Está en la página 1de 22

Información. Subinformación.

Desinformación. Sobreinformación
Ahora bien, si este marco descripto lo llevamos concretamente a la temática que abordamos con este escrito (mass
media), es preciso describir cómo las comunicaciones y la información se ve modificada por el desarrollo de las
nuevas tecnologías y cómo se enmarcan dentro de la “Sociedad de masas”.
Como dijimos anteriormente, la Información se convierte en mercancía, pero como cada vez hay más medios de
comunicación con fácil acceso (medios de comunicación formales como así también los informales – blogs, páginas
web, foros, entre otros); esta mercancía muchas veces es tan abundante que lo que termina haciendo es confundir
al consumidor. En virtud de ello y tomando conceptos que nos brinda Adriana Amado Suárez, es que podemos
distinguir entre:
Información: Definida como el proceso de conocimiento, personal o público que da a conocer datos, hechos,
actividades, a través del lenguajes y que en el caso de la información periodística se expresa a través de los medios
de comunicación.
Se puede indicar que una de las principales diferencias entre la información y la comunicación es que en esta
última se emiten datos (en este caso informaciones) pero se ven respuestas del receptor a través de feedback o
retroalimentación.
Subinformación: Cuando la información es insuficiente nos encontramos antes el proceso de subinformación.
Desinformación: Cuando, periodísticamente hablando, nos encontramos frente a noticias falsas o que incurren en
engaño.
Finalmente, la sobreinformación es el concepto clave en este mundo moderno donde la comunicación masiva y la
sociedad de masas se impone frente al desarrollo tecnológico. Esta sobreinformación se da por la excesiva difusión
de información que en muchas oportunidades hasta es absolutamente innecesaria. Justamente este proceso se
vive cotidianamente en este mundo globalizado donde las personas se transforma en sujetos muchas veces pasivos
que son abordados por un sin número de mensajes que en definitiva terminan mal informando o generando
actitudes de desinformación dentro de un contexto confuso y dinámico.

