Está en la página 1de 344

Autor/es 1

espacios nueva serie Nº 7


tomo 2
2013

0_0_Numero 7.2.indd 1 16/08/2013 05:57:48 p.m.


2 Nombre del artículo

0_0_Numero 7.2.indd 2 16/08/2013 05:57:48 p.m.


María Verónica Cheli 3

espacios nueva serie Nº 7


tomo 2
Estudios de Biopolítica

UNPA Universidad Nacional de la Patagonia Austral

2013

0_0_Numero 7.2.indd 3 16/08/2013 05:57:48 p.m.


4 Nombre del artículo

U N PA
UNPA

UniversidadNacional
de la Patagonia Austral

Universidad Nacional de la Patagonia Austral

Rectora AdeS. Eugenia Márquez

Vice Rector Ing. Hugo Rojas

Decano UART Prof. Marcos Oyarzún


Decano UARG Dr. Alejandro Súnico
Decana UASJ Prof. Claudia Malik
Decano UACO Lic. Daniel Pandolfi

La revista Espacios Nueva Serie se publica con una periodicidad anual en la


Universidad Nacional de la Patagonia Austral, Santa Cruz, Argentina, según un
sistema de doble referato anónimo. Publica trabajos originales, entrevistas, notas,
reseñas sobre distintas áreas de las Ciencias Sociales y las Humanidades. La pre-
sente edición corresponde al número 7 y está dedicada a Estudios de Biopolítica.

0_0_Numero 7.2.indd 4 16/08/2013 05:57:48 p.m.


Autor/es 5

Consejo Académico

· Dra. Vikki Bell (University of London)



· Dr. Mario Dipaolantonio (York University)

· Dr. Edgardo Castro (CONICET, UNIPE)

· Dr. Héctor Palma (Universidad Nacional de San Martín)

· Dra. Susana Murillo (Universidad de Buenos Aires)

· Dra. Silvia Grinberg (Universidad Nacional de San Martín, CONICET, UNPA)

· Dr. Sebastián Barros (Universidad Nacional de la Patagonia Austral, CONICET, UNSJB)

· Dr. Pat O'Malley (University of Sidney)

· Dra. Isabel Cassigoli (Universidad Arcis)

· Dr. Esteban Vernik (Universidad de Buenos Aires, UNPA)

0_0_Numero 7.2.indd 5 16/08/2013 05:57:48 p.m.


6 Nombre del artículo

Staff
Directora Coordinadores
Prof. Alicia Atienza Dra. Silvia Grinberg
amatienza@yahoo.com Prof. Andrés Pérez
Lic. M. E. Venturini
Secretaria de Redacción
Prof. Mónica Musci
monimu@speedy.com.ar

Consejo Editorial
Prof. Marcela Arpes. Mg. Andrea Pac
mm_arpes@yahoo.com.ar andreapac@yahoo.com

Dr. Juan Ennis Lic. Milagros Pierini


juanennis@googlemail.com mmpierini@infovia.com.ar

Prof. Pilar Melano Prof. Sebastián Sayago


mmelano@hotmail.com sebasayago@yahoo.com.ar

Mg. Nora Muñoz Mg. Denis Velázquez


norayricardo@speedy.com.ar denisvelazquez@speedy.com.ar

Dirección postal Diseño


Secretaría de Extensión de la UNPA Dcv Patricia Schembari
Rivadavía 265 pschembari@yahoo.com.ar
(9400) Río Gallegos
Santa Cruz
TE (02966) 427899 Maquetado
secexten@unpa.edu.ar TXT Ediciones

0_0_Numero 7.2.indd 6 16/08/2013 05:57:48 p.m.


espacios nueva serie. Estudios de Biopolítica Nº 7 - 2012: 7-8. ISSN 1669-8517
Autor/es 7

ÍNDICE

Presentación ..................................................................................................... 9

Artículos

1. BARCIELA, Gonzalo

Conducirse y ser conducido. Algunos apuntes sobre la ontología del presente y la


genealogía del sujeto en Michel Foucault ........................................................... 13

2. CHELI, María Verónica

La política sanitaria y educativa: discursos médico-pedagógicos que delimitaron


la infancia "anormal" y su institucionalización en el contexto argentino
(1880-1930) ............................................................................................... 27

3. CISELLI, Graciela y Aldo ENRICI

Bio-oikos-política. Proslogium para una genealogía comprensiva del ambiente


desde una mirada biopolítica............................................................................. 53

4. CONNO, Diego

El "giro biopolítico"....................................................................................... 69

5. D'AMICO, Desirée

La actual Ley de Migraciones de Argentina en la balanza biopolítica......................... 81

6. DAWYD, Darío y Luciana DE DIEGO

Miedo, seguridad y control. Los primeros proyectos de creación de la policía


de la Ciudad de Buenos Aires, 1997-2001.......................................................... 97

7. ECHEVERRI ALVAREZ, Juan Carlos

De la disciplina al conflicto: gubernamentalidad liberal y escuela en Colombia........... 117

8. FARDELLA, Carla y Vicente SISTO CAMPOS

El despliegue de nuevas formas de control en la profesión docente.......................... 133

9. FUENTES DÍAZ, Antonio

Biopolítica y excepción. Apuntes sobre violencia social.......................................... 147

0_0_Numero 7.2.indd 7 16/08/2013 05:57:48 p.m.


8 Nombre del artículo

10. GIGENA, Andrea

Gubernamentalidad y subjetividad en los pueblos originarios de Salta


en la primera mitad del Siglo XX............................................................. 157

11. HAIDAR, Victoria

Promover, asegurar, exponer, resistir: trazando el mapa de la biopolítica


del trabajo asalariado en la Argentina contemporánea................................ 175

12. HEFFES, Omar Darío

Biopolítica, sacralidad y farmacia............................................................ 199

13. MARTIN, Facundo

Para gobernar una naturaleza escasa. Notas incompletas sobre una posible
rearticulación de las nociones de Estado y Naturaleza................................ 219

14. RODRIGUES DE FREITAS, Cláudia y Claudio R. BAPTISTA

Un cuerpo en movimiento: la hiperactividad y los contextos de la educación..... 239

15. THEUMER, Emmanuel

Género deluxe: biopoderes farmacopornográficos en los prolegómenos


del siglo XXI...................................................................................... 251

16. VEGA, Guillermo y Aldo AVELLANEDA

Biopoder y muerte en Michel Foucault...................................................... 269

17. VIGNALE, Silvana

Crítica a la vida domesticada: del plano de sujeción al de la subjetivación....... 289

Traducciones
RABINOW, Paul y Nikolas ROSE
Biopoder hoy...................................................................................... 307

0_0_Numero 7.2.indd 8 16/08/2013 05:57:48 p.m.


Autor/es 9

Presentación

El primer tomo de la presente publicación nos permitió confirmar la fecun-


didad de los estudios y debates en torno de la noción de Biopolítica en América
Latina, así como la multiplicidad de miradas y perspectivas que se despliegan al
abordar las políticas sobre la vida en el presente. La convocatoria en torno de
esta noción, también cada vez más fecunda, abre la puerta a importantes debates
teóricos que, en diferentes áreas de conocimiento, permiten la formulación
y articulación de preguntas donde la biopolítica se encuentra y cruza con las
formas que asume el gobierno de la población en nuestras actuales sociedades
donde las lógicas del disciplinamiento han dado paso a la conformación de la
era management. La Biopolítica sirve en este marco para la producción de un
tipo de conocimiento que se mueve entre la pregunta por las formas de cons-
titución de nuestra moderna vida urbana y los modos de abordar sus crisis y
reconfiguraciones actuales. La aproximación compleja a los diferentes temas,
desde muy variados campos disciplinares permite enriquecer mutuamente tanto
los objetos como las metodologías de producción de conocimiento. Desde la
historia y la política hasta la medicina y la ecología, pasando por la educación, los
puntos de vista provienen de diversos campos que en la actualidad comparten
la fertilidad teórica de la Biopolítica y que en estos dos volúmenes están pre-
sentes y dialogan entre sí. Los artículos en este segundo volumen del dossier
“Estudios de Biopolítica” no constituyen excepción alguna. Cabe resaltar el
trabajo de Paul Rabinow y Nikolas Rose, quienes gentilmente nos permitieron
traducir al español su texto “Biopoder hoy” que inspiró nuestra convocatoria
,inédito en nuestro idioma. En este artículo proponen revisitar la noción a la
que ellos mismos, principalmente Rose, habían prestado menos atención en
sus trabajos en vistas de la pregunta por la gubernamentalidad. Así realizan y
discuten en torno de un estado de la cuestión de lo que podríamos reconocer
como una segunda generación de estudios en Biopolítica de la mano de autores
como Agamben y/o Negri, para luego recuperar la noción de Biopolítica como
un campo combativo de problemas y estrategias que, señalan, es cada vez es
más crucial y enigmático dado nuestro actual siglo biológico.
Seguidamente encontraremos artículos como el de Echeverri Alvarez, el que
desde la concepción foucaultiana de gubernamentalidad, se acerca a la escuela
en Colombia como dispositivo y a las estrategias de poder que le permitieron
construir la libertad necesaria para gobernar. También desde el concepto de
gubernamentalidad, Barciela aborda la problemática del sujeto y del gobierno
de los hombres. En la misma línea Haidar retoma las expresiones que asume
la Biopolítica en el trabajo asalariado en la Argentina de la actualidad. Desde la
clave de los estudios sobre gubernamentalidad la autora caracteriza los pro-
gramas empresariales de promoción de la calidad de vida, los mecanismos de
gestión de riesgos laborales y las resistencias ejercidas en nombre de la salud de

0_0_Numero 7.2.indd 9 16/08/2013 05:57:48 p.m.


10 Presentación

los trabajadores. Por otro lado nos encontramos con autores como D’Amico,
que aborda la actual Ley de Migraciones en Argentina N º 25.871, tratando de
reflexionar si asistimos a un proceso de ruptura o de una continuidad resig-
nificada del poder soberano del Estado sobre la vida misma de los migrantes,
a través de reactualizar nuevos ‘mecanismos de poder legales o jurídicos’,
‘dispositivos de seguridad’ y en menor medida, ‘mecanismos disciplinarios’.
También Dawyd y de Diego indagan los proyectos de ley presentados en la
Legislatura de la ciudad de Buenos Aires para la creación de la policía me-
tropolitana entre 1997 y 2001, guiados por la pregunta por la seguridad y el
control de la población a través del miedo. Desde el ámbito educativo Fardella
y Sisto indagan cómo se han concretado las nuevas formas de hacer política
educativa a través de dispositivos propios de las sociedades de control. Desde
el análisis de discurso como metodología, los autores focalizan su estudio en
documentos oficiales provenientes del Ministerio de Educación de Chile en el
contexto de reforma educativa.
Cheli indaga sobre los saberes sobre la infancia anormal (1880-1930), pre-
sentes en el discurso de medicalización de la población que a principios del
siglo XX en Argentina se impuso en diversas áreas de lo social, acompañando
la consolidación del Estado-nacional y un conjunto de instituciones de control
destinadas a la normalización de la población infantil. Rodrigues de Freitas
y Baptista analizan los discursos que identifican a los niños hiperactivos o con
falta de atención dentro del ámbito escolar, los cuales son tempranamente
diagnosticados y son sujetos de diversos tratamientos tanto terapéuticos como
de medicalización. Dentro de este marco, los autores se preguntan sobre la
escuela en este proceso, la producción de los discursos pedagógicos asocia-
dos a la normalidad y anormalidad y el lugar del cuerpo. Desde la perspectiva
de Foucault, Martín retoma el tratamiento sobre la naturaleza, el Estado, el
acontecimiento y la escasez, para dar cuenta de la resolución del problema del
gobierno que experimentó el Estado provincial mendocino entre fines de siglo
XIX y principios del XX, momento en el cual, el autor entiende, se fueron
desarrollando un conjunto de dispositivos que en la actualidad se reactualizan
bajo formas contemporáneas de gestión estatal de la naturaleza y la sociedad.
Desde México Fuentes Díaz aborda las nociones de nuda vida y biopolítica
para analizar el ejercicio del poder, la gobernabilidad y los sistemas políticos en
la región de Centroamérica, en un contexto de creciente violencia. Violencia
que, a referencia del autor, muestra que “La atrocidad sobre el cuerpo puede
leerse como un vaciamiento político de la vida”.
Andrea Gigena considera los �������������������������������������������
procesos de subjetivación en pueblos origi-
narios de Salta (Argentina) desde fines del siglo XIX hasta mediados del XX,
cuando se consolida el discurso hegemónico nacional cuya subjetivación fue
predominantemente racial, borrando las marcas de identificación étnica en-
tre los pueblos originarios. Para dicho trabajo toma como eje del análisis las

0_0_Numero 7.2.indd 10 16/08/2013 05:57:48 p.m.


Presentación 11

políticas de verdad, los campos de normatividad y la subjetividad, articulando


la analítica foucaultiana con el pensamiento decolonial.
Heffes realiza un trabajo de discusión conceptual sobre Agamben y Esposito
en sus empresas de reelaboración del concepto foucaultiano de biopolítica,
estableciendo las diferencias entre ambos a partir de los supuestos que fun-
cionan como punto de partida para ambos autores y en contraste con las
categorías foucaultianas. Vega y Avellaneda intentan restituir el lugar teórico
de la muerte en los textos de Foucault (1976-1979). Restitución que según la
mirada de los autores, posibilita una mayor comprensión de cómo la muerte
se articula con la política en la modernidad, y cómo se fueron modelando los
márgenes de dicha relación, para lo que luego se entenderá como la biopolítica.
Vignale, desde el anclaje teórico sobre la noción de vida, desarrolla el pasaje
de la biopolítica a una “biopolítica minoritaria” en la cual, la vida se inscribe
en un plano de sujeción de los aparatos biopolíticos y también como campo
ético de las subjetivaciones. Theumer, desde la ironía del título de su trabajo
“Género deluxe”, emprende la empresa teórica de reflexionar sobre las mu-
taciones en los dispositivos de control en las actuales sociedades de gobierno.
Por su parte Enrici y Ciselli, se proponen, desde un “camino intelectual,” ac-
ceder a la Biopolítica y sus implicancias a partir de los análisis, por un lado de
Foucault en lo referido al ambiente mismo donde se desarrolla la vida pública
la bio-óikos-política; y por el otro de Agamben y su concepto de “excepción”.
Finalmente Conno nos introduce al análisis de las consecuencias teóricas de
lo que denomina “el giro biopolítico” en las Ciencias Sociales en general y en
las Ciencias Políticas en particular.
Desde el Área Sociopedagógica de la Universidad Nacional de la Patagonia
Austral suponíamos que el reto de crear un espacio de edición que pudiera
concentrar la diversidad de aportes sobre Biopolítica, resultaría una compleja
empresa que implicaba reunir diversidad de miradas en un campo que cada
vez más adquiere centralidad y desarrollo en la región. A través del presente
volumen esperamos estar aportando para la generación de este espacio Final-
mente resta agradecer a todos los autores sus aportes y su paciencia frente a
las dificultades que implica la edición y publicación en estas latitudes.

Dra. Silvia Grinberg


Lic. María Eugenia Venturini
Prof. Andrés F. Pérez
Coordinadores

0_0_Numero 7.2.indd 11 16/08/2013 05:57:48 p.m.


0_0_Numero 7.2.indd 12 16/08/2013 05:57:48 p.m.
espacios nueva serie. Estudios de Biopolítica Nº 7 - tomo 2 - 2013: 13-26. ISSN 1669-8517

Conducirse y ser conducido.


Algunos apuntes sobre la ontología
del presente y la genealogía del sujeto
en Michel Foucault
Gonzalo Barciela
Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo

Resumen
El presente trabajo entiende al sujeto como una operación crítica de una racionalidad
política específica, aquella que Foucault, a fines de la década del 70, denominará guber-
namentalidad. La referida operación se encuentra en el centro de la problemática del
gobierno, concepto que permite reunir una doble empresa emprendida por Foucault,
la genealogía del sujeto y la ontología del presente, como modalidad de subjetivación
crítica. A tal fin, desarrollaremos el modo en que el filósofo francés desplaza el problema
del poder, pensado como enfrentamiento, hacia la forma en que la conducta de los
hombres puede ser conducida, es decir, cómo el gobierno de los hombres reclama
una racionalidad que le sea propia. Desde esta perspectiva, el capítulo del poder pas-
toral nos permitirá comprender cómo se constituye el sujeto en relación a la verdad.
Palabras clave
poder – sujeto – gobierno – gubernamentalidad - verdad

Abstract
This paper understands the subject as a critical operation of a precise political ra-
tionality, that which Michel Foucault, by the end of the 70s, called governmentality.
This mentioned operation stands in the midst of te governmentality problem, a
concept that allows to assemble both the genealogy of the subject and the ontology
of the present as a modality of critical subjectivation. Therefore, we will focus on
the way the philosopher translates the problem of power, moving from an initial
confrontational stance to the forms in which men´s behavior can be conduced. That
is to say, Foucault shows how the action of governing men claims a rationality of its
own. From this point of view, a reading of the chapter focused on the pastoral power
shall allow us to understand how the subject is constituted as related to the truth.
Keywords
power – subject – government – governmentality – truth

0_0_Numero 7.2.indd 13 16/08/2013 05:57:48 p.m.


14 Conducirse y ser conducido. Algunos apuntes sobre la ontología del presente y la genealogía del sujeto...

Diré que, después de todo, el poder político de tipo feudal conoció sin duda
revoluciones o tropezó, en todo caso, con una serie de procesos que lo liquidaron
sin más y lo expulsaron de la historia de Occidente, con la excepción de algunos
vestigios. Hubo revoluciones antifeudales; jamás hubo una revolución antipastoral.
El pastorado no experimentó aún un proceso de revolución profunda que pueda
ponerlo definitivamente al margen de la historia.
Michel Foucault, 1978

I
La obra de Michel Foucault puede presentarse como una colección de
términos, ordenada bajo la observancia filológica y la vigilancia exegética.
Nuestro propósito será desplazarnos por una serie de textos reunidos en los
intersticios del permanente après-coup ensayado por el pensador. El primer
interrogante que surcará el presente trabajo será el siguiente: ¿es acaso el
concepto de Gobierno aquél que puede reunir la ontología del presente y
la genealogía del sujeto? A la respuesta afirmativa que desde ya sostenemos,
debemos las palabras que a continuación siguen, las cuales se inscriben en el
tránsito emprendido por Foucault desde la analítica del poder a la ética del
sujeto. Pero es sin duda nuestra intención manifiesta la de indagar el vínculo
entre el sujeto y la verdad, tal como se presenta en la teorización del poder
pastoral y el rescate del sujeto como una operación crítica de una racionalidad
específica: la gubernamentalidad.

II
Tanto en el artículo “Gobierno”, como así también en las palabras dedicadas
a la exposición del término Poder dentro del corpus foucaultiano, Edgardo Cas-
tro (2004), nos advierte que resulta imposible cerrar el capítulo del poder en
la obra del filósofo nacido en Poitiers, hasta tanto no se publiquen la totalidad
de los cursos que dictara en el Collége de France. Sin duda que la analítica del
poder ha marcado la impronta de la recepción de la obra de Michel Foucault.
Como recuerda Roger Chartier (1996), Foucault, a través de múltiples retornos
retrospectivos, demuestra ser el “primer lector” de Foucault. En esa serie de
ensayos retrospectivos se ubica su artículo “Por qué hay estudiar el poder: La
cuestión del sujeto” (Foucault, 1986)1. Allí, se nos dice que el objetivo de su
trabajo no ha sido el análisis de los fenómenos de poder, ni dirigirse a sentar
las bases de su análisis, sino “elaborar una historia de los diferentes modos de
subjetivación del ser humano en nuestra cultura” (Foucault, 1986: 25).

1
De esta intervención, recogida en el volumen Michel Foucault. Beyond structuralism and hermeneutics,
publicado por Dreyfus y Rabinow, seguimos la traducción propuesta por Fernado Alvarez-Uría. En el
volumen IV de Dits et écrits obra como “Le sujet et le pouvoir”.

0_0_Numero 7.2.indd 14 16/08/2013 05:57:49 p.m.


Gonzalo Barciela 15

El ejercicio del poder consistirá, entonces, en “conducir conductas”. De


esta manera, el poder corresponderá menos al orden del enfrentamiento entre
dos adversarios o de la acción de uno sobre otro, que al orden del “gobierno”.
Observamos, entonces, que nuestro autor se aparta de la “hipótesis Nietzsche”
esbozada durante el curso Il faut défendre la société2. Allí el poder se disponía en
términos de lucha y enfrentamiento, abriéndose paso frente a las concepciones
liberales y marxistas. La primera reducía el poder a un bien, sujeto a contrato,
objeto de posesión y enajenación. La segunda, imbuida de economicismo como
el liberalismo, no concierne al orden de la forma misma del poder, sino a su
función histórica: el asegurar las condiciones de reproducción de determinadas
relaciones de producción. Foucault abandonará dos modalidades de análisis del
poder: la “hipótesis represiva”, el poder como mera represión, y el poder como
soberanía, estudiando al poder en su efectuación positiva, en sus extremos y
en su capilaridad3.
Si allí, como en el Tomo I de su Historia de la sexualidad4, Foucault, tiene en
vistas descentrar el poder de la omnipresencia de la ley, y la visión jurídica que
lo alimenta, el capítulo del Gobierno, en tanto modo de acción singular, abrirá
paso al análisis de la especificidad misma del poder, tan ajeno al contrato, al nexo
voluntario, como a la relación belicosa. Este deslizamiento no se verifica como
una ruptura, ni como la resultante de un cuestionamiento del marco metodo-
lógico sino que, antes bien, se inscribe en la extensión a un nuevo campo de
objetos, dentro del cual emerge la problemática del Estado. De esta manera el
análisis de los micropoderes, lejos de quedar a un lado, limitándose a un dominio
preciso, se considera un punto de vista o método de desciframiento válido para
la escala en su totalidad, sin negar al Estado o colocándolo en posición predo-
minante (Foucault, 2007)5. Dentro de este espacio abierto por la problemática
del biopoder, presentada de modo inaugural en la clase 17 de marzo de 1976
correspondiente al curso Hay que defender la sociedad, Foucault comienza a
ordenar una serie de nuevos dominios de objetos, entre los que sobresale la

2
Aunque este posicionamiento puede retrotraerse hasta la clase del 28 de marzo de 1973, correspon-
diente al curso inédito “La société punitive”. Allí, Foucault sostenía que el poder se pierde o se gana en
la forma de una batalla, en cuyo centro, entonces, se encontraría una relación belicosa, antes que una
relación de apropiación. Para la exposición de la “hipótesis Nietzche” véase Foucault (2000: 26 a 30).
3
La colonización de la ley por la norma, o el modo en que ésta última “parasita” a la primera, resultando
la normatividad inherente a la ley, fundándola, constituye el capítulo central que abre paso al estudio del
poder disciplinario. Véase Foucault (2006: 73 y ss.).
4
“Se trata de pensar el sexo sin la ley y, a la vez, el poder sin rey” (Foucault, 1976: 111).
5
Como observa Gilles Deleuze: “Si la forma Estado, en nuestras formaciones históricas, ha capturado
tantas relaciones de poder, no es porque esas relaciones deriven de ella, sino, al contrario, porque una
operación de “estatismo continuo”, por lo demás muy variable según los casos, se ha producido en el
orden pedagógico, judicial, económico, familiar, sexual, que tiene por objetivo una integración global.
En cualquier caso, lejos de ser el origen, el Estado supone las relaciones de poder (…) el gobierno es
anterior al Estado, si se entiende por <gobierno> el poder de afectar bajo todos sus aspectos (gobernar
niños, almas, enfermos, una familia…)” (Deleuze, 2005: 105). Deleuze asigna a las instituciones una
función reproductora, antes que productora, dado que en tanto prácticas o mecanismos operatorios
no son el origen de las relaciones de poder, sino que se contentan con “fijarlas”. L’État n´existe pas, lo
único que hay es un estatismo.

0_0_Numero 7.2.indd 15 16/08/2013 05:57:49 p.m.


16 Conducirse y ser conducido. Algunos apuntes sobre la ontología del presente y la genealogía del sujeto...

emergencia de la población y la gubernamentalidad como técnica de gobierno


que se encuentra en la base de la formación del Estado. Sujeto constituido
como multiplicidad en movimiento, la población, y la gubernamentalidad que
le es propia, abrirán paso al estudio de las fuentes mismas del “gobierno de
los hombres”, desde donde se ensaya el análisis del poder pastoral.
Sin duda que la problemática del “arte de gobernar” reconoce anteceden-
tes en el pensamiento foucaultiano. Ya en 1975, en el marco de la oposición
entre el modelo de exclusión de los leprosos y el modelo de inclusión de los
apestados, trazada en el curso Los anormales, Foucault atribuía a la era clásica
la invención de las tecnologías positivas de poder, dispuestas en diversos nive-
les: aparatos del Estado, familia, instituciones6. El concepto de gobierno que
Foucault comienza a delinear era atribuido a tres dominios de objetos: la idea
de un poder fundado en la transferencia, la alienación o la representación de
la voluntad de los individuos, el aparato del Estado cuya introducción data de
los inicios del siglo XVIII y, finalmente, una técnica general del gobierno de los
hombres, reverso de las estructuras jurídicas y políticas de la representación
y la condición de eficacia y funcionamiento de los mismos (Foucault, 1999:
56). Allí el análisis del gobierno no se limitaba a las “disciplinas”, alcanzaba a
las técnicas del gobierno de las almas forjadas por la Iglesia a partir del ritual
de la penitencia7, donde la disciplina de los cuerpos y el gobierno de las almas
aparecían como las dos caras complementarias del proceso de normalización8.
El análisis del poder pastoral aparecerá, entonces, dentro de la extensión
del marco cronológico, no constituido meramente como reacción a la Refor-
ma, sino que su genealogía se remonta a los primeros siglos del cristianismo y,
a la vez, al gobierno de las almas entendido como el “arte de las artes”, y se
presentará así como un capítulo mayor dentro del estudio del ejercicio mismo
de la soberanía política.

III
En el marco de las Tanner lectures dictadas en Stanford, Foucault pronunció
la conferencia: “Omnes et singulatim: hacia una crítica de la ‘razón política’”. Allí
intentará trazar el origen de la modalidad pastoral del poder, y cómo este vino
a asociarse a su polo opuesto, el Estado. Dicho rastreo es propuesto también
en la clase del 8 de febrero de 1978, durante el dictado del curso Seguridad,
territorio, población.

6
“La era clásica elaboró, por ende, lo que puede llamarse un arte de gobernar, en el sentido en que
precisamente se entendía en ese momento el gobierno de los niños, el gobierno de los locos, el gobierno
de los pobres y, pronto, el gobierno de los obreros” (Foucault, 2001: 56).
7
“(…) lo que va a pasar en la segunda parte de la Edad Media (desde el siglo XII hasta principios del
Renacimiento) es que la Iglesia recuperará, en cierto modo, dentro del poder eclesiástico, ese mecanismo
de la confesión que hasta cierto punto la había desposeído de su poder en la operación penitencial.
Esta reinserción de la confesión en un poder eclesiástico consolidado es lo que va a caracterizar la gran
doctrina de la penitencia que vemos formarse en la época de los escolásticos” (Foucault, 2001: 164-165).
8
Véase Foucault (2001: 157-186). Correspondientes a la clase del 19 de febrero 1975.

0_0_Numero 7.2.indd 16 16/08/2013 05:57:49 p.m.


Gonzalo Barciela 17

A partir del mismo, se delinea la especificidad propia del pastorado cristiano.


El mismo se encontrará en una situación absolutamente diferente respecto
de sus antecedentes hebreos y orientales, no sólo por su institucionalización,
su inscripción en una densa red, coextensa en su totalidad con la Iglesia, sino
también por el arte de conducir que supo producir. Una manera de dirigir,
encauzar, guiar a los hombres, tomándolos colectiva e individualmente, de
allí el título de la conferencia ya mencionada, durante toda su vida y en cada
momento de su existencia.
Será este pastorado el que se diferenciará tanto de los procedimientos
dirigidos a someter a los hombres a una ley o a un soberano, como de los
métodos de formación de los niños y jóvenes, o de los modos de persuasión
puestos en marcha para convencer a los hombres. El pastorado cristiano, en
tanto arte de gobernar a los hombres, no coincidirá ni con una política, ni con
una pedagogía, ni aún menos con la retórica.
Foucault situará la emergencia del pastorado cristiano, como punto de
cristalización, en el origen de la gubernamentalidad que a fines del siglo XVI,
y durante los siglos XVII y XVIII, marca el umbral del Estado. Dentro de este
campo de intervención, Foucault no se detendrá en el despliegue de una his-
toria del pastorado cristiano, sino que situará su análisis en algunos rasgos que
perfilaron su práctica y reflexión.
El pastorado se presenta y cobra especificidad en relación a tres elemen-
tos. El primero de ellos será la salvación. La pastoral cristiana se asigna como
objetivo fundamental la salvación, tanto de los individuos como de la comuni-
dad, permitiéndoles avanzar y progresar en el camino a ella9. Desde allí surge
el segundo elemento, la ley. El pastor deberá velar porque los individuos, las
comunidades, observen los mandamientos, la voluntad de Dios para alcanzar
la salvación. Sometimiento a la ley, que requiere el aceptar una verdad, profe-
sándola. Tercer elemento, entonces, la relación con la verdad.
Pero Foucault encontrará la singularidad del pastorado fuera de estos tres
elementos. Ese otro nivel, completamente ajeno a la persuasión, será la instancia
de la “obediencia pura”. Dicha obediencia se presenta como un tipo de conducta
unitaria, valorada en alto grado y cuya razón de ser radica en sí misma. Así la
relación de la oveja con quien la dirige será una relación de dependencia integral:
Por su parte, el cristianismo concibe la relación entre el pastor y sus ovejas
como una relación de dependencia individual y completa. Este es, seguramente,
uno de los puntos en los que el pastorado cristiano diverge radicalmente del
pensamiento griego. Si un griego tenía que obedecer lo hacía porque era la ley
o la voluntad de la ciudad. Si surgía el caso de que obedeciera a la voluntad de
algún particular (médico, orador o pedagogo), era porque esta persona había

9
Aquí aparece uno de los puntos de intersección y diferenciación entre el poder político y el poder
pastoral. El primero actuando en el seno del Estado y el segundo con su función de cuidado permanente
de todos y cada uno. De allí que Foucault entienda que la problemática del “Estado Providencia”, se
constituye como una de las reapariciones que requieren el delicado ajuste entre el poder político, ejer-
cido sobre los sujetos civiles y el poder pastoral, que guía a los individuos. Véase Foucault (1990: 111).

0_0_Numero 7.2.indd 17 16/08/2013 05:57:49 p.m.


18 Conducirse y ser conducido. Algunos apuntes sobre la ontología del presente y la genealogía del sujeto...

logrado persuadirlo racionalmente. Y esto con una finalidad estrictamente de-


terminada; curarse, adquirir una competencia, llevar a cabo la mejor elección.
En el cristianismo, el lazo con el pastor es un lazo individual, un lazo de
sumisión personal. Su voluntad se cumple no por ser conforme a la ley, ni
tampoco en la medida que se ajuste a ella, sino principalmente por ser su
voluntad. (Foucault, 1990: 113).

De allí que el pastor, antes que como juez, pueda presentarse como un
médico, que debe atender a cada alma y su enfermedad respectiva, para lo cual
debe comprometerse, auscultando el alma de cada uno, extrayendo un saber.
Relación de sometimiento no a un principio, orden o ley, sino a un individuo,
dentro de la cual el dirigido acepta porque se trata de una relación individual.
Esta obediencia sin fin no se dirige más que a alcanzar un “estado de obe-
diencia”, es decir, que lo que persigue es mortificar la propia voluntad hasta
que muera, “que no haya otra voluntad que la de no tenerla” (Foucault, 2006:
211). Nos encontramos ante un poder individualizador, comprometido ente-
ramente en el efecto de obediencia, y el cual no conduce a dominio alguno de
sí mismo ni de los otros. Se trata de conjurar el pathos, una voluntad que se
dirige contra sí misma, en el mismo acto que renuncia a ella, no hay espacio
para la afirmación de voluntad singular alguna. Un modo de individualización
que, antes que pasar por la afirmación del yo, se dirige a su destrucción.
A efectos de asegurar el conocimiento individual, el cristianismo se valió,
apropiándose, de dos instrumentos provenientes del mundo helénico: el
examen de conciencia y la dirección de conciencia. Mediante la última se
constituía un lazo permanente. A través del examen de conciencia, lejos de
cultivar la conciencia de uno mismo, se posibilitaba la apertura completa hacia
el pastor, a fin de revelarle las profundidades del alma. Verdadera técnica de
poder, individual, total, permanente y exhaustiva, de investigación y examen
de sí, será el elemento a través del cual se ejercerán el poder del pastor y la
obediencia, asegurándose la obediencia integral.
No será entonces la simple y sola imposición unilateral de una ley de verdad
que los individuos deben reconocer, sino la producción misma de una verdad
oculta, producción de interioridad en la cual el individuo se reconoce10 y a partir
de la cual se subjetiva.

10
Aún cuando Foucault, al finalizar la clase del 22 de febrero de 1978, sostiene que la individualización no
se obtiene por una verdad reconocida, sino por la producción de una verdad interior, secreta y oculta,
entendemos que el “efecto de interioridad”, requiere de un “falso reconocimiento”. Aún cuando el
término alude al arsenal teórico del althusserismo y el lacanismo, nos referimos al efecto de retroversión
tal como está presentado en el grafo del deseo, la notación i (a) alude al registro imaginario, donde el
individuo se subjetiva, en la efectuación retroactiva de la interpelación, al reconocerse como ya presente
ex ante la interpelación, esa interioridad extraída se presenta como el punto que otorga un mínimo de
consistencia ontológica. Sin duda que el lacanismo, se sitúa en la brecha abierta por la interpelación, y
los modos por los cuales los individuos se subjetivan en los mandatos. A partir de la intrusión traumática
del Gran Otro (Autre), propio del registro simbólico, el sujeto se sostiene de una imagen, lo que “soy
más allá del mandato”, índice mismo de la captura, es decir, del effet de sujet.

0_0_Numero 7.2.indd 18 16/08/2013 05:57:49 p.m.


Gonzalo Barciela 19

Se delimitan, así, los modos de individualización específicos del pastorado


cristiano. La individualización por identificación analítica. El individuo no se define
por su estatus sino por un delicado juego de descomposición en el que circulan
la serie y el equilibrio de los méritos y deméritos. Asimismo, la individualización
no se define por la marcación de un lugar jerárquico del individuo, sino por su
inscripción en una red de servidumbre general, donde la exclusión del egoísmo se
presenta como el rasgo nuclear. Será, entonces, una individualización por sujeción.
Finalmente el individuo resulta subjetivado por la verdad oculta que de él se extrae.
El pastorado se presenta como un preludio de la gubernamentalidad que se
desplegará desde el siglo XVI, y en particular, aparece como un capítulo central
y decisivo en la genealogía del sujeto, en la trama misma de un sujeto recortado
a partir de una grilla de inteligibilidad analítica, sometido a redes continuas de
obediencia y subjetivado por la extracción de una verdad.

IV
Sin duda el análisis de las contraconductas desplegado por Foucault en la clase
del 1° de marzo de 1978, correspondiente al curso Seguridad, territorio, población,
se encuentra surcado por una serie de señalamientos y pautas metodológicas, que
sitúan el tránsito de una analítica del poder hacia el estudio de la gubernamentali-
dad. Es claro que el capítulo de la gubernamentalidad excede la posibilidad de su
presentación en estas páginas. Intentaremos realizar un abordaje lateral, enten-
diendo que la serie de investigaciones abiertas a partir del curso 1978 se inscribe
en una empresa mayor de indagación sobre la racionalidad política, y dentro de
ella, las modalidades de subjetivación presentan un aspecto fundamental.
La idea de contraconducta que esboza Foucault, presenta uno de los aspectos
centrales del desplazamiento operado en los análisis de las técnicas de sujeción hacia
las prácticas de subjetivación. Allí Foucault efectúa un comentario que se presenta
como una prolongación de la tesis enunciada en 1976 en La Voluntad de Saber11:
(…) yo querría saber si a la singularidad histórica del pastorado no correspondió
la especificidad de rechazos, rebeliones, resistencias de conducta. Y así como
hubo formas de resistencia al poder en cuanto ejercía una soberanía política, y
otras formas de resistencia o de rechazo, igualmente deliberadas y encauzadas
contra él en cuanto ejercía una explotación económica, ¿no hubo formas de
resistencia que se le opusieron en carácter de conducta? (Foucault, 2006: 225).

Sin duda aquí encontramos esbozada una clara pauta para el análisis de las
relaciones de poder que recibirá forma definitiva en el texto Le sujet et le pouvoir:
Ese nuevo modo de investigación consiste en tomar como punto de partida las
formas de resistencia a los diferentes tipos de poder, o si se quiere, por utilizar

11
Nos referimos a la por demás citada consigna que sostiene: “donde hay poder, hay resistencia”
(Foucault, 2002: 125).

0_0_Numero 7.2.indd 19 16/08/2013 05:57:49 p.m.


20 Conducirse y ser conducido. Algunos apuntes sobre la ontología del presente y la genealogía del sujeto...

una metáfora, servirse de esta resistencia como de un catalizador químico que


permite evidenciar las relaciones de poder, ver dónde se inscriben, descubrir sus
puntos de aplicación y los métodos de que se valen. Más que analizar el poder
desde el punto de vista de su racionalidad interna se trata de analizar las rela-
ciones de poder a través del enfrentamiento de estrategias (Foucault, 1986: 29).

El concepto de estrategia propuesto por Foucault permite situar los movi-


mientos de contraconducta dentro un vasto campo de inteligibilidad donde el
poder pastoral actúa como “bisagra” de diferentes elementos, exteriores entre sí
(las crisis económicas por un lado y los temas religiosos por el otro). De allí que
el punto de vista de los análisis de las estructuras de poder permita su lectura
no en términos de reflejo o transcripción, propio de las concepciones sobre la
ideología, sino de estrategias y tácticas. En la nota final a pie de página de la clase
del 1° de marzo de 1978 podemos leer una porción del manuscrito de Foucault:
[Si insistí] en esos elementos tácticos que dieron formas precisas y recurrentes
a las insumisiones pastorales, no fue en absoluto para sugerir que se trata de
luchas internas, contradicciones endógenas, un poder pastoral que se devora
a sí mismo o tropieza en su funcionamiento con sus límites y barreras. Lo hice
para identificar ‘las entradas’: puntos a través de los cuales procesos, conflictos,
transformaciones que quizá conciernan al estatus de las mujeres, el desarrollo
de la economía mercantil, la desconexión entre el desarrollo de la economía
urbana y la economía rural, la elevación o la desaparición de [la] renta feudal,
el estatus de los asalariados urbanos, la extensión de la alfabetización, puntos
por donde fenómenos como éstos pueden entrar al campo de ejercicio del
pastorado, no para transcribirse, traducirse, reflejarse en él, sino para efectuar
divisiones, valorizaciones, descalificaciones, rehabilitaciones, redistribuciones
de todo tipo. […] En vez de decir: cada clase o grupo o fuerza social tiene
su ideología que permite traducir en la teoría sus aspiraciones, aspiraciones e
ideología de las cuales se deducen reordenamientos institucionales que cor-
responden a las ideologías y satisfarán las aspiraciones, habría que decir: toda
transformación que modifica las relaciones de fuerza entre comunidades o
grupos, todo conflicto que los enfrenta o los lleva a rivalizar, exige la utiliza-
ción de tácticas que permiten modificar las relaciones de poder, así como la
puesta en juego de elementos teóricos que justifiquen moralmente o funden
de manera racional esas tácticas” (Foucault, 2006: 261)12.

12
Foucault desplegará su lógica de la estrategia, como crítica de la lógica dialéctica, al estudiar la “cues-
tión” de la utilidad y la limitación del ejercicio del poder público en el marco del curso Nacimiento de la
biopolítica. En la clase del 17 de enero de 1979 sostiene: “Digamos que es justamente ahí y en ese tipo de
análisis donde se hace valer, donde es menester hacer valer, bajo la pena de caer en el simplismo, una lógica
que no sea dialéctica. Pues la lógica dialéctica, ¿qué es? Y bien, es una lógica que hace intervenir términos
contradictorios en un elemento de lo homogéneo que promete su resolución en una unidad. La función
de esa lógica de la estrategia es establecer las conexiones posibles entre términos dispares y que siguen
dispares. La lógica de la estrategia de la conexión de lo heterogéneo y no la lógica de homogeneización de
lo contradictorio” (Foucault, 2007: 62). Lógica sin Aufhebung, la lógica de la estrategia no recompondría
los intercambios de elementos bajo la forma de una unidad, lo que no impide la conexión, coexistencia

0_0_Numero 7.2.indd 20 16/08/2013 05:57:49 p.m.


Gonzalo Barciela 21

La profunda densidad histórico-política del entramado de tácticas y es-


trategias, sitúa en sus pliegues la efectuación misma del sujeto. Sujeto en su
doble acepción, como subjectus, se encontrará dispuesto o sometido y como
subjectum se presentará como el soporte o sustrato de una identidad y una serie
de propiedades. Esa doble valencia abre camino a la teorización foucaultiana
sobre las prácticas de subjetivación.
Ahora bien, nuestro propósito es reunir la genealogía del sujeto junto a
la ontología del presente, entonces, ¿por qué volver sobre el poder pastoral?
En su texto de 1982, Foucault se proponía presentar las características que
asumen las luchas contra el sometimiento, es decir, el modo en que los hombres
son gobernados. La prevalencia de este tipo de luchas sobre la lucha contra
los mecanismos de dominación y explotación encontraba en Foucault una ex-
plicación: el Estado, nueva forma de poder político que se venía desarrollando
de manera continua desde el siglo XVI y había integrado en su seno la técnica
del pastorado. Poder globlalizante y totalizador, el Estado es una entidad que
lejos de menospreciar a los individuos, los integra bajo una condición: que se
asigne a esta individualidad una forma nueva y que se la someta a un conjunto
de mecanismos específicos.
Si la función de institucionalización eclesiástica ha desaparecido, esta no ha
hecho menos que extenderse y desarrollarse fuera de la institución eclesiástica.
Se observa un tránsito de la salvación transmundana, a su búsqueda terrena,
motivo ya esbozado en la nota 9 de este trabajo, en torno al “Estado Provi-
dencia”. Aquí la salvación adquiere diversos sentidos: salud, bienestar en tanto
acceso a recursos “suficientes”, seguridad, protección contra accidentes13. Así
como se produce una multiplicación de los objetivos del poder pastoral, se ob-
serva una diseminación de sus agentes (policía, familia, sociedades filantrópicas,
empresas de servicios). Esto permite centrar el desarrollo del saber sobre el
hombre en torno a dos ejes: uno cuantitativo, globalizante, concerniente a la
población, el otro analítico, referido al individuo.
Nuevamente el eje poder-saber se presenta como grilla de inteligibilidad
del sujeto. Es la tríada sujeto-poder-saber la que debe someterse a estudio. En
efecto, Foucault sostiene que deben promoverse “nuevas formas de subjetividad
que se enfrenten y opongan al tipo de individualidad que nos ha sido impuesta
durante muchos siglos” (Foucault, 1986: 36). Esa subjetividad se dibuja como
resistencia no frente a esta o aquella institución de poder, grupo, clase o élite,
sino a una técnica, a una racionalidad específica. De allí que lo que se pone
en tela de juicio es una forma de circulación y funcionamiento del saber en su

o unión. De allí que las relaciones de poder no comprenden un origen, o punto focal privilegiado, pero si
reconocen estratos y jerarquías, disposiciones funcionales. Esa composición heterogénea no es otra que
la que pone en juego el concepto de dispositivo, como red de relaciones entre elementos heterogéneos.
De ahí que en el estudio del poder pastoral, pueden encontrarse los rastros de un dispositivo de poder
que hace de la gubernamentalidad su racionalidad inmanente.
13
Cabe resaltar aquí los governmentality studies, los estudios sobre la gestión de los riesgos sociales, que
incluyen a autores como François Ewald y Robert Castel.

0_0_Numero 7.2.indd 21 16/08/2013 05:57:49 p.m.


22 Conducirse y ser conducido. Algunos apuntes sobre la ontología del presente y la genealogía del sujeto...

relación con el poder, es decir, un determinado régimen de saber.


¿Cómo entender entonces la afirmación con que e1 filósofo francés cierra
su conferencia de 1981, donde sostenía: “La liberación no puede venir más
que del ataque, no a uno o a otro de estos efectos, sino a las raíces mismas de
la racionalidad política” (Foucault, 1990: 140)?
Sin duda, Foucault se encuentra lejos de una crítica de la razón a secas, a la
que considera un absurdo que invoca como su contrario a la no razón (Foucault,
1986). La crítica del pastorado constituye un capítulo, dentro del análisis de la
gubernamentalidad, y es ella, como campo estratégico de relaciones de poder,
como la racionalidad inmanente a diversos micropoderes (relación padre/
hijo, individuo/poder público, población/medicina e higiene pública), la que es
sometida a crítica. Entonces, la racionalidad política que se ataca es la propia
de la gubernamentalidad, tal como se reconoce en el tránsito de la razón de
Estado hacia el liberalismo.
Sin duda que la empresa foucaultiana ha buscado explícitamente apartarse
del psicoanálisis14, pero lejos de considerarse una posición definitiva, Foucault
pronunciará las siguientes palabras en el marco del seminario La hermenéutica
del sujeto:
La idea de una posición de clase, de efecto de partido, la pertenencia a un
grupo, la pertenencia a una escuela, la iniciación, la formación del analista,
etcétera, nos remiten sin duda a las cuestiones de la condición de la forma-
ción del sujeto para tener acceso a la verdad, pero se las piensa en términos
sociales, en términos de organización. No se las piensa en el filo histórico
de la existencia de la espiritualidad y sus exigencias. Y al mismo tiempo, por
otra parte, el precio pagado por trasponer, reducir esas cuestiones “verdad
y sujeto” a problemas de pertenencia (a un grupo, una escuela, un partido,
una clase, etcétera) fue, desde luego, el olvido de las relaciones entre verdad
y sujeto. Y me parece que todo el interés y la fuerza de los análisis de Lacan
radican precisamente en esto: que él fue, creo, el único desde Freud que
quiso volver a centrar la cuestión de psicoanálisis en el problema, justamente,
de las relaciones entre sujeto y verdad” (Foucault, 2003: 43-44).

El reencuentro con la orientación lacaniana se produce dentro del estudio


de las prácticas de subjetivación emprendido por Foucault. Ahora bien, una
lectura extendida coloca al sujeto del lado de su efectuación por los dispositivos
de saber y poder, lectura que se procura basar en los argumentos presenta-
dos, básicamente, en Vigilar y castigar. Una segunda lectura ubicaría al sujeto
como la tensión inmanente a las relaciones de saber y poder, es decir, un
compuesto de fuerzas, un campo recorrido por vectores que se dirigen tanto
a la subjetivación como a la sujeción, y que pondría en juego la doble valencia
14
Párrafos críticos que se reconocen en las intervenciones reunidas durante los cursos El Poder Psi-
quiátrico, Los Anormales o la crítica al psicoanálisis como saber “totalizador” que despliega en Hay que
defender la sociedad.

0_0_Numero 7.2.indd 22 16/08/2013 05:57:49 p.m.


Gonzalo Barciela 23

ya referida. En este caso el sujeto se presentaría como punto de no coinci-


dencia de las dos trayectorias, como un pliegue al interior de los dispositivos.
Esta posición, a nuestro juicio, abre camino a la reunión de la genealogía del
sujeto y la ontología del presente y, añadiremos, presenta aspectos por demás
sugerentes para trazar paralelos con la reflexión sobre el sujeto que alimenta
la orientación lacaniana en psicoanálisis.

V
En sus análisis sobre tres figuras subjetivas, como son las histéricas, las
simuladoras y las poseídas, Foucault indagaba el vínculo sujeto-verdad, y la
puesta en juego de cierta singularidad irreductible15. La apuesta estaría dirigida
aquí a colocar un límite al pretendido monopolio del saber: “Es interesante
señalar que la simuladora no asume una posición de lucha por obtener el saber,
sino que se instituye, a través de su subjetividad contingente, como un límite
a la monopolización del saber por parte de la psiquiatría. Así, las simuladoras
no dejan de afirmar lo propio de su subjetividad, y a su vez afirman la tensión
constitutiva de ésta; y aún más, sus propias prácticas, sus existencias, no dejan
de ser prácticas políticas que, además de constituir un antipoder, proponen
aceptar aquello que está en juego cuando se habla de verdad y mentira, aceptar
la tensión inmanente al saber” (Berezñak, 2007: 6). Mientras que en las poseí-
das, la carne convulsionada será la manifestación de la resistencia a la regla de
la confesión exhaustiva, del decirlo todo.
No obstante ello y en directa relación con lo mencionado anteriormente,
en su curso de 1976 la empresa genealógica se presentará como una tarea de
rescate de los saberes sometidos, imbuidos de historicidad, la cual hunde sus
raíces en el estudio de los discursos históricos como dispositivos de lucha. La
posibilidad de la acción frente al poder estará ligada a la puesta en juego de estos
saberes; nuevamente Foucault hace circular una tensión propia a los saberes
donde comienza a dibujarse el sujeto.
Si Foucault rescata la resistencia al poder vía la emergencia de ciertos
saberes, será en el entendimiento de que ellos no apuestan a la producción
de una verdad del sujeto o un efecto de interioridad, como se despliega en la
confesión y en la dirección de conciencia, es decir, que no nos encontramos
frente a una indagación que busca descubrir el “quiénes somos” sino que se
constituye como un rechazo16. Así la genealogía no busca ni deduce de la forma
de lo que somos lo que nos es imposible hacer o conocer, sino que extraerá

15
Hago míos los argumentos esgrimidos por Fernando Berezñak en su trabajo: “El sujeto y el lugar de
sus prácticas”. Mi deuda para con él.
16
No puedo dejar de recordar la fuerza de la sentencia que pronuncia Jean Paul Sartre desde el prefacio
a Los condenados de la tierra: “no nos convertimos en lo que somos, sino mediante la negación intima y
radical de lo que han hecho de nosotros”. El “quiénes somos” sigue suspendido de la condición misma
de un rechazo sin cortapistas, en la radical heterogeneidad respecto de lo existente, en un desprecio
“por lo que hay”.

0_0_Numero 7.2.indd 23 16/08/2013 05:57:49 p.m.


24 Conducirse y ser conducido. Algunos apuntes sobre la ontología del presente y la genealogía del sujeto...

de la contingencia que nos ha hecho ser lo que somos la posibilidad de ya no


ser, hacer o pensar lo que somos, pensamos o hacemos (Foucault, 1999c).
Dentro de esa región se organiza la acción como afirmación o reivindicación
de la independencia de los gobernados17.
La ontología del presente, en tanto rescata al pensamiento como análisis
crítico del mundo en que vivimos, se presenta como la gran tarea filosófica,
circunstancia que nos engloba a la vez a nosotros y a nuestro presente.

VI
La genealogía desentierra la densa capa de los saberes, puestos por deba-
jo. Tarea que, antes que inspirada en la francmasonería de la erudición inútil
(Foucault dixit), actúa el espesor mismo de la historicidad que nos constituye
como sujetos, y en esa trama misma se alimenta un rechazo a lo existente. El
vínculo saber-sujeto18, y la genealogía que le es propia, desplegarían y desem-
polvarían saberes que abren paso a otras posiciones subjetivas que alimentarían
posibles modalidades de disposición y constitución subjetiva.
Entendemos que la emergencia misma de un efecto de conocimiento no se
agotaría en el simple rechazo. Es decir que la subjetivación, si bien se presenta
en primer lugar como una operación de rechazo, no deja de estar alimenta-
da por el interrogante: ¿quiénes somos? A nuestro entender Foucault no se
encuentra alejado de la operación de subjetivación que Lacan dispuso como
“pase” al interior del discurso del analista. El paciente no obtiene del analista
significante alguno, el analista, en tanto mediador evanescente, se coloca más
allá de la transferencia, encarnando una voz muda19. El saber que se obtiene
no es un saber objetivo, sino plenamente subjetivado (S2), de allí que el sig-
nificante (S1) no añade contenido positivo alguno, sino que nos encontramos
frente a un nuevo modo de disposición subjetiva frente al síntoma. De la misma
manera, y sin dejar atender a la especificidad propia de la clínica, el efecto de
conocimiento no concentra su atención en la supuesta “novedad” del conte-

17
Al estudiar el radicalismo utilitarista, Foucault entenderá que la libertad se concebirá menos como
el ejercicio de una serie de derechos fundamentales, que como la independencia de los gobernados
frente a los gobernantes. No se trata, entonces, de una libertad concebida en términos de los derechos
del hombre, a partir del vínculo voluntad-ley. En este entendimiento Foucault situará la emergencia de
la “cuestión de los derechos humanos” no tanto como una cuestión jurídica, sino que esta se presenta
también en términos de “derechos de los gobernados”. Véase en particular su artículo de 1977, Va-t-on
extrader Klaus Croissant?, donde el pensador desplegará el análisis de una forma de acción que no se
dirige como un reclamo de derechos hacia el Estado, sino como la afirmación de una esfera irreductible,
el precio que no están dispuestos a pagar los gobernados.
18
Se nos hará notar que hemos hecho uso indistinto de los términos saber y verdad en su vínculo con
el sujeto. Ambos términos reconocen un uso claramente diferenciado en la obra de autores como
Jacques Lacan o Alain Badiou. En nuestro entendimiento, Foucault se vale de ellos para desplegar su
“política de la verdad” dirigida a mostrar los efectos de saber y las luchas y enfrentamientos que lo
surcan. Véase Foucault (2006: 17).
19
Es la propia aparición del objet petit a como agente. La notación propia del discurso del analista es la
siguiente: : a   ________ $ S2 S1.

0_0_Numero 7.2.indd 24 16/08/2013 05:57:49 p.m.


Gonzalo Barciela 25

nido, ya que desde el punto de vista foucaultiano, la verdad estaría del lado de
su efecto, antes que de la adaequatio rei et intellectus, y aquello que efectúa no
es otra cosa que la posibilidad de una disposición subjetiva20.
Pero como todo momento en la obra de Foucault, cabría rescatar el seña-
lamiento extraído de su artículo póstumo: La vie: l’experience et la science. Allí,
luego de colocarse en el linaje de pensadores como su maestro Canguilhem,
contrapuesto a Sartre, Foucault arranca al sujeto del lado del cogito, a efectos
de resituar el vínculo verdad-sujeto. El sujeto se encontrará, en su errancia
subjetiva misma, librado al error propio de la “vida”. Rescate, entonces, de la
vida como “conjunto de funciones que resisten a la muerte”, según la sentencia
de Bichat que lo cautivara en Nacimiento de la clínica. La verdad se encontraría
nuevamente a resguardo del juego de correspondencias, y arrojada a la vida
y su errancia. Así lo que se presentaría como tensión inmanente al poder, no
sería tanto un saber objetivado, como la vida misma, en su insistencia errante21.

20
De ninguna manera pueda presentarse este argumento como una supuesta “toma de conciencia”,
supuesto que Foucault liga a las viejas concepciones sobre la ideología y la teleología. Como observara
tempranamente en La arqueología del saber: “Hacer del análisis histórico el discurso del contenido y hacer
de la conciencia humana el sujeto originario de todo devenir y de toda práctica son las dos caras de un
sistema de pensamiento. El tiempo se concibe en él en términos de totalización y las revoluciones no
son jamás en él otra cosa que tomas de conciencia”.
21
Deleuze alcanza esta conclusión, que presenta en su común lectura de Spinoza, aristas más que
sugerentes en la intervención de Pierre Macherey en ocasión del Coloquio Michel Foucault. Véase
Macherey (1999).

0_0_Numero 7.2.indd 25 16/08/2013 05:57:49 p.m.


26 Conducirse y ser conducido. Algunos apuntes sobre la ontología del presente y la genealogía del sujeto...

Bibliografía
- Berezñak, F. (2007) “El sujeto y el lugar de sus prácticas”, mimeo.
- Butler, Judith (1997) The psychic life of power. Theories in subjection. California, Stanford University
Press.
- Castro, E. (2004) El vocabulario de Michel Foucault. Un recorrido alfabético por sus temas, conceptos
y autores. Bernal, Prometeo - Universidad Nacional de Quilmes.
- Chartier, R. (1996a) “La quimera del origen. Foucault, la Ilustración y la Revolución Francesa”, en
Escribir las prácticas. Foucault, de Certeau, Marin. Buenos Aires, Manantial.
(1996b): “El poder, el sujeto, la verdad”, en Escribir las prácticas. Foucault, de Certeau,
____________________

Marin. Buenos Aires, Manantial.


- Deleuze, G. (2005) Foucault. Buenos Aires, Paidós.
- Foucault, M. (1986) “Por qué hay que estudiar el poder: La cuestión del sujeto”, en A.A.V.V Materiales
de sociología crítica. Madrid, La Piqueta.
(1990) “Omnes et singulatim: hacia una crítica de la ‘razón política’”, en Tecnologías del
____________________

yo y otros textos afines. Barcelona, Paidós, 1990.


(1999a) “La filosofía analítica de la política”, en Estética, ética y hermenéutica. Buenos
____________________

Aires, Paidós.
____________________
(1999b) “¿Es inútil sublevarse?”, en Estética, ética y hermenéutica. Buenos Aires, Paidós.
____________________
(1999c) “¿Qué es la Ilustración?” en Estética, ética y hermenéutica. Buenos Aires, Paidós.
(2000) Defender la sociedad. Curso en el College de France (1975-1976). Buenos Aires,
____________________

Fondo de Cultura Económica.


(2001) Los anormales. Curso en el College de France (1974-1975). Buenos Aires, Fondo
____________________

de Cultura Económica.
(2002) Historia de sexualidad I. La voluntad de saber. Buenos Aires, Siglo XXI editores
____________________

de Argentina.
(2003) La hermenéutica del sujeto. Curso en el College de France (1981-1982). Buenos
____________________

Aires, Fondo de Cultura Económica.


(2006) Seguridad, territorio, población. Curso en el College de France (1977-1978). Buenos
____________________

Aires, Fondo de Cultura Económica, 2006.


(2007) Nacimiento de la biopolítica. Curso en el College de France (1978-1979). Buenos
____________________

Aires, Fondo de Cultura Económica,.


- Gros, F. (2007) Michel Foucault. Buenos Aires, Amorrortu editores.
- Le Blanc, G. (2006) El pensamiento Foucault. Buenos Aires, Amorrortu editores, 2008.
- Macherey, P. (1999) “Sobre una historia natural de las normas” en A.A.V.V Michel Foucault, filósofo.
Barcelona, Gedisa editorial.
- Potte-Bonneville, M. (2007) Michel Foucault, la inquietud de la historia. Buenos Aires, Manantial.

0_0_Numero 7.2.indd 26 16/08/2013 05:57:49 p.m.


espacios nueva serie. Estudios de Biopolítica Nº 7 - tomo 2 - 2013: 27-52. ISSN 1669-8517

La política sanitaria y educativa:


discursos médico-pedagógicos
que delimitaron la infancia ‘anormal’
y su institucionalización en el contexto
argentino (1880-1930)
María Verónica Cheli
Universidad Nacional de La Plata

Resumen
En este trabajo se toma el periodo de 1880-1930 para indagar las formas que asu-
mieron ciertos saberes posibles, y cuáles fueron las matrices de comportamiento que
sujetaron a la ‘infancia anormal’. Siguiendo a Foucault, la emergencia de las formas
de subjetivación de la ‘anormalidad’ se produjo a través del discurso médico, cuyo
objetivo principal fue la medicalización de la población, y su foco de intervención,
la natalidad y la morbilidad, las discapacidades biológicas y los efectos del ambiente.
Este proceso formó parte de un nuevo poder, la biopolítica. Las políticas sanitarias y
la consolidación del cuerpo médico escolar en Argentina acompañaron el proceso de
conformación del Estado nacional. Aquellas políticas y estos expertos implementaron
mecanismos de regulación y seguridad que originaron nuevas clasificaciones de la
infancia, conjuntamente con la creación de instituciones de control destinadas a la
normalización de la población infantil ‘débil’, ‘escrofulosa’ y ‘retrasada’.

Palabras Clave
escolarización – infancia anormal – medicina – instituciones – normalización

Abstract
In this paper we take the 1880-1930 period in order to investigate the forms that
certain possible knowledge assumed, and which were the matrices of behavior that
were asociated to the term “abnormal childhood”. According to Foucault, the arise
of subjectivitiy forms of “abnormality” was produced through the medical discourse,
having as primary aim the medicalization of population and its areas of intervention,
birthrate and mortality, the biological disabilities and the effects of the environment.
This process had part in a new power called biopolitics. Sanitary policies and the con-
solidation of school medical corps in Argentina accompanied the formation process

0_0_Numero 7.2.indd 27 16/08/2013 05:57:49 p.m.


28 La política sanitaria y educativa: discursos médico-pedagógicos que delimitaron la infancia ‘anormal’...

of the national State. Those policies and these experts implemented regulation
and safety mechanisms that originated new classifications of childhood, together
with the creation of control institutions intended for the normalization of “weak”,
“scrofulous”, and “mentally handicapped” children population.

Key words
schoolarization – abnormal childhood – medicine – institutions – normalization

Introducción
El presente artículo intenta realizar un recorrido histórico (1880-1930) con
la intención de indagar en el concepto de infancia como categoría sociohistó-
rica y de explorar el contexto en el cual se inscribió la infancia ‘anormal’ en
la Argentina, en estrecha vinculación con la conformación del Estado nacional
bajo los influjos del liberalismo y el positivismo. Enfocado de esta manera me
propuse, en primer lugar, revisar y explorar ciertos saberes expertos, sobre
todo el médico, acompañado del saber biológico, psicológico y pedagógico
que fueron produciendo ciertas formas de subjetivación a través de prácticas
sociales como el proceso de escolarización en tanto forma de regulación social.
En términos de Foucault, el proceso de sujeción y exclusión se da a través de
prácticas discursivas que conforman una regulación normativa. Éstas dieron por
resultado la división de los niños entre ‘normales’ y ‘anormales’. Foucault nos
ayuda a reflexionar cómo la norma está atravesada por la historia; justamente
se trata de explicitar esta relación entre norma e historia, y de ver cómo ciertas
prácticas sociales se convirtieron en prácticas de coacción ligada a una moral
burguesa. Me interesa, en particular, analizar las nociones subyacentes a la
norma, de peligrosidad atribuidas al ‘otro’, como transgresor del orden social.
En sintonía con la regulación normativa, el discurso médico basado en la
higiene pública, se expandió para controlar las enfermedades endémicas, las
perturbaciones, los elementos aleatorios, los desvíos de la población con la
implementación de estrategias de previsión de los desórdenes, a través del
poder de normalización y las prácticas ortopédicas de corrección de los sujetos
considerados peligrosos. En esta dirección, Foucault (1976) señala, un despla-
zamiento del poder disciplinario del cuerpo al poder de seguridad a través de
la bio-regulación del Estado cuyo foco fue la población.
El paradigma médico caracterizó a los sujetos sociales excluidos como
sujetos ‘anormales’, ‘degenerados’, ‘inadaptables’, como producto de unas
enfermedades sociales o como expresión de deficiencias provenientes de la
raza o la cultura. El comportamiento desviado se presentaba como problema
de adaptación al medio y, como tal, se consideraba al sujeto como un organismo
enfermo ubicado en un grado menor en la escala evolutiva. Por el contrario, el

0_0_Numero 7.2.indd 28 16/08/2013 05:57:49 p.m.


María Verónica Cheli 29

individuo que se adaptaba al medio, por ejemplo a la escuela, era considerado


un organismo superior y sano.
Este trabajo se conforma de cinco apartados: en el primero se explora la
política sanitaria, en vinculación con los problemas de gobierno. En el segundo,
se indaga cómo el control médico se expandió al terreno educativo y contribuyó
a la clasificación de los niños ‘débiles’ y ‘escrofulosos’ e intervino en el diseño
institucional para la regulación y corrección de los desvíos de estos niños en
las colonias de vacaciones y en las escuelas del aire libre. En el tercero se ex-
plora cómo el saber pedagógico se fusionó con el saber médico en el diseño
de alternativas pedagógicas para los niños ‘retrasados pedagógicos’ y los ‘falsos
anormales’ dando surgimiento a las clases diferenciales. En el cuarto se rastrea
el desplazamiento del saber médico por el saber de la psicología experimental,
junto a la configuración de los cursos de perfeccionamiento de los docentes en
el área de la educación diferenciada. En el quinto se plantean las dificultades
del Cuerpo Médico Escolar y su reorganización a través de la incorporación
de la visitadora de higiene escolar y las campañas de divulgación de educación
sanitaria. Por último, y a modo de reflexión final el trabajo señala la vinculación
entre los saberes y las formas institucionales desde las posturas hegemónicas
de la clase dirigente y las políticas sanitaria y educativa destinadas a la infancia
‘anormal’ en este período. Se observó que se sustentaron en la medicina social
para el control poblacional de las infancias en el orden social, cultural y educa-
tivo, y en el diseño de intervenciones públicas con la creación de instituciones
destinadas a la medicalización del sector más pequeño de la población. Si bien
pareciera que estos proyectos pretendieron atenuar las diferencias sociales
existentes no se preguntaron por las causas de dichas diferencias sociales.

La política sanitaria nacional


Durante el siglo XIX los avances más significativos en cuestión en sanidad
en Buenos Aires fueron, sin lugar a dudas, las importantes obras de salubridad
urbana llevadas a cabo por el Estado, influenciado por la medicina social1. Bue-
nos Aires fue afectada por grandes epidemias que aniquilaron su población. El
cólera, la fiebre amarilla y la peste bubónica fueron las principales enfermedades
‘exóticas’, producto de la inmigración, el intercambio comercial y las condicio-
nes de vida de los sectores pobres. La viruela, la difteria y la escarlatina eran
1
La medicina social puso a la higiene y a la profilaxis como metas inherentes a este modelo médico. La
noción de higiene estaba asociada al mejoramiento de las condiciones ambientales, para evitar o minimizar
la aparición de enfermedades o anomalías en la sociedad, en cambio la noción de profilaxis aludía a las
intervenciones que buscaban a través de medios selectivos desterrar los elementos perniciosos para la
sociedad futura (eugenesia). Para esto fue necesario hacer un diagnóstico precoz junto a la necesidad
de intervenir sobre las costumbres de la sociedad. De esta manera quedó vinculada la medicina a la
organización del Estado.

0_0_Numero 7.2.indd 29 16/08/2013 05:57:49 p.m.


30 La política sanitaria y educativa: discursos médico-pedagógicos que delimitaron la infancia ‘anormal’...

las enfermedades endémicas más frecuentes que afectaban principalmente la


población infantil. Dentro de las enfermedades crónicas la tuberculosis tuvo
un impacto social importante, no solo por la cantidad de muertes, sino por la
gran cantidad de enfermos crónicos con incapacidad que dejó. La experiencia
de la epidemia de fiebre amarilla ocurrida en 1871 puso en evidencia el estado
deplorable de las condiciones higiénicas en las cuales vivían los 177.787 habitan-
tes de la ciudad de Buenos Aires. Fallecieron 13.206 individuos según el censo
poblacional nacional de 1869 impulsado por Guillermo Rawson, uno de los
pioneros del movimiento higienista de Buenos Aires. Siendo ministro del Interior
durante la presidencia de Bartolomé Mitre, manifestó en un discurso de 1891:
Todos, familias e individuos, los que podían hacerlo, abandonaron la ciudad
buscando un refugio contra la muerte que se les presentaba a la vista. Entre
tanto el flagelo se extendía con rapidez; y, a medida que se extendía, ganaba en
intensidad… La epidemia había dominado toda la ciudad. Sus estragos fueron
espantosos; 106,5 de cada 1.000 habitantes murieron ese año, incluyendo en
la población, como 60.000 personas que se salvaron huyendo a los distritos
rurales. Semejante mortalidad estaba más allá de toda suposición: uno de cada
nueve habitantes es una proporción que no tiene precedentes en los países
civilizados en el siglo XIX; ni es posible describir los sentimientos de angustia
y de terror que se apoderaron de los que sobrevivieron.2

En 1880 cuando la ciudad de Buenos Aires es designada capital de la Repú-


blica y pasa a ser sede de todo el aparato administrativo, legislativo y judicial
del Estado, las condiciones sanitarias de la población eran muy precarias, razón
por la cual se crea el Departamento Nacional de Higiene, cuyo decreto regla-
mentario del 30 de diciembre de 1880 estableció:
Art.4: Tener bajo su jurisdicción y superintendencia todos los servicios de
carácter médico o sanitario de la Administración y proveer a su mantenimiento
y reforma.
Art. 7: Inspeccionar la vacuna y fomentar su propagación en toda la República,
en el Ejército y en la Armada.
Art. 10: Hacer indicaciones a la Municipalidad sobre las faltas de higiene pública
que se observen en la ciudad o en los establecimientos de su dependencia.
Art. 12: Aconsejar a la autoridad los medios de mejorar la higiene pública
en la Capital, y las medidas profilácticas contra las enfermedades exóticas,
endémicas, epidémicas o transmisibles.
En el panorama social del período de 1880 a 1930 la clase dirigente proyectó
la creación de la nación con el optimismo moderno de civilización, sin embargo
pronto se vio amenazado por fuerzas disolventes. Buenos Aires sufre trans-
2
Martinez, A. Escritos y discursos del Doctor Guillermo Rawson. Tomo primero. Buenos Aires, Compañía
Sudamericana de Billetes de Banco, 1891. p. 90.

0_0_Numero 7.2.indd 30 16/08/2013 05:57:49 p.m.


