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del
pecial¡sta de los Evangelios, cree que ésta es la vers¡ón exacta
de que los escribas tenían la
i;to de san Lucas, habida euenta y
costumbre de armonizar los textos de los diversos Evangel¡os'
i"t" p""u¡" pudo así set modificado para que fuera más concorde
lo" á"to" de los otros Evangellos 6egún san Mateo y según
san Marcos, y más todavía si se tiene en cuenta que esto
"on pasa¡e
no se introdujo para contradecirlos'
Un poco más adelanté, estos manuscritos contienen una larga
por
insercián de san Mateo (20, 28), análoga a la parábola cltada
san Lucas en 14, &t0, si bien con un redactado algo d¡slinto' Apa'
rece también una redacc¡ón en sentido negativo de san Mateo' 18'
qu€ Yo no
20: <Pues no se reúnen dos o tres en mi Nombre 3¡n
esté a su lado." También resulta s¡ngular la sustitución' en san
Iuarcos l, 41, de las palabras "movido de compas¡ór" por el tér'
mino oeno¡adooi tal vez pueda extrañar y aun solprender, pe¡o
existen muchas razones para crer que ésta es la forma original
qus 6l con'
de la historia. Tengamos en cuenta que sería muy laro
cepto .compasióno se hubiera cambiado por el de *cólera'' y to'
du"i" lo más que san Mateo y san Lucas (cuyos Evangelios
se basan,""iiu
en este punto, en 6an Marcos) hubiesen suprimido esta
bella locución, de encontrarla en el texto de san Marcos que uti'
lizaron. Personalmente, san Lucas demuestra una gran afición a las
palabras suaves de este tipo, y el hecho de que no las empleara
nos permite suponet que no las conocía. Es más, en aquella oca'
s¡ón la cóléra de Jesús queda muy iustificada (como sucede en
san Marcos, 3, 5): El hombre en cuostión padecía una enf€rmedad
contagiosa, y no ienía n¡ngún derecho a mezclarge entre las gen-
tes. é¡n duda alguna, Jesús sentía compasión hacia é1, pero le
reprendió con severidad por su ligeteza y le ordénó que se reti'
rara rápidamente,
También merecen nuestra atención algunos otros pasaies inte
resantes, que se encuentran en algunos manuscr¡tos latinos o sl'
rios, pero no en el Beceo.
(Cuando Jesús fue bautizado, una gtan luz se h¡zo €n las aguas,
), todos los que eslaban allí se sintieron sobrecogidos por el mie'
do."
Esle texto v¡ene interpolado en san Mateo, 3, 17, y muchos
documentos antiguos, entre los que figura la obta de san Just¡no
y el Evangelio ebion¡ta, citan alguna frase de este estilo' El re'
iato de la Resurtección (Marcos, 16, 3) v¡ene completado en uno

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de estos mánuscritos de la siguiente forma¡ "De pronto, a la ter.
cera hora del día, la oscuridad envolvió a todo el globo terráqueo
y los ángeles descendieron del cielo y, elevándose hacia la gloria
de D¡os, ascend¡eron con EI, y la luz se hizc. Entonces, las mule.
tes se acercaron al sepulcro y observaron que la piedra había
sido desplazada y que era muy grande.'
Este fragmento es, tal vez, el más apócrifo de todos los in.
sertos que podemos encontrar en los manuscritos. Un texto aná.
logo aparece en el Evangelio según san Pedro, del que ya hemos
dado noticia. En cambio. hallamos, baio una fotma u otra, un (su-
plemento" mucho más verosím¡l en varios manuscritos respecto a
san Luca3 23, 47:
"Y todos los que estaban allí y v¡eron lo sucedido, dábanse
qol.
pes en el pecho y murmurabanl "La desgracía está enlre noso-
tros, pues nos ocurren todas estas cosas por nueslros pecados; la
desolación de Jerusalén está próxima.""
También debemos menc¡onar el Diatessaron (término que sig"
nifica "a través de los cuatro"l, una armoni¿ación de los Evan-
gelios escrita en idioma sirio por Tat¡ano, hacia la segunda m¡tad
del s¡glo ll. Aunque no disponernos del texto original, conocemos
pane de él gracias a unas traducc¡ohes que existen en latín y
en árabe. Parece ser que este texto contenía muchas var¡antes
de los textos comunes, además de algunos suplementos, var¡os de
los que tamb¡én se encueniran en el Beceo y en otros documen.
tos ya menc¡onados. Otros, en cambio, son originalee, como por
e¡emplo:
Mateo, 10,29: (¿Dos paiarillos no valen un ochavo €n Ia taber-
na?"
Mat€o, 26, 47: "V entre ellos había un romano.,
Marcos,7,26! "Yesa muier era una gentil de Emessa, en Si"
r¡a.'
"Pero El no apareció ba¡o su
Juan, 21, 12t propia forma,"
Puede encontrarse, For cierto, alguna leve confirmación de
estos pasajes, pero sin duda son originales del Diatessaron.
Mateo, 17, 25: (S¡món le diio: "El los paga." Y entonces repuso
el Señor: nDales lú también d¡nero, como s¡ fueras un exlran¡ero.'
Marcos,7,33: &,,,y escupiendo en sus dedos, se tapó las ore'
ias'"
Marcos, 10,51: kEl ciego le diio: "Señor y Maestro, haz que
yo abta m¡s ojos y pueda contemplarte."o

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Rendel Hartis dice a propósito de esta adición a la historla
de Bartimeo: *Es d¡fícil imaginar una manera más exquisita de
embellecimiento de la verdad si es que, en real¡dad, ha sido em'
bellecida." No cabe duda alguna de que cre¡a que esta frase era
auténtica.
El fragmento que damos a cont¡nuación es de un valor muy
dudoso, pero se encuentra en el manuscr¡to que generalmente co'
nocemos como Códice de washington. Moffat lo incluye en su mo'
defna traducción del Nuevo Testamento y considera que' en un
-tiitarcós formaba patte del apéndice
princip¡o, del Evangel¡o según 6an
(16,9-20). En varías ocas¡ones se ha puesto de rellevs
la falta de cohesión que existe entre los versículos 14 y l5 y el
relato del Códice de Washington, en el que hallamos la síguiente
conversación:
.Pero ellos se excusaron diciendor "Esta época de anarquía y
de incredul¡dad está dominada por Satán, que no petmite a los
que están baio las influencias dé los espir¡ius que comprendan
la verdad y poder de Dios; por ello -¡iieron a Cristo- revela
ahora mismo tus métitos." Y Cr¡sto les fespondió: "Llega a su fin
el tiempo del poderío de Satán, pero otros tetlores están próxí'
mos. He sido condenado a muerte a causa de los pecadores' para
que vuelvan a ta verdad y no pequen ya más, y para que puedan
hereda¡ la gloria de la ¡ustic¡a, que es espiritual e imperecedera
en el cielo.""
Tal vez guarde algún testo de auteniicidad' pero lo más pro'
bable es que el párrafo anteYior sea el producto de üna imagina'
c¡ón piadosa.
Por lo querespecla a los dos fragmentos quo cito a conti'
nuación, pocos eiemplos hay en los manuscritos, pero, por el
contrario, Ios autores eclesiásticos los apoyan sólidamente.
"Yo os digo que los hombres rendirán cuentas, en el día del
Juicio, de todas las buenas palabras que no han d¡cho."
Fácilmente se comprueba que esta frasé es una var¡ani€, €n
forma negat¡va, de la enseñanza citada po! san Mateo en f2,36'
y concuerda en un todo con una cita de san Justino Mártir: (Sa'
bemos que aquel que puede dec¡r la verdad y no la afirma, será
¡uzgado por Dios."
el Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos puri'
"Oue
fique.r
Esta bella trase la citan muchos autores antiguos, entre los que
cabe destacar a Marcio (140), que la irrcluye en la plegar¡a
del Señor ([ucas, l, 2). Muchos autores espcc¡alizados entlen.
den que e9 auténtlca. El versículo 13: (Sl vosotros, qge so¡g
malos, sabéls proporcionar coga! buenas a v{restros hUo€, ¿cuán-
to más no dará el Padre celestlal Ia gracla del Esplritu Santo a
quienes 5e lo pidan?" parece mucho más comprens¡ble sl le pre.
cede aquella plegarla. Debemos recordar que, con toda probabi.
l¡dad, Jesús enseñó en máe de una ocas¡ón la plegaria a sur dis.
cípulos, lntloduclendo en ella algunas var¡antes según la ocasión
y clrcunstanc¡o, La llteralidad era mucho menog lmpottante que el
espÍ¡ltu y el tema general de la oración.
Otro manuscr¡to armen¡o, contiene un pasaie muy intere.
6ante:
.Cierta mu¡er fue sorprendlda en él momento de cometer p+
csdo, y todos testimoniaron contra ella y luzgaton que merecía
la muerte. Y se d¡r¡gieron a Jesús para ver qué diría y, así, po-
derle calumniar. Jegús les respond¡ó¡ "EI que estó sln pecado que
ilre la piedra y la laplde hasta matarla." Y El, baiando la cabeza,
comenuó a escrib¡r en el suelo con su dedo para poner de ma.
nlflosto sus pecado$ efl la superficie de las piedras, y aquellos
hombres vieron entonces sus múlt¡ples pecados en las piedras;
llenos de vergüenza, marcharon, y no quedó nadie más que la
mu¡er. Y Jesús le d¡ro: 'Véte en paz y entroga una of¡enda exp¡a.
toria, como está escf¡to en Ia Lay,""
Se trata también aquí de una verslón dlstinta del conocido
pasale de la mu¡er adúltera (Juan, 8, 3.ttl, pero la relación ontre
ambos textos queda algo oscura. La c¡ta que homos otroc¡do ro
deflne la naturaleza del pecado que la muier había cometido, y
tampoco cont¡ene las palabras de Jesúg en los Evangelios: "Yo
tampoco té condenor; estos e)dremo3 podían chocar un tanto en
Ia época de la primltlva lgle¡la; san Aguslín nos d¡ce qu6 algu.
rios autores om¡tieton esie eplsodlo "por temor a qu6 sus mule.
res quedatan lmpunes, sl pecabanD. Esta vels¡ón armenia, qué
ellmlna estos detalles, podría ser un texto modiflcado en razón
de dlchos escúpulos.
Pero, por otro lado, ya sea apoyándose en una sólida t¡adición,
ya por un fel¡z hallazgo, este f¡agmento nos p¡oporciona acaao
una ¡usta expllcación al hecho de que Jesús escribiese en el Guelo.
Este detalle p¡oduce casi siempre una cierta perple¡ldad; €sf, €l
que les recordara sus propios pecados, no ian $ólo de palabra,

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sino concretándolos y de¡ando a su respectiva conciencia el cuida-
do de reconocerlos, es ün detalle que conf¡ere gran color¡do al
relato. Y en este aspecto, no podemos Gonsiderat la cita como
una versión secundal¡a y sin valor.
No obstante, surge otra complicación. Se cree que, en su
or¡gen, este pasale no formaba parte del Evangelio según san
Juan. El lengua¡e y el egtilo son diferentes, y uÍa c¡t¡ marginal
de la Versión Revlsada afirma que el ¡elato no se encontraba en
la mayoria de los textos griegos. Con esto no queremos signiti
car que el ep¡sod¡o no sea auténtlco; al contrario, se clee que
se trata de un recuerdo real de Jesús, Incotporado al Evangelio a
través de una fuente exterior verídica. Eusebio nos da not¡cia
de que Papias cuenta la histor¡a de "una muier acusada de nu.
merosos pecado$ ante el Señor', y que la hlsloria se encont¡aba
también descr¡ta en el Evangelio según los Hebreos. ¿Fuo uno
de ambos documentos la fuente externa veridica? Y s¡ lo fuera
uno de ellos, ¿no pudo el otro relatar el hecho, en su forma modi.
ficada, tomándolo del manusci¡to armenlo? No podemos estar eri-
teramente seguros de que sucedlera asl, pero queda otra posib¡'
lidad. En ciettos manuscritos antiguos, la velsión canónica do este
rclato se encuentra ¡nmed¡atamente después de san Lucas, 2f,
38, donde se acomoda meior con el contenido. Tal ve¡ dobamos
buscar la fuente en 6an Luca6 (o en uno de loa documentos que
le sirvieron de base) y en Paplas. En este caso, el Evangelio según
los Hebreos y el manuscr¡to armenio ofrecerían anbos uha ver'
sióIl secundaria, que papias o algún otro autor habría mod¡f¡cado
por las rauones ante6 expuestas.
Por último, llegamos al siguiente hecho, que sorprende: un
gran número de manuscritos, al transcrib¡r 99! !-ql9!",?1r lqtA.
dan el nombre de "Jesús" a Barrabás. Oflgenes (230) af¡rma ha"
herto ya comprobadq en algunos manusq(itos muy antlguosi es de'
c¡r, que databan del s¡glo ll, e incluso del siglo l. Por más que pue'
da desagradarnos de momento, puede set verdad. En aquellos tiem'
post (JesrfsD (forma gr¡ega del Joshua hebleo) era un nombre
muy Gorriente, y la co¡ncidencia de los nombres, por más extra'
ña que pueda parecernos, no es ni imposlble ni inverosímil. Es muy
d¡tíc¡l de concebir que una interpolación de e$te género hu"
blese tenido lugar en época de la lglesia pr¡mitiva; anfes al con'
trario, ya que el respeto por el nombre $agrado nos serv¡ría me-
¡or para €xplicor una tal omlsl6n en l¡ máyoría de lo¡ ma¡uscri.
to3.
Muchos gspec¡alistas modernos cons¡deran que asta forma es
auténüca. Moffatt la incluye en su traducción y Deissmann dice:
*Este fragmenlo de un tcxto original debería inclu¡rse, con toda
cofrfl¡n¿¿, en las modern¡s rév¡s¡onos de la Bibl¡a.,