Medios Masivos de Comunicación


Definición de los medios de comunicación
Indudablemente los tiempos que vivimos están signados de una característica particular que, a diferencia de
épocas anteriores, marcan el eje de la dinámica cotidiana: esta característica son las comunicaciones. Estamos en la
era de las comunicaciones.
Cuando se hace mención de lo que fue el Imperio Romano, generalmente se termina concluyendo que uno de los
factores por el cual este Imperio fue derrocado son las carencias comunicacionales, debido a las distancias y la falta
de desarrollo tecnológico al respecto.
Hoy por hoy, si lo comparamos con aquellas épocas, podemos decir que el cambio es rotundo. Estamos a sólo un
clic para comunicarnos con Europa, América y hasta oriente. Las comunicaciones se han adaptado y desarrollado
de tal manera que sobre un suceso que ocurra en París, por ejemplo, en un mismo momento se está enterando el
parisino que está a metros del lugar del hecho ocurrido y también una persona que vive en algún país lejano. En
definitiva, las comunicaciones se dan a escala mundial y en forma globalizada.
Toda esta introducción nos sirve para dimensionar la dinámica de la comunicación hoy en día y enmarcar el
contexto general en el cual los medios de comunicación están inmersos.
Indudablemente no es necesario acudir a ningún especialista para darnos cuenta que los medios de comunicación
forman parte cotidiana de nuestras vidas. Eso es, me permito afirmar, inevitable. Lo importante es empezar a
conocer cuál es la dinámica de los medios y más aún, qué son los medios de comunicación.
Al respecto, nos es muy clara la definición que nos brinda Adriana Amado Suárez: “los medios de comunicación son
las tecnologías de la comunicación como la televisión o la red de Internet, pero también son los valores culturales y
las representaciones sociales que ponen en circulación, y que tienen que ver con el funcionamiento de una
sociedad. Esta definición nos lleva a inferir que un medio de comunicación no sólo es, por ejemplo, la radio que
escuchamos generalmente, sino más bien que un medio de comunicación además de ser una tecnología es algo
cultural, algo propio del círculo social en el cual uno se mueve. Este concepto es muy relevante ya que como
comunicadores institucionales, como relacionista público o como periodistas debemos ser conscientes que siempre
se comunica y por cualquier medio, no necesariamente se llega al público que uno quiere dirigirse a través de la
radio, sino también a través de diversos instrumentos que de por sí solos son medios de comunicación.
Por otro lado, también nos aclara al respecto Miguel Pérez Gaudio en su obra “El periodismo idea”, cuando se
refiere a que los medios masivos de comunicación social deben definirse por cada uno de sus términos:
Son medios, instrumentos públicos de intermediación profesional y nomines en sí mismo. Los medios
instrumentales son el recurso; el servicio a la sociedad es la meta y el objetivo de sus funciones.
Son masivos por el alcance potencial ilimitado con que se instalan en la sociedad, sin hacer distinción entre grupos,
estratos y culturas.
Son de comunicaciones porque cumplen la misión de difundir.
Son sociales porque las comunicaciones cuando son públicas descartan (en teoría me permito afirmar) que los
intereses y fines se impongan a los de la sociedad.
Es necesario también comprender que los medios de comunicación y la prensa en general no sólo informan sino
que influye en la opinión pública y se ha transformado en el escenario necesario donde lo que ocurre ahí marca la
realidad.
Carlos Fayt en su libro “La omnipotencia de la prensa”2 nos señala una cita a Domingo Faustino Sarmiento
sumamente interesante y de por sí premonitoria. Sarmiento en los días 15 y 29 de mayo de 1942 en el diario “El
Nacional”, escribía sobre el periodismo: “El diario es para los pueblos modernos lo que era el foro para los
romanos. La prensa ha sustituido a la tribuna y al púlpito; la escritura a la palabra, y la oración que el orador
ateniense acompañaba con la magia de la gesticulación, para mover las pasiones de algunos millares de auditores,
se pronuncia hoy ante millares de pueblos que la miran escrita, ya que por la distancia no pueden escucharla.

Es de destacar que la prensa que en el siglo XVIII era un mero proveedor de información, se fue transformando en
un verdadero instrumento de formación de opinión pública.
Bajo este contexto, podemos afirmar que los medios de comunicación son medios de Poder.
Importancia de los medios como agentes sociales
En muchas oportunidades, hemos escuchado hablar del “Cuarto Poder” refiriéndose a la prensa y caracterizándola
como el último Poder en la clásica división de Poderes estatales (Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial). Esta
denominación encontraba sus fundamentos en que ante la descredibilidad que la sociedad tiene en las
instituciones republicanas, acuden a la prensa para elevar sus quejas y necesidades. Es así que los ciudadanos
denuncian en los medios que la justicia es lenta o que un gobierno no hace tal o cual política pública, o que tal ley
no es legítima.
Fayt también nos muestra cómo surgió este concepto de “cuarto poder”: Edmun Burke, una de las figuras de
pensamiento político en Inglaterra del siglo XVIII, se atribuye este concepto de “cuarto poder”. Cuenta que en sus
escritos del año 1790, sobre la revolución francesa, en uno de los debates de la Cámara de los Comunes,
hablándoles a los periodistas se refirió: “Vosotros sois el cuarto poder”.
Es sumamente interesante la reflexión que Ignacio Ramonet hace en su libro “La Tiranía de la comunicación”,
respecto del Poder de los Medios: él los descontextualiza de los Poderes estatales y manifiesta que en la actualidad
existen tres poderes reales: El Poder económico, el Poder político y el Poder mediático.
Ahora bien, más allá de en qué Poder o qué escalón ocupa el Poder de los medios, es necesario ser conscientes de
a qué nos referimos cuando hablamos de poder. Indefectiblemente el Poder se encuentra concatenado con la
influencia:

“El Poder es una relación en la cual una persona, un grupo o una fuerza, una institución o una norma condicionan el
comportamiento de otra u otras, con independencia de su voluntad y resistencia.”3
Jorge Carpizo nos explica que se distinguen diversos tipos de Poderes: El Poder político, el paternal, el económico,
el ideológico y el asociativo.
En el caso de los medios de comunicación, es fuerte la presencia de poder ideológico. Éste se caracteriza
principalmente porque a través de la elaboración y proyección de conocimientos, imágenes, símbolos, valores,
normas de cultura y ciencia en general ejerce la coacción psíquica y logra que la sociedad, el grupo o la persona
actúen en una forma determinada.
El Poder ideológico se manifiesta primordialmente a través de:
a) Las religiones.
b) Las escuelas.
c) Los medios de comunicación masiva.
d) Los escritores, intelectuales y científicos.

En definitiva, como nos explica Carpiso: “...los medios de comunicación son un poder porque poseen los
instrumentos y los mecanismos que les dan la posibilidad de imponerse, que condicionan o pueden condicionar la
conducta de los otros poderes, organizaciones o individuos con independencia de su voluntad y de su
resistencia...”4
Ahora bien, toda esta explicación tiene su por qué y es justamente tanto la descredibilidad en las instituciones
como así también cierta falencia de la gestión gubernamental, lo que hace de los medios de comunicación ser
verdaderos agentes sociales, donde el ciudadano acude a ellos como manera de obtención de servicios o en
definitiva como una forma de hacerse escuchar y elevar las respectivas quejas.
Es decir, de esta descripción se desprende la idea que los medios de comunicación dependen directamente de la
sociedad de su actividad pública y privada, del poder económico y ciudadano.
De allí surgen dos posturas o visiones, como bien señala Denis Mc Quail, que se tienen en lo que respecta a la
relación entre los medios de comunicación y la sociedad:


Las teorías mediacéntricas.
Las teorías sociocéntricas.
Las primeras consideran a los medios de comunicación como agentes esenciales de cambio social, mientras que las
segundas indican que los medios son reflejos de las fuerzas políticas y económicas, por lo que una teoría mediática
sería sólo un elemento de una teoría social mayor.
También se encuentran posturas diferentes entre quienes pertenecen al ámbito de la cultura y quienes sitúan el
eje en elementos materiales; conjugando cada uno de ellos con las teorías mencionadas se logra comprender un
abanico interesante de enfoques para analizar la relación entre los medios de comunicación y la sociedad.
Seguimos basándonos en lo que Denis Mc Quail nos señala como dimensiones de los medios de comunicación y
encontramos (integrando las teorías y enfoques mencionados) los siguientes:
1) Enfoque media culturalista: Concede la mayor importancia al contenido y a la recepción de los mensajes
mediáticos teniendo en cuenta la influencia del entorno individual inmediato.
2) Enfoque media materialista: Considera los aspectos políticos – económicos de los medios de comunicación.
3) Enfoque socio culturalista: Hace hincapié en la influencia de los factores sociales en la recepción y producción
mediática.
4) Enfoque socio materialista: Considera que los medios son un reflejo de las circunstancias económicas y
materiales de una sociedad.

Para finalizar este punto de análisis, es interesante transcribir fragmento de un escrito realizado por Paul F.
Lazarsfeld5:
“Los medios masivos de comunicación confieren status a acontecimientos públicos, personas, organizaciones y
movimientos sociales.
Tanto la experiencia común como las investigaciones atestiguan que la reputación social de personas o
programáticas sociales se elevan cuando logran atención favorable en los medios masivos de comunicación.
En muchos sectores, por ejemplo, se considera importante que el Times dé apoyo a un candidato político o a un

