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COMPILATION 1 | 2011 El Hombre, el Medio y sus Relaciones SILVERA DE BUENADER Y

COMPILATION 1 | 2011

El Hombre, el Medio y sus Relaciones

SILVERA DE BUENADER Y MARTÍNEZ DE MONTIEL (COMPILADORAS)

Volumen 1 | Numero 1

Publicado por la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales Universidad Nacional de Catamarca

ISBN: 978-950-746-204-7 Impreso en Argentina Oficina de Publicaciones Av. Belgrano 300, Catamarca, Argentina

Queda prohibido la reproducción total o parcial de la presente obra por cualquier medio, sin la autorización por escrito de los editores.

Arte y edición de tapa e interior: DCV María Florencia Scorza Impresión : Oficina de publicaciones

ÍNDICE Prólogo Elina Silvera de Buenader   Pag. 5 1. Procesos de cambio en el

ÍNDICE

Prólogo Elina Silvera de Buenader

 

Pag. 5

1.

Procesos de cambio en el Valle de HualfÍn: transformaciones

ocurridas en la secuencia Aguada-Hualfín-Belén. Lidia N. Baldini | Marta I. Baldini | María Carlota Sempé

Pag. 9

2.

Evidencias funerarias de relaciones de larga distancia en el Valle

de Hualfín. Marta Baldini | María Carlota Sempé

Pag. 31

3.

Organización política tradicional en el Gran Chaco

José Braunstein

Pag. 45

4.

Seis décadas de dataciones radiocarbónicas de las Culturas

Agroalfareras en el Valle de Hualfín, Catamarca, Argentina. Jorge Carbonari | Marta Baldini | Roberto Huarte | María Carlota Sempé

Pag. 79

5.

Patologías prehispánicas en el Norte Grande.

Hilton Drube| Bárbara Desántolo | Marcos Plischuk | Rocío García Mancuso

Pag. 103

6.

Caracterización de la vegetación en los alrededores de Azampay,

Departamento de Belén, Catamarca

 

Juan Carlos Godoy

Pag. 123

7.

El proyecto del valle del Hualfín y la cultura Belén

Alberto Rex González

Pag. 137

8.

Avances en el conocimiento arqueológico del Sector Ribereño

Paraná-Paraguay. Guillermo Lamenza | Horacio Calandra | Susana Salceda

Pag. 153

9.

Variabilidad funeraria en el Chaco Meridional.

Guillermo Lamenza | Javier Rodríguez Mir | Horacio Calandra | Susana Salceda

Pag. 177

10. Reintroducción del cultivo de quinoa (Chenopodium quinoa Willd) en Villavil - Departamento Belén, Provincia de Catamarca Susana Martínez | José Lobo Gómez | Luisa Brizuela | Mirna Hilal

Pag. 191

11.

Ambientes de la ecoregión Chaqueña en la Provincia de Catamarca.

Universidad Nacional de Catamarca | El Hombre el Medio y sus Relaciones

Mario PEREA

 

Pag. 199

12.

El período medio en el oeste catamarqueño: Departamentos

de Tinogasta y Belén. María Carlota Sempé | Marta Baldini

Pag. 219

13.

El hombre y el medio en los valles de Abaucán y Hualfín

María Carlota Sempé | Elina Silvera | Beatriz Guichón

Pag. 257

Reseña de los autores

Pag. 285

PROCESOS DE CAMBIO EN EL VALLE DE HUALFÍN: TRANSFORMACIONES OCURRIDAS EN LA SECUENCIA AGUADA-HUALFÍN-BELÉN.

 

Bibliografía

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Lidia Baldini | Marta Inés Baldini | María Carlota Sempé

UBA | UNLP | CONICET lbaldini@fcnym.unlp.edu.ar

Pag. 291 1 1 Lidia Baldini | Marta Inés Baldini | María Carlota Sempé UBA |
De esta manera afirmamos que los conjuntos de inhumaciónes o de ocu- pación de viviendas,
De esta manera afirmamos que los conjuntos de inhumaciónes o de ocu- pación de viviendas,

De esta manera afirmamos que los conjuntos de inhumaciónes o de ocu- pación de viviendas, establecidos para las dos fases, representarían a gru- pos de gente realmente existentes, señalando la estructura de la sociedad Aguada, con diferencias sólo referidas a la presencia o ausencia de rasgos diagnósticos de multietnicidad y su variación en el tiempo marcando la sucesión de ambos momentos (Sempé y Baldini 2003, 2004). En el campo funerario, entre los temas de mayor profundidad significativa para la ideología Aguada, se encuentran los personajes de los dos cetros, el sacrificador y el de máscara felínica. El primero lleva atributos de mando y se relacionaría con el personaje de las manos vacías representado en las placas metálicas del Período Medio y que ha sido interpretado como la deidad principal de La Aguada, de antiguo origen andino, carácter solar y atributos felínicos (González, 1992 Op. cit., y 1998 Op. Cit) El sacrificador porta un hacha y una cabeza cercenada pendiente. Se in- terpreta como un oficiante de ritos, con o sin máscara felínica y caracteres felínicos en su cuerpo; estaría ligado a la deidad de los dos cetros. Otras representaciones significativas son la figura humana flanqueada por feli- nos, y la cabeza central con aditamentos. Los entierros infantiles asociados a cántaros decorados con complejas representaciones policromas, se interpretaron como sacrificios en home- naje a la deidad principal de La Aguada (González y Baldini 1991). Los de cráneos aislados, individuos incompletos o en posición no anatómica, se relacionarían similarmente, perspectiva reforzada por las hachas muy ela- boradas de algunas tumbas, que permiten calificar a los inhumados como posibles sacrificadores (González 1998:159; Baldini y Sempé 2005). En el cementerio Aguada Orilla Norte las hachas de bronce integran los ajuares de siete inhumaciones, cinco de la fase Orilla Norte y dos de Barrealito. Su alto contenido simbólico iconográfico, distribución espacial y tener el ma- yor número de objetos, sugieren que estas tumbas no solo denotan el rol del sacrificador, sino que se constituyen en un indicador de jerarquía. Su presencia en un entierro infantil podría indicar estatus adscripto (Sempé y Baldini, 2003).

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María Carlota Sempé | Elina Silvera de Buenader | Beatriz Guichón

UNCa | UNLP | CONICET carlota_sempe@yahoo.com.ar

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Introducción

 

El medio físico es la realidad con la que el hombre se enfrenta permanen- temente y a la cual opone su cultura como un instrumento, en su intento de modificarla o adaptarse. La cultura es la forma que encontró el hombre para adaptarse a las condiciones ofrecidas por la naturaleza y a los cam- bios repentinos o lentos que en ella se producen, independizando así a su

ser biológico de las modificaciones colectivas que los procesos de adapta- ción imponen a todos los seres vivientes (V. Gordon Childe, 1959). El ambiente cultural surge así como la resultante de una ecuación de inte- gración de dos oposiciones fundamentales, definidas en su esencia como oposición naturaleza-cultura (Levy Strauss, 1968).

A.

La realidad ofrecida por el medio natural, preexistente y que se manifies-

ta a través del influjo de factores constantes.

 

B.

Las condiciones ideales requeridas por el hombre a la naturaleza, de

acuerdo al criterio de nivel básico de subsistencia dentro de un sistema socio-cultural particular. Requerimientos que se concretan en necesidades culturales para enfrentar su permanencia dentro de un paisaje específico. Las últimas tres décadas del siglo XX han visto surgir dentro de la arqueo- lógica campos disciplinares que profundizan en la problemática relación ocupación humana-características ambientales desde la arqueología del paisaje (Layton y Ucko 1998; Orejas Saco del Valle 1991), que en nuestro país han aplicado en el NOA Caria (2007) y Nazar (2009) entre un sin- número de investigadores o desde la geoarqueología (Gladfelter,1977; Hassan, 1979, Butzer, 1989; Waters, 1992; Rapp y Hill 1998 entre otros) marcando la contribución de las geociencias al ámbito arqueológico y en- fatizando la dimensión naturalista de la misma. Los valles de Abaucán y Hualfín ubicados en la región NO de la provincia de Catamarca han tenido una historia cultural precolombina, hispánica y nacional semejante que incidieron en la construcción de un paisaje cultural de gran complejidad. En ellos el poblamiento hispánico se realizó a fines del siglo XV y sufrieron los diversos levantamientos de indios diaguitas en 1630.