María Verónica Cheli 31

formaciones, especialmente en el espacio urbano, al recibir un alto porcentaje


de inmigración europea a causa de la primera guerra mundial; posteriormente
se sumarán las inmigraciones internas. Se convirtió en una ciudad conventillo,
babel de razas y lenguas, espacio surcado por la fenomenología de la pobreza
(Vezzeti, 1985: 191).
En este contexto la medicina fue protagonista al diseñar propuestas insti-
tucionales para encauzar los fenómenos sociales, apoyada en la criminología y
el derecho penal, en la normalización de la población, en la salud pública y en
el dispositivo psiquiátrico. La medicina tuvo una doble articulación, en tanto
modelo interpretativo de la realidad y en tanto dispositivo configurador de
prácticas institucionalizadas dirigidas a la población que dieron surgimiento a
una nueva relación entre el Estado y los sectores de la población considera-
dos en riesgo. En esta articulación se generó un conocimiento que legitimó la
implementación de sucesivas intervenciones institucionales desde el Estado y
como problemas de gobierno.3
El paradigma de la medicina positivista4, siguiendo a Puiggrós (1990: 118) fue
la matriz de análisis político y social que caracterizó a los sujetos que ascendían
y ampliaban sus demandas como producto de una enfermedad social o bien
como expresiones de deficiencias provenientes de la raza, la cultura o la socie-
dad originaria. El éxito de este modelo de interpretación social e intervención
estatal se fundó en su capacidad para operar políticamente bajo el mandato de
la neutralidad y la objetividad científica; es decir, para operar una despolitización
de la conflictividad social emergente en el periodo.
La consecuencia fue la selección artificial paralela a la derivación de las
desigualdades humanas, mientras que el liberalismo podía seguir apelando
al igualitarismo de base teórica para integrarse a las nacientes democracias.
La permanente interacción entre intereses de la burguesía y ambigüedades
ideológicas del liberalismo fue encauzada a través de formas hegemónicas de
ejercicio de poder a las que la eugenesia aportó un refuerzo a la racionalidad
científica. (Miranda y Vallejo 2005: 13).

De las políticas sanitarias al control médico escolar


La conformación del sistema educativo moderno y su proceso de escola-
rización supuso procesos de normalización y disciplinamiento. Como señala
3
En relación al tema de gobierno surge una nueva noción, la del biopoder, la cual gira alrededor de
la idea de la guerra de razas, y su conversión en el racismo de estado, que a través de los dispositivos
disciplinarios van a defender la sociedad dando surgimiento a las estrategias de la biopolítica como una
nueva tecnología de poder, diferente de los mecanismos disciplinarios. Su objeto es la población, da sur-
gimiento al dispositivo de seguridad en el liberalismo como racionalidad gubernamental. Foucault (1976).
4
La escuela positivista se basa en los diagnósticos del tipo criminal de Lombroso que formuló un pro-
nóstico de la peligrosidad y sugirió tratamientos que desplazan el castigo y la pena por la prevención del
sujeto delincuente mediante medidas de seguridad en pos de la defensa social

0_0_Numero 7.2.indd 31 16/08/2013 05:57:49 p.m.


32 La política sanitaria y educativa: discursos médico-pedagógicos que delimitaron la infancia ‘anormal’...

Foucault, la biopolítica es la presencia de los aparatos del estado en la vida


de la población, a través de la disciplina y la regulación mediante mecanismos
de poder, entendido como un conjunto de estrategias y tácticas mediante las
cuales los individuos construyen sus experiencias subjetivas y asumen identidad
dentro del campo social.
En el caso de la educación el conocimiento científico se destinó a prácticas
sanitarias de intervención racional en problemáticas sociales e individuales
que podían afectar el proceso de modernización de la sociedad y del Estado
argentino, prácticas que contribuyeran a modelar y organizar la población
para que participaran en la construcción de la nación. El higienismo formó
parte de los discursos del progreso y la civilización en vinculación con una
política de construcción del Estado ‘desde arriba’. La medicina ligada al
Estado dirigía sus intervenciones especialmente a la marginalidad social,
la degeneración y la anormalidad infantil. Este pensamiento positivista se
apoyó en los modelos de la bilogía y la sociología. La profilaxis se orientó a
identificar a los alienados a través de diagnósticos precoces y segregarlos
para impedir su reproducción.
La primera experiencia de control médico en las escuelas de Buenos Aires
comenzó en 1881 tras la creación del Consejo Nacional de Educación. Según
consta en actas de la VII sesión del CNE, llevada a cabo el 4 de marzo de 1881,
se dividió a Buenos Aires en ocho secciones, cada una de ellas supervisada por
una comisión escolar siendo don Bernabé Demaría presidente y el doctor Emilio
Coni vicepresidente. Este último fue una figura destacada de la medicina social
argentina, discípulo de Guillermo Rawson, había conocido los servicios sanitarios
de Bruselas en 1879 e, inspirado por las ideas del higienista Janssens, organizó
el servicio de inspección higiénica y médica escolar en la sección Catedral Sud
y San Telmo. Fue la primera experiencia en Buenos Aires.
En actas de la sesión del CNE del 20 de marzo de 1881, El Dr. Coni solicitó
10.000 pesos para poner en práctica el proyecto. Así comenzaron las inspec-
ciones en los primeros días del mes de abril del año 1881. Las quince escuelas
de la sección segunda bajo su dependencia eran visitadas una vez por semana.
En sus informes quedó en evidencia la necesidad de aulas y edificios escolares
que respondieran a las normas de higiene, luz, ventilación, calefacción, etc. y
establecería la gimnasia higiénica en lugar de la acrobática.
La Ley de Educación Común de la Provincia de Buenos Aires de 1875 y los
ideales del Congreso Pedagógico de 1882 fueron Los antecedentes de la ley
de Educación Común de 1884. Al aprobar el Congreso el proyecto de Ley, se
organizó y divulgó la educación primaria en el país, obligatoria, gratuita, gradual.
La ley establecía en su artículo primero: “La escuela primaria tiene por único
objetivo favorecer y dirigir simultáneamente el desarrollo moral, intelectual y
físico de todo niño de seis a catorce años”. Brindada conforme a los preceptos
de la higiene, procuró el bienestar íntegro de la población infantil, subrayando
la importancia de las prescripciones de higiene tanto en los métodos y tiempos

0_0_Numero 7.2.indd 32 16/08/2013 05:57:49 p.m.


María Verónica Cheli 33

de enseñanza como en la construcción de los edificios y mobiliarios escolares.


De este modo comenzó a regir la obligatoriedad de la inspección médica e
higiénica de las escuelas, al igual que la vacunación y revacunación de quienes
asistían a ellas.
Este proceso de institucionalización de la medicina escolar tuvo un nuevo
escalón con la creación del Cuerpo Médico Escolar. Bajo la presidencia de
Benjamín Zorrilla y asesorado por Eduardo Wilde, ministro de Justicia, Culto
e Instrucción Pública, se resolvió en 1886 la creación del Cuerpo Médico Es-
colar al producirse una epidemia de cólera que generó un alto porcentaje de
inasistencia escolar. En febrero del mismo año, el CNE nombró como médicos
escolares a los doctores Carlos Villar y Diógenes Urquiza, que comenzaron a
cumplir sus funciones el 1° de marzo.
En la sesión del 6 de mayo de 1886, el CNE aprobó el reglamento provisorio
enviado por el cuerpo médico compuesto de tres capítulos. Los dos primeros
artículos del capítulo 1 señalan que:
1° Los médicos escolares tendrán intervención en todas las cuestiones que
se relacionen con la higiene de las escuelas.
2° Los médicos escolares deberán informar colectivamente en las cuestiones
que se relacionen con la higiene general de las escuelas. Lo hará cada uno de
ellos aisladamente cuando se trate de casos particulares

El capítulo 2 hace referencia a las disposiciones particulares a través de 10


artículos algunos de ellos fueron:
3° Vigilar la distribución de los niños según la capacidad de cada salón.
4° Proceder a la vacunación de los niños que no lo estén o la de los que a su
juicio lo necesiten.
8° Presentar cada tres meses un informe al CNE, indicando las observaciones
y medidas que su ejercicio les sugiere.

El capítulo 3 hace referencia a los directores de escuelas con 4 artículos. A


modo de ejemplo:
2º No deben admitir en sus escuelas niño alguno que no presente certificado
de vacunación con el visto bueno del médico vespertino
3º Deben dar cuenta inmediata al médico de su distrito y al CE respectivo
siempre que tengan entre sus alumnos alguno que esté atacado de enferme-
dad contagiosa o que sepan que en su domicilio existen enfermos en esas
condiciones
4º Deberán dar cuenta en las primeras veinticuatro horas al médico de su
distrito, siempre que tengan enfermos en sus respectivos familiares a fin de
certificar si la enfermedad es o no contagiosa.

0_0_Numero 7.2.indd 33 16/08/2013 05:57:49 p.m.


34 La política sanitaria y educativa: discursos médico-pedagógicos que delimitaron la infancia ‘anormal’...

Los infractores de esta última disposición sufrirán una multa de 30 nacionales


y si se constatara que habían tenido conocimiento de que la enfermedad era
contagiosa serán inmediatamente separados de sus puestos5.

A los dos años de la creación del Cuerpo Médico Escolar los resultados no
fueron los esperados, debido a la falta de un trabajo organizado. Sus miembros
publicaron:
Procurar que vivan muchos pequeños seres que desaparecerían, tal vez, por
falta de cuidados higiénicos, como flores tronchadas de sus tallos despiadada-
mente por el mortífero viento del descuido, de la ignorancia o del abandono6.

La percepción médica pronto advirtió que los problemas que debía aten-
der respecto a la población escolar tendrían que ampliar sus funciones para
lograr un ambiente higiénico en las escuelas, la extensión de la vacunación y
la construcción de edificios en condiciones saludables. La tarea médica se fue
complejizando cuando se extendió la noción de la degeneración racial7 que
proponía modificar el ambiente negativo de los sectores populares para me-
jorar el futuro de la población argentina, o sea, regenerar el cuerpo individual
en beneficio del cuerpo social.
Las intervenciones de la medicina social de la época destinada a la población
escolar se fueron determinando por el incremento de niños en condiciones
de desventajas psíquica, física y sociales que fracasaban en la escuela. Esas
intervenciones desembocarían en un doble resultado, por una lado, la jerar-
quización de la infancia que posibilitó la reproducción diferencial en dos grupos
de niños: los considerados ‘normales’8 (alumno, hijo de la familia burguesa) y
los que se desviaban de la normalidad, cuyas identidades eran definidas como
inferiores y subordinadas respecto a la identidad dominante (blanca europea,
masculina) dando lugar a la clasificación de ‘niños débiles’, ‘escrofulosos’, ‘re-
trasados pedagógicos’, ‘falsos anormales’. Por otra parte, como veremos, este
proceso clasificación dará lugar a la creación de nuevas instituciones, ya que
se evidenciaba la necesaria separación de estos niños, para evitar el supuesto
‘contagio’ o bien para favorecer ‘la regeneración’, a partir de la recuperación en
instituciones especiales, como fueron las colonias de vacaciones y las escuelas de
niños débiles que pretendieron disminuir el impacto negativo en el orden social.
5
Actas del Consejo Nacional de Educación, sesión 33, mayo 6 de 1886, Buenos Aires.
6
El monitor de la Educación Común. Año VI. Buenos Aires, Junio de 1886. Número 98. P, 1270-1271
7
La eugenesia se gestó en 1883 con el inglés Francis Galton (primo de Darwin). Su definición proviene
de eu genes –el buen origen– fue la ciencia del cultivo de la raza a partir del estudio de los agentes bajo
en control social que pueden mejorar o empobrecer las cualidades raciales de las futuras generaciones,
ya fuera física o mentalmente.
8
La normalización disciplinaria plantea un modelo que se construye en función de determinados resul-
tados. Intenta que los individuos se ajusten a ese modelo, lo normal, y lo anormal, para aquellos que
no se ajusten al modelo. Entonces en la normalización disciplinaria lo fundamental no es la partición
normal anormal, sino la norma, que tiene un carácter prescriptivo al señalar lo normal y lo anormal.
(Foucault, 1978: 74).

0_0_Numero 7.2.indd 34 16/08/2013 05:57:49 p.m.


María Verónica Cheli 35

Las primeras instituciones de escolarización especial


para los ‘niños débiles’: las colonias de vacaciones y las
escuelas al aire libre
Con la educación moderna ya institucionalizada comenzó la producción y
reproducción de divisiones, jerarquías y asimetrías sociales de clase y de etnias.
Los médicos y los educadores comenzaban a descubrir que dentro de la pobla-
ción escolar muchos de sus alumnos presentaban algún tipo de debilidad física
o psíquica. Esta preocupación despertó discusiones sobre las obligaciones que
correspondieran al Estado. En un informe realizado por el CME presentado al
Ministro de Instrucción pública, el presidente del CNE José María Gutiérrez
reveló que:
El estado orgánico general del alumno, la estadística del CME permite compro-
bar que existe un crecido número de niños débiles, anémicos, cuya pobreza
constitucional debe preocuparnos. De 6424 niños examinados se encontraron
un total de 1270 de niños débiles, anémicos, cuya pobreza constitucional
debe preocuparnos.9

El uso permanente del término ‘debilidad’ destinado a los niños que concu-
rrirían a las escuelas estaba relacionado con la noción de la pérdida progresiva
de dinamismo y fortaleza, tanto física como psíquica, y se vinculaba con una
postura pesimista que atravesaba no sólo a los intelectuales nacionales sino que
era común con las tendencias propias del positivismo europeo. El Dr. Carlos
O. Bunge, reconocido intelectual y legista, mencionaba la extensión de las taras
hereditarias, según el modelo galtoniano y lombrosiano, considerando que la
mayoría de la población estaba dentro de la degeneración media. Clasificó a
los niños débiles de la siguiente manera:
El atraso mental de los niños es el resultado de las malas condiciones físicas.
Debilitados por alguna enfermedad crónica. Su inteligencia se fatiga después de
poco esfuerzo. Del lado de los niños atrasados mentalmente hay que poner a los
niños físicamente inferiores. Se dividen en dos grupos a) niños débiles incapaces
de un esfuerzo mental medio y, b) niños perfectamente capaces, pero en los
cuales la intensidad normal del esfuerzo es nocivo para su desarrollo fisiológico.
Ninguna de estas dos categorías tiene que ver con un atraso mental, si estos
niños estuvieran sanos y robustos tendría una capacidad normal o superior.10

Hamilton Cassinelli en su trabajo de tesis, apadrinado por el Dr. José María


Ramos Mejía, “Contribuciones al estudio de los niños débiles y retrasados en
edad escolar” explicó el término debilidad asociada a los niños:
9
Educación Común en la Capital, Provincia y Territorios Nacionales. 1900 : 11
10
El Monitor de Educación Común, año XXVII, Nº 417, Tomo XXV, Serie 2, Nº 37, 1907: 346.

0_0_Numero 7.2.indd 35 16/08/2013 05:57:50 p.m.


36 La política sanitaria y educativa: discursos médico-pedagógicos que delimitaron la infancia ‘anormal’...

La palabra débil si se generaliza puede comprender a todos los niños anor-


males: los de organización física deficiente y los de facultades psíquicas insufi-
cientes, incompletas, comparado con los normales de la misma edad….Bajo el
punto de vista escolar debemos de ocuparnos de aquellos cuyo estado físico
o psíquico sea capaz de mejorarse disponiendo medidas médicas-pedagógicas
que estén a nuestro alcance dejando de lado aquellos cuya mentalidad o físico
no sea posible obtener beneficio alguno, o que sea de los hospitales o institu-
tos especiales de los que deben disfrutar. Teniendo siempre en cuenta que a
medida que avancen los conocimientos modernos podrán entrar en aquella
categoría muchos que por deficiencia de los medios de que disponemos no
pueden hacerlo actualmente.11

El doctor Genaro Sisto, vocal del Cuerpo Médico Escolar, caracterizó un


estado de debilidad conocida como escrofulosis.
Hay dos tipos el florido y el característico, el primero caracterizado por un estado
de salud aparente, presentado un aspecto engañador de vigor físico, grandes
mofletes, de carne abundante aunque blanda, labios gruesos, nariz aplastada, ojos
lagañosos indican bien la escrófula. En el segundo, es pálido delgado, profunda-
mente anémico y hasta raquítico. Estos niños de aspectos tan diferentes se aproxi-
man en su origen y manifestaciones especiales y a estos a quienes aconsejamos
los tónicos, muy a menudo el aire de mar, una nutrición abundante y un reposo
prolongado…. Hoy en día escrofulosis y tuberculosis tienen el mismo valor.12

En los artículos del Monitor de la Educación común de la primera década


del siglo XX aparecen varios trabajos en relación a la educación de los “niños
débiles”, de los cuales se desprende que los antecedentes y funcionamiento
de estas instituciones basadas en criterios científicos y sociológicos destinadas
a niños débiles los encontramos en experiencias en el extranjero, sobre todo
Alemania que fue pionera en su implementación, seguida por las experiencias
de Suiza, Inglaterra, Francia y Estados Unidos.
En los artículos de estas publicaciones oficiales se dejó entrever que la
finalidad de la creación de las colonias y de las escuelas para ‘niños débiles’
en Argentina se llevó a cabo en pos de un objetivo humanista y de previsión
como medio de defensa social y de vigorización o mejoramiento de la raza en
formación para construir el futuro ciudadano argentino de organismo fuerte
y mentalidad sólida. Su accionar se dirigió no solo a fortalecer a los niños sino
también a influir en las familias para que modificaran conceptos ‘erróneos’
respecto del cuidado de los hijos, destruyendo o corrigiendo los malos hábitos
físicos y morales que podrían conducir a los individuos a las cárceles, asilos u
hospitales.
11
Cassinelli, H., 1912: 29-30.
12
Ídem, 29-30.

0_0_Numero 7.2.indd 36 16/08/2013 05:57:50 p.m.


María Verónica Cheli 37

En este sentido la escuela estuvo ligada a la profilaxis social de la enfermedad


y de la ‘degeneración’13. Según (Foucault 1975) la teoría de la ‘degeneración’
sirvió de justificación social y moral para las técnicas de identificación, clasifi-
cación e intervención sobre los ‘anormales’, las que junto con el desarrollo de
una red de instituciones apoyadas en la medicina y la justicia, conformaron un
sistema de defensa social.
Esta postura de la educación eugénica en Argentina fue llevada a cabo por
diferentes figuras como los liberales Octavio Bunge y José ingenieros, el posi-
tivista Víctor Mercante y las socialistas14 y activistas feministas15 como Raquel
Camaña, Alicia Moreau, Elvira Rawson, Carolina Muzilli, quienes sostuvieron la
defensa de la escuela pública como espacio de socialización más allá de la clase
social y articularon la defensa del orden familiar y la búsqueda de conciliación
democrática entre lo doméstico y lo público.
La acción educadora era entendida como formadora de hombres útiles
para sí mismos y para sus semejantes. Por este motivo la escuela no debió
despreocuparse de ninguna de las peculiaridades del desarrollo físico y psíquico
de sus alumnos. La acción regeneradora se ejercía mediante la higiene social
desarrollada en la escuela, cuyo objetivo era corregir las influencias nocivas que
se ejercían sobre los niños y la acción educadora compensaría colocándolos
en condiciones favorables. Esta novedosa tendencia educativa para la época se
refería a los ‘niños débiles y escrofulosos’.
La escrofulosis se utilizaba para referirse a una tuberculosis latente, que
podría ser curable si se sometía a estos niños a un tratamiento climatológico,
al igual que los niños anémicos, por lo cual se propusieron la creación de insti-
tuciones especiales, las colonias de vacaciones, escuelas preventivas y escuelas
para niños débiles al aire libre.
En 1902 el Dr. Genaro Sisto presentó en un Congreso de Medicina
realizado en Madrid un trabajo de higiene infantil escolar con el título “Es-
cuelas Preventivas Infantiles”. Su trabajo estaba guiado por la idea de que
la escuela común no contribuía a formar a los niños débiles y escrofulosos
puesto que van a ella en condiciones de salud deficiente. Sus conclusiones
eran las siguientes:
1º La infancia que frecuenta la escuela, debe ser clasificada por un examen
médico, estableciendo las condiciones orgánicas de cada niño.

13
En Argentina, el concepto de ‘degeneración’ fue usado en el diagnóstico de constitución racial de
la población, llevaba a plantear la creación de una raza nueva, como requisito imprescindible para la
construcción de la argentinidad.
14
El socialismo impulsó espacios periescolares como alternativa a los problemas sociales destinados al
niño del obrero como los amigos de los niños, recreos infantiles, las bibliotecas populares, el mutualismo
escolar, la copa de leche, las cantinas maternales, entre otras (Carli, 1991-2002).
15
Siguiendo a Barranco (1997: 146) en el discurso oficial hubo una ‘ceguera cognitiva’ respecto a la
participación femenina de las acciones que en alguna medida anticiparon las intervenciones del Estado
en materia de derecho de la infancia. El Estado terminó monopolizando las acciones de protección.

0_0_Numero 7.2.indd 37 16/08/2013 05:57:50 p.m.


38 La política sanitaria y educativa: discursos médico-pedagógicos que delimitaron la infancia ‘anormal’...

2º Siendo los niños anémicos, escrofulosos, debilitados, los mejores pre-


parados para toda clase de infecciones y en particular para la tuberculosis,
(...) la tarea más importante de los gobiernos y asociaciones del Estado, será
la organización ad hoc fundadas según un contexto científico y destinadas a
volver vigorosos los niños de ambos sexos que lo necesiten.
3º La edad más conveniente para obtener el máximo resultado por medio de
las escuelas preventivas infantiles, es el comprendido entre los 6 y 14 años,
es decir el periodo de la edad escolar16.

En la misma publicación aparece un estudio realizado a 10.000 niños de las


escuelas comunes en el año 1903. Los resultados de las estadísticas sobre la
población escolar examinada sobre distinto tipo de afecciones fueron: 78,70
por mil de organismos tarados, más de un 35, 5 por mil de anemia escolar
por nutrición insuficiente, los debilitados constitucionalmente alcanzaban el
39,5 por mil, esto daba un porcentaje de 118, 20 por 1000 de niños afectados
físicamente débiles. Esta cifra fue tomada por el CME en 1906 y elevada a la
presidencia del CNE aconsejando la creación de tres escuelas preventivas,
una en el mar, otra en la llanura y otra en la montaña. Las escuelas preventi-
vas fueron creadas por resolución del CNE el 18 de diciembre de 1908. Su
organización estuvo regida por la reglamentación presentada por los Doctores
Emilio Bondenari y Luis Cassinelli.
Llegado el año 1909 se crean dos escuelas para niños débiles, habilitando
dos fincas situadas una en Parque Olivera, y otra en Parque Lezama. (Ver
anexo) En 1910 la Municipalidad de Buenos Aires prestó su colaboración
donando nuevos terrenos en los parque Tres de Febrero y Patricios. El
presidente de CNE Dr. José Ramos Mejía emitió un Decreto expresado del
siguiente modo:
Constrúyase una comisión bajo la presidencia del inspector técnico de la
capital Don Ernesto A. Bavio y completada con los médicos doctores: Enrique
Piertranera, Emilio F. Bondenari, Luis R. Cassinelli y el inspector administra-
dor el señor Casimiro Torzano Calderón. Quienes procederán a formular el
proyecto definitivo de la escuela para niños débiles.17

El reglamento para dichas escuelas que fue aprobado por el CNE el 3 de


diciembre de 1910, estableció el tiempo de duración del año escolar (del 1ro
de septiembre al 31 de marzo del año siguiente) y dividió en periodos de
tres meses cada uno para que pueda aprovecharse por diferentes alumnos.
El reglamento también establecía que las clases serían al aire libre. Cada una
tendría una duración de media hora como máximo y acotaba la cantidad tope
de alumnos en 25. Detallaba prescripciones en cuanto al plan de estudios, el
16
Genaro Sisto, 1904: 22.
17
Op. cit.: 13.

0_0_Numero 7.2.indd 38 16/08/2013 05:57:50 p.m.


María Verónica Cheli 39

programa de enseñanza, el tipo de alimentación y recomendaba baños de llu-


via. Por último, proponía los estudios antropométricos y el examen individual.
Los fines de estas instituciones y la enseñanza en ella debían tener un carácter
eminentemente educativo. El maestro era el encargado de completar una ficha
individual de la inteligencia y aptitudes, llevando así un diario escolar del alumno.
En la formulación del proyecto sobre la creación de colonias de vacaciones,
el CME señala “la necesidad de arrancar la tuberculosis en los organismos in-
fantiles, que pueden ser más tarde útiles al Estado y a la sociedad”18.
El tema de estudiar y regular19 a la infancia fue de interés no solo para el
ámbito de la elite gobernante en cuanto la creación e implementación de las
políticas en el área de la salubridad educativa sino también se comenzaron a
tratar los problemas de la infancia en los Congresos Panamericanos del Niño.
El primer ciclo de estos encuentros abarcó de 1916 a 1935.
Estas reuniones tuvieron una influencia importante en los debates sobre
las infancias. Sus temas prioritarios fueron la salud, la higiene, la educación y
el futuro con propósitos eugenésicos, relacionados con las preocupaciones
de los gobiernos por la situación social, económica y política de los países
intervinientes (Argentina, Uruguay, Brasil, Chile, Cuba, Perú, México, Cara-
cas, Panamá, Bogotá y Bolivia). En estos congresos generaron información
y proporcionaron acciones sobre la infancia. Por este motivo rápidamente
se sumaron varios delegados del gobierno. En la reglamentación del primer
congreso de Buenos Aires en 1916 quedo expresado: “La vida entera del
hombre depende de la manera como se dirija su infancia”. En el acta del ter-
cer Congreso Panamericano del Niño realizado en Rio de Janeiro en 1922, el
delegado Fernando de Magalhaes solicitó: “Medidas legislativas contundentes
a la aplicación de preceptos eugenésicos para el amplio estudio de los factores
básicos de la herencia normal y patológica”.
El Estado tutelar que aseguró la protección de estos niños a través de las
intervenciones de la medicina, la puericultura, la vida sana combinada con un
estricto orden que fueron el mejor antídoto contra la tuberculosis, el raquitismo,
y otras enfermedades de la infancia. El efecto político de estas intervenciones
estatales fue la neutralización de los peligros, de la miseria y de la disposición
social que sirvió de justificación para la creación de una tecnología de poder a
través del discurso médico, desplegado en prácticas instituciones destinadas
al sujeto peligroso.
18
Memorias del CME del año 1924: 13.
19
El pasaje a la modernidad supuso un progresivo proceso de regulación social que tuvo su expresión
en la práctica jurídica (la ley y la norma) como forma de normalizar las conductas. En esta dirección
Foucault nos ayuda a reflexionar a partir de que realizó una genealogía del sistema judicial de como las
prácticas jurídicas, poseen efectos de poder como una práctica desde la racionalidad occidental. Y como
a la norma está atravesada por la historia, justamente se trata de explicitar esta relación entre norma
e historia, y señalar cómo ciertas prácticas sociales jurídicas se convirtieron en prácticas de coacción
ligada a una moral.

0_0_Numero 7.2.indd 39 16/08/2013 05:57:50 p.m.


40 La política sanitaria y educativa: discursos médico-pedagógicos que delimitaron la infancia ‘anormal’...

En esta dirección (Foucault 1975: 57) señala que la noción de peligro se


liga por una parte, con la noción de previsión, y por otra parte, al poder de
normalización. La norma es portadora de una pretensión de poder. La norma
trae aparejados a la vez un principio de clasificación y un principio de corrección.
Su función no es excluir. Al contrario, siempre está ligada a una técnica positiva
de intervención y transformación, a un proyecto normativo.
En sintonía con esta técnica positiva de poder e intervención, se diseñaron
instituciones de educación especial y moralizantes productoras de cierto tipo
de normalidad. El tratamiento de la infancia ‘anormal’ no fue ajeno a unas po-
líticas sociales que han sustituido las instituciones de control social duras por
instituciones blandas de socialización de la infancia como las clases diferenciales
y las escuelas especiales.

La creación de clases diferenciales y de las escuelas


especiales para ‘retrasados pedagógicos’ y ‘falsos
anormales’
Los médicos y pedagogos argentinos junto a los legistas influenciados por las
obras de la Dra. Montessori en Italia, los desarrollos pedagógicos de Decroly en
Bélgica y de Charcot, Itard y Seguín en Francia, se comenzaron a cuestionar el
principio de justicia de uniformidad en la infancia, comenzando a contemplarse
toda la variedad que ella incluye, lo que hacía imposible adoptar una única pe-
dagogía y medios educativos idénticos como si todos los niños que concurrían
a la escuela tuvieran el mismo origen social y las mismas características.
Los niños que presentaban anomalías pero se encontraban más próximos
a la categoría de normalidad no habían sido objeto de estudio, con lo cual no
se habían organizado instituciones destinadas a ellos. La obligatoriedad de la
escolaridad marcó el inicio de nuevas subjetivaciones en la infancia, por un
lado, los niños que no cumplían con la obligatoriedad, los nómades urbanos,
serían incluidos en la categoría de la ‘infancia delincuente’, y por otra parte,
los que asistían a la escuela, pero sin adaptarse a las normas y reglamentos, y
sin asimilar los aprendizajes quedarían encerrados en la categoría de ‘infancia
anormal’20. Para ellos se va a solicitar la creación de las clases diferenciales que
fue impulsada por el profesor Luis Morzone21, quien advirtió en el año 1911 al
director del CME de la provincia de Buenos Aires Dr. Quadri:
20
El problema de la anormalidad infantil se planteó como un problema de carácter práctico, que produjo
un conocimiento para identificar las causas, pero fundamentalmente para intervenir según los criterios
de normalización.
21
Creador de la primera escuela de afásicos y retrasados pedagógicos de la ciudad de La Plata, fue
modelo en Latinoamérica.

0_0_Numero 7.2.indd 40 16/08/2013 05:57:50 p.m.


María Verónica Cheli 41

Previa constatación de que muchos alumnos están imposibilitados de aprove-


char la enseñanza colectiva, se indiquen los medios pertinentes para subsanar
las deficiencias que adolezcan, y se atiendan en clases especiales, subsidiarias,
que funcionarán en la misma escuela común22.

El objetivo de crear estas clases diferenciales tuvo una doble función: se


convirtieron en un lugar de observación, de laboratorio y de estudio para
los niños sospechosos de ‘defectos psíquicos’, y buscaron crear un ambiente
que favoreciera su desarrollo intelectual para volverlos a colocar en las clases
de donde habían egresado, y así seguir normalmente la instrucción a la par
de los demás. Las clases diferenciales tuvieron la intención de nivelación,
con la creencia de que, permaneciendo en las mismas el tiempo que fuera
necesario desaparecerían “las falsas características de la anormalidad” que
era temporaria. La enseñanza se basó en la pedagogía enmendadora o co-
rrectiva, ligada al discurso médico, jurídico y psico- educativo, que indicaba
sanar y corregir.
En el mismo año el profesor Morzone presentó un proyecto para la creación
de escuelas especiales al CME justificándolo del siguiente modo:
Los verdaderos deficientes, los idiotas, toda la variedad de los imbéciles que
no están en nuestras escuelas. Sin embargo figuran en nuestras escuelas un
número considerable de niños que por causas diferentes permanecen en el
aula vegetando, perjudicándose y perjudicando a los demás. Los que común-
mente son llamados tarados, que no presentan un organismo físico, psíquico
o biológico con lesiones graves, sino un retraso en su desarrollo. Representan
una parte no indiferente de nuestra población escolar, que reclaman atención
que hasta ahora no se le ha dado. En la ciudad de La Plata son colocados en una
escuela especial a estos niños con anomalías diversas, pero nunca se logrará
beneficiar a todos los defectuosos23.

Concluye el proyecto el profesor Morzone expresando:


Creo Señor Director que este curso servirá de propaganda para que se ins-
tituya en nuestras escuelas modestos gabinetes antropológicos pedagógicos
para conseguir que la pedagogía, abandone las abstracciones teóricas, se
transforme de filosófica a científica24.

Para la creación de las clases diferenciales y para las escuelas especiales era
necesario, realizar un diagnóstico a través de diversas clasificaciones psicológi-
cas, sociológicas y criminológicas de los escolares para determinar qué tipo de
niños serían admitidos y cuáles no. La gran mayoría se encontraba dentro de

22
Morzone, L., 1912: 448.
23
Ídem: 449.
24
Ídem: 500.

0_0_Numero 7.2.indd 41 16/08/2013 05:57:50 p.m.


42 La política sanitaria y educativa: discursos médico-pedagógicos que delimitaron la infancia ‘anormal’...

los ‘retrasados’, que a su vez se dividían en los ‘verdaderos retrasados’, (pe-


dagógicos) y en los ‘falsos retrasados’ (‘alimenticios’, ‘retrasados por miseria’,
‘retrasados por explotación de sus padres’), a estos se les sumaba los niños con
anomalías sensoriales y del carácter.
Octavio Bunge publica un artículo que comenta los trabajos de Lorenzo
Guliano, de Turín, discípulo de Lombroso, sobre los idiotas, presentados en V
Congreso de Psicología Comparada celebrado en Roma:
Los idiotas se dividen en biopáticos y cerebropáticos comparando las carac-
terísticas psicológicas de ambos con los rasgos psicológicos de los salvajes y
de las especies inferiores, encontrando diferencias entre ambos. En los bio-
páticos se constata un verdadero atavismo psíquico correlativo a la etiología
degenerativa y anomalías histológicas de la misma naturaleza. En cambio en
los cerebropáticos es imposible establecer un paralelismo entre estos y los
rasgos salvajes e inferiores. Su deficiencia mental corresponde a caracteres
antropológicos y a una patogenia de los centros nerviosos.25

En cuanto a las anomalías de carácter y la degeneración en relación a la


educación Octavio Bunge ya había advertido que:
El término de educación de los degenerados será bastante amplio para
clasificar esta enseñanza, porque excluye a los degenerados amorales con im-
pulsos perversos o rebeldes a la disciplina, esta categoría todavía no dispone
de los métodos adecuados como para poder rectificar las monstruosidades
de los degenerados perversos.26

El profesor Luis Morzone se refirió a los “retrasados pedagógicos” como


Aquellos niños que la mayoría de los maestros se limitan a considerarlos como
los más desganados, obligándolos a permanecer en el grado de dos a tres años
para luego promoverlos por antigüedad. Exigen una enseñanza especial si es
que no se los quiere perjudicar para la vida. Si bien tienen un aspecto normal,
cuando se los estudia con criterios científicos se encuentran diferencias muy
marcadas con respecto a la mentalidad de los niños de la misma edad en
estado normal. Estos niños debido alguna deficiencia de alguna manifestación
intelectual bajo ningún concepto deben permanecer en las aulas comunes con
los normales, pues no pueden aprovechar la enseñanza colectiva. Habrá que
corregir vicios que los normales no tienen.27

Los ‘falsos retrasados’ según los definió Hamilton Cassinelli (1912: 165)
Son aquellos niños que no han frecuentado con regularidad las clases, por falta
de celo de sus padres, por enfermedades repetidas y por cambio frecuente

25
El Monitor de Educación Común, año XXV, Nº 394 ,Tomo XXI, serie 2, Nº 14, 1905: 346.
26
El Monitor de Educación Común, año XXVIII, Nº 418, Tomo XXV, serie 2, Nº 38, 1907: 209.
27
Luis Morzone (1912: 313).

0_0_Numero 7.2.indd 42 16/08/2013 05:57:50 p.m.


María Verónica Cheli 43

de domicilio. No saben porque sencillamente no han aprendido, y no porque


no hayan podido aprender.28

La clasificación de los escolares y la correspondiente organización, como el


sostén de instituciones ad hoc tuvieron una vinculación estrecha con la pureza
de la raza, en algunas ocasiones en forma explícita, ya sea por oposición o por
exclusión, el anormal por descripción del normal, lo indeseable por alusión
de lo deseable, estableciendo relaciones jerárquicas en las cuales subyace la
noción de “raza pura”.

El Instituto de Psicología Experimental


El Instituto de Psicología Experimental comenzó a funcionar en julio de
1929 con sede en el CNE. (Nº Expte. 14.237). El proyecto fue presentado por
el presidente, Dr. Antonio Rodríguez Jáuregui y el Sr. Vocal Dr. Pedro Rueda.
Su director fue el Dr. Enrique Olivera. Los fines del IPE fueron: 1- Examinar
desde el punto de vista psicológico a los alumnos de las escuelas primarias de
Capital. 2- Organizar los grados diferenciales en las escuelas comunes según
reglamentación. 3- Dictar cursos de psicología y psiquiatría infantil a maestras en
ejercicio de la Capital, Provincias y Territorios. 4- Realizar publicaciones sobre
estudios y experiencias. 5- Crear una biblioteca con publicaciones relacionadas
a la psicología infantil. 6- Designar al director del CME director del IPE29.
El Instituto estaba integrado por varias secciones: 1) Consultorio médico de
examen y selección de niños, clínica de higiene, selección de retardados por
causas físicas e indagación de sus tratamientos; 2) Consultorios de atención
odontológicas; 3) Servicio de antropometría, biometría eugenésica, y biopato-
logía; 4) Consultorio psicopedagógico de investigación y diagnóstico, gabinete
de psicotécnica escolar; 5) Laboratorio de anatomía y fisiología experimental;
6) Laboratorio de psicología experimental; 7) Anfiteatro para conferencias; 8)
Seminario de psicopedagogía correctiva; 9) Escuela Anexa de psicopedagogía
correctiva; 10) Biblioteca de psicología, pedagogía y Ciencias Afines que llegó
a tener más de 600 ejemplares y 11) Fichero central y Archivos.
La psicología experimental se basó en el estudio controlado de la experiencia,
y la experimentación era el camino más seguro para legitimarse como psicología
científica. Utilizó los cuestionarios y el análisis estadístico de los resultados para
realizar diagnósticos precoces, con el fin de delimitar la segregación de los niños
‘anormales’ e impedir su reproducción. El problema de la anormalidad infantil se
planteó como un problema de carácter práctico, que produjo un conocimiento
para identificar las causas, pero fundamentalmente para intervenir según los
28
Op. cit.: 13.
29
El Monitor de Educación Común, Año XLIX, Nº 681, 1929: 140.

0_0_Numero 7.2.indd 43 16/08/2013 05:57:50 p.m.


44 La política sanitaria y educativa: discursos médico-pedagógicos que delimitaron la infancia ‘anormal’...

criterios de normalización30. El IPE organizó cursos de perfeccionamiento para


maestros que otorgaban el título de maestro especializado. La parte práctica
se llevaba a cabo en la Escuela Anexa de Psicopedagogía Correctiva a la cual
concurrían niños anormales.
La reglamentación de las clases diferenciales coincidió con las preocupaciones
que empezaban a aparecer en las escuelas respecto a la búsqueda de métodos
de enseñanza más eficaces tomando al conjunto de alumnos como entidades
uniformes, sin considerar las individualidades de cada niño. Se pensaba la or-
ganización de la escuela primaria en función de beneficiar a todos los alumnos
que por ley estaban obligados a frecuentarla. La escuela no podía abandonar, ni
eliminar a los que no se adaptaban a su funcionamiento, tenía el deber de rete-
nerlos y corregirlos. En esta formulación se puede observar un desplazamiento
de la intervención desde la medicina positiva que fomentaba el aislamiento de los
niños ‘anormales’ en todas sus variedades, a las intervenciones desde la educación
que, por un lado, los incluyó en el proceso de escolarización, aunque segregados,
y por otra parte, alimentó la idea de que muchos de los niños ‘anormales’ eran
educables, por lo tanto la ‘anormalidad’ pasó a ser un problema educacional en
vez de médico, aunque ambas perspectivas siguieron íntimamente imbricadas.
Una consecuencia de estas acciones fue la estigmatización, en efecto, se
generó un proceso de acentuación de desigualdades al considerar las diferencias
como inferioridades respecto a la categoría de normalidad que suponía ser “buen
alumno”. Estos circuitos de escolarización por fuera de la educación común se
interrumpieron al ser desmantelado el IPE por el golpe de Uriburu. El proceso
de la institucionalización de los niños ‘anormales’ había sido lento, consensuado
y progresivo, justamente porque se dio en un periodo de democratización,
pero su clausura fue repentina ya que se dio en el contexto del golpe de Estado.

La reorganización del CME


La obra del CME hasta el año 1924 fue más bien teórica que real por la
carencia de medios disponibles para que los médicos pudieran hacer efectiva su
tarea en beneficio de los niños que concurrían a la escuela. Por otra parte, los
inspectores y médicos que trabajaban en ella sólo aconsejaban, inspeccionaban
los edificios escolares, realizaban informes y extendían certificados.
30
En el dispositivo de seguridad, habrá un señalamiento de lo normal/anormal a partir de las diferentes
curvas de normalidad y, la operación de normalización consistirá en hacer interactuar esas diferentes
atribuciones de normalidad, procurará que los más desfavorables se asimilen a los más favorables, o sea,
se vale de las distribuciones más normales, más favorables que otros, y esas distribuciones servirán de
norma, entonces dicho esto, la norma será un juego dentro de las normalidades diferénciales. Dicho de
otro modo, la operación de normalización consiste en poner en juego y hacer interactuar esas diferentes
distribuciones de normalidad. Lo normal es lo primero y la norma se sucede de él, o sea cumple y fija
un papel operativo a partir del estudio de las normalidades, de este modo ya no se trata más de una
normación, sino de una normalización (Foucault, 1978).

0_0_Numero 7.2.indd 44 16/08/2013 05:57:50 p.m.


María Verónica Cheli 45

Para poder cumplir con su función social higiénica dentro del medio escolar,
el CME debió hacer efectivas las nuevas orientaciones de las funciones de la
inspección médica escolar, lo que se lograría en 1925. Para esto fue necesario
solicitar el gasto correspondiente para la reorganización e instalación de los
consultorios en condiciones regulares y uniformes (tanto del central como
de los 20 consultorios de cada distrito). Los datos arrojados en una encuesta
realizada a todo el personal técnico de la repartición ilustra la precariedad en
que los Médicos Inspectores realizaban su tarea.31

Equipamiento de los 20 Existentes Faltan


consultorios
Mesa de clínica 14 6
Balanza Cartabón 16 4
Lavatorio 12 8
Vitrina 10 10
Bajalengua 10 10
Estetoscopio 9 11
Cinta métrica 1 19
Pañueleras 2 18
Toallas 3 17
Termómetros 1 19
Caja instrumental 4 16
Material de curaciones 4 16
Baldes 5 15
Jeringas, agujas y estuches 7 13
(Al iniciarse el curso escolar de 1925 todos los consultorios estuvieron equipados.)

Otro obstáculo que debió enfrentar el CME fue que, por votos aprobados
en el congreso de Higiene Escolar cada médico inspector debía atender a 1.500
alumnos. A las escuelas fiscales de Buenos Aires concurrían 240.000 niños de
los cuales 12.000 (sin contar los que iban a escuelas particulares que también
estaban bajo esta inspección) correspondían a cada Médico Inspector. Para fa-
cilitar la tarea de la Inspección se incorporaran las visitadoras higiénicas32, como
un cuerpo sanitario que colaboraría a su acción secundándola y completándola,
a imitación de instituciones similares en Europa.33
31
Memorias del Cuerpo Médico Escolar, año 1924: 3-4.
32
La escuela de visitadoras higiénicas fue creada en 1924 por la Facultad de Medicina, anexa a la Cátedra
de Higiene, por iniciativa conjunta de CME (El monitor de Educación Común, Año XLVIII Nº 679, 1929: 3)
33
Ídem,14.

0_0_Numero 7.2.indd 45 16/08/2013 05:57:50 p.m.


46 La política sanitaria y educativa: discursos médico-pedagógicos que delimitaron la infancia ‘anormal’...

12.000
10.000
8.000
6.000
4.000
2.000
0

En 1928 el CNE resolvió incorporar a las visitadoras higiénicas al CME


mediante la siguiente resolución:
1º Autorizar a la inspección médica para que durante el curso escolar próximo
continúe aceptando a los servicios ad honorem de 70 visitadoras de higiene es-
colar diplomadas en la Facultad de Medicina, y con el título de Maestra Normal.
2º Asignar para gastos la suma de 5 pesos por día hábil debiendo imputar los
gastos a la respectiva partida del presupuesto en ejercicio.
3º Su misión es realizar la investigación domiciliaria de las condiciones sociales
de los alumnos que concurren a la escuela, redactar fichas individuales y realizar
la vigilancia higiénica de los alumnos34.
En el año 1924 se crea una sección de educación sanitaria destinada a la
divulgación de los principios de la higiene de la escuela en la Capital, Provincias
y Territorios, con la misión de fomentar hábitos higiénicos en los niños, tales
como la limpieza corporal, los peligros de la mosca, del alcoholismo y de la
tuberculosis. Estas clases eran ilustradas por cintas cinematográficas, diaposi-
tivas, carteles y conferencias dadas por los médicos a los docentes, y clases
destinadas a padres. También se editan en los talleres gráficos de la repartición
folletos y cartillas para los docentes, padres y alumnos y se comienza a controlar
los comedores de las escuelas de aire libre, la copa de leche y a administrar
medicamentos.
El Dr. Solá presentó en 1932 un plan para incorporar una secretaría técnica
al CME, que sería llevada a cabo por la acción directa del cuerpo de visitadoras
de higiene escolar con colaboración de los médicos inspectores y especialistas y
con la intervención directa de los directores y maestros. Su acción se extendía
a las Provincias y Territorios Nacionales. La creación de esta sección sanitaria
34
CNE Cincuentenario de la ley de educación 1420, Tomo II, Desarrollo de la escuela primaria 1884-
1934: 338.

0_0_Numero 7.2.indd 46 16/08/2013 05:57:50 p.m.


María Verónica Cheli 47

evidenció la transformación de la organización médica escolar en sintonía con


las modernas disposiciones de medicina preventiva y un desplazamiento del
accionar médico al ámbito educacional, en el cual cobraron importancia los
docentes en la prevención de la salubridad de la población escolar.

Algunas reflexiones
En la Argentina la permeabilidad de la eugenesia se ligó a la noción de ciu-
dadanía, con el apoyo de las elites dirigentes se acordó el tipo de intervención
y se consolidaron representaciones compartidas en las formas de ejercicio de
poder. Los intereses de la clase dirigente se proyectaron en discursos científicos
que situaron la pretendida mejora de la raza dentro de un programa de vasto
alcance que abarcó discursos biomédicos, higienistas, poblacionales, y am-
bientales. Con la ilusión de erradicar la enfermedad como factor degenerativo
de la raza, quedó integrada eficazmente a una patologización que demandaba
acciones para su regeneración, a una mejora del ambiente y un énfasis en la
importancia de la familia “bien constituida” y en la educación.
La política sanitaria fue un programa fundamentalmente intervencionista
que, al ser sostenido por un amplio espectro político, demuestra lo tenue que
han sido en muchos aspectos las diferencias existentes en Argentina entre las
vertientes políticas que compusieron sus elites. En este sentido, las distancias
entre una matriz liberal y otra nacionalista de corte conservador, se reducen
ante comunes articulaciones perseguidas por la biología y una moral confesio-
nal, para legitimar políticas que comprendieron el avasallamiento de diversos
derechos por medio de la coercitividad estatal. (Miranda, y Vallejo 2005: 148)
La higiene y la eugenesia se desarrollaron en el marco de saberes y prácti-
cas más amplios, que constituyeron lo que se conoció como medicina social.
Esta disciplina intentó la coordinación de los conocimientos e intervenciones
terapéuticas individualizadoras con la consideración de sus efectos en la pobla-
ción, privilegiando la mirada global y subordinando a ésta la valoración de las
intervenciones individuales. De ahí que su definición se presentara como una
función del Estado y requiriera de un proyecto político.
En nombre de estos saberes científicos correctores de conductas, que atri-
buyen déficits a sujetos individuales, se corre el riesgo de olvidar las condiciones
sociales de constitución de dicho campo de intervención y de su reflexión. La
consolidación de esta política y forma de gobierno se concretó a través de un
conjunto de leyes, reglamentos, resoluciones y disposiciones, que ponen de
manifiesto cómo la infancia pasa a tener status jurídico, el niño deja de ser un
“pequeño salvaje”, para convertirse en un “animal doméstico”. En términos
de Foucault (1975) ya no es un sujeto jurídico, sino un objeto, el objeto de una
tecnología y un saber de reparación, readaptación, reinserción y corrección.
De esta forma el oficio de castigar se transforma en el oficio de curar.

0_0_Numero 7.2.indd 47 16/08/2013 05:57:50 p.m.


48 La política sanitaria y educativa: discursos médico-pedagógicos que delimitaron la infancia ‘anormal’...

La educación especial sería impensada sin la institucionalización de la escuela


obligatoria, conjuntamente con la aparición de instituciones moralizantes, pro-
ductoras de un tipo de normalidad. El tratamiento de la ‘infancia anormal’ no fue
ajeno a unas políticas sociales que han sustituido las instituciones de control social
duras por instituciones blandas de socialización de la infancia, como la escuela. El
estado liberal, al mostrarse incapaz de resolver las cuestiones sociales, va a abrir
una nueva vía del estado interventor para reforzar el progreso y la estabilidad
social, así la infancia se convierte en objeto privilegiado de intervenciones, ya
que los niños serán los hombres del mañana. Proteger la infancia, moralizarla e
instruirla significó prevenir los males del futuro. La medicalización de la infancia
cobró fuerza en el proceso de escolarización a través del CME dependiente de
CNE. La respuesta desde el Estado para los alumnos ‘débiles’, ‘anormales’ y
‘retrasados’ surgió de la visión organicista de la nación que, bajo la lógica de la
eugenesia, buscaba la perfección de los organismos en general; de esta manera
se combatía la degeneración de la raza en sus aspectos físicos y mentales.
La exploración de las fuentes permite pensar que el desarrollo de la insti-
tucionalización de la infancia ‘anormal’ a través del Cuerpo Médico Escolar, en
un circuito segregado de la escuela común y sus prácticas institucionales no
se dio en forma lineal, continua y uniforme, fundamentalmente por encontrar
obstáculos en su organización de manera centralizada, debido a la falta de
presupuesto y a la irrupción de la democracia.

0_0_Numero 7.2.indd 48 16/08/2013 05:57:50 p.m.


María Verónica Cheli 49

Fuentes
- Cassinelli, H. (1912) Contribuciones al estudio de los niños débiles y retrasados en edad escolar. Bs. As.,
La Ciencia Médica
- Coni, E. (1918) Memorias de un médico higienista: contribución a la historia de la higiene pública y social
argentina [1867-1917]. Bs As., Talleres Gráficos A. Flaiban.
- Consejo Nacional de Educación. Actas de la sesión 33 del 6 mayo de 1886.
__________________________________________________
Actas de la sesión del 20 de marzo de 1881.
__________________________________________________
Actas de la sesión del 4 de marzo de 1881.
Actas de la sesión del 6 de mayo de 1886, reglamento provisorio
__________________________________________________

enviado por el Cuerpo Médico Escolar.


__________________________________________________
Cincuentenario de la ley de educación 1420. Tomo II. “Desarrollo de
la escuela primaria 1884-1934”.
- El Monitor de la Educación Común, Año VI Nº 98, Junio de 1886.
____________________________________________________
Año XXV, Nº 394, Tomo XXI, serie 2, Nº 14, 1905.
____________________________________________________
Año XXVIII, Nº 418, Tomo XXV serie 2, Nº 38, 1907.
____________________________________________________
Año XXVII, Nº 417, Tomo XXV, serie 2, Nº37, 1907.
____________________________________________________
Año XLIX, Nº 681, 1929.
____________________________________________________
Año XLVIII, Nº 679, 1929.
- Genaro, S. (1904) Establecimientos preventivos infantiles: necesidad de su creación en la República
Argentina y urgencia para la Ciudad de Buenos Aires Bs. As., Establecimiento Tipográfico L. E. Kraus.
- Ley de Educación Común en la Capital, Provincia y Territorios Nacionales. 1900.
- Ley de Educación Común de la Provincia de Buenos Aires de 1875.
- Ley de Educación Común de 1884.
- Martínez, A. (1891) Escritos y discursos del Doctor Guillermo Rawson. T1. Bs. As., Compañía Sud-
Americana de Billetes de Banco.
- Memorias del Cuerpo Médico Escolar, año 1924.
__________________________________________________________
año 1927.
- Morzone, L. (1921) Enseñanza de niños anormales, T.1, La Plata, Humanidades.
(1912) Guía práctica para la corrección de los desórdenes del lenguaje [afasias, tartamudez,
________________________

defectos varios de pronunciación y para la enseñanza de los retardados [retardados pedagógicos, niños
débiles, anormales y niños patológicos] La Plata, Gasperini y Ferreyra.
- Morzone, L., M.A. Echezáraga, A.M. Pisani de Ciancio (1935) Asociación Educadores de Anormales por
el niño anormal. Bs. As., Talleres Gráficos Ferrari Hnos.
- Reglamentación del primer congreso de Buenos Aires en 1916.
- Resolución, Nº de Expediente. 14.237.

0_0_Numero 7.2.indd 49 16/08/2013 05:57:50 p.m.


50 La política sanitaria y educativa: discursos médico-pedagógicos que delimitaron la infancia ‘anormal’...

Bibliografía
- Alvarez-Uria, F. (2002) “La configuración del campo de la infancia anormal. De la genealogía foucaultiana y
de su aplicación a las instituciones de educación especial” en Franklin, B. (comp.) (2002) La interpretación
de la discapacidad: teoría e historia de la educación especial. Barcelona, Ediciones Pomares-Corredor.
- Alvarez-Uria, F., J. Varela (1991) “Los niños anormales. Constitución del campo de la infancia deficiente
y delincuente” en Arqueología de la escuela. Madrid, Ediciones de La Piqueta.
- Barrancos, D. (1997) “Socialistas y la suplementación de la escuela pública: la asociación de bibliotecas
y recreos infantiles” en Mujeres en la educación: género y docencia en la Argentina: 1870-1930. Bs. As.,
Miño y Dávila.
- Carli, S. (1991) “Transformaciones del concepto de infancia en las alternativas pedagógicas 1900-
1955” en Propuesta Educativa, Año 3, nº 5, 85-89.
(2000) “Socialismo, coeducación y eugenesia: el niño como descendencia” en Alternativas.
_________________

Serie: Historia y prácticas pedagógicas. Año 3, n° 3, 51-73.


_________________
(2002) Niñez, pedagogía y política. Bs. As., Miño y Davila.
- Caruso, M. (2005) La biopolitica en las aulas. Prácticas de conducción en las escuelas elementales del
reino de Baviera, Alemania (1869-1919) Bs. As., Prometeo.
- Foucault, M. (1974) El Poder Psiquiátrico. México, FCE.
_________________
(1976) Defender la sociedad. México, FCE.
_________________
(1978) “Espacios de poder. La gubernamentalidad”. Exposición en el Colegio de Francia.
_________________
(1995) Crítica y Aufklärung ¿Qu’est-ce que la Critique? Revista de Filosofía-ULA, Nº 8.
_________________
(1975) Los Anormales. México, FCE.
_________________
(1978) Seguridad, Territorio y Población. México, FCE.
_________________
(1979) Microfísica del Poder. Madrid, Ed. La Piqueta.
_________________
(1983) El Gobierno de Sí y de los Otros. México, FCE.
- Miranda, M.; Vallejo, G. (2005) “La eugenesia y sus espacios institucionales en la Argentina” en
Darwinismo social y eugenesia en el mundo latino. Bs. As., Siglo XXI.
- Muel, F. (1981) “La escuela obligatoria y la invención de la infancia anormal” en Foucault et al. (1981)
Espacios de Poder. Madrid, Ed. de la Piqueta.
- Puiggrós, A. (1990) Sujetos, disciplina y curriculum en los orígenes del sistema. Tomo I de Historia de la
Educación en la Argentina. Bs. As., Ed. Galerna.
- Vezzetti, H. La locura en la Argentina. Bs. As., Ed. Paidós.

0_0_Numero 7.2.indd 50 16/08/2013 05:57:50 p.m.


María Verónica Cheli 51

Anexo: Imágenes

Escuela Nicanor Olivera para niños débiles

Comedor y aulas:

Clase al aire libre:

0_0_Numero 7.2.indd 51 16/08/2013 05:57:50 p.m.


52 La política sanitaria y educativa: discursos médico-pedagógicos que delimitaron la infancia ‘anormal’...

Escuela para niños débiles Parque Lezama

Primer grupo de alumnos con que se inauguró la escuela:

Descanso en las Chaisse longues:

Fuente: Cassinelli, H (1912) Contribuciones al estudio de los niños débiles y retrasados


en edad escolar. Bs. As., Publicación: La Ciencia Médica.

0_0_Numero 7.2.indd 52 16/08/2013 05:57:50 p.m.


espacios nueva serie. Estudios de Biopolítica Nº 7 - tomo 2 - 2013: 53-67. ISSN 1669-8517

Bio-oikos-política.
Proslogium para una genealogía comprensiva
del ambiente desde una mirada biopolítica
Graciela Ciselli
Aldo Enrici
Universidad Nacional de la Patagonia Austral

Resumen
Este artículo propone discutir un camino intelectual hacia una biopolítica de la
naturaleza o del entorno. Dicho menos vulgarmente, una política del gobierno de
la vida más allá de la vida humana misma. Pensar en una biopolítica, cruzando el
ámbito de la vida pública, avanzando sobre la esfera del ambiente. Nos referimos a
una bio-oikos-política, preocupación que puede extraerse de los mismos discursos
ensayísticos de Michel Foucault, especialmente, en su lectura de la Ilustración y
de los discursos. Por otro lado, la lectura de la exceptio de la nuda vida de Giorgio
Agamben desde su propuesta de “excepción”. A partir de ellos se propone la noción
de bíopolitica, como campo abierto, noción precautoria y constante, también como
nuevo paradigma de gubermentalidad.

Palabras clave
biopolítica de la naturaleza – bio-oikos-política – Foucault – Agamben – excepción

Abstract
The article aims to discuss an intelectual path to biopolitics of nature or environ-
ment. That is to say, a government policy of life besides human bodies; to think of
biopolitics crossing the field of public human life and advancing on the area of the
environment. We refer to a bio-oikos-politics that can be drawn from the same es-
says of Michel Foucault, especially in his reading of Illustration and speeches. On the
other hand, reading the exceptio of nude life of Giorgio Agamben from his proposed
“exception”. From those authors we propose the notion of Biopolitics, as an open
field and constant precautionary notion and, also as a new paradigm of governability.

Key words
biopolitic of nature – bio-oikos-political – Foucault – Agamben – exception

0_0_Numero 7.2.indd 53 16/08/2013 05:57:51 p.m.


54 Bio-oikos-política. Proslogium para una genealogía comprensiva del ambiente desde una mirada biopolítica

Encuadre teórico-metodológico
Para Foucault hay una dirección hacia la respuesta a la pregunta por la
biopolítica. Se trata de la aparición de la noción de población y del cambio de
gubermentalidad, destinada ahora a “dejar vivir” en lugar de quitar la vida o
“hacer morir” como ejercicio demostrativo de poder (Foucault, 2000). Para
Agamben por su parte el hombre ha sido pensado dentro de la diferencia entre
lo humano, bíos, y lo animal, zoé, mediante una “máquina antropológica” que
produce la excepción por la que la vida queda anulada. Una vida separada de
lo público, “vida desnuda excepcional sobre la que se actúa” (Agamben, 2007:
6). Nos aventuramos a exponer que la excepción de la zoé, equivale a una falta
de hospitalidad ecológica. Antes de que la cuestión apareciera Kant indicará, al
abordar la pregunta por la Ilustración (Aufklärung), la aceptación de la autoridad
de algún otro para conducirnos en los dominios en los que es conveniente hacer
uso de la razón (Foucault, 1999: 337). Ese “algún otro” puede hacer alusión
actualmente a la razón ambiental. Una razón no discutida desde que los griegos
priorizaran el Kósmos en simpatía con la Pólis. No se actuó sobre el oikos como
si fuera un estado de excepción permanente.

Pensar sobre sí mismo


Frente al libro, la publicación de los textos ensayísticos, conferencias, en-
trevistas, en el caso de Michel Foucault, es rescatada a partir de la cuestión
de si puede reflexionarse hasta dónde es posible pensar de diferente forma
lo que se está pensando. Otro uso del placer de pensar, otro pensar el placer,
liberados del libro incorruptible, entre las dos tapas que buscan extinguir el
tema para siempre. Los libros invocan temas que también se protegen y blindan
en el cierre de todo libro: su índice, su cerradura con nombre y apellido. La
diferencia entre el libro que agota la temática y el “libro libre”, recolectado o
construido desde la libertad compilatoria. El agobio del trabajo finalizado y no
posible de cambiar o recrear. Los textos separados en revistas, conferencias,
debates y entrevistas, como una preferencia por el afuera que Foucault tiene.
Vayamos a un momento diferente de todos los que suelen evocarse de
Foucault. Foucault muere en 1984. En su velatorio, ante el cuerpo, están George
Dumezil, Simone Signoret, Yves Montand, Claude Mauriac y tantos otros. Hay
una carta que se lee de su ‘amigo de largo aliento’, Gilles Deleuze, algo que se
reseña, la palabra, la de la amistad, desdoblada en la voz de Deleuze, que lee
un texto escrito por Foucault1. Un texto que ya es ‘texto’. Ese texto, pertene-
1
Ángel Gabilondo tiene a cargo la compilación y edición de estos textos libres de Foucault, en la interface
ética, estética y hermenéutica. El capítulo introductorio es acerca de la creación de modos de vida. Para
esto la imagen que evoca es el velorio de Foucault, en el patio trasero de la clínica neurológica de la
Pitié Salpetiere donde había fallecido. En ese lugar la enfermedad lo había trastornado neurológicamente.

0_0_Numero 7.2.indd 54 16/08/2013 05:57:51 p.m.


Graciela Ciselli y Aldo Enrici 55

ciente a “El uso de los placeres”, indica que apunta a dirimir qué es la filosofía
hoy- quiero decir la actividad filosófica- sino el trabajo crítico del pensamiento
sobre sí mismo? (Foucault, 1984) Lo interesante son esas formas de racionalidad
que el sujeto se aplica a sí mismo. La cuestión no es sin más, cómo el sujeto
humano se da así como el objeto de un saber posible, sino a través de qué
formas de racionalidad, de qué condiciones históricas y del precio de decir la
verdad sobre sí. “Una historia crítica del pensamiento implica una historia tam-
bién del sujeto y de la razón en la que la cuestión es la de cómo puede decirse
la verdad sobre sí mismo” (Gabilondo, 1999), en tanto amarrado a los diversos
sujetos, de placer, de verdad, de poder, de ficción en todos los ‘atrapamientos’
en que se puede caer encarcelado, como sujeto de prisión y vigilancia o ‘sujeto
de vida’, en todas las escapatorias posibles. Escapatorias del habla, de lo dicho,
del libro, de lo escrito. Agamben sigue a Foucault en el tratamiento del autor
como gesto de conferencia en conferencia, descubriendo cómo va cambiando
el eje de la misma conferencia. Precisamente la conferencia sobre qué es un
autor. La llegada de Foucault a la Universidad de Búfalo, en América del Norte le
permite a Agamben advertir la tensión entre el autor función y el autor individuo
real ante la necesidad de estar en una escritura no delimitada por el libro, sino
adecuándose a la exigencia de la conferencia según el autor, que a menudo se
nos aparece como algo tratado, como un tratado (Agamben, 2009).

Sobre los cuerpos y las poblaciones


El primer tema biopolítico en importancia refiere al estilo de vida, y es el
último que trató Foucault, o al menos el de sus últimos días, en mayo de 1984,
ya bastante agotado (Foucault, 1999- 24), en su entrevista con G. Barbedette
y A. Scala. Ellos resaltan la cuestión de estilo en la escritura de Foucault, quien
aparece más claro y profundo en sus últimas expresiones. Foucault se expresa
contrario a la creencia de que el estilo de vida, un estilo selecto, debía expandirse
hacia todos. El estilo de vida pertenece al interior, a una generación dogmática
para ser practicada, no es una costumbre pública. Así en los antiguos había
varias formas de libertad: la libertad del jefe de estado, o del jefe del ejército,
no tenía nada que ver con la del sabio. En la época de Séneca, y con más razón,
en la de Marco Aurelio, debía valer, eventualmente para todo el mundo; jamás
era cuestión de ella hacer una obligación para todos. Era un asunto de elección
para los individuos; cada uno podía llegar a compartir esta moral. De modo
que incluso es muy difícil saber del todo quién participaba de esta moral en la

Una simple ceremonia donde, Foucault era nada más que cuerpo, parte de la zoé. Allí había trabajado
buscando documentación para la historia de la locura. Charcot se debatía, en sus momentos, en esos
pabellones esperando alguien que piense diferente. Citaremos por tanto a Foucault, cuando sea el caso
de textos compilados, el número de capítulo al que nos referimos de esa compilación, con un guión
seguido al año, que es 1999.

0_0_Numero 7.2.indd 55 16/08/2013 05:57:51 p.m.


56 Bio-oikos-política. Proslogium para una genealogía comprensiva del ambiente desde una mirada biopolítica

antigüedad y bajo el imperio. Así pues, “estamos muy lejos de las conformidades
morales cuyos esquemas elaboran los sociólogos y los historiadores, dirigiéndose
a una supuesta población media” (Foucault, 1999-20: 338).
La libertad está muy lejos de una emancipación de clase, pues se trata de
eludir toda organización de clases a nivel social, a partir de promedios con-
ductuales. Si se escribe, el primer lector debe ser el sí mismo. Se escribe para
mejorar antes que para disfrutar, lo cual fue poco obedecido en la antigüedad
(Foucault 1999-24).
El siglo XVIII manifiesta algo capital en Europa. El poder no se ejerce sim-
plemente sobre los súbditos, tal como era la tesis de la monarquía, según la cual
existe el soberano y los súbditos. Se descubre que el poder se ejerce sobre la
población, la que no es apenas un grupo humano numeroso, sino “seres vivos
atravesados, mandados y regidos por procesos y leyes biológicas… [entonces]…
el poder se debe ejercer sobre los individuos en tanto que constituyen una
especie de entidad biológica que se debe tomar en consideración, si queremos
utilizar a esta población como máquina para producir, producir riquezas, bienes,
para producir otros individuos” (Foucault, 1999-14: 246).
Hay dos épocas del poder, una historia del poder con dos segmentos claros
en Europa. Antes no había más que súbditos o sujetos jurídicos, a los que por
otra parte se podía quitar los bienes y también la vida. Ahora hay cuerpos y
poblaciones. El poder se hace materialista. Deja de ser esencialmente jurídico.
Deja de regularse por leyes, más bien se trata de crear dispositivos de fluidez.
El cuerpo y la vida son más reales. La sexualidad ha sido un elemento capital
que articula las disciplinas individuales del cuerpo y las regulaciones de la po-
blación. Foucault insiste en que se puede comprender cómo la sexualidad de
los adolescentes en el siglo XVIII se convierte en problema médico. Es casi “un
problema político de primera importancia, ya que a través y bajo el pretexto
de ese control de la sexualidad se puede vigilar a los colegiales…la política del
sexo va a integrarse dentro de toda esa política de la vida que llegará a ser tan
la bisagra biopolítica en el siglo XIX” (Foucault, 1999-14, 247).

La visualización de la biopolítica en el siglo XVIII:


Kant leído por la biopolítica
Para Foucault hay una respuesta a la pregunta por la biopolítica antes de
que la pregunta aparezca. Un diario hace preguntas difíciles en un periódico
para que respondan los lectores. Uno de esos lectores responde a ese perió-
dico, el Berlinische Monasschrift, el que preguntaba por la ilustración, –Was ist
Aufklärung? Resultó ser Inmanuel Kant. Foucault comenta este texto de Kant
con innegable tendencia a pensar que Kant da en la tecla biopolítica antes que
cualquiera. La respuesta kantiana no resplandece, como resplandecen otras

0_0_Numero 7.2.indd 56 16/08/2013 05:57:51 p.m.


Graciela Ciselli y Aldo Enrici 57

respuestas de época que mencionan una aurora o una radiante felicidad, un


resplandor, sino que piensa la ilustración como desenlace. Esta ‘salida del
lazo’ que caracteriza a la Aufklärung es un proceso que nos saca del estado de
‘minoría de edad’. Por ‘minoría de edad’ entiende cierto estado de nuestra
voluntad, “por la que aceptamos la autoridad de algún otro para conducirnos
en los dominios en los que es conveniente hacer uso de la razón” (Foucault,
1999-20: 337).
La ‘salida del lazo’ consiste en un proceso que nos saca de la minoría de
edad. La minoría supone que estamos dependiendo de alguien que actúa por
nosotros, como un rey, un médico o un libro, un consejero espiritual. Todos
reemplazan nuestra inteligencia. Existe, no obstante, una consigna que nos lleva
a salir, aude saper ‘ten la audacia de saber’. Hay dos condiciones para llegar
a la mayoría de edad; se trata de tener en cuenta, de distinguir éticamente,
cuándo se trata de obediencia y cuándo se trata del uso de la razón. Ambas
cosas, Kant las define como condiciones esenciales para que el hombre salga
de su minoría de edad, citando una expresión muy característica: ‘obedeced y
no razonéis’. Muy típico de la cuestión militar o eclesiástica. La humanidad será
mayor cuando ya no tenga que obedecer, sino cuando entienda que obedeciendo
se podrá razonar Räzonieren, o resistir tanto como se quiera. Razonar, palabra
utilizada por Kant “no se refiere a un uso de la razón sino a un uso de la razón
en el que ésta no tiene otro fin que ella misma” Räzonieren en cuanto ‘razonar
por razonar’, fin en sí mismo, como algo que se satisface con su uso (Foucault,
1999-20: 339). Kant genera ejemplos que son comunes, simples, como pagar
los impuestos y protestar por el régimen tributario. Eso es lo que caracteriza
el estado de mayoría de edad. También sucede cuando se es ‘pastor de almas’.
Colaborar para que funcione una parroquia no es algo que pueda discutirse,
pero discutir los dogmas sí, largamente. Pensar lo que se quiera con tal de que
se obedezca como se debe.2
La razón debe ser libre en su uso público pero en su uso privado dogmáti-
ca. El hombre hace uso privado de la razón cuando se es instrumento de una
finalidad general de la sociedad. Estaríamos aquí ante un antecedente de la
población tal como lo entiende Foucault. No se puede pensar cuando se decide
dentro de un engranaje de una máquina. Cuando la razón tiene ‘una finalidad
sin fin’ sí lo puede hacer como goce estético, como placer.
2
Este es el sentido de la protesta de Nietzsche. Se pueden discutir los milagros, pero nunca discutiremos
si está bien comportarnos como ovejas. Tal es el caso de lo que muestra la obra estética de Bettina
Muruzábal. El hábito comunitario de las ovejas consiste en formar un círculo ceñido en el que se invita
al pastor a hacer centro y a hincarse mansamente, como un borrego más. Entonces el rebaño rodea el
emplazamiento hasta acordonarse. Un plácido sitio central del círculo ocupa el rabadán en el mandala
lanar. Quien sale de ahí sufre porque no se sale del mandala. El pastoreo arraigado de Bettina Muruzábal
no ha salido de sí, sigue su destino de anillo, librando del menor dolor a lo corderos, de la señalada ,
escuchando en el balar aquella balada ovina. La luna, ese otro anillo, estampada en el cielo, fría como la
noche, recibe nueve vellones de lana, nueve estrofas templadas, tratadas por el arte de cuidar. No sólo
están tratadas técnicamente. Por eso más que un tratamiento es un retrato de salvamento del balar en
círculo. Muruzábal practica el arte como salvamento, como ‘lo ganado’ por el arte.

