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Sociología del trabajo industrial
Max Weber

Traducción y prólogo de Joaquín Ahellán

EDITCJRIAL TRCJTTA


Comunidad de MGddd
Director de colecc,ón
Jocobo Muñoz

Tllulos originales: Methodologische Einleilung lür die· Erhebungen


des Vereins lür Soz,alpolmk übe, Auslese und
Anpossung [Benlswohl und BerufsschicbalJ der
Arbeilerschoft der geschlossenen GroDindustrie
y Zur Psychophysik der induslriellen Arbeil

© j.C.B. Mohr [Poul Siebeck) Verlag, Tübingen, 1924, 19B8

© Editorial Trolla, S.A . 1994


C/ Ahomirono, 34 28008 Madrid
Teléfono 549 14 43
Fax 549 16 15

© Joaquín Abel16n Gordo, poro lo traducción y el prólogo

Diseño
Joaquín Gallego

ISBN: 84 - 8 164 - 031 - X


[)eposito legal: M-3821 3/94

Impresión
Cosmoprint, S.l.

la ed1clbn de eslO ob,o se ha reo~zodo con lo O'f'lda de lnlaf Noliooas, Bonn


CONTENIDO

Presentación: Joaquín Abel/4n ................................................. 9


Bibliografía . ..... ................. ... ..... ....•..................... ....... ..... ... 18
Tabla cronológica............................................................... 20

INTRODUCCIÓN METODOLÓGlCA PA&A LAS ENCUESTAS

1. Caracteres generales de la encuesta ...... .. ... ... .. ..................... 27


2. Los problemas científico-naturales de la encuesta ............... 39
3. El método de la encuesta...................................................... 56

PSICOFfSICA DEL TRAB,\JO INDUSTRIAL

Observación preliminar ........... .............. .............. ... .. .. . .... . . . ...... 77


1. Fatiga y descanso................................................................ 81
2. Práctica .......................................................................... 87
3. La interacción entre la fatiga y la práctica ........................... 101
4. La «habituación» en las interrupciones del trabajo y en la
realización simultánea de varias tareas ............ .. ............... .. . 106
5. Interrupciones en el trabajo ... ..... .... .. .................................. 116
6. Cuestiones metodológicas ................................................... 119
7. Oscilaciones en los rendimientos del trabajo industrial ....... 141
8. Sexo, edad, estado civil, etc., en relación con su influencia
en el rendimiento laboral .................................................... 165
9. Ganancia a destajo y diferencias de rendimiento ................. 175
1O. Mediciones de los contadores de los telares y oscilaciones
en los rendimientos ............................................................ 182
11. Aumento de la práctica y aumento continuado del rendi-
miento ............................................................................... 191
12. Análisis de varios rendimientos individuales y su evolución. 210
13. Resumen .......................................................................... 220
14. Otras cuestiones y tareas a realizar ..................................... 227
Tablas ..................................................................................... 239

7
PRESENfACIÓN

Al profesor Wilhelm Hennis,


con la gratitud del discípulo y amigo

Los dos trabajos de Max Weber que se editan en et presente volumen,


escritos entre 1908 y 1909, abordan cuestiones relativas a la investiga-
ción emp{rica de la situación de los obreros industriales en Alemania
a comienzos del siglo xx.
La primera gran cuestión que plantean es la determinación de los
objetivos que debe perseguir una investigación sociológica de la indus-
tria. Al tratarse de una investigación realizada desde la perspectiva
económica--desde el criterio de la rentabilidad-, pasan a un primer plano
las actitudes y los aspectos cualitativos del comportamiento de los
obreros en relación con su rendimiento, hasta el punto que la pregunta
básica a que debo responder la investigación es el tipo de hombre que
están generando las condiciones y las exigencias del trabajo industrial.
En íntima relación con este objetivo plantea Max Weber la cues-
tión metodológica. Para el estudio del «carácter» de los obreros no re-
sultan adecuados los métodos de las ciencias naturales, como la fisiología
o la psicología experimental. La economía, como ciencia cultural, tiene
un método diferente. Y si bien Weber piensa que es necesaria una co-
laboración entre ambos tipos de ciencias, considera al mismo tiempo
que la diferenciación entre las ciencias naturales y las ciencias cultura-
les no sólo no es fácil de superar, sino que en ningún pasaje de estos dos
trabajos presenta vía alguna para la superación de esta contraposición.

1. Las investigaciones empíricas de Max Weber

Las reflexiones más sistemáticas de Weber sobre el trabajo industrial,


y sobre lo que podría considerarse un esbozo de «sociología industrial»,
están contenidas sin duda en los dos escritos de 1908/1909 que ahora
se publican en castellano, pero, con anterioridad a ellos, Max Weber
se había ocupado en otros momentos del estudio de la situación de los

9
SOCIOLOGI" DEL TI\A8Al0 INDUSTI\IAL

obreros industriales, y también de la situación de los obreros agrícolas.


Un repaso de estos otros trabajos puede darnos una visión más comple-
ta del significado de los mismos dentro de su obra.
La primera aportación de Max Weber a la investigación empírica
de la sociedad alemana, concretamente la situación de los obreros
agrícolas, tuvo lugar en 1892, con ocasión de una encuesta que había
organizado la «Asociación de Política Social» (Verein für Sozialpolitik).
Fundada en 1872 por prestigiosos profesores universitarios alemanes
--denominados usualmente «socialistas de cátedra»-, esta Asociación
se había ocupado de algunas cuestiones teóricas y prácticas relaciona-
das con el liberalismo económico. Entre sus miembros más famosos
destacaban Lujo Brentano, Heinrich Herkner, Wilhelm Ros~her, Gus-
tav Schmoller y Adolf Wagner. Y si bien no todos ellos compartían los
mismos principios téoricos, compartían al menos algunas ideas bási-
cas. No aceptaban el ideal de la armonía social que predominaba en el
pensamiento económico liberal, por considerar que era un ide!)l ajeno
a la realidad. Defendían una ciencia económica más anclada en la rea-
lidad empírica, que en el caso de Schmoller implicaba una profunda.
orientación historicista. Y eran críticos respecto a la situación social de
su época, demandando una política social por parte del Estado que
corrigiera la situación económica y social en q11:e se encontraba Alema-
nia, aunque rechazaban, por otro lado, la teoría y el programa práctico
del partido socialdemócrata alemán (SPD). Nacida la Asociación cc;in
la finalidad de poder suministrar propuestas prácticas de polftica social
que pudieran ser tenidas en cuenta por el Estado, comenzó en 1890 la
preparación de una amplia investigación empírica sobre la situación de
los obreros agrícolas en Alemania, que se realizó entre diciembre de 1,891
y enero de 1892. En esta ocasión al joven Max Weber se le encomendó
la evaluación e interpretación de los cuestionarios remitidos por los
obreros agrícolas del Este de Alemania, que aquél plasmó ep un Infor-
me publicado en 18921.
El interés de Max Weber por profundizar en el conocimiento de la
situación de los o.breros agrí.colas no se colmó po.r completo con la.
encuesta de la Asociación de Política Social y el mismo año de 1892
propuso al Congreso Evangélico Social (Evangelisch-sozialer Kongress)
que realizara otra encuesta sobre el mismo tema. El propio Webet y el
secretario general del Congreso Evangélico Social, Paul Gohre, redac-
taron un cuestionario con veintitrés preguntas y remitieron 15 .000 copias
a los párrocos evangélicos de toda Alemania. En el mes dé junio de 18 93
habían recibido unas mil respuestas, y Weber se encargó nuevamente
de evaluar las procedentes del Este de Alemania2 •
Estos trabajos de Weber sobre los obreros·agrícollls de Alemania
tienen una clara significación dentro de su traye,ctoria intelectual. Lo
que Weber valoi:a en primer término son las consecuencias de la

10
PRESENTACIÓN

implantación del capitalismo en el sector agricola; consecuencias de'


orden económico, social, político, psicológico y moral. Y también desde
el punto de vista metodológico tienen estos estudios una clara signifi-
cación; constituyen una fase importante en el desarrollo por parte de
Weber de un método de investigación empírica, pues en los años siguien-
tes continuaría interesado por los problemas que generaba la implan-
tación progresiva del capitalismo, con la consiguiente destrucción de
los modelos culturales tradicionales.
Eri efecto, después de su estudios sobre la Bolsa3 , en los que apa-
recen nuevas facetas del capitalismo, Weber centra su atención direc-
tamente en la investigación de la situación de los obreros industriales.
En todos sus trabajos sobre los obreros industriales escritos entre 18 97
y 1909, y de manera similar a sus trabajos sobre los obreros agrícolas,
la cuestión que más le preocupa a Weber son Los efectos que produce
la extensión del capitalismo, ahora en el sector concreto de la gran
industria alemana. La transformación de Alemania en un Estado indus-
trial-era una tema habitual de discusión y análisis en la última década
del siglo xrx. En 1897., por ejemplo, el VIII Congreso Evangélico Social
se ocupó expresamente de él, y Weber, asiduo participante en sus re-
uniones, dio también a conocer allí su posición al respecto. Sin contarse
entre los que manifestaban un optimismo expreso por el desarrollo del
capitalismo, Weber reconocía, sin embargo, que no podía frenarse el
desarrollo capitalista de Alemania. El capitalismo era algo inevitable
y sólo se podía actuar económicamente desde la vía que a.quél había
establecido. Por eso Weber estaba en contra tanto de quienes estaban
por una «feudalización del capital burgués» como de los defensores de
un capitalismo nacional encerrado en los límites de Alemania. Para
Weber, ambas posiciones eran igualmente un obstáculo para la libertad
política de Alemania y para un saludable desarrollo social. La posición
de Weber a favor del imperialismo estaba íntimamente ligada a la ne-
cesidad, exprésamente reconocida por él, de que Alemania se moder-
nizara económica y socialmente y avanzara hacia una mayor libertad
política4 • La intervención imperialista hacia el exterior debería forzar
en el interior la modernización económica y política de la sociedad y
del Estado alemán.
Poco tiempo después; en 1900, colaboró en una investigación sobre
los tipógrafos en AlemaniaS, pero donde Max Weber abordó de una
manera más amplia y profunda el estudio empírico de la industria fue
en 1908/1909, con motivo de la gran encuesta organizada nuevamente
por la Asociación de Política Social. En el planteamiento de la encuesta
tuvieron un papel decisivo los hermanos Alfred y Max Weber, espe-
cialmente Alfred Weber, que fue quien (ijó los temas principales de la
investigación. En la reunión de la Comisión ejecutiva de la Asociación
de Política Social, celebrada en Magdeburg el 29 de septiembre de 1907,

11
SOCIOLOGIA Del TRABAJO INDUSTRIAL

fue aceptado como tema de investigación de la encuesta el que propo-


nían Alfred Weber y Heinrich Herkner: «la industria y sus obreros». Con
este tema se pretendía investigar las exigencias de todo tipo -intelec-
tuales, psíquicas y físicas- que la industria moderna imponía a los
obreros así como las transformaciones que los obreros industriales
estaban experimentando en su personalidad. Alfred y Max Weber
formaron parte de la Subcomisión de la Asociación nombrada para la
realización de la encuesta y se destacaron de manera especial en las
sesiones de trabajo de esta Subcomisión, tanto en la celebrada el 13 de
junio de 1908 como en la celebrada el 11 de octubre de 1908. En esta
segunda reunión se adoptaron los acuerdos definitivos sobre la reali-
zación práctica de la encuesta: Max Weber se encargó de redactar una
exposición sobre cuestiones metodológicas y Alfred Weber elaboró el
«Plan de trabajo» y el «Cuestionario» 6 •
El escrito metodológico que Max Weber redactó con esa finalidad
-la Introducción metodológica del presente volumen- fue publica-
do como libro en 1908, con un título algo diferente y con un contenido
algo más amplio que el publicado posteriormente en 19247 • Paralela-
mente a los pre·parativos de la encuesta de la Asociación de Política Social,
Max Weber acometió personalmente, en el verano de 1908, una inves-
tigación empírica sqbre los obreros de la industria textil en una fábrica
de un tío suyo en Westfalia. Los resultados de esta investigación y de
la discusión metodológica en la que la enmarcó los publicó Weber en
la revista Archiv'für Sozialwissenschaft und Sozialpolitik, entre 1908
y 1909, en una serie de cuatro artículos sobre Psicofísica del trabajo
industrial, que se publican asimismo en el presente volumen 8 •
La encuesta de la Asociación de Política Social comenzó a realizar-
se en octubre de 1908 y sus resultados fueron publicándose en la co-
lección de escritos de la Asociación entre 1910 y 1915 9 • En la asamblea
de la Asociación del año 1911; que tuvo lugar en Nuremberg y abordó
el tema «Problemas de la psicología de los obreros», Heinrich Herkner
informó sobre los resultados de la encuesta. También intervino Max
Weber, quien se limitó a insistir en que los resultados de la encuesta no
eran en absoluto definitivos y que realmente se estaba sólo al comienzo.
Según Weber, serían necesarios nuevos materiales y mucho más tiem-
po para poder llegar, «con una elevada probabilidad», a resultados va-
liosos y contundentes 10•
A partir de entonces desaparece el interés de Weber por la inves-
tigación empírica de Ja industria. Pero hay que mencionar todavía, sin
embargo, otra manifestación suya referida a este tema y que tuvo lugar
en 1909. Se trata de una recensión de varios escritos de Adolf Leven-
stein, en la que Weber analiza críticamente la investigación sociológica
que Levenstein estaba llevando a cabo entre mineros, obreros metalúr-
gicos y obreros textiles desde 190711 • Max Weber le sugiere una serie

12
PRESENTACIÓN

de puntos técnicos, el más importante de los cuales es quizá el concer-


niente a la necesidad de elaborar una tipología precisa. Levenstein
clasificaba las respuestas a los cuestionarios según una tipología que había
concebido de manera intuitiva, sin ofrecer una base clara para la cla-
sificación. Weber le critica expresamente esta falta de sistematización
y le indica que debiera adoptar un procedimiento más lógico12 •

2. Objetivos de la investigación sobre el trabajo industrial:


el tipo de hombre que origina la gran industria

El objetivo de la encuesta de 1908 pretende alcanzar la doble cara de


la misma realidad, pues aspira a analizar la «selección» que la gran
industria moderna opera sobre sus obreros, a la vez que el proceso de
«adaptación» que, por su parte, tienen que sufrir los obreros industria-
les procedentes de otro medio laboral, social y cultural .distinto. Este
doble objetivo requiere, por consiguiente, según manifiesta Max We-
ber en su Introducción metodológica, de tina parte, la investigación de
las transformaciories profesionales de-los obreros ylas experimentadas
en su modo de vida como consecuencia de las condiciones de trabajo
establecidas por la industria moderna. Pero, por otro lado, implica
asimismo el análisis de la incidencia que la cualificación profesional y
el modo de ser de los obreros tiene sobre la toma de decisiones empre-
sariales, tanto en el ámbito de las medidas de carácter laboral como en
el de las inversiones y renovación tecnológica. En definitiva, la cues-
tión última que le interesa a Max Weber en esta investigación socio-
lógica del trabajo industrial es indagar «qué tipo de hombre está con-
figurando la gran industria moderna en virtud de sus características
internas y qué tipo de destino profesional k:s depara a las personas que
trabajan en ella y, a través de ahí, de manera indirecta, qué destino
extraprofesional les depara» (Introducáón metodológica, p. 56). Esta
pregunta por el tipo de hombre que origina la industria moderna se sitúa,
por tanto, dentro del objetivo general que guiaba asimismo sus estudios
sobre sociología de la religión, con los que quería contribuir a una
caracterización del hombre occidental moderno, a perfilar su talante,
su actitud básica, su Gesinnung 13. Tanto en sus estudios de sociología
de la religión como en estos de «sociología de la industria» que ahora
nos ocupan, Max Weber está interesado por la dimensión cualitativa
del comportamiento humano, por el carácter humano o tipo de hom-
bre que se ha ido configurando en la época moderna.
La gran industria, en efecto, se le presenta a Weber con unas carac-
terísticas tan propias y definidas y con tales efectos sobre el ,,modo de
vida» que llega a afirmar que aquélla «ha cambiado el rostro espiritual
del género humano, hasta casi no poder reconocerlo y seguirá transfor-
mándolo» (Introducción metodológica, p. 74). Es esta significación de

13
SOCIOLOG[ A DEL TA.ABAJO l NDUSTI\IAL

la gran industria para la cultura y la civilización humana la que Le in-


teresa averiguar a Max Weber. Con su hermano Alfred comparte Max
Weber la apreciación de que la gran industria moderna ha creado ante
todo un peculiar «aparato» de producción, que le imprime su sello
diferenciador. Los elementos que configuran este «aparato» de produc-
ción -la existencia de una jerarquía en los puestos de trabajo y de una
fuerte disciplina en el trabajo, el sometimiento del hombre a la máqui-
na, la generalización del cálculo de todos los movimientos y rendimientos
de los obreros- convierten a la gran industria como sistema de pro-
ducción, según Weber, en un sistema propio e independiente respecto
a su forma de funcionamiento --capitalista o socialista-. El sistema
de producción es en sí mismo mucho más importante que la cuestión
menor de si éste funciona oajo una dirección capitalista o una socialis-
ta. Él es expresamente consciente, sin embargo, de qué el espíritu que
se vive en esta terrible coraza de la gran industria moderna cambiaría,
si se sustituyese el principio básico de la rentabilidad por alguna forma
de economía sin afán de lucro. Pero la investigación, según Weber, no
debe entrar en la emisión de juicios de valor sobre la situación en la que
la gran industria coloca a los obreros ni debe preguntar quién tenga la
«culpa» de esa situación, sino que debe limitarse a investigar la situa-
ción de hecho y la relación que ésta tiene con las condiciones estruc-
turales del trabajo en la gran industria.

3. Critica del «naturalismo» metodológico

La perspectiva desde la que Weber considera que debe ser abord~da-la


investigación del trabajo industrial es la propia de la ciencia económi-
ca, que es una ciencia cultural (Kulturwissenschaft). Por esta razón su
rechazo del «naturalismo», es decir, del intento de aplicar los métodos
de las ciencias naturales a las ciencias culturales, es rotundo tanto en
la Introducción metodológica como en la Psicofísica del trabajo indm-
·trial. La diferenciación y contraposición entre los métodos de ambos
tipos de ciencias no se suaviza en absoluto en estos trabajos.
Investigar el trabajo industrial desde la perspectiva de la economía
significa pará Max Weber estudiarlo desde el criterio de la rentabili-
dad. Hasta entonces habían primado en la investigación los enfoques
fisiológicos o médicos, y el interés prioritario de los investigadores se
había centrado en las· consecuencias patológicas de la fatiga y del ex-
ceso de trabajo en los obreros. A Max Weber, sin embargo, lo que le
interesa son los efectos típicos del trabajo industrial en la vida normal
del obrero, es decir, aquellos efectos que no le producen necesariamen-
te una enfermedad. Weber quiere examinar cómo se adaptan los obre-
ros al sistema del trabajo industrial, cómo rinden y cómo son ellos
mismos, en definitiva, rentables para las empresas. Desde la perspec-

14
PRESENTACIÓN

tiva de la ciencia económica los obreros industriales son vistos como


un factor de la producción, y, de manera similar a como ocurre con los
otros factores de la producción, se calcula su capacidad de rendimien-
to, sus posibilidades de fallos, etc. Desde esta perspectiva, las empresas
se preguntan si sus obreros tienen un rendimienro-adecuado para que
el producto final pueda competir en el mercado e inmediatamente se
plantean cómo aumentar el rendimiento de los obreros. Para fomentar
el rendimiento de los obreros, las empresas suelen contar con el sistema
de trabajo a destajo o con el despido de los obreros menos rentables,
es decir, de los .que produzcan menos o peor. Esto pone de manifiesto
un hecho decisivo para el rechazo del «naturalismo» metodológico. El
que el obrero pueda incidir sobre su producción -por el atractivo de
las primas o bonificaciones, por su propio interés en el trabajo o por
otros fines- dificulta la medición de su rendimiento y la atribución
exacta del mismo a sus factores causales. Este hecho hace que el estudio
de la rentabilidad del obrero industrial se escape al tratamiento de la
psicología experimental o de la psicofísica. La medición de aquélla no
tiene nada que ver con lo que ocurce en las mediciones de los rendimien-
tos de Los laboratorios de psicología. Ni si.qui.era puede equipararse a
las condiciones del laboratorio de psicología la situación de cuando el
obrero trabaja con máquinas provistas de aparatos de medición, pues
el obrero puede apagar o encender la máquina según sus intereses; La
motivación, el estado de ánimo, la comodidad o el cálculo de sus ga-
nancias son factores cualitativos que iniciden sobre el rendimiento y
escapan a la medición exacta del laboratorio.
Max Weber es siempre consciente del abismo que existe entre el
método de medición del rendimiento de la psicología experimental y
el de medición del trabajo industrial desde la perspectiva económica de
la rentabilidad, aunque considera que ese abismo se puede estrechar
acudiendo al análisis de los sistemas de destajo y de los cálculos para
el rendimiento efectivo, si bien estos sistemas encierran en sí mismos
elementos que escapan asimismo a la medición exacta (Psico{ísica del
trabajo industrial, pp. 135ss.). La medición, en definitiva, del trabajo
industrial desde la perspectiva de la rentabilidad no se puede determi-
nar solamente con conocimientos de la fisiología y 1a psicofísica, pues
éstas no explican adecuadamente factores subjetivos o cualitativos del
rendimiento, como la motivación o el interés por el trabajo.
Son precisamente estas insuficiencias de la fisiología o de la psico-
física las que Max Weber pone de manifiesto en los primeros seis ca-
pítulos de Psicoflsica del trabajo industrio/, en los que examina y
discute las aportaciones conceptuales de Emil Kraepelin. Este psiquia-
tra, discípulo de Wundt en su laboratorio de psicología experimental
de Leipzig, estaba especialmente interesado en aplicar la fisiología a los
problemas psíquicos. Para él, en resumen, lo somático era lo auténtica-

15
SOCIOLOGIA DEL TRA8Aj0 INDUSTRIAL

mente real, siendo los pcocesos psíquicos «fenómenos accidentales». Max


Weber, sin embargo, encuentra que algunos de los factores de la curva
del rendimiento con que opera Kraepelin no pueden ser explicados
satisfactoriamente desde la propia teoría fisiológica que Kraepelin utiliza
para explicar la «fatiga» y la «práctica». Esos factores a los que se refiere
Weber son la «motivación», la «estimulación» y el «impulso de lavo-
luntad», pero, incluso en el concepto básico de la «fatiga» de Kraepelin,
encuentra Weber algunas dificultades explicativas, desde el momento
en que la «fatiga» puede no disminuir, aun después de un cierto tiempo
de trabajo, si intervienen otros factores como la motivación. Ni siquie-
ra todo lo que ocurre en torno a la fatiga puede explicarse, en último
término, desde una base fisiológica. Y, según Weber, es el propio
Kraepelin quien da pie para pensar que existen procesos inconscientes,
psíquicos --como·el «impulso de la voluntad»-, lo cual significaría ya
una renuncia tácita al paralelismo físico-psíquico de Wundt 14 •
Perú.probablemente la insuficiencia mayor de los trabajos de Krae-
pelin radique para Max Weber en la incapacidad de su instrumentario
conceptual para construir una tipología de los hombres atendiendo al
carácter, es decir, atendiendo a un contenido cualitativo que vaya más
allá de la medición de la intensidad y duración de las sensaciones
(Psicofísica del trabajo industrial, pp. 125-126). A Weber le interesa
poder perfilar el tipo de hombre, el «modo de vida» que surge con el
trabajo industrial en la fábrica, o, al menos, las características perso-
nales que determinadas tareas o trabajos industriales requieren. Le
interesan las condiciones psíquicas que presupone el trabajo industrial
y los efectos psíquicos que produce. Y como considera que la psicología
experimental de su tiempo no daba respuesta a estas cuestiones, acon-
seja a los colaboradores de la encuesta que no esperen mucho de la
psicología experimental. Ya en años anteriores se había manifestado en
contra de las pretensiones de la psicología de ser una ciencia «funda-
mental», en el sentido de que toda la sociedad, toda la vida social, se
podría reducir o reconducir a sus condiciones psicológicas y éstas a sus
componentes más simples. En su artículo sobre la objetividad del co-
nocimiento en las ciencias sociales, de 1904, y en su artículo sobre Knies
y él problema de la irracionalidad, de 1906, se había opuesto abierta-
mente a las pretensiones de Wundt de concebir la psicología como una
«concepción del mundo» o como una ciencia que la pudiera suminis-
trar 15. Para Weber, la psicología experimenral no iba más allá del aná-
lisis de los efectos del trabajo industrial moderno sobre el sistema
psicofísico·de los obreros, mientras que a él le interesaba averiguar cómo
influía sobre el carácter.
Por esta misma razón de la especificidad metodológica de las cien-
cias culturales critica Weber la posición de Wilhelm Ostwald en un
artículo publicado asimismo en 1909. Ostwald, profesor de Química

16
PRESENT,'\CIÓN

en la Universidad de Leipzig y premio Nóbel de Química en 1909,


defendía la existencia de una unidad entre el hombre y la naturaleza y
la consiguiente validez de las mismas leyes en ambos dominios. Según
Ostwald, las leyes básicas de la energía valían para ambos ámbitos, el
del espíritu y el de la materia 16 • Pero Ostwa ld representaba para Weber,
sin embargo, ese equivocado «naturalismo» que intentaba aplicar al
ámbito de la «cultura» los métodos de las ciencias naturales y que pre-
tendía obtener «juicios de valon, partiendo de datos científico-natura-
les. Weber, por el contrario, defiende la especificidad de las ciencias
culturales, aunque se declara al mismo tiempo partidario de una cola-
boración con las ciencias naturales, pero considera inexcusable para esa
colaboración que se acepte previamente con carácter general la siguiente
idea: que la técnica no depende sólo de sí misma; que son ciertas con-
diciones sociales históricas las que han hecho posible el aprovechamiento
de los «descubrimientos» técnicos; y que el futuro del desarrollo de la
técnica depende de la evofoción de las condiciones o condicionantes
históricas, y no meramente de las propias posibilidades técnicas 17•
Otra cuestión importante que Weber plantea en la Introducción
metodológica y en Psicofisica del trabajo industrial, y que le sirve para
insistir en la diferenciación metodológica entre las ciencias culturales
y las ciencias naturales, es el papel de la herencia como factor determi-
nante de las actitudes y del carácter. La cuestión la plantea a propósito
de si la aptitud para el trabajo industrial es una cualidad heredada o
adquirida. A la vista de los conocimientos de su época sobre la trans-
misión hereditaria de las capacidades, Max Weber concluye que la
idoneidad para el trabajo industrial no puede explicarse desde la heren-
cia. Por esta razón aconseja a los colaboradores de la encuesta que no
partan de la herencia para explicar los comportamientos de los obre-
ros, sino del medio social y de las tradiciones en que han vivido (Intro-
ducción metodológica, pp. 50-51). Frente a las características bioló-
gicas -hereditarias-, Weber habla de la educación y las tradiciones
recibidas como factores decisivos en la explicación de las actitudes bá-
sicas de los obreros. Pero su posición no deja de ser ambigua. A pesar
de recomendar que en este tipo de investigación se opere preferiblemente
con el concepto de «medio social» (Psicofisica del trabajo industrial,
p. 227), tampoco este concepto le parece preciso. Para poder ser uti-
lizado con provecho es necesario determinar con claridad las circuns-
tancias personales concretas que se están tomando en consideración
cuando se habla de «medio social» como punto de referencia explica-
tivo de las actitudes o del talante de la persona. A pesar de esta ambi-
güedad, sí queda claro su rechazo a acudir al concepto de los «carac-
teres nacionales» (Introducción metodológica, p. 48) y su inclinación
a privilegiar laKultur frente a la biología (Psicoffsica del trabajo indus-
trial pp. 231,234).

17
SOCIO LOGIA O EL T 1\ "BAJO IN O UST.I\ IA L

Un pasaje de lalntrod~cción metodológica expresa con rotundidad


la crítica de Max Weber al intento de aplicar los métodos de las cien-
cias naturales a una ciencia.cultural como es la economía polítjca. Se
dice afü (Introducción metodológica, p. 40) que la aplicación de las
leyes de la fisiología al terreno de la industria conduciría a abandonar
por completo los objetivos propios de la economía. Si se quisieran aplicar
efectivamente las leyes fisiológicas a la industria, habría que interpre-
tar el desarrollo industrial en los términos de la ley general del ahorro
de energía, .mientras que, según Max Weber, el desarrollo industrial
deber ser entendido desde una perspectiva económica, en realidad, como
un caso de ahorro de costes. Quiere decir esto que el ÓQ_timo de
racionalización de la energía desde el punto de vista de la fisiología no
coincid~ en absoluto con la optimización de la energía desde el punto
de vista_de la economía, es decir, con la optimización de la utilización
del capital desde el puntq de vista económico. Al economista lo que
le interesa saber en esta investigación sobre la industria es cómo re-
percuten sobre los obreros las decisiones empresariales relativas a la
rentabilidad de la empresa, cómo les afectan las decisiones sobre aho-
rro salarial, sobre el aprovechamiento de las materias primas o sobre
la utilización de las máquinas, etc... La perspectiva de la rentabilidad,
con su remisión a los efectos sobre el carácter~ el tipo de hombre que
genera el modo de trabajo en la gran industria, no es accesible con los
métodos de las ciencias naturales. Max Weber no encuentra aquí uri
puente que supere la diferenciación y contraposición entre ambos tipos
de ciencias.

BlllLIOGRAFÍA

Actualmente está todavía en curso la edición de las Obras Completas de Max


Weber, ed. por H. Baier, M. R. Lepsius, W. H. Mommse_n y W. Schluchter:
Max Weber Gesamtausgabe, J.C.B_. Mohr (Paul Siebeck), Tübingen, 1984 y ss.

Escritos de Max- Weber


. relativos a investigaciones empíricas
-
Die Lage der Landarbeiter im ostelbischen Detttschland, Leipzig, 18 92. Ahora
en Max Weber Gesamtausgabe, sección I, vol. 3, ed. por M. Riesebrodt,
Tübingen, 1984;
«Die deutschen Landarbeiter. Korreferat und Diskussionsbeitrage auf-dem
fünften Evangelisch-sozialen KongreB am 16. Mai 1894», enMax Weber
Gesamtausgabe., I, vol.4, ed. por W. J.. Mom1,11sen, con la colaboración
de R. Aldenhoff, Tübingen, 1993, pp. 313-345. ..
Intervención de M¡¡x Weber sobre la conferencia de Karl Oldenberg, «Uber
Deutschland als Industriestaat», en Verhandlungen des 8. Evangelisch-
sozialen ·Kon'gresses, abgehalten zu Leipzig am 10. u. 11. Juni 1897,
Gottingen, 1897, pp. 105-113; 122-123. Ahora en Max Webers

18
PRESENTACIÓN

Gesamtausgabe, 1, vol. 4, ed. por W. J. Mommsen con la colaboración


de R. Aldenhoff, Tübingen, 1993, pp. 626-640.
(Sobre la situación de los tipógrafos alemanes): «Vorbemerkung» al estudio
de Walter Abelsdorff, B~itriigezur Sozialstatistikder Deutschen Buchdrncker.
Volkswirtscha{tliche Abhandlungen der Badischen Hochschulen, ed. por C.
J. Fuchs, G. von Schulze-Gavernitz y M. Weber, 4. 0 vol., 4. 0 Heft,
Tübingen/Leipzig, 1900, pp. VII-IX.
Erhebungen über Auslese undAnpassung (Ber1t{swahl und Berufsschicksal) der
Arbeíterschaft·dergeschlossene1t Grossindustrie, Altenburg, 1908. También
en Gesammelte Aufsiitze zur Soziologie und Sozialpolitik, T übingen, 1924,
pp. t-60 (con el título algo diferente de: «Methodologische Einleitung
für ;die Erhebungen des Vereins für Sozialpolitik über Auslese und
Anpassung (Berufswahl und Berufsschicksal) der Arbeiterschaft der ge-
schlossenen Gro8industrie», incompleto).
«Zur Psychophysik der industriellen Arbeit»: Archiv für Soúalwissenschaftund
Sozialpolitik 27 (1908), pp. 730-770; 28 (1909), pp. 219-277; 719-7(íl;
· 29 (1909), pp. 513-5 4 2. También en GesammelteAufsiitze zur Soziologie
und Sozialpolitik, Tübingen, 1924, pp. 61-255.
«Zur Methodik sozialpsychologischer Enqueten und ihrer Bearbeitung»
(Recensión de lo-s escritos de A. Levenstein: «Aus der Tiefe», 1908;
«Arbeiter-Philosophen und-Dichter», vol. 1, 1909; «Lebenstragodíceines
Tagelohners», 1909): Archiv /ür Soúalwissenschaft und Sozialpolitik 29
(1909), pp. 949-958.
Intervención de Ívlax Weber en la discusión sobre el tema «Probleme der
Arbeiterpsychologie unter besonderer Rücksichtnahme auf Methode und
Erge bnisse der Vereinser he bungen»: Schriften des Vereins für Sozialpolit ik,
vol.138,Leipúg, 1912,pp. 163,176, 189-197.TambiénenGesamme/te
Aufsiitze zur So:úologie und Sozialpolitik, Tübingen, 1924, pp. 424-430
(incompleto}.

La recepción de la «sociología industrial» de Max Weber en Alemania


ha sido muy escasa durante muchos años. Ralf Dahrendorf y Rainer Lepsit1s,
autores de unos de los primeros manuales sobre sociología industrial en
Alemania, afirmaban, por un lado, que en Weber están contenidos los pri-
meros impulsos para una sociología industrial, pero pensaban, al mismo
tiempo, que había que situar a Weber en cierto sentido en una fase previa a
la sociología industrial (R. Da h rendorf, Industrie- undBetriebssoziologie, Berlin,
1962, p. 30; R.M. Lepsius, Strukturen und Wandlungen im Industriebetrieb,
München, 1960, p. 9). La idea dominante entonces era que la sociología
industrial comienza con Elton Mayo y Gotz Briefs.
· A diferencia de lo ocurrido en Alemania, los investigadores anglosajones,
por el contrario, le otorgaron a Weber una mayor atención y significación
en este campo. Véase P. Lazarsfeld y A. Oberschall, «Max Weber und Empirical
SocialResearch»:AmericanSociological Revieui30 (1965), pp. 185-198; y el
libro de A Oberschali Empírica/ Social Research in Germany 1848-1914, Paris,
1965, que sitúa a Weber como el primer sociólogo empírico de Alemania;
J. E. T. Eldr.Ldge se ocupa en detalle de la «Introducción metodológica», de_
1908: «Weber's Approach to the Sociological Study of Industrial Workers»,
en A Sahai (ed.), Max WeberandModernSociology, London, 1961 (existe trad.

19
SOCIOLOGIA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

cast.); S. T. Ackroyd, «Economic Rationality and the Relevance of the


Weberian Sociology to "Industrial Relations»: British Joumal of Industrial
Relations (1974), pp. 236-248.
Gert Schmidt sintetiza las principales aportaciones en este campo: «Max·
Webers Beitrag zur empirischen Industrieforschung»: Kolner 'Zeitschrift für
Sozio/ogie und Sozialpsycholo'gie 32 (1980), pp. 76-92. Para encua(:irar las
aportaciones sociológicas de Weber en su época: P. Hinrichs, Um die Seele
des Arbeiters. Arbeiterpsychologie, Industrie- und Betriebssoúologie in
Deutschland 1871-1945, Kóln, 1981.
Como en estÓs trabajos están en un primer plano no sólo los problemas
«metodológicos», sino sobre todo «el tema» de investigación que le intere-
saba a Weber; véase para esta cuestión: W. Hennis, «Eine Wissenschaft vom
Menschen,.. Max WebeJ::.und die· deutsche Nationalokonomie der
Historischen Schule», en W. J. Mommsen/W. Schwe1'tk~r,(eds.) ,Max Webef
und seine Zeitgenossen, Gottingen/Zürich, 1988, pp. 41-83; y «El problema
central de Max Weber»: Revista de Estudiosl?q,(Jicos 33 (1983), pp. 49-99.
Sobre la relación de Weber con la psicología experime11tal: S. Frommer,
«Bezüge zu experimenteller Psychologié, Psychiatrie und Psychopathologie
in Max Webers methodologischen Schriften», en G. Wagner/H. Zipprian
(eds.), Max Weber~ Wissenschaftslehre, Frankfurt a.M.,1994, pp. 239-258;
T. B. Strong, «Max Weber und Sigmund Freud: Berufung und Selbster-
kenntnis», en W. J. Mommsen/W. Schwentker (eds.), Max Weber und seine
Zeitgenossen, Gottingen/Zürich, 1988, pp. 640-660.

Sobre la «Asociación de Política Social»:

F. Boese,Geschichtedes VereinsfürSozialpolitik 1872-1932, Berlin, 1939; D.


Lindenlaub, Richtungskiimpfe im Verein{ür Sozialpolitik. Wissenschaft und
Sozialpolitik im Kaiserreich vomehmlich vomBeginn des«Neuen Kurses» bis
zum Ausbruch des Ersten Weltkrieges (1890-1914), Wiesbaden, 1967; D.
Krüger, Nationalokonomen im wilhelminischen Deutschland,Gottingen,
1983.

TABLA CRONOLÓGICA

1864 (21 de abril) Nacimiento de Max Weber en Erfurt, primero de los ocho
híjos de Max Weber, abogado y político prusiano, procedente de una
familia de industriales textiles, y de HeJlene Fallenstein, procedente de
una familia de origen hugonote y dedicada desde varias generaciones
anteriores a la docencia y a la administración.
1882-1889 Estudios universitarios en Heidelberg, Berlín y Gotinga. Se
doctora con Levin Goldschmidt y Rudolf Gneist (1889).con una Tesis
sobre «Evolución del principio de responsabilidad solidaria y del patri-
monio especial en las sociedades mercantiles de las ciudades italianas».
Esta Tesís constituye el tercer capítulo de un trabajo más amplio sobre
«Historia de las sociedades mercantiles en la Edad.Media. Según fuentes
del Sur de Europa».

20
PRESENTACIÓN

1888 Ingresa en la «Asociación de política social».


1892 «Escrito de Habilitación» con August Meitzen sobre «Significación de
la historia agraria romana para el derecho privado y el derecho político».
En el semestre de verano de 1892 comienza a dar clases en la Universidad
de Berlín sobre Derecho mercantil y Derecho romano, sustituyendo a
Goldschmidt, que estaba enfermo.
1893 Matrimonio con su prima Maria Schnitger, que había venido a Berlín
en la primavera de 1892 para estudiar.
18 94-190 3 Docencia como Profesor u niversitarió. En otoño de 1894 comienza
su docencia universitaria en Fríburgo, en cuya Universidad había acep-
tado una Cátedra de Economía Política. En mayo de 1895 pronuncia su
célebre Lección Inaugural de toma de posesión oficial de la Cátedra sobre
«El Estado nacional y la política económica». En 1896 se traslada a la
Universidad de Heidelberg, como sucesor defeconomista Knies. Proble-
mas de salud le llevan a interrumpir en varias ocasiones la docencia
universitaria y a abandonada definitiva·mente en octubre de 1903, a los
39 años. Se le nombra Profesor honorífico. ·
1903-1914 Intensa actividad investigadora y publicística. Junramente con
Edgar Jaffé y Werner Sombart dirige Ja revista Arr:hiv.fürSozialwissenschaft
und Sozialpolitik, donde aparecerán algunos de sus más importantes
trabajos. En 1909 funda la «Sociedad Alemana de Sociología», de cuya
junta directiva forma parte junto con Ferdinand Tonnies, Georg Simmel
y Heinrich Herkner (sustituido muy pronto por Werner Sombart}. La
participación de Max Weber en los debates de la «Asociación de Política
Social» es constante durante estos años, destacando especialmente su
contribución al debate sobre los «juicios de valor».
1914-1918 Durante los dos primeros años de Ja primera guerra mundial,
Oficial de reserva en Heidelberg, encargado de la dirección de nueve
hospitales militares. Continúa su investigación sobre sociología de la
religión y escribe además varios artículos para el periódico Frankfurter
Zeitung sobre la situación política interna y externa de Alemania y sobre
su futuro tras la guerra.
1918-1920 En el semestre de verano de 1918 vuelve a la docencia univer-
sitaria como Catedrático de la Universidad de Viena (Economía políti-
ca). En la primavera de 1919 sucede en la Cátedra de la Universidad de
Munich a Lujo Brentano. Entre noviembre de 1918 y enero de 1919
participa activamente en la campaña política a favor del partido demó-
crata (Deutsche DemokratischePartei). Enla primavera de 1919 forma parte
de la delegación alemana de paz en Versalles. Muere el 20 de junio de
1920.

jOAQUfN AIIEI.LÁN

21
SOCIOLOGÍA 01:L TI\ABAJO INDUSTI\IAL

NOTAS

1. El Informe redactado por Max Weber llevaba por título Die Lage der Landarbeiter im
ostelbischen Deutschland y se ocupaba efectivamente de las provincias de Prusia Oriental, Prusia
Occidental, Pomerania, Posnania, Silesia, Brandemburgo, Mecklemburgo y Lauemburgo. Se publi-
có, en diciembre de 1892, ·como el tercero de los volúmenes que la Asociación de Política Social
dedicó a la evaluación de los resulrados de la encuesta (ahora en Max Weber Gesamtausgabe, v_ol. [/
3). En la asamblea de la Asociación de marzo de 1893, Ma,cWeberexpuso una ponencia al respecto.
Eltextodeestaponencia yde ladiscusiónenMax WeberGesamt4usgabc,l, vol. 4,ed. por W. Mommsen,
Tübingen, 1993, l. Halbband, pp. 165-207.
2. Los _resultados pro_visionales de esra segunda encuesta fueron dados a conocer por Weber
y G!ihre en el transcurso del S.º Congreso Evangélico Social, el 16 de mayo de 1894 (texto de la
ponencia de Max Weber enMax WeberGesamtausgabe, 1, vol. 4, l, Halbband, pp. 3 U-345), pero
la publicación definitiva de uno. parte de los resultados comenzó en 1899. Max Weber fue el editor
de varios cuadernos, con prólogos u observaciones preliminares suyos. Sobre la colaboración de
Max Weber con el Congreso Evangélico Social, véase R. Aldenhoff, •Max Weber und der Evangelisch-
soziale Kongre(~... en W. J. _Mommsen y W. Schwemker (eds.), Max Weber und seine Z,eitgenossen,
Gottingen, 1988, pp. 285-312.
3. Die BarseI. Z.Weckundii11/1ere O,ganisation, Gotringen, 1894, y DieBorsell. DerBarsem,erkehr,
Góningen, 1896_ Posteriormente en Gest1mmelteAu{satze zur Soziologie uJtd Sozialpolitik, Tübingen,
1924, PP- 256-2.88, 289·322..
4. Véase la intervención de Max Weber en respuesta a la conferencia de Karl Oldenbergsobre
«Über Deutschland als lndustriesraat• en Die Verhatullungen des 8. Bvangelisch--sozialen Kongrettes,
abgehaltenzu l.eipzigam 10. u. 11.Juni 1897, Góttingen, 1897, pp. 105-113; 122.-123. También en
Max Weber Gesamtausgabe, I, vol. 4, 2. Halbband, pp. 626-640.
5. Weber coeditó, junto con C. J- fouchs y G. von Schulze-Gavernitz, la investigación de Walter
Abelsdorff sobre los tipógrafos alemanes, escribiendo una nota preliminar al trabajo (W. Abelsdorff,
Beitriige zur So,:ialstat,stikder Deutschen Buchdrucker, Tübingen/Le1pzig, 1900).
6. Véase el «Prólogo" de Herkncr, Schmoller y Alfred Weber al primer volumen de los resul-
tadosdclaencuesta: M. Bernays,Aus/eseundAnpassungderArbeiterscha{tdergeschlossenenGroP1nduslrie,
Leipzig, 1910 (vol. 133 de las publicaciones de la «Asociación de Política Social•), pp. VII-XV.
7. Et título de la publicación era: Erhebu11gen über Auslese und Anpt1ssung (Beru{swt1hl u11d
Beru{sschicksal) der Arbeiterschaft dergeschlossenen Gro/1industrie, Altenbutg, 1908. El texto, incom-
p tero, que se publicó en 1924, dentro de ]os Gesammelte Au{satze ,:ui Sozio/ogie und Sozialpolitik,
(Tiil>ingen; 1924, pp. 1-60) lleva porrítuloMethodo/ogische Einieitu11g (ürdie Erhebungendes Vereins
{ür Soúalpolitik über Auslese und Anpassung (Beru{swahl und Berufsschicksa/ der Arbeiterscha{t der
gesch/ossenenGroPindustrie.
8. «Zur Psychophysik der induscriellen Arbeit,., Archiv{iir Sozialwissenschaft undSozialpolitik
27 (1908), pp. 730-770; 28 (1909), pp. 219-277; 719-761; 29 (1909), pp. S13-542. Posterior-
mente en GesammelteAu{siitzezurSo:r.iologie uJ1dS0z1alpoli1ik, Tübingen, 1924,pp. 61-255
9. Contienen los resultados logrados sobre la industria textil, la industria del automóvil, la
industria del cuero, la mdus_tria cerámica y la industria de maquinaria, éntrc otras. Sobre los resul-
tados de la encuesta, véase M. Bemays, «Berufswahl und Beruísschicksal des modernen Industrie-
arbeiters,,:Archiv{ürSo:dalwisseruchaftundSozialpolitik 35 (1912), pp. 123-176; 36 (1913), pp. 884-
9_ 15.
10. Véase la intervención de Mu Weber en el volumen editado por la Asociación sobre la
asamblea de 1911: Verhand/ungen des Vereins {ür Sozialpolitik in Nümberg 191 I, Leipz:ig, 1912, pp.
163, 176, 189-197.
11. Levenstein envió 8.000 cuestionarios entre 1907 y 1911, y obtuvo un 63% de respuestas;
se interesaba sobre todo por las actitudes y expectacivas de los obreros. Max Weber expresó su opi-
nión al respecto en •Zur Methodik sozialpsychologischer Enqueten und ihrer Bear-beitung•
(recensión de los escritos de A. Levenstein: «Aus der Tiefe,., 1908; •Arbeirer-Philosophen und -
Dichter», vol. 1, 1909; •Lebenstr;:igodie eines Tagelohners•: Archi,, (ür So,:ia/wissenschaft und
Sozialpolitik 29, 1909, pp. 949-958).
12. Ibid., especialmente p. 956.
13. Véase Marianna Webee,MaxWeber. Ein Lebensbild, Tübingen,' 1984,p. 346; W. Hennis,
«El problema central de Max Weber•: Revista de Estudios Polílicos 33 (1983), PP- 49-99.

22
PRESENTACIÓN

14. En sus observaciones sobre Kraepelin, Wcbcrsc hace eco de algunas críticas que Kraepelin
había recibido por parte de algunos de sus discípulos y de algunos expertos, con los que Weber había
estado en contacto. Se trata de Hans Gruhle, doctorando de Kraepelin en Munich en 1904/1905,
yde Willy Hellpach, que en 1905 publicó un articulo en la revista que dirigía Weber, •Sozialpathologie
als Wissenschaft•: Arc.hiv {ür So,;;a/w;sserrschaft ,md So:r.ialpolitik 21 ( 1905), pp. 275-307. Sobre la
posición de Weber respecto a Emil Kraepelin, véase S. Frommer, •Bczüge zu experimenteller
Psychologie, Psychiatrie und Psychopathologie in Max Webers merhodologischen Schriften•, en
G. Wagner/H. Zipprian (eds.),MaxWebers Wissenscha~slehre, frankfurt a.M., 1994, pp. 239-258.
15. Véase Max Weber, GesammelteAufsiit,;e Zllr Wrsscnscha~slehre, Tübingcn, 71988, pp. 173
S. y 42 SS.
16. Weber escribió una recensión del libwdc Wilhelm Ostwald, Energetische Grnndlag,m der
Kulturw,ssenscha~, bajo el título «Energetische "Kulrurtheorien w•:Archiv fürSoúalwissenscha~ ,md
Sozialpolitik 29 ( 1909), pp. 575 .5 98 (posreriormente en Gesammelte A11fsiitzc zur Wissenschaµslebre,
pp. 400-426). Ostwald había fundado la revista Annalen der Naturphilosophie (1902-1911) para
difundir sus planteamientos científicos, en la que colabocaron, entre otros, Wundt, Mach y el his-
toriador Llmp<ccht.
17. Véase •Encrgclische Kulturtheorien ... •, en GesammelteAu(,iitzezurWissenschaµslehre, esp.
pp. 425-426.

23
INTRODUCCIÓN METODOLÓGICA PARA LAS
ENCUESTAS DE LA «VEREIN FÜR SOZIALPOLITIK»
(ASOCIACIÓN DE POLÍTICA SOCIAL)
SOBRE SELECCIÓN Y ADAPTACIÓN
DE LOS OBREROS EN LAS GRANDES FÁBRICAS
(1908)
1
CARACTERES GENERALES DE LA ENCUESTA

La presente encuesta pretende dos objetivos: por un lado, pretende de-


terminar qué efeqos ejercen las grandes fábricas sobre las características
personales, sobre el destino profesional y sobre el «estilo de vida»
extraprofesional de sus obreros; qué características físicas y psíquicas
desarrollan en ellos y cómo se manifiestan esas características en el co_n-
junto del modo de v~da de los obreros; por otro lado, pretende estable-
cer hasta qué punto depende la propia gran industria, por su parte, en su
capacidad de desarrollo y en la orientación de su desarrollo, de las carac-
terísticas dadas de los obreros producidas por sus condiciones de vida,
sus tradiciones y su proveniencia social, cultural y étnica. Son dos cues-
tiones distintas, por tanto, que están interrelacionadas entre sí, y el teó-
rico puede y debe distinguirlas, aunque en la práctica de la investigación
se presentan casi siempre entrelazadas de tal modo que, en último tér-
mino al menos, no se puede responder a la una sin responder a la otra.
La «Verein für Sozialpolitik» se sitúa, en esta encuesta, en el terre-
no de un objetivo exclusivamente científico. Las publicaciones que se
quieren hacer, así como las posibles explicaciones en relación a la
encuesta, son ajenas a toda intencionalidad de «política social» prác-
tica. Su objetivo es puramente «científico-social». No se trata de cómo
haya que <<juzgar» la situación social de la gran industria ni de si la
situación en la que la gran industria coloca a los obreros es agradable
o-no, ni de si alguien tiene la «culpa» de estos aspectos desagradables
y quién sea ese alguien; se trata exclusivamente de establecer objetiva-
mente hechos y de indagar si tienen fundamento en las condiciones de
existencia de la gran industria y en las características de sus obreros.
Y los hechos que se pretenden determinar no residen tampoco en te-
rrenos ni conducen a problemas que puedan ser acometidos con los
instrumentos de la legislación. Con esto no se quiere decir que no

27
INTRODUCCIÓN METODOLÓGICA PAKA LAS ENCUESTAS

-ofrezcan ningún interés práctico. La cuestión de si la capacidad de ren-


dimiento de nuestras grandes industrias está unida a las características
de nuestros obreros -y cuáles serían esas características- , condicio-
nadas por el estado de la cultura y del «carácter popular», así como la
cuestión inversa de con qué cualidades físicas y psíquicas tendremos
que contar en el futuro, cultivadas en nuestros obreros por el continuo
progreso de nuestro desarrollo industrial por ser útiles o necesarias
para la propia gran industria, y la cuestión, por último, de en qué
condiciones generales de vida están colocados estos obreros y en qué
condiciones estarán, todas estas cuestiones tienen una muy considera-
ble significación, con toda seguridad, para problemas de naturaleza de
«política cultural» de importancia general (por ejemplo, de política
escolar) y no sólo de política comercial. Y difundir claridad sobre esas
cuestiones podría tener un gran interés práctico para los implicados,
los empresarios industriales y los propios obreros. Y podría, final-
mente, arrojar más luz que la que e.is:iste actualmente sobre la cuestión
de qué puede considerarse como «alcanzable» y qué no, de cara a las
condiciones de vida dadas de la gran industria, por la vía de la legis-
lación. Pero estos posibles fines prácticos de la encuesta no constituyen
su objetivo. La «Verein» no tiene la intención, con esta encuesta, de
plantear una discusión sobre cuestiones prácticas como ha ocurrido
con otras encuestas. La «Verein» no piensa en que la encuesta sumi-
nistre, por ejemplo, material para emitir un juicio «moral» sobre los
implicados, sean los empresarios o los obreros. Esos propósitos no
servirían de ninguna manera a la neutralidad científica de esta inves-
tigación. Todo el problema de que aquí se trata es, atendiendo a su
propia naturaleza, un problema totalmente neutral desde el punto de
vista de la política social, y no parece superfluo insistir en ello de cara
a los colaboradores. De/aquí se deriva, por ejemplo, que si un colabo-
rador de alguna sección se encuentra con quejas de los obreros sobre
cualquier cosa (sistema salarial, comportamiento de los jefes de taller,
etc.), de acuerdo con el sentido de esta encuestan o tendría que abordar
esta circunstancia como expresión de una «cuestión» práctica, acerca
de la que él tuviera que tomar una posición valorativa, sino que sólo
tendría que considerada como un fenómeno concomitante de deter-
minados procesos de transformación (técnicos, económicos, psicoló-
gicos), cuya evolución hay que explicar objetivamente. Considerándo-
lo desde este punto de vista, estas manifestaciones de los obreros pueden
tener también interés para la presente encuesta. Pero los colaboradores
sólo tendrían que considerar su surgimiento, no su «justificación». Y
evidentemente tendría que valer este mismo principio para irritadas
manifestaciones de los empresarios respecto a los obreros: considerar-
las como expresiones de las fricciones del desarrollo y, eventualmente,
analizarlas.

28
CARACTERES GENERALES DE LA ENCUESTA

La presente encuesta, por tanto, persigue objetivos «teóricos», en


el sentido antes mencionado. Parece útil explicar de qué naturaleza son
estos objetivos de una manera más expresa que lo que se puede despren-
der del «plan de trabajo» comunicado.
La encuesta es limitada en cuanto que tiene por objeto las gran-
des fábricas, es decir, la actividad empresarial que crean, totalmente
o al menos en cuanto a su interés central, las grandes fábricas: pero
el trabajo doméstico conectado a la gran industria habría que com-
pararlo naturalmente, en cuanto a la proveniencia y características
de sus obreros, con los obreros de las grandes fábricas. Llegado el caso,
podría ser fructífero una comparación con la situación de la indus-
tria casera.
El objetivo último de la encuesta no es el análisis de cuestiones
«morfológicas», como la organización de la producción y de las ventas
o la estructura interna de la empresa según sus condiciones económicas
o técnicas. No obstante, es inevitable naturalmente que los colabora-
dores se procuren buenos conocimientos para sus sectores de trabajo,
como se presupon.e en el primer párrafo del «Plan de trabajo». Los pun-
tos que interesarían están tratados, por ejemplo, en el trabajo del Dr.
G. Ephraim sobre una determinada empresa (Organisation und Betrieb
· einer Tuchfabrik, Tübingen, 1906) y se puede recomendar a los cola-
boradores que lo estudien. Pero trabajos de ese tipo no podrían servir
para dar respuesta a las cuestiones que se plantean en esta encuesta, por
muy imprescindibles que sean como trabajos de carácter previo para
realizarla. Así por ejemplo, esta encuesta no debería tener como objeto
propio las distintas unidades de producción de la actividad empresarial
y el tipo de relación entre ellas (a esas unidades de producción se-las
llama usualmente «fábricas» (Betriebe), con lo que se quiere decir de
una manera exacta una unidad de producción reunida en un mismo
edificio y bajo una misma dirección como, por ejemplo, las unidades
técnicas de la metalurgia: la fundición, la calderería, el taller de maqui-
naria, etc., o las unidades técnicas de la industria textil como la hi-
landería, la tejeduría, el departamento de alisado, el departamento de
dobladillos, etc. Lo que interesa en esta encuesta comienza más bien con
preguntas como las siguientes: ¿hasta qué punto existe entre esas uni-
dades de producción un intercambio de mano de obra, un «Avancement»
de unas a otras -estén separadas unas de otras o relacionadas desde
el punto de vista de la producción-, de la contabilidad o de su ubica-
ción física?, o frxiste, por el contrario, una separación más o menos
estricta?, o üiene la separación entre ellas alguna consecuencia desde
una perspectiva social o en la comunicación dentro de la empresa? En
este sentido se comportan de una manera muy distinta entre sí el taller
de moldeo y la calderería 1 la hilandería y la tejeduría, la tejeduría y el
departamento de dobladíllos.

29
INTRODUCCIÓN METODOLÓGICA PARA LAS ENCUESTAS

Lo mismo hay que decir de la organización de las ventas, en sí misma


muy importante. No cónstituye tampoco el objeto de esta encuesta. Pero,
sin embargo, interviene con relativa frecuencia indirectamente y con
carácter radical en las cuestiones de esta encuesta. Por ejemplo, las ventas
que se hacen a través de mayoristas, tal como ocurre en la industria
textil de Inglaterra, favorecen una grandísima especializaci_ón de las
distintas empresas y consiguientemente la de sus obreros, y como con-
secuencia de ello su empleo continuado en el mismo trabajo, Jo cual es
importante tanto para el «destino profesional>i de los obreros, que nos
interesa, como para ver si es posible obtener un material, en cierta medida
«exacto», sobre su capacidad de rendimiento (véase más abajo). Allí
donde existe un mayor trato con minoristas, como en Alemania, la
especialización es inás difícil y consiguientemente el cambio de trabajo
de los distintos obreros, al menos el cambio de género que ellos pro-
ducen (como ocurre en algunas ramas de la tejeduría), dificultando
típicamente su situación y la obtención de cifras claras que caractericen
el nivel de su rendimiento, las oscilaciones de éste y su comparabilidad
con otros obreros de la misma empresa. Aunque. los problemas de
organización interna de la empresa y de las ventas estén llamados a
desempeñar solamente un papel indirecto en esta encuesta,.si bien
importante en ocasiones, hay que aconsejar a los colaboradores que
presten atención a algunas «cuestiones previas» económicas en sentido
estricto, fuera de esas cuestiones organizativas. En este sentido parece
importante que los colaboradores se procuren un cuadro lo más claro
posible de las necesidades de capital de las industrias que vayan a tratar
(para las unidades «técnicas» de producción de determinado tamaño)
y de la estructura «orgánica» del capital necesario, es decir, la relación
de capital inmobiliario y de maquinaria, por un lado, y. de los .costos
salariales y de las materias primas, por.otro. Es dudoso que un empre-
sario esté dispuesto a dar datos detallados sobre su situación concreta
en este punto, pero es igualmente probable,.según la experiencia, que
se puedan establecer con relativa facilidad algunos promedios utiliza-
bles. No sería.menos importante1poder determinar cómo.se ha trans-
formado eftif!mpo de circulación de los capitales en el transcurso del
desarrollo técnico-y e<::onómico de cada sector industrial en los últimos
años y cuál es su situación actual en este sentido. La estructura del capital
de una industria, y esto quiere decir, al mismo tiempo, la estructura de
sus costes de producción, se manifiesta sobre todo en la dirección. en
que se mueve su tendencia a ahorrar trabajo. La instalación de una nueva
máquina, técnicamente mejor, significa, por un lado, la eliminación de
una serie de procesos que eran necesarios para servir la maquinaria
utilizada hasta entonces, lo cual quiere decir que se prescinde de deter-
minadas cualificaciones de los obreros que hasta entonces eran nece-
sarias; significa también, por otro lado, el empleo de otros obreros para

30
CARACTERES GENERALES DE LA ENCUESTA

servir estas nuevas máquinas, que, por su parte, tendrán que desarro-
llar otras cualificaciones. Para la presente encuesta, uno de los puntos
más importantes es determinar, primero, qué tipo de obreros y con qué
tipo de cualificación se eliminan por estos cambios tecnológicos y, se-
gundo, hasta qué punto está condicionado esto por las bases económi-
cas generales de cada inqustria, que dependen del volumen y del tipo
de las necesidades de capital. Las transformaciones tecnológicas, a con-
secuencia de la escasez de «capital» disponible, siguen el camino que
indique la obtención del máximo ahorro en los costes. Pero dónde esté
éste viene determinado en gran medida por la estructura del capital de
las distintas unidades económicas reunidas bajo una única dirección.
El desarrollo tecnológico de cada sector industrial va variando, por
ejemplo, según la impoi:tancia relativa de los costes originados por un
uso antieconómico del material o por el desgaste de la maquinaria o por
fallos o falta de uniformidad en los productos o según la importancia
de los meros costes salariales en cada unidad. La industria, en conse-
cuencia, no pretende sencillamente, como es conocido, prescindir
absolutamente de los obreros mejor pagados a ~ausa de las innovacio-
nes tecnológicas, sino que intenta prescindir de ellos, por ejemplo,
cuando los costes salariales en la sección respectiva del proceso de
producción absorban una fracción relativamente elevada del capital to-
tal, porque los respectivos obreros sean muy cualificados, es decir,
relativamente numerosos y más caros. Y la cuestión que interesa en esta
encuesta es entonces la siguiente: ¿hasta qué punto se echa a un obrero,
en el caso concreto, en beneficio de un grupo más reducido de obreros
con una cualificación eventualmente aun más elevada o por un obrero
de menor cualificación y sustituible en todo momento? Pero en esos
desplazamientos de obreros no siempre se trata, en absoluto, de senci-
llos cálculos de·los costes salariales; la tarea sería precisamente inves-
tigar hasta qué punto los cambios tecnológicos y consiguientemente en
la composición de la mano de' obra están condicionados por esas causas
y hasta qué punto' lo están por otras necesidades, como, por ejempló,
la uniformidad de· los productos, el: ahorro de material, etc. Estas
transformaciones también pueden estar en función del interés de la
industria por acelerar la circulación de su capital. Una condición típica
para una renovación tecnológica amplia es poder aumentar la rapidez
de circulación del capital global no ya a pesar del aumento del capital
fijo, sino por medio de un continuo aumento del capital fijo, y especial-
mente de la maquinaria; Po:r ello, las partes del proceso de producción
que están más expuestas a estas transformaciones -y consiguientemente
los obreros de esas fases del proceso-- son aquellas en las que más tiempo
se pueda ahorrar gracias a la mecanización. Además, grandes sectores
de la industria manufacturera y semimanufacturera·están sometidas a
una creciente «estandarización» de sus productos. Ellas intentan redu-

31
INTRODUCCIÓN METODOLÓGICA PARA LAS ENCUESTAS

cir el número de sus productos al mínimo posible para poder eliminar


la costosa diversificación de su maquinaria productiva, «mecanizan-
do» la producción desde este punto de vista. Las innovaciones tecno-
lógicas, los procesos de eliminación y de nuevas incorporaciones que
siguen bajo la presión de estos intereses, tienen lugar con la máxima
intensidad en aquellas fases del proceso de producción donde se puede
lograr una tipificación mayor de los productos.
La encuesta no debe establecer estas y otras condiciones económi-
cas de las innovaciones tecnológicas, que son distintas según cada sec-
tor industrial. Son importantes más bien para los objetivos que aquí se
persiguen desde un punto de vista metodológico, concretamente para
la cuestión de qué industrias y-dentro de cada una de ellas-qué parte
de los obreros.representan un objeto especialmente adecuado para el
establecimiento de las diferencias de aptitud laboral de los obreros entre
sí, sus causas y sus consecuencias, es decir, dónde habría las máximas
posibilidades para una investigación detallada de este punto con la ayuda
de \os medios que habrán de ser explicados posteriormente. Esto ocu-
rrirá, en primer lugar, donde los costes.salariales representen una
importante fracción de los gastos globales y donde sea, por tanto, es-
pecialmente urgente una utilización racional de los obreros para la
rentabilidad; en segundo lugar -este punto va unido con frecuencia
pero no siempre al primero- donde la cualificación de los obreros sea
de la máxima significación para el éxito técnico de la producción --en
cantidad y calidad-, es decir, donde la industria dependa en gran medida
de la aptitud laboral de los obreros y, en tercer lugar, donde la
«estandarización» de los productos y con ella la continuidad de los
obreros en puestos de trabajos iguales haga posible una medición ele-
vada y lo más exacta posible de los rendimientos de los obreros (véase
más abajo) -lo cual va unido frecuentemente a los primeros puntos,
pero no siempre-. Cuando coinciden productos tipificados, una ele-
vada cualificación de los obreros y una significación relativamente grande
de los costes salariales, el terreno está favorablemente abonado para el
éxito de todas las cuestiones relativas a la «selección» de los obreros.
Se entiende en este punto, sin embargo, que la encuesta, con indepen-
dencia de que no esté pensada únicamente para esta cuestión, no debe
renunciar totalmente a abordar también industrias en las que las con-
diciones para 1a investigación no sean tan favorables desde todos los
puntos de vista. Las posibilidades de llegar a -algún resultado no son
siempre, e1_1 absoluto, peores; pues no debe olvidarse que, además de
la aptitud laboral pura medible en el resultado del trabajo, hay otras
condiciones históricas que determinan la utilización de obreros de
determinadas proveniencias en determinados puestos de trabajo.
Desde una perspectiva objetiva, lás bases económicas de las inver-
siones de capital y de sus transformaciones interesan, en primer lugar,

32
CARACTEI\ES GENERALES DE LA ENCUESTA

para la siguiente pregunta: ¿hasta qué punto han llevado las peculia-
ridades de la estructura del capital, de la evolución de la circulación del
capital y de la «estandarización» en las distintas ramas industriales, en
un pasado no lejano, a alguna transformación en la organización inter-
na de los obreros, en el destino profesional de éstos y en sus caracte-
rísticas profesionales y «humanas»? Es decir, ¿qué transformaciones de
esta clase hay que imputar a la evolución de las inversiones de capital?
En segundo lugar, habría que preguntarse también si la industria en
cuestión se encuentra por su pacte frenada (o cree encontrarse frena-
da), y enquésentido lo está, en la realización de sus inversiones de capi-
tal-por ejemplo en intensificar su capitalización, en ir hacia la estan-
darización o aumentar la rapidez del transporte, etc.- por las
características dadas de sus obreros, porque estas características difi-
culten innovaciones tecnológicas de determinada clase. Si ocurre real-
mente esto hay que continuar preguntándose si existe este freno (o
existía) con carácter general o sólo sectorialmente, por ejemplo, a di-
ferencia de otros sectores económicos, es decir, hasta qué punto depen-
de (o ha dependiqo) de la mano de obra local disponible. Por último
hay que preguntarse de qué manera la industria en cuestión necesita y
pretende adaptarse {o ha necesitado adaptarse) a esta parte de sus
condiciones de producción en el volumen, estructura y circulación de
sus gastos de capital. En este punto sería muy instructiva una compa-
ración entre distintas ramas industriales que dependan del mismo
mercado de trabajo, pero también lo sería una comparación entre dis-
tintas fábricas de la misma rama industrial colocadas en distintos puntos
geográficos que dependan de mercados laborales distintos: para la
situación global de la industria textil y de sus obreros tiene una signi-
ficación fundamental el que la industria textil silesia esté integrada en
el mismo espacio económico con las empresas del Oeste, que se apoyan
en una mano de obra con (relativamente) altos salarios, ella que atrae
a mano de obra barata de la inagotable reserva de población del Este
europeo. Todas las diferencias existentes entre la estructura social del
Este y del Oeste intervienen en esta cuestión.
La cuestión de cómo se procuran las distintas ramas industriales su
mano de obra pertenece asimismo a este contexto. Si se partiera natu-
ralmente de cómo está configurada técnicamente la oferta de trabajo,
la contratación y la colocación laboral en cada industria y para cada
categoría laboral, lo que realmente habría que hacer sería establecer hasta
qué punto dependen las distintas ramas industriales más o menos de la
mano de obra existente en la localidad o en determinadas regiones o
hasta qué punto están en situación, o estaban, de atraer mano de obra
de fuera, y con qué dificultades se topan ahí. Es de gran interés en este
punto establecer lo más exactamente posible de qué otros puestos de
trabajo han sido reclutados las distintas categorías laborales en cada

33
INTRODUCCIÓN METODOLÓGICA PARA LAS ENCUESTAS

fábrica, y concretamente al crecer las industrias o al experimentar una


rápida transformacion tecnológica. El currículum profesional de los
obreros se presentaría, bajo nuestro puesto de vista, como una especie
de «calle por etapas» en la que, partiendo de un determinado origen
cultural, social, étnico y local (que habrá que establecer de más cerca),
se han ido aproximando a su cualificación para el puesto finalmente
alcanzado. También se podrían alcanzar algunos resultados caracterís-
ticos para los obreros sobre todo, cuya cualificación especial sea en gran
medida imprescindible atendiendo a las características técnicas de cada
rama industrial.
De lo dicho se deduce también el papel que está llamada a jugar la
técnica en esta encuesta. Un conocimiento lo más detallado posible de
la técnica de la industria objeto de estudio es un presupuesto evidente
para que sea posible trabajarla. Los funda roen tos más sencillos para ello
los puede suministrar probablemente el estudio de alguno de los nume-
rosos manuales especializados. Pero, evidentemente, no más que eso.
En la medida en que los señores colaboradores no sean elfos mismos
técnicos o, lo que sería de celebrar, maestros en las escuelas técnicas,
que preparan para el conocimiento y el funcionamiento de las máqui-
nas, no se les aconsejará lo suficiente que se sirvan del asesoramiento
permanente de técnicos experimentados y ~ien entendidos en el servi-
cio y en las exigencias de las máquinas y en la evolución histórica de
las mismas. Una exposición de la técnica de las distintas ramas indus-
triales sólo es deseable en la medida en que sea inevitable para la com-
prensión de aquellas cuestiones que constituyen el objeto de esta encues-
ta. Pues, a la vista de la enorme bibliografía sobre la técnica, fácilmente
accesible, no tendría evidentemente ningún sentido convertir estas
exposiciones en un fin en sí mismo. Obviamente son las características
«técnicas» del proceso de producción, en especial de las máquinas, las
que determinan directamente aquellas cualidades de los obreros que
cada rama industrial necesita y que determinan además su posible destino
profesional. Pero al establecer la naturaleza de este contexto, el objeto
no es en modo alguno la descripción de las máquinas, sino solamente
un detallado análisis de las manipulaciones que tienen que efectuar los
obreros en las máquinas-y sólo desde el punto de vista de qué capaci-
dades concretas interesan para las manipulaciones concretas en las
distintas categorías laborales. Este análisis nunca será seguramente
demasiado minucioso.
Los colaboradores prestarán atención probablemente con mayor
frecuencia y de manera más fácil a los puntos decisivos, cuando estu-
dien la evolución del proceso de aprendizaje y cuando intenten averi-
guar en concreto cuál de las distintas partes en las que se puede dividir
el trabajo .de los distintos obreros resulta más difícil al comienzo del
aprendizaje, según la experiencia, atendiendo a los datos de los propios

34
CARACTERES GENERALES OE LA ENCUESTA

obreros y de los empresarios, de los técnicos y de los maestros de taller,


y con qué dificultades choca el aprendizaje en las fases siguientes y la
frecuencia con que se realiza de una manera perfecta. En conexión con
esto habría que estudiar la posible influencia de la diferente proveniencia
social, cultural, étnica y geográfica de los obreros sobre su capacidad
de aprendizaje.
El proceso de aprendizaje, cuyo detallado análisis bajo este punto
de vista podría ser de gran importancia para Los objetivos de esta en-
cuesta, transcurre, como es conocido, de manera muy diferente en cada
una de las categorías laborales. En ciertas tareas muy sencillas se limita
a un proceso de práctica muy sencillo. Ni siquiera los trabajos no es-
pecializados se realizan sin que la «práctica» tenga alguna sobre el
rendimiento. Estos trabajos más sencillos, muy poco «especializados»
en el sentido usual del lenguaje, pueden ser tanto de tipo «físico» como
de tipo «mental». Contar y controlar la cantidad de productos entre-
gados, por ejemplo, puede ser tan mecánico que no requiera casi nin-
guna práctica previa y, a diferencia de lo que ocurre en el servicio de
las máquinas, podría ser realizado por el individuo más limitado y menos
capaz de avanzar, requiriendo solamente la existencia de una fiabilidad
personal, es decir, una «cualidad caracterológica». Entcelos niveles más
bajos de trabajo ,mo cualificado» y una «cualificación» que se aproxima
ya a un «arte» ex:iste toda una gama posible de escalones intermedios
de trabajos y de categorías laborales. No siempre es posible en la prác-
tica hacer una clasificación sencilla en obreros «cualificados» y obreros
«no cualificados»; más bien habrá que distinguir en cada industria cómo,
y en qué cantidad, están distribuidos los obreros de las fábricas de
determinado tipo y tamaño entre los distintos niveles de cualificación
exigida; habrá que distinguir, además, cómo ha cambiado esta estruc-
tura en el pasado reciente y qué transformaciones son de prever en el
futuro inmediato, y por qué. Las ramas de la industria se dividen fre-
cuentemente de una forma muy característica entre aquellas en las que
existe un pequeño grupo de obreros muy cualificados frente a un grupo
más o menos amplio de obreros casi «no cualificados» y aquellas otras
en las que sólo existen diferencias de grado entre las distintas categorías
laborales. Estas situaciones están en una continua evolución por las
transformaciones tecnológicas, que, por su parte, tienen que ver con la
tendencia general de la inversión de capital mencionada antes, y habría
que exponer la dirección de esa evolución.
En la «cualificación» hay que distinguir también varios tipos. Si-
guiendo el uso habitual del lenguaje, se recomienda entender por obre-
ro «cualificado» a quien haya hecho realmente algún aprendizaje según
el modelo de aprendizaje de los antiguos gremios o alguno similar, sea
en un taller artesano o en un taller de aprendizaje específico o en la propia
fábrica. De éstos habría que distinguir a los obreros «semicualificados»

35
INTRODUCCIÓN METODOLÓGICA PA~A LAS ENCUESTAS

(angelernte Arbeiter), que se colocan en la fábrica directam~te en las


mismas máquinas u otras similares que luego tendrán que atender y son
enseñados hasta que logren un rendimiento normal o el mínimo nece-
sario para que su empleo sea rentable; en esta diferenciación habrá que
tomar en consideración los niveles intermedios que se puedan encon-
trar entre ambas categorías. En este tema habría que investigar por qué
las distintas ramas de la industria o las distintas fábricas condicionan
una u otra forma del aprendizaje, es decir, si todavía es necesario ac-
tualmente -y por qué- un aprendizaje reglado para determinadas ca-
tegorías laborales y no para otras, según la naturaleza de la tarea, en vez
de un aprendizaje directo en la fábrica, o hasta qué punto, por ejemplo,
no está condicionado el empleo de mano de obra «cualificada» .en el viejo
sentido por las características técnicas de las exigencias que les impone
a los obreros el propio proceso de producción por su propia naturaleza,
sino que es básicamente un residuo histórico, etc. Para la clarificación
de las causas en cada caso concn;to sería deseable investigar los costes
directos e indirectos aproximados que surjan del «aprendizaje en Ja
fábrica», al tener que poner a disposición algunas máquinas y algunos
obreros instructores, por ejemplo, además de tener una producción
menor en relación a las ganancias mínimas garantizadas durante el tiem-
po del aprendizaje, etc. Asimismo habría que determinar como algo muy
importante qué volumen de rendimiento habría que exigir en cada caso
concreto para poder afirmar que se ha completado el aprendizaje, es
decir, para poder contratarlo como pleno obrero,.y habría que estable-
cer, finalmente, en cuánto tiempo se ha alcanzado este volumen por
parte de los obreros de.las distintas categorías según su edad, sexo y
proveniencia social, cultural, étnica o geográfica y según su ocupación
anterior en este u otros oficios, y a qué se deben las díferencias que se
muestren en ese sentido. Para la encuesta podrían ser muy importantes
los posibles resultados sobre este punto, apoyados en materiales sufi-
cientemente amplios e interpretados con cautela, pues quizá podrían
atribuirse a las diferencias de capacidad de aprendizaje de los obreros
según la proveniencia de cada uno. Esto, por supuesto, solamente si se
ha realizado el ptoceso de aprendizaje en la fábrica en condiciones si-
milares; pues es muy diferente, por ejemplo, que un obrero tenga que
aprender a manipular una nueva máquina pieza por pieza siguiendo las
instrucciones de un maestro o que se encuentre continuamente en la
proximidad de obreros plenamente «experimentados» que realicen las
mismas manipulaciones, pudiendo «compartir» su trabajo por imita-
ción. En algunas fábricas, esta influencia del «compartir» el trabajo de
los obreros experimentados ha producido en algunos obreros una re-
ducción de su tiempo de aprendizaje a casi una sexta parte. En cambio,
por otra parte, aun con las mismas condiciones de aprendizaje el tiem-
po necesario es muy diferente según los individuos y habría que per-

36
CARACTERES GENERALES DE LA ENCUESTA

seguir las condiciones de estas diferencias, concretamente en cuanto que


puedan tener su origen en diferencias de procedencia.
Junto a esto, la influencia de 1a estructura interior de los obreros tal
como viene condicionada por su rendimiento, por el nivel de cuali-
ficación requerido y por el tipo de aprendizaje sería uno de esos puntos
en los que habría que acometer el análisis del destino profesional, de las
relaciones sociales de los obreros entre sí y de las cualidades
«caracteriológicas» de los obreros que Ja gran industria desarrolla. Las
cuestiones que entran en consideración en este punto son claramente
las siguientes: a) ¿hasta qué punto evolucionan los obreros hacia: una
diferenciación cualitativa entre sus distintos estratos y, desde ahí, hacia
una diferenciación social y económica, o evolucionan, por el contrario,
hacia una mayor uniformidad?; b) ¿hasta qué punto la gran industria
especializa de manera creciente a lós obreros para la práctica exclusiva
de cualidades específicas o, por el contrario, los configura de una manera
universalista?; e) <hasta ·qué punto las distintas ramas industriales se
libran de determinadas cualidades de sus obreros, sean éstas inculcadas
por educación o aprendidas en la práctica y hasta qué punto le corres-
ponde a la «estandarización» de los productos una «estandarización» de
los obreros o, a la inversa, hasta qué punto le corresponde a la especia-
lización de los medios de trabajo una diversificación de las cualidades
de los obreros?; d) <cómo se configuran para los obreros las oportuni-
dades de «Avancement» dentro de los empleos, tanto desde el punto de
vista económico (según sus posibles curvas de ganancia) como desde el
punto de vista organizativo (grado de independencia relativa en el tra-
bajo o incluso puesto de mando al que se llegue a lo largo de la vida
profesional en vez de !ªinevitable subordinación inicial} o desde un punto
de vista «psicológico» (según la inclinación subjetiva a los distintos
puestos de trabajó en los que tengan la oportunidad de entrar). También
entra aquí la cuestión de la «satisfacción en el trabajo» (H. Herkner) y,
por ejemplo, la valoración de la cuestión a veces comentada de bajo qué
condiciones puede el «servicio» de la máquina ser sentid_o por parte del
obrero como una «dominación» de la misma. Y e), por último~ cómo
se manifiesta el resultado de todas estas influencias en el «estilo de vida»
y en las características psicofísicas y caracteriológicas de los obreros de
una rama industrial. Estas cuestiones tan importantes de la encuesta
tienen que partir en conjunto, evidentemente, del proce~o de adapta-
ción a determinada capacidad de rendimiento que la industria requiere,
pero también de los presupuestos y consecuencias físicos y psíquicos
generales que tiene la «adaptación» y la «práctica».
En la medida en que los colaboradores no sean fisiológos o psicó-
logos experimentales de profesión o formación, no puede presuponerse
que posean los conocimientos especializados necesarios para dominar
los resultados de esas ciencias que podrían ser tomados en considera-

37
INTRODUCCIÓN METODOLÓGICA PARA LAS ENCUESTAS

ción para los objetivos de esta encuesta. Intentar valorar esos resulta-
dos sin un control estricto de especialista fallaría fácilmente como
diletantismo. Si abordamos aquí estos problemas más de cerca, lo
hacemos para lograr una visión de conjunto sobre aquello a lo que, en
principio, habría que aspirar con esta encuesta como objetivo último;
pero no para inducir a los colaboradores, cuya mayoría serán predo-
minantemente economistas puros, a que se atrevan a adentrarse en un
terreno no familiar a su especialidad. Parece útil que cada uno tenga
claro qué problemas no ha analizado hasta el fondo con su planteamien-
to. Pero, por otra parte, nada habría que celebrar más que la posible
colaboración de especialistas de las distintas disciplinas afectadas.

