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Los cambios litúrgicos del Papa Pio XII

¿Un Católico puede rechazar las Leyes promulgadas por un Papa


legítimo?
Por el Reverendo Padre Dominic Radecki, CMRI
Los modernistas, en su intento de destruir la liturgia Católica,
gradual y astutamente introdujeron la “Misa Nueva”, también
llamada “Novus Ordo”, los nuevos sacramentos y los cambios
litúrgicos que resultaron del Vaticano II. Como consecuencia de eso
los católicos se volvieron reacios hacia el cambio litúrgico.
Desafortunadamente algunos tradicionalistas han ido más allá,
hasta rechazar los legítimos cambios introducidos por el Papa Pio
XII, el cual ellos lo consideran como Papa legítimo.
Ellos sostienen erróneamente que algunas de estos cambios, incluso
la Semana Santa Reformada, fueros los primeros pasos hacia el Novus
Ordo, debido al envolvimiento de Monseñor Annibale Bugnini, además
a causa de unos retoques hechos por otros Modernistas. Estas
almas fuertemente porfiadas no rechazan completamente a los
cambios; ellos recogen y eligen lo que van a aceptar y lo que van a
rechazar. Por ejemplo, ellos observan la reforma que hizo el Papa
sobre el ayuno eucarístico y el permiso para decir Misas vespertinas.
¿Quién les dio la autoridad para determinar lo que hay que seguir
respecto a los ritos litúrgicos, a los decretos y a las rubricas?
El Papa Pio XII promulgó varios cambios litúrgicos, entre otros
están los siguientes:
1) Por muchos siglos la Iglesia Católica requirió que las personas
estuviesen en ayunas desde la medianoche sin comer ni beber nada,
incluso agua, antes de la recepción de la Comunión. En 1950 el Papa
Pio XII cambió las leyes del ayuno para una hora para las bebidas no
alcohólicas y tres horas para comidas y bebidas alcohólicas. Se puede
tomar agua y se pude tomas medicamentos a cualquier hora antes de
recibir la Sagrada Eucaristía. El resultado de esas mudanzas viene a
ser que los católicos pueden recibir a Nuestro Señor en la Santa
Comunión más frecuentemente. Los sacerdotes americanos que a
menudo rezan varias Misas o Misas vespertinas en el Domingo
apreciaron estos cambios.
2) Su Santidad permitió la celebración de la Misa a la tarde y a la
noche – un cambio muy notable en comparación con la observancia
anterior.
3) En 1955 él simplificó las rúbricas del Breviario Romano y del
Misal cambiando la clase de algunas fiestas y descartando algunas
octavas y vigilias. Él implemento al Breviario las reformas el Papa San
Pio X hizo para el Breviario Monástico.
4) En 1955 el Papa Pio XII aprobó la Nueva Semana Santa, en la cual
se restauró algunas de las ceremonias que fueron alteradas a través de
los años. Además él la hizo más fácil para concurrencia de los
trabajadores en las ceremonias del Jueves Santo, del Viernes Santo y
de la Vigilia Pascual volviéndolas a su tiempo original y apropiado. En
los tiempos apostólicos la Iglesia Católica celebraba la liturgia del
Jueves Santo, del Viernes Santo y de la Vigilia Pascual “en las mismas
horas del día en que aquellos sagrados misterios ocurrieron. Así, la
institución de la eucaristía tuvo lugar en el atardecer del Jueves Santo,
la Pasión y la Crucifixión tuvieron lugar en las horas después del
mediodía del Viernes Santo y la Vigilia Pascual ocurrió en la noche del
Sábado Santo, terminando a la mañana del día de Pascua con el jubilo
de la Resurrección de Nuestro Señor.”
“Durante el Medio Evo… [la Iglesia], a causa de varias razones
pertinentes, comenzó a hacer en horas más tempranas las
performances litúrgicas en aquellos días, luego hacia el final de aquel
periodo todos esos servicios litúrgicos han sido transferidos a la
mañana. Esto no tuvo ligar sin detrimento del significado litúrgico y
confusión entre las narraciones Evangélicas y la ceremonias litúrgicas
adjuntas a ellas” (Decreto de la Sagrada Congregación de Ritos, pp. 1-2,
16 de Noviembre, 1955).
