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Instituto de Evangelismo Laico de la Florida

FIEL
Materia: “Evangelismo Práctico”
Especialidad: “Evangelismo Personal”.

Año 2017 – Tercera Clase

CONDUCIENDO ALMAS A LOS PIES DE JESUCRISTO


Profesor: Pr. Emilio de León

Conducir a una persona a Cristo es la experiencia más emocionante y hermosa que un cristiano
puede imaginar. Pregúntele a quien lo ha hecho y él se llenará del gozo celestial.
El propósito de Dios es que cada creyente experimente la bendición de conducir a alguien a los
pies de Jesús. Muchos tienen la tendencia a pensar que eso es algo que nunca podrán hacer. Sin
embargo, la realidad es que conducir un alma a Cristo consiste sencillamente en presentar a un
amigo terrenal al Amigo celestial. A la luz de esta definición, hay dos pasos preliminares en la
ganancia de almas que vamos a considerar a continuación:

1. Fortalecer nuestra propia relación personal con Jesús, nuestro Amigo celestial.
2. Desarrollar más amigos entre nuestros vecinos, parientes, y aquellos con quienes nos
asociamos en el trabajo, en la escuela o en cualquier otra ocupación.

a. La ganancia de almas consiste en tomar la mano de su amigo con una de sus manos y
con la otra, la mano de Cristo, y luego poner la mano de su amigo en las manos de
nuestro Salvador.

b. “Con una mano los obreros deben asirse de Cristo, mientras que con la otra
deben tomar a los pecadores y acercarlos al Salvador”. (Evangelismo, 216).

RECOMENDACIONES PERTINENTES:

En la mayoría de los casos, será necesario visitar varias veces a la persona antes de intentar
conducirla a Cristo. Nadie puede aceptar en forma inteligente y significativa a un Salvador que no
conoce. Nosotros aprendemos a conocer a Cristo mediante el estudio de la Biblia y muchas veces
se necesitan varios estudios antes que la persona pueda ser llevada a Cristo.
Antes de intentar probar el aspecto íntimo de la relación de la persona debe sentir la sinceridad de
su interés en ella.

“Id a vuestros vecinos visitándolos uno por uno, y acercaos a ellos hasta que sus corazones
sean calentados por vuestro interés y vuestro amor abnegado”, (SC 145).

Considere el ejemplo de Jesús: “Se encontraba con ella (gente) en sus ocupaciones diarias y
manifestaba interés en sus asuntos seculares”, (DTG 125, 126).

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COMO LLEVAR UN ALMA A CRISTO

La presentación del Evangelio que encontramos en este capítulo está basada en un análisis del
libro El Camino a Cristo, que se puede resumir bajo tres encabezamientos:

1. Atracción a Dios.
2. Separación del pecado.
3. Unión con Cristo.

Como ayuda para la memoria, estos tres puntos se han expandido en la sección titulada:
“Presentación del Evangelio”. El resto de este capítulo es un desarrollo del siguiente bosquejo:

BOSQUEJO PARA MEMORIZAR

1. Cómo familiarizarse con la gente y ganar su confianza.


a. Familia.
b. Ocupación.
c. Religión.
d. Testimonio.

2. Pregunta de diagnóstico.
“En su opinión, ¿cómo llega uno a ser cristiano?”

3. Presentación del Evangelio.


a. La atracción— Dios es amor (1 Juan 4:8)
b. El problema— Pecado, separación, muerte (Romanos 3:23)
c. La solución— El don de Dios— perdón y vida en Cristo (Juan 3:16; Romanos 6:23;
Efesios 2:8, 9; 1 Juan 5:11-13).
d. Separación del pecado—Arrepentimiento (Romanos 2:4).
e. Unión con Cristo—El crecimiento en Jesús (Apocalipsis 3:20).

4. Oración de recepción.

5. Provisiones para el crecimiento.


a. Estudio de la Biblia.
b. Oración.
c. Comunión.
d. Testificación.

Por cuanto es el amor lo que atrae a los hombres a Dios, debemos revelar el amor divino en todas
nuestras acciones. “Acercaos a la gente de manera persuasiva y bondadosa, llenos de gozo y
amor de Cristo., (Evangelismo 325).

Con esto en mente iniciemos nuestro estudio.

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I) CÓMO FAMILIARIZARSE CON LA GENTE Y GANAR SU CONFIANZA.