 

El NO catamarqueño y los cambios climáticos

Datos de cambio climáticos para esta región son escasos, en las regiones limítrofes como lo es el Departamento de Santa María, ubicado al norte, en ambas márgenes del río homónimo se han relevado capas de arena ricas en materia orgánica que tienen una datación de 2190 ± 530 AP, que corres- ponderían a un período de mayor humedad. Otros sedimentos de la margen izquierda del río Santa María señalan que en la región después del 800 DC se instala un ciclo mas árido (Strecker, 1987).

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  Valle de Abaucán de agua en igual sentido. Factores estos que al conjugarse se
  Valle de Abaucán de agua en igual sentido. Factores estos que al conjugarse se
  Valle de Abaucán de agua en igual sentido. Factores estos que al conjugarse se
  Valle de Abaucán de agua en igual sentido. Factores estos que al conjugarse se
 

Valle de Abaucán

de agua en igual sentido. Factores estos que al conjugarse se reflejan en el patrón de poblamiento del valle, caracterizado por la ubicación preferen- cial de la mayoría de los sitios de ocupación arqueológica sobre la margen Oeste del Río Abaucán.

El valle de Abaucán es un ambiente típico de Bolsón, donde las condiciones generales de aridez del Noroeste argentino, se ven acentuadas por la acción de factores específicamente locales. Imposición que es más perceptible, cuan- to más extremas son las condiciones ambientales ofrecidas y menores los

 

Existencia de conos y conoides

 

recursos de que puede valerse el grupo social para enfrentar las necesidades básicas de su subsistencia y permanencia dentro de un habitat determinado.

básicas de su subsistencia y permanencia dentro de un habitat determinado. Valle de Abaucán. Tinogasta.Catamarca

Valle de Abaucán. Tinogasta.Catamarca

Los cursos de agua al abrirse sobre el extenso explayado del fondo del Bolsón precipitan su carga, dando lugar a la formación de un paisaje de conos y conoides de deyección, con mayor desarrollo al poniente, debido al carácter sedimentario de las estructuras (terciario) existentes, en oposi- ción a las orientales constituidas por basamento cristalino. Por sus características: aporte permanente de sedimento de aluvión; su- perficie plana extensa, de suave curvatura; irrigada naturalmente; el cono posibilita la formación del suelo en una extensión apta para el cultivo.

Desarrollo del Bosque de Algarrobos y de la Estepa arbustiva de jarilla

 

Las instalaciones humanas aquí estudiadas se ubican entre las curvas de nivel de 1100 a 2500 m.s.n.m., siguiendo la distribución de comunidades

vegetales muy características, que favorecen la protección del suelo y per- miten la obtención del complemento alimenticio para la subsistencia diaria. Punta Colorada: 2500 m. (límite del Algarrobo); Ranchillos: 2000 a 2500 m.; Palo Blanco: 1900 a 2000 m.; Mishma: 1700 a 1800 m.; Cuesta de Los Palitos Labrados: 1600 a 1700 m.; Batungasta y Costa de Reyes: 1500 m.; La Florida, Cuesta de Zapata (Km. 761 y Km.764-65): 1300 m.; Barrancas

frente a La Puntilla y Montura del Gigante: 1100 a 1200 m. s.n.m

En

todos ellos el factor común es la asociación que forma el Bosque de Alga- rrobos caracterizado por Prosopis Flexuosa (Algarrobo negro), Atamisquea emarginata (Atamisque), Geofroea decorticans (Chañar), Bredemeyera colletioides (Quillay). Normalmente está mezclado con elementos de la Estepa arbustiva de ja- rilla, cuyos componentes principales son: Larrea cuneifolia (Jarilla), Cerci- dium australe (Brea), Tricomaría usillo (Usillo), Bulnesia retama (Retama) y con arbustos secundarios: Monthea aphilla, Bouganvillea spinosa, Grawos- kia duplicata, Proustia ilicifolia. El estrato herbáceo esta constituido por Oxybaphus ovatus, Allionia incarnata, Dalea hofsteni, Mentzelia parviflora, Phaselia sanzinii, Junella longidentata, Verbena crithmifolia, Sclerophylax gilliesii, Plazia spartioides, Opuntia geometria y Opuntia vulpina. Como variación local se da el reemplazo parcial o la mezcla con: la Este- pa Arbustiva puneña (3500-3850 m. s.n.m.) caracterizada principalmente por la presencia de: Fabiana densa (Tolilla), Ephedra breana (Pingo-pingo),

 

La influencia ejercida por el medio sobre el poblamiento y organización de los grupos culturales en el valle, debe ser analizada como una organización de factores ambientales diversos, no pudiéndose señalar en especial a ninguno como determinante o condicionante sobre los demás. Factores que, indivi- dualmente no alcanzan a explicar la complejidad de situaciones que tiene que encarar el grupo socio-cultural frente al problema planteado por las caracterís- ticas específicas del habitat en la búsqueda de la solución positiva.

Disminución de la precipitación en sentido Costa-Este

La variación del porcentaje de precipitación en dirección Oeste-Este deter- mina un cambio del tapiz vegetal y del caudal y distribución de los cursos

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  Acantholippia desertícola (Rica-rica), Junellia seriphioides (Roseta), Boun- ganvillea spinosa, Bredemeyera
  Acantholippia desertícola (Rica-rica), Junellia seriphioides (Roseta), Boun- ganvillea spinosa, Bredemeyera
  Acantholippia desertícola (Rica-rica), Junellia seriphioides (Roseta), Boun- ganvillea spinosa, Bredemeyera
  Acantholippia desertícola (Rica-rica), Junellia seriphioides (Roseta), Boun- ganvillea spinosa, Bredemeyera
 

Acantholippia desertícola (Rica-rica), Junellia seriphioides (Roseta), Boun- ganvillea spinosa, Bredemeyera microphylla y Opuntia microdisea. Esta mezcla aparece en las zonas límites para el desarrollo del Bosque de Algarrobos (2500 m. s.n.m.), como en el caso de Punta Colorada, sitio en que en un tramo de 2 a 5 Km. se pasa a alturas de 3000 m a 3500 m. s.n.m. En este sitio, en el cauce del río Guanchín-Chaschuil existe una típi- ca vegetación en galería, que se extiende a los cauces de ríos secundarios que bajan de los cerros del Norte. Los ejemplares característicos presentes son: Baccharis salicifolia, Pseudo- baccharis spartioides y Tessaria absinthioides. Esta formación está reducida exclusivamente a la zona del cauce y área de inundación. Donde la influencia de las costras salinas es importante, aparece una vegeta- ción adaptada, que sin mezclarse en la distribución vegetal de la estepa arbus- tiva, está asociada, marcando pequeñas áreas con un ecosistema diferente. Esta vegetación forma las comunidades halófitas, ejemplo típico lo encon- tramos al Norte de Tinogasta en el sitio de la Florida donde abunda el Atriplex sp. (cachiyuyo) y Lepidophyllum tola (tola). La vegetación característica de los médanos, suele asociarse en diferentes localidades del valle a las dos formaciones vegetales principales; encontrán- dose presentes en tales casos: Prosopis seriacantha (vainas rojas), Sporo- bulus rigens, Neosparton ephedroides (Badre) y Lampaya. Este fenómeno se da en el camino a Guanchín; en el Norte del valle pasando Palo Blanco y en La Florida, Barranca Larga y demás sitios sobre el camino a Cuesta de Zapata. Más que ser un elemento permanente, las mismas reflejan en los lugares donde aparecen el paso hacia condiciones de mayor aridez. Proceso que debió darse progresivamente, relacionado al descenso del agua subte- rránea, provocando el retiro del bosque y la liberación de la cubierta, con la consiguiente formación de medanales tan característicos del valle.

