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¡Qué es el hombre?

El gran camaleón
Publicado en 14 diciembre, 2015

Autor: Rogelio Alonso Laguna García

La gran pregunta de la antigüedad hasta nuestros días es acerca de la naturaleza


del hombre, saber si tiene un alma inmortal y una facultad racional o no, determina
una forma de vida, una manera de relacionarse con el mundo y con las divinidades.
El hombre definido como un ser social, político o animal sin plumas pretende ser
separado de los demás seres, a saber: los animales, las plantas, los ángeles, los
dioses…

Con base en las diferentes definiciones de su esencia, el hombre establece sus


límites, su comportamiento, su manera de relacionarse con el mundo físico y el
divino, acepta o rechaza responsabilidades, se vuelve un ser obediente o en un ser
creador que construye las reglas de su vida.

Para Pico Della Mirándola en su “Discurso sobre la dignidad del hombre” la


naturaleza humana es también la gran incógnita. Descubre que, si el mundo está
regido por el acto y la potencia, el hombre ha sido despojado del acto y se le ha
dejado en la potencia absoluta, el hombre es todo y nada, es la semilla de casi
cualquier cosa, esa es su gracia siempre envidiada por los ángeles (o su condena).
El hombre es para Pico un hombre sin esencia. “El hombre no tiene por sí y por
nacimiento una figura propia, sí muchas ajenas y advenedizas;(…) el hombre,
animal de naturaleza multiforme y mudadiza.” (1)

Según Eugenio Trías (2), Pico en su oración plantea una cosmovisión medieval casi
sin distorsión, en donde al igual que en la República de Platón, cada cosa ocupa un
lugar establecido en una jerarquía donde cada cosa está determinada, a excepción
del hombre, quien resulta ser el ser inacabado en la “decoración” del mundo hecha
por Dios. En ese universo armonioso y diseñado por el gran arquitecto aparece un
“huésped” que lo distorsiona: el hombre. “Sin posesión, sin patrimonio, sin territorio,
aparece como el paria de la creación, tiene todas las trazas del proletario” (3)
Es el hombre el centro del mundo, un ente indefinido, sin oficio, sin puesto, sin faz,
capaz de elegir su imagen y su empleo por su propia elección. Condenado a no ser
terrestre ni celeste, ni mortal ni inmortal, libre para ser el escultor de su vida y
forjarse su forma. El ser humano se muestra capaz de ser planta, bruto, un viviente
celestial, un ángel o de hacerse uno con Dios. Es el hombre el gran camaleón de la
creación, un camaleón doble: modifica su entorno y con él a si mismo. “¿Quién no
admirará al hombre?” (4).

El hombre no tiene identidad, la construye. “Propiamente no es. Propiamente nada


tiene”(5). El hombre no es ninguna cosa y por ello puede ser cualquiera.
Pero a Pico no le interesa que el hombre experimente toda la libertad que su no ser
le otorga, el hombre debe evitar que se diga que estando en condiciones de conocer
permaneció en calidad de burro. El hombre debe convertirse en “hijo del altísimo”.
El verdadero fin será que se acerque a la divinidad para que cuente con la misma
dignidad y gloria de los Serafines, Querubines y Tronos.

Es necesario para Pico que en nos coloquemos en medio de las grandes tradiciones
del pasado, que sigamos el camino de la iluminación y la purificación, que nos
dejemos llevar por la perfección de la gran cadena de maestros. Debemos rechazar
la ignorancia y los vicios para que la filosofía pueda “derramar” con luz de
conocimiento nuestra alma, siendo capaces de conocer las cosas divinas. La
teología llama a los hombres inacabados diciéndoles: “Venid a mí los que os
fatigasteis, venid y yo os aliviaré, venid a mí y yo os daré la paz que el mundo y la
naturaleza no os pueden dar” (6).

La búsqueda continua de identidad fatiga al hombre, de manera que sólo el


encuentro con el conocimiento antiguo y divino pueden salvarlo de su búsqueda
interminable, el hombre encuentra su morada entre las divinidades gracias a la
filosofía y lucha para no ser arrancado de ella. Entonces alcanzando esa Unidad
“No seremos ya nosotros mismos, seremos Aquel mismo que nos hizo” (7).