Hay cuatro temas que nos pueden servir para estructurar la primera parte de la visita misionera:
A. Podemos hablar de la familia.
B. La ocupación.
C. Los antecedentes religiosos del probable interesado.
D. Y luego compartir con él nuestro testimonio.

NO OLVIDE QUE:
Es importante recordar que toda regla tiene su excepción. Podría ser poco apropiado referirse a la
familia, la ocupación y las preferencias religiosas de nuestro interlocutor, especialmente durante
la primera visita. En todos los casos debe ejercerse tacto y buen juicio.

E. Una actitud cálida y amistosa es especialmente importante durante la primera parte de una
visita.
F. Procure que la persona entrevistada se sienta en calma y confiada en nuestra presencia.
G. Este es un momento en el cual debemos procurar ganarnos la amistad y la confianza de la
persona.

El instructor debiera guiar la conversación, y los alumnos que lo han acompañado para observarlo,
deben hablar sólo cuando alguien se dirija a ellos. Es de importancia vital que un solo miembro del
equipo sea el que hable a la vez.

“Mucho depende de la manera como nos presentamos ante los que vamos a visitar. Al saludar
a una persona, podemos estrecharle la mano de modo que nos ganemos inmediatamente su
confianza, o de manera tan fría que piense que no tenemos ningún interés en él”. (Gospel
Workers, pág. 189).

La familia.
Observación y actitud correcta al visitar un hogar.
1. Acerquémonos a la casa con una oración en el corazón y una sonrisa en el rostro.
2. Cultivemos la capacidad de distinguir la presencia de los ángeles celestiales.
3. Al entrar al hogar, busquemos claves que indiquen los intereses del individuo.
4. Niños, cuadros, trofeos, fotos y libros, son todos evidencias de interés.
5. Las fotografías familiares pueden proveer buenos temas de conversación por medio de los
cuales familiarizarse con algunos antecedentes de la familia. Sin embargo, tengamos
cuidado con los álbumes fotográficos de gran tamaño, los cuales podrían consumir más
tiempo del que debiera asignarse a la parte introductoria de nuestra visita.
6. Ocasionalmente nos encontraremos con una persona que habla demasiado, la cual nos
dará ocasión al propósito de nuestra visita. Sin embargo, es importante descubrir las
maneras corteses de hacer frente a este problema.
7. Una buena forma de llevar la conversación de nuevo al tema, es hacer una pregunta que
interrumpa el monólogo. Esto podría darnos la oportunidad de guiar la conversación en la
dirección deseada.

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8. Seamos cuidadosos, sin embargo. Una persona que realmente quiere decirnos algo, y
descubre que no se lo permitimos, puede reaccionar ante nuestra visita en forma
desfavorable.

Ocupación.
Interesémonos en su trabajo.
1. Hagamos preguntas que muestren nuestro interés en lo que él hace.
2. Dejémoslo hablar por cuatro o cinco minutos, y escuchémoslo con atención.
3. Procuremos distinguir la oportunidad de hacerle un cumplido honrado.
4. Mientras escuchamos a nuestro interlocutor, oremos silenciosamente para que Dios nos
ayude a comprender la clase de persona con la cual nos estamos relacionando en esta visita
introductoria.
5. Estaremos entonces en mejor posición para relacionar nuestra presentación con sus
necesidades y antecedentes específicos.
6. En ciertos casos, podrá ser necesario hacer varias visitas antes de intentar llevar esa
alma a Cristo. Nadie puede aceptar en forma inteligente y significativa a un Salvador
al cual no conoce.
7. Aprendemos a conocer a Cristo por medio del estudio de la Biblia y a menudo se
necesitan varios estudios antes que un alma pueda ser llevada a Jesús.
8. Antes de procurar sondear el tema íntimo de la relación de una persona con Dios, estemos
seguros de que hemos ganado su amistad y confianza.
9. Debe haber percibido la sinceridad de nuestro interés en él.
a. “Id a vuestros vecinos visitándolos uno por uno, y acercaos a ellos hasta que sus
corazones sean calentados por vuestro interés y vuestro amor abnegado”. (SC
pág. 145).
b. Jesús, “se encontraba con ella [la gente] en sus ocupaciones diarias y
manifestaba interés en sus asuntos seculares”. (DTG pág. 125,126).

10. Es un error monopolizar nosotros la conversación. Dejemos que el entrevistado hable, y


mantengámonos siempre en mente el propósito de nuestra visita. Al comenzar la
conversación refiriéndonos a sus intereses, estaremos en mejor posición para satisfacer sus
necesidades al entrar en el terreno de las cosas espirituales.

