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¿Pacto autobiográfico o pacto novelesco?

La doble autoficción de Marechal en Adán


Buenosayres*
Fecha de recepción: 22 de diciembre de 2018
Fecha de aprobación: 13 de marzo de 2019

Resumen Ana Davis González

El proceso creativo particular de la autoficción dificulta la delimita- Universidad de Sevilla. Becaria


predoctoral de Formación Personal
ción de toda obra artística que se inscriba a este subgénero. Su doble
universitario (FPU) del Ministe-
referencialidad, a diferencia de la autobiografía, permite que el lec- rio de Educación de España en el
tor juzgue la obra teniendo en consideración dos pactos ficcionales: Departamento de Literatura Espa-
el novelesco y el autobiográfico. La ambivalencia derivada de su ñola e Hispanoamericana (Univer-
confluencia permite hablar de pacto de lectura ambiguo, del cual se sidad de Sevilla). https://orcid.
desprenden dos referentes simultáneos –biográfico y ficticio– (Al- org/0000-0002-9638-3987
berca, 2005). En este trabajo, se pretende señalar la necesidad de adavis@us.es
romper con dicha indeterminación mediante la separación entre los
pactos de lectura: si el lector atiende al autobiográfico, el resultado
será distinto a si nos centramos en el novelesco. En las líneas que *El presente trabajo es resultado de
siguen, se ejemplificará dicha propuesta a partir de la primera no- la investigación vinculada a la tesis
vela del escritor argentino Leopoldo Marechal, Adán Buenosayres doctoral en proceso aún, titulada
(1948), con el fin de determinar qué consecuencias tiene esta suge- “Revisión de la tradición cultural
argentina en Adán Buenosayres”.
rencia de lectura para la obra aquí analizada.
Agradezco a Jesús Gómez de
Tejada el haberme facilitado la
Palabras clave: Autoficción; autobiografía; pacto de lectura; bibliografía teórica empleada.
Leopoldo Marechal; Adán Buenosayres

Citar: González,A.D. (julio- diciembre de 2019). ¿Pacto autobiográfico o pacto


novelesco? La doble autoficción de Marechal en Adán Buenosayres. La Palabra,
(35), 69–82. https://doi.org/10.19053/01218530.n35.2019.5989

69 La Palabra No. 35 Tunja, Julio - diciembre de 2019, EISSN:2346-3864 pp. 19-25 pp.69-82
Fictional or Autobiographical Pact?
Double Autofiction in Marechal’s Adán
Buenosayres
Abstract
The particular creative process of self-fiction makes it difficult to delimit any artistic work that belongs
to this subgenre. Its double frame, unlike autobiography, allows the reader to judge the work taking
into consideration two fictional concepts: fiction and the autobiography. The ambivalence derived
from this confluence allows us to speak of the ambiguous reading pact, which considers two references
(biographical and fictitious) at the same time (Alberca, 2005). The aim of this work is to point out the
need to break with such indeterminacy that requires the separation between the two pacts of reading: if
the readers looks at the autobiographical, the result will be different if one considers only the fictional
aspect. In the following lines, this proposal will be exemplified from the first novel by the Argentine
writer Leopoldo Marechal, Adán Buenosayres (1948), in order to determine what consequences this
reading suggestion has for the work analyzed here.

Keywords: Autofiction, autobiography, reading agreement, Leopoldo Marechal, Adán Buenosayres.

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¿Pacto autobiográfico o pacto novelesco? La doble autoficción de Marechal en Adán Buenosayres
Ana Davis González

Introducción
La suerte de la recepción de en qué consistió el grupo añaden razones ideológicas y
Adán Buenosayres de Leopoldo martinfierrista debido a ciertas políticas vinculadas a la afini-
Marechal (1900-1970), fue «[…] falsas interpretaciones, dad de Marechal con el peronis-
especialmente desoladora “errores” e “involuntarias mo3. Así, en el corto período de
durante los primeros años alteraciones de la verdad” por tiempo que va de 1948 a 1955,
tras su publicación en 1948; parte de antiguos miembros» el  Adán  no pasa inadvertido
ello se debió, entre otras (Girondo, 1949, p. 10). A pesar para los intelectuales, como no
causas, a la identificación de de que Girondo no da nombres podía ser de otra manera en un
personas reales –miembros del concretos, Andrea Pagni (2015) ambiente de tensiones políticas,
grupo Martín Fierro– tras las y Rose Corral (2018) no dudan agitaciones populares y polé-
máscaras de sus personajes. en señalar que el blanco de la micas literarias4. Marechal se
La parodia del movimiento de crítica es Marechal; y el motor adhiere al Partido Justicialista
vanguardia más importante de de polémica, su Adán. desde sus inicios con una op-
la Argentina de los veinte fue timista perspectiva de cambio,
llevada a cabo en la novela Tras estas indirectas ambiguas, que irá disminuyendo gradual-
mediante el enmascaramiento. González Lanuza, Noé Jitrik y mente debido a la marginación
Ello provocó reacciones Rodríguez Monegal lanzan sus a la que fue sometido, siendo
negativas, especialmente entre diatribas directas a la novela1, y apartado del círculo cultural
excolaboradores de la revista el comentario elogioso de Cor- porteño de los años cincuenta.
como Oliverio Girondo y tázar resulta así un caso aislado
Eduardo González Lanuza. El (publicado en Realidad, 1949). A partir de los sesenta, y gracias
primero dedica un discurso, Las reprobaciones hacia la obra al éxito de su segunda novela El
leído en la SADE por Córdova se achacaban el humorismo de Banquete de Severo Arcángelo
Iturburu, con motivo del su estilo, la falta de unidad y la (1965), el Adán comienza a ser
aniversario de la clausura «sospechosa» conexión con el considerado entre la intelectua-
de Martín Fierro (1949). Ulises de Joyce, hasta el punto lidad, iniciándose un debate en
Allí, el autor afirma verse de considerarse un plagio2. A torno al modo más adecuado
en la obligación de aclarar los argumentos estilísticos se de leerlo. La crítica se divide,