38
2
LOS PROBLEMAS CIENTÍFICO-NATURALES
DE LA ENCUESTA

Hay que constatar desde el principio que los relevantes progresos que
se han hecho sin duda en el análisis de los hechos que se van a consi-
derar aquí sólo han llevado, por efecto de la extraordinaria dificultad
de los controles experimentales, a algunos resultados parciales utiliza-
bles para los objetivos de esta encuesta, si se dominara de manera más
completa el material.
·Esto vale en gran medida incluso para el terreno de la mera prdc-
tica muscular. Sería-recomendable la ayuda de un experto en fisiología
al abordar las transformaciones técnicas de los trabajos corporales. Apo-
yándose en sus análisis habría que examinar hasta qué punto el desa-
rrollo de la técnica, tal como se realiza bajo la presión de la economía
de costes de la economía privada, sigue al mismo tiempo la dirección
dela economía de la energía fisiológica (ahorro en la «pérdida de ener-
gía», es decir, ahorro en el rendimiento general de los músculos no
utilizados en forma de trabajo). Está establecido, por ejemplo, que la
«práctica» de determinadas tareas también significa básicamente una
«automatización» de los impulsos de la voluntad articulados origina-
riamente en la conciencia; y que, asimismo, esto significa un ahorro de
energía fisiológica en el terreno muscular o nervioso (respectivamen-
te). Pero habría que determinar qué amplitud tiene este principio en
cada sector industrial en concreto. También está ya establecido que
la«ritmización» del trabajo proporciona un servicio similar, en parte
directamente y en parte a través de la mecanización; Podría ser valioso
esforzarse por establecer qué ocurre con la ricmización bajo la influen-
cia de las máquinas. En este punto habría que prestar atención a que
estas influencias parece que son m:uy diferentes, según las investigacio-
nes experimentales existentes, según si se adaptan al ritmo más adecua-
do para el sistema psicofísico individual o según si se le fuerza a ese ritmo

39
INTRODUCCIÓN METODOLÓGICA PARA LAS ENCUESTAS

desde fuera con su oposición en contra. Otros problemas más comple-


jos, que sólo se podrían abordar con la ayuda de fisiólogos, se tocarían
en cambio, por ejemplo, con las cuestiones de hasta qué punto la eli-
minación de rendimientos musculares y la práctica con máquinas van
juntas realmente con la eliminación de los músculos grandes a favor de
los más pequeños y con un aumento en la reducción del movimiento
de los músculos no requeridos directamente (como se ha dicho); y, fi-
nalmente, con la cuestión de hasta qué punto el aumento de la veloci-
dad de las mdquinas y consiguientemente un ~umento en la intensi-
ficación del trabájo ha ido y todavía va paralelo al aprovechamiento de
la «suma de efectos secundarios del estímulo», afirmado y también
demostrable experimentalmente, al menos en principio, de modo que
result~ba de .aquí un ahorro de energía en el sentido fisiológico de la
palabra. Algunas de estas importantes hipótesis fisiológicas son bastan-
te ~ontrovertidas entre los propios especialistas. El análisis del desarro-
llo tecnológico de industrias importantes desde similares puntos de vista
p~dría producir hasta cierto punto valiosos resultados, pero sólo si se
acometiera bajo el control de especialistas. Por ello seria de celebrar que
fisiólogos o médicos con buena base fisiológica participaran en el tra-
bajo de esta encuesta como colaboradores. En todo caso, sería asunto
de los expertos en fisiología juzgar hasta qué punto se estaría ya hoy
sobre suelo firme en semejantes investigaciones desde el estado actual
de los conocimientos fisiológicos y a qué problemas habría que prestar
atención. Pero, frente a la casi irresistible tentación que sienten a veces
las distintas disciplinas de las ciencias naturales de querer deducir los
fenómenos sociales desde sus especialidades -por ejemplo, interpre·
tar el deliarrollo industrial en función de las leyes de la economía de la
energía fisiológica 1- , habría que mantener que la industria como tal
no aspira a un «ahorro de energía» sino ;i un «ahorro de costes» y que
las vías por las que consigue este úhimo no siempre coinciden en ab-
soluto con un desarrollo racional desde el punto de vista fisiológico,
sino que, más bien, por motivos muy diversos, el desarrollo de la utili-
zación económica óptima del capital puede diverger del desarrollo de
la utilización de la energía hacia su óptimo fisiológico.
Pero en los casos en los que el desarrollo tecnológico muestre real-
mente una transformación claramente progresiva y característica del
funcionamiento fisiológico de los obreros -no se puede establecer de
antemano con qué frecuencia ocurra eso-, habría que preguntarse de
qué forma participan en los casos concretos de este desarrollo fisioló-
gico las distintas tendencias económicas que surgen del interés de ren-
tabilidad del capital (ahorro salarial, aprovechamiento económico de la
materia prima y de las máquinas, aumento de la rapidez en el transporte,
estandarización, etc.) y sólo luego qué partes de los músculos o del
sistema nervioso son preferid as y cuáles otras son relegadas, y qué conse-

40
LOS PROBLEMAS CIENTIFICO-NATURALES DE LA ENCUESTA

cuencias tiene esto para el habitus fisiológico o qué consecuencias ha


tenido o tendrá más adelante. No basta en ningún caso la mera indica-
ción de que el desarrollo tecnológico ha correspondido a determinados
postulados de la economía de la energía fisiológica.
Aún sería más importante para esta encuesta el establecer si el
desarrollo del moderno trabajo industrial ha tenido; y tiene, condicio-
nes y consecuencias psíquicas básicas -y cuáles son-, si se pudieran
emplear al respecto algunos conocimientos de psicología experimental
suficientemente claros, reconocidos y al mismo tiempo exactos. Por
desgracia, esto sólo ocurre rara vez. Cuando las amplias investigacio-
nes de esa disciplina que se han ocupado del problema del trabajo han
estado influenciadas por problemas actuales, han tenido una orienta-
ción predominante de higiene escolar. De ahí ha resultado, por una parte,
que, en contra de algunas esperanzas iniciales, no exista, actualmente
en todo caso (según algunos investigadores, quizá nunca) ningún método
de medición exacto y apropiado para investigaciones masivas que ofrezca
resultados intachables sobre la evolución de las curvas de fatiga y de
práctica, de las diferencias individuales a ese respecto y de su condicio-
namiento por las características de·temperamento y de carácter. Ni el
sistema de los llamados mental tests, cultivados especialmente en Francia
y Estados Unidos, ni los intentos de medir los efectos psíquicos secun-
darios del trabajo con estesiómetros y otros instrumentos semejantes
son reconocidos por los especialistas alemanes importantes como medios
suficientemente seguros para determinar las diferencias individuales.
Tales investigaciones requieren más bien la realización de experimen-
tos con los individuos concretos, que frecuentemente dura_n varias se-
manas y en condiciones muy cuidadas y observadas. Por ese motivo,
hasta ahora esas investigaciones no han podido tratar las condiciones
psíquicas o psicofísicas del trabajo concreto en la fábrica. A consecuen-
cia de su orientación predominante de higiene escolar, por sus princi-
pios metodológicos y por las características de sus instrumentos, se
ocupan sobre todo de la investigación de la actividad de la memoria y
de los procesos de asociación. Se ocupan también de la influencia de
la fatiga y de la práctica en los trabajos «mentales», y los resultados de
estas investigaciones en especial sí entrarían en consideración. El con-
cepto de lo «mental» se entiende ahí en un sentido muy amplio, en la
medida en que abarca también actividades del sistema psicofísico muchas
veces puramente mecánicas o típicas en alto grado (aprender sílabas sin
sentido y similares). Al investigar la capacidad de rendimiento de los
obreros de la gran industria, no desempeña ría en todo caso ningún papel,
o uno muy reducido, la contraposición entre trabajo «físico» y trabajo
«mental», si se quisiera entender por trabajo mental solamente la ac-
tividad «combinatoria», en el sentido más estricto de la palabra. A los
obreros que trabajan con máquinas, en efecto, sólo se les exige una

41
INTRODUCCIÓN METODOLÓGICA PARA LAS ENCUESTAS

actividad así con carácter excepcional y por casualidad - y en pocas


ocasiones-. En cambio, si se toma el concepto de «trabajo mental» en
una acepción menos •<pretenciosa», muchos de los trabajos industriales
caen bajo este concepto. Y sobre todo: las diferencias entre los rendi-
mientos que exige la industria de los obreros son muy grandes si se las
mide por la contraposición «mental-físico», mucho mayores en todo caso
que la contraposición entre el grupo de obreros que trabaja sobre todo
«mentalmente» y Los estratos sociales con los que se solapan. El con-
cepto de mental es en verdad totalmente inadecuado e inutilizable para
una clasificación. De lo que se trata, más bien, es de en qué medida y
en qué dirección tiene lugar, o no tiene lugar, la puesta en funciona-
miento del sistema nervioso central por determinados tipos de activi-
dades y qué tipo de reacción del sistema nervioso configura las bases
de La actividad en cuestión. Se ha dicho, por ejemplo, y no totalmente
sin razón, que el trabajo de un obrero con una perforadora al preparar
el material para la máquina es de la misma naturaleza que el de un cirujano
durante una operación « atendiendo a La naturaleza de la acción»: se
quería decir según las funciones del sistema psicofísico que se ponen
en acción. Y, por ejemplo, La cualificación de una obrera familiarizada
con los telares mecánicos no depende, en último término, de cualida-
des «físicas» sino sobre todo de si posee «visión de conjunto» y «con-
centración» para dominar simultdneamen'te un número tan grande de
telares que le resulte rentable al empresario emplear este tipo de má-
quinas y a la obrera en cuestión. En sentido estricto, no existe ningún
trabajo que sea solamente «físico», es decir, un trabajo que sólo ponga
en funcionamiento determinados músculos y el.correspondiente siste-
ma de transmisión nerviosa. Pero, no obstante, en un obrero que esté
excavando tierra se ponen en funcionamiento, se practican y se fatigan
preferentemente ciertos músculos y los nervios.correspondientes, mien-
tras que lo hacen relativamente menos las funciones del sistema
psicofísico en las que pensamos cuando hablamos de «trabajo mental»
-rapidez de asociación, capacidad de concentración, etc,-; tan poco
lo hacen que la «fatiga» laboral así como la «práctica» a consecuencia
del trabajó se extienden menos a esas funciones. Si se quiere hacer
realmente distinciones entre los distintos tipos de trabajo, ante la flui-
dez de la transición que existe entre ellos, puede preguntarse qué ca-
pacidades y qué funciones del sistema psicofísico se ponen preferente-
mente en funcionamiento en cada trabajo, siendo, consiguientemente,
objeto de laprdctica y de la fatiga. Éste seda el punto de vista que debería
guiar una clasificación de los obreros para los pbjetivos de la encuesta.
Parece seguro que, en algunas ramas industriales, la evolución tecno-
lógica se mueve en la dirección de un aumento de las funciones nervio-
sas y de actividades cerebrales similares, de actividades por tanto que
se diferencian de quienes trabajan «mentalmente», en el sentido usual

42
LOS PROBLEMAS CIEN TÍ f I C O • N-A TURA LES OE LA ENCUESTA

del término, por la monotonía de su contenido y por la ausencia de esa


«relación con los valores» que solemos asociar al trabajo «mental». Sólo
la propia encuesta dirá hasta dónde ocurre esto y si tiene consecuencias
-y cuáles-desde el p1,1nto de vista de la salud, de la psicofísica y desde
un punto de vista «humano» -con lo controvertidas que son estas
cuestiones-. Habría que aconsejar al respecto a los señores colabora-
dores que, en la medida en que no tengan una formación neurológica,
se pongan en contacto con médicos con una amplia orientación
neuropatológica para conocer los efectos nerviosos directos del trabajo
industrial y de las circunstancias que lo acompañan -por ejemplo, el
ruido de las máquinas- que son asimismo importantes, al menos se-
gún algunas opiniones; como factor etiológico: es decir, conocer el gasto
de energía que ahí se produce. Pero siempre con la salvedad de que esta
encuesta, en la que interesa el establecimiento de las tendencias, de
evolución, no debe desplazarse por ello a consideraciones de higiene
social práctica. (Sobre este aspecto de la cuestión, véase el artículo del
Dr. G. Heilig «Fabrikarbeit und Nervenleiden», en la revista Wochen-
schrift für soziale Medizin, 1908, núm. 31 ss., y los trabajos del Dr. W.
Hellpach· y otros allí citados.) Habría que pensar en una investigación
sistemática con los médicos del seguro sobre la tendencia de los obreros
a la neurosis en las distintas industrias y según las distintas categorías
laborales. Estaría asimismo bien que colaboraran en la encuesta seño-
res experimentados de esos círculos.
Para los fines concretos de esta encuesta, por los motivos ya indi-
cados, los colaboradores no podrán recibir quizá una ayuda demasiado
directa de los resultados logrados hasta ahora por los trabajos de la
psicología experimental sobre los procesos de la fatiga y de la práctica,
por muy importantes que. éstos sean. De todos modos podría ser de
utilidad el familiarizarse con algunos de los conceptos más sencillos que
suelen utilizarse en las investigaciones recientes de esa naturaleza, por
muy controvertido que sea actualmente, por desgracia, el contenido de
muchos de ellos 2 • Conceptos como «fatigabilidad» (Ermüdbarkeit)
(medida por el ritmo y el nivel en que progresa la fatiga), «capacidad
de recuperación» (J!,rholbarkeit) (según el tiempo en que se reconstruya
la capacidad de rendimie~to tras haberse experimentado la fatiga),
«capacidad de práctica» (Ubungsfiihigkeit) (según el ritmo en que au-
_menteel rendimiento en el transcurso del trabajo), «solidez de la prác-
tica» (Übungsfestigkeit) (según el nivel de los «remanentes de práctica»
que subsisten tras las pausas y las interrupciones en un trabajo),
«estimulabilidad» (Anregbarkeit) (según la medida en que el efecto
«psicomotor» del trabajo incremente el rendimiento), «capacidad de
concentración» (Kom;entrationsfiihigkeit) y «capacidad de distracción»
(Ablenkbarkeit) (según exista o no la distracción, y en el primer caso
según la medida en que se reduzca el rendimiento a causa de un «me-

43
INTRODUCCIÓN t1 ETOOOLÓG ICA l'ARA LAS ENCUESTAS

dio» desacostumbra_do o a causa de «interrupciones»), «capacidad de


habituación» (Gewohnungsfiihigkeit) (a un medio desacostumbrado,
a las interrupciones y, lo que en principio es más. importante, a simul-
tanear varias tareas); estos conceptos y otros similares son suficiente-
mente claros en cuanto a su contenido, representan unidades medibles,
tienen Úna utilidad probada y pueden muy bien ofrecer a los colabo-
radores una visión global sobre ciertos eleJl\entos simples de la
cualificación laboral personal e incluso en una terminología operativa,
pues se puede trabajar muy bien con ellos incluso donde no se pueda
establecer numéricamente elgrado en que influyan sobre el rendimien-
to laboral los factores por ellos denominados. Y, además, las explica-
ciones de la psicofísica especializada sobre, por ejemplo, las relaciones
entre la fatiga y el cambio de trabajo, sobre las consecuencias subjetivas
y objetivas de «estar predispuesto» para un determinado trabajo, sobre
el modo en que se realiza la adaptación de los distintos factores
psicofísicos al practicar tareas cómplejas y al realizar simultáneamente
varias tareas, sobre si las reacciones tienen una base motora o una base
sensorial de ~ara a sus consecuencias para la cantidad y la calidad del
rendimiento y sobre si esa diferencia está condicionada por diferencias
en los fundamentos psicofísicos de la «personalidad»; estas explicacio-
nes y otras semejantes, por muy pocas cosas firmes que hayan aportado
hasta ahora en algunos puntos, serían muy apropiadas para tener una
visión más profunda de una serie de problemas generales que destacan
dentro de las cuestiones bastante complejas de las.condiciones del ren-
dimiento industrial y de los efectos del desarrollo tecnológico, concre-
tamente del «fraccionamiento del trabajo» y de procesos similares. Sería
especialmente muy importante que se pudieran encontrar algunosdatos
psicofísicos exactos para la cuestión de los requisitos y las consecuen-
cias del cambio de trabajo. En este punto hay que sostener que la pre-
sen te encuesta tiene que abordar este problema totalmente desde el punto
de vista de la rentabilidad. Este punto de vista está en contra, la ma-
yoría de las veces, del cambio de trabajo, pues, en términos globales,
es éste evidentemente un fenómeno que tiene una influencia desfavo-
rable sobre el aprovechamiento continuo de ta·s máquinas, y con fre-
cuencia tiene una in.fluencia desfavorable en términos muy radicales.
Pero, por otro lado, es un fenómeno favorable allí, por ejemplo, donde
sea necesario darle al obrero la oportunidad --cuando se amplía la es-
pecialización-de conocer por sí mismo los efectos de sus fallos, al poder
desarrollar otra tarea en la etapa siguiente del proceso de producción.
En todo caso, en todos aquellos casos en los que se dé un cambio de
trabajo hay que preguntarse qué experiencias han tenido los directivos
de las empresas de los distintos sectores industriales y en los distintos
trabajos con los cambios de trabajo dentro de la empresa en relación
a sus efectos sobre el rendimiento. Hay que preguntarse qué diferen-

44
LOS PROBLEMAS. CIENTIFICO-NATURALES DE LA ENCUESTA

cias se ponen de manifiesto en la aptitud laboral atendiendo al tipo de


trabajo que hayan realizado los obreros antes de empezar a trabajar en
sus puestos actuales o más atrás en el tiempo o, incluso, en su juventud.
Estas diferencias son, con frecuencia, considerables y se pueden esta-
blecer también numéricamente (véase más adelante), Pero también
habría que tomar en consideración asimismo las experiencias y las
actitudes subjetivas de los propios obreros. Su actitud subjetiva está
determinada en gran medida, evidentemente, por factores racionales:
las diferencias de salarios, la comodidad en el trabajo, etc. Donde pre-
dominen claramente estos factores, no se trata naturalmente de su
posición respecto a la cuestión de si se prefiere el cambio de trabajo o
la permanencia en el mismo ni si esto podría estar condicionado por
causas fisiológicas o psicológicas -y cómo sería-. Pues la actitud de
los obreros respecto al cambio de trabajo como tal, es decir, cuando los
distintos tipos de trabajo no muestran ninguna diferencia considerable
en cuanto a su soportabilidad o comodidad, está determinada por
consideraciones económicas lógicas. En una empresa donde el cambio
de trabajo presione continuamente sobre el rendimiento a consecuen-
cia de la «pérdida de práctica» y de la necesidad de adaptarse a un nuevo
trabajo, presiona también sobre el salario, si es un salario a destajo. En
los sectores industriales con una producción diversificada (con escasa
estandarización), en las épocas de depresión-en las que se reducen los
pedidos y aumenta la diversificación de la producción (calculándola en
unidades de tiempo)- la crisis recae sobre las oportunidades salariales
de los obreros en forma de un cambio más frecuente de trabajo. Tam-
poco se puede hablar en estos casos de que su posición respecto a este
proceso esté condicionada fisiológica o psicológicamente. Tampoco
cuando se observa que los obreros mayores, casados, prefieren mante-
ner unos salarios iguales y con un trabajo continuado, aunque sea
monótono, mientras que los obreros más jóvenes y solteros, en cambio,
prefieren cambiar de trabajo para ampliar su aprendizaje y, consi-
guientemente, el valor de su fuerza de trabajo. No obstante, junto a estos
y otros casos similares -que habrá que estudiar más detalladamente-
en los que el comportamiento de los obreros está determinado por
consideraciones económicas, hay muchos otros casos en los que su
comportq__Il!i.ento parece no estar claramente determinado por tales
consideraciones y, a veces, incluso parece contradecirlas. Parece plau-
sible, y se ha observado en algunas ocasiones, que el cambio de trabajo
como tal, es decir, cuando no dicen la palabra decisiva las oportunida-
des económicas ni la comodidad o incomodidad del trabajo, se les
presente como algo deseado. Pero también están confirmados con
seguridad otros casos en los que los obreros no deseaban el cambio de
trabajo, ni siquiera dándoles la total garantía de que no les iba a traer
ningún perjuicio económico. Que no estaban en juego aquí circunstan-

45
INTRODUCCIÓN METODOLÓGICA PARA LAS ENCUESTAS

cias excepcionales ni una vinculación interior genérica a la tradición


parece demostrarse por el hecho de que, en algunas ocasiones, se ha
enconreado esa resistencia en obreros que habían realizado un cambio
de empresa y de lugar con toda facilidad, e incluso con predilección,
si podían colocarse fuera en un puesto de trabajo igual. No se puede
determinar a priori si para explicar esto se podrían utilizar aquí los
conceptos de «habituación a» y de «predisposición» para una tarea
concreta, conceptos cuya significación para la curva de rendimiento se
puede medir al parecer experimentalmente.
En estos y en otros muchos casos semejantes, siempre parece po-
sible que las consideraciones puramente psicofísicas no permitan una
respuesta clara; porque los motivos intervinientes son demasiado com-
plejos. Esta situación se repetirá en numerosas ocasiones. En conjun-
to, en el estado actual de los trabajos psicológicos, los colaboradores
se verán con frecuencia abandonados a sus propios recursos casi siem-
pre que tengan ocasión de describir las diferencias de las «caracterís-
ticas anímicas» generales de los obreros según su tipo de empleo y su
proveniencia social, es decir, sus diferencias de «carácter», de «tempe-
ramento» y de «actitud» «intelectual» y «moral» -cosas éstas que tie-
nen sin duda alguna una significativa influencia sobre la cualificación
para los distintos tipos de trabajo industrial:..__. Es verdad que los an-
tiguos «cuatro temperamentos» están siendo sustituidos por las cuatro
combinaciones posibles entre la intensidad y la duración de los sentimien-
tos; pero se pierde el contenido cualitativo que se encerraba en esos vie-
jos conceptos. Hasta ahora, los trabajos de «psicología diferencial», los
de «caracteriología», los de «etiología» o los de «psicología especial»
-o como se llamen estas investigaciones-no han logrado sustituir ese
contenido por otra clasificación de los «temperamentos» -por dificul-
tades metodológicas genéricas- ni han logrado clasificar las numero-
sas diferencias cualitativas de las actitudes, que nosotros denominamos
«carácter» y que son muy complejas desde el punto de vista.psicológico.
:No existe actualmente ninguna clasificación de estas diferencias que
tenga un reconocimiento general ni existe ninguna en especial apropia-
da sin más para que pudiera servir de base a·los fines de la presente
encuesta. Las diferencias psicológicas con las que hoy en día trabaja la
psiquiatría son demasiado sencillas o demasiado específicas, por razo-
nes que proceden de la especial naturaleza de esta ciencia. Por este
motivo, sólo se puede aconsejar a los colaboradores que observen lo más
exactamente posible las formas de manifestación externa de las «dife-
rencias de·carácter» en la medida en que se presenten inequívocamente
en la realidad, es decir, los diferentes modos de reacción de los indivi-
duos que se pueden observar en su comportamiento externo, en donde
crean reconocer aquellas diferencias; y se les puede aconsejar que des-
criban esas diferencias en el lenguaje cotidiano de la manera más sen-

46
LOS PROBLEMAS CIENTfFICO•NATURALES OE LA ENCUESTA

cilla y comprensiva posible. Pero, en beneficio de esta encuesta, habría


que aconsejar encarecidamente a los señores colaboradores una cosa:
que, en caso de que, en sus lecturas o a través de las sugerencias de algún
fisiólogo, o de algún psicólogo o de algún biólogo o antropólogo con
formación especializada, tengan ocasión de familiarizarse con los prin-
cipios generales de esas disciplinas no «se pierdan» en esos problemas,
por muy interesantes que le puedan parecer a cualquiera, y que no «se
adscriban» bajo ningún concepto a ninguna de las teorías generales
psicológicas o biológicas o antropológicas que están enfrentadas entre
sí. No como si los problemas más generales de ~as ciencias naturales no
pudieran afectar a los planteamientos de esta encuesta ni tampoco como
si los hechos que sacarán a la luz nuestros planteamientos no pudieran
ser de interés para aquellas teorías generales. Ambas cosas son posibles.
Pero para la neutralidad de la indagación de los hechos, que es la base
fundamental para que triunfe esta encuesta y que_ constituye sobre todo
su objetivo esencial, no podría suceder nada peor que el que se estable-
cieran esos hechos desde un principio desde la perspectiva de corrobo-
rar la corrección.o no de esas hipótesis generales de las ciencias natu-
rales. Si ya conduce a veces a extravío que los especialistas de las ciencias
naturales sin conocimientos precisos de los problemas económicos
intenten eso, si se hiciera lo mismo por parte de no especialistas difí-
cilmente se favorecerían las ciencias naturales, a causa del inevitable
diletant:ismo, y sí se dañarían gravemente los objetivos de esta encues-
ta, particularmente al intentar una construcción partiendo de un punto
de vista hipotético. Pues, incluso siendo muy concienzudos, siempre
estaría presente el peligro de ignorar aquellos hechos que no se acomo-
daran a aquella interpretaéión hipotética o de no establecerlos o repro-
ducirlos, en todo caso, con el interés y la perfección deseados. Por este
motivo no se aconsejará con suficiente insistencia, primero, que se atraiga
a colaboradores especialistas cuando se desee tener una apoyatura en
conocimientos científico-naturales; segundo, que se utilicen los resul-
tados de los trabajos científico-naturales cuando se trate de hechos
importantes para los objetivos de esta encuesta que tengan reconoci-
miento y sean sólidos en virtud de haber sido comprobados y, tercero,
que sólo se utilicen, en cambio, terminologías y teorías generales de las
ciencias naturales cuando tengan el reconocimiento general de los
especialistas y cuando esto aporte, excepcionalmente, alguna ventaja
realmente palpable para los objetivos de la_ encuesta.
Estos principios valen especialmente cuando se llega a las cuestio-
nes de la herencia biológica; y difícilmente se podrá evitar, si se utiliza
el concepto de «disposición natural». Difícilmente se evitará el contacto
con esas cuestiones cuando se aborden más de cerca las causas de las
diferencias en la aptitud laboral. Y tampoco se podrá evitar cuando, en
alguna fase de la investigación, haya que plantear necesariamente la

47
INTRODUCCIÓN METODOLÓGICA PARA LAS ENCUESTAS

cuestión de hasta qué punto es posible atribuir las diferencias de este


tipo a diferencias biológicas transmitidas hereditariamente. La pregun-
ta es hasta qué punto la investigación vaa poder dar una solución a estos
problemas con los medios de esta encuesta. En teoría, nadie debería po-
ner en duda la posibilidad, e incluso la probabilidad, de que las «dife-
rencias raciales» tengan alguna significación para la aptitud laboral en
el trabajo industrial, como se ha puesto ~e manifiesto muy claramente
en las industrias textiles de Norteamérica con la contratación de negros,
y como también parece que se está poniendo de manifiesto, por ejem-
plo, en España y en Bélgica. Muchísimos empresarios dirán que tienen
experiencias muy distintas con las diferentes «estirpes» (Stiimme) ale-
manas. Los obreros metalúrgicos bávaros y los del noroeste de Alema-
nia gozan de una fama muy distinta, así como los tejedores silesios o los
de Westfalia'o los laminadores renanós de la frontera con Bélgica y los
de Alemania del Norte; la lista se abultará enormemente en las manos
de'los colaboradores, si prestan su atención a ello.Tampoco debería ser
una cuestión controvertida, en principio, que las diferencias conside-
rablemente importantes para Ja aptitud laboral hay que buscarlas en el
terreno de la constitución psíquica y nerviosa, en el distinto modo de
reaccionar-en cuanto a la rapidez, firmeza y seguridad de las reaccio-
nes-y en las «diferencias de temperamento» condicionadas por aquél;
diferencias de temperamento que, a su vez, influyen sobre la «discipli-
na» necesaria para la gran industria. La tarea consistiría, primeramente,
en reproducir críticamente el caos de afirmaciones incontrolables que,
sin lugar a dudas, se van a encontrar los colaboradores y luego, en cuanto
que sea posible, investigar hasta qué punto. se puede afirmar que existan
diferencias «hereditarias» en sentido biológico en cada casa concreto,
y no sólo diferencias recibidas, corno ocurre con toda seguridad en
muchos casos, aunque no en la mayoría de ellos: el concepto conven-
cional y muy impreciso del «carácter nacional» (Volkscharakter) como
«fuente» de determinadas cualidades de los obreros confunde
inextricablemente ambas cosas, que son muy diferentes. Apenas existe
un tema que sea tan difícil de responder en el caso concreto con claridad
y de manera exhaustiva; incluso es posible la ~pinión de que nunca se
pueda responder inequívocamente la cuestión:; en todo caso braman las
disputas entre «teorías» biológicas enfrentadas entre sí, incluso sobre la
interpretación de hechos relativamente seguros. Por eso mismo habrá
que evitar en este punto~ además del error anterior, el siguiente: el de
creer que, partiendo del material investigado aquí, que abarca en el mejor.
de los casos algunas pocas generaciones, se pueden obtener algunos
resultados sobre la fundamentación de alguna de aquellas teorías, es
decir, del darwinismo en su v<;rsión ortodoxa o en la versión de
Weismann, del «neo-lamarckismo», de la teoría de Hering-Semon, etc.;
habrá que evitar también creer que la tarea sería, o que sería de desear,

48
LOS PROBLEMAS CIENTIFICO-NATURALES DE LA ENCUESTA

utilizar ese material, al elaborarlo, en esa dirección. No se trata eviden-


temente de eso. Pongamos, por ejemplo, que se confirmara la observa-
ción, que se ha hecho en algunas ocasiones, de que la población de zonas
que fueron centros industriales durante bastante tiempo (centros de
industrias domésticas, por ejemplo) no sólo tiene en general una fuerte
inclinación hacia el trabajo industrial sino que está mejor cualificada
para el mismo -lo cual es algo diferente de lo anterior-, especialmen-
te para los trabajos industriales distintos a los ti-adicional_~s, es decir~ que
se confirmara que esa población tiene una mayor «capacidad de prác-
tica» en estos trabajos. Este hecho, en caso de que fracasaran todos los
intentos de derivarlo de la educación; de las tradiciones recibidas, de la
imitación, etc., y de que, por tanto, fuera probable que esa cualificación
fuera «hereditaria», este hecho podría ser interpretado de las más diver-
sas maneras, tanto, por ejemplo, como un resultado de disposiciones
embrionarias activadas por la «selección» o como consecuencia de una
«práctica» continuada cuyas consecuencias para el desarrollo del siste-
ma psicofísico se hubieran heredado o como una consecuencia de «la
huella de la memoria»; o quizá podría ser interpretado incluso de algu-
na otra manera; sino(;_mbargo, sólo los biólogos especializados podrían
determinar qué manera sería la más sencilla, pero probablemente, sin
duda, les parecerá totalmente insuficiente para tomar esa determina-
ción el material que pueda suministrar eventualmente nuestra encues-
ta. Una consideración que se acerque «sin presupuestos previos» a la si-
tuación debería tener en cuenta, en primer lugar, que cada-una de las
manifestaciones de la vida humana puede entenderse como una deter-
minada especie de «funcionamiento» de las «disposiciones hereditarias»
causado por las circunstancias actuales, disposiciones que, por su par-
te, se han «desarrollado» de una manera determinada por determinadas
circunstancias del pasado; en segundo Jugar, hay que tener en cuenta
que, en principio, está mal planteada la· pregunta, y por tanto sobra, de
qué es, en general, Jo «importante» y lo «decisivo» desde un punto de
vista causal, si las disposiciones hereditarias o las cualidades adquiri-
das. Está mal plánteada porque la cuestión de si algo es «importante»
o no como factor causante depende de para qué sea «importante» o «no
importante», es decir, depende del punto de vista concreto con que se
contemple su significación para el caso individual concreto. En esta
encuesta no debería tratarse nunca de «solucionar» estas cuestiones
generales, en el caso de que se llegase realmente a acercarse a estos
problemas en algún punto, sino que debería tratarse sólo y exclusiva-
mente de lo siguiente: de si las cualidades específicas que hacen que sea
rentable emplear a los obreros que las posean en determinadas tareas
de determinadas características residen predominantemente o no, se-
gún los distintos casos, en la vida de los obreros {en sus destinos per-
sonales, en el sentido más amplio de esta expresión).

49
INTRODUCCIÓN METODOLÓGICA PARA LAS ENCUESTAS

Pero en este punto habría que contar, desde el principio, con la


posibilidad de que· esta cuestión pudiera tener distintas respuestas para
cada categoría laboral en cada sector industrial; habría que contar
además; naturalmente, con el hecho indudable de que los efectos dt:
diferentes disposiciones hereditarias pueden compensarse en gran
medida con lo que haga en su vida cada uno (el «medio social») y que
los efectos de disposiciones hereditarias similares pueden ser muy di-
ferentes, y al revés. El concepto de «medio social» (milieu), concepto
enteramente impreciso y que reúne en sí las cosas más heterogéneas,
habría que diferenciarlo, en cada caso concreto, en los diversos géne-
ros de condiciones de vida que en él se comprenden. El nivel de desa-
rrollo o de empobrecimiento de las «disposiciones» hereditarias exis-
tentes que puedan ser importantes para la aptitud laboral en el trabajo
industrial moderno depende mucho, sin duda, de las influencias de los
años juveniles. Esto lo hacen probable tanto las consideraciones gene-
rales como las comprobaciones experimentales que existen -muy pocas
y poco firmes, efectivamente--, por ejemplo, sobre la rela.ción entre la
exactitud cualitativa de las actividades motoras y el nivel del desarrollo
intelectual o sobre la relación entre la fatiga y la capacidad de asocia-
ción y la proveniencia social. Estas influencias de los años de juventud
las ejercen, entre otros factores, el tipo de alimentación y educación,
el grado de los estímulos intelectuales y "de las posibilidades de desa-
rrollar una actividad intelectual, la riqueza de material a observar que
ofrece el medio social-de los años de juventud. La estrechez o el des-
ahogo material, dado la mayoría de las veces por la clase social de los
padres, y la amplitud del «horizonte intelectual» de la casa paterna, la
formación escolar y el servicio militar, el número de habitantes y las
características económicas y culturales del pueblo en que se ha nacido
o donde se ha pasado la juventud, el destino personal de cada uno en
su juventud: todos estos factores ejercen, según todas las probabilida-
des, una influencia tan duradera sobre la evolución q1.Je experimenta-
rán en el futuro las. distintas capacidades -desarrollo o inhibición de
las mismas- que, como se,ha comprobado experimentalmente, por
ejemplo, en las dotes pictóricas, só.lo unas dotes para determinadas
actividades muy por encima de lo normal parecen poseer la facultad
de imponerse, en un grado reconocible, respecto a aquellas condicio-
nes dadas por la estratificación social y cultural en los momentos dela
vida en que ésta tenía la máxima plasticidad. -Entre las «disposiciones»
generales del sistema psicofísico que pueden ser importantes para la
aptitud laboral, una parte de ellas es, sin duda; adquirible (tanto intra
como extrauterinamente) a través de un «aprendizaje» que l;is favorez-
ca o a través de unas condiciones de vida·expresamente per:judiciales
o que comporten un freno. Estas diferencias por el origen urbano o rural
-por «urbano» habría que entender cualquier lugar, de cualquier ta-

50
LOS PROBLEMAS CIENTfflCO-NATURALES DE LA ENCUESTA

maño, que tenga la vida co mercialcaracterística de las ciudades con todas


sus consecuencias- son a veces muy perceptibles, si se examinan con
precisión los cálculos de los salarios de las empresas industriales.
Estas consideraciones podrían aconsejar por sí mismas que, en el
análisis de los fundamentos de las diferencias de las aptitudes laborales,
no se partiera metodológicamente de la hipótesis de la transmisión
hereditaria sino que se investigaran primeramente las influencias de
origen social y cultural, las influencias de la educación y de las tradi-
ciones recibidas -conscientes de que la «herencia» (Erbgut) puede
intervenir en general en esas diferencias- y avanzar con aquel princi-
pio explicativo hasta donde sea posible. En el ejemplo utilizado antes
de si en la antigua población industrial existía una cualificación espe-
cífica (aparente) para el trabajo industrial (nos referíamos aquí a un
trabajo distinto al trabajo tradicional) podría resultar, por ejemplo, que
diferentes poblaciones de la vieja industria no se comportaran de la
misma manera, es decir, que unas se mostraran inclinadas a cambiar
a otros tipos de trabajo industrial con relativa facilidad y que otras, en
cambio, no; por ejemplo, la población de Silesia en relacíón a la pobla-
ción de la industri~oméstica de Alemania central. En este caso es
bastante lógico sospechar que se trate de diferencias hereditarias.
También en estos casos habría que investigar, en primer lugar y de la
manera más precisa posible, las posibles influencias de la tradición y
del «medio» social y cultural y se podría pensar que quizá no falte tanto
la aptitud como la inclinación para cambiar de "oficio. Habría que
preguntarse con un procedimiento lo más «exacto» posible hasta qué
punto el tipo de trabajo industrial anterior de las poblaciones que se
comparan entre sí tenía realmente un parentesco fisiológico y psicoló-
gico con los trabajos industriales que ahora les sustituyen (por motivos
económicos) o, al revés, hasta qué punto pueden estar actuando «como
un freno» las cualidades «practicadas,, del viejo trabajo para la adap-
tación a otro tipo de exigencias. Per·o el análisis podría no progresar tan
lejos, y quizá no haya tampoco ningún motivo para ello, pues antes-de
llegar a esos difíciles problemas tendría que estar investigado con
anterioridad hasta qué punto favorece el apegarse a la tradición o la
adaptación interior a las innovaciones la estructura social y económica
gen~ral, la densidad de los centros urbanos, la variedad o no de la
_producción en general, las costumbres y las condiciones de vida tradi-
cionales debidas a un tipo determinado de educación en esas regiones
en que se están realizando esos procesos de transformación y, finalmente,
tendría que estar investigado -lo que también puede suceder- hasta
qué punto se da el caso de que la población antigua que se va es sus-
tituida por otra de otro nivel cultural y, entonces, el «apegarse a la
tradición» en un caso y el cambio de trabajo en el otro sólo representan
manifestaciones aparentes de la misma población.Tan sólo después de

51
INTRODUCCIÓN METODOLÓGICA PARA LAS ENCUESTAS

tomar en consideración estas influencias y su posible trascendencia, en


caso de que no bastaran para dar una explicación, se llegaría a aquellas
cuestiones de la «disposición» psicofísíca y eventualmente, por último,
a la presencia de cualidades hereditarias.
Este procedimiento parece tanto más aconsejable cuanto que, al
menos ·en el campo de las actividades psíquicas y según los conocimien-
tos actuales de la biología y la psiquiatría, no es evidentemente niuy
fácil en absoluto formular qué cosas son en realidad, totalmente o al
menos con carácter general, objeto de transmisión hereditaria en algún
ámbito relevante para la aptitud psicofísica laboral. Si se quiere decir,
por ejemplo, que no se heredan «contenidos» psíquicos sino sólo cua-
lidades «formales» del desarrollo de los procesos psíquicos o que no se
heredan «orientaciones de la actividad» anímica sino sólo «capacida-
des» generales o que no,se heredan cualidades «realizadas» del compor-
tamiento personal sino sólo «predisposiciones» más o menos
determinadas para un comportamiento o que sólo se hereda el «sistema
psicofísíco» pero no la «función» que desarrolle en la vida-todas estas
distincione~ y otras similares son por su propia naturaleza muy fluidas.
Sólo pueden servir, en todo caso, de advertencia enérgica para atribuir
con demasiada ligereza a la «herencia» características psíquicas com-
plejas y «cualidades de carácter» de una determinada población. Ac-
tualmente faltan todavía medios científicos para establecer con
exactitud la transmisión hereditaria de algunas cualidades importantes
para la industria. No se han intentado mediciones antropológicas e
investigaciones de amplias capas de población clasificadas por los
«oficios» o, más bien, por el rendimiento técnico tal como se pone de
manifiesto en el puesto que ocupen dentro del proceso de producción
(pues sólo esto es realmente determinante, y eventualmente habría que
analizarlo), pero son de muy difícil realización a gran escala y, sobre
todo, para encuestas particulares. Sólo las autoridades militares po·
drían realizar estas encuestas y sólo con reclutas, es decir, con obreros
que apenas están comenzando su «carrera profesional». Lo mismo
cabe decir de las investigaciones de masas de la psicología experimen-
tal, prescindiendo del hecho de que sus métodos de medición no están
actualmente desarrollados para estos fines, como se ha destacado an-
teriormente. Es decir, en cuanto que esté puesto en cuestión el juicio
sobre la aptitud laboral de amplias masas y sobre sus fundamentos,
actualmente sólo se podría llegar a afirmar directamente la causalidad
de la herencia --en sentido biológico- con una cierta probabilidad
cuando sean evidentes las diferencias fisiológicas entre las distintas
categorías laborales o cuando diferencias étnicas coincidan con una
diferencia clara en el tipo de trabajo que se puede observar desde
generaciones o con unas evidentes diferencias de «temperamento» y
«carácter» presentes desde-generaciones y que no sean explicables por

52
LOS PROBLEMAS CIENTfFICO-NATURALES DE LA ENCUESTA

la cultura de la tierra natal. Cuando se investigue a obreros que no estén


reclutados básicamente de unos pocos territorios con una clara diferen-
ciación desde el punto de vista étnico y cultural, sino que estén muy
mezclados entre sí, muchas veces no se estará en situación de ir tras el
tipo y grado de las influencias de la tierra natal en cada uno. Cuando
las condiciones sean muy favorables, pero no sea posible atribuir con
seguridad las evidentes diferencias de aptitud laboral ni a las condicio-
nes económicas o tradicionales ni a características físicas visiblemente
hereditarias -lo que ocurrirá la mayoría de las veces-, se hará pro-
bablemente bien en la presente encuesta en exponer y mostrar sola-
mente la existencia real de las diferencias, pero dejando al margen toda
interpretación causal de las mismas por la herencia o por la tradición
u otras circunstancias.
Siendo muy difícil una clara atribución de las diferencias de apti-
tud laboral a diferencias de cualidades últimas, simples, que descansen
en «disposiciones naturales», mucho más lo es cuando estas cualidades
no son de naturaleza física sino psíquica. Una ojeada a los trabajos de
la psicología expel'imen'tal muestra qué difícil es muchas veces la inter-
pretación de una curva de rendimiento de laboratorio y cuán extraor-
dinariamente compleja resulta la atribución de sus diferencias a dife-
rentes cualidades «últimas» (provisionalmente) de las personas con que
se está experimentando. Y esto ocurre con experimentos que se reali-
zan bajo estricto control y, sobre todo, con la concienzuda colabora-
ción de las mismas personas investigadas, sometidas para ese fin a un
determinado entrenamiento y a un modo de vida controlado. Pero todos
los matices más finos de una predisposición para una determinada ac-
tividad que se puedan encontrar se ocultan casi siempre --<:on muy
distinto grado de seguridad- en el trabajo de la fábrica, con las con-
diciones incomparablemente mds groseras en que se desarrolla la curva
de rendimiento. Los efectos de los usos alimenticios, que tienen que ver
en parte con la preparación doméstica de las amas de casa obreras, el
consumo de alcohol, la higiene de la vivienda, a veces el tipo de vida
sexual, pero sobre todo el interés económico que una al obrero a su
salario y consiguientemente a su rendimiento -de lo que ya hemos
hablado y hablaremos todavía-, todas estas cosas ejercen una influen-
cia tal sobre el desarrollo de la capacidad de rendimiento de los obreros
que, cuando existan profundas diferencias entre estos factores más
groseros del rendimiento, no será posible muchas veces reconocer la
existencia de diferentes «disposiciones naturales» físicas que tengan una
manifestación más indirecta o matizada. Sólo se ponen de manifiesto
de manera realmente reconocible diferencias en el grado en que se tenga
una «disposición» específica para una determinadaactividad--diferen-
cias eventualmente de una predisposición hereditaria- cuando se da
el mismo nivel de intensidad del esfuerzo. Como no existe un medio

53
INTI\OOUCCION METODOLÓGICA PARA LAS ENCUESTAS

para medir objetivamente y con seguridad este factor pucamente sub-


jetivo, la psicología experimental parte en muchos casos del principio
de que los experimentos sobre una mayor o menor disposición para una
determinada actividad (eventualmente también sobre una predisposi-
ción hereditaria) sólo pueden dar un resultado seguro cuando varias per-
sonas realicen el mismo rendimiento bajo la condición de que rindan
realmente el miiximo absoluto que puedan rendir. Estas condiciones
son muy fáciles de reproducir en el laboratorio, cuando las personas
sujetas al experimento tienen un interés ideal propio en el éxito del ex-
perimento y cuando éste dura muy poco tiempo. En cambio, enel trabajo
en· la fábrica durante toda su vida, los obreros que aspiren a alcanzar,
y que puedan lograrlo, un rendimiento superior al normal y que son
empleados por ello muchas veces como instructores -los llamados
Renner, se ven forzados, directamente o indirectamente, por solidari-
dad con sus compañeros a «autorrestringir» su producción, es decir, se
ven forzados a mantenerse dentro de los límites de un esfuerzo medio
que permita que los demás «puedan seguirles» y que no permrta que se
dé el peligro, siempre aducido por los obreros, de que un aumento de
sus salarios por alto rendimiento pudiera inducir al empresario a una
reducción de la tarifa del destajo. En la encuesta actual, ese principio
metodológico de la psicología experimental puede sugerir que se some-
ta a una examen en profundidad ese «trabajo ejemplar», en cuanto a las
condiciones de su capacidad de rendimiento específica,en especial la
proveniencia étnica, social y cultural de los obreros, pero sobre todo
que sólo se busquen explicaciones para las diferencias de aptitud labo-
ral donde el sistema salarial contenga estímulos suficientes para los
esfuerzos máximos. Y para establecer separadamente las influencias del
sistema psicofísico heredado y de la tradición cultural y social y del medio
ambiente de los obreros, de modo que se pueda ir más allá de hipótesis
generales indemostrables, se necesitaría una investigación más detalla-
da de aquellos casos que sean lo más iguales posible en cuanto a los
factores del rendimiento citados anteriormente --que actúan visible-
mente de manera más inmediata, directa y grosera- y en los que el
esfuerzo de los obreros no se mantenga dentro de los límites tradicio-
nales a causa del todavía frecuente sistema tradicional de un «límite del
destajo» (Akkordgrenze) firme (fáctico). Incluso con una investigación
tart precisa sólo existe la posibilidad de obtener un cuadro exacto de
la aptitud laboral en una parte de los obreros de una parte de la gran
industria.
A la vista de tantas dificultades se podría plantear la pregunta de
por qué habría que analizar con tanta profundidad el aspecto «cientí-
fico-natural» de los problemas abordados por esta encuesta. Esto ha
ocurrido por múltiples motivos. En primer lugar, parece correcto que,
al acometer una encuesta como la presente, se dé cuenta de la existen-

54
LOS PROBLEMAS CIENTIFICO,NATURALES DE LA ENCUESTA

cia de estas cuestiones «últimas», para cuya respuesta fiable faltan ac-
tualmente lúpótesis en la mayoría de los casos, pero que deberían ser
respondidas para poder alcanzar realmente resultados definitivos. Por
ello es un deber inevitable poner en claro dónde estaría el objetivo «ideal»
del análisis Científico y es deseable, en segundo lugar, que los propios
colaboradores y sus lectores conozcan totalmente las probables lagu-
nas de lo que se puede conocer hoy--en relación al objetivo propues-
to-y de lo que quizá se podrá conocer en un tiempo previsible. Además,
la «Verein», al solicitar colaboración, se dirige no sólo a colaboradores
con formación puramente económica sino también a representantes de
las disciplinas científico-naturales. Por lejos que esté todavía el tiempo
en que existan respuestas definitivas a preguntas como Jas que hemos
tocado aquí, sí está totalmente abierto el camino para iniciarlas con los
medios de que disponemos en nuestras especialidades, y esperemos que
con el trabajo en común se vaya estrechando el abismo existente actual-
mente entre los medios de trabajo de ambas disciplinas.

NOTAS

1. No siempre escapa. a este peligro, por ejemplo, el bello ensayo de Gcrson en el volumen
X de la revise:, Zútst:hr. f Sozi«lwissemchaft, al menos en.los dos artículos finales.
2. En el número de noviembre y de enero de la revista Art:hiv für Sozialwissenst:baft und
Sozialpolitik he inrentado un resumen de los problemas con una información bibliográfica y está a
disposición, en la medida en que alcancen las existencias de separaras.

55
3
EL MÉTODO DE LA ENCUESTA

De todo lo dicho anteriormente podrían deducir los señores cola-


boradores, en cualquier caso, hasta qué punto se trata en esta cuestión
-en sus puntos esenciales- de algo distinto a la exposición de la
<<morfología» y de la organización técnico-social de los distintos sec-
tores industriales. Este «algo distinto» podría formularse en los ·si-
guientes términos: hay que investigar, por un lado, el tipo de «proceso
de selección» que realiza la gran industria de acuerdo a sus necesidades
internas sobre las personas que estdn ligadas a.ella por su profesión;
por otro lado, hay que investigar el tipo de «adaptación» de las perso-
nas que trabajan «corporalmente» o «intelectualmente» en las grandes
industrias a las condiciones de vida que éstas les ofrecen. De esta
manera nos aproximaremos a la respuesta a la pregunta de qué tipo de
hombre estd conformando la gran industria moderna en virtud de sus
características internas y qué tipo de destino profesional les depara (y
a través de ahí, de manera indirecta, qué destino extraprofesional les
depara).
El «Plan de trabajo» y eJ Cuestionario entregado tienen la finalidad
de orientar a los colaboradores sobre algunos puntos que serían impor-
tantes, en todo caso, para los objetivos de la encuesta.
Entre las cuestiones del «Plan de trabajo» existen muchas a las que
no se busca una respuesta por sí mismas, sino sólo porque parecen
necesarias, ya que sin ellas no se podría avanzar en las tareas propias
de la encuesta.
Así, por ejemplo, la investigación de la duración de la jornada de
trabajo y de su significación no es, en modo alguno, un fin en sí mismo
de la encuesta, a la vista de la enorme bibliografía que existe sobre el
tema. Pero la duración del trabajo significa, evidentemente, un factor
esencial en el «destino profesional» de los obreros. Por otro lado, es

56
EL MtTODO DE LA ENCUESTA

también una manifestación muy importante del tipo de tareas, y con-


siguientemente de la cualificación, que los respectivos sectores indus-
triales exigen de sus obreros, concretamente· si esperan de ellos un
trabajo intensivo o un trabajo extensivo. Una industria con una jornada
laboral larga no sólo podrá esperar un alto grado de rendimiento pu-
ramente físico-muscular, sino también un algo grado de rendimiento
nervioso. Por otra parte, una industria que sólo pueda disponer de una
mano d<¡ obra coq escasa capacidad para el trabajo intensivo porque
carezca de las cualidades para ello, innatas o adquiridas por herencia
o educación, intentará subsistir con jornadas laborales largas. No se
trata aquí de desarrollar estas consecuencias, que son ya muy conoci-
das. Pero, no obstante, sí es pertinente para los objetivos de la encuesta
la cuestión de qué relación existe realmente en la actualidad entre la
jornada laboral y el rendimiento en los distintos sectores industriales,
es decir, cómo es esa relación desde el punto de vista de la rentabilidad.
La situación, por ejemplo, que existía en la minería hoce unos cincuen-
ta años, cuando el trabajo era predominantemente manual y cuando
existían grandes posibilidades de expansión para los beneficios, hacía
que los obreros rindieran en seis horas a destajo --calculado racional-
mente- tanto como antes en diez hqras con los salarios tradicionales
(aunque el ágotamiento fuera muy intenso) y que sólo se consiguieran
grandes aumentos de producción en cuatro turnos; esa situación ya no
existe en los mismos términos en obreros que están encadenados a las
máquinas, y por esta razón habría que confirmar en cada sector indus-
trial, según fuera posible, en qué relación se encuentran el rendimiento
y los costes salariales, atendiendo a las condiciones técnicas concretas
propias de cada sector y a la duración de la jornada laboral, en la
medida en que existan conocimientos exactos al respecto. Pero habría
que preguntarse sobre todo hasta qué punto la jornada laboral es una
«manifestación», en cada caso concreto, de determinadas característi-
cas de los obreros. (Puede darse por conocido que no es siempre eso lo
que ocurre en realidad.) El modo de; distribución de las pausas y su
duración durante el traba¡o se apoya asimismo en un conocimiento de
los efectos de las pausas sobre el rendimiento laboral, allí donde las
pausas respondan realmente a motivos racionales y no a motivos tra-
dicionales (como podría ser la regla). Por esta razón, habría que esta-
blecer de la manera más exacta posible, tanto para la jornada laboral
como para las pausas durante el trabajo, si hay datos en este terreno-y
cuáles sean esos datos- para las distintas categorías laborales según su
procedencia social y educación, en especial, naturalmente, si se han
introducido modificaciones en la duración de la jornada o en la distri-
bución de las pausas; habría que determinar, por ejemplo, cómo se está
más fresco para el trabajo en los distintos momentos del día, cómo se
comportan los obreros respecto a la distribución de la jornada «ingle-

57
INTRODUCCIÓN METODOLÓGICA PARA LAS ENCUESTAS

sa», etc. Cuestiones que, por supuesto, sólo darán resultados limitados
en muchísimos casos porque predomina una regulación puramente
consuetudinaria de estas situaciones.
Semejante papel está llamada a desempeñar la cuestión de las for-
mas de los salarios. Debe darse por supuesto que los señores colabo-
radores están familia'rizados con la bibliografía usual al respecto (por
ejemplo, el libro de Schlo8-Bernhard). Po.r lo demás, está en marcha
·actualmente una amplia publicación de la «Asociación para el bien-
estar de las clases trabajadoras,, («Verein für das Wohl der arbeitenden
Klassen»), cuya lectura hay que recomendar encarecidamente y que
trata en profundidad ·este punto precisamente en la industria meta-
lúrgica y en la de maquinaria. Así que, aunque no esté dentro del plan
de esta encuesta el análisis de los sistemas salariales por sí mismos,
los señores colaboradores no podrán, sin él, familiarizarse en profun-
didad con este punto dentro de su campo de trabajo. Pues el sistema
salarial, y consiguientemc;nte las características de naturaleza psicofísica
que los obreros desarrollan, tiene sobre el rendimiento laboral la mayor
efectividad que se pueda pensar. En muchísimos casos en los que se
creía que se trataba de determinadas características inalterables, fue-
ra por ser innatas o por haber sido recibidas por la educación y el
medio social -concretamente en el caso de las limitaciones de la
capacidad de rendimiento, creyéndose· que eran limitaciones dadas
de una vez por todas por causas físicas o psíquicas- algunas trans-
formaciones del sistema salarial han puesto de manifiesto, después
de un tiempo suficiente de vigencia, que lo decisivo era, en realidad,
el interés que se tuviera en producir más o mejor. Además de esto
están las profundas consecuencias que traen consigo los diferentes
sistemas salariales para los intereses de los distintos grupos de obre-
ros de una empresa en las relaciones entre ellos mismos, en su rela-
ción con los jefes de taller, con los obreros instructores, con sus ca-
maradas que traba;an a destajo, etc. Al sistema salarial está
estrechamente unida toda la organización interna del trabajo y la
formación de grupos «sociales» dentro del conjunto de los obreros;
con él está también relacionada la distribución del traba;o y la disci-
plina dentro de esos grupos: si es más de tipo autoritario-personalista
o de tipo participativo (hechos éstos que son muy importantes para
poder contestar a muchas de las cuestiones del «Plan de trabajo»). Los
tipos generales de que aquí se trata son conocidos por la bibliografía
existente, pero establecerlos en cada caso concreto es un requisito
previo evidente para adentrarse en la «psicología de la profesión» de
unos obreros determinados. La «política salarial» es uno de los pro-
blemas más importantes de la empresa cuando las diferentes grandes
industrias están compitiendo entre sí en el mercado de trabajo y cuando,
en el interior de la misma empresa, se realizan' diferentes tipos de

58
EL MÉTODO DE LA ENCUESTA

trabajo por categorías laborales iguales desde el punto de vista so-


cial, y por eso habría que estudiarla con la máxima profundidad po-
sible, en la medida en que se puedaq lograr algunas conclusiones exac-
tas. Pero, por otra parte, el sistema salarial existente, al menos donde
no esté hecho por criterios tradicionales sino racionalmente con la
finalidad de optimizar el trabajo, es uno de los síntomas más impor-
tantes -con mucha frecuencia es un indicativo expreso- de las cua-
lidades de los obreros en las que la industria correspondiente pone el
valor decisivo y que tratará lógicamente de reconocer -a obreros in-
dividuales o a grupos de ellos- con una bonificación directa o indi-
recta. Evidentemente, tanto el sistema salarial como las tarifas sala-
riales de las distintas categorías laborales no están determinadas, en
absoluto, de manera racional, sino, a veces, por criterios tradiciona-
les muy ilógicos. Por eso será necesario establecer en cada caso no
sólo qué sistema salarial está funcionando, sino también hasta qué
punto ha sido determinado por criterios tradicionales y hasta qué punto
lo ha sido por consideraciones racionales, hasta qué punto puede
generar, en último extremo, un impulso laboral o una «auto-restric-
ción de la producción» por parte de los obreros, y habrá que com-
probar, sobre todo, si se ha emprendido alguna reforma del mismo
en los último años, partiendo de qué experiencias, para qué objeti-
vos y con qué resultados. Evidentemente habría que averiguar muy
cuidadosamente si, al mismo tiempo que la reforma del sistema sala-
rial o a consecuencia de ella -lo que también es muy típico - se ha
producido algún cambio, brusco o paulatino, en el personal obrero y
por qué motivos. Un eventual «fracaso», total o parcial, de un nuevo
sistema salarial podría ser quizá muy instructivo para los colabora-
dores en el sentido de esta encuesta, pues por muy amplias que sean
las consecuencias del sistema salarial, su efectividad no es, sin em-
bargo, todopoderosa. En circunstancias totalmente iguales, un nue-
vo sistema salarial no produce, en absoluto, los mismos resultados
en los obreros. Esta efectividad limitada del sistema salarial para es-
timular el trabajo y las posibles diferentes reacciones a un mismo sis-
tema salarial por parte de los obreros de diferente proveniencia étnica,
geográfica, cultural, social o religiosa, etc., tienen un especial interés
para el. tema de esta encuesta.
Como se desprende de lo anterior, para la metodología de la en-
cuesta tiene un interés práctico e inmediato la cuestión de cómo se
lleva la contabilidad de los salarios en virtud del sistema salarial y
cómo se hace el cdlculo de los costes salariales y la comprobación
numérica del rendimiento efectivo de los obreros. Cuando se trate de
lograr un material de alguna manera exacto para las diferencias en la
capacidad de rendimiento debidas al origen étnico, cultural o social,
los colaboradores dependerán ante todo de esas fuentes, siempre que

59
INTRODUCCIÓN METODOLÓGICA PARA LAS ENCUESTAS

sean accesibles. El que la contabilidad salarial de una empresa indus-


trial pueda proporcionar resultados inmediatos para los objetivos de
esta encuesta dependerá, sobre todo, de si está dispuesta a que los
r.endimientos de cada obrero individual sean accesibles para su cálcu-
lo y un control continuado y si, al mismo tiempo, la praxis respecto
a los «márgenes del destajo» es apropiada para fomentar unos rendi-
mientos óptimos. Sería importante averiguar hasta qué punto existe
una contabilidad salarial que se base en las papeletas individuales del
destajo o en una documentación semejante y que establezca en cada
caso la tarifa de destajo, el número de horas estándar y el rendimiento
de hecho (sería especialmente importante averiguar esto para poder
efectuar los cálculos posteriores). Esto es necesario la mayor parte de
las veces en empresas que utilizan sistemas salariales con primas in-
dividuales. Pero también muchas empresas que trabajan con sistemas
de destajo sencillos han realizado, en beneficio propio, esas estadísti-
cas que abarcan a cada obrero.individualmente. Se pretende, además,
cubrir con exactitud no sólo los costes salariales, sino también el ren-
dimiento efectivo de cada obrero individualmente y existen muy va-
riados aparatos que controlan el nivel dé rendimiento de las máquinas
por cada obrero. Donde la contabilidad es suficientemente precisa, se
pueden establecer, a partir de sus apuntes, las oscilaciones de los ren-
dimientos día a día; teóricamente incluso sería posible un control hora
a hora con algunos aparatos, como los contadores de las pasadas de
trama de las tejedurías. Sólo donde se haya establecido la rentabilidad
de cada obrero en relación exactamente a la rentabilidad de la máqui-
na, de las materias primas y del carbón -lo cual sólo es posible y
práctico en algunas partes de la gran industria por motivos muy dis-
tintos (habría que averiguar en qué partes)-, sólo en esos sitios po-
drán los colaboradores obtener el máximo posible de exactitud de los
materiales. Donde existan sistemas de destajo colectivo, habría que
comprobar en cada caso concreto si se podría obtener de los libros de
la contabilidad salarial algún resultado importante para los objetivos
de esta encuesta -y cuál~, atendiendo a los cálculos salariales y a la
formación de los grupos. No es el propio sis_tema de los salarios co-
lectivos el que hace imposible la obtención de un material apropiado.
Cuando se le da a cada obrero su participación en el salario colectivo
en forma de una tasación sobre una «tarifa salarial por horas» -que
sube y baja según el rendimiento de cada uno y que, en ese sentido,
representa la base de la distribución del salario dentro del grupo-,
resulta, ciertamente, sólo «relativamente» exacta la obrencion de una
base calculable para la averiguación del rendimiento individual y
requiere mucho tiempo, pero no es, en absoluto, imposible. Es, en
todo caso, del máximo valor para los objetivos de esta encuesta, siem-
pre que los colaboradores puedan lograr consultar esos materiales, y

60
EL MtTODO DE LA ENCUESTA

deberían calcularse, en todo caso, cuidadosamente con los criterios


importantes para aquellos objetivos. -
En la valoración de los libros de contabilidad salarial, cada cola-
borador tendrá que hacerse su propio método, considerando y consta-
tando hasta qué punto los problemas que eligen son fructiferos para los
objetivos de la encuesta. Hay que observar que, en todo caso, importan
las siguientes averiguaciones: 1) posibles diferencias en los sistemas
salaria les condicionadas por las diferentes proveniencias de los obreros
y las causas de aquéllas; 2) diferencias en el nivel de rendimiento y en
el mantenimiento de ese nivel en obreros con iguales tarifas de destajo
y de diferente proveniencia, por un lado, y los diferentes resultados que
produce el cambio de las tarifas a destajo, por otro (introducción de nue-
vos sistemas salariales, especialmente el del destajo, subida de la tarifa
de los salarios a destajo al ser los salarios insuficientes o reducción de
la tarifa al ser los salarios akos, que es lo más frecuente); 3) las dife-
rencias de tiempo en que sube el rendimiento de los obreros, midién-
dolas por la evolución de sus ganancias a destajo (cuando éstas no se
puedan determinar por los libros de contabilidad), medirlas por la
frecuencia y el nivel de reducción de la tarifa del destajo o, en el caso
de destajos colectivos, del cambio en la valoración del salario por horas,
corno sustituto; 4) comparar la evolucióa de las curvas salariales en
obreros de diferente proveniencia y con el mismo tipo de trabajo, por
un lado, y con obreros de igual proveniencia y distinto empleo, por otro;
en este punto habria que tener en cuenta, concretamente, lo siguiente:
a) determinación del tiempo en que alcanza la mdxima ganancia y b)
determinación del tiempo durante el que el obrero se mantiene en su
nivel de ganancias, constatando la edad que tenía cuando lo logró y
cuando comenzó a bajar, así como aquellos cambios en el tipo de tra-
bajo y de salario que causa la reducción de su capacidad de rendimiento
al aumentar su edad. Todo esto puede dar algunos puntos de apoyo para
responder a la cuestión sobre el tiempo y la rapidez con que se consigue
la máxima capacidad de rendimiento, según el tipo de tarea y según las
características peculiares de los obreros y sus orígenes culturales, so-
ciales, étnicos y geográficos.
Sólo el examen de los libros de contabilidad salarial y de los cál-
culos de los costes salariales puede enseñarnos hasta qué punto pueden
resultar apropiados como bases de estos cálculos en los diferentes sec-
tores industriales. Es comprensible además que no se pueda -presupo-
ner como evidente, en absoluto, el que cualquier empresa industrial esté
dispuesta a permitir que un tercero -desconocido para ellas- pueda
consultar sus libros de contabilidad. Pero, por otro lado, no existe ningún
motivo para suponer que las industrias en general crean que la valora-
ción de este material estadístico hecho para sus fines particulares dé
motivos para recelar de los objetivos de esta encuesta. Ni en este caso

61
INTRODUCCIÓN METODOLÓGI.CA PARA LAS ENCUESTAS

especial ni en ningún otro debe exigirse, evidentemente, a los directi·


vos de las empresas que cedan sus secretos empresariales; ni siquiera,
por ejemplo, sus cálculos de los salarios, por muy deseable que fuera
por sí mismo el conocimiento de semejante material. Los colaborado-
res se toparán en muchísimos casos con la duda de si un análisis de los
cálculos da realmente una idea de los propios cálculos salariales que
pudiera poner en peligro importantes secretos empresariales; Sin em-
bargo, es posible, en todos los casos sin excepción, con buena voluntad
por ambas partes, reunir extractos y cifras que hayan sido publicados
y limitarse a ellos tan estrictamente que ningún competidor tendda la
mínima posibilidad de hacer cálculos útiles de los costes efectivos de
un determinado producto. Pues es evidente que ningún colaborador va
a extractar ni a publicar el contenido de una ficha de trabajo rellenada
para hacer después los cálculos ni tendrá el más mínimo interés en ello.
Y para cuestiones importantes, por ejemplo con los extractos de con-
tabilidad y de los cálculos del rendimiento efectivo, bastaría precisa-
mente con poder establecer las cifras de relación. Ni siquiera sería
necesaria una publicación del nivel absoluto de los salarios y de las tablas
de los destajos, como sí suele hacerse voluntariamente p.or parte de las
grandes empresas, en parte por la vía del intercambio entre competi-
dores. En cualquier caso sería de celebrar que la gran mayoría de los
colaboradores se ganara la confianza personal de los directores de las
grandes empresas de modo que les confiaran esos materiales. Posible-
mente muchos directivos de empresa preferirán que sean sus propios
empleados quienes realicen los extractos y los cálculos necesarios. Sin
embargo, no se les encarecerá demasiado a los colaboradores que, según
sus posibilidades, se sienten ellos mismos detrás de los librQs de con-
tabilidad y hagan al menos algunos de estos extractos, aunque sea un
trabajo en gran parte puramente mecánico. Según mi propia experien-
cia, algunas docenas de fichas salariales o de tablas de rendimientos
efectivos calculadas cuidadosamente por uno mismo y comentadas con
el director de la fábrica o sus empleados les darán a los colaboradores
un juicio sobre los coeficientes del rendimiento laboral mucho más seguro
que la mayor de las estadísticas o series numéricas que hubiera sacado
para ellos otra persona. Y lo mismo vale para la cuestión de hasta qué
punto influyen sobre el rendimiento el material, la maquinaria, el cam-
bio de trabajo, las pausas en el trabajo, la «auto~restricción» de la pro-
ducción por parte de los obreros o por parte de la empresa -con-
tingentando, en épocas de estancamiento de las ventas, la producción
máxima, algo tan frecuente en nuestros días-,-; y vale también para los
incentivos, muy diversos y frecuentemente complejos, que contiene la
fijación del salario, y, finalmente, vale también para la medida y direc-
ción en que las características peculiares del obrero determinan real-
mente la evolución de su curva salarial, después de haber tomado en

62
El MlTODO DE LA ENCUESTA

consideración todas esas circunstancias. Pero aun así, en muchos casos


los colaboradores sólo recibirán, si llegan a recibirlo realmente, un
material seleccionado por la propia fábrica; y después de que ellos
mismos se hagan una idea del-origen de las cifras al hacer una serie de
cálculos propios, no están sometidos a ningún tipo de reservas meto-
dológicas si aceptan agradecidamente la ayuda de los empleados de la
empresa en cuanto que sea preciso tenerla para la producción de esos
extractos. Esa ayuda podría incluso suministrar algún material --du-
rante las épocas del año en que las empresas no trabajan- que podría
interesar quizá al director de la empresa y arrojar una pequeña ventaja
complementaria para el contable. El período actual de depresión como
tal sería especialmente indicado para que las empresas se planteen estas
cuestiones, aunque es poco probable, por supuesto, que se invite en la
gran industria a seguir el ejemplo de una imprenta que, en un período
similar, puso en funcionamiento algunas de sus máquinas para hacer
determinados experimentos psicofísicos.
Con todo esto, los colaboradores tendrán que depender en no pocos
casos de fuentes poco exactas para investigar la evolución y las dife-
rencias de capacidad de rendimiento, sea porque no existan cálculos
apropiados, sea porque no puedan disponer de ellos o porque sólo puedan
disponer de ellos parcialmente. En cualqui~r caso habría que averi-
guar porqué vías se realiza la selección de los óbreros capacitados dentro
de cada rama industrial y dentro de cada categoría laboral. El que tenga
lugar de alguna manera una selección continua de los obreros renta-
bles es una necesidad básica existencial de toda industria capitalista,
con independencia del sistema salarial y de los otros elementos básicos
de las relaciones laborales que tengan, como lo es la selección de .fos
otros factores de la producción con criterios de racionalidad. La cues-
tión es simplemente en qué forma se realiza esa selección. Cuando la
fábrica forma aprendices, la selección puede empezar incluso, en casos
de incapacidad crasa, durante el aprendizaje; donde existan salarios
a destajo, se eliminarán aquellos obreros que, después de un tiempo
de aprendizaje, resulten abiertamente incapaces de alcanzar la ganan-
cia estándar subyacente al cálculo del destajo (es conocido que ese
estándar existe en toda fijación del destajo) e incapaz, consiguiente-
mente, de alcanzar el nivel promedio del rendimiento calculado de las
máquinas. Es conocido que en Inglaterra, en determinadas circuns-
tancias, desempeñan ese mismo papel las agrupaciones sindicales, en
cuanto que ponen como condición para la afiliación una cierta ganan-
cia mínima a destajo -lo cual implica frecuentemente una condición
para poder colaborar con ellas-. En cualquier caso, merecería la pena
investigar hasta qué punto los sindicatos obreros alemanes realizan una
«selección» similar de sus miembros indirectamente o por otras vías.
Cuando ocurra esto, tendría naturalmente significación para la encuesta

63
INTRODUCCIÓN METODOLÓGICA PARA LAS ENCUESTAS

efectuar una comparación entre las características y la proveniencia


de los obreros afiliados a los sindicatos y las de los obreros no afiliados
a organizaciones obreras. En otros casos son el grupo a destajo y el
obrero instructor-sea éste elegido o sea impuesto-q\)ienes realizan
la selección de los capacitados para un determinado trabajo, comple-
mentándose dentro de ciertos límites. La dirección de la fábrica se sentirá
obligada a bajar de nivel a los obreros no capacitados, reduciéndoles
su salario por hora (que es el que constituye el divisor para la distri-
bución de las ganancias), y, al final, los despedirá. Evidentemente siem-
pre resulta bastante difícil conocer cosas realmente fiables que sean al
mismo tiempo típicas del modo y de la orientación de esa selección;
pero habrá que hacer el intento necesariamente. La mayoría de las veces,
las observaciones e indicaciones de los maestros, de los jefes de taller
y de· los inspectores sobre las cualidades de los obreros constituirán el
fundamento para adjudicar los obreros a los diferentes trabajos y, even-
t.ualmente, para la formación de fos grupos de destajo. Dependerá de
la situación de cada se.ctor industrial y de sus fábricas, y también de
la habilidad de los señores colaboradores, hasta qu.é punto sea posible
aprovechar para los objetivos de esta encuesta el gran cúmulo de ex-
periencias adquiridas por los empleados de las fábricas, a lo largo de
sus años de servicio, sobre las diferencias de capacidad de rendimien-
to y sobre sus causas. Evidentemente depende ante todo de la autori-
zación expresa de los empresarios h:ista qué punto sería posible esto,
consultando personalmente, de forma sistemática y en profundidad,
a los empleados sobre los criterios con que se realiza la selección y sobre
la orientación que se persigue, lo cual sería lo mejor que se podría desear.
El éxito de la encuesta está condicionad.o muy fundamentalmente por
el hecho de que los empresarios sean abiertos y amplios de miras para
que puedan convencerse firmemente de que no se les va a «sacar» nada
con lo que no estén de acuerdo que se informe, para que la persona
del colaborador les inspire confianza y para que vean que se trata de
un objetivo científico realmente valioso. Si los colaboradores se en-
cuentran con una fuerte desconfianza que no se pueda eliminar, la
encuesta no pr.omete ningún éxito. Por lo demás, todo lo que los
colaboradores no .vean por sí mismos o no puedan constatar autén-
ticamente consultando los libros de contabilidad o por otras vías, tendrán
que reproducirlo con la observación expresa de que se trata no de
constataciones propias sino de informaciones que les han sido sumi-
nistradas.
Lo que un colaborador digno de confianza conseguirá sin dificul-
tades en cualquier empresa no excesivamente miedosa será la autori-
zación para consultary extractar el libro de registro de los obreros. Todas
las empresas deben disponer, como mínimo, de los datos personales de
sus obreros contenidos en su cartilla de enfermedad, es decir, la fecha

64
EL M~TODO DE LA ENCUESTA

y el lugar de nacimiento y el lugar de residencia, lo cual es importante


para saber el tiempo que tarda en llegar al trabajo. Para la encuesta reviste
gran importancia que se pueda averiguar por esa vía, para cada fábrica,
la estructura por edad y sexo y la proveniencia social de los obreros
conjuntamente con el puesto de trabajo actual-sobre lo que no se podrá
preguntar sin dificultades--,-; eventualmente que se pueda perseguir
históricamente esto ultimo en relación con los niveles de cambios de
empresa. También es de gran importancia que se traten las diferencias
de edad y de proveniencia social cuando se estén trabajando muchas
fábricas de diferentes sectores industriales en la misma región o del mismo
sector industrial en diferentes regiones. Los libros de registro de los
obreros contienen la mayoría de las veces, además, datos sobre el es-
tado civil, con frecuencia también sobre Ja confesión religiosa; a veces
se puede constatar a partir de ellos el tipo de vivienda que tienen -al-
quiler o casita propia-y la frecuencia con que se da el que realicen los
mismos trabajos que sus padres en la misma fábrica,, Pero siempre se
puede investigar la típica contraposición entre industrias con obreros
de la región (junto~ los que existen muy frecuentemente obreros de fuera
-precisamente por la cohesión que existe entre los propios paisanos,
que presionan sobre la duración media de pertenencia a la empresa) e
industrias con un reclutamiento abierto de obrerps, así como la evolu-
ción en una dirección u otra, y se pueden explicar sus razones y con-
secuencias con planteamientos inteligibles. En términos generales habría
que comenzar por la elaboración de estos materiales, que ofrecerán a
veces conclusiones más interesantes que lo que los colaboradores y los
propios directivos de la empresa podían esperar en un principio.
El material obteni~o de los empresarios o de sus empleados habría
que combinarlo con la consulta directa a}os obreros. En este punto se
presentarán previsiblemente algunas dificultades metodológicas de
consideración. Estas dificultades no residirán probablemente en la
consecución de la información en sí misma de parte de los obreros. Los
sindicatos obreros han manifestado en sus propias publicaciones, con
ocasión de diferentes encuestas oficiales o privadas, que no sólo están
muy receptivos cuando están convencidos del valor científico de una
encuesta, sino que sus miembros tienen muy buena práctica en el arte
no siempre sencillo de contestar correctamente cuestionarios para fi-
nes estadísticos. Las dificultades estarían, más bien, en la obtención de
un material por parte de los obreros que pudiera combinarse con e1
suministrado por los empresarios. Lo ideal -sería, naturalmente, un
estudio en profundidad del mayor número posible de fdbricas, anali-
zando sus libros de registro y sus libros de contabilidad, trabajando los
datos de los empresarios y de sus empleados, por un lado, y haciendo
una consulta completa a todos los obreros de esas mismas empresas en
relación a su origen cultural, social, étnico y.geográfico, a su profesión,

65
INTI\ODUCCIÓN METODOLÓGICA PAI\A LIÍS ENCUESTAS

su puesto de trabajo y los restantes datos objetivos y subjetivos que entran


en consideración en esta encuesta. Siempre que se pueda realizar esto,
aunque sólo fuera posible en una sola fábrica (suficientemente grande),
habría ·que intentarlo antes que otra cosa. Si esto chocara con dificul-
tades técnicas insuperables, no sería absolutamente necesaria la consulta
de todos los obreros de las diferentes categorías para poder constatar
sus posibles condicionantes sociales, culturales y étnicas, si los libros
de contabilidad y de registro y los cálculos de los costes salariales u otras
informaciones valiosas demostraran la existencia de diferencias típicas
respecto a la aptitud laboral; esa función de la consulta general la podría
cumplir la investigación de un cierto número de obreros -lo mayor
posible, en todo caso- que parezcan típicamente diferentes desde el
punto de vista cuantitativo o cualitativo. Pero incluso con esta limita-
ción no se debe contar necesariamente con que estos casos sean lo
bastante numerosos como para concederles conjuntamente una imagen
bastante firme de lo que los obreros tienen que decir sobre la situación.
Aun cuando la dirección de las empresas mostrase la máxima receptividad
que se pueda pensar en relación a la au~orización-para tratar directa-
mente con los obreros, con ello no siempre está garantizado que los
obreros no se vayan a comportar por su parte con una actitud más o
menos de rechazo respecto a una encuesta autorizada o apoyada por la
dirección de la empresa. No siempre se podrá superar esta desconfian-
za, a pesar de la petición expresa de que se omi'ta el nombre de los
encuestados en los cuestionarios -petición que hay que aconsejar al
máximo, según mi propia experiencia- y a pesar de que la expresa
garantía de que el material suministrado por ambas partes estará a
disposición exclusivamente de los colaboradores científicos encarga-
dos de la toma y valoración de los datos. En muchos casos, por tanto,
habrá que renunciar a un material conseguido directamente de los
obreros, y la encuesta, basada entonces en materiales y en información
procedentes de los directores de la fábricas y de sus empleados, pondrá
sólo de manifiesto la información de esta parte, completada con las
observaciones personales de los colaboradores. Esta carencia no podrá
ser sustituida realmente por cuestionarios enviados a las organizacio-
nes sindicales y a las agrupaciones sindicales Locales de distinto signo
existentes en Las respectivas regiones, por muy deseable que esto sea~
Las organizaciones sindicales se extienden a través de las empresas de
su ramo. Por regla general no abarcan todas Las categorías laborales de
una empresa; por otra parte no es raro que integren a obreros de empresas
de sectores productivos diferentes. Así que si no se analizan todas las
empresas en Las que estén empleados miembros del sindicato y si no están
en el sindicato aproximadamente todas las categorías laborales de estas
empresas-lo que difícilmente ocurre-, el material a trabajar no ten-
dría una coherencia interna. Sobre todo, las organizaciones sindicales

66
EL M erooo DE LA ENCUESTA

más desarrolladas representan por lo general sólo una selección dentro


del conjunto total de los obreros de las correspondientes categorías, los
cuales suelen tener un escaso contacto personal con los obreros afilia-
dos a las organizaciones sindicales -a veces están en abierta oposición,
de modo que el intento de hacerles llegar los cuestionarios a los obreros
no afiliados a través de su intermediación -intento siempre a consi-
derar- no siempre tendría buenas perspectivas. Materiales casi exhaus-
tivos para poder valorar el oficio típico de una categoría laboral pro-
ceden sólo de ciertos obreros altamente «cualificados», donde los
sindicatos tienen a veces prácticamente a la totalidad de la categoría la-
boral.
De aquí se deriva que, en muchos casos, la encuesta tenga que utilizar
dos modos distintos de trabajar:

1) Un primer modo tomará como punto de partida, siempre que


sea posible, el análisis de las empresas, considerando especialmente las
cuestiones del «Plan de trabajo». Constatará en números, en primer lu-
gar, la estructura il).terna de la plantilla de los obreros según sus cate-
gorías, es decir, la demanda de mano de obra de un determinado tipo,
y luego el sistema salarial, sus requisitos y consecuencias. Luego inten-
tará analizar los libros de registro y, si fuera posible, hacer una vi;zlo-
ración de los libros de contabilidad; analizar también las experiencias
de los directores de las empresas y de sus empleados y de aquellos técnicos
especialistas que conozcan lo que las máquinas exigen de los obreros,
y luego completar lo más posibles estos resultados con la consulta per-
sonal entre los obreros de la empresa. Si se dirigen algunos cuestiona-
rios a las organizaciones sindicales locales, habrá que intentar parale-
lamente una investigación personal sobre la situación de los obreros no
afiliados, que quizá sea muy divergente. Parece muy digna de ser tenida
en cuenta la sugerencia de explotar los materiales de las cooperativas
y de otras asociaciones de seguros obreros para ínvestigar la frecuencia
del cambio de empresa y otras cuestiones semejantes, tal como fue dada
por una parte apreciada.
2) El otro modo de hacer la encuesta es dirigirse con los cuestio-
narios a los sindicatos obreros, cubriendo el máximo territorio, incluso
todo el territorio del Reich, porque en ese caso aumentaría.el valor del
material al aumentar el número de cuestionarios respondidos; es decir,
pedir colaboración no a las agrupaciones sindicales locales sino a las
instancias centrales de los sindicatos, pidiéndoles especialmente su
mediación ante las organizaciones más pequeñas, a las que habría que
solicitarles luego que aceptaran ser destinatarios de los cuestionarios
que habría que enviar a los sindicatos --en sobre franqueado y con un
sobre de respuesta con la dirección y franqueado-. Aquí no habrá
posibilidad, por lo general, de cubrir la situación de los obreros no

67
INTRODUCCIÓN METODOLÓGICA PARA LAS ENCUESTAS

afiliados a los sindicatos. Este modo de realizar la encuesta partiría, más


bien, de las tendencias de evolución de cada sector industrial, ya cono-
cidas o a constatar con ayuda de técnicos expertos, para ir hacia la
preparación de un material lo más amplio posible desde criterios lo más
variados posible y combinados entre sí e ir posteriormente, en cuanto
fuera posible, a la interpretación de las cifras así obtenidas.

