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EMOCIONES

Hablamos mucho de emociones, pero ¿qué son exactamente las emociones? Las emociones
son respuestas que se reflejan en nuestro cuerpo, en nuestra mente y en nuestra conducta.
(psicofisiológicas, cognitivas y conductuales) y que se producen ante un evento externo/interno.

Estas reacciones son involuntarias y de origen biológico.

Las emociones son el motor que nos empuja a vivir, o más bien a sobrevivir, ya que la principal
función de las emociones es procurar nuestra supervivencia.

La parte del cerebro encargada de producir estás reacciones es el sistema límbico.


Cada emoción es diferente, pero podemos diferenciar dos grandes tipos de emociones: las
emociones positivas y negativas.

Las emociones se dividen en positivas y negativas según si se sienten de forma agradable o


desagradable. Sin embargo, toda emoción es necesaria y lo más importante es escucharlas y
saber entenderlas, algo que no es tan fácil, sobre todo con las emociones consideradas
negativas.

Qué son las emociones negativas


En primer lugar, es necesario aclarar que la división entre emociones positivas y negativas es
una clasificación popular y que lo correcto es hablar de emociones adaptativas y desadaptativas.
Es importante saber que no hay emociones buenas o malas, sino que todas las emociones
son, ante todo, necesarias para sobrevivir. Las emociones funcionan como brújulas guiándonos
hacia lo que es mejor para nosotros o nuestra supervivencia.

Cada emoción tiene su función y es esencial escuchar la emoción y entenderla.


Las consideradas emociones negativas son las que nos producen una sensación
desagradable o sentimiento negativo. ¿Por qué nos producen una sensación desagradable?
Para indicarnos que la situación ante la que nos encontramos tiene algún peligro, riesgo o reto
para nosotros y nos invita a tener una conducta adaptada a las necesidades de la situación.
Por ejemplo, si estamos ante un examen difícil y sentimos miedo, es totalmente normal,
adaptativo y bueno para nosotros, pues de esta manera sabemos que estamos ante una
situación complicada, que supone un reto. El miedo hace que seamos más prudentes y cautos,
que estemos alerta a los detalles. Esto se traducirá en nuestra conducta haciendo que le demos
al examen la importancia que merece, dediquemos más tiempo al estudio y estemos bien atentos
durante el examen.

Cuáles son las emociones negativas

Entre las consideradas emociones negativas existen las emociones básicas o primarias y las
emociones secundarias o complejas.
Las consideradas emociones negativas básicas son la tristeza, el asco, el miedo y la ira. Por otro
lado, las consideradas emociones negativas secundarias o sentimientos negativos son:
 Soledad  Humillación  Agresividad
 Desesperación  Rechazo  Odio
 Culpabilidad  Inseguridad  Desconfianza
 Indiferencia  Ansiedad  Furia
 Apatía  Ridículo  Hostilidad
 Vacío  Terror  Rabia
 Melancolía  Agobio  Resentimiento
 Vergüenza  Inutilidad  Celos
 Arrepentimiento  Insuficiencia  Pena
 Decepción  Preocupación
 Aversión  Frustración

¿Qué es el miedo? Definición


El miedo es una emoción primaria, básica y universal. Eso significa que está presente en el
repertorio emocional de todas y cada una de nosotras. Y que, como el resto de emociones, se
ha encontrado en personas de todas las razas y culturas.

Existen miedos pequeños que son fácilmente superables o grandes miedos que nos acompañan
a lo largo de toda nuestra vida.

Por qué tengo miedo


La reacción de miedo aparece ante la percepción de una amenaza. Es decir, cuando nos
encontramos en una situación en la que hay un peligro que puede tener consecuencias
negativas para nosotros.
Las causas de la reacción de miedo son:
 La situación de peligro.
 La falta de recursos para afrontarla.

Por ejemplo, puede causarte miedo quedarte sin trabajo ya que implica efectos negativos en tu
economía, tu bienestar y tu calidad de vida (Miedo a la situación)
Pero si tienes la seguridad de que, en caso de perder un trabajo, podrías encontrar otro, la
amenaza desaparecería y con ella el miedo (Falta de recursos).