1
De ahí el reproche de este último, “De nada valen entonces estas hipócritas palabras de la dedicatoria: A mis
camaradas mmartinfierristas vivos y muertos […]” (Rodríguez Monegal, 1997, p. 926).
2
Así escribía González Lanuza (1997): “Imaginad, si podéis, el Ulises escrito por el padre Coloma y
abundantemente salpicado de estiércol, y tendréis una idea bastante adecuada de este libro” (p. 878). Y
Rodríguez Monegal (1997), por su parte: “Marechal repitió sin ningún sentido los riesgosos enfoques e
hizo sonar a hueco lo que era, en Joyce, forma plena de contenido, convirtiendo la copia o transcripción en
desdichada parodia” (p. 925).
3
En este punto se centra, sobre todo, la opinión de Jitrik (1997), quien señala el nacionalismo, el catolicismo y el antisemitismo
marechaliano como prejuicios que le impedirían crear una novela genial: “esta pudo haber sido una novela decisiva para nuestra
literatura y no lo es” (p. 884).
4
Tal es así que Marechal (1997b) responde en 1966 al publicar las «Claves de Adán Buenosayres», donde
manifiesta su sorpresa ante las reacciones negativas inesperadas, y justifica su labor revisionista del
martinfierrismo respaldándose en el humorismo: “Si yo hubiera querido fustigar […] a mis alegres
conciudadanos habría concebido un infierno solemne y rabioso, a la manera de Dante […] ¿Qué hice? Inventar
un Infierno humorístico, dotado, como es visible, de todo el confort moderno” (p. 867).

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por un lado, entre aquellos que crítica extranjera especializada incapacidad de contemplar la
lo juzgan un texto imposible en la obra marechaliana, y su vida sin escalar las estanterías
de entender plenamente por un consecuente divulgación fuera de las bibliotecas”. De ahí
lector ajeno a la historia cul- del país5. Tal propuesta posee la importancia de analizar la
tural argentina; y los que, del una visión intermedia al afirmar autoficción de una obra que
lado opuesto, aseguran que la que la novela se mueve entre lo clausura paródicamente el
universalidad del Adán lo vuel- nacional y lo universal6. movimiento de vanguardia más
ve susceptible de ser apreciado representativo de su país y que
por cualquier lector. Entre los La postura de los primeros proyecta el nexo entre vida
primeros, se encuentra Adolfo detractores del Adán convenía y arte mediante el filtro de la
Prieto (1997), al definir la nove- con la opinión de Prieto, sátira. El objetivo en el presente
la como “obra de consumo in- sobre todo la de González trabajo es, por un lado, proponer
terno, incomprensible fuera de Lanuza (1997), al comentar nuevos postulados teóricos en
su país” (p. 898). No obstante, las coincidencias entre figuras torno a la autoficción, con el
en el elogioso artículo que Fer- reales y personajes de ficción, fin de dilucidar de qué manera
nando del Paso dedica al texto, y al aludir a un “protagonista- es empleada en la obra de
el mexicano desmiente la obser- autor”, vinculando a Adán Marechal; por el otro, sugerir
vación de Prieto, colocándose a con Marechal (p. 879). En la intratextualidad como
sí mismo como ejemplo de lec- las siguientes líneas, se procedimiento de revisión
tor extranjero del Adán (p. 25). presentarán las dos vertientes de la producción poética
de la autoficción en una novela marechaliana.
Cabe destacar también a Fran- que pone al descubierto la
cisco Ayala, uno de sus pri- conexión entre vida y arte, uno Hacia una definición de
meros lectores y responsable de los ejes centrales comunes autoficción
directo de la primera reseña a las corrientes de vanguardia.
de la obra, pues fue quien se Alcanzar la fusión entre praxis La delimitación del concepto
la encargó a Cortázar, como él artísticas y vital forma parte autoficción es, sin duda, uno
mismo comenta en “Peripecia de los propósitos de toda de los desafíos más complejos
de un libro” (2000). La validez vanguardia, y el martinfierrismo de la crítica actual. En primer
de esta segunda perspectiva se no está exento de ello, como se lugar, debido a que no existe
comprueba en los últimos años observa en su manifiesto (Martín aún un mutuo acuerdo en su
por el creciente aumento de la Fierro, 3, 1924): “Frente a la
S
intetizando este amplio proceso, no se puede dejar de nombrar a Navascués quien, desde España, se ha encargado de
profundizar en estudios marechalianos desde 1992. Entre la crítica norteamericana, destaca Norman Cheadle, no solo por
sus numerosos estudios, también por la traducción del Adán al inglés de 2014. Asimismo, en Italia, tanto Bravo Herrera
como Martínez Pérsico divulgan la obra del argentino en Europa; la segunda continúa la labor de publicar textos inéditos,
como el drama Polifemo, desconocido hasta 2016. Finalmente, en Alemania, Claudia Hammerschmidt coordina el proyecto
«El “paradigma Marechal” o la “tercera posición” de la literatura argentina moderna» con la misión de indagar y divulgar la
producción marechaliana».
6
Algunos ejemplos son: «Argentino y universal» de Berenguer Carisomo (Clarín, 1980); «Desmesurado Adán
Buenosayres» de Ángel Núñez (1997); «Lo nacional y lo universal en la obra de Marechal» de Pedro Luis
Barcia (2000); y «Leopoldo Marechal: entre el clero secular y la militancia justicialista» de Guillermina
Georgieff (2011). Por su parte, Mario Casalla (1986) propone el concepto de universal situado para aludir a
la fusión de localismo y universalidad, en «La Estética de Leopoldo Marechal. Un ejemplo de Apropiación
Nacional de la Cultura Universal». En uno de los últimos estudios sobre Marechal, Hammerschmidt (2018)
alude a la ultramordernidad del escritor para referirse a su tendencia oscilante entre tradición y modernidad
–en «La ultramodernidad de Leopoldo Marechal»–.

