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EXPEDICIONES DE LA CORRIENTE LIBERTADORA DEL NORTE

LA BATALLA DE BOYACÁ
La Batalla de Boyacá (7 de agosto de 1819). El libertador Simón Bolívar tomó posesión de la
ciudad de Tunja el 5 de agosto de 1819, luego de la Batalla en el Pantano de Vargas, interfirió
las comunicaciones de los realistas en cabeza del coronel José María Barreiro. El coronel ordenó
a su ejército emprender el camino hacia la capital en la mañana del 7 de agosto, desde
Motavita iniciaron su camino hacia Santafé de Bogotá, con el objeto de buscar al virrey Sámano
y organizar un frente militar contra Bolívar y el ejército libertador. Cuando estaban transitando
en el Puente de Boyacá, advertido de tal noticia, Bolívar ordenó a su ejército acudir al puente
de Boyacá, para impedir a Barreiro su desplazamiento hacia la capital granadina.

En el momento en que los dos bandos coincidieron en el puente de Boyacá, el ejército


libertador conformado por 2.850 combatientes al mando del general Simón Bolívar, con ayuda
del general Francisco de Paula Santander y la retaguardia, el general José Antonio Anzoátegui.
Las tropas patriotas estaban compuestas por venezolanos, granadinos y ciertos extranjeros;
sus integrantes eran criollos, mestizos, mulatos, zambos, negros e indígenas, generalmente
gente pobre, catalogados por las autoridades españolas como insurgentes. El ejército tuvo
mucho apoyo de los campesinos de Tunja.

Por otra parte, el ejército realista contenía 2.670 soldados, de los cuales 2.300 eran de
infantería, 350 de caballería y 20 de artillería. En comparación al ejército libertador, tenía
conocimiento en las armas y la táctica de la guerra, este pertenecía a la tercera división del
Ejército Expedicionario de la Reconquista, comandado por el coronel José María Barreiro; jefe
del estado mayor, el coronel Sebastián Díaz, y la vanguardia estaba comandada por el coronel
Francisco Jiménez.

En un acto sorpresivo y bien organizado el general Francisco de Paula Santander inició con la
vanguardia el combate, obligando a la vanguardia realista retroceder hasta el Puente de
Boyacá, hasta la orilla opuesta del río Teatinos. En aquel momento, llegó el resto de la división
de Barreiro, enfrentándose a la retaguardia patriota comandada por el general Anzoátegui. Se
necesitó de una hora para que la acción militar fuera intensa. Simultáneamente se llevaban a
cabo dos combates: uno alrededor del puente por las vanguardias y el otro en la planicie por
el ejército raso. Las fuerzas patriotas tenían una ventaja en las comunicaciones; en cambio,
las realistas estaban incomunicadas.

Horas después, el coronel Barreiro siguió combatiendo, tratando de darle cuerpo a su


infantería, pero la rapidez de las tropas patriotas lo impidió, por ello, la retaguardia realista,
cercada por todas partes, no tuvo más opción que rendirse. Así mismo, se rindió la vanguardia
ante la fuerza militar de la patriota, al mando de Santander, considerado el ‘Héroe de Boyacá’.
La batalla culminó a las 4 de la tarde del 7 de agosto de 1819. La guerra dejó un saldo de más
de 100 realistas muertos, incluyendo al coronel Juan Tolrá y el comandante Salazar, y 150
quedaron heridos. En el bando patriota murieron 13 soldados, entre ellos el capellán de la
vanguardia, Fray Ignacio Díaz, y 53 quedaron heridos.

El 8 de agosto, salió a la luz pública el Boletín Nº 4 sobre la Batalla de Boyacá, redactado y


expedido por el general Carlos Soublette. En suma, el Libertador dictó el decreto conocido
como la Orden de Boyacá, en el que realizó una exaltación a todos los batallones y escuadrones
que participaron en la memorable batalla, y a los que entregaron su vida en el campo de
batalla por la causa. Con este suceso importantísimo para la patria, se cerró el ciclo de la
Campaña Libertadora de 1819, que inició en el momento en que el Libertador Simón Bolívar
expuso su plan ante los Setenta jefes del ejército patriota. Comenzando la acción militar desde
los Llanos de Casanare, pasando por la Cordillera de los Andes y las tierras de la antigua
providencia de Tunja, hasta desembocar en el Puente de Boyacá.