-)
CAPITULO DECIMOSEXTO
EN LAS ARENAS DE EGIPTO

N el decurso do estos cien últimos años se han €fectuado


gran número de excavac¡ones en el Medio O¡iente, promovi.
das tahto por a¡queólogos como po¡ especialistas de la Bi.
blia¡ han contribuido todas a nuavos dgscubrimientos importantes.
Asl, las realizadas entre vetdaderas montañas de deiriius, en Egitr
to, han pefmltldo que sálleran a la luz del día un Eran número de
lragmentos de paplros muy Interesantés y de una gran lmportancia.
Tales documentos proporclonan nuevos datos para el estudio del
lenguale y de las costumbtes do los prl¡neros slglos de nuestra
era, sl blen lo que aquí nos interesa son las referenclas a Jesús.
En Ia segunda mltad del s¡glo pasado, Flinders Petrie y otro6
sabloa llevaron a cabo detenldas prospecclones en la re$¡ón del
Fayoum, AIto Eglpto, en el curso de las cuales encontraron el f&
moso fiagménto del Evangelio de Fayoum. Este pequeño fragmon
to de papiro se encuentn hoy en Vlena, formando parte de la co
lección del archlduque Balnlefo. Gontl€ne tan sólo alg{¡nas líneas,
en las que fslian letras y aun palabras ente¡as, y se ha intentado
en varlas ocaslones su testautación, Pero el texto recognosc¡ble
es suflclenté para comprobar que se trata de parte del ep¡sG
dlo en que Jesús advierte a Pedro contra la tralción, aunque algu.
nas palabras dlfle¡en de la6 de los Evangelios. No se trata, mani.
fiestamente, de una mera clta del texto canón¡co, tal como Io co.
nocemoa, y las oplnlones de los especialistas dlfieron sobre este

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particular. ¿Constltuye un extracto de esas otras narraciones evan
gélicas que san Lucas alude en la instrucción de su Evangel¡o?
(1, 14). ¿O, por el contrario, se trata de una re{erencla ln€xacta,
dada por aprox¡mac¡ón, como pueda hacerlo un predicador o un
comentarista? En cualquier caso, todos coinciden en fechar este
documento en el siglo lll y, por tanto, en considerarlo como uno
de los más antiguos escritos que ex¡sten sobre Jesús.
Y llegamos ahora a uno de los descubrimientoa más sensacio.
nales, ocurrido en 1897i una hojilla de papiro en la que f¡guran es.
critos siete breves Dichos de Jesús. Este documento lo halló Gren.
fell, ¡unto con Hunt, cuando ambos dirígían unas excavaclones por
cuenta de la "Egypt Explorat¡on Found" en Oxyrhynchus, impor.
tante ciudad del antiguo Egipto, situada al borde mismo del de.
sierto, a c¡€nto ochenta kilómetros ¡l sur de EI Cairo. Seis años
más tarde, en 1903, hic¡eron nuevos descubrimientosi otro frag.
mento de papiro que contenia más Dichos y muchos pedazos, muy
deter¡orados, de otro follo, que parecía conf¡rmar una enseñanza
evangéllca conoc¡da, pero redactada eri una forma inhab¡tual. Lle,
garon a la Gonclusión de que todos estos papircs databan probable.
mente del primer cuarto del siglo IIl, debido a la forma de la es.
critura y a los caracteres empleados en ella, que son los elemen.
tos deterrn¡nantes en esta clage de t¡abalos, eminentemente téc.
n¡cos. Como es de suponer, estos descub¡im¡entos susc¡taton un
v¡l.o ¡nterés, y d¡ero¡! lqgar a una abundante literatura: las más
diversas hipótes¡s fueron contrcvertidas respecto de su autent¡c¡.
dad y de su signif¡cado. Por su prolii¡dad, tan sólo podemos apun
tar aquí estos problemas.
El estudio más detallado sobre estos Dlchos lo ha realizado
H. G. Evelyn White, en su obra The Sayings o{ Jesus from Oxyrhyn-
chus (1920); el autor cons¡dera que forman parte de una recop¡.
lac¡ón l¡teraria de "dichos", probablemente extraída del Evangelio
según los Hebreos, del que tahto hernos hablado. Clemente de
Aleiandría cita uno de ellos como procedente de 6ste Evangelio,
lo que const¡tuye un apoyo a la tesis de Wh¡te, pefo exislen una
ser¡e de indic¡os contrarios, y no parece muy seguro que todos
estos (dichos' proceden de aquel Evangelio. Tengo expuesto m¡
punto de vista sobre el particul¿r en un artÍculo aparecido en la
Harvard Theological Review (ehero de 1930)l a mi iu¡cio, estos
"dichos" fueron recopllados de var¡as fuentes, canónicas o no (y
es posiblé que de la tradic¡ón oral) y, en coniunto, formaban un

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¡Tesoro de Dichos", tal vez destinado a la devoción personal. Oue
puedan encontrarse en ellos auténticos mezclados
"suplementos,
con elementos secund€¡¡os, nte palece mucho más probable que lo
que creen el propio Evelyn White y la mayoría de los especialistas.
El profesor J. H. Moulton ac€pta el coniunto de estos "dichos"
con gran entusiasmo, lo que nos demueslra que no hay una po'
sib¡lldad de certeza absoluta en esta materia. D¡ce el profesor:
puedo dudar ni un solo ¡nstante de que El pronunciara realn¡en'
"No
te las palabras que se le atribuyen en este fragmento (se refiere al
primer papiro). Están en un todo concordes con sus enseñanzas
y vienen expresadas en el to¡o y est¡lo vivos, concisos, de gran
poder de imagen, parabólicos, que nadie sabría ¡mitar, y que re-
conocemos instintivamente como salidos de los labios de Aquel
que habló como ¡amás nad¡€ sabró hablar.'
Algunos de estos {dichosn son tan fragmentar¡os y tan dudo.
sas las restauracionea que se les han propuesto, que meíor será
ignorarlos, para concentrar toda nuestra atención sobte aquellos
otros que aparecen como suficientemente Seguros, y que merece
¡a pena examinar:

"Si no ayuná¡s respecto al mundo, no hallaréis el Beino, y si


no santif¡cáis toda la semana, no veré¡s al Padre."
"Estaba Yo en medio del mundo
y v¡eron mi cuerpo, y hallé a
todos lo3 hombres ebrios, y no vi a ninguno de ellos que fuera so.
brio, y mi alma se afl¡gió por los hiios de los homb¡es, pues su
corazón es c¡ego.'
que haya dos hombres, no están sin Dios, y don.
"Dondequiera
dequiera qrJe haya un solo hombre, digo que estoy con é1. Levanta
la piedra, y me hallarás allí, tala el bosque y me encontrarás.'
profeta en su tierra, y el médico no consigue cura.
"Nadie es
ciones entre los que le conocen.'
"Oue aquel que busca no halle descanso hasta que encuentre;
y cuando haya encontrado, se sorprenderá; una vez sorprendi-
do. reihará, y después de reinar, descansará.o
"Sus d¡scípulos le diieron: "¿Cuándo te manifesla(ás a nosotros
y te vereiflos?" Les respondió: "cuando os enco¡tré¡s desnudos y
no sintá¡s vergüen¡a.""
El pr¡mero de estos "dichos' €s una enérgica llamada a Ia
sinceridad y al sacrificio, conside¡ados oomo elementos e6encle,
les para una verdadera experiencia espirilual. El tercero insiste en

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el t.abaio hone$to como medio de alcanzar la presencia de Dios.
El quinio lo cita Clemente, quien atirma que pertenece al Évange
llo hebreo¡ pareeé que en él se desarrolla la enseñanra de la bú*
q$eda inmediata del Beino de Dios y la vocación a constltu¡rse Gn
miembro de su pueblo soberano (Mateo, ?, 33). El último do ellos
puede tal vez eign¡ficar quE quién soporta l¡ indigr¡idad y ¡a pcF
secuc¡ón sin vergüenza, alcanza la v¡sión celestial, como es el
caso, por eiemslo, de san Esteban (Hechos, 7, 56). En au con.
iunto, parecen ins¡stir, de una manera vál¡da, sobre la lde¡ de ben.
dición y de ¡eto cont¿nida en el mensale evanqélico.
En 1908, Grénfell y Hunt descubrieron una hoia de vitcla que
contenía un pasais más er.ten$o qué los precedeme¡, de un valor
considetable, Llegaron a la conclusión de que databa del s¡glo lV
y que contenía un extracto de un Evangel¡o desconocido, proba
blemente compuesto en el s¡glo ll. Tanto la primera como la t¡lti-
ma frase de esta hoia Bstán mutlladas, y es enteramante int¡til e|t
tretenerse en ellas. Consignaremos lo e$encial del pasai6:
"Les reunió y,es conduio al lugar mismo de la purificaclón y
entró con ellos en el Templo. Y cierto fariseo, un gran sac€rdoto
llarnado Leví, fue a su encuentro y di¡o al Salvador: "¿Ouién te b€
permllido enirar en esto reclnto de purifictción y mhar esos va,
sos sagrados, cuando todavlá no te has lavado y tus d¡ccípulos nl
tan siquie¡a han limpirdo sua piea? Pero tú, mancillado, te hs8 ¡n,
troducido €n el Templo, que es fugar puro, que nlngúr otro hom-
bye plsa si antea Do se ha lavado y cambia 6us vestidur.s, y do¡!
de no osa mirar los vasos sagrados." Entonces, el S€ñor ss detüyo
lnmediatamente, y tamb¡ón sus disclpulos, y diior "¿Y tú, ostás ltm.
pio para enirar en este Templo?" Repl¡có el otror "Sí, estoy l¡mpio,
pues me he lavado en la fuente de David y he degcendldo por um
escalera y después he subido por otra y me he r8vostido de ropss
blancas y l¡mpias, y sólo después de esto hs yenido squl Dara
contemp¡a¡ los vasos sagrados." Y el $alvador le reepondió diclón
dole: "¡La desqracia sea contigo, clcgo. que nada vssl Tú té has
Iavado en esta agua que corre y én la que se arro¡an los pertos
y los cerdos, noche y día, y has lavado tu plel, y ¡estregado su
guperficle, como las prostitutas y las muierzuelas se bañan y acl.
calan para la luluria de los hombres, pero qu6 por dontro €stán lle
nas de escorpionss y de todas las perversidades. Pero Yo y mls
discípulos, de los que d¡ces qué tro nos hemqs bafiado, nos hemos
sumergido en las aguas de la vfda eterna, que proceden de Dlos.",