programa público; se interpreta este apoyo como una inequívoca ventaja para el candidato o el programa. ¿Por
qué?
Los medios masivos de comunicación otorgan prestigio y realzan la autoridad de individuos y grupos legitimizando
su status. Ser reconocido por la prensa, la radio, las revistas o los noticieros atestigua que se ha triunfado, que se es
lo bastante importante como para haber sido distinguido entre las vastas masas anónimas, que la conducta y las
opiniones de alguien son tan importantes que exigen la atención del público.”
Se puede presenciar muy vívidamente cómo opera esta función conferidora de status en la pauta publicitaria según
la cual "personas destacadas" recomiendan un producto. En vastos círculos de la población (aunque no dentro de
ciertas capas sociales selectas), tales recomendaciones no sólo subrayan el prestigio del producto sino que también
reflejan prestigio en la persona que formula esas recomendaciones. Anuncian públicamente que el grande y
poderoso mundo del comercio lo considera poseedor de un status lo bastante alto como para que su opinión
importe a mucha gente. En una palabra: su recomendación testimonia su propio status.
Funciones de lo mediático
Los medios de comunicación, en la actualidad y salvo algunas excepciones, están conformados como verdaderas
empresas (que en muchas oportunidades aglutinan distintos medios de comunicación) y, por lo tanto, para
comprender el sistema mediático es necesario entender esta dinámica.
En virtud de este contexto, más los explicitados en párrafos anteriores, no podemos dejar de mencionar a Adriana
Amado Suárez quien nos señala acerca del ámbito de lo mediático:
Los medios masivos conforman un complejo entramado de intercambios sociales.
Cada medio da un recorte de la realidad.
Debe considerarse que las personas se informan no sólo por los informativos de los medios sino por toda
expresión que sale difundida en ellos.
De esta manera podemos describir concretamente la situación actual de los medios de comunicación. Es de
destacar que cuando se habla de recorte de la realidad, indudablemente ya nos estamos adelantando en una
discusión que cotidianamente aparece. ¿Los medios construyen o reflejan la realidad?
Esta discusión se da en un marco más general, donde se pone en tela de juicio si existe la objetividad periodística o
en realidad éste es un estado al que nunca se puede llegar, ya que siempre hay factores subjetivos: desde la
opinión que emite un periodista sobre tal o cual fenómeno, hasta el ojo de aquel camarógrafo que elige hacia qué
“apuntar” con la cámara para ser luego difundido.
Bajo este contexto, cabe preguntarse cómo abordan los medios a la realidad y si la “verdad” que ellos nos
transmiten se condice con lo que realmente ocurre.
Debemos tener en claro que la inmediatez es una de las cualidades de funcionamiento de esta “verdad”, donde lo
que está pasando casi deja de ser noticia, y se focaliza en lo que pasará mañana. En este vertiginoso contexto, los
medios de comunicación, muchas veces y, a modo de ejemplo, en vez de informar las resoluciones judiciales,
“opinan” sobre ellas generando alternativas del proceso judicial, contradiciéndose así, muchas veces la “Verdad
mediática”, de la “jurídica” y de la “real”. El problema aquí es que legitimidad tendrá la “verdad jurídica” si no
coincide con la opinión pública.
La formación de la “verdad periodística” se caracteriza porque desde su nacimiento nunca está basada, o mejor
dicho difícilmente lo está, por la presencia directa del periodista sobre los hechos, sino que se va construyendo
sobre testimonios o en algunas oportunidades documentos escritos.
Bajo este marco, nos permitimos abordar ahora las diferentes funciones de lo mediático para comprender así como
nosotros tenemos los contactos cotidianos con los medios de comunicación.
Denis McQuail, nos indica que Wright, en el año 1960 desarrolló un esquema para describir los efectos mediáticos
y que el entretenimiento estaba señalado como cuarta función clave. En base a ello se puede distinguir:
Información:
Brindar información sobre acontecimientos y situaciones de la sociedad


Señalar relaciones de poder.
Facilitar la innovación, la adaptación y el progreso.
Correlación:
Explicar, interpretar y comentar el significado de los acontecimientos.
Socializar.
Coordinar actividades aisladas.
Crear consenso.
Establecer órdenes de prioridad.