Podemos afirmar que la Batalla de Boyacá fue la piedra angular de la independencia del norte
de Suramérica, que permitió los triunfos de las batallas de Carabobo en Venezuela, Pichincha
en Ecuador y Junín Ayacucho en el Perú y Alto Perú o Bolivia, respectivamente. Gracias a la
batalla de Boyacá, los territorios actuales de Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá,
pudieron constituir la gran nación americana conocida como la Gran Colombia, que existió
hasta 1930.

Otro de los aportes de este acontecimiento bélico- político, fue el impulso que generó para
lograr establecer los liderazgos en el proceso de independencia. En suma, luego de aquel
momento surgió una suerte de unidad en gran parte de la población bajo un tímido sentimiento
nacionalista y un ideal independentista. Fue esencialmente, tras este suceso que las figuras
de Bolívar, Santander y los otros próceres de la independencia tomaron importancia y fueron
motivo de admiración para las personas que habitaban estos territorios.

LA BATALLA DE CARABOBO

La batalla de Carabobo fue una de las principales acciones militares de la Guerra de


Independencia de Venezuela que se llevó a cabo en el Campo de Carabobo el 24 de junio de
1821, por parte del ejército patriota contra el ejército real español. Esta batalla fue decisiva
en la liberación de Caracas, así como del resto del territorio venezolano tras la expulsión
definitiva de las tropas españolas en la posterior batalla naval del Lago de Maracaibo.

1. ANTECEDENTES

Al expirar el armisticio el 28 de abril de 1821, ambos bandos comenzaron una movilización de


sus fuerzas. Los leales al Rey poseían un despliegue que hacía favorable un combate en detalle,
venciendo a las divisiones patriotas de Colombia (la grande) una a la vez. Los
grancolombianos, en cambio, necesitaban concentrar sus tropas para poder obtener una sola
batalla decisiva.

El general republicano Mariano Montilla al mando de tres mil hombres puso bajo asedio
Cartagena de Indias entre el 14 de julio de 1820 y el 10 de octubre de 1821 (durante la
vigencia del armisticio hubo un alto al fuego) y ocupó Riohacha y Maracaibo (lo que llevó al
fin de la tregua). Bolívar en persona comandaba 5.000 soldados acantonados en Barinas y
Páez marchaba hacia él con 4.000 refuerzos. Bermúdez por su parte avanzaba hacia Caracas
con 2.000 desde el Oriente. Por último, el ejército neogranadino se encargaba de las
operaciones en el valle del Magdalena. La Torre en cambio, disponía de 9.000 soldados
distribuidos a lo largo de toda la costa caribeña venezolana y neogranadina en distintas
guarniciones pero con sus comunicaciones interrumpidas desde la revolución en Maracaibo
que llevó a que dicha ciudad pasara a poder republicano. Más de dos años antes (1818) sus
fuerzas eran de 18.000 combatientes, pero a causa de las continuas derrotas ante los
independentistas habían descendido a la mitad. Bolívar y sus ejércitos totabilizaban en cambio
20.000 hombres frente a los cerca de ocho mil que eran pocos años antes.

La concentración patriota se realizó en la ciudad de San Carlos, donde acudieron los ejércitos
de Bolívar, parte del de Páez y la división del general Rafael Urdaneta. En total más de 6.000
hombres. La Torre tenía por su parte 5.000 a 6.300. El ejército de Oriente, dirigido por José
Francisco Bermúdez realizó una maniobra de distracción avanzando sobre Caracas, La Guaira
y los Valles de Aragua que obligó a La Torre a enviar unos dos batallones de infantería y un
escuadrón de caballería a Barquisimeto en su contra para recobrar las posiciones y asegurar
su retaguardia, unos mil combatientes. El ejército de Bolívar avanzó de San Carlos a Tinaco
cubierto por la avanzada del coronel José Laurencio Silva, que tomó las posiciones realistas en
Tinaquillo. El 20 atraviesa el ejército grancolombiano el río Tinaco y el 23 Bolívar pasa revista
a sus fuerzas en la sabana de Taguanes.