0_0_Numero 7.2.indd 57 16/08/2013 05:57:51 p.m.


58 Bio-oikos-política. Proslogium para una genealogía comprensiva del ambiente desde una mirada biopolítica

Foucault va hacia la confluencia de la reflexión crítica y la reflexión sobre


la historia que aboga Kant. Una reflexión de la historia conjuntamente con
un análisis singular del momento en que se escribe. Un análisis actual íntimo
de ese momento determinado, pero una historia que puede ‘ontologizarse’
libremente. “Se puede reconocer en el punto de partida el esbozo de lo que
se podría llamar la actitud de modernidad…cabe preguntarse si la modernidad
constituye la continuación de la ilustración o ver ahí una ruptura respecto de
los principios fundamentales del siglo XVIII” (Foucault, 1999-20: 341). Más que
un período la modernidad sería una actitud consecuente con la ilustración, un
ethos, un modo de relación con respecto de la actualidad, con la luz que puja
y que obsesiona y trastorna.
Frente a lo fugitivo de la modernidad, la actitud de modernidad no es acep-
tarla. Recobrar algo eterno que no está más allá del instante presente, ni tras
él, sino en él. Esta actitud sería la que permite salirse del dominio del cuerpo y
de la especie. En la modernidad se distingue, se capta “lo heroico del momento
presente…una voluntad de heroizar el presente” (Foucault, 1999-20: 342). La
modernidad encuentra en los trajes negros la relación esencial que la época
mantiene con la muerte. La belleza poética como sepultureros, cuando celebra-
mos el gran entierro, el gran entierro de todo momento. Esta heroización se
vuelve irónica. No se trata de mantener el momento coleccionista y paseante
del flanerie. Va, corre, busca, con una vista más general distinta del placer fugitivo
de la modernidad para extraer lo poético de la moda3. El moderno parte alejado
de sus secretos, de su verdad escondida, para lo cual debe buscarse en el veloz
cambio. El dandy hace de su cuerpo, de sus sensaciones, en su existencia, una
obra de arte (Foucault, 1999-20: 344). Esta actitud del cuerpo obligado a crearse
para romper la mirada estadista de la generación biopolítica de poblaciones:
Le caractère de beauté du dandy consiste surtout dans l’air froid qui vient de
l’inébranlable résolution de ne pas être ému; on dirait un feu latent qui se fait
deviner, qui pourrait mais qui ne veut pas rayonner. C’est ce qui est, dans ces
images, parfaitement exprimé.4 

Hacia una biopolítica de la naturaleza


El discurso biopolítico que aborda la población humana, que estudia e in-
terviene en la vida del ambiente, entendido como un universo total y armónico

3
Como ejemplo de modernidad Baudelaire pondera a Constantin Guys, en apariencia un paseante que
hace de lo bello algo más bello. La modernidad es captada no como relación con el presente sino como
relación consigo mismo, en este sentido se asemeja a la ilustración kantiana.
4
Traducción del autor: “El personaje del dandy de la belleza consiste sobre todo en el aire frío que
viene de la determinación inquebrantable de no ser mudado (ému), se ve como un fuego latente que es
divino, pero que no se puede emitir. Eso es lo que hay en estas imágenes, perfectamente expresadas”.

0_0_Numero 7.2.indd 58 16/08/2013 05:57:51 p.m.


Graciela Ciselli y Aldo Enrici 59

que se puede articular a la ecología. En una comprimida cuestión diremos que


la inquietud es si se puede establecer un camino hacia una biopolítica de la
naturaleza, o dicho menos toscamente, una gubernamentalidad del ambiente.
La población es el objeto de estudio y ordenación, que hace del estudio de la
vida, el lenguaje y el recurso humanos, una necesidad. Su avance en cuanto al
desarrollo de estos estudios se ajusta sensiblemente al logro de desarrollos en
la población tendientes a fortalecer el gobierno. El mercado no es más que un
test de la marcha biopolítica, una prueba que evalúa hasta dónde puede dejarse
en libertad la discusión.
La advertencia de desequilibrio entre población y recursos naturales se
intensifica en el siglo XIX, aunque en el siguiente siglo se agudiza ante el uso
de recursos de forma excesiva o el crecimiento desmedido de la población,
como si fuera consecuencia de la biopolítica. Pero también es una advertencia
para incorporar a la gubermentalidad de las poblaciones donde dichos discursos
“problematizan el ambiente global como un nuevo ámbito de conflicto polí-
tico social” (Rutherford, 2000, 165). El ‘hacer nacer’ es una propuesta liberal
que tiene como fin grandes poblaciones que prodigan consumo, escolaridad,
ejércitos, necesidad de más recursos. Pero en demasía, sin límites, pregunta-
remos al modo de la Ilustración ¿cómo hacer para que una población se torne
un pueblo conciente de su poder sobre esos recursos y reconozca el contexto
ambiental de los mismos?

Nacimiento de la bio-oikos-política
La ecología podría verse como despliegue bioeconómico de mantenimiento
de fuerzas que habrían sido atacadas desde una economía humana de poca
escala en la planificación a largo plazo y antropocéntrica, como ingeniería social
encargada de disponer y permitir el cuidado de sí de los ecosistemas. Aunque la
investigación científica y, especialmente tecnológica continúe proporcionando
el material para fundamentar políticas en función de la regulación industrial,
en el plano jurídico legal, se instituyen nuevas formas de gubernamentalidad
ecológica en tanto acciones de gobierno no dirigidas a la población sino al
ambiente en tanto derecho humano. No es más que asistir al comienzo de la
bio-oikos-política, donde, nuevamente, el desafío de la Ilustración como la ve
Kant, aparece como audacia de saber dentro de marcos de gubermentalidad
indiscutidos. Frente a lo ambiental en cuanto ‘contexto de lo humano en
constante vínculo relacional con lo humano’, estaríamos nuevamente abiertos
al derecho como fuente de vigilancia, y al panoikos como fuente de mirada. Se
mira a todo como sobre lo que se puede discutir respetando pautas, puesto
que se busca descender el grado de conflicto al que se encuentra asociada. La
acción sobre su entorno ha generado un proceso de degradación progresivo,
un incremento de impactos impuestos al medio ambiente como resultado del

0_0_Numero 7.2.indd 59 16/08/2013 05:57:51 p.m.


60 Bio-oikos-política. Proslogium para una genealogía comprensiva del ambiente desde una mirada biopolítica

desarrollo industrial científico y tecnológico. Ya no hay enemigos sino riesgos


y peligros ambientales (Beck, 2002).
La principal manifestación de los daños que el hombre produce sobre el
medio ambiente se ha concretado en la figura de la contaminación, que se
define como “la introducción por el hombre de sustancias o energía en cual-
quier sector del medio ambiente, susceptible de generar efectos nocivos”5.
Desde esta expresión estamos todavía en la Ausgang, en el escape: debería
suspenderse toda producción tecnológica, empezar de nuevo, esperar que el
no vuelva a peligrar, aguardando que en la repetición se irradie la diferencia a
la que queremos asistir y de la que queremos aprender.
Ante este despliegue de un ethos antropo-ético, ante tanta neutralidad en
el trato con el mundo extrahumano, y ante tanta técnica vinculada al ámbito
de la necesidad, de modo en que ‘lo ético que estaba referido al hombre con
su prójimo’. La moral kantiana distintiva en la universalización de la obra, “obra
de tal modo que el principio de tu acción pueda ser plasmado como máxima
universal”, debe traducirse, ahora, por una nueva fórmula “obra de modo que
no se incida de ningún modo en la conversación del hombre con la naturaleza,
o que la acción fundamente una realidad compatible con la vida” (Jonas,1995:
286). La responsabilidad política es hacer que siga siendo posible una política
futura. La preocupación es que lo sublime, sin medida, incalculable, en entendi-
miento kantiano, cobre mayoría de edad. Respetar extremadamente lo sublime
con la libertad de criticarlo.

De la zoé al oikos. De Aristóteles a Agamben


Aristóteles establece una demarcación entre lo que se encuentra dentro y
fuera de la Pólis. La zoé, el ambiente, la biósfera, el entorno, podríamos decir
hoy, es excluida de ella y recluida en el ámbito no-libre de él. La política surge
precisamente a través de esta exclusión, ya que a partir de ella se da el paso
hacia una vida cualificada que es caracterizada por la acción libre con miras al
vivir bien. La división aristotélica de zoé y bíos, encuentra después su paralelo
en la separación de las teorías contractualistas entre un ámbito pre-político
y uno político. Generalmente se deriva de este hecho que la existencia de la

5
Extraemos esta definición del artículo 1.4 de la convención sobre derechos del mar de 1982, ONU
se define la contaminación del medio marino, que fue firmada en Montego Bay. Entra en vigor en 1994.
6
La obra de Jonas está hoy en el centro del debate ecológico. Jonas ha tenido una ‘fama póstuma’. En
vida, lo obscureció un “optimismo tecnológico” muy propio del progresismo político. Jonas tuvo en vida
tres tipos de impugnadores: los marxistas que creían en el principio utopía (Bloch), los utilitaristas que ven
en la crisis ecológica sólo un momento pasajero pero que se arreglará con ´’más ciencia y, finalmente, los
existencialistas que sólo consideraban importantes los problemas individuales y veían cualquier apelación
a lo colectivo sólo el aspecto político (el famoso “compromiso”) pero desgajado de una consecuencia
ecológica. Jonas no pudo ser comprendido porque marxistas, utilitaristas y existencialistas son producto
de la sociedad industrial y él, en cambio, se siente fuera de esa tradición.  

0_0_Numero 7.2.indd 60 16/08/2013 05:57:51 p.m.


Graciela Ciselli y Aldo Enrici 61

política está determinada por la exclusión de la vida natural. Pero, además,


aborda que esta concepción de la política está asociada, desde Aristóteles, a
la idea misma de humanidad. En cierto sentido, lo propiamente humano sólo
es tal en el ámbito de la esfera pública. La salida de la animalidad del estado
preexistente al político permite el ingreso a una vida cualificada.7
Vale de mucho el pensamiento de Agamben, por cuanto no busca mostrar
un desplazamiento entre el clásico poder soberano y el biopoder, tal como lo
hizo Foucault. Precisamente, el hecho de que la exceptio de la nuda vida sea el
núcleo originario del poder soberano, implica que biopolítica y soberanía son
inseparables. Siguiendo la idea de Karl Schmitt de que soberano es aquel que
puede decretar el estado de excepción, Giorgio Agamben ha señalado que el
estado de excepción se ha convertido en la condición permanente de la política
actual. La teoría política clásica señala que uno de los orígenes del estado de
excepción se encuentra en la figura romana del dictador, que ejercía poderes
casi ilimitados durante un lapso que el senado considerara suficiente para superar
el estado de necesidad o calamidad que motivaba la solicitud a un ciudadano
notable para que asumiera tal magistratura. Otro límite impuesto a esa magis-
tratura era que el dictador no podía modificar las leyes fundamentales, puesto
que no ejercía un poder soberano originario sino uno delegado por el senado
(Giorgio Agamben, 2003). Estos dos límites –lapso prefijado e imposibilidad
de modificar la Constitución– son, junto con la inviolabilidad de los derechos
humanos, características habituales de los actuales estados de excepción, de
sitio o de conmoción, que están tutelados en la mayoría de las Constituciones
democráticas del mundo.8
Aristóteles, en su búsqueda del origen de la sociabilidad humana que lleva-
rá como cumbre a la ciudad (polis), alude a su condición de unidad básica de
subsistencia que se caracteriza por compartir el mismo alimento y vivir bajo el
mismo techo. La pareja humana se diferencia de los animales en que no sólo
se une para la procreación, sino también “para los demás fines de la vida” (Eth.
Nic.,1161a16-29). Esta comunidad humana básica recibe en griego el nombre de
oikia, palabra sin equivalente en castellano, y que ha sido normalmente traduci-
da como ‘casa’, ‘hacienda’ o ‘familia’ y, por qué no, ‘ambiente’. Términos muy
limitados, que apenas llegan a definir partes del concepto griego, sin alcanzar
el significado de la acepción general de la palabra. El término era ya de por sí
7
Cuando se hacen referencias a la política de los griegos y aquella de los modernos, no se busca estable-
cer igualdades borrando las particularidades de cada época. Es obvio que existe una marcada diferencia
entre la manera como Aristóteles concibe la política y la ruptura que Hobbes realiza en los inicios de la
modernidad, Hobbes, Thomas, Tratado sobre el ciudadano, Madrid, Ed. Trotta, 1999. Pero, para efectos
de la argumentación, tenemos en cuenta que Agamben sostiene que ambas formas de concebir la política
terminan por tener una base en común, en la medida en que se fundan sobre la exclusión de la vida natural
8
El Caso paradigmático en el estudio Agamben es la suspensión indefinida de la Constitución de Weimar
por Hitler en el momento en que asumió la Cancillería. Hitler usó el estado de excepción permanente
para legitimar una serie de medidas –entre ellas la llamada solución final de los campos de concentración-
que acaso no hubiera podido ejecutar tan expeditamente sin los poderes plenos de la excepción, que lo
liberaban de los límites impuestos en la política ordinaria por las garantías constitucionales.

0_0_Numero 7.2.indd 61 16/08/2013 05:57:51 p.m.


62 Bio-oikos-política. Proslogium para una genealogía comprensiva del ambiente desde una mirada biopolítica

bastante amplio y ambiguo en griego. De este modo, podía ser utilizado para
referirse a esta célula básica de la sociedad griega en su conjunto, pero tam-
bién separadamente, dependiendo del contexto, en las diferentes acepciones
que, como hemos indicado arriba, son traducibles al castellano. Es decir, que
también puede designar sólo al espacio físico de la casa en una ocasión; en
otra, a las propiedades; y en otras, a la familia. Arist., Pol., 1253b1-11; la casa
de Aristóteles alude a la vivienda y las propiedades; la mujer, al germen de la
familia; y el buey de labranza, a la agricultura como sustento básico y la mano
de obra, aquí animal, otras veces esclava.
El concepto de oikos se opone al de campo, como extremo antípodo. Campo
de reconciliación, de reencuentro de la bíos con la zoé: Exceptio de la exceptio.
Devenido nuda vida, el campo de concentración que nos espera. La doble
excepción se marca en un hiper panoikismo, en el que todos tememos que el
mínimo error desate el máximo horror ambiental. La relación de exclusión es
verdaderamente una exceptio. Por eso, para mostrar que la vida siempre ha
estado incluida en la política, Agamben se detiene en un análisis conceptual de
la estructura de la excepción. La excepción soberana es “el dispositivo original
a través del cual el derecho se refiere a la vida y la incluye dentro de sí por me-
dio de la propia suspensión” (Agamben, 2004: 24). Esto se observa claramente
en uno de los usos del paradigma del ‘campo de concentración’. El campo
de concentración es un fenómeno histórico singular, aplicado por Agamben
como una radicalización de la biopolítica que siempre ha estado en el centro
de la soberanía. El concepto de ‘campo’ puede ser entendido a partir de las
categorías que están a la base de la fundación de la política occidental, porque
él es el riesgo extremo de seguir pensando una política que esté fundada en la
excepción de la nuda vida. El humanismo amansador y domesticador marcha
como el “poder subrepticio del antropotecnicismo. El desafío actual sería por
lo tanto tratar de encontrar una clausura a estas antropotécnicas biopolíticas.
Cuando la excepción [el estado de excepción] se convierte en regla se genera
el “campo de concentración” –o los variados tipos de dictaduras– (Agamben,
2003), el espacio en el cual se reúnen lo que desde Aristóteles permanecía se-
parado: la vida biológica de los individuos, zoé, y su vida política, bíos. El ’campo’
crea nuda vida, algo que no es ni vida ni muerte, una vida que ya no es la vida
del resto de los mortales pero que todavía no es muerte. Esta nuda vida es la
verdadera condición terrible de la política moderna. El hombre no es, ni ha de
ser o realizar ninguna esencia, ninguna vocación histórica o espiritual, ningún
destino biológico. El estado de excepción se ha convertido en la condición
permanente de la política actual.
El medioambiente debe ser reordenado, en cuanto estado de excepción
respecto al cuidado de la interrelación del hombre con su entorno en virtud
a su futuro sostenible y a su pasado memorable, lo cual abre la puerta de lo
mantenible, como hipokéimenos, sostén ligado al futuro sostenible y articulado al
pasado. El medioambiente yace en excepción, especialmente el reciente pasado

0_0_Numero 7.2.indd 62 16/08/2013 05:57:51 p.m.


Graciela Ciselli y Aldo Enrici 63

tecnológico, envuelto en un error interpretativo: una naturaleza indomable y


una humanidad salvaje, a las que había que detener y controlar: el agua, el fue-
go, los volcanes, la tierra, pueden hacer feliz al hombre que entiende la lucha
y la necesidad de mayor progreso como de mayor amistad. Colón se asombra
ante la presencia de caníbales en el Nuevo Mundo. En aquel momento se
soñaba con seres maravillosos y mundos mejores. Primero la palabra y luego
la realidad para generar un mito. Sucede como si la realidad abriera un aura
que hay que alcanzar para descubrirla: “First the Word, then the object. It was
in this inmutable order that the columbia legend that de legend of the canibal was
trasmitted and orghestated” (Lestrinant Frank, 1997: 33)9.
Se puede interrogar al presente para intentar descifrar en él los signos
anunciadores de un acontecimiento próximo. Ahí se da el principio de cierta
hermenéutica histórica de la que Agustín podría ofrecer un ejemplo. Se puede
igualmente analizar el presente como un punto de transición hacia la aurora
de un mundo nuevo10.
Se puede replantear la Aufklärung a la manera kantiana, desde un pan-oikismo
casi de un modo completamente negativo, como una Ausgang, “desenlace ines-
perable”. No es el punto en que se puede hablar desde la libertad que nos legan
Newton y Rousseau sin necesidad de oponernos a pagar nuestros impuestos. En
sus otros textos sobre la historia, lo que sucede es que Kant plantea cuestiones
de origen o define la finalidad interior de un proceso histórico. En el texto sobre
la Aufklärung, la cuestión concierne a la pura actualidad. No busca comprender
el presente a partir de un acabamiento futuro, busca una diferencia (Foucault,
1999-20). El desenlace inesperado concierne a la actitud a tomar frente a la
ruptura de la vida, al campo de concentración universal que sospechamos.

Precaución ante la excepción oikos-política


La preocupación ambiental es “deudora del fermento filosófico que puso en
crisis los valores de la sociedad de consumo y que tuvo su capítulo más destacado
en la llamada “revolución de mayo” francesa de 1968. En los años siguientes, la
alarma lanzada por los científicos propició el nacimiento de un nuevo pensamiento
ecológico o “verde”, al que siguió una movilización ciudadana” (Ruiz, 2010). A
partir de ese momento la Organización de Naciones Unidas (ONU) promovió

9
T. del A. Arrinconar la nuda vida fue llevar la fantasía europea a América, acercando en otro horror
interpretativo, al hombre inhumano, vuelto animal, como los caníbales, -nombre inventado por Colón
para referir antropófagos que comían a sus enemigos, reuniendo la palabra “Caribo”, con el cual eran
conocidos en Meso-américa, con la aguda fantasía y sabiduría de Plinio, que decía que había hombres
con cabeza de perros (can) que eran feroces comedores de carne. De ahí “can-ibal”.
10
Esto es lo que describe Vico en el último capítulo De Los Principios De Una Ciencia Nueva En torno a la
naturaleza común de las naciones: “expandirse la más completa civilización entre los pueblos sometidos en
su mayoría a algunos grandes monarcas”, y también “Europa radiante por una incomparable civilización”,
en la que finalmente abundan “todos los bienes que componen la felicidad de la vida humana”.

0_0_Numero 7.2.indd 63 16/08/2013 05:57:51 p.m.


64 Bio-oikos-política. Proslogium para una genealogía comprensiva del ambiente desde una mirada biopolítica

reuniones internacionales para discutir los problemas ambientales, que se plas-


maron en instrumentos como la Declaración de Estocolmo de 1972. En ella se
reconoce que “el hombre es obra y artífice del medio que lo rodea, el cual le da
sustento material y le brinda la oportunidad de desarrollarse intelectual, moral,
social y espiritualmente”11, explicitando los dos aspectos del medio humano:
natural y artificial (cultural), la idea de sustentabilidad y de preservación del
patrimonio natural.12
Cuando una evaluación pluridisciplinaria, contradictoria, independiente y
transparente, realizada sobre la base de datos disponibles, no permite concluir
con certeza sobre un cierto nivel de riesgo, entonces las medidas de gestión
del riesgo deben ser tomadas sobre la base de una apreciación política que de-
termine el nivel de protección buscado. Es decir que se fue avanzando desde el
principio de prevención al principio de precaución. Estamos queriendo afirmar
que no hubo precaución con lo que ha quedado fuera de lo biopolítico, con la
casa, con el lugar de lo íntimo, desde el momento en que ingresó la zoé-política
al interés del gobierno. Hubo excepción total. Las sociedades mantienen una
relación con los riesgos en un programa político, que va cambiando conforme
épocas y lugares. Si estudiáramos los cambios ocurridos en los fines del siglo
XVIII y principios del XIX, se constataría que “su origen debería ser analizado
en el ámbito de la transformación del sistema de explicación de daños. Todo
deriva de esto: los objetivos políticos colocan en primer lugar la prevención
y la reparación; la técnica esta al servicio de evitar o controlar los riesgos”
(Hermitte, 2007: 22).

Conclusiones
Hemos visto cómo Foucault desde Kant y Agamben desde Aristóteles, per-
miten la lectura de una gubermentalidad amplificada al entorno, al ambiente,
a la reunión de zoé y bíos, a la población no solo de humanos sino de animales
y piedras.

11
Declaración de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano, Estocolmo, 16 de
junio de 1972.
12
En la década de los ´80 aparecen nuevos documentos internacionales que serán el marco para la defi-
nición del paradigma ideológico centrado en el desarrollo sustentable o sostenible. La Asamblea General
de las Naciones Unidas creó en el año 1983 la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo,
que en 1987 presentó el informe “Nuestro futuro común”, más conocido como Informe Brundtland
que expone la valoración de expertos políticos, científicos y ecologistas sobre los peligros a los que se
enfrenta el planeta y propone que para garantizar su continuidad es necesario un desarrollo sustentable.
Es en este documento donde se define -por primera vez en un documento internacional- el concepto
de “desarrollo sustentable”. Ya en 1992, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente
y Desarrollo (CNUMAD) reunió a la mayoría de los jefes de estado mundiales para debatir no sólo los
problemas ambientales sino también su relación con el desarrollo de los distintos países. Veinte años
después de Estocolmo, la Conferencia de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo retomó sus principios
y su espíritu fue incorporado en las constituciones reformadas en la década del 90.

0_0_Numero 7.2.indd 64 16/08/2013 05:57:51 p.m.


Graciela Ciselli y Aldo Enrici 65

Hermite narra que en las grandes metrópolis de Europa el riesgo de in-


cendio era notable a fines del siglo XVIII. Casas de madera contigua, falta de
agua, excesiva paja sobre habitación de caballos. Hasta el descubrimiento de la
relación entre causa y efecto y su comprensión sólo se realizaban procesiones
para agradecer el final de los incendios o para pedir que no ocurrieran. El conoci-
miento científico al revelar una relación secuencial entre causa y efecto permitió
el uso de políticas de prevención. La confianza aumentada en el conocimiento
científico intensifica la prevención. A no ser que el análisis retrospectivo de las
causas de los daños lleve a la prevención, después de ocurridos los accidentes.
Así en Japón el accidente complejo de marzo de 2011, no pudo prevenirse por
falta de cautela, por exceso de temeridad, por desenfreno, falta de la kantiana
audacia de saber. Esta falta de audacia se explica como la sucesiva toma de
conciencia de que dentro de la ciencia se previene, pero dentro de la tecnolo-
gía es imposible, porque la tecnología entre otras cosas está ligada al sistema
de mercado, la opinión política, el lobby. El desastre natural-tecnológico de un
tsunami afectando una planta de energía atómica se resume en la cuestión que
radica en tener audacia para saber que la intimidad de la naturaleza interactúa
con la tecnología cotidiana, en este caso13. Actualmente, el sentimiento de
irreversibilidad afecta el optimismo del modelo inicial, e implica un esfuerzo
por anticipar daños no ocurridos, por lo tanto difíciles de anticipar y prevenir.
El riesgo se transforma en un desafío político, lo que implica: la transformación
del riesgo en objeto político, una renovación en la relación entre ciencia y po-
lítica, un contexto más amplio de irrupción de los gobernados en los campos
de poder, reservados en principio a los gobernantes (Hermitte, 2007). Tanto
Foucault como Agamben habrán de leerse en este estudio desde la concepción
de desenlace kantiana. No debemos temer a saber, no debemos temer a reco-
nocer, que lo tecnológico atenta contra nosotros, contra la misma tecnología,
contra el oikos. El oikos debe salir de la gran excepción que el universo político
le ha impuesto por definición. El oikos suele pensarse como algo cerrado, como
campo de concentración de lo público y puede haber un error interpretativo
en ello, quizás un error de traducción histórica. Ahora es el centro fuera de
centro de la política, el centro fuera de centro de la vida.

13
El terremoto ocurrió a las 14:46:23 hora local (05:46:23 UTC) del viernes 11 de marzo de 2011. A las
2.46 pm hora local, Japón sufrió un terremoto de 8.9 en la escala de Richter, lo que origino un Tsunami
de olas de hasta 10 metros de altura, el resultado, hogares derrumbados, ciudades enteras arrasadas
por el agua, incendios y miles de personas desaparecidas. El otro problema es que el sismo averió el
sistema de ventilación de la central nuclear de Fukushima, por lo que el gobierno tuvo que declarar
una “emergencia nuclear” y tuvieron que evacuar a las ciudades cercanas. Hasta el momento los cuen-
ticos informan que la costa de Japón se movió más de 2 metros y el eje de la tierra se movió algunos
centímetros. El moviente de las placas, también ha puesto en alerta a otros territorios del pacifico,
como Hawaii, Chile, México, Perú, Nicaragua, Estados Unidos y otros países. www.dforceblog.com/.../
catastrofe-natural-que-paso-en-japon

0_0_Numero 7.2.indd 65 16/08/2013 05:57:51 p.m.


66 Bio-oikos-política. Proslogium para una genealogía comprensiva del ambiente desde una mirada biopolítica

"Balada ovina", Bettina Muruzábal, 2006

0_0_Numero 7.2.indd 66 16/08/2013 05:57:51 p.m.


Graciela Ciselli y Aldo Enrici 67

Bibliografía
- Aristóteles (1992) Ética a Nicomaco. Madrid: Editorial Gredos. Edición trilingüe de Valentín García
Yebra.
_____________________
(1992) Política. Madrid: Editorial Gredos. Edición trilingüe de Valentín García Yebra.
- Agamben, Giorgio (2003) Homo Sacer. El poder soberano y la nuda vida, Valencia, Ed. Pretextos.
______________________________
(2004) Estado de excepción. Homo sacer II, Buenos Aires, Adriana Hidalgo editora.
______________________________
(2007) Lo abierto. El hombre y el animal. Buenos Aires, Adriana Hidalgo Editora.
______________________________
(2009) “El autor como gesto”. Profanaciones. Adriana Hidalgo Editora.
- Baudelaire, Charles (1885) Le Peintre de la vie moderne Œuvres complètes. Calmann Lévy, 1885 (III.
L’Art romantique pp. 96-99).
- Beck, Ulrich (2002) La sociedad de riesgo. Barcelona. Siglo XXI.
- Foucault, Michel (1999-24) “El retorno de la moral. Estética, ética y hermenéutica”. Obras esenciales,
Vol. III. Paidós.
___________________________
(1999-10): “Qué es la ilustración. Estética, ética y hermenéutica”. Obras esenciales,
Vol. III. Paidós.
___________________________
(1984) L’usage des plaisirs. Histoire de la sexualité 2. Paris, Gallimard.
___________________________
(2000) Defender la sociedad. Bs.As., FCE.
- Gabilondo, Angel (1999) “La creación de modos de vida” en Michel Foucault: Estética, ética y her-
menéutica. Obras esenciales, Vol. III Paidós, 1999.
- Hermite, M-A. (2007) “Los fundamentos jurídicos de la sociedad de riesgo”. El gobierno de los riesgos.
Un análisis de U.Beck. Compilación de Gonzalo Sozzo. Universidad del Litoral.
- Jonas, Hans (1995) El principio de responsabilidad: ensayo de una ética para la civilización tecnológica.
Editorial Herder
- Lestrinant, Frank (1997) Cannibals. The discovery and representation of the cannibal, from Colombus to
Jules Verne”. Polity Press, Cambridge.
- Ruiz, José Juste (2010) “La protección del medio ambiente en el ámbito internacional”. Notas de
cátedra. Maestría en derecho Ambiental y Urbanístico. Facultad de ciencias Jurídicas. Universidad
del Litoral.
- Rutherford, Paul (2000) “Ecología, ciencia natural y biopolítica” en Revista Mexicana de Sociología,
Vol. 62, No.3, 2000, pp. 147-165.

0_0_Numero 7.2.indd 67 16/08/2013 05:57:51 p.m.


0_0_Numero 7.2.indd 68 16/08/2013 05:57:51 p.m.
espacios nueva serie. Estudios de Biopolítica Nº 7 - tomo 2 - 2013: 69-79. ISSN 1669-8517

El “giro biopolítico”

Diego Conno
Universidad Nacional de Buenos Aires - CONICET

Resumen
La aparición en los últimos años del concepto de biopolítica comienza a adquirir cada
vez más relevancia para la teoría y la ciencia política, ya que al presentarse como un
horizonte de comprensión adecuado a los problemas políticos contemporáneos,
configura un nuevo paradigma epistémico en el ámbito de las ciencias sociales. El
propósito de este artículo es examinar algunas de las principales implicancias que
tiene para la teoría y la práctica política esto que podríamos situar bajo la idea de
“giro biopolítico”.

Palabras clave
biopolítica – vida – poder – poshumanismo

Abstract
Since the emergence in recent years of the concept of biopolitics, it has begun to
take on increasing relevance for the political theory and science, appearing as a
horizon of proper understanding for contemporary political problems, and setting
up a new epistemic paradigm in the social sciences field. The purpose of this paper
is to examine some of the principal implications for political theory and practice of
that the we could situate under the idea of “bio-political turn”.

Key words
biopolitical – life – power – posthumanism

0_0_Numero 7.2.indd 69 16/08/2013 05:57:51 p.m.


70 El “giro biopolítico”

¿Cómo pensar la política en el mundo contemporáneo? ¿Con qué instru-


mentos, con qué categorías, en qué horizonte de sentido es todavía posible,
y más aún deseable, seguir pensando la política? Los avances producidos en el
campo de la genética y la biología, los crecientes debates acerca de la legislación
sobre el aborto y la eutanasia, los constantes peligros medioambientales que
ponen en riesgo al planeta, los esfuerzos de los estados nacionales por incre-
mentar las medidas de seguridad por medio de las cuales se llega a acciones
que van desde imponer fuertes barreras a la inmigración hasta realizar guerras
preventivas, son fenómenos, entre otros tantos, que afectan a las sociedades
contemporáneas, y que desafían el lenguaje tradicional de las ciencias sociales.
En este contexto, la aparición en los últimos años del concepto de biopolítica
comienza a adquirir cada vez más relevancia para la teoría y la ciencia política,
ya que al presentarse como un horizonte de comprensión adecuado a los pro-
blemas políticos contemporáneos, configura un nuevo paradigma epistémico
en el ámbito de las ciencias humanas y sociales.
El propósito de este artículo consiste en examinar algunas de las principales
implicancias que ha tenido y tiene para la teoría y la práctica política esto que,
desde el título de este ensayo, he querido situar bajo la idea de “giro biopolíti-
co”. La hipótesis que quisiera sugerir es que la biopolítica se constituye como
la categoría central del pensamiento político contemporáneo, habilitando
un modo de comprensión de lo político que favorece un ensanchamiento
de nuestro vocabulario. Dicha categoría ha producido un fuerte impacto en
relación con la historia del pensamiento político, es decir, en relación con las
palabras, las categorías y los lenguajes con los que contamos para nombrar el
mundo de la política. Desde luego, decir esto no significa en absoluto negar la
relevancia o significación del pensamiento clásico y moderno al momento de
teorizar sobre el mundo contemporáneo. No es objetivo de este trabajo negar
la importancia de las teorías políticas tradicionales, de Platón a Maquiavelo, de
Hobbes a Arendt, ni tampoco de los conceptos creados por esta tradición,
tal y como pueden ser los de soberanía, ciudadanía, legitimidad, derecho, ley.
Lo que quisiera dar a ver, en todo caso, es el desplazamiento de sentido ge-
nerado por la aparición del paradigma biopolítico. Dicho más claramente, me
interesa señalar cierto estado de precariedad u obsolescencia del horizonte
de comprensión que caracterizó hasta nuestros días el pensamiento sobre la
política, y que bien podríamos cernir en torno a la idea de “tradición”, con todo
lo problemático que esto significa. Obsolescencia entonces, de los conceptos
y de las categorías políticas tradicionales.
En efecto, existen ciertas cuestiones del mundo contemporáneo -principal-
mente de la vida y la política contemporáneas (y de su relación constitutiva)- que
no pueden, que no podrían, ser siquiera nombradas con el lenguaje tradicional
de la teoría y la filosofía política tanto clásica como moderna. ¿Cómo pensar por
ejemplo los problemas vinculados a la inmigración y al desplazamiento forzado
de personas a través de la categoría de ciudadano o de sujeto de derechos?

0_0_Numero 7.2.indd 70 16/08/2013 05:57:51 p.m.


Diego Conno 71

¿Cómo pensar la multiplicidad de poderes locales operando en distintos niveles


de las sociedades contemporáneas a través de la categoría de Estado-nación,
de soberanía, de jerarquía? ¿Cómo pensar, para tomar el caso de América La-
tina, cuestiones vinculadas con problemas de género y de raza a través de los
conceptos de clase, pueblo o identidad? Quizás sea éste el mayor desafío de la
teoría política y social contemporánea, a saber: construir conceptos que nos
permitan un mayor acercamiento y una mejor comprensión del funcionamiento
de nuestras sociedades actuales, principalmente en América Latina. De ahí que
la idea de Estado, de nación, de ciudadano, debe seguir siendo de-construida.
Y esto no por un interés meramente especulativo, sino porque el Estado, la
nación, la ciudadanía, están siendo efectiva y materialmente de-construidos.
Es en este marco que me gustaría inscribir la idea de “giro biopolítico”. ¿Por
qué? Porque creo que es justamente la expansión de problemas vinculados al
ámbito de la vida (natalidad, mortalidad, higiene, salud) a todas las esferas de
lo político y de lo social, lo que implica una puesta en cuestión y un replan-
teo crítico del pensamiento político tradicional. Como si aquello que Michel
Foucault identificara a mediados de la década del 70` como “la entrada de
la vida en la historia”1 o el “umbral de modernidad biológica”2, impactara de
manera frontal –cara a cara–, contra la “gran tradición” de la filosofía política,
reformulando sus principales fundamentos teóricos. De alguna manera, lo que
en Foucault tomaba la forma de una mutación histórica de las relaciones de
poder y dominación, a partir de cierto momento –que Foucault ubicaba entre
fines del siglo XVII y comienzos del XVIII– en que los problemas de la vida en
su conjunto comienzan a formar parte de las prácticas y las estrategias políticas,
ha pasado a ocupar en el pensamiento contemporáneo, una especie de puerta
de entrada para una re-significación crítica de la historia del poder y la política
en occidente. Para decirlo más claramente, hablar de un “giro biopolítico” sig-
nifica, fundamentalmente, que la vida y lo viviente han dejado de estar en los
márgenes o bordes de la política, para pasar a convertirse en su objeto cons-
titutivo. Objeto, pero también, como veremos, sujeto de la política. Quisiera
entonces, dejar planteados algunos problemas vinculados directamente con la
idea de “giro biopolítico”.
La primera cuestión que me gustaría plantear es de orden netamente teó-
rico-conceptual: ¿qué es la biopolítica? ¿de qué hablamos cuando hablamos de
biopolítica? Lo primero que podría decirse es que el concepto de biopolítica no
es unívoco, por el contrario se nos aparece como un concepto esencialmente
polisémico y también, debiéramos decir, polémico. Y esto no sólo porque los
dos términos que componen la categoría de biopolítica, es decir, el de vida y el
de política, son conceptos polisémicos y polémicos en sí mismos (quizás no haya
1
Foucault, Michel. Histoire de la sexualité 1: La volonté de savoir, Gallimard, París, 1976 [Traducción al
español: Historia de la sexualidad. 1- La voluntad de saber, 2° edición, Siglo XXI, Buenos Aires, 2003], 186.
2
Ibídem, 188.

0_0_Numero 7.2.indd 71 16/08/2013 05:57:51 p.m.


72 El “giro biopolítico”

dos conceptos más polisémicos y polémicos que el de vida y el de política), sino


también, y fundamentalmente, porque la biopolítica es una categoría que pone
en relación dos términos que, por lo menos la “gran tradición” del pensamiento
político occidental consideró, salvo raras excepciones, como esencialmente
antagónicos. Podríamos decir que el concepto de biopolítica constituye una
especie de aberración léxica, pero sobre todo política, para toda una tradición,
la occidental, la nuestra, que pensó siempre la esfera de “lo político” a una dis-
tancia abismal, si no en directa confrontación, con respecto a la esfera de “lo
biológico” (con todo lo que esto implica: a saber, lo natural, lo corporal, lo animal,
lo afectivo, lo impersonal, lo trans-individual). Toda una tradición, representada
quizás de manera paradigmática en la teoría política clásica por la idea platóni-
ca del primado del alma sobre el cuerpo, o por la distinción aristotélica entre
la esfera del oikos y la esfera de la polis; pero también en la moderna, por las
llamadas teorías contractualistas, al establecer una contraposición radical entre
un “estado natural” y otro “estado civil o político”, con enormes consecuencias
metafísico-políticas, ya que en ese estado natural, como decía Hobbes, el hombre
no es un hombre sino una bestia o un lobo (Homo homini lupus). Para ser más
claros, en general, la gran tradición del pensamiento occidental –de Platón en
adelante– siempre pensó la política y al hombre en tanto hombre, es decir, en
tanto humano, en contraposición directa con la vida en su estado más natural.
Tanto la política como la humanidad del hombre exigieron siempre una especie
de plus para ser considerada como tal. De esta manera, la biopolítica, como
categoría de análisis teórico, nos enfrenta con una serie problemas que son a la
vez epistemológicos, ontológicos, éticos y políticos.
Precisamente, uno de los principales problemas con los que se enfrenta el
pensamiento sobre la biopolítica tiene que ver con su difícil definición. Como
se sabe, Foucault ha sido quien puso en funcionamiento el concepto de biopo-
lítica en el escenario intelectual contemporáneo, pero no ha sido el primero en
utilizarlo. No es objeto de este trabajo hacer acá una historia del concepto de
biopolítica3. Sin embargo, quisiera señalar que es posible identificar tres gran-
des momentos en la historia conceptual de la biopolítica. El primer momento
–anterior a los trabajos de Michel Foucault– puede dividirse a su vez en tres
etapas4. La primera etapa, de corte organicista, surge principalmente en lengua

3
Sobre el concepto de biopolítica en general, Laura Bazzicalupo y Roberto Esposito (comps.), Politica
della vita, Roma-Bari, 2003; L. Bazzicalupo, “Biopolitica”, in Galli, Carlo (ed.), Enciclopedia del pen-
siero politico, Laterza, Roma, 70-71. y P. Erticari (comp.) Biopolitica minore, Roma, 2003; Pierandrea
Amato (eds.) La biopolitica. Il potere sulla vita e la costituzione della soggettività, Mimesis, Milano. Para
una historia del concepto de biopolítica se puede consultar también Edgardo Castro, Historia con-
ceptual de la biopolítica, UNSAM (2008). En http://www.unsam.edu.ar/mundoscontemporaneos/pdf/
Biopol%C3%ADtica_Texto%20Completo.pdf.
4
Seguimos en este punto los trabajos de Antonella Cutro y Roberto Esposito que se han ocupado de
comentar largamente estas tres etapas. Bíos. Biopolítica y filosofía de Roberto Esposito constituye un
primer intento de sistematización de la historia del concepto de biopolítica. También pueden consultarse
Michel Foucault. Tecnica e vita. Biopolítica e filosofía del “bíos” y Biopolítica. Storia e attualità di un concetto
de Antonella Cutro.

0_0_Numero 7.2.indd 72 16/08/2013 05:57:51 p.m.


Diego Conno 73

alemana durante los años 20’ y 30’, con dos autores de referencia ineludible5:
uno es el sueco Rudolph Kjellen6 que, hasta donde se sabe, es el primero que
utilizó el término biopolítica para nombrar una cierta dependencia de la socie-
dad respecto de las leyes de la vida7. Kjellen entendía al Estado como “forma
viviente” [som livsform/ als Lebenform], es decir, como un organismo que tiene
pulsiones e instintos naturales. Lo que está en juego en esta perspectiva es la
imposibilidad de cancelar el estado natural en el estado político. Así, a distancia
de gran parte del pensamiento político moderno de cuño contractualista-
liberal, que entiende la esfera de la estatalidad como una ruptura respecto
de la naturaleza, hay aquí una asunción de la imposibilidad de cancelación del
estado natural en el estado civil o político. Por el contrario, el Estado no sólo
no implica el pasaje de un estado natural a otro no-natural, sino que el prime-
ro le sirve como una suerte de fondo o de sustrato al segundo. De lo que se
trata, en última instancia, según este autor, es de concebir el funcionamiento
del Estado en su totalidad en términos biológicos. El segundo autor de relieve
es el barón Jacob von Uexküll, que tiene textos como Staatsbiologie. Anato-
mie, Phisiologie, Pathologie des Staates (Biología de Estado. Anatomía, Fisiología y
Patología de los Estados) de 1920, donde se insiste en el carácter natural de la
política, aunque esta vez haciendo foco en la necesidad de crear una medicina
de Estado, encargada de la salud de todo el cuerpo político. El tercer autor al
que quisiera referirme es el del inglés Morley Roberts, que tiene un texto de
1938 titulado Bio-politics. An essay in the physiology, pathology and politics of the
social and somatic organism (Biopolitica. Un ensayo sobre la fisiología, patología y
política del organismo social y somático). En este texto se repite la relación entre
biología y política o entre medicina y política, pero redirigida ahora en un sentido
inmunitario. La biopolítica aparece, en todo caso, como la ciencia del Estado,
que tiene la doble función de identificar de un lado los riesgos orgánicos que
ponen en peligro al cuerpo político, y de otro, el de establecer las medidas de
protección más adecuadas para la seguridad de dicho cuerpo.
La segunda etapa que podría caracterizarse como humanista, la encontramos
en Francia durante la década del 60’. Dos textos claves desde sus títulos dan
cuenta de este desplazamiento respecto a la etapa anterior: La biopolitique. Essai
d’interprétation de l’histoire de l’humanité et des civilisations de 1960 de Aroon
Starobinski e Introduction à une politique de l’homme de 1965, de Edgar Morin.
El punto de anclaje de estos textos es la necesidad de pensar la historia de la
humanidad en el cruce entre sus aspectos culturales y sus aspectos biológicos.
La tercera etapa, que podría considerarse como naturalista, está vinculada al
5
Además de los autores que aquí se comentan a este primer período le corresponden los siguientes
textos: Karl Binding, Zum Werden und Leben der Staaten, Munich-Leipzig, 1920; Eberhard Dennert, Der
Staat als lebendiger Organismus, Halle, 1922; Eduard Hann, Der Staat, ein Lebenwessen, Munich, 1926.
6
Ver Stormakterna. Konturer kring samtidens storpolitik (1905), Estocolmo, 1911; Staten som livsform
[Estado como forma de vida], Estocolmo, 1916; Grundriss zu einem System der Politik [Sistema de política],
Leipzig, 1920.
7
Grundriss zu einem System der Politik, op. cit., 93-94.

0_0_Numero 7.2.indd 73 16/08/2013 05:57:52 p.m.


74 El “giro biopolítico”

mundo anglosajón y a un campo de investigación sobre la relación entre biología


y política impulsado por IPSA (International Political Science Association) en
1973 continúa hasta la actualidad. El punto de articulación de esta fase de la
biopolítica es la referencia a la naturaleza como determinante del campo político.
La idea subyacente es que a diferencia de la gran tradición de la filosofía política
moderna, la naturaleza no aparece como un problema a resolver por el orden
político sino como su condición de posibilidad, es decir, como su fundamento
último, o como aquello que le da origen, y que al mismo tiempo le otorga
cierta legitimidad. Si bien estas tres etapas presentan notorias diferencias, es
posible ubicarlas sobre un mismo plano semántico que podríamos denominar
biológico político: la idea que está a la base de todas estas teorizaciones es que
la sociedad, la política y el Estado deben concebirse en términos biológicos.
El segundo momento de conceptualización sobre la biopolítica lo constitu-
yen, efectivamente, las investigaciones de Michel Foucault. Aunque tampoco
en Foucault el concepto de biopolítica es unívoco ni estable; de hecho podrían
recuperarse varios usos del término biopolítica en el corpus foucauldiano8,
principalmente en relación a: a) la medicina9, b) la guerra10, c) la sexualidad11,
d) el gobierno12.
Por último, un tercer momento coincide con el debate contemporáneo,
principalmente en la filosofía política italiana13, aunque ya hace tiempo que se
ha venido corriendo hacia otros ámbitos y otras latitudes. También aquí hay
una variedad de interpretaciones que recuperan y continúan, aunque manera
crítica, los trabajos de Foucault. El punto común de estas perspectivas es la
imposibilidad de poder pensar la política –sea negativa o positivamente– por
fuera de su relación con la vida.
Quisiera presentar, con el fin de ofrecer una especie de mapa conceptual,
cuatro grandes perspectivas en las que entiendo se mueve el debate biopolítico
contemporáneo, las cuales resultan difícil de ubicar en términos de autores,

8
Para un análisis del concepto de biopolítica en la obra de Michel Foucault pueden consultarse Edgardo
Castro “Biopolítica: de la soberanía al gobierno” en Revista Latinoamericana de Filosofía Vol. XXXIV Nº
2, 2008, 187-205, y Luciano Nosetto “El incidente biopolítico. Una evaluación de la biopolítica en la obra
de Michel Foucault” en Foro Interno. Anuario de Teoría Política Vol. 12 (2012).
9
Foucault, Michel. “La naissance de la médecine sociale”, en Daniel Defert y François Ewald (dir.) Dits
et écrits II, 1976-1988, Quattro Gallimard, París, 2001, 207-228.
10
Foucault, Michel. ‘Il faut défendre la société’. Cours au Collège de France (1975-1976), Gallimard, París,
1997, 75-100 [Traducción al español: Defender la sociedad. Curso en el Collège de France 1975-1976, 2°
reimpresión, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2001].
11
Foucault, Michel. Histoire de la sexualité 1: La volonté de savoir…, op. cit.
12
Foucault, Michel. Sécurité, territoire, population. Cours au Collège de France (1977-1978), Gallimard,
París, 2004 [Traducción al español: Seguridad, territorio, población. Curso en el Collège de France 1977-
1978, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2006]; Naissance de la biopolitique. Cours au Collège
de France (1978-1979), Gallimard, París, 2004 [Traducción al español: Nacimiento de la biopolítica. Curso
en el Collège de France 1978-1979, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2007].
13
Fundamentalmente hay tres textos que, de alguna manera, han establecido los contornos sobre los
que gira el debate biopolítico contemporáneo. Me refiero a Homo Sacer. El poder soberano y la nuda vida,
Pretextos, Valencia, 1998, de Giorgio Agamben; Imperio, Paidós, Buenos Aires, 2002, de Antonio Negri
y Michael Hardt; y Bios. Biopolítica y filosofía, Amorrortu, Buenos Aires, 2007, de Roberto Esposito.

0_0_Numero 7.2.indd 74 16/08/2013 05:57:52 p.m.


Diego Conno 75

ya que en general, varias de estas perspectivas coexisten en los distintos pen-


sadores biopolíticos:
1) La primera perspectiva es aquella que entiende a la biopolítica como un
modo de ejercicio del poder que tiene por objeto la vida o lo vivo. De esta
manera, lo que designa la palabra biopolítica es su objeto. Dicho de otra for-
ma, hay biopolítica o biopoder en la medida en que aquello que se constituye
como blanco de la acción política es del orden de lo viviente: de su adminis-
tración, su control y su gobierno. Nunca se gobierna un espacio, un territorio,
una cosa, sino que siempre se gobiernan seres vivos. Aquello que Foucault y
Deleuze identificaban como singularidades o multiplicidades en movimiento.
Siempre se gobiernan cuerpos, afectos, conductas, conciencias, lenguajes. En
una conferencia realizada en 2011 en la Argentina, en la facultad de psicología
de la Universidad de Buenos Aires, Maurizzio Lazzaratto planteó algo que
claramente podría enmarcarse dentro de esta perspectiva. Planteó la cuestión
de la deuda (de las deudas externas) como uno de los dispositivos de poder y
de producción de subjetividades más importantes de las sociedades contem-
poráneas. En la misma línea, yo diría que, por ejemplo, temas como la ley de
matrimonio igualitario o la ley de servicios audiovisuales en la Argentina, son
tópicos biopolíticos, en tanto ponen en juego un modo de constitución de la
subjetividad que toca algo que es del orden de lo viviente.
2) La segunda perspectiva sostiene que la biopolítica expresa una mutua
imbricación vida-política. El foco está puesto no tanto en los objetivos de
la acción política, sino en la dinámica misma de la política que adquiere un
tipo de funcionamiento biológico. Es como si, a partir de cierto momento,
lo político y lo social se pensaran exclusivamente en términos biológicos. Lo
que hay aquí es una especie de infección terminológica, un borramiento de
fronteras entre el campo de lo biológico y el campo de lo político. Bajo esta
perspectiva, no habría una diferencia sustancial entre un problema o un fe-
nómeno político y un problema o un fenómeno biológico. Efecto de esto es
la creciente utilización de categorías que provienen de las ciencias de la vida
para comprender fenómenos políticos, y a la inversa, de categorías políticas
para entender problemas de tipo biológico. Un ejemplo de este entrelaza-
miento entre problemas políticos y problemas biológicos es la inmunología14,
y el modo en que en sus dos vertientes, jurídico-política y médico-biológica,
refiere a la puesta en acto de un dispositivo de seguridad, que protege un
organismo –ya sea natural o artificial– incorporando a su interior parte del
mal que se quiere evitar.
3) La tercera perspectiva comprende la biopolítica como la expresión de
una doble reducción. Por un lado, de la política cuyo sentido aparece muy
vinculado a la conservación de la vida, en desmedro de otros sentidos que

14
Esposito, Roberto. Bíos. Biopolítica y filosofía. Buenos Aires, Amorrortu, 2006. Immunitas. Protección y
negación de la vida. Buenos Aires, Amorrortu, 2005.

0_0_Numero 7.2.indd 75 16/08/2013 05:57:52 p.m.


76 El “giro biopolítico”

excedan esta cuestión, pero también de la vida que queda reducida por este
mismo movimiento a su dimensión biológica. Es decir, hablar de biopolítica
produce también, como un efecto derivado, la reducción de la política a un
dispositivo de conservación de la vida, y de la vida a cuestiones que tienen que
ver con la simple reproducción biológica. Aquí se asienta la idea -de claro sesgo
humanista- según la cual la política moderna en tanto deviene biopolítica es un
dispositivo que hace de los hombres simples animales. Por eso, más que hablar
de biopolítica habría que hablar de zoopolítica15, o de una política de anima-
lización del hombre. Basta recordar, por ejemplo, el diagnóstico de Hannah
Arendt en su libro sobre La condición humana. Para Arendt, lo que caracteriza
la época moderna es la primacía del animal laborans en detrimento de la acción,
que es aquella actividad específicamente política.16
4) La cuarta perspectiva, vincula la idea de biopolítica con las prácticas de
resistencia, que pretenden hacer de la vida ya no el objeto del poder sino su
sujeto. Es decir, la biopolítica aparece así como la posibilidad de reversibilidad
de las relaciones de poder y dominación. En este caso, algunos autores pro-
ponen una distinción entre biopoder y biopolítica17. Si el biopoder es aquello
que oprime a la vida desde su exterior, tratando de capturarla, controlarla,
administrarla, pero también incitarla, fagocitarla, hacerla más productiva y útil,
la biopolítica sería una práctica inmanente a la vida misma, que bloquea, que
resiste y que crea nuevos modos o formas de vida.
Como puede verse, hay una heterogeneidad de significaciones de lo que se
entiende por biopolítica. Frente a esta heterogeneidad, lo que podría decirse,
y de hecho se dice, es que la biopolítica es un concepto altamente expansivo,
impreciso, indeterminado. Y que por lo tanto corre el riesgo de convertirse
en aquello que Aristóteles llamaba topos, es decir, un lugar común, que por su
amplitud y vaguedad, termine no significando nada. Por el contrario, creo que
es esta misma expansión conceptual de la categoría de biopolítica, su riqueza
y su potencia al momento de teorizar sobre la política y las formas de vida
contemporáneas. Por eso, sería más apropiado hablar de biopolíticas en plural
y no de biopolítica, porque los modos en que el poder se ejerce sobre la vida
son múltiples y diversos, como también son múltiples y diversos los modos de
resistencia al poder. En este sentido, y de acuerdo con lo que venimos dicien-
do, podría decirse que la biopolítica opera en la actualidad no tanto como un
concepto o una categoría, sino más bien como una especie de campo proble-
mático. Un campo problemático que pone en consideración cuestiones caras

15
Un trabajo en esta línea puede encontrase en Fabián Ludueña Romandini, La comunidad de los espectros
I. Antropotecnia, Buenos Aires, Miño y Dávila, 2010.
16
Arendt, Hannah. La condición humana, Buenos Aires, Paidós, 2005. Principalmente ver el capítulo VI
“La vita activa y la época moderna”.
17
Lazzaratto, Maurizio. “Du biopouvoir à la biopolitique” en revista Multitudes, marzo de 2000 http://
multitudes.samizdat.net/Du-biopouvoir-a-la-biopolitique; Negri, Antonio. Guías. Cinco lecciones en torno
a Imperio. Paidós, Buenos Aires, 2004.

0_0_Numero 7.2.indd 76 16/08/2013 05:57:52 p.m.


Diego Conno 77

para la teoría y la ciencia política tradicionales, porque toca en lo más hondo


el problema del poder, la dominación y la resistencia.
Una objeción que podría hacerse a lo que venimos planteando es la siguiente:
que los rasgos que definen el tratamiento de la biopolítica no son nuevos en
absoluto, sino que caracterizaron desde siempre el mundo de la política y del
pensamiento político. Después de todo, ¿no es posible hablar de una eugenesia o
de una política de nacimientos en el mundo antiguo, o de una política de la salud
en el medioevo? ¿No ha sido la metáfora del cuerpo un elemento dominante en
el pensamiento político moderno? ¿Qué hay de novedoso en todo esto? ¿Real-
mente necesitamos del concepto de biopolítica? Dicho de otra manera: ¿Cuál
es la novedad que introduce la biopolítica en el pensamiento político respecto
de aquello que siempre hemos nombrado con la simple palabra “política”?
Mi argumento es que hasta la actualidad estos rasgos fueron secundarios o
marginales y no centrales, y que estamos ante algo nuevo cuando la vida pasa
a constituirse en algo así como el fundamento de lo político, imprimiéndole su
forma y otorgándole sentido.
Esto conduciría también a otro de los de los problemas de la biopolítica, que
es el de su periodización. ¿Cuándo surge, cuándo aparece? ¿Cuál es la relación,
por ejemplo, entre occidente y biopolítica, o entre modernidad y biopolítica?
¿Cuál la relación entre biopolítica y capitalismo? Claramente este problema está
vinculado con el anterior, es decir, depende del modo en que conceptualicemos
la noción de biopolítica, el lugar histórico en que lo situemos. Pero también
se vincula con otro aspecto de este “giro biopolítico” que me gustaría señalar.
Y es que, de algún modo, el concepto de biopolítica es también un concepto
periodizador. Dicho de otra manera, es como si la biopolítica tuviese una especie
de “efecto deconstructivo”, que genera automáticamente una reinterpretación
de la tradición del pensamiento y la práctica política. Aún más, el concepto de
biopolítica se vuelve en sí mismo un “concepto deconstructivo”, cuya sola enun-
ciación en cualquiera de las disciplinas o ciencias llamadas humanas, genera un
desplazamiento crítico respecto de su semántica y su morfología en los términos
de la tradición. De ahí que sea posible por ejemplo, sin riesgo de anacronismo,
hablar de una biopolítica tanto en Platón como en Maquiavelo o Hobbes.
Por último, me gustaría terminar dejando planteada la siguiente idea en torno
a la relación entre el “giro biopolítico” y la tradición de la teoría política. En
algún punto, sería posible ubicar, durante el siglo XX, una especie de impasse de
la teoría política. Un impasse que ha quedado identificado alrededor de la idea
de crisis, y que podemos observar por ejemplo en tres de los más importantes
teóricos políticos del siglo XX, como son Carl Schmitt, Leo Strauss y Hannah
Arendt. Todos ellos han identificado, a su manera y desde distintas perspectivas,
una crisis de la política y del pensamiento político de la tradición, aunque sin
poder darle alguna solución que no fuese una reposición acrítica de su lenguaje
y sus categorías. Mi hipótesis es que esta crisis debe leerse como una crisis
del humanismo, o mejor, de un tipo humanismo, aquel que por ejemplo en la

0_0_Numero 7.2.indd 77 16/08/2013 05:57:52 p.m.


78 El “giro biopolítico”

modernidad reemplazó la soberanía de dios por la soberanía del hombre. Un


tipo de humanismo que Michel Foucault caracterizó de la siguiente manera:
Entiendo por humanismo –dice Foucault– el conjunto de discursos por los
cuales se dice al hombre occidental: ‘aunque no ejerzas el poder, de todos
modos puedes ser soberano. Mejor, cuanto más renuncies al poder y cuanto
más te sometas al que te es impuesto, más serás soberano’. El humanismo es
el que ha inventado, una después de otra, estas soberanías sujetadas que son
el alma (soberana sobre el cuerpo, pero sometida a Dios), la conciencia (so-
berana en el orden del juicio, pero sometida al orden de la verdad), el individuo,
(soberano titular de sus derechos pero sometido a las leyes de la naturaleza o
a las reglas de la sociedad), la libertad fundamental (interiormente soberana,
exteriormente consintiente y confiada a su destino). [..] En el corazón del
humanismo, la teoría del sujeto (en el doble sentido del término).18

Y digo un tipo de humanismo porque creo, efectivamente, que hay otro


humanismo que podría recuperarse, y que está presente no por fuera sino al
interior de esta misma tradición occidental que el paradigma biopolítico inte-
rrumpe, en autores como Spinoza, Marx y Nietzsche. Y por supuesto Foucault.
Y que podría comprenderse bajo la célebre frase spinociana que postula que el
hombre no es un imperio dentro de otro imperio. Finalmente, podría decirse
entonces que la biopolítica permite desbloquear este impasse de la teoría po-
lítica, habilitando a su vez un nuevo horizonte de sentido que podría definirse,
por no disponer de un concepto mejor, como post-humano.

18
Foucault, DE II: 226. (Las cursivas son nuestras).

0_0_Numero 7.2.indd 78 16/08/2013 05:57:52 p.m.


Diego Conno 79

Bibliografía
- Amato, Pierandrea (eds.) (2004) La biopolitica. Il potere sulla vita e la costituzione della soggettività,
Milano, Mimesis.
- Agamben, Giorgio (1998) Homo Sacer. El poder soberano y la nuda vida, Valencia, Pretextos.
- Arendt, Hannah (2005) La condición humana, Buenos Aires, Paidós.
- Bazzicalupo, Laura (2000) “Biopolitica”, en Galli, C. (ed.) Enciclopedia del pensiero politico, Roma,
Laterza.
- Bazzicalupo, Laura y R. Esposito (2003) (comp.) Politica della vita, Roma-Bari, Laterza.
- Castro, Edgardo (2008) “Biopolítica: de la soberanía al gobierno”, en Revista Latinoamericana de
Filosofía Vol. XXXIV Nº 2.
______________________________
(2008) “Historia conceptual de la biopolítica”, UNSAM
http://www.unsam.edu.ar/mundoscontemporaneos/pdf/Biopol%C3%ADtica_Texto%20Completo.pdf
- Cutro, Antonella (2004) Michel Foucault. Tecnica e vita. Biopolítica e filosofía del “bíos”, Nápoles,
Bibliopolis.
______________________________
(2005) Biopolítica. Storia e attualità di un concetto. Verona, Ombre Corte.
- Defert, D. y F. Ewald (dirs.) (2001) Dits et écrits II, 1976-1988, París, Quattro Gallimard, París, 2001
- Esposito, Roberto (2005) Immunitas. Protección y negación de la vida, Amorrortu, Buenos Aires.
———(2006) Bíos. Biopolítica y filosofía, Buenos Aires, Amorrortu.
- Foucault, Michel (1997) ‘Il faut défendre la société’. Cours au Collège de France (1975-1976), París,
Gallimard.
______________________________
(1976) Histoire de la sexualité 1: La volonté de savoir, París, Gallimard.
______________________________
(2004) Sécurité, territoire, population. Cours au Collège de France (1977-1978),
París, Gallimard.
______________________________
(2004) Naissance de la biopolitique. Cours au Collège de France (1978-1979), París,
Gallimard.
______________________________
(2001) Dits et écrits II: 1976-1988, París, Gallimard. Daniel Defert y François
Ewald(dir.).
- Lazzaratto, Maurizio (2000) “Du biopouvoir à la biopolitique”, en Revista Multitudes, http://multitudes.
samizdat.net/Du-biopouvoir-a-la-biopolitique.
- Ludueña Romandini, Fabián (2010) La comunidad de los espectros I. Antropotecnia, Buenos Aires, Miño
y Dávila.
- Negri, Antonio y M. Hardt (2005) Imperio, Buenos Aires, Paidós.
- Negri, Antonio (2004) Guías. Cinco lecciones en torno a Imperio. Buenos Aires, Paidós.
- Nosetto, Luciano (2012) “El incidente biopolítico. Una evaluación de la biopolítica en la obra de
Michel Foucault”, en Foro Interno. Anuario de Teoría Política Vol. 12, en prensa.
- Perticari, Paolo (comp.) (2003) Biopolitica minore, Roma, Manifestolibri.

0_0_Numero 7.2.indd 79 16/08/2013 05:57:52 p.m.


0_0_Numero 7.2.indd 80 16/08/2013 05:57:52 p.m.
espacios nueva serie. Estudios de Biopolítica Nº 7 - tomo 2 - 2013: 81-96. ISSN 1669-8517

La actual Ley de Migraciones de Argentina


en la balanza biopolítica
Desirée Alda D´Amico
Universidad Católica de Córdoba

Resumen
Al abordar la actual Ley de Migraciones en Argentina Nº 25.871, existe cierto
consenso sobre el cambio de enfoque que supuso con relación a la Ley General
de Migraciones y Fomento de la Inmigración. La originalidad de la nueva normativa
residiría en la“autolimitación” de la “razón de Estado” a partir del reconocimiento
de las migraciones extranjeras desde el enfoque de derechos humanos. En el artí-
culo propuesto, se entiende que aunque desde la“razón jurídica” se ha avanzado en
garantizar ciertos derechos antes limitados a“sus ciudadanos”, por otra parte esto
puede interpretarse como una continuidad de su“gubernamentalidad” susceptible
de leerse en clave biopolítica.

Palabras clave
biopolítica – normativas migratorias – razón de estado – gubernamentalidad

Abstract
In addressing the present Law on Migration in Argentina Nº 25.871, there is some
consensus on the shift in approach that resulted in relation to the General Law on
Migration and Immigration Promotion. The originality of the new rules would reside
in the “restraint” of the “reason of State” from the recognition of the foreign migra-
tion from the human rights approach. In the proposed article, it is understood that
although since the “legal reason” has advanced in guaranteeing certain rights that
were in the past limited to“its citizens”, on the other hand this can be interpreted
as a continuity of its“governmentality”, susceptible to be read in a biopolitical key.

Key words
biopolitic – migratory regulations – reason of state – governmentality

0_0_Numero 7.2.indd 81 16/08/2013 05:57:52 p.m.


82 La actual Ley de Migraciones Argentina en la balanza biopolítica

I. Introducción
Al analizar la historia de las políticas migratorias argentinas, puede decirse
que el año 2003 supuso un cambio en el tratamiento que las migraciones inter-
nacionales venían recibiendo por parte del Estado nacional desde hacía al menos
veinte años. En otras palabras, la sanción de la Ley de Migraciones Nº 25.871, y
su posterior reglamentación en el año 2010, supuso la suspensión de la anterior
Ley General de Migraciones y Fomento de la Inmigración Nº 22.439 del año
1981, más conocida como “Ley Videla” y con ella del espíritu de la “Doctrina
de Seguridad Nacional”1 que impregnó durante años la normativa específica. De
este modo, la nueva Ley encontró un temprano reconocimiento público frente
a su novedoso tratamiento de la migración como un derecho en sí mismo y de
los “derechos humanos” de los/las migrantes por el sólo hecho de ser personas
(Giustiniani, 2004).
En el plano teórico sin embargo, y sobre todo desde el derecho, en más
de una oportunidad el paradigma de derechos humanos ha generado múltiples
debates en torno a la relación existente entre el poder soberano del Estado al
momento de garantizar los derechos clásicos derivados del estatus de ciudadanía
y la naturaleza supranacional que supone el reconocimiento de los derechos
humanos. Desde diferentes enfoques teóricos algunos autores han entendido
que el reconocimiento de este tipo de medidas supondría el debilitamiento de
la soberanía estatal o, en una línea semejante, la asunción de una era posnacional
(Ferrajoli, 1998); otros relativizan este cambio.
En una línea crítica respecto a aquellos abordajes, cabe resaltar el análisis
de Étienne Balibar (2003) según el cual no se asistiría a una era posnacional y
el consecuente debilitamiento del “proyecto de la modernidad”. Por el contra-
rio, de acuerdo a este autor sería necesario repensar qué modelo de nación o
discurso sirve para sostener este tipo de argumentaciones, entendiendo que
bajo los planteos universalistas se encubre y oculta la “forma nación” en cuanto
“formación social”, lo cual implicaría la construcción de un discurso y prácticas
según determinadas estructuras económicas e ideológicas predominantes en
este momento.
Desde el punto de vista que aquí se sostiene, y de manera concordante con
el planteo de Balibar (2003), se entiende que el paradigma que asume la nueva
Ley si bien supone algunas transformaciones no necesariamente genera una in-
terpelación directa a la soberanía estatal. Por el contrario, la evidencia de ciertas
continuidades discursivas que refieren a la “integración regional” e “integración
de los migrantes”, así como el mantenimiento de otras representaciones que

1
La Doctrina de la Seguridad Nacional (DSN) hace referencia a un conjunto de concepciones emparen-
tadas principalmente a los intereses y enseñanzas de Estados Unidos hacia los países de América Latina,
los cuales propugnaban bajo una concepción de “guerra total” la lucha contra el comunismo propio del
sistema bipolar de la Guerra Fría. De este modo, la DSN se constituía desde un programa completo de
acciones tanto en materia económica, social y política en general, tendiente a garantizar la seguridad y
los intereses del Estado nación (Velázquez Rivera, 2002).

0_0_Numero 7.2.indd 82 16/08/2013 05:57:52 p.m.


Desireé Alda D'Amico 83

siguen entendiendo la migración como un “problema social” a regular, conforme


en parte a la anterior “retórica de exclusión” (Domenech, 2009), conduce a
pensar sobre la existencia de una“formación social” más compleja, aunque no
necesariamente contradictoria con la “razón soberana de Estado”.
En otras palabras, si bien se reconoce que la nueva Ley de migraciones ha
generado ciertas transformaciones en el gobierno de las migraciones interna-
cionales, estos cambios representan una adaptación de sus “mecanismos de
poder” en la “gubernamentalización del Estado”2. En otras palabras, si se toma
en cuenta la exposición de Foucault (2009:135) sobre la complementariedad
del triángulo “soberanía, disciplina y gestión gubernamental”, se interpreta que
aún frente a los cambios existe una línea de continuidad que tiene que ver más
bien con una estrategia de “inmunización” comunitaria susceptible de pensarse
en términos biopolíticos.
A los fines de este artículo al referir al término biopolítica3, teniendo en cuenta
el supuesto sobre la continuidad existente entre el proyecto de la modernidad y las
políticas actuales, se entenderá la biopolítica como un “conjunto de mecanismos
por medio de los cuales aquello que, en la especie humana, constituye sus rasgos
biológicos fundamentales podrá ser objeto de una política…” (Ob. cit., 2009:15).
Para dar sustento a este supuesto sobre la continuidad existente entre la
“razón soberana del Estado”, la “razón de gobierno” y su ejercicio político a
partir de distintos mecanismos y dispositivos sobre la vida, en primer lugar se
propone abordar algunas herramientas teóricas que permitan comprender la
actual Ley de migraciones en clave biopolítica. Luego se analiza el contexto en
que surgió esta “nueva” Ley, los intereses existentes al momento de sancionarla,
y más tarde el carácter y orientación de las reformas enunciadas. Finalmente,
se concluye con algunas reflexiones generales que pretenden complejizar el
análisis sobre el supuesto aquí enunciado.

II. Algunas herramientas analíticas para comprender la


actual Ley de migraciones en clave biopolítica
La “historia de las poblaciones”4, aún antes de la configuración de los
Estados-nación modernos se encuentra afectada desde sus comienzos por

2
Al introducir el concepto de “gubernamentalidad” Foucault lo entiende como “el conjunto constituido
por las instituciones, los procedimientos, análisis y reflexiones, los cálculos y las tácticas que permiten
ejercer esa forma bien específica, aunque muy compleja, de poder que tiene por blanco principal la
población, por forma mayor de saber la economía política y por instrumento técnico esencial los dispo-
sitivos de seguridad” (2009:136).
3
Este concepto ha sido explorado por diversos autores tales como Agamben (2003), Esposito (2006),
por citar sólo algunos de los más conocidos.
4
Al referir a la “historia de las poblaciones” se posiciona desde el abordaje sugerido por Foucault en su
libro Genealogía del Racismo (1996) en el cual manifiesta el rol de la historia como dispositivo de saber-
poder. Esto implica el recorte de “ciertos” “discursos de verdad” que pueden activar “ciertas” reglas de
derecho y en consecuencia, intensificar el poder de“ciertos” sectores sociales.

