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ESTUDIOS MINISTERIALES

SON VIGENTES
LOS DONES
MILAGROSOS?
CUATRO PUNTOS DE VISTA

T IN , JR.
LA POSTURA CESACIONISTA

LOBERT L. SAUCY
LA POSTURA ABIERTA,
PERO CAUTELOSA

C. SAMUEL STORMS
LA POSTURA DE LA TERCERA OLA

GLAS
LA POSTURA PENTECOSTAL / CARIS ΜΑΤΙ CA

WAYNE A. GRUDEM, ed.

COLECCIÓN TEOLÓGICA CONTEMPORÁNEA


¿Son vigentes el don de lenguas, el de profecía y el de sanidad?
Los cesacionistas creen que no. Los pentecostales y miembros
de la Tercera Ola opinan que sí. La perspectiva abierta, pero
cautelosa, responde con un tímido “quizás”. ¿Cuál es la respuesta?
¿Hay una respuesta?

¿Son vigentes los dones milagrosos? plantea el debate sobre


lo carismático. Esta obra ofrece un foro ¡mparcial donde comparar
las cuatro perspectivas principales: cesacionista, abierta pero con cautela,
Tercera Ola, carismática/pentecostal. Un autor de cada una de estas líneas
de pensamiento presenta su posición, y ésta va acompañada de los comentarios
y la crítica de las perspectivas opuestas.

Este libro ayudará a los cristianos de diferentes perspectivas a entender mejor


su propio posicionamiento y los posicionamientos de los demás.

Wayne Grudem (editor) es profesor de Biblia y Teología en Phoenix Seminary,


Scottsdale, Arizona. Anteriormente enseñó en el Trinity Evangelical Divinity School,
Deerfield, Illinois.

COLECCIÓN TEOLÓGICA CONTEMPORÁNEA es una serie


de estudios bíblicos y teológicos dirigida a pastores, líderes de
iglesia, profesores, estudiantes y laicos interesados en el estudio
serio de la Biblia. Su propósito es proveer las herramientas
necesarias para tratar el texto bíblico, para conocer el contexto
teológico de la Biblia, y para reflexionar sobre la puesta en
práctica de todo lo anterior en el transcurrir de la vida cristiana.

La colección se divide en tres áreas:


* Estudios Bíblicos
* Estudios Teológicos
* Estudios Ministeriales
¿Son vigentes
los dones milagrosos

Cuatro puntos de vista


¿Son vigentes
los dones milagrosos

Cuatro puntos de vista

Editor
Wayne A. Grudem

editorial die
EX LIBRIS ELTROPICAL

EDITORIAL CLIE
Galvani, 113
08224 TERRASSA (Barcelona) España
E-mail: Hbros@clie.es
http://www.clie.es

;SON VIGENTES LOS DONES MILAGROSOS?


Cuatro puntos de vista
Wayne A. Grudem, ed.

Publicado originalmente en inglés con el título.4 reM'!r¿!cuious Gifrsfor Today?

Copyright ® 1995 by Wayne A. Grudem, Richard B. Gaffin Jr., Robert L. Saucy,


C. Samuel Storms, Douglas A. Oss
Grand Rapids, Michigan

®2004 por Editorial Clie para esta edición en castellano.

Todos los derechos reservados.

Director de la colección: Dr. Matt Williams

Traducción:
Ismael López Medel

Equipo editorial (revisión y corrección):


Nelson Araujo Ozuna
Anabel Fernández Ortiz
Dorcas González Bataller

Diseño de cubiertas: Ismael López Medel

Depósito Legal: B-44.773-2004


ISBN: 84-8267-434-X

Impreso en Tesys, S.A., Industria Gráfica

Printed in Spain

Clasífiquese: 56 TEO LO GIA: Teología Contemporánea


C .T.C . 01-01-0056-15

Referencia: 22.4544
Con muchoaprecioy cariño
dedicamosestelibro
a nuestras esposas
Jean Gaffin
Margaret Grudem
Debra Oss
Nancy Saucy
Ann Storms
COLECCIÓN TEOLÓGICA CONTEMPORÁNEA:
libros publicados

Estudios bíblicos

Michael J. Wilkins & J.P. Moreland (editores), Jesús bajo sospecha, Colee-
ción Teológica Contemporánea vol. 4, 2003.

F. F. Bruce, Comentario de la Epístola a los Gálatas, Colección Teológica


Contemporánea vol. 7, 2004.

Peter H. Davids, La Primera Epístola de Pedro, Colección Teológica Con-


temporánea vol. 10, 2004.

Estudios teológicos

Richard Bauckham, Dios Crucificado: Monoteísmo y Cristología en el Nuevo


Testamento, Colección Teológica Contemporánea vol. 6, 2003.

G. E. Ladd, Una Teología del Nuevo Testamento, Colección Teológica


Contemporánea vol. 2, 2003.

Leon Morris, Jesús es el Cristo: Estudios sobre la Teología Joánica, Colee-


ción Teológica Contemporánea vol. 5, 2003.

N.T.- Wright, El verdadero pensamiento de Pablo, Colección Teológica


Contemporánea vol. 1,2002.

Clark H. Pinnock, Revelación bíblica: el fundamento de la teología cristiana,


Colección Teológica Contemporánea vol. 8, 2004.

Estudios m inisteriales

Michael Green & Allster McGrath, ¿Cómo llegar a ellos? Defendamos y


comuniquemos la fe cristiana a los no creyentes, Colección Teológica
Contemporánea vol. 3, 2003.

Wayne. A. Grudem, ed., ¿Son vigentes los dones milagrosos? Cuatro puntos
de vista, Colección Teológica Contemporánea vol. 9, 2004.
índice

Presentación de la Colección Teológica Contem poránea............................ 9

Prefacio: Wayne Grudem ..................................................................................... 17


Abreviaturas........................................................................................................ 29

1. L A P O S T U R A C E S A C I O N I S T A ....................................................... 31
R IC H A R D B. G A F F IN , J R .............................................................................33
Respuestas
Robert L. Saucy...................................................................................... 71
C. Samuel Storm s................................................................................77
Douglas A. O ss....................................................................................... 91

2. L A P O S T U R A A B IE R T A , P E R O C A U T E L O S A .........................99
R o b e r t l . s a u c y ...................................................................................... 101
Respuestas
Richard B. G a ffin jr ..............................................................................151
C. Samuel Storm s...............................................................................157
Douglas A. O ss......................................................................................165

3. L A P O S T U R A D E L A T E R C E R A O L A ......................................... 173
C. SA M U EL S T O R M S...................................................................................175
Respuestas
RichardB. G a ffin jr..............................................................................221
Robert L. Saucy.................................................................................... 223
Douglas A. O ss..................................................................................... 233

4. L A P O S T U R A P E N T E C O S T A L /C A R IS M Á T IC A ................... 235
D O U G L A S A. O S S ........................................................................................ 237
Respuestas
Richard B. Gaffrn, J r ..............................................................................281
Robert L. Saucy.................................................................................... 295
C. Samuel Storm s................................................................................. 303

7
5. DECLARACIONES FIN ALES.............................................. 307
Douglas A. O ss..................................................................................... 309
C. Samuel Storm s................................................................................. 317
Robert L. Saucy.....................................................................................325
RichardB. G a flin jr ..............................................................................333

Conclusión: WayneA. Grudem.........................................................................341


Bibliografiaen castellano.................................................................................... 351
índice de temasypersonas................................................................................... 353
índice bíblico y extrabíblico......... ...................................................................... 365

8
Presentación de la
Colección Teológica Contemporánea

Cualquier estudiante de la Biblia sabe que hoy en día la literatura cristia-


na evangélica en lengua castellana aún tiene muchos huecos que cubrir. En
consecuencia, los creyentes españoles m uchas veces no cuentan con las
herramientas necesarias para tratar el texto bíblico, para conocer el contex-
to teológico de la Biblia, y para reflexionar sobre cóm o aplicar todo lo
anterior en el transcurrir de la vida cristiana.
Esta convicción fue el principio de un sueño: la “Colección Teológica
Contem poránea.” Necesitam os más y mejores libros para form ar a núes-
tros estudiantes y pastores para su ministerio. Y no solo en el campo bíbli-
co y teológico, sino tam bién en el práctico - si es que se puede distinguir
entre lo teológico y lo práctico -, pues nuestra experiencia nos dice que por
práctica que sea una teología, no aportará ningún beneficio a la Iglesia si no
es una teología correcta.
Sería magnífico contar con el tiempo y los expertos necesarios para es-
cribir libros sobre las áreas que aún faltan por cubrir. Pero com o éste no es
un proyecto viable por el momento, hemos decidido traducir una serie de
libros escritos originalmente en inglés.
Q uerem os destacar que además de trabajar en la traducción de estos
libros, en muchos de ellos hemos añadido preguntas de estudio al final de
cada capítulo para ayudar a que tanto alumnos com o profesores de semi-
narios bíblicos, com o el público en general, descubran cuáles son las en-
señanzas básicas, puedan estudiar de manera más profunda, y puedan
reflexionar de form a actual y relevante sobre las aplicaciones de los temas
tratados. Tam bién hemos añadido en la m ayoría de los libros una biblio-
grafía en castellano, para facilitar la tarea de un estudio más profundo del
tema en cuestión.
En esta “ Colección Teológica Contem poránea,” el lector encontrará
una variedad de autores y tradiciones evangélicos de reconocida trayecto-

9
¿Son vigentes los dones milagrosos?

ria. Algunos de ellos ya son conocidos en el mundo de habla hispana (como


F.F. Bruce, G .E . Ladd y L .L . M orris). O tros no tanto, ya que aún no han
sido traducidos a nuestra lengua (como N .T . Wright y R. Bauckham); no
obstante, son mundialmente conocidos por su experiencia y conocimiento.
T odo s los autores elegidos son de una seriedad rigurosa y tratan los
diferentes tem as de una form a profunda y com prom etida. Asi, todos
los libros son el reflejo de los objetivos que esta colección se ha propuesto:

1. Traducir y publicar buena literatura evangélica para pastores, profe-


sores y estudiantes de la Biblia.
2. Publicar libros especializados en las áreas donde hay una m ayor es-
casez.

L a “Colección T eológica C ontem poránea” es una serie de estudios


bíblicos y teológicos dirigida a pastores, líderes de iglesia, profesores y es-
tudiantes de seminarios e institutos bíblicos, y creyentes en general, intere-
sados en el estudio serio de la Biblia. L a colección se dividirá en tres áreas:

Estudios bíblicos
Estudios teológicos
Estudios ministeriales

Esperam os que estos libros sean una aportación m uy positiva para el


mundo de habla hispana, tal com o lo han sido para el mundo anglófono y
que, com o consecuencia, los cristianos - bien form ados en Biblia y en
Teología - impactemos al mundo con el fin de que D ios, y solo Dios, reci-
ba toda la gloria.
Q uerem os expresar nuestro agradecimiento a los que han hecho que
esta colección sea una realidad, a través de sus donativos y oraciones. T u
P ad re... te recompensará”.

Dr. M atthew C. W illiams


Editor de la Colección Teológica Contemporánea
Profesor en IBSTE (Barcelona)y Talbot School o f Theology (Los Angeles, C A .,EEUU)
Williams@bsab.com

10
P resentación de la C olección T eológica C ontempránea

Lista de títulos

A continuación presentamos los títulos de los libros que publicaremos,


D M , en los próxim os tres años, y la temática de las publicaciones donde
queda pendiente asignar un libro de texto. Es posible que haya algún cam-
bio, según las obras que publiquen otras editoriales, y según también las
necesidades de los pastores y de los estudiantes de la Biblia. Pero el lector
puede estar seguro de que vamos a continuar en esta línea, interesándonos
por libros evangélicos serios y de peso.

Estudios bíblicos

Jesús
Michael J. Wilkins & J.P. Moreland (editores), Jesús bajo sospecha, Terras-
sa: C LIE, Colección Teológica Contemporánea, vol. 4,2003. U na defensa
de la historicidad de Jesús, realizada por una serie de expertos evangélicos
en respuesta a “El Seminario de Jesús,” un grupo que declara que el Nuevo
Testam ento no es fiable y que Jesús fue tan solo un ser humano normal.
Robert H . Stein, Jesús, elMesías: Un Estudio de la Vida de Cristo, Downers
Grove, IL; Leicester, England: InterVarsity Press, 1996//esus theMessiah:A
Survey o fthe Life o f Christ], H o y en día hay m uchos escritores que están
adaptando el personaje y la historia de Jesús a las demandas de la era en la
que vivimos. Este libro establece un diálogo con esos escritores, presenta-
do al Jesús bíblico. Además, nos ofrece un estudio tanto de las enseñanzas
com o de los acontecimientos importantes de la vida de Jesús. Stein enseña
N uevo Testamento en Bethel Theological Seminary, St. Paul, Minnesota,
E E .U U . Es autor de varios libros sobre Jesús, y ha tratado el tem a de las
parábolas y el problema sinóptico, entre otros.

Juan
Leon Morris, Comentario delEvangelio deJuan]Commentary onJohn], 2nd
edition, N ew International Com m entary on the N ew Testament. Grand
Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishers, 1995. L os comentarios de esta
serie, New International Commentary on theNew Testament, están considerados
en el mundo anglófono com o unos de los comentarios más serios y reco-
mendables. Analizan el texto de form a detallada, deteniéndose a conside-
rar temas contextúales y exegéticos, y el sentido general del texto.

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¿Son vigentes los dones milagrosos?

R o m an o s
Douglas J. Moo, Comentario deRomanos[Commentary on Romans], New
International Commentary on the N ew Testament. Grand Rapids, MI: Wm.
B. Eerdmans Publishers, 1996. M oo es profesor de N uevo Testamento en
Wheaton College. Los comentarios de esta serie, New International Commen-
tary on the New Testament, están considerados en el mundo anglófono como
unos de los comentarios más serios y recomendables. Analizan el texto de
form a detallada, deteniéndose a considerar temas contextúales y exegéti-
eos, y el sentido general del texto.

G álatas
F.F. Bruce, Comentario de la Epístola a los Calatas, Terrassa: CLIE, Colee-
ción Teológica Contemporánea, vol. 7,2003.

F ilip en ses
GordonFee, Comentario deFilipenses[Commentary on Philippians], New
International C om m entary on the N ew Testament. G rand Rapids, MI:
Wm. B. Eerdm ans Publishers, 1995. L os comentarios de esta serie, New
International Commentary an theNew Testament, están considerados en el mun-
do anglófono com o unos de los comentarios más serios y recomendables.
Analizan el texto de form a detallada, deteniéndose a considerar temas
contextúales y exegéticos, y el sentido general del texto.

Pastorales
Leon M orris, 1 & 2 Tesalonicenses[1 & 2 Thessalonians], rev. ed., N ew
International Com m entary on the N ew Testament. G rand Rapids, MI:
W m. B. Eerdm ans Publishers, 1991. L os com entarios de esta serie, New
International Commentary on theNew Testament, están considerados en el mun-
do anglófono com o unos de los comentarios mas serios y recomendables.
Analizan el texto de form a detallada, deteniéndose a considerar temas
contextúales y exegéticos, y el sentido general del texto.

Primera de Pedro
Peter H . Davids, La Primera Epístola de Pedro [The First Epistle o fPeter],
N ew International C om m entary on the N ew Testam ent. G rand Ra-
pids, MI: W m . B. Eerdm ans Publishers, 1990. L o s com entarios de esta
serie, NewInternational Commentary on theNew Testament, están considerados
en el m undo anglófono com o unos de los comentarios m as serios y reco-
mendables. Analizan el texto de form a detallada, deteniéndose a conside-

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P resentación de la C olección T eológica C ontemporánea

rar temas contextúales y exegéticos, y el sentido general del texto. Davids


enseña N uevo Testamento en Regent College, Vancouver, Canadá.

Apocalipsis
Robert H. Mounce, ElLibro delApocalipsis[TheBook ofiRevelation], rev. ed.,
N ew International Commentary on the N ew Testament. Grand Rapids, ML
Wm. B. Eerdmans Publishers, 1998. L os comentarios de esta serie, New
InternationalCommentary on theNew Testament, están considerados en el mundo
anglófono como unos de los comentarios más serios y recomendables. Anali-
zan el texto de forma detallada, deteniéndose a considerar temas contextúales
y exegéticos, y el sentido general del texto. Mounce es presidente emérito de
Whitworth College, Spokane, Washington, EE.U U ., y en la actualidad es pas-
tor de Christ Community Church en Walnut Creek, California.

Estudios teológicos

Cristología
Richard Bauckham, Dios Crucificado: Monoteísmoy Cristología en elNuevo
Testamento, Terrassa: C LIE, Colección Teológica Contemporánea, vol. 6,
2003. Bauckham, profesor de N uevo Testamento en St. M ary’s College de
la Universidad de St. Andrews, Escocia, conocido por sus estudios sobre el
contexto de los H echos, por su exégesis del Apocalipsis, de 2 a de Pedro y
de Santiago, explica en esta obra la información contextual necesaria para
comprender la cosmovisión monoteísta judía, demostrando que la idea de
Jesús com o D ios era perfectamente reconciliable con tal visión.

Teología del Nuevo Testamento


G.E. Ladd, Una Teología delNuevo Testamento, Terrassa: CITE, Colección
Teológica Contemporánea, vol. 2,2003. Ladd era profesor de N uevo Tes-
tamento y Teología en Fuller Theological Seminary (EE.UU.); es conocido
en el mundo de habla hispana por sus libros Creo en la resurrección deJesús,
Crítica delNuevo Testamento, Evangelio delReinoy Apocalipsis deJuan: Unco-
mentaño. Presenta en esta obra una teología completa y erudita de todo el
Nuevo Testamento.

Teología Joánica
Leon Morris, Jesús es el Cristo: Estudios sobre la TeologíaJoánica, T errassa:
C LIE , Colección Teológica Contemporánea, vol. 5,2003. M orris es muy

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¿Son vigentes los dones milagrosos?

conocido por los muchos comentarios que ha escrito, pero sobre todo por
el comentario de Juan de la serie N ew International Commentary o fthe New
Testament. M orris también es el autor de Creo en la Revelación, Las cartas a
losTesalonicenses,ElApocalipsis,¿PorquémurióJesüs?,yElsalariodelpecado.

Teología Paulina .,
N .T . Wright, El verdaderopensamiento dePablo, T errassa: C U E , Colección
Teológica Contem poránea, vol. 1,2002. U na respuesta a aquellos que di-
cen que Pablo comenzó una religión diferente a la de Jesus. Se trata desuna
excelente introducción a la teología paulina y a la nueva perspectiva de
estudio paulino, que propone que Pablo lucho contra el exclusivismo judio
y no tanto contra el legalismo.

Teología Sistemática
Millard Erickson, TeologíasistemáticafChristian Theology], 2ndedit10n, Grand
Rapids: Baker, 1998. D urante quince años esta teología sistemática de
Millard Erickson ha sido utilizada en muchos lugares com o una introduc-
ción m uy completa. A hora se ha revisado este clasico teniendo en cuenta
los cambios teológicos, al igual que los muchos cambios intelectuales, poh-
ticos, económicos y sociales.

Teología Sistemática: Revelación/Inspiración


Clark H . Pinnock, Revelación bíblica: elfundamento de la teóloga cristiana,
Prefacio de J.I. Packer, Terrassa: C LIE, Colección Teológica Contempora-
nea, vol. 8,2004. Aunque conocemos los cambios teológicos de Pinnock
en estos últim os años, este libro, de una etapa anterior, es una defensa
evangélica de la infalibilidad y veracidad de las Escrituras.

Estudios ministeriales
Apologética/Evangelización
Michael Green & Allster McGrath, ¿Cómo llegara ellos?Ekfendamosyco-
muniquemoslafe cristiana a los no creyentes, Terrassa: C U E , Colección Teologi-
ca Contem poránea, vol. 3,2003. Esta obra explora la evangelización y la
apologética en el mundo postm odem o en el que nos ha tocado vivir, escri-
to por expertos en evangelización y Teología.

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P resentación de la C olección T eológica C ontemporánea

Dones/Pneumatología
Wayne. A. Grudem, eá.,¿Son vigenteslosdonesmilagrosos? Cuatropuntosde
vista, Terrassa: C LIE, Colección Teológica Contemporánea, vol. 9,2004.
Este libro pertenece a una serie que se dedica a exponer las diferentes
posiciones que hay sobre diversos temas. E sta obra nos ofrece los argu-
mentos de la perspectiva cesacionista, abierta pero cautelosa, la de la Ter-
cera Ola, y la del movimiento carismático; cada una de ellas acompañadas
de los comentarios y la crítica de las perspectivas opuestas.

Soteriologxa
J. Matthew Pinson, ed., Cuatropuntos de vista sobre la Seguridad de la Salva-
ción [Four Views on Eternal Security], Grand Rapids: Zondervan, 2002. ¿Pue-
de alguien perder la salvación? ¿Cóm o presentan las Escrituras la compleja
interacción entre la Gracia y el Libre albedrío? Este libro pertenece a una
serie que se dedica a exponer las diferentes posiciones que hay sobre di-
versos temas. En él encontrarem os los argum entos de la perspectiva del
calvinismo clásico, la del calvinismo moderado, la del arminianismo refor-
m ado, y la del arm inianism o wesleyano; todas ellas acompañadas de los
comentarios y la crítica de las posiciones opuestas.

Mujeres en la Iglesia
Bonnidell Clouse & Robert G. Clouse, eds., Mujeresen el ministerio. Cuatro
puntos de vista[Women in Ministry: Four Views], Downers Grove: IVP, 1989.
Este libro pertenece a una serie que se dedica a exponer las diferentes
posiciones que hay sobre diversos temas. Esta obra nos ofrece los argu-
mentos de la perspectiva tradicional, la del liderazgo masculino, la del mi-
nisterio plural, y la de la aproximación igualitaria; todas ellas acompañadas
de los comentarios y la crítica de las perspectivas opuestas.

Vida cristiana
Dallas Willard, Renueva tu Corazón:Sécomo Cristo[Renovation o ftheHeart:
Putting on the Character o fChrist], C olorado Springs: NavPress, 2002. N o
“nacemos de nuevo” para seguir siendo com o antes. Pero: ¿Cuántas veces,
al m irar a nuestro alrededor, nos decepcionamos al ver la poca madurez
espiritual de m uchos creyentes? Tenem os una buena noticia: es posible
crecer espiritualmente, deshacerse de hábitos pecaminosos, y parecerse cada
vez más a Cristo. Este bestseller nos cuenta cóm o transformar nuestro cora-
zón, para que cada elemento de nuestro ser esté en armonía con el reino de
Dios.

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Prefacio
¿Cóm o actúa el Espíritu Santo en las iglesias de hoy? ¿Realiza sanidades
m ilagrosas, da profecías y mensajes en lenguas? ¿O torga a los cristianos
un nuevo poder para ministrar cuando experimentan “el Bautismo del Es-
píritu Santo” después de la conversión? ¿Expulsa a los dem onios cuando
los cristianos lo ordenan?
O , tal vez, ¿son estas cosas reliquias de un pasado distante, del tiempo
en el que se estaba escribiendo el N u evo Testamento y los apóstoles esta-
ban vivos, dirigían, enseñaban (y hacían m ilagros) en las iglesias?
Entre los evangélicos de hoy existe poco consenso en la respuesta a
estas preguntas. M uchos pentecostales dicen que los cristianos deberían
buscar ser bautizados p o r el E spíritu Santo después de la conversión, y
que esta experiencia resultará en un nuevo poder espiritual para el minis-
teño. O tros evangélicos, sin em bargo, responden que ya han sido bauti-
zados por el Espíritu Santo, porque sucedió en el momento de convertirse
en cristianos. ¿Q uién tiene razón? ¿Cuáles son los argum entos de cada
postura?
C om o añadidura a estas preguntas, existen también muchas diferencias
sobre los dones espirituales extraordinarios. ¿Puede alguien, actualmente,
tener el don de profecía, de m odo que D ios le revele cosas y esta persona
pueda revelárselas a los demás? O ¿se circunscribe al tiempo en que el Nuevo
Testamento estaba todavía por terminar, en el primer siglo d.C.? Y ¿qué hay
de las sanidades? Cuando los cristianos oran hoy en día: ¿deben esperar que
D ios sane frecuentemente de manera milagrosa? ¿Pueden algunas personas
todavía tener un don de sanidad? O ¿Debemos enfatizar al orar que D ios
realice la sanidad a través de los medios normales, com o los doctores y la
Medicina? D e nuevo: ¿deberíamos animar a la gente para que viera el valor
de la enfermedad, y orar para que tenga Gracia para resistir?
Existe incluso menos consenso todavía sobre el don de hablar en lenguas.
Algunos cristianos dicen que es una ayuda útil en su vida de oración.
O tros dicen que es una señal de haber sido bautizado en el Espíritu Santo.

17
¿Son vigentes los dones milagrosos?

Otros dicen que en la actualidad no existe porque es una forma de revelación


verbal de D ios que terminó cuando el Nuevo Testamento fue completado.
Podríamos continuar con más preguntas sobre si el Espíritu Santo nos
guía en la actualidad a través de sentimientos e impresiones de su voluntad,
acerca de expulsar dem onios, sobre buscar dones m ilagrosos, sobre
afirmaciones com o que la evangelización debe ir acompañada por demos-
traciones del poder m ilagroso de D ios. Pero la idea ya ha quedado clara:
estamos ante un área de debate am plio e interesante, de inmensa impor-
tancia para la Iglesia de hoy.

Las cuatro posiciones

¿Existe algún cam ino en m edio de este conjunto de preguntas y di-


ferentes visiones? El prim er paso debe ser definir claramente cuáles son
los principales puntos de vista en el m undo evangélico. Si lo único que
hacemos es lograr este objetivo, ya habrem os conseguido algo valioso.
Pero, ¿cuáles son las posiciones principales? ¿Puede clasificarse a todo
el m undo evangélico en estas cuatro posiciones? A l discutirlo con los
editores Stan G un dry y Ja c k Kuhatschek de la Zondervan Publishing
H ouse, algunas posturas inmediatamente quedaron claras.
La posición cesacionista argumenta que no existen los dones milagrosos
ni los dones del Espíritu Santo en la actualidad. L os dones com o la
profecía, hablar en lenguas y las sanidades estaban circunscritos al primer
siglo, y fueron utilizados cuando los apóstoles establecían las iglesias, y
el N uevo Testam ento aún no había sido completado. Esta posición está
bien definida y es defendida a m enudo entre los estudiosos evangélicos.
E xisten cesacionistas dentro de los segm entos reform ados y
dispensacionalistas del mundo evangélico. El cesacionismo reformado está
representado para muchos en el W estminster Seminary, en especial por
Richard Gaffin. Los cesacionistas dispensacionalistas mantienen posturas
similares en este tema, pero están en instituciones diferentes; están repre-
sentados po r instituciones com o el D allas Sem inary y T he M aster’s
Seminary. Dentro de la tradición luterana, los grupos conservadores, como
el Missouri Synod [Sínodo de Missouri] también mantienen en su mayoría
una postura cesacionista.*

* N . del T. En este libro utilizaremos la palabra “cesacionistas” para denominar al


grupo de creyentes que defiende el cese de los dones milagrosos.

18
Prefacio

En clara oposición a los cesacionistas están tres grupos que promueven


el uso de los dones milagrosos hoy en día: Pentecostales, Carismáticos y Tercera
O la. A unque la gente en ocasiones utiliza los térm inos “pentecostal” y
“carismático” indiscriminadamente para referirse a todos estos grupos, los
térm inos se entienden m ejor de la siguiente manera:
Pentecostal se refiere a cualquier denominación o grupo que tenga sus
orígenes en el avivamiento pentecostal que comenzó en los Estados Uni-
dos en 1901, y que mantiene la doctrina siguiente: (1) todos los dones del
Espíritu Santo mencionados en el N uevo Testamento están pensados para
hoy, (2) el Bautism o del Espíritu Santo es una experiencia poderosa que
sigue a la conversión, y debería ser buscado po r los cristianos en la ac-
tualidad, y (3) cuando el Bautism o del Espíritu Santo tiene lugar, las
personas hablarán en lenguas com o una “señal” de que han vivido esa
experiencia. L os grupos pentecostales norm alm ente tiene sus propias
estructuras denominacionales distintivas, entre las cuales están las Asam-
bleas de D ios, la Iglesia de D ios en C risto, y muchas otras.
Carismático, por otra parte, se refiere a cualquier grupo (o personas) que
tenga sus orígenes en el m ovim iento de renovación carism ático de los
años 60 y 70, y que busque practicar todos los dones m ilagrosos men-
donados en el N uevo Testamento (incluyendo profecía, sanidad, milagros,
hablar en lenguas, interpretación y discernimiento de espíritus). Entre los
carism áticos existen diferentes puntos de vista sobre si el Bautism o del
Espíritu Santo es subsiguiente a la conversión y sobre si hablar en lenguas
es una señal de ello o no. L os carism áticos se han abstenido de form ar
sus propias denom inaciones, pero se ven a sí m ism os com o una fuerza
renovadora dentro de las iglesias protestantes y católico-romanas. En los
Estados U nidos no existe una denominación carismática representativa,
pero el portavoz carism ático m ás prom inente es seguramente Pat
R obertson, con su Christian Broadcasting N etw ork, el program a de te-
levisión “El C lu b 700” y la Regent U niversity (antiguamente C B N
University).
E n los años 80, nació un tercer m ovim iento, un m ovim iento que el
profesor de M isiones C . Peter W agner del seminario Fuller ha llamado la
Tercera O la* (se refería a la renovación pentecostal com o la prim era ola
de la obra regeneradora del Espíritu Santo en la Iglesia m oderna, y el
m ovimiento carismático com o la segunda ola). Las personas de la Tercera
O la animan a todos los creyentes a utilizar los dones milagrosos del N uevo

*N del T: Este movim iento también es llamado en España “Neopentecostalism o”

19
¿Son vigentes los dones milagrosos?

Testam ento en la actualidad y dicen que la proclam ación del Evangelio


debe ir acompañada, habitualmente, por “señales, maravillas y milagros” ,
según el patrón del N u evo Testam ento. N o obstante, enseñan que el
Bautism o del E spíritu Santo sucede a todos los cristianos en su conver-
siórúy que las subsiguientes experiencias son mejor llamadas “ser llenos”
del Espíritu Santo o “ser dotados de poder” . A unque creen que el don
de lenguas existe todavía, no lo enfatizan com o los carism áticos o los
pentecostales. El representante más prom inente de la “Tercera O la” es
John Wimber, pastor de la Com unidad Cristiana de la Viña, en Anaheim,
California, y líder de la A sociación de Iglesias de la V iña.12
Estas son las posiciones claramente definidas: cesacionista, pente-
costal, carism ática y la de la Tercera O la. Difícilm ente, no obstante,
representan a todo el mundo evangélico. Existe todavía una posición más,
mantenida por un gran número de evangélicos, quienes no se ven dentro
de ninguno de estos grupos. N o están convencidos de los argum entos
cesacionistas que relegan ciertos dones al primer siglo, pero tampoco están
convencidos de la doctrina o la práctica de aquellos que enfatizan la validez
de los dones en la actualidad. Están abiertos a la posibilidad de que haya
dones m ilagrosos hoy en día, pero les preocupa la posibilidad de que se
den los abusos que han visto en los grupos que practican estos dones.
N o creen que el hablar en lenguas esté vetado p o r la Escritura, pero ven
que m uchos ejem plos m odernos no se ajustan a las pautas de las Escri-
turas; a algunos les preocupa tam bién que frecuentemente acabe en di-
visiones y resultados negativos en las iglesias actuales. Creen que las iglesias

1John Wimber, en su libro sobre doctrina cristiana, escribe: «¿Cóm o podemos expe-
rimentar el Bautismo del Espíritu? Llega con la Conversión... La Conversión y el Bautismo
del Espíritu Santo son experiencias simultáneas» (PowerPoints [San Francisco: H arper
Collins, 1991], 136).
1 Com o editor, no me quedé satisfecho con el nombre “Tercera O la” para este moví-
miento, porque no tiene un significado aparente que se refiera al énfasis distintivo del
movimiento. Consideré el término “evangélicos expectantes”, porque un rasgo distintivo
es el alto nivel de expectación en que D ios obre milagrosamente en la actualidad, pero
los autores lo rechazaron por ser completamente desconocido. U n portavoz reciente de
este grupo ha elegido el término de «evangélicos capacitados», sin que ello implique la
ausencia de capacitación en los demás, del mismo modo que el término “bautista” no sig-
nifica que otros no se bauticen, o el término “presbiteriano”, que otros no tengan ancianos.
Indicaría que la capacitación del Espíritu Santo es un énfasis prominente en la enseñanza
y práctica de este grupo: Ver Rich Nathan y Ken Wilson, EmpoweredEvangelicals (Ann Arbor,
Mich.: Servant, 1995). Quizás esta es la mejor alternativa, pero el consenso de los cuatro
autores, incluido el Dr. Storms, era que de momento, “la Tercera O la” es el término mas
familiar y el que mejor funcionaría en este libro. (N del T: en España también se conoce
con el nombre de “Neopentecostalism o”)

20
Prefacio

deberían enfatizar la evangelización, el estudio bíblico y una obediencia


fiel com o claves para el crecimiento personal y de Iglesia, en lugar de los
dones m ilagrosos. N o obstante, aprecian algunos de los beneficios que
las iglesias pentecostales, carismáticas y de la Tercera O la han aportado
al mundo evangélico, especialmente un tono refrescantemente contempo-
raneo en la adoración y un reto para renovar la fe a través de la oración.
M ientras los editores de Zondervan y yo hablábam os, nos dimos
cuenta de que este últim o grupo era gigantesco en el m undo evangélico,
pero que no tenía nom bre. En el libro nos referirem os a ellos com o la
postura abierta, pero cautelosaó Representa el amplio campo de evangélicos
que no están en los otros grupos. Sospecho que es la opinión mayoritaria
entre los evangélicos hoy, al m enos en los Estados U nidos.
N os quedamos entonces con cinco posiciones: (1) cesacionistas, (2) abierta,
pero cautelosa, (3) Tencera Ola, (4) carismáticos y (5) pentecostales. Sin embarga
contar con cinco ensayos no hubiera sido satisfactorio, porque tres de ellos habrían
argumentado a favor de la validez de los dones milagrosos en la actualidad, ha-
dendo que el libro no estuviera equilibrado en la respuesta a la prindpal pregunta
que propone. D e m odo que combinamos las posturas (4) y (5), y le pedimos
al autor pentecostal que representara tanto el punto de vista pentecostal como,
cuando fuera diferente, el carismático. A l final, nos quedamos con los cuatro
puntos de vista ahora representados en este libro: (1) cesacionistas, (2) abierta,
pero cautelosa, (3) Tercera Ola, y (4) carismáticos / pentecostales.

Los autores

Para conseguir las m ejores opiniones posibles de cada grupo, mi


objetivo com o editor general era encontrar los representantes más respon-
sables de estas cuatro posiciones entre los estudiosos protestantes evan-
gelicos de la actualidad. Q uería que los ensayos actuaran recíprocamente
con las preguntas eruditas, de m odo que la búsqueda se lim itó a los
individuos que tenían doctorados académicos y que hubieran demostrado,
en sus anteriores escritos e investigaciones, una competencia considera- *

* N ota del Traductor: en el original inglés esta postura se denomina an open but cautious
position, lit “una posición abierta, pero cautelosa”. Con ello, el autor pretende condensar
la idea de que la Biblia no se define con total claridad en este tema, p or lo que no está
cerrado a la posibilidad de que D ios siga dando dones milagrosos en la actualidad. La
cautela, no obstante, le lleva a no dar por supuesto que todas las manifestaciones aparen-
temente milagrosas de hoy en día, provengan de Dios.

21
¿Son vigentes los dones milagrosos?

ble en la exegesis bíblica. Tam bién buscaba a personas que tuvieran repu-
tación en presentar justamente las posiciones con las que no estaban de
acuerdo, pero que no obstante, afirm aran y defendieran sus propias
convicciones firmemente. Tanto los editores de Zondervan com o yo es-
peram os que cuando este libro se publique, cada lector sepa que el autor
que representa su opinión lo ha hecho con justicia y habilidad. Los autores
de los cuatro ensayos son los siguientes:
(1) Cesacionista¡-. Para la posición cesacionista consultam os al doctor
Richard. B. Gaffin, profesor de T eología Sistemática en el W estminster
Theological Seminary de Filadelfia. Y a ha publicado una defensa extensa
del cesacionismo en su libro Perspectives on Pentecost: Studies in New Testament
Teaching on the Gifts o fthe Holy Spirit (Philisburg, N .J.: Presbyterian and
Reform ed, 1979), que ha tenido una influencia considerable desde su
publicación. E s licenciado en Filosofía y Letras p o r el Calvin College,
licenciado en Teología, M aster en D ivinidad y M aster en Teología por
el Westminster Seminary, donde ha enseñado N uevo Testamento duran-
te 23 años, y ahora enseña Teología Sistemática desde 1986. El Dr. Gaffin
es m inistro en la Iglesia C ristiana O rtodoxa.
(2) La Postura abierta, pero cautelosa: Para el reto de representar a este
inmenso grypo de evangélicos invitamos al D r. Robert L. Saucy, profesor
distinguido de Teología Sistemática en la Talbot School of Theology de
California, donde, a lo largo de una carrera com o profesor que abarca
ahora 34 años, ha instruido a m uchos de los actuales líderes evangélicos.
Es licenciado en Filosofía y Letras por el W estm ont College y tiene un
M áster en T eología y un M áster en D ivinidad obtenidos en el D allas Se-
minary, habiendo publicado tres libros y numerosos artículos especializa-
dos. E l D r. Saucy es m iem bro de una iglesia bautista conservadora.
(3) Tercera Ola: Para representar este punto de vista reciente entre los
evangélicos, nos dirigimos al D r. C . Samuel Storms, el presidente del Grace
T raining Center, un instituto bíblico conectado con la C om unidad Me-
tropolitana de la Viña de Kansas City, y también pastor de la Com unidad
Metropolitana de la Viña. El Dr. Storms es licenciado en Filosofía y Letras
por la U niversidad de O klahom a, obtuvo el M áster en Teología en el
D allas Sem inary y el doctorado en la U niversidad de Texas en Dallas.
Cuenta con más de 20 años de experiencia pastoral, y es autor de 6 libros.
Recientem ente ha hablado y escrito sobre su decisión de adherirse al
m ovim iento de L a Viña.
(4) Pentecostales / carismáticos: Para representar estas opiniones, hablamos
con el D r. D ouglas A . O ss, profesor de H erm enéutica y N u evo Testa-

22
Prefacio

m entó, y Jefe del D epartam ento de Biblia y Teología del Central Bible
College (Asambleas de D ios) en Springfield, M issouri, donde lleva ense-
ñando desde 1988. El D r. O ss es licenciado en Filosofía y Letras por la
W estern W ashington U niversity, tiene un M aster en D ivinidad en el
Assemblies of G od Theological Seminary y se doctoró en el Westminster
Sem inary de Filadelfia. Está a punto de publicar dos libros, The
HermeneuticalFramework ofPentecostalism y un comentario sobre 2 Corintios,
y ha publicado varios artículos especializados. El D r. O ss es miembro de
una iglesia de las Asam bleas de D ios.
(5) El Editor General·. Para completar la información ofrecida sobre los
otros autores, debo añadir que actualmente soy profesor de Teología
Bíblica y Sistemática en el Trinity Evangelical Divinity School, en Deer-
field, Illinois, donde llevo enseñando desde 1981. Mi trasfondo académico
incluye títulos en H arvard (Licenciatura en Filosofía y Letras), Máster en
Divinidad en el W estminster Seminary y estoy doctorado por la Univer-
sidad de Cam bridge, en Inglaterra. D urante la m ayor parte de mi vida he
estado en iglesias “ m oderadas”, con tres excepciones:
En m i época universitaria tuve el privilegio de trabajar un verano en
Mt. Vem on, N ueva York, como asistente del reverendo Harald Bredesen,
quien, en aquella época, era un portavoz prom inente de la renovación
carismática. M ás tarde, ya en el Seminario, fui becario durante el verano
de una iglesia ortodoxa presbiteriana “cesacionista” en Westfield, N ueva
Jersey. El Pastor R obert Atwell, un cesacionista, simplemente me pidió
que no hiciera de m is convicciones sobre los dones m ilagrosos un tema
de controversia en la iglesia. Finalm ente, entre 1989 y 1994, mi m ujer y
yo form am os parte de una iglesia de L a Viña, y tam bién ayudam os a
establecer otra, pero el viaje de 45 minutos finalmente demostró ser mucha
distancia para implicarnos eficazmente en ella. Por esa razón comenzamos
a ir a una maravillosa iglesia bautista cerca de casa, de la que ahora som os
miembros.
Gracias a este trasfondo variado, he adquirido una apreciación profun-
da p o r la sinceridad y p o r la vida cristiana de las personas que mantienen
estas “cuatro posturas” . E sto no significa que crea que estos temas no
tienen importancia, o que todas las posiciones son igualmente persuasivas.
¡A hora corresponde a los lectores elegir cuál de las cuatro es m ás fiel a
la Escritura!

23
¿Son vigentes los dones milagrosos?

El proceso

Los ensayos
Cada autor escribió prim ero un trabajo de 50 páginas con su posicio-
nam iento, que no podía ser cam biado una vez entregado. (Se hizo para
ser justo con los otros autores, que así podían estar seguros de que sus
respuestas se referirían a los m ism os escritos que aparecerían en el libro).
L os autores tenían que tratar los siguientes temas en orden, aunque el
espacio dedicado a cada uno podía variar:

(1) El Bautism o del Espíritu Santo y las experiencias posteriores a la


conversión.
(2) L a vigencia o no de algunos dones.
(3) U na discusión de dones específicos: profecía, hablar en lenguas y sa-
nidades.
(4) Implicaciones prácticas para la vida de iglesia.
(5) Riesgos de la posición propia y de las otras.3

Estos trabajos de posicionamiento circularon entre los autores, y cada


autor escribió una respuesta de 8 páginas a los otros trabajos. Llegado este
punto, las posiciones han sido definidas, defendidas y criticadas. M uchos
otros libros con cuatro puntos de vista acaban así.

Las conferencias de los autores


N o obstante, tras escribir los artículos y las respuestas, los cuatro
autores y yo (como editor) nos reunim os en una conferencia de dos días
a puerta cerrada en Filadelfia, los días 14 y 15 de noviem bre de 1995. El
propósito era que los autores hablaran con tiem po después de haber
escrito y leído tanto sobre estos tem as. Q uizás resultara en un entendí-

5Los autores y yo decidimos conjuntamente no discutir el tema de la “Bendición de


Toron to” en este libro, porque (1) es un tema distinto del de este libro, que se centra en
ciertos dones del Espíritu Santo en la actualidad; (2) es un hecho histórico y especifico,
pero aquí estamos escribiendo sobre continuidad, ia vida diaria de la Iglesia; y (3) incluso
dentro de las cuatro posturas representadas en este libro, existen diferentes evaluacio-
nes de lo que ha pasado en Toronto. N o obstante, algunos comentarios y bibliografía pue-
den encontrarse en el artículo del D r. Storm s y en el del D r. Saucy.

24
Prefacio

m iento más preciso de las otras posturas (así fue). Q uizás los autores
descubrieran que estaban siendo entendidos com o no pretendían (ocurrió
en una o dos ocasiones). Q uizás la discusión podía entrar en más detalles
que en los artículos (podían y lo hicieron). Q uizás incluso los autores cam-
biaran de posición (ninguno lo hizo).
L a gente me ha preguntado por qué estos cuatro hom bres, que creen
en la misma Biblia, y que tienen el m ism o am or profundo y personal por
nuestro Señor, no pudieron ponerse de acuerdo sobre estas cosas. Y o les
digo que toda la Iglesia tardó hasta el año 381 (en Constantinopla) para
fijar finalmente la doctrina de la Trinidad, y hasta el año 451 (en Calce-
donia) para fijar las disputas sobre la D eidad y la hum anidad de C risto
en una persona. ¡N o debem os sorprendernos si estos com plejos temas
sobre la obra del E spíritu Santo no se resuelven en dos días!
P o r otro lado, creo que todos se esforzaron por entender y actuar de
form a recíproca con las demás posturas. E l diálogo cara a cara tiene un
valor inmenso, especialmente cuando no es interrumpido p o r teléfonos,
citas y clases que enseñar.
D urante esta conferencia, los cinco nos em barcam os en 17 horas de
discusión intensa, con los Nuevos Testamentos griegos a veces en la mano,
y cambiando de alineación según los temas de discusión iban pasando del
Bautism o del E spíritu Santo a la guía, la profecía, el don de lenguas, la
sanidad, la guerra espiritual y otros tem as relacionados. U n a y otra vez
volvim os a la pregunta sobre si la iglesia del N u evo Testam ento, com o
es descrita en H echos y en las epístolas del N uevo Testamento, realmente
debe tom arse com o m odelo para la vida de iglesia actual.
Por supuesto, los cuatro autores y los editores de Zondervan sabían que
yo había escrito previamente defendiendo una de estas posiciones, pero
aceptaron mi juramento de ser lo más imparcial posible al editar y moderar
nuestra conferencia de dos días. Espero haber tenido éxito en tal empresa.
D ebo explicar que cuando nos enfrascamos en la conferencia de dos días,
de vez en cuando me bajaba de mi puesto de “moderador” y participaba
activamente en la discusión (especialmente sobre el don de la profecía, sobre
el que he escrito bastante). N o obstante, los doctores Gaffin y Saucy, que
sostenían la opinión contraria en este tema, fueron m uy capaces de defender
su posición, y no creo que mi participación tergiversara la discusión de forma
significativa. En cualquier caso, mi papel como moderador era centrar la dis-
cusión en un asunto cada vez, ¡y avisar de cuándo parar para cenar!
¿C óm o respondieron los autores a esta conferencia? C reo que uno
habló por todos ellos cuando dijo: “no me hubiera perdido esto p o r nada”.

25
¿Son vigentes los dones milagrosos?

U na evaluación más detallada puede encontrarse en la “Declaración final”


de cada autor, que fue escrita después de esta conferencia.

Puntos de vista no representados en este libro

En el m undo evangélico, especialmente en el ámbito popular, existen


varios puntos de vista no representados en este libro. Por ejemplo, nadie
en el libro argum enta ninguna de las siguientes ideas:

(1) Si una persona no ha hablado en lenguas, no es verdaderamente


cristiana.
(2) Si una persona no ha hablado en lenguas, no tiene el Espíritu Santo
en su interior.
(3) Las personas que hablan en lenguas son más espirituales que las que
no lo hacen.
(4) Si se ora po r una persona y ésta no se cura, probablemente es culpa
de la persona enferma p o r no tener suficiente fe.
(5) D ios quiere que todos los cristianos sean ricos hoy.
(6) L a voluntad de D ios siempre es sanar a un cristiano que está enfer-
mo.
(7) Si hablam os simplemente con “palabras de fe” , D ios nos dará lo
que pidam os con esta fe.
(8) H o y en día, existen apóstoles en el m ism o sentido que Pedro y
Pablo.
(9) Si estamos guiados de verdad por el Espíritu Santo, no necesitamos
la dirección de las Escrituras.
(10) Deberíamos seguir a líderes ungidos con ministerios fructíferos, in-
cluso si niegan la inerrancia de las Escrituras.
(11) H ablar en lenguas es demoníaco en su origen.
(12) A l guiarnos, el Espíritu nunca usa nuestras intuiciones, corazonadas
o sentimientos.
(13) N o debemos esperar que D ios sane actualmente en respuesta a una
oración.
(14) D ios nunca hace milagros en la actualidad, porque éstos cesaron al
m orir los apóstoles.
(15) Los carismáticos y los pentecostales no son cristianos evangélicos.
(16) E l m ovim iento carismático es una parte de la religión de la N ueva
Era.

26
Prefacio

(17) El movimiento de la Tercera O la (o el movimiento de La Vina) no es


evangélico (o es una secta).
(18) Los carismáticos son generalmente anti-intelectuales.
(19) Los cesacionistas en general son racionalistas y su fe es mayoritaria-
mente un intelectualismo inerte.
(20) E s legítim o criticar a otra posición contando anécdotas o errores
hechos por laicos.

C reo que es justo decir que los cuatro autores se unirían en su rechazo
a estas enseñanzas. Estas posiciones, hasta donde sabem os, no son de-
fendidas por los líderes académicos de ninguna rama del m undo evangé-
lico. En algunos casos son interpretaciones erróneas de las enseñanzas de
las Escrituras, y en otros casos son caricaturas de otras posiciones. Pero
creemos que en todos los casos son enseñanzas que son de tropiezo para
el C uerpo de C risto, y no de edificación, para que éste se afiance en la
verdad y en fidelidad a la Palabra de D ios.

Principios compartidos por los autores

Finalm ente, aunque quedaron diferencias im portantes en algunas


cuestiones clave, creo que las páginas siguientes mostrarán que estas cuatro
opiniones com parten algunos principios. Estuvim os de acuerdo en que
D ios responde a las oraciones en la actualidad. En nuestras discusiones
juntos nos dim os cuenta, de una manera mucho más intensa, de la unidad
fundamental que com partim os com o hermanos en C risto, y también de
que esta unidad en C risto no se rom pe p o r nuestras diferencias en estos
temas, a pesar de ser tan im portantes para la Iglesia de hoy.
Som os conscientes de que este libro puede ser la base para muchas
discusiones posteriores entre cristianos que lo lean y que tengan opiniones
diferentes. Es nuestra esperanza que la evidente bendición que D ios dio
a nuestras discusiones, la cual nos permitió dilatarlas clara y directamente
durante 17 horas sin que nadie ni una vez perdiera los nervios o lanzara
ataques personales, y todo el mundo buscando sinceramente entender las
Escrituras de un m odo m ás preciso, se haga tam bién evidente en las dis-
cusiones que sigan a estos ensayos.
Ahora, es la esperanza de los cinco que, al publicar este libro, el Señor
quede com placido para utilizarlo en clarificar la continua disputa sobre
estos temas, para proporcionar declaraciones responsables de las princi-

27
¿Son vigentes los dones milagrosos?

pales posiciones, y para mostrar claramente dónde existe una base común,
y dónde están las principales diferencias. Y quizá a partir de este funda-
mentó, el entendimiento que la Iglesia tiene de estas materias progresará,
“hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y al pleno conocim iento
del H ijo de D io s” (Ef. 4:13).
Finalmente, quiero dar gracias de manera especial a mi ayudante, Je ff
Purswell, p o r recopilar los índices de autores y de textos bíblicos, y por
trabajar cuidadosamente las num erosas referencias que aparecen en el
libro; a mi secretaria, K im Pennington, por coordinar fielmente la corres-
pondencia y la transm isión de los m anuscritos entre los cuatro autores;
a Stan G undry, Jack Kuhatschek y Verlyn Verbrugge de Zondervan por
su ayuda editorial rápida y precisa en cada fase de este proyecto.

W a y n e A. G r u d e m
Trinity Evangelical Divinity School
Deerfield, Illinois
Febrero de 1996

28
Abreviaturas
EvQ TheEvangelical Quarterly
GTJ Grace TheologicalJournal
ICC InternationalCriticalCommentary
IDB Interpreter’s Dictionary o ftheBible
IDBS Interpreter’s Dictionary ofthe Bible Supplement
JE T S Journal oftheEvangelical TheologicalSociety
JP T Journal ofPentecostal Theology
JSNTSup Journalfor theStudy oftheNew TestamentSupplementSeries
K JV Kingjames Version
LW Luther’s Works
LX X Septuagjnta
NASB NewAmerican Standard Bible
N EB New English Bible
NICN T NewInternational Commentary on theNew Testament
NICOT NewInternationalCommentaryon theOld Testament
NIDNTT New InternationalDictionary ofNew Testament Theology
NIGTC NewlntemationalGreek Testament Commentary
N R SV NewRevised Standard Version
N IV Newlntemational Version 0
NVI Nueva VersionInternacional
SBLSemPap SeminarPapers ofthe Society o fBiblicalLiterature
SJT ScottishJournal o fTheology
TDNT TheologicalDictionary o ftheNew Testament
TDOT TheologicalDictionary ofthe Old Testament
TynBd TyndaleBulletin
VoxEv VoxEvangelica
VT VetusTestamentum
WBC WordBiblicalCommentary
W IJ WestminsterTheologicalJournal

29
Capítulo 1
LA POSTURA CESACIONISTA

Richard B. Gaffin, Jr.


La postura cesacionista
Richard B. Gaffin, Jr.

Algunos comentarios preliminares

1. La designación del pu n to de vista que m e han pedido que represente


en este sim posio sugiere solam ente que estoy en contra de algo. D e m odo
que, antes de nada, perm ítanm e ser franco sobre lo que apoyo en el conti-
n u o debate sobre la ob ra del E sp íritu Santo en la Iglesia de hoy. T an to
com o los demás, estoy a favor de la verdad expresada en Juan 3:8, la verdad
de que en su actividad, el Espíritu Santo es com o el viento que sopla, Sobe-
rano y, en última instancia, incalculable. Cualquier teología del Espíritu Santo
que sea sólida, siempre se encontrará con algún imposible p o r explicar, con
algún área de m isterio. La posición cesacionista que m antengo está, cuan-
do m enos, m otivada p o r u n deseo racionalista de acom odar toda la obra
del E spíritu Santo dentro de u n paquete pequeño y ordenado.
Al m ism o tiem po, n o debemos adoptar u n tipo de “capricho del Espí-
ritu ”. El Espíritu com o el viento de Juan 3:8 no se mueve en el vacío. Toda
la Escritura enseña que, en su propia soberanía, el Espíritu ha circunscrito
su actividad de acuerdo con los patrones en ella revelados. Estos patrones,
y n o lo que el E spíritu elija hacer más allá de ellos, son los que deben dar
form a a las expectativas de la Iglesia de hoy.
El reproche típico que se le hace a la postura cesacionista es el de “in-
ten tar m eter al Espíritu Santo en una caja”. Pero, según la Escritura, com o
intentaré m ostrar a continuación, el Espíritu, soberanamente, ha decidido
m eterse en u n a “caja”; podríam os decir que el fervor del E sp íritu es u n
“fervor ordenado” (Cf. 1 C o. 14:33,40).
2. El contexto de Juan 3:8,1a conversación sobre nacer de nuevo entre
Jesús y N icodem o, sugiere otra observación. E n este sim posio no estamos
discutiendo sobre si el Espíritu de Dios está obrando h o y en día de m anera
poderosa, dinámica, sobrenatural y directa. N o existe, en m i opinión, una

33
¿Son vigentes los dones milagrosos?

obra del E spíritu más radical, im presionante, milagrosa y com pletam ente
sobrenatural que la que hace - hoy, ahora m ism o - con aquellos que están
nada m enos que: “m uertos... en delitos y pecados” (Ef. 2:1-5). Más allá de
cualquier capacidad hum ana - reflexiva, racional, mística, intuitiva u otra -
el E spíritu les hace “vivos para D ios en C risto Jesús” (Ro. 6:11).
Esta actividad, com o la po sterio r de Jesús en el Evangelio de Juan (p.
ej., Ju an 5:24-25; 11:25-26) y Pablo (p. ej., Ef. 2:5-6; C ol. 2.12-13), deja
claro que se trata de una obra de resurrección no m enos real, no m enos
milagrosa, no m enos escatológica que la futura resurrección de los cuerpos
de los creyentes cuando C risto vuelva. La posición cesacionista que yo, al
igual que m uchos otros, m antengo, no cederá ante nada en enfatizar que la
actividad presente del Espíritu en los creyentes es de “extraordinaria gran-
deza de poder... conform e a la eficacia de la fuerza de su poder [de Dios], el
cual o b ró en C risto cuando lo resucitó de los m uertos y lo sentó a su dies-
tra en los lugares celestiales” (Ef. 2:1,5).
Para expresarlo suavem ente, u n o no debería sugerir sim plem ente que
todas las posiciones cesacionistas son resultado de la esclavitud al realismo
caracterizado p o r el “sentido com ún”1, o son “u n quasi-deísmo intelectua-
lizado” (con la difícilm ente sutil sugerencia de que se encaja en las acusa-
ciones aniquiladoras de Jesús en M ateo 22:29 y de Pablo en 2 Ti. 3:5)12, o
revelan una “hermenéutica anti-sobrenatural” al interpretar Hechos,3 o están
tan atadas a u n pensam iento ilustrado caduco y no bíblico que, a pesar de
estar «encolerizadas p o r el racionalism o de Bultm ann», no obstante, “han
creado su propia m arca de racionalism o.”4
A co n tin u ació n haré lo que pueda para disipar tales conceptos erró-
neos. Pero debem os tenerlo claro. La filosofía occidental desde la Ilustra-
ción ha negado m ayoritariam ente el poder de la resurrección anteriorm en-
te confesado. D el m ism o m odo que otros cesacionistas, soy perfectamente
consciente de que en nuestras actitudes y estilos de vida a m enudo com-
prom etem os tal poder y afligimos al Espíritu Santo (ver Ef. 4:30); necesita-
mos percatarnos de esto, y perm anecer dóciles a tal amonestación. Pero no
nos ayudará considerar nuestra postura com o u n quasi-deísmo apartado de

1H.I. Lederle, “Life in the Spirit and Worldview”, en Mark. W. Wilson, ed., Spirit and
Renewal: Essays in Honor o f Rodman W illiams [Sheffield: Academic Press, 1994], 29.
2J. Ruthven, On the Cessation o f the Charismata: ThePentecostalPolemic on Post-biblicalMirades
[Sheffield: Academic Press, 1993], 204, 206.
3Deere, Jack, Sorprendido por E l Espíritu Santo, Miami: Ed. Carisma, 1996.
4G D .Fee, God’s EmpoweringPresence. TheHoly Spirit in theLetters of?W [Peabody, Mass.:
Hendrickson, 1994], 887-88; Deere, Power o f the Spirit, 112, también enlaza con Bultmann.

34
L a postura cesacionista

lo sobrenatural, o com o parte de los escom bros dejados p o r el com prom i-


so de la Ilustración con la autonom ía de la razón hum ana.
D e hecho, existen buenas razones para preguntar si aquí no deberíamos
devolver la pelota, al m enos a algunos que hablan desde la perspectiva
carismática. E n u n reciente docum ento para J. Rodm an Williams, p o r ejem-
pío, a H en ry Lederle le anim a que la espiritualidad carismática, tal y com o
la entiende, cubra una cosmovisión que tiene afinidades con el postm oder-
nism o, en tan to que este m ovim iento filosófico busca recuperar «un sentí-
do del todo y de la interrelación entre el conocim iento y la experiencia».05
E n otras palabras, él cree que lo que gran parte de la filosofía racionalista
occidental desde la Ilustración ha suprim ido durante tanto tiem po, los as-
pectos no racionales e intuitivos de la espiritualidad hum ana, la filosofía
contem poránea lo está tratando de form a más adecuada.
Pero, ¿es este énfasis postm odernista realm ente u n avance? ¿N o es la
espiritualidad de Lederle la que se ha acom odado al espíritu de los tiem -
pos? ¿Realm ente hem os ganado algo para el Evangelio p o r rechazar una
form a de filosofía, solam ente para identificarla con una form a diferente
que, aunque busca lim itarla, sigue afirm ando la autonom ía racional?6 Tal
enfoque n o hace justicia, p o r ejem plo, a la oposición generosa de Pablo
en tre su sabiduría guiada p o r el E spíritu y la sabiduría del m undo (1 Co.
1:18-3:23), o su esfuerzo “destruyendo especulaciones y to d o razonamien-
to altivo que se levanta c o n tra el conocim iento de D ios, p o n ien d o to d o
pensam iento en cautiverio a la obediencia a C risto.” (2 Co. 10:4-5). Lo que
se pide es confrontación, no lim itación o contención p o r expansión.
Los filósofos p o stm odernos, especialm ente desde D escartes, han re-
chazado acertadam ente la idea de que la razón hum ana es neutral y no está
sesgada. Pero, p o r lo que puedo ver yo, siguen com prom etidos - en algu-
nos casos con más resolución que la Ilustración - con la autonom ía hum a-
na. Cualquier afirmación sobre la autonom ía, ya sea racional o de otro tipo,
del siglo ΧΠ o del X X , borra la distinción entre la criatura y el C reador. Y
la to talid ad h u m an a n o puede ser recuperada hasta que cada vestigio de
autonom ía sea abandonado en sum isión al D ios T rin o de la Biblia. El po-
der pentecostal y las pretensiones postm odernas n o tienen nada que ver.
3. La posición cesacionista está casi siem pre asociada con el nom bre de
B.B. W arfield, tan to p o r su talla im ponente com o teólogo, com o p o r su
libro CounterfeitMiracles [Falsos M ilagros]/ Lógicamente, los opositores se

5Lederle, “Spirit and W orldview”, 26


6Cf. Ibid.,24

35
¿Son vigentes los dones milagrosos?

han centrado en este libro y suponen que, al refutarlo, h an refutado la


posición cesacionista com o u n todo.78 E n otras palabras, creen que el pun-
to de vista cesacionista está encuadrado d en tro de la argum entación de
Warfield.
Las ideas que defenderé se encuadran de lleno en la tradición de W ar-
field. C reo que en el corazón de este razonam iento hay una visión funda-
m en talm en te válida de las Escrituras. N o obstante, necesitam os hacer
u n p ar de observaciones, frecuentem ente ignoradas p o r am bos lados del
debate:
(a) Warfield no pretendía presentar un caso exegético; CounterfeitMiracles es
principalmente un estudio de la Historia de la Iglesia y de la teología histórica,
com o m uestra un simple vistazo al índice del libro. Para estar seguro, ofrece
breves indicaciones sobre cóm o lo argum entaría exegéticamente,9 pero no
desarrolla su argumento y, p o r lo que yo sé, tam poco habla del tem a en otros
escritos. Es erróneo dar por supuesto que es imposible presentar una defensa
exegética de la posición cesacionista más extensa y unida.10*
(b) W arfield no solamente debatió exegéticamente, sino que en m i opi-
nión, probablem ente podía haber presentado u n m ejor caso exegético para
su posición. E sto sucedió en p rin cip io p o rq u e n o ten ía u n a concepción
adecuada de la naturaleza escatológica del E spíritu Santo. (Al decir esca-
tológica, qu iero decir «característica de un a ‘era que ha de llegar’», ver
M t. 12:32; Ef. 1:21; H e. 6:5). U n o de los desarrollos más im portantes del
estudio bíblico en este siglo ha sido el redescubrim iento de la estructura
progresiva de la Escatología del N u ev o T estam ento. Este conocim iento
más am plio que ahora ha alcanzado virtualm ente el estatus de consenso, ha
traído u n reconocim iento creciente de que, para los escritores del N uevo
Testam ento (especialmente para Pablo), la obra del E spíritu en la Iglesia y
en el in terio r de los creyentes es inherentem ente escatológico. El Espíritu

7B.B. Warfield, Counterfeit Miracles (Edimburgo: Banner of Truth Trust, 1983 [1981].
Deere es típico por llamarle “el más grande de los eruditos cesacionistas” [Power o f the
Spirit, 268, η. 9]
8Por ejemplo, más recientemente, Ruthven, On the Cessation.
9 Fundamentalmente en el capítulo 1 (p. ej., 3-5, 21-23, 25-28).
10Esta idea es pasada por alto, incluso en el trabajo más importante de Ruthven sobre
las ideas de Warfield. Encuentra «sorprendente que él [Warfield] no sea capaz de debatir
sobre casi todas las Escrituras que son importantes para la polémica cesacionista» [On the
Cessation, 111): «Es irónico», según la posición de Wardfield sobre la autoridad y la
inerrancia de las Escrituras, «que solamente en algunas páginas sueltas de Counterfeit Miracles
busque el autor apoyo para su polémica cesacionista en las Escrituras» 8194; cf. 197). Pero
no era ésa la intención principal de Wardfield en ese libro.

36
L a postura cesacionista

Santo y la Escatología, raram ente relacionados en la doctrina y devoción


cristianas tradicionales, ahora se ven com o algo inseparable.11
N orm alm ente los no cesacionistas ven la realidad escatológica de la activi-
dad del Espíritu com o u n elem ento decisivo de su postura.112 Pero, com o
intentaré demostrar a continuación, podemos cuestionar esa percepción; pues,
de hecho, esa realidad escatológica es completam ente compatible con la pos-
tu ra cesacionista (más aún, quizá podam os decir que es esencial para dicha
postura). De todas formas, preguntarse en qué constituye la esencia escatoló-
gica de la obra presente del Espíritu en la Iglesia sirve para establecer una
diferencia fundamental entre los cesacionistas y los no cesacionistas.

A. ¿Segundas experiencias?

Casi toda la enseñanza del N uevo Testam ento sobre el E spíritu Santo
busca o tiene su origen en Pentecostés. E n otras palabras, la cuestión im-
p ortante es saber lo que realm ente sucedió en aquel día. P o r ejemplo, ¿los
acontecim ientos excepcionales de Pentecostés suponen u n m odelo que
insta a cada creyente del N uevo T estam ento, sin im p o rtar el tiem po ni el
lugar, a intentar recibir el Espíritu en poder com o una experiencia distinti-
va, acompañada de hablar en lenguas, tan to en la conversión com o en oca-
siones posteriores a la conversión? Las denom inaciones pentecostales y el
m ovim iento carismático responden afirm ativam ente a esta pregunta. Mu-
chos pentecostales anim an a los cristianos, quienes ya han nacido de nuevo, a
ser “bautizados en el Espíritu Santo”, y se apoyan en H echos 2 (Pentecos-
tés), 8 (Samaria), 10 (Cesárea) y 19 (Éfeso). A l igual que los discípulos de
Jesús prim ero nacieron de nuevo y luego fueron bautizados p o r el Espíritu
Santo en Pentecostés (así prosigue el argum ento), n o so tro s deberíam os
buscar una “segunda experiencia” pentecostal en nuestras vidas.13

11Es interesante, desde un punto de vista histórico, el hecho de que uno de los primeros
en notar la importancia de esta idea, especialmente en Pablo, fue Geerhardus Vos, el colega
(cesacionista) de Warfield en el Princeton Seminary (y acompañante en los paseos de
Warfield durante 20 años). Ver su “The Escathological Aspect of the Pauline Conception
of Spirit”, en R.B. G 3 íü n ,]r.,eá., Redemptive History and Biblical Interpretation: The Shorter
Writings o f Geerhardus Vos (Phillipsburg, N .J.: Presbyterian and Reformed, 1980), 91-125,
y The Pauline Eschatology [Grand Rapids: Baker, 1979 [1930], 44,58-60,159-71. Si, como
dice Fee, el último es «un libro varios años adelantado a su tiempo» [Empowering Presence,
803, η. 1], cuánto más será el primer ensayo, que apareció casi dos décadas antes en 1912.
12Por ejemplo Fee en Empowering Presence, 803ss, esp. 822-26.
13Ver, como representación entre muchos defensores recientes, J.R. Wilhams, Renewal
Theology, vol. 2 [Grand Rapids: Zondervan, 1990], 181-236, y la literatura secundaria allí citada.

37
¿Son vigentes los dones milagrosos?

Pero, ¿Pentecostés es u n m odelo para nosotros? A l intentar responder


a esta p reg u n ta aquí, am pliaré el discurso para analizar hasta qué p u n to
tiene que ver Pentecostés con experiencias de poder de la Iglesia de hoy,
con segundas bendiciones posteriores a la conversión u otros tem as, si es
que tiene algo que ver.
1. Por qué Pentecostés es único. D.A. Carson ha observado lo si-
guíente: “C o n dem asiada frecuencia se pasa p o r alto la estructura de la
histo ria de la salvación del libro de H ech o s.”14 Esto es particularm ente
cierto para los que encuentran en H echos 2 (y en otros lugares del libro de
Hechos) paradigmas perm anentes para la experiencia cristiana. El proble-
m a con las segundas bendiciones y otras teologías que enfatizan el poder,
no es que usen el m aterial narrativo en H echos para establecer puntos de
vista doctrinales (como algunos cesacionistas argum entan); Lucas-Hechos
es igual de teológico, dicen, que las cartas de Pablo. El problem a más
bien es que tales teologías interpretan erróneam ente la teología de Lucas.15*
Entonces, ¿cuál es la im portancia de Pentecostés dentro del m arco de la
historia de la redención establecido p o r Lucas? Para responder, debem os
recordar la distinción básica entre la historia de la salvación (,historia salutis)
y el orden de la salvación (ordo salutis). E n térm inos teológicos, la expresión
“historia de la salvación” se refiere a acontecim ientos que eran parte de la
obra de C risto para ganar nuestra salvación, obra que sirvió de una vez p o r
todas. Los hechos en la historia de la salvación (como la m uerte y resurrec-
ción de Cristo) son hechos finalizados e irrepetibles que tenían im portan-
da para el pueblo de Dios de aquella época. Pero la expresión “orden de la
salvación” se refiere a hechos de la continua aplicación de la obra de C risto
en las vidas de los cristianos a través de la H isto ria, hechos com o la fe
salvífica, la justificación y la santificación. C uando los creyentes se apro-
pian de la o b ra de C risto en sus propias vidas, aquellas experiencias son
p arte del “o rd en de la salvación”, n o (para usar térm in o s teológicos) de
la “historia de la salvación”. (O tro térm ino para “historia de la salvación”
es “historia de la redención”).
Ahora, pensando en esta distinción, Pentecostés pertenece a la historia de
la salvación, no al orden de la salvación. Esta idea puede ser apoyada desde un
par de ángulos. Las palabras de Jesús en Hechos 1:5 (“Pues Juan bautizó con
agua, pero vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de pocos

14D .A. Carson, Manifestaciones del Espíntu, una exposición teológica de I a Cor 12-14, An-
damio, Barcelona, 2000
15En este aspecto, consideremos la crítica del punto de vista de Carson en R. Stronstad,
The Charismatic Theology o f Luke [Peabody, Mass.: Hendrickson, 1984],

38
L a postura cesacionista

días”) enlazan el m inisterio y bautismo de Juan el Bautista (Lucas 3) y Pente-


costes (Hechos 2) com o señal con la realidad, la profecía a cumplirse. “Yo os
bautizo con agua, pero viene el que es más poderoso que yo... El os bautizará
con el Espíritu Santo y fuego” (Lucas 3:16). N o es difícil ver en el contexto
inmediato que el bautismo prom etido con el Espíritu Santo y fuego16 subraya
no solamente un aspecto, aunque importante, sinola actividad inminente del
Mesías en su totalidad. La profecía de Juan es su respuesta a la pregunta mesiáni-
ca básica que había en las m entes de los que le escuchaban, sobre si él era el
Cristo (v. 15). Su respuesta afronta la cuestión en el nivel en el que se preguntó
y, sin duda, intenta ofrecer una perspectiva igual de básica: el bautism o de
fuego y Espíritu no es nada más que la culminación del ministerio del Mesías;
serviría para sellar el ministerio como un todo, al igual que, en comparación, el
bautism o con agua era un sím bolo de todo el m inisterio de Juan el Bautista
(Lucas 20:4; Hechos 10:37).
Lucas sugiere que Pentecostés, desde este p u n to de vista profético de
ventaja, está en el corazón de la obra finalizada p o r Jesús, en el centro de la
salvación obtenida p o r la llegada del reino de D ios (cf. Lucas 7:18-28); en
otras palabras, es u n acontecim iento escatológico.17 T o d o lo que C risto
sufrió y aquello p o r lo que vino a m orir, excepto su segunda venida, alean-
za su p u n to álgido en su bautism o p o r fuego y Espíritu Santo. Sin tal bau-
tism o, la obra de salvación definitiva de C risto quedaría incom pleta.
Si m iram os en otra dirección desde H echos 1:5, el serm ón cristocéntri-
co de P ed ro del día de Pentecostés confirm a lo que en co n tram o s en la

16 Los intérpretes han debatido ampliamente sobre si “Espíritu Santo” y “fuego” se


refieren a dos bautismos, uno positivo y otro negativo, o a un bautismo con un resultado
dual. Esto último es probablemente el caso, especialmente a la vista del versículo 17: El
paralelismo metafórico con el bautismo mesiánico es la era con su resultado dual (trigo
y grano); ver en especial la discusión de J.D .G . Dunn, E l Bautismo del Espíritu Santo, Ed
La Aurora, Buenos Aires, 1977 donde Dunn habla de «el pneum a feroz en el que todos
deben sumergirse» (13). T odo la gama de visiones de Dunn de este pasaje (8-22) sigue
siendo especialmente estimulante.
17 Lucas 3:17 (“Su aventador está en su mano, y limpiará su era, y recogerá el trigo
en su granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará”), demasiadas veces
ignorada o mal interpretada al discutir es descrito con la metáfora de la era/cosecha, una
imagen bíblica favorita para el juicio escatológico (Por ejemplo, en Isa. 21:10; 41:15-16;
Jer. 51:33; Mt. 13:30,39; A p. 14:14-20). Gramaticalmente, el sujeto de la cláusula subor-
dinada en Lucas 3:17 es el sujeto de la causa principal en el versículo 16b; el que bautiza
con agua y fuego es, como tal, el juez escatológico. Entonces, Pentecostés trata básicamente
de juicio. Sea cual fuere el significado completo y el resultado, el punto de partida para
un entendimiento apropiado y general de Pentecostés es verlo com o una parte y dentro
del contexto del juicio escatológico. Ver R.B. Gaffin, Jr. “Justification in Luke-Acts”, en
Rightwith God:Justification in the Bible and the World, ed. D.A. Carson (Grand Rapids: Baker,
1992), 108-12.

39
¿Son vigentes los dones milagrosos?

profecía de Juan. E n 2:32-33, siguiendo su enfoque sobre la actividad te-


rrenal, la m uerte, y especialmente la resurrección de Jesús, (w . 22-31), Pe-
dro une estrecham ente, en secuencia; resurrección - ascensión - recepción
del Espíritu18- derram am iento del Espíritu. El últim o elem ento, Pentecos-
tés, es el clímax y el final. N o es u n com plem ento; n o es “secundario”. La
resurrección - ascensión - Pentecostés, aunque distantes en el tiem po, cons-
titu y en u n co n ju n to unido de acontecim ientos, una unidad de acontecí-
m ientos que sirven de una vez p o r todas y que pertenecen a la historia de la
salvación; unos acontecim ientos que son inseparables.
¿Lassegundas experienciascomo unaanaloga a Pentecostés? Pentecostés, enton-
ces, no puede ser un acontecimiento paradigmático repetible si otros acontecí-
mientos no lo son. Según esta estructura, es anómalo, com o m ínimo, ver uno
de estos sucesos (Pentecostés) com o un m odelo repetible para la experiencia
cristiana individual y los otros tres (la resurrección de Jesús, la ascensión y la
recepción de su Espíritu), como hechos irrepetibles y definitivos.
Según H .L . Lederle (por citar una respuesta carismática a esta idea):

«Nadiequerríaargimentarafavor delarepetidón literaldePentecostés,perouno


sepreguntañelvalorúmbólicodelosheebosdelahistoriadelasalvacián necestíaser
totalmenteabandonado. En la tradiciónr$rmada,l&conceptosétkosdemortifica-
cióny vivificación siemprehan sido desarrollados comoanalogíasde la muertey
resurrecciónde Cristo. Quizásuna “venida"delEspíntupudiera ser interpretada
dd mismomodo.»19

Tal respuesta pierde de vista la cuestión principal y saca aún más a la luz
lo que venim os com entando. La teología reform ada, más im portante, la
teología de Pablo que la teología reformada quiere reflejar, no ve ni la muerte
de C risto ni su resurrección com o “sim bólicas” o com o “analogías” para
experiencias particulares, tan to si son subsiguientes a la conversión o dis-
tintas de la experiencia inicial de salvación.

18En el Jordán, Jesús recibe el Espíritu (por ejemplo, él mism o es bautizado con el
Espíritu) como capacitación para la tarea mesiánica a la que ha de enfrentarse (Lucas 3:21-
22); en la ascensión recibe el Espíritu como recompensa por la tarea finalizada que ha
dejado atrás y para bautizar a otros con el Espíritu.
19Lederle, Treasures Oldand New:Interpretationsof“Spint-Baptism ”in the CharismaticRenewal
Movement (Peabody, Mass.: Hendrickson, 1988), 2-3. Mucho más típica entre los escritores
pentecostales/carismáticos es la frase hueca y desafortunada de Williams: “Al contrario que
la venida de Cristo en la Encamación, que fue un acontecimiento único y definitivo, la venida
del Espíritu Santo ocurriría un número ilimitado de veces” [Renewal Theology, 2:184); la venida
del Espíritu es “la primera de las ilimitadas ocasiones posteriores” (n. 10)

40
L a postura cesacionista

El apóstol deja este pu n to m uy claro dentro del desarrollo de su tesis en


Rom anos 6: lss. Sin duda, la unión con C risto en su m uerte y resurrección
tiene im plicaciones experim entales y resultados en la vida del creyente
(v. 15 ss.; Cf. Fil. 3:10). P ero tal un ió n ocurre al acceder a la vida cristiana,
inseparable de la justificación (y a través del m ism o acto de fe inicial). La
unión con C risto en su m uerte y resurrección no es una cuestión de repetir
estos hechos, p o r analogía, en nuestra experiencia continua; los creyentes
no tienen una experiencia de m uerte tan diferente a la experiencia de resu-
rrección, ya sea tem poral o casual. Más bien, en la conversión nos unim os
definitivam ente al C risto exaltado y así continuam os teniendo parte en su
identidad com o Señor crucificado y resucitado.
D e form a sim ilar, en el m om ento de la conversión, tam bién tenem os
parte en el Espíritu. Pablo lo dice en 1 C orintios 12:13, las únicas referen-
cías del N uevo Testam ento, además de las de Lucas-Hechos, que hablan de
ser “bautizado en el E spíritu”. Allí, Pablo m uestra cóm o el suceso de Pen-
tecostés, que fue u n a vez p o r todas, se vuelve efectivo en la vida de cada
creyente. Se argum entan dos ideas: (a) “T odos” (en el C uerpo de C risto, la
Iglesia, cf. v. 12), no solam ente algunos, han sido bautizados p o r el Espíri-
tu; (b) esa experiencia sucede al “e n tra r” en la co m u n ió n del C uerpo de
C risto (esto es, en la conversión), y n o de form a subsiguiente.20
E n otras palabras, la im portancia prim aria de Pentecostés no es experi-
m ental, sino que está en su sentido cristológico y su sentido d en tro de la
historia de la redención.
OtrasperspeetivasdelNuevo TestamentosobrePentecostés. Tal importanciano
es exclusiva de Lucas-Hechos, tam bién emerge en otros textos del N uevo
Testam ento. E n Ju an 14:16-17, p o r ejem plo, la prom esa que Jesús hace de
m andar el E spíritu21, basada en su inm inente partida o ascensión (14:12;
cf. 7:39; 16:7; 20:15), conlleva otra prom esa que, de hecho, no es diferente:
“N o os dejaré huérfanos; vendré a vosotros” (14:18). Q ue venga el Espíri-
tu es que venga Cristo.22 El E spíritu es el “vicario” de C risto. N o tiene sus

20Parece ser que incluso los autores pentecostales están reconociendo cada vez más que
el Bautismo del Espíritu Santo como una experiencia distintiva de post-conversión no se
enseña aquí; ver, por ejemplo, la perspicaz exégesis de Fee, Empowering Presence, 178-82.
21Dejaré a un lado la relación del “Pentecostés joánico” (Juan 20:22) con Hechos 2; ver R.B.
Gaffin, Perspectiveson Pentecost (Phillipsburg, N.J.: Presbyterian and Reformed, 1979), 3941.
22La segunda venida o, alternativamente, las apariciones breves y temporales de Jesús
después de la resurrección difícilmente pueden considerarse como la venida de Cristo de
la que se habla aquí, la cual según el contexto inmediato (v. 17-23) es tan cercana que
parece idéntica al hecho de que, de form a inminente (“un poco más de tiem po”, v. 19)
el Espíritu (y el Padre, v. 23) morará en / se mostrará a / y estará con los creyentes.

41
¿Son vigentes los dones milagrosos?

pro p io s planes; su papel es básicam ente discreto y el énfasis lo pone en


Cristo (ver especialmente 16:1314‫)־‬. Su presencia en la Iglesia es com o Vi-
cario de la presencia del Jesús ascendido.
D e nuevo, en el Evangelio de M ateo, el Jesús resucitado (quien acaba de
recibirla autoridad universal23) declara: “Yo estoy con vosotros todos los
días, hasta el fin del m undo.” (Mateo 28:20). Estas conocidas palabras de la
G ran C om isión no son, p o r lo m enos prim ariam ente, una afirmación de la
O m nipresencia divina, sino una prom esa de Pentecostés y sus consecuen-
cías duraderas. La presencia del E spíritu será la presencia de Cristo; Jesús
estará con su Iglesia en el poder del Espíritu. Así, Pentecostés significa que
el Jesús exaltado está con su Iglesia aquí y para siempre.
E n una línea similar Pablo afirm a que, gracias a la virtud de su resurrec-
ción y ascensión, “A dán fue hecho alm a viviente” (1 C o. 15:45) y que
“El Señor es el E sp íritu ” (2 C o. 3:17b).24 Estas frases son, en efecto, co-
m entarlos de una línea sobre el Pentecostés y su im portancia.2526Sin reducir
de ningún m odo la distinción personal entre ellos, el Señor Jesús exaltado y
el E sp íritu son u n o en la actividad de d ar vida en la resurrección (1 C o.
15:42 SS) y libertad escatológica (2 C o. 3:17b).
E n 1 C orintios 15:45, el “alma viviente” contem pla la futura acción de
Cristo, cuando resucitará los cuerpos m ortales de los creyentes. A l m ism o
tiem po, parece difícil negar que, a la luz de las enseñanzas generales de Pablo,
tam bién se está refiriendo de form a implícita a su actividad presente. La resu-
rrección de la vida del creyente, en unión con Cristo, no es solamente futura

23 Esto es, el poder que antes no tenía, pero que ahora tiene, como resultado de la
resurrección (cf. Hechos 2:33, 36)
24 El significado de estas frases, en el contexto, es m uy disputado, y no puede ser
discutido con detalle aquí. En particular, tendré que renunciar a interactuar con la exegesis
divergente de Fee (más recientemente en su Em powering Presence, 264-67. 311-14 y
“Christology and Pneumatology in Romans 8:9-lf and elsewhere: Some Reflections on
Paul as a T rinitarian”, en Jesus o f Nazareth: Lord and Christ, ed. J.B. Green y M. Turner [Grand
Rapids: Eerdmans, 1994], 319-22). Aunque comparto plenamente su oposición al tipo de
cristología del Espíritu funcional argumentada por James Dunn y otros, su insistencia en
que “todo el contenido” de 1 C o. 15:45 es “soteriológicam ente escatológico”
(“C hristology,” 320) hace un flaco favor, en mi opinión, a las profundas dimensiones
cristológicas y neumatológicas también presentes. Ver más en H . Ridderbos, Paul: An
Outline o f his Theology, trad. J.R . de Witt (Grand Rapids: Eerdmans, 1975 [1966], 88,225,
539,yR.B. G a ffin jr .,Resurrection and Redemption:A Study inP aul’s Theology (Phillipsburg,
N .J.: Presbyterian and Reformed, 1987), 85-97.
25 El “es” de 2 C o. 3:17, lejos de expresar una predicción incompetente o atemporal,
descansa en el “fue hecho” de 1 C o. 15:45.
26 Es gratuito considerar estos pasajes com o una Cristología “funcional” que niega
las diferencias personales entre Cristo y el Espíritu, una Cristología que es irreconciliable

42
L a postura cesacionista

sino presente (por ejemplo, Gá. 2:20; Col. 2:12-13; 3:1-4). El Cristo resucitado
ya está activo en la Iglesia en el poder de resurrección del Espíritu.26
Para Pablo, no existe obra del Espíritu en el creyente que no sea obra de
C risto. Esto aparece, p o r ejem plo, en R om anos 8:9-10: “vosotros... en el
E sp íritu ” (v. 9a), “El E spíritu... en vo so tro s” (v 9b), “pertenece a C risto ”
(v. 9d, v irtu alm en te equivalente al “es de C risto ”) y “C risto... en voso-
tro s” (v. 10a). Es decir, todas las com binaciones posibles son utilizadas de
form a intercambiable. N o describen diferentes experiencias, sino la misma
realidad. N o existe una relación con Jesús que no sea tam bién una comuni-
dad con el E spíritu. La presencia del E spíritu es la presencia de C risto.
Pertenecer a C risto es estar poseído p o r el Espíritu. Para una persona, estar
“fortalecido de poder p o r su Espíritu en el hom bre in terio r” es que Cristo
“m ore p o r la fe en vuestros corazones” (Ef. 3:16-17).27 Y eso es cierto en
la experiencia continuada de los creyentes (ordo salutis), solam ente p o r la
verdad de la experiencia definitiva de C risto, p o r lo que El es y ha llegado a
ser en su exaltación, “el Espíritu que da vida” (historia salutis).
Conclusión: Pentecostés completa la obra finalizada de Cristo para nuestra
salvación. Sin Pentecostés, la redención queda incompleta y sin sentido. Man-
tener la importancia de Pentecostés como una experiencia de poder disfrutada
p o r algunos creyentes a diferencia de otros, una experiencia “más allá” de la
salvación (vista solam ente com o el perdón de los pecados),28 es seriamente
inapropiada. Esa teoría empequeñece el significado de Pentecostés. Sin Pente-
costes no hay salvación. Punto. ¿Por qué? Porque sin Pentecostés no hay vida
(de resurrección) en el Espíritu, y sin la vida escatológica29, los pecadores per-
manecen “m uertos en [sus] delitos y pecados” (Ef. 2:1-5).

con la posterior formulación de la Iglesia de la doctrina trinitaria. La distinción personal


y paralela entre D ios (el Padre), Cristo com o Señor y el Espíritu (Santo) - subrayando la
subsiguiente formulación doctrinal - está suficientemente clara en Pablo (P. ej: 1 C o. 12:4-
6; 2 Co. 13:14; Ef. 4:4-6; cf. especialmente la excelente discusión de Fee, Empowering Presence,
827-45) Deberíamos hacer énfasis en que el enfoque histórico-salvífico del argumento de
Pablo siempre debe estar presente. A Pablo no le interesa la pregunta ontológica sobre
quién es Cristo (atemporal, eterno) como H ijo de Dios, sino en qué se ha convertido, qué
le ha pasado en la H istoria, y qué significa esta identidad com o “el últim o A dán”, “El
segundo hom bre” (1 C o. 15:47), es decir, en términos de su verdadera humanidad.
27Que Pablo no pretende lograr una identidad absoluta entre Cristo y el Espíritu queda
claro más adelante en Rom anos 8: aquí la intercesión del Espíritu en el interior de los
creyentes (v. 26-27), se distingue de la intercesión complementaria del Cristo ascendido,
a la diestra de D ios (v. 34).
28Así, por ejemplo, en Williams, Renewal Theology, 2.177,189, y especialmente 205-207.
29 Las metáforas de Pablo sobre el Espíritu com o un “depósito” (2 C o. 1.22; 5.5; ef.
1:14) y “primicias” (Ro. 8:23) subrayan la naturaleza escatológica inherente de su presencia
y obra en el interior de los creyentes.

43
¿Son vigentes los dones milagrosos?

Pentecostés atestigua públicam ente que la obra salvadora de C risto ha


sido completada, que se ha convertido en “El Espíritu que da vida”. Pente-
costes es, d e n tro de la historia de la redención, el sello del E sp íritu
(cf. Efesios 1:13) de C risto para la Iglesia sobre el p erd ó n y la vida escato-
lógica asegurada en su m uerte, resurrección y ascensión. Para expresarlo en
categorías form ales, no doctrinales, la “novedad” de Pentecostés no es, al
menos principalmente, antropológico-experimental, sino cristológica y ecle-
siológica-misiológica. Sobre to d o , Pentecostés significa dos cosas: (a) El
Espíritu ahora está presente, p o r lo m enos perm anentem ente sobre la base
de la obra finalizada de C risto; El es el Espíritu escatológico; (b) El Espíritu
ahora es derram ado “sobre toda carne” (Hechos 2:17), tanto gentiles com o
judíos; es el Espíritu universal.0‫ג‬
2. E n to n c e s, ¿ Q u é h a y de las seg u n d as ex p erien cias en H echos?
N o obstante, después de lo dicho (algunos carismáticos estarían de acuer-
do con mucho áe ϊο expuesto sobre el sentido de Pentecostés), la pregunta
persiste: ¿Q ué sucede con la experiencia evidentem ente p o rten to sa de
las 120 personas en Pentecostés y otras que posteriorm ente presenciaron
el resto del evento de Pentecostés, tal y com o se recoge en H echos (p. ej.:
8:14 ss; 10:44-48/11:15-18; 19:1-7)?
A l resp o n d er a esta pregunta, se to rn a vital n o ign o rar el m arco de la
historia de la redención del libros de H echos. C o n demasiada frecuencia,
H echos es leído com o u n a más o m enos aleatoria colección de episodios
de los días de gloria de la Iglesia prim itiva, com o una serie de viñetas suel-
tas sobre «los buenos tiem pos cuando los cristianos eran cristianos de
verdad». Esta lectura no solam ente fom enta una nostalgia anacrónica de
“vovam os al Pentecostés”, sino que casi inevitablem ente conlleva a u n in-
ductivismo exegético, sin prestar una atención adecuada al contexto. C om o
resultado, H echos se m ina de pequeños detalles experim entales fundidos
(tendría que decir forzados) conjuntam ente para ofrecer u n m odelo conti-
nuo y estándar de la dotación individual de poder.
Todo el libro de Hechos es único. C om o docum ento, el libro de H echos,
com o Lucas-H echos en con ju n to , está cuidadosam ente escrito. Sea cual
sea el propósito multifacético de este libro, uno de los objetivos principales
es m ostrar que la H istoria se desarrolló tal y com o Jesús dijo que sucedería:
“M e seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confi-
nes de la T ierra” (Hechos 1:8). H echos pretende docum entar una historia

“ Ver mi obra Perspectives on Pentecost, 1341.


31 Debem os fijarnos en que Hechos 1:8 no es una promesa para todos los creyentes
o para cada generación de la Iglesia indiscriminadamente, sino solamente para los após-

44
L a postura cesacionista

que ha sido completada, un a época única en la historia de la redención: la


extensión apostólica31 definitiva “a todos los confines de la T ierra”. Ya no
hay necesidad de escribir u n a 3 a parte p ara Teófilo. El resultado para el
apóstol (Pablo) se queda sin resolver, pero no para el Evangelio apostólico;
ha cu b ierto la T ierra (cf. C ol. 1:6, 23). A unque existirá u n fu tu ro post-
apostólico32, la historia que interesa a Lucas está finalizada.
Las experiencias m ilagrosas de P entecostés y otras recogidas en H e-
chos solo tienen significado si nos acercamos a ellas desde esta perspectiva
controladora. Estos milagros dan testim onio de la realización del progra-
m a apostólico que se expande, anunciado en H echos 1:8: Jerusalén, Judea,
Samaria y los confines de la Tierra. O en térm inos étnicos: judíos, medio-
judíos, no judíos/gentiles (fijémonos en el paralelism o entre “gentiles” y
“confines de la tierra” en Isaías 49:6, citado en H echos 13:47).
Esta perspectiva parece lo suficientemente clara en los pasajes más discutí-
dos de los capítulos 2,8,10-ll y 19. Los marcadores textuales restrictivos de
la historia de la redención son evidentes: “judíos piadosos” (2:5), “Samaria”
(con referencia a “los apóstoles en Jerusalén” 8:14), “los gentiles” (10:45;
cf. 11:11, de nuevo haciendo referencia a los apóstoles, 11:58; 15:8).Laidenti-
dad étnica y la ubicación de los individuos mencionados en la H istoria (de la
redención), no debe ser desechada com o esencialmente indiferente a sus expe-
riencias de poder descritas en esos textos y en otros parecidos.33 H echos 2 y
los sucesos milagrosos subsiguientes que Lucas narra no están pensados como
un patrón de “repeticiones” de Pentecostés que continúan indefinidamente en
la historia de la Iglesia. Más bien, constituyen en su conjunto, com o ya hemos
indicado, una unidad completa con el programa apostólico ya finalizado al que
acompañan.
Ciertam ente sería u n error argum entar, p o r un lado, que Lucas preten-
día m o strar que los dones m ilagrosos y las experiencias de po d er cesaron
con la historia que él docum entó. Pero no es m enos gratuito suponer que
estaba queriendo decir que continuarían. N o s hará falta entrar en o tro te-
rreno para seguir tratando este tema.

toles. Gramaticalmente, el antecedente de “vosotros” en el versículo 8 es “los apóstoles”


en el versículo 2. En Colosenses 1:6,23 Pablo insinúa que a través de su propio ministerio
se está completando esta expansión apostólica de la Iglesia a nivel mundial.
32 “Sin estorbo”, las palabra finales en el texto griego, es la nota con que termina
Hechos (cf. 2 Timoteo 2:9, Pablo está encadenado, “pero la palabra de D ios no está presa”).
33 Esto también se aplica al incidente en 19:1-7, que habla sobre una anomalía en la
historia de la salvación: discípulos de Juan el Bautista que conocían (o debían de conocer)
la profecía que selló su m inisterio/bautism o (Lucas 3:16-17), pero todavía no sabían de
su cumplimiento.

45
¿Son vigentes los dones milagrosos?

A l respecto, n o viene al caso observar que en H echos otras personas


además de los apóstoles ejercen m ilagros (6:8). O frecer esto com o eviden-
cia de que tales dones c o n tin u aro n después del tiem po de los apóstoles34
separa lo que para Lucas está unido. O tro s ejercen los dones en virtud de la
presencia y de la actividad de los apóstoles. Lo hacen bajo un “paraguas apostóli-
co ”, p o r decirlo de alguna m anera.35 Su actividad tam b ién pertenece al
interés global de Lucas, indicado al com ienzo (cf. 1:1-2): lo que el C risto
exaltado está haciendo m ediante el Espíritu Santo a través de los apóstoles.
Más problem ático es el argum ento a favor de la continuación basado en
la afirm ación de que en H echos, las señales y los milagros no dan testim o-
nio tan to de los que llevan el E vangelio com o del E vangelio m ism o. Es
decir, que la referencia prim aria de los milagros es el mensaje, no los men-
sajeros.36 Esta idea está, de nuevo, fuera de la tem ática lucana. Pero tam -
bién lleva consigo el potencial para subvertir la apostolicidad m ism a de la
Iglesia que Lucas está interesado en dem ostrar.
¿Proclaman los apóstoles (y otros) el Evangelio porque es verdadero? P or
supuesto. Pero tam bién es im portante que el Evangelio es verdadero porque
los apóstoles lo proclaman, y otros lo hacen por derivación, en dependencia de
los testimonios apostólicos. C om o Lucas expresa con claridad desde el princi-
pió (Hechos 1:15-26), la autoridad m aterial (el mensaje del Evangelio) y la
autoridad form al (los apóstoles) son dos caras de la m ism a m oneda.3738*E n

34Com o hacen, por ejemplo, Deere, Power o f the Spirit, 68,244; W. Grudem, Systematic
Theology:An Introduction to BiblicalDoctrine (Grand Rapids: Zondervan, 1994), 358-59,362.
35Fíjense (según Warfield) en que no estoy argumentando que solamente sobre aquellos
en los que los apóstoles pusieron sus manos ejercieron estos dones; el texto no sostiene
una conclusión así de “mecánica”.
36 Por ejemplo, Deere, Power o f the Spirit, 103-4, 249, y con más cautela, Grudem,
Systematic Theology, 359. En su análisis del libro de H echos, ambos autores ilustran el
cuestionable inductivismo del que hemos hablado anteriormente.
37 El amplio debate sobre el trasfondo y naturaleza de los apóstoles en el N uevo
Testamento todavía continúa. Por un lado, la relación exacta entre los apóstoles escogidos
por Jesús y el _el_ah judío de la época, se discute. De momento basta con decir que la última
institución, como mínimo, proporciona un telón para el entendimiento de los apóstoles y
su autoridad; se les ha autorizado para ser representantes jurídicos del Cristo exaltado. De
forma original, sin ser derivados, habla a través de ellos (2 Co. 13:3). Su palabra es la palabra
de Dios (1 Ts. 2:13). Ver, por ejemplo, H . Ridderbos, RedemptiveHistory and theNew Testament
Scriptures (Phillipsburg, N J .: Presbyterian and Reformed, 1988 [1955], 12-15.
38 El continuo debate sobre la autoridad bíblica muestra lo que estamos tratando aquí.
(1) ¿Dice esto D io s/la Biblia porque es verdadero? o (2) ¿Es verdadero porque lo dice
D ios /la Biblia? Estam os ante un falso dilema; sin duda alguna, ambos casos son ciertos.
Pero en el teísmo bíblico, donde la criatura hecha a la imagen permanece siempre depen-
diente de la sabiduría y de la existencia de D ios el Creador, la afirmación (2) es más defi-
nitiva: D ios es la fuente de toda la verdad.

46
L a postura cesacionista

realidad, siempre van de la m ano; el único evangelio que Lucas conoce es el


evangelio apostólico, atestiguado como tal p o r señales y m aravillas 38
La naturaleza no uniforme de las experiencias deHechos. Desde mi punto de
vista, aquellos que o rdenan el m aterial de H echos para p ro p o rcio n ar un
m odelo de experiencias de p o d er posteriores a la conversión, pasan p o r
alto con demasiada facilidad los problem as en el texto que hacen esta posi-
ción com pletam ente im posible. P o r ejem plo, ¿es la siguiente experiencia
u n hecho po sterio r a la conversión? (Hechos 2: sí; cap. 8: cabe la posibili-
dad, pero sigue siendo discutible; cap. 10 -11: no; cap. 19: ? - ¿A los disci-
pulos de Juan les falta la fe salvadora?). ¿Experim entan las personas el Es-
p íritu al m ism o tiem po o después del bautism o de agua? La im posición de
m anos, ¿es con o sin oración? Tales preguntas n o tienen u n a respuesta
coherente, de m odo que cualquier búsqueda de una experiencia paradig-
m ática en H echos es buscar algo que el libro no pretende ofrecer.
La experiencia de los discípulos en Pentecostés (H echos 2), sin duda,
fue una experiencia posterior a la conversión. Pero, ¿cómo hace este hecho
que la conversión individual sea u n pre-requisito o incluso una presuposi-
ción para que el Espíritu venga a cada uno de los que allí estaban? ¿Tendre-
m os que decir entonces que sus conversiones eran una pre-condición para
la m u erte, resurrección y ascensión de Jesús (los o tro s acontecim ientos
con los que Pentecostés form a un a serie de eventos únicos e irrepetibles,
2:32-33)? A q u í estam os ante un a experiencia única de esa generación, la
cual, p o r la naturaleza de aquel m om ento, solamente podía ser una. La suya
era la experiencia de aquellos que vivieron en aquel tiem po, “cuando vino
la plen itu d del tiem p o ” (Gál. 4:4), cuando el H ijo de D ios se encarnó, su-
frió, m urió, fue levantado, ascendido, e inseparablem ente y com o conse-
cuencia, envió al E spíritu Santo a la Iglesia.
Para finalizar, me sorprende que los autores pentecostales / carismáticos
tengan tan poco que decir sobre las palabras finales del Evangelio de Lucas
(Lucas 24:52-53). Esta es, después de todo, la nota con la que Lucas decide
finalizar, la impresión con la que quiere dejar a Teófilo hasta que llegue la parte
segunda. Este final incluye lo siguiente: Los apóstoles y otros discípulos, ha-
hiendo tenido contacto reciente con el Jesús resucitado y ascendido, con los
corazones ardiendo (v. 32) y las mentes abiertas (v. 45), adoran “con gran gozo”,
“alabando a Dios [siempre] y en público (en el templo)”. Todo esto me parece
impresionante y tiene continuidad plena con su experiencia (llenos del Espíri-
tu) ífepwés de Pentecostés (cf. Hechos 2:4647). Es solamente una indicación
más de que la importancia de Pentecostés apenas está en la experiencia cristia-
na individual después de la conversión.

47
¿Son vigentes los dones milagrosos?

3. D ebido a Pentecostés, n osotros experim entam os la o b ra del Espí-


ritu Santo. Si enfatizamos en la importancia cristológica, definitiva de Pente-
costes y su ubicación dentro de la historia de la redención podem os dar la
sensación de «no querer darle ninguna importancia a la experiencia del Bautis-
mo del Espíritu.»39 Estoy dispuesto a luchar en contra de esa impresión. N o
podem os negar (y com entaré este pu n to más adelante) que el Espíritu que
llegó en Pentecostés es el autor de experiencias reales ricas y profundas en los
creyentes; es la fuente de toda experiencia cristiana. N o puede dudarse del
punto de vista del N uevo Testam ento: no experim entar el Espíritu - de una
manera vital, transformadora y por lo tanto poderosa - es no tener el Espíritu.
N o es esto de lo que debatimos en este libro.

B. CESACIONISMO

1. El tem a del cese de algunos dones necesita ser centrado. Personal-


m ente n o m antengo que todos los dones del Espíritu hayan cesado, o que
la Iglesia haya sido desprovista de tales dones hoy, u n tem a al que volveré
más adelante. N o es necesario com entar que la pregunta no es si los dones
continúan, sino qué dones milagrosos continúan en la actualidad.
Tam poco argum ento que los milagros hayan cesado. D efinir “m ilagro”
adecuadamente es difícil y requeriría una discusión extensa. Para nuestro
propósito, aceptaré que u n m ilagro sucede cuando D ios hace algo “m enos
com ún” o “extraordinario” y “sumamente insólito.”40*N o cuestiono que tal
actividad continúe hoy. Más específicamente, no niego que D ios sane (mi-
lagrosamente) en nuestros días. Puede decidir hacerlo, sin im portar lo deses-
perado y term inal que sea el pronóstico médico, en respuesta a la oración
individual y comunal de su pueblo. Santiago 5:14-16, p o r ejemplo, nos indica
esto, independientemente de la interpretación que hagamos del texto.
Sin em bargo, sí que cuestiono que los dones de sanidad y de hacer
milagros, com o son descritos en 1 C orintios 12:9-20, hayan sido dados en
la actualidad. D e entrada, cito dos factores que sostienen tal duda: (a) D en-
tro del N u ev o T estam ento, las únicas ocasiones específicas de ejercicio de
tales dones, dados p o r el C risto ascendido, suceden en H echos (cf. H e-
breos 2:3b-4). P ero éstos (ya sean los m ism os apóstoles, o p o r aquellos a

39 Según Lederle, Treasures O ld and New, 2.


40Grudem, Systematic Theology, 355; D. A. Carson, “The Purpose of Signs and Wonders
in the New Testament”, en Power Religion: The Selling Out oftke Evangelical Church?, ed. M.S.
H orton (Chicago, M oody, 1992), 114,118 (n. 6).

48
L a postura cesacionista

quienes im pusieron sus m anos, u otros), com o hem os apuntado anterior-


m ente, acom pañan la propagación apostólica única y finalizada que Lucas
trata. E n este sentido, son “las señales de u n verdadero apóstol” (indepen-
dientem ente de la correcta interpretación de 2 Co. 12:12), y su continuidad
en la era post-apostólica no debe ser sim plem ente presupuesta. Esto debe
establecerse en o tro terren o , el cual, tal y com o y o entiendo, el N uevo
T estam ento no proporciona, (b) Santiago 5 contem pla u n escenario dife-
rente. Allí, la sanidad n o depende de u n individuo que ha recibido poder
para llevarla a cabo, sino que ocurre a través de la oración, no solamente la
de los ancianos (y entonces sin distinción entre ellos) sino la de todos los
creyentes.
2. M i interés principal es el cese de todos los dones de revelación o de
palabra. A l decir dones depalabra estoy pensando en (m irando las listas
de R om anos 12:6-8; 1 C o. 12:8-10,28-31; y Efesios 4:11) la profecía y su
evaluación, las lenguas y su interpretación, la palabra de sabiduría y la pala-
bra de conocim iento. Ya que se reconoce generalmente que existe una cier-
ta superposición entre ellos, (según 1 C o. 14, p o r ejem plo, la profecía y la
interpretación de lenguas son funcionalm ente equivalentes), podem os con-
siderarlos juntos, de form a genérica, com o dones proféticos.
N o podem os desarrollar aquí un a defensa com pleta del cese de estos
dones de revelación.41 Está conectado, p o r citar solamente u n pasaje clave,
con la com prensión histórico-salvífica de la Iglesia y su apostolicidad ex-
presada en Efesios 2:11-12. La Iglesia se describe com o el pro y ecto de
construcción de Dios, el arquitecto m aestro, en m archa en el periodo entre
la ascensión y el reto rn o de C risto (cf. 1:20-22; 4:8-10,13). E n este edificio
de la Iglesia, los apóstoles y los profetas son los cim ientos, ju n to con Cris-
to, com o la “piedra angular”42 (v. 20).
E n cualquier p ro y ecto de construcción (antiguo o m oderno), los
cim ientos se po n en al principio, sin que tengan que ser repetidos constan-
tem ente (¡Al m enos, si el co n stru cto r sabe lo que está haciendo!). E n tér-
m inos de este m odelo dinám ico para la Iglesia, los apóstoles y profetas
pertenecen al p eriodo de los cim ientos. E n otras palabras, según el dise-
ñ o del A rq u itecto D iv in o , la presencia de los apóstoles y profetas en la
historia de la Iglesia es tem poral.
¿De qué m o d o son los apóstoles y profetas los cim ientos de la Iglesia?
La respuesta está en ver el edificio de la Iglesia d e n tro del m arco de la

41 Ver mi Perspectives on Pentecost, 89-116.


42 Especialmente debido a su proxim idad con la fundación, “dovela” no encaja en el
contexto; cf. Fee, Empowering Presence, 688, η. 100.

