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MES DE

SAN
IGNACIO
o sea, mes de julio,
consagrado a
San Ignacio de Loyola
MES DE SAN IGNACIO
MES DE SAN IGNACIO
Ó SHA l'l» MRS DE JIXTO

CrtnaaijrflAu i |»loria ele

S A N I6 R A C I 0 ÜE LO Y O U
FUNDAJHJll.DKLA COMPAÑIA l*JfóCS

ooíiTüiorro
por el P. Domingo Estanislao Alberti,
UP. L\ UIAMI COMI'aIÍA
y dedicado fi. los devotos del Santo.

Can'tut lirtndmi Mtertarún.

MADRI D
1UFAKNTA. CATÓ MCA DK ADOLFO VUIZ D t ' ¿ 4TROVIKJO
4 — caí.lb dk r-A v i t n — i
1699
INDI CK

P rologo . . . . . . . . . . . ........................... 6
Invocación á San Ignacio............ .......... 8
Acto de contrición para cada día del mee.. 9
Día 1.a Todo á mayor gloria de D io s ....... 10
Oración de San Ignacio , . . ♦ ♦................... 12
Oración de San Francisco Javier..___ . . . 13
Día 2»° Fealdad del pecado...................... 14
Dia 8.° Memoria de la muerte................... 17
Dia 4.* Temor del juicio divino................ 20
Dia £,* Pensamiento del infierno.............. 22
Dia 6.o Arrepentimiento de laa culpa*.. . 26
Día 7.o Horror al pecado venial............... 28
Dia 8.a Penas del purgatorio..................... 31
Día 9.° Tiranía del demonio....... ............. 94
Dia 10. Protestación de ser\ ir á Dios....... 38
Dia 11. Respetos humanos....................... 40
Dm 12. Desordenado amor de si mismo. ** 48
Dia 18. Pusilanimidad.............................. 46
Dia 14. No ae puede servir á dos señoree.. 48
Dia i$. Llevar la cruz de Cristo.............. 62
Pága.
Dia 16. Imitación de Cristo.............. . . . . 65
Dia 17. Caridad con el prójimo................. .....68
Día 13. Amor á los enemigos.. * .............. .....61
Día 19, Celo de ia salvación de las almas . 04
Día 20. Confianza en Dios.. * * +.....................67
Día 21. Desprendimiento de todos las cosas
criadas.................................... 70
Día 22. Virtud de la mortificación.. ....... 79
Día 2$. Humildad.. ........... ............. ... 76
Dia 24. Obediencia................................... 80
Día 26 Conformidad con la voluntad de
Dios........................................ aS
Día 20. Devoción ó María Santísima......... 80
Día 27. Amor ¿ Jesús Sacramentado....... 89
Día 28. Devoción á la Pasión del Sefior... 98
Día 20. Perseverancia en el servicio divino 96
Día SO. Firme esperanza.......................... 100
Día 31. Amor divino.................. . . . . . . 103
Preces y alabanzas á San Ignacio.. . . . . . 103
Novena á San Ignacio . * ........................ 111
Octava á San Ignacio............................... 120
Triduo á San Ignacio............................... 131
Devoción del último día de cada mea....... 144
Gozos de San Ign acio ............................. 147
Marcha de San Ignacio . . . . ................. 162
PRÓLOGO

SAN I G N A C I O DE L O Y O L A
II l'K (¡A V l)\ \ TI S DEVOTO?

ser tan valiosa en la divina pre­


sencia la proteccióu de este Santo Pa­
triarca, y tan grande su solicitud en so­
correr y amparar á los que recurren á su
patrocinio, la devoción de los fieles ha
sabido encontrar piadosos y variados
modos de honrarle para merecer su po­
derosa intercesión.
Unos honran á San Ignacio eu diez
domingos consecutivos, confesando y
comulgando en cada uno de ellos. De­
voción aprobada por la Iglesia, que pue­
de hacerse en cualquier tiempo del aDo.
Pues el Papa Clemente X III, por Res­
cripto de 7 de Enero de 1767, conce­
dió perpetuamente indulgencia plenaria
en cada uno de los referidos domingos á
7
varias ¿pocas del año: eu los días ante­
riores ;í la fiesta de la Santísima Trini—
dadj do la cual era devotísimo San Ig ­
nacio: en los que preceden á la fiesta de
la Circuncisión ó ael Dulcísimo Nombre
de Jesús, por ser el «oinbre que distin­
gue á la Compañía: en los que preceden
á la fiesta de la Asunción de Nuestra Se­
ñora, por ser éste el día en que San I g ­
nacio y sus compañeros se consagraron
tí,Dios.
El último día de cada me*, eu conme­
moración de haber sido su glorioso trán­
sito el último día del mes de Julio. Este
día es muy propio para bendecir el agua
de San Ignacio, la cual, bebida por los
enfermos devotamente, es de <rran vir­
tud para curar los males del alma y
cuerpo.
Finalmente, la devoción de tudo el mes
de Julio, llamado por muchos el mes de
San Ignacio, por estar consagrado á su
honra y gloria. El modo de hacerlo es el
que se pone á continuación.

m
1*A1C A DAR PR IN C IPIO AL MES DE JUMO

Amantísimo Padre mío S ak I g n a c io d e L o -


fundador de la Compañía de Jesús, es*
v o la ,
cogido de Dios para 'dilatar la gloria de su
santo Nombre por los cuatro ángulos del or­
be. Varón eminentísimo en toda clase de vir­
tudes, pero muy singular en la pureza de in­
tención con que siempre anhelábais la mayor
gloria de Dios en todas las cosas. Héroe in­
signe de penitencia, humildad y prudencia:
en el divino servicio infatigable, constante,
devotísimo, prodigiosísimo: hombre de viví­
sima Fe, de firmísima esperanza y de incom­
parable caridad para con Dios y con el próji­
mo; gózome, amado Padre, de veros eurique-
cido con tantas y tan admirables prerrogati­
vas; y os suplico alcancéis á todos vuestros
hijos aquel espíritu divino que á Vos os ani­
maba, y á mí una tan recta intención, que
hasta en las menores cosas busque puramente
la gloria divina á imitación vuestra y bien de
mi alma; y de este modo, y por los obsequios
que en este mes os dirijo, logre estar en vues­
tra compañía en la gloria eterna. Amén.
EL MES DE JULIO
CONSAGRADO

4 ü GLORIA DE SAN IGNACIO DE LUYOLA*

Hecha la señal de la cruz, puesto de rodi­


llas delante del altar ó imágen de San Igna­
cio, con mucha confianza en sus grandes me­
recimientos y poderosa intercesión, hágase
todos los dias el acto de contrición como
sigue:

^kSoh mío Jesucristo, Dios y Hombre ver­


dadero, Padre, Criador y Bedentor mió, en
quien creo, eD quien espero, á quien amo y
estimo más que á mi vida, más que 4 mi
alma, más que á todas las cosas, me pesa,
Dios mió, de haber pecado; pésame, Padre
mío* amorosísimo, de haberos agraviado;
pésame de todo mi corazón de haberos ofen­
dido, por Ber vos quien sois bondad suma,
inmensa, infinita. Digo una y mil veces,
10
Dios mío y Padre mió, me pesa de haberme
apartado de Vos por mis iniquidades: ayu­
dado de vuestra gracia, propongo firme­
mente enmendarme, confesarme, y primero
morir que volver á pecar. Dadme, Dios mió,
un corazón contrito y humillado; dadme
gracia para cumplir mis propósitos; haced
por vuestra bondad que en mi corazón arda
stempre la llama de vuestro divino amor, y
que en todo busque vuestra mayor gloria,
á imitación del inflamado y celosísimo San
Ignacio de Loyola, á. cuyo honor, para glo­
ria vuestra, consagro este mes; cuyas vir­
tudes deseo imitar en la tierra, para ser
después su compañero en el cielo. Amén*

DIA PRIMERO

Santísimo Patriarca San I g n a c i o , que d es­


de q u e os convertisteis ¿ Dios, no tuvisteis
otra mira sino de alabar y servir fielmente
i vuestro Criador, enderezando todas vues­
tras acciones, palabras y pensamientos á
sola su mayor gloria, en tanto grado, que
además d e traer continuamente en la boca
11
estas palabras: A mayor gloria de Dios, las
dejásteis escritas en las constituciones, re*
glas y declaraciones de vuestra religión,
más de trescientas y setenta veces: impri­
m id altamente en mi alma estas mismas
palabras, para que en todas mis obras y
deseos, no mire á otro blanco que &sola la
mayor gloria de mi Señor, que es el verda­
dero modo de amar y servir ¿ Dios, que de­
be tener todo cristiano, y aun todo hombre
racional. ¡Desdichado de mi! que tantos
años de mi vida me he fatigado inútilmen­
te para alcanzar alguna gloria entre los
hombres, robándola á Dios, tan injustamen­
te, por haber recibido de Su Majestad cuati­
to bien tengo. Ahora si que caigo en la cuen­
ta de mi pasada locura: siendo cierto que
la gloria no debe el hombre esperarla sino
en el Cielo; pues aqui en la tierra, no dán­
dose á Dios, luego se convierte en verda­
dera deshonra y vituperio. Por eso propon­
go en este primer dia del mes, so atender
ya &btro fin en toda mi vida y mis actos si­
no al de agradar y complacer únicamente
á Dios mi Criador, mi Señor, mi Redentor
y todo mi Bien, & quien todas las criatu­
ras den eternamente toda la gloria. Amén.
P a ire nuestro, A ve María, Gloria P a tri.
Aqui se dirá la oración siguiente'.

ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS -


COMPUESTA POR SAN IGNACIO DE LO YO LA,
T Q U I Á L REZABA CADA DÍA

Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad,


rai memoria, mi entendimiento y toda mi
voluntad, todo mi haber y mi poseer; vos
me lo disteis, & vos, Señor, lo vuelvo, todo
es vuestro, disponed según vuestra santa
voluntad: dadme vuestro amor y gracia,
que esto me basta. ¡Oh mi Dios, amor de mi
corazón, si todos los hombres os conociesen 1
¿Qué quiero yo, Señor, fuera de vos, ó qué
puedo querer? Concededme, Señor, que os
ame, del cual amor no quiero inAs premio
que amaros más.
Sentencias de San Ignacio.
1. En tanto es buena cualquiera cosa en
esta vida, en cuanto nos ayuda para la vida
eterna, asi como en tanto es mala en cuan­
to de la vida eterna nos aparta.
13
2. En tanto podemos amará alguno sin­
ceramente en esta vida, en cuanto le pode­
mos ayudar á servir á Dios.
3. No ama á Dios de todo su corazón,
quien ama alguna otra cosa por si misma,
y no por Dios.
Oración jaculatoria.
Tteplcatur os meum laude, uC canlem glo­
ria n tuam, tola die mat/nitudinem tuam.
Dios mío, llénese mi boca de alaban:»,
para cantar todo el dia vuestra gloria y
vuestras grandezas.

OTRA ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS


(copiada de una cárU de San Fr&nclico Javier á Sao Ignacio)

¡ Oh Padre de mi alma, y digno de mi


mayor veneraciónl puestas las rodillas en
tierra, como si te mirara presente, te supli­
co humildemente, que no ceses de rogar por
mi á Dios, para que mientras me dure la
vida, me dé la gracia de conocer y hacer
enteramente su santísima voluntad.
Antífona.
Eclesiástico, cap. 49. Él fué destinado de
H
Dios para la conversión del pueblo, y abo­
lió las abominaciones de la impiedad. Diri­
gió al Señor su corazón; y en los dias del
mayor desenfreno de los pecadores, resta­
bleció la piedad.
V. Ibi. 46. Fué grande, como denota su
nohibre,
R. Fuá aún más grande en salvar & los
escogidos de Dios.
Oración.
¡Oh Diosl que por la mayor gloria de tu
nombre, escogiste á San Ignacio para dar
un nuevo refuerzo ¿ la Iglesia militante;
haz que ayudados de su socorro y guiados
por sus ejemplos, después de haber comba­
tido en la tierra, merezcamos ser corona­
dos con él en el cielo. Tú que vives y rei­
nas por los siglos de los siglos. Amén.

D I A II
Santísimo Patriarca S a n laNACto: Mucho
necesito de vuestra especial ayuda y soco­
rro. Se me representa á los ojos del alma lo
desarreglado de mi vida manchada con tan*
16
tos pecados, como en tiempo pasado come­
tí: y no sé cómo entonces la tierra no se
abrió para tragarme, ó cómo el cielo no
me abrasó con algún rayo, para quitar del
mundo uu traidor, cual fui yo, reo de lesa
majestad y de la majestad de un Dios infi­
nito. [Oh qué locura ha sido la mía! Me vali
de la magnanimidad de Dios para negarle
lo que le era debido, y de su misericordia
para ofenderle más. Vos, Padre mió benig­
nísimo, que recibisteis de /Dios el don sin­
gularísimo de lágrimas, con tal dominio so­
bre ellas, que estaba en vuestra mano el
reprimirlas ó derramarlas; ahora que estáis
en el cielo, no necesitáis ya de ellas: con­
cedédmelas á mi, gran pecador, para lavar
las manchas con que está afeada mi alma.
Sedme hoy testigo de la firme resolución
que hago de la reforma de mi vida. Detes­
to millares de veces ouanto he pensado,
dicho, hecho y dejado de hacer en ofensa
vuestra, [oh Dios miol, y me arrepiento de
todo'mi corazón, porqlie en vez de amar
un Bien infinitamente amable, como sois
Vos, os he menospreciado, os he ofendido,
y hecho traición. Conozco ahora mi necio
10
error, y espero enmendarlo con vuestra
gracia. Propongo con la mayor firmeza,
no amar en adelante otro Bien que á Vos,
que sois la fuente de todos los bienes; ni
tener otro mal que el pecado, que es la
fuente de todos los males.
Padrenuestro, A te María, Gloria.
Aquí se dirá ¡a oración, Tomad, ¡Señor,
etc., pág. 12.

Sentencias de San Ignacio.

1. T«n grande mal es el pecado mortal,


que serian bien empleadas todas las fatigas
de nuestra vida, si llegasen á estorbar el
que se cometiese uno sólo
2. Aunque debemos huir todos los v i­
cios, se debe tener mis cuenta en apartarse
de aquellos 6 que se siente uno natural*
mente más inclinado: porque estos amena*
zan más y llevan á ciertas y lastimosas rui*
ñas, si no se remedian de antemano seria­
mente.
3. La pereza, el descuido y la ociosidad,
son escuela de los pecados y de todos loa
vicios.
17

Oración jaculatoria.
O Deus mens, amor coráis mei! S i te ¡to­
mines noscerenl! (S. I g m t . in v ita .)
¡Oh ini Dios, amor de mi corazón, si to­
dos los hombres te conociesen I
Lo demás como el primer dia.

DIA III
Santísimo Patriarca S a n I g n a c i o : Tiem­
blo de miedo al acordarme que be de mo­
rir. sabiendo por el apóstol que & la muer­
te sigue el juicio. Vos pur el contrario, siem­
pre que pensabais en la muerte, se os inun­
daba el alma de tan grande júbilo, que pa­
recía se os salla el corazón por los ojos de*
rretido en lágrimas de alegría. Bien clara
ea la razón de esta diferencia: quien no es
culpable, nada tiene que temer de un juez
rectísimo y sapientísimo, cual es Jesucristo,
que' es el que nos ha de juzgar al fin de
nuestra vida. Por eso tanto m á s temo al
pensar en esto, cuanto más cargado de pe­
cados me siento. Con todo, yo sé qne fácil­
mente obtiene de este juez el perdón, quien
2
18
lleva consigo un buen abogado. Vos, santo
Padre mío, babéis hecho muchas veces este
oficio en defensa de las causas de vuestros
devotos, y con tal felicidad, que sois tenido
comunmente por grande protector de los
moribundos. Ahora, pues, os elijo, y decla­
ro por singular abogado mío en mi muerte.
No os pido que me consoléis en aquella ho­
ra. con vuestra presencia, como lo habéis
hecho con tanto? hijos y amigos vuestros,
porque no soy yo digno de tan grande con­
suelo. Sólo os suplico me ayudéis ahora á
mudar de costumbres, de tal suerte, que des­
pués de una cristiana y santa vida, merezca
morir por intercesión vuestra, con tan gran­
de contrición de mis pecados, que nos haga
salir victoriosos á entrambos en la dificul­
tosa causa de esta mi pobre alma.
Padre nuestro, Ave María, Gloria.
Aquí se dirá la oración, Tomad, Señor,
etc., pág. 12.

Sentencias de San Ignacio.


1. La muerte es óptima consejera de
nuestro buen vivir. Si todos viviesen ahora
10
como desearan en su muerte haber vivido,
todos vivieran santamente.
2. Los que tienen demasiada solicitud
por las cosas ajenas, mejor hicieran en ser
más solícitos del bien de sus almas, y pen­
sar á menudo en aquello de que Dios tes
pedirá estrecha cuenta al fin de au vida; y
con esto se dispusieran á satisfacer con tiem­
po á sus cargos, dejando los ajenos, si no es
que les pertenezcan por su oficio.
3. Cuando el demonio nos induce á des­
confianza con pensamientos tímidos, como
sucede al fin de la vida, debemos confor­
tarnos con la memoria de los beneficios y
misericordias de Dios, considerando su amor
y sus sacrificios para salvarnos.

Oración jaculatoria.

Morialur anima mea morte jvstomm, ti


fiani novissinui mea horum similia. Nú­
mero 23.
Muera mi alma la muerte de los justos, y
sea mi fin semejante al suyo.
D I A IV
Santísimo Patriarca San I g n a c i o , q ue áun
en esta vida mortal quiso el Señor apare­
ciese vuestro rostro lleno de resplandores,
ya en Barcelona á Isabel Rosell y Juau
Pascual, ya en Boma á San Felipe Neri y
á Alejandro Petronio; y también tuvisteis
concedido de Dios el singular privilegio de
conocer claramente los secretos de las con­
ciencias ajenas: enviadme ahora un rayo
de esa vuestra soberana luz, que me dé á
conocer distintamente todos los vicios y pe­
cados que están escondidos en los obscuros
senos de mi corazón. Yo soy todo ojos para
conocer los vicios de otros, y muy fácil en
condenar las acciones de mis prójimos: y
al mismo tiempo soy casi ciego (asi lo con­
fieso) para discernir mis culpas, y casi mu­
do para acusar mis defectos. Pero vendrá
aquel día del juicio universal, en que mis
pecados quedarán de un golpe descubier­
tos á los ojos de todo el mundo. Temo aho­
ra el examinarlos con diligencia, y mani­
festarlos por medio de una confesión vo-
21
Imitaría con sinceridad y claridad é un con­
fesor; y entonces serán descubiertos á todos
los hombres por medio de una manifesta­
ción forzosa, con extrema vergüenza y con­
fusión mia. No permitáis, esclarecidísimo
protector mió, no permitáis que yo viva asi
engañado de mi loca soberbia: alcanzadme
la gracia de que de hoy en adelante sea el
más rígido censor de mis faltas y el más be­
nigno intérprete de las acciones ajenas.
Padre nuestro, Ave María, Gloria.
A qui se dirá la oración, Tomad, Señor,
«le., pág. 12.

Sentencias de San Ignacio.


1. El que duda si le conviene hacer ó
dejar alguna cosa, remítase al juicio que
ha de hacer de él Jesucristo, y esto le ense­
ñará hacer ahora lo que quisiera haber he­
cho cuando esté en la presencia de su juez.
2. A fin de no juzgar y condenar los he­
chos de nuestros prójimos, recúrrase & la
intención, la cual á veces es inocente, arin­
que la obra parezca culpable: mas cuando
la obra es manifiestamente viciosa, y no se
puede traer á buen sentido, excúsese al pr¿-
22
jimo por la vehemencia de la tentación, que
con la misma, y acaso menos, hiciéramos
nosotros otro tanto, ó mucho más.
3. Entre muchos buenos no puede estar
mucho tiempo oculto, y sin ser descubierto,
un malvado; así porque se halla en un esta­
do siempre violento, haciéndose continua
fuerza para fingir lo que no es, 'como por­
que Dios no permite que dure mucho tiem­
po el engaño.
Oración jaculatoria.
Juslejudew ultionis, dontm facremissio-
nis, ante d im rafáonis.
Justo juez de las venganzas, hacedme la
gracia del perdón antes que llegue el dia de
la cuenta.
Lo demás como el primer dia.

