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Nicolás Iñigo Carrera

Desde que alcanzó su madurez, y como consecuencia del desarrollo del régi­
men de gran industria, el capitalismo tiene como uno de sus rasgos característicos
la generación de una creciente masa de población sobrante para las necesidades
del capital. La personificación más evidente, aunque de ninguna manera la única,
de esta masa de superpoblación la constituyen “ los desocupados”. La teoría social
crítica clásica señaló que esa masa, aunque sobrante para las necesidades presen­
tes del capital, cumple, entre otras, una función disciplinadora sobre el conjunto de
la clase obrera, al ejercer presión sobre los trabajadores asalariados ocupados, au­
mentando el grado de la competencia entre ellos y poniendo freno a sus demandas.
Aunque resulte una obviedad, conviene aclarar que, como toda ley social, se
trata de una tendencia general, que es modificada por diversas influencias1. Esto
es, que las determinaciones que constituyen cada realidad concreta pueden mos­
trar situaciones diferentes, cuyo conocimiento no se resuelve con invocaciones a la
“complejidad de la realidad” ni a la “complejización del análisis”, sino investigan­

1 Baste recordar los señalamientos de Marx, a propósito de la “ley general, absoluta, de la acumulación
capitalista", en el sentido de que todas las leyes se ven modificadas en su aplicación "por una serie de circuns­
tancias" (Marx, Karl; El Capital; Libro 1, capítulo XXIII, México, Fondo de Cultura Económica, 1973, p. 546) o
su análisis del "juego de influencias" que contrarrestan la ley de tendencia decreciente de la tasa de ganancia
(Marx, Karl; El Capital; Libro 3, capítulo XIV, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1980, p. 254).
do la situación en sus múltiples determinaciones. Cuánto se modifica una ley social
(tendencia) en una situación concreta constituye un problema central a tratar en
toda investigación, pero no invalida la existencia de tendencias propias del régi­
men capitalista de producción.
Porque, aunque al agudizarse la desocupación se agudiza la competencia en­
tre los trabajadores, y eso hace que al menos hasta cierto grado tienda a disminuir
la lucha de los trabajadores contra el capital, la unidad o fractura entre ocupados y
desocupados puede modificar el desarrollo de la lucha por reivindicaciones inme­
diatas y, en general, el de las confrontaciones políticas y sociales, así como las po­
líticas empresarias y gubernamentales desarrolladas ante esas luchas2. Y ese grado
de unidad o fractura está determinado por el proceso histórico, por el desarrollo de
las confrontaciones políticas y sociales que van conformando la conciencia que de
su situación tienen los trabajadores.
Más allá de la polémica acerca de si toda la masa de superpoblación o sólo
una parte de ella cumple la función de ejército industrial de reserva en esta fase del
desarrollo capitalista^, no hay duda de que su expansión en países como Argentina
ha alcanzado volúmenes hasta ahora sin precedentes, observables en el crecimien­
to de las tasas de desocupación abierta*. Lo novedoso en la estructura económica
de la sociedad argentina en el período iniciado a mediados de la década del 70 está
dado por el hecho de que, a partir de la siguiente década, la visibilización de la
superpoblación trasciende los momentos en que se presenta bajo su forma aguda,
para hacerse visible también en su forma crónica.
Es la relevancia de la relación entre los trabajadores ocupados y los desocupa­
dos, y la certeza del inexorable crecimiento estructural de la superpoblación rela­
tiva, más allá de los paliativos coyunturales que puedan implementarse mediante
políticas de gobierno, lo que nos llevó a intentar conocer cómo es la vinculación
entre esas dos partes de la clase obrera en Argentina: los trabajadores asalariados
ocupados, organizados sindical y políticamente, y los desocupados, así como cuá­
les son los obstáculos que dificultan o impiden la vinculación.

LA DESOCUPACIÓN EN LA HISTORIA A R G E N T IN A
Aunque la referencia a las consecuencias que genera sobre los trabajadores
ha sido una constante en las declaraciones desde los albores del movimiento obrero
argentino, la desocupación fue planteada como problema de la clase obrera parti­
cularmente en los momentos de crisis y recesión económica. Esto puede observarse

2 Más aun, la teoría clásica ha planteado que la inteligencia entre el activo y la reserva de la clase obrera es •
condición necesaria para un proceso de transformación de raíz de la sociedad; la competencia entre los trabaja­
dores, y, como una manifestación particular, la competencia entre los trabajadores ocupados y los desocupados,
constituye una de las condiciones de la perduración de la forma de organización social capitalista.
3 Nun, José; Marginalidad y exclusión social; Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2001.
4 Podestà, Jorge; La “crisis” de desocupación en la Argentina-, Buenos Aires, PIMSA, 1999.
con motivo de las crisis económicas que comenzaron en 1889 y 1929. Las historias
del movimiento obrero argentino han registrado, para el primero de esos momen­
tos, apelaciones al gobierno y manifestaciones de protesta de organizaciones obre­
ras frente al incremento de la desocupación. En enero de 1891, cuando había en la
ciudad de Buenos Aires 10.000 desocupados5, los gremios obreros convocaron a un
“mitin de protesta” reclamando al gobierno “ medidas para mitigar la escasez de
empleo”6. El periódico El Obrero, fundado como órgano de la Federación Obrera o
Federación de los Trabajadores de la Región Argentina, la primera central obrera,
de corta vida, se refirió a ese acto en los siguientes términos:
“Meeting de trabajadores sin ocupación. Creemos no equivocarnos mu­
cho si afirmamos que el número de trabajadores sin ocupación y fuera
de trabajo en esta ciudad de Buenos Aires no baja de diez mil hoy en día.
(...) Diez mil esclavos de la miseria que atormentados por el hambre, por
la menesterosidad, la indigencia propia de los de su familia quisieran
trabajar en cualquier trabajo (...) las autoridades, que se empeñan obs­
tinadamente en agravar la situación por medio de nuevos impuestos,
que todos tienden a hacer subir aun más los precios de los artículos de
primera necesidad. (...) consideramos a todos los trabajadores de todas
condiciones, artesanos, obreros, jornaleros simples y todos los que están
sin ocupación, que concurran a un grande meeting de trabajadores bal­
díos, es simplemente con la intención de hacer presente a las autoridades
supremas y a la clase superior, las condiciones desesperadas en que nos
hallamos, decirles que sufrimos, que sufrimos sin nuestra culpa, y que
les pedimos que nos ayuden, que nos den trabajo, que nos permitan ga­
nar al pan diario para nuestros hijos, que ellos, que se hallan en posesión
de la tierra entera y de todos los demás medios de producción son los que
deben y puede auxiliarnos (...). Hemos de proponer a los compañeros
que se redacte un memorial ai H. Congreso, solicitándole que faculte al
Gobierno de fundar colonias agrícolas, y que emprenda obras públicas en
que puedan hallar ocupación los miles de trabajadores que hoy no tienen
trabajo. [Se pide] (...) agravar [sic] la renta territorial con un impuesto
directo y progresivo”, para financiar las mencionadas obras y colonias7.

Nuevamente en la segunda mitad de la década de 1890 la recesión económica


fue acompañada por un crecimiento de la desocupación que, según Diego Abad de
Santillán llegó a 100.000 trabajadores en 1897 y que en 1899 todavía alcanzaba a
40.0008. En 1895 el Comité Federal de la Federación Obrera Argentina, donde co­
existían socialistas y anarquistas, denunció el incremento de la desocupación con
la consiguiente caída de los salarios y empeoramiento de las condiciones de traba­

5 Oddone, Jacinto; Gremialismo Proletario Argentino; Buenos Aires, La Vanguardia, 1949, p. 76.
6 López, Alfredo; Historia del movimiento social y la clase obrera argentina; Buenos Aires, A. Peña Lillo Edi­
tores, 1975, p. 117. Oddone; op. cit. p. 75.
7 El Obrero H° 3, 9/1/1891.
8 Citado en Godio, Julio; El movimiento obrero argentino (1870-1910)] Buenos Aires, Legasa, 1987.
jo. Dos años después, en agosto de 1897, una nueva FOA realizó un acto de protesta
contra el gobierno para exigir trabajo, donde se reunieron entre cuatro mil y cinco
mil personas y realizaron una marcha que fue disuelta por la policía; entonces,
se dirigieron al diario La Prensa, que impulsaba el traslado de los desocupados
al Chaco, y rompieron los vidrios del edificio9. Pero las historias del movimiento
obrero no registran la existencia de organizaciones de desocupados, ya sean transi­
torias o con cierta permanencia, ni relación entre la organización sindical y política
de los trabajadores ocupados y los desempleados.
El segundo momento en que se agudizó fuertemente la desocupación se co­
rresponde con la crisis capitalista mundial iniciada en 1929. Hasta ahora no se
había profundizado en la investigación de la relación entre el movimiento obrero
organizado y los desocupados, aunque las historias del movimiento obrero hacen
referencia a que el X Congreso de FORA realizado en 1928, cuando cierta recesión
económica comenzaba a hacerse sentir en Argentina, planteó el problema de la
desocupación y consideró que no debía hacerse oposición a la inmigración sino
informar a los que se proponían llegar sobre las condiciones reales del país10. Estas
historias también registran la reducción de sueldos aceptada por los ferroviarios
y el reparto de los días de trabajo adoptado por las organizaciones de Panaderos,
Marítimos, Gráficos, Ebanistas y Portuarios como medidas para enfrentar la des­
ocupación". Y hay también referencia a las políticas impulsadas por los socialis­
tas12. Pero no existía una descripción más exhaustiva y un análisis de la relación
y las políticas postuladas por los sindicatos y partidos que se reivindicaban de la
clase obrera para con los desocupados, ni de las acciones llevadas a cabo por estos
últimos. Ése es el tema del primer capítulo de este libro.
El crecimiento de la desocupación mucho más allá de cualquier límite hasta
entonces conocido, que se produjo en los últimos años del siglo XX y primeros del
actual, multiplicó los estudios sobre el fenómeno, pero no con relación al problema
abordado en esta investigación.

LOS PROBLEMAS PLA NTEADO S EN ESTA IN V ESTIG A C IÓ N


Ésta se inserta en el campo de problemas acerca de la organización de los
trabajadores y, tal como señalamos anteriormente, plantea conocer las formas que
toma en Argentina la vinculación entre dos partes de la clase obrera: los trabaja­
dores asalariados ocupados, organizados sindical y políticamente, y los desocupa­
dos, así como los obstáculos que dificultan o impiden la vinculación. Cabe aclarar

9 Marotta, Sebastián; El movimiento sindical argentino-, Buenos Aires, Ediciones Lacio, 1961, tomo I. Godio;
op. cit.
10 Marotta, Sebastián; El movimiento sindical argentino, Buenos Aires, Calomino, 1970, tomo III, p. 284.
11 Marotta; op cit\ tomo III, p. 318.
12 Panettieri, José; “ Paro forzoso y colocación obrera en Argentina en el marco de la crisis mundial (1929-
1934)"; La Plata, UNLP, Cuadernos del CISH N° 1,1996, pp. 17-18.
que en tanto nuestra puerta de entrada fue la personificación de una categoría eco­
nómica (“ los desocupados”) todo nuestro sistema de problemas estuvo planteado
en términos de sujetos (ocupados y desocupados) que pertenecen a una misma cla­
se social: los expropiados de sus condiciones materiales de existencia.
Para responder al problema general nos planteamos los siguientes interrogantes:
¿Cuáles son las condiciones que permiten que se establezcan relaciones entre las dos
partes de la clase obrera? Para ello debemos conocer la situación en que se encuentran
los grupos sociales fundamentales y sus distintas fracciones y capas; es decir, debe­
mos conocer el movimiento de la estructura económica de la sociedad, ámbito donde
los seres humanos producen y reproducen su vida material; es decir, debemos conocer
el desarrollo reciente de la relación de fuerzas objetiva. ¿Cómo es la situación en que se
encuentran las dos partes de la clase obrera involucradas en los hechos descriptos, en
la esfera de las relaciones de fuerzas políticas? ¿Qué metas se plantean? Esto requiere
conocer cuál es el desarrollo histórico reciente de las organizaciones sindicales y polí­
ticas, al menos de los sujetos involucrados en el proceso analizado. ¿Qué fracciones de
trabajadores ocupados se vinculan con los desocupados? ¿Cómo son esas relaciones y
por qué momentos diferentes van pasando? ¿Cuáles son las mediaciones?
La investigación se planteó responder estos interrogantes teniendo como di­
mensión general la lucha de los trabajadores y centrando la observación en los he­
chos realizados por ocupados y desocupados, en especial sus acciones callejeras.
Es con relación a esos hechos que tomamos en consideración las declaraciones de
las organizaciones y de sus dirigentes y también las condiciones objetivas en que
esas luchas se desarrollaron. Para ello circunscribimos los hechos que permiten
describir las características de la relación y los obstáculos en la vinculación entre
los ocupados organizados sindical y políticamente y los desocupados, a dos mo­
mentos que ofrecen las mejores condiciones para la observación de esa relación,
porque en esos momentos la desocupación se constituyó en Argentina como una
cuestión fundamental: los primeros años de la década de 1930 y los años de pasaje
del siglo XX al XXI, cuando alcanzó dimensiones nunca antes conocidas.
Para el primer momento a investigar (1930-1935) seleccionamos los dos pun­
tos en los que hay información registrada acerca de acciones de los desocupados y
donde el movimiento obrero organizado tenía mayor peso: Buenos Aires y Rosario.
Como resultado de investigaciones anteriores habíamos detectado la realización de
saqueos de negocios en Buenos Aires, en 1933, protagonizados por desocupados.
En esta investigación analizamos, además, otros hechos y las políticas llevadas
adelante por la CGT y otras organizaciones sindicales, así como por los socialistas,
anarquistas y comunistas.
Para el segundo momento (1994-2004) tomamos en consideración las orga­
nizaciones a nivel nacional, lo que incluyó tanto el análisis de los planteos dis­
cursivos de dirigentes de organizaciones sindicales de trabajadores ocupados y
de desocupados, como un breve análisis de los principales hechos ocurridos en
el lapso señalado. Con el objetivo de no limitar la observación al centro político
del país (la ciudad de Buenos Aires) sino extenderla a otros puntos, generalmente
poco analizados, seleccionamos, además, tres áreas: i) la provincia de Jujuy, en la
que la organización de los desocupados aparecía fuertemente vinculada, con una
relación de larga data con algunos sindicatos, y donde la dirección del movimien­
to de desocupados aparecía estrechamente vinculada a organizaciones sindicales
de trabajadores ocupados; 2) la provincia del Chaco, donde, según la información
proveniente de los diarios porteños de que disponíamos en el momento de iniciar
la investigación, existía una importante organización de los desocupados, aparen­
temente sin vinculación con las organizaciones sindicales, que tenían una escasa
presencia; 3) la zona norte de la provincia de Santa Cruz, donde había una organi­
zación de los desocupados en conflicto con las organizaciones sindicales. También
incluimos un trabajo sobre un sindicato específico de gran relevancia dentro de
la actividad industrial argentina y, consiguientemente, de peso en el movimiento
obrero y en las luchas políticas: el de los trabajadores mecánicos.
La información utilizada en la investigación fue recogida de fuentes periodís­
ticas comerciales -tanto nacionales (porteñas) como locales-, sindicales y parti­
darias, documentos del movimiento obrero y de organizaciones de desocupados, y
entrevistas a informantes clave, principalmente dirigentes de organizaciones sin­
dicales y de desocupados. Para la década de 1930 se consultaron también archivos
históricos y policiales. Hemos podido verificar que los diarios de Buenos Aires tien­
den a subregistrar los hechos ocurridos en el interior del país; es por eso que para
los casos analizados hemos utilizado principalmente fuentes periodísticas locales
y entrevistas a informantes clave y dirigentes sindicales y de organizaciones de
desocupados.
Utilizamos también la Base de Datos del Programa de Investigación sobre el
Movimiento de la Sociedad Argentina (PIMSA), donde están registrados en forma
estandarizada y sistemática todos los hechos de rebelión publicados en los princi­
pales diarios comerciales de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La base permite
una aproximación cuantitativa a la relación entre trabajadores desocupados y el
movimiento obrero organizado sindicalmente, que no es desdeñable, en la medida
en que todo rasgo cualitativo implica algún grado de acumulación cuantitativa.
Pero, desde nuestra perspectiva, no se trata simplemente de medir cuantitativa­
mente más o menos movilización en número de hechos o fracciones sociales que
abarca, como parecería ser la concepción de ciclo de “protesta” (contention) en Sid-
ney Tarrow y Charles Tilly13, sino de medir su calidad, con relación a una escala^.
La investigación fue realizada por un equipo conformado por Nicolás Iñigo
Carrera, María Celia Cotarelo, Fabián Fernández y Davisson de Souza, investigado­

13 Tarrow, Sidney; Powerin movemenV, Cambridge, Cambridge University Press, 1998, p. 142. Tilly, Charles;
Las revoluciones europeas 1492-1992; Barcelona, Crítica de Grijalbo, 1995, p. 10.
14 Iñigo Carrera, Nicolás; “ Instrumentos para el análisis de la luchas populares en la llamada historia reciente” ;
en Margarita López Maya, Nicolás Iñigo Carrera y Pilar Calveiro (editores); Luchas contrahegemónicasy cambios
políticos recientes de América Latina; Buenos Aires, CLACSO, 2008, pp. 84-88.
res que forman parte del PIMSA, desde donde se coordinó el trabajo; Elida I. Luque
y Susana Martínez, del Grupo Contraviento y la Unidad Académica Río Gallegos de
la Universidad Nacional de la Patagonia Austral, y Elizabeth Gómez, de la Facultad
de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Jujuy. Agustín
Santella, entonces becario de Conicet con asiento en el Instituto Gino Germani de
la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, participó de las
reuniones generales y en la discusión de resultados de la investigación. Roberto
Tarditi, investigador del PIMSA, colaboró recogiendo la información sobre el siglo
XIX. Las líneas generales de la investigación fueron coordinadas en dos reuniones
generales y, a medida que fueron produciéndose resultados, los trabajos fueron leí­
dos, analizados y discutidos en reuniones entre investigadores del equipo, a los
que se sumó Ricardo Donaire, investigador del PIMSA.
La investigación se realizó entre los años 2006 y 2009, y fue parcialmente
subsidiada por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (PIP
N° 5761).
En este libro presentamos los resultados de. la investigación referidos a los
estudios de caso: la situación en la primera mitad de la década de 1930; y en la
década 1994-2004 en Jujuy, Chaco y la zona norte de Santa Cruz, y el trabajo sobre
SMATA. En un próximo libro publicaremos el planteo desarrollado de los proble­
mas expuestos más arriba y de los nuevos problemas que surgieron en el transcur­
so de la investigación, una descripción y análisis de los hechos y discursos de las
organizaciones de trabajadores ocupados y de trabajadores desocupados a nivel
nacional15, y algunos de los resultados generales.
Nicolás Iñigo Carrera y Fabián Fernández investigaron El movimiento obrero
y los desocupados en la primera mitad de la década de 1930. La organización y mo­
vilización de los desocupados en los años 30 permaneció hasta ahora ignorada; las
pocas investigaciones realizadas sobre la desocupación trataron sobre las políticas
gubernamentales, sin considerar las acciones y propuestas del movimiento obrero
organizado sindical y políticamente, ni las acciones de los desocupados. En este
capítulo se describen las condiciones de vida de los desocupados, para luego to­
mar en consideración las políticas planteadas desde las organizaciones sindicales
y políticas del movimiento obrero en relación a su situación, y sus formas de re­
belión y organización. Todas las organizaciones sindicales y políticas atribuyeron
la desocupación al carácter capitalista de la sociedad y coincidieron en la necesi­
dad de implantar otro régimen social, pero en lo inmediato todas reclamaron, con
distintos énfasis, subsidios para los desocupados. La CGT y el Partido Socialista
propusieron políticas que involucraban en primer lugar a los trabajadores ocupa­
dos (disminución de la semana laboral, distribución del ingreso y realización de

