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2017

Unidad: Teoría del conocimiento

Prof. Rosalba Hunter


Instituto Preuniversitario Juan XXIII
1-1-2017
UNIDAD: TEORÍA DEL CONOCIMIENTO 2017

I. El problema del conocimiento

La pregunta básica de la teoría del conocimiento es:


¿Qué es el conocimiento? Es así que el objeto de
estudio de esta disciplina filosófica, también
llamada gnoseología, es determinar cuál es la
naturaleza del conocimiento. Lo cual nos lleva a
formularnos otra cantidad de preguntas
relacionadas: ¿Cómo sé que sé? ¿Cuáles son los
medios para alcanzar un conocimiento verdadero?
¿Qué es la verdad? ¿Cómo justificar el
conocimiento? ¿Cuál es el origen del
conocimiento?

A) ¿Qué tipos de conocimientos hay?

Hay muchos tipos diferentes de conocimientos y también muchas formas destinas de


clasificarlos1. En este segmento abordaremos solamente tres de ellos.

1) Conocimiento vulgar

El conocimiento vulgar es aquel que se trasmite


de generación en generación y nos da una
comprensión práctica del mundo circundante. Un
ejemplo claro es el mundo gastronómico, en general
uno aprende de sus padres o sus mayores a hacer los
platos tradicionales de su cultura. Como se hacen las
papas fritas es algo que no se estudia en un libro de
ciencia, sino que se aprende espontáneamente por la observación continuada de nuestros
mayores o por su instrucción explicita. Otros ejemplos claros son los modos correctos de
higiene personal, las reglas de circulación peatonal en la ciudad, el correcto modo de
tratamiento de las diferentes personas, algunas medicinas populares, etc.

1
Toda clasificación del conocimiento, siempre implica una toma de posición frente al mismo, por más
objetivo e imparcial que se intente ser. Es difícil que una descripción no implique una valoración.
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2) Conocimiento científico

A veces llamado conocimiento crítico, no guarda una diferencia tajante o absoluta con
el conocimiento de la vida cotidiana y su objeto puede ser el mismo. Intenta relacionar de
manera sistemática todos los conocimientos adquiridos acerca de un determinado ámbito
de la realidad. Es aquel que se obtiene mediante
procedimientos con pretensión de validez universal,
utilizando la reflexión, los razonamientos lógicos y
respondiendo una búsqueda intencional por la cual se
delimita a los objetos y se establecen los métodos de
indagación. No nos explayamos, porque la Unidad III está
dedicada enteramente a reflexionar sobre este tipo de
conocimiento.

3) Conocimiento filosófico

Difícilmente alguien pueda definir cabalmente a la filosofía. A lo largo de su historia se


han dado muchas, contradictorias y muy diferentes caracterizaciones de la misma.
Etimológicamente la palabra está constituida por dos palabras griegas filoj (philos
=amor) y sofoj (sofos = sabiduría), de lo cual colegimos que el significado de la palabra
es “amor a la sabiduría”. Platón2 dice que los filósofos son aquellos que conocen las cosas
en sí y los opone a los filodoxos, que son aquellos que se conforman con las apariencias
sensibles. La filosofía sería episthmh (episteme), es decir conocimiento fundado,
racional, que busca contemplar el eidos, en oposición a la δόξα (doxa) que sería el
conocimiento sin fundamento, una pura opinión que se deja mal guiar por los poco fiables
sentidos. Aristóteles3 la define como la ciencia teórica de los primeros principios y las
primeras causas y afirma que lo que origina la pregunta filosófica es la admiración por el
mundo y la realidad. Además enfatiza el carácter no utilitario de la filosofía. Nadie se dedica
a la filosofía por un interés practico, sino que por el puro goce de conocer se enfrenta a la
realidad con la pregunta.

