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1.

AUTORREFUERZO
2.1 CONCEPTOS

Para alguien que no compagina completamente con el conductismo radical skirniano, como yo, el
leer estas frases de Bandura en su obra “Teoría del Aprendizaje Social” (páginas 156 y 157), es muy
gratificante y consolador. De hecho me he autorreforzado leyéndolo y ampliando mi campo
teórico para sustentar una posible investigación en la línea del aprendizaje de conductas. Cito
textualmente: “Si las acciones estuvieran determinadas únicamente por las recompensas y los
castigos externos, las personas se comportarían como veletas, cambiando constantemente la
dirección de su conducta, según la influencia externa que incidiera cada momento sobre ella… La
idea de que una conducta se encuentra regulada por sus consecuencias suele interpretarse
erróneamente entendiendo que las acciones se encuentran a merced de las influencias
situacionales… normalmente, la conducta se produce en ausencia de un reforzamiento externo
inmediato… la mayor parte de ellas están bajo el control del autorreforzamiento” (Bandura, 1987).

Esta afirmación debió chocar en los oídos de los primeros conductistas, sin embargo, es una
realidad más que confirmada por la experiencia y hasta por el sentido común. Aunque es cierto
que una determinada consecuencia agradable puede aumentar la probabilidad de que una
determinada conducta vuelva a repetirse (definición básica de lo que es un “refuerzo”), también
es cierto que cada ser humano goza, gracias a Dios, de libre “autodeterminación”. Esto significa
que podemos decidir en cada momento si seguimos los impulsos de lo que nos es grato
simplemente porque nos dan placer, o si caminamos en la dirección que nos dictan los propios
valores, la razón y la conciencia.

Podríamos entrar en un debate ontológico y metafísico sobre la validez de estos términos a nivel
científico, pero el ser humano trasciende en mucho lo que la ciencia actual puede lograr medir o
comprender con sus actuales estándares de evaluación instrumental y objetiva. Dentro del
concepto de autorrefuerzo está implícita la automotivación, y ambos constructos de alimentan y
condicionan mutuamente. Una persona se autorrefuerza porque considera que vale la pena
recompensarse por determinada acción o logro, y el placer o gratificación que esto le genera
potencia su motivación a repetir dicha conducta. Por ejemplo, el regalarse un helado con los
amigos después de haber ganado un partido de footbol como equipo.

Sin embargo, la motivación intrínseca que impulsa la realización de una acción o esfuerzo, al verse
ejecutado y coronado con el éxito, ya de por sí genera satisfacción y gratificación sin que hayan
necesariamente autorrecompensas materiales o de actividades. Estas sensaciones positivas vienen
del hecho de pensar, aunque sea de forma muy rápida o quizás inconsciente: ¡qué bien!, ¡lo logré!,
¡pude hacerlo!... ¡soy valioso por ello! ¡valió la pena el esfuerzo!... en fin, formas de
autoelogiarnos. Si no existe primero un autoelogio mental, difícilmente la persona pensará en
darse un reconocimiento material.
Este autoelogio, este sentirse orgulloso por lo que hice, por lo que luché o por lo que defendí,
parte, como dirá igualmente Bandura, de una evaluación y valoración de la actividad o acción
ejecutada, según una serie de criterios o estándares internos. Y es en este punto donde cada quién
debe detenerse para autorrevisar su escala de valores y de lo que debe ser primordial o no en la
vida….

Según el mismo autor, el autorrefuerzo es una recompensa que al individuo se brinda a sí mismo
en respuesta a una conducta que él ha realizado y que se ajusta a una norma, criterio o patrón
conductual previamente valorado por la misma persona como positivo y deseado (Bandura, 1987).
Y según Alan Ross, el autorrefuerzo se da cuando es el propio individuo quien aplica, exclusiva y
contingentemente, las consecuencias reforzantes de la conducta (Ross, 1987).

2.2 UTILIDAD

El autorrefuerzo ha sido enmarcado como una técnica de programación conductual de


autocontrol. Sin embargo, según la teoría del aprendizaje social de Bandura, el autorrefuerzo
forma parte común y natural del comportamiento humano, siendo el componente principal que
controla nuestras actividades más que los factores de reforzamiento externo inmediatos (Bandura,
1976).

Al condicionar la autorrecompensa a un cierto nivel de rendimiento, el individuo crea


autoinducciones a fin de persistir en su esfuerzo hasta que su conducta se asemeje a las normas o
criterios autoprescritos. El nivel de automotivación generado de esta forma variará de acuerdo con
el tipo y valor de los incentivos y la naturaleza de las normas de conducta que se impone. Por
ejemplo, un escritor con un alto criterio de exigencia en cuanto a calidad y originalidad de
redacción o contenido en sus obras, leerá una y otra vez un escrito suyo y hará los ajustes o
correcciones que crea necesario hasta que, progresivamente, se sienta plenamente satisfecho con
lo que ha creado. En este caso, la autocrítica positiva en aumento cumple una función
autorreforzante que va generando progresivamente mayor automotivación al logro.

2.3 CONDICIONES DE APLICACIÓN

Para que un autorrefuerzo sea eficaz, es indispensable que el sujeto emita la conducta libremente
sin ser obligado a realizarla por agentes externos y que la entrega contingente del refuerzo sea
administrada por él mismo. Pueden usarse los mismos tipos de refuerzos que se usan cuando son
administrados externamente: materiales (dinero, comida…), actividades gratificantes (ir al cine o
de paseo…), expresiones positivas o auoelogios, retirada de un estímulo aversivo (reforzamiento
negativo).
Es importante determinar qué criterios conductuales y qué cantidad de refuerzo se obtendrá por
la conducta a realizar. Para ello es recomendable que la persona tenga un asesoramiento
adecuado, decidiendo con el terapeuta estos valores, ya que los efectos reforzantes de la
autoadministración se ven incrementados al permitir a los sujeto decida (y no solo el terapeuta)
los criterios de reforzamiento que se autoaplicará. Sin embargo, es importante el monitoreo de
una tercera persona imparcial e involucrada con el proceso de cambio del individuo ya que
siempre existe riesgo de que éste, al ser el único responsable de dispensarse o no el refuerzo, se
vuelva poco a poco más indulgente consigo mismo, relaje sus criterios y se administre los
refuerzos sin haber alcanzado el nivel de ejecución establecido. La supervisión de personas en este
proceso se hace tanto más necesaria cuánto menos se conocen a sí mismas (niños pequeños, por
ejemplo) o cuánto más condicionadas están por motivaciones extrínsecas (por ejemplo, por
adicción a sustancias).