182

h
Por lo general, se eonside¡a que este relato no es auténtico, e
incluso que resulia inexacto en cuanto a los detalles de topografía
y ritual en el femplo, Pero Buchler, en la Jewish Ouarterly Review,
afirma enérgicamente que "la tradición confirma por completo es-
tos detalles, que parecen ian poco d¡gnos de créd¡to".
Por su pade, Swete sostien€ que el estilo de este fragmento
recuerda en gran manera el de los Evangelios Sinópt¡cos, y en
modo alguno al de los apóci¡fos y otros libros má¡ reciente$; se-
gún su cr¡terio, es pefmisible suponer que el Evangelio perd¡do de
donde procedía "confirmaba las lradic¡ones coÍientes en Egipto
durqnte el primer cuarto de siglo que siguió a la época apostólica'.
Por estas m¡smas razoneE
-y aun por otras- creo que nos en"y
contramos ante un relalo de un episodio real, aunque
"arreglado"
embel¡ec¡do en algunos puntos, La alusión a la mancilla del agua
en la que se habia lavado el gran sacerdote es muy pertinente y
nos conduce al fondo del problema. Dicha agua corría libremente
y, por más limpia que pudie¡a parecer, habría sido ensuciada más
de una ve¡ en todo el trayecto que debía seguir desde la fuente
hasta el Ter¡lDIo: es una nanera sutil de recordarnos la inutilidad
de la pur¡ficación hecha a flor de piel. La mordiente ironía que en.
traña la referencia a los cu¡dados que las prost¡tutas prodigan a
su cut¡s, recuerda la condena que el propio Cristo hace de los fa.
riseos y de los escribas (Mateo,23), y Ia lamentac¡ón por su ce"
guedad espiritual encuentra un paralelo en los versículos 16 y 24
del mismo capítulo.
El último de los fragmentos hallados por Grenfell y Hunt se
publicó en t914. Por desgracia está muy mutilado, hasta el extfe
mo de que sólo quedan incólumes algunas líneas, en la parte su.
per¡or de cuatro columnas (dos en cada cara de la ho¡a). Se cree
que dáta del siglo lV y que formaba parte dé un Evangelio extraca.
nónico que, evidentemente, pudo haberse redactado antefiormente.
Parece que se trata de una narrcción personal en la que intervie"
hen Jetús y un dlscípulo desconocido; también creen algunos qué
es un tragrfiento del apócr¡fo Evangel¡o según san Pedro. Esta ú1"
t¡ma ¡dent¡ficación of¡ece muchas dificultades. Si bien algunas res.
tauraclones de las palabras que faltan son hipotéticas, no obstante
perm¡ten facll¡tar la slgulente traducción:

d...me molestó, Entonces se apareció Jesús, en una vislón, y


diio: "¿Por qué estás abatldo? No eres tú quien... pero el que da.,."'

t83
(...túhas dicho... y no has respondido. ¿Oué es lo qu€ has
proh¡bldo? ¿Oué es esta nueva doctrlna que d¡cen que enseñas, o
cuál es este nuevo bautismo que proclamas?,
(Y cuando los escribas, los fariseos y los sacerdotes le vleron,
se ind!'gnafon porque se sentaba entre los pecadores. Y Jesús, que
les oyó, d¡¡or "Los que están sanos no precisan las med¡cinas.",
".,.Rogad
por vuestros enemigos. El que no está contra voso.
tros está s vuestro favor, y el que hoy está le¡os, mañana estará
cetca de vosotros... adveFario.'

He propuesfo otra expl¡cación, a guisa de hipótesis: los doo


últimos f¡agmentos deben leerse antes que los dos pr¡meros; es
decir, dándole la vuelta a la hoia. En este caao, tal vez nos ha.
llaríamos ante la historia de san Jaime y no la de san Pedro, que
comenzaría con un breve resumen de cuando vivía en Gal¡lea. de
lo que oyó y vio cuando se opuso a Jesús (Marcos,3,2l, gl), se.
guiría con la apaf¡ción de Jesús resuc¡tado que c¡tan san Pablo
(l Cor¡nt,, 15, 7) y el Evangelio hebreo (como ya hemos v¡sto),
patg terminar con la conversación que en aquel momento sostu.
vieron. Esta explicación es, quién lo duda, puramente especulativa,
perc como hipótesis es tan buena como cualquier otra, y Ia cues.
tión qu6da ab¡erta mlentras no se encuentren más datos.
Otro6 dos fragmentos de papiro deben menc¡onarse por su irt
portanciar él primero de ellos, es un pequeño fragmento del Cuar"
to Evangelio y se encuentra hoy en la "John Rytands Library", de
Manchester; datsría de la primera m¡tad del siglo ll. Feproduce
patte de los versículos 3l-3 del capítulo '18, en una de sus caras,
y en la otra de los versiculos 37-8 del mísmo capltulo. Su impoF
tancia no corresponde, en verdad, a sus dimensiones, pues se t!¡.
ta gin duda alguna del más antiguo fragmento que conocemos del
Nuevo Testamento; es más, tal vez conatituye el pr¡msr tesümo.
nio sobre lá existenc¡a dé este Evangello, y demuest¡a que fue
oscrito mucho antes de lo que han supuesto algunos sablos.
El segundo descubr¡miento consiste en cuatro pequeños frag.
mentos de papiro, que pertenecen al Br¡t¡sh Museumi en 1935, los
publicaron H. ldr¡s Bell y T. C. Skeat, y al año s¡guiente aparectó
un impo*ante estudio sobre ellos, debido a Dodd, en el Bulletin
of John Rylands Library, bajo el título de Un nuevo Evangelio. Se
cree que este papiro data aproximadamenle de medlados del siglo
ll, pa¡ece 6er un eiemplar de ün Evangelio desconocido, que ae re-

t84
noniarfa a los primeros años de dlcho slglo o, tal vez, a la últ¡'
ma década del slglo l, Contlene el mismo tlpo de elementos que
el Evangello c¡nónlco, al qu6 on algunoE momentos se acarca, en
osprcial por lo que relpecta al rslato de san Juani no obstante, no
torma part€ de ningún Evangelio conocido, ni tan slquiera de los
apócrtfoo. ta roconstitüclón de las palabras mutlladas o borrosas
os muy s€gura y pe¡mlfe faclliisr la slgulénte traducclóÍl

pueblo, les habló en estos


"Dirigléndose hacla los iefes del
términos: "Buscad €n las escrltutas, pues aquellas que creéis que
son vlvas son lag que dan t$timonio de Ml. No penséis que vengo
para acusaror ante Ml Padre, vuestro acusador ss Moisés, en qulen
habéls citrado westras esper¡nzaa." Y cuando elfos le dfleton: "Sa'
bemo¡ que Dlos habló a Mobés, pero no s¡bemos de dónde tú
vlenes"i Jesús les respondiór "Ahora 8e acusa a vuestlas creen"
ci¡9...""
d...frara que le arrastren... y cogiendo piedras, le laplden. Y los
¡eles qulgleron avanzar sus manos, para agarrarle y lanzarlo a las
gentesi pero no pudleron cogerle, pues la hora de su detención no
habla llegado aún. Y el prcplo Josús, desasléndose, les deió.'
{Y hete aqui que un leptoso se Le acercó y le diio: "Babí Jesú5,
acompañando a loa leproaos y comiendo con ellos en el larareio,
enfermé de lepra. Pero 6i lú lo quieres, seré curado"' Entonces el
Señor le d¡lo: "Asf lo qu¡eto, cúrate," E ¡nmediatamente la lepra le
abandonó y el Señor le di¡o: "ve y muéstrats a los sacerdotes.'\,
(..acüdléron a El para probarle y le diieronr "Rabl Jesús, sabe.
mos que has sido enviado por Dlo6, puos las cosas que roallzas
testimonian más allá que los profetas. Dlnos, pues, ¿es l¡cito pa.
gar a los reyes lo que corresponde al gobierno? ¿Debemos pa'
garlo, o no debcmos?"" Y Jesús, qüe conocía su espítitu, le6 diio
con indlgnaclónr '?Por qué me llamáls tabf, si no escuchá¡s lo
que digo? lsalas, el profeta, habló admirablemente de vosotros
cuando di¡or "EEle pueblo me honra en sus labios, pe¡o sü cota.
¡ón está le¡os de ml. Es en vano que me vonetan... mandamientos"..'
y y
"camlnaba Jesús 5e detuvo en la orilla del Jordán con su
mano derecha ¡ecogió un poco de agua y aspergió el suelo. Y allí
donde el agua cayó, humedecló la tierra y produ¡o trutos.D

Lá mayorla de estos lextos nos son famlliares, pero algunas


frases se encadenan de forma poco habltual. El título de (Babí

185
Jesús" que pof dos veces erconkamos cítado, no se emplea en
los Evangellos; lo que puede signlffcar qre son máE antiguos que
esie documento. El senttdo de la última frase no queda claro;
puede lratarse de un mllagro legendarlo del que no poseemos
nlnguna otra referencia, pero tamblán puede ser un acto ¡imbó¡¡co
o una parábola. En au con¡unto, no podemos confl¡¡ dema¡iado en
la hlstoricldad de e¡tas narracionsa, tcfo con todg aon nruy ¡u.
freriores a los Evangel¡os apócrifoE, y no¡ demuertran quo los he.
chos y la discus¡ón evangél¡cos eran perfectamentc conocidos en
Egipto a los cien años de la Cruclffx¡ón.
Para term¡nar est€ capítulo, mencionarsmos un último agpecto.
Todos los papiros de los que hemos hab¡ado 6stán rodaciados en
griego, verdadera .lingua franca" de aquslla ópoca, tanto en Egip,
to como en otros país8s. Fcro tambión exlsten paplroi 6n copto
en los que se citan palab¡ae de Jesús muy parecldas a las que po.
demos leer en los Evangelios, péro con l¡¡ típlcas separaciones
que se aprec¡an en los lextoe que acabamos do l¡an3cr¡bfr. pu€dsD
consultarse on el Nuevo Testamento apócrifo, ds M. B. James, del
que ya hemos h¿blado. Pa¡ecs sér que datan de lo3 s¡glos lV y
V,
aunque pudieron basarso 3obre elemenlos már antlguos.
CAPITULO DECIMOSEPTIMO
ATGUNOS PASAJES PROBLEMAIICOS

XISTE también un cierto número de fragmentos íntéresantés


que no pertenecen a ninguna de las categorías hasta ahora
estud¡adas, que dudo mucho en calif¡car de lalsos (cf. capí
tulo XIX). Son de época tardía, pero esto no sign¡fica necesari&
mente que carezcan de todo valot. En su mayoría, {ueron extraldos
de obras musulmanas a las qus ded¡carcmos el cap¡tulo siguien'
te. Pero también se encuentran entre ellos algunos textos cristia'
nost que son los que examinar€mos.
Daremos comienzo por unos que se hallan en un lratado árabe
descublerto por Ias hermanas Gibson (cf. capítulo XV) en el con'
veffo de Sanla Catal¡na, en el Monto Sinaí, t¡tulado De la natura-
leza tr¡na de Dios. Este manuscr¡to data del siglo vlll o del lx, y la
obra no puede ser más antigua, ya que se trata de una polémlca con
los musulmanes. La señora Gibson soslíene que éste hecho no
constituys de por sí un srgumento concluyente contra la antigüe'
dad de su contenido biblico, y Fendel Harris e€ también de la mis-
ma opinlón: *Oueda dentro de los límites de Io posible que los
Evangeliog conocidos por el autor cortoboran las ¡nterpretacio'
nes independientes, así como pudie¡on ayudarlo algunos elementos
pfecanónicos.. cinco pasa¡es de aste tratado merecén ser trans'
cr¡to$:

(il La curaclón del paralítlco ¡a tealiza Jesús anl€ los sacerdo'

189
tes, y se dlr¡ge a éstos en los siguientee términos: noh, asambl€a
dé sacerdotes, me resulta más fácll de declr..., Resulta interasarr
ta comprobat cómo en los
"agrapha" musulmanes, que éstudlare,
mos en el capltulo slguiente, se presenta a menudo a Jesús dl.
c¡endo:
"Oh, asamblea de disclpulos..."
(2) Cuando la curación del homb¡e de la mano reseca, la pre.
gunia que d¡r¡ge a los c¡rcunstantos p€rmitido en el sabbat
-¿Esiá
hace¡ el blen o hacer el mal?- recibe l¡ slguiente respuestai <Ha.
gqmos el bien en 6l día dal sabbat y que la vida ge salve.o A
lo
que Jesús respondei
"Decfs verdad., Lo que contradico ev¡dente,
mente el relato canónlco, donde las gentes gua¡dan s¡lenc¡o.

' Jl¡ ftgura este pasale extraño que irdica que IoE apóstol€s h+
brían dicho a J€súsr palabras son palabras de ü para ¡os
que acuden a T1...'
"fus

(4) E¡ el relato do Ia enlrada en Jerusalén, se encuentran un


ciedo número dé puntos de contacto con la verslón que, del mi9.
mO episodio, Ee nos da en el Diálogo de T¡moteo y Aquila, que,
como ya dillmos, contlene p¡obabl€mente algunos clementos pri.
mltlvos. Ambos textog Incidcn, por elemplo, qué s€ arranc¡ron ta"
mag de ollvo para desear la blenyen¡da a Cr¡sto.

