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HILARY MAYRA SERRANO CUSTODIO – 16150209

BLUMER, H. (1992). La posición metodológica del interaccionismo


simbólico

Los autores inician señalando que el “interaccionismo simbólico” tiene como campo
de estudio la vida de los grupos humanos y el comportamiento del hombre. Así
mismo, señalan que a pesar del gran conglomerado teórico que se ha producido
desde este enfoque, hasta ahora no hay un consenso sobre la postura del enfoque
ni, mucho menos, hay una exposición que justifique el valor metodológico del
enfoque, por lo cual este ensayo busca llevar a cabo esa misión.

Naturaleza del interaccionismo simbólico

Hay tres premisas en las cuales se basa el interaccionismo simbólico, estas son:
a) El ser humano orienta sus actos hacia las cosas en función de lo que
estas significan para él.

Cosas pueden ser: objetos físicos (silla), personas (madre), categorías de seres humanos
(familia), ideales importantes (igualdad), actividades ajenas (órdenes) y cualquier otra
situación con la cual el individuo se tenga que afrontar en su vida cotidiana​.
A pesar, de ser esta una premisa actualmente aceptada por todos cabe resaltar
que por mucho tiempo fue ignorada, pues se consideraba el “significado” como
sobrentendido, lo que le quitaba importancia a su análisis, ya que la acción se
consideraba como producto de factores externos. Tanto la psicología social
como la sociología se centraron en la conducta y los factores externos
involucrados; en el caso de la primera, prestaban más atención a categorías
como motivaciones, estímulos, actitudes y más; mientras que en la segunda se
centraban en la posición social, el status, las normas y valores, las presiones del
medio y más. En ambos los significados se encontraban ya englobados en los
factores que usaban para explicar el comportamiento, pues una vez
determinados estos no había necesidad de encontrar el significado que las
personas otorgaban a las cosas para actuar sobre ellas, debido a que la acción
ya había sido entendida en base a los factores externos.
b) El significado de estas cosas se deriva de, o surge como consecuencia de
la interacción social que cada cual mantiene con su prójimo.
Anterior al presente enfoque se planteaban dos explicaciones con respecto al
origen del significado. Una de ellas sostenía que el significado era intrínseco a
las cosas, como elemento natural de la estructura objetiva de estas; por tanto, el
significado era aprehensible a través de la observación de la misma cosa, pues
ella por sí misma emanaba un significado. Esta postura es asumida por el
“realismo” en filosofía.
En el caso de la segunda, considera el origen del significado como expresión de
la psique de la persona, dicha postura pretende analizar el significado mediante
la identificación de las sensaciones que intervienen en la percepción de este.
Para el interaccionismo simbólico el significado es producto del proceso de
interacción entre los individuos, pues este es resultado de las distintas formas en
las que otras personas actúan frente a la cosa, otorgando una definición a esa
cosa que es asumida por los demás. Por tanto, el significado es un producto
social que emana de y a través de las actividades de los individuos a medida que
estos interactúan.
c) Los significados se manipulan y modifican mediante un proceso
interpretativo desarrollado por la persona al enfrentarse con las cosas que
va hallando a su paso.
Para el interaccionismo simbólico, el significado de las cosas se forma en el
contexto de la interacción y es deducido por la persona a través de ésta. Por ello,
es importante resaltar que la utilización del significado por una persona en el
acto no es la aplicación de un significado ya estableció, sino es un proceso de
interpretación.
Por consiguiente, la persona que actúa, el agente, pasa por dos procesos dentro
del proceso de interpretación. En primer lugar, el agente se indica a sí mismo
cuáles son las cosas hacia las que se encaminan sus actos, es decir, se debe
señalar a sí mismo las cosas que poseen un significado. Este es un proceso
social interiorizado, pues el agente está interactuando consigo mismo (o
comunicándose consigo mismo). En segundo lugar, como resultado del diálogo
consigo mismo, la interpretación se convierte en una manipulación de los
significados, ya que comienza a seleccionar, verificar, eliminar, reagrupar o
transformar los significados según su actuar frente a las cosas.
Así pues, la interpretación no es un acto automático, todo lo contrario, es un
proceso por el cual los significados son utilizados como herramientas para la
orientación y formación del acto.

