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Javier Ormazabal Echeverría Introducción a los estudios literarios

Tercera Ficha de Lectura

Platón, Apología de Sócrates

Presentación del autor y la obra

Platón está considerado uno de los más influyentes filósofos de la historia.


Discípulo de Sócrates y maestro de Aristóteles, trató temas muy diversos, tales como
política, antropología, psicología, ética, epistemología, metafísica y cosmología.
Fundó la Academia, donde participó activamente en la educación de los jóvenes
atenienses, que era una de sus mayores preocupaciones. Nació en Atenas, Grecia,
en el año 427 a.C, en el seno de una familia aristocrática, por lo que pudo gozar de
una esmerada educación artística. Su vida está fuertemente marcada por las
enseñanzas de su maestro Sócrates, que serían las semillas de una profunda y
fecunda obra filosófica. Tras la muerte de su maestro, abandonó su dedicación a la
literatura (llegó a escribir poesía y tragedia) para centrarse totalmente en la filosofía.
Fue el primer filósofo occidental seriamente interesado en el fenómeno literario, y sus
ideas sobre tales materias quedarían plasmadas en todos sus diálogos. Platón
concibió la literatura como íntima y dependientemente unida a la música, y muchas
veces bajo una perspectiva algo negativa. A la luz de la ética (y no de la estética)
Platón condena los géneros de la tragedia y la comedia, la una por su caos y
patetismo, y la otra por constituir un espectáculo bajo en el que el espectador ríe las
desgracias ajenas. Más interesado por la verdad en sí misma que por su expresión,
rescata el contenido de las obras; por eso llevará a cabo una dura crítica de la poesía,
en la que la forma es pura mentira y cuyo contenido, siempre ambiguo, es únicamente
interpretable por el propio autor.

Sin embargo, su interés por la literatura no se materializa sólo en reflexiones y


teorizaciones, sino que su misma obra literaria da buena cuenta de ello. Los textos
que se conservan de Platón son, al contrario que Aristóteles, los exotéricos, ya que
los esotéricos, usados como apuntes de clase, fueron todos perdidos. Todos estos
escritos comparten un mismo género, el diálogo, que le sirve al autor para expresar
opiniones impopulares en boca de personajes antipáticos, de modo que el lector
puede situarse como partícipe en el diálogo o como mero observador que lee las
diversas respuestas dadas por las distintas personalidades que figuran en cada obra.
El diálogo es el género ideal para el cometido platónico: involucrar al lector en una
conversación y reflexión acerca de los temas de discusión. Lejos de presentar sus
tesis de modo firme y categórico, plantea preguntas y respuestas articulándolas
mediante la voz de sus personajes. De hecho, en muchas ocasiones no parece seguro
que Platón defienda una postura concreta bajo el velo literario de sus obras, puesto
que muchas veces ni siquiera tiene pretensión de certeza, sino que sencillamente se
embarca en el intento de resolver una u otra cuestión, cuyo desarrollo siempre da

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fruto, independientemente de si se llega a conclusión o a aporía. Se trata de un caso


paradigmático de “forma que sigue perfectamente al fin”, al contenido de la obra:
Platón imita aquí a su maestro, emulando de forma escrita el método mayéutico, que
consiste, no en aportar argumentaciones y razonamientos propios, sino en ejercer el
rol de “partera”, guiando al interlocutor en su propio reflexionar para que dé a luz a la
respuesta por él mismo.

Esta obra en concreto se sitúa en su primer período, el período de juventud,


en el que se atiene a describir el modo de ser de Sócrates y se centra en sus
preocupaciones éticas: Apología, Ion, Critón, Protágoras, Laques, Lisis, Cármides y
Eutifrón. Se trata de una versión del discurso pronunciado por Sócrates ante el tribunal
de justicia, ante quien comparece por las acusaciones de Meleto, Ánito y Licón.

Resumen y estudio de los personajes

La “Apología de Sócrates” es el relato, en forma de diálogo, del juicio y condena