15 Davisson C. C. de Souza; El sindicalismo argentino frente al desempleo y a los desocupados; las posiciones
de la CGT, la CTA, el MTA y el MOP entre 1995 y 2002; Davisson C. C. de Souza y Fabián L. Fernández; El
desempleo en la Argentina actual: representaciones de los cuadros diligentes de las organizaciones sindicales y
de desocupados; Nicolás Iñigo Carrera, Ocupados y desocupados en los hechos de rebelión (1996-2004).
obras públicas o privadas); la CGT, además, planteó la sustitución de importacio­
nes, participación sindical en reparticiones públicas de control de las condiciones
de producción y rentabilidad de las empresas para imponer la semana de 40 horas,
y enfatizó el control de las condiciones en que se empleaba a los desocupados para
evitar la competencia con los ocupados; los socialistas propusieron leyes que bene­
ficiaran a los obreros, incluyendo a los desocupados, e impulsaron la realización de
los censos de desocupados y la formación de una Junta sobre el tema. Pero ni la CGT
ni el PS se propusieron organizar a los desocupados, como sí lo hicieron las agrupa­
ciones que hendían a llevar los enfrentamientos por fuera del sistema institucional:
anarquistas y comunistas reivindicaron la lucha de los desocupados por fuera de
las mediaciones político-institucionales (manifestaciones callejeras y saqueos a
comercios), mientras que la CGT y los socialistas priorizaron la confrontación den­
tro del sistema institucional y la negociación con el gobierno, las organizaciones
económico-corporativas de los empresarios y las empresas.
El segundo capítulo, La protesta sindical de la superpoblación relativa: Chaco,
1994-2004, a cargo de Nicolás Iñigo Carrera y María Celia Cotarelo, contiene un
análisis del movimiento de la estructura económica de la sociedad chaqueña que
muestra el crecimiento de las distintas manifestaciones de la superpoblación relati­
va (desocupación abierta, masa de población subsidiada y parte del empleo estatal)
y de los grupos ocupacionales más próximos a ella (docentes). Los cambios en la
actividad productiva produjeron una fuerte migración del campo a la ciudad, que
fue la fuente principal de la superpoblación relativa. Produjeron también un creci­
miento en el número de los asalariados estatales, con el consiguiente aumento del
peso relativo de sus organizaciones sindicales; a la vez, los asalariados estatales,
incluyendo a los docentes, devinieron en casi exclusivos protagonistas asalariados
de la protesta sindical. Por su parte, las organizaciones de desocupados brotaron
principalmente del movimiento obrero organizado y sobre todo desde la organiza­
ción de los trabajadores de la construcción. La descripción muestra que existió una
relación variable en la movilización de trabajadores ocupados y desocupados, que
se manifestaron contra las políticas de “ajuste” del gobierno, en un contexto de
movilización social generalizada. Hubo momentos de acciones conjuntas, otros de
aislamiento de los desocupados, otros de distanciamiento entre ambos y momen­
tos en que se movilizaron simultáneamente pero en territorios diferentes, lo que
permitió periodizar la relación; pero los hechos realizados en conjunto fueron una
pequeña proporción del total de hechos relevados. Y aun en aquellos hechos en que
se manifestaron juntos, lo hicieron, en primer lugar, cada uno por su interés econó­
mico inmediato. Tanto unos como otros manifestaron una concepción “sindical” de
su organización y sus reivindicaciones.
El caso de Jujuy fue investigado por Nicolás Iñigo Carrera y Elizabeth Gómez
(Las organizaciones político-sindicales de los asalariados estatales organizan la lu­
cha de los desocupados). Allí, después de un incremento del proletariado inserto en
empresas capitalistas, tanto en la producción agrícola como en los centros fabriles,
siguió una retracción de algunas de esas actividades, la centralización y concentra­
ción del capital en otras y, fundamentalmente, la repulsión de población en todas,
aun en aquellas que continuaban expandiéndose. Esa población sobrante para las
necesidades del capital, cuya organización surgió directamente de dos organiza­
ciones sindicales (el Sindicato de Empleados y Obreros Municipales y la Asociación
de Trabajadores del Estado), fue protagonista de los principales enfrentamientos
sociales en la provincia. La vinculación entre los desocupados y el movimiento sin­
dical fue analizada en tres momentos: su inicio en la Marcha de la Dignidad; los
cortes de ruta de 1997, cuando toman forma las organizaciones de desocupados, y
los cortes de 2001, cuando estas organizaciones tienen un crecimiento cuantitativo
que deviene cualitativo y comienzan a administrar subsidios y planes oficiales.
A pesar de que tanto en Jujuy como en Chaco pueden constatarse los resul­
tados del proceso de desarrollo capitalista predominantemente en profundidad
(centralización y concentración de la propiedad y la riqueza) -con el consiguiente
corrimiento en la centralidad de ramas productivas, cierre de empresas y paupe­
rización y proletarización de masas de población-, así como los resultados en la
esfera de las relaciones políticas de una política contrainsurgente que destruyó re­
laciones sociales del campo popular, la relación entre el movimiento sindical y los
desocupados muestra claras diferencias en una y otra provincia. Es más estrecha
y sólida en Jujuy que en Chaco. No en vano corresponden a estructuras económico
sociales diferentes: en lujuy hay una mayor extensión y antigüedad de las relacio­
nes capitalistas, incluso en el campo, y un peso de la industria más significativo.
También puede observarse una mayor vinculación del movimiento sindical local
con centrales sindicales o corrientes político sindicales nacionales.
Tanto de la investigación en Jujuy como en Chaco surgió que la superpobla­
ción relativa movilizada y organizada excede a “los desocupados” para abarcar, en
determinadas situaciones, a otros pobres del campo y la ciudad, como los pobla­
dores de asentamientos en tierras ocupadas y los indígenas, e incluyendo también
a grupos provenientes de aquello que Engels definió como la forma más incivil e
ineficiente de rebelión: el delito.
También, en ambos casos, se observó que, cuando la contradicción se resol­
vió por la unidad en la acción de ambas partes de la clase obrera, ello ocurrió prin­
cipalmente con la fracción de trabajadores ocupados insertos en el aparato estatal.
Se presenta así un nuevo problema a dilucidar: si una parte de los asalariados esta­
tales son población sobrante para el capital bajo la modalidad latente de las formas
crónicas de la superpoblación relativa, cabe preguntarse en qué medida la unidad
en la acción que se observa en algunos hechos remite al conjunto de la clase obrera
o, como parece ser el caso en Chaco, sólo a la superpoblación relativa bajo diversas
modalidades.
El cuarto capítulo, Los trabajadores de la zona norte de Santa Cruz frente a
la emergencia del movimiento de los desocupados, del que son autoras Elida Lu-
que y Susana Martínez, muestra una situación bien diferente. La privatización de
empresas como YPF y Gas del Estado transformó la estructura económica de la so­
ciedad dando lugar a una nueva articulación entre el capitalismo de estado y el
capitalismo de empresa privada, con hegemonía del capital financiero, y generó
un incremento de la desocupación abierta desconocido en la región. Pero, a dife­
rencia de Jujuy y Chaco, prevalece como forma constante de la población sobrante
la modalidad denominada flotante o fluctuante, propia de la actividad industrial.
Y la vinculación de los trabajadores desocupados, en un primer momento princi­
palmente petroleros y después de otras ramas de actividad, con los trabajadores
organizados sindicalmente no se produce con los insertos en el aparato estatal sino
en las empresas privadas de capital muy concentrado. El trabajo presenta una pe-
riodización de esa relación, desde un inicial apoyo sindical a una confrontación
entre sindicatos y desocupados.
El quinto capítulo y último, Acción sindical frente a la desocupación en el sec­
tor automotriz argentino, 1998-2003, realizado por Agustín Santella, es distinto a
los presentados en los otros en varios sentidos. En primer lugar aborda un aspecto
diferente de la temática de la relación entre la organización sindical y la desocupa­
ción, como son las políticas que se dan esas organizaciones frente a los despidos
de trabajadores, de manera que se centra en los despedidos más que en los deso­
cupados. A la vez, la cuestión está planteada observando un sindicato específico
(SMATA), de una actividad productiva de fundamental importancia en Argentina,
y en un nivel diferente: no en el de la sociedad, sino el del lugar de trabajo, y por lo
tanto toma relevancia allí no sólo el sindicato sino la comisión interna de fábrica,
por lo que incursiona en la relación entre bases obreras y dirigentes sindicales.
C a p ítu lo i

El m o v i m i e n t o o b r e r o y los
d e s o c u p a d o s en la p r i m e r a mi t a d de la
década de 1 9 3 0
Nicolás Iñigo Correrá
Fobién Fernández

En su intervención ante la Cámara de Diputados de la Nación, el 9 de agosto


de 1933, presentando el proyecto de creación de una “Junta Nacional de Desocupa­
ción” firmado por los diputados socialistas Adolfo y Enrique Dickmann, Nicolás
Repetto, Américo Ghioldi, Rómulo Bogliolo, Alejandro Castiñeiras, José Luis Pena,
Miguel Briuolo y Jacinto Oddone, el diputado de ese partido y dirigente de la Unión
de Obreros y Empleados Municipales Francisco Pérez Leirós hizo referencia a “al­
gunas manifestaciones en demanda de pan y abrigo” realizadas por desocupados.
Aunque “no faltaron quienes motejaron de extremistas a los que en tal forma lla­
maban la atención pública”, Pérez Leirós rechazó que se hicieran “por impulsos
ideológicos” y dijo que fueron determinadas “por el hambre”1. Por su parte, en su
libro La mendicidad en Buenos Aires2, el comisario Juan Alejandro Re dio cuenta de
lo que denominó cuatro “hechos vandálicos” protagonizados por desocupados del
campamento “Villa Esperanza”3, entre octubre de 1933 y enero de 1934: saqueos y

1 Cámara de Diputados; Diario de Sesiones, 1933, tomo II, p. 932.


2 Re, Juan Alejandro; El problema de la mendicidad en Buenos Aires] Buenos Aires, Biblioteca Policial, 1937;
capítulo II. Juan Re fue subcomisario en la comisaría 23a, en cuya jurisdicción estaba Villa Desocupación, en la
primera mitad de la década de 1930.
3 El comisario Re nombra al asentamiento de desocupados con su denominación "oficial”: Villa Esperanza.
En el movimiento popular era más conocida como Villa Desocupación.
destrozos de comercios y ataques a agentes de policía. Como se verá más adelante,
no fueron éstos los únicos hechos de protesta protagonizados por desocupados.
Sin embargo, la movilización de los desocupados con anterioridad a la dé­
cada de 1990 no ha sido objeto de la investigación histórica. Los pocos trabajos
realizados sobre la desocupación se circunscribieron al análisis de las políticas im-
plementadas desde el gobierno, en particular el de Agustín P. Justo. Estas políticas
han sido estudiadas por José Panettieri, Alicia García y Noemí Girbal-Blacha4. Este
capítulo, por el contrario, avanza en la investigación de las políticas planteadas
desde el movimiento obrero organizado sindical y políticamente, y las acciones rea­
lizadas por los mismos desocupados5.
Recordemos que el crecimiento de la desocupación que acompañó las crisis
de 1873-1876, 1889-1891, 1901-1903 y 1913-1914 dio lugar a declaraciones y, al me­
nos en 1890, a manifestaciones callejeras de las organizaciones obreras6. Aquí nos
vamos a circunscribir a la organización y movilización de los desocupados en los
primeros años de la década de 1930.

LA DESOCUPACIÓN EN LOS 3 0
Las primeras manifestaciones del proceso económico que desembocó en la
crisis capitalista mundial que se desarrolló a partir de 1929 comenzaron a sentir­
se en Argentina un año antes7. Sin embargo todavía en 1930 los datos disponibles
acercade la población ocupada, aunque limitados a la “ gran industria de la Capital
Federal”, mostraban un leve incremento; la caída de la ocupación se produjo en.
1931 y llegó a su punto más bajo en 19328.
Las cifras de desocupados, aunque como veremos más adelante discutibles,
sólo existen a partir de los cuatro censos realizados en 1932, 1935 (primer y segundo
semestre) y 19369. Existen también estimaciones policiales y de organizaciones po­
líticas acerca de los asentamientos de desocupados más importantes. El primero de

4 Panettieri, José; El paro forzoso en la Argentina agroexportadora; Buenos Aires, CEAL, 1988. Panettieri,
José; Paro forzoso y colocación obrera en Argentina en el marco de la crisis mundial (1929-1934); La Plata,
Cuadernos del CISH N° 1, primer semestre de 1996. García, Alicia; "Crisis y desocupación en los años ‘30” ;
en revista Todo es Historia N° 154, marzo .1980. Girbal-Blacha, Noemí; "La Junta Nacional para Combatir la
Desocupación. Tradición y modernización socioeconómica en la Argentina de los años treinta"; en Estudios del
TrabajoU0 25, enero-junio 2003.
5 Una versión resumida de este trabajo, titulada "El movimiento obrero ante la organización y formas de
rebelión de los desocupados: 1930-1935” fue publicada en el N° 31/32 de la revista Ciclos en la historia, la
economía y la sociedad (Año XVII, Volumen XVI, Buenos Aires, 2007).
6 Marotta, Sebastián; El movimiento sindical argentino; Buenos Aires, Lacio, 1960.
7 Arturo O’Connell; “ La Argentina en la Depresión: los problemas de una economía abierta” ; en Desarrollo
Económico N° 92, volumen 23, enero-marzo de 1984; pp. 487 y 490.
8 Departamento Nacional del Trabajo; Investigaciones Sociales; Buenos Aires, 1940. E! índice de ocupación
no refleja el movimiento de la desocupación abierta y menos aun de la encubierta.
9 Panettieri, José; Paro forzoso y colocación obrera en Argentina en el marco déla crisis mundial (1929-1934),
La Plata, Cuadernos del CISH N° 1, primer semestre de 1996.
esos censos, realizado por el Departamento Nacional del Trabajo (DNT)10, contabili­
zó 333-997 desocupados en todo el país, de los cuales el 94,50% eran varones, dis­
tribuidos en “totales y permanentes”: 148,805 (44,60%); “ totales y circunstanciales”:
115.030 (34,41%); “parciales”: 35.614 (10,65%), y “periódicos o de temporada”: 34-548
(10,34%). La mayor cantidad de desocupados se encontraba en la provincia de Buenos
Aires (26,60%), Capital Federal (26,15%), Santa Fe (13,29%), Córdoba (8,75%), Entre
Ríos (6,05%) y Mendoza (3,21%), las jurisdicciones con mayor población11. Entre los Te­
rritorios Nacionales, La Pampa (1,77%) era el que tenía mayor número de desocupados.
Estas cifras fueron cuestionadas por los diputados socialistas. Pérez Leirós
negó que expresaran la verdad porque, dijo,
“ me consta que existen cuadras enteras de la ciudad en las que no han
pasado los encargados del censo; 20) estoy informado de que muchos
desocupados han visto con prevención la tarea censal y han eludido ser
censados12; 30) porque millares de semidesocupados no figuran como
tales; 4o) puedo probar que las cifras que se dan para la Capital, sobre
desocupación en ciertas ramas de la industria y el comercio, están muy
por debajo de la realidad”13.

Pérez Leirós presentó datos sobre ventas en grandes almacenes y tiendas,


quebrantos comerciales, volumen de las cargas ferroviarias, la declinación de la
construcción, disminución de los depósitos en cajas de ahorros a plazo fijo, el au­
mento de los delitos, el decrecimiento de la natalidad y nupcialidad y el descenso
en la corriente inmigratoria. Pero, a pesar de que cuestionó las cifras del censo para
la Capital, elaboró un porcentaje (18,76%) de población desocupada que surgió de
comparar esas cifras con la “población trabajadora” registrada en agosto de 1930
por el DNT, proyectada a todo el país. Los socialistas también estimaron el núme­

10 El censo se levantó en agosto de 1932. La “Circular Informativa” y el formulario se entregaron a'“(...) los presuntos
desocupados o, según los casos, a los dueños, inquilinos principales, gerentes de establecimientos, encargados o
cualquier otra persona, a cuyo cargo o bajo cuya vigilancia se encontraran ios locales'1(casas, habitaciones,-fábricas
o locales). En la Capital Federal, el censo lo hizo la policía: primero se entregaron circulares para estimar el número
de fichas necesario y después, con la información estimativa recogida, los agentes de policía repartieron fichas a los
desocupados detectados. En las provincias y territorios la Dirección General de Correos y Telégrafos entregó 2 millones
de circulares y un millón de fichas censales; el censo fue hecho por jefes de oficinas y estafetas postales, intendentes
municipales, jueces de paz y las policías locales; cooperaron "comisiones vecinales del censo” integradas por las Co­
misiones de fomento. (Departamento Nacional del Trabajo; La desocupación en Argentina 1932, Buenos Aires, 1933).
11 Entre las localidades bonaerenses con mayor número de desocupados estaban La Plata, Avellaneda, Va­
lentín Alsina, Villa Dominico, Dock Sud, Lanús, Qullmes, Campana, Coronel Suárez, Mar del Plata, Pergamino,
Junín, Tres Arroyos, Uriburu (Zárate) y Tandil. En Santa Fe se destacaban Rosario (14.557 desocupados), Santa
Fe, Rafaela y Rufino. En Córdoba, la capital y Río Cuarto. En Mendoza, Godoy Cruz y la capital.
12 Respecto de la "prevención" de los desocupados hacia el censo, sin embargo, el periódico anarquista La
Protesta denunció que “Ahora, levantado y censado y compulsada la nacionalidad de cada uno de ellos se les va
a embarcar a sus respectivos países de origen. (...) Lamentamos que los desocupados hayan hecho caso de las
cantinelas reformistas (...)” {La Protesta, 29/11/32).
13 Cámara de Diputados; Diario de Sesiones, 1933, tomo II, p. 932.
ro de desocupados en 500.00014. También La Protesta cuestionó las cifras oficiales
cuando tituló “ Más de seiscientos mil obreros sin trabajo. Una tragedia de hambre
y desesperación a que es preciso poner pronto remedio”15.
Estos cuestionamientos no eran absurdos: por ejemplo, en Bahía Blanca se
formó una “ Comisión Ejecutiva Pro Trabajo a los Desocupados”, que realizó un
censo propio en 1933, y registró 2.087 desocupados16, mientras que el censo oficial
había relevado el año anterior, de máxima desocupación, 1.727.
Los siguientes censos fueron realizados por la Junta Nacional para Combatir
la Desocupación (JNPCD). El segundo, en febrero de 1935 (período de máxima ocu­
pación), relevó 89.656 desocupados. El tercero, en agosto del mismo año (período
de mínima ocupación), contó 63.587. El cuarto censo se realizó en febrero de 1936 y
encontró 44.771 desocupados17.
En 1934 se consideraba que la crisis económica en Argentina había sido supe­
rada y los desocupados “reabsorbidos”18. En ese año se superó el nivel de ocupación
de 1929, y en 1939 se alcanzó “casi un 34% m ás” de obreros y empleados ocupados
en “los grandes establecimientos industriales”19. Sin embargo, y como consecuen­
cia de la guerra europea, en septiembre de 1940 el DNT contabilizó 180.700 desocu­
pados20.

L A S P O L ÍT I CA S D E S DE E L G O B I E RN O
La política del gobierno del presidente Justo partió de “ la convicción de que
las únicas soluciones viables y fecundas para un problema de semejante magnitud
son las que se hallan en la conservación de los brazos inmovilizados por las conse­
cuencias de la depresión económica”21.
En marzo de 1932 el Poder Ejecutivo había creado por decreto la Comisión de
Asistencia Social a los Desocupados, que comenzó repartiendo comida frente al Hotel
de Inmigrantes. Esa comisión tuvo a su cargo el Albergue Oficial, creado en el mismo
mes, ubicado en la Dársena C Galpón 5 de Puerto Nuevo, y que comenzó a funcionar
al mes siguiente, con el equipamiento trasladado desde un “dormitorio precario para

14 “La forma apresurada en que se levantó ese censo y otras deficiencias derivadas de la falta de una orga­
nización estadística eficaz, da lugar a dudas sobre la exactitud de esa cifra. La cantidad de gente sin trabajo
más o menos permanente es, en nuestro país, mayor. Puede calcularse en unas 500 mil personas" (Partido
Socialista; Sin pan y sin trabajo. El Partido Socialista y la lucha contra la desocupación-, Buenos Aires, 1934).
15 La Protesta, 4/2/1932.
16 La Vanguardia, 30/10/1933.
17 Figuerola, José; "Resumen de las condiciones sociales y económicas de laclase obrera argentina"; en Depar­
tamento Nacional del Trabajo, Boletín Informativo, Época VII, N° 220-221-222, Buenos Aires, 1939, p. 5.319. Los
momentos de "máxima” y “mínima" desocupación corresponden a la época del año en que se realizó el censo.
18 Departamento Nacional del Trabajo; Investigaciones sociales, Buenos Aires, 1940.
19 Departamento Nacional del Trabajo; Investigaciones sociales, Buenos Aires, 1940.
20 Departamento Nacional del Trabajo; La desocupación en Argentina. 1940-, capítulo 1.
21 Junta Nacional para Combatir la Desocupación; Memoria elevada al Ministerio del Interior, Buenos Aires,
1936; citada en Girbal-Blacha, Noemí; p. 30 [Subrayado nuestro].
indigentes” ubicado en el Parque Japonés. Tenía 2.332 camas22 y daba de comer “a
muchos más desocupados”23. Según el Ministerio del Interior “ (...) se alojan desde
hace un año 2.000 obreros sin trabajo, cuidadosamente fichados y controlados (...)”2¿l.
El censo de 1932 daba un total de 3.998 desocupados en Puerto Nuevo.
En diciembre de 1933 el gobierno nacional, ante la demora del Congreso en
aprobar un proyecto socialista para la creación de un organismo específico, insti­
tuyó la Junta Nacional para la Desocupación, formada por diez miembros: cuatro
nombrados por el PE, cinco por distintas organizaciones empresarias o de benefi­
cencia, y uno por la CGT. En el artículo 6o el decreto fijaba que
“el Departamento Nacional del Trabajo y la Policía de la capital tendrán
la intervención establecida por las leyes y decretos en lo relativo a la colo­
cación de los desocupados y traslado a sus respectivos países de aquellos
extranjeros que quieran hacerlo o que no reúnan las condiciones constitu­
cionales y legales para ser incorporados como habitantes sin menoscabo
de las funciones de la Junta, especialmente las facultades de ésta para
organizar el alojamiento, alimentación y asistencia de los desocupados”25.