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definición; pero, sobre todo, Tal definición subraya la fun- brovsky cuando define el géne-
porque es una de las estrategias ción significativa que posee el ro de su novela Hijos (1977):
de creación vigentes en la lite- lector para decidir, a partir del
ratura contemporánea, y esto texto, si se halla frente a una au- ¿Autobiografía? No, es un
implica que continuamente apa- tobiografía o frente a una auto- privilegio reservado a los
rezcan nuevas modalidades del biografía novelada. Esta última, importantes de este mundo,
género que problematizan su agrega el crítico, puede estar en el atardecer de su vida, y
en un hermoso estilo. Es una
caracterización. Como es sabi- escrita tanto en primera como
ficción de acontecimientos y
do, el término ha sido acuñado en tercera persona7 y, asimismo,
hechos estrictamente reales;
por Serge Doubrovsky en 1977, “[…] se define por su contenido. si se quiere, autoficción, de
al advertir la complejidad que A diferencia de la autobiografía, haber confiado el lenguaje de
subyace en la relación entre el implica gradaciones. ¿Cómo una aventura a la aventura
escritor y su obra; es decir, la distinguir entre la autobiografía del lenguaje, fuera de sensa-
performatividad del yo, aspec- y la novela autobiográfica? […] tez y fuera de la sintaxis de
to que vuelve irreconciliable la si permanecemos en el pleno la novela tradicional o nueva
distinción entre referencialidad análisis interno del texto no hay (Viart, 1999, p. 74).
y ficción. En palabras de Cap- diferencia alguna” (Lejeune,
lliure (2016), “La escritura es la 1994, pp. 63-64). Esta última Hemos destacado en cursiva un
acción performativa del cuerpo observación marginaría nume- rasgo que consideramos funda-
en la historia. […] la ficción, la rosas obras literarias del géne- mental de la autoficción: la pre-
antropología, la novela, la vuel- ro –entre las que se incluye la ocupación estética referida por
ta del autor producen un nuevo novela aquí analizada–, debido Lejeune. La autobiografía pue-
campo para las epistemologías a su falta de verosimilitud; es de atender al estilo de su escri-
diversas” (p. 212). Sin embar- decir, aquellos textos que con- tura, pero son los hechos narra-
go, el concepto ya había sido tienen acciones o hechos auto- dos y su relación con la verdad
definido por Philippe Lejeune biográficos y, a su vez, aspectos lo que define su delimitación.
(1994) dos años antes bajo el narrativos que impiden una lec- Dicho vínculo realidad/ficción,
rótulo de novela autobiográfi- tura autobiográfica total, lo que que es ya de por sí controver-
ca: reduce su credibilidad. No obs- tido, se problematiza aún más
tante, para Lejeune, la novela en un género híbrido. Manuel
[…] llamaré así a todos los autobiográfica posee la parado- Alberca (2005-2006) subraya
textos de ficción en los cuales ja de “[…] pretender ser a la vez este punto en su definición de
el lector puede tener razones un discurso verídico y una obra autoficción:
para sospechar, a partir de de arte. […] como centro del
parecidos que cree percibir, […] la autoficción […] se
sistema actual esta tensión entre
que se da una identidad caracteriza por tener una
la transparencia referencial y la
entre el autor y el personaje, apariencia autobiográfica,
mientras que el autor ha preocupación estética” (p. 137).
ratificada por la identidad
preferido negar esa identidad En este segundo punto, es don-
nominal de autor, narrador
o, al menos, no afirmarla (p. de pone especial hincapié Dou- y personaje. Es precisamente
63). este cruce de géneros lo que

7
No todos los críticos posteriores admiten que un texto en tercera persona encaje dentro de la autoficción; por ejemplo,
Darrieussecq (2012) expone la siguiente definición: “[…] diría que la autoficción es una narración en primera persona, que se
presenta como ficticia, […] pero en que el autor aparece homodiegéticamente con su nombre propio y cuya verosimilitud se
basa en múltiples efectos de vida” (p. 66). Con la expresión «efectos de vida», el autor alude a aquellos efectos de realidad
que surgen al comparar obra y vida real.