Ahora bien, la amenaza puede ser real o puede ser una percepción. Cuando se trata de una
percepción, es debido a las siguientes características personales:
 Autoconcepto sesgado: una imagen distorsionada de uno mismo.
 Autoestima negativa o inestable: una mala valoración de uno mismo o que dicha
valoración va cambiando según acontecimientos externos.
 Falta de confianza: ausencia de seguridad y esperanza.
 Pesimismo: tendencia a observar la realidad desde una perspectiva negativa.

En ocasiones, sentir miedo resulta desagradable, por eso, se ha etiquetado como una emoción
negativa, pero nada más lejos de la realidad, ya que sentir una emoción, sea cual sea, siempre
es positivo, sea cual sea. Todas las emociones, bien reguladas y gestionadas son buenas para
nosotros. Todas las emociones tienen su porqué y ejercen su función. Entonces, te preguntarás:

¿Para qué sirve el miedo?


Como decíamos, el miedo está presente en todos los seres humanos, y si es así…¡es por algo!
El miedo es un mecanismo para adaptarnos al entorno y a sus peligros. Su función es la de
protegernos ante situaciones de riesgo.

El miedo es una emoción, y cómo tal nos da información de cómo estamos por dentro, nos ayuda
a tomar decisiones más acertadas y exitosas, y tiene un valor incalculable para la supervivencia
ya que cumple , entre otras, la función adaptativa.

El miedo es un mecanismo de defensa ante situaciones que suponen un peligro. Te guía hacia
la reacción más apropiada cuando existe algo que supone un riesgo para ti. Gracias al miedo
han sobrevivido nuestros antepasados, ya que el miedo les hacía correr ante un depredador.
Actualmente, el miedo es el responsable de que no te pongas a caminar por la autopista o de
que no te sientes en la barandilla del balcón de un décimo piso.

Dónde nace el miedo en nuestro cerebro


La diferencia entre nosotros y los animales es que nosotros no sólo nos asustamos de cosas
reales, sino que también somos capaces de asustarnos de aquello que, no siendo real, es
imaginado por nuestra mente. Es esto precisamente lo que hace que no todos sintamos miedo
ante las mismas cosas y en el mismo grado pero, ¿dónde nace el miedo?

En nuestro cerebro tenemos una zona denominada amígdala, donde se procesa gran parte de
la información que recibe del exterior, compuesta por olores, sonidos, imágenes, etc. La amígdala
está directamente conectada con la médula espinal para poder darnos la capacidad de responder
a una amenaza externa de inmediato, sin que sea necesario que la parte racional de nuestro
cerebro, intervenga.

Las señales que son emitidas por la amígdala llegan al hipotálamo, donde se libera una
hormona que a su vez libera el cortisol, la hormona del estrés. Una vez que ésta hormona se
libera, comenzamos a sentir todos los síntomas del miedo, como el aumento de la frecuencia
cardiaca, la dilatación de las pupilas, la aceleración de la respiración, etc.

Es esta activación de la amígdala también lo que nos lleva a sentir miedo o angustia ante
determinadas situaciones que, aunque en sí mismas no conllevan riesgos, como por ejemplo
acudir a una reunión social, sí que nos han causado un daño emocional. Esta experiencia se
almacena en el cerebro ligada a las emociones y cuando la amígdala detecta una situación igual,
pone en marcha todo el mecanismo del estrés para defender al sujeto de una situación de peligro.

Tipos de miedo en psicología


El miedo en sí mismo es positivo e imprescindible, pero en ocasiones resulta un
problema. ¿Cuándo es el miedo un problema? Cuando el miedo que sentimos es disfuncional,
es decir, cuando la situación que nos genera miedo no es un peligro real, cuando la consecuencia
de sentir ese miedo es aún peor para nosotros que lo que ocurriría si no sintiéramos miedo.
El psicólogo canadiense Stanley Rachman distingue entre miedo agudo y miedo crónico.
Además, el miedo puede ser adaptativo o desadaptativo.
 El miedo agudo es provocado por estímulos perceptibles y disminuye cuando el
desencadenante desaparece o es evitado. Por ejemplo, tener miedo cuando se ve una
serpiente.
 El miedo crónico es más complejo en cuanto a las situaciones que lo desencadenan,
puede estar asociado a fuentes perceptibles o no. Por ejemplo, el miedo a estar solo.
 El miedo funcional, que se activa ante un peligro real y nos ayuda a sobrevivir. El miedo
funcional es adaptativo porque permite adaptar nuestra conducta a las situaciones, en nuestro
beneficio. Este miedo, es útil porque hace que estemos alerta ante una situación que conlleva
algún riesgo y actuar en nuestro beneficio en circunstancias peligrosas. Por ejemplo, el que nos
hace no caminar por en medio de la autopista o por el borde de un abismo, o el que nos hace ir
al médico.
 El miedo disfuncional es aquel que entorpece nuestra vida y nuestro desempeño
normal. No es adaptativo ni útil para nosotros. Por ejemplo, cuando existe un fuerte miedo a
usar el ascensor, con la consecuencia de duplicar el tiempo del desplazamiento, además de
disminuir la comodidad. Ese miedo no se debe únicamente a un peligro real, sino al conjunto de
experiencias y creencias que forman el filtro cognitivo de una persona, a través del cual se
observa y se interpreta la realidad.