Efecto de la circulación aérea sobre el proceso de aridización

en dirección Sur- Norte no permite la salida del material de erosión que se acumula sobre el relieve tapándolo. Metafóricamente se ha hablado de Glaciares de arena (Palese de Torres, 1956) por la aparente semejanza de los depósitos resultantes en ambos procesos. El sedimento arenoso se acumula en forma de extensos campos en el pie de monte y lentamente sube por los surcos fluviales de las lade- ras de los cerros, formando lenguas de arena. Sólo quedan al descubierto las cimas de los cerros más altos, como en el caso de los cerros de Fiam- balá, en el tramo que va desde dicha población hasta la localidad de Me- danitos. En este último lugar, las acumulaciones de arena se encuentran en continuo avance sobre la población. En Fiambalá, en la antigua finca La ramadita, ubicada al Norte, los cuadros de vid, más cercanos a los cerros han sido completamente tapados por el manto de arena, ocurriendo un fenómeno semejante en otras localidades.

Norte de Fiambalá. Cerros tapados por la arena

Norte de Fiambalá. Cerros tapados por la arena

 

Un factor importante en el proceso de aridización general, que debe valo- rarse con sentido temporal, es la circulación aérea sobre un área donde el componente fundamental de las rocas que forman las estructuras (Gneis; granitos, grauvacas; areniscas y conglomerados) es la sílice y un valle que fundamentalmente es una cubeta cerrada (bolsón), salvo en el extremo Sur, donde el cierre ha quedado sepultado bajo los sedimentos. La circulación aérea está determinada por la existencia de áreas ciclonales locales. Los bolsones atraen los vientos fríos del Norte. El área ciclonal en invierno se encuentra al Norte del valle y en verano al S.E. Los vientos más intensos y predominantes en la región son los sureños. Su acción al soplar

El carácter estable que adquieren los arenales a través del tiempo, res- guardados contra los cerros, se refleja en el surgimiento de una vegetación característica de médanos que serpentea lengua arriba de las laderas, ha- biendo en algunos casos alcanzado las cumbres y cubrirlas (Los Terrones). El hombre aquí, está en permanente lucha contra el arenal que tiende a cubrir superficies extensas y en algunos casos hasta el mismo borde del río principal, dificultando el transporte de agua por los canales que vincu-

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  lan una población a otra. El agua de la finca citada, se trae desde
  lan una población a otra. El agua de la finca citada, se trae desde
  lan una población a otra. El agua de la finca citada, se trae desde
  lan una población a otra. El agua de la finca citada, se trae desde
 

lan una población a otra. El agua de la finca citada, se trae desde la pobla- ción de Medanitos situada aproximadamente unos 20 km al Norte. Este es un problema se agudiza con el transcurso del tiempo y en el pasado debió jugar un rol mucho más importante en la relación hombre-medio ambiente. La acción del Zonda es importante por su efecto regulador sobre la pre- cipitación nival, fuente primordial de agua para los ríos que componen la cuenca imbrífera del Abaucán determinando el carácter permanente o es- tacional de los mismos. Siendo en su origen un viento frío, se transforma en cálido (clasificado como Foehn) por compresión adiabática. Sopla en invierno durante el mes de Julio. La precipitación nival, se produce entre junio y agosto. La acción del Zon- da, por su calidez, no permite su acumulación en lugares resguardados

y arrastre del detrito, porque deja al descubierto un sedimento poco con- sistente, que es barrido por los agentes erosivos, originándose las típicas tierras malas o “bad land” y los arenales. En el NOA es común ver las viejas superficies cultivadas, que han perdido su cubierta, generando zonas arenosas o de superficie endurecida por la intensa radiación solar y evaporación. El antiguo uso de la coa o bastón plantador, dentro de las formas de cultivo indígena, fue una respuesta po- sitiva del hombre en relación a los factores tratados, pues no producía una gran remoción de la cubierta. También debe interpretarse así, la pre- ferencia -como lugar de asentamiento y cultivo- por los conos y conoides de deyección y no, otras superficies planas porque en ellos se dan natural- mente estas condiciones, favorecidas por la curvatura natural, que permite el drenaje más rápido y mayor cantidad de agua que lava naturalmente el suelo. La pérdida de sedimento por remoción y acción de este último factor, estaba neutralizada por el aporte permanente del acarreo del río. Esta renovación continúa de materiales previene el desgaste del suelo cau- sado por el uso continuo y asegura el mayor rendimiento agrícola para estas formas de cultivo, que pueden llegar a adquirir carácter intensivo con una ade- cuada obra de canalización y parcelando de la tierra. La efectividad de esta explotación en conos y conoides se basa en el cumplimiento del proceso de sedimentación, asegurando el crecimiento positivo del cono y la renovación de la superficie, factores que dan más estabilidad al cultivo en un mismo lugar y por ende aseguran la permanencia del asentamiento humano. Las evidencias son claras en este sentido. La continuidad de ocupación que evidencian algunos de los sitios, como Costa de Reyes y la profundidad a que se encuentran los niveles ocupacionales de los períodos Temprano y Medio (González y Sempé, 1975) son indicios de que el asentamiento de los grupos agroalfareros se produjo durante un período de acumulación en el valle. Es indudable que en una etapa con predominio de formación de depósitos fluviales en el pie del monte y el fondo del valle, las características agresi- vas de la erosión eólica sobre el paisaje estarían bastante atenuadas y el proceso de aridización no tendría la intensidad actual.

y

el agua de derretimiento pasa a formar parte del régimen subterráneo.

De esta manera el caudal de los ríos se ve disminuido notablemente. En especial por el carácter arenoso de los suelos que facilitan la percolación.

Acción de la precipitación pluvial y caracteres del suelo

La precipitación pluvial escasa -promedio anual 125 mm.- de régimen esti- val se distribuye entre diciembre y marzo. Su ocurrencia está restringida a las cumbres de los cerros y raramente abarca todo el valle. En este último caso su efecto es catastrófico, por producirse torrentes de lodo denomi- nadas “volcanes”, que en escaso tiempo cubren la superficie sepultando casas y cultivos. La escasez en las precipitaciones es una de las razones conducentes a la formación de suelos salitrosos y alcalinos porque al no producirse la renovación, el agua del suelo comienza a evaporarse y las sa- les existentes migran hacia la superficie formando costras o se condensan en la zona de raíces, provocando el fenómeno conocido como “asfixia del suelo”. En estas condiciones, este último, se torna inepto para el sosteni- miento de un tapiz vegetal o para cualquier actividad agrícola productiva. En estos tipos de suelos la irrigación surge como una necesidad ineludible para enfrentar dicho problema, pues a causa de la percolación lenta y la evaporación el agua de drenaje tiene un mayor contenido de iones de Na

y

Cl y mayor de Ca y SO 2 . Utilizando una cantidad de agua mayor que la necesaria se eliminan por lavado las sales existentes. Sin embargo, el sólo efecto de la irrigación no soluciona los problemas, el modo como se realiza es lo importante, ya que puede intensificar o no la salinización. Ante este problema los habitantes del Viejo Mundo inventaron el arado que permite una remoción mayor, con la consecuente aireación de las capas más profundas. La remoción en la capa superior de los suelos en zonas áridas, sujetas a intensa erosión, es contraproducente, al facilitar el lavado

 

Acción humana. Permanencia y proceso

Para los agrupamientos sociales que han ocupado el valle, en distintos mo- mentos de su desarrollo histórico-cultural, la solución positiva al problema de la permanencia del asentamiento debió radicar en el establecimiento de un equilibrio positivo entre la capacidad del suelo y del bosque de alga- rrobos para el sostenimiento de la población y la intensidad de la explota- ción productiva de ambas fuentes por el grupo.