2
Platón (428-427 a 347 a. C.) es un filósofo griego, discípulo de Sócrates y maestro de Aristóteles.
Fundador de la Academia, un centro de estudios filosóficos, modelo sobre el cual se establecieron las
universidades medievales. Sus muchos escritos e ideas, junto a los de Aristóteles, son pilares destacados
de la cultura occidental. Uno de sus libros más representativos es “La República”.
3
Aristóteles (384-322 a. C.) es un filósofo griego, discípulo de Platón. Estudio en la Academia hasta la
muerte del mismo. Sus escritos de juventud siguen las ideas de su maestro y con el pasar del tiempo se
vuelven cada vez más críticas con él, lo cual lo lleva a formular todo un nuevo sistema filosófico. Al igual
que Platón funda una comunidad de estudios filosóficos llamada Liceo, porque estaba situada en un
recinto dedicado en honor a Apolo Likeios. Sus obras más destacadas son “La Metafísica”, “La Física” y
“La Ética a Nicómaco”.
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II) ¿Qué es conocer?

Texto introductorio: “Apariencia y Realidad” de B. Russell (página web Juan XXIII)

Bertrand Russell (1872-1970 d. C.) fue un filósofo y


matemático británico muy prolífico que ha abordado
casi todos los temas filosóficos. Su aportación más
importante a la lógica y la matemática se encuentra en
su libro “Principia Mathematica”, en donde intenta
deducir toda la matemática a partir de los principios
básicos de la lógica, tesis que posteriormente Kurt
Gödel derribará. En filosofía es considerado uno de los
representantes más relevantes de la filosofía analítica.
Uno de sus escritos más comentados en este campo es su artículo “Sobre el Denotar”.

A la pregunta, ¿qué es conocer?, se han dado varias respuestas a lo largo de la historia de la


filosofía. La palabra conocer, procedente del latín cognoscere, significa aprender, distinguir la
esencia y las relaciones entre las cosas. Refiere a la capacidad que tenemos para darnos cuenta
de la realidad.

El conocimiento puede definirse como la capacidad de aprender las propiedades de un objeto,


aprender como sinónimo de saber, pero también, mediante el conocimiento se aprehenden esas
propiedades, es decir se apropian mediante los conceptos.

El conocimiento es producto de una relación entre dos elementos: el sujeto cognoscente (que
es capaz de conocer) y el objeto cognoscible (que puede conocerse). En el proceso de
conocimiento, sujeto y objeto forman una unidad. No hay sujeto sin objetos, aunque los objetos
existen independientemente de los sujetos.

La gnoseología (del griego γνωσις, gnōsis, 'conocimiento' o 'facultad de conocer', y


λόγος, logos, 'razonamiento' o 'discurso'), también llamada teoría del conocimiento, es una
rama de la filosofía que estudia la naturaleza, el origen y el alcance del conocimiento.

El enfoque gnoseológico es una especulación sobre el conocimiento humano. A diferencia del


método psicológico este enfoque busca captar las características esenciales y generales del
fenómeno del conocimiento. El fenómeno del conocimiento se considera como una capacidad
de la conciencia. De acuerdo con el método fenomenológico, en el conocimiento se enfrentan
la conciencia y el objeto, o sea el sujeto y el objeto del conocimiento, estos elementos forman
una relación indisoluble: la del conocimiento, aunque siempre estarán separados uno del otro,
es decir, la relación entre los dos principios, es al mismo tiempo una correlación. El sujeto sólo
es sujeto para un objeto y el objeto sólo es objeto para un sujeto. O sea que se trata de una

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correlación irreversible. Ser sujeto es totalmente diferente de ser objeto. La función del sujeto
consiste en aprehender al objeto, y la del objeto en ser aprehensible y aprehendido por el sujeto.

III) Algunos problemas gnoseológicos


a) La posibilidad del conocimiento

1. El dogmatismo. Para el dogmatismo resulta comprensible el que el sujeto, la


conciencia cognoscente, aprehenda su objeto. Esta actitud se fundamenta en una confianza
total en la razón humana, confianza que aún no es debilitada por la duda. El dogmatismo
supone absolutamente la posibilidad y realidad del contacto entre el sujeto y el objeto.