Imágenes radicales
a) Naturaleza de la vida en las sociedades y grupos humanos
Los grupos humanos están conformados por individuos comprometidos en la
acción. Los individuos pueden actuar de forma aislada, colectivamente o en
representación de alguna organización o grupo de otros individuos.
Asimismo, la sociedad humana debe entenderse como acción, dicho
supuesto es fundamental para todo análisis de la sociedad empíricamente.
Esto se hace evidente a través de los dos conceptos predominantes de la
sociedad, uno como cultura y otro como estructura social. Donde ambos, ya
sea como costumbres y tradición o status y función, se fundamentan en
actividades de sus miembros.
b) Naturaleza de la interacción social
La sociedad está compuesta por individuos que entablan una interacción con
los demás. Por más que dicha afirmación sea aceptada por todos, suele ser
ignorada o no tocada tanto por la sociología típica como por la psicología
típica pues se la considera únicamente como un espacio donde los factores
sociológicos y psicológicos determinantes se desplazan para producir ciertas
formas de comportamiento humano. Sin embargo, la interacción social se da
entre agentes, no entre factores que se les atribuyen. Por tanto, la interacción
social es un proceso que forma el comportamiento humano, ya que en su
interacción con los demás la persona decide abandonar una intención,
reconsiderarla, verificarlo o cancelarla, debido a que los actos de los demás
influyen en la decisión de la persona con respecto a su actuar.
George Mead, considera fundamental el proceso de interacción; asimismo,
señala que este tiene dos niveles. El primero denominado como
“conversación de gestos” y el segundo como “empleo de símbolos
significativos”. Los autores renombran estos como “interacción no simbólica”
e “interacción simbólica. La primera, se refiere a la acción inmediata de la
persona sin interpretar la acción de la otra, es una respuesta reflejo; mientras,
que la segunda se caracteriza por la interpretación del acto, pues la persona
se detiene a analizar la finalidad del acto del otro. Ellos consideran que en la
asociación de los seres humanos hay una interacción no simbólica, pero que
su forma más característica de interacción se da en un nivel simbólico.
Para Mead los “gestos”, son aquella parte o aspecto del acto que encierra un
significado, como un signo. Por tanto, la persona que responde a ellos
organiza su respuesta en base a su significado. Así pues, Mead señala que
hay una triple naturaleza en el significado: (i) Los gestos indican lo que ha de
hacer la persona a quien van dirigidos, (ii) lo que la persona que los hace
proyecta realizar y (iii) la acción conjunta que debe surgir de la coordinación
de los actos de ambas.
Es importante recalcar también, que, para Mead, en la interacción las
personas deben asumir necesariamente el papel de cada uno de los
individuos involucrados; es decir, que para indicar a una persona lo que debe
hacer, esta debe primero ponerse en el lugar de quien la recibe para que la
comunicación e interacción sean eficaces, de caso contrario es muy probable
que el significado sea asumido por la otra persona de formas totalmente
diferentes. Así, las personas en este proceso hacen que sus actividades
encajen con las ajenas, haciendo de la vida social un proceso en formación.
c) Naturaleza de los objetos
Los “mundos” que existen para los seres humanos y para los grupos se
componen de “objetos” los cuales son productos de la interacción simbólica.
Un objeto es todo aquello que puede ser indicado o a lo cual se puede hacer
referencia; en ese sentido, existes tres categorías de objetos: físicos, sociales
y abstractos. La naturaleza de estos objetos radica en el significado que este
encierra para la persona que lo indica, es decir, la manera en que está
dispuesta a actuar con respecto al mismo y la forma en la cual se dispone a
hablar de él.
Debido a que las personas clasifican los objetos según el significado que
estos tengan para ellos, se puede decir que los individuos o grupos que viven
en un mismo lugar pueden tener diferentes entornos, debido a que
interactúan y actúan en consecuencia de diferentes objetos. Por tanto, para
entender los actos de las personas es necesario conocer los objetos que
componen su mundo.
d) El ser humano considerado como organismo agente
El interaccionismo simbólico señala que el individuo debe tener una
estructura orgánica que le permita la interacción social; en ese sentido, Mead
señala que la persona sólo puede hacer eso porque posee un “sí–mismo”,
esto significa el individuo puede ser objeto de sus propios actos, es decir,
construye un objeto de sí mismo. Este “auto-objeto” surge, al igual que otros
objetos, a través del proceso del de interacción social en el que otras
personas definen a un individuo ante sí mismo. La persona adopta diferentes
papeles por los cuales se dirige o aproxima a sí mismo, ello quiere decir, que
para que una persona se convierta en objeto debe contemplarse desde
afuera.
El sí mismo, implica una interacción consigo mismo, una “autointeracción”,
que es el proceso por el cual el individuo se hace indicaciones a sí mismo.
Así concluimos que el ser humano como organismo es un individuo social
porque entabla una interacción consigo mismo a través de un proceso social
de autoformación de indicaciones a las cuales responde.
e) Naturaleza de la acción humana
La capacidad de autoformularse indicaciones significa que el individuo se
halla frente a un mundo que debe interpretar para poder actuar y no frente a
una realidad a la cual responde debido a factores externos y abstractos. Así
el individuo orienta y forma su comportamiento a través de un proceso de
indicación e interpretación del mundo social. La persona al enfrentarse a la
posibilidad de cualquier situación se ve obligado a actuar según la
interpretación del momento, pues el contexto nunca es el mismo en el mundo
social.
f) Interconexión de la acción
La vida de todo grupo humano depende de la adaptación recíproca de las
líneas de acción de los distintos miembros del grupo; por tanto, la acción
colectiva constituye la concatenación de los actos de los individuos que
componen la colectividad. Esto implica tres cuestiones: (i) la acción social
adopta la forma de modelos recurrentes de acción conjunta (el hábito,
significados preestablecidos y reiterativos), (ii) la acción conjunta se refiere a
la extensa conexión de las acciones que componen una parte tan amplia de
la vida en grupo (el sistema, la institución, la división del trabajo), entendidas
estas como productos del proceso de interpretación, (iii) todo tipo de acción
conjunta surge necesariamente de un historial de acciones previas de los
participantes (por ellos toda acción guarda relación con un contexto de
acción).