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Sariv cree en la chicha de maíz morado Lecturas: 2567 30 de mayo de 2016 09:47 El sabor dulce

y las propiedades energéticas de la chicha morada motivaron a los agricultores de tres


parroquias de Riobamba a iniciar una empresa comunitaria. Sariv es un emprendimiento
asociativo que busca rescatar y difundir esta bebida. La empresa elabora y comercializa dos tipos
de chicha hecha a base de maíz morado andino, una variedad nativa de la serranía que estuvo
cerca de desaparecer debido al poco valor que tenía en los mercados locales. Los agricultores
plantaban esta variedad meses antes de finados, pero incluso en esas fechas las ventas eran
bajas pues aparecieron en el mercado una variedad de harinas precocidas, con aditivos y
saborizantes para preparar la tradicional colada morada. La chicha de jora preparada con maíz
morado, que antaño solo se consumía en celebraciones especiales, fiestas andinas y ceremonias
rituales, también dejó de prepararse. La tradición empezó a desaparecer cuando las gaseosas y
otras bebidas azucaradas coparon las vitrinas de las pequeñas tiendas en las comunidades. Eso
se reveló en un estudio realizado por la Fundación Andinamarka y la Asociación Kamachw
Provincial Chimborazo, organizaciones que trabajan en la recuperación de la soberanía
alimentaria y el rescate de alimentos andinos. De hecho, el emprendimiento surgió como una
respuesta a los resultados alarmantes de esa investigación. “Quisimos ofertar una bebida
saludable como alternativa a todos los refrescos hechos con grandes cantidades de azúcar,
colorantes y saborizantes artificiales”, dice Segundo Cuji, presidente de la Asociación. Así, se
unieron 15 socios y 23 agricultores de Cacha, Licto y Calpi. Ellos consiguieron donaciones de
organizaciones no gubernamentales, aportaron sus ahorros y solicitaron un préstamo a la
Corporación Financiera Nacional para iniciar el negocio. Lograron sumar USD 145 000 que
invirtieron en la adquisición de equipos para la planta de producción, ubicada en la comunidad
Bayushí, a 10 minutos de Calpi. En el mercado no habían maquinarias para elaborar chicha, pues
ninguna otra empresa la produce en el país. Fue necesario diseñar equipos exclusivos.
Transformar la receta tradicional de la chicha de jora y la chicha morada en una bebida comercial
no fue una tarea fácil. Una comisión se dedicó a investigar las recetas y procesos de preparación
durante un año. Colaboraron todos los abuelos y papás de los socios. Además, en el país no
había información sobre el maíz morado, ni investigaciones sobre su uso en la industria
alimenticia. “Buscamos el respaldo de las Universidades de Riobamba pero nadie sabía cómo
procesar el maíz morado. Para empezar nuestra producción tuvimos que estudiar y prepararnos
por nuestra propia cuenta”, afirma Sandra Pagalo, administradora de Sariv. La empresa se inició
en el 2010, pero empezaron su producción a finales del 2011. En un inicio solo elaboraban 100
litros mensuales de los dos tipos de chicha. En la actualidad producen 400 litros que se
distribuyen a los centros comerciales Camari en Quito y a las ferias artesanales de Riobamba. La
chicha se vende en una presentación de 330 mililitros y cuesta USD 0,70.

En la planta de producción laboran cuatro personas que se encargan de todo el proceso de


elaboración. Primero lavan y seleccionan el maíz, luego lo cocinan y procesan para obtener los
dos tipos de bebida. La chicha morada es más ligera y se envasa después de ser procesada. La
chicha de jora, en cambio, se deja fermentar al menos siete días antes de envasarse. Por eso su
sabor es más intenso. Las ganancias se convertirán en capital semilla para nuevas ideas.

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La mashua, tubérculo que mueve a mujeres de varias comunidades Lecturas: 299 11 de


septiembre de 2017 15:41 El yogurt que elaboran las 16 socias de la organización Mushuk
Kawsay tiene un sabor exquisito y cualidades medicinales. El ingrediente principal es la mashua,
un tubérculo andino similar a la oca que estuvo cerca de desaparecer por el poco valor que tenía
en el mercado. “Este producto nos representa. No solo nos está ayudando en nuestro progreso
económico, sino que también tiene parte de la herencia de nuestros abuelos”, cuenta orgullosa
María Cutiupala, presidenta de la organización. Dice que la mashua dejó de cultivarse hace casi
una década y que las semillas se estaban perdiendo. En el mercado era un producto
menospreciado y a veces hasta lo dejaban saquillos llenos del tubérculo abandonados en las
esquinas para no traerlo de regreso a casa después de una mala venta. La organización que
agrupa a mujeres de varias comunidades de San Juan, una parroquia situada a 30 minutos de
Riobamba. Ellas se asociaron en el 2010 para emprender en otra área: la producción de papas y
la crianza de cuyes. Cuando la agrupación se fundó tenía 40 socias, pero muchas se retiraron en
el inicio. El primer éxito que alcanzaron juntas fue la compra de una infraestructura propia donde
cuentan con un espacio para la fabricación del yogurt, sala de reuniones y una pequeña bodega.
Por el buen mantenimiento de la fábrica y las prácticas higiénicas adecuadas, ellas obtuvieron
el registro sanitario para su producto. La idea de preparar un yogurt de mashua surgió tras un
acercamiento de la organización con la Unidad de Emprendimientos del Gobierno Provincial de
Chimborazo. Un grupo de técnicos de esa entidad realizó un estudio de las potencialidades del
producto y diseñó una estrategia para introducirlo en el mercado. “Al principio fue muy difícil,
sobre todo al momento de convencer a las compañeras de invertir en un nuevo
emprendimiento. Pensábamos que, si nadie quería las mashuas en los mercados, menos las iban
a querer como yogurt”, recuerda Cutiupala. Sin embargo, las emprendedoras decidieron apostar
por el producto y en el 2015 empezaron a capacitarse. Ellas aprendieron sobre el manejo
adecuado de la leche y cómo convertirla en yogurt. Además, prácticas de higiene. La primera
semana elaboraron de manera artesanal los primeros cinco litros de yogurt. El sabor agradable
y diferente cautivó de inmediato al público, y pronto la cantidad se volvió insuficiente. El año
pasado, las mujeres recibieron una donación del Gobierno Provincial para mecanizar el proceso
de elaboración. Ellas recibieron ollas pasteurizadoras, recipientes y mesas de acero inoxidable,
entre otros enseres para equipar su planta de producción. Hoy la producción se incrementó a
80 litros semanales, que se envasan en recipientes de tres presentaciones. Ofrecen desde
envases pequeños para consumo personal, hasta envases de 2.5 litros, y cuestan entre USD 0,50
y 3,50. “Esos equipos marcaron un avance importante.