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Para E. Vervoorst (1961) la acción humana sobre la extensión del Bosque ha sido significativa

Para E. Vervoorst (1961) la acción humana sobre la extensión del Bosque ha sido significativa y en época prehispánica debió formar un continuum

simple. La irrigación en períodos alternados, da base para la existencia de una economía estacional agro-pastoril. Las evidencias al respecto es la existencia de pequeños torteros de piedra

de una economía estacional agro-pastoril. Las evidencias al respecto es la existencia de pequeños torteros de

lo largo de los cursos de agua. Para la reproducción social de los grupos humanos los problemas a resolver fueron:

a

la aguja de Cu, encontrados en las estratigrafías de los recintos de Palo Blanco. Son indicio de cría o pastoreo de llamas (Sempé, 1980). El estrés causado por estos grupos sobre el medio fue mínimo, sus aldeas

y

1) abastecimiento de agua; 2) tipo de suelo al cual debían adaptarse las plantas cultivadas;

3) resonancia que la acción humana pudiera tener sobre el equilibrio bioló- gico existente entre las comunidades vegetales y aún, animales; 4) el proceso general de aridización. En los grupos agroalfareros tempranos estos planteos no fueron sentidos in- tensamente, pues su patrón de poblamiento de tipo disperso muy espaciado a

están muy separadas entre sí ocupando áreas de unos 500 m 2 . Han influido sobre la flora de una manera local, limitando el desarrollo de las comunida- des vegetales en el área de asentamiento como en el caso de Palo Blanco (Sempé, 1977). La explotación de los bosques fue importante, no solo como fuente de alimentación sino también para obtener material de construcción:

lo

largo del valle y con una densidad de población baja, no pudo poner en crisis

(enramadas de los techos) y aprovisionamiento de combustible (leña). Durante el Período Medio (González y Sempé, 1975; Sempé, 1980) la economía y formas de aprovechamiento del ambiente no parecen haber sufrido grandes cambios. Continúan ocupando los mismos sitios, con pe- queñas modificaciones y en algunos casos otros nuevos (Punta Colorada) tienen una superficie de ocupación menor: 100-200 m 2 . No hay indicios de canales o terrazas. Dentro de las especies cultivadas señalamos la in- troducción de una nueva variedad de maíz (Amylea saccharata) de origen norteño (Sur de Perú, Bolivia y extremo Norte argentino). Su hallazgo en asociación a otras variedades con rasgos anormales (de mazorca ramifica- da) en un nivel que marca el inicio de la ocupación Aguada en el valle (al- rededor de 650 D.C.) indica una época de experimentación en agricultura. Durante el Tardío, surgen una serie de poblados de patrón disperso (Mishma) sobre un área más extensa que abarca varios km. La densidad de población en el valle ha aumentado, probablemente como resultado del período previo de experimentación. Los sitios de asentamiento están más cercanos entre sí. En los fogones son más frecuentes los restos carbonizados de las variedades de maíz oryzea y amylacea, más grandes que el microsperma previo. La necesidad de proveer de alimentos a una población mayor y de lograr el equilibrio entre producción económica y demografía debió repercutir en las técnicas agrícolas. Para el primer momento del Tardío no hay indicios de aprestos especiales, pero la extensión abarcada por los asentamientos

dispersión de los recintos habitacionales son claros indicadores de que

y

 

el

equilibrio existente porque no era necesaria una productividad intensa.

El énfasis puesto por las culturas de este período en la recolección de vegetales comestibles, sería un indicio de que la agricultura no fue reali- zada en forma muy intensa ni predominante, requiriendo la población de otro complemento en la actividad productiva como fuente de alimentos e imprescindible para la subsistencia del asentamiento humano en aldeas. Complemento que derivó en la explotación productiva y sistemática de los elementos del bosque de algarrobos. Actividad que tenía una larga tra- dición cimentada en formas culturales preagrícolas como la tradición de caza y recolección tipo Intihuasi; (González, 1960). La solución, en cuanto a la capacidad del suelo para sostener una explota- ción agrícola permanente, radicó en la utilización de un sistema extensivo de agricultura y la realización de formas simples de canales de irrigación para la toma de agua. En los casos donde no se encuentran grandes obras de irrigación ni apres- tos específicos -como terrazas o recintos de siembra la solución al proble- ma de desgaste y erosión de la cubierta sedimentaria debió requerir de otros medios posiblemente algún cultivo rotativo y períodos alternados de irrigación, rasgo ampliamente difundido en el área andina (Willey 1953). Muy probablemente la época de riego debió realizarse en la estación de máximo caudal de los ríos. Para Gillet (1946) en los casos de salinidad extrema la irrigación en verano es desfavorable al aumentar el porcentaje de evaporación y consecuen- temente las aguas tienen mayor carga de sales. La posible rotación de cultivos es una alternativa que debe contemplarse aunque la variedad de plantas domésticas identificadas en los períodos Temprano y Medio de la

fueron levantados dentro de los campo de cultivo. Más tarde surgen los poblados nucleados de Belén y los sitios incaicos, en este momento hay obras de irrigación, como el canal que va de Batungasta

Anillaco al Sur del valle de Fiambalá. El cultivo tuvo que realizarse inten- sivamente y con carácter rotativo. En la medida que los pueblos indígenas fueron intensificando la agricul-

a

 

secuencia cultural precolombina del valle no es muy grande y que, como en el caso del zapallo o calabaza requieren solo de una labor hortícola

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tura debieron requerir soluciones cada vez más refinadas, en su explo- tación del medio. El

tura debieron requerir soluciones cada vez más refinadas, en su explo- tación del medio. El cultivo en terrazas a más de aumentar la superficie cultivable, debió favorecer las condiciones de percolación, drenaje rápido y contención del sedimento. Pero hasta ahora no hay indicios de su uso en el valle como ocurrió en el valle del Hualfín durante el Tardío. Probablemente esta ausencia se deba a que la presión del aumento de la población no fue tan grande como para que tener que recurrir al aumento de la superficie cultivada y por la extensión de los conos, Los sitios de ocupación tardía presentan capas de sedimentos de menor espesor, en comparación con las que cubren los de períodos anteriores, En algunos casos, como en Palo Blanco, la erosión ha llegado a dejar en superficie el final de los asentamientos tempranos. En cambio en otros, donde la acumulación de arenas se ve favorecida por su ubicación hacia el Este del valle, estos niveles tempranos se hallan cubiertos por capas sedi- mentarias de más de 4 m de espesor, hecho constatado en Las Barrancas frente a La Puntilla y a unos 2 m por debajo de la superficie en los casos de las localidades de Huanchín y Mishma. En la zona de Medanitos el Padre Dreidemie (1955) exhumó enterratorios, cubiertos por sedimentos areno- sos de origen eólico a 3 m. de profundidad. En algún momento entre el Período Tardío y la época actual se produjo la in- versión del proceso acumulativo, predominando los fenómenos de erosión

tanto eólica -ya existente- como fluvial. En todas las localidades se constata la existencia de un descenso general del nivel de base de los ríos, que labran su nuevo lecho en los sedimentos, cortando y destruyendo sitios de ocupación.

localidad de Los Morteros, es un hecho de este siglo (Palese de Torres, A., 1956). Testimonios del mismo y muy significativos son las barrancas que ofrece el río Abaucán en distintos tramos de su recorrido y las de sus tributarios más importantes en el último tramo de los respectivos cursos. Muy especialmente, llamamos la atención sobre el desnivel de más de un metro, entre la línea de agua subterránea (nivel freático) y el cauce del río en Los Ranchillos. El carácter encajonado del mismo, en esta localidad, es por demás elocuente, ya que la barranca alcanza una altura de más de 3 m. y los niveles de ocupación arqueológica se hallan casi en superficie sobre el plano de la misma. En relación a este proceso erosivo más intenso al occidente del valle, en la margen opuesta se instaló otro de carácter opuesto: el sepultamiento bajo un manto de arena, del paisaje existente, en especial en la zona NE, favorecido por el predominio de los vientos sureños. Los pueblos actuales de Saujil, Medanitos, Ista-Taco y otros, son invadidos por los medanales; como continuación de una acción que se revierte hacia el oeste. La condición de aridez se agudizó aún más, por la acumulación de los mantos de arena libres sobre la vegetación, tapándola lentamente y provocando su muerte. Este fenómeno debe plantearse como una crisis ecológica que ini- cialmente pudo ser un proceso lento, cuyos orígenes deben buscarse en las condiciones geomórficas establecidas al comienzo del Cuaternario reciente y que involucraban inevitablemente un proceso de aridización paulatino.

establecidas al comienzo del Cuaternario reciente y que involucraban inevitablemente un proceso de aridización paulatino.