Continuidad:
Expresar la cultura dominante y reconocer las subculturas y nuevos desarrollos culturales.
Forjar y mantener el carácter común de los valores.

Entretenimiento:
Proporcionar entretenimiento, diversión y medios de relajación.
Reducir la tensión social.

Movilización:
Hacer campaña por objetivos sociales en los ámbitos de la política, la guerra, el desarrollo económico, el trabajo y
en algunas oportunidades la religión.

Características discursivas de los principales medios de comunicación


Unos de los temas relevantes para abordar en el análisis de los medios de comunicación, sin lugar a dudas, es la
forma en lo que se emiten los mensajes y cómo se los interpreta.
Indudablemente existen diversas posiciones o posturas al respecto, pero hemos de destacar el denominado
“Enfoque en la recepción” que el autor ya mencionado Mc Quail plantea en su libro “Introducción a la teoría de la
comunicación de masas”.
Este enfoque consiste en ubicar en el receptor la atribución y la elaboración de significados derivados de los media.
Los mensajes mediáticos se caracterizan por ser abiertos e interpretados de acuerdo a la cultura y contexto en el
que se encuentran insertos sus receptores Stuart Hall formuló una teoría crítica en el año 1980 desde la cual
afirmaba que los comunicadores eligen codificar mensajes con fines ideológicos e institucionales y manipulan el
lenguaje y los medios de comunicación para llegar a estos fines. Por otro lado, los receptores no están obligados a
aceptar los mensajes tal como fueron enviados, sino que pueden resistirse a lo emitido generando interpretaciones
y lecturas distintas de acuerdo a su experiencia.
El tercer aspecto a considerar, es que la comunicación se origina en las instituciones mediáticas, cuyas estructuras
de significados habituales estarán muy probablemente en conformidad con las estructuras de Poder dominante

Sociedad de masas
En el mundo en que vivimos diversos parámetros y conductas se han modificado debido principalmente al
desarrollo de la tecnología.
Hoy por hoy, cada vez más es notoria la pérdida de fronteras, no de límites nacionales, sino en el sentido de que se
identifican cada vez más patrones comunes entre los pueblos. Desde el punto de vista informativo esto es notorio
ya que a modo de ejemplo un hecho que sucede en España, al instante puede ser conocido en Latinoamérica, sin
que la distancia termine siendo una traba.
Esto también se ve reflejado desde cuestiones de la moda, hasta lo que se sufre a nivel mundial con las distintas
pandemias que se presentan. Sólo con mencionar el fenómenos de la Gripe A, donde su epicentro fue México y en
pocos días decenas y decenas de países se vieron afectados. Indudablemente las comunicaciones y los viajes son
algo común en nuestros tiempos.
Uno de los aspectos a considerar es el consumismo masivo que las sociedades están experimentando en nuestros
días. Indudablemente esto no pertenece sólo a una clase socioeconómica, sino en general a toda la sociedad. Los
productos son tomados no sólo por su función concreta sino también como símbolos de posicionamiento social,
donde el tener tal o cual producto o tal o cual marca pueden lograr insertarme dentro del grupo social al cual
pertenezco o quiero pertenecer.
Si está breve situación descriptiva la llevamos al mundo de la comunicación, esto se ve exacerbado de manera
sorprendente. Cada día la información se transforma en una mercancía de suntuoso valor, donde estar informados
indudablemente es un valor agregado para la situación laboral o social en el que nos encontremos.
Un hito que marcó un antes y un después en el desarrollo de la humanidad fue la invención de la imprenta,
indudablemente es también una bisagra el uso cada vez más masivo de tecnologías como Internet que permiten
reducir las distancias y estar constantemente comunicados con el “mundo exterior”. Este contacto no sólo significa
estar informado de las noticias o poder entablar contactos que anteriormente sólo por carta o teléfono se podían
generar, sino que también nos transformamos en sujetos cautivos de mensajes publicitarios masivos de diversos
productos que nos hacen ingresar a una vorágine que años atrás no era común.
Internet nació en el año 1969 en Estados Unidos siendo adoptado por investigadores y universitarios de aquel país.
Algunos expresan que en la actualidad ha modificado las comunicaciones (cuestión que indudablemente es verdad)
pero es necesario tener en cuenta que esta Red no es un medio de comunicación sino más bien un soporte de
ellos.
También es de destacar que Internet no sólo ha modificado las comunicaciones sino también ha sido un notorio
hito en la actividad comercial. La economía se ha visto modificada y por lo tanto los comportamientos económicos
también. Y no es necesario dar ejemplos de grandes compañías, sino más bien concretamente en un hogar, un
usuario (de Internet) que tenga una tarjeta de crédito puede comprar productos en China, Japón o cualquier país
del mundo y en días se le entrega sin haber pasado por ningún tipo de intermediario. Indudablemente, desde estos
pequeños detalles hasta cómo se han modificados las conductas de los agentes de bolsa por ejemplo, entre otras
cuestiones, marcan que Internet a modificado la conducta social.
Bajo este contexto, esta nueva sociedad de masas ha generado cambios radicales si la comparamos con décadas
anteriores. Concretamente como nos explica Denis Mc Quail se da un fenómeno con los siguientes atributos:
Internacionalización.
Informatización.
Individualización
Cultura posmoderna.