(5) El relato de Ia Ascensión contlené la sigu¡ent€ enseñan¡a:


"En este dla os deto oomo sl fuetals ovelas €ntre una manada de
lobos, pero habltad en la casa sagrada hasta qu6 se os revlsta del
poder venldo del clelo. Vuelvo allí donde estaba y os enviaró
el
Parácllto, el Espir¡tu Santo, el Justo, El que los hombres no pueden
mhar, El que hará que yo vuelva a vuestra memot¡a, así como
todo Io que os he dlcho. Hablará por vuEstras boca6 y seré¡s én
vledos ante los reyes de la tierra y los que gob¡€rnan. No t€¡r
gáls mledo de lo que vala a decl¡, pues el Esplr¡tu que os
envlaté
hablará en vosotros.E

Alguno de estos pasa¡es no es dem¿g¡ado conv¡ncet¡te; po, tan


io, sl su autor pudo compulsar realmente el documenio aet slgto ll,
orlgen del Dlálogo de Timoteo y Aquila, estos textos me¡eceir sei
examlnados cor respeto. por lo que conclene al último
d9 esiog
pasa¡es, ha parecido extraño a los €speciallstas qu€
una premonlclón

t90
I
de laa persecuclon€s figulara tan pronto sn el Evangsl¡o {M+
t6o, toj.
p&
Dato curioso, 6l pasa¡e siguient6, al lgual que los textos del
rlafo qu€ contlnl¡a, ao €ncontraron en la Gran Bretaña' Se trata do
un sermón, lnglés, redactado en lengua látlna 6n e¡ slglo Xll:
.$ed valient* én la guerra, Gombaild la antigua serpionte y ra
cibirólE el Relno Etemo'¡
Nada nos Indica q¡¡o ol autor hublera coBlderado €sta frase
mónoa auténtlca que lo¡ otro¡ textos ltllizados en sus homilias'
Lag prlm€ras fra¡ee de ¡u sdffión patecén ¡ndicar qüE l93 extra¡o
y
de un relato eyangéllco qüa acsptáa como documento autóntico
al que conced¡ una gran corFldéra¿lón:
.Estas palabras que ahora P¡ochmo, les pronunc¡ó Nuestro 56'
ñor cuando habitaba en el pafs de Jerusalén y exhortó a todos ¡og
que alli esteban a combstlr con Yal€nlía; y porque la batalla era
iqra y dlffcll, ¡es ptometló una gran recompensa, a condiqión de
que la emprendlesen."
N¡ Ia metáfora de la rserplente antlgua' rl Ia rePresentaclón de
la vlda cristian¡ como combate, ae encuentran en los Evangelios'
Pero ambas lmágenes nos son lamlliares pol otros textos del Nue'
vo Tesiamento tApocatlpsts, t2, 9: I fimoico, 7, 1z)' Sería muy
agradable poder pensar qu€ el proplo Jooús se exPregó asl, Pero
pr,r"n"""tos en la duda. Lo que sl podemos doc¡r, es qus dicho
pasale y los que luego axamlnar€mos parecan d€moskar que' €n
esta época y 9n Inglaterra 3e uillkaba corri€nt€menle un Evange
¡io apócrlfo no ldentltlcado, o un comentarlo (como el de Pap¡ss)'
que, a lo que parece, ¡nslltla máe sobre €l magist€rlo do Jesús que
sobr€ los temas habltusles en los apócrifos romaoos' y que tam'
blén so referfa a su naclmlento o Infancla y ¿ los aucesos qug
tuvlelon lugar des$uá8 de lla nesurrecclón. Rlchard Morrie. qu€ pu'
bl¡có €stas homilfas, era dol mi¡mo c¡iterlo, y llamaba la aten'
clón sobre clerlas alusloneg a los "Doce" y a otro ganto' llamado
Nlcodemo?), en cüyo honor 3e Gompuso acaao el
"N. (¿Natanlel, ot¡¿3 dos veralone3' con algunas varlantos¡ una d€
6ermó;, Exlsten
ellas se encuentra en la blblloteca del Lambeth ?alace y la o$a
en la do¡ lrln¡ty Gollege, en Cambrldge.
E¡(amlnaremos ahora algunos pasáiss de las Homilías de Bllc-
kl¡ng, cuyo manusctlto ae elcuenka en la blblloteca de la cludad
de donde toman el nombre, y que fueron lranscritas y traducldas
por Morris por Guenta de la *Eearly Erulish fext Society'r' El propio

lst
manuscrito estC fechado en el año 971, peró Morr¡s conslderá,
por razones do estilo y vocabulario, que los setmones se redacta.
ron un siglo antes, por los t¡empos del rey Alfredo. Contrarlam€n.
te al sermón de que hemos hablado, egtos documentos están es.
cr¡tos en anglosaién y son, con roda probab¡l¡dad, anterlores a log
más antiguos ejemplares de los Evangelios anglqgaiones que cong.
cemos. Cont¡enen un gran númeto de pasa¡es que no pueden ser
más que c¡tas aproximatlvas o paráfrasis, como por e¡émplo:
<Marta, Marta, ten cuidado y har slempre lo que hace Malla, o
sea, curnple en todo momento la voluntad del geñor, quo es la
meior manera de complace! a Dios. María ha escogido la meior
patte, que ¡amás le será arrebatada.r
Pero, en camb¡o, existen otros pasa¡es que podrfan basarse
sobré datos suplementarios, por e¡em¡lo: San pedro sería el di6cl.
pulo que pid¡ó autorizac¡ón para ir a amortaiar a su padrs y los
propios san Pedro y san Juan hubiesen rec¡bldo el encargo de ad-
qu¡rir el asno que montó Jesús. puede leerse, a propósito de Judss,
que
"los apósloles ¡e conf¡aron su dlnero para probár €u codicla,.
Segu¡damente citaré los fr.gmentos más ¡nteresantes, que pa.
recen confirmar la ex¡stenc¡a de un relato extracanón¡co. sl bion
quedaría por saber s¡ se t.ata de palabfas autónticas¡
"No olvidemos lo que Cr¡sto nos ha ordenado en el Evange¡io.
Ha d¡cho que debemos entregar (a D¡os) el diezmo de nuostras
ganancias durante los doce mes€s del año.b
(Está escr¡to en los lib¡os d€ Cristo que el propio Señor
dice
que somos los dueños de la décima parte de nuestro bienes, tan
to por lo que respecta a las tie¡ras, como por los otros bienes y
adqu¡siciones."
"El prop¡o Cristo nos dlio que no escucharía la€ plegarias del
hombre negl¡gente y olv¡dadl¿o.'
"Sabemos
que el propio Crisro dijo por su bocai "Cuando veáls
todos los frutos de la tierra crecer e hincharse y sintáis los per.
fumes embalsamados quo expelon las plant¡s, entonces, poco des.
pués, comprobaréls que com¡enzan a sec¡¡¡se y mueren pof cauaa
del calor del ve¡ano."¡
rEl prop¡o Cristo nos d¡io: "Estoy s¡empre entre los hombres de
fe, por la gloria de mi divina naturaleza."D
(Respecto de estos
iueces (los que prevadcan), el propio Cr¡s.
io diio: "Ju¿gad hoy como queréis que se os ¡uzgue el día de me
ñana, en el último dfa de este mundo.",

192
nl{o pormánezcáls tlstes nl atóment6ls vuést¡os córázonó3'
pses yo intercederó por voGotros cefca d€ Mi Padre, para qu6 03
guarde con 9u fuerza cele¡t¡al.'
nNo os de¡aré s¡n ¡efe, sino qus os mandaró el Paráclito.'
En los Evaígél¡os no existe ningrún precepio que menc¡one el
pago del diezmo, pero era práctica corrlenté en la lglesia y rada
9e opone a que Jesús se hublera man¡festado sobre este panicu.
lari qug era r¡na büsna práctica, un acto voluniario, p€ro no lm.
puesto como un precopto categórico. Los dos últimos pasaiea coÍt-
tienen unas var¡anies de Interég 5ob!e un tema bien conocido! la
palabra {¡efe', en particular, nos recuerda que ¡Paráclito" $lgnlffca
más que (el que consuelaD, que es la acepción utilizada en la
ve¡sión canónica del Evangelio.
La pregunta eE éstar ¿Dlchos toxtos son el resultado do un co-
mentaño fecundo en lmaglnación de los Evangelios, q pof ol con-
trario, proceden do algún documento que desconocemos? La p¡eoi-
sióÍ de la frase que se repite en varias ocasiones "el propio Crls-
to", reforzada en un caso por la exprés¡ón opor su bocao, es un
argumento sn favor dE la segunda h¡pótes¡g. Por lo géneral, se ha
prestsdo muy poca atenc¡ón a 106 anterior€s fragmentos; el único
egtud¡o ser¡o que, según mis noticias, se ha publicado gobre esta
mat€r¡a es un artículo mío aparec¡do en Expositor, abfil de f925.
A. T. Cadoux menciona e¡ cuarto pasaie en su llbro Las parábolas
de Jesús y considera que es autént¡co.
Y llegamos al últ¡mo fragmentoi una encantadora h¡stotia ds
h curac¡ón de un animal herido. Por desgracia, este t€xto aparo'
ce enyuelto por el misterlo. Hacs ünos años, un autor alemán, Ju.
llus Boohmer, lo incluyó en un conlunto de documentos cr¡stianoa
pr¡m¡tivos paralelos al Nuevo Testamento. Boehmer había rocogi"
do este pasa¡e de la obla de un escrltor más ant¡guo; pero cgmo
este último había ya muerto por aquel entonces, no pudo facill-
ta¡ la historia del origen del texto; sólo pudo llegar a la conclu-
sión do que el pasaie f¡guró en ur manuscrito oopto de l¡ B¡bli., que
halló en París, $¡n que encontrase más datos sobre el particular.
Se cre€. por lo común, qus se trata del extracto de un apócr¡fo
Gopto, de los quo 6x¡st€ un gran númerol
quo el Señor s¿lió de Ia ciudad y, con sus diecípulos,
"Sucedió
fue a la montaña. El camho que conducía a ella era e$carpado.
Alll encorfraton un hombre con una mula d€ carga. La bestia habfa
c¿ído porqu€ la carga que llevaba era de un gtan p€soi ol hombre

t93

L- ,t-a^,
pegaba al anlmal hasta hacérle sangrar. Jesús 6e dirlgló a ál y lé
d¡¡o: "¿Hombre, por qué pegas a este animal? ¿No ves que es da.
masiado déb¡f pa¡a esta carga y ¡ro comp¡endes que está 6uff¡en-
do?" Pero el hombre lé respondió: "¿y a tl qué te ¡mporta? puedo
pegarle tanto como me plazca, me pertenece por haberla compra.
do a un buen precio. Pregunta a esos que van contigo, me conocen
y ¡o saben." Entonces, aigunos discípulos dijeron: ,'En efecto, Señor,
ha d¡cho la verdad. Vimos cómo la compraba.', pero el Señor diio:
"¿No veis cómo sangra y no escucháis sus lamentos y gemidost-
Y ellos respondieron d¡ciéndole: "No, Señor, no la oímos quejarse ni
lamentarse." El Señor se entristec¡ó y exclam6: "Desgraciá sobre
voso¡rosi que no oís que¡arse al C¡eador que está en los Cielos.
p¡d¡endo gfacia, Pero la desgrucia caiga por tres veces sobre
este
hombre porque a causa de él la bestia se que¡a y por culpa de él
se lamenta en su angusl¡a." y adelantándose tocó al animal. y la
mula se levantó y sus heridas estaban ya sanas y cerradas. Entofl.
ces Jesús dijo al hombre: "Ma.cha ya y no lo pegues más, pata
que tú puedas también alcanzar la m¡ser¡cordia.,,o
Nos gustaría creer que las cosas sucedieron realmente así. Este
episodio está por completo dentro del espíritu del Evangelio. Re.
cordemos el pssaie sobre et pa¡arillo en san Mateo lO,29. pero
la bondad respecto a los animales era una facet¡ de la ca¡idad cris.
tiana que Ia lglesia primit¡va ignoró durante mucho t¡empo: tal vez
esto pueda explicarnos el hecho de que un ep¡sodlo de este t¡po ca.
yera en el ofvído. Por otra parte, ef tono intimista del relato y la
total ausenc¡a de floriluras de carácter tegendario, merecen ser
destacados; lá tendencia corriente en los esc¡itos apócrifos con.
s¡sfía en narrar los más extraños casos, como, por ejemplo, la
mula tomando pa¡te e¡r la conve¡sac¡ón, etc, Esto nos lleva a ore.
guntarnos s¡, en efecto, en el fondo de este fragmento no se halla
un episodio real. Pero, evidentemente, no pasa de ssr una mera
hipótes¡s.
CAPITULO DECIMOCTAVO
EL TESTIMOñIIO DEL ¡SLAM