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configura un espacio narra- otros donde la identificación ten, por lo tanto, a una prueba
tivo de perfiles contradicto- sí se hace explícita, pero don- de verificación. Su fin no es
rios, pues transgrede o al me- de la presencia del autor no la mera verosimilitud, sino
nos contraviene por igual el es protagónica […], los que el parecido a lo real: no es el
principio de distanciamiento presentan una voz narradora «efecto de realidad», sino la
de autor y personaje que rige propensa a la disgregación imagen de lo real. Todos los
el pacto novelesco y el prin- y al comentario interno, fá- textos referenciales conlle-
cipio de veracidad del pacto cilmente atribuible al autor, van, por tanto lo que yo de-
autobiográfico (pp. 115-116) […] o incluso los relatos nominaría pacto referencial
(la cursiva es mía). donde, si bien el autor apa- (Lejeune, 1994, p. 76).
rece ficcionalizado, se inclu-
El crítico reduce la autoficción a yen suficientes rupturas de la El pacto referencial se entre-
aquellas obras donde la identifi- verosimilitud realista como cruza con el novelesco en la
para despejar cualquier
cación autor-personaje es nomi- autobiografía novelada, debido
duda acerca de su estatuto
nal, a diferencia de otros críticos novelesco (p. 11) (la cursiva
a que parte de sus referentes
que reconocen la posibilidad de es mía). son ficticios. Ambos, en con-
encontrar una filiación median- junto, dan como resultado el
te otros indicios al margen del Casas advierte la falta de ve- pacto autobiográfico que, acla-
nombre. Alberca añade, sin em- rosimilitud de la autoficción ra Lejeune, no es equivalente
bargo, dos vertientes opuestas que Lejeune negaba. La autora en todos los textos: en ciertas
del género, el cual pone de relieve el asunto central obras, el pacto referencial será
que problematiza el género: la más significativo que el nove-
[…] a) puede camuflar un
cuestión de la referencialidad, lesco, y viceversa, debido a la
relato autobiográfico bajo naturaleza mixta del género (pp.
pues “[…] la ruptura de la ve-
la denominación de novela8 308-309). Partiendo de Lejeu-
o, b) puede simular que una rosimilitud realista se produce,
no obstante, estrechando los ne, Manuel Alberca publica en
novela parezca una autobio-
lazos entre la obra literaria y el 2007 El pacto ambiguo, estudio
grafía sin serlo. En ambos
universo extratextual: la auto- focalizado en el carácter ambi-
casos la ambigüedad es de
muy distinto calado. Efímera ficción llama al referente para valente de la autoficción: “[…]
en el primero y más compleja negarlo de inmediato” (pp. 33- [El] personaje es y no es el au-
y continuada en el segundo 34). Esta oscilación entre aludir tor […] y el texto se propone si-
(p. 117). y negar un referente de manera multáneamente como ficticio y
simultánea, es lo que lleva a Le- real. […] cuya norma es provo-
Debido a las distintas posibi- jeune a plantear los dos modos car la vacilación interpretativa
lidades de la autoficción, Ana de pactos de lectura que ofrece del lector” (Alberca, 2007, pp.
Casas (2012) califica el género en El pacto autobiográfico; por 32-33) (la cursiva es nuestra).
como «cajón de sastre», y lo de- una parte, la autobiografía no- La duda que la instancia narra-
fine en estos términos: velada requiere del pacto refe- tiva provoca en el lector, es lo
rencial: que lleva a Alberca a sustituir el
Textos autobiográficos donde rótulo de pacto autobiográfico
no aparece una identifica- Por oposición a todas las for- por el de pacto ambiguo, una
ción expresa entre el autor mas de ficción, la biografía lectura que asocia ambas inter-
y personaje, sino que esta y la autobiografía son textos pretaciones, pues existiría un
solo se sugiere […], aquellos referenciales […], y se some-

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Aquí se encuadra la novela de Marechal que se estudiará a continuación.