El

pasaje de los ríos a una actividad erosiva intensa y el descenso consecuente

El pasaje de los ríos a una actividad erosiva intensa y el descenso consecuente

del nivel freático, dejó inermes áreas extensas de suelo con una cubierta vege- tal protectora, que empezó a sentir la falta de una de sus fuentes esenciales:

el agua subterránea, en un clima caracterizado por precipitaciones escasas. La erosión eólica y aún la fluvial, se vieron liberadas de la barrera protectora y la resistencia ofrecida por las distintas sucesiones vegetales que procedieron

a

retirarse, dejando islotes discontinuos a lo largo de los ríos.

La estepa arbustiva de jarilla, que en muchas localidades se asociaba al Bosque de Algarrobos, lo suplantó por ser más aptos sus especímenes a las condiciones de mayor sequedad. Hecho confirmado, en los hallazgos de antiguos restos, in situ, de troncos de algarrobo en los perfiles estrati- gráficos de sitios de ocupación, caracterizados en la actualidad por vegeta- ción arbustiva y en los remanentes ya secos o en pleno proceso de sepul- tamiento en localidades como El Puesto; Anillaco; Batungasta; Fiambalá;

Mishma; Guanchín; Saujil; Ruta Provincial a Palo Blanco; Medanitos; etc. Un descenso del agua subterránea del orden de los 19 m, ocurrido en la

 

Aridización regional

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  Posteriormente las condiciones se aceleraron y agudizaron al producirse uno de los tantos hechos
  Posteriormente las condiciones se aceleraron y agudizaron al producirse uno de los tantos hechos
  Posteriormente las condiciones se aceleraron y agudizaron al producirse uno de los tantos hechos
  Posteriormente las condiciones se aceleraron y agudizaron al producirse uno de los tantos hechos
 

Posteriormente las condiciones se aceleraron y agudizaron al producirse uno de los tantos hechos episódicos del mismo, provocando un desequi- librio evidente entre las condiciones geomórficas y el desarrollo vegetal establecido. Momento en que se esbozan nuevas formas de relación entre el hombre y su medio, con un aumento de la población aborigen y formas de explotación de los recursos más intensivas, correspondientes a los pe- ríodos Tardío y de Influencia Incaica. En esta situación -con una aridización más aguda- la influencia de la sa- linidad de los suelos y el agua debió ser mayor, debiendo los cultivos in- dígenas estar adaptados a estas circunstancias, no solo por parte de los vegetales domesticados más resistentes a la salinidad, sino por el sistema de irrigación y cultivo que debió inevitablemente adquirir características que permitieran superar los inconvenientes surgidos. Estas nuevas formas debían basarse en dos condiciones fundamentales, a) Inclinación determi- nada del suelo a cultivar para facilitar el drenaje rápido con el consecuente lavado de sales y b) Irrigación más abundante sobre el área cultivada. En otros valles del NOA se da el cultivo en terrazas que aquí no se ha en- contrado. Probablemente estos grupos tardíos hayan tenido otras formas de superficie cultivada facilitada por la amplia extensión de los conos de deyección les permitió desarrollar. Las áreas con poca vegetación e inten- sa erosión actuales que abarcan superficies extensas, como el caso de Mishma, representan las antiguas zonas de cultivo indígena. Durante el Período Tardío debieron formar suaves planos aterrazados, que probablemente los grupos pobladores de la zona acondicionaron, dándole una forma inclinada más definida, para permitir su explotación agrícola intensa y mejor irrigación. El carácter abierto de estos planos y el hecho de estar situados sobre la superficie continua formada por la unión de varios conoides a los cuales confluyen un sin número de torrentes semiperma- nentes, fue lo que facilitó en una etapa posterior la intensa erosión. Una forma semejante de explotación agrícola ha sido señalada para la Su- bárea Valles Transversales Norte (Nuñez Atencio, 1966, pp. 175) dentro del complejo agroalfarero Tardío Pica, con un fechado radiocarbónico de 1020 D. C. Este complejo presenta muchos rasgos comunes en su contex- to con el correspondiente a los grupos tardíos del valle de Abaucán, por lo que pensamos que la estructura básica del grupo sociocultural debió tener un nivel de desarrollo semejante. Para el grupo chileno, Nuñez Atencio (op. cit.) señala una agricultura intensiva con riego canalizado desde fuentes termales realizada en planos aterrazados de pendiente suave sin constituir andenerías. La existencia de termas y su aprovechamiento indígena en el valle de Abaucán están bien testimoniados, por las evidencias de ocupa-

ciones cercanas a las fuentes termales, numerosas aquí, y por la tradición local y leyendas en torno a éstas. Hay evidencias de canales de riego en el valle, aunque pensamos que en su distribución, tal como se manifiestan los restos de los mismos, debió in- fluir mucho la ocupación incaica de la zona, no sería improbable que estos conquistadores hubieran mejorado los existentes. Un ejemplo, bien cono- cido, es el canal que va desde Batungasta hasta la localidad de El Puesto (Weisser, 1925) y cuya asignación cultural es difícil de realizar, pues en esta zona las ocupaciones existentes más definidas abarcan todo el Perío- do Tardío y muy probablemente el Medio también. Aún sin conocer en que momento se construyó es fácil deducir que estuvo en uso hasta épocas recientes. Seguramente ha llegado a adquirir sus características actuales en base a las obras de reacondicionamiento de diversos grupos humanos en distintos momentos del desarrollo cultural prehispánico del valle. La existencia misma del poblamiento tardío y la permanencia de sus ocu- paciones, aún hasta las primeras etapas de la colonización hispánica del territorio, indican que el proceso de adaptación a las condiciones más áridas del valle fue un éxito. Logrando establecer el indígena un delica- do equilibrio entre la capacidad del medio ambiente para sostener un po- blamiento más denso y la acción modificatoria que sobre el mismo trae aparejada una forma de explotación económica de mayor intensidad. Este equilibrio fue definitivamente roto por la crisis cultural y ecológica que significó la entrada hispánica en el NOA en un momento en que todavía no se habían solucionado los problemas planteados a nivel geomórfico y botánico dentro del habitat del valle. La introducción de nuevos patrones de poblamiento y explotación económica agudizó un proceso, que en la actualidad librado a sí mismo parece irresistible.

en la actualidad librado a sí mismo parece irresistible. Arenales cubriendo los cerros camino a Tatón

Arenales cubriendo los cerros camino a Tatón

El fundamento de esta agudización debe buscarse en el cambio drástico del panorama cultural del valle como resultado del enfrentamiento de las pautas hispánicas y aborígenes, que derivaron en un primer período de

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  rebelión indígena. Momento en que el poblamiento, tanto español como indígena al igual que
  rebelión indígena. Momento en que el poblamiento, tanto español como indígena al igual que
  rebelión indígena. Momento en que el poblamiento, tanto español como indígena al igual que
  rebelión indígena. Momento en que el poblamiento, tanto español como indígena al igual que
 

rebelión indígena. Momento en que el poblamiento, tanto español como indígena al igual que el modo de vida, estuvo dirigido a un fin puramente estratégico. Ejemplo de ello son las plaza-fuertes fundadas por los espa- ñoles en la línea de frontera con los indígenas (Montes, 1959) y la célebre línea de fortificaciones emplazadas por el cacique Chalimín en los cerros entre el valle de Belén y Fiambalá. También son abundantes las noticias sobre el asedio a las poblaciones por parte de ambos grupos que se resolvían casi siempre cortando el agua que las abastecía y talando las plantaciones. Esta estrategia fue muy utilizada por los españoles para lograr el abandono de los pueblos indígenas y su rendición, para luego apropiarse de las tierras. Con este sistema, pueblos enteros fueron erradicados de su lugar de origen e internados en reduccio- nes ubicadas normalmente en sitios más inhóspitos, pasando los indíge- nas a integrar como personal de servicio en la estructura de explotación económica española. El abandono de los asentamientos indígenas, dejó extensas zonas desprotegidas, que fueron rápidamente atacadas por la

