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Silvia Bleichmar: “Violencia social-violencia escolar.

De la puesta de límites a la construcción de


legalidades”.

Capítulo: sobre la puesta de límites y la construcción de legalidades.

La construcción de legalidades debe ser rescatada como cuestión central de la infancia. La derrota de la
impunidad brindará garantía de la construcción de un recontrato intersubjetivo en la sociedad actual.

Ante el pedido de cómo se pone un límite, devolver la pregunta ¿qué siente usted cuando él o ella hacen
esto o esto otro? Que un padre consulte sobre como pautar la masturbación compulsiva de un niño, que
una madre no sepa como limitar la agresividad de uno de sus hijos contra otro, no permite el orden de
una respuesta general sobre los límites, sino una demanda de respuesta con respecto a cómo el o ella
misma sienten estas acciones lesionantes hacia sí mismo o hacia el otro por parte del niño.

¿Cuáles son las nuevas condiciones de producción de subjetividad en el país?

No se puede educar para el presente, es necesario educar para el futuro. Hay una enorme cantidad de
chicos que no tienen claro cual es su futuro o directamente no anhelan un futuro y viven en la inmediatez
total. Y esto es lo que vemos reflejado en su imposibilidad de aprender. No está dado porque no sean
inteligentes, está dado porque no creen que los conocimientos que reciban puedan servirles para
enfrentar la vida. Se ven reducidos a la inmediatez de la vida que les ha tocado y nadie les propone soñar
un país distinto desde una palabra autorizada.

La escuela tiene que cumplir una función que no puede cumplir ninguna tecnología que es la producción
de subjetividad. La escuela como formadora de subjetividad, debe tener en cuenta dos variables: la
producción de legalidades, no la puesta de límites, y la capacidad de recuperar preguntas que inclusive no
pueden formular los niños o los jóvenes mismos.

El problema de la construcción de legalidades pasa por esto, por la posibilidad de construir respeto y
reconocimiento hacia el otro y por la forma en cómo se define el universo del semejante. El pudor como
cuidado del propio cuerpo, el control de esfínteres, todas esas cuestiones tienen que ver con los primeros
modos de reconocimiento del otro, y aquello a lo que se renuncia por reconocimiento hacia el otro.
Entonces cuando el niño renuncia a ciertas cosas, lo hace porque no quiere perder el amor, pero también
porque no quiere producir sufrimiento en el otro. Entonces, la crueldad no es solamente el ejercicio
malvado sobre el otro, sino que es también la indiferencia ante el sufrimiento del otro. Es una forma de
inmoralidad y de crueldad la indiferencia ante el sufrimiento.

¿Qué pasa con el respeto a la autoridad en un país donde la autoridad estuvo al servicio de la corrupción
y el asesinato durante tanto tiempo? Hay dos formas de autoridad, la que se pretende imponer desde el
punto de vista de la puesta de límites y la que se plantea cómo instalarse desde el punto de vista de las
identificaciones internas, con la legislación que transmite aquel que tiene derecho ético de hacerlo.

La ética consiste en tener en cuneta la presencia, la existencia del otro. Tiene que ver con la forma que
enfrento mis responsabilidades hacia el otro. Para que mis obligaciones éticas se constituyan con respecto
al otro, yo tengo que tener una noción del semejante que sea abarcativa. La moral es un conjunto de
formas históricas de las que se van tomando los principios con los cuales se legisla.

Una de las formas primeras de ejercer impunidad es la invisibilización de la víctima, es decir que la víctima
deja de ser visible.
¿Por qué un niño acepta que dos más dos es cuatro? Porque cree en quien se lo dice, si no, no podría
aceptarlo. No se aprende por ensayo y error, sino por la confianza en el otro. Se aprende porque uno cree
en la palabra del otro.

La relación entre un niño y un adulto es una relación de asimetría simbólica y de capacidad de dominio
del mundo. En este sentido, el adulto tiene responsabilidades y en la escuela no somos todos iguales. Si
fuéramos todos iguales, entonces sería imposible no solamente la instauración de las normas, sino
también del aprendizaje: ¿por qué alguien tendría que aprender del otro que es un par?, el conocimiento
se transformaría solo en opinión. Lo mismo ocurre con las normas. Por eso, se puede llevar a debate el
cumplimiento de las normas, pero no la instalación de la norma misma: no se discute con un niño si va a
“hacer popo” en el aula o en el baño. No se le dice “no, porque si no, el aula se ensucia”, se le dice “no,
porque esto acá no se hace”.

El temor de los padres a que los hijos queden por fuera de la cadena productiva los lleva a perder de vista
toda posibilidad de construcción de un sujeto, para centrarse en cambio en la administración de
conocimientos, como si uno instruyera a una computadora. La escuela tiene que romper con ese molde.
Tiene que ayudar a producir subjetividades que no solamente sirvan para la aplicación del conocimiento,
sino para la creación de conocimientos y de conocimientos con sentido, no solamente con el único sentido
de ganarse la vida, sino con sentido.

La construcción de subjetividades no se puede hacer sino sobre la bese de proyectos futuros. Y los
proyectos futuros no se establecen sobre la realidad existente, sino sobre la realidad que hay que crear.
Toda cultura humana es la creación de realidades inexistentes. Los caprichos son parte de la
humanización, porque quiere decir que nos regimos por cosas que no son puramente autoconservativas,
sino por signos que tienen que ver con otras variables. Por eso les digo a las chicas que, a veces, los
caprichos de los maridos con la comida son también l que hace que las puedan amar, porque, si no, se
hubieran enamorado del primer olor que pasa, como los perros.

La indiferencia es una forma de crueldad. Por algo ahora se ha instituido en la categoría de violencia
silenciosa, una nueva forma de violencia que a veces se da en la pareja o en la familia: el hecho de que el
otro no responda largamente produce una permanente sensación de inexistencia que es una de las formas
más desubjetivantes. Sabemos que el otro es humano porque responde. Uno se siente frente a algo que
es también del orden de la subjetivación. La respuesta mecánica es una respuesta desubjetivante y es tan
grave como el silencio. El silencio también es una forma de crueldad. Por eso las no-respuestas a las
necesidades del prójimo son formas de ejercicio de la crueldad y de la violencia silenciosa.