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El reto del saco

Autor: Eva María Rodríguez

Había una vez una ciudad en la que vivían muchos


ladrones. La ciudad era grande, pero no lo suficiente
para tanto ladrón. Con tanto ladrón las medidas de
seguridad era mucho mayores, y cada vez era más
difícil robar sin ser pillado. Era necesario poner
remedio: solo podía quedar uno.

Con esta idea en mente, todos los ladrones de la


ciudad se reunieron para decidir quiénes se iban y
quién se quedaba. Con era de esperar, ninguno se
quería ir. Después de horas discutiendo uno tuvo
una interesante ocurrencia.

-Os propongo que pongamos en marcha El Reto del


Saco -dijo el ladrón-. El que consiga llenar un saco
con cosas robadas en una sola noche será el que se quede. Si alguien se tiene que
quedar, que sea uno bueno de verdad.

A todos los pareció una idea genial. A todos menos a uno al que todos llamaban Perico
Chiquitico. No lo llamaban así porque fuera pequeño, que lo era, sino porque lo que
robaba era siempre muy pequeño. Nadie entendía por qué, pudiendo coger cosas
grandes, y muchas, se conformaba con llenar un bolsillo y, si era posible, sin que se
notara mucho.

-Tanta gente robando a la vez una sola noche va a llamar la atención -dijo Perico
Chiquitico.

-A ti lo que te pasa es que no puedes con el saco -se rieron los demás.

Sin hacerle caso los demás ladrones siguieron a lo suyo, discutiendo el tamaño del
saco, cuánto tiempo era el adecuado, en qué zona actuaría cada uno y cosas así.

-Deberíamos hacer los robos esta misma noche -dijo uno de los ladrones-. Así
acabaremos antes con la incertidumbre de quién se queda y los que se vayan podrán
pensar en qué hacer en el futuro.

Esa misma noche todos salieron a robar con sus enormes sacos. Perico Chiquitico salió
con el saco, como todos, pero enseguida se dio la vuelta y volvió a casa, en cuanto los
perdió a todos de vista. Decidió esperar un rato para no llamar la atención.

Desde la ventana Perico Chiquitico observó la ciudad. Tenía unas vistas excelentes.
Desde allí pudo ver cómo, poco a poco, los demás ladrones salían a la calle con sus
sacos tan llenos que apenas podían con ellos. Sacos tan llenos que estaban a punto de
reventar. Y fueron reventando, uno a uno.

Alguien debió de ver la patética escena, porque pronto empezaron a llegar coches de
policía. Todos los ladrones fueron apresados, porque estaban tan pendientes de
recoger lo que se les había caído que no se habían dado cuenta de que llegaba la
policía.

Así fue como Perico Chiquitico ganó el reto del saco y se ganó el derecho a ser el único
ladrón de la ciudad.