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INTRODUCCIÓN.

En términos de salud pública, la prevención de reacciones adversas de naturaleza


física y mental, resultantes del estrés causado por los acontecimientos de la vida, representa
un paso importante en la humanización y calidad de vida. En los últimos años se ha podido
evidenciar cambios en el panorama demográfico mundial; la gente vive más y mientras más
viven, mayor es el riesgo de adquisición de enfermedades crónicas, que destruye la
habilidad para cuidar de sí mismos (Dejo Vásquez M., 2007).

Este aumento de la esperanza de vida se ha acompañado de un cambio en las


principales causas de muerte y un aumento de la prevalencia de ciertas patologías
(enfermedades crónicas y discapacidades físicas y/o psíquicas), que condicionan cierto
grado de dependencia, siendo los adultos mayores el grupo de la población más afectada,
con el consiguiente incremento de la demanda de ayuda médica, social y familiar (Bello J.,
2014).

En América Latina y el Caribe el progreso económico, las transformaciones sociales


y el incremento de la longevidad han estado acompañados de un aumento en la
problemática psicosocial. La carga que representan las enfermedades mentales se torna
cada vez más significativa, lo cual provoca un alto grado de sufrimiento individual y social.
En 1990, las afecciones psiquiátricas y neurológicas explicaban el 8,8% de los años de vida
ajustados en función de la discapacidad (AVAD) en América Latina y el Caribe. En 2002
esa carga había ascendido a 22,2% (OMS, 2013) (Senama, 2009).

En los últimos años los indicadores mundiales y más específicamente los nacionales
enfrentan una problemática que va en ascenso progresivo, y es que la familia se está
convirtiendo en un sistema informal de cuidados repercutiendo cada vez más sobre la
población productiva denominados “sándwich” por encontrarse entre los grupos etarios de
45 a 60 años. Las causas tienen que ver con el incremento del número de personas
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dependientes, con una mayor demanda de cuidadores y por otra parte los cambios socio-
demográficos de los familiares donde la mujer ha ingresado al mercado laboral, siendo ésta
en su mayoría la que asume el papel de cuidadores (OMS, 2013).

Los cambios propios del envejecimiento asociados a estilos de vida poco saludables
y generalmente malas condiciones socioeconómicas, llevan al anciano a una situación de
mayor vulnerabilidad de su salud funcional, llegando a producirse pérdida de autonomía en
diferentes grados, situación en la cual el adulto mayor depende de otra persona para
efectuar las actividades de la vida diaria (Espinoza-Méndez, 2009).

El anciano intensifica sus vínculos con la familia cercana, siendo esta la fuente
principal de ajuste sociopsicológico en el proceso de envejecimiento, debido a que es el
medio que ofrece mayores posibilidades de apoyo y seguridad. Con base a lo anterior, la
familia como red social primaria, es esencial en cualquier etapa de la vida, como grupo de
intermediación entre el individuo y la sociedad y constituye un determinante importante
para el cuidado del anciano en el hogar (Crespo López, 2007).

Surge de esta manera la figura del cuidador informal, quien asume el rol de colaborar
en el cumplimiento de las actividades de la vida diaria que el anciano no es capaz de
desarrollar por sí mismo. Esta función de cuidar es asumida, generalmente, por familiares u
otras personas con multiplicidad de roles y sin preparación en el tema, lo que los expone a
sufrir un conjunto de signos y síntomas denominados Sobrecarga (Montorio-Izal, 1998).

El proceso de cuidar a un adulto mayor genera una serie de necesidades en el


cuidador informal que se ven descuidadas en su satisfacción por las horas que deben
dedicarse a esa actividad. En ocasiones estas necesidades están muy relacionadas con la
esfera socio-emocional, donde el cuidador se ve impedido en satisfacerlas lo que conlleva a
una serie de sentimientos encontrados en el mismo; de manera que prestar asistencia
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informal a personas mayores con problemas de salud constituye una situación


generadora de estrés en los encargados de tal cuidado, que trae consigo importantes
consecuencias en su bienestar físico, psicológico y social; estos cuidadores
frecuentemente son considerados como las segundas víctimas o pacientes ocultos debido
a la carga que soportan como consecuencia de su labor de cuidadores (Senama, 2009)
(Flores Valdivia-Arcos Naquira, 2003).

Actualmente solo una minoría de las personas que requieren atención relacionada con
la salud mental la reciben, a pesar del sufrimiento que los trastornos causan, la discapacidad
que generan y el impacto emocional y económico que tienen en la familia y en la
comunidad. A esta situación debe agregarse que generalmente los trastornos mentales
afectan en mayor grado a las personas de los estratos socioeconómicos más bajos, para
quienes los servicios son más escasos. En nuestro medio este tema suele ser
desconocidos por la mayoría de los profesionales encargados de brindar salud, quienes
se dedican solo al paciente mientras que el cuidador muchas veces es olvidado
(Senama, 2009) (Flores Valdivia-Arcos Naquira, 2003).

La detección temprana de la sobrecarga subjetiva del cuidador así como la relación


que esta tiene con el afrontamiento será fundamental porque permitirá establecer
intervenciones preventivas ayudando a solventar una problemática que afecta
progresivamente la masa de Cuidadores Informales con responsabilidad total o compartida
fortaleciendo su conciencia situacional para que durante el tiempo que permanezca la
relación de cuido, se garantice el goce de un adecuado bienestar integral (Bello J., 2014).

Tomando en cuenta, todo lo anterior expuesto, en este estudio se pretende investigar


el nivel de sobrecarga en cuidadores primarios informales de pacientes que acuden a la
Consulta de Psicogeriatría del Servicio de Psiquiatría. Complejo Hospitalario Universitario
Ruiz y Páez durante el periodo de enero-julio 2015. Ciudad Bolívar. Estado Bolívar.
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CAPITULO I

EL PROBLEMA

1.1 Planteamiento y formulación del problema.

Desde el comienzo del siglo XIX, hasta la segunda mitad del siglo XX la única oferta
de la sociedad y de los especialistas en psiquiatría a los enfermos mentales graves era la
posibilidad de ingresar en centros hospitalarios por períodos de tiempo indefinido. El
conocimiento de los efectos adversos de las hospitalizaciones prolongadas, junto con la
aparición de tratamientos psicofarmacológicos, psicoterapéuticos y psicosociales efectivos
dieron paso a los movimientos de desinstitucionalización y al desarrollo de lo que hoy
conocemos como psiquiatría comunitaria. La responsabilidad de la asistencia cotidiana a
estos pacientes pasó de las instituciones a las familias. Esto puso de moda los conceptos de
funcionamiento y adaptación social junto al de carga de la familia o del cuidador (Dejo
Vásquez M., 2007).

El cuidar a una persona con algún tipo de trastorno mental implica una gran variedad
de actividades y responsabilidades altamente demandantes y estresantes, inclusive en
mayor escala que en los casos de cuidado de pacientes con retardo en el desarrollo, cáncer o
con eventos vasculares cerebrales. Esta carga se intensifica a medida que el paciente avanza
en edad y se elevan sus niveles de dependencia de acuerdo al deterioro fisiológico propio
de los años (Morris R., 2002).

En Venezuela la expectativa de vida está alrededor de 72 y 79 años. La condición de


adulto mayor está contenida en el artículo 7 de la Ley de Servicios Sociales, normativa
legal que define al adulto mayor como toda persona con edad igual o mayor a 60 años
(INE, 2001) (OMS 2013).
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La Organización Venezolana de Adultos Mayores plantea que para los próximos años
la población adulta mayor en este país crecerá 120%, por lo que es necesario comenzar a
preparar planes dirigidos al envejecimiento, para la prevención de enfermedades y para
mejorar la calidad de vida de las personas después de los 60 años de edad. En nuestro país
el síndrome de sobrecarga del cuidador está presente, al igual que en el resto del mundo; a
nivel internacional existen estudios realizados en diferentes instituciones de salud que
evidencian una importante incidencia de patologías en aquellas personas que se
desempeñan como cuidadores primarios de pacientes con distintos trastornos mentales, sin
embargo no existe una casuística establecida a nivel nacional y es un área que requiere aun
de mucha más investigación (Rodríguez-Mármol, 20014).

En el estado Bolívar, Ciudad Bolívar y especialmente en el Servicio de Psiquiatría


del Complejo Hospitalario Universitario Ruiz y Páez existe, hasta ahora, poca evidencia
documentada en relación al nivel de sobrecarga de los cuidadores; y los estudios
encontrados presentan la sobrecarga del cuidador solo asociada a depresión y ansiedad. Es
por ello que a través de éste estudio se busca determinar el nivel de sobrecarga en
cuidadores primarios informales de pacientes que acuden a la Consulta de Psicogeriatría del
Servicio de Psiquiatría. Complejo Hospitalario Universitario Ruiz y Páez durante el periodo
de enero-julio 2015.

En esta investigación queremos conocer datos relevantes sobre este hecho,


esperando que sea útil para encarar con mejores estrategias la atención a pacientes de la
tercera edad y sus cuidadores.
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1.2. OBJETIVOS.

1.2.1 Objetivo general:

Determinar el nivel de sobrecarga en cuidadores primarios informales de pacientes


que acuden a la Consulta de Psicogeriatría del Servicio de Psiquiatría. Complejo
Hospitalario Universitario Ruiz y Páez. Ciudad Bolívar.

1.2.2 Objetivos específicos:

1. Distribuir a los cuidadores primarios informales según edad y sexo.

2. Relacionar a los cuidadores primarios informales según edad, sexo y nivel


socioeconómico.

3. Distribuir a los cuidadores primarios informales según edad, sexo y nivel de


sobrecarga.

4. Asociar a los cuidadores primarios informales según edad, nivel socioeconómico y


nivel sobrecarga.

5. Relacionar a los cuidadores primarios informales según edad, parentesco y nivel de


sobrecarga.

6. Distribuir a los cuidadores primarios informales según tiempo de cuidado, nivel


socioeconómico y el nivel de sobrecarga.

7. Distribuir a los cuidadores primarios informales según edad, razones de ser


cuidador y nivel de sobrecarga.
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8. Relacionar a los cuidadores primarios informales según parentesco, razones de ser


cuidador y nivel de sobrecarga.
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1.3. JUSTIFICACIÓN

Es ya conocido el concepto emitido por la Organización Mundial de la Salud, de que


la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la
ausencia de afecciones o enfermedades; por tanto esta definición denota que la salud mental
es parte integral de la salud y el bienestar, de allí la importancia que se le ha dado al hecho
de mejorar la atención y calidad de vida de la población que padece algún trastorno mental.
Este término se utiliza para referirse a una serie de patologías psíquicas y conductuales que
figuran en la Clasificación Internacional de Enfermedades y Problemas de Salud en su
décima revisión (CIE-10). Entre ellos se incluyen con una alta carga de morbilidad,
patologías como la depresión, el trastorno afectivo bipolar, la esquizofrenia, los trastornos
de ansiedad, la demencia, los trastornos por abuso de sustancias, las discapacidades
intelectuales y los trastornos conductuales y del desarrollo (OMS, 2013).

La carga de los trastornos psiquiátricos está aumentando a nivel mundial y


específicamente en América Latina y el Caribe relacionado con la estructura poblacional
cambiante, que cada vez tiene un porcentaje menor de jóvenes, lo que lleva a que aumenten
tanto la edad de la población como las probabilidades de que se presenten trastornos
mentales. De hecho según datos publicados por la Organización Mundial de la Salud la
carga de morbilidad de estos tipos de trastornos para Latinoamérica es de 22,2%, cifra
similar a la carga de morbilidad de los países desarrollados (Senama, 2009) (OMS, 2013).

Los trastornos mentales tienen un gran impacto sobre los individuos, las familias y
las comunidades. Aproximadamente una de cada cuatro familias tiene al menos un
miembro afectado por una enfermedad mental: estas se ven obligadas no solo a brindar
apoyo, sino también a soportar las consecuencias perjudiciales de la estigmatización y la
discriminación. Aunque no se ha estudiado suficientemente la carga que representa cuidar a
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un familiar con un trastorno mental, los datos disponibles indican que la misma es
importante (Rodríguez-Khon, 2009).

El cuidado de pacientes con trastorno mental supone mayor estrés que cuidar a uno con
otro tipo de patología física; estos pueden ser variables y generalmente crónicos e imponen
a quien la padece limitaciones que lo llevan a depender de otro, generando en el cuidador
estrés, angustia y depresión entre otras patologías de la esfera mental disminuyendo la
calidad de vida del mismo llegando a perder la capacidad para cuidar a su familiar e
inclusive de sí mismo. Es importante conocer y entender la sobrecarga que llevan los
cuidadores de pacientes con trastornos mentales debido a que nos permitirá contribuir con
un mejor manejo de estos, evitando que el cuidador se convierta posteriormente en
paciente, llegando incluso a estar más enfermo que el que está a su cuidado; de allí que se
justifique la realización de esta investigación (Dejo Vásquez M., 2007) (Rodríguez-Khon,
2009).

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CAPITULO II

MARCO TEORICO

2.1 Antecedentes de la investigación.

Durante los últimos treinta años, a nivel mundial, se ha evidenciado una importante
producción investigativa acerca de los cuidadores, principalmente los de población
geriátrica, por lo que este tema ha constituido una importante línea de estudio en la
psicogeriatría y gerontología (Bello J., 2014).

En el año 1988 Morris publica por primera vez un estudio donde propone factores
emocionales que predisponen en el cuidador de pacientes con demencia, la aparición de un
síndrome dado por desórdenes emocionales y físicos producto de su labor (Morris R.,
2002).

Para el año 2005 la OMS publica la Carta de Bangkok donde se hace énfasis en la
creciente carga que representan las enfermedades crónicas que mayormente afectan a los
adultos mayores haciéndolos dependientes, en particular las cardiopatías, los eventos
vasculo-cerebrales, el cáncer y la diabetes. Esta mayor prevalencia de los pacientes con
enfermedades crónicas representaba para el momento una reestructuración del núcleo
familiar para asistir al paciente dependiente, siendo altamente impactados aquellos
directamente relacionados con su cuidado (Morris R., 2002) (OMS 2005).