22 Catres entregados por el Ministerio de Guerra (Siewers, Enrique; "El -paro en Argentina"; CGTh¡° 75,
20/9/35, p. 3). El Dr. Siewers era funcionario de la Organización Internacional del Trabajo.
23 Según la información oficial, los alojados debían obedecer un reglamento interno; tenía servicio médico,
desinfección de personas y equipajes; los dormitorios se dividían en secciones a cargo de un celador; contaba
con carnicería, verdulería, depósito de víveres (donados por ei Mercado de Abasto, la Unión de Abastecedores
y las ferias francas), enfermería y peluquería atendida por desocupados y gratuita; estaba a cargo de "personal
adscripto a los Ministerios de Agricultura, Guerra y Marina, que envían empleados y suboficiales con ese fin";
había una escuela-taller y una “pequeña chacra dedicada a la producción de hortalizas para el consumo del
propio albergue y el suministro a algunos hospitales de la ciudad” (Girbal-Blacha, Noemí; op. cit., pp. 29-31).
Para la JNPCD, había que “darles aptitudes profesionales” y hacer trabajar a los desocupados en talleres,
aprovechando “la experiencia de los trabajadores sociales del Ejército de Salvación, que ha establecido dos
Hogares industriales: uno, en Buenos Aires, y otro, en Rosario (...). En el Hogar de Buenos Aires se da casa y
comida, en perfectas condiciones de higiene, a unos 100 desocupados, llegados, las más de las veces,-en un
estado de completa desmoralización. El Hogar se mantiene con su propio trabajo. Toda clase de objetos usados,
recogidos cada día por camiones del Hogar, se renuevan y se venden en una tienda aneja, a precios al alcance de
la población. La parte más importante del trabajo la constituye (...) la clasificación y el prensado de papel viejo,
que algunas grandes casas de comercio ceden al Hogar, y que éste vende luego a las fábricas". También existió
una “comisión privada de asistencia social” formada con el auspicio del Museo Social Argentino, que colaboró
con la JNPCD, emitió estampillas pro desocupados y con donaciones particulares “ha podido organizar trabajos
de nivelación y de saneamiento en la zona de un segundo campamento de desocupados que existe cerca de
la ciudad de Buenos Aires, así como la construcción de 10 pequeños galpones destinados a reemplazar las
casuchas. Los hombres alojados en estos galpones son ocupados en parte de una manera regular, y perciben, a
más del alojamiento y de la comida, una retribución en especies de un peso por día. Algunos de entre ellos, que
han encontrado una ocupación suplementaria en la ciudad, son ocupados por la comisión dos días por semana,
en que se les suministra la comida. En fin, los desocupados que continúan viviendo en sus casuchas han sido
obligados a trabajar un día por semana, en que se les da la comida" (Siewers; op. cit.).
24 AGN - Fondo Justo; Caja 45; Ministerio del Interior, Documento N° 152, fjs. 407.
25 Boletín CGTN° 24, 25/12/1933, p. 2.
La CGT reclamó inmediatamente mayor representación en la Junta, “igual a la
concedida a los patrones” y a la “gubernativa” ; es decir, una integración tripartita
igualitaria de obreros, patrones y gobierno26.
Finalmente, en agosto de 1934 el parlamento aprobó la ley 11896, que creaba la
Junta Nacional Para Combatir la Desocupación (JNPCD); el PE nombraba a todos los
miembros y se mantenía el peso de la representación oficial y de la CGT, aumentaba la
empresaria y disminuía la de las organizaciones de beneficencia; mantenía las atribu­
ciones del decreto de 1933, pero excluía a la policía, e incluía a los gobiernos municipa­
les27. Entre estos últimos hubo algunos (por ejemplo, en Tres Arroyos, Rosario, Bahía
Blanca, Resistencia) que tomaron medidas para asistir a los desocupados. En 1935 las
provincias de Buenos Aires y de Mendoza crearon “ Comisiones de Desocupación” para
colaborar con la JNPCD. La Junta, además de administrar el Albergue de Puerto Nuevo,
se encargó de mandar desocupados a donde fuera necesaria su fuerza de trabajo2S. Ade­
más, los legisladores de los partidos de gobierno (Concordancia) presentaron proyectos
propios o apoyaron proyectos socialistas que fomentaban la producción y exportación.
La CGT denunció que la única política que en la práctica se daba era permitir
que los desocupados acamparan en Puerto Nuevo y a lo largo de las vías férreas29.
Sin embargo, constituida la JNPCD, se desalojaron los campamentos de desocu­
pados obligando a éstos a concentrarse en el Albergue o dispersarse. Las “cons­
trucciones precarias son demolidas y se monta ‘una severa vigilancia para evitar
que se vuelva a formar un campamento semejante’”30. La misma JNPCD entendía,
refiriéndose a Villa Desocupación,
“que la primera demostración de su eficacia ostensible ante el país será dar
trabajo o ubicar fuera de dicha zona a los que actualmente viven formando
una agrupación humana que es una afrenta a la cultura y al progreso de la
primera ciudad de Sud América, razón por la que debe destruirse todo refu­
gio, carpa o construcción precaria existente, a medida que quede deshabita­
da, suprimiendo para siempre ese hacinamiento de individuos sin trabajo”31.

Los anarquistas, por su parte, denunciaron el control policial y la erradica­


ción (incendio mediante) de los asentamientos, campamentos o “rancheríos” de
desocupados:
“La realidad habla más alto y más fuerte que los pomposos e impresio­
nantes planes destinados a combatir la desocupación (...) En el fondo de
la bárbara quematina está oculta la intención de arrojar de Buenos Aires

26 Boletín CGTN° 25, 25/1/1934; La Vanguardia, 26/1 /1934.


27 Senado de la Nación; Leyes Nacionales, Año 1934, pp. 59-61.
28 Esta función la cumplía todavía en 1939 y 1940, cuando envió contingentes de braceros desde Capital
Federal y desde Salta a la cosecha de algodón en Chaco y gestionó pasajes para hacheros en el mismo territorio
(Archivo Histórico del Chaco; Caja "Asuntos Laborales" Legajo N° 1).
29 Boletín CGT, N° 18, 25/7/1933, p. 1.
30 Girbal-Biacha, Noemi; op. cit., p. 28.
31 CGTH0 34, 7/12/1934, p. 2.
ese excedente de obreros sin hogar y sin recursos. Así se les empuja hacia
la desesperación. Si se rebelan el Estado tiene plomo en abundancia. Si
acicateados por la necesidad tomaran de donde hay para vivir, entrará
en función nuestro Código Penal. Porque el desocupado es en la sociedad
del privilegio, un ser de más en la vida”33.

L OS “ R A N C H E R Í O S ” 0 “ C A M P A M E N T O S ”
El crecimiento de la desocupación se hizo visible en las principales ciudades,
en las “ (•■•) zonas portuarias, en las cuales se han estacionado grupos más o me­
nos importantes de desocupados, Buenos Aires, Rosario, Mar del Plata, San Nico­
lás (...)”33. En Rosario y sus alrededores, por ejemplo, donde hay un “ (...) constante
arribo de desocupados que bajan desde las provincias pobres como Santiago del
Estero, Córdoba, Corrientes (...)”34, “centenares de hombres sin trabajo” dormían a
los costados de las vías del ferrocarril, improvisaban carpas con lonas y recorrían
la vecindad, solicitando alimentos35. Pero, además de los campamentos “ urbanos”
había otros “ más numerosos aun, que se encuentran diseminados por la campiña,
forman un contingente evaluado en varias decenas de miles de personas”36.
El más conocido de los asentamientos urbanos fue el de la costanera de Bue­
nos Aires, entre las calles Canning y Sarmiento, pero no fue el único en esta ciudad
y sus alrededores. Hay referencias a campamentos en La Plata37, Isla Maciel38, en
Miguelete (partido de San Martín)39, Villa Pueyrredón (Capital Federal)40 y Resis­
tencia (Chaco)4'.

32 La Protesta, 29/4/1932.
33 Acuerdos de la JNPCD, citado en CGTN° 32, 23/11/1934, pp. 2 y 3.
34 La Protesta, 2/2/1930.
35 La Capital, 30/10/1932.
36 Siewers, op. cít
37 La Vanguardia, 16/4/1935.
38 "Y por donde se mira, en torno de estas veinte grúas (...) en los carriles, las ruedas parecen petrificadas
sobre sus ejes; bajo las bóvedas de sus cuerpos piramidales han construido refugios los desocupados y los vagos,
y secándose al sol, colgadas de sogas, se mueven las ropas recientemente lavadas” (Arlt, Roberto; Aguafuertes
Porteñas; Buenos Aires, Losada, 2004, p. 35).
39 Los campamentos de Miguelete fueron desalojados al menos en dos oportunidades. La primera en 1933 (La
Internacional, 5/10/1933). Y en enero de 1936, probablemente como represalia porque allí vivía Santiago Beckner,
quien mató a dos policías durante la huelga general de enero de ese año: un centenar de policías de Orden Social
y la seccional 39 "hacen irrupción en el campamento que una cincuentena de desocupados han levantado con
trozos de latas y trapos viejos, en un extenso baldío en Miguelete (...). A sablazos y culatazos fueron obligados a
abandonar sus ‘viviendas’ (...) mientras los policías les prendían fuego" (Acción Libertaria, N° 17, 23/1/1936). La
sección Orden Social de la Policía de la Capital, creada en 1910, durante la jefatura del entonces coronel Luis J.
Delleplane, en la década de 1930 formaba parte de la División Investigaciones y era “la encargada de todo lo con­
cerniente al movimiento obrero en sus conflictos con el capital”. Vigilaba "con especialidad la actividad anárquica y
sectaria", llevaba la estadística de huelgas y conflictos y registro de las “agrupaciones gremiales o anarquistas" y
de los "agitadores", y controlaba las reuniones públicas y conferencias (Cortés Conde, Ramón; Historia de la Policía
de la Ciudad de Buenos Aires, Buenos Aires, Biblioteca Policial, 1936, tomo II, p. 398).
40 La Internacional, 5/10/1933.
41 En Resistencia, “Habitan, chozas semi derruidas del llamado 'barrio de las ranas’. Son más de 2.000
El primer “rancherío” se instaló sobre las vías del FC al Pacífico, en la zona de
Puerto Nuevo:
“Sobre una extensión de muchas cuadras se alzaban (...) una gran canti­
dad de refugios toscamente construidos con toda clase de materiales in­
servibles recogidos; albergues de mendigos, que no bastaban a proteger
contra las inclemencias del tiempo a sus moradores. (...) rudimentarias
construcciones hechas con retazos de chapas, con latas, con trozos de
madera, en parte cubiertas con trapos cuando el material ha escasea­
do, aseguradas con alambre, situados en medio de potreros y terrenos
inundables, en parte cubiertos por aguas estancadas y verdosas (...). En
estas caricaturas de chozas que no envidiarían muchos animales, vivían
alrededor de un millar de desocupados”42.

Pero los que vivían en el rancherío no eran los que estaban en peor situación:
“Hay entre los desocupados quienes carecen de techo bajo el cual gua­
recerse y de lecho donde reposar. Son centenares. (...). Los encontrarán
de noche, durmiendo sobre el duro suelo, sin abrigo, sin más techo que
el vacío negro e infinito del cielo. No andan por calles y plazas porque de
unas y otras se les desaloja. Porque la ‘puritana’ sociedad burguesa, des­
pués de crear el crimen de la miseria, considera criminal que la miseria
luzca a la luz del día sus crudos aspectos.
(...) han tomado por morada los matorrales del Puerto Nuevo. A lo largo de
las vías del Pacífico, y sobre una extensión de muchas cuadras invadidas
por altos pajonales, se les puede ver vagar entre la maleza. Y el observa­
dor atento encontrará entre la espesa maraña de plantas parásito huecos
aquí y acullá. Son pequeños claros del tamaño de una persona, de yuyos,
magullados y secos a fuerza de revolverse sobre ellos los cuerpos huma­
nos. (...) La vida de los desocupados entre los pajonales es horrible”43.

Una descripción del espacio que iba desde la estación Retiro hacia Palermo
muestra las condiciones de vida de los desocupados, en los campamentos y ran­
cheríos:
“Aquí y allá por ambos lados del empedrado, sobre la mojada tierra se ven
vivaques, grupos de hombres encogidos en torno a un fuego. Seguimos...
Menudean los grupitos. Esta gente ha dormido al aire libre en semejante
noche siberiana. Seguimos... Más y más vivaques. Doblamos hacia el nor­
te siguiendo una especie de remanso de caminantes que, lentamente, van
y vienen de los grupos y de más allá. Continuamos... Más, más grupos,
muchos más. Seguimos la dirección de los tristes viandantes sin prisa
que van y vienen de más allá. (...) Matorrales de paja brava y espadaña.

personas que no encuentran trabajo; la Municipalidad les sigue juicio por desalojo y les niega el agua [La
Internacional 175/1935).
42 La Protesta, 29/4/1932.
43 La Protesta, 29/4/1932.
Más grupos. Los grupos se suceden uno al lado del otro. En cada uno
de ellos un fuego incierto y melancólico. (...) ¿qué aquello de más allá?
(...) Algo semejante a una ciudad del corazón del África, (...) primitivo y
silvestre, formado por unas trescientas chozas, las más variadas y ex­
trañas que se pueden imaginar, que se ocultan y aparecen en la cuenca
fangosa de una laguna. Chozas de lata, barracas de herrumbrado cinc,
ranchos de pajonal, tugurios de lata y paja, semicuevas troglodíticas...
Frente a cada uno de estos zaquizamis en cuadro gorbiano; cuatro o seis
hombres arropados hasta las orejas, inclinada la cabeza y dobladas las
espaldas por el peso de su infortunio, contemplan un fuego incierto y
melancólico que los envuelve en el incienso del pardo humo que arrastra
la brisa del Plata que sopla y sopla. Poco hablan los pobladores de este
remanso de angustia. Parece que temieran el eco de la propia voz. Atizan
el fuego lentamente. Lentamente hacen circular el mate. Lentamente se
mueven. Con lentitud fuman. Lentos comen algunos quién sabe qué cosa.
Despaciosos arreglan o lavan sus pobres cachivaches y sus tristes ropas.
(...) Seguimos. De trecho en trecho descubrimos algo así como un nuevo
barrio o una extraña aldehuela semioculta entre el pajonal. Seguimos...
Senderos abiertos entre la maleza en distintas direcciones unen estas
aldeas entre sí. Aquí un grupo de cuatro chozas, allá seis u ocho, acullá
dos o tres; de tanto en tanto, un ranchito solitario, un Robinson sentado
frente, ahumándose a fuego lento, corriendo algo extraño o tomando un
extraño mate. Seguimos... Los pies se hunden en el fango, todo el suelo es
fango cubierto por un lecho de pajonal. Y esta gente duerme sobre tal sue­
lo en estas noches siberianas. Seguimos... los pies se hunden. Hay más
ranchitos por allá lejos. -¡Qué frío hizo anoche! -oímos que comentan
en una ranchada-. ¿No habrá víctimas? -No, anoche no hubo víctimas.
Anteanoche sí, murió uno. Lo sacaron duro como un tronco del rancho a
la mañana -contestó alguien”44.

Los habitantes de los rancheríos recibían alguna comida en carácter de “ ayu­


da oficial” :
“La limosna que se da en forma de un plato de polenta y en un pancito
por comida, es de tal calidad, que son una gran cantidad los que, aun
careciendo completamente de recursos, no se aproximan siquiera a las
filas interminables que se forman en las horas de la comida”45.

El 26 de abril de 1932
“llegó la policía e intimó el desalojo (...). No había transcurrido aún el
plazo dado cuando comenzó a incendiar uno a uno todos los albergues.
(...) No se dio siquiera tiempo a sacar del interior las ropas y útiles de

44 La Protesta, 2/7/1932. Existen algunas referencias a desocupados muertos por el frío: diez en Buenos Aires
y Puerto Nuevo {La Internacional, 5/7/1933); dos en Rosario, uno en Bahía Blanca, uno en La Plata y dos en
Buenos Aires en un solo día {La Internacional, 20/7/1933).
45 La Protesta, 29/4/1932.
cocina. Los que se encontraban presentes y se apresuraron pudieron sal­
var los objetos de su pertenencia; pero los que rondaban en busca de la
improbable changa o se hallaban un tanto alejados de sus ranchos, nada
pudieron salvar. (...) Y alguno que intentó, mientras la policía se dedicaba
al incendio, rescatar su patrimonio de pingajos, debió sufrir la ira de la
bestia, los golpes humillantes e injustos que llenan el alma de rencor”'16.

Pero como los “los galpones (...) ya no pueden contener más gente”, los des­
alojados reconstruyeron sus “chozas (...) a diez o quince cuadras de distancia del
lugar anterior”47.
A mediados de 1932 la policía desalojó el nuevo rancherío, “ quemando las
casillas”48.
“No había transcurrido media hora desde la intimación al desalojo, ya
tres agentes procedieron a incendiar las chozas. Quemaron más de la mi­
tad. Los desocupados, sin atinar a hacer cosa mejor, miraban tristemente
como ardían sus refugios. Una vez que los vigilantes se alejaron, la pobre
gente comenzó a extinguir el fuego, a reparar los deteriorados ranchos y
a reconstruir los que fueron destruidos por los vándalos. -No nos iremos
-decían algunos, mientras sacaban sus cosas de entre las cenizas. Otros
cargaron pesadamente sus lingheras y se encaminaron hacia el bajo de
Palermo, lugar donde hay otro acampamento de desocupados análogo
a éste, y que no tardará en ser saqueado por el vandalismo policial”49.

En la segunda mitad de 1932, con los galpones de Puerto Nuevo ya colmados,


“ (...) los restantes [desocupados], que iban llegando cada vez más, [fueron] a ubi­
carse en los terrenos baldíos de la costa del Río de la Plata, frente al Club de Pes­
cadores (...)”so. Surgió así Villa Desocupación o Villa Esperanza: una “ caprichosa
construcción”5’ que, “en medio de matorrales, sobre la avenida Costanera en cons­
trucción, a la altura de la calle Salguero y del Club de Pescadores (...) se extendía
junto al murallón que limitaba las aguas del Río de la Plata, ocupando una extensa
superficie”52, formada por “rudimentarias, pequeñas, bajas y antihigiénicas casu-
chas (...) juntas entre sí, en varias hileras y formando calles angostas”53, y en la que
“ (...) como calle principal, aparecía una estrecha senda pavimentada toscamente
con ladrillos colocados sobre el barro”54. “ Casuchas levantadas con chapas, made­
ras, latas y cartones de todos tamaños y especies”55, incluso “con los cajones en que

46 La Protesta, 29/4/1932.
47 La Protesta, 29/4/1932.
48 La Internacional, 14/6/1932.
49 ¿a Proteste, 2/7/1932.
50 Re, Juan Alejandro; op. cit.
51 Re, Juan Alejandro; op. cit.
52 Lobodón Garra (Liborlo Justo); Masas y balas: Buenos Aires, Ediciones de la Flor, 1974, pp. 62-63.
53 Re, Juan Alejandro; op. cit.
54 Lobodón Garra; op. cit.
55 Lobodón Garra; op. cit.
venían los automóviles” 56, “ (...) habitáculos de hojalata y madera, (...) lo suficien­
temente altos y amplios para una persona sentada [que] a lo largo hubieran sido el
ataúd”57. El comisario Re denunció que “permitióse esa ubicación, facilitándoseles
además a los desocupados, chapas viejas de cinc y adoquines, escasos elementos
con los que ellos mismos, sin intervención técnica y material otro de naturaleza
alguna”, construyeron esas “ inmundas pocilgas”58. Entre las viviendas “ algunos
desocupados, revelando espíritu comercial, instalaron pequeños negocios”59. El
asentamiento “ estaba dividido en cinco secciones, cada una de las cuales contenía
doscientas viviendas, que albergaban varios hombres bajo un mismo techo”60.
Los habitantes de Villa Desocupación eran “ todos hombres”61, entre los que
incluso “ había ingenieros, poliglotos, abogados, artistas y oficiales de todos los ofi­
cios” . Las tres primeras secciones “ se componían de polacos; la cuarta de checos­
lovacos, lituanos, rumanos y algunas otras nacionalidades de Europa central; y la
quinta de criollos y españoles”62.