DIA V
Santísimo Patriarca S a n I g n a c i o : Yo me
hallo tau cargado de las pesadas deudas de
mis pecados, que temo mucho haber final­
mente de ir á pagarlas en el infierno. Me
horrorizo sólo de pensarlo, pero llanamente
as
confieso que lo tengo merecido. Bien sabia
yo, que con un pecado mortal que cometie­
ra, me ganaba ¿ muy vil precio el infierno,
en donde deberla ya estar abrumado de tor­
mentos: y con todo no he tenido reparo de
añadir al primero otros y otros pecados. Y
lo que más debe confundirme es, que la
misericordia divina me espera á penitencia
y desea me resuelva i, padecer cualquier
trabajo que me enviare por este fin: y sien­
do asi que yo debiera ya padecer justamen­
te horribles penas en el infierno por toda la
eternidad, no quiero sufrir ahora con pa­
ciencia en esta vida, las enfermedades, las
desgracias y contradicciones, que por dis­
posición de Dios me suceden. ¡Ah loco de
mil ¡Cuántas otras cosas muy pesadas he
sufrido hasta ahora por un amigo, por un
antojo y por librarme de un mal temporal
que dura poco! Y tras esto no puedo, mejor
dÍT¿, no quiero padecer algo por mi alma,
por dar gusto á Dios, por librarme de un
mal, que es el agregado de todos los males
y que jamás se ha de acabar. Vos, santo
mió amantisimo, decíais de Vos mismo, que
si Dios sin culpa vuestra os hubiese echado
ti
al infierno, no hubiérais en él tenido pena
más atroz, que la de oir blasfemar su santo
Nombre: en Vos fuera así, porque todo éraia
fuego de amor de Dios, el cual 110 pudiera
apagar todo el fuego del infierno. Ea, pues,
enviadme una centella de ese vuestro fuego,
para que abrase y consuma todos mis enor­
mes pecados, que son la leBa con que ha­
bría de arder en el infierno, si desde luego
no trato de abrasarlos y consumirlos con el
fuego de la contrición y amor de Dios.
Padre nuestro, Ave María¡, Gloria.
Aquí se dirá la oración, Tomad, Señor,
etc., pág. 12.

Sentencias de San Ignacio.


1. Cualquiera grave tentación especial­
mente de soberbia, fácilmente se venciera
con esta reflexión: [Oh miserable, oh peca­
dor infeliz! acuérdate de tus pecados, con
que provocaste la indignación de Dios y
mereciste el infierno.
2. De pensar en el infierno se saca este
provecho: que si alguna vez nos olvidáre­
mos del amor de Dios, nos apartará de la
-culpa el temor de la pena.
26
3. Debemos dar frecuentes gracias al
Señor, por no haber permitido que cayése­
mos en el infierno, como otros muchos que
están allí: sino que hasta el dia de hoy ha
tenido suma piedad y misericordia de nos­
otros.

Oración jaculatoria.
JVisi guia Dominus adjmid me, paulo-
minus habitasset in inferno anima mea.
Psal. 93.
Si tanto no me hubiese ayudado el Señor,
estarla ya mi alma en el infierno.
Lo demás como el primer dia.

DIA VI
Santísimo Patriarca S a n I g n a c i o , que
mostráis ternura de padre con todos vues­
tros devotos, y los amáis como si fuesen to­
dos hijos vuestros: es verdad que á recesos
vieron en vida, terrible y severo, porque
verdaderamente lo fuisteis; mas sólo con
los obstinados en la maldad,- siendo todo
benignidad y dulzura con los reconocidos
y penitentes. Cuentan de Vos vuestros his­
20
toriadores, que para llenaros de alegría, no
era menester mis que llegar 6 vuestros
piés ud pecador arrepentido y deseoso de
enmendarse. Hoy, pues, quiero yo que rebo-
oéis de gozo. ¿Queréis un grande pecador
tocado de la gracia? Aquí lo teneis á vues­
tros piés. ¿Queréis un corazón arrepentido
de sús pecados? He aqui el mió, que antes
quiere perder la vida que volver á pecar.
En una palabra: ¿queréis un hijo pródigo,
indigno del nombre de hijo vuestro? Héme
aqui postrado delante de Tos. Os elijo aho­
ra de nuevo por padre mió amoroso, y os
prometo vivir de hoy en adelante como
verdadero devoto é hijo vuestro. Padre, os
digo, pequé contra el cielo, y delante de
Vos: ya no soy digno de ser llamado hijo
vuestro. Si no me queréis por hijo, tenedme
por uno de vuestros esclavos. Pero el afec­
to de padre con que me amáis, qo se con­
tenta con eso, y me quiere no esclavo, sino
hijo enmendado. Así lo dijisteis & un hijo
vuestro tentado de dejar vuestra casa,
cuando por un corto obsequio que os hizo,
vinisteis desde el cielo á visitarlo, y echán­
dole una ojeada amorosa, le dijisteis: H ijo
27
mío, yo me contento de poco. Contentóos,
pues, santo Padre mió (que asi os llamaré
en adelante), contentóos de este poco, que
os puedo ofrecer y ofrezco con todo mi co­
razón, resuelto & mudar de vida; y alean»
zadme lo mucho que me faltó para ser dig­
no hijo vuestro.
Padre nuestro, Ave María, Gloria.
Aquí se dirá, la oración, Tomad, Señor,
etc., pág. 12.

Sentencias de San Ignacio.


1. Por mudar de lugar, no se mudan
las costumbres. Quien lleva consigo á su
corazón pervertido, regularmente no es me­
jor en este que en el otro pais.
2. Cuanto es mayor el fruto que hacen
los buenos, tratando familiarmente con el
prójimp, si esto se hace bien, tanto ma­
yor es el peligro, si no se hace como se de­
be. Por eso asi como una conversación mo­
destó y prudente de un hombre espiritual
atrae los hombres á Dios, asi el hablar in­
considerado de un imprudente, los desvia y
apartó de él.
3. De la virtud de ios principiantes, es-
28
peci&lmente jóvenes, no nos hemos de fiar
en cosas de peligro; asi por la edad igual­
mente fácil de recibir impresiones contra­
rias, como por el espíritu, que es como los
tierncB renuevos de verano que brotan
pronta y alegremente; mas porque son tier­
nos se secan con facilidad.

Oración jaculatoria-
Pater, peccati in coelum, el coram te,jam
non sum dignus pocari frtius Iwis. Luo. 15.
Padre, pequé contra el cielo, y delante de
Vos, ya no soy digno de ser llamado hijo
vuestro.
Lo demás como el primer día.

DIA Vil
Santísimo Patriarca S a n I g n a c i o : Mucho
tiempo he vivido en un grande error. PensS'
ba que para salvaime, bastaba el guardar­
me de cometer las’culpas graves que nos pri­
van de la gracia divina, y nos hacen ene­
migos de Dios, y por lo demás no he hecho
caso alguno de las veniales, teniéndolas por
29
«le poca monta. Asi me he visto muchas ve-
oes en peligro de caer en pecados graves,
por haber despreciado los leves: porque co­
mo dice el Espíritu Santo (Eccli. 19.} Qui
spernit módica, paulatim decidet. El que des­
precia las cosas pequeñas, poco & poco veu-
drá á caer en las graves. De aqui es que me
he visto privado de la verdadera consolación
espiritual y dulce conversación de Dios, por­
que no da el Señor ¿ gustar estas delicias
celestiales sino á quien le da gusto áun en
las cosas más pequeñas. Sólo Dios sabe cuá­
les y cuántos son los bienes que he perdido
y habría recibido de Su liberalidad, si v. g.
me hubiera vencido en no decir aquella pa­
labra, ligera si, pero injuriosa; en no ven­
garme con aquella acción, ligera si, pero
sensible á quien me habla agraviado... San­
to Padre mío, Vos, que para conocer los más
leves defectos de vuestra alma, os examiné*
bais por lo menos veinticuatro veces al
dia, dadme luz bastante para conocer estas
mis leves culpas, que por más que parez­
can de poca consideración, son muy daño­
sas á mi espíritu: y alcanzadme nuevas
fuerzas para que me aplique con todo cuida­
80
do ¿ los ejercicios espirituales, especialmen­
te al ex&men de mi conciencia, para que no
caiga sobre mi la maldición fulminada de
Dios por Jeremías: Maledictus, qui fa e it
opus Domini/raudulenter. (Jer. 48.) Maldi­
to es el que hace las obras del Señor enga­
ñosamente, esto es, sin la debida diligencia.
Padre nuestro, Ave María, Gloria.
A quí se dirá la oración, Tomad, Señor,
etc., pág. 12.

Sentencias de San Ignacio.


1. Tal debe ser nuestro aborrecimiento
al pecado venial, que no le hemos de come­
ter advertidamente, ni por conseguir la ma­
yor felicidad humana, ni ¿un por conservar
nuestra propia vida.
2. Tienen prevenida en el cielo una ri­
quísima corona aquellos que procuran ha­
cer con toda perfección sus obras: supuesto
que no basta hacer obras de su naturaleza
buenas, sino que es menester hacerlas bien.
3. Los que tratan de espíritu, reciben
ordinariamente mayor daño por los defec­
tos ligeros y faltas que parecen de poca
importancia, que no de las culpas graves.'
81
purque el daño de estas fácilmente se co­
noce en cayendo en ellas; mas el daño de
las culpas ligeras se siente después de mu­
cho tiempo, cuando es ya muy grave.

Oración jaculatoria.
Delicia quis inteUiffit? A i occultis meis
inunda me. Psal. 18.
¿Quién conoce todos sus pecados? Librad­
me, Dios mío, de los ocultos que yo no co­
nozco.
Lo demás como el primer dia.

DIA VIII
'Santísimo Patriarca S a n I g n a c i o : Confuso
quedé ayer considerando los duños que ha­
cen á mi alma los pecados veniales: mas
hoy estoy pasmado al pensar en las penas
intolerables que me quedan que padecer
por ellos después de mi muerte en el purga­
torio, para dar satisfacción á la divina justi­
cia. Si ahora no puedo sufrir el tener un de­
do sobre el fuego por pocos instantes, ¿cómo
podré después estar sumergido en el del
purgatorio por el largo espacio de días, me­
32
ses, y tal vez años? Santo Padre mió: yo sé
el cuidado y deseo que tenéis de sacar de
aquella terrible cárcel las almas de vuestros
devotos. Acordáos de mí cuando después de
muerto, como espero, en gracia de Dio.?,
me halle eucerrado en aquel calabozo de
fuego. Mas ¡ay de mil ¿Cómo mereceré ser
favorecido entonces de vuestra ardentísima
caridad, si hasta aquí he sido tan descuida*
do, y tan poco devoto de las benditas áni­
mas del purgatorio, no cuidando de soco­
rrerlas con frecuentes sufragios? Vos, que
todo fuisteis caridad, establecisteis, que en
Azpeitia, vuestra patria, se hiciese todos los
días señal con una campanilla, para que los
vivos se acordasen de socorrer con sus ora­
ciones á los difuntos: trabajásteis en alcan­
zar del Sumo Pontífice, que todos vuestros
hijos tuviesen el privilegio de sacar en ca­
da Misa una alma de aquellas penas, y pro­
veisteis al grande San Francisco Javier en
las Indias de muchas indulgencias, que se
pudiesen aplicar en beneficio de los difun­
tos. ¿Y qué he hecho yo por esas pobres al­
mas? ¿Pero qué mucho que yo no haya usa­
do de caridad con los muertos, si tampoco la
33
he tenido con loa vivos, ni ¿un conmigo
mismo? Pudiera yo haberme proveído de
muchas indúlgeselas, y las he despreciado;
pudiera haberme confesado con más exac­
titud de mis culpas leves, y vivir con más
cuidado de no añadir otras nuevas, y no lo
he hecho. Mas reconozco mis yerros, y pro­
pongo empezar desde ahora á vivir con más
cuidado, y de satisfacer en vida con la pe­
nitencia las deudas que debiera pagar des­
pués de mi muerte en el purgatorio.
Padre nuestro, Ave María, Gloria.
Aqui se dirá, la oración, Tomad, Señor,
etc., pág. 12.

Sentencias de San Ignacio.


1. Quien desea ayudar á otros, atienda
primero á si, proveyéndose de caridad y
buenas obras.
2. Quien se olvida de si y de su prove­
cho por servir al prójimo por Dios, tiene á
Dios, que le proveerá mucho más de lo que
¿1 hubiera podido hacer por sí, si por mirar
á si y á su conveniencia se hubiese olvida­
do del prójimo y de Dios.
3. Las indulgencias son piedras precio­
34
sas y un muy grande tesoro para quien úni­
camente busca el amor de Dios y el cielo.

Oración jaculatoria.
P ie Jesu Domine, dona eis requ im .
Jesús, Señor piadoso, dad á aquellas al­
mas descanso.
Lo demás como el primer dia.

DIA IX
Santísimo Patriarca S a n I g n a c i o : Mi de­
testable vida, llena de tan abominables ex­
cesos, mucho tiempo (Vos lo sabéis) me ha
tenido por desgracia debajo de la bandera
del soberbio Lucifer. Lloro el tiempo que
miserablemente he perdido en seguimiento
de un tirano tan insufrible, y de cuyo ser­
vicio no he sacado otra paga que humo en
los ojos, vanidad en los oídos, murmura­
ciones en la lengua, veneno en el corazón,
inquietud y desesperación en la concien­
cia, tormento y dolores en el cuerpo, y un
infierno anticipado en el alma. ¡Ahí ¿y era
amo éste digno de servirle? ¿Era caudillo
que se hubiese de seguir? ¿Y cu&ndo ha si­
86
do fiel en sus promesas el padre de la men­
tira ? ¿ Cuándo ha procurado hacer algún
bien & loa hombres el enemigo del linaje hu
mano? A vos acudo, oh santo Padre mió, pa­
ra poner algún conveniente remedio á mis
desvarios. Sedine Vos testigo, y recibid es­
ta declaración, que voy & hacer con la gra­
cia divina: To N., declaro hoy, que la ma­
yor locura que he hecho, ha sido el haber
en aquel tiempo infeliz dado gusto al demo­
nio, el cual después del pecado es el mayor
enemigo que puedo tener y el que puede y
quiere hacerme mayor mal. Abomino cuan­
to mal entonces pensé, propuse y ejecuté
para contentarlo, y protesto delante del tri­
bunal de la Santísima Trinidad, querer des­
de ahora hasta mi muerte, todo aquello
que desagrada al demonio y aborrecer todo
aquello que le da gusto. Por m&s gue se le­
vante contra mi todo el infierno, no lo he
de temer, estando cierto, que todos los de­
monios no pueden hacerme dafio alguno,
sin que Dios lo permita: y permitiéndolo
Dios, no dejaréis de defenderme vos, santo
Padre mío, que, como confesaron los mie­
mos demonios en Trápana, después de vues­
36
tra muerte, sois el mayor enemigo que tie­
nen y tan temido de ellos, mientras vivis­
teis, que sólo con levantar vuestro báculo,
cobardemente se ponían en fuga.
P a ire nuestro, A ve María, Gloria.
Aquí st dirá, la oración,, Tomad, Señor,
ele., pág. 12.

Sentencias de San Ignacio.


1. El demonio para hacer dafio ¿ una
alma, primero observa el natural y genio
del hombre y luego le presenta como cebo
en anzuelo, aquel objeto que es más con­
forme á su inclinación: asi ofrece riquezas
á los avaros, honras á loa ambiciosos, delei­
tes á los carnales y áun á los espirituales
cosas con apariencia de devoción, entrán­
doles poco á poco y no de g'olpe, hasta que
ganándoles la voluntad se hace enteramen­
te dueño del alma.
2. El demonio obra siempre más por de
fuera y por los sentidos que por dentro del
alma, y propone sus intentos con la mayor
apariencia que puede de santidad, con
cosas ruidosas y admirables, que sirven de
hinchar al que las tiene y de engañar al
37
que las re. Dios, al contrario obra más por
dentro que por de fuera, inspirando al al­
ma virtudes sólidas y formándola con es­
píritu de verdadera santidad: aunque algu­
na vez, saliendo del ourso ordinario, se co­
munica & sus siervos más favorecidos, con
tal abundancia de gracias celestiales, que
redunda y ae deja ver algún efecto sensible
en el cuerpo.
3. Es astucia del demonio quitar el te­
mor de caer, para hacer caer con más se­
guridad: poner terrores y espantos, para
que acobardándose el hombre se rinda, cre­
yendo que no podrá resistir: y entonces ha­
ce como una mujer, que riñe con un hom­
bre que tanto más brío manifiesta, cuanto
éste se muestra más cobarde.

Oración jaculatoria.
Grafías ago Deo patri... qui eripuit me
de potestaie tenebrarum. Ad Col. 1.
Doy gracias á Dios, que me ha sacado
del poder de las tinieblas.
Lo demás como el primer día.
38

DI A X
Santísimo Patriarca S a n I g n a c i o : N o me
contento con la resolución que hice ayer, de
no querer servir más á Luzbel: recibid hoy
esta otra, que es mi intención renovarla to­
dos los instantes de mi vida; quiero servir
fielmente á aquel Dios que me dió el ser,
haciéndome á su imágen y semejanza y me
hizo capaz de loarlo y servirlo en esta vida,
para gozarlo después en la otra. Quiero
amar á aquel Dios, que viendo todas mis
rebeldías y pudiendo con un soplo echarme
al iufierno por sola su infinita bondad, me
mantiene la vida y me ofrece benignamen­
te el perdón. Quiero militar debajo la ban­
dera de aquel Dios, que para sacarme del
poder de Satanás, bajó del cielo á la tierra,
se hizo hombre por mi ainor y padeció por
mi causa desprecios, pobreza, fatigas, per­
secuciones, dolores, y por fin una muerte
afrentosa en el madero de la cruz. Este ha
de ser mi amo, mi capitán, mi rey, á quien
yo me obligo á obedecer: éste será mi fiel
amigo, mi guia segura, mi verdadera for­
80
taleza: éste será mi maestro, mi padre, mi
vida y mi amor. Y (ojalá hubiera yo empe­
cido á servirlo desde aquel tiempo en que
amaneció el primer uso de mi razón! Por lo
menos quiero ahora obrar como sabio ne­
gociante; quiero servirlo, alabarlo y amar­
lo cien mil veces más de lo que he dejado
de hacerlo en lo pasado, para que asi vaya
á toda prisa restaurando las pérdidas ver­
gonzosas que he tenido.
Padre nuestro, Ave María, Gloria.
A qu í se dirá la oración, Tomad, Señor,
etc., pag. 12.

Sentencia» de San Ignacio.


1. Algunos quisieran que un ángel del
cielo les asegurase serles conveniente el
tomar un estado de vida más perfecta: pe*
ro esta venida del ángel antes fuera menes­
ter para que sin excusas saliesen de su es­
tado imperfecto y cooperasen mejor á las
divinas gracias.
2. Quien sirve fielmente á Dios y lleva
su amor consigo, donde quiera que esté y
de cualquier modo que se halle, lleva con­
sigo el paraíso.
40
3. Quien sirve ¿ Dios de todo corazón
debe persuadir á los otros que sirvan, no
á los hombres ni al mundo, sino á Cristo:
jorque no puede hallarse Señor mayor, ni
mejor que éste.

Oración jaculatoria.
M ih i antera adharere Deo bonum est, po -
nere in Domino Deo spm meam. Psal. 72.
Es cosa buena para mi, estar unido con
Dios y poner en Dios mi Señor toda mi es­
peranza.
Lo demás como el primer dia.

