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JUSTIFICACIÓN DE LA LEGÍTIMA DEFENSA

Frente a determinadas circunstancias específicas de tiempo, modo y lugar, la


legítima defensa justifica la responsabilidad de quien con su conducta
realiza la descripción típica de cualquier dispositivo penal, como, por
ejemplo, matar a alguien para defender la propia vida. Parafraseando a ROXIN,
una causa de justificación puede definirse -o más bien se reconoce- cuando
presupone que dos intereses colisionan entre ellos, de tal manera que solo uno
de ellos puede imponerse. Luego, es tarea de las causas de justificación
emprender la regulación socialmente correcta de aquellos intereses en conflicto.
Siguiendo esta dirección, cabe precisar cómo la idea de autoprotección de cada
ciudadano tiene plena relevancia para el Derecho Penal moderno y, siguiendo
que “EL FUNDAMENTO DE LA LEGÍTIMA DEFENSA ESTÁ EN LA IDEA DE
AUTOPROTECCIÓN Y EN LA LEGITIMACIÓN QUE TIENE CUALQUIERA
PARA PODER DEFENDERSE A SÍ MISMO Y DEFENDER SUS BIENES
JURÍDICOS INDIVIDUALES”.

1la denominada legítima defensa, que, a su vez, puede ser OBJETIVA O


SUBJETIVA, según se ubique en el inciso primero o en el segundo del numeral
6º citado, cuando «se obre por la necesidad de defender un derecho propio o
ajeno contra injusta agresión actual o inminente, siempre que la defensa sea
proporcionada a la agresión. “SE PRESUME LA LEGÍTIMA DEFENSA EN
QUIEN RECHAZA AL EXTRAÑO QUE, INDEBIDAMENTE, INTENTE
PENETRAR O HAYA PENETRADO A SU HABITACIÓN O DEPENDENCIAS
INMEDIATAS”. –LEGITIMA DEFENSA PRESUNTA-.

De otro lado, cuando «se obre por la necesidad de proteger un derecho propio o
ajeno de un peligro actual o inminente, inevitable de otra manera, que el agente
no haya causado intencionalmente o por imprudencia y que no tenga el deber
jurídico de afrontar».

1
CORTE SUPREMA DE JUSTICIA. MAGISTRADO PONENTE: FERNANDO ALBERTO
CASTRO CABALLERO; SENTENCIA SP291-2018.
De tal manera que cada exonerante responde a presupuestos distintos. En la
primera debe darse una agresión ilegítima como determinante de la colisión de
bienes jurídicamente protegidos; en el estado de necesidad se presenta
una situación de peligro grave que bien puede no atribuirse a la acción ilegítima
de un tercero; diferencias que, en el contexto de los hechos conocidos, excluyen
la posibilidad de concurrencia de la segunda hipótesis de ausencia de
responsabilidad.

Cabe resaltar el hecho de que, una situación se puede presentar frente a la riña
y, lo relacionado con la legitima defensa, es decir, que se confundan los criterios
de aplicabilidad de la legitima defensa en términos de perdida de la exclusión de
responsabilidad. Para esto, se ha dicho que 2 “el fenómeno de la riña implica la
existencia de un combate en el cual los contendientes, situados al margen de la
ley, buscan causarse daño a través de mutuas agresiones físicas. No alcanza a
configurarse, por lo tanto, a partir de simples ofensas verbales, sino que se
requiere la existencia de un verdadero enfrentamiento físico ente los opositores”.

Entonces asi, 3Esto no significa, desde luego, afirmar que en la comisión de los
delitos de homicidio y lesiones personales no haya agresión, pues de otra
manera no podría entenderse la forma en que se produce la afectación al bien
jurídico de la vida o la integridad personal. Lo que en realidad diferencia la riña
de la legítima defensa, no es la existencia de actividad agresiva recíproca, ya
que es de obviedad entender, ésta se da en ambas situaciones, sino además la
subjetividad con que actúan los intervinientes en el hecho, que en un caso, el de
la riña, corresponde a la mutua voluntariedad de los contendientes de causarse
daño, y en el otro el de la legítima defensa, obedece a la necesidad individual de
defenderse de una agresión, ajena, actual o inminente, es decir, no propiciada
voluntariamente.

2
SENTENCIA DE CASACION, 16 DE DICIEMBRE DE 1999. MAGISTRADO PONENTE MEJIA
ESCOBAR; RAD. 11.099.

3
SENTENCIA 11679 DE JUNIO 26 DE 2002, CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE
CASACIÓN PENAL, LEGÍTIMA DEFENSA; DIFERENCIA CON LA RIÑA. MAGISTRADO
PONENTE ARBOLEDA RIPOLL, FERNANDO.
De ahí que la Corte de antiguo tenga establecida dicha diferenciación
precisamente en el pronunciamiento que la delegada evoca en su concepto, la
cual se conserva vigente a pesar de la realidad jurídica actual: “...es obvio que
una cosa es aceptar una pelea o buscar la ocasión de que se desarrolle y otra
muy distinta estar apercibido para el caso en que la agresión se presente. Con
lo primero pierde la defensa una característica esencial para su legitimidad, como
es la inminencia o lo inevitable del ataque, pero ningún precepto de moral o de
derecho prohíbe estar listo para la propia tutela, es más, elemental aconseja a
quien tiene peligros, precaverse a tiempo y eficazmente contra ellos.

... la riña es un combate entre dos personas, un cambio recíproco de golpes


efectuado con el propósito de causarse daño, de suerte que, como dice el
Ministerio Público, ni hay riña sin intención de pelear, ni en esa pelea puede
excluirse el propósito o intención dolosa de causar daño al contrincante.

En cambio, la legítima defensa, aunque implica también pelea, combate, uno de


los contrincantes lucha por su derecho únicamente, cumple con un deber, obra
de acuerdo con la ley al defender las condiciones esenciales de su existencia
personal y, las de la sociedad a que pertenece”