El hombre se deja guiar por la magia, la filosofía natural consumada, la perfecta y


suprema sabiduría que une el microcosmos del hombre con el gran cosmos
universal, se hace maestro de sus pulsiones y se libera de ser esclavo, obtiene salud
y equilibrio para el alma y al cuerpo. Es la sabiduría la que le muestra al hombre
que las distintas doctrinas espirituales no son distintas sino que forman parte de una
gran y única verdad que se ha transmitido de maestro a maestro (la lista de maestros
abarca desde Moisés hasta Platón, Porfirio y Pitágoras, entre muchos).

“Ese hombre de Pico Della Mirándola constituye la transcripción conceptual de una


experiencia de Alma y de Ciudad que en los años del renacimiento italiano,
especialmente florentino, fue hermosamente esbozada. Experiencia que dio lugar
del uomo universale y singulare, el alma que es todas las cosas, empeñada el
construir, a imagen y semejanza de su alma, una ciudad en donde el Hombre
pudiera encontrar algo así como una auténtica morada” (8).
El hombre que nace en la reflexión de la ilustración será a la vez diferente y parecido
al hombre renacentista, en el comentario que hace Michel Foucault al texto de Kant
¿qué es la ilustración?” nos muestra a un hombre que se piensa a si mismo, que
busca la diferencia que el hoy introduce al ayer. Según la interpretación de Foucault,
Kant crea una idea de hombre que se basa en el uso de la razón, el hombre se
vuelve responsable de su “minoría” de conciencia, un estado del cual no puede salir
si no es por hacer cambios radicales a sí mismo.

El hombre tiene que atravesar la ilustración, que se muestra como una elección de
vida que afecta a lo que hay de humano en el hombre. El hombre sólo hace uso de
su razón cuando tiene un papel que desempeñar como la pieza de una gran
maquinaria. La humanidad entera sigue la ilustración para someterse
voluntariamente a la autoridad, por libre conducción, “obedeced y podréis razonar
cuanto queráis” (9).

“La modernidad es vista por el autor en la historia del hombre “como una actitud (…)
un modo de relación con respecto a la actualidad; una elección voluntaria que hacen
algunos; en fin, una manera de pensar y de sentir, una manera también de actuar y
de conducirse” (10).

Foucault platea una modernidad diferente en Baudelaire, donde se presenta un


hombre que no tiene derecho a despreciar el presente, el presente es heroico. El
hombre descubre una manera de establecer relación consigo mismo, el hombre
crea, a través de un nuevo ascetismo, una obra de arte con su existencia. El hombre
ya no es aquel que parte en la búsqueda de sí mismo sino que, concordando con
las ideas de Pico, es aquel que se inventa. El hombre es artista, es su propia
creación.

El hombre no es mera potencia parece indicar Foucault al comentar la ilustración,


estamos determinados históricamente por ella, pero esta posibilidad de creación
que el hombre tiene en sí y para sí mismo permite “una creación permanente de
nosotros mismos en nuestra autonomía” (11).

El hombre para Foucault con todas sus determinaciones sigue siendo un gran
camaleón que es capaz de crear una crítica de sí mismo que le permite franquear
sus límites y recordar su antigua libertad (indeterminada en el pensamiento de Pico).

Debemos liberarnos de la historia que nos arrastra “lo que hace falta captar es en
qué medida lo que sabemos de ella, las formas de poder que en ella se ejercen y la
experiencia que en ella hacemos de nosotros mismos no constituyen más que
figuras históricas”.

Si algo nos invita el pensamiento de Kant según Foucault (además de obedecer


voluntariamente a la autoridad) será a usar la razón para transgredir los límites de
lo establecido. Nos recuerda Foucault que el hombre mantiene su libertad y su no
ser aún en épocas donde autodeterminarse ya no se contempla como una
posibilidad.

El hombre es en síntesis el gran camaleón, el ser que se autodetermina y nunca


acaba de construirse, es aquel que puede obedecer voluntariamente y aquel que
puede franquear sus límites, el hombre es también el gran misterio, la sorpresa que
surge con la historia, el hombre es nada y por eso lo es todo.

Bibliografía:
Foucault Michel, “¿Qué es la ilustración?” en Sobre la ilustración, Tecnos, Madrid, 2003.
Pico Della Mirándola Juan, De la dignidad del hombre, documento web.
Trías Eugenio, El artista y la ciudad, Anagrama, Barcelona, 1976.