D I A XI
Santísimo Patriarca S a n I g n a c i o : Vos sa­
béis bien, que el grande enemigo que me
impide seguir de veras & Cristo, es el vano
temor del qué dirán los hombres de mi. Me
escarnecerán, me despreciar&n, me conde­
narán ya de hipócrita, ya de traidor, ya de
mentecato. Mas yo, ¿cuán cobarde soy y m i­
serable si bago caso de estos escarnios, mo­
fas y desprecios? Porque al fin, ¿quiénes se
rán estos que asi murmurarán de mi? No
41
otros que los enemigos de la virtud: ¿cómo
pues pueden dejar de reprobarla? Serán
prosélitos de Lucifer: ¿qué mucho pues que
murmuren de los secuaces de Cristo? ¿T yo
he de hacer cuenta de sus palabras, y de
palabras de hombres que ni áun hablan
bien de sus propios amigos, y de sus com­
pañeros en el vicio; y que ni tienen respe­
to á los santos del cielo, ni áun al mismo
Dios, y pretenderé que me lo tengan á
mi? Decid, vos, santo Padre mió, ¿qué de
calumnias, qué de acusaciones, qué de per­
secuciones padecisteis por amor de la vir­
tud? Y con todo, entonces os teníais por
más dichoso y verdadero imitador de Cris­
to, que asi lo habla predicho á los suyos
cuando dijo: S i me perseculi sunt, el vos
Persequentur. (Joan. 15.) Si á mi me han
perseguido, también os perseguirán á vos­
otros. Dadme, pues, Santo mío generoslsi
mo, un ánimo despreciador de todos los res­
petos humanos, é imprimid en mi alma es­
ta incontrastable verdad: que ninguna vir­
tud, si no es combatida, puede ser verda­
dera y sólida virtud.
Padre nuestro, Ave María, Gloria.
42
Aquí se dirá la oración, Tomad, Señor,
etc., pág. 12.

Sentencias de San Ignacio.


1. Quien tiene mucho miedo del mundo,
no hará jamás cosas grandes por Dios en
provecho de las almas, porque el mundo
luego mueve persecuciones y lo' mete todo
á mala parte.
2. El mundo alguna vez hace treguas
con nosotros, mientras no le hacemos gue­
rra: mas cuando salimos á campaña contra
él, todo 9e pone en armas contra nosotros.
3. El camino m&s cierto para llegar á
la perfección en seguimiento de Cristo, es
padecer del mundo muchas y grandes co­
sas por amor de Cristo. Y en este padecer
por Cristo, se encierran los mayores bene­
ficios que Dios dispensa á sus más queri*
dos siervos y amigos.

Oración jaculatoria.

Ecce enim in calo teslir meus, el conscius


meus in excelsis. Job, 16.
Mira, alma mia, que el que es tu testigo
<8
está en el cielo, y el que sabe todas tus co­
sas en las alturas.
Lo demás como el primer dia,

DIA XII
Santísimo Patriarca S a n I g n a c i o : Gran­
de verdad salió de vuestros labios al decir­
nos que el mayor y más capital enemigo
que tenemos, es el amor propio. Ya no me
maravillo que el mundo haga tanta guerra
á la virtud, cuando experimento que yo
mismo la contradigo de mil modos con el
amor desordenado de mi mismo. Si, este
desordenado amor propio me empuja siem­
pre á ir en busca de la propia alabanza, de
la singularidad, de mi libertad, de la ale­
gría vana y de toda comodidad; y si con­
desciendo con él, ¿cómo podré jamás cum­
plir el propósito de seguir las pisadas de
Cristo, mi capitán? Vos, santo Padre mió,
que tanto lo supisteis vencer, y que como
escribieron los auditores de la sagrada Ro­
ta, llegásteis á tener un dominio perfectl-
sitno de todas las pasiones de vuestro ánl-
Rio; ayudadme á vencer todos mis afectos
u
desordenados. Solían decir de Vos vuestros
mismos hijos, que asi como teníais el cora*
zón imperturbable^ asi os mostrábais siem­
pre sereno y con un semblante celestial.
Yo soy todo lo contrario; no puedo mostrar­
me sereno y tranquilo, experimentando co­
mo experimento el alboroto continuo de
mis pasiones, Impulsadas del amor propio.
Vos que tantas veces habéis puesto en bo­
nanza las tempestuosas olas del mar en
favor de vuestros devotos, tranquilizad mi
corazón y haced que yo quede siempre
triunfador de mí mismo, venciendo todos
los embates^áel amor propio y siguiendo
el ejemplo del grande Javier en la práctica
de aquella máxima: véncete á ti mismo,
que es un compendio de todas la3 victorias
dignas de un cristiano.
Padre nuestro, Ave María, Gloria.
Aquí se dirá la oración. Tomad, Señor,
etc.', pág. 12.

Sentencias de San Ignacio.


1. El mayor impedimento que puede uno
tener para unirse con Dios, es el estar ape­
gado á si mismo.
46
2. La santidad no se ha de medir por
ser hombre de mucha oración, sino por
vencerse á si mismo y sojuzgar los sentidos
y apetitos. El que es de un natural fuerte,
anímese á vencerse; porque venciéndose,
tendrá el mérito doblado y mucho mayor
que los que tienen un natural blando, los
cuales tienen poco en qué vencerse y pe­
lear consigo.
3. Para no dejarse engañar del amor
propio en el deliberar acerca de las cosas
propias, se han de mirar éstas como si fue*
ran de otro, y á nosotros nos tocase dar
nuestro parecer por amor de la verdad y no
por algún interés.

Oración jaculatoria.

, Da mihi Domine, v t vivan Ubi, ei mo-


ñ a r m ihi. S. Cathar. Sen.
Concédeme, Señor, que viva para ti y
muera para mi.
Lo demás como el primer dia.
DIA XIII
Santísimo Patriarca S a n I g n a c i o , que co­
mo aol lucidísimo resplandecéis é ilumináis
el cielo de la Santa Iglesia, echad de mi al­
ma las obscuras nieblas que la ofuscan. A
veces se me presenta la vida cristiana que
me he propuesto guardar, como una vida
tétrica y desagradable, en la cual no podria
perseverar. Mas ¡qué ignorante soyl Si la
obra de mi salvación dependiese solamente
de mis fuerzas, que tan pocas son y tan
combatidas, no se puede negar que seria
no sólo difícil, sino imposible. Pero es ver­
dad de fe, que esta obra depende también y
principalmente de Dios, quien con su gra­
cia me previene y ayuda, y me conforta pa­
ra obrar, y esta gracia no la niega á quien
hace de su parte lo que puede, y de todo
corazón se la pide. Luego si yo verdade­
ramente quiero vivir como buen cristiano,
no hay dificultad que con la divina gracia
no pueda vencer. Mas el caso es, que yo no
quiero hacerme violencia á mi mismo: y sé
de cierto que el cielo no se da sino ¿ quien

Biblioteca Nacionol de España


47
se hace fuerza para vencerse: Violenti ra-
piunt illud (Matth. 11.) Decidme, santo
Padre inlo, si después de las primeras vic ­
torias que alcanz&steis de voa mismo, cuan­
do dejisteis el mundo, no se os hizo muy
suave el servir á Cristo? Bien lo mostraron
los deliciosos éxtasis, las revelaciones y v i­
sitas de los santos del cielo, de qne frecuen­
temente gozásteis: de todo lo cual nos que­
dó alguna noticia en vuestro librito de
apuntes, donde se leia que cuando orábais
oiais en el alma una tal música sin voces,
una tan grand'e armonía sin sonido sensi­
ble, que no hay en el mundo cosa que se
le parezca. Hacedme, pues, experimentar
por vuestra benignidad, alguna gotita de
ese licor divino con que yo pueda desvane­
cer todas estas mis desconfianzas y temores.
Padre nuestro, Ave María, Gloria.
Aquí se dirá la oración, Tomad, ¡Señor,
etc., pág. 12.

Sentencias de San Ignacio.


1. Aquello que en el mundo llama des­
gracia, en los siervos de Dios se convierte
en feliz bienaventuranza. No todos entien­
48
den esta verdad, sino solamente aquellos
que aman ¿Dios de corazÓD: éstos saben
que el padecer por Cristo causa tan gran­
de gozo, que todos loa placeres del mundo
juntos no se le pueden comparar.
2. Ninguna cosa 9e hará difícil á quien
de veras quiere servir y amar ¿ Dios.
3. No es menor maravilla ver melanoó -
lico el corazón de un fiel siervo de Dios,
que no busque otra cosa que & Dios, que
ver alegre & otro, que busque otra cosa fue­
ra de Dios.

Oración jaculatoria.
Reddt taihi latitian salutaris tm, el spi-
ritu principali confirma me. Psal. 50.
Vuélveme, Señor, la alegría de tu sa­
lud y confírmame con tu espíritu principal.
Lo demás como el primer dia.

DIA XIV
Santísimo Patriarca S a n I g n a c i o : Yo no
acabaré jamás de entregarme de veras á
Dios, ai vos no me asistía oon vuestro espe­
cial socorro. Todos los dias propongo dar­
49
me ¿ Dios, y después no aplico los medios
que me han de conducir & él. Este mi fin­
gido Quiero, que pronuncio con la boca, ea
un verdadero No quiero, que digo con el
corazón. Bien sebéis vos, cu&l es la causa
de esto. To quisiera darme ¿ Dios, mas de
tal suerte, que no dejasé de amar al mun­
do. |Oh qué locura! Querer juntar el dia y
la noche; la santidad y la vanidad; la gra­
cia y el pecado; Cristo y el mundo; Dios y
Lucifer. ¿Y qué derecho tiene Lucifer y el
mundo sobre mi corazón? ¿No es Dios, por
ventura, el único que me ha criado y me
colma de bienes y me mantiene la vida?
¿Ha habido otro, fuera de Cristo, que se ha­
ya hecho hombre por mi, que haya sido
azotado, coronado de espinas y crucificado
por mi amor? ¿No fué este mismo quien me
dejó en prenda de su amor en la Sagrada
Eucaristía todo su cuerpo, toda su sangre,
y todo lo que tenia en si como Dios y hom­
bre? ¿Pues cómo pretendo yo contentarlo,
con darle una sola parte de mi corazón?
Santo Padre mío, yo quiero ser todo de
Dios, y todo entero le ofrezco este mi cora­
zón por vuestra mano y con vuestras mis­
4
60
mas palabras: Tomad, Señor, y recibid toda
mi libertad: sea toda vuestra esta mi liber­
tad, que es la cosa más preciosa que puedo
ofreceros. M i memoria, mi entendimiento y
toda mi voluntad: si, conságraos toda mi
memoria, para que jamás me olvide de
vuestros beneficios y de mis obligaciones;
todo mi entendimiento, para que jamás
pierda de vista vuestras excelencias y mis
deméritos, y toda mi voluntad para-que no
se incline jamás á querer otra cosa, que lo
que os agrada á Vos y á no querer cosa que
os desagrade. Todo mi haber y todo mi po­
seer: Vos me lo disteis. Confieso que no ten­
go ni poseo cosa alguna que no sea vuestra,
y por eso á Vos, Señor, lo vuelvo: todo es vues­
tro, disponed según, vuestra santa voluntad.
Todo os lo restituyo, incluso mi ser, para
que hagáis de todo lo que os plazca. Dadme
vuestro amor y gracia, que esto me basta. Sólo
deseo que con vuestra gracia me déis vues­
tro santo amor y con esto seré tan rico, que
no hay otro bien mayor que yo pueda pedir.
Padre nuestro, A te María, Gloria.
Aquí se dirá la oración, Tomad, Señor,
etc., pág. 12.
61

Sentencias de San Ignacio.

1. ¿Qué hicieras si Cristo, que se te ha


dado todo á ti, te pidiese alguna cosa) ¿Ten­
drías ánimo para darle lo peor ó para no
darle lo mejor y ¿un & ti mismo?
2: ¿Cómo puede jamás vivir tranquilo
en la tierra, quien tiene en su alma alguna
afición humana, que no sea pura y total­
mente por Dios?
3. Quien se da todo & Dios, tiene á todo
Dios por suyo, y al que tiene & Dios, aun­
que no tenga otra cosa, nada le puede fal­
tar; porque Dios es todo bien y todo bien
□os viene con Dios.

Oración Jaculatoria.

Kuscipe Domine unitertam meam liberta-


tem. S. Ign. in Exc.
Tomad, Señor y recibid toda mi li­
bertad.
Lo damas como el primer dia.
DIA XV
Santísimo Patriarca S a n I g n a c i o , que
bpareciéndoaeoa Cristo con la cruz á cues­
tas cerca de la ciudad de Roma, tuvisteis la
dicha de que el Eterno Padre os encomen­
dase k él como fiel siervo suyo; dignáos de
admitirme hoy por compañero vuestro. Es­
toy yo también resuelto & seguir con mi
cruz &mi Salvador y Señor. Bien sé que
quien hace profesión de seguirle y después
rehúsa padecer por él, verdaderamente no
le sigue, diciendo él mismo en el Evange­
lio: S i quisDutt venire post me... tollat cru­
cen tuam, & sequatur me. (Math. 16.) El
que quiera venir en pos de mi, tome su
cruz y sigame. Yo, pues, estoy ya pronto á
padecer cualquier cosa por su amor. No hay
otro oamino; ni santo en la iglesia católi­
ca que no baya llevado en vida su propia
cruz en segnimiento de Cristo: áun las vír­
genes más tiernas y más delicadas, desde
que se desposaron con él, fué menester que
cargasen sus espaldas con la cruz, no sien­
do conveniente que las esposas de un Dios

Biblioteca Nocional de España


68
crucificado pasaran la vida sin cruz. ¿Qué
vergüenza será, pues, que pretenda yo se­
guir á mi capitán, que va delante cargado
de su cruz, sin que yo lleve también la
mía? Mas ¿cuál ba de ser la miaf Algunos
quieren llevar detrás de Cristo una cruz
preciosa ó de oro, ó de plata, cuales son los
oficios y empleos más brillantes y honroso»:
otros quieren una cruz pintada en lienzo ó
papel, cuales son los trabajos lijeros y de
poco peso; pero todos éstos andan muy
errados. Cristo, que es el rey del cielo y
caudillo del pueblo escogido, va adelante
con una cruz afreutosa y pesada; y yo, que
soy uno de sus soldados, aunque el Infimo
y más indigno, ¿me atreveré á querer ir de­
trás de él con una cruz preciosa ó lijeraV
Alumbradme vos, santo Padre mió, quecos
vuestros generosos ejemplos alumbrásteis á
los fieles, y alcanzadme fuerzas para seguir
los pasos de mi capitán Jesús, como vos los
seguisteis perfectamente desde el principio
de vuestra conversión hasta la muerte.
Paire nuestro, Ave María, Gloria.
Aquí se dirá la oración, Tomad, Señor,
etc., pág. 12.
64

Sentencias de San Ignacio.


1. No hay cosa más dulce que el pade­
cer por Dios; porque no habiendo cosa más
dulce que el amor de Dios, ni mayor amor
que padecer por Dios, se sigue que no hay
mayor dulzura que este padecer.
2. Cuando s íd culpa nuestra se nos mue­
ve alguna nueva persecución en algún lu­
gar, es evidente señal de que el Señor quie­
re allí servirse de nosotros, para hacer cosas
grandes á gloria suya.
3. Si Dios os da mucho que padecer, se­
ñal es de que os quiere hacer un gran santo.
Y si deseáis que Dios os haga un gran san -
to, rogadle que os dé mucho que padecer.
No hay leño que haga mayor fuego de
amor de Dios que el de la cruz.

Oración jaculatoria.

Seqmr te quocumque ieris. Math. 8.


Os seguiré, Señor, donde quiera que fué-
reis.
Lo dmdt como el primer dia.
DI A XVI
Santísimo Patriarca S a n Ig n a c io : Que mi-
litásteis algún tiempo en servicio de reyes,
bien sabéis cuán conveniente es, que loa
soldados vistan el uniforme y librea de su
rey, y por consiguiente, cuánto me convie­
ne á mi el que es propio de mi capitán Jesús.
Por eso clama el apóstol: Induimini Domi-
mm Jesum Christum. (Rom. 13) Vestios de
nuestro Señor Jesucristo: como si dijera,
imitadlo de tal manera, que quien os mire,
vea en vosotros á Jesucristo, esto es, su
pensar, su hablar, su vivir y su obrar. ¡Ohl
si empezase yo desde hoy á hacer esta uue-
va vida en imitación de la de mi ¡Señor!
iCómo llegaría en poco tiempo á ser santo!
¡Oh! ¡cómo mis acciones serian agradables
al Eterno Padre, por el buen olor de Cristo!
Jacob, aunque era e] hijo menor, se llevó la
bendición debida al primogénito Esaú, por­
que se vistió de los vestidos olorosos de es­
te: y yo, aunque hijo adoptivo, me ganaría
también la bendición debida al Unigénito de
Dios, si hiciese mías sus vestiduras, esto es,

Biblioteca Nocional de Espafla


66
sus obra?, imitándolas; porque entonces el
Eterno Padre peroibiría en mi la fragancia
de aquellos vestidos. ¡Oh Diosl ¿y cómo soy
tan negligente y déscuidado en ponerlo por
obra? Si yo tuviese cuidado de leer atenta­
mente cada dia, oh santo Padre mió, & lo
menos un capitulo de aquel precioso libro,
por Vos tan recomendado, 2?e la imitación de
Cristo, el cual, como solíais decir, todo es
substancia y espíritu; entonces si que en
breve tiempo, aprovechándome de su lec­
tura, comparecería vestido con el traje de
mi Señor Jesucristo. Haced Vos que así lo
ejecute, y consiga la dicha de ver presto
sobre mi los vestidos del divino Rey Cristo
Jesús.
Padre nuestro, Ave Haría, Gloria.
Aqui se dirá la oración, Tomad, Señor,
etc., pag. 12.
Sentencias de San Ignacio..
1. El aprovechamiento de quien milita
debajo la bandera de Cristo, no debe m e­
dirse por sólo el semblante y porte exterior,
ni por la quietud natural, ni modo de vivir
retirado; sino principalmente por la fuerza
67
que uno se hace y por las victorias que al­
canza de si mismo.
2. El discípulo de Cristo, que debe ga­
nar almas paraelcielo, se ha de acomodar,
cuanto lo permite la ley de Dios, de suerte
que se baga todo para todos: ni piense que
ha de vivir para si, sino todo paTa sus her­
manos: asi logrará entrar con la suya y sa­
lir con la de Dios.
3. Oran daño acarrea al alma la lección
de libros de autores sospechosos ó malos:
porque al principio agrada el libro, ,de ahí
se pasa á amar al autor, y esta afición toma
tanto pie, que llega á persuadir su dootrina
como verdadera.

Oración jaculatoria.

