Luis XIV la frase "El estado soy yo", o "yo soy el estado", como
mayor muestra de la equiparación de su reinado con el absolutismo. Bossuet, obispo francés,
fue uno de los principales ideólogos del absolutismo, justificando el derecho divino del
monarca a gobernar al considerar al rey el representante de Dios en la tierra.

3. La era del absolutismo, ejemplificada por la figura del Rey Sol Luis XIV de Francia, fue el
punto álgido de la pretensión, lograda en mayor o menor grado, de que el poder de los
gobernantes europeos no estuviese sometido a ninguna limitación institucional y quedara solo
por debajo de la autoridad divina. En esta época el mercantilismo, que se caracteriza por una
fuerte inversión estatal centralizada, fue la forma dominante en la economía europea. Además
los problemas religiosos desaparecieron de las guerras europeas y fueron remplazados por la
lógica del equilibro de poder.

Luis XIV de Francia fue coronado en 1643. Estaba casado con María Teresa, hija de Felipe IV de
España. Basó su poder en mantener una Francia unificada y en mantener una estrategia
ofensiva contra su principal rival en Europa, el príncipe de Orange, Guillermo III de Inglaterra.
Su ofensiva se centró en los Países Bajos por su poder económico, su deseo de aumentar su
territorio y de atacar a calvinistas y protestantes. Más allá de los Países Bajos sus objetivos en
política exterior se resumían en la expansión territorial y en la propagación del catolicismo. Su
política agresiva exigió mantener un ejército de 280 000 hombres. Tal esfuerzo bélico y sus
escasos resultados prácticos supusieron un enorme gasto, empobreciendo a la población y
provocando el odio de los protestantes.

La política económica de Luis XIV fue guiada por Jean-Baptiste Colbert y convirtió a Francia en
el modelo del mercantilismo. No solo era un espejo en la economía, en toda Europa dominaba
el idioma, la cultura e incluso la vestimenta francesa.

Luis XIV tuvo éxito en su ambición de controlar la política interior de forma absoluta a través
de una burocracia centralizada. Dominó con éxito a las nobles rebeldes y se convirtió a si
mismo en el centro del poder y la cultura francesa. Todos dependían de él para cualquier
avance administrativo y podían prosperar solo bajo su buena voluntad. Además estableció el
Palacio de Versalles, símbolo de su poder, que se construyó en catorce años. El traslado de la
Corte a Versalles permitió mantener a los nobles ocupados y lo suficientemente distraídos
como para que tuviera voz en los asuntos de gobierno. En una muestra más de la confianza en
su poder absoluto, en 1685, el rey revocó el Edicto de Nantes, despojando a los calvinistas de
todos sus derechos en Francia.

Más tarde, se llegó a decir: «Lo que place al rey tiene vigor de ley» o «el príncipe no está
obligado por la ley». Expresiones todas que favorecen el poder absoluto de los reyes. El rey
recibe, pues, su autoridad de solo Dios y sólo ante Él tiene que responder de sus actos. Al rey
le compete el supremo poder legislativo, jurisdiccional y ejecutivo; puede disponer de los
bienes y de la libertad de sus súbditos. Éstos no tienen, con relación al príncipe, más que
deberes y ningún derecho; porque la autoridad del príncipe no puede tener otros límites que
su propia autoridad o su propia conciencia.

.Junto a este absolutismo también se desarrolla en este siglo una experiencia muy diversa en
otros países de Europa, que marcará el desarrollo político de Europa: el parlamentarismo. En
Inglaterra el gran teórico fue Hobbes. Propone que cada individuo debe renunciar a sus
derechos para ponerlos en un monarca por un pacto. El poder no viene de Dios, sino de la
sociedad y el monarca debe estar sometido a Dios y a la ley.

Cuando en Inglaterra —gobernada por los Estuardos- Carlos I se proclama rey absoluto,
comienza una guerra que terminará ajusticiando al rey —1642-. Cromwell establece una
república que luego se transforma en dictadura personal cuando disuelve el Parlamento. A su
muerte en 1659 se llama a ocupar el trono a Carlos II. Sin embargo, las exigencias liberales no
se ven cumplidas y en 1689 se expulsa a Jacobo II y se llama a gobernar a Guillermo de Orange
de Holanda —Declaración de Derechos: el parlamento está sobre el Rey-.

La noción de pacto y de representatividad del parlamento es ya esencial a toda la teoría


política moderna. El gran pensador inglés que le dará forma será John Locke.

Otra nación que caminará por la misma huella será Holanda. Se ha forjado en una lucha de
rebelión contra Felipe II, rey de España, y rechaza todo poder absoluto. Era gobernada por una
asamblea nacional. La autoridad debe expresar la voluntad de la mayoría, quiere Holanda, y la
religión debe separarse del derecho.

Sin embargo, esta concepción está todavía muy empapada de ideas de la alta burguesía y de la
aristocracia. No existe el concepto de la igualdad y se habla de «súbdito», no de ciudadano.

La guerra de los treinta años

En este caldo de cultivo sucedió en Europa una terrible guerra: la de los treinta años.

Es la primera de las guerras europeas y se extiende desde 1618 hasta 1648. Comienza en
Alemania ante el avance de la reforma católica —Bohemia era gobernada por Habsburgos
austríacos-. Es la reacción del protestantismo alemán apoyado por el resto de Europa contra
los Habsburgos hispano-austríacos.

Finalmente el imperio cae por la acción de Dinamarca, Suecia y especialmente de Francia:


Westfalia en 1648 y Pirineos en 1659 jalonan la derrota hispano-austríaca. Las dos primeras
entran con la guerra en el concierto de las grandes naciones europeas y Francia asume la
hegemonía continental. Holanda es reconocida por España. Austria comienza su expansión
hacia el este —formación del imperio austrohúngaro-; surge una nueva nación alemana:
Brandeburgo, Prusia, que tanta importancia tendrá en el futuro de la nación alemana —
génesis del dualismo alemán-. España se sume en una decadencia que finalizará con la
entronización de un Borbón en el trono real, Felipe V, nieto del Rey Sol.

El atrasado imperio ruso comenzará a despertar a fines del siglo con el zar Pedro, el Grande,
que intenta modernizar y occidentalizar la autocracia del este.