La imagen general era que


“(...) en la entrada de las viviendas o adentro de ellas, se veían muchos
hombres sentados en sillas improvisadas o sobre cajones (...) Rostros bar­
budos, cuerpos flacos semidesnudos, muchos de ellos renegridos por el
sol. Unos hombres cosiendo trapos viejos que les servían para vestirse,
otros intentando afeitarse haciendo reflejar su imagen en algún pedazo
de espejo roto, y, aun otros, tratando de pescar desde el murallón sobre
el río”63.
En síntesis, como señaló Pérez Leirós, “ los campamentos de Puerto Nuevo,
denominados ‘Villa Miseria’, son un símbolo de la situación degradante en que se
hallan millares de desocupados”64, “ eran una civilización destruida”65.
Sin embargo, existía en la Villa cierto grado de organización, ya que “ ellos mis­
mos designaban sus autoridades, bajo la supervigilancia de la policía, que expulsaba

56 Cascallar; Saúl; Entrevista 3/7/1995.


57 Martínez Estrada, Ezequiel; La cabeza de Goliat', Ed. Nova, 1957, pp. 309-312.
58 Re, Juan Alejandro; op. cit.
59 Re, Juan Alejandro; op. cit.
60 Lobodón Garra; op. cit.
61 Cascallar, Saúl; Entrevista 3/7/1995.
62 Lobodón Garra; op. cit.
63 Lobodón Garra; op. cit.
64 Cámara de Diputados; Diario de Sesiones, 1933, tomo II, p. 932.
65 Martínez Estrada, Ezequiel; La cabeza de Goliat, Ed. Nova, 1957, pp. 309-312. Un ejemplo: apareció “en
los terrenos próximos al campamento de desocupados” un cadáver; los cinco autores del asesinato "aguardaron
a la víctima (...) y lo ultimaron. Luego con una pinza le extrajeron varios dientes de oro, los que vendieron al día
siguiente en un comercio de las inmediaciones. Al hacerse el reparto del botín, le tocó un peso con cincuenta a
cada uno, que utilizaron en comprar yerba y beber un litro de vino en los despachos del Paseo Alem"; los cinco
asaltantes y el muerto eran polacos, habitantes del campamento (Lobodón Garra; op. cit.).
de allí, inexorablemente, a quienes sindicaba de ‘elementos subversivos’”66. Había
Comisiones de Asistencia Social67y reuniones espontáneas de hombres “ sentados en
las puertas [de las ‘casuchas’] con unas hojas mimeograñadas que, bajo el nombre de
‘Puerto Nuevo’, (...) se editaban en el Albergue” o “leyendo en común hojas sueltas
de diarios viejos, para lo cual alguno lo hacía en voz alta rodeado de un grupo que
escuchaba”68. Más adelante veremos que también existían organizaciones políticas.
Según un censo levantado por la policía de Puerto Nuevo, en 1932 se alojaban en
las “barriadas improvisadas en ese lugar” (Villa Desocupación), cerca de 5.000 desocu­
pados, en “su casi totalidad inmigrantes”, 1.700 de ellos polacos69. En agosto de 1933,
los Comités de Desocupados del Frente Único denunciaban la situación de los 10.000
desocupados “alojados allí en estos momentos y de los cuales sólo una ínfima parte
caben en el galpón de Puerto Nuevo” 70. En enero de 1934 otro censo policial registró
2.903 habitantes, que “con toda libertad se retiraban unos y se incorporaban otros”71.
Otra cifra de 1934 daba cuenta de 1.625 desocupados: 324 argentinos, 69 de otros paí­
ses sudamericanos, 572 de Europa Oriental, 287 italianos, 272 españoles y 17 de otras
nacionalidades72. Se trataba en su mayoría de hombres de entre 25 y 45 años de edad,
controlados por “un servicio permanente de agentes del Cuerpo de Policía Montada
[que] hacía guardia en el campamento, como medida de seguridad preventiva”73, pero
“ (...) la identificación de los mismos ofreció siempre grandes dificulta­
des, porque ellos, deliberadamente, se desprendían de sus documentos
personales, ya destruyéndolos o manteniéndolos ocultos en la tierra.
Con ello procuraban desorientar a la Policía en sus investigaciones e im­
pedían al Estado ejercer la facultad de repatriación, desde el momento
que legalmente no se podía probar el país de origen de los mismos, con­
siguiendo así eludir la aplicación del artículo 2° de la Ley 4144. (...)”” •
Contra la imagen que los relatos anteriores puedan suscitar, los desocupados
instalados en los campamentos no tenían cortados todos sus vínculos con el siste­
ma institucional político, más allá de la obligada relación con la policía. Además de

66 lobodón Garra; op. cit.


67 “Cerca de la Estación Sanitaria podía leerse un cartel escrito con tiza sobre un pizarrón: 'Elecciones - La
colonia polaca elegirá el martes 17 a las 15 horas los cinco miembros que integrarán su Comisión de Asistencia
Social'” (Lobodón Garra; op. cit.). La Estación Sanitaria dependía de la Cruz Roja {La Vanguardia, 25/1/35).
68 Lobodón Garra; op. cit.
69 La Capital, 27/10/1932.
70 “ Llamado del Comité de Desocupados Puerto Nuevo Canning”, publicado en La Internacional, 23/8/1933.
71 Re, Juan Alejandro; op. cit.
72 Siewers, op. cit.: “(,,.) los italianos y los españoles tenían más reserva, porque había familiares, había
relaciones, que un poco los podían proteger pero los polacos, los rusos, ésos no tenían mayor inserción social
y no les quedaba más que ir a la villa de emergencia” (Cascallar, Saúl; Entrevista 3/7/1995).
73 "En Villa Desocupación se les persigue; cualquier hecho que pase en la ciudad, es suficiente para que la
perrada [la policía] allí, en donde se les ha concentrado en condiciones de disciplina policíaca inconcebibles,
arree a montones 'en averiguación' (...)” {La Internacional, 7/11/1933).
74 Re, Juan Alejandro; op. cit La Ley 4144 era la llamada “ Ley de Residencia” que permitía al Poder Ejecutivo
expulsar, sin juicio, a los extranjeros considerados indeseables y que se aplicaba especialmente a militantes obreros.
las formas de organización y acción políticas a que haremos referencia más abajo,
tanto funcionarios y miembros del gobierno como dirigentes políticos opositores
recorrían el campamento. Por ejemplo,
“ (-•) el entonces Jefe de Policía, Coronel Luis J. García, en unión del actual
Secretario de Obras Públicas de la Municipalidad, Dr. Amílcar Razzori,
hacían frecuentes visitas de inspección al campamento en procura de una
mejor resolución al problema que la existencia del mismo importaba”75.

Hipólito Yrigoyen, en la primera salida de su casa luego de dos años del gol­
pe de estado que lo depuso, recorrió, junto con dos amigos, parte de la Costanera y
Puerto Nuevo y preguntó a algunos habitantes del campamento de desocupados qué
medidas se habían tomado “para remediar su situación”76. Hay varias referencias a
visitas de los socialistas; por ejemplo, una del concejal Fernando Ghío en 1933, y otra
en enero de 1935, cuando el Centro Socialista 17a Maldonado convocó a acompañar la
visita que los concejales socialistas H. Iñigo Carrera, P. González Porcel, F. Ghío y J.
Unamuno harían a Villa Desocupación, partiendo de Canning y Santa Fe77.
Una parte de los habitantes del Villa Desocupación sobrevivía mendigando,
pero “ (...) era un acto de dignidad de ellos no pedir dinero, pedían comida”78. Muy
distinta era la caracterización policial de esa mendicidad, que “ (...) asumía caracte­
rísticas extorsivas, delictuosas casi”79. Para la policía
“(...) resultó ese campamento un foco de infección material y moral, don­
de en escala ascendente y peligrosa se transformaba sucesivamente el
desocupado en mendigo; éste en vago, y el vago en delincuente [donde]
(...) se cobijaron allí, además, sujetos de toda ideología, extremistas, co­
munistas, anarquistas, etc., actividades disolventes, que pudieron desa­
rrollarse favorecidas por el ambiente, propicio como pocos”80.

75 Re, Juan Alejandro; op. cit.


76 La Capital, 6/12/1932.
77 La Vanguardia, 20/1/1935.
78 "Una señora me contaba (...) que venía un desocupado a pedirle comida; entonces ella, como vio que venía
regularmente, le dijo: ‘le doy todos los días un plato de sopa’; así durante unos días, hasta que un día apareció con
otro más; el hombre no venía a pedir más comida sino a pedir su ración paca compartirla con el otro; entonces la
señora le dijo 'este hombre ¿también es un desocupado?’, ‘Si'; entonces la señora le dio dos platos; así siguieron
viniendo un tiempo hasta que un día apareció un tercero; entonces la mujer le dijo 'Yo le voy a dar tres platos pero,
eso sí, no me sigan trayendo’. Era el clima que se vivía en aquélla época” (Cascallar, Saúl; Entrevista 3/7/1995).
79 “Así es cómo lograban reunir sumas insospechadas, dinero que malgastaban en juegos prohibidos, qui­
nielas, etc., y en libaciones alcohólicas diarias hasta la embriaguez". Mendigaban "diariamente, a la mañana
y al atardecer; horas en que salían aislados a recorrer las calles de la ciudad pidiendo de puerta en puerta. Al
principio pedían y aceptaban lo que buenamente se les daba. Más tarde al pedir, insinuaban que la limosna lo
fuera una moneda. Luego no aceptaban otra cosa que dinero; y por último, se llegó a un estado de cosas tan
alarmante que ya casi no pedían, exigían más bien, porque, al hacerlo, no se retiraban hasta tanto no se les
daba aquella sola clase de forzosa donación (...)" (Re, Juan Alejandro; op. cit.).
80 Re, Juan Alejandro; op. cit.
Sin embargo, para la misma policía muchos de los habitantes de Villa Des­
ocupación no eran “mendigos” y/o “vagos”, sino que esa condición involucraba
aproximadamente a 2.900 (entre 41,4% y 58% según se acepte como cifra total de
7.000 ó 5.000 habitantes)81.
En cuanto a los “extremistas”, ya se había producido un debate en la Cámara
de Diputados; refiriéndose a las acciones de los desocupados, su origen y los “peli­
gros” que entrañaban, el diputado socialista Repetto dijo que
“No hay tal fantasma comunista (...). Lo que hay (...) es un malestar pro­
fundo que tiene su origen en esta formidable crisis económica; y (...) es
un fértil caldo de cultivo en el cual puede prosperar toda clase de inocu­
laciones. Gente que no come, gente que no dispone de una habitación;
gente que vive en la necesidad permanente, en la inseguridad de todos los
días, y que ve prolongarse esa situación y no le descubre término por más
que escudriñe en el horizonte, es evidente (...), que acaba por mostrarse
predispuesta a toda clase de prédicas y a toda clase de incitaciones. Pero
así como esa gente constituye un excelente caldo de cultivo listo para de­
sarrollar cualquier germen, del mismo modo esa gente toma fácilmente
el camino normal si vislumbra la posibilidad de resolver sus problemas
afligentes de todos los días, de todas las horas, de todos los minutos”82.
La respuesta del diputado demócrata nacional José María Bustillo fue que
“Es indudable que el problema de la desocupación es, quizás, el más gra­
ve porque, como el señor diputado lo ha dicho, puede engendrar enferme­
dades sociales que es necesario precaver. El comunismo existe -yo así lo
creo-, pero para que se desarrolle es necesario que haya desocupación
y un ambiente favorable. El comunismo es la semilla y la desocupación
es el terreno” 83-

El socialista independiente Roberto Giusti dijo que


“Si hay alguna idea fundamental que pueda resolver en parte el problema
de la desocupación, que la comisión se aboque de inmediato a estudiarla;
que en quince días nos diga si esta idea es viable, y que la Cámara sancio­
ne enseguida esa iniciativa. Por lo que toca a la vasta obra de la salvación
de esta sociedad, que yo veo en equilibrio bastante inestable, no creo
que sea la comisión la que pueda realizarlo. El Parlamento argentino
sabrá cuál es la obra legislativa que tiene que realizar para mantener en

81 Un informe de la JNPCD de fines de 1934 clasificó a los habitantes de Villa Desocupación en: “desocupados
que tienen o no una profesión y que desean trabajar de inmediato"; "desocupados que han tenido o no una pro­
fesión y que por el transcurso del tiempo han perdido la voluntad del trabajo, dedicándose hoy a la mendicidad,
como oficio fácil y remunerativo” (según la policía 2.500);"(...) los vagos propiamente dichos” (según la policía
350 a 400); “los vencidos de la vida, a los cuales hay que dar alimentación y vivienda en hospitales o en asilos”
[CGTH0 34, 7/12/1934, p. 2).
82 Cámara de Diputados; Diarios de Sesiones 1932 tomo II, p. 931.
83 Cámara de Diputados; Diarios de Sesiones 1932 tomo II, p. 932.
pie esta sociedad capitalista. (...) No soy profeta, pero tampoco temo las
experiencias nuevas que nos puedan venir de otras culturas y de otras
civilizaciones que las están hoy realizando (...)”84.

¿DE S O C U P A D O S 0 VAGO S?
A medida que la reactivación económica absorbía la masa de desocupados,
las políticas asistenciales del gobierno recibieron mayores críticas. En 1935 hubo
una solicitud de 4.000 braceros para la cosecha de algodón en Chaco que la Junta
trató de cubrir; pero “no obstante la urgencia del pedido, el traslado gratuito hasta
las regiones del trabajo y la segura y buena remuneración, a duras penas se consi­
guió reunir un contingente de trescientos obreros (...)”85. Esto dio lugar a una nota
editorial del diario La Prensa titulada “¿Problema de desocupación o de profesiona­
les de la desocupación?”, en la que, además de condenar las huelgas agrarias que
se desarrollaban en Santa Fe86, criticó a la JNPCD y al DNT que
“no han caído todavía en la cuenta -a pesar de los muchos testimonios
que es fácil citar- de que no hay tanta gente que carezca de trabajo por
falta del mismo como por su aversión al trabajo. (...) el problema social
que debe preocupar, sobre todo en las ciudades y principalmente en la
Capital Federal, no es tanto el de la desocupación como el de los profe­
sionales de la desocupación”.

Concluía rechazando la solución propuesta por el movimiento obrero de redu­


cir la semana laboral a 40 horas, y planteando que “resulta tan fuera de lugar como
resulta peligroso, desde el punto de vista social, seguir confundiendo desocupados
con ociosos y vagabundos”87. Esta nota fue respondida por el diario socialista La
Vanguardia, que, con citas de diarios chaqueños, afirmaba que los desocupados se
negaban a ir al Chaco porque se les pagaba muy poco, no se les garantizaba el viaje
gratis de retorno, y porque los colonos les vendían a altos precios las mercancías
que necesitaban para subsistir88. Sobre La Prensa agregaba que

84 Cámara de Diputados; Diarios de Sesiones 1932 tomo II, p. 934.


85 La Prensa, 9/4/1935.
86 “(...) tórnase inevitable cierta perplejidad ante la posibilidad de que realmente existan obreros que deseen
trabajar y no lo consigan, y de que a la vez existan instituciones encargadas de luchar contra la desocupación
y que tampoco ellas consigan con su acción impedir estas incongruencias: existen desocupados, pero se
organizan huelgas para no trabajar o encarecer el trabajo; y existen desocupados, pero en el Chaco están los
agricultores inquietos por la falta de trabajadores rurales” (ídem).
87 Idem.
88 La Vanguardia cita al órgano de la Sociedad Unión Obreros Municipales de Resistencia, Despertar, que dice
que las mercancías vendidas a los braceros io son con un 300% de recargo. Despertar recoge de los periódicos
La Voz del Chaco y Estampa Chaqueña, la denuncia de que todo pedido de aumento salarial es respondido por
la policía "apresando al solicitante”. Y Estampa Chaqueña denuncia que algunos colonos no pagan los $ 0,60
que fijó la Comisión de Braceros (La Vanguardia, 16/4/1935).
“no se contentan con afirmar que el problema no existe, y claman por
una acción policial más enérgica destinada a terminar con los refugios de
desocupados. (...) A la prensa conservadora le interesa hacer creer, y creer
ella misma, que no existen problemas sociales y que si hay alguna agita­
ción ella es obra de los vagos, agitadores profesionales y delincuentes”89.
La caracterización policial de los asentamientos de desocupados como “ foco
de infección material y moral”90y de sus habitantes como vagos y delincuentes era,
a la vez, presentada como justificación para la vigilancia y control, y el desalojo de
los campamentos91. Pero no se limitaba a la policía y la prensa conservadora: para
una parte de la sociedad
“(...) estos desventurados sin ocupación representaban un peligro con­
tinuo. (...) La conciencia del ciudadano satisfecho fabricaba sueños de
vigilia en que aparecían esgrimiendo fantásticas armas: zunchos, trozos
de hierro, piedras, avanzando sobre la ciudad como en alguna invasión
de perros rabiosos. (...) Iban a destruir la conciencia de los hombres sa­
tisfechos. (...) [con el desalojo] como sombras y fantasmas que no hubie­
ran existido más que en la imaginación de la ciudad, desaparecieron. La
ciudad pudo seguir despierta sin soñar aquella horrible pesadilla de la
realidad”92.
Incluso la CGT publicó una serie de artículos del funcionario de la OIT Dr.
Enrique Siewers. Allí señala que muchos desocupados preferían
“seguir viviendo en sus chozas precarias, a cuya demolición se oponen
tenazmente, y proveer ellos mismos a su subsistencia, generalmente
mendigando por las calles. (...) muchos desocupados están en un estado
de profunda desmoralización como consecuencia de su inactividad pro­
longada y del género de vida que han llevado en los campamentos; que
la mayor parte carecen de calificación profesional o han terminado por
olvidar, más o menos completamente, su oficio”93.

89 La Vanguardia, 17/4/1935.
90 Re, Juan Alejandro; op. cit.
91 Por ejemplo, en abril de 1935, "con el pretexto de buscar entre ellos a procesados o individuos con
antecedentes”, la policía bonaerense organizó una “batida'' de desocupados “ instalados con sus miserables
covachas de lona y yuyos en los alrededores del bosque de La Plata”, en la que fueron detenidas más de 150
personas; como se encontró a un condenado por un delito menor por el juez del crimen de Bahía Blanca, “con
ello la policía justifica la medida” {La Vanguardia; 16/4/1935).
92 Martínez Estrada, Ezequíel; op. cit.
93 Siewers, Enrique; “ El paro en Argentina"; CGTN° 75, 20/9/1935, p. 3.
E L D E S A L O J O DE V I L L A DE S O C U P A C I Ó N
Casi desde la instalación de Villa Desocupación existió una presión desde el
gobierno, la prensa94, el sistema judicial y la policía95, para que se la desalojara. El
26 de julio de 1933 la policía quemó 40 ranchos y golpeó a los que resistieron96; y
el 4 de agosto siguiente se produjo un choque entre la policía y los habitantes del
campamento:
“ Desde hace tiempo la policía destacada en el campamento de Canning
a las órdenes del comisario de la Sub-Comisaría de Puerto Nuevo, venía
presionando y obligando a los desocupados a toda clase de trabajos for­
zosos sin ninguna recompensación. Reformar los ranchos al gusto del
Comisario, barrer las calles y caminos, y por último querían obligarnos a
hacer una oficina policial en el mismo campamento. A esto los desocupa­
dos se negaron rotundamente, diciendo que tal trabajo debía ser pagado,
oponiéndose todos a trabajar gratis. Esta justa respuesta fue lo suficiente
para querer desalojar del campamento a los 7.000 desocupados, resis­
tiéndose a ello la masa. Esta resistencia provocó la descarga de algunos
tiros por parte déla policía montada, hiriendo a un desocupado. La masa,
al ver en el suelo en un charco de sangre a uno de sus compañeros, se
lanzó espontáneamente sobre la policía, desarmándola y profiriendo
gritos por pan y trabajo. Inmediatamente acudieron refuerzos policiales
armados de ametralladoras, haciendo una descarga sobre la indefensa
masa. Estos huyeron, quedando en el campamento tres heridos graves.
La policía penetró en los ranchos entregándose al saqueo, llevando pre­
sos a los que pudieron tomar”97.