Jndue me Domine vertimento talude, et


indumento lostitim circunda me. In Off. San.
Agnet.
Vestidme, Señor, con el vestido de la
salu d ,; adornadme con la gala de la ale­
gría.
Lo demis como el primer dia.
DI A XVI I
Santísimo Patriarca S a n I g n a c io : Va que
deseáis verme con la divisa verdadera de
los disoipulos de Jesucristo, alcanzadme la
caridad para con el prójimo, virtud que en
Vos fué verdaderamente heróica, como nos
testifican los hechos; pues servísteis en Pa­
rís á un apestado, limpiándole con vuestras
manos las Hagas, de lo que recibisteis en
premio, grandes dolores y algunos efectos
del contagio. En los hospitales aplicásteis
más de una vez la boca á las úlceras de los
enfermos más asquerosos, limpiándolas con
heróica fortaleza. Con razón os dieron el
apellido de padre de los pobres, porque á
ellos repartíais lo mejor de las limosnas que
para vuestro sustento recibíais. Haced aho­
ra cuenta que yo soy, como en verdad así
es, uno de los pobres espirituales más ne­
cesitados que hay en el mundo. Os pido de
limosna la caridad para con mis prójimos,
que es una de las más ricas perlas del pa­
raíso. Otorgádmela abundante, sabiendo el
grande aprecio que de ella hace el mismo

Biblioteca Nacicna] de España


59
Jesucristo, quien mandándonosla cou un
precepto, lo llama precepto suyo? Hoc est
preceptummeum, utdiligatisinvicem. Joan.
15.) ¡Oh Santa Caridad, cuánto os he ofen­
dido en lo pasado! Santo Padre mió, haced
que en lo porvenir no la ofenda más ni con
el pensamiento, juzgando 6 sospechando
mal de los hechos ajenos; ni con la lengua
murmurando, ó ultrajando á mis hermanos;
ni de ninguna otra manera falte al amor que
debo á jnis prójimos.
Padre nuestro, Ave María, Qloria.
A qui te dirá la oración, Tomad, SeUor,
etc., pág. 12.
Sentencias de San Ignacio.
1. Conviene hablar poco y oir mucho.
Y en todo cuanto se habla es menester pro­
ceder con mucha cautela y consideración,
especialmente en ajustar paces y terminar
diferencias; para que no salga de la boca
inadvertidamente palabra que pueda ofen­
der ¿ alguno. Cuanto se dice á uno, se ha
de hacer cuenta que llegará á los oidos de
muchos, y que se ha de publicar en las pía*
zas, lo que se ha confiado en secreto: para
60
que nuestras palabras se pesen con cristia­
na caridad y prudencia.
2. Con particular providencia hace el
Señor que padezcamos en muchas cosas,
porque haciéndonos padecer mucho, nos
enseña á compadecernos de los otros, que­
riendo que por nuestra propia necesidad
entendamos cómo hemos de remediar las
necesidades ajenas.
3. Para creer mal de alguno, no le bas­
ta á la caridad cristiana el dicho de un
hombre, aunque sea espiritual y de buen
juicio. Y el que por celo ha de hablar de los
defectos ajenos, ponga antes por escrito lo
que ha de decir, porque las palabras salen
de la ploma más consideradas que de la
lengua, y lo que se escribe se ve, mas no lo
que se habla.

Oración jaculatoria.
Pone Domine cuslodiam orí meo... vt non
declinet cor meum in verba malitim. Ps. 140.
Poned, Señor, una guarda á mi boca, pa­
ra que no se deslíce mi corazón en palabras
de malicia.
Lo demág como el primer dia.
í
61

DI A X V I I I
Santísimo Patriarca S a n I g n a c io : Ya no
ea sólo el precepto de la caridad con mis
hermanos el que me intima nuestro buen
Jesús, aino otro más alto y difícil al corazón
humano; quiere que yo ejercite también la
caridad con loa enemigos, amándoles y ha­
ciéndoles bien por su amor. ¡Ohl iy cuán re­
pugnante á la naturaleza es este amor de los
enemigos! Mas es preciso practicarla en re­
verencia de Cristo nuestro Señor, que lo ha
mandado expresamente, y él mismo nos ha
dado de ello el primer ejemplo. Y para de­
cir la verdad, ¿qué caudal de virtud mos­
traré yo, si amo sólo á quien me quiere bien
ó á lo menos á quien no me quiere mal?
¿No es esto lo que hacen los gentiles, y áun
104 mismos brutos? Para imitar, pues, á mi
capitán, y para señalarme en su amor,
quiero yo también amar á quien me abo­
rrece, y hacer bien á quien me ha hecho
mal. Si yo deseo llegar en pocos diasá
la cumbre de la perfección cristiana, este
es el camino: si yo pretendo alcanzar del
63
Señor la remisión de mis pecados y todas
las finezas de amor, que sabe usar con sus
amigos, este es el medio. |Oh qué necio he
sido hasta aqull Vos, santo Padre mío, fuis­
teis más cuerdo: por aqui creo, que en tan
corto tiempo llegasteis á ser tan grande
santo; porque desde el prinoipio de vuestra
conversión, empezásteis á volver bien por
mal á vuestros calumniadores y persegui­
dores: y por esto mismo mandásteis á vues­
tros hijos, que rogasen.frecuentemente á
Dios por los poco afectos á esta vuestra
Compañía de Jesús, para que ella se ganara
de esta suerte el corazón de Dios. Yo, pues,
protesto que quiero perdonar y amar has­
ta con ternura á todos mis enemigos; de
tal suerte, que para hacerles cuanto mayor
bien pueda, áun después de mi muerte, me
ofrezco á padecer por ellos en el purgatorio
todo el tiempo que pareciere necesario á la
divina justicia para la satisfacción de su*
pecados.
Padre nuestro, Ave Marta, Gloria.
Aqui te dirá la oración, Tomad, Señor,
ele., pág. 12.
Sentencias de San Ignacio.
1. No hay cosa más pestilente para una
comunidad que la desunión y discordia de
sus individuos: los cuales aunque por otros
motivos sean dignos de estima, por ningu­
na otra cosa se hacen más despreciables,
que por la división en bandos y facciones;
porque la caridad es la salud y la vida de
cualquiera comunidad cristiana.
2. Quien por deseo de conservar la par.
y unión, padece algo por amor de Dios, no
pierde, sino gaaa, porque Dios le recom­
pensará aquel trabajo con ventaja.
3. Quien tiene demasiado celo y se tur­
ba por las faltas de otros, sepa que el con­
cebir tanto odio de los defectos ajenos, sue­
le engendrar oierta aversión de ánimo para
con aquellos que los cometen: la cual antes
inclina á aborrecerlos por aquel mal, que
á ayudarlos por el bien que de ellos se pue­
de sacar.

Oración jaculatoria.
Paler dimití» Mis, non «ni» scinnt quid
facivnl. Luc. 23.
04
Señor y padre mió, perdonadlos porque
no saben lo que se hacen.
Lo demás como el primer dia.

DI A XIX
Santísimo Patriarca S a n I g n a c io : Si la
verdadera caridad tiene por oficio el aten­
der y hacer bien á los prójimos, ayudándo­
los á más no poder en lo que mira al alma:
i áh! ¡cuán rara y escasísima es hoy esta
caridad! Pues de las almas que en el dia
están en sus cuerpos, ¡cuáütas y cuántas
irán á parar finalmente eu el infierno, por
falta de quien les dé á conocer el verdadero
camino de la salvación] ¿Y qué? ¿No son
también preciosas estas pobres almas que
costaron á mi Redentor el precio de su san-
gref... Vos sí, Santo mió, que ardíais todo
en celo de la salvación de las almas, y por
esto no perdonasteis fatiga ni trabajo por
sacarlas de las garras ¿el enemigo. Enviás-
teis nuevos apóstoles á todas las partes del
mundo, que predicasen el Evangelio; de los
cuales fué muestra insigne San Francisco
Javier, que convirtió en las Indias más de
66

uu millón y doecientos mil infieles. Fun-


dásteis en Roma diferentes casas para bene­
ficio de loa catecúmenos, de los huérfano»
y mujeres arrepentidas: abristeis en toda la
Kucopa escuelas para la enseñanza de la ju ­
ventud; iglesias para la reforma de las cos­
tumbres y seminarios para la formación de
buenos sacerdotes. Y no contento con e&to,
llegasteis á preferir el ganar almas para
Dios, á la certeza y seguridad de vuestra
salvación. Santo Padre mió, uífiy bien o*
cuadra el título de nuevo apóstol de la Ig le ­
sia, de que os tuvo por digno ía Sagrada
Rota romana: mas acordáos de comunicar­
me hoy vuestro ardentísimo celo, porque
sin aplicarme ¿ dar gloria á Dios y quitar á
Lucifer el mayor número de alrnaa que pue­
da, no seré jam&s valeroso soldado de Jesu­
cristo.
Paire nuestro, A ce María, Gloria.
Aquí se dirá la oración, Tomad, SeJíor,
etc., pág. 12.
Sentencias de San Ignacio.
1. Dejar á Dios por Dios, esto es, dejar
la quietud de la oración para ayudar á las
66
almas, d o es pérdida sino mucha ganancia:
porque además del mérito de ganar algu­
nas almas para el cielo, cuando después se
vuelve á la oración, se halla mucho más de
lo que se hubiera hecho, si no se hubiese
dejudo.
2. Este es uu círculo de recíproca in­
fluencia: porque la oración, enamorándonos
de Dios, nos estimula á hacerle conocer y
amar de otros: y el hacer que Dios sea co­
nocido y adiado de otros, nos hace más gra­
tos á Dios^y ¿creedores á su» favores en la
oración. Verdad es, que se puede salir á
tratar con los prójimos sin dejar de tratar
con Dios en la oración: y esto se alcanza
con el ejercicio de la presencia de Dios, el
cual nos hace hallar á Dios en toda perso­
na, lugar y ocupación.
3. El celo de la honra de Dios ha de
atender al bien de las almas, haciendo y
dejando también de hacer, según dicte la
prudencia, muchas cosas por utilidad del
mismo prójimo. No se ha descuidar de lo
presente, que se tiene entre manos, por es­
peranzas remotas de hacer mucho más en
servicio de Dios; porque es mejor el poco
87

bien fundado y durable, que el macho no


seguro: y no pocas veces sucede que lo uno
se pierde y lo otro no se gana.

Oración jaculatoria.
Remitte Domine iniguitatem plebis íua,
operi (minia peccata ecnm. Es. Ps&l. 84.
Perdona, Señor, las maldades de tu pue­
blo y olvida todos sus pecados.
Lo demás como el primer dia.

DI A XX
Santísimo Patriarca S a n I g n a c io : Ensan­
chadme hoy el corazón, de manera que
pueda yo, por medio de una filial confianza
en Dios, merecer su paternal bendición en
todas las empresas de su mayor gloria. Tos
en tantas necesidades, peligros y persecu­
ciones lo tuvisteis siempre propicio. Os de­
paró albergue, haciendo ver resplandecien­
te vuestro rostro, en Barcelona, y desper­
tando con una vo>. misteriosa ¿ un senador
en Veneoia. Para entrar en Padua, en tiem ­
po sospechoso de peste, os hizo invisible ¿
los guardas: de Jerusalén os trajo salvo en
88
una nave vieja y consumida, á pesar de las
tempestades que eottaron ¿ pique otras dos
naves fuertes y nuevas. ¿Qué más? Sin era*
bargo de que deseábais todo bien á los que os
acusaron y calumniaron tantas veces, siem­
pre os defendió, ¿ hizo que fuéseis declarado
inocente, convirtiendo las afrentas en ala­
banzas y áun alguna vez se mostró venga­
dor, haciendo que muriese quemado, el que
os tuvo por digno del fuego y secándole á
otro el brazo que levantó para ofenderos.
Vos emprendisteis grandes cosas en su ser­
vicio en tiempos de suma escasez, abando­
nado de toda humana esperanza: mas él no
dejó de proveeros, suministrándoos copio­
sas limosnas, por caminos y medios no pen­
sados. Santo Padre mió, ¿no sirvo yo al
mismo Oios que supo defenderos y asistiros?
¿Pues por qué yo no he de fundar en él mis
esperanzas y no en los hombres? ¡Oh Dios
inlo! confieso mi locura, la detesto y os pro­
meto no querer en adelante confiar en na­
die más que en Vos. Si Vos tenéis en vues­
tra mano los corazones de todos los hom­
bres y todo el bien que puedo yo desear,
¿de qué sirve esperarlo de los hombres, loa
69
cuales d o puedan dejar de ser débiles y
mentirosos? Pues sólo Voa sois fuerte y ve­
raz: Sólo Vos, Dios mió, podéis, sabéis y
queréis hacerme todo bien, siempre que yo
oo me haga indigno de ello. Beatus homo,
qui sperat in te. (Psal. 83.) Bienaventurado
el hombre que espera en Vos.
Padre nuestro, Ave María, Gloria.
Aguise dirá la oración, Tomad, Señor,
etc., pág. 12.
Sentencias de San Ignaeio.
1. En los negocios de mucho servicio de
Dios, no nos hemos de gobernar por las
cortas reglas de la prudencia humana; por­
que en semejantes casos nunca se camina
mejor, que cuando se va contra el viento.
2. Si á quien busoa en primer lugar el
reino de Dios, no le puede faltar jamás cosa
necesaria alguna de la tierra, que asi lo di­
jo Cristo en el Evangelio: ¿Pues cómo podrá
faltar cosa alguna á quien solamente busca
el reino de Dios y nada más?
3. No debe parecer milagro el que Dios
provea á sus siervos: milagro fuera, si Dios
no les proveyese; pues es milagro que Dios
70
no provea ¿ quien confía en él. Cuidemos
nosotros de servir ¿ Dios, y dejemos á él el
cuidado de proveernos, porque para Dios
es igual proveer á. ciento que á mi], ó á to­
do el mundo.

Oración jaculatoria.
Makdiclus homo, qui conftdit in homine...
et á Domino reced.it cor ejut. Jerem. 17.
Maldito el hombre que confia en otro
hombre y su corazón se aparta de Dios.
Lo demás como el primer día.

DIA XXI
Santísimo Patriarca S a n I g n a c io : Conoz­
co la causa infeliz porque no pongo en sólo
Dios mi esperanza. E9toy lleno de mil afec7
tos desordenados, de torcidas concupiscen­
cias y pasiones mal enfrenadas, que me tie­
nen el corazón vilmente apegado ¿ la tie­
rra, y me impiden levantarme ligeramen­
te cou las alas de la esperanza hacia Dios.
¡Oh! jsLyo tuviese la verdadera pobreza de
üspiritu y pureza interior, que adornaron
tanto vuestra alma! ¡cómo me fuera fácil
71
entregarme del todo & esperar y confiar en
sólo Oiosl ¿Por ventura os hubiesen faltado
riquezas si tas hubiéseis querido, ni ocasio­
nes de regalar vuestro cuerpo? Y con todo
preferisteis la pobreza, amándola como ma­
dre, despojándoos no solamente de todas las
cosas del mundo, sino también de todo afec­
to y deseo terreno. Y ya al principio de
vuestra conversión queslsteis hacer sacrifi­
cio completo de Vos mismo con el voto de
castidad perpetua, que ofrecisteis á la gran
Madre de Dios; de lo cual quedásteis tan
bien remunerado, que desde aquel punto
vivisteis como si vuestra carne estuviera to •
talmente muerta, sin experimentar ni un
sólo desordenado movimiento. -Santo Padre
mió, Vos que véis mi interior agitado de
indignas aficiones terrenas y de Ímpetus
turbulentos de las pasiones: Dignáos diri­
girme una mirada piadosa; porque si depu­
sieron en vuestros procesos personas graví­
simas, que muchas veces se vieron libres
de tentaciones impuras, con sólo miraros al
rostro cuando vivíais : yo vivo confiado que
mirándome Vos desde el cielo, quedaré li -
bre, asi de las funestas pasiones, que me
72
tienen atado fuertemente á la tierra, como
-le los peligrosos movimientos con que la
concupiscencia combate este mi flaco é in­
constante corazón.
Padre nuestro, Ave María, Gloria.
Aqui se dirá la oración, Tomad, Señor,
etc., pág. 12.
Sentencias de San Ignacio.
1. El ceder ¿ otros voluntariamente lo
ijue pretenden como suyo, ea acto de cristia­
na generosidad, con que se ganan dos gran­
des bienes, uno espiritual de la caridad,
que vale más que un monte de oro, otro
temporal; pues Dios se obliga á pagar do­
blado lo que se deja por su amor.
2. Aquel es pobre de espíritu, que en
las cosas que tiene concedidas para su uso,
parece como una eatátua, la cual no resis­
te, ni reh ú sa, ni se enfada, si le quitan los
vestidos y adornos, por más que sean pre­
ciosos.
3. Se debe huir la familiaridad de to­
das las mujeres, áun de las que son espiri­
tuales ó quieren parecerlo, y principalmen­
te de las más peligrosas, ó por su edad, ó
73
por bu estado, ó por su natural condición.
Tales conversaciones queman y abrasan, y
si en ellas no hay llama, por lo menos hay
humo, según el dicho del Espíritu Santo:
In medio tnulierutn noli commorari: de
vesiimentis enim prooedit Unta, el i mulie ■
re iniquitas viri. (Eccli. 42.)
Oración jaculatoria.
Cor mundum crea in me Deus, et spi-
rilum rccívm innova in viscerUms toéis.
Psal. 50.
Dios mío, oriad en mi un corazón lim­
pio, y renovad en mis entrañas el espíritu
recto.
Lo demás como et primer dia.

DIA XXII
Santísimo Patriarca 8 á n í g n a c i o : Oigo lo
que me dice el Apostol San Pablo: que no
puede el alma alcanzar una vida divina,
si no trata de mortificar el cuerpo. Y es
mucha verdad, porque si esta vida divina
en nosotros, consiste principalmente en te ­
ner la carne pérfectamente sujeta & la ra­
74
zón y al espíritu, ¿cómo podrá tenerse á ra-
ya,y en obediencia este cuerpo, ai no se le
trata como un esclavo vil, rebelde y con­
tumaz? Vos supisteis sujetar bien el vues­
tro con el rigor de la penitencia. Desde que
os entregásteis A Dios, empezásteis á dor­
mir sobre el duro suelo: es azotábais
cruelmente tres y cinco veces al dia; ayu-
nábais de continuo, menos los domingos, y
en éstos mezclábais tierra y ceniza con la
comida; y vez hubo, que pasásteis ocho
dias sin más alimento que el de los consue­
los celestiales. Vestísteis un saco de lienzo
crudo, forrado de un áspero oilicio: os ce­
ñíais con una cadena de hierro y con una
faja tejida de espinas. Vuestra habitación
era una cueva desabrigada, en donde os
heríais el pecho con una piedra: andábais
descalzo, con la cabeza descubierta y los
cabellos desgreñados. En suma, supisteis
de tal suerte sujetar la carne al espíritu,
que siendo de natural fogoso y ardiente,
llegaron los médicos á teneros por flemáti­
co, y alcanzasteis tal dominio sobre vues­
tros afectos, que en Vos las pasiones no se
movían sino al imperio de la razón. ¿Qué
16
distante me hallo yo, oh santo Padre mío, de
estado tan feliz? Alcanzadme Vos un santo
ódio de mi cuerpo, para que sepa j o tratar­
lo como esclavo infiel, ya que por haberlo
tratado como amigo, me ha puesto tantas
veces ¿ punto de perder el alma.
Padre nuestro, Ate María, Gloria.
A quí se dirá la oración, Tomad, Señar,
etc., pAg. 12.
Sentencias de San Ignacio.
1. El uso de las penitencias no puede
ser el mismo en todos y en todo tiempo; y
así como con ellas no se ha de inutilizar el
cuerpo para las cosas de mayor servicio de
Dios, así no se le ha de dejar que se baga
insolente con el trato muelle.
2. Cuando el cuerpo se resiste mucho al
espíritu, es menester domarlo con peniten -
cias, hasta que lo obedezca y ayude. Y si el
sentido dice que ya no puede mAs, no se le
ha de creer, ni se le ha de dejar sin peniten­
cias; sino en todo caso, truéquense en otras
equivalentes, hasta que la razón, ó la luz de
Dios, manifieste lo que pueden llevar sus
fuerzas.
76
3. No se pide á los hombres espirituales,
principalmente si son superiores, que las
pasiones, especialmente la ir a , estén en
ellos muertas, sino mortificadas. Ni es nece­
sario que echemos de nosotros la ira, sino
que la tengamos sujeta; haciendo, no que
ella gobierne al hombre, sino que el hom­
bre la gobierne & ella, y de ella se sirva
convenientemente para el gobierno de sus
súbditos.

Oración jaculatoria.
Pater mi, probetvr servvs íms %sque ad
finm : ne desinas ab homine iniquilatis. Ex
Job. 34.
Padre mió, haced que vuestro siervo sea
probado hasta el fin: y no levantéis la mano
del hombre que cometió la maldad.
Lo demás como el primer día.

