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EL TERCER MUNDO

una nueva juerza vital en los asuntos


internacionales

por

PETER W O R SLE Y
4

T r a d u c c ió n de
M A R T Í SOLER

l
índice

RECONOCIMIENTOS 1

PREAMBULO 3

INTRODUCCIÓN: LA CREACIÓN DEL MUNDO 5

UNO EL INTERLUDIO EUROPEO 24

La relación colonial 24
L a sociedad adm inistrativa 33
La ra is o n d 'é tr e 46

DOS DESPUÉS DEL DILUVIO 52


Del nacionalism o de é lite al nacionalism o de m asas 52
L a definición de la nación 66
TRES VARIEDADES DE LA EXPERIENCIA REVOLUCIONARIA 91

N acionalism o y com unism o 91


N acionalism o y socialdem ocracia 100
CUATRO POPULISMO 114
L a ideología populista destaca 114
Las clases sociales en los países que surgen 125
Burguesía y pequeña burguesía, 130; Obreros y campesi­
nos, 144
P o p u lism o : idiom a ru ra l en un m un do m odern o 157
Algunos casos am ericanos 159

CINCO LA ESTRUCTURA DE LOS NUEVOS ESTADOS 167

Los E stados unipartidistas 169


Los E stados plu ralistas 198
D iferenciación y conflicto 205

SEIS LOS PUEBLOS HAM BRIENTOS Y LOS BLOQUES OPULENTOS:


NEUTRALISM O POSITIVO 219

BIBLIOGRAFIA 259
IN T R O D U C C IO N

La creación del mundo

Antes de nuestros días, la sociedad hum ana nunca había existido.


Sociedades, s í ; civilizaciones e im perios que se extendieron p o r gran­
des regiones e influyeron en m illones de personas. N o podía ser de
otra m anera antes del crecimiento de la civilización. N o podíam os es­
p e ra r una com unidad hum ana de am plitud m undial en la E u ropa
paleolítica sólo habitada p o r unos pocos miles de hom bres. " E n tér­
minos m odernos — nos dice el arqueólogo— la producción total
de energía en la E u ro p a salvaje en cualquier m om ento determ inado
nunca excedió, probablem ente, a la de un solo bo m bard ero de cuatro
m otores."1
Pero, aun cuando las grandes civilizaciones evolucionaron, es­
tablecieron sus fronteras en alguna parte. Fueran cuales fueran
sus proclam as de dom inio universal — y el Im p erio chino no tenía
Departam ento de Relaciones Exteriores, puesto que era la civiliza­
ción y todo lo demás- b arb arie— reconocían la existencia de la vida
m ás allá de los lim e s , pero sólo una vida b á rb a ra . L a línea en la
que term inaba la civilización e ra patru llada p o r gente arm ada y
guardada p o r las m urallas chinas y rom anas. P o r lo qu e respecta
a lo que había m ás allá, no estaban m uy interesados.
Esta m utua ignorancia era tragicóm ica. P u do h a b e r sido fatal.
Su rajah D ow lah, n abab de B en gala, a quien derrotó Olive en Plas-
sey, creía que sólo había 10 m il habitantes en Europa.® Tam bién
los chinos pensaban que E u ro p a tenía poca población.
En 1793, Ch'ien Lung, E m p e ra d o r de China, se dirigió a un
potentado bárbaro, Jorge I I I de In glaterra, en respuesta a la m isión
de E arl M acartney, m an dado p o r Jorge a Pekín:

Vos, oh Rey, vivís más allá de los confines de muchos m ares; pero
impelido por vuestro humilde deseo de participar de los beneficios de
nuestra civilización habéis enviado una misión que trae respetuosamente
vuestro memorial. . . Para mostrar vuestro afecto habéis enviado también
ofrendas de los productos de vuestro país.
He leído con atención vuestro memorial: los términos fervorosos
que contiene revelan una respetuosa humildad de vuestra parte, lo que
es altamente loable...
En cuanto a vuestra petición de enviar a uno de vuestros nacionales
para que sea acreditado en m i Corte Celestial y con el fin de que quede
al control del comercio de vuestro país con China, esta petición es con­
traria a los usos de mi dinastía y no puede ser considerada... Podríamos
1 Clark, From Savagery to Civitizatwn, p. 30.
2 Strachey, The End of Emptre, p. 19.
sugerir que imitara a los europeos que residen permanentemente en
Pekín y adoptar el vestido y las costumbres chinas, pero nunca ha. sido
deseo de nuestra dinastía obligar a la gente a hacer cosas impropias
c inconvenientes...
En mi imperio sobre el ancho mundo sólo tengo una meta, la de
mantener un gobierno perfecto y cumplir los deberes del E stado...
Como lo puede ver por sí mismo vuestro Embajador, lo tenemos todo.
N o doy valor a los objetos extraños e ingeniosos y no tienen utilidad
para nosotros las manufacturas de vuestro país...
Vos, oh Rey, habéis deseado desde hace mucho las bendiciones de
nuestra civilización... Desde luego, ya he tomado nota de vuestro respe­
tuoso espíritu de sumisión...
[E n cuanto al com ercio]... nuestro Imperio Celeste posee todas
las cosas en abundancia prolífica y no le falta ningún producto dentro
de sus fronteras. Por tanto, no hay ninguna necesidad de importar las
manufacturas de los bárbaros de fuera a cambio de nuestros propios
productos. Pero como el té, la seda y la porcelana que produce el Celeste
Imperio son necesidades perentorias de las naciones europeas y vuestras,
hemos permitido, como señal de favor, que hongs extranjeros se esta*
blezcan en Cantón, de manera que vuestros requerimientos sean cumpli­
dos y vuestro país participe así de nuestra liberalidad.
En cuanto al culto de vuestra nación al Señor de los Cielos [cristia­
n ism o ]... desde el principio de la historia emperadores prudentes y
gobernantes sabios dieron a China un sistema moral e inculcaron un
código, el que desde tiempo inmemorial ha sido observado religiosamen­
te por los millones que forman mi pueblo. Nunca ha habido interés
alguno por doctrinas heterodoxas... La distinción entre chinos y bár­
baros es muy estricta y la petición de vuestro Embajador en el sentido
de que los bárbaros obtengan completa libertad para difundir su religión
es totalmente irrazonable.
Podría ser, oh Rey, que las anteriores proposiciones hayan sido
hechas por vuestro Em bajador bajo su propia responsabilidad, o acaso
vos mismo por ignorancia de nuestras reglas dinásticas y sin ninguna
intención de transgredirlas cuando expresasteis estas ideas y esperanzas
disparatadas...
Desplegad, oh Rey, una lealtad aún más ardiente en el futuro y
esforzaos por conservar para siempre Nuestro afecto benévolo...8

A pesar del tono altivo y las pretensiones universalistas del Empera*


dor chino, su sociedad estaba m al equipada p a ra resistir las in­
cursiones de la E u ro p a com ercial. Pero p a ra una sociedad que
creía que "c o m o hay un sol en los cielos, asim ism o sólo puede
h aber un solo p o d er suprem o en la tierra", era difícil com prender
que los sórdidos dem onios extranjeros tratantes de opio represen­
taran un p o d e r m ucho m ayor qu e el de China. Incluso en la época
de la G uerra del O p io :

...la creencia en que los extranjeros, y en particular los ingleses, mori­


rían de estreñimiento si se Ies privaba del ruibarbo estaba muy exten­
d id a... en China. Tuvo su origen, creo, en la práctica tan extendida en

3 Modem Chínese History, ed. MacNair, pp. 1-11.


la Europa de principios del siglo xix que ordenaba una gran purga
en primavera, siendo la raíz del ruibarbo un ingrediente que entraba a
menudo en los purgantes. La purga estacional era, según creían, entera­
mente necesaria en el caso de los niños, que sin ella se llenarían de
lombrices. P e ro ... más tarde [los funcionarios chinos encargados de eli­
minar el comercio del opio] modificaron sus creencias acerca del ruibar­
bo y dijeron que sólo el té podía considerarse de absoluta necesidad.*