Religión.
Las siguientes dos preguntas han sido usadas efectivamente para guiar la conversación hacia
tópicos religiosos:
1. ¿A qué iglesia pertenecían sus padres?
2. ¿Hay alguna iglesia en esta zona a la cual ustedes asistan?

A veces no le damos a la gente la oportunidad de expresar sus preguntas y sus problemas. Un


médico ciertamente se vería estorbado en su tratamiento de un paciente, si no se tomara el tiempo
necesario para escuchar la presentación de sus síntomas. ¿Por qué habría de ser diferente en la
ganancia de almas?

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¡La gente espera que abordemos temas religiosos! De hecho, es muy natural y fácil hacer la
transición desde una conversación acerca de los antecedentes religiosos del entrevistado, al
verdadero propósito de nuestra visita: la presentación del Evangelio. ¡Ese es nuestro mensaje!

Testimonio personal.
Podemos presentar nuestro mensaje comenzando con nuestro propio testimonio personal. Esta es
una manera excelente de cultivar la simpatía entre nosotros y el interesado. Procuremos
compartir nuestra experiencia de tal manera que el posible interesado pueda encontrarla
pertinente, y sienta que lo que nos ayudó a nosotros también podría ayudarle a él.

“El Evangelio no ha de ser presentado como una teoría sin vida, sino como una fuerza viva
para cambiar la vida. Dios desea que los que reciben su gracia sean testigos de su poder… No
se conforma con anunciar simplemente estas bendiciones; las ofrece de la manera más
atrayente, para excitar el deseo de poseerlas”. DTG pág. 766).

Puntos a considerar:
1. Recordemos que el propósito de nuestro testimonio es crear un deseo en el corazón de
nuestro interlocutor por experimentar lo que mismo que nosotros.
2. Desde luego, esto significa que debemos hablar con entusiasmo y gozo; no una alegría
forzada que se adopta para la ocasión, sino una irradiación desde adentro interior que
simplemente rehúsa ser ocultada.

a. “Poned en vuestra obra todo el entusiasmo que podáis”. (Evangelismo pág. 133).

3. El cristiano debiera tener una sonrisa placentera y un rostro radiante.


4. Pero una vez más, debemos hacer énfasis en que éstos deben tener su origen en nuestro
interior.
5. Nunca debemos dar por perdida a una persona basándonos en las circunstancias
aparentes:
a. “Hemos de presentar la palabra de vida aún a las personas para quienes a
nuestro juicio hay tan poca esperanza como si estuviesen en sus tumbas.
Aunque parezcan no tener ninguna disposición para oír ni recibir la luz de la
verdad, debemos hacer nuestra parte sin dudas ni vacilaciones”. (Testimonies,
tomo 6, pág. 442).

6. Nunca abandonemos a nadie a su suerte por creer que está espiritualmente más allá de
toda esperanza. Mantengamos en mente, a medida que evaluamos las respuestas que se
dan a nuestras preguntas, que algunas personas tienen dificultades para colocar en
palabras lo que está en lo íntimo de sus corazones, y aun lo que han experimentado en su
vida.
7. En cada etapa de nuestra visita seamos bondadosos y comprensivos.
8. Identifiquémonos con la gente. Oremos para que se nos conceda humildad de espíritu, y
evitemos cualquier actitud de superioridad.
9. Nunca le hablemos a nadie en forma despectiva. Si su respuesta a alguna de nuestras
preguntas revela que comprende mal algún aspecto del Evangelio, podremos decir

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honradamente: “¿Sabe usted? Durante buena parte de mi vida yo también creía lo mismo”.
O podríamos decir: “La verdad es que muchas personas sinceras han creído lo mismo que
usted”.
10. Luego continuemos y expliquemos cómo otros, o muchas personas sinceras, han llegado a
ver las cosas de diferente manera. Podemos añadir: “A mí me parece muy razonable. Me
gustaría saber qué piensa usted”.
11. Respetemos la opinión del entrevistado. Jesús hizo esto en su conversación con la mujer
samaritana. La respuesta de Jesús a ella equivalió a haberle dicho: “Si tú supieras que
tienes algo bueno para compartir, lo compartirías conmigo. Yo tengo algo maravilloso,
y quiero compartirlo contigo”.