DI A XXIII
Santísimo Patriarca S a n Ig n a c io : Ya que
fuisteis designado por la Reina del cielo,
para dar lecciones altísimas de humildad
á Santa María Magdalena de Pazis, como
77
maestro consumado de esta virtud: ense­
ñadme hoy ¿ sentir bajamente de mi mis­
mo. ¿Qué buen soldado podré yo ser jamás,
si habiendo sido humildísimo mi capitán
Jesús, me quedo tan soberbio.como he sido
basta ahora? ¿Cómo podré ser levantado
por Dios á lo alto de la perfección que deseo
si no echo antes los cimientos de esta fábri­
ca espiritual sobre m¡ propia bajeza? Vos,
desde el primer año que volvisteis las espal­
das al mundo para abatiros y humillaros
más, quisisteis ser tenido por descortés y ‘
mentecato: vivisteis eq los hospitales y pe­
díais limosna entre los mendigos: os decla-
rásteis enemigo de las honras y alabanzas,
y os gozábais en veros calumniado y vitu­
perado. Y como si todo esto fuera poco, no
contento con haber resistido tanto á aceptar
el generalato de vuestra Compañía, procu*
rásteis muchas veces renunciar este cargo,
teniéndoos por indigno de él: quisisteis Ber
corregido de un joven novicio: hicisteis vo­
to de no aceptar jamás dignidades ni pre­
lacias; deseásteis que después de muerto,
fuese echado vuestro enerpo á los perros.
Aun de los mismos favores extraordinarios
78
que Dios os hacia, tomábais ocasión de hu­
millaros mAs, arguyendo de aqui cuén gran­
de era vuestra miseria, pues tenía necesi­
dad de tan singulares reparos. Usásteis al­
gún tiempo firmaros en las cartas: Pobre de
todo bien, Ignacio, Y yo, que soy en verdad
un cúmulo de males, ¿qué deberé decir de
mí mismo? Mas de ¿quém e serviré de­
cir cualquiera mal de mí, si al mismo tiem­
po estoy fomentando en mi corazón pensa­
mientos altivos y llenos de execrable sober­
bia? Podré, si, decir con verdad, lo que di­
jo forzado una vez el demonio por la boca
de un energúmeno: Que tangrande es vues­
tra humildad, como mi soberbia. No me de­
jéis entregado á ésta, santo mío humildísi­
mo: infundid en mi alma tan profundos sen­
timientos de humildad, que pueda yo imi­
tar los nobles ejemplos que me dejásteis de
tan excelsa virtud.
Padre nuestro, Ave María, Gloria.
Aquí se dirá la oración., Tomad, Señor,
etc., pag. 12.
Sentencias de San Ignacio.
1. Las cosas grandes se han de cimentar
79
en la humildad, para que tengan buen fun­
damento para subir. Quien quiere subir
muy alto, es menester que se abata mucho;
porque A la altura que ha de tener el edifi •
cío, debe corresponder el fundamento de la
humildad, y asi será bien segura la obra.
2. El que trabaja en ayuda de las almas,
hará más, y vencerá mejor, cediendo y hu­
millándose, que con la autoridad y resis­
tencia.
3. Debemos guardarnos mucho de una
astucia del demonio, que muchas veces nos
engaña con una falsa humildad, haciendo
que no osemos hablar de cosas espirituales,
cuando pudiéramos hacerlo con provecho
nuestro y del prójimo.

Oración jaculatoria.

M ¿ñor sutti cundís iniserationibiU luis, et


veníate tm , quam explevisti servo tuo.
Gen. 32.
•Señor, eoy indigno de todas vuestras mi­
sericordias, y de la verdad que habéis cum­
plido en vuestro siervo.
Lo demás como el primer dia.
60

DI A XXIV
Santísimo Patriarca Sa n I g n a c io : Si lo
mejor y lo más estimable de la humildad,
y ¿un de todas las demás virtudes, se con­
tiene en la perfecta obediencia, esta es la
virtud que hoy os pido. Si ella es tan nece­
saria é los soldados que militan debajo el
inandode cualquier capitán del mundo, co­
mo saben todos: ¿cuánto más necesaria me
será á mi, que estoy firmemente resuelto á
ser soldado de Jesucristo, que quiso vivir y
morir obedeciendo: factut obedietu usque ad
wortetnf (Phil. 2.) E9ta obediencia es la que
os pido, y tan perfecta como Vos la enseñáis,
exhortándome á la obediencia ciega, y tal,
que no solamente rinda mi propia voluntad,
aino también mi juicio propio á aquellos,
que en lugar de Dios me gobiernan; hasta
buscar razones, que me persuadan Ber me­
jor cuanto me ordenaren. Esta es aquella
obediencia, que me hará vencer de un golpe
todos mis enemigos, y áun á mi mismo: y
ésta es también aquella obediencia que Vos
eBtábais pronto A tener, no sólo al vicario de
81
Jesucristo, más áun á cualquiera criatura,
por vil que fuese, si Dios os la hubiese dado
por superior, porque vuestra obediencia era
hija de 1&F¿. Hubiera yo obedecido mejor &
mis mayores en lo pasado, si en ellos hu­
biera mirado la persona de Jesucristo, que
representan. Pero ya conozco mi grande
yerro, que me ha privado del mérito de una
virtud tan heróioa: y propongo con toda
firmeza, no tener en el obedecer otra pru­
dencia, que aquella que el mundo llama y
tiene por necedad, y es, cerrar lns ojos del
entendimiento á todo lo que se me man­
dare (como no Bea pecado) y abrirlos sólo
para defender y ejecutar cuanto me sea or­
denado de mis superiores.
Padre nuestro, Ate María, Gloria.
Aqui se dirá la oración, Tomad, Señor,
etc., póg. 12.
Sentencias de San Ignacio.
1. La prudenoia es virtud propia del
que manda, no del que obedece: y si hay
prudencia en el obedecer, es la de no ser
prudente, ouando por ser prudente no se
fuera obediente.
c
«3
2. La perfecta obediencia es ciega, por­
que conforma el propio juicio con el del su­
perior, teniendo al de éste por mejor que
el propio. En esta oeguedad se encierra
una gran sabiduría y un grande mérito,
debiéndose estimar más un acto de esta cie­
ga obediencia, que el resucitar un muerto.
El que llega ¿ este grado de obediencia,
verdaderamente está muerto al mundo, y
asimismo por vivir para Dios: y ya no está
combatido de los vientos, de los deseos y
turbaciones, sino muy pacifico y tranquilo,
porque está indiferente.
3. Asi como un hombre mundano, que
intenta pervertir á una mujer honesta, na­
da procura tanto, como que queden ocultos
sus designios, y teme sobremanera que ella
dé cuenta de todo á bu padre ó marido: asi
cuando el demonio quiere engañar á un al­
ma, procura que ella tenga oculta la tenta­
ción á su padre espiritual, sabiendo que lo
mismo será ser descubierto, que vencido.

Oraoión jaculatoria
Jurapi, ei statvi cuatodire jvdicia jus­
ticia iva. Paal. 118.
88
Juré y determiné guardar los juicios de
vuestra justicia.
Lo demás como el primer dia.

DI A X X V
Santísimo Patriarca S a n I g n a c io : Junta­
mente con 1.a obediencia ciega & mis supe­
riores, os suplico en este día, me alcancéis
del Señor una total sumisión ¿ todas sus
divinas disposiciones; esto es, una perfecta
conformidad con la voluntad de Dios, en
todo lo que dispusiere de mi y de cuanto
me pertenece. Esta es la virtud, que me
puede hacer bienaventurado anticipada­
mente en la tierra, haciéndome de este mo­
do superior & todos los desprecios, persecu­
ciones, enfermedades y á cuantos otros ma­
les pueden acaecerme en esta vida misera­
ble. Esta fué la virtud que á Vos os hizo
santamente sordo & las injurias y calum­
nias; mudo á las excusas y defensas, y
muerto al mundo; pero vivo & sólo Dios,
cuyo santísimo beneplácito fué siempre el
norte de todos vuestros viajes, empresas y
trabajos. Ella os hizo fuerte é imperturba­
81
ble en todas las adversidades, en tanto gra­
do, que aunque se deshiciera la Compañía,
que tanto amábais, como la sal en el agua,
dijisteis que os hubiera bastado un cuarto
de hora de oración, para serenaros y no
sentir pasar alguno, conformándoos plena •
mente con la voluntad de Dios, que asi lo
habría permitido. Hasta del cielo bajásteis
para enseñar esta virtud á una persona muy
atribulada, animándola á llevar con alegría
cuantos males le sucedían; porque Dios que
la amaba mucho, veía y sabia bien todo lo
que entonces padecía. Santo Padre mío, es­
forzad hoy mi alma contatos heróicos sen­
timientos, para que ella, que no sabe dis­
tinguir bien entre lo conveniente y lo da­
ñoso, esté siempre contentísima con todo
aquello que le enviare el Señor; pues sólo
él conoce perfectíaimamente nuestro verda­
dero bien, y nos ama con amor perfeotísimo.
Padre nuestro, Ave liarla, Gloria,.
Aquí se dirá ¡a oración, Tomad, Señor,
etc., pág, 12.
Sentencias de San Ignacio.
1. Sea bendito el Señor en todas las oo-
85
das, porque no es menos santo ni menos
bueno ó misericordioso con nosotros, ni
menos digno de ser loado, cuando nos afli­
ge y castiga, que cuando nos regala y con­
suela: debiéndose amar en tanto, y no más
una y otra cosa de estas, en cuanto agrada
y place ¿ au sapientísima y rectísima vo
lunt&d.
2. La Providencia divina se suele ha­
ber asi con aquellos que mucho ama: que
cuanto más presto quiere llevarlos & la eter­
na gloria, tanto más los purifica con traba­
jos en este mundo, en el^euál no quiere que
pongan su amor, porque no suele destetar
del mundo á. sus escogidos con s o I o b deseos
del cielo, sino también con trabajos y fati­
gas de la tii rra: los cuales sirven en gran
manera para mérito de la gloria, sí se acep­
tan y llevan con paciencia y hacimiento de
gracias, como dones de su amor paternal,
del cual proceden igualmente que los rega­
los y caricias.
3. Si hay algún medio de dulcificar los
trabajos y aflicciones en este mundo, es la
conformidad de nuestra voluntad con la de
Dios: porque si Dios poseyese enteramente
84
nuestro corazón, no podría sucedem os cosa
que nos pudiese afligir; toda aflicoión Dace
de haber perdido ó de tem er perder lo que
se am a.

Oración jaculatoria.
Doce m facere toluntatem tuam, quia
Deus meus es tu. Psal. 142.
Enseñadme hacer vuestra voluntad, por­
que Vos sois mi Dios.
Lo demás como el primer dia.

DIA XXVI
Santísimo Patriarca S a n I g n a c io : Si de­
seáis que yo adelante mucho en el camino
del cielo, alcanzadme la verdadera devo­
ción á la Santísima Virgen María, Madre de
Dios ; pues es mtiy cierto, que Dios le ha
ilado las llaves de loa te soroa de todas sus
gracias. [Oh, qué bicp hicisteis en poneros
todo debajo de su patrocinio, así á Vos,
como á toda la Compañía de Jesdsl Disteis
principio & vuestra vida espiritual, defen­
diendo la perpetua virginidad de María con­
tra un moro que la negaba, y colgando en
trofeo delante de su altar de Uonserrate las
armas de caballero. Os obligasteis con vo­
to ¿ defender su inmaculada Concepción,
de cuantos quisiesen impugnarla: la hon-
rásteis con especiales obsequios todos los
sábados; le dedicártela vuestra Compañía
como cosa propia suya; extendisteis su de*
voción y sus glorias por todo el mundo; ja ­
más hicisteis cosa alguna sin haberla an­
te* invocado é implorado sus lu ce*, que
para esto Uevábais siempre su imágen en el
pecho sobre el corazón. ¿Pero cuán liberal'
mente os correspondió? Vino riel cielo á
visitaros más de veinte veces, tratando fa ­
miliarmente con Vos, é introduciéndoos al­
guna vez al sólio de la Santísima Trinidad.
Os concedió el don singularísimo de una
pureza angelical: os dictó en gran parte las
constituciones de vuestra religión y los
ejercicios espirituales; y ha favorecido &
vuestros hijos y devotos en todos tiempos,
ya mostrando tenerlos debajo su manto, ya
asistiéndolos en todas sus necesidades; ya
defendiéndolos de los demonios y demás
enemigos de la virtud. ¡Oh Santo Padre
mfol si no me véis hoy entre los que están
88
debajo el manto de la Reina del cielo, ro­
gadle por mi, y haced que ya que se goza
de ser Madre de pecadores, no se desdeñe
de aceptarme por siervo suyo. Hacedme
Vos participante de la verdadera devoción
que & ella tuvisteis, oomo también A su es­
poso San José y A sus santísimos Padres
Joaquín y Ana, y A su santísimo hijo adop­
tivo San Juan Evangelista: pues quien no es
también devoto de estos gloriosísimos san­
tos tan amados de ella, no puede ser jamAs
verdadero devoto de la Madre de Dios.
Padre nuestro, A ve María, Gloria.
Aqui se dirá la oración, Tomad, Señor,
ele., pAg. 12.
Sentencias de San Ignacio.
1. Quien tiene cargo de otros, exhórte­
los frecuentemente A rezar todos los dias el
Santo Rosario, ñ oficio de la Santísima V ir­
gen María; y A lo menos todos los sAbados
su Letanía.
2. Quien desea imitar A la Santísima Vir­
gen, encomiéndese A ella, para que se lo
alcance de su Hijo santísimo, y lo logrará.
3. No se debe poner en duda con res­
89
pecto á la Madre de Dios alguna gracia,
por grande que sea, que baya Dios concedi­
do k alguno de sus santos.

Oración jaculatoria.
ü Domine, ego servus tvus, et filiiu anci-
11 a lúa. Peal. 115.
Ob Señor, yo soy vuestro siervo, é hijo de
vuestra esclava.
Lo demis como el primer día.

DI A X XVI I
Santísimo Patriarca S a n I o h a Cio : La de­
voción á la Madre de Dios no puede estar sin
la devoción ¿ Jesucristo sn amantísimo Hi­
jo, 6 quien Vos amáateis entrañablemente.
Y bien lo raanifestásteis con las obras, pro­
moviendo altamente las glorias del nombre
santísimo de Jesús de znuohos modos. Qui­
sisteis que este dulcísimo nombre fuese la
divisa de vuestra Compañía; os esmerásteis
en extender la devoción al Santísimo Sa­
cramento, objeto predilecto de vuestro co­
razón. No perdonasteis fatiga para introdu­
cir entre los fieles la Comunión frecuente,
90
que es la vida de las almas. ¡Oh, qué dicho­
so fuisteis en amar tanto & Jesús! ¡ T qué
delicias experimentásteis cuando lo visteis
con vuestros propios ojos en la Sagrada
Hostia, y entendisteis el nqodo inefable con
que está debajo aquellas especies sacramen­
tales! Cuando al celebrar la Misa os desha­
cíais en lágrimas de ternura, levantado de
la tierra, y con la cabeza rodeada de res­
plandores ! De aqui es que para mostrar
Dios cuán agradable le fué esta vuestra
devoción, quiso que <ae viese como ya bien­
aventurado en el cielo Doña Marina de Es­
cobar, vestido con un riquísimo manto, en
que estaba bordado de oro el nombre san­
tísimo de Jesús, y con ei Divino Sacramen­
to en la mano, en el cual se descubría el
Niño Jesús, repitiendo con grande gusto
estas palabras: Ignacio mientras vivió f n i
singularmente devoto del nombre de Jesús.
Ahora, pues, sauto Padre mió, si Vos de­
seáis todavía que una devoción tan santa
se propague en el mundo, empezad por mi.
Yo os presento este mi corazón, para que
de él hagáis lo que más fuere de vuestro
agrado. Imprimid en él con letras de oro el
91
nombre santísimo de Jesús, del mismo modo
que fuá visto impreso en el vuestro; infla­
madlo en divinas llamas para que viva ar­
diendo en amor & Jesús Sacramentado, que
es el centro de nuestros oorazones. No es
justo que mi corazón sea sino de aquel Dios,
que para obligarme más & amarle, me dió
en este admirable misterio todo su corazón,
todo su cuerpo, toda su sangre, toda su al­
ma y toda su divinidad, para divinizarme
todo; esto es, para hacer que yo viva en
adelante del todo semejante á él, llevando
una yida divina.
Padre nuestro, Ave María, Gloria.
Aquí se dirá la oración, Tomad, Señor,
etc., pág. 12.
Sentencias de San Ignacio.
1. Se debe visitar k menudo al Santísi­
mo Sacramento, porque es prenda y alimen­
to de amor, que inflama nuestras almas en
el amor de Dios; y por esto es menester
que frecuente muoho la Comunión, quien
quiere aprovecharse en espirito y encen­
derse en el amor divino.'
2. Se engañan los que dejan de frecuen­
82
tar la Comunión, porque lea falta cierta de­
voción sensible: esto fuera lo mismo que no
querer comer pao, porque no est¿ untado
con miel:
3. Para celebrar dignamente la Misa, de­
berla el sacerdote ser como un ángel en sus
costumbres. Para gozar los frutos de este
altísimo Sacramento, es muy á propósito el
tiempo de la acción de gracias, el cual,
como tiempo precioso y de Dios, debe todo
emplearse en el amor divino. Una de las
gracias que saca el alma de comulgar ¿
menudo, es el no caer en pecado mortal, y si
alguna vez cayere, levantarse y salir presto
de él.

Oración jaculatoria.

Da mihiy Jesu, ut antem te\ cujus amoris


premian non aliud qvaro, fuant ut nagis
antem te. (S. Ing. ad SS. Sacr. in mss.)
Concededme, oh Jesds mío, que yo os
ame: de cuyo amor no quiero más premio
que amaros más.
Lo demás como él primer dia.
DI A X X V I I I
Santísimo Patriarca S a n I o n a c io : N o po­
dré ser verdadero y fervoroso devoto del
Santísimo Sacramento, ai no llego á salir'
fuera de mí de puro amor y devoción á la
Pasión de mi Señor Jesucristo, de la cual es
viva ¡mágen la Sagrada Eucaristía. ¡Oh, y
cuán dulcemente me siento inflamar el co­
razón al mirar & mi Dios crucificado por mi
amorl ¡Muerto el más inocente por el m&s
malvado del mundo; el principe, por el es­
clavo; el Altísimo, por la más vil de todas las
criaturasI ¡Ah ingrato corazón mió! ¿á quién
amas, si no amas ¿ un Dios que tan exce­
sivamente te amó, hasta morir por ti? Mas
¿qué digo, si no amas? Pues si ha aido in­
gratitud monstruosa el no haber amado á
un Dios crucificado por mi, ¿qué será el ha­
berle ofendido tantas veces con tan enor­
mes pecados? Asi que, Redentor mió, os he
pagado los beneficios con injurias; las fine­
zas con traiciones, y el amor que me habéis
tenido, coa innumerables ofensas que he co­
metido contra Vos. Haced, Señor, que de
64
hoy en adelante os ame tanto cuanto os he
ofendido. Y si la piedra de toque, que prue­
ba la fineza del amor verdadero, es el pa­
decer con gusto por la persona que se ama,
yo protesto que quiero padecer por Vos. |Y
qué mucho será que yo derrame una lágri­
ma, una gota de sudor, y un poco de san­
gre, por amor de quien derramó por mi toda
la suya! ¡Qué mucho será que yo sufra una
palabra picante, una leve descortesía, una
lijera burla, por quien padeció por mi ca­
lumnias atroces, injusticias manifiestas, y
una muerte afrentosísima de cruz! Santo
Padre mío: ya que Vos fuisteis en “ xtremo
devoto de la Pasión del Señor, que pasábala
en meditarla gran parte del dia y de la no­
che; que mientras vivisteis, jamás negás-
teis cosa alguna, por dificil y árdua que
fuese, que se os pidiese por la Pasión de
Jesús; yo os pido, por amor de esta santísi­
ma Pasión, que me alcancéis una tiernisima
devocióu á la misma Pasión del Señor.
Ahora que sois bienaventurado en el cielo,
no me neguéis esta gracia, que es de sumo
provecho mío, de mucho consuelo vuestro,
y de grande gloria de Dios. Si, si: esculpid
96
en mi corazón el amor ¿ Jesús Crucificado,
para que con todo mi afecto clame con San
Agustín: esté clavado todo en mi corazón,
el que estuvo todo clavado en la cruz por mi.
Padre nuestro, Ave María, Gloria,
Aquí se dirá la oración, Tomad, Señor,
ele., pág. 12.