Entre las recomendaciones elevadas por la JNPCD a su presidente en 1934 se


planteaba la necesidad de “pensar de inmediato” en la ocupación y ubicación de

94 "Las conclusiones a que arriban los médicos forenses confirman los conceptos (...) sobre los hondos
peligros que encierra la concentración de gentes habitualmente sin trabajo. (...) Desde el primer momento en
que comenzaron a refugiarse cientos y cientos de hombres en los terrenos adyacentes al río pusimos de relieve
la obligación perentoria, a cargo del Estado, de impedir que sobre Buenos Aires se cerniera una amenaza
constante. (...) Carecen casi todos ellos [los desocupados] de los frenos morales capaces de inhibirlos para la
comisión de ataques a la sociedad, que van desde el homicidio a la lucha violenta contra las instituciones. (...)
Permitir la organización de campamentos a los que se dota de algunas condiciones higiénicas y en los que se
establece una vigilancia que alcanza apenas a mantener el orden, sin llegar jamás a la fiscalización efectiva del
ambiente moral, es facilitar la propagación del delito, del vicio y de la inmoralidad. (...)" [La Prensa, 12/4/1935).
La Prensa reclamó muchas veces el desalojo (La Prensa, 23/4/1935). “Inspirados en elementales sentimientos
de solidaridad y de defensa social, sostuvimos (...) que el denominado campamento de la calle Canning debía
desaparecer, por entrañar un foco pernicioso desde el punto de vista social, sanitario y moral" (La Prensa,
24/4/1935).
95 "Ante el pavoroso estado de cosas que representaba ese campamento, cuyas derivaciones peligrosas era
fácil comprender, el señor Juez de Instrucción doctor Ernesto González Gowland (...) se propuso decididamente
estudiarlo para hallar la fórmula que pusiera término a tantos males (...). Se halló sólo un remedio: la desaparición
inmediata del campamento" (Re, Juan Alejandro; op. cit.).
96 "Llamado del Comité de Desocupados Puerto Nuevo Canning", publicado en La Internacional, 23/8/1933.
97 "Llamado del Comité op. cit.
los desocupados de la zona portuaria: “ (...) debe destruirse todo refugio, carpa o
construcción precaria existente, a medida que quede deshabitada, suprimiendo
para siempre ese hacinamiento de individuos sin trabajo”98.
Una pelea de borrachos que terminó en asesinato en abril de 1935 dio el argu­
mento para ejecutar el desalojo. Cuarenta desocupados fueron detenidos y la policía
realizó batidas en la zona; con la presencia del presidente de la JNPCD Dr. Salvador
Oria, del juez de instrucción Dr. González Gowland99 y de varios funcionarios po­
liciales, más de 500 habitantes de la Villa fueron trasladados “por la fuerza”100 al
Albergue de Puerto Nuevo10’, donde se procedió a su “higienización”, selección e
identificación; los que tenían antecedentes fueron detenidos102. El mismo día, obreros
municipales acompañados de “un nutrido personal policial”103, demolieron las casi­
llas del campamento. Miembros de la JNPCD visitaron al ministro del Interior para in­
formarle el desalojo. El número de los trasladados, el origen provinciano de una parte
de ellos y la ausencia de toda referencia a los habitantes polacos, plantea un interro­
gante acerca del significado real de este desalojo, recomendado dos semanas antes
por la JNPCD. Según varias fuentes no era ajena a esa decisión la preservación de la
imagen de la ciudad ante la próxima visita del presidente de Brasil, Getulio Vargas10'1.
La Vanguardia consideró al desalojo una “solución rápida, pero ineficiente” :
“parece que las autoridades esperaban con ansiedad un hecho de sangre para dis­
persar a los desocupados. (...) Desalojar a los desocupados es cómodo. Lo eficaz y
justo sería que se hiciera algo y disminuir la desocupación” 105. La CGT, por su parte,

98 CGTN° 34, 7/12/1934, p. 2.


99 Meses después este juez recomendó al gobierno internar en la isla Martin García a 1.700 desocupados
“dándoles trabajo obligatorio" (CGTN° 71, 23/8/1935). "El juez de instrucción Dr. González Gowland ha des­
cubierto la cuadratura del círculo en el problema de la desocupación. A tal efecto ha elevado al ministro del
Interior su propuesta de que los 1.700 desocupados sean internados en la Isla Martín García 'dándoles trabajo
obligatorio’ a fin de que no den un triste espectáculo en las calles. Será el primer campo de concentración en
Buenos Aires (...)" (La Protesta, julio de 1935).
100 La Prensa, 23/4/1935.
101 El subcomisarlo Re describe así el procedimiento en el que participaron el juez González Gowland, junto
con el secretario de su juzgado, policías de la comisaría 23 y él m i s m o : .. buscamos ubicación en galpones de
Puerto Nuevo, salvando un sinnúmero de inconvenientes y la resistencia ofrecida por los desocupados, quienes
pretendían no se les modificara su situación en el campamento para poder mantener la libertad sin limites que
allí gozaban, y que, al pasar aquéllos a galpones, sabían que iban a perder, en virtud de la fiscalización y el
régimen interno imperante en los mismos" (Re, Juan Alejandro; op. cit.).
102 Re, Juan Alejandro; op. cit. Los detenidos fueron llevados a la cárcel de Villa Devoto (La Protesta, junio de
1935).
103 La Prensa, 24/4/1935.
104 Martínez Estrada, Ezequiel; op. cit. También La Protesta, junio 1935.
105 La Vanguardia, 24/4/1935. Los socialistas habían planteado la necesidad de la desaparición de Villa Des­
ocupación desde otra perspectiva; "Se ha hablado de la Indisciplina de los desocupados de Villa Desocupación,
gente que debe vivir en cuevas, pero no de los que habitan en los galpones ya habilitados, con una disciplina
ejemplar, (...) hombres que contra su voluntad, por culpa deí actual régimen económico, no pueden trabajar.
(...) Ya que en nuestro país no existe el seguro a la desocupación, lo menos que se puede hacer, es lograr que
desaparezca una villa que no es tal, sino que constituye un espectáculo vergonzoso” (Discurso del concejal
Héctor Iñigo Carrera; citado en La Vanguardia, 1/7/1933). El mismo concejal planteó la necesidad de trasladar
consideró que si bien el desalojo no resolvía el problema, a pesar de todo le parecía
“ acertado”. “ De dos males el menor. El albergue de Puerto Nuevo reunirá, al menos,
las condiciones de higiene que no eran posibles en las zahúrdas derribadas, y sus
ocupantes tendrán el debido contralor sanitario”106. En cambio, La Protesta con­
sideró “que una agitación popular [que] se produzca para ubicar a toda esa gente
sería una obra humana en estos momentos”107.

LÁS PO LÍTICAS DESDE EL M O VIM IE N TO OBRERO


Desde la década anterior, el movimiento obrero organizado mantenía como
una de sus banderas la lucha contra la desocupación108. Pero la situación creada por
la crisis económica mundial puso la cuestión en otro plano.
Entre las medidas impulsadas desde el movimiento obrero y el PS, que se rei­
vindicaba parte de él, estuvieron las leyes 11.590, de 1932, y 11868, de 1934, dis­
poniendo la realización de censos de desocupados109. El incumplimiento de esta
última ley y de su disposición de que hubiera colaboración de los sindicatos para la
realización de los censos fue denunciado por la CGT110.

L OS S O C I A L IS T A S
Al mismo tiempo que el gobierno formaba la Comisión de Asistencia Social,
los diputados socialistas Bogliolo, Castiñeiras y Pérez Leirós presentaron, el 18 de
mayo de 1932, un proyecto de “levantamiento de un censo de desocupados en el
territorio nacional”; establecía que se realizara en marzo, julio y noviembre de cada
año, levantado en las provincias por las respectivas autoridades, en los Territorios
Nacionales por los municipios y en la Capital por el DNT; en su artículo 30, que no fue
aprobado, planteaba que “en los lugares donde hubiere sindicatos obreros se tratará
de convenir con los mismos el levantamiento de los censos por los gremios”. El 8
de junio de 1932 los diputados Repetto, Castiñeiras, Inda, Moret (h) y Pérez Leirós
presentaron un proyecto de resolución para la formación de una comisión interpar­
lamentaria, constituida por cinco diputados y tres senadores, dirigida a “combatir la
desocupación, a abaratar la vida del pueblo y a defender la producción agropecuaria

a las familias desocupadas a los terrenos que la comuna porteña poseía en General Rodríguez [La Vanguardia,
25/11/1933).
106 C6TH° 54; 175/1935, p. 4.
107 “¿Y la 'muía' de la Junta Nacional Contra la Desocupación que figurará en el presupuesto pero que de los
desocupados no se acuerda más que para dejarlos sin viviendas o refugios en plena estación Invernal? (...) No
son mendigos, no son delincuentes: son obreros sin trabajo” [La Protesta, junio 1935).
108 Marotta, Sebastián; El movimiento sindical argentino: tomo III, Buenos Aires, Editorial Calomino, 1970.
109 La ley 11868 disponía que "En los lugares donde hubiere sindicatos de obreros y de empleados, se pedirá
su colaboración para orientarse sobre el grado de ocupación en el respectivo ramo y para el levantamiento del
censo en el mismo" (Secretaría del Senado de la Nación; Leyes Nacionales, año 1934, pp. 38-39).
110 CGTN ° 3 5 ,14/12/1934, p. 4.
en los mercados exteriores”111. Repetto dijo que “los socialistas queremos fomentar
por todos los medios posibles el trabajo, obras públicas, construcciones” financián­
dolos con impuestos sobre la venta de automotores, el consumo de lubricantes para
automotores, la venta de caballos de carrera y los boletos ganadores de esas carre­
ras. Los socialistas también propusieron subsidios de desempleo, que los concor-
dancistas rechazaban"2, la realización de obras públicas113, declarar mediante una
ley de emergencia la caducidad de los contratos de arrendamiento rurales y bajar el
50% sobre los precios de 1928, impulsar el crédito agrícola, el control de los trusts
de la harina, la cerveza, los frigoríficos, del aceite, la ferretería, el cinematógrafo y
otros, y controlar los bancos y la venta de productos argentinos en el exterior me­
diante la asociación del estado con las empresas de comercialización114.
En nombre de los diputados demócratas nacionales Bustillo apoyó el sentido
general y las medidas concretas (impuestos, rebajas, obras públicas) del proyec­
to socialista pero rechazó que pudiera resolverse en quince días y planteó que se
consultara con los senadores. El proyecto socialista de creación de la comisión in­
terparlamentaria fue aprobado en general sobre tablas, sin oposición, en la misma
sesión del 8 de junio.
En el Senado, el 21 de julio de 1932, el socialista Alfredo Palacios presentó un
proyecto de creación de una “ Comisión de Fondos de Desocupación”. Consideró
viable la “ tesis patronal” presentada en el Consejo de Administración de la OIT, que
proponía rebajar los costos de producción, incluyendo los salarios, si se la acompa­
ñaba de una rebaja de tarifas y precios de los productos básicos. Pero afirmó que
“Nadie ignora que la civilización actual padece un hondo y mortal dese­
quilibrio originado principalmente en la desproporción que existe entre
la riqueza de la máquina y la pobreza del hombre; entre el fabuloso pro­
greso técnico y la debilidad moral en que vivimos. (...). La guerra desor­
ganizó en el mundo las finanzas, la industria, los transportes y trajo el
hambre. El sistema capitalista ha sido sacudido en sus cimientos y ha
comenzado la crisis general. Sólo en el socialismo está la solución y así
lo reconocen pensadores que jamás actuaron en nuestras filas”115.

Palacios suscribió la “ tesis obrera” sobre la jornada laboral de 40 presenta­


da en la OIT, que, dijo, “puede aplicarse entre nosotros”. Después de hacer referen­

111 Cámara de Diputados; Diario de Sesiones; año 1932, tomo II, p. 925.
112 JNPCD; Memoria elevada al Ministerio del Interior, Buenos Aires, 1936,p .7; citada en Girbal-Blacha, Noemí;
op. cit., p. 28.
113 Reparación de veredas de la Capital, construcción de terraplenes por las empresas ferroviarias como
condición para mantener la concesión de construcción de nuevos tramos, cercado de terrenos baldíos, todo por
cuenta de los propietarios, pavimentación de calles financiada emitiendo bonos, construcción de la continuación
de la avenida Costanera Norte, construcción de un estadio municipal de fútbol (financiado con un impuesto a las
entradas de los partidos) y un auditorio municipal (financiado con un impuesto a las entradas a los espectáculos).
114 Discurso de Repetto en Cámara de Diputados; Diario de Sesiones, 1932, tomo II, p. 930.
115 Cámara de Senadores; Diarío de Sesiones; año 1 9 3 2 ,1.1, pp. 849-850. También se refirió al debate en
el parlamento inglés, del que participaron laboristas, comunistas y liberales, votando un proyecto laborista que
cia a su propuesta de sustituir los métodos tayloristas por otros que eliminaran “la
fatiga”116, propuso, “en vez de dar millones de dinero en forma de indemnización,
(...) dar trabajo con utilidad social”: las obras públicas por el estado o empresas con­
cesionarias que recibieran “ facilidades para construir nuevas obras (...) mediante el
compromiso de tomar determinado número de obreros”. También apoyó la recomen­
dación de la OIT de favorecer la colonización del campo y la rebaja de los intereses
y mora en los préstamos; pero rechazó, por las condiciones reinantes en Argentina,
la creación de un seguro de desocupación. En el proyecto presentado, la Comisión
estaría formada por representantes patronales y obreros, nombrados por el PE de
acuerdo con las entidades más representativas, y encabezada por el presidente del
DNT. Entre sus funciones propuso que estudiara limitar la inmigración, reducir la
jornada de trabajo, crear en las grandes empresas fondos de desocupación con apor­
tes voluntarios de patrones y obreros, crear fondos de socorro administrados por or­
ganizaciones obreras, mutualistas o culturales y otras medidas por las que organis­
mos estatales deberían contribuir a combatir la desocupación. Según el mismo PS:
“ Ni el gobierno, ni los representantes de la Concordancia le prestaron su apoyo”117.
En agosto de 1933 el Grupo parlamentario socialista presentó otro proyecto de
ley de formar una Junta Nacional de Desocupación, con cuatro objetivos: “a) estudiar
y proyectar toda clase de medidas tendientes a crear trabajo; b) proyectar medidas
de carácter permanente o transitorio con el fin de morigerar entre la población deso­
cupada los efectos derivados del paro forzoso; c) realizar tareas censales para esta­
blecer el número, oficio o tarea que desempeñaban los desocupados y orientar las
ofertas de brazos a los fines de una más rápida ocupación; d) los proyectos y estudios
de la Junta Nacional de Desocupación pasarán al Poder Ejecutivo y éste los elevará
con el informe correspondiente al Congreso nacional. Pero la Junta queda facultada
para ordenar la inmediata ejecución de sus planes”. La Junta debía integrarse con
dos miembros del PE, dos diputados, un senador, “uno por el organismo obrero de
carácter nacional que agrupe a mayor número de asalariados” y uno “ por la entidad
industrial y comercial más numerosa del país”, todos ellos sin “ninguna remunera­
ción”. En su artículo 6o proponía estudiar “la conveniencia de establecer en el país
un seguro de desocupación u otras medidas de carácter permanente a los efectos
de evitar en lo posible las consecuencias de la falta de trabajo”118. El proyecto de ley
también preveía la creación de un “ Fondo nacional para combatir la desocupación”.
En su discurso como miembro informante, Pérez Leirós exigió “como diputado
de la Nación, que representa al partido de la clase obrera” que el Congreso estudia­

decía que "En vista del fracaso del sistema capitalista (...) esta Cámara declara que se deben adoptar medidas
legislativas para sustituir gradualmente el régimen capitalista por un orden social basado en la posesión pública
y el control democrático de los instrumentos de producción y distribución" (ídem; p. 850).
116 “ Es claro que esa racionalización no será aceptada nunca dentro del régimen capitalista donde son des­
atendidas las necesidades reales y armoniosas de la colectividad" (ídem, p. 850).
117 Partido Socialista; Sin pan y sin trabajo. El Partido Socialista y la lucha contra la desocupación; Buenos Aires,
1934.
118 Cámara de Diputados; Diario de Sesiones; año 1933, tomo II, p. 930.
ra y resolviera el problema “ antes que la desesperación induzca a los que sufren a
darse las soluciones que ellos creen necesarias en defensa de su existencia amena­
zada” y fundamentó la necesidad de atender a los desocupados para “contribuir con
lealtad a la solución de los problemas que están ligados a los altos y permanentes
intereses del país” porque “permanecer indiferente ante el clamor público, es cons­
pirar contra el orden y el progreso de la Nación, amenazado por la justa rebeldía
de los que ven amenazada su existencia, por falta de elementos y por los flagelos
físicos y morales que determinan la miseria y el dolor”119. La solución planteada en
el proyecto socialista fue que patrones, asalariados y estado ejercieran entre sí un
“control recíproco de los intereses en juego” e hicieran “una colaboración eficiente
para buscar soluciones a un problema que interesa a toda la Nación”; a ello deberían
destinarse los 10 millones de libras del empréstito contraído con Gran Bretaña en
el tratado firmado por el vicepresidente Roca y el funcionario británico Runciman.
El PS siempre había planteado el cierre de los negocios a las 20 horas, el sábado
inglés y la supresión del trabajo nocturno. Los legisladores socialistas presentaron,
en 1932 y 1933, proyectos proponiendo un plan de obras de construcción de escue­
las y edificios públicos, financiado con recursos provenientes de empréstitos o de la
declaración de una moratoria parcial de la deuda pública; otro proyecto, presentado
por Enrique Dickmann, reducía la jornada de trabajo semanal a 40 horas. Ya hemos
mencionado el proyecto de creación de la Junta Nacional de Desocupación; además,
los diputados socialistas “pidieron también, desde un principio, que se suspenda el
pago de la deuda interna y externa para dedicar la suma de dinero que se ahorra por
amortización e intereses, a la construcción de obras públicas necesarias, y así poder
dar empleo a los brazos desocupados. (...)”; el diputado Adolfo Dickmann concretó
esta iniciativa en otro proyecto, por el que “ se destinaban los millones que se pagan
en concepto de servicios de la deuda pública a obras públicas”120.
Municipios con gobiernos socialistas, como los de Bahía Blanca y Laboulaye,
tomaron medidas para paliar la desocupación. El Concejo Deliberante de la ciudad
de Buenos Aires, donde los socialistas tenían la mayoría, también aprobó medidas
de ayuda121.
Ante las elecciones nacionales de diputados de 1934 la plataforma electoral
del Partido Socialista incluyó un capítulo Contra la desocupación con medidas
como la “jornada semanal de 40 horas para todo trabajo industrial y comercial” y

119 Cámara de Diputados; Diario de Sesiones] año 1933, tomo II, p. 931-935.
120 Partido Socialista; Sin pan y sin trabajo..:, op. cit.
121 En la sesión del 30 de junio de 1933 el concejal Héctor Iñigo Carrera presentó un proyecto que destinaba $
50.000 para la compra de camas y ropas de abrigo destinados a los desocupados de Puerto Nuevo y Palermo.
Genaro Giacobini (Partido Salud Pública) presentó otro proyecto sobre la misma cuestión. El planteo socialista
fue que “(...) Ya que en nuestro país no existe el seguro a la desocupación, lo menos que se puede hacer, es
lograr que desaparezca una villa que no es tal, sino que constituye un espectáculo vergonzoso”. Se aprobó el
proyecto socialista, resolviéndose además que el intendente ofreciera al gobierno los galpones municipales (La
Vanguardia, 1/7/1933).
un “ vasto plan de obras públicas, especialmente edificación de viviendas popula­
res y de edificios para escuelas y otras reparticiones de la nación” 122.
Otra propuesta socialista, frente a la desocupación rural123, fue que los traba­
jadores que hubieran perdido su empleo como consecuencia del uso de máquinas
agrícolas fueran instalados en lotes de tierra fiscal o propiedad de bancos oficiales,
entregándoles herramientas, animales de labor, semillas y materiales de construc­
ción; los fondos se obtendrían del 10% del impuesto a los réditos por una sobretasa
aplicada a la renta de las propiedades de más de 300 hectáreas124.