2. PREPARACIÓN DE AMBOS EJÉRCITOS

Previo al combate, Miguel de la Torre distribuyó sus fuerzas de manera tal que cubrieran por
el oeste el camino de San Carlos, y por el sur el de El Pao. La primera línea defensiva fue
confiada a la Primera División dirigida por el Teniente Coronel Tomás García, la cual se organizó
en tres batallones principales. El batallón de Valencey a cargo del Teniente Coronel Andrés
Riesco, ocupó la parte sur del camino; a su derecha se situó el batallón Hostalrich comandado
por el Teniente Coronel Francisco Illas, en columna de marcha detrás de las anteriores.
Además de esto, dos piezas de artillería fueron colocadas en una pequeña altura, delante de
la línea formada por el Valancey y el Barbastro. La posición correspondiente a la vía de El Pao
fue ocupada por la División de Vanguardia liderada por el Brigadier Francisco Tomás Morales,
quien contaba con dos batallones principales y uno de reserva. Primero tomó posiciones el
batallón ligero del Infante, a cargo del Teniente Coronel Simón Sicilia; e inmediatamente detrás
de esta unidad se situó el batallón ligero del Príncipe. La reserva quedó integrada por el
segundo batallón del Burgos, bajo la jefatura del Teniente Coronel Joaquín Dalmar, quien
disponía de cuatro regimientos de caballería. En cuanto al cuartel general, el mismo quedó
establecido cerca del batallón Burgos.

El 15 de junio de 1821, Bolívar reorganizó su ejército en tres divisiones. La primera a cargo de


José Antonio Páez, y formada por los batallones Bravos de Apure (al mando del Teniente
Coronel Francisco Torres) y los mercenarios ingleses agrupados en el batallón Cazadores
Británicos (al mando del Coronel Thomas Ildeston Farriar); además de 7 regimientos de
caballería. La segunda, comandada por el General de División Manuel Cedeño, y constituida
por los batallones Tiradores ( Teniente Coronel Ludwig Flegel), y Pantano de Vargas (Teniente
Coronel Antonio Gravete), a lo que se sumaba un escuadrón de caballería. La tercera, bajo las
órdenes del Coronel Ambrosio Plaza y constituida por 4 batallones: El Rifles a cargo del
Teniente Coronel Arthur Sandes, Granaderos al mando del Coronel Francisco de Paula Vélez,
Vencedor de Boyacá dirigido por el Coronel Johann von Uslar y el Estado Anzoátegui,
comandado por el Coronel José Maria Arguidegui; completado todo esto por un regimiento de
caballería.

3. FUERZAS PRESENTES EN LOS COMBATES

Los cálculos decimonónicos sobre las fuerzas presentes en Carabobo tienden a ser muy
favorables para uno u otro bando, variando mucho entre sí. Sin embargo, todos reconocen la
superioridad numérica de los independentistas. La de Alison da 4.000 para La Torre y 8.000
para Bolívar, de estos últimos 1.200 eran miembros de la Legión británica y 3.000 de caballería
llanera comandada por Paéz. Mosquera cifra al ejército grancolombiano en 9.000 ó 10.000
hombres pero Mulhall lo rebaja a 7.500. Incluso Karl Marx reconoce la superioridad numérica
grancolombina: 1.500 jinetes y 2.500 infantes realistas contra 3.000 jinetes y 6.000 infantes
(1.100 británicos) patriotas. Por su parte, Dromundo eleva la cifra de infantes realistas a 3.500
aunque conserva la de jinetes. Lo mismo hace López.
Estimaciones modernas en cambio discrepan de dichas cifras. Zamora habla de solo 4.300
realistas y 6.500 republicanos. Respecto de esta última cifra coincide con la de Bushnell, 2.500
jinetes y 4.000 infantes. López habla de 4.000 infantes y 2.300 jinetes. Sinclair estima el
ejército revolucionario en 10.000 combatientes, 3.000 jinetes y el resto infantes. De Armas
Chitty da unas cifras muy similares a las de Marx respecto de la tropa realista: 2.566 infantes,
1.651 jinetes y 62 artilleros con 2 cañones.