a muerte de Sócrates, filósofo ateniense maestro de Platón. Acusado de sofista,
impío, ateo y corruptor de la juventud, Sócrates comparece ante la justicia ateniense.
Ante sus detractores Meleto, Licón y Ánito, que lo calumnian y condenan, Sócrates
lleva a cabo una revisión y defensa de toda su vida que, según él, ha consistido en
una suerte de encargo divino. Querefonte, discípulo y amigo suyo, consultó al oráculo
de Delfos, de quien escuchó que “no hay hombre más sabio que Sócrates” 1. Para
comprender el sentido de esas palabras, Sócrates explica cómo emprendió la misión
de hablar con los hombres tenidos por sabios, amén de descubrir qué tienen que los
hace sabios. Sometiendo a examen a los políticos, poetas y artesanos, se gana la
enemistad de muchos ciudadanos, que acaban por considerarlo un hombre irritante,
precisamente porque no puede evitar herir el orgullo de muchos demostrándoles que
no saben tanto de lo que dicen saber como creen. La conclusión necesaria a la que
llega el filósofo es que la sabiduría de la que hablaba el oráculo debía de ser una
sabiduría humana, una conciencia firme de los límites de su propio conocimiento 2.
Sócrates sabe que no sabe, y haciendo hacer a los supuestos sabios ver que no son
sabios, se granjea el odio de muchos. Sin embargo, el filósofo logra defenderse de
todas sus acusaciones con firmeza y coherencia, y demostrar que esas acusaciones,
más que estar fundadas en hechos reales, son trucos diseñados por rencor.

1
Un dia, habiendo partido para Delfos, tuvo el atrevimiento de preguntar al oráculo (os suplico que no
os irritéis de lo que voy á decir), si había en el mundo un hombre más sabio que yo; la Pythia le
respondió, que no habia ninguno
Apología. Platón, Obras completas, edición de Patricio de Azcárate, tomo 1, Madrid 1871 (p.54).
2
Hay esta diferencia, que él cree saberlo aunque no sepa nada, y yo, no sabiendo nada, creo no
saber. Me parece, pues, que en esto yo, aunque poco más, era más sabio, porque no creía saber lo
que no sabía.
Íbidem (p.55).

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Aún habiendo sabido defenderse ante sus detractores, Sócrates es condenado


a beber la cicuta, sentencia que acepta con serenidad. Para él, la necesidad moral de
defender sus convicciones es más importante que su vida; en realidad es él quien
acoge la muerte como modo de salvar su verdadera imagen y de respetar las leyes y
la justicia humana. Según él, un hombre debe examinar su obrar, si es justo o injusto,
y no debe temer al riesgo de morir si quiere ser de provecho 3. Sería indigno por su
parte, dice, abandonar su puesto por temor a la muerte y desobedecer al oráculo.
Sócrates se justifica, además, explicando que jamás ha sido maestro de nadie,
aunque a muchos les gustase pasara tiempo con él.

El juicio acaba con la condena y con las últimas palabras de Sócrates: su


apelación a su dignidad y a la de los jueces. No le parece correcto recurrir a la
pedofrastia ni rogar y suplicar con lágrimas. Los justo es informar y persuadir, no
necesariamente salvarse. Sócrates concluye su defensa alegando que, si alguna vez
hizo daño a alguien, no fue voluntariamente; y que si tuviera más de un día para
defenderse de sus acusadores, quizás no sería condenado. Su última petición es que,
tras su muerte, no dejen que sus hijos adoren la riqueza y la comodidad, sino que los
eduquen en la virtud y el cumplimiento del deber.

Sócrates es el único personaje con verdadera relevancia de esta obra. Además


de él, el único que participa en el juicio es Meleto, uno de sus acusadores. Su
intervención se limita a la presentación de sus cargos y a la contestación a una serie
de preguntas mediante las cuales Sócrates logra rebatir sus acusaciones. Sócrates
se nos presenta como un hombre honrado, con un fuerte sentido del deber y la justicia,
que busca por encima de todo la virtud. En su defensa, se muestra humilde, paciente
y cortés, capaz de controlar sus pasiones y dejarse valorar por la ley. No posee
grandes pretensiones, ni siquiera de sabio, y, a pesar de su injusta sentencia, abraza
la muerte con serenidad y una digna resignación.

Temas

-La sabiduría: Sócrates explica su vida como una constante búsqueda de la sabiduría;
tal es la misión en la que se embarca tras la revelación del oráculo. Es, en definitiva,
el fin de la filosofía, y todo filósofo debería caminar en pos de ella. Es lo que Sócrates
trata de encontrar en su examinar a los distintos profesionales atenienses. Sin

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Lo único que debe mirar en todos sus procederes es ver si lo que hace es justo o injusto, si es
acción de un hombre de bien o de un malvado.
Íbidem (p.66).

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embargo, esta búsqueda de la sabiduría ha de conjugarse con su humilde declaración


de ignorancia, y la vía para hacerlo es la ironía. Esta ironía socrática, o ironía
compleja, consiste en afirmar algo que, en un sentido, se piensa y, en otro sentido,
no. La declaración de ignorancia tiene que ser de algún modo sincera, y lo es en el
sentido de que Sócrates no posee un vasto conocimiento sobre disciplina alguna en
particular. No obstante, “no hay nadie más sabio que Sócrates” porque Sócrates
posee una sabiduría humana en la que nadie lo aventaja. Lo que Sócrates sí tiene es
un cierto saber dialéctico, que le permite guiar la conversación y que radica en última
instancia en su conocimiento del límite de su propio saber; tal es el punto de partida
tan importante para el filósofo, que debe ser siempre consciente de lo poco que sabe,
sin dar por hecho su conocimiento sobre el mundo.