12. Mantengamos una actitud optimista.


a. “Más personas de lo que pensamos están anhelando hallar el camino a Cristo…
Pero muchos hay que están en triste ignorancia acerca del plan de salvación;
necesitan más instrucción acerca de este tema de suma importancia que en
cualquier otro”. (OE pág. 166,167).

13. Mantengámonos cerca de nuestro Señor. Pidámosle a su Espíritu que nos proporcione una
conciencia clara de lo que hemos de hacer.
14. Pidámosle que no nos permita adelantarnos a sus planes, sino ser conscientes del tiempo
oportuno para llevar almas a sus pies.
15. Trabajemos el hierro mientras está caliente. Dejemos que el Espíritu Santo nos guie.

Los siguientes cuatro factores tienen mucho que ver con la respuesta que recibiremos ante
nuestras presentaciones:
1. Hasta qué punto nos hayamos ganado la confianza del individuo.
2. La intensidad de su deseo por obtener lo que Cristo ofrece.
3. Hasta qué punto conoce él y comprende el plan de salvación.
4. La medida de su buena disposición para ceder a los llamados del Espíritu Santo.

II) PREGUNTA DE DIAGNÓSTICO.

Una forma efectiva de dirigir la entrevista hacia la presentación del Evangelio consiste en hacer
unas pocas preguntas cuidadosamente escogidas pero directas. Lo que deseamos es descubrir por
su intermedio si el individuo tiene o no una relación personal con Jesucristo. Si él (o ella) cree que
la tiene, procuraremos descubrir con mucho tacto si depende de sus propias obras buenas para la
salvación, o si ha colocado su confianza en los méritos de Cristo. Para descubrir esto, podríamos
preguntar en el momento apropiado: “Permítame hacerle una pregunta: En su opinión, ¿cómo
llegamos a ser cristianos?”.

Algunos tendrán una idea vaga o errónea mientras que otros nos sorprenderán. Si así fuera el
caso, pidámosle al Espíritu Santo que lo lleve a una obediencia completa a la voluntad de Dios,
incluyendo testificar por Cristo.

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Otros pueden esconderse en la timidez. Sin embargo, una persona tímida es mucho mejor recibida
que una cuya actitud es atrevida. Podemos juzgar por nuestra propia experiencia de cómo hemos
reaccionado cuando alguien ha procurado ejercer una presión indebida para influir sobre otros.
Pero aún más importante, la timidez, el sentimiento de insuficiencia nos protege contra la actitud
independiente y de suficiencia propia que Dios simplemente no puede usar.

Volvamos a nuestro tema principal. Estamos en el hogar de la persona visitada. Nuestro


interlocutor acaba de decir: “La verdad es que no sé cómo puede una persona ir a Cristo”.

¡Esta es nuestra oportunidad!


Cuando hagamos la presentación de conducirlo a Cristo, deberíamos haber aprendido de memoria
los pasos para hacerlo con eficiencia y certeza.
Dios nos ayudará porque ya se lo habremos pedido en oración. El Señor guiará nuestros
pensamientos a través del Espíritu Santo para ser eficientes y certeros en la presentación de
Jesucristo.

III) LA PRESENTACIÓN DEL EVANGELIO

De este modo, estamos listos para comenzar. Nos referimos a la persona y le decimos:
“La Biblia lo explica de manera muy sencilla. Permítame leer unos cuantos pasajes de su
Biblia”.

[Si el interesado tiene una; si no, usemos nuestra propia Biblia de bolsillo]. No nos llevará más de
unos minutos].

1. La atracción divina.
a. Usted sabe que la Biblia nos dice que Dios es amor. Esa declaración se encuentra en
1 de Juan 4:8 [lea dicho texto].
b. Sin embargo, a pesar de que Dios es amor, nuestro mundo está lleno de odio,
violencia y toda clase de sufrimientos. Es posible que usted se haya preguntado
cómo podemos reconciliar esta situación con el hecho de que Dios es amor.
c. Lo primero que debemos recordar es que Dios no quería crear un universo lleno de
robots. Nos creó a todos con la capacidad de escoger.
d. Somos libres de escoger sus caminos o los nuestros. Y cuando decidimos seguir
nuestras propias ideas, en vez de la suyas, estamos arrojando dudas sobre su
sabiduría. Nos estamos rebelando contra Él.
e. Y, desde luego, la rebelión –o el pecado, porque de eso se trata, al fin y al cabo—nos
separa de Dios, el cual es la fuente de la vida. De modo que, mientras estemos
separados de Él, no podemos tener esperanza de vivir para siempre. De hecho,
nunca podremos disfrutar de verdadera felicidad o paz mental, hasta que vengamos
a Él y terminemos con la separación.