4. BATALLA

4.1. Despliegue y primeras maniobras

A primera hora del 24 de junio, desde las alturas del cerro Buenavista, Bolívar hizo un
reconocimiento de la posición de los realistas y llegó a la conclusión de que ésta era
inexpugnable por el frente y por el sur. En consecuencia, ordenó que las divisiones modificaran
su marcha por la derecha y se dirigieran al flanco derecho realista, el cual estaba descubierto;
es decir, Bolívar concibió una maniobra tendiente a desbordar el ala izquierda enemiga,
operación ejecutada por las divisiones de Páez y Cedeño, en tanto que la división de Plaza
seguía por el camino hacia el centro de la posición de ataque.

4.2. Flanqueo de la primera División y contraataque del Burgos

Al darse cuenta La Torre de la maniobra, ordenó al batallón Burgos que marchase al norte a
ocupar la altura hacia el Bravos de Apure, cabeza de la primera división, el cual después de
cruzar el riachuelo de Carabobo, trataba de escalar la pendiente que lo llevaría a la parte plana
de la sabana. Tan violento fue el contraataque del Burgos, que el Bravos de Apure tuvo que
replegarse por dos veces. La situación cambió cuando una unidad que lo seguía, el batallón
Cazadores Británicos, se enfrentó y lo obligó a retroceder. En esta acción, el Batallón Británico
demostró una gran valentía y sangre fría, soportando cada una de las cargas del ejército leal,
perdiendo a su comandante Tomás Farriar y a 17 de sus oficiales superiores, pero permitiendo
a los "Bravos de Apure", liderados por Páez, reorganizarse y contraatacar de forma efectiva.
Por su parte, los batallones Infante y Hostalrich, entraron en auxilio del Burgos, pero
reorganizado el Bravos de Apure y unido al Cazadores Británicos para reanudar el ataque,
ayudado por dos compañías del batallón Tiradores, hubo de retroceder de forma ordenada.

4.3. Flanco derecho del ejército real se retira

Para detener el repliegue de las unidades realistas que había producido la operación
republicana, La Torre envió los batallones Príncipe, Barbastro e Infante, los que lograron
sostener la línea de combate, pero sólo por breve tiempo, pues el grueso de la caballería de
la primera división del ejército patriota entró por el norte de la sabana. Con el fin de hacer
frente a este nuevo ataque, La Torre ordenó al Húsares de Fernando VII que cargase contra
la caballería rebelde, pero esta unidad se retiró después de disparar sus carabinas.

4.4. Retirada de los realistas

Finalmente, atacados de frente por la infantería y por la derecha por la caballería, los batallones
leales al Rey optaron por la retirada. Como último recurso, La Torre le ordenó al regimiento
de los Lanceros del Rey que atacara a la caballería grancolombiana, pero esta unidad no sólo
desobedeció la orden, sino que huyó ante la embestida de las fuerzas de Bolívar. Al entrar la
batalla en su fase final, el 1° de Valencey forma cuadro y comienza a retirarse, los rebeldes
iniciaron una tenaz persecución del ejército leal, la cual fue llevada a cabo hasta Valencia. De
los 4.279 efectivos que participaron en la batalla de Carabobo, los realistas perdieron dos
oficiales superiores, 120 subalternos y 2.786 soldados. Por su parte, las bajas de los
independentistas también fueron cuantiosas. El resto del ejército de La Torre terminó
refugiándose en Puerto Cabello. La retirada del "Valencey" ha sido catalogada por varios
historiadores como "magistral". El mismo Bolívar, en su parte de guerra, reconoce el valor de
sus reales enemigos. En la persecución, pereció el destacado jefe patriota Cedeño

5. CONSECUENCIAS

La batalla de Carabobo fue la acción más importante para la independencia de Venezuela. A


pesar de que la guerra proseguiría hasta 1823, debido a que algunos restos de las fuerzas
realistas lograron escapar del campo de batalla y lanzarían varias campañas contra el occidente
del país, conocidas como la "Campaña de Occidente"; el poder de los españoles en Venezuela
estaba liquidado y esto le permitió a Bolívar iniciar las Campañas del Sur mientras que sus
subordinados acababan la lucha en Venezuela.