En la actualidad existen múltiples estudios a nivel internacional donde se describe el


síndrome de cansancio del cuidador en personas a cargo de pacientes con limitaciones
físicas severas que terminan incapacitando al enfermo; enfermedades neurológicas como la
esclerosis múltiple, distrofias musculares severas, anormalidades del desarrollo psicomotor,
enfermedad de Parkinson y secuelas de eventos vasculo-cerebrales entre otras. Particular
interés ha obtenido el estudio de este síndrome en cuidadores a cargo de pacientes con
demencia y otros trastornos psiquiátricos donde incluso se ha intentado crear una especie
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de subgrupo o clasificación diferente para éstos; de hecho, es en estos grupos donde


primero se describe este síndrome, poniendo especial interés en el impacto que puede tener
sobre los cuidadores el estar a cargo de personas con quienes, de una u otra forma, se
establece un vínculo afectivo pero que por su funcionamiento alterado, sobrevienen
múltiples síntomas físicos y psicológicos que causan distrés en este cuidador y que
finalmente repercuten en la calidad de atención hacia la persona a cargo (Morris R., 2002)
(Steele Britton H., 2010).

En los países desarrollados, en donde la investigación acerca de la carga asociada al


cuidado data desde hace más de 30 años, los estudios más recientes están orientados a
analizar la influencia de programas psicoeducativos sobre el síndrome de sobrecarga del
cuidador demostrando la importancia de la labor educativa con los familiares y los
pacientes con patología mental, al documentar una disminución significativa de la
sobrecarga en el grupo sometido a apoyo educativo en la mayoría de los estudios (Steele
Britton H., 2010).

El fenómeno de sobrecarga del cuidador se presenta asociado generalmente a las


características sociodemográficas del país o región donde se lleve a cabo el estudio, aunque
hay datos relevantes que suelen ser comunes en distintas regiones por ejemplo en los países
de Europa del norte principalmente, el cuidado de los ancianos es mayoritariamente formal,
con una gran proporción de asistencia oficial a través de medios institucionales. El caso
opuesto está representado por los países del sur, como España, Grecia o Italia que se han
caracterizado por una fuerte cultura familiar que se refiere al cuidado de parientes
necesitados como un asunto privado, y tradicionalmente han sido las mujeres las que han
proporcionado la mayor parte de la asistencia requerida (Lorenzo et al, 2014) (Losada et al,
2007).

En Coruña, España, Lorenzo y colaboradores describieron la distribución demográfica


de los cuidadores siendo 71,4% mujeres vs 28,6% hombres, la media de edad de la muestra
fue de 64,1 años. Este estudio señala que los cuidadores femeninos estarían en desventaja
respecto a los cuidadores masculinos ya que estos percibirían más ayuda de sus familiares y
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amigos para las funciones del cuidado. Además se encontró que la dificultad para la
disponibilidad de apoyo formal a las personas mayores en situación de dependencia en el
medio rural y las condiciones económicas limitadas conducían a la sobrecarga del cuidador
informal resultando en un número relevante de consecuencias físicas, psíquicas, sociales e
incluso económicas que tendrían una clara influencia en su percepción de la salud (Lorenzo
et al, 2014).

Una investigación realizada en Holanda por Cuijperes y Stam analizó una muestra de
164 cuidadores de pacientes con trastornos psiquiátricos distribuidos en 9 centros
comunitarios de salud mental, para estudiar en éstos la presencia de “burn-out”. Se
encontró que el 66,7% eran del género femenino y el 55,3% eran familiares primarios. La
media de edad estuvo en 49,6 años. En ellos encuentran que la culpa como tal y el
cansancio emocional son los factores que predisponen al desarrollo del síndrome de
sobrecarga del cuidador y son éstos los aspectos que deben enfatizarse durante el abordaje
de apoyo psicoeducativo a los cuidadores (Cuijperes-Stam, 2000).

Datos provenientes del continente asiático nos muestran igualmente que el rol del
cuidador lo cumplen principalmente las mujeres quienes en comparación con los
cuidadores de sexo masculino, informaron con más frecuencia que sufrían de síntomas de
falta de bienestar, una disminución de la salud psicosocial y la autoestima (Chiou et al,
2005).

En el año 2007 en China, Chien et al, expusieron la relación existente entre las
características sociodemográficas de cuidadores de familiares con esquizofrenia.
Observaron una correlación positiva entre la edad con la carga del cuidador. Estos autores
explican que cuando el cuidador envejece en China comienza a preocuparse por quien
cuidará en el futuro a su familiar enfermo. Además, a medida que el cuidador envejece
pierde capacidades para cuidar al miembro enfermo. Por otro lado, el cuidador que es más
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joven puede llegar a sentir que en la vida, cuidar de su familiar, tiene un sentido y por lo
tanto no presenta tanta carga (Chien et al, 2007).

En contra de lo anterior existen algunos investigadores como Ribe Buitron, que han
descrito como en otros estudios realizados con individuos norteamericanos se evidencia una
relación inversa entre la carga y la edad del cuidador. En estos, el cuidador joven muestra
niveles elevados de carga debido a los grandes cambios que experimenta en su vida
especialmente en los inicios de la enfermedad mientras que los cuidadores de avanzada
edad presentan unos niveles de carga menores. Esto se explica, de acuerdo al autor, por el
mayor grado de tolerancia y resignación que han podido desarrollar a lo largo de los años
(Ribe Buitron, 2014).

En cuanto al nivel socioeconómico y su relación con la sobrecarga del cuidador ha


sido estudiada en muchos países; algunos estudios como el de Chien et al, en el año 2007
encontraron que la puntuación de la carga de los cuidadores se correlacionó negativamente
con sus ingresos familiares; es decir familias con menores Nivel socioeconómico
experimentaron un mayor nivel de carga (Chien et al, 2007).

Algunos estudios describen como aquellos que viven en comunidades rurales


acceden a los servicios de apoyo de manera más limitada que aquellos que viven en las
urbanas. En este sentido, los cuidadores rurales podrían ser más vulnerables a los efectos
negativos de cuidado debido a que tienen menos acceso a los servicios sociosanitarios, al
mismo tiempo que los receptores del cuidado tienden a presentar más discapacidad.
Martens y Addington describen en su investigación que el cuidado informal proporcionado
en el medio rural, en general, es más frecuente que en la mayoría de las zonas urbanas;
además, los retos asociados a proporcionar atención a las personas con discapacidad en un
entorno rural son mayores por diferentes causas, como pueden ser las dificultades para
acceder a servicios adecuados de transporte y la distancia de los servicios regionales o,
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incluso, la falta de conocimiento acerca de los servicios disponibles (Lorenzo et al, 2014)
(Martens-Addington, 2001).

Existen estudios en países en vías de desarrollo, donde los recursos asistenciales y


extrahospitalarios son inferiores, que sostienen que un bajo nivel económico está en
relación con una mayor carga. Destacan dos estudios al respecto realizados en Nigeria
(Ohaeri, 2001) y en la India (Thara, 2005). Debido a los gastos económicos que puede
suponer el cuidado de un paciente dependiente, la familia tiene que movilizarse y buscar
más recursos económicos y sociales. Es decir, que a la propia “carga del cuidado” se le
suma la preocupación de obtener más recursos y mejorar su situación financiera (Ohaeri,
2001) (Thara, 2005).

En Latinoamérica los estudios sobre este tema datan de fechas más recientes; por
ejemplo estudios realizados en Colombia en cuidadores de pacientes con enfermedad de
Alzheimer, se ha encontrado que estos, presentan síntomas depresivos, de ansiedad,
sentimientos de culpa e impotencia, aislamiento social y sobrecarga (Cerquera-Granados,
2012).

Datos obtenidos de estudios realizados en Colombia por Zambrano y Ceballos


demuestran que la mayor probabilidad de desempeñar el cargo de cuidador es para los
hijos, luego están el cónyuge y los hermanos del paciente. Principalmente es una mujer
(87,3%) la encargada de proporcionarle el cuidado a la persona con discapacidad. En
relación con la prevalencia del síndrome de sobrecarga del cuidador, de acuerdo con la
edad, en su mayoría son personas de 50 años, aproximadamente (Zambrano-Ceballos,
2007).

Por su parte en Chile, Espinoza y Méndez, encontraron que los cuidadores en su


mayoría eran mujeres entre los 20 y 50 años con algún vínculo consanguíneo con el
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enfermo y realizaban cuidados día y noche, además el 38% de los pacientes estudiados
presento sobrecarga intensa (Espinoza-Méndez, 2009).

En México para el año 2008 Lara Palomino y colaboradores realizaron un estudio


para definir el perfil del cuidador primario donde se evidencio que la distribución por
género fue de 11.7% hombres y 88.3% mujeres. El rango de edad fue de 38 años, límite de
27 a 65. Los resultados de la evaluación de sobrecarga del cuidador primario sugieren que
el 20% de los cuidadores obtuvieron sobrecarga leve y 11.7% intensa. El parentesco
predominante del cuidador eran hijos con un 68,3%; por otro lado la mayoría de los
cuidadores presentaba un tiempo de cuidado en años de 6-10 años (56,7%), seguido con el
intervalo de 1 a 5 años (30%), la principal razón para ser cuidador primario fue deber moral
con un 70% seguido del afecto con un 23,3% (Lara Palomino et al, 2008).

Igualmente en México, Distrito federal Monserrat-Muñoz y Lozano estudiaron


cuidadores de pacientes geriátricos del Servicio de Medicina Interna para el año 2015
encontrando que el 55% de las mujeres presentaban sobrecarga vs 45% de los hombres; en
cambio el 66,7% de los hombres integraron el grupo de cuidadores sin sobrecarga, solo el
33% de las mujeres fueron incluidas en este último grupo, adicionalmente encontró
asociación entre la presencia de sobrecarga y la probabilidad de defunción durante la
hospitalización. La edad promedio de los cuidadores fue de 48 años en el grupo con
sobrecarga y 53 años en el grupo sin ella. En relación con el tiempo de ejercer la función de
cuidador se observó que a mayor tiempo de realizar esta actividad, hay mayor sobrecarga
en los cuidadores (Monserrat-Muñoz et al, 2015).

En Costa Rica Steele Britton en el año 2010 investigó la prevalencia del síndrome de
sobrecarga del cuidador en cuidadores informales de pacientes del Hospital Nacional
Psiquiátrico encontrándose que un 57% de los sujetos estudiados presentaron el síndrome
de sobrecarga del cuidador (nivel leve e intenso), el 90% de los cuidadores eran de género
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femenino, con una edad promedio de 53 años. La tercera parte de los cuidadores son
casados, y en su mayoría, con estudios de primaria como grado máximo académico
alcanzado (Steele Britton, 2010).

Demográficamente, al igual que el resto de los países de Latinoamérica, Venezuela


presenta un cambio progresivo y acelerado de su pirámide poblacional. De acuerdo al
Censo de Población del 2001 en Venezuela hubo 149.398 personas de 80 años y más; en el
2009 la población de esta edad alcanzo las 243.419 personas y para el año 2009 el Instituto
Nacional de Estadística proyecto que en el 2015 habrán 323.575 personas mayores de 80
años, y la esperanza de vida al nacer será de 73,21 años (INE, 2001).

En Venezuela, el proceso de envejecimiento se está dando sin un desarrollo


económico capaz de asegurar los recursos necesarios para proporcionar a los grupos de
mayor edad una calidad de vida aceptable. Es por ello, que la red de apoyo más importante
para el anciano está constituida de hecho por la familia, y en su rol de cuidadora de
ancianos, ha sido señalada por tener como objetivo, mayor seguridad emocional y mayor
intimidad, evitando al mismo tiempo los problemas psicopatológicos de la
institucionalización: despersonalización, abandono, negligencia, confusión mental,
medicalización exagerada y falta de afecto, entre otros (Velasco Cañas, 2010).

Ginsbserg y Martinez, en el Servicio de Neurología del Hospital Militar “Dr Carlos


Arvelo”, en Caracas, Venezuela, para el año 2005 realizaron un estudio donde describen a
los cuidadores, como sujetos mayores de 40 años que tienen a su cargo pacientes
diagnosticados con demencia, con un nivel de deterioro acusado o grave. Encontraron que a
mayor edad tienden a presentar mayores niveles de carga y que esta es percibida por los
cuidadores en niveles moderados o severos (Ginsbserg-Martínez, 2005).

Por otro lado un estudio publicado por la Universidad de los Andes en el año 2010,
realizado por Velasco Cañas, en el Sector La Plata del Municipio Simón Bolívar del estado
Zulia, determinó que el perfil de salud del cuidador y del anciano estuvo constituido por un
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promedio de edad entre 35 a 44 años, la mayoría de género femenino (81% vs 19%). La


filiación predominante fue de hijos con un 43,7%. La gran mayoría de los entrevistados son
alfabetos y tienen 10 o más años brindando cuidado. Con respecto al nivel de sobrecarga el
37,5% de los cuidadores familiares de los ancianos no presentaron sobrecarga, mientras que
el 31,25% de ellos manifestó signos y síntomas de sobrecarga leve así como de sobrecarga
intensa (Velasco Cañas, 2010).

En el Hospital José María Vargas, Aldana y Guarinos, llevaron a cabo una


investigación a cargo de la Universidad Simón Bolívar durante el año 2012, donde se
evidencio que la mayoría de los cuidadores eran mujeres con edades comprendidas entre 51
y 70 años. Además comparativamente los cuidadores informales presentaban mayores
niveles de sobrecarga que los cuidadores formales no profesionales haciéndose evidente
que a mayor sobrecarga, mayor deterioro de la salud global del cuidador (Aldana-Guarinos,
2012).