2. El escepticismo. El dogmatismo frecuentemente se transforma en su opuesto, en el


escepticismo. Mientras que el dogmatismo considera que la posibilidad de un contacto
entre el sujeto y el objeto es comprensible en sí misma, el escepticismo niega tal posibilidad.
El sujeto no puede aprehender al objeto, afirma el escepticismo. Por tanto, el conocimiento,
considerado como la aprehensión real de un objeto, es imposible. Según esto, debemos
abstenernos totalmente de juzgar. Mientras que el dogmatismo en cierta forma ignora al
sujeto, el escepticismo desconoce al objeto.

3. Subjetivismo y relativismo

El relativismo es una postura filosófica


que sustenta que no hay una realidad objetiva,
toda verdad es relativa. No hay verdad, sino
verdades, todo es relativo, todo es según con el
color que se mire. La única verdad indiscutible
y dogma fundamental del relativismo, es que no
hay una única verdad, sino que hay tantas
verdades como sujetos. Cada quien tiene su
verdad y es tan validad como la de cualquier
otro. Nadie se equivoca, todos tienen la verdad,
su verdad. Cada sujeto puede decir lo que es el
mundo, casi como si fueran dioses creadores de
universos infinitos. Este es el relativismo
subjetivista, la verdad es relativa al sujeto. En
definitiva lo
que opine
el sujeto de la realidad, eso será la realidad. Hay otro
relativismo, que podríamos llamar cultural, en este caso el
que determina que es lo real es la cultura, la sociedad en su
conjunto. Ante la pregunta: ¿qué es la justicia? Responderá
lo justo en Tebas es tal cosa, lo justo en Atenas es tal otra,
lo justo en Corinto…no existe la justicia en sí, lo justo es lo
que nosotros decimos que es justo, en un tiempo y un lugar
determinado. Las verdades serán tan contingentes e

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históricas, como la historia misma. Una famosa frase de Protágoras puede resumir esta postura:
“El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en tanto que son y de las que no son
en tanto que no son.4” El hombre es la medida, es el patrón de la realidad, es la vara que mide
el ser de todo lo que es y de todo lo que no es. Su decir es un lenguaje divino que realiza lo que
dice, como si cuanto dijera de la realidad se constituyera en tal, por el solo hecho de decirlo.
Esta postura que surge con los Sofista en el siglo V a. C. es el modo de ver imperante en nuestra
cultura.

4- El criticismo: el exponente de esta teoría es el filósofo alemán, Immanuel Kant. El


criticismo es una postura intermedia entre el dogmatismo y el escepticismo. Al igual que el
dogmatismo, el criticismo admite una confianza fundamental en la razón humana. El criticismo
está convencido de que es posible el conocimiento, que existe la verdad. Pero el criticismo pone,
junto a la confianza general en el conocimiento humano, una desconfianza hacia cada
conocimiento particular, acercándose al escepticismo por esto. El criticismo examina todas y
cada una de las aseveraciones de la razón humana y nada acepta con indiferencia.

b) El origen del conocimiento

1- Racionalismo: sostiene que la causa principal del conocimiento reside en el


pensamiento, en la razón. Afirma que un conocimiento sólo es realmente tal, cuando posee
necesidad lógica y validez universal. Esto es, cuando nuestra razón estima que una cosa es
como es y que no puede ser de otro modo; y cuando juzga que, por ser como es, debe ser
así siempre y en todas partes.

2. El Empirismo: según el empirismo la única causa del conocimiento humano es la


experiencia. No existe un patrimonio a priori de la razón, la conciencia cognoscente no
obtiene sus conceptos de la razón, sino exclusivamente de la experiencia. El espíritu
humano, por naturaleza, está desprovisto de todo conocimiento; es una tabula rasa, una
hoja en blanco en la que escribe la experiencia.