Naturalmente, además de estos dos modos, se puede pensar cual-


quier otra combinación de los puntos de partida y se debe dar la bien-
venida a cualquier trabajo, aunque sólo trate un problema parcial im-
portante de la encuesta desde un punto de vista elegido por uno mismo,
siempre que se mantenga dentro del ámbito de su objetivo básico: la
constatación de la influencia de las peculiaridades técnico-económicas
de las grandes fábricas y de sus transformaciones sobre las caracterís-
ticas de sus obreros, y al revés. Será muy alentador que, a consecuencia
de la concentración territorial de una rama industrial, algún colabora-
dor pueda combinar realmente ambos modos de hacer la encuesta, pero
no siempre ocurrirá esto. Y como no debería renunciarse en absoluto
a consult~r el máximo material posible de los sindicatos obreros, algu-
nos colaboradores introducirán de manera autónoma el segundo modo
(basarse en las estadísticas de los sindicatos), además del modo prime-
ro (basarse en los análisis de las fábricas o del sector industrial, trayen-
do a colación eventualmente materiales de las instituciones de seguros
obreros), y habrá que saludar que haya colaboradores que quieran
cultivar solamente aquel lado de la encuesta. Será asimismo bien reci-
bido que un trabajo se limite a explotar los libros de contabilidad y de
registro de personal de las grandes fábricas desde todos los puntos de
vista y que analice entonces, con conocimiento propio y exacto de las
transformaciones técnicas del sector industrial en cuestión, los despla-
zamientos habidos en la estructura interna de los obreros, en la aptitud
laboral exigida y en las «carreras profesionales» típicas de los obreros.
Ya se ha dicho algo antes sobre los criterios que habría que tomar
en consideración en los trabajos del primer tipo, y el «Plan de trabajo»
contiene todo lo necesario. Para el caso de que con esos trabajos se logre
un contacto personal con los obreros, habría que añadir aquí expresa-
mente que también entraría en consideración su actitud subjetiva res-
pecto a la actividad laboral, en igual medida que los criterios de la aptitud
laboral objetiva y del destino profesional de los obreros, tratados antes
de manera destacada porque plantean problemas más complicados. En
este punto caben las siguientes preguntas: ¿qué puestos de trabajo son
para ellos relativamente más deseables y por qué? 1• ¿Jntervienen otros
motivos --esto es lo importante- además del evidente interés por la
ganancia? ¿Cuáles? ¿5 on moti vos diferentes según la proveniencia social,
cultural, étnica y geográfica de los obreros? cHasta qué punto la po-

68
H HtTODO DE LA ENCUESTA

sible diferente distribución de los obreros de distinta procedencia entre


los distintos puestos de trabajo no sólo se debe a diferentes aptitudes
laborales sino también a una diferente inclinación y valoración social
del tipo de trabajo? .(Un ejemplo entre muchísimos: las costureras de
las tejedurías, a quienes su trabajo les parece superior desde el punto
de vista social al trabajo, mejor pagado, de los tejedores por su limpieza
y por su proximidad al trabajo doméstico; por este motivo, el recluta-
miento de las costureras está muchas veces muy determinado social y
geográficamente; es un reclutamiento mucho más urbano.) Más aún:
egué efectos subjetivos sienten los obreros o creen sentir -psíquicos
o físicos- por los distintos tipos de actividades laborales, es decir, en
qué sentido y de qué manera se hacen sentir subjetivamente la fatiga
laboral, el ruido de las máquinas y las restantes condiciones del trabajo
y cómo les siguen afectando en la vida fuera del trabajo? cTíenen los
obreros alguna idea determinada de las transformaciones que desean,
por ejemplo, respecto al sistema salarial o a las pausas durante el tra-
bajo, y cuáles? (siempre según las distintas categorías laborales, eviden-
temente). ¿Hasta qué punto se adecuó su adscripción a un oficio a sus
propias inclinaciones o hasta qué punto fueron obligados por los inte-
reses económicos o por otros factores objetivos? Más importante aún:
¿Hacia qué profesión tienen intención de orientar a sus hijos, o los han
guiado ya? eCon qué modelo ypor qué motivos? Porúlti,mo, la pregun-
ta que ya hemos tocado antes-: ¿cuál es la posición subjetiva de los
obreros respecto a estas dos posibilidades: tener un mismo empleo en
un mismo trabajo o cambiar de trábajo? (eliminando, naturalmente,
aquellos casos en los que la posición está determinada de antemano por
puras cuestiones salariales). ePueden los obreros dar alguna razón para
las diferentes posiciones que existen? ¿Están estas posiciones condicio-
nadas por su proveniencia social, cultural y étnica y, consiguientemente,
por sus diferentes caracteristicas personales? ¿y hasta qué punto lo están
por las peculiaridades de la actividad laboral? rnn qué dirección evo-
lucionan, dentro de los distintos sectores industriales, estas posiciones
de los obreros, caso de que se note realmente alguna evolución? eEn qué
medida y en qué circunstancias se produce esa mayor vinculación psíquica
interior con un tipo de trabajo ~si es que realmente se produce, y en
cuanto que no sean determinantes los factores mencionados anterior-
mente de las diferencias de edad y de estado civil-? Estas y otras
cuestiones similares contenidas en el «Plan de trabajo,, no podrán ser
contestadas sin más muchas veces por los obreros, y otras muchas veces
no podrán ser contestadas con precisión. Pero el hecho de que no puedan
contestarlas parece ya, en cuanto tal, algo característico de su propia
situación intelectual -aunque se pueda constatar en cierto modo una
tendencia de evolución-, lo cual es algo importante para los objetivos
de esta encuesta; pues los componentes más importantes de la actitud

69
INTRODUCCIÓN METODOLÓGICA PARA LAS ENCUESTAS

interior respeto a la propia vida son, por un lado, aquellas cosas que
son tan evidentes a un determinado estrato de la población que, pre-
cisamente por ello, no se manifiestan, y, por otro lado, cosas incons-
cientes porque se deben a innumerables influencias imperceptibles del
propio medio específico. Hay que destacar expresamente, por último,
que en esta encuesta, tal como queda expresado literalmente en el «Plan
de trabajo», constituye un objeto de investigación, además del «destino
profesional», el «estilo de vida» extraprofesional. No se trata eviden-
temente de describir todos los detalles hasta donde se alcancen sin que
se puedan reunir bajo algún punto de vista unitario, como se ha inten-
tado en las biografías y en otras descripciones de las vidas típicas de los
obreros; se deben destacar solamente aquellas·cosas que estén demos-
tradamente determinadas por las peculiaridades de la gran industria.
En este punto, los colaboradores tendrán que plantearse la pregunta de
qué tipo de intereses extraprofesionales puede todavía cultivar realmente
un obrero normal--como receptor o como creador-, despu~s de estar
fatigado por su trabajo -no «fatigado» en general, sino fatigado de esa
manera específica-. Habrá que preguntarse entonces: ¿se diferencian
con carácter general y de manera notable, en relación con otros grupos
de población de ingresos modestos parecidos y de una formación es-
colar similar, su vida familiar, la educación de sus hijos, sus formas de
diversión y descanso, sus formas de hacer.vida social, sus costumbres
alimenticias y de bebida, sus intereses estéticos e intelectuales en cuan-
to al nivel y naturaleza de los mismos (lectura), sus relaciones con la
escuela, con las formas oficiales de la Iglesia y con una «concepción del
mundo» religiosa o de otro tipo, etc. ¿se diferencia en estas cosas el estrato
superior de lo~ obreros mejor pagados de los empleados subordinados
(Privatbeamte) y de la pequeña burguesía con niveles de ingresos y de
formación escolar similares? Pero más aún: ¿se diferencian entre sí las
distintas categorías laborales de la gran industria por su nivel de apren-
dizaje y por su puesto en el proceso de producción o por la edad y el
estado civil o por su procedencia social? Las diferencias en cuanto al
tipo de actividad laboral o al nivel de aprendizaje o al puesto de trabajo
¿crean sus propias relaciones «sociales» y de trato, prescindiendo de la
comunidad que formen desde la perspectiva de los intereses económi-
cos? Y en caso afirmativo: ¿Dónde está la frontera, y según qué criterios
se separan los obreros en sus relaciones sociales? Es conocido que esa
separación se da con frecuencia. En los países anglosajones no existe
muchas veces el menor contacto social entre los sindicalistas cualifica-
dos y los estratos obreros por debajo de aquéllos. Como es sabido,
difícilmente se sientan a la misma mesa. Sería muy interesante inves-
tigar hasta dónde y por qué existen esas diferencias en Alemania, y por
qué, o s1 están surgiendo o, por el contrario, si están desapareciendo.
También tendría interés la cuestión de hasta qué punto existen rnatri-

70
EL M~TOOO DE LA ENCUESTA

monios y relaciones sociales o de otro tipo con la pequeña burguesía


o con la burguesía de los pequeños funcionarios, o si están surgiendo
o desapareciendo. Por último, habría que exponer la profunda influen-
cia que tiene sobre el modo de vida el hecho de pertenecer a alguna
organización sindical, en cuanto que esto forma parte del tema de esta
encuesta, es decir, en cuanto que es algo que está producido por las
peculiaridades de los diferentes sectores industriales. Habría que inves-
tigar en este punto las empresas clasificándolas por su tamaño y por su
sistema salarial, pues según sean Las oportunidades de avancement
económico y sindicaVorganizativo tiene mas peso el sentimiento de
solidaridad o el interés individual, la «conciencia de clase» o la preocu-
pación por el ascenso de Los propios hijos, la concepción del sindicato
como un respaldo económico o como una célula de la organización ideal
del futuro.
Trabajos del segundo tipo (basados predominantemente en estadís-
ticas de Los sindicatos) no podrán desaconsejar el que Los colaboradores
aprendan ellos mismos las técnicas estadísticas o que reciban una asis-
tencia permanente de estadísticos profesionales para los cálculos que
hayan de realizar: 1) Al hacer los cómputos tiene que representarse en
una tabla el número de cambios de empresa y de lugar, por categorías
laborales y por la proveniencia social, ordenados por grupos de edad.
2) Luego habría que determinar la «carrera profesional», por catt;gorías
laborales, y dentro de éstas por grupos de edad. Los materiales anali-
zados dirán si se puede hacer en forma de tabla o no. Hay que señalar
expresamente que ésta es una de las cuestiones que está la mayoría de
las veces en el centro de la encuesta. 3) Habría que exponer en forma
de tablas, si fuera posible, la procedencia geográfica de las distintas ca-
tegorías ,laborales y el de ambos padres; luego, el oficio del padre, el del
abuelo, el de los hermanos y quizá el de los hijos mayores; también el
tipo de educación escolar y de formación profesional. En este punto sería
interesante hacer una comparación entre los distintos grandes sindica-
tos (los Gewerkvereine, los sindicatos libres, los sindicatos cristianos,
etc.) y sería asimismo interesante constatar la distribución de estos
sindicatos entre las distintas categorías laborales (puestos de trabajo)
y entre los tamaños de las fábricas. 4) Luego habría que hacer el cóm-
puto de las distintas categorías laborales en cuanto así tienen un trabajo
complementario o si lo tiene su familia, si poseen casa u otro tipo de
residencia. 5) Por lo q_ue respecta a la declaración de útiles para el servicio
militar; sería más interesante que comparar las cifras de los que fueron
declarados útiles para el servicio militar en las distintas generaciones
el establecer la relación entre la declaración de útil para el servicio y la
cualificación profesional en los distintos sectores industriales (oportu-
nidades profesionales, tal como se manifiestan en la carrera profesio-
nal), si los materiales permitieran realizar esa constatación. 6) La dis-

71
INTRODUCCIÓN METODOLÓGICA PARA LAS ENCUESTAS

tribución de las confesiones religiosas entre las categorías laborales


podría ofrecer un interés suficiente, hoy que la confesión religiosa tiene
una significación creciente en relación a la inclinación profesional,
cuando se trate de industrias que tengan una fuerte mezcla de confe-
siones religiosas que no esté en relación con una mezda étnica (como
ocurre con los polacos).
En casi todos estos casos, como en todas las encuestas sobre pro-
fesiones y tipos de trabajo, la dificultad reside en el tipo de clasificación
de los 9breros según los puestos de trabajo que hayan de estar finalmen-
te a la base de la investigación. Difícilmente podría pensarse demasiado
en la clasificación y difícilmente podría realizarse con demasiado de-
talle. Habría que examinar hasta qué punto bastarían las denominacio-
nes habituales en las fábricas y, en cuanto fuera posible, partir de ellas.
Por lo dei,1ás, al hacer la valoración de los cómputos habría que hacerlo
en dos direcciones: a) tendría que enlazarse con los temas comentados
anteriormente: qué cualidades concretas interesan para cada puesto de
·.trabajo, según los resultados que cada uno obtenga o según una opinión
técnica bien fundamentada, es decir, qué cualidades o características
resultan más expuestas en cada caso concreto a la i,fatiga» y a la «prác-
tica»; según esto, habría que clasificar a los obreros en categorías según
el grado en que desarrollen actividades musculares u otras actividades
de naturaleza nerviosa y psíquica, que habría que distinguir cuidado-
samen~e; b) pero también tendría que estar a la base de la clasificación
la naturaleza y el grado de la «capacidad de aprendizaje», es decir, la
duración media del «aprendizaje en la fábrica" hasta que el obrero logra
el rendimiento normal y el rendimiento máximo de su puesto de tra-
bajo. Habría que clasificar a los obreros, por consiguiente, en catego-
rías desde una perspectiva lo más omnicomprensiva posible, que de-
berían ser computadas entonces desde las cuestiones planteadas
anteriormente para que los obreros pudieran ser investigados en cuan-
to a su proveniencia social y a las restantes variables.
Todos estos comentarios y sugerencias que parecian deseables para
que pudiera presentarse inequívocamente el sentido de la encuesta no
persiguen, por lo demás, en absoluto, censurar 1a libertad de los señores
colaboradores para organizar autónomamente su trabajo. Su tarea más
importante y la que más les merecerá la pena será, mas bien, precisa-
mente, experimentar por sí mismos las preguntas y los métodos apro-
piados. Y como sólo la puesta en funcionamiento del trabajo puede
enseñar dónde están sus auténticas dificultades, habrá muchísimas
ocasiones para ello. La «Verein für Sozialpolitik» como tal sólo exige
a los trabajos que deseen navegar bajo su bandera que elaboren las
cuestiones establecidas en sus escritos oficiales (Plan de trabajo y Cues-
tionarios); deja totalmente a la iniciativa particular los medios con que
se realice. Una cosa se les debe adelantar a los señores que estén dispuestos

72
EL MtTODO DE LÁ ENCUESTA

a poner sus conocimientos y su trabajo al servicio de esta encuesta: la


cualidad más imprescindible para obtener algún resultado (inuevo!) será,
en este caso más que en cualquier otra encuesta anterior de la« Vere in»,
una extraordinaria constancia en la persecución de los objetivos fija-
dos. Quien no posea esta cualidad, que se mantenga alejado de cola-
borar. Está totalmente excluido que, en unos pocos meses, se puedan
conseguir resultados en este terreno que merezcan ser impresos.
Aun siendo los temas de la encuesta realmente amplios, represen-
tan sólo una parte (importante, en todo caso) de un análisis científico-
social de la gran industria moderna. Además de las cuestiones orga-
nizativas («morfológicas«) de naturaleza técnica y comercial, de las que
se habló al comienzo, habría que investigar la selección y el destino
profesional de los empleados (funcionarios) de la gran industria, con-
cretamente de los técnicos, en los diferentes sectores industriales y según
los distintos grupos de empleados, a diferenciar pot la orientación de
su formación previa. Finalmente, habría que perseguir en detalle, en cada
sector industrial, la cuestión no carente de interés, en absoluto, de la
cualificación necesaria y de la proveniencia de los empresarios y de sus
patrimonios en relación a la exigida en épocas anteriores.
Una vez.reunidas todas estas investigaciones, podrían dar una imagen
de la significación cultural del proceso de desarrollo que ha experi-
mentado la gran industria. Los problemas culturales que, en último
término, se persiguen son de una trascendencia enorme. En un escrito
a la Subcomisión, mencionado en la Observación preliminar, A. Weber~
de acuerdo con la opinión de muchos de nosotros, destacaba lo siguien-
te: que la fatídica significación de la estructura de este singular «apa-
rato» que la organización de la producción de la gran industria le «ha
puesto sobre la cabeza» a la población sobrepasa incluso la trascenden-
cia de la cuestión de si la «organización» de la producción es «capita-
lista» o «socialista», porque la existencia de este «aparato» como tal es
independiente de esa alternativa. En realidad, la fábrica moderna es
independiente de esa alternativa; con su jerarquía de puestos, con su
disciplina, con el encadenamiento de sus obreros a las máquinas, con
el hacinamiento y, al mismo tiempo, el aislamiento de los obreros (en
comparación, por ejemplo, con las hilanderías del pasado) 2, con su
terrible aparato calculador, que se introduce hasta en el movimiento
más sencillo de los obreros, tiene unos amplios efectos sobre los hom-
bres y sobre su «estilo de vida», que le son totalmente específicos y
propios. Por supuesto que la sustitución de la actual «selección» según
el principio de la rentabilidad de la economía privada --que encadena
la existencia de todos los proscritos (Gebannten) de la fábrica, man-
dando u obedeciendo, a la decisión del cálculo privado de costes y
beneficios del empresario~ por alguna forma de «solidaridad» de una
economía sin afdn de lucro cambiaría radicalmente el espíritu que vive

73
1 NTR.ODUCCIÓN METODOLÓGICA PARA LAS ENCUESTAS

actualmente en este terrible caparazón y nadie puede ni siquiera ima-


ginar con qué consecuencias. En la encuesta presente no entran en
consider~ción tales perspectivas; debe contentarse para su justificación
con el hecho de que el «aparato», tal como es en la actualidad, y con
las consecuencias que tiene y que van a ser investigadas aquí, ha
transformado el rostro espiritual del género humano casi hasta no
poder reconocerlo y lo seguirá transformando.

NOTAS

l. Sobre estas cuestiones hay que ver las exposiciones de H. Herkner, Die Bedeutung der
Arbeitsfrettde (Dresde; 190 l) y Die Arbeiterfrage ('1908, esp. pp. 27 s.).
2. La cuestión de hasta qué punto es posible conversar duranrc el trabajo o no (y por qué); la
cuestión de qué cualidades, profesionales y de otro ripo, producen prestigio dentro dé los círculos
de los compañeros de trabajo, la orientación de los juicios de valor éticos entre los obreros; rodas
estas cuestiones y otras similares tienen que ser estudiadas en la manera en que están condicionadas
por la «comunidad•-fábrica (que no es, en realidad, ninguna •comunidad») y poda prevalencia de
una relación pu ramenre pecuniaria con el trabajo (que habrá que investigar hasta qué grado se da).

74
PSICOFÍSICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL
(1908-1909)
OBSERVACIÓN PRELIMINAR

Es sorprendente, a primera vista, que, con los extraordinarios progre-


sos que ha hecho la investigación en antropología, en fisiología, en
psicología experimental y en psicología clínica, sólo se hayan hecho
algunos pocos intentos por poner en relación los resultados de esas
disciplinas con un análisis del traba;o productivo desde el punto de vista
de las ciencias sociales. Más adelante hablaremos de esos intentos. El
proceso de «división del trabajo» y de «especialización» y, sobre todo,
el proceso de «fraccionamiento del trabajo» en las grandes empresas
modernas; la transformación del proceso de trabajo por la introducción
de nuevas máquinas o por cambios en las existentes; la transformación
de la ;ornada laboral y de las pausas en el trabajo; la introducción de
sistemas salariales dirigidos a premiar determinados rendimientos
cuantitativos o cualitativos; todos estos procesos significan, en cada caso
concreto, una transformación de las exigencias planteadas al sistema
psicofísico del obrero. Los resultados que logre cada una de estas trans-
formaciones dependen de las condiciones bajo las que funcione el «sis-
tema» psicofísico y produzca determinados rendimientos. Cuando se
discute, por ejemplo, la relación existente entre la jornada laboral, el
salario y el rendimiento o cuanao se explican las condiciones y efectos
que tiene un trabajo más intenso entran en juego, además de otras cosas,
también las condiciones básicas del trabajo, la investigación de las cuales
es propia de las disciplinas científico-naturales mencionadas. En las
explicaciones dentro de nuestra disciplina, nosotros nos contentamos,
en cierto modo, con las experíencias de la «psicología vulgar», dicho
en el lenguaje de los psicólogos. Sería posible que este aparente «defec-
to» tenga sus motivos metodológicos en gran parte de las investigacio-
nes de nuestra disciplina. Más adelante hablaremos sobre dónde están
esos motivos. Pero ahora nos situamos en una posición puramente

77
PSICOFISICA DEL TRABAJO INDUSTklAL

teórica, irrefutable: tendría que ser posible, en principio, lograr alguna


idea -sobre la base de los conocimientos de la fisiología, de la psico-
logía experimental y quizá también de la antropología- sobre los
presupuestos y los efectos de las transformaciones económicas y téc-
nicas de las condiciones del trabajo industrial.
El objetivo de las líneas que siguen es, en primer lugar, explicar las
dificultades a las que hay que atribuir que no se dé en la realidad esa
cooperación entre las distintas disciplinas, posible «en principio»; y, en
segundo lugar, preguntar en qué sentido y en qué medida sería posible
quizá en el futuro una cooperación entre ellas.
En este sentido parece inevitable que intentemos dar una visión
panorámica -muy resumida, por supuesto, dada la extensa bibliogra-
fía existente- sobre una serie de investigaciones experimentales, cu-
yos resultados revestirían especial importancia·para nuestro punto de
vista. Cuando un profano total en esas materias como yo acomete este
desafío, lo hace cum beneficio inventarii y con la esperanza de que
semejante intento, con sus necesarias carencias, les haga-más fácil a los
expertos abordar aquellos temas en-los que más ayuda urgente nece-
sitamos. En este intento hay que plantear la pregunta de si se podrían
establecer líneas de conexión -y cuáles- entre los medios de inves-
tigación de las ciencias naturales y los de nuestra propia disciplina o hasta
qué punto habría que· considerar que el profundo abismo existénte
actualmente entre ambos es insalvable, provisionalmente o para siem-
pre. La presente exposición sólo está dirigida a esta cuestión metodo-
lógica, y no intenta, por ejemplo, utilizar resultados de estas disciplinas
científico-naturales en el análisis científico-social-intento prematuro
desde casi todos los puntos de vista, como lamentablemente se verá.
«En principio», las condiciones fisiológicas y psicolqgicas de la
capacidad de rendimiento para tareas concretas deberían constituir el
punto de partida de un análisis científico-social de los problemas del
trabajo moderno, especialmente del trabajo en las grandes industrias.
Con independencia de dónde resida en el individuo la posesión o la no
posesión de la «capacidad de rendimiento» para determinados trabajos
--es decir, si son determinantes las predisposiciones hereditarias o la
educación o la alimentación u otros elementos de la vida de cada uno-,
la aptitud para un trabajo siempre se manifiesta en la administración
del sistema psicofísico. Por este motivo, en los comentarios que van a
seguir a continuación ocupan el centro de la bibliografía sobre psico-
logía experimental --que es difícilmente abarcable- los amplios tra-
bajos del excelente psiquiatra E. Kraepelin y de sus discípulos sobre los
presupuestos y efectos del rendimiento laboral; trabajos que están
basados en experimentos muy ingeniosos y meticulosos realizados
durante más de una década y en una reflexión muy profunda. En el
artículo introductorio de sus trabajos, Kraepelin ha expuesto los pun-

78
OBSERVACIÓN PRELIMINAR

tos de vista con los que abordó sus investigaciones. Según Kraepelin,
la psiquiatría, partiendo de la doctrina de la afasia, se había acostum-
brado a desmenuzar el alma «monadológicamente» en un sinnúmero
de fuerzas específicas y a tratar las actividades psíquicas como «resul-
tados de los acuerdos mayoritarios de la cámara de los comunes de las
percepciones y de la cámara de los lores de los recuerdos». Según esto,
Kraepelin creía necesario entender las «características fisiológicas bá-
sicas» de la personalidad como decisivas para el desarrollo de las ac-
tividades psíquicas, características que deciden cómo el individuo
«procesa» en sí mismo los «estímulos» a los que él «reacciona». La in-
vestigación se dirige, en último término, al análisis de estas «caracte-
rísticas básicas» del obrero y para poder analizarlas hay que partir de
los elementos más simples del rendimiento laboral. Es evidente que este
planteamiento viene al encuentro de los intereses de nuestra discíp lina.
Por ello, en las páginas que siguen vamos a partir de las investigaciones
de Kraepelin y sus discípulos, cuando no se diga en el texto lo contrario.
Los otros autores se traen a colación con carácter complementario,
especialmente cuando representen una cdtica a Kraepelin y sus discí-
pulos 1. Todo lo que exista sobre fisiología y psicología del trabajo en
trabajos no experimentales va a quedar por el momento a un lado. Vamos
a poner, en primer lugar, los resultados eseQciales de los estudios de
Kraepelin y de los estudios emparentados con ellos, para preguntarnos
luego por la metodología que subyace en su elaboración y compararla
con nuestros propios medios metodológicos.
Si se miden, en sus intervalos más cortos posible, los rendimientos
laborales de una persona que trabaje de una forma determinada y
continua mediante aparatos mecánicos apropiados en el laboratorio o
mediante la cantidad o la cualidad del producto realizado y se lleva luego
el resultado a un sistema de coordenadas como una «curva del rendi-
miento», esta línea muestra una trayectoria muy irregular, difícilmente
explicable no sólo a primera vista sino también después de un de_tallado
análisis; en esa trayectoria parece que sólo hay común una cierta subida
al comienzo de la jornada laboral y una cierta caída hacia el final de la
jornada, pero una caída de intensidad muy distinta y graduada. Los
conceptos que siguen a contiRUacíón se refieren a los componentes de
la «curva del trabajo», que se pueden representar a su vez ellos mismos
aisladamente como curvas.

NOTAS

1. El mismo Kraepelin ha expuesto sus ideas en varios lugares: 1) en su introducción a 1~ obra


colectiva, en cinco volúmenes, editada por E. Kraepelin Psychofogísche Arbeiten; 2) en su colabora-
ción en el libro homenaje a Wundt (Philosophische Studie11 XIX, p. 475; publicada también como
un cuadernillo independiente con el título Die Arbeitskuwe en 1902); 3) en la revista Archi'v {;ir die

79
PSICOFISICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

gesamte Psychologie, vol. L En sus investigaciones se apoyan también los correspondien.tes capítulos
en las conocidas obras de Wundt, de Ebbinghaus y otros.
Sobre los rendimienros musculares hay que utiliur los correspondientes capítulos en los
compendios de fisiologfa de Munk, de Thierfelder, y para la tcorla del movimiento, R. Du Bois
Reymond (véase también en la conocida obra de R.anke Der Mensch, vol. 1, pp. 476 ss., \>'ol. ll, pp.
16.3 ss.). Es un ,nérito de Gerson el haber intentado por vez' primera la utili:oación sistemática de
los conocimientos fisiológicos en la teorio socio/, en un bonito artículo publicado en el volumen 10
de la revista Zeitschrift {ür So,:ialwissenscho{t, por muy escéptico que se pueda estar respecto a lo que
dice.
Las páginas que siguen son, básicamente, una recensión comentada de los trabajos editados
por Kraepelin en la mencionada obra colectiva y practicados por sus discípulos en el labora_tprio
de psicología del manicomio de Heidelberg, combinada con alguna otra bibliografía. La bibliogra-
fía sobre psicología diferencial y sobre psicopatologia mencionada ya en esta parte del trabajo, y
concretamente sobre la cuestión de la herencia, se citará mejor en el segundo capítulo. Indiquemos
todavía algunos tirulos relativos a distintos capítulos de[ te,cto:

Sobre fatigo y descanso: Mosso,DieErmüd1111g, traducción alemana deGlinzer. Sobre éste, Ph.
L. Bolton,en losPsychologischeArbeiten,ed. por Kraepe\in; \>'ol. IV, pp.175 ss. (especialmente sobre
la metodología, a la que volveremos en el segundo capítulo). Sobre los efectos del trabajo corporal
y mental: Becrmann, en los Psycho/ogische A~beiten, ed. por Kraepelin, vol. [, p. 182; Mieseriter, en
la misma obra, vol. IV, pp. 375 ss.; Trcves, .Le lravail, la fatigue ed'effort•, en l 'onnéepsychologi,¡ue
XII (1906), pp. 34 ss.

Sobreeltr4bajomusc11lar(investigt1Cionessobree/e,gog,a;,,,,),Osereczkowsky,enlosPsychologische
Arbeiten, ed. por Kraepelin, vol. m, pp. 507ss.; Yoteyko, enL'annéepsychologique V (1899). Sobre.
edad y curvo de cansancio: Maggiora, enArch. ito/. Jt biol. 29 (1898); Treves, en obra ya citada. Sobre
tr4bajosi,rcansanc1o:BrocayRichet,enArch.dephysia/.non'1aleetpatholog.5Sér.X(1898).Sobre
f4 polémica contra elconcepto kroepeliniano deronsonc:io: Seas hoce, enPsychol Bull. 1(1904), pp. 87-
101 (informe para la asarnble~ de la Amer. Psychol. Assoc.)

Sobre la práctica: entre los trabajos antiguos, especialmente Fechiter, en Verh. d. SIJchs. G. d.
Wiss. (Marh.-Phil. KI.) IX (1857), p. 113; X (1858), p. 70. Sobre/os efectos de laprdctica: Bo[ron,
Gerson,op. cit., EbertyMeumann,enArchivf. d.ges. Psycbologie IV (l904);sobre esto, la recensión
de D. E. Müllerenla revista de fl>bingltaus,'Zeitschrift{ürPhysiologieund Psychologiukr Sinnesorgane
39 ( 1905); \>'on Voss (Schwonkungen geistiger Arbeitsleistungen ), en los PsychologischeArbeiten de
Kr.iepelin, vol. 11, p p. 3 99 ss. Sobre los tipos de reacción y la ritmi,:oción: Specht, enArchiv f. d. ges.
Ps:ychologie 1(1 {1904)¡ Yerkes (•Variabilires ofteaction tintes•), enPsycbol. Bull. 1 (1904), pp. 13 7-
~46; Tarchanoff,Atti del XI Congr. Medico Interna,:. di Rnm4 (efectos de la música); en lo dem~s, el
libro de W. Stern que se citará en el capltulo segundo y la bibliografía alll indicada. Sobre /4 «prdctica
simu/tánt!a•: Fcchner, op. cit. (1858); Volkmann, e;.. Ve.rh. d. Siichs. Ges. d. Wiss. VlH (1856);
Washburn, en Phi/. Stud. XI, p. 95. Experimentos con rojistos sobre la P,dct1ca:Aschaffenburg, en los
Ps:ychologische Arbeiten de Kraepelin, vol. [, p. 611. Sobre Abbé, véase el capitulo segundo.

Sobre distracción y h4bituac,ón, y_sobre simultanei:,;ación de tareas: Vogt, en Psychologische


Arbe1ten, ed. E. Kraepelin, vol. lll, pp. 62ss. Sobreet1mbiode trabajo, Weygandt, en Psychologisd,e
Arbeiten, ed. E. Kraepelin, "ºl. 11, pp. t 18 ss. Una crítica de este trabajo en Seashore, op. cit. Sobre
técnica dt!laprt!ndi,:aje y«economio» del 4P,endi:caje: Christo Pemschew, en la revista Arcbiv f. d. ges.
Ps:ychologie 1 (1903). Sobre solide,: de lo práct;ca, porejemp[o: Swift, «Memoryofshifted movements•,
en la revista Psychol.Bu/(. 11[ (l 906), pp. 185-187. Sobre interrupción del trrzbojoye.{ectosde las pausas:
Hylan y Kraepelin,enPsychologischeArbeiten, ed. E. Kraepelin, vol IV, pp. 454ss.; Oseretzkow,aky,
op. cit.; Hcumann, en Psychologische Arbeite11, ed. E. Kraepelin, vol. IV, pp. 538 SS- Sobre la
signi{iC4Ción metodológica delas investigacionessobre las pausas, el artículo de Kraepelincitado antes
como número 3. Más bibliografía en el capítulo 2.

Agradezco sus valiosas indicaciones al Sr. Dr. H. Gruhle en Heidelberg y al Pri11atdoz:ent Dr.
W. Hcllpach en Karlsruhe.

80
1
FATIGA Y DESCANSO

Al concepto básico de «fatiga» se le contrapone el de «descanso». Ambos


se refieren prácticamente a la disminución o a la recuperación de la
capacidad de repetir rendimientos concretos en períodos de tiempo
dados. Se supone que toda disminución de rendimiento, que constituye
el síntoma de la «fatiga», se debe a un doble motivo: primero, a la
obstaculización inmediata del rendimiento por una acumulación de
factores causantes de fatiga; segundo, a la disminución de los elemen-
tos imprescindibles (o de algunos de ellos) para el rendimiento («ago-
tamiento»). Esta hipótesis ayuda a la interpretación del proceso de la
«recuperación».- Para eliminar esa «obstaculización» inmediata bastan
breves pausas entre las actividades, eventualmente algunos minutos, que
permitan la eliminación de los elementos causantes de la fatiga median-
te la irrigación del órgano concreto con sangre fresca. Para la elimina-
ción del «agotamiento», es decir, para la reconstitución de las cualida-
des fisiológicas iniciales del órgano, son necesarios, en cambio, per!o-
dos de tiempo más !argos, que, según Kraepelin, son de varias horas
incluso en trabajos cortos. Según parece, por tanto, desde un punto de
vista fisiológico, no está establecido con carácter definitivo si el pro-
ceso de la fatiga en actividades predominantemente no musculares, es-
pecialmente en actividades del sistema nervioso central, es de igual na-
turaleza que la interpretación química de la fatiga muscular desarro-
llada por J. Ranke, entre otros. Pero, en todo caso, parece que la fatiga
actúa en ambos casos de manera igual en lo que se refiere a sus efectos
sobre el rendimiento. Por lo demás, es conocido que la «fatiga» no es
sólo consecuencia del «trabajo» en el sentido de la realización de un
esfuerzo consciente, «externo» o «interno». Atendiendo a la experien-
cia, el sueño en cantidades suficientes es insustituible como medio para
la eliminación de la fatiga general que se produce por el consumo de

81
PSICOFISICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

energía en la propia vida en vigilia como tal, con independencia de si


ese tiempo de vigilia se pasa «trabajando» o en un «descanso» absoluto.
Apoyándose en una ligera adaptación a las hipótesis básicas de las
ciencias naturales, se supone, y se intenta demostrarlo empíricamente,
que la «fatiga» producida por el trabajo se inicia en el primer momento
de la actividad y progresa sin cesar.....--en cuanto que no se produzca una
recuperación por una pausa-, correspondiendo exactamente al con-
sumo de energía que, por su parte, transcurre paralelamente al rendi-
miento del trabajo «real». En cuanto que el proceso del rendimiento
contradiga esta hipótesis, esa discrepancia se imputa a los efectos de otros
factores externos, que serán comentados más adelante. Por eso hay que
distinguir estrictamente entre la «fatiga objetiva», es decir, la fatiga
debida a los procesos metabólicos, y la sensación subjetiva de «fatiga»,
cuya naturaleza física, origen y desarrollo constituye un problema (bas-
tante complejo) de la Psicología. Tan cierto es que esta sensación sub~
jetiva suele estar habitualmente en relación con la situación fisiológica
y tan deseable es, desde el punto de vista de la salud, que exista un
paralelismo entre ambas fatigas como frecuente es que ambas se den
disociadas en el caso concreto, porque la fatiga subjetiva -prescindiendo
de las anormalidades patológicas- está en función de otras muchas
condiciones ajenas al rendimiento «real», entre las que figura la actitud
psíquica de cada uno respecto al rendimiento laboral exigido, es decir,
respecto al grado de interés en el trabajo. Esta «fatiga» causada psíqui-
camente le afecta al rendimiento laboral efectivo (afecta sobre ciertos
factores que comentaremos después y que Kraepelin llama «estimula-
ción» [Anregung] e «impulso de la voluntad» [Willensantrieb]) y a la
larga puede generar realmente un hábito general desfavorable, que tenga
también manifestaciones físicas. En cambio, Kraepelin y sus discípulos
(y otros psicólogos) valoran la influencia directa de esta «fatiga» sobre
la capacidad de rendimiento, en comparación con «la fatiga» fisiológi-
ca, mucho. menos que lo que suele valorarse a veces hoy y, por consi-
guiente, valoran mucho menos la influencia directa de factores tales como
la «satisfacción en el trabajo», el «estado de ánimo», etc., sobre la capa-
cidad. de rendimiento. Estos factores, por tanto, influyen básicamente
sobre la disposición hacia el trabajo -prescindiendo de los procesos
patológicos de «obstaculización»-, no sobre la aptitud «objetiva» para
el trabajo. A pesar de la «fatiga» subjetiva y de sentir desgana en el tra-
bajo se han logrado rendimientos no sólo iguales, sino· incluso superio-
res (a consecuencia de la práctica). La capacidad de rendimiento, en
cuanto se pienseqm;depende de la fatiga «objetiva», funciona como algo
«que no se puede caracterizar psicológicamente» y se puede añadir que
tampoco se puede caracterizar como algo causado psíquicamente, una
idea típica de la escuela de Kraepelin, que conducirá con toda seguri-
dad todavfa a alguna discusión de principios.

82
FATIGA Y DESCANSO

Evidentemente, una discrepancia considerables y continua entre la


fatiga «subjetiva» y la fatiga «objetiva» es un elemento que limita sen-
siblemente el control de la energía y, consiguien_temente, el autocontrol
orgánico del trabajo, y por ello amenaza indirectamente a ·la capacidad
de rendimiento.
La fatiga debida al trabajo, que es la única que tratamos aquí, es
siempre consecuencia de actividades concretas. Esto significa, en el
campo estrictamente «muscular», que la fatiga es el resultado de la puesta
en funcionamiento de determinados músculos o de grupos de múscu-
los. Pero su efecto, sin embargo, no es puramente local. No se puede
obtener la fatiga de un solo músculo, ni siquiera en un experimento que
disponga de un aparato para ello, como, por ejemplo, el «ergógrafo»
de Mosso, p~rque desde un punto de vista fisiológico nunca se actúa
con un solo músculo. El rendimiento laboral es, más bien, la resultante
de una serie, por asf decir, de efectos superpuestos de distintos grupos
de'músculos, y frecuentemente existen otros grupos de músculos que
pueden entrar en funcionamiento, concretamente cuándo se excluyen
o ·se agotan uno o ·varios de aquéllos. Pero, sobre todo, en toda activi-
dad tienen que intervenir conjuntamente el sistema completo de órga-
nos terminales periféricos, de conductos nerviosos y, ante todo, el sis-
tema nervioso central. Y cuando parece discutirse sobre los nervios, sobre
en qué se~tido pueden cansarse realmente por su puesta en funciona-
miento o, al menos, sobre en qué tiempo pueden cansarse, esa fatiga
por las actividades diarias normales, incluido el trabajo corporal, ocu-
rre indudablemente en elcerebro. En teoría habría que separar, por tanto,
fatiga «periférica» (músculos y órganos motores terminales ) y fatiga
«central». Pero incluso la fatiga del músculo generado en él, contem-
plándolo a él solo en los experimentos de contracciones musculares, sigue
leyes bastante intrincadas (por ejemplo, según Volkmann, la transfor~
mación de la intensidad, no de la cantidad, de los procesos metabólicos,
la lentitud creciente del proceso de oxidación sin una reducción esen-
cial de la cantidad de materiales oxidados). El análisis de las causas se
complica aún más por su combinación con los procesos centrales y por
la transformación del estado y delá tensión de los músculos en el trans-
curso de su puesta en acción. Y como.ambos aparecen unidos en la
práctica, por ejemplo en las curvas del ergograma, una medición sepa-
rada de ambos componentes se encuentra naturalmente con las mayo-
res dificultades. En todo caso, está reconocido que la fatiga corpor:al
se extiende no sólo a la actividad concreta que provoca la fatiga sino
también a aquellas funciones del sistema psicofísico puestas en marcha
por aquella actividad. En ese sentido, al menos, no es una situación
psicofísica puramente local, sino general (o se convierte en general si
continúa en funcionamiento el organismo durante bastante tiempo).
Kraepelin, que en el terreno de las actividades corporales reconoce

83
PSICOFISICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

ampliamente la posibilidad de una fatiga parcial del organismo, supo-


ne que la fatiga «mental» es una fatiga general. Quizá vaya él aquí
demasiado lejos (véase más adelante), pero, en todo caso, el trabajo
mental de determinada naturaleza fatiga el sistema central para otras
actividades mentales, como aquellas cuya realización continuada cau-
só la fatiga. Pero, además, el trabajo «corporal» fuerte produce fatiga
también para la realización de actividades mentales, un efecto que parece
haber sido comprobado experimentalmente, aunque ese efecto enseña,
como lo enseña asimismo la experiencia cotidiana, que la estimulación
«psicomotriz» que suelen dejar tras de sí las actividades corporales puede
quedar a veces «oculta» tanto subjetivamente como en la curva de la tarea
objetiva. Parece además que, a la inversa, la capacidad de rendimiento
corporal se obstaculiza por un esfuerzo mental anterior; aunque su
alcance sea discutible y sea quizá distinto según el tipo de actividad
(«sensorial» o «motora»). Parece plausible en sí mismo, por ejemplo,
aunque no esté realmente demostrado, que, cuando una actividad «men-
tal» sigue a una actividad física, la actividad física anterior deje sentir
su efecto de fatiga más intensamente sobre el rendimiento de la memo-
ria y su efecto de estimulación más sobre la rapidez de las reacciones,
hecho que Hylan creía posible como explicación de ciertos resultados
obtenidos en la experimentación.Y, por último, una actividad corporal
concreta fatiga también, al menos cuando la fatiga aumenta durante largo
tiempo, otras actividades y, según las circunstancias, afecta a activida-
des de otros músculos distintos, según parece.- Uno tendería, a priori,
a suponer que en todos esos casos la fatiga de la capacidad de rendi-
miento no fatigada directamente, sino «fatigada simultáneamente», es
menor que cuando esa capacidad es puesta en acción directamente; y
se tendería a suponer, asimismo, que una determinada tarea desgaste
simultáneamente la capacidad para realizar otras tareas de manera
posiblemente muy distinta, según las características de ambas tareas.
Sería lógico suponer que, especialmente en el terreno «mental», las
actividades que estuvieran «emparentadas» entre sí desde un punto de
vista psicofísico se verían mas afectadas por esa fatiga simultánea por
el esfuerzo de una de ellas y se verían menos -áfectadas las actividades
que fueran de naturaleza distinta. Sin embargo, las experiencias que
comentaremos más adelante a propósito del «cambio de trabajo» pa-
recen no confirmar esta suposición, o, en todo caso, parece que no se
puede establecer un principio de este tipo con validez general. Hay que
mencionar aquí que no se puede decidir fácilmente la cuestión del
«parentesco» entre tareas distintas, de las que asimismo hablaremos al
comentar la simultaneización de tareas, y hay que mencionar también
que, si para el «cansancio simultáneo» hubiera de ser tomado.en con-
sideración algún grado de parentesco (lo que Kraepelin, por ejemplo,
pone en duda), lo que sería decisivo, en todo caso, no sería el carácter

84
FATIGA Y DESCANSO

«psicológico» de las actividades sino su carácter «fisiológico», y quizá


además una serie de circunstancias totalmente desconocidas hasta a hora.
En principio, sólo parece segura una cosa: que la fatiga producida por
el trabajo, incluso en tareas «puramente corporales» trasciende el ámbi-
to de la actividad del organismo puesta directamente en funcionamien-
·to, precisamente porque siempre interviene el sistema nervioso central,
y que cuanto más interviene, más mental es la actividad, es decir, que
absorbe especialmente funciones del sistema nervioso central.
El nivel y el ritmo de la «fatiga» objetiva se podría medir, en teoría,
directamente por la reducción de la actividad, con todas las cautelas
necesarias para separar las influencias colaterales; el nivel y el ritmo de
la «recuperación» se podría medir comparando la capacidad de rendi-
miento después de una pausa con el grado de fatiga establecido al
comienzo de la misma, y con iguales cautelas que antes. En realidad,
la medición de los efectos de la fatiga (en el sentido de Kraepelin) sobre
el proceso de la «curva del trabajo» real representa un problema extraor-
dinariamente difícil a causa del montón de elementos de distinta natu-
raleza que influyen en la configuración de esa curva. El intento de
solución que ha hecho Kraepelin, a pesar de que se basa en el trabajo
de toda una década, ha quedado realmente como una solución muy
hipotética, incluso en su propia opinión: Hasta que se logre perfilar de
una forma hasta cierto punto plausible el proceso de la fatiga--¿por
qué vía?, de ello hablaremos más adelante-, Kraepelin opina que la
fatiga varía considerablemente según el cambiante estado de ánimo
cotidiano de una persona, pero que, no obstante, el ritmo de la fatiga
muestra un significativo nivel de constancia en la misma persona.
Kraepelin supone que en los individuos existe básicamente en igual
medida «capacidad de fatiga» y «capacidad de recuperación», cuyos
niveles y ritmos son determinables en actividades generales, pero no en
actividades específicas; Kraepelin supone además que esas capacidades
se pueden modificar considerablemente por la práctica (véase más
adelante), pero que en su estructura básica representan una caracterís-
tica constante de la personalidad individual como tal y que, por tanto,
podrían medirse en cualquier actividad de la misma; la capacidad de
recuperación va unida la mayoría de las veces, entre otras cosas, a la
profundidad del sueño del individuo.
Este punto de vista de Kraepelin ha sido rebatido por psicólogos
norteamericanos (Seashore), que han dicho que la «fatiga» no es algo
homogéneo ni general, sino que el nivel y el tipo de fatiga depende del
tipo de trabajo q·ue lo causa, y que, por consiguiente, la «capacidad de
fatiga» de una persona no es una característica uniforme medible por
la evolución de las distintas curvas de trabajo. El no especialista no puede
emitir un juicio aquí; en la cuestión de los efectos recíprocos entre las
actividades «corporales» y las «mentales, algunos resultados de los

85
PSICOFfSICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

trabajos de la escuda de Kraepelin podrían insinuar un punto de vista


diferente del suyo. Por lo demás, naturalmente, no entramos en la
cuestión de hasta qué punto se podría determinar, con el punto de vista
de Kraepelin, si las «características básicas» de las que habla él son
«innatas» o «adquiridas hereditariamente», lo que no es lo mismo. Las
capacidades generales permanentes también se pueden «adquirir».
Prescindiendo de la adquisición de una mayor capacidad de fatiga por
enfermedad o por otras debilidades , especialmente de origen sexual o
alcohólico, la vida de los jóvenes -incluido su tipo de alimentación,
por ejemplo, la duración del tiempo de lactancia-, según recientes
declaraciones influye con toda seguridad en su capacidad de rendimiento
corporal posterior y sobre su capacidad de rendimiento mental, como
se ha intentado demostrar en algunas ocasiones.

86
l
PRÁCTICA

Otro concepto básico es el concepto de «práctica»; significa un incre-


mento de la facilidad, de la celeridad, de la seguridad y de la uniformi-
dad de una.determinada tarea a través de su repetición frecuente. La
«práctica» en este sentido es un proceso complejo incluso en tareas
sencillas, es decir, en actividades no descomponibles prácticamente en
otros elementos, proceso en el que concurren una serie de causas para
lograr esa mejora en.la administración de la energía que cónstituye la
esencia de la práctica1. El efecto de la práctica es una utilización más
ahorrativa y más exitosa de la reserva de energía y de la «capacidad
energética» de un sistema psicofísico dado, es decir, el logro de un mayor
rendimiento (en términos,absolutos) con un consumo decreciente (al
menos en tér)!linos relativos) de la cantidad de energía. Esta adminis-
tración de la energía se rige sobre todo por la exclusión o por el fun-
cionamiento limitado de todas las partes del aparato psicofísico que no
sean imprescindibles para una actividad determinada. La actividad
«corporal» y la actividad «mental» son, en este sentido, un proceso de
mecanización y «automatización» del máximo posible de los elemen-
tos integrantes de una tarea, que en un primer momento se realizan en
todos sus detalles con un impulso consciente de la voluntad y con una
atención sostenida. Esto quiere decir, por tanto, que mediante la repe-.
tición frecuente de una tarea se forma paulatinamente una capacidad
para realizarla sin poner. en funcionamiento los mecanismos conscien-
tes de la voluntad y de la atención y para poder realizarla, finalmente,
incluso mejor sin prestar atención a las distintas funciones del sistema
psicofísico. Prescindiendo de que este proceso, bien conocido en la
experiencia cotidiana, deja disponibles para otras funciones la volun-
tad consciente y la atención y de que, por ello, es la base imprescindible
de todas las tareas complejas y complicadas, este proceso supone pro-

87
PSICOF(SICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

bablemente un considerable ahorro de energía al descargar al sistema


nervioso central. La «automatización» parece que sólo se consigue en
un alto nivel a través de la ritmización del trabajo, porque ésta facilita
de forma sustancial la producción de reacciones típicas, sin que se articule
ningún impulso de la voluntad, tanto en la actividad «corporal» como
en la «mental».
La relación entre trabajo físico y el ritmo 1a ha aclarado Bücher, desde
una perspectiva de la historia de la cultura, en su hermoso y conocido
libro. Pero lo que hay que tomar en cuenta para e1 análisis psicofísico
es, en primer lugar, que los individuos parecen comportarse de modo
muy diferente en cuanto al grado de su influenciabilidad por e1 ritmo:
las personas que reaccionan básicamente de manera «muscular» (véase
más adelante) son muy influenciadas por las modificaciones en el ritmo
del trabajo, según las observaciones de Specht, mientras que las perso-
nas que reaccionan de «manera sensorial» no lo son en determinadas
circunstancias. En segundo lugar, parece que existe una gran diferen-
cia a veces según si el ritmo le es impuesto al trabajador desde fuera o
según si éste tiene un ritmo de trabajo adecuado a las condiciones es-
tructurales de su sistema psicofísico. En la explicación de este extremo,
Awranoff supone que la ritmización del trabajo debe sus resultados
básicamente a su adaptación a las oscilaciones naturales de la voluntad
y de la atención (véase más adelante). En todo caso, la significación de
las diferencias individuales es muy distinta según el tipo de actividad
y de ritmo. Es totalmente creíble que existan riunierosas actividades
sencillas, como por ejemplo los ritmos de marcha y similares, a las que
se adaptan fácilmente la gran mayoría de los seres humanos. Por otra
parte, y en cambio, es también plausible la afirmación de que los indi-
viduos reaccionen de forma muy diferente a los distintos ritmos en tareas
complejas y diferenciadas. La ritmización como medio de «habituación»
(véase más adelante) es importante precisamente en las tareas simul-
taneadas y lo es concretamente para poder adaptar las pausas mínimas
e imperceptibles de las distintas tareas parciales entre sí, lo cual es muy
importante para 1a realización de actividades complejas, como seco-
mentará más adelante.
La automatización de las tareas parece ir simultáneamente con una
transformación del proceso reactivo--aunque no siempre, pero sí ocurre
con frecuencia y precisamente donde la automatización alcanza el máxi-
mo nivel-, transformación que posibilita, hablando desde un punto
de vista fisiológico, el aprovechamiento de los· efectos secundarios del
estímulo mediante su «suma». Parece que este proceso se produce en
todo tipo de actividad. En la puesta en acción de los músculos significa
sencil1amente que, por la aceleración de la sucesión concatenada de los
distintos estímulos, el estímulo que provoca la contracción muscular
siguiente actúa antes de que haya pasado totalmente la contracción

88
PRÁCTICA

anterior, posiblemente en el momento del nivel máximo de la primera


contracción o incluso antes de que comenzara (en el momento llamado
«situación de latencia» del primer estímulo). Si es esto último lo que
ocurre, el intenso esfuerzo adicional que exige una aceleración tan fuerte
-=-esfuerzo adicional que siempre es más que proporcional- puede ser
sobrecompensado, sin embargo, por los efectos de la «superposición de
los estímulos». Esto significa en la práctica lo siguiente: una suma de
pequeños estímulos, imperceptibles a veces y por ello no articuJados en
la conciencia, puede tener un efecto suma continuado, que podría no
lograrse incluso con estímulos mucho más intensos, si éstos se produ-
cen en intervalos mayores de tiempo, porque en el caso de los estímulos
pequeños se pierde mucho menos de los distintos estímulos que en el
último caso. Este comportamiento de los músculos, como de forma
acalambrada -cuyos efectos se pueden observar, según parece, en el
ergógrafo cuando .s_e acelera la velocidad de las curvas del trabajo-
parece encontrar un paralelismo sobre todo en el trabajo «mental», no
«muscular», en el aprovechamiento por parte de la actividad mental de
una estimulación igualmente «de forma acalambrada» que surge, por
ejemplo, con la aceleración máxima que se produce al hacer la opera-
ción de sumar, pero que se da también en la realización de trabajos muy
sencillos con un nivel muy alto de «práctica». La actividad se convierte
entonces en una actividad en gran medida constante: parece soportada
por un esfuerzo continuado: von Vo8 ha observado que esta uniformi-
dad como resultado de la práctica surge a costa tanto, y en especial, de
las reacciones más lentas corno de las reacciones más rápidas que se pro-
ducen con una actividad no constante. Con la gran rapidez con que se
suceden estas reacciones no llega a la conciencia el hecho de que esa
uniformidad está generada, en realidad, por distintos impulsos de la
voluntad que se suceden intermitentemente. Tampoco se es consciente
de que la atención «continua» consiste en realidad en una serie de nuevos
impulsos para disponerse a esa actividad concreta. Pero ambas pueden
demostrarse experimentalmente, parece, y ciertas pequeñas oscilacio-
nes que muestran en los experimentos tanto la tensión de la voluntad
como la atención en tareas muy practicadas y muy sencillas parecen
demostrar que se desarrolla una especie de «ritmización» del grado de
intensidad de los distintos impulsos de la voluntad y de la atención 2 •
La racionalidad de la división del traba¡o descansa, como está acepta-
do, no en pequeña medida en el hecho de que el aprovechamiento «de
calambre» de los efectos secundarios del estímulo y de su «superposición»
puede ser un aprovechamiento máximo en las actividades mds senci-
llas, un aprovechamiento más completo que en tareas en la que cada
actividad necesite un impulso orientado de manera diferente y en donde,
por consiguiente, cada actividad tenga que sufrir pérdidas en el apro-
vechamiento de los «efectos secundarios del estímulo» a consecuencia

89
PSICOFfSICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

de su ra lentización al tener que activar necesariamente otros impulsos


y reacciones con otra dirección.
Paralelos a estos procesos, en la «práctica» se dan otros procesos,
que contribuyen igualmente a la administ_ración de las fuerzas del sis-
tema psicofísico. En primer lugar, en la práctica de los músculos uti-
lizados para una determinada reacción. Los músculos son, en sí, «la
dínamo más completa que conocemos», en expresión de Munk, porque
en algunas circunstancias pueden transformar hasta el 40% de la ener-
gía química de las materias consumidas en rendimiento laboral (mien-
tras que es-conocido que la porción que se pierde en todas las «máqui-
nas» como calor no utilizado llega hasta el 9/10 y más). Una mayor
práctica significa una reducción continua de la tensión muscular em-
pleada inútilmente en una determinada actividad o, expresado de otra
manera, significa una continua mejora de la relación entre el rendimiento
fisiológico y el rendimiento (energético) físico. Esto sucede, sobre todo,
por la mayor limitación del movimiento, en primer lugar, a los mús-
culos que participan directamente en la respectiva actividad: elimina-
ción del movimiento simultáneo de otros músculos no necesarios para
la actividad en cuestión y que al principio de la práctica actúa masiva-
mente de manera involuntaria, movimiento simultáneo que es el sín-
toma externo característico de la «torpeza» y un daño para la adminis-
tración de la energía; en segundo lugar, por la limitación del movimiento
a aquellos músculos, entre los varios posibles, que puedan realizar la
correspondiente actividad utilizando la menor fuerza posible. Los es-
pecialistas no parecen haber determinado si, en estos procesos, se pro-
duce también una eliminación de cualquier impedimento físico interno
que impida el mayor juego libre posible de los músculos. De las dos
direcciones mencionadas en las que avanza la economía de la energía
con la práctica, la más inte.resante es el desplazamiento de la actividad
hacia aquellos músculos que requieren un menor despliegue de ener-
gía. Sobre este desplazamiento ha desarrollado Gerson recientemente
algunas teorías en un sugerente y reciente ensayo. Según yo lo veo, las
ha desarrollado desde el punto de vista de la economía del trabajo
(Arbeitsokonomie) y están dirigidas al no especialista -en parte res-
ponden a la experiencia del no experto-, aunque naturalmente sólo
pueden ser comprobadas en su alcance. y en sus detalles por un espe-
cialista en fisiología. Según esas teorías, la automatización y la acele-
ración, que son condiciones del ahorro de energía, alcanzan su punto
máximo en aquellos movimientos que puedan ser realizados por los
músculos mds pequeños, cuyo «umbral de esti.mulación» es bajo3 y cuya
emisión de energía en las distintas contracciones permanezca algo por
debajo del umbral de la conciencia; cada movimiento de los músculos
mayores, por el contrario, exige un estímulo fuerte para ponerse en
funcionamiento («umbral de esti.mulación alto»). Según esas teorías de

90
PRÁCTICA

Gerson, el efecto del estímulo y el proceso de la reacción es tan lento


y cada movimiento individual representa tal gasto de energía (por ejem-
plo, los movimientos de un herrero o de un remero; otra cosa son los
movimientos de la marcha, mientras el tipo de marcha no sea especial-
mente pesada) que es más difícil automatizarlo que los movimientos de
los músculos más pequeños (por ejemplo, los movimientos de la escri-
tura). El desplazamiento de la mayor parte de las actividades hacia los
músculos más pequeños que provoca un determinado objetivo, concre-
tamente hacia los músculos de la mano, y la descarga de los músculos
mayores significan, por ello, un aprovechamiento más completo de la
tensión muscular, porque el aprovechamiento de la automatización y
los efectos estimulantes pueden ser ahí más completos, incluso si la
energía que han de gastar los músculos pequeños en conjunto para un
determinad<,> objetivo no es menor que la que tendrían que utilizar los
múscúlos grandes para ese mismo objetivo.
No se puede poner en duda que las máquinas modernas, en general,
ha·n procurado una liberación de los músculos grandes cargando el peso
en los pequeños. ~ería muy fructífero analizar más profundamente la
evolución de la técnica desde esta perspectiva, por muy poco pertinen-
te que sea querer explicar toda la historia de la cultura o incluso toda
la historia de la técnica por e1 «principio de los músculos más peque-
ños», por así decir. Más necesitada de una investigación más detallada
está la cuestión de hasta qué punto juega un papel en los procesos de
la práctica individual ese desarrollo de la técnica que sí lo juega en la
historia dela cultura, aunque dentro de ciertos límites no determinables
a priori. Si realmente existe la posibilidad de una utilización aproxima-
damente igual de distintos grupos de músculos para una misma tarea
(sólo el especialista podrá mostrar en un análisis concreto dónde ocurre
esto y con qué frecuencia), a la larga tendrá lugar la exclusión de todos
los demás músculos, excepto de aquel que se pueda utilizar con el
máximo ahorro de energía. En muchos casos, ese músculo será al mismo
tiempo el músculo más pequeño. Pero sólo una investigación especia-
lizada podría determinar si siempre lo va a ser. En todo caso, en la «prác-
tica» tiene lugar con cierta frecuencia, en realidad, un desplazamiento
en los medios utilizados para una determinada.tarea, como ocurre en
los músculos del brazo y de la mano.
Ese desplazamiento se da también, de un modo característico, en
el terreno de las actividades «mentales». Una misma actividad puede
realizarse en no pocos casos con medios muy distintos. Se suelen dis-
tinguir, por ejemplo, varios tipos de memoria según se graben, por
ejemplo, los números o las sílabas visualmente (imdgenes de los núme-
ros o de las sílabas) o audítivamente (imágenes auditivas: se oyen «in-
teriormente») o motoramente (se sienten susurrar «interiormente») o
según funcione mayoritariamente uno de esos tipos, pues muchas veces

91
PSICOfÍSICA DEL TRABAjO INDUSTRIAL

se trata solamente de la preponderancia de un tipo de memoria sobre


los otros. Según esto, Kraepelin quiso distinguir entre memorización
sensorial (Erlemung) y «práctica» (adiestramiento motor), a las que
cabría añadir, como insinuó él mismo, un tercer tipo, «la práctica por
asociación». En la actividad de la memoria parece que sólo se puede
distinguir prácticamente entre un tipo µe memoria más «visual» y un
tipo de memoria más auditivo-motora. El ejemplo más conocido y más
citado eran los dos virtuosistas matemáticosJnaudi y Diamondi: éste
último se aprendía los números con imágenes visuales y el primero, que
había sido analfabeto hasta los años veinte años, lo hacía de manera
auditivo-motora. Se trata de dos «tipos dé percepción» que descansan
en cierta medida en una disposición innata -frecuentemente es innata
en una gran medida-, pero se dan muchísimo, por otra parte, según
la dirección que haya tomado de hecho la «práctica», como ha desta-
cado Henry. La pertenencia a un tipo de percepción o a otro y la po-
sibilidad de cambiar entre un tipo de «percepción» y otro -posibilidad
existente en algún grado en la mayoría de los individuos- es presu-
miblemente muy importante para la posibilidad de simultanear varias
tareas parciales, como se comentará más adelante. De manera similar
se suelen distinguir también «tipos de reacción», según si, en el trans-
curso de la reacción al estímulo, la atención se dirige principalmente
al estímulo o al movimiento que hay que realiz<l-r: reacción «sensorial»
o reacción «motora». Baldwin quiso combinar estos tipos con los tipos
de percepción y de lenguaje y, como sobre la base de algunas observa-
ciones se suponía que la reacción «sensorial» era más lenta, quiso es-
tablecer el tiempo de duración de la reacción como la característica
decisiva de los individuos. Esa contraposición en el tipo de reacción tiene
que ver con importantes diferencias de la personalidad (de los «tempe-
ramentos»), aunque sea una contraposición relativa en la mayoría de
los casos. El tipo «sensorial» suele distinguirse, por ejemplo, por una
mayor capacidad para la «crítica» y una mayor «pasividad»; el tipo de
reacción «motora» suele distinguirse por una mayor «actividad» y
prontitud, por un multifacetismo. Pero la circunstancia de que sean más
frecuentes los tipos «sensoriales» auditivos qt.Je los tipos de reacción
sensorial parece excluir que se pueda hacer. una sencilla clasificación
de la personalidad en «sensorial» y «motora,,. Tampoco se cubren entre
sí los «tipos perceptivos» y los «tipos reactivos». Y Flournoy cree haber
demostrado que la reacción sensorial es usualmente la más lenta, pero
no siempre, afirmación que hay que entenderla motivada por la rela-
tiva «pureza» de los tipos («tipos de transición,,: Gotz-Martius). De todos
modos parece posible que se puedan clasificar muchos individuos por
el criterio de cuál de ambos tipos de reacción se produce en ellos más
rápida y fácilmente. Parece posible además que existan individuos que
no pertenezcan a ninguno de los dos tipos o que se comporten indife-

92
PRÁCTICA

rentemente respecto a ambos tipos, es decir, individuos en los que se


produzca una reacción con igual rapidez, pero que dirijan su atención
prioritariamente al estímulo o a la reacción o a ninguno de los dos. Pero,
de todos modos, en muchos casos sigue siendo un factor importante de
la capacidad del rendimiento del individuo tanto el diferente tipo de
reacción a la que está acostumbrado como su «tipo de percepción» y,
sobre todo, la mayor o menor capacidad para cambiar el tipo de uti-
lización que haga de su si·stema psicofísico; es u·n factor importante de
la capacidad de rendimiento y, más concretamente, de su capacidad para
rea_lizar acciones comple¡as. Se puede ver entonces que, con la <<prác-
tica», se produce con cierta frecuencia en la misma persona un cambio
de estas condiciones, e'n especial si se desplaza la práctica mayormente
al aumento de la rapidez de la acción. Ocurre entonces frecuentemente
que el agente pase sin darse cuenta de la práctica «sensorial» a fa «mo-
tora» para facilitar de esa manera la aceleración y mecanización de la
acción. Pues, aun cuando se niegue que una acción «motora»en sí misma
signifique una velocidad mayor, la expulsión de la acción -del campo
de la atención cons~iente y de la voluntad (la «automatización») sí está,
sin embargo, en estrecha relación con un predominio del tipo de reac-
ción motora. El tipo de reacción motora tiene asimismo una ventaja para
la rapidez de la acción (al contrario que para su precisión): la de poder
aprovechar la estimulación general («psicomotora»), que genera todo
trabajo que haya de realizarse preponderanternente «de forma moto-
ra», como un «estímulo» para lograr un incremento en la curva del
rendimiento (véase más adelante). Más adelante trataremos sobre la
significación de aquellos casos en los que se cambian los medios téc-
nicos para la realización de una tarea debido a la necesidad de simul ·
tanearla con otras tareas, es decir, por la necesidad de distribuir las
distintas tareas entre los distintos medios del sistema psicofísico. La apa-
rición de estas transformaciones en el carácter psicofísico de un traba-
jo, permaneciendo igual su resultado, enseña, en todo caso, que hay
que guardarse de tomar este resultado, y por tanto el «sentido» y el «fin»
de una tarea, como fundamento para hacer una clasificación psicofísica
de los trabajos. Estas transformaciones muestran asimismo que la
«práctica» de una tarea puede significar según las circunstancias la
transformación cualitativa de esa tarea, o incluso su sustitución por
otro acontecimiento psicofísico distinto.
Los efectos de la práctica se manifiestan de manera inmediata,
naturalmente, en el aumento del nivel de rendimiento en cada unidad
de tiempo a lo largo de una tarea continuada. Pero en ese caso, viéndolo
desde el punto de vista kraepeliano, «actúa en sentido contrario» la
progresiva fatiga. Mientras que, al comienzo, el aumento de práctica
pesa más que la fatiga inicial y la curva de la actividad se mueve en
conjunto hacia arriba, cuando se continúa la actividad comienzan a

93
PSICOfÍSICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

predominar en ella más los efectos de la fatiga que los del aumento de
la práctica. Por este motivo, el incremento de la práctica se suele medir
por el aumento que manifieste la capacidad de rendimiento al comien-
zo de un nuevo período de trabajo, separado del anterior por una pau-
sa suficiente para la recuperación, especialmente al comienzo de una
nueva jornada de trabajo respecto a la jornada anterior. Pero, por otra
parte, de acuerdo con la experiencia y con los experimentos, se con-
sidera que el nivel de «experiencia» logrado comien~a a descender in-
mediatamente con el cese de la repetición de la tarea, primero rápida-
mente y luego más despacio ( «pérdida de práctica»); de esta manera sólo
se está midiendo lo que queda del aumento de práctica al comienzo del
nuevo período de trabajo («remanente de práctica»). La pérdida de
práctica durante el sueño parece ser menor que la pérdida de práctica
durante el estado de vigilia, porque la influencia de otras intervencio-
nes del sistema psicofísico de otra clase altera claramente las huellas de
la práctica. Además el incremento de práctica desciende relativamente
en el transcurso de una práctica prolongada y de un mayor nivel de
experiencia y hasta que se llega al punto máximo de experiencia, que
naturalmente puede ser distinto según la persona y la tarea de que se
trate. Cuanto más se acerque el nivel de experiencia a este punto máximo,
más pronto forzará la fatiga la curva del trabajo de los distintos días hacia
abajo --curvas de trabajo que a consecuencia del alto nivel de experien-
cia empiezan ciertamente con rendimientos iniciales mucho más ele-
vados que las curvas laborales de los que no tienen experiencia, pero
que, a cambio, tienen menos capacidad de incrementarlas-. Por otra
parte, la investigación experimental parece enseñar que, cuando existe
un alto nivel de práctica, a esta temprana manifestación de la fatiga le
corresponde una mayor lentitud en el descenso de la curva del trabajo,
es decir, una menor capacidad de fatiga. La curva del trabajo de una
persona «con experiencia» comienza con un nivel más elevado, sube más
moderadamente, comienza antes a descender, pero desciende más len-
tamente: en conjunto, la curva evoluciona a un nivel más alto y de forma
más plana y continua que la curva del «principiante».
El ritmo del aumento de la práctica representa, en la terminología
de Kraepelin, el nivel de la capacidadde práctica. Al distinto ritmo que
tienen en las distintas personas la pérdida de práctica o el nivel del
remanente de práctica que subsiste tras las pausas, en especial tras el
sueño nocturno, le llama Kraepelin solidez de la práctica (Übungs-
festigkeit). Esta solidez de la práctica se manifiesta, en primer lugar, en
el grado de constancia con que aumenta la capacidad de rendimiento
al comienzo del trabajo día a día - a consecuencia de una práctica
mayor- hasta que se alcanza la máxima destreza; en segundo lugar se
manifiesta en la constancia con la que se mantiene este punto máximo,
pero también; por último, en la rapidez con la que se recupera el nivel

94
PRÁCTICA

anterior de destreza tras largos períodos de interrupción de la activi-


dad. Mientras que la destreza comienza a descender, primeramente, muy
deprisa, parece que este descenso se ralentiza paulatinamente y que
durante largos períodos subsiste una capacidad para una rápida recu-
peración del nivel de destreza existente con anterioridad. Un experimento
(norteamericano) con máquinas de escribir mostró, por ejemplo, que
el nivel" de destreza mecanográfica adquirido al final de un período de
cincuenta días se recuperó al decimotercer día después de una pausa de
más de dos años, durante la cual la persona con la que se hizo el expe-
rimento se había deshabituado por completo a escribir a máquina. El
«remanente de práctica» se pone de manifiesto en que el tiempo nece-
sario de práctica se reduce a una éuarta parte aproximadamente. Pero,
0

por otra parte, parece estar establecido por una comprobación expe-
rimental de conocidas experiencias cotidianas que incluso un nivel de
destreza tan elevado nunca inmuniza contra la «pérdida de práctica»,
sino que toda interrupción, incluso en obreros muy experimentados
(contables, cajistas, virtuosos del piano), se siente inmediatamente en
la continuación de. la práctica, lo cual es de una importancia práctica
considerable para la cuestión de los-cambios de trabajo.
Los trabájos de la escuela de Kraepelin han sacado algunas conclu-
siones importantes, según la opinión de su director, sobre las relaciones
recíprocas entre fatiga y práctica y sobre la disposición hacia ambas.
Kraepelin considera como experimentalmente demostrable que un
«trabajo fatigoso», es decir, un trabajo realizado en situación de pro-
fundo agotamiento, deje pocos o nulos remanentes de práctica, es decir,
que tenga un escaso valor para la práctica. Y, lo que es más importante,
Kraepelin tiene además por bastante seguro que el nivel de la capacidad
de fatiga y el nivel de la capacidad de prdctica se corresponden aproxi-
madamente entre sí en una misma persona. La validez general de esta
observación ha sido puesta en duda por otros. Kraepelin, por su parte,
cree probable que a una gran «capacidad de práctica» le corresponda
una escasa «solidez de práctica», de modo que surgiría un nuevo tipo
psíquico específico y lábil, combinando la disposición hacia una prác-
tica rápida, una fatiga rápida y una rápida pérdida de práctica. Esto,
sin embargo, no está tampoco fuera de discusión, al menos si hay que
entender por ello una clasificación unitaria de las posibles formas de
comportamiento del hombre. Por otro lado, parece poder establecerse
que la capacidad de práctica y la capacidad absoluta de rendimiento no
guardan relación entre sí. Una persona con una capacidad máxima de
rendimiento muy limitada (para una tarea determinada) puede alcan-
zar su punto máximo más rápidamente o también más lentamente que
otra persona con una capacidad máxima de rendimiento más elevada.
«Fatiga» y «práctica» se contraponen entre sí en muchos aspectos.
Los efectos de la fatiga son, por su propia naturaleza, pasajeros, dejan-

95
PSICOFfSICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

do a un lado los casos patológicos. Por el contrario, los efectos de la


práctica son siempre duraderos, aunque de distinta duración según los
individuos. De la fatiga parece que puede establecerse, como ya ha sido
mencionado, que se convierte en algo general que afecta a todo el
organismo, al menos cuando es una fatiga profunda y cuando se trata
de actividades «mentales»; de él se puede decir también que reduce el
nivel de todas las acciones y no sólo de las acciones emprendidas ex-
presamente, aunque esto lo haga de manera muy distinta. La práctica,
por el contrario, es, por su propia naturaleza, «parcial» y concreta. En
las actividades puramente físicas excluye los movimientos simultáneos,
antieconómicos, de todos aquellos músculos de los que se pueda pres-
cindir para realizar la tarea que se quiere realizar, limitando la puesta
en funcionamiento a aquellos músculos que puedan trabajar en cada caso
con un uso de energía más conveniente y luego aumentando ésta cuan-
do la práctica se continúa; además, la práctica «automatiza» al máximo
su funcionamiento, es decir, ahocra la puesta en acción de la voluntad
consciente; en resumen, la práctica actúa por la vía de poner fueta de
funcionamiento al máximo número posible de órganos. En la ejercita-
ción de las actividades «mentales» se frata igualmente de buscar una
puesta en funcionamiento del sistema psicofísico que permita la rea-
lización de una tarea con el mínimo de esfuerzo y una vez encontrada
la forma adecuada _:_por ejemplo, la forma «auditivo-motora» del apren-
dizaje- se trata asimismo de «automatizarla» al máximo. En todos los
casos, por tanto, la «práctica» en una determinada tarea restringe el
campo de las funciones psicofísicas que se utilizan para su realización.
Lo que, sin embargo, resulta problemático y al parecer no se puede
determinar es hasta dónde puede llegar esta restricción de funciones en
el caso concreto. Esta cuestión puede también plantearse al revés y
adquiere entonces una importancia considerable, porque la puesta en
acción simultánea de otras funciones podría significar, quizá, según las
circunstancias, una co-práctica simultánea con esas otras funciones.
Se ha intentando repetidas veces identificar la «práctica» con la
«memoria» o subsumirla dentro de este concepto como un caso espe-
cial, pero también se ha intentado diferenciarla de la memoria. Estas
cuestiones no nos afectan a nosotros ahora, pues está claro que si por
«memoria» se entiende solamente el almacenamiento de impresiones
y la capacidad de reproducirlas intencionadamente o por una asocia-
ción casual, los efectos de la «práctica» llegan mucho más lejos; sin
perjuicio de lo dicho anteriormente sobre las diferencias entre los efec-
tos de la práctica y los de la fatiga, está totalmente daro, no obstante,
que la práctica no sólo favorece la repetición de la tarea concreta prac-
ticada sino que favorece el rumbo general de la actividad psíquica, de
la que aquella tarea era una función concreta; esto es así en muchos casos,
y especialmente en ciertas actividades mentales. De esta manera, por

96
PRÁCTICA

la práctica de reproducir determinadas impresiones concretas no sólo


se aumenta la capacidad para observar esas impresiones, sino que se
aumenta la capacidad de observación en general, según muestran in-
eqµívocamente algunos experimentos, es decir, que «se practica» esta
capacidad. En algunos casos de actividades memorísticas, después de
un largo período de varios meses, incluso se ha encontrado un_«rema-
nente de práctica» mayor que el nivel de práctica alcanzado al final del
período de práctica anterior. La interpretación de este dato es contro-
vertida: para G. E. Müller se trata del «perfeccionamiento latente de
unas capacidades que habían sido estimuladas con anterioridad» en
conexión con el descanso; para los propios autores del experimento,
Ebert y Meumann, se trata de una «sobr.ealimentación» de la memoria
al final del primer período de práctica con determinados datos, los cuales
obstaculizan, por la vía de la asociación, la incorporación de nuevos
datos, de modo que habría que olvidar aquellos primeros datos antes
de que se pueda realizar ese perfeccionamiento de la capacidad general
mediante la práctica.
En las dos interpretaciones es siempre una capacidad para tareas
de un determinado carácter general la que se beneficia con la práctica.
Por sus indiscutibles efectos más allá de la tarea concreta practicada,
se ha denominado a la práctica «una especie de memoria general»,
utilizando una terminología que quizá no está exenta de objeciones desde
el punto de vista de su contenido, y se han intentando interpretar aquellos
efectos como una extensión de la estimulación psicofísica a campos que
no habían sido afectados directamente por la primer estimulación. El
no especialista no puede juzgar si esta suposición -no exenta tampoco
de objeciones- es una interpretación adecuada a la teoría de las cien-
cias naturales; esa suposición tampoco nos interesa para los objetivos
que tenemos en la investigación sobre el alcance de la práctica. En
cambio, sería de la máxima significación si se pudiera establecer hasta
dónde más allá de la tarea concreta que se practica se extiende el efecto
de la práctica, es decir, dónde están los límites de su influencia en ese
sentido, pues esto mostraría qué otras tareas se benefician de tener
práctica en una o varias actividades; esas otras tareas tendrían así, por
así decir, una «práctica previa» o una «ca-práctica simultánea», esta-
rían dentro de una especie de ~omunidad de práctica psicofísica con
aquella o aquellas tareas primeras; pero sería evidente que esa «prác-
tica previa» de una tarea que le supone la otra tarea nunca podría sustituir
la «práctica» directa de la primera tarea. En esta cuestión, prescindien-
do de que, como ya se ha dicho, no faltan rechazos de base a esta formu-
lación, apenas existen los inicios de algunas investigaciones4 y no existe
ninguna investigación que se ocupe expresamente de esta cuestión, lo
cual es bastante comprensible por las enormes dificultades técnicas con
que se encontrarían esos experimentos. La afirmación de que la co-

97
PSICOFÍSICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

práctica simultánea en el ámbito de La capacidad de observación se


escalona según el.nivel de parentesco entre las tareas «co-practicadas
simultáneamente» y la tarea practicada directamente ha encontrado
algunas objeciones. Respecto a esa afirmación se ha dicho que habrían
de considerarse como causas de un incremento general de la capacidad
de rendimiento la mejora de la «sensibilidad» subjetiva, la mejora de las
«técnicas de aprendizaje» y el aumento general de la «capacidad de
concentración». Sea como sea, también en esta última suposición seco-
practican simultáneamente con determinadas tareas concretas algunas
«capacidades» generales que transcienden a. esas tareas concretas, ca-
pacidades generales que también favorecen la realización de otras ta-
reas distintas a las tareas practicadas directamente; lo importante sería
precisamente saber qué tareas podrían verse afectadas en el caso con-
creto por esos efectos indirectos de la práctica. Si se supieran más datos
al respecto, serían muy significativos para muy variados problemas; por
ejemplo, la amplia dependencia existente entre la cualificación profe-
sional y las influencias recibidas en la época de la máxima plasticidad
del individuo -la primera juventud-, dependencia que ha sido afir-
mada y en parte también estudiada, podda subsumirse en una parte
considerable dentro del concepto mas amplio de «práctica previa». La
significación que tiene el tipo de formación escolar para la cualificación
profesional en el trabajo industrial moderno, la influencia que tiene sobre
esta cualificación el estilo de vida «practicado» por las confesiones
religiosas -influencia afirmada con cierta frecuencia para el presente
e influencia probable en ciertos casos-, la influencia que ejerce sobre
la capacidad de rendimiento en las fábricas el hecho de haberse criado
en la ciudad o de provenir de determinados ambientes económicos y,
por último, el tipo de empleo que tiene la juventud, por ejemplo, en las
empresas industriales-domésticas de los padres, y otras influencias
generales que recibe la juventud---entre las que hay que contar el ser-
vicio militar modero~, todos estos fenómenos están considerados con
razón como altamente decisivos para el desarrollo de aquellas capaci-
dades que son importantes para el empleo de la población en la indus-
tria. Es, por supuesto, muy discutible si el modo de influencia de esas
condiciones ambientales se puede encuadrar -o más bien cómo pueda
encuadrarse- en los conceptos de «práctica previa» y de «ca-práctica
simultánea», si se entienden estos últimos en el sentido estricto de la
psicología especializada; pues hasta ahora faltan conocimientos en
alguna medida exactos sobre qué capacidades reciben, o pueden reci-
bir, los efectos de «práctica previa» o de «ca-práctica simultánea» de
esas influencias ambientales; y por esta razón apenas se va más allá de
vagas generalidades.en ese sentido.
Las investigaciones que tocan este tema se mueven en el campo,
-efectivamente muy importante, de la capacidad de rendimiento inte-

98
PRÁCTICA

lectual. BoJton intentó demostrar experimentalmente, en niños de


distinta procedencia social, Ja probabilidad (?)de que determinados tipos
de actividad motora, concretamente determinados movimientos que
requieren una reacción rápida y exacta (como, por ejemplo, el meter
una aguja en los agujeros de una cinta en movimiento) estuvieran en
correlación con el nivel de desarrollo de la inteligencia. Partiendo de
esas y similares observaciones se ha llegado a veces, por ejemplo, a la
conclusión, más o menos, de que un enriquecimiento del sistema
psicofísico con algunas capacidades motoras conduce a un enrique-
cimiento de la vida mental con «ideas de movimiento» y por ahí a un
desarroUo de la vida mental («práctica») para producir una viva reac-
ción. Con algo de imaginación se podría deducir de ahí la psicología
de los pueblos que viven en zonas montañosas en contraposición a los
pueblos que viven en zonas llanas - y quizá tampoco faltaría ahí un
«granito de verdad»; pero lo valioso científicamente sería saber el ta-
maño de ese «granito»-. En el eje~plo mencionado antes, la relación
caqsal podría formularse en los siguientes términos: la formación de la
inteligencia, y concretamente la práctica de la atención y de la capaci-
dad de concentración, para las que tienen más posibilidades los hijos
de las clases sociales más altas, es la causa de una superior capacidad
para los movimientos precisos, pero no al revés. Pero, junto a este efecto
de la «formación» de la inteligencia, también entran en consideración
en tales casos, con toda seguridad, las diferencias de alimentación y de
las condiciones higiénicas del «medio social» con sus consecuencias sobre
la capacidad de rendimiento: seguramente hay que atribuirle también
la relación desfavorable que se observó en los niños más pobres entre
su capacidad de fatiga y su capacidad de práctica, así como su tenden-
cia a tener retrasos en su desarrollo en el octavo y noveno año de vida
-demostrada experimentalmente por Bolton-,-, en la medida en que
sea un fenómeno general. Al igual que la formación general de ciertas
capacidades intelectuales es un factor de «práctica previa»-habría que
investigar qué capacidades intelectuales-, también el tipo de trabajo
de los jóvenes es otro factor de «práctica previa», y un factor más concreto
para el desarrollo de determinadas capacidades, pero también es, a la
inversa, un factor que puede co-influir en el no desarrollo y empobre-
cimiento de determinadas capacidades. A veces, por supuesto, su influen-
cia no responde a este esquema («práctica previa», «co-práctica simul-
tánea» de una capacidad determinada o, a la inversa, pérdida de una
capacidad a causa de no practicarla), sino que significa una transfor-
mación inmediata del hábito fisiológico. La falta de cualificación para
ciertas máquinas textiles modernas por parte de todos los hombres que
habían trabajado largo tiempo en el campo, por ejemplo, es claramente
consecuencia de las callosidades producidas por el trabajo agrícola, las
cuales impiden la adaptación y especialización de los músculos impli-

99
PSICOF[SICA OEl TRABAJO INOUSTI\IAl

cados, en el sentido de la administración económica de la energía fisio-


lógica.
De todas formas, en todos esos casos el concepto de «práctica previa»
sigue siendo un concepto bastante vago, pues no caen precisamente bajo
ese concepto las importantes y decisivas influencias que los añ,os de
juventud ejercen sobre el desarrollo o no desarrollo de las capacidades
físicas o intelectuales generales; y de ese concepto se había partido
anteriormente cuando se planteó la cuestión de qué otras tareas con-
cretas se ca-practican simultáneamente cuando se practica asiduamen-
te una determinada tarea concreta o de si existe siquiera ese efecto de
ca-práctica simultánea y se puede formular alguna afirmación sobre
su alcance.
Sobre esta cuestión no disponemos en este momento, que yo sepa,
de investigaciones exactas, pues los efectos de una tarea anterior sobre
otra tarea posterior cuando se cambia de trabajo--de lo que hablaremos
más adelante- caen bajo otros puntos de vista totalmente disti[Jtos.

NOTAS

l. La intervención del ~istcma nervioso central muestra, por ejemplo, el efecto de la práctica
de los músculos de una parre del cuerpo sobre los músculos de la otra parre.
2. Por lo demás, parece que todavía está muy poco clara la cuestión de la «superposición"
de los estímulos ·para la actividad del sistema nervioso cemral concretamente, potque este sistema
parece que no está en cond,ciones de enviar impulsos distintos y pQrque cada impulso tiene, según
la opinión de los: expercost una ..:frecuencia natural~ que, al parecer, no es influenciable en su ritmo.
Esro modificaría la mterpretaci611 de los fenómenos mencionados en el texto, sin perjudicar su
trascendencia práctica.
3. Según una opinión que, por lo demás, esrá :siendo todavía muy discutida entre los espe-
cialistas.
4. No se consideran en este contexto la cuestión de la práctica simultánea de los correspon-
dientes miembros de la ·otra media parte del cuerpo ni fenómenos como la práctica simultánea en
el sentido del racto de puntos simetricos de la piel; no se consideran o se consideran solamente en
cuanto que muestran que la apráctica" no es, en. todo caso, ningún proceso concreto periférico.