49
¿Son vigentes los dones milagrosos?

historia de la redención. Según 1 C o rin tio s 3:11 (la m etáfora varía ligera-
m ente, pero no supone una diferencia teológica im portante), C risto es el
fundam ento de la Iglesia. ¿Cómo? N o en un sentido general de su persona,
o en su persona considerada en abstracto, y ni siquiera principalm ente p o r
su actividad inicial en la Iglesia. Más bien Cristo es el fundam ento “ya puesto”
(v. 11); es decir, El es el fundam ento p o r su m uerte y su resurrección (por
ejem plo, 1 C o. 1:18,23; 2:2,15:3-4; 2 Ti. 2:8). T o d o lo que él representa
para la Iglesia y en la Iglesia depende y se deriva de que es el C risto crucifi-
cado y glorificado. El es el fundam ento de la Iglesia p o r su obra finalizada.
P o r consiguiente, los apóstoles y los profetas no son el fundam ento
porque ellos com pleten partes que faltan en la obra de C risto. Lo que es
esencial, y de o tro m odo faltaría, es u n testim onio adecuado a esa obra, un
testim o n io del Evangelio. Los apóstoles son los testigos autorizados de
Cristo, ordenados p o r el m ism o Cristo resucitado para dar testim onio con
autoridad sobre su resurrección y las implicaciones de ésta (Por ejem plo,
H echos 1:2,8,21-26; 1 C o. 9:1,15:1-4,8-11; Gá. 1:1,15-16).
Los apóstoles (y los profetas43 ju n to a ellos), en otras palabras, son los
cim ientos de la Iglesia p o r su testim onio, testim onio revelador e inspirado
(como apunta Efesios 3:5: «ahora... ha sido revelado a sus santos apóstoles y
profetas p o r el Espíritu»). E n térm inos de la correlación hecho-palabra que
m arca la entrega de la Revelación a través de la historia de la redención, su
testim onio es el fundam ento testimonial de la obra de Cristo; a la obra defini-
tiva de Cristo, que fue una vez p o r todas, se le une u n testim onio definitivo de
esa obra, u n testim onio de una vez para siempre. A quí está la m atriz para el
C anon del N u ev o Testam ento, para el nacim iento de u n nuevo cuerpo de
Revelación que se unirá a lo que con el tiempo llegó a ser el Antiguo Testamen-
to.44 Al quedar completa esta revelación fundacional, y tam bién su papel fun-
dacional com o testigos, los apóstoles, y junto con ellos los profetas y otros
dones de revelación, desaparecen de la vida de la Iglesia.

43El hecho de que aquí se hable de los profetas del Nuevo Testamento (no del Antiguo)
se ve en el orden de las palabras: (no “losprofetas y los apóstoles”, es decir, el Antiguo
y el N uevo Testamento); se ve especialmente en Efesios 3:5, donde aparece la misma
expresión y ocurre con la palabra “ahora” (en contraste con “otras generaciones” en el
pasado).
44 N o tiene nada de especial que no todos los documentos del N uevo Testamento
estén escritos por apóstoles. De form a paralela a lo que hemos visto sobre las señales y
milagros en la era del N uevo Testamento, la apostolicidad, aunque no es estrictamente
un criterio de canonicidad, es indudablemente el medium para el Canon; ver R.B.Gaffin,
Jr., “The New Testament As Canon”, in Inerrancy and Hermeneutic, ed. H.M. Conn (Grand
Rapids: Baker, 1988), esp. 172-79.

50
L a postura cesacionista

A continuación veremos varias objeciones a esta construcción, junto con


algunos intentos de evadir las implicaciones que tiene.45 Podem os apuntar
aquí brevemente que “sucesión apostólica” en un sentido personal, sea conce-
bido institucional o carismáticamente, es una contradicción de términos. En el
N uevo Testamento encontramos, dentro del marco de la historia de la reden-
ción, el carácter definitivo del apostolado (una vez p o r todas), la presencia
exclusiva (que no continúa) de los apóstoles en la vida de la Iglesia. La aposto-
licidad de la “Iglesia única, santa, católica” (credo de Nicena) se revela allí
donde la Iglesia se m antiene con fe, edifica con firmeza sobre el testim onio
acabado de los apóstoles y los profetas, habla de la obra acabada de Cristo y de
las implicaciones de ese testim onio para la fe y la vida. Este testim onio com-
pleto y fundacional se ha conservado como el N uevo Testamento.
3. M antener la continuidad de los dones proféticos hasta el día de hoy es
cu estio n ar la canonicidad del N u e v o T estam en to , p articu larm en te
si pensamos en el C anon como algo cerrado. Tal continuidad, inevitablemen-
te, relativiza la suficiencia y autoridad de la Escritura. Sé que muchos continuis-
tas* niegan este concepto. Pero les pido paciencia mientras me explico.
D e hecho, m uchos continuistas son cesacionistas si tenem os en cuenta
que reconocen que n o hay apóstoles46 h o y 47. Esto refleja una apreciación
de la autoridad única de los apóstoles y el nexo entre su autoridad y la auto-
ridad y canonicidad (cerrada) del N uevo Testam ento.48 Esta idea habla de

45El esfuerzo en la refutación de Ruthven (On the Cessation, 216-20), por ejemplo, se echa
a perder normalmente por una concepción inadecuada de la autoridad apostólica, junto con
una imprecisa representación de la posición a la que él se opone (¡Por ejemplo, «la predicación
de la soterología calvinista» representa al Cristo exaltado «inactivo en el presente», p. 113!)
* N . del T. Del mism o m odo que usamos “cesacionista” y “la postura abierta, pero
cautelosa”, utilizaremos la expresión “continuista” para referirnos a aquellos creyentes que
creen en la continuidad y vigencia de los dones milagrosos. En este contexto el autor se
refiere a las posturas pentecostales, carismáticas y de la Tercera ola.
46El N uevo Testamento utiliza la palabra griega apostólos en más de un sentido. Aquí
se usa para aquellos designados por Cristo e investidos con su autoridad (ver nota 37),
aquellos que son “prim eros” en la Iglesia (1 C o. 12:28; cf. Ef. 2:20; 4:11; 2 C o. 11:13):
los doce, Pablo y quizás otros.
47Por ejemplo Carson, Manifestaciones del Espiútu, Andamio, 2000; Grudem Systematic
Theology, 906,911. Véase en este sentido la conclusión cualificada, menos que enfática de
un anti-cesacionista tan convencido com o Ruthven (On the Cessation, 220). La idea de
Grudem de que el apostolado es “un cargo, no un don” (1019, η. 6; cf. Deere, Power o f
the Spirit, 242) es difícilmente sostenible (al menos, a la luz de la actividad del Cristo
ascendido en Efesios 4:8,11: “El... dio dones a los hombres”; “El... dio a algunos el ser
apóstoles”) y hace una separación que Pablo no aceptaría. Todos los dones no son cargos
(un tema, por cierto, demasiadas veces ignorado o pasado p or alto en los debates actuales
sobre la ordenación de la mujer), pero todos los cargos son dones.
48Por ejemplo, Grudem, Systematic Theology.

51
¿Son vigentes los dones milagrosos?

la legitim idad de distinguir entre la era apostólica y post-apostólica de la


historia de la Iglesia, o entre u n periodo en el que el C anon estuvo abierto
y o tro en el que el C anon pasó a estar cerrado.
T odos los que acepten esta distinción tendrán que analizar las diferen-
tes im plicaciones que tiene. U n sim ple “todos los dones son para h o y ”
no servirá (y de hecho no es la postura de m uchos continuistas). Pero, ¿cuál
es la conexión entre dones com o la profecía, y la presencia de los aposto-
les? ¿Es coherente teológica y exegéticamente hablando m antener p o r un
lado, el cese del d o n de revelación del apostolado (ya que sin dudas era
fundam entalm ente eso, cf. Gá. 1:11-12; 1 Ts. 2:13) y, p o r otro lado, la con-
tin u id ad de los dones proféticos? ¿N o nos devolvería esa c o ntinuidad a
la situación de la Iglesia prim itiv a en la que el C a n o n estaba abierto49 ?
Y, tengam os en cuenta que ahora no tendríam os el control de un apostóla-
do vivo.
4. A quellos que sostienen la continuidad de los dones proféticos en la
actualidad tienen dificultades para ponerse de acuerdo, sobre todo en cuanto
al tem a de su autoridad. P o r u n lado, están aquellos que sostienen que estos
dones son falibles en su ejercicio y tienen una autoridad m en o r que la de
los profetas canónicos del A ntiguo Testam ento y los apóstoles del N uevo
T estam ento. P o r o tro lado, G o rd o n Fee, p o r ejem plo, rechaza esta posi-
ción p o r estar «controlada p o r factores que a P ablo n o le interesaban en
absoluto» y p o r «hablar sobre m uchas cosas bastante diferentes de las que
Pablo está hablando».50
Según Fee, «sabemos que [Pablo] vio a ‘los profetas del N uevo Testa-
m en tó ’ com o los sucesores de los ‘legítim os’ profetas del A ntiguo Tes-
tam en to ... y los ‘únicos’ profetas a los que Pablo se refiere que n o son
parte de la presente inspiración del E spíritu son los profetas cuyos orácu-
los pasan a form ar parte de su Biblia (Ro. 1:2; 3:21)».51 M ientras Fee llama

49 D ebo enfatizar que, durante el periodo fundacional apostólico de la Iglesia, su


“canon” (es decir, donde encuentro la palabra de D ios y su voluntad revelada para mi
vida) era una entidad fluida y envolvente, constituida por tres factores: (1) U n Antiguo
Testamento completo; (2) el que llegaría a ser el Nuevo Testamento y otros documentos
inspirados que ya no existían (P. ej; la carta mencionada en 1 C o. 5:9), en el tiempo en
que se iban escribiendo e iban circulando (cf. Col. 4:16); y (3) una voz apostólica profética
(“ya de palabra, ya por carta nuestra” [2 Ts. 2:15] apunta a esta mezcla autoritativa entre
la palabra y el texto escrito). La Iglesia de aquel tiempo vivía según la autoridad y la guía
según el principio de “la Escritura y un plus"·, por la naturaleza del caso todavía no podía
decirse, como principio formal, sola Scriptura.
50Fee, Empowering Presence, 892 (con referencia específica al punto de vista de Wayne
Grudem).
51 Ibíd.

52
L a postura cesacionista

a eso «una evidencia dem asiado escasa para co n tin u ar desarrollando una
argum entación», en el contexto parece difícil no in te rp re ta r que está di-
ciendo que, hasta donde podem os ver, n o som os capaces de distinguir, en
los tem as de la Inspiración y la A utoridad, entre los profetas del N uevo
Testam ento y los profetas que escribieron en el A ntiguo Testam ento.
La opinión de W illiams es sim ilar a la de Fee (una opinión que es am-
pliamente compartida entre los pentecostales y carismáticos). Aunque man-
tiene que cualquier expresión del don de la profecía es “revelación subordi-
nada” y no está “al m ism o nivel que la Escritura”, al m ism o tiem po afirma
que “viene directam ente de Dios y es hablada con autoridad divina” y que
“las palabras son inspiradas divinam ente” y que “la verdadera profecía es la
propia declaración de D ios.” 52 Si es así, y si tal profecía continúa en la ac-
tualidad, entonces es difícil ver cóm o la suficiencia de la Escritura o su cano-
nicidad (como una colección com pleta de docum entos con una autoridad
única), puede ser m antenida viablemente. Claram ente, el tem a en cuestión
tiene más que ver con si la profecía actual contradice la Escritura.
T am bién puede ser que «nadie... quiere arriesgarse a la posibilidad de
que alguien añada algo a la Escritura».53 Pero si la profecía en la actualidad
es inspiración y autoridad divina, com o se ha m encionado antes, entonces,
cualquiera que fuera la intención, sí se ha añadido algo a la E scritura.54
A hora “el C an o n ” (es decir, el lugar en el que encontram os en la actualidad
la palabra de Dios) se convierte n o solam ente en lo que D ios ha dicho
en su E scritura, sino tam b ién en lo que está diciendo m ás allá de la
E scritura, y nos obligam os a atender y som eternos a am bos. D e hecho,
el ú ltim o seguram ente será más obligatorio p o r su contem poraneidad e
inmediatez con nuestra situación. Ver aquí una amenaza relativizadora para
el C an o n y su au toridad n o es ir desencam inado.55
52Williams, Renewal Theology, 2:382,386; cf. 1:43-44.
53 Deere, Power o f the Spirit, 241 (Después de leerlo, todavía no estoy seguro de si su
postura sobre la profecía y la autoridad es más cercana a la de Fee o a la de Grudem);
cf. Williams, Renewal Theology, 1:44.
54Williams enfatiza (con cursivas) que no existe nada, incluyendo la profecía, que deba
ser añadido a la revelación especial recogida en las Escrituras. Pero dos frases después
describe la profecía como «la revelación de algún mensaje para la situación contemporánea
que no añade nada esencialmente a lo que El ha dado a conocer con anterioridad» (Renewal
Theology, 1:44). Sin duda, no es una crítica observar que, por “nada esencial” que sea, una
añadidura sigue siendo una añadidura. Más aún, debemos preguntarnos: realmente, ¿cuál
es la fuerza limitadora y descalificadora de la expresión “nada esencialmente”, cuando se
trata de las mismas palabras de Dios, que poseen inspiración y autoridad divinas? N o veo
que la postura de Williams tenga una respuesta satisfactoria a esta pregunta.
55Ruthven, por ejemplo, habla de “los límites eternamente sellados del Canon bíblico”
(On the cessation, 194). Acepto y valoro esta afirmación, pero tengo dificultades en ver, no

53
¿Son vigentes los dones milagrosos?

Fee, en el contexto anteriorm ente citado, cree que «preguntas com o las
planteadas por las personas con ‘conciencia canónica’ quedan completamente
fuera del marco de referencia [de Pablo]», y que «él no tiene ningún interés en
las preguntas que surgen de nuestra existencia en la Iglesia unos 1900 años
después».56 Pero, ¿son sostenibles tales frases tan exageradas? El m arco de
referencia de Pablo, que es escatológico y tiene en cuenta la historia de la re-
dención,57 con su perspectiva de vivir “entre los tiem pos”, com prende el pe-
riodo entre la resurrección de Cristo y el regreso en su totalidad, sin im portar
que tarde en llegar (o lo poco que tarde, que es lo que Pablo, en respuesta a la
revelación que recibió y comunicó, había anticipado). Pablo es un apóstol para
todas las épocas, sin im portar el núm ero de generaciones posteriores. Escribe
para todos los que están en la posición de haberse convertido «de los ídolos a
Dios para servir al Dios verdadero, y esperar de los cielos a su H ijo, el cual
resucitó de entre los muertos» (1 Ts. 1:9-10). Difícilmente puede decirse que
Pablo haya sido indiferente a las preocupaciones teológicas (legítimas) de la
Iglesia de finales del siglo XX.
Más aún, las cartas pastorales con sus receptores no apostólicos (Timo-
teo, tan to com o ningún otro, se ve com o el sucesor personal y directo de
Pablo, cf. Filipenses 2:20-22, pero Pablo nunca le llama apóstol), m uestran
una preocupación p o r u n futuro post-apostólico. Específicamente, el man-
dato a guardar el “depósito” (apostólico) (2 Ti. 1:14; cf. v. 12; 1 Ti. 6:20) da
señales de, al m enos, una incipiente “conciencia canónica”.
5. Pero, ¿qué hay de la visión de que la autoridad de los dones proféti-
eos es inferior y falible?58
(a) Esta visión no tiene una explicación adecuada para Efesios 2:20; 3:5
(los profetas com o parte de la fundación de la Iglesia, com o hem os discu-
tido anteriormente). W ayne G rudem , p o r ejemplo, ha argum entado exten-
sám ente que en este caso los “profetas” no son los profetas m encionados
en otras ocasiones en Pablo, sino los apóstoles (“apóstoles-profetas”, “após-
toles que tam bién son profetas”).59 G ram aticalm ente, esto es poco proba-

solamente en términos de su posición global, sino en el contexto inmediato, cómo puede


mantener esos límites de una form a significativa teológicamente (y en la práctica).
56Fee, Empowering Presence, 892.
57Pocos han comentado este punto más eficazmente en nuestros días que el mismo Fee.
58Por ejemplo, Carson Manifestaciones del Espíritu, Andamio, 2000; R. Clements, Word
and Spirit: TheBible and the Gift o f Prophecy in theNew Testamentand Today (Leicester; U C C F,
1986); W. A. Grudem, The G ift o f Prophecy in the New Testament and Today (Westchester,
Illinois: Crossway, 1988), Systematic Theology, 1049-61; cf. 1031-43; G . Houston, Prophecy:
A G iftfor Today? (Downers Grove, Illinois: InterVarsity, 1989), cf. Turner, “Spiritual Gifts
Then and N o w ”, 15-16.
59 Ver su obra G ift o f Prophecy, 45-63

54
L a postura cesacionista

ble.60 Tam poco lo es contextualm ente, ya que en 4:11, la siguiente referen-


cia de Pablo a los profetas, en u n contexto relacionado (preocupado p o r la
construcción de la Iglesia), los distingue claram ente de los apóstoles (4:11;
cf. 1 C o. 12:28).
G ru d em co n tin ú a m anteniendo que, aun cuando los profetas sean
distintos de los apóstoles en este contexto, Efesios 2:20 sigue sin tener
“m ucha im portancia” para decidir si la profecía continúa en la actualidad.61
Esto se debe a que, a pesar de su esfuerzo p o r m inim izar el asunto,62 aban-
do n a la unidad de la profecía del N u ev o T estam ento al diferenciar, en
efecto, dos dones: la profecía que no continúa, que es infalible y “fundado-
nal”, y la profecía que continúa y es falible. Esto equivale a establecer una
diferencia básica y categórica para la cual no existen pruebas en el N uevo
Testam ento, particularm ente en la lista de dones.
(b) Los dos ejem plos explícitos de profecía no apostólica en el N uevo
T estam ento no sostienen la idea de que fuera falible. Son las profecías de
Agabo en H echos 11:28 y 21:10-11. G rudem , p o r citar a uno, ha realizado
u n esfuerzo considerable para acusarle de que en la segunda ocasión, p o r
bien in ten cio n ad o que fuera, com etió pequeños errores63. E n general,
es p edante p rete n d er que A gabo se expresara con m ás precisión.64
A quí65 solam ente puedo añadir que H echos 21:11-14 debe ser leído pen-
sando en el hilo narrativo de Lucas, anteriorm ente citado (la divulgación
m undial, fundacional y apostólica del Evangelio para incluir a gentiles así
com o a judíos). Leído en ese m arco contextual, lo que pasaba en Cesárea,
incluyendo la profecía de Agabo, se lee naturalm ente com o u n recuento
paralelo de la descripción com prim ida de lo que se le dijo a Pablo anterior-
m ente en T iro (v. 4- le decían “a través del E sp íritu ” que n o fuera a Jeru-
salén).
P o r su parte, am bos casos ilustran la verdad arrolladora expresada ante-
rio rm en te p o r el m ism o P ablo al hacerles u n recuento de su m inisterio

60Ver especialmente D .B. Wallace, “The Semantic Range of the Article-Noun-KAI-


N oun Plural Construction in the N ew Testament”, G TJ, 4 (1983): 59-84.
61 Grudem, Systematic Theology, 1051, n. 4
62 Grudem, G ift o f Prophecy, 63-64.
63 Ibid., 96-102; ver también su Systematic Theology, 1052-53; del mismo modo Carson,
Showing the Spirit, 97-98; Houston, Prophecy, 114-16.
64J. W. Hilber observa pertinentemente, «Si entonces juzgamos de forma rígida, pueden
citarse errores ‘similares’ en las predicciones del Antiguo Testamento», (“Diversity of O T
Prophetic Phenomena and N T Prophecy”, WTJ, 56 [1994]: 256).
65 Para ver una respuesta más extensa a este punto de vista, ver mi obra Perspectives
on Pentecost. 65-67 (el lector tendrá que juzgar si mi respuesta “muestra la suficiente atención
al texto” [según Carson, Manifestaciones del Espíritu,op .co f.

55
¿Son vigentes los dones milagrosos?

único a los ancianos efesios: «Salvo que el E sp íritu Santo solem nem ente
me da testim onio en cada ciudad, diciendo que m e esperan cadenas y aflic-
ciones» (Hechos 20:23). El hecho de que en cada ocasión los discípulos (y
quizás tam bién el m ism o A gabo y otros que profetizaban) intentaran di-
suadir a Pablo, n o com prom ete de ninguna m anera la verdad infalible y
orien tad a p o r el E sp íritu de lo que se estaba p rofetizando. T am bién, si
Agabo com etió errores, éstos no quedaron reflejados en el texto lucano.
N o tenem os noticias de que recoja este incidente para otra cosa que no sea
servir a su propósito global de m ostrar el avance del Evangelio desde Jeru-
salén hasta R om a. Lo que A gabo dice es «lo que el E spíritu dice a las igle-
sias (cf. p o r ejemplo, Apocalipsis 2:7)». E n resum en, la postura de la profe-
cía falible es incapaz de ofrecer ningún ejemplo del N uevo Testam ento que
la respalde.
(c) D eberíam os hacer unos breves com entarios sobre algunos textos
norm alm ente utilizados com o evidencia de que la profecía (no apostólica)
tiene una autoridad m enor, falible. E n 1 C orintios 14:29, el verbo aplicado
a profecía (diakrino) tiene u n am plio sentido semántico; puede estar cons-
tru id o de diferentes m aneras, dependiendo del co n tex to particular, y se
traduce com o “evaluar”, “com probar”, “juzgar” y “pesar”. D e este m odo,
en la form a en la que Pablo lo utilizó n o hay nada que sirva para reclam ar
que, ya que lo que es profetizado está sujeto a “evaluación” es, p o r lo tanto,
falible. Asimismo, tam poco interpretarem os que si los habitantes de Berea
estaban «escudriñando [anakñnó] diariam ente las Escrituras para ver si es-
tas cosas eran así» (H echos 17:11, Lucas les alaba p o r hacerlo), tenem os
que entender que lo que Pablo les enseñaba n o tenía autoridad apostólica
infalible y completa.66
Es difícil v er cóm o 1 C o rin tio s 14:36a sirve p ara justificar que la n o
apostólica tiene m enos autoridad. La pregunta de P ablo (“¿Acaso la pala-
bra de D ios salió de vosotros?”) está casi sin duda dirigida n o a los profe-
tas en especial, sino a to d a la iglesia de C o rin to , en relación con las otras
iglesias (ver v. 33b). Ju n to con la cuestión en la últim a parte del versículo,
es “cortantem ente retórica”,67 tiene la m ism a fuerza que decir lo siguiente:

66Fijémonos en la sustancial superposición semántica entre anakrino γ diakrino. Tal


superposición (que también incluye el uso de dokim azo en 1 Ts. 5:21) puede entenderse
más en el análisis semántico de J.P . Louw y E. A . Nida, Greek-English Lexicon o f the New
Testament Based on Semantic Dom ains (Nueva York: United Bible Societies, 1988), 331-32,
363-64 (esp. sec. 27.44-45, 30.108-9).
67G.D. Fee, Primera Epístola a los Corintios. Ed. Nueva Creación, Grand Rapids, Michi-
gan, 1998. p. 804. (reedición).

56
L a postura cesacionista

¿Es que la v erdad com ienza y term in a en vosotros? ¿O s creéis que solo
vosotros tenéis la verdad del Evangelio y de sus implicaciones?
T am p o co la o rd en p eren to ria de P ablo a los profetas en 1 C o rin tio s
14:37-38 apunta a que ellos tengan m enos autoridad: del m ism o m odo que
la am onestación que le propina a Pedro en Gálatas 2:11-14 tam poco signi-
fica que Pedro no enseñara con autoridad plena e infalible cuando ejercita-
ba su oficio apostólico de form a apropiada. A quí no estamos tratando (y a
lo largo de este pasaje) el contenido de la profecía (y su autoridad relativa),
sino la conducta de aquellos que profetizaban.
P o r si 1 Tesalonicenses 5:20 (“n o m enospreciéis las profecías”) no
pareciera tener suficiente fuerza en sí m ism o, añadim os que Pablo utiliza
en 2 C orintios 10:10 el m ism o verbo para describir la valoración derogato-
ria que sus enemigos hacían de su predicación com o “m enospreciable”. Es
cierto que aquí se aplica al aspecto form al de su form a de hablar (su “esti-
lo”) a diferencia de su manera de escribir, pero eso no evita que el contenido
se vea afectado p o r esa valoración despreciativa.
(d) N o debem os ignorar o tro texto, u n o que supone u n enorm e pro-
blem a p ara algunos continuistas. 1 C o rin tio s 12:28 expresa u n orden:
«prim eram ente, apóstoles; en segundo lugar, profetas: en tercer lugar,
maestros...». Existe el consenso general de que este orden tiene que ver con
el v alo r o la utilidad.68 Si es así, entonces su posición se queda con la si-
guíente conclusión: ¡la profecía de la Iglesia, siem pre sujeta a evaluación
com o falible y p o r lo tan to nunca obligatoria para nadie, es más útil y edi-
ficante que la enseñanza basada en la Palabra clara, infalible y con autori-
dad de Dios! ¡La profecía precede a tal enseñanza! E n m i o p in ió n , una
conclusión obviam ente n o deseada e inaceptable. Pero, ¿cómo pueden evi-
tar tal conclusión?
(e) E n definitiva, todos los continuistas, especialm ente los defensores
de la postura falible, insisten en que la profecía está siem pre subordinada a
la E scritu ra y que debe ser com parada a la luz de ésta, de m o d o que su
suficiencia y autoridad n o solam ente n o se ven amenazadas, sino manteni-
das. Pero, ¿cómo ocurrirá tal comprobación? La profecía en el N uevo Testa-
m entó (por ejemplo, la de Agabo), y la que se dice que tiene lugar en la actúa-
lidad, a veces es tan específica que simplemente no puede ser evaluada p o r las
Escrituras existentes. P o r ejemplo, se insta a u n individuo o a u n grupo a una
acción determ inada basándose en, p o r ejemplo, u n sueño, que no puede ser
juzgado p o r la Biblia a m enos que la acción implicara la violación de un man-

68Por ejemplo, Fee, Empowering Presence, 190; Grudem, G ift o f Prophecy, 69.

57
¿Son vigentes los dones milagrosos?

damiento.69 La Escritura, p o r su propia naturaleza, guarda silencio sobre aque-


líos detalles que le hacen parecer u n sueño “de revelación”, que le dan ese
carácter específico y distintivo (y perseguido). Adem ás, a diferencia de las
Escrituras (y la revelación general), que están siempre accesibles y abiertas a
diferentes interpretaciones, no hay form a alguna de acceder a la revelación
subyacente que hay detrás de ese sueño o de distinguirla de la transm isión/
interpretación falible de la persona que dice estar profetizando70.
Este pu n to de vista, no puedo verlo de otra m anera, abre la puerta a una
revelación en la Iglesia actual que no es ni revelación redentora especial y
canónica, ni revelación general (que sale de nosotros, com o creados a ima-
gen de Dios, y del m undo que nos rodea). Lo que se afirma es u n tercer tipo
de revelación, que va más allá de las dos. Es más que una “revelación” en el
sentido de “ilum inación del E spíritu para la actualidad de una verdad ya
revelada” (Efesios 1:17; Filipenses 3:15);71 es m ás que un a reflexión con-
dem uda y una lucha en oración suscitada por el Espíritu, sobre las cir-
cunstancias y los problem as contem poráneos a la luz de la E scritura. Se
trata de u n a revelación inm ediata y adicional que funciona especialmente
cuando conviene en co n trar un a guía, m ás allá de la Escritura, p o r lo que
inevitablem ente sugiere una cierta insuficiencia de la Escritura, que necesi-
ta ser com pensada.72*La tendencia de este p u n to de vista, n o im p o rta lo
cuidadosam ente que se califique, es alejar la atención de la Escritura, parti-
cularm ente en tem as prácticos y aprem iantes de la vida.

69Williams, Renewal Theology, (2:384) enfatiza que la profecía en la actualidad «puede


confirmar, pero nunca dirigir por sí misma... La profecía predictiva -profecía como presagio
- debe ser frontalmente rechazada». Pero, ¿por qué esta exclusión, si se trata de un don
del N uevo Testamento? ¿Sobre qué base realizar esta exclusión, especialmente si (apar-
te del libro del Apocalipsis) los otros ejemplos concretos del N uevo Testamento (Agabo)
son claramente esa form a de “profecía direccional”?
70 Esto deja una pregunta (la cual, si no me equivoco, no es tratada realmente por
los defensores de esta postura). ¿Se revelaría D ios de manera tan ambigua, p o r no decir
“ineficiente” ? La respuesta no puede ser la bíblica sobre la revelación a través de debí-
lidades humanas (Cf. 2 C o. 4:7), porque en este caso, en el resultado (lo que se profetiza),
la debilidad (falibilidad humana) permanece sobre la revelación.
71 El tema entonces no es si se puede decir que D ios se “revela” a sí mismo hoy; por
supuesto que lo hace. Pero, ¿En qué sentido? En este punto, la crítica que C arson hace
de V os (Showing the Spirit, 161-64) está m uy fuera de lugar (aunque es cierto que Vos se
podría haber expresado con más claridad en ocasiones).
72Esto parece claro, por ejemplo, en lo que escribe Turner (aunque aprecio el cuidado
con que presenta el tema): como añadido a la necesidad de iluminación y de la aplicación
de la verdad canónica en nuestros días, «también existe la necesidad de un diagnóstico
espiritual profundo sobre los individuos y las congregaciones, y una guía específica sobre
un gran número de temas prácticos», una necesidad satisfecha, más allá de la Escritura,
p or los dones de revelación de 1 C o. 12:8-10 (“Spiritual G ifts” , 55).

58
L a postura cesacionista

Para expresar m i preocupación de o tra m anera, esta concepción difu-


m ina la diferencia esencial entre las verdades de R om anos 8:14 y 2 Pedro
1:21. Es decir, se oscurece la diferencia entre ser “guiado” p o r el E spíritu
(el privilegio, dém onos cuenta, de todos, n o solam ente de unos pocos ere-
yentes) y de ser “inspirados” p o r el Espíritu (el privilegio especial que algu-
nos tuvieron, hace m ucho tiem po, en u n m om ento concreto de la historia
de la redención, que ya ha acabado). U tilizando el ejemplo clásico de Calvi-
no, de la Biblia com o las lentes indispensables para entendem os a nosotros
y al resto de la Creación,73 la profecía es un a lente adicional que m ejora la
visión; puede aum entar tem poralm ente, o en ocasiones incluso reemplazar
las lentes de la E scritura. Parece una frase justa, especialm ente a la luz de
cóm o se entiende norm alm ente que la profecía funciona h o y en día.
Pero D ios no se revela a sí m ism o, com o esta postura cree, a dos niveles
diferentes: u no público, canónico y acabado (para todo el pueblo de Dios)
y otro privado y continuo (para personas y grupos concretos). A lgunos se
quejan de que esta idea n o tiene base.74 P ero la estructura de la E scritura
desde el principio hasta el final, com o com pilación de la historia del Pacto,
es u n a base incuestionable.
La Bibba, com o revelación canónica, docum enta fielm ente (por su al-
canee, n o p o r su extensión, p. ej. Jn. 21:25; 1 C o. 5:9) u n organism o histó-
rico com pleto, u n proceso acabado que revela la historia de la redención.
D o cu m en ta la histo ria que h a alcanzado su consum ación en la ascensión
de C risto y el envío del Espíritu, una historia que, desde entonces, está en
espera, “entre los tiem pos”, hasta que El vuelva. Para estar seguros, a tra-
vés de esta historia, D ios se revela a sí m ism o a individuos de varias mane-
ras personales y m u y íntimas. Pero tal revelación no presenta o proporcio-
na u n precedente p ara u n segundo nivel de revelación privada que tenga
intención de suplem entar la revelación “institucional”, corporativa, que está
centrada en el m ovim iento de la historia de la redención hacia su consuma-
ción en Cristo. Tal revelación para los individuos es, en sí misma, una parte
integral de la Revelación definitiva y cristocéntrica.
Las posturas continuistas, ya se trate de dones proféticos o de señales y
milagros, interpretan m al su aparición en la Escritura (es decir, a lo largo de
la historia de la redención) y, p o r lo tanto, de form a injustificada extrapolan
lo que pertenece al proceso c o ntinuo de la situación que va más allá de la

n Calvino, Institutes o f the Christian Religion (Filadelfia: Westminster, 1960). Por ejemplo:
1:6:1; 1:14:1.
74 Grudem , G ift o f Prophecy, 316, n. 27.

59
¿Son vigentes los dones milagrosos?

finalización de ese proceso.75 Existe u n alto riesgo de difum inar, incluso


quizás negar, la im portancia fundam ental entre la revelación y la historia de
la redención en su form a com pleta y en su posterior aplicación continua.
D u ra n te este siglo, h em o s em pezado a ser m ás conscientes de que
la Biblia es u n d o cu m en to m arcado p o r la h isto ria de la redención o la
h isto ria del p a c to , n o u n lib ro de te x to de teo lo g ía sistem ática o u n
m an u al de ética (com o se ha tra ta d o , al m en o s en la p ráctica); n o es
«un m an u al d o gm ático, sino u n lib ro h istó ric o espectacular».76 P ero
tam b ié n necesitam os reco n o cer, con m ucha m ás frecuencia de lo que
se ha hecho hasta ahora, el elem ento racional de la h isto ria de la reden-
ción no solam ente p o r el contenido, sino p o r la entrega de la Revelación.
La Revelación va de la m ano de la R edención.77 C o n la term in ació n de
la ú ltim a llega el cese de la an terio r.
A quí nos encontram os con un a ironía. Al c o n trario de lo que se cree
frecuentem ente, es la postura continuista, no la cesacionista, la que al final
tiene u n entendim iento intelectual y m uy teórico de la Escritura. Según un
continuista im portante, la Biblia ofrece «las principales doctrinas para todo
el m undo cristiano», “las principales enseñanzas doctrinales”, revelación
que, p o r lo tanto, es insuficiente y necesita entonces ser suplem entada con
“info rm ació n localizada, específica”, aportada p o r la profecía continua-
da.78 Según esta postura, la reveladora “lám para a mis pies” y “lum brera a
m i cam ino” (Salmo 119:105) es el C anon bíblico com pleto solo relativa-
m ente, y la suficiencia de la Escritura es relativa.
6. Los continuistas se sienten m ás seguros al contem plar 1 C o rin tio s
13:8-14. A q u í poco puedo hacer m ás que señalar que el pasaje n o es tan
am biguo co m o creen.79*El énfasis principal de Pablo está en la cualidad

75Esta interpretación errónea se ve claramente, según mi opinión, en Power o f the Spirit,


de Deere, controlando su razonamiento exégeta y teológico prácticamente de principio a fin.
76G . Vos, Biblical Theology: Old and New Testaments (Grand Rapids: Eerdmans, 1948),
26; «El círculo de la revelación no es una escuela, sino un ‘pacto’» (17)
77Ver especialmente los comentarios de Vos en Ibíd., 14-17; también que «la Revelación
está tan entrelazada con la Redención que, a no ser que se perm ita considerar esta últi-
ma, estaría suspendida en el aire»(24).
78 Grudem, Gift o f Prophecy, 85,169,245; cf. Turner, “Spiritual Gifts Then and N ow ”,
54-56: la Escritura proporciona «las estructuras fundamentales de la Teología», «la verdad
del Evangelio y la praxis apostólica», pero es inadecuada cuando se convierte en «un
diagnóstico profundo y espiritual de individuos y congregaciones y guía específicamente
a un m ontón de temas prácticos» (55).
79Para una discusión más completa, ver mi libro Perspectives on Pentecost, 109-12, y R.F.
White «Richard Gaffin y Wayne Grudem sobre 1 Corintios 13:10: U na comparación entre
la argumentación cesacionista y continuista», JE T S, 35 (1992): 173-81, quien expresa más
adecuadamente lo que yo intento decir.

60
L a postura cesacionista

parcial y oscurecida del conocim iento presente del creyente, traído p o r


dones proféticos, en com paración con la fe, la esperanza, y especialmente
el am or que tienen lo que podríam os llam ar u n “alcance” o “entendim ien-
to ” escatológico (vs. 12-13). Tal conocim iento n o cesará hasta que llegue
la “perfección” (v. 10), en el reto rn o de C risto 80; solam ente entonces, en
contraste, podrem os conocerle “cara a cara”, de form a com pleta, (v. 12)
C o n este acento en la cualidad parcial del conocim iento presente del ere-
yente, los medios particulares de tal revelación de conocimiento son, estricta-
mente hablando, accesorios. Pablo menciona la profecía y el hablar en lenguas,
p o r su preocupación pastoral en el contexto más amplio (capítulos 12-14)
sobre el ejercicio correcto de estos dos dones. Pero el m om ento de su con-
elusion no le preocupa, y resulta gratuito insistir en lo contrario partiendo
del versículo 10. Más bien, su interés es m ostrar la duración de nuestro cono-
cim iento presente y opaco, sean cuales sean los medios de revelación (lo que
podría llegar a incluir lo canónico81) y el m om ento de su cese.
E sta lectura se ve reforzada en Efesios 4.11-13, donde enfatiza que
el C risto exaltado «dio a algunos ser apóstoles, a o tro s profetas, a otros
evangelistas, a o tro s pastores y m aestros... hasta que todos lleguem os a
la u n id ad de la fe... a la m edida de la estatura de la p len itu d de C risto».
Casi co n toda certeza, la “unidad/plenitud” del versículo 13 tiene en men-
te lo m ism o que cuando escribe sobre la “perfección” en 1 C orintios 13:10
(reflejado quizás tam b ién en el uso de teleios, “p erfecto” o “m ad u ro ”, en
Efesios 4:13), es decir, la situación que llegará con el re to rn o de C risto.
A sí, E fesios 4, leíd o c o m o los c o n tin u ista s d icen que debe leerse
1 C o rin tio s 13, n o s lleva a u n a co n clu sió n inevitable: h a b rá apóstoles
a ñ ad id o s a los p ro fe ta s h a sta la p aru sía, u n a c o n c lu sió n que, co m o
hem os visto a n terio rm en te, m uchos continuistas rechazan (aunque no
to d o s). P e ro , ¿cóm o p u e d e n h a c erlo c o h e re n te m e n te ? E n té rm in o s
de los d o n es relacio n ad o s c o n el o b jetiv o ú ltim o , ¿en qué se diferen-
cía la e s tru c tu ra de este pasaje de 1 C o rin tio s 13:8-12?82 Los con-

80 Decir, com o dicen algunos cesacionistas que “lo perfecto” tiene en mente la con-
elusion del Canon del N uevo Testamento u otro tipo de estado de cosas anteriores a la
Parusía, simplemente no es creíble exegéticamente.
81 En el estado de gloria “no habrá más templos en la ciudad” pero tampoco Biblia en
la oratoria. La Biblia en la oratoria es la señal de que sigues siendo un pecador en un mundo
pecaminoso (A. Kuyper, Principles o f Sacred Theology [Nueva Y ork: Scribner’s, 1898], 358)
82La opinión de Grudem (Systematic Theology, 911, η. 9) de que Efesios 11 describe “un
acontecimiento en el tiempo” y “dones iniciales”, dejando lugar a dones subsiguientes de
uno pero no necesariamente de todos los dones mencionados, surge más del tiempo aoristo
“él dio”, y del m ism o contexto, de lo que am bos apoyan.

61
¿Son vigentes los dones milagrosos?

tin u istas n o p u ed en te n e rlo to d o . Si estos pasajes enseñan que la p ro -


fecía y los profetas c o n tin ú a n h asta la parusía, entonces tam b ién suce-
de lo m ism o c o n los apóstoles.
Si hacem os u n a lectura m ás sólida de am bos pasajes, encontrarem os
que n o hablan de si la profecía u o tro d o n cesarán antes de la parusía;
este tem a en p articular queda abierto.
7. Jo h n Ruthven avanza la tesis: «La dimensión específicamente escatológica
de las doctrinas de la Neumatología yelR eino de Dios como opuestas al Cesa-
cionismo»^. Esta percepción se ha constituido com o p u n to de encuentro
de m uchos escritores continuistas: los dones espirituales, incluyendo los
dones m ilagrosos, pertenecen a la escatología realizada.8384 Esta tesis, no
obstante, es cuestionable desde diversos ángulos.
(a) Las señales y milagros, sanidades y dones proféticos son difícilmen-
te exclusivos de la llegada del rein o escatológico. Tales fenóm enos, p o r
ejemplo, son ampliamente recogidos en el A ntiguo Testam ento.85 Lo máxi-
m o que se puede argum entar plausiblem ente es que con la llegada de Cris-
to y Pentecostés son aún más presentes, pero esto n o hace que esos fenó-
m enos sean distintivos, escatológicamente hablando.
(b) U n p u n to básico de 1 C orintios 13:8-13 es la im portancia tem poral,
m enos que escatológica, de los dones proféticos com o la profecía y el ha-
blar en lenguas. Los continuistas lo negarán, insistiendo en que Pablo quie-
re dejar claro que estos dones pertenecen al “ya” de la escatología, pero no
al “todavía n o ”.86 Esta explicación n o será suficiente. ¿Puede decirse que
las realidades de la escatología realizada realm ente han “cesado” o “que se
han acabado” (v. 8)? Más aún, la réplica continuista oscurece, p o r n o decir
que ignora completam ente, el principal afán de Pablo en este pasaje: para el
presente, hasta que Jesús vuelva, nuestra fe, esperanza y am or - no nuestro
conocim iento (junto con los dones proféticos que proporcionan tal cono-
cim iento) - han perm anecido, es decir, en sentido escatológico. Estas cua-
Edades (y otros elem entos entre los “frutos” del Espíritu, Gál. 5:22-23), en
contraste con dones particulares, están siendo realizados escatológicamen-
te en el presente. E n térm inos de las m etáforas que Pablo utiliza en otros
lugares, este fru to, preem inentem ente el am or, n o los dones, encarna las

83Ruthven, On the Cessation, 196 (cursivas originales); cf. 115-23.


84Por ejemplo, Carson, Manifestaciones delEspíritu, op. cit., (con más cautela); Deere,
Power ofthe Spirit, 225-226,285, η. 6; Fee, EmpoweringPresence, 893; Grudem, Systematic
Theology, 1019,1063-64; Turner, “Spiritual Gifts Then and N o w ”, 61-62 (n. 175).
85Ver, por ejemplo, el catálogo proporcionado por Deere ( Power oftheSpirit, 253ff.).
86 Por ejempo, Fee y Grudem citados en el pie de página 85.

62
L a postura cesacionista

“prim icias” y el “d ep ó sito ” del E sp íritu (Rom . 8:23; 2 C o. 1.22; 5:5;


Ef. 1:14).87
(c) C o m o los dones de palabra, las sanidades no son u n fenóm eno esca-
tológico. Podem os ver esto, p o r ejemplo, en los milagros de Jesús. E n Mar-
eos 2.1-12 (Mt. 9:1-8, Le 5:17-26), p o r ejem plo, la realidad escatológica es
la palabra del Evangelio: “H ijo , tus pecados te son perdonados” (v. 5); la
curación del paralítico m uestra la autoridad de Jesús, el H ijo del H om bre,
para traer el juicio escatológico y final ahora, en el presente (“en la tierra”,
v. 10). Pero la curación en sí no es escatológica. Es u n alivio m isericordioso
genuino, aunque solo es efectivo tem poralm ente. Es decir, el paralítico sa-
nado, no tenem os p o r qué dudarlo, algún día se tendrá que enfrentar a la
parálisis final, que es la m uerte.
La resurrección de Lázaro nos lleva a la frase de Jesús: “Y o soy la resu-
rrección y la vida” 0 u an 11:25). Más aún, m uestra, com o hacen otros mila-
gros de curaciones, que la salvación que C risto trae n o es solam ente u n
simple perdón com o m era abstracción, sino que implica la restauración de
los pecadores com o personas completas. Pero, y éste es el tem a im portan-
te, el m ilagro experim entado p o r Lázaro apunta a la resurrección de una
form a tem poral e insustancial. E n esta ocasión, no recibe u n cuerpo glori-
ficado y escatológico, el cuerpo “espiritual” (1 C o. 15:44). Ju n to con todos
los otros creyentes m uertos, espera la resurrección en el retorno de Cristo,
junto con la profunda transform ación psico-física88 que traerá.
Podem os decir que, en general, los milagros del N uevo Testam ento son
más que meras parábolas externas de realidades internas. Revelan apropia-
dam ente “la esencia del reino y sus bendiciones”, pero lo hacen “a su vez,
sin constituir o encam ar tal esencia”.89 T u rn er dice que él n o está “comple-

87C om o apoyo a esta interpretación del pasaje, hay que fijarse en que borra el problema
perenne con el que la exegesis ha luchado en el versículo 13: C óm o pueden la fe y la
esperanza continuar después de la parusía, especialmente a la luz de pasajes com o 2
Corintios 5:7 (“porque por fe andamos y no por vista”) y Romanos 8:24 (¿por qué esperar
lo que uno ve?). Esta pregunta no comprende el punto principal. El “permanecer” del
que se habla no está más allá de la parusía, sino que trata de la importancia presente y
escatológica de la fe y la esperanza (junto con el amor) en contraste con la cualidad sub-
escatológica no perdurable de nuestro conocimiento presente (incluyendo el don de
palabra que trae tal conocimiento). Apuntar también que, en relación con nuestros an-
teriores comentarios sobre el pasaje, esta perspectiva sobre el versículo 13 muestra lo
cuestionable que es insistir en que el versículo 10 demanda que la profecía y el hablar en
lenguas continúen después de la parusía.
88 En 1 C o. 15:51 está claro que la resurrección del cuerpo será algo más que física:
«N o todos dormiremos, pero todos seremos trasformados»).
89Gaffin, Perspectives on Pentecost, 45.

63
¿Son vigentes los dones milagrosos?

tam ente feliz” con esta “calificación” y ofrece los exorcism os com o prue-
ba de lo contrario.90 Pero aquí tam bién debem os m antener la distinción.
C ogiendo el ejem plo más dram ático que aparece en los Evangelios
(Mt. 12:22-28; cf. Le. 11.14-22), la sustancia escatológica de lo que transpi-
raba (paralela a la resurrección de Lázaro) n o es que el h om bre que había
sido poseído p o r u n dem onio fuera capaz de hablar y de ver, sino que ha-
bía sido librado “del dom inio de las tinieblas” y trasladado... “al reino de su
H ijo am ado” (Col. 1:13). Esto ú ltim o es im prescindible; tiene que ten er
lugar. Pero no ocurre lo m ism o con lo prim ero.
«Por tan to no desfallecemos, antes bien, aunque nuestro hom bre exte-
rio r va decayendo, sin em bargo nuestro h o m b re in te rio r se renueva de
día en día» (2 C o. 4:16). A quí se expresa una distinción categórica que es
básica para la antropología de Pablo y su entendim iento de la vida cristiana,
una distinción que la Iglesia desdibuja de form a peligrosa.91 E n térm inos
de la existencia hum ana (en el “exterior”), junto con toda la C reación (Ro.
8:20-21) los creyentes están sujetos a u n decaim iento ineludible, que lleva
hacia la m uerte (1 Co. 15:42-44); la m ortalidad puede ser abreviada tem po-
raím ente, pero n o eliminada. E n el presente, los creyentes solo experimen-
tam os el poder escatológico del Espíritu en lo más profundo de nuestro ser
(en el “in te rio r”). N in g ú n exam en físico ni test sicólogo nos m ostrará la
diferencia en tre los creyentes y los n o creyentes (aunque, p o r lo general,
la fe y la obediencia a los m andam ientos de D ios p otencian la salud del
cuerpo y la m ente). A quí, el equilibrio no es solam ente u n requisito, sino
que es im prescindible; resum iendo, podem os decir (de los creyentes) que
lo que es cierto en el cuerpo92 todavía no es cierto para el cuerpo.
¿Existe sanidad en la cruz? Sí, nada m enos que la “sanidad” que llegará
con la resurrección del cuerpo. M ientras ta n to , n o es nada m ás que u n
indicador sub-escatológico e insustancial.
U n a vez dicho to d o esto, los escritores neotestam entarios n o dejarían
que interpretáram os m al la distinción entre el d o n (singular) y los dones
(plural) del E spíritu, entre los dones escatológicos, el E spíritu m ism o que
m ora, co m ú n a todos los creyentes, y sus dones sub-escatológicos, ningu-
n o de los cuales es recibido p o r todos los creyentes (por designio divino,
p o r cierto, n o p o r falta de fe, 1 C o. 12:28-30).

90 Turner, “Spiritual G ifts Then and N o w ”, 61-62 (n. 175)


91 Cuando ocurre esta desfiguración, inevitablemente se introduce en la vida de la
Iglesia algún tipo de triunfalismo distorsionado.
92 Solamente es cierto ahí (en el cuerpo), no com o una abstracción.

64
L a postura cesacionista

8. C oncluiré m is observaciones sobre el cesacionismo denotando una


situación que es ta n to desconcertante com o m erecedora de m editación.
E n tre los continuistas n o existe n inguno ta n seguro com o Fee. A la pre-
gunta sobre la duración de los cansmata, «la respuesta [de Pablo] es clara:
‘P o r supuesto continuará mientras esperemos la consumación final’. El tema
ni siquiera es discutible. La posibilidad del cese de algunos dones es ajena
a Pablo; el que así o pine se ve atrapado en u n giro herm enéutico que ni
siquiera el apóstol hubiera entendido.»93
N o obstante, anteriorm ente encontram os a Fee dándose cuenta de la
dificultad para distinguir “la palabra de sabiduría” de “la palabra de conocí-
m iento”, y concluyendo que la diferencia “es posible que la hayamos perdí-
do para siempre”.94 C reo que este reconocim iento es notable. Si el N uevo
T estam ento enseña con tal certeza que estos dones, ju n to con todos los
otros enum erados en 1 C orintios 12, continúan en la Iglesia hoy, ¿por qué
esa dificultad e in certid u m b re a la h o ra de distinguirlos y de saber lo
que son?
M ás aún, al term in ar la discusión sobre la glosolalia, Fee añade u n pie
de página en el que dice que si el tem a de hablar en lenguas «es del mismo
tip o del de las iglesias paulinas, es discutible y probablem ente irrelevante.
Sim plem ente n o tenem os form a de saberlo». C om o una experiencia, con-
tin ú a diciendo, «es análogo a la de e llo s... u n a actividad sobrenatural del
E sp íritu que fu n cio na en la m ayoría de ocasiones de la m ism a form a, y
para m uch o s de sus practicantes tiene u n valor sim ilar al descrito p o r
Pablo».95
Esta aparente ocurrencia es incluso m ás asom brosa. A h o ra parece ser
que, a m enos que esté equivocado, ten ien d o com o ejem plo el hablar en
lenguas, después de to d o n o es más que u n simple “p o r supuesto, todos los
dones c o n tin ú an hasta la consum ación”. M ás bien, lo que tenem os en la
actualidad son analogías que reflejan ciertas sim ilitudes con sus supuestos
equivalentes del N uevo Testam ento.
Estas concesiones (una palabra que n o m e parece injusta) con respecto
a las lenguas, la palabra de sabiduría y la palabra de conocim iento, ju n to
con el hecho y a m encionado de que los continuistas no pueden ponerse de

93Fee, EmpoweringPresence, 893, incluyendo n. 20; cf. G . Fee, Gospeland Spirit: Issues
in New TestamentHermeneutics (Peabody, Mass.: Hendrickson, 1991), 75-77.
94Ibid., p. 167-68. Esta dificultad se expresa por otros continuistas, como, por ejemplo,
Grudem, Systematic Theology (1080): “D e todas formas, puede que nuestras conclusiones
sean algo tímidas”.
95Fee, EmpoweringPresence, 890, η. 17 (cursivas originales).

65
¿Son vigentes los dones milagrosos?

acuerdo entre ellos sobre lo que es profecía, suscitan la siguiente pregunta:


si el E sp íritu de D ios, el E sp íritu de verdad y o rden, realm ente está res-
tau ran d o estos dones proféticos en la Iglesia actual de m anera generali-
zada, ¿por qué hay u n a confusión y am bigüedad ta n generalizadas, sin
m encionar divisiones, sobre la vigencia de estos dones?; el E spíritu, que
otorga dones para unir y edificar, ¿funciona así, de una form a ambivalente
e incierta?
Estas consideraciones urgen una observación final sobre nuestra sitúa-
ción contem poránea. A quí vem os, según sospecho (especialmente en el
contexto de la Iglesia occidental, donde el ejercicio secular de la razó n y
la autonom ía deística de la Ilustración han m antenido u n funesto vaivén
d uran te ta n to tiem po), el deseo de u n a experiencia com pensadora de lo
sobrenatural que acentúe las capacidades no racionales de nuestra hum ani-
dad.96 Tal deseo puede tener inquietudes legítimas que necesitan ser expío-
radas. Pero esa idea, com o tal, es una idea ajena al N uevo Testam ento. Más
en p articu lar, cuando es im puesta en pasajes sobre los dones proféticos
(incluyendo su cese), la confusión resulta inevitable.

C. Vida de Iglesia en la actualidad.

Obviam ente, no puedo hablar sobre el ejercicio contem poráneo de irnos


dones que n o creo vigentes en la Iglesia actual. P ero podem os hacer algu-
ñas consideraciones breves sobre los dones espirituales en general, aunque
sea solam ente para disipar ciertos malos entendidos sobre la posición cesa-
cionista que y o y otros m antenem os.
1. N o todos los dones han cesado. D ecir esto puede parecer que lo que
se sugiere es que hay que elegir arbitrariam ente los que continúan. P ero el
N u ev o T estam ento, com o he tratad o de m ostrar, ofrece guías. A lgunos
dones, co m o el d o n profético, fu n cio n aro n co m o p arte del p rincipio
“canónico” de la Iglesia durante el periodo fundacional en el que los docu-
m entos del N u ev o T estam ento estaban siendo escritos. C o n su finaliza-
ción, la term inación del C anon, tales dones han cesado. La m ism a conclu-
sión puede extraerse acerca de los dones-señales unidos a la fundación
apostólica de la Iglesia. P ara el resto, los dones co n tin ú an más o m enos
com o los encontram os en el N uevo Testam ento.

96 Tal deseo es particularmente evidente en el ensayo de Lederle, “Life in the Spirit


and Worldview”.

66
L a postura cesacionista

M ás aún, d e n tro del perfil general del N u ev o T estam ento, las cartas
pastorales se pueden ver com o u n to d o que hace un a provisión para el fu-
tu ro post-apostólico de la Iglesia, de m o d o que ayudan a identificar las
continuidades y las discontinuidades. E n concreto sobre la Revelación, la
Palabra de D ios p ara la Iglesia de h o y , la única p ro v isió n hecha es p ara
la enseñanza y la predicación (2 Ti. 1:13,2:2), bajo la supervisión de los
ancianos (1 T i. 3:2; 5:7; T ito 1:9) y centrada en el “depósito” apostólico
(1 Ti. 6:20; 2 Ti. 1:14; cf. Judas 1:3 “la fe... que fue de una vez para siem pre
entregada a los santos”).
2. D eberíam os reconocer la gran am p litu d de los dones espirituales.
C u an d o com param os las listas de dones que se analizan co n m ay o r fre-
cuencia(Rom . 12:1; I C o . 12; Ef. 4), vem os que a veces coinciden y que, no
obstante, son bastante diferentes. Este p a tró n m uestra que, ya sea indivi-
dualm ente o tomadas en conjunto, no son exhaustivas, sino que ofrecen un
m uestrario representativo de los dones. C onfinar nuestra atención a estas
listas, com o sucede tan a m enudo, es sin duda excesivamente lim itado.
El m ism o Pablo, al tra ta r un a serie de asuntos m atrim oniales, ofrece
u n a indicación de las dim ensiones de la extensión ante la que nos encon-
tram os: “C ada cual ha recibido de D ios su propio don, u n o de esta m anera
y o tro de aquella” (1 C o. 7:7; la siguiente aparición de la palabra griega
cañsma será su m últiple uso en los capítulos 12 al 14). Pablo está diciendo
que para el creyente, la cuestión sobre si casarse o n o debe ser respondida
en térm in o s del “d o n ” (espiritual) de cada uno; n o debe establecerse una
separación entre la espiritualidad y la sexualidad.
E sto se debe, tal y co m o esperábam os que fuera, a que el E sp íritu de
D ios es el viento de un a nueva creación. C uando el Espíritu entra en noso-
tros, quiere que le dejem os en trar en todas las áreas de nuestra vida. Pode-
m os decir con justicia entonces que to d o lo que tom e de m í para el servicio
a C risto y a su Iglesia - y esto incluye aptitudes y capacidades que tenía
antes de convertirm e - es u n d o n espiritual.
3. E n 1 Pedro 4:10,1a única aparición de carisma en el N uevo Testamen-
to aparte de Pablo, P edro resum e aspectos im portantes de su enseñanza
sobre los dones espirituales. «Según cada u n o ha recibido u n don especial»
apunta a la distribución com pleta y am plia de los dones en la Iglesia. “Sir-
viéndoos los unos a los otros” capta la dim ensión esencial para su ejercicio
(cf. 1 C o rin tio s 12:4-6); los dones son lo que son en la m edida en que nos
capacitan a hacer algo p o r los demás y para la edificación global de la Igle-
sia (cf. 1 Co. 12:7; 14:12). «Buenos adm inistradores de la m ultiform e gracia
de Dios» de nuevo acentúa tan to la diversidad de los dones com o su pro-

67
¿S on vigentes los dones milagrosos?

pósito ministerial, con el recordatorio im portante de que fluyen de la Gra-


cia de D ios revelada en C risto (cf. v. 1 Ib).
El siguiente versículo adelanta nuestro entendim iento con u n valioso
perfil en dos p artes sobre to d o el rango de dones espirituales: «El que
hable... el que sirva». T odos los dones, en su com pleta diversidad, según
dice P edro, se reducen a dos clases básicas: los dones de palabra y los do-
nes de hecho. Los dones espirituales, p o r decirlo de o tro m odo, son todas
las form as m ediante las cuales el Evangelio se m inistra a través de la pala-
bra o de la acción.
4. ¿C óm o d eterm in o m is dones espirituales? Esta es un a p regunta
práctica y m ultifacética, a la que p o r lo m enos podem os responder lo si-
guíente. U n a m anera de no proceder es to m ar el “inventario espiritual” y
preguntar: ¿cuál me gustaría que fuera m i especialidad espiritual?; ¿cuál es
“m i tem a” espiritual, que me diferencia de otros creyentes? Para identificar
los dones espirituales el N uevo T estam ento nos lleva a u n a aproxim ación
más funcional o situacional. La pregunta clave es la siguiente: ¿qué necesi-
dades existen en la situación donde D ios m e ha colocado?; ¿dónde, en las
circunstancias en las que m e encuentro, están las oportunidades partícula-
res para servir a los demás?; a la luz del perfil dual de 1 P edro 4:11, ¿de qué
m aneras específicas puedo y o m inistrar el Evangelio de Jesucristo en pala-
bra o en acción?
F o rm u lar esta preg u n ta (con oración y reflexión, y consultando con
otros creyentes, especialmente los ancianos de la iglesia) nos conducirá p o r
u n largo cam ino, que n o se dirige solam ente a identificar nuestros dones
espirituales, sino tam bién a lo que es más im portante: que los ejerzam os.

D. Peligros

C u an d o releo lo que he escrito, m e d o y cuenta de que puedo haber


representado mal, sin hacerlo intencionadamente, las opiniones de otros, o
que soy culpable de hablar p o r ellos. Si ha sucedido así, pido disculpas y
espero que se m e corrija.
U n peligro incluso m ayor es que en situaciones de controversia entre ere-
yentes, perdem os la perspectiva de que nuestro nexo com ún es C risto. Es
demasiado fácil para los cesacionistas ignorar y despreciar el trabajo genui-
no del E spíritu de D ios entre los creyentes que se identifican a sí mism os
com o carismáticos o pentecostales (¡aunque seguiremos estando en desacuer-
do sobre todos los puntos de vista en los que ya estamos en desacuerdo!)

68
L a postura cesacionista

U n peligro p articular de los cesacionistas, sospecho, es que en nuestra


preocupación p o r los excesos percibidos y tendencias malsanas de las otras
corrientes, olvidamos el com prom iso, expresado al principio, del carácter
incalculable de la labor del Espíritu. H ablar m ucho sobre el Espíritu impli-
ca el riesgo de m in im izar, incluso quizás perder, el sentido de cuán sor-
préndente es, en realidad, nuestra salvación en C risto, incluyendo la obra
del Espíritu. A l final, lucham os p o r hablar de cosas que están “más allá de
las palabras”, que son “demasiado grandes para expresarlas con palabras”
(2 C o. 9:15; 1 P edro 1:7). La Teología que cesa de ser arrastrada de form a
más o m enos espontánea hacia la doxología, com o la de R om anos 11:33-
36, necesita ser reexam inada. La Iglesia tiene que evitar este tipo de “cesa-
cionismo”.
P ero el peligro más grande de m i postura es el m ism o al que se enfren-
tan las demás posturas en este sim posio. M e refiero a violar lo que aparece
en 1 C o. 4:6, “no sobrepasar lo que está escrito”, ya que ese principio debe
aplicarse en la Iglesia de h o y en día.
Lo prim ordial de la R eform a P rotestante es el redescubrim iento de la
claridad auto-interpretativa de la Escritura. T al redescubrim iento fue tan
liberador y precioso para aquellos que lo experim entaron que su prioridad
más alta era conservarlo, a cualquier precio. Inexorablem ente, en contra
del principio tradicional de R om a p o r u n lado, y la Reform a radical con sus
ideas sobre las revelaciones extrabíblicas p o r el o tro , se vieron forzados a
luchar p o r la inseparabilidad de la palabra y del Espíritu (Spiritus cum verbo),
el lazo irro m p ib le en tre la labor del E spíritu y de la Palabra bíblica. Los
reform adores estaban decididos a n o escuchar nada m ás que “el E spíritu
Santo hablando a través de la Escritura” (Confesión de Fe de W estm inster,
1:10). Estaban decididos a jugárselo to d o p o r aquel libro contem poráneo,
aunque relevante para todas las épocas, exclusivo (sola) y com pleto, aunque
suficiente y no aislado.
Esta lucha n o ha term inado. Es perenne, tiene el potencial de dism inuir
el po d er de la Reform a en la actualidad. E n el nom bre del Espíritu, algunos
siguen colocando la tradición de la Iglesia virtualm ente a la p a r de la Es-
critura, m ientras otros afirm an tener nuevas revelaciones y guías aparte de
las Escrituras. P ero nada a la par de las Escrituras y nada aparte de las Escri-
turas: este tem a sigue siendo u n o de los m ás críticos en la iglesia contem -
poránea.

69
Una respuesta de la postura abierta,
pero con cautela a Richard B. Gaffin, Jr.
Robert L. Saucy

La acertada com binación que Gaffin hace del pensam iento teológico y
la exegesis de determ inados pasajes ha servido para exponer una posición
cesacionista m u y com petente. Específicamente, el énfasis hecho en la lie-
gada del E spíritu en Pentecostés dentro del m arco general de la historia de
la redención es excelente y, en m i opinión, m u y significativo para muchas
de las preguntas suscitadas en el debate que nos ocupa. El h echo de que
haya expuesto su caso sin encontrar u n cesacionismo explícito en cuanto a
la venida de lo «perfecto» de 1 C orintios 13:8-10 tam bién es positivo.
Estoy de acuerdo con muchas de las ideas expuestas en el ensayo, inclu-
yendo lo que y o percibo com o sus ideas principales. Estas son que la veni-
da del E spíritu en Pentecostés era un a parte integral de la salvación cristia-
n a y, p o r lo tan to , n o u n a segunda dim ensión de la lab o r del E spíritu no
alcanzada p o r to d o s los creyentes, y que la era apostólica era u n periodo
fundacional en la historia de la Iglesia, que n o proporciona el m odelo para
to d a la historia de la Iglesia.
E n cuanto al p rim e r p u n to , el argum ento del d o c to r G affin de que la
venida del E spíritu en Pentecostés era en realidad la finalización del hecho
salvífico de la prim era venida de Cristo y que, p o r lo tanto, pertenece a cada
creyente, es m agnífico. Q uizás podía haber añadido algo m ás com o res-
puesta a los que intentan dividir claramente el m inisterio del Espíritu entre
“regeneración” y “capacitación” o “dotación de po d er”. E sto les perm ite
estar de acuerdo en que el creyente ha recibido el m inisterio del nuevo
pacto del E spíritu de la regeneración y la un ió n con C risto com o algo dife-
rente a la experiencia pentecostal de “recibir poder”. El lugar central que el
«Bautism o con el E spíritu» tiene en las predicciones de los Evangelios
(cf. M t. 3:11 y paralelos) y justo antes de P entecostés en H ech o s 1:5, y

71
¿Son vigentes los dones milagrosos?

especialmente en la explicación de Pedro del Pentecostés com o el cumplí-


m iento de la prom esa del A ntiguo Testam ento sobre el derram am iento del
E spíritu, hacen que esta división sea imposible. La llegada del E spíritu en
Pentecostés era el d o n del E spíritu en cu m plim iento de la prom esa del
nuevo pacto y, com o tal, es parte de la salvación del nuevo pacto, y no una
segunda bendición que algunos creyentes nunca alcanzarán. La presenta-
ción de G affin de Pentecostés com o u n m ovim iento hacia delante en la
historia del plan divino de salvación, en lugar de u n paradigm a para creyen-
tes concretos a través de esta etapa, dem uestra que solam ente los creyentes
que vivieron durante aquella transición pudieron experim entar lo que po-
día denom inarse «una relación con el Espíritu en dosfases».
Tam bién me parece bíblico el énfasis cesacionista sobre la exclusividad
de los apóstoles y su m inisterio com o cim ientos de la Iglesia. E sto debe
plantear preguntas para aquellos que argum entan que todos los dones per-
m anecen iguales esencialm ente a lo largo de la historia de la Iglesia. Tam -
bién estoy de acuerdo en que m ientras los milagros seguram ente sirvieron
para o tro p ropósito, com o expresiones de m isericordia y de ánim o, el uso
preem inente en las Escrituras del térm ino «señales» en relación con el mi-
nisterio de C risto en los Evangelios y el m inisterio de los apóstoles y de
otros en H echos, tiene com o intención llevarnos a la conclusión de que la
función principal de los milagros era ser «señales» que daban testim onio de
la validez de los apóstoles com o testigos inspirados de la acción salvífica
de Cristo.
T am bién estoy cien p o r cien de acuerdo con la presentación de Gaffin
de la profecía bíblica com o discursos inspirados, y su rechazo de un a for-
m a in ferio r de profecía que incluye los pensam ientos hum anos falibles.
A unque la «profecía» ha sido utilizada para predicación, com o en el caso de
los reform adores, creo que el llam ar “profética” a u n a sabiduría poco fre-
cuente y una visión interior (el intento de encontrar un a gradación bíblica
de la profecía reveladora que vaya desde la inspiración parcial y la falibili-
dad hasta la inspiración total y la infalibilidad) es u n concepto m u y recien-
te, y con poco respaldo bíblico.
El énfasis en la obra del Espíritu en el creyente que es ciertam ente parte
de nuestra salvación escatológica, es decir, su presencia santificadora en la
vida n o rm al que potencia el fru to que pertenece a la vida eterna tam bién
parece estar en arm onía con la enseñanza apostólica. C o m o bien apunta
G affin, la idea de que los dones m ilagrosos cesarán co n esta época de-
m uestra que a pesar de ser manifestaciones de la esencia del reino, n o cons-
tituyen tal reino en sí mismo.

72
L a respuesta de la postura a b i e r t a , p e r o c o n cautela a R. B. G affin,Jr .

A unque n o puedo com entar todas las conclusiones a las que llega Ga-
ffin, su fijación en la enseñanza principal de las Escrituras en relación con
el m inisterio del E sp íritu en la vida del creyente, ju n to co n su reconocí-
m iento de que D ios sigue obrando m ilagrosam ente p o r el bien de su pue-
blo, m e lleva a estar de acuerdo en que la posición cesacionista expuesta no
está poniendo al E spíritu «en una caja». Más bien, es u n in ten to de enten-
der el po d er de D ios en relación con la verdad de D ios, una com binación
claram ente enseñada en las Escrituras.
A pesar de estar conform e con muchos de los énfasis de la postura cesacio-
nista, algunas de las conclusiones que demandan el cese completo de los dones
milagrosos va, en m i opinión, más allá de lo que la enseñanza bíblica expresa o
son deducciones necesarias de principios teológicos de la Escritura. D e varias
formas se expresa la opinión de que el cum plim iento de la era apostólica de-
m anda el cese de todas las manifestaciones del don de profecía. El «cese del
don revelación verbal del apostolado» (pág. 52), la consumación de la revela-
ción fundacional, y la terminación del C anon (pág. 51-52) se tasan para demos-
tra r el cese de la profecía, de m odo que solam ente puede haber o revelación
canónica o revelación general hoy (págs. 58-59).
Pero, ¿ofrece la Escritura esta conclusión? Gaffin m ism o confiesa que
sería erró n eo arg u m en tar que Lucas p reten d ía m o strar que «los dones
m ilagrosos y experiencias de p o d e r cesaron con la h isto ria que él docu-
m entó» (págs. 45-46). Si tal es el caso, entonces ¿cómo podem os creer que
cualquier co n tin u ación de los dones m ás allá del tiem po de los apóstoles
«separa lo que para Lucas debe estar unido» (pág. 46)? Estoy totalm ente de
acuerdo con que la Escritura m uestra que la preponderancia de la actividad
m ilagrosa está u n id a a los apóstoles y a o tro s pocos que dan testim onio
inspirado de la o b ra salvífica de C risto. P ero, ¿limita eso todos los dones
milagrosos a este periodo de revelación fundacional?
N o obstante, el cesacionista ciertam ente tiene razó n al señalar que la
Escritura en ningún lugar dice expresamente que los dones milagrosos con-
tinuarán. Esta falta de concreción dificulta afirm ar que el cesacionismo o el
continuism o sean las enseñanzas de las Escrituras. El in ten to de Gaffin de
lim itar los dones milagrosos a los apóstoles argum entando que toda la pro-
fecía estaba relacionada con la fundación de la Iglesia tam b ién parece ir
más allá de las Escrituras. U n a vez más, estoy de acuerdo con que los pro-
fetas estaban involucrados en el ministerio fundacional de dar a conocer el
m isterio de C risto. La pregunta es: ¿estaba toda la profecía «ligada a la obra
redentora» (pág. 78) de tal form a que cuando la revelación fundacional se
com pletó, todos los dones de revelación verbal cesaron (pág. 50-51)?

73
¿Son vigentes los dones milagrosos?

A firm ar con seguridad lo anterior es difícil si consideram os las diferen-


tes m anifestaciones de la profecía en los docum entos bíblicos. A prim era
vista, n o es tan evidente que algunas profecías sean testim onio de la obra
redentora de C risto. La profecía de A gabo sobre la h am bruna resultó ser
de ayuda para aquellos en Jerusalén, u n hecho que sin duda ayudó a u n ir a
los creyentes gentiles de A ntioquía con los judíos de Jerusalén. Pero, ¿qué
tiene que ver esta profecía con el testim onio del m isterio de Cristo?
Estoy seguro de que ningún cesacionista pretende afirm ar que todas las
profecías son canónicas. N o obstante, la insistencia en u n ir las profecías al
C anon casi parece asegurarlo. Claram ente, tanto el A ntiguo com o el Nue-
vo T estam ento indican que h u b o m uchas profecías que nunca se incluye-
ro n en las Escrituras canónicas. E n algunos casos, leem os que algunos in-
dividuos p rofetizaron (Hechos 15:32; 21:9); en otros sim plem ente se nos
dice que la profecía estaba teniendo lugar en la Iglesia (por ejem plo, 1 C o.
14; 1 Ts. 5:19). P e ro el co n ten id o de estas profecías n o se incluye en la
E scritura. Sin duda, algunas ten d rían que ver con el m isterio de C risto.
O tras probablem ente revelaban el don de Dios para una situación particu-
lar (cf. enviar a Pablo y a Bernabé, H echos 13:2). C om o tenem os la eviden-
cia de que h ay profecías que n o son canónicas, y co m o n o tenem os u n
pasaje explícito en las Escrituras que nos diga que todas las profecías han
cesado al finalizar la revelación canónica, el nexo de unión entre la profecía
y las escrituras canónicas no parece estar tan claro com o afirma la posición
cesacionista.
Es más, si la Escritura afirm a expresam ente el cese de la profecía con el
cum plim iento de la era apostólica y del C anon, ¿qué debemos hacer con la
predicción de los profetas en el futuro? Independientem ente de que los
dos individuos de Apocalipsis 11 sean dos personas o sím bolos de la Igle-
sia que testifica, se les describe com o «profetas», que ejercen el m inisterio
de «profetizan> (vs. 3,6), al que acom paña una actividad milagrosa.
Parecen existir pruebas claras de que la profecía cesó, o al m enos cam-
bió, al finalizar el C anon del A ntiguo Testam ento. Pero esta conclusión no
se extrae tan to de la enseñanza del m ism o A ntiguo Testam ento com o de la
experiencia de falta de profecía en m edio del pueblo de Dios. D e m anera
sim ilar, cuando se reconoció que la profecía estaba de nuevo presente en
relación con la nueva ob ra de C risto , se reconoció co m o tal debido a su
válida manifestación.
Sin intentar crear una analogía directa, parece que los creyentes de h o y
están en u n a situación sim ilar. Las E scrituras n o enseñan claram ente el
cese de la profecía. A pesar de asociar la profecía con el periodo fundacio-

74
L a respuesta de la postura a b i e r t a , p e r o c o n cau tela a R. B. G affin,Jr .

nal, no m uestra que toda la profecía sea fundacional. La historia de la Igle-


sia dem uestra ro tu n d am en te que la m anifestación de la profecía cam bió
radicalm ente desde la era apostólica. A la lu z de estos factores y del co-
n o cim ien to de que D ios ha de tra e r profetas, parece que n o podem os
asegurar la im posibilidad de que la profecía ocurra en la actualidad. Pero
tam p o co podem os decir que o cu rra com o en la época del N u ev o Testa-
m entó. Debem os estar abiertos a lo que D ios desee, pero buscando evaluar
todos los fenóm enos bajo criterios bíblicos.
T am b ién ten g o reservas en c uanto al argum ento de G affin de que la
posibilidad de la existencia de la profecía h o y en día am enace necesaria-
m ente la canonicidad del N uevo Testam ento y relativice inevitablemente la
suficiencia y au to ridad de la E scritura (pp. 50-54). E stoy de acuerdo con
que to d a la profecía bíblica es inspirada y, p o r lo tan to , infalible. P o r lo
tan to , estam os destinados a obedecer cualquier m andam iento profético
divino. P ero resulta difícil ver cóm o todas las palabras proféticas e incluso
los m an d am ien to s desafían el C an o n . Si asum im os, basándonos en He-
chos 13, que Pablo y Bernabé fueron enviados en obediencia a una revela-
ción verbal, ¿se estaba añadiendo algo al C an o n o se estaba com pitiendo
con su autoridad?
M uchas profecías, tan to en los días del A ntiguo com o del N uevo Testa-
m entó, nunca llegaron a form ar parte del Canon: p o r ejemplo, las instruccio-
nes específicas com o las que la iglesia de Antioquía recibió sobre Pablo y Ber-
nabé; la predicción de Agabo sobre la ham bruna; una aplicación apropiada de
la verdad canónica, com o algunas de las predicaciones proféticas de los profe-
tas del Antiguo Testamento. E n cualquier caso, no veo cómo las declaraciones
proféticas de alguna m anera relativizan o añaden al C anon. Gaffin utiliza la
advertencia de Pablo a los corintios de «no sobrepasar lo que está escrito»
(1 C o. 4:6) com o base para su argum ento sobre la idea de que la vigencia de la
profecía amenaza al C anon. A pesar de que n o vivimos en el m ism o periodo
de C anon abierto que los corintios, esta Escritura en realidad demuestra que
alguien puede aferrarse a la Escritura canónica donde ésta fue revelada de
form a verbal, y aún así recibir profecías, com o en la Iglesia de Corinto.
Los cesacionistas tienen razón al sostener la enseñanza bíblica de que la
E scritura es autosuficiente para capacitarnos para to d a buena ob ra (2 Ti.
3:16). A l enfatizar sobre la enseñanza de la palabra bíblica, están siguiendo
directam ente el p a tró n apostólico, especialm ente el de Pablo en las cartas
pastorales. Pero, ¿qué significa decir que el E spíritu está atado a la palabra
bíblica, y que su v o z en la actualidad está «hablando de form a relevante»
(p. 69) a través de la Escritura?

75
¿Son vigentes los dones milagrosos?

A pesar de que la Escritura es el C anon de verdad, ¿no revela el Espíritu


su voluntad en situaciones específicas, tan to personal y corporativam ente
com o iglesia, más allá de lo que cualquiera pueda extraer legítim am ente de
la exégesis de cualquier pasaje de la Escritura? Si tal guía del E sp íritu no
com prom ete la suficiencia de la Escritura, ¿por qué iba a ser diferente si las
instrucciones vinieran en ocasiones a través de la revelación inspirada? La
idea de G affin de que tales profecías pueden quitarle p rotagonism o a la
E scritura o «alejar la atención de la E scritura, p articularm ente en tem as
prácticos y aprem iantes de la vida» (p. 58) está bien abordada. Las instruc-
ciones de la E scritura sobre sí m ism a com o la verdad que D ios usa para
inaugurar y n u trir la vida excluye que cualquier profecía pueda com petir
con ella. La m ayoría de la profecía en la E scritura fue dada a través de los
que am aro n y vivieron la R evelación previa de D ios. El hecho de que
los profetas pudieran profetizar, de ningún m odo apartó su atención de la
Revelación que D ios había entregado previam ente a través de Moisés. Del
m ism o m o d o , m uchas visiones interiores e instrucciones de guía divina
llegan a aquellos cuyos corazones están llenos con la verdad de la Escritu-
ra. La posibilidad de que D ios otorgue la revelación profética a su pueblo
para circunstancias específicas según su voluntad, p o r lo tan to , n o debe
ap artar al creyente de las E scrituras com o su fuente de vida espiritual y
canon de creencia y práctica.
Finalm ente, Gaffin sugiere que la profecía n o puede ocurrir porque no
puede ser com probada p o r la Escritura. Algunas, com o la de Agabo, son
tan específicas que la Escritura ni las m enciona (p. 57). P ero si asum im os
que las profecías de Agabo n o pudieron ser com probadas p o r la Escritura
(y esto parece válido), ¿cóm o se averiguó que estas profecías venían de
Dios? Sin e n trar en lo que im plicaría resolver esta pregunta, sin duda pa-
rece válido co n clu ir que los m ism os m étodos utilizados para validar las
profecías de A gabo pueden ser utilizados para las profecías contem porá-
neas. D e este m o d o, el hecho de que todas las profecías n o puedan ser
com probadas p o r las E scrituras n o parece a p u n ta r el cese de los dones.
La fuerza de la posición cesacionista está en que las pruebas demues-
tran que existió u n periodo fundacional en la Iglesia distinto al de la historia
posterior. C oincido en que este hecho tiene implicaciones para la pregunta
sobre la continuidad de los dones milagrosos en la Iglesia, lo cual lanza algunos
argum entos irrefutables contra aquellos que n o ven la exclusividad de este
periodo. N o m e convence, n o obstante, que se pueda decir, partiendo de la
Escritura, que el reconocim iento de este periodo fundacional lleve al cese de
todas las m anifestaciones de los dones espirituales milagrosos en la Iglesia.

76
Una respuesta de la Tercera Ola
a Richard B. Gaffin, Jr.
C. Samuel Storms

M i respuesta al ensayo de R ichard Gaffin será inevitablem ente selecti-


va. H e decidido centrarm e en diez tem as que, creo, definen la diferencia
entre los cesacionistas y, utilizando el térm ino de Gaffin, continuistas, como
O ss y u n servidor. M i falta de acuerdo con la argum entación a favor del
cesacionismo, aunque vigorosa, no dism inuye en ningún m odo m i profun-
do respeto p o r él, ta n to com o e ru d ito del m ás alto nivel com o, aún más
im portante, herm ano en Cristo.
1. G affin se o p o ne acertadam ente al retrato de los cesacionistas com o
abogados del racionalism o deísta. La verdad, no obstante, es que los cesa-
cionistas generalm ente despliegan u n escepticismo sobre las reivindicado-
nes post-apostólicas acerca de lo sobrenatural m otivado, al parecer, p o r la
creencia de que si existe una explicación natural para u n fenóm eno, enton-
ces es probable. Los cesacionistas, p o r regla general, n o esperan que el
E spíritu Santo opere de m odo abiertam ente sobrenatural y m ilagroso, y
norm alm ente no están tan predispuestos com o otros a encontrar las razo-
nes de ciertos fenóm enos físicos y espirituales en la interactuación entre
seres espirituales (ángeles y dem onios) o la actuación directa de la tercera
persona de la Trinidad.
E sto sucede en parte porque creen que la actividad carism ática del Es-
p íritu está concentrada en u n periodo llam ado “fundacional” en la Iglesia
del prim er siglo. P ero tam bién puede deberse al im pacto com binado, aun-
que a m enudo apenas consciente, de varios factores, com o la preocupación
p o r los peligros de lo que entienden com o u n subjetivism o excesivo, u n
deseo de calma y m oderación, falta de experiencia personal del fenóm eno

77
¿Son vigentes los dones milagrosos?

carismático97, y u n desprecio tácito sobre las form as piadosas a m enudo


nada sofisticadas y anti-intelectuales p o r parte de aquellos que, a veces,
encuentran con demasiada rapidez lo sobrenatural en cualquier incidente
rutinario de la vida diaria.
2. Gaffin apela al propósito de Pentecostés en la historia redentora com o
su base para rechazar la clásica noción pentecostal de un a “segunda bendi-
ción”. A unque coincido con él en el lugar del Bautism o del E spíritu en el
ordo salutis, su argum ento podría ser utilizado fácilm ente para dem ostrar
más de lo que debiera.
G affin argum enta que el Pentecostés pertenece al logro definitivo de
nuestra redención, no a su aplicación continuada ni a la apropiación conti-
nua de sus beneficios. P o r esto es que lo que sucedió en aquel día no puede
ser el paradigm a eterno de la experiencia cristiana posterior. Pero esto nos
lleva a conclusiones erróneas. A pesar de que es verdad que el día de Pente-
costés, en el cual el Espíritu fue derram ado de una m anera sin precedentes,
fue definitivo, esto n o im plica n i significa que los cristianos de épocas
subsiguientes n o experim enten el E sp íritu y su p o d er, com o hicieron
los 120 reunidos en el aposento alto (estoy pensando en el d o n de hablar
en lenguas, la profecía, y la experiencia en sueños y visiones de H echos 2:5-
21, n o en el ru id o del cielo o las “lenguas de fuego” de los versículos 2-3).
Debem os preguntar: ¿en qué sentido Pentecostés fue u n acontecimiento
definitivo o único?. Pentecostés n o es sim plem ente el paso final de la obra
redentora de Cristo; tam bién es el prim er paso de la obra capacitadora del
Espíritu en la Iglesia. Los m iembros de la Iglesia prim itiva se refieren menos a
Pentecostés porque fue exclusivo y, sobre todo, porque fue inaugural.
Gaffin dice que la obra redentora de Jesucristo “alcanza su p u n to álgi-
do” (pág. 39), en el Espíritu del Bautism o de Pentecostés, la “culm inación”
del m in isterio del Mesías. P ero tal term inología n o debería oscurecer el
hecho de que Pentecostés es igualm ente el com ienzo de u n a obra nueva y
continuada del Mesías en las vidas de aquellos que le aceptan. N adie niega
que P entecostés es la culm inación de la ob ra de C risto . Es m ás, C risto
prom etió que cuando dejara esta tierra, m andaría al Espíritu. La pregunta
es: ¿qué tarea le dio al Espíritu? La perspectiva de Lucas es que Pentecos-
tés es una bisagra de la historia de la redención, sobre la cual oscila tan to el
cum plim iento definitivo de Cristo com o la futura aplicación accesible para
todos los que crean.

97Ver la discusión de J ack Deere al respecto en Surprised by thePower o f the Spirit (Grand
Rapids: Zondervan, 1993), 54-76)

78
U na respuesta de la T ercera O la a R ichard B. G affin , J r .

P ed ro dice de Pentecostés, “E sto es” (H echos 2:16) lo que profetizó


Joel que o cu rriría en los “ú ltim os días”, ese perio d o de la H isto ria que
conocem os com o la época de la Iglesia (cf. 1 C o. 10:11; 1 Ti. 4:1; 2 Ti. 3:1;
H e. 1:2; 1 P ed ro 1:20; 2 P edro 3:3), en la cual la o b ra del E sp íritu de re-
velación es dem ocratizada entre el pueblo de D ios. N o existe nada en el
lenguaje de P edro que sugiera que im aginó que la experiencia y el com-
p o rtam ien to de los 120 estuviera restringido tem poralm ente o que fuera
inaccesible para otras personas. Al contrario, esta “prom esa” del don del
Espíritu Santo, que inspira m inisterios proféticos y experiencias de revela-
ción, «es para v o so tros y para vuestros hijos y para todos los que están
lejos, para tan to s com o el Señor n u estro D ios llame» (H echos 2:38-39).
N o veo ninguna razón bíblica para ver Pentecostés com o la simple “cul-
m inación” de una serie de hechos definitivos, acabados. Tam bién es la “in-
auguración” de la aplicación experim ental de las bendiciones espirituales
que tales hechos estaban designados a producir. G affin parece reconocer
esto cuando habla de las “consecuencias p erm an en tes” (págs. 41-42) de
Pentecostés. N o obstante, sin duda, P edro identifica estas consecuencias
com o el reparto de carismas com o las lenguas, la profecía, ju n to con otras
expresiones de revelación (en particular, sueños y visiones).
G affin resum e que la esencia de Pentecostés tiene dos filos: apunta
hacia: (1) la presencia p erm an en te del E sp íritu Santo y (2) su derram a-
m iento universal (“todas las personas”). Exactam ente. Pero, ¿con qué ob-
jetivo se nos da el Espíritu?; ¿para qué propósito está presente? La respues-
taes en gran m edida salvíficay cristológica (cf. Juan 15:26; 16:14). Pero no
es m enos carismática: el Espíritu da poder al pueblo de D ios para la vida y
para el ministerio.
3. Gaffin argumenta que «Hechos pretende documentar una historia com-
pletada, una época única en la historia de la redención, el crecimiento definiti-
vo y apostólico del Evangelio ‘hasta los confines de la tierra’» (págs. 44-45).
Pero Lucas no dice eso en ningún sitio. N unca sugiere que lo que el Espíritu
Santo hizo en la “historia” (Hechos) no deba ser esperado en “historias” sub-
siguientes (post-apostólicas). Tampoco afirma que Hechos fuera “único”. Mien-
tras que todo el m undo admite que existen elementos únicos y, p o r lo tanto,
irrepetibles en el libro de Hechos, Lucas no argumenta en ningún lugar que la
obra carismática del Espíritu se encuentre entre ellos. N o sé de nada en He-
chos que im plique o asegure que la m anera en la que D ios se relacionó y
estuvo activo entre su pueblo en esa “historia” particular haya finalizado.
G affin h a elaborado u n a teo ría que puede te n e r algo de cierto, pero
falta evidencia textual sobre la que apoyar la conclusión teológica que ex-

79
¿Son vigentes los dones milagrosos?

trae de su teoría. Se puede buscar en vano u n texto en el que la obra caris-


m ática y sobrenatural del E spíritu Santo que sirvió para la expansión del
Evangelio, y seguidamente caracterizó la vida y el m inisterio de las iglesias
que se instauraban, no esté prevista p o r Dios para servir para la expansión
del Evangelio al resto del m u n d o en siglos posteriores o que no esté dise-
ñada para caracterizar la vida de tales iglesias.
Gaffin sostiene que «las experiencias milagrosas de aquellos en Pente-
costés y en otras ocasiones en H echos solo tienen significado si nos acerca-
m os a ellas desde esta perspectiva controladora» (pág. 45). E ntonces se
centra en las señales, milagros y maravillas com o pruebas de la realización
de este p ro g ram a apostólico m isionero. Pero, ¿es ésa su única función y
significado? N ad a de esto tiene aspectos negativos sobre la perpetuidad de
los dones, a n o ser que G affin pueda localizar u n texto, cualquier texto,
donde el propósito exclusivo de los milagros y de los carismas sea la confir-
mación de Ja misión apostólica. Gaffin aísla una función de la fenomenolo-
gía milagrosa, vinculada al periodo en el que sucede, y entonces concluye
que no puede tener ninguna otra función en ninguna otra época en la Histo-
ría de la Iglesia. Y lo hace sin ningún texto bíblico que lo afirme. Este tipo
de reduccionism o es extraño para el N uevo Testam ento.
G affin p o n e el énfasis en la ru p tu ra inaugural del Evangelio cuando
en tró en Sam aria p ara llegar a los gentiles e insiste en que los fenóm enos
milagrosos que ocurrieron en esas ocasiones tuvieron u n papel im portante
com o testim onios de tal expansión. Estoy de acuerdo. Pero tam bién debe-
m os centrarnos en las iglesias que se fundaban y que nacían y que perdura-
ban en las condiciones que resultaron de esta llamada “época inaugural” en
la historia de la redención. El m inisterio del Espíritu Santo, com o se descri-
be en H echos, 1 C orintios, R om anos, Efesios, 1 Tesalonicenses y Gálatas
indica que los fenóm enos m ilagrosos que acom pañaron el nacim iento y
fundación de estas iglesias se d iero n para caracterizar su construcción
y tam bién su crecim iento. G affin parece estar pidiéndonos que cream os
que debido a que los dones m ilagrosos ayudaron a la n z a r a la Iglesia, al dar
testim onio de la proclam ación original del Evangelio, estos fenóm enos no
tienen ninguna función adicional o continuada para sostener y n u trir a la
Iglesia. P ero se trata de u n non sequitur que n o tiene fundam ento bíblico.
G affin dice que «H echos 2 y los subsiguientes acontecim ientos mila-
grosos que Lucas n arra n o están diseñados para establecer u n a serie de
‘repeticiones’ de Pentecostés que continúen indefinidam ente en la historia
de la Iglesia. Más bien, constituyen en conjunto, com o ya hem os indicado,
una unidad com pleta con el program a apostólico ya finalizado al que acom-

80
U na respuesta de la T ercera O la a R ichard B. G affin , J r .

pañan» (pág. 45). P ero, ¿por qué n o pueden co n tin u ar los acontecim ien-
tos m ilagrosos y los carismas sin pensar que eso supone un a “repetición”
de Pentecostés? U n a vez más, la exclusividad de Pentecostés com o u n he-
cho de la historia de la redención n o requiere, ni siquiera sugiere, que los
carismas m ilagrosos estén restringidos a ese periodo. La Biblia no dice en
ninguna parte lo que Gaffin llega a afirm ar m ediante deducción teológica.
Gaffin concluye que «sería sin dudas erróneo argum entar... que Lucas
preten d ía m o strar que los dones m ilagrosos y las experiencias de p o d er
cesaron con la historia que él docum entó» (págs. 46-47). E ncuentro que
aquí se confunde esta afirmación con la anterior, ya citada, de que Lucas no
pretende decirnos a qué se parecerá el resto de la historia de la Iglesia con
los hechos milagrosos en H echos, posteriores a Pentecostés. Estos aconte-
cim ientos (presum iblem ente profecía, hablar en lenguas y sanidades), se-
gún Gaffin, se «completaron con el program a apostólico ya finalizado al que
acompañaban» (págs. 44-45, la cursiva es mía).
E ntonces G affin afirm a que «Al respecto, no viene al caso observar
que en H ech o s o tras personas adem ás de los apóstoles ejercen m ilagros
(6:8). O frecer esto com o evidencia de que tales dones continuaron después
del tiem po de los apóstoles separa lo que para Lucas está unido» (pág. 46).
Discrepo. C reo que es precisamente la prueba de que el ministerio milagroso
del E spíritu Santo n o está designado exclusivam ente para los apóstoles o
para la época fundacional de la Iglesia. Si, com o Gaffin sostiene, los fenó-
menos milagrosos y el ministerio apostólico permanecen unidos en la m ente
de Lucas, entonces, ¿por qué otras personas, aparte de los apóstoles, hide-
ro n milagros? N o basta con que G affin sim plem ente afirm e que los mila-
gros n o apostólicos n o tien en nada que ver con n u estro tem a. Ese es u n
p u n to de vital im portancia que el cesacionismo no puede explicar. Recor-
dem os que, de hecho, es el m ism o Lucas quien los separa. ¡Quizás lo hizo
porque ese era precisam ente el tem a que pretendía tratar!
Gaffin dice que «O tros ejercen los dones en virtud de la presencia y de la
actividad de losapóstoles. Lo hacen bajo u n “paraguas apostólico”, p o r decirlo
de alguna manera» (pág. 46, cursivas originales). ¿Dónde dice esto Lucas u
o tro autor bíblico? A u n cuando fuera cierto, ¿por qué deberíamos concluir
que D ios n o quiere que la Iglesia experim ente estos dones después de los
apóstoles? U n a vez más se han extraído conclusiones aplicables universal-
m ente sin garantías textuales. A l m editar en el libro de Hechos, n o encuen-
tro nada en la perpetuidad de los dones m ilagrosos que amenace la integri-
dad o la exclusividad de la era apostólica. Esta exclusividad consiste en que
fue prim ero y fundacional, n o en que fuera milagrosa.

81
¿S on vigentes los dones milagrosos?

4. E n u n intento de m antener una relación estrecha entre el m inisterio


apostólico y los dones milagrosos, Gaffin dice que argum entar que los do-
nes milagrosos dan testim onio del mensaje (el Evangelio) pero no necesa-
ñám ente del mensajero está «fuera de la tem ática lucana» (pág. 46). Pero tal
distinción n o es tan ajena a Lucas, ya que habla de cristianos que n o son
apóstoles haciendo milagros y no atribuye explícitamente en ningún lugar
su poder a ninguna relación o contacto físico con los apóstoles. Tam poco
Lucas, ni ningún escritor del N uevo Testam ento, dice que Dios no pudiera
o no quisiera dar testim onio del mensaje con señales y milagros cuando era
proclamado p o r creyentes normales. Cuando esto se com bina con el hecho
de que varios creyentes normales, no apóstoles, ejercieron dones milagrosos,
la distinción que, según Gaffin, no entra en la tem ática lucana, en realidad
resulta parecer ser bien familiar para el autor del libro de los Hechos.
5. G affin ofrece dos razones para creer en el cese de los dones de sani-
dad y de los milagros.
E n prim er lugar, argum enta que el N uevo Testam ento solamente reco-
ge estos dones en Hechos. Y estos «acompañan la proclam ación apostólica
única y finalizada del Evangelio» (pág. 49). Pero en ningún sitio de H echos
n i del N u ev o T estam ento se dice que lo que hacía únicos a los apóstoles
fueran los dones o m ilagros que realizaban. ¿C óm o se puede argum entar
que, dado que los fenóm enos m ilagrosos acom p añaron la extensión del
Evangelio, n o pueden acom pañar la extensión n o apostólica del m ism o
Evangelio? E l hecho de que los apóstoles del p rim e r siglo term in aran su
obra de extender el Evangelio n o significa que otras personas, en genera-
ciones posteriores, hayan acabado.
T am bién es difícil entender cóm o el ejercicio de dones milagrosos p o r
parte de cristianos que n o eran apóstoles (hom bres y mujeres) en la iglesia
de C orinto, con el propósito de edificar, fortalecer, consolar, y ayudarse los
unos a los o tro s a ser más com o Jesús, puede verse com o algo exclusiva-
m ente relacionado con la supuesta «extensión apostólica única y finalizada
del Evangelio». Estas personas n o estaban fundando iglesias o extendien-
do el Evangelio a través de barreras étnicas. Sim plem ente eran creyentes
norm ales luchando con la vida y m inistrando los problem as, dolores y ne-
cesidades de otros cristianos. L o m ism o puede decirse de los creyentes en
T esalónica (1 Tes. 5:19-22), R om a (Ro. 12:3-6), G alacia (Gá. 3:5) y más
lugares. ¿C óm o puede argum entarse que tales dones milagrosos perdieron
su validez y valor práctico para cum plir aquello para lo que D ios los orde-
nó, sim plem ente porque los apóstoles m urieron en u n m om ento dado del
siglo prim ero?

82
U na respuesta de la T ercera O la a R ichard B. G affin , J r .

Gaffin argum enta que debido a la un ió n supuestamente exclusiva entre


el m inisterio apostólico y los dones milagrosos (una unión que n o aparece
en ningún lugar de las Escrituras), la continuidad de estos últim os «en la era
post-apostólica sim plem ente n o debe ser presupuesta» (pág. 49). A l con-
trario, cuando se observa que Pablo describe que la vida norm al de la igle-
sia en 1 C orintios 12:7-10 implica dones milagrosos cuyo propósito es edi-
ficar a los creyentes y santificar sus almas, dones que en ningún lugar están
relacionados exclusivam ente (ni siquiera principalm ente) con los aposto-
les, o cuya función se reduce a acom pañar y dar testim onio de su ministe-
rio, precisam ente lo que debe presuponerse es la continuidad de los dones.
E n segundo lugar, G affin acude a Santiago 5, u n pasaje del que hablo
en m i ensayo, a donde refiero al lector.
6. La principal preocupación de Gaffin son los dones llamados de reve-
lación. Su discusión se centra en Efesios 2:11-21 (especialmente el versícu-
lo 20) y el m inisterio fundacional de los apóstoles y profetas. D ice que los
apóstoles y profetas pertenecen al periodo de fundación, n o a la sobreedi-
ficación o superestructura. Pero esto supone ignorar los versículos 21 y 22,
donde P ablo se refiere a la superestructura com o algo que está en cons-
trucción, mientras él habla/escribe (fijémonos en el uso del tiem po presente
en los versículos 21 y 22). E n otras palabras, los apóstoles y profetas del
versículo 20, entre los cuales estaba Pablo, tam bién estaban contribuyendo
a la superestructura, de la cual los efesios eran una parte contem poránea,
sim ultánea a la fijación de los cim ientos sobre los que se estaba constru-
y en d o esa superestructura. D ebem os ten e r cuidado de n o in te rp re ta r la
m etáfora paulina más allá de lo que el au to r quiso transm itir con ella.
Para utilizar u n a analogía, u n a vez que un a persona establece un a em-
presa, escribe sus estatutos, articula su visión, contrata empleados y realiza
todo el trabajo necesario para la fundación de su futuro trabajo y producti-
vidad, no necesariamente deja de existir o de servir a la empresa realizando
otras funciones. C o m o apunta D eere, «el director fundador de una empre-
sa siem pre será único, ya que fue el fundador, pero eso n o significa que la
em presa n o tendrá futuros directores o presidentes»98.
Según el p u n to de vista de G affin, todos los profetas del N uevo Testa-
m entó funcionaron com o fundadores. Pero n o existe nada que sugiera que
“los p rofetas” de Efesios 2:20 será u n a referencia exhaustiva a todos los
posibles profetas de la Iglesia. ¿Por qué debemos concluir que el único tipo
de actividad profética tiene naturaleza “fundacional”, especialm ente a la

98 Ibíd., 248.

83
¿Son vigentes los dones milagrosos?

luz de lo que dice el N uevo Testam ento sobre el efecto y alcance del minis-
te ñ o profético? Sim plem ente n o es posible creer que todas las declarado-
nes proféticas eran parte de la fundación definitiva de la Iglesia. D e entra-
da, porque el N u ev o T estam ento n o dice que lo fuera. Más aún, describe
u n m inisterio profético bajo una perspectiva totalm ente distinta de la que
G affin preten d e deducir de Efesios 2:20. Sin duda, n o to d o el m u n d o
que ministró proféticam ente era u n apóstol. P o r lo tanto, el cese de lo últi-
m o no es argum ento para el cese de lo prim ero.
Sugerir que Efesios 2:20 alude a todos los posibles profetas activos en
la Iglesia p rim itiv a n o se corresponde con lo que leem os sobre este don
en el resto del N u evo Testam ento. R equeriría que creyéram os que todos
los que p ro fetizaron sobre el día de Pentecostés y en los años posteriores
«hijos e hijas... jóvenes.... ancianos... sirvientes, tanto hom bres com o muje-
res», estaban p o n ien d o los cim ientos de la Iglesia. Los cesacionistas nos
pid en que cream os que la p rom esa tan esperada de Joel 2 del derram a-
m iento sin precedentes del E spíritu Santo sobre “todas las personas” (He-
chos 2:17), con su actividad redentora en form a de visiones, sueños y pro-
fecías, se cum plió de form a absoluta solo en u n grupo de personas cuyos
dones actuaron de manera fundacional, iniciadora y, p o r lo tanto, temporal.
¿Esta teo ría explica el texto de form a adecuada? Se hace difícil pensar que
la experiencia reveladora y carismática del Espíritu, que Joel anunció y Pe-
dro citó, se realizara de form a com pleta en una m inoría de creyentes solo
durante u n periodo de tiem po de 6 años, y únicam ente durante el prim er
siglo de la Iglesia. M ás bien parece que Joel 2 y H echos 2 están relaciona-
dos y describen la experiencia norm ativa cristiana para toda la com unidad
cristiana en toda la época del Pacto, llamada “los últim os días”.
E l cesacionismo tam bién pretende que cream os que u n grupo de disci-
pulos anónim os en Efeso (Hechos 19:1-7), quienes profetizaron al conver-
tirse (ninguno de los cuales, p o r cierto, fue recordado o m encionado nunca
más), lo hicieron pensando en la fundación de la Iglesia. T am bién es extra-
ñ o pensar que las cuatro hijas de Felipe eran parte de la fundación definiti-
va de la Iglesia (21:9).
Según la tesis de Gaffin, toda actividad profética es actividad fundacio-
nal. Si fuera así, ¿habría hablado Pablo de la profecía com o u n don otorga-
do a la gente n o rm al para “el bien c o m ú n ” del C u e rp o de C risto (1 C o.
12:7-10)? ¿Debem os creer que Pablo exhortó a todos los creyentes de to-
das las iglesias a que desearan ten e r u n a im portancia fundacional para la
Iglesia universal? A l contrario, la profecía debe ser deseada porque su pro-
pósito es com unicar la Revelación de D ios que “anim ará” a aquellos que

84
U na respuesta de la T ercera O la a R ichard B. G affin , J r .

están desanim ados, “consolará” a los que están desconsolados y “fortale-


cerá” a los que están débiles (1 C o. 14:3).
D e nuevo, debo p reg u n tar cóm o puede la exposición de los pecados
secretos de u n no creyente en las iglesias de C o rin to , Tesalónica, R om a,
Ladiocea y de to d a la tierra habitada - pecados com o envidia, lujuria, ira,
egoísmo - funcionar para fom entar los cim ientos de la Iglesia Universal de
Jesucristo. A ú n así, éste es u n o de los propósitos principales de los dones
proféticos (1 C o. 14:24-25).
G affin cree que hablar en lenguas tam bién es u n don de revelación y,
p o r lo tanto, u n do n profético. Si esto fuera cierto, tendríam os revelación
no canónica en cada creyente para su propia edificación personal, no para
com partir con la Iglesia en general si no hay intérprete (1 Co. 14:28). ¿Cómo
puede concebirse que tal revelación privada contribuya a la fundación de la
Iglesia en general?
Pablo anticipó que en cada ocasión que los cristianos se reunieran para
adorar, al m enos en potencia, “cada” creyente aportaría, o contribuiría, en-
tre otras cosas, con una “revelación” (1 C o. 14:26). A nticipó que una parte
norm al de la experiencia cristiana era recibir datos reveladores o visiones
de D ios. Resulta difícil leer sus instrucciones para la adoración general y
sacar la conclusión de que Pablo entendía to d o m inisterio de revelación,
p o r lo tan to profético, com o fundacional p o r lo que a la Iglesia Universal
se refiere. D ebieron de existir miles y miles de revelaciones y palabras pro-
féticas a lo largo y ancho de los cientos de iglesias e n tre Pentecostés y la
finalización del C an o n del N uevo T estam ento. ¿Debem os creer que esta
m u ltitu d de personas y su gran núm ero de palabras proféticas constituye-
ro n la fundación definitiva de la Iglesia?
Gaffin parece creer que una vez que los apóstoles y profetas dejaron de
funcionar fundacionalm ente, dejaron de funcionar, com o si el único pro-
pósito de los apóstoles y profetas fuera po n er los cim ientos de la Iglesia. El
N u ev o T estam ento n o dice esto en ninguna ocasión y, m ucho m enos, en
Efesios 2:20. Este texto dice que los apóstoles y profetas pusieron de una
vez p o r todas los cim ientos de la Iglesia y dejaron de funcionar en calidad de
fundadores. Pero nada sugiere que dejaran de funcionar desempeñando otras
tareas, ni m ucho m enos que dejaran de existir. Es cierto que solam ente los
apóstoles y profetas tu v iero n p arte en la fundación de la Iglesia, p ero n o
podem os estar seguros de que esa fuera la única cosa que hicieran.
E n u n a palabra, la descripción de H echos 1, C orintios, R om anos y 1
Tesalonicenses sobre quién podía p ro fetizar y cóm o debía ejercerse ese
d o n en la vida de la Iglesia sim plem ente n o encaja con la afirm ación cesa-

85
¿Son vigentes los dones milagrosos?

cionista de que Efesios 2:20 describe a to d o s los posibles profetas, cada


u n o de los cuales funcionaba com o p arte de la fundación definitiva de la
Iglesia. Más bien, Pablo aquí está describiendo a u n lim itado grupo de pro-
fetas que estaba estrecham ente relacionado con los apóstoles, dos grupos
que hablaron con palabras sabias basadas en las Escrituras, esenciales para
la fundación de la Iglesia universal.
7. G affin se opone a la posibilidad de un a revelación post-canónica
basándose en que, entonces, deberíam os “atenernos y som eternos a ella”
(pág. 53) del m ism o m odo que nos atenem os y nos som etem os a las Es-
crituras. D ejando a u n lado que esta afirm ación presupone erróneam ente
que la profecía co ntem poránea es incapaz de ser infalible, basada en las
Escrituras, procedente de Dios, el cesacionista tiene que enfrentarse a este
problem a. P o rq u e, ¿acaso los cristianos tesalonicenses, p o r ejem plo, no
tuvieron que “atenerse y som eterse” (literalm ente “retened”; 1 Ts. 5:21) a
las palabras proféticas que recibieron, no m enos que a las Escrituras donde
se encuentran estas mismas instrucciones? Evidentem ente, Pablo n o tem ía
que su respuesta a las palabras proféticas habladas socavara la autoridad
últim a o suficiente de la revelación escrita (Escrituras) que estaba en proce-
so de enviarles. La idea es la siguiente: la revelación n o canónica n o era
incom patible con la autoridad de las Escrituras entonces, así que tam poco lo
es ahora. Esto es especialmente cierto si, com o argum ento en m i ensayo, la
profecía con tem p oránea n o produce necesariam ente palabras infalibles
de Dios.
A lguien puede preguntar: «¿cómo debem os nosotros, en el siglo X X ,
en u n m u n d o de C anon cerrado, responder a la revelación n o canónica?».
La respuesta es: «de la m ism a m anera que los cristianos respondieron a ella
en el prim er siglo, en u n m undo de C anon abierto, es decir, evaluándola a la
luz de las Escrituras» (estaban emergiendo, y eran parciales para ellos; pero
para n o so tro s están com pletas). T al revelación ten d ría para noso tro s la
m ism a autoridad h o y que tenía para ellos entonces. Más aún, estam os en
una posición m ucho m ejor que los de la Iglesia prim itiva, ya que dispone-
m os de la form a final del C anon según el cual podem os evaluar las afirma-
d o n e s de la revelación profética. Si eran capaces de dar testim onio de re-
velaciones proféticas entonces (y P ablo creía que lo eran; cf. 1 C o. 14 y
1 Ts. 5), ¡cuánto m ás podrem os hacerlo nosotro s ahora! C o m o poco, las
revelaciones proféticas contem poráneas deberían ser m ás fáciles de eva-
luar y responder que las del prim er siglo.
P o r lo tan to , si la revelación n o canónica n o era un a am enaza para la
autoridad últim a de la Escritura en su form a em ergente, tam poco debería

86
U na respuesta de la T ercera O la a R ichard B. G affin , J r .

serlo ah o ra en su fo rm a final. Si los cristianos del p rim e r siglo estaban


obligados a creer y obedecer la Escritura en u n periodo de C anon abierto,
sim ultáneam ente y en presencia de revelación profética n o canónica, no
tenem os nin g u n a raz ó n para pensar que la revelación n o canónica en el
periodo de C anon cerrado de la historia de la Iglesia presente u n problem a
m uy grave.
Siguiendo con este argum ento, G affin afirm a que la profecía contem -
p o rán ea n o puede de hecho ser evaluada p o r las Escrituras sim plem ente
p o r el carácter específico de la prim era. P ero de nuevo esto n o nos supone
u n problem a m ay o r de lo que lo sería para los cristianos del p rim er siglo.
¿Acaso n o evaluaron ellos la revelación profética a pesar de su carácter
específico? Así lo h icieron si fueron obedientes a las instrucciones de Pa-
blo (1 C o. 14:29; 1 Ts. 5:21-22). N o tenem os m otivos para pensar que no
podem os hacer lo m ism o hoy. E n realidad, estamos m ejor equipados que
ellos ya que disponem os de la form a final del C anon de revelación según la
cual hacem os nuestras afirmaciones.
8. Gaffin cree que adm itir la posibilidad de la revelación m ás allá de las
Escrituras «indudablemente implica una cierta insuficiencia de la Escritura,
que necesita ser compensada» (pág. 58). Sin em bargo, debem os preguntar-
nos: ¿para qué es suficiente la Escritura? Sin duda, es suficiente para pro-
p o rc io n a rn o s las v erd ad es teo ló g ic a s y los p rin c ip io s esenciales
para una vida de santidad. N o obstante, el m ism o Gaffin adm ite que «Dios
se revela a sí m ism o a las personas de m aneras variadas, m u y personales e
íntimas» (pág. 59). Si las Escrituras fueran ta n suficientes com o Gaffin ad-
m ite, n o h ab ría necesidad de hablar así. Si para D ios es im p o rtan te y de
ayuda el revelarse a sus hijos de form a personal e íntim a, está claro que la
suficiencia de la Biblia n o significa que ya n o necesitem os o ír al Padre ce-
lestial o recibir guía particular en áreas en las que la Biblia guarda silencio.
Las Escrituras nunca pretenden proporcionarnos toda la inform ación ne-
cesaría para to m a r cada decisión. Las E scrituras nos m andan predicar el
E vangelio a to d a p ersona, p ero n o le dice a u n m isionero principiante
en 1996 que D ios quiere que en lugar de ir a A ustralia, vaya a A lbania. El
hecho de que D ios pueda hablar aparte de las Escrituras, ya sea para ofre-
cer guía, exhortación, ánim o o convicción de pecado, n o significa una ame-
naza para la suficiencia de las Escrituras.
Perm ítanm e citar u n ejem plo del m inisterio de C harles Spurgeon. E n
una ocasión, predicando en Exeter H all, interrum pió su serm ón y apuntó
a una dirección, diciendo: «Joven, los guantes que llevas n o los has compra-
do: se los has robado a tu jefe». Después del serm ón, u n joven obviam ente

87
¿Son vigentes los dones milagrosos?

agitado y pálido se acercó a S purgeon y pidió hablar co n él en privado.