Efectos y síntomas del miedo


El miedo es una de las emociones más intensas y desagradables que existen. Los efectos
subjetivos del miedo son aprensión, desasosiego y malestar. Su característica principal es la
sensación de tensión nerviosa y preocupación por la propia seguridad o por la salud,
habitualmente acompañada por la sensación de pérdida de control.

EFECTOS FÍSICOS
Los efectos fisiológicos del miedo son los siguientes:
 Aumento de la frecuencia cardíaca
 Aumento de la presión arterial sistólica y diastólica
 Aumento de la fuerza contráctil cardíaca
 Reducción del volumen sanguíneo y de la temperatura periférica (eso provoca la palidez
y el frío de la típica reacción de miedo de "quedarse helado")
 Aumento de la tensión muscular
 Aumento de la frecuencia respiratoria (respiración artificial e irregular)
 Sensación de agarrotamiento
Nuestro cuerpo se pone en alerta y se encarga de activar el sistema nervioso simpático. Esta
parte del cerebro se encarga de activar las respuestas físicas de huida. Nuestro corazón bombea
más sangre, los músculos se tensan, los pulmones se encargan de dar más oxígeno al cuerpo
y el estómago se cierra.

El sistema nervioso simpático prepara nuestro cuerpo para una huida o para un enfrentamiento
físico. Es cierto que, en algunos casos, el miedo nos paraliza y somos incapaces de actuar
durante unos instantes. Esta respuesta es debida a que el sistema se bloquea y la respuesta
psicológica impide que se gestionen bien los efectos físicos del miedo. Para tratar correctamente
esta emoción, es importante prestar atención a nuestro cuerpo y manejar nuestros pensamientos,
de este modo, podemos evitar que estos nos desborden y terminen por aparecer efectos físicos
y psicológicos del miedo incontrolables.

Una vez cesa el estímulo que nos provoca el miedo, nuestro cuerpo se encarga de activar
el sistema nervioso parasimpático. Este se encarga de volver a la normalidad todo lo que
había activado el sistema simpático anteriormente. Relaja nuestros músculos, baja las
pulsaciones, hace que el estómago vuelva a funcionar con normalidad y calma la respiración.

EFECTOS PSICOLÓGICOS

Por otro lado, a nivel psicológico, el miedo también produce una serie de consecuencias. El
proceso mental se inicia sintiendo agobio y malestar, eso nos indica que algo no va bien.
Posteriormente, como nuestro cuerpo ha activado partes del cerebro implicadas en este proceso,
nos ponemos en estado de alerta y, esta reacción es similar al estrés, ya que enfoca nuestra
atención a unos pocos estímulos y pone en funcionamiento máximo a nuestra mente.
Este estado de alerta es el causante de los trastornos del sueño, como el insomnio, en las
personas con fobias o ansiedad generalizada. Cuando los procesos mentales dejan de ser
adaptativos, es el momento de actuar y de iniciar una terapia psicológica que tenga por objetivo
relajar nuestros miedos y calmar la mente.

Diferencias entre miedo y ansiedad.


La definición de ansiedad es un estado de agitación e inquietud, parecida a la producida por
el miedo. La diferencia entre ansiedad y miedo consiste en que la reacción de miedo se produce
ante un peligro real y la reacción es proporcional a este, mientras que la ansiedad es
desproporcionalmente intensa y, además, ningún estímulo peligroso está presente físicamente.