Rodríguez y Mármol en 2014, en Valencia, Estado Carabobo, describieron en su


investigación que el mayor porcentaje de cuidadores correspondió al grupo etario entre 55 y
64 años, seguido del intervalo entre 45 y 54 años. El género que predominó fue el
femenino. El parentesco que unía a los cuidadores con los adultos mayores fue 66% hijos y
33% conyugues. Este estudio también demostró que la intensidad de la sobrecarga afecta
con mayor frecuencia al grupo etario de 45 a 64 años y que quienes padecen de un nivel
intenso de sobrecarga son las hijas, mientras que los conyugues manifiestan niveles de
sobrecarga leves e incluso ausente (Rodríguez-Mármol, 2014).

Dimas y Maita, en 2013, realizaron una investigación cuyo objetivo fue determinar el
desgaste físico, emocional y social que provoca el síndrome del cuidador de pacientes con
cáncer de mama, Unidad Oncológica Virgen del Valle del Complejo Hospitalario
Universitario Ruiz y Páez, Ciudad Bolívar-Venezuela, en el periodo Marzo-Abril 2013.
Utilizaron la “Escala de sobrecarga del cuidador” (Zarit) aplicada a 44 cuidadores;
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obteniendo como resultado que el síndrome del cuidador fue evaluado en 88% (n=44) de
los encuestados, cuyas características fueron: edad comprendida entre 40-45 años (41años),
género femenino predominante, parentesco hijo (a), ocupación ama de casa, 60% (n=30) no
tenía una sobrecarga con respecto al cuidado de su familiar; el resto presento 16% (n=8)
sobrecarga leve, 8% (n=4) sobrecarga moderada y un 4% (n=2) intensa (Dimas-Maita,
2013).

Un estudio realizado en Venezuela por la Universidad de Oriente-Núcleo Bolívar,


sobre el nivel de sobrecarga, ansiedad y depresión en cuidadores de pacientes con cáncer de
mama, Unidad Oncológica Virgen del Valle del Complejo Hospitalario Universitario Ruiz
y Páez reporto que: el sexo que predomino fue el femenino 45,84% (n=33), con sobrecarga
leve. Respecto al grupo etario, el 54,16% (n=39) del total de la muestra se encontró en
edades comprendidas entre 26 a 30 años; en este grupo se evidencio la mayor cantidad de
sobrecarga leve tanto para el sexo femenino como para el masculino. El parentesco más
frecuente de los cuidadores fue de 94% (n=5) para madres y esposos por igual, presentando
sobrecarga leve. Respecto al estado civil, la mayoría 43,06% (n=31) estaban en unión libre.
El 29,17% (n=21) de los cuidadores pertenecieron al estrato IV (situación de pobreza),
presentando sobrecarga leve. Respecto a la ocupación, el 65,28% (n=47) realizaban labores
del hogar. En cuanto al tiempo empleado en el cuidado del paciente, lo más relevante fue
54,17% (n=39) entre 0 a 1 año de cuidado, presentando sobrecarga leve. El 43,07% (n=31)
de la muestra tuvieron mayor probabilidad de padecer ansiedad moderada o grave, con un
grado de sobrecarga leve. El 36,11% (n=26) fueron propensos a padecer depresión ligera,
con sobrecarga leve (Jiménez et al, 2015).

Otro estudio en Venezuela, realizado en la Universidad de Oriente-Núcleo Bolívar,


sobre el grado de sobrecarga, ansiedad y depresión en cuidadores de pacientes pediátricos
con patología oncológica, Servicio de Pediatría, Unidad Oncológica Virgen del Valle del
Complejo Hospitalario Universitario Ruiz y Páez, donde el 40,6% se encontró en el grupo
etario de 30-39 años, siendo 59,4% de sexo femenino y 53,1% madres de los pacientes. El
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estado civil predominante fue el soltero y unión libre con 34,4%. 53,1% perteneció a
situación de pobreza, 50% de ocupación labores del hogar y 43,8% tuvieron entre 0-1 año
al cuidado del paciente. El 59,4% no presento grado alguno de sobrecarga, mientras que el
12,5% manifestó sobrecarga leve y 9,4% sobrecarga intensa; de estos, en su mayoría
estuvieron ubicados en el grupo etario entre 30-39 años, de sexo femenino, madre de los
pacientes, solteras, casadas o en unión libre; casi en su totalidad pertenecientes a la
situación pobreza y estuvieron entre 0-1 año a cargo del cuidado del paciente. Al evaluar la
presencia de ansiedad y depresión en la muestra, se encontró que 53,6% tenían
predisposición a dichas patologías, presentando sobrecarga leve e intensa en 6,3% (n=2)
para ambas. Resultados similares a otros estudios publicados; así mismo se evidencio
relación significativa con un nivel de certeza del 95% (p< 0,05) entre los grados de
sobrecarga leve e intensa con respecto al nivel socioeconómico, el tiempo de cuidado del
paciente y la presencia de síntomas de ansiedad y depresión (Torres, 2014).

Marcano y Moreno, en 2016, realizaron una investigación cuyo objetivo fue evaluar
el grado de sobrecarga, ansiedad y depresión en cuidadores de pacientes adultos mayores en
la Consulta de Psicogeriatría. Servicio de Psiquiatría. Complejo Hospitalario Universitario
Ruiz y Páez. Febrero 2015-2016. Se encontró que la mayoría de los cuidadores fueron del
género femenino entre 41-55 años de edad con un 50% (n=15). El parentesco predominante
en los cuidadores fue hijo (a) 47% (n=14). 60% (n=18) de la población estudiada eran
casados, de los cuales 11 fueron hijas y 2 hijos. La ocupación más predominante fue del
hogar 63% (n=19), perteneciendo la mayoría al estrato IV 40% (n=12). El tiempo de
cuidado fue mayor a 4 años con un 53% (n=16). Al comparar ambas escalas predomino la
ausencia de carga 60% (n=18) y la combinación de ansiedad y depresión en los cuidadores
40% (n=12) (Marcano–Moreno, 2016).
20

2.2 Bases teóricas.

El Paciente geriátrico representa un desafío para los terapeutas y familiares sobre


todo cuando su diagnóstico es la demencia o alguna otra patología que merme su capacidad
cognitiva. En este tipo de pacientes la relación entre la realidad psíquica y la realidad
exterior, se debilita por lo que se hace necesaria la presencia de una persona, que funja
como un yo auxiliar y que permita al paciente funcionar adaptándose al medio. En los
últimos años se ha venido desarrollando numerosos trabajos sobre los cuidadores de
enfermos de Alzheimer y enfermos con patologías crónicas evidenciándose que el cuidado
de personas con demencia o con enfermedades mentales crónicas es mucho más estresante
que atender a personas con dependencia física o con muy pocos problemas emocionales o
conductuales (Placeres-De León, 2011).

El término “cuidar” hace referencia a proporcionar a una persona aquéllos aspectos


que están mermados o que carece de ellos. Es una cualidad natural del ser humano que
además está determinada por aspectos sociales y educacionales, siendo también, el
resultado de los valores personales. A pesar de ser un aspecto intrínseco, el cuidado de
otros requiere un aprendizaje que se produce a lo largo de toda la vida y que es la suma de
la adquisición de una serie de conocimientos, la experiencia personal y el entorno en el que
cada persona se ha desenvuelto (Martinez-Miangolarra, 2006).

Los motivos por los que se presta ayuda a una persona que lo necesita son muchos,
las normas sociales, la vocación, las necesidades económicas, las creencias personales de lo
que es correcto, el afecto, la culpa y la aprobación social son algunos de ellos. Es frecuente
la creencia de que la motivación personal particular es suficiente para ser un cuidador; que
no es necesaria la formación e información previa salvo en casos de cuidar a personas con
grandes discapacidades; sin embargo, dependiendo de la complejidad y las características
21

de la patología con que cuente el enfermo, será necesaria la preparación, el adquirir


conocimiento sobre la enfermedad y su evolución (Rivera et al, 2011).

El cuidador es un individuo que, por diferentes motivos, llega a dedicar gran parte
de su esfuerzo a permitir que otras personas puedan desenvolverse en su vida diaria,
ayudándoles a adaptarse a las limitaciones de carácter físico, mental, social o funcional que
su enfermedad le impone (Dueñas et al, 2006).

Generalmente, el cuidador es una persona cercana al enfermo, en su mayoría


familiares, como los padres, hermanos, hijos o el cónyuge. La tarea de convertirse en
cuidador es algo que genera y despierta sentimientos conflictivos, por lo que los intereses
propios y las dolencias pasan a un segundo plano para enfrentarse al reto de cuidar a otra
persona. El enfrentarse a este reto supone mantener el equilibrio entre la atención de quien
se está cuidando y la conservación de la salud y la vida del cuidador (Hernández, 2008).

Es frecuente que a menudo los cuidadores principales experimenten sentimientos de


culpa al sentir que dedican mucho más tiempo de su vida a la persona dependiente que a su
propia familia, o porque se implican demasiado en los cuidados de este tipo de persona, lo
que les lleva por consecuencia a otras sensaciones, como: inadaptación, frustración,
soledad, infelicidad, angustia, etc. Generalmente estos sentimientos de culpa se asocian a
los casos en los cuales el cuidador considera como su obligación o deber moral el
retribuirle en cuidados a su familiar, asociándose estas variables con un mayor nivel de
carga subjetiva. Por el contrario cuando el cuidador realiza su actividad basándose en el
afecto y vínculo de unión al enferme ya sea familiar directo o no, disminuye la percepción
de carga y sufrimiento (Rivera et al, 2011) (Piñero Arrieta, 2014).
22

La cantidad de cuidados y la calidad de la asistencia que proporciona el cuidador


están determinadas por una serie de variables como lo son el tiempo, la relación paciente-
cuidador, el tipo y estadio de la enfermedad y la formación en el área de cuidado. Dichas
variables pueden venir del paciente y/o el cuidador y a la vez van a repercutir directamente
sobre ambos. El tiempo invertido para el cuidado oscila en función de las necesidades del
enfermo así como del momento vital en que se encuentre el cuidador, como puede ser la
jubilación, la paternidad o cambios laborales. Por su lado, la relación paciente-cuidador es
un factor determinante en la calidad de asistencia, habiendo diferencias dependiendo de si
hubo relación anterior entre ambos o si hubo parentesco, con una relación satisfactoria o no.
En el caso de haber sido afectuosa o favorable, con mucha probabilidad esta relación de
cuidados se mantendrá y no se deteriorará. Una relación que no es buena y fluida, producirá
efectos negativos y reacciones no adecuadas en el paciente, conllevando efectos
psicológicos negativos en el cuidador (Hernández, 2008) (Esteban-Mesa, 2008).

Tipos de cuidador

El cuidador puede ser catalogado según sus responsabilidades, retribuciones,


parentesco y otras características (Crespo López, 2007).

Los cuidadores se pueden clasificar en dos grupos, primero están los familiares o
personas que son cercanas al paciente y segundo las personas profesionales que no
pertenecen al ámbito familiar del enfermo y que se les remunera por asumir este papel de
cuidador. Sin embargo, en ambos casos los cuidadores requieren de gran esfuerzo para
colaborar con la recuperación y la asistencia del paciente. El cuidado tiene muchas
implicaciones, ya que no solo se observa el padecimiento del paciente, sino que también se
observa la carga de la persona en la cual recae el peso del cuidado (Rivera et al, 2011).
23

Se conoce como cuidador principal o primario del enfermo a la persona que asume la
responsabilidad de atender y cuidar al enfermo diariamente. Es el familiar más cercano,
generalmente cónyuge o hijo (a), que acompaña en el proceso de la enfermedad del
paciente desde el inicio de esta, durante todo el proceso hasta su muerte (Rivera et al, 2011)
(Dueñas et al, 2006).

Este cuidador generalmente además de su carácter principal se le denomina informal


ya que la atención que se presta no es remunerada. En muchos casos estos cuidadores
afrontan otras cargas familiares y/o profesionales, por lo que usualmente requieren ayuda
de otros miembros de la familia, a los que se denomina cuidadores secundarios. El papel
principal del cuidador secundario es proteger contra la “sobrecarga” a la que se somete el
cuidador principal y que pudiera, ulteriormente, comprometer su integridad física o
psíquica. Sin embargo la rotación familiar o sustitución del cuidador principal por otros es
poco habitual, ya que tan sólo se produce en un 20%, situación que condiciona un deterioro
físico y psicológico en el cuidador primario (Bello, 2014).

El cuidador profesional trabaja de forma remunerada y en el ejercicio de su


profesión. Por lo general esta figura la desarrolla el personal socio-sanitario. Su labor
también se perfila como parte de la “descarga” que se pretende hacer del cuidador
principal. A estos cuidadores también se les conoce como cuidadores formales y se
caracterizan por disponer de capacitación y preparación para el desempeño de las tareas
requeridas, frente a cuidadores informales que son personas cercanas al enfermo (parientes,
vecinos, amigos) y denominados así por no haber siempre una coordinación previa y
estipulada para hacer esta tarea, si no que se produce de forma espontánea o ante una
emergencia, pero que tienen una misión importante, tomando en cuenta lo difícil y largo
que puede ser el proceso de enfermedad (Ribe Buitron, 2014) (Martínez-Miangolarra,
2006).
24

Durante décadas los cuidadores informales eran la principal y casi única fuente de
apoyo de los mayores dependientes. Lo que ha cambiado en las últimas décadas es la
cantidad de personas que desempeñan el rol de cuidadores, la duración de los cuidados y las
tareas que tienen que desempeñar. El aumento de la esperanza de vida y los avances de la
medicina han hecho que en la actualidad los cuidadores atiendan a sus familiares mayores
dependientes durante una gran cantidad de años, para ello es imperante le sean facilitadas
las estrategias necesarias que le permitan ofrecer calidad de atención a la persona en cuido
como así mismo (Flores-Arcos, 2003).