Puso u n par de guantes en la mesa y dijo: «Es la prim era vez que he robado
a m i m aestro, y nunca lo haré de nuevo. N o m e delatará, ¿verdad, señor? Mi
m adre se m orirá si se entera de que m e he convertido en u n ladrón»99. Esta
inform ación no podía obtenerse de la lectura de la Biblia. Pero, sin duda, al
reconocer que D ios fue el que “reveló” a Spurgeon este conocim iento no
m ina la suficiencia de la Biblia.
E n su in ten to p o r negar la revelación post-apostólica, G affin asegura
(sin ofrecer base bíblica) que «revelación verbal está ligada a la obra reden-
tora. C o n el cum plim iento de esta última», dice, «llega el fin de la primera»
(pág. 60). N o estoy de acuerdo. M ientras que puede decirse que las “Escri-
turas están vinculadas a la obra redentora”, la Revelación es m ucho más am-
plia de lo que al final entró en el C anon. N o encuentro nada en la Escritura
que indique que D ios haya enm udecido después de la iglesia prim itiva. Si
para la iglesia prim itiva en C orinto fue crucial que D ios les hablara más allá
de la E scritura, de tal m anera que los pecados de u n n o creyente fueron
expuestos, m otivándole al arrepentim iento y a la vida eterna, ¿por qué iba
a ser m enos crucial en el siglo X X (1 C o. 14:24-25)?
9. El debate sobre 1 C orintios 13 continúa. N o dispongo de demasiado
espacio para extenderm e, y dudo que pueda m ejorar lo que otros ya han
escrito sobre el tem a. Sí m e gustaría señalar, n o obstante, que Gaffin acer-
tadam ente rechaza com o “n o creíble exegéticam ente” (pág. 61, n. 80) la
sugerencia de que la perfección del versículo 10 habla de la finalización del
C an o n del N u ev o T estam ento u o tro tip o de cosas después de la parusía.
Cree que en este pasaje, Pablo ni siquiera habla sobre la continuidad de los
dones y que, p o r lo tanto, estamos ante u n debate abierto.
Sim plem ente, m e gustaría decir que se tra ta de u n tem a que quizás el
contexto m ás am plio consiga desvelar. D ebido a la naturaleza, función y
valor comparativo de los dones espirituales de los que Pablo habla en 1 Corin-
tios 12 y 14, tam poco sería extraño sugerir que en 1 C o. 13 Pablo tiene en
m ente de nuevo la perpetuidad de tales dones, al contrastarlos con el valor
eterno del am or cristiano.
10. Para finalizar, Gaffin se sorprende de la dificultad que G o rd o n Fee
tiene para distinguir entre la palabra de sabiduría y la palabra de conocí-
m iento, y de su aparente indiferencia hacia la naturaleza de las lenguas con-
tem poráneas. E n prim er lugar, n o puedo responder a la incertidum bre de

99 Charles H . Spurgeon, Autobiography: Vol. 2, The Full Harvest, 1860-1892 (Edimburgo:


Banner of Truth Trust, 1973), 60.

88
U na respuesta de la T ercera O la a R ichard B. G affin , J r .

Fee, pero tam p o co estoy dispuesto a conceder que n o podam os saber lo


que eran entonces (y ahora) las palabras de sabiduría, de conocim iento y el
hablar en lenguas. E n segundo lugar, sin duda, Gaffin no pretende incluir
la falta de claridad com o u n argum ento para el cesacionismo, ¿verdad? Si
los criterios para creer y abrazar u n principio o practicarlo es la falta com-
pleta de am bigüedad, ¡quién sabe cuantas cosas en la Biblia nos hubieran
parecido no estar designadas p o r D ios o ser válidas después de la m uerte
de los apóstoles!
M e pregunto si los corintios (y especialm ente otras iglesias en el siglo
p rim ero que recibieron instrucciones m enos específicas) se e ncontraron
con las m ism as dificultades. Gaffin n o cuestiona la validez de esos dones
en aquel entonces; n o obstante, para po d er diferenciar aquellos dos tipos
de dones no ten ían ninguna revelación m ás concreta de la que nosotros
tenem os. Si tal falta de especificación n o m erm ó el ejercicio de tales dones
en el siglo prim ero, n o hay razón para pensar que lo vaya a hacer en el siglo
veinte.

89
Una respuesta pentecostal/carism ática
a Richard B. Gaffin, Jr.
Douglas A. Oss

El Profesor Gaffin ha escrito un a evaluación seria y benevolente sobre


la teología pentecostal/carism ática, y un a defensa del cesacionismo, p o r la
que los m iem bros del m ovim iento pentecostal deberíam os estar agradecí-
dos. Y o m ism o estoy en deuda con él, com o u n profesor querido que me
ayudó a acercarme al pentecostalism o desde la perspectiva de la historia de
la redención y m e m ostró la sabiduría de “saquear a los egipcios”. D e m odo
que es, con afecto y adm iración, que ofrezco algunos pensam ientos sobre
su ensayo.
1. El profesor Gaffin tiene razón al m encionar a aquellos pentecostales
que co ndenan a los evangélicos negando que tengan el E sp íritu Santo y
catalogándolos de form a despectiva de racionalistas cuya fe se restringe a
un a confesión doctrinal árida (págs. 34-35). Esta actitud despreciativa no
es m ayoritaria entre los pentecostales. N osotros, los pentecostales, somos
evangélicos que hem os aceptado com o paradigm ática una porción del tes-
tim o n io bíblico que otros, d e n tro de n u estra fam ilia evangélica, n o han
hecho. Pero tan to en el transcurso de la historia com o en el presente somos
u n m ovim iento basado en la Biblia, y con frecuencia utilizam os el térm ino
“evangelio com pleto” (o “evangelio pleno”) para describir al m ovim iento
pentecostal en general.
La misma mentalidad que intenta separar a los pentecostales de sus
raíces evangélicas, también acepta muchas ideas modernistas y rechaza al-
gunos compromisos cardinales del pensamiento evangélico. Es cierto que
una parte importante de los académicos pentecostales rechazan la infalibi-
lidad de la Biblia y su autoridad. Como el profesor Gaffin apunta, en lugar

91
¿Son vigentes los dones milagrosos?

de beber de la fuente de salvación de las E scrituras, algunos beben de la


cisterna del cinismo postm odernista y del nihilism o, adoptando form as ra-
dicales de existencialismo com o m arco contextual de entender la espiritua-
lidad. P o r ejemplo, m uchos han adoptado una visión sociológica basada en
la com unidad de la autoridad autónom a que ha suplantado el com prom iso
pentecostal de la autoridad basada en la Revelación (por ejemplo, las Escri-
turas). P o r lo tan to , G affin está en lo cierto cuando, en su valoración de
esta tendencia entre los pentecostales, advierte que «el poder pentecostal y
las pretensiones postm odernas no tienen nada que ver la una con la otra»
(pág. 35).
Podría utilizar to d o el espacio de m i respuesta para evaluar la form a en
que algunos eruditos pentecostales se han distanciado de las raíces evangé-
licas del pentecostalism o, sobre todo porque es la am enaza de m ayor peli-
gro para el fu tu ro del m o v im ien to pentecostal. N o s encontram os en el
m ism o terren o teológico cam biante que quienes padecieron la polém ica
presbiteriana a principios del siglo X X .100 Pero el profesor Gaffin toca otra
serie de tem as que tam bién requieren nuestra atención.
2. T an to Gaffin com o yo hem os escrito nuestros ensayos desde la pers-
pectiva de la historia de la redención. Gaffin utiliza este acercam iento para
argum entar en contra de segundas experiencias y en contra de la continuidad
de ciertas m anifestaciones del E spíritu (en especial, dones de palabra y de
guía personal). M i ensayo utiliza la m ism a técnica para argum entar a favor
de la validez de las segundas experiencias y a favor de la continuidad de las
m anifestaciones del E spíritu que definen la fase de “los últim os días” del
cum plim iento del reino.
G affin lim ita el debate a un a cuestión crucial, y lo hace señalando que
«lo que constituye la esencia escatológica de la ob ra presente del E spíritu
en la Iglesia sirve para establecer un a diferencia fundam ental entre los ce-
sacionistas y los n o cesacionistas» (pág. 36). Luego restringe el cum pli-
m iento histórico-redentor de la ob ra del E spíritu a la regeneración y a la
santificación. M i ensayo presenta evidencia bíblica de que el despliegue
histórico-redentor del E spíritu actúa de dos form as: (a) transform ando el
in te rio r y (b) dando poder. El p u n to de vista de G affin o m ite u n a gran
parte de las evidencias que encontram os en la historia de la salvación, cen-
trándose solam ente en una parte de la historia.

100 Aquellos que hayan leído ThePresbyterian Controversy (Nueva York: Oxford, 1991),
de Bradley J. Springfield encontrarán esta descripción sorprendentemente paralela a la crisis
contemporánea dentro del pentecostalismo.

92
U na respuesta Pe n t e c o s t a l / c a r is m á t ic a a R ichard B. G affin , J r .

Sencillamente, el A ntiguo Testam ento anticipa, y el N uevo Testam ento


confirm a m ediante el cum plim iento, la naturaleza profética / carismática
de la obra del Espíritu durante los últim os días. Pero esta verdad no excluye
o tra evidencia en cuanto a la obra transform adora que realiza el Espíritu.
La naturaleza escatológica de la obra del Espíritu es una naturaleza que trans-
form a el in te rio r y concede poder. El profesor Gaffin acierta al enfatizar
que Pentecostés pertenece a la historia de la salvación (historia salutis), no al
orden de salvación (ordo salutis). C om o tal, H echos recoge las dos obras del
Espíritu: (a) el cum plim iento escatológico de la dotación de poder y (b) la
transform ación del interior.
Probablem ente el erro r más im portante que com ete Gaffin es su con-
fusión entre el ordo salutis y la historia salutis. Pretende demostrar su punto de
vista basándose en ésta últim a, p ero de form a coherente im p o rta catego-
rías del prim er cam po para poder eludir el dilem a del cum plim iento de las
expectativas de los “últim os días” en el N u ev o T estam ento. Es decir, no
aplica consecuentem entem ente sus propios principios de la “historia de la
salvación”. A continuación verem os varios ejemplos.
3. A l enlazar H echos 2 con la profecía de Juan el Bautista de Lucas 3:16
y con H echos 1:6 (págs. 38-39), G affin de nuevo om ite un a p arte im por-
tan te de las evidencias. A segura que la profecía de Ju a n se refiere a la acti-
vidad del Mesías en su totalidad (pág. 39), pero restringe esa actividad a la
o b ra tran sfo rm ad o ra del E spíritu. E sto n o es lo que Lucas describe en
H echos. Lucas describe el cum plim iento de la profecía en térm inos tanto
de d otación de p o d e r com o de salvación (ver m i ensayo, págs. 249-254),
p o r lo tanto describe la obra del C risto resucitado a través de su Espíritu en
su totalidad.
Parte del problem a herm enéutico de la argum entación de Gaffin es que
lee a Lucas desde u n a perspectiva paulina. O tra m anera de expresarlo es la
siguiente: utiliza el orden de la salvación para borrar las diferencias que son
obvias en la h isto ria de la salvación. A u n q u e y o he argum entado en m i
ensayo que Pablo y Lucas se com plem entan, pero tienen diferentes énfasis
en sus escritos (que n o son excluyentes), n o tiene sentido decir que son
com pletam ente iguales y asum ir que utilizan el lenguaje del m ism o m odo.
El énfasis paulino aparece en la descripción que Gaffin hace de la teología
reform ada: «La teología reform ada, más im portante, la teología de Pablo
que la teología reform ada quiere reflejar, n o ve ni la m uerte de C risto ni su
resurrección com o “simbólicas” o com o “analogías” para experiencias par-
ticulares, tan to si son subsiguientes a la conversión o distintas de la expe-
rien d a inicial de salvación» (pág. 40).

93
¿Son vigentes los dones milagrosos?

Dejarem os a u n lado la cuestión sobre si Pablo, en pasajes com o Roma-


nos 6:1-14, está explicando la u n ió n con C risto analógicam ente sobre la
base de la m u erte y la resurrección de C risto, y si ésta es la com prensión
histórica de la fe reform ada.101 Lo que vam os a tra tar es la afirm ación ex-
plícita de Gaffin de que el pensam iento paulino sirve para interpretar otros
escritos canónicos. Vemos que su ensayo aplica ese principio en la cuestión
sobre Pentecostés, pues interpreta H echos a través del prism a de 1 C orin-
tíos 12:13. Basándose en 1 C orintios 12:13 extrae la «im portancia históri-
co-redentora y cristológica de Pentecostés», defendiendo que la im portan-
cia de Pentecostés no es exclusiva de Lucas-Hechos, sino que la podem os
ver en m ás ocasiones en el N u ev o T estam ento (el o tro tex to que cita es
Ju an 14-16, pág. 40). A unque las im plicaciones de Pentecostés son más
amplias que la simple teología profético-carismática de Lucas, no es m enos
válido in te rp re ta r a Pablo y a Ju a n a la luz de la herm enéutica de Lucas-
H echos, bajo la asunción de que los escritos de Lucas deben incluir esen-
cialmente el m ism o significado que los de Pablo.
4. E l p ro feso r G affin argum enta que Pentecostés n o es u n paradigm a
repetible (págs. 3840). N o obstante, la experiencia esencial delpoder delEspí-
ritu se repite incluso dentro del libro de H echos (por ejemplo, 4:30-31), p o r
n o m encionar otras ocasiones en el N u ev o T estam ento (por ejem plo, la
adoración en C orinto, aunque abusiva, no estaba esencialmente alejada del
p atró n neotestam entario). A rgum entar que Pentecostés n o es u n acontecí-
m iento repetible porque fue la entrega definitiva del Espíritu a la Iglesia no
logra captar la esencia de la postura pentecostal y hace que nuestro debate
se desvíe del tem a que verdaderam ente nos ocupa. N in g ú n pentecostal
argum entaría que el día de Pentecostés, com o el día histórico y definitivo
en el que C risto dio su E spíritu a la Iglesia, es repetible en ese sentido.
Los pentecostales, más bien, opinan que ya que C risto derram ó su Es-
píritu, y ya que el Espíritu m ora sin duda en la Iglesia, el Espíritu es accesi-
ble para todos los creyentes de la m ism a m anera experim ental en la que fue
accesible para todos los creyentes en aquél el p rim er día: en poder. E n este
sentido, Pentecostés es repetible.,¿Por qué querría u n creyente experimen-
ta r el E sp íritu de u n a form a que n o se ajusta al testim o n io bíblico? ¿Por
qué querría u n creyente un a santificación desprovista de expresiones del
fruto del Espíritu? D el m ism o m odo, ¿por qué querría u n creyente recibir
el po d er del E spíritu de u n a m anera desprovista de todas o algunas de las
expresiones carismáticas bíblicam ente definitivas?

101 C f. J o h n C . M u rra y , TheEpistle to theRomans (G ran d R apids: E erd m an s, 1968), 213-29

94
U na respuesta Pe n t e c o s t a l / c a r is m á t ic a a R ichard B. G affin , J r .

Si la Biblia m an d ara o describiera u n cam bio en las expresiones del


po d er del E spíritu después del periodo fundacional, los pentecostales nos
someteríamos a ese cambio. Pero en la Biblia ni siquiera se adivina u n esbo-
zo de cam bio en la m anera en la que el p o d er del E sp íritu se m anifiesta.
Más bien, habla solam ente de individuos (no de manifestaciones o dones)
que tuvieron u n papel fundacional (p.ej: Efesios 2:20-22). D e nuevo, la idea
es sim plem ente ésta: la obra escatológica del Espíritu es tan to dotarnos de
poder com o transform ar nuestro interior, y cada experiencia tiene una na-
turaleza y expresión distinta a las demás experiencias.
5. El profesor Gaffin explica que «la historia que le interesa a Lucas está
finalizada » (pág. 45, cursivas originales). R esponderem os que a pesar
de que H echos recoge el cumplimiento de la historia de la redención, sola-
m ente recoge el principio del cum plim iento de “los últim os días”. M ientras
que algunos acontecim ientos son definitivos, otros aspectos del mensaje
de H ech o s revelan lo que es característico de to d o el perio d o conocido
com o “los últim os días”, que continúan hasta la vuelta del Señor. D e esta
form a, H echos, ju nto con el resto del N uevo Testam ento, sirve com o fun-
dam ento para la vida de la Iglesia a lo largo de estos últim os días. Parte de
la vida característica de la Iglesia es la vida en el poder del Espíritu, com o la
Biblia describe y explica.
6. E n cuanto al razonam iento cesacionista de Gaffin, sostiene sus argu-
m entos afianzándolos sobre dos colum nas: el “paraguas apostólico” y el
C anon. A firm a que los dones milagrosos están intrínsecam ente unidos a la
autoridad de los apóstoles y al proceso de canonicidad. A ntes de estudiar
estos dos puntos fundam entales de su argum ento, una breve nota en cuan-
to a su visión de que Pentecostés (el relato de Hechos) tiene poco que decir
sobre la «experiencia cristiana individual, la experiencia después de la con-
versión u otras» (pág. 47). E n p rim e r lugar, el énfasis en H echos está sin
duda en la expansión del reino, a través del E sp íritu , a varios grupos de
personas. Los pentecostales nunca hem os dudado de esto. N o obstante, no
existe experiencia de grupo si no hay experiencia individual.
M ás aún, el énfasis de la teología pentecostal n o se en cu en tra en la
experiencia individual en contraste con la experiencia de grupo, n o más
que en la teología de Lucas. El m ism o P edro dijo en ese día: «La prom esa
es p ara v o so tro s y p ara vuestros hijos, y para los que están lejos, y para
tantos com o el Señor nuestro D ios llame» (Hechos 2:39). Los pentecosta-
les creen que la obra de dotación de poder del Espíritu es para el C uerpo de
C risto, pero en u n sentido real y concreto. Es decir, la obra de dotación de
p o d er del E sp íritu en tre esos grupos será expresada p o r personas dentro

95
¿Son vigentes los dones milagrosos?

de esos grupos de la m ism a fo rm a en la que siem pre se ha expresado esa


dotación de poder: a través de la predicación directa, los dones milagrosos,
los dones de palabra, las sanidades y demás. Esta vida característica de “los
últim os días” es para todos los que pertenecen al C uerpo de Cristo.
La principal preocupación del profesor Gaffin está en el cese de todos
los dones de revelación o de palabra. Pablo utiliza la palabra “manifesta-
ción” (phanerosis en 1 Co. 12:7 ss). M enciona específicamente la profecía y
su evaluación, hablar en lenguas y la interpretación de las lenguas, la pala-
bra de sabiduría y la palabra de conocim iento. Basando sus com entarios
en la fu n ció n co m o fundadores de los “apóstoles y profetas” en Efe-
sios 2:19-22, relaciona los dones de palabra exclusivamente con el papel de
estas personas, porque estos dones com unicaban el “testim onio revelador
e in sp irad o ” apostólico y profético. (pág. 50). P ara G affin, los dones de
palabra solo se d ieron en el p erio d o fundacional, pasando finalm ente a
form ar parte del Canon.
E n respuesta a esta parte de su razonam iento, que constituye la fuerza
principal de la posición cesacionista, es im portante apuntar de entrada que
Efesios 2 n o tra ta acerca de los dones m ilagrosos. El objeto de los dones
m ilagrosos debe im portarse de o tro s textos p o r im plicación. A pesar de
que existen impUcaciones legítimas dentro de nuestro m arco de trabajo, en
m i op in ió n , n o puede dem ostrarse que este pasaje sugiriera a los lectores
originales que ciertas manifestaciones espirituales cesaran cuando los após-
toles salieron de escena.
E n segundo lugar, ya se ha probado que las manifestaciones o dones de
palabra n o están exclusivamente relacionados bien con los apóstoles, bien
con el Canon.102 ¿Cuál es el propósito, entonces, de estas manifestaciones?
Pablo dice que el propósito es la edificación del C uerpo (1 C o. 12:7; 14:1-
19,26-33). Pero el apóstol p roporciona una aclaración sobre el contenido
específico de las m anifestaciones, p o r ejem plo, que el hablar en lenguas
puede ser u n a oración (14:14), cánticos (14:15b) o adoración y acción de
gracias (14:16-17); o esa profecía que llama al pecador a que se arrepienta y
se salve (14:24; cf. tam bién H echos 2:11; 10:46). P ero todas son form as de
edificar al C uerpo (el hablar en lenguas requiere, p o r supuesto, la interpre-
tación, para así poder cum plir su función [1 C o. 14:5]).
D ado que 1 C orintios m uestra un a enseñanza específica sobre el pro-
pósito de los dones de palabra (cf. tam bién R om anos 12:3-8), y dado que

102 V e r G ru d e m , Prophecyin theNew Testament, 228-43; Systematic Theology, 361-72; y m i


p r o p i a c o n tr ib u c i ó n e n e ste li b r o , n o ta n c o m p le ta .

96
U na respuesta p e n t e c o s t a l / c a r is m A t ic a a R ichard B. G affin , J r .

no encontram os ninguna enseñanza explícita en el N uevo Testam ento que


diga que la función de estos dones estuviera restringida a la labor apostóli-
ca o a la Biblia, parece que el p u n to de vista de u n cese absoluto de las
lenguas es insostenible. Si existiera una doctrina así de im portante lo ñor-
m al es que apareciera explicada en algún lugar o, al m enos, form ara parte
de u n p atró n analógico recogido en la Biblia.
O bviam ente, acto seguido nos encontram os con la pregunta sobre la
autoridad del contenido de estas m anifestaciones. El profesor Gaffin, ha-
biéndolas definido como palabras de revelación en un sentido canónico (págs.
49-50), aborda a continuación el problem a del C anon abierto. N o obstante,
los pentecostales no confieren autoridad canónica a estas manifestaciones,
más bien las som eten a la autoridad de la E scritura (ver m i ensayo, págs.
274-276). A ú n así, ¿son inconsecuentes los pentecostales en esta cuestión?
¿Puede ser que algo inspirado p o r D ios sea m enor que el C anon? Sí que
puede. Estas m anifestaciones llegan a través de portavoces hum anos fali-
bles, com o en C o rin to , quienes, en ocasiones, pueden equivocarse (cf.
1 Corintios 12-14). Esto es m uy diferente de la inspiración de un autor bíbli-
co infalible. Si estas manifestaciones o dones de palabra están en la línea de
las Escrituras, entonces deifican al Cuerpo. Pero incluso entonces, no cons-
tituyen p o r sí mismas u n “C anon”; más bien, son juzgadas p o r el Canon. El
proceso de construcción del C anon n o es el tem a central de estos capítulos.
El profesor Gaffin tam poco acepta la noción de un a com unicación de
“E spíritu a espíritu” en la guía personal, argum entando a su vez que sola-
m ente la Biblia p ro p o rcio n a esta guía personal. Para él, parece que cual-
q u ier com unicación de D ios es u n a am enaza para el “C a n o n ” (págs. 53-
54). A ú n así, tenem os precedentes bíblicos de este tip o de guía, tan to en
las epístolas (1 C o. 12:7-8) com o en el tex to bíblico n arrativ o (H echos
13.1-3). Sin duda, estas im presiones de la voz del E spíritu son subjetivas,
pueden ser defectuosas y, p o r lo tanto, deben ser evaluadas p o r las Escritu-
ras. Pero esto no implica que deban ser rechazadas com o u n fenóm eno que
socava la a u to rid ad de las Escrituras. Las percepciones p o r p arte de los
creyentes de la voz del E spíritu deben estar sujetas a la única no rm a infali-
ble de fe y de co n d u cta que h ay sobre la faz de la tierra: la E scritura. La
com unicación de “E spíritu a espíritu” n o es infalible o inerrante y, desde
luego, n o es equivalente al C anon. Más aún, esta form a de com unión espi-
ritual con C risto a través del Espíritu es un a bendición del pacto, y no una
m aldición fuera del m arco del pacto.
Resum iendo, el cese de la función de las personas que form aron parte
de la fundación de la Iglesia no quiere decir que los dones de palabra hayan

97
¿Son vigentes los dones milagrosos?

cesado. D el m ism o m odo, la finalización del C an o n no significa que los


dones de palabra hayan cesado. Las manifestaciones o dones de palabra en
las Escrituras no están asociados de esta form a a personas que desempeña-
ro n funciones definitivas. A dem ás, es inexacto decir que algunos de los
principales grupos pentecostales tienen:

.‫״‬.. (especialmenteen elcontextodela Iglesia occidental, dondeelejerciciosecularde


h razónylaautonomía deísticadela Ilustración han mantenidounfunesto vaivén
durantetanto tiempo), eldeseodeuna experienciacompensadoradelosobrenatural
queacentúelas capacidades no racionalesde nuestra humanidad Taldeseopuede
tenerinquietudeslegítimasquenecesitanserexploradas. Peroesaidea, comotal, es
una idea ajena al Nuevo Testamento», (pág. 66)

Tal idea tam bién es ajena a los principales grupos pentecostales. P ero
oír la voz del E spíritu es una idea claram ente bíblica, ya sea oírle de form a
audible en una manifestación planeada p o r D ios para edificar el C uerpo de
C risto, o a través de la suave y casi im perceptible voz del Espíritu en núes-
tro interior.

98
Capítulo 2
LA POSTURA ABIERTA,
PERO CAUTELOSA

Robert L. Saucy
La postura abierta, pero cautelosa*
Robert L. Saucy

Todos ios creyentes evange'iicos adoran a u n D ios con poder sobreña-


tural. Este po d er se m anifiesta cada vez que un a persona es redim ida de la
atadura del pecado. T am bién se observa en acciones espectacularm ente
milagrosas, algunas de las cuales están asociadas con los «dones espirituales
m ilagrosos», ejercidos p o r el pueblo de D ios. El tem a de la pertinencia y
uso de estos dones en el m inisterio de la Iglesia es problem ático para mu-
chos (incluyéndom e a m í m ism o). D ado que las Escrituras n o proporcio-
nan u n a enseñanza explícita sobre todos estos tem as, debem os buscar las
respuestas considerando la am plia enseñanza bíblica que afecta a varios
tem as relacionados con el nuestro, com o tam bién teniendo en cuenta la
experiencia de la Iglesia.

A. La experiencia de Dios posterior a la salvación.

El ejercicio de los dones milagrosos en la Iglesia se asocia con frecuencia a


la enseñanza de una segunda experiencia espiritual posterior a la salvación.
Esta experiencia, a veces descrita com o el Bautismo en o de el Espíritu, tiene
lugar cuando el creyente recibe el poder para ministrar. A unque este poder es

*N o t a d e l T r a d u c t o r : e n el o rig in al inglés esta p o s tu r a se d e n o m in a an open but cautious


position, l i t “u n a p o s ic ió n a b ie rta , p e r o c a u te lo sa ” . C o n e llo , el a u to r p r e te n d e c o n d e n s a r
la id e a d e q u e la B ib lia n o se d e fin e c o n t o t a l c la r id a d s o b r e e ste te m a , p o r lo q u e n o
e stá c e r r a d o a la p o s ib ilid a d d e q u e D io s sig a d a n d o d o n e s m ila g r o s o s e n la a c tu a lid a d .
L a c a u te la , n o o b s ta n te , le lle v a a n o d a r p o r s u p u e s to q u e to d a s la s m a n ife s ta c io n e s
a p a r e n te m e n te m ila g ro s a s d e h o y e n d ía p r o v e n g a n d e D io s .

101
¿Son vigentes los dones milagrosos?

necesario para el ejercicio de todos los dones espirituales, es aún más evidente
en aquellos dones que requieren una explicación sobrenatural, es decir, los
dones milagrosos. Aquellos que defienden la segunda experiencia, com ún-
m ente consideran que hablar en lenguas es su evidencia inicial. T odo esto nos
proporciona una experiencia obvia de lo sobrenatural considerada esencial
para el verdadero cristianismo. Estoy totalm ente de acuerdo con que los ere-
yentes deben experimentar lo sobrenatural (no necesariamente lo milagroso),
pero, en mi opinión, las Escrituras no sostienen el modelo de una experiencia
en dos etapas para el creyente en la Iglesia.
Las experiencias de los creyentes en Pentecostés (Hechos 2) y Samaria
(Hechos 8), citadas norm alm ente com o p rueba de la experiencia en dos
etapas, representan la llegada inicial del Espíritu a dos grupos de creyentes
(judíos y samaritanos) que vivieron durante la transición del antiguo pacto
a la nueva era del Espíritu. P o r lo tanto, no son norm ativas para todos los
creyentes de esa época. H a y que fijarse en que estos creyentes tuvieron una
segunda experiencia sin que se nos diga si cum plían los requisitos espiri-
tuales que, p o r regla general, son necesarios para que esta segunda expe-
riencia tenga lugar. El hecho de que les sucediera a todos y no solo a algu-
nos de los creyentes, refuerza esta idea.
P ero la objeción más grande al concepto de recepción o de Bautism o
con el E sp íritu con posterio rid ad a la salvación, es la enseñanza de las
Escrituras de que la relación con el Espíritu pertenece a todos los creyentes.
D e distintas m aneras, las Escrituras revelan que la única condición para
recibir el E spíritu o experim entar el Bautism o del E spíritu es la fe en Cris-
to, que trae la salvación inicial. Esa fe es la única condición asociada explí-
chám ente co n u n pasaje donde se habla de “b au tism o ” (H echos 11:17).
T am bién es la única condición para unirse a C risto y form ar p arte de su
C uerpo, lo que ocurre a través del Bautism o en el E spíritu (1 C o. 12:13)1.
Finalm ente, la fe es la única condición para recibir el E spíritu (Juan 7:38-
39; G álatas 3:2,13-14). N o puede sostenerse el razonam iento de que esta
recepción del E spíritu a través de la fe salvífica solo es u n nivel inicial de la
relación con el Espíritu. C uando Jesús enseña que la recepción del Espíritu
a través de fe en El hará que ríos de agua viva fluyan d en tro del creyente,
sin duda n o está enseñando otra cosa que la plenitud de la vida espiritual, y
no una sim ple base para poder tener una experiencia posterior.
Las Escrituras no contienen ningún m andato que inste a los creyentes a
buscar una nueva relación con el Espíritu, lo que confirma que todos los ere-1

1 V e r ta m b ié n G á . 3:26-28, C o l. 2 .1 2

102
L a postura abierta, pero cautelosa

yentes a través de la fe en C risto han entrado en una relación final con el


Espíritu. N o existen m andam ientos sobre ser “bautizado con el Espíritu” o
de recibir el Espíritu de una m anera nueva y diferente. Los únicos dos man-
damientos posibles citados en relación con el Espíritu son «vivid [literalmen-
te, caminad] p o r el Espíritu» (Gá. 5:16,25) y «sed llenos del Espíritu» (Ef.
5:18). Al estar expresados en griego en tiem po presente, estos mandamientos
sugieren que la relación del creyente con el Espíritu es de perm anente crecí-
miento, no una relación nueva y definitiva. Puede haber esfuerzos concretos
y decisivos que harán que el creyente tenga cada vez una relación más pro-
funda con el E spíritu. Pero se trata de experiencias más profundas o más
completas de aquel Espíritu que ya habita en todos los creyentes.
La creencia, crucial para la teología de las dos fases, de que el cristiano
debería experim entar u n poder sobrenatural del Espíritu, supone u n reto
fantástico para los que el cristianism o es más doctrina que vida. El concep-
to m ism o (espíritu) transm ite la idea de vitalidad y poder. Pero las Escrituras
hacen más énfasis en la experiencia de este po d er m anifestado en la ñor-
m alidad de la vida diaria que en lo m ilagroso.
Las oraciones de Pablo p o r los creyentes son m u y instructivas acerca de
esta idea. El apóstol n o expresa preocupación p o r que los creyentes expe-
rim en ten lo m ilagroso. A l revés, su oración es que experim enten el “po-
der” de Dios, para obtener perseverancia y paciencia (Col. 1:11), para ere-
cer en la fe que hace que C risto esté en sus corazones y que les aporte
experiencia en el am o r (Ef. 3:16-19), y que m antengan su esperanza (1:18;
cf. R o. 15:13). E n otras palabras, sus oraciones son para que se experimen-
te el p o d er de D ios en tres áreas claves de la vida cristiana actual: fe, espe-
ran za y am or. D el m ism o m odo, P ed ro habla del p o d er que protege al
creyente hasta la salvación final (1P. 1:5).
M ás allá de estas ideas sobre la experiencia del p o d er de D ios para la
vida espiritual ín tim a, está la fuerza de la enseñanza apostólica de que
la presencia del E spíritu en la vida de u n creyente producirá resultados en
el seno de la ética práctica (Por ejem plo, G á. 5:22-23, Ef. 5:18ss; cf. tam -
bién partes de las epístolas neotestam entarias). Sin negar la presencia de lo
milagroso en la Iglesia del N uevo Testam ento, el énfasis claro de la instruc-
ción apostólica es que los creyentes experim enten el p o d er sobrenatural
para vivir com o C risto en el m undo: Para ten er esperanza cuando parece
que n o la hay, para perseverar en m edio de pruebas (un tem a com ún en el
N u ev o T estam ento) y, sobre to d o , para am ar a los dem ás (incluyendo a
nuestros enemigos). Esa form a de vivir necesita de u n poder sobrenatural
tan to com o lo necesita el hacer milagros.

103
¿Son vigentes los dones milagrosos?

B. Cesacionismo
C ualquier discusión sobre los dones m ilagrosos debe abarcar la cues-
tió n sobre si to d o s los dones que aparecen en el N u ev o T estam ento son
norm ales para la Iglesia. Y a que no existe un a enseñanza bíblica explícita
sobre el tem a (al m enos u n a que to d o s aceptem os), solam ente se puede
llegar a una conclusión considerando m uchos pasajes y la experiencia de la
Iglesia. A ntes de ahondar más en el tem a, no obstante, necesitam os esta-
blecer dos p u ntos de clasificación, (a) P o r dones espirituales “m ilagrosos”
quiero decir aquellos dones cuya operación verdaderam ente implica feno-
m enos m ilagrosos. Existe un a confusión considerable en to rn o al debate
contem poráneo debido a que se tienen diferentes conceptos sobre los do-
nes.2 (b) Es im portante que el tem a del cese de los dones milagrosos no se
confunda con el tem a de si los milagros pueden ocurrir en la actualidad. Al
contrarío de la im presión generalizada de que los cesacionistas niegan que
D ios siga haciendo milagros, personalm ente n o conozco a ningún cesado-
nista que niegue que D ios pueda hacer y haga m ilagros en la era de la
Iglesia. La característica del cesacionism o n o es si D ios sigue haciendo
m ilagros, sino si los m ism os fenóm enos de dones espirituales m ilagrosos
vistos en la Iglesia del N uevo Testam ento son normales para toda la era de la
Iglesia.
Para dejar clara m i opinión, el N uevo Testam ento no enseña explícita-
m ente el cese de ciertos dones en u n p u n to determ inado de la experiencia
de la Iglesia. P o r lo tanto, es im posible decir desde el p u n to de vista bíblico
que ciertos dones n o pueden o c u rrir en cualquier m o m en to según la vo-
luntad soberana de D ios. P o r o tro lado, existen varias líneas de evidencia
que dem uestran que los fenóm enos milagrosos experim entados en la Igle-
sia bíblica prim itiva no conform an u n m odelo para la vida de la Iglesia de
todos los tiem pos.

1. La exclusividad de la era apostólica.

E n tan to que las Escrituras proporcionan una enseñanza regulada p o r


la Teología y práctica de la Iglesia a través de toda su historia, en ocasiones
se argum enta que to d o en el cuadro bíblico de la Iglesia es el m ism o duran-

2 P a ra m i e n te n d im ie n to d e la n a tu ra le z a d e lo s diferen tes d o n e s e sp iritu ales m ilag ro so s,


v e r m á s a d e la n te , p á g s. 1 2 9 1 3 8 ‫־‬.

104
L a postura abierta, pero cautelosa

te to d o el tran scu rso de la H isto ria. D ado que la m isión de la Iglesia n o


cam bia, los dones espirituales que acom pañan tal m isión deben ser los
m ism os. P ero este razonam iento se hunde debido al papel especial de los
apóstoles en la Iglesia.
Incluso aquellos que m antienen u n m inisterio actual com o sucesores
de los apóstoles, están de acuerdo en que los apóstoles bíblicos originarios
fueron, en cierto sentido, únicos. A unque las Escrituras n o aclaran el nú-
m ero exacto de apóstoles en el sentido que estamos hablando (esta palabra
tam bién se usa para “representantes de la Iglesia”, 2 C o. 8:23), existía clara-
m ente u n grupo relativamente pequeño conocido com o “apóstoles”, quie-
nes representaban a C risto com o los únicos m inistros con autoridad de la
Iglesia prim itiva. Ellos fundaron la “tradición apostólica”, que se convirtió
en el canon norm ativo para la Iglesia a lo largo de la H istoria. A l lim itar el
canon de la E scritura a ciertos libros que contenían la “tradición apostóli-
ca”, la Iglesia prim itiva más tardía m arcó de form a explícita a los prim eros
apóstoles com o figuras especiales, apartándoles del últim o m inisterio de la
Iglesia con su “tradición eclesial”.
D ado que en la lista de dones espirituales n o aparece el d o n de “aposto-
lado”, algunos opinan que los apóstoles n o tenían ningún “d o n espiritual”
especial. Sim plem ente ejercían un a com binación de o tros dones que en-
contram os en las listas, com o el de profecía y enseñanza. Si tal es el caso,
entonces el cese de los apóstoles n o involucraría el cese de los dones espi-
rituales. N o obstante, el m odo en el que se hace referencia a los apóstoles
en el debate sobre los dones espirituales sugiere que su m inisterio era algo
m ás que u n a sim ple com binación de dones. A parecen en las listas ju n to
con los “profetas” y los “m aestros”, individuos que, com o to d o el m un-
do cree, ejercían con regularidad los correspondientes dones de profecía y
enseñanza (cf. 1 C o . 12:28-29; E f 4:11). C o n los apóstoles ocurría lo mi«;-
m o que con los profetas y m aestros, que eran profetas y m aestros p o r los
dones espirituales que ejercían.
La discusión de Pablo sobre los m inistros bien preparados de Efesios
4:7-11 verifica esta idea. A unque el térm in o com ún para los dones espiri-
tuales, charisma, n o se les aplica a estos individuos con talen to de form a
directa, sí se hace de form a im plícita. P ablo com ienza su discusión sobre
los dones espirituales dados p o r C risto a la Iglesia diciendo: «Pero a cada
u n o de nosotros se nos ha concedido la gracia [charts[ conform e a la medi-
da del d o n de C risto» (vs. 7). D ado que el charisma es, p o r definición, u n
do n que surge del resultado de la gracia (charts), el hecho de que en esta dis-
cusión sobre los dones estos individuos recibieran u n a m edida de gracia,

105
¿Son vigentes los dones milagrosos?

nos lleva a la conclusión de que cada u n o tiene su p ro p io d o n espiritual


(charisma) para el ministerio. El m ism o apóstol hace en su carta a los Roma-
nos una relación directa entre la charis dada para el m inisterio y la expresión
de ésta en u n charisma: «teniendo dones diferentes [charismata], según la gra-
cia [charis], que nos ha sido dada» (12:6; cf. v. 3).
P o r lo tan to , en Efesios 4, aunque se utilizan diferentes térm inos para
hablar del “don de Cristo” (dorea) (vs. 7) y de su entrega de «dones [domata\ a
los hombres» (v. 8), es evidente que los “apóstoles” (v. 11), como uno de esos
dones, son aquellos individuos que recibieron una gracia [ charis] particular
para el ministerio, una gracia expresada en un don espiritual [ charismata] par-
ticular. Así, mientras que los apóstoles ejercieron una serie de dones comunes
a los demás (como la profecía y la enseñanza), tam bién estaban dotados con
un don espiritual único que les perm itía ministrar como apóstoles.
Si el charisma de ser u n apóstol no continuó en la Iglesia, entonces debe-
m os reconocer que no todos los dones espirituales operativos en la Iglesia
del N u ev o T estam ento h an continuado a través de la H istoria. M ás aún,
este hecho nos hace pensar en la posibilidad de que otros charismata tarn-
bién hayan cesado o cambiado. E n particular, la m ención de «las señales de
u n verdadero apóstol: señales, prodigios y milagros» (2 C o. 12:12) sugiere,
com o m ínim o, que ciertos hechos milagrosos estaban relacionados especí-
ficam ente con los apóstoles. C o n la ausencia de éstos, se esperaban algu-
nos cam bios en la m anifestación de tales señales. La desaparición de los
apóstoles en la Iglesia, p o r lo tanto, es u n argum ento claro a favor de que,
en cuanto a los dones milagrosos, no todo ha perm anecido igual dentro de
la Iglesia.
Es más, el relato de H echos revela fenóm enos m ilagrosos que pocos
p o d rían considerar norm ales para todas las épocas. Ju n to con el d o n de
hablar en lenguas de Pentecostés, estaba el m ilagroso sonido de viento su-
surrante y la aparición de lenguas de fuego sobre cada u n o de los presentes
en el aposento alto (Hch. 2:2-3). Ananias y Safira (aparentemente creyentes)
fueron inm ediatam ente fulm inados p o r m entir (5:1-11), y alguien que era
obstáculo para el Evangelio fue cegado (13:6-12). Las cadenas se soltaron y
las puertas de la prisión fueron m ilagrosam ente abiertas (cf. 5:17-22; 12:1-
11; 16:23-26). E n varias ocasiones, todos los que iban a ser sanados fueron
sanados (cf. 5:16; 28:9). Incluso la “som bra” de P edro servía para sanar
(5:15), al igual que los “pañuelos y delantales” que Pablo tocaba (19:11-12).
Si, p o r lo tan to, es im posible afirm ar que ciertos fenóm enos en la Igle-
sia prim itiva continuaron a través de la historia de la Iglesia y son vigentes
hoy, la vigencia de dones milagrosos contem poráneos no puede depender

106
L a postura abierta, pero cautelosa

sim plem ente de lo que sucedía en la Iglesia prim itiva, diciendo que es lo
m ism o que se pretende para la Iglesia de hoy. Más bien, nuestra investiga-
ción requiere una consideración m ucho más am plia de los fenóm enos mi-
lagrosos y de su p ro p ó sito a lo largo de las Escrituras.

2. La desigualdad de los milagros en la historia bíblica.

a. Las p ru e b a s b íb licas de p e rio d o s especiales de m ilag ro s.

Las E scrituras recogen la realización de m ilagros a lo largo de toda la


historia bíblica, m ucha de la cual tenía que ver con el don de profecía. Pero
tam bién o cu rriero n otros milagros, com o la destrucción sobrenatural de
D ios del ejército asirio (2 R. 19:35), las hazañas de Sansón (Jue. 14-16) y la
som bra que retrocedió en las gradas de A caz (2 R. 20:9-11). N o obstante,
tam bién parece obvio que la actividad m ilagrosa se concentraba en deter-
m inadas épocas. Las tres épocas más im portantes son las siguientes: la de
M oisés y el E xodo, los m inisterios de Elias y Elíseo, y la de C risto y los
apóstoles.3 Y a hem os visto algo de la actividad milagrosa en la época de los
apóstoles, y todos sabemos de los m ilagros y maravillas que Jesús hacía.
La im p o rtan cia de la época de M oisés y del E xodo en relación con la
actividad m ilagrosa se ve en que la frase “milagros y prodigios” en el Anti-
guo T estam ento se suele reservar para textos que hablan de este periodo.4
“Señales” y “p ro d igios” (norm alm ente usados p o r separado) se utiliz an
ocasionalm ente para otros m ilagros (p. ej.; 2 C r. 32:24), p ero los milagros
más im portantes que perm anecían en la m em oria del pueblo de Israel te-
nían que ver con la actividad redentora de D ios en Egipto y su conducción
hasta la tierra prom etida.
H ay otros milagros que se asocian con los ministerios de Elias y Elíseo.5
El extraordinario estatus de estos profetas (especialmente el prim ero) es evi-

3 A lg u n o s a ñ a d e n lo s tie m p o s d e D a n ie l a l fin a l d e e s ta é p o c a . E n c u a n to a l ú ltim o ,


la a c tiv id a d e s p e c ia lm e n te m ila g ro s a d e “se ñ a le s y p ro d ig io s ” e s tá e s p e c ia lm e n te lig ad a a
lo s q u e se o p u s ie r o n a C r is to ( p o r e je m p lo , M t. 24:24; 2 T s. 2:9; A p . 13:13; 16:14; 19:20).
4 V e r É x o d o 7:3 , D e u t e r o n o m i o 4 :3 4 ,6 :2 2 ; 7 :19; 2 6 :8; 2 9:3; 34:1 1 ; N e h e m ía s 9 :10,
S a lm o s 7 8 :4 3 ; 1 05:27; 135:9; J e r e m ía s 32:20-21.
5 E lia s r e s u c itó a m u e r to s (1 R . 17:17-24), h iz o d e s c e n d e r fu e g o d e l c ie lo (cap. 18)
y s u p e r ó al c a r r o d e A c a z (18:46). A d e m á s d e h a c e r m ila g ro s , E lia s ta m b ié n e x p e rim e n tó
el s u s te n to m ila g r o s o e n d o s o c a s io n e s (17:4-6; 19:6-7), D io s se le a p a re c ió (19:11-13) y ,
f in a lm e n te , s u b ió a l c ie lo e n u n c a r r o d e fu e g o (2 R . 2). A c tiv id a d s im ila r m a r c ó el
m in is te r io d e s u s u c e s o r E lís e o (v e r 2 R . 2-13).

107
¿Son vigentes los dones milagrosos?

dente en el N uevo Testamento. E n su prim er serm ón en Nazaret Jesú s com-


para su propio m inisterio profético con el de estos dos profetas del Antiguo
Testamento. Am bos hicieron milagros y, quizás más im portante, fueron re-
chazados p o r su propio pueblo y tuvieron que buscar ayuda fuera de Israel.
Así le sucedería a Jesús en su propio m inisterio (Lucas 4:24-27).6 Los mila-
gros de Jesús recogidos en los Evangelios generalmente se reconocen com o
iguales a los de Elias y Elíseo.7 Es más, el m inisterio total de Jesús com o un
gran profeta hacedor de milagros suscitó la idea popular de que era el Elias
esperado, el Elias de los últim os días (Mt. 16:14; Me. 6:15; Le. 9:8)8*.
La descripción bíblica de los profetas Moisés, Elias y Elíseo revela que
sus extraordinarios m inisterios estuvieron acompañados de una actividad
milagrosa especial. D e nuevo, los milagros no estaban lim itados a estas dos
épocas. Jerem ías sugiere que los m ilagros continuaron a lo largo de la his-
to ria de Israel (Jer. 32:20). P ero los m ilagros n o eran u n acontecim iento
diario n i sem anal, y algunas fases de la H isto ria eclipsaron a o tras en la
m agnitud de actividad milagrosa. El hecho de que los fenóm enos religio-
sos n o fueran constantes a lo largo de la historia del pueblo de D ios en el
A ntiguo T estam ento debería ser una advertencia: el gran núm ero de mila-
gros en la Iglesia prim itiva de los apóstoles no tiene p o r qué ser u n m odelo
para la historia po sterior de la Iglesia.

b. La explicación de los periodos especiales de milagros.

V iendo que los m ilagros n o ocurrían regularm ente entre el pueblo de


Dios, equipándoles para vivir para El y cum plir su m isión en el m undo, la

6 P a r a u n a d is c u s ió n s o b r e e sta c o m p a r a c ió n , v e r I. H o w a r d M a r s h a ll, The Gospel o f


Luke-, N I G T C ( G r a n d R a p id s : E e r d m a n s , 1978), 1 7 8 ,1 8 8 -8 9 .
7 D a r r e l L . B r o o k , “E lija h a n d E lis h a ” e n D ictionary o f Jesus an d the Gospels, e d . J o e l
B . G r e e n y S c o t M c K n ig h t ( D o w n e r s G r o v e , M .: I n te r V a r s ity , 1992), 206.
8 M á s m u e s tra s d e la p o s ic ió n e sp ecial d e E lias e n la h is to r ia d e l A n tig u o T e s ta m e n to
se e n c u e n t r a n e n q u e e l p r o f e ta M a la q u ía s lo s itú a j u n t o a M o isé s. A l m is m o t i e m p o ,
M alaq u ías o rd e n a al p u e b lo o b e d e c e r la le y d a d a p o r M o isés y p re d ic e la llegada d e l p ro f e ta
E lia s (M a la q u ía s, 4:4-6). D e l m is m o m o d o e n q u e el E lís e o h is tó r ic o p r e d ic ó el a rr e p e n -
t i m i e n to c u a n d o Is ra e l se h a b ía s e p a r a d o d e l p a c to d e D io s p a r a a d o r a r a o tr o s d io s e s,
el E líse o e sc a to ló g ic o m in is tra r ía p a r a lle v a r a la g e n te d e n u e v o a D io s (v. 6). P o r lo ta n t o ,
E lia s y M o is é s ti e n e n e l m is m o e s ta tu s c o m o p r o f e ta s d e D io s e n m o m e n to s c ru c ia le s
d e la h is to ria d e su p u e b lo . M o isés re p r e s e n ta el e s ta b le c im ie n to in ic ia l d e l p a c to , m ie n tra s
q u e E lia s b u s c a re s ta b le c e r el p a c to e n u n p u n t o c ru c ia l d e la a p o s ta s ia e n la h is to r i a d e
Israel (W illiam J . D u m b re ll, Covenant and Creation [N ashville: T h o m a s N e ls o n , 1984], 167;
cf. ta m b ié n H a n s B ie te n h a rd , “E lija h ” , e n N D D N T T , ed . C o li n B r o w n [ G r a n d R a p id s:
Z o n d e r v a n , 1975], 1:543).

108
L a postura abierta, pero cautelosa

clave para en tender el p ro p ó sito de los m ilagros está en el térm in o señal.


M ientras que o tro s térm in o s bíblicos usados para designar los m ilagros,
com o poder y prodigio, describen aspectos de la naturaleza o del efecto que
éstos puedan tener, señal apunta más bien al prop ósito. U n a señal es algo
que ap u n ta hacia o tra cosa.9 Lo que resulta crucial de un a señal n o es la
señal en sí m ism a, sino su carácter funcional, diseñado para reflejar la ere-
dibilidad de algo.10
Este propósito de los milagros, ser señal de algo o “señalar a algo”, se ve
claram ente en la Biblia, incluso cuando no se utiliza la palabra en cuestión.
Moisés recibió ciertas “señales” que debía hacer, para que el pueblo creyera
«que se te ha aparecido el Señor» (Ex. 4:5; cf. v. 31). C uando Elias resucitó
al hijo de la viuda de Sarepta, ella exclamó: «A hora conozco que tú eres un
h o m b re de D ios y que la Palabra del Señor en tu boca es verdad» (1 R.
17:24). Fijém onos que u n milagro apuntaba hacia la validez tanto del men-
sajero com o del mensaje; tam bién apuntaba hacia Dios. E n su com petición
contra los profetas de Baal, Elias oró: «Que se sepa h o y que tú eres Dios en
Israel, que y o soy tu siervo y que he hecho todas estas cosas p o r tu pala-
bra.» (1 R. 18:36; cf. Ex. 10:2; D t. 4:34-35).
Los milagros de Jesús tam bién fueron explicados com o “señales” que veri-
ficaban quién era y daban validez a sus afirmaciones. Nicodem o reconoció que
Jesús había venido de Dios, explicando que «nadie puede hacer las sefialp«!
que tú haces si Dios no está con El» (Juan 3:2). Cuando Juan el Bautista envió
a sus discípulos a preguntar a Jesús si era el elegido, Jesús replicó con referen-
cia a sus milagros: «Id y contad a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos
reciben la vista, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen,
los m uertos son resucitados y a los pobres se les anuncia el Evangelio» (Lu-
cas 7:22). E n Pentecostés, Pedro describió a Jesús com o «varón co nfirm ado
p o r Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales» (Hechos 2:22, cf.
Juan 20:30). D e form a similar, los milagros son señales acreditadas relaciona-
das con los apóstoles (2 Co. 12:12) y con la prim era proclamación del Evange-
lio realizada, Jesús y aquellos que le escucharon (Hebreos 2:34).
N o niego que estos mismos milagros expresaran frecuentemente la com-
pasión del Señor. Tam bién nos proporcionan destellos de la naturaleza del

9H o fiu s d e fin e u n a “se ñ a l” c o m o « aq u ello m e d ia n te lo cu a l se re c o n o c e a u n a p e rs o n a


o c o sa e n p a r tic u la r , u n a m a r c a o ra s g o c o n f ir m a d o r , c o r r o b o r a ti v o y a u te n tic a d o !» (O .
H o fiu s , “Milagros”, D ic c io n a r io T e o ló g ic o d e l N u e v o T e s ta m e n to , S íg u em e, S alam anca,
1999 (v o l 2) p p 85-94)
10 F .J . H e l f m e y e r , «‫» א ו ת‬, T D O T , e d . G . J o h a n n e s B o tte r w e c k y H e l m e r R in g g re n
( G r a n d R a p id s: E e r d m a n s , 1977), 1:170.

109
¿Son vigentes los dones milagrosos?

reino de D ios com o m anifestaciones del p o d er divino que es capaz de


superar los efectos del pecado. Pero el propósito principal de los milagros
era ser señales de autentificación, hacer que la gente pusiera sus ojos en
Dios, en sus m ensajeros o portavoces, y en el mensaje que estos traían, que
era palabra de Dios.
Es im p o rtan te ver que estas “señales” no acom pañaron a cada indivi-
dúo que habló o enseñó la palabra de D ios. Siem pre existieron m aestros
en tre el pu eb lo de D ios que h ablaron la Palabra de D ios (cf. 2 C rónicas
17:79‫ ;־‬Mal. 2:4-9), pero cuya proclam ación no fue autentificada m ediante
señales. C u an d o exam inam os la naturaleza de estos m ensajeros de D ios
que fueron acreditados con señales, encontram os que enseñaban la palabra
de D ios n o solam ente com o m aestros, sino com o profetas. Es decir, ase-
guraban hablar con palabras que D ios les había dado de una form a directa,
es decir, que n o era u n a m era enseñanza de lo previam ente revelado. Es
obvio que Moisés, Elias y Elíseo tuvieron tales m inisterios proféticos. En
el N uevo Testam ento, aquellos que fueron autentificados mediante señales
milagrosas eran igualmente aquellos que ejercían u n m inisterio profético.11
Jesús, p o r ejem plo, habló co n palabras inspiradas y fue am pliam ente
reconocido p o r el pueblo com o u n profeta (p. ej.; M t. 21:11; Juan 4:19).
Los apóstoles que hicieron m ilagros decían que su predicación era nada
m enos que la palabra de D ios, provista de toda la autoridad divina (p. ej.;
lT s . 2:13).
A pesar de que Esteban y Felipe, quienes tam bién hicieron milagros (cf.
H ech o s 6:8; 8:6), n o son designados específicam ente co m o “profetas”,
existen considerables pruebas de que su m inisterio era, de hecho, proféti-
co. E l discurso de E steban ante el concilio judío, el m ás largo de todos
los que aparecen en H echos, estaba claram ente inspirado p o r el E spíritu
(cf. 6:10). Su contenido, testificando del carácter tem poral de la ley mosaica
y de la adoración en el tem plo, era novedoso, p o r lo que sabemos acerca de
las predicaciones de la Iglesia prim itiva, ya que ofrecía u n p u n to de unión
con el evangelio universal que predicaría Pablo más adelante. La sim ilitud
del m ensaje de E steban co n el lib ro de H ebreos ha llevado a m uchos a
considerarle el padre espiritual del escritor de este libro. E steban n o sola-
m ente era u n predicador de la revelación previam ente recibida, sino que
más bien recibió su m ensaje a través de la inspiración profética. 1*

11 P a r a le e r u n a b u e n a d is c u s ió n s o b r e la v e rd a d d e q u e las señ ales m ila g ro sa s se rv ía n


p a r a d a r te s ti m o n i o d e lo s m in is te rio s p r o f é tic o s e s p e c ífic a m e n te e n e l li b r o d e H e c h o s ,
v e r L e o O ’R e illy , Word and Sign in the Acts of the Apostles (R o m a : E d itr ic e P o n tif ic ia
U n iv e rs ita G re g o ria n a , 1987)

110
L a postura abierta, pero cautelosa

Más aún, las experiencias de Esteban, es decir, el antagonism o exacerba-


do de los judíos, el falso testim onio contra él, el lenguaje sobre el H ijo del
H o m b re a la diestra de D ios y la oración para el perdón de sus oponentes,
todo apunta a una sim ilitud con el m inisterio profético de Jesús. Esteban
m uestra que era consciente de su m inisterio profético cuando ataca y acusa
a sus oponentes al final de su discurso. Según F. F. Bruce, al atacar a aquellas
personas así, y al señalar hacia la hostilidad tradicional de Israel hacia sus
profetas, Esteban se situó a sí m ism o en la “sucesión profética”.1213
El m inisterio de Felipe tam bién exhibe características proféticas, aun-
que se le conocía com o “el evangelista” (Hechos 21:8)°. Sus m ilagros son
llamados “señales”, u n térm ino que a lo largo de la historia bíblica típica-
m ente servía para co n firm ar los roles proféticos, n otablem ente en los
casos de Moisés y Elias.14 Para describir su actividad se nos dice que «anun-
ciaba las buenas nuevas del reino de Dios» (Hechos 8:12), que tiene remi-
niscencia del m inisterio de Juan el Bautista y de Jesús (cf. Le. 3:18; 4:43),
pro b ab lem en te tam b ién denote u n discurso inspirado. C o m o explica
Friederich, evangelizar (euangelizo) «no solamente se trata de hablar y predi-
car; es la proclam ación con plena autoridad y con pleno poder».15 El hecho
de que D ios u tilizara a M arcos, Lucas, Santiago y Judas para escribir las
E scrituras inspiradas, m uestra que los m inisterios proféticos podían ser
ejercidos p o r gente que, com o Felipe y Esteban, no aparecen identificados
en las Escrituras com o apóstoles o profetas.
La Biblia revela así diversas actividades milagrosas que funcionaban como
señales para autenticar a individuos en particular que tenían u n m inisterio
profético. P ero tales señales m ilagrosas n o se asocian p o r igual con todos
los profetas. E xistieron m uchos profetas a lo largo de la historia de Israel,
pero (como ya hem os visto) en el A ntiguo Testam ento las “señales y prodi-
gios” solam ente acom pañaron a Moisés, Elias y Elíseo. D e la m ism a mane-

12B ru ce, F .F . Comentario de los Hechos de los Apóstoles. N u e v a c re a c ió n , G r a n d R ap id s,


ML, 1998. p. 182.
13 F . S co tt S p en cer, The Portrait ofPhillip in Acts, J S N T S u p 67 (Sheffield A c a d e m ic Press,
1992).
14 H o w a r d K e y d ice: « E n e l A n tig u o T e s ta m e n to y e n lo s e sc rito s in te rte s ta m e n ta r io s
las o b ra s re a liz a d a s p o r lo s h a c e d o re s d e m ila g ro s o p o r m e d io d e ello s ( p o r in te rv e n c ió n
d iv in a d ire c ta ) s irv e n p a r a c o n firm a rle s c o m o in s tr u m e n to s e sc o g id o s p o r D io s . E l p ro -
t o t i p o es M o isé s, a tr a v é s d e c u y a s ‘se ñ a le s y p r o d i g io s ’ se c o n s ig u ió la li b e r t a d d e Isra e l
d e la e sc la v itu d . L a a u to r iz a c ió n d iv in a d e la fu n c ió n p ro f é tic a d e E lia s y E líse o ta m b ié n
la e n c o n tr a m o s e n lo s m ila g ro s q u e ello s h ic ie ro n » (“M ira c le W o r k e r s ” , /D B S [N a sh v ille :
A b in g d o n , 1976], 598).
15G e rh a rd F ried eric h , “ειαγγελιζομαί,ιαλ”, Compendio delDiccionario Teológico del Nuevo
Testamento, L ib ro s D e sa fío , M ic h ig a n , 2002, p p 264-269.

111
¿Son vigentes los dones milagrosos?

ra, en el N uevo Testam ento, ciertos profetas m encionados en H echos (por


ejem plo, A gabo, 11:28; las hijas de Felipe, 21:9; Judas y Silas, 15:32; cf.
tam bién 13:1) no realizaron “señales y prodigios” ni proclam aron el Evan-
gelio com o los apóstoles ni com o Esteban y Felipe.
L o que de hecho encontram os en las E scrituras es que las “señales y
prodigios” acom pañan a aquellos cuyos m inisterios proféticos ocurren en
ciertos p u n to s cruciales en la historia de la salvación. Y a hem os hablado
del periodo de la entrega de la Ley a Moisés y su reafirm ación durante la
época de Elias y Elíseo. La inauguración de la salvación escatológica en
Cristo tuvo su m om ento culm inante cuando C risto y los que estaban con
Él em pezaron a proclam ar el nuevo “evangelio” de la salvación prom etida
(Le. 4:18; 9:6; H echos 5:42; 8:12). Incluso durante la extensión de este nue-
vo evangelio en la Iglesia prim itiva, H echos parece relacionar la presencia
de “señales y m ilagros” con ciertos m om entos im portantes, a m edida que
el Evangelio salía de Jerusalén hacia el resto del m undo, es decir, en la fase
inicial de cada ocasión en que el Evangelio llegaba a un a zona nueva.16*
E l hecho de que en estos pasos inaugurales los m inisterios de otras
personas que n o eran apóstoles estuvieran acompañados de actividad mila-
grosa, no nos debe llevar a la conclusión de que tales “señales” milagrosas
de autenticación fueran ampliamente distribuidas entre todos los m iembros
de la Iglesia prim itiva, y fueran acontecim ientos norm ales entre ellos.
Las referencias a los milagros en el libro de H echos están más bien restrin-
gidas a los apóstoles y a algunos individuos com o los ya m encionados.
Puede pensarse que la falta de referencia a milagros realizados p o r miem-
bros norm ales de las iglesias se deba a que Lucas quiera destacar m ás la
labor de los apóstoles pero que, de hecho, los milagros fueran algo habitual
en la vida cotidiana de la Iglesia. Esta afirm ación podría tener algo de cier-
to y suceder que en la Iglesia se dieran algunos milagros que no han queda-
do recogidos, pero recordem os que los creyentes llevaban a sus enferm os a
los apóstoles para que éstos les sanaran (Hechos 5.12-16; especialmente 9:36-
42). Si los milagros de sanidad eran u n a parte cotidiana del m inisterio de la

16 D e s p u é s d e o b s e r v a r la d e s c r ip c ió n g e n e ra l d e H e c h o s , O ’R e illy re s u m e c o n sc ie n -
te m e n te esta s fases d e la p r i m e r a e x p a n s ió n m is io n e r a d e l E v a n g e lio . « L o s a p ó s to le s
re p re s e n ta n c o le c tiv a m e n te la p re d ic a c ió n in icial e n Je ru sa lé n e n c o n tin u id a d c o n el judaís-
m o ; E s te b a n m a r c a la r u p t u r a d e c isiv a c o n e l ju d a is m o y c o n el te m p lo y el p r in c ip io del
m o v i m i e n to h a c ia fu e r a d e J e r u s a lé n . F e lip e es el r e p r e s e n ta n te d e la m is ió n e n J u d e a [y
S am aría], y f in a lm e n te P a b lo ... re p r e s e n ta la m is ió n a lo s ge n tile s» ( Word and Sign in the
Acts ofthe Apostles, 21 0, e n especial 208-211; cf. ta m b ié n G .W .H . L a m p e , “M ira c le s i n th e
A cts o f th e A p o stles” in Mirades: Cambridge Studies in TheirPhilosophy and History, de. C .F .D .
M o tile [L o n d re s : A .B . M o w b ra y , 1965]).

112
L a postura abierta, pero cautelosa

Iglesia, ¿por qué la gente pensaba que era m ejor llevar los enferm os a los
apóstoles? La descripción de la Iglesia prim itiv a en H echos hace que sea
casi im posible negar una actividad m ilagrosa circunscrita a los apóstoles y
a irnos pocos que, ju n to a ellos, participaron en el principio de la proclama-
ción profética del Evangelio de C risto.
E l escritor a los H eb reo s confirm a esta idea que vem os en H echos al
decir que la salvación fue «anunciada prim eram ente p o r el Señor, nos
fue confirmada p o r los que oyeron, testificando Dios juntam ente con ellos,
con señales y prodigios y diversos m ilagros y dones del E sp íritu Santo,
según su voluntad» (He. 2:3-4). La fuerza de esta afirm ación está, sin duda
alguna, en la absoluta fiabilidad, validez e im portancia de esa palabra inicial
de salvación, y n o ta n to en la predicación y la enseñanza p o sterio r de la
palabra de D ios a lo largo de las generaciones. A l igual que la revelación en
el Sinai, hablada p o r m edio de ángeles resultó ser inm utable [bebaios; válida,
garantizada, certera] (v. 2), así según el autor, la nueva revelación cristiana
se nos “confirmaba” (bebaios, v. 3) p o r el prim er testim onio de Cristo, sobre
quien Dios tam bién “testificó” con actividad milagrosa.17 A unque este tex-
to n o identifica a estos prim eros testigos com o apóstoles (el au to r reserva
“apóstol” para C risto, 3:1), sí que habla sobre aquellos que oyeron a Cristo
directam ente. P o r lo tan to , incluye a los apóstoles, pero quizás tam bién
a otras personas que co n ellos, co m o en H echos, fu ero n utilizadas p o r
D ios para proclam ar el m ensaje con la certeza garantizada de los profetas
inspirados.
Este texto n o lim ita la realización de m ilagros a los que escucharon a
Jesús. La m ención de los «dones [lit. distribuciones] del Espíritu Santo» (v. 4)
podría incluir el d o n de hacer milagros de algunas de las personas de entre
los que escucharon el mensaje original. Pero sea o n o el caso, es im portante
ver que el propósito de toda actividad milagrosa es “testificar de” laprocla-
m ación original del nuevo mensaje de salvación. N ada en este texto sugiere
que este testim onio milagroso vaya a continuar acom pañando la posterior
proclam ación del Evangelio. T am poco sugiere que los milagros form aran
parte de la cotidianeidad de la Iglesia en su lucha contra el Maligno.

17 L o q u e e l a u t o r d e H e b r e o s e s tá d ic ie n d o e n 2 : 3 4 s o b r e la c o n f ir m a c ió n d e l
E v a n g e lio a tra v é s d e lo s m ila g ro s h a sid o re s u m id o c e rte ra m e n te p o r M o ffa t. E s te n u e v o
E v a n g e lio n o p u e d e s e r re c h a z a d o p o r q u e « n o s lle g ó c o n p re c is ió n y d e f o r m a fiab le. N o
es n in g u n a s o r p r e s a si p e n s a m o s e n el c a n a l p o r e l c u a l n o s lle g ó . F u e a u te n tic a d o p o r
u n te s tim o n io d o b le : e l d e h o m b r e s q u e h a b ía n e sc u c h a d o a Je sú s e n p e rs o n a , y e l d e D io s ,
q u ie n les a u to r iz ó e in s p ir ó p a r a s u m is ió n » (fa m e s M o f fa t, A Critical and Exegetical
Commentary on theEpistle to tlx Hebrews, I C C [E d im b u rg o : T .& T . C la rk , 1924,1924], 19).

113
¿Son vigentes los dones milagrosos?

La pregunta de Pablo en Gálatas 3:5, «Aquel, pues, que os sum inistra el


E spíritu y hace m ilagros entre vosotros, ¿lo hace p o r las obras de la ley o
p o r el o ír con fe?», se entiende m ejor com o paralela al pasaje de H ebreos.
T o d a esta p arte (3:1-5) se centra en la recepción inicial del E sp íritu p o r
p arte de los creyentes de Galacia.18 Así, cuando P ablo une la entrega del
E spíritu con los milagros, lo hace para indicar que esos m ilagros entre los
gálatas estaban estrecham ente relacionados con su recepción inicial del
E spíritu que, a la vez, acom pañaba a la proclam ación inicial del Evangelio
realizada p o r el apóstol (y quizás p o r otros junto con él). D e este m odo el
texto, aunque n o restringe los m ilagros a los apóstoles ni a otros misione-
ros que proclam aron el Evangelio,19 sí asocia la actividad milagrosa de este
m inisterio con los prim eros testigos.
La descripción no implica necesariamente que los m ilagros sucedieran
solam ente con la p rim era predicación. La descripción de D ios en el ver-
sículo co m o el que “hace [participio presente] m ilagros” sugiere que la
actividad milagrosa bien pudo haber continuado entre los creyentes de Ga-
lacia, de form a sim ilar a los dones que producían m ilagros en la iglesia de
C o rin to (cf. 1 C o. 12:10), aunque n o se especifica cuánto d u ró tal activi-
dad.20 P ero incluso si tal es el caso, está claro que n o podem os ignorar la
relación que hay entre la actividad m ilagrosa y la proclam ación inspirada
inicial del Evangelio.

18 L a p r e g u n ta d e l v e rs íc u lo 5 es e se n c ia lm e n te u n a r e p e tic ió n d e la p re g u n ta a n te r io r
e n el v e rs íc u lo 2: “¿ R e c ib iste is e l E s p ír it u p o r las o b r a s d e la le y , o p o r e l o í r c o n fe?” .
V e r R ic h a rd N . L o n g e n e c k e r, Galatians, W B C (D allas: W o rd , 1990), 105; ta m b ié n E rn e s t
d e W itt B u rto n , A CntkalandExegetiod Commentary on theEpistle to the Galatians, I C C (Edim -
b u rg o : T . & T . C la r k , 1921), 152.
19A u n q u e es p o sib le in te r p r e ta r q u e lo s ú n ic o s q u e h ic ie ro n m ila g ro s “e n tr e ” lo s gálatas
f u e r o n lo s a p ó s to le s , es m e j o r e n te n d e r q u e lo s m ila g ro s ta m b ié n f u e r o n re a liz a d o s p o r
lo s m is m o s gálatas c o m o re s u lta d o de lo s d o n e s re c ib id o s p o r e llo s a tra v é s d e la re c e p c ió n
d e l E s p íritu .
20 E l te m a s o b r e la c o n tin u id a d d e lo s m ila g ro s n o e stá c o m p le ta m e n te c la r o e n el
len g u aje d el v ersícu lo . M ie n tra s q u e m u c h o s in té rp re te s v e n q u e e l u so d e l tie m p o p re s e n te
in d ic a a lg u n a c o n tin u id a d e n a m b o s p a rtic ip io s , p o r e je m p lo , e n la e n tr e g a d el E s p ír itu y
la re a liz a c ió n d e m ila g ro s , lo s v e r b o s d e la f r a s e n o a p a re c e n y p o r lo ta n t o d e b e n so b re -
e n te n d e rse p o r e l c o n te x to . L o n g n e c k e r, al v e r q u e la p re g u n ta d e l v ersícu lo 5 p arece re p e tir
la d e l v e rs íc u lo 2 , q u e u tiliz a el a o r is to (n o r m a lm e n te tr a d u c id o c o m o p a sa d o ), d ic e q u e
lo s v e rb o s d e l v e rs íc u lo 5 ta m b ié n d e b e n i r e n a o ris to , lo q u e se tr a d u c ir ía d e la sig u ie n te
fo rm a : “E n to n c e s , ¿ O s d io D io s su E s p ír it u e h iz o m ila g ro s e n tr e v o s o tr o s p o r las o b ra s
d e la le y ? ” (L o n g e n e c k e r, G alatians, 9 9 ,1 0 5 ); v e r ta m b ié n el d e b a te s o b r e el te m a d e lo s
tie m p o s v erb ales e n B u rto n , c u y a c o n c lu s ió n d eb e se r considerada: «L a elecció n d el p re se n te
e n lu g a r d e l a o ris to m u e s tra q u e el a p ó s to l esta b a p e n s a n d o e n u n a e x p e rie n c ia p ro lo n g a d a
lo su ficien te c o m o p a ra q u e se e n te n d ie ra c o m o u n p ro c e s o , p e r o n o q u e estab a e n p ro c e s o
e n el m o m e n to e n el q u e e sc rib ió estas palab ras» (B u rto n , Commentary on Galatians, 152).

114
L a postura abierta, pero cautelosa

F. F. Bruce tam bién sitúa estos milagros entre los gálatas en su contexto
adecuado. A u n q u e los circunscribe al apóstol, cree que la referencia de
P ablo a las “señales de u n verdadero apóstol” (2 C o. 12:12) tiene que ver
con este texto, concluyendo que «la introducción del Evangelio en nuevos
territorios generalm ente iba acom pañada de sanidades milagrosas y otros
‘prodigios y señales’, lo cual vem os a lo largo del N uevo T estam ento, no
solam ente en los escritos de Pablo, sino en H ebreos (2:4) y en H echos (2:4
etpassim)”21. Tam bién deberíam os añadir que, en cada una de estas ocasio-
nes en que aparecían milagros en el N uevo Testam ento, la predicación es la
proclam ación inspirada de aquellos con el don de profecía, no solamente el
testim onio de creyentes que extendieron el Evangelio allá p o r donde viaja-
ro n (cf. H echos 8:4). La aplicación directa de Gálatas 3:5 a la Iglesia cuan-
do tal proclam ación profética ya no es habitual, es altamente cuestionable.
E n co n tram o s m ás pruebas de la n aturaleza especial del periodo
apostólico de la Iglesia en la enseñanza de P ablo de que la Iglesia está
«edificada sobre el fundam ento de los apóstoles y profetas» (Ef. 2:20); cía-
ram ente se refiere a los prim eros apóstoles que, com o Pablo, proclam aron
el nuevo mensaje del Evangelio con autoridad plena o inspiración divina.
Los “p ro fetas” m encionados co n ellos son, sin duda alguna, los m ism os
profetas del N u ev o T estam ento que, ju n to con los apóstoles (en Hechos)
reciben la revelación del m isterio de C risto y del Evangelio que habían de
proclam ar entre los gentiles (cf. 3:5; cf. tam bién 4.11).22
Estos apóstoles y profetas form an el “fundam ento” de la Iglesia lo que
supone, sin duda, una referencia a su función fundacional y a la autoridad
que tenían para revelar la interpretación de la acción salvadora de D ios p o r
m edio de C risto . P ero al llam arles “el fu n d am en to ”, el apóstol tam bién
indica que pertenecían al periodo inicial de la Iglesia cuando la enseñanza
con autoridad, que iba a ser el fundam ento de la Iglesia de todos los tiem-
pos, fue entregada p o r D ios a través de la revelación profética. Si tal pe-
riodo fundacional de revelación profética especial puede distinguirse de la his-
to ria p o ste rio r de la Iglesia, se deduce que las señales m ilagrosas que lo
acom pañaban tam bién son una referencia concreta a este periodo.

21 F .F . B ruce, Comentario dela Epístolaa los Gálatas, T errassa: C U E , C o le c c ió n T eológica


C o n te m p o r á n e a , v o l. 7 ,2 0 0 4 .
22 A n d r e w T . L in c o ln , Ephesians, W B C (D allas: W o rd , 1990), 153.23J .H . B e rn a rd , “T h e
M ira c u lo u s in E a rly C h r is tia n L ite ra tu r e ” , e n TheLiterature oftheSecond Century, ed. F .R .
W y n n e , J .H . B e rn a rd a n d S. H e m p h ill (N u e v a Y o rk : Ja m e s P o t t & C o ., 1891), 147. Ire n e o ,
p o r e je m p lo , se re f ie re a la p r o f e c ía y a la s a n id a d c o m o v ig e n te s e n s u é p o c a , p e r o la
r e s u r r e c c ió n d e lo s m u e r to s se e s c rib e e n p a s a d o (163-64).

115
¿Son vigentes los dones milagrosos?

El testim onio de la Escritura nos conduce a las siguientes tres conclusio-


nes: (1) la actividad milagrosa tuvo lugar en ciertos m om entos cruciales del
registro bíblico de la historia de la salvación, (2) estos milagros tenían com o
propósito principal ser “señales” que autenticaban la Revelación de Dios y a
sus portavoces proféticos en m om entos cruciales; y (3) la era de Cristo y de
los apóstoles fue una época de señales milagrosas extraordinarias.

3. El testimonio de la historia de la Iglesia con respecto a


los milagros

La conclusión de que la época de C risto y de la prim era Iglesia apostó-


lica fue una época particular de milagros que no continuaron con la m ism a
frecuencia en el resto de historia de la Iglesia, se confirm a rotundam ente
p o r el testim onio de la historia de la Iglesia. El uso de tal evidencia históri-
ca a veces se rechaza, basándose en que es u n argum ento de la experiencia,
no de las Escrituras. A unque esta acusación n o puede ser ignorada, debe-
m os tener presentes dos cosas, (a) Según las Escrituras, la experiencia sirve
con frecuencia com o criterio para reconocer la m ano de D ios. P o r ejem-
pío, ¿cómo supieron los israelitas que Moisés era u n enviado de Dios y que
les traía su ley, sino p o r lo que le o y e ro n decir y p o rq u e le viero n hacer
prodigios? E n este caso, y en m uchos o tros a lo largo de la E scritura, las
personas n o disponían de u n a enseñanza bíblica a n te rio r a la que po d er
recurrir. D e hecho, la revelación anterior aportaba algún criterio que podía
usarse p ara evaluar la experiencia. P ero la revelación an te rio r n o era lo
único que servía para llegar a u n a conclusión; tam b ién atendía a los que
veían y oían. E n otras palabras, la experiencia siem pre ha sido un a ayuda
válida para interpretar y reconocer la actividad de Dios.
(b) V em os que la experiencia en cuanto a los m ilagros ha sido utilizada
p o r ambas partes del debate sobre el tem a de los dones milagrosos. Aque-
líos que están a favor de la presencia de estos dones en la Iglesia hacen
referencia a la experiencia de m ilagros en la historia de la m ism a, com o
prueba. D e form a parecida, los que niegan la continuidad de la actividad
m ilagrosa en la Iglesia y de los apóstoles en la actualidad usan la m ism a
historia para apoyar su versión. El hecho de que la evidencia histórica haya
sido usada p o r ambas posiciones habla de la dificultad de su interpretación.
Si en la actualidad resulta difícil distinguir u n milagro genuinam ente divino
de u n o falso o incluso dem oníaco, m ucho m ás en la A ntigüedad. Esto,
no obstante, n o quita valor a la H istoria. A unque las evaluaciones de m u-

116
L a postura abierta, pero cautelosa

chos de los milagros recogidos pueden diferir, parece im posible negar que
la actividad m ilagrosa con la calidad y el efecto característicos de la era de
C risto y los apóstoles n o aparece en la Iglesia posterior com o u n fenóme-
no continuo.
U n breve repaso a las pruebas lo dem uestra. Los escritos inm ediata-
m ente posteriores a la era apostólica contienen pocas pruebas de hechos
milagrosos, si los com param os con lo recogido en los docum entos bíbÜcos
sobre los apóstoles y los que les acom pañaban. C o n pocas excepciones,
las referencias a la actividad milagrosa en los escritos de los siglos segundo
y tercero se lim itan a los dones de profecía y sanidad, que incluía los exor-
cismos.23 Sin negar ninguna expresión válida de estos dones milagrosos
en esa época, estos dos dones son los m ás difíciles de evaluar.24 La asocia-
ción de la sanidad co n los efectos del exorcism o tam b ién dificulta el de-
term in a r si se tra ta de sanidades m ilagrosas de enferm edades orgánicas
genuinas.25
Más todavía, las sanidades durante este periodo parecen haber ocurrido
principalm ente a través de la oración, presum iblem ente siguiendo las ins-
tracciones de Santiago 5:14-16. N o está claro cóm o se relaciona la sanidad
con los “dones espirituales milagrosos”. C om o añadido, según A m undsen
y Ferngren, los relatos sobre las sanidades en los siglos segundo y tercero
«eran norm alm ente algo vagos... la m ayoría de los escritores no afirmaba
haber presenciado los hechos relatados; y n o se m encionaban los nom bres
de las personas a través de las cuales se realizaban las sanidades o los exor-
cismos.»26
Más allá de las lim itaciones y el carácter de relatos sobre los m ilagros
en este p erio d o tem p ran o , tam bién encontram os pruebas acerca de «las
crecientes sospechas de que los m ilagros están m uriéndose» y de que los
m ilagros de estas épocas eran «de tip o diferente a los de la era apostóli-
ca».27 O rígenes, p o r ejem plo, escribe: «Los m ilagros com enzaron con la

24 P o r esta r a z ó n e n c o n tr a m o s e n lo s e s c rito s d e la Ig lesia p r i m i ti v a u n a g ra n p re o c u -


p a c ió n a c e rc a d e lo s fa lso s p r o f e ta s e in s tr u c c io n e s p a r a re c o n o c e r lo s , cf. I b íd ., 148.
25 P a ra v e r u n d e b a te s o b re lo s re la to s d e sa n id a d e n lo s p r im e ro s siglos, esp e c ia lm e n te
e n lo re fe rid o al e x o rc is m o d e la é p o c a , v e r J.S . M c E w e n , “T h e M in is tr y o f H e a lin g ”, SJT,
7 (1954): 133-52.
26D a rre l W . A m u n d s e n y G a r y B. F e rn g re n , “M ed icin e a n d R eligion: E a rly C h ris tia n ity
T h r o u g h th e M id d le A g es”, e n Health/M edkineand tbeFaith Traditions, ed. M a r tin E . M a rty
y K e n n e th L . V a u x (F ila d e lfia : F o r tr e s s , 1982), 103; s o b r e lo s m ila g r o s d e e ste p e r io d o
inicial, v e r ta m b ié n G . W .H . L a m p e , “M iracles a n d E a rly C h ris tia n A p o lo g e tic ” e n Miracles:
Cambridge Studies in TheirPhilosophy a n d H is to r y , 205-18.
27 B e rn a rd , “T h e M ir a c u lo u s in E a r ly C h r is ti a n L it e r a tu r e ”, 156.

117
¿Son vigentes los dones milagrosos?

predicación de Jesús, se m ultiplicaron después de su ascensión y luego de-


crecieron; pero incluso ahora perm anecen rasgos en algunas personas, cu-
yas almas han sido limpiadas p o r la Palabra».28
E n esta época encontram os m u y pocos m ilagros que sirvieran para le-
gitim ar a los predicadores contem poráneos com o sucedía en la época
apostólica. E n cam bio, el énfasis estaba en los m ilagros de las Escrituras.
A unque los Padres de la Iglesia de los siglos II y III n o lo dijeron directa-
m ente, existen bastantes evidencias en sus escritos de que eran de la
opinión que más tarde enseñaron, ya de form a explícita, Crisóstomo y otros:
que esencialmente, la época de los milagros había term inado. El propósito
de la actividad m ilagrosa de C risto y de los apóstoles había sido la inau-
guración del Evangelio y de la Iglesia y, p o r lo tan to , n o tenía p o r qué
continuar posteriormente.29 Orígenes, y especialmente otros escritores pos-
teriores, em pezaron a referirse más a las conversiones y a las vidas transfor-
madas p o r el Evangelio com o prueba de la continuidad de los milagros en
su época.30
Los relatos sobre m ilagros cam biaron notablem ente a p a rtir del siglo
IV, tanto en núm ero com o en sensacionalismo. E n estos últim os recuentos
«se acreditan m ilagros a una gran variedad de personas, tan to vivas com o
m uertas; m ilagros que en m uchos casos hasta el lector m ás com pasivo los
calificaría de estrafalarios.»31 U n breve episodio de los diez prim eros mila-
gros de una lista m ucho más larga, recogida p o r Agustín en su obra C iudad
de D ios será u n buen ejem plo de lo que en aquella época se consideraba
milagroso:

«Enelpnm ero, un ciegofite curado por las reliquias de santos. E n elsegundo, se


hi20innecesariaumintervenciόnquirúr^dolorosagraάasaL·oracimjmdente.
Endtercem ,unam ujerfitecuradadeQ m cerdem am aá^tiendodconsejorecibido
m ediante sueños deque una m ujerrecién bautizada lehicieradsigno de la cruz en
dpecho afectado. En d cuarto, un médicofuesanadodegotapormedio dd bautismo.
En d quinto, un hombrequepadedaparálisisy una herniafue curadopord mismo
sacramento. E lsexto ejemplo registrpqueunosdemoniosqueestaban causando en-

28 O ríg e n e s , Contra Celsum, 1:2; c ita d o p o r B e rn a rd , Ib íd ., 155-56. E n la m is m a lín e a


d e O ríg e n e s , T e r tu l ia n o re c o n o c ió q u e lo s a p ó s to le s te n ía n u n p o d e r e s p iritu a l esp ecial.
29 L a m p e , “M ira c le s a n d E a r ly C h r is ti a n A p o lo g e tic ”, 214-15.
30 Ib id ., 212, M .F . W iles, “M iracle s in t h e E a rly C h u r c h ”, in Miracles: Cambridge Studies
in TheirPhilosophyandHistory, 223-25.
31 A m u n d s e n y F e r n g r e n , “M e d ic in e a n d R e lig io n ”, 103.

118
L a postura abierta, pero cautelosa

fermedadestantoaganadocomoaesdavosdeunagranjafiieronexpulsadosporun
párroco quecelebróla eucaristíaend lugary ofrecióoraciones. En d séptimo, unpa-
ralíticofue sanado en una urna construida sobreeldepósito de un"suelo santo ”
traído desdela región delsepulcrode Cristo. Eloctavo consistía en dosmilagros:un
demoniofiieexpulsadodeunjovenenlauma,ylaberidaendqjocausadapordde-
momoalsalirfie curadamilagrosamente. En d noveno,unajoven endemoniadafue
liberada de laposesión cuando se ungióa símisma con un aceiteen elquehabían
caídolágrimasdeunsacerdotequeestabaorandopordL· Enddéamo, undemonio
fue expidsado de unjoven al dear: incluso hoy ocurren milagros en el nombrede
Cristo, enocasionesatravés desussacramentosy en ocasionesa travésdéla interce-
sión de las reliquias desussantos».32

A unque se considera norm alm ente que A gustín afirm aba la continui-
dad de los m ilagros en la Iglesia, puede decirse que nadie en nuestros días
reconocería estos relatos com o milagros bíblicos genuinos. La grandeza de
m uchos líderes de este perio d o y a lo largo de la Edad M edia n o pue-
de negarse. Pero el cristianismo de aquella época había aceptado elementos
n o bíblicos que afectaron su entendim iento y práctica milagrosa, incluyen-
do «la veneración de los santos y m ártires, el tráfico de reliquias, la magia
cristiana, u n a preocupación excesiva p o r los dem onios, y la proliferación
de milagros».33
La validez de las pruebas p o r las que se sostenían m uchos de los mila-
gros tam bién es dudosa. E n m arcado contraste con el apóstol Pablo, quien
afirm aba hacer m ilagros, n inguno de los escritores que recogieron estos
m ilagros dijo h ab er tenido p o d er m ilagroso. D ado que p o r esta época la
santidad de u n a p ersona se m edía, en cierta m edida, p o r la cantidad de
poder milagroso que tenía, encontram os frecuentem ente milagros que los
biógrafos atribuían a los santos. Es interesante com probar que, cuanto más
alejado en el tiem p o quedaba u n biógrafo del santo sobre el que escribía,
más m ilagros aparecían en la vida del santo.34
Los pocos relatos sobre los m ilagros de los dos prim eros siglos después
del N u ev o T estam ento y la dudosa validez de m uchos de estos relatos, es-
pecialm ente del siglo IV en adelante, nos im piden decir que el nivel de ac-
tividad milagrosa que vim os en la era de Jesús y de la Iglesia apostólica con-

32 Ib íd , p . 106
33 Ib íd , p . 105. P a ra le e r m á s e v a lu a c io n e s s o b r e lo s s u p u e s to s m ila g ro s d e este ú ltim o
p e rio d o y sus p ru e b a s, v e r B e rn a rd , “T h e M ira c u lo u s in E a rly C h ris tia n L ite ra tu re ”, 1 6 6 8 0 ‫־‬.
34 B e rn a rd , “T h e M ira c u lo u s in E a r ly C h r is ti a n L it e r a tu r e ”, 172-76.

119
¿Son vigentes los dones milagrosos?

tinuara com o la n o rm a de la historia de la Iglesia. La Iglesia n o solam ente


adm itió u n cam bio en cuanto a los m ilagros, sino que, co m o ya hem os
visto, este cam bio se explicaba entendiendo que los m ilagros de la época
del N uevo Testam ento tenían com o objetivo dar testim onio de la prim era
proclam ación del Evangelio y, p o r lo tan to , no pretendía co n tin u ar a lo
largo de toda la H istoria.
Lo que sucedió con los m ilagros en la historia de la Iglesia tam bién es
cierto sobre la profecía. A unque ha habido relatos m u y conocidos sobre la
profecía en la Iglesia a través de la H istoria, la sentencia de R obeck sobre
que el do n de profecía de las Escrituras había perdido su «espontaneidad
con el paso del tiem po» es generalm ente aceptada. Es más, las m anifesta-
ciones de profecía se daban principalm ente «en las sectas».35 Se han pro-
puesto varias razones para esta dism inución en la profecía, incluyendo la
supresión p o r parte de la Iglesia.36 P ero n o es fácil ver cóm o pudo la Iglesia
causar el cese de la profecía a través de la autoridad eclesiástica o de otros
m edios. N in g u n a autoridad religiosa p u d o im pedir a D ios que m andase
verdaderos profetas a su pueblo en el A ntiguo Testam ento y en la inaugu-
ración de la era cristiana. Y , al final, aquellos profetas fueron reconocidos
p o r el pueblo.
Las evidencias que hem os examinado - la lim itación del don apostólico
a la prim era generación, los m ilagros en el registro bíblico y las evidencias
extraídas de la historia de la Iglesia - señalan de form a inequívoca al hecho
de que h u b o etapas especiales en las que la función principal de los mila-
gros fue “señalar algo”. D ado que la época de C risto y los apóstoles fue u n
periodo extraordinario en cuánto a los milagros, n o podem os verlo com o
la n o rm a para toda la historia de la Iglesia. Estas pruebas, p o r lo tanto, nos
llevan a varias conclusiones sobre la presencia de los dones m ilagrosos en
la actualidad.

35 C .M . R o b e c k , J r . “P r o p h e c y , G if t o f” en Dictionary ofPentecostal and Charismatic


Movements, ed . S ta n le y M . B u rg ess y G a r y B . M c G e e ( G r a n d R a p id s: Z o n d e r v a n , 1988),
7 4 0 (v e r e s p e c ia lm e n te 735-40) p a r a u n b.uen r e s u m e n d e la p r o f e c ía e n la h is to r i a d e la
Iglesia. E n re la c ió n c o n e sto , ta m b ié n p o d e m o s d e c ir q u e a lg u n o s a u to re s , c o m o O ríg e n e s
y lo s ú ltim o s r e f o rm a d o r e s , m o d ific a ro n el sig n ific a d o d e p ro f e c ía p a r a re fe rirs e a la ilu -
m in a c ió n d iv in a d e l E s p ír itu p a r a la p re d ic a c ió n d e la P a la b ra . C u a n d o se re f ie re n al d o n
d e p ro fe c ía , p o r c o n sig u ie n te , n o es u n a ev id e n c ia d e q u e h u b ie r a p ro fe c ía e n su significado
b íb lic o d e p r o c la m a c ió n p o r in s p ira c ió n d ire c ta .
36 A lg u n o s h a n a s o c ia d o el d e c r e c im ie n to d e la p r o f e c ía c o n el d e s a r r o llo d e l c a n o n
d e la E s c ritu ra . O t r o s lo a tr ib u y e n a la r u p t u r a p r o v o c a d a e n t o r n o a la p ro f e c ía p o r aso-
c ia r la c o n se c ta s c o m o lo s m o n ta ñ is ta s o p o r q u e la Ig le sia e s ta b le c id a se a p o d e r ó d e lo s
d o n e s d e p ro f e c ía , lo q u e r e s u ltó e n la d o c tr in a d e la in f a lib ilid a d p a p a l.

120
L a postura abierta, pero cautelosa

(a) El p ro p ó sito principal de las actividades m ilagrosas durante estos


periodos especiales n o era cubrir las necesidades generales del pueblo de
D ios. Es cierto que las personas se beneficiaban de la actividad m ilagrosa
(por ejem plo, de las sanidades), pero, de hecho, se llam aban “señales” que
apuntaban hacia su propósito principal: autenticar a los portavoces de Dios
y el mensaje profético que transm itían.
(b) Ese propósito de los milagros sugiere que tales milagros n o son una
p arte de la bendición del reino accesible para todos los creyentes de esta
era. Los m ilagros de Jesús y de los discípulos com o señales a puntan más
allá de sí m ism os; apu n tan al poder de D ios y la naturaleza del R eino (es
decir, la inversión del efecto del pecado). N o son una parte de u n reino ya
inaugurado.37
(c) El reconocim iento de la era apostólica com o u n tiem po especial de
actividad milagrosa nos lleva a la conclusión de que el encargo que Jesús da
a sus discípulos durante su m inisterio en la T ierra n o pertenece a la Iglesia
de to d o s los tiem pos. A l enviar a los discípulos, Jesús les dio: «autoridad
para... sanar to d a enferm edad y to d a dolencia», y les o rd en ó «sanad en-
fermos, resucitad m uertos, lim piad leprosos», lo cual hicieron (Mt. 10:1,8;
cf. M e. 6:12-13 y H echos).38 C uriosam ente, estos m andam ientos no
form aron parte de la com isión final que el C risto resucitado dio a los disci-
pulos. E n la llamada G ran Comisión, encontram os el m andam iento de hacer
discípulos (el bautism o incluido) predicando el Evangelio de p erd ó n de

37 P o d e m o s d e c ir q u e lo s m ila g r o s n o s o n p a r t e d e l r e in o in a u g u r a d o y d e m o s tr a r lo
c o m p a r a n d o lo s m ila g r o s c o n las re a lid a d e s q u e , s e g ú n la s E s c ritu ra s , p e r t e n e c e n clara-
m e n te a la p re s e n c ia d e l r e i n o a c tu a l. E s ta s re a lid a d e s d e l r e i n o se c e n tr a n e n las b e n -
d icio n es espintuaks d el n u e v o p a c to , p o r e je m p lo , el p e r d ó n de p ecad o s y el d o n d el E sp íritu
c o n su r e s u lta n te n u e v a v id a . M ie n tra s q u e la p re s e n c ia d e l E s p ír it u h o y es u n “d e p ó s ito
d e g a ra n tía ” d e n u e s tr a h e r e n c ia c o m p le ta d e l r e i n o (E fesio s 1:14), n u n c a se d ic e q u e sea
u n a “s e ñ a l”. E n s u lu g a r, e l E s p ír it u y la b e n d ic ió n d e l p e r d ó n son la p re s e n c ia d e l re in o
m is m o y , c o m o ta l, s o n accesibles p a ra c u a lq u ie ra y p a r a to d o s lo s q u e lo s re c ib a n a tra v é s
d e la fe e n C r is to . L a s ú n ic a s b e n d ic io n e s q u e p e r t e n e c e n a l “y a ” d e l r e i n o d u r a n t e esta
e ra s o n a q u e lla s b e n d ic io n e s d e l r e i n o q u e a tr a v é s d e la fe s a lv a d o ra e n C r is to s o n u n a
p r o m e s a p a r a t o d o s lo s c re y e n te s . U n a in d ic a c ió n m á s d e q u e lo s m ila g r o s d e s a n id a d e
in c lu s o e l re s u c ita r a lo s m u e r to s n o s o n e l c o m ie n z o re a l d e las b e n d ic io n e s d e l r e in o
es q u e s o n t o d o s te m p o r a le s . L o s s a n o s , p o r e je m p lo , a l fin a l se m u e r e n . E n la m e d id a
e n q u e el r e in o p e r te n e c e a la n u e v a e ra , su s p r o v is io n e s s o n e te rn a s . S o b re lo s m ila g ro s
c o m o señ ales d e l re in o y n o d e l re in o m is m o , v e r H e r m a n R id d e rb o s , The Coming ofthe
Kingdom (F iladelfia: P r e s b y te ria n a n d R e fo rm e d , 1962), 1 15ff.
38 C o n fre c u e n c ia , c u a n d o e s to s m a n d a m ie n to s se a d a p ta n p a r a la Ig lesia, se ig n o r a n
lo s im p e r a tiv o s d e M a te o 10 li m ita n d o e l d in e r o y la s r o p a s , y e n e sp e c ia l li m ita n d o la
p r e d ic a c ió n a Israel.

121
¿Son vigentes los dones milagrosos?

pecados y enseñando los m andam ientos de Jesús (cf. M ateo 28:19-20; Mar-
eos 16:15; Lucas 24:47).39
(d) Finalm ente, la presencia de milagros y “señales” extraordinarias en
ciertas épocas de la historia bíblica echa p o r tierra la explicación, en ocasio-
nes ofrecida, de que la falta de m ilagros en otras épocas se debía al pecado
o a la falta de fe. D ios m andó a personas que hacían m ilagros entre su
pueblo cuando quiso, incluso en épocasde mucha incredulidad. La profundidad
de la fe del p u eb lo de Israel en la época del E xodo es cuestionable, espe-
cialmente m ientras vagaban p o r el desierto. A ún así, D ios realizó milagros
entre ellos a través de su siervo Moisés. Elias y Elíseo h icieron m ilagros,
sin duda, y profetizaron en m edio de u n pueblo apóstata. Lo m ism o puede
decirse de los judíos de la época de Jesús y los apóstoles. La historia
de Israel está tristem ente m arcada p o r una tendencia a la desobediencia a
Dios y a la incredulidad. N o obstante, Dios les dio profetas e hizo milagros
en m edio de ellos según su voluntad.
A unque leemos que Jesús no «hizo m uchos milagros allí [en N azaret] a
causa de la incredulidad de ellos» (Mt. 13:58; M e. 6:5-6), esto n o puede
usarse com o una explicación general de la falta de m ilagros entre el pueblo
de Israel. Recordem os que no dice que Jesús intentó sanarles, pero fue inca-
paz de hacerlo p o rq u e la falta de fe de sus paisanos lo hizo im posible.
H acer m ilagros en esta situación hubiera sido contrario al propósito de su
m inisterio. Las gentes de su aldea «se escandalizaban a causa de El»
(Mt. 13:57; M e. 6:3), lo que quería decir en realidad que n o creían en su
capacidad para hacer milagros. Se escandalizaron p o r sus palabras, con el
resultado de que tal ofensa e incredulidad desem bocó en odio (cf. Le. 4:28-
30). D ado que sí sanó a algunos incluso en m edio de esta situación, proba-
blem ente no h u b o m uchas más sanidades porque, en su incredulidad, no le
traían a m ás enferm os que sanar. Es más, realizar sanaciones en m edio de
aquella oposición podría haber agravado la culpa de aquellas gentes, y he-
cho que sus corazones se endurecieran aún más.
Las E scrituras revelan que la cantidad de m ilagros que D ios hacía no
dependía principalm ente de la fe hum ana, sino de su plan y propósitos so-
beranos. E n ningún lugar del N uevo Testam ento se anim a a los creyentes a
tener fe para poder convertirse en los receptores de obras milagrosas.40

19M ie n tra s q u e la c o m is ió n q u e e n c o n tr a m o s e n el m u y d is c u tid o fin a l d e l E v a n g e lio


d e M a r c o s se re fie re a la p re s e n c ia d e señ ales a c o m p a ñ a n d o a lo s c re y e n te s , n o s o n o rd e -
n a d a s c o m o p a r t e d e la c o m is ió n m is m a .
40 M ie n tra s q u e la h a b ilid a d d e h a c e r m ila g ro s está re la c io n a d a c o n la fe (cf. M e . 9:23),
n o se e n fa tiz a la c a n tid a d d e fe. L a re fe re n c ia a la in h a b ilid a d d e lo s d is c íp u lo s d e ex p u ls a r

122
L a postura abierta, pero cautelosa

La enseñanza de las Escrituras, p o r lo tanto, nos lleva a la conclusión de


que existieron periodos en los que D ios desarrolló una actividad milagrosa
especial, u n o de los cuales fue la era apostólica. P ero este reconocim iento
sigue dejando abierta la pregunta sobre la continuidad de los dones espiri-
tuales m ilagrosos que fueron entregados a m iem bros norm ales de la Igle-
sia (cf. 1 C o. 12:7-11).

4. La posibilidad de la continuidad de los dones espiri-


tuales en la Iglesia.