2. El problema del pecado.


a. Según la Biblia, cada uno de nosotros se halla bajo sentencia de muerte, porque
todos hemos pecado. Así lo afirma en:

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i. Romanos 3:23 [leerlo].
ii. Romanos 6:23, dice: “La paga del pecado es muerte”, [solo leamos la
primera parte, mejor citémoslo de memoria].

b. “Así que todos estamos condenados a morir en la segunda muerte, de la cual no hay
resurrección.
c. Pero Dios es amor. No desea que muramos. ¿Qué podía hacer, entonces? Desde luego,
no podía hacer a un lado su ley.
d. Eso habría significado sumir el universo en el caos. Una alternativa sería proveer un
sustituto, es decir, alguien que muriese en nuestro lugar.
i. Había tan solo una persona en todo el universo—el mismo Hijo de Dios—que
pudiese servir de sustituto para todos nosotros. Y usted sabe lo que Él hizo.
[Leer Juan 3:16].

3. La solución: El don de Dios.


a. De manera que ahora no necesitamos morir. Ahora podemos nuevamente escoger.
[Leer todo el versículo 23 del capítulo 6 de Romanos]. Podemos escoger una vida
que no tiene fin, o una muerte que no tiene fin.
b. Pero no podemos ganar esa vida eterna.
i. Dice en Efesios 2:8,9: [leerlo]. No podemos salvarnos por nuestras obras.
Somos salvados por gracia.
c. La gracia es un perdón que nosotros no merecemos, el cual no podemos merecer. Es
un regalo. Recibimos esa salvación, esa vida eterna, cuando recibimos a Jesús por fe
como nuestro Salvador y sustituto. Y mientras continúe siendo el Señor de nuestras
vidas, mientras no le volvamos la espalda, tendremos esa vida eterna por su medio.
Es nuestra.
d. Es parecido al matrimonio. Es una ceremonia de bodas, un hombre y una mujer se
unen en una relación marital al intercambiar sus votos matrimoniales. Y mientras el
esposo permanezca fiel a su esposa, mientras mantenga sus votos, tendrá esposa.
Pero es posible terminar esa relación. Así también es la relación del cristiano con
Cristo. Mientras mantengamos nuestra relación con Él tendremos vida eterna. Pero
esa vida está en Él. Si lo abandonamos, ya no la poseeremos. [Leer 1 Juan 5:11-13].
e. Como usted ve, nuestra única seguridad de obtener la vida eterna depende de que
nos mantengamos juntos a Cristo.
f. Hay otro aspecto de la relación entre el cristiano y Jesús que se parece también al
matrimonio. Tal como los miembros de una joven pareja se sienten atraídos
mutuamente por el amor, así también es el amor lo que nos atrae a Dios. Nos unimos
a Él—casi podríamos decir que nos casamos con Él. Y de la misma forma como un
joven o una muchacha abandona cualquier vínculo romántico previo que haya
tenido, nosotros también cuando nos entregamos a Cristo, interrumpimos cualquier
relación previa que pudiese estorbar nuestra conexión con Él. Nos unimos a Cristo. Y
esto significa que nos desligamos del mundo.

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4. Separación del pecado.
a. Cuando logremos percibir el amor que Cristo siente por nosotros, y sintamos que en
nuestros corazones se enciende el amor hacia Él como respuesta, renunciaremos
alegremente a cualquier cosa que pudiese separarnos de Él.
b. Su amor nos induce a sentir pesar por todas nuestras acciones que le han causado
dolor. Arrepentidos, le damos la espalda completamente a esos pecados. [Leer
Romanos 2:4].
c. ¿No se sentiría usted feliz de abandonar cualquier práctica que lo separara de su
Salvador? Creo que sí. No podría evitar sentirse atraído por el amor de Uno que
entregó su vida por usted.
d. Y recuerde que Él habría hecho esto, aun si usted fuera la única persona que
necesitara salvación. Si no resiste a sus llamados, no podrá evitar el sentirse atraído
a Él.