Sentencia* de San Ignacio.

1. Solamente en Cristo y en la Cruz de


Cristo, se puede hallar la verdadera conso­
lación.
2. Toda la miel que Be puede sacar de
las delicias mundanas con sus riquezas,
honras y placeres, no tiene tanta dulzura
como la hiel y vinagre de Cristo; esto es,
como los trabajos llevados por amor de Cris­
to y en su compañía.
3. Cuando se llegase & tal punto, que
se ofreciesen dos modos de vivir, el uno de
conveniencia y honra, el otro de deshonra
¿ Incomodidad, y asi del uno como del otro
resultase igual gloria de Dios, debiéramos
siu la menor duda anteponer el penoso al
acomodado, sólo por la semejanza á Cristo,
98
y por ladignidad á que dos eleva la con­
formidad con Jesucristo.

Oración jaculatoria.
Tolxts mihi figalur in corde, q%i iotus pro
mejixus est in cruce. 8. Aug.
Esté todo clavado en mi corazón, el que
estuvo clavado todo en la cruz por mi.
Lo demás como el primer dia.

DIA X XI X
Santísimo Patriarca S a n Ig n a c io : Yo o s
he pedido en este mea hasta el dia de hoy
diferentes gracias muy necesarias á mi al­
ma. Hoy os*he de pedir una que ea la más
necesaria de todas, y sin la cual todas las
demás me servirían poco. Eata es la perse­
verancia en el bien empezado hasta la muer­
te. Santo Padre mío, fuá en Vos don exce­
lentísimo, el no haber jamás descaecido des­
de el primer d ia , que os entregásteis á
Dios, en el fervor con que comenzásteis, y
en el generoso ejercicio de las virtudes
cristianas, de tal mañera, que viéndoos lle­
gar & lo más alto de la perfección el grande
97
Javier, no halló otro modo de explicarse,
que llamándoos gigante de santidad. Él por
su humildad se llamaba pigmeo en vuestra
comparación, siendo asi que habla copiado
en el mismo todas vuestras virtudes. ¿Y yo
con sobrada razón, y áun con obligación
debo llamarme nada delante de Vos? Pues
apenas empiezo una obra virtuosa, cuando
ya ]a dejo y vuelvo atrás. Buen testigo
puede ser este mismo mes, en cuyo princi­
pio estaba yo con algtin fervor de devoción,
y ahora por mi culpa me hallo quizás muy
frío. Vos lo podéis remediar, pues tenéis
nombre y hechos de verdadero I g n a c io ,
esto es, de un santo todo fuego. Dad esfuer­
zo á mi flaqueza, si no estoy muy en peli­
gro de perderme; abrasad todas mis frialda­
des, si no queréis que esté helado en el ser­
vicio de Dios: enfervorizad mi espíritu, si
deseáis mi fidelidad y perseverancia. La co­
rona celestial no se da sino á quien pelea
valerosamente hasta lo último de la batalla:
y Vos sabéis bien que toda mi vida es una
batalla sin tregua. Es verdad que si vuelvo
vergonzosamente las espaldas, será todo
por mi culpa, y no por parte de Dios, que
7
«8
siempre está pronto para ayudarme con su
gra cia ; mas esto mismo baria mi suerte
más desgraciada. ¡Ah! no permitáis que se
pierda esta alma devota vuestra, que cou
toda su eficacia os pide la gracia de que
antes se le acabe la vida, que falte ¿ su in­
dispensable obligación de vivir sirviendo ¿
Dios, adelantando de dia en dia en el cami­
no de la virtud.
Padre nuestro, Ave Marín, Gloria.
Aquí te dirá la oración, Tomad, Señor,
efo., pág. 12.
Sentencias de San Ignacio.
1. El demonio para derribar á un hom­
bre del estado de perfección en que sirve
fielmente á Dios, y hacerle volver á la vida
mundana, suele pintarle muy bello otro
estado virtuoso, diferente del suyo, para
que por el (leseo de éste, abandone aquél,
que para él era el mejor.
2. De esta misma suerte para hacernos
dejar el bien que estamos haciendo, nos
hace enamorar de otro bien mayor, que
después no haremos: y nos le presenta muy
fácil de conseguirlo, hasta que nos aparta
99
del primero: y luego d o s imposibilita el
otro, con descubrirnos ó hacernos mayores
las dificultades.
3. Quien tiene un natural impetuoso y
rebelde, no desmaye ni se abandone como
inútil para la virtud, antes cobre aliento
para domarlo: y entienda, que una de estas
victorias vale más que muchos actos que
hacen otros sin dificultad, por ser de natu­
ral blando y apacible. T sucede muchas
veces, que si uno de temperamento fuerte,
á fuerza de trabajo llega & vencerlo, sale
mucho más apto para grandes cosas del
servicio de Dios.

Oración Jaculatoria.

Confirma hoc Deus, qwd operatus et in.


nobis. Psal. 67.
Confirmad, Dios mío, lo que en mi habéis
obrado.
Lo demás como el primer dia.
100

DI A X X X
Santísimo Patriarca Sa n I g n a c io : Dichoso
Vos, que ya habéis llegado al término de
vuestra peregrinación, esto es, ¿ la patria
celestial, en donde colocado entre los Pa­
triarcas tenéis una gloria inefable. Decidme
hoy, os ruego: ¿por ventura sentis algo aho­
ra de la pobreza que os acompañó tanto
tiempo? ¿de las tribulaciones que pasásteis
haata el ñn de vuestra vida? ¿de las cade*
ñas y prisiones, de las calumnias y de todo
otro género de trabajos, que de continuo
padecisteis por Cristo? Si; os queda la me­
moria de ésto, pero memoria perpetuamen­
te gloriosa, por ver que vuestro sufrimien­
to se ha convertido en gozo interminable.
Siendo, pues esto asi, luego, si os imito, pa­
sarán también mis trabajos todos y se tro­
carán, como espero, en contentos eternos.
Así mis tribulaciones se convirtirán en gus­
tos suavísimos; las fatigas en dulce descan­
so; la pobreza en riquezas verdaderas; las
cadenas en preciosas joyas, y las persecu­
ciones en perpetuo triunfo. Pasarán, pues,
101
pasarán todos los trabajos que yo tengo y
tendré que sufrir en esta vida, y sucederán
en su lugar los gustos y los premios que
me ha prometido mi potentísimo capitán
Jesús. Santo Padre m ió, levantad Vos y
esforzard mi esperanza con la alegre me­
moria del paraíso, con la cual 8in duda se
me harán dulces todas las amarguras pre­
sentes. Desde que Vos en el estado de via­
dor, merecisteis ver la belleza del paraíso,
quedásteis tan enamorado de ella, que no
mirásteis ya la tierra sino con tedio: tan
vil os parecía en comparación del cielo.
Ahora que estáis ya gozando de él, os pido
este favor: prestadme vuestro divino modo
de ver las cosas: dadme una verdadera idea
de los bienes terrenos, para que pueda m i­
rarlos con el desprecio que se merecen.
Arrancadme del corazón todo aquello que me
tiene vilmente atado á este valle de lágri­
mas, para que no tenga otras aspiraciones
que las del cielo, para el que he sido criado;
y en donde con vuestra poderosísima inter­
cesión, espero aoompa&aros y gozar de Dios,
pOP torins lnn ainrlnci Ina aífirinfi
102
Aqui se dirá la oración, Tomad, Señor,
etc., pág. 12.

Sentencias de San Ignacio.

1. Quien sabe bien lo que quiere decir


paraíso, y lleva muy grabada en el alma su
esperanza, no tiene valor para desear v ivir
en la tierra, no digo años, mas ni áun me­
ses: se consuela oon la incertidumbre de la
vida, y se mantiene oon la esperanza de
que cuanto antes irá á gozar de Dios. Lejos
está de lisonjearse con lo mucho que puede
vivir, antes si de esto tuviera certeza, fue­
ra inconsolable sn dolor.
2. Así como recibe grande paga en el
cielo el que procura sacudir una mala re­
presentación, luego que la advierte, asi
corre grande riesgo de caer en grandes
males, el que no consiente luego á las bue­
nas inspiraciones de Dios.
3. Si los bienaventurados fueran capa­
ces de dolor, se vistieran de luto, cuando
los fervorosos se entibian en el servicio de
Dios.
IOS

Oración jaculatoria.
Beu quam sordet tellus, dum, calum tupi­
do! (S. Ing. In vit.)
(Ay, cuán mal me parece la tierra, cuan­
do miro al cielol
Lo demás como el primer Ha.

DIA XXXI
Santísimo Patriarca S a n I g n a c io : En este
último dia del presente mes, tan glorioso
para Vos, espero de vuestra piedad, que
coronando vuestra obra, afiadáis á todas las
gracias que hasta ahora me habéis hecho,
el más rico don de todos los dones, que es
el amor de Dios. De él estuvisteis Vos tan
lleno, que sólo el veroB inspiraba en los co­
razones de vuestros prójimos este divino
fuego: y no bastando á vuestro ardentísimo
celo el haber encendido á Roma, procurás-
tels por medio de vuestros dignos hijos en­
cender toda la Europa, las Indias y al
mundo entero. Todos vuestros pensamien­
tos, palabras y acciones iban enderezadas al
amor de Dio?: toda vuestra vida, desde que
104
os convertisteis á Dios, fué un continuo
ejercicio de amor divino; y por fin vuestra
muerte fué un dulcísimo y bienaventurado
deliquio de amor. Ahora desde el cielo pro­
curáis con vuestros favores que este fuego
divino prenda más y más en el corazón de
vuestros devotos: y por esto habiéndose eri­
gido cierta congregación bajo el titulo del
amor de Dios, Vos con una carta que ec-
viásteis por medio celestial, la loásteis, y
prometisteis vuestro amparo. 7 no en vano
la Iglesia en la Misa, que canta en honor
vuestro, os apropió aquel dicho del Salva­
dor: lgnem oeni mitlere in lerram, et qui
volo nisi ut accendalurt (Luc. l'¿) Fuego he
venido á traer á la tierra, ¿y qué otra cosa
quiero sino que arda? Pues si esto es así,
encended é inflamar este mi corazón con ese
grande fuego: y sí con vuestros enemigos,
que con horrendas imprecaciones os desea­
ban toda clase de males, empleásteis la
noble y generosa venganza de desearles que
se abrasasen vivos en el fuego del amor
de Dios; ¿cuánto más lo habéis de procurar
hoy, y alcanzarlo para mí, que soy uno de
vuestros devotos é hijos? Vos conocéis me­
100
jor que yo la obligación que tengo de amar
¿ un Dios, que además de haberme criado
y rescatado con su propia sangre, me ali­
menta con su misma carne, me conserva la
vida, y me enriquece cada instante con
tantas gracias, que ni áun conocerlas puedo.
Vos, que ahora lo estáis gozando, compren­
déis cuán digno es de ser amado infinita­
mente sobre todas las cosas; y cuán ingrato
he sido yo hasta ahora con mi tibieza. Mas
tened compasión de mi, si yo ciego, no he
amado como debia, una hermosura infini­
ta, una suma bondad, una liberalidad sin
límites! [Oh loco de mil ¿y qué-amé yo cuan­
do preferí el amor de las criaturas? i Ah Dios
amabilísimo! ¿Y quién me ama tanto como
Vos me amáis? ¿Pues por qué yo no os he de
querer con todo mi corazón? Cuánto me
pesa ahora, de no haberos amado como de­
bía, antes al contrario haberos tantas veces
ofendido, correspondiendo con culpas á
vuestros beneficios; y me pesa más por
amor que os tengo, que por temor de los
castigos debidos á los pecadores. Para mi
no puede haber infierno más temible que
el mismo pecado, con que he ofendido á
106
un Dios dignísimo de todo amor. Sea todo
vuestro mi corazón, como fué todo vues­
tro el corazón de I gnacio , con el cual ano
jo el mío, para que Vos no lo desechéis.
Á todos vuestros dones añadid el don de
vuestro amor, para que con vuestros mis­
mos dones os pueda satisfacer lo que os
debo. N<mm superadde muneribus tuis mu-
ñus amoris, ut de muñere ium Ubi persol-
vam dibitvm meum, (3. Th. de Villan.J
Padre nuestro, Ave María, Gloria.
Aquí se dirá la oración, Tomad, Señor,
etc., pág. 12.
Sentencias de Sao Ig n a c io .

1. Si fuera posible que Dios echase al


infierno á un siervo áuyo sin culpa, este no
deberla tener alli mayor pena, que la de
oir blasfemar el nombre santísimo de Dios.'
2. Si la caridad es ferviente en el alma,
da vigor al cuerpo para obrar, y hace ade­
lantar el espíritu en el camino de Dios. Una
tal alma experimenta gran paz y alegría; y
como reina, es superior 4 todo cuanto le re­
siste ó lisonjea.
3. Amar ¿ Dios con toda el alma, es
107
amarle con todas sus tres potencias. Se
ama con la memoria, acordándose de los
beneficios divinos, de sus preceptos, y de
los de la Iglesia, y de las cosas necesarias
del cuerpo, para que ayude al alma en lo
que toca á la salvación. Se ama con el en­
tendimiento, pensando atentamente en las
cosas que conviene para amar más &Dios.
Se ama con la voluntad, gozándose de las
perfecciones divinas, y buscando dar gus­
to á Dios en todas las cosas, hasta querer
resueltamente perderlo todo antes que co­
meter un sólo pecado. Bato es amar 4 Dios
con todo el corazón, con toda el alma y con
toda la voluntad.
Oración jaculatoria.
A morem tni solum cwn gratín Uta miki
dones, et dives svm satis, nec aliud quid-
fjuam ultra poseo. (8. Ign, in mas.)
Dadme vuestro amor y vuestra gracia,
ya tengo gastante, y no pido más.
PRECES Y ALABANZAS
A
SAN IGNA CIO DE LOYOLA
que pueden retarse toios los días del mes.

San Ignacio, fundador de la Compañía


de Jesús. Ruega por tus devotos.
San Ignacio, escogido de Dios para pro­
pagar su gloria. Ruega.
Oran celador del culto de María Madre
de Jesús. Ruega.
Firme apoyo de la Iglesia militante. Rue­
ga-
Acérrimo impugnador de la heregla.
Ruega.
Apóstol del dulce Nombre de Jesús. Rue­
ga-
Entusiasta defensor de los derechos del
Pontífice Romano. Ruega.
Valeroso Capitán de la milicia de Cristo.
Ruega.
Atleta formidable contra los vioios. Rue­
ga.
109
Irreconciliable enemigo del error é hi­
pocresía. Ruega.
Admirable operario en la viña del Señor.
Ruega.
Padre feoundo de operarios evangélicos.
Ruega.
Ardiente panegirista de la frecuencia de
los Santos Sacramentos. Ruega.
Maestro sapientísimo de la vida espiri­
tual. Ruega.
Prudentísimo discernidor de espíritus.
Ruega.
Inspirado director de las almas. Ruega.
Modelo de todas las virtudes. Ruega.
Claro espejo de perfección y santidad.
Ruega.
Guífi y Padre de muchos Santos. Ruega.
Abogado y protector de tus devotos. Rue­
ga por ellos.
V. San Ignacio, ruega por nosotros.
R. Para que seamos dignos de las pro*
mesas de Jesuorlsto.
no

Oración-
T o te saludo, Padre amantísimo, modelo
de prudencia, maeatro del mundo, brillante
antorcha de la Iglesia; alúmbranos y haz
que nos mire benigno y propicio- el divino
Jesús, cuya Compañía fundaste con el au­
xilio de María, su Madre dulcísima. Lo cual
te suplicamos por los méritos de los dos
Franciscos Javier y Boija, Luis Gonzaga,
Estanislao de Eoska, Juan Francisco Regís,
Francisco de Gerónimo, con los tres Santos
mártires del Japón y Pedro Claver, Juan
Berchmans y Alfonso Rodríguez; que conti­
go triunfan en el cielo como hijo3 digní­
simos de tal Padre. Haz, pues, que Jesús
nos oiga y reciba nuestros ruegos y súpli­
cas, para que merezcamos vivir en su Com­
pañía por toda una eternidad. Amén.
NOVENA A SAN IGNACIO DE LOYOLA

Arrodillado devotamente ante una imágen


del Santo, y hecha la señal de la Santa
Cruz, dirá el

ACTO I)E CONTRICIÓN


tíeúor mío Jesucristo, Dios y hombre ver­
dadero, Criador y Redentor mío, por ser Vos
quien sois y porque os amo sobre todas las
cosas, me pesa de todo corazón de haberos
ofendido, y propongo firmemente nunca
más pecar y apartarme de las ocasiones de
ofenderos.

ORACIÓN Á LA SANTÍSIMA TRINIDAD


|0h Diosi Uno en esencia y trino en per­
sonas, Padre, Hijo y Espíritu Santo; yo os
&doro con todo mi corazón, y os doy gracias
por las virtudes y elevada santidad con que
adornásteis el alma de vuestro glorioso sier­
ro y protector mío San Ignacio, y por el
112
gran poder que le habéis dado para favore­
cer á sus devotos; yo os suplico que por sus
méritos é intercesión me concedáis el favor
que pido en esta novena,si ha de serpara ma­
yor gloria vuestra y bien de mi alma. Amén.
A qui se rezarán, tres Padres nuestros con
Ave Mario, y Oloria, y se dirá, la oración
respectiva, al día de la novena.

ORACIÓN DEL DIA PRIMERO


¡Oh gloriosísimo Padre San Ignaciol Que
persuadido desde los primeros pasos de tu
conversión, de que la humildad y peniten­
cia eran muy seguros medios para llegar
& la Ato encumbrada santidad, abrazaste
ambas virtudes con tanto fervor, que fuiste
consumado modelo en ellas, y las dejaste
después altamente recomendadas á tus hi­
jos, como cimientos de la perfección reli­
giosa. Suplicóte, santo patrón mió, me las
alcances del Señor, para que imitando con
ellas & mi Salvador Jesucristo, llegue ¿
conseguir en el cielo el premio prometido
¿los humildes de corazón y mortificados en
su carne y sentidos. Amén.
113
Aqui se pedirá el favor que se desea al-
eanzar en esta novena.

ORACIÓN
QUE SE REZA TODOS LOS DÍAS UB LA NOYUKA

¡Oh gloriosísimo San Ignacio! Que consti­


tuido padre de una Orden religiosa, formas*
te hijoa que fuesen imitadores tuyos, como
lo fuiste tú de Jesucristo, pues siguiendo
como verdadero discípulo sus ejemplos, y
practicando su doctrina desde que te alum­
bró el divino Espíritu, se encendió en tu
alma tan asombrosa caridad, que uo pudie­
ron apagarla los trabajos, odios y persecu­
ciones que continuamente experimentabas;
antes creciendo con ellas f u llama, apete­
cías más y más con el fin de la mayor glo­
ria de Dios, de quien no querías otro pre­
mio que ganarle alm&B, y que su nombre
fuese alabado de toda criatura. ¡Oh cuánta
gloria tendrás en el cielo viendo á tu mili­
tante Compañía dilatada por todo el mun­
do, y empleada entre los católicos y here­
jes, entre idólatras y paganos, en regar
con su sangre y sudores la semilla de la
8
114
fe; y á la triunfante logrando ya el galar­
dón de sus merecimientos, realzados con la
verdadera caridad. Suplicóte, santo mió,
que me comuniques una centella de este tu
soberano fuego, y me alcances gracia del
•Señor para que sólo aspire á amarle; y el
cumplimiento de mi petición. Amén.
V. Ruega por nosotros, santo Padre Ig­
nacio.
B. Para que seamos dignos hijos tuyos.
Oración.
Concédenos, Dios y Señor nuestro, que
esta ofrenda de nuestra devoción, que te
ofrecemos en acción de gracias y en honor
de San Ignacio, nos sirva, por su interce­
sión, para alabar eternamente ¿ tu Divina
Majestad en ia bienaventuranza. Por J e ­
sucristo nuestro Señor. Amén.
iS'e concluirá con las alabanzas, página
108, y la oración que está al fin.