Los últimos focos de resistencia realista cayeron en las campañas posteriores, Cumaná en el
oriente fue tomada poco después, el 16 de octubre del mismo año. Mientras que Francisco
Tomás Morales logró refugiarse en Puerto Cabello con 2.000 sobrevivientes de Carabobo (más
1.000 hombres de la guarnición local), pronto reunía más de 5.200 hombres reconquistando
Maracaibo y Coro el 7 de septiembre y 13 de noviembre de 1822, respectivamente. Tras la
derrota realista en la batalla naval del Lago de Maracaibo el 24 de julio de 1823 y el asedio
planteado por el general Páez en Puerto Cabello la situación realista se hizo insostenible y
tuvieron que evacuar la plaza el 8 de noviembre de 1823, dos días después el castillo de San
Felipe fue tomado, acabando así la guerra de independencia en Venezuela.

BATALLA DE PICHINCHA

La batalla que selló la libertad a nuestra patria fue librada entre las tropas realistas del
Gral. Melchor Aymerich y las fuerzas patriotas conducidas por el Gral. Antonio José de
Sucre. Luego de una agotadora campaña militar que se había iniciado en Guayaquil a
principios de 1822, a mediados de mayo ya Sucre se acercaba a la ciudad de Quito y,
para evitar encontrarse con los españoles, dispuso que sus tropas flanquearan al
enemigo subiendo a las heladas laderas del Cotopaxi, hasta aparecer el 16 de mayo
en el hermoso valle de los Chillos. Ese mismo día, al descubrir la estrategia de Sucre,
los españoles se replegaron y entraron en Quito, ocupando las principales calles del
sur de la ciudad.

En la noche del 23 de mayo de 1822, protegido por las sombras, el ejército de Sucre
-integrado por 2.971 hombres entre guayaquileños, cuencanos, argentinos, chilenos,
colombianos y peruanos- empezó a escalar el volcán Pichincha, buscando la mejor
ubicación para la batalla que sellaría la independencia de esta parte de América; a la
vanguardia, el Gral. Córdova avanzaba con el “Magdalena” mientras que el “Albión” se
encargaba de proteger la retaguardia, y custodiar y distribuir el parque.
Al amanecer del 24 de mayo, en las faldas del Pichincha y teniendo como premio la
libertad, la ciudad y el pueblo de Quito fueron emocionados testigos del momento más
gloriosos de su historia.

A las nueve y media de la mañana se iniciaron los primeros disparos. Desde el


comienzo del combate, el Yaguachi y su comandante el Coronel Antonio Morales, en
denodada lucha, agotaron los cartuchos y los reemplazaron con la bayoneta.
Tremolaba el azul y blanco de la bandera conducida por el joven teniente Abdón
Calderón. Estas unidades sostuvieron lo más recio del combate hasta la llegada de
Mires con el resto de la infantería.

La batalla fue, sangrienta y feroz, pues las fuerzas realistas estaban conscientes de
que su derrota significaría el fin del dominio español en esta parte del continente.

Sucre organizó sus fuerzas para que arribaran en oleadas sucesivamente. Cuando los
Cazadores de Paya y el Batallón Trujillo, conducidos por su jefe Santa Cruz, luego de
valerosa acción agotaron sus municiones, fueron relevados por otros dos batallones
que a las órdenes del general Mires y del coronel Morales hicieron retroceder a los
realistas hasta que también acabaron con sus municiones.

Volvieron entonces a la carga el “Paya” y el “Albión”, reforzados ésta vez por el coronel
Córdova que venía a la cabeza de dos compañías del “Magdalena”. En el fragor de la
lucha, los hombres del batallón Yaguachi demostraron una bravura que rayó en el
heroísmo y que obligó a los españoles a emprender la retirada. Finalmente, el
comandante Cestaris acabó con la caballería realista, comandada por el Crnel. Tolrá y
conformada por 400 valerosos y buenos jinetes.