La ansiedad puede dar lugar a trastornos psicopatológicos llamados trastornos de ansiedad,


como el trastorno de ansiedad generalizada o las fobias. Estos están relacionados con una
reacción de miedo desmedida e inapropiada. La ansiedad es la reacción que produce la mayor
cantidad de trastornos mentales, conductuales y psicofisiológicos.

¿Qué provoca la ansiedad?


El origen de la ansiedad depende de múltiples factores. Los principales factores son:
 La personalidad. Según los rasgos de personalidad, una persona puede tener mayor o menor
predisposición a la ansiedad.
 Recibir un estilo educativo sobreprotector.
 Vivir acontecimientos traumáticos o experiencias desagradables.
 Ver acontecimientos traumáticos o experiencias desagradable vividos por otras personas.

Los desencadenantes de la ansiedad no son estímulos que puedan dañar directamente a la


persona, sino que son reacciones aprendidas de amenaza, y están determinados por
características personales. Por tanto, la ansiedad se origina y se mantiene, en gran medida, por
el efecto del aprendizaje.

Según el psicólogo Stanley Rachman, las expectativas de peligro pueden generarse por medio
de tres procesos de aprendizaje distintos:
 Condicionamiento clásico: cuando se asocia un estímulo neutro con un estímulo que
genera miedo, el estímulo neutro puede acabar generando ansiedad. Cuando la persona vive
una experiencia desagradable, por ejemplo, desarrollar una fobia a volar al tener un aterrizaje
de emergencia, en la que el avión se convierte en un estímulo condicionado para la respuesta
de ansiedad. Cuando la persona vive una experiencia desagradable, por ejemplo, desarrollar
una fobia a volar al tener un aterrizaje de emergencia, en la que el avión se convierte en un
estímulo condicionado para la respuesta de ansiedad.
 Aprendizaje observacional: cuando se observa a otras personas y se aprende de su
comportamiento y de los sucesos que les ocurren.
 Transmisión de información que contribuya a la aparición de expectativas de peligro.
Ejemplos de estas dos últimas pueden darse en el caso de haber escuchado historias sobre
los peligros del mar, haber visto películas sobre naufragios o haber leído una noticia sobre
personas que se ahogan y desarrollar un miedo intenso al agua que puede desembocar en fobia

Efectos y síntomas de la ansiedad


Los efectos y síntomas subjetivos de la ansiedad son: tensión, nerviosismo, malestar,
preocupación, aprensión e incluso puede llegar a sentimientos de pavor o pánico, dificultades
para el mantenimiento de la atención y la concentración, y pensamientos de tipo intrusivo.
En cuanto a la actividad fisiológica de la ansiedad, los efectos fisiológicos son similares a los
producidos por el miedo.

Todos esos cambios en la actividad fisiológica pueden ser tan marcados que hacen que la
persona llegue a percibirlos, es decir, puede producir sensaciones tales como taquicardias,
mareos, ruboración, tensión estomacal o sudoración. La percepción de tales alteraciones
fisiológicas se convierte a su vez en desencadenante de la propia ansiedad.

Por último, el miedo y la ansiedad pueden desembocar en ataques de pánico, que son
condiciones extremas de bloqueo acompañadas de hiperventilación, temblores, mareos y
taquicardias, así como sentimientos altamente catastrofistas y de pérdida total del control de la
situación.

Cómo superar el miedo desadaptativo


El miedo nos motiva a escapar o pelear, dicha respuesta intenta fomentar la protección de la
persona. El problema viene cuando ese miedo no es adecuado a la situación o peligro. Ese tipo
de miedo se llama desadaptativo o disfuncional. En estos casos, el peligro no es real y la situación
no requiere una respuesta de lucha o huida. Por tanto, el cuerpo tiene una reacción que no nos
ayuda, sino todo lo contrario: nos complica la vida. En estos casos, ¿cómo superar el miedo?
1. En primer lugar, debemos entender que el cuerpo reacciona en respuesta a la
percepción de peligro que se tiene ante una situación. Por tanto, será necesario evaluar y
reestructurar dichos pensamientos y cogniciones al respecto.
2. En segundo lugar, debemos aprender técnicas de relajación y respiración que ayuden
a descender la excesiva activación del organismo.
3. En tercer lugar, debemos afrontar la situación. Mediante técnicas de la terapia
cognitivo-conductual conseguiremos habituarnos y disminuir la reacción ante el estímulo temido.
Las técnicas más eficaces para superar el miedo desadaptativo son la exposición y la
desensibilización sistemática.
Se debe tener en cuenta que cuando evitamos los estímulos que producen un miedo
disfuncional, lo que hacemos es reforzar el miedo. Es decir, le estamos recordando al cuerpo
que eso es peligroso y cada vez la respuesta del miedo es mayor.
Cómo superar los miedos e inseguridades personales:
Las estrategias psicológicas utilizadas en terapia para superar los miedos son la siguientes:

1. Trabaja tu autoconcepto
Conócete: obsérvate y reflexiona sobre tus características, tus capacidades, tus habilidades,
tus logros, tus puntos fuertes y tus puntos débiles. Para ello puedes realizar el ejercicio de
describirte de la forma más objetiva posible. También puedes pedir a personas de confianza que
te describan en una carta y luego comparar la información.

2. Entrena tu positividad
¿Cómo superar los miedos y preocupaciones? Todos vemos la realidad a través de un filtro.
Puede que tu filtro sea la negatividad y que enfocarte solo en las posibles consecuencias
negativas esté inflando tu miedo.

3. Trabaja tu autoestima
Mientras el autoconcepto es el conjunto de características que vemos en nosotros mismos, la
autoestima es la valoración que hacemos de estas características. Una buena autoestima es
una autoestima positiva, es decir, valorarte bien a ti mismo, y una autoestima estable, es decir,
que los sucesos puntuales no cambien esta valoración.
El miedo se relaciona con la autoestima de la siguiente manera. Por ejemplo, puede que tengas
miedo ante un examen porque piensas que tus calificaciones determinan tu valía. Es decir, puede
que pienses que suspender un examen dice que no eres suficientemente inteligente, bueno,
talentoso o válido. Eso es porque la autoestima es inestable, no está anclada a tu persona, sino
a cualidades o habilidades relativas. Fortaleciendo la autoestima parte de estos miedos
desaparecen. Se puede mejorar entrenando la aceptación de uno mismo.

4. Reconoce el miedo
¿Cómo superar los miedos y la ansiedad? El primer paso para superar los miedos, fobias, la
ansiedad, las preocupaciones o inseguridades personales es reconocerlo y aceptarlo. Gastar
energía es ocultar tus miedos es improductivo. Cierto es que mostrar tus miedos pone de relieve
tu vulnerabilidad, pero recuerda que ser humano es ser imperfecto y vulnerable.
5. Habla de ello
Tras reconocerlo, habla de ello con naturalidad y normalidad. Compartiendo tus miedos puede
que otras personas también se abran y compartan contigo los suyos. Poder relacionarte sin
máscaras y poder compartir aquello que te preocupa te aportará tranquilidad y seguridad,
además de los beneficios del apoyo de estas personas.

6. Frena el miedo al miedo


Es frecuente observar que aquello más temido es la propia reacción de miedo en lugar del
estímulo inicial. Por ejemplo, una persona que tiene miedo a hablar en público, que más que
miedo a afrontar la situación de la exposición ante la audiencia, tiene miedo a sus propios
síntomas de miedo: palpitaciones, sudoración, temblores, bloqueos, rubor facial, tartamudeo,
sensación de hormigueo, mareo, dificultad para respirar, sofoco, etcétera.
Si es tu caso, debes saber que esta es la reacción normal del organismo ante un peligro. Esta
respuesta fisiológica tiene el objetivo de activar tus músculos, ofrecerte energía y potenciar tus
capacidades para que puedas hacer frente a un peligro. Simplemente se trata de tu cuerpo
ayudándote a sobrevivir.

7. Visualiza
Visualizar es imaginar una situación, es un pensamiento que involucra los sentidos: visión,
audición, olfato, gusto, u sensaciones kinestésicas (movimiento, posición y tacto). La
visualización funciona porque el cerebro no sabe diferenciar lo que es real y lo que es imaginario.
Así, tiene una reacción química parecida ante una situación y ante imaginar la misma. Con la
visualización se activan las mismas zonas cerebrales que cuando se realiza la acción. Por
ello, se considera una buena forma de ensayar una conducta. Sería útil, por ejemplo, para
afrontar el miedo a conducir.
Practicar la visualización consiste en imaginar la situación con gran cantidad de detalles que
involucren la percepción de todos los sentidos, emociones y sensaciones. Se recomienda utilizar
conjuntamente con la relajación para regular la activación fisiológica ante las imágenes mentales.