0_0_Numero 7.2.indd 83 16/08/2013 05:57:52 p.m.


84 La actual Ley de Migraciones Argentina en la balanza biopolítica

la violencia. De allí que la función de las monarquías absolutas y más tarde de


los Estados modernos estuviese tensionada por dar respuesta a dos grandes
problemáticas: a) garantizar la “vida” de los hombres en comunidad y b) man-
tener el equilibrio de relaciones entre las diferentes poblaciones (Esposito,
2003; Foucault, 2008).
Para legitimar la construcción del poder estatal (Foucault, 2008) el derecho
emergió como un elemento fundamental al momento de consolidar la soberanía
estatal y su potestad para “hacer vivir y dejar morir” o, lo que es lo mismo, de
legitimar otras formas de violencia. Esta potestad del “monopolio legítimo de la
coerción física” para garantizar determinadas libertades se tradujo progresiva-
mente también en la delimitación y reconocimiento de la propia “ciudadanía”.
Esto es, de manera paralela a la consolidación de la “razón de Estado”, se asistió
–de manera más o menos forzada– a su “gubernamentalización”. De allí que,
aunque con el tiempo se fueran naturalizando una serie de procedimientos
tendientes a regular no sólo al individuo sino a la población, este proceso no
estuvo libre de tensiones. Por el contrario, en muchos casos respondió a las
situaciones de demanda y resistencia a la que se veía expuesto “el soberano”,
ampliando las exigencias políticas más allá de la preservación de la vida que en
principio justificaban la legitimación de la monarquía absoluta.
Así, como sabemos, la definición contemporánea del concepto de “ciuda-
danía”, entendida como el status jurídico-político de igualdad de derechos y
obligaciones de los seres humanos pertenecientes a una comunidad en particular
(Kymlicka y Norman, 1997), no fue fácil. Por citar un caso, si se analiza la des-
cripción clásica de Thomas Marshall en su artículo titulado “Ciudadanía y Clase
Social” de 1949, el autor reconoció que la definición de los individuos como
sujetos de derechos civiles, políticos y sociales supuso diferentes temporalida-
des y luchas políticas. Más allá de estas disputas, de a poco se fue asentando la
idea sobre la importancia del Estado como aquel sujeto jurídico-político por
excelencia al momento de determinar quién era o no su ciudadano.
Ahora bien, en este mismo contexto ¿qué sucedía con quienes decidían
migrar traspasando las fronteras estatales? Aunque las diferencias entre los
países son múltiples Wimmer y Schiller (2002) coinciden en que al principio
las migraciones internacionales no eran un objeto central de preocupación. Sin
embargo, las tendencias restrictivas y de control de las migraciones comen-
zaron a profundizarse justamente entre comienzos y mediados de siglo XX.
De este modo, con los importantes flujos de migrantes por razones políticas
y económicas desencadenados con las guerras mundiales se fue consolidando
un fuerte “nacionalismo metodológico” que diferenció tanto en el plano legal
como político los derechos, obligaciones y políticas selectivas para los propios
“nacionales” con relación a los “extranjeros”. En consecuencia, los Estados se
vieron expuestos a la tensión de reproducir y regular las diferencias y similitu-
des a nivel interno, presentando en los primeros tiempos amplios márgenes
de independencia para la acción.

0_0_Numero 7.2.indd 84 16/08/2013 05:57:52 p.m.


Desireé Alda D'Amico 85

Esta potestad casi absoluta del Estado moderno, tal como lo anticipó
Foucault (2008), comenzó a ser cuestionada de manera progresiva. Si bien es
posible evidenciar múltiples antecedentes históricos que remiten a distintos
intentos de limitación de la soberanía estatal –los cuales se remontan inclusive
al Tratado de Westfalia del siglo XVII frente a las pretensiones imperiales de
distintas potencias europeas– encuentran su máxima expresión tras las aterra-
doras experiencias de las guerras mundiales en el siglo XX. En otras palabras,
el reconocimiento de la posibilidad de que la política llegara a transformarse
en una “biopolítica negativa” (Esposito, 2006), es decir en la capacidad de los
Estados para dar muerte a la vida misma de los ciudadanos que teóricamente
debería preservar, llevó a poner en tensión este margen de acción.
De este modo, con el Tratado de Versalles que puso fin a la Primera Guerra
Mundial, se produjo la emergencia de la Sociedad de Naciones, anteceden-
te directo de la actual Organización de Naciones Unidas (ONU), como la
revisión de los históricos debates sobre la importancia de la preservación
de los derechos humanos. Tomando como referencia la Declaración de los
Derechos del Hombre y el Ciudadano propios de la Revolución Francesa
de 1789, los Estados comenzaron a repensar cuáles eran los límites de la
razón del Estado soberano. En consecuencia, se abrió otro debate sobre las
fronteras entre el poder soberano de los Estados y los poderes supranacio-
nales que comenzaban a coexistir al momento de tomar las decisiones en
un plano interno.
En este sentido, y de manera paralela a la limitación de la“razón de Estado”
los Estados fueron complejizando sus estrategias de gobierno, lo cual no nece-
sariamente ha supuesto el resignar su soberanía.
De este modo, es preciso comprender las cosas no como el reemplazo de una
sociedad de soberanía por una sociedad de disciplina y luego de una sociedad
de disciplina por una sociedad, digamos, de gobierno. De hecho, estamos ante
un triángulo: soberanía, disciplina y gestión gubernamental, una gestión cuyo
blanco es la población (Foucault, 2009:135).

Si esto así, es decir, si los Estados despliegan una serie de mecanismos y


dispositivos complementarias al derecho, parece necesario interrogarse so-
bre cuáles han sido los dispositivos y mecanismos históricos de los cuales los
gobiernos se han valido para consolidar su poder y gobernar las poblaciones,
nacionales y no nacionales. Si se sigue el planteo de Foucault (2009) además
del “mecanismo legal o jurídico” que sanciona una ley y fija castigos para quie-
nes la infrinjan, existen otros “mecanismos disciplinarios” y “dispositivos de
seguridad”. Las diferencias entre ellos se concentrarían en que, mientras que
los primeros implican una serie de técnicas policiales, médicas, psicológicas
orientadas hacia los individuos y sus cuerpos, los “dispositivos de seguridad”
suponen una diversidad de medidas ejercidas hacia el conjunto de la población,
tendientes a favorecer su “circulación”:

0_0_Numero 7.2.indd 85 16/08/2013 05:57:52 p.m.


86 La actual Ley de Migraciones Argentina en la balanza biopolítica

Es decir que el problema actual supone ya no fijar y marcar el territorio, sino


dejar fluir las circulaciones, controlarlas, seleccionar las buenas y las malas,
permitir que la cosa se mueva siempre, se desplace sin cesar, vaya perpetu-
amente de un punto a otro, pero de manera tal que los peligros inherentes a
esa circulación queden anulados (Ob. cit., 2009: 86).

Frente a esta situación, el desafío continuo de los Estados en todo caso


debe enmarcarse en cómo dar respuesta o satisfacer los deseos de la pobla-
ción y prevenir de ciertos riesgos, “inmunizando” de los potenciales peligros
sin perder esta condición de libertad. En la historia de las prácticas, la res-
puesta a las situaciones contemporáneas puede encontrarse de la mano del
liberalismo como “régimen de verdad” y limitación de la“razón de gobierno”.
Así la limitación de las acciones de gobierno en los últimos siglos se ha visto
articulada en torno a aquellas decisiones que garantizarían la mayor “utilidad”
y “libertad” posible.
Aunque parezca llamativo, esto no necesariamente ha supuesto una no inter-
vención estatal sino más bien ha conllevado el desarrollo de una multiplicidad de
cálculos probabilísticos y de azar tendientes a la normalización de la población
y en consecuencia, a la reducción de riesgos. Resulta interesante analizar el
ejemplo histórico de la variolización citado por Foucault (2009) en la medida en
que esta práctica sería un claro ejemplo de las implicancias que supone la misma
en tanto práctica de seguridad. Según el autor, el descubrimiento y aplicación
de las medidas de variolización y vacunación cobra relevancia explicativa en la
medida en que supuso la introducción en los individuos inoculados de la propia
enfermedad, pero en condiciones que permitieron anularla al mismo momento
de su introducción. En consecuencia, esto debería permitir comprender su
potencialidad como dispositivo de seguridad, por los siguientes elementos que
lo constituyen:
A partir del momento en que con respecto a la viruela se hagan análisis cuan-
titativos de buenos y malos resultados, éxitos y fracasos, cuando se calculen
las diferentes eventualidades de muerte o contagio, la afección dejará de
aparecer en esa relación masiva de la enfermedad reinante con su lugar, su
medio y se presentará como una distribución de casos, en una población que
quedará circunscripta en el tiempo y el espacio (…)

En segundo lugar, presenciamos la aparición del siguiente hecho: si la en-


fermedad es accesible en el nivel de grupo y de cada individuo, en la noción,
en el análisis de la distribución de los casos, se podrá señalar, con referencia
a cada individuo o grupo individualizado, cuál es el riesgo para cada uno, sea
de [contagiarse] las viruelas, sea de morir a causa de ellas, sea de curarse.

Para cada individuo, según la edad, el lugar donde viva, y lo mismo para cada
categoría de edad, cada ciudad, cada profesión, se va a [a poder] determinar
entonces el riesgo de morbilidad y el riesgo de mortalidad (…)

0_0_Numero 7.2.indd 86 16/08/2013 05:57:52 p.m.


Desireé Alda D'Amico 87

Tercero, ese cálculo de los riesgos muestra enseguida que éstos no son lo
mismo para los individuos, a todas las edades, en todas las condiciones y todos
los lugares o medios. Hay por lo tanto riesgos diferenciales que ponen de
manifiesto, de algún modo, zonas de mayor riesgo y otras, por el contrario,
donde éste es menor, más bajo (…).
Y para terminar es posible identificar, al margen de la categoría general de la
epidemia, tipos de fenómeno de escalada, de aceleración, de multiplicación
que hacen que la enfermedad, en un momento y un lugar dados, amenace –por
la vía del contagio, claro está– multiplicar los casos, que a su vez multiplicarán
otros casos, según una tendencia, una pendiente que corre el riesgo de no
detenerse a menos que, mediante un mecanismo artificial e incluso mediante
un mecanismo natural aunque enigmático, resulte posible frenar el fenómeno
y hacerlo con eficacia (Ob. cit, 2009: 79-82).

De la lectura de esta exposición, es posible entender que los dispositivos de


seguridad, por lo tanto, no implican una ausencia de control, sino una libertad
“normalizada” a partir de una multiplicidad de procedimientos y mecanismos
refinados que permiten una mayor previsibilidad para la anticipación de riesgos
o ataque de amenazas. O lo que es lo mismo, si bien los dispositivos de segu-
ridad no necesariamente suponen la coacción física, implican al mismo tiempo
una complejización creciente de la “razón de gobierno” funcional a la misma
“razón de Estado” y del propio mercado.
Respecto a la funcionalidad de la biopolítica y su relación con el mercado,
aunque este último aspecto no aparece explícitamente en el ejemplo propuesto,
representa una continuidad advertida por el mismo Foucault (2008) en el recono-
cimiento de la “economía política” como método de gobierno propio orientado a
garantizar la riqueza y prosperidad de la nación. De allí que cuando se hace refe-
rencia a este tipo de mecanismos y dispositivos, necesariamente deba tenerse en
cuenta el contexto e intereses centrales desde los cuales éstos emergen, sin sub-
estimar las intencionalidades –más o menos explícitas– que subyacen por detrás.
Atendiendo a esta situación y considerando que se han provisto las herra-
mientas mínimas analíticas para comprender la nueva Ley de Migraciones, a
continuación se presenta el contexto de emergencia de la misma, la cual se
orienta a favorecer la comprensión posterior de la Ley en cuanto parte de una
estrategia biopolítica más amplia.

III. La“nueva” Ley de Migraciones en Argentina:


nacimiento, premisas manifiestas y latentes
Como se anticipó al comienzo de este artículo, la Ley de Migraciones N º
25.871 sancionada en el año 2003 y reglamentada en el año 2010, forma parte
de un proceso que si bien se vio posibilitado principalmente por la asunción

0_0_Numero 7.2.indd 87 16/08/2013 05:57:52 p.m.


88 La actual Ley de Migraciones Argentina en la balanza biopolítica

de un nuevo gobierno centrado –al menos en el plano discursivo– en el res-


peto de los derechos humanos y en la intención de diferenciarse del modelo
socio-económico y político de la década del noventa menemista, por otro
lado emergió de la decantación de una serie de acuerdos internacionales en
el marco del MERCOSUR y otros sucesos desencadenados en el país.
Si se retoma el contexto jurídico-político que precedió a la “nueva” Ley, cabe
mencionar que la reforma de la Constitución argentina en el año 1994 así como
el desarrollo incipiente de estrategias de integración regional inicialmente con
fines comerciales, llevó a la necesidad de rever el posicionamiento del país en
materia de derechos humanos, así como las condiciones necesarias para la libre
circulación de personas o factores de la producción (en un sentido económico).
En otras palabras, la reforma de la Constitución supuso el reconocimiento
con el mismo rango constitucional de los tratados internacionales ratificados
por Argentina, entre ellos los de derechos humanos, así como la necesidad de
destrabar los impedimentos para la libre circulación de personas en el contexto
de los países del MERCOSUR, que venía tratándose desde acuerdos bilaterales
(Pacecca, 2006). En este sentido, cabe advertir sobre el papel protagónico de
la Dirección Nacional de Migraciones frente a los problemas organizativos,
falta de recursos, información, retrasos y demás problemas de funcionamiento
que llevaron al incremento y reproducción de las condiciones de irregularidad
migratoria, según las propias palabras de su director en la exposición de la
Comisión de Población y Recursos Humanos de la Cámara de Diputados de la
Nación al momento de discutir la Ley (Novick, 2004).
A estos intereses es posible agregar las necesidades de repensar una polí-
tica demográfica de población del país –en especial debido a la crisis del año
2001– frente al bajo crecimiento de la población, la reducción de los niveles de
fecundidad, el envejecimiento de la población, el estancamiento en la mortalidad
de la población así como del aporte migratorio internacional, la concentración
urbana de la población y el aumento de la emigración de la población joven del
país, entre los principales problemas (Ob. cit., 2004).
Atendiendo al contexto de nacimiento de la Ley brevemente descripto, de
esta primera presentación es posible entender que la norma no nació desde
una intencionalidad desinteresada e ingenua, sino que hubo una “razón de
gobierno” y de “Estado” más o menos relevante al momento de sancionarla.
Estas razones se concentraron en cuestiones económicas y demográficas, lo
cual conduce a pensar a la Ley como un “mecanismo legal o jurídico” aunque
con claras implicancias tácticas en tanto medio para alcanzar otros fines5, en el
sentido propuesto por Foucault (2009). De allí que seguidamente será abordada
en clave biopolítica.
5
Según Foucault, aunque la progresiva gubernamentalización de los Estados no se concentra en la
regulación a partir de la ley, ésta sigue siendo complementaria para el ejercicio del gobierno. En este
sentido, el autor entiende fundamental “utilizar al máximo las leyes como tácticas. Hacer de tal suerte
que, por una serie de medios pueda alcanzarse tal o cual fin” (Ob. cit., 2009:125).

0_0_Numero 7.2.indd 88 16/08/2013 05:57:52 p.m.


Desireé Alda D'Amico 89

La norma comienza en su capítulo I designando el “Ámbito de aplicación”.


Así, en el artículo Nº 2 indica que la presente Ley se aplicará a todos aquellos
“extranjeros” que deseen ingresar, transitar, residir o establecerse de diferentes
maneras en el país, ya sea de manera transitoria, temporal o definitiva en el país.
Esto es, la norma regulará a todos los (in)migrantes y no sólo a quienes gozan
del carácter de permanentes, reafirmando en su discursividad el concepto de
“extranjero” frente al “propio nacional” (Domenech, 2009).
Seguidamente en el capítulo II hace explícitos los “Principios Generales”
que orientan la Ley siendo destacable su preocupación en los siguientes ejes:
a) El reconocimiento del contexto transnacional en el que se inserta el
Estado argentino, de allí su preocupación por cumplir las obligaciones o “com-
promisos internacionales de la República en materia de derechos humanos,
integración y movilidad de los migrantes”, promover y difundir –en este orden
de cosas– primero las obligaciones, derechos en segundo lugar y por último
las garantías de los migrantes en coherencia con la “Constitución Nacional” o
carta “madre” del derecho público, los “compromisos” internacionales y las
leyes “manteniendo en alto su tradición humanitaria y abierta con relación a los
migrantes y sus familias”. Es decir, en estas afirmaciones en principio se limita
la “razón de Estado” en su relación con otros Estados, aunque reconociendo
que en la relación Estado-migrante, primero deben cumplirse las obligaciones,
para dar lugar recién a los derechos y garantías.
b) Otro punto a destacar es el interés por “contribuir al logro de las políticas
demográficas” las cuales, en una lógica claramente biopolítica en el sentido de
Foucault (2009), permitan en última instancia calcular la “magnitud, tasa de
crecimiento y distribución geográfica de la población del país” la cual, como se
expuso previamente, representaba una preocupación importante al momento
de sancionar la Ley.
c) Se evidencia también el interés por favorecer la “integración” de los mi-
grantes, de que “residan en“forma legal” para el mejor aprovechamiento de sus
capacidades personales y laborales a fin de contribuir al desarrollo económico
y social del país”. Adviértase que en este caso el interés primario se centra en
el desarrollo económico y luego social del país, de allí el carácter instrumental
de la “integración”. Relacionado con este punto se puede mencionar también
entre los mismos principios el interés por “facilitar la entrada de visitantes
(…) para los propósitos de impulsar el comercio, el turismo, las actividades
culturales, científicas, tecnológicas y las relaciones internacionales”, cuestiones
que refuerzan las intencionalidades de cierto tipo de migraciones calificadas o
por razones económicas.
d) A estos aspectos cabe agregar la persistencia atenuada de
ciertos“mecanismos disciplinarios” tanto internos al país como interna-
cionales, vinculados tanto a la denegación del ingreso y/o permanencia
de “personas involucradas en actos reprimidos penalmente por nuestra
legislación” así como atender a cuestiones externas que hacen “promover

0_0_Numero 7.2.indd 89 16/08/2013 05:57:52 p.m.


90 La actual Ley de Migraciones Argentina en la balanza biopolítica

el orden internacional y la justicia”, entre ellos “prevenir y combatir eficaz-


mente la delincuencia organizada transnacional”. Todo lo cual personifica y
hace presente la mantención de los “mecanismos legales y disciplinarios”
como potestad de la propia “razón” de los Estados y gobiernos.
Si se avanza hacia el “Título I” denominado “De los derechos y obligaciones de
los extranjeros”, a diferencia de los mecanismos de poder disciplinarios todavía
latentes en el capítulo anterior, la enumeración de derechos de los inmigrantes
parece dar paso a un enfoque más abierto y respetuoso de los “derechos huma-
nos” de los inmigrantes en tanto personas. Así en el “Capítulo I” del “Título I”
denominado“De los derechos y libertades de los extranjeros” la Ley avanza en
el reconocimiento de múltiples derechos, anteriormente vedados a los migran-
tes por su condición de “ilegalidad” (en los términos de la “Ley Videla”). Entre
ellos cabe resaltar en primer lugar, en el artículo Nº 4 el reconocimiento de la
migración como un “derecho” “esencial e inalienable de la persona” sustentado
en los principios de “igualdad” y “universalidad”. De ello se deriva el artículo Nº
5 en el cual el Estado se compromete a garantizar un “igual trato” para que los
migrantes puedan gozar de sus derechos siempre que cumplan las “obligaciones”
que derivan de la aceptación y cumplimiento de las leyes vigentes, o lo que es lo
mismo del“contrato” jurídico-político del Estado-nación argentino.
Respecto a los derechos, en los artículos Nº 6, Nº 7 y Nº 8 el Estado amplía
el reconocimiento de aspectos tales como “servicios sociales, bienes públicos,
salud, educación, justicia, trabajo, empleo y seguridad social”, de forma inde-
pendiente a la situación de “regularidad” o no del migrante y su familia. Así,
uno de los contrastes más importantes de esta “nueva” Ley con relación a la
anterior, reside en que nadie puede ser privado de acceder a estos derechos
pues el Estado se compromete a resguardarlos por el sólo hecho de ser hu-
manos, lo cual incluye al propio entorno familiar del migrante, garantizando
también la reunificación familiar, privilegiando por tanto la vida de las personas
más allá de su nacionalidad.
De esta primera lectura sobre la “generosidad” del Estado argentino en el
reconocimiento de estos derechos, si se retoma el planteo de Foucault (2009)
al analizar el sentido y funciones de la“policía”6, cabe mencionar el papel fun-
damental que éstos derechos tienen también para el propio Estado, ya sea para
garantizar una población sana y en condiciones de producir, educada, “integrada”
y por lo tanto, socializada en las normas, costumbres y regulaciones funcionales
al Estado-nación y en condiciones legales de trabajo que le permita tributar y
compensar el sistema de seguridad social. Con esto, por supuesto que no se
6
Al referir a la “policía”, de manera diferente a la connotación represiva que adquirió posteriormente
el término, Foucault advierte sobre otra significación que tuvo el término desde el siglo XVII como fue
el de representar el “conjunto de los medios a través de los cuales se pueden incrementar las fuerzas
del Estado a la vez que se mantiene el buen orden de éste” (Ob.cit., 2009:357). De allí que la diversidad
de cuestiones que contempla el Estado como garantía encuentran como reverso un interés también de
consolidar su propio poder.

0_0_Numero 7.2.indd 90 16/08/2013 05:57:52 p.m.


Desireé Alda D'Amico 91

pretende renegar de la proporción y ampliación de derechos anteriormente


negados a los migrantes, sino más bien advertir que el otorgamiento de ciertos
derechos por parte del Estado tampoco representa una decisión plenamente
inocente o ajena a sus intereses.
Si se continúa con el análisis del articulado, entre las novedades a destacar,
cabe mencionar que en su artículo Nº 13 el Estado refuerza los principios y
valores ya enunciados en el Preámbulo y la Constitución Nacional tal como es
la prohibición de cualquier tipo de discriminación por motivos de: “etnia, reli-
gión, nacionalidad, ideología, opinión política o gremial, sexo, género, posición
económica o caracteres físicos”. Esto, en principio se refuerza en otras partes
del texto, en el cual el Estado reconoce el “enriquecimiento cultural y social”
que aportan estos grupos al país, y por ello se compromete al “conocimiento
y la valoración” de las expresiones culturales, recreativas, sociales, económicas
y religiosas de los inmigrantes. Ligado a esta cuestión, en materia educativa se
obliga a brindar cursos de formación tendientes a promover “una sociedad
multicultural y de prevención de mecanismos discriminatorios”.
No obstante esta aparente apertura cabe agregar las previsiones y cierta
clausura que adopta más adelante el Estado en ese tema, en distintas partes del
documento y en especial en el artículo Nº 125 en el que enuncia la obligación
de los migrantes de “respetar la identidad cultural de los argentinos”. En este
sentido, cabe hacer referencia al trabajo de Soria (2009) quien justamente al
analizar este artículo concluye cómo a lo largo de la Ley se vislumbra la cultu-
ralización del “otro” y de sus manifestaciones culturales, las cuales son aisladas
en su interpretación conflictiva para construir y disputar hegemonía. Así este
último artículo y las distintas instancias en que se expresa la importancia de la
“integración social y cultural” entra en clara contradicción con la perspectiva
multi/intercultural, siendo que el Estado sigue siendo un actor clave al señalar
quiénes son los otros actores de la nación, sus aportes y en qué contexto éstas
pueden valorarse.
Respecto a otro de los títulos más significativos de la Ley, cabe analizar
también el Título II denominado “De la admisión de extranjeros a la República
Argentina y sus excepciones”, en especial el capítulo I “De las categorías y
plazos de admisión” a partir del cual el Estado especifica y regula los distintos
tipos de residencia como son la residencia precaria, transitoria, temporaria y
permanente, así como los lugares habilitados para ingresar o egresar del país
dispuestos por la Dirección Nacional de Migraciones, tal como lo reconoce en
el Título III en el Capítulo I “De ingreso y egreso”. A partir de esto se evidencia
claramente el poder de regulación del Estado en distintos aspectos de la vida
de las personas, las cuales son diferencialmente reconocidas según su tipo de
residencia.
Sobre los tipos de residencia se entiende que este apartado no sólo es
significativo en tanto evidencia el rol del Estado y su poder de disciplinamiento
sobre la población, sino también debido a las implicancias que esto tiene en

0_0_Numero 7.2.indd 91 16/08/2013 05:57:52 p.m.


92 La actual Ley de Migraciones Argentina en la balanza biopolítica

otros aspectos como es el acceso al Documento Nacional de Identidad (DNI)


y regularidad en el trabajo.
Si bien la accesibilidad a los otros derechos sociales, tales como educación,
salud, servicios sociales, etc., se encuentran garantizados –al menos en el dis-
curso– de manera independiente a la condición de regularidad del migrante,
merece realizarse una explicación adicional sobre el tema laboral. De acuerdo
a la Ley, aunque los migrantes tienen derecho a trabajar, en el artículo Nº 53
advierte que “los extranjeros que residan irregularmente en el país no podrán
trabajar o realizar tareas remuneradas o lucrativas, ya sea por cuenta propia o
ajena, con o sin relación de dependencia”. Esto se refuerza en el artículo Nº 55
en el que plantea que: “ninguna persona de existencia visible o ideal, pública o
privada, podrá proporcionar trabajo u ocupación remunerada, con o sin relación
de dependencia, a los extranjeros que residan irregularmente”. Sólo podrán
gozar de este beneficio los “residentes permanentes”, “residentes temporarios”,
en algunos casos los “transitarios” cuando se trate de migrantes estacionales
y aquellos que tengan la “residencia precaria” cuando sean habilitados por la
Dirección Nacional de Migraciones.
De la lectura de estos artículos, puede interpretarse entonces que si bien
el Estado argentino ha flexibilizado sus normas por una parte, por otro lado
sus regulaciones siguen afectando un derecho humano fundamental para que
la persona pueda desarrollar dignamente su vida, como es el trabajo. Si bien es
razonable que en su lógica el Estado busque tributar y al mismo tiempo, favo-
recer la inscripción de los patrones de sus empleados para que accedan a los
beneficios sociales, la normativa corre el fuerte riesgo de reproducir condiciones
de irregularidad laboral y explotación como sucede de hecho en la práctica.
En esta línea, es posible destacar la interesante exposición de Nejamkis y
Rivero Sierra (2010) quienes al analizar el “Programa Patria Grande” de regu-
larización migratoria explicaron el énfasis que se ponía en la importancia de la
tributación y el trabajo en blanco, debido al supuesto potencial contribuyente
de los migrantes en el desarrollo económico del país. En contraste con este
argumento, los mismos autores advierten cómo en la práctica este discurso in-
curre en una falacia pues los migrantes irregulares también pagan impuestos, por
ejemplo con el Impuesto al Valor Agregado (IVA) –de características claramente
distorsivas– a lo que se suma que su peso con relación a los evasores nunca es
tan fuerte. Frente a estas afirmaciones, los autores remarcan el interés estatal
por obligar a quienes no son contribuyentes a hacerlo frente a las presiones
de los sectores que sí lo hacen, lo cual reafirma el planteo de Foucault (2009)
sobre el carácter reticular del poder.
Entre otros argumentos que pueden explicar esta aparente contradicción
del Estado en el plano laboral, puede ser interesante refrescar la “teoría de los
mercados duales” de Michel Piore (citado por Arango, 2003) quien señaló la
“funcionalidad” que suelen cumplir los migrantes de otros países quienes rea-
lizan en las sociedades receptoras aquellos trabajos de menor reconocimiento

0_0_Numero 7.2.indd 92 16/08/2013 05:57:52 p.m.


Desireé Alda D'Amico 93

social, no prestigiosos o mal pagos que los nacionales no están dispuestos a


realizar. De este modo, la necesidad y ansias de progresar de los recién lle-
gados se traduce una segmentación de mercado que es aprovechada por los
empleadores quienes pagan salarios más bajos, reproduciendo las condiciones
de explotación, llegando en algunos casos a utilizar la amenaza de denuncia
para la deportación para mantener esas condiciones.
En relación a este planteo, cabe señalar el avance jurídico de la Ley en su
artículo Nº 65 respecto a la prohibición en expulsar o privar de residencia a
aquellas personas que no cumplan con un determinado contrato de trabajo.
Sobre este aspecto, la Ley avanza señalando que en caso que el Estado reco-
nozca causas para su expulsión, el migrante aún tiene recursos administrativos
y jurídicos para recurrir esa decisión, tales como los “Recursos de reconsi-
deración, Jerárquica o Alzada”; sólo si se agotan los recursos administrativos
enumerados en el artículo Nº 84 se daría paso a la instancia judicial según el
artículo Nº 86, previo informe administrativo y con derecho a tener asistencia
jurídica gratuita así como a acceder a un intérprete en caso de que fuere ne-
cesario. De acuerdo al artículo Nº 89, la revisión administrativa por parte de la
instancia judicial sólo se dará teniendo en cuenta el control de legalidad, debido
proceso y razonabilidad del acto que se pretende impugnar.
La instancia de regulación y control principal de esta materia según el ar-
tículo Nº107, estará a cargo de la Dirección Nacional de Migraciones, la cual
no sólo tiene competencias para la “admisión, otorgamiento de residencias y
su extensión” sino también “controlará el ingreso y egreso de personas al país
y ejercerá el “control” de permanencia y el “poder de policía” de extranjeros
en todo el Territorio de la República”.
De acuerdo al artículo Nº 108 y otros subsiguientes, la Dirección Nacional
de Migraciones puede recurrir a la ayuda de la “Policía Migratoria Auxiliar” y
otras autoridades nacionales, provinciales y municipales, lo cual demuestra la
capacidad de penetración territorial del Estado, así como el mantenimiento de
los mecanismos disciplinarios en el área que se refleja por ejemplo en la cons-
titución de la Policía Migratoria. El artículo Nº114 prevé que estará integrada
por “Prefectura Naval Argentina, Gendarmería Nacional, la Policía Aeronáutica
Nacional, la Policía Federal”.
Para terminar el análisis del texto, la Ley concluye en el “Capítulo VI” deno-
minado “Delitos al orden migratorio” del Título X con una serie de disposicio-
nes “represivas” contra los delitos migratorios tales como tráfico de personas,
obligación de la permanencia ilegal de extranjeros, presentación de documentos
material e ideológicamente falsos para peticionar beneficios de un tercero, entre
otras cuestiones. Todo lo cual permite advertir la subsistencia de mecanismos
jurídicos-legales, disciplinarios y dispositivos de seguridad que representan parte
de la lógica“natural” de funcionamiento del Estado y su gobierno.

0_0_Numero 7.2.indd 93 16/08/2013 05:57:52 p.m.


94 La actual Ley de Migraciones Argentina en la balanza biopolítica

IV. A modo de reflexión


Al iniciar la exposición se propuso analizar la Ley de Migraciones 25.871 bajo
la mirada de los debates sobre biopolítica. En este sentido, se intentó poner
en tensión los aportes de la“nueva” norma en términos de sus posibilidades
para ofrecer mejores condiciones de“vida” a quienes no son “ciudadanos” del
propio Estado, pero que sin embargo serían “merecedores” de“derechos hu-
manos” por el sólo hecho de ser personas. De este modo, en última instancia
se intentó reflexionar sobre si se asiste a un proceso de ruptura respecto al
poder soberano del Estado para “dejar vivir y hacer morir” o si por el contrario,
existe cierta resignificación de su discurso “soberano” sin pretensiones reales
de anular su poder.
Del análisis de la Ley se pudo apreciar que, en principio, la norma se posiciona
discursivamente como una instancia superadora de la anterior Ley General de
Migraciones y Fomento de la Inmigración o “Ley Videla”. Esto se evidencia en
diversas partes de su articulado en que se sostiene tanto el reconocimiento
del mismo derecho de migrar como un derecho humano, así como en otros
derechos sociales que de él se derivan tales como la educación, salud, seguridad
social, entre las principales.
A pesar de estos elementos que permiten presuponer un cambio importante
en el plano discursivo, la interrelación de distintos puntos del articulado lleva a
matizar la radicalidad de las transformaciones. En ese sentido, las continuidades
existentes en materia normativa con relación a otras anteriores nos llevarían a
afirmar que la Ley se enmarca dentro de una estrategia biopolítica más amplia
cuya finalidad, en última instancia es reafirmar el poder estatal. Esto se debe a
que si bien son indiscutibles los avances en materia del reconocimiento de los
“derechos humanos” de los migrantes más allá de su situación de regularidad,
la ambigüedad o puertas abiertas que quedan sujetas a la revisión última del
Estado llevan a pensar que la Ley preserva indudablemente su poder soberano
y el de sus gobiernos al momento de regular las migraciones.
Esta otra perspectiva por ejemplo se observa sobre todo en el acceso a la
educación y el respeto de la “riqueza social y cultural” de los migrantes inde-
pendientemente su condición de regularidad, la cual se ve ­en última instancia
contrapesada por el poder del Estado quien al finalizar la Ley prioriza el respeto
de la “identidad argentina”.
Por otra parte, si bien se advierten avances en el reconocimiento de los
derechos a la salud o seguridad social, en la Ley predomina por momentos
una intencionalidad económica que se expresa en el interés por favorecer
la“integración‘ laboral de los inmigrantes, atraer migraciones calificadas, el tu-
rismo, personas dedicadas a ciertas actividades tecnológicas, etc. Aunque esto
no quita méritos a esta Ley con relación a la anterior, no debe subestimarse el
análisis de la coyuntura o contexto de producción de la Ley. En otras palabras,
conforme al argumento de Balibar (2003) no debemos olvidar que la forma

0_0_Numero 7.2.indd 94 16/08/2013 05:57:52 p.m.


Desireé Alda D'Amico 95

Nación representa ciertas estructuras ideológicas y económicas, o estructura de


oportunidades que son comprensibles –en este caso– según el momento en que
se sancionó la Ley dentro del contexto argentino y los porcentajes migratorios
relativamente bajos de Argentina con relación a otros países.
No obstante estas limitaciones y los desafíos que la Ley deberá afrontar
en caso de recibir mayores flujos migratorios o asistir a la modificación de las
condiciones que le dieron origen para demostrar sus propósitos efectivos de
cambio, del análisis del articulado en principio es posible concluir que el Estado
y los gobiernos siguen presentes.
Del análisis de la norma, en los que aparecieron términos tales como
“compromisos”, “políticas demográficas”, “integración”, “orden”, “identidad
nacional”, “universalidad”, “control”, “Policía Migratoria”, “delitos”, “educa-
ción”, “salud”, entre otros, es posible observar el mantenimiento de diversas
dispositivos que se enmarcan dentro del biopoder, los cuales responden a una
estrategia política de regulación y normalización de la vida (Foucault, 2008).
Este último concepto, aunque se observa en distintas partes del articulado, se
hace explícito en el interés demográfico del Estado por identificar la población
para desarrollar políticas de población, control, etc.
Esto habla razonablemente de la “soberanía” de los Estados, la cual de
manera necesaria requiere identificar y diferenciar territorios y poblaciones
para gobernar. Todo lo cual lleva a pensar que, aunque se asiste a una revisión
discursiva interesante sobre los clásicos discursos y prácticas en torno a la
“ciudadanía” y los “derechos humanos”, ambos siguen siendo una potestad más
o menos“consensuada” por parte de los Estados y son cumplidos de acuerdo
a la construcción histórica, política y jurídica más o menos favorable de cada
momento.
A pesar de que es posible que el tiempo dé o no razón de la asunción de
cambios más profundos, por el momento se sostiene que a largo plazo el camino
parece seguir estando en manos de los Estados y sus gobiernos. De todos mo-
dos, es positivo que los “mecanismos jurídicos”, “disciplinares” y “dispositivos de
seguridad”, intenten posicionarse en el plano de la vida, al menos en el discurso.
Revisar y constatar el cumplimiento y difusión de la norma en las prácticas,
parece ser uno de los más importantes retos a alcanzar en el futuro cercano.

Documentos
Ley General de Migraciones y Fomento de la Inmigración. Ley N º 22.439/81. (23 de marzo de 1981).
Ley de Migraciones. Ley N º 25.871. (17 de diciembre de 2003).

0_0_Numero 7.2.indd 95 16/08/2013 05:57:53 p.m.


96 La actual Ley de Migraciones Argentina en la balanza biopolítica

Bibliografía
- Agamben, G. (2003) Homo Sacer. El poder soberano y la nuda vida, España, Pre-Textos, Traducción y
notas de G. Cuspinera
- Arango, J. (2003) “La explicación teórica de las migraciones: luces y sombras” en Migración y Desarrollo.
Número 1, 1-30.
- Balibar, E. (2003) “Homo Nationalis: Boceto antropológico de la forma nación”, en Nosotros ¿ciuda-
danos de Europa?, España, Editorial Tecnos, 35-60.
- Domenech, E. (2009) “La visión estatal sobre las migraciones en la Argentina reciente. De la retórica
de la exclusión a la retórica de la inclusión” en Domenech, E. (Comp.) Migración y Política: El Estado
interrogado. Procesos actuales en Argentina y Sudamérica, Córdoba, Editorial de la Universidad Nacional
de Córdoba, 21-69
- Esposito, R. (2003) Communitas. Origen y destino de la comunidad, Buenos Aires, Amorrortu Editores.
_____________________
(2006) Bios. Biopolítica y Filosofía, Buenos Aires, Amorrortu Editores.
- Ferrajoli, L. (1998) “Más allá de la soberanía y la ciudadanía: un constitucionalismo global”, en ISONO-
MIA. Nº 9. s/n. En:http://bib.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/12504985356703728543657/
isonomia09/isonomia09_10.pdf Fecha de consulta: 10/3/2011.
- Foucault, M. (1996) Genealogía del Racismo, Caronte Ensayos. Buenos Aires, Altamira.
______________________
(2008) Nacimiento de la biopolítica, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica.
(2009) Seguridad, territorio y población, Primera Edición. Tercera Reimpresión. Buenos
______________________

Aires, Fondo de Cultura Económica.


- Giustiniani, R. (ed) La migración: un derecho humano, Buenos Aires, Prometeo.
- Kymlicka, W. y Wayne, N. (1997) “El retorno del ciudadano. Una revisión de la producción reciente
en Teoría de la Ciudadanía”, en Agora, Nº 7.
- Marshall, T H. (1997) [1949] “Ciudadanía y Clase Social”, en Revista Española de Investigaciones
Sociológicas, Madrid, Centro de Investigaciones Sociológicas.
- Nejamkis, L.y Rivero Sierra, F. (2010) “Patria Grande: consonancias y ¿disonancias? Entre políticas
públicas, prácticas y discursos”, en Novick, S. (dir.) Migraciones y Mercosur: Una relación inconclusa,
Buenos Aires, Catálogos, 73-94.
- Novick, S. (2004) “Una nueva ley para un nuevo modelo de desarrollo en un contexto de crisis y
consenso” en Giustiniani, R. (ed) La migración: un derecho humano, Buenos Aires, Prometeo.
- Pacecca, M. I. (2006) “El MERCOSUR y la normativa migratoria argentina (2000-2005)”, en VII
Congreso Nacional de Ciencia Política de la Sociedad Argentina de Análisis Político, Buenos Aires, 1-15.
- Soria, S. (2009) “Las migraciones y el discurso multi/intercultural del Estado en Argentina” en Dome-
nech, E. (Comp.) Migración y Política: El Estado interrogado. Procesos actuales en Argentina y Sudamérica,
Córdoba, Editorial de la Universidad Nacional de Córdoba, 103-137.
- Velázquez Rivera, E. (2002) “Historia de la Doctrina de la Seguridad Nacional”, en Convergencia,
Año 9. Nº 27. Toluca, Universidad Autónoma del Estado de México. En: http://redalyc.uaemex.mx/
redalyc/pdf/105/10502701.pdf Fecha de consulta: 20/02/2011
- Wimmer, A. y Glick Schiller, N. (2002) “Methodological nationalism and beyond: nation-state building,
migration and the social sciences”, en Global Networks 2.

0_0_Numero 7.2.indd 96 16/08/2013 05:57:53 p.m.


espacios nueva serie. Estudios de Biopolítica Nº 7 - tomo 2 - 2013: 97-115. ISSN 1669-8517

Miedo, seguridad y control.


Los primeros proyectos de creación
de la policía de la ciudad de Buenos Aires,
1997-2001
Darío Dawyd
Universidad Nacional de San Martín

Luciana de Diego
Universidad Nacional de General Sarmiento

Resumen
En el presente artículo se analizan todos los proyectos presentados en la Legislatura
de la ciudad de Buenos Aires para la creación de la policía metropolitana, desde el
primero de 1997 hasta la crisis de 2001. El trabajo sobre los proyectos de todas las
fuerzas políticas porteñas guiará una pregunta más general acerca de la seguridad y
el control de la población a través del miedo. La mirada del debate para la creación
de la policía porteña se centrará tanto en la relación de las diferentes las fuerzas
políticas porteñas con el gobierno nacional, como en (y principalmente) su relación
con las conceptualizaciones acerca de una mutación biopolítica, el pasaje de los
dispositivos disciplinarios a los de control.

Palabras clave
policía- biopolítica- seguridad- miedo- control

Abstract
In the present article we research all the projects presented in Buenos Aires’s
Legislature for the creation of the metropolitan police, from the first one of 1997 up
to the 2001’s crisis. The work on the projects of all the political forces will guide a
general question about security and the control of the population through the manage
of fear. The debate for the creation of the Buenos Aires’s police will be centered
on the relation of the different political forces with the national government, and
principally on the relation between it and the conceptualizations about a biopolitical
mutation, the passage of the disciplinary to the control.

Key words
police- biopolitics- security- fear- control

0_0_Numero 7.2.indd 97 16/08/2013 05:57:53 p.m.


98 Miedo, seguridad y control. Los primeros proyectos de creación de la policía de la ciudad...

Introducción
La existencia de una policía de la ciudad de Buenos Aires está relacionada con
la autonomía política de dicha ciudad. Hasta la reforma constitucional de 1994
Buenos Aires careció de autonomía y cuando la consiguió fue sin el traspaso de
la competencia de seguridad. Esta siguió quedando, según la ley 24588 de 1995,
bajo jurisdicción del gobierno nacional a través de la policía federal. Para que la
ciudad tuviera autonomía policial, tanto como la había obtenido en materias de
Salud y Educación, el Congreso Nacional debía modificar la citada ley. Recién en
2007 los representantes porteños consiguieron una reforma que permitió a la
postre la creación de la policía metropolitana, dedicada a materias no federales.
Esta policía está directamente asociada a la fuerza política que motorizó su crea-
ción (tras haberla colocado entre sus principales demandas antes de acceder al
gobierno porteño) el partido de centro-derecha Propuesta Republicana, PRO.
En el presente trabajo se analizan todos los proyectos presentados en la
Legislatura porteña para la creación de la policía metropolitana, desde la refor-
ma constitucional hasta la crisis de 2001. El período que cubre la investigación
permitió relevar que no fueron los sectores de centro-derecha los que más
propuestas presentaron, sino el arco político opuesto, que incluso presentó el
único proyecto integral de creación de la policía porteña entre 1997 y 2001.
Estos resultados empíricos permiten avanzar sobre uno de los aspectos centrales
que el presente artículo pretende discutir: el control de la población a través
del manejo del miedo, visto desde el análisis de caso de los primeros proyectos
de creación de la policía de la ciudad de Buenos Aires, indagando su relación
con los diferentes sectores políticos porteños que motorizaron el reclamo1 y
sus relaciones con el gobierno nacional.
Trabajamos el período que media entre los años 1997 y 2001. A partir de
la primera fecha comenzó a funcionar la Legislatura de la Ciudad Autónoma de
Buenos Aires y el cierre del período es diciembre de 2001, que marcó un punto
de inflexión en la política argentina contemporánea (entre otros elementos se
produjo la debacle del gobierno nacional de quien había sido jefe de gobierno
porteño y reapareció con mayor fuerza la seguridad como un problema de
agenda)2. Los momentos que siguieron a aquella primera etapa de proyecto de la
policía metropolitana fueron desde la crisis a la creación de la policía (2008) y los
debates en torno a la organización de la misma ocurrieron durante el gobierno
de Mauricio Macri. Estos no podrán ser abordados en el presente artículo, que
se propone, por otro lado, una genealogía de la policía porteña que permita
reflexionar a partir de los primeros proyectos para su creación, acerca de una
mutación biopolítica, un cambio de los dispositivos disciplinarios a los de control.
1
“La seguridad ya no es tópico exclusivo de la dureza de la derecha, sino que debe serlo de todo el
espectro, en fórmula propagandística de donde nadie podía quedar afuera” (Kaminsky, 2007: 28).
2
La etapa post crisis de 2001 estuvo signada también por el crecimiento mediático de la “ola de in-
seguridad”, fundamentalmente en torno al “caso Blumberg”; para un acercamiento a la misma véase
Livszyc (2004)

0_0_Numero 7.2.indd 98 16/08/2013 05:57:53 p.m.


Darío Dawyd y Luciana de Diego 99

Seguridad y miedo en las sociedades de control


Nuestra investigación tendrá como epicentro la cuestión de la seguridad,
centrada en las condiciones de posibilidad del discurso que buscó el traslado de
la policía federal a la Ciudad de Buenos Aires. El marco general donde inscribi-
mos nuestro trabajo es la mutación por la cual las sociedades de control están
reemplazando a las sociedades disciplinarias (Deleuze, 1999). Es un cambio
del capitalismo de concentración (para la producción y la propiedad privada)
al capitalismo de superproducción (venta de servicios y compra de acciones).
A diferencia de la disciplina el control se plantea “a corto plazo y de rotación
rápida, pero también continuo e ilimitado, mientras que la disciplina era de
larga duración, infinita y discontinua” (Deleuze, 1999: 109)3.
Dentro de estas coordenadas la cuestión de la seguridad se relaciona con
el control en la medida en que emerge una forma de derecho, un derecho de
policía, que nace a la luz de la “excepcionalidad de la intervención” que “se
inscribe en el despliegue de fuerza preventiva, represiva y retórica, destinada
a la reconstrucción del equilibrio social” lo cual reenvía a la “capacidad de la
policía para crear y mantener el orden” (Hardt y Negri, 2004: 277). Dada su
discontinuidad y su virtualidad, el aparato de ejercicio de poder es reforzado, y
sigue siendo efectivo y legítimo allí donde debe usar la fuerza en última instancia.
Su reforzamiento tiene que ver también con que el operador fundamental en
las sociedades de control es el miedo. Por el manejo del miedo (y la angustia)
se controla la aplicación del estado de excepcionalidad, las actuaciones sin
justificaciones y las actuaciones preventivas4.
El miedo es general (al desempleo, a la pobreza, a sufrir violencia) y crea y
refuerza las nuevas segmentaciones sociales que se dibujan en un espacio de
proximidad. En este espacio las desigualdades son colindantes. Así es apreciable
cómo el control se diferencia de la disciplina en la medida en que esta última
buscaba normalizar las desigualdades a través de la normalización, mientras
que el control busca pacificar las diferencias, manejar las proximidades. Este
cambio de paradigma de gobierno es visible tanto en el nivel de la administra-
ción (diferenciada de la política), la diferenciación social, la heterogeneidad de
las respuestas públicas y finalmente, la búsqueda de efectividad, la obtención
de soluciones a cualquier precio. Sólo ante la falta de estas últimas aparece la
política, pero no para normalizar sino para controlar biopolíticamente, controlar
3
Para Hardt y Negri (2004: 25) “La sociedad de control, por lo tanto, puede ser caracterizada por
una intensificación y generalización de los aparatos normalizadores del disciplinamiento, que animan
internamente nuestras prácticas comunes y cotidianas, pero, en contraste con la disciplina, este control
se extiende muy por fuera de los sitios estructurados de las instituciones sociales, por medio de redes
flexibles y fluctuantes”.
4
“La sociedad del espectáculo manda utilizando una antigua arma. [...] es el miedo el que conduce a y
asegura el orden social, y aún hoy el miedo es el mecanismo primario de control que inunda la sociedad del
espectáculo. Aunque el espectáculo parece funcionar mediante el deseo y el placer (deseo de mercancías y
placer de consumo), lo hace en verdad mediante la comunicación del miedo” (Hardt y Negri, 2004: 277).

0_0_Numero 7.2.indd 99 16/08/2013 05:57:53 p.m.


100 Miedo, seguridad y control. Los primeros proyectos de creación de la policía de la ciudad...

las formas de vida diferenciadas, y si ese control llegara a fracasar, se interviene


con la fuerza.
Uno de los elementos fundamentales a través de los que opera el control
es “el éter”; este es el “manejo de la comunicación, la estructuración del sis-
tema educativo y la regulación de la cultura” (Hardt y Negri, 2004: 293). En lo
referente al éter hay una estrecha relación con el tema del miedo: “el miedo es
el contenido fundamental de la información que presentan las enormes corpo-
raciones de la comunicación” (Hardt y Negri, 2004: 288). En la misma creación
etérea del miedo se debería incluir su contrapartida, la creación mediática de la
subjetividad de los dadores de miedo, los que dan miedo, los delincuentes, sus
edades y de dónde proceden (en algunos casos incluso los medios se aventuran
a proponer soluciones para terminar con la inseguridad). De esta manera, a tono
con el control biopolítico de las diferencias es pertinente mencionar la creación
de la subjetividad del delincuente, puesto que para el análisis de la seguridad, la
delincuencia y la creación del delincuente, se nos muestra como insoslayable.

Del Imperio al Estado y del Estado a la ciudad


Las consideraciones teóricas presentadas nos permiten acercarnos al estudio
de las propuestas para una policía porteña. Si bien los autores abordados no
construyen herramientas específicas para el ámbito más ceñido de lo local, ni
específicamente de lo municipal (que es la espacialidad propia de la investiga-
ción que desarrollamos) contamos con herramientas para pensar a partir de
aquellos en la ciudad de Buenos Aires (Murillo, 2002a) y con la posibilidad de
reformarlas a medida de que la investigación lo requiera.
Buenos Aires, subordinada al poder central en 1880, fue epicentro desde
aquellas fechas del surgir local de la “cuestión social” (Murillo, 2002b: 13), en
el marco general de lo que fue denominado “orden conservador” (Botana,
1994). La provincia tuvo poco después en La Plata su nueva capital, mientras
que la ciudad de Buenos Aires, devenida capital del país, pasó a ser administra-
da desde 1883 por un intendente designado por el poder ejecutivo nacional.
Recién con la reforma de la Constitución Nacional en agosto de 1994 (con el
principal objetivo de posibilitar la reelección del entonces presidente Carlos
Menem) se produjeron cambios en la situación porteña.
El artículo 129 de la Constitución reformada, relativo a la autonomía porte-
ña e incluido dentro de la Segunda Parte (“Autoridades de la Nación”), Título
Segundo (“Gobiernos de Provincia”), es decir, no en el marco del gobierno
federal, sino en el lugar dedicado a las provincias, señala que
La ciudad de Buenos Aires tendrá un régimen de gobierno autónomo, con
facultades propias de legislación y jurisdicción, y su jefe de gobierno será
elegido directamente por el pueblo de la ciudad. Una ley garantizará los

0_0_Numero 7.2.indd 100 16/08/2013 05:57:53 p.m.


Darío Dawyd y Luciana de Diego 101

intereses del Estado nacional, mientras la ciudad de Buenos Aires sea capital
de la Nación. En el marco de lo dispuesto en este artículo, el Congreso de
la Nación convocará a los habitantes de la ciudad de Buenos Aires para que,
mediante los representantes que elijan a ese efecto, dicten el Estatuto Orga-
nizativo de sus instituciones.

Con este artículo se terminó con la figura anterior del intendente que a
la par de un Concejo Deliberante (integrado por 30 legisladores surgidos de
elecciones) gobernaba la ciudad. En Diciembre de 1995, el Parlamento Nacional
aprobó la ley 24620, “Ley de Convocatoria”, por la que se convocó
a los habitantes de la ciudad de Buenos Aires a la elección de un Jefe y Vicejefe
de Gobierno y de sesenta representantes que dictarán el Estatuto Organizativo
de sus instituciones, previsto por el artículo 129 de la Constitución Nacional.

El 30 de Junio de 1996, los porteños concurrieron a las urnas para elegir


a los estatuyentes y también al Jefe de Gobierno de la ciudad. La elección de
estatuyentes la ganó el FrePaSo5, mientras que la del Jefe de Gobierno la ganó
la UCR, con la fórmula Fernando de la Rua-Enrique Olivera. El 2 de Agosto
de 1996 sesionó en pleno la Asamblea Estatuyente que decidió a partir de ese
momento designarse “Convención Constituyente” y comenzó a elaborar la
Carta Magna porteña, la cual se sancionó el 1º de Octubre de 1996.
Al margen de la autonomía, cabe señalar que como el mismo artículo 129
también mencionaba que “una ley garantizará los intereses del Estado nacio-
nal, mientras la ciudad de Buenos Aires sea capital de la Nación” el Congreso
Nacional se aprestó a garantizarlos antes de que los porteños sancionaran su
Constitución. Así, antes de la conformación de la Convención Constituyente,
el 8 de Noviembre de 1995 se sancionó la ley 24588, llamada ley Cafiero. Esta
ley limitó la autonomía porteña al establecer en el artículo 7 que “el Gobierno
Nacional seguirá ejerciendo, en la ciudad de Buenos Aires, su competencia en
materia de seguridad y protección de las personas y bienes”6. Dada la existencia
de esta ley nacional, la ciudad autónoma de Buenos Aires no pudo disponer
desde su autonomización de policía propia; para ello, primero debía conseguir
5
El FrePaSO (con la senadora Graciela Fernández Meijide encabezando la lista) obtuvo el 34,71% de
los votos, mientras que el radicalismo se ubicó en segundo lugar, con el 27,24%. El tercer puesto fue
para el Partido Justicialista, con el 15,05% y cuarto el Partido Nueva Dirigencia (recientemente creado
y liderado por Gustavo Béliz) que logró el 8,18 % de los votos. De esta forma, la distribución de cons-
tituyentes por partido quedó de la siguiente manera: Frepaso: 25 integrantes, UCR: 19 integrantes, PJ:
11 integrantes, ND: 5 integrantes.
6
Asimismo dicha ley estableció en su artículo 7 que “La Policía Federal Argentina continuará cumplien-
do funciones de policía de seguridad y auxiliar de la justicia en el ámbito de la ciudad de Buenos Aires,
dependiendo orgánica y funcionalmente del Poder Ejecutivo Nacional” y en el artículo 8 menciona que
“La justicia nacional ordinaria de la ciudad de Buenos Aires mantendrá su actual jurisdicción y compe-
tencia continuando a cargo del Poder Judicial de la Nación. La ciudad de Buenos Aires tendrá facultades
propias de jurisdicción en materia de vecindad, contravencional y de faltas, contencioso-administrativa
y tributaría locales”.

0_0_Numero 7.2.indd 101 16/08/2013 05:57:53 p.m.


102 Miedo, seguridad y control. Los primeros proyectos de creación de la policía de la ciudad...

en las dos cámaras del Congreso de la Nación una mayoría que modificara la
ley Cafiero. Esta ley, por otro lado, no estableció ninguna disposición relativa
al manejo de la Salud o la Educación, lo que para muchos mostró que los
intereses del “Estado Nacional en la ciudad de Buenos Aires” que dicha ley
resguardaba se referían básicamente al control de la justicia y la policía. Este
punto es importante porque la Salud y la Educación sí fueron traspasadas al
gobierno porteño, aunque sin las partidas presupuestarias correspondientes,
contrariamente al artículo 75 de la Constitución Nacional7.
Tras estos antecedentes puede observarse que dado el cercenamiento inicial
de la posibilidad de una policía porteña, desde la Legislatura de la Ciudad de
Buenos Aires los primeros proyectos en torno del tema policial tuvieron que
ver con quejas por la falta de autonomía, la sanción de iniciativas, declaracio-
nes, pedidos y acuerdos con el poder ejecutivo nacional8. Estas propuestas, y
fundamentalmente los argumentos que esgrimen serán analizadas en lo que
sigue. Luego el análisis se centrará en el único proyecto presentado que, más
allá de su evidente impotencia dada la existencia de la ley Cafiero, se propuso
crear la Policía Metropolitana. Finalmente, en las conclusiones, relacionaremos
el relevamiento empírico realizado con las herramientas conceptuales que
permiten pensar una mutación de la cuestión social en la Argentina, en torno
a la creación de dispositivos de control.

Análisis de proyectos presentados en la Legislatura


porteña
De todos los proyectos que la Legislatura trabajó entre 1997 y 2001, los
que refieren a la policía, y específicamente al traslado de la policía federal a la
Ciudad de Buenos Aires, son veintiocho. Hacemos esta desagregación dado
que se presentaron muchos proyectos relativos a la policía, los cuales referían
solamente a pedidos ante el Ministerio del Interior de la Nación para que incre-
mentaran los efectivos en determinados barrios porteños o en las comisarías,
para pedir explicaciones sobre el accionar policial, y otros que expresaban la
impotencia de los legisladores porteños que, ante cualquier accionar de la policía
7
Según el artículo 75 “No habrá transferencia de competencias, servicios o funciones sin la respectiva
reasignación de recursos, aprobada por una ley del Congreso cuando correspondiere y por la provincia
interesada o la ciudad de Buenos Aires en su caso”. En una entrevista para la presente investigación Jorge
Enríquez afirmó que la Ley Cafiero por un lado se extralimitó en relación con la autonomía porteña dada
por la Constitución reformada, y por otro lado que esa extralimitación se debió a la “mezquindad de
Menem” que se valió de Cafiero para amputar parte de esa autonomía.
8
Decía la ley 24588, artículo 7: “La ciudad de Buenos Aires y el Estado Nacional suscribirán los convenios
necesarios para que éste brinde la cooperación y el auxilio que le sean requeridos para garantizar el
efectivo cumplimiento de las órdenes y disposiciones emanadas de los órganos de gobierno de la ciudad
de Buenos Aires. La ciudad de Buenos Aires podrá integrar el Consejo de Seguridad. No podrá crear
organismos de seguridad sin autorización del Congreso de la Nación”.

0_0_Numero 7.2.indd 102 16/08/2013 05:57:53 p.m.


Darío Dawyd y Luciana de Diego 103

que operaba en el territorio por ellos legislado, debían pedir explicaciones o


informes al gobierno central.
Desagregamos los veintiocho proyectos en tres cuadros9: cantidad de pedi-
dos de traspaso por años, cantidad de pedidos por fuerzas políticas, y finalmente,
en función de los motivos que se esgrimen para el traspaso.

Cuadro Nº 1. Cantidad de pedidos de traspaso

Año Cantidad
1997 0
1998 4
1999 2
2000 10
2001 12

Cuadro Nº 2. Cantidad de pedidos por fuerzas políticas

Fuerzas Políticas Cantidad


Alianza 7
FrePaSo 4
Nueva Dirigencia 4
Encuentro por la Ciudad 2
Aníbal Ibarra 1
Alianza -JS-ExLC 1
ExLC - Frente Just 1
FORJA 2001 1
Frente Justicialista - PGI 1
Izquierda Unida 1
Justicia Social - ExLC 1
Popular Cristiano 1
Porteño 1
PSA - Izquierda Unida 1
Todos juntos 1

9
Los cuadros son de elaboración propia.

0_0_Numero 7.2.indd 103 16/08/2013 05:57:53 p.m.


104 Miedo, seguridad y control. Los primeros proyectos de creación de la policía de la ciudad...

Cuadro Nº 3. Motivos que se esgrimen para el traspaso

Motivos del pedido


Cantidad
de traspaso
Incrementar Seguridad 10
Bs. As. no financia policía sin
que se la traspasen (Bs. As. no 10
es variable de ajuste nacional)
Autonomía 8
Respetar la Constitución 8
Nacional
Respetar la Constitución de la 5
Ciudad de Buenos Aires
Para que la ciudad sea un
Estado moderno (La seguridad 3
se maneja desde lo local)
Repudiar los pedidos de reim- 1
plantación de edictos policiales
Respetar los Derechos 1
Humanos
Traspaso progresivo (convenio 1
firmado por Aníbal Ibarra)
Contra las mayores facultades 1
para la policía

Cuadro Nº 4. Evolución de los hechos delictivos y tasa de delincuen-


cia en la Ciudad de Buenos Aires, años 1980, 1985 y 1990 a 2001

Hechos delictuosos Tasa de delincuencia


Año
(miles de hechos) (por mil habitantes)
1980 24,5 8,4
1985 58,5 19,9
1990 61,2 20,5
1991 42,8 14,2
1992 31,0 10,3
1993 38,3 12,7

0_0_Numero 7.2.indd 104 16/08/2013 05:57:53 p.m.


Darío Dawyd y Luciana de Diego 105

1994 64,1 21,2


1995 120,4 39,8
1996 126,9 41,9
1997 144,1 47,4
1998 172,0 56,6
1999 191,8 63,0
2000 199,6 65,5
2001 202,1 66,3
Fuente: Dirección General de Estadística y Censos (G.C.B.A.) sobre la base de datos del Registro
Nacional de Reincidencia y Estadística Criminal (1980 a 1998) y a partir del año 1999 de la Dirección
de Política Criminal (Ministerio de Justicia de la Nación).
Para estimar la población a partir de 1990 se utilizó como fuente Situación demográfica de la Capital
Federal, serie 10 del INDEC.

De la lectura del cuadro Nº 1 se desprende que el aumento de proyectos


para el traspaso se incrementó notoriamente durante los años 2000 y 2001,
años en que el gobierno nacional era no solo del mismo signo político que el
gobierno porteño (Alianza) sino que el Presidente de la Nación era quien antes
había sido jefe de gobierno porteño (Fernando de la Rúa). Ambas situaciones de
afinidad política se diferenciaban grandemente del gobierno de Menem, durante
el cual se sancionó la ley 24588 y se descentralizaron Salud y Educación sin las
partidas presupuestarias que correspondían.
El cuadro Nº 2 muestra que once proyectos (casi el 40%) fueron pre-
sentados por la Alianza y el FrePaSo, que seis proyectos fueron presentados
por Nueva Dirigencia y Encuentro por la Ciudad (más del 20%), y que los
restantes once proyectos fueron presentados por fuerzas menores, cada una
de ellas con el 3,5%. Los dos proyectos presentados por partidos de izquierda
(Izquierda Unida y PSA-Izquierda Unida10) si bien se enmarcan en lo relativo
a la policía metropolitana, no refieren a pedidos del traspaso sino que uno de
ellos pide informes a la jefatura de gobierno porteño acerca de cómo sería
la policía porteña que por esos momentos afirmaban que iban a traspasar, y
el otro proyecto es una declaración en contra del aumento de las facultades
para los policías. Podemos englobar a grandes rasgos las fuerzas políticas que
analizamos en dos grandes grupos, centro-izquierda (FrePaSo y la Alianza) y
centro-derecha (Nueva Dirigencia y Encuentro por la Ciudad). Así es como
vemos que el grupo de centro-izquierda fue el que más proyectos presentó;
a estos datos acerca de quienes impulsaron con más fuerza la creación de
la policía metropolitana, se debe agregar que el único proyecto integral que
diagramó una policía metropolitana (que se analizará más adelante) es obra de
dos diputados de la Alianza11.
10
Proy. Nº 200103164 y Nº 200104590 en la Legislatura de la ciudad de Buenos Aires.
11
Sobre este punto nos extenderemos más ampliamente en las conclusiones.

0_0_Numero 7.2.indd 105 16/08/2013 05:57:53 p.m.


106 Miedo, seguridad y control. Los primeros proyectos de creación de la policía de la ciudad...

Del cuadro Nº 3 advertimos que las razones más empleadas para recla-
mar el traspaso refieren a lo que podríamos llamar la lucha por el manejo de
recursos entre el ejecutivo nacional y el gobierno porteño. Buenos Aires no
aceptaba financiar la policía sin que antes se la traspasaran y llamaba a respetar
la autonomía conseguida con la reforma constitucional de 1994, y refrendada
con la sanción de la constitución porteña. Esto es importante para entender un
aspecto central del problema del traspaso: la compleja puja por el manejo de la
policía y el control de los recursos con que se financiaría esa policía.
Así es como el día 12/03/1998, se aprobó el proyecto de declaración según
el cual
se insta al Jefe de Gobierno de la Ciudad a que acelere las gestiones tendientes
a obtener el traspaso de la Policía Federal, afirmando que el mismo deberá
realizarse en el menor tiempo posible y con la totalidad de los elementos
humanos e instrumentales necesarios para el eficiente funcionamiento de la
institución, superando la intención del Ejecutivo Nacional de negar o dilatar
injustificadamente la realización del traspaso, restringiendo la Autonomía de
esta Ciudad al privarla de su propio cuerpo de seguridad. (Proy. Nº 199801075)

De manera similar, un año después en otro proyecto, se argumenta que


Teniendo en cuenta que la seguridad es un valor jurídico de gran entidad, (…)
que el Derecho como ordenamiento nunca puede declinar proteger, es que
se hace necesario no escatimar esfuerzo alguno y agotar todas las instancias
para garantizarlo.

Los gobiernos deben garantizar la seguridad de sus ciudadanos, no sólo


porque las constituciones de los Estados democráticos así lo establecen, sino
porque de no hacerlo se podría interpretar como una flagrante violación a
los Derechos Humanos.

La Constitución de la Ciudad de Buenos Aires en su Artículo 7 (Derechos


Sucedidos), establece que: ‘El Estado de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires
es sucesor de los derechos y obligaciones legítimas de la Municipalidad de la
Ciudad de Buenos Aires, y del Estado Nacional en las competencias, poderes
y atribuciones que se le transfieren por los Artículos 129 y concordantes de
la Constitución Nacional’.

No obstante lo establecido en la Constitución de la Ciudad queda muy claro,


que la ley 24.588, ha restringido notoriamente la autonomía de la Ciudad.
(Proy. Nº 199904251)

De todas formas, estos pedidos y declaraciones, aún siendo aprobadas por


la legislatura porteña, poco es lo que por sí mismas alcanzaban a conseguir
dado que debía lograrse primero la derogación o modificación de la ley 24588.

0_0_Numero 7.2.indd 106 16/08/2013 05:57:53 p.m.


Darío Dawyd y Luciana de Diego 107

Esa misma impotencia era reconocida por los legisladores porteños al iniciar el
último proyecto citado diciendo que
… vería con agrado que los Diputados Nacionales por la Ciudad de Buenos
Aires, propongan la urgente modificación de la ley 24588, de garantía de los
intereses del Estado Nacional, a fin de garantizar el traspaso al ámbito de
la Ciudad de Buenos Aires la jefatura y administración de la Policía Federal.

Respecto del manejo de los recursos de la policía, son bien ilustrativos dos
casos, el primero de los cuales nos remonta a mayo de 2000, cuando el enton-
ces Ministro de Economía José Luis Machinea proponía un nuevo ajuste, según
el cual “la Nación promoverá un acuerdo con el Gobierno de la Ciudad de
Buenos Aires por el cual éste compensará los servicios prestados por la Policía
Federal en la jurisdicción de la Ciudad” (Proy. Nº 200001290). El proyecto de
los legisladores porteños respondió afirmando que
La Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires expresa su rechazo a
la citada medida ya que la misma constituye un serio obstáculo para la conse-
cución de la autonomía plena de la ciudad. Decimos esto porque es una Ley
Nacional la que prohíbe a la ciudad tener su policía propia y una decisión del
Poder Ejecutivo Nacional la que pretende obligar a la ciudad a pagar por un
servicio que se le prohíbe prestar, (a pesar de las reiteradas expresiones de vo-
luntad de la totalidad de las fuerzas políticas de la ciudad y de esta Legislatura).

El otro caso que queremos citar se dio cuando un grupo de gobernadores


solicitó que la ciudad pagara por los servicios que la policía federal allí brindaba.
La Legislatura porteña respondió afirmando que “manifiesta su disconformidad
con el pedido de algunos Gobernadores provinciales, quienes solicitan que la
Ciudad de Buenos Aires se haga cargo de gastos por 300 millones de pesos,
imputados a la transferencia de la Justicia y Policías federales, al ámbito de la
Ciudad”. Para la ciudad ello es inaceptable, puesto que
la Ciudad aporta el 28% del producto bruto y recibe tan sólo el 1% de Copar-
ticipación Federal. Además la Ciudad y a recibió dos importantes transferencias
sin partidas correspondientes, cuando el gobierno menemista transfirió las
escuelas y los Hospitales al ámbito de la Ciudad. Los Hospitales financiados
por la Ciudad, ya significan de hecho, un subsidio a nuestros compatriotas
del interior, porque casi la mitad de las personas que se atienden son del
conurbano y del interior. (Proy. Nº 200003537)

Volviendo al cuadro Nº 3 se desprende también la importancia del argumento


que hace hincapié en la seguridad, arguyendo que si el gobierno de la ciudad
contara con policía propia podría incrementar la seguridad de sus habitantes.
Nos encontramos aquí con un problema medular, pues solo superficialmente
podríamos hablar de la seguridad, sin hacer referencia a lo que ella conlleva y a

0_0_Numero 7.2.indd 107 16/08/2013 05:57:53 p.m.


108 Miedo, seguridad y control. Los primeros proyectos de creación de la policía de la ciudad...

cómo se construye. En la medida en que el operador fundamental de la sociedad


de control es el miedo, y este es construido básicamente a través del “éter”
(redes comunicacionales que incluyen diarios, revistas, radio, televisión), cabe
buscar en los medios de comunicación quienes tanto construyen la subjetividad
del delincuente, como crean el miedo en la población y hasta ofrecen respuestas
al problema por ellos extendido.
A pocos meses de sancionado el Código de Convivencia, el diario Clarín tituló
el domingo 30 de Agosto de 1998 “Mientras la inseguridad crece, los políticos
pelean. Inseguridad: En Capital hay cada vez más delitos”. La nota destacaba la
discusión entre Miguel Ángel Toma, por entonces secretario de Seguridad de
la Nación, y Fernando de la Rúa, por entonces jefe de gobierno porteño12. En
esa discusión no dejó de estar presente el Código de Convivencia, causante de
la inseguridad según los menemistas, neutral para los radicales, además de los
pedidos del gobierno nacional de Menem para que se reimplantaran los edictos
policiales. Clarín contribuía atizando la polémica:
Esta semana la inseguridad en la calle y en las casas tuvo picos alarmantes. En
el medio, los vecinos. [...] Una encuesta publicada en ese trabajo refleja que
‘el 87 por ciento de los porteños cree probable la posibilidad de ser víctimas
de un delito’. Y esto, dicen los criminólogos, es sentirse inseguro: saber que
se puede ser víctima del delito en cualquier momento.