E l abism o entre las civilizaciones era dem asiado grande p a ra tender


un puente entre las orillas, a veces incluso dem asiado gran de para un
entendimiento m utuo. Periódicam ente, cuando los hom bres rompían
las barreras de montes, idiom a, océano, m urallas, se quedaban
boquiabiertos ante lo qu e veían. ¿Cómo podían los hom bres llevar
existencias tan anim alescas? ¿ E ran realm ente hom bres? E n la Co­
lonia del Cabo los nóm adas prim itivos eran cazados p o r deporte.
E n Tasm ania, los colonizadores de 1830, ju n to con soldados, poli­
cías y crim inales, recorrieron la isla en una batida m ilitar para
lim piarla de toda su población aborigen.5
E n los prim eros días de la colonización las cosas eran a menudo
distintas. E n el Cabo, las relaciones entre los blan cos y los negros
eran lo bastante equilibradas com o p a ra que fu eran norm ales los
m atrim onios entre holandeses y m u jeres hotentotes. E l caso más
fam oso fue el m atrim onio del exp lo rad o r V a n M eerhof, en 1664, con
Eva, una hotentote, en el que la b o d a fu e celebrada con u n a fiesta
nupcial en la Casa de G obierno.6
Este breve período de tolerancia no d u ró m ucho. Las guerras
de los hotentotes y la de K a ffir, m ás la im portación de esclavos en
gran escala, cam biaron p ro n to las cosas. H a c ia 1792 el Concejo de la
Iglesia de C iudad del C abo declaró qu e ya no existían razones
temporales o religiosas p a ra d e ja r libres a los esclavos qu e se con­
virtieran al cristianismo.7
Pero en todas partes los europeos encontraron culturas bien
distintas de las de los hotentotes y los aborígenes australianos.
Cuando toparon con esas civilizaciones se les planteó una interro­
gante bien distinta: ¿Cómo pudieron estas m agníficas civilizaciones
perm anecer ignoradas? E n el siglo x i i i , cuando M a rc o P o lo llegó
a la ciudad de Hang-chou, entonces en decadencia, encontró que

...tiene una extensión de cien m illas... Hay, además de otras muchas


para los diversos barrios, diez plazas principales# Son cuadradas y cada
uno de sus lados mide media m illa ... Todos los caminos están pavi­

* Waley, The Opium War Through Chínese Eyes, p. 33.


5 Tumbull, Black War. Los resultados quedaron muy lejos de lo que se
proponían: dos nativos muertos, dos capturados, contra cuatro o cinco muer­
tos; costo: 35 mil libras esterlinas. Pero otras medidas sí fueron efectivas-
el ultimo aborigen murió en 1876.
fl Roux, Tim e Longer than Rope, p. 31.
7 Benedict, Race and Racism, p. 108.
mentados con piedras y con ladrillos cocidos... hay un millón seis­
cientas mil casas.. .®

En esta época la vida en E u ro p a era insegura, las comunicaciones


primitivas y la civilización en decadencia.® Aún tres siglos después,
cuando la civilización europea h abía adelantado considerablem ente,
la región no europea podía seguir asom brando a los conquistadores
españoles de M éxico:

Y desde que vimos tantas ciudades y villas pobladas en el agua, y en


tierra fírme otras grandes poblazones, y aquella calzada tan derecha y
por nivel cómo iba a México, nos quedamos admirados, y decíamos que
parecía a las cosas de encantamiento que cuentan en el libro de Amadís,
por las grandes torres y cúes y edificios que tenían dentro en el agua, y
todos de calicanto, y aun algunos de nuestros soldados decían que sí
aquello que veían si era entre sueños... Y después que entramos en
aquella ciudad de Estapalapa, de la manera de los palacios donde nos
aposentaron, de cuán grandes y bien labrados eran, de cantería muy
prima, y la^madera de cedros y de otros buenos árboles olorosos, con
grandes patios y cuartos, cosas muy de ver, y entoldados con paramentos
de algodón. Después de bien visto todo aquello, fuimos a la huerta y
jardín, que fue cosa muy admirable verlo y pasearlo, que no me hartaba
de m irar la diversidad de árboles y los olores que cada uno tenía, y an­
denes llenos de rosas y flores, y muchos frutales y rosales de la tierra...
Ahora todo está por el suelo, perdido, que no hay c o s a ..,10

U na generación después de la conquista sólo se p o d ía decir "q u e


no hay cosa” : tan enteram ente las altas civilizaciones eran destrui­
das o arrasadas que pronto fu ero n olvidadas y los blancos dudaron
de su existencia. Y lo s descendientes de los conquistadores recor­
daron.
L a ignorancia del h o m b re so b re sus sem ejantes no sólo. es_asunto
de a u ssn cia .d e inform ación . T am bién está _condicionada_pon Ja- fal­
ta de in te ré s en conseguirla, y e n las nociones a p r io rL.& intereses
investidos..que .¡determinan las .reacciones_xaucho._más_allá_ii£L con­
tacto real. A m enudo están ah í "lo s hechos", si se los busca desapa­
sionadamente. P ero el sudafrican o que m ira la historia cultural
africana a través de los lentes distorsionadores de la superioridad
racial no puede v e r claram ente. U n a enciclopedia reciente, por
ejem plo, se refiere a la antigua civilización de M onom atapa com o a
"u n legendario im perio que los prim eros viajeros creían que existía
en el interior del A fric a del S u r", "ley en d a” que estaría basada en
las “historias distorsionadas de las tribus nativas",11 a p e sa r del

s Viajes de Marco Polo, pp. 192-204. La milla china equivalía a un poco


más de quinientos metros.
® Véase Bloch. Feudal Society, parte II: "The Environment: Conditioas
of Life and Mental Clímate”, pp. 59-L2Q.
10 Berna! Díaz del Castillo, Historia verdadera de la conquista de la Nueva
España, pp. 147-8.
13 Encyctopaedia of Southern Africa, cd. Rosenthal, p. 340.
IN TR O D U C C IÓ N
t

abundante m aterial arqueológico y documental sobre este imperio.33


A h ora el m ito y a no es, com o lo presum e la enciclopedia, una
simple "disto rsión ". Tam poco es "h istoria” . Com o lo m ostró M ali-
now ski en fo rm a clásica, el m ito actúa com o "títu lo " del orden
social de h o y : "p rop orcio n a un patrón retrospectivo de los valores
m orales, el orden sociológico y la creencia m á g ic a " cuya "fu n c ió n "
es "re fo rz a r la tradición y dotarla de u n m ay o r v a lo r y prestigio al
rastrear en los tiem pos u n a realidad m ás alta, m e jo r y m ás sobre­
natural de acontecimientos n aturales”.13 P ero que puede incorporar,
utilizar y elaborar, c o n p r o p ó s ito s m ito p o ié tic o s , acontecimientos
históricos reales al igual que "acontecim ientos” míticos puros. P o r
difícil que sea la tarea, con todo, es p o sib le destilar la historia de
la leyenda popular. Y es peligroso d escartar el v a lo r h is tó r ic o
de toda tradición o ra l:

En 1914, un funcionario distrital francés, Bonnel de Meziéres, excavó


en un lugar en el que ta tra d ición sugería (aunque ninguna elevación
notable sobre la sabana lo in d ic a b a )...