A al caer la tarde, viendo que ya los españoles no podían continuar luchando, Sucre
se acercó a la ciudad y por medio de O’Leary intimó a la rendición de Aymerich, quien
comprendiendo que ya no podría resistir el empuje de los patriotas, aceptó la honrosa
capitulación que Sucre le ofreció, la que fue convenida y ratificada al día siguiente,
estipulándose en ella la entrega de la ciudad y del fuerte del Panecillo, con todo lo
demás que existía en el territorio de Quito, incluyendo el de Pasto, gracias a lo cual
Bolívar pudo consolidar la independencia de Colombia.

Las tropas debían rendir las armas con los honores de la guerra, conservando los jefes
y oficiales sus espadas, caballos y equipajes.

Héroe de esta jornada fue el Tnte. Abdón Calderón, del batallón Yaguachi, quien a
pesar de haber sufrido varias heridas no abandonó el campo de batalla, y manteniendo
en alto la gloriosa bandera de celeste y blanco permaneció en él hasta que los
españoles fueron derrotados.

Ese día, Sucre prefirió no entrar en la ciudad, y esperó hasta el día siguiente para,
después de que fue firmada la capitulación, ocuparla victoriosamente.

En el Parte de la Batalla del Pichincha, el Gral. Sucre dice: “Los resultados de la jornada
de Pichincha han sido la ocupación de la ciudad y sus fuertes el 25 por la tarde, la
posesión y tranquilidad de todo el departamento y la toma de 1.100 prisioneros de
tropa, 160 oficiales, 14 piezas de artillería, 1.700 fusiles, fornituras, cornetas,
banderas, cajas de guerra y cuantos elementos de guerra poseía el ejército español.

Cuatrocientos cadáveres enemigos y doscientos nuestros han regado el campo de


batalla… además tenemos 190 heridos de los españoles y 140 de los nuestros... Los
cuerpos de todos han cumplido su deber: jefes y oficiales y tropas se disputaban la
gloria del triunfo. El Boletín que dará el Estado Mayor recomendará a los jefes y
subalternos que se han distinguido, y yo cumpliré con el deber de ponerlos en
consideración del Gobierno.

En tanto, hago una particular memoria de la conducta del teniente Abdón Calderón,
que habiendo recibido sucesivamente cuatro heridas, no quiso retirarse del combate.
Probablemente morirá, pero el Gobierno de la República sabrá recompensar a su
familia los servicios de este oficial heroico”.

LLEGA DE BOLÍVAR AL PERU

A bordo del Chimborazo, el primero de setiembre de 1823, Simón Bolívar llegó al


Perú con una sola idea: enmendar los rumbos de un país en crisis. Días más tarde,
Torre Tagle y la parte del Congreso que lo apoyaba declaran a Bolívar suprema autoridad
militar en todo el territorio de la República. Asimismo, el Congreso depositaba en él toda
autoridad política relacionada con los usos de la guerra, estableciendo como límite de los
poderes concedidos al libertador nada menos que la salvación del país.

Más allá de los poderes conferidos, la figura y personalidad de Bolívar provocan diversas
reacciones, lo que alimentó la discordia y dificultó la necesaria convivencia. Enterado del gran
poder que había acumulado Bolívar apenas llegó a Lima, Riva-Aguero alimentó una oposición
más bien vehemente a las reacciones tomadas por el libertador. Para él la solución al conflicto
con los españoles era eminentemente política, y debía surgir como fruto del diálogo y el
acuerdo conjunto. Esto llevó a Riva- Aguero a establecer contacto con los españoles, lo que
facilitó su caída, a la que contribuyó su falta de perspectiva política al enfrentarse a un Bolívar
poderoso.

Una vez salvado el escollo de Riva-Aguero, Bolívar adquirió mayor autoridad, incluso diversos
dispositivos legales acudieron a su amparo. Hacia 1824, llevado por una creciente
desconfianza, Torre Tagle reinició las conversaciones con los españoles, las mismas que hacía
poco menos de un año había censurado en Riva-Aguero.

