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La Reforma anglicana o reforma inglesa es una serie de acontecimientos ocurridos en

Inglaterra en el siglo XVI que culminaron con la separación de la Iglesia de Inglaterra y la Iglesia
católica y con la emancipación de la autoridad papal. Es parte de la reforma protestante que
ocurrió en muchos países de Europa.

El desencadenante de la Reforma inglesa fue el deseo del rey Enrique VIII de obtener la nulidad
de su matrimonio.
Para cimentar la alianza de Inglaterra con España, Enrique se casó con Catalina de Aragón, la
tía del rey español, que era también la viuda de su hermano. Cuando Enrique derrotó a Francia
y Escocia en batallas sucesivas, su popularidad se disparó. Durante la década siguiente, hizo y
rompió los tratados de paz, se presentó a las elecciones como Sacro Emperador Romano,
participó en la política de poder de Europa y centró su atención en la religión.

Enrique siempre había sido un hombre religioso. En 1521, con el luteranismo llegando a las
universidades inglesas, Enrique escribió una defensa del catolicismo.

En 1526, Enrique comenzó a buscar formas de poner fin a su matrimonio con Catalina,
argumentando razones de estado, ya que Catalina no le había dado un heredero varón. Para la
desventura de Catalina, cinco de sus hijos varones habían nacido muertos, solamente una hija
llamada María había sobrevivido. Enrique necesitaba un heredero varón para asegurar una
sucesión pacífica después de su muerte.

Pero Enrique se había enamorado de una joven de 19 años llamada Ana Bolena, así que estaba
desesperado por anular su matrimonio. Obtener una anulación era bastante fácil en el siglo
XVI, si ambas partes querían una. Pero Catalina no estaba dispuesta y buscó el apoyo de su
sobrino, nada más y ni nada menos que el emperador Carlos V. El emperador no quería ver a
su tía deshonrada. El Papa Clemente, que necesitaba el apoyo del Carlos V, no tuvo más
remedio que rechazar la anulación de Enrique.

Cuando el Papa amenazó con excomulgarlo, Enrique obligó a todos a reconocer a los hijos de
su nuevo matrimonio como herederos del trono. Luego se convirtió en la "cabeza suprema" de
la iglesia en Inglaterra.

Aún así, en una era de Reforma, las reformas de su iglesia fueron conservadoras. Parecía
querer una Iglesia católica, una que siempre fuera leal a él y a Inglaterra. Así que mientras él se
separaba de Roma, continuó defendiendo la transubstanciación, el culto a las imágenes, la
invocación a los santos, la oración por los difuntos, la veneración a María y el celibato clerical.
Además de esto, prohibió la lectura privada de la Biblia.

A pesar de la gran división que provocó en la iglesia de su país, Enrique nunca estuvo dispuesto
a convertirse en protestante.

Como consecuencia, los protestantes ingleses fueron perseguidos, encarcelados, asesinados, y


muchos tuvieron que huir del país.

El alejamiento de Enrique VIII de Roma fue fundamentalmente por el control de la iglesia


inglesa, que ya se empezaba a llamar Iglesia anglicana. Aunque instituyó algunas medidas
protestantes durante su reinado, como poner Biblias en inglés en todas las iglesias, y aunque
siempre apoyó a su arzobispo de Canterbury, Cranmer, inclinado a los protestantes, Enrique se
puso de parte de Roma en cuestiones clave de doctrina y práctica.
Pero los eventos que puso en marcha Enrique no le permitirían a Inglaterra regresar al pasado.
Durante el reinado de su hijo, Eduardo VI, que gobernó de 1547 a 1553, Inglaterra se volvió
firmemente protestante. Dos consejeros de Eduardo, uno luterano y el otro calvinista fueron
claves. Pero Eduardo murió rápidamente y las esperanzas de que el protestantismo avanzara,
murieron con él.

La hija de Enrique con Catalina, María, ascendió al poder en 1553 y trajo al catolicismo de
nuevo a Inglaterra. María asesinó a al menos 273 protestantes, mientras miles huían del país.
Pero el efecto de las hogueras y los juicios públicos tuvieron un efecto contrario entre la
población. Cuando María murió en 1558, la mayoría de los ingleses respiraron con alivio y los
protestantes renovaron su proyecto.

Finalmente, la hija de Enrique con Ana Bolena, Elizabeth I puso a Inglaterra en un curso
permanentemente protestante.