ORACIÓN DEL 1)IA SKUUNDO


¡Oh gloriosísimo Padre San Ignacio! Cu­
yo encendido amor &Dios se manifestó en el
116
que tuviste 4 los prójimos, especialmente
Alos pobres y desvalidos, sirviéndolos en
los hospitales, y ordenando también ¿ tus
hijos que los visitaran y sirvieran en todas
sus necesidades. Ruégote, santo patrón mió,
me alcances del Señor esta virtud de la ca­
ridad para oon los pobres, que me haga
digno de aquel premio prometido por Cris­
to á los que viendo en estos miserables su
propia persona, los auxilien y sirvan; galar­
dón que no es otro que la vida eterna. Amén.
Aqui se pedirá, etc., como en el primer dia.

' ORACIÓN DEL DIA TERCERO


|0h gloriosísimo Padre San Ignacio! Cuyo
valor y celo en defensa de la fe y verdad
católica informó tanto tu carácter, que te hi­
zo distinguir en todos los actos de tu apostó­
lica vida. Suplicóte, santo patrón mió, me
alcances el mismo invicto valor para acre­
ditar con mis palabras y obras que me glo­
río de profesar la verdadera religión y que
®e hallo dispuesto, con la gracia del Señor,
á sacrificarlo todo en su defensa. Amén.
Lo demás como el primer dia.'
116

ORACIÓN DEL DIA CUARTO


¡Oh gloriosísimo Padre San Ignacio! Que
profesaste tan tierna y filial devoción & la
Santísima Virgen Uaria, que desde los pri­
meros momentos de tu conversión te ofre­
ciste & ella como fiel hijo, prometiéndole
con voto guardar castidad; y después qui­
siste que nada en tu sagrada Compañía se
hiciese sino bajo de su sombra y amparo.
Suplicóte, santo patrón mió, me alcances el
mismo espíritu de devoción & la Madre de
Dios, y que imitando sus virtudes en la vi­
da, me haga digno de su protección á la
hora de mi muerte. Amén.
Lo demás como el primer dia.

ORACIÓN DEL DIA QUINTO


¡Oh gloriosísimo Padre San Ignacio! Que
para reformar el mundo, como ardiente­
mente lo deseabas por el amor de tu Señor,
te propusiste que tu Compañía se dedicara
con todo afán á la educación santa de la
juventud. Suplicóte, santo patrón mío, in­
tercedas por la juventud católic», esperan*
117
za de la religión y de la sociedad; y 6 mi
me concedas el que sea fiel imitador de tu
celo, procurando servir con mis costumbres
de ejemplo á los que se encuentran en esta
peligrosa edad, y exhortarlos con mis pala­
bras á que desde niños se entreguen al ser­
vicio del Señor. Amén.
Lo demás como el primer dia,

ORACIÓN DEL DIA SEXTO


|Oh gloriosísimo Padre San Ignaciol Que
condolido de ver la perdición de tantas al­
mas, mayormente de aquellos que hablan
nacido en el seno de la verdadera religión,
tomaste el mayor empeño en apartar de los
vicios ¿ loa católicos, ya con la enseñanza
del Catecismo, ya con las misiones, ya con
la constante predicación por las calleB y las
plazas, en las cárceles y presidios y ¿un en
los mismos lugares de desórden y prostitu­
ción. Alcánzame, santo Padre mió, la gra­
cia de Dios para que, habiendo tenido la di­
cha de naoer en el seno del catolicismo,
viva conforme & las santas máximas del
Evangelio, y merezca después el premio
118
prometido & los siervos fieles en la eterna
bienaventuranza. Amén.
Lo demás como el primer dia.
ORACIÓN DEL DIA SÉPTIMO
|Oh gloriosísimo Padre San Ignacio! Que
destinado por Dios para hacer frente al he-
resiarca Lutero y demás modernos novado­
res de la época, declaraste una guerra mor­
tal á sus errores, sin temer sus calumnias,
sus injurias y persecuciones, logrando tan
señaladas victorias, que has merecido ser
reputado como un nuevo refuerzo enviado
por Dios ¿ su Iglesia. Te ruego, santo patrón
mío, me consigas gracia del Señor para de»
fender la verdadera fe oon mis palabras y
costumbres, para hacerme digno de esta
manera de la eterna salvación prometida
únicamente á los hijos de la Iglesia católi­
ca. Amén. — Lo demás como el primer dia.
ORACIÓN DEL DIA OCTAVO
¡Oh gloriosísimo Padre San Ignacio! Que
con tus admirables ejemplos, piadosas ins­
trucciones y sobre todo con tus provechosos
Ejercicios espirituales, puedes llamarte el
119
regenerador de la sociedad cristiana, luz y
gula de todos los catados. Suplicóte, santo
patrón mió, me alcances gracia del Señor
para que, imitando tus ejemplos y aprove­
chándome de tus santas máximas, tne san­
tifique en el estado en que me colocó la
Providencia, y merezca contarme entre tus
verdaderos discípulos en el cielo. Amén.
Lo demás como el primer dia.
ORACIÓN DEL DIA XOVlíXO
¡Oh gloriosísimo Padre San Ignacio! Cuya
grande alma encendida en el amor santo,
no aspiraba á otra cosa que á buscar la ma­
yor gloria divina, deseando que Dios fuese
conocido y amado por todas las criaturas,
sin excluir las que yacían en la sombra de
la muerte y tinieblas del ciego y supersti­
cioso paganismo. Te ruego, santo patrón
ralo, me alcances gracia del Señor para que.
á ejemplo tuyo y de tus santos y bienaven­
turados hijos, busque yo y solicite su mayor
gloria, y por tus méritos y los suyos me
haga dfgno de alabar á Dios en su compa­
ñía y la tuya, en la vida que jamás tendrá
fin. Amén. — Lo demás como el primer dvt
OCTAVA DE SAN IGNACIO DE LOYOLA

I)IA PRIMERO
Por la señal, etc. Acto de Contrición, pág. 111

Oración.
Gloriosísimo Patriarca San Ignacio, fun­
dador de la Compañía de Jesús y Padre
mío amantisimo: humildemente os suplico
que me alcancéis la gracia que os pido en
esta Octava, y ordenéis esta mi oración y
petición ¿ mayor honra y gloria de Dios y
de su Purísima Madre, y provecho de mi al­
ma. Ea, pues, abogado mío dulcísimo, vol­
ved hacia mí los ojos con que en vida con-
solásteis á tantos afligidos; y ya que son
sin número los que experimentan vuestros
favores, no permitáis sea yo uno de los ex­
cluidos; pues con todo el corazón deseo ser
del número de vuestros devotos, para go­
zar de Dios en vuestra compañía por los
siglos de los siglos. Amén.
121

Oración que se varia todos los días


Dios y Señor mió Jesucristo, que tarto
nos encargásteis la fe en vuestros santísi­
mos misterios; ofrézcoos los merecimientos,
y especialmente la fe de vuestro siervo San
Ignacio de Loyola, el cual decia que aun­
que se perdieran todos los libros sagrados,
él persistiría firme en la fe; y por el deseo
que tenia de propagarla, procuró tanto en
vida la conversión de los herejes y genti­
les, y aún después de muerto la procura
con la predicación y sacrificios de sus hijos.
Suplicóos, pues, Padre y Señor de las mi­
sericordias, avivéis en mi pecho la fe, para
que crea y obedezca todu lo que la Iglesia
romana afirma y manda creer; y me otor­
guéis la gracia que os pido en esta Octava,
por la intercesión del glorioso San Ignacio,
&mayor honra y gloria vuestra. Amén.
Aquí se rezarán ocho Ave Marios á la
Santísima Virgen, en reverenda del rapto
prodigiosa en que perseveró San Ignacio de
*ábado á sábado, día dedicado á la misma
soberana /Señora, ojr «ciándolas con la si-
finiente
122

Oración i San Ignacio.


¡Oh grande Ignacio, defensor de la fe,
propagador del Evangelio, vaso escogido
de Dios para derramar su nombre en todo
el mundo, fuego enviado del cielo para en­
cender en el amor de Dios á los hombres,
á los cuales procurásteis, por vos y por
medio de vuestros hijos, conducir por el
camino de la santidad á la eterna bienaven­
turanza ! Ruégoos, amoroso Padre mío, que
me alcacéis de mi Señor Jesucristo gracia
para hacer una buena confesión y empezar
nueva vida, perseverando en ella hasta la
muerte; en la cual, por ser mayor la nece­
sidad, os suplico me favorezcáis con espe­
cial socorro. Vos aconsejábala á todos «que
se venciesen á sí mismos;» alcanzadme,
pnes, la gracia de vencer todas mis pasio­
nes y las tentaciones de mis enemigos,
para imitaros en la perfección y en conse­
guir grandes merecimientos. Vos tuvisteis
por divisa en todas vuestras acciones la
mayor gloria de Dios; busque yo también
en todos inis pensamientos, palabras y
obras la mayor gloria divina. Y para que
1*8
tengan más fácil logro mis ruegos, implo­
ro, oh santísimo Padre mío, juntamente
con Vuestro auxilio, el de la siempre Vir­
gen Maria, Reina de ios ¿ogeies y protec­
tora de los hombres. Cuando vivíais en la
tierra, hacia esta Señora, instada por Vos,
grandes mercedes; y ahora que la acompa­
ñáis en el cielo, ha hecho más eficaces
vuestros ruegos. No os hagáis sordo & mis
voces, piadoso Padre mío; ya que ois á
todos los que os invocan oon devoción, aten­
ded á mi necesidad con ojos compasivos.
Vos sabéis la confianza con que os ruego;
experimente yo, pues, la piedad con que
me socorráis á mayor gloria de Dios Padre,
Hijo y Espíritu Santo, á quien se tributen
cánticos de alabanzas por todos los siglos
de los siglos. Amén.
Tres Padre nuestros y A te Marios con.
Gloria Patri á San Ignacio, que st ofrece­
rán. eon la siguiente
Oración.
Dígnate, Señor y Dios nuestro, admitir
con benignidad los ruegos que te ofrece­
mos en honor de tu siervo Ignacio; y con­
124
cédenos que los sacrosantos misterios que
estableciste, fuente de toda santidad, nos
santifiquen verdaderamente. Por Jesucris­
to nuestro Señor. Amén.
Se concluye con los elogios y Oración que
están en la pág. 108.

DIA SEGUNDO

Oración.
Dios y Señor mío Jesucristo, que con
vuestras inefables promesas, asegurásteis
tanto nuestra esperanza; ofrézcoos los me­
recimientos y especialmente la esperanza
firmísima que tuvo en Vos vuestro siervo y
padre mió, San Ignacio, que le hacia decir,
«no era milagro que en sus mayores nece­
sidades le socorriéseis, sino que fuera mi­
lagro que dejáseis Vos de socorrerle;» por
lo cual mereció que llamasen ¿ .su esperan -
za tesoro inagotable de vuestras riquezas.
Suplicoos, pues, Padre de las misericordias,
infundáis en mi pecho una esperanza cierta
de conseguir, mediante vuestra gracia, mi
salvación eterna, y de alcanzar también el
favor que os pido en esta Octava, por la in*
125
tercesión del glorioso Seo Ignacio, ¿ mayor
honra y gloría vuestra. Amén.
L is ocho Ave Marios y las oraciones, co­
mo el díi primero.

DIA TERCERO

Oración.
Dios y Señor mió Jesucristo, que por ser
esencialmente Santo é infinitamente ama*
ble y amante, nos encargaste tanto la vir­
tud de la caridad; ofrézcate los merecimien­
tos, y especialmente la oaridad de San Ig­
nacio , en fuerza de la cual exclamaba:
«Concédeme, Señor, que te ame, de cuyo
amor no quiero más premio que amarte
más.* Lo mismo quisiera yo también de­
cir, Padre de las misericordias; y.asi supli­
co enciendas en mi alma el sagrado fuego
de tu amor, para que nada ame y desee si­
no k ti; y me concedas el favor que te pido
en esta Octava, por la intercesión del glo­
rioso San Ignacio, á mayor honra y gloria
taya. Amén.
Las ocho Ave Marios, etc.
120

DÍA CUARTO
Oraeión.
Dios y Señor mío Jesucristo, que por ser
tan amante de los hombres nos encomen-
dásteis el amor de nuestros prójimos; ofréz
coos los merecimientos, y especialmente
aquel amor paternal que vuestro siervo Ig­
nacio tuvo á todos los redimidos con vues­
tra preciosísima sangre, aunque fuesen sus
mayores perseguidores y enemigos, por lo
cual no dudaba en poner ¿ riesgo su salva­
ción por serviros más y más en utilidad de
las almas. Suplicoos, pues, Padre de las
misericordias, avivéis en mi corazón la ver­
dadera caridad de mis prójimos, para que
á todos les ame en vos y por vos; y me con­
cedáis el favor que os pido en esta Ootava,
por la intercesión' del glorioso San Igna­
cio, á mayor honra y gloria vuestra. Amén.
Las ocho Ave Marios, etc.
DIA QUINTO
Oración.
Dios y Señor mío Jesucristo, que de pa­
labra nos encargásteis la tolerancia en los
12 7
trabajos y tribulaciones de esta vida, ofréz-
coos loa merecimientos de vuestro aiervo
San Ignacio, y en especial aquella invenci­
ble paciencia con que sufrió desprecios, in­
jurias, cadenas y cérceles, permaneciendo
siempre como un inocente cordero en me­
dio de manadas de lobos, y aceptando con
alegría toda clase de dolores y aflicciones,
como beneficios venidos de vuestra mano.
Supl icoos, Padre de las misericordias, for­
talezcáis mi corazón con semejante cons­
tancia, para que las miserias de este mun­
do me sirvan de escala para sabir &las fe­
licidades del cielo, y me ooncedáis el favor
que os pido en esta Octava, por la interce­
sión de vuestro siervo San Ignacio, á ma­
yor honra y gloria vuestra. Amén.
Zas ocho Ave Marías, etc.

DIA SEXTO
Oración.
Dios y Señor mío Jesucristo, que para
mostrarnos el amor que tenéis á la pure­
za, quisisteis nacer de Madre Virgen; ofréz-
coos los merecimientos y especialmente la
138
castidad singularísima de vuestro siervo
San Ignacio, la cual os consagró con voto
luego que se convirtió & vos, y por librar
de la deshonestidad á un mancebo perdido,
se arrojó desnudo en un estanque de agua
helada. Suplicoos, pues, Padre de las mise­
ricordias, me déis una perfecta castidad en
pensamientos, palabras y obras, y me con­
cedáis el favor que os pido en esta Octava,
por la intercesión de vuestro siervo San Ig­
nacio, & mayor honra y gloria vuestra.
Amén.
Las ocho A ve Marías, etc.

DIA SÉPTIMO
Oración.
Dios y Señor mío Jesucristo, que deseas­
teis tanto la conformidad de nuestras vo­
luntades con la vuestra, que quisisteis es*
tuviesen tan unidas en la tierra como lo
han de estar en el cielo; ofrézcoos los mere­
cimientos y especialmente aquella gran con­
formidad de vuestro Biervo San Ignacio, el
oual en todo cuanto hacía no buscaba más
que vuestra mayor gloria. Suplicoos, Padre
120
de las misericordias, conforméis mi querer
en todo y por todo con e) vuestro, y me con­
cedéis el favor que os pido en esta Octava,
por la intercesión de vuestro siervo San Ig­
nacio, á mayor honra y gloria vuestra.
Amén.
Las ochó A oe Marios, etc.

DÍA OCTAVO

Oración.
Dios y Señor mío Jesucristo, que al en­
comendar desde la cruz ¿ María Santísima
4 vuestro discípulo amado, quisisteis que
todos los hombres la tuviésemos por Madre;
ofrézcoos los merecimientos, y especialmen­
te aquel amor dulcísimo con que vuestro
siervo San Ignacio veneró siempre k esta
Soberana Señora, teniéndola por maestra
' en sus escritos, en p u s caminos por guia y
amparo de su religión la Compañía de
Jesús. Suplicooa, pues, Padre de las mise­
ricordias, que mi corazón se deshaga en
tiemlsimo afecto para con María Santísima;
9
ISO
y me concedáis por la intercesión de esta
Soberana Señora, y de vuestro siervo y
suyo San Ignacio, el favor que os pido en
esta Octava, á mayor honra y gloria vues­
tra. Amén.
Las ocho Ave Marios, etc.
TRIDUO DE PIADOSOS EJERCICIOS
DIRIGIDO i LA

SANTISIMA TRINIDAD
para eniomeniarle cualquier grave negocio
siguiendo la piadosa costumbre de San Ignacio
de Loyolft.

DIA PRIMERO
Acto de Contrición, página 111.

Oración al Eterno Padre.


¡Oh Padre celestial, Criador de todas las
que amaste tanto al mundo que le
co bo s ,

diste á tu Hijo Unigénito para su remedio!


to te adoro, alabo y bendigo desde el pro­
fundo abismo de mi nada, por este inefa­
ble amor y demás prodigios de tu infinita
Omnipotencia, con que te has dignado col­
mar de beneficios á tus miserables criatu-
**8» especialmente por haberte servido de
ellas mismas para que sean los instrumen­
tos de tu gloria, dándote á conocer á sus
hermanos, y haciéndote glorificar, amar y
183
bendecir por ellos. Tú admiro, Señor y Dios
mió, esta tu inmensa bondad, te doy gra­
cias por ella, y también porque entre los
singulares favores que dispensaste & San
Ignacio de Loyola, te dignaste aparecerle
en una visión & su entrada en Boma y lo
recomendaste á tu Divino Hijo, que se mos­
tró alli también presente, diciéndole con
expresiones de singular afecto: «Quiero que
recibas &éste por tu siervo.» Te ruego hu­
mildemente por esta gracia tan particular
con que le honraste, y por la fidelidad con
que él te correspondió, promoviendo tu ma­
yor gloria cuanto le fué posible, por sí y
por sus hijos, en la salvación de las almas
criadas á tu im&geci y semejanza, me con­
cedas una fina correspondencia á. tu inefa­
ble amor, y que imitando & este amoroso y
fiel siervo tuyo, procure agradarte en todas
mifl palabras, obras y pensamientos, y que
tu santo nombre sea santificado y bendito
por todas las criaturas. Amén.
Aqui se rezarán tres Oredos, y alfaide ca­
da uno un, Gloria Patri.
183

Oración á la Santísima Virgen María.