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¿Pacto autobiográfico o pacto novelesco? La doble autoficción de Marechal en Adán Buenosayres
Ana Davis González

[…] gradualismo varia- dos perspectivas distintas para Pacto autobiográfico y pacto
ble y complejo con que el interpretarlo. Consistiría en dos novelesco en el Adán
lector tiene que descifrar propiedades que, a pesar de ser
en estos textos situados a simultáneas, no se perciben al El Adán comienza con el tópico
caballo de los dos grandes
mismo tiempo por parte del re- tradicional del manuscrito
pactos narrativos, el auto-
biográfico y el ficticio. A
ceptor. encontrado, donde L. M. ofrece
este escenario literario lo su declaración de intenciones:
he llamado en otro lugar Por tanto, el acercamiento a una publicar unos textos escritos
el “pacto ambiguo” (Al- obra autoficcional debe romper por el protagonista (Libros
berca, 2005-2006, p. 119). con la ambigüedad señalada por Sexto y Séptimo), y relatar los
Alberca. De no ser así, el resul- últimos días de su vida, para
Pacto ambiguo o lógica difu- tado final es un entrecruzamien- que el lector obtenga una visión
sa –según la terminología de to de elementos heterogéneos: más íntegra de él y de su obra:
Calzón García (2016)–, la no- unos aludirán a referencias au-
vedad metodológica propuesta tobiográficas y otros, a ficticias, Consagré los días que siguie-
por Alberca supone un acerca- pues pertenecen a distintos ni- ron a la lectura de los dos
miento al texto que examina los veles de la instancia narrativa. manuscritos que Adán
referentes reales y ficticios al Si mediante el pacto ambiguo Buenosayres me había con-
fiado en la hora de su muer-
mismo tiempo: “[…] no tiene tenemos en cuenta el carácter
te, a saber: el Cuaderno de
sentido, al menos no es priori- ficcional y autobiográfico al
Tapas Azules y el Viaje a la
tario, comprobar la veracidad mismo tiempo, estaremos com- Oscura Ciudad de Cacodel-
autobiográfica, ya que el texto binando cuestiones incompa- phia. Aquellos dos trabajos
propone ésta simultáneamente tibles, puesto que los aspectos me parecieron tan fuera de
como ficticia y real” (p. 120). autobiográficos del texto no son lo común, que resolví darlos
Siguiendo el razonamiento del significativos para el mundo a la estampa, en la seguridad
autor, debemos suponer que la novelesco, y viceversa. Esta es de que se abrirían un camino
obra origina una referencia que la perspectiva que se utilizará de honor en nuestra litera-
es doblemente ficticia y real, a continuación para analizar la tura. Pero advertí más tarde
que aquellas páginas curio-
que se actualiza mediante el doble autoficción de la prime-
sas no lograrían del público
proceso de lectura y se aúnan ra novela de Marechal, Adán
una intelección cabal, si no
gracias al pacto ambiguo. No Buenosayres (1948), pertinente las acompañaba un retrato
obstante, creemos convenien- para este estudio, debido a dos de su autor y protagonista.
te reformular esta cuestión. La razones fundamentales: las nu- Me di entonces a planear una
problemática concreta de la au- merosas lecturas autobiográfi- semblanza de Adán Buenosa-
toficción no es, en realidad, la cas que se han hecho de la mis- yres (Marechal, 1997a, p. 5).
doble naturaleza real y ficticia ma y la doble autoficción lleva
de su referente, sino su duplici- a cabo su autor. De este modo, el narrador nos
dad. El texto crea dos referentes enfrenta a una primera auto-
complementarios que ofrecen ficción bastante convencional,

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iniciada ya por Cervantes9, que no son frecuentes en la novela aquel donde escritor y persona-
Vincent Colonna (2012) deno- y, además, el presunto editor je comparten el mismo nombre
mina autoficción intrusiva: L. M. no vuelve a aparecer. propio, no estaríamos aquí ante
Es significativo que los cinco uno. Sin embargo, la novela
El avatar del escritor es un primeros libros del Adán estén autobiográfica puede presentar
recitador, un relatador o un narrados por L. M. en tercera otros indicadores que señalen
comentarista, en resumen: un persona, pues son el retrato dicha identificación, es decir,
«narrador-autor» al margen y semblanza del protagonista aquello que Ferrero denomina
de la trama. […] implica una
que acompañan y explican los autobiografema11: huellas tex-
novela en tercera persona,
libros Sexto y Séptimo –los tuales que aluden directamente
con un emisor exterior al su-
jeto. […] el narrador se dirige textos escritos por Adán–. Aún a aspectos extratextuales del
a su lector, avala los hechos así, L. M. no se hace visible escritor –sin caer en interpre-
relatados o los contradice, en ningún otro momento y, por taciones que den lugar a ambi-
une dos episodios o se aleja tanto, el lector se olvida de que güedades–. También son fun-
de la intriga con una digre- es él quien narra la historia, damentales, en este sentido, los
sión: aporta a la existencia lo que resta verosimilitud al paratextos que rodean la obra; si
una voz solitaria y sin cuerpo argumento10. no determinan explícitamente la
que corre paralela a la histo- lectura del texto, definitivamen-
ria (p. 115).
No obstante, la novela pre- te influyen en la interpretación
senta una segunda autoficción de la obra12. Así, en Claves de
Aquí se observa que existe más cuestionable, señalada por Adán Buenosayres, Marechal
una coincidencia onomástica González Lanuza: aquella que (1997b) confiesa: “Tal es […]
entre el personaje identificado identifica al protagonista con la clave espiritual de mi Adán
como autor con las letras L. su autor por coincidencias bio- Buenosayres: ella traduce un
M., y el escritor Leopoldo gráficas. Si concebimos un tex- proceso de un alma que, por ser
Marechal. Tales coincidencias to autoficcional únicamente a el mío, transferí a mi persona-