100
3
LA INTERACC[ÓN ENTRE LA FATIGA Y LA PRÁCTICA.
OTROS COMPONENTES DE LA CURVA
DEL RENDIMIENTO: «ESTIMULACIÓN», «IMPULSO
DE LA VOLUNTAD,,, «HABITUACIÓN»

La práctica y la fatiga principalmente determinan, en su mutua in-


teracción, la evolución de la curva diaria del rendimiento. Su influencia
no sólo es distinta según los individuos -según la respectiva «capaci-
dad de fatiga», «capacidad de práctica», etc.-, sino que es distinta en
el mismo individuo según el tipo de tarea; por ejemplo, la curva de
rendimiento en la operación de sumar números es distinta, en el mismo
individuo, a la de la memorización, porque ambas actividades requie-
ren muy distintos tipos de funcionamiento del sistema psicoffsico y un
distinto nivel de esfuerzo; por esta razón, el resultado derivado de la
contraposición entre práctica y fatiga tiene que ser asimismo distinto.
Pero la evolución de la curva de trabajo y sus diferencias según los
individuos y según el tipo de tarea están sometidas también a otras
circunstancias. La fatiga y la práctica no las determinan con carácter
exclusivo ni tampoco las determinan en el sentido de que, si existiera
al comienzo de la jornada laboral un nivel de capacidad de rendimiento
con tendencia a mantenerse constante, ese nivel sólo fuera a cambiarse
por el efecto de los dos mencionados factores. Parece que se hacen notar
otros factores, por ejemplo, los efectos de la comida, que se hacen sentir
durante la digestión, al principio entorpeciendo la tarea y luego, en
cambio, en las horas posteriores de la tarde, estimulándola. Si la dife-
rencia entre el rendimiento antes y después del mediodía se manifiesta
en el ergógrafo en que el número de puntas se mantiene igual o se reduce
mientras que su altura sube, se podría intentar poner en relación esta
observación con la tesis --discutida y de difícil demostración-de que
el número de puntas es básicamente actividad muscular y su altura, en
cambio, está producida por el sistema central. Sea como fuere, lo que
sí parece seguro es que la curva diaria del rendimiento está sometida
también a otras oscilaciones espontáneas, independientes de la fatiga

101
PSICOFfSICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

producida por la actividad, que tienen una evolución característica en


cada individuo, como afirmó Mosso. Existen, en todo caso, en el ám-
bito de las actividades «mentales» y «nerviosas», «trabajadores de
mañana» y «trabajadores de tarde», como muestra la experiencia coti-
diana y como parecen confirmar los experimentos, y se dice que la
diferencia entre unos y otros es una cuestión de la propia constitución
física(?). Kraepelin ha planteado la hipótesis -manteniendo también
aquí su concepto estrictamente fisiológico de «fatiga»- de que e1 fac-
tor decisivo para la «aparente» fatiga matutina es la profundidad del
sueño y el correspondiente ritmo de los procesos metabólicos, es decir,
del grado en que se haya realizado o no la absorción de nuevas partes
en el tejido que está operando. En todo caso, está claro que, además de
los factores ya mencionados de la «capacidad de fatiga», de la «capa-
cidad de práctica» y otros similares, existen otras diferencias individuales
en el sistema psícofísico permanentes, aunque no necesariamente he-
reditarias, y que influyen ampliamente sobre la evolución de la curva
del rendimiento. Sobre la base de estas observaciones se han propuesto
determinados métodos de medida para establecer cómo discurre en los
individuos la curva de rendimiento o, incluso con carácter más general,
la «curva de la energía psíquica»; W. Stern, por ejemplo, ha propuesto
el ritmo al llevar un compás sencillo como una característica del «ritmo
psíquico» de la, personalidad. Sobre el valor de estos métodos sólo los
especialistas están llamados a emitir un juicio. Lo que, en todo caso,
nos tememos es que no existan en este punto actualmente instrumentos
de medida claros y sencillos, porque parece muy.problemático realmente
el hecho de una «energía psíquica». Las investigaciones empíricas pa-
recen presuponer, más bien, que esa «energía» no es la determinante sino
la resultante de una serie de distintos elementos, como lo es la «curva
cfel trabajo».
KraepeJin y sus discípulos han intentando determinar otros com-
ponentes de la curva de trabajo y formularlos conceptualmente, ade-
más de la «fatiga» y de la «práctica». Y precisamente son esos otros
componentes los que, por su 01·igen más o menos «afectivo» --en parte,
directamente psíquico-, resultaban menos fácil de situar en la relación
mecánica que Kraepelin había establecido entre los distintos procesos
metabólicos contrapuestos entre sí. Entre esos componentes está la
transformación general de los hábitos psíquicos que genera el propio
trabajo en el obrero, la «estimulación», ·que Kraepelin define como la
«eliminación de la inercia del sistema», como «la puesta en funciona-
miento» de todas las zonas psicofísicas necesarias para e1 trabajo res-
pectivo; fa define, por tanto, como un estado «psicomotor» que entra
en acción inconscientemente o, en todo caso, sin quererlo; un estímulo
que facilita ~l trabajo, con independencia del nivel de práctica que se
tenga, y cuya nota característica es que suele producirse poco tiempo

102
LA INTERACCIÓN ENTRE LA FATIGA Y LA PRÁCTICA

después del comienzo del trabajo y que desaparece tras realizar una pausa
bastante breve en el trabajo (a veces bastan 15 minutos). De este hecho
se sacan las más distintas consecuencias para la obtención del efecto
óptimo de las pausas en el trabaio, según su duración y distribución,
en conexión con la fatiga, el descanso, la práctica y la pérdida de prác-
tica. E~ todo caso, el nivel de estimulabilidad no sólo es distinto según
los individuos, sino también según el tipo de trabajo, especialmente se-
gún el nivel del interés en el traba¡o.
La escuela de Kraepelin hace una distinción entre esta estimulación
producida mecánicamente -sin ninguna intervención activa de la
voluntad- que favorece el desarrollo del trabajo, pero que también
acelera la fatiga, y los efectos de los «impulsos de la voluntad»
(Willensantrieb). Por «impulso de la voluntad» entienden un impulso
generado por una situación especial y que produce un repentino cre-
cimiento, a diferencia de ese nivel medio de «tensión de la voluntad»
(Willensanspannung) que subyace en todo el desarrollo de la curva de
trabajo. Dicen que ese impulso· hace su aparición al comienzo del tra-
bajo, con una breve elevación de la curva del rendimiento, después de
las pausas y también, con bastante regularidad, al final del trabajo, pero
que también se produce cuando se siente subjetivamente la fatiga y
cuando existe la decisión de no bajar el rendimiento; dicen que se hace
notar mucho, en una curva de trabajo inestable, cuando una dificultad
especial de la actividad exige una intervención más frecuente de la
voluntad para poder superarla. Al parecer ese «impulso» es influido
negativamente por el aburrimiento del trabajo y, al comienzo del tra-
bajo, por saber que se está ante una larga jornada de trabajo. Mientras
que una mayor o menor «desgana» en el trabajo, y la «fatiga» psíquica
producida por ella, no influencia, o influencia apenas, la capacidad de
rendimiento, concretamente, la evolución de la fatiga («objetiva»), co-
mo tampoco la influencia ningún otro tipo de «fatiga» (véase más arri-
ba) -pues, según ellos, para esa capacidad lo decisivo es más bien la
relación entre la actividad y el descanso--, sí es posible que el «impulso
de la voluntadi,,,de origen psíquico, influencie los resultados de esa
capacidad a pesar de una fuerte «fatiga objetiva», o precisamente cuan-
do existe ésta. El influjo de los elementos psíquicos sobre el rendimien-
to, como, por ejemplo, el influjo del «aburrimiento» o de la «satisfac-
ción en el trabajo» o de cualquier otra <<sensación» l sólo ha manifestado
su efectividad, en los experimentos de laboratorio, en la influencia
pasajera del «impulso» y, a veces, en una «estimulación» pasajera, aun
cuando no en el mismo grado. Hay que tener siempre presente, no
obstante, que estos experimentos, aun cuando se hagan siempre con la
indicación de que se realicen las actividades «cómodamente», llevan
consigo un alto grado de voluntad, según la educación y los intereses
ideales de las personas que hagan el experimento, es decir, que estos

103
PStCOFISICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

experimentos no son comparables directamente con el trabajo de cada


día, por ejemplo, en una fábrica. En el trabajo cotidiano, en todo caso,
desempeña un papel predominante el interés económico del trabajo, y
a veces también el interés ideal o el interés suscitado por la relación
psicológica con el trabajo.
En las curvas de trabajo obtenidas experimentalmente, que descan-
san en un nivel considerable de tensión, el influjo del factor voluntad
que haya en esa tensión se manifiesta en los distintos niveles de fatiga
que producen las tareas, en cuyo resultado interviene intensamente la
voluntad y respecto al cual la voluntad no puede influenciarlo o en muy
pequeña medida. Cuando en ciertos experimentos sobre las «interrup-
ciones,•, por ejemplo, la curva de fatiga de la actividad de sumar nú-
meros es más empinada que la curva del aprendizaje de los números y
de las sílabas -aunque la suma es, sin-duda,"una tarea más fácil-, esto
habría que atribuirlo con razón (con Vogt) a que las actividad es de pura
memoria no están influidas por la voluntad o lo están incomparable-
mente menos que cuando se trata °de la rapidez en la suma. Por tanto,
el que las tareas de la capacidad-de observación no dependan básica-
mente de la voluntad no está evidentem·ente en contradicción con que
sea demostrable experimentalmente que el interés tenga una significa-
ción decisiva en la selección de lo que se retiene realmente en la me-
moria. (En este punto han fracasado frecuentemente los intentos por
establecer diferencias individuales en la capacidad de atención como
tal, pues, por ejemplo, distintos escolares, quizá con la misma capaci-
dad de atención, mostraron las máximas diferencias en el rendimiento
de la memoria para los mismos contenidos según la dirección de sus
intereses.) Tampoco contradice al hecho de que el nivel de concentra-
ción de la atención afecte determinantemente al rendimiento de la
memoria ni que la actividad de la memoria sea, por su parte, sin duda,
una «actividad de la voluntad», si es que se sigue manteniendo en algún
sentido el concepto, psicológicamente complejo,. de voluntad. No hay
contradicción, pues, en aquella afirmación; se trata de que, con la misma
atención, tanto en un caso como en el otro, el esfuerzo puede influenciar
la rapidez y la amplitud del resultado de la tarea en un caso (en la suma)
más intensamente que en el otro caso. Si la interpretación de Vogt es
correcta, sería de gran interés analizar el mayor número posible de
distintos tipos de tareas, viendo en qué sentido y en qué medida pueden
co-determinar los «influjos de la voluntad» el resultado de una tarea y,
consiguientemente, el de la fatiga. Hasta donde yo sé, no existen inves-
tigaciones sistematizadas de esta clase.
Otro factor de la curva de trabajo lo encuentra Kraepelin (y, des-
pués de él, Wundt) en la habituación (Gewohnung). A veces se la
denomina también, a ella o las situaciones psicológicas de la misma
naturaleza, «estar familiarizado» con una concreta actividad. Esta fa-

104
LA INTERACCIÓN ENTRE LA FATIGA Y LA PRÁCTICA

miliaridad con un determinado tipo de tarea se manifiesta en la adqui-


sición de una mayor práctica, tras la desaparición, en la persona
«deshabituada», de la sensación de «inadecuación» interior de su siste-
ma psicofísico a la tarea, al realizar un trabajo que no había practicado
durante mucho tiempo. Esto ocurre en las tareas sencillas incluso des-
pués de unos pocos días. El efecto de ese «proceso de habituae::ión» se
ve en el brusco y rápido aumento del rendimiento, más rápido que el
que permite explicar el aumento normal de la práctica.

NOTAS

l. La escuela de Kraepelin (Osererzkowsky y Kraepclin) rechaza la tesis de que las pactes


1nusicales en tono ma.yor tengan un efecto aumentativo del rendin1iento y Jas pa.rtcs musicales en
tono menor un efecto reductivo. SegÍln ellos, sólo el rithlo influye a su manera sobre el rendimiento
!abura[.

105
4
LA «HABITUACIÓN» EN LAS INTERRUPCIONES
DEL TRABAJO Y EN LA REALIZACIÓN SIMULTÁNEA
DE VARIAS TAREAS. DIFERENCIAS DE LA CURVA
DE RENDIMIENTO EN TRABAJOS SIMPLES Y COMPLEJOS;
EL CAMBIO DE TRABAJO

El con~epto de «habituación» obtiene ahora una mayor significación


en un sentido algo diferente, especialmente en el ámbito de las «inte-
rrupciones del trabajo,, y de la «realización simultánea de varias tareas».
El entorno en el que se desarrolla una tarea ejerce una influencia con-
tinua que atrae sobre sí la atención, es decir, intenta «desviarla» del
trabajo. El nivel de «capacidad de distracción» o, a la inversa, el de
resistencia a las distracciones -la «capacidad de concentración»- es
muy distinto según los individuos. Está considerada como una predis-
posición general, frecuentemente de base hereditaria, lo que no exclu-
ye, sin embargo, que individuos con una misma capacidad general de
concentración se distraigan de manera muy diferente ante los mismos
tipos de influencias perturbardoras: la historia individual de cada per-
sonalidad así como otras diferencias en las predisposiciones naturales
(por ejemplo, en la predisposición musical) están frecuentemente a la
base de profundas diferencias de «receptividad» respecto a las mismas
impresiones. En todo caso, la capacidad de «concentración» -sea innata
o adquirida- representa un factor de extrema importancia para la
capacidad de rendimiento laboral del individuo. Y puede ser diferente
tanto respecto al nivel de concentración como respecto a la rapidez que
se alcanza frente a los factores que producen la distracción. Los efectos
de la distracción son, evidentemente, más elevados en los factores de
distracción nuevos, «desacostumbrados», para descender luego rápida-
mente. Por ello, la rapidez con la que un individuo aumente su resis-
tencia frente a determinadas distracciones, desacostumbradas para él,
es decir, la rapidez con que se acostumbre a ellas -su capacidad de
habituación- es asimismo de una trascendencia enorme para su ca-
pacidad de rendimiento. Es probable que la «capacidad de habituación»
en este sentido se pueda adquirir en una medida considerable a través

106
LA «HABITUACIÓN» EN LAS INTERRUPCIONES DEL TRABAJO

de la «práctica»; es decir, que un aumento en la habituación a determi-


nadas distracciones en tareas de un determinado tipo siga teniendo efecto
al pasar a otras tareas de otro tipo, y esto parece que también es de-
mostrable experimentalmente. Pero aún no parece estar establecido hasta
qué punto la «habituación» a determinados tipos de aistracciones
incrementa la capacidad de habituación a otras distracciones de otra
naturaleza.
Las «interrupciones» y las «desviaciones» pueden consistir también
en la necesidad de tener que realizar otra tarea, ademds de la tarea
continua, aunque sólo sea de forma ocasional, recurrente o permanen-
te; es decir, pueden consistir en una simultaneización temporal de una
tarea con otra tarea paralela; Pero esta simultaneización sólo cae bajo
el concepto de «interrupción» en el sentido propio del término, prime-
ro, cuando· se pueda considerar a una de las dos tareas como «tarea
principal» y a la otra que produce la distracción para la principal como
«tarea secundaria», y, segundo, cuando ambas tareas sean de naturaleza
heterogénea entre sí," de modo que no formen una misma tarea unitaria.
Sin.embargo, en relación a la primera condición, si ninguna de las dos
tareas pudiera considerarse como tarea principal, ese caso es igual, en
cuanto al principio, al caso de la «interrupción» (en sentido estricto).
Por lo que respecta a la segunda condición, hay que decir que la tran-
sición entre «realización simultánea de tareas» y «tarea compuesta» es
muy fluida, en caso de que existieran, por ejemplo, algunas diferencias
prácticas entre ambas; pues, en último término, un número muy grande
de tareas de la vida cotidiana, realmente la mayoría de ellas, se pueden
dividir en distintas tareas que, por su propia naturaleza, no siempre están
relacionadas entre sí como partes de una misma tarea, es decir, por el
tipo de puesta en funcionamiento del sistema psicofísico. Incluso un
proceso tan «simple» como, por ejemplo, el <<aprendizaje» de las silabas
se presenta complejo e «interrumpido» en relación con el «aprendizaje»
de los números, aun cuando este último se realiza de manera totalmente
«motora», por el hecho de que en el aprendizaje de las sílabas interviene
más intensamente la «imagen acústica», haciendo necesaria una adap-
tación interior más compleja. Pero con tanta mayor razón existen
montones de trabajos industriales en los que intervienen varias tareas
implicadas recíprocamente entre sf o en los que se cambia de una tarea
a otra, que requieren el funcionamiento de órganos y de capacidades muy
distintos o un funcionamiento de-estos mismos en un sentido diferente.
Por este motivo, las investigaciones experimentales de las tareas
«simultaneadas» y de las tareas «compuestas» (relativas hasta ahora
básicamente a actividades «mentales»), han partido, con razón, del
concepto de «interrupción». Es evidente que sólo se da una «simul-
taneización» de varias tareas en el sentido expuesto aquí en aquellos casos
en los que no se trata de una sucesión de procesos internos, en los que

107
PSICOf(SICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

el proceso posterior está causado por el anterior, como ocurre en el


proceso de « percepción» del estímulo y de «respuesta» al mismo. En
cambio, el proceso de respuesta a un solo estímulo puede evidentemen-
te resultar «interrumpido» por la percepción simultánea de otro estimu-
lo diferente así como la percepción de dos estímulos diferentes o las res-
puestas a ellos pueden también colisionar entre ellas en el sentido de la
«interrupción». En principio, sólo se puede hablar de «interrupción»
recíproca entre dos tareas diferentes cuando se realicen simultáneamen-
te. Pero si se denomina «habituación» al proceso de la adaptación in-
terior a diferentes rareas simultáneas que se «producen mutuamente una
interrupción», resulta cuestionable si este proceso de «habituación» no
consiste precisamente en que tareas «simultáneas» se transformen en
tareas «sucesivas». Parece bastante probable que una gran parte de estas
tareas transcurran de la siguiente manera: que una de la tareas
simultaneadas se meta en las pequeñas pausas que hay dentro del ritmo
de las otras (pausas subjetivamente imperceptibles con frecuencia); la
«adaptación interior» consiste entonces en configurar el ritmo de las
distintas tareas de modo que sea posible una transformación de tareas
simultáneas en tareas que se vayan alternando siguiendo un determina-
do ritmo. Pero, aun así, esto no parece agotar en absoluto el modo como
se puede desarrollar la «habituación». Otra forma de transcurrir parece
consistir en una transformación de la técnica psicofísica de una de las
dos tareas, de modo que el sistema psicofísico quede libre para la otra.
Dentro de este último esquema está la experie11cia general de que, en
la simultaneización de tareas, se «mecaniza» muy rápidamente el mayor
número posible de tareas -mediante un fuerte esfuerzo inicial- y se
libera el sistema central para ser puesto_ en funcionamiento por otras
tareas. Pero aquel principio domina también el curso técnico del trabajo
en su dimensión cualitativa. Vogt ha demostrado, por ejemplo, que al
simultanear una tarea continua de sumar con recitar de memoria un
poema conocido, la persona sujeto de la experimentación sustituye a
partir de entonces, inconscientemente, las imágenes ópticas de los
números en la realización de las sumas, que habitualmente había rea-
lizado utilizando la imagen sonora («acústico motora»); el proceso de
las sumas -más difícil de esa manera- fue empujado a una especie de
subrogación por aquella parte del sistema psicofísico que se necesitaba
para la otra tarea (para el recitado del poema). La simultaneización de
varias tareas no es, por tanto, una suma de éstas, sino que puede pro,
ducir una transformación cualitativa en su modo de realización. Estos
hechos hacen enormemente más complejo el modo «técnico» de «adap-
tarse» a las tareas simultáneas y determinan al mismo tiempo el gradQ
en que unas tareas se «interrumpen» a las otras, determinando, por
consiguiente, la dificultad de la simultaneización. Parece que varias tareas
simultáneas se interrumpen menos cuanto menos dependan para su

108
LA «HABITUACIÓN• EN LAS INTERRUPCIONES DEL TRABAJO

realización de los mismos medios técnicos, cuanto menos tengan que


«utilizar el mismo alambre», como dice Vogt. Las tareas que estén más
próximas entre sí en cuanto a los medios técnicos que ambicionan son
las que más se interrumpen recíprocamente. Dos tareas que sean idén-
ticas en este sentido «técnico» no podrán realizarse nunca simultánea-
mente sino de forma alternativa. Por el contrario, cuanto más diferentes
sean las tareas mentales en ese sentido «técnico», psicofísico (no en un
sentido lógico u objetivo), más fácilmente se podrán realizar (en prin-
cipio) simultáneamente desde un punto de vista psicofísico, ceteris
paribus. Con esto no se está diciendo que no pueda haber también (quizá)
actividades que sean difícilmente simultaneizables a consecuencia de su
excesiva heterogeneidad entre ellas, por tener una más difícil adapta-
ción al ritmo o por tener una mayor dificultad para concentrarse en una
«tarea unitaria» que mantuviera la «atención» en una tensión menor.' De
lo dicho se desprende que la mayor o menor posibilidad de simultanear
varias tareas depende, en gran medida, de diferencias in~ividuales en
la técnica que sea la más adecuada para cada uno en la realización de
las tareas determinadas contenidas en lasimultaneización: de según uno
aprenda de forma «visual», por ejemplo, o de forma auditiva o de forma
motora, o según se esté en situación de mecanizar con mayor o menor
dificultad una u otra «respuesta» o de log_rar un ritmo apropiado para
adaptarse a las otras tareas, etc. De aquí se sigue además la siguiente
cuestión: ¿es más «económico» lasimultaneización de varias tareas como
una tarea unitaria o, por el contrario, el máximo ftaccionamiento posible
de una tarea unitaria en distintas tareas a realizar de forma sucesiva?,
es decir, ¿cuál de ambos aporta más resultados globales en una unidad
de tiempo dada atendiendo a la proximidad psicofísica de las distintas
tareas y atendiendo a las diferentes técnicas psicofísicas de cada indi-
viduo al realizar estas tareas, que pueden ser muy diversas -descansen
esas diferencias en una predisposición hereditaria o en una habituación
duradera-? Esto no carece de importancia para la teoría de la «espe-
cialización» y división del trabajo.
Desde la peculiaridad de los procesos de adaptación se explican
además, según parece, algunas características de las curvas de rendimien-
to de trabajos realizados simultáneamente. Cuando se trata de una tarea
«interrumpida» desde el comienzo (por ejemplo, cuando se realiza en
un medio no habitual, pero también cuando se trata de trabajos simul-
táneos), el incremento del rendimiento es más rápido y más intenso que
el que vendría determinado por el mero efecto de la práctica, según lo
que se conoce de las tareas no interrumpidas, y es más rápido en con-
creto que cuando esta misma tarea se comienza y se realiza sinninguna
«interrupción», como muestran los experimentos. Por otro lado, la fatiga
se presenta algunas veces más lentamente que en una tarea «no inte-
rrumpida»; es más, el rendimiento de las últimas horas de la jornada

109
PSICOF[SICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

parece ser con frecuencia más elevado en trabajos «interrumpidos» que


el que cabcía esperar por un aumento de práctica. Estos resultados que
hacen aparecer al trabajo complejo como menos cansado y de una más
fácil adaptación sedan, como dice Vogt de manera convincente, uno~
resultados paradójicos, dando por supuesto que los análisis sean correc-
tos. Se explican sencillamente por el hecho de que el trabajo «intermm-
pido» --es decir, cada una de las tareas concretas en las que se puede
descomponer un trabajo complejo- empieza con un nivel mucho más
bajo, a consecuencia de esa interrupción, que un trabajo no interrum-
pido. Luego va subiendo el rendimiento a medida que progresan la
habituación y la adaptación interior a la «interrupción» o a las otras tareas
hasta llegar al máximo más rápidamente que en trabajos «no interrum-
pidos», porque se hace valer precisamente no sólo una mayor práctica
sino también una mayor adaptación a la «interrupción» y porque ésta
última alcanza precisamente su nivel máximo casi siempre al final del
trabajo. El nivel máximo del rendimiento «interrumpido», es decir,
cuando se trata de varias tareas realizadas simultáneamente, el rendi-
miento de cada una de las distintas tareas en cuanto tales permanece,
por lo general, muy por debajo del nivel que alcanzan éstas cuando se
realizan sin interrupción (no siempre, a la larga). Por ello, a veces, la
influencia de la fatiga, no sólo de cada una de las tareas parciales sino
también de la simultaneización de varias tareas, puede ser menor que
cuando se hace una ejecución sucesiva de las distintas taceas; es decir,
que, en ese sentido, la realización simultánea .es más económica. Que
ocurra esto o no, depende de la mayor o menor dificultad de trasladar
las distintas tareas que se realizan simultáneamente a las respectivas
pausas, pero depende sobre todo de si la adaptación entre estas tareas
entre sí es especialmente difícil, es decir, de si esa adaptación causa un
esfuerzo especial o no, y depende, finalmente, de si la cantidad de tra-
bajo es susceptible de incrementarse notablemente por un esfuerzo de
·la voluntad, siendo entonces, eso sí; más fatigoso, como ocurre en las
actividades motoras, a diferencia de las actividades sensoriales. Algo
similar ocurre con la práctica en tareas realizadas simultáneamente o
interrumpidas. El efecto de la práctica se manifiesta menos que en tareas
sencillas y fa combinación de sus efectos con los efectos de la «habitua-
ción» da con frecuencia una imagen discordante de las curvas de ren-
dimiento. El esfuerzo de «habituación» parece mostrar sus efectos más
pasajeramente que la práctica, quizá porque aquél se apoya sobre una
técnica de adaptación bastante compleja, concretamente en tener que
colocar una tarea entre las pausas de otras tareas siguiendo el ritmo
anterior. Si esto fuera correcto, se podrfa entender también, como
establece Vogt para algunos trabajos «interrumpidos», que el incremento
de rendimiento entre una jornada y otra fuera menor que el que se daría
si las distintas tareas parciales no fueran interrumpidas, en contrapo-

110
LA «HABITUACIÓN• EN LAS INTEIU\UPCIONES DEL TRABAJO

sición al íncremento rápido del rendimiento que se produce durante la


misma jornada de trabajo. A un fuerte aumento de la habituación den-
tro de la jornada de trabajo se le contrapondría una fuerte pérdida de
habituación entre una jornada y otra. Por este motivo, en el caso de
individuos con una fuerte «capacidad de distraccióm, o una reducida
«capacidad de habituación» y también en el caso de trabajos que difi-
cultan la adaptación interior a sus trabajos parciales concretos, la curva
del rendimiento mantendría permanentemente su característica desvia-
ción respecto a la curva del rendimiento de trabajos no interrumpidos.
Por ello, individuos precisamente con una escasa capacidad de habitua-
ción podrían simular, especialmente en la realización de trabajos com-
plejos, la impresión de una menor fatiga, es decir, de una capacidad de
rendimiento en aumento durante la jornada laboral y que se mantiene
largo tiempo, y consiguientemente podrían simular tener una práctica
muy conveniente, porque sería decisiva para sus curvas de rendimiento
la adaptación interior que tendrían que realizar nuevamente cada día.
Por los mismos motivos, cuando predominen las tareas simultaneadas
podrían ser razonables a veces jornadas de trabajo largas, o podría
parecerlo. A la inversa, cuanto más se fraccione un trabajo en sus tareas
más sencillas -es decir, que se eliminarían las «interrupciones» y la
«simultaneización» de varias tareas- más se haría valer solamente el
antagonismo entre fatiga y práctica y más pronto se sentiría la fatiga
después de alcanzado el nivel máximo de práctica en una disminución
del rendimiento y menos podría lograrse el nivel óptimo de rendimien-
to a través de largas jornadas laborales; todo esto presuponiendo que
aquellas ideas psicofísicas sean realmente acertadas.
En esta cuestión de la administración de la energía en las tareas
simultaneadas o en las fraccionadas podrían jugar un cierto papel cier-
tas condiciones «mentales» generales del funcionamiento de la «aten-
ción». En el ámbito del aprendizaje, Christo Pentschew, al tratar la
controvertida cuestión de si es más económico aprender un poema, por
ejemplo, por partes o todo entero; ha demostrado experimentalmente
que aprenderlo todo entero logra resultados más convenientes en cuan-
to al número de repeticiones necesarias, al tiempo global necesario y al
resultado (retenerlo firmemente en la memoria), porque así se aprove-
cha mejor la atención que si se aprende fraccionadamente. Esto tiene
seguramente que ver, si es acertado con carácter general, con la circuns-
tancia de que un conjunto con sentido se puede captar mentalmente e
incorporarlo como tal muchísimo más fácil que partes suyas fracciona-
das sin sentido o partes suyas que no contengan, en todo caso, un «sen-
tido» coro pleto; por eso los niños captan y aprenden con mayor dificul-
tad que los adultos sílabas sueltas sin sentido. Es evidente que no se puede
trasladar simplemente este punto de vista del ámbito de la memoria a
otros terrenos. Aun así,, sería pensable al menos -un profano como yo

111
PSICOFfSICA DEL TA.ABAJO INDUSTR.IAL

no se atreve a decir que sea probable- que, en ciertos casos, la práctica


de un trabajo industrial complejo, razonable y fácilmente comprensible,
para conseguir un determinado resultado facilitaría, al menos al comien-
zo, una mayor práctica desde el punto de vista psicofísico que el fraccio-
namiento de ese trabajo en múltiples manipulaciones sin sentido. Pero
faltan conocimientos exactos al respecto y es muy posible que no exista
nada similar. Por lo demás, la base psicofísíca general de la práctica se
manifiesta también en el caso explicado por Pentschew en el hecho de
que, en el aprendizaje del poema todo entero, a un rendimiento mayor
en cuanto a velocidad y a efectividad le corresponde asimismo una fa-
tiga mds intensa a consecuencia de una mayor atención.
Sobre la importante cuestión de la mayor o menor dificultad--desde
el punto de vista del uso de energía- en convertir varias tareas simul-
táneas en una sola «tarea unitaria» sólo existen algunas experiencias,
que no permiten un resumen general. El principio general que se ha
mencionado antes para decidir el p~rentesco psicofísico (la utilización
del «mismo alambre») sufre algunas complicaciones concretas. Todas
las actividades, incluidas las «más sencillas» en términos psicofísicos,
están compuestas de una serie de procesos encadenados entre sí, las
actividades «mentales» están compuestas, al menos, por procesos de
«captación» y de las ~onsiguientes reacciones. Ambos procesos, a su vez,
pueden representar tareas muy complejas; pueden ser tareas de la «ca-
pacidad de atención», etc. Cuando se realizan simultáneamente varias
tareas «parciales», hay que preguntarse cuáles de_los sucesivos procesos
parciales de cada una de ellas son los más afectados por la interrupción
que mutuamente se producen entre ellas y cómo se distribuyen los efectos
de la interrupción sobre los procesos parciales siguientes. Esto es muy
distinto, naturalmente, según las características de la tarea. Parece que
las actividades reactivas sufren más intensamente por la interrupción
-en la rapidez y seguridad- que la mera comprensión, y ésta a su vez
menos que las eventuales actividades memorísticas requeridas. Las
interrupciones motoras parecen ejercer una influencia sobre las activi-
dades motoras menos restrictiva a la larga (si las motoras son por lo
general de otra clase, véase más arriba). Por el oontrario, una persona
que esté aprendiendo, por ejemplo, con intettupciones «motoras» su-
fre, al parecer, por eso mismo, una disminución relativa de su capaci-
dad de rendimiento más fuerte, porque suele trabajar más rdpidamerite.
y las pausas en las que podría intercalar la actividad interrumpida son;
por ello, más reducidas que cuando una persona aprende visualmente
(a través de imágenes). Si se trata además de la realización simultánea
de varias tareas a su vez complejas -en términos psicofísicos-, los
efectos de las interrupciones mutuas se hacen cada vez más complejos
con cada nueva simultaneización de tareas. En este punto le cierra el
paso a Ja comprensión de estos procesos la costumbre de la <<psicología

112
LA •HABITUACIÓN» EN LAS INTERRUPCIONES DEL TRABAJO

vulgar» de clasificar las actividades por el resultado, no por su técnica


psicofísica. Lo que desde el punto de vista del «resultado» se presenta
como la «parte principal» del trabajo no siempre lo es, en absoluto, desde
el punto de vista de su relevancia psicofisica. Una mínima transforma-
ción de una tarea, vista desde el punto de vista del resultado, por ejem-
plo, puede ser muy importante para su capacidad de realizarse simul-
táneamente con otras tareas 1 • Por lo que respecta a los distintosgéneros
de actividades del sistema psicofísico, Vogt cree poder establecer que
cuando las tareas de volición, de memorización y de asociación pasan
a otras tareas son las que más «interrumpen» a éstas últimas y, a la in versa,
son también las más afectadas por éstas últimas. Por tanto, el grado en
que se reduce el rendimiento de las distintas tareas por realizarse simul-
táneamente es muy distinto según las características de las tareas y, por
ello, también lo es la significación energética de la realización simul-
tánea de varias tareas o, a la inversa, del fraccionamiento de tareas com-
plejas. Parece suceder que, después de un cierto período de habituación,
se pueden realizar varias actividades simultáneas sin ningún efecto
interruptor, pero produciéndose, naturalmente, una mayor fatiga. Y
como se ha aludido antes, el uso de energía de la realización simultánea
o del fraccionamiento en tareas simples resulta asimismo distinto se-
gún los medios psicofísicos que utilice el trabajador para producir un
determinado rendimiento, según reaccione en determinados casos, por
ejemplo, de forma «sensorial» o de forma «motora».
Próxima al problema de los efectos mutuos entre distintas tareas
realizadas simultáneamente está la cuestión de cómo influye la realiza-
ción sucesiva de tareas de distinta naturaleza sobre cada tarea concreta.
Hasta ahora sólo se ha investigado experimentalmente - y es com-
prensible-la cuestión de los efectos del cambio de trabajo a lo largo de
una jornada, pero no la cuestión, más importante para la dimensión
económica, de cómo afectaría un cambio entero en el tipo de ocupa-
ción en períodos más largos, por ejemplos meses o también semanas.
Por lo que respecta al cambio de trabajo por horas, alas experimenta-
dores les interesaba esencialmente la cuestión de cómo afecta la evolu-
ción de la fatiga, es decir, si el avance de la fatiga podría frenarse o in-
cluso eliminarse intercalando otras tareas muy diferentes en un trabajo
continuado. La opinión al respecto de Kraepelin -basada en sus pro-
pios experimentos y en los de sus discípulos, concretamente Weygandt-
la hemos resumido ya al exponer su concepción de· la fatiga mental.
Consecuente con esta concepción, Kraepelin se opone al antiguo «dog-
ma» de que «el descanso está en el cambio», opinión en la que se apoya-
ba una buena parte de la planificación de los horarios escolares, y niega
cualquier influencia de esa naturaleza: «determinante del grado gene-
ral de fatiga sólo es la dificultad del trabajo, no su naturaleza». Un cam-
bio de tarea sólo reduce la velocidad del aumento de la fatiga si el tra-

113
PS1C0fÍ5ICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

bajo intercalado es más fácil que la tarea principal, pero, si no es así, la


nueva tarea aumenta la fatiga, y cuando se están alternando dos tareas,
la tarea en sí más difícil de las dos se soportará más fácilmente, como
consecuencia de una fatiga menor, y la t;trea en sí más fácil se soportará,
en cambio, con mayor dificultad, a consecuencia de una mayor fatiga,
que lo que ocurriría en los respectivos espacios de tiempo si sólo se
hubiera practicado de manera continuada una sola de ellas.
· Como también Weygandt ha llegado al mismo resultado de que no
se puede hallar ninguna diferencia por el tipo de trabajo que se inter-
cale y de que no se puede confirmar experimentalmente la opinión de
que se pueda alcanzar una «recuperación» a través de cambiar a tareas
muy diferentes -,-en todo caso, no se puede confirmar en los tipos de
trabajo investigados hasta ahora-, tanto él como Kraepelin rechazan
la posibilidad de una fatiga mental parcial y encuentran ahí una dife-
rencia estricta respecto al trabajo de los músculos, que pueden hacer
muchas actividades independientes entre sí, por lo que los músculos
pueden fatigarse y recuperarse aisladamente. Pero según otros resulta-
dos, y también según algunas otras manifestaciones de Kraepelin, hay
que contar, aun así, con la posibilidad de que esta concepción no pue-
da ser mantenida, al menos en esa formulación. Se trata realmente, mi-
rándolo desde el punto de vista práctico, sólo de diferencias de grado.
Pues por lo que respecta a la fatiga muscular, está claro ya--como hemos
mencionado anteriormente- que, aun así, es de naturaleza «general,,
en no pequeña medida: una marcha continua~ por ejemplo, fatiga los
brazos y un simple paseo largo parece afectar al trabajo mental poste-
rior. El mismo Kraepelin no discute esto y lo atribuye al hecho de que
estafatiga procedía del ámbito de la voluntad, es decir,delsistema central
(véase más arriba). En ese sentido, el efecto de los trabajos físicos es,
en sus resultados prácticos, un efecto general indirecto (por la media-
ción. del sistema central), también en la opinión de Kraepelin.
Kraepelin también reconoce además la posibilidad de que el ren·
dimiento aumente a consecuencia de que se intercalen otras tareas de
naturaleza diferente. La observación, que Kraepelin reconoce como
posible, de que la ejecución de trabajos mentales más fáciles sería quizá
hecha más fácil directamente por otros trabajos más difíciles anteriores
o intercalados, la fundamenta él con lo siguiente: con que el mayor
esfuerzo de la voluntad en el trabajo anterior más difícil continúa toda-
vía teniendo sus efectos. Lo que significaría que el rendimiento, a ve-
ces; puede aumentarse con un cambio de tarea, pero aumentándose
asimismo la fatiga «objetiva» global, según la teoría de Kraepelin. Tam-
poco falta bibliografía sobre rechazos de principio a la teoría del efecto
general de la fatiga mental. Un rechazo así tendría que dirigirse ante todo
evidentemente contra el concepto kraepeliniano de fatiga. Desde un
punto de vista práctico se ha afirmado en algunas ocasiones -aunque

114
lA «HABITUACIÓN• EN LAS INTERRUPCIONES DEL TRABAJO

no sin objeciones- que es posible organizar una jornada laboral con


tareas de distinta naturaleza y con pausas adecuadas, de modo que no
se produzca ninguna fatiga. El profano en la matería no se va a atrever
a expresar ninguna opinión al respecto. Según algunos experimentos
de Weygandt se podría tener la impresión de que quizá ·cada caso con-
creto sea distinto por la técnica del trabajo. Por lo demás, las dificulta-
des están determinadas -cuando existen- por los conceptos tan inge-
niosos como complicados de fatiga, etc., que Kraepelin ha creado.
No-se ha investigado nada el efecto del cambio de trabajo en pe-
ríodos más largos. Cuando se han intercalado en algún trabajo -<:om-
probado experimentalmente- días de descanso o días con otros tra-
bajos diferentes, por ejemplo pasear en vez de sumar, etc., se ha hecho
básicamente para medir la pérdida de práctica -muy importante sin
duda para. ese problema- o para otros fines similares, pero no para
comprobar el uso de energía del trabajo, y es evidente que esto sólo se
podría realizar experimentalmente en períodos más largos, si se pudie-
ra disponer de la misma persona para el experimento -prescindiendo
.de otras dificultades-. A priori, es decir, en este caso concreto sobre
la base de otros hechos diferentes comprobados, p'oco se puede decir
sobre las posibilidades que pueda tener el cambio de trabajo periódico,
y con seguridad sólo se puede decir realmente lo siguiente: que proba-
blemente debería acarrear resultados muy diferentes según las carac-
terísticas del trabajo y según las características de la persona. Entraría
en consideración, sobre todo, además de la «capacidad de práctica» y
de la «solidez de la práctica», su «capacidad de habituación». Los tra-
bajos se organizarían, por tanto, de manera diferente según su grado de
complejidad, es decir, según el grado en que la «habituación" juegue un
papel para el rendimiento. En trabajos complejos que no se pudieran
fraccionar fácilmente, el cambio podría ser quizá conveniente con
obreros con una gran «capacidad de habituación»; si se fracciona mucho
el trabajo en sus tareas más simples y con obreros de una mayor «ca-
pacidad de práctica»; quizá sería más razonable mantener a los obreros
en el mismo trabajo; según cada situación, es decir, partiendo de las
características del trabajo y de las de lós obreros, avanzar en la espe-
cialización o mantener a los obreros en su especialidad podría tener
efectos muy diferentes desde el punto de vista de la rentabilidad del
trabajo. Pero no se puede decir absolutamente nada general sobre este
tema; habría que estudiar cada éaso concreto.

NOTAS

l. Así por ejemplo el mero borrar una letra que haya que ir contando de un rexro sin sentido,
que produce diferencias muy signíficarivas.

115
5
INTERRUPCIONES EN EL TRABAJO
(EFECTOS DE LAS PAUSAS, SIGNIFICACIÓN
DE LOS EXPERIMENTOS SOBRE LAS PAUSAS:
EL «MÉTODO DE LA PAUSA MÁS FAVORABLE»)

En los trabajos de Kraepelin juega un papel muy importante la expli-


cación de los efectos de las pausas en el trabajo -de las pausas breves
realizadas durante la jornada de trabajo-;y no sólo por las pausas en
cuanto tal sino también por razones metodológicas. La medición de la
transformación de la capacidad de rendimiento antes y después de pausas
de duración variable, insertas en el trabajo según la distinta duración
de éste, es el único medio útil de que se dispone para determinar en cada
caso concreto el nivel de influencia que tienen sobre la evolución de la
curva del rendimiento sus distintos componentes, antes comentados.
La posibilidad de utilizar para este fin experimentos sobre las pausas
se deriva de la circunstancia de que esos distintos componentes de la
curva entran en acción en distinta medida y a distinto ritmo y sus efec-
tos desaparecen también en distinta medida y a distinto ritmo, lo que
hay que considerar ahora.
Es fundamental para la posible obtención siquiera de algún progre-
so en el rendimiento el hecho de que la práctica deja huellas duraderas
a diferencia de la fatiga (normal). En los efectos.de las pausas se añade,
además, que la «pérdida de práctica» tiene efectividad durante el pri-
mer pedodo de la pausa mucho más despacio que la «recuperación» que
la pausa genera, aunque la «pérdida de práctica» se produce muy rá-
pidamente tras la interrupción del ttabajo, mientras que, por otro lado,
la pausa lleva a la desaparición de la «estimulación» provocada por el
propio trabajo y a la desaparición del «impulso de la voluntad» más o
menos existente (véase más arriba). La relación mutua entre la desapa-
rición de la fatiga, del estímulo para el trabajo, del impulso de la vo-
luntad y de la práctica determina cuál es la pausa más favorable para
el trabajo, es decir, proporciona el punto óptimo de la capacidad de
rendimiento para después de la pausa. El tiempo tras el que se alcanza

116
INTEI\I\UPCIONES EN EL TRABAJO

ese mejor efecto de la pausa es mu y distinto según la capacidad de fatiga,


la capacidad de práctica, la capacidad de estimulación y la solidez de
la práctica de cada individuo y también según el nivel de la fatiga al-
canzadó antes de la pausa --es decir, según el tipo y la cantidad de trabajo
realizado previamente-; también según la cantidad de estimulación
existente y de los «impulsos de la voluntad» y según, finalmente, el grado
de aumento de Ja práctica, que disminuye al ·;i:umentar la fatiga y que
se elimina por completo al final. De estas circun~tancias dependen
también el efecto recuperador que generan las pausas. Si, antes de la
pausa, pesaba más la fatiga que la estimulación --es decir, que aumen-
taba Ja fatiga y no la estimulación-, entonces la pausa actúa de manera
favorable para el rendimiento posterior; en caso contrario, cuando la
recuperación gracias a la pausa no es suficiente par-a compensar la pér¡;lida
de estimulación, la pausa actúa de manera inconveniente. Si el impulso
de la voluntad era débil, suele ser más fuerte después de la pausa y el
rendimiento suele subir asimismo fuertemente, pero, en.cambio, si el
esfuerzo de la voluntad era fuerte (lo que puede ocurrir, por ejemplo,
cuando se está luchando contra la fatiga), las pausas tienen un efecto
perjudicial inmediato, pues relajan aquel esfuerzo. Hay, por tanto, junto
a pausas favorables alguna «desfavorable», o a veces varias. El efecto
de las pausas parece evolucionar de manei:a que, al principio, comienza
a compensar rápidamente la fatiga, comenzando a desaparecer la
estimulación más lentamente que la fatiga, pero, a partir de un deter-
minado momento, la compensación de la fatiga va más lenta que la
pérdida de estimulación. Después de la completa desaparición de esta
última, se alcanza el nivel más bajo del efecto de la pausa; este efecto
comienza a subir de nuevo hasta que comienza a predominar -una vez
eliminados los elementos de fatiga- la pérdida de práctica en relación
a la lenta desaparición de los efectos del «agotamiento» (véase capítulo
1); se traspasa así el punto óptimo del efecto de la pausa y éste descien-
de de nuevo hasta una segunda pausa «desfavorable» para subir poste-
riormente al ralentizarse la pérdida de práctica y al comenzar al «ago-
tamiento». Al combinarse con la «familiaridad con el trabajo» y con el
«impulso de la voluntad» surgen, a veces, otros efectos más complica-
dos de las pausas. Junto al principio de que en trabajos muy fatigantes,
en general, las pausas cortas tienen mejores efectos que las pausas lar-
gas al final de la jornada -pues la cortas no hacen desaparecer la
estimulación producida por el trabajo ni la «familiaridad» con el mis-
mo- hay que tomar en consideración además que pausas frecuentes
y cortas (de pocos minutos) son adecuadas para personas resistentes,
con una estimulación fácil y con práctica; y que pausas escasas (y even-
tualmente más largas) son adecuadas para personas que tienen más di-
ficultades en la práctica y que se cansan más lentamente. Así como
Kraepelin ha utilizado los experimentos sobre las pausas --el «método

117
PSICffFISICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

de la pausa más favorable»- para descomponer la curva de trabajo en


sus elementos integrantes, las diferentes pausas óptimas para una per-
sona que realice trabajos diferentes y, a la inversa, para un mismo tra-
bajo realizado por distintas pers~nas tendrían que servir como medio
de análisis de las peculiaridades psicoffsicas de los trabajos y de las
personas. Una consecuencia importante de la concepción de Kraepelin,
aunque por supuesto muy discutida, como ya hemos observado, es su
opinión de que la «característica básica» de la «resistencia» (capacidad
de fatiga) y de otras «características básicas» establecidas por él, aun-
que él no lo haya dicho (capacidad de práctica, solidez de la práctica,
habituabilidad, distracción), tendrían que valer como características
generales de la personalidad, que podrían ser medidas en el transcurso
de un trabajo concreto mediante un detallado análisis.
Por otro lado, Kraepelin ha contribuido con la máxima insistencia
a destruir la fe en que se pueda obtener un cuadro más o menos ade-
cuado de las características psicofísicas de una persona o de un trabajo
con un sencillo sistema de pruebas al azar y durante un breve período
de tiempo. Todavía tenemqs que hablar algo de la dimensión meto-
dológica de estas investigaciones, porgue es decisiva para la cuestión
de la utilidad de estas investigaciones para los problemas socio-econó-
micos.

118
6
CUESTIONES METODOLÓGICAS.
METODOLOGÍA DE KRAEPELIN Y UTILIDAD
DE SUS CONCEPTOS. LOS DEBATES HIGIENISTAS
SOBRE LOS EFECTOS DEL TRABAJO INDUSTRIAL.
EN TORNO A LA CUESTIÓN DE LA INVESTIGACIÓN
«EXACTA» DELOS FACTORES PSICOFÍSICOS
DEL TRABAJO INDUSTRIAL

Los principios metodológicos de Kraepelin y sus discípulos están en


abierta contraposición a los intentos que se han hecho por encontrar
un camino para hacer investigaciones de masas partiendo de los mé-
todos de medición del laboratorio, intentos que en Alemania han sido
realizados por gentes interesadas en la pedagogía sobre todo, aun cuan-
do no exclusivamente por ellas, y en el extranjero por una larga serie
de psicólogos profesionales, especialmente en Francia y en Estados
Unidos. ·
En Francia y en Estados Unidos, lo que más interesaba eran aque-
llos problemas que William Stern bautizó posteriormente con el nom-
bre de «psicología diferencial» y que otros intentaron convertir en
objeto de una dísciplina autónoma bajo el nombre de «caracteriología»,
«etología», etc. Mientras que, en el ámbito de la antropología, el mé-
todo antropométrico de Bertillon busca los rasgos físicos «signaléticos»,
es decir, busca combinaciones de las características medibles de los
individuos, en las que cada combinación sólo se dé probablemente una
sola vez, el método de los llamados mental tests quiere descubrir en
último término las combinaciones típicas de las características psíqui-
cas diferenciales de los individuos, de modo que se pueda sacar un
número reducido de pruebas psicofísicas en un individuo para poder
clasificarlo en alguno de los tipos «contemplativo», «perceptivo» o
«reactivo» y poder deducir de ahí algunas conclusiones probables sobre
todos sus caracteres «esenciales». Los problemas de contenido plantea-
dos con estos planteamientos los vamos a dejar de lado, por el momen-
to, y sólo haremos la observación de que, desde el punto de vista me-
todológico, los psicólogos alemanes son muy escépticos, con muy
pocas excepciones, respecto a los trabajos sobre estos temas de Binet,
de Henry, entre otros. Sin embargo, a nosotros no nos importa el

119
PSICOFÍSICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

problema de la medición de las diferencias individuales de las personas,


sino el problema de la medición masiva de los efectos de diferentes
trabajos y condiciones de trabajo.
En la bibliografía con que tuvo que habérselas la escuela de Krae-
peJin, estaba en un primer plano e1 problema de la fatiga y de su me-
dición en masas humanas. Griesbach en Alemania y Vannod en Francia
habían comenzado a investigar, con la ayuda del «estesiómetro», la
influencia del rendimiento laboral sobre .la sensibilidad de la piel para
percibir diferencias espaciales (el umbral de percepción de la dista·ncia
entre· las dos puntas de un compás). Ellos creían que el nivel de dismi-
nución de esa percepción era una medida para la fatiga producida por
trabajos de distintas clases: el trabajo escolar, el trabajo d~. coptabili-
dad, el trabajo en los telares mecánicos y ~tros trabajos m_ecánicos.
Kemsies intentaba establecer, con ayuda del ergógrafo de Mosso, la
influencia de trabajos escolares de distinto tipo sobre la capacidad de
rendimiento físico para proporcionar así el «índice ergográfico» de las
distintas asignaturas, es decir, su valor-fatiga. El interés de los pedago-
gos comenzó a dirigirse a estos péoblemas que habían pasado al primer
plano de la discusión por los comentarios sobre la «sobrecarga» que se
habían realizado en las últimas décadas: trabajos de ilustres pedagogos
(Wagner-Darmstadt) intentaban destacar, frente a un tratamiento
puramente psicofísico del problema, la significación que tenía para la
fatiga el interés por el trabajo de los escolares; se puso de nuevo en
circulación la cuestión de si produce más fatiga la atención o, por el
contrario, «obligarles a aburrirse», etc.
Aunque Griesbach, por ejemplo, todavía defendió sus métodos de
medición en el Congreso Internacional de Demografía e Higiene de
Berlín, en 1907, la crítica de la escuela de Kraepelin ha destruido todas
las esperanzas que se habían abrigado al principio. Los críticos alema-
nes no sólo han valorado menos que su autor 1 la eficacia del ergógrafo
como instrumento de medición y no sólo no se le concede al estesiómetro
como tal un valor inequívoco2, sino que la impresión de la extremada
complejidad de los componentes de la curva de trabajo y de sus mutuos
y recíprocos efectos, tal como Kraepelin intentó analizados, hace que
se desvanezca completamente la esperanza de poder establecer pronto
y «con exactitud», con sencillos instrumentos y experimentos, la me-
dida de la fatiga de determinadas tareas concretas en una clase escolar,
y mucho más en grupos de miles de obreros; hacia esta misma deses-
peranza apunta la impresión del gran cuidado con que habría que aislar
los resultados de la medición frente a las innumerables falsificaciones
posibles para lograr realmente cifras útiles.
Incluso Kraepelin, que, por su parte, ha hecho algunas veces alguna
propuesta para el análisis de la fatiga en niños de escuela -propuesta
que no nos interesa en este momento-, contempla con gran escepti-

120
CUESTIONES METODOLÓGICAS

cismo la posibilidad de que se llegue a resultados realmente útiles por


este o por algún otro camino de los ya conocidos. Su opinión es, sin duda,
que actualmente no es posible todavía alcanzar resultados sobre las
.condiciones psicofísicas y los efectos del trabajo mediante ningún tipo
de investigación masiva, en lo que respecta a las características «típi-
cas» y a la peculiaridad de los obreros. Por «investigación masiva» habría
que entender, para aclararlo cuanto antes, todo tipo de investigación
que tenga por objeto personas, cuyo comportamiento respecto al sue-
ño, a la alimentación, al consumo de alcohol, a su trabajo corporal o
mental y respecto a otras manifestaciones de la vida significativas desde
el punto de vista del uso de la energía nerviosa y muscular no esté regulado
ni controlado por un experimentador. Una ojeada a los trabajos de la
escuela de Kraepelin muestra realmente la extraordinaria influencia que
tiene el «estado de ánimo diario» del individuo sobre los experimentos.
Las investigaciones de Kraepelin y las empa'rentadas con ellas se pro-
longaban, por ello, durante varias semanas, incluso algunos meses, y
frecuentemente bajo una estricta reglamentación de la vida de las per-
sonas sometidas a los experimentos, que eran la mayoría de las veces
personas con un interés científico propio en esos experimentos, o, en
todo caso, personas de un considerable nivel de formación --excepto
para experimentos muy sencillos, concretamente sobre el alcohol- o
personas que, como funcionarios de una clínica (y, a veces, internados),
estaban sometidas continuamente a la investigación del experimenta-
dor. E, incluso con estas condiciones, era necesario un fuerte desplie-
gue de agudeza intelectual y de conciencia para eliminar la influencia
de las «casualidades».
El número de personas que participaban en una investigación con-
tinuada era, por ello, muy pequeño: cuatro personas representaba una
cifra media, y ocho representaba ya un número considerable. Si se toma
en consideración además la complejidad y el refinamiento de los mé-
todos de investigación, los precisos aparatos de registro, la inaudita
precaución en la comprobación de los registros, que debían leerse
utilizando fuertes aparatos de aumento, una cosa queda completamen-
te clara: de este sistema no sale ningún camino hacia una «investiga-
ción masiva» ni en el sentido más limitado de la palabra.
Pero no debe olvidarse que, a pesar del general reconocimiento que
tiene la eminente aportación intelectual de Kraepelin, existe realmente
un cierto escepticismo entre los especialistas respecto a algunos funda-
mentos y resultados de sus trabajos, escepticismo que, probablemente
por el justificado respeto de que goza Kraepelin en la opinión pública,
aún no se ha manifestado en su plenitud. En ese sentido se puede
plantear la pregunta, por ejemplo, de si las características de este tan
reducido número de personas no pueden desempeñar el significativo
papel de «casualidades», dañando con ello el valor de las investigacio-

121
PSICOFÍSICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

nes. No es, en realidad, el pequeño número en sí en lo que estamos


pensando, sino enel peligro que encierra su selección. Al fundamentar
tales investigaciones en-personas individuales, la preocupación por los
resultados podría presentarse en la f(?rma ·que cualquiera que haga
cálculos semejantes puede observar en si mismo: el investigador se
acerca a la investigación con una determinada hipótesis sobre los re-
sultados posibles o probables o, después de una serie de observaciones
que parecen tener ciertos rasgos «característicos» comunes o diferen-
cias «características», se forma una idea de cómo explicar esas coinci-
dencias y esas diferencias, y esa idea parece que se va confirmando
luego con las experimentaciones posteriores. Pero surgen también casos
de desviaciones. Entonces, por regla general, se preguntará por qué se
presentan esas desviaciones respecto al comportamiento normal, es
decir, intentará averiguar los motivos de esta desviación «anormal» y
encontrará una razón para dejar a un lado ese caso: por ser un caso
singular y no apropiado para los hechos «típicos». Entonces fácilmente
se quedará sin investigar si no son precisamente estos casos que fun-
cionan como casos «normales» situaciones singulares (quizá de natu-
raleza heterogénea, pero, a pesar de ello, actuando en la misma direc-
ción como sucede en fenómenos complejos y en algunas experimen-
taciones); y de esa manera se falsea el valor de la investigación por la
continua eliminación de los objetos «singulares», es decir, de los que
se desvían del resultado previsto como normal. Si estamos destacando
aquí los peligros concretos de todos los tratam_ientos de estos proble-
mas que se apoyen en investigaciones individuales, no se quiere decir
con ello que Kraepelin y sus discípulos hayan caído inconscientemente
de hecho en el peligro de «seleccionar» a las personas que se someten
a los experimentos. Semejante afirmación, sin demostración alguna, en
boca de un profano sería una ligereza y una arrogancia ante el enorme
trabajo que hay detrás de sus investigaciones. Hasta que hubiera una
prueba en contra, hay que suponer que no sólo el mismo Kraepelin,
sino también sus formados colaboradores eran conscientes de aquella
posibilidad. Pero la realidad del pequeño número de personas someti-
das alexperimento debe insinuar, no obstante,.el juicio -compartido
abiertamente, por lo demás, por el propio Kraepelin en repetidas
manifestaciones- de que los resultados de estas investigaciones, si se
plasman en «teorías» generales, tienen básicamente el valor heurístico
de una hipótesis, plausible hasta cierto punto y diferente para cada
afirmación individual; y; sobre todo, que su valor reside no tanto en el
logro de principios de validez general y definitivos cuanto en la cons-
trucción de conceptos con los que poder operar en la investigación de
las condiciones psicofísicas generales del trabajo. Esto vale, concreta-
mente, para conceptos como Ermüdbarkeit, «fatigabilidad», «capaci-
dad de práctica», «solidez de práctica», «remanentes .de práctica» o

122
CUESTIONES METODOLÓGICAS

para conceptos tan importantes para las tareas complejas como los de
«interrupción», «desviación», «habituación», «capacidad de habitua-
ción» y para las explicaciones sobre los medíos posibles de la adecua-
ción entre sí de varias actividades del sistema psicofísico. Pero también
vale para aquellas tesis que se apoyan en la experiencia-cotidiana de la
«psicología vulgar» o que son simplemente «sublimaciones» de esta
última, o que se han convertido en medios heurísticos mediante la
utilización de «experiencias de la psicología vulgar»: de éstas existe una
gran cantidad en los resultados de Kraepelin mencionados en los pri-
meros capítulos, si se los mira más de cerca. Quizá, precisamente por
ello, valga, al menos, lo mismo para las teorías que Kraepelin puso a
la base de su concepto de fatiga y de todo su tratamiento de las causas
del rendimiento laboral: la hipótesis de que los distintos factores de una
tarea «se ~ncubren» y «se solapan» mutuamente; su idea de que dentro
del proceso químico nervioso y muscular, «luchan» entre sí, por así
decir, varias «fuerzas» y de que unas veces manda una de ellas y otras
·veces otra, podría sugerir fácilmente una idea de imputación causal,
contra la que se han levantado muchas objeciones en otros terrenos.
Dejadas a un lado estas reservas más formales, que se refieren a su
modo de formulación -y que, por lo demás, en mi opinión, tampoco
son penetrantes desde un punto de vista lógico-, en la teoría de
Kraepelin existen también algunas dificultades de contenido cuando se
las compara con el modo de formulación dominante entre los psicólo-
gos experimentales influidos por Wundt. La psiquiatría, y precisamen-
te la de Kraepelin, siempre tenderá a considerar los procesos somáticos
más o menos como lo «real» y los procesos psíquicos como «fenóme-
nos» accidentales. Si esto es así, un cierto número de los «factores,, de
la curva de trabajo con los que ha trabajado Kraepelin caen en una
posición algo ambigua. Prescindiendo de detalles, son concretamente
las ideas sobre el tipo de influencia de la «estimulación psicomotora»,
de la «estimulación» y del «impulso» las que se verían afectadas: aquí
surge la pregunta que se plantea en todos los campos de la psicofísica
como el problema último, la pregunta de cómo se podrían combinar
los efectos indudables de estos factores, en gran parte sólo deducibles
psíquicamente, con una teoría estrictamente fisiológica de la fatiga y
de la práctica. Si en la capacidad objetiva de rendimiento hay que dejar
fuera de consideración a la «fatiga» por ser puramente psíquica --ca-
pacidad aquella que, por su parte, sólo es medible en rendimientos, no
en «posibilidades» inaprensibles-, hay que preguntarse entonces si no
tendría que valer algo similar para aquellos hechos que están llenos de
elementos sólo inteligibles psicológicamente. La teoría de Kraepelin
aduce que se experimentaron iguales rendimientos a pesar de una
fuerte «fatiga»; por otra parte, tiene que negar que puedan existir
estados de «estimulación psicomoi:ora» que representen un «desean-

123
PSICOFfSICA DEL TRABA/O INDUSTRIAL

so», no sólo «aparentemente». (es decir, según la sensación subjetiva)


sino también realmente (es decir, en el sentido de los. procesos
metabólicos). Sólo la neuropatologfa podría realmente determinar si
esto es acertado, y su práctica, al menos, parece operar muchas veces
con otros presupuestos muy distintos, según me han confirmado los
neurólogos. También hay que preguntarse aquí, y de manera especial,
por la influencia del interés en el traba;o sobre la evolución de la fatiga
(el interés en el trabajo no desde un punto de vista económico, sino el
interés generado por el tipo de trabajo), es decir, la influencia de la
«motivación» de origen «ideal» realmente; y también pertenece a este
ámbito, finalmente, la idea de una fatiga puramente «fisiológico-
vegetativa»3, que comienza con el inicio de la actividad y que no puede
ser apresada en la reducción del rendimiento por «estar encubierta»
por la «estimulación» o por un «aumento de práctica», etc. Pero empí-
ricamente sólo se puede establecer (y permanecerá así por mucho
tiempo) lo que los procesos químicos de los tejidos realizan: <~fatiga»,
«habituación», «estimulación», etc., son conceptos que, en último tér-
mino, sólo se pueden entender desde esas realizaciones y presuponen
ciertos procesos y estados químicos -muy hipotéticos en puntos im-
portantes- como la causa de esas realizaciones. Pero no resulta nada
fácil trabajar seriamente con construcciones puramente químicas y
además con las ideas del «solapamiento».
El concepto kraepeliniano de «fatiga» y todo lo que va unido a él
podría así posiblemente encontrarse con algun¡is dificultades -¿pero
cómo puede juzgar esto un profano?- que surgirían precisamente de
su intento de entenderla en términos estrictamente fisiológicos, o más
exactamente bioquímicos, a consecuencia de las condiciones que esta-
blecería un estricto nexo causal en este terreno. Por otro lado, la con-
cepción kraepeliniana de las características básicas de la «personalidad»
(psicofísica) -por ejemplo, la concepción de la « posibilidad de fatiga»
(Ermüdbarkeit) como una característica general-, concepción muy
discutida, como ya hemos dicho, es realmente una consecuencia de
determinadas ideas biológicas que quizá no armonizarían sin dificultad
con aquella orientación puramente química.
Todas estas explicaciones removerían inevitablemente el eterno
problema de las cuestiones teóricas básicas de la «Psicofísica» (en el
sentido fechneriano de la palabra, pues no siempre se utiliza ésta en un
sentido unívoco): ciertos elementos de la teoría kraepeliniana (iel im-
pulso de la v9luntad!) podrían conducir -muy en contra de su inten-
ción- a la idea de la existencia de procesos «inconscientes» «psíqui-
cos», y no «físicos», con lo que se llegaría a una idea sobre la relación
entre lo físico y lo psíquico 4 totalmente distinta a como la representa
la tesis oficial del «paralelismo» wundtiano, al que siguen fa mayoría
de los psiquiatras (al menos presumiblemente).

124
CUESTIONES METODOLÓGICAS

Pero, por suerte para nosotros, la cuestión de la cimentación teó-


rica de los conceptos de Kraepelin tiene una significación secundaria
para su posible utilización de cara a nuestros objetivos. Para nuestros
fines prácticos tiene una significación secundaria la cuestión de si hay
que entender el aumento o la disminución del rendimiento por la fatiga
y por la práctica, la influencia de la «distracción», de las interrupciones,
del remanente de práctica o la pérdida de práctica sobre el rendimiento,
y las influencias psicomotoras y similares, como una interacción entre
distintos elementos, de modo que cada uno deje una situación psicofísica
específica que, en cierto modo, coexiste en el organismo, o si hay que
cimentar los -procesos metabólicos «sencillos», como harían algunos
objetores de Kraepelin, en el tejido muscular y en las células nerviosas,
que son influenciadas, tras la puesta en acción del organismo, en una
u otra dirección y que luego influyen sobre el rendimiento. A nosotros
nos basta con que con esos importantes conceptos prácticos se puedan
hacer análisis correctos, de los que podríamos suponer que también se
podrían hacer posiblemente en el trabajo industrial con un estudio
suficientemente pr;eciso, y nos es suficiente, por ejemplo, que «rema-
nente de práctica», «solidez de práctica», «estimulación psicomotora»
o «pérdida de práctica» puedan servir como denominaciones que repro-
duzcan adecuadamente el nexo causal entre el nivel de rendimiento en
que se mueve un obrero y determinados ºhechos comprobables empí-
ricamente que se dan en él o que le faltan. Y esto es lo que parece que
ocurre según los análisis de la vida cotidiana y de los resultados obje-
tivos de los experimentos. Provisionalmente podemos dejar sin contes-
tar la cuestión, en sí misma muy importante para nuestro tema, de si
se puede establecer un tipo caracteriológico general con la «capacidad
de fatiga», la «capacidad de recuperación» o la «capacidad de
estimulación», etc., y nos podemos contentar con que se pueda demos-
trar que se pueden analizar tales características como características más
o menos constantes con relación a tipos concretos de tareas, lo cual
apenas ofrece dudas según los experimentos así como según la expe-
riencia cotidiana. Independientemente de todas las «teorías» aparecen
finalmente numerosos análisis, tan importantes para nosotros, sobre
el modo como influyen las pausas, la simultaneización de varias tareas,
etc. Y también podrían ser muy fructíferas para nosotros las hipótesis
expuestas en nuestro comentario con claras reservas sobre cómo se
realizan desde un punto de vista psicofísico, por ejemplo, la
simultaneización de varias tareas y otros procesos similares o sobre los
desplazamientos de tareas o sobre la relación suplementaria entre la
reacción motora y la sensorial. Esas hipótesis muestran, al menos, incluso
para quien las rechace, que los procesos con los que operamos en nuestro
análisis de los efectos de la «división de los trabajos» se realizan siem-
pre, en realidad, de manera menos sencilla que las unidades conocidas.

125
P5IC0FÍS1CA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

Pero aun cuando pudiéramos aprovechar en general para el análisis


del trabajo industrial los conceptos que ha elaborado la psicología
experimental, hay que preguntarse si existe la posibilidad de suminis-
trar un andli'sis de ese «trabajo cotidiano», que se realiza fuera del la-
boratorio, que sirva desde un punto de vista cualitativo para un tra-
tamiento exacto del mismo, de manera similar a los experimentos de
laboratorio. Apenas es necesario señalar que esa posibilidad es muy re-
ducida en este campo. Prescindiendo de todo lo dicho anteriormente
sobre la técnica y las condiciones científicas de los experimentos de la-
boratorio, el trabajo de la fábrica tal como se realiza en la vida cotidiana
está sometido a una serie de condiciones que son ajenas al laboratorio:
en primer lugar, los hábitos de alimentación de los obreros, la situación
de sus viviendas, el consumo de alcohol·\ su tipo de vida sexual, según
las circunstancias, y también si se tiene otro trabajo; en segundo lugar,
la circunstancia de que, normalmente, a los obreros sólo les una a su
trabajo un interés económico, no un interés ideal propio, y el hecho de
que la duración para toda la vida del trabajo en la fábrica y otras con-
diciones de trabajo no les motiven para estar en una continua tensión
elevada , al menos no continuamente eri la tensión máxima, mientras
que los experimentos de la psicología dan unos resultados obtenidos
con una tensión máxima sostenida de la capacidad de rendimiento (pues,
de lo contrario, falta una comparabilidad firme); en tercer lugar, y rela-
cionado con lo anterior, los efectos del sistema salarial, que puede lle-
var a una acritud muy diferente respecto al trabajo por parte de los obreros
(y de los mismos obreros en distintas épocas), 1.ncluso con una misma
bonificación de los rendimientos mejores tanto desde un punto de vista
cuantitativo como cualitativo, como todavía hemos de ver. A esto se
añade que la mayor parte de los rendimientos laborales en la industria
no sólo están ligados, con mucho, al funcionamiento de las respectivas
máquinas -esto podría sin duda compensarse- y, a veces, a las con-
diciones climatológicas (que también podrían ser tomadas en cuenta),
sino que también lo están frecuentemente, y con bastante intensidad,
a la calidad del material, cuya influencia no siempre es fácil de apre-
ciar; hay que añadir además que las actividades en la industria son la
mayor parte de las veces, también donde está muy avanzada la división
del trabajo, mucho más complejas y de naturaleza muy distinta a las
actividades que sirven de base a las investigaciones de laboratorio.
Trabajos como el del cajista o el de mecanografía están relativamente
próximos a estas últimas - y sobre ellos se han hecho realmente mu-
chos experimentos-'-, pero la simultaneización de careas y las continuas
manipulaciones que representa el «servicio de un telar mecánico» están
muy alejadas de aquéllas. ¿cómo va a tener lugar en las grandes má-
quinas una_investigación de los rendimientos directa y «exacta» según
el estilo del laboratorio? Un telar de felpa tiene que producir unos

126
CUESTIONES METODOLÓGICAS

cincuenta kgm de mercancía y un telar de pañuelos tiene que producir


unos 15 para pagar los intereses y amortizarlos. Evidentemente es muy
difícil imaginar que en un laboratorio se puedan montar máquinas tan
caras y hacer experimentos con ellas y la creación de, por así decir,
«robots» para experimentar sería con toda seguridad algo muy dificil
y muy costoso. Sí se podría pensar que, en épocas de reducción de la
producción a causa de las crisis, alguna empresa permitiera que algunas
de sus máquinas funcionaran, contra una remuneración, para poder
hacer experimentos con ellas de la misma manera que las dejan funcio-
nar con pérdidas para el aprendizaje o, en determinadas circunstancias,
para fines de cálculo .(aun así, esos experimentos serían muy caros, como
muestran las cifras anteriores). Pero incluso esta eventualidad hay que
considerarla, lamentablemente, a muy «larga distancia».
Así que, prescindiendo de algunos casos especialmente favorables,
parece que para la gran mayoría de los trabajos en la industria moderna
no se puede prever de qué modo serían accesibles a una investigación
experimental con una exactitud similar a la que exige el laboratorio.
Reduzcamos, por.tanto, .nuestras pretensiones y preguntémonos de
dónde y de qué manera se han suministrado hasta ahora los materiales
para enjuiciar las condiciones y los efectos psíquicos y físicos del tra-
bajo industrial.
Nosotros prescindiremos de los primeros trabajos antropológicos
que atañen a nuestro problema6 y que, en cuanto se refieren a investi-
gaciones masivas, se refieren, por regla general, a mediciones realiza-
das .en reclutas. Hacemos esto, en primer lugar, porque para nuestros
objetivos sólo significan un trabajo previo, aunque sin duda muy im-
portante, y, en segundo lugar, porque las mediciones hechas a los re-
clutas captan a los obreros en una edad juvenil, en la que todavía no se
ha formado nada definitivo sobre su aptitud laboral y sobre su empleo,
es decir, sobre su inclinación vocacional, y captan la valoración tradi-
cional, vulgar, de la cualificación profesional de los niños para este o
aquel empleo según lo ven los padres, que son quienes realizan aquí la
«selección» (por este motivo, esas mediciones aportan naturalmente los
mejores materiales para los viejos oficios tradicionales). Luego nos queda
todavía como un medio posible la información del médico sobre sus
experiencias en consulta, especialmente del médico del seguro (en
Alemania). En este punto existen trabajos científicos mu y valiosos sobre
la influencia del trabajo fabril, pero no, en cambio, sobre las condicio-
nes del rendimiento laboral (hasta ahora). Los primeros pueden pro-
porcionar algunas conclusiones muy importantes e instructivas, en
combinación con las manifestaciones de los inspectores de trabajo,
dispersas, por supuesto, hasta ser prácticamente ilocalizables7 • Eche-
mos un breve vistazo a las opiniones que suelen dominar en los comen-
tarios usuales de los médicos y de los fisiólogos especializados.