-El justo ante lo injusto: Sócrates tiene una necesidad moral de defender sus
convicciones más que su propia vida. “Mi único cuidado consistía en no cometer
impiedades e injusticias”4. Es un tema antiguo, tratado en obras como “Antígona” o.
Sócrates opta por “luchar hasta la muerte” antes que “arrojar las armas”5, porque una
de sus más profundas convicciones es aquella de que es preferible padecer la
injusticia a cometerla6. Cometer la justicia atenta contra lo bello y lo bueno, que son
lo que aporta placer y utilidad, luego necesariamente ha de ser peor ser injusto que
recibir una injusticia siendo justo, porque quien la comete tiene lo feo en sí mismo,
que es dañino, y sólo sanará si es castigado justamente. Sócrates está dispuesto a
morir porque sabe que escapar de la justicia sería una cobardía y o haría, en último
término, infeliz; por ese motivo pronuncia sus últimas palabras: “si me concedéis esta
gracia, lo mismo yo que mis hijos no podremos menos de alabar vuestra justicia. Pero
ya es tiempo de que nos retiremos de aquí, yo para morir, vosotros para vivir. ¿Entre
vosotros y yo, quién lleva la mejor parte? Esto es lo que nadie sabe, excepto Dios”.
La muerte no es un mal comparable a la cobardía y, de hecho, quizás ni sea un mal,
puesto que sólo puede traer un anonadamiento definitivo o una mayor felicidad que
en vida7.

-La introspección: uno debe examinar su obrar, si es justo o no, sin miedo a morir. De
lo contrario, nunca será de provecho8. La introspección, la vida examinada, es el punto

4
Íbidem (p. 73)
5
Ni en los tribunales de justicia, ni en medio de la guerra, debe el hombre honrado salvar su vida por
tales medios. Sucede muchas veces en los combates, que se puede salvar la vida muy fácilmente,
arrojando las armas y pidiendo cuartel al enemigo…
Íbidem (p. 82)
6
He dicho antes que cometer una injusticia es un mal mayor que sufrirla. He dicho que los que obran
injustamente son desgraciados.
Gorgias. Platón, Obras completas, edición de Patricio de Azcárate, tomo 5, Madrid 1871 (p.178)
7
De dos cosas, una: o la muerte es un anonadamiento absoluto, y entonces es una ventaja escapar
por la insensibilidad a todos los males de la vida , o es el tránsito de un lugar a otro, y en este caso
¿no es la mayor felicidad verse transportado a la mansión de los justos?
Apología. Platón, Obras completas, edición de Patricio de Azcárate, tomo 1, Madrid 1871 (p. 46)
8
Una vida sin examen no es vida.
Íbidem (p. 81)

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de partida de obras de la talla de las “Confesiones” de Agustín de Hipona. Esa


introspección es la que le lleva a Sócrates, en última instancia, a su juicio. Sin ella, el
hombre es ignorante, en el sentido socrático de la palabra; es decir, no es consciente
de si es virtuoso, o de si sabe o no, lo cual puede llevarle a creerse sabio o, en
definitiva, cualquier cosa. La vida examinada implica una constante revisión y
reflexión sobre cómo se vive, y esa es la exhortación del protréptico socrático: el
cuidado del alma. Una vida sin examen no es digna de ser vivida porque supone
descuidar el alma, que es lo que tiene mayor valor en la existencia humana. El alma
es aquella parte donde reside la justicia y la virtud, que es la excelencia. Dado que es
el alma donde reside la virtud, hay que cuidar del alma para ser mejor o más
excelente.

Valoración personal

La “Apología de Sócrates” es un texto apasionante, no sólo para filósofos, sino


para cualquier clase de lector. La exhortación que lleva a cabo empuja realmente a la
vida virtuosa o, al menos, a un intento de vida reflexionada. El juicio del que somos
testigos aquí es y será de una actualidad constante mientras el hombre sea hombre,
puesto que lo que se nos ofrece es una fórmula para la vida lograda. Además, el
heroísmo y la valentía de Sócrates seguirán siendo siempre una actitud
verdaderamente ejemplar ante las adversidades. Este suceso, similar a la crucifixión
de Cristo o a la aceptación de la muerte por parte de Tomás Moro, perdurará como
modelo de comportamiento sereno y resignado, y su discurso acerca de temas
realmente atemporales permanecerá como guía ética para todo tipo de personas.