L A CGT
La CGT, lo mismo que los principales sindicatos, plantearon propuestas para
la solución del problema de la desocupación, principalmente la reducción de la
jornada laboral y el estricto cumplimiento de las leyes que la regulaban, especial­
mente la Ley 11544. Pero, como veremos, no fueron ellos los que organizaron a los
desocupados ni sus manifestaciones.
La CGT atribuyó el crecimiento de la desocupación a la “ insuficiencia del con­
sumo”, debida a los bajos salarios e incorporación de maquinaria, y, más estructu­
ralmente a “la propiedad capitalista de los medios de producción”, que produjo la
crisis económica y, consiguientemente, la desocupación. Esta explicación puede
verse tanto en el Programa Mínimo de la CGT como en artículos y discursos de Se­
bastián Marotta y Martín Casaretto125.
El Programa Mínimo fue aprobado por el Comité Confederal el 26 de abril de
I93i> y publicado en folleto. Atribuía la situación de “desastre universal” y “cuadro
de miseria”, la crisis, a “la economía de brazos por medio de su intensificación y la
consiguiente reducción de salarios” que impulsaban los “ empleadores y empresa­
rios” ; el resultado era la desocupación y “la incapacidad de consumo” de “la masa

122 La Vanguardia, 31/1/1934.


123 "La falta de trabajo en la Argentina no es solamente una consecuencia de la crisis mundial. (...) Un país
agrícola como es el nuestro, pudo haber soportado la crisis mundial sin desocupación si el cultivo de la tierra se
hiciera de otra manera. La tierra argentina está acaparada por un número relativamente pequeño de propieta­
rios. La mayor parte de la población campesina es arrendataria. La chacra, forma de explotación primitiva de la
tierra, es generalmente un rancho en medio de una extensión de 100 ó 300 hectáreas de tierra. En esa enorme
superficie de tierra, que generalmente se cultiva con trigo o maíz, no viven ni tienen ocupación permanente más
que cuatro o cinco personas, incluidos mujeres y niños, es decir, la familia del propio colono. En países donde la
tierra está más subdividida, en 100 hectáreas de campo viven de 20 a 200 personas. Para peor, debido al bajo
precio de los cereales, los colonos no pueden tomar peones y los jornaleros agrícolas deben recorrer inútilmente,
como linyeras, los campos en busca de trabajo, acampando junto a las vías de los trenes o a la entrada de los
pueblos, y viviendo de la candad pública. La miseria en el campo es la causa de que las industrias y el comercio
de las ciudades se vean cada vez más paralizados. De este modo, todos los días quedan sin trabajo más obreros
y empleados, los que buscan en vano una tarea para ganarse la vida. (...) Sin pan y sin trabajo, numerosas
familias obreras deben mendigar su sustento y buscar una guarida construyendo barriadas de chozas, que son
una vergüenza para las ciudades, como ‘Villa Desocupación' en la capital de la República” (Partido Socialista;
Sin pan y sin trabajo...-, op. cit.).
124 Siewers, Enrique; "El paro en Argentina"; CGTN° 74,13/9/1935, p. 3.
125 Boletín CGTN° 1,15/1/1932, p. 3; y N° 10, 25/10/1932, p. 4.
consumidora, compuesta en su mayoría por trabajadores”. Por eso proponía como
solución al problema de la desocupación la semana laboral de cinco días, con jorna­
das de ocho horas para el trabajo diurno y seis para el nocturno, trabajo insalubre y
trabajo de menores y mujeres adultas; vacaciones anuales mínimas de quince días
laborables “sin perjuicio de sus salarios normales”; seguro de desocupación, vejez y
maternidad; reconocimiento de los sindicatos como “ instituciones de bien público”
y, por consiguiente, que se les otorgaran “facultades para velar y defender las leyes
del trabajo y su cumplimiento, encomendándoles, a ese efecto, las funciones que ac­
tualmente desempeñan los inspectores del Departamento Nacional del Trabajo”126.
La principal política propuesta por la CGT para paliar el problema de la de­
socupación era la disminución de la jornada laboral. Ya en el primer número del
Boletín127, días antes de la entrega del gobierno nacional por Uriburu, Sebastián
Marotta hacía referencia al “plan de realizaciones inmediatas” propuesto por la
CGT, a pesar de que “las circunstancias políticas por que atraviesa el país, de suyo
anormales con las restricciones de las libertades públicas, no son las más propi­
cias para la divulgación de tal programa”. Allí señalaba que la desocupación “con
todo su cortejo de hambre y miseria, va adquiriendo proporciones de gigantesca
magnitud”, situación que es “ sólo conveniente para la plutocracia dominante”.
Frente a la “ crisis de régimen” que la “ plutocracia” pretende resolver descargando
sus efectos sobre “ los únicos factores que constituyen la base de su existencia: los
trabajadores”, la solución “reside en la transformación profunda, radical, del sis­
tema capitalista, transformación cada día más inminente”; pero mientras llega esa
transformación, la CGT “ensaya realizar, dentro de las formas actuales del régimen
de propiedad y de producción, aquellas reformas que permitan colocar a los traba­
jadores en una situación de eminencia favorable a sus propósitos históricos”. Las
propuestas son: “ instauración de la semana laborable de 40 horas, en ciclos de cin­
co días, para los adultos en trabajos diurnos, y de 30 en los trabajos nocturnos y en
las industrias insalubres”, “extensión de vacaciones anuales, con goce de sueldo, a
toda la clase trabajadora del país”, “seguro nacional sobre las desocupaciones pe­
riódicas, enfermedad, ancianidad, invalidez y maternidad”; a la vez, plantea la “ in­
tervención de la organización sindical en todas aquellas instituciones públicas que
tengan relación con el régimen de trabajo y las condiciones de vida de los obreros”,
refiriéndose particularmente a la CGT en el DNT, y al nombramiento de inspectores
por los sindicatos en la Dirección General de Inmigración y el Departamento Na­
cional de Higiene, de la Unión Ferroviaria en la Dirección General de Ferrocarriles
y en Ferrocarriles del Estado, de la Federación de Oficiales de la Marina Mercante
y la Federación Obrera Marítima en la Prefectura General Marítima y de la Asocia­
ción de Trabajadores del Estado en la Dirección General de Navegación y Puertos.
También propugna la anulación de las agencias de colocaciones y de las compañías

126 Boletín CGTN°A, 25/4/1932, p. 2.


127 Boetín CGTN° 1,15/1/1932, p. 3.
de seguros para los accidentes de trabajo y la extensión de la ley de accidentes de
trabajo a todos los trabajadores. Finalmente se pronuncia por la defensa de la in­
fancia, la estabilidad y escalafón para los trabajadores estatales, contra el alza de
los alquileres y por la derogación de la Ley de Residencia.
La CGT realizó una serie de actos públicos para difundir este programa. El
primero fue el 29 de agosto de 1932 en la Casa Suiza, en el marco de una campaña
contra “ la guerra, la desocupación y la reacción capitalista”128. En octubre el PS
ofreció participar en esta campaña, realizando acciones conjuntas, fundamental­
mente “ contra los intentos reaccionarios” que atacaban las libertades públicas y a
las organizaciones obreras, pero también por la reducción de la jornada de traba­
jo129. La central obrera, en nota firmada por su secretario general Luis Cerutti, acep­
tó oficialmente, aunque haciendo hincapié en el “carácter de primera adhesión de
fuerzas políticas”, e invitó “ a participar en la campaña a todas las entidades cuyos
propósitos sobre el particular coincidan con los de la CGT”130.
En mayo de 1933 el gobierno convocó a una comisión formada por represen­
tantes patronales y de la CGT para estudiar la implantación de la jornada semanal
de 40 horas, que sería discutida en la conferencia de la OIT. No hubo acuerdo res­
pecto de la reducción de los salarios que los patrones pretendían que acompañara a
la reducción de la jornada al mismo tiempo que proponían que cualquier modifica­
ción debía ser aprobada primero en otros países. La comisión fracasó.
La CGT denunció que la única política del gobierno era permitir que los de­
socupados acamparan en Puerto Nuevo y a lo largo de las vías férreas. La alter­
nativa, según la CGT, era “ dotar a los desocupados (...) de lo más indispensable
para vivir o en su defecto invertir ese equivalente en gendarmería y otros medios
de coerción que los contengan”131. Un año después, en junio de 1934, la CGT hizo
público un “ Plan de Emergencia”, donde insistió en la necesidad de la reducción
de la jornada laboral (semana de 40 horas y vacaciones pagas) y la implantación de
un seguro nacional a la desocupación, a la invalidez y a la ancianidad132. Simultá­
neamente el delegado de la CGT ante la JNPD presentó las siguientes propuestas:
“ (...) es indispensable ampliar e intensificar el poder de compra exten- .
diendo el trabajo al mayor número posible de personas, poniendo en acti­
vidad recursos improductivos, destinando las tierras en poder del Estado
y de los Bancos para la creación de granjas; aplicación de las 40 horas
laborables en 5 días, con la jornada de 8 horas diurnas y 6 nocturnas en
las industrias insalubres, así como para las mujeres y menores de ambos

128 Boletín CGTH0 9, 25/9/1932.


129 Sobre la política práctica de la CGT frente al fascismo, pueden verse Iñigo Carrera, Nicolás; La huelga
general política de 1932: descripción de los inicios de un ciclo en la historia de la clase obrera argentina; PIMSA
2001 y Estrategias de la clase obrera argentina: la huelga general política de agosto de 1933] PIMSA 2005.
130 Boletín CGTN° 11, 25/11/1932; p. 1.
131 Boletín CGTN° 18, 25/7/1933; p. 1.
132 CGTN°10, 22/6/1934, p. 1.
sexos después de la edad escolar, 6 horas; salario mínimo fijado perió­
dicamente de acuerdo con la fluctuación de los precios por desvaloriza­
ción del signo monetario, y como complemento, creación de un seguro
nacional para poner a cubierto de riesgos de enfermedad, desocupacióny
vejez a los trabajadores, los que no son responsables de ninguna de estas
situaciones; creación de bolsas de trabajo oficiales para mayor control de
la oferta y la demanda, con supresión absoluta de toda entidad particular
que desempeñe esas funciones; creación de organismos industriales in­
tegrados por empleados y patrones, y en representación de los primeros,
la Confederación General del Trabajo, que tendrá intervención directa y
consultiva en todos los organismos oficiales que tengan relación con la
producción, cambio, transporte, higiene, asistencia social, etc.”133.

Siguió a la presentación de este Plan de Emergencia la realización de una se­


rie de actos para su difusión en los meses de julio y agosto. En este último mes José
Milani presentó su renuncia como representante de la CGT ante la JNPD, que fue
aceptada por la Junta Ejecutiva de la CGT que no nombró reemplazante y así retiró,
temporariamente, a su representante. Los fundamentos de la renuncia, compar­
tidos por la CGT fueron que “la acción de la expresada Junta escapa al objeto que
había inducido a la CGT a participar en sus trabajos, pues éstos se limitan a una
acción muy restringida, de carácter filantrópico, consistente en dar una pésima ali­
mentación a los desocupados de Puerto Nuevo con los artículos decomisados por
la inspección de la Municipalidad y las donaciones a voluntad de los comercian­
tes e industriales, debiendo aquellos pasar la noche en tarimas sin colchones”, sin
que “ la iniciativa otorgada a la Junta de sugerir ideas al gobierno para combatir
la desocupación” y la “entrega a la misma de $ 250.000” se cumplieran. Además
denunció “ la contradicción en que incurren las autoridades, pues mientras por un
lado manifiestan preocuparse por la desocupación, por el otro la agravan, que es lo
que ocurre al permitir que la llamada Junta de Ayuda Social134 dé trabajo a los deso­
cupados pagándoles la irrisoria suma de un peso por día en concepto de salario, lo
que, por otra parte, constituye un excelente medio de reducir el nivel de los salarios
obreros de la industria en general” '35.
En octubre el gobierno nombró a los miembros de la recientemente formada
JNPCD, entre ellos al representante de la CGT, Francisco Aló. Un mes antes la CGT

133 CGTN°10, 22/6/1934, p. 3.


134 “ La Junta de Ayuda Social (organismo sin fines de lucro creado ante la emergencia y dirigido por un
triunvirato) proyectó un plan de obras públicas para permitir a los desocupados ganarse su sustento. Con tal
fin, sobre la Costanera (entre la calle Canning y la avenida Sarmiento), construyó una gran avenida, abonándole
a sus obreros a razón de $ 1 m/n por día. Además repartió comida gratuita (compuesta de pan y locro) entre
los desocupados radicados en sus inmediaciones. Igualmente concretó un plan para la construcción de casas
baratas para dar albergue a más de 100 personas. Como dicha Institución no contaba con ayuda oficial, se
mantenía gracias al aporte privado y a la venta de estampillas con reproducciones del cuadro del pintor argentino
Ernesto de la Cárcova, titulado 'Sin pan y sin trabajo'" (García, Alicia; “Crisis y desocupación en los años '30”;
en revista Todo es Historia N° 154, marzo 1980, p. 60).
135 "Junta Nacional de la Desocupación: se retiró el representante de la CGT”; CGTN° 20, 31/8/1934, p. 1.
había reiterado su crítica a la composición de la JNPCD por “reconocer la multi­
plicidad de los organismos patronales a los efectos de su intervención en la Junta,
con evidente perjuicio del trabajo organizado que, al estar representado en un solo
organismo, no le corresponde más que un puesto” 136.
En diciembre de 1934 una comisión especial de la JNPCD elevó a su presidente
un informe con recomendaciones137. El representante de la CGT, Aló, aceptando las
medidas propuestas como paliativos de corto plazo pero no solución permanente ni
completa, propuso que el DNT junto con la CGT procediera en el plazo de tres meses
“ a estudiar la producción de las industrias del país, especialmente en aquellas en
que la racionalización y los adelantos técnicos que se han introducido inciden en
mayor grado”. A partir de ese estudio se determinaría el aumento de la producción
en los últimos diez a veinte años, el número de obreros que se ocupan y los que se
ocupaban anteriormente y el promedio de salarios y la jornada de trabajo antes y
en ese momento; las estadísticas deberían hacerse con las cifras comparativas de
cinco en cinco años y de cada industria por separado. El objetivo era saber en qué
industrias podía establecerse de inmediato la semana laboral de 40 horas138.
Como la desocupación, según la central obrera, se debía a la falta de consumo
resultante de los bajos salarios y su solución era la disminución de la jornada de
trabajo manteniendo el poder adquisitivo de los asalariados, la CGT rechazó otras
políticas. Descartó el “ adiestramiento profesional” de los trabajadores (lo que hoy

136 CGTN° 23, 21/9/1934, p. 4.


137 En el corto plazo, destinar una suma mensual para alimentación y alojamiento de los desocupados, y
"pensar de inmediato” en la ocupación y ubicación de los que habitan en la zona portuaria, clasificándolos
en "desocupados que tienen o no una profesión y que desean trabajar de inmediato”, “desocupados que han
tenido o no una profesión y que por el transcurso del tiempo han perdido la voluntad del trabajo, dedicándose
hoy a la mendicidad, como oficio fácil y remunerativo", “vagos propiamente dichos” y “los vencidos de la vida,
a los cuales hay que dar alimentación y vivienda en hospitales o en asilos", para los que la JNPCD contribuirá
monetariamente. Además propone solicitar a distintas reparticiones estatales informes y recomendaciones:
del DNT “un plan de trabajo a aplicar en los próximos seis meses"; de la Municipalidad de Buenos Aires apoyo
y medidas para combatir la desocupación; del Ministerio de Agricultura, siguiendo la sugerencia de la UIA [la
organización patronal Unión Industrial Argentina], si “es posible intensificar la producción en el país de aquellos
artículos que innecesariamente importamos y que darían trabajo directo, según esa institución, a 568.000 per­
sonas y aumentarían la superficie de cultivo intensivo en más de 600.000 hectáreas", lo que permitiría ocupar a
47.000 personas; del mismo ministerio un informe sobre “la forma de comprobar la nacionalidad y el pasaporte
de los desocupados indeseables al margen de la ley"; del Ministerio de Obras Públicas “ respecto de las obras
en construcción y la posibilidad de contratar en ellas a los desocupados especializados en los trabajos de cons­
trucción; y conseguir, si fuera posible, que en los contratos por licitación se obligue a los contratistas a recibir
un número de desocupados con el jornal corriente”; de los gobernadores de los Territorios Nacionales cuántos
“brazos se necesitan en eses Territorios (...) para que puedan enviarse allí directamente a los desocupados"; de
la Dirección General de Vialidad, los lugares donde se hace necesaria mano de obra "para que dicho organismo
pueda dar trabajo a obreros desocupados”; de las “grandes industrias” sus puntos de vista para la colocación
de los desocupados y "hacerles saber que serán ayudados por esta Junta, según ios casos, en forma pecuniaria
a base de una colocación, según su número” ; de los gobiernos de provincia sus puntos de vista, haciéndoles
saber que la JNPCD otorgará subsidios a las municipalidades “que organicen en forma eficiente la lucha contra
la desocupación” (CGTN° 34, 7/12/1934, p. 2).
138 CGTN° 34,7/12/1934, p.,2.
llamaríamos “capacitación de la mano de obra”), propuesto a partir de la experien­
cia de una fábrica metalúrgica que estableció una escuela taller “por no encontrar
[personal] suficientemente apto entre el desocupado” ; la CGT se preguntaba “¿Qué
haríamos luego con esos obreros diestros?”139. También rechazó la revisión de la
política inmigratoria, es decir la posibilidad de expulsión de extranjeros indesea­
bles, porque la desocupación es un problema económico y no étnico, y comparó
los reclamos de expulsión con la política de Adolf Hitler; señaló que el predominio
de extranjeros en Puerto Nuevo se correspondía con su proporción en la población
adulta de la Capital y a que no tenían tantas relaciones como los nativos para alo­
jarse1'''0. Ese rechazo se reiteró al acusar a la JNPCD por coincidir de hecho con la
propuesta del juez de instrucción de la Capital Dr. González Gowland de internar en
la isla Martín García a 1.700 desocupados “dándoles trabajo obligatorio”"11: “ ¿Qué
se les ocurre a estos señores? Nada, que digamos. Remitir a sus respectivos países
a los desocupados extranjeros y recluir a los argentinos”'^.
En la sesión del Comité Confederal del 11 de abril de 1935 Aló presentó un infor­
me verbal sobre la actividad de la JNPCD. A pesar de la crítica a la falta de autono­
mía política de la Junta, evaluó positivamente que a través de ella el DNT informara
“en cada caso de pedido de brazos, si había conflictos huelguísticos en los puntos de
destino a fin de evitar que los obreros desocupados fuesen utilizados como rompe­
huelgas”. Pero relató la experiencia de obreros enviados por la JNPCD al Chaco donde
“ fueron recibidos por policías armados, como si se tratase de delincuentes, alojados
luego en un brete de ganado y, finalmente, no percibieron el jornal convenido, a cau­
sa de diversos descuentos que les fueran impuestos”. Esto dio lugar a un debate sobre
la conveniencia de que la CGT siguiera en la Junta. Finalmente se resolvió permane­
cer en ella “para estar debidamente informada por su delegado de todos los asuntos
relativos a la desocupación”; pero además se decidió proponer que “los braceros que
viajen por cuenta de aquélla [la JNPCD] de un punto a otro sean fiscalizados por un
representante confederal, a fin de vigilar el trato que se les da y evitar el envileci­
miento de las condiciones de trabajo o la competencia a obreros ocupados”1'43.
En abril de 1935 la CGT retomó los actos públicos para difundir su Plan de
Emergencia.
Si observamos los instrumentos utilizados por la CGT para impulsar su polí­
tica vemos que hizo sus propuestas al gobierno y organizó una campaña de confe­
rencias, pero en ningún momento apeló a la manifestación, y menos aun a la lucha
en las calles. Sólo en abril de 1935, cuando la policía desalojó el campamento de

139 Sin embargo, en una larga nota donde se plantean soluciones que en buena medida repiten las del Plan de
Emergencia de la CGT, aparece la referencia a "la reeducación técnica" (CGTN° 49, 22/3/1935).
140 CGTN0 43, 8/1/1935, p. 3.
141 La Protesta de julio de 1935 también criticó esta propuesta del juez González Gowland al Ministerio del
Interior.
142 CG7'N°71) 23/8/1935. La propuesta no era nueva: "el gobierno nacional, según algunas fuentes, embar­
cará en breve a esos inmigrantes para sus respectivos países" [La Capital, 27/10/1932).
143 CGTH° 53,19/4/1935, p. 2.
Canning y Costanera Norte, y sus habitantes fueron conducidos al Albergue de­
pendiente de la JNPCD, se planteó (verbalmente) desde la CGT la posibilidad del
uso de una dosis de fuerza. Comentando el desalojo y apuntando a la inoperancia
del poder ante los pedidos obreros de disminuir la jornada de trabajo para resolver
la desocupación planteó que “ Comprobado que los estudios van para largo y que
cuando se terminan son, por lo común contrarios a las peticiones obreras, sería el
caso de pensar en acompañarlos con algunas dosis de fuerza de la misma naturale­
za de aquellas que trajeron las jornadas de ocho horas”14''. Sebastián Marotta reiteró
la amenaza de “ acción directa” en el acto realizado en Plaza Once el 8 de junio a
propósito de la implantación de la jornada de 40 horas: “ (...) los mismos que aducen
la imposibilidad de implantar la semana de 40 horas localmente mientras una me­
dida idéntica no se adopte con carácter internacional145, son los que se oponen por
todos los medios a su sanción internacionalmente. Ante tan irreductible posición
del capitalismo sólo queda el recurso de la acción directa de los trabajadores para
imponerle lo que no se aviene a conceder por medios pacíficos, en la misma forma
como se impuso antes la jornada de 8 horas, cuya sanción, nacional e internacio­
nalmente, sólo sirvió para legalizar una conquista de largo tiempo obtenida por los
obreros mediante su acción en los sitios de producción”146.
Claro que para entonces el incremento de la actividad económica restaba peso
al problema de la desocupación.