PROCESO DE CONSOLIDACIÓN DE BOLÍVAR

El 6 de agosto de 1824 se dio en Junín la primera batalla por la independencia


definitiva del Perú conocida como la Batalla de Junín. Los patriotas participaron, bajo
el liderazgo de los Húsares del Perú, con los Granaderos de los Andes y los Granaderos de
Colombia. Los realistas lo hicieron con los Dragones del Perú, pero finalmente fueron
derrotados por el ejército libertador.

El 9 de diciembre de 1824, en la Pampa de la Quinua (Ayacucho), se dio una batalla semejante


con resultados similares conocida como la Batalla de Ayacucho, con lo cual quedó
consolidada la independencia americana. A los pocos meses, como continuidad de la audiencia
de Charcas, el congreso aprobaba la formación de un nuevo Estado: Bolivia.

En 1826 se aprobó la constitución Bolivariana o Vitalicia, segunda del Perú, la que


constituyó otro esfuerzo por consolidar el nuevo Estado peruano. Bolívar propugnó la unidad
americana mediante el Congreso de Panamá y el proyecto de Confederación de la Andes. De
estos dos proyectos, el más viable e interesante a largo plazo fue el de la Confederación, que
acariciaba la idea de unir Colombia, Venezuela, Quito, Perú y Bolivia bajo una misma carta
magna: la Constitución Vitalicia.

LA BATALLA DE JUNÍN

El 6 de agosto de 1824, Simón Bolívar y Antonio José de Sucre derrotan al ejército español
en el lago de Junín (batalla de Junín). Esta victoria preparó el escenario para la batalla de
Ayacucho, donde otra victoria patriota asegurada la libertad para el Perú y toda América del
Sur.

FUERZAS ESPAÑOLAS EN PERÚ EN 1824

A principios de 1824, Colombia y Venezuela habían sido liberados, el golpe de gracia fue la
Batalla de Boyacá. Ecuador había sido liberado por Antonio José de Sucre sin embargo Perú
seguía siendo un bastión realista y había dos poderosos ejércitos españoles en las tierras altas
cerca de Cuzco: catorce mil soldados al mando del general Jerónimo Valdez y seis mil soldados
al mando del general José de Canterac.

El Ataque de Bolívar

Mapa de la Batalla de Junín El ejército de Valdez fue enviado por el virrey José de la Serna
para hacer frente a una sublevación en el Alto Perú, hoy Bolivia. De Canterac no creía que
Bolívar dejaría la seguridad de las tierras bajas, quedandose en su campamento cerca del lago
Junín. Sin embargo Bolívar, una vez más hizo algo inesperado, aprovechando que sus
enemigos estaban divididos, realizo el ataque. Reunió a su ejército, de 9.000 soldados en su
mayoría de Perú, Colombia, Chile y Argentina y marchó con ellos a Junín.

De Canterac se sorprendió al ver un enorme ejército patriota a sus puertas. El 6 de agosto de


1824, los dos ejércitos se enfrentaron. De Canterac había enviado a la mayoría de sus fuerzas
a un lado del lago, sólo para descubrir que Bolívar había decidido marchar a lo largo del otro
lado del lago. Al ver esto, ordenó moverse. Bolívar vio esto presionó a sus hombres: sería una
carrera hasta el final del lago, el ejercito que llegue primero estaría en una posición táctica
superior.

Caballería argentina de Bolívar llegó al final primero. El héroe de la jornada fue el general
británico William Miller, cuya caballería fingió retirarse antes de prepararse y atacar a la
caballería realista. Al anochecer De Canterac se retiró, temerosos de enfrentarse al ejército
patriota en la difícil llanura. La batalla de Junín duró sólo una hora y en su mayoría se había
peleado con lanzas y espadas: algunos testigos dicen que no se disparó un tiro. La mayor
parte de los dos ejércitos ni siquiera vio acción alguna.
Campaña de Junín
CONSECUENCIAS DE LA BATALLA DE JUNÍN

La importancia de la batalla de Junín tomó un tiempo desarrollarse. Los patriotas, obviamente,


había ganado, matando o capturando a unos 500 soldados españoles, mientras ellos perdieron
menos de 200. En comparación con otras batallas, como Maipú y Boyacá, Junín era más que
una escaramuza. Sin embargo, los efectos psicológicos de la guerra eran enormes.