El cuidado informal se encontraría en la parte no visible de un iceberg,


constituyendo la parte más importante y sólida en la prestación de cuidados. Los servicios
formales (hospitales, centros de salud mental, atención primaria, servicios sociosanitarios,
etc.) participan de forma minoritaria en el cuidado continuado de las personas con
trastornos mentales que viven en la comunidad (Ribe Buitron, 2014).

La vida del cuidador en la mayoría de las ocasiones se organiza en función del


enfermo y los cuidados atencionales tienen que hacerse compatibles con las actividades de
la vida cotidiana. Incluso en ocasiones, especialmente en las enfermedades crónicas y
degenerativas, no son las atenciones las que se adaptan al horario de los cuidadores sino
que todo el horario se adapta en función del enfermo al que se atiende: horario laboral, de
comidas, de vacaciones, entre otros (Fernández Ortega, 2004).

El desgaste producido en el cuidador suele desarrollarse de manera progresiva sin


que este lo perciba de manera inmediata, a diferencia de otras ocupaciones no está dirigida
principalmente por las metas que cada cual se propone, sino por aquellas que vienen
impuestas por el mismo desarrollo de la problemática de la persona mayor y los niveles de
dependencia que va alcanzando (Barrón-Alvarado, 2009).
25

El cuidador tiene grandes cargas de trabajo tanto objetivas como subjetivas; las
cargas objetivas hacen referencia al tiempo ocupado en el cuidado del enfermo y el
cumplimiento de las demandas debido a la gravedad de las alteraciones a nivel físico,
cognitivo y social del paciente, y las cargas subjetivas a los sentimientos y las percepciones
negativas que el cuidador tiene de su rol (Leal et al, 2008).

Cuidadores de pacientes con enfermedad mental

La presencia de una persona con enfermedad mental en una familia amenaza con
desestabilizar la vida de todos sus integrantes en múltiples esferas, como lo son las
relaciones interpersonales, conflictos de pareja (conyugales, separaciones caóticas,
divorcios) y la sexualidad; pueden también afectar la formación y el desempeño laboral así
como la capacidad de disfrutar del ocio, actividades intelectuales y recreativas (Palacios-
Liménez, 2008).

El cuidado de una persona con enfermedad mental es una tarea ardua y compleja que
puede llegar a ser abrumadora, especialmente, cuando la respuesta al tratamiento no es la
ideal o bien, la persona presenta limitaciones serias en su funcionamiento diario con el
agravante de que en la mayoría de los casos la enfermedad se torna crónica y la persona
requiere supervisión y cuidado continuamente. Se estima, que en países latinoamericanos,
un 80% de este tipo de personas dependientes vive con sus familiares y el cuidador
principal lo constituye un familiar (Rodríguez-Khon, 2009).

El modelo de estrés aplicado al cuidado engloba de manera esquemática las


relaciones entre los antecedentes del contexto del cuidador (características
socioeconómicas, historia y relaciones del cuidador), los estresores primarios (deterioro
cognitivo, funcional y conductual del paciente), así como los estresores secundarios
26

(tensión psicológica y por ejercicio del rol), los mediadores (el afrontamiento y apoyo
social) y finalmente el impacto del estrés sobre la salud del cuidador (Aldana-Guarino,
2012).

En ocasiones, son varios los que asumen esta labor, otras veces, es una sola persona
la que se encarga de todo. Aunque es muy común que sean los familiares los que asuman
el papel de cuidadores, otras veces son amigos o conocidos los que deciden colaborar. En
todos los casos, es necesario que las personas que se hacen cargo de esta responsabilidad no
sólo sepan las formas en que pueden ayudarle, sino que también tienen que aprender a
controlarse, a conocer los límites de sus posibilidades reales para dedicarse al cuidado de
otra persona y a organizarse para hacer más llevadera la situación (Cuijperes-Stam, 2000)
(Palacios-Liménez, 2008).

El paciente con enfermedad mental presenta complicaciones adicionales a las que se


observan en otras patologías. Además de tener que asumir, dolorosamente, que el familiar
no va a poder proseguir con el proyecto vital que habían planeado, los cuidadores necesitan
aprender a cuidar de una persona extremadamente sensible, que requiere vivir en un
ambiente con pocas tensiones y una estimulación limitada, cuyas necesidades de cuidado
varían notablemente, en las distintas fases de la enfermedad, que en muchas ocasiones no es
consciente del mal que padece, y que tiene serias dificultades para adaptar su estilo de vida
a las características de su enfermedad (Hernández, 2008).

Concepto de sobrecarga del cuidador

El concepto de carga se remonta a principios de los años 60, concretamente, a un


trabajo realizado para conocer qué efectos tenía sobre las familias el hecho de mantener en
la comunidad a pacientes psiquiátricos, como parte de la asistencia psiquiátrica comunitaria
27

que se estaba implantando en Gran Bretaña, en aquel tiempo. El interés principal de este
trabajo era conocer cómo afectaba a la familia y a la vida doméstica la convivencia con
estos pacientes (Bastardo-Rivas, 2012).

La respuesta que presentan las familias a este tipo de situaciones, se debe a los
cambios que se generan en las interacciones de cada uno de los miembros en función del
paciente enfermo. Esencialmente se puede mencionar que existen dos patrones de respuesta
opuestos:

1. La tendencia centrípeta, se expresa a través de una extrema cohesión interna de los


miembros de la familia. Todas y cada una de las actividades que éstos realizan están
dadas en función del enfermo, es como si todos giraran alrededor de él,
convirtiéndolo en el centro de las interacciones y absorbiendo gran parte de los
recursos afectivos y económicos de la familia.

2. La tendencia centrífuga, se puede observar en las familias cuyas conductas en


general no están relacionadas con la situación de enfermedad. En estos casos el
cuidado del paciente enfermo es delegado a una sola persona, la cual absorbe el
papel de controlar la evolución de la enfermedad (Fernández Ortega, 2004).

De esta manera surge la figura del cuidador principal quien en un principio echa
mano de todos los recursos interiores y exteriores a fin de sobrellevar el cambio y mantener
un equilibrio entre la atención a la persona dependiente y la conservación de la vida y salud
propias. Sin embargo con el paso del tiempo gran parte de los cuidadores no recibe ayuda
de otras personas; por lo cual sus mecanismos de adaptación flejan (Bello J., 2014)
(Fernández Ortega, 2004).

La sobrecarga del cuidador primario es el resultado del estrés crónico producido por
la lucha diaria contra la enfermedad, la monotonía de las tareas y la sensación de falta de
28

control, entre otros. Se caracteriza por actitudes y sentimientos negativos hacia el enfermo;
desmotivación, depresión, angustia, trastornos psicosomáticos, fatiga y agotamiento no
ligado al esfuerzo, irritabilidad, despersonalización y deshumanización, comportamientos
estereotipados con ineficiencia en resolver los problemas, agobio continuado con
sentimiento de ser desbordado por la situación, lo cual, finalmente, se traduce en alto nivel
de estrés (Palacios-Liménez, 2008).

La carga familiar se refiere a las consecuencias para el familiar que tiene el estrecho
contacto con pacientes gravemente perturbados, y se define como un concepto
multidimensional que considera la tensión existente en los aspectos emocionales, físicos,
sociales y económicos de la vida de las personas (Rodríguez- Khon, 2009).

Sin embargo inicialmente, existían notorias diferencias entre lo que los


investigadores, por un lado, y los familiares, por otro, consideraban carga. Estas diferencias
en cuanto al significado del término, fueron el origen de la primera distinción entre carga
"objetiva", o efectos concretos sobre la vida doméstica, y carga "subjetiva", definida como
sentimientos subjetivos o actitudes hacia el hecho de la convivencia con un familiar con
problemas psiquiátricos (Morris et al, 2002).

Ante las dificultades conceptuales en torno al término “carga”, los investigadores han
distinguido entre carga objetiva y carga subjetiva. Siendo la primera aquella que tiene que
ver con la dedicación al desempeño del rol de cuidador y se relaciona con variables del
paciente y con las características que determinan la demanda de cuidados. A su vez, la
carga subjetiva se ha definido como las actitudes y reacciones emocionales ante la
experiencia de cuidar, y se relaciona con la forma en que se percibe la situación. De tal
modo que la carga es vista como la evaluación o percepción que el cuidador tiene de las
demandas del medio relacionadas con su rol como cuidador y los recursos con los que
cuenta para satisfacer dichas demandas (Rodríguez- Khon, 2009) (Morris et al, 2002).
29

El término carga abarca diferentes aspectos relativos a la misma, considerando costes


económicos, carga física y limitación del tiempo; debido a esto, su evaluación ha
consistido, únicamente, en una puntuación global de carga (Steele Britton, 2010).

El impacto que la sobrecarga tiene en la vida del cuidador viene determinado por su
propia percepción, no por la percepción de otros familiares. Su máxima expresión clínica es
el síndrome del cuidador quemado (burn-out), que es la progresión de la carga del cuidador,
hasta un punto en el que el que continuar con dicha tarea no es una opción viable o
saludable (Monserrat-Lozano, 2015).

Para el año 1983 Zarit, Reever y Bach diseñaron la entrevista de carga del cuidador
identificando tres componentes principales para identificar el síndrome del cuidador:
impacto del cuidador, carga interpersonal y expectativas de autoeficacia. Su objetivo era
evaluar la percepción que el cuidador tiene de las demandas del medio relacionadas con su
rol como cuidador, y se comprobó que aquellos cuidadores con mayor nivel de carga,
muestran peor auto percepción de salud y mayor probabilidad de tener trastornos
emocionales. Zarit y su grupo de colaboradores consideraron la carga de los cuidadores
como la clave del mantenimiento de las personas con demencia en la comunidad. La
Entrevista sobre la carga del cuidador es probablemente el instrumento más utilizado para
la evaluación de la carga familiar en gerontología. Su estudio marcó el inicio del interés por
los aspectos conceptuales en torno a la noción de carga de los cuidadores de familiares
mayores, su evaluación y su investigación (Zambrano-Ceballos, 2007) (Barrón–Alvarado,
2009).

El proceso de cuidar una persona con enfermedad mental genera estrés crónico y
afecta en mayor o menor medida, la salud mental y física de los cuidadores. En este proceso
son muchos los factores que intervienen, por lo que existe una gran variabilidad en la
capacidad de los cuidadores para hacer frente a esta situación (Steele Britton, 2010).
30

Esta sobrecarga o síndrome del cuidador está influenciada por factores como:

1. La importancia que revisten la vida y el sufrimiento del enfermo para el cuidador.

2. La incertidumbre que rodea el proceso de la enfermedad.

3. La sensación de inminencia de una confrontación anticipada con momentos críticos


de la misma tales como un diagnostico desfavorable, o resultado dudoso de un
análisis; ya que dicha inminencia incrementa la percepción de amenaza.

4.
La duración de la situación de la enfermedad, ya que los efectos del estrés son
acumulativos (Leal et al, 2008).

La situación de los cuidadores implica que estos sean capaces de superar dificultades y
presiones, enfrentar el desconocimiento y el miedo al cuidado, aprender a afrontar los
momentos difíciles que se generan producto de la conducta desordenada del enfermo, y de
las situaciones propias del rol, como la monotonía, el aislamiento y la falta de apoyo, pero
no siempre se va a ser capaz de asumir de esta forma el cuidado, por ello, entre otras cosas,
es que se generan efectos negativos en la calidad de vida del cuidador (Cerquera A., Pabón
D., 2014).

Entre los factores que parecen influir en la aparición de efectos negativos en la calidad
de vida del cuidador están los medios empleados para lidiar con el estrés asociado a la
carga del cuidador, es decir, las estrategias de afrontamiento usadas por estos. Las
estrategias de afrontamiento son aquellos esfuerzos cognitivos y conductuales
constantemente cambiantes que se desarrollan para manejar las demandas específicas
externas y/o internas que son evaluadas como excedentes o desbordantes de los recursos del
individuo. Estas estrategias se utilizan para reducir al mínimo el impacto negativo que
producen los estresores sobre su bienestar psicológico, es decir, “la carga” del cuidador
(García F, et al, 2016).
31

El uso de algunas estrategias de afrontamiento facilita la adaptación y el bienestar,


incide en la prevención de enfermedades y permite al cuidador informal adaptarse al
progresivo deterioro de su familiar asistido. También las estrategias de afrontamiento se
relacionan con el tipo de vínculo familiar establecido entre el cuidador y el paciente objeto
de cuidado, incluso previamente al evento estresante. Aquellos familiares cuidadores que se
vinculan desde la culpa y la obligación, generalmente perciben ser los únicos que pueden
asumir este rol bien sea por imposición familiar (grupo familiar pequeño o desinterés de
otros familiares) o autoimpuesto (“nadie realizara el cuidado mejor”, “es lo menos que
puedo hacer por mi familia”); estos generalmente tienen estrategias de afrontamiento
negativas como: negación, uso de sustancia licitas o no para soportar el estresor,
autoinculpación y victimización. Por otro lado están los familiares que se vinculan desde el
afecto o agradecimiento, basado por lo general en un apego positivo durante la crianza,
estos utilizan mecanismos de afrontamiento distintos como la búsqueda de apoyo
instrumental y emocional, aceptación, religión, humor y reinterpretación positiva (buscar el
lado positivo y favorable del problema). En general estos familiares suelen ser más
asertivos a la hora de reconocer sus limitaciones y solicitar ayuda, lo que repercute
positivamente en su estado general de salud física y emocional (García F, et al, 2016)
(Fernández- Díaz, 2001).
32

2.3 Definición de términos.

 Salud mental: estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus


propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede
trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su
comunidad.

 Cuidar: según la real academia de la lengua española es: “asistir, guardar,


conservar”; “poner diligencia, atención y solicitud en la ejecución de algo”. Implica
sentimientos, relaciones y la dimensión ética y social asociada al cuidado.