Los servicios litúrgicos solemnes del Jueves Santo, del Viernes Santo
y de la Vigilia Pascual eran llevados a cabo a la mañana en Iglesias casi
vacías porque pocos podían atender a ellas. Colegiales tenían que
suplantar a los hombres en la ceremonia del lavado de los pies en el
Jueves Santo porque estos tenían que trabajar. Debido a la
restauración de la semana Santa hecha por el Papa Pio XII las Iglesia
ahora están llenas y los fieles vienen en gran número para asistir las
ceremonias y recibir la Santa Comunión.
En 1951 el Papa Pio XII restauró la Vigilia Pascual para la noche, su
propio tiempo:
“Por siglos la Iglesia ha visto la incongruidad de la celebración de la
Vigilia Pascual – un servicio cuyo textos [v.gr. el alleluia] y
simbolismos [v.gr. Lumen Christi] obviamente se inclinan hacia las
horas de la noche – en tempranas horas de la mañana del Sábado Santo
cuando ciertamente Cristo no había surgido todavía. Que esto no ha
sido siempre así está probado históricamente fuera de toda
duda. (John Miller, C.S.C, “The History and Spirit of Holy Week”, The
American Ecclesiastical Review, p.235.)
El Papa Pio XII redujo el número de las lecciones recitadas de doce
para cuatro, volviendo a la práctica de San Gregorio Magno. El Papa
ordenó que el ayuno de la Cuaresma concluyese a la medianoche del
Sábado Santo en lugar de a la tarde para que completase los 40 días de
ayuno, y no 39 días de ayuno. Esta ley disciplinaria asegura que el
Sábado Santo retenga su carácter de tristeza por la muerte de Nuestro
Redentor que yace en el Santo Sepulcro.
5) En 1954 el Papa Pio XII hizo una revisión del Oficio Divino,
omitiendo varias oraciones, como el Padre Nuestro, el Ave-María y el
Credo antes de las horas, las preces en Laudes y Vísperas con algunas
excepciones, el largo Credo Atanasiano, a excepción del día de la
Santísima Trinidad, etc. De acuerdo con la Sagrada Congregación de
Ritos, el objetivo propuesto de estas modificaciones era “para reducir
la gran complejidad de las rubricas a una forma más sencilla”.
El Papa San Pio X ya había introducido algunos de esos cambios en
el Breviario Monástico. A través de la influencia de los Benedictinos, el
Papa Pio XII las extendió para todo el clero. Por la simplificación de las
rubricas y la disminución de las oraciones, el Breviario pasó a ser más
fácil para que los sacerdotes llevasen a cabo fiel y devotamente su
obligación de recitar todos los días el Oficio Divino. El clero recibió de
muy buena gana estos sabios cambios.
El Papa Pio XII aprobó y promulgó oficialmente estos cambios.
Bugnini no tenía autoridad para promulgar nada. Referirse a la Nueva
Semana Santa como si fuera la liturgia de Bugnini es cosa poco
ingeniosa y hasta deshonesta intelectualmente hablando. Cualquier
que sea el rol que haya tomado, eso no obscurece el hecho de que
varios cardinales y liturgistas ortodoxos tuvieron envolvimiento en
los preparativos de estos cambios.
La Sagrada Congregación de Ritos fue establecida para dirigir la
liturgia de la Iglesia Latina. Por Iglesia Latina se entiende aquella parte
de la Iglesia Católica, de lejos la mayor, que usa el latín en sus
ceremonias. El Papa Pio XII estableció una comisión “para examinar la
cuestión de la restauración del Ordo de la Semana Santa y proponer
una solución. Obtenida la respuesta, Su Santidad decretó, como la
seriedad del asunto demandaba, que la cuestión en su totalidad fuese
sujeta a un especial examen hecho por los Cardenales de la Sagrada
Congregación de Ritos.”
[Cuando los Cardenales se reunieron en el Vaticano en 1950,] “ellos
consideraron a fondo el asunto y votaron unánimemente que el Ordo
de la Semana Santa restaurada fuera aprobada y prescrita, sujetos a la
aprobación del Santo Padre. Acto continuo, habiendo sido
detalladamente reportada al Santo Padre por el… Cardenal Prefecto,
Su Santidad se dignó a aprobar lo que los Cardenales habían decidido.