Las Escrituras no ofrecen una respuesta clara a la pregunta de si los do-


nes espirituales enum erados en R om anos 12:3-8; 1 C orintios 12 y Efesios
4:11 estaban pensados para que continuaran en la Iglesia. N o obstante, sí
que nos ofrecen algunas verdades en relación con esta pregunta que pueden,
cuando menos, salvarnos de una conclusión demasiado precipitada.
La Biblia n o presenta una vida de iglesia siguiendo a los apóstoles. Los
fragm entos bíblicos que nos hablan de los dones m ilagrosos en la Iglesia
incluyen a los apóstoles y a los profetas. E n 1 C orintios 12, Pablo se refiere
tan to a dones espirituales com o a los que los ejercían. C uando él escribió
esto, el C uerpo de C risto incluía tan to a los “apóstoles” y “profetas” com o
a los m aestros, a los que hacían m ilagros, a los que sanaban, a los que
ayudaban a los dem ás, a los que adm inistraban, y a los que hablaban en
lenguas diferentes (1 C o. 12:27-29). E n otras palabras, aquellos que forma-
ro n el m inisterio fundacional de la Iglesia (apóstoles y profetas), que no
continuaron, aparecen en la lista ju n to con los otros dones, incluyendo lo
milagroso.
La pregunta de la relación entre esas m anifestaciones especiales de do-
nes milagrosos que no perm anecieron en la Iglesia, con los dones milagro-
sos distribuidos entre otros m iem bros de la Iglesia, no está del to d o clara.
¿Podem os sim plem ente p o n e r a u n lado el m inisterio fundacional de los
apóstoles y profetas, y decir que el resto de dones co n tin u ó funcionando

d e m o n io s d e b id o a t a n “p o c a fe ” se e n tie n d e m e j o r n o c o m o la r e p r im e n d a p o r u n a
p e q u e ñ a c a n tid a d d e fe, s in o d e u n a fe m a l d ir ig id a (M t. 17:17-20). Je s ú s in m e d ia ta m e n te
a ñ a d e q u e «la fe c o m o u n g r a n o d e m o s ta z a » es s u fic ie n te p a r a m o v e r m o n ta ñ a s (v. 20).
L o s d is c íp u lo s e s ta b a n a p a re n te m e n te t r a ta n d o el p o d e r q u e se les h a b ía o to r g a d o c o m o
u n p o d e r m á g ic o e n lu g a r d e c o m o v e rd a d e r a fe , la c u a l d e p e n d e to t a lm e n te d e D io s . E l
c o m e n ta rio a d ic io n a l d e M a rc o s d e q u e la o ra c ió n es im p re sc in d ib le , re s p a ld a esta m a n e ra
d e p e n s a r.

123
¿Son vigentes los dones milagrosos?

entre los m iem bros de la Iglesia? ¿ O el hecho de que estas iglesias del N ue-
vo T estam ento recibieran el m inisterio de los apóstoles y de aquellos con
u n m inisterio profético especial tiene algo que ver con la presencia de do-
nes m ilagrosos que D ios había repartido entre algunos de sus m iem bros?
H em o s enco n trado en las Escrituras evidencia de que los dones mila-
grosos fueron entregados a los prim eros oyentes del Evangelio com o una
confirm ación de su fiabilidad.41 La frase de Pablo de que su “testim onio
sobre C risto ” se confirm ó entre los corintios p o rq u e éstos recibieron de
form a abundante dones espirituales, puede estar refiriéndose a la m ism a
cosa (1 C o. 1:5-7). A lgunos dicen que el testim o n io de C risto dado p o r
predicadores de todas las épocas se confirm a p o r los m ism os dones mara-
villosos del Espíritu. Pero debe reconocerse que esta conclusión solamente
es una aplicación de aquellos textos bíblicos que se refieren explícitamente
a los apóstoles y a personas de aquella prim era generación. E n otras pala-
bras, la cuestión de la existencia de dones milagrosos en la Iglesia no es tan
sim ple com o elim inar los dones que estaban lim itados al p rim er periodo
(por ejem plo, el apostolado) y afirm ar aquellos que son para la Iglesia tal
com o se ve en las Escrituras.
U n a segunda verdad en relación con el tem a de la continuidad de los
dones n o apostólicos es que realm ente tenem os m u y pocas evidencias de
cóm o funcionaban estos dones en la Iglesia bíblica. V em os u n poco de lo
que sucedió en la iglesia de C o rin to cuando se reunía. Parece ser que se
trataba de m anifestaciones entre los creyentes norm ales de algunos dones
sobrenaturales, incluyendo las lenguas y la profecía (cf. 1 C o. 14:26). Pero,
¿el plan era que estos dones continuaran existiendo? P o r ejemplo, el im por-
tante papel de la profecía en esta época tenía alguna relación con el hecho
de que la Revelación que algunos defendían com o canónica para la Iglesia,
aún estaba en proceso de form ación. La presencia en la Iglesia posterior de
las Escrituras canónicas completas, sugiere que la necesidad de la actividad
profética dism inuyó, en favor de la enseñanza de la doctrina canónica apos-
tólica. Esto, com o indica la H istoria, es exactam ente lo que sucedió.
E n cuanto a la realización de otros dones milagrosos, n o tenem os evi-
dencias, ni siquiera dentro del N uevo Testam ento. N o vem os a los miem-
bros com unes de la Iglesia realizando milagros de sanidad. Los que querían
ser sanados eran llevados ante los apóstoles. Las instrucciones p ara los
ancianos que aparecen en Santiago de o rar p o r los enferm os n o dice que
tuvieran el d o n de sanidad (Santiago 5:14-16). N o parece que en la Iglesia

41 V e r n u e s t r a d is c u s ió n d e G á la ta s 3:5 y H e b r e o s 2:3; p á g s. 112-116.

124
L a postura abierta, pero cautelosa

hubiera alguien con u n m inisterio de sanidad especial. D e hecho, si usamos


u n a concordancia encontrarem os que, aparte de la m ención del don de sa-
nidad en 1 C orintios 12:9 y de o rar p o r la sanidad en Santiago 5, la palabra
“sanidad” nunca se utiliza en las Epístolas.42 Esto es más instructivo aún,
cuando se com para co n las num erosas referencias a las sanidades en los
Evangelios y en el libro de H echos, describiendo los m inisterios de Jesús y
de los prim eros testigos del Evangelio.
Lo mismo puede decirse en cuanto a otras actividades milagrosas. Fuera
de la discusión sobre los dones espirituales en 1 Corintios 12 y de la realiza-
ción de milagros asociados con los apóstoles y los que con ellos iban, las
cartas del Nuevo Testam ento no contienen menciones de “milagros”, “seña-
les” o “prodigios”, excepto Gálatas 3:5 y Hebreos 2:4 (tratadas anteriormen-
te). Aunque estas citas incluyen milagros entre los miembros de la Iglesia, son
milagros relacionados con el ministerio inicial de los apóstoles.
P o r esto debe reconocerse que el N uevo Testam ento no nos da simple-
m ente u n a im agen del funcionam iento norm al de los dones en la Iglesia
p o sterio r a la era apostólica. La enseñanza de las cartas es probablem ente
la fuente que más nos puede acercar. M ientras que H echos (como indica el
n o m b re “H echos de los apóstoles”) se centra en la actividad de los aposto-
les, las cartas están dirigidas a creyentes y sus vidas en la Iglesia. P o r eso, la
variación de la frecuencia de las referencias a los dones m ilagrosos entre
H ech o s y las epístolas es im p o rtan te. P ero incluso sin tal distinción, las
cartas son descripciones de la Iglesia en los tiem pos apostólicos y, p o r lo
tanto, no pueden ser utilizadas com o descripciones de la Iglesia post-apos-
tólica. P o r lo tan to , n o disponem os de enseñanza bíblica explícita o de u n
retrato del propósito divino de la actividad milagrosa en m edio de la Iglesia
posterior al m inisterio de C risto y de los apóstoles.

5. El tema de la enseñanza especifica sobre el cese de ciertos


dones espirituales.

Parece claro que, si hablam os del tem a de los dones espirituales mila-
grosos, la época apostólica de la Iglesia fue diferente a las demás. P ero

42 TheNIVExhaustive Concordance, ed. E d w a r d W . G o o d r ic k y J o h n R . K o h le n b e rg e r


ΙΠ (G ra n d R ap id s: Z o n d e rv a n , 1990). E l ú n ic o u so a d ic io n a l d e “s a n id a d ” está e n H e b re o s
12:13, d o n d e se re fie re a la sa n id a d e sp iritu a l. L a m e jo ría d e E p a fro d ito d e u n a g rav e enfer-
m e d a d ta m b ié n se m e n c io n a , p e r o n o se m e n c io n a si fu e u n m ila g r o o si t u v o lu g a r a
tr a v é s d e l d o n d e s a n id a d (cf. F ilip e n s e s 2:25-27).

125
¿Son vigentes los dones milagrosos?

tam bién debemos reconocer que las Escrituras no enseñan explícitamente


en ningún lugar que algunos dones espirituales iban a dejar de existir tras
esta época. A u n q u e la m ayoría estaría de acuerdo en que después de la
p rim era generación ya no h u b o apóstoles, no disponem os de enseñanza
bíblica explícita al respecto. Llegamos a esta conclusión si tenem os en con-
sideración algunos datos bíblicos, y el hecho de que la iglesia p o sterio r
cerró el Canon.
La referencia de Pablo sobre el cese de las lenguas, del conocim iento
y de la profecía cuando llegue “la perfección”, en m i o pinión, no enseña
explícitam ente el cese de los dones durante la era de la Iglesia (cf. 1
C o. 13:8-10). Está claro que las frases sobre ver “cara a cara”, que sugiere
un conocim iento directo com pleto, diferente a la visión indirecta de u n
espejo, y sobre llegar a “conocer plenam ente, com o he sido conocido”
(v. 12), hablan del estado de glorificación (v. 13). Estas frases se refieren a la
segunda venida de Cristo, cuando llegue la perfección.43 Este texto, p o r lo
tan to , no indica que ciertos dones cesarán antes de que llegue tal estado.
Este texto, p o r otra parte, tam poco afirm a la continuidad de los dones
hasta la venida de C risto. Pablo n o dice que la profecía o las lenguas conti-
núen hasta que vuelva lo perfecto. La expresión “en p arte” que acom paña
al conocim iento y a la profecía tiene que ver con el contenido, n o con la
función de estos dones. El contraste entre “en parte” y la “perfección” que
llegará está, p o r lo tan to , en la naturaleza fragm entaria de la prim era en
com paración co n la p len itu d de lo perfecto. H a y u n a traducción que lo
expresa de u n a form a m u y clara (RSV): «Porque nuestro conocim iento es
im perfecto y nuestra profecía es imperfecta; pero cuando venga lo perfec-
to , lo im perfecto se acabará» (vs. 9-10). Lo que term ina con la llegada de lo
perfecto n o es el funcionam iento de estos dones, sino más bien el carácter
in co m p leto (o im perfecto) del conocim iento que se obtiene a través de
ellos.44*N o existe nada en este texto que excluya la posibilidad de que estos
dones puedan cesar antes de la llegada de lo perfecto.
La referencia a los apóstoles com o los fundadores de la Iglesia (Ef.
2:20), aunque es p ertinente para el debate sobre la continuidad de los do-
nes espirituales, tam poco enseña claram ente el cese de los dones milagro-
sos. La referencia a “la fundación” apunta hacia u n m inisterio en particular

43 E l ti e m p o d e la “p e rf e c c ió n ” ta m b ié n p u e d e re fe rirse a la g lo rific a c ió n p e r s o n a l de l
c re y e n te e n la m u e r te .
44 P a r a u n b u e n d e b a te s o b r e e s ta p o s t u r a , v e r R . F o w le r W h it e “R ic h a r d G a ffin y
W a y n e G r u d e m so b re 1 C o r. 13:10: A C o m p a ris o n o f th e C essatio n ist a n d N o n c e ssa tio n is t
A r g u m e n t a ti o n ” , JETS, 35 (1992): 173-81.

126
L a postura abierta, pero cautelosa

de algunos, m inisterio que n o co ntinuó del m ism o m o d o a lo largo de la


H istoria posterior. Pero no indica, p o r ejemplo, que el don de profecía, p o r
no decir nada de los otros dones milagrosos, dejara de funcionar completa-
m ente una vez los cim ientos fueron establecidos.
La falta de enseñanza bíblica específica sobre el cese de los dones mila-
grosos se utiliza frecuentem ente com o u n argum ento contundente en fa-
v o r de su continuidad. P ero esa tam poco es un a razón demasiado convin-
cente. Si el N uevo T estam ento no enseña explícitamente que ciertos dones
milagrosos cesarán, tam poco enseña explícitam ente que continuarán a lo
largo de toda esta época. C om o m encionam os anteriorm ente, los escrito-
res del N uevo Testam ento en ninguna ocasión hablan claramente de lo que
n o so tro s conocem os com o épocas post-apostólicas ni del tiem p o en el
que se cerró el canon.
Estas lagunas son com prensibles si pensam os que los prim eros cristia-
nos creían que Jesús podría (no que necesariamente lo iba a hacer) regresar
cuando ellos siguieran vivos. Si Pablo, p o r ejem plo, creía que era posible
que C risto volviera en algún m o m en to antes de su m uerte, ¿podríam os
esperar que le explicara a la Iglesia lo que sucedería después de que él y
otros apóstoles n o estuvieran vivos? A parentem ente, D ios n o reveló a los
escritores del N u ev o T estam ento to d o el curso de esta época en la Iglesia;
tal revelación hubiera im posibilitado que enseñaran acerca de la posibili-
dad de su reto rn o inm inente. N o debem os esperar, p o r lo tanto, que ense-
ñaran explícitamente el cierre de la era apostólica y del canon. Este m ism o
razonam iento se aplica a la enseñanza sobre el cese en cuanto a los dones.
P ero la era apostólica cesó y el canon del N uevo T estam ento fue reco-
nocido p o r la Iglesia posterior. Si estas cosas sucedieron p o r providencia
divina sin que la Biblia dijera en ningún lugar que sucederían, entonces es
posible que pudieran o cu rrir ciertos cam bios en los dones espirituales sin
que esos cam bios estuvieran escritos de form a explícita en la Biblia.
Podem os ver que tal cam bio en las m anifestaciones de los dones espiri-
tuales tuvo lugar sin enseñanza bíblica previa en la experiencia posterior a
la conclusión del A ntiguo Testam ento. Según los judíos, Malaquías fue “el
sello de los profetas” y “el últim o entre ellos”. La m anifestación de profe-
cía entre el pueblo de D ios cesó con Malaquías porque su propósito estaba
ya cumplido.45 A unque el tem a del cese total de la profecía en esta época se

45 S e g ú n V e rh o e f, la p ro f e c ía d e M a la q u ía s c o n tie n e las ú ltim a s p a la b ra s d e to d a u n a


g e n e ra c ió n , u n a g e n e ra c ió n d e p r o f e ta s a tr a v é s d e lo s c u a le s D io s se h a b ía re v e la d o a
s u p u e b lo d e f o r m a ú n ic a . C o n M a la q u ía s, e s to s in s tr u m e n to s e n la R e v e la c ió n d e D io s

127
¿Son vigentes los dones milagrosos?

debate, p o r regla general se acepta que se dio u n cierto cam bio.46 La canti-
dad de profecías que aparecen al p rin cip io de los Evangelios hablan del
avivamiento de este don que iba a ser una característica inequívoca de la era
mesiánica prom etida.47
A unque unos pocos textos veterotestam entarios apuntan a la desapari-
ción de la profecía (por ejemplo, Salmos 74:9), la m ayoría de estudiosos no
encuentra ninguna enseñanza explícita en el Antiguo Testam ento que dijera
que el don de profecía iba a desaparecer. N o obstante, sí que cesó o p o r lo
menos cambió radicalmente. Este ejemplo proporciona un precedente legí-
tim o de que Dios puede, si desea hacerlo, retirar las manifestaciones de cual-
quier don en cualquier m om ento sin m encionarlo expresamente en la Biblia.

6. Conclusión

Las pruebas, tanto de las Escrituras com o de la experiencia de la Iglesia


nos llevan a dos reflexiones en to rn o a la m anifestación de los dones mila-
grosos espirituales en la Iglesia, (a) N o existe una enseñanza bíblica específi-
ca de que ciertos dones que aparecían en el A ntiguo Testam ento cesaran en
algún m om ento de la Historia, (b) Pero tam poco las Escrituras enseñan cía-
ram ente que toda la actividad milagrosa vista en el registro de la Iglesia del
N uevo T estam ento tuviera com o propósito convertirse en la no rm a para

te r m i n a r o n s u t a r e a y f u e r o n a p a r ta d o s d e s u ta r e a h a s ta el d ía d e l c u m p lim ie n to d e , n o
so la m e n te la L e y , sin o lo s P ro fe ta s (M t. 5:17), e n el a d v e n im ie n to d e l g ra n p ro fe ta , n u e s tro
S e ñ o r J e s u c r is to . ( P e te r A . V e r h o e f , The Books ofH aggai and M alachi, N I C O T [ G r a n d
R a p id s: E e r d m a n s , 1987], 153).
46 G e n e r a lm e n te la o p in i ó n d e N a p i e r se ace p ta : « M u c h o a n te s d e la é p o c a d e J e s ú s,
la p ro fe c ía h a b ía d eja d o de e x is tir e n Isra e l (Sal. 74:9; 1 M ac a b e o s 4:46; 9:27; 14:41), a u n q u e
u n a f o r m a esp ecial c o n tin u ó a p a re c ie n d o e n lo s e s c rito s so b r e v is io n e s ap o c a líp tic a s. L o s
ju d ío s, n o o b s ta n te , e s p e ra b a n este re a v iv a m ie n to e n la é p o c a d e la v e n id a d e l M esías (Joel
2 :2 8 2 9 ‫ ;־‬Z a c a . 1 3 :4 6 ‫ ;־‬M a l. 4 : 5 6 ‫ ;־‬T e s t. L e v í: 8:14; T e s t. B e n j. 9:2). E s a la lu z d e e s ta
e x p ectació n q u e d e b e m o s e n te n d e r la creen cia, reco g id a p o r Jo se fo , (Guerras 1,68-69; M aier,
Josefo. Los escritos esenciales·, P o rta v o z , p . 209) d e q u e J u a n H ir c a n o te n ía el ‘d o n d e p ro fe c ía ’.
J o s e fo ta m b ié n c ita q u e su p u e s to s “m e sta s” c o m o T e u d a s (Antig. X X ,97; M a ie r, Op. Cit.
p . 259; cf. H e c h o s 5:36) y ‘los egipcios’ {Antig. X X ,168-69; M aier, Op. C it p . 261; cf. H e c h o s
21:38) d ec ía n se r p ro fetas» (B .D . N a p ie r, “P r o p h e t in th e N T ”, ID B ed . G e o rg e A . B u ttric k
[N a sh v ille : A b in g d o n , 1962], 3:919).
47 P o r e je m p lo , L u cas 1:67 ss; 2:26-33; 3:3 ss; 4:17 ss. G .F . H a w t h o r n e escrib e: «L ucas
e n p a rtic u la r (a u n q u e ta m b ié n ap arece e n o tr o s evangelios) p a re c e e sta r d icie n d o q u e la ta n
esp erad a ép o c a d e l E s p íritu (cf. J o e l 2:2 8 ,2 9 ) h a b ía lleg ad o p o r fin (L ucas 4 :1 8 ,1 9 ; cf. Isaías
61:1-3) y q u e la ép o c a d e los p ro fe ta s y d e la p ro fe c ía , si se h a b ía e x tin g u id o , a h o r a esta b a
renaciendo» (“P ro p h e ts, P ro p h e c y ”, EHctionary o f Jesus and the Gospels, e d J o e l B. G re e n , Scot
M c K n ig h t, I. H o w a r d M a rsh a ll [ D o w n e r s G ro v e , HI.: In te rV a rs ity , 1992], 637).

128
L a postuba abierta, pero cautelosa

toda la historia de la Iglesia. Sí que existe ro tu n d a evidencia bíblica de que


ciertos dones y actividades m ilagrosas, asociadas con los apóstoles y con
otros profetas, estaban pensadas para la fundación de la Iglesia y que, p o r lo
tanto, no continuarían com o parte de la vida norm al de la Iglesia. La historia
siguiente de la Iglesia apoya esta conclusión al testificar claram ente que la
actividad milagrosa de la Iglesia post-apostólica, tanto en extensión como en
calidad, no era la m ism a que la de la época de Jesús y de los apóstoles.

C. Dones específicos y ministerios.

V iendo las anteriores evidencias de las Escrituras y la historia de la Igle-


sia sobre el m inisterio de los dones m ilagrosos espirituales, realm ente el
tem a es más com plicado que decir, sim plem ente, que la E scritura enseña
su presencia o su ausencia. La especialidad de la era apostólica, junto con la
falta de enseñanza específica sobre el cese de ciertos dones, sugiere que
debem os estar abiertos en to d o tiem po a lo que D ios quiera hacer.
Este aperturism o, sin embargo, debe unirse a la obediencia del m andato
del apóstol de “escudriñarlo to d o ” (1 Ts. 5.21). Las prácticas que pretenden
ser m anifestaciones de dones m ilagrosos deben ser evaluadas cuidadosa-
m ente sobre la base de lo que las Escrituras dicen sobre estos dones, particu-
larm ente sobre su verdadera naturaleza, su uso adecuado, y el propósito para
el que sirven. El tem a del propósito es particularmente im portante para aque-
líos que creen que la actividad milagrosa en la Iglesia existió p o r una razón
especial. ¿Ese pro p ó sito se com pleta h o y de alguna o tra form a, o solo ser-
vían para cubrir las necesidades del periodo fundacional de la Iglesia?

1. Profecía

E n cu an to al tem a de la m anifestación del d o n de profecía, es im-


p o rtan te que tengam os u n entendim iento cabal de este don. Los estudios
académicos sobre este tem a han entendido tradicionalm ente toda la reve-
lación bíblica com o “m anifestación inspirada” que llegó a través de la re-
velación directa de D ios, y n o veo ninguna razón para cam biar esta defini-
ción.48 El in ten to de p ro b ar que la profecía tiene varios niveles, que irían

48 G o rd o n D . F ee, Primera epístolaa los Corintios (G ra n d R apids: N u e v a C re a c ió n , 1994),


673-674; v e r ta m b ié n G e r h a r d F rie d ric h , “π ρ οφ ή τη ς” TDNT, 6:828-30; D a v id E . A u n e ,

129
¿Son vigentes los dones milagrosos?

desde lo que es com pletam ente Palabra de D ios y, p o r lo tan to inerrante,


hasta la revelación que se m ezcla con diversos grados de pensam iento hu-
m ano incluyendo los errores, es difícil de m antener bíblicam ente.49
Tam bién, deberíamos distinguir entre la profecía com o discurso revela-
do y directam ente inspirado p o r Dios, y la predicación norm al de las Escri-
turas.50 Q uizás, teniendo en cuenta el clim a actual, direm os tam bién que
deberíamos distinguirla de la guía personal que recibimos de parte de Dios.
Las Escrituras hablan de “revelación” en relación con la labor del Espíritu
de ilum inar nuestro entendim iento de las Escrituras (Mt. 16:17; Ef. 1:17;
Fi. 3:15), p ero el uso del térm in o “revelación” no debe equipararse al de
profecía.
Las m anifestaciones genuinas de la profecía se predicen para el futuro
(p. ej., Ap. 11:3,10), y las Escrituras no niegan explícitamente la posibilidad
de que ocurran hoy. N o obstante, cualquier supuesta expresión de este don,
debe adecuarse al p atró n bíblico: (a) debe estar totalm ente en arm onía con
la revelación canónica; (b) debe ser cuidadosamente juzgada p o r la comuni-
dad (1 Co. 14:29). Si “los otros” que juzgaban fueron aquellos con el don de
profecía o aquellos que tenían el «don de discernimiento de espíritus», debía
de haber una evaluación seria de las profecías. N adie podía decir haber reci-
bido una palabra de profecía sin que el caso fuera evaluado; (c) el contenido
de la profecía debería ser de edificación para la com unidad (1 C o. 14:34‫)־‬.
N o debe ser algo que simplemente pretenda dem ostrar el poder sobrenatu-
ral, o enseñar algo tan conocido de la Escritura que no aporte nada nuevo a
la com unidad; (d) la profecía debe hacerse de m anera ordenada según las
instrucciones del apóstol a los C orintios (1 C o. 14:19-33).
A pesar de que la profecía que se ajuste a este criterio bíblico pueda
ocurrir en la Iglesia actual, la experiencia presente y la historia de la Iglesia

Prophecy in Early Christianity and theA ncient Mediterranean World (G ra n d R apids: E erd m an s,
1983), 195; G . F . H a w th o rn e , “P ro p h e ts , ’P rophecy”, Dictionary o f Jesus and the Gospels, 636,
C .M . R o b e c k , Jr., “P ro p h e c y , P ro p h e sy in g ” ,Dictionary o f Paul andhis Letters, ed. p o r G e ra ld
F . H a w th o rn e , R a lp h P . M a rtin y D a n ie l G . R e id (D o w n e rs G ro v e , ΙΠ.: In te rV a rsity , 1993),
755.
49 P a r a v e r c ó m o se h a in te n ta d o e x p lic a r lo s d ife re n te s tip o s d e p ro fe c ía , v e r W a y n e
A . G ru d e m , The G ift o f Prophecy in the New Testament Today (W e stc h e ste r, HI.: C ro s s w a y
B o o k s, 1988); G r a h a m H o u s to n , Prophecy: A G iftfo r Today? (D o w n e r s G ro v e , 111.: In te r-
V a rsity , 1989); D o n a ld G e e , Spiritual Gifts in the Work o f Ministry Today (S pringfield, M o .:
G o s p e l P u b lic a tio n H o u s e , 1963). Se sale d e n u e s tr o te m a e l t r a t a r to d o s lo s a rg u m e n to s
d e ca d a p o s ic ió n . S o b re el te m a c r ític o d e la p ro f e c ía y d e s u re la c ió n c o n e ste te m a , v e r
el a p é n d ic e a e ste c a p ítu lo .
50J a m e s D .G . Otaca., Jesús y el Espíritu (S alam an ca: S e c re ta rio T ., 1975, p p .366-367);
G . Fee, Primera Epístola a los Corintios. E d. N u e v a C re a c ió n , G r a n d R ap id s, M ich ig an , 1998.
p . 673ss; C .M . R o b e c k , J r ., “P r o p h e c y , P ro p h e s y in g .” , 761.

130
L a postura abierta, pero cautelosa

no apoyan m ucho esta idea. Es válido ver (como norm alm ente ha hecho la
Iglesia durante la H istoria) que es necesario que la profecía dism inuya una
vez la explicación de la actividad salvífica de C risto com o se explica en
la Biblia pasó a ser accesible para todos los creyentes. El m inisterio de los
prim eros profetas, quienes aportaron edificación, exhortación y consolación
para la Iglesia sobre la base del Evangelio de Cristo, ahora se cumple a través
de otros dones espirituales que dependen de la profecía recogida en la Escri-
tura. Es im p o rtan te que en las últim as cartas de Pablo no existe ninguna
referencia a la profecía, salvo el recordatorio a Tim oteo de la profecía hecha
en su ordenación (1 Ti. 1:18; 4:14). El énfasis de estas cartas, que se llaman
“pastorales” porque dan instrucciones para el ministerio en la Iglesia, está en
la enseñanza, la exhortación y la preem inencia de las Escrituras.51

2. Sanidad

La asociación cercana del don espiritual de la sanidad con las manifesta-


ciones sobrenaturales del Espíritu sugiere que este don tam bién se refiere a
lo que era claram ente m ilagroso. Los relatos acerca de tales sanidades en la
E scritura revelan que eran instantáneos. Independientem ente de si pensa-
m os que ciertas personas habían recibido ese d o n o que el E spíritu maní-
festaba su p o d e r de sanidad a través de personas diferentes en diferentes
m o m en to s (1 C o. 12:9,30), la sanidad se asociaba con u n individuo y n o
era sim plem ente el resultado de las oraciones de la Iglesia o de u n grupo de
creyentes. Estos indicios del don m ilagroso de la sanidad en las Escrituras
hacen que en la actualidad nos preguntem os cuántos de los m uchos ejem-
píos de sanidades son verdaderam ente m anifestaciones de este don.
T am bién debem os recordar, antes de identificar un a supuesta sanidad
sobrenatural com o resultado del don de sanidad, que las sanidades extraor-
diñarías pueden ten e r otras explicaciones. Algunas enferm edades, inclu-
yendo la ceguera, la sordera y la parálisis pueden ser síntom as de u n traum a
psicológico o histeria, y n o de enfermedades orgánicas genuinas. Las cam-
pañas de sanidad em ocional, con su poderosa sugestión, pueden producir
resultados espectaculares (en la m ayoría de veces, resultados tem porales).
P ero estos n o son m ilagros verdaderos.52

51 C f. 1 T i m o t e o 4 : 1 1 ,1 3 ,1 6 ; 5:17; 2 T i m o t e o 2:2; 3:14-17; 4 :2 ; T i t o 1:9.


52 P a r a v e r u n e je m p lo , v e r B e rn ie S. S iegel, Love, Mediane &Miracles ( N u e v a Y o r k :
H a r p e r & R o w , 1986), 33ss; v e r ta m b ié n N o r m a n C o u s in s , Head First, theBiology ofHope
(N u e v a Y o rk : E .P . D u t t o n , 1989).

131
¿Son vigentes los dones milagrosos?

La Escritura enseña claram ente la un ió n psicosomática del espíritu y la


m ente, m ediante la cual el estado del espíritu tiene u n efecto p oderoso
sobre la salud del cuerpo, tan to de m anera positiva com o negativa (cf. Sal.
38:3; P rov. 17:22). Si la fe y la esperanza, incluso aparte de D ios, pueden
producir sanidades corporales, cuánto más lo podrá hacer la fe en D io s.53
La sanidad de u n espíritu c o n trito m ediante la p az y gozo de D ios que
vienen con la conversión o con el arrepentim iento del pecado del creyente
puede cam biar radicalm ente una m ala situación física. M ientras que tales
sanaciones corporales sin duda alguna vienen de D ios, no creo que sean
una m anifestación del don bíblico de sanidad.
El tem a de cóm o funciona este d o n en la Iglesia actual debe basarse
tan to en u n exam en concienzudo de la naturaleza de este don, com o en la
teología bíblica to ta l sobre la sanidad física. T al teología deja claro que
D ios suele sanar el cuerpo p o r los m edios que El ha creado. D ios ha equi-
pado al cuerpo con varios sistemas de curación. Además, existen connota-
ciones favorables en cuanto a la ocupación de los m édicos y del uso de
medicinas.54*Dios, cjuien se reveló com o el sanador de Israel y realizó mila-
gros para su salud (Exodo 15:25-26), tam bién incluyó m uchas regulaciones
sobre la salud natural en los estatutos de la ley de Israel. Finalm ente, com o
hem os visto, D ios nos ha constituido de tal form a que las sanidades espiri-
tuales pueden tener un efecto poderoso sobre el cuerpo. N o toda enferme-
dad es resultado del pecado (cf. Job, 2:1-8; D an. 8:27), aunque ciertas en-
fermedades sí lo son (1 C o. 11:30). La sanidad resultante de la confesión de
u n pecado puede ser sim plem ente el resultado de la simbiosis natural entre
el cuerpo y el espíritu.
U n a teología de las sanidades debe reconocer que la salud corporal no se
nos ha p ro m etid o com o un a característica segura de la salvación en esta
era. E n el presente, el destino del cuerpo es la m uerte debido al pecado
(Rom anos 8:10). E n contraste con nuestro ser in terio r que se va renovan-
do a través de la gracia de la salvación, nuestro «hom bre exterior va deca-
yendo» (2 C o. 4:16). El cuerpo aún tiene que ser redim ido, lo que hace que

53 D e b e m o s r e c o r d a r el c o m e n t a r i o s o b r e e l p o d e r d e la fe e n la s a n id a d q u e h iz o
M c C a s la n d , a la h o r a d e e v a lu a r la s a n id a d e n la Iglesia. «E s d e s o b r a c o n o c id o q u e la
fe re a l c o n tr ib u y e a la b u e n a s a lu d y a la c u r a c ió n d e e n fe r m e d a d e s . L a fe es u n a a y u d a
in c lu so p a ra las en fe rm e d a d e s o rg á n ic a s, p e r o la cien c ia m é d ic a d ir ía q u e tie n e su s lím ite s .
P o r lo q u e sa b e m o s , la fe n o p u e d e r e s ta u r a r o jo s p e r d id o s o e x tr e m id a d e s a m p u ta d a s .
P o r o t r o la d o , e n e l á re a d e las e n fe r m e d a d e s q u e s o n d e o r ig e n p s ic o g é n ic o , n o d e ja ré
d e e n fa tiz a r q u e el v a lo r d e la fe es in c alcu lab le» (S. V . M c C a s la n d , “M ira c le ”, IDB, 3:400).
54 C f. Isaías 1:6; J e r e m ía s 8:22: M a te o 9:12; L u cas 10:34; C o lo s e n s e s 4:14; 1 T im o te o
5:23.

132
L a postura abierta, pero cautelosa

el creyente aún gima con el resto de la Creación (Ro. 8:23), en parte debido
a los dolores físicos.55 Así, vem os que se nos dice m u y p oco acerca del
m inisterio de sanidad en la Iglesia. Solo hay u n pasaje que se refiera a la
sanidad com o un do n (1 C o. 12:9,30). E n ningún o tro lugar se dice que los
santos tengan que m inistrarse los unos a otros a través de la sanidad; tam-
poco se enumera entre los ministerios de la comunidad en 1 Corintios 14:26.
P o r tanto, que la Iglesia enfatice las curaciones físicas milagrosas o que lleve
a cabo cam pañas especiales de sanidad queda bastante alejado de la des-
cripción que el N u evo Testam ento hace de la com unidad de la Iglesia.
N o obstante, com o con todas las infidelidades de esta era, D ios desea
ser m isericordioso con su pueblo. Puede otorgar sanidades milagrosas ya
sea m ediante las oraciones de su p u eb lo o a través del d o n de sanidad
anteriorm ente definido. U n a sanidad de este tip o puede ser, incluso, una
“señal” en la expansión del Evangelio, com o ha sido registrado en el rápi-
do crecim iento de la Iglesia en C hina.56 P o r o tro lado, D ios puede derra-
m ar su p o d er so b ren atu ral sobre u n a p ersona p ara que persevere en la
prueba de la debilidad hum ana (cf. 2 C o. 12:7-10). E n ambas situaciones lo
hace para su propia gloria y nuestro bien últim o.

3. Lenguas

La naturaleza y fun ció n del d o n de lenguas n o se puede d eterm in ar


fácilm ente p o r la Escritura. Existen, n o obstante, ciertos principios bíbli-
eos que nos dan algunos patrones para la práctica de este d o n en la Iglesia.
P rim ero , in d ep endientem ente de si las lenguas a las que se refiere la
E scritura consistían en hablar de form a m ilagrosa en idiom as extranjeros
desconocidos para el que los hablaba, o en hablar en la lengua de la gloria
(por ejem plo, las “lenguas angelicales” de 1 C orintios 13:1), o en ambas57,

55 A lg o p a r e c id o p u e d e d e c irs e s o b r e e l d o l o r p s ic o ló g ic o d u r a n t e e s ta e ra , a u n q u e
n o p o d r í a a r g u m e n ta r s e q u e e s to e sté m á s re la c io n a d o c o n el e s p ír itu q u e c o n el c u e rp o
y , p o r lo t a n t o , p u e d a v e rs e m á s a fe c ta d o p o r e l c a m b io d e e s p í r it u q u e o c u r r e e n la
r e g e n e r a c ió n . E s in te r e s a n te , n o o b s ta n te , q u e a l m is m o ti e m p o q u e a u m e n t a el in te ré s
p o r las s a n id a d e s físicas d e l c u e r p o , la s c u ra c io n e s d e la m e n te se re le g a n m á s y m á s a
las le y e s n a tu r a le s d e la P s ic o lo g ía .
56 P a r a le e r u n i n f o r m e in te r e s a n te s o b r e la s a c tiv id a d e s m ila g ro s a s , aso c ia d a s p r i n -
c ip a lm e n te c o n la p r i m e r a g e n e ra c ió n d e l re c ie n te f e n ó m e n o d e c r e c im ie n to d e la Iglesia
e n C h in a , v e r A la n C o le , « T h e S pread o f C h ris tia n ity in C h in a T o d ay » , e n GodtheEvangelist,
e d . D a v id W e lls ( G r a n d R a p id s : E e r d m a n s , 1987), 101-6.
57 D e b id o a q u e la p r i m e r a a p a r ic ió n d e l d o n d e le n g u a s e n P e n te c o s té s ( H e c h o s 2)
p a re c e s e r q u e c o n s is tió e n e l h a b la r e n id io m a s e x tra n je ro s d e sc o n o c id o s p a ra las p e rs o n a s

133
¿Son vigentes los dones milagrosos?

lo im p o rtan te es que todas eran lenguas, es decir, representaban u n pen-


sam iento conceptual. El d o n de lenguas podía in terp retarse con enten-
dim ien to . E sta verdad bíblica es p articularm ente im p o rta n te dado que
algunos estudios han dem ostrado que m uchas expresiones de lenguas con-
tem poráneas no tienen características lingüísticas.58
Más allá de la naturaleza de las lenguas, la m anifestación de este d o n
debe ser evaluada p o r su función bíblica. Es difícil determ inar cuál es esa
función, p ero se pueden extraer algunos principios generales. Las lenguas
no servían para predicar el Evangelio a los extranjeros,59 com o tam poco
eran la evidencia habitual del B autism o en el E spíritu. E n las Escrituras,
com o hem os apuntado antes, está claro que todos los creyentes han recibí-
do el don del Espíritu o, utilizando otra term inología, han sido bautizados
con el E spíritu; p e ro n o todos tienen el d o n de lenguas (1 C o. 12:10,30).
Es difícil sostener la idea de que las lenguas en H echos son una evidencia
del B autism o en el E sp íritu y, p o r lo tan to , diferentes al d o n de lenguas
sobre el que enseñó Pablo. O bservem os que solam ente existen tres ocasio-
nes específicas en H echos en las que se m encionen las lenguas (2:4ss; 10:46;

q u e lo s h a b la b a n , m u c h o s c o n c lu y e n q u e ésta es la n a tu r a le z a d e to d a la g lo so lalia b íb lic a .


V a rio s asp e c to s, n o o b s ta n te , h a c e n d ifíc il v e r las le n g u a s d e 1 C o r in t io s c o m o le n g u a je s
h u m a n o s . P a r a e n te n d e r lo s ta m b ié n e r a n e c e s a r io u n d o n s o b r e n a tu r a l. E n c iu d a d e s
c o s m o p o lita s com o C o r i n t o se h a b la b a e n m u c h a s le n g u a s , p e r o la p o s ib ilid a d d e q u e
a lg u n o d e lo s p re s e n te s p u d ie r a e n te n d e r lo s id io m a s d e m a n e r a n a tu r a l n o se c o n te m p la .
L o q u e es m á s im p o r t a n te , P a b lo u tiliz a “id io m a s ” e x tr a n je r o s (u n a p a la b r a d if e re n te d e
la u tiliz a d a p a r a “le n g u a s ”) c o m o a n a lo g ía d e las “le n g u a s ” (1 C o . 14:10-13). L a s co sas
a n á lo g a s n u n c a s o n t o t a lm e n te id é n tic a s (cf. la s o tr a s a n a lo g ía s u sa d a s e n lo s v e rs íc u -
lo s 7 a l 9). E l u s o m a r c a n o d e la p a la b r a “n u e v o ” {}tainos) e n M a r c o s 16:17 p a r a d e s c r ib ir
la s le n g u a s , u n t é r m i n o c o m ú n m e n te r e f e r id o a ia s c o sa s “c o m p l e ta m e n te d if e re n te s y
m ilag ro sas” q u e p e rte n e c e n a la e ra q u e acab a d e c o m e n z a r, ta m b ié n su g iere q u e las len g u as
n o s o n s im p le m e n te o tr o s id io m a s h u m a n o s (J o h a n n e s B e h m , “κ α ιν ό ς, κτλ » TDNT,
3:449). U n a d is c u sió n c o m p le ta d e la n a tu r a le z a d e las len g u as escap a a n u e s tr o p r o p ó s ito ,
p e r o e x is te n b u e n a s r a z o n e s p a r a c r e e r q u e in c lu s o las le n g u a s d e H e c h o s 2 e ra n m á s q u e
id io m a s h u m a n o s . J u n t o c o n B e h m , lo s d e fe n s o re s d e e sta p o s t u r a in c lu y e n a G e o rg e T .
M o n tag u e, TheHoly Spirit; Growth o f a Biblical Tradition (N u ev a Y o rk : Paulist, 1976); R ic h a rd
B e iw a rd R a c k h a m , TheActs oftheApostles (L o n d res: M e th u e n , 1901); C h r is tia n F rie d ric h
K lin g , “T h e F ir s t E p istle t o th e C o rin th ia n s ”, e n Lange’s Commentary on the Holy Scriptures,
e d . J o h n P e t e r L a n g e , v o l. 10 ( G r a n d R a p id s : Z o n d e r v a n , 1960); D a le M o o d y , Spirit o f
theLiving God (Filadelfia: W e stm in ste r, 1968), A b ra h a m K u y p e r, The Work o f theHoly Spirit
( G r a n d R a p id s : E e r d m a n s , 1956).
58 W illia m S a m a rin , Tongues ofMen and Angels: TheReligious Language ofPentecostalism
(N e w Y o r k : M a c m illa n , 1972).
59 E n P e n te c o s té s , la s le n g u a s a tr a je r o n a la m u l ti tu d , p e r o P e d r o les p r e d ic ó e n u n
id io m a c o m ú n . N o e n c o n tr a m o s e n las E s c ritu ra s e je m p lo s d e q u e las len g u as fu e ra n u tili-
za d a s e n m is io n e s a l e x tr a n je r o .

134
L a postura abierta, pero cautelosa

19:6).60 E n cada u n a de estas ocasiones, el d o n fue entregado a to d o u n


grupo y fue dado sin que el grupo en cuestión lo pidiera. Estos datos son
co n trario s a la enseñanza de ciertos grupos que defienden que hay que
cu m p lir unos requisitos concretos para recibir el B autism o del E spíritu
después de la conversión.
Más im portante, H echos contiene m uchos ejemplos donde se habla de
la salvación, pero no se m encionan las lenguas.61 C ontam os con u n núm e-
ro de ejemplos m u y elevado pero, además, n o encontram os ningún caso en
el que se vea a u n a persona hablando en lenguas en el m o m e n to de la
conversión o salvación. U n o de los ejem plos es el m ism o apóstol Pablo,
quien no solam ente experim entó el m ilagro de recuperar la vista, sino que
tam b ién se nos dice que fue “lleno del E spíritu Santo” (H echos 9:17-18).
Las tres ocasiones de H echos donde las lenguas sí están presentes en el
m o m en to de la conversión n o pueden verse com o el estándar para todos
los creyentes y para todas las épocas. Parece ser que lo más lógico es enten-
d er estos casos co m o evidencias de la recepción del E sp íritu en relación
con la inauguración de la nueva era del E spíritu, que se extendió a varias
naciones. C om o dice Carson, «el m odo en el que Lucas nos cuenta la histo-
ría en H echos n o es u n paradigm a para la experiencia cristiana individual,
sino el relato de la expansión del Evangelio hacia el e x terio r geográfica,
racial y, sobre todo, teológicamente».62
La única frase explícita en relación con el propósito de las lenguas es la
enseñanza de P ab lo de que «las lenguas... son u n a señal, n o para los que
creen, sino para los incrédulos» (1 C o. 14:22). E n las diferentes interpreta-
ciones de este pasaje, n o obstante, el tem a central es que las lenguas tienen

60 E s p o s ib le q u e las le n g u a s ta m b ié n a p a re c ie ra n e n S a m a ria , y a q u e e x is tía u n a


a p a r e n te m a n if e s ta c ió n d e l E s p ír it u allí. P e r o la n a tu r a le z a d e e sta m a n if e s ta c ió n n o se
c o m e n t a (cf. 8:18).
61 H o e k e m a e la b o r ó la s ig u ie n te lis ta d e c o n v e rs io n e s e n la s q u e n o h a y re f e re n c ia
a lg u n a a las le n g u a s : “2 :4 2 (los 3 0 0 0 c o n v e r tid o s e n el d ía d e P e n te c o s té s ) , 3:7-9 (el
p a ra lític o san ad o ), 4:4 (los q u e se c o n v ir tie ro n d esp u és d e la c u ra c ió n d e l p a ra lític o , c u a n d o
e l n ú m e r o d e h o m b r e s lle g ó a s e r d e 5 .0 0 0 ), 5 :1 4 (lo s m u c h o s q u e c r e y e r o n d e s p u é s d e
la m u e r te d e A n a n ia s y S afira), 6:7 (u n g r a n c o n ju n t o d e s a c e rd o te s ), 8:36 (el e u n u c o
e tío p e ), 9:42 (to d o s lo s q u e c re y e r o n c u a n d o D o rc a s fu e re su c ita d a ), 13:12 (los q u e se v o l-
v ie r o n al S e ñ o r e n A n tio q u ía ) , 13:12 (el p r o c ó n s u l d e C h ip r e ) , 13:43 y 48 (lo s c re y e n te s
d e A n tio q u í a d e P is id ia ); 14.21 (los d is c íp u lo s e n D e r b e ) , 16:14 (L id ia), 16:34 (el carcele-
r o d e F ilip o s ), 17:4 (lo s c r e y e n te s e n T e s a ló n ic a ), 17:11-12 (lo s d e B e re a ), 17:34 (lo s ate-
n ien ses), 18:4 (los q u e e s ta b a n e n C o r in to ) , 18:8 (C ris p o y o tr o s c o rin tio s ), 28:24 (algunos
ju d ío s e n R o m a )” ( A n th o n y A . H o e k e m a , WhatAbout Tongue-Speaking?[ G r a n d R ap id s:
E e r d m a n s , 1966], 80).
62 D . A . C a rs o n , Manifestaciones delEspíritu, A n d a m io , B a rc e lo n a , 2000

135
¿Son vigentes los dones milagrosos?

u n p ropósito en relación con los n o creyentes. Es cierto que la Iglesia pue-


de recibir edificación a través de las lenguas, pero solam ente si son inter-
pretadas. E l fen ó m eno de las lenguas tiene u n v alo r com o “señal” para
aquellos que no creen (probablem ente com o señal del juicio de D ios sobre
ellos, com o indica el contexto). El elem ento de las lenguas que edifica a la
Iglesia es su co n ten id o inteligible. Es p o r esa razó n p o r la que la profe-
cía tiene más valor en la Iglesia; com unica algo inteligible de form a inme-
diata (1 C o. 14:1-12).
P o r lo tanto, las Escrituras establecen restricciones claras sobre la mani-
festación del d o n de lenguas en la asamblea. Solam ente debe hacerse si se
interpreta, y solamente en una extensión lim itada (1 C o. 12:5,27-28). O ra r
y cantar en grupo y hacerlo en lenguas no tiene ninguna base bíblica.
Las lim itaciones bíblicas sobre la expresión de las lenguas en la Iglesia
ha llevado a m uchos a defender que tiene más valor en la vida de oración
individual del creyente. A unque parece ser que Pablo dice que los creyen-
tes, en la intim idad, pueden orar en lenguas aunque éstas n o sean interpre-
tadas, y que incluso indica que edifican al creyente, n o está nada claro que
el apóstol crea que éste sea u n o de los propósitos principales de las lenguas.
El tra to que el apóstol hace de los dones espirituales enfatiza que son da-
dos “p ara el bien com ún”, es decir, para edificación de la com unidad (cf. 1
C o. 12:7; 14:3,5-6,12,26).63*Puede argum entarse que las lenguas edifican
a la persona interiorm ente, p o r lo que esta persona puede ser m ás útil en el
m inisterio a la Iglesia usando quizá otros dones. A parte de que esta idea no
se m enciona en n in g ú n sitio, eso convierte a las lenguas en u n beneficio
para la p ro p ia vida espiritual, es decir, la santificación personal. P ero, ¿es
bíblico decir que algunos reciban dones para el crecim iento personal, por-
que eso les p erm ite m in istrar de u n a form a m ás eficaz? Los m edios de
santificación, com o ocurre con la salvación, ¿no son accesibles para todos?
A l reconocer la edificación personal que se recibe al hablar en lenguas,
puede que el apóstol sim plem ente esté reconociendo que experim entar la
m anifestación del E spíritu en la operación de u n d o n a p o rta bendición
personal, del m ism o m odo que un-maestro recibe bendición cuando ense-

63 V e r ta m b ié n E fesio s 4 :1 1 -1 3 ,1 6 ; 1 P e d r o 4:10. J . G o e tz m a n n , p o r e je m p lo , aseg u ra


q u e «el u s o p o s itiv o d e la p a la b r a s ie m p re se re fie re a la c o m u n id a d » (NIDNTT ed. C o lin
B ro w n [ G r a n d R ap id s: Z o n d e rv a n , 1976], 2:253). S o b re lo s d o n e s e sp iritu a le s c o m o d o n e s
p a ra serv ir a lo s d em ás, v e r ta m b ié n R o n a ld Y .K . F u n g , “M in istry , C o m m u n ity a n d S piritual
G ifts ”, EvQ 5 6 (E n e ro 1981): 9-10; H a n s K iin g , The Church (N u e v a Y o r k , S hee a n d W a rd ,
1967), 1 8 2 ,1 9 0 ,3 9 4 ; F re d e r ic k D a le B ru n n e r, A Theology oftheHoly Spirit (G ra n d R ap id s:
E e rd m a n s , 1970).

136
L a postura abierta, pero cautelosa

ña. Es cierto que la buena adm inistración de cualquier d o n ayuda al que


m inistra tal d o n a crecer personalm ente, pero nunca se enseña que esa sea
la función principal de los “dones espirituales”. A l m enos, las lenguas nun-
ca aparecen en las E scrituras com o u n factor crucial de la vida espiritual.
D e hecho, en los pasajes que tratan la vida espiritual a título personal no se
dice nada sobre el ejercicio de los dones espirituales.64
El ejercicio del d o n de lenguas en la actualidad n o está excluido p o r las
Escrituras. N o obstante, existe m ucho en las Escrituras que describe su na-
turaleza, y la form a en que se debe llevar a cabo para condicionar su mani-
festación.

4. Expulsar demonios

Las E scrituras n o dicen nada acerca del m inisterio de expulsar demo-


nios en la Iglesia del N uevo Testam ento.65 C ontrasta grandem ente con la
prom inencia del exorcism o en la Iglesia post-apostólica.66 P o r o tro lado,
la Escritura revela claram ente que los creyentes de la Iglesia están en guerra
constante contra Satanás y sus dem onios. D ebe ser parte del m inisterio de
la Iglesia reconocer esta verdad y la naturaleza de la batalla, a m enudo igno-
rada en el m undo occidental.
Según las enseñanzas bíblicas, los n o creyentes están atados n o sola-
m en te p o r su p ro p ia naturaleza pecam inosa, sino tam b ién p o r poderes
m alignos (cf. Efesios 2:1-3). E sta atadura incluso les puede llevar a ten er
espíritus en su in terior que ejerciten diferentes grados de control sobre sus
funciones corporales. A unque n o encontram os ejemplos de que esto pue-
da ocurrirles a los creyentes, ese silencio n o es un a garantía de que eso no
vaya a ocurrir.67 T anto las Escrituras com o la experiencia nos han mostra-

64 P o r e je m p lo , R o m a n o s 6-8; E fe sio s 5-6; C o lo s e n s e s 3-4.


65 L o s d o s e je m p lo s e n r e la c ió n c o n e l a p ó s to l P a b lo se r e f ie r e n , p o s ib le m e n te , a su
m in is te r io e v a n g e lís tic o y a s u in te r é s p o r lo s n o c re y e n te s (H e c h o s 16:16-18; 19:11-12).
66 V e r M c E w e n , “T h e M i n is t r y o f H e a lin g ” , 140-45.
67 A l s u g e r ir q u e lo s c r e y e n te s p u e d a n t e n e r d e m o n io s e n e llo s, n o h a b lo d e “p o se-
s io n e s ” e n e l s e n tid o d e p r o p ie d a d . T a m p o c o es n e c e s a r io e n c o n t r a r la p re s e n c ia d e l
e s p ír itu d e l m a l e n u n c re y e n te , c o m o d e l E s p ír itu d e D io s . M ie n tra s q u e el E s p ír itu dice
e s ta r e n el “c o r a z ó n ” y , p o r l o ta n t o , e n el c e n tr o d e la p e rs o n a , el e s p íritu m a lig n o p u e d e
in t r o d u c i r s e e n u n n iv e l m á s s u p e rfic ia l, d o n d e p u e d a e je r c e r c o n t r o l s o b r e e l sis te m a
c o r p o r a l. D e litz s c h d e s c r ib e ta le s in v a s io n e s d e m o n ía c a s : « lo s d e m o n io s se in t r o d u c e n
e n tr e el c u e r p o (es d e c ir , e n e l s is te m a n e rv io s o ) y e l a lm a d e l h o m b r e , y e n c a d e n a n p o r
la fu e r z a e l a lm a j u n t o c o n el e s p ír itu , p e r o u s a n lo s ó r g a n o s d e l c u e r p o p a r a d e m o s tr a r
s u p re s e n c ia , a to r m e n t a n d o al h o m b r e » (F r a n z D e litz s c h , A System ofBiblicalPsychology

137
¿Son vigentes los dones milagrosos?

do creyentes que se han dejado influir p o r el pecado, e incluso que se han


hecho esclavos del pecado (por ejem plo, Juan 8:34; R om anos 6:12-13,17)
y de los poderes m alignos (cf. G al. 4:3,8-9; 1 T i. 3:7; posiblem ente 2 Ti.
2:25-2668). A l referirse a la advertencia de Pablo, que dijo que la ira conti-
nuada puede dar oportunidad al diablo (Efesios 4:26-27), C harles H odge
dice: «Si dejam os que la ira se asiente en nosotros, estam os perm itiendo
que el T en tad o r tenga u n gran poder sobre nosotros...»69.
La enseñanza de las Escrituras apunta a la capacidad y la responsabili-
dad que el creyente tiene de resistir los ataques de Satanás y de los demo-
nios (Efesios 6:13; Santiago 4:7; 1 P edro 4:10). La guerra espiritual del
creyente y el correspondiente m inisterio de la Iglesia pueden com pararse
con la guerra que tiene lugar en el terreno de la salud corporal. N uestros
sistemas físicos están bajo el ataque constante de gran variedad de gérme-
nes y virus. Si tenem os una buena salud, resistimos esos ataques sin darnos
cuenta de ello. E n ocasiones, se hace evidente la presencia de los invasores,
y tom am os medidas para reforzar nuestra resistencia, quizás m ediante una
m ejor n u trició n y descanso. Si el enem igo de nuestra salud se resiste, bus-
camos a otros que nos ayuden en la batalla.
Si aplicam os esto a la guerra espiritual, debem os ser conscientes de la
presencia constante de lo dem oníaco y de su ataque. Pero, al igual que en el
terren o físico, donde norm alm ente no estamos buscando gérmenes, núes-
tro énfasis n o debe estar en lo dem oníaco, sino en lo que produce salud. La
guerra espiritual com ienza con fortalecer nuestra salud espiritual m ediante
la incorporación de la verdad liberadora y sanadora del Evangelio. P ero al
igual que en el terren o físico, el enem igo en ocasiones logra establecerse,
p o r lo que necesitamos de la ayuda de otros para recuperar la libertad.

[G r a n d R ap id s: B a k e r, 1966, r p t], 354: v e r 351-60 p a ra am p lia r). E l te s tim o n io d e e x p u ls a r


d e m o n io s d e c r e y e n te s es m u y c o m ú n d u r a n t e la c r is tia n d a d p o s t-b íb lic a . V e r T .K .
O e ste rre ic h , Possession Demonical and Other (L ondres: K eg an P a u l, T re n c h , T r u b n e n & C o .,
1930), 147-235.
68 S o b re 2 T im o te o 2:25-26 K e lly d ice: « P a b lo e s tá p e n s a n d o e n la re -e d u c a c ió n
c o n s tr u c tiv a d e la c o m u n i d a d c ris tia n a , q u e e s ta b a m u y c o n fu n d id a » f l .N .D . K e lly , A
Commentary on the Pastoral Epistles [L o n d res: A d a m & C h a rle s B lack, 1963], 190; cf, ta m b ié n
P a tric k F a irb a im , Commentary on thePastoralEpistles [G ra n d R apids: Z o n d erv an , 1874,1956],
358.
69 C h a r le s H o d g e , A n Exposition o f Ephesians ( W ilm in g to n , D e la w a re : A s s o c ia te d
P u b lis h e r s a n d A u th o r s , I n c ., n .d ), p . 94. B a r th c o m e n t a in c lu s o m á s d u r a m e n te : «L a
a d v e rte n c ia p u e d e re su m irse así: el D ia b lo to m a r á p o se s ió n d e t u c o ra z ó n si t u ir a p e rd u ra »
(M a rk u s B a rth , Ephesians 4-6, T h e A n c h o r B ible, v o l. 3 4 A [G a rd e n C ity , N Y : D o u b le d a y ,
1974], p . 515).

138
L a postura abierta, pero cautelosa

Esta asistencia puede ofrecerse m ejor ayudando al que está esclavizado


a resistir al enem igo m ediante la aplicación de la verdad de Dios. Ya que el
p rim e r ataque de Satanás es a través del engaño (Gén. 3; A p. 20:3,8), la
p rim era m edicina para obtener la libertad es la V erdad (cf. 2 C o. 11:4-5).
E n lugar de expulsar a u n dem onio, los resultados se obtienen ayudando a
la persona a resistir a lo dem oníaco renunciando a las m entiras de Satán y
afirm ando la V erdad del Evangelio.
El creyente en cuentra en C risto to d o lo que necesita para o b ten er la
victoria espiritual sobre el enemigo. P ero tam bién habrá ocasiones en las
que necesite la ayuda de otras personas para lograrlo. E n ocasiones, la escla-
v itud puede ser tan profunda que da la im presión de que Satanás está blo-
queando la capacidad del creyente de utilizar sus facultades de aferrarse a la
verdad de Dios. E n estos m om entos puede ser necesario que otros creyen-
tes ejerciten algún control sobre el dem onio en el nom bre de C risto, para
que el creyente esclavizado obtenga la libertad para poder asirse a la Verdad
de Dios. N o encuentro ninguna enseñanza bíblica que niegue la expulsión
de dem onios si ésta es necesaria para liberar a las víctimas. Pero, al igual que
en el terren o físico, cuanto m ás se pueda hacer para estar sano, m ejor se
p o d rá en fren tar u n o a futuras am enazas co n tra nuestra salud. L o m ism o
sucede en el plan o espiritual. U n m inisterio de expulsión de dem onios
n o solam ente es u n riesgo en cuanto a la equivocación en los diagnósticos,
sino que no cum ple el objetivo principal de todos los m inisterios, que es
hacer todo lo posible para darle al creyente fortaleza y m adurez espiritual.

5 . La puesta en práctica de los dones

Si concedem os la posibilidad de que estén vigentes los dones m ilagro-


sos en la Iglesia, ¿cuál debería ser nuestra actitud y práctica en cuanto a su
expresión? La enseñanza general de las Escrituras es que la m anifestación
de los dones está bajo el co n tro l de Dios. El distribuye los dones según su
propia voluntad y coloca a cada m iem bro del C uerpo en el lugar que desea
(Cf. 1 C o. 12:7).70 A un q u e algunos defienden que D ios elige dar dones
según el deseo de la persona, la Biblia n o dice nada sobre que los indivi-
duos tengan la responsabilidad de elegir u n don para sí mism os. La exhor-
tación a «desear los m ayores dones», expresada en plural (12:31) apunta a
anim ar a la com unidad a valorar y utilizar aquellos dones que ofrezcan la

70 V e r ta m b ié n R o m a n o s 12:3,6; 1 C o r in t io s 1 2 :1 1 ,1 8 ,2 8 ; E f e s i o s 4 : l l ; 1 P e d r o 4:10.

139
¿Son vigentes los dones milagrosos?

m ayor edificación para todos (Cf. 1 C o. 14:1 ss.).71 Esto n o le im pide a ú n a


persona tener una propensión natural hacia cierto m inisterio, lo que le ser-
vira co m o p u n to de p artid a en el m inisterio de los dones. D ios norm al-
m ente to m a lo que ha creado en un a persona y lo utiliza en el m inisterio
espiritual de la Iglesia. Sin embargo, es difícil entender cóm o alguien puede
tener una propensión natural hacia los dones milagrosos.
D e m anera significativa, la E scritura apenas ofrece ninguna exhorta-
ción a que las personas busquen sus dones. Se las anim a más bien a tener la
actitud correcta (especialmente hum ildad, en R om anos 12:3) que hace que
podam os usar esos dones y, después, ocuparse en servir a los demás. E n
esta actividad de servir y am ar a los demás, los dones que D ios ha dado se
m anifestarán a través de la edificación de los demás, lo cual dará al indivi-
dúo una satisfacción indescriptible.

D. Los dones y la vida de la Iglesia

Según las Escrituras, el ejercicio de los dones espirituales es indispensa-


ble para la vida y el crecim iento de la Iglesia. G racias, de algún m odo, al
llam ado m o v im ien to carism ático, la Iglesia se está dando cuenta de esta
verdad bíblica cada vez más. Pero, ¿qué form a debe to m ar la manifestación
de los dones en la Iglesia actual?

1. Dones que son preeminentes

H asta ahora he procurado dem ostrar que las Escrituras n o nos otorgan
ningún m odelo para la Iglesia después de la finalización de la era apostólica.
H e razonado, tanto bíblica com o históricamente, que la actividad milagrosa
de la época apostólica n o es habitual para la Iglesia posterior. P o r lo tanto, el
en tendim iento de la lab o r de los dones espirituales en la actualidad debe
venir de u n a enseñanza bíblica más am plia sobre la vida y crecim iento de
la Iglesia y los m inisterios que tienen lugar para que se dé ese crecim iento.
Sin d u d arlo , la Biblia revela que llegar a u n a vida espiritual y crecer,
espiritualm ente hablando, se logra escuchando y apropiándose p o r fe de la
verdad divina de la Palabra.72 D e acuerdo co n esta verdad, la E scritura

71 E s te t e x t o ta m b ié n p u e d e s e r u n a e x h o r t a c ió n a q u e , la p e r s o n a q u e tie n e m á s d e
u n d o n , se c e n tr e e n e l q u e a p o r t a m á s e d if ic a c ió n p a r a la c o m u n id a d .
72 C f. J u a n 8:32; 17:17; R o m a n o s 1:16; 10:17; 1 T s. 2:13; S antiago 1:21; 1 P e d ro 1:23, etc.

140
L a postura abierta, pero cautelosa

enfatiza aquellos m inisterios que, de u n m odo u otro, com unican una ver-
dad com prensible. M ientras que la profecía estaba presente y jugaba u n
p apel im p o rtan te d u ran te el perio d o fundacional antes de que el canon
estuviera com pleto, el énfasis dom inante de las Escrituras en cuanto a la
vida de la Iglesia está en aquellos dones que to d a la Iglesia ha reconocido
com o presentes a lo largo de la historia de la Iglesia. U n lugar preem inente
entre éstos lo ocupa la enseñanza, de la que ya hem os hablado en relación
con las cartas de instrucciones pastorales de Pablo, pero que está tam bién
presente en otros escritos.73 O tras form as de m inistrar la verdad del Evan-
gelio tam bién están presentes en la Iglesia, incluyendo la exhortación, la
am onestación, el ánim o, el consejo e incluso los cánticos.74
Sabiendo que la P alabra de D ios es la que trae la vida, ¿es necesario
tener milagros que busquen conseguir la m ism a finalidad? C reo que aque-
líos que utilizan la expresión «evangelización con poder» para describir una
proclam ación que va respaldada p o r m ilagros, n o están en lo cierto. Las
Escrituras atribuyen poder a la m ism a Palabra de D ios (por ejemplo, Isaías
55:11, H ebreos 4:12). Jesús habló de sus palabras com o de “espíritu” (po-
der viviente) y de “vida” 0 u a n 6:63). E l Evangelio, según Pablo, tiene el
p o d er de sanar (R om anos 1:16; 2 T i. 3:15). Las m uchas referencias a la
eficacia de la Palabra de D ios dem uestran que tiene p o d er para pro d u cir
vida. P o r lo tanto, la proclam ación del Evangelio en el po d er del Espíritu,
apoyadas p o r la vida del predicador, ya constituyen «evangelización con
poder» (cf. 1 Ts. 1:5; 2:13).
Es cierto que D ios ha utilizado los m ilagros a lo largo de la H istoria, y
que continúa haciéndolo a favor de la evangelización. C o m o hem os visto
en relación con la Iglesia de C hina, los relatos acerca de m ilagros parecen
m ás predom inantes en las iglesias em ergentes que en las iglesias bien esta-
blecidas. O tra situación en la que se p o d ría esperar razonablem ente la
m anifestación del p o d er sobrenatural de D ios es en u n am biente donde
Satanás exprese su p o d er de igual m anera. D el m ism o m o d o en que D ios
puede desplegar su poder para expulsar dem onios, tam bién es lógico pen-
sar que D ios, ante casos de claras m anifestaciones demoníacas, podría des-
plegar su poder de form a triunfante. P ero reconocer que Dios, en su Sobe-
ranía, hace m ilagros en ocasiones concretas, es diferente a sugerir que las
E scrituras enseñan que las obras sobrenaturales públicas son el com ple-
m entó usual de la proclam ación del Evangelio.

73 C f. G á la ta s 6:6 ; C o l. 3:16; H e b r e o s 5 :12; S a n tia g o 3:1; 1 J u a n . 2 :27.


74 R o . 14:17, E f. 5 :19, C o l. 3:16; 1 T s . 4 :18; 5:11; 2 T s . 3:15; H e . 10:24-25.

141
¿Son vigentes los dones milagrosos?

Lo que debería acom pañar la proclam ación verbal, cuando fuera posi-
ble, es la m anifestación del am or sobrenatural. La Escritura no solam ente
ordena el po d er del am or y las buenas obras para persuadir (por ejem plo,
M ateo 5:16),75 sino que m uchos historiadores de la Iglesia lo ven com o la
clave para el éxito evangelístico de la Iglesia prim itiva. Según H e n ry Chad-
w ick «la aplicación práctica de la caridad fue posiblem ente la causa más
im portante del éxito del cristianismo».76*
E sto nos conduce a o tra gran área de los dones que debería ser la ñor-
m a en la Iglesia de la actualidad: los dones de servicio, es decir, aquellos
que no requiere, necesariam ente, el elem ento verbal (cf. 1 Pedro 4:10-11,
donde se divide en tre los dones verbales y los de servicio). La práctica de
los dones relacionados con el servicio en la Iglesia contem poránea es con-
siderablem ente débil com parada con la revelada en la historia de la Iglesia
prim itiva. Sugiero que podríam os recibir más poder y bendición mediante
u n increm ento en la práctica del am or sobrenatural, d entro y fuera de las
iglesias, en lugar de realizarlo m ediante más actividad milagrosa.

2. El desarrollo y adiestramiento de los dones

P oco dice la E scritura sobre la práctica y desarrollo del m inisterio de


dones espirituales. Puede parecer, n o obstante, que aquellos dones en los
que el E spíritu utiliza nuestras habilidades personales pueden llegar a ser
más eficaces m ediante el adiestram iento. Ser “apto p ara enseñar” (1 Ti.
3:2) es, sin duda, ser “apto para estudiar”. Lo m ism o específicam ente po-
dría decirse de todos los dones que, de algún m odo, com uniquen la verdad
de D ios basada en la Escritura. P o r ello, encontram os el estím ulo de Pablo
a estudiar la E scritura (2 Ti. 2.15) y a recibir enseñanza para poder enseñar
(2:2). Las m últiples imágenes bíblicas de discipulado pueden aplicarse de la
m ism a m anera al desarrollo del m inisterio de dones (por ejemplo, 2:10; Cf.
Fi. 2:22). El m inisterio, com o la vida cristiana en general, puede estar unido
a una capacidad que se desarrolla p o r la inform ación y p o r el adiestramien-
to cognitivos, m ediante los cuales el estudiante aprende con la práctica a
seguir el ejem plo de u n m aestro.

75 V e r ta m b ié n J u a n 1 3 :3 5 :1 P e d r o 2:12.
76H e n r y C h a d w ic k , TheEarly Church (B altim ore: P e n g u in B o o k s, 1968), 56, v e r ta m b ié n
G .W . L a m p e , “D ia k o n ia in th e E a r ly C h u r c h ”, e n Service in Christ, ed. J a m e s I. M c C o r d
y T .H .L . P a r k e r (G ra n d R ap id s: E e rd m a n s , 1966), 49-50; R o w a n A . G re e r, Broken Lights
andMendedLives (U n iv e rsity P a rk , P A : P e n n sy lv a n ia S tate U n iv e rs ity P ress, 1986), 122-23.

142
L a postura abierta, pero cautelosa

Es difícil ver cóm o tal adiestram iento y desarrollo se aplicaría a los lia-
m ados dones milagrosos. C om o el nom b re sugiere, trascienden la habili-
dad natural de la persona debido a su abierta m anifestación sobrenatural.
Sin duda, no existía ningún adiestram iento aplicado a la m anifestación de
las lenguas en ninguno de los ejemplos recogidos en H echos. Es difícil ver
cóm o las habilidades hum anas y el adiestram iento tienen que ver con do-
nes com o las lenguas, la interpretación de las lenguas, los m ilagros e inclu-
so la profecía.

3 . El ministerio de dones en el ámbito personal y en el


colectivo.

Desde que la Iglesia es Iglesia, ya sea que los m iem bros se reúnan o que
cada u n o de ellos esté en su casa y com unidad, el m inisterio de los dones
puede desarrollarse en todas las situaciones. El factor crucial en el ministe-
rio del N uevo Testam ento es que to d o el pueblo de D ios tiene dones, y no
solam ente ciertos profesionales. El C uerpo crece a través del m inisterio de
cada m iem bro (Ef. 4:16). G ran parte del m inisterio tiene lugar cuando los
creyentes cum plen de form a individual (es decir, fuera de las reuniones ge-
nerales) las m uchas exhortaciones a enseñar, am onestar y consolarse “los
unos a los otros”. Cada destello que las Escrituras nos da sobre la adoración
com unitaria, m uestra esta m ism a adm inistración m utua de los dones. El
m inisterio de la Palabra era, sin duda, la parte central, pero se hacía median-
te una variedad de dones.77 E n la adoración bíblica el Espíritu se manifesta-
ba com o el adm inistrador de la Gracia de D ios para las necesidades y edifi-
cación de la com unidad a través de m uchos dones. Algunos dones com o la
enseñanza, necesitaban del m inisterio del Espíritu para preparar lo que lúe-
go se iba a enseñar en la reunión (mientras preparaba, la persona buscaba la
gula divina). P o r o tro lado, algunos m inisterios eran espontáneos.
El p u n to de vista sobre los dones m ilagrosos que he expuesto significa
que deberíam os estar abiertos a su m anifestación, pero, a su vez, esos do-
nes m ilagrosos n o deben verse tan usuales com o los dones que se centran
en aplicar la verdad de la E scritura y en la caridad y el servicio. T am bién
deberíam os estar abiertos a los m ilagros que D ios quiera realizar simple-
m ente a través de las oraciones de su pueblo (por ejemplo, sanidad), que no
son manifestaciones evidentes de u n d o n espiritual.

77 C f. 1 C o . 14:26; E f. 5 :19; C o l. 3:16.

143
¿S on vigentes los dones milagrosos?

El m inisterio de dones espirituales es el encuentro de D ios con su pue-


blo. Para una persona que está abierta a la intervención divina, la recepción
de u n do n para m inistrar es la experim entación de la obra sobrenatural de
Dios. E n demasiadas ocasiones se busca esto prim eram ente y, p o r lo tanto,
se busca lo m ilagroso. Pero las edificantes experiencias de la reprensión, la
convicción, el aliento, el consuelo, etcétera, que nos llegan a través de do-
nes no milagrosos, son tan sobrenaturales y experiencias tan reales de Dios
com o lo son los milagros.
Finalm ente, no hay ningún lugar en las Escrituras en el que el ministe-
rio de los dones (público o privado) produzca una m anifestación física tal
com o los tem blores o las caídas. D ado que somos seres psicosomáticos, las
experiencias espirituales dirigidas al corazón siem pre tendrán, si alcanzan
de verdad al corazón, u n im pacto sobre la dim ensión física. El efecto, en
ocasiones, puede ser m u y obvio, com o p o r ejem plo llorar o expresar ale-
gría de m aneras m u y diversas. P ero estas m anifestaciones n o son la obra
directa del Espíritu sobre el cuerpo, del m ism o m odo que tam poco lo eran
los saltos del h o m b re que P edro sanó en H echos 3 (H echos 3:8). P o r su-
puesto, adm ito la posibilidad de que el Espíritu afecte directam ente al euer-
po. Este es el caso de las sanidades milagrosas. P ero la Biblia n o m enciona
ninguna manifestación corporal com o reflejo del poder sobrenatural inme-
diato del Espíritu de Dios. El Espíritu aporta dom inio propio (Gá. 5:23; cf.
H echos 24:25). Es más, el ser hum ano más lleno del Espíritu, Jesús, n o ma-
nifestó signos físicos com o resultado de estar bajo el co n tro l del Espíritu.

4. Guia personal de Dios.

La cuestión sobre si D ios guía al creyente en las decisiones personales


de la vida se enm arca, con frecuencia, en si podem os esperar “nueva reve-
lación” o si la revelación cesó con la finalización del canon de la Escritura.
Aquellos que m antienen la continuidad de la revelación buscan la guía de
Dios m ediante el don de profecía o los dones de sabiduría y conocim iento.
A quellos que niegan la nueva revelación buscan la guía de D ios en la apli-
cación de las Escrituras y otros m edios varios que n o tienen que ver con la
revelación, com o el consejo de otros y las circunstancias.
A unque D ios usa una variedad de medios para guiar a cada creyente, en
m i opinión, el resultado es, a m enudo, una nueva revelación. Si creo que el
p ensam iento de m i m ente m e lo ha dado D ios y que es la respuesta a m i
oración, ¿no es revelación divina? Es más, si tiene que ver con u n tem a que

144
L a postura abierta, pero cautelosa

n o está revelado en las Escrituras - existen m uchos, tan to personales (p. ej.,
m atrim onio, carrera profesional) com o colectivos (para la Iglesia) - enton-
ces es u n a revelación nueva.
Sin pretender discutir com pletam ente el tem a de la guía o la dirección
de D ios, n o creo que lo que acabam os de decir, que som os guiados p o r
revelación divina, tenga que ver con los dones milagrosos. Es más, esto es
lo que podríam os llam ar la guía del nuevo pacto, la guía que, en su realidad
perfeccionada, pertenece a la glorificación. La Escritura dice que D ios ha
escrito su ley en el corazón de cada creyente. Ju n to con la verdad de que
cada creyente ha recibido al Espíritu Santo com o C onsolador y M aestro,
este hecho significa que D ios actúa en nosotros para cum plir su prom esa
de guiamos.78 La labor presente de D ios en nosotros utiliza sin duda todos
los m edios externos de guía m encionados, especialm ente la verdad de las
Escrituras. Pero el producto final es el pensam iento de nuestra m ente, que
em ana del corazón, con sentim iento y fuerza. Si creemos que el Espíritu de
D io s está o b ran d o en este proceso, entonces debem os reconocer que el
pensam iento en nosotros está, de alguna m anera, producido p o r El y no se
trata sim plem ente del producto de nuestras propias mentes.
E n térm in o s prácticos, utilizando to d o s los m edios de guía a nuestra
disposición, especialm ente la m editación en las Escrituras, debem os exa-
m in ar cuidadosam ente nuestros corazones y m entes para discernir la voz
de D ios. P e ro tam b ién debem os reco rd ar que esta v o z de D ios está en
nuestros corazones y mentes, los cuales son todavía u n a mezcla de la nueva
obra de D ios y nuestro ego pecam inoso. D e este m odo, el pensam iento de
nuestros corazones puede ser nuestra propia palabra en lugar de la de Dios.
E n esta etapa de la vida en que aún tenem os u n corazón im perfecto, n o
podem os asegurar co n confianza: «Dios m e ha dicho...». La voz del cora-
zó n debe ser som etida a o tro s exám enes de guía divina, especialm ente al
consejo de otros creyentes a los que D ios tam bién habla. Resum iendo, las
personas deben anim arse a escuchar la vo z de la guía de D ios con corazo-
nes abiertos y hum ildes y, sobre todo, corazones preparados p o r el conocí-
m iento de la verdad de las Escrituras.

78D o s o b ra s ú tile s al re s p e c to s o n d e K lau s B o c k m u e h l, Listening to the God WhoSpeaks


(C o lo ra d o S prings, C o lo .: H e l m e n & H o w a rd , 1990) e D allas W illa rd , In Search ofGuidance
(S an F ra n c is c o : H a r p e r a n d R o w , 1993)

145
¿Son vigentes los dones milagrosos?

5 . Los que difieren acerca de los dones milagrosos.

E n tre los m uchos asuntos teológicos sobre los que los cristianos difie-
ren, algunos im piden el com pañerism o práctico más que otros, especial-
m ente los tem as que afectan de form a inm ediata a la vida de la Iglesia. Las
personas pueden vivir juntos felizm ente aunque difieran en interpretacio-
nes teológicas que n o afectan directa o significativam ente al com porta-
m iento (por ejem plo, la Escatología o tem as sobre la Creación) o aquellos
que se practican a nivel individual (por ejemplo, prácticas concretas para el
crecim iento espiritual). Pero no ocurre lo m ism o con el tem a que estamos
tratando en este libro. M uchos de estos temas afectan directam ente al com-
po rtam ien to d en tro de la Iglesia, dificultando que las personas de diferen-
tes posturas tengan com unión.
E n m i opinión, el problem a más im portante en cuanto a la unidad vie-
ne de las posturas que crean (quizás de form a no intencionada) distintos
niveles espirituales entre creyentes, o que juzgan la espiritualidad de otras
personas. A firm ar que la relación con el Espíritu se evidencia p o r determi-
nadas m anifestaciones m ilagrosas, establece u n a línea de diferenciación
espiritual. O cu rre lo m ism o al sostener que la m anifestación de u n don en
particular es u n a clave para la com unión con Dios. D el m ism o m odo, ense-
ñ a r que la Iglesia n o m anifiesta los dones del m ism o m o d o que en la era
apostólica a causa del pecado o de la falta de fe, puede llevar a u n a dife-
renciación espiritual. P o r lo m enos, aquellos que creen esto reconocen su
fracaso, m ientras que otros ni siquiera se arrepienten de su incredulidad.
A l m ism o tiem p o , quizás de m anera m ás sutil, aquellos que abogan
p o r la n o existencia de los dones m ilagrosos en la actualidad, pueden me-
nospreciar a aquellos que creen, p o r ejem plo, que están utilizando el don
bíblico de lenguas en su vida de oración. Aseguran (o incluso enseñan abier-
tam ente) que las personas que h ablan en lenguas están engañadas, en el
m ejor de los casos, y poseídos, en el peor. E n todos estos ejemplos, es difí-
cil ver cóm o aquellos que m antienen posiciones contrarias pueden tener
una relación de com unión.
La unidad en la com unión se basa en la sim ilitud de creencia y práctica.
La u nidad crece cuando se in ten ta m inim izar o se les resta im portancia a
las creencias divergentes, m ostrando un a m ayor tolerancia hacia quienes
n o están de acuerdo. La H isto ria dem uestra que la unidad com pleta en
todas las cosas p ro bablem ente n o es posible. P ero tam b ién revela que el
diálogo, entre los de buena voluntad, puede hacer m ucho para disolver al-
gunas diferencias y aportar u n m ayor am or y respeto a pesar de las diferen-

146
L a postura abierta, pero cautelosa

cias. La reciente historia de los dones m ilagrosos, a pesar de haber engen-


drado algo de confusión en la Iglesia, tam bién ha aportado u n diálogo útil
en tre las posiciones opuestas y ha difum inado levem ente las líneas tradi-
dónales. Los creyentes que busquen el objetivo de C risto de la unidad de la
Iglesia deben seguir haciendo de estos tem as una m ateria de estudio. Debe-
riam os perseguir la co m u n ió n entre las diferentes posturas; que aunque
cada postura se m antuviera firme a sus postulados, supiera coexistir con las
demás en la Iglesia. C uando las opiniones diferentes son u n obstáculo para
la com unión de la Iglesia, aún debería existir el respeto, el am or y la coope-
ración en las cosas de C risto hacia y con aquellos que sostienen la m ism a fe
preciosa en las demás áreas vitales de la doctrina cristiana.

E. Riesgos de las diferentes posturas

C onsiderar los peligros de la postura propia es norm alm ente tarea difí-
cil. El ideal es, p o r supuesto, sostener un a posición teológica que prom ue-
va la salud espiritual y que no presente ningún riesgo. Atraque estoy seguro
de que mis colegas de este libro m e ayudarán a encontrar más de u n riesgo,
el ú n ico que a m í se m e o cu rre de la posición que y o defiendo es que,
aunque digam os que estam os abiertos a la posibilidad de los m ilagros de
D ios, a veces podem os seguir estando cerrados. La negación de que los
m ism os fenóm enos de la era apostólica sean para la actualidad, norm al-
m ente reduce las expectativas de m ilagros, lo cual puede acabar llevándo-
nos a n o ten er ninguna expectativa.
E n cuanto a los peligros de las otras posiciones, sugiero que el cesacio-
nism o tam b ién conduce a un a p o stu ra dem asiado cerrada en cuanto a la
capacidad de D ios de o b rar milagros y, posiblem ente, produce u n escepti-
cismo indebido hacia los relatos de milagros que ocurren en el m undo. C om o
hem os visto con anterioridad, los que m antienen esta posición tam bién
pueden creerse superiores teológicamente, y más m aduros espiritualmente,
que quienes necesitan y buscan las manifestaciones físicas del Espíritu para
respaldar su fe.
M i m ay o r preocupación es hacia aquellos que abogan p o r que los do-
nes m ilagrosos espirituales son usuales en la vida cristiana de nuestra épo-
ca. C o m o hem os visto antes, esta posición tiene el potencial de catalogar a
los creyentes en cu anto a su espiritualidad, conduciendo al peligro del eli-
tism o p o r u n lado, y al sentim iento de inferioridad, p o r otro. La seguridad
aportada p o r algunos de que la sanidad de D ios es accesible a todos, tam -

147
¿Son vigentes los dones milagrosos?

bien h a creado u n a fe falsa y la consiguiente decepción para aquellos


a quienes nunca les ha llegado la sanidad, a pesar de haberla buscado since-
ramente.
Esta p ostura tam bién puede causar estragos cuando se pronuncian fal-
sas profecías sobre otros. Es más, la enseñanza de que los dones m ilagro-
sos son habituales, puede enfatizarse demasiado, de m odo que el creyente
pierda el énfasis bíblico de que la espiritualidad se demuestra, prim eramen-
te, p o r el fru to del E spíritu y el servicio am oroso hacia los demás. Final-
m ente, los que abogan p o r el continuism o pueden provocar lo que podría-
mos llam ar u n cristianism o triunfante de poder explícito, que en realidad
no llegará hasta la era venidera. Según las E scrituras, la era presente se
caracteriza más p o r el poder del sufrim iento y del am or perseverante, que
p o r el po d er m ilagroso y el triu n fo sobre todos los efectos del mal.

Apéndice: Evaluando las profecías

U n a de las claves para ver si u n a form a de profecía no es inspiración y,


p o r tan to , n o tien e ninguna autoridad, es la invitación que Pablo hace a
“juzgar” [diakrino] lo que se dice en la Iglesia (1 C o. 14:29). La palabra
griega tiene el sentido básico de «distinguir entre cosas diferentes». La mis-
m a palabra se utiliza para el «discernim iento de espíritus» (12:10), listado
in m ed iatam en te después del d o n de profecía y considerado vigente en
la evaluación de la profecía (ver Jesús y el Espíritu de J ames D u n n , Salaman-
ca 1975, p. 374 ss.; y Primera Epístola a los Corintios, de G o rd o n Fee, Ed.
N ueva Creación, G rand Rapids, Michigan, 1998. p. 674).
La m anifestación m ás am plia de la profecía en la Iglesia del N u ev o
T estam ento, en com paración con la del A ntiguo Testam ento, hace que el
tem a de la evaluación sea, sin duda, m ás im p o rtan te. P ero la evaluación
siem pre ha sido necesaria, p ara distinguir al profeta verdadero del falso
(Deut. 13:1-5; 18:22) y la validez de u n a profecía pretendida p o r alguien
conocido com o profeta verdadero (1R. 13:18). La cautela de Pablo con los
rom anos, expresada en que el que ejerza este don debe hacerlo «en propor-
ción a la fe» (Ro. 12:6), sugiere n o solam ente la posibilidad de profecías
falsas (en realidad, profecías que no son divinas), sino tam bién que la pro-
fecía verdadera puede ser, com o dice Cranfield «adulterada p o r los añadí-
dos derivados de o tra fuente que n o es la inspiración del E spíritu Santo»
(C.E.B. Cranfield, A Critical and Exegetical Commentary on theEpistle to the
Romans, IC C [Edimburgo: T. & T. Clark, 1979], 2:620).

148
L a postura abierta, pero cautelosa

P o r lo tan to , al analizar las profecías se debe distinguir entre profetas


falsos y verdaderos, y en tre profecías que vienen de D ios y las que no.
N a d a en este co n tex to sugiere u n cam bio en el significado m ism o de la
profecía desde el A ntiguo Testam ento. La discrim inación en todos los ca-
sos n o observará diferentes niveles de profecía, sino que lo que hará será
separar entre lo que es profecía y lo que n o lo es.
La frase de P ablo sobre la autoridad de los profetas de la Iglesia, tam -
bien se ve co m o p ru eb a de que la profecía de estos últim os tiene m enos
autoridad. P ero si los profetas pueden som eterse al discernim iento de la
Iglesia, sin duda pueden someterse al discernim iento del apóstol quien, en
su apostolado, representa la autoridad de C risto sobre la Iglesia. E n ambos
casos, el tem a no se refiere a grados de autoridad, sino al discernim iento de
lo que tiene autoridad o no. A unque puede argum entarse que el que evalúa
al o tro ejercía m ay o r autoridad, en realidad n o es así. Las personas tenían
que determ inar frecuentem ente si los que decían hablar en nom bre de Dios
- incluido M oisés - estaban en lo cierto. P ero cuando se determ inaba que
ciertam ente D ios estaba hablando, el mensaje se recibía com o u n mensaje
co n autoridad, y el p u eb lo se som etía a él. E n to d o s estos casos, los que
realizaban la evaluación tenían que utilizar algún criterio de autoridad. P or
lo general, eso suponía un a revelación previa p o r parte de Dios. El m ism o
apóstol n o duda en som eter su pro p ia enseñanza a los creyentes de Berea,
quienes u tilizaro n las Escrituras para saber si lo que decía era cierto (He-
chos 17:11).
L o que nos en contram os en el caso del apóstol y de los profetas de
C o rin to es, sim plem ente, que Pablo utiliza los criterios de lo que conoce
com o la pauta que D ios ha dado para juzgar a estos profetas y a sus profe-
cías. Esto no significa que Pablo creyera que sus palabras tenían más autori-
dad que la profecía genuina que llegó a través de los profetas de la iglesia de
C orinto. Cualquiera que hablara en contra de esa pauta que Dios había dado
no se podía considerar a sí m ism o profeta. Si la profecía es, en verdad, una
revelación inspirada p o r Dios, tiene autoridad, sea cual sea el vehículo p o r
el que sea recibida. La pregunta bíblica que sigue vigente en la actualidad no
es ver el grado de autoridad de una profecía, sino más bien ver si ciertamen-
te se trata de u n a profecía o no.

149
Una respuesta cesacionista
a Robert L. Saucy
Richard B. Gaffin, Jr.

1. El lector habrá com probado el acuerdo sustancial entre nuestras dos


posiciones. Particularm ente, aprecio el estudio que aporta Saucy, especial-
m ente del A ntiguo T estam ento, en la sección llam ada «La desigualdad de
los m ilagros en la h isto ria bíblica». E sta sección (que com pleta algunas
lagunas en m i presentación) arroja luz sobre u n tem a im p o rtan te en este
simposio: el elem ento periódico (o, según las palabras de Saucy, “desigual”)
del m ovim iento de la historia bíblica com o u n to d o , es decir, de la histo-
ria de la redención que la Biblia recoge.
La verdad de este tem a está entre la posición de Jack D eere, p o r ejem-
pío, y la postura a la que se opone.79 A unque es, sin duda, dem asiado res-
trictiv o lim itar los m ilagros en el A n tig u o T estam ento a los tiem pos de
M oisés/Josué y Elías/Eliseo, Deere exagera, incluso sobre la evidencia que
presen ta (ver su tabla), al llegar a la conclusión de que, desde Sam uel en
adelante los m ilagros son “constantes” y “regulares”, y que «los acontecí-
m ientos sobrenaturales son una parte habitual de la vida del A ntiguo Tes-
tamento».80 Califica su frase al decir que no eran “hechos cotidianos”. Pero,
viendo el p erio d o desde N o é en adelante, o incluso desde A b rah am en
adelante, el registro bíblico apenas m uestra que los milagros «ocurran con
cierta regularidad en todas las generaciones de creyentes del A ntiguo Tes-
tamento».81 Los Salmos 74:9 y 77:11 (los cuales Deere cita com o excepcio-

79J a c k D e e re , Power oftheSpirit (G ra n d R ap id s: Z o n d e rv a n , 1993), 253-66 (A p én d ice


G· Where ThereOnly ThreePeriods ofMiracles}‫)״‬.
80 Ib id ., 255-61.
81 I b id ., 26 4 .

151
¿Son vigentes los dones milagrosos?

nes fuera de lo com ún), p o r ejem plo, apuntan a una conclusión m u y dife-
rente. P o r citar o tro ejemplo: ¿qué hay de la experiencia de estas numerosas
generaciones del pueblo de D ios durante el largo periodo de 400 años de
esclavitud en Egipto?
Los m ilagros de las Escrituras no son fenóm enos independientes, con
el objetivo del beneficio (o destrucción) de aquellas personas directam ente
afectadas. L o que D eere y otros no ven, y esta es la visión clave reflejada en
la posición a la que se oponen, es que la aparición de los m ilagros está
vinculada al desarrollo de la historia de la salvación, la historia de los he-
chos salvíficos de D ios que com ienzan ya en el jardín del Edén, con oca-
sión de la C aída, y term in an en la o b ra perfecta de C risto . Este vínculo
existe porque los milagros están relacionados a través de la historia con la
Revelación de D ios y porque ésta a su vez, se centra en esos acontecimien-
tos de revelación; la palabra revelada afirma y explica la Redención (ver m i
explicación en p. 60).
Pero la historia de la redención es cualquier cosa m enos una progresión
suave y continua; en lugar de ser Heilsgeschichte (“la historia de la salvación”), en
ocasiones parece ser justo lo contrario, u n heilsgeschichte, una historia de juicio y
destrucción, n o de la Gracia y la bendición. D e todas formas, es una historia
que comienza, que se detiene, que sube, que baja; está marcada p o r m om entos
climáticos y p o r periodos (en ocasiones largos) de (relativa) inactividad.
P o r lo tan to , a pesar de nuestra im presión inicial al leer el A ntiguo Tes-
tam ento, la Revelación n o es una constante fija en la historia de Israel (por
ejem plo del éxodo al exilio). A la vista de la correlación entre la palabra
revelada y el hecho red en to r, la h isto ria de la revelación n o es u n fluir
constante, sin interrupciones. La Revelación tiende a llegar en m om entos
concretos. J u n to con estos m edios y o tro s fenóm enos m ilagrosos que la
acom pañan, la R evelación llega de fo rm a copiosa en conexión co n los
m om entos climáticos y decisivos de la historia de la redención.
Específicamente, sin tener que negar, ni querer hacerlo, que la Revela-
ción y los milagros pueden ocurrir, esporádicam ente, en otras ocasiones a
lo largo de la historia de la salvación. Estos m om entos más concretos son
la relación de D ios con N oé, el llam am iento de A braham y de los otros pa-
m arcas, el Exodo, el desarrollo en to m o a la M onarquía, el principio y el fin
del exilio, y de fo rm a preem inente y consum ada, la venida y la o b ra de
C risto (incluyendo la fundación de la Iglesia).82 El corolario negativo que

82 A s im is m o , véase q u e la re v e la c ió n e n tre g a d a y c e n tr a d a e n e sto s p u n to s cru c ia le s


in clu y e ta m b ié n , m ira n d o ta n to hacia atrás c o m o hacia d elan te, lo s p e rio d o s q u e in te rv ie n e n .

152
U na respuesta cesacionista a Robert l . saucy

se observa entonces es que los periodos de pausa e inactividad en la histo-


ria de la redención (com o la esclavitud en Egipto y el intervalo siguiente
al regreso del exilio hasta la venida de Cristo) son, correlativam ente, tiem-
pos de silencio en la historia de la Revelación. Los com entarios de Saucy
ayudan a reforzar que este razonam iento histórico-redentor y teocrático
sirve para explicar la aparición de la Revelación y de otros m ilagros que la
acompañan.
Tam bién debemos decir que tal razonam iento implica el hecho de que a
lo largo de la historia de la redención, las experiencias de po d er tenían u n
carácter adicional. Es decir, las experiencias de poder no eran para el bene-
ficio de las personas que las experim entaban, sino que tales experiencias
estaban relacionadas con su función concreta (com o profetas, jueces, re-
yes, etc.) en la historia de la salvación.
E n esta sección, tam bién encontré útil el tratam iento que Saucy hace de
H eb reo s 2:3-4 y de G álatas 3:5. L o que Saucy dice sobre estos pasajes
ofrece, creo y o , u n a respuesta a las diferentes conclusiones extraídas de
u n o o de am bos pasajes p o r los o tro s dos participantes en este sim posio
(ver Storm s, pág. 189-190, n o ta 21 y O ss, págs. 272-273). E n H ebreos 2:3,
«aquellos que oyeron» puede que no pretenda ser un a designación form al
de los apóstoles, y n o tiene p o r qué restringirse a ellos. P ero claramente, la
actividad “confirm adora” adscrita a este grupo de testigos oculares, com o
la actividad reveladora de los ángeles (del antiguo pacto) con la que se con-
trasta (v. 2), tiene, com o dice el autor, una cualidad de “inm utabilidad o fir-
m eza”. Y esta cualidad habla de la pertenencia al testim onio de C risto reve-
lado únicam ente a los apóstoles (de «la salvación anunciada prim eram ente
p o r m edio del Señor»), Y la única explicación que el versículo 4 concede
sobre «las señales, los prodigios, los diversos m ilagros, y los dones del Es-
p íritu Santo» es que ofrecían u n testim onio más y apoyaban aquella nueva
revelación sobre C risto , ahora com unicada p o r m edio de los apóstoles.
2. Pasando p o r alto o tro s tem as en los que estam os de acuerdo, m e
gustaría sugerir que la posición de Saucy es realm ente m ás “cautelosa” y
m enos “abierta” de lo que parece ser.
Su reticencia inicial a decir que to d o d o n del N u ev o T estam ento ha
cesado es que n o existe enseñanza bíblica explícita al respecto. P ero, ¿no
significa eso restringir la autoridad de la enseñanza de la Biblia? Las afirma-
ciones que en co n tram o s en las E scrituras, y creo que estaría de acuerdo
conm igo, n o son unidades de significado aisladas. Cada u n a form a parte de
u n contexto (o contextos) que se expande y cuyo sentido nace, en últim a
instancia, de la «norm a [establecida p o r D ios] de las palabras sanas» (cf. 2

153
¿Son vigentes los dones milagrosos?

Ti. 1:13) que encontram os a lo largo de toda la E scritura, vista ésta com o
u n todo. La Biblia, p o r su propia naturaleza, com o u n todo que recoge una
verdad unificada, invita a u n proceso de com parar la Escritura con la Escri-
tura que necesariamente implica unas consecuencias y unas implicaciones.
«Todo el consejo de D ios concerniente a todas las cosas necesarias para su
propia gloria, la salvación del hom bre, la fe y la vida, está o bien expresa-
m ente recogida en las Escrituras o puede deducirse m ediante consecuen-
cías buenas y necesarias...» (Confesión de Fe de W estm inster, 1:6).
O bviam ente, nos acecha u n gran peligro: debem os ten er cuidado (in-
cluyendo los controles m etodológicos) y asegurarnos de que u n a conse-
cuencia dada no se obtenga de form a arbitraria, sino que verdaderam ente
sea “buena y necesaria”. N o obstante, el abuso no invalida el uso legítimo;
el hecho de que nuestra capacidad para razo n ar y extraer consecuencias
esté sujeta a e rro r n o significa que las consecuencias m ism as tengan que
ser falsas o inciertas.
D u d o de que nuestra discrepancia sobre esta cuestión sea considerable.
P o r ejem plo, Saucy afirm a en repetidas ocasiones la exclusividad de la era
apostólica com o periodo fundacional de la historia de la Iglesia, y tam bién,
que los apóstoles no continúan una vez acabado ese periodo.83 Asim ism o,
y de m anera m ás im portante, afirm a que el canon del N uevo Testam ento
está cerrado. Es más, reconoce la conexión interna que existe entre el cese
del apostolado y la finalización del C anon.
N o obstante, todavía n o veo claro en qué se basa Saucy para m antener
estas posiciones. Es verdad que el N uevo T estam ento n o afirm a explícita-
mente ni la clausura del canon de 27 libros ni el cese de apóstoles com o los
doce y Pablo. P ero, ¿no son estas convicciones «consecuencias buenas y
necesarias» de la enseñanza del C an o n (confirm ada p o r la posterior histo-
ría de la Iglesia)? ¿N o es verdad que, p o r lo m enos, están de acuerdo con la
verdad fijada p o r tal enseñanza?84 Si n o es así, n o nos atrevem os a hablar
de su carácter inm utable ni teológico.
Pero (1) si estas convicciones son inmutables, y (2) considerando el punto
de vista de Saucy, correcto a m i juicio, sobre que las profecías y las lenguas (con
interpretación) constituyen un discurso de revelación inspirado e infalible, ¿no
83 ¿ N o s ig n ific a eso e n to n c e s , c o m o él m is m o re c o n o c e , q u e e x is te al m e n o s u n d o n
e s p iritu a l, e l a p o s to la d o , q u e d e h e c h o es e l “p r i m e r o ” (1 C o . 12:28; E f. 4:11) q u e c e só ,
p o r lo m e n o s e n el se n tid o d e c o n tin u id a d , c o n lo s q u e fu e r o n eleg id o s y a u to r iz a d o s p o r
C r is to d e f o r m a ex clu siv a?
84 P a r a v e r u n e s f u e rz o p o r d e m o s tr a r q u e este es e l c a so , v e r R ,B . G a ffin , J r . “ T h e
N e w T e s ta m e n t A s C a n o n ”, e n InerrancyandHermeneutic, ed. H .M . C o n n (G ra n d R apids:
B a k e r, 1988)

154
U na respuesta cesacionista a Robert l . saucy

habla eso en favor de su cese? P o r lo que puedo entender, la pnspnanra bíblica


sobre la finalización del C anon no está ni más ni menos clara que el cese de las
lenguas y de la profecía; la finalización del C anon y el cese de la revelación
inspirada e infalible van de la mano. Sobre la teoría de que tal revelación conti-
núa en la actualidad, incluso si fuera posible aplicar con sentido los criterios
que Saucy propone («totalmente en arm onía con la revelación canónica»), lo
cual dudo (ver m i ensayo, págs. 52-53 y 57-60), el C anon no estaría del todo
cerrado. P o r lo que respecta a la palabra infalible de Dios para la actualidad, las
Escrituras estarían incompletas o, como mucho, solamente relativamente com-
pletas. A m í m e parece que los compromisos básicos de Saucy deberían hacer-
le más abierto al cese de la profecía y de las lenguas y más cauteloso sobre su
continuidad de lo que aparentemente es. Pero quizás después de todo no este-
m os tan alejados en este punto.
Este es u n lugar apropiado para reco rd ar a nuestros lectores que m i
posición cesacionista en cuanto a este p u n to n o es tan cerrada com o pare-
ce. N o niego que puedan o cu rrir experiencias en la actualidad, incalcula-
bles en la obra soberana del Espíritu; experiencias similares a las asociadas
con los dones verbales de revelación presentes en el N uevo T estam ento.
L o que sí cuestiono es que el N uevo T estam ento enseñe que estos dones
deben continuar o que debam os buscarlos en la actualidad, y que aquellos
individuos o grupos que aseguran haberlos recibido en la actualidad estén,
en este aspecto, m ás cercanos al cristianism o del N u ev o T estam ento que
aquellos que n o los han recibido.
3. A precio la cautela de Saucy y su interés p o r encontrar u n equilibrio
en la discusión sobre las posesiones dem oníacas, especialm ente su énfasis
sobre la “m edicina preventiva” (¡una buena dosis de verdad bíblica!) para
m antener la salud espiritual y, así, poder continuar con la guerra espiritual.
N o obstante, m e p reg u n to si el m odelo de enferm edad n o es incluso
m ás ap ropiado en este área de lo que él com enta. Es interesante resaltar
que en las Escrituras, la posesión dem oníaca nunca se considera u n peca-
do. La “am onestación” de Jesús n unca se dirige a las personas poseídas,
sino al d em onio que las posee (M arcos 1:25; 9:25 y paralelos; cf. H echos
16:18). La posesión dem oníaca es “persecución” en su sentido m ás pro-
fu n d o y verdadero. A l respecto, creo que Saucy necesita distinguir más
claram ente en tre la posesión dem oníaca y la exposición a la seducción de
Satanás y sus huestes. Rendirse ante esto últim o es pecado y no debería ser
considerado u n caso de posesión dem oníaca.
P o r otra parte, n o m e gustaría dism inuir la realidad y la intensidad de la
guerra espiritual en la que los creyentes se ven inm ersos (por ejemplo, Efe-

155
¿Son vigentes los dones milagrosos?

sios 6:11-12), o la ferocidad de los ataques devoradores del D iablo dirigi-


dos a ellos (1 Pedro 5:8). N o obstante, n o he encontrado una circunstancia
en la que u n creyente se vea to talm en te incapacitado debido al dom inio
que Satanás está ejerciendo sobre él, y que se haga necesaria la interven-
ción de o tro s creyentes (¿exorcismo?) para conseguir su libertad. Este re-
tra to n o tiene en cuenta la naturaleza escatológica de la conversión del
creyente. D ebem os continuar pidiendo, com o hace Jesús en el “Padre núes-
tro ”, «venga tu reino» y «no nos metas en tentación, mas líbranos del mal»
(Mt. 6:10,13). P ero para los creyentes, estas oraciones im perativas están
basadas en el indicativo (en la realidad) de que el reino ya ha venido y de
que, irrevocablemente, ya han sido librados «del dom inio de las tinieblas» y
trasladados «al reino de su H ijo amado» (Col. 1:13).85
4. Saucy m antiene la im portante distinción - negada o difuminada en los
debates actuales- entre la profecía y la guía personal. P ero m e preocupa cuan-
do, más adelante, al tratar el tem a de la guía o dirección, dice que frecuente-
m ente acaba en una “revelación” que es “nueva”. N o cuestiono tanto el voca-
bulario que usa, aunque creo que no es m uy acertado; el problem a lo veo en
que establezca que esas revelaciones son diferentes a otros tipos de guía, inclu-
yendo la aplicación de las Escrituras, que Saucy no asocia con la revelación.
El E sp íritu Santo debe actuar y, de hecho, actúa en los sentim ientos,
intuiciones y presentim ientos, corazonadas que los creyentes tienen sobre
decisiones específicas y form as de hacer concretas. Tal presencia no es de lo
que estamos hablando aquí, pues pertenece al proceso de santificación y es
algo que experim entan aquellos (todos los creyentes) que son “espirituales”
(p o r ejem plo, 1 C o. 2:15; Gá. 6:1) y que son “guiados” p o r el E sp íritu
(Ro. 8:14). M i preocupación, n o obstante, se centra en dar a tales im pulsos
(prom ovidos p o r el Espíritu) la característica de “revelación” paralela a - y
además de y aparte de - la aplicación de las Escrituras (no m enos o b ra del
Espíritu), especialmente dado que Saucy considera que esta últim a no está
asociada con la revelación. M e parece que esto hace que en la vida del
creyente el lazo de unión entre la palabra de D ios y la actividad del Espíritu
se vaya aflojando, lo cual tiene consecuencias negativas inevitables.
T o d o el tem a de la guía merece m ucha más atención de la que y o puedo
a p o rta r aquí. In v ito al lecto r a los com entarios breves p e ro incisivos de
JohnM urray.86

85 U n tr a t a m i e n t o v a lio s o s o b r e e ste te m a se e n c u e n t r a e n D .A . P o w lis o n , Power


Encounters:Reclaiming Spiritual Warfare (G ra n d R apids: B ak er, 1995).
86J o h n M u r r a y “T h e G u id a n c e o f t h e H o l y S p ir it”, Collected Writings (E d im b u rg o :
B a n n e r o f T r u t h , 1976), 1:186-89.