127
PSICOF[SICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

Las investigaciones sobre la significación del trabajo productivo


dentro de la economía de los procesos físicos y psíquicos se han refe-
rido, naturalmente, a los fenómenos patológicos. Se ha analizado la
cuestión del exceso de fatiga, es decir, del trabajo «excesivo» desde el
punto de vista médico, pero no se ha discutido la cuestión de los efectos
del trabajo «normal» sobre el hombre, es decir, de un trabajo «perju-
dicial», insano directamente en el sentido de un acortamiento de la vida
o de un deterioro prematuro-en comparación con la media-o de una
deformación de algunos órganos; ni se han discutido, a la inversa, las
condiciones que influyen sobre el trabajo; A pesar de ello, estas inves-
tigaciones contienen algunas cosas importantes para la psicofísica del
trabajo: la menor «racionalidad» en el uso de la energía fisiológica en
los estados de fatiga (entrada supletoria de músculos menos adaptados
en lugar de los músculos cansados, creciente inexactitud de la irrigación
nerviosa por un cerebro sobrefatigado: ambos son sin duda los motivos
principales de la escasa práctica -que proporciona el trabajo realizado
con fatiga), la intensidad de la respiración y del funcionamiento del
corazón como señales del grado de fatiga; significación del ruido de las
máquinas para la fatiga (discutida en cuanto al nivel) 8 y de las vibra-
ciones producidas por ellas (fatiga más rápida en los pisos altos de las
hilanderías y de las tejedurías) así como el montón de «enfermedades
profesionales» producidas por el trabajo industrial, sobre todo los tras-
tornos «nerviosos». Todas estas cosas ofrecen un material en continuo
aumento, que tiene muchísima importancia para fundamentar las pe-
culiaridades de las condiciones y de los efectos de los distintos trabajos
industriales. Y la tiene concretamente en el terreno de la puesta en
funcionamiento de los nervios del organismo por el trabajo. Pues pa-
rece que la mayoría de las transformaciones del trabajo que denomi-
namos «intensificación» del trabajo representan un incremento más que
proporcional de la actividad nerviosa «motora» -medible en kilo-
grámetros-, a costa directamente, con frecuencia, de la actividad
muscular. Hay que saludar encarecidamente, sin duda, cuando se des-
compone el puro rendimiento muscular, que se manifiesta en los mo-
vimientos de los órganos externos del cuerpo, en sus actividades físicas
parciales y se las mide, como han hecho Imbert y Mestre con o.breros
utilizando el «Diable» (una carretilla para acarrear el grano)9; pero, en
los cálculos de Imbert 10, un recadero realiza 259 .500 kgm tres veces cada
tres horas de andar (puesta en funcionamiento sobre todo de los· mús-
culos de las piernas) y un zapador de carbón no llega a los 75.000 en
ocho horas (puesta en funcionamiento sobre todo de los músculos
grandes del brazo) 11, y, sin embargo, el trabajo de este último era mucho
«más intensivo», es decir, era un, trabajo que producía una fatiga mucho
mayor, no sólo por la mayor incidencia en el trabajo de factores «es-
táticos» (sobre esto hablaremos más adelante), sino porque el sistema

128
CUESTIONES METODOLÓGICAS

nervioso se pone en funcionamiento de manera más intensa para pre-


pararse de manera continuada para un trabajo de una considerable
monotonía. Todas las investigaciones están de acuerdo en que las
condiciones «mentales» del trabajo, es decir, el modo de funcionamien-
to del sistema nervioso central, adquieren una significación creciente
para los efectos del trabajo sobre la salud. Por un lado, el niv(!lde ten-
sión de la atención: los obreros «cualificados» constituyen el mayor
porcentaje relativo de los neurasténicos en las capas obreras 12 (en las
investigaciones no es siempre fácil separar, por supuesto, a los obreros
«cualificados» de los oficiales o incluso de los maestros artesanos, en
los que entran en juego otros factores económicos muy distintos). Pero
luego está precisamente la monotonía, y probablemente en relación con
lo anterior, de modo que la combinación de una «capacitación intelec-
tual» con un trabajo monótono es la que constituye un daño decisivo.
El papel que desempeña este factor específico del trabajo industrial ha
sido muy poco investigado desde el punto de vista de la exactitud médica
en relación con la enorme significación del problema 13 • Parece que en
esta cuestión, al igual que con el tema del «ruido de la fábrica», hay que
distinguir entre la sensación producida por la monotonía que llega a
la conciencia del obrero -sensación que, en industrias con un trabajo
muy fácil pero muy monótono, por ejemplo el trabajo de perforador
en grandes sectores de la industria textil, como las fábricas de botones .
y corsetería, puede conducir a veces a cambiar de puesto de trabajo «sin
motivo»-y los efectos de la monotonía de la que el obrero no es cons-
ciente ni percibe como una dificultad para su trabajo ni como un riesgo
para su salud 14 • Está aceptado con bastante generalidad que los pueblos
anglosajones soportan la monotonía más fácilmente que los pueblos
románicos; se afirma que las mujeres la soportan más fácilmente que
los hombres; en algunas industrias, de acuerdo con la experiencia, los
obreros mayores y casados prefieren expresamente la monotonía en
contraposición a los más jóvenes, cuando a ella van unidas unas ganan-
cias más estables y porque ya no les importa tanto como a los jóvenes
aprender nuevas destrezas que amplíen su capacidad y que, consiguien-
temente, ensanchen sus posibilidades de promoción. En esta cuestión
resulta difícil distinguir entre motivos «racionales» y motivos «psico-
físicos».
Este ejemplo nos está mostrando que, tras la cuestión de los efectos
de la monotonía en el trabajo y de la actitud de los obreros respecto a
ella, se encuentra un maraña de cuestiones de naturaleza muy diversa,
en cuyo desentrañamiento apenas se han dado los primeros pasos. Con
la monotonía está claramente relacionado el tema de los efectos del ritmo
del trabajo, el cómo lo marca la máquina y, sobre todo, elgrado en que
lo marca (en la industria textil, por ejemplo, lo marca naturalmente
mucho más que en la industria de maquinaria), pero es un tema que como

129
PSICOFISICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

tal, después de lo que hemos dicho anteriormente sobre la ritmización,


está necesitado de.una investigación sistemática. Quizá se pueda dudar
si las extraordinarias diferencias entre las fábricas textiles y la industria
eléctrica investigadas por Roth, en cuanto a los síntomas de la fatiga
y a la frecuencia de las enfermedades, de las enfermedades nerviosas y
anémicas sobre todo, hay que atribuirlas completamente a la diferente
dependencia en que están respecto a la velocidad de la máquina, pero
apenas puede dudarse de que ese factor interviene muy fuertemente, y
quizá con un carácter decisivo.
Sin embargo, por muy importantes que nos puedan resultar estas
investigaciones para el conocimiento de la etiología de la fatiga y de
otros efectos del trabajo industrial, no tendría ningún sentido seguir
dándoles vueltas, a la vista del aumento de la bibliografía sobre «higie-
ne social», pues no nos ayudan de una forma determinante para nues-
tro propio tema hasta tanto no se intente salir del ámbito patológico
y se intenten captar los efectos psíquicos y físicos que tienen sobre los
obrerns los distintos tipos de trabajo, y precisamente allí donde no
acarrean ninguna «perturbación» de la vida que pueda aparecer como
una «enfermedad». Pues nuestra pregunta es: ¿qué condiciones existen
en las distintas industrias para una utilización económica, pára un
empleo rentable de los obreros, y hasta qué punto cumplen o no cum-
plen esas condiciones obreros de una procedencia social, étnica, cul-
tural y profesional determinada, o hasta qué punto las cumplen en
dístinto grado? Está claro que la patología también podría dar indica-
ciones muy importantes para estas cuestiones, en especial la
neuropatología, si estuviera en disposición de desarrollarse como una
neuropatologfa diferencial y comparada delos grupos sociales, étnicos,
culturales y profesionales 15 • Veremos más adelante qué aproximacio-
nes se han hecho hasta ahora a esta cuestión. Pero está claro que aquí
las investigaciones de las diferencias de morbilidad nerviosa, incluida
la morbilidad nerviosa profesional, sólo van a abarcar los casos extre-
mos. La descualificación neurótica de los negros norteamericanos para
ciertos trabajos en la industria textil es evidente en ellas, pero, sin
embargo, las diferencias más sutiles que se presentan en las empresas
europeas, pero más decisivas para un empleo rentable de los obreros,
no se pueden captar ni siquiera desde ·1as excelentes estadísticas de
enfermedades profesionales 16 , por muy importantes que sean éstas para
nuestros objetivos. El médico del seguro sólo podría sernos de una
importantísima ayuda en el análisis de las condiciones y de los efectos
físicos y psíquicos del trabajo industrial si fuera más alld de su objeto
profesional inmediato -el enfermo--y analizase detalladamente con
sus medios científicos, en el círculo de sus pacientes potenciales, las
distintas capacidades que los distintos trabajos exigen de los obreros,
o presuponen en ellos o cultivan en ellos en el camino de la selección;

130
CUESTIONES METODOLÓGICAS

y si analizase, igualmente, en qué medida se roza una desviación pro-


piamente «patológica» en el proceso de selección y de adaptación.
Una investigación sistemática del trabajo industria~ fisiológica y
psicológico-experimental, puede esperarse actualmente de dos institu-
tos: en primer lugar, el director de la Office du Travai! en Francia, el
Sr. A. Fontaine, ha creado un laboratorio para ese fin; por otro lado está
en proceso de formación en la universidad de Harvard un instituto de
psicología aplicada, bajo la dirección de H. Münsterberg, que intentará
también sin duda cultivar estos estudios.· Habrá que dejar en suspenso
todo tipo de juicios sobre estas instituciones hasta que existan resulta-
dos, pero continúan existiendo para ellas esas dificultades, que hemos
mencionado anteriormente, para analizar el trabajo industrial cotidia-
no con experimentos de laboratorio, incluso con experimentos tan
ingeniosos, si éstos pretenden tener alguna exactitud. En Alemania el
único laboratorio que podría proporcionar actualmente investigacio-
nes de este tipo sería sin duda el de Kraepelin en Munich, pero su di-
·rector tendría probablemente muchas reservas respecto a tales experi-
mentos, cuando no un declarado escepticismo. Además, según me han
dicho, la universidad de Budapest dispone posiblemente de instalacio-
nes y de personal adecuados -algo que no puedo confirmar.
A la vista de esta situación, ciertamente nada halagüeña, hay que
preguntarse si no podrían tomarse en consideración otros medios para
aproximarnos a las condiciones y a los efectos del trabajo industrial
-aquí vamos a limitarnos a decir condiciones-. Como además de la
fisiología, de la psicología y de la higiene, que se ocupan del problema
del trabajo, también está la economía, vamos a dirigirnos a esta últi-
ma. Entre las distintas «perspectivas» desde las que la economía abor-
da el trabajo, es la perspectiva más básica de todas, la de la rentabili-
dad de la economía privada, la que vamos a tomar en consideración,
porque las cuestiones de rentabilidad son cuestiones de cálculo. En la
cuestión de la «rentabilidad», la capacidad de rendimiento del obrero
es considerada exclusivamente en el mismo sentido que la rentabili-
dad de una clase cualquiera de carbón o de un mineral o de cualquier
otra «materia prima», de una fuente de energía o de un determinada
máquina. El obrero es aquí, en principio, nada más que un medio de
producción rentable (ia ser posible!), con cuyas capacidades y «fallos»
hay que contar, como se cuenta con las de cualquier medio de produc-
ción mecánico. Sus capacidades se «calculan», sobre la base de la ex-
periencia presente, respondiendo a las dos preguntas siguientes; la
primera es si con el rendimiento efectivo de unos obreros determina-
dos, fundado en su capacidad de rendimiento y en su disposición ha-
cia el trabajo, ha sido posible un determinado nivel de utilización de
determinadas máquinas y materias primas de modo que los precios
fijados por el mercado permitieran unas ventas con beneficios, toman-

131
PSICOFÍSICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

do en cuenta los costes salariales, financieros y de las materias primas;


la segunda pregunta es: ¿con qué medios puede aumentarse el rendi-
miento de los obreros -tanto su capacidad de rendimiento como su
disposición hacia el trabajo- de modo que un mayor aprovechamien-
to de las máquinas y de las materias primas y la consiguiente reduc-
ción de los costes salariales -a no confundir con la reducción del
salario, que es harina de otro costal y no nos interesa en este momen-
to- hagan posible un precio del producto que permita unas ventas
con beneficios, o con mayores beneficios? Como es conocido, el me-
dio para aumentar la capacidad de rendimiento y la disposición hacia
el trabajo es la bonificación directa de los aumentos de rendimiento a
través de un sistema retributivo adecuado (el tipo más sencilJo es el
sistema de destajo puro) y también la «selección», es decir, el despido
de los obreros que rindan menos o tengan menos disposición para
rendir. La posibilidad de emplear este último sistema -el látigo siem-
pre amenazante del «desempleo»- contribuye, al menos tanto como
la dependencia directa del nivel de producción realizada en el sistema
de destajo, a ese desarrollo de la capacidad de rendimiento de los
obreros, que podemos observar en muchas fábricas y que es una reali-
dad indudable, aun cuando su nivel esté calculado en cifras muy bur-
das y sobre una base, quizá, falsa. ·
No obstante, a nosotros nos interesa la cuestión de hasta qué punto
es suficientemente «exacta» esa averiguación contable del «valor del
rendimiento» de los obreros para poder emprender algo científica-
mente con sus resultados. Ahí hay un problema que es distinto en
cada empresa. Ninguna empresa calcula más de lo que sea necesario
para averiguar la rentabilidad ni más de lo que prometa ser efectiva-
mente rentable. Y lo que se necesita para ello depende, en primer
lugar, de la significación relativa de los costes salariales en el conjun-
to de los costes globales del producto de fa empresa; en segundo lu-
gar, depende del grado en el que la capacidad de rendimiento del
obrero influya sobre la cantidad y la calidad de los productos; y de-
pende, por último, del nivel de esfuerzo y de los costes que signifi-
quen los posibles tipos de control técnico de la capacidad de rendi-
miento. La influencia del obrero sobre el producto puede descender a
niveles mínimos tanto donde exista un desarrollo .técnico de las má-
quinas muy alto que automatice completamente el trabajo (así ocurre
en algunos trabajos en las fábricas de máquinas de coser) corno donde
no exista ninguna «máquina» en el sentido usual de la palabra (altos
hornos); por otra parte, la relativa disminución de los costes salaria-
les en el conjunto de los costes globales no impide, en absoluto, que la
influencia del trabajo sobre la calidad del producto pueda ser muy
grande (las tejedurías frente a las hilanderías). Hasta el momento son
relativamente pocas las industrias que, en el caso de que hayan hecho

132
CUESTIONES METODOLÓGICAS

cálculos sobre el rendimiento laboral, vayan más allá de la determi-


nación de promedios muy toscos -más allá, por ejemplo, de la deter-
minación del volumen de extracción diaria en un pozo concreto rea-
lizada por la plantilfa-. Es evidente que no se puede establecer ni la
mas lejana relación entre estas cifras y los métodos de medición que
hemos encontrado en los laboratorios de los psicólogos experimenta-
les. Tomemos, por ejemplo, las máquinas que cuentan automática-
mente el número de golpes o puntadas (en las zapaterías) o el número
de vueltas o el número de movimientos de la lanzadera (en las
tejedurías): ellas sólo reproducen el lado cuantitativo de su rendi-
miento, lo cual quiere decir el nivel de aprovechamiento de las má-
quinas por el obrero. Además, para poder hacer la comparación no
sólo hay que determinar la calidad del producto - y ésta no se puede
estimar «exactamente» en el sentido del laboratorio, donde se mide
por las «reacciones fallidas», etc., sino según ciertos promedios (com-
binando, por ejemplo en las tejedurías, el número, el n\vel y la signi-
ficación de los fallos)1 7- sino que hay que tener presente, sobre todo,
que el rendimiento del obrero no se expresa, en absoluto, en el núme-
ro de movimientos de la lanzadera y en la clasificación del producto
en una determinada calidad (por ejemplo, de la calidad I a la 111,
según la cual se determina la concesión ~e una prima), por cuanto el
obrero, trabajando en la misma máquina e incluso con un número
igual de vueltas e igual funcionamiento de todas sus partes, tiene que
vérselas con materiales de distintos géneros o, dentro del mismo gé-
nero, con calidades trabajadas de manera muy diferente. La extraor-
dinaria influencia de este hecho sobre el rendimiento, en la tejeduría,
por ejemplo, se ilustrará más adelante. Pero incluso suponiendo que
todas esas condiciones son iguales, el rendimiento medido con ayuda
de los aparatos de medición automática contiene en sí mismo un
montón de elementos imprecisos, que el laboratorio excluye (los apa-
ratos de medición automática representan, en todo caso, por lo gene-
ral, el máximo de «exactitud» y son realmente «exactos» en la medida
en que se trate de rendimientos cuantitativos dentro de una unidad de
tiempo determinada -día u hora-). En las máquinas con esos apa-
ratos de medición depende del arbitrio del obrero, y debe depender
de él, el apagar la máquina o ellas mismas se apagan automáticamente,
por ejemplo cuando se rompen los hilos, y esperan de nuevo su puesta
en funcionamiento después de que se hayan atado los cabos: el resul-
tado cuantitativo que hay que medir depende ahí del período de tiem-
po en el que la máquina no ha estado funcionando.
Pero los motivos por los que un obrero deja que la máquina esté
parada o la alimenta más despacio o la hace funcionar más despacio,
si también esto está en sus manos, pueden estar completamente fuera
del proceso de trabajo que está realizando en esa máquina. Si está aten-

133
PSICOFfSICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

diendo a varios telares, puede parar la máquina por estar ocupado por
los fallos o el mal funcionamiento en uno de ellos, lo cual es un caso
muy frecuente. Pero puede también parar la máquina aun cuando sólo
esté sirviendo un telar, por necesidades técnicas de su trabajo o por co-
modidad, o por trabajar de una manera más relajada o para prevenir
unas ganancias mayores por haberse reducido los salarios o por fatiga
debida a un mal estado de ánimo (el cual puede deberse a muy distintos
motivos, que en el laboratorio se eliminan cuidadosamente) y la puede
parar más veces que las que él mismo lo haría en o.tras circunstancias
o más veces que las que otro en su misma situación podría hacerlo, sin
que las desnudas cifras del aparato de medición revelen nada de esas
circunstancias. Por consiguiente, esas cifras necesitan una interpreta-
ción y está claro que esta interpretación es mucho más difícil, si se quieren
captar realmente los detalles con exactitud, que lo que suele suceder en
el laboratorio en tareas similares, hasta el punto de que le podría resul-
tar difícilllegar a los resultados que proporciona el laboratorio-bastante
inseguro, como hemos visto-, incluso contando con una investigación
inmediata en el mismo día y con la mejor disposición por parte del obrero
para suministrar una información exhaustiva.
Si esto es lo que ocurre con la «medición» directa de los rendimien-
tos laborales, existe luego, naturalmente, la posibilidad, más lejana pero
muy importante en la práctica, de utilizar los registros salariales de las
empresas como la base del análisis de la capacidad de rendimiento de
los obreros, especialmente las ganancias a destaio «desnudas», es decir,
descontados todas las primas, los sueldos mínimos, los complementos
y las bonificaciones, cifras, por tanto, que indican solamente el resul-
tado final del trabajo y no, en cambio, el modo como se ha logrado;
esto es, desde el punto de vista del laboratorio, aún más inexacto y
expresamente contrario a todos los métodos de medición psicofísica,
que tienen que partir ciertamente del «rendimiento», del resultado del
funcionamiento del sistema psicoffsico, pero que tienen como objeto
de sus análisis el modo como el sistema psicofísico ha realizado ese
rendimiento, la técnica de su funcionamiento (recuérdense los comen-
tarios sobre la simultaneización de tareas). Como, además, las ganan-
ciasa destajo sólo pueden establecerse para períodos más largos (al menos
una semana, por lo general dos semanas), no sólo no se puede hablar
en ellas de un «análisis» de los motivos próximos de las oscilaciones en
los rendimientos, sino que, por regla general, apenas se puede hablar
de una anamnese directa: esos motivos se abren, en los casos más fa-
vorables, con la ayuda de la información personal, nunca controlable
por un autoanálisis sino exclusivamente a través de un andlisis critico
ob¡etivo. Pero si se quiere comparar el rendimiento de un obrero, que
produzca ~istintos tipos de mercancía en una o en varias máquinas, en
distintos períodos de tiempo, o si se quiere comparar el rendimiento de

134
CUESTIONES METODOLÓGICAS

obreros de distinta proveniencia (geográfica, étnica, profesional, cul-


tural, social) en distintos tipos de trabajo - y ésta es, en última instan-
cia, la tarea por la que se han planteado todos estos problemas-, no
siempre resulta utilizable el tipo de destajo «desnudo,, en el sentido
anterior. Si un obrero, por ejemplo, está sirviendo varios telares al mismo
tiempo, parar temporalmente uno de ellos (por algún fallo o para em-
pezar una nueva urdimbre) le significará naturalmente la·posibilidad de
aumentar su rendimiento en el que siga funcionando (todavía hemos
de ver en qué medida). En este caso, la ganancia a destajo «desnuda"
no proporcionaría una imagen correcta y si serían más adecuadas las
cifras de los cálculos realizados por la dirección de la empresa (véase
más adelante). Si los obreros, además, cambian de género, en su ganan-
cia a destajo «desnuda» están incluidos asimismo los cálculos de la
empresa respecto a la «dificultad» de cada género. Solamente en los casos
de un trabajo continuado y uniforme no nos vamos a encontrar este
elemento que mete todos los problemas del cálculo del destajo en las
cifras aparentemente tan «exactas», elemento cuya eliminación sólo
prospera con enoqnes dificultades y cuya no presencia en las cifras de
las ganancias a destajo habría que determinar previamente, si esas ci-
fras han de ser utilizadas para realizar comparaciones.
A pesar de todas estas reservas, las experiencias acumuladas por las
empresas industriales bajo el punto de vista de la rentabilidad -la
ganancia a destajo y los cálculos hechos para el «rendimiento efectivo»,
es decir, para el nivel de aprovechamiento de las máquinas por los obreros
en un volumen de producción dado- son el instrumento más valioso
entre todos los disponibles para hacer más pequeño, desde nuestros
propios métodos, el abismo que nos separa actualmente de los métodos
de medición de los psicólogos experimentales, si lo utilizamos sin
hacernos ilusiones poco razonables sobre lo que puede aportar. Lo que
puede aportar no es, en absoluto, poca cosa, si se analizan las condi-
ciones previas, y a continuación se van a,hacer algunas observaciones
relativas básicamente al método.
Al intentar explicar causalmente los cambios en los rendimientos
laborales, tal como se expresan en las ganancias a destajo o en los datos
«exactos» de- las mediciones automáticas, hay que tener presente en la
actualidad que, en .:;sta cuestión, intervienen varios tipos de factores que
traspasan sus mutuas fronteras entre sí, pero que son, sin embargo, muy
distintos en cuanto a su «naturaleza». Por un «lado», un factor racional:
nos vamos a encontrar una y otra vez con el hecho de que los obreros
planifican el nivel y el modo de su rendimiento en relación a fines
«materiales», es decir, «lucrativos»: lo aumentan o lo reducen o varían
la forma de combinar varias tareas, en el caso de realizar varias simul-
táneamente, como, por ejemplo, cuando trabajan géneros distintos en
varios telares~ con la posibilidad de obtener ganancias diferentes. La

135
PSICOF(SICA DfL TRABAJO INDUSTRIAL

«máxima» que sigue esta planificación la podemos «inferir» haciendo


una interpretación «pragmática». Por el otro lado, su rendimiento se
modifica, cuantitativa o cualitativamente, por las transformaciones en
el funcionamiento del sistema psicofísico de las que, a veces, son cons-
cientes en cuanto a sus efectos psíquicos -mayor facilidad o mayor
dificultad de la tarea-, pero sin serlo del proceso psicofísico «que está
detrás»; pero frecuentemente esas transformaciones les quedan total-
mente ocultas y sólo se hacen visibles en sus efectos, en la modificación
del rendimiento; un ejemplo de esto lo proporcionaron los obreros de
la fábrica Zeiss cuando se introdujo la jornada de ocho horas. El carác-
ter causal de estos factores podemos intentar «explicarlo» con ayuda
del llamado conocimiento «externo» y como casos particulares de las
reglas obtenidas con la «experimentación».
Luego se encuentran otros factores que adoptan una posición inter·
media específica (no la posición intermedia, pues hay varias interme·
dias). Se trata de procesos en los que el «estado de ánimo» que entra en
la conciencia ejerce una influencia sobre el rendimiento sin que, al mismo
tiempo, «se vivencie» conscientemente esta influencia -un mayor o
menor rendimiento o la modificación ·del rendimiento- como algo
relacionado con aquél. Estos procesos podemos explicarlos «psicoló-
gicamente». Si el obrero reduce su rendimiento para lograr un aumento
del destajo, lo qúe nos interesa en ese proceso son los «motivos» de la
reducción de su rendimiento, porque pertenecen al mundo de lo
«pensable», porque son directamente «interpretables» y porque no tie-
nen necesidad de ser complementados en estos puntos decisivos para
nosotros (de eso se trata) por ninguna consideración psicofísica, psico-
lógica, fisiológica o bioquímica. Nos encontraremos posiblemente, no
necesariamente, con algunas complicaciones «psicológicas», sólo si
hacemos la regresión histórica hasta los motivos por los que el obr.ero
pidió una elev.ación del destajo, y con algunas complicaciqnes
psicofísicas si nos preguntamos cómo influyó la reducción consciente
de su rendimiento sobre las condiciones «psi como toras» del mismo; por
ejemplo, o sobre la práctica, etc. Si el rendimiento del obrero decrece
inconscientemente por su «estado de ánimo» ,--como realmente ocu-
rre-, la «causa» de esto, es decir, ese estado de ánimo, se puede «re-
producir» introspectivamente, y, en cambio, su relación con el efecto,
con el resultado, se puede «observar» y se puede «explicar» desde la
psicofísica como un caso particular de una regla y, sin embargo; no se
puede reproducir introspectivamente en lo que interesa desde el punto
de vista de la causalidad. Si en el volumen del rendimiento se hacen valer
los efectos de la práctica, habrá que entender entonces el punto de la
causalidad como un caso particular de una regla de la bioquímica, pero
la «causa» no se podrá reproducir introspectivamente; sólo se podrá re-
producir introspectivamente la sensación de terwr una mayor práctica

136
CUESTIONES METODOLÓGICAS

-un efecto éste sólo secundariamente interesante para nosotros y que


quizá sólo se presente en algunas circunstancias-. Entre estos tres tipos
se pueden pensar numerosas combinaciones y escalas intermedias-que
se dan empíricamente-. Nosotros simplemente constatamos aquí como
un hecho este entrelazamiento entre distintos factores de distinta natu-
raleza, que hemos formulado aquí en un lenguaje nada correcto cien-
tíficamente: ellos complican considerablemente el problema de un tra- 1
tamiento puramente psico/ísico del trabajo industrial.
Desde el punto de vista metodológico va a ser importante la cues-
tión de qué favorece con mayor seguridad el conocimiento de las con-
diciones del rendimiento laboral: si un análisis causal lo más amplio
posible del mayor número posible de curvas de rendimientos y de
ganancias a destajo individuales o la obtención de grandes promedios
a partir de un material estadístico lo más amplio posible, aunque no esté
muy elaborado. Como todos los comentarios que siguen a continua-
ción, pero concretamente los de los capítulos finales, quisieran aportar
algo propio a esta cuestión, anticipo ya ahora, con carácter provisional,
algunos principios· que no me ofrecen actualmente ninguna dud~:

1) Estoy con vencido de que no se consigue absolutamente nada con


meros promedios, pQC ejemplo de la cantidad de producción o de las
ganancias a destajo, aunque fueran -de grupos de obreros homogéneos
o aunque estuvieran clasificadas las diferencias en esos promedios por
procedencia social, por sectores, etc. Si la situación no es extraordina-
riamente sencilla, es imprescindible aclarar con precisión cómo se realiza
en concreto la ganancia a destajo de los obreros, si se quiere valorar
correctamente la utilidad de esas cifras para la averiguación de la ca-
pacidad de rendimiento.
2) Es incontrovertible la tesis siguiente: algunas docenas de curvas
de rendimiento analizadas causalmente son más instructivas que las
mayores estadísticas masivas, que manejan cifras de promedios -cur-
vas de rendimientos cuidadosamente seleccionadas, limpiadas luego de
«casualidades» y elaboradas en cuanto al nivel de las ganancias a des-
tajo diarias, en cuanto a las oscilaciones de los rendimientos entre días,
entre semanas y entre meses, siempre que esto sea posible, y luego
hablándolas con los expertos, especialmente con los directivos de la
empresa y con los obreros, cuando sea factible (y lamentablemente lo
es muy rara vez por diversos motivos, no siendo en absoluto el más
importante la oposición de la dirección de la empresa)-. No obstante,
las cifras de promedios también tienen, efectivamente, su razón de ser.
3) Las cifras de promedios pueden ser, en efecto, indicadores para
averiguar las desviaciones llamativas respecto a lo que se esperaba, si
se las clasifica suficientemente por categorías laborales y por rendi-
mientos medios de los distintos obreros: los casos que se desvían hacia

137
PStCOFJStCA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

arriba o hacia abajo son los que más necesitan una investigación indi-
vidual.
4) Después de conocer, con la ayuda de las investigaciones indivi-
duales, cómo surgen esas cifras, se estará en situación de trabajar pro-
vechosamente con los crudos promedios de las grandes estadísticas sin
el peligro de una sobrevaloradón superficial: los «grandes números»
son evidentemente imprescindibles como final.
5) Quien haya intentado realizar este tipo de investigaciones, aun-
que fuera en un nivel modesto, sabrá cuán necesario es guiarse conti-
nuamente por los promedios durante la realización de la investigación
individual, como control de ésta, para poder distinguir lo singular de
lo importante desde un punto dé vista general. La investigación indi-
vidual tiene que servir de control para los promedios y éstos tienen que
servir de control para la investigación individual. La investigación
individual tiene, por ello, en el estado actual de los problemas, un valor
y u~ sentido «crítico respecto a las cifras».

En la exposición que sigue no se va.a intentar proporcionar resul-


tados objetivos que den nuevas soluciones a los problemas aquí comen-
tados. No obstante, Ja exposición va a incluir una serie de cálculos sobre
el nivel de aprovechamiento de las máquinas, que he hecho basándome
en los libros de los salarios y en las anotaciones puestas amablemente
a mi disposición por los directivos de una empresa industrial 18 • Pero lo
reducido del material estadístico excluye cualquier idea de que con él
se pueda «demostrar» algo. Las cifras tienen una finalidad ilustrativa
y quieren mostrar que, con cifras suficientes, habría algunas vías para
sacar de esas cifras más de lo que parecen decir a primera vista, y cuáles
serían esas vías.
A modo de introducción, debe establecerse a continuación, y .sin
ninguna garantía de exhaustividad, iotalmente irrelevante aquí, todo lo
que ya está actualmente establecido sobre las oscilaciones de los rendi-
mientos laborales y sobre las influencias externas e internas más impor-
tantes que las condicionan y lo que se podría establecer en el futuro y
cómo está establecido, para analizar luego algunas curvas de rendimien-
tos reales, examinando las causas que puedan haberlas determinado y,
naturalmente, las lagunas que dejan actualmente semejantes investiga-
ciones, y sacar de ahí algunas conclusiones metodológicas. Luego hay
que intentar aproximarse brevemente a la cuestión que está en el tras-
fondo de todos estos comentarios: qué posibilidades puede tener hoy
el intento de retomar, sobre la: base de las disposiciones transmitidas
hereditariamente, el medio social, profesional y cultural como fuente
de las diferencias en los rendimientos de los obreros 19 •

138
CUESTIONES METODOLÓGICAS

NOTAS

t. Véase sobre este punto, por ejemplo, R. Müller, .über Mossos Ergographen mit
Rücksichr auf seine physiologischen und psychologischen Anwendungen•: Philos. Studien XVII
(1901).
2. Sobre este punto y sobre el problema en conjunto, véase concretamente el trabajo de
Bolton citado en el capitulo I en los Psychologische Arbeiten, ed. por E. Kraepelin, vol. IV.
3. Expresi6n que 8. W. Hellpach, por ejemplo, utiliz:i de manera similar (Grem:fragen der
Psychologie, p. 103), a diferencia de la •fisiologla animal•, que tiene que contar la fatiga desde el
momento en que se reéonocc el rendimiento.
4. Sobre este punto, véase el rutado de W. Helpach en la Ebbinghaunche 'Zeitschri~ 1908
(«UnbewuBtes oder Wechselwirkung•)
5. Los efectos del consumo de sólo 30 g de alcohol al día se valoran de modo que hacen falta
nueve horas para realizar un rendimiento que, de lo contrario, se hada en ocho horas. Esto sin
perjuicio del hecho de que los experimentos de la escuela de Kraepelin (Aschaffenburg) sobre el
consumo de alcohol no hayan demostrado hasta ahora, como es conocido, un empeoramiento
clllllitativo del rendimiento cuando se toman pequeñas dosis (que, sin embargo, tienen efectos muy
notorios desde el punto de vista cuantitativo).
6. Son importantes, sobre todo, las estadísticas suizas sobre reclutas (Schweiz. Státistik Lief.
62, 6S, 68), mucho menos importantes o nada importantes las italianas (Ann. di stat. Ser. 11 vol. 2,
1878), las bávaras (J. Ranke, Beitr. z. Anthrop. u. Urgesch. Bayems, vol. IV), las de Schleswig y
Mecklemburgo (Meisner, Arch. f. Anthrop., XIV, XIX), las norteamericanas (Elliot, Gould, 1865,
1869), etc. Véase sobre "éste punto, por demás, Lexis, su artículo •Anthropologie• en la tercera
edición delHandw. -Buch d. Staatswiss., p. 531. Las mediciones en niiios de diferentes capas sociales
son importantes para la cuestión de los efectos de la alimentación y de factores similares (para niños
de mineros y de las ciudades: Gei8ler y Uhlitzsch, enZ. des ,achs. Stat. Bureau, 1888, p. 317; para
niños pobres y ricos: Pagliani, enAnn. di slat., antes citado).
7. Los Congresos internacionales de Higiene y Demografía (el XIII en Bruselas, 1903, el XIV
en Berlín, 1907) tienen una secci6n para •Fatiga del trabajo profesional", y en ellos, tanto en 1903
como en 1907, se expusieron ponencias por pacte de especialistas muy notables, seguidas de una
discusión, que en su mayor parte tuvo menos imporrancfo. La mejor de las ponencias me parece la
de Roth (Berl. Kong,. 1907, vol. II, pp. 593 ss.); la ponencia de W. Eisner (en el mismo volumen,
pp. 573 ss.) tiene adjuntos varios informes de fábricas. Las demás ponencias (Zuntz, Treves, Imbcrt)
sólo resumen en su mayor parte resultados de trabajos suyos que había sido publicados en otras
parces. Dejamos ahora a un lado la enorme bibliografía existentes sobre •enfermedades profesio-
nales•, porque sólo nos interesa en la medida en que las explic'1ciones médicas o de otros círculos
pl"óximos a este campo o a estos intereses suministren o puedan suministrar algunos resultados o
métodos de utilidad heurística general.
8. Pues el hecho.de que el ruido en las grandes naves de las fábricas no se sienta después de
una breve habituación no demuestra en s( mismo nada en contra de sus efectos. Según Heilig, de
los 574 casos de neurosis en obreros de que pudo disponer en •Haus Schonow• en las cercan(as de
Berlln, en el 11,2% de los mismos aparecla el ruido como su causa etiológica (•Medizinische
Rcform•, en la revista Woche,,.chr. f. so:ziale Medi:tin, 11 Jahrg., 1908, p. 370).
9. lmberr y Mestre, •Recháches sur la manoeuvre du Cabrouet et la fatigue qui en resulte",
en Bu//. de l'Inspect. du travai/, Nr. 5.
10. Véanse sus trabajos De la mesure du travail musculaire clans les professions manuelles
(Rappoct au Congrcs international d'hygitne alimentaire, Pads, 1906), •L'écude scicntifique
expérimcntale du travail professional• (l'Année psychologique, París, 1907) y, para los cálculos
mencionados en el texto, su ponencia en el lntemat. Kong,. f. flygiene und Demographie, de Berlín,
en 1907, vol. II, p. 636.
11. El ouvrier du chai• Gouthiers que lmbert incluye no es comparable, como observa el propio
lmbert mb adelante.
12. Según Leulmscher y 8ibr0wicz (O. med. Wochenschr., 1905, No. 21), de 100 pacientes
obreros con enfermedades nervios~•. el 15,75% eran cajistas, el 9,75% carpinteros, el 5% cerra-
jeros y el 1,9% mecánicos. La tesis doctoral de.Schonfeld, en la Universidad de Berlín, (1906:«Übcr
die Ursachen der Neurasthcnie und Hysterie in Arbeíterkrei.sen" ), contabiliza en la «Haus

139
PSICOFISICA DEL TI\ABAJO INDUSTFUAL

Schonow• un 74% de obreros cualificados y nctesanos frente a un 26% de obreros no cualificados.


Véase Roth, op. cit., p. 614.
13. Véasen las observaciones de G. Heiligen la revista Wochenschrift f. So:,;. Medrzin, 16 Jahrg.
(1908), p. 395, y Roth, op. cit., p. 614.
14. Sobre los efectos de la monotonía, algunas alusiones en Heilig, op. cit.
15. No me son conocidas las posiciones de los e,cperros en concreto respecto a la construcción
teórica de W. Hellpach (Psychologie der Hysterie, última parte). ·
16. Propuestas al respecto en K. Hauck, «Internar. Krankheirssratistik», en la revistaZeitschr.
f. Gewerbehygiene, UnfallverhütungundArbeiterwohl(ahrtseinricl,tungen, Viena, Xlljahrg.; sobre la
técnica de las revistas de enfermos de las Cajas del seguro, en Eisne, (en Derliner Kongre/J, citado
anteriormente). .
17. Hasta qué p,mto sea medible directa o indirectamente el aspecto cuálitativo defrendi·
miento depende, naturalmente, de cada industria y habría que estudiarlo antes al tratar nuestros
problemas.
18. También han sido puestos a mi disposición amablemente por parte de la eR1presa ex·
tractos de las nóminas y ciertos cálculos necesarios para confeccionarlas. Sin embargo; yo no he
utili~ado aquí casi ning(m material recalculado por mi mismo, porque con frea,encia se me pon(a
de m:mifiesto la necesidad de calcularlas de otra manera diferente. Las cifras del texto persiguen
también, entre otros fines, mostrar que, en virtud de la mdxima franqueza de todos estos registros,
es posible utilizar el material, sin embargo, para 11uestros fines de manera que quede excluido por
completo que cualquier competidor, que viera estas lineas, pudiera hacer cálculos de los cosres de
la empresa. Como yo mismo no pude dedicar nada más que catorce días de trabajo a la elaboración
de exrracms, hay que operar aquí con un material estadístico muy reducido. Pero para fines
ilustratiuos debe bastar mejor o peor, pues otros trabajos rite.impiden ahora escribir una monografla.
19. Estas cuestiones son los temas de la encuesta de la Verein für Sozialpolitik sobre
«Anpassung und Auslese (Berufswahl und Berufsschiclcsal) der Arbeiterschaft der geschlossenen
Gro8industrie•, que se encllentra actualmente en sus comieni;os. En conexión con los comentarios
que he tenido con mi hermano, Prof. A. Weber, que por su parce ha presentado a la Comisión de
la Verein el primer proyecto de cuestionario, con una exposición que esbozaba los criterios de esta
encuesta, yo mismo he redactado una Memoria por inici:uiva de la Verein, de la que he ·,ornado
algunos puntos de vista.

140
7
OSCILACIONES EN LOS RENDIMIENTOS
DEL TRABAJO INDUSTRIAL*

A, DURANTE LA JORNADA LABORAL

Una investigación verdaderamente exacta del ren·dimiento laboral a lo


largo de una jornada es posible, en principio, en todas las empresas que
puedan controlar el funcionamiento de sus máquinas con instrumentos
de medición automáticos, y se está hacitndo ya en muchos sitios. Pero
sólo los períodos de tiempo entre dos pausas son realmente controla-
bles en su totalidad sin crear roces ni mal humor, pues en los sitios donde
los obreros pudieran, rechazarían esos instrumentos de control por la
molesta sensación de estar vigilados durante el trabajo a causa de la
lectura de los datos en la máquina cada hora. Las empresas que pueden
medir el consumo de energía eléctrica por horas estarían en condicio-
nes de medir, al menos, las oscilaciones del rendimiento global de todos
los obreros en una jornada-en la medida en que se procurara eliminar
los factores engañosos-, pero sin que se pudiera determinar qué tipo
de obreros habían tenido un papel esencial en esas oscilaciones ni qué
diferencias hay entre sus componentes individuales por edades o prove-
niencia (y sin que se pudiera determinar cómo se podrían diferenciar).
El nivel de exactitud de los controles de estas oscilaciones tiene, natu-
ralmente, muy distinto valor, según se hagan éstos atendiendo a la
distribución de la producción de una jornada (en una fábrica de lami-
nado, por ejemplo, citada por Roth, solía ir al almacén en la primera
mitaddelajomadae157,5%detodalaproducci.óndeldía,yenlasegunda
mitad el 42,5%) o atendiendo a la observación del desarrollo del tra-
bajo por parte de los maestros o, finalmente, a los datos de:; los propios
obreros 1• Las informaciones de los directivos no apoyadas en cifras
exactamente controlables se contradicen entre sí respecto a los mismos

• En la versión original, los apartados A, B y C aparecen como capítulos independientes.

141
PSICOF(SICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

tipos de trabajo y, a veces, incluso cespecto a trabajos dentro de la misma


fábcica. Es en cieno modo plausible que la minería, con un trabajo de
tanto esfuerzo y que exige e1 funcionamiento de determinados múscu-
los del cuerpo, y la industria de la construcción presenten los rendimien-
tos más elevados en las primeras horas de trabajo de la mañana (en la
construcción porque los obreros consumen mucho alcohol a lo largo
del día). Pieraccini creía que el rendimiento corporal e intelectual al-
canzaba su punto máximo en la segunda y tercera hora de trabajo. Es
improbable que esaafirmaciónsea exacta para el trabajo industrial: aquí
depende no sólo de la dificultad del trabajo sino de si el obrero ha comido
algo por la mañana antes de ic al tcabajo y de qué haya comido; es
frecuente que los obreros retcasen la toma de algún alimento hasta la
primera pausa. Por lo general existen dos puntos máximos de rendimien-
to, concretamente en las industrias manufactureras: después del primer
café de las nueve o entre las 10 y las 12 (la pausa antes del mediodía)
y después del café de la tarde, alrededor de las tres o entre las cuatro
y las seis. En general, las horas de la segunda mitad de la mañana son
absolutamente las mejores; esto ocurre, por ejemplo, en la curva de
rendimientos de la empresa Siemens&Halske A.G. reproducida por
Roth y se afirma lo mismo, incluso con mayor intensidad, de la indus-
tria del alambre. En esos rendimientos, el efecto «estimulante» del café,
si el obrero ha ido casi totalmente en ayunas al trabajo, habrá que con-
siderarlo solamente como un factor «desencadenante» de un mejor fun-
cionamiento de todo el sistema psicofísico, determinado poc la prác-
tica (en las mañanas) y por tomar algo después de hecha la digestión
(en las tardes). La gran significación para el rendimiento de tener un
interés económico en el trabajo se pone especialmente de manifiesto en
las considerables diferencias que repetidamente se afirma que existen
entre los rendimientos de las últimas horas de la jornada, según exista
un sistema a destajo o una remuneración por horas: cuando se dice en
las fábricas de maquinaria que los obreros por horas pierden más rá-
pidamente las «ganas» y que por ello se «cansan», hay que preguntarse
en qué sentido se trata aquí realmente de un «fatiga». Algunos resulta-
dos de los análisis sobre la distribución de los accidentes entre las horas
de trabajo que muestran un aumento continuo a lo largo de la mañana
hasta la pausa del mediodía y a lo largo de la tarde hasta el final de la
jornada -como ha hecho recientemente Bille-Top 2- podrían
interpretarse tanto como una prueba del aumento continuo de la «fa-
tiga objetiva» (a pesar de un incremento en el rendimiento) o como
expresión de que un trabajo más intensivo aumenta el riesgo de acci-
dentes. No parece seguro que la tesis de algunas fábricas de conservas
y de piel de que el rendimiento efectivo aumenta en las últimas horas
de la jornada sea suficientemente desinteresada--ese hecho podría ser
en sí mismo muy posible en el destajo- y tampoco parece seguro que

142
OSCILACIONES EN LOS RENDIMIEN.TOS DEL TRABAJO INDUSTRIAL

esté apoyada en una investigacíón exacta, en el caso de que así fuera.


Lo que todavía falta, antes que nada, es una diferenciación sistemática
de los obreros según el modo de su puesta en funcionamiento del or-
ganismo -por lo demás ya pedida por Roth-y una investigación
comparada de las categorías resultantes. Pero falta también además una
cl~sificación de los obreros según su proveniencia social y étnica, según
la edad y situación famíliar, y una investigación específica de ellos en
relación a sus curvas de rendimiento diario; estas clasificaciones no son,
por supuesto, nada fáciles de hacer y, en todo caso, exigen períodos de
andlisis más amplíos.
Casi está totalmente aceptado, se podría decir que con la sola
excepción de informantes tendenciosos, que el rendimiento en las horas
extraordinarias. tiene un valor mínimo (en las fábricas de alambres y
agujas, un 25%), al menos si aquéllas se prolongan durante un Largo
período de tiempo. En muchos casos, son pocos Los días, siempre entre
14 y 21 como máximo, en los que se pueden hacer horas extraordina-
rias sin que se reduzca el rendimiento global. Lo que importa, natural-
mente, es en qué.medida están exigidos los obreros antes de las horas
extraordinarias. Pero en este punto, la duración de La ;ornada laboral
normal no nos da ningún criterio, porque normalmente cuando se trabaja
a destajo el rendimiento es más intenso con una jornada más breve que
con una jornada más larga, y no sólo cuando se trabaja a destajo, según
parece con bastante seguridad. Este dato, con independencia de las
experiencias que Brentano comentó en su conocido escrito, y que han
sido comentadas con mucha frecuencia y que incluso se han ampliado
desde entonces, lo han transmitido también los empresarios volunta-
riamente, por ejemplo, en la encuesta de Eisner en el sector de la fabri-
cación de piel (ahora una jornada laboral neta de ocho horas y media},
en las fundiciones y en las fábricas de maquinaria (el mismo rendimien-
to en nueve horas que el que antes se hacía en nueve horas y cuarenta
y cinco minutos), en la fabricación de instrumentos ópticos; pero, al
mismo tiempo, han insistido, en el sector de la producción de alambre
y agujas, en la necesidad de controlar más profundamente las máquinas
al final de la jornada, cuando ésta es más corta, porque entonces se trabaja
de una manera más rápida: :una consecuencia evidente de una mayor
fatiga a causa de un esfuerzo más intenso. Este incremento de la inten-
sidad, por supuesto, no tiene siempre necesariamente el mismo efecto
que tiene la reducción del tiempo de trabajo en los famosos ejemplos
de manual, en el caso de las fábricas Zeiss, por ejemplo, es decir, que
en una jornada laboral más breve se rinda tanto, o incluso más, que en
una jornada más larga. No obstante, sin embargo, permaneciendo las
demás condiciones iguales --en concreto, permaneciendo igual la re-
lación de poder entre obreros y empresarios-, una jornada Laboral más
corta es casi siempre una cierta señal de un trabajo más intenso, aunque

143
PSICOFfSICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

no siempre se corresponda; significa, por tanto, una mayor actividad


fisiológica y también una fatiga extra para los obreros, calculado en
unidades de tiempo de trabajo, por ejemplo, en horas de trabajo (si se
sigue con los conceptos de Kraepelin). Y se entiende por sí mismo que,
en ese sentido, un mayor trabajo en una jornada laboral más breve no
resulta necesariamente más llevadero que en una jornada más larga. A
motivos similares se debe, en buena parte, el hecho de que haya retro-
cedido en muchas fábricas la jornada laboral normal «por sí misma»
cuando se exige un mayor esfuerzo físko y psíquico de los obreros, es
decir, que ha ya sido acortada por los empresarios voluntariamente, aun
cuando con muchas dudas, por su propia experiencia de la no renta-
bilidad de la jornada larga. Sobre esta cuestión, algunas palabras.
No tendría sentido desarrollar aquí el amplio tema de la «jornada
laboral» con su extensa bibliografía3 : Pero fa cuestión, extremadamen-
te importante, de cómo se diferencian las distintas industrias en cuanto
a los efectos_de la reducción de la.jornada laboral necesita todavía, aun
con lo mucho que se ha dicho ya al respecto, una investigación siste-
mática apoyada en datos calculables. Fal_ta todavía, por ejemplo, una
explicación precisa y franca sobre el tan discutido problema de hasta
qué punto la automatización creciente; y la eliminación de la influen-
cia del trabajo del obrero sobre la intensidad del aprovechamiento de
las máquinas y de los motores que la automatización conlleva, significa
un límite al principio de que una jornada laboral corta equivalga a un
trabajo más intenso; la explicación de esta cuestión sólo será fructífera
si se hace comparando el mayor número posible de distintos trabajos
de manipulación. Los materiales existentes que se puedan considerar
exactos se-refieren casi por completo a industrias en las que se da una
considerable influencia de los obreros sobre la calidad y el ritmo de la
producción. La exposición teórica más original, con una orientación
fisiológica y guiada por la práctica de la propia empresa, la ha sumi-
nistrado Abbé en sus conocidas conferencias4; el consumo de energía
en la realización del trabajo Lo atribuye a tres distintos factores: está en
función; en primer lugar, de la cantidad de manipulaciones de la misma
clase que haya que realizar, sin importar en qué tiempo se realicen; en
segundo lugar, está en función de la rapidez del trabajo y, en tercer lugar,
por último, se corresponde con el consumo de energía «inútil» que se
realiza al trabajar con máquinas, es decir, corno consecuencia de una
fatiga meramente «pasiva» producida por la necesidad de tener que
permanecer en una determinada posición, de pie o sentado, y muchas
veces agachado porque así lo exija la realización del respectivo tral:>ajo.
Según Abbé, el hecho de que la reducción de jornada limite bajo cual-
quier circunstancia este último factor improductivo de la fatiga cons-
tituye el secreto determinante de su éxito. La primera de sus afirmado-
nes coincide con la teoría kraepeliniana de la fatiga, pero, por ello mismo,

144
OSCILACIONES EN LOS RENDIMIENTOS DEL TRABAJO INDUSTRIAL

está expuesta a sus mismas críticas (véase más arriba). La tercera afir-
mación, que es acertada, se refiere básicamente en la formulación de
Abbé a los llamados por los higienistas trabajos «estáticos», es decir,
trabajos que no exigen el funcionamiento del sistema muscular grande,
sino una misma y continua posición de todo el cuerpo (el estar encorvado,
sobre todo, no tanto el estar d.e pie) junto al movim.iento ~trabajo
«dinámico»-de algunos músculos concretos: según Abbé, no son estos
músculos que trabajan dinámicamente los que muestran la fatiga, o
eventualmente una fatiga extra, en el caso, por ejemplo, de los pana-
deros, de los zapateros, de los cerrajeros, de los herreros, de las plan-
chadoras, de muchos trabajos en la industria textil, de los picadores en
las minas sobre todo, que trabajan tumbados, y también de los pulidores,
sino que son los músculos «estáticos» los que lo manifiestan: varices en
los obreros que trabajan de pie, dolores lumbares en los zapateros,
dolores de espalda en los panaderos. (A pesar de todo, sin embargo,
cuando hay posibilidad de elegir, los obreros prefieren trabajar de pie
porque en este trabajo se pueden «dar más maña».) Pero no todos los
trabajos de este tipo son «estáticos» y la formulación de Abbé necesi-
taría una formulación más amplia, más psicológica: en los trabajos
«estáticos» habría que tomar en consideración no sólo la posición del
cuerpo sino la «disposición» psíquica o psié.:ofísica hacia el trabajo y las
inhibiciones de todo tipo que ésta lleva consigo como la otra cara de
la moneda. Esta perspectiva nos acerca de nuevo a las cuestiones de los
higienistas escolares, a la cuestión, por ejemplo, de qué efectos tiene el
tener que estar sentados y escuchando pasivamente a la vez que se exige
una amplia «productividad» del propio cerebro, tal como requiere por
sí misma la escuela, y a otras cuestiones similares. Difícilmente se puede
afirmar que existan conocimientos concluyentes al respecto. Y respec-
to al trabajo industrial, el alcance de la perspectiva de Abbé necesita
todavía mucha investigación en las distintas industrias, por muy reco-
nocida que esté su aportación, investigación que, como ya se ha dicho,
no debería limitarse al aspecto fisiológico del asunto y a la que sólo habría
que concederle quizá un margen de exactitud muy relativo.
Por lo que respecta a la segunda parte de su teoría de la fatiga laboral,
Abbé sólo la ha desarrollado de una manera bastante imprecisa. En
cambio reviste un gran interés su exposición sobre la «adaptación auto-
mática» del trabajoS, a la que responden otras muchas y diferentes
experiencias, con independencia de si algunos elementos de su
formulación vayan a resistir durante mucho tiempo la crítica especia-
lizada. Según Abbé, se produce una compensación de energía entre el
trabajo y el descanso con una considerable independencia de la volun-
tad y del conocimiento de los obreros de tal manera que, en un deter~
minado tiempo de trabajo, la intensidad del trabajo logra un nivel que
se corresponde con el nivel de recuperación alcanzada. En realidad se

145
PSICOFISICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

tiene la impresión algunas veces de que el nivel del rendimiento por hora
de trabajo oscila en torno a un punto óptimo que, al menos cuando existe
un salario a destajo, se sitúa una fracción por debajo de la capacidad
máxima de rendimiento del «sistema psicofísico» de los obreros, punto
óptimo que, sin representar evidentemente un nivel constante, no os-
cila, sin embargo, demasiado e~ sus grandes promedios, elevándose sólo
lentamente a consecuencia de la práctica, en la medida y durante el
tiempo en que ésta tenga efectividad. A grandes esfuerzos por parte de
los obreros durante un día, durante una semana o durante un mes parece
sucederles casi siempre un brusco descenso del rendimiento en el pe-
ríodo siguiente, la mayoría de las veces algo más corto (día, semana o
mes); de esto volveremos a hablar posteriormente. Sólo después de la
desaparición de este descenso suele manifestarse un aumento de la
práctica. Y parece asimismo que, cuando se reduce el rendimiento
efectivo diario por propia decisión de los obreros («auto-restricción»,
«freno») -de lo que hablaremos más adelante-'-, no se inhibe, sin
embargo, el aumento de práctica, pues no sólo suele darse un conside-
rable incremento del rendimiento respecto al tiempo antes de la «auto-
restricción» una vez desaparecido ya el motivo para la «auto-restricción»
del rendimiento (lo que se podría explicar como una consecuencia directa
del «descanso»), sino que suele tener lugar un incremento del rendimiento
incluso durante la realización del trabajo «auto-restringido», más có-
modo, aunque evidentemente sea un incremento más lento que cuando
se trabaja sin ninguna restricción. No está estrictamente demostrado
que, en el resultado final, el aumento de práctica durante el trabajo «auto-
restringido» sea menor que cuando se trabaja con una tensión más
intensa, pero me parece que es muy probable. Las experiencias de la
fábrica Zeiss al introducirse la jornada de ocho horas son bastante
características: al principio los obreros se «aceleraron» con toda su fuerza
para hacer un trabajo necesariamente más intensivo, luego se relajaron
y continuaron trabajando, según su opinión, al ritmo anterior, más
cómodo, pero, no obstante, trabajaban de hecho con una intensidad
mayor que la anterior en mds de un 1/9 y yo no .estoy convencido de
que esfo se deba solamente a la reducción del gasto de energía «está-
tica», denominado por Abbé «funcionamiento inútil» y que está pro-
ducido por el continuo encorvamiento, y a la prolongación del tiempo
de descanso. También pueden estar interviniendo los efectos específi-
cos de la «práctica» a consecuencia de trabajar durante un tiempo «de
manera acalambrada». Por lo que yo pude ver en las curvas de rendi-
miento de los tejedores que calculé por días, por semanas y por meses,
suele suceder que la «familiarización» con un nuevo género, cuando se
trabaja a destajo y tratándose de obreros capaces y dispuestos, sea rápida
al principio, seguida de una distensión, a la que le siguen de nuevo nuevos
impulsos y nuevas distensiones. Así, con continuas oscilaciones, los

146
OSCILACIONES EN LOS RENDIMIEN.TOS DEL TRABAJO INDUSTRIAL

obreros alcanzan paulatinamente un rendimiento medio en ascenso. Más


adelante veremos más de cerca estas subidas y bajadas de los rendimientos
y veremos entonces también que los obreros que son interrumpidos en
esta posibilidad de· trabajar a golpe de impulsos y de manera «relajada»
muestran una rentabilidad decreciente, a pesar de téner una notable
conciencia de su trabajo -por ejemplo, cuando les tocan siempre ur-
dimbres malas.
Pero de esto hablaremos más adelante. Con estos comentarios algo
anticipados hemos llegado ya a la cuestión de si los rendimientos entre
jornada laboral y jornada laboral, o entre períodos de tiempo más lar-
gos, oscilan y cómo oscilan.

8. ENTRE D_ISTINTAS JORNADAS LABORALES

Hay que constatar de entrada que las oscilaciones de los rendimientos


de los distintos obreros, en un mismo tipo de trabajo continuo y de un
día a otro, son considerables y mucho mayores de lo que a priori se po-
dría pensar como probable, al menos en algunas industrias. Tomemos
como ejemplo algunos rendimientos de tejedores6 , establecidos con la
ayuda de aparatos automáticos de medición y referidos cada vez al mismo
telar, al mismo género y a la misma urdimbre: poniendo el rendimiento
medio de cada vez en 100, nos encontramos los siguientes rendimien-
tos de un obreco entre los días 5 de junio y 11 de julio de 1908:

88,4; 86,7; - Pentecostés -96,0; 116,0; 115,4; 99,5; 109,5 -


100,8; 108,3; 114,6;97,5; 103,2-113,l; 89,4; 89,4; 76,7; 109,1;
99,3-91,1; 97,4; 105,4; 96,9; 103,2; 99,8-84,8; 84,8; 109,1;
99,3 -91,1; 97,4; 105,4; 96,9; 103,2; 99,8-84,8; 84,8; 93,7;
106,4; 87,3 (las semanas están separadas por los guiones).

La diferencia entre el rendimiento diario mayor y el menor en este


período de cinco semanas llega al 39, 7% del rendimiento medio, estan-
do el rendimiento máximo un 51,7% por encima del rendimiento menor.
En dos ocasiones ocurre que dos días consecutivos tengan el mismo nivel
de rendimiento, pero, por lo demás, las oscilaciones son muy grandes
precisamente entre días próximos: la oscilación mayor (109, 1-76,7) es
un 32,4% del rendimiento medio o un 42,2% del rendimiento bajo de
los dos rendimientos siguientes; el promedio de todas las oscilaciones
de un día a otro es un 8,75%, o alrededor de 1/12, respecto al rendi-
miento medio. Hasta dónde interviene en estas oscilaciones la hume-
dad del aire, muy importante para la tejeduría del lino, lo muestran los
valores del higrómetro durante una semana comparados con los ren-
dimientos: ·

147
PSICOFÍSICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

Registro higrométrico 76 77 70 64 75 76
(valor estándar= 80)

Rendimiento en O/o 113,1 89,4 89,4 76,7 109,1 99,3


respecto a la media

El punto más bajo del rendimiento cae, en efecto, en el día en el que


el nivel de humedad del aire dentro de la fábrica es muy desfavorable,
a ca usa del calor seco del aire exterior; uno de los dos rendimientos más
bajos cae en el segundo día más desfavorable, y toda la semana está, desde
el punto de vista de la humedad del aire, un promedio de 2,40/o por debajo
del rendimiento medio del obrero. Pero, en lo demás, las oscilaciones
del rendimiento no están condicionadas por esas condiciones de la
humedad.
Las oscilaciones observadas aquí no son en absoluto extremadamen·
te altas. Hay otras más elevadas. Otro obrero que trabajaba-el mismo
género y en el mismo período (entre el 10 de junio y el 9 julio) en un
telar un 8,4% más rápido y que trabajaba otro género distinto en un
segundo .telar, tuvo los siguientes rendimientos, en porcentajes de su
propia media (naturalmente notablemente más baja en relación con el
trabajo en un solo-telar7:

95,6; 104,4; 88,5; 117,1 ~ 103,3; 99,6; 108,3; 85,2; 98,8; 9i,1
-91,6; 110,9; 78; 77,8; 93,3; 95,5; -97,8; 110,8; 110,5; 100;
80,1; 121,7; - 96,5; 105; 137,5.

La diferencia entre el rendimiento mayor y el menor representa aquí


el 59,7% (137,5-77,8) del rendimiento medio y un 76,7% del rendi-
miento diario más bajo; la mayor diferencia entre rendimíentos de dos
días consecutivos representa el 41,60/o (121,7-80~1) del rendimiento
medio y el 50,2% del rendimiento más bajo de los dos días; la media
de todas las diferencias entre dos días consecutivos esd 14%, o casi un
séptimo, del rendimiento medio. Si para examinar la influencia del nivel
de humedad del aire tomamos aquella semanaque fue muy desfavora-
ble por término medio, resulta lo sigui<mte:

Nivel del higrómetro 76 77 70 · 64 75 76


(nivelestándar=80)

91,7 110,9 78 77,8 93,3 95,5

Aquí coincide también el menor rendimiento de todos Jos días con


el día más desfavorable, como en el caso anterior, y el segundo rendi-
miento más bajo con el segundo día más desfavorable, y la semana en

148
OSCILACIONES EN LOS RENDIMJEN.TOS DEL TRABAJO INDUSTRIAL

conjunto C"esultaincluso más desfavorable que en el otro caso, pues tiene


un rendimiento un 7,2% menor que la media (de esto hablarnmos más
adelante); pero el nivel de las oscilaciones de los restantes cinco días de
la semana no aparece determinado por los niveles de humedad del aire.
En los restantes rendimientos que he calculado, el promedio de las
oscilaciones entre dos días consecutivos se sitúa entre el 6,83 y el 20,9%;
hay algunas oscilaciones máximas entre rendimientos de dos días que
llegan hasta casi el 100% del rendimiento más bajo·de los dos días, en
los que, naturalmente, no se toma en consideración los fallos excepcio-
nales de las máquinas o de los «golpes de la lanzadera».
Más adelante hablaremos sobre las razones de estas fuertes oscilacio-
nes de los rendimientos entre dos días. Aquí sólo queríamos dejar
constatado este hecho. Hay que hacer notar que, por razones del material,
el rendimiento diario de los tejedores de lino está expuesto a oscilacio-
nes más fuertes que en otras industrias, independientemente de su
voluntad y de su estado de ánimo; el número de veces_que se rompe el
hilo, que incide de manera decisiva sobre el rendimiento de la jornada,
no depende completamente de las condiciones del aire de la fábrica, sino
ante todo de la calidad del hilo y del cuidado con que se haya alisado
la urdimbre; el número de veces que se rompe se distribuye entre los
distintos días de forma tanto más irregµlar, naturalmente, cuanto más
irregular y desfavorable sea la calidad y el alisado del hilo. Por otra parte,
el ritmo del trabajo depende en gran medida no sólo de las cualidades
del obrero sino también de su voluntad, que puede dejar apagado el telar
para arreglar una rotura del hilo o un enredo de hilos en la urdimbre
según él quiera o lo necesite para tomarse un respiro. Hay numerosas
fábricas en las que esto ocurre con frecuencia y hay otras en las que el
obrero está en una situación más desfavorable -suponiendo siempre
la misma intensidad y eficacia del control que ejercen los «maestros»-;
merecería la pena clasificar las industrias o las categorías laborales por
la medida en que el obrero está «encadenado a la máquina»,_en el sen-
tido de la palabra empleado aquí.
Nosotros, en este momento, sólo nos preguntamos si se pueden
poner en relación el nivel de las oscilaciones de los rendimientos diarios
y los distintos d(as de la semana. En los ejemplos anteriores no se
encontrará ninguna huella de esa relación: los rendimientos diarios
parecen saltar hacia arriba o hacia abajo sin ninguna referencia a la
posición del día dentro de la semana. Quizá resulte un cuadro distinto
si se tomaran en consideración los rendimientos de grupos mayores de
obreros. Recordemos lo que se ha dicho hasta ahora sobre este tema.
En cuanto a las oscilaciones de los rendimientos a lo largo de la
semana, la opinión unánime de los directivos de la empresa ap\mta a
que el peor día de la semana es el lunes: es la consecuencia de las cos-
tumbres dominicales de la población alemana a diferencia de los do-

149
P5ICOF(S1CA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

mingos ingleses, que tienen su importancia para la capacidad de ren-


dimiento de los obreros, pues, al tener libres las tardes de los sábados,
el consumo de alcohol se traslada al sábado y el domingo sirve para
superar las consecuencias de la bebidaª. El rendimiento de los lunes
parece estar muy deprimido eri los trabajos que requieren relativamen-
te mucha inteligencia, por un lado, y en los trabajos muy monótonos,
por otro. Este último punto seda muy significativo para la psicología
del trabajo, si se pudiera confirmar con mediciones exactas. Las opi-
niones sobre el rendimiento laboral de los sábados por la tarde difieren
bastante entre sí. Existe tanto la opinión de que el sábado, o incluso los
dos últimos días de la semana, arrojan un rendimiento menor como la
opinión de que es el final de la semana donde se sitúa el trabajo más
intensivo, cuando se trabaja a destajo. Faltan todavía hasta ahora com-
probaciones exactas sobre ese día y sobre los otros días de la semana.
Los materiales sobre los rendimientos diarios medidos con exactitud
que he calculado-materiales bastante modestos desde el punto de vista
de la cantidad, pues sólo abarca algo más de 100 semanas de trabajo
(en vez de, pongamos por caso, diez mil):-- arrojan el siguiente cuadro
para una determinada cantidad de tejedores varones: si ponemos 100
al rendimiento medio del día de la semana que lo tenga más alto, ese
día resulta ser el miércoles, y en relación a él se agrupan los restantes
días de la semana de la siguiente forma:

lunes martes miércoles jueves vternes sábado


93,61 96,45 100 96,79 98,~4 99,54

La semana mostraría, por tanto, una curva de rendimiento con una


subida más fuerte entre el lunes y el miércoles y con una subida menos
fuerte entre el jueves y el sábado, separadas por un descenso entre el
miércoles y el jueves. Si calculamos ahora, en las semanas en las que algún
día haya destacado especialmente sobre los demás con un rendimiento
muy alto, estos días de los rendimientos más altos, resulta que esos
máximos diarios se distribuyen entre los días de la semana de la siguiente
forma (si se distribuyeran uniformemente entre todos los días de la
semana; cada día debería tener un 16,6% del total):

lunes martes miércoles jueves viernes sábado


%deloscasos 10,9 14,1 29,3 15,2 14,1 16,4

Si calculamos, por último, los distintos días por la frecuencia con


que se produce un aumento o una disminución del rendimiento respec-
to al día anterior (en los mismos obreros), resulta el cuadro siguiente
para aquellos casos en los que se manifiesta realmente una desviación:
el rendimiento creció ( +) o disminuyó (-) en los casos analizados los

150
OSCILACIONES EN l0S RENDIMIENTOS DEL TRABAJO INDUSTRIAL

lunes martes miércoles jueves viernes sábados


+42,3 +88,6 +68 +38,8 +56,3 +48,8
-57,7 -33,3 -32 -62,2 -43,7 -51,2

En estas circunstancias (muy influenciadas por el campo) el lunes,


que cuenta con casi un 11 o/o de rendimientos máximos~ muestra, a pesar
de todo, un aumento respecto al sábado en más de 2/5 de los casos, es
decir, que, al menos en este sentido, está en una situación más favorable
que el jueves respecto al miércoles. La excelente posición del miércoles
como jornada de trabajo se destaca asimismo cuando se cuentan los
aumentos de rendimiento y también cuando se cuentan los rendimien-
tos más elevados. El martes también es bueno, midiéndolo por la re-
lación entre aumento y descenso de los rendimientos, y lo es en un grado
más alto de lo que sería necesario para compensar el desequilibrio del
lunes respeto al rendimiento del sábado anterior. Sin embargo, el au-
mento del martes al miércoles es aún más frecuente que el aumento entre
Junes y martes. El jueves aparece como un día en el que el rendimiento
tiende a relajarse ·en la mayoría de los casos, pero esa pérdida no Jlega
a caer al nivel del martes, como muestra el número de veces que tiene
los rendimientos más altos de la semana. Los viernes y los sábados, por
último, se comportan de manera distinta en lo que respecta al número
de veces que,tienen los rendimientos más altos de la semana y al aumen-
to del rendimiento respecto al día anterior, y también en lo que respecta
a los porcentajes de rendimiento de los distintos días. El viernes mues-
tra un número de rendimientos máximos menor que el jueves y menor
que el sábado -que supera a todos los días de la semana excepto al
miércoles-:-. El viernes muestra un nivel medio de rendimiento más alto
que el jueves y, en cambio, muestra un nivel medio más bajo que el sábado,
que también es el día que más se acerca en eso al miércoles. Por el
contrario, la frecuencia con que se da en Jos viernes un aumento de
rendimiento respecto al jueves no sólo es mayor que la frecuencia con
que se da e1 jueves respecto al miércoles (pues el jueves viene después
del día del rendimiento semanal más alto), sino que también es mayor
respecto a la del sábado, en el que predomina un descenso de la frecuen-
cia de aumentos del rendimiento. Esto no encierra en sí mismo ninguna
contradicción: expresa, más bien, que se aprovecha con especial inten-
sidad el reducido tiempo para tejer de los sábados, pues las horas fina-
les del sábado, entre una hora y media y dos horas y cuarto, las emplean
para el mantenimiento de las instalaciones9 aquellos obreros -mino-
ría- que buscan U:na ganancia mayor con el sistema salarial existente
en la empresa (salario a destajo con ganancia mínima garantizada y
bonificaciones por rendimientos altos), mientras que la mayoría de los
obreros comienzan ya a tener un cierto ambiente de día festivo, con la
conciencia de tener un sueldo mínimo garantizado. Las cifras con las

H1
PSICOFÍSICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

que hemos operado aquí son muy incompletas: en más de la mitad de


los casos contienen mediciones de los telares en los que el tejedor tenía
que atender simultáneamente un segundo telar (eventualmente con otros
géneros muy distintos). Más adelante hablaremos de cómo se manifies-
. ta ese hecho en las cifras. Aquí escogemos para el análisis aquellos casos
en los que existen mediciones del trabajo en un solo telar, con lo que
toda la energía del tejedor se concentra en ése sólo. Para estos casos,
poniéndole 100 al día del rendimiento más alto, el rendimiento de los
días de la semana en promedio es como sigue: ·

lunes martes miércoles jueves viernes sábado


92,69 95,61 100 96,91 99,67 99,18

El rendimiento más alto vuelve a encontrarse de nuevo los miér-


coles e, igualmente, el descenso .más significativo se produce del miér-
coles al jueves; en cambio, el viernes y el sábado están más cerca del
miércoles, y el sábado presen~a un retroceso en vez de un aumento
respecto al viernes. El hecho de que en tejedores que trabajan dos te-
lares el sábado presente una situación más favorable, en armonía con
el número relativamente alto de rendimientos máximos semanales que
arroja el sábado (véase más arriba), se podría quizá explicar, si las cifras
al respecto no fuesen demasiado pequeñas, por otras condiciones que
genera el propio trabajo en dos telares y que comentaremos más ade-
lante. El hecho de que el lunes esté muy por debajo de la media se explica
por la diferente composición del grupo de obreros que se analiza cada
vez, y que vamos a mencionar en seguida. El nivel de rendimiento, el
aumento o el descenso de rendimiento y los rendimientos más altos de
martes a miércoles, de miércoles a jueves y de jueves a viernes podrían
muy bien venir determinados predominantemente por el estado psico-
físico (práctica, fatiga, recuperación); pero se necesitaría naturalmente
un material incomparablemente más amplio, incluso para poder for-
mular esa afirmación como hipótesis. En la sección de dobladillos de
la misma empresa, donde trabajan obreras (muchachas jóvenes), la
situación respecto a los rendimientos de cada día de la semana es, según
la indicación del director de la fábrica, como sigue: los rendimientos
suben hasta el miércoles y en parte hasta el jueves, y luego bajan. Los
libros de contabilidad que yo he examinado confirman esta impresión,
sin que yo haya elaborado las cifras. Las diferencias individuales que
existen detrás de las cifras promedio mencionadas antes se pueden ver,
por ejemplo, al comparar a siete obreros (a-g) en relación a los días de
la semana en los que más destacaron sus rendimientos más altos 1°. Estos
se dieron en:

152
OSCILACIONES EN LOS RENDIMIENTOS DEL TRABAJO INDUSTRIAL

lunes martes miérc. jueves viernes sáb. semanas rend. más


veces veces veces veces veces veces de trabajo elevados

a) 2 3 7 3 6 3 35 24

b) 3 o 7 4 2 5 27 21

e) 4 3 5 3 3 3 27 21

d) o 1 3 1 o o 17 5

e) 1 4 2 2 2 2 13 13

f) o 1 2 o o 1 5 4

g) o 1 1 1 o 4 8 7

Para excluir en los tres obreros a, b y e, el mayor número posible


de elementos casuales, pues en ellos se han contando muchas semanas
de trabajo, se pueden reproducir aquí las oscilaciones del rendimiento
medio en cada día de la semana (el máximo es de nuevo 100):

lunes martes miércoles Jueves viernes sábado


a) 92,3 96,4 100 97 98,4 99,2
b) 90,8 93,3 98,3 95,6 100 96,5
e) 97,2 96,5 100 92,4 89,7 94,7

Los tres obreros han nacido en el campo, pero el obrero e reside en


el campo, a diferencia de a y b, que son hermanos, y es además el mayor
de los siete obreros (cuarenta años), a lo que habrá que atribuir bási-
camente su mayor rendimiento los lunes, como consecuencia de una
utilización más sana del domingo. (El obrero e, que también reside en
el campo, logra asimismo unos rendimientos altos los lunes, alcanza ya
su rendimiento máximo los martes en vez del miércoles y luego, des-
pués de un fuerte descenso, sube de nuevo el viernes.) Los obreros a,
by e (también e) se desvían de la distribución de los rendimientos más
altos entre los días de la semana, comentada anteriormente, principal-
mente respecto al viernes y respecto al sábado por los motivos ya ex-
puestos. Por lo demás, los obreros a y b pasan por ser fuertes y labo-
riosos, pero lentos; f y g, ambos nacidos y residentes en la ciudad, son
considerados como muy hábiles y algo inconstantes; e y d pasan por ser
medianamente fuertes y relativamente poco hábiles, y e está conside-
rado como un obrero muy constante y concienzudo, aunque no muy
rápido 11 ; los obreros b, f y g eran sindicalistas.

153
PSI COFf51CA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

Por lo demás, es de señalar que no pueden rastrearse los efectos de


las cualidades personales de los obreros sobre la curva semanal, pues
querer ilustrar las diferencias individuales con cifras tan pequeñas podría
tener un cierto sentido, en todo caso, en relación con todas las otras
características del comportamiento de los respectivos obreros en el
trabajo (sobre este punto diremos algo más adelante), pero aun así sólo
tendría sentido para esta fábrica y sólo con la máxima prudencia.
Las notas anteriores no pueden pretender demostrar la existencia
de una curva semanal de rendimientos «típica», en algún sentido, que
quizá estaría sometida a condiciones muy divergentes desde el punto
de vista étnico y geográfico, para cada fábrica (según el tipo de esfuerzo
laboral requerido) y para la ciudad o el campo ( según el tipo de diver-
siones dominicales y de consumo de alcohol). Aquí sólo quiere ilustrar-
se realmente la posibilidad y la utilidad de esos cálculos. En las fábricas
que funcionan con energía eléctrica pueden medirse con facilidad las
oscilaciones del rendimiento total a través de las oscilaciones en el con-
sumo de energía eléctrica cada día de la semana. Es lógico que la uti-
lización de este criterio exija tomar en consideración con precisión los
tipos de trabajo y otros numerosos factores técnicos de la empresa. Y,
en todo caso, habría que intentar adentrarse en los tipos de comporta-
miento de las distintas categorías laborales -quizá bastante diferen-
tes- según el tipo de empleo y la proveniencia social, si fuera posible,
pero habría que hacerlo en todo caso cuando el conjunto de los obreros
presente fuertes diferencias entre unos obreros y otros. Pues no se puede
excluir a priori la posibilidad de que en las curvas semanales de rendi-
miento se pongan de manifiesto diferencias típicas 12 •

C. ENTRE PERÍODOS DE TIEMPO MÁS LARGOS. COYUNTURA ECONÓMICA-


COYUNTURA SOCIAL: LA «AUTO-RESTRICCIÓN DEL RENDIMIENTO»

Sobre las oscilaciones de Los rendimientos según la estación del año


existen algunas manifestaciones al respecto, pero apenas algunos
materiales exactos. Está establecido el hecho general de que el rendi-
miento retrocede en el verano en las fábricas que generan gran cantidad
de calor (fundiciones de acero, soplado de vidrio), como ocurre en la
industria textil, concretamente en la del lino, cuando el clima es seco,
en especial con el calor seco del verano, pues entonces resulta muy difícil
lograr el grado de humedad correcto en el aire del interior de la fábrica.
La opinión de que en recintos fabriles cori buena calefacción y buena
ventilación se trabaja mejor en invierno que en verano está muy exten-
dida además en fábricas de sectores industriales en los que la materia
prima no sufre directamente ninguna influencia, como en la industria
textil; esta opinión podría ser acertada, pero no siempre necesariamen-

154
OSCILACIONES EN LOS RENDIMIENTOS DEL TRABAJO INDUSTRIAL

te. En los oficios, por ejemplo, en los que juegan un papel importante
los ojos, la iluminación artificial durante los meses oscuros del año
presiona algunas veces sobre los resultados; esto ocurre en la fabrica-
ción de plumas de acero, donde se ha introducido Ja jornada de ocho
horas, en parte, por ese motivo). La situación de cad:i industria nece-
sitaría una consideración especial.
Pero, al intentar determinar las oscilaciones entre las distintas
estaciones del año o entre distintos meses o entre cualesquiera espacios
de tiempo mayores, habría que prestar muchísima atención a los efec-
tos de la coyuntura económica general sobre el nivel de empleo de las
empresas, dependiente de aquélla, efectos que dificultan el análisis de
la influencia de la estación del año como tal sobre el rendimiento, porque
las oscilaciones coyunturales se manifiestan también en oscilaciones del
nivel de.aprovechamiento de la mano de obra. Se manifiesta directa-
mente, por ejemplo, en que la emp·resa «frena», es decir, «conting~nta»
su máximo de producción a realizar. Esto ocurre en épocas de depre-
sión cuando la reducción de las temporadas de trabajo no genera la
deseada reducción de la producción, pues los obreros a destajo se re-
sarcen con un trabajo más intensivo, mientras ·que baja la calidad a
consecuencia de ese trabajar demasiado precipitado. Las oscilaciones
coyunturales tienen también efectos indirectos: en una coyuntura des-
favorable, en 1a que los compradores esperan que los precios sigan
bajando algo' más, los pedidos suelen ser por término medio de canti-
dades pequeñas y suelen darse en el último momento en el que los
necesitan urgentemente, es decir, con un plazo de entrega más breve (esto
es típico de la industria textil); por otro lado, las empresas suelen acep-
tar en esas épocas pedidos que, normalmente, caen fuera del ámbito de
su actividad regular, con lo que las épocas de depresión tienden a pre-
sionar a la baja el nivel de especialización empresarial -por ejemplo,
en grandes sectores de la producción de maquinaria-. En las épocas
de crisis aumenta además el abigarramiento de la producción, al menos
en lo relativo al tamaño de los pedidos, cuando las fábricas hacen tran-
sacciones comerciales con minoristas y se ven forzadas, por lo tanto,
a diversificar su producción más que cuando negocian con mayoristas,
quienes permiten a la fábrica realmente limitarse a la producción de una
especialidad--como ocurre en Inglaterra-, mientras que los minoris-
tas exigen recibir todos sus suministros del menor número de provee-
dores posible -de uno o de unos pocos-. Con otras palabras: las
depresiones producen un retroceso en la especialización y, por otra parte,
generan un trabajo irregular y precipitado. Esas épocas de crisis presio 0
nan sobre el volumen del rendimiento (por el cambio frecuente del tipo
de empleo por parte de los obreros) y sobre la calidad del rendimiento
y, por consiguiente, sobre las propias ganancias a destajo. Por otro lado,
las posibilidades que tienen los obreros en numerosas·industrias manu-

155
PSICOfÍSICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

factureras de mejorar su rendimiento y sus ganancias a destajo están


ligadas a la calidad de la materia prima o del producto semimanufac-
turado que ellos procesan. Pero cuando la coyuntura es favorable, las
hilanderías, por ejemplo, hacen saber que no aceptan pedidos de las
tejedurías y están en situación de imponer las condiciones en las que
les sirven el hilo, y fuerzan a estas últimas a comprar mercancías que
en tiempos normales no comprarían --esto lo hacen a lo largo del proceso
de producción todos los productores anteriores respecto a los que les
siguen-. La consecuencia de esto -por ejemplo, el típico empeora-
miento de la calidad del hilo- unida al trabajo precipitado propio de
la coyuntura favorable recae de nuevo en gran medida sobre el rendi-
miento de los obreros en las industrias que continúan la elaboración del
producto, recayendo consiguientemente sobre las ganancias a destajo.
En las coyunturas favorables, esto constituye una fuerte incitación a la
huelga y luego, en las primeras épocas de la depresión, cuando hay que
trabajar un material malo que se compró forzadamente durante la
coyuntura favorable, constituye un motivo para que las ganancias sean
menores. La popular idea de que «el empresario carga con los riesgos
de la empresa» es totalmente incorrecta en un sentido estrictamente
económico: no sólo la quiebra de su empresa deja a los obreros sin pan,
sino que cualquiererror que cometa en la adquisición de la maquinaria
y de la materia prima recae sobre los obreros, de la misma manera que
también recae sobre ellos el mejor o peor funcionamiento de las ventas.
Todos estos factores que intervienen hacen extremadamente difícil para
muchas empresas que puedan determinar hasta qné punto .se producen
oscilaciones de los rendimientos entre grandes períodos de tiempo, sea
por la situación climatológica o por causas fisiológicas. No existen
materiales exactos al respecto; más adelante volveremos sobre algunas
cuestiones relativas a este tema.
De la misma forma que la coyuntura económica, también la coyun~
tura social afecta al rendimiento en aquellas empresas que permiten a
los obreros influir sobre la producción. Hay informaciones muy claras,
aunque sin una comprobación exacta, sobre el hecho de que las «con-
vicciones» de los obreros y, en especial, sus relaciones con el empresario
influencian su rend1m1ento 13 • Las que¡as sobre la «auto-restricción»
practicada por los obreros son antiguas, pero se han incrementado sin
duda en las últimas décadas, paralelamente a la creciente racionalización
del sistema salarial tendente a aumentar el rendimiento, pero paralela-
mente también a las menores oportunidades de hacer huelgas a conse-
cuencia de una mejor organización de los empresarios. Cuando los
empresarios responsabilizan a los sindicatos, sobre todos a los sindica-
tos libres, por el galopante aumento de la «auto-restricción» del rendi-
miento, es decir, de la limitación consciente del rendimiento por parte
de los obreros, esta manera de ver las cosas es probablemente demasia-

156
OSCILACIONES EN LOS RENDIMIENTOS DEL TRABAJO INDUSTRIAL

do superficial, con arreglo a como se pueden juzgar hoy en día las cosas.
La «auto-restricción» intencionada y consciente, no sólo la involuntaria
y dependiente del estado de ánimo, se da en todos los sitios en los que
exista algún sentimiento de solidaridad entre los obreros o en una parte
significativa de ellos, aunque no exista una organización sindical. Ha-
blando en términos generales, los obreros tienen múltiples formas para
luchar por el precio de su rendimiento, consciente e insistentemente, pero
sin palabras. Puede ser tanto el logro de destajos más altos como el
mantenimiento del ritmo anterior de trabajo y conservando los mismos
precios de destajo, o puede ser también, por último, el poner de maní·
fiesta la conciencia de un malestar general, más o menos clara según su
proveniencia. Donde esto es un medio de la «política salarial» de los
obreros, representa la reacción inevitable a la asimismo inevitable política
salarial del empresario, cuyas consecuencias las sufren los obreros en
su propia carne. Una tejeduría de lino alemana con una producción
medianamente diversificada produce entre trescientas y cuatrocientas
clases de mercancías -incluyendo aquí variaciones como la superficie
de los pañuelos o el tipo y anchura de los dobladillos-y, aun cuando
una parte considerable de estas diferencias sean irrelevantes para lo que
se exige del obrero y para la determinación de su salario, aun así hay
que calcular «correctamente», en conjunto, más de doscientos precios
de destajo tornando en consideración las diferencias existentes en el
equipamiento técnico de los telares (por ejemplo, la medida en que los
dispositivos mecánicos para parar la máquina cuando se quiebran los
hilos y para vol ver a encontrar los hilos quebrados ahorren tiempo y des-
cargue la atención), las diferencias de los tejidos en cuanto a su com-
posición (lino, medio lino, finura de los hilos), o su anchura y densidad
(número de tramas por centímetro), etc. Hay que calcular los precios
de destajo de modo que la ganancia posible con cada uno de los géneros,
con un esfuerzo medio, no arroje unas diferencias demasiado llamati-
vas, contra las que reaccionarían los grupos de obreros afectados -los
tejedores, por ejemplo- pidiendo una elevación de todos los precios de
destajo restantes. Pero el cálculo de los precios a destajo sólo puede
hacerse -si no quiere uno ser borrado de las tablas de los competido-
res- cuando se tiene una idea global aproximada de lo que los respec-
tivos obreros pueden producir por término medio en los distintos gé-
neros o de lo que van a producir en el futuro después de alcanzar una
práctica suficiente.
Las épocas en que se comienza a calcular por vez primera una serie
de precios de destajo para determinados rendimientos, y en concreto
cuando se introducen nuevos géneros, son, por tanto, épocas críticas en
su mayoría tan pronto como los obreros notan lo que el reloj ha mar-
cado. Aun sin ninguna organización sindical, existiendo una solidari-
dad suficientemente desarrollada, los obreros suelen «auto-restringir»

157
PSICOFISICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

la producción sistemáticamente para lograr precios de destajo lo más


altos posible. Si lo logran, asciende rápidamente el rendimiento -así
ocurre muy notoriamente con las muchachas de la sección de costura
de la fábrica mencionada antes-. El empresario se ve obligado enton-
ces, si quiere detener una subida generalizada de los salarios, a aplicar
una rebaja de Jos precios de destajo, medio que le presenta siempre
muchas dudas para sus propios intereses, porque provoca huelgas o una
nueva «auto-restricción» de la producción o un malestar desfavorable
para eJ propio rendimiento (véase más arriba) y para e1 reclutamiento
de nuevos obreros. Si se trata de unos pocos nuevos géneros, resulta más
fácil presionar sobre los destajos calculados al principio «demasiado
favorablemente» para Jos obreros, cambiando los géneros a otro telar
que tenga otros precios distintos. La «auto-restricción» por motivos de
«política salarial», es decir, la auto-restricción que tiene como finalidad
influir en la fijación de los destajos y no otras causas tradicionales o
ilógicas desde el punto de vista económico, se desarrolla, si es aplicada
por amplios grupos de obreros, de manera similar a como se desarro-
llaría una huelga -de la que muchas veces es un sucedáneo-, si no
hubiera obreros «dispuestos a trabajar»: la pregunta es quién puede
esperar más tiempo. A diferencia de la huelga, la «auto-restricción» no
requiere ninguna organización formal ni ninguna caja de mantenimien-
to, los obreros no se quedan sin comer sino que limitan sus ganancias,
y su situación táctica es más favorable que la de la huelga en cuanto que
el enemigo no siempre está en situación de demostrarle a cada obrero
si ha «auto-restringido» la producción y en qué"medida lo ha hecho. El
despido de un obrero notoriamente eficiente por una supuesta «auto-
restricción» sin estar fundado desde el punto de vista formal significaría
-para el empresario, cuando los obreros no carecen de algún poder, cargar
con un odio que no se soporta a gusto. Las coyunturas en alza y, sobre
todo, la ampliación de la diversificación productiva de la empresa son
las situaciones específicas para la «auto-restricción» de la producción.
El círculo de obreros a los que abarca en el caso concreto y, por con-
siguiente, su alcance puede ser muy distinto. Y naturalmente también
su éxito. Pero con el aumento del poder de las asociaciones obreras irá
ganando terreno a costa de las huelgas, que van perdiendo perspectivas.
Los empresarios exageran mucho su frecuencia actual, pero, a pesar de
todo, no se la puede infravalorar. Un obrero muy eficiente de la tejeduría
que hemos citado varias veces, hombre de confianza de un sindicato,
practicó la «auto-restricción» de la producción sistemáticamente durante
siete meses (de junio a enero), en una época en la que los obreros per-
seguían la firma de un convenio colectivo; y no sólo indicaron la auto-
restricción sus correspondientes maestros, sino también su propia cur-
va <le rendimiento, que analizaremos más en detalle posteriormente, de
modo qúe su rendimiento quedó un 15% por debajo de lo que podía

158
OSCILACIONES EN LOS RENDIMIENTOS DEL TRABAJO INDUSTRIAL

haber producido a pleno esfuerzo, de acuerdo con el desarrollo de su


capacidad a lo largo de los nueves meses anteriores, mientras que su
salario se redujo un 10% 14 • Como la solidaridad de los obreros fracasó
en un abierto incumplimiento, producido, en último término, por ellos
mismos, esta «auto-restricción» resultó inútil. El análisis posterior de
la curva de rendimientos mostrará qué difícil resulta la medida indivi-
dual del influjo de esta auto-restricción en cierto modo segura, cuando
entran en acción otros muchos elementos. Y esto vale naturalmente, y
sobre todo, para la gran mayoría de los obreros. En el caso anterior, la
media mensual del rendimiento a destajo por día de la mayor parte de
los obreros empleados de manera continua y en circunstancias iguales
durante ese tiempo muestra un llamativo descenso en los meses finales
del otoño y del invierno de 1907/1908, es decir, durante la época más
aguda de la movilización, y ese descenso es un descenso global, tanto
en los tejedores como en las tejedoras; más aún, se manifiesta de manera
especial tanto en los tejedores de telares anchos como en las tejedoras
de pañuelos. La falta de material -del que se privó a los hiladores en
la situación forzada de la coyuntura alta- y aún en un grado más ele-
vado la introducción de nuevas variedades o el incremento de la pro-
ducción· de éstas influyeron decisivamente en ello (de esto hablaremos
más adelante), pero no explican quizá totalmente que el rendimiento
diario calculado a destajo puro, que había subido por término medio,
entre agosto de 1907 y agosto de 1908, al 85% y al 71 %, en los varones
y en las mujeres, respectivamente, respecto del nivel de ganancia que
funciona como estándar para los hombres 15 y que, en septiembre, había
subido al 85,6% y al 76,6%, respectivamente, muestre luego una ten-
dencia a descender, llegando a su punto más bajo en febrero (79,6% y
64,0%, respectivamente)--'-tras el despido de aquel obrero-, para subir
en marzo al 83% en los varones y al 74% en las mujeres y alcanzar en
el mes de abril el punto máximo del 91,6% y 78%, respectivamente 16,
y aproximarse de nuevo, a partir de ahí, al antiguo promedio. La situa-
ción climatológica suele tener un efecto sensible en la industria textil,
como ya se ha dicho, en el verano especialmente, cuando el manteni-
miento del aire en el interior de los establecimientos produce dificul-
tades sobre el nivel necesario de humedad, mientras que en el invierno
es mucho menor o ninguno. En febrero de 1908, el crudo frío de los
caminos hacia la fábrica pudo, evidentemente, haber reducido la agi-
lidad de las manos, pero el rendimiento de enero, también un mes muy
frfo, estaba en el 85% y en el 66,3%, es decir, mucho más alto, y con-
cretamente entre los varones. Por esta razón, puede valer al menos como
explicación posible y plausible -dada por la dirección de la fábrica
respecto a una parte del invierno- el que el rendimiento se viera afec-
tado por la coyuntura político-social, aunque no sea una explicación
estrictamente evidente.