Después de los comentarios, de reflejar casos de personas que fueron


robadas13, o que vivían con miedo, de dedicar una nota al traspaso de la policía
federal (“Una negociación en punto muerto”), se puede leer el análisis de la
redacción, que después de lamentar la lucha entre los políticos, y de lamentar
que ya hayamos aprendido “la cultura de vivir en peligro”, ofrecía la solución
al problema:
Hablan de leyes “blandas”, de falta de presupuesto. ¿No será, en realidad,
que la Policía padece algún grado de ineficacia? ¿No sucederá que tanto
la Federal como la Bonaerense deben modernizarse para enfrentar los
desafíos que se les presentan? Hasta hace unos pocos años para ser po-
licía no se necesitaba ni siquiera el colegio secundario. ¿No será que los
policías argentinos no son técnicos en seguridad -como debería ser- sino
empleados públicos armados? ¿No habría que revisar qué se les enseña y

12
Toma afirmaba que “Fernando de la Rúa tendría que callarse, dejar de hacerse el tonto y tomar a su
cargo la Policía. Actúa como un manosanta sanador. En lugar de hablar payasadas tendría que poner los
atributos sobre la mesa y derogar ese mamarracho de Código de Convivencia”. De la Rúa no respondió
por sí mismo, sino a través de su secretario de Gobierno, Enrique Mathov quien respondió que “El de
Toma es un claro caso de impotencia. Como todo impotente, se jacta de su agresividad. Pero tiene el
instrumento, tiene la fuerza, y no sabe o no puede usarla”.
13
Una nota dedicada al desconsuelo de la familia Revelli, destaca que “En esa casa apagada se escucha la
frase del padre: ‘En este país se perdieron los valores éticos. Reniego de la Argentina y de los argentinos’.
Su hijo Alberto completa la idea: ‘Nos iríamos del país, si pudiéramos’”.

0_0_Numero 7.2.indd 108 16/08/2013 05:57:53 p.m.


Darío Dawyd y Luciana de Diego 109

cómo, cuál es su capacitación, en vez de echarle la culpa a la plata o a las


leyes? Mientras tanto, seguimos en peligro.

La nueva subjetividad de los delincuentes es creada con variados elementos.


Por un lado se hace énfasis en que ya ni siquiera ellos tienen valores, que han
perdido los “códigos” de la delincuencia, dado que matan por cualquier cosa.
Por otro lado se hace énfasis entre la delincuencia “común” de los mayores de
edad, y los nuevos delincuentes menores, los que ni siquiera son sometidos a
la normalización disciplinaria, pues
‘Si por lo menos quedara detenido... Pero es un menor. Y en la Policía ya nos
dijeron que los menores van a institutos y a la tarde están en sus casas’. Dice
esto y vuelve a ponerse furioso. Que ‘estamos en manos de locos, ebrios de
poder’, que vivimos ‘como en el Far West, en medio de una guerra en la que
está claro que son ellos, los delincuentes, o nosotros, los laburantes’. Y ellos,
está convencido, ‘tienen protección política’14.

Los delincuentes son descriptos como si estuvieran permanentemente al


acecho de sus víctimas. Las víctimas son descriptas como cualquier persona
común que camina por la calle, está en su casa o comiendo en un restaurante.
Lo importante es crear delincuentes que parezcan estar siempre expectan-
tes, con lo cual se crea la paranoia constante, se crea la “cultura del vivir con
miedo”, se editan libros acerca de cómo prepararse para cuando se sufra este
acontecimiento, o cómo prevenirlo, se instalan alarmas y se contratan agencias
de seguridad privada, que experimentaron un constante y lucrativo crecimiento
desde su regulación en la ciudad de Buenos Aires (ley 118) en diciembre de
199815.
Además de las entrevistas, editoriales y notas en policiales, es importante
resaltar el papel que también le cabe a las encuestas como creadoras del miedo.
Las encuestas, encargadas generalmente por los medios de comunicación, y
las consultas que diversas páginas de Internet hacen a los que por allí navegan,
contribuyen a legitimar las opiniones de los editorialistas. Si bien los periodistas
son la fuente de verdad más consultada, ellos también se apoyan en los encues-
tadores que muestran los números del miedo, que pueden ser (como ya citamos
más arriba) un 87 % de preocupación por ser víctima de un delito, adosada
al discurso de la criminología que aseguran que eso es precisamente sentirse
inseguro, “saber que se puede ser víctima del delito en cualquier momento”.

14
Juan Bautista Revelli, en la nota citada donde se comenta el asesinato de su hijo en un intento de robo.
15
“Formulado ante la sensación de inseguridad, la biopolítica del miedo asociado al crimen mantiene una
atención exasperada que se coloca, burdamente, como irracionalidad. Percepción, sensación, miedo, un
temido encuentro de-la-ley con lo fuera-de-la-ley” (Kaminsky, 2007: 28).

0_0_Numero 7.2.indd 109 16/08/2013 05:57:53 p.m.


110 Miedo, seguridad y control. Los primeros proyectos de creación de la policía de la ciudad...

El proyecto “Ley Orgánica de la Policía Metropolitana”


En el año 2001 dos legisladores de la Alianza, Fernando Caeiro y Jorge
Enríquez, presentaron el primer proyecto de creación de la “Policía Metropo-
litana”. Ellos afirmaron que era “una primera aproximación, una idea, sobre las
características que debe poseer la policía de seguridad de la Ciudad” (Proy. Nº
200102893, Fundamentos). El proyecto incluía unas “disposiciones generales”,
además de los “principios básicos de actuación”, el “código de conducta”, la “or-
ganización”, y el “presupuesto” de la policía metropolitana por ellos propuesta.
Entre las atribuciones que el proyecto le daba a la policía estaba la de detener
personas sin orden de un juez, cuando “existiesen circunstancias debidamente
fundadas que hagan presumir que alguien hubiese cometido o pudiere cometer
algún hecho delictivo o contravencional y no acreditase fehacientemente su iden-
tidad” (Proy. Nº 200102893, Art. 11). Esta disposición era una clara expresión
del “derecho de excepcionalidad” como nuevo derecho de policía, en su función
preventiva o represiva, claramente conservadora del orden. Estas funciones
eran expresadas a lo largo de todo el proyecto, como misión de los diferentes
cuerpos que compondrían la fuerza policial (incluidas la policía montada y la
guardia de infantería). Esto no era novedoso ni secreto; en el mismo proyecto
se declaraba como un principio básico de actuación, el “mantener y restablecer
el orden”, “prevenir los actos delictivos”, con “absoluta neutralidad política”,
interviniendo “en cualquier tiempo y lugar, se hallaren o no en servicio” (Proy.
Nº 200102893, Art. 14). Respecto de esto último, es conveniente destacar la
temporalidad que sobrevolaba al “problema de la inseguridad”, puesto que si
los delincuentes están siempre expectantes, los policías también debía estarlo,
mientras que los demás habitantes debían estar todo el tiempo cuidándose de
no ser asaltados.
Los primeros fundamentos para la formación de la nueva policía hacían
hincapié en el clivaje seguridad-inseguridad, afirmando que
La optimización de los factores concurrentes para el acrecentamiento de la
seguridad pública, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, constituye uno
de los problemas más acuciantes de los últimos lustros. [...] En tal sentido, y
teniendo en cuenta que el objeto de la policía de seguridad es el mantenimiento
de la seguridad individual y la tranquilidad pública en el marco del derecho, la
Ciudad debe asumir en forma inmediata la prestación del servicio de seguridad
pública (Proy. Nº 200102893, Fundamentos).

Asimismo, hacían un llamado al Congreso de la Nación para que sancionara


una ley que “posibilite la asunción de funciones policiales por parte de la Ciudad
de Buenos Aires” (Proy. Nº 200102893, Fundamentos). Luego de hacer una
reseña sobre la creación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, se internaban
en el debate acerca del nuevo status jurídico de Buenos Aires, del cual resolvían
que el status era semejante al de las provincias, es decir, tan autónoma como

0_0_Numero 7.2.indd 110 16/08/2013 05:57:53 p.m.


Darío Dawyd y Luciana de Diego 111

aquellas, aunque “la autonomía otorgada a la Ciudad ha sido menoscabada,


retaceada, restringida y vulnerada” (Proy. Nº 200102893, Fundamentos) por
la ley 24588. A pesar del menoscabo
En las circunstancias actuales, la necesidad de que la Ciudad cuente con un
cuerpo policial propio, constituye una cuestión pendiente que no resiste el
más mínimo debate. Deben quedar atrás los recelos y las actitudes vinculadas
a ingenierías mezquinas de rédito político asaz dudoso.

El rédito político se vinculaba con otra cuestión crucial: “la financiación de


los servicios policiales”. Los legisladores comenzaban citando el artículo 75 de la
Constitución Nacional según el cual “no habrá transferencias de competencias,
servicios o funciones sin la respectiva reasignación de recursos”. El problema
para los porteños era básicamente la coparticipación federal, a la cual la ciudad
aportaba el 28,6 % del total de la recaudación de los recursos coparticipables
(mayor aportante neto a la coparticipación) pero solo recibía 1,1 %. La transfe-
rencia a la ciudad de Buenos Aires de la justicia ordinaria y la policía, implicaría
un 6 % de la coparticipación (aproximadamente 750 millones de pesos), con
lo cual Buenos Aires seguiría siendo el mayor aportante neto al sistema copar-
ticipable16. Asimismo mencionaban que el traspaso no era un gasto más, dado
que de hecho ese dinero se gastaba ya en la manutención de los mencionados
servicios de justicia y seguridad, solo que cambiarían de mano y en lugar de
ser controlados por el gobierno nacional, lo serían por el gobierno porteño.
Una perspectiva a través de la cual podemos mirar el problema se focaliza
en que la policía federal siguiera dependiendo jerárquica y financieramente del
gobierno nacional, o este estuviera dispuesto (lo estuvo de hecho en ciertos
momentos) a transferirla al gobierno porteño, pero sin darle las partidas presu-
puestarias correspondientes. Un problema de control de recursos y financiero
al mismo tiempo. El proyecto de la Alianza no estaba a favor de ninguna de las
dos opciones. Los fundamentos del mismo concluían afirmando que
A medida que las relaciones sociales se vuelven más complejas, las causas del
delito también se complejizan, una relación más eficiente entre la policía y
la gente facilitaría la estrategia y la planificación, siempre dentro del marco
del ‘Estado de Derecho’ propio de una sociedad democrática, de la lucha
contra el crimen organizado. Numerosas experiencias en países desarrolla-
dos en donde se crearon organismos similares, la ‘policía de proximidad’ en
España, la de ‘cercanía’ en Canadá y la ‘comunitaria’ en Inglaterra, son un
claro ejemplo que los profundos cambios sociales producidos en las últimas
décadas requieren de la modernización de los estamentos policiales (Proy.
Nº 200102893, Fundamentos).

16
Estos argumentos también fueron destacados por Jorge Enríquez, en una entrevista para el presente
trabajo.

0_0_Numero 7.2.indd 111 16/08/2013 05:57:53 p.m.


112 Miedo, seguridad y control. Los primeros proyectos de creación de la policía de la ciudad...

Ahí estaban claramente los elementos discursivos que buscaban legitimar la


propuesta del traspaso policial. Por un lado la alusión a los cambios que ocurren
en la sociedad, fundamentalmente la complejización de la delincuencia, que
debe ir acompañada en paralelo a la complejización de la fuerza policial. En
relación con la creación etérea del miedo, cabe decir que recuperaba muchos
de los argumentos de la nota citada del diario Clarín, donde se preguntaban
acerca de la ineficacia policial, de su falta de modernización, de su bajo grado
de educación, y de que no eran “técnicos en seguridad”. Por otro lado, en
tanto los legisladores hablaban de crimen organizado, ello encerraba toda una
concepción del problema de la inseguridad, y al mismo tiempo de la delincuencia
y los delincuentes, pues estos estaban organizados, eran un peligro orgánico
que buscaba destruir al cuerpo social. Finalmente los fundamentos terminaban
haciendo alusión a la noción de policía, y afirmaba que “No debemos olvidar, que
si bien la noción de policía y la forma de idea primaria de esta institución viene
de milenios, recién en los últimos doscientos años aparece una concepción de
policía profesional” (Proy. Nº 200102893, Fundamentos); los legisladores no
atendían a que no era solo la profesionalización lo que diferenciaba a la policía
del pasado con la moderna, sino que antes era “una técnica de gobierno propia
de los Estados; dominios, técnicas, objetivos que requieren la intervención del
Estado” que hacían al cuidado de la vida en sí misma (Foucault, 1999a: 308). La
policía metropolitana del proyecto tenía claramente otros objetivos.

Conclusiones
A partir de las estadísticas oficiales (cuadro Nº 4) se puede ver que el
delito en la ciudad de Buenos Aires aumentó claramente entre 1995 y 2001.
Sin embargo, de estas estadísticas no todos los actores del presente trabajo
desprendieron las mismas causas, ni las mismas soluciones. Para los que trabaja-
ron en pos de la creación de la policía metropolitana, sin embargo, la discusión
sobre las causas del delito eran subsidiarias de la discusión acerca de cómo se
debía solucionar este problema, y sus esfuerzos se concentraban en el debate
en torno a quién maneja a la policía y quién la financia.
Desde el gobierno nacional el problema de la inseguridad en la ciudad de
Buenos Aires se debía a la sustitución de los edictos policiales por el código de
convivencia; así, funcionarios del gobierno de Menem declararon en repetidas
oportunidades que aquellos deberían reimplantarse. Para ellos no se trataba de
un problema de profesionalización de la policía federal (que ellos manejaban) o
un problema que se solucionaría transfiriendo la policía a la ciudad17.
17
Detrás de esto está la relación saber-poder, y los “efectos de verdad que el poder produce y transmite
y que a su vez reproducen el poder” (Foucault, 1992a: 34) dado que la pelea por controlar los recursos
de la policía es al mismo tiempo, una pelea por definir al delincuente, al problema de la inseguridad en
la ciudad de Buenos Aires, y después de ello, la solución a ese problema por cada uno de ellos definido.

0_0_Numero 7.2.indd 112 16/08/2013 05:57:53 p.m.


Darío Dawyd y Luciana de Diego 113

La desagregación del cuadro 1 y 2 nos muestra que el traspaso era, por


un lado, un problema que podía verse como compuesto por peleas políticas
entre el gobierno nacional y el porteño. Tras el cambio de gobierno nacional
en 1999 los pedidos de traspaso aumentaron al ser ambos de la Alianza18. Por
otro lado, el cuadro 3 muestra la otra mitad, compuesta al mismo tiempo por
la mencionada pelea y por el contenido post-disciplinario del problema del
traspaso de la policía. A partir de esta óptica, el análisis del traspaso puede ser
visto no sólo como una lucha interna de la política argentina, sino haciéndonos
eco de la mutación histórica en torno a las sociedades de control.
Respecto a ello es interesante rescatar el debate en torno a los edictos
policiales y el código de convivencia. Los edictos, hasta antes de su derogación,
fueron durante más de cincuenta años los protagonistas de las detenciones arbi-
trarias y de la arbitrariedad general19. Propios de dispositivos disciplinarios y con
componentes de excepcionalidad, después de su abolición su reimplantación
fue pedida por los menemistas y por los comisarios de la policía federal que
actuaban en la ciudad de Buenos Aires. La sanción del Código de Convivencia
Urbana podría inscribirse al interior de las características de las sociedades de
control; un código para el trato entre vecinos, para el control de las diferencias,
arquetípico de la sociedad postdisciplinaria. El Código de Convivencia, desde el
comienzo mismo de su aplicación, fue acusado de ser muy blando en función
de penas bajas solo aplicables a algunas contravenciones.
A medio camino entre los edictos y el Código, los legisladores de la Alianza
que propusieron la creación de la policía metropolitana se manifestaron críticos
al Código y pedían su derogación20. Estas vacilaciones ayudan a interpretar los
cambios en torno a la seguridad que se producían en Buenos Aires, desde la
autonomía de la ciudad hasta la crisis, desde el progresivo desuso de los me-
18
Esa era precisamente la consideración de E. Nosiglia “uno de los hombres que De la Rúa tiene como
vínculo oficioso con el Gobierno (de Menem)” que está entre quienes “afirman que lo mejor es poster-
gar el tema hasta después del 99. Suponen que entonces, el Gobierno nacional y el porteño serán de la
Alianza, por lo que la negociación sería más sencilla.” (Clarín, 30 de Agosto de 1998).
19
“los aspectos más destacables de estas normas (los edictos): a) En su gran mayoría fueron dictados
por jefes de la Policía Federal, legitimados para hacerlos conforme decreto nº 32.265, del gobierno de
facto del año 1932 y ratificados en 1947 por ley nº 13.030. b) Las figuras contravencionales que más se
usaron describían características personales en lugar de conductas (que afectaban a ciertos grupos de
personas en función de su condición social, su orientación sexual o su edad.) c) Todo el procedimiento
de aplicación de estas normas estuvo a cargo de la agencia policial: detención, recolección de pruebas
y juzgamiento. d) La persona detenida no podía ejercer el derecho de defensa y tampoco se cumplían
con las mínimas garantías del debido proceso. Este no establecía la asistencia de un abogado; no exigía
mínimos elementos de prueba para la condena, la prueba no podía ser controlada por el imputado; etc.
e) Si bien existía la posibilidad de ejercer el control judicial, en la práctica se tornaba ilusorio debido al
escaso tiempo para apelar y a los distintos mecanismos articulados para vedar esos derechos al contra-
ventor. Las características de este sistema posibilitaron que la aplicación de los edictos se tradujera en
detenciones masivas y arbitrarias. La vaguedad de las conductas prohibidas y la falta de los controles
propios del sistema penal. sobre su ejecución fueron construyendo, hacia adentro de la agencia policial,
la figura del “sospechoso” como toda aquella persona que por sus características personales subvierta
el “orden urbano” ”.(Centro de Estudios Legales y Sociales, 1998: 60-61)
20
Entrevista a Jorge Enríquez.

0_0_Numero 7.2.indd 113 16/08/2013 05:57:53 p.m.


114 Miedo, seguridad y control. Los primeros proyectos de creación de la policía de la ciudad...

canismos disciplinarios a la lenta pero segura implantación de dispositivos de


control21. Esta mutación tiene que ver con un nuevo paradigma de poder, defi-
nido por las diversas tecnologías que permiten pensar que “el poder se vuelve
enteramente biopolítico [...] expresado como un control que se extiende por
las profundidades de las conciencias y cuerpos de la población” (Hardt y Negri,
2004: 26). En este punto inscribimos el debate en torno de la Policía Metropo-
litana22. Los nuevos dispositivos de control, propuestos en sus comienzos por
el agrupamiento general de centro-izquierda y sancionados años después por
el de centro-derecha, podrían ayudar a comprender la entrada en vigencia de
mecanismos que a través del miedo, la subjetivación del delincuente, las nuevas
segmentaciones, el control de las diferencias, más allá del color político de los
proyectos inscriben a las nuevas medidas en una mutación más general.

21
Como parte de la misma mutación un documento del Banco Mundial (1997) afirmaba la importancia de
la seguridad para que los países en desarrollo recibieran inversiones: “Una encuesta entre empresarios
del sector formal e informal de 69 países desarrollada específicamente para este informe confirma algo
que ya se sabía en forma más fragmentaria: que muchas naciones no cuentan con las bases instituciona-
les imprescindibles para el desarrollo del mercado [...] Los elevados niveles de delincuencia y violencia
personal y un sistema judicial imprevisible, se combinan para constituir lo que en el presente informe se
denomina ‘síndrome de ilegalidad’ [...] De esa manera, lejos de contribuir al crecimiento del mercado,
lo perjudican y socavan la credibilidad del Estado” (Banco Mundial, 1997: 4). Para bajar la inseguridad
recomendaban la descentralización de las fuerzas policiales para “adecuar los servicios a las preferen-
cias locales”, situando así a la protección policial, dentro del marco de lo local, no de lo nacional: “el
traspaso, es decir, la transferencia de recursos y de autoridad política a autoridades de nivel inferior
que son en gran medida independientes de los niveles superiores de gobierno” (Banco Mundial, 1997:
13). La administración burocrática, que sobreviene a las luchas políticas, ensalza la técnica conformada
por el localismo de los problemas, la autonomía de los proyectos, el instrumentalismo y la eficacia. Una
administración eficaz es la piedra fundamental de reforma del policial y judicial (Foucault, 1992b; Hardt
y Negri, 2004) para manejar la proximidad y pacificarla. Un ejemplo de esto podría ser, creemos, la
búsqueda de involucramiento de los vecinos para controlar al delito, mediante la creación de redes de
comunicación entre ellos en los distintos barrios, su conexión con la policía, las asambleas en los CGP’s
para debatir cómo reducir el delito, entre otras.
22
Cabe recordar que La Policía Metropolitana, creada por la Ley 2.894 de Seguridad Pública de la Legis-
latura porteña en agosto de 2008, tuvo su primera partida presupuestaria en el 2009 con el programa
“Plan de Seguridad” ($ 167.421.758) lo cual representó el 16% del total del presupuesto del Ministerio
de Justicia y Seguridad de la Ciudad de Buenos Aires. Su financiamiento se realizó con recursos de la
ciudad, ya que no fueron transferidos ninguno desde el gobierno central. Un año después tres programas
sostenían a la policía porteña. Ellos eran: Unidad de Organización Administrativa ($ 7.438.945), Policía
Metropolitana ($ 253.142.408) y Instituto Superior de Formación Policial ($ 32.296.089). Entre los tres
programas llegaron al 29% del presupuesto del Ministerio de Justicia y Seguridad. Todos los datos del
presupuesto de la ciudad de Buenos Aires, 2009 y 2010.

0_0_Numero 7.2.indd 114 16/08/2013 05:57:53 p.m.


Darío Dawyd y Luciana de Diego 115

Bibliografía
- Banco Mundial (1997) Informe sobre el desarrollo mundial. El Estado en un mundo en transformación.
- Botana, N. (1994) El orden conservador. La política argentina entre 1880 y 1916, Buenos Aires , Sud-
americana.
- Centro de Estudios Legales y Sociales (1998) “Violencia, inseguridad y derechos humanos”, Informe
1998, Capítulo II, Buenos Aires.
- Deleuze, G. (1999) “Postdata sobre las sociedades de control”, en Ferrer, Christian (comp.) El lenguaje
libertario. Antología del pensamiento anarquista contemporáneo, Buenos Aires, Altamira.
- Foucault, M. y Deleuze, G. (1992a) “Los intelectuales y el poder”, en Foucault, M. Microfísica del
poder, Madrid, La Piqueta.
- Foucault, M. (1992b) “Primera, segunda y tercera lección”, en Genealogía del racismo. De la guerra
de razas al racismo de Estado, Madrid, La Piqueta.
(1999) “Omnes et singulatim: hacia una critica de la ‘razón política’”, en Ferrer, C. (comp.)
______________________

El lenguaje libertario. Antología del pensamiento anarquista contemporáneo, Buenos Aires, Altamira.
- Hardt, M. y Negri, A. (2004) Imperio, Paidós, Buenos Aires.
- Kaminsky, G. (2007) “Biopoder, seguridad y policía”, en Ciencias Sociales. Revista de la Facultad de
Ciencias Sociales-UBA, Nº 69, Buenos Aires, 28-29.
- Livszyc, P. (2004) “Los medios de comunicación y la ‘ola de inseguridad’”, en Ciencias Sociales. Revista
de la Facultad de Ciencias Sociales-UBA, Nº 56, Buenos Aires, 19-30.
- Murillo, S. (2002a) Sujetos a la incertidumbre: transformaciones sociales y construcción de subjetividad
en la Buenos Aires actual, Buenos Aires, Centro Cultural de la Cooperación.
(2002b) “La cuestión social en Buenos Aires. La condición trágica de los sujetos”, en
______________________

Murillo, Susana (coord.) Sujetos a la incertidumbre: transformaciones sociales y construcción de subjeti-


vidad en la Buenos Aires actual, Buenos Aires, Centro Cultural de la Cooperación.

0_0_Numero 7.2.indd 115 16/08/2013 05:57:53 p.m.


0_0_Numero 7.2.indd 116 16/08/2013 05:57:53 p.m.
espacios nueva serie. Estudios de Biopolítica Nº 7 - tomo 2 - 2013: 117-131. ISSN 1669-8517

De la disciplina al conflicto:
gubernamentalidad liberal
y escuela en Colombia
Juan Carlos Echeverri Alvarez
Universidad Pontificia Bolivariana

Resumen
Se retoma la concepción foucaultiana de gubernamentalidad liberal para pensar la
escuela en Colombia y mostrar de qué manera esa escuela, históricamente presentada
como disciplinaria, vertical y autoritaria, ha sido el dispositivo mediante el cual las
estrategias del poder construyen la libertad necesaria para gobernar. Si actualmente
la escuela se presenta violenta, conflictiva y carente de autoridad, esos problemas no
pueden ser abordados con invocaciones a mayor democracia, libertad y autonomía,
como se estila hacer, sino pensar que esos son los elementos históricos a través de
los cuales la escuela ha llegado a ser lo que actualmente es.

Palabras clave
liberalismo – gubernamentalidad – escuela – libertad

Abstract
We take up Foucault’s conception of liberal governmentality in order to think school
in Colombia and show how that very school, historically presented as a disciplinary,
vertical and authoritarian, has been the device by which the power´s strategies
build the necessary freedom to govern. If school currently is presented as violent,
controversial and lacking in authority, such problems can not be dealt through
invocations to greater democracy, freedom and autonomy, as is customary to do,
but by thinking that these are the historic elements through which the school has
become what it actually is.

Key words
liberalism – governmentality – school – freedom

0_0_Numero 7.2.indd 117 16/08/2013 05:57:53 p.m.


118 De la disciplina al conflicto: gubernabilidad liberal y escuela en Colombia

Ironía del dispositivo: nos hace


creer que en ello reside nuestra liberación.
Foucault (2005: 194)

Introducción
En Colombia, país con diversas expresiones de violencia históricamente
enquistadas en la sociedad como una forma recurrente de resolver sus conflic-
tos, palabras tales como libertad y democracia se convierten en invocaciones
constantes, sinceras o retóricas, emanadas desde diferentes estamentos sociales
para lograr su arribo y arraigo definitivo en la nación (Malcolm Deas, 1995). En
relación con la democracia, por ejemplo, gente común, políticos, intelectuales,
medios de comunicación y sistema educativo, comparten la manida invocación
hasta el punto de desconcertar el hecho evidente de una abundancia discursiva
de democracia frente a su casi total ausencia en prácticas por fuera del ritual
eleccionario. Especie de eficacia simbólica mediante la cual el discurso produce
una realidad tan verdadera que ni siquiera las evidencias de la cotidianeidad
más arbitraria logra desvirtuar. En este discurso oceánico de la democracia,
la escuela se asume como el espacio expedito para su transmisión ideológica,
para la apropiación de los símbolos que favorecen la adquisición del espíritu
correcto: aquél en el cual la democracia es el ideal que permite reproducir un
sistema siempre en potencia de su propio mejoramiento (Hobsbawm, 2003:
117); la escuela se presenta como el espacio para la escenificación de prácticas
efectivamente democráticas y, por tanto, incubadora de la auténtica democracia
siempre próxima a llegar. Forzar ese arribo supone, entonces, democratizar
la escuela dado que ésta es todavía el escenario privilegiado para formar las
personas según el ideal social (Jaeger, 1993: 10).
En tal sentido, el artículo reflexiona en torno a la escuela en el marco de la
gubernamentalidad liberal. Muestra que la democracia, en cuanto concreción
visible de tecnologías de poder vigentes, comporta procesos específicos en la
escuela que son nombrados aquí, provisionalmente, como el tránsito desde
una escuela disciplinada hasta otra conflictiva, violenta, terapéutica y falta de
autoridad, esto es, indisciplinada. Ubicar la escuela en este marco no es una
idea inédita: entre la sociedad y la escuela no hay esencialmente destiempos,
abismos insalvables, desfases o manipulaciones políticas autoritarias. La es-
cuela hace parte de las estrategias del poder que se ponen en juego en un
momento determinado para el gobierno de los hombres. Foucault lo expresa
claramente en un párrafo que, aunque no se refiere directamente a la escuela,
puede aplicarse a las relaciones que con ella establece el poder sin caer en
extrapolaciones insalvables:

0_0_Numero 7.2.indd 118 16/08/2013 05:57:54 p.m.


Juan Carlos Echeverri Alvarez 119

El poder no se funda en sí mismo y no se da a partir de sí mismo. […] no


habría relaciones de producción, y sumados a ella, al costado, por encima,
llegados a posteriori para modificarlas, perturbarlas hacerlas más consist-
entes, más coherentes, unos mecanismos de poder. No habría, por ejemplo,
relaciones de tipo familiar y unos mecanismos de poder agregados a ellas; no
habría relaciones sexuales más, al costado, por encima, unos mecanismos de
poder. Éstos son una parte intrínseca de todas esas relaciones, son de manera
circular su efecto y su causa… (Foucault, 2006: 16)

Así, entonces, no habría unas relaciones escolares, una escuela, y sobre


ella, por sus costados, un poder que se le agrega. Estos mecanismos del poder
hacen parte de las relaciones escolares, son, como dice Foucault, su efecto y
su causa. Y ese carácter de consustancialidad imposibilita entender la escuela
si no se aborda en relación con la forma del poder que le otorga vigencia.

El liberalismo en los trabajos de Michel Foucault


La presencia del liberalismo desde el siglo XVIII en el paisaje del poder en
Occidente es un hecho histórico reconocido. Sin importar cuáles hayan sido sus
progresos, repliegues o supuestos relevos históricos, desde esa época diversos
tipos de discursos y de prácticas específicas reciben, soportan y hasta deman-
dan la denominación de liberales. Existencia real de un liberalismo que desde
su aparición, si bien no es posible decirse de él que encarna una continuidad
histórica, sí puede argumentarse que ha permanecido constante en los últimos
siglos, por lo menos en la multiplicidad de sus variaciones, en sus caídas y en
sus reposicionamientos (Hobsbawm, 1996 y 2003; Wallerstein, 1998; Bobbio,
1994; Foucault, 2007). Foucault expresa la certidumbre de esa presencia de
la siguiente forma:

Lo que debería estudiarse ahora (…), es la manera como los problemas es-
pecíficos de la vida y la población se plantearon dentro de una tecnología de
gobierno que, sin haber sido siempre liberal –lejos de ello–, no dejó desde
fines del siglo XVIII de ser atravesada por la cuestión del liberalismo (Foucault,
2006: 419).

Al introducir el concepto de biopolítica –también los de gobierno y de guber-


namentalidad–, Foucault se vio obligado a recurrir al Estado como objeto de
análisis por cuanto el gobierno de la población, a diferencia de las disciplinas
en el marco limitado de una institución como la escuela o el ejército, implicaba
necesariamente el aparato estatal que la interviene para su mejor gobierno,
por ejemplo, mediante campañas de salud, educación o natalidad. Pese a ello,
para Foucault el Estado mismo era el resultado y el instrumento de técnicas

0_0_Numero 7.2.indd 119 16/08/2013 05:57:54 p.m.


120 De la disciplina al conflicto: gubernabilidad liberal y escuela en Colombia

liberales para el gobierno de los hombres, y no la fuente desde la cual emanaba


el poder (Foucault, 2006: 448)1. En tal sentido, preguntaba:
¿Es posible resituar el Estado moderno en una tecnología general de poder que
haya asegurado sus mutaciones, su desarrollo, su funcionamiento?, ¿Se puede
hablar de una gubernamentalidad que sería para el Estado lo que las técnicas
de segregación eran para la psiquiatría, lo que las técnicas de disciplina era
para el sistema penal, lo que la biopolítica era para las instituciones médicas”
(Foucault, 2006: 146).

Su respuesta fue afirmativa: esa tecnología general del poder ha sido el


liberalismo. Ahora bien, para Michel Foucault “el liberalismo no es una ideo-
logía ni un ideal. Es una forma de gobierno y de racionalidad gubernamental
muy compleja” (Léonard y Foucault, 1982: 90). El liberalismo es una práctica,
una manera de actuar orientada hacia objetivos y regulada por una reflexión
continua. Es el principio y el método de racionalización del ejercicio del go-
bierno; una racionalización en la cual el gobierno no puede ser su propio fin,
a diferencia de otras lógicas históricas de gobierno que buscan maximizar sus
efectos al mismo tiempo que disminuir sus costos. En cambio de una doctrina
más o menos coherente, y mejor que una política en busca de un conjunto de
metas definidas, Foucault ve en el liberalismo “una forma de reflexión crítica
sobre la práctica gubernamental”. Crítica que puede proceder desde adentro
o desde afuera del gobierno, que puede apoyarse en alguna teoría económica
y referirse a cualquier sistema jurídico sin vínculos absolutamente unívocos con
él. En fin, La cuestión del liberalismo ha sido, según Foucault, la cuestión de no
gobernar en exceso ni demasiado poco (Foucault, 2007:363).
Detengámonos en ello. Según Foucault, a mediados del siglo XVIII comenzó
a bosquejarse un nuevo arte de gobernar –vigente aún– caracterizado esencial-
mente por la introducción de numerosos y complejos mecanismos cuya función
consistía en limitar desde adentro el poder de gobernar, y no, como en la prece-
dente razón de Estado, de asegurar el aumento de la fuerza, la riqueza, el poder
y el crecimiento indefinido del Estado. Arte de gobernar novedoso en relación
con sus mecanismos, sus efectos y sus principios, pero que no reemplaza en
términos absolutos las lógicas de gobierno de la razón de Estado, sino que las
refina desde adentro para su perfeccionamiento y desarrollo más exhaustivo. A
través de la lógica del menor gobierno como el principio de organización de la
razón de Estado Foucault pudo llegar a lo que denominó un gobierno frugal. La
frugalidad, según él, ha sido hasta hoy la cuestión fundamental del liberalismo:
principio según el cual, como se dijo, no se debe gobernar excesivamente ni
tampoco en forma insuficiente (Foucault, 2007: 44-45).

1
“¿Y si el estado no fuera más que una manera de gobernar? ¿si no fuera otra cosa que un tipo de gu-
bernamentalidad? Y de hecho ¿qué pasaría si todas esas relaciones de poder que vemos formarse poco
a poco se coagulan y generan efectos, si esas prácticas de gobierno fueran precisamente el elemento
sobre cuya base se constituyó el Estado?” (Foucault, 2006: 291).

0_0_Numero 7.2.indd 120 16/08/2013 05:57:54 p.m.


Juan Carlos Echeverri Alvarez 121

Ahora bien, la aparición de la economía política y la necesidad del gobierno


mínimo han sido dos elementos históricamente ligados como la conexión entre
un régimen de verdad y la práctica de gobierno. Ciertamente, en el liberalismo
el mercado se convierte en el ámbito de formación de verdad y el principio de
frugalidad no es más que un efecto de verdad que se produce en el mercado.
Esto quiere decir que la verdad no se construye racionalmente como expresión
de la teoría política, sino que la verdad es la expresión natural del mercado.
Éste obedece a mecanismos espontáneos que se desnaturalizan en caso de ser
intervenidos, pero los cuales, si se dejan actuar libremente, producen efectos
de verdad, por ejemplo, la verdad en torno a los precios de los productos,
precios de verdad, es decir, buenos precios. El mercado revela algo semejante
a la verdad porque cuando a partir de él se observa lo que hace el gobierno,
las medidas que toma y las reglas que impone, éste falsea o verifica su acción,
es decir, el mercado constituye el régimen de verdad que dice cuáles prácticas
gubernamentales son correctas y cuáles no lo son. A esto Foucault lo deno-
minó veridicción, es decir, un lugar de verificación y falseamiento de la práctica
gubernamental (Ibid., 49). De allí en adelante no le bastaría al gobierno con ser
justo, como en la razón de Estado, sino que requeriría actuar en la verdad.
La verdad del mercado, además, dicta los mecanismos que lo ligan con la
ley en el marco del Estado. Esto es, crea los mecanismos jurisdiccionales de
actuación gubernativa mediante dos posiciones separadas que, no obstante
mantener su independencia, convergen en las estrategias liberales del poder que
indagan acerca de las maneras de poner límites jurídicos al ejercicio del poder
público. La primera posición, según Foucault, es la revolucionaria-rousseauniana,
que consiste básicamente en partir de los derechos del hombre para llegar a
la delimitación de la gubernamentalidad. Los Estados constitucionales fueron
fundados con la intención de producir una especie de comienzo simbólico de la
sociedad y del gobierno: símbolo constitucional incuestionable e incuestiondo
que otorga legitimidad a las acciones de gobierno. La segunda posición, camino
inductivo y residual, no parte del derecho sino de la propia práctica gubernamen-
tal, de los límites de hecho que se le imponen, esto es, pone de relieve lo que
para el gobierno resulta útil o infructuoso hacer. La utilidad es el fundamento de
freno para el poder público: esta posición no funciona con base en la pregunta
por cuál es mi derecho, sino por lo qué es útil hacer en términos de gobierno.
De tal modo, el límite de la competencia del gobierno está demarcado por las
fronteras de la utilidad (Foucault, 2007: 59-60).
Estas dos posiciones comportan sendas concepciones de la ley. En la revo-
lucionaria, vinculada a posiciones tradicionales del derecho público –así suene
paradójico–, la ley se comprende como expresión de la voluntad general que
manifiesta la parte de derecho que los individuos han aceptado ceder y la que
pretenden reservarse. Aquí la libertad va a ser considerada como una posesión
originaria de cada individuo de la cual cederá, o no cederá, una parte deter-
minada. En el camino radical utilitario, la otra posición, la ley se concibe como

0_0_Numero 7.2.indd 121 16/08/2013 05:57:54 p.m.


122 De la disciplina al conflicto: gubernabilidad liberal y escuela en Colombia

el efecto de una transacción que separa la esfera de la intervención del poder


público de la esfera de independencia de los individuos. La libertad, por su par-
te, no es considerada como una serie de derechos fundamentales sino como
la independencia de los gobernados con respecto a los gobernantes (Ibíd., 61).
Dos concepciones de la ley y dos concepciones de libertad: unas a partir de los
derechos del hombre y otras en relación con la independencia de los gobernados.
Ambas constituyeron dos caminos para constituir en el derecho la regulación
del poder público. A partir del siglo XIX una de esas concepciones retrocedió
mientras la otra, la radical, se hizo más fuerte, prevaleció y ha caracterizado
hasta hoy el poder público en occidente en términos de utilidad gubernamental.
En la nueva razón de Estado el mercado es el lugar de veridicción de la inter-
vención gubernamental y, al mismo tiempo, el poder público y la medida de sus
intervenciones se ajustan al principio de utilidad. Si esto se junta con la reflexión
sobre el mercado tenemos que “Intercambio para las riquezas, utilidad para el
poder público: así articula la razón gubernamental los principios fundamentales
de su autolimitación” (Ibíd., 64). Esto lleva a que la gubernamentalidad liberal
funcione con base en el interés. Pero ya no el interés de la razón de Estado,
de su propio crecimiento, su riqueza y población, sino un interés plural, juego
complejo de intereses individuales y colectivos, utilidad social y ganancia eco-
nómica: equilibrio entre el mercado y el régimen del poder público. Relación
compleja entre derechos fundamentales e independencia de los gobernados.
Efectivamente, en el liberalismo gobernar es manipular intereses. Los intere-
ses son el medio por el cual el gobierno se relaciona con las cosas, es decir, con
los individuos, los actos, las palabras, las riquezas, los recursos, los derechos y la
propiedad. Empero, el gobierno ya no tiene, en su forma liberal, influjo directo
sobre las cosas y las personas, sólo está legitimado para intervenir, según el de-
recho y la razón, cuando los juegos de intereses a su vez interesan al gobierno. A
partir de la nueva razón gubernamental el gobierno no tiene que intervenir por
influjo directo sobre las cosas, las personas o la riqueza, porque se ocupa, mejor,
de esos fenómenos de la política que son los intereses o aquello por lo cual algún
individuo, alguna cosa o la riqueza interesan a otros individuos o a la colectividad. El
liberalismo, así entendido, pregunta fundamentalmente ¿cuál es el valor de utilidad
del gobierno y de todas sus acciones en una sociedad donde lo que determina el
verdadero valor de las cosas es el intercambio? (Foucault, 2007: 67).
Ahora bien, el equilibrio europeo se suma como un tercer elemento del
arte liberal de gobernar a los ya vistos del mercado como verdad y la limitación
del gobierno por la utilidad. La competencia entre Estados supone que el enri-
quecimiento se consigue a costa de los otros. En el liberalismo, sin embargo, la
libre competencia produce un efecto de enriquecimiento mutuo hacia el pro-
greso económico ilimitado. Pero para este supuesto enriquecimiento colectivo
se requiere convocar un mercado cada vez más extendido y, en definitiva, la
totalidad de lo que en el mundo pueda ponerse en el mercado. En esta lógica,
diría Foucault: el juego está en Europa, pero la apuesta es el mundo (Foucault,

0_0_Numero 7.2.indd 122 16/08/2013 05:57:54 p.m.


Juan Carlos Echeverri Alvarez 123

2007:74). La gubernamentalidad liberal no tiene sólo una vocación de universali-


dad sino una necesidad práctica de ser ecuménica. Tal argumento debe tenerse
en la cuenta, por ejemplo, a la hora de formular preguntas en torno a fenómenos
históricos tales como la aparente universalización de la educación mediante
modelos educativos como el lancasteriano, según veremos más adelante.
Así, entonces, Foucault llama liberalismo a cierto arte de gobernar que se
perfila en el siglo XVIII caracterizado por tres rasgos fundamentales: veridicción
del mercado, limitación por el cálculo de utilidad gubernamental y desarrollo
económico ilimitado con respecto al mercado mundial. Nombrar como libera-
lismo este nuevo arte de gobernar se justifica, según Foucault, por el papel que
desempeña la libertad en la consecución de los fines del gobierno de los hom-
bres. Una libertad que no se alcanza o se conquista en relación con épocas en
las cuales su existencia era menor, sino que debe ser producida y administrada
como principio de ese arte de gobernar. La libertad no es un ideal más o menos
abstracto que se desarrolla a través del tiempo en una consumación gradual con
variaciones cuantitativas, amputaciones u ocultamientos. “La libertad nunca es
otra cosa –pero ya es mucho– que una relación actual entre gobernantes y go-
bernados, una relación en que la medida de la demasiado poca libertad existente
es dada por la aún más libertad que se demanda” (Foucault 2007: 83). De tal
manera, arribar históricamente al liberalismo no es llegar al reconocimiento de
una supuesta libertad universal hasta ese momento secuestrada, sino al reconoci-
miento de los mecanismos mediante los cuales su fabricación se hace constante.
El liberalismo es una práctica gubernamental consumidora de libertad que
sólo funciona con base en la existencia real de ciertas libertades: de mercado,
libre ejercicio del derecho de propiedad, libertad de vender y de comprar,
libertad de discusión y de expresión. Y por ser consumidora de libertad se ve
abocada a producirla y a administrarla. El liberalismo produce las condiciones
para la existencia de la libertad; procura que siempre haya la libertad suficiente
para que los individuos y los grupos sean libres. En palabras de Foucault (207:
84): “el liberalismo plantea simplemente lo siguiente: voy a producir para ti lo
que se requiere para que seas libre. Voy a procurar que tengas la libertad de
ser libre”. Liberalismo que, por ser menos el imperativo de la libertad y más la
administración y la organización de las condiciones en las cuales se puede ser
libre, comporta una relación problemática entre la producción de la libertad
y aquello que, al producirla, amenaza con limitarla y destruirla. Es necesario
producir la libertad, pero al mismo tiempo, no obstante, se deben crear los
controles, limitaciones y coerciones que le impidan desbordarse para poner
en peligro el propio poder liberal (Foucault, 2007: 85).
El liberalismo, como yo lo entiendo, implica en su esencia una relación de
producción/destrucción de la libertad. Es preciso por un lado producir la liber-
tad, pero ese mismo gesto implica que, por otro, se establezcan limitaciones,
controles coerciones, obligaciones apoyadas en amenazas. (Foucault, 2007: 84)

0_0_Numero 7.2.indd 123 16/08/2013 05:57:54 p.m.


124 De la disciplina al conflicto: gubernabilidad liberal y escuela en Colombia

El liberalismo, entonces, no reconoce paulatinamente las libertades sino


que paulatinamente construye la que requiere para gobernar. Pero, surge la
pregunta ¿cuál es el punto de cálculo de producción de la libertad? Es la se-
guridad, responde Foucault. Fabricar y administrar la libertad hasta alcanzar
el balance necesario para hacer posible que la libertad de unos no ponga en
riesgo los intereses de los otros, representa grandes costos en términos de
seguridad. En la gubernamentalidad liberal, supuestamente, debe primar el in-
terés colectivo por encima de los intereses individuales, por lo cual, entonces,
seguridad y libertad animan desde adentro los problemas de la economía del
poder propios del liberalismo (Foucault, 2007: 86). En concordancia con ello,
tres características posee la economía del poder liberal para la vida individual y
colectiva: una, hace vivir la vida bajo la sensación de peligro constante, enten-
dido éste como la insurgencia cotidiana del miedo a la enfermedad, la quiebra,
la degeneración racial y la desaparición de la especie, por ejemplo; dos, la
extensión de los procedimientos de control, de coacción y de coerción, como
contrapartida de la construcción de la libertad; tres, la aparición de mecanis-
mos cuya función consiste en producir e incrementar las libertades, esto es,
en relación con la anterior, “introducir un plus de libertad mediante un plus de
control e intervención” (Foucault, 2007: 89).
Lo anterior sirve para mostrar, de paso, que la disciplina no fue una forma, ni
siquiera en las escuelas, de suprimir la libertad, ni fue una etapa social anterior
a su consecución en las sociedades de control. La disciplina, por el contrario,
ha sido el mecanismo de producción de la libertad. “El panóptico es la fórmula
misma de un gobierno liberal”, dice Foucault (2007: 89). En otras palabras:
la disciplina es contemporánea del arte liberal de gobernar, y el control es el
motor que impulsa desde adentro esa libertad. Según esta lógica de poder, un
gobierno debe dar cabida a todo lo que es la mecánica natural de los com-
portamientos y de la producción sin ninguna otra forma de intervención inicial
que no sea la vigilancia. Sólo deberá intervenir cuando reconozca que algo no
acontece como lo requiere la mecánica general de los comportamientos y de
los intercambios (Foucault, 2007: 89).

La escuela en las lógicas de la gubernamentalidad


liberal
Hace poco una maestra contaba, con rabia, que tenía en preescolar un
“malparidito” de cinco años que la trata de vieja hijueputa, le pega a los demás
niños, y ha intentado pegarle a ella misma. Niño insoportable pero que no puede
tocar siquiera para evitarse problemas laborales y con la justicia. Ha encontrado,
por fortuna, una solución al problema, solución que comporta la obviedad y la
inverosimilitud de la libertad democrática: tiene que seguir un debido proceso

0_0_Numero 7.2.indd 124 16/08/2013 05:57:54 p.m.


Juan Carlos Echeverri Alvarez 125

durante el año para hacerlo expulsar, como pretende, lo que conlleva anota-
ciones continuas y remisión a especialistas. Por lo pronto, cuando descubre
que este niño está golpeando a otro párvulo, con sigilo comisiona a otro niño,
mayor que él, para que los separe y, si puede, le pegue a su vez una golpiza al
abusador. Golpiza con un propósito pedagógico, naturalmente: enseñarle a no
agredir a los otros en una buena lógica de convivencia.
Sería inútil multiplicar los ejemplos de violencia, intolerancia escolar, porte
de armas, drogadicción, abusadores y hasta muertes en las instituciones edu-
cativas colombianas para decir que actualmente la escuela no es el espacio
rígido fundado por sociedades disciplinarias en un tiempo que ya dejó de ser el
nuestro. Por el contrario, la escuela es escenario de conflictos y de violencia, la
receptora de campañas de convivencia y prevención temprana de la agresividad.
Empero, el tránsito de una escuela disciplinada a una escuela indisciplinada no es
visible con facilidad. La escuela se continúa asumiendo en términos discursivos
como escenario de disciplinamiento: expresión de una sociedad igualmente
disciplinaria en la cual la forma examen, la vigilancia y el castigo, fundamentan
el arte de gobernar (Foucault, 1984). Tal argumento tiene entre sus voceros
cotidianos no sólo a la gente común, sino a sectores políticos e intelectuales que
denuncian los destiempos entre la escuela y la sociedad en la cual se inserta, la
represión institucional, el autoritarismo de los maestros y la rigidez desfasada
de los saberes que enseñan, con el fin de invocar la democracia y la libertad
como únicas salidas para una escuela anquilosada en sus prácticas.
La educación colombiana, por razones culturales y políticas que ameritan un
análisis detallado, se ha caracterizado por su autoritarismo y verticalismo.
En ella impera una disciplina exterior que requiere para su existencia de la
omnipresencia constante de la autoridad. Lejos estamos de una disciplina que
haya sido interiorizada por los individuos consciente y racionalmente, por el
contrario, los códigos, regímenes de sanciones, los reglamentos antidemocrá-
ticos, la disciplina de la sumisión son la constante de la escuela y ello nos
aleja de la posibilidad de una educación en libertad y democracia” (“Editorial”,
Revista Educación y Cultura, 1988).

Una demanda resalta en el orfeón lacrimoso de estas voces: la de demo-


cratizar la escuela, abandonar por fin sus prácticas humillantes y autoritarias en
pos de mayor libertad y de mejor democracia. No obstante, en la actualidad,
la escuela no parece ese escenario de disciplina y represión. Por el contrario,
al acercarse a la escuela para indagar por los discursos y por las prácticas que
allí circulan lo que menos puede verse es una imagen disciplinaria, en el sentido
de un control minucioso sobre los cuerpos, los tiempos y los espacios, en fin,
sobre las cosas pequeñas que constituyen el disciplinamiento (Foucault, 1984:
141). En la escuela actual pareciera que la categoría de análisis tuviera que ser
indisciplina. Una indisciplina que marca su cotidianeidad y, no en pocos casos,
reemplaza el conocimiento. La escuela se ha convertido en un espacio en el

0_0_Numero 7.2.indd 125 16/08/2013 05:57:54 p.m.


126 De la disciplina al conflicto: gubernabilidad liberal y escuela en Colombia

cual se requiere de la resolución de conflictos, puesto que, incluso, ella misma


se reconoce como escenario micropolítico y de confrontación (Jares, 1996).
Indisciplina puede ser una categoría difícil y, posiblemente, infortunada.
Con ella no se pretende hacer una oposición simple entre, por un lado, una
escuela en la cual impera un orden permanentemente controlado y de cual los
alumnos mismos son agentes por su docilidad, respeto, atención e inmovilidad;
y por el otro, todo lo contrario, una escuela caótica, sucia, incapaz de imponer
silencio, arreglo y tranquilidad. No es la inexistencia de unas reglas para fijar
las relaciones que los estudiantes establecen entre ellos, las que cada uno es-
tablece consigo mismo, con la institución, con los maestros y con los objetos.
Reglas explícitas e implícitas que violadas de alguna forma se ven reflejadas en
la evaluación cualitativa y cuantitativa de cada alumno como mecanismo de
control. No se refiere a la inexistencia de un orden o de unas normas utilizadas
para lograr la homogeneidad de los estudiantes; tampoco nombra solamente
la mayor frecuencia de su trasgresión.
Por indisciplina se reconoce, precisamente, la existencia y necesidad de
ese control. Indisciplina es una especie de estado de guerra inhibido en su fin.
Es decir, una población estudiantil que pone permanentemente en cuestión la
autoridad de quien se le presenta como igual, e igualmente libre, pero sin po-
der encontrar el norte de una oposición sistemática, sino obligada a solaparse
en pueriles ejercicios de fuerza sin más destino que el otro inmediato y el sí
mismo, que imposibilita una más fecunda relación con el conocimiento pues
se trastoca el esfuerzo por una socialbacanería2 sin proyectos comunitarios en
el intento de constituir subjetividades libres y autónomas. Indisciplina es un
terreno en el cual la autoridad no se da de hecho, sino que se constituye en
una angustia y un interrogante para quienes deberían portarla. Dicho de otro
modo, indisciplina nombra una horizontalización teórica de las relaciones que
produce autoritarismos sectorizados y culpabilizadores, en una palabra, la
indisciplina nombra, en la escuela, la libertad de sujetos iguales en derechos e
idéntica dignidad.
Realidad inédita en la escuela: espacio que hay entre, por un lado, una
retórica de los derechos, de la igualdad, de la necesidad de consensos, del
reconocimiento del niño y de los niños como interlocutores válidos de sus
mayores y como sujetos de derecho; por el otro, las posibilidades casi nulas de
concreciones reales de esos derechos. Ese espacio se llena con demostracio-
nes sin dirección de ejercicios de autonomía y de libertad que, por su desfase,
adquieren características de supuesta rebeldía, de conflicto, de indisciplina
pero que, en el fondo, como alguna vez dijo alguien, son muestras del triunfo
del proyecto de gobierno: son docilidad, es decir, incapacidad para fundar un
2
Socialbacanería es un estado en el cual la educación liberal pensada como negocio hace que el estudiante
exija de sus docentes: “no te metas conmigo y yo no me meto con vos”; el docente participa también
de idéntica lógica para conservar su encuadramiento institucional.

0_0_Numero 7.2.indd 126 16/08/2013 05:57:54 p.m.


Juan Carlos Echeverri Alvarez 127

proyecto y tener un norte y un objetivo para la inversión de la energía y la


canalización de las resistencias. Docilidad que, se reitera, se expresa mediante
comportamientos que para unos asumen la apariencia falsa de reclamo de sus
derechos, y para los otros, se ven como rebeldía, perdición y estancamiento
de una niñez sin futuro.
De tal forma, por ejemplo, la emergencia en la escuela del conflicto tiene que
ver directamente con su democratización, es decir, con la producción constante
de la libertad. No es sólo un problema de violencia entre estudiantes, entre
ellos y un afuera escolar violento o entre estudiantes violentos y maestros que
han desvalorizado su figura en el allanamiento democrático de las dignidades.
Con la palabra conflicto se nombra la relación de paridad entre estudiantes y de
éstos con sus maestros que hace posible, si no una horizontalidad absoluta de
las relaciones, por lo menos sí un espacio de lucha, de tensiones en las cuales
cada estamento tiene ideas estratégicas sobre su libertad y sus derechos. Espacio
en el cual ya no es posible la verticalidad del castigo ni el uso de la fuerza, pero
tampoco tiene vigencia la autoridad de la experiencia ni la del saber; espacio
en donde se debe recurrir a formas más sutiles de control mediante las cuales,
pese a la sujeción que imponen, como en los casos de la terapéutica, la expe-
riencia de la libertad sea cada vez más intensa por lo menos como imaginario
y posibilidad creciente.
Al observar la escuela desde una lógica de la gubernamentalidad liberal se
tiene la sensación estar observando unas relaciones en las cuales esta escuela
reconoce su impotencia frente a unos niños que ella misma hace cada vez
más libres e iguales: escuelas que convocan a los padres para una coeducación
comprometida y los conminan a responsabilizarse del comportamiento de
sus hijos, no únicamente en la casa o en la sociedad, sino en la misma escuela:
padres que son declarados culpables del fracaso de niños a los cuales la insti-
tución no puede ayudar si las familias no asumen la corresponsabilidad de su
normalización. Cuando la familia fracasa, la indisciplina no controlada de estos
niños termina, después de un debido proceso, en la expulsión del niño de la
escuela. Supuesta impotencia normativa que, en muchos casos, remite primero
a estigmatizaciones y, luego, a terapéuticas y medicalizaciones, es decir, nuevas
técnicas de sujeción que, sin embargo, le quitan responsabilidad al maestro,
para dejarlo, si quiere, en el papel de un eterno ayudador de las familias.
En ese contexto adquieren coherencia los coros que denuncian a la escuela,
que defienden los derechos de los niños, que se preguntan por sus saberes
previos, por el libre desarrollo de su personalidad y por sus gustos e intereses.
Adquiere coherencia, también, la “culpa neoliberal” del maestro que sitúa a éste
en una relación de falta con niños que nunca se comprenden los suficientemente
bien, frente a los cuales se tiene el temor de su frustración, de inhibirlos o de
tornarlos violentos para siempre: maestro que ve en el ejercicio de su auto-
ridad autoritarismo y que se convierte en agente vergonzante la ley, maestro
que siempre está a la zaga de los discursos oficiales y que en sus constantes

0_0_Numero 7.2.indd 127 16/08/2013 05:57:54 p.m.


128 De la disciplina al conflicto: gubernabilidad liberal y escuela en Colombia

expresiones de contrición traza estrategias para, con sus nuevas prácticas, por
fin alcanzar esos discursos para hacer más libres y autónomos a los niños. De
los maestros, entonces, emana también, como de otros sectores, el reclamo
por alcanzar la democracia que queda faltando para hacer la escuela más libre,
para lograr la convivencia pacífica, la superación del conflicto por la vía del
diálogo y el respeto de los derechos del otro.
Cabe preguntar, con base en el esquema planteado, ¿no es precisamente la
democratización de la escuela, la libertad que ella construye, la que produce
fenómenos irreconocibles históricamente?, ¿no será preciso invertir los ele-
mentos? Tal vez no haya una escuela conflictiva y violenta y, al mismo tiempo,
escuela terapeútica y ayudadora, una escuela culpable que requiera democra-
tizarse, sino que esa escuela es así porque históricamente ha sido el dispositivo
para construir la libertad y eternizar las demandas de su ampliación constante.
¿Dónde si no en la democracia puede existir conflicto entre niños y adultos? No
se pretende pasar por inocente confundiendo la democracia de los antiguos y de
los modernos, mezclando los rostros y las prácticas, pero pensando el presente
se podrían recordar las palabras atribuidas a Platón sobre la democracia: en
ella la libertad lleva a la falta de respeto por las leyes y hay una inclinación a la
subversión de toda autoridad al punto que:
Allí el maestro teme a sus discípulos y les adula; los alumnos menosprecian
a sus maestros y del mismo modo a sus ayos; y, en general, los jóvenes se
equiparan a los mayores y rivalizan con ellos de palabra y de obra, y los an-
cianos, condescendiendo con los jóvenes, se hinchan de buen humor y de
jocosidad, imitando a los muchachos, para no parecerles agrios ni despóticos
(Platón, República).

En el mismo sentido, el que continúan las denuncias por el autoritarismo de


los maestros, por la rigidez de las instituciones, por los abusos frecuentes, por
el anquilosamiento de los saberes y los desfases en relación con la sociedad:
al mismo tiempo que las ideas de comprender a los niños y sentirse culpables
frente a ellos, no son elemento de análisis para decir que la escuela ha sido
causa y efecto de un proceso de democratización de la sociedad. En efecto,
en la relación adultos-niños en la escuela disciplinada, no era posible encontrar
términos de uso común hoy en la escuela: violencia, conflicto, sujetos de dere-
cho. Esos fenómenos son la libertad misma, las prácticas que la objetivizan, no
un precedente crítico que hace necesaria su invocación para llegar a un estado
ideal de libertad, igualdad y respeto por los demás.
Sin embargo, no hay que dejarse engañar. Que estemos frente a una es-
cuela conflictiva en la cual el conocimiento es secundario en relación con la
convivencia, no significa que la libertad ha hecho imposible el gobierno de los
hombres en la sociedad y de los niños en la escuela, por el contrario, se está
diciendo que la democracia es la más eficaz estrategia del poder. En el caso de
la escuela, por ejemplo, el maestro adquiere nuevos mecanismos de control,

0_0_Numero 7.2.indd 128 16/08/2013 05:57:54 p.m.


Juan Carlos Echeverri Alvarez 129

más sutiles, siempre en un ambiente capaz de reemplazar la normatividad por


la ayuda y la protección. Es una escuela conflictiva, indisciplinada y, tal vez, ale-
jada de los conocimientos, pero no por eso falta de gobierno. Esa conflictividad
es precisamente la forma del gobierno o, por lo menos, constituye su base.
Gobierno que mantiene la inacción desaprovechando la energía en conflictos
sin más trascendencia que la fatiga y el hastío cotidianos.
Tres tipos de fenómenos conforman el panorama escolar actual. Uno, está
conformado por situaciones de conflicto, violencia e indisciplina, el uso cada
vez más frecuentes de drogas del tipo Ritalina, la aparición de categorías como
déficit de atención, hiperactividad, de fenómenos como el conflicto y la violencia
escolar; dos, por las denuncias de una escuela enquistada en prácticas del siglo
XIX, de su desfase en relación con la nueva sociedad del conocimiento y las
nuevas tecnologías de información y comunicación; y tres, por la culpa neoliberal
de los maestros que expresan una supuesta auto conciencia pedagógica eco, en
parte, de discursos internacionales de calidad, eficacia y eficiencia. Todo ello,
aunque a primera vista parezca contradictorio, hace parte del terreno en el
cual se fragua la democracia liberal, pero son al mismo tiempo la experiencia
que esta democracia obliga a tener en relación con la construcción de sujetos
libres e iguales para su gobierno.
Es decir, cuando se piensa que la escuela está en desfase con la socie-
dad, por el contrario, es el escenario en el cual se crean los esquemas de
pensamiento y las prácticas que la sociedad vive en la experiencia del go-
bierno, en las tecnologías del poder. En este caso, la escuela es un espejo
del espejismo de la libertad liberal y la igualdad democrática. La institución
se compromete con un discurso en este sentido que produce la experiencia
de la libertad, es decir, sujetos que se sienten cada día mucho más sí mis-
mos, cada vez más libres y con mayores derechos. Sin embargo, como esa
libertad realmente no es absoluta, pues no puede rebasar ciertos límites,
aparecen tecnologías que permitan limitar la actividad sin detrimento de
la experiencia de la libertad, es decir, como dice Julia Varela (1995) “una
relación que hace a los alumnos tanto más dependientes y manipulables
cuanto más liberados se crean”.
En fin, la gubernamentalidad liberal, es decir, la lógica de gobierno que
necesita construir y administrar la libertad necesaria para gobernar, utiliza
como mecanismo de su constante refinamiento la construcción de libertades
que exigen cada vez mayores cuotas de ella misma. Al fin y al cabo, como
dice Foucault (2007: 83): “La libertad nunca es otra cosa –pero ya es mucho–
que una relación actual entre gobernantes y gobernados, una relación en que
la medida de la demasiado poca libertad existente es dada por la aún más
libertad que se demanda”. Pero es una libertad para la inacción, tecnología
del yo que únicamente encuentra salidas y resistencias en la fuga sin tregua
hacia el sí mismo.

0_0_Numero 7.2.indd 129 16/08/2013 05:57:54 p.m.


130 De la disciplina al conflicto: gubernabilidad liberal y escuela en Colombia

Conclusiones
La gubernamentalidad liberal, en los términos propuestos por Michel
Foucault, todavía tiene vigencia, es decir, la lógica del poder –llámese de con-
trol o de Gerenciamiento– todavía requiere de la construcción constante de
la libertad necesaria para el gobierno de la población.
En este sentido, históricamente, la imagen convencional de la democrati-
zación de la sociedad se presenta como la lucha de los sin historia, de los sin
derechos, de una periferia social que, en un momento determinado, adquiere
conciencia de sí misma y emprende batallas a través de las cuales, una vez se
triunfa, transforma en sujetos de derecho, por ejemplo, un género, una edad,
un color, un trabajo o una enfermedad. Bajo esta lógica, se supone que mujeres,
negros, niños, enfermos, han sido capaces de ganarse con alto precio su puesto
en una democracia que, al reconocerlos en última instancia, queda cada vez
más fortalecida. Tal vez, sin embargo, habría que pensar de otro modo. Pensar
que no hay pioneros de las libertades ni de los derechos, sino tecnologías de
poder, estrategias de gobierno que fuerzan a cada vez más amplios sectores
poblacionales para que participen de la lógica liberal del poder. Tecnología
del poder que no escatima la libertad, por el contrario, la impone por todo el
espectro social porque el liberalismo necesita mujeres, negros, niños y traba-
jadores para el consumo individual.
La escuela es el escenario por antonomasia para la construcción de sujetos
libres. Ha sido el dispositivo histórico mediante el cual la forma del poder ha
logrado que se mantenga una producción constante y en continuo refinamiento.
Si bien en los inicios de la república la escuela se valió del método (lancasteriano)
con fundamento disciplinar como máquina de saber-poder sobre los niños, otros
modelos pedagógicos iniciaron el aún no terminado viaje hacia el sí mismo que
hace transitar la libertad de las expresiones externas de la ley y del derecho a
la absoluta individualidad, hacia el adentro de las personas como única vía de
las resistencias o las renuncias.
La escuela es todavía el dispositivo de la gubernamentalidad liberal. No
es el espacio del autoritarismo, el castigo o el encierro, sino el espacio en el
cual se construye la obsesión imaginaria de la libertad individual y se aniquila
la capacidad de pertenencia a trabajos comunitarios de resistencia. Es decir, la
escuela produce la libertad liberal para el gobierno de la población: una libertad
que frente a los obstáculos de las condiciones reales de existencia no encuentra
más salida que la violencia contra lo próximo o el encerramiento en el sí mismo.

0_0_Numero 7.2.indd 130 16/08/2013 05:57:54 p.m.


Juan Carlos Echeverri Alvarez 131

Bibliografía
- Bobbio, Norberto (1987) La teoría de las formas de gobierno en la historia del pensamiento público.
México. Fondo de Cultura Económica.
- Deas, Malcolm (1995) “Canjes Violentos: reflexiones sobre la violencia política en Colombia”, en
Dos ensayos especulativos sobre la violencia en Colombia. Bogotá. Fonade. Departamento Nacional de
Planeación. Tercer Mundo Editores.
- Forrester, Viviane (1998) El horror económico. México. FCE.
- Foucault, Michael (2001) Defender la sociedad. Buenos Aires. FCE.
_____________________________
(2006) Seguridad, territorio, población. México. FCE.
_____________________________
(2007) Nacimiento de la Biopolítica. México. FCE.
- Grinberg, S. (2006) “Educación y gubernamentalidad en las sociedades de gerenciamiento”, en Revista
Argentina de Sociología. Vol. 4. N° 006. Pp. 67-87.
- Hardt, Michel y Negri, Antonio (2001) Imperio. Buenos Aires. Paidós.
- Hobsbawm, Eric (1996) Historia del siglo XX, 1914-1991. Crítica. Barcelona.
_____________________________
(2003) La era del imperio. 1875-1914. Crítica. Barcelona.
- Jaeger, W. (1993) Paideia. Buenos Aires. FCE.
- Jares, X. R. (1996) “El conflicto, la naturaleza y función en el desarrollo organizativo de los centros
escolares”, en Domínguez, G. y Mesanza, J. Manual de organizaciones educativa. Madrid. Escuela
Española.
- Varela, Julia (1995) “Categorías espacio-temporales y socialización escolar. Del individualismo al
narcisismo”, en Larrosa, Jorge (ed.) Escuela, poder, y subjetivación. Madrid. La piqueta.

0_0_Numero 7.2.indd 131 16/08/2013 05:57:54 p.m.


0_0_Numero 7.2.indd 132 16/08/2013 05:57:54 p.m.
espacios nueva serie. Estudios de Biopolítica Nº 7 - tomo 2 - 2013: 133-146. ISSN 1669-8517

El despliegue de nuevas formas de control


en la profesión docente1
Carla Fardella
Universitat Autònoma de Barcelona

Vicente Sisto
Pontificia Universidad Católica de Valparaíso

Resumen
Es de conocimiento común que las políticas estatales, especialmente las políticas
sociales han tenido un vuelco importante los últimos veinte años en Latinoamérica.
Las políticas educativas no han quedado eximidas de esto y han tomado formas
radicalmente distintas a lo que fueron en periodos precedentes. La pregunta que
intenta responder este artículo es acerca de cómo se han concretado las nuevas
formas de hacer política en el ámbito educativo, a través de dispositivos propios de
las nuevas sociedades de control. A través de la metodología de análisis de discurso,
se estudiaron textos oficiales del ministerio de educación de la reforma educativa en
Chile y las políticas de fortalecimiento de la profesión docente. Se plantean algunos
resultados en torno a cómo el docente es situado como una pieza clave para el fun-
cionamiento exitoso de la reforma a través de dispositivos de poder y de tecnologías
del yo que construyen categorías de inteligibilidad.
Palabras clave
gubernamentalidad – profesión docente – tecnologías del yo – discurso

Abstract
It is common understanding that state policies, especially social policies, have had
a significant turnaround over the past 20 years in Latin America. Education policies
have not been exempted from this, and they have taken radically different forms
than in previous periods. The question this article tries to answer is how new forms
of politics in education have been settled, through devices characteristic of the new
societies of control. Through the methodology of discourse analysis, official texts
of the education reform are studied in Chile. We bring up some results about how
teachers are positioned as the key to the successful operation of the reform through
mechanisms of power and technologies of the self that build categories of intelligibility.
Key words
governmentality – teaching profession – technologies of self – discourse

1
Este artículo ha sido apoyado por el Fondo Nacional de Desarrollo de la Ciencia y la Tecnología de
Chile, mediante el proyecto FONDECYT Nº 1090739.

0_0_Numero 7.2.indd 133 16/08/2013 05:57:54 p.m.