156
Una respuesta de la Tercera Ola
a Robert L. Saucy
C. Samuel Storms

A pesar de que Saucy expresa u n a perspectiva m ás cercana a la m ía


que la de Gaffin, existen algunos tem as que requieren u n com entario más
extenso.
1. A pesar de que la palabra charisma nunca se aplique al apostolado,
tan to Saucy com o Gaffin insisten en que se trata de u n don espiritual que
n o sobrevivió más allá del prim er siglo. Según ellos, esto puede llevam os a
la conclusión de que otros dones tam bién eran tem porales.
Pero: ¿es el apostolado u n don espiritual? Saucy apunta que los apóstoles
«aparecen en las listas ju n to con los ‘profetas’ y los ‘m aestros’, individuos
que, com o todo el m undo cree, ejercían con regularidad los correspondien-
tes dones de profecía y enseñanza (cf. 1 C o. 12:28-29; E f 4:11). C on los
apóstoles ocurría lo m ism o que con los profetas y maestros, que eran profe-
tas y maestros p o r los dones espirituales que ejercían.» (pág. 105)
Es fácil en ten d erlo en relación con los profetas y m aestros y otros
dones similares. Los exhortadores exhortan, los m aestros enseñan, los sa-
nadores sanan, los que tienen el d o n de fe ejercitan el d o n de fe, etc. Pero,
¿cómo ejerce u n apóstol el apostolado? M ientras que Saucy y Gaffin insis-
ten en que el apostolado es u n d o n espiritual, ninguno lo define. Saucy se
aproxim a cuando dice que «mientras que los apóstoles ejercieron una serie
de dones com unes a los demás (com o la profecía y la enseñanza), tam bién
estaban dotados co n u n d o n espiritual ún ico que les p erm itía m inistrar
com o apóstoles.» (pág. 106)
Pero, ¿qué significa m inistrar com o u n apóstol? Aquel que disciérnelos
espíritus m inistra discerniendo los espíritus. E l que es generoso m inistra

157
¿Son vigentes los dones milagrosos?

dando. N o obstante, si hablam os del que m inistra com o apóstol n o pode-


m os decir que lo hace apostelando (por acuñar u n térm ino). C om o D eere
explica:

«Esvirtualmente imposibledefinirel “don ”deapostolado delmismo modoqueel


restodedones. Podemosconcebirfáalmentequealguien ejerzaeldondeprofecíasin
serprofeta. Lo mismo puededecirsedelresto delosdones. Pero,¿cómopodríaal-
guien en una asamblea local o en una reunión fiercereldon deapostolado sin ser
apóstol? Un apóstolen unaasamUeapuedeprofetizar, osanar, o dirigiroadminis-
trar. Pero,¿quésignificaría fiercereldon delapostolado?Simplementenopodemos
concebirelapostoladojuerade losapóstoleshistóricos. EnelNuevo Testamento, el
apóstol no es un don espiritual, sino unapersona a quien Dios había dado un
ministerioconcreto, umcomisiónespecfica.»87

Los dones espirituales, com o los descritos en 1 C o rin tio s 12:7-10, son
obras que realizam os con la energía o poder que D ios nos da. P ero ¿cómo
se ejerce el apostelado? Podem os entender cóm o puede ejercerse la profecía,
0 m ostrar misericordia, o dar ánim o. Pero el apostolado n o es una obra que
el E spíritu Santo realiza en el interior de una persona, sino u n cargo para el
cual u n o es llam ado p o r el m ism o Jesucristo.
E sto nos conduce a la pregunta acerca de los criterios para el apostóla-
do, lo que inexcusablem ente lo diferencia de todos los demás dones espiri-
tuales. Si el apostolado fuera u n charisma, sería el único para el cual una
persona debería cum plir ciertos requisitos. Pablo describe los charismata
com o el potencial que toda persona tiene de recibir cualquier don, depen-
diendo de la v o lu n tad soberana del E sp íritu (1 C o. 12:11). N o ocurre lo
mismo con el apostolado. Prácticam ente, la m ayoría está de acuerdo en que
para ser considerado u n apóstol uno debe ser «testigo de la resurrección de
Cristo» y recibir la com isión personal del m ism o Jesús (H echos 1:22-26;
1 C o. 9:1-2; 15:7-9; cf. tam b ié n R om anos 1:1; 5; 1 C o. 1:1; 2 C o. 1:1;
Gá. 1:1). P o r lo tanto, y al contrario que los charismata, solamente unos po-
eos encajan en las condiciones específicas para poder ser considerados com o
apóstoles.
Existe otra razón asociada que explica p o r qué n o creo que Pablo viera el
apostolado com o u n don espiritual. Estoy pensando en su repetida exhorta-
ción de «desead ardientem ente los mejores dones» (1 Co. 12:31; cf. 14:1,12).
Los charismata deben ser deseados y pedidos en oración (14:13). D e hecho,

87J a c k D e e re , Surprisedby tbePoweroftheSpirit (G ra n d R ap id s: Z o n d e rv a n , 1993), 242.

158
U na respuesta de la T ercera O la a Robert l . saucy

debemos desear especialmente aquellos dones que son más eficaces para la
edificación de la Iglesia (en este aspecto, ver especialmente 14:12). M uchos
eruditos creen que la lista del cap. 12:28-29, que coloca el apostolado en
prim er lugar, prioriza de acuerdo con este principio. Pero si el apostolado es
u n don com o la profecía o la enseñanza, ¡Pablo estaría anim ando a todos los
cristianos a que, sobre todas las cosas, quisieran ser apóstoles! Sin embargo,
com o hem os visto antes, esto no es algo que se deba buscar o p o r lo que
debamos orar. O eres un testigo directo de la resurrección de Cristo o no lo
eres. O has recibido la com isión personal de Jesús, o no.
E n una palabra, m ientras que los apóstoles m ism os, sin duda, recibie-
ron charismata, com o la habilidad de profetizar, curar, m ostrar misericordia,
etc. el apostolado per se no es un charisma. El apostolado no es un poder que
se otorga para una tarea concreta; es u n a posición eclesiástica.
La razó n p o r la cual m uchos desean clasificar el apostolado com o un
do n espiritual no es difícil de ver. Saucy escribe: «Si el charisma del aposto-
lado n o continuó en la Iglesia, entonces debem os reconocer que no todos
los dones espirituales operativos en la Iglesia del N uevo T estam ento han
continuado a través de la H istoria. Más aún, este hecho supone la posibili-
dad de que otros charismata tam bién hayan cesado o cambiado.» (pág. 106).
N o tengo problem as en conceder la posibilidad de que todos los charismata
hayan cesado. Pero es una posibilidad que solam ente albergaría si la Escri-
tu ra asegurara explícitamente la tem poralidad de estos dones, o los definie-
ra de tal m anera que los excluyera necesariamente de la vida posterior de la
Iglesia. Sin em bargo, no existe nada inherente a ninguno de los dones que
sugiera que eran tem porales.
Este tipo de argum ento es com o decir que es probable que ninguna prác-
tica de la Iglesia p rim itiva sea válida hoy, sim plem ente po rq u e reconoce-
m os que algunas prácticas no lo son. P ero está claro que ese últim o hecho
no tiene una implicación teológica o práctica sobre la validez y la continui-
dad de una actividad en particular. Cada práctica debe ser evaluada de acuer-
do con lo que es y p o r la razón p o r la que D ios la ordenó. P o r lo tanto, si el
N u ev o T estam ento define explícitamente un don espiritual com o algo ex-
elusivamente lim itado al prim er siglo y, p o r consiguiente, inválido para los
cristianos en los periodos posteriores de la historia de la Iglesia, y o seré el
p rim ero en declararm e “cesacionista” (por lo que a ese d o n se refiere). N o
obstante, nada de lo que Gaffin o Saucy hayan escrito m e lleva a creer que
alguno de los charismata se encuadre d entro de esta categoría.
2. E n varias ocasiones, Saucy subraya la idea de que lo que sí ha cambiado
a lo largo de la h isto ria de la Iglesia es el alcance y la intensidad de los

159
¿Son vigentes los dones milagrosos?

prodigios, milagros y señales apostólicas (pág-106). Estoy de acuerdo. Pero


eso solamente sirve para dem ostrar que los apóstoles obraban con u n nivel
de po d er sobrenatural desconocido para los dem ás cristianos, algo en lo
que prácticam ente todos coincidim os. N o se refiere a la cuestión sobre si
los dones m ilagrosos de 1 C o. 12:7-10 fueron designados p o r D ios para la
Iglesia de todas las épocas. D e nuevo los com entarios de D eere son bas-
tante útiles:

«Simplementeno esrazonable insistirenquetodoslosdonesmilagrososespirituales


son iguales a los de los apóstoles en intensidad ofuerzapara poder decirque son
doneslegítimosdelEspíritu Santo. Nadie usaría eseargumentopara referirsea los
donesno milagrososcomola enseñanzaoelevangehsmo...
Porsupuesto, debemosesperarqueelministerio desanidadesdelosapóstolessea
más¡pande queotrosmiembrosdelCuerpo de Cristo. Fueron escogidosdeforma
espedalporelSeñorpara sersusrepresentantes,y recibieronautondadypodersobre
todoslxxdemoniosysobretodaenfermedad..Poseíanunaautoridadquenad1emás
en d Cuerpo de Cristoposeía...
¡Si vamosa decirqued ministerio apostólico esla normaporla cualdebemos
juzgar losdonesdeRomanos 12y 1 Corintios 12, acabaríamos concluyendoque
ningúndon, tanto milagrosocomono milagroso,hasidoentregadodesded díadelos
apóstoles! Ya que,¿quién ha estado a la altura delosapóstoles?»88

P o r lo tanto, lo m áxim o que podem os decir para explicar que h o y en día


no vemos sanidades apostólicas ni milagros apostólicos es que no estamos viendo
sanidades y milagros al nivel en que ocurrieron durante el m inisterio de los
apóstoles. N o significa que D ios haya retirado los dones de sanidad o de
hacer m ilagros (1 C o. 12:9) de to d a la Iglesia.
3. E l largo discurso de Saucy sobre el papel de las señales y prodigios
com o “señales” (que apuntan a algo concreto), es u n discurso con el que,
en térm in o s generales, estoy de acuerdo. N o obstante, debo insistir tam -
bién en la distinción entre “señales y prodigios” p o r u n lado, y los «dones
milagrosos del E spíritu Santo», p.or el otro. La frase “señales y prodigios”
se utiliza con frecuencia para describir el derram am iento extraordinario de
actividad m ilagrosa, especialm ente, aunque n o exclusivam ente, asociado
con Jesús y los apóstoles. Los «dones m ilagrosos del Espíritu», com o los
que hem os visto en 1 C orintios 12, están diseñados p o r D ios para la santi-
ficación y edificación de todos los creyentes de la Iglesia y en ningún lugar

88 Ib íd , p á g . 67.

160
U na respuesta de la T ercera O la a robert l . saucy

del N uevo T estam ento están restringidos a ciertas personas en m om entos


fuera de lo com ún. M ax T u rn e r lo explica de la siguiente manera:

«Nopodemosdudardequelosapóstolessevieron envueltosdeforma ocasionalen


episodiosdesanidades extraordinarias (Hechos 2 y 1 Co. 12:12)pero... debemos
recordarquelasdescripcionesdeHechosen ocasionesson bastantetimidascon res-
pecio a las sanidades extraordinarias, (cf. 19:11), pero no con respecto a las
“normales‫״‬. Incluso en estecaso, no obstante, existenpocaspruebasdefrecuentes
sanidades aparte de las relacionadas con lafe. Tampocosabemosquelosapóstoles
no realizaran fallos o tuvieran recaídas (2 Ti. 4:20; Mt. 12:45;Jn. 5:14). En
cuanto a los dones “normales”de sanidad (1 Co. 12:10, etc., cf. Santiago 5:15)
bienpuedenhabersido menosinmediatosyespectaculares...
Simplementeestamosinsistiendo,porunlado,enquela imagen idealvzadadela
sanidadapostólica, extraída dealgunaspartesdeHechos, no deberíamostomarla
necesariamentecomo representativa (sin duda, no esrepresentativa deloscharis-
m ata imaáon[donesdesanidadj{uem del círculo apostólico[1 Co. 12:28ssfy,
porotroL1do,enqueeltest1mon10modemoserioapur1taaßn0rnenostancongruen-
tesincluso conalgunasexperienciasapostólicas, quelo único quepuedeanularesla
posibilidad dequelos charismata iamaton delNuevo Testamento tengan algún
paralelo son las consideracionesdogmáticaszpñon.»89

4. E xisten o tro s tem as m encionados p o r Saucy de los que m e ocupo


tan to en m i artículo (por ejemplo, la naturaleza y propósito de las lenguas)
o en la respuesta m ás extensa al artículo de G affin (com o en el caso del
significado de Efesios 2:20 y del papel fundacional de los apóstoles y pro-
fetas). Solamente v o y a com entar brevem ente u n par de tem as adicionales.
Saucy parece caer en varias ocasiones en el m ism o pensam iento reduc-
cionista de G affin. Su com entario de que «el p ro p ó sito p rin cip al de las
actividades m ilagrosas d u ran te estos periodos especiales n o era c u b rir
las necesidades generales del p u eb lo de D ios» (págs. 120-121) choca di-
rectam ente con la frase de Pablo de que los dones milagrosos, incluyendo
el d o n de «hacer milagros» son entregados «para el bien com ún», es decir,
la edificación y santificación del C u erp o de C risto com o u n to d o (1 C o.
12:7; 14:3,26).
Saucy tam bién cree que es significativo que el N u ev o T estam ento no
ofrezca ejem plos del funcionam iento de dones m ilagrosos com o el de sa-
nidad. Dice que «nadie en la Iglesia parece haber tenido u n m inisterio espe-

89 M a x T u r n e r , “S p ir itu a l G if ts T h e n a n d N o w ” , VoxEv 15 (1985): 48-50.

161
¿Son vigentes los dones milagrosos?

cial de sanidades» (págs. 124-125). P e ro el N u ev o T estam en to tam poco


proporciona ejemplos explícitos del funcionam iento de dones com o la mi-
sericordia, la generosidad, la fe, o el liderazgo. Las personas, sin duda, mos-
traro n m isericordia, generosidad, liderazgo y otros dones, incluso cuando
oraban p o r los enferm os (Santiago 5), pero en ninguna de estas ocasiones
se utiliza la palabra charisma para describir esos dones. Sin duda Saucy no
negaría, p o r tal razón, la validez de los dones de m isericordia, generosidad,
fe y liderazgo. ¿Por qué, entonces, cuestionar la validez del don de sanidad o
del don de hacer milagros? D eberíam os sorprendernos más p o r la falta de
referencias a personas con u n m inisterio de sanidad especial que p o r la
falta de referencias a personas co n u n m inisterio evangelistico especial o
u n m inisterio especial de dar ánim o.
El tratam ien to que Saucy hace del tem a de expulsar dem onios es m u y
bueno. M i único problem a es su reticencia a encontrar en los cuatro evan-
gelios u n m odelo válido para enfrentarse a la guerra espiritual (por ejem-
pío, Lucas 10:17-20).
C uan d o Saucy tra ta el tem a de la historia de la Iglesia, se apoya en los
ejem plos “ex trañ o s” citados p o r San A gustín, com o el uso de reliquias
para sanar, la instrucción m ediada a través de u n sueño, el poder de sanar y
la autoridad sobre dem onios com o resultado de la observancia del Bautis-
m o y la Santa Cena, y la sanidad m ediante u n aceite donde habían caído las
lágrimas de u n p árroco com pasivo. Estas cosas pueden sonar bien extra-
ñas, pero haríam os bien en recordar que «tal extrañeza n o es u n criterio
para descubrir la verdad. T am poco es el criterio que querríam os utilizar
para decidir si algo es bíblico o no».90 A pesar de m i p rofundo respeto p o r
San A gustín, n o v o y a defender cada ejem plo de sanidad m ilagrosa que
aparece en sus escritos.
Pero, ¿es acaso m enos extraño que u n hom bre resucite después de estar
en contacto con los huesos de Elíseo (2 R . 13:21)? ¡Creo que es extraño
que u n h o m b re deba lavarse varias veces en u n río para ser sanado de la
lepra (5:1-14)! Es, ciertam ente, poco norm al que los dem onios expulsados
de dos h o m b res fueran a parar a u n a piara de cerdos, que se desplom ara
hacia el m ar, para más tarde ahogarse (Mt. 8:28-32). U tilizar saliva y barro
0 u a n 9:6-7), la “som bra” de u n h o m b re (H echos 5:14-15) y los “delanta-
les” de o tro s p ara sanar (19:12) tam b ién es algo fuera de lo norm al. N o
estoy sugiriendo que tales cosas sean la norm a, sim plem ente que las for-
mas de D ios m uchas veces son “extrañas” si las consideram os desde un a

90 D e e re , Surprised by thePowerofthe Spirit, 74-75.

162
U na respuesta de la T ercera O la a Robert l . saucy

perspectiva hum ana. C uando se trata de afirm aciones acerca de los mila-
gros n o debem os ser ingenuos y crédulos, pero tam poco podem os ser ex-
cesivamente escépticos.
La ind icació n de Saucy de que la presencia del c an o n co m p leto su-
giere «que la necesidad de la actividad p ro fé tic a d ism in u y ó la necesi-
dad» (págs. 124-125), es u n a afirm ación que n o aparece en las E scritu-
ras. P o d ría ser c ie rto so lam en te si la rev elació n p ro fé tic a del N u e v o
T estam en to ap o rtara palabras de calidad de D ios. Es m ás, n o veo cóm o
el C a n o n h a ría o b so le ta o in n ecesaria el uso de la p ro fe c ía que, p o r
ejem plo, ex p o n e los pecados secretos de u n n o crey en te, llevándole a
arrep en tirse (1 C o . 14: 24-25).
M ás tarde, Saucy afirm a que «el m inisterio de los prim ero s profetas,
quienes a p o rtaro n edificación, exhortación y consolación para la Iglesia
sobre el fundam ento del Evangelio de C risto, ahora se cum ple a través de
o tro s dones espirituales que dependían de la profecía recogida en la Escri-
tura», (pág. 131). D e nuevo, Pablo nunca hace tal afirm ación. ¿N o tendría
más y m ejor sentido bíbÜco argum entar que los m inisterios de edificación,
exhortación y consolación se lograrán precisam ente com o Pablo dice ex-
plícitam ente que se lograrán, es decir, m ediante el ejercicio del don de pro-
fecía? A dem ás, ¿dónde dice el N u ev o T estam ento que el ejercicio de los
dones espirituales, a excepción de la profecía, depende de la profecía reco-
gida en las Escritura? Si eso fuera verdad, entonces deberíam os concluir
que la profecía era el único don espiritual operativo antes de la finalización
del canon. Y creo que nadie querría afirm ar tal cosa.
Parece que Saucy quiere que cream os que porque Pablo en sus últim as
cartas solam ente m enciona la profecía dos veces, el d o n no es vigente para
la p osterio r historia de la Iglesia. P ero P ablo ofreció instrucciones repetí-
das y extensas sobre la naturaleza y el papel de la profecía en 1 C orintios,
u n libro que escribió sobre el año 55 d.C. y, de nuevo, anim ó a los rom anos
al uso de la profecía, a quienes escribió sobre el año 57 d.C . ¿Por qué teñe-
m os que exigirle que se repita en cartas que escribió con u n p ro p ó sito
diferente tan solo ocho o nueve años más tarde? Saucy usa el argum ento de
que antes de m orir, Pablo dirigió a T im oteo hacia las Escrituras y n o hacia
la profecía. P ero de hecho, lo que eso hace es p ro b ar lo que y o explico en
m i ensayo, es decir, que los profetas no congregacionales del N uevo Testa-
m en tó hablaban co n m enos au to rid ad que los apóstoles o la E scritura.
Siguiendo su criterio, tam b ién creeríam os en el cese de otras prácticas o
principios, com o la Santa Cena o el don de la fe, porque, aunque aparecían
en u n a carta anterior, n o aparecen en las Pastorales.

163
¿Son vigentes los dones milagrosos?

Finalm ente, Saucy apela al uso del plural en la exhortación de «desear


ardientem ente» los dones espirituales (1 C o. 12:31; 14.1) com o base para
rechazar la idea de que los cristianos debam os buscarlos. P o r supuesto, el
verbo es plural, com o en prácticam ente todas las instrucciones de Pablo
aparte de las dirigidas a personas concretas (como Filem ón, T ito y Tim o-
teo). C uando Pablo escribe a la iglesia de C orinto, está escribiendo a todos, y
cada u n o es responsable de responder de form a personal a la exhortación
que tiene validez para toda la Iglesia. E n otras palabras, ¿qué es la Iglesia
sino u n conjunto de individuos, en el que todos y cada uno tiene la m ism a
obligación? El plural en esta frase sim plem ente indica que todos los creyen-
tes de C o rin to deben prestar atención a la reprensión apostólica.
Para concluir, com parto la preocupación de Saucy de que «el problem a
más im portante en cuanto a la unidad viene de las posturas que crean (qui-
zás de form a no intencionada) distintos niveles espirituales entre creyentes,
o que juzgan la espiritualidad de otras personas. A firm ar que la relación
con el E spíritu se evidencia p o r determ inadas manifestaciones milagrosas,
establece u n a línea de diferenciación espiritual.» (pág. 146). U n a caracterís-
tica especialm ente alentadora de este libro es que n inguno de los p a rtid -
pantes en este sim posio ha escrito nada que contribuya a este problem a en
potencia.

164
Una respuesta pentecostal/carismática
a Robert L. Saucy
Douglas A. Oss

E l d o cto r Saucy ha escrito u n ensayo m em orable, que probablem ente


representa el m ay o r giro que ha habido en el m undo evangélico en cuanto
al tem a de los dones milagrosos: u n dispensacionalista progresivo que n o
es u n cesacionista. T oda la com unidad evangélica va a p o d er enriquecerse
de su ensayo.
1. La frase del D r. Saucy en c o n tra de la d o ctrin a pentecostal sobre la
segunda experiencia (págs. 101-103) apela principalm ente a Pablo y sola-
m en te cita cuatro textos n o paulinos (Juan 7:37-39; H echos 2; 8; 1 Pedro
1:5). N o considera detalladam ente las evidencias de la historia de la reden-
ción, haciendo solam ente un a breve referencia (pág. 102,126-128). C reo
que ésta requiere que se le dedique una reflexión más profunda, sobre todo
dado que el tem a de una segunda experiencia se apoya principalm ente en el
cum plim iento de la historia de la redención.
A ú n más, Saucy desarrolla algunos conceptos erróneos sobre el Bautis-
m o del Espíritu y la herm enéutica de la teología pentecostal. Los pentecos-
tales n o describirían el B autism o del E sp íritu com o «una relación nueva
y definitiva» (pág. 103). El Bautism o del Espíritu es una experiencia dentro
de la ya existente relación del nuevo pacto, ya que todos los creyentes reci-
ben el Espíritu en su conversión.91 Esta experiencia nueva es una dotación
de p o d er diferente a la regeneración y a la santificación. Estam os de acuer-
do con Saucy en que, después de la experiencia única e inaugural, este área

91 A u n q u e , c o m o e x p lic o e n m i e n sa y o , e n o casio n es n o p o d e m o s d is c e rn ir lo sig uiente,


c o m o e n H e c h o s 10.

165
¿Son vigentes los dones milagrosos?

de la vida cristiana continúa creciendo, al igual que tam bién continúa ere-
ciendo la santidad posterior a la regeneración. Saucy describe esos peno-
dos de crecim iento dram ático com o «esfuerzos concretos y decisivos» (pág.
103). Los pentecostales describirían el Bautism o del E spíritu inaugural, y
las posteriores experiencias en las que u n o vuelve a ser lleno con el Espí-
ritu y poder, más bien como derramamientos decisivos.
E n cu an to a su afirm ación de que el N u ev o T estam en to n o recoge
ningún m andam iento sobre «ser bautizados en el Espíritu», m i sugerencia
es que m irem os con más detalle lo que los pentecostales dicen sobre la
interpretación de Lucas-Hechos y Pablo. E n prim er lugar, el género narra-
tivo expresa los imperativos de form a diferente a com o los expresa el géne-
ro epistolar. ¿Q ué quiere decir H echos 1:6-8, cuando Jesús les dice a sus
discípulos que el cum plim iento de la profecía de Juan el Bautista estaba a
las puertas y que debían esperar en Jerusalén hasta que recibieran p o d er
(dynamis) cuando el E spíritu Santo viniera sobre ellos? ¿Y qué teología se
com unica m ediante el cum plim iento de esta prom esa a lo largo del libro
de Hechos? ¿N o se trata del equivalente narrativo de u n im perativo? Re-
cordem os el serm ón de Pedro: «Porque la prom esa es para vosotros y para
vuestros hijos y para todos los que están lejos, para tantos com o el Señor
nuestro D ios llame» (Hechos 2:39). E n segundo lugar, debem os dejar que
Lucas explique el cum plim iento de la historia de la redención a su manera;
no debemos extrapolar la teología de Pablo e im ponerla de m anera forzada
en Lucas-Hechos. La arm onización debe llegar después de que la diversi-
dad ordenada p o r D ios haya sido entendida, y el relato de Lucas hace hin-
capié en el po d er carismático del Espíritu.
2. La discusión sobre el cese de los dones m ilagrosos en este ensayo
está más detallada. El D r. Saucy coincide en que el N uevo Testam ento no
enseña tal cese, p ero tam poco está convencido de que los dones sean la
n o rm a p ara la Iglesia de todas las épocas (pág. 104). Las preocupaciones
que presenta son básicamente las m ism as que las del profesor Gaffin, aun-
que n o extrae las mismas conclusiones absolutas. T rata el tem a del aposto-
lado (entendido más am pliam ente com o el círculo de “prim eros testigos”)
[pág. 113], el canon y el propósito de los dones.
3. Sobre el ú ltim o tem a, restringe el propósito demasiado cuando afir-
m a que «el propósito de toda la actividad milagrosa es ‘dar testim onio’ de la
proclam ación original del nuevo m ensaje de salvación» (pág. 113). C om o
hem os visto en este libro, el propósito de los dones n o puede estar restrin-
gido a esta función (por ejem plo, la edificación es el p ro p ó sito en el con-
texto de la adoración en la Iglesia).

166
U na respuesta pentecostal/ carismática a Robert l . saucy

4. La explicación de Saucy del argum ento de los “g rupos” págs. 107-


116 falla si lo analizam os de form a detenida. Los grupos de m ilagros no
están tan claram ente m arcados como él dice; m uchos milagros ocurrieron
fuera de esos grupos de m ilagros, lo que pone en duda su tesis.92
5. E l argum ento sobre la historia de la Iglesia (pág. 116-123,128-129),
en m i opinión, ha sido siempre irrelevante. Q uizás parece demasiado fuer-
te decir esto, p ero m e parece que las experiencias y / o tradiciones de la
Iglesia no son las m ismas que las enseñanzas de las Escrituras y, en ocasio-
nes, incluso se contraponen a la doctrina bíblica. E n cualquier caso, Saucy
describe u n cuadro en térm inos demasiado absolutos.93 P o r ejem plo, Ro-
nald Kydd, en una disertación doctoral revisada, cubre el periodo hasta el
año 320 dC ., y Stanley Burgess nos ofrece fuentes bibliográficas referentes
al periodo medieval.94 U n rápido vistazo a estos estudios nos perm ite ver
que los datos históricos no respaldan la afirmación cesacionista. El Didache
hablaba de profetas en el segundo siglo,95 e incluso los reform adores trata-
ro n m u y seriam ente el tem a de los prodigios y las señales, y de la profecía.
L utero disparaba contra C arlstadt, que decía tener poderes proféticos:
«O h, la ceguera y el fanatism o loco de tales profetas celestiales, que se
jactan de hablar con Dios diariamente»96; pero sus interacciones polémicas
con los que afirm aban los dones espectaculares del E spíritu se fueron cal-
m ando. P o r ejem plo, escribió u n a n o ta sobre eso a W ittenberg, desde su
escondite en el castillo de W artbug: «Prueba los espíritus, y si n o eres capaz
de hacerlo, acepta el consejo de Gam aliel y espera».97

92 C f . p o r ejem p lo a D e e re , Surprisedby thePoweroftheSpirit (G ra n d R apids: Z o n d e rv a n ,


1993), 2 29-66.
95 G r a n p a r t e d e lo q u e sig u e so b r e la h is to r ia d e la Ig lesia es u n e s tu d io n o p u b lic a d o
o rig in a lm e n te realizad o p o r W a y n e G r u d e m y D a le B ru e g g e m a n n , re d a c ta d o c o m o en say o
p o r B ru e g g e m a n n . A q u í lo u ti li z o c o n p e q u e ñ a s re v isio n e s .
94 R o n a ld K y d d , Charismatic Gifts in theEarly Church (P e a b o d y , M ass.: H e n d ric k s o n ,
1984); S ta n le y M . B u rg e ss , “M e d ie v a l E x a m p le s o f C h a r is m a tic P i e t y i n t h e R o m a n
C a th o lic C h u r c h ”, e n Perspectives on theNewPentecostalism, ed . R u sse l P . S p ittle r (G ra n d
R a p id s : B a k e r, 1976), 14-26.
95C h arles E . H u m m e l, Fire in theFireplace: Contemporary CharismaticRenewal(D o w n ers
G r o v e , 111; I n t e r V a r s i ty , 1978), 164-66. 192-93, 2 1 0-12; G e o r g e H . W illia m s y E d it h
W a ld v o g e l, “A H i s t o r y o f S p e a k in g in T o n g u e s a n d R e la te d G if ts ” e n The Charismatic
Movement, e d . M ic h a e l H a m i l t o n ( G r a n d R a p id s : E e r d m a n s , 1975), 64-70; W a rfie ld ,
CounterfritMiracles (E d im b u rg o : B a n n e r o f T r u t h T r u s t , 1983 [1918], 3-69.
96 M a r tin L u te r o , “A g a in s t t h e H e a v e n ly P r o p h e t s ”, e s c r ito e n o p o s ic ió n a las ense-
fian zas d e C a r ls ta d s o b r e la S a n ta C e n a (L W , d e . H e l m u t T . L e h m a n , 4 0 v o ls. [F iladelfia:
F o r tr e s s , 1968], 4 0 .1 3 3 ). E s to y e n d e u d a c o n u n tr a b a jo n o p u b lic a d o d e R o n L u tg e rs ,
“T h e R e f o r m e d F a th e r s a n d t h e G if t o f P r o p h e c y ” (1987), p o r m u c h o d e l s ig u ie n te
m a te ria l s o b r e la R e fo rm a .
97 R o n a ld H . B a in to n , Here I Stand ( N e w Y o r k : M e n t o r , 1950), 20 9 .

167
¿Son vigentes los dones milagrosos?

E n u n serm ón sobre M arcos 16, el día de la Ascensión de 1522,98 Lute-


ro dijo: «Donde haya u n cristiano, aún hay poder para hacer estas señales si
es necesario». C reía que ni ta n siquiera los apóstoles hacían señales con
regularidad, sino que «solamente hacían uso de ellas para autenticar la Pala-
b ra de Dios». D ecía que dado que el Evangelio se había extendido, había
menos necesidad del apoyo de los milagros, aunque «si fuera necesario, y los
hom bres denunciaran y se enemistaran con el Evangelio, entonces nosotros
mism os tendríam os que em plear el poder de hacer milagros antes que per-
m itir que el Evangelio fuera ridiculizado y suprimido». Dado que identifica-
ba los m ilagros con el testim onio del Evangelio más que con la presencia
real de la liberación, concluía: «Pero espero que esto no sea necesario, y que
tal contingencia nunca aparezca». El día de A scensión del año siguiente,
predicó sobre M arcos 16 e hizo referencia a Juan 14.12, diciendo:

«Parlo tanto, debemospermitirqueestaspalabraspermanezcan,y queno laspase-


mosparalto, comoalgunoshanhecho,diciendoqueestasserialeseran manifestado-
nesdelEspíritu en elprincipio de la era cristiana y queahora han cesado. Esto no
es cierto,pueselmismopodersipuepresenteen la Iglesia. Yaunque no esejercido,
noimporta, todavía tenemospoderparahacertalesseñales»99

Calvino expresó una actitud am bivalente sobre los dones. P o r u n lado,


escribió u n capítulo titulado «Algunos espíritus fanáticos pervierten los
principios de la religión, n o haciendo caso de la Escritura para poder seguir
m ejor sus sueños, so título de revelaciones del E spíritu Santo.»100 C om en-
tando R om anos 12:6, habló de la naturaleza doble de la profecía del N uevo
Testamento, predictiva e interpretativa, indicando su opinión de que la profe-
cía predictiva aparentem ente floreció solam ente cuando se estaban escri-
biendo los Evangelios, mientras que la profecía interpretativa continuó en la
Iglesia. E n su com entario sobre 1 C orintios 12-14, reconoció vagam ente
que «es difícil aclararse sobre los dones y los oficios, de los cuales la Iglesia
ha estado privada durante ta n to tiem po, a excepción de algunos rasgos o
sombras de ellos, que todavía podem os encontrar.»101 C alvino concedía la

98 L u te r o , L W: Sermons, e d ic ió n L e n k e r 12.207; s e r m ó n d e l d ía d e A s c e n s ió n , 1522


99 L u te r o , L W: Sermons, e d ic ió n L e n k e r 12.190; s e r m ó n d e l d ía d e A s c e n s ió n , 1523
100 C a lv in o , J .; Institución de la religión cristiana. E d . F E L iR E (F u n d a c ió n e d ito ria l de
lite r a tu ra re fo rm a d a ), 4 a e d ic ió n in a lte ra d a , 1994, V o lu m e n P r im e r o (L ib ro U n o ), c a p ítu lo
I X , p p . 44-47.
101 C a lv in o , 1 Corinthians, e n New Testament Commentaries (G ra n d R apids: E erd m a n s),
9:211

168
U na respuesta Pentecostal/ carismática a Robert l . saucy

existencia de los dones extraordinarios según dem anden las necesidades de


los tiem pos”», y escribió: «esta clase n o existe en la actualidad, o se ve con
m u y poca frecuencia».102
Jo h n K nox estaba m ás abierto a la profecía, considerando al profeta del
A ntiguo T estam ento com o m odelo de su propia vocación. D ale Johnson
titula el capítulo 6 de su tesis “Specific Prophecies o f K nox” [Las Profecías
específicas de K nox].103 A unque la fiabilidad de esas profecías pueda ser
cuestionada, lo que está claro es que K nox pensaba que D ios estaba dando
de nuevo los dones proféticos.104
La opinión general de la com unidad reform ada es que la Confesión de
W estm inster afirm a el cese de las «manifestaciones proféticas»; no obstan-
te, Samuel R utherford, u n presbiteriano escocés, uno de los que elaboraron
la C onfesión de W estm inster, n o hubiera estado de acuerdo. Él hablaba
de la distinción entre la revelación bíblica objetiva y externa del C anon y la
revelación interna y subjetiva, que llamaríamos “ilum inación”. Es más, Ru-
th erfo rd tam b ién reconoció o tros dos tipos subjetivos de revelación: las
falsas profecías - que ni siquiera son profecías - y la profecía predictiva.
D ijo saber de h o m bres que «incluso después de que se cerrara el C anon,
han predicho cosas que iban a suceder», com o p o r ejem plo a H us, W ycliff
y L utero. T am bién habló de los tres ejemplos siguientes:

«En nuestra nación escocesa, George W isehartpredijo que elcardenalBeatón no


ibaasd1rcm TÍda(M cast^deSLAndm m ,ánoques14jnnaunam uertevergcrn-
zosa, y asífite;JohnK noxpredijoqueahorm ríanalseñorde Grange;John David-
son también profetizó, armo muchosdesúscontemporáneossabían;y en Inglaterra
ha habido otros santospredicadoresque tam bién destacaron por desempeñar esa
fundón.»1®

R utherford ofreció dirección para diferenciar entre la profecía falsa y la


verdadera: en p rim er lugar, estos profetas postcanónicos «no obligaban a
102 C a lv in o , Institución, 4.3.4; W illia m B a lk e dice: « C a lv in o te n ía u n s e n tim ie n to h a c ia
lo e x cep cio n al y ca rism á tic o , p e r o c o n sid e ra b a q u e c u a lq u ie r e sfu e rz o p o r h a c e r d e lo caris-
m a ric o y e x c e p c io n a l la n o r m a d e la v id a d e la Iglesia e ra d e s tru c tiv o p a ra la Iglesia. In sistió
e n q u e e l b u e n o r d e n d e la Ig lesia n o se esta b le c e n i se m a n tie n e p o r lo q u e es e x c e p c io n a l,
sin o q u e la Iglesia a v a n z a so la m e n te al p re d ic a r y o ír la P alab ra» {Calvin and theAnabaptist
Radicals [ G r a n d R a p id s: E e rd m a n s , 1981], 245).
103 D a le J o h n s o n , “J o h n K n o x : R e fo rm a tio n H is to r ia n a n d P r o p h e t” (M . A . th esis, C o -
v e n a n t T h e o lo g ic a l S em in ary ).
104 Ib id .; J a s p e r R id le y ,John Knox (N e w Y o r k : O x f o r d U n iv . P re s s, 1968), esp . 517ss.
105S am u el R u th e rfo rd , A SurveyoftheSpiritualAntichrist. OpeningtheSecretsofFamilisme
andAntinomianismein theAntichristianDoctnneofJohn Saltmarsh(etaL) (L ondres, 1648), 42.

169
¿Son vigentes los dones milagrosos?

nadie a creer sus profecías com o si se tratara de las Escrituras. N u n ca juz-


garon a los que n o creyeron en sus predicciones», en segundo lugar, «los
hechos revelados a testigos de C risto serios y piadosos n o se contradicen
con la Palabra»; y en tercer lugar, «eran hom bres de fe opuestos a to d o lo
que se aleja de la sana y verdadera d o c trin a ... ». Las profecías que no cum-
plan estos requisitos son falsas: «El veredicto es que son satánicas, pues
son contrarias a las Escrituras». Los hom bres que hablan estas cosas «ha-
cen to d o según sus p ro p io espíritu les m arca, y cam inan a la lu z de sus
propios destellos».106
La C onfesión de Fe de W estm inster dice en 1:6:

«Todo el consejo deDios concernientea todas las cosas necesariasparasupropia


gloria, la salvación delhombre, lafeyla vida, estáo bien expresamenterecogido en
lasEscrituras opuedededucirsemediante consecuencias buenasy necesarias:a las
que no sepuedeañadir nada, ya seapor nuevas revelaciones delEspíritu, opor
tradicionesdeloshombres».

A la lu z de la creencia de R u th e rfo rd sobre la R evelación, podem os


en ten d er que la frase «nuevas revelaciones del E spíritu» se refiere a las
m anifestaciones n o canónicas p ero reales, que están sujetas a las Escritu-
ras, y que n o deben añadirse al C anon.
La C onfesión sigue diciendo (1:10):

«ElEspíritu Santo quehabla en lasEscrituraseselúnicojuezsupremo quepuede


inspirar, examinaryjuzgarlasdiversascontroversiasdela religión, losdecretosde
concilios, las opiniories deantiguos escritores, las doctrinas de los hombresy los
espíritusprivados».

La m ención a los “espíritus privados”, de entrada, n o niega su existen-


cia; sim plem ente los sujeta a la autoridad de la Escritura, ju n to con «todos
los decretos de concilios, las opiniones de antiguos escritores, y doctrinas
de los hom bres». D e este m odo, cuando la C onfesión de Fe de W estm ins-
ter habla de que «aquellas form as p o r las que D ios reveló su voluntad a su
pueblo han cesado», no debem os interpretar necesariam ente que D ios ya
no se revela de ninguna m anera extraordinaria, sino que el C anon está ce-
rrad o y que es la única n o rm a de fe y práctica. A l m enos, así lo entendió
Rutherford. C uando la Confesión se refiere a «la com unicación directa que

106 Ib íd , 43-45.

170
U na respuesta pentecostal/ carismática a Robert l . saucy

existió»: ¿está haciendo una distinción entre “revelación” e “ilum inació n ^


o entre el C anon y cualquier o tro tipo de revelación? La prim era fue entre-
gada “p o r escrito en su to talid ad ” (C onfesión 1:1), p ero tales profecías
com o la de C o rin to n o estaban depositadas en el C anon: aunque eran del
E sp íritu , n o form aban parte del d epósito de la fe. La perspectiva de Ru-
therford com o colaborador en la elaboración de la Confesión abre las puertas
p ara que pueda h aber interpretaciones de la C onfesión alternativas a la
interpretación cesacionista predom inante en nuestros días.
6. Sobre el papel de 1 C orintios 12-14, el artículo del D r. Saucy no le da
a este m aterial didáctico la im portancia que tiene. Escribe:

«Fuera dela discusión sobrelosdonesespiritualesen 1 Corintios 12ydela realiza-


ción de milagrosasociados con losapóstolesylosquecon ellos iban, las cartas del
Nuevo Testammtonocontienenrnencioriesde “milagros”, “señales”o “prodigios”,
excepto Galotas 3:5 y Hebreos 2:4 (tratadas anteriormente). A unque estas citas
incluyen milagrosentrelosmiembrosdelalglesia, son mihgmrdacionadoscon d
ministerio iniáaldelosapástcies.
PorestodebereconocersequedNuevo Testamentononosdasimplementeuna
imagenddfiinciommientonormaldelosdonesenhlglesiaposterioralaeraapos-
tólica». (pág. 125)

E n prim er lugar, Saucy dice que el hecho de que en las cartas del N uevo
T estam ento se hable con m u y poca frecuencia sobre la sanidad prueba su
dism inución después de la prim era generación de testigos (pág. 125). Esto
es u n non sequitur. La cartas son escritos con u n propósito específico, escri-
tos para tra ta r problem as específicos en las iglesias. La sanidad n o era u n
problem a pastoral que requiriera una atención especial, excepto quizás en
el caso de los receptores de la carta de Santiago, que no estaban orando para
que los enferm os sanaran, y necesitaban ser exhortados de form a específi-
ca p ara co rreg ir aquel e rro r. D e m o d o que es n o rm al que este tem a no
recibiera m ucha atención, ya que era un a costum bre norm al y sana.
E n segundo lugar, el hecho es que 1 C o rin tio s 12-14 está en la Biblia.
N o s dice, ju n to con H echos y el resto del N u ev o T estam ento, lo que es
característico y n o rm al durante los últimos días, no la era apostólica. Esta
d istinción en tre era apostólica y post-apostólica n o aparece en la Biblia;
nos sirve para describir las funciones de las personas que fundaron la Igle-
sia (por ejem plo, Ef. 2:20 ss.), p e ro n o deberíam os usarla para definir la
naturaleza de “los últim os días”. Para ello, debemos estudiar el N uevo Tes-
tam e n to con el p ro p ó sito de d eterm in ar lo que es n o rm al p ara la Iglesia

171
¿Son vigentes los dones milagrosos?

durante el periodo entre Pentecostés y la segunda venida del Señor. Pueden


existir diferencias en la form a en la que la Iglesia aplica la enseñanza del
N uevo Testam ento (el cómo), pero no debería existir diferencia en lo que la
Biblia enseña y lo que creemos (el qué).

172
Capítulo 3
LA POSTURA DE
LA TERCERA OLA

C. Sam uel Storm s


La postura de la Tercera Ola
C. Samuel Storms

La Iglesia n o siem pre ha tratado bien al Espíritu Santo. C om o dijo Alis-


te r M cG rath: «El E spíritu Santo ha sido, durante m ucho tiem po, la “ceni-
cienta” de la Trinidad. Las otras dos herm anas iban al baile teológico, pero
el E spíritu Santo siem pre tenía que quedarse en casa».1 La publicación de
este lib ro indica que h a habido u n cam bio y que la tercera p ersona de la
T rinidad está recibiendo ahora el tra to debido. H o y en día podem os escu-
char que la Iglesia clama: “¡Ven, E spíritu Santo!”.
Pero, ¿qué haría el E spíritu Santo si aceptara esta invitación? M i inten-
ción en este capítulo es que orem os p o r su aparición, esperando que minis-
trará al pueblo de D ios a través del pueblo de Dios, m ediante toda la lista de
charismata enum erados en pasajes com o 1 C orintios 12:7-10,28-30.
N o siem pre he pensado así. D u ran te m ás de 15 años enseñé que ciertos
dones del E spíritu Santo, en particular la palabra de sabiduría, la profecía,
el d o n de lenguas, la sanidad, los m ilagros y el discernim iento de espíritus
m u rie ro n con los apóstoles. M i tarea será d ar cuenta de este cam bio de
pensam iento y explicar p o r qué ahora abrazo estos dones m encionados y
anim o a su uso en la vida y m inisterio de la Iglesia. P ero antes de hacerlo,
necesito tratar el tem a del Bautismo del Espíritu y la doctrina de la segunda
experiencia o de la segunda obra de Gracia. 1

1 A lls te r E . M c G r a th , Christian Theology:An Introduction (O x fo rd : B la c k w e ll, 1994),


240.

175
¿Son vigentes los dones milagrosos?

A. Segundas experiencias

Quizás la distinción principal, teológicamente hablando, entre el pente-


costalismo clásico y la llamada “Tercera O la” es que ésta últim a rechaza la
teología de la segunda experiencia. Según la m ayoría de pentecostales y ca-
rism áticos, el B autism o en el E spíritu Santo es u n hecho posterior y, p o r
lo tanto, separado de la recepción del E spíritu en la conversión, cuya evi-
dencia inicial es hablar en lenguas.2
El p u n to de vista que defenderé es que el B autism o en el E sp íritu es
una m etáfora de lo que sucede cuando u n o se convierte al cristianism o.3
N o obstante, esto no excluye las múltiples y subsiguientes experiencias de la
actividad del Espíritu. Después de la conversión, el Espíritu “puede llegar”
en diferentes grados de intensidad, en los cuales el cristiano se ve “abruma-
d o ” o “d o tad o de p o d e r”. Este derram am iento de u n p o d er nuevo, esta
manifestación de la presencia íntim a del Espíritu, debe ser lo que el N uevo
T estam ento norm alm ente llam a «ser llenos del Espíritu». Jo h n W im ber
defiende esta teoría:

«¿Cómo experimentamoselBautismo delEspíritu?Llega con la conversión.... La


cmversióny elBautismoMEspíritu son experienciasámultáneas. Laexperienaa
ddnuevomcmientoesUexperienciacarismátkacansumada,»4

2V e r G a ry B . M cG ee, ed. InitialEvidence:HistoricalandBiblicalPerspectivesonthePentecostd


Domine ofSpirit-baptism (P e a b o d y , M ass.: H e n d ric k s o n , 1991). G o r d o n F e e es u n a excep-
c ió n n o ta b le a e s ta re g la . A u n q u e es u n m i e m b r o d e la s A s a m b le a s d e D io s , F e e h a
a rg u m e n ta d o re p e tid a m e n te e n c o n tr a d e la d o c tr in a d e la se g u n d a e x p e rie n c ia . V e r, p o r
ejem p lo , “B a p tism in th e H o ly S pirit: T h e Issue o f S e p arab ility a n d S ub seq u en ce”. Pneuma,
7:2 ( O to ñ o d e 1985): 8 7 9 9 ‫־‬, “H e r m e n e u tic s a n d H is to r ic a l P re c e d e n t: A M a jo r P r o b le m
in P e n te c o s ta l H e r m e n e u tic s ”, e n Gospeland Spirit:Issues in New TestamentHermeneutics
(P eab o d y , M ass.: H e n d ric k s o n , 1991), 83-104; y G W 's EmpoweringPresence: TheHoly Spirit
in the Letters ofPaul (P e a b o d y , M ass.: H e n d r i c k s o n 1994), 175-82. E l tr a ta m ie n t o m á s
c o m p re n s iv o d e l B a u tis m o d e l E s p ír itu S a n to lo e n c o n tr a rá e n H e n r y I. L ed erle, Treasures
OldandNew:Interpretationsof“Spirit-baptism "in theCharismaticRenewalMovement(Peabody,
M ass.: H e n d r ic k s o n , 1988).
3 L a e x p r e s ió n « b a u tis m o e n e l E s p ír it u S a n to » a p a re c e s ie te v e c e s e n e l N u e v o
T e s ta m e n to , seis d e las cu a le s se r e f ie re n a P e n te c o s té s (M t. 3 :11; M e . 1:8; L e. 3 :16; J n .
1:33; H e c h o s 1:5; 11:16). L a s é p tim a e s tá e n 1 C o r in t io s 12:13. S e r b a u tiz a d o e n ag u a es
s e r in m e r s o o s u m e rg id o . E s to n o s a p o r t a u n a a n a lo g ía a p r o p ia d a p a r a lo q u e su c e d e
c u a n d o el E s p ír itu S a n to llega s o b r e n o s o tr o s . A l ig u al q u e u n o es in u n d a d o y su m e rg id o
p o r e l a g u a e n e l B a u tis m o , ta m b ié n u n c r e y e n te se v e s o b r e p a s a d o , in u n d a d o y cala-
d o p o r e l E s p ír it u S a n to . E n el b a u tis m o d e ag u a , n o s s u m e rg im o s e n el ag u a; e n el B au-
tis m o d e l E s p ír itu , n o s s u m e rg im o s (e m p a p a d o s y s a tu ra d o s ) e n el E s p ír itu .
4J o h n W im b e r , PowerPoints (S an F ra n c is c o : H a r p e r , 1991), 136.

176
L a postura de la T ercera O la

La clave p ara este p u n to de vista es 1 C o rin tio s 12:13: «Pues p o r el


m ism o E sp íritu to d o s fuim os bautizados en u n solo cuerpo, ya judíos o
griegos, ya esclavos o libres, y a todos se nos dio a beber del m ism o Espí-
ritu». Existen varias razones para entender que este texto describe la expe-
rie n d a de conversión de todos los cristianos.
(1) Si el texto describiera la experiencia que solo tienen algunos creyen-
tes, los que no tuvieran una segunda experiencia no pertenecerían al Cuer-
po de Cristo.
(2) El contexto de 1 C o rin tio s 12 m ilita en contra de la doctrina de la
segunda experiencia. El apóstol enfatiza que todos, sean cuales sean núes-
tros dones, pertenecem os al Cuerpo com o m iem bros iguales e interdepen-
dientes. N o apoya la idea de una élite de gente bautizados en el Espíritu.
P ablo enfatiza aquí la experiencia común del E spíritu Santo para to d o el
m undo, no que u n grupo tenga algo que otros n o tengan (véase que el “to-
dos” es enfático).
(3) H a y quien insiste en que la proposición eis no significa que el Bautis-
m o del E spíritu introduce al creyente “en el” C uerpo de C risto. Más bien,
dicen que eis significa algo com o «con vistas a beneficiarse de» o «para el
bien de». La idea es que el Bautism o del E spíritu les prepara para el serví-
ció/m inisterio del C uerpo en el que ya han sido aceptadospreviamente p o r
la fe en Cristo. G ram aticalm ente hablando, si esta hubiera sido la intención
de Pablo, pro b ab lem ente hub iera usado o tra preposición que expresara
m ejor la idea (por ejemplo, heneka, “para el bien de” o hyper con el genitivo
“p ara el bien de”, o “a favor de”).5
(4) O tro s sostienen que P ablo está describiendo u n bautism o “p o r”
el E s p íritu S an to e n C risto p a ra la salvación (que to d o s los cristianos
e x p e rim e n ta n c o n la c o n v e rsió n ), m ie n tra s que en o tro s lugares del
N u e v o T e stam en to es Jesús q u ien b a u tiza “e n ” el E sp íritu Santo para
o to rg a r p o d e r (au n q u e es accesible a to d o s los c rey en tes, so lam en te
alg u n o s c ristia n o s lo reciben). L o qu e en p a rte o rig in a este p u n to de
vista, es la frase siguiente (aparentem ente extraña): «en u n E sp íritu den-
tro de u n cuerpo», de ahí la traducción «por u n E spíritu en u n cuerpo”».
C o m o a p u n ta D .A . C arson, «la co m b in ació n de las frases griegas enfa-
tiz a c o n g ran e x a c titu d la idea q u e P a b lo in te n ta tra sm itir: todos los

5 D e b e m o s f ija r n o s e n q u e la p r o p o s ic ió n eis ti e n e d o s a c e p c io n e s fu n d a m e n ta le s :
(1) u n s e n tid o local, in d ic a n d o aq u ello e n lo q u e to d o s s o m o s b a u tiz a d o s o (2) u n a referen cia
al propósito u objetivo d e la a c c ió n d e b a u tiz a r, p o r e je m p lo «para que to d o s f o r m e m o s u n
s o lo c u e rp o » . V e r M u r r a y J . H a r r i s , « P r e p o s itio n s a n d T h e o lo g y i n t h e G r e e k N e w
T e sta m e n t» , N I D N T T , 3:1207-11.

177
¿Son vigentes los dones milagrosos?

cristianos h an sido bautizados en un E sp íritu ; todos los cristianos han


sido b autizados p ara e n tra r en un c u e rp o ”.6
T am bién debem os fijarnos en la m ism a term inología que aparece en
1 C o rintios 10:2, donde Pablo dice que «en Moisés, todos fueron bautiza-
dos en la nube y en el mar». Aquí, la “n ube” y el “m ar” son los “elem entos”
que rodearon o abrum aron al pueblo, y “Moisés” apunta a la nueva vida de
participación en el pacto m osaico y la com unión del pueblo de D ios, del
cual él era el líder.7 E n los o tros textos que se refieren al Bautism o del Es-
p íritu (Mt. 3:11, Me. 1:8; Le. 3:16; Jn. 1.33, H ch. 1:5; 11:16), la proposición
en significa “en”, describiendo el elem ento en el que u n o está inm erso. E n
n ingún tex to se dice que el E spíritu Santo sea el agente p o r el que u n o se
bautiza. Jesús es el que bautiza; el E spíritu Santo es en el que nos sumergí-
m os o el elem ento con el que nos saturam os, lo que nos lleva a participar
en el organism o espiritual de la Iglesia, el C uerpo de C risto.8*
(5) O tra variante es sostener que m ientras 1 C orintios 12:13a se refiere
a la conversión, el versículo 13b describe u n a segunda o b ra del E spíritu
Santo, una obra posterior a la conversión. Pero el paralelismo es un recurso
literario utilizado p o r los autores bíblicos. A quí Pablo em plea dos metáfo-
ras diferentes (bautismo, o inm ersión en el Espíritu Santo, y beber del Espíri-
tu Santo) que describen la m ism a reaHdad. L o que les ocurre a los del ver-
sículo 13a les o cu rre a los del versículo 13b. Es decir, “to d o s” los que
fueron bautizados en u n E spíritu y en u n C uerpo, tam bién bebieron del
m ism o Espíritu.
Pablo puede estar aludiendo en el versículo 13b al sim bolism o del An-
tiguo T estam ento, el sim bobsm o de la época dorada venidera, en la que la
tierra de Israel y su pueblo reciben el derram am iento del Espíritu (Is. 32:15;
44:3; Ez. 39:29). P o r lo tanto, la conversión es una experiencia del Espíritu
Santo análoga a la llegada rep en tin a de u n a inundación o to rm e n ta a u n
terren o seco, transform ando la tierra seca y estéril en u n huerto bien rega-
do (cf. Jerem ías 31:12). Fee señala que:

6D A C arso n , ManfóstackmesMEspírm,Hmexposiciónteológcade IaCor 12-14. A n d am io ,


B a rc e lo n a , 2000.
7W a y n e G ru d e m , Systematic Theology:An Introduction to BiblicalDoctrine (G ra n d R apids:
Z o n d e r v a n , 1994), 76 8 .
8 E n e l N u e v o T e s ta m e n to , se r b a u tiz a d o “p o r ” a lg u ie n se e x p re s a c o n la p re p o s ic ió n
hypo m á s e l g e n itiv o . L a s p e rs o n a s e r a n b a u tiz a d a s “p o r ” J u a n e l B a u tis ta e n el r ío J o r d á n
(M t. 3 .1 6 , M e . 1:5, L e . 3:7). Je s ú s fu e b a u tiz a d o “p o r ” J u a n (L e. 7 :30), e tc é te ra . P ro b a -
b le m e n te , si P a b lo h u b ie r a q u e rid o d e c irle a lo s c o rin tio s q u e to d o s h a b ía n sid o b a u tiz a d o s
“p o r ” el E s p ír itu S a n to , h u b ie ra u sa d o hypo m á s el g e n itiv o , n o en c o n el d a tiv o (ver H a rris ,
“P r e p o s itio n s a n d T h e o lo g y , 207-11).

178
L a postura de la T ercera O la

«tales metáforasexpresivas(inmersión en elEspíritu y beberdelEspíritu hasta la


saciedad)implicanunarecepciónmíichomáse>perimentalyvisibledelEspírituque
muchosa lo largo dela historia dela Iglesiaparecen haberexperimentado. Pablo
puedeestarapelando a su experiencia común delEspíritu como lapresuposición
paralaunidaddd Ctterpoprecisamenteporque, comoen Gálatas3:2-5,elEspíritu
era una realidadexperimentadadeforma dinámica, queleshasucedidoa todos.»9

A unque el uso bíblico sugiere que apliquemos la term inología del Bau-
tism o del E sp íritu a la experiencia de conversión de todos los creyentes,
esto no restringe de ninguna m anera la actividad del Espíritu al m om ento
de la conversión. El N uevo Testam ento aprueba y nos anim a a tener múl-
tiples experiencias posteriores del p o d er y presencia del Espíritu. P o r lo
tanto, los evangélicos tienen razón cuando afirman que todos los cristianos
han experim entado el Bautismo en el Espíritu en la conversión, pero están
equivocados cuando niegan la realidad de las experiencias posteriores del
E sp íritu en el transcurso de la vida cristiana, experiencias que han de ser
sensatas, p ero que con frecuencia son espectaculares. Los carismáticos tie-
n en razón al afirm ar la realidad y la im portancia de los encuentros con el
Espíritu después de la conversión, que dan poder, ilum inan y transform an,
pero están equivocados cuando llam an a esta experiencia el “Bautism o del
E sp íritu ”. La term inología m ás apropiada es la de ser “llenos del E spíritu
Santo”. La expresión “estar llenos” es en sí u n a m etáfora que describe
nuestra experiencia y apropiación continua del Espíritu Santo. Ser llenos del
Espírituesestardemaneraprogresiva bajo la influenciadelEspírit11,quecadavezserá
másintensay másíntima.
Existen dos sentidos en el que u n o puede ser lleno del Espíritu Santo. (1)
Ciertos textos describen a personas que han sido “llenas del Espíritu”, como si
éstafuera xmacondiciónocualidaddd carácter cristiano, una dispasiciónmoráoh.
posesión de determ inada m adurez en C risto (ver Lucas 4:1, H echos 6:3; 5,
7:55; 11:24; 13:52). Esta es la condición ideal de todo cristiano, que en todo
m om ento, de form a permanente, esté lleno del Espíritu.
(2) O tro s tex to s describen a las personas «llenas del E sp íritu Santo»
co m o aquellas a quienes se capacita p ara com pletar o llevar a cabo u n a
tarea especial, o equipándolas para el servicio o m inisterio. Esta capacita-
ción del Espíritu puede ser para toda la vida, preparatoria para u n trabajo o
u n m inisterio p articular (Le. 1:15-17; H ech. 9:17), pero tam bién existen
ocasiones en las que alguien recibe u n p o d e r especial e in m ed iato para

, F ee, God’sEmpoweringPresence, 181

179
¿Son vigentes los dones milagrosos?

tratar una necesidad im portante y urgente o una emergencia espiritual. P o r


lo tan to , alguien que ya esté lleno del E spíritu Santo puede experim entar
una plenitud adicional. Es decir, n o im porta “la cantidad” de Espíritu que
u n o tenga, ¡siempre hay sitio para “m ás”! (ver Lucas 1:41; 67; H echos 4:8;
31; 13:9; cf. los ejem plos del A n tig u o T estam ento: Ex. 31:3; 35:31;
N u . 24.2; Jueces 6.34; 14:6; 19; 15:14; 1 Sam uel 10:6; 16:13.) E n H echos
7:55, Esteban, a pesar de «estar lleno del E spíritu”» (6:3,5) es “llenado” de
nuevo con el E sp íritu Santo para darle el p o d er de perseverar en m edio
de la persecución y enfrentarse a su m artirio (y quizás para prepararle para
la visión de Jesús).101*
Resumiendo, existe un Bautismo del Espíritu, pero tam bién muchas oca-
siones posteriores en las que, de nuevo, somos llenos del Espíritu. E n ningún
texto del N u ev o T estam ento existe u n llam am iento o m andam iento a ser
bautizado en el Espíritu Santo. P o r otro lado, en Efesios 5:18 se nos m anda
que seamos “llenos del Espíritu”. A quí n o se refiere tanto a una experiencia
espectacular o decisiva, sino a una apropiación diaria. P o r esto, es posible
ser bautizado en el Espíritu y experim entar su presencia en nosotros de for-
m a perm anente y, sin embargo, no estar lleno del Espíritu. Gaffin dice:

«Este mandamiento... es importantepara todoslos creyentesa lo largo de todasu


vida. Ningún creyentepuedepmumirdebato experimentadaumplenititddeßni-
tivadelEspíritu(oya no necesitar “serlleno delEspíritu”),y decirqueelmanda-
miento delversículo 18ya no valepara él Estemandamientoseguirávigentepara
todoslos creyenteshasta la muerteo hasta queelSeñorvenga.»n

H a y otros textos que hablan de encuentros o experiencias con el Espí-


ritu Santo después de la conversión que están relacionados con la idea de
“estar lleno”, p ero que n o son exactam ente lo m ism o.
(1) Existe la tran sm isión de u n a ilum inación especial que revela a los
creyentes las bendiciones de salvación (Ef. 1:15-23; cf. Is. 11:2). Pablo pide
a D ios que dé o tra vez el E sp íritu a los creyentes, para que éste les dé la
sabiduría necesaria para entender lo que les revela sobre D ios y sus cami-
nos. Esto es algo p o r lo que debem os orar (tanto para nosotros com o para
otros). E xisten dim ensiones del m inisterio del E spíritu en nuestras vidas
que dependen, p o r decirlo así, de nuestras oraciones.

10N o t a r esp e c ia lm e n te la re la c ió n causa-efecto e n tr e e sta r lleno delEspíritu y el discurso


inspirado (v e r L u c a s 1:41 y s u r e la c ió n c o n 1:42-45; 1:67 y s u r e la c ió n c o n 1:68-79).
11 R ic h a rd G affin , Perspectiveson Pentecost:Studies in New Testament Teachingon the Gifts
oftheHoly Spirit (P h illip s b u rg , N .J .: P r e s b y te r ia n a n d R e fo rm e d , 1979), 33.

180
L a postura de la T ercera O la

A algunos les parece extraño que Pablo orara para que el Espíritu vinie-
ra a aquellos que ya lo tenían. ¡Pero esto apenas difiere de la oración de Pa-
blo en Efesios 3:17, de que C risto pueda “m o ra r” en los corazones de las
personas en las que ya está m orando! Pablo se refiere a la experim entación
continuada de lo que es un a verdad teológica. O ra para que, m ediante el
E spíritu, Jesús pueda ejercer cada vez un a m ayor influencia en el alm a de
los creyentes. D e este m odo, en am bos textos Pablo ora para que la obra
de D ios en la vida del creyente aum ente.
(2) T am b ién existe la u n ció n de p o d er para realizar m ilagros, com o
vem os en Gálatas 3:1-5 (especialmente el versículo 5). Pablo se refiere cía-
ram en te tan to a la recepción inicial del E sp íritu p o r p arte de los gálatas
(vs. 2), com o a su experiencia actual del E spíritu (vs. 5). La recepción del
E spíritu fue la evidencia inequívoca de que habían entrado en un a nueva
vida (vs. 2). Fee explica:

«Todo elargumento no sirve de nada ή estellam am iento no es tam bién un llama-


m iento a recibirelEspíritu deform a dinámica. A unque Pablo en contextos como
ésteraram entem enciom L·evidenciasvisiblesM Espm tιί>aquítenemoslaclemos-
tracián deque la experiencia delEspíritu en las iglesiaspaulinasfite m uy parecida
aladescritaporLucas, visiUementeacompañadadefenómenosqueofreáermderta
evidenciadehpresenaaM E spíritudeD ios.»12

12F ee, God’sEmpowedngPresence, 384. C u a n d o D io s “se acerca” (Santiago 4:8) a la g ente


t a n t o p a r a re v e la r s u g lo r ia y p o d e r c o m o p a r a in u n d a r le s el a lm a c o n u n c o n o c im ie n to
e x p e r im e n ta l d e s u a m o r (R o . 5:5), p u e d e n o c u r r i r fe n ó m e n o s in u s u a le s físic o s y e m o -
cionales. L o q u e p u e d e llam arse la presencia manifiesta d e D io s a m e n u d o p ro v o c a reacciones
c o m o te m b lo r e s ( H a b . 3 :16; cf. Is. 6 6 :2), r e v e r e n c ia te m e r o s a (Is. 6:1-5; M t. 17:2-8),
in c a p a c id a d p a r a p e r m a n e c e r d e p ie ( 1 R . 8 :10-11; 2 C r . 7:1-3; D a n . 8 :17; 10:7-19; J u a n
18:6; A p . 1.17), ale g ría in c o n tr o la b le (S alm o 16:11) y o tr a s m a n ife s ta c io n e s re la c io n a d a s.
E s to es e s p e c ia lm e n te c ie r to e n aq u e lla s ép o c a s d e u n d e r r a m a m ie n to e x tr a o r d in a r io d el
E s p ír itu d e D io s, q u e so le m o s lla m a r avivamiento y renovación. P a ra le e r u n a e v alu a ció n de
ta le s fe n ó m e n o s e n la Ig le sia a c tu a l (e n p a r tic u la r , la lla m a d a “B e n d ic ió n d e T o r o n t o ”),
re c o m ie n d o G u y C h e v re a u , Catch theFire (L o n d res: M a rsh a ll P ic k e rin g , 1994) y Pray with
Fire (T o ro n to : H a r p e r C o llin s, 1995); R o b W a rn e r, PrepareforRevival (L ondres: H o d d e r &
S to u g h to n , 1995); P a t r i c k D ix o n , Signs ofRevival (E a s tb o u rn e : K in g s w a y , 1994), D a v e
R o b e rts, The TorontoBlessing (E astbourne: K ingsw ay; 1994); D o n W illiam s, Revival: VieReal
Thing (L a jo lla : p u b lic a d o p o r e l a u to r , 1995); D e r e c k M o r p h e w , RenewalApologetics (A
P o s i ti o n P a p e r o f t h e A s s o c ia tio n o f V in e y a r d C h u r c h e s i n S o u th A f r ic a , 1995); J o h n
W h ite , When the Spint Comes with Power (D o w n e r s G ro v e , 111.: In te rV a rs ity , 1 9 8 8 );J0 h n
A m o t t , TheFather’s Blessing (O rla n d o : C r e a ti o n H o u s e , 1995); W alla c e B o u lto n , e d ., The
Impact ofToronto ( C r o w b o r o u g h : M o n a r c h , 1995); M ik e F e a r o n , A Breath ofFreshAir
(G u ild fo rd : Eagle, 1994); M a r k S tibbe, TimesofRefreshing.A Practical TheologyofRevivalfor
Today (L o n d res: M a rsh a ll P ic k e rin g , 1995); D a v id P a w s o n , IstheBlessingBiblical? Thinking
through the TorontoPhenomenon (L o n d res: H o d d e r & S to u g h to n , 1995), K e n y L o is G o tt,

181
¿Son vigentes los dones milagrosos?

Pablo habla de D ios com o aquel que da el Espíritu de form a continua y


generosa a los hom bres y las m ujeres, quienes, en o tro sentido, ya lo han
recibido. E sto es especialm ente evidente cuando u n o se fija en el uso que
Pablo hace del presente (es decir, «Aquel que os sum inistra el Espíritu»).
O bviam ente, existe una relación estrecha, incluso casual, entre el suminis-
tro del E spíritu y los milagros. Es decir:

«Dios estápresenteentreellos mediantesu Espíritu, y elnuevo suministro delEspi-


ritu seexpresaen las obras milagrosasdevarios tipos.Así, Pablo apela una vez.más
a la naturaleza visibley experimentaldelEspíritu en medio de ellos, que es la
evidenciacontinuadequeenlavidaenelEspíritu, basadaenlafeen Cristojesús,
no hay lugarpara “las obras de la ley”»13

(3) Pablo tam bién habla de la provisión del Espíritu para poder enfren-
tarse a las dificultades con esperanza (Fi. 1:19) N o creo que estuviera pen-
sando tan to en la “ayuda” del Espíritu, sino en el don del m ism o Espíritu,
el cual D ios le sum inistró continuam ente. E n otras palabras, la frase «la
provisión del Espíritu» es u n genitivo objetivo. D ios le da a Pablo de nuevo
el Espíritu, para socorrerle m ientras está encarcelado.
(4) E n 1 Tesalonicenses 4:8, el apóstol habla de la fuerza co n tin u a del
E sp íritu Santo que necesitam os para vivir de fo rm a pura. D ice expresa-
m ente que el E sp íritu Santo está “e n ” ellos, n o sim plem ente que ha sido
dado “a” ellos. La idea es que D ios p o n e su E sp íritu d e n tro de nosotros
(cf. 1 C o. 6:9). El uso del presente enfatiza la obra continuada del Espíritu
en nuestras vidas. Si Pablo hubiera estado pensado en la conversion de los
tesalonicenses y, p o r tanto, en un a recepción inicial y pasada del Espíritu,
probablem ente hubiera utilizado el aoristo (cf. 1:5-6). E n este contexto, la
idea de P ablo es que la llam ada a la pureza sexual y a la santidad llega con
la provisión continua del Espíritu, que nos capacita para la obediencia. P o r

TheSunderlandRefreshing (L ondres: H o d d e r & S to u g h to n , 1995), A n d y y Ja n e F itz -G ib b o n ,


Something Extraordinary Is Happening: The Sunderland Experience of the Holy Spirit
(C ro w b o ro u g h : M o n a rc h , 1995). P a ra v e r u n tr a ta m ie n to m ás c rític o , v e r Ja m e s A . B everly,
Holy Laughterand the Toronto Blessing (G ra n d R ap id s: Z o n d e rv a n , 1995); B .J. O r o p e z a , A
Time to Laugh (P e a b o d y , M ass.: H e n d ric k s o n , 1995); S ta n le y E . P o r t e r y P h illip J . R ic h te r,
ed s., The Toronto Blessing ■ oris It? (L o n d re s : D a r t o n , L o n g m a n & T o d d , 1995); C lif f o r d
H ill, ed . Blessing the Church?(G u ild fo rd : E agle, 1995); L eig h B e lc h a m , Toronto: TheBaby or
theBathwater? (B ro m le y , K e n t: D a y O n e P u b lic a tio n s , 1995); y S ta n le y J e b b , No Laughing
Matter The“Toronto” Phenomenonand itsImplications (B rom ley, K en t: D a y O n e P ublications,
1995)
13F ee, God'sEmpoweringPresence, 388-89

182
L a postura de la T ercera O la

lo tanto, se nos describe al Espíritu com o el com pañero divino perm anen-
te, p o r el po d er del cual el creyente puede vivir en pureza y santidad.
(5) El E sp íritu tam b ién es responsable de que aum ente nuestra com-
p ren sió n de que h em os sido adoptados com o hijos e hijas y, tam bién,
de que podam os estar convencidos de la seguridad de la salvación. Es la
obra del Espíritu intensificar nuestro sentido de la presencia perm anente y
am orosa del Padre y del H ijo (ver Jn. 14:15-23; R o. 5:5; 8:15-17). Existen
ocasiones en la vida cristiana cuando los creyentes se dan cuenta de que
son más conscientes de lo norm al de la presencia, am or y po d er de D ios
(ver Ef. 3:16-19; 1 Pedro 1:8). ¿Por qué se da este fenóm eno? J.I. Packer lo
explica:

«¿A qué se debe la existencia de esta experiencia intensa, la cual, lejos de ser un
hecho definitivo, una bendición segunda[¡y última!], ocurre(¡graciasaDias!)devez
en cuando?N o siemprepodemos explicarlos tiem posy m om entos que D ios elige
para acercarsea sus hijosy hacerquesientan de unaform a m uy vivida la realidad
de su amor. Despuésdeesaexperiencia,avecespodemossercapacesdeverqueera
una preparacampara eldolor, laperplejidad, lapérdida o para algún tipo de minis-
terio m uy duro,pero en otros casos, solam entepodem os decir: “D ios ha elegido
mostrar su am ora su hijo, ámplementeporque lo am a ” Existen, asimismo, otras
ocasiones cuando parece claro que D ios se acerca a los hombresporque éstos se
acercan a É l (ver Santiago 4:8;Jer. 29:13,14;Lc. 11:9-13, donde “darelE spí-
riiuSarüo”ñgpifica “dar la experiencia delm inisterio, la influencia y las hendido-
nes delEspíritu Santo *);y esta es la situación a la que nos refenm os aquí»‘4

P o r lo tan to , n o es ta n sorprendente que Jesús nos anim e a pedirle al


P adre m ás del m in isterio del E sp íritu en nuestras vidas. E n Lucas 11:13
dice: «Pues si vosotros siendo m alos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros
hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se
lo pidan?» ¿Pudiera ser que esta exhortación a o rar para recibir el Espíritu
Santo fluyera de su p ro p ia experiencia del E spíritu? ¿Pudiera ser que él
m ism o orara pidiendo unciones continuas y repetidas, pidiendo ser lleno
de nuevo, o pidiendo un a nueva experiencia de la presencia y el poder del
E spíritu para sobrellevar su m inisterio, de m odo que tam bién anim a a sus
seguidores a hacer lo mism o?1415 D onde Lucas dice que el Padre nos dará el

14J a m e s I. P a c k e r, Keep in Step With the Spirit ( O ld T a p p a n , N .J .: R e v e ll, 1984), 227.


15 E l m e j o r tr a t a m i e n t o d e l E s p ír it u S a n to e n la v id a d e J e s ú s lo e n c o n tr a m o s e n el
lib r o d e G e ra ld H a w th o r n e , ThePresenceand thePower: TheSignificance oftheHoly Spirit in
theLifeandMinistry ofJesus p a l l a s : W o rd , 1991). V e r ta m b ié n la o b ra d e Ja m e s D .G . D u n n ,

183
¿Son vigentes los dones milagrosos?

“E sp íritu Santo”, M ateo dice que nos dará “buenas cosas”. ¿Por qué esta
diferencia? J o h n N olland sugiere lo siguiente:

costé, el don más importante queDios nos da es elEspíritu, Lucas quiere que
veamosque elamor de nuestro Padre no solo le lleva apreocuparse de nuestras
necesidadesdiarias (como vemosen elPadre Nuestro), sino que incluso le lleva a
ofrecemoseldon másgrandequenospodía dar.»16

D ado que esta recom endación en Lucas 11:13 está dirigida a los creyen-
tes, los “hijos” del “Padre”, la entrega del Espíritu en respuesta a la oración
no se puede referir a la experiencia inicial de la salvación personal. Los que
oranpara recibirelEspíútu Santo no son laspersonasperdidas que necesitan que el
Espíritu entreen ellosporvezprimera, sino laspersonas queya tienen al Espíritu y
tienen necesidaddeestarmásllenos, deunaplenitudmayor, una unción máspoderosa
que les capacitey lesfortalezcapara el ministerio. D e hecho, esta petición form a
p arte de las instrucciones acerca de la perseverancia y persistencia en la
oración que com ienzan en 11:1. E n otras palabras, debemospediry buscar de
forrmaconstanteypersiste,encadaocasióndenecesidad,queL>iosnosimpartadenuevo
elpoderdelEspíritu.

Tales tex to s disipan el concepto de u n depósito del E sp íritu ún ico y


definitivo, concepto que puede hacer som bra a la necesidad de unciones
posteriores a la conversión. El E spíritu, que fue dado tina vez y que ahora
m ora en cada creyente, nos es dado continuam ente para m ejorar e intensi-
ficar nuestra relación con C risto y para fortalecer nuestros esfuerzos en el
m inisterio. P ero n o es necesario etiquetar tales experiencias con la expre-
sión «Bautismo del Espíritu».

b. El cese del cesacionismo

A h o ra es el m o m ento de tra tar el tem a de la perpetuidad de los llama-


dos dones milagrosos. Es im portante señalar que, de entrada, n o todos los

J .D .G . ■ Jesúsy elEspíritu. U n e stu d io d e la ex p e rie n c ia religiosa y c a rism á tica d e lo s p rim e ro s


c ris tia n o s , ta l c o m o ap a re c e e n el N u e v o T e s ta m e n to . E d ic io n e s S e c re ta ria d o T r in i ta r io
(S alam an ca: K o ín o n ía 9 ,1 9 8 1 ); R o b e r t P . M e n z ie s , TheDevelopment ofEarly Christian
Pneumatology with SpecialReferencetoLuke-Acts (Sheffield A c a d e m ic P ress, 1991)
16 J o h n N o lla n d , Luke 9:21-18:34, W B C (D a lis: W o r d , 1993), 632.

184
L a postura d e la T ercera O la

cesacionistas niegan la posibilidad de que ocurran fenóm enos milagrosos


después de la m uerte de los apóstoles. L o que la m ayoría niega es la vigen-
cia post-apostólica de lo que llam an “dones de revelación” (profecía, len-
guas, interpretación de lenguas) y en particular del charisma de “milagros”
m encionado p o r Pablo en 1 C o rin tio s 12:10 (literalm ente, “obras de po-
der”).1718M ientras que la m ayoría de cesacionistas afirm a la posibilidad de
que existan los m ilagros (aunque con expectativas m ínim as), lo que niega
es que ese d o n esté presente en la vida de la Iglesia contem poránea.
D e m odo sim ilar, m uchos cesacionistas creen que D ios puede sanar a
personas y que ocasionalm ente lo hace, de m anera sobrenatural. P ero el
d o n de sanidad ya n o está al alcance de la Iglesia. U n a de las principales
razones de tal doctrina es la concepción errónea acerca de los dones mil a-
grosos. M uchos cesacionistas creen erróneam ente que ser el receptor del
“d o n de sanidad” o del “d o n de m ilagros” significa que alguien puede in-
variablem ente ejercer el poder sobrenatural a discreción, en cualquier lu-
gar, en cualquier m o m en to , con el m ism o grado de efectividad com o lo
hicieron los apóstoles. C uando contrastan esto con la poca frecuencia y la
ineficacia de los supuestos milagros que ocurren h o y en día, parece razona-
ble pensar que tales charismata ya n o están vigentes en la Iglesia. Sin embar-
go, esto n o es lo que enseña el N u ev o T estam ento sobre la naturaleza de
estos dones. R etom aré el tem a más adelante. D e m om ento refiero al lector
a los fragm ente revelantes del libro de Jack Deere, Surprised by thePower o f
theSpirit.m
Es im portante resaltar tam bién que cuando hablo de señales, prodigios
y fenóm enos m ilagrosos accesibles para la Iglesia de hoy, estoy pensando

17V e r N o r m a n G eisler, Signsand Wonders (W h eato n : T y n d a le , 1988), 12 7 4 5 . U n o estaría


e n a p u r o s p a r a e n c o n tr a r u n a a f ir m a c ió n m á s e x p líc ita d e l c e s a c io n is m o q u e la p r o p o r -
d o n a d a p o r R ic h a rd M a y h u e e n s u lib ro , TheHealingPromise (E ugene, O re .: H a rv e st H o u se ,
1994): «LasEscrituras enseñan quelos milagrosa través deagenteshumanos tenían unpropósito
específico. T a l p r o p ó s i t o se c e n tr a b a e n la a u te n tif ic a c ió n d e p r o f e ta s y a p ó s to le s c o m o
v e rd a d e ro s m e n sa je ro s d e D io s. C u a n d o el c a n o n d e la E s c ritu ra se c e rr ó c o n el A p o calip sis
d e J u a n , y a n o ex is tía u n a ra z ó n p a r a q u e D io s sig u ie ra h a c ie n d o m ila g ro s a tr a v é s d e lo s
h o m b r e s . P o r lo ta n t o , ta le s m ila g r o s c e s a r o n s e g ú n las E s c ritu ra s » (184). R e s p o n d e r é a
este a rg u m e n to m á s ta r d e e n m i a rtíc u lo . E s im p o r t a n te re s a lta r q u e n o es m u y in te lig e n te
e s ta b le c e r u n a d is tin c ió n e n tr e lo q u e D io s h a c e a tr a v é s d e p e rs o n a s q u e ti e n e n d o n e s ,
y lo q u e h a c e s in e llo s. S e g ú n e l a p ó s to l P a b lo , es D io s q u ie n ( lite ra lm e n te ) « h a c e to d a s
las c o sa s [ p o r e je m p lo , t o d o e l charismata] e n to d o s » (1 C o . 12:6). I n c lu s o c u a n d o las
p e rs o n a s realizan m ila g ro s (o u tiliz a n c u a lq u ie r d o n esp iritu al), la fu e n te d e en e rg ía sie m p re
es D io s .
18J a c k D e e re , Surprised by thePoweroftheSpirit ( G r a n d R ap id s: Z o n d e rv a n , 1992), 58-
7 1 , 2 29-52.

185
¿Son vigentes los dones milagrosos?

no solam ente en que puedan darse actividades sobrenaturales extrañas, o


sorprendentes actos de Providencia, sino en la vigencia actual de los dones
milagrosos citados en 1 C orintios 12:7-10.
(1) U n argum ento que antes y o citaba frecuentem ente en defensa del
cesacionismo es que las señales, m ilagros y prodigios n o eran fenóm enos
regulares, ni siquiera en tiem pos bíblicos. Más bien, estaban agrupados o
concentrados en m om entos clave de la revelación en la historia de la re-
dención. J o h n M acA rth u r es u n o de los defensores de esta p o stu ra más
reconocidos en la actualidad:

«Muchos milagros bíblicos ocurrieron en tresperiodos relativamentecortosdéla


historia bíblica: en los días deMoisésyJosué, durante los ministerios deElias y
Elíseo,y en la vida de Cristoy losapóstoles. Ninguno de esosperiodosduró más
de 100 años. Cada uno de ellosfue testigo de unaproliferación de milagros sin
precedentesen otraseras.Apartedeestostres intervalos, losúnicoseventossobreña-
turólesrecogidosen lasEscriturasfueron incidentesaislados.»19

Podem os decir varias cosas en respuesta a este argum ento, (a) Puede
parecer que en estos tres periodos de la historia de la redención, los fenó-
m enos milagrosos eran más predom inantes que en otras épocas. P ero este
hecho no dem uestra que los fenóm enos milagrosos n o existieran en otras
épocas, com o tam poco dem uestra que n o pueda haber u n increm ento de
los m ism os en épocas posteriores.
(b) Para que este argum ento tenga sustancia, debem os explicar n o sola-
m ente p o r qué los fenóm enos m ilagrosos predom inaban en estos tres pe-
riodos, sino tam bién p o r qué eran supuestam ente infrecuentes, o utilizan-
do el térm in o de M ac A rth u r, “aislados” en los periodos restantes. Si los
m ilagros n o eran frecuentes en otras épocas, teoría que aceptaré ahora so-
lam ente para poder rebatirla, deberían explicar p o r qué. ¿Podría ser que la
relativa baja frecuencia de los m ilagros se debiera a la rebelión, la incredu-
lidad y la apostasía de Israel a lo largo de gran p arte de su histo ria
(cf. Salmos 74:9-11; 77:7-14)? N o.olvidem os que incluso Jesús «no p u d o
hacer allí [en N azaret] ningún m ilagro; solo sanó a u nos pocos enferm os
sobre los cuales puso sus manos» (Me. 6:5), to d o debido a su incredulidad
(ante la cual, leem os que Jesús “estaba m aravillado”, vs. 6. La idea de la

19 J o h n F . M a c A r th u r , Charismatic Chaos (G ra n d R ap id s: Z o n d e rv a n , 1992), 112. U n a


d e las c rític a s m á s c o m p le ta s a lo s tr a b a jo s d e M a c A r t h u r es A Response to Charismatic
Chaos, d e R ic k N a t h a n (A n a h e im : A s s o c ia tio n o f V in e y a r d C h u r c h e s , 1993)

186
L a postura de la T ercera O la

aparente escasez de milagros en ciertos periodos del A ntiguo Testam ento


p u d iera deberse m ás a la terquedad del pu eb lo de D ios que a u n supues-
to principio teológico que establece com o n orm a la escasez de manifesta-
d o n es sobrenaturales.
(c) No existían los cesacionistasen elAntiguo Testamento. Nadie en el Antiguo
T estam ento argum entó que debido a que los fenóm enos m ilagrosos esta-
ban “agrupados” en p u n to s concretos de la h isto ria de la redención, no
deberíam os esperar que D ios desplegara su po d er en o tro m om en to . Es
más, en ningún momento dela historia delAntiguo Testamento cesaron losmilagros.
Puede que disminuyeran, pero esto solamente demuestra que en algunos pe-
riodos a D ios le com placía realizar m ilagros con m ás frecuencia que en
otros periodos.
El hecho de que los m ilagros aparezcan a lo largo del curso de la histo-
ria de la redención, ya sea de m anera esporádica o de o tra form a, demues-
tra que los milagros nunca cesaron. Entonces, ¿cómo va a ser la frecuencia
de los milagros en tres épocas de la historia u n argum ento a favor del cesa-
cionismo? ¿Cóm o puede ser que la existencia de milagros en cada época de
la historia de la redención sirva com o argum ento en contra de la existencia
de m ilagros en nuestra época? La aparición de fenóm enos m ilagrosos a lo
largo de la historia bíblica, a pesar de ser poco frecuente y aislada, n o puede
p ro b ar la no aparición de fenóm enos milagrosos en tiem pos post-bíblicos.
La continuación de los fenóm enos milagrosos en aquel entonces no es u n ar-
gum ento que pueda p ro b ar el cese de los fenóm enos m ilagrosos ahora. El
hecho de que en ciertos periodos de la historia de la redención se hayan
recogido unos pocos milagros solam ente dem uestra dos cosas: que los mi-
lagros sí que tuvieron lugar, y que la narración bíblica recogió unos pocos;
no dem uestra que solam ente ocurrieran unos pocos.
(d) La idea de que fuera de estos tres periodos especiales, los fenóm e-
nos m ilagrosos fueron aislados n o es del to d o correcta. Solam ente se pue-
de arg u m en tar esto si lim itam os m u ch o la definición de lo m ilagroso y
elim inam os u n gran nú m ero de hechos sobrenaturales recogidos que, de
o tra m anera, p o d rían ser calificados de m ilagrosos. M acA rthur insiste en
que para considerarlos milagrosos, los hechos extraordinarios deben ocu-
r rir «m ediante u n agente hum ano» y deben servir para “autentificar” el
m ensajero m ediante el cual D ios está revelando ciertas verdades. Así, pue-
de excluir cualquier fenóm eno sobrenatural que n o se dé a través de u n
agente h um ano y cualquier fenóm eno que n o tenga que ver con la revela-
ción de Dios. P o r lo tanto, si en el periodo de la historia de la redención que
estem os considerando n o se da ninguna revelación, ningún fenóm eno so­

187
¿Son vigentes los dones milagrosos?

bren atu ral de esa época po d rá cum plir los criterios para ser considerado
com o u n m ilagro. C o n una definición tan lim itada de lo que son los mila-
gros es fácil decir que se dieron de form a aislada y poco frecuente.
Pero si hace falta u n “agente hum ano” o una persona “con dones” para
que u n acontecim iento se considere milagroso, ¿qué direm os del nacimien-
to virginal y de la resurrección de Jesús? ¿Qué hay de la resurrección de los
santos m encionada en M ateo 27:52-53, o de la liberación de P edro de la
cárcel en H echos 12? La m uerte instantánea de H erodes en H echos 12:23,
¿deja de ser u n m ilagro po rq u e el agente fue u n ángel? El terrem o to que
abrió la p risión donde estaban Pablo y Silas, ¿deja de ser u n m ilagro por-
que D ios actuó directam ente, sin utilizar u n agente hum ano? La liberación
de Pablo del veneno de un a v íbora (H echos 28), ¿tam bién deja de ser u n
milagro? D efin ir u n m ilagro solam ente com o aquellos fenóm enos mila-
grosos que im plican a u n agente hum ano es arbitrario. Esta definición se
ha desarrollado p rincipalm ente po rq u e ofrece un a m anera de reducir la
frecuencia de los milagros en el relato bíblico.
Además ¿la revelación de D ios siempre ha ido acom pañada de milagros
para evidenciar que se tratab a de u n a revelación divina? Es cierto que en
m uchos casos los milagros confirm aban y autentificaban al mensajero divi-
no. P ero reducir el p ro p ó sito de los m ilagros a esa función es ig n o rar las
otras razones p o r las cuales D ios los ordenó. La asociación de lo milagroso
con la Revelación divina sería u n argum ento a favor del cesacionismo sola-
m ente si la Biblia restringiera la función de los milagros exclusivamente a la
verificación. P ero no es así, com o verem os más adelante.
E n m i opinión, el A ntiguo T estam ento revela u n p a tró n coherente de
m anifestaciones sobrenaturales presente en el transcurso de la H um ani-
dad. A dem ás de la m ultitud de m ilagros durante la vida de Moisés, Josué,
Elias y Elíseo, vem os m uchos casos de actividad angélica, visitas sobreña-
turales y de revelación, sanidades, sueños, visiones, etcétera. U n a vez que
nos desprendem os de la definición lim itada de lo m ilagroso que vim os
hace u n m o m en to , tenem os un a im agen diferente de la vida religiosa del
Antiguo Testamento.20*

20 P a r a le e r u n a lis ta e x te n s a d e fe n ó m e n o s m ila g r o s o s e n e l A n tig u o T e s ta m e n to ,


v e r D e e re , Surprised by thePoweroftheSpirit, 255-61. P o d e m o s p e n s a r e n especial e n D a n ie l,
q u ie n m i n is tr ó e n la p r i m e r a m ita d d e l sig lo V I a .C ., m u c h o a n te s q u e la é p o c a d e E lia s
y E líseo . N o o b sta n te , c o m o D e e re señala, « p ro p o rc io n a lm e n te , e l lib r o d e D a n ie l c o n tie n e
m á s e v e n to s s o b r e n a tu r a le s q u e lo s li b r o s d e l E x o d o a J o s u é (lo s li b r o s q u e r e la ta n lo s
m in is te r io s d e M o is é s y J o s u é ) y 1 R e y e s h a s ta 2 R e y e s 13 (lo s lib r o s q u e h a b la n d e
lo s m in is te r io s d e E lia s y E líseo )» (263).

188
L a postura de la T ercera O la

(e) Fijém onos en la declaración de Jerem ías 32:20, en la que el profeta


se dirige a su D ios diciendo: «realizaste señales y p o rten to s en la tierra de
E g ip to hasta este día, y en Israel y e n tre los hom bres, y te has h echo un
n o m b re, com o se ve hoy» (la cursiva es mía). Este tex to nos alerta del
peligro de usar el silencio com o argum ento. El hecho de que desde los
tiem pos del E xodo hasta el Exilio, se recogieran pocos casos de señales y
prodigios no significa que no ocurrieran, ya que Jerem ías insiste en que sí
ocurrieron. Podem os com pararlo con el peligro que sería decir que Jesús
no hizo ningún milagro en ningún período concreto de su vida, o que no lo
h izo con m u ch a frecuencia, sim plem ente p o rq u e los Evangelios no los
recogieron. Juan nos dice explícitam ente que Jesús hizo «muchas otras se-
ñales... en presencia de sus discípulos, que n o están escritas en este libro»
(Jn. 20:30), ju n to con «muchas otras cosas» imposibles de recoger con de-
talle (21:25).
(f) La m ayoría de cesacionistas insiste en que la profecía del A ntiguo y
la del N uevo Testam ento son la misma. Tam bién reconocen rápidam ente
que la profecía del N uevo Testam ento era u n don “m ilagroso”. Si la profe-
cía del A ntiguo T estam ento tenía la m ism a naturaleza, entonces tenem os
u n ejemplo de u n fenóm eno milagroso que se da a lo largo de la historia de
Israel. E n cada época de la historia de Israel en la que existió actividad
profética, existió actividad milagrosa. E ntonces, ¿qué sucede con el argu-
m en tó de que los m ilagros, incluso co n la definición ta n lim itada, eran
poco frecuentes y aislados?
A sí que parece ser que el argu m en to cesacionista que apela a que los
fenóm enos m ilagrosos se daban p o r grupos, en m o m en to s concretos y
aislados en la historia de la redención, n o es ni bíblicam ente defendible, ni
lógicamente creíble.
(2) U n segundo argum ento al que y o solía recurrir es el siguiente: las se-
ñales, los prodigios y los dones m ilagrosos del E sp íritu Santo (com o las
lenguas, la interpretación, la sanidad y el discernim iento de espíritus) fue-
ro n designados para confirm ar, testificar y autentificar el mensaje apostóli-
co. M e parecía lógico concluir, com o N o rm a n Geisler ha dicho, que «las
‘señales de u n apóstol’ se acabaron con los tiem pos de los apóstoles».21 Es

21 G e isle r, Signs and Wonders, 118. F re c u e n te m e n te se c ita H e b r e o s 2 : 3 4 e n c u a n to a


e ste te m a : « ¿ c ó m o e s c a p a r e m o s n o s o t r o s si d e s c u id a m o s u n a sa lv a c ió n t a n g ra n d e ? L a
c u a l, d e sp u é s q u e fu e a n u n c ia d a p r im e r a m e n te p o r m e d io d e l S e ñ o r, n o s fu e c o n firm a d a
p o r lo s q u e o y e r o n , te s tific a n d o D io s ju n t a m e n t e c o n ello s, ta n t o p o r señ ales c o m o p o r
p r o d ig io s , y p o r d iv e r s o s m ila g r o s y p o r d o n e s d e l E s p ír it u S a n to se g ú n s u p r o p i a
v o lu n ta d » . P e ro fijé m o n o s e n v a rio s factores: (a) e l a u to r n o lim ita este te x to a lo s apó sto les,
p a la b r a q u e n o a p a re c e e n el p asaje. A u n q u e n o te n g o o b je c io n e s e n i n t e r p r e t a r q u e la

189
¿Son vigentes los dones milagrosos?

cieno que los milagros, señales y prodigios frecuentem ente daban testimo-
nio del origen divino del mensaje apostólico. Pero es u n argum ento persua-
sivo en co n tra de la validez tem p o ral de tales fenóm enos, solam ente si
logras dem ostrar dos cosas:
(a) Si logras dem ostrar que la autentificación o confirm ación era el pro-
pósito único y exclusivo de tales demostraciones de poder divino. N o obstante,
no existe ningún texto inspirado en las Escrituras que lo haga. En ningún
lugar delNuevo Testamento se reduceelpropósito o lafunción de lo milagroso o los
charismata al de la autentificación. Lo milagroso, cualquiera que fuera su for-
ma, podía tener varios propósitos distintos. P o r ejemplo, estaba el propósi-
to doxológico. Tal era la razón principal de la resurrección de Lázaro, com o
el m ism o Jesús deja claro en Ju a n 11:4 (cf. vs. 40; cf. tam b ién 2.11: 9:3;
Mat. 15:29-31). Los milagros también tenían un propósito evangelístico (Hech.
9:3243). G ran parte del m inisterio m ilagroso del Señor servía para expre-
sar su compasión y amor p o r las m ultitudes doloridas. Sanó a los enfermos y
alim entó a los cinco m il p o rq u e tu v o com pasión de la gente (Mt. 14:14;
Me. 1:4041).

frase “lo s q u e o y e r o n ” in c lu y e a lo s ap ó sto le s, ta m p o c o te n e m o s ra z o n e s p a ra re s trin g irla


a lo s a p ó s to le s . N o s o lo lo s d o c e o y e r o n a J e s ú s , h ic ie r o n m ila g r o s y e je r c ita r o n d o n e s
esp iritu a le s; (b) el te x to n o id e n tific a e x p líc ita m e n te d e qué o d e quiénes te s tific ó D io s m e-
d ia n te las s e ñ a le s y lo s p ro d ig io s (en g rie g o n o a p a re c e n in g ú n p r o n o m b r e q u e p u e d a
d a r n o s u n a p is ta ), a u n q u e lo m á s p r o b a b l e es q u e se tr a te d e l m e n s a je d e s a lv a c ió n
(vs. 3). Je s ú s fu e e l p r i m e r o q u e p r o c l a m ó el m e n s a je . L o s q u e le o y e r o n lo c o n f ir m a r o n
a lo s q u e n o tu v i e r o n e l p riv ile g io d e o í r lo d e p r i m e r a m a n o . D io s a su v e z c o n f i r m ó la
v e ra c id a d d e e ste e v a n g e lio c o n s e ñ a le s, p r o d ig io s y v a rio s m ila g r o s , y lo s d o n e s d e l
E s p ír itu ; (c) ¿L os m ila g ro s q u e c o n f ir m a b a n el m e n s a je so lo lo s h ic ie r o n las p e rs o n a s q u e
h a b ía n o íd o al S e ñ o r? S e g ú n e l te x t o , c a b e la p o s ib ilid a d d e q u e , c u a n d o D io s te s tific ó
s o b r e el m e n s a je d e sa lv a c ió n , lo h iz o e n m e d io y a tr a v é s d e l a u t o r d e H e b r e o s y d e s u
a u d ie n c ia . E l h e c h o d e q u e sea u n p a r tic ip io p re s e n te (“D io s ta m b ié n está te s tific a n d o ”)
al m e n o s su g ie re (a u n q u e n o exige) « q u e la e v id e n c ia c o r r o b o r a ti v a n o se c o n f in a b a al
a c to in ic ia l d e p r e d ic a c ió n , s in o q u e c o n ti n u a b a d á n d o s e e n la v id a d e la c o m u n id a d » )
(W illia m L a n e , Hebrews 1-8, W B C [D a lla s: W o r d , 1991]; (d) n a d a e n el te x t o a firm a q u e
ta le s fe n ó m e n o s m ila g ro so s d e b a n se r re s trin g id o s a a q u e llo s q u e o y e r o n p e rs o n a lm e n te
al S e ñ o r o a aq u e llo s q u e lo o y e r o n d e se g u n d a m a n o . ¿ P o r q u é n o q u e rr ía D io s c o n tin u a r
te s tific a n d o d e l m e n s a je c u a n d o o t r o s lo p r e d ic a n e n g e n e ra c io n e s p o s te rio r e s ? ; (e) E s
c u rio so q u e se u se merismois (“d o n es... d is trib u id o s”) e n lu g a r d el d a tiv o p lu ra l d e charismas.
Q u iz á s el a u t o r n o esté d e s c r ib ie n d o lo s “d o n e s ” p e r se, e n c u y o caso , pneumatos hagiou
p u e d e s e r u n g e n itiv o o b je tiv o , d a n d o a e n te n d e r q u e e l E s p ír it u m is m o es lo q u e D io s
d io o d is tr ib u y ó a su p u e b lo (cf. G á l. 3:5). Si, p o r o tr o la d o , se tr a ta d e “d o n e s ” , fijé m o n o s
q u e d istin g u e e n tr e “v a rio s m ila g ro s” (lit. “p o d e re s” , dynamesin y “d o n e s” del E sp íritu . E sto
s u g e riría q u e p o r “d o n e s ” se e n te n d e r ía m á s d e lo q u e n o s o t r o s lla m a r ía m o s charism ata
m ilag ro so s. ¿E stá a lg u ie n p re p a r a d o p a ra re s trin g ir lo s d o n e s al p r i m e r siglo, sim p le m e n te
p o r q u e s e r v ía n p a r a a u te n tif ic a r y te s tif ic a r d e l m e n s a je d e l E v a n g e lio ? V ie n d o e sto s
fa c to re s , n o c re o q u e este p asaje re s p a ld e e l c e sa c io n is m o .

190
L a postura de la T ercera O la

D isp o n em o s de varios textos que indican que u n o de los p ro p ó sito s


prim arios de los fenómenos milagrosos era la construcción y la edificación del
C uerpo de C risto. E n su libro, M acA rthur dice que los continuistas «creen
que los dones m ilagrosos espectaculares fueron dados para la edificación
de los creyentes. ¿Confirm a esto la Palabra de Dios? N o . Más bien al con-
trario » .22 ¿Q ué hacem os entonces con 1 C o rin tio s 12:7-10, la lista que
contiene lo que to d o s aceptam os com o los dones m ilagrosos (com o la
profecía, las lenguas, la sanidad y la in terp retació n de lenguas)? Estos
dones, según dijo Pablo, se distribuyeron a la Iglesia “para el bien común”
(vs. 7), es decir, ¡para la edificación y beneficio de la Iglesia! Son principal-
m ente, aunque no exclusivamente, los m ism os dones que sirvieron com o
trasfondo para que Pablo animara (en vs. 14-27) a todos los m iem bros del
C u erp o a m inistrarse los unos a los otros para edificarse m utuam ente, in-
sistiendo en que n in g ú n don (ya sea de lenguas, sanidad o profecía) era
m enos im portante que los otros.
T am bién se debe explicar 1 C orintios 14:3, donde Pablo afirm a que la
profecía, u n o de los dones milagrosos que aparecen en 12:7-10 sirve para
edificar, e x h o rta r y consolar a otros en la Iglesia. El que profetiza, dice
Pablo en el versículo 4, «edifica a la Iglesia». E ncontram os u n énfasis simi-
lar en el versículo 5, donde Pablo dice que h ablar en lenguas, cuando se
interpreta, tam bién edifica a la Iglesia. ¿Y qué hacemos con el versículo 26,
en el que Pablo pide a los creyentes que cuando se reúnan estén preparados
para m inistrar con «salmo, enseñanza, revelación, lenguas, interpretación»,
m inisterios designados “para la edificación”?
Si las lenguas nunca tuvieron como p ropósito edificar a los creyentes,
¿por qué D ios o to rgó el don de la interpretación para que las lenguas pu-
dieran usarse en una reunión de creyentes? Si las lenguas nunca tuvieron
com o p ro p ó sito edificar a los creyentes, ¿por qué el m ism o P ablo ejerció
este d o n en privado para sus propios devocionales? (cf. 1 C o. 14:18-19,
cuando sugiere, de m anera casi exagerada, que casi nunca habla en lenguas
en la Iglesia). Si P ablo casi apenas ejerció ese d o n en la Iglesia, p e ro no
obstante hablaba en lenguas con más frecuencia, fluidez y fervor que na-
die, más incluso que los corintios, tan dados a hablar en lenguas, ¿dónde lo
hizo? Sin duda, debió hacer uso de este d o n en privado.
Lo que quiero decir es lo siguiente: Todos los dones del Espíritu, ya sean
lenguas o enseñanza, profecía o misericordia, sanidad o ayuda, fueron da-
dos, entre otras razones, para construir, edificar, anim ar, instruir, consolar

22 M a c A rth u r, Charismatic Chaos, 117.

191
¿Son vigentes los dones milagrosos?

y santificar el C u erp o de C risto. P o r lo tan to , aun cuando el m inisterio


de los m ilagros para autentificar a los apóstoles y su mensaje hubiera cesa-
do - idea que acepto solo para po d er seguir con la argum entación - tales
dones continuarían funcionando en la Iglesia p o r las demás razones men-
donadas.
(b) Si logras dem ostrar que solamente los apóstoles llevaron a cabo señales,
prodigios o ejercieron los llamados milagros charismata. Pero esto es lo con-
trario a lo que m uestra el N u ev o T estam ento. O tro s que hicieron uso de
los dones son (1) los setenta que fu ero n ordenados en Lucas 10:9,19-20;
(2) p o r lo m enos 108 personas de en tre las 120 que se reu n iero n en el
aposento alto el día de Pentecostés; (3) E steban (H echos 6-7); (4) Felipe
(cap. 8); (5) Ananias (cap. 9); (6) m iem bros de la iglesia de A ntioquía (13.1);
(7) nuevos conversos de Éfeso (19:6); (8) m ujeres de C esárea (21:8-9);
(9) los herm anos anónim os de Gálatas 3:5; (10) creyentes de R om a (Roma-
nos 12:6-8); (11) creyentes de C o rin to (1 C o. 12-14); y (12) cristianos de
Tesalónica (1 Tes. 5:19-20).
Más aún, cuando u n o lee 1 C orintios 12:7-10, n o parece que Pablo esté
diciendo que los charismata solo se les dieran a los apóstoles. E l E spíritu
soberano dio dones de sanidad, milagros, lenguas y demás a cristianos ñor-
m ales de la iglesia de C o rin to , para la edificación diaria del C u erp o . El
Espíritu se m anifestó a granjeros, tenderos, amas de casa, del m ism o m odo
que a los apóstoles, ancianos y diáconos; se m anifestó a todos ellos “para el
bien co m ú n ” de la Iglesia.
A lgunos lanzan u n contra-argum ento ante el hecho de que las señales,
prodigios y los dones m ilagrosos en H echos estaban estrecham ente reía-
cionadas con los apóstoles o co n las personas que form ab an p arte del
círculo apostólico. Pero recordem os que el libro de H echos es, después de
todo, los H echos de los apóstoles. Lo titulam os así porque reconocemos que
la actividad de los apóstoles es el tem a principal del libro. El hecho de
que u n libro diseñado para relatar los hechos de los apóstoles describa las
señales y prodigios que éstos hicieron no debería sorprendem os, pero tam-
poco deberíam os usarlo para construir u n argum ento teológico.
Más aún, decir que Esteban, Felipe y Ananias no cuentan porque están
estrecham ente relacionados co n los apóstoles, n o p ru eb a nada. E n H e-
chos, todas laspersonas tienen algún grado de relación con el grupo de após-
toles. Es difícil e n c o n trar en el lib ro de H ech o s u n a p erso n a que tenga
algún tip o de im portancia y que n o esté relacionada al m enos con u n o de
los apóstoles. Pero, ¿no era la concentración de fenóm enos milagrosos una
característica de los apóstoles com o representantes especiales de C risto?

192
L a postura de la T ercera O la

P o r supuesto que lo era (cf. H echos 5:12). P ero la frecuencia de los mila-
gros realizados p o r los apóstoles n o dem uestra de n in g u n a m anera que
otros no hicieran tam bién milagros.
E n este p u n to llegamos a 2 C orintios 12:12. ¿N o está diciendo el texto
que los m ilagros son las “señales” de los apóstoles? V erem os que la res-
puesta es negativa. P ablo no dice que la insignia de u n apóstol sean las
señales, prodigios y milagros. La traducción de la N V I crea confusión, ya
que afirm a que «los distintivos de u n apóstol - señales, prodigios y m ila-
gros - , se hicieron entre vosotros con toda perseverancia». Esta traducción
nos lleva a pensar que Pablo está identificando los “distintivos” de u n apóstol
con los fenóm enos m ilagrosos realizados entre los corintios. P ero el sus-
tantivo “distintivos” (o “señales” en LBLA y RV) está en nom inativo, mien-
tras que «señales, prodigios y milagros» están en dativo. A diferencia de lo
que m uch o s creen, P ablo no cree que las insignias de u n apóstol son las
señales, los prodigios y los m ilagros. Su p u n to de vista queda m ejor pías-
m ado si traducim os que «las señales de u n verdadero apóstol fueron reali-
zadas entre vosotros con toda perseverancia, p o r m edio de [o m ejor aún,
acompañadas de] señales, prodigios y milagros» (NASB).
El argum ento de Pablo es que las señales, prodigios y milagros acompa-
ñ aro n su m inisterio en C orintio; fueron elem entos vinculados a su labor
apostólica.23 P ero n o eran p o r sí m ism os «las señales de u n apóstol». Para
Pablo, las m arcas distintivas de su m inisterio apostólico eran, entre otras
cosas: (a) el fru to de su predicación, es decir, la salvación de los corintios
(cf. 1 C o. 9:lb-2, «¿No sois vosotros m i obra en el Señor? Si para otros no
so y apóstol, p o r lo m enos p ara v osotros sí lo soy; pues v osotros sois el
sello de m i apostolado en el Señor.»; cf. 2 C o. 3:1-3); (b) su im itación de
C risto, en la santidad, la hum ildad, etc. (c. 2 C o. 1:12; 2:17; 3:4-6; 5:11; 6:3-
13; 7:2; 10:13-18; 11:6,23-28); y (c) su sufrim iento, dificultades, persecu-
ción, etc. (cf. 4:7-15; 5:4-10; 11:21-33; 13:4). Pablo desarrolló pacientem en-
te estas “señales”, que son las que m arcan su autoridad apostólica, y que
estuvieron acom pañadas de las señales, prodigios y m ilagros que realizó.
Recordemos tam bién que Pablo no se refiere a las “señales” de u n apóstol
o a los fenóm enos m ilagrosos que acom pañaron su m inisterio com o una

23 E l d a tiv o in s tr u m e n ta l es g ra m a tic a lm e n te p o s ib le , p e r o c o n c e p tu a lm e n te im p ro -
b ab le. ¿ Q u é sig n ificaría d e c ir q u e el s u frim ie n to , la s a n tid a d y la h u m ild a d se lo g r a ro n “p o r
medio d e señ ales y p ro d ig io s ” ? E l d a tiv o a so c ia tiv o , q u e d e sig n a las c irc u n s ta n c ia s , p a re c e
en cajar m e jo r (cf. F . Blass y A . D e b ru n e r, A Greek GrammaroftheNew Testament[C hicago:
U n iv . o f C h ic a g o P re s s , 1961], 1 9 5 ,1 9 8 ). E l te m a im p o r t a n te es q u e P a b lo n o ig u a la las
m arcas d e l a p o sto la d o c o n lo s m ilagros, su g irie n d o q u e solamente lo p r im e r o h a c e lo ú ltim o .