c) La esencia del conocimiento

1- El realismo: es la postura epistemológica que afirma que existen cosas reales,


independientes de la conciencia. Esta actitud filosófica admite varias exposiciones. El
realismo ingenuo se manifiesta cuando no se ha presentado la influencia de una reflexión
crítica sobre el conocimiento. El realismo natural es diferente del realismo ingenuo. En él ya no
aparece la credulidad absoluta, pues inmediatamente se manifiestan algunas reflexiones críticas
sobre el conocimiento, ya no se confunde el contenido de la percepción con el objeto percibido.
A pesar de esto, se afirma que los objetos corresponden totalmente a los contenidos de la
percepción. Una tercera forma de esta postura filosófica es el realismo crítico, así llamado
porque se apoya en numerosas reflexiones críticas sobre el conocimiento. El realismo crítico no
acepta que en las cosas residan todas las cualidades comprendidas en los contenidos de
la percepción; por el contrario, sostiene que todas las propiedades o cualidades que únicamente
pueden ser percibidas por un sentido, como los colores, los sonidos, los sabores, etcétera,

4 Ibíd. p. 81

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sólo existen en nuestra razón. Estas propiedades sólo pueden ser notadas cuando sobre los
órganos de nuestros sentidos actúan ciertos estímulos externos.

La palabra realismo, al igual que real o realidad, derivan de la palabra latina “res” que
significa cosa. En sentido general, es una posición filosófica que afirma la existencia objetiva de
un mundo independiente del sujeto que lo piensa. Mundo que puede ser conocido con verdad
por el sujeto. En cambio en el idealismo, se parte de la afirmación contraria, no hay un mundo
objetivo e independiente fuera de la mente del sujeto que la piensa y si existiera no se podría
conocer. Pero el realismo como el idealismo son corrientes de pensamiento multiforme, en las
cuales podemos encontrar mil variantes.

2- El Idealismo: sostiene la teoría que no existen cosas reales que sean independientes
de la conciencia. Habiendo suprimido las cosas reales, sólo restan dos clases de objetos: los de
la conciencia (representaciones, imágenes, sentimientos, etc.), y los ideales (los objetos de la
lógica y de la matemática), por lo que el idealismo, necesariamente, debe considerar que los
objetos, llamados reales por otros, pertenecen a la consciencia o al
ideal. De esta consideración surgen dos tendencias del idealismo: el subjetivo o psicológico
y el objetivo o lógico.

d) El criterio de verdad

Detrás de todas estas concepciones filosóficas hay diferentes concepciones de la verdad.


Expondremos solamente dos de ellas.

1) Teoría correspondentista de la verdad: uno de los primeros en formularla es


Aristóteles en su Metafísica:

“Decir de lo que no es que es, o de lo que es que no es, es falso; y decir de


lo que es que es, y de lo que no es que no es, es verdadero; de suerte que
el que dice que algo es o que no es, dirá verdad o mentira” (Mtf., IV, 7)

La teoría de la correspondencia afirma la existencia de una relación de coincidencia entre un


enunciado y el hecho. Para la conciencia natural, la verdad del conocimiento radica en la
concordancia del contenido de la idea con el objeto. A esta concepción la llamamos concepto
trascendente de a verdad. Así, si yo enuncio “El pizarrón es blanco”, esa afirmación será
verdadera si efectivamente frente a mí tengo un pizarrón y el mismo es blanco. Entonces mi
pensamiento es verdadero porque corresponde con el hecho que describe. Hay, por una parte,
un pensamiento, que posee un contenido; y, por otra, un hecho (una realidad).

2) Teoría coherentista de la verdad: la esencia de la verdad no se encuentra entre el


contenido de la idea y un objeto que se halla fuera de nuestro pensamiento, un objeto
que trasciende nuestro pensamiento, sino en la relación con algo que reside dentro del
mismo pensamiento. La verdad es la concordancia del pensamiento consigo mismo. El
juicio es verdadero cuando está formulado con apego a las leyes o normas del
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pensamiento. Consideremos el idealismo lógico, para él la verdad consiste en la


concordancia del pensamiento consigo mismo ¿en qué podríamos encontrar tal
concordancia? La respuesta es: en la ausencia de contradicción. Nuestro pensamiento
concuerda consigo mismo cuando está libre de contradicciones y sólo en este caso. La
aceptación del concepto inmanente o idealista, obliga necesariamente a la admisión de
la ausencia de contradicción como criterio único de verdad.