134 El despliegue de nuevas formas de control en la profesión docente

Desde la década de los 80 se han venido desarrollando una serie de transfor-


maciones en el campo de la política pública y de los servicios públicos. El sentido
de estos cambios ha sido el de terminar con las formas burocráticas propias de
la administración pública, para incorporar estrategias de gestión propias de la
empresa privada. Así, mediante la incorporación de estrategias manageriales
se espera que el Estado mejore en la calidad y eficacia de su tarea. Uno de los
campos en los que esto se ha desarrollado de un modo bastante evidente ha
sido el de la Educación, en lo cual Chile ha sido un ejemplo mundial (Carnoy y
McEwan, 2003). Mediante una serie de reformas implementadas desde los años
80 se ha desarrollado un modelo de educación pública fuertemente basado en
la competencia entre prestadores privados y públicos de servicios educativos.
Esta competencia se desarrolla en el ámbito de la captación de matrícula en el
contexto de un sistema de financiamiento basado en el subsidio a la demanda,
conocido como Voucher. Es esta competencia lo que sería la principal garantía
de calidad. Cabe destacar que los prestadores privados están sujetos a regula-
ciones mínimas, propias de cualquier negocio u empresa que se pueda instalar
en el país, además de medidas básicas de control en torno al cumplimiento de
un curriculum mínimo. Por el contrario los establecimientos públicos están
regulados por una serie de normas, entre las cuales están normas laborales
que garantizan mayor estabilidad a los profesores que el sistema privado. Sin
embargo, desde comienzos de la última década la reforma tomó una decidi-
da orientación a la gestión, estableciendo procedimientos de evaluación del
desempeño, fijación de estándares, y pago por resultados, profundizando los
cambios ahora al interior de las escuelas públicas, estableciendo competencia
e incentivos económicos como los principales referentes del trabajo docente.
De este modo se cumple lo señalado por Grinberg (2006) en el sentido de que
el énfasis en la gestión supondrá una apelación directa a las identidades de los
actores: es de su autonomía, capacidad de emprendimiento y decisión de la
que dependerá en definitiva el devenir de la educación en Chile.
En esto los principales apelados son directamente los profesores. En este
artículo abordamos cómo la política pública orientada a los profesores del siste-
ma público municipalizado en Chile, los interpela a transformar sus identidades.
Mediante el análisis del discurso de algunos de los principales textos oficiales
del Ministerio de Educación en los cuales se exponen las actuales políticas de
fortalecimiento de la profesión docente, se estudia cómo se posiciona al do-
cente como una pieza clave para el funcionamiento exitoso de la reforma. La
interpelación al docente muestra el despliegue de dispositivos de poder y de
tecnologías del yo específicos, orientados a movilizar al profesor, responsabi-
lizándolo por su propia transformación.
En este escrito se desarrolla primero una breve descripción del cambio de
las políticas educativas en Chile, para poder comprender el contexto en que
emerge la política de fortalecimiento de la profesión docente. Posteriormente,
se hace una revisión de la metodología que nos permitió analizar los textos.

0_0_Numero 7.2.indd 134 16/08/2013 05:57:54 p.m.


Carla Fardella y Vicente Sisto 135

Finalmente mostramos algunos resultados del estudio discursivo de los textos


oficiales de políticas educativas, donde es posible vislumbrar cómo emergen
prototipos de profesionalidad para los docentes, que se construyen como
categorías de inteligibilidad del sí mismo frente a la sociedad y que inducen al
examen de sí mismo como nuevas estrategias de control. A partir de esto, se
exponen algunos resultados acerca de cómo operan estos nuevos mandatos
políticos a través del discurso lo que nos permite entre ver cómo operan ac-
tualmente la nuevas formas de control social.

La reforma educativa Chilena y el docente como pieza


clave del cambio
Diversos autores (Corvalán, 2001; Cassasus, 2003) plantean que las deci-
siones que toma un gobierno sobre la educación no son ajenas a los intereses y
situaciones sociales presentes en un momento determinado del país, situando las
políticas educativas como un sub-sector de la política social más amplia. Desde
esta lógica para los gobiernos de Chile y de Latinoamérica, la educación pública
ha sido vista como una oportunidad para combatir problemáticas sociales y
económicas, generando competencias y conocimientos en los individuos, que
tengan impacto sobre los niveles de productividad de la economía. En función
de esto, las políticas educativas deberían propender a elevar la efectividad del
servicio ofrecido, situando la educación como un medio para el crecimiento
económico de los países, a través del desarrollo de competencias acordes al
mercado (Gentili, 1995; Nef, 2000; Corvalán, 2001; Cassasus, 2003).
A fines de la década de los 80 el gobierno militar comienza un proceso de
transformación de las políticas públicas, el cual posteriormente es refinado y
consolidado por los gobiernos civiles que le sucedieron. En estos años, las políti-
cas sociales son penetradas por la lógica del New Public Managment, divulgando
la idea de que aquel Estado robusto de la modernidad estaba obsoleto y era
inútil para las demandas de la actual era del capitalismo globalizado. Es así como
en nombre de la calidad y la eficiencia de los servicios sociales, gradualmente
se va instaurando un estado flexible y ágil que pueda desenvolverse mejor en
el sistema neoliberal.
Las políticas sociales en general, y la política educativa en particular, buscan
aumentar la eficiencia en la prestación de servicios, disminuyendo sus costos,
incorporándo así una lógica de libre mercado al sistema educativo. Se instala una
racionalidad de competencia-eficiencia, donde las escuelas y sus actores deben
competir por las matrículas en el mercado. Estas medidas se siguieron de un pro-
ceso de descentralización administrativa del Estado, pero de una centralización
ideológica. Este proceso principalmente se llevó a cabo con la estandarización
de diferentes dimensiones de la educación, el currículo, manuales y textos de

0_0_Numero 7.2.indd 135 16/08/2013 05:57:54 p.m.


136 El despliegue de nuevas formas de control en la profesión docente

enseñanza, y de evaluaciones únicas, obligatorias y nacionales para todos los


niveles de la escuela (alumnos, docentes y administradores). Este modelo tiene
la habilidad de combinar una descentralización en la ejecución, administración
y financiamiento de las escuelas, pero de centralizar el planeamiento y control
del desarrollo de las políticas. Todos estos cambios han sido introducidos en
la escuela, apoyados por un discurso que habla de la calidad de educación y la
eficiencia como una nueva ideología.
En el escenario recién planteado, el docente ha sido posicionado por las
políticas educativas como el protagonista del cambio. Esto se ha consolidado
en una serie de políticas y programas que tienen por objetivo mejorar la calidad
de la educación pública a través del fortalecimiento de la profesión docente.
Las políticas de fortalecimiento de la profesión docente, se gestan en Chile
durante el año 1995, sin embargo es partir del 2001 que éstas se intensifican y
se constituyen como una orientación clara de acción del gobierno. La política
abarca múltiples dimensiones de la profesión docente como lo son la formación,
el desempeño y la trayectoria misma del docente, y se las intenta regular desde
la lógica particular del gobierno. Uno de los dispositivos más importantes de
esta política ha sido el Sistema de Evaluación Nacional del Desempeño (Bellei,
Contreras y Valenzuela, 2008). Este sistema, además de centralizado y obliga-
torio, se caracteriza por ser individual, en tanto pone su mirada en el desem-
peño efectivo del docente, a través de indicadores asociados a competencias
específicas del quehacer docente y la tasa de retención, asistencia y rendimiento
académico de los alumnos (Mizala y Romaguera, 2000). En función de la evalua-
ción se clasifica al profesor en categorías de desempeño: Insatisfactorio, Básico,
Competente y Destacado y a partir de esto se prescriben vías de desarrollo
profesional para cada docente. A partir de este sistema, se espera incentivar el
desarrollo de nuevas prácticas docentes y un nuevo perfil de profesional basado
en competencias técnicas, autonomía, responsabilización individual por resul-
tados y autogestión del propio desarrollo profesional, ligándose fuertemente
a la idea del trabajador como emprendedor, autor y responsable de su propia
trayectoria (Bolívar, 2004; Rivas, 2004).

Nuevas formas de trabajo


Las nuevas políticas que regulan la labor docente se inscriben en una
serie de cambios del mundo laboral, ocurridos en las últimas décadas de
manera transversal en el campo del trabajo. A estos cambios la literatura le
ha dado el nombre de Posfordismo. Estas nuevas tendencias, son compren-
didas en contraste con el modelo precedente (Fordismo), un emergente,
que describe una serie de propensiones de cambio en lo laboral enmarcado
en un nuevo capitalismo y en nuevas formas de control social (Boltanski &
Chiapello, 2002; De Giorgi, 2002). La organización laboral se transformó,

0_0_Numero 7.2.indd 136 16/08/2013 05:57:54 p.m.


Carla Fardella y Vicente Sisto 137

creándose nuevas segmentaciones del mercado de trabajo e incrementando


labores atípicas, como son los trabajos por proyecto, de subcontratación y
prestación de servicios (De la Garza, 2000; Maza 2004; Medá 1996; Sennett,
1998). En particular la labor docente se ha intensificado significativamente,
sus funciones laborales se han diversificado y los límites del oficio de han
difuminado.
Las prescripciones políticas han colonizado el uso del tiempo, construyendo
una noción de tiempo racional, controlable, planificable y gestionable (Har-
greaves, 2005). De esta forma el tiempo subjetivo del docente se ha subordinado
a las categorías del tiempo racional-productivo. Las categorías hegemónicas de
comprender el tiempo han subordinado los tiempos de las escuelas y sus actores,
reformulando los tiempos de descanso, como recreos y horas de comida, en
horas de reuniones productivas y atención de apoderados.
Paralelo a esto, se transforman las relaciones laborales, donde se pasa de
lógicas más colectivas a lógicas individualizantes y de producción (Andrade,
2008). Las nuevas prácticas de trabajo multidireccionales acaban por fragmentar
la fuerza de trabajo colectiva, que fueron perdiendo fuerza y por lo mismo la
capacidad de negociación. Así, la influencia del colegio de profesores en las
políticas educativas se diluye en múltiples individuos ejecutando dispositivos
políticos (Martínez, 2008), con una organización frágil que intenta defender
sus últimos derechos laborales. Aparejado con el desgaste de las ideologías
relacionadas a los movimientos obreros, se implanta con fuerza una cultura
laboral centrada en el individuo, donde las capacidades personales reemplazan
la confianza anterior en las vinculaciones colectivas del Taylorismo (De la Garza
2000; Masa 2004).
A fines de los 90 el docente es despojado de su rol de funcionario público
y con ello también cambia su relación con el Estado. La desregulación laboral
penetra el trabajo docente, y esto permite a los municipios una gestión flexible
de los servicios sociales, disminuyendo sus gastos y responsabilidad social,
pero aumentando su competitividad en el mercado. El estado ya no garantiza
un puesto de trabajo para el docente, hoy sólo ofrece oportunidades para su
formación, enmarcada en la lógica de la formación continua (Zaidan, 2008;
Grinberg, 2006), prescribiendo trayectorias laborales unidimensionales.
Desde un marco foucaultiano podemos comprender que el docente
como funcionario público con un espacio laboral asegurado responde a
lógicas gubernamentales propias de una sociedad disciplinaria, tal como lo
hicieron las cárceles y las fábricas y la escuela. Sin embargo hoy participa-
mos de nuevas formas de gobierno. Esta nueva dinámica también queda
impresa en la forma actual de otorgar recursos en educación; si bien antes
recibir recursos era un derecho de las escuelas y sus alumnos, hoy es una
oportunidad, que debe ser concursada y ganada por los actores educativos.
La responsabilidad social asumida antes por el estado, es trasladada a los
docentes y a las comunidades escolares locales, asumiendo ellos las antiguas

0_0_Numero 7.2.indd 137 16/08/2013 05:57:54 p.m.


138 El despliegue de nuevas formas de control en la profesión docente

funciones del estado (Maza, 2004; Grinberg 2006; Rose,1998). El estado se


desmarca del riesgo ganar/perder y este queda distribuido, mas no disuelto,
en los actores escolares, asumiendo ellos los nuevos riesgos propios de los
movimientos del mercado.
La oportunidad, la formación continua, y la autoevaluación como mandatos
claves para desarrollar un prototipo de profesionalidad docente de calidad,
responden a una racionalidad de poder más compleja y sofisticada. Nos habla
de un poder a distancia, pero continuo, de un poder presente pero invisible,
un poder que ha confiscado aquellas formas de ser un “buen docente”.

Aproximaciones a través del análisis de discurso


Los datos que se presentaran a continuación son parte de una investigación
donde nos proponemos profundizar y esclarecer esta demanda realizada a la
práctica docente, preguntándonos a la vez por la manera concreta de proceder
de estas nuevas formas de gobierno.
Para llevar a cabo este estudio se ha optado por una metodología de inves-
tigación cualitativa, donde a través de un estudio de documentos se pretende
generar un conocimiento de carácter local, específico y contextualizado en
Chile, aun cuando conocemos que este tipo de fenómeno tiene un despliegue
más amplio. Hemos trabajado con una muestra de 11 textos oficiales, tanto
declarativos como prescriptivos acerca de diferentes programas que componen
la política de fortalecimiento docente. En los textos declarativos agrupamos
documentos como discursos públicos y presentaciones web de los programas
y la agrupación de textos prescriptivos comprende manuales e instructivos de
cómo ejecutar los programas.
La perspectiva analítica adoptada aquí corresponde al modelo de Potter
y Wetherell. Desde aquí, una premisa importante para este análisis es que el
lenguaje es acción, que el mundo social y sus sujetos existen en virtud de su
construcción lingüística y discursiva, erigida en base a significados construidos
socialmente (Cabruja, Iñiguez y Vázquez, 2000). Entenderemos por discurso
“un conjunto de prácticas lingüísticas que mantienen y promueven ciertas
relaciones sociales” (Iñiguez y Antaki, 1994:63). De modo tal que el Análisis
de Discurso es el “estudio de cómo esas prácticas actúan en el presente
manteniendo y promoviendo estas relaciones” (Ibáñez e Iñiguez, 1996:75). A
esto agregamos que el análisis del discurso implica el desarrollo de hipótesis
sobre los propósitos y consecuencias del lenguaje (Wetherell y Potter, 1992).
A su vez los discursos se encuentran articulados y anclados a otros discursos,
de esta forma la intertextualidad también es una cualidad del texto a analizar
(Iñiguez y Antaki, 1994).
A continuación presentamos dos categorías que emergen del análisis, a
saber: el docente como estratega y el docente que se administra a sí mismo.

0_0_Numero 7.2.indd 138 16/08/2013 05:57:54 p.m.


Carla Fardella y Vicente Sisto 139

Resultados
El docente como estratega
Las políticas de fortalecimiento de la profesión docente definen un modelo
de profesión docente que demanda al profesor organizar y ejecutar su labor de
determinada forma, prescribiendo con ellos las prácticas que según la política
darían cuenta del docente. El siguiente fragmento nos permite trabajar sobre
esta idea.
El docente, basándose en sus competencias pedagógicas, en el conocimiento
de sus alumnos y en el dominio de los contenidos que enseña, diseña, selec-
ciona y organiza estrategias de enseñanza que otorgan sentido a los contenidos
presentados; y, estrategias de evaluación que permitan apreciar el logro de los
aprendizajes de los alumnos y retroalimentar sus propias prácticas. (doc. 2)

Un concepto clave usado en el texto es el de estrategia, término que cons-


truye la práctica docente como una sucesión de acciones, determinadas de
forma anticipada, que intentan asegurar el logro de un objetivo. Este cúmulo
de acciones se sintetiza en la demanda de un docente racional, que analiza las
oportunidades, toma decisiones basadas en datos, diseña, procede y posterior-
mente se evalúa en función de los resultados. La práctica docente se tecnifica, en
función de un objetivo; así, un modelo racional y estratégico es sobrevalorado
por sobre otras formas de ejercer la docencia.
Algunos antecedentes nos enseñan que este modelo de profesionalidad se
ha caracterizado por su distancia con lo que cotidianamente realiza un profe-
sor en su escuela. El terreno local de la docencia pública históricamente se ha
desarrollado en torno a vocaciones profesionales ligadas al servicio público, al
voluntariado social, revistiéndolo de un cierto rasgo mesiánico (Nuñez, 2004,
2007; Cornejo y Reyes, 2008), lo que a su vez se ha acompañado de un docente
que muchas veces se ha desempeñado como guía moral en una escuela que
funcionaba como una ampliación de los procesos de socialización de la familia
(Andrade, 2008). Acorde a esto, el quehacer docente ha tomado formas de
ejecución más espontáneas, creativas y artesanales, que nada tienen en común
con las categorías de definición de docencia impuestas por la política.
La distancia entre este nuevo docente profesional y el históricamente cons-
tituido, nos hablan de categorías de sujeto docente artificiales y construidas
desde el discurso hegemónico de la política, las cuales se posicionan como unas
categoría de verdad y deber para el docente. Las categorías de verdad acerca
de cómo se debe ser un docente hoy, responden a un lenguaje propio de la
gestión por competencia, visto en el uso de términos como ‘competencias,
dominios, estrategias’, desconociendo las prácticas cotidianas. Esto implica una
interpelación al docente a inscribir su práctica en un lenguaje ajeno para poder

0_0_Numero 7.2.indd 139 16/08/2013 05:57:54 p.m.


140 El despliegue de nuevas formas de control en la profesión docente

ser leído como tal. Se establece un marco de inteligibilidad en cual el maestro


debe adecuar sus prácticas y releerlas desde allí. En este sentido la noción de
‘competencias pedagógicas’ construye la labor del profesor sobre un conjunto
de atributos personales, donde actuares específicos destinados a ciertas labores
son definidos como cualidades que están dentro del sujeto. Así la labor queda
suscrita en una lógica individualista, donde el docente es responsable de su
quehacer y del éxito de éste. Estas prácticas son constitutivas de su ser docente,
lo cual implica que él también debe reconstituirse según este nuevo lenguaje.

El docente que se administra a sí mismo


En el análisis anterior emerge la autoevaluación como una estrategia clave
para ser más un docente más efectivo, idea que analizaremos en mayor profundi-
dad a continuación. El proceso de auto-revisión de las prácticas profesionales es
quizás la vertiente más representativa de la política. A continuación mostramos
un extracto con el cual comienza un manual acerca de buenas prácticas docen-
tes, que son las que posteriormente serán medidas por el sistema de evaluación
docente, y que representa un intento evidente por construir herramientas para
guiar la autoevaluación. “En él se establece lo que los docentes chilenos deben
conocer, saber hacer y ponderar para determinar cuán bien lo hace cada uno
en el aula y en la escuela” (doc. 3). De acuerdo a la cita podemos ver como los
criterios para definir a un docente se muestran como algo acabado y estático,
lo cual debe ser utilizado para un fin determinado, promover una determina-
da mirada sobre las propias prácticas. Agregado a esto, dichos criterios son
construidos como obligatorios, ‘deben’ de ser manejados por los docentes.
Así, es posible ver que aquello demandado al docente no es la auto-revisión
de la propia práctica, sino la comparación de su quehacer con descriptores
de desempeño exitoso construidos como incuestionables, construidos por
otros. Detrás de la práctica de autoevaluación está la demanda a leer el pro-
pio desempeño bajo códigos proporcionados por la política. Como dijimos
anteriormente estos descriptores funcionan como dispositivos para volverse
inteligible frente a las políticas y autoridades educativas, pero también frente
a sí mismo, en tanto que, para que el docente se pueda entender a sí mismo
como un “docente chileno” debe inscribirse en determinado lenguaje y desde
allí alinear su propia conducta.
A su vez estos códigos de inteligibilidad son variables, y en ocasiones son
descritos de manera sutil, aun cuando la función es la misma:
un marco socialmente compartido que permita a cada docente y a la profesión
en su conjunto, enfocar sus esfuerzos de mejoramiento, asumir la riqueza de
la profesión docente, mirarse a sí mismos, evaluar su desempeño y potenciar
su desarrollo profesional, para mejorar la calidad de la educación. (doc.5)

0_0_Numero 7.2.indd 140 16/08/2013 05:57:54 p.m.


Carla Fardella y Vicente Sisto 141

La expresión “un marco socialmente compartido que permita (…)” pareciera


ser diferente a lo construido en la cita anterior (“lo que los docentes chilenos
deben saber”). En un sentido explícito, uno es un referente compartido que
permite ciertas cosas, otro establece reglas e impone un deber. Sin embargo la
función de ambos enunciados es la misma: presentar referentes prescriptivos
que regulen la manera en que el docente debe administrar su acción profesio-
nal. Estos apuntan a dos dimensiones, primero acciones cotidianas y segundo,
el desarrollo de su carrera docente, como una prescripción que funciona hacia
el futuro, determinando ciertas trayectorias profesionales. También se lee una
solicitud más profunda y general, ya que como lo describe la cita los criterios a su
vez pretenden orientar la comprensión de la “riqueza de la profesión”. Es decir la
comprensión y valoración que cada docente hace de su profesión, también estará
mediada por estos descriptores externos que definen el valor de la profesión.
Esta demanda a leer bajo determinados criterios la propia conducta es
promovida bajo un fin: “mejorar la calidad de la educación”, este tiene la
cualidad de ser un objetivo que pareciera común a los actores educativos, un
proyecto de bien superior donde se justifican las demandas realizadas. Por otro
lado, invocar acciones individuales en el nombre de un proyecto común tiene
el interesante efecto de generar que las tareas que permiten el desarrollo y
consecución de este proyecto sean introyectadas en el sujeto docente. Así,
se desplazan responsabilidades colectivas como la calidad de la educación, a
espacios de acción individual. Lo interesante de esto es que al demandar una
acción en nombre del bien común, se encamina determinado sentido para la
acción. Esta retórica del bien común se inmiscuye en la construcción de sentido
realizada por el interlocutor, desviando otras posibles interpretaciones. Así, lo
dicho tiene el efecto de ser leído como invitación a participar en un proyecto
común y no como solicitud de determinada acción por parte de una autoridad.
De acuerdo a lo revisado en este apartado, vemos que se apela a un sujeto
que debe autogobernarse bajo determinados patrones externos como lo son
la autodisciplina, la planificación racional en base a objetivos y su consecución
a través de acciones individuales. A la vez todo ello queda justificado en un
proyecto nacional común, que le otorga determinada interpretación a la deman-
da. Paralelamente, estos cánones externos de buen ejercicio de la profesión,
funcionan como guía prescriptiva de determinas conductas en tanto proceden
como patrones de inteligibilidad que el docente debe actuar para poder definirse
como tal. Así la política se construye desde una posición de enunciación donde
puede definir bajo determinados parámetros qué es ser y no ser profesional
docente, y cómo éste debe leerse a sí mismo.

La ciencia como argumento de Verdad


En el texto anterior encontramos que una de las justificaciones discursivas
para instalar estas demandas políticas a los docentes es el bien común de la

0_0_Numero 7.2.indd 141 16/08/2013 05:57:55 p.m.


142 El despliegue de nuevas formas de control en la profesión docente

educación pública. En el siguiente extracto, mostramos como “el buen docen-


te” comprometido con el proyecto público toma fuerza como categoría de
verdad en nombre de la ciencia y lo científico. Este recurso retórico se reitera
en los textos, justificando la relevancia del docente como solución al problema
educativo:
Tal como lo demuestran diversas investigaciones, la calidad del desempeño de
los docentes, entre otros factores, es uno de los que tiene una alta incidencia
en los logros de aprendizaje de los estudiantes. (doc. 6)

En el extracto presentado “la ciencia” aparece como la fuente argumentativa


constituyente de verdad. De esta forma pareciera que no es el estado quien
promueve esta forma de ser docente, sino la ciencia, sin que haya ninguna
decisión por parte de las autoridades, más bien ellos han “capturado” aquello
correcto, incuestionable y útil para la educación de Chile. En estos casos utilizar
el recurso retórico de lo científico se vuelve una herramienta de solapamiento
de la autoridad en tanto oculta los propios intereses detrás de la verdad cons-
truida por el peso del argumento científico.
De acuerdo a los fragmentos revisados hasta ahora, podemos ver que se
plantea un problema que “es de todos”, que permite demandar el involucra-
miento del docente. Así, la centralidad del docente y su justificación como pieza
clave para la solución del problema queda fundada en diferentes argumentos,
como lo son la construcción de consenso, la demanda externa y el argumento
científico, argumentos que ponen la fuente de decisión fuera del hablante.

Gubernamentalidad y nuevas formas de poder


Las políticas de fortalecimiento docente funcionan construyendo en sus
discursos nuevos objetos y sujetos, a través de delicadas palabras en nombre
del bien común penetran en la lógica escolar. Estas medidas no son voluntarias,
son mandatos oficiales, pues quien no lo haga corre el riesgo de ser clasifica-
do en aquellas categorías de docente no deseado con la amenaza inminente
de quedar fuera del sistema educativo. Así el orden social se difumina en las
actividades cotidianas, se filtra en la vida diaria, en las posibilidades de articula-
ción entre las personas y en las formas de ser sujeto (Maza, 2004; Boltanski y
Chiapello, 2002; De Giorgi, 2002). El sujeto trabajador ya no importa en tanto
cantidad de horas trabajadas, importa la cualidad completa con la que vive lo
laboral. La teoría del capital humano es clara en esto: el sujeto trabajador debe
ser abordado desde todos sus ámbitos, su educación, su historia, su familia, su
tiempo libre, su futuro. En este sentido lo que hay que modificar es el nivel y
el contenido del capital humano y, para actuar sobre este “capital”, es necesa-
rio movilizar toda una multiplicidad de dispositivos, solicitar, incitar, invertir la
“vida” (Lazzarato, 2005:6). Un buen ejemplo de ello es la llamada Gestión por
Competencias (Senge, 1990; Handy, 1996), la cual se ha transformado en guía

0_0_Numero 7.2.indd 142 16/08/2013 05:57:55 p.m.


Carla Fardella y Vicente Sisto 143

de políticas económicas, laborales y de formación (Políticas de evaluación del


ministerio de educación Fundación Chile, 2004), donde se ve la organización
del trabajo docente en este caso, como un proceso de articulación de com-
petencias individuales.
El nuevo sujeto docente es obligado a ser activo y flexible para poder dar res-
puesta al inestable mercado escolar. Este nuevo trabajador debe ser adaptable,
en formación constante, insertarse, incorporarse y despedirse simultáneamente
de numerosos proyectos, transitar entre tareas diversas. Y es justamente esta
capacidad de adquirir nuevas competencias y ser polivalente, lo que le da valor
en el mercado y lo hace un sujeto empleable (De Giorgi, 2002). Como señalan
Boltanski y Chiapello, la esperanza prescrita para el nuevo profesional docente
está en ser activo y autónomo. “es el líder de sí mismo, líder en sus relaciones
de arriba a abajo, líder en sus redes” (2002, 167). El profesional debe tener
proyectos, ser proactivo y adelantarse a la incertidumbre del cambio, estar
atento y conectar nuevas posibilidades (Boltanski y Chiapello, 2002; Castells,
1998; Senett, 1998). Se le consigna administrarse bien para ser el dueño de
sí mismo, así se le ofrece la presentación que debe hacer de sí mismo ante el
mundo laboral, modificarse ante las circunstancias y volverse deseable por el
mercado, saber hacer de sí un objeto empleable y vendible es su responsabilidad
(Sisto y Fardella, 2009).
En el terreno escolar el rol del maestro ha sentido estos cambios, sus límites
se volvieron ambiguos y su labor más intensa. Se han prescrito formas de trabajo
individualizantes, traduciendo la labor docente a estándares evaluables asocia-
dos a incentivos individuales por resultado, otorgados a través de la medición
de efectividad según indicadores (Birgin, 1997; Vaillant, 2005). Como señalan
Birgin (1997) y Bolívar (2004) la flexibilidad, precarización e individualización,
desconocen la historia de trabajo colectivo de los docentes y son la contracara
de los rasgos tradicionales del empleo docente, que se caracterizaba, como ya
desarrollamos, por ser un empleo público y estable.
Como hemos visto, las formas de gobierno actual han permitido que el mode-
lo neoliberal se transforme en el eje productor de lo cotidiano (Foucault,1977).
Esta forma tiene la peculiaridad de gobernar tomando el mercado “(…) como
instrumento de inteligibilidad, como verdad y medida de la sociedad” (Lazzarato,
2005: 2). Es así como las formas gobierno ponen de relieve la heterogeneidad
de sus acciones, su valor ya no está en la coherencia, sino en su valor práctico
y funcional en la regulación de la población, las medidas de su estrategia son el
mercado y la competencia. De esta manera se opera con diferentes unidades
de consistencia cada una contingente a una circunstancia y lugar determinado.
En esta lógica, las artes de gobierno son amplias pero especializadas, sutiles
y adecuadas a lo de cada instante y a lo aleatorio (Foucault, 1992). Integran
incesantemente nuevos elementos, aprehendiendo los detalles de lo cotidiano
y del sujeto, reconsiderando la multiplicidad, lo marginal, lo periférico. Así para
Lazzarato (2005:4)

0_0_Numero 7.2.indd 143 16/08/2013 05:57:55 p.m.


144 El despliegue de nuevas formas de control en la profesión docente

Lo que existe no es el poder, sino el poder en el momento de hacerse, de-


pendiendo directamente de los acontecimientos, a través de una multiplicidad
de dispositivos, arreglos, leyes, decisiones, que no son un proyecto racional y
preconcebido (“un plan”), sino que pueden hacer un sistema, una totalidad.
Un sistema y una totalidad siempre contingentes.

Las nuevas formas de gobierno sobre los docentes son vistas como una forma
sutil de introducirse en la vida íntima de los sujetos, espacio donde dispositivos
híbridos y múltiples intervienen en el conjunto de condiciones de la vida bus-
cando la constitución de la subjetividad, solicitando decisiones y acciones de
los individuos. Como señalan Dreyfus y Rabinow (2001), el bio-poder se filtró
en las más pequeñas contorsiones y minúsculas vibraciones del alma.
De acuerdo a Rose (1998), las sociedades occidentales actuales tienen la
capacidad de construir sujetos con límites estables y definibles, que son origen
de decisión y acción. Sisto (2008:3) apoya esta idea señalando “Si la libre elec-
ción es el valor fundamental, el objeto de gobierno principal es la intimidad en
base a la cual el sujeto ‘elige libremente’”. Así las formas de gobernar también
se vuelven fabricantes y productoras de libertad.
Paralelo a esto se desarrolla una forma de organizarnos donde el poder
funciona y se ejerce sin centralización (Foucault, 1992), fomentando el control
dentro de cada parte de la red (individuos, equipos de trabajo). En educación la
demanda a la autoevaluación y autoregulación de la carrera profesional, pres-
crito sin embargo por estándares externos al sujeto, se vuelve emblema de las
nuevas políticas de fortalecimiento profesional. Este sistema descentralizado
permite una presencia del Ministerio de Educación, como entidad abstracta,
en cada institución educativa señalizando qué es lo esperable de la producción
escolar, gobernando a “distancia” a través de la instrumentalización de una
autonomía regulada de los actores educativos (Bardisa, 1997; Navarro 2003).
Agregado a esto, este mecanismo permite que se intercalen dispositivos de
división y aislamiento entre los conflictos locales y el resto del sistema (Weiler,
1996; Bardisa, 1997) favoreciendo la fragmentación y descentralización.
Gobernar tal como lo señala Foucault (1990) es punto de encuentro entre
las tecnologías de poder y las tecnologías del yo. Las políticas educativas pres-
criben aquellas particulares formas en las cuales los docentes deben conocerse
y dominarse a sí mismos, a través de la creación de un juego de verdades
acerca de qué es ser un buen docente y un mal docente y las implicancias
sociales y subjetivas de “ser” uno o el otro. La política de fortalecimiento
docente es ante todo una construcción de verdad, con un conjunto de cri-
terios e indicadores que permite ver y nos indica cuán cerca estamos de ser
un buen o mal docente.

0_0_Numero 7.2.indd 144 16/08/2013 05:57:55 p.m.


Carla Fardella y Vicente Sisto 145

Bibliografía
- Andrade, Dalida y Feldfeber, Myriam (2008) Políticas educativas y trabajo docente. Nuevas regulaciones
¿nuevos sujetos?, Buenos Aires, Noveduc.
- Bardisa, Teresa (1997) “Teoría y Práctica de la Micropolítica en las Organizaciones Escolares”, en
Revista Iberoamericana de Educación [en línea] núm. 15, 23-52. http://www.rieoei.org [ 2 de febrero
de 2006]
- Bellei, Cristián, Contreras, Daniel, Valenzuela, Juan Pablo (2008) La agenda pendiente en educación.
Profesores, Administradores y Recursos: Propuestas para la Nueva Arquitectura de la Educación Chilena,
Chile, Universidad de Chile.
- Birgin, Alejandra (1997) Las regulaciones del trabajo de enseñar: Vocación, Estado y Mercado en la
configuración de la docencia, Tesis de Maestría, Buenos Aires. Universidad de Buenos Aires <http://
www.opech.cl/bibliografico/Doc_Docente> [14 de noviembre de 2008]
- Bolívar, Antonio. (2004) “La Educación Secundaria Obligatoria en España. En la Búsqueda de una
Inestable Identidad”, en Revista Electrónica Iberoamericana sobre Calidad, Eficacia y Cambio en Educación
[en línea] Núm. 2, <http://www.ice.deusto.es/rinace/reice/vol2n1/Bolivar.pd> [ 24 de Noviembre
de 2008]
- Boltanski, Luc y Chiapello, Eve (2002) El nuevo espíritu del capitalismo, España, Akal.
- Casassus, Juan (2003) La escuela y la (Des) igualdad, Chile, Ediciones Lom.
- Carnoy, M. y McEwan, P. (2003): “Does privatization improve education? The case of Chile’s national
voucher plan”, en Plank y Sykes (eds.) Choosing choice: School choice in international perspective, New
York, Teachers College Press.
- Castells, Manuel (1998) Globalización, tecnología, trabajo, empleo y empresa. <www.lafactoria.web.>
[4 de abril de 2008]
- Cornejo, Rodrigo y Reyes, Leonora (2008) La cuestión docente en América latina. Estudio de caso,
Chile, Flape.
- Corvalán, Javier (2001) Las transformaciones Educativas Recientes y Los Cambios de la Política Social en
Chile y América Latina, Chile, Umbral.
- De Giorgi, Alessandro (2006) El gobierno de la excedencia. Postfordismo y control de la multitud, España,
Traficantes de sueños.
- De La Garza Toledo, Enrique (2000) Tratado Latinoamericano de Sociología del Trabajo, México, UNAM.
- Dreyfus, Hubert y Rabinow, Paul (2001) Michel Foucault: más allá del estructuralismo y la hermenéutica,
Argentina, Nueva Visión
- Foucault, Michel (1977) Historia de la Sexualidad. La voluntad de saber, México, Siglo XXI.
_____________________________
(1990) Un diálogo sobre el poder y otras conversaciones, Madrid, Alianza Editorial.
(1992) Genealogía del racismo: de la guerra de las razas al racismo del estado, España,
_____________________________

Ediciones La Piqueta.
- Gentili, Pablo (1997) “El consenso de Washington y la crisis de la educación en América Latina”,
Cuadernos de crítica de la cultura Nº 29, Archipiélago.
- Gorz, André (1991), Metamorfosis del Trabajo. Búsqueda de Sentido. Crítica de la Razón Económica,
España, Sistema.
- Grinberg, Silvia (2006) “Educación y gubernamentalidad en las sociedad de gerenciamiento”, Revista
Argentina de Sociología Nº 6, 67-87
- Handy, Charles (1996) Beyond Certainty, USA, Harvard Business School Press.

0_0_Numero 7.2.indd 145 16/08/2013 05:57:55 p.m.


146 El despliegue de nuevas formas de control en la profesión docente

- Hargreaves, Andy (2005) Cultura, Profesorado y Posmodernidad, London, Morata.


- Lazzarato Maurizio (2005) “Biopolitica/Bioeconomía” <http://www.diplomatie.gouv.fr> [ 20 de abril
de 2008]
- Medá, Dominique (1998) El Trabajo un Valor en Peligro de Extinción, España, Gedisa.
- Mizala, Alejandra y Romaguera, Pilar. (2003)”Regulación, incentivos y remuneraciones de los profe-
sores en Chile” en Cox, Cristian (comp.) Políticas Educacionales en el Cambio de Siglo: la reforma del
sistema escolar en Chile, Chile, Editorial Universitaria.
- Navarro, Juan Carlos (2003) “La evaluación y las actitudes de los docentes frente a ella: dificultades y
alternativas de política”, en Laies, Gustavo et al. (comps) Evaluar las evaluaciones: una mirada política
acerca de las evaluaciones de la calidad educativa, Argentina, IIPE-Unesco.
- Nef, Jorge (2000) “El Concepto de Estado Subsidiario y la educación como bien de mercado: un
bosquejo de análisis político”, en Revista Enfoques Educacionales, núm 2, Chile, Universidad de Chile.
- Rivas, J. Ignacio (2004) “Política educativa y prácticas pedagógicas”, en Barbecho, Revista de Reflexión
Socioeducativa, Núm.4, España, Universidad de Málaga.
- Rose, Nikolas (1998) Inventing ourselves. Psychology, power and personhood, UK, University Press.
- Sennet, Richard (1998) La Corrosión del Carácter: las consecuencias personales del trabajo en el nuevo
capitalismo, España, Anagrama.
- Sisto, Vicente (2008) “Subjetivación y autogobierno en el Chile actual. La construcción de la inclusión
social bajo los discursos del emprendimiento”, conferencia en Programa de Doctorado en Psicología
Social, Universidad Autónoma de Barcelona.
- Sisto, Vicente y Fardella, Carla (2009) “Control Narrativo y Gubernamentalidad. La producción de
coherencia en las narrativas identitarias de profesionales chilenos adultos jóvenes en condiciones de
flexibilización laboral”, en Forum: Qualitative Social Research 2, Alemania, Freie Universität Berlin.
- Vaillant, Denise (2005) Formación de docentes en América Latina. Re-inventando el modelo tradicional,
España, Octaedro.
- Weiler, Hans (1996) “Enfoques comparados en descentralización educativa”, en Pereyra, M. et
al. (comps.) Globalización y descentralización de los sistemas educativos: fundamentos para un nuevo
programa de la educación comparada, España, Pomares-Corredor.

0_0_Numero 7.2.indd 146 16/08/2013 05:57:55 p.m.


espacios nueva serie. Estudios de Biopolítica Nº 7 - tomo 2 - 2013: 147-156. ISSN 1669-8517

Biopolítica y excepción.
Apuntes sobre violencia social

Antonio Fuentes Díaz


Universidad Autónoma de Puebla

Resumen
El presente artículo hace una lectura sobre la proliferación de la violencia en México
y Centro América. La discusión tomará como eje las nociones de nuda vida y biopo-
lítica, discutiendo la pertinencia de esta última para analizar el ejercicio del poder,
la gobernabilidad y los sistemas políticos en la región. Se sostiene que la violencia
muestra la mutación de las formas de la gobernabilidad fincada en el modelo de
subjetivación disciplinario del trabajo (fordismo), hacia la gerencia de riesgos propio
de las sociedades de control (neoliberalismo). La atrocidad sobre el cuerpo puede
leerse como un vaciamiento político de la vida.

Palabras clave
biopolítica – violencia – subjetividad – excepción – nuda vida

Abstract
The present article does a reading on the proliferation of violence in Mexico and
Central America. The discussion will take as an axis the notions of nude life and bio-
politics, discussing the relevancy of the latter to analyze the exercise of the power, the
governance and the political systems in the region. We argue that violence shows the
mutation of the forms of governance cultivated in a model of disciplinary subjectivation
of work (fordism), to the management of risks inherent in the societies of control
(neoliberalism). The atrocity on the body can be read as a political emptying of life.

Key words
biopolitics – violence – subjectivity – exception – nude life

0_0_Numero 7.2.indd 147 16/08/2013 05:57:55 p.m.


148 Biopolítica y excepción. Apuntes sobre violencia social

Nuevas violencias
En Latinoamérica, a las anteriores formas de violencia tales como la desapari-
ción forzada, la guerrilla y el paramilitarismo, se aúnan nuevas como la violencia
colectiva, el sicariato, la violencia de las maras y del narcotráfico, todas ellas
utilizando la vejación corporal y la atrocidad en dimensiones muy naturalizadas.
Estas nuevas violencias presentan un carácter difuso y ubicuo en lo cotidiano,
en donde raramente se precisan fines o demandas particulares. En los últimos
años hemos presenciado la proliferación de vejaciones corporales a escalas im-
pensables, desde los métodos de contrainsurgencia en periodos de guerra civil,
hasta la exposición cotidiana de restos humanos en vías públicas, como formas
ejemplares del ajuste de cuentas entre grupos rivales en México, Guatemala y
El Salvador. La violencia banal así convocada induce a pensar en transformacio-
nes en la subjetividad y en las formas en que la violencia mediaba las relaciones
sociales en etapas previas.
En México a partir del 2006, con el ascenso de Felipe Calderón al gobierno
de la república, se desató la llamada “Guerra contra el narcotráfico”, hecho
que ha costado la vida a cerca de 35 mil personas hasta el día de hoy. Varias de
las respuestas entre los grupos de narcotraficantes, tanto por el embate del
gobierno como en su competencia interna por mercados, han tenido el sello
de la atrocidad: cuerpos mutilados en plazas y avenidas, cadáveres colgando
de puentes, cabezas cercenadas que son depositadas en el exterior de edifi-
cios públicos que pertenecen a las Instituciones de Seguridad. Sin embargo la
emergencia de estas prácticas atroces y su espectacularidad rebasan el contexto
del combate al narcotráfico, se encuentran difuminadas en otros ámbitos y
con otros actores. Es el caso de los linchamientos o acciones colectivas de
violencia punitiva. En México, desde la década de los 80 del siglo pasado hasta
el año 2007, ocurrieron cerca de 500 linchamientos (Fuentes Díaz, 2008); en
Guatemala, de acuerdo a las cifras reportadas por la MINUGUA (2004), del
período 1996-2002 ocurrieron 480 linchamientos (tan solo en 6 años, lo que
representa una altísima concentración de ese fenómeno). En ambos países los
linchamientos son altamente ritualizados y con innumerables vejaciones cor-
porales: golpizas, ahorcamientos, laceraciones, lapidaciones e incineraciones
entre las más comunes.
De la misma manera, la violencia ejercida por bandas juveniles conocidas
como Maras han asolado El Salvador, Guatemala y el sur de México. Conocidos
por su alto nivel de violencia (el ingreso a la Mara exige un asesinato), las Maras
han establecido controles paralelos en importantes zonas de El Salvador y Gua-
temala, abundantes son los casos de extorsión a comercios o casa-habitación
que estos grupos ejercen, bajo sentencia de muerte en caso de no “cooperar”.
En años recientes se han vinculado con el tráfico de sustancias ilícitas y con el
tráfico ilegal de personas hacia los Estados Unidos, lo que ha potenciado su
reactividad. En San Salvador, en junio de 2010, personas pertenecientes a una

0_0_Numero 7.2.indd 148 16/08/2013 05:57:55 p.m.


Antonio Fuentes Díaz 149

Mara incendiaron un ómnibus con pasajeros dentro, falleciendo calcinados 11


de sus ocupantes (Iraheta, 2010).
Sostengo que estos hechos nos revelan un nuevo tipo de subjetividad fun-
cional que es producto de una mediación diferente de las relaciones sociales,
subjetividad que no se expresa como crisis, sino que tiende a hacerse estructural
y que no es posible explicar a través de la noción de biopolítica.

Violencia y mediación
Desde la perspectiva que se desarrollará en este trabajo, estas formas de
violencia responden a la ruptura de la mediación social que había generado la
expresión local del estado fordista, entendida como mediación entre capital y
trabajo. Desde la perspectiva de larga duración, las estructuras de mediación
han tenido un papel fundamental en la gestión de la vida de las poblaciones,
el papel de la mediación ha sido enfocado sobre el control del trabajo, de
manera tal que la mediación se puede concebir como la manera específica de
subjetivar la relación capital-trabajo. Una de las formas de entender esos pro-
cesos de mediación en la construcción de subjetividades podemos hallarla en
las prácticas disciplinarias sobre la fuerza de trabajo que requirió el desarrollo
del capitalismo industrial, así como la noción de derechos ciudadanos; ambos,
disciplina y derechos, fungieron como procesos de mediación de la fuerza de
trabajo dentro del capitalismo. Esto se vinculó con la asepsia de violencia en las
relaciones sociales, dado que el control de la fuerza de trabajo tendió a hacerse
subjetivo (Foucault, 1993).
El planteamiento que discuto se acerca al propuesto por S. Murillo (2001,
2004). Para la autora se han generado grandes periodos de “estabilización”
social en la modernidad, cada período ha sido signado por una forma de me-
diación específica. El primero sería el pacto de sujeción - del siglo XVII- , que
asumiera el “estado de guerra” como un proceso permanente que debía ser
limitado a través de la fuerza, este sería el momento teorizado por Hobbes. Un
segundo momento, fue el largo proceso de la abstracción soberana depositaria
de derechos, el argumento rousseauniano del “pacto de unión”, del consenso,
de la “voluntad general”, la de igualdad de derechos. Este momento genera las
grandes claves de la mediación contemporánea: ciudadanía, soberanía, derecho,
igualdad, libertad, democracia, estado, progreso, representación.
El surgimiento del estado benefactor, por ejemplo, fue la gran mediación
bajo la cual se estabilizó la conflictividad social –contradicción capital-trabajo–
hacia inicios del siglo XX1. La mediación por jornadas laborales reguladas,

1
Para Negri la instauración del Estado de bienestar representó un proceso de adaptación del capital
hacia el poder que el movimiento laboral había alcanzado hacia fines del siglo XIX e inicios del siglo XX,
por ello retoma como símbolo de este momento al octubre de 1917. Comenta: “El formidable salto
adelante que la ciencia del capital opera con Keynes consiste en el reconocimiento de la clase obrera como

0_0_Numero 7.2.indd 149 16/08/2013 05:57:55 p.m.


150 Biopolítica y excepción. Apuntes sobre violencia social

salario mínimo, derecho a huelga, organización sindical y demás prestaciones


sociales que buscaron canalizar-disciplinar el trabajo a partir de la trama estatal,
se encuentran en la mediación por derechos del pacto de unión.
Ahora bien, al parecer estamos ante el agotamiento de la mediación fincada
en esa forma de construcción del lazo social. Y en ese sentido, la violencia cambia
porque responde a otra forma de la mediación del conflicto, lo que daría paso a
la siguiente forma de mediación bajo el paradigma de la seguridad. Los cambios
en la mediación capital trabajo están en sintonía con el cambio en las formas de
la acumulación de capital, es necesario entender que un régimen de acumulación
es expresión de relaciones sociales de largo alcance, desde esta perspectiva, el
cambio del fordismo a la acumulación flexible (Harvey, 1998) implicó un cambio
también en las relaciones sociales que mediaban el antagonismo entre capital
y trabajo. En ese sentido es que se puede argumentar que la proliferación de
violencia banal2, es un síntoma de la mutación de la mediación que el despla-
zamiento de un régimen de acumulación a otro trajo consigo.

Castigo, espectacularidad y mediación


Ahora bien, un aspecto completamente claro en la violencia contemporá-
nea: linchamientos, ejecuciones de los grupos de narcotráfico, las ejecuciones
de las maras, es la reaparición de las vejaciones corporales como espectáculo.
¿Qué revela la necesidad de castigar públicamente? Estos fenómenos concitan
un número de factores como el involucramiento de numerosas personas, la
ritualización y la descarga emocional. Como sugiere Foucault (1993), el cambio
del castigo desde el suplicio a la benignidad disciplinaria, fue una parte impor-
tante de la extensión del Estado y de la construcción de la hegemonía en la
Europa moderna.
La desaparición del sufrimiento como espectáculo y la asepsia de violen-
cia en el espacio público fueron procesos vinculados con esta conformación
del Estado, lo que significó, desde otra perspectiva, la construcción de una
moralidad que articulaba una mediación en términos del disciplinamiento en
la constitución de las nuevas subjetividades. En esta constitución se hallaron
figuras como la individualidad y la ciudadanía sobre las cuales se articuló la
mediación del Estado burgués. En este proceso el castigo tendió a ocultarse
dentro del proceso judicial penal, lo cual llevó a sacarlo de la percepción coti-
diana y a volverlo parte de una conciencia abstracta a partir de la interiorización
del código legal, lo que se correspondió con el establecimiento de formas de

momento autónomo dentro del capital... En efecto –parece reconocer Keynes- el sistema funciona no
porque la clase obrera esté siempre dentro del capital, sino porque puede estar también fuera; porque
siempre amenaza de nuevo con estar fuera.” (Negri, 1986:31)
2
Violencia banal, es entendida como aquella violencia que no funda orden, que no presenta fines políti-
cos, ni jurídicos, que solo se expresa como manifestación

0_0_Numero 7.2.indd 150 16/08/2013 05:57:55 p.m.


Antonio Fuentes Díaz 151

sensibilidad ligadas a ese proceso de construcción estatal (Spieremburg, 1984).


Ahora bien, el mantenimiento y emergencia de las vejaciones corporales en
los ajusticiamientos públicos, en los asesinatos selectivos de las maras y en
las ejecuciones vinculadas a los grupos del narcotráfico en México y Centro
América, quizá digan algo acerca de las limitaciones del poder del Estado y la
forma en cómo se construyó.
Esto sugiere, siguiendo las líneas trazadas por Foucault, que si la abstracción
de lo penal no se constituyó totalmente en la subjetividad de una sociedad,
no se pudo generalizar su efecto de mediación. Desde la perspectiva que se
argumenta en este trabajo, se puede localizar la forma no interiorizada de
disciplinamientos sociales como un ethos, es decir, un conjunto de prácticas
políticas ancladas en un sistema de relaciones sociales que no se constituyeron
subjetivamente dentro de los cánones disciplinarios propuestos por el estado
liberal burgués. Fueron sociedades en donde no se presentó un panoptismo
constitutivo de las relaciones sociales, no es casual que la fuerza y el control
autoritario haya prevalecido como un fuerte componente de sus sistemas
políticos y que se hayan incorporado a una forma cultural también, lo popular
autoritario (Fuentes, 2008). La forma histórica del control de poblaciones en
dichos países fue la fuerza y en algunos casos el terror, más que la subjetividad
disciplinaria, por ello se puede plantear que el modelo de análisis biopolítico
no da cuenta de la complejidad de las relaciones sociales en formas estatales y
sociedades poscoloniales.
La pregunta que surge aquí es qué aconteció en sociedades con este tipo
de construcciones estatales, en donde hubo quiebres históricos en las formas
de la mediación social de amplios segmentos de la población (indígena y afro-
descendientes). Se puede suponer que la economía en el ejercicio del poder no
fue aquella que tendía hacia controles biopolíticos, sino que la propia estructura
productiva en estos países durante el periodo colonial (economía de hacienda
o plantación) hacía de la compulsión física de la fuerza de trabajo el eje de la
valorización. Esto irradió al resto de la sociedad una cultura política autoritaria
y una subjetivación no disciplinaria en el ejercicio del poder. Subjetividad no
disciplinaria que permitía una estructura de sentimiento de alta tolerancia al
dolor y a la violencia, que expresaba la vulnerabilidad de la vida de importantes
grupos sociales radicados históricamente en los márgenes de dichas formas de
regulación política de la vida. Por ello, podría sugerirse, a diferencia del modelo
foucaultiano, que en los estados estudiados, México, Guatemala y El Salvador,
la forma de la mediación fue anti-biopolítica.
Lo anterior es importante para comprender el alto nivel de tolerancia a la
violencia, su espectacularidad y la atrocidad en las vejaciones corporales. El
desplazamiento del ritual punitivo hacia lo penal fue un proceso que tendió a
hacer incorporal la sanción, a partir de sanciones administrativas que la sociedad
burguesa introdujo (la multa y la privación de derechos), dicha introducción
reforzó cambios en las sensibilidades emocionales de rechazo a la espectacula-

0_0_Numero 7.2.indd 151 16/08/2013 05:57:55 p.m.


152 Biopolítica y excepción. Apuntes sobre violencia social

ridad del sufrimiento, al mismo tiempo que delegaba y centralizaba la violencia


en cuerpos de especialistas. Esto es importante porque hace pensar en que la
asepsia de violencia en el espacio público es producto de una forma específica
de la mediación de las relaciones sociales, que radica fundamentalmente en la
abstracción legal y el monopolio de la violencia; si dicha mediación no incluyó
históricamente vastos segmentos de su población o los abandonó después
producto de cimbronazos económicos, tenemos que el cuerpo y la especta-
cularidad ejemplar de su sanción regresan como forma inmediata de control.
Esto lleva a pensar entonces en los procesos de construcción de las media-
ciones políticas en los Estados que nuestro estudio apunta. La construcción de
la mediación no siguió estos parámetros de abstracción (individualidad, ciuda-
danía), sino formas particulares en donde la mediación autoritaria, necesaria
como forma productiva, hizo de la corporalidad el blanco del ordenamiento
y control social.

De la biopolítica a la gerencia de lo desechable


La transformación estructural traída por los procesos de flexibilización
económica en la morfología estatal de los estados latinoamericanos, modificó
la mediación social y la forma de administrar el conflicto. Para las sociedades
estudiadas, la tendencia actual no radica, como lo señalé líneas atrás, en lo que
Foucault (1995), denominó biopolítica entendida como el conjunto de saberes y
estrategias sobre las características vitales de los seres humanos (la que quizá no
existió como forma de control gubernamental generalizada en Latinoamérica),
sino en un manejo técnico administrativo de gerencia de riesgos, que erige el
control a través de dispositivos tecnológicos de vigilancia y contiene por la fuer-
za, no ya por medio de la subjetivación disciplinaria de los sistemas panópticos.
La mutación en la construcción de esta una nueva mediación, recorre des-
de la política sustentada en la subjetivación disciplinaria, al gerenciamiento de
lo desechable3. La frágil mediación histórica de la vida de amplios segmentos
poblacionales en los estados latinoamericanos, en sus diferentes densidades, se
intensifica bajo esta mutación, generando la emergencia de vidas desnudas y de
la proliferación de estados de excepción (Agamben, 2003), como forma normal
de gobierno. La noción de nuda vida apela a la condición de abandono de la vida
de los marcos legales, quedando en un estado de indeterminación entre vida

3
La desechabilidad alude a la noción marxista de ejército industrial de reserva, refiriendo a determinantes
económicas que minan los derechos políticos ciudadanos (una mediación fundamental en el desarrollo
del capitalismo). Los desechables son aquellos segmentos poblacionales que fluctúan entre el empleo y
desempleo dentro de los ciclos económicos de demanda de trabajo asalariado. Son desechables porque
a diferencia de los desempleados del ejercito industrial de reserva cuya superpoblación relativa tenía
como destino el ser reclutado de nueva cuenta para el servicio activo, ahora el desempleo no refiere a
una condición pasajera, sino a una permanencia ordinaria, a una condición de “superfluidad”.

0_0_Numero 7.2.indd 152 16/08/2013 05:57:55 p.m.


Antonio Fuentes Díaz 153

social y silvestre. Para esa indeterminación el derecho romano acuñó la noción


de sacer, que apela a una vida sin derecho a ser vivida a la que se le puede dar
muerte desde el ámbito del poder soberano. De manera que esta noción es
útil para entender una tendencia contemporánea de la gobernabilidad, que
recurre en mayor medida a la forma de la excepción, interregno en donde se
produce nuda vida, vida a la que se le puede dar muerte sin cometer homicidio.
Siguiendo dicho razonamiento podemos sostener que el recurso constante a la
vejación corporal y la banalización de las manifestaciones violentas en la región,
se encuentran en dicho proceso.
La incertidumbre global por las condiciones objetivas de reproducción social,
la orientación a la rentabilidad no productiva, las crisis fiscales, los recortes al
gasto social, la morfología estatal que no da cuenta de la contención pobla-
cional, etc., han llevado a la generación de políticas de administración dentro
de parámetros de exclusión y a la proliferación de la fuerza como modo de
reorganización administrativa poblacional, no es casual que algunos analistas
hablen de la emergencia de sociedades de control y de estados policiales (Gar-
land, 2005; Wacquant, 2000). Es en ese sentido que en los sistemas políticos
contemporáneos la excepcionalidad vuelve a indiferenciarse del ordenamiento
jurídico normal, no es casual que se violenten garantías y derechos de pobla-
ción desprotegida en nombre del Estado de Derecho y no es casual que se
criminalicen movimientos sociales en sus reivindicaciones y luchas contra el
despojo, caracterizándoles como peligrosos para la democracia y la goberna-
bilidad actual. De esta manera la violencia se erige acentuadamente sobre el
derecho, como forma necesaria del mantenimiento de este nuevo orden jurídico
neoliberal, constituyéndose en la forma necesaria de la gubernamentalidad
liberal-global, a través de la prevalencia de la fuerza. Así, la violencia ocupa un
lugar preeminente en la mediación social, cuando la excepción se convierte en
regla (Benjamin, 2007).

Necropolítica y estado de excepción


La indistinción excepcional del espacio político, a diferencia de las orientacio-
nes biopolíticas, genera un énfasis mayor en la administración de la muerte. Esto
lo constatan entre otras cosas, las modificaciones en materia penal realizadas
en la región en las últimas décadas, para disminuir la edad de los imputados de
delitos (México, Argentina), cambiar delitos de fuero común a federal, tipificar
nuevos delitos, criminalizar la protesta, decretar Estados de emergencia (Sal-
vador, México, Honduras, Ecuador), militarizar la seguridad pública, combatir
la delincuencia organizada con Fuerzas Armadas4, construcción de cárceles

4
En el caso de México esta estrategia ha traído desde el 2006, cerca de 35 000 muertos y 2 millones
personas afectadas.

0_0_Numero 7.2.indd 153 16/08/2013 05:57:55 p.m.


154 Biopolítica y excepción. Apuntes sobre violencia social

de máxima seguridad, control electrónico de los espacios públicos (teléfonos


móviles, cámaras de vigilancia), etc.
Difícilmente podemos hallar en el contexto estudiado algo parecido a la
gran tecnología de poder que retenía la vida en el margen soberano, a través
de la administración de cuerpos y la gestión calculada de la población. Más
bien como sugiere Membe (2003) la forma de operar de la política de hoy se
basa en el cálculo instrumental sobre a qué población se puede dejar morir,
constituye una necropolítica, la administración de la muerte al interior del
topos político.
Los procesos de quiebre que se han mencionado, reestructuración econó-
mica en la región, las coyunturas de guerra civil, socavaron a nivel de política
social la orientación a la mediación salarial y redistributiva del Estado. Este
hecho fue central porque implicó vulnerar poblaciones que históricamente
habían sido débilmente mediadas, a la vez que englobó a nuevos sectores. Esto
sugiere que lo que se conformó como nueva gobernabilidad dentro de los pro-
cesos de acumulación por desposesión, no puede garantizar pisos estables para
asegurar la vida de segmentos poblacionales desechables, la necropolítica del
estado neoliberal y su régimen de acumulación deja al desecho en los márgenes
residuales, la figura no es el regreso al mercado laboral que medie la vida, su
lugar es la expulsión, el vertedero.
Retomando ambos conceptos, desechabilidad y vida desnuda, se puede
proponer una lectura de las condiciones de fragmentación social que generan
grandes segmentos de población bajo la figura del desecho y cuya desvalori-
zación en tanto fuerza de trabajo en los circuitos de valorización del capital,
los subsume en la disminución de su estatus en tanto sujetos de derecho. La
anterior relación perfila las bases para su exposición a la vida desnuda, a decir
de Lewkowicz: “La relación social ya no se establece entre ciudadanos que
comparten una historia sino entre consumidores que intercambian productos
[…] los no consumidores pierden la condición humana” (2004:35). Es aquí en
donde radicamos la tendencia al retorno corporal y al sufrimiento que estaría
en correlación con una sensibilidad de alta tolerancia al dolor en las relaciones
sociales históricamente conformadas en la subalternidad y potenciadas actual-
mente, bajo el modelo de acumulación capitalista por despojo (Harvey, 2004).
Se puede decir que el retorno corporal es necesario en contextos en donde
la vida ha tenido frágiles mediaciones políticas.5 Es decir la mediación antibio-
política se ve exacerbada bajo la excepcionalidad contemporánea, los sistemas
políticos en México, El Salvador y Guatemala, no generaron techos estatales
que revistieran políticamente la vida de vastos sectores de su población, esta
vulnerabilidad permanente se agrava ante la acumulación flexible, que obligó a

5
Un ejemplo, en otro plano, de este retro-corporal se puede hallar en la utilización y en el debate sobre
la legalización de la tortura en los Estados Unidos en 2005, como método utilizado contra prisioneros
bajo la estrategia de la lucha contra el “terrorismo”.

0_0_Numero 7.2.indd 154 16/08/2013 05:57:55 p.m.


Antonio Fuentes Díaz 155

reducir y refuncionalizar el estado social en América Latina desde la década de


los ochenta. En este escenario la desechabilidad genera vidas desnudas, la banali-
dad de la vida expuesta genera como acción social la respuesta atroz y la forma
inmediata del sentido y de la sensibilidad. La Antibiopolítica de lo desechable y
la nuda vida, se cruzan nuevamente con la banalidad del mal.

Bibliografía
- Agamben, Giorgio (1998) Homo Sacer. El poder soberano y la nuda vida, Madrid, Pre-Textos.
- Benjamin, Walter (2007) “Para una crítica de la violencia”, en Conceptos de filosofía de la historia,
Buenos Aires, Editorial Caronte.
- Foucault, Michel (1993) Vigilar y Castigar, México, Siglo XXI.
____________________________
(1995) Historia de la sexualidad I. La Voluntad de Saber, Siglo XXI, México.
- Fuentes Díaz, Antonio (2008) Violencia y Estado. Mediación y respuesta no-Estatal. México, Facultad
de Ciencias Política y Sociales-UNAM.
- Garland, David (2005) La cultura del control. Crimen y orden social en la sociedad contemporánea.
Barcelona, Gedisa.
- Harvey, David (1998) La condición de la posmodernidad. Buenos Aires, Amorrortu.
_________________________
(2004) El nuevo imperialismo, Madrid, Akal.
- Iraheta, Oscar (2010) “Matanza Queman bus con pasajeros: 11 muertos y 13 lesiona-
dos”, en Diario El Salvador.com. http://www.elsalvador.com/mwedh/nota/nota_completa.
asp?idCat=6358&idArt=4901016. Fecha de la consulta: 22/06/2010.
- Lewkowicz, Ignacio (2004) Pensar sin Estado, Argentina, Paidós.
- Membe, Achille (2003) “Necropolitics”, Public Culture, No. 15, pp. 11-40, Duke Press University.
- Minugua (2004) “Los linchamientos en Guatemala”, Colección Acuerdos de paz y derechos humanos.
Material de formación, Tomo III, Guatemala.
- Murillo, Susana (2001) “La gubernamentalidad urbana: la mutación desde una protopolítica científica,
hacia el gerenciamiento de los riesgos y la denegación”. Ponencia presentada en el XXIII Congreso
de ALAS, Antigua, Guatemala.
(2004) “El nuevo pacto social, la criminalización de los movimientos sociales y la
_________________________

ideología de la seguridad”, Revista OSAL, No. 14.


- Negri, Antonio (1986) “John M. Keynes y la teoría capitalista del Estado en el 29”, Revista de Estudios
Políticos, Núm. 3-4, UNAM, México.
- Wacquant, Loic (2000) Cárceles de la miseria, Buenos Aires, Manantial.
- Spierenburg, P. (1984) The spectacle of suffering. Executions of repression, Cambridge.

0_0_Numero 7.2.indd 155 16/08/2013 05:57:55 p.m.


0_0_Numero 7.2.indd 156 16/08/2013 05:57:55 p.m.
espacios nueva serie. Estudios de Biopolítica Nº 7 - tomo 2 - 2013: 157-174. ISSN 1669-8517

Gubernamentalidad y subjetividad
en los pueblos originarios de Salta
en la primera mitad del siglo XX
1

Andrea Gigena
Universidad Católica de Córdoba - CONICET

Resumen
En el presente artículo se analizan los procesos de subjetivación en pueblos origi-
narios de Salta (Argentina) desde fines del siglo XIX hasta mediados del XX. Para
ello se abordan las políticas de verdad, los campos de normatividad y la subjetividad,
articulando la analítica foucaultiana con el pensamiento decolonial. El supuesto es
que el clivaje de la subjetivación fue predominantemente racial, en el sentido que
Foucault indica: cuando los diacríticos de marcación del Otro están biologizados y
constituyen jerarquías sociales a partir de un “discurso experto” y que su efecto fue
el borramiento de la identificación étnica entre los pueblos originarios.

Palabras clave
Biopolítica – gubernamentalidad – procesos de subjetivación – racialización – Salta

Abstract
The present article analyzes the subjectivation processes of some indigenous com-
munities in the province of Salta (Argentina) between the late 19th century and the
middle of the 20th century. The approach adopted in this paper is based on three main
categories (policies of truth, normativity fields and subjectivity) in which Foucauldian
analysis is articulated with decolonial thought. From this perspective, the subjectiva-
tion processes appear to be predominantly based on a racial cleavage and their main
effect has been the suppression of ethnic identification among the indigenous peoples.
In the Foucauldian sense, this understanding involves biologized diacritic markers of
the indigenous Other that form social hierarchies based on an “expert discourse”.

Key words
Biopolitics – governmentality – subjectivation processes – racialization – Salta

1
Este artículo recupera una de las líneas argumentales desarrollada en mi Tesis Doctoral: Procesos de
Subjetivación y luchas por territoritos rurales en Argentina: los casos de TINKUNAKU, MOCASE Y LA LOMA.

0_0_Numero 7.2.indd 157 16/08/2013 05:57:55 p.m.


158 Gubernamentalidad y subjetividad en los pueblos originarios de Salta en la primera mitad del siglo XX

Ingreso
A partir de la analítica foucaultiana y el aporte que realiza el pensamiento
decolonial para pensar acontecimientos en contextos donde todavía perviven
estructuras de dominación colonial (Quijano, 2000a y b), con este artículo me
propongo analizar los procesos de subjetivación en pueblos originarios de Salta
(Argentina) desde fines del siglo XIX hasta mediados del XX, desde la conso-
lidación del Estado-nación hasta el peronismo. Los casos que constituyen el
referente empírico son: la Comunidad Kolla Tinkunaku y la Comunidad Indígena
Guaraní Estación el Tabacal/La Loma.
El supuesto que sostengo es que en el período analizado el clivaje de la
subjetivación ha sido predominantemente racial y con el mismo se borraron los
trazos o marcas de identificación étnica entre los pueblos originarios. Refiero a
la racialización cuando los diacríticos de marcación del Otro están biologizados
y constituyen jerarquías sociales a partir de un discurso experto: “El concepto
de raza se hace común en la explicación de las diferencias y la constitución
humana en tanto lo físico material –externo e interno– es aprehendido en
términos biológicos” (Arias y Restrepo, 2010:59).
Para abordar la temática considero, entonces, las políticas de verdad, los
campos de normatividad y la subjetividad emergente, articulando la analítica
foucaultiana con el pensamiento decolonial. Primero, intento demostrar cómo se
constituye un campo de saber a partir de un discurso biológico, para analizar lue-
go dos dispositivos donde se plasman esas políticas de verdad: los lotes-colonias
agrícolas y la personería jurídica gremial. Finalmente, considero el proceso de
subjetivación a partir de una trama que aparece como recurrente en los relatos
de los pueblos originarios considerados: la negación de la nacionaldiad/etnicidad
siempre que emergieron los trazos de subjetivación étnicos.

El campo de saber de las emergencias nacionales


Es posible detectar, para fines del siglo XIX y principios del XX, la emer-
gencia de un campo de saber asociado a las prácticas de conocimiento tanto
de las misiones o expediciones científicas2 como del Estado nacional. Todas se

2
Las misiones o expediciones científicas fueron emprendimientos para el conocimiento del Otro acotados
en su alcance geográfico y/o social, dirigidos por científicos de Europa (adscriptos a la antropología y las
ciencias naturales) y generalmente financiados por los propios expedicionarios o por aportes de mece-
nas europeos. Estas misiones se llevan a cabo justo cuando en Europa los museos se consolidan como
espacios institucionalizados de conservación y muestra de artefactos culturales. La práctica de conocer
operaba a partir de la dicotomía cultura-naturaleza, la primera como potestad del expedicionario, la
segunda de los territorios explorados. Las expediciones más reconocidas realizadas en el norte del país
fueron: la “Expedición a la Cordillera y el Gran Chaco” (1901), la “Misión Científica Francesa a la América
del Sur”, particularmente la puna de Atacama, (1903), la expedición del antropólogo alemán Robert
Lehmann-Nitsche y el entomólogo Carlos Bruch al Ingenio La Esperanza de Jujuy (1906). En las mismas

0_0_Numero 7.2.indd 158 16/08/2013 05:57:55 p.m.


Andrea Gigena 159

articulaban en base a criterios médico-biológicos. Sin embargo, me interesa


centrarme exclusivamente en el conocimiento generado a partir del Estado-
nación, en la medida que este se encontraba directamente vinculado con el
interés y la necesidad de trazar los límites de nuestra estatalidad, establecer
los contornos socio-demográficos (identitarios) de la nación y gestionar sus
poblaciones.3
Así, una élite de intelectuales dan forma a este campo de saber: Carlos
Octavio Bunge, Joaquín V. González, Juan Bialet Masse, Augusto Bunge, José
Ingenieros, entre otros, cuyas disciplinas de formación eran, principalmente,
la medicina y el derecho. Junto a ellos, el Estado producía informes y múltiples
estadísticas, valiéndose de los datos de la policía, los puertos, los hospitales
públicos. En fin era generar información sobre la población en general y en
materia laboral en particular.4 Previamente, con la creación del Registro Civil, se
había asumido la gestión de la información relativa a nacimientos, casamientos
y defunciones, que previamente detentaba la iglesia, y se habían realizado dos
censos nacionales (1869/1895).
Todas estas prácticas se articularon en base a criterios médicos-biológicos
(Haidar, 2010; Cecchetto, 2008). Las teorías de la degeneración y las euge-
nésicas se constituyeron en las corrientes hegemónicas que marcarían los
contornos de un nuevo campo de saber en emergencia. El corolario fue
el establecimiento de una clasificación racial de la población, de los otros-
interiores de la nación.
Cecchetto (2008) brinda un exhaustivo panorama respecto de la consolida-
ción de la eugenesia y la extensión de su hegemonía por medio siglo (hasta los
´40, con la gestión de la salud de Ramón Carrillo). Para el autor, la ´cuestión
social´ en la Argentina de fines del siglo XIX y principios del XX respondía a
tres lógicas: la del temor (de las élites políticas), la de la acción colectiva (de
los sectores populares) y la de la experticia (profesionales, particularmente
médicos y juristas, comprometidos con la ciencia positiva vigente en la época).
Con esta última articulado en torno a los tópicos de la salud y la vida (individual
y social), el Estado establece su más sólida y duradera alianza, medicalizando
el interés nacional.
La perspectiva eugenésica tuvo cinco características (Cecchetto, 2008).
Primero, se consolidó transcendiendo diferencias partidarias, como una

se aplicaban muchos de los procedimientos dominantes en el ámbito de las ciencias médico-biológicas


en Europa. Mediciones y observaciones de los cuerpos indígenas en base a la antropometría, así como
también las fotografías, elemento de registro folklórico y empírico (Göebel, 2003; Bidaseca, 2010).
3
Las expediciones citadas se desarrollaron como emprendimientos autónomos respecto del Estado
argentino. Tanto las motivaciones que les dan origen como la administración de la información obtenida
estuvieron exentas de intervención, supervisión o regulación del Estado-nación. Se generaba así un
saber que tenía por fin dar a Europa la última información empírica posible sobre un mundo salvaje en
extinción (Gigena, 2011).
4
Por ellos los datos se concentraban en el Departamento Nacional de Higiene y el Departamento
Nacional de Trabajo (Haidar, 2010).