En asociación a un patrón de asentamiento más concentrado con un área de influencia agrícola de menor tamaño, sobre la cual se concentró un sis- tema de irrigación; que al levantar el agua de los ríos, en casi su totalidad, dejó extensas áreas río abajo sin irrigación natural, hecho que provocó la muerte o el retiro de la vegetación en las zonas aledañas a los poblados y la formación paulatina de depósitos arenosos. La introducción de nuevas especies económicas: frutales, plantas de huer- ta, etc y la pérdida de valor del bosque de algarrobo como complemento alimenticio trajo como consecuencia su explotación indiscriminada para combustible o para material de construcción. Su posterior reemplazo, por especies de porte, ajenas al ecosistema con fines urbanísticos lo fue ale- jando de los centros de población. La posterior introducción de especies de explotación industrial, como la vid, produjo otro cambio drástico que derivó en el monocultivo y encaminó la técnica de irrigación hacia formas más especializadas adaptadas a las necesidades de la vid, ocurriendo lo

erosión. Durante el siglo XVII el poblamiento español del campo introdujo nuevas formas de explotación económica en el valle caracterizado por oasis de rie- go, introducción de nuevas especies cultivadas y de animales para pastoreo.

de nuevas especies cultivadas y de animales para pastoreo. Vegetación arbórea de origen europeo en Río

Vegetación arbórea de origen europeo en Río Grande.

mismo con el parcelamiento de la tierra y su distribución en relación al porcentaje de especies cultivadas.

de la tierra y su distribución en relación al porcentaje de especies cultivadas. Viñedos y álamos

Viñedos y álamos en Tatón

Poco es lo que se planta actualmente en la zona, que se pueda llamar au- tóctono, de las plantas indígenas conocidas: un poco de ají y otro de maíz, pero así podríamos decir que con un criterio de jardín por la poca extensión de tierra ocupada en este menester y la atención que se le da, generalmen-

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  te es la mujer la que realiza este cultivo en algún rincón cercano a
  te es la mujer la que realiza este cultivo en algún rincón cercano a
  te es la mujer la que realiza este cultivo en algún rincón cercano a
  te es la mujer la que realiza este cultivo en algún rincón cercano a
 

te

es la mujer la que realiza este cultivo en algún rincón cercano a la casa.

atemperar la sequedad ambiental, las grandes extensiones desprotegidas por pérdida de la cubierta vegetal, son generadoras de sedimentos sueltos que el viento lleva y acumula en extensas capas de arena impidiendo el desarrollo de un suelo apto para el mantenimiento de la vegetación. En algunos sitios se concentra la vegetación natural, señalando la presencia de napas de agua más o menos superficiales, restos supervivientes del bosque de algarrobos y matorrales de la estepa arbustiva, pero cuya distri- bución espaciada deja ver el suelo arenoso y de poca consistencia.

En las fincas de mayor extensión quizá se dedique una cierta extensión (1

a

3 Ha) para plantar trigo, maíz, comino o pimiento. Hace años hubo un

intento del INTA para incentivar dentro de los agricultores el cultivo de ve- getales tradicionales y de frutales a fin de promover industrias artesanales como dulces y conservas, pero su acción se restringió al Sur del valle. Las cosechas obtenidas fueron muy exitosas, obteniéndose inclusive ejempla- res de gran tamaño y buen sabor, lo que demuestra las bondades del suelo con un cultivo bien dirigido. La mayor extensión de tierra está dedicada a

la

vid, prácticamente no hay casa ni finca que no tenga alguna viña. Se da

la vid, prácticamente no hay casa ni finca que no tenga alguna viña. Se da
la vid, prácticamente no hay casa ni finca que no tenga alguna viña. Se da

el caso, inclusive de gente, cuya condición económica es baja, o que ha levantado su vivienda en las tierras fiscales que rodean las áreas pobla- das, o en sitios abandonados en las fincas más grandes, que lo único que poseen como medio de subsistencia económica plantas de vid, cuya pro- ducción venden a los establecimientos industriales asentados en el valle. En importancia, pero con una extensión apreciablemente menor, le sigue

la

cantidad de tierra dedicada a frutales que, salvo el caso de la nuez que

 

se comercia en el mercado externo (grandes centros urbanos), sirven para abastecer las necesidades del valle y probablemente de algunas poblacio- nes de valles aledaños, de acuerdo a los problemas locales de mercado. Todos estos factores de comercialización de productos han derivado por extensión en un cambio del paisaje, en especial en la zona central de la cuenca imbrífera del Abaucán, donde se concentró la totalidad de la pobla- ción del departamento. La estructura básica del mismo está dada por los oasis del riego representados por cada una de las poblaciones. El panorama es fuertemente contrastante, asombra la concentración -en algunos casos de gran densidad- de la vegetación (álamos, alguno que otro sauce, frutales y viñas), dentro del área poblada y las grandes extensiones de arenales y pedregales, pelados que rodean a los pueblos.

Paraje Lorohuasi y estepa arbustiva en Guanchín

Como fenómeno que se revierte al fin sobre el propio ejecutor e iniciador del proceso la aridización por la invasión progresiva de los médanos libres provocada por la actividad humana amenaza la existencia misma de esos poblados donde se ha concentrado toda la capacidad vegetal del valle. Tampoco en la actualidad se ha encarado un criterio de reforestación que permita salvar la crisis ambiental del valle. La reforestación se realiza siempre dentro de las poblaciones, aunque lo que se ha atacado y aún se sigue destruyendo es el bosque de algarrobo, a lo largo de los ríos. En abierto contraste con el panorama planteado por la forma de poblamien- to disperso y la explotación económica indígena que no modificó la distri- bución de las comunidades vegetales naturales; la acción del poblamiento hispánico trajo aparejado nuevos factores de crisis con la introducción de especies vegetales ajenas al habitat, que indudablemente rompieron el equilibrio existente dentro de las comunidades autóctonas. Fenómeno aún no valorizado en todas sus consecuencias, si bien se plantan especies ve- getales resistentes a la acción del clima y condiciones desérticas. La existencia de una vegetación xerófila, producto de un lento proceso de adaptación específica, con una forma de distribución característica, de- bería llamar la atención y encaminar todo intento de reforestación, por lo menos, a restaurar el paisaje destruido. Todo intento de introducción de especies vegetales ajenas al habitat, debe estar sustentado por un análi- sis del rol que cada especie cumple dentro de la comunidad y su forma de

 
cumple dentro de la comunidad y su forma de   Medanitos | Palo Blanco, rotonda |
cumple dentro de la comunidad y su forma de   Medanitos | Palo Blanco, rotonda |
cumple dentro de la comunidad y su forma de   Medanitos | Palo Blanco, rotonda |

Medanitos | Palo Blanco, rotonda | Palo Blanco, Calle

A

pesar que el hombre proteja sus cultivos con empalizadas y rodee sus

poblados con grandes árboles en búsqueda de la sombra necesaria y para

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  dispersión, para saber si se adapta realmente y en forma profunda a las necesidades
  dispersión, para saber si se adapta realmente y en forma profunda a las necesidades
  dispersión, para saber si se adapta realmente y en forma profunda a las necesidades
  dispersión, para saber si se adapta realmente y en forma profunda a las necesidades
 

dispersión, para saber si se adapta realmente y en forma profunda a las necesidades que el ambiente requiere y que papel juega en el manteni- miento del equilibrio biológico.

campo de Belén que forma parte del vasto bolsón de Andalgalá-Mazán. El valle se incluye en la región Geológica Central, se extiende desde las Sierras de Hualfín por el norte hasta la puerta de San José al Sur, donde el valle se estrecha y cierra por la presencia del cordón del Atajo. Esta limi- tado al Este por el bolsón del Campo del Arenal, al Norte y Noroeste por el macizo de La Puna y al Oeste por las Sierras que se extienden al oriente de la depresión del río Las Lajas, constituidas de Noreste a Sudoeste por los cerros de El Durazno, El Tolar, Alto del Volcán, El Mojón, Soconte, Shincal y Tres Mogotes. El límite Norte está dado al Este por el Campo del Arenal, al centro la sierra de Las Cuevas-Hualfín y al Oeste por las sierras de Altohua- si. Al Este y Sur está rodeado por el macizo del Atajo.