¡Oh Santísima y Purísima Virgen María,
Hija privilegiada del Eterno Padre! Si, co­
mo asegura un Santo doctor y tierno devo­
to tuyo, no hay don alguno que nos conce*
da el Señor, que no pase por tu poderosa
mano, ¿cuánto será lo que favoreciste con
este tu gran poder á tu amado siervo Igna­
cio de Layóla? SÍ, dulcísima Señora: tú, &
quien el Omnipotente ha fiado las llaves de
sus gracias, le tomaste bajo dé tu protec­
ción desde el momento en que, convirtién­
dose ¿ Dios, resolvió entregarse & Su Ma­
jestad con toda su alma, con todo b u cora­
zón y sin ninguna reserva. Desde ese ins­
tante le consolaste en sus dudas, le ani­
maste en su heróica resolución, y apare-
ciándote á. él visiblemente con tu Divino
Hijo en los brazos, le concediste entre otros
favores el purísimo de la castidad, de ma­
nera que de allí adelante pudo muy bien ba­
jo este concepto ser comparado k un-angel.
Yo te doy, como devoto ó hijo de este admi­
rable patriarca, las gracias por tan singu­
lar beneficio, y te pido por tu integridad
134
virginal y por sos méritos, me concedas la
gracia de que imite sus virtudes, y me lla­
ga digno de ser contado entre los fieles hi­
jos tuyos. Amén.
Tres Ave Marios á la Santísima Virgen
con un Gloria Patri, saludándola como B i­
ja del Padre, Madre del Bijo, Esposa del
Espíritu Santo, templo y sagrario de la Bea­
tísima Trinidad, concebida sin pecado ori­
ginal.
Oración á San Ignacio.
|0h gloriosísimo Padre mió Ignacio, que
abriendo los ojos á la luz de la gracia por
medio de la lectura de las vidas de nuestro
Salvador, de su Santísima Madre y de los
santos, desde ese dichoso instante se en­
cendió en tu grande alma tan fervoroso de­
seo de imitarlos, que arrebatado cual otro
Agustín, exclamaste: i Y cómo! ¿No podré
yo hacer lo que éstos y éstas? Yo, que bus­
caba en los libros vanos de caballerías, hé­
roes cuyos pasos seguir, ¿no tengo aqui á
la vista más grandes modelos, de cuyas
virtudes ser un verdadero trasunto? Si la
milicia profana me excitaba á valerosos he-
18»
dios, ¿& cuánto mayores h azañ as Be me con­
vida ahora? Y movido de ta n generosa emu­
lación, conociendo la importancia de la em­
presa que ibas á acometer, la primera obra
de tu s manos fué copiar en un curioso li­
bro, con diversos colores, las virtudes de
Jesucristo, de María y de aquellos santos y
san ta3 que m ás llamaron tu atención, para
trasladarlas de lo escrito á la práctica, ade­
lantando tanto desde el principio en el ca­
mino de la perfección, que desde entonces
mereciste el nombre de santo. Suplicóte,
padre mió, que imitando este tQ primer pa­
so en la vida espiritual, abrace con el ma­
yor empefio todo cuanto pueda convenir al
aprovechamiento de mi alma, y me lleve á
cumplir las obligaciones de mi estado, pa­
ra de e s ta suerte pasar á recibir, con ei
auxilio de la gracia y tu poderosa interce­
sión, el premio de mis buenas obras en 7a
bienaventuranza. Amén.
Tres veces el Padre nuestro, A te Marta
v Gloria Patri, y se concluirá con las pre­
ces, pág. 108.
18C

DIA SEGUNDO

Oración á Dios Htyo.


Eterna sabiduría é Hijo Unigénito del
Padre celestial, que condolido de la des­
gracia del hombre, de las pasiones y erro­
res en que le habla hecho caeT la culpa del
primer padre, quisiste descender del cielo
y tomar su misma naturaleza, aai para re­
dimirle y salvarle, como para servirle de
maestro y modelo de todas las virtudes; yo
te adoro, alabo y bendigo por esta tu ines­
timable dignación é infinita caridad, y tam­
bién por la bondad con que & tu glorioso
siervo Ignacio de Loyola, cuando se diri­
gía & la ciudad santa á fundar aquella
Compañía que iba á trabajar tanto en la
salvación de las almas redimidas con tu
preciosísima sangre, le ofreciste tu favor
con aquellas dulces palabras: «Yo te seré
propicio en Roma», y te ruego humilde­
mente, por los méritos é intercesión de este
tu glorioso siervo, me concedas tu misma
poderosa protección, y qne siguiendo tus
pasos, llevando con fervorosa alegría la
187
cruz de mi estado, logre gozarte en la
bienaventuranza, prometida & los que en
esta vida transitoria han ido en pos de ti
con toda fidelidad y constancia. Amén.
Los tres Credos, etc.> pág. 132.
*
Oración ¿ la Santísima Virgen María.
(Oh Santísima y Purísima Virgen Haría,
Madre verdadera de Dios Hijo y Madre tam­
bién de nosotros miserables pecadores, cu­
yo dulce titulo te dió tu amado Jesús, poco
antes de espirar por ellos en el afrentoso
madero de la Cruz; yo, Señora y Madre
mia, te doy las gracias más rendidas por
esta maternidad que por nuestro bien acep­
taste, y que te constituye en cierta manera
corredentora del humano linaje; y te las
tributo también por el singular amor que
mostraste & tu siervo Ignacio de Loyola,
colmándole de tantos beneficios y llenán-
dolé de tantas luces celestiales, para hacer­
le un apóstol de Jesucristo. Td, Señora, en
la soledad de Manresa, le dictaste el ad­
mirable libro de los Ejercicios espirituales,
con que tantas almas han salido de las ga­
rras del demonio y conseguido su salva­
138
ción; y como autora de esta santa óbrate
has mostrado siempre firme protectora y
amparo de los que se han dedicado á su
práctica, para arreglar su vida á las máxi­
mas que allí han aprendido, y á las verda­
des eternas que han meditado. Suplicóte,
Madre y Señora mía, que yo me aproveche
de estas santas y saludables lecciones, y que
practicándolas con exactitud y constancia,
merezca oon tu poderoso auxilio, y el de mi
padre y protector San Ignacio, aloauzar el
fruto de ellas, que es la eterna bienaven­
turanza. Amén.
Las tres Ave Marios, etc., pág. 134.

Oraoión á San Ignacio.


¡Oh gloriosísimo Padre mío Ignacio, que
entregado á la oración y penitencia, y á la
práctica de todas las virtudes, ilustrado de
celestiales luces y aleccionado por tu pro­
pia experiencia, penetraste tanto en el ca­
mino de la perfección que, apenas novicio
en la vida espiritual, ya te hallaste consu­
mado maestro de esta divina ciencia; yo te
doy, santo padre mió, la enhorabuena por
189
estos progresos de tu fervoroso espíritu, y
con especialidad por haber merecido que la
Madre de la Sabiduría increada, que justa*
mente es llamada luz de los doctores, se sir­
viera dictarte en la cueva de Manresa el
prodigioso libro de los Ejercicios espiritua­
les, que ha convertido más pecadores que
letras contiene, ha perfeccionado tantos jus-
toB que no puede calcularse su número, y
ha llenado el cielo de tantos bienaventura­
dos; suplicóte, santo patrón mió, por esta
dicha que lograste de recibir tan saludables
lecciones de la misma boca de la Santísima
Virgen María, y por el gozo espiritual que
tuviste viendo antes de morir aprobada y
recomendada por la Iglesia esa obra de tan­
ta gloria de Dios, me alcances del mismo
Señor gracia para que yq me aproveche de
bus santas máximas, y que poniéndolas en
práctica, merezca con tu protección aumen­
tar el número de los que, por haberlas se­
guido fielmente, ahora alaban contigo á
iHos Trino y Uno eternamente, Amén.
Los tres Padre nuestros y oración, etc.,
Vág. 135.
140

DIA TERCERO

Oración al Espíritu Santo.


[Oh Espíritu divino, lazo de amor del Pa­
dre y del Hijo, que en el dia de Pentecos­
tés descendiste sobre los Apóstoles para
llenarlos de tus dones y confirmar su mi­
sión de predicar el Evangelio & toda cria­
tura; yo te adoro, alabo y bendigo por loa
admirables frutos que de esta tu venida se
han seguido ¿ las almas tus favorecidas, y
al orbe entero, por la predicación evangé­
lica; y también por lo que distinguiste á
tu grande siervo Ignacio de Loypla, cons­
tituyéndole nuevo apóstol de ia Iglesia, y
manifestando con. señales visibles que le
destinabas á tan elevado cargo; aparecien­
do en forma de llama sobre su cabeza, ya
cuando celebraba el adorable sacrificio del
altar, y ya también al escribir las Constitu­
ciones de su apostólica y sagrada Compa­
ñía; ruégete humildemente, oh Espíritu Pa
ráclito, por la intercesión de este tu glorio­
so siervo y padre mío, enciendas mi cora­
14 1
zón en tu amor, me concedas tus dones y
gracias, para que aprovechándome de sus
ejemplos y doctrina, logre en unión suya
adorarte eternamente en la gloria. Amén.
Los tres Credos, etc.

Oraoión í la Santísima Virgen María.


¡Ob Santísima y Purísima Virgen Marlal
que habiendo tomado bajo de tu poderoso
patrocinio á tu amado siervo Ignacio des­
de los primeros pasos de su conversión, te
dignaste concederle tu protección en todas
las obras de su ardiente celo por la gloria
de Dios; yo te alabo por el amor especial
que le manifestaste, ya apareciéndote á él
visiblemente para ilustrar su entendimien­
to, resolver sus dudas y tranquilizar su co­
razón cuando esoribió las Constituciones y
reglas de su Compañía; ya allanando las
dificultades que se ofrecieron para su apro­
bación; ya llamando á muchos de tas más
queridos devotos á alistarse bajo sos ban­
deras, y ya en fin, tomando siempre & la
nueva religión bajo tu amparo y cubrién­
dola con tu sagrado manto, que justamen­
u?
te, como muestra de su amorosa gratitud,
eres llamada por todos sus hijos: «Reina y
Madre de la Compañía de Jesús;» suplicóte
¡oh gran Señora y patrona mis! me alcan­
ces de tu sautisimo Hijo un afecto y esti­
mación grande &esta Orden religiosa, que
tanto te has dignado proteger, y que según
mi estado procure con la gracia divina
amoldarme al espíritu de sus santas reglas,
con especialidad ¿ aquella heróica obedien­
cia que hace ver ¿ nuestros superiores en
lugar de Dios, para que de esta manera,
con glorioso sacrificio de mi mismo, cami­
ne con seguridad en esta vida por la senda
de la virtud, y llegue al feliz término de la
eterna bienaventuranza. Amén.
Las tres A ve Marías, etc.

Oración i San Ignacio.


(Oh gloriosísimo Padre mió San Ignacio 1
que destinado por el Señor para fundar una
religión, cuyo fin principal fuera promo­
ver la mayor gloria de Dios en la salvación
de las almas, fuiste admirablemente ilus­
trado del cielo para saber adaptar los más
143
adecuados medios &tan grandioso y eleva­
do objeto; yo me complazco al ver la sabi­
duría y prudencia con que supiste fabricar
este portentoso edificio de la sagrada Com­
pañía de Jesús, que ha merecido ser califi­
cado de obra peculiar del Espíritu Santo,
milagro del poder divino, y qne áun los
mismos herejes han respetado como supe­
rior ¿ todo humano entendimiento. Si, san­
to padre mío, digno eres de toda alabanza
como patriarca de una Orden que, reunien­
do lo mis perfecto de todas y lo más ade­
cuado á todas las personas, á todos los lu­
gares y tiempos, se ha conservado siempre
en su primitivo fervor de espíritu en medio
de tantas vicisitudes como hs experimenta­
do, sufriendo siempre como prueba de esa
constante conservación, aquel ódio que el
Salvador aseguró que tendría el mundo á
todos los que imitasen y siguieran sus pisa­
das, como á él mismo se lo habla tenido.
Suplicóte, santo patrono mío, me alcances
del Señor esta misma herencia de sn Cruz y
Pasión, que con tanta instancia le pediste y
lograste para tu Compañía, para que pade­
ciendo eu esta vida persecución por la jus­
Ui
ticia y gloria divina, logre subir al reino
de los cielos, premio de los que asi padecen
por declararse en guerra con este miserable
y transitorio mundo. Amén.
Los tres Padre nuestros, etc.
Día último de cada mes en honra de San
Ignacio.
Acto de contrición, pág. 111.

Oración ¿ la Santísima Trinidad.


Beatísima Trinidad, Dios y Señor mió,
en quien creo, en quien espero, ¿ quien
amo y deseo amar por toda la eternidad; yo
te doy gracias por lo que engrandeciste &
tu gran siervo San Ignacio de Loyola; el
cual altamente inspirado, vió cuán digno
eres de infinito amor, y por eso te sirvió fer-
vorosiai mámente y procuró por si y por sus
hijos ganarte muchas almas de gentiles,
herejes y pecadores, para que rindiéndose
á tu santa ley, te amaran y sirvieran. Por
sus méritos, pues, te ruego me des á mi es­
te celo; haz que yo salve mi alma amándo­
te; haz que salve las de mis prójimos con
mi buen ejemplo, con mis buenos consejos,
14 6

cou el bueo gobierno de mía inferiores; no


permitas que alguno se pierda por mi cul­
pa. Sírvame el patrocinio de tu querido San
Ignacio, para vivir siempre en tu gracia.
Amén.
Un Credo y Gloria á la Santísima Trini­
dad.

Oración.
Gloriosísimo San Ignacio, amante hijo de
la Virgen María, Madre de Dios y Señora
nuestra, cuya Concepción en gracia, y cu­
yos acerbísimos dolores con especial ternu­
ra veneraste; yo te suplico, que por su In­
maculada Concepción me consigas una pu­
reza total de alma y cuerpo, y por sus dolo­
res un entrañable odio y horror al pecado
mortal, que sienta y llore los que he come­
tido y que por ningún modo vuelva á come­
ter otro. |Oh Santo mío! yo te entrego mi
alma; tómala á tu cargo; ponía al amparo
de la Beina del cielo; haz que yo sea devoto
verdadero de la que es Madre de los peca­
dores. Como ella te dictó ¿ ti los Ejercicios
con que tantos se han ualvado, inspírame 6
10
146
mi siempre buenos pensamientos y deseos
santos, para que amándola, y procurándola
muchos que le sean devotos, éntre yo en el
número de los que como hijos de Alaria y fa­
vorecidos de San Ignacio, logran ser bien­
aventurados para siempre en la gloría.
Amén.
Un Padre nuestro y Salve.

Deprecación-
Amado protector mío Ignacio santísimo,
que expirando con los dulcísimos nombres
de Jesús y de María en tu boca, volaste al
cielo á acompañarlos por una eternidad;
acuérdate desde esa felicísima morada, de
las fatigas y afanes con que trabajabas por
laconveislón de los pecadores: aún vive en­
cendido en tu pecho el celo de la salvación
de las almas; toma á tu cargo la mia, no
ceses di*. clamar á Dios me haga suyo; pi­
de, ruega y clama instantemente no se
pierda en mi el precio de la sangre que
derramó mi dulcísimo Jesús. Amén.
GOZOS HE SUN IGNACIO OI! LftYOLA

Oh Ignacio, vuestro fervor


Ai mundo todo ha abrasado:
Sed con Dios nuestro abogado,
*
Y abrasadnos en si amor .
Guipúzcoa, en noble solar,
Os dió sangre de Loyola,
Y á la milicia española
Disteis honor singular;
Vuestro natural valor
Fué por la gracia elevado:
,
Sed con Dios nuestro dbogado
Y abrasadnos en su amor.
Vuestro espíritu eligió
El Espítu divino,
Que, en su día, su destino
Mas que la bala os hirió;
San Pedro con su favor
De la muerte os ha librado:
148
Sed con Dios nuestro abogada,
Y abrasadnos en su amor.

Resuelto á una nueva vida,


A Monserrate llegásteis,
Vestidos y armas dejásteis,
Con voluntad muy rendida;
Con nuevo traje y fervor
Os armáis nuevo soldado:
Sed con Dios nuestro abogado,
Y abrasadnos en su amor.
Vuestra vida espiritual
En Manresa hizo la prueba;
Dentro el horror de una cueva,
Y sirviendo al hospital;
Un pasmo fué de rigor
Este vuestro noviciado:
Sed con Dios fwestro abogado ,
.
Y abrasadtios en su amor

En esta cueva, María


Qs dictó los Ejercicios
Que haciendo guerra á los vicios
Son al mundo norte y guía;
Con su luciente esplendor
140
Machos al cielo han llegado:
,
Sed con Dios nuestro abogado
Y abrasadnos en su amor.

En un éxtasi amoroso,
Por ocho dias de un vuelo,
Fuiste arrebatado al cielo,
Segundo Pablo dichoso;
Allí os reveló el Señor
La orden que habéis fundado;
Sed con Dios nuestro abogado ,
Y abrasadnos en su amor.

Pendón, nombre y Compañía


Jesús os ha entregado,
Para hacer guerra al pecado,
Al gentil y á la herejía;
Vuestro socorro y valor
Mucho la Iglesia ha esforzado;
Sed con Dios nnestro abogado ,
Y abrasadttos en su amor.

Publican vuestro gran celo,


Caminos, fatigas, pesas,
Afrentas, riesgos, cadenas,
Por llevar almas al cielo:
160
Del infierno hasta el ardor
Vence ese pecho abrasado:
Sed con Dios nuestro abogado ,
Y abrasadnos en su amor.

Frecuencia de Sacramentos,
Con doctrinas y misiones,
Escuelas» congregaciones,
Por vos tuvieron aumentos:
Trazas de muy gran primor
Vuestro gran celo ha inventado,
Sed con Dio$ nuestro abogado,
Y abrasadnos en su amor.

En visitaros frecuentes
Fueron Jesús y María;
La Trinidad viste un día
Entre velos transparentes:
Al Hijo por Protector
El Padre Eterno os ha dado:
Sed con Dios nuestro abogado ,
Y abrasadnos en su amor.

Todas dolencias y males


Vuestro poder ha rendido,
Elementos le han temido,
161
Muerte, y furias infernales;
De los partos el dolor
Vuestro nombre ha mitigado:
Sed con Dios nuestro abogado .
Y abrasadnos en su amor.

Vuestra vida peregrina


Tuvo siempre por blasón
La más grande perfección,
A mayor gloria divina;
Con norte tan superior
Sois en^gloria aventajado:
Sed con Dios nuestro abogado ,
Y abrasadnos en su amor.
Oh Ignacio, etc*

*****
MARCHA DE SAN IGNACIO

!.«■ T ip l e . - FUNDADOK
sois Ignacio y General
C oro . de la Oompafiía Real
de Jesita, escuadrón militar
los esfuerzos guerreros
de vueetro valor
oa ofrecen conquistas
de esfera raayor:
á la marcha, soldados, marchad
al sonido del timbal.
- Fundador
,
R c fít ic h k .

soÍ9 Ignacio etc.


Al oír de esta marcha el rumor
hace sefla el infierno asustado
y el pérfido infiel
ya diepone su tropa á pelear,
y á acometer.
Uro. - La perfidia y la rabia
pelean por él,
16»
por Ignacio la gracia
virtud y poder.
C oro . - En en régio arnéa
se deja ver
por timbre Real,
VIVA JESÚS y bu escuadrón.
Dúo. - Tropa marcial, marcial
que repiten la trompa y el clarín:
C oro . - La trompa y el clarín,
2.« T ip l e . — Capitán,
grande Ignacio, Marte sois
O oro . - d e laB batallas de Dios,
singular tíuufador y guerreador;
£ revista, eoldadoe
valientes, venid,
á pasar la reBejia,
que manda la ley,
al sonar el timbal y el clarín,
el pífano y el tambor»
R epítese . — Capitán,
grande Ignacio, etc.
De la noche en la obBcura
confusión, en armas
se levanta otro
pérfido escuadrón:
Gon Loyola el valor quiere medir
Lucifer.
Dúo. — Kntra al cboque furioso
164
bramando Luzbel,
por Ignacio la gracia,
virtnd y poder.
C oro. - He oye rumor,
fuerte chocar,
valiente henr,
triste gemir*
duro rabiar.
Dúo. ■ Ea, Luzbel, Luzbel, en Ignacio
triunfa al fln el valor.
C oro. Al fin el valor.
3.«r T i p l e . ■ Oran Patrón
tiene muy noble y leal.
Cono. - Señorío Ilustre Real,
posesión del León Español,
en Ignacio, valiento
soldado marcial*
De la Cántabra fuerte
guerrera Nación;
corre el mundo el glorioso pendón
en hazañas del valor.
K k p ít r s i. Gran Patrón, etc.
A la guerra, á la guerra
soldados corred,
al arma y al choque;
con tal Capitán
no temáis los peligros del mar
mar infiel.
166
Dúo. - Ganaréis vuestra gloria
renombre inmortal
de lo vasto del mundo
la tierra y el mar.
C o ro . - Así el laurel
se deja ver,
de vuestro honor
podrá tomar
nuevo esplendor.
Dúo, < Mucho lucir con batalla
y aplauso superior.
C oro . - Aplauso superior

A. M. D. G.

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