159
PSICOFÍSCCA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

Ya que estos comentarios han rozado la cuestión de la relación entre


los hábitos político-sociales de los obreros -podemos decir de su
mentalidad-y su rendimiento, podríamos detenernos un momento en
esta cuestión de la relación entre aquellos factores y la productividad
de los obreros. En la cuestión de la calidad de los sindicalistas social-
demócratas en cuanto trabajadores, bastantes empresarios imparciales,
y de empresas muy distintas~ suelen conceder con bastante generalidad
que esos sindicalistas se encuentran normalmente, en cuanto a su ca-
pacidad, entre los mejores obreros (no se refieren naturalmente a t_odos
los sindicalistas socialistas, pues eso ·sería una tontería, sino al «tipo»
del «más convencido» desde un punto de vista sindical). Esto ocurre
incluso en la industria metalúrgica de Renania-Westfalia, tan enfren-
tada a los sindicatos, como testimoniaJeidels. En el caso de la empresa
anterior también es esto exacto, en lo esencial. Todos los obreros va-
rones que habían sido calificados por la dirección de la empresa como
«sindicalistas comprometidos» muestran unos rendimientos máximos,
y los mejores trabajadores de la empresa se encuentran entre ellos, con
alguna excepción, según pude ver. El obrero expulsado en el conflicto
no sólo era quizá el más eficiente de la empresa, sino que los sindica-
listas están indiscutiblemente en el primer puesto de rendimiento y muy
por encima de la media, tanto entre los tejedores de telares anchos como
en los de telares estrechos.
Las tejedoras proyectan un cuadro distinto. Entre ellas parecen
destacar cualitativamente las que proceden de los círculos pietistas. No
es ninguna casualidad que las dos obreras que ascendieron a maestras
en los dos departamentos dedicados a los dobladillos (alisado y d_eshi-
lado) pertenecieran a esos círculos, aunque una de ellas procedía, por
familia y residencia, del campo 17 • Tampoco es casual que ambas teje-
doras de pañuelos, para las que vale lo mismo, estuvieran, por ejemplo,
entre agosto de 1907 y agosto de 1908, con un valor de destajo 18 del
98% y del 99,6% de su rendimiento medio diario respecto al 71 % de
las demás tejedoras en ese tiempo (véase más arriba) un 38% o un 39%
de media, respectivamente, por encima de aquéPj. Y tampoco lo es, por
último, que en el trabajo de alisado, de gran responsabilidad y difícil-
mente controlable, figure asimismo mano de obra pietista. En estos
fenómenos se ponen de manifiesto las consecuencias de evitar los sa-
lones de baile y otras diversiones similares criticadas por el «pietismo»
--consecuencias, en otras palabras, de la «ascesis protestante>>, y de la
actitud interior respecto al trabajo profesional «querido por Dios»,
generada por aquella ascesis-. También se manifiestan los rasgos
«individualistas», y al mismo patrimonialistas --en el sentido religioso
de la palabra-, de la «disposición al trabajo» de su específica actitud
religiosa en la oposición de todos estos círculos al sindicalismo, Los
obreros educados en estas costumbres e ideas son, naturalmente, extre-

160
OSCILACIONÉS EN LOS RENDIMIENTOS DEL TRABAJO INDUSTRIAL

madamente rentables para los empresarios y, desde el punto de vista


de su beneficio, les es muy lamentable esta situación de que este poder
de la religiosidad se esté extinguiendo entre los obreros varones, aun-
que hayan dicho expresamente que les sorprendía la más eficiente de
aquellas obreras «pietistas» por su inusualmente dgido sentido de la
justicia-que se manifiesta sin embargo de manera totalm1::nte «indivi-
dualista»-y por la dura defensa de sus derechos. Habrá que investigar
müy cuidadosamente hasta qué punto semejantes fenómenos tienen
todavía validez general hoy. A mí me parece muy creíble que formen
parten, como residuos del pasado, de un contexto mas amplio, dentro
del que yo he intentado analizar estas cosas en otro lugar, y que siguen
siendo, en cierta medida, característicos de unas fuerzas que fueron
activas en la primera época del capitalismo industriaI2°.
Mientras que para estos círculos pietistas puede valer, probablemen-
te en un grado bastante considerable, que una educación en una deter-
minada «concepción del mundo» influya en gran medida el desarrollo
del rendimiento laboral -aun cuando no sea lo único exclusivo-, no
funciona esto mismo en situaciones paralelas por parte de los varones:
en la elevada cualíficación de los sindicalistas socialdemócratas -en
el caso de que ésta exista con carácter general-. Es muy plausible que
obreros conscientes de su rentabilidad como «medios de producción»
y motivados específicamente por su propia disposición se conviertan
en sindicalistas -y, en las circunstancias actuales, en socialdemócra-
tas, atendiendo a la mayoría de los casos-, mientras que sería nece-
sario analizar con mucha precisión si la educación socialista o una
posterior inmersión en las ideas del socialismo -que quiere ser un
sucedáneo de religión, aun cuando sobre la base de convicciones dia-
metral mente opuestas- podria ser apropiada para despertar capacida-
des adormecidas que pudieran favorecer el rendimiento laboral. Esto
es, en todo caso, muy problemático y llevaría ahora demasiado lejos,
cuando estos problemas sólo podrían ser abordados con imágenes
miniaturas; preferimos volver a otras consideraciones desde las que, con
los medios de que disponemos, parece más accesible el camino para un
tratamiento más exacto de la cuestión.

NOTAS

1. En los materiales de la encuesta de A. Levenstein, que amablemente me han sido cedidos


para su examen, hay daros sobre la evolución de la fatiga, que, en todo caso, sólo sirven para la fatiga
subjetiva (véase más arriba).
2. H. Billc-Top, «Kopenhagcn: Die Verteilung der Ungliícksfalle der Arbeitcr auf die
Wochencage n~ch Tagesscunden•: Zentralbl.f. allg. Gesundheitspflege,27 Jahrg. ( 1908), p. 197. Los
datos están tomados de la consulta privada de su autor. La distribución de las cifras absolutas era
la siguiente (1898-1907),

161
PSICOFISICA DEl TRABAJO INDUSTRIAL

6-7 7-8 8-9 9-10 10-11 11-12 12-1 1-2


hombres 2 11 12 16 20 J4 5 9
mujeres 2 2· 3 8 8 6 1

2-3 3-4 4-5 S-6 6-7 7cg 8-9 noches


hombres 14 26 29 20 7 2 2 7
mujeres 5 8 2 5 3 1 1

(Parre de las grandes fábricas cierran a-las cinco). Las cifras para hombres y mujeres conjunta-
mente se distribuyen de la siguiente manera: 6-9: 3 l; 9-12: 92; 12-3: 34; 3-6: 90. Los sábados, en
esas mismas franjas horarias: 5 - 16 - 6 • 24; es el día siguiente al día de la paga, y sube el número
de accidentes a la ve>. que et rendimiento mds rdpidame1Jte que e11 los otros días. Las cifras son
pequeñas, pero no sin valor. La diferencia entre hombres y muieres es una consecuencia de los
efectos del alcohol (Y~ase más adelante).
3. Aún menos, por cuanto el artículo •Arbcicszeit" (jornada laboral) de Herkner da una
acertada visión de conjunto en el Handw.-8. d. Staatswiss.
4. So:cialpol. Schr., pp. 228 s.
5, Véase p. 233 de su obra citada.
6.' La empresa se encuentra (en Westfalia) en un lugar con aspecto de ciudad, a una hora de
tren de vía estrecha de una gran ciudad industrial. En estos tejedores, como en los cálculos que
seguirán a continuación, se han excluido aquellas semanas que tenían interrupciones por dfas de
fiesta.y aquellos días en los que la producción se intermmpió por algún acontecimiento ajeno a la
voluntad de los obreros y del desarrollo normal del proceso de trabajo (por ejemplo, un •golpe de
lanzadera• que puede reventar cientos de hilos y puede bajar a veces el rendimiento durante casi
dos días a cero).
7. Sobre este punto hablaremos más adelante.
8. Sólo una investigación exact.a podría mostrar hasta qué punto, por ejemplo, el rendimien-
to de los lunes de los obreros ingleses es mh elevado o si es tan elevado como para mds que
compensar la 1arde libre del sábado. Evidentemcnre, la supresión de numerosas fiestas católicas ha
significado para el rendimiento mucho mds que su mera conversión en días laborables.
9. No es necesario indicar que los rendimientos diarios están calculados tomando en consi-
deración esra oscilación del número de horas de trabajo en los disciritosdías, es decir, que se apoyan
en los ~endimiemos medios por hora de trabajo efectivo cada día.
1O. Sólo entr"n en consideración, como antes, los rendimientos más altos que sobrepasen al
menos eri un 3% al siguiente rendimiento más alto.
11. A efectos de comparación, mencionemos por lo menos la curva semanal de una de las
obreras r,;ás laboriosas que haya tenido la fábrica y que, sirviendo dos telares, trabajaba en el mismo
telar y el mismo género que, a veces, el obrero d,

lunes martes 1niércoles ¡neves viernes sábado


91,4 96,2 \00 95,4 99,6 95,6

No se evidencian diferencias respecto a la curva semanal rlpica de los obreros que trabajan en
un solo telar; el lunes ár~oja un rendimiento alln mucho menor que los obreros, lo que permite
concluir que no sólo es el alcohol el que interviene en los menores rendimientos de los lunes: la
muchacha, que de1ó el trabajo para casarse, ya estaba comprometida en la época a que se refieren
los rendimientos anteriores y los efectos del domingo no podrían considerarse en su caso precisa-
mente como un •descanso•. Más adelante nos encontraremos. todavía con los efectos del desgaste
erótico y los comentaremos con el ejemplo de esta obrera.
12. Sólo llamaremos la atención ahora acerca de las ciíras suministradas por Bille-Top, en su
obra antes citada, sobre la distribución de los accidentes entre los días de la semana, en Copenhague
(cifras obtenidas en su consulta pri.-ada):

lunes martes miércoles jueves viernes sábado


varones so 46 34 34 33 43
mujeres 4 10 12 10 9 13

162
OSCILACIONÉS EN LOS RENDIMIENTOS DEL TRABAJO INDUSTRIAL

El número de accidentes de los dbados es consecuencia del alcohol (el viernes es día de paga);
el distinto comportamienro de los varones y de las mujeres en los primeros dfas de la semana es,
asimismo, consecuencia del mayor desgaste de salud en los hombres respecto a las mujeres. Por falta
de espacio no entro ahora en los datos esradlsricos oficiales (esradísticas de accidentes), cuya signi-
ficación para la cuestión ~el •exceso de fatigan ha sido comentada en repetidas ocasiones.
13. Por ejemplo, C. J. Wentworth Cookson (Australia), sobre cuyas manifestaciones, a las que
no he accedido en su original, se puede comparar, entre otros, Soziale Praxis, 1902, p. 890.
14. El rcndimienro medio por jornada a destajo empic:i:a en el mes de octubre de 1906 con
un 80,3% del nivel está.ndar (véase nota p. 15) y evoluciona por tmncstres, por una mayor práctica,
de la siguiente manero, noviembre-diciembre-enero: 95,3%; febrero-marzo-abril: 114,J; mayo-
junio-julio (•auto-restricción•): 89¡ agosto-septiembre-octubre: 94; noviembre-diciembre-enero
(1908): 92,6. Las cifras correspondientes a las quincenas o a los meses son: octubre de 1906: 80,3;
noviembre: 95,6 (primera quincena: 95, segunda quincena: 96,6); diciembre: 91,3 (primera
quincena: 88,6, segunda quincena, 94,3); enero de 1907: 98,6 (primera quincena: 94, 1, segunda
quincena: 103,3); febrero: 112,3 {107,1, 117,6); marzo: 112 (98,6, 125,6); abril, 119,1 (107,
132); mayo: 91,3 (77,6, 105,3), brusco descenso a consecuencia de un cambio de género y de
modificaciones técnicas en el telar); ¡unio: 87,3 (85,3, 89,3), comienzo de la •auto-restricción•;
julio.: 88,3 (87, 89,6); agosto: 97; septiembre: 94,6; octubre: 93,6; noviembre: 90,3; diciembre,
101,3; enero de 1908: 86,6. Sobre el modo de hacer el cálculo y sobre las razones de estas llamativas
oscilaciones entre los distintos meses, concretamente sobre los efectos de la calidad de la urdimbre
y el cambio de género, hablaremos más detalladamente después. Sólo tomando cuidadosamente
en cons1decación todos los factotes a tener en cuenta puede darse una in1agen dar.a. Los efectos de
la ciauto-restdcción» se destacan 1 junco con el descenso del nivel del rendimiento~ en que las
oscilaciones eran mucho· menores (desde junio de 1907) cuando realizaba un trabajo •más
cómodamente• que en la época en que el obrero aspiraba a obrenerla ganancia máxima y por eso
se suceden periodos de rendimiento muy alto con períodos de visible relajación. Esca regularidad
sobresale r-1nto más cuanto que, al mismo tiempo, aumentaban las oscilaciones de los rendimientos
medios diarios en los distintos meses y el rendimiento medio en la mayoría de los obreros que no
practicaban la uauto-re.Stricción• como consecLlcncia del sistema de primas introducido por la
dirección de la empresa en el mes de julio de 1907, mientras que el obrero que practicaba la •auto-
n:srricciónu de ta producción mantuvo su cendianiento evidentemente muy por debajo del salario
mínimo garantizado. (Los motivos del aumento de las oscilaciones se comentarán después.)
15. Este mvel estándar es al mismo tiempo el salario mínimo garanliuzdo, que cuando se
sobrepasa por el rendimiento a destajo se pagan primas.
16. Consecuencia, en parte, de los efectos del •descanso• generado por el trabajo auto-
cesrrmgido •más cómodo•, en parte, de los efectos de la práctica y, en pa,te, por último, de una
situación higrométrica más favorable (respecto al verano) (véase más abajo).
l 7. Pues la arrogancia del •urbano• tespecto al •pueblerino» pesa tanto también estos círculos
(aunque la Ubrica no esrá en una ciudad sino en un pueblo con el carácter social de una ciudad) que
esa promoción casi provocó una especie de rebelión y se produjeron algunos abandonos.
18. Por simplificar, siempre se hace la relación sobre la base de la norma de los varones. Los
porcentajes dados, por tanto, son porcentajes de ésta,, es decir, del salario mi'oimo diario garan-
tizado a los varones.
19. La diferencia de rendimiento se puede medir directamente, por ejemplo, en lo siguiente:
la misma urdimbre con la que una tejedora (de 31 años y con una larga experiencia en trabajo a
destajo) produjo en el segundo mes, con dos telares, en rrece días, 43 docenas de mercancía sin
defecro de •cualidad 111 .. , después de que se la había pasado a la segunda de las tejedoras •pietistas»
mencionadas en el rexto (de 27 años de edad) en el mismo tiempo de destajo, produjo, en el segundo
mes, además de con tres telares, en los mismos trece días, 43, l docenas de mercancía de •cualidad
11•. No hace falta decir que, al igual que eón 1os sindicalistas, no toda tejedora pietista es mano de
obra eficiente (ni, por supuesto, que sófo ellas lo sean). No se trata de eso, pero los fenómenos
observados son, a pesar de ello, bastante característicos. (Una muchacha pietista, •no capacitada.
especialmente por su disposición física y psíquica, porque era lenta, fue trasladada, con buen éxito,
de la Tascbentuchweberei a los telares estrechos que requieren un esmero nuch(simo mayor.)
20. Resulta problemático hasta qué punto el catolicismo tiene que ver hoy con diferencias en
la asunción del tubajo. Podría ser muy difícil encontrar casos en los que se pudiera aislar como
•causa• de la existencia o de la carencia de determinadas cualidades. Evidenremente hay que

163
PSICOFÍSICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

abordar el problema. Los datos del censo laboral son ya apropiados para ello. En las Cartas obreras,
que edita A. Levenstein bajo el título A11s der Tiefe (Berlín, 1909), hay una carta de un obrero (pp.
82 ss., especialmente p. 91) que en su rechazo total de la Iglesia tiene claramente una disposición
religiosa (peró como smdicalista). Su característica actitud hacia el trabajo y hacia el telar (p. 89
aba10) muestra que la economía de las fuerzas psíquicas de estas naturalezaue realiza aquí de manera
más favorable que en otros ---correspondiendo a la función general de la religión-. Habrá que
volver a este punto en otra ocasión. Por lo demás, los impresionantes materiales (más de 6.000
encuestas, con frecuencia largas cartas) que ha reunido Levenstein mediante un trabajo incansable
y exitoso (y del que esa publicación sólo da una débil imagen) son una mina para la •psicología.
obrera, en el sentido de moral pdctica y de concepción del mundo de la palabra -lo más valioso,
en todo caso, que he conocido en ese ámbito--. Es de esperar que se publiquen en extractos lo más
amplios posible.

164
8
SEXO, EDAD, ESTADO CIVIL, ETC., EN RELACIÓN
CON SU INFLUENCIA EN EL RENDIMIENTO LABORAL

Apenas existen investigaciones precisas sobre la aptitud para el trabajo


por sexos. Sería importante evidentemente tratar solamente aquellas
fábricas en las que se dé realmente una competencia entre los sexos. Entre
éstas figuran, entre otras, amplias ramas de la industria textil. En la
tejeduría del lino no hay duda de que predominan los varones en el telar
ancho (para sábanas y similares): ni eri la antigua industria doméstica
ni en la actualidad se podía plantear el empleo de mujeres en esa rama.
En los telares de pañuelos, por otra parte, me parece que la mujer sale
claramente favorecida. El único varón que estaba empleado en telares
de pañuelos en la fábrica de Westfalia que yo conozco (y que ha sido
citada ya varias veces) -el único obrero de fuera al mismo tiempo,
concretamente de Sajonia-, aunque era un ejercitado tejedor en su mejor
edad (de 30 a 31 años), estaba curiosamente por detrás de las tejedoras,
incluidas las más jóvenes y menos experimentadas; con un rendimiento
medio anual, después de descontar todos los complementos, de un 69 ,3%
del nivel estándar (véase más arriba), estaba por debajo del rendimiento
medio de las tejedoras durante el mismo tiempo (71,6%) y escasamente
alcanzaba el 70% del rendimiento de las mejores tejedoras (98% y 99,6%
en el caso de las tejedoras «pietistas», véase más arriba). En los telares
para hilado fino parece que hombres y mujeres compiten entre sí, de
modo que las obreras eficientes rinden al menos lo mismo que los
hombres eficientes. Evidentemente, esto depende de los géneros.
Para una batista bastante gruesa, por ejemplo, con el mismo telar
y con la misma urdimbre en la que un hombre sustituyó a una mucha-
cha que dejó el trabajo para casarse, los rendimientos del hombre,
medidos por el número de tramas por hora, se pusieron sólo en el 87,3%
de los de la muchacha, en el mejor rendimiento de esta última 1• En este
dato hay que observar que ambos tejían a dos telares y que el género

165
PSICOFISICA DEL TI\ABAJO INDUSTRIAL

que corría en el otro telar era igual en ambos en cuanto al tipo de h'.ilo,
anchura y consistencia; hay que observar también que la muchacha
pertenecía, por su fuerza corporal y por su capacidad de concentración,
al grupo de las tejedoras más eficientes y que el hombre pertenecía al
grupo de obreros medianos, aunque la muchacha se encontraba en las
inmediaciones de su boda 2. El rendimiento de los varones sólo se aproxi-
ma al de las obreras eficientes, y ocasionalmente lo supera, cuando se
trata de tejedores muy concienzudos y constantes, no demasiado cor-
pulentos y hábiles con los telares estrechos. El obrero varón más. efi-
ciente de este tipo (sindicalista) tuvo, en los nueve meses que van de
septiembre de 1907 a mayo de 1908, un rendimiento medio diario en
valor de destajo neto del 93,6%; la muchacha más eficiente menciona-
da tuvo un rendimiento del 80,6% del nivel estándar, es decir, un 13 ,9%
menos que el rendimiento del varón (con lo que de nuevo entra en
consideración la influencia de su boda inmediata)J.
La ünportancia de las mujeres y de las niñas no era pequeña en la
tejeduría manual -en la tejeduría de pañuelos y la mayor parte de las
veces también en la producción de linos estrechos- porque ellas po-
dían permanecer allí durante en el verano en un número más elevado,
mientras que los varones, si eran campesinos, sólo podían trabajar en
las tejedurías durante el invierno. Los campesinos contrataban, no rara
vez, muchachas (hasta 9) para que tejieran para el entarimador. Entre
los albañiles la situación era similar, pues los hombres de este oficio sólo
en invierno podían sentarse al telar. Una empresa cerrada podría, por
sí misma, cubrir sus necesidades de trabajo no sólo para pañuelos sino
también para lino estrecho con mano de obra femenina, y sólo el nú-
mero insuficiente de mujeres dispuestas a ir a la fábrica y la mayor
irregularidad de éstas (iel matrimonio!) fuerza a buscar hombres, lo cual
es más caro; pues las posibilidades de un salario menor para los hom-
bres en los telares estrechos y su exigencia de poder ganar más que las
mujeres, en cualquier circunstancia, obligan a garantizarles un «com-
plemento por sexo» en los telares estrechos de más de un 1/5 de sus
ganancias a destajo, además de que el salario mínimo garantizado de
los varones era más elevado que el de las mujeres. Y mientras que el jornal
de los varones, con la inclusión de este complemento por sexo, supera
naturalmente al de las mujeres que trabajan en los telares estrechos y
sobrepasa también la media de todas las tejedoras, sólo los jornales de
los más eficientes entre ellos superan losingresos netos diarios -sin
ningún complemento-de las tejedoras de pañuelos, mientras que éstas
últimas, por su parte, están significativamente por encima de la media
deJosjornales de los tejedores varones de los telares estrechos con inclu-
sión de aquellos compleqiento por sexo.
Las razones por las que, en esta empresa, el tejedor varón -o más
exactamente el tejedor con la máxima cualificación que ofrece esta

166
SE><O, EDAD, ESTADO CIVIL

peculiaridad westfaliana- despliega sus energías vitales al máximo en


el telar ancho y la mujer (de Westfalia) las despliega en los telares
pequeños para pañuelos (4 por tejedora en el caso de un aprendizaje
completo)\ necesitarían, en primer lugar, un análisis técnico más de-
tallado de las máquinas, que yo dejo totalmente a un lado", pues los
comentarios anteriores así como los siguientes de este artículo tienen
la finalidad de ilustrar el método, y no la de desarrolla!.' una monografía
exhaustiva desde el punto de vista del contenido; en segundo lugar, los
datos establecidos aquí para una sola fábrica necesitarían naturalmen-
te, antes de su generalización, su verificación en otras fábricas y habría
que mostrar entonces si el tejedor de la zona montañosa entre Silesia
y Sajonia se comporta de manera similar o si eventualmente se compor-
ta de manera diferente, y hasta qué punto, teniendo un pasado total-
mente diferente (los telares manuales de Silesia se diferenciaban con-
siderablemente de los telares de Westfalia en cuanto a lo que requerían
de los tejedores) 5, teniendo unas costumbres alimenticias totalmente
distintas y una constitución física notablemente diferente, lo cual tiene
que ver, en parte, quizd con diferencias en sus cualidades hereditarias.
El hecho de que el único tejedor varón de la mencionada fábrica
empleado de forma continua en los telares para pañuelos sea al mismo
tiempo el único que no es de la zona, sino del Este (del reino de Sajonia),
como ya se ha dicho antes, puede ser una casualidad, pero quizá no
lo sea.
Al calcular conjuntamente los jornales a destajo de todos los teje-
dores varones de esa fábrica (sin el complemento por sexo) y los de todas
las tejedoras para los meses comprendidos entre agosto de 1907 y agosto
de 1908, estando ocupados de manera continuada durante ese tiempo,
se ve que las tejedoras están alrededor de un 17% por debajo de los
tejedores varones: la causa de esto reside, en parte, en la inclusión, en
los hombres, de los complementos más altos por telar único y los com-
plementos extra en las urdimbres malas; reside, también en parte, en
el cálculo más elevado de los salarios para trabajos más difíciles en los
telares an~hos servidosexdusivamente por hombres y, por último, reside
también en la gran juventud de las mujeres. Las tejedoras de pañuelos
más experimentadas están considerablemente por encima de la media
de todos los varones y superaron asimismo el rendimiento medio de los
tejedores de telares anchos (94,3%) en esa época en un 3,6%-5,4%
respecto a los mismos. ·
La cuestión de cómo afecta la edad de los obreros a su rendimiento
es muy diferente, por razones conocidas, en cada una de las fábricas,
mucho más diferente que la conocida diferencia en la esperanza de vida
de los obreros de los distintos oficios. Una de las principales tareas es
establecer, para las distintas fábricas, dentro de sus diferentes catego-
rías laborales y dentro de éstas según las diferentes proveniencias so-

167
PSICOFfSICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

ciales, étnicas y profesionales los siguientes extremos: la rapidez o fen.


titud con que los obreros consiguen un nivel de eficacia de modo que
sea rentable emplearlos como obreros a jornada completa6 , cuándo
alcanzan la cima de su rendimiento, cuánto tiempo se mantienen en ese
nivel y cuándo desciende su eficacia hasta el punto de no ser ya renta·
bles como obreros a jornada completa o ni siquiera para el correspon·
diente tipo de trabajo. Cuándo un obrero ha alcanzado o sobrepasado
la cima de su rendimiento por razones de edad se puede reconocer quizá,
por lo general, por cómo se acerca al punto máximo de práctica: dismi·
nución del tiempo empleado en aumentar su práctica. Sólo un examen
minucioso de numerosos casos y comparables entre sí a lo largo del
tiempo podría exponerlo, si es que realmente se pudiera, pues los casos
calculados por mí que dan fundamento a esa suposición (que es una su·
posición totalmente provisional) no satisfacen estas exigencias tampo·
co según la realidad, prescindiendo por completo de su reducido nú·
mero. Sería útil aparentemente, por ejemplo, una comparación entre
las curvas de rendimiento de los dos primos -utilizadas antes para
ejemplificar la medida de las oscilaciones de los rendimientos día a día-,
que tejían el mismo género en las misma semanas. Ambos obreros se
llevan una diferencia de edad de unos diez años. En realidad muestran
diferencias que podrían deberse muy bien a la diferencia de edad. Si
ponemos los promedios semanales de los rendimientos diarios de cada
obrero unos debajo de los otros -calculados en cada uno de ellos según
porcentajes de su rendimiento medio-, tenemos el siguiente cuadro:

a) (37 años): 87,5 107,5 105,1 96,1 98,9 91,8


b) (28 años): -103,3 97,1 90,8 103,5 111,1

El rendimiento del más joven cae bruscamente, por tanto, por la


influencia de la desfavorable humedad (citada ya anteriormente), de
manera similar al rendimiento del obrero mayor, pero sube mucho más
rápidamente, como muestran los números, de manera tan fuerte que,
si se pone el rendimiento del tejedor que trabaja en un solo telar igual
a 100 y se compara entonces el rendimiento del tejedor de dos telares,
resulta el siguiente porcentaje entre by-a para las diferentes semanas
durante las que se descifran los rendimientos de ambos:

76,1 73,5 74,7 82,7 97,3

Esta serie muestra que el tejedor más joven (b) ha caído ciertamente
algo más rápida (segunda semana), pero menos bruscamente que el
tejedor mayor (tercera semana), y que aquél, aunque tenía que atender
un segundo telar (pero con una especie de medio lino liso que c-0rre
aceptablemente, como casi siempre) además del género tejido por ambos,

168
SEXO, EOAO, ESTADO CIVIL

casi había alcanzado, sin embargo, al final el promedio del tejedor a.


¿Es esto consecuencia, total o parcial, de la diferencia de edad? El más
joven de ambos obreros muestra, como se desprende de los datos apor-
tados anteriormente con ocasión de las oscilaciones diarias, una osci-
lación mucho mayor en los rendimientos diarios que el obrero mayor:
el nivel de rendimiento más alto y el más bajo de una jornada ,están
separados en el más joven un 5 0% más que en el mayor; la oscilación
máxima entre dos días consecutivos, alrededor de un 18,20%, la media
de todas las oscilaciones de un día a otro, por encima del 40%. Parece,
por tanto, más propicio a la fatiga, pero por otra parte se muestra más
«experimentado» que el obrero mayor, que es su primo. La dirección
de la fábrica, sobre la base de las experiencias hechas con él, considera
sus cualidades relevantes para la aptitud para el trabajo, en especial la
rapidez de reacción y la capacidad de aprendizaje, como características
personales y es de la opinión que esas características lo destacan tam-
bién respecto al hermano más joven (33 años). Tornemos ahora una curva
de rendimientos de este hermano (e) trabajando en un solo telar y con
un tipo de medio lino bastante flexible, entre el 21 de febrero y el 31
de marzo de 1908. El cuadro de los rendimientos por semana (en pro-
medios porcentuales) muestralosiguiente:.88%, 91,9%, 88,3%, 99,5%,
104,2%, 107,8%, 114,7%, es decir, un progreso continuo sólo con un
retroceso en la tercera semana. Sin embargo, las oscilaciones también
son muysignificativas en su caso: la diferencia entre el rendimiento diario
mayor y el menor de todo el período es el 76,4% (66,7%) de los más
bajos, el 55% (50%) del rendimiento medio, la diferencia de dos días
consecutivos es el 59% (33,6%) de los más bajos, el 42% (31,7%) del
rendimiento medio (los números entre paréntesis indican las diferen-
cias máximas siguientes y se han añadido porque el rendimiento míni-
mo absoluto era debido quizá a· una «trama» no registrada por no tener
especiales consecuencias). La oscilación media entre cada uno de los
dos días alcanza el 13,5%, es decir, sólo un 0,5% menos que en el primo
más joven, aunque las calidades del medio lino solían correr relativa-
mente bien y la estación del año era favorable.
Tomemos además, finalmente, el rendimiento de un tejedor, no
emparentado con estos obreros y considerado como mucho menos hábil
y útil que ellos, que, con cuarenta años, sobrepasa al tejedor a en dos
años y que trabajaba en mayo, junio y comienzos de julio de 1908 un
tipo de lino estrecho de consistencia mediana, además de los medios
linos. El cuadro muestra lo siguiente: rendimientos semanales de su
media en porcentajes: 96,6, 89,5, 95,3, 106, 106,4, 106,4,92,6, 110,8,
99,3, 101, 103.
Encontramos también aquí una gran lentitud en el incremento del
rendimiento, aun cuando, a diferencia del tejedor a, una subida pro-
nunciada. Si ponemos unas debajo de otras las semanas en que ambos

169
PSICOFISICA DEL TRABAJO INDUSTRIÁL

obreros trabajaron al mismo tiempo, resulta:

a) 87,5 107,5 105,1 96,1 98,9 91,8


d) 106,4 106,4 . 92,6 110,8 99,3 101

Ahí no se puede encontrar ningún paralelismo. En la cuarta sema-


na, desfavorable desde el punto de vista meteorológico, el tejedor d
alcanza su punto álgido, mientras que el tejedor a baja. Y si volvemos
a los d{as de esta semana crítica, se ve lo siguiente:

Nivel del higrómetro: 76 77 70 64 75 76


a) 113,1 89,3 89,3 76,7 109,1 99,3
d) 115,6 115,1 122,6 102,8 98,8 109,3

En el tejedor d, por tanto, también se dio un retroceso, sus efectos


se muestran tan sólo después de los días desfavorables en toda su di-
mensión, mientras que con el tejedor b se dio más rápidamente que con
el tejedor a y tanto más que con el tejedor d. Las numerosas casualida-
des que posiblemente intervienen aquí impiden una interpretación. El
promedio de las desviaciones de un día a otro es más débil en d (con
un 11,40/o de los rendimientos medios) que en by en e, el hermano más.
joven de a; pero, en cambio, probablemente a causa del doble telar, es
más fuerte que en a (8,5%); la diferencia entre el. máximo y el mínimo
asciende al 66,7% de los más bajos y al 47,90/o del rendimiento medio;
la máxima diferencia de un día a otro es el 56,50/o de los más bajos y
el 41,5% del rendimiento medio. Esto son sólo unas oscilaciones máxi-
mas poco menores que en b (el obrero más joven, de 28 años) y también
que en e (el hermano más joven de a, de 33 años), pero son considera-
blemente más alfas que en el tejedor a, de 3 7 años: el doble telar es aquí
ciertamente el factor alterador. La influencia de esta circunstancia
descalifica este ejemplo tan fuertemente como para ser utilizado como
«ejemplo» de una situación diferente, que hubiese sido demostrada como
una situación típica por numerosos y fidedignos casos de la misma
naturaleza. No obstante, otros ejemplos distintos a estos casos, que yo
podría aportar, en relación ala menor «capacidad de práctica» (es decir,
una m_enorcapacidad para adaptarse a nuevos géneros, que parece que
se presenta alrededor de.los cuarenta años), no son necesariamente
concluyentes por otras razones -invariablemente porque preexisten
otros elementos-que podrían explicar la situación. Pero ahora hay que
dejara un lado hasta qué punto interviene la diferencia de edad en las
diferencias que se han presentado en este caso. En la medida en que así
fuera, habría probab~emente que achacarle a eso ante todo el reducido
aumento de práctica en los dos obreros mayores (a y d)7. Sin embargo,
la observación de una cantidad suficientemente grande de casos que

170
SEXO. EDAD. ESTADO CIVIL

fueran concluyentes y el control--donde fuera posible- de los sala-


rios medios de las grandes empresas nos podría sacar de estas suposi-
ciones inseguras. Los obreros más viejos de la fábrica Zeiss han tenido
sorprendentemente un buen rendimiento con la intensi-ficación del
trabajo por la jornada de ocho horas, mejor que la mayoría de los obreros
más jóvenes (aumento de la intensidad en las primeras cuatro semanas
tras la introducción de la jornada de ocho horas: en los obreros mayo-
res de cuarenta años = 100: 117,4, sólo más alta en los obreros entre
22 y 25 años: 100:117,9; en los otros años, por grupos de cinco años,
entre los 25 y los 40: 100: 116,7, 114,9, 115 ,8) 8• En la tejeduría del lino
parece que decrece la necesaria agudeza visual frecuentemente después
de los 39 años, y a veces antes.
No se trata aquí de obtener resultados, sino de mostrar, en un ejem-
plo poco apropiado para la obtención de éstos, cómo se podrían lograr.
Más adelante habrá que volver a los detalles de otros problemas que
sólo se han tocado al reproducir las cifras anteriores.
Finalmente, por lo que respecta a la influencia del estado civil, no
dispongo de material sobre el tema. Es conocido que el rechazo que tienen
los obreros a la monoton{a del trabajo decrece radicalmente por lo
general y de manera comprensible si el trabajo aporta unos ingresos
seguros, cuando los obreros son padres de familia. Es posible también
que soporten más fácilmente la monotonía desde un punto de vista físico
y psíquico por el hecho de que suele ser menor la influencia del alcohol,
al menos en términos generales 9 • No existen investigaciones precisas
sobre todas estas situaciones. Son dignas de atención, pero necesitadas
también de una amplia comprobación, las explicaciones de H. Bille-
Top 10, según las cuales, entre los casados, el salario a destajo sube, o
permanece en su cima, durante más tiempo-en torno a cinco años por
término medio- que entre los solteros; entre éstos, hasta los treinta
años, y entre los casados hasta los 35. El descenso que comienza en-
tonces tiene una caída brusca en los solteros, según esa investigación,
un lustro antes--entre los 40 y los 4 5 años-que en los casados-entre
los 50 y los 55 años- 11 • Un trabajo más descuidado y una indolencia
más temprana son, según la investigación, el frecuente resultado de una
soltería demasiado prolongada, es decir, que dure más allá de los 25-
30 años. (Hay que entender aquí que «soltería» en los obreros de una
ciudad que cuenta con el récord mundial de vida licenciosa no equivale
a abstinencia sexual: al contrario, lo determinante de la «eficacia» es
-presuponiendo que la observación sea correcta en general- el «or-
den» relativo del modo de vida matrimonial, y no otra cosa.)
Y, como no hay nada nuevo que añadir a la inmensa bibliografía
sobre los efectos del alcohol en el rendimiento, suficientemente cono-
cidos por lo general12, ni a lo que ya se ha dicho frecuentemente sobre
la influencia de las condiciones de la vivienda y de la distancia al lugar

171
PSICOFISICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

de trabajo, y como no se ha investigado en absoluto la vida sexual de


los obreros en su relación con el rendimiento laboral -en absoluto
irrelevante, según yo creo 13- , interrumpimos aquí el comentario de los
distintos factores que influyen de manera general en la configuradón
de las curvas de rendimiento:

NOTAS

1. Se puede conocer esto a partir de las primas pagadas, o no pagadas.


2. Que esta circunscancia ta1nbién se manifiesta nutHAricamente en el rendimiento se despren-
de de lo siguiente: fa muchacha en cuestión superaba al obrero varón mencionado rambién en la
media de los nue,,e meses anteriores a la boda (de septiembre de 1907 a mayo de 1908) en un 5%
(80,6% frenre al 77% respecto al nivel estándar del rendimiento diario a destajo (~éase más arriba).
Por el contrario, en el afio anterior los rendimientos de ambos estaban de la siguiente manera: La
mucbacha: octubre de 1906 (primera quincena: 98,6%, segunda quincena: 88%, media mensu.il:
91,6%; noviembre (92%, 89%), media mensual, 90,3%; diciembre (85,3%; 84%), media mensual:
84,6%; enero de 1907 (78,J%, 86%): 82,.S%; febrero (84,6%, 87,6%): 86%; marzo (75,3, 87,6):
81; abril (77,3%, 81%): 82,5; mayo (9.S,3%, 90%): 92,6%; junio (79,6%·, 87,1%f 81; juho (88,
93%): 90,3%; el promedio (en septiembre de 1906 y abril de 1907 trabajó pocos días): 86%, a lo
que hay que ~ñadir qllesu rendimiento aparecegedn,ckt (un 5%) por el hecho de que durante todo
este tiempo (hasta junio) estuvo trabajando en géneros ccuyas tarifas de destajo todavía tenían que
ser calculadas y fueron puestas más airas que la iarifa calculada para ella (por eso, durante este
tiempo, obruvo un salario garantizado equiv~leate al 88,3% por día). El obrero varón mencionado,
en cambio, produjo en el mismo tiempo, en valores de destajo diario, lo siguiente: octubre 1906:
79,6%; noviembre: 77,8%; diciembre: 78,8%; enero de 1907: 61,8%; febrero: 80%; marro: 81,3
% (en abril faltó), mayo: 89,5%: junio: 74,8%; julio: 81,1%; agosto: 74,6%: promedio: 73,3%,
es decir, que fue superado por ella durante este tiempo más de dos l(ecesy media, concretamente
un 12,75%.
3. l'ues un cálculo del rendimiento de ambos en el año anterior da como resultado que este
obrero, con un rendimiento medio del 81,3% respecto a la norma, -estaba un 5,5%.por debajo del
rendimiento de la m11chacha. ·
4. El relar ancho tiene arras exigencias muy diferentes en comparación con el telar estrecho,
no sólo respecto a la fuerza corporal (cuando hay que pacarlo y volver a ponerlo en funcionamiento
al reventarse los hilos) srno también respecto a la atención -según sea su construcción-. Se dice
-y esto habría que comprobarlo-- que las exigencias de los telares anchos son más elevadas que
el atender a dos telares estrechos (lo especial en aquéllos está realmente en las condiciones ópticas
de poder controlar con la mirada extensiones tan grandes de hilos). Por otra parte, el servicio de
los tefares pequeños para pañuelos, precisamente porque la renrabilidad de la obrera depende por
entero del número de telares atendidos por ella (4), exige una atención y fijeza especial ·para las
numerosas y complicadas manipulaciones que hay que hacer. l'e_ro, como se trata de pequeñas
superficies, los ojos trabajan menos que en los linos estrechos, y la atención requerida es menor,
pues un fallo en el rejido sólo descalifica el pañuelo concreto y no toda la ¡,ieza, como ocurre en
otros ljcnzos 1 anchos o estrechos; rambién es menor la fuerza corporal requerida en cornJ)aradón
cor, los telares estrechos, donde la manipulación de la carga y la urdimb_re siempre resulta de
bastante esfuerzo para las mujeres. La tcjedurla de Jacquard, por último, requiere los niv~les más
bajos de cualificación de los tejedores: la parre del león del trabajo cualificado se la llevan k.quí las
máquinas, mucho m~s complicadas, y el jaleo de colocar las tarjetas que requiere los niveles
máximos de una tensa atención. Los fallos de rejido se ocultan mucho más fácilmente entre tejidos
estampados que én las telas lisas. .
5. Incluso en sus dimensiones. Los potentes telares de Wesrfalia, Jujosamcnte adornados en
acomodadas casas de labradores y, como se puede reconocer por las inscripciones- grabadas,
pasados de generación en generación como parte de la herencia y del aju~r, no podfan ser
manipulados eri los sótanos sin fallas en el tejido (Knickschliige) a causa de las sacudidas del terreno:
por eso el ponerlos en los sótanos empeoró la calidad del tejido a mano·y fue uno de los motivos

172
sexo. EDAD. ESTADO CIVIL

por los que perdieron rerre no, al descender la competí tividad del telar mecánico, que no existe hoy
en algunos tejidos, y al mejorarse el grado de finura de los tejidos de lino. (Los molestos efectos del
•ruido de las máquinas desde el punto de vista del sistema nervioso) problemáticos en sí mismos
11

y discutidos entre los médicos, no pueden superar el infernal espectáculo de los antiguos telares
manuales ni siquiera equipararse a aquél; si exisrieran todavía, a pesar de todo, esos efectos -lo que
parece muy dudoso, al menos en la rejeduría-, lo decisivo deberla ser realmente la calidAd de las
impresiones acüsticas, su continuo iiirrebaro en el conjunto de la a,nplia nave,)
6. S1 es que son realmen,e rentables. En otro caso, se eliminan en cualquier empresa con
cálculos ajustados. En la empresa te,ctil frecuentement~ menc.ionada, la «selección• de los obreros
se realiia básicamente de la siguiente forma: siguen caminos distintos (normalmente) la tejeduría
y la hilande,ía por un lado, y la costura con su lavandería y planchado, por otro .. En este último
trabajo, especialmente en la costura (pues aquí es muy importanre el mímcro de obreras}, entra en
consideración el origen mayod.t.1rfamente teurbano,,, es decir, de pueblos urbanizados, en un
sentido comercial y como domicilio de empresarios y rentistas; muchachas de educación •mejor»,
que prefieren el <raba jo Ii mpio y, en cuanto a su contenido, el trabajo doméstico en sentido
tradicional y que, en ningún caso, abajarían• a las fábricas que están un piso más abajo de donde
viven, a pesar de sus mejores posibilidades de ganar. En la sección de cos,ura, las muchachas reciben,
para la primera y la segunda semanas, un jornal, y luego, hasta la duodécima semana, un comple-
mento al descajo que va bajando de semana en semana; a partir de l.i. semana decimotercera
(normalmente), <rabajan a destajo puro. Por lo que respecta a la tejeduría y al encanillado, se coloca
a adultos «c.on experlencfo previa» (concretamcn[e, antiguos tejedores. manuales o que hayan
trabajado ya con máquinas en otros lugaresJ siendo c;ontratados en la empresa como obreros -lo
cual sólo ocurre muy ex!"epcionalmenre, habida cuema del carácter local de la plantilla-) y se les
enseña allí mismo. Esro sucede asimismo con los jóvenes, pues el cncanill:ido es realmente para dios
la escuela de la te1eduría. El encanillado podrían hacerlo muy bien las mujeres solas, pero se coloca
a pl"inc1piantes varones para conserv:1.r un grupo suficiente de aprendices varones para ]a empresa,
que, de lo contrario, si los ióvenes fueran empicados en otros sitios, luego esrarían poco cualificados
o se les reforzaría su inclinación a irse fuer;1. Los obreros varones procedentes del encanillado que
pasan a los telares tienen garantizado durante unos seis meses sus ganancias medias de los últimos
<res meses en el encanillado; los aprendices que son colocados directamente en los telares reciben
un salario que sube dos veces alrededor de cada seis semanas. Si muestran su6cient'e práctica para
ir acercándose a ganar el destajo nominal de los rejedores, se les garantiza ese sueldo como sueldo
mínimo y las tarifas de primas según las ganancias adic10nales que vayan haciendo; son, de esa
manera, obreros completos. Esto ocurre después de cuatro meses, al menos; la mayor parre de las
veces después de 9-1 O meses; si después de unos doce meses no alcanzan esta efic3'ia, se les despide
como inadecuados. En el encanillado, donde se da un destajo por kilo, con primas o penalizac1ones
según la cantidad de desperdicios, también hay previamenrc un proceso de selección similar. A las
mujeres bobinadoras, en caso de que no se pasen voluntariamente a los retares -lo que acontece
por regla general no sólo por ganar más sino, según dicen expres,imen,e, por ser •el trabajo más
interesante 111- ,se les pone en una época determinada ante la alternativa de irse o de pasarse a la
tejeduría, pues la empresa desea, para mantener a los .aprendices varones, tener siempre sirio para
colocar a jóvenes varones como bobinadores. Son excepción algunas mujeres que posean muy
buenas cualidades para el encanillado. En concreto parece que no son apropiadas para.el duro
trabajo de tejer fas mujeres mayores y que han seguido solteras -aunque no exclusivameute ellas-
y son todavía útiles en el encanillado -mientras que el tejedor masculino en ese caso sólo podrla
ser colocado como Plat,:arbeiter- y luego siguen siendo especialmente útiles, porque son inmunes
a la arracción erótica: entre julio de 1907 y agosto de 1908, dos bobinadoras mayores de 50 años
hicieron un re.ndimicnto medio, calculado a destajo puro, del 73% una y del 70,6% la otra respecto
al baremo masculino, rendimiento que sólo fue superado por una muchacha de 16 años, con un
79%, mientras que el rendimiento med,o más airo siguiente, con un 65,6%, estaba un 11% por
debajo en un caso y un 7,5% en el otro; los restantes rendimientos estaban entre más de un 20%
y un 50% por derrás, esrando los jóvenes más por debajo que las muchachas. (Por lo demás, en el
encanillado había, junto a una obrera de IS años, otra que tenía 69 años.} Es,a selección funcionaba
bastante sensiblemente, incluso de1ando a un lado las solicitudes no tomadas en consideración por
descualifiación y comando sólo las despedidas. En el caso de las obreras, no obstante, los motivos
de abandono son> en un tercio de los casos, «sirua.ciones familiares», es decir., se trata, con muy pocas
excepciones, de la boda o de su preparación; esta .. selección" es, en relación a fa cualiíicación, una

173
PSICOFÍSICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

selección «sin elccciónn .. es decir, entre eJlas se encuentran tanto obreras exc~lentes: como
mediocres. Orra fracción, e_l 1/1 O de los casos, tiene como motivos la ambición insatisfecha, tensión
con la maestra o estar descontentas con el salario. Entre las costureras está presente a veces la
intenci.ón de coseC' o cortar por su cuenta; en un caso, de una eficiente costurera, la entra.da en un
puesto de servicio especialmente bueno; en el caso de ,,,,. bobinadora de 63 años, el motivo fue
la invalide,:; por último, en un caso el moti"º fue el paso a una te1eduría de una gran ciudad próxima.
En el resto, alrededor de un tercio de los casos, el abandono se debe a una deficiente cualificación,
donde juegan un papel los ojos, también la lentitud, es decir, una lcnrirud innata en las reacciones,
que se manifiesta luego en el paso al servicio doméstico, y, finalmente, una predisposición a la
histeria (un caso) y ouas f.tltas de salud. Entre los varones, en u na sexta parte de los casos los moti vos
para abandonar voluntariamente son asuntos pecsoMles o familiares; en un teréio lo es el deseo de
ganar o aprender más o el rechaw a la disciplina de la fábrica; en el resto (1/2), es la falra de cuali-
f,caci.ón. Entre ésto~ en un caso tuvieron mucha importancia las inclinaciones erótic~ demasiado
fuerces, que ponían en pehgro la disciplina; en alrededor de la mitad, ojos débiles, en los restantes,
ulentitudo o·torpcza general. Los excluidos por este último motivo se hicieron1 mayo('itariamente._
albañiles, uno se hizo carpintero, otro minero y otro portero. Si se pone a la base el número de los
obreros que se encontraban a destajo en el otoño de 1908, los abandonos durante los dos últimos
dos años y medio están en la siguiente relación con el tamaño de la. plantilla: entre los tejedores y
engomadores varones: 56 a 100; entre las tejedoras, 1 a 2; entre las costureras: 53 a 100. Los
despedidos por des,;ualificación significaban entre las tejedoras sólo el 1/ 1 O de la plantilla de 1908;
entre los téiedores, en cambio, las tres octavas parres. Para adaptarse al 1rabajo de la tejeduría
mec.ánica.. basca el punto que representa el máximo nivel de práctica, se calcula una media de unos
cinco años; se esperan los resultados más favorables de la mano de obra. formada ya en su iuvenrud,
aunque en Alemania los dos años del ser1/icio militar, por· mucho que favore,:can el sometimiento
del obrero a la disciplina de la fábrica, podrían ser ciertamente significativos como una interrupción
muy palpable de la •práctica ...
7. '\(olveremos a este punto al anali,:ar las curvas del trabajo.
8. Aqu( interviene el tipo de distribución en los tipas de puestos, el cual condiciona el nivel
de la capacidad pa.a aumcnrar fa intensidad.
9. Pero esto precisamente no correspondía a la realidad, por ejemplo, en las encucsras que
vamos a mencionar en seguida en Copenhague y las enfermedades .dél aparato d igesti1/o se da.han
más entre los casados: iconsecuencia de la falta de cualificación culinaria de las muieres de los
obreros!
1O. H. Bille-Top, Bidrag ti/ den socialeArbejdentatistik, Copenhague, 1904 (A. Bangs Forlag).
A su base es Un las experiencias de la Caja del seguro de'enfcrmedad Aldercrüst en Copcnhague.
11. También la morbilidad de ambos grupos es muy diferente, según esa investigación.
12. La encuésta de Levenstein contiene un cantidad enorme de material tomado directamente
\le la boca de los obreros, que confirma totalmente las opiniones de Kraepelin en sus puntos
1esenciales. B,úicamente, las trabas de la policía y la falta de locales sindicales, etc., llevan a los obreros

a depender de los taberneros y, consiguientemente, del alcohol.


13. Es asombroso que no se haya organizado rodavla ninguna encuesra con los médicos -----<:v1-
dentemente lo más internacional posible--- que pudiera dar un cuadro de la frecuencia de fas
relaciones sexuales que se considera normal en las diferentes condiciones climatológicas, culturales,
sociales y émicas (primeramente de la frecuencia en las relaciones matrimoniales, que es el
termómetro mb importante). Ésta podría ser una de las encuestas médicas más indicadas y
relativamente fácil de hacer.

174
9
GANANCIA A DESTAJO
Y DIFERENCIAS DE RENDIMIENfO

En este apartado queremos analizar un conjunto de series numéricas


tomadas de los registros de los telares y de los libros de pagos de una
tejeduría--citada ya en varias ocasiones- y convertidos en porcenta-
jes de medias o de valores máximos según el modo antes explicado. El
único objetivo que se pretende con ello es lograr una imagen aproxi-
mada de si se podrían encontrar factores causados «psicofísicamente»
y en qué puestos.
A primera vista estos números presentan aparentemente un caos
totalmente arbitrario. Pedimos al lector que mire la Tabla I (p. 239),
que indica qué porcentaje de la tarifa normal de los tejedores varones
-que hace las veces de salario mínimo garantizado- ganaron deter-
minados tejedores, varones y mujeres 1, entre agosto de 1907 y agosto
de 1908 en promedios mensuales, dejando al margen todos los com-
plementos por sexo, las bonificaciones, las penalizaciones, etc., es
decir, tomando en consideración solamente la «ganancia a destajo» 2 •
Si se miran estas cifras en conjunto, la primera impresión que se tiene
es la de una completa arbitrariedad, una impresión de subidas y des-
censos de los salarios de cada obrero sin atender a ninguna regla, la
impresión de unas diferencias de rendimientos entre los distintos obre-
ros y de su movimiento de mes a mes sin regla alguna: aparentemente
no se encuentra aquí, en absoluto, ningún paralelismo. Llama especial-
mente la atención, dentro de los rendimientos de los distintos obreros,
algunos saltos bruscos hacia arriba de un mes a otro, que a I mes siguien-
te retroceden totalmente o casi. Esto ocurre, por ejemplo, en el tejedor
f de marzo a abril -hacia arriba-, en k de diciembre a enero y en J de
marzo a abril -también hacia arriba-, y al mes siguiente retroceden
en todos ellos hacia abajo, etc.
Es preciso constatar de antemano que estos saltos, así como las
diferencias en los pagos mensuales, no significan necesariamente, en

175
PStCOFISICA OEL TRABAJO INDUSTRIAL

absoluto, unas difecencias en el rendimiento labocal efectivo. La ganancia


a destajo se fija, al calcular los salarios, según la cantidad entregada por
el obrero en el período remunecado. La entcega se produce por lo general
después de terminar cada «pieza». Como cada pieza tiene una longitud
de unos 40 metros, la circunstancia casual de que una entrega se pro-
duzca poco antes del final de mes o inmediatamente después puede
generar una oscilación bastante pronunciada. Pero el obrero tiene
además la posibilidad de guardar intencionadamente una pieza en el
almacén y de entregarla algún tiempo después de su acabado efectivo.
Hacer esto puede tener un considerable beneficio, cuando, como en el
caso anterior, existe un sistema de bonificaciones salariales combinado
con el sueldo mínimo. Un mes con un rendimiento menor -por cual-
quier motivo- puede dejar una pieza en el telar y se conforma con el
salario mínimo: corno consecuencia de esta reserva, puede alcanzar al
mes siguiente un rendimiento especialmente alto (aparentemente) y, con
ello, un tipo de bonificación elevada. De esta manera puede trabajar,
alternativamente, un mes «cómodamente» a la sombra del salario
mínimo y poder ganarse al mes siguiente, con esta artimaña, sin exce-
sivo esfuerzo, una bonificación.
No hay duda de que se hace uso de esta posibilidad y de que, aun
cuando esto no ocurra intencionadamente, el cálculo basado en la entrega
de piezas, que naturalmente siempre se hace a golpes, influye notoria-
mente sobre las cifras. A modo de ejemplo se ha registrado en la Tabla
I, en el obrero k, como rendimiento de enero un 121,6%; el dato está
puesto entre paréntesis, porque el obrero sólo había trabajado los pri-
meros 6 días del mes y se ha recogido la cifra excepcionalmente ~sólo
a modo de ejemplo-, a diferencia de todos los demás casos, donde estos
cortos periodos no se han tomado en cuenta sencillamente por ser
incomparables. Esa cifra está más de un 50% por encima del mes an-
terior y del mes siguiente, y esto se explica casi completamente por el
hecho de que en esos primeros seis días es cuando se produce la entrega
de 4 piezas de mercancía, dos por cada uno de los telares servidos (en
este caso, quizá, sin una intención planeada por parte del obrero). Por
el momento en que se efectúa la entrega se explican algunas otras fuer-
tes oscilaciones similares -por las anotaciones de las fichas de los telares
que se llevan para control de las urdimbres-, pero, por supuesto, no
todas ni con mucho3. Un poco más adelante vamos a comentar que
existen mas bien otros motivos para las oscilaciones, que tienen real-
mente una fuerte incidencia.
Si miramos ahora las cifras, tal como están, para ver si se pueden
descubrir algunas regularidades, y dónde, sólo una cosa llama la aten-
ción a primera vista: los promedios de rendimiento de estos trece meses
se escalonan en el modelo II, en los tejedores varones y mujeres, corres-
pondiéndose bastante exactamente con la edad4, mientras que esto no

176
GANANCIA A D ESTA) O Y DIFERENCIAS DE 1\ END I MI EN ro

ocurre en absoluto con los tejedores en el modelo l. Ordenados por la


edad, el rendimiento medio es como sigue:

Tipo de telar 1: b e e a d f
edad: 48 40 37 30 28 24
rendimiento: 94,9 81,1 104,5 87,7 110,7 7Í,7

Tipo de telar II: o k m l n p


edad: 44 37 33 32 31 31
rendimiento: 90,9 83,8 74,5 74,1 73,6 70,7

Tejedoras: a: J3 'Y ó E
edad: 27 24 23 22 19,5
rendimiento%: 99,6 98 77,3 62,2 60,4

En los tejedores, en el modelo I, por tanto, los tres mayores con-


siguieron en conjunto un promedio más elevado (93,5) que los más
jóvenes (86,7), pero individualmente parece que reina la arbitrariedad,
pues el máximo rendimiento lo consiguió el segundo más joven y la
diferencia entre ambos promedios está producida al contar también al
tejedor más joven en situación de aprendizaje. En cambio, en los dos
otros grupos -varones en el tipo II y mujeres-- hay una clara grada-
ción del rendimiento por edades. Esto podía ser una casualidad total
en las cifras pequeñas. Y una mirada más detenida da como resultado
que, en todo caso, no es la mera edad, sino la experiencia la que explica
la gradación de los rendimientos. En el caso de los tejedores del tipo
II, los dos casos aducidos aquí con los máximos rendimientos (o y k)
eran antiguos tejedores manuales, muy experimentados; lo mismo se
puede decir del tejedor b del grupo I, que demostró uno de los rendi-
mientos máximos. Los antecedentes del tejedor e y del tejedor d, uno
de los tejedores más jóvenes especialmente hábil y equilibrado, no me
son conocidos, pero es un hijo de tejedores manuales.
Lo que ocurre es que la mayoría de los restantes obreros mayores
proviene de familias de tejedores manuales. Pero muchos de ellos
pueden haberse visto frenados en su práctica del tejer (por trabajar
como albañiles en verano, junto al trabajo de tejedor manual durante
el invierno) y algunos también por trabajar intensamente en la agricul-
tura. De todos modos, es muy probable que la pequeña coincidencia
entre edad (esto quiere decir nivel de experiencia) y rendimiento medio
en los tejedores del grupo I respecto a los restantes tejedores tenga
otras causas. En primer lugar, la mayor importancia que tiene preci-
samente en estos telares la calidad de los ojos, al tratarse aquí de
superficies especialmente anchas de hilos filos en movimiento (véase

177
PSICOFISICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

antes p. 171). Ya se ha mencionado antes que en el quinto lustro de la


vida, y a veces incluso algo antes, comienza a tener importancia para
el rendimiento de los tejedores de manera muy sensible el descenso de
agudeza de la visión. Pero también la situación concreta de esta em-
presa: los géneros del grupo I, a diferencia de los otros, eran géneros
nuevos -en el período analizado-y fueron introduciéndose conti-
nuamente otros nuevos; se ·examinó por vez primera si las nuevas
tarifas de destajo eran «correctas» para el rendimiento; en un período
así las ganancias a destajo puras de los obreros afectados por ellas
tienen que tener forzosamente una tendencia a oscilar irracionalmente:
también las ganancias mínimas garantizadas, entre otros, tenían que
tapar esa fuente de descontento. De todos modos, la cualificación más
alta de los tejedores manuales antiguos y experimentados es probable-
mente cierta, por sí misma y según la experiencia de la propia empresa.
La dirección de la empresa considera naturalmente que tienen las
mejores oportunidades los obreros que estuvieron ocupados en los
tel"ares mecánicos desde su juventud (o en el encanillado de los carre-
tes). El evidente y rápido avance en la pi;áctica, que se puede observar
en los promedios mensuales del obrero f de la Tabla, es una buena
ilustración de lo anterior.
Por lo que respecta i las tejedoras del grupo IIP, que están todas
en los veintitantos años, aquí interviene en cierta medida una mayor
práctica en los telares. Pero la capacidad para el rendimiento máximo
no pueden adquirirla realmente las tejedoras solamente a través de la
práctica -aunque ésta sea naturalmente un presupuesto-, sino que
requiere cualidades personales específicas, y por cierto bastante poco
abundantes, que pueden residir tanto en su disposición natural (con-
centración y serenidad, es decir, nervios más seguros} como en un modo
de vida aprendido (sobre el que se habló anteriormente)'-
Si se buscan otras regularidades en el movimiento de las cifras de
las ganancias a destajo, poco se ve en la Tabla. Sin ningún otro comen-
tario se puede explicar que el paso a otro tipo de telar, es decir, a otras
condiciones de trabajo diferentes en varios sentidos, produzca prime-
ramente una caída en las cifras de las ganancias a destajo: el rendimien-
to sube de nuevo, por regla general, a consecuencia de la práctica. Pero
incluso esta caída que se ve en la Tabla 7 no es un fenómeno que no tenga
excepciones: otro obrero, que durante los mismos meses (de agosto de
1907 a agosto de 1908) había ganado en un telar del tipo 1163%-65%-
68,4%-70,1%-68%-75,5%-71 %-77%-77,3%-72,6%-68,6%-64%-
65% de la producción estándar, la subió a 124,3% al pasar a un telar
del tipo I en septiembre de 1908; estaba, por tanto, particularmente
adecuado para este cambio.
Por lo demás, la Tabla no muestra a primera vista, en las relaciones
entre un mes y el siguiente, ninguna homogeneidad en los movimientos

178
GANANCIA A DESTAJO Y DIFE(:\ENCIAS DE RENDIMIENTO

de las cifras y sólo en algunos casos muestra una «tendencia general»


clara, de modo que los movimientos opuestos podrían ser considera-
dos como casuales y provocados por condiciones especiales. Sólo está
clara, en cierta medida, la tendencia a la baja entre octubre y noviembre
y luego a subir en primavera, tendencia en la que confluyen varios
factores: los efectos de la iluminación artificial en los meses más oscu-
ros del año, elintenso frío de enero y febrero, desavenencias ocasiona-
das por el movimiento sindical, numerosos nuevos géneros. Como ya
hemos hablado de esta tendencia, y precisamente por incluir no sólo
la mano de obra recogida en la Tabla sino toda la mano susceptible de
comparación según la situación del material8 , remitimos a lo dicho.

NOTAS

l. Se han elegido intencionadamente las edades y tipos de empleo lo más difecentes posible;
por otra pacte, se han reunido sólo aquellos casos en los que la posibilidad de comparación no esté
dificultada por una situación especial reconocible con total seguridad.
2. Por lo que respecta al concepto «salario a destajo• en el sentido de las cifras de esta Tabla,
hay que indicar lo siguiente sobre el modo de aílculo, las cifras absolutas, cuya conversión en
porcentajes respecto al salario normal(= mfnimo) represeutan las cifras de la Tabla, se obtienen
dividendo el número de jornadas de trabajo efectivo (o fracciones de jornadas) entre la parte de l.i
remuneración mensual que consta del salario "ª destajo•, y cuyo nivel se puede ver desde los bloques
de sal arios para aquellas semanas en las que, por estar el rendimiento a destajo por debaio del sueldo
mínii:no usual, se pag6 este último. Est.án desconrados todas los días a jornal, todas las bonificaciones
y los complementos de aprendizaje de los. •aprendices•. En este punto hay que indicar que los
trastornos y el trabajo adicional causados por el aprendiz se compensan de sobra con la ayuda que
le da al obrero un aprendiz capa,, después de superar las pnmeras dificultades que pueden limitar,
en efecto, el salario a destajo del maestro. En cambio, los complementos de destajo dados por una
«urdimbre mala» -fuera porque el hilo era malo o fuer:i porque la urdimbre estaba mal encolada-
se incluyen en el cákulo · cuando era importante averiguar si la eficacia del obrero se pone de
manifiesto en las cifras, al contrario de los datos dados más adelante al analizar las causas de las
oscilaciones (véase). No es fácil la cuestión de cómo había que proceder con tejedores de doble telar
en los períodos en que tenfan que trabajar con un solo telar a consecuencia del cambio de la
urdimbre, o de un fallo mecánico, etc. l'ara estos períodos se pagan bonificaciones por hora (1/J
del salario normal por bocas). En los números de más abajo, que se calculan para el análisis de las
oscilaciones de los rendimientos, no se h~ tomado en consideración, evidentemente, este pago. Pol"
el contrario, los he incluido en el cálculo en las cifras de esta Tabla. La pérdida dé salario, producida
por el paro de uno de los dos telares, es muy diferente según la urdimbre y también según el
individuo, pues el i11crem;,nto de rendimiento en el otro telar qLte trabaja el obrero durante ese
tiempo es extremadamente diferente (sobre esto véase más abajo). Por término medio, si se
contrapesara la pérdida directa de la opoctunidad de recibir remuneración en un telar con la
oportunidad de incrementar el rendimiento en el orco, la remuneución podcía más que cubrir esa
pérdida. Lo que no está cubierto (y ne:, puede cubrirse con esta remuneración) es el daño que
produce a las oportunidades de ganar--que comentaremos en seguida- la necesidad de adaptarse
a la nueva situación, cada vez que se introduce una nueva urdimbre o un nuevo género (pérdida por
«adaptación•). No he quitado el cálculo de la indemnización por trabaiar en un solo telar, pues este
cálculo, de todos modos, es apropiado para compensar parcia (mente la trascendencia de esa causa
de oscilación para las, ·no obstante, oscilantes y complejas cifras, oscilación que no hay que tomac
todavía en cuenta par:, el punto de vista que tenemos ahora en el p<imer plano.
J. No se puede decir con seguridad el grado de influencia concreta del sistema sal~rial como
cal en este tema. Hay un número de óbrerós en los que las oscilaciones en los bloques salariales

179
PSICOfÍSICA DEL TRABAJO INDUST I\IAL

crecen mes a mes tras la inrroducción del sistema de salarios mínimos y de primas. Junto a ellos
hay otros en los que esas oscilaciones suben en parte y en parre descienden. Esro último ocurre
en algunos obreros cuyo rendimiento ya de por sí elevado sub{a más tras la introducción del sistema
de primas (por ejemplo, d y o de la Tabla), y también es de por sí evidente que la tentación de
poder alternar, por medio de la mencionada manipulación, entre el trabajo·cómodo con una
ganancia segura (mínima) y un esfuerzo mayor con ganancia de primas utilizando el producto
realizado en el mes anterior, debe de ser muy efectivo especialmente entre obreros que, por su
disposición o su experiencia, no están tan fácilmente en situación dé ganar primas de manera
continuada. Hay que considerar como un resultado contrario a los efecto• del sistema salarial el
que los maestros sólo autoricen a hacer entregas de dos piezas de tejido a los obreros más eficientes,
mientras que los menos eficientes -los más propensos, por tanto, a emplear aquella artim_aña-
rienen que entregar cada pieza can el objeto de controlar la calidad más concienzuda mente. Pera,
en canjuma, tras la Introducción de este sistema salarial, predominan las amplias oscilaciones sobre
las de la época anterior, cuando no existía un sistemo. sólido de primas ni un salario mínima siempre
y en rodas partes igual, pero no se dan de manera tan pronunciada como para poder pensar que
sea demasiado fuerte el efecto de los retrasos mlencionados en las enttcgas sobre las cifras. No
seria en absoluto sencillo conteotar la pregunta general de qué efectos tenía el sistema salarial,
puramente eomo tal, en la evolución de los rendimientos en su conjunto. Entre los obreros várones,
que son los que interesan aquí sobre todo, se ve un incremento del rendimiento exacramente de
2/3 por término medio en las tres meses siguientes a la inrroduccióu del sistema salarial frente
al promedio del trimesrre anterior y una reducción del rendimiento de 1/3. El trinlestre siguiente
arroja otra elevación del rendimiento en sólo 1/5 de los casos, una reducción en 2/3 de las casos,
permaneciendo el resto igual, de modo que, respecto al trimestre anterior a la introducción del
sistema salarial, sólo la mitad subió (7/15) o baJó, permaneciendo el t/15 igual. En este punto hay
que tomar en cuenrn que ese trimestre co1nprende los n1eses más oscuros del año y que, además,
el movimiento sindical fue entonces especialmente vivo {el sistema de primas tenía que aparecer,
ruviera esta intc nción o TI.o, en cuanto a su contenido,. en todo c.1so, como un revés a los principios
de solidaridad sindica() y que el cambio de género tenía un efecto relativamente importante (de
esto se habla más aba10). Pero si se camparan ahora con el trimestre anterior a la introducción
del sis rema de pnmas los mismos tres meses del año siguiente, se •e una reducción del rendimiento
en 8/15 de los casos, un rendimiento igual en 3/15 de los casos y un aumento del rendimiento
en sólo 4/15 de los c:>sas (así y todo un aumento considerable), medido según la ganancia a destajo.
La pasibilidad de comparar se dificulta aquí por el bastante intensa cambi.a de· género, por las
modificaciones técnicas realizadas en un gran número de telares vinculadas a las reducciones del
destajo, el comienzo de la depresión que redujo la intensidad del trabaja. Pero en algunos obreros
es innegable una cierta relajación después del impulso del comienzo y parece bastante segura -
lo cual se corresponde con las impresiones de la dirección de la fábrica- que el sistema de primas
en conexión con una gana.ocia mínima garantizada tuvo unos efectos desiguales, según la eficacia
y otras características individuales de los obreros: .una minoría ----<lenrro de ella tamo los obreros
más jóvenes, en aprendizaje, como las obreros más eficientes de la empresa- se estimuló para
incrementar bastante notablemente ·su rendimiento; frente a ella parece que estaban otros obreros
-asimismo una minoría- que, con la vist:i puesta en la ganancia mútima garantizada, na sólo
no incrementaron su rendimiento sino que propendieron a reducirlo; por último, una parte de
obreros parece que no reaccionaron en absoluto, de manera notable, al cambio del sistema salarial.
Entre estos dos últimas grupos se encuentra las obreros de por si menos eficientes de la empresa,
que no esperan ninguna prima o sólo 1a esperan excepcionalmente. El sistema de primas es, quizá,
en esta concreta combinación, apropiado para marcar las diferencias entre los obreros segGn su
respectiva disponibilidad y eficacia. Pero sus efectos deben ser distintos según las particularidades
de los obreros y del ambiente de· cada empresa. Naturalmente incide también sobre sus efectos
el nivel de las primas: en el caso presente suben hasta un 8% del salario, de modo que el estímulo
para rendir más se mantiene en unos límires moderados, dado que existen muchas circunstancias
que no dependen de los obreros y que condicionan un rendimiento mayor. Pero unas primas más
elevadas provocacian 1 por una parte, una «ca u era» y1 por otri11 acumula rian un maten al de conflicto
-1nevita ble en estas circunsranci'1S--- entre los obreras y los maestros que reciben las piezas, pues
el pago de las primas depende también del logro de un cierto mínimo de calidad, sólo determinable
mediante una valoración; de esta manera, el sistema de primas se desacreditada raipidamente entre
los obreros.

180
GANANCIA A DESTAIO Y DIFERENCIAS DE RENDIMIENTO

4. En la Tabla, las cifras están agrupadas sencill.1mente en el ocdendel registro, el cual, por
su parte, en cuanto que no impere en la distribución de los números la pura casualidad, se
corresponde en cierra medida, por lo general, con la fecha de enrrada en l.t empresa. En las
muchachasJ por su parce, que en su mayoría viven con sus familias 1 pero que suelen estar más
vincuiadas a su zona, el regisrco corresponde en la mayoría de los casos a la edad de las muchachas,
como se ve en la íiltima columna. (La •edad. significa aquí siempre los años que los obreros
cumplen, según el registro, durante el período de 13 meses que está a la base de este trabajo.)
5. En la página 167 de este volumen se indicó equivócadamenre que era •normal~ el 1iúmcro
de 4 tela.es: en la tercera línea de esa página y en la ·nora 4, p. 172, debe decirse •hasta 4•. Cuatro
ha de valer, además, como una •norma ideal•, rara vez alcanzable. En la p. 165 hay una equivo·
cación: el tejedor varón que allí se menciona no es el único obrero saión de la empresa. con el que
lo he confundido al escribir el trabajo. Este último es más bien el obrero p de la Tabla [, que llama
la atención por su bajo rcndimienro en los telares corrientes y que está por debajo del nivel de las
mujeres.
6. Esto se destaca en la gran diferencia de las gan.>ncias a destajo. Sobre las razones, véase
p. 166, y p. 172 nota 4.
7, La caída aparecería con un 20% más, si no se hubiera descamado el complemento por
sexo en el modelo U (véase p. 166). · . · ·
8. Se han tenido que descartar lus obreros recogidos eo esca Tabla que cambiaron de tipo
de telar durante el período (g, h, i) y todos los obreros que no estnvieron emple:,dos durante todo
el período.

181
10
MEDICIONES DE LOS CONTADORES DE LOS TELARES
Y OSCILACIONES EN LOS RENDlMIENTOS

Como estas cifras de las ganancías a destajo muestran, al menos en


principio, una cierta ínutilidad, y como las oscilaciones en concreto
parecen totalmente ilógicas en su inmensa mayoría, es natural pensar
si se podría llegar a mejores resultados a través de la indagación de las
oscilaciones de los rendimientos en períodos de tiempo más cortos, a
ser posible de un día a otro, es decir, a través del contador del telar que
indica exactamente el número de pasadas de trama hechas por los obreros
en una unidad de tiempo cualquiera. Y esto vendría reforzado por cuanto
--como muestran los comentarios anteriores- las cifras que indican
las ganancias a destajo son el resultado de un cálculo: la com parab ilidad
de esas cifras entre sí reside en el supuesto de que las tarifas de destajo
para los géneros que van trabajando los obreros consecutivamente son
«correctas», es decir, que son tarifas que están calculadas de modo que
toman en consideración acertadamente la distinta cantidad de trabajo
que cada uno de es~os géneros requiere. Más adelante veremos el papel
que desempeña esta «adaptación» del obrero a la medición del destajo
en las oscilaciones de los rendimientos. Ahora sólo recordaremos que
una medición «correcta» del destajo, en su sentido exacto, sólo sería
posible, en principio, si los diferentes rendimientos sólo fueran diferen-
tes en la cantidad o en la intensidad que se exige a los obreros. Pero no
es esto lo que ocurre. Las diferencias de exigencia a los obreros son, al
menos, de naturaleza más cualitativa que las «destrezas» concretas: la
capacidad de concentración, por ejemplo, la rapidez de reflejos, la
uniformidad en el mantenimiento de la atención, etc., cada una de las
cuales es requerida en un cierto grado para cada uno de los géneros, pero
se combinan de manera muy diferente en los diferentes tipos de género.
El cálculo del destajo, por tanto, no parte en absoluto de consideracio-
nes sobre la medida que se requiere de cada uno de los distintos «com-

182
MEDICIONES DE LOS CONTADORES DE LOS TELARES

ponentes» del rendimiento, sino que se calcula, por el contrario, de una


manera puramente empírica partiendo del conocimiento de los resul~
tados del rendimiento -el nivel de aprovechamiento de la máquina-,
que suele alcanzar un «obrero idóneo de tipo medio» trabajando un
género concreto. Este cálculo se realiza, por tanto, por razones eviden-
tes, como ya se ha dicho antes en términos generales, de manera total-
mente opuesta a como debería hacerlo un análisis «psicofísico» del tra-
bajo. ¿No sería mejor, por consiguiente; dejar a un lado las cifras que
se apoyan en esa base -que, como ya vimos, están sometidas a todo
tipo de casualidades al no basarse realmente en el «rendimiento» sino
en la entrega de la mercancía-y atenernos exclusivamente a los resul-
tados de los contadores de los telares,. que, como «controlan» en rea-
lidad el trabajo inmediatamente, parecen ofrecer un material «exacto»
en un sentido totalmente diferente?
No hay duda de que la medición con ese instrumento del número
de pasadas de trama realizadas por los obreros merece realmente el
calificativo de «exacto» y de que, por tanto, en la medida en que el
rendimiento del obrero se expresa en ese número de pasadas, se mide
asimi~mo «de manera exacta». Pero entonces pasa totalmente inad-
vertida la calidad del tejido producido, que es extremadamente im-
portante para valorar el nivel de rendimiento. (La calidad puede ave-
riguarse recurriendo a las fichas de control de la urdimbre con las
anotaciones del empleado qúe recibe las piezas, pero ni de una mane-
ra ni de otra es «exacta».) Esta deficiencia la comparte la «medición
de los contadores de los telares» con las «desnudas» ganancias a des-
tajo de la Tabla l. (En estas últimas se podría obtener alguna claridad,
al menos, para los rendimientos por encima de lo normal a través de
la indicación de si se han pagado primas, lo cual sólo ocurre cuando
la mercancía tiene buena calidad; sobre este punto volveremos en
otro momento.) Pero, además, en estas mediciones de los contadores
de los telares sólo tenemos, nuevamente, el resultado final, el «rendi-
miento» que ellos establecen; pero al comparar varios rendimientos
entre sí seguimos. sin tener seguridad de qué dicen realmente esas
pasadas de trama sobre el tipo de rendimiento, es decir, sobre la me-
dida en que son requeridas las diferentes cualidades del obrero rele-
vantes para la tejed.uría (véase p. 133 s.). Una sencilla comparación
atendiendo al número de pasadas realizadas por un obrero, por día o
por hora, daría un resultado equívoco si se cambian los géneros. ¿cuán-
tas pasadas de trama podría hacer un obrero en un nivel ideal, que
nunca se da en la realidad, en una determinada unidad de tiempo, si
la máquina no sufriera ningún fallo, si el hilo fuera irrompible, si no
fuera necesario vaciar y rellenar la lanzadera con hilo, si la ausencia
de fallos en la confección de la urdimbre no requiriera ninguna repa-
ración, si no se enredaran los hilos por otros motivos, es decir, en

183
PSICOF/SICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

pocas palabras, si la máquina y el hilo continuaran funcionando por


sí mismos y produjeran tejido continuadamente de manera que el
obrero fuera superfluo? Este máximo «ideal» del aprovechamiento de
la máquina se guía naturalmente, ante todo, por la rapidez de la má-
quina, por su número de vuelras por minoro, y el número óptimo de
vueltas es distinto según el tipo de hilo, según el nivel de resistencia
del hilo -que depende, de nuevo, de su finura (de la cantidad de
vueltas dadas al hilo al hilarlo ), de .la calidad de la materia prima,
etc.- y según la resistencia del hilo a los roces en el telar 1• Un núme-
ro alto de vueltas requiere, sin duda, ceteris paribus, la atención del
obrero en una gran medida y afecta más intensamente a sus nervios
--de nuevo ceteris paribus; pero los cetera no son ahí, por lo regular,
precisamente iguales, pues, cuando se t_rata de dos géneros distintos
entre sí, cada factor puede ser más que compensado por otras':cir-
cunstancias que faciliten el trabajo-. Cuando se utiliza un hilo más
grueso y, por consiguiente, menos rompible con una calidad igual del
material, ceteris paribus, el número elevado de vueltas va unido, en
general, a un alivio en la atención y en la vista del obrero, pues hilo
más grueso significa al mismo tiempo un tejido más grueso; pero, por
otra parte, el hilo más grueso significa también un aumento del nú-
mero de interrupciones por parte del obrero para llenar la lanzadera,
pues no cabe en ésta tanto hilo grueso como cabe del más fino; au-
mento de las interrupciones que, en ocasiones, significa un 100% y
más por jornada, es decir, para el obrero significa un trabajo mecáni-
co mayor. Por lo tanto, no se trata de poner como base de la compa-
ración las cifras absolutas de los contadores de las pasadas de trama
en un día o por hora 2 • Es, más bien, la relación entre el número de
pasadas de trama hechas y las posibles la que resulta más apropiada
para ello. Sobre esta cuestión, unas observaciones previas. El nivel en
que queda una máquina servida por un obrero respecto al número
ideal de pasadas de trama que se podría hacer con un determinado
número de vueltas en una unidad de tiempo (día, hora) está en fun-
ción, sobre todo, de dos condiciones: en primer lugar, está en función
de la frecuencia requerida para llenar la trama '(de lo que se trataba)
-una circunstancia que es totalmente independiente del obrero-y
de la rapidez en rellenarla, la cual depende de su habilidad; en segun-
do lugar, está en función de la frecuencia con que revienten los hilos
de la urdimbre (la ruptura de los hilos de la trama juega un papel
inferior), lo cual depende, en parte, del material del hilo y también de
la calidad del encolado (es decir, de cosas que están precisamente
«dadas» para el tejedor), pero, en parte, también de la atención del
obrero a la urdimbre que entre en la máquina, porque los hilos se
revientan en una cantidad importante de veces como consecuencia de
los enredos de los hilos de la urdimbre, que el obrero puede y debe

184
MEDICIONES DE LOS CONTADORES DE LOS TELARES

eliminar a tiempo. Además de estas dos causas de interrupción del


proceso de la máquina, otra cosa que afecta al rendimiento del obrero
es la calidad del tejido, en beneficio del cual el obrero tiene que obser-
var y regular, llegado el caso, el desenvolvimiento de la urdimbre de
manera continuada: también aquí puede suceder que haya que parar
la máquina, pero cuanta mayor sea la experiencia del obrero más rara
vez se producirá. Cuando se compara el número de pasadas alcanzable
por la media de los obreros, según muestra la experiencia, en una
unidad de tiempo determinada y con estímulo suficiente para llevar al
máximo sus capacidades, con el número ideal máximo de pasadas
que resulta de multiplicar el número de vueltas por la cantidad de
minutos de trabajo, el número de pasadas que se puede esperar nor-
malmente (esto quiere decir el nivel de aprovechamiento que se pue-
de esperar normalmente de la máquina) está, en cada caso, en una
relación porcentual con el número de pasadas ideal, relación que es
distinta, con igual número de vueltas, para cada género diferente y
que alcanza su nivel óptimo para cada género con un determinado
número de vueltas. Pero dónde se encuentre el nivel óptimo de este
«aprovechamiento» alcanzable depende, en cada tipo de género, de
una gran cantidad de factores técnicos o del material, como indican
ya estas rápidas observaciones, pero depende también, por otro lado,
de la cualificación de los obreros, y concretamente de las diferentes
cualificaciones para cada uno de los géneros. Como los distintos obre-
ros reúnen en sí mismos estas cualidades en muy diferentes niveles, la
dirección de la fábrica establecerá el número de vueltas eventualmen-
te de manera individual para cada uno de los géneros; pero,
globalmente, habrá que operar con la experiencia de lo que los obre-
ros por término medio rinden, tal como son en cada caso: una vez
que se conoce aproximadamente el nivel óptimo medio del número
de vueltas, según indique la experiencia, la tarifa de destajo se mide
por el «rendimiento efectivo» (respecto al máximo ideal) alcanzable
por término medio y entonces se adjudican a cada obrero aquellos
tipos de género para los que resultan relativamente más adecuados
según la experiencia hecha con cada uno, es decir, se les adjudican los
géneros que puedan trabajar de la manera relativamente más renta-
ble, tanto para la empresa como para los obreros mismos. Si se trata
de introducir nuevos géneros, es inevitable ir probando hasta que se
determine qué obreros resultan los más adecuados relativamente para
el género y los más capaces para alcanzar el nivel estándar de la ga-
nancia a destajo. En conjunto, también en las cifras de los contadores
de los telares, aparentemente medidas «con exactitud», está incluido
el cálculo de la dirección de la empresa, y esta circunstancia requiere
ser tomada en cuenta, si se pretenden comparaciones entre varios
obreros o entre los rendimientos de un mismo obrero en tiempos di-

185
PSICOFÍSICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

ferentes. Aquí no podemos proceder, en todo caso, sino de la siguien-


te manera: en vez de basarnos en las cifras absolutas de las pasadas de
trama, inutilizables para el fin de comparar los rendimientos de dife-
rentes généros3, nos basamos en el «rendimiento efectivo» (porcenta-
jes respecto al rendimiento máximo ideal, «teórico», de las máqui-
nas)4.
Pero hagámonos primero la siguiente pregunta: ¿el rendimiento
diario de un mismo obrero en pasadas de trama en una misma urdimbre
representa, al menos en cierto sentido, una medida firme, más firme que
las oscilaciones de las ganancias medias mensuales? Difícilmente po-
dremos esperar esto, después de lo que se ha dicho antes (p. 147 ss.).
¿o se observa alguna regularidad en los movimientos de los ren-
dimientos día a día de varios tejedores que trabajen al mismo tiempo?
Según lo dicho en página 147 lo tendremos por algo pensable, pero des-
pués de las observaciones que se han reproducido en la página 15 3, por
algo incierto. Miremos, por tanto, lo siguiente: la Tabla II reproduce
una cifra de día en día para un cierto numero de meses seleccionados
y para los obreros sometidos en ese tiempo al control de Los contadores
de los tela res -la cantidad de anotaciones de control existentes es como
tal pequeña y, desgraciadamente, tiene fuertes oscilaciones para los dis-
tintos meses-; esa cifra expresa la relación del rend ímiento cm:respon-
diente respecto a la media de pasadas logradas por los obreros en su.
correspondiente urdimbre y la cantidad media deJa semana anterior
(en los domingos, en cifras espaciadas) 5 • Al contemplar esas series
numéricas, salta a La vista --por empezar por esta cuestión- que no
existe ninguna tendencia clara y uniforme en las oscilaciones. Se ve
especialmente que las oscilaciones no se pueden explicar por las con-
diciones meteorológicas existentes cada 'día o por otras condiciones
«generales» del trabajo;
Si las oscilaciones diarias de los rendimientos dependieran consi-
derablemente de tales circunstancias «generales» de cualquier natura-
leza, entonces la gran mayoría de Los obreros empleados debería mos-
trarse influida, al menos de manera aproximada, por esas circunstan-
cias, en esos mismos días; en la misma dirección. Pero no es esto lo que
ocurre. Nosotros encontramos, precisamente en un caso ya comentado
anteriormente, que el grado de humedad del aire mostraba un parale-
lismo bastante exacto con el rendimiento de algunos obreros que tra-
bajaron en ese día 6 • Y es indudable que el aumento de la sequedad del
aire dificulta el trabajo.
Los obreros la sienten personalmente y suelen quejarse entonces de
que los hilos se rompen más veces. En cierto sentido sólo se encuentra
un ejemplo similar en otro único día7 • En cambio, los otros días en los
que la humedad medida del aire estuvo por debajo del 70%-porencima
de este nivel no se puede constatar en absoluto ningún efecto en las cifras

186
MEDICIONES DE LOS CONTADORES DE LOS TELARES

diarias- muestran unos efectos muy indeterminados, pero algunos de


ellos muestran precisamente lo contrario del descenso esperadoª. La
Tabla muestra con carácter totalmente general que las desviaciones de
la media se encuentran en los distintos obreros en el mismo día y en todas
las variaciones posibles y que no se puede hablar aquí de la existencia
en ellos de estado de ánimo diario general, que pudiera estar condicio-
nado por circunstancias generales externas y cuya variación de una día
para otro explicara las fuertes oscilaciones en los rendimientosdiarios)9 .
. La fría temperatura exterior en invierno, que presiona con frecuen-
cia sensiblemente las dos primeras horas de trabajo hasta que las manos
«se descongelen», así corno trabajar en invierno con luz artificial en vez
de con luz natural, que hace más pesadas las horas de la mañana y de
la tarde, y el fuerte y seco calor en el verano, que dificulta el trabajo al
mediqdía y en las primeras horas de la tarde, todas estas condiciones
·tienen evidentemente sus correspondientes efectos. Éstos se encuentran
en las fuertes reducciones en la media de rendimiento que se observan
en los cálidos meses del verano y en los fríos y oscuros meses del invier-
no. Pero, sin embargo, sólo una parte de los obreros reacciona inme-
diatamente con una reducción de su rendimiento diario o semanal ante
estas dificultades en el trabajo (el que los hilos se rompan con más fre-
cuencia por la sequedad del aire, el efecto adormecedor del calor, la
tendencia a funcionar de una manera insegura y la fatiga de los ojos por
la i\uminación artificial). Los otros buscan, aparentemente, mantener
su nível de ganancias anterior con un mayor esfuerzo y lo logran fre-
cuentemente tan bien, que incluso algunos días desfavorables desde el
punto de vista de la humedad del aire arrojan rendimientos muy con-
venientes)'º. Sólo cuando estas desfavorables condiciones generales del
trabajo se mantienen durante mucho tiempo y superan un determina-
do nivel, fracasa esa reacción con el adormecimiento de las ganas y de
la energía para trabajar. ·
Así como se descartan las condiciones meteorológicas como una
posible explicación de las oscilaciones diarias de los rendimientos,
también se descartan todas las demás condiciones de trabajo «genera-
les» pensables, es decir, que afecten a los obreros en su conjunto, si esas
condiciones no muestran ningún tipo de uniformidad, como se ve. En
este tema, por lo tanto, como en las oscilaciones mensuales, no queda
sino operar con cada obrero y sus rendimientos por separado, si se quieren
esperar algunos resultados. Para los rendimientos diarios se descarta,
naturalmente, la idea de determinar, por cualquier vía, por qué el ren-
dimiento de un obrero, por ejemplo, del día 1 de noviembre de 1907
fue un lOo/omás.alto y no tan bajo como en el día anterior o posterior.
Seguramente sería una operación úti1 anotar al final de la jornada lo que
marque el contador de un gran número de obreros que trabajen con
contadores en los telares e indicar cuidadosamente, lo más pronto po-

187
PSICOFISICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

sible, las razones que han generado -en su opinión- las diferencias
de rendimiento en-los diferentes días. Pero, en este punto, .se puede
predecir con total seguridad lo siguiente: 1) en tanto las diferencias no
estén fundadas en condiciones de trabajo objetivas, es decir, enla situa-
ción de las máquinas o del material (la frecuencia con que se quiebran
los hilos, etc.), sólo se podrán hacer datos seguros en una minoría no
muy grande de casos, incluso en el caso de que los que respondan sean
muy concienzudos (o, más bien, precisamente si lo son); 2) si se les es·
condiera a los obreros el contador de pasadas de trama y luego se les
preguntara qué rendimiento creían haber alcanzado ese dfa y por qué,
es decir, si había sido mayor o menor que el día anterior, en ese caso,
digo yo, se recibirían respuestas sólo aproximadamente acertadas en \lna
parte aún menor de casos, pues el nivel del propio «estado de ánimo»
psicofísico para el trabajo se les escapa con frecuencia incluso a las
personas con las que se experimenta en laboratorio o queda sin una
explicación, y los obreros no se encuentran, por lo general, ni siquiera
en situación de apreciar en cierto modo el nivel de su propia fatiga, y
con frecuencia ni siquiera de ser claramente conscientes de la realidad
de la fatiga, si se prescinde de las horas extraordinarias 'o de otros
esfuerzos excepcionales; mucho menos van a querer intentar adentrarse
en las razones de-las oscilaciones entre las distintas jornadas de trabajo
que quedan varios meses atrás (entre 3/4 y 1 1/2 de año). Si persegui-
mos, así y todo, por el mero interés en los hechos mismos, las oscila-
ciones diarias de los rendimientos de un único t~jedor (que trabaja un
solo telar), del que casualmente existen controles consecutivos para los
diez meses comprendidos entre noviembre de 1907 y agosto de 1908
(es el tejedqr e de la Tabla 1), se ve el cuadro de la Tabla III.
Los rendimientos del obrero, que por lo demás está entre los teje-
dores más regulares de la fábrica, oscilan de manera muy variada y no
se pueden explicar con toda certeza con ningún medio que sea exhaus-
tivo para nosotros. Aun así, se pueden hacer algunas observaciones sobre
las cifras de la Tabla II y la Tabla UP 1• Nosotros consideramos básica-
mente que una parte muy considerable de-los rendimientos mds ba;os
se dan al comenzar nuevas urdimbres y nuevos géneros 12 • Es verdad que
una nueva urdimbre no comienza siempre con una reducción del ren-
dimiento diario, pues también ocurre lo contrario: altos rendimientos
iniciales y luego bajos; Según parece, en concreto cuando el cambio a
un nuevo génerq representa el paso de un trabajo difícil a uno más fácil
(aunque no exclusivamente en esos oasos), el obrero al que el trabajo
le resulta fácil infravalora el esfuerzo y pretende ganar mucho, por
ejemplo; en la Tabla III, el día 18 de agosto, donde el obrero tuvo que
pasar de trabajar un hilo 1/3 más grueso a trabajar un género un 28%
menos grueso, manteniéndose igual el número de vueltas y la anchura
del tejido, y de manera similar en otros casos diferentes. En estos casos

188
MfDICIONES DE LOS CONTADORES DE LOS TELARES

sí se encuentra mayoritariamente un menor rendimiento inicial. Por otro


lado se dan casos, como veremos, en los que un obrero muy eficiente
procura mantener con todo su esfuerzo el número de pasadas de trama
anterior al cambiar a un género más difícil y sólo después de algún tiempo
cae bruscamente. Nosotros nos atenemos aquí al hecho de que el tra-
bajo con nuevos géneros, y también con nuevas urdimbres del mismo
género, permanece, en todo caso, con muchísima frecuencia por deba-
jo del rendimiento medio conseguido globalmente en esa urdimbre. Y
nos preguntamos si esto se corresponde con la media y en qué medida.
Si así fuera, habría que SUP.~mer realmente que estamos ante manifes-
taciones de la «práctica» (Ubung). Vamos a analizar ahora con mayor
precisión la presencia de estas manifestaciones.