AL vez sorprenda al lector qu6 en un estudio de e6te t¡po se


mencione el lslam, máximo cuando Mahoma nac¡6 quinientog
años después de Jesucrlsto. Peto lo cierto es que las obras
müsulmanas coniienen un cletto número de pasa¡es que, cuando
menosi merecen nuestra atención. Naturalmente, Puede negársele
valor; pero la conclusión conirarla no parece desprov¡sta de senti.
do ni de verosimil¡tud.
En el mismo Corán se enclelran ünos veinte fragmentos que
aluden, de una manera directa, a Jesús; generalmente aparece de-
slgnado como "el hlio de Matís' y, también, como (el Mesías'.
Numerosos contactos existen eniro el Corán y los Evangelios
canónleos y aun con los apócrifos, e Incluso una ¡eferencia concre-
ta sobre su origen dlvino. Se deflno a Jesr¡s como (el ún¡co após.
tol de Dios y de sü Verbo encarnado en Marfa por un espfrliu que
le fue envlado", DIos mismq le habría "entrégado el Evangello o
Insuflado la dulzura y la compasión en el co¡azón d6 sus disclpu.
los,. Tal ve¡ €l fragmento que sigue sea el más admirable:
(Y Yo vengo para conffrmar la ley que fue revelada antes de
mí, y perrnlt¡ros, según la Ley, gran parte de lo que hasia ahora
teñlal€ prohib¡do; y vengo a traeros un s¡gno de vuestro Dlos; te.
med a D¡os y obedecedme. En verdad que Dios es ml Señor y
taDbién el vuestro; por lo tanto, seruidle. Este es el camino ius-
to. Perc euando Jesús se dio cuenta do su íncredulldad, les dijo:

197
"¿Ou¡énes sei.án mis auxil;ares respecto de D¡os?" y los apóstoles
respondieronr "Nosotros seremos los auxil¡ates de D¡os,',¡
La primera frase hos hace pensar eb san Mateo (5,1?) y en
las conclusiones prácticas sobre materia sabática (Marcos, 3, 4), y
en el problerna de los inan¡ares prohib¡dos (Marcos, Z, ls)i dMi
Señor y famb¡é¡ el vuestroD es una frase muy parecída a la que
cita san Juan en 20, 1? ,l el
"femed a D¡os y obedecedle" es un
precepto que res!.tme las enseñanzas de muchos pasa¡es evangé.
licos.
Pero mi prepósitc es tratar aquí de un problema mucho más
importarte: Ias patrabras que se atribuyen a Jeaús en el Hadith,
en la l¡teratura lradicional del lslam y, p¡rticularmenté, en los
escr¡tos de los asceta$, Lev¡nius Warnerus (t644) es, que yo sepa,
el pf¡mer autor crist¡ono que ciló estos textos. He aquí uno de los
cuatro pa$aies que recopi¡ó:
"Aquel que está sediento de rique¡as se aseme¡a al hombre
que lrebe agua del rnar, que cuanto más bebe, más ¡ntensa es su
sed, y no para de beber hasta que muere.D
Muchos áutores c¡ta¡¡ este pasaie. Farrar lo caliÍlca de oexúaor.
dinar¡o" en su V¡da de Cristo.
Uno de lo¡ ¡nús bellos fÍagmentos sobre Jesús que hallamos en
la literatura islámica es, sin duda, el episod¡o del perro muerto:
"Un día, yendo colt sus apóstoles, pasaron cerca del cadáver
de un perro. Los apóstoles exclamaront "ioué peste tan nau6ea,
bunda despide ese perro!" pero Jesús les di¡o! ',¡Oué blancos son
s[¡s dientesl"]
N¡zami, poeta persa del siglo Xll, compuso un poema sabrc este
relato, que ya era cenocido anter¡ormente a su época. Muchos poe.
tas ingleses tombi6n se han servido de este m¡smo tema.
El más célebre de los
"agrapha" musulmanes es probablemen,
te el que descubrió, en 1849, el m¡sionero escocés Alexander Duffl
aparecía grsbado en la puerta de la mezqu¡ta do Fatehpur-Slkr¡, cer_
ca de Agra, que mandó construi¡ Abkar, el gran mogol.
"Este mundo no es más guo l¡n puente; debéis atravesarlo,
pero no constr¡.lyáis en él vuestras casas.D
Dulf lrace un comentario muy interesante sobre esta frase en
sus memo¡ias (1879), y la señora C. F. Go¡don-Cumming tamblén
se refiere a ella en sq obra En el Himalaya (lBB4). Es üno de tos
pocos (agrapha' que, como tales, se ¡ncluyen en la Enc¡cloDedia
Británica, lo que nos demuestra hasta qué punto se ha negligido el

't
98
estudio de la materia. Davld Smith también lo comenta en su obra
que en
Las Palabras no escritas de Nuestro Señor' Nos tecuerda
tiempos de Jesús no so conocían los puentes en Palest¡na' y que
en toda la B¡blia no f¡gura esta palabra. Pero considera que' no
obstante, el lexto puede ser auténtico y proceder de algún v¡aie de
Jesús y sus discípulos a Fenicia (Marcos, 7, 24), en el
que pu'
dieron admírar Ia famosa escollera de Tiro, y sobre la que incluso
lal vez pasearon.
Pero pasemos al esiud¡o de las do$ más impodantes recopila'
ciones de esta clase de documentos. En tgg3's4, D' S' Maruioliouth'
profesor de oxford, publicó una serie de aftículos en Expository
iit"u, "n los que agrupaba hasta setenta y siete pasaies de este
tipo, extraídos especialmente del libro Benovación de las c¡encia$
,"ligio"n", de A¡.Gazzali uno de los más Erandes místicos del ls'
lam, que v¡v¡ó en el siglo Xl, pero que utilizó fuentes mucho má5
ani¡guas. Más tarde, en el período que media entre 1916 y 1927' el
catedrático de la Universidad Gentral de Madr¡d, señor Asín, Publicó
otra recopilac¡ón, más ¡mportante todavía que la de Matgioliuoth'
Contiene doscientos treinta y tres pasa¡es, entre los que práct¡ca-
mente se incluyen todos los fac¡litados por el profesor inglés, ade'
más de muchos otros lextos de Al'Gazlalí iuntamente con los de
muchos autores distintos.
Algunos de estos pasa¡es relatan leyendas y Guentos de catác-
ter mágico, análogos a los de los Evangelios apócrifos; los hay
que hablan de la Virgen Mafía y de san Juan Baulista, así como
d6 otros persona¡es, más que del prop¡o Jesús; otros, en camb¡o'
son citas aproxlmativas o paráfrasis de los Evangelios; e incluso
un grupo de ellos nos perm¡ten colegir que se compusi€ron con
la especial finalidad de negar el carácter divino de Jesús Pero' Fa'
ralelamente, oxlste un número considerable de estos textos, total'
mente ¡ndependi€ntes do los Evangelios, y que pueden comparar'
se con ciertos cag¡¿pftar conoc¡dos, sí bien proceden de otras
fuentes. Nos coriesponderá velificar sl se trata de reminiscencias
aulént¡cas o, por el conltario' son putas 'invenciones'
Queda fue¡a de toda duda el hecho de que los primit¡vos esori'
iores musulmanes hic¡eron gala de una fértil imaginación' Sus
obras contienen un gran númelo de trad¡c¡ones sobre él Profeta'
de las que sólo un número muy reducido pueden Galificarse de
auténticas. No es de extrcñar' pues' que c'lando escriben sobre
Jcsús den rienda suelta a su rica fantasía, ya que se trata de un

r99
p6r9onai6 h¿cla €l que mostraron una €vldsnt€ admlraclón, cleo
que este hecho basta para explicar muchos de los cagraphar quo
examinaremoa. El problema consiste sólo en saber sl queda algt¡n
grano entr6 tanta pala. Ma¡gioliouth, al lgual que la mayorfa de
los aütores que han estudiado esto3 textos, es francame¡to pssl.
mistai pero también exlsten, clertamente, algunos argumentos en
favor de una tesis más confortante.
Así señala la ausencia de toda ¡ntenc¡ón dogmá c¡ en b ma.
yoría de e6tos fragr¡entos. y eree que muchos de ellos obedecen
al deseo de asociar la innegable autoridad de Jesús a cieños pre,
ceptos de orden moral o de praxis ascética. Admlte la poslbilldad
de que muchos elementos tradicionaleg perviv¡n en la bage de
estos te¡(tos, dado el eno¡me flu¡o de árabes cristianlzados (nee
torianos y de otras sectas) que recibió el lslam. E ¡nsiste en que el
hecho del desenvolvimiento de Ia vida monástica en medio de un
ambiente tan poco propicio como el islámlco, no puede explicarse
de otro modo que gracias a la germinación de una semllla cristla,
na, Y s¡ bieD réchaza cualquier tenta va para explicar las fuértes
exactas de cada
"agraphon", o para dete¡minar su valor défln¡ vo,
cree de una manera manifiesta que estos pasa¡ea contlenen ele-
mentog autént¡cos y que son mucho más yaliosos de lo que co
múnmente se considera,
En el estudio que sobre esta materia publiqué en el Expository
Times lenero-febrero de 1928), comparto y desarrollo el punto de
vista del catedrático señot Asín: el movimiento de ta lglcsia hacia
el Este influyó grandemente lo que se cree_ sobre el
-más deallí
lslam, y de este hecho se conocieron muchas cosas de Jestis
que anteriormente se ignoiaban. La circunstancia de que Roma
fuera por aquel entonces cemro estratégico de todo el mundo co.
nocldo, nos muestra claramente que los discípulos y otros m¡em.
bros de la lglesia primltiva que tenlan el encargo de predlca¡ el
Evangello en todos los paí5es, se dirigieron dg una manora natu.
ral hacla el Este y el Sur, antes que al Norte o al Oest6. El prG
fesor John Foster nos da una prueba de ello en su obra Beglnnlng
trom Jerusalem (lgss), Es. pues, perfectamente posibte {u-e-Ianto
tradlcT6iEETdlidá-s'-iiiñ-o textos anriguos hayan sido duranie largos
años teverenciados en algún oculto rincón de Arabia o de Mesooo'
tam¡a. Biggs considera que las Homilías clementinas, en las que
hemos vlstc- se encuentran muchos (agraphar, proc6.
-como
diaD de
"una comunidad iudír que rehusó, c,omo otras, hacei car¡

¿Q0
as común con la lglesia Católlca. Estas comunldades se mantuvle.
ron hasta la época musulmana, y es po6¡ble encontrar huellas de
8u fnffuencla en el lsfamD. Cíta en su apoyo a un actor musulÍnán
del siglo X, qua relata el génefo de vlda de una comunidad aislada
rqu€ yivía en 106 lodazales que se encuentran entre el desierto do
Arabla, el Tig¡is y ol Eufrates".
Por más que ser d¡fícil profundlzar, aqul, sobre el problema de
la autentic¡dad de esios pasa¡es, puede sernos útil definir los si'
gu¡entes punto6;

(1) Guando se poseen datos sobre las fuentes de un pasa¡e o


fr¡gmento, es preciso entonces estudlar si su imputación a Jesús
es clara, ¡ncontestable y antigua. Si sucede así y, además, dis?o.
nemos de muchos otros testlmon¡os que concuerdan, el párrafo en
cuestlón merece nuestro lespeto, cuando menos, Veamos el si,
gulente ciemplor
"Dios reveló a Jesús: Cuando miro en el corazón
de uno de mis fieles y no veo en él ningún amor para esté mundo
nl por la vida fulu¡a, le colmo de amor hacia Mí y lo cuido como
a un amlgo."
EI catódrático s€ñor Asln ciia, además de Al.Gazzal¡, a otros mu.
chos autores cuyos teEtlmonios 6obre la proced€nc¡a de este pase
¡e son coÍcordeE; uno de elloe asegura haberlo recogido en
Dsmasco ----ciudad en la que habla magnlficas ocasiones para en.
contlar tradiciones vál¡das-. Parlierdo de Ia base de que los Evan-
gellos cont¡eñen algunos ejemplos de una dautobiografía espiri
tual' de Jesús (su relato d6 las leltaciones de que tue obieto,
por eiemplo), es ¡ndudable que la frase citada puede entrar en
aquel Dúmero de confidoncias que pudo haber hecho a sus ami,
gos, habtrando dé su vlda esplr¡tual intlma. El himno que se atri,
buye a san Fra c¡sco Javier:

(M¡ D¡os, Te amo, no porque así


espere yo alcanzar el cielo-..b

podria muy b¡en 6er un ccmenta¡io al pasa¡e que hemog tran$


crlto.