0_0_Numero 7.2.indd 159 16/08/2013 05:57:55 p.m.


160 Gubernamentalidad y subjetividad en los pueblos originarios de Salta en la primera mitad del siglo XX

´ideología´ común y general de las élites. Segundo, los intelectuales-científicos


inscriptos en el discurso biologicista ocupaban un lugar de privilegio. Tercero,
en el concepto de eugenesia, por la forma inespecífica en que se usaba, se in-
cluyeron posiciones e intereses políticos diversos así como también un ámbito
de cuestiones diversificadas como: “saneamiento, higiene, sexualidad elemental,
salud materno-infantil” (Ceccheto, 2008:54).
En cuarto lugar, apuntamos que la corriente eugenésica prácticamente no
generó investigación empírica y la que hubo muchas veces era manipulada
para que se ajustara a las ideas preconcebidas. Los intelectuales se guiaron
por los antecedentes disciplinares, los autores del canon y las informaciones
de las instituciones de prestigio internacional, sin generar insumos locales.
Finalmente, la eugenesia fue constituyendo diferentes poblaciones-objetivo.
Dando por superada (por negación o invisibilización) la población negra e india,
la primera población de interés fue la de los inmigrantes5. Luego, se produce
un viraje interno, primero, hacia el par (o la unidad) madre-hijos6, segundo
hacia la migración interna (los sectores populares que accedían a las capitales
provinciales, los ´cabecitas negras´)7 (Cecchetto, 2008).
Como esta perspectiva estaba muy lejos de valorizar a las razas “autóc-
tonas”, las prácticas se orientaron hacia un mejoramiento racial por “blan-
queamiento”, lo que consolidó una jerarquización donde los otros interiores
“no-blancos” ocupaban las posiciones inferiores. Esto se logró a través de
múltiples dispositivos, como asociaciones eugenésicas, legislación, disposi-
ciones estatales8 –en los cuales se articularon tecnologías anatomopolíticas
y biopolíticas– y muchas otras propuestas que no encontraron cauces para
su efectiva aplicación.
A partir de un estudio profundo del trabajo de Bialet Massé –El estado de
las clases obreras argentinas (1904)9–, es posible observar cómo, mediante
parámetros médicos biológicos,10 se clasificaba a la población del país en

5
Sobre los que había que ejercer una vigilancia que asegurara el ingreso del mejor elemento –“trabaja-
dores” y “europeos meridionales”– (Cecchetto, 2008).
6
Sobre el que se ejerció una acción positiva orientada a producir una “maternidad sana” –normalizarla–
(Cecchetto, 2008).
7
Sobre quienes se trató de ejercer una regulación preventiva y prohibitiva para sostener la mezcla
selectiva que no alterara el elemento racial deseado (Cecchetto, 2008).
8
La creación del Departamento de Enseñanza de Higiene Socia, la Ley de Higiene Sexual Prematrimonial
(1924), Ley de Defensa de la Raza (1925), la prohibición matrimonial para enfermos de lepra (1926), la
lucha contra “enfermedades y costumbres” capaces de producir degeneración, la creación del Instituto
de Biotipología y Materiales Afines (1940), dependiente del Ministerio de Salud de la nación, entre otras
medidas (Cecchetto, 2008).
9
Se trata de un estudio encomendado por el Poder Ejecutivo para obtener un relevamiento relativa a la
condición laboral de la población. El informe y la propuesta de regulación fueron presentados al Ministro
del Interior, Joaquín V. González, en el año 1904.
10
Pese a que Bialet Massé rechaza la eugenesia, no se distanciaba del campo de saber biológico que
sostuvo la marcación racial de la alteridad. Pero, por su fuerte cuestionamiento a las perspectivas euge-
nésicas y higienistas hegemónicas y porque su obra no alcanzó ningún efecto en materia de regulación
laboral (motivo por el cuál había sido contratado) considero a su trabajo como un saber sometido en
unos de los sentidos que le atribuye Foucault: “…conocimiento histórico meticuloso, erudito, exacto,

0_0_Numero 7.2.indd 160 16/08/2013 05:57:55 p.m.


Andrea Gigena 161

cuatro grupos: inmigrantes, criollos (nativos nacionales), indios (nativos no


nacionales) y mestizos (grupo que contiene algunos elementos ´perdidos´
en la nación, como los indígenas sometidos durante la colonización y que el
autor consideraba extintos). Asimismo, la noción de ´indio´ aparece sólo
para referir a la población del Territorio Nacional del Gran Chaco, donde
el imperio español no había llegado a someter a los pueblos originarios11 y
donde el Estado-nación todavía mantenía una guerra por el dominio territorial
(Gigena, 2011).
Para Bialet Massé, la jerarquía social quedaba constrituida, primero, por el
criollo y, luego, el mestizo, el indio y, finalmente, el inmigrante. Para muchos
otros miembros de aquella élite vinculada al Estado los mestizo e indios que-
daban relegados a las posiciones inferiores. Pero lo cierto es que la guberna-
mentalidad del ´centenario´ constituyó al indio como la alteridad radical del
proyecto hegemónico de la nación e ´indio´ fue una noción creada a expensas
de la población del Gran Chaco (Gigena, 2011).
Localmente, en la provincia de Salta, esta clasificación se articuló en la matriz
de la salteñidad (Lanusse y Lazzari, 2005), una construcción de las élites con-
servadoras provinciales, basada en el mestizaje hispanizante (Lanusse y Lazzari,
2005) o la “hispanofilia” (Justiniano, 2006), que jerarquizaba de un modo propio
a los mismos grupos que distinguía Bialet Massé en su informe. Considerados
de menor a mayor la jerarquía, se constituía por los mestizos (el gaucho, el
kolla y el mulato)12, el inmigrante y “la gente decente de estirpe hispana”. Los
pueblos indígenas del Chaco, en tanto alteridad radical, quedan ausentes de
la matriz provincial: “los indios del Chaco son los “verdaderos indios” de este
imaginario, en la medida que muestran los rasgos más extremos de salvajismo
y naturaleza” (Lanusse y Lazzari, 2005:200).
Toda esta “economía política de la diversidad” (Briones, 1998a), producida
a fines del siglo XIX y principio del XX, habilitó, sin dudas, prácticas y tecno-
logías concretas. Abordaré seguidamente los efectos de estas marcaciones
de alteridad en los pueblos originarios de Salta (Argentina).

técnico”, “contenidos históricos que fueron sepultados, enmascarados en coherencias funcionales o


sistematizaciones formales” (Foucault, 2000:21).
11
Hernández Llosa (2006) sostiene que las estrategias de ocupación y conquista de los territorios
fueron distintas en la época colonial y en la republicana. En la primera se priorizó el espacio donde había
población susceptible de integrarse al sistema de encomienda y reducciones en misiones. En la segunda
etapa: “…el predominio del imperio inglés (…) requería esta vez de territorio vacío para instalar sus
nuevas redes de mercado, apoyadas en la construcción de la primera red de comunicación global: el tren
junto con el telégrafo. (…)”. Es así que los territorios de la Pampa-Patagonia y Gran Chaco adquieren
interés para los Estados republicanos recién emergidos en América. Esto terminó, en Argentina, en la
Conquista del Desierto (1869-1878) y la Conquista del Chacho (1870-1917).
12
Entre los mestizos el gaucho era el único a quien se le atribuía algunas connotaciones positivas que,
incluso, lo posicionaban en las antípodas del mestizo “colla” que: “…simboliza el fracaso del orden
provincial mestizo” (Lanusse y Lazzari, 2005:199).

0_0_Numero 7.2.indd 161 16/08/2013 05:57:55 p.m.


162 Gubernamentalidad y subjetividad en los pueblos originarios de Salta en la primera mitad del siglo XX

El dispositivo de los lotes-colonias agrícolas del


Ingenio San Martín del Tabacal
En el año 1920, en las adyacencias de la ciudad de Orán, en el ubmbral
del chaco americano, inicia su actividad productiva el Ingenio San Martín del
Tabacal. Sus fundadores –Patrón Costas, Bercetche y Mosoteguy– apelaron a
la metáfora del “desierto” para legitimar su posicionamiento y despojar de sus
territorios y modos de vida a diferentes pueblos originarios. Establecieron,
además, un reordenamiento espacial destinado a garantizar el desarrollo de la
producción azucarera y la incorporación de la población regional como mano
de obra. Este reordenamiento se articuló alrededor del dispositivo de los lotes
y las colonias agrícolas.
Los lotes eran unidades productivas de plantación y cosecha de caña de azú-
car que albergaban a los obreros permanentes y temporarios con sus familias. En
la década de los ´60, por los cambios productivos que se sucedieron, los lotes
fueron agrupados e integrados a un ordenamiento socio territorial mayor: las
colonias, donde se complejizó el ordenamiento territorial y urbanístico previo,
trazado según criterios de segregación racial como demostraré seguidamente.
El casco de cada colonia estaba organizado en el centro de intersec-
ción de cuatro lotes y estaba dividido simétricamente por dos calles que
comunicaban a la colonia con la fábrica y con los lotes de plantación. Allí se
establecieron dos espacios bien delimitados. Uno destinado a las “viviendas
individuales” donde:
…vivían los [obreros] permanentes con familias que tenían más hijos digamos
y… y gente que digamos el jefe le decía: “bueno, mirá te voy a dar esto”
para la familia, cada familia, lo mismo aquí también [el otro lado de la calle]
(Entrevista a Orlando Tapia, ex jefe de colonia).

El otro espacio estaba constituido por las viviendas colectivas (“conven-


tillos”). Estaba destinado a algunos obreros permanentes sin familias y, a los
obreros temporarios sin sus familias que llegaban a la colonia sólo en los meses
de la zafra (de junio a diciembre). El conventillo:
…se dividía por una pared nomás aquí y el techo tenía dos aguas, una para un
lado, diez piezas para un lado y diez piezas para el otro y aquí entraba toda
la gente […] venían gente de Santa Victoria, de Nazareno, de Yavi, en Salta y
provincia de Jujuy, después venían gente de Catamarca (Entrevista a Orlando
Tapia, ex jefe de colonia).

En el casco de las colonias se encontraba también la casa del jefe de la co-


lonia, las oficinas, los talleres, una proveeduría y un conjunto de instituciones
destinadas a ´gobernar´ el modo de vida de la población concentrada: escuelas,
puesto sanitario, espacios de recreación y esparcimiento y capillas. Así, en poco

0_0_Numero 7.2.indd 162 16/08/2013 05:57:55 p.m.


Andrea Gigena 163

tiempo, cada colonia empezó a funcionar como un pequeño pueblo donde


criollos, indios y mestizos eran compelidos a residir.
Dada su estratégica ubicación (falda oriental de la precordillera), el Ingenio
El Tabacal podía valerse tanto de los indígenas provenientes de la puna cor-
dillerana –sector occidental– como de la región del chaco americano –sector
oriental–, los espacios de mayor concentración de población indígena en el
norte argentino13. Los indígenas que proveían de la parte occidental pertenecían
al corredor socio-comercial dominado por los españoles tras las conquista y,
a partir del período republicano, por las elites provinciales. Los fundadores
del ingenio habían comprado y alquilado haciendas (luego denominadas fincas)
ocupadas ancestralmente por pueblos originarios:
El Ingenio de los Patrón Costas, entre 1930 y 1949, llegó a controlar un área de
930.236 hectáreas de tierras propias y alquiladas. Las superficies adquiridas en
los departamentos de la Puna jujeña y en los Valles Calchaquíes de la provincia de
Salta tenían por finalidad la obtención de mano de obra gratuita. Los ocupantes
de esas tierras se convertían en arrenderos de los Patrón Costas y debían pagar
sus rentas con su propio trabajo. Así, anualmente se trasladaban desde su hábitat
de clima frío a una zona tropical, donde se encontraba el Ingenio, para trabajar
durante seis meses como cortadores de caña. (Michel y Burgos, 2005:198).

Los indígenas del oriente, del chaco americano, que todavía disputaban al
Estado nacional el control territorial, fueron incorporados a través de una im-
portante red de contratistas que contaba con en el progresivo disciplinamiento
que producían sobre estos pueblos instituciones como las iglesias (anglicanas,
católicas) y el ejército. Ambas promovieron la sedentarización de los pueblos
originarios en misiones y reducciones (Gordillo, 1995).
Con lo dicho hasta aquí, podríamos sugerir que los lotes y colonias funcio-
naron como un dispositivo de seguridad (Foucault, 2004). Recordemos que,
cuando este autor introduce la analítica del biopoder, considera que esta tiene
que ver con un cambio en la articulación entre poder, población y territorio. A
diferencia del modelo del soberano, el biopoder y luego la gubernamentalidad
se enfocan en el gobierno de población y no en el dominio del territorio, lo que
no significa que este último quede fuera de los cálculos del poder14. Podríamos
13
“A principios de la década de 1940, la población permanente de ´San Martín del Tabacal´ era de 3.700
habitantes, agregando los cañeros de los 12 lotes o colonias que circundaban, sumaban alrededor de
5.000 habitantes y en tiempos de la zafra se incorporaban más de 15.000 personas para el trabajo de
corte y pelado de la caña” (Michel y Burgos, 2005:198).
14
Gobernar, según la racionalidad política moderna, es crear un campo posible de acción para los otros
lo que implica, entre otras cosas, intervenir sobre el territorio en que se desarrollan las prácticas socia-
les. “Los dispositivos de seguridad trabajan, fabrican, organizan, acondicionan un medio…” (Foucault,
2004:41). El medio, “elemento de soporte y circulación de una acción” (Foucault, 2004:41), es una
articulación de elementos naturales (en sentido físico –geografía, clima, suelo– y humano) sobre la cual
se ejerce el poder, interrumpiendo o interfiriendo en esa articulación para producir un determinado
efecto, en última instancia, sobre la población.

0_0_Numero 7.2.indd 163 16/08/2013 05:57:55 p.m.


164 Gubernamentalidad y subjetividad en los pueblos originarios de Salta en la primera mitad del siglo XX

arriesgar entonces que los lotes y las colonias –junto a la guerra contra el indio, la
apropiación de territorios, el establecimiento de vías férreas– fueron tecnologías
gubernamentales que tenían como objetivo garantizar, para un ámbito territorial
muy amplio, el gobierno de la población y particularmente la circulación de las
cosas (mano de obra indígena).
Sin embargo, es la tecnología de la colonialidad del poder –que crea y repro-
duce taxonomías basadas en criterios étnicos o raciales para consolidar deter-
minadas jerarquías sociales y producir efectos de subjetividad (Castro-Gómez,
2005)– la que informa este dispositivo, lo que queda sentado cuando atendemos
a los lugares de la población en el micro funcionamiento de las colonias agrícolas.
Justamente, en el interior del ordenamiento la población se disponía según una
taxonomía racial que recuerda la clasificación delineada por Bialet Massé pero
reconfigurada en la jerarquización dada por la matriz de la salteñidad.
Así, el jefe de colonia y su ayudante eran “criollos” no profesionales pro-
cedentes de otras regiones del país15. Los empleados permanentes -quienes
ocupaban los espacios de viviendas individuales- eran “criollos”. Las viviendas
colectivas, por su parte, eran habitadas por los “mestizos”, que aquí son
indígenas de las etnias kollas, omahuacas y guaraníes pero para quienes la “et-
nicidad” aparece diluida en la medida que han perdido su lengua y el control
de sus territorios (en manos del ingenio). Y, los “indios” sólo son aquellos que
provienen de la región chaqueña:
…el Ingenio traía indios de… del Chaco, de Formosa digamos, de Las Lomi-
tas… también por ferrocarril, los llevaba y los traía... había matacos, churupí y
wichí no sé, debe ser, tobas, sí… y… chorotes […] venían de acá de Ingeniero
Juárez… digamos de la orilla del Pilcomayo, del río. […] en cada agrupación
¿o cómo es?, cada doscientos, trescientos, había un cacique, y un “lenguaraz”.
Nosotros le decíamos “lenguaraz” porque ese era el que trasmitía digamos,
hablaba un poco mejor el castellano […] Esos venían más o menos, ¿cuántos
sería?, unos cuatro mil, cinco mil, tres mil venían […] Esos estaban aparte de
los… de las colonias. Vivían digamos en un lugar apartado, toda la comunidad
esa, había tres, cuatro póngameles, quinientos, seiscientos, ochocientos
“indios” los llamábamos nosotros ¿no es cierto? […] Y trabajaban varones y
mujeres. El que tenía, o era soltera, lo mismo venía junto con la comunidad
[…] Ellos trabajaban en desmontes, ellos no hacían cosechas […] se les daba
una ración digamos, como para que, el ingenio les mandaba las cocineras…
ponían una sucursal en cada campamento, de mercadería por supuesto ¿no
cierto? […] No se mezclaban, nada que hacer, no se daban bolilla, nada que
hacer (Entrevista a Orlando Tapia, ex jefe de colonia) [Énfasis agregado].

Para estos “indios”, se reservaba un espacio de habitabilidad “fuera”


del casco de la colonia. Se los distingue porque conservaban su lengua y se

15
[los jefes] en un principio, eso lo nombrada el administrador de acá, venían gente digamos que a lo
mejor tenía experiencia en otras cosas o gente de Tucumán, que ya conocían la caña, esos venían como
jefes de colonia. […]. (Entrevista a Orlando Tapia, ex jefe de colonia).

0_0_Numero 7.2.indd 164 16/08/2013 05:57:56 p.m.


Andrea Gigena 165

trasladaban comunitariamente (familias y autoridades) para la realización de


trabajos estacionales. Se les permitía construir “tolderías” en el campo y se
los incorporaba a la dinámica del trabajo a través de labores y condiciones de
habitabilidad diferenciadas.
Entonces, con este dispositivo, se trazaron en el micro espacio cotidiano,
fronteras sociales: indianizando a unos (los pueblos indígenas del oriente) y
mestizando a otros (los pueblos indígenas del occidente). Mestizaje que impli-
caba, además, invisibilizar las singulares pertenencias de los sujetos a distintos
pueblos originarios.
Todo esto debe entenderse a la luz de aquello que plantea Quijano como la
colonialidad del poder, una tecnología (tal como la define Foucault16) propia de
nuestros contextos de herencia colonial. Mediante esta, se fijaron identidades
en el tiempo, determinando que frente a la civilización dominante (en vías de
“blanqueamiento”) el resto sólo podía ser pasado –negación de lo coetáneo:
civilizaciones muertas, desaparecidas, cuyos últimos rastros pueden hallarse en
la mestización, como los kollas y guaraníes– o inferior –civilizaciones imperfectas,
radicalmente diferentes y fuera de la nación, como los indígenas de la región
chaqueña en Argentina:
Los europeos generaron una nueva perspectiva temporal de la historia
y reubicaron a los pueblos colonizados, y a sus respectivas historias y
culturas, en el pasado de una trayectoria histórica cuya culminación era
Europa. Pero no en una misma línea de continuidad con los europeos,
sino en otra categoría naturalmente diferente. Los pueblos colonizados
eran razas inferiores y, -por ello- anteriores a los europeos (Quijano,
2000b:210-211).

El dispositivo de las personerías jurídicas


Este dispositivo ha sido la estrategia implementada cada vez que se produjo
algún momento significativo de emergencia de la subjetividad indígena durante
el siglo XX, como por ejemplo el Malón de la Paz o la emergencia indígena
a partir de los ´80 en toda Latinoamérica. En lo que sigue, voy a referirme
solamente al Malón de la Paz y la final adscripción de los pueblos originarios a
una personería jurídica gremial.
Siguiendo a Quijano (2000a), podemos considerar la sindicalización como
una articulación subjetiva colectiva: un proceso de subjetivación colectivo, de
amplias poblaciones, heterogéneas y hasta discontinuas en tiempos y espacios.
La misma constituye una “clasificación social” cuando se plantea un conflicto

16
La dimensión estratégica de los prácticas, articuladas en un dispositivo, es lo que Foucault designa como
tecnología (Castro-Gómez, 2010). Los medios en virtud de los cuáles se cumplirán determinados fines.

0_0_Numero 7.2.indd 165 16/08/2013 05:57:56 p.m.


166 Gubernamentalidad y subjetividad en los pueblos originarios de Salta en la primera mitad del siglo XX

en torno a la “explotación/dominación” –instancias ordenadas alrededor del


trabajo, la raza y el género (Quijano, 2000a:371)–. Para los indígenas salteños, la
formación de los sindicatos nos remite al período de emergencia del peronismo
como fuerza hegemónica nacional en la década de los ´40.
En esa época, en el año 1946, los kollas de las provincias de Salta y Jujuy
realizan una movilización hacia Buenos Aires, conocida como el Malón de la
Paz. Durante tres meses recorrieron a pie y a caballo aproximadamente 2.500
km con el fin de presentar a Perón una demanda por la restitución del control
territorial, asumido por las élites terratenientes provinciales a partir de la inde-
pendencia. Además de los avances en materia de derechos laborales17, Perón
había asumido la presidencia en el ´46 esgrimiendo como consigna: “la tierra
será para quienes la trabajen”, lo que generaba enorme expectativa entre los
pueblos originarios del norte del país.
La caravana kolla, que tenía los auspicios de Perón (Valko, 2008), generó
una importante cobertura periodística a nivel nacional. En Buenos Aires, fueron
recibidos por una multitud y hasta por el Presidente Perón en la Casa Rosada.
Esta recepción, en principio auspiciosa, terminó en una violenta expulsión. Los
kollas fueron sacados por la fuerza del hotel de los Inmigrantes –donde habían
sido alojados–, obligados a embarcar en un tren sin sus pertenencias personales,
custodiados por la Policía Federal y la gendarmería hasta la localidad de Abra
Pampa (Jujuy), donde finalizó el recorrido.
Perón adujo desconocer el carácter compulsivo de la expulsión: “habiéndo-
sele informado que los collas deseaban regresar a sus provincias, dispuso que se
colocara un tren especial a su disposición” (Diario La Hora, 1/09/46; citado por
Valko, 2008:237). Aunque más tarde, en el exilio y en ocasión de un encuentro
con Atahualpa Yupanqui18, señalaba que había sufrido un lobby por parte de “la
gente de Patrón Costa, Ejército, Gendarmería y el General Filomeno Velazco
[…]. Si no los paraba, me pedían una reforma agraria de fondo y el movimiento
no estaba para una reforma agraria” (Valko, 2008:247)19.
Durante la caminata, la pertenencia de los kollas a pueblos indígenas
ancestrales no había sido cuestionada, aunque sí romantizada, folklorizada y
estereotipada. Sin embargo, cuando los indígenas reafirmaban su presencia y
sus demandas en Buenos Aires, mediando la osadía de volverse visibles para
la nación, la gubernamentalidad trastocada, antes que acomodarse a un nuevo
régimen de visibilidad, vuelve a los cauces de la marcación de alteridad natu-
ralizada, para la cual no había indios vivos. Se pone bajo sospecha entonces

17
Con Perón en la Secretaría de Trabajo, en el año 1944, se había dictado el Estatuto del Peón Rural.
18
Yupanqui había tenido que exiliarse durante el primer gobierno peronista, entre otras razones, por el
conmovedor escrito publicado en un periódico comunista donde reivindicaba el Malón incluso contra el
propio Perón: “Tu no venías a pedirle nada a un hombre. Tu venías a pedirle a la Nación” (Yupanqui, 1946;
citado por Valko, 2008:244).
19
Reproducción de lo que A. Yupanqui trasmitió a Eulogio Frites de su encuentro con Perón, citado en
Valko, 2008:247).

0_0_Numero 7.2.indd 166 16/08/2013 05:57:56 p.m.


Andrea Gigena 167

que los kollas fueran realmente “indios”20 y no se cuestiona la expulsión por la


´inautenticidad indígena´ de los sujetos.
Pero me interesa destacar el derrotero de esta obliteración de los kollas en
Salta, luego de su regreso. La expulsión se atribuyó a un complot de las oligarquías
provinciales con lo que la adhesión a Perón, lejos de erosionarse, se reforzó entre
este pueblo indígena21. Y, aunque en el actual imaginario, el Malón representa
el hito más significativo de lucha étnica por la tierra, el efecto inmediato de la
expulsión fue la institución como sujeto colectivo a través la sindicalización, vía
registro de personería jurídica gremial (Secretaría de Trabajo y Previsión de la
Nación). La historia mostraba cómo una articulación con el peronismo sólo
podía sostenerse a partir de la clase y nunca en la etnia. Así, en los sindicatos
confluyeron, indiferenciados, una multiplicidad de pueblos originarios.
De las etnografías emerge que el ascenso de Perón al poder y la agremiación
modificó las condiciones de vida y laborales de los indígenas en Salta. Por un
lado, cedieron por un tiempo las presiones sobre el pago del arriendo que el
ingenio imponía a algunos pueblos originarios, aunque el control territorial nunca
fue restituido. Por el otro, el sindicato era la garantía para gozar de lo dispuesto
por el Estatuto del Peón Rural y de nuevos beneficios sociales. Así, mientras se
producía el borramiento del Malón del imaginario nacional, con los sindicatos se
homogeneizaba a los pueblos originarios en la común condición de “obreros”.
Ahora bien, recuperar los “saberes sometidos” (Foucault, 2000)22 de algunos
indígenas respecto de este período nos permite observar, además, que en este
proceso la clasificación racial se mantenía intacta en el diseño organizacional
del sindicato y se materializaba, en su interior, en la dominación de un grupo
de “obreros” sobre otros:
Pero siempre también los obreros ya se sindicalizaron ¿no? (…) Claro, pero
en aquella época había discriminación ¿no? en el mismo sindicato (…) Los
primeros sindicalistas han venido, por lo menos le han hecho bajar la mano
pesada de los poderosos... en los tiempos de Perón. Pero entonces un capa-
taz antes ¿no? que está en el sindicato lo agarraba a patada a cualquiera en la
puerta, lo cacheteaba adentro la fábrica (…) Ya cuando vino los sindicalistas,

20
Por ejemplo, algunos diputados nacionales jujeños negaban la existencia de población india en su
provincia y negaban la pertenencia a pueblos originarios porque, se aducía, los kollas sabían leer y
escribir. Trascendiendo los particulares mecanismos, lo que sorprende es la tremenda efectividad que
tuvieron ya que en menos de medio año el Malón fue absolutamente obliterado en el imaginario de los
más diversos sectores sociales.
21
Zapiola y Frites dicen, además, que en la expulsión de Buenos Aires, cuando son sacados por la fuerza
del hotel, “resisten al grito de ¡Perón, Perón!” (2007:6). Por otro lado, los indígenas recuerdan: “Desde
ahí, el dueño, según dice ser dueño [Patrón Costas], tenía tanto poder económico así que lo dominó hasta
al presidente Perón… los hizo embarcar en un tren y los mando hasta el norte…” (Entrevista 01). Sólo
algunos kollas, los más jóvenes, manifiesta otras lecturas respecto de esta temática. Sin nombrar a Perón,
una joven dice del resultado del Malón: “como que le mintió el Estado y todas esas cosas” (Entrevista 03).
22
“…una serie de saberes que estaban descalificados como saberes no conceptuales, como saberes insufi-
cientemente elaborados: saberes ingenuos, saberes jerárquicamente inferiores, saberes por debajo del nivel
conocimiento o de la cientificidad exigidos (…) el saber de la gente” (Foucault, 2000:21) [Énfasis original].

0_0_Numero 7.2.indd 167 16/08/2013 05:57:56 p.m.


168 Gubernamentalidad y subjetividad en los pueblos originarios de Salta en la primera mitad del siglo XX

entonces ya a esos tipo lo han reunido; había una huelga, todos los obreros
de las cañas, indios, chaguancos se han reunido, han ido... aquí a la fábrica;
de la fábrica lo han sacado a esos poderosos. Los ha puesto hasta ahí, lo han
atado (…) a otros del surco les han dado la pala, el machete. “Anda, paleá,
paleá, paleá”, lo agarraba como le hacían ellos, a empujones, “paleá, sacá
esos surcos” lloraban los tipos, ¡no! (…) Le dije yo: “así duele, así haces vos
con los obreros que por ellos ganas vos (…)”. La verdad era que ello eran
dirigente nomás, pero no para que no maltraten de esa forma, nos peguen,
nos insulten, nos metan... nos esclavizaron. (Entrevista 02, pueblo guaraní).

… en el ingenio me decían cuando a mi me tomaban… como encargado


me decían: “eh, cómo lo van a tomar a él” [porque era guarní] […] decía[n]:
“¿cómo lo va a tomar a él, como le va[n] a hacer caso a ese”, los criollo que
trabajaban conmigo (Entrevista 05, pueblo guaraní).

Los trabajadores permanentes –predominantemente criollos y en menor


medida mestizos– se nucleaban en el sindicato de los trabajadores del azúcar
y los temporarios –predominantemente mestizos e indios– en el sindicato de
los trabajadores del surco23. Los dirigentes sindicales eran, en general, trabaja-
dores permanentes (criollos, más blancos, procedentes de otras regiones del
país) que sometían a la población india y mestiza. Se actualizaba al interior del
sindicato la clasificación racial que volvía ´desechables´ a quienes ocupaban
los rangos inferiores. Así, por ejemplo, los ´indios´ y algunos ´mestizos´ eran
obligados a constituir la primera línea obrera frente a la autoridad policial y del
ingenio en las huelgas.
Podemos concluir, entonces, que, con la agremiación, se morigeró el régimen
de explotación / dominación (Quijano, 2000a) en relación con los propietarios
terratenientes, pero se dejó intacta la estructura de dominación racial, lo que
se vuelve evidente en el interior de las filas sindicales. Además de esto, el
dispositivo de la personería jurídica gremial estaba destinado a disciplinar la
subjetividad colectiva en la medida que, cuando un sindicato se distanciaba
del peronismo, era intervenido y se le cancelaba la personería jurídica gremial
(Michel y Burgos, 2005):
El marco jurídico dentro del cual se produjo la expansión sindical fue el citado
decreto 23.852 del año 1945 que establecía una suerte de combinación entre
los principios de libertad sindical y los de representación unitaria, al permitir
varios sindicatos por actividad económica pero conceder sólo a uno la “per-
sonería gremial”. (…) El decreto reconocía dos tipos de organizaciones:
las inscriptas, con facultad para actuar como cualquier entidad civil y las
que tenían personería gremial, con derecho exclusivo para intervenir en las
negociaciones colectivas, celebrar pactos convenios colectivos de trabajo”
(Michel y Burgos, 2005:203).

23
Para esta época, debido a la mecanización de la agroindustria, comenzaba a disminuir la cantidad
de población que provenía de la región chaqueña para trabajar en el ingenio (Michel y Burgos, 2005).

0_0_Numero 7.2.indd 168 16/08/2013 05:57:56 p.m.


Andrea Gigena 169

Los procesos de subjetivación


Me centraré aquí, finalmente, en la relación del sujeto consigo mismo a
partir de la experiencia de la inferiorización de los indígenas en la nación y la
provincia (Salta). Como vimos, el Malón de la Paz fue un reclamo étnico dema-
siado temprano, pues el pensamiento hegemónico nacional en los ´50 todavía
encuadraba en el modelo de nación racializado, forjado en una identidad de
hombres blancos y una alteridad de indios muertos o ya diluidos por la mesti-
zación. La marcación racial se mantuvo vigente en el gobierno peronista y en
las prácticas donde se desarrollaba la vida cotidiana de los sujetos. El Malón no
produjo, entonces, ningún efecto inmediato en términos de la reivindicación
y la subjetividad étnica.
La racialización aparece en los procesos de subjetivación de los pueblos
originarios aquí considerados bajo el canon del color. Ellos mismos se distin-
guen en sus relatos de vida indicando cómo una diferente tonalidad epidérmica
está asociada con una jerarquía de sujetos que funcionó históricamente en
detrimento de los ´no-blancos´, a quienes no se les reconocen determinados
derechos, por ejemplo, en materia territorial.
Dan cuenta, también, de que la jerarquización racial se tradujo tanto en una
imposición como en un deseo de borrar los trazos de identificación étnicos:
mediante la introyección y naturalización de los estigmas con que se ha asociado
a los kollas en la provincia (sucios, cobardes), la prohibición intracomunitaria
del uso de la lengua ancestral entre los guaraníes, el abandono del atavío en
ambos grupos étnicos, la adopción de identidades regionales (salteño, puneño,
oranense) que no diera pistas de algún del trazo indio.
Asimismo, la subjetivación está anclada en la negación de la nacionalidad/
etnicidad. Por un lado, la ´aboriginalidad´24 del kolla ha sido negada por las elites
hegemónicas provinciales (Lanusse y Lazzari, 2005). El ´indio´ era el chaqueño
y el resto sólo podía ser un criollo, mestizo (campesino, si vivía en áreas ru-
rales). Esto significó que, cuando los kollas asumían su etnicidad y disrumpían
desde la diferencia indígena, eran inmediatamente fagocitados en la extranjería:
se los consideraba bolivianos. Frente a esto, los procesos de subjetivación se
encauzaron en un perseverante esfuerzo por demostrar su pertenencia a la
24
Una de mis entrevistadas kolla cuenta que en la caravana que realizan a Buenos Aires para pedir por
sus tierras en 1993, se presenta en la Casa Rosada diciendo que ellos son los que están en el monumento
de Humahuaca. En esta obra, el “Monumento a los héroes de la independencia”, la figura principal es
un chasqui que proviene de Tucumán, llevando en su mano izquierda el decreto de la Independencia; a
un costado “el primer escuadrón de gauchos creado por el general Belgrano”; al otro “el abanderado
y sus escoltas” y; en el centro, “los incas como resurgiendo de sus tumbas para con su fuerza espiritual
apoyar toda esta gesta gaucha”. Es decir que el monumento representa a los gauchos (criollos, mesti-
zos) “vivos” y; al indio, del imperio incaico, “muerto” pero que insufla su espíritu. La afirmación de los
kollas de pertenecer a la nación a través de la apropiación de este monumento es muy significativa por
su polivalencia ya que al referir a “los que están en el monumento”, indiferenciadamente, pueden ser
los vivos, los muertos o ambos a la vez (mestizos) y, en cualquier caso, ellos son parte de la gesta de la
independencia que es el origen del Estado-nación argentino que les niega su pertenencia (Gigena, 2011).

0_0_Numero 7.2.indd 169 16/08/2013 05:57:56 p.m.


170 Gubernamentalidad y subjetividad en los pueblos originarios de Salta en la primera mitad del siglo XX

nación, a la indiferenciada condición de “argentinos”; anteponiendo la nación


a la etnia, reafirmando la igualdad antes que la diferencia:
… después me he dado cuenta ya, cuando tenía más, más escuela, todo,
que pertenecíamos a la etnia kolla, recién me he dado cuenta y… no lleva de
diferencia con otra etnia, ser kolla o ser… total somos argentinos nada más que
etnias nomás y… recién, ahora estoy satisfecho que seamos kollas (Entrevista
04, pueblo kolla) [Énfasis agregado]

… nos dicen bolivianos, así nos dicen porque nosotros somos así, así como
hermanos, estamos en la línea de Bolivia… somos la misma historia, por eso
nos dicen así, y le digo: “sí todos somos argentinos, no somos bolivianos, somos
de la parte de Argentina, somos vecinos, somos como una familia”. Así les digo
yo, así… (Entrevista 06, pueblo kolla) [Énfasis agregado].

Casi emulando la batalla que han dado contra la negación de la nacionalidad


argentina, los kollas dan cuenta de su participación en la historia de la nación justo
en hechos donde se juega de modo crucial la identidad y el sentimiento patrio:
en “las guerras”. Primero, demostrando la participación en las gestas de la inde-
pendencia25, luego, apelando a la participación en la guerra de Malvinas en 198226.
Por otro lado, los guaraníes siempre habían sido clasificados en Salta como
“chiriguanos” o “chaguancos”. Esto implicaba que la ´autenticidad guaraní´ era
puesta en duda tras su emergente auto-adscripción en las últimas décadas. Pero,
en la medida que los Estados actualmente legitiman el autoreconocimiento y
los guaraníes en Salta reconstruyen la historia de su nación y sus desplazamien-
tos en la búsqueda de la tierra sin mal (candire) por los territorios del chaco
americano (Argentina y Bolivia), el argumento se desplaza hacia la imputación
de la extranjería: los guaraníes son bolivianos: “A nosotros también nos dicen
boliviano porque estamos cerca de Bermejo... el Ingenio puso (…) que somos
bolivianos” (Entrevista 07). Lo significativo es que esta imputación es ´apro-
piada´ por un grupo de indígenas guaraníes para descalificar la reivindicación
territorial de otros hermanos del mismo pueblo originario:
25
Esto reafirma la pertenencia a la nación justo en el momento de la emergencia del TINKUNAKU como
organización indígena a principio de los ´80. Briones (1998b) ha destacado cómo pervive esta evocación
cuando analiza una marcha que realizan conjuntamente mapuches y kollas en Buenos Aires protestando
por la “construcción de mega emprendimientos hidrocarburíferos” sobre sus territorios en Neuquén y
Salta”. En esa protesta los kollas deciden concluir con un acto frente a un monumento que homenajea
a los caídos en Malvinas: “Su argumento era que, en esa guerra, habían también fallecido hermanos de
su pueblo. Ello demostraría hasta qué punto los Kolla son argentinos…” (1998:35).
26
“Y después que ha habido muchas batatas, entre las cañas de azúcar, muchas para robar ¿ve?. Y alguna
gente iba a la noche a robar. Y se iba a la huella el capataz y si encontraba quien había cavado las batatas,
lo metían afuera y le suspendían del trabajo, y le descontaban las batatas. Así contaba mi papá […] se
venían yuteando por el monte, venía la gente y de aquí lo venían a llevar a azotes de vuelta para el ingenio
[…] “a trabajar carajo”. No sé cómo sabían pagar, porque nunca ha dicho mi papá que jamás sabía ver
plata. Todo vale nomás, vale nada más. […] No dejaban chupar caña. Si alguien chupaba caña quedaba
suspendido del trabajo, azotearlo…” (Entrevista 09, pueblo kolla).

0_0_Numero 7.2.indd 170 16/08/2013 05:57:56 p.m.


Andrea Gigena 171

Mi papá era uno de los trabajadores de la empresa Tabacal. Yo soy uno de los
hijos de inmigrantes; allá por el año 34 mi papá inmigró a la Argentina. Cuando
vino, cayó en el ingenio Tabacal, provincia de Salta. Mi papá es boliviano...
[…] Soy uno de los hijos de inmigrantes provenientes de Bolivia. Todos los
hermanos ava-guaraní provenientes de Bolivia se vienen a una misión en la
loma de El Tabacal, allá por el año 38 (Juvencio Peña, versión taquigráfica,
sesión de la Comisión de Población y Recursos Humanos de la Cámara de
Diputados de la Nación, 7/07/2004).

Otros guaraníes, en tanto, relativizan la pertenencia nacional y las identidades


regionales en la medida que se consideran pueblos preexistentes al Estado-
nación y el establecimiento de sus límites territoriales:
… han visto que los guaraníes por ejemplo, a veces hay muchos con la gente, viste
el guaraní es formoseño, correntino, TODO SOMOS de descendencia guaraní,
pero [cada uno] tiene su manera, otra costumbre, pero cuando nosotros vemos
(…) de la misma raíz, es la misma, nada más que se desparrama por ejemplo el
Paraguay, ellos también es la misma casta guaraní (Entrevista 08, pueblo guaraní).

Las múltiples diásporas marcan una particular relación de los guaraníes con
el Estado-nación. La ancestral búsqueda de la tierra si mal que los va llevando
desde Brasil hasta el actual territorio argentino en el período pre-colonial, el
corrimiento del territorio de Bolivia por la secularización de las misiones fran-
ciscanas y la guerra del Chaco durante el período republicano, la expulsión de
sus territorios por parte del Ingenio San Martín del Tabacal en la década del 70,
termina por anclar la identidad más en el linaje comunitario que en algún linaje
nacional. Como sugiere Bidaseca (2010) la diáspora debe entenderse en “opo-
sición a las identidades modernas producidas por los Estados-nación” (2010:38).
Es pertinente aclarar aquí que la cuestión de las resistencias no es contem-
plada en extenso por exceder los propósitos de este trabajo. Sin embargo, es
importante advertir que tanto los kollas como los guaraníes muchas veces han
confrontado las ´locaciones´ que se producen en los procesos de subjetivación.
Debido a que las relaciones de poder son reticulares, circulan, infiltrando la
totalidad del tejido social, entre grupos y al interior de cada uno se producen
determinaciones y activaciones recíprocas que producen nuevas propiedades
y localizaciones reconfigurando las prácticas de saber-poder-subjetividad. Así,
se detectan para el período considerado, por ejemplo, micro estrategias de
resistencia, particularmente contra la opresión del Ingenio –las fugas, el robo27–
(Gigena, 2011); además del gran hito de lucha para los kollas: el Malón de la Paz.
27
“Y después que ha habido muchas batatas, entre las cañas de azúcar, muchas para robar ¿ve?. Y alguna
gente iba a la noche a robar. Y se iba a la huella el capataz y si encontraba quien había cavado las batatas,
lo metían afuera y le suspendían del trabajo, y le descontaban las batatas. Así contaba mi papá […] se
venían yuteando por el monte, venía la gente y de aquí lo venían a llevar a azotes de vuelta para el ingenio
[…] “a trabajar carajo”. No sé como sabían pagar, porque nunca ha dicho mi papá que jamás sabía ver
plata. Todo vale nomás, vale nada más. […] No dejaban chupar caña. Si alguien chupaba caña quedaba
suspendido del trabajo, azotearlo” (Entrevista 09, pueblo kolla).

0_0_Numero 7.2.indd 171 16/08/2013 05:57:56 p.m.


172 Gubernamentalidad y subjetividad en los pueblos originarios de Salta en la primera mitad del siglo XX

Salida
El “indio” ha representado la alteridad radical (racial) del proyecto hegemó-
nico de Nación desde fines del siglo XIX hasta mediados del XX. Briones (2004)
asegura que la idea del “indio” ha pervivido porque determinados sectores
tuvieron que constituirse en antagonistas indispensables para la contrucción de
la argentinidad. Esta alteridad se ha naturalizado y lo que he intentendo con este
trabajo es interrumpir la naturalización demostrando cómo, en determinadas
condiciones históricas, un campo de saber (biológico) permitió establecer una
jerarquía social que plasmó en prácticas concretas atravesando la vida de los
sujetos.
En los últimos treinta años, sin embargo, es claro ver que la racialización
fue cediendo en tanto clivaje de los procesos de subjetivación. Esto sucede
cuando los pueblos originarios emergen en la escena política de los Estados
latinoamericanos –en un escenario de fuertes ajustes estructurales– como su-
jetos de derecho y como actores políticos llevando a cabo múltiples acciones
en pos de su reconocimiento como preexistentes a los Estados-nación. Lo que
no implica negar la existencia de procesos de autoidentificación étnica previos
a este contexto, incluso para el período considerado en este artículo, como lo
ejemplifica la experiencia del Malón.
Pero, frente a esta reciente irrupción la estatalidad ya no puede sustraerse de
reconocer la diversidad que la interpela y comienza a legislar y producir políticas
relativas a la cuestión indígena a partir de una nueva técnica: la etnización. Con
esta se reconoce la diferencia pero mediante una regulación “normalizadora”
(Bidaseca y AAVV, 2008). La lógica de la gubernamentalidad se reacomoda y
actualmente, los pueblos originarios en Argentina se instituyen privilegiadamente
como sujetos con personería jurídica étnica.
En este proceso, las provincias fueron las primeras en “administrar” la
irrupción indígena, a través de múltiples técnicas jurídicas, institucionales y
burocráticas. Luego, la Nación, descentralizando en las propias comunidades la
realización de “micro censos” demográficos y territoriales que den cuenta, para
el Estado (provincial o nacional), de la existencia, composición y localización de
porciones de pueblos originarios. Todo esto como condición para el registro
de su personería jurídica étnica.
Entonces, esta nueva tecnología orientada a registrar una personería jurídica
implica: “disponer en un orden de visibilidad, dominar la irrupción, disciplinar
el acontecimiento” (Bidaseca y AAVV, 2008:15). Se normalizan los modos de
hacer, de ser y de decir de las comunidades registradas, demarcando el escenario
de intervenciones y conflictos (sujetos, preceptos y estrategias) circunscrito
nuevamente, como en el período sindical, a una disputa por la legalidad y la
legitimidad de la representación y los derechos que confieren las personerías
jurídicas. Esto significa, en definitiva:

0_0_Numero 7.2.indd 172 16/08/2013 05:57:56 p.m.


Andrea Gigena 173

“Una nominalización bajo los efectos de la redundancia, en el sentido de que


sujeta lo emergente a formalismos jurídicos que, presentados como nove-
dosos, no obstante, se enmarca en un continuum estatal lógicamente anterior.
Esto implica tomar las diferencias culturales como datos clasificables, censables;
porque justamente el gran relato del Estado-nación se funda sobre la represión
de las comunidades singulares, de sus identidades” (Bidaseca y AAVV, 2008:7).

fuentes

- Versión taquigráfica de la reunión de la Comisión de Población y Recursos Humanos de la Cámara


de Diputados de la Nación. 07 de Julio de 2004.
- Etnografías producidas con miembros de las comunidades kolla y guaraníes de Salta (2008-2009).
- Entrevistas producidas con informantes claves de Salta (2009).
- Zapiola y Frites (2007) El Malón, año 1, N° 1, junio-julio, prensa autónoma kolla.

Bibliografía
- Arias, Julio y Restrepo, Eduardo (2010) “Historizando raza: propuestas conceptuales y metodológicas”,
en Revista Crítica y Emancipación, Ano II, n°3, primer semestre, Buenos Aires, 45-64.
- Bialet Massé, Juan ([1904] 2010) Informe sobre el estado de las clases obreras argentina, La Plata,
Ministerio de Trabajo de la Provincia de Buenos Aires.
- Bidaseca, Karina (2010) Perturbando el texto colonial. Los Estudios (Pos) coloniales en América Latina,
Buenos Aires, SB.
- Bidaseca, Karina y AAVV (2008), “Dispositivos miméticos y efectos de identidad. Ensayo de una
interpretación crítica sobre las personerías jurídicas y las comunidades originarias”, en Papeles de
trabajo, Revista electrónica del IDAES/UNSAM, Año 2, Nº 3, Buenos Aires, junio.
- Briones, Claudia (2004) “Construcciones de aboriginalidad en Argentina” en Société suisse des Amé-
ricanistes/Schweizerische Amerikanisten-Gesellschaft Bulletin N°68.
(1998a) La alteridad del «Cuarto Mundo». Una deconstrucción antropológica de la
___________________________

diferencia; Buenos Aires, Ediciones del Sol.


(1998b) “(meta) cultura del Estado-Nación y estado de la (meta) cultura”, Serie
___________________________

Antropología 244, Brasilia.


- Castro–Gómez, Santiago (2010) Historia de la Gubernamentalidad, razón de Estado, liberalismo y
neoliberalismo en Michel Foucault, Bogotá, Siglo del Hombre Ed., PENSAR, Universidad Santo Tomás.
_________________________________________
(2005) La Hybris del punto cero, Bogotá, Instituto Pensar.
- Ceccheto, Sergio (2008) La biología contra la democracia. Eugenesia, herencia y prejuicio en Argentina
(1880-1940), Mar del Plata, EUDEM.

0_0_Numero 7.2.indd 173 16/08/2013 05:57:56 p.m.


174 Gubernamentalidad y subjetividad en los pueblos originarios de Salta en la primera mitad del siglo XX

- Foucault, Michel (2000) Defender la Sociedad, Buenos Aires, FCE.


____________________________
(2004) Seguridad, Territorio y Población, Buenos Aires, FCE.
- Gigena, Andrea (2011) Procesos de Subjetivación y luchas por territoritos rurales en Argentina: los casos
de TINKUNAKU, MOCASE Y LA LOMA, Buenos Aires, Universidad de Buenos Aires.
- Göebel, Bárbara (2003) “Llegamos a un pueblo de indios abandonado: aportes de la expedición sueca
a la etnografía de la puna argentina” en Revista Pacarina, Año III, N° 3, octubre, 143-158.
- Gordillo, Gastón (1995) “Después de los ingenios: La mecanización de la zafra saltojujena y sus
efectos sobre los indígenas del Chaco Centro-Occidental”, en Desarrollo Económico, Vol. 35, N° 137,
abril-junio, 105-126.
- Haidar, Victoria (2010) “La biopolítica del trabajo asalariado en Argentina (1890-1915): una aproxi-
mación sociohistórica” en Cassigoli, Isabel y Sobarzo, Mario (ed), Biopolíticas del Sur, Santiago de
Chile, ARCIS.
- Hernández Llosas, María Isabel (2006) “Diversidad Cultural, Patrimonio e Identidad en Argentina.
La Dimensión Social del Patrimonio” en CIPOC, Vol. III, Buenos Aires.
- Lanusse, Paula y Axel Lazzari (2005) “Salteñidad y pueblos indígenas: Continuidad y cambio en
identidades y moralidades”, en Cartografías argentinas. Políticas indigenistas y formaciones provinciales
de alteridad, Claudia Briones (ed.), Buenos Aires, Antropofagia, 223-252.
- Michel, Azucena y F. Burgos (2005) “Agroindustria azucarera y sindicatos en la provincia de Salta
(1943–1955)”, en Revista Escuela de Historia, año 4, Vol. I, n° 4. Pp. 193–215, [consulta: 15 de mayo
de 2009], http://www.scielo.org.ar/pdf/reh/n4/n4a09.pdf.
- Quijano, Aníbal (2000a) “Colonialidad del Poder y Clasificación Social”, en Journal of world-systems
research, Special Issue: Festchrift for Immanuel Wallerstein. Part. I, vi, 2, summer/fall, 342-386.
(2000b) “Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina”, en Edgardo Lan-
___________________________

der (comp), La cololonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas,
Buenos Aires, CLACSO, 201-246.
- Valko, Marcelo (2008) Los indios invisibles del Malón de Paz, Buenos Aires, Ediciones Madres de Plaza
de Mayo.

0_0_Numero 7.2.indd 174 16/08/2013 05:57:56 p.m.


espacios nueva serie. Estudios de Biopolítica Nº 7 - tomo 2 - 2013: 175-198. ISSN 1669-8517

Promover, asegurar, exponer, resistir:


trazando el mapa de la biopolítica
del trabajo asalariado en la
Argentina contemporánea
Victoria Haidar
Universidad Nacional del Litoral - CONICET

Resumen
Este artículo explora las expresiones que asume la biopolítica del trabajo asalariado
en la Argentina contemporánea. Inscripto en la línea de estudios sociales sobre la
gubernamentalidad, caracteriza los programas empresariales de promoción de la
calidad de vida, los mecanismos de gestión de riesgos laborales y las resistencias
ejercidas en nombre de la salud de los trabajadores. Dicho análisis muestra que lejos
de toda lógica unívoca, la biopolítica designa una constelación de fenómenos que
incluyen la optimización de la salud, la gestión de riesgos, la exposición de los cuerpos
al peligro y la invención de nuevas formas de pensar, conocer y actuar.

Palabras clave
Biopolítica - salud laboral - gubernamentalidad - resistencias

Abstract
This article explores different dimensions of waged labor biopolitics in contempo-
rary Argentina. It characterizes -from a governmentality social studies perspective-
business health promotion programmes, labor risk management mechanisms and
resistances developed in the name of worker’s health. The analysis shows that this
kind of biopolitics, far from univocal logic, designates a constellation of phenomenons
that includes: health optimization, risk management, bodies exposure to danger and
the invention of new ways of thinking, knowing and acting.

Key words
Biopolitic - occupational health - governmentality - resistances

0_0_Numero 7.2.indd 175 16/08/2013 05:57:56 p.m.


176 Promover, asegurar, exponer, resistir: trazando el mapa de la biopolítica del trabajo asalariado...

I. Introducción
Inscripto en la línea de unos estudios sociales sobre los “ensamblajes”
(Rose, 1999; Marcus y Saka, 2006) de racionalidades, tecnologías y modos de
subjetivación (Dean, 1999; Rose, 1999) a través de los cuales se gobiernan di-
ferentes problemas, este artículo pretende discutir algunas de las expresiones
del presente de la biopolítica del trabajo asalariado en la Argentina. Mientras la
alusión al trabajo asalariado circunscribe el dominio de referencia del análisis,
el uso deliberado del término biopolítica en singular obedece al propósito de
aprovechar al máximo la relativa indefinición que lo afecta en la propia reflexión
foucaultiana1. De la multiplicidad de sentidos que se atribuyen a esta noción,
nos inclinamos a pensarla como una “constelación” (Lemke, 2010:429) o
“perspectiva” (Rabinow y Rose, 2003; Rose, 2007), lo suficientemente amplia
y elástica como para comprender tanto la pluralidad de esfuerzos que, en las
sociedades occidentales, se han desplegado históricamente para controlar
las características vitales de los hombres en cuanto seres vivientes, como los
intentos orientados a la invención de modos de vida singulares.
En ese entendimiento, la biopolítica del trabajo asalariado congrega dimensio-
nes relativas a los regímenes de verdad, las relaciones de poder y la ética. Así: a) las
acciones que distintos agentes (empresarios, expertos, agencias estatales, ONGs,
etcétera) desarrollan para intervenir sobre las características vitales de la existen-
cia de los trabajadores en cuanto se relacionan con la actividad laboral misma y su
productividad (programas de promoción de la calidad de vida de los empleados,
sistemas de gestión de la salud y seguridad laboral, servicios de re-calificación
profesional, etcétera); b) las formas de conocimiento, lenguajes y tecnologías
que se movilizan para racionalizar y efectivizar esas intervenciones (toxicología
genética, epidemiología, bio-monitoreos, exámenes pre-ocupacionales, etcétera);
c) los efectos de des-igualación, invisibilización, exclusión, jerarquización, etcétera,
que se derivan de ellas (ocultamiento de las enfermedades profesionales, tasas
de accidentalidad laboral en comparación con las tasas de accidentes de otras
poblaciones, etcétera), d) las maneras en que los trabajadores son convocados
a actuar en relación a sí mismos (apelación al auto-cuidado, al work-life balance,
etcétera) y e) las prácticas de resistencia que reaccionan contra el sufrimiento
y los efectos de sujeción asociados a los procesos de trabajo (investigaciones
desarrolladas por diferentes organizaciones de trabajadores en alianza con una
serie de expertos, para conocer los factores peligrosos del trabajo y cambiarlos).

1
En la obra de M. Foucault, las nociones biopoder y biopolítica recibieron un tratamiento oscilante. Esa
oscilación comprende una multiplicidad de cuestiones, tales como: los efectos de la biopolítica (¿produce
subjetividad o produce muerte?), su escala y operadores (¿se refiere a la población y/o a los cuerpos indi-
vidualmente considerados?), su relación con el poder soberano (¿existe entre ambas formas de ejercicio
del poder continuidad o discontinuidad?), la definición de la vida (¿vida biológica o vida políticamente
calificada?) y su vínculo con la política (¿objeto u horizonte normativo?), entre otros problemas que per-
manecen abiertos y han sido objeto de relevantes discusiones. Vid. entre otros: Lazaratto, 2000; Hardt
y Negri, 2002; Agamben, 2003; Esposito, 2005, 2006; Fassin, 2005, 2006; Revel, 2009.

0_0_Numero 7.2.indd 176 16/08/2013 05:57:56 p.m.


Victoria Haidar 177

Con la intención de superar la relativa desconsideración de las aristas


‘innovadoras’ y ‘creativas’ de las resistencias de la que adolecen algunas con-
tribuciones (Rose, 2007)2 que enfocan al biopoder desde la perspectiva de la
gubernamentalidad3, en este artículo se atribuye un peso decisivo al estudio
de las prácticas que aspiran a aumentar el control que los trabajadores ejercen
sobre los factores laborales que determinan sus propios perfiles de salud y
enfermedad.
Tanto las iniciativas que procuran gobernar la relación trabajo-salud/en-
fermedad como las acciones que oponen a ellas, se inscriben en una trama
de relaciones sociales cuyos actores son las grandes empresas de capitales
nacionales y transnacionales, las pequeñas y medianas empresas, la Superin-
tendencia de Riesgos de Trabajo (SRT), las Aseguradoras de Riesgos de Trabajo
(ART), los expertos en salud y seguridad laboral, los sindicatos, los colectivos
de trabajadores organizados bajo la forma de Comisiones Internas o Cuerpos
de Delegados, los especialistas que se ocupan de asesorar y guiar la lucha del
movimiento obrero, la OIT y la serie variopinta de expertos en ‘buen vivir’
-profesores de educación física, nutricionistas, ‘yoguis’, etcétera- que consti-
tuyen el mercado de ‘servicios al empleado’.
En todo caso, las relaciones de poder que este artículo recorre orbitan en
torno a una serie de cuestiones que, al interior de la sociedad argentina, se han
articulado como problemas, están vinculadas con transformaciones culturales
de largo alcance y se encuentran atravesadas por una serie de procesos y
acontecimientos políticos, sociales y económicos que les proveen los motivos
y temas para las confrontaciones. La construcción -en la Argentina de los años
noventa- de un diagnóstico que asociaba los costos “altos e impredecibles” de
los accidentes y enfermedades del trabajo (Poder Ejecutivo Nacional, 1994;
Giordano et al. 1996) a la baja competitividad de las empresas argentinas, en
nombre del cual se justificó la sanción de una nueva Ley de Riesgos de Trabajo
en 1995 (LRT); la intensificación de las exigencias y cargas laborales derivadas de
los cambios en las formas de gestión y del deterioro de las relaciones laborales
y la configuración, también durante esos años, de alianzas de trabajadores y
expertos con la finalidad de oponerse a esos embates, constituyen algunos de
los procesos que inspiran, alientan y organizan las luchas en torno a la salud
laboral en el país. Pero las tendencias y focos de tensión que estrían el campo
de la biopolítica del trabajo asalariado también están condicionados por otros

2
Como señalan O’Malley, Weir y Shearing (1997), en algunas aproximaciones emblemáticas al problema
de la gubernamentalidad, las oposiciones a los programas de gobierno se conciben únicamente como
obstáculos para su desarrollo y no se atribuye una entidad singular a las críticas, oposiciones y propuestas
alternativas a ellos.
3
La gubernamentalidad es un neologismo que introdujo M. Foucault (2006) en el seminario que impartió
en el Collège de France bajo el nombre “Seguridad, Territorio, Población” y que dedicó a la genealogía
de las diversas racionalidades de gobierno. La noción de gubernamentalidad designa las relaciones es-
tratégicas que se establecen entre prácticas de conducción que operan a diversas escalas: desde el nivel
macro del gobierno de una población hasta el nivel micro del gobierno de uno mismo.

0_0_Numero 7.2.indd 177 16/08/2013 05:57:56 p.m.


178 Promover, asegurar, exponer, resistir: trazando el mapa de la biopolítica del trabajo asalariado...

fenómenos de alcance más general, que datan de las últimas décadas del siglo
XX: el desarrollo de tecnologías bio-médicas que permiten singularizar y detec-
tar cada vez más tempranamente la enfermedad; la importancia que atribuyen
la epidemiología y los discursos sanitarios a los estilos de vida saludables; la
conformación –como reacción frente al fracaso de las propuestas desarrollis-
tas– de una “epidemiología crítica” y una “medicina social de los trabajadores”
en América Latina, entre otros.
Este artículo está organizado de la siguiente manera: el apartado II se ocupa
de caracterizar las estrategias de promoción de la calidad de vida que algunas
grandes empresas desarrollan en el país. Seguidamente, en el punto III se
muestra de qué manera la gestión capitalista de los riesgos laborales depende,
en la Argentina, de un eslabonamiento de mecanismos de seguridad y deci-
siones alejadas de toda racionalidad precautoria. Esta cartografía se completa,
en el apartado IV, con la reflexión en torno de unas prácticas colectivas que,
en nombre del control de las propias condiciones de trabajo y de vida, buscan
conocer los aspectos peligrosos de los procesos de trabajo para transformarlos.
Finalmente, las conclusiones están dedicadas a discutir algunos de los aportes
con que esta indagación relativa al gobierno de la relación trabajo-salud en
nuestra sociedad contribuye al debate contemporáneo en torno del concepto
de biopolítica.

II. Estrategias empresariales para optimizar la calidad


de vida
A comienzos del siglo XX E. Durkheim (1973 [1902]: 67) observaba que los
empeños en el cuidado de la propia vida con la mera finalidad de conservarla y
gozarla, no revestían en sí mismos ningún valor moral. Por el contrario, en las
sociedades occidentales contemporáneas, no sólo la conservación de la vida,
sino su incansable optimización se ha convertido en una virtud (Filc, 2005: 189)
y en un deber moral individual en torno al cual convergen intereses y deseos
que conciernen a diferentes áreas de acción. El cuerpo, su peso, su movimiento
o reposo, su apariencia, es el lugar en que el ‘yo’, guiado y motivado por unos
discursos sobre la salud, debe librar las batallas necesarias para alcanzar un modo
de vida saludable, es decir, para transformarse desde un punto de vista ético. La
personalidad devino intrínsecamente somática (Rose, 2007): la configuración de
identidades aplicadas a la optimización permanente de sus performances vitales y
profesionales es el resultado de una actuación sobre el cuerpo. En esas batallas
confluyen las elecciones morales y la creciente sensibilidad de los individuos en
relación con los estándares contemporáneos relativos a ‘ser saludable’, el anhelo de
satisfacer las demandas asociadas al ‘ser profesional/competente’ y al desempeño
de una ciudadanía activa, responsable, científicamente informada e independiente.

0_0_Numero 7.2.indd 178 16/08/2013 05:57:56 p.m.


Victoria Haidar 179

Los lugares de trabajo se han convertido en espacios estratégicos para


la incitación de comportamientos asociados a la buena salud. En torno al rol
‘bio-animador’ del capital convergen una multiplicidad de razones: el propósito
de aumentar la productividad y de reducir los costos de la atención médica,
el desarrollo de un mercado de servicios al empleado, la resonancia sobre las
políticas empresariales de diversas consignas bio-económicas4, la asociación que
realizan los discursos manageriales entre el rendimiento y el reforzamiento de
la cultura corporativa, etcétera.
Lejos de limitarse a cumplir con los estándares legales en materia de hi-
giene y seguridad, en la Argentina, algunas grandes empresas se encargan de
promover la calidad de vida de los empleados. Nobleza Piccardo, Acindar,
Gas Natural Ban, Banco Galicia, los “Grobo Agropecuaria SA”, Toyota, Perez
Compac S.A, EDS Argentina, Alba, Roche, IBM Argentina, Scania, Repsol YPF,
Procter & Gamble, Dupont Argentina, Officenet, Globant y Accenture, entre
otras, cuentan con programas orientados a estimular el bienestar personal y
los estilos de vida saludables, en el marco de los cuales fomentan la realización
regular de actividad física, la dieta equilibrada, el balance entre la vida laboral
y familiar, el control de los conflictos personales, etcétera5.
Para ello apelan a una multiplicidad de estrategias, tales como colocar canas-
tas de frutas a disposición de los empleados, pautar descansos ‘en movimiento’,
brindar clases de yoga y artes marciales, organizar runnings corporativos, difundir
información sanitaria a través de afiches, circuitos de comunicación internos y
charlas de especialistas, ofrecer menús ‘saludables’ en los comedores y acceso
gratuito a gimnasios, combatir el sedentarismo mediante la entrega de ‘cuenta-
pasos’, organizar competencias para reducir el peso corporal, premiar el logro
de ‘resultados saludables’ (como dejar de fumar o bajar de peso) con acciones
de caridad y beneficios económicos, brindar asistencia psicológica al empleado
y a su familia mediante un servicio de consultas telefónicas que funciona las
24 horas, disponer y multiplicar los lugares de descanso y encuentro en las
oficinas, etcétera.
Ciertamente, las culturas corporativas, el tamaño de las empresas, su his-
toria en el país, etcétera, imprimen a estas intervenciones rasgos particulares.
Sin embargo, ellas coinciden al menos en tres aspectos. En primer lugar, se
trata de iniciativas que, inspiradas por una racionalidad neoliberal, presuponen

4
La reducción de los índices de las enfermedades crónicas que representan altos costos para los sistemas
de salud; la satisfacción de estándares de higiene y seguridad para evitar el dumping social, entre otras.
5
Como por razones de espacio no resulta posible caracterizar en detalle cada uno de esos programas ni
aludir a la multiplicidad de documentos que se refieren a ellos, optamos por presentar los argumentos con
carácter general y citar algunos enunciados que resultan centrales para la comprensión de los mismos.
Para mayor ilustración del lector puede consultarse entre otras, las siguientes fuentes: Acindar, 2006;
Gas Natural Ban, 2007; Toyota, 2007; Unilever, 2007/2008; Quilmes, 2007. Sobre el “Plan Toneladas” y
“Caminata de 10.000 pasos” de IBM, Santos Lens (2006); el plan “Nutrición Saludable y Actividad Física”
de los Grobocopatel SA, Clarín (2005) y los programas de asistencia al empleados implementados por
Procter & Gamble, Dupont y Nortel Networks, Barreiro (2001).

0_0_Numero 7.2.indd 179 16/08/2013 05:57:56 p.m.


180 Promover, asegurar, exponer, resistir: trazando el mapa de la biopolítica del trabajo asalariado...

y estimulan la libertad de elección de los empleados quienes, en nombre de


la verdad de la ciencia, de promesas de mayor bienestar y/o eficiencia o del
atractivo que constituyen los premios económicos, son convocados (jamás
obligados) a transformar sus propios comportamientos y estilos de vida vol-
viéndolos más saludables. Estos programas asumen de manera a-crítica una
voluntad de mejoramiento de la propia salud y una predisposición a comportarse
de manera precautoria frente a los riesgos. En consonancia con ello, apelan al
auto-cuidado bajo formas que suponen y a la vez activan la elección personal.
La estrategia de enunciación que se utiliza en el marco del programa “3D” de la
empresa Quilmes (2007/2008) expresa con claridad esta opción por atribuir al
‘yo’ la responsabilidad por la propia salud: “determino los riesgos, defino como
cuidarme y decido trabajar con seguridad”.
El esfuerzo por conservar y optimizar la salud es entendido como una
empresa moral, íntimamente relacionada con la agenda neoliberal del auto-
gobierno: el auto-control, el conocimiento de sí y el auto-mejoramiento (Lup-
ton, 1995). El auto-cuidado resulta virtuoso per se porque permite alcanzar el
mejoramiento biológico, realizarse profesionalmente y funciona como indicador
de una ciudadanía responsable e independiente6. La conexión entre la salud
-redefinida en términos de bienestar- y la libertad es estrecha: la calidad de
vida cifra experiencias de libertad personal ya que, según se razona, mediante
la nutrición saludable, la gestión del estrés y la actividad física rutinaria, los em-
pleados consiguen liberarse de la enfermedad, de la infelicidad, de la frustración
(Vander Schee, 2008).
La articulación del auto-cuidado como un deber moral, la creciente pro-
blematización de varias enfermedades como el resultado de elecciones per-
sonales inadecuadas o incorrectas7 y la trivialización o el ocultamiento de sus
determinantes sociales (los procesos de trabajo, los modos de existencia de
cada clase social, la organización de los servicios sanitarios, etcétera) que están
implícitos en estas acciones, se encuentran asociados a la producción de una
serie de efectos de poder. De esta manera, las enfermedades son gobernadas
mediante su individualización, con la consecuente des-responsabilización de las

6
Si bien en los programas empresariales que analizamos la apelación al auto-cuidado se justifica mediante
razones prudenciales (su vínculo con la prevención de enfermedades, los goces y compensaciones somá-
ticas, simbólicas y materiales ligadas a él), en otros programas -desarrollados en diferentes contextos- de
los que tenemos noticia a través de diversos trabajos científicos (Petersen y Lupton, 2006; Vander Schee,
2008), los fundamentos basados en la idea de auto-interés resultan reforzados por consideraciones re-
lativas a la contribución de los comportamientos y actitudes saludables a algún proyecto colectivo (a la
misión de una empresa, la satisfacción del interés público, etcétera). En la Argentina, aunque ninguno de
los programas que estudiamos conecte el desarrollo de estilos de vida saludables con la buena marcha de
la economía nacional o el cumplimiento de obligaciones cívicas, en IBM la pérdida de peso se incentivó
mediante la movilización de motivos compasivos: la empresa se comprometió a efectuar una donación
por cada tonelada de peso perdida.
7
Como se señala en toda una literatura inscripta en el campo de la sociología de la salud y de la enfermedad
factores relativos al estilo de vida se transformaron en las “causas” de la mayoría de las enfermedades
del siglo XXI, obscureciendo muchos factores genéticos, accidentales o medio ambientales (Petersen y
Lupton, 1996; Vander Schee, 2008).

0_0_Numero 7.2.indd 180 16/08/2013 05:57:56 p.m.