P O L Í T I CA S D E S D E LOS SI NDI CAT OS: R E DUCCI ÓN DE L A J O R N A D A L A B O R A L . O B R A S


PÚBLICAS Y “ PR O RR A TE O”
La situación general era que “Los socorros ‘estatutarios’ u otras formas de
ayuda en caso de paro sólo existen para una mínima fracción de los asalariados
argentinos. (...) las contribuciones que, en las circunstancias actuales, las organi­
zaciones pueden imponer a sus miembros bastan apenas para los socorros en caso
de fallecimiento o de enfermedad. Sólo algunas organizaciones particularmente
sólidas han alcanzado a poner en pie una asistencia regular a sus miembros deso­
cupados, a veces a costa de sacrificios considerables”147. Entre éstas estaban orga­
nizaciones pequeñas y de trabajadores de oficio muy calificados, como la Cámara
Sindical de Cocineros y Pasteleros de Buenos Aires, que daba un subsidio mensual
a los desocupados del sindicato -en diciembre de 19 34,120 sobre 620 miembros-
con fondos reunidos mediante la donación de uno, dos o tres días de sueldo; o la
Federación de Oficiales de la Marina Mercante que instituyó un subsidio para capi­
tanes, oficiales mecánicos y comisarios de abordo con contribuciones de 10 a 15%
de los sueldos de los ocupados de esas categorías. También la Asociación de Capita­

144 CG7N0 54,175/1935, p. 4.


145 Ésa era posición de los empresarios, expuesta por la Asociación del Trabajo en el folleto La "semana de 40
horas" y el problema de desocupación: Buenos Aires, 1933.
146 CGTN° 61, 14/6/1935, p. 1.
147 Siewers, Enrique; “ El paro en Argentina"; CGTH° 75; 20/9/1935, p. 3.
nes, Prácticos, Baqueanos y Patrones de Cabotaje de los ríos instituyó un sistema de
turnos en el trabajo, pero encontró resistencia de muchos armadores y lo reemplazó
por la creación de un fondo “ Pro desocupados” solventado con descuentos realiza­
dos sobre los sueldos de los ocupados; este fondo se instituyó en octubre de 1933 y
el porcentaje fue variando según el momento y el río148. La Federación de Obreros
y Empleados Telefónicos instituyó en 1931 una caja especial de socorros en caso de
enfermedad, accidente, fallecimiento y pérdida de trabajo, que dio un socorro de
desocupación, pero en noviembre de 1934, debido a la automatización del servicio
telefónico que provocó muchos despidos (casi 4.000 empleados menos entre 1930
y 1934, a pesar de haber aumentado el número de líneas), tuvo que modificarlo1'19.
Frente a esta situación los sindicatos realizaron los mismos reclamos que la
CGT. La Federación Gráfica Bonaerense, por ejemplo, siguiendo los lineamientos
de las “organizaciones internacionales de la clase trabajadora”, reivindicó la re­
ducción de la jornada de trabajo como “la única forma de remediar la desocupa­
ción y la crisis económica”150. El Sindicato Obreros en Madera, adherido a la CGT,
comenzó en julio de 1933 una campaña por la jornada de 7 horas y la semana de
cinco días151. Y una asamblea de delegados de la Unión Ferroviaria (UF) realizada
el 17 de junio de 1934, reiteró la propuesta de semana de trabajo de cuarenta horas
con igual salario, exigiéndola al parlamento por intermedio de la CGT152. Lo mismo
pidieron los empleados de comercio de Bahía Blanca, junto con un seguro nacional
de desocupación153. La Unión Obrera Local de La Plata avanzó más y propuso en su
asamblea de marzo de 1932 “ fijar como meta inmediata la jornada de seis” horas,
para combatir la desocupación15*, lo que reiteró con motivo del i° de Mayo de 1933155.
La otra demanda fue la realización de obras públicas, planteada, por ejemplo,
por la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE)156y por el Consejo de Unificación
del Chaco (formado por Marítimos y Estibadores de Barranqueras, Obreros Textiles
y Obreros Pavimentadores de Resistencia, con la presencia como observadores de
delegados de La Fraternidad, la Unión Gráfica y ATE)157.
Pero los gremios más importantes, de trabajadores de empresas de gran capital
que monopolizaban las correspondientes ramas de actividad, y también de asalaria­
dos estatales, aceptaron que los despidos fueran evitados distribuyendo las horas de
trabajo entre los trabajadores, reduciendo las horas trabajadas por cada trabajador,
pero también los salarios. Fue el llamado prorrateo. La UF aceptó en 1931 el “prorra­

148 CG7"N° 79, 18/10/1935 p. 3.


149 Siewers, Enrique; op. cit.
150 Boletín CGTN° 7, julio 1932.
151 Boletín CGTN° 19, 25/7/1933, p. 3.
152 CGTN° 12, 6/7/1934, p. 2.
153 CGTH° 13,13/7/1934, p. 2.
154 Boletín CGTN° 2, 15/2/1932, p. 1.
155 Boletín CGTN° 16,1/5/1933, p. 6.
156 Boletín CGTH0 11 , 25/11/1932; pp. 1 y 2;
157 Boletín CGTN0 8, agosto de 1932.
teo del trabajo” (tumos rotativos sin cobrar los días no trabajados y reemplazo en
esos días por trabajadores de menor categoría) como alternativa a los despidos o a las
rebajas de los salarios básicos; y, más tarde, en 1933, rebajas de sueldos en el Ferroca­
rril Sud y otras empresas158. La Unión Tranviarios Automotor (UTA) también propuso
el “prorrateo” como alternativa a los despidos que estaba realizando la compañía La-
croze. ATE también aceptó, como “concesión solidaria”, que sólo se trabajaran 15 y 18
días por mes’59. La Federación de Obreros Marítimos instauró un sistema de rotación:
cada tres, cuatro o cinco meses los ocupados, salvo los patrones, jefes de máquinas y
cocineros jefes, cedían por un mes su puesto a los desocupados.
De los sindicatos vinculados a la CGT, sólo la Unión Obrera Provincial de En­
tre Ríos y el ya citado Consejo de Unificación del Chaco plantearon una política algo
diferente. La primera “ aconseja a los Sindicatos la formación de censos de desocu­
pados y su organización en Comités” que deberán participar en los actos del i° de
Mayo y reclamar ante los gobiernos municipales “ trabajo y en su defecto alimentos
esenciales como ser pan, leche, carne, fideos, papas, sal y azúcar”; en los actos en
los que participen los desocupados se votará un reclamo al gobierno provincial so­
licitando que se los atienda160. El Consejo de Unificación del Chaco reclamó, además
de la realización de un censo de desocupados en el Territorio y seguro de desocupa­
ción, la solidaridad de los gremios con los desocupados161.

LOS I N T E N T O S DE O R G A N I Z A C I Ó N D E L OS D E S O C UP A D O S D E S D E O T R A S C O R R I E N TE S
D E L M O V I M I E N T O O B RE R O
Como vimos, sólo algunos gremios se dieron una política para sus afiliados
desocupados; la CGT y el PS, por su parte, no plantearon la organización de los
desocupados. Esa política surgió de las organizaciones político-sindicales más ra­
dicalizadas del movimiento obrero: los anarquistas y los comunistas. Esto mismo
hace difícil encontrar registro escrito de sus actividades, ya que habían sido pues­
tas fuera de la ley y perseguidas.
El Bureau Político Sudamericano de la Internacional Comunista había fijado
entre sus políticas el pedido de subsidio para los desocupados, a la vez que indica­
ba que “cada célula, cada grupo sindical, cada organismo de base debe editar lite­

158 Las alternativas de la negociación entre la UF, las empresas y el gobierno, y también las de La Fraternidad,
que culminaron en el "laudo Justo" de octubre de 1934 pueden verse en Del Campo, Hugo; Sindicalismo y
peronismo; Buenos Aires, Clacso, 1983; pp. 81-84. También en Horowitz, Joel; Los sindicatos, el estado y el
surgimiento de Perón 1930-1946; Buenos Aires, Eduntref, 2004, pp. 131-137. Y en Marotta, Sebastián; El mo­
vimiento sindical argentino; tomo III, Buenos Aires, Calomino, 1970. La Fraternidad, por su parte, convino con
las empresas que los trabajadores donaran a éstas una parte de su sueldo. La negociación con las empresas
fue duramente criticada desde un comienzo por los militantes comunistas que las calificaron como “ofensiva
capitalista en los ferrocarriles” y “frente único de las empresas, la Junta y los dirigentes fascistas" [La Intema-
ciona\, diciembre de 1930).
159 Boletín CGTN° 1,15/1/1932, p. 4.
160 Boletín CGTN° 16,1/5/1933; p. 6.
161 Boletín CGT N° 8, agosto de 1932.
ratura y especialmente periódicos, en todos los cuales debe ligarse a las cuestiones
planteadas las reivindicaciones de los desocupados y la denuncia de los muertos de
hambre o de frío o los suicidados de desesperación”162.
Hemos encontrado referencia a la existencia de organizaciones de desocupa­
dos en Dock Sud163; Avellaneda, Piñeyro y Puente Alsina, todas estas vinculadas al
Sindicato Obrero de la Industria de la Carne y al Comité de Unidad Sindical Clasista
(CUSC)’64; en Capital Federal: Comité de Agitación Pro Inquilinos y Desocupados,
vinculado a la Federación Obrera Local Bonaerense (FOLB), en Puerto Nuevo, en
Villa Desocupación y en Villa Pueyrredón165; y en Zárate166.
Después del ataque policial al acto del 16 de mayo de 1933 en Puerto Nuevo, al
que nos referiremos más adelante, el Comité de ese lugar propuso la formación de
un Comité Nacional de Desocupados167. Con motivo de los ataques policiales contra
asentamientos y Villa Desocupación, ocurridos el 26 de julio168 y el 4 de agosto de
1933 169, los Comités de Desocupados del Frente Único hicieron
“ un llamado a todos los obreros ocupados y desocupados pidiendo su
apoyo en las justas reclamaciones, e intensificar la lucha por las reivindi­
caciones de la enorme masa de desocupados que va aumentando en todo
el país (...): Un subsidio a los desocupados o pan y trabajo. Por el no pago
de alquileres estando desocupado. Por galpones limpios, ropas y comida
suficiente para todos. Asistencia médica gratuita para los enfermos. Reti-

162 AGN - Fondo Justo; Caja 45, Documento N° 135. Ya hemos citado información publicada en el periódico
comunista La Internacional sobre desocupados muertos de frío y hambre.
163 El periódico comunista denunció que "La perrada [la policía] del Dock Sur quiere impedir que los obreros
desocupados se organicen y luchen junto con los obreros de las empresas por la obtención de un subsidio
diario, pago por la Municipalidad y las empresas (...) De tal manera una dotación policial llegó a los barrios
pobres y pieza por pieza hace salir a los ocupantes. A los que trabajan se los manda de nuevo a dormir, y a los
desocupados se los amontona y se los lleva a la comisaría. Una vez allí, el comisario, les provee de un pasaje o
sencillamente les dice que desalojen el barrio y que se vayan al campo. (...) Impidamos los designios malvados
de la burguesía. Organicemos comités de desocupados y luchemos por el derecho a permanecer en las ciudades
y por un subsidio (...)" {La Internacional, 7/1/1932).
164 La Internacional, 27/2/1932. Junto con agrupaciones sindicales de los frigoríficos Anglo, La Negra, La
Blanca, Talleres Metalúrgicos San Martín, las fábricas textiles de Campomar y Giardino, la destilería petrolera
Diadema, la curtiembre La Franco-Argentino y el grupo sindical juvenil de la Cristalería Papini “se han reunido
en conferencia sindical para estudiar la situación del proletariado de Avellaneda y establecer cómo luchar contra
el hambre (...)” (ídem).
165 Volante en AGN - Fondo Justo; Caja 45, Documento N° 135, julio de 1933.
166 "Se estableció la existencia de dos comités de desocupados, uno de los cuales era dirigido por Rojas y los
componentes de las diferentes células” (AGN - Fondo Justo; Caja 45 Documento N° 70, p. 4).
167 La Internacional, 12/6/1933.
168 “ El día 26 del mes pasado la policía quemó 40 ranchos con la ropa de los que en ese momento se hallaban
afuera, sin tener consideración con los enfermos, dejándoles al frío en estos días de invierno. A esto se agrega
los golpes que recibieran varios de los nuestros, no sólo por las protestas justas, sino también por el hecho de
preguntar dónde dormiremos esta noche" (“Llamado del Comité de Desocupados Puerto Nuevo Canning"; La
Internacional, 23/8/1933).
169 Relatado más arriba en este capítulo.
ro de la vigilancia policial de los campamentos. Contra el trabajo forzoso.
Por la libertad de los presos” 170.

Estas organizaciones estaban relacionadas con militantes y organizaciones


anarquistas y del Partido Comunista.
El PC, además de aceptar a través de su periódico las movilizaciones y sa­
queos que veremos más adelanteizi, planteaba el mutuo apoyo en las luchas de
ocupados y desocupados:
“Queremos también decirles a los obreros que trabajan que aquí, en el
campamento de Canning cuentan con toda nuestra solidaridad cuando
salgan a luchar por sus reivindicaciones. ¡Nosotros los apoyamos y no
nos prestaremos a ser carneros! Pero, también los obreros ocupados hoy
deben apoyar nuestras luchas y no dejarse engañar por la propaganda
infame de los diarios de laburguesía. ¡Somos desocupados que luchamos
por nuestro derecho a la vida! ¡No somos asesinos ni asaltantes! Deben
apoyar nuestra lucha cuando exijamos de los patrones y el gobierno que
nos den para vivir ya que antes nos han sacado bien el jugo y son ellos
los responsables de nuestra situación. Y en sus fábricas y talleres deben
agitar también nuestras reivindicaciones: un kilo de pan, yerba, azúcar,
carne y un litro de leche”172.

Los anarquistas, por su parte, planteaban:


“Desde hace algunos años los anarquistas hemos propiciado como solu­
ción transitoria a la desocupación, las jornadas de 6 horas de labor. (...)
Entonces la desocupación no habido adquirido aún el carácter agudo y
universal que la convierte en el principal de los problemas presentes, en
el centro de gravedad de los acontecimientos que han de producirse. (...)
Ya la jornada de seis horas no es suficiente para dar solución transitoria al
problema de la desocupación. Ni significa esto que haya de ser abandonada
esta reivindicación proletaria. Significa solamente que hay que tender la
vista más allá, buscando soluciones más eficaces y perdurables. (...) En una
situación semejante, la solución más urgente y segura es librar a los colo­
nos de las exacciones del latifundismo parasitario y dejar libre el acceso
a la tierra, sin tributos ni cargas, a todos los obreros desocupados de las
ciudades. Es ésta la única solución verdadera y que traería por resultado
inmediato la descongestión de las ciudades de desocupados. Que vayan
los parias de la ciudad y del campo a trabajar la tierra, pero que trabajen la
tierrapara satisfacer ante todo sus necesidades y las necesidades de los que

170 "Llamado del Comité de Desocupados Puerto Nuevo Canning”; La Internacional, 23/8/1933.
171 También reivindicaba una política de toma de viviendas, aunque no hemos encontrado referencia a que
se haya puesto en práctica: “ Nosotros debemos resistir a ese desalojo [de los campamentos] y los obreros
ocupados y sus sindicatos deben apoyarnos! ¡Hay muchas casas desalquiladas! Que ellas se les faciliten a los
desocupados con familia para habitarlas gratuitamente. ¡Que los grandes rentistas paguen ia desocupación y
no nosotros que sufrimos por ella!" [La Internacional, 11/12/1933).
172 La Internacional, 11/12/1933.
carecen de pan, sin preocuparse para nada de la organización comercial
capitalista que contribuye, con su fundamento de beneficio personal, a
agravar el problema. No esperemos que esta solución se imponga de otra
manera que por la vía revolucionaria, de acción directa popular. El capi­
talismo no se avendrá más que por la fuerza a perder sus privilegios. Y
en la Argentina, donde el latifundismo es tan fuerte y constituye el mal
principal, es este mismo latifundismo el que, desde el gobierno o fuera
de él, dicta la ley. No hay más soluciones que las que imponga el pueblo
dirigido por la necesidad de asegurar el pan para todos. Estas soluciones
implican la revolución social y hacia ella debemos marchar sin vacilacio­
nes. No habrá paz social, no habrá organización armónica y solidaria de la
colectividad humana, mientras no se destruya de raíz la propiedad privada
y su sostenedor, el Estado tirano y parasitario”173.

LOS SAQUEOS Y LAS MAN IFESTACIONES


Como vimos, la CGT hizo sus propuestas al gobierno y organizó una campaña
de conferencias, pero en ningún momento apeló a la manifestación, y menos aun a
la lucha en las calles.
Sin embargo, y a pesar del control policial sobre los desocupados, éstos ge­
neraron varios hechos de rebeliónm, que tomaron tres formas: las manifestaciones
realizadas por desocupados en distintas localidades del país, el ataque y saqueo de
comercios en Buenos Aires y el ataque a agentes de policía para apropiarse de sus
armas175. Tanto la misma policía como el periódico anarquista y el comunista se­
ñalan la relación entre la movilización de los desocupados y las corrientes político
ideológicas más radicalizadas del movimiento obrero.

173 La Protesta, 29/4/1932.


174 Utilizamos el concepto de rebelión en su sentido más abarcador, que le da Federico Engels [La situación
de la clase obrera en Inglaterra; capítulo “Movimiento obrero"), es decir como la escala que recorre desde la
forma "más incivil" e ineficiente, el delito, hasta la forma más desarrollada, "la insurrección obrera consciente".
Obviamente, desde mediados del siglo XIX el proceso histórico ha agregado nuevas formas a las ya señaladas
por Engels.
175 Estos instrumentos también fueron utilizados por los desocupados en Belfast (Irlanda del Norte) donde, en
octubre de 1932, hubo saqueos, choques callejeros con la policía, incendio de puestos policiales, desarme de
policías y una huelga de los obreros ocupados en solidaridad con los desocupados; en Londres donde, en octubre
y noviembre del mismo año, hubo una multitudinaria Marcha del Hambre, acompañada de choques callejeros
con la policía y saqueos; en Chicago, en octubre de 1932 donde hubo otra Marcha del Hambre, al igual que en
Washington en noviembre, acompañada de choques callejeros con la policía; en Berlín en noviembre y diciembre
del mismo año se realizaron manifestaciones y saqueos.
LAS MANIFESTACIONES
Las manifestaciones de desocupados lejos estuvieron de circunscribirse a las
ciudades de Buenos Aires, Rosario y Córdoba176. Un relevamiento, no necesaria­
mente completo, muestra lo siguiente:
Las primeras referencias remiten a diciembre de 1930. Ese mes hubo una ma­
nifestación de mil desocupados en las calles céntricas de Mendoza que exigían
trabajo y fueron dispersados por la guardia de seguridad cuando se aproximaban
a la casa de gobierno177. El mismo mes, en Avellaneda, “500 desocupados improvi­
saron una manifestación, que se inició frente al frigorífico donde diariamente se
congregan grandes cantidades de obreros sin trabajo. La manifestación comenzó
a recorrer las calles exigiendo pan y trabajo. Al llegar frente a la comisaría se pre­
tendió deshacerla con buenos modales; pero vista la decisión de los compañeros se
produjeron violentísimas cargas policiales que, sin embargo, no lograron su objeto
de ahuyentar a los manifestantes. De resultas de los choques con la policía se pro­
dujeron varias detenciones, entre ellos una compañera”178.
El 5 de abril de 1931 se realizó un numeroso mitin contra la desocupación en
la Plaza Independencia de San Miguel de Tucumán, convocado por el Sindicato
Autónomo de Obreros Albañiles y Anexos junto con la Unión Chauffeurs, y del que
participaron casi todas las organizaciones gremiales de San Miguel y representan­
tes del PS Independiente179. Éste fue uno de los primeros actos obreros realizados en
esa provincia durante el gobierno de Uriburu. El acto, que según explícitamente se
anunció no estaba convocado contra el gobierno, apeló a los trabajadores en general
porque, según los organizadores “ la lucha contra la desocupación no debe limitar­
se a los desocupados, debe ser la lucha común de todos los trabajadores unidos” 180.
Las consignas convocantes fueron: aumento de salario a los obreros ocupados, jor­
nada de siete horas diarias, subsidio de dos pesos diarios a los desocupados, pasa­
jes gratis para trasladarse a otros lugares en busca de trabajo, libertad de prensa
obrera y de huelga, libertad a los presos por cuestiones sociales, repatriación de los
deportados, levantamiento del estado de sitio y fin de la ley marcial181.