 Cuidador: persona que asume la responsabilidad total en la atención y el apoyo


diario a una persona dependiente para las actividades básicas e instrumentales de la
vida diaria.

 Cuidadores profesionales o formales: aquellos que ejercitan una labor profesional


a través de organismos, instituciones, empresas o de forma particular dedicándose al
cuidado de la persona con algún grado de dependencia en un horario establecido y
recibiendo honorarios por las tareas que realiza.

 Cuidadores formales no profesionales: aquellos cuidadores pagados, que no


tienen una formación académica para el rol que desempeñan y laboran en un horario
determinado.

 Cuidadores informales: es aquella persona que presta atención de forma no


remunerada a individuos con algún tipo de dependencia psíquica o física,
generalmente se lleva a cabo por parte de los miembros de la familia u otros sujetos
sin otro lazo de unión ni de obligación con la persona dependiente. Generalmente
asume la mayor responsabilidad del cuidado, con poca capacitación para el mismo,
ofrece atención sin límites de horarios y tiene un elevado grado de compromiso.
33

 Sobrecarga del cuidador: es un trastorno que se presenta en personas que


desempeñan el rol de cuidador informal de una persona dependiente y se caracteriza
por el agotamiento físico y psíquico producido por el estrés continuo (no por una
situación puntual) en una lucha diaria contra la enfermedad, y que puede agotar las
reservas físicas y mentales del cuidador.

 Psicogeriatría: es una rama de la psiquiatría cuyo campo de acción es la atención


psiquiátrica a personas en edad de jubilación y por encima de ésta, se caracteriza
por su orientación comunitaria y su aproximación multidisciplinar a la evaluación,
diagnóstico y tratamiento de las patologías mentales más frecuentes en este grupo
etario.

 Envejecimiento: es una etapa del ciclo vital en la que se producen gradualmente


una sucesión de modificaciones morfológicas, fisiológicas y psicológicas de
carácter irreversible que disminuyen la capacidad de respuesta de la persona frente a
los cambios del entorno.

(Lara Palomino et al, 2008) (Steele Britton, 2010).

CAPITULO III

MARCO METODOLOGICO

3.1 Tipo de estudio.

Científico, descriptivo, proyectivo, cuantitativo, de campo, no experimental, de corte


transversal.

La investigación científica se caracteriza por ser reflexiva, sistemática y metódica;


teniendo por finalidad obtener conocimientos y solucionar problemas científicos,
filosóficos o empíricos, y se desarrolla mediante un proceso. Esta investigación es
34

descriptiva ya que trabaja sobre realidades concretas para derivar deducciones sobre los
nexos entre la causa y el efecto que orientan a la presentación de soluciones. Es de tipo
proyectiva debido a que consiste en la elaboración de un modelo, como solución a un
problema o necesidad de tipo práctico, ya sea de un grupo social, o de una institución, en
un área particular del conocimiento, a partir de un diagnóstico preciso de las necesidades
del momento los procesos explicativos o generadores involucrados y las tendencias futuras.
Cuantitativa pues es objetiva y con cifras puntuales derivadas de las ciencias naturales. El
diseño de campo permite al investigador recolectar la información en el propio lugar donde
se suscitan los hechos, además de permitir el contacto directo con los protagonistas de los
mismos. Por su parte el diseño no experimental implica que el investigador se limita a
observar los acontecimientos sin intervenir en el desarrollo de los mismos, ni manipular los
resultados. Es de corte transversal ya que fue realizado en una población específica en un
periodo de tiempo único (Abramson, 1990) (Hurtado, 2000).

3.2. Población y muestra.

3.2.1 Universo

Estuvo representado por la totalidad de cuidadores de pacientes que acudieron a la


Consulta de Psicogeriatría del Servicio de Psiquiatría. Complejo Hospitalario Universitario
Ruiz y Páez. Ciudad Bolívar, Estado Bolívar, durante el tiempo del estudio.

3.2.2. Muestra
35

Conformada por 41 cuidadores primarios informales de pacientes que acudieron a la


Consulta de Psicogeriatría del Servicio de Psiquiatría. Complejo Hospitalario Universitario
Ruiz y Páez. Ciudad Bolívar, Estado Bolívar

3.3. Criterios de inclusión y exclusión

3.3.1. Inclusión

1. Mayor o igual a 18 años.


2. Ser el cuidador primario informal del adulto mayor (mayor o igual de 60 años).
3. Consentimiento informado del cuidador para participar en el estudio.
4. Vivir en la misma residencia del adulto mayor.
5. Estar facilitando cuidados al adulto mayor por un período mayor o igual de 1
año.
6. No ser remunerado económicamente por la realización de dichas tareas de
cuidado.

3.3.2. Exclusión

1. Se excluyeron aquellos cuidadores con diagnóstico de enfermedad mental.

3.4. Variables.

1. Edad (años).

2. Sexo.

3. Nivel socioeconómico.
36

VARIABLES OPERACIONALIZACION 4. P
Edad (años)*  18-29 arentesco.
 30-39
 40-49
5. T
 50-59
iempo de
 60 o más
cuidado
(años).

6. R
azones
para ser
cuidador.

7. Nivel de sobrecarga.
37

Sexo F____ M____ 3.4.1


Nivel socioeconómico** Puntuación Test de Graffar Operacio
I 5-9
nalizació
II 10-13
n de
III 14-17
IV 18-21 variables.
V 22-25
Parentesco con el  Hijo(a)
paciente.*  Hermano(a)
 Conyugue
 Otro

Tiempo de cuidado (años)*  1-5 años


 6-10 años
 11-15 años
 16 o más
Razones para ser  Obligación
cuidador*  Deber moral
 Afecto
Escala de sobrecarga del Puntuación Test de Zarit
cuidador de Zarit. ***

(Nivel de sobrecarga)

Sin sobrecarga ≤ 46
Sobrecarga leve 47 a 55
Sobrecarga intensa ≥ 56
38

*Lara Palomino G., González Pedraza A., 2008. ** Bauce G., Cordoba M., 2010.
***Breinbauer H., Vasquez et al 2009.

3.5. Técnica de recolección de datos.

La recolección de datos se realizó de manera individual a cada familiar de los


pacientes que se encontraban en el área de espera de la Consulta de Psicogeriatría del
Servicio de Psiquiatría del Complejo hospitalario Universitario Ruiz y Páez. Se verifico que
los participantes cumplieran con los criterios de inclusión y exclusión, explicándoles que la
información suministrada por ellos seria de carácter voluntario y anónima con la firma de
un consentimiento informado. Los familiares aportaron datos sociodemográficos necesarios
para él estudio, además respondieron las escalas de Graffar y de sobrecarga del cuidador de
Zarit.

3.6. Instrumentos de recolección de información.

Se utilizó una ficha de recolección sociodemográfica diseñada por el investigador y


aprobada por el tutor y co-tutor (Apéndice A) y una carta de consentimiento informado para
participar en la investigación por parte de los cuidadores a entrevistar (Apéndice B).

Se seleccionó la “Escala de Sobrecarga del Cuidador de Zarit” (Apéndice C), la cual


es la más utilizada a nivel internacional, habiendo sido validada en diversos idiomas
incluyendo el español puesto que permite cuantificar los grados de sobrecarga a la cual
están sometidos los cuidadores informales de adultos mayores dependientes del grupo de
estudio. Esta escala está diseñada a manera de cuestionario escrito de tipo auto-
administrado y consta de 22 preguntas con 5 opciones de respuesta tipo likert, para cada
una de ellas, el cuidador debe indicar la frecuencia con que se siente así, utilizando una
39

escala que consta de 0 (nunca), 1 (rara vez), 2 (algunas veces), 3 (bastantes veces) y 4 (casi
siempre). Las puntuaciones obtenidas en cada ítem se suman, y la puntuación final
representa el grado de sobrecarga del cuidador. Por tanto, la puntuación global oscila entre
0 y 88 puntos.

 ≤ 46 no sobrecarga
 47 a 55: sobrecarga leve
 ≥ 56: sobrecarga intensa (Breinbauer, et al., 2009).

Para determinar el estrato socioeconómico se empleó el método de Graffar


modificado por Méndez Castellano, el cual se utiliza para clasificar a la población en
estratos sociales, considerando 4 variables procedencia de ingreso, profesión del jefe del
hogar, nivel de instrucción de la madre, y las condiciones de alojamiento. Emplea un escala
tipo Lickert del 1 al 5 (1 para muy bueno y 5 muy malo). El puntaje para cada variable se
suma y se obtiene un total que puede ir desde 4 (clase alta) hasta 20 (pobreza crítica) de
acuerdo a la siguiente escala:

 Estrato I: clase alta (4 a 6 puntos)


 Estrato II: clase media alta (7 a 9 puntos)
 Estrato III: clase media baja (10 a 12 puntos)
 Estrato IV: pobreza relativa (13 a 16puntos)
 Estrato V: pobreza crítica (17 a 20 puntos) (Bauce, 2010).

3.7 Validez y confiabilidad.

La Escala de Sobrecarga de Zarit en su validación española obtuvo 100% de


sensibilidad, 90,5% de especificidad, 95,5% de valor predictivo positivo y 100% de valor
predictivo negativo, frente al diagnóstico de sobrecarga intensa, convirtiéndose en una
excelente herramienta de pesquisa (Breinbauer et al., 2009).
40

La escala de Grafar (Apéndice D) es un instrumento reconocido


internacionalmente y goza de validez y confiabilidad certificada (Bauce, 2010).

3.8 Técnica de análisis de datos.

Los datos fueron manejados a través de métodos de estadística descriptiva y se


presentarán en tablas de frecuencia con cifras absolutas y relativas. Para el análisis
estadístico de los datos se utilizo la Prueba Chi-cuadrado (X2) de la razón de verosimilitud
y la Prueba V de Carme con un nivel de significancia p<0,05 (confiabilidad del 95%). El
chi-cuadrado de la razón de verosimilitud es una alternativa al estadístico Chi-cuadrado de
Pearson, cuando las frecuencias teóricas o esperadas en cada celda son iguales o inferiores
a 5 (como en el caso de este estudio). Para el manejo estadístico de los resultados del
estudio se utilizó el paquete estadístico SPSS para Windows, Versión 2.0
41

CAPÍTULO IV

RESULTADOS

Tabla N° 1

Distribución de cuidadores primarios informales según edad y sexo. Consulta de


Psicogeriatría. Servicio de Psiquiatría. Complejo Hospitalario Universitario Ruiz y
Páez. Ciudad Bolívar. Enero–Julio 2015.

Sexo
Masculino Femenino Total
Grupo etario
n % N % n %
(años)
18-29 1 2,44% 3 7,32% 4 9,76%

30-39 2 4,88% 5 12,20% 7 17,07%

40-49 1 2,44% 8 19,51% 9 21,95%

50-59 2 4,88% 9 21,95% 11 26,83%


≥ 60 1 2,44% 9 21,95% 10 24,39%

Total 7 17,07% 34 82,93% 41 100,00%

X2=1,391, p=0,846 (no significativo). V=0,186, p=0,841 (no significativo).

En la tabla se exhibe la distribución según edad y genero de los cuidadores


primarios informales que acudieron a la Consulta de Psicogeriatría del Servicio de
Psiquiatría, Complejo Hospitalario Universitario Ruiz y Páez, entre Enero–Julio 2015. El
82,93% (n=34) fueron del género femenino y el 17,07% (n=7) del masculino. El 26,83%
(n=11) presentaron edades comprendidas entre 50 y 59 años, seguido de 24,39% (n=10)
42

con 60 años o más y el 21,95% (n=9) entre 40 y 49 años. El grupo predominante estuvo
conformado por mujeres de 50 años en adelante 43,90% (n=18). Mediante la prueba Chi
cuadrado y V de Cramer se determinó que no existe relación estadísticamente significativa
entre la edad y el sexo de los cuidadores primarios.
43

Tabla N°2

Relación de cuidadores primarios informales según edad, sexo y nivel socioeconómico.


Consulta de Psicogeriatría. Servicio de Psiquiatría. Complejo Hospitalario
Universitario Ruiz y Páez. Ciudad Bolívar. Enero–Julio 2015.

Estrato socioeconómico
II III IV V
Sexo Sexo Sexo Sexo
Total
M F M F M F M F
Edad
(años) N % N % n % n % N % N % n % n % n %
18-29 1 2,4% 2 4,9% - - 1 2,4% - - - - - - - - 4 9,8%
30-39 - - 1 2,4% 1 2,4% 1 2,4% 1 2,4% 3 7,3% - - - - 7 17,1%
40-49 - - 1 2,4% - - 3 7,3% 1 2,4% 2 4,9% - - 2 4,9% 9 22,0%
50-59 1 2,4% - - - - 6 14,6% - - 3 7,3% 1 2,4% - - 11 26,8%
≥ 60 - - 1 2,4% 1 2,4% 3 7,3% - - 5 12,2% - - - - 10 24,4%
Total 2 4,9% 5 12,2% 2 4,9% 14 34,1% 2 4,9% 13 31,7% 1 2,4% 2 4,9% 41 100%

M: Masculino. F: Femenino.

Estrato socioeconómico II: X2=4,557, p=0,336 (no significativo). V=0,730, p=0,443 (no significativo).
Estrato socioeconómico III: X2=4,785, p=0,31 (no significativo). V=0,535, p=0,334 (no significativo).
Estrato socioeconómico IV: X2=3,462, p=0,326 (no significativo). V=0,427, p=0,433 (no significativo).
Estrato socioeconómico V: X2=0,188, p=0,665 (no significativo). V=1, p=0,083 (no significativo).