La internacionalización se refiere concretamente a que los Estados – Nación por un lado son menos autónomos y
se encuentran más expuestos a las tendencias mundiales. Por otro lado, las empresas multinacionales crecen
exponencialmente y a decir verdad los medios de comunicación no son ajenos a este proceso.
La informatización es uno de los elementos claves en este cambio de la sociedad de masas. Como mencionamos
anteriormente la información pasa a ser una de las mercancías más preciadas y ésta, junto con el acercamiento de
las distancias (por la pérdida de fronteras), se da básicamente por el uso cada día más masivos de Internet. Esta red
es sinónimo de informatización, tanto a nivel de los hogares como así también en esferas industriales, empresarias
y gubernamentales.
La individualización, concierne principalmente a que los vínculos colectivos se vuelven más débiles existiendo
menos solidaridad social, más poblaciones del conocido Tercer mundo con servicios básicos y esenciales privados y
un desinterés o presunto desinterés por parte de quienes más tienen (más allá de las actuaciones de grandes
Organismos Internacionales como ACNUR, UNICEF, MÉDICOS SIN FRONTERAS, entre otros, criticados por algunos
afirmando que responden a intereses políticos o económicos y muy defendidos por otros por su acción social).
Auge de la cultura pos moderna, implica la concentración de cualidades distintas a las que en otras épocas se
vivieron: así, se distinguen formas culturales efímeras, superficiales, más atractivas para los sentidos que para la
razón. La cultura pos moderna particularmente es volátil y hedonista.