193
¿Son vigentes los dones milagrosos?

form a de diferenciarse de los cristianos que n o eran apóstoles, sino de los


falsos profetas que estaban confundiendo a los corintios (2 C o. 11:14-15,
33). W ayne G ru d em llega a la siguiente conclusión: «En resum en, el con-
traste n o está e n tre los apóstoles que podían hacer m ilagros y los o tro s
cristianos que no los podían hacer, sino entre los apóstoles cristianos verda-
deros, m ediante los cuales el E spíritu Santo obraba, y los no cristianos que
pretendían pasar p o r apostóles, m ediante los cuales el E spíritu Santo no
hacía nada.»24
E n ningún lugar Pablo sugiere que las señales y prodigios fueron exclusi-
va o únicamente apostólicos. M i hija va a clases de baile, y lo que mas le gusta
es el ballet. A unque solamente tiene diecisiete años, tiene los músculos de las
pantorrillas increíblemente fuertes y bien desarrolladas. P or supuesto, puede
decirse que la “señal” de una bailarina de ballet es ten er unas pantorrillas
fuertes. P ero nunca diría que las bailarinas son las únicas que tienen esa
característica física. Simplemente quiero decir que si lo tom am os junto con
otros factores, el desarrollo de sus pantorrillas nos ayuda a identificarla como
una persona que baila sobre los dedos de los pies. D e la m ism a forma, Pablo
no dice que los apóstoles sean los únicos que realizan señales, prodigios y
m ilagros, sino que esos fenóm enos, ju n to con otras evidencias, deberían
convencer a los corintios de que el era u n verdadero apóstol de Jesucristo.
P o r lo tan to , el hecho de que los fenóm enos milagrosos y ciertos de los
charismata sirvieran para atestiguar y autentificar el mensaje del Evangelio,
no dem uestra de ninguna m anera que tales actividades queden obsoletas
para la Iglesia después de la m uerte de los apóstoles.
(3) El tercer argum ento cesacionista tiene que v er con la valoración
supuestam ente negativa que m uchos otorgan a la naturaleza, proposito e
im pacto de los prodigios, señales y milagros en el N uevo Testam ento. A m i
m e enseñaron, y me lo creí, que era una indicación de inm adurez espiritual
buscar señales, que eso hablaba de un a fe debil, nacida de la ignorancia
teológica, que oraba p o r la sanidad de alguien o p o r un a dem ostración de
poder divino. Algunos son, incluso, m u y radicales en sus opiniones. James
Boice, en su contribución en el libro PowerReligion, cita con aprobación el
sentim iento de Jo h n W oodhouse, quien dice que «un deseo de futuras se-
f í a l e s y milagros es pecam inoso y una m arca de incredulidad».25*

24 W a y n e G r u d e m , “S h o u ld C h r is ti a n s E x p e c t M ira c le s T o d a y ? O b je c tio n s a n d
A n sw ers fr o m th e B ible” e n TheKingdomand thePower, ed. G a ry S. G re ig y K evin N . S pringer
(V e n tu ra , C A .: R e g a l, 1 9 9 3 ,6 7 ) .
25Ja m e s M o n tg o m e ry B oice, “A B e tte r W ay: T h e P o w e r o f W o r d a n d S p irit , e n Power
Religion, ed . M ic h a e l S c o tt H o r t o n (C h ic a g o : M o o d y , 1992), 126.

194
L a postura de la T ercera O la

P ero considerem os H echos 4:29-31, que recoge esta oración de la Igle-


sia de Jerusalem

«Yahora, Señor, comiderasusamenazas,ypermitequetmsiervoshablen túpala-


bra con toda confianza, mientrasextiendes tu manoparaquesehaganlascuraeio-
nes,señalesyprodigios medianteelnombredetu santo siervoJesús.
Despuésque oraron, ellugardonde estaban reunidos tembló, y todosfueron
llenosdelEspíritu Santoy hablaron la Palabra deDios con valor.»

Este tex to es im p o rta n te com o m ín im o p o r dos razones: M uestra


que es bueno o rar p o r señales y milagros, y que n o es m alo ni u n signo de
desequilibrio m ental o em ocional pedirle a D ios dem ostraciones de su po-
der; tam bién dem uestra que n o existe necesaria o inherentem ente u n con-
flicto entre los m ilagros y el mensaje, entre los prodigios y la palabra de la
C ruz. Veam os estos puntos p o r orden.
(a) Buscar y o ra r para que haya dem ostraciones del p o d e r divino de
sanidad, m ilagros y prodigios es bueno, útil, y h o n ra al Señor Jesucristo.
Pero, ¿qué hay de M ateo 12:39 y 16:4? ¿N o denunció Jesús a los perversos
y adúlteros que “d em andan” y “buscan” un a señal (cf. 1 C o. 1.22)? Es
cierto, pero fijém onos en aquellos a quienes se estaba dirigiendo y p o r qué
los estaba denunciando. Eran escribas y fariseos incrédulos, n o eran hijos de
Dios. A quellos que le pedían tales cosas a Jesús n o tenían intención de se-
guirle. «Buscar señales de D ios es ‘perverso y adúltero’ cuando la dem anda
de evidencias viene de u n corazón rebelde que sim plem ente quiere ocultar
que es reticente a creer.»26 Pedir señales es u n pretexto para criticar a Jesús
o contem plar desde la añoranza cóm o se rebate lo sensacionalista. Pero esa
n o era la m otivación de la Iglesia prim itiva, y tam poco debe ser la nuestra.
Quizás la siguiente ilustración nos ayude:

«Si hace tiempo que mantenemos una relación sentimental con el mundo, y
nuestro marido,Jesús, despuésde una separación larga, seacerca y nos dice “te
quieroyquieroquevuelvas‫״‬. Unadelasmejoresmanerasdeprote^rnuestrarda-
dónadúlteraconelrnuridoesdecin “Realmentetúnoeresmimarido;enrealidad
no mequieres. Si no, demuéstramelo. Damealguna señal". Siésteesdmodoenel
quepedimosunaseñal,somosunageneraciónperversayadúltera. Perosinosacer-
camosaE)iosconuncorazóncontrtío,deseososdeobtenerlavindicacióndesugloria

26J o h n P ip e r, “S igns a n d W o n d e rs : A n o th e r V ie w ”, TheStandard (O c to b e r 1991), 23.

195
¿Son vigentes los dones milagrosos?

y la salvación delospecadores, entonces nosomosperversosy adúlteros. Somosuna


esposafiel, cuyo único deseo eshonrara su marido».27

¿Te acercas a D ios exigiéndole que realice u n milagro, empujado p o r un


corazón incrédulo que si no ve u n espectáculo dice que no va a obedecer?
¿O te acercas hum ildem ente, en oración, con u n deseo de glorificar a Dios
en la dem ostración de su poder, con el m ism o deseo de m inistrar su mise-
ricordia, com pasión y am o r a los necesitados? D ios condena la prim era
actitud, y ordena la segunda.
(b) El poder de las señales y prodigios no diluye el poder del Evangelio,
com o tam poco existe ninguna incoherencia inherente o conflicto sin solu-
ción entre los prodigios y la Palabra. N o obstante, algunos acuden a Roma-
nos 1:16 y 1 C o rin tio s 1:18.22-23, textos que afirm an la centralidad de la
cruz y el p o d er del Evangelio para salvar (verdades teológicas que todos
nosotros, sin duda, afirmamos y defendemos). Pero el autor de estos pasa-
jes es Pablo, el m ism o hom bre que describió su m inisterio com o u n minis-
te ñ o caracterizado p o r «el poder de señales y milagros, m ediante el poder
del Espíritu”» (Ro. 15:19), el m ism o hom bre que escribió 1 Corintios 12-14
y sobre el que trata casi to d o el libro de H echos, con todos sus fenóm enos
milagrosos. N o es o tro más que Pablo, cuyo mensaje y predicación no llegó
«con palabras persuasivas de sabiduría, sino con dem ostración del Espíritu
y de poder» (1 C o. 2:4). Y fue Pablo quien les recordó a los tesalonicenses
que el Evangelio no había llegado a ellos «solamente en palabras, sino tam -
bién en p o d er y en el E spíritu Santo y con plena convicción» (1 Ts. 1:5).
Si existe alguna incoherencia o conflicto inherente entre el m ensaje y
los m ilagros: ¿por qué estaba D ios confirm ando «la palabra de su gracia
concediendo [a los apóstoles] que se hicieran señales y prodigios p o r me-
dio de sus manos» (Hechos 14:3)? Si lasseñalesylosprodigios diluyen la Gracia
déla Palabra deDios, si lasseñalesy losprodigios reflejan unapérdidadeconfianzaen
elpoderdelEvangelio, entoncesDios nopuede escaparsedela acusación deminarsu
propia actividad. Si creemos que existe algún conflicto entre los prodigios y
la Palabra, el problem a está en nuestras m entes. N o estaba en la de Pablo,
ni m ucho m enos en la de Dios.
Las señales, prodigios y fenóm enos milagrosos no podían salvar a nadie
entonces, ni tam poco lo pueden hacer ahora. El poder para salvar reside en
la obra del E spíritu Santo a través del Evangelio de la cruz de C risto. Pero
tales fenóm enos milagrosos

27Ibíd.

196
L a postura de la T ercera O la

«pueden, si Diosquiere, hacerpedazos elcaparazón deldeánterés;pueden hacer


pedazos elcaparazón delcinismo;pueden hacerpedazos elcaparazón de lafalsa
religión. Como cualquierbuen testigo dela Palabra dela Gracia, esosfenómenos
puedenayudaralcorazánhundidoafiiarsumiradaenelEvangelio,dorndebr¡llala
gloria delSeñor, queseautentificaporsímismayquesalva almas.»28

Fijém onos en que si hay u n a generación que tenía poca necesidad de


autentificación sobrenatural, esa era la generación de la Iglesia prim itiva.
N o obstante, oraban sin cesar para recibir señales y prodigios.

«Esta era la generación cuyapredicación (por medio dePedro, Esteban, Felipey


Pablo)fie másungida quelapredicación decualquiergeneradónposterior. Sihay
algunapredicaciónqueeradpoderdeDiosparasalvary no necesitabairacompaña-
da deseñalesyprodigios, eraésta. Esmás,esta érala generaciónqueha contado con
elmayornúmerodeevidenciasinmediatasyconvincentesdela verdaddéla resume-
ción.EnJerusalénamvivíancientosdetesúgpsquehabíanvistoalSeñorresucitndo.
Sihayalgumgeneraciónenlahistoriadelalglesiaqtteconocióelpoderdelapredi-
caciónyautenüfcacióndelEmngdiopormediodeevidenciasdeprimeramanodela
resurreccióm,eraésta.Aúnasíéstatambiénfueunageneraciánqueorabaapasiona-
damenteaDiospara queextendierasu mano conseñalesyprodigios.»29

O tras personas han opinado que las señales, prodigios y m ilagros en-
gendran u n espíritu triunfalista inconsecuente con el llam am ien to a sufrir

28 Ib íd . E n su lib ro The Final Word:A Biblical Response to the Case o f Tongues and Prophecy
Today (C arlisle: B a n n e r o f T r u t h , 1993), O . P a lm e r R o b e r ts o n c re a u n a d ic o to m ía in n e -
cesaría e n tr e las señ ales y la P a la b ra c u a n d o dice q u e « u n a fe fu e rte e n el p o d e r d e la v e rd a d
d e l E v a n g e lio ir á m u c h o m á s h a c ia la s a lv a c ió n d e lo s p e c a d o re s q u e u n a c o n fia n z a e n
lo m ila g ro s a m e n te d e s lu m b ra n te . E l p a tr ó n e sta b le c id o y e x p líc ito d e las E sc ritu ra s es q u e
la p r o c la m a c ió n c la ra d e la v e rd a d , m á s q u e e l h a c e r m ila g ro s , es el m é t o d o m á s e fe c tiv o
p a r a q u e el E v a n g e lio se e x tie n d a » (83). C o m o h e m o s d ic h o a n te s , n a d ie a f ir m a q u e lo s
m ila g ro s se a n m á s efe c tiv o s so te rio ló g ic a m e n te h a b la n d o q u e el m e n s a je d e la c ru z . P e r o
u n c o m e n t a r i o d e e ste ti p o n o s lle v a a c u e s tio n a r n o s t a n t o la te o lo g ía c o m o la s a b id u ría
d e p r á c tic a m e n te to d o s lo s ev a n g e lista s d e l N u e v o T e s ta m e n to , in c lu y e n d o a Je s ú s 0 n .
5:36; 10:25,37-38; 12:9-11; 14:11; 20:30-31), F e lip e (H e c h o s 8:4-8), P e d r o (9:32-43) y P a b lo
(R o . 15:18-19). M ie n tra s q u e se ría e r r ó n e o s u g e r ir q u e el e v a n g e lism o n o a c o m p a ñ a d o de
m ila g ro s es in f e rio r , n o se n o s p u e d e esc a p a r la e s tre c h a in te rre la c ió n q u e h a y e n la B ib lia
e n tr e lo s p ro d ig io s y la p a la b r a d e la c ru z . V e r e sp e c ia lm e n te “P o w e r E v a n g e lism a n d th e
N e w T e s ta m e n t E v id e n c e ” , e n The Kingdom an d the Power, e d . G a r y S. G r e i g y K e v in
S p rin g e r, 359-92: W a y n e G ru d e m , Power and Truth:A Response to the Critiques o f Vineyard
TeachingandPractice by D A . Carson,]amesMontgomery Boice, andJohn H Arm strongin “Power
Religion ” (A n a h e im : A s s o c ia tio n o f V in e y a r d C h u r c h e s , 1993), 19-28,38-47.
29 P ip e r , “S ig n s a n d W o n d e r s ”, 23.

197
¿Son vigentes los dones milagrosos?

p o r causa del Evangelio. A quellos que desean o rar para recibir milagros,
según sigue la acusación, no se to m an seriam ente la dolorosa realidad de
vivir en u n m u n d o caído. La debilidad, las aflicciones, la persecución y el
sufrim iento son una parte inevitable del Reino que «todavía no esta aquí».
Pero cuando leo el N uevo Testamento, no encuentro ningún conflicto inherente
entre las señales y el sufrimiento, y tenem os que dejar que sea el N uevo Testa-
m entó, y no cualquier telepredicador, el que de form a a nuestra postura. Lo
cierto es que Pablo no encontró incom patibilidades entre los dos, ya que
ambos caracterizan su ministerio. C om o C.K. Barret escribe, «los milagros
no eran contradictorios con la teología crucis que [Pablo] proclamaba y prac-
ticaba, ya que se realizaban no en u n contexto de éxito triunfante y prospe-
ridad, sino en m edio de las preocupaciones y los vilipendios que estaba
obligado a soportar.»30
J o h n P iper ha dicho que «el ‘aguijón’ [en la carne] de Pablo sin duda se
le clavaba con más fuerza con cada sanidad que hacia.»31 N o obstante, las
tribulaciones personales n o le llevaron a renunciar a lo m ilagroso en su
ministerio. T am poco las demostraciones sobrenaturales del poder de D ios
le llevaron a ver el m undo “color de rosa” y a ten er u n ingenuo p u n to de
vista sobre la condición hum ana. U n a vez mas, si alguien quiere probar que
las señales y el sufrim iento son incom patibles, para defender su posición
tendrá que buscar evidencias fuera de la Biblia.
(4) U n cuarto argum ento a favor del cesacionismo tiene que ver con la
finalización, cierre y suficiencia del canon de las Escrituras. Las señales,
prodigios y dones milagrosos acom pañaron y autentificaron la verdad del
Evangelio hasta que la últim a palabra de la Escritura canónica estuvo escn-
ta. E ntonces, según esta teoría, la necesidad de tales m anifestaciones de
poder divino cesó. La Biblia m ism a ha sustituido a los fenóm enos milagro-
sos en la vida de la Iglesia.
E n co n tram o s varios problem as co n este argum ento, (a) La Biblia n o
dice nada parecido. N ingún autor bíblico afirma que la Escritura escrita ha-
ya ocupado el lugar o, en cierto sentido, haya suplantado la realidad de las
señales, prodigios y demás.
(b) ¿Por qué iba a acabar la presencia del canon com pleto con la necesi-
dad de los fenóm enos m ilagrosos? Si las señales, prodigios y el po d er del
Espíritu Santo eran esenciales para dar testim onio de la verdad del Evange-

30C .K . B arrett, Λ Commentaryon theSecondEpistleto theCorinthians (N ueva Y o rk ; H a rp e r


& r o w , 1973), 3 21. ^
31 J o h n P ip e r , “T h e S ig n s o f a n A p o s tl e ” , The Standard ( N o v ie m b r e 1991), 28.

198
L a postura de la T ercera O la

lio en aquel entonces, ¿por qué no iba a serlo ahora? E n otras palabras, parece
razonable asum ir que los milagros que confirm aron el Evangelio en el pri-
m er siglo, donde quiera que era predicado, servirían igual para confirm ar el
Evangelio en los siglos posteriores, incluyendo el nuestro.
(c) Si las señales, prodigios y m ilagros eran esenciales aún cuando el
H ijo de D ios estaba físicamente presente, ¡cuanto más en su ausencia! Sin
duda, n o estam os preparados para decir que la Biblia, a pesar de toda su
gloria, puede hacer lo que Jesús no pudo hacer. Jesús pensó que era necesa-
rio utilizar los fenóm enos milagrosos del Espíritu Santo para confirm ar y
dar testim onio de su propio m inisterio. Si era esencial para él, ¡cuánto más
para nosotros!. E n otras palabras, si la gloriosa presencia del m ismísi-
m o H ijo de D ios n o excluyó la necesidad de los fenóm enos m ilagrosos,
¿cómo podem os decir que la posesión de la Biblia sí lo hace?
(5) A ú n surge o tro argum ento de la H isto ria de la Iglesia: Si los llama-
dos m ilagros o los dones del E spíritu Santo son válidos para los cristianos
de épocas posteriores a las de los apóstoles, ¿por qué estaban ausentes de la
historia de la Iglesia hasta su supuesta reaparición en el siglo XX?
(a) O p in a r que tales dones n o existían es ignorar u n gran n ú m ero de
pruebas. Tras estudiar la docum entación de la supuesta presencia de estos
dones, D . A. C arson concluye que «existen suficientes pruebas de que algu-
na form a de ‘dones carism áticos’ continuaron esporádicam ente a lo largo
de los siglos de la H isto ria de la Iglesia, de m o d o que es in ú til insistir,
basándose en la doctrina, en que todos los ejemplos son falsos o fruto de la
actividad dem oníaca o la aberración psicológica.»32
(b) Si estos dones eran esporádicos, puede que haya o tra explicación
además de la teo ría de que estaban restringidos al p rim er siglo. D ebem os
recordar que antes de la reform a protestante en el siglo X V I, el cristiano
n o rm al y co rrien te n o ten ía acceso a la Biblia en su p ro p io idiom a. La
ignorancia bíblica estaba m u y extendida. Era norm al, pues, que la gente no

32 C a rs o n , Manifestaciones del Espíritu, o p . c it.. E n c u a n to a este te m a es esp e c ia lm e n te


ú ti l la se rie d e a rtíc u lo s d e R ic h a r d R iss, “T o n g u e s a n d O t h e r M ir a c u lo u s G if ts in th e
S e c o n d T h r o u g h N i n e t e e n t h C e n tu r i e s ” , Basileia (1985). V e r ta m b ié n R o n a ld K y d d ,
Charismatic Gifts in theEarly Church (P eabody, M ass.: H e n d ric k s o n , 1984); K ilian M c D o n n e ll
y G e o rg e T . M o n ta n g u e , Christian Initiation and Baptism in theHoly Spirit: Evidencefrom the
First Eight Centuries (C ollegeville, M in n .: L itu rg ic a l P ress, 1991); C ec il R o b e c k , Prophecy in
Carthage:Perpetua, Tertullian, and Cyprian (C le v e la n d : P ilg rim P re s s, 1992); S ta n le y M .
B urgess, “P ro c la im in g th e G o sp e l W ith M ira c u lo u s G ifts in th e P o stb ib lic a l E a rly C h u r c h ”
e n The Kingdom and the Power, eds. G r e ig y S p rin g e r, 277-88; id e m , TheHoly Spirit: Eastern
Christian Traditions (P e a b o d y , M ass.: H e n d ric k s o n , 1984); P a u l T h ig p e n , “D id th e P o w e r
o f th e S p ir it E v e r L e a v e t h e C h u r c h ? ” Charism a, (s e p tie m b re d e 1992), 20-29.

199
¿Son vigentes los dones milagrosos?

fuera consciente de los dones espirituales (su n o m b re, naturaleza y fun-


ción) y que no los buscaran en oración o que no los reconociera, si éstos se
manifestaban. Si los dones eran ocasionales (un p u n to en sí m ism o abierto
a debate), podía haberse debido tan to a la ignorancia y al letargo espiritual
que éstos engendran, com o a cualquier principio teológico que lim ita los
dones a la época de los apóstoles.
(c) C reo que es m u y posible que m uchas iglesias que defendían el cesa-
cionismo experim entaran estos dones, pero no les prestaran atención pen-
sando que era com o algo m en o r a la m anifestación m ilagrosa del E spíritu
Santo. El m inisterio de Charles Spurgeon es u n ejemplo. Considerem os el
siguiente ejem plo extraído de su autobiografía:

«En una ocasión,predicando en unasala, señalédeliberadamentea un hombreen


medio de la multitudy dije “El hombreallísentado, que es un zapatero, tienesu
tiendaabierta losdomingos. Estabaabierta elúltimodía dereposoporla mañana,
vendiópor valorde nuevepeniques, de lo quesacó cuatropeniquesde beneficio
¡ Vendiósu alma alDiabloporcuatropeniques!Un misionero estaba enla ciudad
dandounpaseo,yseencontróaestehombre. Viendoqueestabaleyendounodemis
sermones, lepreguntó: “¿ Conocesa Spurgeon’’? “Sí”dijo d hombre, “tengo muchas
razanesparaccmocerle;heidoaescucbarle,ymediantesupredicacián,por¡a Grada
deL>ios,meheconverüdoenunarumuaiaturaenCristoJesík¿Puedodeártecómo
sucedió?Fuia la reunión, mesentéen elcentro de la sala; Spurgeon memiró co-
modmeconociera,yensusermánmeseñalóyledijoalacongregaciánqueyoeraun
zapatero,y queabría mitienda losdomingos■ ,yesoera cierto. Eso no mehubiera
importado;pero también dijo queganénuevepeniquesd domingoanterior,y que
saquécuatropeniquesdebeneficio.¡Yeso también era cierto!¿Cómopodíasaberlo?
MedicuentadequefueDiosmismodquelehablóamialmaatra.vésdeá,rtsíque
cerrémi tiendaal domingosiguiente Alpnncipio, medaba miedo ira escucharle
otravez,ysobretodoquelecontaramáscosasalosdemássobremí;perodespuésfui,
ydSeñormeencontró,ysalvómialma.»33

E ntonces Spurgeon añade este com entario:

«Podría relatar,porlomenos,unadocenadecasossimilares,enlosqueseñalabaa
unapersonadelasala,sintenernilamásmmimaideadequienera,odequeloque
dedaeraverdad;perocreíaqueelEspíritueraelquernemovíaahablarasí,ytan

” C h a rle s H . S p u rg e o n , TheAutobiography ofCharles H. Spurgeon (L o n d re s: C u r ts &


J e n n in g s , 1899), 2:226-27.

200
L a postura de la T ercera O la

sorprendenteeramidescripción, quelaspersonasseibanylesdedanasusamigos:
“venid, vedalhombrequernehadichotodaslascosasqueheheeho;dnduda, debe
haberlo mandado Diosa mialma, o de otraforma nopodría haberdescrito mi
situación con tanta exactitud‫״‬. Ynosolamenteesto,s1noqueheconocidoocasiones
en las quelospensamientosdeloshombreshan sido reveladosdesdeelpulpito. En
oamoneshetástoapersonasdaruncodazoasusveános,porquehabían recibidoun
golpe inesperado. Y se lesha oído dearal salir: “elpredicadornoshadicho loque
estábamoshablando entre nosotrosal entrar"».34

C reo que este no es u n ejemplo poco com ún de lo que el apóstol Pablo


describe en 1 C orintios 14:2425‫־‬. Spurgeon ejerció el don áeprofecía (otros
lo llamarían la palabra de conocimiento, 12:8), pero él no lo reconoció com o
tal. N o obstante, esto n o altera la realidad de lo que el Espíritu Santo reali-
zó a través de él. Si exam inam os la teología y el m inisterio de Spurgeon,
ju n to con los testim onios de sus contem poráneos y posteriores biógrafos,
la m ayoría sacaría la conclusión, m otivada p o r la ausencia de referencias
explícitas a charismata m ilagrosos com o la profecía y la palabra de conocí-
m ien to , de que estos dones habían sido retirados de la vida de la Iglesia.
¡Pero el p ropio testim onio de Spurgeon apunta lo contrario!
(d) Si concedem os que ciertos dones espirituales han prevalecido me-
nos que o tro s en la h isto ria de la Iglesia, su ausencia puede deberse a la
incredulidad, apoetasía u otros pecados que solam ente sirven para entriste-
cer y apagar el Espíritu Santo. N o deberíamos sorprendem os, pues, ante la
poca frecuencia de dones milagrosos en periodos de la historia de la Iglesia
marcados p o r la ignorancia teológica e inm oralidad personal.
N adie extrae la conclusión de que, debido a la corrupción de la verdad
soteriológica en los prim ero s 1400 años de H isto ria de la Iglesia, que la
intención de D ios era que el Espíritu Santo dejara de ilum inar y enseñar al
pueblo en cuanto a esta doctrina vital. L o m ism o puede decirse del sacer-
docio de todos los creyentes. ¿Por qué los cristianos sufrieron la ausencia
de las bendiciones que esas verdades p o d ían tra e r a la vida de la Iglesia?
¡Los que creen en el rapto pretribucional deben tam bién explicar la ausen-
cia de su am ada d octrina del conocim iento colectivo de la Iglesia durante
casi 1900 años!
Sin duda, la respuesta será que nada de esto dem uestra que D ios quisie-
ra que su pueblo ya n o entendiera aquellos principios doctrinales. Y la reía-
tiva ausencia de ciertos dones espirituales durante el m ism o periodo de la

34 Ib íd , 22 7 .

201
¿Son vigentes los dones milagrosos?

histo ria de la Iglesia no dem uestra que D ios se opusiera a su uso o que
hubiera negado su validez para el resto de la era actual. Tanto la ignorancia
teológicaacerca deciertas verdadesbíblicas como lapérdida delas bendicionesquelos
dones espintuales aportan, nopueden ni debenseratribuidas a la idea de queDios
pretendieraquetalpoderyconocimientosolamentefueranpara loscreyentesdela Iglesia
pnrmttixL
(e) Finalm ente, lo que haya ocurrido o no en la historia de la Iglesia no
es la pauta definitiva m ediante la cual juzgam os lo que deberíam os perse-
guir, p o r lo que deberíam os orar y lo que deberíam os esperar en la vida de
las iglesias de ho y . El criterio final para decidir si D ios quiere conceder
ciertos dones espirituales a su pueblo de h o y está en su Palabra. Es poco
inteligente citar la supuesta ausencia de una experiencia en particular de la
vida de u n santo del pasado de la Iglesia com o argum ento para p o n er en
duda la presente validez de esa experiencia. T am poco el éxito o el fracaso
de los cristianos en días pasados es la pauta definitiva para determ inar lo
que D ios quiere para nosotros hoy. Podem os aprender de sus errores y de
sus logros. La única pregunta realm ente im portante para nosotros y para
este tem a es: “¿qué dice la Escritura?”.
(6) Existe u n a razón m ás p o r la que perm anecí duran te años com pro-
m etido con el cesacionismo. Esta n o se basa en ningún texto en particular
ni en ningún principio teológico; no obstante, ejercía una influencia m ayor
en m i vida que las otras cinco razones. A l m encionar este hecho, no estoy
diciendo, de ninguna m anera, que los demás sean culpables de este error.
N o es una acusación; es una confesión. Estoy hablando del miedo: el m iedo
al em ocionalism o, el m iedo a lo desconocido, el m iedo al rechazo de los
que respeto y aprecio, y cuyas amistades no quería perder; el miedo a lo que
sucedería cuando abandonara el control de m i vida y mis em ociones com-
pletam ente al Espíritu Santo, el m iedo a perder el poco estatus dentro de la
com unidad evangélica que tan to m e había costado conseguir.
E sto y hablando del tip o de m iedo que m e forzaba a ten e r un a agenda
personal para distanciarm e de cualquier cosa que tuviera el peligro de reía-
d o n arm e con personas que y o creía que eran u n a vergüenza para el Cuer-
po de C risto. E ra fiel al decim oprim ero m andam iento del evangelicalismo:
«N o harás lo que los otros hacen mal». E n m i orgullo, había perm itido que
ciertos extremistas ejercieran m ayor influencia en m i m inisterio que la pro-
pia Biblia. E l m iedo a ser etiquetado o relacionado de alguna m anera con
los elem entos “poco atractivos” y “con pocos estudios” del cristianism o
contem poráneo ejercieron u n po d er pernicioso sobre m i habilidad y m i
deseo de ser objetivo al leer las Santas Escrituras. ¡Tam poco soy tan inge-

202
L a postura de la T ercera O la

n u o com o para pensar que m i entendim iento actual de las Escrituras esté
libre de influencias subjetivas! Pero estoy seguro de que al m enos el miedo,
en esta form a, ya no tiene cabida.
C oncluyendo, creo que todos los dones del E spíritu Santo son válidos
p ara la Iglesia co n tem poránea p o r tres razones: (1) La Biblia n o ofrece
pruebas de que no lo sean. Este ha sido el eje fundam ental de lo que ha
precedido hasta ahora. N o se trata solam ente de u n argum ento basado en
el silencio, pues el N u ev o T estam ento calla en cuanto a la presencia de
estos dones en la Iglesia. C om enzando con Pentecostés, y continuando a lo
largo del libro de los H echos, vemos que cuando el Espíritu era derram ado
sobre los nuevos creyentes, experim entaban la manifestación de los charts-
mata del Espíritu. N o hay nada que indique que este fenóm eno estuviera
restringido a aquellos creyentes y a aquella época. Parece, m ás bien, ser
algo com ún y extendido en la Iglesia del N uevo Testam ento. Los cristianos
de R om a (Ro. 12), C o rin to (1 C o. 12-14), Samaria (Hch. 8), Cesárea (Hch.
10), Éfeso (H ch. 19), Tesalónica (1 Ts. 5) y Galacia (Gál. 3) experim enta-
ro n los dones milagrosos y de revelación. Es difícil im aginar que los auto-
res del N uevo Testam ento pudieran haber dicho más claramente a quéiba a
parecerse este cristianism o del nuevo pacto. A sí que si los cesacionistas
quieren p ro b ar que ciertos dones de u n tip o especial han cesado, es su res-
ponsabilidad demostrarlo.
(2) El propósito final de cada don es edificar el C uerpo de C risto (1 Co.
12:7,14:3,26). N o encuentro nada en el N u ev o T estam ento, ni veo nada
en la condición de la Iglesia de cualquier época que m e lleve a creer que
hem os superado la necesidad de edificación y, p o r lo tanto, n o necesitamos
la contribución de los charismata. A dm ito abiertam ente que los dones espi-
rituales fueron esenciales en el nacim iento de la Iglesia, pero ¿por qué iban
a ser m enos necesarios o im portantes para su crecim iento c o n tin u o y su
madurez?
(3) M e vienen a la m ente tres textos. Prim era de C orintios 1:4-9 sugiere
que los dones del E sp íritu están operativos «esperando ansiosam ente la
revelación de n u estro Señor Jesucristo.» (vs. 7). Efesios 4:11-13 fecha ex-
plícitam ente la duración de los dones: serán necesarios «hasta que todos
lleguemos a la unidad de la fe y del conocim iento pleno del H ijo de Dios, a
la condición de u n h o m b re m aduro, a la m edida de la estatura de la pleni-
tu d de C risto» (vs. 13). E l objetivo o fin p o r el cual los dones cesan es el
nivel de m adurez m oral y espiritual que el cristiano individual y la Iglesia en
con ju n to solam ente conseguirán al final de la presente época. A pesar de
la controversia que todavía rodea al tem a, sigo convencido de que 1 Corin-

203
¿Son vigentes los dones milagrosos?

tíos 13:813‫ ־‬fecha el cese de los charismata en la perfección del estado eter-
no, consiguiente al regreso del Señor.
(4) C reo que estos dones han sido designados p o r D ios para caracteri-
zar la vida de la Iglesia de hoy, p o r la m ism a razón que creo en la disciplina
de la Iglesia de h o y, gobernada p o r u n núm ero de ancianos, cum pliendo
con la Santa Cena y abrigando otras prácticas y patrones ordenados explí-
chám ente en el N uevo Testam ento y que, en ningún lugar, se dice de form a
explícita que sean tem porales o que estén restringidos al prim er siglo.
(5) N o creo que el Espíritu Santo sim plem ente inaugure la nueva época
y luego desaparezca. El, ju n to con sus dones y frutos, caracteriza la nueva
era. C o m o dice D .A . Carson, «la llegada del E spíritu no está asociada sim-
plem ente con el amanecer de la nueva era, sino con su presencia, n o simple-
m ente con Pentecostés, sino con to d o el periodo desde Pentecostés hasta
el regreso de Jesús, el Mesías».35

C. Dones específicos y vida de Iglesia

M e gustaría ahora centrarm e particularm ente en tres dones y usarlos


para explicar cóm o debe ser el funcionam iento de los dones en la Iglesia.
D u ra n te años, el centro del debate entre cesacionistas y carism áticos ha
sido el tem a de los dones de profecía, lenguas y sanidad. Si estos dones son
para ahora, com o he argum entado: ¿cómo deben funcionar en la vida del
creyente y en el conjunto de la congregación?36*

1. El don de profecía.

H arem os u n par de com entarios en cuanto al d o n de profecía, su lugar


en la Iglesia y la im portancia que puede tener en aportar una guía subjetiva

35 C a rso n , Manifestaciones del Espíritu, o p .cit.. V e r ta m b ié n M a x T u r n e r , “S p iritu al G ifts


T h e n a n d N o w ”, VoxEv 15 (1985): 7-'64 8 esp . 39-41).
36 E n fa tiz o e sto s tr e s d o n e s p o r q u e s o n el c e n tr o d e l d e b a te ac tu a l. A l c o n tr a r io d e la
p e rc e p c ió n g e n e ra liz a d a , n i la V iñ a , d e la q u e y o s o y p a rte , n i o tr o s q u e se id e n tific a n c o n
lo q u e se lla m a la T e rc e ra O la , se c e n tr a n e n pro fecías, lengu as y sanidades, y e x c lu y e n o tr o s
d o n e s. L a a y u d a , la a d m in is tra c ió n , el serv icio , la e n se ñ a n z a , la g e n e ro sid a d , la e x h o rta c ió n
y las m u e s tra s d e m ise ric o rd ia , e n tr e o tr a s cosas, n o s o n m e n o s esenciales p a r a el fu n c io -
n a m ie n to c o r r e c to d e la iglesia lo cal. U n tr a ta m ie n to e x c e le n te d e lo s rasgos d is tin tiv o s d e
la T ercera O la lo en co n trará e n el lib ro d e R ic h N a th a n y K eith W ilson, EmpoweredEvangelicals:
Bringing Together theBest ofthe Evangelic and Charismatic Worlds (A n n A rb o r: S ervant, 1995).

204
L a postura de la T ercera O la

al creyente en las decisiones cotidianas de la vida. M e gustaría com enzar


con varias observaciones básicas sobre este d o n .37
La profecía siem pre tiene sus raíces en la Revelación (1 C o. 14:30). N o
se basa en una corazonada, una suposición, una deducción, una adivinanza
inteligente, o ni siquiera en la visión santificada. La profecía no se basa en
la visión, intuición o ilum inación personal. La profecía es el relato hum ano
de una revelación divina. Es esto lo que distingue la profecía de la enseñanza.
La enseñanza siem pre se basa en u n tex to bíblico, canónico; la profecía
siem pre se basa en una revelación espontánea.
N o obstante, aunque tiene sus raíces en la Revelación, la profecía puede
n o ser infalible. E sto suena contradictorio, y supone el m ayor obstáculo
para la aceptación del d o n de profecía en la Iglesia de hoy. «¿Cóm o puede
D ios revelar algo que contiene u n error? ¿C óm o puede Dios, que es infali-
ble, revelar algo que no lo es?» La respuesta es fácil. N o puede. N o lo hace.
La clave es reconocer que, con cada profecía existen cuatro elementos,
de los cuales solam ente u n o proviene directam ente de D ios: (1) existe la
m ism a revelación, (b) la percepción o recepción de la revelación p o r parte del
creyente, (c) la interpretación de lo que ha sido anunciado o el in ten to de
averiguar su significado, (d) y la aplicación de la interpretación. D ios sola-
m ente es responsable de la revelación. L o que él revela a la m ente hum ana
está libre de errores. Es tan infalible com o El. N o contiene falsedades; es
cierto en todas sus partes. Sin duda, la revelación, que es la raíz de todas las
manifestaciones proféticas genuinas, es tan infalible com o la Palabra escri-
ta (la Biblia). Si pensam os en este elem ento de la revelación, el d o n profé-
tico del N uevo T estam ento no difiere del don profético del A ntiguo Testa-
mentó.
El erro r entra cuando el receptor hum ano de la revelación malinterpreta
y / o aplica mal lo que D ios ha revelado. El hecho de que Dios haya hablado
perfectamente no significa que los seres hum anos hayan oído perfectamente.
Puede que interpreten y apliquen lo que D ios ha revelado sin error. Pero la
mera existencia de una revelación divina no garantiza que la interpretación o
aplicación de la verdad revelada com parta la perfección de la revelación.

37 P o d e m o s e n c o n tr a r d is c u sio n e s ú tile s s o b r e e ste d o n e n W a y n e G r u d e m , The G ift


o f Prophecy in theNew Testamentand Today (W estchester: C ro ssw ay , 1988); G ra h a m H o u s to n ,
Prophecy:A G iftfor Today? (D o w n e rs G ro v e , Dl.: In terV arsity , 1989), B ruce Y o c u m , Prophecy
(A n n A r b o r S e rv a n t, 1976); D a v id P y tc h e s , Prophecy in the Local Church (L o n d o n : H o ld e r
& S to u g h t o n , 1993). P a r a v e r u n e s tu d io d e las d if e re n te s p e rs p e c tiv a s e n tr e lo s
co n tin u istas, v e r M a r k J. C artled g e, “C h a rism a tic P ro p h e c y : A D e fin itio n a n d D e sc rip tio n ”,
JP T 5 (1994): 79-120.

205
¿S on vigentes los dones milagrosos?

Este puede ser el caso de H echos 21, donde el E spíritu Santo evidente-
m ente reveló a algunos discípulos en T iro que Pablo sufriría si iba a Jerusa-
lén. Su aplicación sincera, pero equivocada, de esta revelación fue decirle a
Pablo (“m ediante el E spíritu”, vs. 4) que n o fuera, u n consejo que él des-
obedeció directamente (cf. 20:22). Tam bién mencionaré brevemente el caso
frecuentem ente tratado de A gabo y su profecía sobre la form a del arresto
de Pablo (21:11), dos elem entos que fueron erróneos: fueron los rom anos
los que apresaron a Pablo, n o los judíos [21:33; 22:29]; y lejos de que los
judíos entregaran a Pablo a los gentiles, tuvieron que salvarle de ellos a la
fuerza [21:31-36]. Los que insisten en que el don del N uevo Testam ento no
es m enos infalible que su paralelo del A ntiguo Testam ento deben explicar
aquí esta m ezcla de acierto y error. E n este p u n to , solam ente he oído que
los continuistas som os «demasiado pedantes»38 o culpables de «ser dema-
siado precisos».39*Sin em bargo, parece que los estándares estrictos que se
aplicaban en el A ntiguo Testam ento son ahora convenientem ente amplia-
dos en el N u ev o Testam ento, con la presión de u n pasaje que n o encaja en
la teoría cesacionista. ¿N o será m ás bien que la profecía del N uevo Testa-
m entó es, en ocasiones, falible y que p o r lo tanto debe ser juzgada andado-
sám ente (1 C o. 14:29; 1 Ts. 5:19-22)?
A unque la profecía del N uevo Testam ento no conlleva de form a intrín-
seca autoridad divina, es em inentem ente aprovechable y debe ser valorada
(1 C o. 14:1,39,1 Ts. 5:20). Para m uchos, el hecho de que las m anifestado-
nes proféticas del N uevo Testam ento n o posean la m ism a autoridad divina
intrínseca que la profecía del A ntiguo T estam ento, hace que la prim era se
convierta en insignificante, que n o sirva para la edificación. La respuesta
se encuentra com parando el d o n de profecía con el d o n de enseñanza.
C uando las personas ejercen el don espiritual de la enseñanza, su minis-
terio tiene sus raíces en la Revelación divina (la Biblia) y se sostiene p o r el

38 G a ffin , Perspectives, 66
39R o b e r ts o n , TheFinal Word, 114. B ria n R a p sk e {TheBook ofA as and Paul in Roman
Custody, v o l. 3 d e TheBookofActs in ItsFirst CenturySetting[G ra n d R apids: E e rd m a n s, 1994],
409-10) n o s p id e q u e c re a m o s q u e Ι ο ί re la to s d e l a r r e s to e n H e c h o s 21:27-33 s o n u n a
v e r s ió n c o n d e n s a d a . L a v e r s ió n s u p u e s ta m e n te c o m p le ta h a b r í a in c lu id o lo s d e ta lle s
c o n c e r n ie n te s a c ó m o P a b lo c a y ó e n m a n o s d e lo s r o m a n o s . P e r o , ¿es in te lig e n te b a s a r
n u e s t r o p u n t o d e v is ta e n lo q u e L u c a s no d ijo ? S in d u d a , L u c a s e s ta b a a l t a n t o d e la
c o n tr a d ic c i ó n q u e h a b ía e n s u r e la to e s c r ito e n tr e la p r o f e c ía y s u “c u m p l im ie n t o ” .
¿ D e b e m o s c r e e r q u e p u d o h a b e r e lim in a d o fá c ilm e n te e sta c o n fu s ió n , p e r o q u e n o q u is o
h a c e rlo ? T a m b i é n , la s u g e re n c ia d e q u e 2 8 :1 7 se re fie re a l c u m p l im ie n t o d e la p r o f e c ía
d e A g a b o es u n a su p o s ic ió n e r r ó n e a : P a b lo d e s c rib e c ó m o le tr a n s f ie r e n “fu e r a d e ” (ek)
J e r u s a lé n p a r a h a c e rle c o m p a r e c e r a n te e l siste m a ju d ic ia l r o m a n o d e C e sá re a (23:12-35),
y n o lo s h e c h o s a so c ia d o s c o n la e s c e n a d e la t u r b a e n 21:27-36.

206
L a postura de la T ercera O la

Espíritu Santo. T odos adm itim os que tal enseñanza edifica a la Iglesia, aun-
queel maestroseequivoqueen ocasioneso tengaalgún error. Lo que dice el maestro
tiene autoridad divina solamente en u n sentido secundario, p o r derivación.
La enseñanza no tiene una autoridad divina intrínseca; solam ente la Biblia
la tiene. A l igual que con el don de profecía, en toda enseñanza se incluye la
Revelación (el texto bíblico), la interpretación y la aplicación. Solamente
la Revelación es infalible. El m aestro puede m alinterpretar o aplicar erró-
neam ente la Palabra de Dios, infalible y libre de error. Pero no rechazamos
el do n espiritual de la enseñanza sim plem ente porque el m aestro a veces (o
incluso con frecuencia) se pueda equivocar.
La profecía, no m enos que la enseñanza, está sustentada p o r el Espíritu
y basada en la R evelación de D ios. D e algún m odo, m ás allá del sentido
ordinario de la percepción, D ios revela algo a la m ente del profeta, algo que
n o está en las E scrituras (pero nu n ca c o n tra rio a las E scrituras). Ya
que D ios nu n ca se equivoca, sabem os que esta revelación es verdadera y
libre de error. Pero el don de profecía no garantiza la transmisión infalible de
tal revelación. El profeta pued epercibir la revelación imperfectamente, pue-
de entenderla imperfectamente y consecuentemente, puede comunicarla im-
perfectam ente. P o r eso, Pablo dice que vem os com o en u n espejo, velada-
m ente (1 C o . 13:12). E l d o n de profecía puede acabar en profecía falible,
igual que el d on de enseñanza puede resultar en enseñanza falible. P o r lo
tan to , si u n a enseñanza (don que puede ser falible) puede edificar y cons-
tru ir la Iglesia, ¿por qué n o puede ser buena la profecía para la edificación
(ver 1 C o . 14:3,12,26), aun cuando am bos dones n o estén exentos de la
imperfección hum ana y necesiten ser exam inados?
La exactitud de las manifestaciones proféticas variarán en proporción a
la intensidad del d o n y de la fe del que hable. E n R om anos 12:6 (uno debe
profetizar “en p ro p o rció n a la fe”), Pablo parece estar diciendo que «algu-
nos que ten ían el d o n de la profecía ten ían un a m ay o r m edida de fe (es
decir, una confianza o seguridad de que el E spíritu Santo obraría o estaba
o b ran d o p ara tra e r la revelación que sería la base de la profecía)».40 E n
otras palabras, siem pre habrá grados m ayores y m enores de habilidad pro-
fética y, consecuentem ente, grados m ayores y m enores de precisión profé-

40 W a y n e G ru d e m , The Giß o f Prophecy in theNew Testamentand Today, 208. V e r ta m b ié n


D a v id H ill, Vero TestamentProphecy (A tlanta: J o h n K n o x , 1979), 119; Jam es D .G . Dunn,Jesús
y el Espíritu, p . 3 3 9 . Se p u e d e a r g u m e n ta r u n c a so s o b r e la in t e r p r e ta c ió n d e hepistis (“ la
fe ”) c o m o las v e rd a d e s o b je tiv a s e n m a r c a d a s e n la t r a d ic i ó n d e l E v a n g e lio . T h o m a s
G illespie ( TheFirst Theologians:A Study in Early Christian Prophecy [G ra n d R apids: E erd m a n s,
1994] acu d e a o tr o s tr e s te x to s p a u lin o s e n lo s q u e c re e quepistis c o n e l a rtíc u lo d e fin itiv o

207
¿Son vigentes los dones milagrosos?

tica (la cual, según parece razonable asum ir, variará dependiendo de las
circunstancias personales). P o r lo tanto, el profeta debe hablar en propor-
ción a la seguridad y confianza de que lo que habla procede verdaderamen-
te de Dios. Los profetas n o deben hablar más allá de lo que D ios ha reve-
lado; deben ten er cuidado y n o hablar nunca según su propia autoridad o
sus propios recursos.
El contenido principal de la m ayoría de m anifestaciones proféticas se
define p o r el efecto que produce. Las m anifestaciones proféticas pueden
edificar, exhortary consolar (1 Co. 14:3). Pueden convencer, cuando los secretos
del corazón del pecador quedan al descubierto (14:24-25). Pueden enseñar (14:31).
Pueden, en ocasiones, ofrecer dirección para el ministerio (Hechos 13:1-3),
contener advertencias (21:4,10-14) o presentar oportunidades. Incluso pueden
identificare impartirdonesespirituales (1 Ti. 4:14).
T o d o el m inisterio profético debe estar sujeto a la supervisión y direc-
ción del liderazgo pastoral. Frecuentem ente, una persona con don proféti-
co recibirá la revelación con tal claridad y p o d er espiritual que su pasión
p o r p ro fetizar será m ás fuerte que su paciencia. U n p ro feta puede estar
tentado a extraer la conclusión de que la dinám ica sobrenatural de la expe-
rien d a reveladora, en la que él o ella oye la voz de D ios sin mediadores, está
exenta de la gula bíblica para la com unicaáón y el m inisterio en el C uerpo
de C risto. Esta creencia solo puede llevar al desastre.
E l hech o de que en ningún tex to del N u ev o T estam ento se describa a
los profetas con autoridad eclesial está relacionado co n este principio. El
liderazgo de la Iglesia es responsabilidad de los ancianos. El N uevo Testa-
m en tó n u n ca dice «estad sujetos a los profetas», sino «estad sujetos a los
ancianos» (1 P ed ro 5:5; cf. H e. 13:17). P ablo n o fue de ciudad en ciudad
ordenando profetas, sino ancianos (Hechos 14:23; 20:17; 1 T i. 5:17, T ito
1:5; cf. 1 Pedro 5:2). M ientras que es bueno que algunos ancianos/pastores
tengan dones proféticos, éste n o es u n requisito para ostentar u n cargo de
liderazgo. Los ancianos deben ser «aptos para enseñar» (1 Ti. 3.2), no aptos
para profetizar.

a lu d e al c o n te x t o d e la fe (a u n q u e e n R o m . 10:8 es d u d o s o ). C o n c lu y e q u e «G á la ta s 1:23,
R o m a n o s 10:8 y F ilip en ses 1:27 su g ieren q u e P a b lo u tiliz a hepistisp a ra d e n o ta r el c o n te n id o
d e la c r e e n c ia c ris tia n a , y q u e e stá p e n s a n d o e n la s u s ta n c ia y e s t r u c tu r a d e l E v a n g e lio .
E s to sig n ific a q u e e n R o m a n o s 12:6 b , la p r o f e c ía es (1) lle v a d a a la ó r b i t a d e la p ro c la -
m a c ió n d e l E v a n g e lio y (2) su je ta a l e s tá n d a r o fre c id o p o r el c o n te n id o d e l m en saje» (61).
N o o b s ta n te , si é ste fu e r a e l s ig n ific a d o al q u e P a b lo e s tá a p u n ta n d o , se t r a ta r ía d e u n
u so e x c e p c io n a lm e n te r a r o d e pistis.

208
L a postura de la T ercera O la

Finalm ente, deberíamos evitar buscar o depender del don de la profecía


para to m ar las decisiones cotidianas de la vida.41 D ios n o p retende que el
d on de profecía sea utilizado com o la m anera normal de to m a r decisiones
en cuanto a su voluntad. ¿C óm o se ve el apóstol Pablo a sí m ism o y a no-
sotros, a la hora de to m ar decisiones sobre la voluntad de Dios? Considere-
m os las siguientes declaraciones de Pablo: «Pero creínecesario [por ejemplo,
calculé] enviaros a Epafrodito» (Fi. 2:25). Pablo no aludió a una revelación
de Dios, sino que calculó la situación, sus circunstancias, los principios de
las Escrituras, las necesidades tan to de Epafrodito com o de los creyentes
de Filipos, y to m ó una decisión.
U n ejem plo más. Pablo escribe: «Para vergüenza vuestra lo digo. ¿Acá-
so no hay entre vosotros u n hom bre sabio quepuedajuzgar entre sus herma-
nos...?» (1 C o. 6:5). P ara los corintios, en tre los que n o había escasez de
personas con do n profético, Pablo les da este consejo: encontrad a alguien
con sabiduría santificada que pueda arreglar vuestras disputas.
E n cuanto a sus planes de viaje, Pablo escribe: «Y si es conveniente que yo
tam bién vaya, irán conmigo» (1 C o. 16.4). N o es una revelación profética
lo que le lleva a Pablo a to m ar esa decisión, sino una evaluación sobria de lo
que es adecuado o aconsejable en vista de las circunstancias y lo que cree que
agradará a Dios.42
C onsiderem os tam bién estas palabras de consuelo del apóstol: «Y esto
pido en oración: que vuestro am or abunde más y más en conocimiento verda-
dero y en todo discernimiento, a fin de que escojáis lo mejor» (Fil. l:9-10a).«No
hem os cesado de o ra r p o r vosotros y de rogar que seáis llenos del conocí-
m iento de su voluntad en toda sabiduría y comprensión espiritual» (Col. 1:9). Si
querem os conocer la voluntad de Dios, debemos llenam os con sabiduría y
conocim iento espiritual. Finalm ente: «y n o os adaptéis a este m undo, sino
trianáomi^mediantekrenovacióndevuestrame^paraqueverifiquéiscuálesla
voluntad de Dios·, lo que es bueno, aceptable y perfecto.» (Ro. 12:2). Pablo
anuncia que para reconocer la v o lu n tad de D ios, nuestro C read o r nos ha
dado una m ente que debemos usar para examinar, verificar y aceptar lo que
El quiere.

41 E s to y e n d e u d a c o n J o h n P ip e r p o r esta s o b s e rv a c io n e s s o b r e la p r o f e c ía y la g uía.
T o d a s la s c u rs iv a s e n lo s te x t o s b íb lic o s c ita d o s e n e sto s p á r r a f o s h a n s id o a ñ a d id a s.
42 E s to n o q u ie r e d e c ir , n o o b s ta n te , q u e P a b lo n u n c a e s tu v ie ra g u ia d o e n su s viajes
p o r re v e la c ió n d iv in a (v e r H e c h o s 16:6-10), n i ta m p o c o q u ie re d e c ir q u e D io s n u n c a h a g a
lo m i s m o c o n n o s o tr o s .

209
¿Son vigentes los dones milagrosos?

2 . Dones de sanidades

H e querido que el título refleje que, en griego, ambas palabras están en


plural y no van acompañadas del artículo definido (cbansmata iamaton).43
E videntem ente, P ablo n o esperaba que un a persona recibiera u n d o n de
sanidad que fuera operativo en todas las ocasiones y para todas las enfer-
medades. Su lenguaje da lugar a dos posibilidades: o está hablando de dife-
rentes dones o poderes de sanidad, cada u n o ap ropiado y eficaz para la
enferm edad correspondiente, o de que cada caso de sanidad constituye u n
do n distinto a los demás.
U n o de los obstáculos principales para entender la sanidad apropiada-
mente es la concepción errónea de que si alguien puedesanar alguna vez, siem-
prepodrá sanar. P ero en vista de la grave enferm edad de E pafrodito (Fi.
2:25-30), T im oteo (1 Ti. 5:23), T rófim o (2 Ti. 4:20) y quizás el m ism o Pa-
blo (2 C o. 12:7-10; Gál. 4:13), es m ejor ver este don sujeto a la voluntad de
D ios, n o a la v o lu n tad del ser h u m an o . U n a persona puede ten e r el d o n
de sanar a m uchas personas, p ero n o a todas. O tr o puede ten e r solo el
do n de sanar a u n a persona en un a ocasión particular de u n a enferm edad
particular. C u an d o a las personas se les pide que o ren p o r los enferm os,
frecuentem ente se les oye responder: «N o puedo. N o tengo el don de sani-
dad.» Pero si m i interpretación de Pablo es correcta, el Espíritu puede dis-
trib u ir soberanam ente u n charisma de sanidad para esa ocasión, a pesar de
que las oraciones previas pidiendo la restauración física en las m ism as cir-
cunstancias n o hayan obtenido respuesta. Los “dones de sanidades”, p o r
lo tan to , son ocasionales y están sujetos a los propósitos de Dios.
Puede existir tam bién una estrecha conexión entre los dones de sanidades
y el do n de fe, que precede al resto de dones en la lista que Pablo hace de los
charismata. El don de fe no se refiere a la fe de la justificación (que todos
los cristianos tienen) o a la confianza continua que sirve com o base para núes-
tra relación diaria con Dios. Más bien, ésta es una fe especial que «permite al
creyente confiar que Dios le dé ciertas cosas que él/ella no puede reclamar de
las promesas divinas recogidas en las Escrituras, o de alguna situación funda-
mentada en la estructura del Evangelio.»44 E n otras palabras, es la «habilidad

43 A u n q u e y a h a b ía re c h a z a d o el c e sa c io n is m o a n te s d e e s c r ib ir H ealing and Holiness


(P h illip sb u rg , Ñ J .: P re s b y te ria n a n d R e fo rm e d , 1990), el tris te efe c to q u e tu v o ta l v o lu m e n
fu e e l d e d e s a n im a r a las p e rs o n a s a o r a r p a r a p e d ir s a n id a d y a t e n e r a lg ú n g ra d o d e
e s p e ra n z a . A p e s a r d e q u e m a n te n g o m u c h o d e lo q u e d ije e n ese li b r o , y a n o m e s ie n to
c ó m o d o r e c o m e n d á n d o s e lo a las p e rs o n a s q u e se in te r e s a n p o r ese te m a . M i p u n t o d e
v is ta a c tu a l se v e m e j o r re p r e s e n ta d o e n Surprised by the Power o f the, d e J a c k D e e re .
44 C a rs o n , Manifestaciones del Espíritu, o p . cit..

210
L a postura de la T ercera O la

dada p o r Dios, sin falsedades o exhortaciones llenas de tópicos, para creer lo


que realmente no crees, para esperar de Dios ciertas bendiciones que no están
prometidas en las Escrituras».45 El d on de fe es la m isteriosa oleada de con-
fianza que crece en una persona en una situación en particular de necesidad o
reto y que da una extraordinaria certeza y seguridad de que Dios está a punto
de actuar, mediante palabra o acción.
U n ejemplo personal ilustrará lo que estoy diciendo. U n dom ingo, una
pareja se acercó después del culto y pidió a los ancianos de nuestra Iglesia
que ungieran a su bebé y que oraran p o r su curación. Después del culto, nos
reunim os en una habitación y yo ungí al niño con aceite. N o recuerdo el
térm ino médico de su enfermedad, pero a los seis meses de vida, tenía una
grave alteración hepática que requería cirugía inm ediata, seguram ente un
trasplante, si nada cambiaba. Mientras orábamos, algo extraño sucedió. Cuan-
do im poníam os nuestras m anos sobre este niño y orábam os, m e vi a mí
m ism o lleno de repente de una seguridad desbordante e inequívoca de que
sería curado. N o me lo esperaba. Recuerdo que intenté dudar, pero no pude
hacerlo. O ré confiadam ente, lleno de un a fe inam ovible e innegable. Me
dije a mí mismo: «Señor, realmente vas a curarle». A unque la familia abando-
nó la habitación sin demasiada certeza, y o estaba absolutam ente seg«ro de
que D ios le había curado. A la m añana siguiente, el d octor lo confirmaba.
Estaba totalm ente curado y en la actualidad es u n chico sano y feliz.
Q uizás entonces, “la oración de fe” a la que Santiago (Santiago 5:15) se
refiere n o es sim plem ente una oración que se haga sin m ás, sino una ora-
ción única y m otivada divinam ente p o r la convicción del E spíritu de que
D ios pretende cu rar a la persona p o r la que estam os orando. La fe necesa-
ría p ara la sanidad es, en sí m ism a, u n d o n de D ios, entregado soberana-
m ente cuando El quiere. C uando D ios decide curar, produce una fe o con-
fianza en los corazones de los que oran, de m odo que ésa es precisam ente
su inten ció n . E l tip o p articu lar de fe a la que se refiere Santiago, en res-
puesta a la cual D ios sana, n o es del tip o que podam os ejercer p o r nuestra
p ro p ia voluntad. Es el tip o de fe que podem os ejercer solam ente cuando
D ios quiere. P o r lo tan to , n o h ay razones para pensar que si y o hubiera
orado p o r o tro n iñ o enferm o el m ism o día, necesariam ente se hubiera sa-
nado. El h echo de que recibiera el d o n de sanidad en esta ocasión n o ga-
rantiza que m i oración tenga el m ism o éxito en o tro caso.
M uchos en la Iglesia de h o y dicen que creen que D ios sigue curando,
pero viven com o deístas funcionales que raram ente, si acaso lo hacen algu-

45Ibíd.

211
¿Son vigentes los dones milagrosos?

na vez, p o n e n sus m anos sobre el enferm o y o ran co n esperanza de que


sane. Jesús puso sus m anos sobre los enferm os (Lucas 4:40), com o h id e-
ro n en la Iglesia p rim itiva (H echos 9:17; 28:7-8; cf. M arcos 16:18). N oso-
tros deberíam os hacer lo m ism o.
La gente confunde en ocasiones el orar con esperanza o expectación, con el
orar con osadía o atrevimiento. La oración es osada opresuntuosa cuando la per-
sona dice que va a sanar sin tener una revelación que así se lo garantice46 o
sobre la presunción no bíblica de que D ios siempre quiere sanar. Así, cuan-
do la sanidad n o tiene lugar, lo achacan al pecado m oral o a la falta de fe
(norm alm ente de la persona p o r la que se ora). P o r o tro lado, las personas
oran con esperanza y expectación cuando le piden hum ildem ente a u n D ios
m isericordioso algo que no m erecen, pero que a El le agrada dar (Lucas
11:9-13; cf. M t. 9:27-31; 20:29-34; Lucas 17:13-14). La oración expectante
nace del reconocim iento de que Jesús sanó a las personas porque las amaba
y p o rq u e ten ía com pasión de ellas (Mt. 14:13-14; 20:34; M arcos 1:41-42,
Lucas 7:11-17). N o hay nada en las Escrituras que indique que esta dispo-
sición ha cambiado. E n otras palabras:

«Sid Señorsanóenelpnmersigloporqueestaba motivadoporla compasióny mi-


sericordiadelosquesufren:¿porquépensarqueibaaretirarestacompasióndespués
dela muertedelosapóstoles?¿Porquépensarqueya no sientecompasiónpor los
leprosos o laspersonas que se mueren a causa del SIDA ?¿Por quépensar que
akorasecontentacondemostraresacompasióndandograciapzraaguantardsufri-
miento, en lugardedargraciapara curar?SiJesúsy losapóstoles sanaron en el
primerúglopara dargloria a Dios,¿porquépensarqueDiosha desechado uno de
lospñnápales instrumentosqueusabaparadarsegloriaasímismoy asuHijo en
d Nuevo Testamento?»47

46 A l d e c ir “g a ra n tía de re v e la c ió n ” q u ie r o d e c ir ta n t o u n a d e c la ra c ió n b íb lic a e x p líc ita


q u e a p u n te a u n a seg u rid ad o b jetiv a so b re u n a c u ra c ió n in m in e n te , o u n a rev elació n in te rio r
p o r m e d io d e u n a p a la b r a de c o n o c im ie n t o (cf. H e c h o s 14:8-10), d e u n a p r o f e c ía o m e-
d ia n te u n s u e ñ o o v is ió n .
47D eere, Surprised by tbePower o f the Spirit, 131. V e r ta m b ié n J o h n W im b e r, PowerHealing
(San F ra n c isc o : H a r p e r & R o w , 1987); D a v id C . L e w is, H ealing: Fiction, Fantasy or Fact?
(L o n d re s: H o d d e r & S to u g h to n , 1989); J o h n C h r is to p h e r T h o m a s , “T h e D e v il, D isease
a n d D e liv e r a n c e : J a m e s 5:14-16” , JP T 2 (1993): 25-50.

212
L a postura de la T ercera O la

3. El don de lenguas

a. El p ro p ó s ito de o r a r e n el E s p íritu

E n prim er lugar, hablar en lenguas es u n tipo de oración. E n 1 Corintios


14:2 Pablo dice que hablar en lenguas es h ab lar “a D io s” (ver tam bién el
versículo 28). D e nuevo, en los versículos 14 y 15, se refiere explícitamente
a “o rar” en lenguas u “o rar” con (por) su Espíritu. P o r lo tan to , hablar en
lenguas es una form a de comunicarse con D ios en súplica, petición e inter-
cesión. Según 1 C o rin tio s 14:16, o ra r en lenguas es u n a form a perfecta-
m en te legítim a p ara expresar g ratitu d plena a D ios. N o h ay nada en la
Biblia que indique que las personas que hablan en lenguas pierdan el con-
tro l, n o se den cuenta de lo que les rodea o que se vean envueltas en una
condición enloquecida en la que pierden su personalidad y la capacidad de
pensar de form a racional. La persona que habla en lenguas puede comen-
z a r y p a ra r según su v o lu n tad (1 C o. 14:15-19,27-28; cf. 14:32). Existe
u n a gran diferencia e n tre u n a experiencia “extática” y u n a experiencia
“em ocional”. H ab lar en lenguas es a m enudo (pero no siempre) altamente
em ocional, da paz y gozo, pero eso n o significa que lleve al éxtasis.
H a b la r en lenguas tam b ién es u n a fo rm a de edificarse a u n o m ism o
(1 C o. 14:4) y, al contrario de lo que algunos dicen, n o es malo. Estudiamos
la Biblia para edificamos. O ram os para edificamos. Innum erables activida-
des cristianas son form as de edificarse. ¡Y en Judas 20 se nos ordena edifi-
cantos orando en el Espíritu!
Cada d o n del Espíritu, de una form a u otra, edifica al que lo utiliza. N o
es m aligno, a n o ser que la edificación personal se convierta en u n fin en sí
m ism a. Si m i d o n m e edifica de m odo que m e vuelvo m ás m aduro, sensi-
ble, com prensivo, entusiasta y santo y, p o r lo tanto, m ejor preparado para
m in istrar a o tro s (1 C o. 12:7), ¿por qué protestar? El hecho de que el pro-
pósito final de los dones sea el bien com ún n o excluye otros efectos seam -
danos de cada m anifestación. Es más, la edificación p o r hablar en lenguas
n o puede ser mala, o Pablo n o habría alentado su uso en 1 C orintios 14:5a.
Y lo que tiene en m ente son lenguas sin interpretación, ya que lo contrasta
con la profecía, insistiendo en que ésta últim a es más útil para edificar a los
demás (a m enos que, p o r supuesto, el hablar en lenguas sea interpretado,
v. 5b).48

48 V e r F r a n k D . M a c c h ia , “ S ighs T o o D e e p ‫ ׳‬f o r W o r d s : T o w a r d s a T h e o lo g y o f
G lo s s o la lia ” , / / >r 1 (1992): 66-67.

213
¿Son vigentes los dones milagrosos?

A u n q u e podem os p reguntarnos cóm o puede edificar algo que ni si-


quiera el que habla entiende, la respuesta está en parte en 1 C orintios 14-15
(ver tam bién R om anos 8:26). C om o dice G o rd o n Fee:

«alcontrario dela opinióndemuchos, la edificaciónespiritualnosolo ocurrea través


dela cortezadelcerebro. Pablo creía en una comunicación inmediata conDiospor
medio delE/espíritu que, en ocasiones, evitaba la mente;y en los versículos 14-15
diceque,parapoderseredificado, él iba a utilizar esasdosvías.49

H ablar en lenguas es una form a de bendecir a la persona y obras de Dios


(1 Co. 14:16). P o r esto, tal discurso es una form a de alabanza (especialmen-
te, “cantar en el E sp íritu ”). N o tenem os pruebas de que las lenguas en
H echos 2 (o en o tro lugar) tuvieran u n propósito evangelístico. Según H e-
chos 2:11, el co n tenido del discurso era “las m aravillas de D io s” (ver la
m ism a frase en 10:46; 19:17). La gente que estaba allí reunida n o escuchó
u n mensaje evangelístico; ¡escuchó u n culto de alabanza!; y eso no generó
conversiones, sino confusión. La salvación vino p o r m edio de la predicación
de Pedro.
C reo que o rar en lenguas tam bién es un a m anera de desenvolverse en
la guerra espiritual. Pablo describe las lenguas en 1 C orintios 14:16 com o la
oración o bendición “en (el) E spíritu” (1mpenumati). E n Efesios 6:18 nos
anim a a orar “en el Espíritu” (en penumatí), utilizando la m ism a term inólo-
gía. P o r lo tan to , esta exhortación de Pablo dirigida a nuestra lucha contra
los principados y potestades, aunque no se lim ita a orar en lenguas, proba-
blem ente incluye dicha práctica. Finalm ente, hablar en lenguas es una for-
m a de com pensar nuestras flaquezas e ignorancia al orar p o r nosotros mis-

49 G o r d o n D . F ee, Primera Epístola a los Corintios, 757-760. R o b e rts o n (TheFinal Word)


se n ieg a a a c e p ta r q u e alg u ien p u e d a se r e d ific a d o p o r o tr o s m e d io s a p a rte d e l p e n s a m ie n to
ra c io n a l. P o r lo t a n t o , in s iste e n q u e D io s n o s o la m e n te c a p a c ita a u n a p e r s o n a a h a b la r
e n le n g u a s q u e la p e r s o n a d e s c o n o c e , s i n o q u e le c a p a c ita p a r a e n te n d e r lo q u e está
h a b la n d o (al c o n tr a r i o q u e 1 C o . 14:14). P e r o , e n to n c e s , ¿ p o r q u é n e c e s ita r ía m o s el d o n
d is tin tiv o d e la in te r p r e ta c ió n ? C a d a p e r s o n a q u e h a b la e n le n g u a s s a b ría lo q u e e stá
d ic ie n d o , y p o d r ía a s u v e z c o m u n ic á rs e lo a la c o n g re g a c ió n . ¿ P o r q u é p r o h i b ir h a b la r e n
le n g u a s e n a u s e n c ia d e u n in t é r p r e te (vs. 27-28), si c a d a p e r s o n a q u e h a b la e n le n g u a s es
s u p r o p i o in té r p r e te ? Y si e l q u e h a b la e n le n g u a s p u e d e e n t e n d e r lo q u e d ic e , ¿ p o r q u é
a le n ta rle a o r a r p a r a q u e p u e d a in t e r p r e ta r (vs. 13)? A R o b e r ts o n n o le sirv e e l a rg u m e n to
d e q u e e l q u e ti e n e e l d o n d e in t e r p r e ta c ió n c u e n ta c o n u n a e x a c titu d q u e v a « m ás
allá d e l e n te n d i m i e n to d e l s e n tid o d e re v e la c ió n q u e tie n e e l q u e h a b la e n len g u as» (33),
p o r q u e c re e q u e c u a n d o D io s re v e la la v e r d a d a la m e n te h u m a n a , e x is te u n a g a r a n tía a
p rio ri d e q u e ta n t o la recepción d e lo rev elad o c o m o su transmisión s o n p e rfe c ta m e n te fiables.
E n o tr a s p a la b r a s , p a r a R o b e r ts o n , la p e r f e c c ió n d e la c o m p r e n s ió n y la c o m u n ic a c ió n
d e toda re v e la c ió n e stá n ga ra n tiz a d a s.

214
L a postura de la T ercera O la

m os y p o r los demás (cf. R om anos 8:26-27 esto es cierto incluso si deter-


m inam os que este texto no se refiere a la glosolalia).

b. El lugar para orar en el Espíritu

Ya he señalado 1 C orintios 14:14-19 com o prueba de que o rar en len-


guas fue una experiencia principal en la vida devocional y personal de Pa-
blo. El versículo 28 lo confirm a, dando instrucciones sobre qué hacer en
ausencia de u n intérprete: «si n o hay intérprete, que guarde silencio en la
iglesia y que hable para sí y para Dios» ¿Dónde? T eniendo en cuenta
la prohibición explícita de la glosolalia “en la iglesia” si n o hay interpreta-
ción, parece probable que Pablo se refiriera al hablar en lenguas en privado,
es decir, en o tro contexto que n o sea la reu n ió n de iglesia. P ero incluso si
esto es cierto (yo lo dudo), entonces tendríam os una aprobación apostólica
de la glosolaliapñvada. Si, com o dice Robertson, hablar en lenguas siempre
es una revelación y está designado solam ente para la com unicación racio-
nal, el consejo de Pablo n o tiene sentido. ¿Por qué im p artiría D ios una
revelación infalible solam ente para que el receptor se la diga a sí m ism o y
luego se la diga a D ios? R o b ertso n se im agina al que habla en lenguas
esperando pacientem ente hasta que llegue u n in térp rete, p ara entonces
hablar en v o z alta. P ero esa interpretación n o tiene razón de ser. Las ins-
m icciones de Pablo se refieren a u n a situación en la que no hay intérprete;
n o dice nada sobre el hecho de que la persona que hable en lenguas tenga
que esperar a que llegue el intérprete.
Es más, ¿guarda esto relación con el énfasis de Pablo en 1 C orintios 14
de que todo el m undo tiene que trabajar unido para la edificación m utua, y
con su recom endación de que algunos (quizás m uchos) n o exterioricen su
energía espiritual (orar en lenguas) m ientras otros hablan en voz alta, apa-
rentem ente, para edificar a la m ism a gente que, según el consejo de Pablo,
no está prestando atención?

c. ¿Son las lenguas una señal?

Según 1 C o rin tio s 14:22, «las lenguas son un a señal». E n el versículo


anterior, Pablo cita Isaías 28:11, cuyo significado debe encontrarse en la
advertencia que D ios hace a Israel en D euteronom io 28:49. Si Israel viola-
ba el pacto, D ios les castigaría m andando a u n enemigo extranjero, hablan-

215
¿Son vigentes los dones milagrosos?

do u n a lengua extranjera. D e este m odo, el discurso confuso y creador de


confusión era u n a señal del juicio de D ios contra u n pueblo rebelde. Este
fue el juicio que Isaías dijo que había llegado a Israel en el siglo VHI a.C.,
cuando los asirios invadieron y conquistaron el reino del N o rte (cf. tam -
bién lo que sucedió en el siglo V I a.C., Jer. 5:15).
M uchos cesacionistas dicen que D ios estaba juzgando a los judíos in-
crédulos del prim er siglo, cuya señal era u n lenguaje que no podían enten-
der (es decir, lenguas). El propósito de las lenguas, p o r lo tanto, era indicar
el juicio de D ios co n tra Israel p o r rechazar al M esías y , p o r lo tan to ,
sorprenderles para provocar su arrepentim iento y su fe. Según esta teoría,
las lenguas eran un a señal en fo rm a de d o n evangelístico. D ado que las
lenguas fu n cio n aron con esta capacidad cuando Israel fue dispersado en
el 70 d.C., el do n solam ente era válido para el prim er siglo.
Esta teoría tiene m uchos problem as. A unque las lenguas hubieran ser-
vido com o u n a señal en form a de d o n evangelístico, en ningún lugar del
N u ev o T estam ento encontram os que éste fuera el único p ropósito. Las
lenguas tam bién servían “al bien com ún” del C uerpo de Cristo (1 Co. 12:7).
E n 14:4 se dice que las lenguas edifican a la persona cuando ora en privado.
D ebem os evitar el error del reduccionismo.
A ú n más, si hablar en lenguas n o era u n d o n espiritual para la Iglesia,
¿por qué p erm itió Pablo que se usara y ejercitara en la Iglesia? Y lo hizo; si
se interpretaban, las lenguas eran totalm ente permisibles. Pero esto parece
difícil de explicar si su p ro p ó sito p rincipal era declarar juicio c o n tra los
judíos incrédulos. Tam bién fijém onos en que si las lenguas sin interpreta-
ción estaban diseñadas para los n o creyentes, para llevarles al arrepentí-
m iento, no sería necesario que D ios proporcionara el don acom pañante de
interpretación. Este últim o don solam ente tiene sentido si el hablar en len-
guas es provechoso y beneficioso para los cristianos en las asambleas.
Es más, si D ios pretendía que las lenguas fueran un a señal para los ju-
dios incrédulos, Pablo no hubiera aconsejado en contra de su uso cuando los
no creyentes estuvieran presentes (1 C o. 14:23). Y finalm ente, el contraste
en este contexto está entre el creyente y el n o creyente, n o entre el judío y el
gentil. D e hecho, la m ayoría de comentaristas concluyen que lo más proba-
ble es que el creyente (vs. 23-24) n o fuera u n judío, sino u n gentil.
P o r lo ta n to , podem os concluir que la teo ría que dice que h ab lar en
lenguas es solam ente (o incluso principalm ente) u n a señal de juicio para
los judíos incrédulos del p rim e r siglo n o es convincente. E ntonces ¿qué
principio de Isaías 28:11 es, según Pablo, aplicable a los corintios (y a noso-
tros)? Es este: cuando D ios habla a las personas en u n lenguaje que n o

216
L a postura de la T ercera O la

pueden entender, es un a form a de castigo p o r n o haber creído. Representa


su ira. El discurso incom prensible n o guiará, instruirá o m overá a la fe y al
arrepentim iento, sino que solamente confundirá y destruirá. P o r lo tanto, si
personas no creyentes entran en la reunión y los creyentes hablan en len-
guas que no pueden entender, los creyentes sim plem ente les están expul-
sando. Les están dando u n a “señal” a los n o creyentes que es totalm ente
equivocada, porque su dureza de corazón no ha llegado al p u n to de mere-
cer u n a señal de juicio tan severa. D e m o d o que cuando los creyentes se
reúnen (1 C o. 14:26), si alguien habla en lenguas, alguien debe interpretar
(vs. 27). D e lo contrario, el que habla en lenguas debe perm anecer callado
en la iglesia (vs. 29). La profecía, p o r otra parte, es una señal de la presencia
de D ios en tre los creyentes (vs. 22b) y, p o r eso, Pablo anim a a utilizarla
cuando los no creyentes estén presentes, para que vean esa señal y lleguen
a o p tar p o r la fe cristiana (vs. 24-25).
P o r lo tanto, Pablo no está hablando sobre la función del don de lenguas
en general, sino solamente sobre el resultado negativo de u n particular abuso
de ese do n (es decir, su uso sin interpretación en la asamblea pública). P o r
lo tan to , las lenguas sin in terp retació n n o deben perm itirse en la Iglesia
p o rq u e al hacerlo, los creyentes co rren el riesgo de com unicar u n a señal
negativa a otros, que solam ente los alejará.
T am bién debo m encionar la teoría que afirm a que aparte del texto de
1 Corintios, no hay otro texto en el N uevo Testam ento que mencione explí-
chám ente el hablar en lenguas. La conclusión entonces es que el don de
lenguas era poco frecuente o que estaba “acabándose”. Pero la única epísto-
la en la que la Santa Cena se m enciona de form a explícita es 1 Corintios. Sin
duda, nadie sacaría la conclusión de que apenas se observaba o que era obso-
leta. Y el silencio de otras cartas del N u ev o T estam ento puede explicarse
fácilm ente pues, al contrario de lo que ocurría en C o rin to , las lenguas no
eran u n problem a en las otras iglesias a las que P ablo escribió y m inistró.

d. Las lenguas, ¿son siempre lenguajes humanos?

H ech o s 2 es el ú n ico tex to del N u e v o T estam en to en el que se dice


explícitam ente que hablar en lenguas consiste en hablar idiom as extranje-
ros que la p erso n a desconoce. P ero n o tenem os m otivos para pensar
que H ech o s 2, en lugar de, p o r ejem plo, 1 C o rin tio s 14, es la p a u ta p o r
la que debem os juzgar todas las apariciones de este fenóm eno. O tro s fac-
tores sugieren que las lenguas tam bién pueden ser angélicas o celestiales.

217
¿Son vigentes los dones milagrosos?

E n p rim er lugar, si las lenguas son siem pre u n idiom a extranjero, pre-
tendiendo ser u n a señal para los n o creyentes: ¿por qué las lenguas de He-
chos 10 y 19 se hablan en presencia de creyentes? Pensem os tam bién que
Pablo describe «diversas clases de lenguas» en 1 C orintios 12:10. Es poco
probable que quisiera decir diversos idiomas hum anos porque: ¿quién hu-
biera dicho que todas las lenguas eran solamente u n lenguaje hum ano, como
el griego, el hebreo o el alemán? Sus palabras sugieren que existen diferen-
tes clases de glosolalia, que p o d ría ser al m enos u n c o n ju n to de idiom as
hum anos y de lenguas angelicales.
Leemos en 1 C orintios 14:2 que el que habla en lenguas «no habla a los
hom bres, sino a Dios». Pero, si las lenguas siem pre son idiomas hum anos,
Pablo com ete una equivocación, ¡ya que el idiom a hum ano sirve para «ha-
blar a los hombres»! Es más, dice que cuando u n o habla en lenguas, «nadie
lo entiende». P ero si las lenguas fueran idiom as hum anos, m uchos las ha-
brían entendido, com o hicieron el día de Pentecostés (Hechos 1:8-11). Esto
sería especialmente cierto en C orinto, una ciudad portuaria cosm opolita y
políglota, frecuentada p o r gentes de m uchos dialectos.
Si las lenguas siem pre eran idiom as hum anos, entonces el don de inter-
pretación n o requeriría la manifestación, obra o presencia del Espíritu San-
to . C ualquiera que hablara varios idiom as, com o el m ism o Pablo, podía
interpretar lenguas en virtud de su talento.
E n 1 C o rin tio s 13:1, P ablo se refiere a «las lenguas hum anas y angéli-
cas». A u n q u e puede estar utilizando un a hipérbole, es igual de probable
que se esté refiriendo a dialectos celestiales o angélicos, p o r los cuales se
manifiesta el Espíritu Santo. G ordon Fee50cita unas fuentes judías antiguas
donde se ve la creencia de que los ángeles ten ían sus p ro p io s lenguajes
celestiales y que, p o r m edio del Espíritu, u n o podía hablar con ellos.
A lgunos dicen que la referencia en 1 C orintios 14:10-11 aid io m ash u -
m anos extranjeros dem uestra que toda la glosolalia se com pone tam bién
de idiom as hum anos. P ero la analogía consiste en que las lenguas funcio-
nan como idiomas extranjeros, no que las lenguas sean idiomas extranjeros.
Su idea es que el oyente n o puede entender las lenguas sin interpretación, al
igual que n o puede entender u n idiom a extranjero. Si las lenguas fueran
idiomas extranjeros, n o haría falta una analogía.
La frase de Pablo en 1 C orintios 14:18 «hablo en lenguas más que todos
vosotros» es una prueba de que las lenguas n o son idiomas extranjeros. Co-
m o apunta W ayne G rudem , «si fueran idiomas extranjeros conocidos, que

50 F e e , Primera Epístola a los Corintios, 714.

218
L a postura de la T ercera O la

los extranjeros pudieran entender, com o en Pentecostés, ¿por qué iba Pa-
blo a usarlos en privado, cuando nadie le iba a entender, en lugar de hacerlo
en la iglesia, donde los visitantes extranjeros podían entenderlo?»5152Final-
m ente, si las lenguas siem pre son idiom as hum anos, entonces la frase de
Pablo en 14:23 no siem pre es verdad. C ualquier creyente que conociera la
lengua que se estaba usando no pensaría que “estaban locos”, sino que
pensaría que se tratab a de u n grupo de personas cultas.
M e gustaría finalizar la conclusión sobre el tem a de las lenguas con u n
apunte personal, sim plem ente para decir que encuentro este don de pro-
funda ayuda en m i vida de oración. Solamente me ha servido para profun-
dizar en m i intim idad con el Señor Jesucristo y para adorar con m ás entu-
siasmo y alegría. A pesar de las caricaturas, orar en el espíritu no disminuye
nuestra capacidad de pensam iento racional o de com prom iso con la auto-
ridad de la Palabra escrita de Dios.

D. Riesgos

La sabiduría dicta que m encione brevem ente tres áreas de preocupa-


ción para aquellos que adopten la postura descrita en este capítulo.
(1) A m enudo en contram os el riesgo del em ocionalism o en aquellos
que buscan m inistrar en los charismata milagrosos, y que no solam ente re-
conocen, sino que esperan la operación sensible y tangible del Espíritu San-
to en sus vidas. N o obstante, n o tiene p o r qué ser así. C om o ha dicho Jack
H ay fo rd , si cream os u n am biente donde la Palabra de D ios sea el funda-
m entó y la persona de C risto sea el centro, el E spíritu Santo:

«puedehacerambas cosas: iluminarla inteligenciayalimentarlas emociones.


PrcmtodescubnquedarkalEspíritu tanto espaciodgnifica renunciara mismiedos
sinfundamento,ynorenunáaralcontroldemímismoylasensatez.E>iosnonos
pidequeabandcmmo6hrazmparasummbdante1msentimientQeußrica Sinem-
bargo, nosllama a confiaren El, lo queágnifica darlea E lelcontrol¿2

(2) T am b ién correm os el riesgo de m edir el valor personal de alguien


p o r sus dones. Esto era sin duda u n problem a en C orinto. N uestra tenden-

51 G ru d e m , Systematic Theology, 1072.


52J a c k H a y fo rd , A PassionforFullness (W aco , T ex as: W o rd , 1991). 31, V e r ta m b ié n m i
lib ro Emotions VersusEmotionalism: TheRole ofFeelings in Times ofRefreshing (K ansas C ity :
M e tro V in e y a rd F e llo w s h ip , 1995).

219
¿Son vigentes los dones milagrosos?

cia es elevar a los que tien en dones m ás visibles, que son un a m uestra de
p o d er sobrenatural. Q uizás la respuesta más eficaz es recordar constante-
m ente la reprensión de Pablo a los corintios (1 C o. 4:7): «Porque, ¿quién te
distingue? ¿Qué tienes que no recibiste? Y si lo recibiste, ¿por qué te jactas
com o si n o lo hubieras recibido?».53
(3) Finalmente, siempre debemos cuidar que el enfoque central de nuestra
búsqueda espiritual sea A quel que los da, y n o los dones en sí m ism os.
P rim ero y principalm ente n o buscam os los dones, sino que buscam os a
Dios. N o obstante, a aquellos ham brientos de po d er y dones del E spíritu
Santo y o les digo: «¡Magnífico! ¡Que Dios os bendiga!» N o olvidemos que,
a las m ism as personas que abusaban de los dones espirituales, ¡Pablo les
dice que deben estar dispuestos y entusiasm ados para ten er más! P o r u n
lado, les dice: «Herm anos, no seáis niños en la m anera de pensar; más bien
sed niños en la malicia, pero en la m anera de pensar, sed m aduros» (1 C o.
14:20). P o r o tro lado, a estas mismas personas, les dice: «Procurad alcanzar
el am or, pero tam bién desead ardientem ente los dones espirituales, sobre
todo que profeticéis» (14:1). Y de nuevo: «Yo quisiera que todos hablarais
en lenguas, pero aún más que profetizarais» (14:5). Y un a vez más: «puesto
que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para la edifica-
ción de la Iglesia» (14:12). Y una vez m ás todavía: «anhelad el profetizar, y
no prohibáis hablar en lenguas» (14:39).54

53 A n te s d e c o n d e n a r d e m a s ia d o r á p id o a lo s c o r i n ti o s , h a r ía m o s b ie n e n a c e p ta r la
o b s e r v a c ió n d e P a c k e r d e q u e « m u c h a s iglesias e n la a c tu a lid a d m a n t ie n e n e l o r d e n
s im p le m e n te p o r q u e está n d o rm id a s, y e n algunas n o s te m e m o s q u e ese s u e ñ o es la m u e rte .
¡N o es d ifíc il q u e e n u n c e m e n te r io h a y a o rd e n ! L a c a r n a lid a d re a l y d e p lo r a b le y la
in m a d u r e z d e lo s c r is tia n o s d e C o r i n t o , a q u ie n e s P a b lo c e n s u r a t a n f u e r te m e n te e n la
c a rta , n o n o s im p id e v e r q u e e s ta b a n d is f r u ta n d o d e l m in is te r io d e l E s p ír itu S a n to d e u n
m o d o e n e l q u e h o y n o lo h a c e m o s » (Keep in Step with the Spirit, 249)
54 E l v e r b o zeloute (“d e s e a r a r d i e n te m e n te ”) e n 12:31 p r e s e n ta u n a a m b ig ü e d a d gra-
m a tic a l. U n a m i n o r í a c re e q u e es in d ic a tiv o y , p o r lo t a n t o , u n a fra se q u e c a r a c te r iz a el
c o m p o r ta m ie n t o d e lo s c o r in tio s (“ deseáis ardientemente lo s m e jo re s d o n e s ”). P e r o e sta
p o s t u r a se e n c u e n t r a c o n e l in c o n v e n ie n te d e q u e , e n 14:1 y 3 9, zeloute es c la r a m e n te
im p e ra tiv o . E s difícil c re e r q u e el m ism o v e rb o , c o n la m ism a f o r m a y e n el m is m o c o n te x to
c a m b ie ta n ra d ic a lm e n te d e m o d o v e rb a l e n esta o c a sió n e n p a r tic u la r (G illesp ie, The First
Theologians, 126). P o r lo ta n t o , es c o m p le ta m e n te b íb lic o q u e d e se e m o s y o re m o s p o r el
r e p a r to d e d o n e s e s p iritu a le s a d ic io n a le s (14:13), e so sí, e s ta n d o s ie m p re s u je to s a lo s
p r o p ó s ito s so b e r a n o s d e l E s p ír it u S a n to (12:11).

220
Una respuesta cesacionista
a C. Samuel Storms
Richard B. Gaffin, Jr.

El D r. Gaffin ha com binado la respuesta al D r. Storm s con la respues-


ta al D r. O ss. La respuesta aparece a co n tin u ació n del ensayo de O ss
(págs. 281-293).
Una respuesta de la postura abierta,
pero cautelosa a C. Samuel Storms
Robert L. Saucy

La expresión de Storm s sobre la posición de la T ercera O la n o sola-


m ente dibuja bien la Teología, sino que transm ite la pasión característica de
su postura, es decir, el deseo de conocer a D ios y de experim entar su poder
sobrenatural en la vida. Este fervor p o r el E spíritu y el m inisterio es ejem-
piar. El beneficio de su influencia ha enriquecido a gran parte de la Iglesia,
donde en dem asiadas ocasiones la vida se vive p o r el p o d er n atu ral y el
cristianism o es principalm ente un a cuestión de doctrina m ás que de vida.
D ado que la Tercera O la representa una especie de teología del ministe-
rio del E sp íritu a m edio cam ino entre el evangelicalism o tradicional y el
pentecostalism o clásico, es natural que alguien desde una postura evangéli-
ca tradicional esté de acuerdo co n m uchas cosas de la p resentación de
Storms. Personalm ente, aprecio su com entario de 1 C orintios 12:13, don-
de dem uestra que el Bautism o en el E spíritu ocurre en la conversión y que
los intentos p o r distinguir entre u n bautism o “p o r” el Espíritu experimen-
tado p o r todos los creyentes y u n bautism o “en” el E spíritu adm inistrado
p o r C risto (como algunas posturas pentecostales sostienen) es bíblicamen-
te im posible. Storm s se refiere acertadam ente a cualquier experiencia del
E spíritu después de la conversión com o “ser lleno” del Espíritu, expresión
que, según anota correctam ente, puede tener dos sentidos: la sólida calidad
de vida (por ejem plo, estar “lleno” del Espíritu), y un a capacitación espe-
cial o dotación de p o d er para una tarea concreta.
N o obstante, encontram os algo de confusión cuando habla de los «en-
cuentros o experiencias co n el E sp íritu Santo después de la conversión,
que están relacionadas con la idea de “estar lleno”, pero que n o son exacta-

223
¿Son vigentes los dones milagrosos?

m ente lo m ism o» (págs. 180-181). A l referirse a varios versículos que ha-


blan de la entrega del Espíritu a los creyentes, Storm s parece establecer una
distinción entre la recepción del E spíritu m ism o p o r aquellos que ya son
creyentes, y la recepción de su ministerio. Al referirse a la oración de Pablo
en Efesios 1:17 d ice :« A algunos les parece extraño que Pablo orara para
que el E sp íritu viniera a aquellos que ya lo tenían» (págs. 180-181). Igual-
m ente es im portante para él que la constricción del genitivo (“la ayuda del
E sp íritu ”, Fi. 1:19) sea in terp retad a com o u n genitivo de aposición (“la
ayuda o provisión que es el Espíritu”), en lugar de com o u n genitivo subje-
tiv o (“la ayuda que el E sp íritu da”). Los com entaristas n o se p o n en de
acuerdo: la m ayoría opta p o r la últim a interpretación, pero es dudoso que
Pablo pretendiera establecer una gran diferencia entre ambas.
T am poco podem os in terp retar que las referencias citadas, que hablan
de D ios com o el que da el E spíritu, apunten a una diferencia significativa
entre la entrega del E spíritu y su m inisterio. E n algunos casos (Gá. 3:5) el
participio presente debe entenderse más bien com o la descripción de D ios
com o el D ad o r del E spíritu, y n o ta n to com o un a provisión del E spíritu
que D ios nos ha dado en el presente. E n otros casos el énfasis sí que puede
estar en la provisión presente del Espíritu para suplir las necesidades de los
creyentes (por ejemplo, 1 Ts. 4:8). P ero si el Espíritu es un a persona que ya
m ora en el creyente: ¿qué significa “dar de nuevo” (pág. 182) el E spíritu a
una persona, si n o dar de nuevo el m inisterio y poder del Espíritu para una
necesidad concreta? El m ism o Storm s nos dice que pedir el Espíritu Santo
(Lucas 11:13) es p edir al Padre que el E spíritu desem peñe más su ministe-
rio en nuestras vidas (pág. 183).
Estas recepciones especiales del E spíritu están aparentem ente unidas
con las experiencias elevadas, aum entadas o aceleradas del m inisterio que
el E spíritu ejerce en la vida del creyente. D ependiendo de lo que se quiera
decir exactam ente con estos adjetivos, y o pensaría que se refiere a que el
creyente n o rm al experim entará épocas de especial consciencia de D ios y
de su poder m ediante el Espíritu. P ero n o veo cóm o estas experiencias son
diferentes de la experiencia de “ser Heno” del Espíritu, especialmente cuando
consideram os sus dos aspectos apuntados anteriorm ente.
M i principal preocupación p o r la posición de la T ercera O la es la apa-
rente declaración de que la actividad milagrosa de la época apostólica debe
ser norm al para la Iglesia actual. Y digo “aparente” p orque Storm s parece
reconocer que «una destacable concentración de fenóm enos m ilagrosos
[era] característico de los apóstoles com o representantes especiales de Cris-
to». N iega, n o obstante, la idea de que los m ilagros solo se dieran en m o-

224
U na respuesta de la postura abierta, pero cautelosa a c . samuel storms

m entos concretos en la H istoria (pág. 189) y asegura que la descripción de


los dones en el N uevo Testam ento claram ente nos indica «a qué debe pare-
cerse el cristianism o del nuevo pacto» (pág. 203). Eso m e suena m ucho a
u n a frase de Jack D eere, o tro defensor im p o rta n te de la T ercera O la (a
quien Storm s cita frecuentem ente), quien afirm a que «el libro de H echos
es la m ejor fuente que tenem os para dem ostrar a qué debe parecerse la vida
de la Iglesia...»55 Es m ás, m uchos de los argum entos presentados en el
ensayo parecen apoyar esta posición, pero, a la luz de las Escrituras, tengo
ciertas reticencias con algunos de esos argum entos.
1. Se dice que los milagros tienen m uchos propósitos, de m odo que aun
cuando su propósito de “señal” (los m ilagros designados para confirm ar o
autentificar) fueran un a referencia concreta a C risto y a los apóstoles, su
continuidad sería válida p o r otras razones. N o niego que D ios haga mila-
gros p o r otras razones diferentes a la autenticación, e incluso que los mila-
gros que eran señales tuvieran tam b ién o tro s objetivos (por ejem plo, las
“señales” hechas p o r Jesús y los apóstoles norm alm ente eran obras de com-
pasión hacia las personas que sufrían). P ero y o dudo que pudiéram os ha-
b lar de la m ism a actividad m ilagrosa si dejam os de lado el p ro p ó sito de
funcionar com o “señal”. E n prim er lugar, lo norm al es que u n milagro que
ap u n ta hacia D ios exprese su am or. El hecho de que un a “señal” sea un a
obra de com pasión, p o r lo tanto, n o significa que el m ilagro tenga dos pro-
pósitos. La realización de u n a “señal” puede ser u n a ob ra de com pasión,
p e ro el p ro p ó sito ú ltim o del m ilagro es el de ser “señal”. La descripción
preem inente de los m ilagros de Jesúsy de los apóstoles com o “señales” de-
m uestra que éste era su fin últim o. P o r lo tanto, si las “señales” n o se nece-
sitan en la Iglesia de u n a form a perm anente, parece razonable llegar a la
conclusión de que habrá m enos milagros.
2. E n varias ocasiones se expresa la idea de que la Iglesia actual tiene las
m ism as necesidades que la Iglesia del N u e v o T estam ento y que, p o r lo
tanto, la m ism a actividad milagrosa debe continuar. Storm s sugiere que en
la actualidad tenem os un a necesidad m ay o r de señales que den testim onio
de nuestro m inisterio de la Escritura de la que Jesús tenía. E n m i opinión,
n o logra distinguir entre el m inisterio de Jesús y los apóstoles com o porta-
dores de la nueva revelación inspirada, y el m inisterio actual de enseñanza
y de predicación de la Revelación que ya nos ha sido dada en las Escrituras.
La Biblia n o asocia en ninguna ocasión las “señales” con la enseñanza de la
Escritura, sino más bien con aquellos que hablaron palabras directam ente

55J a c k D e e re , Surprisedby thePoweroftheSpirit (G ra n d R ap id s: Z o n d e rv a n , 1993), 114.

225
¿Son vigentes los dones milagrosos?

inspiradas p o r Dios. N o creo que los continuistas vayan a afirmar que en la


actualidad D ios da una revelación nueva en el mismo sentido en que la dio a
los apóstoles y profetas del siglo prim ero; p o r tanto, la necesidad de señales
no es la m ism a que en aquel entonces. E n relación con esto, no creo que la
oración pid ien d o “señales” que encontram os en H ech o s 4:2931‫ ־‬pueda
utilizarse co m o la pauta norm al para la Iglesia, com o Storm s sugiere. El
contexto p o sterior m uestra con bastante claridad que los sirvientes (vs.
29) m ediante los cuales las señales y prodigios iban a ten er lugar, eran los
apóstoles (cf. 4:33; 5:12).56
O tro argum ento es el de la necesidad que la Iglesia tiene de seguir sien-
do edificada. Los continuistas argum entan que, dado que los dones fueron
entregados para la edificación de la Iglesia, y la Iglesia sigue necesitando
edificación, los dones deben estar presentes en la actualidad. Pero ahora no
todas las cosas son com o eran antes. H o y , a diferencia del periodo funda-
cional de la Iglesia, no tenem os apóstoles. Igualm ente, el cierre del canon
indica, al m enos, u n cam bio en el m inisterio del E sp íritu de revelación.
Independientem ente de si decim os que algunos dones han cesado, o que
sim plem ente han cambiado, lo que esta claro es que la manifestación de los
dones espirituales h o y n o es idéntica a la que vem os en el N u ev o Testa-
m entó. H a habido cambios -diseñados p o r Dios-, lo que hace que la cues-
tió n de la m anifestación de los dones sea algo m u ch o m ás com plejo que
afirm ar que las necesidades son las m ism as y que, p o r lo tan to , los dones
son los mismos.
3. U n tercer argum ento a favor del continuism o es que en la Biblia no se
enseña que los dones vayan a cesar. D ejando a u n lado que se tra ta de u n
argum ento basado en el silencio (la Biblia tam poco enseña de form a explí-
cita que vayan a continuar), com o ya hem os visto, algunas cosas han cam-
biado, y lo h an hecho aún cuando la Biblia n o aporta ninguna enseñanza
explícita al respecto. N o contam os con una enseñanza bíblica explícita de
que la revelación canónica fuera a finalizar, p ero así ocurrió, del m ism o
m odo que la profecía canónica cesó en los tiem pos del A ntiguo Testamen-
to sin que se anunciara de fo rm a explícita. La posibilidad de la venida de
Cristo im pidió a los escritores bíblicos especificar qué pasaría cuando ellos
ya n o estuvieran. P ero la historia de la Iglesia ha coincidido en que ha
habido cam bio«;■ El tem a de la continuidad de los dones espirituales requie-
re considerar estos cambios.
56 C . K . B a rre tt, A Critical and Exegetical Commentary on theActs oftheApostles (E dim -
b u rg o : T & T C la rk , 1994), 243. F .F . B ruce, Comentario de losHechosdelosApóstoles (B uenos
A ire s , A rg e n tin a ; G r a n d R a p id s , M ic h ig a n : N u e v a C re a c ió n , 1998), 120.

226
U na respuesta de la postura abierta, pero cautelosa a c . Samuel storms

4. U n com entario final sobre la posición continuista en general tiene


que ver con la explicación de p o r qué la actividad milagrosa de la era apos-
tólica, que encontram os principalm ente en H echos y 1 C orintios, no ha
sido la experiencia de la Iglesia. E n lugar de reconocer que los cambios, co-
m o los que hem os visto anteriorm ente, son la explicación lógica, los conti-
nuistas apuntan a la falta de espiritualidad o a la falta de conocim iento de la
verdad bíblica, en especial el conocim iento relacionado con los dones mi-
lagrosos. E n cuanto a la falta de conocim iento bíblico, no creo que la His-
to ñ a m uestre una relación directa entre el conocim iento bíblico y los mila-
gros. D e hecho, m uchos relatos de m ilagros vienen de épocas, com o la
Edad Media, en las que el creyente norm al tenía poco acceso a la Escritura,
ya que está traducida a las lenguas vernáculas.
Sin duda, la incredulidad y la apostasía pueden im pedir la recepción del
poder milagroso de Dios. D ios seguram ente hará m enos si nadie se lo pide
con fe. Pero, com o he apuntado en m i ensayo, el pecado de su pueblo en
tiem p o s bíblicos n o im pidió que D ios enviara a poderosos profetas que
hacían m ilagros. Si p u d o m andar a Elias e incluso los discípulos de Jesús
m ientras estuvo en la T ierra para hacer m uchos m ilagros entre u n pueblo
poco espiritual, sin duda pudo hacer lo m ism o a lo largo de la historia de la
Iglesia. Pero tenem os pocas pruebas de m inisterios parecidos en la Iglesia,
lo que sugiere que lo que m arca la diferencia n o es el pecado del pueblo,
sino el propósito de Dios.
5. E n cuanto al tem a del uso de dones específicos en la vida de la Igle-
sia, aprecio lo que considero la postura m oderada de la T ercera O la sobre
varios tem as relacionados con el ejercicio de dones m ilagrosos. La adver-
tencia de Storm s de n o depender de la profecía para to m a r decisiones co-
tidianas está bien desarrollada, com o su reconocim iento de que la sanidad
n o es el deseo de D ios para todas las enferm edades. D el m ism o m odo, el
d o n de lenguas n o delata el nivel de relación con el Espíritu, n i es impres-
cindible para la vida de oración de todos los creyentes.
Existen algunos aspectos de la postura de la Tercera O la presentada p o r
Storm s con los que tengo serios problem as. D efinir el d o n de la profecía
com o «el relato hum ano de una revelación divina» (pág. 205), de m odo que la
m anifestación del don de “profecía” pueda incluir u n e rro r hum ano es, en
m i opinión, co n trario a la descripción bíblica de la “profecía”. Si este es el
verdadero significado de la profecía en la E scritura, entonces ¿por qué la
“profecía” del A ntiguo Testam ento tiene más autoridad y es aparentemen-
te más fiable que la “profecía” de la Iglesia, com o sostienen m uchos defen-
sores de esta posición, incluyendo a Storm s? Esta diferenciación sugiere

227
¿Son vigentes los dones milagrosos?

que esta p o stu ra defiende dos definiciones de profecía, lo que es difícil de


sostener bíblicamente.
A parte de la incoherencia de esa definición, creo que el verdadero pro-
blem a está en la definición m ism a. Storm s quiere separar la “revelación”,
que es divina, y p o r lo tanto infalible, de la “percepción o recepción” de tal
revelación, que es hum ana, y p o r lo tan to susceptible de equivocarse. Tal
separación entre la revelación y su recepción nos lleva a creer que la revela-
ción no llega com o palabras, sino que es aparentem ente más parecida a la
revelación sin palabras existencialista o neo-ortodoxa. Si la revelación llega
a través de palabras, incluso teniendo en cuenta la hum anidad del profeta,
es difícil que éste falle al percibir o recibir tal revelación y relatarla, a no ser
que quisiera cam biar deliberadam ente las palabras. N o estoy sugiriendo
que el profeta tenga que ser necesariamente capaz de interpretar la revela-
ción. H u b o profetas bíblicos que aparentem ente n o entendieron del todo
las palabras de las que hablaban (por ejem plo, D aniel 12:8-9: Zacarías 4:5;
1 P ed ro 1:10-11). P ero relataro n las palabras de la profecía de fo rm a co-
rrecta e infalible.
La definición de Storm s de la profecía no ve que la obra de inspiración
del E spíritu en la profecía im pregna todo el proceso de la profecía, es decir,
tam bién obra en las palabras habladas o escritas. C om o Pedro dice sobre la
profecía: «hom bres inspirados p o r el E spíritu Santo hablaron en nom bre
de Dios» (2 P ed ro 1:21). Sea cual sea la form a de la revelación (por ejem-
pío, las visiones de Ezequiel), la revelación final incluye el significado ver-
bal. Es decir, las palabras del p ro feta son la revelación de D ios, y p o r lo
tan to Sus Palabras, n o solam ente el relato hu m an o de la revelación (cf. 2
Sam. 23:2; Jer. 1:7,9,1 C o. 2:13).
Sugerir la posibilidad de falibilidad en la profecía, com parándola con el
d o n de la enseñanza, n o es correcto p orque n o tiene en cuenta la im por-
tante distinción que hay entre estos dos ministerios. A parte de que la Escri-
tu ra nunca enseña sobre la inspiración del m aestro -e n cam bio, sí enseña
sobre la inspiración del profeta-, el mensaje del m aestro siem pre puede ser
com probado p o r otros, porque tenem os la Revelación objetiva en la Escri-
tu ra co m o base de la enseñanza. P ero en el caso de la profecía, si acepta-
m os la definición de Storm s, ésta n o incluye un a revelación objetiva a la
que los dem ás se puedan dirigir. P o r lo tan to , los demás n o pueden llegar
hasta la revelación de la profecía para poder corregir el relato de tal revela-
ción y llegar a entenderla mejor.
O tro problem a que tiene la definición de profecía que da cabida al error
hum ano es el in tento de encontrar apoyo en el erro r de la profecía de Aga-

228
U na respuesta de la postura abierta, pero cautelosa a c . samuel storms

bo sobre Pablo. E n lugar de que los judíos lo ataran y le entregaran a los


gentiles, com o la profecía dice (Hechos 21:11), en realidad los gentiles res-
cataron a Pablo de los judíos, quienes querían m atarle. M ientras que a pri-
m era vista parece que se trata de una discrepancia, en realidad n o es así. El
m ism o Pablo recoge lo que sucedió con palabras m u y similares a las de la
profecía: «me a rrestaro n en Jerusalén y m e entregaron a los rom anos».
(28:17). N o bastará argum entar, com o hace Storms, que Pablo en realidad
estaba describiendo la ocasión en la que los rom anos le escoltaron secreta-
m ente de Jerusalén a Cesárea (23:12-35), ya que le «entregaron a los roma-
nos» antes de que saliera de Jerusalén.
El p ro b lem a aparente se resuelve fácilm ente cuando entendem os el
co n cep to de “en tregar a o tro s” ta n to en la profecía co m o en la frase de
Pablo. Los judíos n o entregaron deliberadam ente a Pablo a los rom anos,
sino que, de hecho, fueron los causantes de que los rom anos le arrestaran.
P o r sus continuas acusaciones, tam bién im pidieron su liberación y le obli-
garon finalm ente a apelar al César. La frase de Pablo y laprofecta de Agabo
entonces son u n relato condensado que apuntan a que «los judíos fueron
responsables de que Pablo acabara en m anos de los rom anos».57 La profe-
cía, p o r tanto, no es errónea, y n o puede usarse com o ejemplo para apoyar
el concepto de profecía falible com o p ropone la Tercera O la.
Finalm ente, n o veo que la exhortación de Pablo a que el que profetiza
lo haga «en p ro p o rció n a su fe (Ro. 12:6) indique que «siempre habrá gra-
dos m ayores y m enores de habilidad profética y, consecuentem ente,
grados m ayores y m enores de precisión profética» (págs. 207-208). Lo que
Pablo busca es que el profeta base su profecía únicam ente en su dependen-
cia de Dios. Esta frase n o sugiere que lo que el profeta diga fuera de la fe es
u n a “profecía” verdadera. M ás bien, com o C ranfield explica: «existía la
posibilidad de la falsa profecía; tam bién existía la posibilidad de que la pro-
fecía verdadera fuera adulterada p o r aditivos que no provenían de la inspi-
ración del E sp íritu Santo. D e ahí la necesidad tam b ién de e x h o rtar a los
m ism os profetas a p ro fetizar κατά την αναλογίαν τής πίστεως, según la
analogía de la fe.»58
Resum iendo, n o encuentro en las Escrituras nada que sirva para apoyar
la definición de la p rofecía com o «el relato de u n a revelación», o que la
profecía pueda ser errónea. Esto n o significa necesariamente que n o pueda

57 T . R o b e rts o n , WordPictures in theNew Testament (N u e v a Y o rk : H a r p e r & B ro th e rs,


1930), 3:486.
58 C .E .B . C ran field , Λ CriticalandExegetical CommentaryonRomans, I C C (E dim burgo:
T & T . C la r k , 1979), 2 :6 2 0 .