y encontró lo que p robablem en te es K u m b i Saleh, la capital del


antiguo Im p erio de Ghana.14 E n Sudáfrica, las leyendas V e n d a de
una colína secreta sagrada en el T ran svaal fu eron la clave p a ra
el descubrim iento de los "en tierros de o r o " de M apun gubw e.10
Leyendas com o éstas pueden, p o r tanto, contener un m eollo de
verdad histórica. Otras son enteram ente "m itológicas”. P ero tam bién
los europeos tienen sus m itologías. Cuando Cortés y sus com pañeros
quem aron sus naves en las playas de M éxico, el gran dram a de su
acto era congruente con las im aginaciones voraces de los hom bres
que no sólo h abían salido a saquear, sino qu e se consideraban tam­
bién cam peones cruzados de la C ristiandad y héroes de la épica
y los rom ances m edievales, al encuentro de "la s cosas de encanta­
miento que cuentan en el lib ro de A m adís” . U n a E spañ a que acababa
de ser reconquistada de los infieles, y que hacía poco h abía sido
declarada totalmente inhabitable, p a ra los caballeros andantes, p o r
Cervantes, ya no p o d ia satisfacer la im aginación de los conquista­
dores potenciales. Entonces estos espíritus inquietos volvieron los
ojos a lo lejos, buscando nuevos m undos que conquistar. Codiciaron
el oro de E l D orado, pero tam bién la vida eterna de la Fuente de la
Juventud.1* L a realidad qu e h allaron — las avanzadas civilizaciones
de M éxico y Perú— sólo con firm ó el realism o de sus sueños
insensatos. P ero la caballería — y la ca rid a d cristiana— pronto se

1= Véase la bibliografía al capítulo 9 de Davidson, Oíd Africa Rediscovered,


pp. 275-6, especialmente Wischoff, The Zimbabwe Monomatapa Culture in South-
east Africa.
13 "Mvth in Primitive Psychology", Magic. Science, and Religión, p. 146.
14 Davidson, op. cit., p. 86 (la s cursivas son m ías).
™ IbiA., p. 216.
10 Clissold, The Seven Cittes of Cíbola, en especial el capítulo II: "AntiUia,
Seven Cities, and a Fountain”.
agostó a m edida que unos pocos cientos de hom bres, com o m áquinas
insensibles, lucharon p o r un im perio de oro y esclavos contra cien­
tos de miles de semejantes.
Fue Berna! Díaz, el tosco soldado al que vim os contem plar
asom brado la capital azteca de Tenochtitlan (e n el m ism o lu gar
en el que se levanta la ciudad de M éxico), Díaz y sus cam aradas,
quienes hicieron la prim era irrupción europea decisiva en el mundo.
Establecieron una relación, fatídica de superioridad e inferioridad
que iba a sostener al h om bre blanco en su deseo de conquista
m undial última, y lo ib a a llevar a la creación del m undo como
un solo sistema social. P o r im presionados que quedaran los espa»
ñoles p o r los jardines botánicos y zoológicos de Tenochtitlan, la
sociedad azteca debía desm oronarse ante ellos. P o r ello, su sentido
de superioridad es com prensible. Pizarro en el Perú, de nuevo,
conquistó un im perio de dieciséis m illones de habitantes con sólo
300 hom bres y cincuenta caballos. A p e sa r de su gran extensión
y de su organización avanzada, p o r notables que fueran sus civiliza­
ciones elaboradas, los im perios del N u evo M u n do no pudieron re­
sistir el ataque español. En M éxico, Cortés tuvo la ayuda de cientos
de miles de aliados tlaxcaltecas: así supo explotar las rivalidades
internas. Y tuvo la ayuda fo rm id a b le de la creencia religiosa de
que los españoles eran dioses que volvían, un m ito que afectó p ar­
ticularm ente al irresoluto em p erad o r M octezum a. P ero ninguno
de estos factores contó p a ra el triu n fo de Pizarro en el Perú, ex­
cepto en la m edida en que el S u p rem o Inca, Atahualpa, apenas si
había asum ido las riendas del p o d e r después de una gu erra civil.
Desde luego, Pizarro tuvo el ejem plo de Cortés p a ra inspirarlo y
guiarlo.
E l equipo su p erior fu e crucial en la victoria española: esos
velludos m onstruos blancos, cubiertos de m etal y m ontados en sus
altos "ciervos", sem braron el te rro r en los corazones de los soldados
campesinos de a pie, p o r bravos que fueren contra los caballeros
y sus propios temores. B e rn a l Díaz, h om bre luchador y práctico, da
un com pleto reconocim iento a la im portancia de los instrum entos
de guerra en las victorias e sp a ñ o la s: el caballo, la arm adura, las
ballestas, los cañones, los p erro s y los "in gen ios” de guerra. Pero
no fueron las arm as de h ierro ni sus cotas las que dieron el oro del
N u evo M u n do a hom bres com o Cortés y Pizarro. Fue tam bién su
organización, su disciplina, su confianza y la fuerza de sus m otiva­
ciones los que Ies dieron ven tajas cruciales. L a "é tic a " del conquis­
tador era c ru c ia l; lo s ayudó a crear u n espíritu de h ierro que
igualaba a su equipo de b a t a lla : la crueldad y la determ inación
alcanzaban la victoria.
Una vez que Cortés h u bo quem ado sus naves; una vez que los
hom bres de P izarro cruzaron la línea que éste trazó en tierras perua­
nas no hubo ya posibilidad de regreso. L a m uerte o la victoria eran
la elección y en tales circunstancias los hom bres no dieron cuartel.
Adem ás, los españoles tenían el apoyo divino. Los hom bres de Cor­
tés enferm aron al ver los sacrificios de seres hum anos que se hacían
en su h o n or: los sacrificios en masa de los aztecas los horrorizaron.
Sin em bargo, en Cholula, México, como en Caxam arca, Perú, los
propios españoles no vacilaron en utilizar la m atanza prem editada,
traicionera y en gran escala en m ultitudes confiadas, com o instru­
mento terrorista de política, y la Iglesia b e n d ijo sus actos.
Cerca de dos siglos m ás tarde, la sup erioridad de la disciplina
m ilitar del hom bre blanco y su organización h abía de ser de nuevo
dem ostrada, en Plassey, cuando la caída de otro gran im perio dio
a G ran B retañ a la llave hacia un subcontinente. L a victoria de
Clive sobre S u raja h D o w la h en Plassey no se debió a una superio­
ridad técnica avasalladora — ya que los ejércitos del N a b a b estaban
igualmente bien equipados— sino sobre todo a la disciplina, al
entrenamiento y al ejercicio m ilitar británicos.17
L a victoria de Clive en Plassey, al contrario que la conquista
española en Am érica, fue la victoria de un país en desarrollo hacia
el m ayor p o d er industrial capitalista. P o r ello el efecto de la con­
quista británica de la India, aunque destructora de la economía
indígena y aunque explotadora, llevó en últim a instancia a la so­
ciedad india p o r el cam ino de la m odernización.
U na E sp añ a represora y autoritaria, dom inada política y cultural­
mente p o r las provincias atrasadas de C astilla la V ie ja y Aragón,18
no fue capaz de utilizar el oro de las In d ias p a ra el "d e sp e g u e " hacia
la industrialización capitalista m oderna. L a riqueza del N uevo
M undo, p o r el contrario, se utilizó p a ra m antener una sociedad ar­
caica. E l m ilitarism o y la xen ofobia petrificaron el orden social;
una cristiandad inquisitorial la santificó, en el país y fu era de él.
Es verdad que el Cristianism o p ro d u jo en u ltra m a r defensores tan
nobles de los indios com o el g ra n dom inico B arto lo m é de las Casas.19
Pero el Santo de las Indias perdió. U n o bisp o portugués fue a
sentarse en su silla de p ied ra de Loanda, A fric a occidental, "b e n d i­
ciendo a los esclavos a m edida que en traban en las bodegas de los
esclavistas 'y a través de su bendición apostólica garantizándoles
la bienaventuranza indecible de una vida fu tu ra con la que no tiene
com paración el corto período de tribulación terren a’ ”.2o
L a tradición establecida en la E sp añ o la ( l a isla dividida hoy
entre H aití y la R epú blica D om in ican a) — d o n d e la población india
se redu jo de dos o trescientos m il en 1492 a dos aldeas en 1570__
probó ser irresistible. L a violencia y el te rro r com pro baro n s e r un
dispositivo atrincherado. L a g u e rra se convirtió en un arte, y la
guerra colonial incluso p u d o in sp irar el a r t e :
, .~7 Strachey, op. cit., p. 38. En cuanto a la comparación general de las
civilizaciones radia y bntáruca este escritor afirma que "desde luego no había
tan grande abismo entre ellas" (p. 12); "junto a la Delhi de los Mogules el
( i I \ S 1715 habría parecido en muchos aspectos un pueblo campestre"
IP* ioji
i» Véase Kieman, “State and Nation: West Europe, Spain, Africa”
10 ColUer, Indians o f the Antericas.
*0 Hays, From Ape to Angel, p. 257.
.. .y que los reyes paganos que no rindieran su cerviz al yugo sentirían
todo el peso de la cólera del fuerte brazo portugués, basta quedar ren­
didos o sin vida.
9 # « f I •