Cine
Un nuevo sistema de comunicación social: el cine
En esta segunda unidad, seguiremos haciendo un paneo por los medios de comunicación tradicionales en su
devenir histórico, contexto de creación, desarrollo y evolución. Ya vimos los medios gráficos, ahora aparece un
nuevo medio: el cine.
El cine se constituyó en el arte por excelencia del siglo XX. Industria, comercio y espectáculo, además de arte, son
algunas de las principales dimensiones del cine.
El cine siempre es narrativo en una de sus múltiples dimensiones, aunque dentro de alguna corriente se pretendía
que no lo fuera. Es también una técnica de difusión, un medio de información, parte de la socialización del hombre
de estos dos siglos con sus normas y valores implícitos y explícitos. Arte y espectáculo, fábrica de mitos, documento
histórico de la época y de la sociedad en las que nace.
Como ocurrió con todos los medios de comunicación, en el cine fueron necesarios diferentes hallazgos científicos
vinculados con la mecánica y la óptica: la estroboscopia o persistencia de las imágenes en la retina es un fenómeno
fisiológico natural. Si una imagen luminosa llega al ojo, dicho órgano conserva la impresión de la imagen en su
retina hasta una décima de segundo después de desaparecer la imagen inicial.
A continuación, se describen algunos de los antecedentes del cine. Uno de ellos fue la fotografía. La primera
fotografía fue tomada por Niepce en 1827. Por su parte, Daguerre perfeccionó la técnica y redujo el tiempo de
exposición (creó lo que se conoció como daguerrotipos). Otro antecedente ‒aunque se trata más de una nota de
color que de un verdadero hallazgo científico‒ fue una apuesta del gentleman Muybridge en 1873, al descomponer
el movimiento del galope de un caballo. Para ello, recurrió a una serie numerosa de cámaras fotográficas ubicadas
en los lugares por donde iba a pasar el caballo, más un cronometrado sistema para que los disparadores de las
cámaras se activaran automáticamente coincidiendo con el paso del animal. A través de este mecanismo, logró
comprobar que en algún momento de la carrera el caballo tenía las cuatro patas en el aire.
Mientras tanto, Emile Reynaud creó un aparato llamado zootropo con un tambor de espejos. Se trató de un teatro
óptico que utilizaba cintas de papel perforadas reflejadas por la luz en una pantalla. A través de este sistema que
realizaron las primeras presentaciones de dibujos animados en 1892.
Pero el antecedente más importante para el futuro del cine fue la creación de Edison de la película de 35 mm, con
cuatro pares de perforaciones por imagen para su arrastre mecánico, que eran flexibles, manejables, resistentes y
transparentes (las que aún se usan en la mayoría de las películas actuales y en las fotografías de las cámaras
analógicas). Con esa película, Edison creó un aparato llamado kinestocopio, en el que se debía acercar los ojos a un
visor. La duración del entretenimiento no pasaba de 30 segundos y podía repetirse al insertar una moneda.
A pesar de todos estos experimentos, aún faltaba la proyección en pantalla y, por lo tanto, la recepción masiva del
cine. Los hermanos Lumière, que tenían una fábrica de cámaras, construyeron un primer aparato sencillo y
práctico: cámara y aparato de proyección a la vez, capaz de registrar fotográficamente imágenes en movimiento y
reproducirlas, con buenos resultados, mediante la proyección sobre una pantalla. Se considera, entonces, que el
cine fue inventado con la primera proyección de los hermanos Lumière en el cinematógrafo en 1895. Las películas
de los Lumière eran de poca duración, constaban de una sola toma y representaban escenas de la vida cotidiana.
Las más importantes fueron: El desayuno de los bebés, La salida de los obreros de la fábrica Lumière en Lion, El
arribo del tren y el primer gag cómico del cine, El regador regado.
George Meliès era un hombre de teatro y amante de la magia que cuando ve las películas de los hermanos
Lumière, comienza a filmar también. La más conocida fue El viaje a la luna. Lo que el realiza, en realidad, se llama
teatro filmado, pero aporta el guion, los actores, el vestuario y la escenografía. Su triple invención estaba
compuesta por la puesta en escena, el cine narrativo y el cine concebido como espectáculo popular.
En Estados Unidos, David Griffith superó la única toma de los Lumière y el teatro filmado de Meliès. Con un
lenguaje cinematográfico complejizado, rodó en 1915 El nacimiento de una nación, un filme de tres horas de