Entonces, por especial mandato del mismo Papa Pio XII, la Sagrada
Congregación de Ritos ha declarado lo siguiente… [dando directivas
específicas, incluso:] Aquellos que siguen el Rito Romano están
obligados… a seguir el Ordo de la Semana Santa Reformada, expuesto
en la edición oficial del Vaticano” (Decreto de la Sagrada Congregación
de Ritos, pp. 1-2, 16 de Noviembre de 1955).
De acuerdo con el Papa Pio XII, la reformas litúrgicas que él
promulgó fueron “un signo de la disposición providencial de Dios en
la moción del Espíritu Santo a la Iglesia para los tiempos presentes”
(The Assisi Papers, Procedentes del Primer Congreso Internacional de
liturgia pastoral, Asís-Roma, 18 al 22 Septiembre, 1956, p. 224). Cristo
dijo a San Pedro y a todos sus sucesores legales, “Aquel que os oye, a
mi me oye.” (Lucas 10:16). El tema en cuestión es la obediencia a la
legítima autoridad suprema de la Iglesia Católica. Un verdadero Papa
aprobó estos cambios. Debemos aceptar estos cambios como legales y
dignos de seguimiento salvo que podamos probar que el Papa Pio XII
no fue un verdadero Papa.
El que diga que el Papa Pio XII no aprobó la Semana Santa
Restaurada, lo dice sin fundamento. Es ridículo decir que el Papa Pio
XII no tenía idea de que la Sagrada Congregación de Ritos y todo el
mundo Católico estaban haciendo respecto a la Semana Santa. ¿No es
este el mismo argumento que algunos usan para defender a los
“papas” posconciliares – que desde la muerte del Papa Pio XII, los
“Vicarios de Cristo” no han tenido idea de lo que pasaba en la Iglesia
Católica? El argumento que dice que él era ya anciano o tenía cualquier
otra discapacidad para regir la Iglesia es también completamente
absurdo por lo claro de sus últimas encíclicas, directivas y discursos
en el mismo año de su fallecimiento.
El Papa Pio VI estigmatizó como “al menos errónea” la hipótesis “de
que la Iglesia podría establecer una disciplina que fuera peligrosa,
prejudicial, conducente a la superstición o al materialismo.” (Dz.
1578). En la sección 22, canon 7, el concilio de Trento condenó a
cualquiera que diga que las ceremonias de la Iglesia son un estimulo a
la impiedad más que a la piedad.
Los cambios introducidos por el Papa Pio XII son legales, santos y
conducentes a la santificación y salvación de las almas. La Iglesia
Católica ha enseñado consistentemente que un Papa válido no puede
promulgar una ceremonia o ley litúrgica que sea prejudicial a la fe y a
la piedad y que desagrada a Dios. En tales decisiones el Papa es
protegido por la infalibilidad.
Los teólogos enseñan que las leyes disciplinarias universales y los
cambios litúrgicos son objetos secundarios de la infalibilidad. Esto
está claramente explicado por Monseñor Van Noort: “El bien conocido
axioma, Lex orandi est lex credendi (la ley de la oración es la ley de la
creencia), es una especial aplicación de la doctrina de la infalibilidad
de la Iglesia en materias disciplinares. Este axioma dice en efecto que
la formula de la oración aprobada para el uso público de la Iglesia
universal no puede contener errores contra la fe y moral” (Christ’s
Church – La Iglesia de Cristo – p.116).
Los cambios litúrgicos del Papa Pio XII – la institución de la
festividad de San José Obrero, la restauración de la Semana Santa, las
leyes para el ayuno Eucarístico, etc. – no son pecaminosas. Se alguno
dijere que ellas son heréticas o pecaminosas, éste estaría acusando la
autoridad doctrinal infalible de la Iglesia de prácticas sacrílegas y
errores doctrinales que corrompen la fe, comprometen sus doctrinas
y perjudica a las almas. Tal acusación negaría que Cristo proteja a Su
Iglesia y sagrada liturgia de ella del mal y del error.
El Papa Pio XII prohibió sin excepciones, en un leguaje más preciso,
a los sacerdotes de usar la liturgia antigua. Él condenó también el
anticuarismo (arqueologismo), es decir, la práctica de volver a las
observancias litúrgicas primitivas por la no conformidad con las
rubricas concurrentes y con las leyes eclesiásticas, que en tal ocasión
sería implícita la no actividad del Espíritu Santo en la conducción de la
Iglesia. Ni siempre lo más antiguo es mejor, especialmente cuando
desafía las órdenes de un verdadero Papa.