NOTAS

1. Cuando el número de vuel,as es muy elevado, entra en consideración el desgasre de la


n1•quina, que entonces se incrementa r~pidamente. El algodón puede soportar los números de
vueltas más elevados (hasta más de 200 por minuto); en los paños, por el contrario, 7 5 vueltas por
minuto es ya un nútneco bastante frecuente; el lino está entre ambos, pero ace.-cánduse mucho más
a las cifras medias de los paños que a las cifras medias del algodón, pero con diferencias de un JO·
40%, según el génern y el material.
2.. Con esto no se quiere decir que scn1cjante ~ompar:1ci6n no pudiera ser instructiva ni que
no debiera hacerse con una investigación realmence uexactal) de la situación, que aquí no puede
intentarse.
J. Para los rendimientos de diferentes obreros en el mismo tipo de género sólo tenía 4
ejemplos, de los cuales se hablará en su momento. Dos de ellos ya han sido utilizados anteriormente
(p. 148 y p. 168).
4. Y siempre se procede de manen que las cifras diarias se calculan en porcenrajes del
rendimiento efectivo promedw logrado por esre obrero en esa urdimbre. Por lo que respecta al nivel
del rendimiento cfecüvo alcanzado: en la tejeduría del lino es mucho más bajo que en la tejeduría
de la lana y del algodón, que pueden contar con rendimientos efectivos de entre el 80 y el 90%
respecto al rendimiento máximo teórico (o incluso más), mientras que el rendimiento medio en la
tejeduría del lino no es raro que descienda por deb:ijo del 50%, al menos al servir varios telares.
A nosotcos no nos interesan aquf estas gradaciones. . '
5. Siempre la semana entera, de modo que las cifras de diferentes géneros se contraen en la
misma media; dos obreros que fueron controlados en el mes de julio con dos urdimbres cada uno
se han excluido ahora, por falta de espacio, y serán comentados posteriormente por separado.
6. !'ara completar el ejemplo: S obreros observados exactamente mostraron el siguiente
comportamienro: % del rendimiento medio de estos cinco obreros en el día 23 (higrómetro: 77}:
109,3; en el día 24 (higrómetro: 70): 99,5; en el día 25 (higrómetro: 64): 92,1. Del 23 al 24, dos
obreros tuvteron una disminución de rendimiento, 2 un aumento y uno mantuvo el mismo. Del 24
al 25 1 4 tuvieron unél. disminución y uno un pequeño aumento.
7. 30 de mayo de 1908: 1) media de los 5 obreros observados: el día 19 de mayo (higró·
metro: 70): 91,8; el 20 de mayo (higrómetro: 65): 81,7; el 21 de mayo (higrómetro: 70): 103,3.
2) El rendimiento de cada uno de los cinco obreros el 20 de mayo está por debajo de su rendimiento
medio; en cuatro de ellos muestra una reducción respecto al día 19 y un aumento en uno; del 20
al 21 sube el rendimiento en todos ellos¡ del 2 t al 22 de mayo (higrómetro: 76) hay un aumento
en cuatro de ellos respecto al 21 y una reducción en uno. Pero esto se corresponde, así y todo, con
el postulado.
8. El 2 de junio de 1908, con un mvel del 68%, es al mismo tiempo uno de los días más
raros en el que todos los obreros observados ~más de cuatro-- tuvieron un rendimiento por

189
P5!COFIS1CA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

encima de su rendimiento medio (un aumento entce el 3,6 y d 15,3%). El l de jL1J1io, con el
mismo nivel de humedad, es un lunes, y por ello no es utilizable. El 16 de mayo, con el mismo bajo
nivel ·de saturación 1 muestra tan1bién un aumento en cu:itto de los obreros observados. Esro no
significa evidentemente la irrele11anda del nivel de humedad, sino sólo lo siguiente: significa, en
primer lugac, que sus efectos sólo son medíbles en los distmtos obreros cuando se está, primero,
muy por debajo del nivel estándar y, segundo, con velocidades y niveles muy distintos; significa,
en tercer lugar, que cuando las oscilaciones se mantienen en los limites de hasra un 1/6 del nivel
esr,ndar, su influencia se solapa con otras circunstancias de otra tipo (véase más abajo).
9. Esto se desprende de manera mas convincente aún de la siguiente observación: ducame
un período de 197 jornadas de trabajo fue investigado un cierro número de obrecos ---0bsecvados
exactD.mente con los contadoces de los telares respecto a su rendimiento durance todos los días en
que trabajaba ni:is de uno de ellos- en cuanto a las desviaciones de sus respectivos rend,mienros
respecto a la media (en sus respectivas ui:dinibres) (100%) y luego se compararon cada uno de los
días para ver qué difeMncias tenían los rendimientos entre sl. El número de los obreros osciló en esos
días entre 2 y 6. En 141 días, es decir, en el 70% del período, se observó una desviación de mds del
15% de media entre ellos, y en 119 días de e<as 141, es decir, el 60, 1% del total de días, también
se desviaban respecto a la media hacia arriba o hacia abajo. Desviaciones de más del 10% de la media
en cada uno, hacia arriba o hacia aba10, se dieron en 46 dfas, es decir, en el 23,3% del total de días.
Los obreros se desviaron, en conjunto, de la media hacia arriba o hac,aabajo, en 134 días(= 67,6%
del rotal). Desviaciones en los rendimientos entre sí menores del 5% de la media sólo se vieron en
17 días (8,6%) y de menos de un 2% sólo en 5 dlas (4,9%). Pero se formó una relación en términos
tales que, en los días en que fueron observados simultáneamente más de dos obreros en relación a
su rendimiento, los rendin1ientos se desviaban respecto a la inedia, en dire.c.c.iones distintas~ en el
83,4% de los casos, y este porcentaje asciende al aumentar el número de obreros observados y sube
a 100 con seis obreros (denrro de este material estodfstico), es decir, que cstll en función del número
de obreros observados simultánean1ente 1 con Jo que no puede determinarse en ningún C4so una
tendencia válida con ,;ardcter ge11eral para todos los obreros.
10. Véanse las siguientes observaaones. Segítn la dirección de la fábrica, los obreros sienten
cada descenso notable en la humedad normal del aire y entonces reclaman ayuda. Como, a pesar
de ello, no se da nn parah,lismo emre el nivel de humedad y el rendimiento diario --como ya ha
sido dicho-, sólo es posible probablemente la explicación presente.
t 1. Un detalle: los dos últimos sábados de agosto, cuyas cifras están emre paréntesis, porque
sólo representan un trabaio de cualro hacas como consecuencia de la disminución de horario en
la empresa, muestran los efectos sobre la elevación del rendimiento de una Jornada laboral más
cor1a, con un rendimiento alrededor del 10% superior al del viernes en cada uno de esos sábados.
Lo mismo sucede con la mayor parre de los oleos obrerosen un mvel incluso may.or (incrementos
de hasta el 47% respecto al día anterior), pero no con todos. Los incrementos afectan a algo más
de las tres cuan~ partes de todos los casos; del resto, que arro1a una reducción, una parte es debida
a la casualidad, pero existen algunos casos en los que descendió la disposición al trabajo a
consecuencia. de la jornada laboral fOtta.
12. Hay que tomar en cuenta, poc lo que respecta a la Tabla lll, que la urdimbre que
funcionaba a comienzos de noviembre ya había funcionado algúri tiempo en octubre.

190
11
AUMENTO DE LA PRÁCTICA
Y AUMENTO CONTINUADO DEL RENDIMIENTO

Hay que adelantar en seguida, sin embargo, que no se puede conside-


rar, en ningún caso, una mayor «práctica» del obrero corno el único
motivo de un rendimiento bajo en las nuevas urdimbres o en los nuevos
géneros 1• El comienzo de la urdimbre así como su terminación -los
días de estas operaciones muestran en un promedio global rendimien-
tos más bajos- son, en sí mismos, más difíciles que el trabajo general
en la urdimbre por motivos técnicos de los propios telares, y hay que
achacar a esta circunstancia, al menos para los primeros tiempos, la
mayor parte de la causa de los bajos rendimientos. Pero que los efectos
de la «práctica» tienen una fuerte presencia se deriva, a pesar de todo,
con una gran probabilidad, de la observación de que, aun cuando un
obrero entre en el lugar de otro en una urdimbre que este último hu-
biera trabajado hasta la mitad, aquél-el nuevo- comienza a trabajar
por debaio de la media que él mismo logra después-en todos los casos
en los que esto se puede observar en los materiales- y sólo más tarde
sube 2 •
La pregunta es solamente cudndo se notan estos efectos de la prác-
tica, es decir, cuánto tiempo necesita un obrero experimentado en la
tejeduría para «adaptarse» a un nuevo género o a una nueva urdimbre
del mismo género. Se tiene la tendencia a suponer que esto es un asunto
de pocos días y algunas series en las Tablas, que indican una subida rápida
del rendimiento tras un nivel bajo al comienzo, así parecen confirmar-
lo. Pero en este punto sólo los promedios pueden arrojar claridad, pues
pueden ser determinantes de esta subida, en un caso concreto, circuns-
tancias muy variadas, tanto circunstancias accidentales del material
corno los esfuerzos extraordinarios que haga el obrero en un caso
determinado, por los motivos que sea, así como la situación de tejer en
dos telares (con mercancías estrechas), que se comentará después. A la

191
PSICOFÍSICA DEL TRABAJO INDUSTIUAL

vista de la distinta velocidad con que se trabaja una urdimbre, -dis-


tinta velocidad producida por número diferente de vueltas-, nosotros
no ponemos como base el tiempo sino el rendimiento medio diario por
unidad de rendimiento, es decir, por «pieza» (unos cuarenta metros de
largo, metro arriba metro abajo, según los géneros). Existen compro-
baciones para una parte de los obreros controlados con los contadores
de los telares que nos permiten proceder así. Como las urdimbres son
de longitud muy diferente-algunas se acaban con la séptima pieza, otras
dan, por ejemplo, 25 piezas-, el número de urdimbres que se pueden
tomar en consideración para el rendimiento medio limitándonos a las
primeras piezas es considerablemente mayor que el número de urdim-
bres si se tomaran en cuenta el máximo de piezas posteriores (5). Así
que si tomamos sólo las primeras ocho piezas de todas las urdimbres
controladas (24) y ponemos como 100 el rendimiento medio de pasa-
das de trama por día en la primera pieza, nos resultan los siguientes
rendimientos: ·

Pieza: 1- 2 3 4 5
Rei;i.dimiento %: 100 105,2 105,2 107,3 110,9

Pieza: 6 7 8
Rendimiento%: 105,5 108,4 109,1

o, para la primera y segunda pieza conjuntamente: 102,6% del rendi-


miento contado en la primera pieza;' para las piezas 3 y 4: 106,2; para
laspiezas5 y 6: 108,2; para las piezas 7y 8: 108,7%. Se trata, así y todo,
de un incremento aceptablemente regular--con un retroceso en_ la sexta
pieza tras una fuerte subida en la quinta pieza-, para cuya valoración
(véase más arriba) hay qµe tomar en consideración que, al ,nenos para
la primera pieza, pero también para la segunda, actúan como factores
de la subida las condiciones puramente técnicas del tejer, no sólo el
«aumento de la práctica», y que, en casos desfavorables, es muy posible
que aquellas condiciones amplíen aún más sus ~fectos. Para el desarro-
llo posterior, limitándonos a las urdimbres largas3, resulta lo siguiente:

Piezas: 1-3 4-6 7-9 10-12 13-15


Rendimiento %: 100 109,2 107,9 111,2 110,3

Piezas: 16-18
Rendimiento o/o: 114

o, de seis en seis piezas: 1-6: 104,6% del rendimiento logrado en la


primerapieza; 7-12: 109,5; 13-18: 112,2%.Es,portanto,unaumento
del rendimiento asimismo rítmico del 14% en las últimas tres 4 frente

192
AUMENTO DE LA PRÁCTICA

al rendimiento de las tres primeras piezas tomadas en conjunto y de


alrededor del 7% si se toman cada seis piezas. Aquí se podrá considerar
como probable -teniendo siempre a la vista que su reducido número
aconseja prudencia- que la «adaptación» a cada género o urdimbre es
realmente decisiva, porque es improbable que tengan un efecto las
dificultades iniciales de la urdimbre del segundo grupo de tres piezas y,
mirando los grupos de seis piezas, se excluye que lo tenga sobre la sexta
pieza5 • No habrá que considerar evidente en absoluto la existencia
probable de un aumento de la práctica de en torno a un 10% en una sola
urdimbre en los obreros más viejos y con muy buena experiencia y en
un trabajo tan uniforme, aparentemente, como la tejeduría mecánica (en
el plazo de tres meses aproximadamente y si se descuenta el efecto de
las dificultades iniciales de La urdimbre), pero no habrá tampoco que
considera . . que no tiene importancia, si se confirmara como un hecho
al corroborarlo con cantidades mayores en otras industrias similares.
No carece de importancia, junto con las dificultades de «adaptación»
producidas por el telar, para valorar los efectos de un cambio mayor o
menor de urdimbre o de género sobre los beneficios del obrero.
Para la cuestión de si se pueden establecer efectos «psicofísicos» de
la práctica, y hasta qué punto, debe tener interés, además de la evolu-
ción de los niveles de rendimiento, la intensidad de las oscilaciones en
el decurso de la «adaptación» a un nuevo género o a una nueva urdim-
bre de un mismo género. Estas oscilaciones podrían representar una
especie de prueba de si se puede aceptar realmente como plausible lo
que se ha explicado en cierta forma como probable sobre los efectos de
la práctica como probable. Según los experimentos psicofísicos, la
amplitud de estas oscilaciones debería tender a reducirse al aumentar
la práctica, el trabajo debería ser «más constante».
Si se calcula el promedio de las oscilaciones diarias (en porcentajes
del rendimiento medio) para las seis primeras semanas6 de trabajo en
un género, resulta el cuadro siguiente del movimiento de las oscilacio-
nes, calculado en porcentajes respecto al rendimiento medio para los
siguientes veinte casos tomados al azar:

Semana: 1 2 3 4 5 6

a) 13,3 15,9 8,2 20,2 17,3 23,6


b) 9,12 8,2 8,0 4,8 8,1 8,3
e) 23,2 20,5 28,5 15,2
d) 12,1 6,9 9,5 12,6 6,7 8,3
e) 7,2 8,2 5,6 13,3 8,1 6,3
f) 13,6 12,3 17,3 16,1 9,3 1,3
g) 19,0 10,9 15,9 3,5 11,3 10,7
h) 15,6 10,9 11,1 10,2 10,7 19,2

193
PSICOFISICA DEL TRAIIAJO INDUSTRIAL

i) 13,2 13,5 18,9 10,9


k) 15,5. 8,5 8,1 6,3 6,3 9,5
l) 7,7 8,3 29,9 17,7 5,9
m) 8,1 7,5 14,7 6,8 11,5
n) 3,4 12,4 4,4 2;8 7,1 4,7
o) 13,9 12,1 14,4 16,7 9,1 0,8
p) 13,6 7,5 16,3 14,6 9,5
q) 12,1 15,8 5,2 24,6
r) 9,8 7,9 4,4 5,5 7,2 4,3
s) 16,1 6,4 5,1 13,7 7,1 3,4
t) 18,7 10,2 12,0 2,2 9,6
u) 6,2 8,9 5,0 5,7 3,3 3,6

Cortemos aquí. Añadir más casos no iba a cambiar nada la impre-


sión de arbitrariedad que producen estas cifras y, por otro lado, los
materiales no iban a ser suficientes para obtener promedios de canti-
da des mayores. Si, aun así, ponemos como prueba el promedio de estos
veinte casos (en los que sólo participan 8 obreros distintos), se muestra
lo siguiente:

Semana: 1 2 3 4 5 6
Oscilaciones %: 12,57 11,19 12,17 11,17 8,36 8

Esto representaría, si se prescinde de la tercera semana que muestra


un retroceso, un descenso continuo de las oscilaciones de un 12,57%
a un 8%, es decir, a un nivel inferior a los 2/3 de las oscilaciones del
comienzo; por tanto, estaría en consonan.cía al menos con el aumento
del mantenimiento del rendimiento, que se podría reclamar desde el
punto de vista psicofísico como consecuencia de un « incremento de la
práctica». Si tomamos ahora cada dos semanas, las oscilaciones llegan
a un 11,880/o en el primer tercio, a 11,670/o en el segundo y a 8, 18% en
el tercer tercio. Si tenemos presente que las oscilaciones cuando se teje
en dos telares son necesariamente más ilógicas7 que con un solo telar
y si consideramos además que en la quinta y sexta semana se termina-
ron algunas de las urdimbres incluidas en el cálculo, podemos abrigar
la sospecha de que, considerando solamente tejedores que tejen en un
solo telar y limitándonos a los casos en los que se ofrecen datos para
las seis semanas, la serie numédca tendrá que ser todavía más constan-
te, uniforme. Si lo intentamos y calculamos el promedio de estos casos
(d, e, n, o, r, s, u, es decir, siete casos), resulta el siguiente cuadro:

Semana: 1 2 3 4 5 6
Oscilaciones %: 9,83 7,54 7,06 10,04 6,53 4,49

194
~,l.lMENTO OE LA PRÁCTICA

También aquí hay sólo un retroceso, en la cuarta semana, habiendo


una subida continua, que llega hasta el 46% respecto a la primera se-
mana. Si de nuevo los reunimos por grupos de dos semanas, tenemos
8,68% en el primer tercio, 8,55% en el segundo y 5,71% en el tercer
tercio, es decir, un ritmo y un nivel en el retroceso·similar al de todos
los casos en conjunto. El hecho de que en ambos casos el tercer tercio
(la quinta y sexta semana) muestre una muy clara desaparición del
tamaño de las oscilaciones, parece estar en consonancia con la circuns-
tancia de que la adaptación a un nuevo género suele suceder muy de
golpe, con un fuerte esfuerzo y sus consiguientes retrocesos (sobre este
terna, véase más adelante).
De todos modos hay que prevenir muy seriamente de tomar estas
series como «resultados» que podrían «demostrar» que también valen
.aquí aquellas experiencias psicofísicas, o cuyo desarrollo podría ser con-
siderado como una «expresión» indudable de aquéllas. El «retroceso» que
se encuentra en cada una de las·series de los promedios podría ciertamen-
te establecerse, con un análisis más preciso, como una «casualidad» 8 y
muy bien podría ser considerado como tal con una suficiente clarifica-
ción del «tipo» sin una demostración especial, y sin que perdieran su va-
lor en todo caso las series numéricas. Pero, aun así, las cifras que están a
la base son realmente demasiado pequeñas y requerirían una dimensión
veinte veces mayor para poder llegar a resultados seguros.
-Pero, sobre todo, si se decanta aquí realmente como «típica» una
disminución de las oscilaciones, un aumento en el mantenimiento del
rendimiento efectivo, hay que preguntarse de nuevo hasta qué punto
la causa de ello es el aumento de la «práctica» del hombre y hasta qué
punto lo son otras condiciones externas a su persona. Entra en consi-
deración aquí la circunstancia, que ya nos hemos encontrado antes, de
que tras la introducción de una nueva urdimbre en un telar pasa un cierto
tiempo hasta que se dan las condiciones normales de trabajo similares
a las que existen durante el resto del proceso, que duran hasta que se
presenta de nuevo una situación desfavorable, similar a la del princi-
pio, a consecuencia de la terminación de la urdimbre y la consiguiente
inseguridad en los movimientos de la misma. La primera semana con
toda seguridad, y también con mucha frecuencia Ja segunda, están bajo
la influencia de estas circunstancias desfavorables, independientes de
la «práctica» del obrero y no son, por consiguiente, comparables a las
siguientes semanas; así y todo hay que contar siempre con la posibili-
dad de que estos efectos se extiendan ocasionalmente aún más y que,
por tanto, continúa siendo inseguro, en todo caso, en qué grado par-
ticipa en el descenso de las oscilaciones la tendencia a una «adaptación»
creciente a un género (en el sentido de un aumento de la «práctica,, del
obrero)-tendencia en sí plausible y probable-y en qué grado lo hacen
las condiciones técnicas de su trabajo, cuando no hay en la base espa-

195
PSICOFfSICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

cios de tiempo superiores a seis semanas ..Por otro lacio, si yo pusiera


exclusivamente los casos de aquellas urdimbres que funcionan durante
varios meses (en un solo telar), el número de casos observados con
exactitud en fenómenos tan dependientes de circunstancias irracionales,
como lo son las oscilaciones de día a día, sería demasiado escaso'. No
parece dudoso, a priori, que las distintas estaciones del año, con sus
muy diferentes efectos sobre el rendimiento laboral (la iluminación, la
temperatura y la humedad) ejerzan también una influencia sobre el grado
de las oscilaciones, pues éstas dependen del número de veces que se
rompen los hilos (que aumenta con la sequedad) y, en parte también,
de la rapidez y seguridad de la vista y de los movimientos del obrero
(que son influenciados desfavorablemente por la iluminación artificial
y por el calor o frío intensos); esto no se puede verificar aquí, pues los
materiales existentes para el verano y para el invierno se refieren a
distintos géneros.
Supongamos que la amplitud de las oscilaciones será de dimensio-
nes diferentes, no sólo dentro de una misma urdimbre sino sobre todo
entre distintas urdimbres y, aún más, entr~ distintos géneros, y realmente
según las condiciones concretas del trabajo y, por último, según las
peculiaridades personales de los obreros. ¿se puede extraer algo plau-
sible sobre este punto de los materiales?
Tomamos, primeramente, como prueba al mismo obrero, cuyos
rendimientos durante diez meses se reprodujeron en la Tabla III, y
perseguimos las oscilaciones medias a través de.los géneros trabajados
por él en ese tiempo, cuyas características externas medibles (grosor,
anchura, finura del hilo) se indican, así como el número de vueltas de
las máquinas, los rendimientos efectivos normales (los esperados por
término medio) y la divergencia de los logrados de hecho, todo ello en
porcentajes respecto al primer género trabajado, pero en números re-
dondeados. El cuadro que sale es el siguiente:

1 2 3 4 5 6

1. Anchura %: 100 97 100 ,.87 115 115


2. Grosor%: 100 100 128 128 128 100
3 .. Finura del hilo %: 100 __.. 150 162 150 100
4. Número de ·vueltas %: 100 99 95 95 95 95
5. Tarifas de destajo%: 100 91,5 127,6 127,6 142,5 =93,2
6. Rendimiento
efectivo normal %: 100 117 93,1 102,4 80,9 -"
7. El rendimiento
efectivo alcanzado
suma menos que el
normal%: 13,5 16,3 8,7 16,l 0,3

196
AUMENTO DE LA PRÁCTICA

8. Las oscilaciones
de día a día suman:
a) % del rendimiento
alcanzado: 6,89 11,9 12,6 9,7 10,3 7,9 (8,2)u
b) % del rendimiento
con el género I: 100,00 170,0 180,0 139,0 147,0 113 {131)
9. Porcentajes
del rendimiento
alcanzado: 100,00 114,5 102,2 111,1 102,7 115,9
10.Duración del
trabajo con el
género: 1/XI 27/XII 18/11 5M 15MI 18VII
a a a a a a
20/Xll 14/11 3M 12JVII 13MII 30Mll

Se puede ver que la amplitud de la oscilación no discurre realmente


paralela a ninguna cifra. Sí se puede observar que los tres géneros más
gruesos, que son al mismo tiempo los que tienen tarifas de destajo más
elevadas (3,4,5), muestran en promedio las mayores amplitudes en las
oscilaciones respecto a los tres con destajos más bajos (1, 2, 6) (160%
de amplitud en el primer género contra 127%). Pero, según resulta de
las cifras, no se puede demostrar ningún paralelismo entre 1a dificultad
del rendimiento que se refleja en la tarifa del destajo y el nivel de las
oscilaciones de los rendimientos 13 • Mientras que con un mismo género
o una misma urdimbre, según lo hecho probablemente arriba, la evo-
lución se produce de manera que al aumentar la práctica (que debe hacer
subir el porcentaje de rendimiento efectivo) disminuye la amplitud de
las oscilaciones, aquí no se puede encontrar un paralelismo a la inversa
en la relación entre varios géneros: los dos casos en los que el rendi-
miento efectivo está por debajo, pero más cerca, del rendimiento efec-
tivo nonnal (géneros 3 y 5), tiene cada uno una de las amplitudes de
oscilación más altas, mientras que, al revés, con el género 2, con un
rendimiento efectivo bajo, las oscilaciones son también fuertes. No se
puede hablar en absoluto de un paralelismo entre el grado de oscilación
y la anchura, finura del hilo y número de vueltas (que sólo muestra unas
pequeñas diferencias, siendo por lo demás, según su número absoluto,
bajo, y que no se reproduce aquí). En las calidades de los hilos, no
aprensibles en cifras tan simples, podría precisamente estar la causa de
diferencias tan notables en las condiciones del rendimiento de modo
que, al menos en este caso, las otras diferencias al respecto no tendrían
un valor claro. Tiene importancia además que sólo el género 1 y el 3
eran urdimbres largas, de las cuales una (género número 1) ya estaba
funcionando algún tiempo cuando se empezó a contar, es decir, que ya
tenía superadas las fuertes oscilaciones del comienzo, y otra (género

197
PSICOFISICA DEL TA.ABAJO INOUSTI\IAL

número 3) estuvo cuatro meses en el telar, mientras que, por el contra-


rio, el género 2 sólo.se trabajó siete semanas, el género 4 cinco semanas,
el género 5 cuatro semanas y el género 6 sólo dos semanas; después llegó
un obrero distinto al telar. El género 1 se presenta, por tanto, proba-
blemente demasiado favorable, y el género 6, con toda seguridad,
demasiado desfavorable.
El último género es igual en grosor y finura del hilo que el género
1, en el número de vueltas alrededor de un 5% menos, en la anchura
un 15% mayor, y su hilado es algo más fácil de trabajar: todo esto
encuentra su expresión en una tarifa de destajo un 6,8% más baja. No
se puede decidir, en absoluto, si la circunstancia de que el rendimiento
efectivo logrado en ese género sea un 15% más elevado que el logrado
con el género 1 significa en estas circunstancias un «progreso de la
práctica». El género 3 debe su fuerte amplitud en las oscilaciones con
un rendimiento efectivo favorable (bajo el número 7) a un cambio de
urdimbre, en parte también a un cambio técnico en el telar, sobre cuya
desfavorable influencia sobre el rendimiento de ese obrero ya se ha
hablado antes, y, en parte, a una mala salud, que le llevó a interrumpir
dos veces el trabajo en primavera. El motivo de la fuerte oscilación, unida
a un rendimiento bajo, en el segundo género (bajo el número 7) está,
por el contrario, en la Navidad, con su trabajo discontinuo y el movi-
miento sindical, casualmente muy fuerte en aquellos días. El menor
rendimiento en el género 4-con una amplitud de oscilaciones media-
se explica por la inadecuación del género al telar. El género 5, con una
cifra de oscilación media quizá algo por encima de la media (con teje-
dores de un solo telar) (bajo el número 8) -que en una urdimbre más
larga hubiera caído mucho más bajo- muestra al obrero, en un ren-
dimiento efectivo que casi se corresponde al exigido como normal (bajo
el número 7), en la cima de su rendimiento: el género es, como muestra
el destajo (bajo el número 5), difícil, y por consiguiente el rendimiento
efectivo exigido es menor (bajo el número 6): el obrero que se sabe no
era muy hábil (relativamente) pero muy fuerte y constante pudo rendir
su máximo con una exigencia moderada de rapidez (número de vueltas
y rendimiento efectivo).
Si, después de que este ejemplo concreto ha mostrado a qué con-
junto de condiciones muy individuales conduce el análisis de las dife-
rencias de oscilación en un obrero concreto, intentamos ver si no ha-
bría alguna tendencia hacia algún paralelismo mirando un número mayor
de ejemplos, parece probable que aumentos considerables en el núme-
ro de vueltas tienden a aumentar las oscilaciones. Si se ordena una serie
seleccionada de urdimbres controladas con el contador del telar por el
número de vueltas con las que fueron trabajadas y se le da 100 al nú-
mero -más alto, se ve, en realidad, que todos los promedios de las os-
cilaciones que superan el 14% (del rendimiento medio en la urdimbre)

198
AUMENTO DE LA PRÁCTICA

se encuentran en números de vueltas por encima del 7 5% y que, por


el contrario, con ese elevado número de vueltas sólo hay un único caso
con un promedio de oscilaciones por debajo del 10%, el de una mujer
extraordinariamente hábil: cuando esta mujer fue sustituida en la misma
urdimbre por un obrero varón mediano, la amplitud de las oscilaciones
se aceleró al 20,9% de su rendimiento medio en la segunda mitad de
ta urdimbre -la oscilación máxima de todas las urdimbres-. Por el
contrario, con un número de vueltas del 75% y menos, predominan
promedios de oscilaciones inferiores al 12% y hasta el 6,5% y sólo se
encuentran algunos aislados que sobrepasen el 12% (hasta un máximo
del 14%). Por lo demás, no existe ningún paralelismo estricto entre
número de vueltas y oscilación.
Por lo que respecta al grosor de los tejidos: de las seis urdimbres
controladas que tienen un grosor máximo de 100-95%, la mitad tiene
más de un 12% de oscilación media, 5/6 más de un 10%; en urdimbres
con un 90-60% del grosor máximo (controlado), 1/3 tiene más de 12%,
4/5 más de 10% de osciláción; con niveles más bajos de grosor suben
de nuevo los promedios, a consecuencia del elevado número devueltas.
Sin embargo, por lo reducido del número, estas diferencias no demues-
tran ciada.
La finura del hilo coincide la mayoría de las veces con el grosor del
género y vale entonces lo dicho; donde excepcionalmente no ocurre esto,
es decir, que el tejido es más ralo, no es evidente ningún paralelismo;
como ya se ha dicho, tienen también importancia otras características
del hilo que no se pueden poner en una comparación numérica.
Queda todavía una diferencia capital: tejer con un solo telar o con
dos. Esta diferencia es de la máxima importancia para el tipo de exi-
gencias que se le imponen al tejedor. Trabajar entre dos telares, uno
delante y otro detrás, con la necesidad de tener que dejar de mirar
ocasionalmente a uno cuando el otro requiere la atención, afecta na-
turalmente a los nervios de los obreros no experimentados de manera
muy preocupante. Como era de esperar lógicamente, las oscilaciones
de cada urdimbre al operar con dos telares son, en conjunto, más fuer-
tes que al trabajar con un solo telar; las oscilaciones se mueven, en este
último caso, alrededor del 10%, en el primero alrededor del 14% res-
pecto al rendimiento medio. Claro que se dan algunas excepciones
trabajando con dos relates con cifras de oscilación (relativamente) muy
bajas ( hasta poco más de un 5%), y son precisamente obreros especial-
mente experimentados (varones y mujeres) quienes las tienen.
Las oscilaciones y movimientos del rendimiento al trabajar con dos
telares despiertan un interés especial y hay que abordar este punto más
de cerca.
A priori podría pensarse que las oscilaciones en el rendimiento en
dos telares servidos por el mismo obrero se compensarían, por lo

199
PSICOFISICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

general, entre sí: si el obrero dirige su atención a un telar, se resiente


el rendimiento en el otro. Pero que esto no ocurre en las oscilaciones
entre los diferentes rendimientos diarios lo indican los casos ~por
supuesto no muy numerosos- en los que existen mediciones del con-
tador en dos telares servidos por el mismo obrero. La regla de la
mayoría de los rendimientos diarios observados es, con mucho, que
éstos se mueven en la misma dirección (hacia arriba o hacia abajo) de
un día a otro, aun cuando la mayoría de las veces en una proporción
muy desigual. Se podría querer deducir de aquí que en esto se pone de
manifiesto un mismo efecto de los respectivos «estados de ánimo del
día» para el trabajo. Podría muy bien ocurrir esto. Pero no existe
ningún medio para decidir en qué medida y parece seguro que juegan
un papel preponderante otras circunstancias propias de la técnica del
trabajo. El obrero que sirve dos telares;cuando un día el servicio de uno
presenta especiales dificultades, especialmente cuando se int~rrumpe
muchas veces la urdimbre, pµede aceptar las consecuencias de un en-
gomado defectuoso de la urdimbre u otros motivos, y puede no servir
el otro telar de manera tan precisa como en los días en que la urdimbre
del primero corre sin pro-blemas. Esta recíproca influencia del trabajo
en los dos telares podría desempeñar el papel más decisivo en ese
fenómeno q~e ahora puede ser ilustrado con algunas cifras. Veremos
luego que también seda, y por qué, el fenómeno contrario, un compor-
tamiento opuesto de los rendimientos en ambos telares. En un obrero
especialmente eficiente y constante, las oscilac.iones del rendimiento
de un día para otro, en un período de 30 días seguidos, en los dos telares
que él servía, eran de la siguiente manera (en porcentaje respecto al
rendimiento medio):
Días: 1-2 2-3 3-4 4-5 5-6 6-7 7-8 8-9
Telar A: .. +5,0 -1,4 +2,4 +5,4 -3,4 -1;3 +9,1 -3,7
Telar B: -0,9 -8,0 +1,5 +14,0 -9,2 -0,9 +1,8 -0,6

Días: 9-10. 10-11 11-12 12-13 13-14 14-15 15-16 16-17


Telar A: -7,0 +11,4 -11,7 +5,0 -2,5. -3;1 +7,7 -3,6
Telar B: -0,8 +6,8 .,...9,6 +6,9 -5,4 +2,9 +4,5 -10,0

Días: 17-18 18-19 19-20 20-21 21-22 22-23 23-24 24-25


Telar A: -9,6 +10,8 -9,3 +8,1 -1,3 +0,7 -2~0 ....,.20,4
Telar B: -14,9 +13,8 -8,8 +7,3 -2,2 +7,5 -19,2 +9,2

Días: 25-26 26-27 27-28 28-29 29-30


Telar A: +70 +44,9 -20,3 -9,1 -6,1
Telar B: Anolde Fueiode ~ Cornenzode Pleno
lavrdimb,e SE!Mdo la Vldlmbre fvndoncrnlenlo

200
AUMENTO DE LA. PRÁCTICA

Durante los 25 días en los que funcionaron ambos telares, el ren-


dimiento se movió en dirección opuesta, de un día a otro, sólo en tres
casos; y de entre ellos, uno (del día 24 al 25) pertenece ya al final de
la urdimbre en el telar B. Si se añade para cada día el número de pasadas
de trama en ambos telares, resulta una oscilación media del rendimien-
to global entre cada dos días del 6, 11 %, mientras que el rendimiento
en el telar A oscila del primer dia al vigésimo quinto un 5,96% por
término medio, y en el telar B, que tiene un número de vueltas algo
superior al 9%, oscila por término medio un 7,36%. La media de os-
cilación del rendimiento global está ciertamente más cerca de la media
más baja que de la alta, pero no está por debajo de ambas, como sí ocurriría
si las oscilaciones de ambos rendimientos hubieran tendido a compen-
sarse mutuamente. La media de oscilación entre los treinta días, en el
telar A --contando los días en que trabajaba en un solo telar- alcanza
el 8% frente al 5,96% cuando trabaja en los dos telares, es decir, por
encima de un tercio. El rendimiento en el telar asciende alrededor de
un 45% respecto a la media (del día 26 al 27), mientras el telar B está
totalmente fuera de servicio, después de que había caído rápidamente
antes durante el laborioso trabajo en la última parte de la urdÍlltbre en
el telar B (del día 24 al 25), y desciende de nuevo mientras se pone en
funcionamiento el telar B hasta su media anterior. Consecuencia de este
cambio de trabajar con un telar a trabajar con dos al cambiar la urdim-
bre es la media de oscilación más fuerte que registran los contadores
en los telares para tejidos estrechos (tejidos, por tanto, en dos telares).
Esa media de oscilación es consecuencia, además, como ya se ha insi-
nuado hace poco, de que el cambio de género (o el cambio de calidad
del hilo dentro de un mismo género) en un telar influye en el nivel del
rendimiento en el otro telar. Si el trabajo en un telar se vuelve difícil,
baja entonces el rendimiento en el otro y al revés, y esto se manifiesta
-al comienzo del cambio- en fuertes diferencias en el rendimiento
diario y en desviaciones más fuertes hacia arriba o hacia abajo respecto
a la media global del rendimiento alcanzado en la urdimbre. Si pone-
mos, por ejemplo, 100 para la media del rendimiento global de la
urdimbre en el telar A, todo el período de los 25 días de operar con dos
telares tomados .en consideración está en el telar A a un 121,5% por
término medio --a consecuencia de un cambio de género en el telar
B- (más de un 1/5 por encima de la media total), corriendo en el telar
B un género «de grosor medio», mientras que, después de la introduc-
ción en el otro telar (B) de un género fino y un 25% más grueso, el ren~
dimiento en el telar A sólo se mueve por encima de la media (104) en
la primera semana, evidentemente por el esfuerzo especial del obrero 14
-que puede controlar su rendimiento en el contador-, porque inten-
ta al máximo sacar el número de pasadas de trama acostumbrado. Pero
luego baja en la media de los siguientes 25 dfas por debajo de la media

201
PSICOFISICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

global de la urdimbre al 95 ,4%, nivel en el que se mantiene en adelan-


te 15• Y al mismo tiempo que baja el rendimiento suben las oscilaciones.
La oscilación media del rendimiento global (sumadas todas las pasadas
de trama realizadas en ambos telares) suma el 6,93% del rendimiento
medio (contra el 6,11 en el primer período de 25 días). Lo caracterís-
tico ele todo esto es que el ~umento de las oscilaciones no se produce
de manera intensa, en absoluto, en el telar B, aunque los tejidos grue-
sos, al menos con hilos finos, conocen un número mayor de urdimbres
quebradas que los más ligeros: el nivel de la oscilación media en el telar
B es, a pesar de ello, casualmente la misma en el segundo período que
en el primero 16 : 7,36%. Por el contrario, en el telar A, en el que siguió
corriendo la misma urdimbre, el rendimiento oscila notoriamente con
mayor intensidad que en el primer período, concretamente un 6,99%
por término medio (contra un 5,96% del primer período). La media de
las oscilaciones del rendimiento global está aquí, por tanto, por debajo
de la media de ambos rendimientos individuales, lo cual se produce
porque, aquí, las oscilaciones de siete casos (contra tres en el primer
período) discurren en dirección opuesta, es decir, se compensan: en este
caso el obrero, después de tener que ceder en su intento inicial de
mantener ambos telares con el mismo número de pasadas, se concentró
tan intensamente en el nuevo género que ciertamente lo mantuvo en su
cima, o incluso lo aumentó, pero, al mismo tiempo, sufrió el servicio
del otro telar con la urdimbre antigua que ya le había sido encomen-
dada; el telar, por ejemplo, estuvo parado más tiempo por término medio
en las interrupciones de la urdimbre, etc., y de esta manera se obtuvo
un rendimiento más bajo y mucho más oscilante en este telar.
Pongamos ahora este obrero (de 29 años), especialmente eficiente
y voluntarioso y con mucha práctica, frente a otro, asimismo con buena
disposición, pero diez años más joven, que también trabajaba, y en la
misma época, con dos telares. El número de vueltas de sus dos telares
era entre un 2 y un 6% más bajo que en el telar B, entre un 3 y un 7%
más alto que en el telar A del otro obrero, diferencias que no tienen
importancia para nuestro objetivo. Los géneros que hacía eran predo-
minantemente géneros ligeros-un trabajo relativamente cómodo, por
t-anto, que corría normalmente bien-, junto a los cuales sólo había un
género pesado, pero cuyo grosor estaba en relación con el del otro obrero
en la proporción 2: 3 ó 3:5. Su trabajo era, por consiguiente, mucho más
fácil que el del otro obrero, pero, a cambio, con 19 años, no llevaba to-
davía ni tres años en el trabaío y sólo un año y tres cuartos a pleno destajo,
es decir, mucho menos experimentado que el otro obrero. Por esto, el
nivel del rendimiento y el aprovechamiento de la máquina que él lo-
graba estaba por detrás del rendimiento del otro, a pesar de ser un trabajo
más fácil: alrededor de un 18 o alrededor de un 28% 17, según si se mide
por el número de pasadas hechas-lo que da una imagen en cierta manera

202
AUMENTO DE LA PRÁCTICA

correcta- o si se mide por el nivel del ~<rendimiento efectivo», donde


efectivamente es importante el cambio de urdimbre en el joven, que
presenta una frecuencia de más del doble (siete urdimbres diferentes y
cinco géneros diferentes en quince semanas y media en los dos telares
del más joven frente a tres urdimbres diferentes e igual número de géneros
en trece semanas y media en el mayor). Si se miran ahora las oscilacio-
nes en el obrero más joven, el resultado de los catorce días en los que
ambas urdimbres estuvieron funcionando a la vez es como sigue: en un
telar (C) un 23% y en el otro (D) un 16,1% del promedio global de la
correspondiente urdimbre, mientras que el rendimiento global (suma-
dos los dos rendimientos efectivos de cada día) oscila un 14,3%. El hecho
de que las oscilaciones del rendimiento global estén muy por debajo de
las oscilaciones de cada uno de ellos es debido a que en este obrero, de
los catorce días del período, los rendimientos se mueven ocho veces en
la misma dirección y cinco veces en la dirección opuesta. Siguen luego
quince días con tres cambiés de urdimbre y de género (un cambio en
el telar C y dos cambios en el telar D) y, consiguientemente, oscilacio-
nes muy intensas.en ambos telares: 29,4% en el telar C, 27,3% en el
telar D. Durante el período siguiente de 31 días en total, el obrero tuvo
la ventaja de tener el mismo 18 género ligero en ambos telares. Por ello
bajan las oscilaciones. Alcanzan, entre los 25 días adecuados para el
cómputo'\ en promedio: 11,90/o en el telar C, 16,40/o en el telar D, y
11,2% para el rendimiento global, es decir, casi el doble que con el obrero
mayor.
El número de casos en los que los rendimientos de un día para otro
se mueven en dirección opuesta suma nueve (de 25), relativamente
menos, por tanto, que en el primer período de este obrero, pero tam-
bién mucho mas que con el obrero mayor. Se podrá ver en las diferen-
cias de amplitud de las oscilaciones y en sus compensaciones una con-
secuencia de la diferente práctica entre ambos. Se puede pensar como
explicación que el obrero más joven, al prestar atención a dos telares,
mira aquí y allá en mayor medida que el obrero mayor, que dirige su
atención a utilizar los telares tan completamente como sea posible, pues
por su mayor experiencia está en condiciones de hacerlo con mayor éxito
y, por ello, en efecto, mantiene ambos telares con un funcionamiento
uniforme. «Mantenerlos con un funcionamiento uniforme» no quiere
decir lograr en cada uno el máximo número de pasadas de trama, sino
lograr, según las posibilidades, el máximo de utilización de cada una
de las máquinas que está a la base del cálculo del salario y que, dando
por supuesto que este cálculo sea «correcto», le garantiza a la empresa
el máximo de mercancías en las condiciones dadas, tanto desde el punto
de vista cuantitativo como cualitativo, y le garantiza al obrero el salario
máximo posible por unidad_ de tiempo (con la norma de sueldos que
subyace al cálculo) 2 º. El cálct:!lo, aun siendo «correcto», puede estar

203
PSICOFÍSICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

desautorizado por las condiciones materiales, especialmente las rela-


tivas al material; entonces sufren el daño la empresa (en la calidad de
la mercancía) y el obrero (en el salario)2 1• Por otro lado, el cálculo «fal-
so» de la tarifa a destajo para el caso concreto de dos telares servidos
por un solo obrero -falso en el sentido de no corresponder a las con-
diciones técnicas del rendimiento en cada uno de ellos- tendría como
consecuencia que el obrero -si calcula correctamente sus posibilida-
des de remuneración- intentada ganar su remuneración por la vía del
«menor esfuerzo», es decir, emplear al máximo el telar para ganar más
con el menor trabajo, porque la tarifa salarial esté calculada «demasia-
do favorablemente» para los géneros a trabajar en ese telar en relación
con los otros géneros del otro telar, y trabajados simultáneamente.
La pregunta que nos interesa ahora es la siguiente: ¿hasta qué punto,
con un cálculo «correcto», se da realmente esa tendencia a la adapta-
ción que debe regir si el obrero adapta la medida de rendimiento de los
telares al cálculo salarial y a las posibilidades de ganancia que de ahí
se derivan? A esta pregunta sólo se le puede dar una respuesta consi-
derando períodos de tiempo mds largos, en los que los mismos géneros
estén funcionando paralelamente. Adelantando esta respuesta en su
punto central --en la medida en que es posible una respuesta con el
modesto volumen de los materiales-diré: semejante adaptación tiene
lugar en cada obrero, según parece, en un grado muy diferente. Cada
obrero que sirve varios telares se ve obligado en- una cierra medida a
«adaptarse» a las condiciones de la máxima prqducción, si no quiere
tener desventajas económicas (pérdidas en el salario o despido, si está
continuamente muy por debajo del rendimiento esperado calculado).
Pero el grado en que ocurre esta adaptac.ión parece ser bastante dife-
rente. De la observación de las oscilaciones en las remuneraciones de
un mayor número de obreros que trabajan en dos telares me parece que
se desprende que los obreros «más dotados» son-aquellos que mejor se
saben adaptar al cálculo -y esto fue confirmado por la dirección de
la fábrica.como algo que se correspondía con-sus propios conocimien-
tos al respecto--. Esta adaptación parece realizarse de modo que el obrero
que comienza a tejer dos géneros distintos simultáneamente, si es efi-
ciente, comienza casi siempre a alternar el máximo de su esfuerzo entre
ambos géneros, de modo que primero se presenta una rápida subida del
rendimiento en un telar y luego, al estar éste parado o al reducirse la
producción en él, se da una subida similar en el otro, lo cual puede ser
repetido una o dos veces hasta que el obrero, después de haber aumen-
tado suficientemente el rendimiento en ambos telares con la «práctica»
y de haber «tanteado» la relativa rentabilidad de su salario, aprenda poco
a poco a repartir sus esfuerzos en ambos telares de modo que gane el
máximo, y esto quiere decir --con un cálculo «correcto» del destajo--
que gane igual cantidad en cada uno de los telares. Esto significaría,

204
AUMENTO DE LA PI\ACTICA

con otras palabras, que los rendimientos de los telares servidos por un
obrero expresados en cantidades de producción, con obreros experi-
mentados y con un cálculo «correcto», tienden a situarse proporcional-
mente en sentido inverso a la tarifa de destajo de los géneros.« Tienden»
quiere decir que una cantidad de circunstancias individuales, del ma-
terial, del telar, del «estado de ánimo» del obrero, de la estación del año,
etc., pueden impedir que se dé realmente este resultado, pues las dife-
rentes exigencias que les plantean a los obreros los distintos géneros,
que hay que considerarlas a través de las diferencias en las tarifas de
destajo, no se refieren a una destreza única y uniforme de los obreros
que fuera relevante para todos los géneros, sino que se refieren a un con-
junto grande de destrezas que son relevante·s en distinta medida para
las distintas cualificaciones, de modo que la individualidad del obrero
tiene que implicar fuertes divergencias. Pero, a pesar de todo esto, la
mencionada tendencia se da repetidamente y con bastante claridad
precisamente entrelos obreros con mayor práctica. De esta manera, por
seleccionar al menos dos ejemplos, el obrero rnayor'y más experimen-
tado de los dos cita.dos anteriormente como ejemplo para las oscilacio-
nes, al tejer dos géneros distintos con una diferencia entre sí del 7 ,5%
en la tarifa de destajo -géneros que tejió simultáneamente durante
cuatro meses y medio-, muestra, primero, una fuerte subida del ren-
dimiento en ambos telares y, precisamente, en el género más grueso con
una tarifa más elevada. A esa subida, conseguida evidentemente con un
sobreesfuerzo continuo, le sigue, de la segunda a la terc;era quincena,
un considerable descenso, más fuerte con el género más grueso (para
un mismo nivel de remuneración más alta). De la tercera a la cuarta
quincena sube el rendimiento en el género más difícil, mientras que baja
un poco en el más fácil; de la cuarta a la quinta quincena ocurre jus-
tamente lo contrario; de la quinta a la sexta quincena se distorsiona la
evolución por un cambio de urdimbre en el género más fácil: ambos
rendimientos bajan, para subir luego lentamente entre la sexta y la
séptima quincena; de la séptima quincena a la octava comienza el
relanzamiento hacia la subida en el género difícil de nuevo, mientras
que el fácil baja moderadamente; en la novena quincena se termina la
urdimbre del primero (ambos bajan). En cada mes y medio, la diferen-
cia de producción (expresada en metros de mercancía) cayó del 14,5%
del rendimiento mediano en el promedio diario en el primer tercio del
período al 6,5% de promedio diario en el último tercio del período. Pero,
tanto en el primer tercio como en el segundo, la producción en el género
difícil estuvo en cada quincena por encima de la producción de género
fácil, y sólo en el último tercio se puso de manifiesto, con un rendimien-
to diferente, la diferencia de tarifa de destajo (7,5%), que expresaba la
dificultad del trabajo. La diferencia entre las ganancias medias diarias
en cada uno de los telares retrocedió a la mitad enel tercer tercio, con

205
PSICOFISICA DEL TRABAIO INDUSTRIAL

lo que, en los dos primeros períodos, cambia mucho más fuertemente


que en e1 tercero la medida en que uno u otro telar tienen la prepon-
derancia. El telar con el género más fácil ganaba más ( +) o menos (-)
que el otro (en porcentajes respecto a sus respectivas ganancias bajas):
primera quincena: +14; segunda quincena: -8,5; tercera quincena:
+18,7; cuarta quincena: -13,8; quinta quincena: + 14,7; sexta quin-
cena: +9,2; séptima quincena:+ 12,9; octava quincena: +5,2; novena
quincena: +3,9. De todo esto se pude ver que el obrero, tanteando y
adaptándose de manera continua-consciente o inconscientemente-
se acerca progresivamente a las condiciones relativas del trabajo que
estaban a la base del cálculo del destajo. .
La tendencia a equilibrar las ganancias en los telares se destaca aun
con mayor claridad que en este obrero -que, dicho sea de paso, es
.sindicalista- en una mujer especialmente hábil, si contemplamos las
siguientes cifras, que se refieren a las quincenas tras el comienzo del
trabajo en dos telares con dos géneros distintos y con una diferencia del
17,6% en el destajo entre sí: la ganancia en el telar A (con el género más
elevado) se comporta en relación· al telar B (con el género mas bajo) en
las quincenas de la siguiente manera:

1 2 3 4 5 6 7 8 9 o .
como 1 OO·a 262 155 120 96 86,2 93 86,9 101,5 100 100,6

El promedio, por tanto, de las tres primeras quincenas tiene una


relación como 100 a 146, en las cuatro quincenas intermedias como 100
a 90,5, en las tres últimas quincenas, por último, las ganancias fueron
iguales con diferencias mínimas. Expresado de otra manera: en los
primeros cuatro meses, la obrera,que ya había trabajado dos quincenas
en ese género en el telarB, se adaptó al género más difícil (en el telar
A), pero, concentrando su atención en el viejo género más fácil, man-
tuvo el telar B en todo su funcionamiento (pues las cantidades produ-
cidas por día en este telar sólo están algo por debajo de la media en la
segunda quincena); después de adaptarse al nuevo género difícil (telar
A) en la tercera quincena, la obrera dirige su atención temporalmente
a éste género con: una tarifa más alta con una intensidad mayor que al
género más fácil, de modo que el rendimiento en este último cae en torno
al 15%; sin embargo, durante el último tiempo del período las ganan-
ciasen ambos telares son iguales y esto significa que la producción estuvo
en relación inversamente proporcional a las tarifas del destajo, de manera
que la. producción en B está más baja que en el primer período, y que
la deAestá mas baja que en el segundo período, es decir, que se da un
equilibrio con una especie de línea «media», que es precisamente
inversamente proporcional a la tarifa de destajo calculada, después de
que la obrera hubiera elevado, con un fuerte esfuerzo, su nivel de prác-

206
AUMENTO DE LA Pl!.ÁCTICA

tica, primero en un género y luego en el otro. Puede bastar con el análisis


de estos casos, que se pueden apoyar con otros casos similares, pero hay
que observar que fr°ente a éstos, en los que se trata de obreros muy
experimentados, existen otros casos, y concretamente con obreros menos
dotados o con menos práctica, en los que se da una continua e inestable
oscilación entre ambos telares, en los que no se da, por tanto, la com-
pensación ni la adaptación al cálculo del salario, lo·cual reduce siempre
la ganancia.
Con estos comentarios hemos entrado en el análisis de las oscila-
ciones en los rendimientos de obreros concretos, como ya había ocu-
rrido antes ocasionalmente. Entonces observamos, sin embargo, la
evolución del rendimiento en un mismo género (o en dos géneros en
dos telares). Ahora vamos a analizar una serii;: de obreros en períodos
de tiempo más largos, que abarcan múltiples cambios de género, lo que
hasta ahora sólo había sucedido de manera aislada y alusivamente con
fines ilustrativos.

NOTAS

1. Así como tampoco el bajo rendimiento de los lunes (véase más arriba) es sólo consecuencia
de una urili-.ación poco sana del domingo por parte de los obreros: la máquina, que está parada
entre la tarde del sábado y la mañana del lunes tres veces más el tiempo que lo est:í de un día para
otro. con los hilos cubiertos de goma, encuentra también más dificultad para empezar los lunes <iue
cualquier otro día.
2. Así, por ejemplo, el rendimiento dfario de un tejedor que sustituye a una mujer en una
urdimbre a medio comienza con el 80% de su rendimiento medio de los t«s primeros días. En la
urdimbre que trabajaban los obreros trarados en la Tabla lll, el rendimiento cae de 101,6% al
93,9% en el promedio de los tres primeros días cuando, el 1 de septiembre, entra un nuevo obrero
(asimismo eficiente), para volver a subir en la segunda semana al 102,2%, etc. Las transformaciones
técnicas en los telares acometidas d"ranle el proceso de una urdimbre, incluso aquellas que deben
faú{itarel trabajo, significan realmente, sólo por la falla de práctica, un descenso al principio y luego
una progresiva subida en el rendimiento, incluso con un tejedor experimenrado como los tratados
en la-Tabla III: véanse las cifras del 18, 19 y 20 de mayo (también ocurre exactamente lo mismo
con otros obreros).
3. Se han excluido del cálculo una •urdimbre mala• (pues cuanto peor sea la urdimbre más
irregular suele ser la distribución de las fallas del hilo) y un obrero que no se podía comparar bien
por una gran discontinuidad en el trabajo. Si se incluye a este último, el resultado sería, de tres en
rres piezas, como sigue: 1-3: 100; 4-6: 107,9; 7-9: 108; 10-12: 106,7; 13-15: 105,5; 16-18: 109;
es decir, también una subida, aunque no ran rítmica. ·
4. Es decir, de lastres últimas que se han tomado en cuenta aquí. Al final de la urdimbre baja
algo el rendimiento,
5_ Como las urdimbres largas, en las que se trabajó hasta cuatro meses, tienen un comienzo
y un final en distintas estaciones del año, es posible, al menos, que intervengan también las
condiciones meteorológicas generales, aunque las urdimbres que se han incluido se compensarían
unas con otras. Pero siempre hay qnc tener claro que todas estas cifras no son •resultados•, sino que
representan «posibilidades• que habría que comprobar con materiales más amplios.
6. Las semanas siguientes no fueron incluidas, porque era demasiado grande el número de
casos en los que en la séptima semana se trabajó una urdimbre (corta), (Ya en la sexta semana, e
incluso en la quinta, se terminan ttlgunas urdimbres; las cifras correspondientes a esas semanas no
se han puesto en la Tabla.)

207
PSICOF(SICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

7. Porque el traba10 en un solo telar est.i influido muy fuertemente por la situación en el otro,
especialmente por la introducción de nuevas urdimbres en éste.
8. Tanto en la ptimera como en la segunda de ambas series, fa caída d!!l ritmo de fas mismas
está condicionada en cada uaa de las semanas por ciertas situaciones anormales de determinadas
semanas (dlas de tejer con un solo telar en el caso de tejer con dos telares, media jornada laboraJ
----<:on su consiguiente subida de inrensidad-y jornadas no trabajadas). LI diferencia en el número
de jornadas en cada una de las semanas es realmente muy distorsionanre. l'cro aunque se
prescindiera de la división en semanas y se reunieran, por ejemplo, los rendimientos y las
oscilaciones de cada cinco o seis días en los que se ttabajó, las peculiaridades de los lunes, por
ejemplo, que inrervendtfon una o dos veces en esos grupos, distorsionarían el resultado. Hay que
destaca.r siempre que 110 se trata de •resultados., sino de caminos, a través de los cuales quizá, con
unas eondíciones más favorables que las que ofrece esta fábrica, podría llegarse a aquéllos, ·
9. Están producidos naturalmente de manera más irracional que los rendimientos globales
medios de un período comentados, en los que los ~resultados• obtenidos antes podrían ser
considerados, aun con todíls jas reservas, como tales. No tendría ningún inreC'és intentar analizar
las cifras de la·s sernanas posteriores, pues ést;is oscilan mucho.
10. La finura del hilo no tiene aqui valor de comparación porque la resistencia y otros
comportamientos del material son muy diferentes. ,
11. No calculado.
12. Los números entre paréntesis resultan de incluir en el cálculo las medias jornadas de los
sábados, con su correspondiente cendirñiento más elevado, que al calcularlo conjunta1nente con las
jornadas enteras eleva el promedio de las oscilaciones; las cifras no puestas entre paréntesis resultan
de la no inclusión en el cálculo de esas medias jornadas.
13, No obstante, se puso tarifa de destajo del género 4 •a modo de prueba•, que se hizo una
sola vez por un encargo especial. Es ése el género cuya rentabilidad para el obrero fue trastrocada
por u11a deficiente adaptación del género al telar (v~ase el texto).
l4. Pues el rcndiniiento en el telar B es también muy alto, al menos para un comienzo de
urdimbre_
15. .La elevación ·del número de vueltas en B un 0,9% difícilmente juega algún papel. Lo.s
coadiciones meteorológicas no eran muy diferentes en ambos períodos ( julio o agosto y la primera
semana de septiembre de 1908) y, en conjunto, eran relativamente-favorables para esta estación
del año. Una restricción limitada en el funcionamiento de la íábdca en el mes de agosto (varios
sábados sólo medi,i jornada, algunos sábados sin trabajo) era más bien apropiada, con las
peculiaridades personales de este obrero extremadamente voluntarioso, para llevar hada arriba el
rendimiento de los segundos veinticinco días.
16. Sólo marca una cierra diferencia la circunsta1Ícia de que en el primer perlado se_ han
inchiido las fuertes oscilaciones del rentlimrenm entre los tres últimos días (final de la urdimbre)_
17. Parece directanicnte comparable el rendimiento de ambos obreros en un período, mkn-
tras que ambos trabajaban en el mismo género y el obrero mayor lograba un rendimiento efectivo
un 38% superior al del joven, o, contado según el número de pasadas de trama, un nlÍmero de
pasadas 29, 7% más alto, con un número de vueltas en el telar un 6,75%.más elevado. Sin embargo,
la instalación técnica de los telares no es lá misma en todos los pumas y el más joven renía un género
distinto (más fácil) que el mayhr en el otro telar, que funcionaba alá ·par. ·
18. Pues la diferencia de uri 3% en la anchura no cuento. na ruralmente para el rendimiento.
Además los otros géneros eran también muy similares, de modo qiÍe puede entrar en juego el efecto
de la p~áctica, · ,
19. Tuvieron que quedar fuera de consideración algunos días, en los que no se trabajó en un
telar por alguna avería. .
20. Un telar cuyo número de vueltas se aumentara, con un mismo género, supongamos en un
20%, incluso suponiendo que esce aumento de velocidad por metro de urdimbre no trajera consigo
ninguna rotura de hilos ni ninguna otra alteración, no podría, sin embargo, aumentár la producción
de mercancía en un 20%, si el obrero necesita el mismo tiempo para reparar los hilos que se rompen,
etc., que el que necesita con un 20% de vueltas menos, sencillamente porque el tiempo perdido en
tales interrupciones significa, referido al ntlmero de metros de la mercancía, una pérdida mayor que
con un nlimero menor de vueltas. Sólo si el obrero reaccionaraasimjsmo un 20% más rápido, subiría
el producto en un 20%. Por esto, el grado de rendimiento de la máquina logrado normalmente por
un mismo obrero no es igual de elevado según el número de vueltas. Pero el número de vueltas;

208
AUMENTO OE LA PRÁCTICA

nantralmcnte, tiene una considerable inílucncia sobre el número de veces que se rompen los hilos
y sobre otros comportamientos de los hilos al tejer, y la tiene de distinta consider,ición, por ejemplo,
según la finura y el número de-vueltas del hilado y depende, por ello, de estas y orras muchas
cncunstancias para lograr el máximo.
21. Las enormes diferencias de los materiales podrían eonotiruir uno de los varios problemas
cuando se inrenta firmar un convenio colectivo. Actualmente, en los casos de •urdimbres malas•
se complementa con suplementos individuales. El monto de estos suplementos no se podrla acordar
fácilmente. Y ocurre a.dem.ls que el número de veces que se rompe el hilo no está, en absoluto,
solamente en función del tipo de hilo y de la calidad del producto (tampoco en la tejeduría del
algodón), sino que depende también en una medida considerable del obrero, que puede evitar una
gran parte de esas quebraduras con el control de la urdimbre y una intervención a tiempo. Al obrero
con prá.ctica. lo suelen reconocer los maestros inspectores. entre otras cosas, en. que está tanto
delante como detrás de los telares (también en la tejeduría del algodón).