Helo ahí volviendo de nuevo sobre ella, abriendo brecha en las murallas
y haciéndose paso con su espada a través del apiñado y temible escuadrón
de gentiles y de m oros.. .2*

Otros países europeos, colocados m ás favorablem ente, y sobre


todo Inglaterra, pudieron beneficiarse de la experiencia pion era de
españoles y portugueses y de sus propias aventuras de expansión
en las "acum ulaciones prim itivas". N o refrenaron su explotación
ca b a l: después de Plassey, Clive solo sacó m ás de 2 300 000 libras
esterlinas, adem ás de un ingreso an ual de 270 mil.23
Pero al contrario que en España, esta jciqueza.no. fue. utilizada
p a ra .perpetuar " e l capitalism o .de botín', o m ercantilism o tradi-
cionnl,—O -Simplemente—p a r a - f o n s tm ir un sistema He plantación
burocrático cnlnnial__.Sfr TitiHTrt para establecer lina nueva Hiyi«;ión
del trabajo.internacional, rnnyjrH^ndo ías tierras m nqiiistaHas en
u n a fuente. de TprursoR-para_nn r a p it^ljsrpfl-inriiisfrial rjinAmirr» y en
expansión . D e,J a~prosperid ad—deL_"com ercio trian gu lar” del G ran
CÍrCUÍtQ_===esclaVQS..deLáJErÍCa a .Am érica.;. m inerales y com estibles
de Améiií:a_a_Eut3Dpa ;. bienes .m anufacturados b arato s de E uropa
y A m é ric a _a A fric a — vino Ja_prosperidad-de Livexpool^M anchester,
Bristol,y_una. contribución,significa tiva a l m ontaje d é la -re v o lu c ió n
industria Lhritánica. D esde entonces, la égida europea sobre el resto
del m undo se hizo m arcada. Los térm inos del com ercio se invir­
tieron, a m ed id a que las avanzadas civilizaciones de Oriente de­
cayeron una a una, al ser destruida su industria p a ra d e ja r lu gar
a los productos de M anchester, Lyon, A m sterdam y B ruselas y
sus recursos naturales transportados p a ra alim entar las fábricas
de E uropa.
D esde luego, objetivam ente el m un do siem pre ha sido uno,
m ucho antes que las relaciones sociales de am plitud m undial se
establecieran, m ucho antes que los españoles anclaran en Am é­
rica o los ingleses en la India. N i los cazadores y recolectores
más prim itivos han estado aislados. La civilización ha atrave­
sado de una sociedad a otra, ha cam biado y se ha añadido, o
perdido, en el proceso — p o r la guerra, el m atrim onio inlersocíe-
tario, la conversión, la discusión- P e ro el contacto era de cuentas
en un hilo, aunque — p a ra u sa r u n a expresión irlandesa— sin hilo
alguno. L a sim ple contigüidad era el principal m ecanism o facilita­
dor. Pequeños o grandes, donde las sociedades perm anecían politica­
mente independientes de sus vecinas y no estaban incorporadas
a una civilización m ás avanzada, sus contactos con el exterior eran

21 Camoens, Los Lustadas, Canto X r pp« 205 y 213.


22 Strachey, op. c i t p. 33 (en libráis esterlinas de 1959).
intermitentes, accidentales o periódicos. Los hom bres podían ad­
q u irir un nuevo tipo de canoa, un nuevo culto religioso, un nuevo
señor de la pu erta siguiente — ahí afuera— pero nunca sabían qué
h abía m ás allá, nunca penetraron "ah í afu era”. E l mundo, para
los N u er, era así en el siglo x x : 33

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TROS

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0€ G ANADO / j / C M O iA

M ás allá de la línea de colinas, al otro la d o del río, nunca se


aventuraban. E ra el territorio de los enem igos, a l qu e se entraba
sólo con propósitos com erciales, de g u e rra o de m atrim onio — gente
a la que se necesitaba principalm ente com o victim as o amigos,
sum inistradores o consum idores, pero que perm anecía esencial­
mente separada y m arginal a la sociedad p ro p ia de uno y, p o r tanto,
potencialmente hostil. C om erciar con ellos era aventurarse en una
atm ósfera peligrosam ente c a rg a d a ; se necesitaba realizar los ritos
mágicos elaborados p a ra el com ercio de los h u ía de T ro b ria n d p a ra
protegerse a sí mismos.24
E n verdad, en este m u n d o "objetivam en te” sencillo, hicieron
contactos m uy im portantes los pu eblos cuyas lab o res em plean el
traslado: los com erciantes en fo rm a notable, lo s conquistadores
desde luego y a veces los buscadores de prosélitos. In clu so con un
equipo bien lim itado p o d ían hacerse v iaje s extraordinarios. D e he­
cho, la “ exploración" consistía en p a sa r de m an o en m ano, guiada
a lo largo de rutas gastadas p o r el uso. A veces se llevaron a cabo
verdaderas exp loracion es: M a rc o A u relio envió u n e m b a ja d o r a
N ankín en el año 166 d. c.,25 los propios chinos llegaron a A fric a
y al Caspio,26 los nórdicos v ia ja ro n a N o rteam érica y los polinesios
exploraron las islas del Pacífico, m ucho antes de la g ra n era de
los viajes de descubrim iento europeos.

28 "Nuer Socio-Spatíal Categories", en Evans-Pritchard, The Nuer, p. 114.