(2) Guando un pasa¡e contiene alguna erseñanza contrar¡a o


€xfaña al espírltu islámico, puede considerarse de origen cr¡st¡a,
no. Evidentemente, no es slempre fácll dete.mlnar qué es lo que
se halla en contradicción con el espíritu del lslam, ya que ni el
Corán ni sus comentaristas son en exceso consecuentes, pero sí
parece que algunos puntos quedan perfectamente dellh¡tados y de
finidos, en especial los que conc¡ernen al ascetismo, que tan pre.
ponderante lugar ocupa en la hayoría de estos pasaies. Rendel
Harris afirma que muchos autotes musulmanes {reforzaron sus te.
sis ascétícas descuidadas en el Corán- acud¡endo a la au.
-muy
toridad de Jesús. EIlo no les hubiera sido posible si Jesús no les
pareciera un maestro ascét¡co, o, al menos, místico. Este hecho
da que pensar... En la interpretacíón corr¡ente del mag¡sierio de
Cristo, hemos minirhizado casi siempre su aspecto ascético y pres.
tamos poca atensión al aspecto m¡stico.,, Tanto los santos como
los confesores parecen haber adoptado ün punto de v¡sta muy di.
ferente'. Comenta también el slguiente fragmentoi
(No te intereses por las riquezas de los gent¡les, que son de
este mundo, pues estas riquezas te deslumbrarán y te arrebata.
rán la luz de tu fe,"
"Estoy d¡spuesto d creer que esta lrase es auténtica -escribe
Rendel Harr¡s- y no tan sólo a causa de su evidente valor espiri.
tual, sino también por razón del lenguaie bíbl¡co que se trasluce
en ella, ¿Oué le ¡mportan a un musulmán "las riquezas de los gen.
tiles"? En cambio, leemos en lsaíast ,'Gomerás de las riquezas de
los genliles." y, por su parte, Jesús palece contradecir Ia profe.
cía. Esta frase tiene que ser ve¡dadera"¡
Citaremos gtros pasaies que descubren ese tono ascétlco y
apartado de este mundo:
"Amo en verdad la pobreza; odlo las tlquezas.D
"Juntad vuestro tesoro con el de aquet que ¡amás lo malgasta-
rá, plles el que posee las riquezas do este mundo puede temer su
pérd¡da, mas no le sucede así al que posee el tesoro de Dios.D
"Esplendor en los vestidos, orgullo en el corazón.,
"Jesús d¡io: "La riqueza comporta tres cosas perniciosas. El
hornbre puede adquir¡rla de forma contraria a la Ley." y le pregun-
tarcn: "¿Y si [a adquiere de ecuerdo con la Ley?" Les repuso: ,'pue-
de gastarla en cosas reprochables." y volvieron a preguntarle:
"Pero, ¿y si la dedica a cosas lícitas?" Les respondió: "El cuidado
q[¡e tome en ello puede llevarle a olvidarse de Dios.".
<De todos los calificativos que podían aplicársele, el que más
le sat¡sfacía era cuando le decían: "¡Oh, hombre pobre!""
Rendel Harris dice a propósito de esta última frase: (Esto e$

202
clerto, y no d¡ré que es má6 cíerto que los Evangel¡os porque el
proplo san Francisco resucitaría de entre los muertos pata acu'
sarme si me atreviese a decir semeiante cosa. Pero es muy posF
ble que hayamos subestimado la trad¡c¡ón cristiana respecto de
los pobres, iu quienes es el reino de los cielos." seguidamente, el
autor hace una referencia muy ¡nteresante: Ios ebionitas, secta iu'
deocr¡st¡ana primitiva, que muchos Padres Apostólicos creyeron
erróneamente que eran discípulos de un tal Ebion (nombre que' li-
t€ralmente, signlf¡ca "el pobüe,). Rendel Ha¡tis explica el sentido
de egta tradic¡ón en Ia sigui€nte forma: "Adernás de otras Garac-
teríst¡cas ya menos admirables, IoE eb¡onitas mostraron una mar'
cada preferencia por el recuerdo de la pobreza de Jesús' por su
amor a Ia vida sencilla y por su predilecc¡ón pot las expresiones
y títulos modestos."
(3) Un cierlo número de eslos pasa¡es se distinguen por su
sontido de la oportunidad y por su concisión, que recuetdan el
estilo preciso y mord¡ente que sorprende en tantas naraciones
eyangélicas, esta iusteza de expres¡ón tan característica en los re'
latos canónicos de las palabras de Jesús. Descubren de manera
tan perfecla los aspectos de la verdad, que se inkoducen' casi
necesariamente, en nuestro vocabuiario religioso' Muchos de los
fragmentos ya citados lo demuestran. Y a coi¡iinuación, damos
otros que lo corroboran:
(No tomé¡s al mundo por seitol vuestro, por temor a que no os
qu¡e€ por esclavos'o
(Ouien s¡embra el mal, recogerá el arrepentimiento''
cVenerad a Dios en vuestros cora¿ones, como lo hacéi8 en pú'
blico."
dEI que pide el perdón dc Dio$ para los que Ie han periudicado'
ahuyenia un mal espírltu."
.Guando paseaba cerca del mar, Jesús vio a unos bataneros
que estaban trabaiando y les di¡o: "purificá¡s estos paños, pero no
pur¡ficáls vuestros corazones.'i'
(Sitúate en el centro y sin embargo canina por un lado "
Esto último fragmonto recuerda, de.una ntanera harlo sotpren'
dente, Ia oración de Jesús p¡diendo que sus discípulos estén en
este mundo pero que no sean de él (Juan' l7' 9'181.

(41 Y finalmente, el hecho que muchos sabios hayan tratado

203
€sos lextos con respeto y Do los hayan rechaz¿do en bloque como
falsos, debe tenerse muy en cuenta, Ya hemos visto cómo Bendel
Har¡ls considera grandemente a muchos de ellos, y que FaBar y
David Smith ut¡lizan l|n par ellos, El profesor Gulllaumo, on su
obra La$ tradiclones del lslam, comparte el punto de vista del cá.
tedútlco señor Asín. por au parte, Mr. Mlngana, profesor del Wood-
broke Gollego, Birm¡ngham, publicó uro6 pasaies que habla en.
contrado en un l¡bfq árabe de una gran ftreza, y qu€ data del slglo
Xlll, llamado Libro de la Hermosa Admonición, He aquf dos de
ellos¡
"Apartaos del mundo y medltad sobre la muerte. para €l crs
yente, la muerte es un bien que no entraña ningún mal; pero paia
el malvado es un mal que no supone ningún blen."
(¡Oh, doctores y maestros de Ia Ley! Estáls sentados en me.
dio del camino que conduce al mundo que ha de venlr; no cami.
náis por él al objeto de quc el cielo os llegue, y no permitíE qué
otros avancen por este cam¡no, n¡ que esperen el ciefo. poro el
ignorante tiene más excusa que el hombre Insiluldo."
El profosor Mingana dice con respecto a esos pasaies en gene
ral: (Af¡rmar que los inveritalon los mismos autores que los citan,
eE una hiFótegis muy poco seductora., por su parte, A. f. Gadoux,
en su obra The Parables of Jesus, cila aprobatoriamente el pa8aie
del "¿g¡¡ del mar", y reproduce la sigu¡ente hlstorleta, a la que
reconoce
"todos los signos ¡ntemos de la autentlcidad,!
"Jesf¡s d¡io a sus aFóstolesr "¿Oué haríats yosotros, si vles€is
que vuestro hermano duerme y el viento levantó sus vestidos?,.
Y ellos di¡efonr "¡Lo cubrl¡íamos!" Les ¡epuso: ',iNo, le descubfi.
ríals más todavía!" V los dlscfpulos exclamaron: ,1No lo qulefa
Dios! ¿Ouién haría tal oosa?" A lo que les respondló: ',Aquel de
entre vosotros que, oyendo unas palabras acerca de su hetmano,
las repite y añade otras de su cosecha.",
Es una muy interesante h¡storia, y pért¡nente. ¡Oulén de noso.
tro6 reconocerá que también murmura! Las lmágenes están esco_
gídas con habilidad: el sueño evoca la lgnorancia del dlfamado; el
viento llustra acerca del orlgen incie¡to y, a menudo, inocente dé
la maledicencfa; y el h6cho de descubrlr dellberadamenté a quie[
duerrne refleja con gran perfecclón la idea del desarrollo de lá ca-
lumnia por falta de discreclón y de caridad. Está claro que €ste
pasa¡e puede basarse en un recuerdo auténtico.
A pésar de todo, quede b¡en entendido que nada de ello equi,
vale a uná plena demostraclón, y qué nó es pclble üna absoluta
corflanza sob¡e la autentlcldad de tal o cual fragmento. Pero tam'
poco será satisfactorio rochatarlos en bloque como imaginaclonos
€xcesivas o como exagetaciones. Personalmente, creo que en al'
gunos de ellos podemos encontrar elemento$ autént¡cos, a pesar
d6 que su identificación resulte inc¡erta.
Hab¡da cuenta que la mayoría de estos iextos y fragmentos no
son fácilmente asoquibles para el público, qu¡siera recordar aquí
que una completa recopilec¡ón de d¡chos pasa¡es aparec¡ó baio el
títqlo CJj:je :nj_E!gg_!1s29), libro que publicó JaEos Ro'bsDn.
prolesorie lenguas árabes en la universidad de Manchester,
Un últ¡mo punto: existg una extraña novela musulmana, de la
Edad Media, tltulada El Evangelio de saq-Bgnabé, que conocemos
únicam€nte por un máñ-uñiiió-1tllláno, traducido al inglés y pubti.
cado por !. & L. Ragg, en 1907. Esta obra reprcduce el lelato cvan.
g¿l¡co desdi;I-pu;to de vista de los intereses del lslam: asi, Je.
sús profetiza la venida de Mahoma, y todo por el igual. Parece que
se trata de la obra de un crlst¡ano renegado, y sólo nos interesa
por la remota posibllidad do que su autor hubiera ut¡l¡¿ado un ar}
tlguo apócrifo del m¡smo título; es sabido que en el siglo V se co.
nocia un Evangelio apócrifo atr¡buido a san Bernabé. Los edltores
se ¡nclinan por esta hiñtes¡s y mencionan algunas parábolas .de
una gran belleza', que consideran que podrían tener aquel or¡gen.
¡éproduciré una de ellas:
{Habfa ün hombre muy rico, y entre sus tfe(as se hallaba una
parcela yerma, que sólo permitfa la creclda de hierbas improductl-
vas. Y un día que caminaba por este terreno árldo, encontró entre
los yérbaios una planta que ofrecía unos frutos exquis¡tos. Y se
dilo: "¿Cómo puede esa planta dar frutos tan delicados? No quiefo
que la co¡ten nl la arrolen al luego con las otras hierbas." Y lla-
mando a süs criados, la hlzo trarplantar a su ¡ardín. Así Yo os
digo: "DIos s¿lvará de las llamas del infierno a quienes gbren €n
¡u3tlcla, se hallen donde se hallen.""
Este fragmento es por completo contrario a las enseñanzas del
lslam, ssgún las qu€ lo9 adeptos de otras rellgiones deben morir;
antes recuerda e¡ texto de los Hechos de los Apóstoles (10,2511
{... a¡no que on toda mción, €l que teme a Dios y practica la ius.
tiqia, le es grato,' Pero existen msy pocac probabilidadee de que
eltá frase la pronunclara cl prop¡o Jesús.
CAPITULO DECIMONOVENO