El motivo por el cual nosotros seguimos los cambios litúrgicos del
Papa Pio XII es la autoridad infalible de la Iglesia de enseñar. Los
cambios fueron autorizados por un Vicario de Cristo infalible y fueron
promulgados oficialmente para remplazar los antiguos ritos y leyes
existentes. Ya que el Papa Pio XII era un Papa verdadero, debemos
obedecer sus órdenes respecto a la sagrada liturgia. La obediencia es
lo más seguro, lo más consistente y la regla de ortodoxia.
Por otro lado, aquellos que aceptan a Pio XII como un verdadero
Papa mientras rehúsan aceptar sus decretos litúrgicos, demuestran
rebeldía y desobediencia. Recogiendo y eligiendo lo que ellos quieren,
ellos se ponen a sí mismos como la suprema autoridad de la Iglesia
Católica. Ellos se adjudican el derecho de juzgar al Papa, cerniendo lo
que él enseña y decidiendo lo que van a obedecer y lo que van a
rechazar. Recoger y escoger lo que se va obedecer y lo que se va a
rechazar es un error. Es un sello de rebelión le negar obediencia al
verdadero vicario de Cristo; rebelión en materia de obediencia a la
legítima autoridad es siempre un peligro para la Fe.
El Galicanismo fue una herejía contra la jurisdicción papal, que
tendía a limitar los poderes del Papa. Comenzó al principio del siglo
XV y se desparramó por toda la Europa. Acto continuo, muchos
europeos perdieron su censo de obediencia al Papa. En 1682 el clero
francés formuló los Cuatro Artículos que se hicieron obligatorios para
todas las escuelas y para todos los maestros de teología. Los cuatro
artículos estatuyeron que el juicio papal carece de valor sin el
consentimiento de la Iglesia. Los Papas Alejandro VIII y Pio VI y el
Concilio Vaticano condenaron el Galicanismo. Tristemente, el espíritu
del Galicanismo prevalece hoy día.
Aquellos que rechazan los cambios litúrgicos del Papa Pio XII son
inconsistentes. Si ellos aceptan a Pio XII como papa, deben reservar su
propia opinión acerca de la liturgia de él, echar a un rincón sus gustos
y disgustos litúrgicos y simplemente obedecerlo. La mentalidad
católica es obedecer a los superiores legales en todo, excepto en el
pecado.
El espíritu de obediencia a la autoridad legítima fue expresada por
la madre de Lucia, una de los niños de Fátima. Cuando la madre de
Lucia fue cuestionada sobre el porqué el nuevo párroco no permitía
danzar y el antiguo sí lo permitía, ella contestó: “Yo no sé porque el
antiguo párroco permitía y el nuevo no. Si el nuevo párroco no quiere
las danzas, mis hijos no danzarán.”
Concluiremos con un discurso del Papa San Pio X a los sacerdotes
de la Unión apostólica:
“Cuando uno ama al Papa, uno no se queda a debatir sobre lo que él
aconseja o manda, no pregunta hasta donde se extiende el riguroso
deber de obedecer y no marca los límites de esta obligación. Cuando
uno ama al Papa, uno no objeta que él no ha hablado con toda claridad,
como si él fuera obligado a repetir su voluntad en el oído de cada uno
lo que muy a menudo expresa no sólo viva voce, sino también por
cartas y otros documentos públicos; uno no pone en duda sus órdenes
so pretexto – fácilmente usado por cualquiera que no quiera obedecer
– de que ellas no emanan de él, sino de sus legados; uno no limita el
espacio en el cual podemos y debemos ejecutar su voluntad; uno no se
opone a la autoridad del Papa porque otras personas, letradas quizás,
difieren de la opinión del Papa. Además, no obstante su gran
conocimiento, su santificación está en espera, porque no puede haber
santidad donde hay discordancia con el Papa.” (AAS 1912, p. 695)

Acordarnos hemos de que todo esto incumbe al legítimo y válido


Papa elegido; esto no se aplica a un hereje o un “papa” electo
inválidamente – un falso papa.

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