El estrato socioeconómico donde se encontró el mayor número de cuidadores fue el


III, donde el 34,1% (n=14) eran del sexo femenino y el 4,9% (n=2) del masculino. La
mayoría de las féminas de este nivel 14,6% (n=6) tenían entre 50 y 59 años. En el caso de
los cuidadores masculinos el 2,4% (n=1) estuvo entre 30 y 39 años y 60 años o más. El
segundo estrato con mayor cantidad fue el IV conformado por un 31,7% (n=13) de mujeres
y 4,9% (n=2) de hombres. El 12,2% (n=5) de las mujeres tenían 60 años o más, y el 4,9%
(n=2) de los hombres estuvieron divididos en dos grupos, entre los 30 – 39 años y 40 – 49.
No se encontró evidencia estadísticamente significativa entre las variables.
44

Tabla N° 3

Distribución de cuidadores primarios informales según edad, sexo y nivel de


sobrecarga. Consulta de Psicogeriatría. Servicio de Psiquiatría. Complejo
Hospitalario Universitario Ruiz y Páez. Ciudad Bolívar. Enero–Julio 2015.

Nivel de sobrecarga
Sobrecarga
Sin sobrecarga Sobrecarga leve
intensa
Sexo Sexo Sexo
M F M F M F Total
Edad
(años) N % n % n % n % n % n % n %
18-29 1 2,4% - - - - 1 2,4% - - 2 4,9% 4 9,8%
30-39 1 2,4% - - 1 2,4% 2 4,9% - - 3 7,3% 7 17,1%
40-49 - - 2 4,9% - - 3 7,3% 1 2,4% 3 7,3% 9 22,0%
50-59 1 2,4% 2 4,9% 1 2,4% 2 4,9% - - 5 12,2% 11 26,8%
≥ 60 1 2,4% 2 4,9% - - 5 12,2% - - 2 4,9% 10 24,4%
Total 4 9,8% 6 14,6% 2 4,9% 13 31,7% 1 2,4% 15 36,6% 41 100%

M: Masculino. F: Femenino.

Sin sobrecarga: X2=5,822, p=0,213 (no significativo). V=0,667, p=0,349 (no significativo).
Sobrecarga leve: X2=4,142, p=0,387 (no significativo). V=0,480, p=0,484 (no significativo).
Sobrecarga intensa: X2=2,983, p=0,561 (no significativo). V=0,447, p=0,525 (no significativo).

De los 41 cuidadores en estudio, la mayoría fue clasificado con sobrecarga intensa


39% (N=16), donde el 36,6% (n=15) fueron del sexo femenino y 2,4% (n=1) masculino; de
ellas, la mayoría 12,2% (n=5) tenían entre 50 y 59 años. Para la sobrecarga leve 31,7%
(n=13) eran mujeres y 4,9% (n=2) hombres, la mayoría conformada por cuidadoras con 60
años o más con un 12,2% (n=5). El menor valor para las féminas 14,6% (n=6) se evidencio
en la ausencia de carga, contrario a los masculinos donde se observó la mayor frecuencia
9,8% (n=4). Tanto la prueba de Chi cuadrado como la V de Cramer no arrojaron resultados
significativamente estadísticos.
45

Tabla N° 4

Asociación de cuidadores primarios informales según edad, nivel socioeconómico y nivel de sobrecarga. Consulta de
Psicogeriatría. Servicio de Psiquiatría. Complejo Hospitalario Universitario Ruiz y Páez. Ciudad Bolívar. Enero–Julio 2015.

Estrato socioeconómico
II III IV V
Nivel de sobrecarga Nivel de sobrecarga Nivel de sobrecarga Nivel de sobrecarga
NS SL SI NS SL SI NS SL SI NS SL SI Total
Edad
(años) n % n % n % n % n % N % n % n % n % n % n % n % n %

18-29 1 2,4% 1 2,4% 1 2,4% - - - - 1 2,4% - - - - - - - - - - - - 4 9,8%

30-39 - - 1 2,4% - - - - 1 2,4% 1 2,4% 1 2,4% 1 2,4% 2 4,9% - - - - - - 7 17,1%

40-49 1 2,4% - - - - 1 2,4% 1 2,4% 1 2,4% - - 1 2,4% 2 4,9% - - 1 2,4% 1 2,4% 9 22,0%

50-59 - - 1 2,4% - - 2 4,9% 2 4,9% 2 4,9% - - - - 3 7,3% 1 2,4% - - - - 11 26,8%

≥ 60 - - 1 2,4% - - 2 4,9% 1 2,4% 1 2,4% 1 2,4% 3 7,3% 1 2,4% - - - - - - 10 24,4%

Total 2 4,9% 4 9,8% 1 2,4% 5 12,2% 5 12,2% 6 14,6% 2 4,9% 5 12,2% 8 19,5% 1 2,4% 1 2,4% 1 2,4% 41 100%

NS: Sin sobrecarga. SL: Sobrecarga leve. SI: Sobrecarga intensa.

Estrato socioeconómico II: X2=6,788, p=0,56 (no significativo). V=0,645, p=0,666 (no significativo).
Estrato socioeconómico III: X2=4,168, p=0,842 (no significativo). V=0,323, p=0,912 (no significativo).
Estrato socioeconómico IV: X2=7,464, p=0,28 (no significativo). V=0,443, p=0,434 (no significativo).
Estrato socioeconómico V: X2=3,819, p=0,148 (no significativo). V=1, p=0,223 (no significativo).
46

En la muestra de 41 cuidadores primarios informales se encontró que, respecto al


estrato socioeconómico y el nivel de sobrecarga, la mayoría de los cuidadores se
observaron en los estratos III y IV, con predominio de sobrecarga intensa 14,6% (n=6) y
19,5% (n=8) respectivamente; y edades predominantes entre 50 – 59 años para ambos. Así
mismo, dichos estratos presentaron igual sobrecarga leve 12,2% (n=5) para cada uno.
Estando la mayoría del estrato III entre 50 – 59 años y el IV en ≥ 60. No se encontró
evidencia estadísticamente significativa.
47

Tabla N° 5

Relación de cuidadores primarios informales según edad, parentesco y nivel de sobrecarga. Consulta de Psicogeriatría del
Servicio de Psiquiatría. Complejo Hospitalario Universitario Ruiz y Páez. Ciudad Bolívar. Enero–Julio 2015.

Parentesco
Hija Hijo Hermano(a) Conyugue Otros
Nivel de sobrecarga Nivel de sobrecarga Nivel de sobrecarga Nivel de sobrecarga Nivel de sobrecarga
Total
NS SL SI NS SL SI NS SL SI NS SL SI NS SL SI
Edad
n % n % n % n % n % n % n % n % n % n % n % n % n % n % n % n %
(años)
18-29 - - - - 1 2,4% 1 2,4% - - - - - - 1 2,4% - - - - - - - - - - - - 1 2,4% 4 9,8%

30-39 - - 1 2,4% 3 7,3% 1 2,4% 1 2,4% - - - - - - - - - - - - - - - - 1 2,4% - - 7 17,1%

40-49 2 4,9% 2 4,9% 2 4,9% - - - - 1 2,4% - - - - - - - - - - - - - - 1 2,4% 1 2,4% 9 22,0%

50-59 - - - - 4 9,8% 1 2,4% 1 2,4% - - 2 4,9% 1 2,4% - - - - 1 2,4% 1 2,4% - - - - - - 11 26,8%

≥ 60 - - - - 1 2,4% - - - - - - - - 2 4,9% - - 3 7,3% 3 7,3% 1 2,4% - - - - - - 10 24,4%

Total 2 4,9% 3 7,3% 11 26,8% 3 7,3% 2 4,9% 1 2,4% 2 4,9% 4 9,8% - - 3 7,3% 4 9,8% 2 4,9% - - 2 4,9% 2 4,9% 41 100%

NS: Sin sobrecarga. SL: Sobrecarga leve. SI: Sobrecarga intensa.

Hija: X2=8,923, p=0,349 (no significativo). V=0,474, p=0,516 (no significativo).


Hijo: X2=6,592, p=0,360 (no significativo). V=0,764, p=0,321 (no significativo).
Hermano(a): X2=3,819, p=0,148 (no significativo). V=0,707, p=0,223 (no significativo).
Conyugue: X2=2,263, p=0,322 (no significativo). V=0,443, p=0,413 (no significativo).
Otros: X2=2,773, p=0,25 (no significativo). V=0,707, p=0,368 (no significativo).
48

El parentesco más numeroso de cuidadores con sobrecarga intensa resultaron ser las
hijas con un 26,8% (n=11), la mayoría 9,8% (n=4) entre 50 y 59 años. En el caso de los
hermano(a) y conyugue, la mayor parte de ellos presentaron una sobrecarga leve de 9,8%
(n=4) para cada uno; encontrándose ambos en el intervalo de 60 años o más, con 4,9%
(n=2) y 7,3% (n=3) respectivamente. En cuanto a los hijos, hubo mayor ausencia de carga
7,3% (n=3) que de sobrecarga leve e intensa, entre 18 – 39 años y 50 – 59. Mientras que
otros cuidadores presentaron 4,9% (n=2) tanto para la leve como para la intensa; de 30 - 49
años para la primera y 18 – 29 y 40 – 49 para la segunda. Los hermanos fueron los únicos
que no reportaron sobrecarga intensa. La no sobrecarga fue más evidente en hijos y
conyugues con 7,3% (n=3) en ambos. No se encontró relación estadísticamente
significativa.
49

Tabla N° 6

Distribución de cuidadores primarios informales según tiempo de cuidado, nivel socioeconómico y nivel de sobrecarga.
Consulta de Psicogeriatría. Servicio de Psiquiatría. Complejo Hospitalario Universitario Ruiz y Páez. Ciudad Bolívar. Enero-
Julio 2015.

Estrato socioeconómico
II III IV V
Tiempo
Nivel de sobrecarga Nivel de sobrecarga Nivel de sobrecarga Nivel de sobrecarga
de
cuidado NS SL SI NS SL SI NS SL SI NS SL SI
Total
(años) n % N % N % N % n % n % N % N % n % n % n % n %
1a5 2 4,9% 1 2,4% 1 2,4% 3 7,3% 2 4,9% 2 4,9% 1 2,4% 1 2,4% 2 4,9% - - - - - - 15 36,6%

6 a 10 - - 2 4,9% - - - - 1 2,4% 2 4,9% 1 2,4% 2 4,9% 3 7,3% - - 1 2,4% 1 2,4% 13 31,7%

11 a 15 - - 1 2,4% - - 2 4,9% 2 4,9% 2 4,9% - - 2 4,9% 2 4,9% - - - - - - 11 26,8%

≥ 16 - - - - - - - - - - - - - - - - 1 2,4% 1 2,4% - - - - 2 4,9%

Total 2 4,9% 4 9,8% 1 2,4% 5 12,2% 5 12,2% 6 14,6% 2 4,9% 5 12,2% 8 19,5% 1 2,4% 1 2,4% 1 2,4% 41 100%

NS: Sin sobrecarga. SL: Sobrecarga leve. SI: Sobrecarga intensa.

Estrato socioeconómico II: X2=5,062, p=0,281 (no significativo). V=0,53, p=0,415 (no significativo).
Estrato socioeconómico III: X2=2,925, p=0,571 (no significativo). V=0,258, p=0,711 (no significativo).
Estrato socioeconómico IV: X2=3,104, p=0,796 (no significativo). V=0,278, p=0,889 (no significativo).
Estrato socioeconómico V: X2=3,819, p=0,148 (no significativo). V=1, p=0,223 (no significativo).
50

En la muestra de 41 cuidadores primarios informales se encontró que, la mayoría de


los cuidadores 36,6% (n=15) tenían de 1 a 5 años de tiempo de cuidado; seguidos de 31,7%
(n=13) con 6 a 10 años; 26,8% (n=11) de 11 a 15 años y 4,9% (n=2) ≥ 16. El estrato
socioeconómico III fue el más representativo para 1 a 5 años de cuidado. Presentándose
4,9% (n=2) para carga intensa y leve, y 7,3% (n=3) para ausencia de esta. El estrato IV
resulto evidente para 6 a 10 años de cuidado, con valores para carga intensa y leve de 7,3%
(n=3) y 4,9% (n=2) respectivamente, y ausencia de carga de 2,4% (n=1). El tiempo de
cuidado de 11 a 15 años estuvo representado tanto por el estrato III como el IV, ambos con
sobrecarga leve e intensa de 4,9% (n=2) para cada uno. No se encontró evidencia
estadísticamente significativa.
51

Tabla N° 7

Distribución de cuidadores primarios informales según edad, razones para ser


cuidador y nivel de sobrecarga. Consulta de Psicogeriatría. Servicio de Psiquiatría.
Complejo Hospitalario Universitario Ruiz y Páez. Ciudad Bolívar. Enero – Julio 2015.

Razones para ser cuidador


Obligación Deber moral Afecto
Nivel de sobrecarga Nivel de sobrecarga Nivel de sobrecarga
Total
Edad NS SL SI NS SL SI NS SL SI
(años) n % n % n % n % n % n % n % N % n % N %
18-29 - - - - 1 2,4% - - 1 2,4% - - 1 2,4% - - 1 2,4% 4 9,8%
30-39 - - 1 2,4% 2 4,9% - - 1 2,4% - - 1 2,4% 1 2,4% 1 2,4% 7 17,1%
40-49 1 2,4% 2 4,9% 2 4,9% 1 2,4% 1 2,4% 2 4,9% - - - - - - 9 22,0%
50-59 1 2,4% 1 2,4% 3 7,3% 2 4,9% 1 2,4% 2 4,9% - - 1 2,4% - - 11 26,8%
≥ 60 - - 1 2,4% 1 2,4% - - 3 7,3% 1 2,4% 3 7,3% 1 2,4% - - 10 24,4%
Total 2 4,9% 5 12,2% 9 22,0% 3 7,3% 7 17,1% 5 12,2% 5 12,2% 3 7,3% 2 4,9% 41 100%

NS: Sin sobrecarga. SL: Sobrecarga leve. SI: Sobrecarga intensa.