De Canterac había batido en retirada todo el camino de regreso a Cuzco. La derrota y la


retirada posterior desanimaron mucho a los realistas. Algunos estiman que la pérdida en Junín
puede haber dado lugar a la pérdida de hasta 3 000 soldados realistas debido a la deserción
o enfermedad.

El ejército realista se reunió y jugó al gato y al ratón con Sucre en el altiplano hasta el 9 de
diciembre 1824, cuando se reunieron en la decisiva batalla de Ayacucho. Sucre derrotó al
ejército realista, lo cual provocó el fin del dominio español en América del Sur.

LA BATALLA DE AYACUCHO

Casi 300 años después de que Francisco Pizarro conquistara el Imperio Incaico, la colonia fue
suprimida para siempre desde el 9 de diciembre de 1824 en la batalla de Ayacucho. El rey
Fernando VII se debilitó en Europa por las revueltas ocurridas en España, el levantamiento
logró asegurar la independencia de Perú y el resto de la América dominada por España.

PRECEDENTES DE LA BATALLA DE AYACUCHO

Los primeros indicios de problemas para la Corona se produjo en 1807, cuando Napoleón
empezó a propagarse en Europa central y occidental, empezó a desestabilizar los regímenes
de la Península Ibérica a Austria. Perú se mantuvo leal al gobierno español en ese momento,
dándose cuenta de que tendrían que manejarse con gobernadores locales nombrados por el
virrey del Perú José Fernando de Abascal y Sousa. Mientras que la España escribió la nueva
Constitución española de 1812 con la monarquía en el exilio, las pequeñas rebeliones fueron
suprimidas 1811-1815.

INICIO DE BATALLA DE AYACUCHO

En 1821, los movimientos independentistas en otras naciones se habían extendido hasta el


Perú. José de San Martín trajo refuerzos desde Chile, sintiéndose lo suficientemente cómodos
con los éxitos como para declarar la independencia del Perú después de capturar partes de
Lima el 12 de julio.

Mapa de la Batalla de Ayacucho El general José de la Serna – Virrey del Perú después de
derrocar a su predecesor – marchó con su ejército en persecución de los nacionalistas.
Sabiendo que sus soldados eran los únicos que podían reunir refuerzos ya que se habían
negado a salir de España desde 1820.

A medida que la administración colonial estalló en el caos hacia el final de 1823 – Fernando
logró poner de cabeza al Gobierno Constitucional – Bolívar sintió la oportunidad de entrar en
el Alto Perú al sur y envió a su segundo al mando, Antonio José de Sucre, a atacar durante los
meses de primavera.

Sucre, consciente de que no podía ganar una batalla basada en tácticas, obligó a su ejército a
retirarse cuando se encontró cara a cara con un ataque realista a principios de diciembre.
Reorganizo a sus soldados cerca de Ayacucho y se las arregló para crear una batalla
igualándose, los rebeldes sólo tenían unos 500 hombres menos que su contraparte realista.
La Serna y los soldados que respaldan la dominación española marcharon en dirección de
Sucre y sus tropas el 9 de diciembre de 1824, perdieron el elemento sorpresa en los momentos
iniciales. Una pequeña colina en el lado del campo de batalla permitió ver a Sucre al ejercito
realista obligándolos a atacar, permitiéndole colocar sus tropas.

Sus hombres atacaron, el resto del ejército se deslizó en un intento de contrarrestar el avance
de los nacionalistas. Las unidades de Sucre, se movieron como un frente cohesionado,
capturando a de la Serna. La batalla había terminado, con más de 2 500 realistas muertos o
heridos.

Esa tarde al terminar la batalla de Ayacucho, el líder en funciones José Canterac firmó la
capitulación de Ayacucho dando fin a la Guerra de la Independencia del Perú. En España, el
acto sería visto como una conspiración contra la corona.

Expedición de Ayacucho
Fuentes:
https://historia-biografia.com/historia-de-la-batalla-de-boyaca/
https://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Carabobo_(1821)
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https://www.historiacultural.com/2012/07/batalla-de-ayacucho-resumen.html