5. Unión con Cristo.


a. Jesús ha estado esperándolo a usted durante mucho tiempo. Escuche lo que dice
aquí en Apocalipsis 3:20. [Leerlo].
b. Creo que no me equivoco al pensar que a usted le gustaría abrir la puerta de su
corazón e invitar a Jesús a que tome posesión de él ahora mismo, mientras estamos
juntos. ¿No es verdad? [si hemos colocado un buen fundamento, la respuesta será
probablemente afirmativa, y podremos continuar. Si es negativa, no hagamos
presión indebida en busca de asentimiento. El Espíritu de Dios nos ayudará a saber
que decir.]
c. Si le parece, podemos arrodillarnos aquí mismo. Creo que de este modo nos
sentiremos más cerca del Señor. [Después que tanto nosotros como el interesado
estemos sobre nuestras rodillas, será probablemente apropiado pedir que nuestro
interlocutor ore primero. Podríamos sugerir:]
i. “¿Por qué no ora usted primero, y le dice al Señor que usted lo invita a Él a
entrar en su corazón?
ii. No se preocupe acerca de las palabras. Él lo comprenderá. [Si el interesado
vacila, hagamos la siguiente sugerencia alternativa:]
1. “¿O mejor quisiera repetir algunas sencillas frases después que yo las
diga? [hacer después cada frase una pausa de suficiente duración
como para que la persona repita la frase.

IV) ORACIÓN DE RECEPCIÓN


d. “Querido Dios, te invito a tomar el control de mi vida. [Pausa.] Y te agradezco
por darme la vida eterna en Jesús. [Pausa] Ayúdame a seguirlo y obedecerlo.
[Pausa] En el nombre de Jesús, Amen”. [Pausa].

e. La oración que hagamos después de la del interesado deberá ser muy corta y
sencilla, con el simple propósito de agradecer a Dios por la decisión de esa alma.

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V) PROVISIONES PARA EL CRECIMIENTO.

f. Al levantarnos de nuestras rodillas, tomemos la mano del que ha hecho su decisión


por Cristo, y digámosle algo como:

i. “Que Dios lo bendiga, hermano”.


ii. “Cada mañana al comenzar el día agradézcale a Dios por estar dispuesto a
vivir en su corazón, permitiéndole así vivir la vida que Él desea que usted viva”.
iii. “Tómese cada día el tiempo necesario para leer algo de su Palabra. Háblele por
medio de la oración, tal como lo haría con un amigo. Cuénteles a otros lo que Él
hecho por usted. Así descubrirá que su relación con Jesús llegará a ser cada día
más maravillosa”.

g. Déjele el libro El Camino a Cristo. Asegúrele al nuevo converso que ese libro le
resultará precioso, y llame su atención especialmente a estos párrafos:
h.
“Pero Cristo nos preparó una vía de escape. Vivió en esta tierra en medio de
pruebas y tentaciones como las que nosotros tenemos que arrostrar. Sin
embargo, su vida fue impecable. Murió por nosotros, y ahora ofrece quitar
nuestros pecados y vestirnos de su justicia. Si os entregáis a Él y le aceptáis
como vuestro Salvador, por pecaminosa que haya sido vuestra vida, seréis
contados entre los justos, por consideración hacia Él. El carácter de Cristo
reemplaza el vuestro, y sois aceptados por Dios como si no hubierais pecado”.

“Más aún, Cristo cambia el corazón, y habita en el vuestro por la fe. Debéis
mantener esta comunión con Cristo por la fe y la sumisión continua de voluntad
a Él. Mientras lo hagáis, Él obrará en vosotros para que queráis y hagáis
conforme a su beneplácito. Así podréis decir: ‘Aquella vida que ahora vivo en la
carne, la vivo por la fe en el Hijo de Dios, el cual me amó, y se dio a si mismo por
mi’ (Gálatas 2:20)”. (CC págs. 62,63).

Antes de abandonar el lugar, si la persona no está ya inscrita en algún programa de estudio bíblico,
haga arreglos para hacer visitas semanales regulares. Si pareciera conveniente—si no es
demasiado pronto—, invítelo a asistir en calidad de huésped nuestro a la clase bíblica del pastor.
Si acepta, ofrezcámosle transporte y, posiblemente, incluyamos una invitación a almorzar el
sábado.
Algunas iglesias tienen una comida especial para visitas, y sería perfectamente natural pedirles
nos acompañen en esa ocasión.
Ahora que nuestro posible interesado se ha entregado a Cristo, el siguiente paso consiste en
trabajar y orar hasta que Él también se convierta en un ganador de almas.

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