229
¿Son vigentes los dones milagrosos?

haber m anifestaciones proféticas en la Iglesia actual, p e ro p o n e en cues-


tió n m u ch o de lo que los continuistas en la actualidad llam an profecía.
6. N o s centrarem os ahora en el debate sobre el d o n de sanidad. E stoy
de acuerdo con la descripción general de que D ios puede soberanam ente
dar a una persona la habilidad de sanar en u n m om ento en particular. N o
obstante, el debate sobre Santiago 5 suscita algunas preguntas. E n prim er
lugar, en ese caso n o tenem os pruebas de que se esté hablando de la maní-
festación del d o n de sanidades. La sanidad es el resultado de la oración de
u n grupo de ancianos, y n o se nos indica que uno de ellos recibiera el don
de sanidad. La sugerencia de que el d o n de sanidad está relacionado con
el do n de fe y que la “oración de fe” de Santiago es la m anifestación de tal
don es, incluso, más problem ática. Si asumimos (en arm onía con la ilustra-
ción personal de Storms) que no todos los ancianos habían recibido el don
de sanidad, tam p oco tenían el d o n de fe. E ntonces, ¿significa esto que el
instrum ento sanador se reduce a la oración de una sola persona? Sin duda,
Santiago p retendía que entendiéram os que todos los ancianos debían ha-
cer u n a “oración de la fe”, y que la oración concertada sería eficaz.
El m ay o r problem a del debate continuista sobre el don de sanidad (y el
referente a o tro s dones m ilagrosos tam bién) es el m al uso que hacen del
m inisterio de sanidad de Jesús, com o vem os en la cita de Jack D eere. La
sugerencia de que D ios respondería a nuestras oraciones piadosas y se glo-
rificaría m ediante las sanidades, com o hizo m ediante Jesús, es n o conside-
rar en ab soluto el significado de las sanidades de Jesús com o “señales”.
A u n q u e los Evangelios cuando hablan de las sanidades de Jesús hacen
m uchas referencias a su com pasión, el énfasis bíblico está en que esos mi-
lagrosos eran “señales” que le autentificaban com o m ensajero de D ios (cf.
Ju a n 20:30-31; H echos 2:22). Si el p ro p ó sito p rincipal de la sanidad de
D ios es la expresión de su com pasión, ¿qué direm os de tantos casos en los
que D ios decidió no realizar milagros y n o sanar? ¿Tuvo m enos compasión
en esos casos? O , ¿cómo entender que el tiem p o de Jesús y los apóstoles,
com o incluso Storm s reconoce, estuvo m arcado p o r u n despliegue extraor-
dinario de actividad milagrosa, incluyendo sanidades? ¿Es D ios más com-
pasivo en ciertos m om entos de la H istoria que en otros?
D ios puede y hace sanidades m ilagrosas en la actualidad. P ero sugerir
que quiere m ostrar com pasión m ediante la Iglesia con sanidades milagrosas
com o las de Jesús es no considerar toda la enseñanza bíblica relaciona-
da con los m ilagros de Jesús. Esta teoría tam poco logra explicar satisfacto-
riam ente p o r qué la Iglesia nunca ha experim entado una actividad milagro-
sa com parable a la de Jesús, y p o r qué n o se sana h o y en día a los enferm os

230
U na respuesta de la postura abierta, pero cautelosa a c . samuel storms

de SIDA del m ism o m odo que Jesús sanó a los leprosos de su día (como se
deduce de la cita de Deere).
7. F inalm ente, en cuanto al d o n de lenguas, n o veo que la frase del
apóstol de que las lenguas son una señal para los no creyentes esté hablan-
do solamente «del resultado negativo de u n abuso particular de las lenguas...»
C reo que es difícil asegurar de form a precisa lo que Pablo quiso decir con
esas palabras. P ero lo que está claro es que enseña algo sobre el propósito
divino de las lenguas y n o sim plem ente el resultado de su abuso. La teolo-
gía y la práctica de las lenguas de los continuistas necesita abarcar el sign i-
ficado de esta frase de un a form a más com pleta.
E sto nos lleva al aspecto del debate del d o n de lenguas que más m e
preocupa. D e varias m aneras se ha dicho que la función principal de las
lenguas era la edificación personal, especialmente en el tiem po de oración
personal y la vida devocional. D icen que la obra intercesora del Espíritu de
R om anos 8:26-27 incluye lenguas. C o m o he explicado más extensam ente
en m i ensayo, es difícil ver en las Escrituras el énfasis del p ropósito de las
lenguas. E n prim er lugar, la enseñanza de Pablo sobre la ayuda del Espíritu
en la oración (R om anos 8) ciertam ente se aplica a todos los creyentes. Si
esto significa hablar en lenguas, entonces todos los creyentes deberían ha-
blar en lenguas. T oda la teoría de Storm s, de que las lenguas aportan «paz y
gozo» (pág. 213), son «profundam ente útiles., en nuestra vida de oración»,
y «para pro fu n d izar en nuestra intim idad con el Señor Jesucristo», incre-
m en tan n u estro celo en la alabanza (pág. 214), y nos equipan m ejor
para m in istrar a o tro s (pág. 213), sugiere que las lenguas son, sobre todo,
para el crecim iento espiritual personal.
T o d o esto es b astante co n trario a la n aturaleza de las lenguas com o
u n o de los «dones espirituales» que, según la Escritura, son para la edifica-
ción de la com unidad en p rim er lugar, y n o para la edificación personal, y
que se distribuyen entre los creyentes de form a que n o a todos se les da el
m ism o don, es decir, que n o todos tienen el d o n de lenguas (1 C o. 12:30).
El últim o p u n to habla especialm ente en contra de la idea de que el propó-
sito de las lenguas es el crecim iento personal, ya que sin duda los medios de
G racia que D ios da a sus hijos para que crezcan en su relación con Él son
iguales para todos.
E l deseo de los continuistas de ex p erim en tar to d o lo que D ios tiene
para nosotros com o individuos y ver la m anifestación de su gloria en este
m undo oscuro actual es encomiable. P ero la form a en la que norm alm en-
te tratan el tem a de los dones m ilagrosos en la actualidad, en m i opinión,
no se puede sostener de form a coherente. T anto la Escritura com o la expe-

231
¿Son vigentes los dones milagrosos?

rie n d a sugieren que la era fundacional de la Iglesia fue un m om ento espe-


cial, y debemos considerar este hecho en relación con los fenóm enos mila-
grosos.

232
Una respuesta pentecostal/carism ática
a C. Samuel Storms
Douglas A. Oss

El do cto r Storm s ha escrito u n gran ensayo desde el m arco de la Terce-


ra O la que está, en líneas generales, m u y relacionado con el Pentecostalis-
m o. Simplemente existen u n par de áreas en las que n o estamos de acuerdo,
y a estas posiciones ofrezco ahora breves respuestas.
1. Term inología. El D o cto r Storm s rechaza la doctrina pentecostal del
Bautismo del Espíritu más p o r su term inología que p o r su contenido (pág.
178). Sugiere la etiqueta alternativa «estar lleno del Espíritu» para referirse
a la d o tació n concreta de poder. Los pentecostales ya utilizam os «estar
lleno del Espíritu» com o expresión sinónim a del B autism o del E spíritu,
pero sostenemos que el uso que Lucas hace en H echos 1:6-8 com o progra-
m a para todo el libro justifica que se use la frase «bautizados en el Espíritu»
para referirse a la dotación de poder.
2. Storms afirma que no existe ningún imperativo en el N uevo Testamen-
to que diga que los creyentes tienen que ser bautizados en el Espíritu Santo.
Creo que aquí nos encontram os con lo m ism o que en la respuesta al D octor
Saucy. Consideremos lo que los pentecostales dicen de Lucas-Hechos y Pablo.
E n prim er lugar, el género narrativo expresa imperativos de form a diferente al
género epistolar. ¿Qué nos quiere decir Lucas en Hechos 1:6-8, cuando Jesús
les dice a los discípulos que el cum plim iento de la profecía de Juan el Bautista
está asomándose p o r el horizonte y que, p o r tanto, deben esperar en Jerusalén
hasta que reciban poder (dynamis) cuando el Espíritu Santo viniera sobre ellos?
¿Y qué teología quiere comunicar mediante el cumplimiento de esta promesa
a lo largo del resto del libro de Hechos? ¿Acaso n o es esto el equivalente
narrativo de u n imperativo? Recordemos el serm ón de Pedro: «La promesa es

233
¿Son vigentes los dones milagrosos?

para vosotros y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos, para tantos
com o el Señor nuestro D ios llame» (Hechos 2:39). E n segundo lugar, debe-
mos perm itir que Lucas explique el cum plim iento de la historia de la reden-
ción usando sus propios conceptos, y no im poner la teología de Pablo sobre
Lucas-Hechos. La armonización llegará cuando entendamos las diversidades
ordenadas p o r Dios, y el desarrollo del escrito lucano enfatiza el poder caris-
mático del Espíritu. Analizar una narración buscando encontrar un lenguaje
epistolar es hermenéuticamente incorrecto.
3. Basándose en parte en su opinión de que el N uevo Testam ento no res-
palda el Bautismo del Espíritu pentecostal, Storms asegura que las posteriores
experiencias de “ser llenos del Espíritu” «no se refieren tanto a una experiencia
espectacular o decisiva, sino a una apropiación diaria» (págs. 179-180). Aunque
los pentecostales no negamos que el Bautismo en el Espíritu es una experien-
cia definitiva que deja las cosas resueltas para siempre, tam poco nos confor-
mamos con una simple descripción de una dotación de poder, ya sea la prime-
ra experiencia o una experiencia posterior (por ejemplo, Hechos 2:4ss.; 4.31),
que la describa diciendo que no llega a ser algo espectacular o decisivo. Consi-
deremos solamente unas frases de Hechos: «éstos n o están borrachos, com o
vosotros suponéis» (Hechos 2:15); la m ultitud reunida «se desconcertó», y es-
taban «asombrados y perplejos» (2:6-7,12); «Después que oraron, el lugar donde
estaban reunidos tem bló, y todos fueron llenos del Espíritu Santo y hablaron
la palabra de Dios con valor» (4:31). Esto, junto con la naturaleza de las mam-
festaciones que tuvieron lugar en C orinto, lleva a los pentecostales a definir la
dotación en térm inos más dramáticos que el D octor Storms. Es más, la expe-
rienda inaugural que nos introduce en el reino del poder del Espíritu Santo es
m u y intensa, dram ática y decisiva. N o s abre la puerta, pero n o resuelve las
cosas de form a definitiva. El D r. Storms tiene razón al enfatizar la necesidad
de buscar a Dios cada día y buscar la presencia y el poder de su Espíritu Santo.
Basándonos en las evidencias de la historia de la redención, existe u n
sólido fundam ento bíblico para entender la dotación de poder com o un a
obra del E spíritu distinta a la regeneración y la santificación. La visión de
Storm s del N u ev o Testam ento le lleva a coincidir con este principio, aun-
que sus definiciones sean algo diferentes a las mías (págs. 179-184). Dejan-
do a u n lado la term inología, su argum ento es persuasivo debido a que la
realidad de las experiencias regulares de poder espiritual en la vida cristiana
son diferentes a las de la regeneración o la santificación.
4. Sobre el cesacionismo, solam ente quiero decir “A m én” a to d o lo que
Storm s ha escrito. A nim ará a los que ya están de acuerdo con él y persuadí-
rá a m uchos que aún no lo están.

234
Capítulo 4
LA POSTURA
PENTECOSTAL/CARISMÁTICA

D ouglas A . Oss
La postura pentecostal/carismática
Douglas A. Oss

A. Introducción

El cam bio en la com unidad evangélica en to rn o a los dones milagrosos


alcanzó proporciones dram áticas a finales de los años ochenta1. A unque
existieron indicios durante las dos décadas anteriores, m uchos pentecosta-
les n o se dieron cuenta de lo persuasivo que llegaría a ser u n cam bio. A ú n
contando con la tem p ran a publicación de trabajos influyentes, com o los
libros de W ayne G rudem sobre la profecía y Manifestaciones delEspíritu de
D .A . Carson, o noticias com o la m archa de Jack D eere del Dallas Theolo-
gical Sem inary, debido a u n cam bio en su teología y espiritualidad (ver
Sorprendidopor elEspíritu Santó),1 2 m uchos pentecostales se sorprendieron
p o r las proporciones del cambio. C o n las posiciones históricas m enos arrai-
gadas, m uchos sectores de la com unidad pentecostal se diero n cuenta de
que existirían m ás oportunidades para dialogar con los evangélicos n o ca-
rism áticos. El presente trabajo confirm a lo inclusivo que se m uestra el
m undo evangélico en relación con este tem a: cinco evangélicos de diferen-
tes m arcos teológicos colaborando en u n libro sobre los dones milagrosos.

1P o r e je m p lo , el te m a d e la r e u n i ó n a n u a l d e 1989 d e l G r u p o d e T e o lo g ía E v a n g é lic a
d e la S o c ie d a d d e L i t e r a tu r a B íb lic a , fu e s o b r e lo s d o n e s e s p iritu a le s y lo s m ila g ro s . E n
la m e s a se h iz o e v id e n te u n a b a n d o n o g e n e ra l d e l c e s a c io n is m o .
2 W a y n e G ru d e m , The Gift ofProphecyin 1 Corinthians (W ash in g to n , D .C .: U n iv . P ress
o f A m e ric a , 1982); TheGift ofProphecy in theNew Testamentand Today (W e stc h e ste n C ro s-
sw ay , 1988); D .A : C a rs o n , ShowingtheSpirit:Ä TheologicalExposition of1 Corinthians 12-14
( G r a n d R a p id s : B a k e r, 1987); J a c k D e e r e , Sorprendido por el Espíritu Santo, M ia m i, E d
C a ris m a , 1996.

237
¿Son vigentes los dones milagrosos?

Este capítulo expone la posición representativa del Pentecostalismo clá-


sico.3 Es cierto que el Pentecostalismo no es u n m onolito teológico. Existe
m ucha diversidad bajo el paraguas pentecostal. P ero a pesar de que m i
contexto es el del Pentecostalismo clásico, las conclusiones de este capitulo
serán reflejo de la corriente general, aunque alguno de los m étodos no
estén históricam ente asociados a ella (por ejemplo, la perspectiva de la his-
to ria de la redención). Adem ás, resaltaré la posición carismática en deter-
m inados tem as clave de doctrina, especialm ente donde los carism aticos
tengan una visión diferente a la de los pentecostales clasicos. Com enzare-
m os ahora con el debate sobre las “segundas experiencias” y sobre si los
cristianos deben buscar una experiencia del Espíritu después de la conver-
sión.

b. Sobre segundas experiencias.


Hace unos años, durante una mesa redonda, u n erudito cesacionista me
pidió que justificara la definición pentecostal de la frase “B autism o en el
E spíritu Santo”, puesto que ya la habíam os definido com o “conversion
en la historia de la Teología. Después de m i respuesta, tu v o lugar u n a ani-
m ada discusión sobre un a serie de tem as relacionados, la m ayoría de los
cuales vo y a tratar en este trabajo. La pregunta inicial, no obstante, merece
una atención especial al principio de este ensayo, dado que ilustra u n con-
cepto que es im portante aclarar en este contexto. Más específicamente, las
discusiones sobre la validez de las experiencias del E spíritu diferentes al
m om ento de la conversión no deberían deteriorarse convirtiéndose en de-
bates sobre las definiciones técnicas de la term inología teológica. E l tem a
es demasiado im portante com o para “hablarlo” a través de las cuadriculas
doctrinales y la term inología de otros. Independientem ente de la etiqueta
teológica que usemos para referim os a tales experiencias, la pregunta sigue
en el aire: ¿son estas experiencias del E spíritu diferentes a la regeneración
y / o son posteriores a ella?

3 S e ría im p o s ib le r e c o g e r e n u n p ie d e p á g in a la s m ile s d e d is c u s io n e s q u e h e te n i-
d o c o n c o le g a s a lo la r g o d e lo s a ñ o s . M is o p in io n e s se h a n id o f o r m a n d o e n u n a
c o m u n id a d d e m in is tr o s y e s tu d io so s p e n te c o sta le s, e s p e c ia lm e n te m is e stim a d o s colegas
d e la F a c u lta d d e l C e n t r a l B ib le C o lle g e , e n e l p a s a d o y e n e l p re s e n te . Si e ste e n s a y o
c o n s ig u e h a c e r a lg u n a c o n tr ib u c i ó n p o s itiv a a este d e b a te , e l m é r it o es s u y o . Y y o s o y el
c u lp a b le d e t o d o s lo s d e fe c to s q u e la c o n tr ib u c i ó n p u e d a t e n e r .

238
LA POSTURA PENTECOSTAL/CARISMÁTICA

1. ¿Es el Pentecostalismo realmente un movimiento de


segundas bendiciones?

La prim era objeción que norm alm ente surge en to m o a la teología pen-
tecostal es el énfasis que hace en la obra del E spíritu y el poder que éste da
a los creyentes conposterioridadal momento de la salvación. Los oponentes al
pentecostalism o suelen describir erróneam ente este énfasis com o una teo-
logia de “segundas bendiciones” o de “segundas experiencias” .4 Los que
así se pronuncian están defendiendo la enseñanza bíblica de que el creyen-
te recibe el Espíritu en la salvación, y están rechazando lo que para ellos es
una visión equivocada de la eficacia de la salvación. M uchos piensan, equi-
vocadam ente, que el pentecostalism o niega el E spíritu a los creyentes no
pentecostales. Según tengo entendido, n ingún pentecostal sostiene que el
E spíritu no se reciba en la salvación (¡esto iría en contra de las Escrituras!).
Los que creen en C risto tam bién tienen el Espíritu en su interior; si alguien

4 Se h a c e n e c e s a r io a h o r a d is tin g u ir e n tr e lo s p e n te c o s ta le s y lo s p e n te c o s ta le s d e la
s a n tid a d . L o s p e n te c o s ta le s d e lo s M o v im ie n to s d e s a n tid a d se c a ra c te riz a n p o r e n fa tiz a r
las « se g u n d a s e x p e rie n c ia s » y s o n h e r e d e r o s te o ló g ic o s d e lo s a v iv a m ie n to s d e s a n tid a d
d e W esley d el siglo X IX (cf. D .W . D a y to n , TheologicalRoots ofPentecostalism[G ra n d R apids,
Z o n d e r v a n , 1987], 35-60). E n la tr a d ic i ó n d e l p e n te c o s ta lis m o d e la s a n tid a d la sa n tifi-
c a c ió n se v e c o m o u n a e x p e rie n c ia d e f in itiv a p o s t e r i o r a la c o n v e r s ió n , q u e lle v a a la
sa n tific a c ió n to t a l y a la e rr a d ic a c ió n d e la n a tu r a le z a p e c a m in o s a ; y a c o n tin u a c ió n , u n o
re c ib e e l B a u tis m o e n e l E s p ír it u S a n to . E s ta s r a m a s s o n m á s p e q u e ñ a s q u e o tr a s tr a d i-
c io n e s p e n te c o sta le s n o -w e sle y a n a s. S e a m o s co n sc ie n te s d e q u e e n n u e s tr o d e b a te v a m o s
a u s a r “p e n te c o s ta l” y “p e n te c o s ta l d e la sa n tid a d ” c o m o té r m i n o s d is tin to s . L o s g ru p o s
p e n te c o s ta le s (p o r e je m p lo , la Ig lesia d e C r is to y las A sa m b le a s d e D io s ) , a p e s a r de e s ta r
e n o r m e m e n te in f lu e n c ia d o s e n a lg u n o s a sp e c to s p o r lo s a v iv a m ie n to s d e sa n tid a d d e l si-
g lo X I X , s o n m á s p a re c id o s te o ló g ic a m e n te a la p o s t u r a d e lo s e v a n g é lic o s r e f o r m a d o s
e n c u a n to a la s a n tific a c ió n y a las “s e g u n d a s e x p e rie n c ia s ”. C f. E .L . W a ld v o g e l,
“T h e O v e rc o m in g L ife: A S tu d y o f th e R e fo rm e d E v an g elical O rig in s o f P e n te c o s ta lis m ”
(P h . D . d iss., U n iv e rs id a d d e H a r v a r d , 1977), 1 -7 ,2 5 ,passim. L as c o n c lu s io n e s d e D a y to n
s o n d e m a s ia d o g e n e ra le s e n c u a n to al p e n te c o s ta lis m o y al e v a n g e lic a lism o m á s a m p lio ,
p u e s r e c o g e n q u e la m a y o r in f lu e n c ia d e l p e n te c o s ta lis m o fu e e l m e t o d is m o d e las “se-
g u n d a s e x p e rie n c ia s ” ( p o r e je m p lo , el M e to d is m o n o e r a u n m o v i m i e n to q u e p re d ic a ra
s o lo las “s e g u n d a s e x p e rie n c ia s ”). M u c h o s d e lo s p r i m e r o s líd e re s d e la s A s a m b le a s d e
D io s e ra n d e o tra s tra d ic io n e s. E l m ás im p o r ta n te fu e E u d o ru s N . Bell, el p r i m e r p re s id e n te
d e l C o n s e jo G e n e ra l d e las A sa m b le a s d e D io s y a n tig u o p a s to r b a u tis ta {Southern Baptist).
E s im p o s ib le m e d i r s u in f lu e n c ia , p e r o c ie r ta m e n te n o fu e s u p e r a d o p o r n in g u n a o t r a
p e r s o n a e n su é p o c a . C o m o b re v e e je m p lo , c o n s id e re m o s o tr o s d o s , J .W . W e lc h (te rc e r
p r e s id e n te d e l C o n s e jo G e n e r a l d e la s A s a m b le a s d e D io s , d e s d e 1915 a 1920) y D . W .
K e r r (f u n d a d o r in f lu y e n te y p a s to r), a m b o s p a s to re s d e la A lia n z a C r is tia n a y M is io n e ra
q u e tr a je r o n co n sig o las tra d ic io n e s re fo rm a d a s d e A .B . S im p so n y R . A . T o r r e y . W ald v o g e l
es m á s p re c is o al d e s c r ib ir las c o r r ie n te s te o ló g ic a s ev a n g é lic a s q u e in f lu y e r o n e n el P e n -
te c o s ta lis m o y a l id e n tif ic a r las d o c tr in a s d o n d e esas in flu e n c ia s se e n r a iz a r o n d e n tr o d e l
m o v i m i e n to (cf. p o r e je m p lo , “T h e ‘O v e r c o m i n g L ife 22-43 ,”‫) ׳‬.

239
¿Son vigentes los dones milagrosos?

no tiene al Espíritu, no es de Cristo. Además, en la conversión la recepción


de la p ersona del E sp íritu n o es u n a recepción parcial, sino com pleta
(cf. R o. 8:14,9-17; Gá. 3:1-5,4:6; Ef. 1:13-14).
C uando los pentecostales hablan de “recibir” el E spíritu com o un a ex-
periencia p o sterio r a la conversión, hablan de la ob ra del E spíritu p o r la
que da p o d e r al creyente de form as “carism áticas” p ara que pueda dar
testim onio y para que pueda servir. N ecesitam os hacer varias clarificacio-
nes en este pu n to . (1) R eiterando lo anteriorm ente dicho, no quieren decir
que algunos creyentes no tengan el E spíritu.5
(2) El énfasis en la experiencia posterior a la conversión (o, dentro del
pentecostalism o, la segunda bendición o segunda experiencia), no está en
que sea necesario u n lapso de tiem po entre la regeneración y “ser llenos del
E sp íritu “ (cf. H echos 8:12-16, donde h u b o u n lapso de tiem p o entre la
salvación y el ser llenos del E spíritu; 10:44-47, donde to d o sucedió com o
p arte de u n bloque de acontecim ientos), sino m ás bien en la diferencia
teológica entre las dos obras del Espíritu: una transform a el interior (rege-
ñera/santifica, p o r ejem plo, R om . 8:1-11; Gá. 3:1-5; 4:6; 5:16-26) y la o tra
d o ta de p o d e r (carism ática, p o r ejem plo 1 C o r. 12-14).6 La rem isión de
pecados debe v en ir prim ero, p ero n o siem pre existe u n lapso de tiem p o
claro y definido entre la conversión y el Bautism o del Espíritu. D e hecho,
los pentecostales históricam ente h an enfatizado que esta experiencia es
posible desde el m o m en to en que el E sp íritu Santo e n tra a m o ra r en el
creyente, y cuando narran sus testim onios frecuentem ente hablan de haber
sido salvos y bautizados en el E spíritu m ism o, después de responder a un a
invitación a aceptar la salvación. Q uizás una expresión adecuada del p u n to
de vista pentecostal n o sea «experiencia post-conversión» o po sterio r a la
conversión, sino «experiencia extra-conversión».
(3) Los pentecostales n o creen que ser bautizado en el E spíritu sea un a
experiencia en la que el Espíritu te capacita de form a definitiva, de un a vez
para siem pre. D e hecho, a lo largo de la H isto ria han enfatizado la necesi-
dad de ser “llenos de nuevo”, un a expresión que indica que la obra del Es-
píritu Santo p o r la cual otorga poder, acompañada de diferentes manifesta-
ciones, es algo que sucede repetidam ente en la vida de u n creyente.7
5 M y e r P e a r lm a n , Knowing theDoctrines oftheBible (S p rin g field : G o s p e l P u b lis h in g
H o u s e , 1937), 395-8. P e a rlm a n es u n re p re s e n ta n te d e lo s p r im e ro s te ó lo g o s p e n te c o sta le s.
6 L o s p e n te c o s ta le s n o s o n lo s ú n ic o s q u e c re e n e n u n a e x p e rie n c ia d e re c e p c ió n d e
p o d e r d if e re n te a la c o n v e rs ió n . M a r t y n L lo y d -J o n e s ta m b ié n c re ía e n su e x is te n c ia , y la
lla m ó B a u tism o e n el E sp íritu . V e r el lib ro d e T o n y S argent, TheSacredAnointing: ThePrea-
chingo/Martyn Lloyd-Jones (W h e a to n : C ro s s w a y , 1994), 39-101. esp . 40-42.
7P e a rlm a n , Knowing theDoctrine oftheBible, 3 1 5 1 6 ‫־‬.

240
la postura Pentecostal/ carismática

R esum iendo, d eterm in ar si el Pentecostalism o es u n m ovim iento de


“segundas experiencias” depende de la definición de cada uno. La Pneu-
m atología pentecostal n o incluye la “segunda experiencia” tal com o se en-
tendía en el avivam iento pentecostal de la santidad del siglo X IX (creían
que era una obra que santificaba y daba po d er de form a definitiva, de una
vez para siempre); la definición pentecostal de esta experiencia es más bien
cercana (pero no idéntica) a la teoría de «ser llenos varias veces».8 El Bau-
tism o en el E sp íritu Santo, com o lo h an definido los pentecostales en su
teología sistemática, es la prim era vez que el Espíritu da poder al creyente,
experiencia que inaugura una vida caracterizada p o r las continuas unciones
del Espíritu. A diferencia de la regeneración, no tiene una naturaleza defi-
nitiva. Además, el Espíritu da poder al creyente desde el prim er m om ento
de fe, sin que tenga que pasar u n lapso de tiem po, y sin ningún requisito o
necesidad de ten er p rim ero cierto nivel de santificación.9
N o obstante, si definimos la teología de la segunda experiencia como que
los creyentes tienen experiencias diferentes a la regeneración/santificación y
que estas experiencias son una acción del Espíritu diferente, cuyo objetivo es
dar poder, son teológicam ente separables de la conversión, y tienen lugar
después de u n B autism o en el E spíritu Santo (com o se define dentro del
Pentecostalism o), entonces el Pentecostalism o es u n m ovim iento que de-
fiende la segunda experiencia. C om o pentecostal, m i im presión es que núes-
tra pneum atología da cabida a una prim era unción, y una segunda, tercera y
cuarta unción, ¡y todas las que vengan! E n otras palabras, ser llenos del Espí-
ritu es algo tan característico de la vida cristiana com o la santificación.
E n cualquier caso, el m ism o N u ev o T estam ento describe ocasiones en
que algunos creyentes “fueron llenos” de nuevo después de la conversión,
y tam bién ordena al creyente ser “lleno” del Espíritu, con posterioridad al
m o m en to de la salvación. E n H echos 4:31, el m ism o grupo de gente que
había estado en Pentecostés es, de nuevo, “llenado” (eplesthesan¡ el m ism o
verbo y m odo que en 2:4) con el Espíritu Santo, y gracias a ello predicaron
valientem ente y realizaron p o r lo m enos una señal m ilagrosa (cf. tam bién
H echos 4:8; 6:3; 10; 7:55; 10:19,38; 1 3 :1 4 ,9 ,52).10 Y P ablo exhorta a los

8 P ro b a b le m e n te d e b id o a la in flu en cia d e A .B . S im p so n , R . A . T o r r e y y su s co m p añ e ro s.
9 E n las tra d ic io n e s p en te c o sta le s d e lo s m o v im ie n to s d e sa n tid a d , el re q u is ito n ecesario
p a r a e l B a u tis m o e n e l E s p ír it u S a n to es la s a n tific a c ió n p le n a .
10 S i las e x p e rie n c ia s d e H e c h o s 2 s o n ir r e p e tib le s p a r a ese g r u p o d e g e n te , ¿ p o r q u é
te n e m o s 4:31? Ig u a lm e n te , si e l le n g u a je e n H e c h o s 2 d e s c rib e la sa lv a c ió n , ¿ q u ie re e so
d e c ir q u e e n 4 :3 1 a q u e llo s c r e y e n te s se v u e lv e n a sa lv a r? O t r o p u n t o a c o n s i d e r a r e s e l
s ig u ie n te : 4:31 ti e n e el m i s m o v e r b o y b á s ic a m e n te la m is m a s in ta x is q u e 2 :4 . A m í m e

241
¿Son vigentes los dones milagrosos?

efesios a estar “llenos [continuam ente] del Espíritu” (Ef. 5:18) y a los corin-
tíos a profetizar, sanar, hablar en lenguas, etc. (1 C o. 12-14). Así, el tem a
sobre la legitim idad de las experiencias extra-conversión se reduce a anali-
zar de qué tip o de experiencias se trata (es decir, deja a u n lado la cuestión
de si hay otras experiencias después de la salvación). P ara co n stru ir un a
teo ría pentecostal del tem a, ahora nos centram os en u n estudio bíblico
teológico de la obra del Espíritu, incluyendo consideraciones acerca de las
diferencias entre las presentaciones de Pablo y de Lucas.11

2 . Un estudio bíblico-teológico de la obra del Espíritu

A unque pueda sonar anacrónico, la pneum atología pentecostal se acer-


ca a la teología bíblica desde el m arco de la historia de la redención. A pesar
de que es cierto que tal acercam iento n o form a parte explícitam ente de la
historia de la herm enéutica pentecostal, ya form aba parte del acercamiento

p a re c e q u e si L u c a s e s tu v ie ra p r e o c u p a d o p o r d is tin g u ir e n tr e la n a tu r a le z a d e a m b o s
a c o n te c im ie n to s , n o lo s h a b ría d e sc rito u tiliz a n d o u n lenguaje id é n tic o . P e ro L ucas n o p re-
te n d e d is tin g u ir e s to s h e c h o s . M á s b ie n , e n 4:31 e stá p r e s e n ta n d o m á s d e la o b r a q u e el
E s p ír itu y a h a re a liz a d o : u n g ir c o n p o d e r e s p iritu a l.
11 L as d o s o b ra s d is tin ta s d e l E s p ír itu e ra n u n asp ecto c o m ú n de las p rim e ra s ap o lo g ías
d e l P e n te c o s ta lism o , p e r o na d ie e la b o ró u n a m e to d o lo g ía d e m a n e r a c o h e re n te y ex p líc ita
e n lo s p r i m e r o s a ñ o s d e l m o v i m i e n to (cf. G a r y B. M c G e e , “E a r l y P e n te c o s ta l H e r m e -
n e u tic s”, e n InitialEvidence, G. M c G e e , de. [P e a b o d y , M ass.: H e n d ric k s o n , 1991], 96-118).
F u e el d o c t o r A n t h o n y D . P a lm a q u ie n , c o m o e s tu d ia n te u n iv e r s ita r io e n lo s a ñ o s 60 y
p rin c ip io s d e lo s 70, d e sa rro lló las ev id en cias bíb lico -teo ló g icas d e fo r m a sistem ática y seria
( la m e n ta b le m e n te p a r a e l m u n d o a c a d é m ic o , s u tr a b a jo a ú n n o h a s id o p u b lic a d o ). S u
e s tu d io d e ta lla d o y c u id a d o s o d e m o s tr ó ta n t o las d is tin c io n e s d e l A n tig u o T e s ta m e n to
e n tr e las d o s o b r a s f u n d a m e n ta le s d e l E s p ír it u S a n to c o m o las d iv e rs id a d e s e n la p n e u -
m a to lo g ía d e P a b lo y d e L u cas. L ó g ic a m e n te , e n su s c o n fe re n c ia s s o b re la d ife re n c ia e n tr e
e l é n fa sis p a u li n o d e la “tr a n s f o r m a c i ó n i n t e r i o r ” y el é n fa sis lu c a n o e n “la d o ta c i ó n d e
p o d e r ” p u s o lo s c im ie n to s p a r a lo s p o s te r io r e s e stu d io s p e n te c o s ta le s s o b r e este te m a . E l
m a te r ia l q u e d o y a h o r a e n m is clases e s tá b a s a d o e n lo s a p u n te s q u e t o m é e n v a ria s
a sig n a tu ra s re c ib id a s e n tr e lo s a ñ o s 1976 a 1979 e n e l S e m in a rio d e las A sa m b le a s d e D io s
e n S p rin g field , M isso u ri: “E l E sp íritu S a n to e n la Iglesia d e l N u e v o T e s ta m e n to ”, “T e o lo g ía
d e l N u e v o T e s ta m e n to “ “E xégesis griega: 1 C o r in tio s 12-14” . D e sd e e l tr a b a jo s e m in a ria l
d e l D r . P a lm a , n a d ie h a a v a n z a d o m á s allá d e su s p e n s a m ie n to s iniciales. A lg u n o s detalles
se h a n c o m p le ta d o , c o m o el a n á lisis m á s e x h a u s tiv o d e l t r a s f o n d o d e la S e p tu a g in ta d e
lo s m o d ism o s lu c a n o s (R o g er S tro n sta d , TheCharismatic TheologyofLuke[P e a b o d y , M ass.:
H e n d r ic k s e n , 1984]. P a lm a in c lu y ó b a s ta n te in f o r m a c ió n su s ta n c ia l d e l tr a s f o n d o d e la
S e p tu a g in ta e n su s c o n fe re n c ia s.) R e c ie n te m e n te se h a n u tiliz a d o n u e v o s m é to d o s , c o m o
lo s a c e rc a m ie n to s lite r a r io s a L u c a s -H e c h o s ( p o r e je m p lo , D o n a ld J o h n s , “S o m e N e w
D ir e c t io n s i n t h e H e r m e n e u t ic s o f C la ss ic a l P e n te c o s ta lis m ’s D o c t r i n e o f I n itia l
E v id e n c e ” , e n Initial Evidence, 145-67)

242
la postura Pentecostal/ carismática

no verbalizado de los prim eros pentecostales cuando estudiaron las impli-


caciones del desarrollo del plan divino en diferentes m om entos bíblicos,
co m o p o r ejem plo en Joel 2:28-32 y su cum plim iento en el lib ro de los
H echos. La herm enéutica contem poránea pentecostal ya ha adquirido el
m étodo histórico-redentor com o m étodo explícito, y seguirá siendo el acer-
cam iento fundam ental porque dem uestra de form a natural la validez de la
pneum atología pentecostal. P o r lo tanto, nuestro estudio tendrá en cuenta
la historia de la redención m ientras com param os las obras del Espíritu que
transform an el interior y que otorgan poder, con vistas a averiguar si hoy es
válido buscar que el E spíritu nos dé p o d er.12

a. L a o b ra del E s p íritu en el p e rio d o del A n tig u o T e sta m e n to

El prim er tem a para nuestra consideración es ver si en el A ntiguo Tes-


tam en to existe u n a o b ra del E sp íritu de dotación de p o d er diferente a la
o b ra tran sfo rm ad o ra del E spíritu. D e hecho, la p rim era es m u ch o más
evidente que la segunda. P o r ejemplo, algunos individuos son ungidos con
el E spíritu p ara p rofetizar (por ejem plo, N ú m . 11:24-27; 1 S. 10:6; 19:20;
2 S. 23:2,1 C r. 12:18; 2 C r. 20:14-17; 24:20; y en todos los escritos proféti-
eos), para realizar hazañas milagrosas (fue. 14:6,19; 15:14-17,1R , 18:12),
para ejercer p o d e r espiritual en el liderazgo 0 u e. 3:10; 6:34; 11:29; 1
S. 16:13), o sim plem ente p ara desem peñar el trabajo que les había sido
encom endado d e n tro de la Casa de D io s (Ex. 35:30-35). Igualm ente, en
num erosas narraciones de m ilagros, donde el E spíritu n o se m enciona de
form a explícita, los agentes hum anos son profetas cuya calificación definí-
tiv a es la u n c ió n del E sp íritu (por ejem plo 1 R . 17:17-24; 18:16-46; 2 R.
2:19-22; 4:17). La unción de poder p o r parte del E spíritu estaba lim itada a
ciertos individuos, y en la m ayoría de los casos, “vino sobre” ellos p o r u n
periodo relativam ente corto y con u n propósito específico (por ejemplo la
profecía, la liberación, etc.). El A ntiguo Testam ento anticipa que esta obra
del E spíritu en la nueva era se dem ocratizará en la Casa de D ios, u n a cues-
tió n que explorarem os más adelante.

12 L a fra se “d o ta c i ó n d e p o d e r ” fu e a c u ñ a d a p o r e l P e n te c o s ta lis m o in ic ia l c o m o
s in ó n im o d e l B a u tis m o d e l E s p ír itu S a n to , y se c o n v ir tió e n u n a e x p re s ió n m u y c o n o c id a
(cf. P e a rlm a n , Knowing theDoctrines oftheBible, 308-13). M a n te n d re m o s e n suspense el te m a
d e l c e sa c io n is m o y la p r e g u n t a m á s a m p lia s o b r e la c o n tin u id a d d e lo s d o n e s m ila g ro so s
a l o la r g o d e lo s ú lt im o s d ía s h a s ta la s e c c ió n s ig u ie n te , a p e s a r d e q u e e l m a te r ia l b íb lic o
n o h a g a e sta s e p a r a c ió n .

243
¿Son vigentes los dones milagrosos?

Ju n to con estos ejemplos de actividad carismática del Espíritu, tam bién


encontram os en el A ntiguo Testam ento pruebas de la transform ación que
realiza en el in te rio r del ser h um ano, que le da lo necesario para estar en
co n fo rm id ad m o ral con la v o lu n tad de D ios. Saber si el A ntiguo Testa-
m entó presenta de form a explícita al Espíritu com o el transform ador de la
naturaleza hum ana en este periodo es una pregunta discutible. Existen oca-
siones en las que la obra transform adora del E spíritu está bien clara. P o r
ejemplo, D ios ordena a los israelitas circuncidar sus corazones (Lv. 26:41;
D t. 10:16; cf. R o. 2:28-29); leemos que los israelitas habían afligido al Espí-
ritu Santo de D ios en el desierto m ediante su rebeldía (Is. 63:10-11); el
A ntiguo T estam ento afirm a repetidam ente que D ios h o n ra a u n espíritu
hum ilde y contrito (2 S. 22:28; 2 R. 22:19; 2 Cr. 7:14; Sal. 25:9; 51:17; 66:2);
el E spíritu ofrece instrucción m oral y dirección (N eh. 9:20; Sal. 143:10).
Adem ás, D ios ordena a los m iem bros de la casa de Israel que se desha-
gan de la inm oralidad y adquieran u n nuevo corazón y u n nuevo espíritu
(Ez. 18:31). D avid expresa u n deseo sim ilar al de ten e r u n corazón nuevo
en su oración de arrepentim iento p o r los pecados relacionados con Betsa-
bé (Sal. 51:10,17; fijémonos en la asociación de esta petición con la unción
del E sp íritu a D avid, en el versículo 11). Pero la transform ación interior,
tan to requerida p o r D ios com o deseada p o r D avid, n o se describe com o
una experiencia universal en m edio del pueblo de D ios de ese periodo. Más
bien, el A ntiguo Testam ento anticipa una nueva era futura durante la cual
la obra transform adora del Espíritu se convertirá en un a realidad universal
en m edio del pueblo de Dios. P o r lo tanto, debemos considerar las eviden-
cías del A ntiguo Testam ento tam bién a la luz de su naturaleza preparatoria,
ya que expresa la esperanza del cum plim iento futuro, u n cum plim iento que
se realiza en el N u ev o T estam ento ta n to en el área de la transform ación
in terio r de la persona com o en el área de la dotación de poder.

b. La anticipación del Antiguo Testamento de la obra futura del


Espíritu.

E n cuanto a la entrega de poder p o r parte del Espíritu, el A ntiguo Testa-


m entó claramente prepara el camino para “los últimos días”, cuando el poder
carismático del Espíritu se unlversalice en medio del pueblo de Dios.13 E n la

13 E x is te u n a c u e rd o g e n e ra liz a d o d e q u e la e s p e r a n z a d e l A n tig u o T e s ta m e n to p o r
este d e rr a m a m ie n to p re p a r a e l c a m in o p a r a el c u m p lim ie n to d e l N u e v o T e s ta m e n to . C f.

244
LA POSTURA PENTECOSTA l / c ARISMÁTICA

época futura, ya no estará restringido a ciertos individuos, sino que todos los
m iem bros del R eino de Dios recibirán el Espíritu com o unción profética.14
Esta esperanza se expresa en prim er lugar p o r Moisés, en N úm eros 11:29.
M oisés estaba cansado de soportar en solitario la carga de liderar a los re-
beides israelitas y apeló al Señor para que le liberara de esa carga, aunque
ello significara su propia m uerte (11:10-16). D ios le dijo que eligiera a seten-
ta ancianos israelitas y que les reuniera en asamblea en la tienda de reunión
donde el Señor prom etió: «Descenderé y hablaré contigo allí, y tom aré del
Espíritu que está sobre ti y lo pondré sobre ellos, y llevarán contigo la carga
del pueblo, para que no la lleves tú solo» (vs. 17). Después de que se reunie-
ran los setenta ancianos, «el Señor descendió en la nube y le habló [a Moi-
sés]; y to m ó del E sp íritu que estaba en él y lo colocó sobre los setenta
ancianos. Y sucedió que cuando el E spíritu reposó sobre ellos, profetiza-
ron, pero no volvieron a hacerlo más», (vs. 25). El propósito de esta unción
era designar a los setenta ancianos e iniciarlos en las funciones de liderazgo
que aliviarían algo de la carga de M oisés. La profecía funcionó com o
u n a “señal” de que verdaderam ente habían sido designados y ungidos.15
P e ro el E sp íritu se quedó tam bién con E ldad y M edad, dos ancianos
que n o estaban e n tre los setenta, y p ro fe tiz a ro n en el cam pam ento. E n
respuesta a la p etición de Josué de que alguien les detuviera, M oisés dijo:
«¿Tienes celos p o r causa de mí? ¡Ojalá que to d o el pueblo del Señor fuera
p ro feta, que el S eñor pusiera su E sp íritu sobre ellos!» (vs. 29). D e este
m o d o , la n arració n expresa la esperanza de u n a experiencia carism ática
unlversalizada, en la que n o existe el control hum ano sobre la actividad del
Espíritu, sino que el Espíritu tiene libertad de descender sobre quien quie-
ra.16 El deseo de M oisés tam b ién presagia que el C a n o n irá avanzando
hacia ese cum plim iento, pues Joel auguraría que algún día “todas las perso-
ñas” profetizarían.

O . P a lm e r R o b e rts o n , “T o n g u e s: Sign o f C o v e n a n ta l C u rs e a n d B lessing” , W T J 38 (1975);


43:47. R o b e rts o n lla m a a esta rela c ió n e n tr e el A n tig u o T e s ta m e n to y el N u e v o T e sta m e n to
“el p r i n c ip i o d e p r e p a r a c ió n ”. C o m o c e sa c io n is ta , a r g u m e n ta q u e el c u m p lim ie n to sola-
m e n te estab a p re v is to p a ra la é p o c a fu n d a c io n a l d e la Iglesia. C f. ta m b ié n W a y n e G r u d e m ,
“ 1 C o r in t h ia n s 1 4 :2 0 2 5 ‫־‬: P r o p h e c y a n d T o n g u e s A s S ig n s o f G o d ’s A t t i t u d e ” , W T J 41
(1979): 381-96. G r u d e m o p in a q u e la p r e p a r a c ió n d e l A n tig u o T e s ta m e n to p a r a e l c u m -
p li m i e n to d e l N u e v o T e s ta m e n to fija e l m a r c o c o n c e p tu a l p a r a t o d o e l p e r i o d o d e lo s
ú ltim o s d ías, n o s o la m e n te p a r a e l lla m a d o “p e r i o d o fu n d a c io n a l”.
14 E s to e s c ie r to in c lu s o d e l M e sía s; cf. Isa ía s 6 1 : l 2 ‫־‬a, c ita d o e n L u c a s 4:18-19.
15C f. S. B. P a rk e r , “P o sse sio n T ra n c e a n d P r o p h e c y in P re-E x ilic Israel”, V T 28 (1978):
2 7 1 -8 5 , e sp . 2 76-77.
16P a r k e r (Ibid., 279-80) E n tie n d e q u e la n a rr a c ió n re p re s e n ta lo s in te n to s d e l lid e ra z g o
tra d ic io n a l p a ra c o n tr o la r la a ctiv id ad p ro fé tic a d e aq u ello s q u e n o e ra n re c o n o c id o s oficial-

245
¿Son vigentes los dones milagrosos?

La esperanza de universalización de la actividad carism ática tom a una


form a más concreta en Joel 2:28-32. Después de u n periodo de juicio (2:11)
y de arrepentim iento (2:12-17), Israel será restaurado (2:18 ss). C om o parte
de esta restauración, D ios “derram ará” (heb. Spk; L X X ekcheo) su Espíritu
sobre to d o el pueblo (vs. 28a-29b), y com o resultado la actividad carismá-
tica se unlversalizará (vs. 28b-29; p o r ejem plo, los hijos, hijas, ancianos,
jóvenes, incluso los sirvientes), habrá «prodigios en los cielos y en la tierra
(vs. 30-3la), que venga el día del Señor» (vs. 31).17 D u ra n te este tiem po,
to d o s los que invoquen el n o m b re del Señor y a los que el Señor llam e
serán salvos (vs. 32). E n contraste con la era anterior, en la que el Espíritu
solo daba poder a ciertos individuos, el derram am iento del Espíritu Santo
en esta época fu tu ra se extenderá a to d o el pueblo de D ios y el E spíritu
dará po d er a los creyentes.18
E l A ntiguo T estam ento tam bién espera en el fu tu ro la labor transfor-
m ad o ra del E sp íritu. Las pruebas que hem os e n co n trad o en cuanto a la
circuncisión del corazón y de la obra del Espíritu para transform ar la natu-
raleza hum ana dentro del periodo del A ntiguo Testam ento (Lv. 26:41; D t.
10:16; N e h . 9:20; Sal. 143:10; Is. 63:10-11) es u n presagio del desarrollo
que vam os a ir viendo en el C an o n en cuanto a esta esperanza futura, ex-
presada p o r los profetas. Jerem ías predice el día cuando el Señor hará u n
nuevo pacto con su pueblo, m om ento en el que p ondrá su ley en sus men-
tes y la escribirá en sus corazones (Jer. 31:3134‫־‬, esp. 33; cf. H e. 8:7-13).
E zequiel predice específicam ente esta tran sfo rm ació n com o la o b ra del
Espíritu. Según su descripción de la nueva era, será un a época en la que el
Señor p o n d rá u n “nuevo espíritu” en su pueblo y les dará u n nuevo cora-
z ó n p ara que sigan su ley (Ez. 11:19-20). E sta tran sfo rm ació n m o ral se
conseguirá m ediante el E spíritu de D ios, que pasará a m o rar en cada indi-
viduo (36:26-27; 37:14). La esperanza de regeneración se estableció, p o r
tan to , m ediante la prom esa de que el E spíritu m oraría en el ser hum ano.

m e n te c o m o p ro fe ta s. D e l m is m o m o d o , M a r tin N o r h , Numbers (Filadelfia: W e s tm in s te r,


1968), 9 0 . L a id e o lo g ía d e la n a r r a c ió n m is m a , e x p re s a d a e n la r e p r im e n d a d e M o is é s a
J o s u é , se o p o n e a ese t i p o d e c o n tr o l.
17 V e r e l c u id a d o s o u s o d e l ekcheo d e la S e p tu a g in ta e n H e c h o s , t a n t o e n la c ita d e
J o e l (H e c h o s 2:1 7 -1 8), c o m o e n las d e s c r ip c io n e s p o s t e r io r e s (2 :3 3 :1 0 :4 5 )
18 T a m b ié n D o u g la s S tu a rt, e n Hosea-Jonah, W B C (W aco, T exas: W o rd , 1987), 260-261.
E x p lic a : « E n la n u e v a e ra todo el p u e b lo d e D io s te n d r á todo lo q u e n e c e s ita d e l E s p ír itu
d e D io s . L a e ra a n tig u a se c a ra c te riz a b a p o r la in f lu e n c ia s e le c tiv a y lim ita d a d e l E s p ír i-
t u so b re algunos in d iv id u o s : c ie rto s p ro f e ta s , re y e s, e tc . P e r o m e d ia n te J o e l, el p u e b lo está
e s c u c h a n d o u n a n u e v a f o r m a d e v iv ir e n la q u e t o d o e l m u n d o p u e d e t e n e r el E s p ír itu .»

246
LA POSTURA PENTECOSTA l / c a RISMÄTICA

Resum iendo, el A ntiguo Testam ento contiene dos funciones principa-


les del Espíritu Santo, dar poder, y transform ar a las personas, (i) E n cuan-
to a la prim era función, vemos cóm o el Espíritu dota de poder a individuos
concretos para profetizar, realizar milagros, liberar, o llevar a cabo la tarea
asignada. El A ntiguo Testam ento tam bién anticipa una nueva era cuando
esta operación del E spíritu se unlversalizará entre todo el pueblo de Dios,
y ya no estará restringida a unos pocos, y seguirá caracterizándose p o r las
manifestaciones carismáticas. (ii) El E spíritu transform a la naturaleza hu-
mana, teniendo com o resultado la circuncisión del corazón y la obediencia
de la ley de Dios. El A ntiguo Testam ento tam bién anticipa una nueva era
de cum plim iento en la que Dios pondrá su Espíritu en su pueblo y les dará
u n nuevo co razó n y u n a m ente nueva sobre la que estará escrita su ley.
A hora consideraremos el N uevo Testam ento, que revela cóm o se cum-
píen estas prom esas en C risto y en su C uerpo, que es la Iglesia.

c. El cumplimiento de la obra del Espíritu en el Nuevo Testa-


mentó.

E n la era del cumplim iento neotestamentario, las dos funciones del Espíri-
tu continúan, pero ahora en plenitud cristológica. N o necesitamos demostrar
el cumplimiento en el N uevo Testamento de la obra transformadora del Espí-
ritu; cualquier Introducción a la Teología, p o r básica que sea, tratará este tema,
y n o es u n tem a que cree debate entre los evangélicos pentecostales y los no
pentecostales. A m bos grupos coinciden en que la regeneración es la experien-
cia transform adora de la salvación, y que el Espíritu pasa a m orar definitiva-
m ente en los cristianos (Ro. 8:9; Tit. 3:5-7). Para que se cumpliera la esperanza
del A ntiguo Testam ento de que el Espíritu m oraría en el ser hum ano, Cristo
hizo que el nuevo nacim iento m ediante el Espíritu fuera para todos los que
tuvieran fe en Él (Juan 3:5-8).
N u estro propósito es explorar si el N uevo Testam ento presenta la fun-
ción del E sp íritu de dar poder, distinta a la regeneración, com o p arte del
cum plim iento de la esperanza veterotestam entaria de que habría una nueva
era del E spíritu. E l debate sobre este aspecto de la pneum atología gira
inevitablem ente en to rn o a los diferentes énfasis que encontram os en el
corpus lucano y en parte de las cartas paulinas.
D . A. Carson escribió lo siguiente al evaluar el estudio que Roger Stronstad
hace sobre la distinción entre la pneum atología de Lucas y la de Pablo:

247
¿Son vigentes los dones milagrosos?

«DecirqueLucasy Pablo desarrollaron teologías complementarias, es una cosa


^arejemph,quePatíohacehincapiéenunasolaconversión,aunquenoe3cduyela
posibilidaddealgún tipo dedotación depoderespiñtttalposteriora la conversión,
mientras queLucas hacehincapiéen esto último);pero decirquePablo y Lucas
desarrollaron tmlogízconfrad1ctorias,esotramuydferente(porejemplo, quePatío
noda cabidaa ningunaforma deteologíadesegundabendición osegundaexpenen-
da mientras queLucas la defiendea ultranza). Lapolaridadpuede agradara esa
partedelacarrientemodemaqueencuentraenelNuevo Testamentounaseriede
teologíasdiversaseincluso contradictorias,y quecreequeel Canon ofreceun abam-
co de opáones;pero esto tiene un altopreáo. Ya no sepuedehablar de teología
canónicaen unsentidocompleto.A únpeor, cuando tenemosdostederos contradic-
torios, las dos nopueden ser verdaderas;por lo que no sepuede hablar de que el
Canon ofreceun abanico deteologías, dado queuna o másdeuna seránfalsas.»19

La advertencia de C arson sobre la tesis de Stronstad es, al m ism o tiem-


po , u n a advertencia sobre el acercam iento pentecostal histórico a las
diferencias canónicas entre las dos funciones del Espíritu, ya que los pente-
costales durante décadas han incluido en su pneum atología las diferencias
entre Pablo y Lucas.20
D e hecho, la prim era frase de C arson (sobre que Lucas y Pablo desarro-
liaron teologías complementarias) es u n a descripción del Pentecostalism o
clásico; es decir, aunque Pablo y Lucas tengan énfasis diferentes en cuanto
a la naturaleza de la obra del Espíritu, n o se contradicen teológicam ente.21

19D . A . C a rs o n , Manifestaciones delEspíritu, A n d a m io , B arcelo n a, 2000 c o m e n ta n d o el


lib r o d e R o g e r S tro n s ta d , The Charismatic Theology ofLuke.
20V e r, p o r ejem p lo , P e a rlm a n , Knowing theDoctrine oftheSpirit, 2 9 0 3 2 0 ‫ ;־‬P a lm a , “H o ly
S p irit”.
21 C f. R o b e r t M e n z ie s , “T h e D e v e lo p m e n t o f E a r ly C h r is ti a n P n e u m a t o lo g y w i t h
S p ecial R e fe re n c e t o L u k e -A c ts ” , te ssis d o c to r a l, U n iv e r s id a d d e A b e rd e e n , 1989 [p u b li-
c a c ió n : J S N T S u p 5 4 [S h effield : J S O T P re s s , 1991]; m is c ita s s o n d e la te s is o rig in a l).
M e n z ie s o p in a q u e la p n e u m a to lo g ía d e L u c a s “e x c lu y e ” c u a lq u ie r a sp e c to so te rio ló g ic o
d e la o b r a d e l E s p ír it u y , p o r lo t a n t o , e x c lu y e te o ló g ic a m e n te la v is ió n p a u lin a s o b r e la
o b r a d e l E s p ír it u e n la s a lv a c ió n (309). D e h e c h o , a r g u m e n ta q u e la p n e u m a to lo g ía
s o te rio ló g ic a d e P a b lo fu e d e s c o n o c id a e n o t r o s s e c to re s d e la Ig le sia p r i m i ti v a h a s ta lo s
a ñ o s 7 0 8 0 ‫ ־‬d .C (310) y q u e « n i L u c a s n i la Ig le sia p r im itiv a le a tr ib u y e r o n u n sig n ific a d o
s o te r io ló g ic o al d o n p n e u m a to ló g ic o e n la f o r m a q u e P a b lo l o h iz o » (37; e n to n c e s u n o
p u e d e p r e g u n ta r s e s o b r e la fra se d e J e s ú s e n J u a n 3:5-8). T a m b i é n c o n c lu y e q u e « L u cas
a p a r e n te m e n te n o c o n o c ía las e p ís to la s d e P a b lo » (310). Por su ¡ado, la p n e u m a to lo g ía d e
P a b lo e x c lu y e la p e rs p e c tiv a lu c a n a . A sí, e n c u a n to a H e c h o s 19:1-6, M e n z ie s a rg u m e n ta
q u e P a b lo n u n c a h a b ría fo r m u la d o a lo s d is c íp u lo s d e E feso la p re g u n ta q u e e n c o n tr a m o s
e n este te x t o , p o r q u e P a b lo n o c o n c e b ía q u e a lg u ie n se s a lv a ra y n o r e c ib ie r a e l E s p ír it u
(262-68, esp. 268; a q u í M e n z ie s n o d is tin g u e e n tr e la “re g e n e ra c ió n ” y “u n c ió n d e p o d e r ”).

248
LA POSTURA PENTECOSTAL/c a RISMÁTICA

P o r o tro lado, el acercam iento antitético que C arson describe n o es carac-


terístico n i de Stronstad ni del Pentecostalism o histórico. Sin em bargo, el
a p u n te de C arso n sobre la autoridad e infalibilidad de la E scritura sigue
siendo im p o rtan te para que los pentecostales nos asegurem os de n o ale-
jarnos de nuestras raíces evangélicas, o de nuestra creencia en la incuestio-
nable au to rid ad de la Palabra de D ios. C arson n o está llam ando a los
pentecostales a ab andonar su p u n to de vista sobre las distinciones entre
Pablo y Lucas; sim plem ente está pidiendo que realicemos una form ulación
cuidadosa y u n a dialéctica que n o rechace ni socave la autoridad bíblica.
A pesar de todo, las diferencias entre P ablo y Lucas son cruciales para
responder a nuestra pregunta. Después de todo, si no existen diferencias, y
Lucas sim plem ente está utilizando u n género diferente p ara expresar la
m ism a teología regeneradora de Pablo, entonces la pneum atología pente-
costal está equivocada. Los pentecostales m antienen que debemos analizar
el p ensam iento de cada a u to r bíblico de fo rm a individualizada antes de
integrarlo en el conjunto. El intérprete no debería pasar p o r alto las diver-
sidades bíblicas legítimas p o r hacer u n favor a las categorías tradicionales
de la teología sistem ática: las diversidades en el N u ev o T estam ento son
diversidades ordenadas p o r D ios. Y en el caso del énfasis lucano sobre el
poder que el Espíritu otorga, incorporar su contribución distintiva es esen-
cial para tener una com presión global y com pleta de la enseñanza neotesta-
m entaría sobre el Espíritu. P o r lo tanto, los pentecostales tratan este tem a
dejando que Lucas desarrolle su p ro p io pensam iento teológico; en su in-
terp retació n se cen tran en el uso que Lucas hace de la term inología y los
énfasis teológicos.22

P o r lo ta n t o , se g ú n M e n z ie s , e l d iá lo g o e n H e c h o s 19:1-6 es u n a “c o n s t r u c c i ó n al estilo
d e L u cas”; “P a b lo , sin d u d a , h u b ie r a re la ta d o la h is to ria d e fo r m a d ife re n te ” (268); y “P a b lo
n o h a b r í a in t e r p r e ta d o n i n a r r a d o ” lo s a c o n te c im ie n to s d e H e c h o s 1 9 :1 6 ‫ ־‬c o m o L u c a s
lo s p r e s e n ta (esta ú l t i m a fra se e stá e x tr a íd a d e R . M e n z ie s , “C o m i n g t o T e r m s w i t h a n
E v an g elical H e rita g e - P a r t 2: P e n te c o s ta ls a n d E v id e n tia l T o n g u e s ” . Paraclete 28 [1994]:4).
E n p o s te r io r e s e s c r ito s a s u te s is, M e n z ie s c o n t i n ú a a b o g a n d o p o r s u a p r o x im a c ió n d e
la r e c o n s tr u c c i ó n d e la h is to r i a d e las re lig io n e s , p e r o a ñ a d e q u e las p n e u m a to lo g ía s
d e L u cas y P a b lo so n , e n d efin itiv a, “c o m p le m e n ta ria s” y “c o m p a tib le s” (C o m in g t o T e rm s
w i t h a n E v a n g e lic a l H e r it a g e - P a r t 2 ”, 1-10; “T h e D is tin c tiv e C h a r a c t e r o f L u k e ’s
P n e u m a to lo g y ”, P ara c le te 25 [1991]: 17-30). A u n q u e a la lu z d e s u re c o n s tru c c ió n a n tité tic a
d e la r e la c ió n e n tr e L u c a s y P a b lo su u tiliz a c ió n d e l té r m i n o “c o m p le m e n ta r ia s ” es so r-
p r é n d e n te , v e m o s q u e f o r m a lm e n te r e s p e ta la a u to r id a d d e la E s c r itu r a , y q u iz á s c o n e l
ti e m p o esa s o r p r e n d e n te fo r m u la c ió n se c o r r e g ir á a s í m is m a p a r a a c a b a r c o n c o r d a n d o
c o n ese r e s p e to h a c ia la E s c ritu ra .
22J.H. M a rsh a ll (Luke: Historian and Theologian [G r a n d R ap id s: E e rd m a n s , 1970], 75)
d efin e e l te m a e n lo s m ism o s té rm in o s, a rg u m e n ta n d o q u e L ucas d ifiere d e P a b lo e n algunos
a sp ecto s, p e r o q u e d e b e m o s p e rm itir le d e s a r ro lla r s u p r o p io p e n s a m ie n to te o ló g ic o .

249
¿Son vigentes los dones milagrosos?

Para ilustrar este punto, considerarem os algunos ejemplos de los escri-


tos de Lucas, com enzando con elem entos de su Evangelio.23 La narración
que Lucas hace del poder de Jesús contiene varias descripciones clave que
solo aparecen en Lucas. Su tratam iento particular del Espíritu Santo en el
ministerio público de Jesús comienza con el relato del bautismo (Lucas 3:21-
22). E n los tres Evangelios el Espíritu Santo desciende sobre Jesús después
de su bautism o, pero Lucas es el único que dice que el E spíritu descendió
“m ientras El oraba” (vs. 21). Es una parte im portante de los cim ientos que
Lucas establece sobre la obra del Espíritu; la entrega de poder está estrecha-
m ente relacionada con la oración (cf. Hechos 4:31:13:1-3).
A dem ás, cuando Jesús «es llevado p o r el E spíritu en el desierto», para
ser ten tad o p o r Satanás, Lucas es el único que dice que «estaba lleno del
E sp íritu Santo», enfatizando claram ente que venció a Satanás m ediante
el p o d er del E spíritu (Lucas 4:1). Lucas tam bién es el único que atribuye el
p o d er de Jesús en su m inisterio público al hecho de que m inistraba «en
el p o d er del Espíritu» (4:14). E n otras palabras, Lucas enfatiza la obra del
E spíritu de dotación de poder en la vida de Jesús, claram ente describiendo
al E sp íritu co m o la fuente de p o d er espiritual que le p erm itió d e rro tar a
Satanás y proclam ar el Evangelio con autoridad (por ejem plo, 4:15-30,31-
37; cf. H echos 10:38).24 Esta m ism a unción con el E spíritu para dar testi-
m o n io y servicio es la que experim enta la Iglesia en H echos.

23 C f. R .F . O ’T o o le , Unity ofLuke’s Theology (W ilm in g to n , D el.: M ichael G lazie r, 1984).


S e ñ a la lo s m u c h o s p a ra le lis m o s e n tr e la v id a d e J e s ú s y su m i n is te r i o e n L u c a s y la v id a
y m i n is te r i o d e la Ig le sia P r i m i ti v a e n H e c h o s . S tr o n s ta d (“T h e In f lu e n c e o f t h e O l d
T e s ta m e n t o n t h e C h a r is m a tic T h e o lo g y o f S t. L u k e ”, P n e u m a 2 [1980]: 46) a p u n ta d e
m a n e r a s im ila r a las sim ilitu d e s e n tr e Je s ú s y la Iglesia, e x p lic a n d o q u e la tra n s fe r e n c ia d e l
E s p ír it u p o r p a r t e d e Je s ú s a su s d is c íp u lo s e v o c a la tr a n s f e r e n c ia p r o f é tic a d e l A n tig u o
T estam en to .
24J .D .G . D u n n (El b a u tism o d el E s p íritu S an to (Ed. L A A U R O R A , B u en o s A ires, 1977
o p in a q u e la « d o ta c ió n d e p o d e r p a r a e l serv icio » d e Je s ú s m e d ia n te la u n c ió n de l E s p ír itu
es s o la m e n te u n a “c o n s e c u e n c ia ” y n o s u p r o p ó s ito p r in c ip a l. P a r a D u n n , e l p r o p ó s ito
p r in c ip a l es « in ic ia r a l in d iv id u o e n u n a n u e v a e ra y u n n u e v o p a c to , p a ra se r u n g id o p o r
C ris to , y q u e al h a c e rlo le cap acite p a ra el serv icio y la v id a e n esta n u e v a era y n u e v o p a ñ o .
E n e s ta e n tr a d a d e Je s ú s a la n u e v a e r a d e l n u e v o p a c to v e m o s e l ti p o d e e n tr a d a in ic ia l
d e c a d a c o n v e rs o a la n u e v a e r a y al n u e v o p a c to .» D e b e m o s h a c e r d o s o b se rv a c io n e s :
(1) D u n n d ic e q u e esta d o ta c ió n d e p o d e r es sim p le m e n te u n a c o n se c u e n c ia d e la u n c ió n .
N o o b s ta n te , las d e sc rip c io n e s d e L u cas se la n z a n e x c lu s iv a m e n te e n té r m in o s d e d o ta c ió n
d e p o d e r y n o d e re g e n e ra c ió n . (2) D u n n o b s e r v a q u e la u n c ió n le in ic ia a u n o p a r a la
v id a d e la n u e v a e r a y le c a p a c ita p a r a ella . A q u í n o e stá n e c e s a r ia m e n te e n d e s a c u e rd o
c o n lo s p e n te c o s ta le s , q u ie n e s m a n t ie n e n q u e la u n c ió n p a r a el s e rv ic io , ju n t o a la rege-
n e r a c ió n , e ra la e x p e rie n c ia c o m ú n d e l c o n v e rs o e n e l N u e v o T e s ta m e n to (de a h í, p o r
e je m p lo , la p r e g u n ta d e P a b lo a lo s d isc íp u lo s e n H e c h o s 19:1-6). A ú n m ás, la c a p a c ita c ió n
p a ra el serv icio n o es la m ism a o b r a d e l E s p íritu q u e la tr a n s fo rm a c ió n m o ra l. D u n n p a re c e

250
la postura Pentecostal/ carismática

C om enzando con el m andam iento de Jesús a sus discípulos en H echos


1:5, que debían esperar el bautism o en el E spíritu Santo (cf. Lucas 3:16),
vem os que el énfasis de Lucas está en que el E sp íritu o to rg a p o d e r para
testificar.25 El Bautism o del E spíritu en H echos no se define en térm inos
de regeneración/santificación, sino en térm in o s de po d er para testificar
(Hechos 1:8). C u an do tiene lugar el cum plim ento de las expectativas del
A ntiguo T estam ento (p. ej., N m . 11:29; Joel 2:28-32) y los discípulos son
llenos del E sp íritu Santo (H echos 2:1-4), Lucas describe la experiencia
de fo rm a que evoca a las unciones proféticas del A n tig u o T estam ento,
acom pañada del discurso al estilo profético y otras señales (p. ej., vientos
fuertes, fuego).26 D e hecho, la m u ltitu d que vio los acontecim ientos se
m aravilló y sorprendió (vs. 6,7,12), e incluso algunos dijeron que los que
habían sido bautizados estaban borrachos (vs. 13).
C uando Pedro explica a continuación los acontecim ientos del día, apela
a Joel 2:28-32, u n a profecía que describe cóm o el E spíritu da p o d er (p. ej.
profecías, sueños, visiones). Es más, la frase in tro d u cto ria a esta profecía,
“después” 0 o el 2:28), P edro la cam bia p o r “en los últim os días” (Hechos
2:17), enfatizando así la ob ra de po d er característica del E spíritu durante

a p o y a r la p o sic ió n p e n te c o s ta l in c lu so c u a n d o la re c h a z a e x p líc ita m e n te ; d ig o esto p o rq u e


é l re c o n o c e q u e la d im e n s ió n d e tr a n s m is ió n d e p o d e r d e la o b r a d e l E s p ír it u es d ife re n -
te a la p a r t e d e la re g e n e r a c ió n . In c lu s o e l u s o q u e P e d r o h a c e d e Je s ú s c o m o e je m p lo se
c e n tra e n la d o ta c ió n d e p o d e r (10:38). C f. ta m b ié n H o w a r d M . E rv in , Conversion-Initiation
and theBaptism in theHoly Spirit (P e a b o d y , M ass.: H e n d r ic k s o n , 1984), 161.
25 E s ta es u n a r e f e re n c ia a la p r o f e c ía d e J u a n e n L u c a s 3 :1 6 . E l u s o d e l fu e g o e n el
A n tig u o T e s ta m e n to ( p o r e je m p lo , M a l. 3.24) y e n Q u m r á n ( p o r e je m p lo , 1 Q S 4) c o m o
s ím b o lo d e p u rific a c ió n , se h a o fre c id o f r e c u e n te m e n te c o m o e l tr a s f o n d o d e l u so h ic a n o .
E s te t r a s f o n d o se h a u s a d o p a r a a r g u m e n ta r q u e L u c a s e s tá h a b la n d o d e p u r if ic a c ió n y ,
p o r lo ta n to , d e salv ació n , c u a n d o escrib e s o b re el d e rr a m a m ie n to d e l E s p ír itu e n H e c h o s .
P e r o e n el A n tig u o T e s ta m e n to , e l fu e g o ta m b ié n se a s o c ia b a c o n la a p r o b a c i ó n d iv in a
d e la a c tiv id a d p r o f é tic a (p .e j., E z . l:4 -2 :8 ), e l d is c u r s o p r o f é tic o (p . e j., J e r . 5 .14; 23:29)
y el ju ic io (p. ej., E x . 15:4-8; 19:12-14). D u r a n te e l p e rio d o in te rte s ta m e n ta r io , la aso ciació n
d e l fu eg o c o n la ac tiv id a d p ro f é tic a c o n tin u ó . L a p a la b r a p ro f é tic a p o d r ía d e sc rib irse c o m o
u n a a n to r c h a , y e l m is m o p r o f e ta c o m o e l fu e g o q u e su rg e p a r a p r o c l a m a r la P a la b r a d e
D io s (Sab. B . S ira c 4 8 :1 ; cf. 1 Q H 3:28-36). D u r a n t e e s ta é p o c a , el fu e g o ta m b ié n fu e u ti-
liz a d o c o m o s ím b o lo d e la p re s e n c ia d e D io s y / o a p r o b a c ió n d e c ie r to s in d iv id u o s y su s
a c tiv id a d e s , in c l u y e n d o la p r o f e c ía y la e n s e ñ a n z a (p. e j., 1 E n o c 14:17; 7 1 :5 ; B e r. R a b .
59:4; b . H a g 15b; P e s iq . R a b . K a h . 8 8 b ; m . ‘A b o t 2 :1 0 ; b .T a ’a n 7 a; y . H a g . 2 .1 .1 ). P o r
lo t a n t o , e l tr a s f o n d o c o n c e p tu a l d e l b a u ti s m o c o n fu e g o p u e d e h a b e r n a c id o d e e sta
aso ciació n p ro fé tic a . L u cas está d e sc rib ie n d o el p rin c ip io d e la Iglesia c o m o u n a c o m u n id a d
u n g id a e n la q u e e l d is c u rs o p r o f é tic o , a l ig u a l q u e o tr a s o c a s io n e s e n las q u e el E s p ír itu
d a p o d e r p a r a alg o c o n c r e t o (p. ej. s a n id a d e s, e x o rc is m o s , e tc .) s o n to d a s t e s ti m o n i o d e l
E v a n g e lio d e J e s u c r is to , y q u e la s “le n g u a s d e fu e g o ” d e H e c h o s 2 :3 p u e d e n h a b e r
s im b o liz a d o la a p r o b a c i ó n d e D io s d e la a c tiv id a d p r o f é tic a d e la Ig lesia.
26 C f. S tr o n s ta d , “I n f lu e n c e ”, passim, e sp . 4 6.

251
¿S on vigentes los dones milagrosos?

los “últim os días”. La conclusión del serm ón de P edro (2:38-39), entonces,


debe entenderse a la luz de este contexto, no a través del contexto.27 C laro
que el arrepentim iento y el bautism o en el nom bre de Jesús traen la salva-
ción (2:38), p e ro Lucas p ro cu ra enfatizar cuidadosam ente la entrega de
p o d er p o r p arte del E spíritu más que la transform ación que ejerce en el
interior de la persona.28
N o necesitamos recordarle a nadie que Pentecostés es el principio de la
m isión de la Iglesia y la etapa final de la inauguración de la nueva era. La
unción con el E spíritu com pletó la experiencia del Evangelio de aquellos
prim eros creyentes. Pero la inauguración de la nueva era no debe confun-
dirse con las obras distintivas del Espíritu que llegarían con ella. A unque la
unción en el Espíritu era la experiencia com ún para el converso del N uevo
T estam ento, se trata de algo diferente a la regeneración y, teológicam ente,
ésta n o debe absorber la prim era.
D el m ism o m odo, para la pneum atología pentecostal no es necesario
separar la un ció n de poder que el E spíritu realiza de la salvación; además,
esa separación n o está respaldada p o r las evidencias que encontram os en
Lucas-Hechos. El serm ón de Pedro enlaza explícitamente el derramam ien-
to con el a rrep en tim ien to y el bautism o en el n o m b re de Jesús (H echos
2:38), y a m edida que el R eino se extiende, siguiendo el plan que aparece en
1:8 (Jerusalén, Judea, Samaría y los confines de la tierra), cada paso de ese
plan incluye la salvación de u n grupo de personas im portantes (p. ej., los
sam aritanos en el capítulo 8; los gentiles en el 10). La enseñanza que y o
recibí, habiendo crecido com o pentecostal, es que en el N uevo Testam en-
to, tan to la salvación com o el Bautism o en el Espíritu Santo frecuentemen-
te sucedían com o p arte de u n grupo de acontecim ientos que tenían lugar
en la conversión. P o r lo ta n to , el paradigm a “ideal” de la fe del N u ev o
T estam ento recogía que el recién convertido tam bién era bautizado en el
E sp íritu Santo en el com ienzo m ism o de su vida cristiana. M is ancianos
pentecostales n orm alm ente se lam entaban de la pérdida de ese p a tró n , lo
que ha resultado en u n am biente contem poráneo en el que las dos obras o

27D u n n (íd e m , p . 51-68) in t e r p r e ta d e f o r m a c o h e r e n te H e c h o s 2 a tr a v é s d e l p r is m a


p a u lin o (p. e j., 47-48). N o e x p lic a d e f o r m a ad e c u a d a q u e L u c a s u s a u n le n g u a je id é n tic o
al d e 2:4 p a ra d e s c rib ir las “u n c io n e s ” e x tra s c o n el p o d e r d e l E s p ír itu q u e re c ib e n p e rs o n a s
q u e h a b ía n sid o b a u tiz a d a s (p. ej., 4:31; 13:52). D u n n c o n c lu y e q u e e n H e c h o s , e l B a u tism o
d e l E s p ír it u «es e l d o n d e la g ra c ia sa lv ífic a , m e d ia n te la c u a l se e n t r a e n la e x p e rie n c ia
y v id a c ris tia n a s , e n e l n u e v o p a c to , e n la Ig lesia. E s to e s lo q u e h a c e q u e a lg u ie n sea
c ris tia n o » (226). H e c h o s sí d e s c rib e la e n tr a d a n o r m a l e n e l R e in o , p e r o n o lo h a c e e n
té r m in o s d e regeneración.
28N o o b s t a n te , v é a se q u e la re g e n e r a c ió n sí e s tá p r e s e n te e n H e c h o s (v e r 15:9).

252
la postura Pentecostal/ carismática

funciones del E spíritu norm alm ente están separadas p o r u n lapso de tiem-
p o im portante. El énfasis del pentecostalism o siem pre ha estado en la dis-
tinción teológica de las dos funciones, no en la distinción tem poral.
E n H echos 4:31 encontram os más pruebas de la particularidad teológi-
ca de la dotación de p o d er que lleva a cabo el E spíritu. A quí n o tenem os
espacio para realizar u n debate sobre el estado salvífico de las personas;
fu ero n llenas del E sp íritu Santo en el día de Pentecostés. A ú n así, Lucas
utiliza el m ism o lenguaje que en 2:4 para describir la “u n ció n ” inicial (un
lenguaje tam b ién sim ilar al de 4:8; 9:17; 13:9,52). Lucas enfatiza m ás la
obra del Espíritu p o r la que el creyente recibe poder que la obra p o r la que
su in terio r es transform ado, incluso en los contextos más am plios en los
que se relata la conversión e iniciación de nuevos grupos de personas
(p. ej., 8:14-19; 10:44-46; 11:15-17; 19:1-7). Sus descripciones de estos he-
chos retratan unciones con el E spíritu y con p o d er que están de acuerdo
co n el testim o n io del A n tig u o T estam ento: la expectación de éste en la
nueva era.29
P o r consiguiente, com o cum plim iento de la esperanza del A ntiguo Tes-
tam ento, Lucas describe a la Iglesia com o un a com unidad carismática, lia-
m ada p o r D ios p ara llevar el testim onio del Señor Jesucristo durante los
últim os días, y que ha recibido el po d er para lograr esta tarea m ediante el
E spíritu Santo. Igualar la presentación de Lucas con la regeneración pauli-
na es, sim plem ente, perder una dim ensión vital del testim onio que el N ue-
vo T estam ento da de la obra del E spíritu en la Iglesia.
Los pentecostales, p o r lo tanto, leen H echos enfatizando más la unción
para el testim onio y el servicio, que la regeneración. Este énfasis o contex-
to com ienza (como ya hem os explicado anteriorm ente) con la dotación de
poder que el E spíritu realiza en el A ntiguo Testam ento y con las expectati-

29 U n a v e z m á s , e n c o n t r a d e s u p r o p i a f o r m u la c ió n e r r ó n e a s o b r e la te o lo g ía
P e n te c o s ta l, D u n n (E l B a u tis m o d e l E s p ír it u S a n to , E d . L A A U R O R A , B u e n o s A ire s ,
1977; p. 6 2 -6 3 ,7 9 -8 2 ) r a z o n a q u e L u c a s e s tá p r e s e n ta n d o a l E s p ír it u c o m o sine qua non
d e lo q u e s ig n ific a se r sa lv o e in c o r p o r a r s e a l C u e r p o d e C r is to . A s e g u ra q u e lo s p e n te -
c o sta le s, c o m o lo s c a tó lic o s , h a b la n d e la p o s ib ilid a d d e c o n v e r s ió n s in la r e c e p c ió n d e l
E s p ír itu , lo c u a l es im p o s ib le . L o s p e n te c o s ta le s n o s o s tie n e n e sta id e a . E n la te o lo g ía
p e n te c o s ta l tr a d ic io n a l, e l c r e y e n te re c ib e e l E s p ír it u e n la s a lv a c ió n , q u ie n le s re g e n e ra
y p a s a a m o r a r e n él o e lla , y el q u e , d e s p u é s d e la sa lv a c ió n , le v a a u n g i r (cf. P e a rlm a n ,
Knowing theDoctrine oftheSpirit, 305-8; R a lp h M . R ig g s, TheSpirit HimselflSpñxvgftéA:
G o s p e l P u b lis h in g H o u s e , 1949], 42 4 6 ). R ig g s (44) in c lu y e u n tí t u l o p r i n c ip a l q u e d ic e
“T O D O S L O S C R E Y E N T E S T I E N E N A L E S P ÍR IT U S A N T O ” y ex p lica q u e «los q u e
s o n d e C r is to ti e n e n e l E s p ír it u d e C r is to . E l E s p ír it u S a n to lo s b a u ti z a e in t r o d u c e e n
el C u e r p o d e C r is to , y e l E s p ír it u S a n to v iv e e n su s c o ra z o n e s . P o r l o ta n t o , v e m o s q u e
t o d o s lo s c r e y e n te s q u e r e a lm e n te h a y a n n a c id o d e n u e v o ti e n e n a l E s p ír it u S a n to » .

253
¿Son vigentes los dones milagrosos?

vas de que en la nueva era esa experiencia será posible para todo el pueblo
de Dios. El libro de H echos recoge la realización histórica de la esperanza
del A ntiguo Testam ento de form a distinta a las enseñanzas de Pablo sobre
la regeneración, aunque el m ism o Pablo es m u y consciente de la unción
con poder del Espíritu (por ejemplo, en 1 C r. 1214‫)־‬. Más específicamente,
Lucas describe la ob ra del E sp íritu de form a análoga a las unciones del
A ntiguo T estam ento asociadas con las tareas teocráticas (profetas, sacer-
dotes y reyes), en lugar de hacerlo exclusivam ente en térm inos de trans-
form ación m oral, aunque esto ú ltim o posiblem ente está incluido en el
cum plim iento de la esperanza del A ntiguo T estam ento acerca de la labor
tran sfo rm ad o ra del E sp íritu (H echos 2:38; 10:9-16,34-35,43). La pneu-
m atología de Lucas no excluye la regeneración; defender que sí lo hace no
tiene ningún sentido. Expresándolo de form a sencilla, la narrativa de Lucas
expresa su pro p ia línea teológica: la unción carismática del Espíritu.
A diferencia del Pentecostalismo, que m antiene que el Bautismo del Es-
p íritu es u n a experiencia diferente del E spíritu que inaugura una vida de
testim onio y de poder, el m ovim iento carismático incluye una variedad
de posicionamientos sobre el tem a de una segunda experiencia. U n sector del
m ovim iento carismático sostiene una posición casi idéntica a la del Pentecos-
talismo.30*O tros mantienen que todo lo que el Espíritu tiene para el cristiano se
recibe en la conversión y que, desde ese m om ento, la vida del cristiano avanza
cuando éste va “utilizando ” lo que ya ha recibido. Pero todos dentro del moví-
m iento carismático coinciden en que el Espíritu da poder al creyente, y que
este hecho incluye las manifestaciones milagrosas.

d. Excursus sobre 1 Corintios 12:13

«Pues p o r u n m ism o Espíritu fuim os todos bautizados en u n solo euer-


po, ya judíos o griegos, ya esclavos o Ubres, y a todos se nos dio a beber del
m ism o Espíritu».
Los que n o están de acuerdo n o n la teología pentecostal del B autism o
del Espíritu aluden frecuentemente a 1 C orintios 12:13, argum entando que
Pablo define el bautism o p o r «un m ism o Espíritu» com o la conversión y
que, p o r lo tanto, no tiene sentido decir que la frase, tal y com o se utiliza en

30C f. R o d m a n W illiam s, Renewal Theology (G ra n d R ap id s: Z o n d e ry a n , 1990), 2.177-79,


198-200. P a ra u n re s u m e n so b re v a rio s te m a s y p o stu ra s, v e r Systematic Theology, d e W a y n e
G r u d e m (p p . 763-87).

254
la postura Pentecostal/ carismática

otros lugares del N u evo Testam ento, se refiera a una unción de poder pos-
terio r a la salvación. Igualm ente, los pentecostales han ofrecido interpreta-
ciones de este versículo que enfatizan el papel del Espíritu de introducir al
individuo en el C u erpo de C risto, m ostrando así que la teología de Pablo
no excluye el Bautism o del Espíritu. Considerarem os brevem ente el signi-
ficado de este versículo en su contexto, y estudiarem os las principales in-
terpretaciones sugeridas. E n el análisis final, el sentido de este versículo no
afecta a las conclusiones que ya hem os obtenido porque Pablo aquí no se
está refiriendo concretam ente a la recepción de poder que u n o experimen-
ta. Sin duda, su lenguaje es similar al lenguaje de Hechos, pero está utilizan-
do el lenguaje para aclarar u n tem a concerniente a la unidad en el C uerpo
de Cristo.
G ran parte del debate sobre este versículo se centra en el significado de
la frase griega «por u n m ism o Espíritu» (en henipneumati). U n a opción es
que significa esfera o elemento en el cual los corintios han sido bautizados; en
tal caso se traduciría com o “en u n E sp íritu ”.31 La o tra o pción es que de-
m uestra que elEspíritu es elagente del Bautismo para entrar en el C uerpo de
C risto, con la consiguiente traducción «por u n Espíritu».32 N o podem os
dudar de que el énfasis de Pablo en este contexto está en el bautism o que
todos los corintios com parten, y que ofrece la base para su unidad com o
m iem bros de u n m ism o cuerpo. Es m ás, las m etáforas del versículo, el
Bautism o en u n solo cuerpo y beber de u n m ism o E spíritu deben enten-
derse a la lu z de u n contexto m ás am plio, esto es, la preocupación p o r la
unidad entre los m iem bros del C uerpo de C risto (p. ej., vs. 27).33 Fijém o-
nos en que el énfasis del contexto está en la unidad de los que son bautiza-

31A sí h ace G o r d o n F e e e n God'sEmpoweringPresence· TheHoly Spirit in the Letters o f Paul


(P eab o d y , M ass.: H e n d ric k s o n , 1994), 181; id e m , TheFirst Epistle to the Corinthians (G ra n d
R apids: E erd m an s, 1987), 6036; W a y n e G ru d e m , Systematic Theology:An Introduction to Biblical
Doctrine (G ra n d R a p id s: Z o n d e r v a n , 1994), 767-73; N R .S V .
32A sí h a c e F . W . G ro s h e id e ('!Commentary on the First Epistle to the Corinthians [G ra n d
R a p id s: E e r d m a n s , 1953], 292-39) q u ie n a r g u m e n ta q u e la fra se se re f ie re a la o b r a d e l
E sp íritu m e d ia n te la cu al el in d iv id u o e n tr a e n el C u e r p o d e C ris to , y q u e se u tiliz a en p o rq u e
e l E s p ír it u n o lle v a a c a b o e l r i t o m is m o d e l b a u tis m o ; J a m e s M o f fa t, The First Epistle o f
Paul to the Corinthians (N e w Y o rk : H a rp e r, 1938); O . C u llm an n , Baptism in theNew Testament,
tr a d . J . R e id (L o n d re s : S C M , 1950); N T V ; N A S B .
33A lg u n o s p e n te c o s ta le s h a n a d e la n ta d o la t e o r í a d e q u e las m e tá fo r a s se r e f ie re n a
d o s e x p erien cias d ife re n te s d e l E s p íritu : el b a u tis m o e n el c u e rp o se re fie re a la c o n v e rs ió n ;
m ie n tra s q u e b e b e r d el E s p ír itu se refiere al B a u tism o d e l E s p íritu (p o r e je m p lo , Conversion■
Initiation, d e E r v in , 98-102; R . E . C o ttle , “A ll W e re B a p tiz e d ”, JE T S 17 [1974]: 75-80). N o
te n e m o s p r u e b a s e n e l c o n te x t o d e q u e P a b lo e s tu v ie r a p e n s a n d o e n d o s e x p e rie n c ia s .
E s m á s , e n 1 C o r i n t i o s 1-4 u s a u n a m e tá f o r a q u e e s tá e s tre c h a m e n te re la c io n a d a , y e sta
m e tá f o r a n o p u e d e e n te n d e r s e d e esa m a n e r a .

255
¿Son vigentes los dones milagrosos?

dos en el C u erp o de C risto, n o en los que son bautizados en el E spíritu,


u n a frase que n o aparece en n in g ú n texto p au lin o .34*E n m i o p in ió n , la
buena traducción será aquella que plasme que se está hablando del Bautis-
m o en el C uerpo de Cristo, y de la obra del Espíritu com o el m odo median-
te el cual se logra ese bautism o.
N o obstante, el sentido específico de en henipneumati sigue creando de-
bate. Sea cual sea la o p in ió n que se tenga del versículo 13 (elem ento o
agente), eso n o cam bia el argum ento a favor de que el E spíritu da poder a
los creyentes en m om entos posteriores a la salvación (basada en la teología
bíblica y en la pneum atología de Lucas). O bviam ente, el pu n to de vista de
“agente” n o supone ningún problem a para la teología pentecostal. P ero
tam poco lo supone el p u n to de vista de “esfera”, y a que parece claro p o r
las pruebas anteriorm ente presentadas, que Lucas y Pablo utilizan u n len-
guaje similar para hablar de las diferentes obras del Espíritu. A unque Pablo
tenga en m ente u n «bautism o en el Espíritu» que introduce a una persona
en el C uerpo de C risto (conversión), eso n o cam bia el hecho de que Lucas
presenta u n a dotación de poder, obra del E spíritu diferente a la salvación.
A dem ás, Pablo es consciente de esa función del E sp íritu (p. ej., 1 C o.
12:4-11). T o d o el contexto de 1 C orintios 12-14 trata el tem a de los abusos
que surgieron entre los creyentes corintios, especialmente su propensión a
abusar de las lenguas, debido a concepciones erróneas sobre la ob ra mila-
grosa del E sp íritu fuera de la conversión. Pablo estaba agradecido a D ios
p o r las experiencias en las que él había hablado en lenguas, experiencias
que sobrepasaron incluso la de los corintios (14:18). Y la lista de dones que
aparece en 12:4-11 exhibe u n am plio conocim iento de las diferentes maní-
festaciones en las que el E sp íritu o b ra según su p ro p ia voluntad. Resu-
m iendo, n o existe nada en estos capítulos, y nada en el versículo 12:13 en
p articu lar, que anule la d o c trin a pentecostal del B autism o del E spíritu.
P o r lo ta n to , la única argum entación que p o d ría form ularse desde 1
C o rin tio s 12:13 en c o n tra de la p o stu ra pentecostal sobre la u n ció n del

34F ee (God’s EmpoweringPresence, 180-81) ra z o n a q u e P a b lo está e n fatizan d o la recep ció n


c o m ú n d e l E s p ír it u , e l e le m e n to “m á s c ru c ia l” e n la c o n v e r s ió n . E s c ie r to q u e e s to n o
p o d r í a a p lic a rs e a t o d a la te o lo g ía p a u lin a . N o o b s ta n te , e n e ste c o n te x t o e n p a r tic u la r ,
la p r e o c u p a c ió n p r i n c ip a l d e P a b lo n o es e l o r d e n d e la sa lv a c ió n ( lla m a m ie n to , fe,
re g e n e r a c ió n , ju s tific a c ió n , e tc .) s in o la n a tu r a le z a d e l C u e r p o d e C r is to e n e l q u e t o d o s
lo s c re y e n te s h a n sid o b a u tiz a d o s . P a b lo e stá e n fa tiz a n d o la sa lv a c ió n e n te n d id a d e s d e la
p e rs p e c tiv a d e l e s ta tu s q u e le o to r g a a l c r e y e n te c o m o m i e m b r o d e l C u e r p o d e C r is to .
T a m b ié n la s in ta x is d e la fra se rig e q u e e l s in ta g m a p r e p o s ic io n a l “ e n u n s o lo c u e r p o ”
fu n c io n e c o m o el re fe re n te in m e d ia to d e “fu im o s to d o s b a u tiz a d o s”, y n o d e “e n u n m is m o
E sp íritu ”.

256
la postura Pentecostal/ carismática

E spíritu con p o d er (aunque no sería convincente, en m i opinión), es que


los pentecostales se han equivocado al escoger la expresión «bautism o en
el Espíritu Santo» de entre todas las opciones del N u evo Testam ento. Pero
no puede form ularse u n argum ento basándose en este versículo (ni, en mi
opinión, en ningún texto de las Escrituras) contra la doctrina pentecostal
sobre la existencia de unciones con p o d e r posteriores al m o m en to de la
conversión. M uchas de las argum entaciones en contra de la doctrina pen-
tecostal del Bautism o en el Espíritu solo m ilitan en contra de la expresión
en sí, sin llegar a tratar el contenido que encierra. Los no pentecostales que
tratan este tem a de form a seria, no deberían usar la expresión de la teología
sistem ática pentecostal para referirse a esa experiencia com o una excusa
para alejar el debate de la enseñanza bíblica y centrarlo en la expresión en
sí, usando eso com o argum ento racional para rebatir la perspectiva pente-
costal.

e. Excursus sobre la evidencia física inicial

Los pentecostales clásicos m antienen que la evidencia física inicial (EFI,


a p a rtir de ahora) del B autism o del E spíritu es hablar en lenguas (si n o se
produce u n a m anifestación en lenguas, n o ha habido Bautism o en el Espí-
ritu). Es bien sabido que la base de esta doctrina está en el p a tró n histórico
del lib ro de H echos. Es decir, H echos presenta el hablar en lenguas com o
la m anifestación que acom paña al B autism o del E spíritu. P e ro en años
recientes, o tro s acercam ientos han aportado un a visión m ás p rofunda de
esta doctrina. E l p ro p ó sito de este excursus es, sim plem ente, presentar al
lector varios de estos acercam ientos recientes, aunque n o podrem os anali-
zarlos con profundidad. Este breve estudio le dará inform ación para que
pueda realizar una investigación posterior.
E l arg u m en to tradicional a favor de la E F I se basa en el precedente
histórico del libro de Hechos.35 Los pentecostales siem pre han m antenido
que la narrativa histórica es u n a form a legítim a de escritura teológica. Y,
entre los estudiosos contem poráneos, n o existe ningún debate acerca del
pro p ó sito ideológico de la historiografía bíblica. La historia bíblica n o es
una historia positivista; es una historia con u n propósito teológico.36 P ero

35C f. R o g e r S tro n sta d , “T h e B iblical P re c e d e n t f o r H is to ric a l P re c e d e n t”, Paraclete 2 7 /


3 (1993); 1-10
36V e r l . H . M a rsh a ll, Luke: Historian and Theologian, 22-28.

257
¿Son vigentes los dones milagrosos?

este p u n to sigue dejando dos tem as sin resolver: la im itación del preceden-
te bíblico positivo y la dem ostración de la intención del autor.
H echos indica claram ente que las lenguas estaban asociadas con el Bau-
tism o del Espíritu, y que las lenguas tam bién funcionaban com o prueba de
esta o b ra del E sp íritu (H echos 2:4-11). Fijém onos en que los creyentes
circuncisos en la casa de C ornelio sabían que el E spíritu había sido derra-
m ado sobre los gentiles porque les habían oído hablar en lenguas (10:46).
N inguna o tra manifestación asociada en H echos con el Bautism o del Espí-
ritu se presenta de form a explícita com o evidencia de la autenticidad de la
experiencia.
Pero el debate sobre las lenguas com o EFI no se centra en la función de
las lenguas tal y com o se presenta en H echos, sino en si Lucas pretendía
que esta experiencia fuera paradigm ática para la posterioridad.37 Puesto
que el relato histórico, cuidadosam ente presentado p o r el autor (una idea
que él m ism o expresa, Lucas 1:1-4; H echos 1:1-2), establece que las len-
guas son las únicas que funcionan com o evidencia, los pentecostales opi-
n an que la in ten ció n de Lucas es o rd en ar esta relación en tre el derram a-
m iento del E spíritu y las lenguas.
M ás allá de esta interpretación tradicional pentecostal del libro de H e-
chos, dos visiones específicas de la narración han dem ostrado ser útiles en
años m ás recientes para d eterm in ar la in ten ció n de Lucas: la idea de la
narrativa com o “m undo narrativo” y la analogía narrativa.38*A m bos aspee-
tos del análisis narrativo son form as de buscar “patrones” com o evidencia
de cuál fue la intención del au to r al escribir una narración concreta.
(i) E n cu an to a la idea del “m u n d o narrativo”, en cualquier narración
histórica, la m anera de relatar tiene u n propósito: inform ar a la com unidad
sobre su herencia, identidad, experiencia com ún y cualidades esenciales. Al
m ism o tiem po, el narrador está inform ando a la com unidad sobre la natu-
raleza de su propio m undo, cóm o debería estructurarse y, en algunos casos,
có m o n o debería estructurarse. P o r lo ta n to , en el caso de la narración
bíblica, los relatos nos proporcionan u n orden concreto para nuestro “mun-

37E x is te n d em asiad as p ie z a s e n este p u z z le y d em a sia d a s p re g u n ta s in trig a n te s q u e n o


tie n e n u n a re s p u e s ta c la ra e n las E s c r itu r a s . P o r e je m p lo , ¿c u á l fu e e l o r ig e n d e lo s c o n -
c e p to s e r r ó n e o s q u e lo s c o r in tio s te n ía n e n c u a n to a las len g u as? ¿E s p o s ib le q u e el a b u s o
d e las len g u a s se o rig in a ra e n la a p ro p ia c ió n in d e b id a d e esa fu n c ió n v is ib le d e las lenguas?
E s d e c ir, h a b ie n d o e n te n d id o las le n g u a s c o m o la e v id e n c ia d e la u n c ió n d e l E s p ír itu c o n
p o d e r, ¿ e m p e z a ro n e n to n c e s a a b u s a r d e la m a n ife s ta c ió n d e las len g u a s c o m o u n a f o r m a
d e g a n a r u n e s ta tu s e s p iritu a l e n m e d io d e la c o n g re g a c ió n ?
38 S o b re e l a n á lisis d e H e c h o s c o m o “ m u n d o n a r r a ti v o ”, v e r J o h n s , “S o m e N e w
D ir e c tio n s ”, 1 5 3 5 6 ‫־‬.

258
la postura Pentecostal/ carismática

d o ”, y están elaborados con la intención de decirnos cóm o vivir nuestras


vidas, cóm o experim entar la presencia del Espíritu, etc.39 El autor utiliza el
“m undo narrativo” bíblico para dar form a a la com unidad m undial de ere-
yentes.
(ii) La segunda perspectiva útil sobre la intención del autor la encontra-
m os en lo que M eir S ternberg llam a “analogía n arrativ a”.40 Se refiere a
una relación específica entre los hechos de u n a narración, invitando a los
lectores a leer una historia a la luz de historias similares. P o r lo tan to , u n
acontecim iento se convierte en u n “com entario oblicuo” de o tro aconte-
cim iento. E l n a rra d o r logra este fenóm eno p articu lar m ediante unos
patrones o “ecos” cuidadosam ente elaborados. La repetición de acontecí-
m ientos similares o diferentes ofrece al lector diversos puntos de compara-
ción. R ep etir tem as, detalles, frases, com portam ientos, etc., hace que el
lecto r se percate de la analogía. El “efecto eco”, p o r lo tan to , sirve para
controlar la interpretación, añadiendo énfasis y asegurándose la comunica-
ción de los significados centrales.41
La composición de Lucas-Hechos, sin duda, n o fue un proceso fortuito.
Las analogías, efectos o ecos narrativos son evidentes, ya que el resultado es
una narración m u y cuidadosamente elaborada. El autor incluyó detalles que
eran centrales para su propósito. E n el caso de las lenguas y el Bautismo del
E sp íritu en H echos, parece im probable que Lucas n o fuera consciente
del eco que estaba creando. Más bien, en su narración estableció intencio-
nadam ente la relación en tre las lenguas y el B autism o del E spíritu, y la
función específica de las lenguas com o evidencia de ese bautismo, para trans-
m itir a sus lectores que esa relación había de ser u n paradigma.
(iii) U n tercer desarrollo más reciente de la herm enéutica pentecostal es
el acercam iento histórico-redentor a la doctrina de la EFI. Para expresarlo
sencillamente, en el A ntiguo Testam ento, cuando el Espíritu descendía so-
bre los profetas, el discurso profético siem pre iba acom pañado de la un-
ción del E spíritu. Igualm ente en H echos, cuando el E sp íritu desciende
sobre una persona p o r prim era vez, tiene lugar u n discurso im pulsado p o r
el E sp íritu , co n la excepción de que en H echos esa m anifestación es en
lenguas. O tra dim ensión de este desarrollo que tiene en cuenta la historia
de la redención tiene que ver específicamente con H echos 10:44-46, donde

39 Ib íd . 154
"0‫י‬M e ir S te rb e rg , ThePoetics ofBiblical Narrative (B lo o m in g to n : In d ia n a U n iv . P ress,
1985), 36 5 .
41R .C . T a n n e h ill, “T h e C o m p o s i ti o n o f A c ts 3-5: N a r r a t iv e D e v e lo p m e n t a n d E c h o
E ffe c t” , SBLSemPap 2 3 (1984): 229.

259
¿Son vigentes los dones milagrosos?

las lenguas son más que una evidencia de una experiencia individual (aun-
que tam b ién sea esto últim o). La glosolalia funciona com o p rueba de la
inclusión de los gentiles en la unción del Espíritu. Así, podem os form ular
el principio de que el poder del E spíritu es para todos los que entran en el
Reino.
E n cuanto a este tem a, la m ayoría de los carism áticos discrepan de los
pentecostales. E ntre los que creen en una unción del E spíritu Santo poste-
rio r a la salvación, pocos argum entan que la Biblia enseñe que las lenguas
son, obligatoriamente, la evidencia de dicha experiencia. A unque hablar en
lenguas suele asociarse con la experiencia del Bautism o del Espíritu, no es
un requisito indispensable.42*

3. Hoy en día , ¿los cristianos deberíamos buscar la dota-


ción de poder del Espíritu?