IV) El racionalismo de Descartes

René Descartes (1596-1650 d.C.) es un filósofo y matemático


francés, inaugurador y pieza capital de la filosofía moderna. Es
un pensador fundamental del racionalismo occidental y
nombre destacado de la revolución científica. En física es
considerado el creador del mecanicismo y en matemática de
la geometría analítica. Una de sus frases más famosas es
“Cogito ergo sum” (Pienso, por lo tanto existo) y sus libros más
celebrados “El discurso del Método” y “Las Meditaciones
Metafísicas”

René Descartes

A) Las reglas del método cartesiano

Por método entiende Descartes: "una serie de reglas ciertas y fáciles, tales que todo aquel que
las observe exactamente no tome nunca a algo falso por verdadero, y, sin gasto alguno de
esfuerzo mental, sino por incrementar su conocimiento paso a paso, llegue a una verdadera
comprensión de todas aquellas cosas que no sobrepasen su capacidad”

a- Evidencia: “…no recibir jamás por verdadera cosa alguna que no la reconociese
evidentemente como tal; es decir, evitar cuidadosamente la precipitación y la
prevención y no abarcar en mis juicios nada más que aquello que se presentara a mi
espíritu tan clara y distintamente que no tuviese ocasión de ponerlo en duda”
b- Análisis: “…dividir cada una de las dificultades que examinara, en tantas parcelas como
fuere posible y fuere requerido para resolverlas mejor.”
c- Síntesis: “…conducir por orden mis pensamientos, comenzando por los objetos más
simples y más fáciles de conocer para subir poco a poco, como por grados, hasta el
conocimiento de los más complejos, incluso suponiendo un orden entre aquellos que
no se preceden naturalmente los unos a los otros.
d- Enumeración o revisión: “…hacer en todo enumeraciones tan completas y revisiones
tan generales que quedase seguro de no omitir nada.”

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B) Las Meditaciones metafísicas

a) El objetivo de las meditaciones

En la primera meditación, Descartes comienza estableciendo lo incierto y dudoso de sus


conocimiento y la necesidad de encontrar fundamentos incuestionables a partir de los cuales
levantar todo el edificio del conocimiento: “Tiempo hace ya que he comprendido que desde mis
primeros años había aceptado como verdadera muchas opiniones falsas, debiendo ser, por
tanto, muy dudoso e incierto todo lo que después he fundado sobre tal mal seguros principios.
Por esta razón he pensado que de todas las opiniones que antes aceptara, y comenzarlo todo
otra vez desde los fundamentos, si algo firme y permanente había de establecer en las ciencias”5.

1. La puesta en duda de todos los conocimientos

Él no va a tratar de demostrar que todos sus conocimientos son falsos, por cuanto esto
es prácticamente imposible. Pero va a tomar como criterio descartar todos los conocimientos
del cual tenga la más mínima duda y para ello no es necesario poner en duda cada uno de sus
conocimientos, alcanza con poner en duda los cimientos de los mismos, “…porque la ruina de
los fundamentos lleva consigo la de todo el edificio…”6.

2. La puesta en duda de los sentidos: el argumento del


sueño y la vigilia. La hipótesis del Genio maligno y la
plenitud de la duda

Descartes plantea que todo lo que ha creído como verdadero lo ha


aprendido por los sentidos y estos en múltiples ocasiones le han engañado,
sobre todo en cosas remotas o distantes, por eso dice que “…la prudencia
ordena no fiarse nunca por entero de los que una vez nos han engañado”7.
Este es el primer argumento que esboza para poner en tela de juicio a los
datos de los sentidos. Pero continúa diciendo que habría que estar loco para
dudar de cosas cercanas como nuestro propio cuerpo o cosas similares. Es
aquí donde interpone el argumento del sueño y la vigilia, considerémoslo atentamente:

5 Descartes, René. Meditaciones Metafísicas. 1a. Ed. Montevideo: La casa del estudiante, 1978, p. 36
6 Ibíd. P. 36
7 Ibíd. P. 36

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“Debo considerar, sin embargo, que soy hombre, y por consiguiente, que tengo
costumbre de dormir y de representarme en sueños cosas iguales y menos verosímiles a veces,
que las que se imaginan esos insensatos cuando están despiertos. ¡Cuántas veces me ha sucedido
soñar que me hallaba en este sitio, que estaba vestido, y al lado del fuego, aunque en realidad
estaba desnudo y metido en la cama! Cierto es que ahora me parece que no veo este papel con
ojos dormidos; que esta cabeza que muevo no está amodorrada; que con intención y propósito
deliberado extiendo esta mano y que la siento y que nunca lo que sucede en el sueño es tan claro
ni distinto como todo esto. Pero pensando atentamente en ello, me acuerdo de haber sido
muchas veces engañado al dormir por ilusiones semejantes, y al detenerme en este pensamiento,
veo con tal claridad que no hay indicios ciertos para distinguir la vigilia y el sueño de una manera
terminante, que me lleno de asombro, y este asombro es tal, que casi es capaz de persuadirme
de que estoy dormido”8.

Fundado en este argumento, concluye que todas las ciencias que se ocupan de
los objetos extramentales son dudosas e inciertas. Así derriba el conocimiento de la física, de la
química y las demás ciencias fácticas. Pero el límite de este argumento, está en que no prueba
que sean dudosas ciencias como la matemática y la geometría, que no se ocupan de objetos
existentes en el mundo extramental. Es posible dudar de la existencia de todo el mundo e
incluso de mi propio cuerpo, pero eso no invalida, ni pone en duda, las afirmaciones
matemático-geométricas como “todo triangulo tiene tres lados y tres ángulos” o la propiedad
asociativa de los números naturales. Sembrar la duda acerca de estos conocimientos es la
finalidad del argumento del Genio Maligno. Es más, este argumento pone en tela de juicio todos
nuestros conocimientos, si bien no prueba que sean falsos, les inyecta a todos el veneno
gangrenoso de la duda.

Veámoslo con atención:

“Supondré, por tanto, no que nos engaña


Dios, que es muy bueno y es la soberana fuente de la
verdad, sino que un Genio Maligno, no menos astuto
e impostor que poderoso ha empleado toda su
industria en engañarnos; pensaré que el cielo, el aire,
la tierra, los colores, las figuras, los sonidos y todas las
demás cosas exteriores, no son más que ilusiones y
sueños de que se ha servido para tender lazos a
nuestra credulidad; me consideraré privado de manos
y de ojos, de carne y de sangre, y de sentidos, pero
falsamente convencido de que tengo estas cosas; permanecerá obstinadamente adherido a tales
pensamientos; y por si este medio no me es posible llegar al conocimiento de verdad alguna, los
será al menos suspender mis juicios. Por esto pondré gran cuidado en no dar crédito a ninguna

8 Ibíd. P. 37

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falsedad y prevendré también mi espíritu contra todas las asechanzas de ese gran impostor que,
por astuto y poderoso que sea, no conseguirá engañarme en nada”9.

Aquí alcanzamos el clímax de la duda, una duda metafísica e hiperbólica que alcanza a
todo conocimiento humano. Es en esta situación desesperada y de máxima victoria de la
incertidumbre, en la cual Descartes se encuentra frente a dos alternativas. Por una parte,
declarar su incapacidad para salir del pantano de la duda y optar por la epojé de los escépticos
o alcanzar al menos una verdad indubitable que a modo de piedra arquimedal sea el primer
principio y cimiento de todo conocimiento. Será la segunda Meditación el lugar en el cual sonará
estrepitosa la derrota del Genio Maligno y se establecerá la primera verdad luminosa: “Yo soy,
yo existo”.