24 Malinowsld, Argonauts o f the Western Pacific, y Uberoi, Potitics of the
Kula Ring.
20 Sansom, The Western World and Japan, p. 20.
38 Fitzgerald, China, pp. 196-201.
De hecho, nunca hubo un "S h an gri L a " bien aislado. L a cultura
hum ana ha sido..una, pero sóío "o bjetivam en te"; existió "e n sí”,
pero no "p a ra los h om bres”. La.sociedad _humana_sólo vino.a existir
loe ham bres sólo adquirieron el conocimiento de
que form aban parte de un_solo m undo social a través del rnm pa.
drazgo_.del im perialism o-europeo. L a escena inicial del últim o acto
del dram a comenzado p o r E spañ a se desarrolló en el siglo xviil,
en los cam pos de Plassey en 1757.
Pero las zonas fronterizas de los m undos sellados sólo fueron
cruzadas gradualm ente. E l Japón perm aneció sellado haáta 1853.
H asta_qu e las..civilizaciones-.previamente sep aradas ±ueron._incor-
p o c a d a s -a un orden , mundial. en -d esarro llo ,-co n stru id o —so b re los
duros hechos d el comercio-y_el_poder,_eLdescubrim iento del hnmhrc
p o r el .hom bre fu e a b so rb ido fácilm ente en un p anoram a hprhn de
ilu sio n esjn ás.que.de.realidades. Las historias de los viajeros medie­
vales europeos han sido desechadas com o "cuentos de h ad as” sobre
antropófagos y hom bres que cargan sus cabezas b a jo el brazo.
M arco Polo fue ridiculizado y su nom bre se convirtió en el equiva­
lente del siglo xiv del B a ró n de M unchhausen. Los grandes viajes
de exploración M in g fu ero n sólo un interludio en la historia china
que se centraba en el continente asiático, fuente de curiosidades
p ara la Corte Im p e ria l — "jira fa s de buen au gu rio ”— m as no el
principio de un nuevo orden internacional. Grandes im perios sur­
gieron y cayeron m ucho antes que los europeos salieran de E u ­
ro p a ; nuevas religiones habían cam biado las creencias y las vi­
das de los hom bres. U n a H o rd a D o rad a pudo asolar las estepas
del corazón eurasiático, d estru ir y dom inar. P ero de m anera más.
usual, el con quistador sim plem ente elabo ró un sistem a estatal im ­
positivo exp rim idor so b re u n a econom ía ag ra ria aldeana, m onolí­
tica y estacionaria. L o s invasores tunguses, m ongoles y manchúes
de China adoptaron la civilización china. P a ra el cam pesino re­
presentaban un nuevo conjunto de señores a los que había que
p agar el eterno tributo. E l europeo fue sólo el últim o de la serie.
Tam bién p a ra E u ro p a la significación fu tu ra de los grandes
viajes de descubrim iento al N u e v o M u n d o y al Pacífico era difícil
de discernir. P ara la E u ro p a del siglo x v iil, el significado de la
parte no europea era dictado sobre todo p o r la propia situación
de Europa. Las Hviliyariones rpripn descubiertas de_1os M ares del
S u r no-eran ..meras hp.nhns extern os; eran a Inc p ro ble­
mas intelectuales y em ocionales de F.uropa.
La Francia_que..ponía-en_duda^el ordeñ_5ociaL.total de_la Iglesia
y el Rey_m iraha..hacia_otras tierras y tiempos. en_busca deJLnspira-
ción. P ara Montes.quieu.y Voltaire, Persia y China,, la antigua G re­
cia y Rom a eran m o delQS__de los q u e _ s e podía evtraer esperanzas.
Pero los philn\'np hi?s- d e la Ilustración también sacaron-inspiración
f re sea di» lo* relatos d e C n n k B n n gainvillg, F re y rinfil,—Elindcrs y
otros quc-^=en -bus.ca_.de. .cosas_mu.y_ distintas.- . encontraron-gente
que vi.vicL.en_ lu _ id í lie a .P-Qlin es ia . Las—■
e speranzas y -s u e ñ o s de los
reformistas, que .se.-rebelaban.. contra., los..endurecidos n n cien s ré-
e im e s se proyectaron en esas sociedadfís.recién. halladas.
E n Lee B óo, príncipe de las islas Palau, y Om ai, noble salvaje
de H uahine — visitantes exóticos de los M ares del S u r en Inglate­
rra— la pu lida sociedad augusta encontró la confirm ación de sus
teorías de la naturaleza hum ana, tan disím iles pero igualmente ra­
cionalistas y o p tim istas: p o r un lado, la escuela del “ prim itivism o
du ro", que ponía el acento en las vidas ascéticas y espartanas de
los isíeños; p o r e l o tr o , los "prim itivistas suaves" que veían en
Tahití un erótico Jardín del Edén.27 Los artistas utilizados como
cám aras fotográficas hum anas en los viajes de descubrim iento di­
bu jaron a los hum anos que vieron en fo rm a tan naturalista como
a las plantas y anim ales. P ero a veces incluso la naturaleza fue
vista con ojos eu ro p eo s: el eucalipto australiano fue dibu jado a
m enudo con el suave fo lla je y los contornos de un bosqu e europeo.
Cuando pasaron de las plantas a las personas la distorsión fue con
mucho m ás com ún. L a bú squ ed a espiritual de E u ro p a influyó in­
cluso en la visión de los n arrad ores científicos: griegos con túni­
cas divirtiéndose b a jo las palm eras en "g ru ta s " y "an fiteatros” del
Pacífico del Sur, ya que los isleños representaban la "eviden cia"
viviente de que las cosas podían ordenarse de m an era distinta, tal
como el estudio de G recia y R om a m ostró que una vez h abía sido
distinto en la cuna de la p ro p ia civilización europea. Evidentem en­
te, la naturaleza hum ana fue creada en sociedad. Sólo con cam­
biar el m edio la hum anidad había de cam biar. Sólo liberando al
hom bre de los efectos distorsionadores de las instituciones sociales
irracionales, sólo estrangulando al últim o rey con las entrañas del
último clérigo, surgiría un H o m b re libre, natural, u n a criatura ra­
cional como los niños intactos de las islas de los Amigos.
Los.jhombres em pezaron a conocerse..y.ajce£lejarse_unos-en. otros.
Pero *1 reflejo se fup volviendo r «Ha ve? rnás rnnHjonnarfcLpnr la
nat^r?1*»73 He rus relario n es_jea1es_y_direrJ^S-<iohre_pA-£fea:eno, más
que pócelas—categorías__d e riv a d a s -d e —sus—propias— sociedades. A
m edida_que_los-blancos en traron más. y. m á s. en -canflicto-con los
isleños, e l idilio.-Se.hizo más..di£ícil_dfi_concebir. "¿ E s posible — re­
calcó Jean-Jacques R ousseau al tener noticia de la m atanza de
un explorador francés p o r los m aoríes— , es posible que los buenos
H ijos de la N atu raleza puedan llegar a ser tan p erversos? " La_sig-
nificación_m oraL d e las civilizaciones, re c ié n descubiertas- em pezó a
cam biac_a.m edida que su destino y el de Europa_se-fue_entrelüzando
cada vez m á s --^desigualm ente. A m e d id a . q.ue_c.L. a b o rig e n -a u stra ­
liano se convirtió en un estorbo, que elim inar -paca_la-e*panstán de
las granja£..4e ovejas, o en un despreciable i-em anenle_em brutecido
p o r la "bebida, p ará sito a n d ra jo s o , cam bin e! r e tr a to riel de
Botany=Bay.;_ el p rim er naturalism o del pin tor de Port Jackson
desaparece tan rápidam ente com o el pastoralism o griego y gótico
27 Véase los dibujos de Smith para Ettropcan Vision and the South Pacific,
I768-J850.
de los artistas románticos. A principios del siglo x ix el aborigen
se ha convertido en. motivo de risa : "K in g Teapot a n d bis T w o
G in s ... as he appeared after having a tigh tn er."23 E n vez del
ja rd ín del Edén, los cristianos evangelizadores velan ah ora "u n
salvaje i n n o b l e y degradado que sólo puede ser salvado de la con­
denación eterna m ediante la acción m isionera concertada". L a des­
nudez idólatra ya no era inocencia natural, sino una afrenta al Dios
vengativo.
L a certeza. de_ la-su p ecio rid acL "n atu ralI'_d e_E u ro p a_fu e fácil al
confrontarla co n lo s nóm adas australianos cazadoras.y_re£Qlectores.
E ra m ás difícil te n e rla -e n regiones Honda la_snpgriaHHa<Í. dft F.11-
ropa_de_ninguna_m anera .era_evidente. L a m ayor p arte del m undo
no era com o N u e v a H olan d a, y en un principio poco tenía que
ofrecer E u ropa. In clu so tan tarde com o en el siglo xviil, quienes
visitaban Y edo, capital del Japón, encontraban una floreciente ciu­
dad de un m illón de habitantes, m ucho m ás p o blad a que cualquier
ciudad europea contem poránea. P o r todas partes la riqueza de la
cultura asiática se h acía con m ucho evidente.
E n la déca d a de 1620, el h istoriad o r económico nos dice que el
tonelaje de los navios holandeses en Indon esia e ra sólo de 24 mil
toneladas, en com paración con las 50 m il de Indonesia, las 18 m il de
China y Siam , 3 m il de A ch ín y 10 m il de Corom andel.29
L a significación de. E u ro p a , en este tipo de com ercio .interna­
cional era P eriférica. Su b p r o d u c t o s de p o ra im portancia relatiyq
sus necesidarifís grandñs. su civilizaHón no m ás desarrollada. E l
oro salía- de. las arras_enn'>peas_.para.-CQinpEar..lQS,prQductos del
Oriente.
L a s C Í V i l Í z a c i f m e s _ n o _ e u r a p g a s erran t a n a v a n z a d a s y rTilt iv a d a c ,
tan crueles .y fanáticas com o_cualquiera_deJas_gurppeas. E n fecha
tan avanzada com o 1824, lo s ashanti fu eron tan fuertes com o p ara
vencer a l ejército de S ir C harles M cCarthy, y utilizaron su cráneo
p a ra a d o rn a r los tam bores d el Asantahene. É n 1879, los zulúes pu­
dieron d erro tar al ejército británico en Isan d lh w an a y ofrecieron
fuerte resistencia a otra sociedad pastora nóm ada, la de los boers,
quienes, com o recordam os, diferían de los zulúes, en su equipo
cultural, sólo en tres aspectos decisivos: poseían la B iblia, la rueda
y las arm as de fuego.®0 In cluso en lo s albores del siglo xx un ejér­
cito etíope p u d o d e rro ta r a Italia, en A d o w a , y en 1921 siete m il
3B Smith, op. cif., lámina 138. Como contraste, véanse las láminas 79-84,
89-92, 98-10155. [La traducción aproximada del pie sería: "El rey Tetera y siis
dos Ginebras... tal como quedaron después de la borrachera." (T .)]
29 Van Leur, Indanesian Trade and Society, p. 325.
Véase la descripción del Dr. Philip del modo de vida "escita" de los
boers nómadas de principios del roe en Macmillan, Bantu. Boer, and Briton,
pp. 24-5, y Arendt, The Origins o f Totalitarvmism, pp. 185-207. Pero la barbarie
de los boers difería en un aspecto crucial de la de -los zulúes: no era sim­
plemente un sencillo paralelismo de pobre tecnología y medio desfavorable, ya
que "los boers vivían de sus esclavos de la misma manera que los nativos
vivían de... la naturaleza... aunque ésta era otra forma de vida animal
...un proceso que sólo podía terminar con su propia degeneración".
in t r o d u c c ió n 17
4