209
12
ANÁLISIS DE VARIOS RENDIMIENTOS INDIVIDUALES
Y SU EVOLUCIÓN:
A) TRABAJO MANUAL, B) TRABAJO MECÁNICO

Comenzamos con una obrera, la «que une los cabos», cuyo rendimien-
to manifiesta totalmente las características del trabajo manual y que en
esta empresa tiene además que realizar el «enhebrado", el «pasar los hilos»
y «la perforación de los peines», es decir, todos los trabajos manuales
previos a la elaboración de la urdimbre. De estos trabajos, el trabajo más
importante desde el punto de vista de la ganancia es el de unir los cabos
(en el que, en otras circunstancias, suelen estar especializadas varias obre-
ras, es decir, tanto en empresas más grandes como por falta de obreros
tan altamente especializados, como ocurre aquí); parece que el rendi-
miento en este trabajo, que consiste en giros de la mano lo más rápido
posible sobre los hilos previamente seleccionados, igualmente con la
máxima rapidez, depende en gran medida de una capacidad natural (de
una determinada habilidad con los dedos), además de que presupone
una absoluta insensibilidad respecto a la inaudita monotonía del rápi-
do movimiento de la mano, que se repite diez veces y más por minuto,
siempre igual, y exigiendo una atención visual muy precisa. Los otros
trabajos --<uya dificultad y duración relativas vienen caracterizadas por
el porcentaje de sus tarifas de destajo por cada 1. 000 hilos en los siguientes
términos: unir los cabos-enhebrar-pasar hilos-perforar los peines:= 100-
40-140 (ó 174) 1-30- no le van a la zaga en monotonía al trabajo de
unir los cabos, pero en ellos el rendimiento no depende en igual medida
de una predisposi!=ión natural como en aquél. El puesto de la obrera en
el proceso de producción lleva consigo que la cantidad de trabajo y su
distribución entre las cuatro tareas que le incumben cambien perma-
nentemente, según las nuevas urdimbres que se hayan introducido. Se
obtiene una muy buena imagen de esto en las series reproducidas en la
Tabla IV. Hay que observar al ·respecto lo siguiente: la obrera había sido
antes tejedora manual, luego hizo trabajos de jardinería y otros y de su

210
ANÁLISIS DE VARIOS RENDIMIENTOS INDIVIDUALES

empleo en el jardín del jefe pasó a Ia fábrica, al principio sólo medio


día, trabajando el otro medio día en el jardín, y fue contratada a destajo
a tiempo completo a partir de febrero de 1907; sus tarifas de destajo
fueron reducidas un 10% a partir de junio de 1907, de acuerdo con una
notificación que §e le había hecho justo al comienzo 2• Según la Tabla
-línea 4e-, es, al menos, posible que la obrera reaccionara antes del
mes crítico con un rendimiento más bajo, pero luego, después de que
se hubiera introducido, a pesar de todo, la rebaja, con un rendimiento
tan fuerte que sobrecompensó en ganancias la rebaja efectuada. No tuvo
lugar una segunda rebaja de otro 10%, que le había sido anuncíada para
los meses posteriores a septiembre de 1907 (contra la que, en septiem-
bre, reaccionó quizá con un rendimiento menor en ese mes-véase línea
4e-), porque entretanto había crecido el movimiento sindical y la obrera
era suficientemente rentable. Los rendimientos más bajos en los cuatro
meses oscuros del invierno de 1907 a 1908 (de noviembre hasta febre-
ro) se explican bien, como en otros obreros, por el mayor esfuerzo de
trabajar con luz artificial. La brusca caída en septiembre de 1908 se
explica por el hecho de que le afecta precisamente a la obrera que une
los cabos, e intensamente, la depresión de la empresa en ese mes, cuyo
nivel de empleo depende muy claramente del inicio de nuevas urdim-
bres, es decir, del nivel de los pedidos. Como muestra la línea 2, sólo
estuvo a destajo quince días (de las 26 jornadas del mes), sufriendo, por
tanto, más del doble que otros obreros por las reducciones de la fábrica,
al encontrar trabajo sólo hasta cuatro días a la semana, cayendo en
concreto el pasar los hilos hasta casi 1a quinta parte. El rendimiento de
la obrera, en sus cuatro trabajos concretos, depende siempre, en todo
caso, incluso en épocas de pleno empleo, de las necesidades de la empresa.
Como resulta de las líneas 1 y 2, el tiempo del trabajo a destajo es
realmente distinto de las jornadas realizadas en once de diecinueve meses
y las cifras de la línea 5 muestran que, incluso si se suma cada uno de
los trimestres, cambian sin ninguna regla fija las ganancias globales
derivadas de las ganancias en los cuatro trabajos concretos. Natural-
mente podría estar interviniendo en este punto un distinto nivel de
prdctica en los distintos trabajos parciales. Pero las cifras de la línea 4a-
d, con un cambio en los rendimientos totalmente irregular en cada uno
de los trabajos parciales, indican que, en todo caso, nosotros no los
podríamos reconocer. Lo que interesa, en cambio, en gran medida, a
la vista de este fuerte cambio de trabajo producido solamente por las
necesidades de la empresa, es el hecho, deducible de la columna 6, de
un aumento de la práctica de un tercio respecto al rendimiento de marzo
de 1907, que, por su parte, era el segundo mes de trabajo de la obrera.
Al mismo tiempo, la comparación de estas claras cifras -resultantes
de la síntesis de todo este período de seis meses y que muestran una
evolución sostenida- nos enseña, con la irregularidad de las cifras que

211
PSICOffSICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

arrojan los períodos mensuales e incluso trimestrales\ algo que ya se


ha presentado antes: que sólo la comparación de promedios mayores
puede realmente decidir sobre si, en las diferencias de rendimiento,
estamos ante «casualidades» o ante diferencias fundadas en diferentes
predisposiciones naturales o de diferentes niveles de práctica. El alto
nivel de práctica de la mujer se.corresponde con sus características
personales: la obrera tiene 4 2 años y con un sentido tan fuerte de querer
ganar, que, cuando el dinero de la manutención que daba a su familia
fue rebajado 10 Pfg., se fue de ella.
Vamos ahora a las curvas de las ganancias de algunos tejedores
mecánicos.
Ya hemos analizado antes en lo fundamental, al comentar las osci-
laciones, la evolución de las ganancias de un tejedor de un solo telar (b).
En el género moderadamente grueso, pero bastante ancho, que trabajó
hasta el 20 de diciembre, ganó, en conjunto, bien, y obtuvo una prima
de calidad en septiembre (110%) y en noviembre (108,5%), mientras
que el tiempo de Navidad le supuso un descenso en el rendimiento y,
a consecuencia de un cambio de urdimbre y de un rendimiento inicial
más bajo, le supuso quedarse por debajo de la ganancia normal. A
comienzos de enero, tras el cambio a un género más fácil con un ma-
terial más soportable, subió rápidamente su ganancia a un nivel extraor-
dinario (12 7%), como resultado de un aumento muy significativo de su
producción. Sin embargo, no obtuvo ninguna prima a pesar de ello, por
lo que parece, por tanto, que su rápido trabajo no fue suficiente desde
el punto de vista de la calidad: es un hombre de mediana edad, muy fuerte,
pero ni muy rápido ni especialmente hábil. Los rendimientos semana-
les• en este nuevo género subieron entre diciembre y mediados de enero
de 65 ,6 a 87,6, 96,4 y 113,5%, luego siguió una bajada al 98,3%, pro-
bablemente a consecuencia del fuerte frío, nuevamente un aumento al
108,6 y a comienzos de febrero otro aumento a un 110,9%, a lo que le
siguió el final de la urdimbre, a mediados de febrero, con un 88,60/o. La
ganancia de febrero se mantiene en el nivel normal (100,3%),-porque
el rendimientos al final de la urdimbre del género anterior y al comienzo
del otro género qúe se empezó entonces era inferior. Este nuevo género,
más pesado, lo trabajó el obrero en dos urdimbres hasta junio, con los
siguientes rendimientos semanales (siempre en porcentaje respecto a su
rendimiento medio en esta urdimhre): 89,6-96,5-99,2 (mediados de
marzo), a lo que siguió una larga enfermedad del obrero, y luego, ya en
abril, tuvo los siguientes rendimientos: 88,5-101,7-90,8-110,9 hasta
105,3-111,7; luego (en mayo), trasunareformaenel telar: 92,8-111,1-
1-96,7 ( final de la urdimbre a comienzos de junio). Este obrero alcanzó
mensualmente, en marzo, el 101,7% respecto al rendimiento en febre-
ro, el 104,3% en abril, en mayo -antes de la reforma en el telar-el
116,7%, ysugananciapordíasubió, a consecuencia de ello, del 100,30/o

212
ANÁLISIS DE VARIOS RENDIMIENTOS INDIVIDUALES

en febrero al 110% en abril (el mes de marzo no es comparable, en cuanto


a la ganancia, pues este obrero trabajó primero de forma no continuada
y luego no trabajó durante algún tiempo). El rendimiento cae entonces,
en mayo, a consecuencia de la reforma en el telar y del consiguiente
cambio efectuad9 en la tarifa del destajo al 90,6% del rendimiento de
febrero, y la ganancia al 89,5% de la ganancia normal. La subida de
febrero a mayo será quizá consecue·ncia, en parte, de las mejores con-
diciones de trabajo de la estación del año. Pero las cifras tras la reforma
del telar parecen indicar que también interviene fuertemente la mayor
práctica). El mes de junio, con un 102,3%, muestra una clara ganancia
teniendo presente el cambio de género: el obrero se lanzó evidentemen-
te con gran celo al nuevo género, especialmente liviano y un 12,5% más
estrecho, logrando buenos progresos al comienzo. Pero luego se frenó
visiblemente: los rendimientos semanales se mueven del 87,5% en los
primeros días al 107,5-105,1- 96,1-98,8-91,8 (mediados de julio), de
modo que el obrero fue superado aquí por un pri~o suyo más joven,
que trabajaba en dos telares, como ya ha sido mencionadoí. Además de
la fuerte sequedad .de una semana de junio y del calor de julio (relati-
vamente moderado, por lo demás), desempeñó un papel en este rendi-
miento otra circunstancia --que hay que añadir a las observaciones del
un capítulo anterior, página 148, ju_nto a la no muy grande habilidad
de este obrero ya mencionada: esa circunstancia es que este género pro-
ducido ocasionalmente por encargo se adaptaba mal al telar grande, que
estaba sirviendo este obrero. La ganancia de julio, consiguientemente,
estuvo algo por debajo de lo normal (99,1), pues además de que se había
cambiado a un nuevo género, éste tenía una anchura bastante mayor que
el que había sido trabajado de febrero a junio, aunque del mismo grosor.
Pero con este nuevo género, este obrero ganó bien en el mes de agosto
(114,6% respecto al nivel estándar) alcanzando por vez primera el nivel
estándar que está a la base del cálculo de los costes salariales (véanse las
cifras de p. 197) y manteniéndose, también desde el punto de vista de
la calidad, en un nivel tan elevado que obtuvo, por vez primera desde
noviembre, primas. Si se prescinde de los dos géneros livianos (enero/
febrero y junio/julio), se podría decir que este obrero se vio ante un trabajo
con una dificultad creciente y que, por ello, de acuerdo con su natural
lento, se metió en sus nuevas tareas con lentitud,_pero luego fue adap-
tándose a ellas de manera creciente y continua. Pero evidentemente le
resulta más fácil realizar un mayor trabajo mecánico, que le exigen los
géneros gruesos (con un llenado del Schütze más frecuente y con una
anchura que requieren mayor fuerza física y seguridad en la visión), que
lograr otros resultados sirviendo.géneros más finos y, por consiguiente,
más quebradizos. Según esto, las oscilaciones en sus ganancias mensua-
les de la Tabla I se explican, en parte, por un trabajo no continuo (Na-
vidad), en parte por la interrupción por enfermedad (marzo) y en parte

213
PSICOFÍSICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

por las dificultades concretas de un género no apropiado para el telar


(junio), pero, en general, se explican, enteramente, por los cambios de
género o de urdimbre o por las reformas en el telar.
Otro de los obreros estudiados en la Tabla I (g), un primo del anteriot
algo más joven (3 3 años), realizó en noviembre el paso al modelo I, en
el que trabajaba con un solo telar, después de haber obtenido durante
tres meses buenos resultados por encima de la media en dos telares del
modelo 11 (sin el suplemento por sexo en agosto y en octubre, casi la
tarifa estándar entera). Su adaptación a la nueva tarea se realizó, corno
muestra la Tabla, a golpes. En los meses de noviembre y diciembre el
rendimiento es extraordinariamente bajo para un tejedor hábil, como
es él, 33% o 23% por debajo del nivel estándar. Hasta enero, con un
género grueso de un material muy resistente, no comenzó él a subir con
intensidad, rindiendo entonces más que el nivel estándar calculado y
ganando en puro destajo bastante por encima de la media (18%). Sin
embárgo no mantuvo este despegue totalmente en los meses siguientes:
no pudo cumplir lo que le exigían los géneros más estrechos pero más
gruesos y más finos ( un 25% en el número _de hilo además de en la calidad
del hilo), a pesar de un número de vueltas inferior, lo que se pone de
manifiesto en la Tabla en sus ganancias a destajo por debajo de lo normal
hasta el mes de junio. Sólo se mejoró su rendimiento al pasar a géneros
de hilo muy fino más anchos y moderadamente gruesos, rendimiento
que fue todavía desigual de junio a agosto, considerable en otoño y que
sobrepasó en octubre y noviembre el nivel estándar de esta mercancía
producida con material mucho más quebradizo. Las cifras que carac-
terizan la relación entre producción y género a partir de enero de 1908
desde un punto de vista cuantitativo son las siguientes:

Género 1 2 3 4 5
en% respecto Grosor 100 114 114 114 114
al primer Anchura 100 97,8 85,1 87,2 100
género Número de vueltas 100 95,1 95,1 95,1 95,1
Rend. efect./estánd.100 106 108 117 109
Tarifa destajo 100 113 · 106 113 117

Rendimiento efectivo +8,7 -19,7 -14,6 -2,8 +6,4


logrado respecto al
nivel estándar (%)

Las ganancias a destajo y los rendimientos en los cinco généros por


mes, los últimos en porcentajes respecto al rendimiento medio (y entre
paréntesis en porcentajes respecto al rendimiento estándar) van de la
siguiente mane~a:

214
ANÁLISIS DE VAl'.IOS RENDIMIENTOS INDIVIDUALES

Enero Febrero Marzo Abril


Tarifa destajo % 118 97 78,3 93,6
Rendimiento% Gén. 1:99 Gén. 1:100,2Gén. 2:103,6Gén. 3:96,2
(1Q7,6) (109,9) (86,5) (84, 1)

Gén. 2:91,6
(76,2)

Mayo 6 Junio Julio Agosto


Tarifa destajo % 84 87,6 109 87,1
Rendimiento% Gén. 3:97,9 Gén. 3:108 Gén. 4:101, Gén. 4:94,7
(85,3) (94,2) (98,3) (91,7)

Gén. 4:90,1
(88,9)

En el mes de septiembre, el rendimiento en el género 4 sube con-


siderablemente: no es aventurado suponer que este obrero aumentó
fuertemente su eficacia y su voluntad de rendir por un mayor tiempo
de descanso a consecuencia de las reducciones de actividad de la fábrica
(sábado libre). Pues el rendimiento en el género 5, con el que comenzó
en octubre, subió en noviembre, después de que no hubiera ya esas
reducciones de la fábrica, sólo al 101 % del rendimiento de octubre, de
lo que puede ser responsable, sin embargo, la iluminación artificial, que
siempre actúa de manera desfavorable, pero también la circunstancia
de que el plomo y la finura del hilo en los géneros 4 y 5 muestran la misma
relación, pero el género 5 había sido experimentado ya con el 4, por
lo que funcionó muy bien en su rendimiento desde el comienzo. Este
obrero, muy eficiente en conjunto, arrojaba el siguiente cuadro sobre
la relación entre los géneros que trabajaba y sus progresos de «adapta-
ción» semanales: las cifras de su rendimiento representan, en medias
semanales, porcentajes respecto a los promedios alcanzados en el res-
pectivo género:

Semana 1 2 3 4 5 6
Género 1 97,7 97,4 101,6 96,7 104 104,7
Género2 91,6 91,9 88,3 99,5 104,9 107,8
Género3 82,6. 97,3 95,2 98,2 96,2 89,1
Género4 85,4 98,4 100,3 98,3 102,8 107,9
Género5 100,3 98,4 101,5 93,1 100,5 92,8

Semana 7 8 9 10 11 12
Género 1
Género 2

215
PSICOFÍSICA DEL TRABAJO INOUSTRlAL

Género 3 97,8 109,3 102,3 113,9


Género 4 94,7 92,4 92,4 99,5 104,8 104,2
Género5 94,7

Se ve qué poco claro es aquí el aumento de la práctica (especialmente


en el género 4 y en el 5) cuando se reúnen meses enteros; es menos claro
que con el obrero anterior. (b). La causa de esto está en los dos últimos
géneros, en las circunstancias ya mencionadas y, además, en las sema-
nas séptima-novena del género 4, el obrern no trabajó, por alguna razón,
de forma uniforme. En la caída de la sexta semanad el tercer género (89, 1)
podrían haber influido circunstancias higrométricas desfavorables
(descenso del grado de saturación, un día, al 68%). Por lo deinás, los
promedios de las seis primeras semanas (sólo ellas susceptibles de
comparación), a pesar de desviaciones concretas en apariencia totalmen-
te arbitrarias, indican un progreso rítmico hacia arriba desde d 91,5%
respecto al rendimiento mei:fio en la urdimbre en la primera semana al
94,7-97,3-97, 1 y hasta el 103, 7-100,4% en las siguientes cinco sema-
nas o del 93, 1% en las dos ·primeras semanas conjuntamente al 97,2%
en la tercera y cuarta y al 102% en la quinta y sexta.
Pueden bastar estos ejemplos de tejer en un solo telar, que resulta
especialmente adecuado para la observación de los factores más sim-
ples del rendimiento, pues lo que interesa está ilustrado suficientemen-
te por lo ya dicho: la destacada significación que tiene para la evolución
de las ganancias y de la producción elgénero que se trabaja y, sobre todo,
el cambio de género. Se puede añadir que, de las fuertes oscilaciones
que arrojan las cifras de las ganancias a destajo en la Tabla I, después
de descontar una parte de alrededor del 0,5% por dificultades perso-
nales (enfermedades o similares) o por influencias de la estación del año
o del mal tiempo, el resto hay que imputarlo al cambio de género.
Aquí se ponen de manifiesto las condiciones mecánicas del trabajo
(comienzo y final de la urdimbre), las diferencias de aptitud de los obreros
para los diferentes géneros (en concreto, la mayor o menor rapidez de
sus reacciones y las consiguientes diferencias de «rapidez» mental a ellas
unidas, pero también, evidentemente, un gran- número de otras dife-
rencias individuales en la calidad del trabajo), la necesidad de «adap-
tación» a cada nueva tarea, es decir, la práctica -y cada nuevo género
o cada nueva urdimbre significa una nueva tarea, aunque en distinta
medida-, y, finalmente, con lo que llegamos a un elemento que ya hemos
tocado en los comentarios anteriores, «el estado de ánimo» de los obreros
en el trab~jo -consciente o inconsciente- producido por las peculia-
ridades de las condiciones de trabajo. Todavía hay que ilustrar esta cir-
cunstancia con algunos ejemplos.
En toda la tejeduría es un fenómeno conocido el hecho de que la
calidad del hilo y el cuidado con que se prepara la urdimbre, especial-

216
ANÁLISIS DE VARIOS RENDIMIENTOS INDIVIDUALES

mente el encolado1 ejerce una gran influencia sobre el estado de ánimo


de los obreros. Este hecho se manifiesta muy claramente en las respues-
tas de los obreros textiles a las preguntas de I cuestionario de Levensteíri
sobre «satisfacción en el trabajo». Es verdad que en todas partes se
pretende compensar la pérdida de ganancias a destajo en urdimbres malas
o mal encoladas con complementos especiales. Pero siempre subsiste,
en la percepción subjetiva del obrero, la arbitrariedad de esa concesión,
la inseguridad de si su concesión le está sustituyendo una ganancia posible
con el mismo esfuerzo, en caso de que el material estuviese en condi-
ciones impecables (como esto no se puede demostrar estrictamente, casi
siempre le hace dudar subjetivamente, lo cual es comprensible) y sub-
siste el hecho de los continuos fallos y el carácter muy desagradable
del trabajo desde un punto de vista cualitativo, lo cual tiene que reper-
cutir sobre la actitud interior respecto al trabajo. El grado de persisten-
cia de estas repercusiones, incluso después de que se haya eliminado su
causa, lo expresa, por ejemplo, el comportamiento de un tejedor de dos
telares, de 30 años, muy eficiente en cuanto a capacidad y práctica, tal
como lo indican los datos siguientes (Tabla V).
Las cifras arrojan, hasta la segunda quincena de mayo, una subida
muy significativa de su eficacia que salta a la vista. Es cierto que casi
todos los períodos en los que toca un cambio de género muestran una
caída, la mayoría de las veces en el telar en el que tuvo lugar el cambio,
y a veces en el otro --cuando el obrero ponía un esfuerzo especial en
aquél-. También es cierto que sus rendimientos oscilan considerable-
mente con independencia del cambio de género, a consecuencia del
cálculo del rendimiento a destajo por cantidades aportadas, el cual tiene
que dar fuertes oscilaciones al calcularse por quincenas. Pero es eviden-
te la subida de su rendimiento global y es una expresión tan clara.de
su elevada cualificación genera/ como tejedor como la combinación de
las tarifas de destajo lo era de exigencias que se le imponían al obrero.
Las ganancias a destajo diarias subieron en el promedio de abril de 1907
casi un 5 0% respecto a las ganancias iniciales en octubre de 1906. Luego
siguió un continuo descenso en mayo, después de que se hubiera aco-
metido una reforma en uno de los telares (b), que debería facilitar el
trabajo, pero iba ligada a una rebaja del destajo, y después de que se
hubiera puesto a trabajar un nuevo género en el mismo telar, cuya
urdimbre se reveló de manera inesperada de un material malo. Como
indica la Tabla, la caida--ie entre un 30 y un 44o/o--ocurrió en ambos
telares. El obrero ya no se recuperó de esta caída, aunque, a partir de
junio, tuvo mejores posibilidades de ganar, como muestra la Tab.la, por
complementos al destajo, además de una elevación, no usual, por lo
demás, del suplemento de trabajar con un solo telar, y aunque trabajó
con urdimbres impecables en la segunda quincena de julio y en agosto
y aunque en septiembre y octubre se le bonificara con un suplemento

217
l'SICOFISICA DEL TRAIIAJO INDUSTRIAL

del destajo por trabajar con una urdimbre defectuosa, como indica la
Tabla. Mas bien comenzó a frenar cuando el movimiento sindical se hizo
más vivo a partir de julio de 1907. La evolución posterior ya ha sido
mencionada (página 159); aquílo _importante para nosotros está en que
el primer impulso para esa actitud negativa; que se manifestó luego en
una obstrucción intencionada, lo dio claramente su mal estado de ánimo,
causado por el comportamiento de una «mala» urdimbre --quizá se-
miconsciente al principio-, el cual produjo por su parte un rendimiento
decreciente, una ganancia decreciente y, con ello, más motivos para el,
mal estado de ánimo.
·Aun cuando el estado de ánimo poco propicio de este obrero, gene-
rado por el mal material del hilo, se convirtiera en una oposición cons-
ciente, no es ésa la regla general. Pero, sin embargo, los efectos de ese
estado psíquico que se produce por un comportamiento del material
o de las máquinas, que el obrero percibe como algo molesto y pertur-
bador, inusual e inesperado, y lo percibe, por ello, en cierta medida, como
una Tücke, esos efectos se extienden, al menos en los obreros tempe-
ramentales, mucho más allá de las dificultades objetivas del trabajo, es
decir, de las dificultades puramente técnicas. Por ello se suele confiar
este material a obreros especialmente «pacientes». Pero las cifras siguien-
tes, que se refieren a un obrero empleado de forma continua por su gran
habilidad y por su gran conciencia (Tabla VI), muestran la distancia
existente respecto al rendimiento normal, incluso en obreros con una
buena disposición natural y una amplia práctic~,·si se continúa atribu-
yéndoles un material malo y poniendo a prueba el correspondiente grado
de «paciencia».
Las líneas superiores arrojan, en primer lugar, que este obrero
experimentó en sus dos telares7, en diecisiete meses, quince cambios de
urdimbre, entre ellos nueve cambios de género, y, en la medida en que
la diferencia del destajo expresa aproximadamente las diferencias de
dificultad, experimentó oscilaciones en la dificultad del trabajo de más
de dos veces y media. Entre las dieciséis urdimbres de ese tiempo, al
menos tres fo.~ron malas ( por el material o por un engomado defectuo-
so) y'ótras varias tenían una dificultad por encima de lo normal, como
indica el número de fallos anotados, a pesar del notorio cuidado del
obrero, Además de esto, el obrero tuvo que producir un género inusual-
ffil!nté fino (telar b, diciembre de 1907), que le suponía unas exigencias
anormales. El resultado de todo esto es que el obrero, que inicialmente
subía: fuertemente en su rendimiento, sólo sobrepasa el nivel estándar
deldestajo, a pesar de su especial habilidad, en tres de los diecisiete meses,
incluyendo el suplemento por sexo que le fue concedido (20%), pero
la mayor parte de las veces permanece significativa-mente por debajo
del nivel, un 8% (72%) incluso respecto a la media global de este modelo
de telar (80%), que se manifiesta en el suplemento por sexo. Se mueve,

218
ANÁLISIS DE VARIOS RENDIMIENTOS INDIVIDUALES

enel promedio trimestral, de 78,30/oa 77,3-73,3-71-80 ya63%,es decir,


bajando, prescin_diendo de la subida en el penúltimo trimestre, que estuvo
condicionada por la calidad de la urdimbre, de un material especialmente
favorable (es decir, poco propicia a quebraduras de los hilos), única
urdimbre de este tipo en todas las series mensuales. La reducción de las
ganancias a destajo en los últimos meses no se púede explicar por los
géneros y el material; como máximo, en el último mes se podría expli-
car hipotéticamente por las mayores interrupciones del trabajo a con-
secuencia de las reducciones de actividad de la fábrica, que, sin embar-
go, muestra precisamente un moderado aumento. Parece que la gran
cantidad de cambios de urdimbre y de urdimbres malas en general, que
tuvo que sufrir el obrero, se manifestó en su «ritmo de trabajo» usual,
quizá también en su estado de ánimo (inconsciente); podría no poder
comprobarse si ocurrió así. En todo caso, este ejemplo muestra la decisiva
influencia del material sobre las oscilaciones del rendimiento, y con-
cretamente el cambio de género y de urdimbre. Por lo general, está claro
que se produce un aumento de la práctica «general» -como muestra
el primero de los últi~os ejemplqs citados-a pesar de la necesidad de
«adaptarse» a cada nuevo género, a cada nueva urdimbre y a las otras
condiciones del trabajo. Pero parece posible que se reduzca ese aumen-
to de práctica por una excesiva presión debida a todas estas condicio-
nes demasiado desfavorables, como ocurrió (quizá) en el segundo caso.

NOTAS

1. Desde julio ruvo que trabajar en pasar los hilos baio nuevas condiciones que le tcquerfo.n
una mayor atención al principio, y luego una atención total. Que el trabajo era mas difícil se ma-
ní fiesta en una tarifa elevada a algo más del.24%. Con esto se produce una cierto trastorno en las
cifras, que, no obsrame, sólo tuvo importancia, como muestra la Tabla, durante poco tiempo.
2. Para poder compararlas, las cifras hasta junio se han recalculado de manera que dan
cuánto habr!a ganado si las tarifas hubiesen sido tan airas desde el principio.
3. Las consecuencias de esas cifras bajas en julio y septiembre de 1908, generadas por los
efectos de la depresión, y de las bajas cifras en enero y febrero producidas por las condiciones del
invierno, son que estos dos trimestres muesrran re_trocesos frente a los anreriores. Sólo cuando se
sintetizan los ·semestres se muestra la continuidad ·del incremento.
4. Medidos (véase más arriba) con la media de los rendimientos de esta urdimbre, que, en
este caso, medidos con los r-cndimienros de rste obrel'"o en otras urdimbres, representa un ren-
dim.ientoe/evado.
5. Página 168.
6. Cambio en la tarifa del destajo como consecuencia de reformas en el telar.
7. La supervisión de un tercer telar que· había quedado vacante temporalmente durante el
período de la coyuntura aira -julio de 1907- puede dejarse aquí a un lado. El obrero, como se
ve, ganó en este mes una cantidad may(!r que en l<>s otros y subió asimismo su rendimiento en
metros por día, pero el grado de exploración de la máquina y la calidad del ·producto se redujeron
tanto --<:on el peligro de un sobrcesfuerzo del obrero, tal como se ve en la caíd a del mes siguiente-
que fsre siguió siendo· el único caso ocurrido en la fábrica.

219
13
RESUMEN

Cortamos aquí y no continuamos esta exposición, ya excesivamente


larga, sin duda, para un artículo pensado como un comentario biblio-
gráfico. Evidentemente, si se viera como una monografía o una expo-
sición especializada, sería muy insuficiente. Una exposición de esas
características debería empezar aproximadamente donde nosotros ter-
minamos, y cortamos aquí no porque la elaboración fuera a presentar
en este punto una dificultad técnica especial, pues ocurre más bien lo
contrario; el auténtico impulso para una exposición realmente especia-
lizada sólo podría comenzar cuando la exposición se adentrara en la
realidad del taller desde las meras cifras de los libros de contabilidad,
que son siempre abstractas y multívocas, y les mirara allí a la cara a
personas vivas y a máquinas inquietas. Pero aquí, por la propia natu-
raleza del objeto, no se podía ni se debía pretender una exposición
realmente especializada, que hubiera analizado la técnica del telar y de
sus distintos modelos, el tipo de exigencias que imponen cada uno de
éstos y la calidad de cada material, los distintos oficios, el nivel y tipo
de atención, etc., y que hubiera investigado luego en cada obrero sus
datos personales-edad, procedencia, antecedentes profesionales y de
cualquier otro tipo, estado civil y características especiales- y que
hubiera tratado de descubrir la relación entre esas circunstancias y el
puesto de trabajo y su rendimiento en la empresa.
La empresa cuya situación se ha abordado aquí a modo de ejemplo
tenía, en primer lugar, un reclutamiento de sus obreros muy local; ade-
más, como se ha puesto de manifiesto en varios momentos, se encon-
traba últimamente en un proceso de fuerte transformación, tanto en los
tipos de mercancías que producía como en los modelos de máquinas
utilizados -igual, por lo demás, a lo que estaba ocurriendo en otras
empresas de su tipo--; y, por último, pertenecía a una rama de la in-
dustria textil que no es en absoluto adecuada para investigaciones como

220
RESUMEN

la que había que estimular aquí. El grado en que la cantidad y la calidad


de los productos depende de las cualidades de los obreros es ciertamen-
te bastante considerable, comparado, por ejemplo, con las hilanderías,
a.pesar de que los costos salariales en las hilanderías son naturalmente
más elevados relativamente, al menos cuando se toman en considera-
ción los artículos masivos medios de ambas ramas. Pero se debe a la
propia naturaleza de las grandes ramas de la industria textil, al menos
de la que se trata ahora, el que su producción sea muy diver~ificada,
concretamente en Alemania, con la consecuencia de un intenso (rela-
tivamente) cambio de géneros. Determinar el grado y el tipo de la
influencia de esta última circunstancia era uno de los objetivos princi-
pales de estas líneas. Un cierto número de cambios de géneros no es,
realmente, en sí mismo un impedimento para intentar estimar el nivel
de eficacia de los obreros entre sí; sólo hay que saber aproximadamente
cómo presiona sobre el rendimiento el cambio de género y observar
después qué diferencias existen, en relación a ese punto del número de
cambios, entre los obreros que se están comparando entre sí. Pero tam-
bién el tipo de tejidos que había que producir representaba, entre los
obreros de la empresa estudiada, tal variedad de combinaciones y tan
heterogéneas que ciertamente se pueden dar como muy plausibles las
razones de las oscilaciones en los rendimientos de cada obrero en cada
género, como mostraron algunos ejemplos, pero habrá que tener serias
reservas para comparar los rendimientos de distintos obreros entre sí
según los promedios que se calculan paca cada uno de ellos y pretender
establecer en cifras, posteriormente, su eficacia general, que es, al fin
y al cabo, de lo que se trata al hacer una comparación por la proceden-
cia, etc. Otra razón para las reservas es que los pocos ejemplos que se
han incorporado a lo largo de nuestros comentarios han mostrado que
la adecuación de los distintos obreros a cada uno de los géneros pre-
sentaba muy notorias oscilaciones, con lo que eventualmente resulta-
rían escalas diferentes 1 •
No obstante, las cifras de la Tabla I indicaban que, a pesar de todo,
se encuentran paralelismos bastante amplios entre la eficacia general
y el grado de práctica general y que también las desviaciones podrían
explicarse racionalmente. Y la escala de los promedios de las ganancias
a destajo se corresponde muy bien en conjunto, en períodos de tiempo
suficientemente largos, con la escala de la valoración de los obreros por
parte de la dirección de la empresa atendiendo a sus cualidades. A pesar
de la necesidad de «adaptación» a cada nuevo género y urdimbre -ne-
cesidad puesta de manifiesto continuamente-y de las oscilaciones en
las cifras de ganancias a destajo generadas por aquélla, tiene aparente-
mente su sentido, incluso con circunstancias tan desfavorables, traba-
jar con los conceptos de eficacia y de práctica «generales». Con todo,
se podrá suponer que si la producción fuera menos cambiante y menos

221
PSICOFISICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

diferenciada que aquí -donde las posibilidades de un fallo o de una


casualidad escapan a una valoración- se podría contar con estos pre-
supuestos, y con estas cifras promedio, con un grado de seguridad muy
distinto. No faltan ramas de la industria textil que responden mejor a
estas condiciones, es decir; que tienen una producción muchísimo menos·
diferenciada en relación a las diferencias de las condiciones de trabajo;
casi todas las hilanderías están ente-e ellas, y en la tejeduría se me dice
que lo está concretamente la tejedur-ía de la muselina (con cuyas pecu-
liaridades no estoy familiarizado)2. ·
En este punto hay que preguntarse simplemente si las investigacio-
nes presentes, emprendidas a modo de ilustración en un terreno tan
desfavorable, han producido algún resultado obietivo positivo, como
un producto derivado, por así decir-, y cuál. No es necesario destacar de
manee-a especial que estos resultados son exiguos y que quizá, según la
impresión del lector, no estén en relación con el trabajo de cálculo in-
vertido: de aquí se sigue claramente que esos resultados necesitan to-
dos una comprobación con materiales mucho más amplios, que quizá
los modifiquen todos en algo esencial o los anulen. De todos modos, no
son simplemente nada. Las investigaciones han puesto de manifiesto en
las más diversas ocasiones - y esto no es indifer-ente desde el punto de
vista metodológico-- que las series estadísticas que nosotros tomamqs
en consideración, y que se comportaban de un modo extremadamente
ilógico, altomar períodos más largos de tiempo y cantidades mayores
daban como resultado algunos promedios para distintos planteamien-
tos, que son mucho menos ilógicos que las series estadísticas mismas y
que lo son mucho menos cuanto más material se pudo reunir para for--
mar esos promedios. Que eso era así y que se puede esperar un aumento
en la invariabilidad_ de las cifras eligiendo correctamente los cálculos
promedios con un matedal más amplio no era en absoluto algo tan evi-
dente por la naturaleza del material como parece una vez establecido. Y
hay que repetir, por otro lado, que --como se destacó con carácter-
introductorio en la página 13 7 y como confirman los ejemplos elegi-
dos- los. cálculos de los promedios sólo son aceptables y fructíferos
cuando se haya comprnbado minuciosamente el modo como han llega-
do a reuni(se las cifras. Cálculos de promedios sin este control previo y
sin una interpreta<;:ión exacta quedarían totalmente estériles, como puede
fácilmente demostrarse con cualquier prueba en los extractos del mate-
rial ya presentados3 • No se pueden dar- en realidad reglas generales para
los controles mutuos de la significación de las distintas series en los pro-
medios ni al revés. Aquí habría que proceder- ilustrando con ejemplos.
Y desde el punto de vista material, de contenido, también se pue-
den describir algunos conocimientos-aunque modestos-o, digamos
mejor, algunas posibilidades de conocimiento.
De todos modos no resulta inútil conocer que un cambio de las

222
RESUMEN

condiciones técnicas del trabajo producido por las máquinas, por el


material o por el producto a producir, o un cambio en otras cuestiones
aparentemente subordinadas, o incluso un cambio de estas condiciones
que, por sus propias características, comportaría una aligeramiento del
trabajo (aligeramiento que se puede reconocer a la larga en un incre-
mento real del rendimiento), represente una nueva tarea de «práctica».
Quedó como algo probable que estuvieran en juego algunos efectos de
la «práctica», en el sentido del primer artículo, al parar la máquina en
caso de cambio de urdimbre o de género y en las mejoras introducidas
en el telar sobre todo. Probablemente es uno de estos casos el aumento
de los rendimientos más allá del período laboral influido por el com-
portamiento de las nuevas urdimbres llegadas al telar, pero lo es abso-
lutamente el caso aquel donde un nuevo obrero llegó a una urdimbre
ya en una fase avanzada de su proceso y donde, por consiguiente, no
podían tener ninguna influencia las condiciones técnicas iniciales de la
urdimbre. Otro ejemplo de la influencia de la práctica sería el hecho de
la amplitud de las oscilaciones en los distintos rendimientos diarios a
lo largo del procesamiento de una urdimbre, pero para que este mismo
fenómeno valiera como un hecho probado tendría que demostrarse con
muchas más experiencias. De entrada sólo puede ser tomada en cuenta
como una «posibilidad», apoyada de un modo digno de atención en las
cifras presentadas 4• Peco, en todo caso, estos cálculos ha:n hecho pro-
bable que no carezca de perspectiva el profundizar en las condiciones
psicofísicas del rendimiento conocidas en laboratorio, a pesar de su
ocultamiento por las condiciones técnicas del trabajo, que están en el
primer plano de las circunstancias que influyen sobre las oscilaciones
de los rendimientos. Evidentemente el abismo entre los experimentos
de laboratorio y estos cálculos de tanteo y no afinados es, por de pron-
to, incalculablemente grande. Lo único que, en todo caso, puede de-
cirse con una cierta probabilidad es, provisionalmente, lo siguiente:
existe un incremento de una práctica «específica» (para tareas concre-
tas) con una velocidad rápida al principio y decreciente después (p. 85
s.) junto a un incremento de una práctica «general» (para las tareas de
todo tipo, véase más arriba, p. 221), siendo ambos reconocibles en un
aumento de la cantidad producida (y de la calidad); incremento de la
regularidad del rendimiento al incrementarse la práctica, tanto general
como específica (p. 90); progreso con intermitencias del nivel de ren-
dimiento con períodos alternantes de la máxima tensión y relajación
como un fenómeno que no se presenta siempre pero con bastante fre-
cuencia (véase más arriba, p. citada), mientras que la aumenta la con-
tinuidad o permanencia con un trabajo deliberadamente «más cómo-
do»; influencia claramente perceptible sobre el rendimiento del «esta-
do de ánimo» (p. 155s.); adaptación a las posibilidades económicas,
adaptación expresa' junto a una inadaptación inconsciente (medio in-

223
PSICOFISICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

consciente o totalmente inconsciente) (p. 102); efectos sobre las curvas


semanales del «estado anímico» de cada día, especialmente los lunes y
los sábados, según la edad, estado civil, consumo de alcohol y otras con-
diciones generales del modo de vida (p. 149 s.); la propia curva semanal
(nivel óptimo los miércoles, retroceso del miércoles al jueves) necesita
evidentemente una comprobación, así como ciertas relaciones con la
«concepción del mundo» y el tipo de modo de vida dado a trav~s de la
educación problemáticas, no demostrables evidentemente con el pre-
sente material, pero, aun así y todo, plausibles hasta cierto punto y
apoyables en la analogía 5• Asimismo se demostró la posibilidad, en
principio, en todo caso, de explicar las diferencias de rendimiento de
un mes a otro y de un día a otro -aparentemente sin regla fija-, al
menos en sus causas más importantes, por una combinación de factores
técnicos -la máquina y el material-:... y factores personales -del pro-
pio obrero, tanto irracionales como racionales'. En cambio, todos los
resultados más refinados de la investigación de laboratorio (p: l 04), por
ejemplo la intervención de.la «perturbación» (Storung) (en el sentido
psicofísico de la palabra) y de la «habituación» (Gewohnung) en el
proceso de la práctica (experiencia) y similares, tuvieron que quedar
fuera desde el principio porque, a pesar de todo el progreso en la
mecanización técnica, el trabajo de la tejeduría mecánica actualmente
es enteramente una combinación de movimientos muy heterogéneos
-que ni forman un ritmo constante ni se repiten en una sucesión in-
variable en el tiempo- con unos rendimientos intelectuales asimismo
diferentes. Otras empresas con una especialización del trabajo mas
amplia serían un campo de trabajo más adecuado que la fábrica que hemos
tomado aquí como ejemplo. Pero también en ese caso sería un requisito
imprescindible para llegar a resultados útiles una observación prolon-
gada del obrero durante el trabajo, después de un análisis técnico y
fisiológico de las exigencias que la máquina impone. Sólo una obser-
vación de muchos obreros trabajando y los controles de estas observa-
ciones a través de los contadores de los telares y de las anotaciones de
los libros salariales podrán constituir el punto de partida para investi-
gar la significación de las diferencias· individuales de los obreros, sobre
todo para determinar cuáles de estas diferencias son relevantes para el
rendimiento.
Nos hemos encontrado repetidamente con la significación de las
características individuales; se puede decir incluso que éstas se presen-
tan a cada paso. Tanto en sus curvas semanales como en el modo de evo-
lución de sus rendimientos en cada urdimbre concreta, tanto en el nivel
y en el modo de sus oscilaciones como en otros fenómenos caracterís-
ticos, los obreros muestran en una cantidad llamativa -no todos, pero
sí muchísimos- fenómenos «típicos», es decir, fenómenos que se repi-
ten de manera similar en la mayoría de sus rendimientos, y que no pueden

224
R ESU M E.N

ser comentados ahora, porque los resultados que me parecen plausibles


en cierta medida no guardarían relación con el espacio necesario para
los necesarios y complicados análisis individuales y porque, a pesar de
ello, no podría establecerse una imputación causal de las diferencias
encontradas7 , ya que se había renunciado a hacer una consulta personal
a los obreros, y no pueden ser comentados ahora, sobre todo, porque
las cifras serían demasiado pequeñas para afirmar algo seguro, aunque
sólo fuera de una manera alejada. Como se trata de obreros muy homo-
géneos en cuanto a su proveniencia, sería el destino individual quien, con
toda seguridad, desempeñaría en este punto el papel decisivo (es el des-
tino individual y no el impreciso concepto del milieu el que hay que
contraponer a las «disposiciones naturales»): en el centro de este pro-
blema está la cuestión, evidentemente, de si alguien había trabajado de
joven en la agricultura muy a menudo y de en qué medida hizo poste-
riormente otro trabajo de los que endurecen la piel. Otras circunstancias
y las «disposiciones naturales»-por muy decisivas que ciertamente haya
que considerarlas- raramente se aproximarían de manera sensible a la
índole del material. Incluso una observación personal de los obreros más
detallada sólo podría ofrecer una base más firme en conexión con unos
materiales que abarcaran espacios de tiempo más largos.
Podemos prescindir de otros detalles mas secundarios, sobre los que
quizá podría haberse arrojado alguna luz en algún aspecto.

NOTAS
l. Una c1rcunstanci.a que, por su partc 1 con unos materiales suficicnremente amplios y con
oteas condiciones favorables, podcia arrojar conclusiones muy mtercsantes sobre la adapt:1ción por
parte de los obreros según la orientación de la producción y que luego, al combinar estos resultados
con la proveniencia social y regional de los obreros, podría mostrarse muy fecunda para las
cuestiones que a nosotros nos interesan. Pero precisil.mente sólo donde se dieran otras condicio11es 1
concretan1ente un rcdut.imiento i11terlocal.
2. Por lo dem:ls, es de desear urgentemente que,denrro de la industria textil, se investiguen,
de la manera más detallada posible, esas grandes ramas de la producción, como la te¡eduría del
algodón y del paño y también por ejemplo la tejeduría de las alfombras y de la felpa, que imponen
otras condiciones muy específicas, en relación al origen de sus obreros y sus eventuales relaciones
con las condiciones técnicas del trabajo; sin importar si los cálculos del estilo de los emprendidos
aquí prometen producir resultados ni si se puede determinar con métodos más bastos la posibilfrlad
de su conocimiento o del valor (provísional) de su conocimiento. En conjunto, en muchos casos se
avanzará mediante detallados análisis técnicos del desarrollo reciente del equ ipamicnto mecánico
con sus consecuencias sobce la demanda de mano de obra (análisis sólo realizables por un técnico
mecánico bajo un control permanente de sus resLlltados poc un práctico del sector pcodLlctivo
afectado); y mediante el an.ihsis, por otra parte, de los obreros en cuanto a edad y proveniencia
social (datos que como mejor se pueden obtener, relativamente, es a través de los sindicaros, aunque
los materiales de éstos son evidentemente incompletos, porque no abarcan nunca la totalidad de
los obreros sino sólo algunos sectores). Así, al menos, se podrán poner los cimientos para tales
investigaciones, que se pusieron como objetivo en los primeros capítulos.
3. Por ejemplo, el comentario sobre las causas de las oscilaciones en las series de la Tabla I
dio como resultado que sólo un aumento muy grande de los materiales estadísticos permitiría sacar
•promedios» de algiin valor en la dirección vertical, mientras que en la horizontal la reunión de cada
4 columnas suministra una cifra útil. Las consideraciones sobre los factores de las ~sciladoncs del

225
. PSICOFISICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

rendimiento en tejedores de dos telares muestran asimismo que una uunifo(lnidad» relativamente
alta del rendimiento rotal.no es en absoluto una muestra clara de una mayor eficacia ni de un crabojo
más uniforme; puede ser eso, pero también lo contrario. Y la investigación de la trascendencia del
cambio de trabajo· indica que, cuando se comparan rendimientos medios de períodos m:ls largos,
hay que considerar la frecuencia del cambio·de urdimbre como un factor muy importante.
4. Por el carácter demasiado hipotético de escas cifras me he abstenido de hacer el imenro
lógico de presentar la evolución de la amplitud de las oscilaciones de los obreros observados en
conjunto a lo largo del tiempo. El cálculo escá hecho y para la parre final del otoño de 1908 indica
una reducción notable de la media de las oS<:ilaciones respecro a la primavera (los meses del final
del ocoño y los primeros meses del invierno 1907/08 se comporran de manera muy diferente y no
se pueden comparar porque el número de observaciones oscila); es decir, aumemode la invariabilidad
(continuidad), a pesar de que, compensado todo, las exige,,cias puestas a los obreros bien podrían,
sin duda, haber •ubido. Real mente las condiciones de trabajo de los obreros a tomar en considera-
ción son demasiado heterogéneas para poder opetar con tales cifras. Y toda"ia entonces seguirla
siendo atrevido, aun cuando la realidad fuera firme, interpretar en este caso un incremento de la
continuidad como consecuencia de.la práctica. Pues parece muy posible que los efectos estimulantes
de la primavera sobre la actitud física y psíquica de los obreros hayan co-generado :il menos esta
mayor amplitud de las oscilaciones respecto a la última parte del oto1io --en el caso de que haya
que considerarla con seguridad como exisrenre-'-, Si es esto lo que ocurtió, y en qué grado, sólo
podrfan enseñarlo otras investigaciones más amplfas sobre periodos de tiempo más largos.
5. Apenas necesito repetir que todo lo que se ha dicho anees (véase p. 160) sobre la probable
influencia de la educación pietista sobre el rendimiento laboral continúa siendo totalmente hipo-
tético, considerándolo en su concreción individua/. Pero, como se expondrá en otro momento, el
fenómeno encuentra también hoy paralelismos mucho más numerosos que lo que yo tendfa :, suponer
(Arch. f. Sozw. und Sozpol., vol. XX). En este punto hay que repetir con rotal claridad, como en la
01raocasión, que para los obreros industriales modernos la confesión religiosa como tal probablemen-
te no establece acrualmente la diferencia, como parece que sí fue en la época del primer capitalismo
para el mundo de la burguesía, sino la intensidad con la que influye el modo de vida en el cliso in-
dividual,sea el catolicismo o el protestantismo. Que el catolicismo acrnal, muy dis,intoen este sentido
al de la edad media en cuanto al nivel y dirección de su influencia, es un medio de sometimiento
tan útil como cualquier aascesis protestan le" lo 1nucstran, entre otJ"OS eiemplos, ciertos fenómenos
redenres en el norte de España, donde las escuelas de jesuitas son utilizadas como cales
sisteJtJ~tkamente po[' los empresarios. Más sobre esta cucsción en otra ocasión~
6. Esta explicación, a realizar en concreto en las Tablas I y II, a la que yo he renunciado por
falta de espacio, habrla podido abarcar casi rodas las oscilaciones muy raras, incluso de las curvas
diarias. (Una gran parte, por ejemplo, de estas úlcimas se debe a que se trataba de urdimbres con
tejedores que atendían dos telares y a que tenla su efecto la situación del otro telat, especialmente
el atender a un solo telar: así, por ejemplo, para roda la serie de rendimientos excrañamen te
elevados de la Tabla II, e, 21°23 de enero, 18-27 de febrero; m, 7-1.3 de enero, así como para otros
muchos días raros.) Con todo, sigue existiendo naturalmente una parte importanre, inexplicable
ex post por investigaciones posteriores, y el abanico normal de las oscilaciones se escapa totalmente
a toda e,cplicación posterior.
7, Se trata de observaciones básicamente como, por ejemplo, las siguientes: que tales obre-
ros, al paoar a nuevos géneros y más difíciles, desarrollan un rendimiento muy elevado al pri11cipio
(porque aspiran a mantener su nivel de pasadas de trama por día con el nuevo género), muestran
un comporumiento similar en el rendimiento a lo latgo de la semana, concretamente el lunes, de
modo que ranto la «curva de práctica• como la •curva de la semana• se forman en ellos
diferenciándose de la media (para la primera curva se destaca esto con claridad concretamente en
los cejedoresque atienden dos telares, cf. p. 98. Sobre las diferencias de la influencia de los domingos
ya se ha hablado en la p. 149s.; se podría añadir todavfa algo, aunque hipor!tico). Muy hipotéticas
tend dan que seguir siendo, por lo reducido de las cifras a comparar, las observaciones sobre las
diferencias en las c;aracterísticas de los obreros •urbanos•, es decit, de las localidades de estilo
urbano, y de los obreros nacidos, crecidos o domiciliados en el •campo• (en la curva de la semana,
la curva de la práctica, el abanico de las oscilaciones, el nivel del rendimiento). La mayor rapidez
(Fixigkeit) de los primeros, su ritmo de conseguir más práctica. (no teniendo siempre una mayor
capacidad para la práct;ca) no son experiencias sin excepción, como se podría suponer teóricamen-
te, y no se puede hablar de -medias• con cifras pequeñas. Véase también el texro. ·

226
14
OTRAS CUESTIONES Y TAREAS A REALIZAR

Lo que el presente comentario ha podido probablemente aportar como


resultado es la constatación negativa de que, aun cuando se hubieran
cubierto las lagunas existentes en una observación psicofísica «exacta»
y nuestros medios de observación -lagunas puestas de manifiesto en
el presente comentario-, es decir, aun cuando nosotros pensáramos
que en la comprensión de estos datos tenemos una medida de precisión
similar a la de un laboratorio, aún nos separaría un profundo abismo
de un tratamiento «exacto» de la cuestión «última» de que hasta qué
punto tienen influencia las disposiciones «heredadas» y las biografías
individuales sobre la aptitud para el trabajo industrial. Pues entonces
comenzaría el problema, para abordar el cual tendríamos nosotros que
buscar los medios que nos ponen a nuestra disposición las disciplinas
especializadas correspondientes. Se vería entonces que la explicación
biologista de las cuestiones hereditarias no se ha desarrollado en la
actualidad tanto como para poder obtener nuevas ideas para nuestros
objetivos.
El abuso que se ·comete. con frecuencia entre los sociólogos al
dividir todos los factores determinantes (hipotéticos) de las capacida-
des concretas de un individuo simplemente entre «disposiciones natu-
rales» y «medio social» es muy poco útil para avanzar en este trabajo.
Si tomamos el concepto de milieu (medio social), éste no nos dice
evidentemente nada si no se le limita a disposiciones constantes muy
determinadas y difundidas con carácter universal dentro de determi-
nados círculos sociales, profesionales o geográficos, y que, por ello,
influyen sobre los individuos que pertenecen a esos círculos; es decir,
el concepto de medio social no nos di.ce nada si no se circunscribe -a
un sector claramente definible del conjunto de las condiciones de vida
y de los probables destinos individuales en los que se mueve-un indi-

227
PSICOFISICA DEL TRABAJO INOUSTfllAL

viduo o un grupo de individuos. Si no es así, sería mejor evitar ese


concepto que sólo tiene una apariencia de explicación. Con el con-
cepto de «disposición natural» (Anlage) las cosas son de otra manera,
pero para nuestros objetivos, no obstante, presenta asimismo reser-
vas. Todas las buenas teorías sobre la herencia operan, como siempre,
evidentemente con este concepto (o con conceptos del mismo valor).
Pero para nuestros objetivos, muchísimo antes que cualquiera de esas
cuestiones tan vivamente debatidas sobre el alcance material de la
herencia (la cuestión de la transmisión héreditaria de cualidades ad-
quiridas) y sobre el origen de las variaciones que se convierten en
objeto de la «selección» (la «casualidad», las «huellas cerebrales de la
memoria» o cualesquiera otras cualidades «regulativas» específicas de
la materia viva), habría que hacerse la siguiente pregunta, mucho más
práctica: ¿cuál puede ser propiamente, según los conocimientos da-
dos, el contenido de una «disposición natural» despertada a través de
la herencia? Los volúmenes y las medidas corporales y todos las de-
más disposiciones corporales posibles, incluido sin duda, por ejem-
plo, el asiento de los surcos cerebrales -(según parece tras las investi-
gaciones recientes), pero <en qué relación está todo esto con el modo
y el grado de_determinabilidad hereditaria de las cualidades psíquicas
relevantes para la aptitud hacia el trabajo, y concretamente para el
contenido de la determinabilidad de la voluntad del individuo que
trabaja? Está, evidentemente, fuera de duda una cierta influencia de
la herencia. Pero a nosotros no nos interesa ahora, en primer lugar, ni
su existencia ni el grado en que influye. Esto último es una cuestión
para la que no cabe una respuesta general -lo cual ha de quedar
especialmente claro-, sino sólo una respuesta para determinados
grupos de «casos». Tampoco nos interesa la cuestión de cómo habría
que representar el esqu~ma de la herencia que pudiera evidenciar teó-
ricamente la probabilidad de una reaparición de determinadas dotes
intelectuales, poéticas y de otro tipo dentro de determinadas «comu-
nidades de reproducción», sino que nos interesa solamente qué puede
considerarse realmente como hereditario en los distintos procesos de
la vida psíquica. Sólo la psiquiatría ha planteado este problema con
seriedad. Aunque es conocido que sigue estando muy discutida la
cuestión de hasta qué punto se pueden establecer metodológicamente
paralelismos entre procesos «normales» y «patológicos», el problema
mencionado aquí· puede ser ilustrado muy adecuadamente con los
casos patológicos y sobre todo puede ilustrarse con ellos el sentido de
la pregunta.
Los psiquiatras han calificado de falta de lógica pueril el que el modo
individual de conectar determinadas ideas con el que se constituye una
«concepción del mundo» o el modo concreto de establecer conexiones
entre los pensamientos, tal como se expresa, por ejemplo, en el modo

228
OTRAS CUESTIONES Y TAREAS A REALIZAR

de pensar de un escritor, se reciban por "herencia" y sean asimismo, por


consiguiente, transmisibles. Pero, por otro lado, el caso de una mujer
que estaba sin duda alguna «enferma» y que actuó coherentemente según
los «principios de Stirner,, -formulados por ella independientemente
y con una claridad aceptable como «concepción de la vida»- se con-
virtió en motivo para una investigación histórica sobre siel propioStirner,
que «actuaba» totalmente normal, no tenía que ser clasificado bajo el
mismo «tipo de enfermedad» (en el sentido clínico) (Archiv für
Psychiatrie, 3 6, 1902). Hereditaria debe ser (también según la opinión
de los psiquiatras) «evidentemente» sólo la «forma» de los procesos
psíquicos; los «contenidos» son «adquiridos». Pero ¿qué hay que enten-
der en este caso por «forma» y qué por «contenido», a la vista de la
multivocidad de estas palabras? Un ejemplo para aclararlq: En Berlín
fue presentado en 1905 el caso de una mujer joven en apariencia total-
mente «normal», que vivía un matrimonio muy feliz y que no era ni
apasionada ni melancólica ni de estado anímico.lábil, la cual, sin que
pudiera conocerse el más mínimo motivo, un día se fue a la cocina a
plena luz del día y se sorprendió a sí misma intentando cortarse el cuello,
teniendo plena conciencia en ese momento. Como dos ascendientes de
ella habían muerto por suicidio--ella explicó, sin embargo, que no había
pensado en esto en absoluto-, un lego en la materia hablaría de un
«impulso heredado al suicidio». Los especialistas, sin embargo 1, recha-
zan totalmente esa opinión y son de la opinión, bien fundada en expe-
riencias, de que sólo se puede hablar de una disposición natural para
un tipo específico de trastorno agudo y momentáneo de la conciencia
(Diimmerzustand), y de que con esa disposición natural no está deci-
dido absolutamente nada sobre la cuestión de qué tipo de acciones
pueden cometerse en el transcurso de ese estado psicopático (suicidio,
actos violentos u otros actos, por ejemplo, sexuales o actos de-otro tipo
dirigidos contra otras personas o una conducta que se manifieste acti-
vamente); son de la opinión de que esto depende de circunstancias, que
en el caso concreto se escapan a la previsión la mayoría de las veces,
y en todo caso se escapan por lo general. La enfermedad (Diimmer-
zustand) representa aquí la «forma», y el modo concreto de acción, el
«contenido». Se le podrá ocurrir decir respecto a esta separación entre
«forma» y «contenido» algo como que en unaDiimmerzustand quizá,
aun así, no cualquier conducta es probablemente igual y que se favo-
rece (con ese estado) en muy distinto grado un determinado tipo de entre
todas las conductás posibles de esta «forma» patológica, especialmente
determinados modos, el suicidio entre ellos, siendo, por tanto, más o
menos el «contenido» de esta «forma» patológica, en contraposición a
otras situaciones «psicopatológicas» (no a todas, pero a muchas) y a la
«situación normal». Entonces, la contraposición entre «forma» her.:eda-
da (en· la forma de una «disposición natural») y «contenido» realizado

229
PSICOFJSICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

no sería absoluta. La oportunidad de que aconteciera alguna situación


que cayera bajo el género de Diimmerzustand, tendría un segmento de
probabilidad dado por «disposición heredada» y totalmente inaprensible,
evidentemente, en el caso individual, mientras que para que acontecie-
ran o no acontecieran podrían ser.determinantes la influencia de otras
disposiciones heredadas y, en parte, quizá, también desconocidos «des-
tinos individuales» --cuáles y cómo-. Dentro de este segmento de
probabilidad, la posibilidad de que se realice un determinado tipo de
acción nunca-tendría prácticamente, con toda seguridad, su determi-
nado segmento de probabilidad totalmente tangible hereditario en parte
y en parte accidental. Sin embargo, esta idea no es aceptada por los
psiquiatras porque las acciones sucedidas en un Diimmerzustand son
realmente de todos los tipos que se puedan pensar y comprenden a todas
las que suceden en un estado normal, de las que sólo se distinguen por
una interrupción en la conexión de los motivos que sí se desarrolla en
el estado de conciencia clara. Ésta es una información muy poco con-
soladora para nosotros. Y apenas más consoladora parece ser para
nosotros la psicopatología, si la examinamos minuciosamente en las
relaciones entre la «forma» de la enfermedad (clínica) y el «contenido»
de la voluntad o representación patógena. Para los no especialistas
interesados en la materia es ya conocido, por las exposiciones de
Kraepelin, que el psiquiatra clínico trata, por ejemplo, el «contenido»
de la locura de un enfermo endógeno (de este tipo, en concreto, pero,
en general, no sólo de este tipo de enfermos) como algo no caracterís-
tico de este tipo concreto de enfermedad y que para el psiquiatra, antes
de la experiencia con el clínico, pierden significación para el diagnós-
tico y el pronóstico un montón inabarcable de síntomas psíquicos, que
el no especialista considera muy «importantes» y según los que él cla-
sificaría las enfermedades. Enfermedades muy heterogéneas -produ-
cidas, en este caso, por procesos somáticos en el cerebro de naturaleza
muy diferente atendiendo a su aparición y desarrollo- pueden produ-
cir los mismos síntomas psíquicos y la «misma» enfermedad (es decir,
producida por iguales procesos somáticos) puede manifestarse a través
de síntomas psíquicos muy variados y en abierta contraposición entre
sí. Pero además de esto, la transmisión· hereditaria de una predisposi-
ción natural hacia enfermedades «mentales,, ocurre «de manera des-
igual», es decir, que en la mayoría de los casos sólo puede valer real-
mente como «heredada» una disposición imprecisa e indeterminada en
relación al cuadro de la enfermedad que finalmente se realiza -pues,
como es conocido, ya existen sólidas experiencias al respecto para una
gran -parte de enfermedades, o más exactamente para una parte de
diferente volumen de diferentes tipos de enfermedades, pero una parte
aplastante en su conjunto--. El intento de demostrar que las perturba-
ciones «afectivas» ·e «intelectuales» estarían excluidas de la herencia

230
OTRAS CUESTIONES Y TAREAS A REALIZAR

también parece fracasado, prescindiendo de la cuestión de los princi-


pios demarcadores entre ambos tipos. Y sobre los porcentajes en que
se realiza de hecho una predisposición heredada hacia una enfermedad
--en que se pone de manifiesto--,-, las cifras estadísticas (en la medida
en que se pueda hablar de tales estadísticas) oscilan muy significativa-
mente, incluso en el caso de una ascendencia fuertemente lastrada
contando el número de enfermedades.
Los especialistas, forzados momentáneamente por la necesidad,
comentan que hay que ser cada vez más cautelosos con el establecimien-
to de regularidades en relación a las posibilidades de transmisión here-
ditaria en cuanto al grado y dirección. Algunos fenómenos llamativos
de los negros norteamericanos-la aparición entre ellos de enfermeda-
des mentales consideradas como «hereditarias» y, por otro lado, su cre-
ciente adaptación a las condiciones dominantes tras su emancipación,
adaptación en continuo crecimiento, según parece, a pesar de las dife-
rencias que siguen existiendo-permiten dar una fuerza insospechada
a la significación de las condiciones puramente sociales y aminoran el
valor de las investjgaciones-que están todavía en sus comienzos-sobre
las diferencias cuantitativas y cualitativas de la morbilidad psíquica de
las «razas.» y grupos étnicos2 como un material adecuado para el análisis
de las diferencias psíquicas hereditarias. Y esto lo refuerza el hecho de
que las pocas investigaciones existentes, todavía muy primitivas desde
un punto de vista metodológico, sobre la psicología diferencial (normal)
de las distintas generaciones (de un mismo estrato cultural) de una
determinada poblaciónactual, en cuanto que permiten suponer la exis-
tencia de diferencias realmente características, apuntan desde el punto
de vista etiológico en la misma dirección que las «diferencias étnicas»
observadas en las cünfoas psiquiátricas: apuntan hacia la influencia de
la cultura (Kultur) en general. Como parece, además, que tampoco es
muy frecuente entre <isanos» una imagen anatómica delcerebro de pureza
realmente «normal» (es decir, «ideal», en verdad) y que, en todo caso,
parece que se pueden dar defol'maciortes muy considerables con un
funcionamiento totalmente normal del cerebro y como ninguna trans-
formación celular como tal puede valer para explicar una psicosis «es-
pecífica», mientras que, por otra parte, no se puede demostrar ningún
tipo de deformación cerebral en algunas de las enfermedades «menta-
les» transmitidas hereditariamente con más fuerza y uniformidad (se-
gún las primeras suposiciones al menos3), se entiende entonces que por
parte de los psiquiatras se diga precisamente que es casi una burla hablar
de leyes de la herencia\ ya que las cifras estadísticas de las «taras he-
reditarias» todavía oscilaban hace poco entre el 4% y el 90%.
Pero la situación no es, en realidad, tan desesperada como se podría
creer al leer esas afirmaciones. Un mayor cuidado en la observación e
investigación lleva en todas partes a la conclusión de un aumento en

231
•PSICOf(SICA DEL TRABAJO INDUSTRIAL

las cifras de transmisión hereditaria5 , y evidentemente hay también un


considerable número de características psicológicas muy determinados
para los distintos tipos de enfermedad, entre los que hay muchos ca-
racteres determinados «por el contenido,, (una característica como, por
ejemplo, una reacción «sin sentido» es una característica «de conteni-
do», por muy «general» y negativa [reactiva] que sea). Sin embargo, en
las propiamente llamadas psicosis «orgánicas», especialmente las psi-
cosis de imbecilidad (Verblodung) (parálisis, dementia praecox), el claro
perfil del cuadro de la enfermedad y la irracionalidad de todos-los
fenómenos psíquicos que la acompañan excluye la existencia de esca-
lones intermedios hacia el estado «normal» (el cual sólo existe aquí como
una «carencia» parcial en el estancamiento de la enfermedad o en su
curación total--en el caso de la parálisis-), excluyendo, por ello, toda
posibilidad de comparación con éL Por supuesto que es de otra manera
en el enorme terreno de las enfermll:dades degenerativas no «orgánicas»,
sobre todo en la histeria y en las neuropatías emparentadas6 •
Pero en torno a la intervención de las disposiciones naturales he-
reditarias en estos fenómenos reina la máxima inseguridad. Cuando
aparecieron las teorías de Freud, que parecían destacar los factores
ambientales casi como la única causa de la enfermedad, la polémica
fue muy dura. Ahora, al perder brillo progresivamente las tesis de
Freud, parece que la polémica (en el único punto que a nosotros nos
interesa) se resuelve en la siguiente dirección: que las «disposiciones
naturales», nunca aprensibles en sus características en el caso indivi-
dual de manera más cercana, son al menos una· «condición» regular
de las respectivas enfermedades -pero no sin excepciones, según
Freud-, mientras que las vivencias concretas son su «causa»; enfer-
medades que Freud intentó clasificar según el tipo de la vivencia, con
el que fue causada cada forma concreta. Y como ahora es seguro que
estas vivencias no siempre ocurren a consecuencia de la histeria o de
la neurosis existiría entonces en general una relación de «adecuación»
entre la vida o destino individual y el tipo de anormalidad que surge
-más o menos claramente desarrollado-. Y, en principio, la partici-
pación de la herencia en todos estos casos sigue.siendo muy variada:
pero se trata en esos casos de anormalidades de extraordinaria difu-
sión y de gran trascendencia asimismo desde el punto de vista de la
historia de la cultura. Lo que sí es posible es el establecimiento de que
existen diferencias étnicas en la posibilidad de Hegar a la histeria (como
ya se indicó, véase la nota de la página 229): ahí se trataría probable-
mente, al menos, de un efecto hereditario. Por otro lado, se ha hecho
el intento ingenioso -sin que el no especialista pueda juzgar con qué
resultado definitivo-de diferenciar los estratos sociales en ese senti-
do y quizá haya aquí un gran campo de trabajo para obtener las tipos
cotidianos de patologías psíquicas, pero, en la medida en que esto

232
OTRAS CUESTIONES Y TAREAS A REALIZAR

prospere, Jo será sobre la base etiológica de las influencias de la «cul-


tura» (o in-cultura) y no sobre la base de la «transmisión hereditaria».
Por último, existen algunas otras psicosis características y dege-
nerativas «endógenas» (hereditarias)_ en alto grado, que manifiestan la
misma peculiaridad de encontrarse con mucha frecuencia en la vida co-
tidiana en una forma muy debilitada. Son, en concreto, los estados me-
lancólicos y maníacos simples yciclicosdesde los que queda libre el ca-
mino hacia las numerosas diferencias patológicas cotidianas de las «pe-
culiaridades» personales dentro del amplio sector de los «sanos» (con-
vencionales). Pero tampoco en estos casos, como en la histeria y en las
neuropatías, parece estar garantizada la uniformidad de la transmisión
hereditaria.
Aquellas clasificaciones generales, que le bastan a la psicopatología
para caracterizar las diferencias de «personalidad», están muy lejos de
llegar a aquella diferenciación de «cualidades básicas», que Kraepelfo,
como vimos, hizo para sus investigaciones sobre psicología del trabajo.
Pero éstas son importantes para la «idoneidad para el trabajo» y Jo único
que hay que preguntarse es si ésta puede descomponerse tanto en sus
«últimos» componentes individuales como para poder preguntarse ya
por su origen hereditario o ambiental, o por el grado en el que actúan
sobre su desarrollo la herencia y la vida o destino individual. Semejante
«descomposición» en sus «últimas» unidades tendrá que tomar para
nosotros la forma de esta pregunta: hasta qué punto existen relaciones
de «adecuación» entre la posesión de aquellas cualidades más simples
y puramente formales y los requisitos concretos del trabajo industrial.
Pero hay que tener precaución frente a la suposición de que, porque en
sentido biológico sólo valgan como «hereditarias» las disposiciones
naturales «formales», todas las cualidades que se nos presenten «for-
malmente» o «simplemente» son específicamente «hereditarias». Sobre
esta cuestión de cuáles características psicofísicas son «simples» o «for-
males» en el sentido de la transmisión hereditaria sólo puede decidir la
experiencia, pero no la dirección en la que nosotros descompongamos
y generalicemos.
En conjunto, la opinión, muy extendida entre los no especialistas,
de que la psicopatología ofrece la oportunidad de observar las diferen-
cias «caracteriológicas» y de otra índole de las «disposiciones natura-
les» de manera muy «pura» -al poder observarlas en el nivel agravado
de su peculiaridad- sólo es correcta con grandes limitaciones. Si algo
puede enseñar la psicopatología, es Ia advertencia de no calificar pre-
cipitadamente algunas características complejas y específicas como
«hereditarias» enel sentido biológico y de ser lo más prudentes posible
con la suposición de la transmisión «hereditaria» (en el sentido bioló-
gico) de cualidades psíquicas o psicofísicas «adquiridas» determinantes
de la aptitud para el trabajo 7 • La transmisión a los hijos de caracterís-

233
PStCOFISICA DEL TI\A6Aj0 INDUSTRIAL

ticas de los padres a través de la educación (Tradition) (en contrapo-


sición a la transmisión biológica) se realiza no siempre a través de una
transmisión consciente, sino también a través de una imitación incons-
ciente desde la más temprana jµventud. Y, de entrada, según los ma·
teriales que existen actualmente, no se puede hablar aquí de la recep-
ción de una adaptación «hereditaria» (en sentido biológico) a determi-
nados modos de trabajo éoncretos. Intervienen otros factores seleccio-
nando y adaptando con tanta fuerza que, actualmente, todavía resulta
absolutamente problemático actualmente el aislamiento del factor
«herencia». Es muy plausible que las características nerviosas de la madre
y un «nerviosismo» enfermizo adquirido puedan influir en el sistema
nervioso del niño durante el embarazo. Pero no se conoce, en principio,
cómo ocurre la transmisión de características adquiridas a los niños,
por mucho que se quiera suponer que estas características somáticas
adquiridas pudieran influenciar el embrión con mayor intensidad que
todas las demás influencias. Pero de lo que se trata ahora en gran medida
es de las características nerviosas para la aptitud para el trabajo, al menos
entre los obreros «cualificados».
Una cosa podemos tomar, en todo caso, de lo dicho sobre la psico-
patología: que, para nuestras necesidades, debe quedar totalmente
fuera de consideración la disputa entre las teorías sobre la herencia y
que no pueden introducirse de ningún modo en los comentarios de
los que aquí se está tratando. Si coordinando nuestros medios de in-
vestigación con los resultados de la psicología y la biología, se puede
llegar a establecer en un caso concreto que determinadas característi-
cas, relevantes para la idoneidad para el trabajo, habría que conside-
rarlas probablemente como hereditarias, éste sería realmente un re-
sultado importante en cada caso, pero es totalmente indiferente que
se pueda «explicar,, según Lamarck, Darwin, Weismann, Semon o
cualquier otro; .ya se verá en la mayoría de los casos -se trata sólo
de unas cuantas generaciones- a cudl de estas formas de explicación
·se acomodan. Con esto no se quiere decir que no sería muy útil cono·
cer, al ·menos, los rasgos básicos de estas teorías: la discusión entre
ellas también puede ofrecer una advertencia, la de no considerar la
«transmisión hereditaria» en bloque como algo sencillo y no proble-
mático y no precipitarse en el empleo de este concepto. Todavía pa-
sarán décadas hasta que se puedan establecer en cifras y sin dudas casos
de adaptación hereditaria de una población o de un grupo de obreros
a tipos específicos de trabajo -por muy modesto que se ponga el nivel
de especialización-. La tarea actual consiste en la investigación cui-
dadosa del máximo posible de grupos de obreros que realicen un tra-
bajo lo más igual posible y calculable respecto a si -y cómo- las
diferencias de origen profesional, social, cultural o geográfico corren
paralelas o no con diferencias específicas de rendimiento o con dife·

234
OTRAS CUESTIONES Y TAREAS A REALIZAR

rencias cuantitativas en ese mismo rendimiento. Antes de que exista


un cierto mínimum de cifras realmente seguras y explicables
causalmente - y esto requerirá tiempo- no se va a poder lograr otra
cosa. Lo repito: sería de la máxima trascend!!ncia para cuestiones
concretas de nuestra disciplina, sin ninguna duda, toda demostración
de que la vida individual y el milieu (en el sentido estricto de la pala-
bra), concretamente el tipo de trabajo profesional de los padres o de
los abuelos de los obreros, hayan tenido alguna influencia palpable
en la aptitud para el trabajo en éstos últimos -y cuál haya sido-, en
el sentido de una «transmisión hereditaria» (en sentido biológico), es
decir, en el sentido de la aparición de unas características diferencia-
les en la generación siguiente, idénticas y relevantes para la aptitud
para el trabajo. Pero sería de. poca importancia para nuestros objeti-
vos -en contra de la opinión dominante entre los sociólogos- cuál
de las teorías sobre la transmisión hereditaria disponibles podría ex-
plicar los hechos de manera más adecuada. Para nuestros objetivos,
sólo sería un resultado de consideración el que, por ejemplo, si en un
determinado grup·o de población, una generación desarrolla una prác-
tica profesional de determinado tipo, la siguiente generación tuviera
unas características diferenciales del nivel x para ese trabajo profe-
sional.
En otro lugarª he intentado ofrecer algunas sugerencias para la
investigación acometida por la Verein für Sozialpolitik sobre la selec-
ción y adaptación de los obreros de las grandes fábricas en el sentido
de estas reservas respecto a planteamientos que, por nuestra parte, no
podemos responder. Oigo con satisfacción que el Instituto Solvay, en
Bruselas, bajo la dirección del profesor Waxweiler, intenta hacer una
investigación similar9 • Pero no podemos hacernos ninguna ilusión sobre
estos dos puntos: primero, que un trabajo que pro~ueva realmente este
asunto en este terreno no es de unos pocos meses, y, segundo, que los
primeros resultados auténticos sólo se podrán esperar cuando existan
docenas de estos trabajos.

NOTAS

l. Ziehen, que presentó el caso en la Charité (véase Berl. klin. Wochenschri#, 1905, Nr. 40).
2. Por ejemplo; la tendencia-mas fuerte de los bávaros internados en manicomios a cometer
acciones violentas, la de los del Palatinado a alborotar, la de los sajones al suicidio, y la tendencia
concreta de los eslavos y de los románicos a la histeria, y en especial a su forma m.is grave, habría
que derivarla, sin embargo, de la historia de las religiones antes que considerarlas como una
auténtica «característica radn(,, hereclital'ia.
3. Concretamente en ciertas perturbaciones «cíclicas• muy extendidas en una forma debi-
litada.
4. Strohmayer,Zeitschr. f. Psycb., 61 (1904) y Münch. med. Wochenschrift, Nr. 45 y46 ( 1901).
5. Los trabajos de Jenny Koller"(i\rc;biv f. Psychiatrie, 28), que al investigar igual número de
sanos y de enfermos mentales sólo mostraban un moderado predominio de taras heredit,uias en

235
PSICOffSICA DEL TRABAJO tNOUSTIUAL

estos últimos (76,8 frente al 59%), y las cifras de Diem,Arch. für Rassen- und Gesellschf.-Bio/ogie, 2
(190S) (77% frente al 66;5%), revelan un cuadro más favorable y mejor de la significación de la
rr.ansm,sión hereditaria---<¡ue el de Diem-sólo cuando se separan por enfermedades y se estu_dian
de manera separada los que tienen una tara hereditaria directa. Véase además Tigges, Allg. Zeitschr.
f. Psych., 64 (1907). Las influencias de los datos de los parientes, casi siempre incompletos,
especialmente al incluir a los hombres, dan una falsa impresión sabre las cifras demasiada pequeñas
de las estadísticas usuales.
6. •Orgánicas• se llama en psiquiarrfa, en el sentido clínico de la palabra utilizado aquí, a las
psicosis generadas por transformaciones cerebrales que (en principio) se pueden hacer visibles. La
psicosis pura más .ex rendida y la mayoría de bs •eces •endógena mente• hereditaria-la llamada por
Kraepdjn perturbación 1em:iniaco-depresiva»- no sería en este scnti4o «orgánica», sino 4efuncio·
na[u. · · ·
7. La suposición, expresada ames muchas veces también por especialistas, de que las
enfermedades psíquicas eran más fácilmente hereditarias según. su manera de •manifesración•,
ofrecía una atractiva analogía en este punto. Pero esta suposición pacece no ser demostrable con
seguridad.
8. En una memoria para la Verein für Sozialpolitik, impresa, 1908. Véase pp. 27-74 de este
,olumen. ·
9. De los trabajos recientes del Instituto, una parte son trabajos para·el gran público; uno de
éstos es el de L. Qucrron, •L'augmentation du rendement de la machine humaine• (1905), de
Actualitéssociales, mientras que el trabajo de Mllc.J. Joteyko, Entrai11ement et iatigueau point de vue
n,i{itaire (1905), presenta algunas cosas muy valiosas en sus planteamientos (pp. 59 s.), aun cuando
la tesis de que, después de que se haya alcanzo el nivel óptimo de práctica de un individuo tras un
(relativamente} corto tiempo, no tiene sentido una práctica posterior,· no coincide con las
observaciones recientes hechas en fa industria. Con esto no se esrá diciendo que quizá no pueda
valer realmente para el tiro, porque aqu( las diferencias de talento son de gran significación en la
realidad. A mí mismo me resulta esto dudoso. Pero la tendencia de este trabajo, sobre todo, hace
este asunto algo sospemoso. Aquella tesis debe ayudar a la reivindicación pacifista de reducir el
servicio militar. No es apropiada para ello --se puede lamentar esto, pero difícilmente se puede
cambiar-. Quien haya visto el ejército alemán en repetidas ocasiones, primero con los «de tres
años• y luego sin ellos, sabe que aquél ha cambiado desde la separación de estos oiltimos. El no
espccialma no puede juzgar si para bien desde el punto de vista militar (aunque algo habla
evidentemente en contra), pero lo contra río es, en todo caso, posible ( según las reivindicaciones
que se pong•n) y de esa manera no están permitidos juicios tan generales. Pues el óptimo de tiro
logrado no es sólo lo importante, también puede ser relevante desde el punto de vista de la técnica
militar la transformación de roda la actitud interior del varón (transformación ciertamente muy
poco alentadora desde un punto de visra •humano•), cuyo desorrollo se podía observar precisa-
mente en el sentimiento específico de ser un soldado ·de los •de tres años•. Y precisamente la
intensificación y condensación de la •ptácrica• al·acorta,:,e el servicio lleva en sí misma el peligro
del «hiperentrenamiento)>, Además, d rendimiento .en rico en la morina no ·se. pl,lede elevar, sin
ninguna duda, por una práctica de cocta duración. Aquí tienen que re.abajar conjunt'l!mence varios
hombres en los cañones y la superioridad de la marina inglesa (al menos en los rendimientos
récords) tiene que ver sin duda olguna con que los equipos que sirv~n los cañones están puestos unos
en relación con los otros durante una habituación de años. En todo caso es bastante diHcil con los
materiales existentes hasta ahora obtener consecuencias seguras. Las opiniones esotéricas (incluso
raro vez expresadas en privado) de militares muy destacados, con conocimiento del mundo y no
comprometidos políticamente ya no son hoy necesariamente favorables al servido militar
obligatorio masivo como único fundamento de la guerra. Cuanto más mecánica sea la guerra más
fuerce será la presión para emplear especialistas formados durante años, ,introduciendo, de esa
manera, un trabajo profesional asalariado en' los trabajos forzados del •SeO'icio militar obligatorio•
que tiende cada vez más al carácter de una milicia y que no siempre fue la base para hacer la guerra
--en Inglaterra, como es sabido, hubo factores ético-religiosos que hicieron que el ejército más
exitoso de su época, el ejército de Cromwell, condenara el servicio militar obligatorio-- ni quizá
lo sea siempre. Sea todo esto dicho de paso: un punto débil de algunos trabajos de· los círculos
«positivistas• es que éstos le permitan a fa ciertamente «buena cos.af) que representan una influenci.a
sobre su argumentación. No me atrevo a juzgar si las observadones de MUe. Joteyko sobre las
relaciones entre la práctica muscular y nerviosa y el cansancio (Ennüdung) en el capítulo VI esrán

236
OTRAS CUESTIONES '( TAREAS A REALIZAR

totalmente libres de objeciones. Desgradada mente se mezclan a veces los concepros «energéticosn
de Solvay (así, por e1emplo, hay que notar en la página 7 5 que también es posible una Auslosung a
través del consumo de energ{o, es dccn~ que los «centros nerYiosos~ no están fuera de la economfa
de la energía, y en la página 83 que .ta fuerza de resistencia psíquica• -de un ejército-- no está en
función de la •inteligencia•, y otras observaciones similares). Por lo demás, lamento que se me haya
pasado desapercibido el muy instructivo artículo de la autora («Fatigue•) en el Dictionnaire de
physiologie. Remiro ahora a ese trabajo con car•crer suplementario.
El número deAct,,.,/ités más di¡:110 de ser leído es, sin duda, la exposicióno de L. G. Fromont sobre
las experiencias hechas, en la fábrica de química que é.1 dirigía, en la calcinación de la blenda de cinc,
al pasar del doble turno (una jornada de doce horas con 10 horas de trabajo efectivo) al triple turno
y, de esa manera, a la jornada de ocho horas (71/2 horas de trabajo efectivo). Pero no voy a
adentrarme ahora más de lleno en este trabajo, muy apreciado con roda razón, porque en él se dejó
a un lado el comentario de los efectos de la duración del trabajo. Para justificar esto puede remitirse
ahora, además del anteriormente citado articulo de Herk11er, al escrito de E. Bernhard aparecido
después (1909) (•Htlhere Arbeicsinrensitat bei kürzerer Arbeitszeir, ihre personalen und technisch-
sozialen Voraussetzungen•, enSchmollcrs Forschu11ge11, Hefr 138). Este trabajo rrara el tema sistemá-
ticamente con una breve panora.mica, sin agotarlo en ningún sentido, pero lo trara 1 en codo caso.
en conjunto, muy bien, de acuerdo con la situación de los materiales existentes y según lo que el
amor pretendía, sin aportar nada realmente nuevo respecto a Herkner. La b,bliograíía mencionada
es buena. (Hago de paso la indicación de que las cifras reproducidas én este escrito de una memoria
elaborada en 1905 por el Ministerio del Interior del Reich sobre la jornada laboral de las obreras
de las fábricas--que se me habían pasado a mí-confirman la~ obs<;rvaciones sobre el rendimiento
a lo largo de la sema11a en la tejeduría, que he expuesto antes: mcrememo del lunes al miércoles,
detención en el jueves, lisera subida el viernes, y luego subida el sábado hasta el máximo semanal
-ia consecuenc1it de una jornada con una hora menos!-. El auror. por lo demás, no conocía n1is
artículos, por lo que dice. Se le cuelan algunas observaciones equivocadas: por ejemplo, el primer
párrafo introductorio de la página l no tiene que ver con la materia y la observación en la página
33, nota 1, no tiene contenido, pues al obrero no Je sirve de nada el ser algo 4,distintoo a un «átomo
sin voluntad••. AJgunas. afirmaciones, espcc1almentc en el apartado final, no esráR, en su optimismo1
en consonancia con las reservas del aumr que, por lo demás, son de alabar; Herkner, por ejemplo,
es con razón más cauteloso respccro a la significación de la automatización). Los otros trabajos del
Instituto Solvay ya publicados -a los que habrá que volver eventualmente en otro conrexto-- no
entran en consideración para nuesrros objetivos. (El trabajo de Ch. Henry, Mesure des capacitt!s
intelfectuelle et énergétique, no tiene ningún valor bajo ese rítulo tan pretencioso; véanse mis
observaciones al respecto en mi comenrario de la •Energetische Soziolo¡;ie» de Ostwald, en Arcb.
f. Sozw. u. Sozpol. vol. 29, Heft 2). Hay que esperar a ver qué utilidad van a tener para el análisis
psicolísico del trabajo los trabajos fun,rosdel lnstitmoconcl empleo de observacionesquinesográficas
del trabajo. Por el momento sólo hay ahí una •idea original•, pero no está excluido en absoluto que,
con observaciones correctas, sea posible después una medida más exacta del tiempo de las distintas
reacciones de l.ts que se compone una manipulación concreta -y esto no sería nada insignificante.

237
VIII IX X XI XII I II IV
111 V VI VII VIII Promedio Edad
a 95,3 95,1 94,0 99,3 96,0 88,0 56,6 90,6
79,6 80,0 91,6 85,5 88,3 87,7 . 30
b 105,0 103,0 97,0 95,0 93,6 88,0 85,6 94,l
97,6 99,0 96,8 94,8 84,3 94,9 48
Modelo de telar l e 96,0 110,0 99,8 108,5 98,0 127,0 100,3 110,0 89,6 102,3 99,1 114,6 104,5 37
d 116,0 109,3 107,3 104,0 104,6 lll,O 114,5 · 97,l 113,0 117,3 105,3 128,6 111,6 ll0,7 28
e 70,3 74,0 76,6 77,6 63,3 61,3 75,6 74,0 80,5 85,0 101,3 104,3 110,8 81.l 40
f 54,0 5~.1 82,3 69,0 83,6 84,0 71,7 24
O)
QJ en el modelo I, g 99,3 93,0 99,0 •67,0 77,3 ll8,0 97,0 78,3 93,6 83,0 87,6 109,0 87,1 91,5 33
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e luego (a partir de *)
en el modelo II
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i
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83,3
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86,6
76,8
83,0
78,3
*82,6 117,6
88,!l 94,l
76,0
•79,0
96,0 92,0
103,3 93,8
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86,6
96,5
86,4
28
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(.¡.J
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\ti l 79,3 56,3 80,0 69,3 65,5 74,6 56,6 65,3 102,5 80,6 83,0 64,6 75,6 74,l 32
rn 74,6 64,l 89,6 69,6 74,6 77,8 67,8 80,5 85,6 83,8 66,8 67,0 67,0 74,5 33
Modelo de telar II n 63,3 78,0 83,6 67,6 68,6 60,3 82,l 86,0 84,0 78,3 78,l 76,0 51,l 73,6 32
o 92,3 99,0 94,3 101,0 92,0 92,6 88,6 93,5 83,3 96,0 76,0 80,3 92,1 90,9 44
p 67,3 65,5 59,8 77,3 78,3 77,6 58,I 70,1 66,8 79,6 84,0 61,1 73,6 70,7 3)

Modelo de telar III q 75,3 73,0 58,8 68,0 68,3 66,6 65,0 55,0 77,0 77.6 87,8 82,0 '81,3 71,9 18

a. 102,6 103,0 102,1 101,3 90,3 83,3 99,5 106.l 95,3 10),0 104,l 98,0 88,0 99,6 27
~ 84,3 101,8 76,8 88,0 90,l 100,6 96,6 99,6 98,8 l 02 ,3 102,0 · 98,6 24

.
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QJ
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6 45,3
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73,0
48,8
66,l
64,3
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77,3
85,8 80,0 77,6
68,B 73,3 69,6
77,3
62,2
23
22

·~ e 70,6 79,3 64,5 64,0 43,0 51,l 51,1 59,6 67,8 54,0 61,3 61,8 57,3 60,4 19

~ en el modelo III, ~ 81,0 69,3 67,3 64,0 68,3 70,6 •64,6 62,0 72,0 81,5 55,3 68,7 31
luego (a partir de *)
en el modelo lI 11 70,6 78,0 82,6 87,6 84,6 82,0 74,1 68,1 61,6 76,3 76,5 37
1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 l!I 14 15 16
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106,5
113,4
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2 (m) 81,4 108,0 112,9 90,3 88,0 113,l 109,8 102,l §85,9 99,7 115,3 74,I
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6
7
(n) 85,9 113,3 109,4 100,1 95,3 118,0 99,8 101,l 112,11 103,6 105,8 108,l 114,5

Obrero 8 (h) 108,3 85,2 98,8 92,l 97,7 91,6 110,9 78,0 77,8 9.!1,3 95,3 90,8 97,8 110,9

Obrero 1 (e) 78,9 68,8 7!,1 102,0 102,0 113,5 103,8 109,l 99,7 104,7 105,7 110,5 119,5 102,7186,8
2 (m) 90,9 133,3 98,9 ll9,8 123,9 115,9 111,6 §62,7 67,l 111,9 57,2 143,2 129,0
oc 4 (g) 107,9 118,7 100,!l 99,2 106,8 104,4 105,0 105,0 111,9 105,4 106,7 108,1 112,5 109,0 103,4
al
... 5 (e) 101,3 103,0 §66,l 98,3 93,4 105,1 95,0 104,0 93,6 104,0 109,7 111,1 109,0
.!2 6 (n) 106,9 105,3 94,7 106,9 106,l 88,7 99,2 110,8 98,9 101,7 §63,6 101,6
'3
-, 85,0 1120,3
8 (h) 111,6 103,9 106,5 99,3 106,9 106,9 106,2 60,4 86,8 94,6 97,6 96,4 105,2 97,l 91,2
9 88,9 118,4 106,l 100,5 108,l 101,8 92,7 113,8 86,9 101,l . 91,3 85,0 86,3 112,3 116,5
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...
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102,9
105,6
96,7 100,7
91,6 97,3
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110,S
102,2 100,3 107,6 101,2
99,2 96,l 99,1 98,2 99,l
107,4
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82,4
.
102,9
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84,4

1 Año nuevo 91,6 79,5 92,1 87,6 79,l 92,4 101,9 114,5 . . 96,4 . 120,4 109,l
II 110;3 108,6 110,3 109,7 l!0,3 112,6 !12,2 110,9 84,5 97,7 83,0 97.l 94,6 88,6
llI 96,4 77,2 91,0 102,2 116,l . 96,5 105,3 92,1 99,7 . . 99,2
IX)
oa, IV *86,5 92,9 105,3 107,9 115,8 .
,.... V 12S,O 119,2 110,9 104,5 109,5 115,5 lOS,7 93,7 105,3 107,9 115,8 . .
VI 96,0 106,0 88,l §88,4 86,7 93,0 960 116,4 115,4 99,5 109,5 ·107,5 100,8 108,3
VII 105,4 96,9 103,2 99,8 98,3 84,8 84,8 93,7 106,4 87,3 91,8 . §62,7 82,8
N VIII 103,7 104,6 107,1 106,1 111,3 111,1 110,8 j 109,3 96,8 103,3 109,5 72,5 95,5
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Día 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31
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XI 94,6 101,9
Día
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XI! 114,7 110,4 92,8 !17,6 . 104,2 . Navidad §71,6 59,l (65,6) 87,l
124,3

I 96.4 §108,2 113,5 99,l 111,8 100,7 93,9 78,0 106,7 98,3 109,8 89,8 · 108,3 114,2 115,9
11 . 88,5 82,l 90,0 79,0 89,6 84,0 95,9 113,4 87,2 91,6 106,l .
111 . . . . .
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101,7 .
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79,3
106.6
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117,9 110,2 92,8
101,4 90,8
105,1 105,5
79,3 115,3 119,2 110,0
118,8 . 116,2 110,0 111,1
VI )l4,6 106,6 97,6 103,2 105,1 m.1 89,4 89,4 76,7 109,1 99,3 96,l 91,l 97,4
VII 102,5 78,8 81,7 101,5 102,0 114.3 103,8 109,2 99,7 105,1 105,7 110,5 119,5 102,7 85,8
vm . §110,3 101,3 96,3 100,3 (1!1,5) 103,9 92,5 96,7 107,2 112,0 96,4 (105,1) 101,6 100,3
l. Ganancias totales mensuale, en por-
cenmjes respecto al primer mes. 100 94 99 117 109 125 118 141 117 100 89 119 127 126 131 127 130 113 76
2.Jomadas por mes. 24 2S\.ii 24\fi 25 25 1h2 26'1.i 24 26'h 25 201h 2414 25 26 23 2s.. 23 26'h 21 16
3. De ellas, a descajo. 23~ 231,<, 24'h 25 25\fi 24\.<í 24 24'A 24 2():l¡s 221¡3 221h 241¡5 23 22'1.i 20 24% l 7'h 15

4. Porcentaje que .u-


a) unir los cabos 100 85 114 105 96
105 81 147 138 16~ 122 125 141 156 98 168 144 157 152
pu,ieron las ganan-
b) enhebrado 100 94 llO ll4 JlO 114 68 138 147 136 134 121 152 162 98 129 126 166 159
cía.s a destajo dia-
N rías respecto a las e) pasar los hilos 100 102 36 136 167 º167 210 108 49 o 82 102 59 63 179 100 82 98 20
~
w ganancias del pri- d) pelforación 100 320 161 120 140 160 220 o o o 40 40 o o 58 20 o o o
peines 100 96 95 ll4 114 124 115 132 112 1)2 113 116 120 131 127 140 121 140 118
mermes.

5. Porcentaje en que
las tareas participan
enlagananclaades-
tajo media por día.
a) unir los cabos
b) enhebrado
e) pasar los hilos
d) perforación
peines
~I
21
24
l
53
21
21
5
43
17
*36
3
67
23
10
o
59
23
17
0,6
57
19
20
3
64
24
12
o

6. Ganancia ad.escajo media por día en


períodos de seis meses, en porcenra- l l 100 1 lll,O 1 ll4,4 1 132,2
jes respecto a la ganancia del primer
mes.
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