tr
s-",
LOS TESTIMONIOS FALSOS

vlmos, en otro Gapftüto, qse existo une gran cant¡dad


de
A
.p¿c,tto" *tlgno"¡ casl todog allos quedan al margen dc
nuestro propósito. No obstante, seÉ conveniente menclonar
uno o dos exttemos sobré este partlcular, ya que algunos
loctor6s
Dodffan oxtrañsla€ de no encontrarlos aqu¡'
'-L, *t"nr"r, citaremos te hlstorla del rey Abgar dc Edesss'
oül€n habtfa escrito a Jegrf3 y r€clbldo una carta de El en
respugs'
ta. Euseb¡o, €l hlstoríador de la lglÉ¡a primitlva, afirma que encorF
irO én los archlvos de la cludad de Edes¡a' y que las
""t""
l"¿u¡o ""t,"" l¡teralmento. No tenemo6 nlngún motlvo para- dudar
J" ii""i¡", psro la cu€stión de la época y de ta autsntlcldad de
"f "¡r¡o
esos documentos €8 dlstiíta.
lás carlas son como slgue:
alraÉcripción de ona carta ascrltá por Abgar, el topalca-'-a Js'
y reflltl'da por oonducto de AÍanlas, el correo de Jerusalén'n
'-"i¡gar
sús
u€*tan¡a, el toparca, a Jegús, €l büen salvador
que h8
aparccido en tleÍas dg Jstü3al6n, salve'
¡He oído h¡blar de Tl y d€ tus curacioncs, que reallzas 5in
que
récúrrh a drogas nl a hlerbasi y' pot lo que se dlce, corclgüEs
los clegos uuáh"n ver, que los colos camlnen, y que los- lepro'
*t quó¿"n llmploa,"ssí eomo qapü¡rar a los demo¡ios y a lo¡ e+
pir¡ru" ¡tput*' y qü€ sanalr a lo¡ aquelado de larg¡s enfermoda'
ies, y adern¡as rés¡rcias a lo¡ mue¡tos' v corno he oído todls 69
tas cosas 6obr6 T¡, he llegado a la conclus¡ón que una de dos, o
que eres Dlos que ha dé6cond¡do de los clelos, y obras
de con_
suno, o que er€s un Hiio de Dios que puedes realizar
estaa obras.
Pot esto es por lo que ahora Te egcribo y Te suplico d" qu" qui*
ras molcstade y acudir a ml lado para curalme de la enfermodad
que estoy sufriendo. En verdad te digo que he escuchado
cómo
Ios ¡udíos murmu¡an contra Tl y quieren Tu mal. Mi ciudad
es fe.
quéña, petoagradable; es suflciente pata ambos.,
(Respuesta escrita por Jesús, mandada
por conducto de Ana.
ní€s, el correo, a Abga¡, el toparca."
"Bienaventurado tú, que c¡ees en M¡ sin haberme vlsto. pues
está esctlto que aquellos que Me vean no c¡eerán €n Mí, y
log
que no Me han visto ¡amás, creerán y v¡v¡rán. pe¡o
a""p""to
lo que me has escrifo, pidiéndome que acud¡era a tu ciudai,
debo"
deciri€ que es necesatlo que s€ cumplan todas aquellas
cosas
para las_que he venido y que, una ve¡ cumplídas,
welva a Aquel
que. me ha enviado. y cuando haya ascend¡do hacia Aqué|, te man-
dare-a_ uno de mis discípulos para que te cure de la enfermedad y
te dé la v¡da, a y a los quo están contlgo.,
Se llan encontrado dos cop¡as de estas canas en
sendos papi.
ros griegos que datan del 8¡glo lV, o del V a mas tardar, y
tam.
bién sobre un dintel descub¡erto en Efeso. t"to"
rn"nu."iüi iiie.
cen una última frase que promele: ty tu cludad
se.a tenAeciJa y
ningún enem¡go la someterá, para siempreo.
Si tal frase se #
el rexro que uritizó y tradu¡o Eusebto, es po"¡bl. q;e i;
::1rr.l" ""pues
srencra¡a! los sucesos hlstórloos la contradecian: Edessa lue
saqueada por los romanos en el año 116.
La completa puede leerse en La Doctrina de Addai:
-h¡stor¡a
esta obra, apócdfa, cuerÉa cómo después de la Ascensión el após.
tol Judas Tomás mandó a Addal (en algunas versiones, l"¿*l,ir""
de los Setenta, a Abgar, que sanó y se convirt¡ó at crlatianlsmo
¡unto con un gran número de su6 súbd¡tos. Gontrariamente a la
nartat¡va de los apócrifos, Abgat no sufre mar
rio, aunque sí su
sucesor, Aggai, A este respec¡o, encontramos
un detalle singular;
Aggal habría sido eiecutado de una manera tan rápida, qu"
no hu_
biese. tenido tiempo de ordenar (in sacris) a paluio, qu"
d"bl" d"
sucede¡le, por cuya razón, este último debería
de tlasladarse a ln_
lj:Y: 0"," ser ordenado por Ss¡ap¡o. pero Seráp¡o fu"
do oDtspo en ef año 190 y, po¡ tanto, no pudo consagrar "on""gr;.
a un jer.
-los
sonai€ que peIfenocerf¡ a la segunda generación
d! uno de

210
Setenta. Esté anáctonismo tralclona el caráoter legendarlo de la
hlstoria y demuestIa que el ctistianigmo se extendió en Edqsss
probablemente hac¡a la segunda mitad del slglo ll' El pr¡mer rey
cristlano con el nombre de Abgar aparece en el año 200, y resulta
sorprendente, en aquellas tierrag, la existencia de un soberano cre'
yente en tan temprana época.
La Doctrina de Addai ofrece también otro aspeclo muy ¡ntere
sante: se nos dice que el mensalero de Abgar' antes de abandonaf
Jerusalén, pintó ün retrato de Jesús acon colores escoqldosD'
retrato que el soberano colocó en un lugar de honot' Má9 ta¡de,
las leyendas y las supercticiones s€ mulilplicaron gobte esta ne
t¡c¡a. Se diio que el retrato fue pint¡do de forma milagrosa, sin la
¡ntervenc¡ón de Ia mano del horÍbre, é Incluso quo el propio Jesús
imprimió la tela con su efigie. Muchas copias de esta imagen y
de las cattas que hemos comeltqdo se utilizaron a guisa de amu'
tetos. en la Edad Media, tanto en Europa oomo en Ia Gran Breta'
ña. También 6e crela que 5s¡ Lucas era pintor y que recibió lá
ayuda div¡na para componer un rettalo de Jesús. Eusebio relatá
que la mu¡er que sufría de hemorragias era oriunda de Cesárea dg
Phil¡ppo, y que él mismo pudo ver en 5u Gasa üna imagen de Jesús
en Gl momento de curarla. Leyendas ya más tardías se refieren a
que esa mu¡er encontró a Jesús camino del Calvar¡o, y que 16
6ecó ta faz con una tela en la que quedó li¡a la imagel del rostto
ensángrentado. Esa mu¡er 3e llamaría Bsren¡ce ---€n latín Veróni'
ca-, cuyo s¡gn¡ficado quito expllcarse más tarde, erróneamente'
como el dg vera icon, vera efigte.
Ninguno de estos relatos es, en sentido estricto, trad¡c¡onal, o
sea, que no se remontan s los nlimetos ttempos del crlstlanismo'
y adenás ninguno de ellos t¡eÍe los más l¡geros visos de histori"
c¡dad. Lo que acabamos de aflrmar es válido también pafa la lla"
mada Carta de Lentulo, en la qse 3é describe el sspecto iisico d¿
Jesús, y de Ia que no se encuentra nlngún dato o notic¡a con an'
terior¡dad al siglo Xlll; y también Io es por lo que respecta al su'
Duesto descubrimiento del dignum crucis por santa Elena' ma'
dre del emperador Constantino, y que' como es sabido' fue vene'
Iado en pequeños fragmenlos durante mucho tiempo' Ls hermoaa
leyenda del Ouo Vadls compone, tal vez, ura semblanza literaria
esplr¡tual de san Pedro, pero no puede ofrecernos ningún dalo
sobre Jesús, considerado como persona¡e htstór¡co, y, por ende,
no tlene inlerés alguno para nuestros tines.
I
211
Y llegamos ahora ¡ la fábula del viaie qu€ realizaron José dé
Ar¡mat€a y el propio Jesús a Gran Bretaña. puede resumirse asl:
José habría sido ol tfo de la Virgen María, y habría amasado una
gran fortuna expo¡tando el estaño de las minas de los Comualles
a Oriente. En uno de sus viales a Inglatelra, habría llevado oonsl.
go a Jesús, y ambos construirían una casita de piedras y adobe
en la ciudad de clastonbury. Más ta¡de, José habría hu¡do de pa.
lestina, y se habría refugiado en d¡cha ciudad, y bab¡ía convertido
Ia casita en iglesia. A pesar de las afirmaciones, plenas de segu.
ridades, de los defensores de esta leyenda, es precigo decla¡ar
que no existen n¡ tradlción pr¡mitlva ni pruebas reales qu6 susten.
ten tamaña supos¡ción. Los relatos sobre lugares de piedad, como
"El pozo de Jesús' en Cornualles, o (El paraísoD en Somerset,
están por entero desprovistos de valor histór¡co. Will¡am de Mal.
mesbury (1100), cuyas obras const¡tuyen la pr¡nc¡pal tuente de tq
das estas leyendas, no puede ser cons¡derado como un test¡go
digno de crédito, puesto que vivió unos mil años después de los
sucesos que re¡ata, Pero el argumento más concluyente contra
la ve¡acidad de estas fábulas, nos Io proporc¡onan los padr€s de la
lgleslar muchos de ellos Orígenes, Eu€ebio, san Je.
rónimo y otros muchos- -Tertul¡ano,
nor d¡cen que el Evangelio se pred¡có
ciertamente en la Gran Breiaña, pero ninguno de ellos conoce o
da noticia de esos relatos. ¿Cómo podr¡an haber ¡gnorado unos
hechos tan sensacionales, de ser ciertos?
La supuesta carta de san Agustín d¡rigida al papa c¡egorio (do.
cumento que aparece en Inglaterra alrededor del año 59?) y que
se basa también en la única autoridad de William de Malmesbury,
es intere€ante: "En los conflnes occident¡les de fcran) Bretaña
se encuentra cierta isla ¡eal de una gran extensión, rodeada de
agua, que abunda en todas las bellezas de la naturaleza y en todo
aquello que es necesario para la vida. En ella, los pr¡meros neó.
fitos de la ley católica, previamente adverfidos por D¡os, hallaron
una lglesia que no había sido construida por las artes humanas,
sino por las propias manos de Cristo, atendiendo la salud de su
p!.¡eblo. El Todopoderoso ha manife$Iado, a través de nqmerosos
milagros y por med¡o de misteriosas apariciones, que s¡gue cui.
dando de ella por estar consagrada por El mismo y por Ma¡ía, la
Madre del Señor."
Aun en el caso de que pudiera demostrarse la autent¡cidad de
esta carta, su sent¡do y sus ¡r,tplicac¡ones continuarían siendo du.

212
dosos en extremo. Seiscientos años son más que suf¡c¡entes para
que se desarrollen y alcanoen crédito las historias más extrava.
gantes, Cüanto más, puede afirmarse que Glastonbury sea tal vez
la capilla más ant¡gua de la Gran Bretaña y que su construcción
se remonta al siglo ll.
Merecen nuestra atención, asimismo, tres libros apócrifos mo'
demos. Los años ignotados de la vida de Jesús y su
han fascinado siempre a muchas
-su yinfancia
gentes, se han Gon'
iuventud-
sagredo muchas obras de lmaginación a explicarlas; muchos de
ellos son de una gran belleza e incluso demuestran una gtan pers'
picacia y conoclmientos del autor. Alrededor de l9ll, un escritor
alemán, E. E. von Planitz, publicó un libro iitulado Ein Jugendfreund
Jesú, en el que pretendía haber incluido una carta del siglo I, que
un doctor egipclo, Benan, hab¡ía dir¡gido a un amigo, para descri.
birle un período de la iuventud de Jesús, que supone que pasó
en Egipto; en la propia carta Benan explica iambién la amistad
que Ie uniría con el Señor y, además, la impresión que tuvo cuan
do, de viaje, llegó a Jerusalén en el momento de la Crucifixión.
Esta historia tuvo cierto p.edicamento en Aleman¡a, pero en 1924
Schmidt y Grapow Ia rebatieron de una forma definitiva. Además,
el hecho de que no se publicara el aupuesto documento original
constituyó un golpe de gracia para toda esta historia.
La vida desconocida de Cristo. de Nicolás Notovitch, se relíere
ya a problemas más complicados. Se publicó en francés el año
1895, siendo obieto de múltiples reediciones. El autor pretendía
conlar su viaie al Tibet, donde descubtió documentos muy anti.
guos sobre Jesús, que se guardan en un monasterio; un mon¡e
se los habría traducido al francés, EI texto se refiete a un viaíe
quo Jesús habrla realízado de ioven a la kdia, para hablar luego
de 6u predicación en Palestina, a su regreso. En esta obra se nom.
bra a Jesús como "ISSA¡, y el relato contradice en muchos as'
pectos a los Evangel¡os; los ¡udíos habrían defendido a Jesús
y, precisamente, hubiera sido Pilatos la causa de su muerté, y
quien habría retlrado su cadáver del Sepulcro. Muchos especla-
lisias han demostrado, más convincentemente, que todo ello era
una pula irÍagináción, y Albert Schweitzer ha tachado la histc
ria de "estafa desvergonzada, e impúdica falsificacióno. No obstan-
te, se reanudó la polémica en 1926, cuando el profesor Rodrich,
de Nueva York, anunció públicamente que había visitado aquél
monasterio y adquirido algunos manuscritos que conienían un