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Los materiales ecológicos tienen acogida en el mercado Lecturas: 910 15 de February de 2015
16:58 Pensar en una batería sanitaria que no requiere conectarse al sistema de alcantarillado y
que tampoco requiere agua potable, puede sonar incómodo y antihigiénico, pero esto no es así.
Los inodoros secos que distribuye la fundación EcoSur no generan malos olores y se pueden
instalar incluso en viviendas urbanas. Estos baños funcionan con una bóveda subterránea, en
donde se recogen los desechos en un tubo metálico que con el sol se calienta y ayuda en la
rápida descomposición de las heces fecales y la orina; además dispone de una taza con división
para líquidos y sólidos. EcoSur es una organización internacional que busca reducir el déficit
habitacional que existe en los países del sur, especialmente a la gran mayoría de personas que
no tienen vivienda adecuada. La entidad cuenta con una filial en Riobamba. Sus miembros se
dedican a promover la construcción ecológica, el ahorro de recursos como agua, energía
eléctrica, gas… y también a generar emprendimientos productivos, que solventen nuevos
proyectos sociales. La fundación comercializa paredes prefabricadas y ladrillos que no requieren
hornearse, y economizan energía eléctrica y combustibles en el proceso de fabricación. También
distribuye calentadores solares para el agua elaborados con materiales reciclados, cocinas
ecológicas que no utilizan gas, filtros para aguas grises, entre otros materiales. Pero su producto
estrella y el que tiene más demanda en la región es la teja de concreto. Este material es mucho
más liviano que una teja convencional pero igual de resistente e impermeable. De hecho, estos
productos fueron aprobados por los técnicos el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural, para
que sean utilizados en la restauración de inmuebles patrimoniales del país. Estas tejas son
ideales para las cubiertas de viviendas urbanas, donde se utilizan estructuras metálicas para el
soporte, pero también se han instalado en el campo donde se usan maderos. “Estas tejas no
requieren arcillas ni barro y se secan con el calor del sol. Además, como son más livianas la
estructura que se requiere para soportarlas es más sencilla, en el campo su usan menos
maderas. “De esta manera, ahorramos agua, electricidad y recursos naturales”, explica Paúl
Moreno, presidente de la Fundación. El encargado de la fabricación de todos los materiales de
construcción ecológicos es Ángel Llerena. Antes de la llegada de la Fundación en el 2006, él
subsistía de la fabricación de materiales convencionales como adoquines, bloques de cemento,
elementos decorativos para jardines… Pero los ingresos que obtenía eran limitados e
insuficientes para la manutención de su familia. Ese año, él se asoció con la Fundación y así
empezó una nueva etapa en su negocio. Los técnicos le capacitaron sobre la economía de los
recursos naturales y las nuevas tecnologías de construcción. También recibió máquinas que
vibran para obtener tejas lisas y sin burbujas de aire, entre otros implementos para su negocio.
La nueva sociedad impulsó el crecimiento de su microempresa, se incrementaron sus ingresos y
mejoró su calidad de vida. “En un inicio la gente no confiaba en estos materiales por ser
ecológicos, diferentes a los que ellos están acostumbrados a ver. Pero con el tiempo la
mentalidad va cambiando y cada vez hay más pedidos”, cuenta ‘Don Ángel’. EcoSur ha
distribuido sus productos en Guayaquil, Cuenca y Riobamba, pero pueden enviarse a cualquier
ciudad del país. Los compradores pueden contactarles por correo electrónico
ecosur@ecosur.org, o en su oficina situada en la ciudadela La Georgina, en el norte de
Riobamba. Ellos también se encargan de elaborar estudios técnicos para mejorar las condiciones
de las viviendas y volverlas más ecológicas. Este año trabajarán en el mejoramiento de cerca de
100 viviendas de Riobamba y Guano que han sido afectadas por el clima invernal. “Nosotros
estudiamos las condiciones climáticas antes de hacer una intervención. En las comunidades de
la serranía, por ejemplo, no podemos instalar las paredes prefabricadas de cemento, pues sería
similar a un refrigerador. Pero buscamos las formas de volverlas ecológicas”, cuenta Estuardo
Quispillo, otro técnico de EcoSur.

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