Victoria Haidar 181

empresas y de otras instituciones sociales que inciden en forma relevante sobre


los procesos de salud y enfermedad y los trabajadores son responsabilizados por
el manejo adecuado de los comportamientos asociados a la salud. Asimismo,
en la medida en que toda una serie de actividades (como caminar, alimentarse
sanamente, etcétera) se convierten en indicadores de una performance ética,
la población objeto de estos programas es atravesada por nuevas dicotomías:
grupos de trabajadores ‘activos’ e ‘inactivos’ (Fullagar, 2002:71), ‘con sobrepeso’
y ‘sin sobrepeso’, etcétera.
En segundo lugar, estos programas se inscriben invariablemente en el domi-
nio de la salud, procurando que los trabajadores alcancen un “estado óptimo”
(Rose, 2007). Lejos de funcionar en tandem con la enfermedad, la salud se
convirtió en un campo de intervención independiente, que reconoce grada-
ciones y es susceptible de medición. Una faceta relevante de la re-definición
contemporánea de salud, está constituida por la ‘calidad de vida’, una fórmula
que concentra aspiraciones vitalistas y cálculos económicos, sobre la que se
sedimentan varios discursos (de la expertise sanitaria, las organizaciones inter-
nacionales, etcétera). Las estrategias empresariales a las que nos referimos –al
igual de las que se desarrollan en otros contextos8– incorporan las definicio-
nes estandarizadas sobre la calidad de vida que incluyen una serie limitada de
tópicos (el equilibrio entre las diversas dimensiones de la vida, el rendimiento
físico, la gestión prematura de los conflictos, el manejo del estrés, etcétera)
excluyendo a priori otras posibilidades. Las racionalidades médicas y sanitarias
que construyen el cuerpo como el lugar de un esfuerzo permanente por
mejorar la salud, impiden o dificultan la articulación de experiencias riesgosas
o simplemente ‘pasivas’, distantes de las nociones –ubicuas– de ‘ejercicio’ y
‘actividad’9 en términos de placeres, ignorando las dimensiones irracionales,
afectivas y simbólicas de la vida cotidiana y el tiempo libre (Fullagar, 2002:73).
Además, sólo se refieren a individuos y poblaciones sanas. El sufrimiento, el
malestar y la enfermedad no encuentran representación alguna en los programas
corporativos y menos aun aquel ‘mal de vivir’ y aquellas patologías que están
ligadas al propio trabajo (Allender et al, 2006).
En tercer lugar, apuntan a gobernar el tiempo de vida, la existencia completa
y no –como podría leerse desde una óptica marxista– sólo el tiempo de trabajo.
El goce de la calidad de vida depende de la sistemática elección de opciones
saludables en todas las facetas, en todos los ‘medios’ en cuyo contexto se desa-
rrolla la vida. Para regular esas elecciones, las empresas no sólo injertan en los

8
En Estados Unidos, aproximadamente el 90% de los lugares de trabajo que cuentan con 50 o más
empleados tienen programas promoción de la salud (Aldana et al, 2005).
9
Muchos de los consejos incluidos en los programas empresariales de promoción de la calidad de vida
(alimentarse sanamente, realizar actividad física, no fumar, etcétera) se organizan en torno de una noción
funcional de ‘actividad’, que tiene objetivos específicos y se conecta con toda una serie de rutinas. Así, se
supone que el cuerpo saludable (y el placer a él ligado) emergen de la auto-disciplina y el auto-control,
mientras que el desorden, el caos y la incertidumbre se asocian con el riesgo de contraer enfermedades
(Fullagar, 2002: 79).

0_0_Numero 7.2.indd 181 16/08/2013 05:57:56 p.m.


182 Promover, asegurar, exponer, resistir: trazando el mapa de la biopolítica del trabajo asalariado...

lugares de trabajo rutinas saludables (yoga, ejercicios de estiramiento, menús,


etcétera) sino que apuntan a intervenir sobre las decisiones que se toman en
el ámbito familiar. Así, ponen a disposición de todos los empleados (y no sólo a
aquellos percibidos como ‘problemáticos’)10 servicios de asistencia psicológica
las 24 horas (cuya cobertura alcanza también a los familiares), organizan mara-
tones y diversas actividades recreativas los fines de semana y para enraizar las
consignas ligadas a la seguridad y a lo saludable apuestan a implicar a las familias
en las políticas empresariales11.
Todos estos esfuerzos se encauzan a través de nuevas articulaciones de
actores, tecnologías y racionalidades. Lejos de las campañas de educación sa-
nitaria en los lugares de trabajo impulsadas por el Estado, que caracterizaron la
política de salud laboral del peronismo (Ramacciotti, 2009), el escenario actual
está constituido por una pluralidad fragmentada de micro-políticas relativas a la
calidad de vida, que no responden a ningún master plan y cuyo horizonte es el
mercado global. Si bien las empresas no cuentan con el monopolio de las formas
de conocimiento y consignas culturales que inspiran las políticas de promoción
de la salud, sí, en cambio, constituyen los focos de irradiación y difusión de una
pluralidad de sentidos y tecnologías que definen qué es lo saludable, las cuales
se trasfunden desde el espacio de la producción al espacio doméstico.
Esos programas se encuentran conectados sólo indirectamente con la vo-
luntad soberana del Estado que, en el marco de acciones focalizadas, se ocupa
de difundir las semánticas que estructuran los discursos de las organizaciones
internacionales (salud y productividad, por ejemplo) y de animar a las empre-
sas a perseguir los objetivos definidos por esas instituciones (como reducir el
consumo de tabaco, o adoptar sistemas de gestión de la salud y seguridad).
Asimismo, en la medida en que las consignas divulgadas por la OIT y otras
organizaciones internacionales se hacen efectivas en los lugares de trabajo, el
Estado-Nación contribuye a instituir un régimen global de gubernamentalidad,
cuyas consignas son la limitación del dumping social, la promoción de la compe-
titividad de los diferentes actores, la prevención de las enfermedades crónicas,
la gestión precautoria de los riesgos asociados a las nuevas tecnologías, etcétera.
Si bien la promesa de la calidad de vida no compromete el crecimiento de
las agencias del Estado, se nutre y estimula el desarrollo de un mercado que se
ocupa de la calidad de vida de los empleados. El lugar de las asistentes sociales,
las enfermeras ocupacionales y los médicos de fábrica, es ocupado por toda
una serie de viejos y nuevos terapeutas (profesores de educación física, nutri-
10
Durante la década del ’80 los programas de asistencia psicológica se dirigían preferentemente a aquellos
empleados que, debido a problemas personales o emocionales, se encontraban directa o indirectamente
en riesgo de convertirse en improductivos, es decir, a los ‘empleados problemáticos’. Ya en los años’90
la clientela de los servicios de asistencia al empleado se extendió, legitimando a todos los trabajadores
–y, en verdad, también a sus familias– para participar de esos programas (Hansen, 2004: 158-159).
11
Esta extensión de los esfuerzos de gobierno hacia las esferas de la vida familiar e íntima del trabajador
se explica porque, como señalara Foucault (2006: 67) los mecanismos de seguridad son “centrífugos”,
integrando sin cesar nuevos elementos.

0_0_Numero 7.2.indd 182 16/08/2013 05:57:56 p.m.


Victoria Haidar 183

cionistas, yoguis, psicólogos, counselors, etcétera) que -vínculos contractuales


mediante- colaboran, guían y ayudan a los empleados a perder kilos, evitar el
sedentarismo, alimentarse sanamente, relajarse, manejar las crisis personales,
balancear la vida laboral y familiar, etcétera.
¿Cuál es la economía de poder que expresan estos programas? Ciertamente,
encarnan de una manera creativa y activa el propósito biopolítico de hacer vivir,
de multiplicar y potenciar las fuerzas vitales de los cuerpos. Sin embargo, el
objeto y las modalidades de intervención no se corresponden con la lógica de
la biopolítica, tal como la conceptualizó M. Foucault (2000, 2002). Dos de las
notas que, según aprendimos del filósofo francés, caracterizan al biopoder, están
ausentes: no estamos ante intervenciones autoritarias que se ejerzan sobre la
vida, imponiendo –desde afuera– una regulación a la existencia biológica de los
seres humanos y la escala de las intervenciones no es poblacional.
La modalidad incitativa que adoptan, así como la inversión que realizan en
la programación de una ética del auto-cuidado, dan cuenta de la operatoria
de una racionalidad y unas estrategias neoliberales. De allí que N. Rose (2007)
se haya referido a la promoción de la salud en términos de una ethopolítica. El
ethos de la existencia humana, la sensibilidad, los sentimientos, las creencias y
vivencias de las personas relativas a la propia vitalidad, constituyen el medio al
interior del cual el auto-gobierno (la estilización de la propia vida en un senti-
do saludable) puede ser conectado con los imperativos del buen gobierno (el
gobierno a través de la maximización de las elecciones personales). Su faceta
ética es, para usar una expresión cara al lenguaje foucaultiano, insoslayable:
apuntan a la construcción de identidades abocadas a un trabajo permanente de
auto-examinación, auto-reflexión y auto-mejoramiento; se cuelan en la relación
entre el yo y el cuerpo, proponiendo una subordinación cada vez más intensa
del segundo término al primero y excitando un dominio cada vez más racional,
minucioso y consciente del ‘yo’ sobre el cuerpo.
Sin embargo, la identificación de esos programas con una ethopolítica, con
la apuesta neoliberal por incentivar el desarrollo de subjetividades autónomas,
no debe ocultar el hecho de que estas estrategias empresariales de promoción
de la salud apuntan a imprimir cierta regulación sobre una serie de sucesos
impredecibles (las enfermedades), interviniendo sobre el ‘medio’ laboral y, de
manera indirecta sobre el medio familiar, para determinar las posibilidades de
las ‘elecciones libres’ de los trabajadores. Los empleados no son obligados a
participar de los runnings corporativos, ni de los programas de control de peso.
Sin embargo, ellos introducen una suerte de “presión informal” para que los
individuos conformen su vida de acuerdo al estándar de salud (Goss, 1997). Si el
gobierno se ocupa de los hombres “en sus relaciones con esas otras cosas que
son las costumbres, los hábitos, las maneras de actuar o pensar”, los trabajadores
son implicados en las estrategias de promoción no sólo como individuos, sino
también como “público” (Foucault, 2006: 102). Se trata de influir –a través de la
difusión de información sanitaria, de las clases de yoga, etcétera– sobre sus opi-

0_0_Numero 7.2.indd 183 16/08/2013 05:57:56 p.m.


184 Promover, asegurar, exponer, resistir: trazando el mapa de la biopolítica del trabajo asalariado...

niones, sus creencias, sus hábitos, temores, maneras de hacer, para modificarlas
en la dirección deseada (convirtiéndolas en ‘saludables’) y valerse activamente
de ellas, a fin de conseguir objetivos macro: disminuir las tasas de accidentes,
ausentismo, consultas médicas, conflictos en los lugares de trabajo y aumentar
la productividad. A pesar de que el objeto inmediato de las intervenciones se
encuentra individualizado, estos programas apuntan a gobernar una abstrac-
ción que es la “competitividad” de la empresa, mediante la intervención sobre
el medio en que se desarrollan los procesos de la producción y los procesos
biológicos; creando las condiciones que estimulen la vitalidad y el rendimiento.
Mientras en este apartado analizamos aquel vector de la biopolítica dedicado
a optimizar la calidad de vida de los empleados, en el siguiente nos ocupamos
del entramado de mecanismos de seguridad y de decisiones que exponen
deliberadamente los cuerpos de los trabajadores a los peligros derivados de
la producción.

III. El gobierno de los accidentes y enfermedades


laborales: entre la seguridad y la exposición
Los esfuerzos por mejorar la calidad de vida de los empleados que desarro-
llan algunas empresas, si bien expresa mucho de lo que la biopolítica del trabajo
asalariado tiene de innovador en el presente, no constituyen, sin embargo,
indicadores de ninguna lógica que pueda generalizarse. Ello es así porque,
por una parte, se trata de acciones circunscriptas a un conjunto limitado de
grandes empresas y, por la otra, porque las mismas sólo apuntan a gobernar
los ‘factores de riesgo individual’ que la expertise epidemiológica vincula con
algunas enfermedades, excluyendo y ocultando la incidencia de las condiciones,
la organización y la carga de trabajo sobre los perfiles de salud-enfermedad de
los trabajadores.
Entre las diversas posibilidades que encierra la biopolítica del trabajo asala-
riado, es preciso emplazar, junto a las estrategias de promoción, aquellas otras
que apuntan a gestionar con carácter preventivo la exposición de la población
trabajadora a los riesgos de la producción. Las intervenciones a las que nos
referimos (mecanismos de detección, medición, monitoreo permanente y
reducción de riesgos y minimización de los daños derivados de ellos), si bien
prescriptas por el derecho argentino, introducen una regulación en los procesos
de accidentalidad y morbilidad que afecta a los diversos colectivos de trabaja-
dores, por razones que no son compasivas sino que obedecen al cálculo de los
costos asociados a esas contingencias y al mantenimiento de un nivel óptimo
(es decir, eficiente) de actividad.
En tanto acontecimientos bio-sociales inciertos, los accidentes y las enfer-
medades laborales se encuentran regulados por diversos mecanismos tales

0_0_Numero 7.2.indd 184 16/08/2013 05:57:56 p.m.


Victoria Haidar 185

como los “análisis [pro-activos] de seguridad”12, los cuales estudian los puestos
y procesos de trabajo con la finalidad de detectar y medir los riesgos asociados
a ellos; los procedimientos de “investigación de accidentes”13 que funcionan
a posteriori, con el propósito de determinar las causas de las contingencias y
así efectuar las correcciones necesarias; y los mecanismos de vigilancia de la
salud a través de los cuales se evalúa, en una fase pre-clínica, la exposición
del trabajador a ciertos agentes de riesgo presentes en el medio ambiente
de trabajo (Rodríguez,1995; Epelman,1999). Esas tecnologías, modelizadas
por racionalidades inspiradas en la idea de riesgo (diferentes enfoques sobre
la seguridad industrial, la epidemiología ocupacional, la toxicología genética)
apuntan a conocer anticipadamente las causas potenciales de accidentes y
enfermedades para intervenir en forma precautoria ‘gestionando’ los riesgos.
Las estrategias que buscan anticiparse a los accidentes para reducir las proba-
bilidades de su ocurrencia son problematizadas por los variados enfoques14 que,
más allá de las diferencias que los separan (propugnan distintas metodologías y
atribuyen un peso causal divergente a la acción humana) convergen en concebir
al riesgo desde un punto de vista positivista, es decir, como un estado real del
mundo, que puede ser experimentado y conocido objetivamente (medido,
explicado) por la ciencia (Lupton, 1999; Reith, 2004). Si bien la existencia del
riesgo no depende, en esas lecturas, de la subjetividad de ningún actor del
mundo del trabajo, su potenciación o minimización están condicionadas, en
cambio, por la ‘conciencia’ que los trabajadores se forjan de ellos, por la forma
como se posicionan y actúan frente a los peligros.
Por ello, la gestión de esta clase de riesgos no se limita a intervenir sobre el
medio ambiente de trabajo sino que busca influir sobre el comportamiento de
los trabajadores. Así, los programas de seguridad suelen combinar dos clases de
estrategias: la imposición o prohibición de acciones en reglamentos internos, pro-
cedimientos operativos, etcétera y la incitación de las conductas, gestos y actitudes
seguras por medio de premios económicos, campañas de concientización, modelos
de gestión de la salud y seguridad que involucran la participación de los trabajadores.

12
Estos procedimientos son implementados por los ingenieros y técnicos que se ocupan de la seguridad
en las industrias. Un modelo bastante generalizado de ‘análisis de seguridad’ es el que se difunde en la
Revista del Instituto Argentino de Seguridad (IAS), una institución de enseñanza terciaria, que se ocupa
de la formación de profesionales en el campo de la higiene y la seguridad laboral, desempeñándose
desde la década del ’70.
13
En cuanto a estos métodos de indagación, posteriores al accidente, también desde las páginas de la
Revista del IAS se difunde un “procedimiento indagativo” (vid. Ostolaza, 2001, Benzo Moreira, 2004,
entre otros). Desde la cátedra de “Higiene y Seguridad” de la Facultad de Ingeniería de la UBA y de la
Facultad de Ciencias Fisiomatemáticas de la UCA, también se difunde otro “modelo de investigación
de accidentes” (Mangosio, 2002).
14
En torno a la cuestión de la seguridad laboral convergen tres enfoques: la teoría del ‘acto inseguro’,
que atribuye la causa de los accidentes a la responsabilidad individual del trabajador; la teoría del ‘factor
humano’ que explica las contingencia a partir de la figura de una ‘cadena de causas’ cuyo último eslabón
está constituido por el error humano y las ‘teorías sistémicas’ como el enfoque de la ‘cultura organiza-
cional’ que piensa que los accidentes son el resultado de la interacción de la organización, las máquinas
y las personas (Rodríguez, 2007).

0_0_Numero 7.2.indd 185 16/08/2013 05:57:57 p.m.


186 Promover, asegurar, exponer, resistir: trazando el mapa de la biopolítica del trabajo asalariado...

Así, el problema de la seguridad no es encauzado solamente desde la lógica


jurídica de los reglamentos y procedimientos internos, que los trabajadores
acostumbran a transgredir. Por el contrario, es crecientemente definida como
un problema de conducción, cuya solución es gubernamental y se expresa en
un trabajo múltiple sobre: a) el auto-interés (estimulándose las prácticas segu-
ras mediante la atribución de premios monetarios a la ausencia de accidentes/
incidentes), b) la conciencia (se intenta forjar una ‘conciencia del riesgo’ a través
de toda una batería de técnicas de marketing y acciones pedagógicas)15 y c)
la voluntad (cuya motivación se confía a la vigilancia y el control horizontal, la
imitación de conductas ejemplares de superiores jerárquicos, al ‘derramamiento’
intergeneracional de la experiencia asociada con el puesto en cuestión y en fin,
toda una serie de técnicas que tienden a ‘sensibilizar’ al trabajador).
También los mecanismos de vigilancia biológica, a través de los cuales se
calcula la incidencia de diversos agentes nocivos sobre la salud de los trabajado-
res, producen efectos de poder. El ethos precautorio y pro-activo que traducen
esas tecnologías proyecta un cono de sospecha sobre cuerpos sanos, y tiende a
emplazar en el limbo de los ‘aparentemente sanos’ a quienes, al calcularse los
factores de riesgo individual, presentan valores más elevados.
Por otra parte, como estos dispositivos tienen la capacidad de producir
información relevante en dos escalas (el individuo examinado y la población)
generan un efecto de ‘individualización biológica’16, cuya utilización táctica es
polivalente. La posibilidad de estudiar la incidencia de los peligros en el ámbito
de cada singularidad somática admite valoraciones ambiguas: si, por un lado, la
detección de las susceptibilidades puede legitimar exclusiones anticipadas y acti-
var procesos de des-responsabilización, también permite producir diagnósticos
más certeros de las enfermedades y alertar acerca de los efectos perjudiciales
para la salud derivados de la exposición a un contaminante a dosis bajas.
Claro que el encastre entre, por una parte, los esfuerzos por sustraer a
los trabajadores o protegerlos artificialmente de las amenazas que provienen
de los procesos de trabajo y, por la otra, los intereses de la producción, no
es total. Por el contrario, la gestión de los accidentes y enfermedades desde
una perspectiva a la vez neoliberal y capitalista, debe ser la “óptima para un
funcionamiento social dado” (Foucault, 2006: 20).

15
Toda una serie de artículos elaborados por profesionales del campo de la higiene y la seguridad incluyen
entre los modelos explicativos de los accidentes y las prescripciones dedicadas a evitarlos, los tópicos
de la capacitación, el entrenamiento y la educación profesional (entre otros: Benzo Moreira, 2004;
Expósito, 2006; Cutuli, 2006).
16
Este efecto de individualización biológica, asociado con la utilización de bio-marcadores en el ámbito
de investigaciones epidemiológicas y toxicológicas, resulta posible por la acción de un operador espe-
cífico, largamente emparentado con la idea de predisposición y de labilidad: la ‘susceptibilidad’. Ese
término comenzó a utilizarse a principios del siglo XX para significar una persona capaz de contraer una
enfermedad o deficiencia. Ciertos factores de orden individual, como la edad, el hábito de fumar, los
antecedentes clínicos, los déficits nutricionales, los desórdenes genéticos pueden determinar que una
persona pueda ser la primera en presentar síntomas frente a ciertos riesgos laborales (Rodríguez, 1995).

0_0_Numero 7.2.indd 186 16/08/2013 05:57:57 p.m.


Victoria Haidar 187

La tensión entre los intereses de la producción y la imposición jurídico/


política del deber de ‘hacer vivir’ explica que, en su funcionamiento, los me-
canismos que controlan los riesgos laborales, produzcan, simultáneamente
seguridad e inseguridad. Resulta que, en la Argentina, el gobierno de la relación
trabajo-salud involucra una combinación de estrategias en las que cuenta tanto
el ‘hacer vivir’ (reducir al peligro, defender a los trabajadores contra él) como
el ‘dejar morir’ (dejar que los cuerpos sean afectados por los riesgos, no medir
los peligros, ocultar las enfermedades causadas por el trabajo).
La gestión de los riesgos asociados a los procesos productivos depende de
una serie compleja de factores, entre los que se incluye: el cálculo de costo-
beneficio, los estilos de gestión, la cultura de la organización, la existencia o no
de un programa de gestión de la salud y seguridad, el tamaño de la empresa,
el grado en que los trabajadores participan de esas decisiones, etcétera. Cual-
quiera sea la ecuación entre esos componentes, lo cierto es que una serie de
indicadores revelan que, en la Argentina, el encauzamiento de ciertos riesgos
en mecanismos de seguridad se complementa con otras formas de ejercicio del
poder: decisiones que involucran la deliberada exposición de los trabajadores
a ciertos riesgos y constelaciones de prácticas y omisiones que determinan la
invisibilización de las enfermedades laborales, con sus consecuencias en materia
de individualización, desprotección y desigualdad.
En primer lugar, circunscrito al empleo, el mercado de seguros de riesgos del
trabajo no reviste una pretensión universalista (Constanzo, 2008). Restringido
al campo del trabajo registrado, sólo cubre, según los últimos datos disponi-
bles, 7.848.899 trabajadores (SRT, 2009). Paralelamente, las contingencias que
afectan al sector del empleo no registrado no movilizan resorte preventivo o
compensatorio alguno. Ninguna estadística sanitaria visibiliza el estado de salud
y de enfermedad de la población de trabajadores informales. Ello establece
una cesura entre una población asegurada y otra población expuesta, que no
obedece, no obstante, a programación alguna de la sociedad (Foucault, 1998).
En segundo lugar, aun al interior del trabajo cubierto, existen zonas liberadas,
procesos de trabajo que involucran riesgos para la salud física y mental frente a
los cuales los individuos se encuentran desprotegidos en virtud de la convergencia
de una multiplicidad de razones: los empleadores no realizan los relevamientos
de riesgos a los que están obligados por ley, los puestos de trabajos no incluyen
consideraciones relativas a la seguridad en sus diseños, los estándares para la
emisión de sustancias tóxicas no anulan toda posibilidad de riesgo, etcétera17.
17
Entre los objetivos de la Ley de Riesgos de Trabajo, sancionada en el país en el año 1995, se contempló
aquel de aumentar la prevención de los accidentes y enfermedades en fábricas, talleres y oficinas. Para
combatir los pobres resultados en materia de seguridad que exhibía el mercado de trabajo los expertos
del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social de la Nación que –en tiempos del gobierno de C. Menem,
diseñaron la reforma de la ley– apostaron a estrategias neoliberales: imaginaron que los precios de las
pólizas de seguros reflejarían el nivel de riesgos reales y presumidos de cada establecimiento y ello mo-
vilizaría a los empleadores a reducirlos. Sin embargo, en virtud de la competencia entre múltiples ARTs y
de otros factores, los precios de las pólizas nunca reflejaron los riesgos, sino que se utilizaron para atraer

0_0_Numero 7.2.indd 187 16/08/2013 05:57:57 p.m.


188 Promover, asegurar, exponer, resistir: trazando el mapa de la biopolítica del trabajo asalariado...

Desde la perspectiva de los saberes de la industria, existe siempre un nivel


de riesgos que no puede suprimirse. La determinación del umbral admisible
–de los criterios guía que definen las ‘concentraciones máximas permisibles’ de
diferentes agentes en el medio laboral– no se ajusta nunca a criterios sanitarios.
No sólo porque, dada la variabilidad individual de respuestas frente a un agresor,
ninguna dosis es nunca totalmente inocua, sino porque como se señala desde
una sociología del riesgo (Beck, 2002) esos umbrales son el resultado de una
combinación -nunca totalmente transparentada- de experimentación científica,
consideraciones técnicas, económicas y políticas.
En tercer lugar, las enfermedades asociadas con el trabajo se encuentran
invisibilizadas. El sub-registro que diversas autoridades vienen denunciando en
el país, no significa que los trabajadores no se enfermen, sino que el nexo de
las patologías con el trabajo se oculta y los empleadores se des-responsabilizan
de su prevención y compensación (Rodríguez, 1995; Nieto, 2002). Ocurre que
los mecanismos diseñados para prevenir y tratar adecuadamente esos proce-
sos patológicos no funcionan, porque los empleadores no relevan los riesgos
existentes en los establecimientos y las ART omiten realizar los exámenes
periódicos destinados a controlar al salud de los trabajadores.
El ocultamiento de las enfermedades no sólo es atribuible a la inacción de
empleadores y ART, sino también a errores en los diagnósticos imputables a
los médicos. Como la medicina del trabajo es una especialidad devaluada al
interior de las ciencias médicas, la relación trabajo-salud no forma parte de las
grillas de indagación que los médicos utilizan en la clínica. Así, resulta imposible
diagnosticar aquello sobre lo que no se piensa (Nieto, 2006).
Esas omisiones, ‘descuidos’ y transgresiones de las consignas precautorias,
no se desarrollan al margen de toda racionalidad. Por el contrario, configuran
una instancia normativa, traducen la estimación de lo que, para el capitalismo,
vale la vida de todos esos trabajadores a quienes se expone impunemente a
sustancias tóxicas, agentes y procesos que los enferman, reduciendo su espe-
ranza de vida. Las exposiciones riesgosas en el corazón del trabajo protegido
que, sin embargo, se decide des-considerar, exhiben el ‘precio’ que la sociedad
argentina asigna a la vida de quien trabaja a cambio de un salario. La cantidad
de años de vida que se espera que los trabajadores de diferentes sectores de
actividades vivan (y que, en la Argentina, se desconoce) involucra y descubre
una ‘estimación’ de la vida en tanto que producción social y, con ella, el conjunto
de elecciones que la sociedad realiza para preservar la salud de algunos de sus
miembros. El reconocimiento del carácter moral de las decisiones relativas a
la vida y a la muerte introduce en la discusión de la biopolítica la cuestión de la
desigualdad, una dimensión infravalorada en el análisis de M. Foucault (Fassin,
2006: 41).

clientes. Por otra parte, los empleadores, al estar totalmente cubiertos contra los riesgos que genera
la producción, carecen de todo otro incentivo ‘de mercado’ para implementar medidas preventivas.

0_0_Numero 7.2.indd 188 16/08/2013 05:57:57 p.m.


Victoria Haidar 189

El problema no sólo reside en quienes sufren las consecuencias de esas


“constelaciones de decisión” (Foucault, 1998: 225). El hecho de que se encuen-
tren silenciadas inhibe el desarrollo de estrategias de resistencia. Sin embargo,
ciertas organizaciones de trabajadores, en alianza con algunos expertos, co-
menzaron, ya desde la década del ’90, a visibilizar las facetas más degradantes
del trabajo y a luchar por su transformación. De ello nos ocupamos en el
próximo apartado.

IV. Hacia el control de las condiciones de salud y


enfermedad
En La voluntad de saber Foucault (2002:175) señalaba que desde el siglo
XIX la vida reivindica y sirve de objetivo a numerosas luchas políticas. En la
Argentina contemporánea, algunas de esas luchas se desarrollan allí donde la
salud se entrecruza con los procesos de trabajo, a partir de la coordinación de
múltiples agentes: sindicatos, cuerpos de delegados, comisiones internas de
fábricas y grupos de expertos que movilizan una serie de herramientas teóricas
(la epidemiología crítica, la medicina social latinoamericana, el abordaje psico-
social al malestar docente, la sociología del trabajo marxista) al servicio de las
reivindicaciones de los trabajadores.
Experiencias como la “Encuesta Nacional Docente” que realizó la Central
de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (CTERA) entre 1993
y 199518; la investigación, iniciada en 1997, relativa a las condiciones de trabajo
y los perfiles de salud/enfermedad de los trabajadores judiciales de la provincia
de Santa Fe, promovida por el sindicato que los representa19 y la “Campaña
Nacional de las 6 horas”, desarrollada entre 1999 y 2003 por el Cuerpo de
Delegados de la empresa concesionaria del servicio de subterráneos de la ciudad
de Buenos Aires (Metrovías)20 expresan, cada una de ellas, la acción concertada
de diversas fuerzas: los trabajadores, las organizaciones que los nuclean y los
expertos que movilizan sus competencias específicas al servicio de unas luchas

18
La “Encuesta Nacional Docente” alcanzó a 3.500 maestros y 500 escuelas de todo el país. Fue reali-
zada a partir de la articulación entre autoridades sindicales, trabajadores y un conjunto de expertos. Un
desarrollo más exhaustivo se encuentra en Martínez et al, 1997.
19
Esta investigación, que surgió de la iniciativa de la Asociación Tribunales de Empleados del Poder
Judicial de la Provincia de Santa Fe, y que contó con la orientación de los profesionales del Área Salud y
Trabajo de la Universidad Nacional de Rosario, dio lugar a una publicación en la que se pueden conocer
más detalles sobre la misma (Kohen y Canteros, 2000).
20
La ‘Campaña Nacional por las 6 horas’ es el nombre que el Cuerpo de Delegados de Metrovías a la
lucha que los trabajadores, con la orientación y el apoyo del Taller de Estudios Laborales, comenzaron
hacia el año 1999, con la finalidad de recuperar la jornada reducida que, por razones de insalubridad,
caracterizó originariamente a la actividad de subterráneos en Buenos Aires, y que fue extendida a 8
horas, al suscribirse, en 1999, un nuevo convenio colectivo entre la empresa concesionaria del servicio y
la Unión de Trabajadores del Transporte de la Argentina (vid. Rubio y Vocos, 2007; Arias y Haidar, 2008).

0_0_Numero 7.2.indd 189 16/08/2013 05:57:57 p.m.


190 Promover, asegurar, exponer, resistir: trazando el mapa de la biopolítica del trabajo asalariado...

en las que aquello que está en cuestión son menos unos derechos y más unos
modos de vida.
Se trata de resistencias locales y focalizadas contra la agravación arbitraria de
las condiciones de labor, el ocultamiento y la invisibilización de los malestares y
enfermedades causados por el trabajo y el privilegio del saber sobre la salud y
seguridad que detentan los expertos. Más allá de sus diferencias, las luchas de
los trabajadores docentes, judiciales y del servicio de subterráneos comparten
un conjunto de elementos. En los tres casos:
a) La salud se articula como un “horizonte normativo” (Renault, 2008),
es decir, es aquello que nutre y justifica la lucha. Pero a la vez es un terreno
polémico, el espacio de confrontación entre, por una parte, las concepciones
tecno-científicas de los riesgos y los diagnósticos fundados en la lógica produc-
tivista de las empresas, y por la otra, el saber producido ‘desde abajo’ por los
trabajadores y los expertos.
b) Se disputa a diferentes autoridades (el Ministerio de Educación de la
Nación, la Corte Suprema de Justicia de la Provincia de Santa Fe, la empresa
Metrovías y sus técnicos, la Unión del Transporte Automotor) el “privilegio del
saber” (Foucault, 2001a:245), el poder de hablar públicamente sobre la salud
y seguridad laboral. Se busca combatir los efectos de poder ligados al mono-
polio que los expertos, las agencias del Estado y los directivos de las empresas
detentan sobre el conocimiento, corto-circuitar los canales de producción del
saber en materia de accidentes y enfermedades, para permitir que irrumpa la
verdad de los trabajadores. Mostrar, así, que la escuela es un lugar de trabajo,
que las dolencias psíquicas que afectan a los docentes están ligadas a la transfor-
mación del rol de la escuela en la sociedad, que el trabajo en los subterráneos
sigue siendo insalubre, que los empleados judiciales se encuentran sujetos a
presiones diarias, etcétera. En este sentido resultan sumamente ilustrativas las
palabras de la entonces secretaria general de CTERA (M. Sánchez) y de una
especialista en educación (A. Puigróss) en el Prólogo al libro “Salud y Trabajo
Docente. Tramas del malestar en la escuela” (Martínez et.al, 1997:12) que
sintetiza los resultados de la “Encuesta Nacional Docente”: “Esta investigación
(…) muestra la posibilidad de generar saberes desde un lugar distinto al de los
poderes establecidos, es decir, desde el lugar de los trabajadores”.
c) Se cuestionan todos aquellos medios (las consignas de auto-cuidado,
los regímenes de licencias, los premios por ‘presentismo’, el cálculo individual
de incidentes y accidentes, la psicologización de los conflictos, etcétera) que
tienden a individualizar la salud, el malestar y la enfermedad, a separar a las
personas de los colectivos de trabajo a los que pertenecen, con la finalidad
de des-responsabilizar a las empresas y autoridades del Estado de los efectos
degradantes del trabajo, aumentar la eficiencia individual y disminuir los con-
flictos. En contra del “gobierno de la individualización” (Foucault, 2001a: 244),
a partir de la “Encuesta Nacional Docente” promovida por CTERA se arribó a
la conclusión de que la pertenencia de los docentes a la comunidad educativa y

0_0_Numero 7.2.indd 190 16/08/2013 05:57:57 p.m.


Victoria Haidar 191

otros colectivos es un factor de salud, mientras que, por el contrario, la ruptura


de los lazos sociales aumenta las posibilidades de enfermarse.
d) Las luchas involucran la formación (y continua recreación) de unas co-
munidades de investigación en las que el conocimiento relativo a los factores
peligrosos de los procesos de trabajo es producido a partir de las experiencias,
la indagación, la exploración, la reflexión y discusión conjunta de trabajadores y
expertos. Expresión de un régimen de saber novedoso, estas comunidades de
investigación constituyen un espacio compartido por trabajadores, delegados,
dirigentes sindicales y expertos que aspiran a producir una verdad –contex-
tualizada, local– a partir de la articulación de las diferencias: de las vivencias
singulares de placer o malestar relacionadas con el trabajo, de aquello que
para los especialistas es riesgoso, de las posibilidades de transformación tal y
como los dirigentes gremiales se las representan. Sin renegar del valor de los
procedimientos científicos de verificación, ni caer tampoco en el cientificismo,
las experiencias de cooperación entre especialistas y trabajadores que trasunta
la “Encuesta Nacional Docente”, la investigación de los trabajadores judiciales y
la Campaña de las 6 Horas del Cuerpo de Delegados de Metrovías, apuntaron
a generar un conocimiento lo suficientemente verosímil como para persuadir
a los jueces y autoridades administrativas de la ciudad de Buenos Aires acerca
de la insalubridad del trabajo en los subterráneos, exigir a la Corte Suprema
de la Provincia de Santa Fe la instalación de programas informáticos que
disminuyeran la carga de trabajo de los empleados judiciales y motivar a los
trabajadores docentes a participar año a año en encuentros en los que lo que
está en discusión es su salud.
Estas resistencias nacieron a partir de la articulación táctica de varios factores:
la disponibilidad de unos indicadores teóricos (la epidemiología crítica, la medicina
social de los trabajadores, la noción marxista de proceso de trabajo), oportuna-
mente “recreados” y “ensayados” por expertos como J. Kohen y G. Canteros21 ,
D. Martínez22 y los especialistas que conforman el Taller de Estudios Laborales23
en el marco de situaciones específicas de confrontación; unas memorias históricas
de las luchas; su inscripción en el ámbito de luchas de mayor alcance (contra la
burocracia sindical, por la democratización sindical); la instalación en la agenda
de la SRT del tema de los comités mixtos de higiene y seguridad, entre otros.
21
Jorge Kohen es el director del Área de Salud y Trabajo de la Universidad Nacional de Rosario, un espacio
dedicado a la formación de delegados sindicales en materia de prevención y a la producción de investiga-
ciones sobre temas de salud laboral. De formación médica, se encuentra vinculado al movimiento de la
medicina social latinoamericana y a la epidemiología crítica y G. Canteros es psicólogo. Al interior de ese
espacio la problematización de la salud se nutre de las enseñanzas de la medicina social latinoamericana,
con las correspondientes adaptaciones a los procesos de trabajo estudiados.
22
D. Martínez es psicóloga y en la actualidad está a cargo del Área de Trabajo Docente y Salud Laboral
del Instituto de Investigaciones Pedagógicas ‘Marina Vilte’ de la CTERA.
23
El Taller de Estudios Laborales dirigido por los sociólogos O. Martínez y V. Ciafardelli, es un espacio
que emergió a comienzos de la década del ’90, está formado por sociólogos, ingenieros y abogados, que
movilizan sus saberes con la finalidad de apoyar, brindando asistencia técnica y orientación, las luchas
de los trabajadores.

0_0_Numero 7.2.indd 191 16/08/2013 05:57:57 p.m.


192 Promover, asegurar, exponer, resistir: trazando el mapa de la biopolítica del trabajo asalariado...

En los tres casos, estas resistencias combinan componentes de reacción y de


transformación24. Hilvanan la sistemática oposición y denuncia de las decisiones
empresariales y los pactos corporativos que aumentan injustamente la exposi-
ción de los trabajadores a los riesgos, con la rigurosa exhibición y medición de
todas dimensiones degradantes de los procesos de trabajo que los empleadores
omiten registrar. Muestran de manera poco pudorosa la íntima conexión entre
los trastornos psíquicos –depresiones, cuadros de agotamiento, neurosis– y
el trabajo, bloqueando la tendencia a individualizarlos. Apuestan a desmontar
el alineamiento que las políticas empresariales ensayan entre los intereses de
los trabajadores (en materia de salario, ascenso profesional, etcétera) y los
objetivos de la productividad.
La oposición a las prácticas empresariales (8 horas de labor en lugar de 6,
programas basados en el mejoramiento permanente de la calidad, gestión de
riesgos, etcétera) se eslabona con acciones que buscan transformarlas, incor-
porando ‘algo nuevo’.
La “fuerza creativa” de estas luchas (Foucault,2001b:1555) reside, en primer
lugar, en la instalación de otros lenguajes, formas de enunciación y maneras
de mirar en las que la salud y la enfermedad están unidas al trabajo, porque
como se señala desde la medicina social latinoamericana, las formas biológicas
humanas se producen socialmente (Kohen, 2005: 48). Estos insumos teóricos
–‘otros’ respecto del discurso del management, las técnicas del marketing y la
gestión tecno-científica de los riesgos– se han heredado, en parte, de otras
experiencias de lucha25, y en parte provienen de los discursos de la epidemio-
logía crítica y la medicina social latinoamericana26 que los expertos vernáculos
han adaptado, recreado y enriquecido, en función de las peculiaridades de los
procesos de trabajo y de las confrontaciones. Así, el enfoque hegemónico del
riesgo se depone para ser reemplazado por aquel de los “factores peligrosos”
24
Tal como la pensó M. Foucault (2001b:1560) la resistencia no es sólo negación, sino un proceso de
creación, de transformación de una situación, de participación activa.
25
Todas estas acciones están muy influenciados por el denominado “modelo obrero italiano”, una expe-
riencia de lucha en torno a la salud de los trabajadores, que se desarrolló en Italia durante la década del
’60 y cuya característica principal consiste en que articuló a varios colectivos de trabajadores-inscriptos
en la Confederación General Italiana del Laboro- con una serie de médicos sanitaristas. En función de
esa experiencia se institucionalizaría, con los años, el concepto subversivo de una “medicina de los
trabajadores” (vid. Belli, 2007; Oddone, 2008). En la Argentina, algunas de las consignas del “modelo
italiano”, que impregna las luchas a las que nos referimos, se instalaron gracias a dos mediaciones
principales: los vínculos que las autoridades de la Central de Trabajadores Argentinos mantiene con las
Comisiones Obreras de España (central obrera que retomó el modelo italiano en los años ’80 del siglo
XX) y la propia recepción que la medicina social latinoamericana -que constituye un referente para
toda una generación de médicos y psicólogos como J. Kohen, G. Canteros, entre otros- efectuó de ese
modelo (Vid. Laurell, 1982).
26
Los enfoques de la epidemiología crítica (Breilh, 2003; Betancourt, 1999) y de la medicina social
latinoamericana (Laurell, 1982; entre otros) definen un movimiento académico, político y social que, a
decir de Kohen (2005:60/61) utilizan “el método dialéctico para abordar el estudio de la salud colectiva,
ubica los determinantes, las causas, las formas de distribución del proceso de salud-enfermedad-atención
de las poblaciones, las propuestas, medidas, actores y las estrategias para transformarlas en contextos
históricos sociales concretos”.

0_0_Numero 7.2.indd 192 16/08/2013 05:57:57 p.m.


Victoria Haidar 193

(Betancourt, 1999) de los procesos de trabajo; el modelo biológico imperante


en la explicación de la enfermedad es sustituido por una concepción bio-social,
dialéctica, de la salud; la promoción de la salud no pasa por cultivar estilos de
vida saludables sino por apuntalar el lazo social, los trabajadores no son ob-
jetos sino sujetos de la investigación; el registro del sufrimiento se sensibiliza
para aprehender, también, las manifestaciones tempranas de la enfermedad;
los derechos, en lugar de constituir un punto de llegada son utilizados como
herramientas tácticas; la educación sanitaria la encarnan las organizaciones de
trabajadores y no las empresas.
En segundo lugar, el carácter ‘inventivo’ de estas resistencias se expresa,
también, en la forma ‘cooperativa’ que asumen las estrategias de intervención:
talleres de discusión coordinados por expertos, encuestas cuyas preguntas son
definidas a partir de la discusión entre éstos y los trabajadores, y son admi-
nistradas por los segundos, reflexiones colectivas a partir de la proyección de
situaciones de trabajo previamente filmadas, sistemas de monitoreo permanente
de la salud, campañas de difusión de información sanitaria.
Pero su principal novedad estriba en el desplazamiento del umbral de las
reivindicaciones en materia de salud: no se trata de conseguir una seguridad
efectiva aunque subordinada a los cálculos y semánticas impuestas por diversas
autoridades sino que los trabajadores –considerados individualmente y como
grupo– se vuelvan más autónomos, más independientes, gracias al control
de las condiciones que, en los lugares de trabajo, determinan sus perfiles
de salud y enfermedad. La innovación radica en atribuir a la salud una doble
valencia, táctica y estratégica: es un fin en sí misma, pero asimismo un medio
para transformar las relaciones de poder en los lugares de trabajo con el ob-
jetivo de que los trabajadores asuman el control de sus propias condiciones
de salud/enfermedad.

V. Conclusiones: una biopolítica policéntrica y plural


En el seminario Defender la sociedad (Foucault, 2000), el Estado y sus admi-
nistraciones aparecían como las autoridades de la biopolítica y las poblaciones
su objeto. Al elaborar una de las configuraciones históricas del biopoder o,
mejor, introducir un conjunto de indicaciones teóricas para pensar la transfor-
mación de las tecnologías de poder, circunscribiendo la emergencia de la norma
biopolítica (en ‘sentido estricto’, podríamos decir) sobre la norma disciplinaria
(Tournay, 2005), Foucault colocó a la vida abstractamente considerada, separada
de la singularidad de las experiencias individuales, como objeto del biopoder
(Lemke, 2010: 431).
Entre los motivos y los procedimientos que se movilizan para gobernar la
relación trabajo-salud/enfermedad, persiste, como vimos, cierta escala molar.
Se trata de regular procesos bio-sociales que resultan significativos a nivel po-

0_0_Numero 7.2.indd 193 16/08/2013 05:57:57 p.m.


194 Promover, asegurar, exponer, resistir: trazando el mapa de la biopolítica del trabajo asalariado...

blacional: los accidentes y las enfermedades de trabajo, la producción en cuanto


emergente de las relaciones sinérgicas y creativas que se establecen entre los
empleados y las cosas e incluso, la misma calidad de vida, que es susceptible de
mediciones estadísticas. La pregunta por la desigualdad en materia de salud sólo
cobra sentido sobre el fondo de la comparación entre población asegurada y
la población expuesta, entre la población trabajadora y la población burguesa.
Sin embargo, la incitación al auto-cuidado y al desarrollo de estilos de vida
saludables, el esfuerzo por hacer del propio cuerpo el lugar de un trabajo ético
que, como explicamos, impregnan los programas de promoción de la calidad de
vida, dejan a la luz otra escala ‘micro’ de la biopolítica, que cuenta con la libertad
individual para optimizar las fuerzas vitales de los trabajadores. El gobierno de
la relación trabajo-vida también se expresa por medio de la individualización,
de la promoción de un trabajo de auto-configuración identitaria informado por
el estándar de ‘lo saludable’. Esa individualización funciona como complemento
táctico de objetivos cuya escala es poblacional: hacer vivir y hacer producir a los
‘recursos humanos’ de cada empresa. Pero se trata, también, de una interven-
ción estratégica que incita la constitución de las subjetividades que constituyen
el objeto y el sujeto del neoliberalismo (Foucault, 2007).
En el caso que analizamos el Estado ya no constituye el centro de control
de la vitalidad de la fuerza de trabajo. Desempeña, en cambio, un papel com-
plementario: produce las normas, la información y el control requerido para el
buen funcionamiento del mercado de seguros de riesgos de trabajo. Contribuye
asimismo, a la gubernamentalidad del mercado global y de su población, ani-
mando a las empresas a gestionar la salud y la seguridad a través de sistemas
basados en el mejoramiento continuo de la calidad, eliminar el tabaquismo y
adoptar procedimientos y actitudes inspirados en una racionalidad precautoria.
Policentrada, dispersa a lo largo del tejido social, la biopolítica se ha vuelto
molecular e intrusiva (Pandolfi, 2007: 204): la calidad de vida, el sufrimiento y el
enfermedad constituyen los objetos y puntos de apoyo de una multiplicidad de
iniciativas, decisiones y omisiones empresariales, que tanto invierten en nombre
del bienestar de los empleados como los exponen a la muerte, el envejecimiento
precoz y la enfermedad, en función competitividad de la empresa. Hoy, como
sugiere M. Lazzarato (2001), los “nuevos empresarios sociales” reivindican
las funciones que constituían, en el pasado, una prerrogativa del Estado: el
mejoramiento, la incitación, el control, el reforzamiento y la vigilancia de las
fuerzas bio-sociales.
Pero así como la promoción del bienestar y la gestión eficiente de los acci-
dentes y enfermedades están orientadas a maximizar la productividad de los
cuerpos que el capitalismo sistemáticamente expropia, también la vida, la salud y
los placeres asociados al trabajo constituye la cifra de toda una serie de acciones
de resistencia en las que los trabajadores se afirman como co-creadores (junto
a los expertos) de un saber respecto de la salud y la seguridad laboral y reivin-
dican el poder de actuar sobre los procesos de salud y enfermedad a través de

0_0_Numero 7.2.indd 194 16/08/2013 05:57:57 p.m.


Victoria Haidar 195

diferentes formas: exigiendo ante las autoridades correspondientes el goce de


un jornada reducida, organizando mecanismos de monitoreo permanente de
la salud, participando en la elaboración de mapas del riesgo, etcétera.
Se trata de problematizar aquello que los discursos del management, la
medicina del trabajo, los saberes de la seguridad, la epidemiología, etcétera,
entienden por ‘vida’, ‘salud’ y ‘enfermedad’, de desmontar las alineaciones
tácticas de productividad y salud propuestas por el capital, de establecer
formas cooperativas de indagación, de definir qué riesgos asumir y cuáles no,
crear modalidades novedosas de relación con la verdad acerca de uno mismo
trabajando, etcétera.
Tomar en serio estas resistencias exige incluir, dentro del registro de sentido
de la biopolítica, no sólo los ejercicios de poder ‘sobre’ la vida sino, asimismo,
todo aquello que hace a la “radical positividad” del ser (Revel, 2009: 52): la
invención creativa de formas de trabajar, conocer, gozar, relacionarse con los
otros, en fin, de nuevas formas de vida.

Bibliografía
- Acindar (2006) Reporte de sustentabilidad 2006. Disponible en: http://www.acindar.com.ar. Fecha de
consulta: 21/05/2010.
- Aldana, S., R. Merrill, K. Price, A. Hardy y R. Hagar (2005) “Financial impact of a comprehensive
multi-site workplace health promotion program”, Preventative Medicine, 40, 131-137.
- Allender, S., D. Colquhoun, y P. Kelly(2006) “Competing discourses of workplace health”, Health,
10 (1). Disponible en http://hea.sagepub.com/cgi/content/abstract/10/1/75. Fecha de consulta:
03/05/2008.
- Arias, C. y V. Haidar (2008) “‘Resistir en nombre de la salud’. Un análisis de la experiencia del Cuerpo
de Delegados de los trabajadores de los subterráneos de la Ciudad de Buenos Aires”, en Trabajo y
Sociedad. Indagaciones sobre el trabajo, la cultura y las prácticas políticas en sociedades segmentadas, 11
(X). Disponible en: http:// www.222.unse.edu.ar/trabajoysociedad. Fecha de consulta: 20/11/2010.
- Beck, U. (2002) La sociedad del riesgo global. Madrid, Siglo Veintiuno.
- Barreiro, F. (2001) “Una voz en el teléfono”, Revista Mercado, junio de 2001. Disponible en http://
www.icasarg.com/editoriales_005.php. Fecha de consulta: 11/08/2010.
- Belli, A. (2007) “La salud de los trabajadores no se delega” en Carcoba Alonso (comp.), La salud no
se vende ni se delega, se defiende. El modelo obrero. Fundación Sindical de Estudios. Madrid, GPS.
- Benzo Moreira, F. (2004) “Manejo de productos citostáticos”, Revista de Seguridad, N° 383.
- Betancourt, O. (1999) Para la enseñanza y la investigación de la salud y la seguridad en el trabajo. OPS/
OMS. FUNSAD. Arco Iris, Ecuador.
- Breilh, J. (2003) Epidemiología crítica. Ciencia emancipadora e interculturalidad, Buenos Aires, Lugar
Editorial.

0_0_Numero 7.2.indd 195 16/08/2013 05:57:57 p.m.


196 Promover, asegurar, exponer, resistir: trazando el mapa de la biopolítica del trabajo asalariado...

- Clarín on line (2005) “Sanos y contentos trabajan mejor”, 09/04/2005. Disponible en: http://www.
clarin.com/. Fecha de consulta 14/08/2010.
- Constanzo, V. (2008) La protección social del trabajo desde la perspectiva de la economía social. Un
análisis del sistema de protección de los riesgos del trabajo en Argentina. Tesis de Maestría en Economía
Social, cohorte 2005-2007, Universidad Nacional de General Sarmiento, Inédito.
- Cutuli, A. (2006) “Seguridad y Salud Ocupacional. Sistema IAS para la prevención de accidentes”,
Revista de Seguridad, N° 383.
- Dean, M. (1999) Governmentality. Power and Rule in Modern Society. London, Sage.
- Durkheim, E. (1973) La educación moral. Buenos Aires, Schapire.
- Epelman, M. (1999) “Prólogo” en Albiano, N. F. Toxicología Laboral. Criterios para la vigilancia de los
trabajadores expuestos a sustancias químicas peligrosas. Superintendencia de Riesgos del Trabajo,
Buenos Aires, Polemos.
- Esposito, R. (2005) Immunitas. Protección y negación de la vida. Buenos Aires, Amorrortu.
_____________________
(2007) Bios. Biopolítica y filosofía. Buenos Aires, Amorrortu.
- Expósito, C. (2006) “Prevención y seguridad en los ambientes de trabajo”, Revista de Seguridad, N°
389.
- Fassin, D. (2005) “Biopouvoir ou biolégitimité? Splendeurs et misères de la santé publique” en Marie-
Christine Granjon (Dir.), Penser avec Michel Foucault. Paris, Karthala, 161-181.
__________________
(2006) “La biopolitique n’est pas un politique de la vie”, Sociologie et societés, 38 (2).
- Filc, D. (2005) “The health business under neo-liberalism: the Israeli case”, Critical Social Policy, 25
(2).
- Foucault, M. (1998) “Seguridad Social: Un sistema finito frente a una demanda infinita” en Varela y
Alvarez-Uría (eds.) Saber y Verdad. Madrid, La Piqueta.
_______________________
(2000) Defender la sociedad. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica.
(2001a) “Por qué estudiar el poder. La cuestión del sujeto” en H. L. Dreyfus y P.
_______________________

Rabinow, Michel Foucault: más allá del estructuralismo y la hermenéutica. Buenos Aires, Nueva Visión
(2001b) “Michel Foucault, une interview: sexe, pouvoir et la politique de l’identité » en
________________________

Dit et écris II, 1554-1571.


________________________
(2002) Historia de la sexualidad. La voluntad de saber. Buenos Aires, Siglo Veintiuno.
________________________
(2006) Seguridad, territorio y población. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica.
________________________
(2007) Nacimiento de la biopolítica. Buenos Aires, Fondo de Cultura.
- Fullagar, S. (2002) “Governing the healthy body: discourses of leisure and lifestyle within australian
health policy”, Health, 6 (1), 69-84.
- Gas Natural Ban (2007) Informe de responsabilidad corporativa. Disponible en http://portal.gasnatural.
com/archivos/ar/IRC2007.pdf. Fecha de consulta : 19-05-2010.
- Giordano, O.; A. Torres y M. Bettiol (1996) Riesgos del Trabajo. La modernización de las instituciones
laborales en la Argentina. Tomo I. Buenos Aires, Fundación del Trabajo.
- Goss, D. (1997) “Healthy discipline? Health promotion at work”, The Electronic Journal of Radical
Organization Behavior, 3 (2), 1-8.
- Hansen, S. (2004) “From ‘common observation’ to behavioural risk management: workplace survei-
llance and employee assistance 1914-2003”, International Sociology, 19 (2), 151-171.

0_0_Numero 7.2.indd 196 16/08/2013 05:57:57 p.m.


Victoria Haidar 197

- Haidar, V. (2008) Trabajadores en riesgo. Una sociología histórica de la biopolítica de la población asalariada
en la Argentina (Argentina, 1890-1915). Buenos Aires, Prometeo.
- Hardt, M. y Negri A. (2002) Imperio. Buenos Aires, Paidós.
- Instituto Argentino de Seguridad (2004) “Procedimiento Operativo”, Revista de Seguridad.
- Kohen, J. A. (2005) La problemática del trabajo infantil y docente en el contexto de las nuevas vulnera-
bilidades. Del impacto negativo de la salud a la búsqueda de procesos saludables. Tesis de Doctorado.
Universidad Nacional de Rosario. Facultad de Psicología.
- Kohen, J. y G. Canteros (2000) La salud y el trabajo de los Judiciales. Santa Fe: CGT-Asociación de
Empleados del Poder Judicial de la Provincia de Santa Fe.
- Laurell, A. C. (1982) Proceso de trabajo, condiciones y organización obrera. Tercera Reunión del Grupo
de Trabajo de CLACSO sobre condiciones y medio ambiente de trabajo en América Latina.
- Lazzaratto, M. (2000) “Du biopouvoir à la biopolitique”, Multitudes, Nº 1. Disponible en http://multi-
tudes.samizdat.net/spip.php?article205&var_recherche=Biopolitiques. Fecha de consulta: 16/06/08.
(2001) “Le gouvernement par l’ individualization”, Multitudes, Nº 4. Disponible en
__________________________

http://multitudes.samizdat.net/Le-gouvernement-par-l. Fecha de acceso: 05/11/09.


- �������������������������������������������������������������������������������������������������
Lemke, T. (2010) “From state biology to the government of life: Historical dimensions and contem-
porary perspectives of ‘biopolitics’”, Journal of Classical Sociology, 10 (4), 421-438.
- Lupton, D. (1995) The imperative of Health: Public Health and the Regulated Body. London, Sage.
____________________
(1999) Risk. Canada,Taylor & Francis.
- Mangosio, J. (1994) Fundamentos de la Higiene y Seguridad en el Trabajo. Monografía. Facultad de
Ingeniería, Universidad de Buenos Aires.
- Marcus, G. y E. Saka (2006) “Assemblage”, Theory, Culture & Society, 23 (2-3). Disponible en: http://
tcs.sagepub.com/cgi/content/abstract/23/2-3/101. Fecha de consulta: 11/02/2009.
- Martínez, D., I. Valle y J. Kohen (1997) Salud y Trabajo docente. Tramas del malestar en la escuela.
Buenos Aires, Kapelusz.
- Nieto, H. (2002) “El proceso de trabajo en el sector docente” en Panaia, M. Competitividad y Salud
Ocupacional. Tres sectores críticos. Petroquímica, construcción, docencia. Buenos Aires, La Colmena.
(2005) “La especialización en la medicina en la República Argentina: formación y práctica”,
___________________

Semana Argentina de la Salud y Seguridad en el Trabajo. Presentaciones 2004. Buenos Aires, Superin-
tendencia de Riesgos del Trabajo.
- Novas, C. y N. Rose (2001) “Genetic Risk and the Birth of the Somatic Individual”, Economy and
Society, 29.
- Oddone, I. (2008) “Reflexiones sobre el modelo obrero italiano”, Revista 5. Instituto Laboral Andino.
Disponible en: http://www.cta.org.ar/base/IMG/pdf/Entrevista_IVAR_ODDONE.pdf. Fecha de ac-
ceso: 12-03-2010.
- O’Malley, P., L. Weir y C. Shearing (1997) “Governmentality, criticism, politics”, Economy and Society,
26 (4).
- Ostolaza, J. C. (2001) “Procedimiento operativo para casos de accidentes”, Revista de Seguridad, N° 370.
- Pandolfi, A. (2007) Naturaleza Humana. Léxico de la Política. Buenos Aires, Nueva Visión.
- Petersen, A. and D. Lupton (1996) The new public health: Health and self in the age of risk. London,
Sage.
- Poder Ejecutivo Nacional (1994) “Mensaje de Elevación del Proyecto de Ley de Riesgos de Trabajo”,
en Ley Nº 24.55 Riesgos de Trabajo. Antecedentes Parlamentarios. Buenos Aires, La Ley.

0_0_Numero 7.2.indd 197 16/08/2013 05:57:57 p.m.


198 Promover, asegurar, exponer, resistir: trazando el mapa de la biopolítica del trabajo asalariado...

- Rabinow, P. y N. Rose (2003). Thoughts on the concept of biopower today. Disponible en: http://caosmosis.
acracia.net/wp-content/uploads/2009/04/rabinow-y-rose-biopowertoday-1.pdf. Fecha de consulta:
07-07-2010.
- Quilmes (2007/2008) Informe de responsabilidad Social. Disponible en: http://www.cerveceriaymal-
teriaquilmes.com/index.php?page=nota&id=37. Fecha de consulta: 22-04-2010.
- Ramacciotti, K. (2009) La política sanitaria del peronismo. Buenos Aires, Biblos.
- Reith, G. (2004) “Uncertain Times. The notion of ‘risk’ and the development of modernity”, Time &
Society, 13 (2/3).
- Renault, E. (2008) “Biopolitique, médecine sociale et critique du libéralisme », Multitudes, 34, 195-205
- Revel, J. (2009) “Identity, nature, life: three biopolitical deconstructions”, Theory, Culture & Society,
26 (6), 45-54.
- Rodríguez, C. (1995) Herramientas en materia de salud laboral. Buenos Aires, Oficina Internacional
del Libro.
- Rodríguez, C. A. (2007) “La cultura de la prevención”, en AAVV, Aportes para el Debate de la Reforma
de la Ley de Riesgos del Trabajo. La participación como instrumento de promoción al diálogo social, Su-
perintendencia de Riesgos del Trabajo.
- Rose, N. (1999) Powers of freedom. Reframing political thought. Cambridge University Press.
(2007) The Politics of life itself. Biomedicine, power and subjectivity in the twenty-first century.
_________________

Princenton University Press, New Jersey.


- Rubio, H. y F. Vocos (2007) La salud y seguridad en el subte. La prevención de los riesgos del trabajo.
Taller de Estudios Laborales y Desde el Subte. Cuerpo de Delegados de Subterráneos. Disponible
en: http://www.cta.org.ar/base/IMG/pdf/la_salud_y_seguridad_en_el_subte.pdf. Fecha de consulta:
14-08-2010.
- Santos Lens, H. (2006) “Spa laboral”, Brando, abril de 2006.
- Superintendencia de Riesgos del Trabajo (2009) Anuario Estadístico. Disponible en: http:// www.srt.
gov.ar. Fecha de consulta: 03-02-2011.
- Tournay, V. (2005) “Le biopouvoir à l’épreuve des travaux sur la biomédecine : Succès politique d’
un néologisme », en S. Meyet, M.C. Naves y T. Ribemont (Dir.), Travailler avec Foucault, France,
L’Harmattan, 97-117.
- Unilever Argentina SA (2007) Promoviendo la seguridad alrededor del mundo. Disponible en: http://
www.unilever.com. Fecha de consulta: 07-03-2010.
- Toyota Argentina SA (2007) Reporte Ambiental y Social 2006. Disponible en: http://www.toyota.com.
ar/. Fecha de consulta: 25-03-2010.
- Vander Schee, C. (2008) “The politics of health as a school-sponsored ethic: Foucault, Neoliberalism
and the Unhealthy employee”, Educational Policy, 22 (6), 854-874.

0_0_Numero 7.2.indd 198 16/08/2013 05:57:57 p.m.


espacios nueva serie. Estudios de Biopolítica Nº 7 - tomo 2 - 2013: 199-218. ISSN 1669-8517

Biopolítica, sacralidad y farmacia

Omar Darío Heffes


Universidad Nacional de Lanús

Resumen
A partir de sus desarrollos sobre el nazismo Agamben y Esposito reelaboran
el concepto foucaultiano de biopolítica. Agamben, por un lado, establece esta
reconfiguración de la categoría biopolítica a través de la idea de sacralidad. Por
su parte, la biopolítica de Esposito adquiere su singularidad en relación con el
concepto inmunitas y, fundamentalmente, en relación a la figura del pharmakon.
De todo ello resulta que, si el movimiento foucaultiano partía de prácticas para
explicar la configuración de las subjetividades, los italianos, por el contrario,
explican el desarrollo de la subjetividad a partir de estructuras ontologizadas.

Palabras clave
biopolítica – nazismo – sacralidad – inmunitas – pharmakon – subjetividad

Abstract
Agamben and Esposito, from its development over Nazism, rework the foucaul-
dian bio-politics’ concept. Agamben, on the one hand, provides the reconfigura-
tion of bio-politics category through the idea of sacredness. On the other hand,
Esposito’s bio-politics becomes singular in relation to the concept of inmunitas
and, especially, in relation to the figure of pharmakon. From there, if foucauldian
movement begins in practices to explain the configuration of subjectivities, the
Italians, on the contrary, explain the development of subjectivity from ontologized
structures.

Key words
biopolitics – nazism – sacredness – inmunitas – pharmakon – subjectivity

0_0_Numero 7.2.indd 199 16/08/2013 05:57:57 p.m.


200 Biopolítica, sacralidad y farmacia

1. Breve introducción
La biopolítica desde su surgimiento en los años ’70 por los desarrollos de
Michel Foucault, implicó un cambio en la filosofía política dado que conllevó
interpretar la manera en que la vida ha ingresado en las preocupaciones políticas
modernas a partir de la existencia de un “bio-poder” o “poder sobre la vida” que
toma a su cargo la producción, reproducción y administración de esa vida. De
esta manera, podría entenderse este bio-poder como matriz de inteligibilidad
de esa administración. Ahora bien, la interpretación de la biopolítica varió con
la aparición, a fines de siglo XX y principios del XXI, de los trabajos de dos
pensadores italianos, Giorgio Agamben y Roberto Espósito. El nazismo, para
ambos pensadores, funciona como una piedra de toque que permite reflexio-
nar sobre el verdadero valor de la biopolítica y, por ende, también funciona
como un importante punto de disenso que termina definiendo la biopolítica
de manera esencialmente diferente a la compresión foucaultiana. Es por eso
que se intentará comprender la utilización del nazismo por parte de ambos
autores, pero poniendo esencial énfasis en la cuestión de la sacralidad en el
caso de Agamben y la problemática de la inmunitas basada en el pharmakon por
el lado de Esposito. De esta manera, tanto la sacralidad agambeniana, como la
inmunidad espositeana demuestran un cambio respecto del campo biopolítico
que funciona dentro de una lógica dialéctica contraria, en apariencia, a la lógica
de la estrategia supuestamente sostenida por Foucault.
En ese punto surge como relevante comprender estas diferencias para
configurar un mapa preciso de la teoría biopolítica y, por consiguiente, tam-
bién su aplicación ante situaciones concretas de nuestro presente, dado que el
problema de la ontología del presente conlleva una necesidad de comprensión
del papel de la política, de la filosofía y, por lo tanto, de la propia ontología. En
pocas palabras, el problema de la ontología y su relación con la política es una
cuestión que centralmente se plantea al momento en que la vida es produci-
da, construida y administrada, pero, principalmente el extremo al que parece
acercarse la biopolítica con la lectura, tanto de Agamben como de Esposito,
plantea una política ontologizada y no, aparentemente, más cerca del relato
foucaultiano, una ontología politizada. En ese punto se debe entender el por
qué de la crítica que ambos pensadores italianos realizan al pensamiento de
Foucault como incompleto o insuficiente al momento de entender la “real”
relación entre política y vida.

2. La problemática del nazismo en la biopolítica


Los campos de concentración aparecen como un hito imposible de eludir. Su
fuerza radica en que, básicamente, hasta el mínimo o superficial acercamiento
nos interroga sobre su existencia, sobre su presencia y sobre su permanen-
cia. Obviamente estas preguntas surgen porque el horror de los campos es

0_0_Numero 7.2.indd 200 16/08/2013 05:57:57 p.m.


Omar Darío Heffes 201

inimaginable, imposible de pensar y, además, por la centralidad de este acon-


tecimiento en la historia moderna. Por ello, los estudios históricos y las espe-
culaciones filosóficas han intentado reflexionar, en más de una oportunidad, la
problemática que se abre por su existencia. Se puede empezar un recorrido,
no taxativo, a partir de los desarrollos de Hannah Arendt que ha considerado,
principalmente en su libro de 1948-1951, Los orígenes del totalitarismo, ciertas
cuestiones que aparecen como centrales en la primera parte de la posguerra.
Arendt plantea que
el designio totalitario de conquista global y de dominación total ha sido el
escape destructivo a todos los callejones sin salida. Su victoria puede coincidir
con la destrucción de la Humanidad; donde ha dominado comenzó por destruir
la esencia del hombre (Arendt, 1999: 10).

El libro se divide en tres partes: antisemitismo, imperialismo y totalitarismo,


y con la noción de totalitarismo agrupa no sólo a los movimientos de derecha
como el nazismo sino también al stalinismo. Los campos de concentración,
según Arendt, se estructuran como parte de la práctica totalitaria y “sirven
como laboratorios en los que se pone a prueba la creencia fundamental del
totalitarismo de que todo es posible” (Arendt, 1999: 533).
En definitiva, lo que se pretende en el campo es la eliminación de cualquier
espontaneidad en los seres humanos, ya que lo que se busca es fabricar “un
tipo de especie humana que se parezca a otras especies animales, cuya única
‘libertad’ consistiría en ‘preservar la especie’” (Arendt, 1999: 533). En otras
palabras, la intención del totalitarismo es la construcción de un hombre que
sea simplemente un haz de reacciones. Para comprender esta idea se debe
recurrir a otro libro de Arendt, La condición humana de 1958, que, en pocas
palabras, implica que la labor es la actividad que está relacionada con la vida y
con su reproducción (Arendt, 2003: 21), de esta manera, el intento del campo
de concentración está dado por la reproducción de la labor, en tanto activi-
dad que permite la preservación de la especie. Del lado contrario a la labor
se encuentra la acción que es la actividad humana que se realiza entre libres
e iguales y que, básicamente, tiene que ver con la posibilidad de una vida en
común (Arendt, 2003: 21-22). Esta actividad requiere de la espontaneidad hu-
mana y que la humanidad no sea un simple haz de reacciones. Si con el campo
se quiere convertir al hombre en un haz de reacciones y que sólo preserve la
especie, entonces el campo se convierte en el lugar por antonomasia de la labor
y, a su vez, en el lugar en donde “la infinita pluralidad” y la “diferenciación” de
los seres humanos es imposible, por ende, el totalitarismo es el ataque más
detallado y minucioso contra la política.
Si bien con grandes diferencias, uno de los puntos de partida teóricos de Giorgio
Agamben es esta definición del animal laborans y su centralidad, es decir, este hom-
bre como un haz de reacciones. En el libro de 1995, Homo sacer. El poder soberano
y la nuda vida, revitaliza no sólo la problemática del campo de concentración, sino

0_0_Numero 7.2.indd 201 16/08/2013 05:57:57 p.m.


202 Biopolítica, sacralidad y farmacia

que además hace reaparecer la biopolítica en la discusión filosófico política, dado


que parte del análisis sobre el campo y de la idea arendtiana de que “los campos
de concentración son laboratorios para la experimentación del dominio total”;
pero sostiene que es necesario combinarlo con los análisis foucaultianos, pero esta
combinación es sólo posible si se comprende que “en nuestro tiempo la política
ha pasado ser integralmente biopolítica, se ha podido constituir, en una medida
desconocida, como política totalitaria” (Agamben, 1998: 152).

3. Biopolítica: estructura jurídica o prácticas


La biopolítica, término acuñado por Michel Foucault en 1976, implicaba para
él técnicas o mecanismos de gobierno de la vida de la población que se articu-
lan con técnicas anatomopolíticas que constituían lo que denominó biopoder
(Foucault, 2000: 220 y 2003: 168-169). Foucault sostiene la aparición de “una
especie de estatización de lo biológico, o, al menos, cierta tendencia conducente
a lo que podría denominarse la estatización de lo biológico” (2000: 217), también
desarrolla la noción de “racismo de Estado (…) como un racismo que una socie-
dad va a ejercer sobre sí misma” (2000: 66) y se opone al “enfoque tradicional
del problema del poder (…) [o] en modelos institucionales e invita a ‘liberarse
del privilegio teórico de la soberanía’” (Agamben, 1998: 14-15). Esta posición
teórica o esta forma de adentrarse en el problema no está relacionada con una
teoría, ni con una metodología, sino con una historia de diferentes modos de
subjetivación (Foucault, 1994: 222-223). Pero esta búsqueda está afuera de la
teoría política y de ciertas nociones comunes como soberanía, pueblo, Estado o
sociedad civil. El camino elegido por Foucault estaba fundado en un estudio de
las prácticas donde ellas se dan, es decir, no entender las prácticas a partir de
las nociones comunes, o, en otros términos, ir por el camino inverso (Foucault,
2007: 17). Es decir, la subjetividad no puede ser la construcción decidida por el
poder soberano, sino que la subjetividad es una sucesión de prácticas que se van
entrelazando y se racionalizan.
Agamben, por su lado, parte de la distinción aristotélica entre zoe y bios, para
poder entrelazar el problema del campo de concentración con los desarrollos
foucaultianos a través de la noción de poder soberano. Al menos en el primer
tomo de la saga Homo sacer, la pregunta de Agamben pareciera ser cuál es el
centro en el que confluyen tanto las técnicas de individualización basadas en la
disciplina, y las técnicas totalizantes basadas en la regulación de la población. La
respuesta que para él surge es que el núcleo originario, aunque oculto, es la nuda
vida, es decir, la vida desprovista de toda calificación. El concepto de nuda vida
para Agamben, no se trata simplemente del hecho biológico, sino de una pro-
ducción del poder soberano. Esta producción es posible a través del mecanismo
jurídico del estado de excepción que coloca a la vida desnuda en el centro de los
cálculos del Estado moderno y que

0_0_Numero 7.2.indd 202 16/08/2013 05:57:57 p.m.