soldados españoles fueron arro jad o s de M arruecos p o r el pequeño


ejército de Abd-el-Krim .
Pero éstas fueron luchas a m uerte de civilizaciones sentenciadas.
Todavía hubo resistencia, pero E u ro p a apretó su zarpa inexora­
ble. E l últim o estado indio soberano e independiente, el Punjab,
fue conquistado y anexado en 1848-1849; el últim o intento de re­
crear el viejo orden en el subcontinente indio vino diez años des­
pués con el "M o tín ”. Poco después, todo el proceso había sido
acelerado.
L a fase realm ente crucial que term inó con la división triunfante
del globo entero entre un puñado de potencias europeas vino en
1885. E l logro europeo de este período no fue sim plem ente una
repetición de viejos m odelos de "im p e ria lism o "; m arcó el alb a de
una nueva era de la historia hum ana, caracterizada p o r un im peria­
lism o de nuevo tipo com o respuesta a claras y nuevas presiones
económicas y financieras en la p ro p ia Europa. Y tuvo lu ga r com o
resultado la unificación del globo en un solo sistema social. Si
hubiéram os de escoger una fecha p a ra los inicios de la historia
mundial, p o r tanto, podríam os hacer algo p e o r que seguir la suges­
tión de Lenin; ya que el año del Congreso de B erlín y de la parti­
ción del A fric a m arca una división. E n com paración, el 1914 no
significa nada. A los ojos de un eminente historiador asiático, lo
que llam am os presuntuosam ente G ran G u erra M un dial de 1914*
1918 no fu e m ás que '*la gu erra civil europea”.31
A las tres décadas del Congreso de B e rlín la conquista m ilitar y
el control político de ia c t o trad u jo las esferas de influencia po­
tenciales, en el pape!, en im perios verdaderos. L a m ayor parte de
la superficie de la tierra estaba segu ra b a jo el control e u ro p e o :
Túnez y Egipto fueron ocupadas, finalm ente, en los años 1880; los
mahdi fueron derrotados en O m d u rm an en 1894 y el A frica central
fue ocupada hacia 1900. A lgunas zonas recalcitrantes y m arginales
q u ed aro n : la ocupación francesa del norte de Á frica, em pezada en
Argelia en 1830, no se h abía com pletado todavía cuando un acuer­
do de 1912 dio M arru ecos a F ran cia y T ripolitan ia a Italia. Pero
sólo hasta 1933-1934 p u d o F ran cia p acificar fin alm ente a M a rru e c o s ;
Italia no derrotó a los sanusi hasta 1932,33 n i a E tio p ía hasta 1936.
Pero éstas fueron las últim as resistencias a la absorción de las
sociedades independientes. L o s .im perios -m undiales—europeos que
se repartieron j a . .tierra- no. crearon un conjunto rfg im perios rpT-ro.
dos y m utuam ente sep arad os..segú n _eL m od elo_tE ad icion aL chino.
Francia, .G ran B re tañ a.-A lem a n ia—Holanda^_ItaIia, incluso F.spafia
y Portugal,_estaban, interconectados en un m a rro a h n v ^ a rfn de
combinaciones .de. com ercio*y. poder,_alianzas_y_oposiciones- engen­
dradas porLiiiL_c aplta 1i s m o_en .expansión.
E u ropa había logrado una transform ación que creó al m undo

si Panikkar, Asta and Western Domitumce, p. 197.