9
En la obra cervantina, la autoficción se introduce mediante la metalepsis: “Metalepsis y autoficción se dan la
mano cuando el lector suspende el juicio de evaluación referencial y acepta el traspaso ilusorio de la frontera
que separa realidad y ficción” (Calzón García, 2016, p. 173). Martín-Jiménez (2015), al analizar la metalepsis
y la autoficción empleada por Cervantes, señala que el Quijote, y obras como la de Marechal, trasgreden “[...]
the limits of what is possible since some textual or peritextual categories come into play (author, recipient,
enunciator, addressee, world of the characters, inserted author, inserted recipient, inserted enunciator, inserted
addressee and the inserted world of the characters), which logically, should be kept independent, or have the
primary text identified with the inserted text” (pp. 23-24). Estaríamos, según el crítico, ante un modelo de
mundo verisimilar and fictional-impossible (traducción mía: verosímil y ficticio-imposible).
10
En un trabajo anterior, «Entre la realidad y la ficción: la verosimilitud en Adán Buenosayres» (2017), he indagado en las
estrategias retóricas que restan credibilidad al narrador de la novela.
11
Ferrero (2013): “[…] la intencionalidad comunicativa […] se manifiesta en la escritura de una memoria de
vida (privada, publica, afectiva o politica) jalonada de autobiografemas y realemas que vinculan el nombre
de autor con quien dice yo en la enunciacion enunciada. Es el lector quien recupera la identidad (pragmática,
no ontológica) entre el sujeto lirico y el autor; para esto se desliza de lo textual a lo extratextual (metatextos
autoriales, biografías, etc.) no para verificar la exactitud de los datos de lo que lee, sino para advertir su
ambigua consistencia” (p. 5).
12
En palabras de Lejeune (1994), “El contrato de lectura de un libro […] no depende únicamente de las
indicaciones que se dan en el propio libro, sino también de un conjunto de informaciones que se difunden de
forma paralela al libro: entrevistas al autor y publicidad” (p. 153).

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¿Pacto autobiográfico o pacto novelesco? La doble autoficción de Marechal en Adán Buenosayres
Ana Davis González

je” (p. 866) (la cursiva es nues- por un lado, remite a los El Adán es una novela signada
tra). bordes del texto (el epígrafe, por la memoria; desde su inicio,
la tapa), y hacia el «afuera» el diálogo con el pasado es
(el mundo social al que constante, no solo a la manera
La autoficción en el Adán ha sido
pertenece el autor […]);
abordada por diversos críticos: proustiana15, sino también
por el otro, señala hacia
Adán Buenosayres. Una novela «adentro» (pp. 776-777).
por los saltos temporales a la
total. (Estudio narratológico) infancia del protagonista y por
de Navascués (1992); Leopoldo el tono nostálgico del narrador
Dicha «condición ambigua»,
Marechal, entre la cuerda al aludir al pasado histórico. En
creada a partir de la dificultad
poética y la cuerda humorística, otros términos, Adán recuerda
de distinguir entre lo biográfico
de Martínez Pérsico (2013); y tanto su infancia en Maipú y los
y lo ficticio, es, a nuestro modo
«La muerte del autor en  Adán hechos que el abuelo Sebastián
de ver, lo que el lector (y el crí-
Buenosayres  de Leopoldo le relataba acerca de su juventud
tico) deben dilucidar y aclarar
Marechal», de Hammerschmith y su vida de contrabandista.
dentro de la obra, a partir de
(2015). Pero, para el tema que Pero además, y centrándonos
las estrategias textuales que nos
nos ocupa, es fundamental el en nuestra teoría, anteriormente
ofrece la instancia narrativa14.
estudio de Gramuglio (1997), no señalada por la crítica: la
Adán Buenosayres es la histo-
«Retrato del escritor como intratextualidad en el Adán
ria de un poeta que se identifica
martinfierrista muerto», cuya posee la función de revirar la
con su autor por coincidencias
lectura parte del prólogo de la estética vanguardista que ya
biográficas, como señalan Gra-
novela13, el cual en los años treinta el escritor
muglio y De Sola, sobre todo
ha dejado atrás16. La mayoría
por su infancia en Maipú y los
[…] contamina de irrealidad de los versos provienen de su
viajes por Europa que el prota-
aquello real que narra pero al poemario más representativo
mismo tiempo contamina de
gonista rememora en el Libro
de dicho período: Días como
realidad la ficción narrativa. Quinto. Pero, en concreto, los
flechas (1926)17. La relectura
Crea una estructura híbrida en biografemas que introducen
que Marechal hace de su propia
que participan mezclados lo textualmente la autoficción son
obra se pone en evidencia
autobiográfico, lo testimonial los versos y poemas de Mare-
en el Libro Séptimo (escrito
y lo ficcional. Exhibe, por lo chal atribuidos al protagonista.
tanto, su condición ambigua: en primera persona), durante