8. Aprende técnicas de relajación


Las técnicas de relajación tienen como objetivo disminuir la activación fisiológica que produce
el estrés, la ansiedad o el miedo. Las técnicas de relajación funcionan ya que consiguen activar
el sistema nervioso parasimpático e inhibir parcialmente el funcionamiento excesivo del sistema
simpático. Consiguiendo así evocar una respuesta de relajación o haciendo incompatible la
respuesta de ansiedad.
El entrenamiento en técnicas de relajación es complementario a la mayoría de técnicas y
tratamientos para los problemas de ansiedad. Las más utilizadas son la relajación muscular y
las técnicas de respiración.

9. Exponte al estímulo temido


Las técnicas de la terapia cognitivo-conductual son eficaces para aprender a regular y gestionar
las emociones de forma adaptativa, incluido el miedo. Los puntos importantes para superar el
miedo son:

La reestructuración cognitiva para superar el miedo


En primer lugar, podemos incidir en esas creencias irracionales para que el filtro cognitivo permita
una interpretación más adaptativa de la realidad. Eso se consigue detectando los pensamientos
automáticos y las creencias irracionales, cuestionándolas y reemplazándolas por pensamientos
más adaptativos.

El afrontamiento
Por otro lado, deberemos dejar de evitar las situaciones para no reforzar, perpetuar y agravar el
miedo. Ante un miedo disfuncional, la situación activa una sensación de miedo intensa y molesta.
Cuando evitamos dicha situación, automáticamente disminuye el malestar. Esta sensación de
relajación y disminución del malestar, sirve para reforzar la conducta de evitación. Esta es la
manera en que el miedo se refuerza, se mantiene e incluso se agrava y se generaliza con el paso
del tiempo. Por ese motivo es importante gestionar correctamente el miedo disfuncional cuanto
antes, para que no se convierta en una fobia. Existen diferentes técnicas psicológicas para
afrontar el miedo, las más utilizadas son:
 Las técnicas de exposición. Consisten en exponerse de forma controlada y prolongada
al estímulo que activa el miedo hasta que disminuya la activación. La exposición puede ser en
imaginación, en vivo o mediante dispositivos tecnológicos de realidad virtual. No solo deberemos
exponernos a los estímulos, sino también a los propios síntomas que produce la activación
psicofisiológica (aumento del ritmo cardíaco y respiratorio, sudoración, temblor, etcétera) para
no desarrollar miedo al propio miedo.
 La desensibilización sistemática. Consiste en exponerse a los estímulos ansiógenos de
forma gradual y progresiva, de acuerdo a una lista jerarquizada previamente establecida, con el
objetivo de reducir la activación psicofisiológica.

¿Cómo superar miedos y fobias? La técnica por excelencia para superar los miedos irracionales
es la exposición. Esta técnica conductual se sustenta en el principio de la habituación, que
consiste en la disminución de la intensidad de la respuesta ante la repetición continuada de un
estímulo inofensivo. Es decir, si afrontas de forma regular una situación que no es perjudicial,
tu reacción emocional cada vez será menor. La exposición puede ser de diferentes formas:
 Exposición en vivo: que consiste en la exposición al estímulo temido en la realidad.
 Exposición en imaginación: significa exponerse a través de imaginarse la situación que
produce el miedo.
 Exposición mediante realidad virtual o realidad aumentada: la exposición a través de
las herramientas tecnológicas de realidad virtual o aumentada.
La exposición debe ser gradual, acompañada de la práctica de la relajación y mejor si está
guiada por un profesional.

10. Convive con el miedo


Si te preguntas "como dejar de tener", debes saber que el miedo nunca desaparecerá totalmente.
Tal como dice la frase: el miedo no se quita, no es una mancha. Es una emoción y, como las
demás, debe ser gestionada y regulada. Los pasos para gestionar una emoción son:
1. Percibirla: ser consciente de ella
2. Identificarla: ponerle nombre
3. Sentirla: notarla y no luchar para evitarla
4. Escucharla: las emociones nos aportan información que puede servir de guía. Puedes
preguntarte: por qué estoy sintiendo miedo ahora o qué es lo que está provocando esta
reacción.
5. Dejarla ir: una vez la emoción ya te ha aportado la información suficiente y has decidido
en consecuencia, puedes dejarla ir.