82 Evans-Pritchard, The Sanusi of Cyrenaica.
como sistema social. Se trataba de un orden m undial fun dado p o r
la conquista y m antenido p o r la fuerza. E l nuevo “ m u n d o " no era.
nna fuerza que podía volverse contra cualquier gobiern o extranjero.
E n un polo la industrializada E u r o p a ; en el otro, los desheredados.
Paradójicam ente, el m undo había sido dividido en el proceso de
su unificación, dividido en esferas de influencia y entre pobres y
ricos.
E n el proceso la propia E u ro p a fu e transform ada. P o r tanto,
la nueva fase fue destruir sin tem or alguno la tradicional nación-
Estado europea occidental. A h o ra e ra el m eollo de un sistem a im ­
perial m ás am plio. L a nación-Estado de los antiguos tiem pos, en
adelante, sería una categoría arcaica que nunca h a b ría de alcanzar
su antigua im portancia, incluso con la disolución del orden m undial
im perialista. E l espacio social de Francia incluía ah ora a Indochina
y A rg elia ; el de G ran B retañ a a S udáfrica y la India. N o podía
h a b er ya u n retroceso a las entidades localistas de la época prein-
dustrial. A h o ra su destino trascendía sin rem edio los límites tra­
dicionales de una econom ía nacionalista o europea occidental o in­
cluso atlántica. E n particular, nunca m ás p o d ría la G ran B retañ a
encogerse dentro de sus lím ite s; dependía del m undo externo para
los m ateriales y lo s m ercados.
E l apogeo del alto im perialism o, aunque excepcionalm ente im­
portante, fu e igualm ente breve. A fines del siglo x ix parecía que
el Oriente se h a b ía h u n d id o p a ra siem pre. L a industria tradicional
de la In d ia h a b ía sido destruida desde m ucho antes p a ra d ar paso
a la de Lancashire. L a cu ltu ra del m an darín chino ftie desplazada
p o r la cultura del culi. P e ro le jo s de consolidar su control, E u ­
ro p a encontró un n u evo tipo de resistencia a su gobierno desarro­
llad o en las ciudades qu e la dinám ica europea llevó a la existencia,
y en las aldeas p e rtu rb a d a s de su sueño m ilenario. La_mezcla. de
nacionali<mQ-y_-revnlucirtn social que había de ser el hito del si­
glo y y fue 1a nueva a menaza. E stg puevn antieuropeísm a no era
un desafío fina! F.ra sf un nuevo reto que huscaha volver a. definir
y a ord en ar el m nr)do He nna m anera totalmente nueva, Pero la
vieja rp-sb:ti>nrAsL y la nueva m n l u ^ i ó n se tra sla p a ro n : las tribus
m arroquíes lu ch aban contra la intrusión fran cesa en un extremo
del m undo islám ico, m ientras que en el otro Indonesia establecía
SU propio P artid o Com unista. T-as v ie ja * y las nuevas luchas podían
au n entrem ezclarse, en m u chas y com plejas fo rm a s : revolucionis-
m o, conservadurism o, el v ie jo orgu llo nacional y la nueva concien-
cia in tem acionalista se fu sio n a b a n : la m odernización dpi .Tapón
tuvo lu ga r a través d el afin cam iento d e l p o d er del E m p e ra dor.; el
refo rmista r ey A m an ullah se in c lin ó ,p o r.la .modernizacÍ6n__del A fg a -
n istá n ^ la _K a b a k a de B u gan d a y el Sultan ado ,d e_M an u ecos se con­
virtieron _en metas tanto para los tradiríon alisfas r.omn._para los
refo rmistas, siendo su p unto de unión el rechazo d e L e xlran jero.
P o r lo rom iin.el gobiern o evtran jero del hom hre hlanr/l-&ra_la-meta
de los nacionalistas, p ero en el ferm ento creado p or_la..apertu ra
Entre las poblaciones indígenas del m undo colonizado estaban
las que hicieron la paz con los europeos y que no encontraron lu­
gar en los nacientes m ovim ientos nacionalistas. Las autoridades
tradicionales fu eron incorporadas al aparato del gobierno colonial.
Las administraciones coloniales estaban dem asiado interesadas en
utilizar el prestigio y el p o d er de tales personas .con el fin de m an­
tener una som bra de legitim idad y una aparente continuidad de
las instituciones que, de hecho, desde ese m om ento se habían vuel­
to parte de una m aquinaría guiada decisivamente p o r los europeos.
Para los nacionalistas estos participantes en el gobierno extranjero,
directo o indirecto, fueron m otejados de "b e n i oui-oui”. E l capita­
lista "com p radore", donde existió, era doblem ente atacado, com o
explotador de su propio p u eblo y com o agente del extranjero. E l
capitalista.'/nacionalista”,-_sm_embargo^iba-a-presentar-al.-movimien-
to nacionalista u n ^ p ro b le m a .m a v o r.e .irre s o lu b le ..en -Ia~m edida en
que los híOThces_que .b u sc a b a n rem over. u n _tipa_.de_d esigu ald ad
social — la vinculada, con la negación de nacionalidad— - ^ - e n c o n ­
traron aliados con, .connacionales..que_no_obs.tante.Jüos_explotaban
como empleados. Los^avlm ientQ s_j5ue.j3usca.b.an.xefcirzar_el lla­
mado nacionalista, incluyendo, en el movimiento, políticas sociales
que buscaban asegurarse el apoyo de las m asas, tuvieron que m ala,
barear con mucha. delicadeza-para-m an ten eE .la .lealtad, de. a m b o s :
el obxer.o_y~el patrón.
La suerte de los elementos indígenas — nuevos o tradicionales—
en el aparato adm inistrativo del p o d er colonial p u d o ser afortuna­
da, pero tam bién pudo exponer al beneficiado p o r un cargo público
a la desaprobación social. Ib a n a ser víctim as con el tiem po de
una creciente m area de sentimiento anticolonial, o fueron arreb a­
tados p o r el m ovim iento nacionalista. Quienes unieron su suerte
al colonialismo con frecuencia hicieron una apreciación fatal de la
naturaleza del colonialism o europeo. B asaro n su ju ic io en la sabi­
duría convencional acum ulada de las sociedades agrícolas. E ste
im perialism o — dijeron— se detendrá, tal com o los im perios esta­
blecidos p o r otros extranjeros en los siglos pasados. P ero de hecho
los europeos no establecieron im perios "m ilen ario s”. La_m ás_asom -
broso del g o b ie rn o -m u n d ia L -e u i^ p e o -siste m am os en m en ta la su­
p erio rid ad -abru m ad o ra .de -los. cimientos.-tecnológicos-5obre.-los que
estaba con|tD áidP,^s,Ja extrs0rdin&ria_breye4M.JÍeL-S.u..duración.
Esta brevedaa_deriv.a de la períurtsaciÓTi..&QcÍ2vL.que^produjo, y a que
su efecto_nQ_fufi.. sim plem ente,. com o..-lo-pensaron-m uchos de quie­
nes lo ex p e rim e n tá ro n le !.tip o de cam bio q u e-u n cam bio de dinas­
tía traía consigo clásicam ente en China.. E U e fe c te -e u ro p e o signi­
ficó no sólo un cam bio en alguna parte de.'.'allá.arribai.'-en-los más
altos^centros..neryiosos.del_poder,.sino una transform ación ñinda-
mental de la vid a social del cam pesino y, el aldeano comunes.
A l rnntrariQ _que-los„inva.<;ores m anchúcs O m ongoles de China,
o la sucesión de gobernantes despóticos sudam erican os, los con­
quistadores europeos de A fro asia transform aron .decisivamente la
sociedad. M illones de hom bres fu eron arro jad o s de la tierra»-Unos
se convirtieron en trabajad ores de plantación o de la ciudad*_unos en
lum penproletarios sem iem pleados o desocupados,_o.tros__en._b.andi­
dos. H o m b re s.d e u n sta tu s elevado fu eron d e rrib a d o s ; los funcio­
narios y_xnaestros obtuvieron nuevos puestos. E l com ercio indí­
gena luchó contra la p o derosa com petencia extran jera .resp ald ad a
p o r un gobiern o b ien dispuesto. Y lo s conquistados__yistieron to­
dos el “ uniform e de co lo r”, no com o sím bolo externo de. dom ina­
ción -sfifliiio .eradla coleta qu e los m anchúes obligaron a lleyar a
los chinos-^- sino com o parte de la carne de su cuerpo.
Este lipja .de transform ación social ,trajo consigo una drástica
respuesta^_,el nacionalism o m ilitante, cuyo carácter particular, d ife­
ría según .el carácter especial de cada país. Algunos, p o r ejem plo,
nunca se in corp o raro n fo rm a l y políticam ente a los im perios blan ­
cos. T ailan dia, p o r ejem plo, b a jo la dinastía Bangkok, p u d o con­
servar u n a independencia precaria, puesto que gobernantes sagaces
contrapusieron la G ra n B re ta ñ a a Francia. Otros tuvieron éxito
al salvar rem anentes significativos de autonom ía com o “protecto­
ra d o s” o sem icolonias. L o s E stados latinoam ericanos conservaron
su independencia constitucional a p e sa r del control económico ex­
tran jero. P e ro la m a n io b ra m ás brillan te fue la del Japón, que
realizó u n a tran sfo rm ació n a so m b ro sa de toda su civilización y de
ello evitó u n a dom inación p olítica directa euro-norteam ericana. Los
jóvenes turcos h icieron u n a revolución m enos cabal pero que de
todos m odos im plicó u n a p ro fu n d a m odernización de las costum­
b re s d ia r ia s : los pantalon es y e l alfabeto latino al igual que el cam­
b io estrictam ente político.
E n ese m om ento, las revoluciones nacionales y sociales estaban
y a entrelazadas, de m a n e ra inevitable, y a que lo que este tipo de
im perialism o im p licaba no e ra sólo la dom inación gubernam ental
sino u n a revolución total.
E l g ra n pu n to clave fu e el de 1905, cuando el Japón m ostró que
un país asiático m odern izado p o d ía p o r lo m enos hacer frente a
una potencia europea arcaica en sus propios términos. Cuando, en
Tsushim a, los navios de la M a rin a Im p erial R u sa se hundieron
entre las olas, el m ito de la invencibilidad europea se hundió con
ellos. Los japoneses victoriosos no eran los únicos espectad ores:
m illones de personas, de China a P en i, observaban con ellos. Los
europeos podían ser conquistados, si uno se m odernizaba y peleaba.
Desde ese m om ento, la m odernización y el desarrollo de las m á­
quinas de p o d e r m ilitares y políticas iban a ser parte integral del
pensam iento nacionalista. P ero p a ra m uchos países, escasos de ar­
m as y de equipo, la única fuente de p o d e r era la fu erza multitudi-
n a n a de su población. L a s organizaciones de partido, no los ejér­
citos, iban a ser el arm a prin cipal disponible.
E n 1914 la gu erra civil europea abrió grandes brechas en las fi­
las de las potencias que dom inaban el m undo no europeo. Se hicie­
ron prom esas y los ideales se disputaron la adm iración de am bos
grupos de contendientes. L o s pueblos colonizados, en cierta me­
dida, se sintieron im presionados p o r el llam ado de los Catorce
Puntos de W ilson , aunque de todos m odos m ostraron poco entu­
siasmo p o r los problem as de la gu erra civil europea. E n form as
menos ideales, observaron la gu erra en térm inos r e a lp o litik y m a­
nejaron las divisiones entre sus gobernantes p a ra ven taja propia.
Algunos lo hicieron m uy habilidosam ente: el Japón surgió como
uno de los aliados victoriosos y los árabes recibieron p o r su parte
» n a independencia "b alc an iza d a”. P e ro u n nuevo fa c to r se intro­
dujo en la situación cuando R u sia salió de las filas de las poten­
cias imperialistas.
L a resonancia de la Revolución rusa no fu e m uy m arcad a fuera
de E u ropa después de las consecuencias inm ediatas de 1917. Tuvo
su m ayor efecto en u n a China que y a estaba dentro del rem olino
revolucionario. P ero los socialrevoiucionarios de todo el Oriente
parecían m ás interesados, m ás p ro n to o m ás tarde, en u n a revolu­
ción europea que no sólo p ro cla m ara el p o d e r p a ra las m asas, sino
también la tierra y el pan, la autodeterm inación nacional y la des­
trucción del im perialism o. A lgun os de estos llam ados obtuvieron
desde luego respuesta en distintas épocas y lugares entre las clases
trabajadoras desorientadas y ham brientas de los países avanzados
después de las horribles consecuencias de la p rim era G uerra M un­
dial, pero to d o s estos llam ados juntos eran m uy explosivos en los
países en que las penas de las m asas no eran resultado anorm al
de una guerra devastadora, sino la condición crónica de la vida
diaria, condición determ inada p o r la subyugación nacional.
E u ropa estaba en ferm a de g u e rra ; A sia estaba lista p a ra la lu­
cha. Con E u ro p a debilitada y dividida surgieron nuevas posibili­
dades de explotar estas debilidades y divisiones. D espués de T ur­
quía, Japón y Rusia, la "in depen den cia” y a no e ra un fin en sí
m ism o: sólo podía ser un p r in c ip io . "L ib e ra rs e d e . . no era sufi­
ciente; la p u ra "lib e r ta d " estaba vacía de contenido. M as sí ahora
entraba en la agenda del siglo x x la descolonización total.
P o r lo-tanto, la .re v o lu c ió n colon ial d e l siglo-XX-iio-ha-sido sobre
los votos o las constituciones. Los. hom bres.-no -h an -d isp u tad o -p o r
el derecho a tener u n a é lite de explotadores connacionales-im puesta
sobre ellos, O -p o r t e l .pri.vilegio.„.de esco ger-en _u n a—u rn a—electoral
cada determ inado.núm ero de.añ os.lo q u e u n cínico-com paró-con la
elección entr e ,colgars&.-o .ahogarse.*» Pero si no h an luchado p o r