3. La primer verdad del cogito

“La meditación que hice ayer me ha llenado de tantas dudas, que no me es posible ya
darlas al olvido (…) ¿Qué es, por tanto, lo que podrá reputarse verdadero? Acaso únicamente
que en el mundo no hay nada cierto (…) Pero me he convencido de que nada existía en el mundo
y de que no había cielo, ni tierra, espíritu ni cuerpos: ¿no me he persuadido, por tanto, de que yo
no existía? Todo menos eso; pues si me he persuadido de algo o al menos he pensado alguna
cosa, yo existo a no dudarlo. Hay cierto impostor muy poderoso y astuto que emplea su industria
en engañarme; luego si me engaña no hay dudas de que existo: engáñeme cuanto quiera, que
nunca ha de lograr que yo no sea nada, mientras piense que soy algo. De manera que después
de haberlo pensado bien y de haber examinado cuidadosamente todas las cosas, hay que
concluir declarando que esta proposición: yo soy, yo existo, es necesariamente verdadera
siempre que la pronuncio o la concibo”10.

“Yo soy, yo existo” es la primera verdad indubitable y piedra


angular del sistema racionalista cartesiano. “Cogito, ergo sum”11, como
lo formula en el Discurso del Método, es el estandarte triunfal que
levanta Descartes contra la duda que todo lo invade. El Genio Maligno
engañador y todo poderoso, es incapaz de levantar la más mínima
sospecha sobre la verdad de la existencia del yo pensante. En tanto que
pienso soy y no puede ser de otra manera. El Genio maligno puede
engañarme en todo lo que quiera, pero no me puede engañar en que
tanto engañado soy algo. Luego de esta primera verdad, Descartes
tratará de reconstruir el edificio del conocimiento.

La existencia del yo es una primera verdad indudable que se me aparece en la mente en forma
clara y distinta. ¿Qué es esa cosa que piensa (res cogintans)? Una cosa que siente, que quiere,
concibe, imagina…

9 Descartes, René. Op. Cit., p.39


10 Ibíd. P. 40-41
11 Expresión latina que significa: “Pienso, por lo tanto, existo”, la cual es una de las más famosas frases de Descarte y tal vez de la

filosofía en general.

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Descartes analizará el contenido de ese “yo pienso” para evitar el solipsismo. Solipsismo, “del
latín "[ego] solus ipse" (traducible de forma aproximada como "solamente yo existo"), es la
creencia metafísica de que lo único de lo que uno puede estar seguro es de la existencia de su
propia mente…”12

El yo piensa, ¿en qué piensa? qué es lo que hay en el pensamiento? Contenidos mentales que
Descartes llama ideas.

Clasifica las ideas en:

a) Adventicias: son las ideas que tenemos sobre el mundo, provienen de nuestra
experiencia externa, ej. “árbol”
b) Facticias: ideas producidas por nuestra imaginación, son una combinación de las ideas
adventicias, ej. “centauro”.
c) Innatas: son las que no dependen del exterior y tampoco de nuestra imaginación. Ej,
idea de infinito y perfección.

4. La demostración de la existencia de Dios

Argumento de la idea de la
perfección divina en nuestra
conciencia. Descartes afirma que él,
que no es del todo perfecto poseía la
idea de algo perfecto. Pero, si es
imposible que algo perfecto surja de
algo imperfecto, ¿de dónde podía
haber extraído entonces esa idea? Y
concluye que tuvo que ser de una realidad, un ser perfecto, que existe independientemente de
su conciencia. Luego Dios existe y es la causa de la idea que yo tengo de tal perfección absoluta.

La prueba de la existencia de Dios, la idea de un ser perfecto (y que por su misma perfección,
debe existir), rompería el solipsismo en el que se encontraba la conciencia; una conciencia que
había escapado de la duda metódica, pero no podía afirmar todavía la existencia de una realidad
exterior a ella, ni siquiera la de su propio cuerpo. Descartes necesita a Dios para afirmar el
mundo, o sea, la “res extensa”.

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