13
Gramuglio (1997): “Anunciada en el prólogo como retrato novelado del poeta muerto, esta imagen se
despliega en modalidades diversas de ficción biográfica y autobiográfica […] hasta componer una autoimagen
ideal: el retrato del yo como escritor […]. El proceso de construcción de la imagen del escritor no se limita
exclusivamente a la ficción” (pp. 771-772).
14
Martínez Pérsico (2013), partiendo del concepto de pacto ambiguo, clasifica al Adán como crónica novelada,
pues “[…] pone en evidencia el pacto ambiguo del que hablamos ya: la precisión informativa de la crónica
en tanto relato que narra acontecimientos según su organización cronológica, con pretensión de verdad, y la
libertad en la ruptura del pacto autobiográfico propio de la fabulación novelesca” (p. 38).
15
Nos referimos al empleo de los sentidos como huella de memoria de la infancia o juventud: “Ambulaba yo por
las calles nocturnas, junto a las verjas y los muros empenachados de glicinas cuyos racimos acariciaban mi
frente y traían a mi memoria un entrañable sabor de primaveras levantadas y caídas allá, en Maipú” (Marechal,
1997a, p. 331).
16
Marechal comienza la escritura del Adán a finales de los años veinte, proceso que continúa a lo largo de la
década del treinta, a pesar de haber sido publicada en 1948.
17
Obra reseñada elogiosamente por J. L. Borges en Martín Fierro (36, 1926).

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la discusión entre Adán y el Como ficción autobiográfica, trama son leídos como ficticios,
tunicado Violeta18, quien le el Cuaderno de Tapas Azules aunque reconozcamos ciertas equi-
reprocha: practica una elisión delibe- valencias autor-protagonista. Ello
rada de lo anecdótico […] y condiciona, sin duda, la lectura del
procede a una transfiguración Adán, pues el lector «admite»
[…] ¿no se atrevió usted
del héroe, al cual proyecta todo fenómeno inverosímil o
a decir que “tu cielo es
hacia una dimensión alegó- fantástico, al saberse frente a un
redondo y azul como los
rica, doblando, para lograr- texto que no es biográfico en su
huevos de perdiz”? ¿Y desde
lo, un discurso metaficcional
cuándo esas aves ponen totalidad. Así, se podría afirmar
que puede encontrarse fue-
huevos azules? ¿No le ha que las dos vertientes autofic-
ra del libro, diseminado en
dicho a una mujer que «en cionales del Adán son antité-
otros textos y condensado en
las enredaderas de sus voces ticas: en la primera Marechal
Descenso y ascenso del alma
incuba tres huevecillos un
por la Belleza del mismo aparece tras las siglas de L. M.,
pájaro de gracia»?19 […] tuvo
la desfachatez de alabar a
Marechal (Gramuglio, 1997, personaje con el cual no com-
p. 779). parte elementos biográficos; la
una señora diciéndole que su
sonrisa era «tan grata como la segunda es completamente fic-
muerte de los tíos ilustres»20 Teniendo en cuenta el Cuaderno ticia, pero coincide autobiográ-
(Marechal, 1997a, pp. 504- y el resto de las intratextualida- ficamente con él, en concreto,
505). des, no sería arriesgado calificar por su condición de poeta. Es-
esta segunda autoficción del tos juegos autoficcionales para-
La intervención del tunicado Adán como autoficción fantás- lelos se entrecruzan únicamente
tiene una función crítica (y por tica, donde en un pasaje del Cuaderno de
tanto, autocrítica del propio Tapas Azules, cuando Adán se
escritor), el estilo del poemario […] el escritor está en el cen- refiere a Marechal en tercera
vanguardista. Gramuglio, por tro del texto como en una au- persona bajo la expresión «el
su parte, ha hecho hincapié en tobiografía (es el protagonis- amigo»: “[…] recordé un poe-
la función autoficcional del ta), pero […] dentro de una ma del amigo cuyos dos ren-
historia irreal, indiferente a
Cuaderno de Tapas Azules glones iniciales dicen así: Entre
lo verosímil. […] la distancia
(Libro Sexto), obra poética que mujeres alta ya, la niña / quiere
entre vida y escritura es irre-
Adán dedica a su amada Solveig. ductible, la confusión es im- llamarse Viento...” (Marechal,
Según la autora, la lectura posible, la ficción del yo es 1997a, p. 329). A la pregunta
del Cuaderno debe hacerse a total (Colonna, 2012, p. 85). de por qué, en este caso, el na-
partir del ensayo marechaliano rrador no atribuye los versos al
Descenso y ascenso del alma Como explica Colonna, este tipo protagonista, podría justificarse
por la Belleza: de autoficción no da lugar a equí- debido a que pertenecen a otro
vocos: los acontecimientos de la poemario del autor (Odas para

18
Otros ejemplos, son los siguientes versos que aparecen en el Libro Segundo: “Yo, alfarero sentado en el tapiz
de los días, / ¿con qué barro modelé tu garganta de ídolo / y tus piernas que se tuercen como arroyos?”
(Marechal, 1997a, p. 105). Y, asimismo, en el Libro Quinto: “«Como aquella otra figura: «La Tierra es un
antílope que huye»; o aquella otra: «Mundo, piedra zumbante de los siete colores. Terror cósmico, desde la
infancia»” (Marechal, 1997a, p. 304), tomados de «Noche de sábado» y «Poemas de veinticinco años».
19
«Elogio», publicado en 1926 y recogido en Poesía.
20
En su edición crítica, explica Barcia (1994) que el verso es una variante de «y más grato que la muerte de los
tíos ilustres», tomado de «Balada para los niños que serán poetas» (Días como flechas) (p. 895).