M Están interesados en la verdadera democracia: y la democracia surgirá


aun en las formas más inesperadas. En 1955, el mariscal Pibul Songgram
dictador de Tailandia, visitó la Gran Bretaña y se sintió impresionado por
el Speaker's Comer (Rincón de los Oradores) de Hyde Park. A su regreso
la libertad de m o rir de ham bre tampoco lo han hecho sólo p o r el
pan. H an disputado la libertad de crear un nuevo orden social y
de obtener una nueva dignidad. H an afirm ado su determ inación de
ser hom bres, no c o sa s; no sujetos, sino objetos de respeto, para
ellos y p a ra sus hijos, lo m ism o que p a ra el extraño; y de expresar
sus p ropias personalidades según la m anera de su p ro p ia herencia
cultural, no necesariam ente con la del h om bre b la n c o :

Me siento rid ícu lo


con sus zapatos, co n sus trajes de etiqueta,
co n sus camisas almidonadas, co n sus cu ellos duros,
co n sus m onóculos y sus som breros hongo.

M e siento rid icu lo


co n m is pulgares, n o im p orta
que suden de la noche a la mañana cuando están desnudos,
co n m is m iem bros, fajados y debilitados,
llevándose la belleza de n ú cuerpo en un taparrabos.

M e siento rid icu lo


con m i nuca en una chim enea de -fábrica
co n estas jaquecas que nunca acaban
hasta que n o saludo a alguien.
• • m

M e siento rid ícu lo


uno de sus cóm plices, u n o de sus alcahuetes
asesino en tre los asesinos, m is m anos aterradoram ente rojas
co n la sangre de sus c iv iliz a c io n e s ...**

P a ra algunos la cu ltu ra del h o m b re blan co era ridicula p o r ser an­


tinatural y antihum ana. P a ra otros la cultura occidental represen­
tab a el p rogreso. U n g ra n nacionalista y socialista indonesio, Soetan
S ja h rir, d ijo hacia 1930, en u n a carta escrita desde una cárcel
h o la n d e sa :

Lo que el Occidente nos ha enseñado... [es u n a ]... form a de vida y


de disputa más elevada... y esto es lo que admiro del Occidente a
pesar de su brutalidad y de su bajeza... Incluso aceptaría el capitalis­
mo como m ejora contra la sabiduría y la religión orientales más fa­
mosas. .. E l Oriente ha de volverse Occidente... Fausto ha de revelarse
al hombre y la mente orientales...65

inició un Rincón de los Oradores en Bangkok y permitió la formación de


partidos políticos. Esto llevó a un volumen tal de críticas a su gobierno que,
una vez más, extremó el control. "Pronto se formó un Partido del Movimiento
de Izquierda de Hyde Park como protesta" (Rose, Socialism in Southern Asia,
p. 181).
S4 "Soldé", de Léon-G. Damas, poeta guayanés, de Pigments, reimpreso en
Anthologie de la nouvelle poésie négre et malgache de tangue francaise, ed.
Senghor, pp. 11-12.
86 Out of Exile, p. 146.
Fausto o necio, la venida del h om bre blanco significó que la parte
no europea del m u n d o ya no p o d ía esperar recrear su pasado. Pero
tampoco su fu tu ro p o d ía sim plem ente basarse en la reproducción
de Europa.