Los pentecostales creen, basándose en su in terp retació n del cum plí-


m iento del A ntiguo Testam ento en el N uevo Testam ento, que ambas obras
del Espíritu son para el creyente contem poráneo y que, p o r lo tanto, todo
creyente debería desear ambas experiencias. P o r supuesto, to d o creyente
debe desear lo que el Señor tenga planeado para él, que n o tiene p o r qué
estar restringido a la conversión o al Bautism o del E spíritu inaugural del
Pentecostalismo. La obra transform adora del Espíritu continúa en la santi-
ficación, y su o b ra de poder continúa después de la prim era “u n ció n con
poder”, seguida de m uchas más. Los pentecostales en la actualidad expre-
san la m ism a esperanza que M oisés clam ó en u n a ocasión: «¡Ojalá to d o el
pueblo del Señor fuera profeta, que el Señor pusiera su Espíritu sobre ellos»
(Núm . 11:29).
D ado que la Escritura revela claram ente dos obras del Espíritu, es igual-
m ente claro que n o enco n tram o s m andatos en c o n tra de ninguna. A l
co n trario , la visión exclusiva de las Escrituras señala am bas com o un a
bendición de D ios deseable; la narración de H echos nos describe una eos-
m ovisión de acuerdo con esta idea, com o lo hacen otras partes del N uevo
T estam ento (p. ej., Ro.6-8; 12; 1 Co. 1:4-9; 12-14; Gá. 3:5; Ef. 1:1-14; 5:15-
20; Santiago 5:13-18). A dem ás, en cuanto a la ob ra de dotación de p o d er
del E spíritu, nos ordena de form a expresa que busquem os tales experien-

42 C f. W illiam s, Renewal Theology, 2:211-12. A rg u m e n ta q u e las lenguas s o n la evid en cia


p r in c ip a l, p e r o n o la ú n ic a , n i ta m p o c o el re q u is ito in d is p e n s a b le .

260
la postura Pentecostal/ carismática

d a s (por ejem plo en 1 C o. 14.1-5) y que n o la prohibam os o la desprecie-


m os (p. ej., 14:39; 1 Ts. 5:19-21). Los pentecostales creen que el Bautism o
del E spíritu, co m o aparece en H echos, es el p rim e r elem ento de un a se-
cuencia de experiencias similares en las que el Espíritu unge al creyente con
poder, unción que D ios ofrece para capacitar a los creyentes para el testi-
m o nio y el servicio. Estas experiencias no están disociadas de la regenera-
ción que abre las puertas al poder espiritual inicial, pero se distinguen de
ella p o r ser entregas de poder específicas, concretas, realizadas p o r el Espí-
ritu Santo de Dios.43
Llegado este p u n to , es obvio que esta discusión nos lleva inevitable-
m ente al tem a del cesacionismo. P o r lo tan to , pasam os a la siguiente see-
ción de nuestro debate.

C. Sobre el cese de los dones milagrosos

Jack D eere escribió sobre el origen de la doctrina del cesacionismo:

«NtdieabmlaBibHojCcimenzoaleeryllegaalacondusimdequeDiosyanoestaha
haciendo milagrosy señales,y quelosdonesdelEspíritu habían cesado. Ladoctrina
delcesacionismo nosurgiódeun estudiocuidadosodelasEscrituras. La doctrina del
cesacionismoseorigjnóen la experiencia».44

D eere prosigue para explicar que la falta de m ilagros en la experiencia


cristiana llevó a varios in ten to s a lo largo de la historia de la Iglesia para
explicar que estas dotaciones tem porales y a n o debían ser esperadas en
la vida de la Iglesia, y que el lector ingenuo nunca llegaría a las conclusio-
nes cesacionistas. D e hecho, más bien lo contrario.45 Esta sección presen-

43 C o n t r a D u n n , Baptism, 226-27, p a ss im . L a te o lo g ía p e n te c o s ta l n o s o s tie n e q u e el


B a u tis m o d e l E s p ír it u sea u n re q u is ito a b s o lu to p a r a r e c ib ir p o d e r . S in e m b a r g o , lo s
p e n te c o s ta le s e n ti e n d e n q u e la te o lo g ía d e L u c a s s o b r e la o b r a de d o ta c i ó n d e p o d e r d e l
E s p ír itu es el d e se o d e D io s p a r a to d o c re y e n te . P o r lo ta n t o , d u r a n te la é p o c a d e l N u e v o
T e s ta m e n to , lo s c r e y e n te s y a h a b r í a n e x p e r im e n ta d o la d o ta c i ó n c o n p o d e r al m is m o
ti e m p o q u e se d a b a n las m a n ife sta c io n e s d e l E s p ír itu . L a c o m b in a c ió n d e la re g e n e ra c ió n
y d e la u n c ió n deberíaseguirsiendo la ex p erien cia u n iv ersal d e la v id a cristian a. A d em ás, véase
q u e lo s p e n te c o sta le s tr a d ic io n a lm e n te tie n e n u n a cla ra v is ió n d e la S o b e ra n ía d e D io s e n
e sta m a te r ia , y a c e p ta n e l m o v i m i e n to s o b e r a n o d e s u E s p ír itu , in c lu s o c u a n d o éste n o
c o n c u e r d a c o n lo s a s p e c to s d is tin tiv o s d e fe y p r á c tic a q u e e llo s p re d ic a n .
44 D e e re , Sorprendidopor elEspíritu Santo.
45 Ib íd ., 9 9 -1 0 3 ,1 1 4 . A c e rc a d e las ra z o n e s h is tó ric a s d e la d o c tr in a c e sacio n ista, añ ad e
la r e a c c ió n c o n tr a R o m a d e lo s r e f o r m a d o r e s , p e r o e sta n o fu e la p r i n c ip a l r a z ó n , s in o

261
¿Son vigentes los dones milagrosos?

ta pruebas que apoyan la observación de D eere sobre la interpreta-


ción natural de las Escrituras. El propósito de m ostrar tal evidencia no es
rebatir los argum entos cesacionistas que se han ofrecido en la historia de la
Iglesia, sino más bien presentar un a defensa bíblica de la continuidad de
la o b ra del E sp íritu de dotación de po d er en la Iglesia a lo largo de “los
últim os días”.46
Para conseguir esto: (1) procederem os según la historia de la redención.
Las evidencias de la teología bíblica llam an nu estra atención sobre tres
tem as cruciales sobre los cuales descansa la teología pentecostal: (a) la na-
turaleza y duración de “los últim os días”, (b) el establecim iento del reino
davídico, que es el fundam ento del derram am iento del Espíritu en los últi-
m os días, y (c) la teología bíblica del E spíritu. (2) U n a vez enm arcado el
tem a dentro de la historia de la redención, pasaremos a considerar los tex-
tos del N u ev o T estam ento que enseñan específicam ente sobre los dones
milagrosos. (3) Finalm ente, considerarem os los tem as más amplios de for-
m ación del canon y el apostolado.

1. La continuidad de los dones milagrosos en la perspecti-


va histórico-redentora

El m ovim iento pentecostal m oderno ha enfatizado desde su nacimien-


to la definición de Pedro de “los últim os días” com o el fundam ento prin-
cipal del p o d e r que caracteriza su pneum atología. Llevados p o r esta
com prensión del cum plim iento, los pentecostales han proclam ado firme-
m ente la continuidad de la naturaleza carism ática de la Iglesia, a la cual el
E spíritu h a dado poder. E n m i opinión, la teología bíblica n o solam ente
apoya esta teoría, sino que la prescribe. Es más, al igual que la narración
p ro p o rc io n ó u n m arco adecuado para la realización del antiguo pacto
(p. ej., D eut. 6-11), tam bién la narración aporta el m arco para la realización
del nuevo. La narración de Lucas describe los resultados del cum plim iento
del pacto m ediante el derram am iento del Espíritu que Jesús realiza.

la fa lta d e e x p e rie n c ia . D e s d e m i p u n t o d e v is ta , ta m b ié n m e p a re c e q u e m u c h o s a rg u -
m e n to s c e s a c io n is ta s se h a n f o r ja d o c o m o r e s p u e s ta al a v iv a m ie n to p e n te c o s ta l d e e ste
siglo.
46 D e e r e s e ñ a la (Ib íd . 191) q u e t o d o e ste d e b a te es o b tu s o p o r q u e n o e x is te n in g ú n
te x t o e sp e c ífic o d e las E s c ritu ra s q u e e n s e ñ e q u e lo s m ila g r o s y lo s d o n e s m ila g r o s o s
e s tu v ie ra n re s trin g id o s al p e r io d o d e l N u e v o T e s ta m e n to . A l m is m o tie m p o , este n o e ra
u n te m a d e d eb a te p a ra lo s au to re s d e l N u e v o T e s ta m e n to , p o r lo q u e ta m p o c o d e fe n d ie ro n
su c o n tin u id a d .

262
la postura Pentecostal/ carismática

a. “Los últimos días”

A u n q u e P ed ro cita a Joel 2:28-32 para explicar los hechos del día de


Pentecostés, lo más probable es que los m ism os hechos probablem ente se
hubieran entendido más am pliam ente com o el cum plim iento de la expec-
tativa de todo el A ntiguo Testam ento de que la unción con el Espíritu sería
unlversalizada en la nueva era (ver arriba). La cita de Pedro sigue la LX X
con alguna modificación, principalm ente la sustitución de «en los últim os
días» p o r «después» (en La Septuaginta dice «después de estas cosas», cf.
Joel 2:28, H echos 2:17). C o n esta m odificación, Pedro iguala Pentecostés
al nacim iento de la nueva era, identificando específicamente este acontecí-
m ien to con las expectativas del A ntiguo T estam ento sobre “los últim os
días” com o u n tiem po de bendición mesiánica (cf. Is. 2:22 ss; Jer. 31:33-34;
Ez. 36:26-27; 39:29; O s. 3:5, M iq. 4:1 ss).47 P o r lo tan to , con el derram a-
m iento del E spíritu llega la nueva era tan esperada.48
Además, los últim os días se caracterizan p o r los «prodigios arriba en el
cielo y señales abajo en la tierra» (Hechos 2:19). Pedro modifica los «prodi-
gios en el cielo y en la tierra» de Joel (Joel 2:30), probablem ente para llamar
la atención sobre la actividad m ilagrosa (fuego, viento, y particularm ente
glosolalia) que caracteriza la realización de la esperanza del A ntiguo Testa-
m en tó sobre el derram am iento del E spíritu «en los últim os días». C om o
objeción a esta interpretación del texto, norm alm ente se apunta a que los
hechos más cósmicos (Hechos 2:29b-20) no sucedieron y que, p o r lo tanto,
H echos 2 n o es el cum plim iento de la profecía de Joel.49 P ero a la luz del
lenguaje claram ente profético de P edro (“esto es lo que fue dicho”) lo más
lógico es m ejor entender que las señales que ocurrieron en el día de Pente-
costés m arcan el com ienzo de los últim os días y que las señales más cósmi-
cas pertenecen al final de los ú ltim o s días, previas al día del S eñor.50 E n
cualquier caso, leer H echos 2 de form a que se excluya su im portancia com o
el um bral de la era en la que todos los creyentes profetizarán n o hace justi-
cia al co ntexto histórico-redentor del serm ón de P edro ni al contexto de
Lucas.

47 F ijé m o n o s e n q u e e n Isaías 2:2ss. y M iq u e a s 4 :ls s ., g e n te s d e to d a s las n a c io n e s


se r e ú n e n e n e l m o n t e S ió n (cf. H e c h o s 2:5).
48 Ig u a lm e n te , F .F . B ru c e , The Book o f A cts ( G r a n d R a p id s : E e r d m a n s , 1981), 68 ; I.
H . M arsh all, TheActs ofthe Apostles (G ra n d R ap id s: E e rd m a n s, 1980); 7 3 7 4 ‫ ;־‬y “Significance
o f P e n te c o s t” , S JT 3 0 (1977); 358.
49 V e r, p o r e je m p lo , T . R . E d g a r, Miraculous Gifts (N e p tu n e : L o iz e a u x B ro th e rs , 1983),
75.
50 M a r s h a ll, A cts o f the Apostles, e n lo c .

263
¿Son vigentes los dones milagrosos?

E sto tam b ién surge de o tra m odificación de la cita. E n H echos 2:18,


Pedro enfatiza en la naturaleza profética y universal del derram am iento,
reiterando el tem a de la profecía del versículo 17, añadiendo “y profetiza-
rá n ” (vs. 18c; n o se encuentra en Joel); al hacerlo, P edro expande el don
profético a u n a variedad de personas m ay o r de la que aparece en el texto
original de Joel (siervos y siervas, de am bos sexos). E n la nueva era el don
de profecía ya no está restringido a unos grupos en particular, com o los
profetas institucionales, los sacerdotes y los reyes. Más bien es derram a-
do sobre to d o el pueblo de D ios, dándole a to d o m iem b ro la dotación
profética.51*
P or lo tanto, la presencia y actividad de poder del Espíritu Santo caracte-
riza la vida del pueblo de Dios durante los últim os días, u n punto teológico
que Lucas enfatiza (cf. H echos 4:8; 31; 6:3,10,7:55; 8:14-19; 10-19,38,44-
46; 13:1-4,9,52; 19:16). Esto no excluye la labor igualmente transform ado-
ra del Espíritu en la regeneración y la santificación, pero es claram ente una
dim ensión diferente. Si la pneum atología no in co rp o ra la dim ensión de
dotación de poder de la obra del Espíritu Santo, el resultado será una com-
prensión del Espíritu incom pleta y deficiente.
Finalm ente, los últim os días n o concluyen hasta el regreso del Señor
(H echos 2:20b). N o existe ni u n m ín im o de evidencia bíblica de que los
últim os días se subdividan, se pospongan o cam bien antes de la llegada del
Señor. D e hecho, todas las evidencias apuntan a que los últim os días conti-
núan igual, sin ningún cambio significativo hasta que el Señor les ponga fin
con su venida (cf. 1 Ti. 4:1; 2 Ti. 3:1; H eb. 1:2; Santiago 3:5; 1 P edro 1:20;
2 P edro 3:3; 1 Ju an 2:18). Y para sostener a la Iglesia durante los últim os
días, el Señor le ha entregado el Espíritu tanto el que regenera, como elque unge.

b. El reino davídico

E n Lucas-H echos, el reino davídico se relaciona en teram ente con la


naturaleza de los «últim os días», aportando un a perspectiva histórico-re-
d en to ra m ás com pleta sobre esos días, que son u n a fase del reino (por
ejem plo, Lucas 1:32-33; 68-79; H echos 2:25-39). E n H echos 2:25-39 es
C risto quien cum ple las prom esas davídicas m ediante las cuales el eterno

51 C f. M .M .B . T u r n e r , “Je s u s a n d th e S p ir it in L u k a n P e rs p e c tiv e ”, TynBul 32 (1981):


38; M a r s h a ll, “S ig n ific a n c e ” , 358; E . H a e n c h e n , The Acts of the Apostles (F ilad elfia:
W e s tm in s te r , 1971), 179.

264
LA POSTURA PENTECOSTA l / c a RISMÁTICA

reino davídico com ienza con el derram am iento del E sp íritu sobre toda
carne. P o r supuesto, la fase de los “ú ltim o s días” del reino davídico está
definida p o r el derramam iento del Espíritu Santo: Cristo com o el rey davídi-
co ha cum plido lo que sucedió el día de Pentecostés, y esta obra continuará
en la Iglesia sobre la que reina (Hechos 1:6-8; 2:25-39).52 Este reino davídi-
co n o es central solo en Lucas-H echos, sino que tam b ién lo es para el
concepto neotestam entario del reino (por ejemplo, Lucas 1:32-38; Ro. 1:2
ss; A p. 22:16 ss). D ich o de o tra form a, la o b ra de dotación de p o d er del
Espíritu, junto con la diversidad de la obra del Espíritu, caracteriza el reino
davídico de Jesús.
Para com unicar lo que quería com unicar en el día de Pentecostés, Pe-
dro cita el Salmo 16:8-11, interpretándolo com o una declaración sobre la
resurrección del Mesías a la luz de la m uerte, sepultura y c o rru p ció n de
D avid (cf. H ech o s 13:32-37). D ado que D avid no estaba hablando de él
m ism o, sino de C risto, estaba hablando proféticam ente sobre un deseen-
diente suyo, quien se sentaría eternam ente en su tro n o (2:30).53 La refe-
rencia al tro n o e tern o de D avid (vs. 30b) refleja u n a serie de textos del
A n tig u o T estam ento que están relacionados conceptualm ente con este
tem a (p. ej., 2 S. 7 :llb -1 6 ; Sal. 89:3-4,35-37; 132:11-18), el cum plim iento
del cual Pedro identifica con la resurrección de Jesús y su exaltación a “la
diestra de D ios” (Hechos 2:33-35).54 A l citar el Salmo 110:1, Pedro refuer-

52 T a m b ié n D .L . B o c k (“T h e R e ig n o f th e L o r d C h r is t”, en Dispentionalism, Israel, and


the Church: TheSearchforDefinitions, eds. C . B laising y D . B o c k [G ra n d R apids: Z o n d e rv a n ,
1992], 37-67, esp . 47-55), q u ie n ap lic a e sta p e rs p e c tiv a d e L u c a s al te m a a c tu a l d e n tr o d el
d is p e n s a c io n a lis m o . S u id e a e n c u a n to a lo s a c o n te c im ie n to s m ila g r o s o s (san id ad es,
e x o rc is m o s , e t c . ) es ta m b ié n in te r e s a n te p o r lo q u e a n u e s t r o te m a se re fie re : e sto s
c o n s t it u y e n la lle g a d a d e l R e in o d e f o r m a in c ip ie n te p e r o p o d e r o s a (53-55). P a r a v e r
o p in io n e s parecid as, c o n s u lta r J . Ruthven (On the Cessation ofthe Charismata: TheProtestant
PolemiconPostbibhcalMiracles[Sheffield A cad em ic, 1993], 115-23), q u ie n arg u m e n ta q u e u n a
te o r ía b íb lic a d e l R e in o es “o p u e s ta ” al ce sacio n ism o ; R . E . B ro w n , T h e Gospel According
toJdm (N u ev a Y o rk : D o u b led ay , 1980); 1:528-30; D . W illiam s, Signs, WondersandtheKingdom
ofGod (A n n A rb o r: S erv an t, 1989), passim ; G .E . L ad d , Teología delNuevo Testamento·, C o l.
T e o ló g ic a C o n te m p o r á n e a , E d . C L I E , T e rra s a , B a rc e lo n a , 2 0 02; p . 73-77; 88-102.
53 B o c k (“T h e R e ig n o f th e L o r d C h r i s t ” , 49-53) a r g u m e n ta q u e Je s ú s es el “d a v id ita ”
q u e re in a s e n ta d o so b r e el t r o n o d e D a v id , y q u e su o b r a p re s e n te se c u m p le e n su calid ad
d e “D a v id e t e r n o ” , u n a o p in i ó n q u e c o m p a r to . L o s ú lt im o s d ía s n o s i n t r o d u c e n e n las
b e n d ic io n e s e sp iritu ales d e l re in o davídico. A q u í n u e s tro p ro p ó s ito es a p lic a r este p rin c ip io
a la c o n tin u id a d d e lo s d o n e s m ila g ro s o s , p e r o tie n e o tr a s im p lic a c io n e s (v e r e l e x c e le n te
a rtíc u lo d e B o ck ).
54 C f. ta m b ié n L u cas 1, q u e an u n c ia el n a c im ie n to d e Jesú s p rin c ip a lm e n te c o n rela c ió n
a s u id e n tid a d d av íd ica, y 3:21-22 (u n a tr a d ic ió n tr ip le q u e ta m b ié n e n c o n tr a m o s e n M a te o
3 :1 3 -1 7 y M a r c o s 1:9-11), q u e c o n e c ta el b a u tis m o d e Je s ú s c o n s u p a p e l c o m o d a v id ita
m e d ia n te e l u s o d e l h il o c o n c e p tu a l d e l S a lm o 2 y d e Isaías 4 2:1.

265
¿Son vigentes los dones milagrosos?

za el presente reino de D ios al asociar su posición a la diestra de D ios con


el “tro n o davídico”, una im agen de la autoridad. P o r lo tanto, la resurrec-
ción de Jesús con stituyó su entronización com o el rey davídico eterno e
inauguró su reinado eterno.55
E n cu an to al tem a del cesacionism o, la im p o rtan cia de este cum plí-
m iento se encuentra en H echos 2:30. E n su calidad de rey davídico, Jesus
ha derram ado el Espíritu Santo. Esta es la dim ensión central de la presente
fase del reino davídico, la cual Lucas continúa m ostrando en to d o el libro
de H echos, al detallar la nueva vida en el Espíritu. P o r ejem plo, Jesús, el
“davidita” que reina eternam ente, continúa derram ando el Espíritu Santo
sobre diferentes grupos de personas (cap. 8,10,19), cuyas experiencias son
similares o idénticas a las de aquellos sobre los que lo derram o al principio
(p, ej., 10:44-46; 11:15; 19:1-6). Incluso en el caso del derram am iento sobre
los gentiles en el capítulo 10 (la casa de C ornelio), la u n ció n davídica de
Jesús es explícita (10:36-38; cf. 1 S. 16:13). D e nuevo, vem os que el Espíritu
derram ado define el reino davídico de los últim os días, y que las manifesta-
ciones de po d er traídas p o r el E spíritu Santo en el nom bre de Jesús ponen
de m anifiesto la autoridad de su R eino (p. ej., H echos 3:12ss.; 4:7-12,33;
6:8-15; 9:1-19; 10:1-48:14:8; 19:1-22).
Además, las experiencias de la Iglesia prim itiva tam bién son similares a
las de Jesús, p articu larm en te co n respecto a la capacitación del E sp íritu
p ara la evangelización. E xisten demasiados paralelism os para detallarlos
ahora todos, aunque ya se han hecho análisis con profundidad.56 N u estro
propósito ahora es observar cóm o Jesús transfiere la unción de poder que
recibió del E sp íritu en el río Jo rd á n a la Iglesia, a p a rtir de Pentecostés.
H abiendo recibido la m ism a unción que David, la unción con el Espíritu y
con p o d e r (cf. 1 S. 16:13; Lucas 3:21-22; 4 :1 ,1 4 , 16-21, 31-32; H echos
10:38), Jesús transm ite esa unción a la Iglesia para capacitar a los creyentes
para d ar testim o n io (H echos 1:6-8; 2:4ss; 33; 4:8; 31; etc.) La predicación
de los discípulos del reino de C risto está caracterizada p o r la m ism a valen-
tía y determ inación que la pro p ia predicación de Jesús,57*y p o r el m ism o

55 V e r t a m b ié n B o c k , “T h e R e ig n o f t h e L o r d C h r i s t ”, 49-51; M a r s h a ll, Acts, 76-80.


N o to d a s las d im e n s io n e s d e l re in o d a v íd ic o se c u m p le n e n P e n te c o s té s (p o r e je m p lo , lo s
a sp e c to s s o c io -p o lític o s ), p e r o n o h a y d u d a d e q u e e l r e i n o d e l “d a v id ita ” e te r n o h a
c o m e n z a d o , y q u e e s tá a v a n z a n d o h a c ia su c o n s u m a c ió n .
56V e r O ’T o o le , Unitiy ofLuke’s Theology.
57 C o n s id e r e m o s la re la c ió n e n tr e la p ro c la m a c ió n u n g id a p o r e l E s p ír itu d e l re in o q u e
r e a liz a r o n J u a n e l B a u tis ta (L u c a s 1 :4 1 ,6 7 ,8 0 ; 3:1-20), Je s ú s (p. e j., 4 :1 4 ,1 6 - 2 1 ,3 1 3 2 ‫)־‬,
P e d r o (p. ej., H e c h o s 4:8; 10:34-46), F e lip e (6:3-6; 8:4 -1 3 ,2 6 -4 0 ), P a b lo (p. ej. 9:1-31; 13:1-
3, 9, 19:1-7, 11-12) y B e rn a b é (p. e j., H e c h o s 11:22-26).

266
LA POSTURA PENTECOSTA l / c ARISMÁTICA

tip o de sanidades y exorcismos.58 E n otras palabras, el “davidita” ungido,


Jesús, traspasa la unción que él m ism o ha recibido a aquellos que entran en
su Reino.59
N o podem os d u d ar de que u n o de los p u n to s principales de Lucas es
dem ostrar la inclusión de todos los pueblos en el reino davídico (samarita-
nos y gentiles en H ech o s 8 y 10, respectivam ente). Y su inclusión en el
reino viene m arcado p o r el derram am iento del E spíritu sobre ellos. Pero
esto no desvirtúa la com prensión que Lucas tiene de la naturaleza podero-
sa del reino d u ran te los últim os, lim itándola a una teología paulina de la
regeneración. Sabemos, p o r otros autores del N uevo T estam ento (Pablo,
p o r ejemplo), que la regeneración es la experiencia del Espíritu que nos hace
nacer en el C uerpo de C risto. Sabemos p o r Lucas (aunque n o solo p o r él),
que la unción carismática del Espíritu caracteriza la vida dentro del Cuerpo de
C risto, cum pliendo la expectativa de la historia de la redención.60 Las cate-
gorías tradicionales de la Teología sistemática n o deben aplicarse de form a
que hagan desaparecer las perspectivas legítim as de la Teología bíblica.61
P o r consiguiente, en cuanto al cum plim iento de los últim os días, la pneu-
m atología de Lucas encuentra su base en el pacto davídico y su naturaleza
en la tradición profética del A ntiguo Testam ento.

c. El Espíritu en la Historia de la Redención.

C o m o y a hem os visto, el E spíritu en las Escrituras opera de form a ca-


rismática. Esta actividad nos ofrece o tro elem ento para el m arco histórico-
red en to r a favor de la posición continuista, y cuestiona las form ulaciones

58 E s to s o c u r r e n a lo la r g o d e H e c h o s (p. ej. H e c h o s 8; 9:17; 1 l:2 7 ss; 13:3), y te n e m o s


ev id en cias e n o tr o s lu g ares d e l N u e v o T e s ta m e n to (p. ej., 1 C o . 12-14). E n tr e lo s estu d io so s
c o n te m p o rá n e o s d e l N u e v o T e s ta m e n to , este p u n t o se h a c o n v e rtid o e n alg o t a n ax io m a-
tic o q u e ra r a m e n te n e c e s ita d o c u m e n ta c ió n .
59 T a m b ié n v e r G r a ig L . B lo m b e rg , “H e a lin g ” e n D ictionary o f Jesus an d the Gospels
( D o w n e r s G r o v e , Illin o is: I n te rV a rs ity , 1992), 305-6.
60 T a m b ié n G ru d e m , Prophecy in the New Testament, 250-2; D e e re , Surprised by thePower
o f the Spirit, 9 9 -1 1 5 ,2 2 9 -5 2 ; R u th v e n , Charism ata, 115-23.
61 In c lu so u n e s tu d io sim p le in d ic a q u e la m a y o r ía d e re fe re n c ia s b íb lic a s a la p re s e n c ia
y ac tiv id a d d e l E s p ír itu e s tá n re la c io n a d a s c o n la n a tu r a le z a c a ris m á tic a (p ro fé tic a , d e p o -
d e r, e t c . ); las re f e re n c ia s a s u o b r a t r a n s f o r m a d o r a e n e l i n t e r i o r s o n m u c h o m e n o s fre-
c u e n te s. V e r R u th v e n , Charismata, 114-15, n . 2. L a frase “h is to ria d e la sa lv a c ió n ” se refiere
al d e s a r ro llo h is tó r ic o d e lo s a c o n te c im ie n to s c e n tr a le s d e l p la n d e s a lv a c ió n d iv in o , p o r
e je m p lo : la c re a c ió n , la caíd a , la h is to r ia d e Isra e l, la e n c a m a c ió n , la c r u z , la re s u rre c c ió n ,
la a s c e n s ió n y e x a lta c ió n , P e n te c o s té s , la s e g u n d a v e n id a y la n u e v a c r e a c ió n .

267
¿Son vigentes los dones milagrosos?

pneum atológicas contem poráneas que o m iten esta expresión que, según
vem os en las Escrituras, caracterizan al Espíritu. Extraerem os a continua-
ción algunas conclusiones a favor de una teología bíblica del Espíritu, basa-
da en los fundam entos que ya hem os asentado.
E n prim er lugar, cuando los teólogos contem poráneos restringen y con-
finan las evidencias hasta tal p u n to que la pneum atología resultante tiene
poco que ver con el Dios Espíritu Santo de la Biblia, poderoso e inmutable,
creo que están desarrollando una teoría que es irreconciliable con el registro
bíblico de la persona y la obra del Espíritu.62634*P o r supuesto, confinar tan
estrecham ente la aplicación contem poránea de la enseñanza de las Escritu-
ras sobre el Espíritu desnaturaliza al tercer m iem bro de la Trinidad. Temen-
do en cuenta la falta de evidencia explícita, no resulta nada creíble establecer
u n p u n to en el tiem po (ya sea la m uerte de u n apóstol, el final de la forma-
ción del canon del N uevo Testam ento, o el punto final de la fundación de la
Iglesia) en el que se dio un a m utación dram ática en la persona y obra del
Espíritu, de m odo que dejó de ser carismático y poderoso, y sus funciones
quedaron restringidas a su labor transform adora. Esta conclusion no solo
n o refleja la abrum adora evidencia bíblica sobre la naturaleza y ob ra del
Espíritu, sino que además no responde al cum plim iento de la esperanza his-
tórico-redentora sobre la vida en el Espíritu en la era del nuevo pacto.
E n segundo lugar, los cesacionistas com únm ente blanden el sable del
ordo salutis p ara deshacerse de las obras del E sp íritu que D ios n o había
destinado para la Iglesia contem poránea. C ondicionados p o r la tradición
(p. ej., reform ada, bautista, dispensacionalista) de la teología sistemática,
solam ente p reguntan un a serie lim itada de preguntas sobre la labor post-
apostólica del E spíritu (por ejem plo, los tem as de la naturaleza, regenera-
ción y santificación), y no son capaces de reconocer que la gran m ayoría de
las evidencias bíblicas definen al E spíritu com o u n ser carismatico y apun-
tan hacia la co n tinuidad de su o b ra de poder en la era del nuevo pacto. ^
Este argum ento no pretende excluir la transform ación m oral, que tam bién
es un a fu n ció n crucial de la p ersona y ob ra del E sp íritu , sino que solo
pretende llevar este debate más alia de las fronteras estrecham ente estable-
cidas p o r el lenguaje tradicional del ordo salutis.

62 V e r ta m b ié n D e e re , Sorprendido por el Espíritu Santo (o p u s cit.); p a ss im , G r u d e m ,


Prophecy in the New Testament, 250-52, R u th v e n , Charismata, 114-15.
63 V e r ta m b ié n G ru d e m , Prophecy, 250-52; R u th v e n , Charism ata, 1 1 4 1 5 ‫־‬.
64 D e re e , Sorprendido por el Espíritu Santo (o p u s cit.); R u th v e n , Charism ata, 114-15. L a
d is c u s ió n d e R u t h v e n e v a lú a e s p e c ífic a m e n te la te o r ía c e s a c io n is ta d e B .B . W a rf ie ld ; la
d is c u s ió n d e D e e r e es m á s a m p lia .

268
LA POSTURA PENTECOSTA l / c ARISMÁTICA

E n tercer lugar, com o ha señalado acertadam ente Jack D eere en cuanto


a los dones milagrosos, «la objetividad bíblica pura» es u n m ito.65 Conelius
Van Til ha argum entado que «no existen hechos en bruto» porque los com-
prom isos últim os (por ejemplo, los com prom isos de regeneración o de no
regeneración) tiñen todo lo que el individuo percibe.66 D e hecho, al m enos
desde el conocido ensayo de Rudolf Bultm ann “Is Presuppositionless Exegesis
Possible?” [“¿Es posible la Exégesis sin Presuposiciones?”] n o ha existido
u n debate im portante sobre si nuestros com prom isos últim os influyen en
nuestro entendim iento de los textos bíblicos.67 Más bien, la discusión se ha
centrado en cóm o y en qué grado, y cuáles son los com prom isos últim os
(presuposiciones) que lo hacen. A plicando esto al tem a del cesacionismo y
de los dones m ilagrosos, D eere concluye que el desarrollo de la doctrina
cesacionista se debe a la falta de una experiencia m ilagrosa a lo largo de la
Historia. Debem os añadir a esto el condicionam iento teológico de u n acer-
cam iento que opera exclusivam ente con relación a las categorías de la sal-
vación sistemático-teológicas tradicionales.
P o r o tro lado, aquellos cuyos com prom isos incluyen la experiencia ca-
rismática n o deberían ignorar la verdad proposicional objetiva de las Escri-
turas. A unque es inevitable que cada lector esté influenciado p o r una creen-
cia, D ios es capaz de superar el e rro r h u m an o en el proceso de lectura e
im p rim ir sobre la persona la verdad de la revelación objetiva que ha dado.
El deseo de este escritor y de m uchos otros del m ovim iento pentecostal es
que n o nos recluyam os en u n a sección basada en la experiencia y que n o
presta m ucha atención a la Palabra inspirada, que p o r sí sola es herram ienta
suficiente para la fe y la práctica. N o deberíam os buscar experiencias, sino
que deberíam os buscar a Dios, quien da dones buenos. Y deberíam os pro-
ceder de acuerdo con las Escrituras, en lugar de alejam os de ellas y vivir en
una ram a espiritual de neo-ortodoxia.
E n resum en, el progreso de la R edención establece la esperanza tan to
p ara la dim ensión transform adora de la persona com o para la ob ra de ca-
pacitación poderosa del E spíritu en los últim os días, y declara que el cum-
p lim ien to de esta esperanza está en Jesús, el “D avidita u n g id o ”. A ú n es
m ás, la p arte m ás am plia de la revelación bíblica habla de la n aturaleza
carism ática del E sp íritu y de su obra. P o r lo tan to , n o existen evidencias

65 D e e re , Sorprendidopor elEspíritu Santo, (o p u s cit.).


66 C . V a n T il, TheDtfenseofthe Faith, 2 d e d . (F ilad elfia: P r e s b y te r ia n a n d R e fo rm e d ,
1963).
67 V e r R . B u ltm a n n , “Is P re s u p p o s itio n le s s E x eg esis P o ssib le?” e n Existenceand Faith:
Shorter Writings, ed . S. O g d e n (N u e v a Y o r k : M e rid ia n , 1960), 289-96.

269
¿Son vigentes los dones milagrosos?

bíblicas para concluir que el E spíritu ha cambiado, ahora que han llegado
los últim os días.

2 . El cesacionismo a la luz de la enseñanza del Nuevo


Testamento sobre los dones milagrosos.
H ab ien d o dejado claro el argum ento histórico-redentor a favor de la
continuidad de la obra milagrosa del Espíritu, ahora pasamos a considerar
más evidencias del N uevo T estam ento sobre los dones milagrosos dentro
de la época del cum plim iento.6869*N u estro proposito al exam inar estos pa-
sajes n o es desarrollar u n análisis histórico-gram atical detallado, sino
considerarlos debido a la im portancia que tienen para el cesacionismo. Ade-
más, existe cierta dificultad a la ho ra de seleccionar textos relevantes debí-
do a los m uchos argum entos que incorporan textos que tienen poco que
ver con los charismata. P o r lo tanto, los textos bíblicos que consideremos en
este breve estudio n o representan de form a exhaustiva el alcance de este
tem a, p ero son m u y im p o rtan tes y ejem plo de la enseñanza general del
N uevo Testam ento sobre la cuestión.

a. Pasajes que instruyen sobre el uso de los dones milagrosos

Se ha escrito m ucho sobre 1 C orintios 13:8-13 y sobre si enseña que los


dones milagrosos temporales (por ejemplo, las lenguas, la profecía, la palabra
de conocimiento, v. 8) continúan hasta el retom o del Señor (vs. 10-12). P o r lo
tanto, n o duplicarem os aquí las discusiones teológicas bien conocidas. E n

68 L a p e rs p e c tiv a d e L u c a s h a re c ib id o la a te n c ió n a d e c u a d a d u r a n t e n u e s t r o e x a m e n
d e l c u m p l im ie n t o h is tó r ic o - r e d e n to r , p o r lo q u e n o s lim ita r e m o s a h o r a a o tr o s a u to r e s
d el N u e v o T e s ta m e n to . , , ‫״‬ ., .
69 P o r e je m p lo , el s e n tid o d e “p e rfe c c ió n ” d e l v e rs íc u lo 10. V e r C arsoa,M am ßtaa.ones
del E sp ín tu t,; G . F e e , The First Epistle to the Corinthians, 641-52; W . G r u d e m , 7&e G ift of
Prophecy in 1 Corinthians 210-19; íd e m . Prophecy in the New Testament, 224-52; J. R u th v e n ,
Charism ata, 131-51; M .M . B. T u r n e r , “S p iritu a l G ifts T h e n a n d N o w , V o x E v 15 (1985).
764. R . G a ffin (Perspectives on Pentecost: Studies in New Testament Teachmgon the G ip of the
Holy Spirit [P h illip s b u r g , N J : P r e s b y te ria n a n d R e fo rm e d , 1979], 109-12), u n cesa c io m sta
a se g u ra s o b r e 1 C o r i n t i o s 13:10-12, « la lle g a d a d e “l o p e r f e c to ” (vs. 10) y e n to n c e s d e l
c o n o c im ie n t o c o m p l e to d e l c r e y e n te (vs. 12) s in d u d a se re f ie r e n a la é p o c a d e l re g r e s o
d e l S e ñ o r. L a p o s t u r a q u e d e s c r ib e e l p u n t o e n e l q u e e l c a n o n d e l N u e v o T e s ta m e n to
sea c o m p l e ta d o n o p u e d e s e r c re íb le e x e g é tic a m e n te » (109). N i t a m p o c o p r e s c r ib e la
c o n ti n u id a d h a s ta la P a ru s ía , se g ú n G a ffin .

270
la postura Pentecostal/ carismática

este contexto, Pablo está comparando la naturaleza eterna del amor, el camino
más excelente, con la naturaleza tem poral de ciertos dones que, aunque cubren
las necesidades de la Iglesia, pasarán cuando llegue “lo perfecto” (vs. 10). El
mismo Pablo describe la transición entre “lo imperfecto” a “la perfección” en
los versículos 1112‫־‬, y la característica principal de esta transición es el paso de
«tener u n conocimiento parcial» a «tener u n conocimiento completo», de una
percepción difuminada (“veladamente”, v. 12a) a una percepción “clara” (“cara
a cara”, v. 12b). Esta profunda transform ación de la form a en que el creyente
percibe y conoce solamente puede anticipar u n acontecimiento, la venida del
Señor.
M ientras que la teoría de R ichard G affin de que el texto n o supone la
co n tinuidad absoluta está bien desarrollada, sigue pareciendo que Pablo
enseña la continuidad de los dones hasta la Parusía.70 Y, ciertam ente, Pa-
blo n o está desarrollando un a doctrina cesacionista. Es más, 1 C orintios
1:7 enlaza conceptualm ente con 13:8-12 y apoya la lectura “continuista”,
porque ahí los dones tam bién están asociados con u n periodo interm edio
en la vida de la Iglesia, durante la cual los creyentes «esperan ansiosamente
que nuestro Señor Jesucristo sea revelado».
P ero es en el co ntexto más am plio de 1 C o rin tio s 12-14 que resuelve
finalm ente este tem a. La discusión de Pablo sobre los dones en estos capí-
tulos identifica su p ro p ó sito com o el del bien co m ú n de la congregación
(12:7; 14:1-19). N o hay n i rastro de que los dones m ilagrosos de C o rin to
fueran en sí algo fuera de lo norm al. D e hecho, según H echos y el p ropio
testim o n io de P ab lo («D oy gracias a D ios p o rq u e hablo en lenguas más
que todos vosotros», 14:18) parece que se trata de u n rasgo norm al y acep-
tado de la vida del nuevo pacto. El problem a en C o rin to era el abuso de los
dones, n o su uso per se.
Tam poco existe ninguna conexión, en este contexto, que asocie los dones,
incluyendo los dones de palabra (p. ej., profecía, lenguas e interpretación),
exclusivam ente a la form ación del canon bíblico o al apostolado. D e
hecho, ninguno de estos tem as se m enciona y, teniendo en cuenta el pro-
pósito pastoral de Pablo en este contexto (instruir sobre el funcionam iento
correcto de los dones), probablem ente ni siquiera se le pasó p o r la cabeza.
E n m i o pinión, estos tem as cesacionistas nacen de la Iglesia contem porá-
nea; a las personas de la Iglesia p rim itiv a sim plem ente n o se les hubiera
ocurrido concebir algo diferente a una experiencia caracterizada p o r el poder.
El cesacionismo hubiera sido ajeno a su com prensión de la era del cumplí-

70 G a ffin , Perspectiveson Pentecost, 109-10.

271
¿Son vigentes los dones milagrosos?

m iento. La Iglesia del N uevo Testam ento no estaba buscando razones para
excluir los dones, sino que aquellos prim eros creyentes estaban buscando
aquellos dones (12:31; 14:1,12).
P o r lo tanto, que los teólogos contem poráneos im pongan razonamien-
tos cesacionistas (por ejem plo, el canon bíblico y el apostolado) que son
tan extraños al co ntexto conceptual del pasaje, es m ilitar en c o n tra del
p ro p ó sito de Pablo. C onsiderando este contexto, 1 C o rin tio s 13:8-12 se
com prende de m anera m ucho más natural si entendem os que enseña que
los dones perm anecen hasta la venida del Señor.71 M ientras esperam os su
regreso, los dones deben usarse sobre la base del fundam ento eterno del
am or; éste es el único contexto en el que tienen sentido.
La im portación de Rom anos 12:3-8 es similar a la de 1 C orintios 12-14.
D e nuevo, Pablo instruye a los cristianos rom anos sobre el correcto fun-
cionam iento de los dones en la Iglesia. La base para su uso se encuentra,
o tra vez, en la actitud correcta de los creyentes (Ro. 12:3-5), lo que incluye
el am or (vs. 9-13). Pablo trata el tem a de los dones com o otra característica
norm al de la vida cristiana, tal com o lo sería ten er u n a actitud santificada
(vs. 9-21), ser buenos ciudadanos (13:1-7), vivir justam ente (13:8-14), etc.
A unque la lista de dones es diferente a la que encontram os en 1 C orintios
12:7-11, la profecía sigue estando incluida (Ro. 12:6) y se m enciona en pri-
m er lugar. N o existe nada en el pasaje o en su contexto que indique que se
anticipaba u n cam bio dram ático en el m odo de o p erar del E spíritu, que
resultaría en la finalización de la o b ra del E spíritu de dotación de poder.
E n Gálatas 3:5 encontram os u n apunte paulino que norm alm ente n o se
m enciona en este debate, pero que es significativo. C o m o ilustración de su
enseñanza sobre la fe frente a las obras, P ablo dice a los Gálatas: «Aquel
que sum inistra el E spíritu y hace m ilagros entre vosotros, ¿lo hace p o r las
obras de la ley o p o r oír con fe?». A quí está asumiendo la norm alidad de los
m ilagros. Es u n a ilustración - algo concreto que to d o s pueden entender
fácilm ente - de u n a idea teológica m ás amplia.
Esta norm alidad, esta aceptación cóm oda de las m anifestaciones mila-
grosas n o es exclusiva de Pablo, ni siquiera de Lucas. Santiago 5:14-16 tam-
bién ofrece instrucciones sobre la sanidad con el m ism o to n o . La oración
p o r la sanidad física y el p o d e r sanador de D ios es norm al, y debem os
esperar que esté presente en la vida de la Iglesia. Adem ás, Santiago anim a a
sus lectores a ten e r fe cuando o ren p o r los enferm os, dándoles el ejem plo
canónico de Elias (vs. 17-18). Escribe que «Elias era u n ho m b re de pasio-

71 V e r G r u d e m , Prophecy in theNew Testament, 2 2 8 4 3 .

272
LA POSTURA PENTECOSTAL/c ARISMÁTICA

nes semejantes a las nuestras», y luego procede a describir la eficacia de sus


oraciones. La clara im plicación es que las oraciones de los lectores pueden
ser ta n eficaces co m o las de Elias.
C onsiderem os tam bién H ebreos 2:4. Phillip H ughes escribe: «Parece
ser que, com o los creyentes en C o rin to , ‘los hebreos’ a quienes se dirige
esta carta habían sido enriquecidos co n dones espirituales».72 U tilizadas
com o parte de una advertencia sobre la necesidad urgente de prestar aten-
ción a lo que D ios h a revelado (2:1-3), estas «señales, prodigios y varios
milagros, y dones del E spíritu Santo» son m uestras irrefutables de la obra
de D ios dentro de la com unidad de su pueblo. El autor de H ebreos les está
recordando a los lectores unos fenóm enos que ya conocían.

b. Pasajes que recogen acontecimientos milagrosos

A dem ás de estos fragm entos didácticos del N u e v o T estam ento, los


Evangelios y H echos recogen m uchos milagros. C o m o en el caso de estos
pasajes, la d o ctrin a cesacionista n o tiene en cuenta los relatos sobre mila-
gros que hay en el N u ev o T estam ento. Las narraciones que describen los
milagros tienen dos funciones principales: autentificar a Jesús y autentificar
el m ensaje del Evangelio sobre E l . 73 Los m ilagros acom pañaron a los

72 P . E . H u g h e s , A Commentary on theEpistle to theHebrews (G ra n d R a p id s: E e rd m a s,


1977), 81. E n tr e a q u e llo s “p re s u m ib le m e n te ” o p e ra tiv o s e n tr e lo s re c e p to re s d e H e b re o s ,
se g ú n H u g h e s , e s ta b a n la p ro f e c ía , las le n g u a s y la sa n id a d . A ú n m ás, la s e x p e rie n c ia s d e l
p o d e r d e l E s p ír itu e n lo s d o n e s m ila g ro so s « p u e d e n s e r id e n tific a d o s c o n seguridad», como
la re f e re n c ia d e H e b r e o s 6 :5 b .
73 E s to n o n ie g a la su ficien c ia d e la p re d ic a c ió n d e l E v a n g e h o . E l E v a n g e lio es efectiv o
sin d e m o s tra c io n e s d e v i r t u d d e su s o ríg e n e s d iv in o s (p. ej. R o . 1:16-17; 2 T i. 3:16). N o
p o d e m o s e s ta r d e a c u e rd o c o n R u th v e n , q u ie n dic e q u e « c a ra c te rístic a m e n te , la ‘p a la b r a ’
p re d ic a d a n o es ‘a cred itad a’ c o n m ilag ro s, sin o m á s b ie n , la p re d ic a c ió n a rtic u la lo s m ilagros
y e x tra e las im p h c a c io n e s p a ra lo s o b serv ad o res» (Charismata, 118). C ita fa v o ra b le m e n te a
J. H e rv ill (“T h e Signs o f a n A p o s d e : P a u l’s M ira c le s” e n su o b r a The Unknown Paul: Essays
on Luke-Actsandearly Christian History [M in n eap o lis: A u g sb u rg , 1984], q u ie n escrib ió (95):
«S in m ila g ro s, e l E v a n g e lio n o es m á s q u e p a la b ra s» . A u n q u e la p o s ic ió n d e R u th v e n d e
q u e lo s m ila g ro s s o n p a r t e d e l r e in o es c o rr e c ta , s u te o r ía d e la fu n c ió n d e lo s m ila g ro s
y d e la p re d ic a c ió n es in a d e c u a d a . E x is te n m u c h a s ev id en c ias d e lo c o n tr a r io re s p e c to a la
fu n c ió n c o n f ir m a d o r a d e lo s m ila g ro s (p . ej. M t. 9:6-7; 1 1 :1 -6 ,1 2 :2 8 ; 14:25-33; M e . 2:10-
11; 16:20; L e. 5:24-25; 7:18-23; 11:20; J n . 3:2; 5:36; 9:32-33; 10:37-38; 14:11; H c h . 2:22; 14:3;
H b . 2.4 ). A d e m á s, la p re d ic a c ió n se b a sa e n e l E v a n g e lio re v e la d o e n Je s ú s, y a u n q u e e n
H e c h o s lo s m ila g ro s p u e d e n lle v a m o s a u n a o p o r t u n id a d p a r a p r e d ic a r, la p re d ic a c ió n
e n sí m ism a n o d e p e n d e d e l m ila g ro ; m u c h a s p re d ic a c io n e s o c u r r e n sin ta le s p red eceso res.
E l a p u n te d e J e rv ill es, p o r lo ta n to , c o m p le ta m e n te in ac e p ta b le . E l E v a n g e lio es la P a la b ra
d e D io s c o n o sin la p re s e n c ia d e m ila g ro s.» (v e r D e e re , Sorprendidopor el Espíritu Santo).

273
¿Son vigentes los dones milagrosos?

apóstoles (2 C o. 12:12), pero com o hem os visto anteriorm ente, no estaban


lim itados exclusivamente a ellos.74 Es más, los m ilagros falsos y satánicos
pueden ser utilizados p o r apóstoles falsos para hacer creer a las personas
enseñanzas falsas (por ejemplo, Me. 13:22; 2 Co. 11:13-15; 2 Ts. 2:9-12; Ap.
13:3-4). Los acontecim ientos m ilagrosos n o son p o r sí m ism os la “prue-
ba” final de u n m inisterio auténtico (por ejem plo, 1 Jn . 2:18-27; 4:13).75
P o r lo tan to , cuando se predica el verdadero Evangelio de Jesucristo, las
señales lo siguen para confirm ar el mensaje y liberar a los que están bajo el
poder del diablo (por ejemplo, H echos 10:38; 19:11-12).
La evidencia que habla m ás generalm ente de los m ilagros indica que
son parte del reino de Jesús (por ejem plo, Lucas 7:18-23; Jn. 9:1-12), com o
y a hem os argüido. Y n o existe nada que invalide esta teo ría de que los
milagros son característicos de to d o el periodo que conocem os com o «los
últim os días». Esto solamente nos puede conducir a una conclusión: la idea
del cesacionismo n o se encuentra en ningún lugar del universo teológico
de la Iglesia Prim itiva.76*

3. Sobre dones y ministerios específicos

H asta ahora, este ensayo ha enfatizado la legitim idad de la o b ra del


E sp íritu de co n ferir po d er com o u n a o b ra diferente a la regeneración, y
vigente durante los últim os días. D ebido a que n o tenem os m ucho espacio,
esta sección, com o las siguientes, serán m ás breves de lo deseado.
Existen tres listas principales de dones en el N uevo Testam ento: Roma-
nos 12:6-8; 1 C o rin tio s 12:711‫ ;־‬Efesios 4:11-13. M uchos se acercan a es-
tos dones según sus diferencias funcionales (servicio, revelación, etc.) pero
existe u n tem a más am plio que este acercam iento a m enudo n o trata. To-
dos los dones, y a sean “m ilagrosos” o “n o m ilagrosos” (y y o n o acepto tal
distinción), tienen origen divino. E n cada una de estas listas D ios está cía-
ram ente dando y distribuyendo los dones según su voluntad. P o r lo tanto,
incluso los dones “n o m ilagrosos” ^liderazgo, ser m isericordioso, cf. Ro-

74 E n c o n tr a m o s o t r o e je m p lo e n M a rc o s 9:38-40, d o n d e v e m o s a u n a p e rs o n a a n ó n im a
h a c ie n d o u n e x o rc is m o .
75 C f. I j u a n 2 : 18-27; 4:1-6. I g u a lm e n te D e e r e , Sorprendido por el Espíritu Santo.
76 V e r, p o r e je m p lo , G ru d e m , Prophecy in 1 Corinthians, p a ssim , P r o p e h c y i n th e N e w
T e sta m e n t, passim ; D e e re , Sorprendido por el Espíritu Santo; R u th v e n ; Charismata, p assim .
A u n q u e la m a n e r a d e a r g u m e n ta r a f a v o r d e la c o n ti n u id a d p u e d e n o s e r la m is m a q u e
la re fle ja d a e n e ste e n s a y o , lo s c a ris m á tic o s e s ta r ía n d e a c u e r d o c o n su s c o n c lu s io n e s .

274
LA POSTURA PENTECOSTAI/CARISMÁTICA

m anos 12:8) tienen u n origen “m ilagroso”; es decir, en la vida de la Iglesia


no hay nada norm al (cf. 12:6; 1 C o. 12:4-11; Ef. 4:11). N ingún m iem bro del
C u erp o de C risto ha “nacido así”; cada habilidad que posee u n m iem bro
del C uerpo de C risto está específicamente ordenada y dada p o r Dios. Con-
secuentem ente, las distinciones entre los dones que son para h o y (no mila-
grosos) y los que h an cesado (milagrosos) n o pueden apoyarse en estos
pasajes y sus respectivos contextos. La fuente de todos los dones es D ios
(1 C o. 12:4-6), que los reparte en su G racia y según su voluntad.
Los debates sobre los dones específicos se reducen inevitablem ente a la
m anifestación de las lenguas, la interpretación de las lenguas y la profecía,
de m odo que debem os hacer u n apunte breve sobre estos dones. E n pri-
m er lugar, estas m anifestaciones n o son equivalentes a las Escrituras, sino
juzgadas p o r las Escrituras. Pablo exhorta a los corintios a evaluar las pro-
fecías que se ofrecían durante el culto de adoración (1 C o. 14:29; cf. 1 Ts.
5:19-22), algo que nunca ordenaría en cuanto a la Escritura (por ejem plo,
2 Ti. 3:16). P o r lo tanto, incluso durante la época del N uevo Testam ento, la
profecía co n tem p oránea (distinta a la profecía canónica) n o siem pre era
investida con autoridad canónica.
E n segundo lugar, la v o z c o n tin u a del E sp íritu en la Iglesia n o m ina
el papel fundacional de los apóstoles o la autoridad de la Revelación bíbli-
ca. A quellos designados p o r C risto p ara ser apóstoles, p ara gobernar la
Iglesia prim itiva y para p roducir el cuerpo de doctrina infalible que cono-
cem os com o el canon del N u ev o T estam ento, funcionaron con u n papel
único, irrepetible y fundacional en la construcción de la Iglesia (Ef. 2:19-
22).77 A dem ás, su enseñanza, recogida en el N u e v o T estam ento, conti-
n ú a siendo la ú n ica reg lam en tació n de fe y práctica c o n a u to rid ad e
infalibilidad.
Sin em bargo, es un a incongruencia argum entar que la continuidad de
las manifestaciones milagrosas suplantan necesariamente esta autoridad, y
que la depositan en las manifestaciones contem poráneas o individuales. La
m ayoría de pentecostales nunca h a elevado los dones m ilagrosos (inclu-
yendo los dones de palabra) al nivel del canon (la revelación infalible con
plena autoridad divina), sino que m ás bien ha subordinado las manifesta-
ciones espirituales a la autoridad de la E scritura. E n o tras palabras, los
dones n o fo rm an el canon, sino que lo expresan. Los dones m ilagrosos

77 C f. D eere, SorprendúiopordEspírituSanto; Grudem,Prophecyin theNew Testament,269-


76. E l d e b a te s o b r e la c o n ti n u id a d d e l o fic io a p o s tó lic o , e n s u s e n tid o m á s a m p lio ,
s o b r e p a s a el a lc a n c e d e n u e s t r a d is c u s ió n .

275
¿Son vigentes los dones milagrosos?

hacen que el canon tom e un a form a concreta en situaciones de la vida real,


del m ism o m o d o que ocurre con el fruto del Espíritu.
E n tercer lugar, en cuanto a las lenguas, frecuentem ente se objeta que
este d on estaba restringido a lenguajes hum anos, con el propósito de pre-
dicar.78 N o obstante, esta restricción no encaja con las evidencias. E n He-
chos 10:44-46 y 19:1-6, la predicación no se m enciona, ni se m enciona
nada de una audiencia. E n C o rin to se requería u n intérprete para las mani-
festaciones públicas durante el culto de alabanza (1 C o. 14:1-28). Si el don
siempre tom aba la form a del lenguaje hum ano de los oyentes, ¿por qué era
necesaria la presencia de u n intérprete para hacer entendible la manifesta-
ción?79 Adem ás, la glosolalia funciona en contextos privados para la edi-
ficación personal, aparte de la adoración co m u n itaria (14:13-19). P o r lo
tan to , la teo ría de que las m anifestaciones en idiom as no identificables es
u n galimatías inventado (o incluso satánico) no tiene sentido a la luz de las
evidencias. E n algunas ocasiones, algunas personas que n o tenían previo
conocim iento de u n lenguaje hum ano lo utilizaron sin ninguna dificultad
(Hechos 2); en otras, las personas hablaron en lenguas de origen descono-
cido (“hum anas y angélicas”, 1 C o. 13:1), lo que requería la interpretación
para hacerlo com prensible a la Iglesia durante el culto.

D. Sobre los dones milagrosos en la vida de la Iglesia

U n a cosa es identificar a la Iglesia com o el tem plo de D ios en el que Él


habita p o r su E spíritu. O tra cosa es preguntarse cóm o se m anifiesta espe-
cíficamente la presencia de D ios en la Iglesia. Los pentecostales responden
que su presencia se manifiesta tan to en la labor de transform ación interior
com o en la de capacitación con poder, y ésta últim a es la que nos preocupa

78 V e r Charismatic Chaos (G ra n d R ap id s: Z o n d e rv a n , 1992), d e J o h n F . M a c A rth u r, J r .


2 2 0-45. Se t r a t a d e la o p in i ó n d e M a c A r t h u r y d e a q u e llo s a lo s q u e c ita p o s itiv a m e n te .
T ris te m e n te , M a c A r th u r p arece c e n tra rse so la m e n te e n la c a ric a tu riz a c ió n , y n o in te ra c tú a
c o n las e x p o s ic io n e s m á s se ria s d e la p o s ic ió n p e n te c o s ta l.
79 M a c A r t h u r se in v o lu c r a e n u n a exegesis c o m p lic a d a e n este p u n t o . N ie g a to d o s lo s
a sp e c to s p o s itiv o s q u e P a b lo m e n c io n a d e la s le n g u a s (1 C o . 14:18, 26-28) c o m o u n a
“ir o n í a ” c u y o m o t i v o e ra a v e r g o n z a r a lo s c o r i n ti o s p a r a q u e c e s a r a n su s p rá c tic a s d e
le n g u a s e n to d a s las o c a sio n e s. E s m á s , h a b la n d o d e la ig le sia d e C o r i n t o y d e la Ig lesia
d e h o y , M a c A r t h u r a firm a q u e las le n g u a s « n o p u e d e n e d if ic a r a la Ig lesia d e m a n e r a
c o rr e c ta » . E s to es s im p le m e n te fa lso . D e ja n d o a u n la d o e l te m a d e l c e s a c io n is m o , c o n
in t e r p r e ta c ió n el v a lo r e d ific a n te d e las le n g u a s e ra e q u iv a le n te a la p ro f e c ía e n C o r i n t o
(14.15), lo c u a l p u d e p e rc ib ir s e in c lu s o h a c ie n d o u n a le c tu r a r á p id a d e 1 C o r in t io s .

276
LA POSTURA PENTECOSTAL/c ARISMÁTICA

ahora. ¿C óm o debe afectar el poder del E spíritu en los creyentes a la vida


de la Iglesia? La Biblia ofrece m uchas evidencias, tan to m ediante ejemplos
com o con instrucciones explícitas, sobre la form a en que los dones debe-
rían funcionar en la vida de la Iglesia actual.80
P o r ejem plo, tenem os todas las razones para esperar que la proclam a-
ción del Evangelio esté acom pañada de m ilagros en la actualidad. C uando
encaja con los p ro p ó sito s de D ios: ¿acaso n o es libre de actuar según su
propia voluntad? E n H echos (por ejemplo, 2:19,22,43; 4:30; 5:12; 6:8; 8:6,
13; 13:6-12; 14:3; 15:12; 19:11-12), la predicación acom pañada de señales
es u n a p arte n o rm al de la existencia del nuevo pacto. Y esto sigue siendo
actual. Es la excepción, n o la regla, encontrarse con u n m isionero de cual-
quier grupo evangélico que no haya practicado nunca (norm alm ente no
p o r elección, sino p o r necesidad) el evangelismo “de poder”. Las señales y
los prodigios siguen a las predicaciones tam bién en la actualidad, aunque
quizás sea más co m ún en áreas evangelizadas p o r prim era vez, o donde ha
nacido u n avivam iento después de u n largo periodo sin apenas o ningún
tipo de evangelización. Tam bién, los exorcismos son más com unes en áreas
donde el cam po espiritual estaba dom inado p o r Satanás, y n o p o r un a fe
bíblica.81
U n a vez que se acepta la continuidad de los dones, una plétora de temas
pastorales aparecen, y u n o de ellos es la incorporación de los dones en el
culto. Es im p o rtan te n o p ro h ib ir todas las m anifestaciones po rq u e haya
habido unos pocos abusos. E n este aspecto es p articularm ente ú til la ex-
tensa serie de instrucciones archiconocidas que Pablo ofrece sobre los do-
nes en 1 C orintios 12-14. La alabanza n o tiene p o r qué ser caótica para ser
carism ática o dinám ica. P o r o tro lado, ¿por qué algunos en Pentecostés
acusaron a los discípulos de estar borrachos (Hechos 2:13)? La adoración
descrita p o r Pablo en 1 C o rin tio s 12-14 n o se caracterizaba p o r un a con-
tem plación pasiva. Consistía en una participación activa de los m iem bros
del C u erp o para el bien com ún, y n o to d o estaba pactado de antem ano e
im preso en u n program a (1 C o. 14:26-33a).82

80 P a r a e n c o n tr a r u n a d is c u s ió n s ó lid a s o b r e la a p lic a c ió n d e lo s d o n e s m ila g ro s o s e n


la v id a d e la Iglesia, v e r D a v id L im , Spiritual Gifts:A FreshLook (S p rin g field , M o .: G o sp e l
P u b lis h in g H o u s e , 1991), 183-275.
81 V e r B lo m b e r g , “H e a lin g " , 306. E s d e la o p i n i ó n d e q u e c o m o «las so c ie d a d e s
o c c id e n ta le s se h a n p a g a n iz a d o m á s y m á s, p o d e m o s e s p e r a r u n a v iv a m ie n to c o n tin u o d e
las s a n id a d e s y lo s e x o rc is m o s » .
82 C f. F e e (God’s EmpoweringPresence, 883-95) p a r a u n a d is c u sió n m á s d e ta lla d a so b re
e ste te m a q u e flu y e d e n t r o d e la s lín e a s p e n te c o s ta le s clásicas.

277
¿Son vigentes los dones milagrosos?

O tro aspecto im p o rtan te del m inisterio del E sp íritu en la vida de la


Iglesia es su com unicación directa con los creyentes m ediante la oración
(especialmente im portante en Lucas-Hechos, com o hem os m ostrado ante-
n ó rm en te, cf. H echos 13:1-3). M ientras que la com unicación del Espíritu
al espíritu del creyente es vital, debe estar supeditada a la autoridad de la
Palabra de D ios. N in g u n a im presión de la voz de D ios debe equipararse
con la Biblia. N o obstante, m uchos cristianos se pierden u n elem ento
vital de la vida plena del E spíritu porque están dem asiado cerrados a este
tipo de com unicación de D ios espintu-a-espiritu, que solam ente viene me-
diante la oración. Esta fuente de guía personal n o debe ser evitada; debe
ser acogida con m adurez bíblica, recordando que el Espíritu da vida y guia
a toda verdad.

E. Los peligros relacionados con los dones milagrosos

P erm ítan m e com enzar con u n a analogía del m ercado de valores. Las
acciones m ás fuertes tien en p o co riesgo, p ero tam b ién ap o rtan m enos
dividendos con el tiem po. Las acciones que crecen rápidam ente tienen mu-
cho más riesgo, p ero los dividendos potenciales son m ucho mas amplios.
E l riesgo p rin cipal para los que sostienen la posición cesacionista es
que se pierd en u n a vida plena del E sp íritu aquí en la T ierra. A un q u e n o
estén en p eligro de perder la salvación sí se pierden la plenitud del Evange-
lio en la vida cristiana. E n cam bio, los riesgos son m ayores para aquellos
que califican a los carism áticos com o herejes o, incluso peor, inspirados
p o r el diablo, sim plem ente po rq u e las m anifestaciones del E sp íritu son
evidentes en tre ellos. ¿Acaso los pentecostales expulsan dem onios con el
poder de Beelzebú?
Para los que coinciden con la postura pentecostal, existen varios peli-
gros que enum ero a continuación.
(1) Las señales y los prodigios pueden, en ocasiones, elevarse sobre la
verdad. Los falsos m aestros, enm ascarados com o apóstoles de C risto, ge-
neralm ente aseguran hacer señales y prodigios que, según ellos, confirm an
la validez de sus m inisterios. Es cierto que las señales y prodigios confir-
m an el Evangelio cuando se predica de verdad. P ero los m ovim ientos pen-
tecostal y carism ático deben fijarse en la verdad de lo que se predica para
determ inar si es bíblico o no. T am bién recordem os la advertencia de Jesús
a los setenta, cuando le contaron que incluso los espíritus estaban sujetos a
ellos: «N o os regocijéis en esto, de que los espíritus se os som etan, sino

278
LA POSTURA PENTECOSTAL/c a RISMÁTICA

regocijaos de que vuestros nom bres están escritos en los cielos» (Lucas
10:17-20).
(2) Los dones proféticos pueden usarse para m anipular y cam elar en
lugar de fortalecer. T odos los creyentes tienen el Espíritu, que es perfecta-
m en te capaz de hablar directam ente al corazón del creyente sin n ingún
interm ediario hum ano, especialmente en el caso de la guía personal.
(3) Los pentecostales deben saber que n o pueden aceptar a cualquier
grupo que se llam e cristiano, sin im p o rtar sus com prom isos doctrinales,
sim plem ente p o rq u e apoyan la m ism a p o stu ra en cuanto a los dones
m ilagrosos. Algunas aberraciones doctrinales sim plem ente n o deben ser
aprobadas, ni tácita ni explícitamente, ni siquiera bajo los auspicios de “re-
novación carism ática” o “diálogo” (por ejem plo, la d o ctrin a católica de
M aría com o co-redentora y co-mediadora).
(4) Los grupos clásicos pentecostales n o deben alejarse de su raíz evan-
gálica histórica y caer en el liberalism o, convirtiéndose así en u n a secta
existencialista. E n esto los pentecostales tien en m u ch o que aprender de
sus herm anos evangélicos en cuanto a tener el valor de perm anecer firmes,
defendiendo enseñanzas bíblicas cardinales e im pidiendo que los com pro-
misos liberales se infiltren y destruyan la Iglesia.
(5) Finalm ente, los pentecostales n o deben convertirse en pragmáticos,
es decir, n o deben caer en la m áxim a de que los fines m ilagrosos justifican
los m edios, incluyendo la m anipulación p o r m edio de la alta tecnología.

F. Conclusión

Es el deseo de la m ayoría de los pentecostales p articip ar del diálogo


abierto y franco con sus herm anos evangélicos, caracterizado p o r el am or
genuino a Cristo. C onfío en que este ensayo haya contribuido al diálogo en
la trad ició n del a m o r cristiano. A h o ra que la Iglesia se dirige al siguiente
m ilenio, rodeada de u n m u n d o cada vez m ás m alvado, es esencial que los
verdaderos creyentes reciban la protección de Dios: su unción con el Espí-
ritu y con poder. A unque la doctrina es necesaria para conocer el plan de
redención de D ios y para ten er una relación con C risto, la doctrina p o r sí
sola n o es el objeto de nuestra fe, y n o tiene po d er para transform arnos o
capacitam os. Para ello hace falta la ob ra del Espíritu.

279
Una respuesta cesacionista
a C. Samuel Storms y a Douglas A. Oss
Richard B. Gaffin, Jr.

D ebido a la superposición sustancial entre las posiciones de Storm s y


Oss (¡especialmente en su disconform idad con la mía!), y para evitar repe‫־‬
ticiones innecesarias, he decidido o p ta r p o r u n a respuesta com binada,
tratan d o los tem as de u n o u o tro individualm ente según avancem os. M e
centraré en los que creo esenciales. A lgunos tem as, aunque ciertam ente
m erecedores de debate, tendrán que quedarse fuera.
1. La clave de las diferencias en tre n o so tro s está en la convicción de
Storm s y O ss de que la presencia de los dones m ilagrosos (com o la profe-
cía, las lenguas y la sanidad) a lo largo del curso de la historia de la reden-
ción establece u n a pauta, o al m enos nos hace que esperem os la presencia
de tales dones en la vida de la Iglesia actual. A rgum entan que com o Moisés
y los profetas del A ntiguo Testam ento, Jesús, los apóstoles y otros ejercie-
ro n los dones a lo largo de la historia de la salvación, los creyentes pueden
y deben esperar lo m ism o en la actualidad.
Además, desde su p u n to de vista, el silencio de la Escritura sobre el cese
de dones concretos en particular se añade a las num erosas evidencias que
contradicen a los que piensan que han cesado. Para ellos, este silencio bí-
blico es tan elocuente a favor de la continuidad, que el esfuerzo p o r demos-
tra r lo c o n tra rio (según las palabras de O ss, pág. 262, n. 46, y págs. 267-
268), «no resulta nada creíble» e ¡incluso lo califica de “o btuso”!
¿Qué puedo decir a la luz de este profundo rechazo? Q uizás los siguien-
tes com entarios, extraídos de diferentes puntos ya explicados en m i postu-
ra, n o sean del to d o inútiles.

281
¿S on vigentes los dones milagrosos?

2. C reo que la postura de Storm s y Oss no hace justicia a la estructura


de la historia de la redención, en especial a su to d o orgánico y al p atró n de
su consum ación en C risto. Q uizás u n p u n to útil de contacto entre noso-
tros puede ser la descripción general que Oss hace de la historia de la salva-
ción com o el «desarrollo histórico de los acontecim ientos centrales en el
plan de D ios para la salvación, p o r ejemplo: la C reació n , la Caída, la histo-
ria de Israel, la Encarnación, la C ruz, la Resurrección, la Ascensión y Exal-
tación, Pentecostés, la Segunda Venida y la N ueva creación.» (págs. 267-
268, n. 61). E sto y de acuerdo en que si tenem os en cuenta esta definición
com o resum en (aunque hay que m atizar que la historia de la redención no
com ienza hasta la Caída y que la N ueva Creación, aunque es futura, ya ha
llegado con la prim era venida de C risto, p o r ejemplo, 2 Co. 5:17).
Lo que resulta interesante de este resum en es la distancia evidente entre
Pentecostés y la Parusía. V em os que la historia continuada de la Iglesia no
está en la m ism a línea que, p o r ejemplo, la historia de Israel. La historia de
la Iglesia n o aparece en la secuencia ju n to con los o tro s acontecim ientos
citados; n o es u n a continuación de la historia de la cual son com ponentes
constituyentes. D irectam ente, la historia de la Iglesia n o es la historia de la
redención.
La época presente de la Iglesia está “entre los tiem p o s”, d en tro de u n
periodo de la obra histórico-redentora de C risto, que em pieza con su resu-
rrección y acaba con su regreso. E n el periodo entre Pentecostés y la Paru-
sía, el avance de la historia de la salvación, en el sentido del cum plim iento
definitivo, está en suspense. 1 Tesalonicenses 9:10 capta la esencia de este
lapso de tiem p o de form a brillante: la Iglesia consiste en aquellos que se
co n v irtiero n «de los ídolos a D ios para servir al D ios vivo y verdadero”,
con to d o lo que ese servicio conlleva (no estam os hablando de u n vacío de
inactividad), al igual que P ablo co n tin ú a diciendo que deben «esperar
de los cielos a su H ijo, al cual resucitó de los m uertos». H ablando desde u n
p u n to de vista histórico-redentor, la Iglesia es, categóricam ente, la Iglesia
que “espera”; esa es su identidad.
P o r lo tan to , si la historia de la Iglesia (con la excepción de su era apos-
tólica) n o es la historia de la redención, n o podem os extrapolar elem entos
de la ú ltim a y aplicarlos a la prim era. Así, n o podem os concluir, a n o ser
que tengam os indicaciones explícitas de lo con trario , que to d o lo que es
verdadero durante e\proceso de la historia de la salvación continúa más allá
de su cumplimiento. O m ejor, n o debem os pensar que to d o lo que es ver-
dadero en aquel proceso continúa en el periodo interm edio (historia de la
Iglesia post-apostólica), asido p o r los dos elem entos que constituyen esa

282
LA RESPUESTA CESACIONISTA A C. SAMUEL STORMS Y A DOUGLAS A. OSS

consum ación (la prim era venida de C risto, que culm ina en Pentecostés y la
fundación de la Iglesia, y su Segunda Venida). D ebido a que la historia de
la Iglesia y la historia de la redención n o son un continuum (exceptuando su
superposición d u ran te la época de los apóstoles), la presencia de dones
m ilagrosos a lo largo del A ntiguo T estam ento, incluso sin indicaciones
expresas sobre su cese en algún m o m e n to en el fu tu ro , n o im plica que
continúen en la actualidad. Y su presencia es u n argum ento m ucho menos
convincente para la continuidad presente. Tam poco podem os decir, com o
dice Storm s (pág. 203), en vista de la presencia de estos dones d uran te la
era apostólica, que «es difícil im aginar que los autores del N u ev o Testa-
m entó pudieran haber dicho más claram ente a qué iba a parecerse este cris-
tianism o del N u ev o Pacto». A la vista de las diferencias entre la historia de
la salvación y la historia de la Iglesia, el silencio de la Escritura sobre el cese
de ciertos dones n o tiene, p o r sí solo, peso com o argum ento.
¿Estoy negando toda continuidad entre la historia de la redención y la
historia de la Iglesia? P o r supuesto que no. D e hecho, identificar correcta-
m ente esas continuidades (al igual que las discontinuidades) es la cuestión
prin cip al que estam os tratan d o en este sim posio. U n p u n to crítico para
clarificar esta cuestión es la distinción entre la historia de la salvación (histo-
ria saíutis) y el orden de salvación (ordo salutis), entre el cum plim iento definí-
tiv o de la R edención (com enzando co n la prom esa de G n . 3:15 y culmi-
n an d o en su cu m p lim iento en la o b ra acabada de C risto) y su aplicación
continuada (la experiencia del creyente de los beneficios de tal redención
acabada, independientem ente del tiem po o el lugar [ver m i ensayo, págs.
41-43,59-60]).
L o que es im p o rta n te aquí n o es ta n to los térm in o s utilizados, sino
có m o se utilizan. P odrem os decir correctam ente que la historia de la re-
dención continúa en la actualidad, pero solam ente si entendem os la conti-
nuidad en el sentido de la apropiación continuada de la R edención en la
vida de la Iglesia, n o en térm inos de su cum plim iento definitivo (de igual
form a que podem os hablar de la continuidad de la historia de la revelación
entendiendo que la Revelación, com pleta y acabada y entregada a la Iglesia,
sigue siendo creída y aplicada continuam ente m ediante el p o d er ilumina-
d o r del E spíritu; p. ej., Ef. 1:17; Fi. 3:15). Sin em bargo, y de n uevo éste
vuelve a ser el p u n to crucial, la G racia de D ios que ob ra en el presente de
m uchas form as en la Iglesia no puede sim plem ente ubicarse en una línea o
en una secuencia ju n to con la G racia revelada en la obra acabada de Cristo.
Las líneas de pensam iento que m otivaron la Reform a (por ejemplo, la doc-
trin a católico-rom ana de la misa), han dejado m u y claro el peligro de hacer

283
¿Son vigentes los dones milagrosos?

de una la extensión de la otra. C uando eso sucede, invariablem ente la su-


ficiencia y finalidad histórica de la m u erte y la resurrección de Jesús se
eclipsan, o incluso se niegan. E n últim a instancia, el Evangelio m ism o
se m antiene en pie o se hunde con la distinción entre la redención cum plí
da y aplicada. La identidad y la experiencia cristianas, com o individuos y
com o cuerpo, solo podrán entenderse de form a adecuada cuando esa dis-
tinción funciona correctamente.
Lo que tam bién debem os observar (esto añade u n factor com plicado a
nuestro tem a) es la continuidad esencial en el otdo sulutis entre el antiguo
pacto y el nuevo pacto; la aplicación de la R edención a los individuos es
básicam ente la m ism a a lo largo de la historia bíblica y de la historia de la
Iglesia. Eso podem os verlo en la form a en la que el N u e v o T estam ento
describe la fe y la justificación p o r fe: el m odelo de creyente para Pablo es
A braham o D avid, cuyas experiencias son ejem plos de un a fe (producida
p o r el p o d er regenerador y renovador del Espíritu, cf. Gá. 3:29 con 4:28-
29) que justifica (Ro. 4; Gá. 3). Los creyentes del N uevo Testam ento están
en la larga línea de la fe (que se extiende, ya sea p o r delante o p o r detras,
hacia Cristo; p o r ejemplo, Juan 8:56; H e. 11:26; 1P. 1:10-11), una linea que
retrocede hasta llegar a A bel (He. 11:4-12:2).
E sto n o niega que existan diferencias entre la experiencia salvífica de
los creyentes del A ntiguo y del N uevo T estam ento, diferencias que se de-
ben al privilegio que tenem os de vivir después de la m uerte y resurrección
de C risto y de estar unidos p o r el E spíritu especialm ente con el Jesús exal-
tado. P ero, co m o podem os ver, las Escrituras n o se detienen a definir de
forma detallada y explícita tales diferencias. Es difícil categorizarlas de for-
m a clara y nítida, y solamente se pueden definir de form a vaga con compa-
rativos com o “m ejor”, “más rica”, “aum entada , m ayor o mas comple-
ta”.83 P ero la continuidad es m ás profunda, reflejada, p o r ejem plo, en la
efectiva y m uy apropiada elección de G ordon Fee de cerrar el cuerpo prin-
cipal de su reciente estudio exhaustivo del E spíritu Santo en las cartas de
Pablo, aplicando a los creyentes del N u e v o T estam en to las oraciones
de D avid (Sal. 3:1) y de M oisés (Ex. 33:15-16).84
Resum iendo: P o r u n lado, en térm inos de la historia de la salvación (en
el sentido del cum plim iento definitivo), la historia bíblica y la historia de la

83 L o s tr e s ú lt im o s té r m i n o s se u s a n e n la C o n f e s ió n d e F e W e s t m i n s te r (20:1) p a r a
d e s c r ib ir la lib e r ta d c ristia n a .
‫ ״‬G o r d o n F ee, God’sEmpoweringPresence: TheHolySpirit in theLetters ofPaul (P eabody,
M ass.: H e n d r ic k s o n , 1994), 903.

284
LA RESPUESTA CESACIONISTA A C. SAMUEL STORMS Y A DOUGLAS A. OSS

Iglesia son discontinuas; p o r o tro lado, en térm inos de la aplicación de la


salvación, la historia de la Iglesia es la extensión de la historia bíblica. Ade-
m ás, y ésta es u n a consideración im p o rtan te que frecuentem ente se pasa
p o r alto, es evidente que, a lo largo de la historia bíblica, ya sea que habla-
m os de experiencias individuales o comunitarias, la historia de la redención
y su aplicación se funden. Consecuentem ente, sin aislar a la una de la otra,
n o debe perderse de vista la distinción que hay entre am bas ni debe con-
fundirse en tre lo que pertenece al cum plim iento y lo que pertenece a la
aplicación.
C o m o ejemplo, considerem os la experiencia de D avid en su totalidad.
Su experiencia del E sp íritu Santo com o expresaba en el Salm o 51:11 es
ciertam ente u n to d o ju n to con su privilegio teocrático de haber sido ungí-
do y dotado con p o d er del E spíritu (1 S. 16:12-13). P ero las dos n o son lo
m ism o. La p rim era experiencia (m anchada p o r su pecado con Betsabé y
contra Urías) está en el nivel del ordo salutis y es esencialmente continua con
la experiencia de todos los creyentes; la últim a, su dotación teocrática, no
lo es, pero está unida con su papel distintivo en la historia de la redención.
D avid el creyente y D avid el R ey son la m ism a persona. P ero D avid como
creyente y D avid com o R ey n o son lo m ism o; el u n o y el o tro n o deben
confundirse, ni tam poco lo concerniente a cada u n o de ellos.
M e he p erm itid o esta digresión p o rq u e ejem plifica m u y bien el tem a
que nos divide y creo que es un a cuestión que debem os tratar: Los dones
m ilagrosos, especialm ente los dones de palabra, ¿pertenecen a la historia
de la salvación o al orden de la salvación? V iendo lo que Storm s y Oss han
escrito, n o parece que hagan una distinción entre la historia salutis y el ordo
salutis, y m ucho menos que la consideren pertinente. Pero su respuesta apunta
claramente a que estos dones pertenecen al ordo salutis o, quizá, hayan que-
rido decir que ta n to al ordo com o a la historia, pero, sea com o sea, cierta-
m ente pertenecen a la aplicación continuada de la experiencia cristiana de
salvación. E n m i capítulo he ofrecido u n a respuesta diferente: los dones
de revelación p ertenecen a la h isto ria de la salvación, n o al o rd en de la
salvación. Es decir, a la historia de la salvación definitiva e inaugural, n o a
la salvación continua. A lgunos com entarios m ás en esta línea reforzarán
esta conclusión.
3. O ss dedica u n a p arte considerable de su capítulo a u n estudio bíbli-
co-teológico de la o b ra del E spíritu (pp. 243-257), y su posición en general
se basa en los resultados. Este estudio respalda su particular (e interesante)
reconstrucción de la teología pentecostal de la segunda bendición y la con-
tinuidad de los dones milagrosos en la actualidad. E n cuanto a esto últim o

285
¿Son vigentes los dones milagrosos?

(la co n tin u id ad de los dones), m uchos de sus argum entos coinciden con
los de Storm s (págs. 184-204). El principal interés del estudio es m o strar
que, a lo largo de la historia de la redención, existe u n a lab o r doble del
Espíritu, su o bra “transform adora” (regeneración, conversión) y su obra
“de dar p o d e r” (unción, capacitación con vistas a ejercer los dones mila-
grosos); estas dos obras son diferentes, y la diferencia debe quedar clara; la
últim a culm ina convirtiéndose en universal bajo el N uevo Pacto.
Lo que debe cuestionarse en esta construcción n o es que las dos obras
(regeneración y dotación con poder) sean diferentes: lo son claram ente y
no se deben confundir. Pero, en m i opinión, existe una confusión de o tro
tipo en la construcción misma; p o r culpa de esto, a pesar de la cantidad de
razones bíblico-teológicas, tal construcción no sirve en absoluto para aquello
que intenta establecer. La Regeneración es u n aspecto de la aplicación de la
Redención; la dotación con poder es una realidad histórico-redentora. N in-
guno de los participantes de este sim posio discutirá la prim era afirmación.
Tam bién está claro que la últim a se dio bajo el antiguo pacto (las diferentes
dotaciones con p o d er teocráticas anticipadas, a form a de “tip o ”, p o r la
obra definitiva de C risto).
La construcción de Oss, en otras palabras, está m arcada p o r una confu-
sión de categorías. Las m anzanas de la historia salutis se m ezclan con las
naranjas del ordo salutis. Las dos se com binan para form ar lo que de hecho
se convierte en u n ordo híbrido o m odelo de aplicación para el nuevo pacto,
es decir, el p atró n norm ativo para la experiencia cristiana individual, el pa-
radigma de la unción con poder para todos los creyentes. Pero to d o esto se
hace a costa de la desaparición, o al m enos la difum inación, de la distinción
entre el cum plim iento acabado de la salvación y su aplicación continuada, y
lo que pertenece a cada u n a de ellas.85
4. Sin em bargo, aún puede hacerse la siguiente pregunta: la prom esa del
A ntiguo Testam ento, y el N uevo Testam ento m ism o, ¿no evidencian algo
parecido a la m utación escatológica de las unciones teocráticas y las dota-
d o n e s con p o d er histórico-salvíficas con dones m ilagrosos a lo largo del
A n tig u o P acto hasta la experiencia (en potencia) de to d o s los creyentes

85 O s s c re e q u e «la p n e u m a to lo g ía p e n te c o s ta l se b a sa e n e l a c e r c a m ie n to h is tó r ic o -
r e d e n t o r a la te o lo g ía b íb lic a » (pág. 2 4 2 ). A l c o n tr a r i o , y o a r g u m e n to q u e e ste acerca-
m i e n to es m á s c o m p a tib le c o n las c o n c lu s io n e s re f o r m a d a s c e sa c io n is ta s. E n c u a lq u ie r
caso , lo ú ltim o ra r a m e n te p u e d e se r e x p lic a d o c o m o re s u lta d o d e l « c o n d ic io n a m ie n to te o -
ló g ic o d e u n a c e rc a m ie n to q u e o p e r a e x c lu s iv a m e n te e n té r m in o s d e las c a te g o ría s d e sal-
v a c ió n siste m á tic o -te o ló g ic a s tr a d ic io n a le s » (pág. 2 6 9 , a n o s e r q u e , q u iz á s e s te m o s p re -
p a ra d o s p a r a d e s e c h a r la d is tin c ió n e n tr e la a p lic a c ió n y el c u m p l im ie n t o p o r se r aje n a s
a la te o lo g ía b íb lic a ).

286
LA RESPUESTA CESACIONISTA A C. SAMUEL STORMS Y A DOUGLAS A . OSS

del nuevo pacto? D e nuevo tenem os que señalar que una respuesta a f i r m a -
tiva a esta pregunta dem uestra el desconocim iento de la función histórico-
redentora de estas unciones del antiguo pacto. Es decir, sería ignorar que la
atención y el cum plim iento de estas dotaciones no está en los creyentes del
N uevo pacto y en sus experiencias, sino en la obra definitiva de C risto y el
testim onio definitivo que dieron de dicha obra los profetas y los apóstoles.
Pero, ¿qué decim os de N úm eros 11:29 («¡Ojalá que to d o el pueblo del
Señor fuera profeta, y que el Señor pusiera su E spíritu sobre ellos!»)? M e
parece que esta frase se interpreta m al cuando no nos percatam os de lo que
podría llamarse una “hipérbole histórico-redentora”. Leerlo com o una pro-
m esa o esperanza sobre u n fu tu ro en el que todos los creyentes serán
profetas (en potencia) en el sentido del d o n de R om anos 12,1 C orintios
12-14 y Efesios 4 es ir dem asiado lejos. P ara Pablo es enfático en este
sentido que n o to d o s son profetas (“¿acaso son todos profetas?” [1 C o.
12:29]), y que la razó n positiva y últim a para esta restricción es el diseño
divino (la Iglesia co m o C u erp o con m uchas partes diferentes, 12:11-27).
Asimismo, la exclamación de N úm eros 11:29 se parece a la declaración
de Pablo en 1 C orintios 14:5 («quisiera que todos hablarais en lenguas, pero
aún más que profetizarais»). Esta y otras frases relacionadas en el contexto
inm ediato (por ejemplo, el versículo 18), difícilmente im plican que hablar
en lenguas, ju n to con la profecía sean (potencialmente) u n don para todos
los creyentes. Porque, com o con la profecía, Pablo ya ha dejado claro que
n o todos hablan en lenguas (12:30), de nuevo p o r la m ism a razón positiva
(un solo C uerpo con diferentes partes).
¿Estoy negando «el carácter p ro fético de todos los creyentes» com o
O ss lo llam a (págs. 263-264)? P o r supuesto que n o , p ero tiene que ser
definido co rrectam ente. La glosa apostólica que P edro hace de la visión
apocalíptica de Joel, “y profetizarán” (H echos 2:18), n o puede encontrar
su cum plim iento en el don distribuido de form a restrictiva en 1 C orintios
12-14. Sin em bargo, paralelo al sacerdocio de todos los creyentes, se en-
tiende m ejor en térm inos de la unción de 1 Ju an 2:20,27. Esta unción con
el Espíritu, dice Juan, es verdadera en todos los creyentes, de tal m odo que
«no tenéis necesidad de que nadie os enseñe» (cf. H ebreos 5:12). A su vez,
estas palabras se hacen eco del cum plim iento de la profecía de Jerem ías, «Y
n o tendrán que enseñar más cada u n o a su prójim o, y cada cual a su herma-
no, diciendo: ‘conoce al Señor’, porque todos m e conocerán, desde el más
pequeño hasta el m ás grande» (Jer. 31:34).
Esta unción universal n o es u n a experiencia carismática (¡al m enos, n o
com o se suele entender en la actualidad!). Esta unción/enseñanza n o signi-

287
¿Son vigentes los dones milagrosos?

fica que n o hubiera en la iglesia una enseñanza canónica y profético-apos-


tólica distin ta en el m o m en to en el que se estaba escribiendo el N u e v o
T estam ento o, ah ora que está com pleto, que n o haya la necesidad de u n
program a de enseñanza dirigido p o r los que han sido apartados para ser
pastores y ancianos (cf. 1 Pedro 5:1-4).
5. Estrecham ente relacionado con estos com entarios, n o me parece del
to d o claro cóm o Storm s y Oss ven a los apóstoles, su papel y su continui-
dad en la vida de la Iglesia hoy. Storm s parece no incluir el apostolado entre
los dones espirituales, los cuales lim ita aparentem ente a los enum erados en
1 C orintios 12:8-10, una posición cuando m enos problem ática (ver m i en-
sayo, pág. 51, n. 47). F ijém onos en que cita Efesios 4:11-13 (que incluye
a los apóstoles) para d em o strar que to d o s los dones co n tin ú an hasta la
Parusía.
Oss reconoce el papel fundacional (y, p o r lo tanto, no continuo) de los
apóstoles, pero en u n pie de página añade: «El debate sobre la continuidad
del oficio apostólico, en su sentido m ás am plio, sobrepasa el alcance de
nuestra discusión» (pág. 275). N o estoy seguro de cuál es su intención. Si
sugiere que el d o n m encionado en 1 C orintios 12:28 y Efesios 4:11 conti-
núa de m anera más amplia hoy, entonces n o está fuera del alcance de núes-
tra discusión, sino que requiere un a explicación. D e hecho, necesitam os
reconocer que no existe conexión m aterial (es decir, d o n u oficio) en el
N uevo T estam ento entre los apóstoles designados p o r C risto y las implica-
ciones más amplias de la palabra griega apóstol, que significa “m ensajero”,
“representante” (por ejem plo, 2 C o rin tio s 8:23; Filipenses 2:25). E n este
sentido más am plio yo, p o r ejemplo, com o m inistro del Evangelio, soy u n
“apóstol”, y n o debem os dejar de decir que todos los creyentes, en térm i-
nos de n uestro oficio general, som os “apóstoles”.
La claridad en to m o a este tem a es absolutam ente necesaria. Si existen
apóstoles h o y , com o lo fu ero n P ablo y los D oce -en su caso, personas
investidas con u n a autoridad inspirada e infalible -, ¿dónde están? ¿C óm o
los reconocerem os?86 Y si n o hay apóstoles en la actualidad, entonces de-
bem os afro n tar las consecuencias de ese cese.
E n cu an to a la continuidad de los dones m ilagrosos, en particular los
dones de palabra, no sirve apuntar sim plem ente que el N uevo Testam ento
m uestra que otras personas aparte de los apóstoles los ejercieron, y que n o

86 E s to , c u a n d o m e n o s , n o s c o n f r o n ta c o n lo q u e es u n p r o b le m a g ig an tesco e n c u a n to
al “o r d e n d e Ig le sia ” . U n p r o b l e m a q u e u n a c r is tia n d a d fr a g m e n ta d a , e s p e c ia lm e n te e l
ev an g elicalism o n o rte a m e ric a n o (en s u m a y o r ía ta n in d ife re n te , e d e sio ló g ic a m e n te h ab lan -
d o ) n o e s tá p r e p a r a d a p a r a a f r o n ta r .

288
LA RESPUESTA CESACIONISTA A C. SAMUEL STORMS Y A DOUGLAS A . OSS

se enseña en ningún lugar que hayan cesado. Tal acercam iento es demasia-
do aritm ético o m ecánico. Si m is anteriores com entarios tien en validez,
entonces lo que h ay que m o strar es que estos dones, cuya fu n ció n a lo
largo de to d o el A n tiguo T estam ento es histórico-redentora, y que en el
N u ev o Testam ento están asociados orgánicam ente con la función históri-
co-redentora de los apóstoles, han dejado tal función p ara ado p tar u n
significado diferente, que tiene que ver con la experiencia y la aplicación.
Pero, p o r lo que puedo ver, el N uevo Testam ento no m uestra tal cambio, ni
explícita ni implícitamente.
6. E sto m e lleva al tem a del canon. N o cuestiono si Storm s y Oss creen
en u n canon cerrado y con autoridad final. P ero no está m u y claro sobre
qué base m antienen tal creencia y cóm o la defenderían si se les presionara.
Si adoptan la p o stu ra de que «la idea del cesacionismo n o se encuentra en
n ingún lugar del universo teológico de la Iglesia Prim itiva», com o O ss es-
cribe (pág. 274), entonces tam poco lo están las nociones del cese del apos-
tolado o de la term inación del canon. C o m o he apuntado en m i respuesta
a Saucy, p o r lo que puedo ver, las tres nociones se enseñan con u n grado de
claridad m ay o r o m en o r en el N uevo T estam ento y, lo que es más im por-
tan te, van de la m ano. A lguien m e ten d ría que d em o strar en u n m odo
teológicam ente co herente cóm o es posible m an ten er ju n to s el cierre del
canon y la continuidad de los dones de revelación.
E n este aspecto reconozco que, ta n to O ss com o Storm s, creen que la
profecía está subordinada a la E scritura, y debe ser evaluada p o r ella. N o
obstante, tengo m is dudas de que puedan hacer efectiva tal convicción. Es
inherentem ente imposible realizar una evaluación significativa a la vista de
la especificación, ya sea predictiva o directiva, que la profecía tiene en cada
ocasión, al m enos si hablam os del d o n del N uevo Testam ento.
A quí, n o obstante m i preocupación es parecida, aunque algo diferente.
O ss llama a la profecía (y al hablar en lenguas), «discurso m otivado p o r el
E sp íritu ”» (pág. 259). N o aclara en qué difiere tal discurso del discurso
inspirado de los profetas y los apóstoles canónicos p o r u n lado, o del dis-
curso controlado p o r el E spíritu que debería caracterizar a cada creyente
p o r el o tro lado. Presum iblem ente, su origen (que proviene del Espíritu) es
parecido, si n o idéntico, al p rim ero , ya que ve la profecía com o u n d o n
especial que trae nuevas revelaciones a la Iglesia (aunque sean manifestadas
de form a imperfecta). Storm s cree que la profecía, basada en la revelación
infalible, «en ocasiones puede fallar», (pág. 205). P ero c o n tin ú a dejando
claro que la profecía es infalible, o que tal puede ser el caso. E sto parecería
indicar que en su origen la profecía es inspirada, nacida del aliento de Dios.

289
¿Son vigentes los dones milagrosos?

Storm s y O ss abogan p o r el discurso profético en la actualidad que es,


tan to inspirado p o r el Espíritu com o, a la vez, sujeto a las Escrituras (aun-
que no es infalible). P ero los debates del siglo X IX sobre la d o ctrin a del
E spíritu deberían habernos enseñado acerca de la futilidad (y el daño que
puede causar a la vida de la Iglesia) de in ten tar distinguir entre niveles de
inspiración con diferentes grados de autoridad. El discurso inspirado es el
discurso de Dios, su Palabra, con autoridad divina, infalible e inalienable.
Si estos com entarios son realm ente pertinentes, ¿qué sentido puede te-
ner abogar p o r u n canon cerrado y, a la vez, p o r la existencia del discurso
inspirado en la actualidad? La palabra “canon”, después de todo, no es mas
que una designación literaria o u n térm ino de catalogación. Está asociado
con la idea de “autoridad”. El “canon” es cualquier cosa que recoja la pala-
bra inspirada de D ios para la actualidad. Si el discurso inspirado continua
hoy, entonces, com o nuestro canon, la Escritura no está completa; aunque
la tengam os en alta estima, la Biblia n o es más que una parte del canon. E n
m i opinión, Storm s cree en el principio de “la Escritura y u n plus” (N. del T.
D iferente al prin cip io de la “Sola Scriptura”). E sto parece claro al leer su
pie de página núm ero 46, donde al explicar lo que quiere decir con “garan-
tía de revelación”, dice que la “revelación interior” m ediante la profecía u
otros m edios está a la par con la “declaración bíblica explícita”. Este aspee-
to de su p u n to de vista es m u y preocupante.
Quizás ahora sea u n buen m om ento para com entar brevemente la cita de
Storms sobre la experiencia de Spurgeon. Este incidente, si ocurrió tal y como
se cuenta, es u n ejemplo de una acción del Espíritu que ocurre de form a espo-
rádica e incalculable. Pero difícilmente prueba, com o Storms sugiere, la pre-
senda continua en la Iglesia, a pesar de la negación y del letargo espiritual, del
don de profecía o de la palabra de conocimiento. Fijémonos en que Spurgeon
no buscó esta visión, y esa capacidad no marcó su ministerio (no puede recor-
dar más que una docena de ocasiones com o esas, p o r asombrosas que fueron).
Y estas experiencias no tenían nada que ver con buscar una réplica anacrónica
de la adoración que encontramos en 1 Corintios 14.
7. Storm s y O ss adoptan la postura de que hablar en lenguas, además de
su ejercicio público, que debe ir acom pañado de interpretación, tam bién
está vigente para todos los creyentes en su ejercicio devocional y privado,
en este caso sin interpretación. A ñadido a lo que ya hem os visto sobre la
distribución restrictiva del don de lenguas (es p o r designio de D ios que no
sea p ara cada creyente), esta p o stu ra es cuestionable, al m enos, po rq u e
sostienen que hay dos dones de lenguas, u n don público dado a algunos, u n
d on privado para todos (en potencia).

290
LA RESPUESTA CESACIONISTA A C. SAMUEL STORMS Y A DOUGLAS A. OSS

¿Donde enseña la Escritura la existencia de u n don doble? Ciertam ente,


n o en 1 C o rin tio s 14. E n ese pasaje P ablo reconoce que la persona que
habla en lenguas se edifica a sí m ism a (vs. 4; cf. vs. 17), p ero es lo m ism o
que u n “beneficio com plem entario” para el que ha recibido el don para su
ejercicio público, del m ism o m odo que, p o r ejemplo, los m inistros al predi-
car o los creyentes al d a r testim onio son edificados p o r tal actividad (y
tam bién se edifican en privado al preparar lo que van a decir). Asim ism o,
en cuanto al ejercicio privado, m e parece u n poco exagerado in terp retar
«hable para si m ism o y para Dios» algo así com o «vete a casa y hazlo en
privado», especialmente cuando el contexto inm ediato tiene que ver con la
conducta apropiada en la asamblea de Iglesia.
¿D ónde aparece en el N uevo T estam ento la idea de que el d o n de len-
guas sirve, p o r ejemplo, para que m i vida de oración pueda ser más fervien-
te y espontanea, m i com unión con D ios y con otros creyentes más viva y
cálida, y m i testim onio de C risto más libre y dinám ico? Sospecho que el
predom inio actual del uso privado y devocional de las “lenguas” resulta de
u n a convicción errónea, que quizás está intensificada p o r el racionalism o
árido y occidental de la post-ilustración y de estos tiem pos postm odernos
en los que vivim os. M e refiero a la convicción de que en la experiencia
religiosa, lo n o racional e intuitivo es más inm ediato y original que lo racio-
nal y lo basado en la palabra. Así, lleva a ser norm al pensar que, al m enos
en la experiencia de “hablar en lenguas”, sí puedo sentir la acción del Espí-
ritu e n m iv id a .
8. P ara finalizar, unas palabras sobre el concepto del poder. T an to
Storm s com o O ss definen el po d er del E spíritu en térm inos de los dones
milagrosos. T oda la argum entación de O ss está m arcada p o r la distinción
en tre la función “regeneradora” de E sp íritu y la función del E sp íritu de
“dar poder”. Esta nom enclatura sugiere que la prim era es m enos poderosa
o que n o viene ta n to a ser u n a acción del p o d e r del E spíritu. Y Storm s
incluso llega a sugerir que los que sostienen que los dones m ilagrosos han
cesado creen que «el Espíritu Santo sim plem ente inaugura una nueva era y
luego desaparece» (pág. 204).
M e pregunto, no obstante, si no han entendido todo al revés, incluso en
cuanto a los tiem pos del N uevo Testam ento, donde nadie (al m enos en es-
te sim posio) negaría que los dones estaban presentes (ver m i ensayo,
págs. 61-65 doce aparecen mis teorías sobre la relación entre el E spíritu y
la Escatología). C u an d o , p o r ejem plo, P ablo dice: «el rein o de D ios n o
consiste en palabras, sino en poder» (1 C o 4:20), sin duda está pensando, al
m enos en prin cip io , en lo que ha descrito a n terio rm en te en el contexto

291
¿Son vigentes los dones milagrosos?

más amplio com o la «demostración del poder del Espíritu» que acompaña-
ba su predicación del Evangelio (2:4: cf. 1 Ts. 1:5). Estoy casi seguro de que
ese poder no iba acom pañado de “señales y prodigios”, ya que era ejercido
precisamente cuando la propia conducta de Pablo era de debilidad, tem or
y m ucho tem b lo r” (vs. 3) .87
E l tem a de ese pasaje es m ás bien la ob ra del E sp íritu en el oyente,
coincidiendo con la predicación del Evangelio, actividad que convierte y
convence poderosam ente. El resultado de esta obra es que el oyente cree el
Evangelio y su fe no echa raíces sobre «la sabiduría de los hom bres, sino el
poder de Dios» (1 Co. 2:5). Tam bién estamos hablando de la obra del Espí-
ritu expresada más am pliam ente u n par de versículos después (vs. 14-15),
p o r m edio de la antítesis categórica y p ro fu n d a en tre «el h o m b re sin el
Espíritu» (los que n o aceptan o n o pueden entender las cosas del E spíritu
de D ios porque éstas solamente pueden entenderse m ediante el Espíritu) y
«el h o m b re espiritual» (la persona renovada y en la que m o ra el E spíritu,
quien sí es capaz de discernir estas cosas). E l p o d er del E spíritu en su
esencia escatológica del reino esta aquí, en la renovación e ilum inación
interna, y n o en los dones milagrosos.
T om em os Filipenses 3:10 com o otro ejemplo. C om o parte de su aspira-
ción de «ganar a C risto y ser hallado en él» (vs. 8-9), u n m odelo para todos
los creyentes, Pablo expresa el deseo de «conocerle a El, (y) el poder de su
resurrección y la participación en sus padecim ientos, llegando a ser com o
É l en su m uerte». E n esta declaración debem os fijarnos en que los dos
usos de “y ” n o son de coordinación, sino de explicación. P ablo n o está
diciendo que el conocim iento de C risto, el p o d er de su resurrección y la
participación en sus padecim ientos sean factores separados de nuestra ex-
periencia, com o si los días de sufrim iento hubieran oscurecido los tiem pos
m em orables y estim uladores del poder de la resurrección. Mas bien, la se-
cuencia desvela progresivam ente lo que im plica la experiencia única de
conocer a C risto (cf. vs. 8, «el incom parable valor de conocer a C risto Je-
sus, m i Señor»). Es una experiencia que, en su esencia, es «llegar a ser com o
El en su m uerte». E n un a palabra, Pablo esta diciendo que la huella dejada
en nuestras vidas p o r el poder de la resurrección de C risto es la cruz.

87 F e e , c o m o p e n te c o s ta l, r e c o n o c e e ste p u n t o {1 Cotinthidns, 9 5 ), a u n q u e in t e n ta
calificarlo su g irie n d o q u e la “d e m o s tra c ió n ” im p lic a el ejercicio d e d o n e s esp iritu ales, c o m o
las le n g u a s , q u e p o s t e r io r m e n t e d ie r o n m u e s tr a d e la c o n v e r s io n . S in e m b a r g o , la o b r a
d e l E s p ír it u d e la q u e se h a b la a q u í n o es u n re s u lta d o d e la c o n v e r s io n , s in o q u e es la
q u e la h a c e p o s ib le .

292
LA RESPUESTA CESACIONISTA A C. SAMUEL STORMS Y A DOUGLAS A. OSS

D ich o de o tra form a, el m ism o apóstol que si quería p odía gloriarse


en «las visiones y revelaciones del Señor» (2 C o. 12:1), prefería gloriarse y
com placerse en sus debilidades y en las dificultades y persecuciones que
sufrió p o r am or a C risto (w . 9-10). E l ha llegado a entender que es enton-
ces, principalm ente, cuando se manifiesta el poder del C risto exaltado. En
ese sufrim iento, «el poder [de C risto] se perfecciona en la debilidad», y así,
«cuando soy débil, entonces soy fuerte».
E n m i op in ió n , estam os ante u n peligro preocupante: Si y o estuviera
convencido de que m i fe en C risto y sus prom esas dependen de mis
propias fuerzas, que presum iblem ente todavía residen en m í, pecador no
redim ido (no estoy diciendo que esta sea la teoría ni de Oss ni de Storms),
entonces supongo que ten d ría sentido buscar señales y m ilagros en las
experiencias de o tros, p ero sobre to d o en la m ía propia. A nhelaría estos
fenóm enos m ilagrosos visibles y audibles com o algo que claram ente pro-
viene de D ios (no m e im portaría que tal búsqueda necesariamente es ambi-
gua). Buscaría esos fenóm enos, al m enos en parte, para ten e r seguridad y
para afianzar m i fe, que estaría tan débilm ente fundada en m í m ism o.
P ero la fe n o es u n a afirm ación subjetiva que necesite elem entos “obje-
tiv o s” o que necesite ser confirm ada. N o tiene sus raíces en las personas,
sino en una acción escatológica divina; es ni más ni m enos que el resultado
de u n a o b ra de resurrección en n u estro in te rio r que ya ha ten id o lugar,
cuando aún estábam os m uertos en nuestros “delitos y pecados” (Ef. 2:1-
10). C u an d o entendem os lo que la fe es realm ente, u n d o n escatológico,
realizado en nuestro interior p o r el E spíritu de Dios, con C risto y su Pala-
b ra com o cen tro , entonces com prendem os que n o puede existir u n
m ilagro m ay o r que el que alguien pueda decir “¡Creo!” (a pesar de tantas
dudas y pruebas, caídas y fallos). H asta que C risto venga a resucitar núes-
tro s cuerpos, n o espero ni deseo m ay o r ob ra del Espíritu, ninguna expe-
riencia de poder de m ayor m agnitud que esta.
M i respuesta se ha centrado en algunas diferencias im portantes que hay
en tre las perspectivas de Storm s y O ss y la m ía. M i esperanza es que, a
pesar de las diferencias, de algún m odo, sirva para lograr el objetivo que me
consta que am bos com parten conm igo: el de «preservar la unidad del Es-
p íritu en el vínculo de la paz» (Ef. 4:3).

293
Una respuesta abierta, pero cautelosa
a Douglas A. Oss
Robert L. Saucy
O ss nos h a obsequiado con u n estudio excelente de la teología pente-
costal sobre la o b ra del E spíritu y los dones m ilagrosos. La m ención del
co ntexto y desarrollo de su posición y, especialm ente, la detallada discu-
sión bíblica han sido útiles para clarificar su p u n to de vista. M e ha gustado
el uso de la teología bíblica para d