Obligación: X2=3,662, p=0,886 (no significativo). V=0,292, p=0,95 (no significativo).


Deber moral: X2=7,947, p=0,439 (no significativo). V=0,464, p=0,595 (no significativo).
Afecto: X2=6,73, p=0,347 (no significativo). V=0,530, p=0,468 (no significativo).

En relación a la razón para ser cuidador, la “obligación” fue la que presentó mayor
número de cuidadores, con un nivel de sobrecarga intensa de 22% (n=9), de ellos, la
mayoría 7,3% (n=3), tenían entre 50 y 59 años. Para el “deber moral”, predomino la carga
leve 17,1% (n=7) y de ellos, la mayoría tenían ≥ 60 años 7,3% (n=3). En el caso del
“afecto” fue más evidente la no sobrecarga 12,2% (n=5), seguida de la carga leve 7,3%
(n=3), ambas en ≥ 60 años, y por último la intensa en cuidadores entre 18 a 39 años 4,9%
(n=2). No se encontró evidencia estadística significativa entre estas variables.
52

Tabla N° 8

Relación de cuidadores primarios informales según parentesco, razones para ser cuidador y nivel de sobrecarga. Consulta de
Psicogeriatría. Servicio de Psiquiatría. Complejo Hospitalario Universitario Ruiz y Páez. Ciudad Bolívar. Enero –Julio 2015.

Razones de ser cuidador


Obligación Deber moral Afecto
Nivel de sobrecarga Nivel de sobrecarga Nivel de sobrecarga
NS SL SI NS SL SI NS SL SI
N % n % n % % n % N % n % n % n % Total
Parentesco
Hija 1 2,4% 2 4,9% 5 12,2% 1 2,4% 1 2,4% 5 12,2% - - - - 1 2,4% 16 39,0%

Hijo 1 2,4% 1 2,4% 1 2,4% - - 1 2,4% - - 2 4,9% - - - - 6 14,6%

Hermano(a) - - 1 2,4% - - 2 4,9% 3 7,3% - - - - - - - - 6 14,6%

Conyugue - - - - 2 4,9% - - 2 4,9% - - 3 7,3% 2 4,9% - - 9 22,0%

Otros - - 1 2,4% 1 2,4% - - - - - - - - 1 2,4% 1 2,4% 4 9,8%

Total 2 4,9% 5 12,2% 9 22,0% 3 7,3% 7 17,1% 5 12,2% 5 12,2% 3 7,3% 2 4,9% 41 100%

NS: Sin sobrecarga. SL: Sobrecarga leve. SI: Sobrecarga intensa.

Obligación: X2=6,537, p=0,587 (no significativo). V=0,423, p=0,678 (no significativo).


Deber moral: X2=13,434, p=0,037 (significativo). V=0,606, p=0,088 (significativo).
Afecto: X2=11,09, p=0,086 (no significativo). V=0,687, p=0,151 (no significativo).
53

Respecto al parentesco, los niveles de sobrecarga y la razón para ser cuidador, la


“obligación” seguida del “deber moral” y por último el “afecto” en las hijas, genero
sobrecarga intensa: 12,2% (n=5) para las dos primeras y 2,4% (n=1) para la última. En los
hijos hubo sobrecarga intensa y leve en cuanto a la “obligación” y carga leve en cuanto al “deber
moral”, con 2,4% (n=1) para cada una; sin embargo no hubo sobrecarga para el “afecto” en este
grupo. Los hermanos no presentaron sobrecarga en cuanto al “afecto”, pero si carga leve para la
“obligación” y “deber moral”, con 2,4% (n=1) y 7,3% (n=3) respectivamente. Los conyugues
reportaron sobrecarga intensa 4,9% (n=2) para la “obligación” e igual valor para carga leve
tanto para el “deber moral” como para el “afecto”. Con respecto a “otros” (incluye
sobrinos, primos, nueras) estos presentaron igual valor de sobrecarga leve e intensa 2,4%
(n=1) para “obligación” y “afecto”. El mayor nivel de sobrecarga intensa se observó en la
“obligación” como razón para ser cuidador 22,0% (n=9); y el menor fue para el “afecto”
4,9% (n=2). Al aplicar la prueba Chi cuadrado y V de Cramer, se encontró una relación de
dependencia entre el deber moral como razón de ser cuidador, los niveles de sobrecarga y el
parentesco.
54

DISCUSIÓN

De los 41 cuidadores primarios informales (que conformaron la muestra) de


pacientes que acudieron a la Consulta de Psicogeriatría, se evidencio que la distribución
según el género fue de 82,93% (n=34) para el sexo femenino y 17,07% (n=7) para el
masculinos. Ubicándose la mayoría de estos en el grupo etario de 50-59 años con 26,83 %
(n=11), seguidos de 60 o más años 24,39% (n=10). Estos resultados se asemejan a los
obtenidos por Lorenzo et al (2014) en España, quienes trabajaron con cuidadores de
personas mayores de 65 años dependientes; donde se describió la distribución demográfica
de los cuidadores siendo 71,4% mujeres vs 28,6% hombres, con una media de edad de 64,1
años. También en México Lara Palomino et al (2008) realizaron una investigación en
cuidadores de pacientes que acudieron a la Consulta de Gerontología, para definir el perfil
del cuidador primario, evidenciándose que la distribución por género fue de 88.3% para
mujeres y 11.7% para los hombres. Igualmente estudios realizados en Venezuela, como en
el de Velascos Cañas (2010) en Mérida, donde se encuesto a cuidadores de ancianos
dependientes mayores de 65 años, se encontró un promedio de edad entre 35 a 44 años, la
mayoría de género femenino (81% vs 19%); y en el de Rodríguez y Mármol (2014) en
Valencia (Universidad de Carabobo), quienes trabajaron en sobrecarga del cuidador
informal del adulto mayor, predominó entre los cuidadores estudiados el sexo femenino en
su totalidad. Datos de trabajos realizados en el Estado Bolívar en la Universidad de Oriente
como el de Dimas y Maita (2013), reportaron que el rango de edad predominante fue de 40-
45 años, de género femenino mayoritariamente, en este caso para cuidadores de pacientes
con cáncer de mama en la Unidad Oncológica Virgen del Valle del Complejo Hospitalario
Universitario Ruiz y Páez. Por su parte Jiménez et al (2015) evaluó igualmente c
cuidadores de pacientes con cáncer de mama en la misma unidad encontrando predominio
de sexo femenino 45,84% (n=33) y el grupo etario mayoritariamente se ubicó entre 26 a 30
años con 54,16% (n= 39). Para el año 2015 Marcano y Moreno evaluaron 30 cuidadores de
pacientes adultos mayores de la Consulta de Psicogeriatría del Servicio de Psiquiatría del
Complejo Hospitalario Universitario Ruiz y Páez. Encontrando que la mayoría de estos se
55

ubicaron en el grupo etario de 41 a 55 años con un 50% (n=15) y que predominaron como
cuidadores las mujeres 77% (n=23) vs 23% los hombres (n=7); datos que se asemejan a los
encontrados en nuestro estudio. No existe significancia estadística entre las variables.

En lo que respecta al nivel socioeconómico, encontramos que el mayor número de


cuidadores perteneció al Estrato III (clase media baja), donde el 34,1% (n=14) fueron del
sexo femenino y el 4,9% (n=2) del masculino, para un total de 39% (n=16); seguido del
Estrato IV (situación de pobreza) conformado por un 31,7% (n=13) de mujeres y 4,9%
(n=2) hombres; totalizando 36,6% (n=15). Resultados similares obtuvieron Marcano y
Moreno (2015) donde el 46% (n= 14) de los cuidadores pertenecieron al estrato IV,
seguidos por 30% (n= 9) en el estrato III. Así mismo, Moreira y Turrini (2011) señalan en
su estudio sobre cuidadores de pacientes ancianos con enfermedades crónicas, que la
sobrecarga se intensifica cuando la condición del cuidador es de nivel socio económico
bajo. En esta investigación se obtuvieron resultados similares donde el 40% pertenecieron
al estrato IV (situación de pobreza), seguidos de 13% en el estrato II y III. No existe
significancia estadística entre las variables.

En cuanto a la combinación de variables edad, sexo y nivel de sobrecarga de


los 41 cuidadores en estudio, la mayoría fue clasificado con sobrecarga intensa 39%
(n=16), seguido por 36,6 (n=15) con sobrecarga leve y 24,4% (n=10) sin sobrecarga. Del
grupo con sobrecarga intensa, gran parte 36,6% (n=15) eran del sexo femenino y de ellas,
la mayoría, 12,2% (n=5) tenía entre 50 y 59 años. Lo mismo ocurrió para la sobrecarga
leve, donde el 31,7% (n=13) eran del sexo femenino, con 60 años o más 12,2% (n=5). Estos
resultados se equiparan con los obtenidos por Espinoza y Méndez (2009) en un estudio
realizado en Chile donde se evaluaron a cuidadores informales de adultos mayores
dependientes, encontrándose que el 38% de estos presento sobrecarga intensa. Igualmente
en Costa Rica Steele Britton (2010) encontraron en familiares de pacientes adultos mayores
que un 57% de estos presentaron el síndrome de sobrecarga del cuidador (nivel leve e
intenso). En contraposición con estos resultados encontramos trabajos en Venezuela como
56

el de Velasco Caña (2010) en Mérida, donde el 37,5% de los cuidadores familiares de los
ancianos no presentaron sobrecarga, mientras que el 31,25% de ellos manifestó signos y
síntomas de sobrecarga leve así como de sobrecarga intensa. En los resultados encontrados
por Jiménez et al (2015) en cuidadores de pacientes con cáncer de mama predomino la
sobrecarga leve con 26,39%. Por otro lado Marcano y Moreno (2016) reportaron en
cuidadores de pacientes adultos mayores solo un 17% (n=5) con sobrecarga intensa, 23%
(n=7) con sobrecarga leve y 60% (n=18) sin sobrecarga. Nuestros resultados se asemejan a
importantes estudios internacionales aunque cabe destacar que la prevalencia de sobrecarga
en estudios venezolanos es menor. Por otra parte, algunos estudios avalan una relación
existente entre el sexo femenino y el nivel de sobrecarga del cuidador como: Zambrano-
Ceballos (2007) donde demuestran que siendo la mujer quien principalmente se encarga de
proporcionar el cuidado al paciente, es esta la más afectada por el estrés que genera el
cuidado y por ende tiene mayor nivel de sobrecarga. Monserrat-Muñoz et al (2015)
encontraron en cuidadores de pacientes geriátricos hospitalizados, que el 55% de las
mujeres presentaron sobrecarga en contraste con el 66,7% de los hombres que integraron el
grupo de cuidadores sin sobrecarga. Según Lorenzo et al (2014) quienes encontraron
mayor nivel de sobrecarga predominantemente en mujeres refiere que estas estarían en
desventaja respecto a los cuidadores hombres ya que estos percibirían más ayuda de sus
familiares y amigos para las funciones del cuidado. Es de tomar en cuenta que la proporción
del nivel de sobrecarga en mujeres encontrado en este estudio está directamente relacionada
con la muestra ya que la mayoría de los encuestados eran predominantemente de género
femenino. No existe significancia estadística entre las variables.

La bibliografía consultada en cuanto al nivel socioeconómico y el grado de


sobrecarga del cuidador, menciona que desde este punto de vista, para los cuidadores de
pacientes crónicos, independientemente de la gravedad, la presencia de un enfermo en casa
siempre altera la dinámica familiar. Los efectos se sienten más cuando la condición socio-
económica del cuidador es de nivel situación de pobreza y el enfermo tiene mayor
dependencia (Moreira y Turrini, 2011). En este sentido, respecto a la asociación entre nivel
socioeconómico y el nivel de sobrecarga; de los 41 cuidadores, la mayoría se encontraron
57

en el estrato socioeconómico III con 39% (n=16), de estos 14,6% (n=6) tuvieron sobrecarga
intensa; seguido del estrato IV con 36,6% (n=15), encontrándose 19,5% (n=8) con carga
intensa. El mayor número de pacientes con sobrecarga leve se ubicó en los niveles III y IV
con 12,2% en ambos (n=5). Comparando nuestros resultados con investigaciones anteriores
encontramos que Lorenzo et al (2014) en España evidenciaron que las condiciones
económicas limitadas conducían a la sobrecarga del cuidador informal resultando en un
número relevante de consecuencias físicas, psíquicas, sociales e incluso económicas que
tendrían una clara influencia en su percepción de la salud. En la misma línea de
investigación Chien W et al, 2007 en China encontraron que la puntuación de la carga de
los cuidadores se correlacionó negativamente con sus ingresos familiares. En este caso
familias con menor nivel socioeconómico experimentaron un mayor nivel de carga. Más
cerca, en Venezuela, Marcano y Moreno (2016) demostraron en su estudio que los
cuidadores con sobrecarga leve se encontraron en el estrato II y III por igual, con valores de
7% (n= 2) para cada uno. La carga intensa se manifestó en el estrato III con 10% (n=3). No
existe significancia estadística entre las variables.