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¿Pacto autobiográfico o pacto novelesco? La doble autoficción de Marechal en Adán Buenosayres
Ana Davis González

el hombre y la mujer, 1929). vigente en la literatura nacional nismos autoficcionales, a par-


Teniendo en cuenta la función de los años veinte. Esta segunda tir del pacto autobiográfico: el
revisionista de la intratextuali- relectura no fue comprendida primero, con una función meta-
dad, es probable que el escritor por los exmartinfierristas, como léptica que introduce un narra-
no juzgara de la misma manera expusimos en la introducción, dor-transcriptor de los hechos;
ambos poemarios, y el blanco quienes sintieron la novela el segundo, oculto tras biogra-
de su crítica sea únicamente como un ataque personal a sí femas intratextuales, cumple el
Días como flechas. mismos. afán revisionista y crítico de la
literatura anterior del escritor.
Esto nos lleva, asimismo, a re- Conclusiones Sin embargo, dichas circuns-
plantear la doble revisión que tancias no cobran sentido desde
Marechal lleva cabo en su no- Retomando las consideracio- el pacto novelesco, que atiende
vela: por un lado, se despide nes teóricas esbozadas, se pue- a cuestiones narratológicas; es
de sus compañeros de juventud de afirmar que la ambigüedad decir, la evolución de los per-
mediante la sátira de los ex- originada de la mezcla entre sonajes, el espacio y el tiempo,
miembros del martinfierrismo realidad y ficción ha de ser di- que pueden dar como resultado
–o esa es su intención primera, ferenciada en dos interpreta- situaciones o pasajes invero-
como demuestra en su dedica- ciones complementarias, pero símiles y que se miden desde
toria original–. Sin embargo, tal no simultáneas. Por ello, si el un parámetro distinto al formar
revisión no se efectúa mediante Adán se lee tomando en con- parte únicamente de la dimen-
la coincidencia onomástica en- sideración la clave autoficcio- sión ficcional.
tre personajes reales y ficticios nal, el lector se encontrará con
sino a través de referencias im- la intención metaliteraria que Este estudio se inició aludiendo
plícitas a datos extratextuales; tiene como fin releer la obra a la recepción negativa del
por ejemplo, cuando la Falsa poética anterior de Marechal, Adán durante las primeras
Euterpe acusa a Luis Pereda de cuya coincidencia biográfica no décadas tras su publicación,
“[…] andar por los barrios de resulta relevante a nivel narra- y es importante volver sobre
Buenos Aires haciéndose el ma- tológico, y viceversa. Asimis- este punto, pues hasta ahora se
levo, echando a diestro y sinies- mo, dentro la dimensión interna ha analizado cómo debe leerse
tro oblicuas miradas de matón, del texto, los mismos pasajes un texto cuya complejidad
escupiendo por el colmillo y cobran significación en tanto reside en la ambivalencia de su
rezongando entre dientes la mal explican la evolución del per- doble autoficción. La hipótesis
aprendida letra de algún tango” sonaje, su angustia, sus juicios es que el Adán es un ejemplo
(Marechal, 1997a, p. 503). Así, literarios, etc., que representan significativo de cómo el cruce
por las referencias a motivos al artista moderno, al margen de entre ficción y realidad no
típicos de la poesía criollo-van- la posible autobiografía. Adán genera una lectura ambigua de
guardista borgiana, la crítica ha Buenosayres, como novela au- la misma, sino que da como
vinculado a Luis Pereda como toficional, requiere de un doble resultado más de una modo
máscara de Borges. Esta sería, pacto de lectura que ya Lejeune de leerlo. Un lector ajeno a
por tanto, la misma estrategia había descrito: el novelesco y el la biografía de Marechal o al
empleada con la intratextuali- autobiográfico. contexto histórico en que se
dad de Adán y la segunda revi- inscribe su obra, obtendrá un
sión de la novela: clausurar, no Así, a partir del análisis de la resultado distinto tras su lectura,
el martinfierrismo, sino la re- primera novela marechaliana, frente a aquel que conoce en
tórica criollista y vanguardista se han dilucidado dos meca- profundidad ambos fenómenos.

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La perspectiva propuesta aquí se recibido igual entre un público autoficcionales de aquellos que
adhiere a aquellos críticos que y otro. Siguiendo los postulados aluden a cuestiones meramente
consideran que el Adán puede teóricos expuestos, sugerimos ficcionales. Esta particularidad,
leerse por cualquier lector, pero que el lector argentino –y/o que provocó sus primeras
con un matiz distintivo: un aquel que tiene conocimientos diatribas, enriquece la novela,
texto que abarca tal variedad de la historia cultural del como ha quedado demostrado
de registros, temas y motivos país– tiene dos posibilidades con su incorporación al canon
de la tradición universal y de lectura del Adán, y puede literario nacional.
argentina, nunca puede ser deslindar los elementos

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