176 "Desde fines de 1929 y particularmente en 1930 (...). El descontento obrero y popular crecía. Huelgas
y protestas, manifestaciones de desocupados en Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba iban cobrando mayor
envergadura” (Manzanelli, Jesús; La vida de un dirigente obrero y comunista cordobés; Buenos Aires, Centro de
Estudios Victorio Codovilla, 1971).
177 La Protesta, 27/12/1930.
178 La Internacional, diciembre de 1930.
179 Toda la información sobre este mitin está tomada de Fernández de Ullivarri, María; Trabajadores, sindicatos
y política en Tucumán, Tesis Doctoral en Historia, UBA, 2010, pp. 87-101. La autora atribuye la iniciativa a los
sindicatos con conducción comunista, aunque mantienen una ligazón con la FORA. Sin embargo de la misma
descripción parece desprenderse una activa participación anarquista en la convocatoria y una más amplia
presencia en la concentración. Resulta llamativo que el acto fuera autorizado por las autoridades provinciales
así como la ya citada participación del PSI y la explícita afirmación de que el acto no es contra el gobierno, al
que tanto anarquistas como comunistas, ferozmente perseguidos por Uriburu, tenían como abierto enemigo.
180 Manifiesto del Sindicato Autónomo de Obreros Albañiles y Anexos, citado en Ullivarri; op. cit., p. 89.
181 Ullivarri; op, c it: p. 94.
En la prim era mitad de marzo de 1932 “ (...) cientos de obreros desocupados
llegaron hasta el centro de la ciudad [de Buenos Aires] en m anifestación, exigiendo
el subsidio para los desocupados”, y se enfrentaron con la policía m ontada que
intentó im pedirles el paso. Se anunció que el 20 de ese mes, “ día de la desocupa­
ción”, se realizaría una asam blea de desocupados en el cine La Perla, de Piñeyro,
organizada por un comité de Desocupados de A vellaneda, y dos grandes mítines en
la Capital, estos últimos con la consigna de “ gran jornada contra la desocupación,
por el subsidio” '83.
En la m añana del 21 de septiembre de 1932 una importante m anifestación de
desocupados “ entonando canciones obreras y ostentando carteles alusivos a su
situación” 183 m archaba por el centro de Rosario hacia una “ olla popular” 18" ubicada
en la esquina de Córdoba y Buenos Aires, cuando agentes y caballería de la policía
intentaron dispersarlos; se produjo un choque callejero, con pedradas y sablazos,
que dejó “ numerosos agentes y participantes de la m anifestación (...) contusos”,
según La Vanguardia, 20 heridos de acuerdo a La Protesta, y alrededor de 50 m ani­
festantes apresados, en lo que coinciden am bas fuentes185.
Al día siguiente, obreros desocupados realizaron un acto en San Francisco
(Córdoba), elevando a la intendencia una nota en la que solicitaron la disolución de
la Oficina M unicipal del Trabajo, “ por considerar nula su gestión en favor de la cla­
se trabajadora” 186. En esos días también hubo aglomeraciones de desocupados en
General V illegas, provincia de Buenos Aires, incluyendo una frente al municipio,
en la que 500 desocupados reclam aron trabajo187.
Aproximadamente en octubre de 1932 se realizó en la plaza de Las Rosas, S an ­
ta Fe, una asam blea pública en la que se votó un pliego de condiciones, que fue pre­
sentado a la m unicipalidad y al jefe de policía del Departamento por la Asociación
Libertaria de Trabajadores local:

“ Por acuerdo unánime de los obreros reunidos en asamblea general, en


la plaza pública, elevamos ante Ud. el siguiente petitorio: i°- Dada la gran
cantidad de obreros que sufrimos las consecuencias de la desocupación
solicitamos en la medida que sea posible lo siguiente: 20- Esta sociedad
tomará a su cargo la distribución del trabajo y practicará el más riguroso
turno entre sus asociados. 30- A los fines de combatir la desocupación
para que el trabajo alcance la mayor cantidad de obreros, el horario mis­
mo, deberá ser de seis horas diarias. 40- Trabajar como mínimo, tres días

182 La Internacional, 16/3/1932.


183 La Protesta, 24/9/1 9 3 2 .
184 La Vanguardia, 2 2 /9 /1 9 3 2 .
185 “Allí tuvo lugar la exposición gubernativa, demócrata, de la solución que le piensan dar al angustioso
problema de los sin trabajo. Sable y plomo milico, Cercados por la caballería policial y golpeados con sin igual
furor, los trabajadores tuvieron que dispersarse en todas direcciones. Veinte heridos y cincuenta presos arroja
el balance de la cobarde hazaña demócrata policiesca". [La Protesta, 24/09/1932).
186 La Vanguardia, 23/9/1 9 3 2 .
187 La Vanguardia, 27/9/1932.
en la semana. 50- Sueldo mínimo 4 pesos diarios. 6o- En la comuna, [ilegi­
ble] agrícola, estancias, etc. donde los precios que se pagan sean superio­
res a cuatro pesos diarios no podrán bajo ningún concepto ser alterados.
7o- Esta sociedad obrera tendrá el control de los obreros que trabajan y los
que estén desocupados, a fin de que el turno sea practicado con equidad.
8o- Si el trabajo no alcanzara para todos los cerealistas, casas mayoristas,
estancias, etc., deberán proporcionar al pueblo los alimentos de primera
necesidad. 90- La asociación obrera se encargará de hacer la distribución
entre los obreros de las mercaderías. 10o- No podrá iniciarse, teniendo en
cuenta la situación de miseria por que se atraviesa, gestiones de desalojo
por falta de pago en los alquileres. 1 1 o- Este petitorio deberá ser contesta­
do para el día ocho del cte. a las 17 horas” 188.

No conocemos el resultado de esta demanda.


El 12 de diciembre de 1932 se realizó un mitin organizado por un comité de
desocupados en la plaza General López, de Rosario, “ al que asistió una regular
cantidad de person as” y que se desarrolló “ con tranquilidad” 189.
El 16 de mayo de 1933 el Comité de Desocupados de Puerto Nuevo realizó un
mitin en Dársena B y Av. Edison en el que, según el periódico com unista, se reunie­
ron 600 desocupados exigiendo “ mejor comida y pan y trabajo; denunciando la
reacción y la guerra im perialista” i90. La policía, que estaba inform ada de la reali­
zación del acto “ ileg al” que “ versará sobre el hambre y crítica al S.G. [Superior Go­
bierno] y a la represión p olicial” previo que “ la Comisaría de P.N. [Puerto Nuevo] de­
tendrá al orador y dos o tres asistentes al efecto de disim ular (...) y a que no conviene
fuerte represión que alteraría el plan que se desarrolla para abatir en un solo golpe
toda la acción directriz en Canning y P. Nuevo” i9 i; por eso la Sección Especial “ no
envió servicio de previsión, y a que era conveniente se realizara el acto para detener
simplemente a 3 o 4 sujetos” i92. Sin embargo, cuando la policía intentó detener al
segundo orador, éste resistió a puñetazos y, según la policía, intervino el “ grupo de
auto defensa” produciéndose un tiroteo de 20 a 30 tiros, que dejó heridos a un agen­
te y a un m anifestantei93 y diez detenidosi94, Que fueron puestos a disposición del

188 La Capital, 8/10/1932.


189 La Prensa, 13/12/1932. Más arriba hemos referido cómo en los meses de octubre, noviembre y diciembre
de 1932 se realizaron movilizaciones de desocupados en Inglaterra y EEUU con el nombre de “ Marcha del Ham­
bre''. Un hecho que tomó la misma denominación pero protagonizado por hambrientos de otra fracción social se
desarrolló en la ciudad de San Juan; grupos de mujeres y niños de familias de agricultores de la colonia fiscal
Media Agua manifestaron solicitando al gobierno ropa y alimentos y el cum plimiento de la ley de colonización,
que autorizaba al gobierno a hacer distribución de víveres entre los agricultores de las tierras fiscales (La Capital,
26 /12/1932).
190 La Internacional, 1 2 /6/1 9 3 3 .
191 Sección Especial; Desocupados; en AGN - Fondo Justo, Caja 45, Documento N° 102.
192 Sección Especial; Tiroteo de Puerto Nuevo; en AGN - Fondo Justo, Caja 45, Documento N° 103.
193 La Internacional sólo hace referencia a un manifestante herido de bala.
194 Por los apellidos puede verse que, contra lo que suele afirm arse acerca de la abrumadora mayoría de
polacos en Puerto Nuevo, tres de los presos son de origen eslavo, tres de apellido español, uno vasco, uno judío
juez de instrucción por “ infracción al Edicto de Reuniones P ú blicas” . La policía
quedó sorprendida porque “ no se esperaba la actuación de auto-defensas, ya que
los oradores no eran del Partido Comunista sino simples sim patizantes que hacen
sus prim eras arm as en la tribuna com unista” i95. Junto con el relato de este hecho
La Internacional propuso la formación de un Comité Nacional de D esocupados196.

SAQUEOS Y 0ESTR 0Z0 DE COMERCIOS Y DESARME DE POLICÍAS


Esta segunda forma de rebelión también puede observarse desde 1930. En fe ­
brero de ese año: “ (...) en Tardón [La Pampa], los desocupados han am enazado con
asaltar los negocios si el gobierno nacional no busca un medio para levantar esta
situación (..,)” 197. También hay registro de rumores de posibles saqueos en la ciudad
de San Juan, aunque allí el periódico anarquista lo atribuye a versiones de “ la pren­
sa lacayu n a” para “ provocar la reacción del gobierno” contra la m ovilización obre­
ra 193. Sin embargo, en diciembre de 1932, un m anifiesto distribuido entre los de­
socupados de Palermo y Puerto Nuevo, “ anunciando la constitución de un comité
afecto a la Federación Obrera Regional Argentina, cuyos propósitos son organizar a
los trabajadores parados todos para defender, conjuntamente con los ocupados, los
intereses com unes” exhortó “ a los obreros sin trabajo a luchar mediante la acción
directa y revolucionaria, junto con los desocupados de la ciudad, ocupando las ca­
sas deshabitadas y apoderándose de los depósitos de productos” 199.
Pero donde esas am enazas se hicieron realidad fue en Buenos Aires. En la
tarde del 20 de octubre de 1933, veinte desocupados, “ con sus trajes sucios y des­
garrados y sus angulosos rostros” , arm ados con palos, hierros y ladrillos, se con­
centraron en Canning y Paraguay. Dos de ellos repartieron “ panfletos de protesta” .
Saquearon el alm acén, sucursal de las Grandes Despensas Argentinas, pertenecien­
te a la empresa ARSA, ubicado en la esquina, llevándose pan y fiambre, pero sin
buscar el dinero de la caja registradora; el responsable del local denunció que uno
de los desocupados hizo dos disparos con un arm a de fuego. Dos policías llegaron y
dispararon sus arm as al aire y los desocupados huyeron, rompiendo las vidrieras de
una tintorería y de una panadería sobre la calle Canning. Allí los policías detuvie­
ron a un desocupado de origen polaco. Poco después la policía realizó “ una batida”
en el campamento de Canning y el río, y detuvo a 30 personas. Muchos desocupados
entrevistados por Crítica “ (...) han asegurado que ninguno de los que frecuentan
el albergue, puede haber intervenido en el atentado, por considerarlo inútil. A gre­
garon que no tienen quejas contra los vecinos del barrio, que los tratan bien y que

y dos probablemente italianos.


195 Sección Especial; Tiroteo de Puerto Nuevo-, en AGN - Fondo Justo, Caja 45, Documento N° 103.
196 La internacional, 12/6/1933.
197 La Protesta, 27/2/1930.
198 La Protesta, 26/10/1932.
199 La Vanguardia, 14/12/1932.
creen que tampoco tienen motivos para protestar contra ellos” .200 Pero desde las po­
siciones m ás radicalizadas dentro del movimiento obrero se justificó el hecho: “ En
la intersección de las calles Canning y Paraguay hay un gran alm acén de la ARSA
im perialista. Los desocupados en m asa, entraron allí y tomaron por la fuerza, gran
cantidad de alimentos y víveres, respondiendo al ataque armado que sufrieron, con
la fuerza y rompiendo los vidrios y estanterías de lujo de la ARSA”.301 La Internacio­
nal coincidió con Crítica en que a pesar de que “ los desocupados en la Capital Fe­
deral, que sum an decenas de m iles, sufren hambre terrible (...) [l]a policía de Justo
al servicio de los im perialistas, al no poder detener a nadie, se dirigió entonces a
V illa Desocupación y en la forma acostum brada llevó mas de 100 desocupados a la
cárcel” ; el periódico com unista llam ó a los trabajadores a la “ ¡Solidaridad con los
hechos de nuestros hermanos desocupados!” y exigir la libertad de los presos.202
Pocos días después, “ un grupo de numerosos desocupados penetró en varios
comercios de la avenida San M artín, causando algunos destrozos. En la com isaría
de la sección 29 inform aron que los mismos no se habían apoderado de sum as de
dinero y que lo iniciaron im pulsados por el ham bre” 203. Según Crítica eran todos
polacos los que “ rompieron los cristales de varios establecim ientos com erciales de
la Avenida San M artín” ; en San Martín y Nicasio Oroño (La Paternal) tres hombres
se desprendieron del grupo de polacos desocupados, uno de ellos le aplicó un gol­
pe de furca a un cabo de la policía y los otros lo desarm aron y huyeron, mientras
otros desocupados avanzaban por la Avenida San Martín con palos y hierros, h a s­
ta llegar a una sucursal de las Grandes D espensas Argentinas, donde entraron al
negocio y rompieron las vidrieras y la cortadora de fiambres; después siguieron por
San Martín al grito de “A la carga” y “ Queremos pan y trabajo”, m ientras tiraban
piedras contra las vidrieras de una panadería, una zapatería, una agencia de lotería
y cigarrería, una sombrerería, una cam isería y una tienda (todas en San Martín a la
altura del 2300). Si bien atacaron los negocios mencionados en ningún caso roba­
ron nada. Destacó también Crítica que dos establecim ientos, propiedad de polacos,
no fueron atacados. Algunos comerciantes persiguieron a los m anifestantes hasta
que llegó la policía y detuvo a ocho hombres de entre 22 y 34 años, de origen polaco,
todos ellos habitantes del campamento de la calle Canning; la policía encontró en
el suelo la pistola arrebatada al cabo. Todos los presos negaron haber participado
en el hecho. Más tarde la policía realizó una razzia en el campamento de la calle
Canning y detuvo a “ numerosos desocupados” ; los detenidos negaron haber parti­
cipado en el hecho, que repudiaron porque, según dijeron, los perjudicaba, aunque
el cabo desarm ado y los comerciantes afectados dijeron reconocerlos204.

200 Crítica, 21/10/1933.


201 La Internacional, 7/11/1933.
20 2 La Internacional, 7/11 /1 933.
203 La Vanguardia, 4/11/1933.
204 Crítica, 4/11/1933.
Un tercer hecho de este tipo se produjo el 20 de noviembre del mismo año, en
que “ unos desocupados tomaron por sus propios medios las m ercaderías n ecesa­
rias a sus estómagos exhaustos. No tomaron dinero; sólo llevaron m ercadería”205.
El último hecho registrado se produjo a las 20 horas del 24 de enero de 1934,
cuando desocupados polacos, según afirm a el com isario Re, hicieron disparos al
aire y contra los negocios situados en Santa Fe y Ju lián Álvarez, en Palermo, y, con
palos, piedras y hierros, rompieron las vidrieras de una sucursal de las Grandes
Despensas Argentinas, donde hicieron destrozos pero no tomaron m ercaderías ni
dinero; también hicieron destrozos en una peluquería y una carnicería; cinco de
ellos fueron detenidos por la policía y colocados a disposición del juez206.
Estos hechos fueron reivindicados positivam ente por com unistas y an arq u is­
tas. El periódico La Internacional publicó una carta firm ada “ un desocupado”, de­
cía que

“ toda la prensa de la Capital ha chillado por los ataques realizados contra


la ‘ARSA’. Nos han tratado de criminales chorros y miles de inmundicias
para indisponer al público trabajador contra nosotros. Y bien, ¡Qué es la
ARSA! Es una empresa monopolista que aplica altos precios a todos los
artículos y que está tratando de monopolizar la venta para luego hambrear
más a los trabajadores. Nosotros somos, es cierto, desocupados. Y como
no se nos da subsidio hemos ido a esas grandes empresas para tomar víve­
res y al mismo tiempo como demostración de protesta contra los grandes
monopolios imperialistas y el capitalismo causante de nuestra situación
que tiene manos libres para sacarle el jugo a la mayoría de la población;
y en defensa de los propios intereses de los trabajadores ocupados”207.

Como ya vim os, el PC, adem ás de rechazar el desalojo de los campamentos


de desocupados convocando a los sindicatos a enfrentarlos, reivindicó la toma de
viviendas:

“ ¡Nosotros debemos resistir a ese desalojo [de los campamentos] y los


obreros ocupados y sus sindicatos deben apoyarnos! ¡Hay muchas casas
desalquiladas! Que ellas se les faciliten a los desocupados con familia
para habitarlas gratuitamente. ¡Que los grandes rentistas paguen la des­
ocupación y no nosotros que sufrimos por ella!”208.

Por su parte La Protesta, con motivo del hecho del 20 de noviembre de 1933,
dijo:

“ (...) En la Argentina la desocupación suma una cifra aproximada al me­


dio millón y es, sobre todo, en la campaña donde se notan sus trágicas
consecuencias. La acción directa es, indudablemente, un medio eficaz

205 La Protesta, noviembre de 1933.


206 Crítica, 2 5 /1 /1 9 3 4
207 La Internacional, 11/12/1933.
208 La Internacional, 11/12/1933.
para resolver su precaria situación de hambrientos. Puesto en práctica
con energía y vigor (...) su resultado, será fructuoso. (...) La pudibunda
prensa burguesa puso el grito en el cielo y la policía apaleó bestialmente a
los detenidos en el acto de expropiación. Hasta quizás algún obrero ‘hon­
rado’ y amante del freno de la legalidad se habrá escandalizado. Pero los
trabajadores conscientes deben encontrar en este bello gesto de expropia­
ción, el índice para sus propias acciones insurrectas. Tanto en la ciudad
como en el campo, ése es el cami no de la más positiva reivindicación”209.

¿LUCHA CONTRA LA DESOCUPACIÓN 0 LUCHA DE LOS DESOCUPADOS?


La organización y m ovilización de los desocupados a comienzos de los años
30 ha perm anecido hasta ahora ignorada por los estudios históricos. Éstos se han
ocupado de las políticas gubernam entales, dejando de lado, incluso, las propues­
tas del movimiento obrero organizado sindical y políticamente. Las descripciones
que fundam entan estas otras políticas enriquecen, y cuestionan, las im ágenes
creadas sobre la base de los informes oficiales.
Todas las organizaciones sindicales y políticas atribuían la desocupación, en
definitiva, al carácter capitalista de la sociedad y coincidían en la necesidad de la
im plantación de otro régimen social. Pero en lo inmediato todas reclam aban, con
distintos énfasis, subsidios para los desocupados y rechazaban el uso de la fuerza
policial y las deportaciones e internaciones.
La CGT y el PS proponían políticas generales de dism inución de la sem ana
laboral, distribución del ingreso y realización de obras públicas o privadas. Es de­
cir políticas que involucraban en prim er lugar a los trabajadores ocupados. La CGT
planteó la sustitución de importaciones, y la participación sindical en reparticiones
públicas de control y análisis de las condiciones de producción y rentabilidad de
las em presas, para imponer la sem ana de 40 horas. Y enfatizó el control de las con­
diciones en que se empleaba a los desocupados para evitar la competencia con los
ocupados. Los socialistas propusieron leyes que beneficiaran a los obreros, inclu­
yendo a los desocupados, e im pulsaron la realización de los censos de desocupados
y la formación de una repartición pública sobre el tema, que finalm ente cuajó en
la JNPCD.
Pero quienes im pulsaron la organización de los desocupados fueron las agru ­
paciones m ás radicalizadas, que tendían a llevar los enfrentamientos por fuera del
sistema institucional: anarquistas y com unistas. Ellas reivindicaron, con relación
a los desocupados, la acción directa, entendida como lucha por fuera de las m edia­
ciones político-institucionales, m ientras que la CGT y los socialistas priorizaban
la confrontación dentro del sistema institucional y la negociación con el gobierno,
las organizaciones económ ico-corporativas del capital y las em presas. La organi­

209 La Protesta, noviembre de 1933.


zación de los desocupados se realizó con la formación de comités locales, que re­
clam aban el otorgamiento de subsidios. Y, en el caso de la localidad de Avellaneda,
hubo una vinculación con organizaciones sindicales de fábrica, vin culadas al PC, y
organizadas en el CUSC.
Anarquistas y com unistas reivindicaron las m anifestaciones callejeras y los
saqueos a comercios. El segundo tipo de hecho fue explícitam ente organizado como
forma de protesta, aunque, hasta donde sabem os, lim itado a un breve lapso de tres
meses, en la ciudad de Buenos Aires. El ataque a policías parece más bien resultado
de situaciones específicas. En cualquier caso, salta a la vista la relación entre la parte
de la clase obrera a la que el ciclo de la acum ulación capitalista coloca en el peor lu ­
gar dentro de la sociedad (desocupados) y las organizaciones político ideológicas que
desarrollan su lucha por fuera del sistema institucional.
Pero la política de vinculación entre los trabajadores en activo y la reserva de la
clase obrera no fue lo habitual en la generalidad del movimiento obrero organizado,
sino que quedó circunscripta a los trabajadores que seguían la orientación de esas
organizaciones.
Para la m ayoría del movimiento obrero organizado la lucha “contra la desocu­
pación” no convocaba a los m ism os desocupados.
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DIARIOS Y PERIÓDICOS
Acción Libertaria

Boletín CGT

CGT

Crítica

La Capital

La Internacional

La Prensa

La Vanguardia

La Protesta
ARCHIVOS
Archivo G eneral de la Nación - Fondo Justo; Caja 45; M inisterio del Interior.

Archivo Histórico del Chaco; Caja “Asuntos Lab orales” .

GLOSARIO DE SIGLAS DEL CAPÍTULO 1


ATE A sociación de Trabajadores del Estado

CGT Confederación G eneral del Trabajo

CUSC Comité de Unidad Sin d ical C lasista

DNT Departam ento Nacional del Trabajo

FOLB Federación Obrera Local B onaerense

INPCD Junta Nacional para Combatir la D esocupación

OIT O rganización Internacional del Trabajo

PC Partido Com unista

PS Partido Socialista

UF Unión Ferroviaria

UTA Unión Tranviarios Automotor