Cuenca imbrífera y diseños de drenaje

Valle de Hualfín

El Valle de Hualfín se encuentra ubicado en el Departamento Belén es asi- métrico, pues está más expandido hacia el lado occidental. El río homóni-

mo se origina a partir de la confluencia de los ríos Nacimientos, El Durazno

Villavil, que se juntan entre las localidades de Hualfín y El Eje. A la altura de San Fernando, se suma como afluente el río de Corral Quemado. Mas al sur en un tramo aproximado de 20 km, las vías de escurrimiento de ambas vertientes que aportan al valle principal son más escasas y temporales. Co- rre recostado contra el Cordón del Atajo al Este del valle. Antes de ingresar

y

a

la Quebrada de Belén, se le suman cursos de agua que drenan la cuenca

Las cabeceras del río Hualfín son de régimen temporario y hacia el sur se vuelve intermitente. Al Norte y Noroeste, las precipitaciones son mas abundantes, los ríos son torrentosos y de mayor caudal. La altitud general es mayor, debido a la presencia de las Sierras de las Cuevas, Hualfín y Alto- huasi, que actúan condicionando estructuralmente el drenaje en esta área. Por el Noreste recibe dos afluentes principales, el río Nacimientos y el Du- razno, que son de tipo intermitente. El primero recibe las aguas del río Las Cuevas que por proceder del Noroeste está condicionado estructuralmen- te. Entre los bloques de Hualfín y Las Cuevas existe una falla por donde corre el río Las Cuevas. Los afluentes del Norte y Noroeste son los ríos Villavil con su afluente Los Baños, el Bolsón, el río de Corral Quemado con su afluente de Papachacra y El Jarillal.

Villavil con su afluente Los Baños, el Bolsón, el río de Corral Quemado con su afluente

ubicada al pie del Cordón de los Colorados y los aportes permanentes pro- vienen de la vertiente occidental del valle.

Mapa del valle de Hualfín. Belén Catamarca.

Mapa del valle de Hualfín. Belén Catamarca.

El río recorre la Quebrada de Belén que separa al cordón en dos partes, la Sierra de Belén al Sudoeste y el Atajo al Este y luego se insume en el

 

Paisaje de Villavil, costa del río.

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  Estos ríos en general tienen un gran condicionamiento estructural, son sub- secuentes con afluentes
  Estos ríos en general tienen un gran condicionamiento estructural, son sub- secuentes con afluentes
  Estos ríos en general tienen un gran condicionamiento estructural, son sub- secuentes con afluentes
  Estos ríos en general tienen un gran condicionamiento estructural, son sub- secuentes con afluentes
 

Estos ríos en general tienen un gran condicionamiento estructural, son sub- secuentes con afluentes consecuentes de reciente formación y siguen las pendientes de los valles. El diseño del curso, es en general de tipo recto, pero en la zona del pueblo de Hualfín se vuelve divagante y anostomosado. Dentro de la planicie aluvial se han formado depósitos que dan base a las áreas rurales, cultivadas en pequeña escala en el pueblo de Hualfín, tanto al Este como al Oeste y en el Eje de Arriba y de Abajo.

cultivadas en pequeña escala en el pueblo de Hualfín, tanto al Este como al Oeste y
cultivadas en pequeña escala en el pueblo de Hualfín, tanto al Este como al Oeste y
Formaciones tipo barco cerca de Los Morteritos (Villavil) y tipo órganos camino a Hualfín  
Formaciones tipo barco cerca de Los Morteritos (Villavil) y tipo órganos camino a Hualfín  

Formaciones tipo barco cerca de Los Morteritos (Villavil) y tipo órganos camino a Hualfín

 

En zonas pequeñas se dan los característicos paisajes lunares, como en el camino a la Puerta de Corral Quemado y en las cercanías de Los Morteritos (Villavil), con las crestas filosas asomando entre la cubierta no consolidada

Hualfín sembradíos

que intensifican la impresión de aridez ambiental. También son caracterís- ticas las formaciones rocosas esculpidas como órganos.

Al Este del pueblo de Hualfín la textura de drenaje es fina y el porcentaje de escurrimiento es mayor que al Oeste. En su zona apical los ríos que desembocan en los conos dejan sus cargas de sedimentos más gruesos y se abren en abanicos con un diseño anostomosado. La cubierta sedimentaria cuaternaria es muy importante por lo que el tipo de diseño de avenamiento predominante al Este es dendrítico pinado. Más al Oeste se hace angular, lo que implica la existencia de rocas de resis- tencia uniforme (gneis y granito). La unión de los torrentes tributarios se realiza formando ángulos agudos, además son subparalelos entre sí. En general el diseño de avenamiento muestra la existencia de rocas de ba- samento cristalino y una cubierta cuartaria de roca fina, arenas y arcillas, por lo que no hay diferenciación en los tipos de diseño en esta zona. Todo lo contrario sucede al Oeste del río Hualfín, donde la presencia de estructuras con rocas estratificadas de distinta inclinación y naturaleza, fallas y diaclasas, condicionan el diseño de drenaje de los ríos, que en algunas zonas pequeñas tiende a ser enrejado. Los ríos corren rectamente y presentan codos de ángulo recto, siguiendo las líneas de estratificación de los sedimentos o las diaclasas de las ro- cas. El río de Los Baños y el de Corral Quemado presentan en forma muy marcada condicionamiento estructural. En la zona de la Puerta de Corral Quemado hay un codo en ángulo recto. El río del Bolsón, también presenta afluentes y tramos con codos formando ángulos rectos. Del lado Oeste, hay poca formación de conos aluviales, el proceso de ero- sión es mayor y al parecer muchas de las estructuras van quedando al descubierto poco a poco.

Sitios de ocupación humana

Desde El Eje de Hualfín hasta la Puerta de San José el río Hualfín corre re- costado contra los cerros del macizo del Atajo (ladera Este del valle). Al pie de los mismos hay depósitos o formaciones muy antiguas, terciarias, que al tener cierta elevación han sido elegidos como espacios aptos para la ocupación humana prehispánica. Aquí se ubican de preferencia los sitios habitacionales del período de Desarrollos regionales correspondientes a la cultura Belén. El plano aluvial presenta una franja de terraza muy angosta de unos 2 a 3 m de h. Al Oeste la pendiente es muy suave y llana. Frente a la Ciénaga de Abajo la erosión de los sedimentos terciarios ha formado una serie de mesadas y cerrillos que separan el pueblo de La Ciénaga de los de Condorhuasi y Las Manzas. Estas mesadas han sido también ubicaciones de preferencia para los sitios Belén. Los lugares preferenciales de asentamiento de poblaciones están siempre vinculados a la factibilidad de aprovisionamiento de agua. En tal sentido, pue- den reconocerse 2 posiciones netamente diferentes como lugares de asenta- miento en el paisaje. Uno está vinculado a las terrazas de ríos permanentes, sean principales o secundarios y el otro se asocia a la salida de torrentes del frente montañoso, cuyos depósitos forman conos y abanicos aluviales. Las características y dinámica geomorfológica de cada una de estas geo- formas son claramente distintas. Las terrazas fluviales, estrechas y alar- gadas, están fuertemente limitadas en la zona por afloramientos de rocas terciarias, o por el abundante aporte lateral de abanicos y bajadas. Los conos y abanicos aluviales, por su propia forma tienen menos limitaciones

