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Hay imprecisión e inconsistencia en el uso de conceptos básicos como mandonismo,

coronelismo, clientelismo, patrimonialismo, feudalismo. La dificultad no es ciertamente


privilegio brasileño, ya que tales conceptos son reconocidamente complejos. Basta, como
ejemplo, mencionar la inmensa literatura producida en torno al fenómeno del clientelismo,
las discusiones sobre el contenido de este concepto y las dificultades en emplearlo de
manera provechosa. En el caso brasileño, no sólo conceptos más universales, como
clientelismo y patrimonialismo, sino también nociones más específicas, como el
coronelismo y el mandonismo, están requiriendo un intento de revisión para el avance de
la investigación empírica, por más árida que sea la tarea. Es lo que me propongo hacer en
este artículo. El énfasis estará puesto en los conceptos de mandonismo, coronelismo y
clientelismo, pero no podrá ser evitada la referencia a las nociones relacionadas a
patrimonialismo y feudalismo.

Comienzo con el concepto de coronelismo. Desde el clásico trabajo de Victor Nunes Leal
(1948),1 el concepto se difundió ampliamente en el medio académico y aparece en varios
títulos de libros y artículos. Sin embargo, incluso los que citan a Leal como referencia, a
menudo lo emplean en sentido distinto. ¿Qué era el coronelismo en la visión de Leal? En
sus propias palabras: “Lo que intenté examinar fue sobre todo el sistema. El coronel entró
en el análisis por ser parte del sistema, pero lo que más me preocupaba era el sistema, la
estructura y la manera en que las relaciones de poder se desarrollaban en la Primera
República, a partir del municipio” (Leal, 1948: 13). En esa concepción, el coronelismo es
un sistema político, una compleja red de relaciones que iba desde el coronel hasta el
presidente de la República, involucrando compromisos recíprocos. El coronelismo,
además, es fechado históricamente. En la visión de Leal, surge en la confluencia de un
hecho político con la coyuntura económica. El hecho político es el federalismo
implantado por la República en sustitución del centralismo imperial. El federalismo
creó un nuevo actor político con amplios poderes, el gobernador de estado. El antiguo
presidente de la Provincia, durante el Imperio, era un hombre de confianza del Gabinete,
no tenía poder propio, podía en todo momento ser removido, no podía construir sus bases
de poder en la Provincia a la que era a menudo ajeno. A lo máximo, podía preparar su
propia elección para diputado o para senador.

El gobernador republicano, por el contrario, era elegido por las máquinas de los partidos
únicos estatales, era el jefe de la política estatal. En torno a él se reclutaban las
oligarquías locales, de las cuales los coroneles eran los principales representantes. Su
poder se consolidó después de la “política de los gobernadores” implantada por el
presidente Campos Sales en 1898, cuando éste decidió apoyar a los candidatos elegidos
“por la política dominante en el respectivo estado”. Según Sales, era de los estados que
se gobernaba la República: “La política de los gobernadores [...] es la política nacional”
(Sales, 1908: 252).

La coyuntura económica, según Leal, fue la decadencia económica de los fazendeiros.


Esta decadencia acarreaba debilitamiento del poder político de los coroneles frente a sus
dependientes y rivales. El mantenimiento de ese poder pasaba entonces a exigir la

1
Victor Nunes Leal, Coronelismo, Enxada e Voto, São Paulo: Companhia das Letras, 1948.
presencia del Estado, que expandía su influencia en la proporción en que disminuía la de
los dueños de tierra (fazendeiros y coroneles). El coronelismo era fruto de alteración en la
relación de fuerzas entre los propietarios rurales y el gobierno y significaba el
fortalecimiento del poder del Estado antes que el predominio del coronel. El momento
histórico en que se dio esa transformación fue la Primera República, que duró de 1889
hasta 1930.

En esa concepción, el coronelismo es, entonces, un sistema político nacional, basado en


negociación entre el gobierno y los coroneles. El gobierno estatal garantizaba, hacia
abajo, el poder del coronel sobre sus dependientes y sus rivales, sobre todo
cediendo el control de los cargos públicos, desde el delegado de policía hasta la
maestra primaria. El coronel garantizaba su apoyo al gobierno, sobre todo en forma
de votos y reclutamiento. Hacia arriba, los gobernadores daban su apoyo al presidente
de la República a cambio del reconocimiento de éste de su dominio en el estado. El
coronelismo era una fase del proceso más extenso de relación entre los fazendeiros y el
gobierno. El coronelismo (…) murió simbólicamente cuando se dio la prisión de los
grandes coroneles bahianos en 1930. Fue definitivamente enterrado en 1937, luego de la
implantación del Estado Nuevo y el derrumbe de Flores da Cunha, el último de los
grandes caudillos gaúchos. El propio Leal es incoherente al sugerir un renacimiento del
coronelismo embutido en el intento de los presidentes militares de establecer contacto
directo entre el gobierno federal y los municipios, pasando por encima de los
gobernadores (Leal, 1948: 14). Esa nueva situación no tenía nada que ver con la que
describió en su obra clásica.

Esta visión del coronelismo se distingue de la noción de mandonismo. Este quizás sea el
concepto que más se aproxime al de caciquismo en la literatura hispanoamericana. Se
refiere a la existencia local de estructuras oligárquicas y personalizadas de poder. El
mandón, el potentado, el jefe, o incluso el coronel como individuo, es aquel que, en
función del control de algún recurso estratégico, en general la posesión de la tierra ejerce
sobre la población un dominio personal y arbitrario que le impide tener libre acceso al
mercado y a la sociedad política. El mandonismo no es un sistema, es una característica
de la política tradicional. Existe desde el inicio de la colonización y sobrevive aún hoy en
regiones aisladas. La tendencia es que desaparezca completamente a medida que los
derechos civiles y políticos alcancen a todos los ciudadanos. La historia del mandonismo
se confunde con la historia de la formación de la ciudadanía.

Fuente: Murilo de Carvalho, José, “Mandonismo, Coronelismo, Clientelismo: Uma


Discussão Conceitual”, Dados, vol. 40, no. 2, Rio de Janeiro, 1997.