213
idéntico relatoi la historla d6 Notovich no estaba, pues, despro.
vista de basei pero ello en nada confirma la autentüld.d y lralo.
del documento. Toda la cuestión puede, quizás, 'poi-"i
hecho de que el texto deta del s¡glo X f, época ""pti""r""
en'la q* lr¡"
"i alar.
tianismo penetró en aquellas regiones. Los monies budistas,
mados por los progresos del Evangelio, adoptaron tal
u",
enseñanzas y ciertas ceremonias cristianas, confiando "lgun;"
con- ello
contrarre6tar Ia influencia de e8a religión segándole, por
así ds
cirlo, la h¡erba bajo los pier. Examinemos una cita iel famÁ
texto:
"Un espia se acercó a lssa y le diio: "Maestro, ¿debemos aca.
tar la voluntad del césar, o por el contrario u"p".ui l" li¡u,"i¡¿n
que se acerca?" lssa, reconoc¡endo al hombre
de mala ¡ntención,
le respondió: "yo no os he dicho que seria¡s ¡¡berados, sino que
el alma que ha caído en el pecado será liberada."
Este fragmento nos trae a la memoria una cita aptoximativa
del pasaje evangélico sobre el pago de los tributos, pero
tambien
pue.re Indicar que manuscritos de los Evangelios
se hallaban ya
en aquellos lugares por aquella época. De todas maneras, no
nás
proporciona ningún test¡mon¡o o dato independientes.
El tercero de esos libros apócr¡fog se publicó en 1g94, en
,rengua trancesa! y contenía su supuesto texto original en
latfn.
El autor, Caiule Mendés, afirmaba que d¡cho
- documento había
sido encontrado (algunos años antes en la Abadía de
San Wolf"
gang, en el Salzkammergut., El prefacio de
esa obra indica que
su aqtor es san pedro, pero de hecho, como comenta M.
R, James,
s€-trata de sna mera complicación novelesca de los Evangelios
apóer¡fos; y que la c¡rcunstancia de que se puedan u"r
frases de la vers¡ón latina de uno de dichos Eyangeli";, "tóuni"
se escr¡bierori antes de 1697, demuestra que se trata ;il;;
de una ob¡a
tardí¡_. James considera que el texto lailno, igu"l qu" iu 1""
sió¡r_ francesa, se deben, sln género alguno de"l --
d"¿, ü";;",
He mencionado aquí esos libros por la única ,urOn" ¿e que pue.
den inducir fácllmente a e¡ror al lector poco pr"u"nlio,
que la publ¡cación de ot¡os *testimon¡os fálsos" a" V ior_
génlro,
con el consigsiente engaño para el público, ""t" i*iiii.
"" "i"rnpr"g"n"i"l
La atenta y vigilante comprensió, de esta tendencla
I
componer o elaborar apócrifos, constituye también
un a"-pecto tln.
portanté de l€ críüc¡ hfstórlca.
CAPITULO VIGESIMO
EPILOGOT RESUMEN DE LA MATERIA

ARA valorar los ¡esultados de este estudio, debernos comet}


zar por el probtema de la h¡storicidad de Jesús. No nos he
mo€ deten¡do o examinar con detalle lo quo se ha dadq en
llamar "la teoría del mito de Cristo,; esto queda fuere do nuestro
estud¡o y, además, los argumentos en contfa de esa tes¡s hah de'
¡ado ya def¡nitivamente centrada esta questión, al menos para fa
mayorla de lss gentos razonablos. EI librito de H. G. Wood' ¿cris-
to vivió realmente?, consi¡tuy6 una expos¡ción de hechos má5 que
convincentes. Los testimonios fac¡litados por las fuontes paganas'
iudías y cristianas extracanónicas que hemos reseñado, constituyen
un lmpresionante alegato de la defensa; el hecho de que todos e5'
tog autores orimitivos admitan tácltamente que Jesús fue un pe¡so'
naie hlstór¡co, es un elemento partlcularm€nte def¡nitivo al res'
pecto. Si en aquella época hubiera existido la menor duda sob¡e
este punto, los adversarios de la lglesia se habrían acogido a
ella Gon ef mayor de los entr¡siasmos'
Henos cltado ya el devastador veredicto de Sir James Fraze¡
y añadíremos la enfática declatac¡ón de f. R' Glover: (S¡ los cri"
terloE habitt¡ates de la historia que se aplican en todos los otros
casos, deben de ser tambié¡, co¡siderados en éste, no cabe la r

menor duda de qug Jesús es un persona¡e hlstórico. Caso con'


trario, la h¡sto¡¡a es algo inexistente, nada más que el delirloi y I
entonces cualquier persona medianamente inteligente me¡ol ha'
I
I
I
217 I
I

I
I
ría en dedlcarse a colecciona¡ cailfas de rapé que
6n p¡oseguíü au
estudio. Y si la hisrorta es un tmposihle,
támbién tq
más ciencias." palabras bastante violentas para ";rá,
il d*
por ln profeeor de historta anrigua-¿e Ia";; ;;;;;;d;
_digno Uni""r"¡¿"J ¿J
3:Tlltj!": ,:t" que constiruyen un res monto tmportante, que
no puede ser tomado a la ligera.

. Los datos
torman
sr¡llementarios que sobre Jesús hemos recoDilado.
no ya sólo su hictoricidad, sino iamblén lo"
¡e¡ales de su carácter y el de ta vida cristiana,
ú ""p."iá"1"1
ilñ ;;
:"^:*rT-l j:::,jaror tos _pr¡meros cfistianos, ro" ""gr"pii,- y
oemas documenfos ext¡acanónicos nos muestran eseficialmenté el
m¡smo personaie de los Evangel¡ot: la
hum¡tdad y l" ¿"i_r. ¿"
.resus son constantémente evocadas y
ae acentúan las y¡rtudes
propias de los cristianos. También
nos proporc¡onan indicios sobre
amar el aspeco ¿oct¡inal o *¡js,"" l-"
li¡o,1¡ ¡oariam¡s.
pero, princlpalmente, se resa¡tan los perfiles ;rJ
personalidad. EIlo nos confirma
.ir.f"" ¡"-""
en la ¡dea q* y" tair"io-- t*
mad¡ sobre el pran impacto que debtó d"
;;Jr-;'h"';;";;;
de su época, las cuales recibieron la ineludlble
llarse ante el único camino, ante ta Verdad
lmpres,ón;;-';:
¡node¡no ha. dicho, con grtn
i f" üjJ. ü"
¡ustezá, que Jesús *ro "un""1i,
,".
"" el un¡verso.
teoro aureolado por una luz vivísima que atraviesa
v
cuyos rayos ardientes y lumlnosos no podrán
s". ¡a,nas .p.lJJs",.
deberemos preguntamos: ¿nue*ra brlqueda'friera
tlnllé"
,^_
rosrextos evangél¡cos nos ha proporc¡onado
ie
nuevos conoclmlentos
sobre Jesús? Dejando los p", d ,"r"ú",1;'l;;;
responde¡emosr muy pocos."agraphtn,
Enconiramos una o doa
¡nteresantes: las que aporta -;;;-l;;;;
¡n¿fcac¡JnE
6an Just¡no h
El nac¡ó, su trabaio de carpintero;""br"
o. sobre un" ¿"""r¡p.lO,i-"o'rl
prendente de Jesrts cuando la purificaclón ';;il;;
dd T;.pl;,
de que en el momeFto de l. Crucifixión d""pr";b.;
p¡edra de su pórtico. Hallamos "" ;;;';;;
tambicn algunos
tarios al relato evangélico; el empleo ¿" i"rn*
l8ü;ff;:
ludaf a Jesús cuando enkó en Jeiusatén:
Ji-"1i"á"il*""".
l" t.hodr""i,ó; ;;';;
bre-s- propios en algunos pa6a¡es. etc. ,]
atgunoe espectafsias c-on.
srderan que muchas de las converoaciones
tcomprendienio ei
ellas los "agrapha") son autént¡cas: la sostc;ida '.";;;
s¿lomé sobre €l matrimonio, por eiemplo; ," ;;"-;
f¡mlli¡res a propós¡to del bautismo; y tanbi¿n ñ ;;; ;il":
la apariclOn- a IIi
Jalme despuée de la Re5urrécclón.

2t8

\
Pero hay, quizás, algo más lmportante que todo ello: en los
fragmentos musulmanes que hemos estudiado hallamos constantes
referenc¡as al magisterio de Jesús sobre la pobreza y las riquezas,
y es más que probable que estos textos contengan reminiscencias y
datos auténticos sobre un aspecto de Su enseñanza que, ordina-
riamente, ha sido subestimado, Por otla parte, la versión eslava
de La Guerra de los Judíos, de Josefo, nos aclara que las implica.
c¡ones políticas del Evangelio eran más reales en aquellos tiem-
pos de la lglesia primitiva de lo que comúnmenle se ha supuesto.
Eslos pu tos pueden completar, de forma muy positiva, nueslra
¡dea sobre Jesús, y ayudarnos a me¡or comprender su mensa¡e,
Por lo que concierne a los "agrapha", en general, creo qué un
gran número de ellos son dignos de respeto y deben su or¡gen
a hechos y palabras de Jesús; queda €ólo por saber si han llega.
do a nosotros en la misma forma en que se produ¡eron, si bien
considero que, en la mayoría de los casos, nos hallamos ante sus
¡psíssima verba, No sería difícil, en modo alguno, reunir veinte
o treinta "agrapha' dignos de ser incluldos en un apéndice a los
Evangel¡os, como propone Fendel Harris. Sin llegar a tale. extre"
mos, qu¡siera por mi pa e ins¡stir en el hecho de que no debe-
mos negl¡gir el estudio de tales documentos, antes al contrario,
ut¡lizarlos ampliamente en los sermones y en las enreñanzas sobre
esta mater¡a, mucho más de lo que es común, y que en el futuro
deberán tenerse en cueñta para explicar Ia vida de Cristo, como
no se ha hecho hasta ahora.
Algunos espec¡alistas encontra¡án, tal vez, mi actitud demasiado
optimista por lo que conc¡erne a estos lextos. Creo haber demos-
lrado cuán difícil resulta ver¡ficar su aulent¡cidad, pero voy a ptG
poner un ejemplo en contra. La historia del hombre que no res-
peta el sabbat y trabaja (cf, capitulo XV) es uno de los pasaies
generalmenle aceptados cqmo auténticos; pero este refato sólo
es posible leerlo en el manuscrilo del Evangel¡o que conocemos
por el Códice Beceo, que se guarda en la biblioteca de la Univer'
sidad de Cambridge. Ese manuscrito llegó a lnglaterra en el siglo
XVl, grac¡as al famoso erudito protestante Teodoro de B¿ze. Pero
si el navio que lo trasladó de una a olra orilla del Canal de la
Mancha hubie¡a zozob¡ado, y se hubieran hundido los viaieros y sus
equipajes, no conoceríamos hoy dicho manuscrito. Con ello quie¡o
slgnif¡car que la parvedad de testimonlos (la existencia de un
solo e¡emplo de un relato, Incluso en un documento muy tardío)

219
r'

iamás puede significar la inautent¡c¡dad de un fragmento. Mil y


una co$as pueden haber contribu¡do a destruir eslos documento;,
como debe de sucede¡ con muchos datos sobre Jesús, ya
i¡remedia.
blemente perdido¡, Es evidente que quis¡éramo$ trabaiar
más 6obre
etementos c¡ertos que bara¡ar probabil¡dades, pero por
desgracia
no podemos escoger.
pues, evidente, que un gran factor sub¡et¡vo ¡mpera
-Es, sobre
esta materia. Cada esud¡o debe tomat sus decisiones respecto
al valor de los documentos. pero tal ¿valor¡ no debe medirse
siempre en términos de autenticidad h¡st¿rica. Gomo ya tengo
dicho.- una anécdota fslsa puede contener un fondo
h¡stórico vá-
co s¡ es oportuna lbene trovato) y concuerda con la vida y el
carácter del personaie a que se refiere, Si no está de acuárdo
con los hechos, puede aceptarse por su coincidencia con
el espíri.
tu. Por ello, creo que en los
"agraphao hay un gran núme¡o de
erementos autént¡cos, en el 6enüdo más estr¡cto
de la palabra,
peio también muchos y preciosos datos de esta categoría
se.
cundar¡a que nos af¡dan igualmente a conctetar la figura -de
Jesrts
ya comprender su mensa¡e.
Por mi parte, me hallo en la misma situación de án¡mo que
qu¡en, de pronto, se encuentra con un vle¡o
álbum de pálidas fo.te
grafías de urr ser querido, o de quien relee cartas papeles
V muiio
tiempo olvidadosi es cierto que esas borrosas iaai"n"" no puuU"n
compararse con los prec¡sos y vigotosos retratos que contem.
plamos a d¡ar¡o, pero, qué duda cabe, tamblén
tienen su lug;i ;n
nuestra est¡ma y en nuestro recuerdo.

\-
=-= \d
j

ESTELIIRO 6E IMPRIMIO
EN LO8 TAf,LEf,ES DE
|NDUSTNüS GNAFICAS
R. l, c. s. a,'
f,sTRUCH,5
BARCEI,ONA
Amplia recopjlación de

textos extraevangél icos, en

los que se ofrece un ro-


tundo testimonio de la rea-
lidad histórica de Cristo.
Un profundo estudio de las

más diversas fuentes rela-


tivas a Jesús, muestra
cómo la gran presencia
del Salvador fue tenida en
cuenta incluso por autores

ajenos al Cristianismo.