 

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  laterales, pero el aporte de agua puede ser mas intermitente al alejarnos del frente
  laterales, pero el aporte de agua puede ser mas intermitente al alejarnos del frente
  laterales, pero el aporte de agua puede ser mas intermitente al alejarnos del frente
  laterales, pero el aporte de agua puede ser mas intermitente al alejarnos del frente
 

laterales, pero el aporte de agua puede ser mas intermitente al alejarnos del frente montañoso. Entre los sitios arqueológicos de asentamiento humano ubicados en las cercanías de terrazas fluviales podemos mencionar el Pueblo Viejo Molino de la Puerta de Corral Quemado, El Eje de Hualfín, el Cerrito Colorado y el Cerro Colorado de la Ciénaga de Abajo. En el caso de Pueblo Viejo Molino de Corral Quemado y El Eje, ambos se ubican sobre la unidad del Terciario que Bossi llama “Punaschotter” o Rodados de la Puna. Estos asentamientos se ubican sobre morros o lomas. Los núcleos habita- cionales y murallas de defensa halladas en los 2 primeros sitios menciona-

dos ocupan pequeños cerritos formados por depósitos Terciarios, al igual que los recintos hallados sobre el Cerrito Colorado.

pequeños cerritos formados por depósitos Terciarios, al igual que los recintos hallados sobre el Cerrito Colorado.

barreal). El perfil de los sedimentos en la zona de los barreales muestra, de acuerdo al informe elaborado por el Andreis (ms.1970):

capa de tierra rojiza con alto contenido de arcilla. capa de arena mezclada con rodados. capa de tierra rojiza arcillosa. Un monte xerófilo en galería en vías de desaparición se extiende formando manchones que bordean discontinuamente el río Hualfín, conformado por algarrobos, chañares, jumes, jarillas, retamas y poposas. Es en esta zona donde se da la ocupación preferencial de los sitios del período Formativo, tanto habitacionales como de entierro. El terreno es predominantemente areno-arcilloso (típico barreal).

El terreno es predominantemente areno-arcilloso (típico barreal). Barreales y Bosque seco de Algarrobos en La Ciénaga
El terreno es predominantemente areno-arcilloso (típico barreal). Barreales y Bosque seco de Algarrobos en La Ciénaga

Barreales y Bosque seco de Algarrobos en La Ciénaga

Puerta de Corral Quemado, desde El Sitio arqueológico de Molino

 

En cambio, el Cerro Colorado frente a la Ciénaga de Abajo donde se excava- ron 2 habitaciones está formado por Basamento Cristalino. A diferencia de estos casos, la habitación hallada en las cercanías de la desembocadura

En parte por descenso de la napa freática y la explotación indiscriminada para leña, el bosque de algarrobo se ha secado lo que es muy característi- co en la zona de los ríos Diablo y Guiyischi. Hacia el Oeste donde se desarrollan los depósitos de pie de monte de los cerros del filo de Condorhuasi, se observan estructuras terciarias sobreele- vadas, la vegetación se transforma al no desarrollarse el estrato arbóreo, predominando la vegetación arbustiva: jarilla, brea, poposa, churque, car- dones, aquí se ubican los sitios de ocupación Belén sobre lomas altas y las estructuras agrícolas y de irrigación. En la Hoja 12 c Laguna Helada (Ruiz Huidobro, 1975), que comprende parte del piedemonte del Valle, desde Condorhuasi (al Sur) hasta Carrizal (al Norte), Ruiz Huidobro menciona tres depósitos de material de acarreo Cua- ternarios diferenciándolos como tres niveles de piedemonte de distinta edad. Los sitios arqueológicos asociados con conos y abanicos aluviales al norte son Carrizal y la Loma de los Antiguos, ambos en Azampay y al sur el Alto del Corral de Ramas. En Carrizal, se encontraron estanques asociados a los recintos habitacionales, intercalados con andenes de cultivo y canales de irrigación, que caracterizan a esta zona como probable abastecedora de alimentos para un área más extensa.

 

del Guiyischi con el Hualfín se ubica en la parte más distal del plano aluvial

o

Bajada que desciende de la Sierra del Durazno en la terraza.

El pueblo de la Ciénaga se extiende en ambas orillas del río Hualfín dividién- dose en Ciénaga de Abajo (desde la escuela hasta el almacén de Don Titos)

marcada la divisoria por el río Ischanga y Ciénaga de arriba desde el almacén hasta la finca de María del Valle Sosa que finaliza en el río Guyischi. La orilla Este del río Hualfín está menos ocupado por fincas, a causa de lo angosto de

la

terraza. Las fincas se encuentran al Norte del Cerro de la Ciénaga de Abajo.

En la orilla oeste los torrentes semipermanentes que bajan del Macizo – Loconte - Las Granadillas – Azampay – Condorhuasi, han cavado una se- rie de zanjones que se conocen con los nombres de los ríos Ischanga, La Manga, Diablo, Guyishchi, Casas Viejas y Palo Blanco, nombres estos que han servido para denominar las fases temporales de la Cultura Ciénaga, porque allí se realizaron excavaciones de niveles de ocupación, con fecha- dos secuenciales. El terreno es predominantemente areno-arcilloso (típico

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  En la zona de Carrizal y Azampay, la Loma de los Antiguos y el
  En la zona de Carrizal y Azampay, la Loma de los Antiguos y el
  En la zona de Carrizal y Azampay, la Loma de los Antiguos y el
  En la zona de Carrizal y Azampay, la Loma de los Antiguos y el
 

En la zona de Carrizal y Azampay, la Loma de los Antiguos y el Agüita con sus andenes están en el segundo nivel, en tanto que las poblaciones ac- tuales y otra parte de andenes estarían en el tercer nivel de acarreo.

Andenes desmalezados en Carrizal de Azampay
Andenes desmalezados en Carrizal de Azampay

Conclusiones

Andenería en carrizal de Azampay

Andenería en carrizal de Azampay

Del análisis de la relación hombre-medio ambiente concluimos que dicha ecuación tiene un carácter biunívoco, desde el punto de vista de la direc- ción en que se establece la relación. El estudio del problema debe enca- rarse con un criterio temporal si se quieren llegar a entender los términos del proceso para obtener una comprensión certera y precisa del porqué actual del enfrentamiento hombre-medio, bajo determinadas condiciones culturales y ambientales. La dicotomía clásica cultura-ambiente, como elecciones del hombre, no es tal, analizada en términos de proceso, donde la dimensión temporal da profundidad y sentido al juego de los distintos factores actuantes, ve- mos que el hombre y su cultura pueden considerarse un elemento más del paisaje, y que como tal, se transforma asimismo en un factor más, cuya acción está encaminada a lograr la conjugación -junto a los demás com- ponentes- de las características particulares de cada uno a fin de lograr el equilibrio bio-físico del paisaje del cual forma parte. Cualquier cambio en los caracteres de los factores, ya sea del hombre, del clima, del agua o de la vegetación, entre otros, determina la iniciación de un nuevo ciclo en la búsqueda del equilibrio entre sus componentes. Surgen así nuevas adaptaciones, que a nivel cultural significan nuevos de- sarrollos, apertura de otras perspectivas o matices, al variar la visión del hombre sobre su medio físico.

Estas construcciones se hallan emplazadas principalmente sobre el se- gundo nivel de depósitos de acarreo Cuaternarios, al igual que los otros 2 sitios mencionados, aunque también se han encontrado algunos andenes de cultivo en el 3er nivel depósitos de acarreo, que son los sedimentos mas actuales.

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EL HOMBRE EL MEDIO Y SUS RELACIONES 2011

El hombre y el medio en los valles de Abaucán y Hualfín

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