Al discutir sobre edad, parentesco y nivel de sobrecarga encontramos, que el


parentesco con mayor número de cuidadores fueron las hijas con un 39% (n=16), seguida
de conyugue con 22% (n=9), hijos y hermanos resultaron con 14,6% (n=6) para cada uno.
El grupo con mayor sobrecarga intensa resulto ser las hijas con un 26,8% (n=11). En el
caso de hermano(a) y conyugue, la mayoría evidenciaron sobrecarga leve, con un 9,8%
(n=4), para cada uno. El grupo de hijos y conyugues presentaron el mayor número de
cuidadores sin sobrecarga 7,3%(n=3) para ambos. Encontramos que en México, Lara
Palomino et al (2008) determinaron que el parentesco predominante del cuidador eran hijos
con un 68,3%. Velasco Cañas (2010) en Venezuela, encontró en su estudio que la filiación
predominante eran los hijos con un 43,7%. Rodríguez y Mármol en Valencia, Venezuela
(2014) constataron que quienes padecen un nivel intenso de sobrecarga son las hijas,
mientras que los conyugues manifiestan niveles de sobrecarga leve e incluso ausente. En la
investigación realizada por Jiménez et al (2015), en lo que respecta al parentesco y nivel de
carga de los cuidadores de pacientes con cáncer de mama, se encontró que 50,02% de los
58

hijos y 6,94% de las madres y conyugues presentaron sobrecarga leve; además 12,5 % de
los hijos manifestaron sobrecarga intensa (siendo el valor más elevado para este nivel de
sobrecarga). Todos estos datos se asemejan a los obtenidos en nuestro estudio, sin embargo
no se encontró evidencia estadísticamente significativa entre las variables.

Al analizar la distribución de los cuidadores primarios informales según tiempo de


cuidado, nivel socioeconómico y nivel de sobrecarga se observó que la mayoría de los
cuidadores, 36,6% (n=15), tuvieron de 1 a 5 años de tiempo de cuidado, estando gran parte
de ellos 17,1% (n=7) ubicados en el nivel III del estrato socioeconómico, con sobrecarga
tanto intensa como leve 4,9% (n=2) para cada uno. Le sigue el grupo con 6 a 10 años de
tiempo de cuidado 31,7% (n=13); en este caso la mayoría de los cuidadores se ubicaron en
el estrato IV 14,6% (n=6), presentándose la sobrecarga intensa como la más evidente con
7,3 (n=3). 26,8% (n=11) de los cuidadores estuvieron presentes en el grupo de 11 a 15 años
de cuidado, ubicados la mayoría en el estrato III 14,6% (n=6), presentando tanto sobrecarga
leve como intensa 4,9% (n=2) para cada una. Encontramos en la investigación de Lara
Palomino et al (2008) que la mayoría de los cuidadores presentaba un tiempo de cuidado
en años de 6-10 años (56,7%), seguido con el intervalo de 1 a 5 años (30%). Monserrat-
Muñoz et al (2015) estudiaron a cuidadores de pacientes geriátricos hospitalizados en
relación con el tiempo de ejercer la función de cuidador y observaron que a mayor tiempo
de realizar esta actividad, hay mayor sobrecarga en los cuidadores. Velasco Cañas (2010)
encontró en su investigación que la gran mayoría de los entrevistados tienen 10 o más años
brindando cuidado. En Venezuela, Estado Bolívar, Universidad de Oriente, Marcano y
Moreno (2016) en su estudio sobre nivel de sobrecarga, ansiedad y depresión en cuidadores
de pacientes adultos mayores, encontraron en cuanto al tiempo empleado en el cuidado del
paciente, que 53% (n=16) de su muestra tenían más de 4 años siendo cuidadores, seguido
por 20% (n=6) entre 0 a 1 año. Estos últimos datos se asemejan más a nuestros resultados.
No hubo significancia estadística entre las variables.
59

Referente a la distribución de los cuidadores primarios informales según edad,


razones de ser cuidador y nivel de sobrecarga, se encontró que la “obligación” fue la que
presentó mayor número de cuidadores 39,1% (n=16), con el mayor nivel de sobrecarga
intensa 22% (n=9), de ellos, la mayoría 7,3% (n=3), tenían entre 50 y 59 años. Para el
“deber moral”, la cantidad de cuidadores fue de 36,6% (n=15), predominando la carga leve
17,1% (n=7) sobre la intensa 12,2% (n=5), de ellos, la mayoría tenía 60 años o más. En el
caso del “afecto” hubo 24,4% (n=10) cuidadores, predominando la ausencia de sobrecarga
12,2% (n=5), con 60 años o más. No existe significancia estadística entre las variables,
aunque se pudo evidenciar que a mayor “obligación” como motivo para ser cuidador,
mayores son los niveles de sobrecarga, contrariamente al “afecto” como razón para ser
cuidador donde la sobrecarga estuvo ausente o leve. Comparativamente en otros estudios
como el de Lara palomino et al (2008) se encontró que la principal razón para ser cuidador
era el “deber moral” lo que se relacionó con mayor puntuación de sobrecarga leve e intensa,
contrariamente a lo encontrado en aquellos cuidadores cuya razón para ejercer el cuidado
era el “afecto”, quienes puntuaron sin sobrecarga en mayor proporción. Un trabajo
realizado por Rodríguez-Mármol (2014) en la Universidad de Carabobo, Valencia,
Venezuela, estudio la personalidad de los cuidadores de pacientes adulto mayor además de
medir los niveles de sobrecarga, encontrándose que aquellos que tenían la “obligación” de
ejercer el cuidado por consanguinidad o vínculo matrimonial tenían mayores sentimientos
de culpa y mayores niveles de sobrecarga en el test de Zarit.

Al discutir sobre la relación entre parentesco, niveles de sobrecarga y la razón de ser


cuidador, encontramos que las hijas 39% (n=16) conformaron el mayor volumen de
cuidadores; donde la “obligación” seguida del “deber moral” y por último el “afecto”
generó sobrecarga intensa en estas: 12,2% (n=5) para las dos primeras y 2,4% (n=1) para la
última. Evidenciándose que a menor “obligación” como razón de ser cuidador, menor nivel
de sobrecarga. En los hijos hubo sobrecarga intensa y leve en cuanto a la “obligación” y
carga leve en cuanto al “deber moral”, con 2,4% (n=1) para cada una; sin embargo no hubo
sobrecarga para el “afecto”. Una vez más se constata que a menor “obligación”, menor
carga e incluso ausencia de esta. Los hermanos tampoco presentaron sobrecarga en cuanto
60

al “afecto”, pero si carga leve para la “obligación” y “deber moral”, con 2,4% (n=1) y 7,3%
(n=3) respectivamente. Los conyugues reportaron sobrecarga intensa 4,9% (n=2) para la
“obligación” e igual valor para carga leve tanto para el “deber moral” como para el
“afecto”. El mayor nivel de sobrecarga intensa se observó en la “obligación” como razón
para ser cuidador 22,0% (n=9); y el menor fue para el “afecto” 4,9% (n=2). La “obligación”
39,1% (n=16) según nuestros resultados fue la principal razón para ser cuidador, seguida
del “deber moral” 36,6% (n=15) y por último el “afecto” 24,4% (n=10). Al aplicar la
prueba Chi cuadrado y V de Cramer, se encontró una relación de dependencia entre el
deber moral como razón de ser cuidador, los niveles de sobrecarga y el parentesco. En
investigaciones anteriores como la de Cuijperes-Stam, (2000), realizada en Holanda, se
encontró que la culpa y el cansancio emocional son los factores que predisponen al
desarrollo del síndrome de sobrecarga del cuidador. Siendo por tanto la culpa una gran
generadora del “deber moral” como razón de ser cuidador. Lara Palomino et al (2008)
evidenciaron en su estudio que la principal razón para ser cuidador primario fue deber
moral con un 70% seguido del afecto con un 23,3%.

El presente estudio de investigación permitió conocer el perfil del cuidador primario


así como la sobrecarga que representa el cuidado del adulto mayor con afecciones
psiquiátricas en 41 cuidadores primarios evaluados; sin embargo a la hora de interpretar los
resultados expuestos, hemos de ser cautos y tener en cuenta las posibles limitaciones como
son: el que el estudio se haya basado en un diseño transversal, y sus resultados solo pueden
interpretarse como asociaciones y no relaciones causales. Son necesarias más
investigaciones para comprender mejor el proceso que lleva a un familiar a desarrollar
niveles de sobrecarga intensa; además podría ser interesante tener en cuenta otras variables
referidas a la personalidad del cuidador y nivel de dependencia del paciente receptor de
cuidados.
61

CAPITULO V

CONCLUSIONES

En la muestra de 41 cuidadores primarios informales evaluados durante esta


investigación, el género más evidente fue el femenino con 82,93% (n=34), en edades
comprendidas entre 40 y 60 años o más. Ubicados la mayoría en los estratos
socioeconómico III (clase media baja) y IV (pobreza relativa), ambos con niveles de
sobrecarga intensa, la cual fue predominante en el estudio. Estos cuidadores fueron en su
mayoría hijas 39% (n=16) entre 30 y 59 años, con sobrecarga intensa y dedicadas al
cuidado entre 1 a 5 años. Siendo la principal razón para ser cuidador la “obligación”
seguida del “deber moral”; no obstante se pudo evidenciar que la sobrecarga es
inversamente proporcional a la “obligación” y “deber moral”; observándose niveles bajos
de sobrecarga intensa e incluso en oportunidades inexistente, así como el mayor índice de
no sobrecarga cuando la razón para ser cuidador es el “afecto”. Al aplicar la prueba Chi
cuadrado y V de Cramer, se encontró una relación de dependencia entre el deber moral
como razón de ser cuidador, los niveles de sobrecarga y el parentesco.
62

RECOMENDACIONES

1. Continuar con esta línea de investigación, con la finalidad de profundizar las


variables estudiadas y otras que no fueron exploradas en esta oportunidad.

2. Capacitar a todo el personal médico y paramédico, sobre la sobrecarga del cuidador,


clínica, conducta y tratamiento.

3. Incluir en el pensum de la carrera de Medicina información académica con respecto


a la sobrecarga del cuidador.

4. Incluir en el pensum del postgrado de Psiquiatría y de otros que lo ameriten,


información académica con respecto a la sobrecarga del cuidador.

5. Aplicar la Escala de sobrecarga de Zarit en consultas externas de pacientes crónicos


y en cuidadores de riesgo en atención primaria. Así mismo, proponer la creación de
consultas especializadas para cuidadores en servicios donde se manejan pacientes
con patologías crónicas.

6. Realizar charlas informativas dirigidas a la comunidad y en el centro de salud


mental sobre factores de riesgo, clínica y complicaciones de la sobrecarga del
cuidador.

7. Promover la formación de cuidadores formales para pacientes geriátricos, con el fin


de aliviar la carga familiar; así mismo realizar charlas y talleres para enseñar
estrategias de cuidado a los cuidadores primarios y secundarios. Y recordarles que
deben conservar momentos de recreación y mantener un equilibrio entre sus
responsabilidades y su vida personal.
63

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73

APENDICES
74

APENDICE A

UNIVERSIDAD DE ORIENTE
NUCLEO BOLIVAR
COORDINACION DE POSTGRADO EN PSIQUIATRÍA
DEPARTAMENTO DE SALUD MENTAL

FICHA DE RECOLECCION SOCIODEMOGRAFICA.

PERFIL DEMOGRAFICO DEL CUIDADOR


a)Edad

 18-29 años
 30.39años
 40-49años
 50-59años
 60 y mas
b)Sexo: Masc_______ Fem________

c) Parentesco con la persona receptora de cuidados:


 hijo
 hija
 hermano (a)
 conyugue
 otros

d)Tiempo dedicado al cuidado (años)

 1 a 5 años
 6 a 10 años
 11 a 15 años
 16 años o más.

e) Razones de ser cuidador


 Obligación
 Deber moral
 Afecto
75

APENDICE B

UNIVERSIDAD DE ORIENTE
NUCLEO BOLIVAR
COORDINACION DE POSTGRADO EN PSIQUIATRÍA
DEPARTAMENTO DE SALUD MENTAL

CONSENTIMIENTO INFORMADO.

Yo, _______________________de nacionalidad,___________________con documento de


identidad n°__________________, por medio de la presente doy constancia de uqe fui
informado y decidi participar voluntariamente del estidio que tiene por objetivo evaluar el
nivel de sobrecarga en cuidadores primarios informales de pacientes que acuden a la
Consulta de Psicogeriatría. Servicio de psiquiatría. Complejo Hospitalario Universitario
Ruiz y Páez. Enero-julio 2015. Ciudad bolívar; con el compromiso de parte del
investigador de no divulgar información concerniente a mi persona.

______________

Firma
76

APENDICE C

ESCALA DE SOBRECARGA DEL CUIDADOR DE ZARIT


77

APENDICE D

GRAFFAR MODIFICADO

Variables Puntaje Ítems


1 Profesión Universitaria, financistas,
1. Profesión del jefe de familia. banqueros, comerciantes, todos de
alta productividad, Oficiales de las Fuerzas
Armadas (si tienen un rango
de Educación Superior)
2 Profesión Técnica Superior, medianos
comerciantes o productores
3 Empleados sin profesión universitaria, con
técnica media, pequeños
comerciantes o productores
4 Obreros especializados y parte de los
trabajadores del sector informal (con primaria
completa)
5 Obreros no especializados y otra parte del
sector informal de la economía (sin primaria
completa)
1 Enseñanza Universitaria o su equivalente
2. Nivel de instrucción de la madre.
2 Técnica Superior completa, enseñanza
secundaria completa, técnica media.
3 Enseñanza secundaria incompleta, técnica
inferior
4 Enseñanza primaria, o alfabeta (con algún
grado de instrucción primaria)
5 Analfabeta
1 Fortuna heredada o adquirida
3. Fuente de ingreso (o Modalidad
de ingreso). 2 Ganancias o beneficios, honorarios
profesionales
3 Sueldo mensual
4 Salario semanal, por día, entrada a destajo
5 Donaciones de origen público o privado
1 Vivienda con óptimas condiciones sanitarias
4. Condiciones de alojamiento. en ambientes de gran lujo
2 Viviendas con óptimas condiciones sanitarias
en ambientes con lujo sin exceso y suficientes
espacios
3 Viviendas con buenas condiciones sanitarias
en espacios reducidos o no, pero siempre
menores que en las viviendas 1 y 2
4 Viviendas con ambientes espaciosos o
reducidos y/o con deficiencias en algunas
condiciones sanitarias
5 Rancho o vivienda con condiciones sanitarias
marcadamente inadecuadas