duración que fue exhibido durante 15 años. Esta fue la primera superproducción norteamericana y por su enfoque
terriblemente racista suscitó grandes controversias. Allí el cine demostró su poder de propaganda política, como
también su capacidad de llegar a multitudes y sus posibilidades como gran industria.
Por otra parte, el cine de Griffith significó una relevante innovación artística ya que se utilizó por primera vez el
montaje ‒verdadera esencia del cine‒ que permite alternar los planos, el conjunto de los detalles, y lograr un
contrapunto dramático entre unas tomas y otras. También introdujo el montaje de acciones paralelas, lo que va a
ser clave para manejar el suspenso en la narrativa fílmica.
El lenguaje cinematográfico
Los elementos del lenguaje cinematográfico son múltiples. Cada corriente estética o comercial ha privilegiado unos
elementos sobre otros y en diversos momentos se han impuesto ciertas formas de narrar con la rigidez de una ley,
por la imitación de los estereotipos o por la imposición de los propietarios de las productoras.
El primer plano es lo que diferencia al cine del teatro, ya que crea proximidad y permite lograr el mayor nivel de
tragedia con la menor cantidad de medios.
El encuadre revela el punto de vista. Mediante la elección del encuadre se impone la identificación de la mirada
sobre la escena; así el realizador les otorga un determinado sentido a sus personajes.
El montaje
El montaje, también llamado las tijeras poéticas, es lo que le da ritmo al filme. Se denominó tijeras poéticas a los
realizadores soviéticos como Pudovkin y Eisenstein. La característica primordial del montaje para Eisenstein es el
conflicto. Te proponemos que veas en Internet El acorazado de Potenkin, de Eisenstein, para entender el concepto.
El montaje tiene funciones diacrónicas y narrativas. Cuando hablamos, lo hacemos sobre una linealidad de
elementos que están dados en un orden temporal. Eso significa que al expresar una idea verbalmente, decimos una
palabra y luego otra. En la cinematografía, la contigüidad de los elementos es temporal y espacial. El montaje,
entonces, no solo sirve para articular distintos puntos de vista ópticos del espacio, sino también para construir la
temporalidad de la narración cinematográfica. Presentamos un ejemplo para que entiendas: se realiza una toma
del aula donde estamos dando clases; en la próxima toma, estamos discutiendo la clase en otro espacio como por
ejemplo, el bar. El montaje nos permite darle continuidad a la escena sin contar todo el recorrido realizado.
Los primeros tiempos del cine: diferentes corrientes
El expresionismo alemán
El expresionismo intenta expresar un mundo interior desconocido según las formas que se incorporan al mundo
real. Se presenta un universo interno que se muestra totalmente ajeno al dominio de la voluntad. Algunas
corrientes expresan un sentido fatídico e inconformista. La mayoría de las producciones que se realizaron fueron
de la productora Universum Film AG (UFA).
La obra emblemática del expresionismo fue El Gabinete del Dr. Caligari de Robert Wine (1919). Fue una parábola
fantástica sobre un doctor nefasto que, a través de órdenes hipnóticas a un médium, realizaba atroces crímenes. La
intención era denunciar la criminal actuación del Estado alemán que utilizó a sus súbitos durante la guerra como el
satánico Caligari usaba a su subordinado.
Del expresionismo surgieron figuras emblemáticas para el cine mundial. Una de ellas fue Fritz Lang, cuyo filme
cúlmine fue Metrópolis (1926), película expresionista de ciencia ficción, notable tanto en lo narrativo como en el
uso de efectos especiales impensados para la época, donde no había tecnología específica para tal fin. Metrópolis
describe una ciudad del futuro, donde sus habitantes se dividen rígidamente: los de arriba, señores e intelectuales,
y los de abajo, esclavos que sostienen los mecanismos para que los otros puedan vivir.
Aquí estamos nombrando solo algunas películas del legado que dejó el expresionismo alemán a la historia del cine.
Puedes ver algunas escenas en Internet.
El cine soviético
Caracterizado por el extraordinario uso del montaje, el cine soviético contó historias importantes que
acompañaron y apoyaron la revolución de 1917.
El mayor genio del modelo soviético fue Sergei Eisenstein, quien en su primer largometraje, La Huelga (1924),
montó escenas sobre matanzas de obreros en la época zarista con imágenes de animales degollados en un
matadero. En El acorazado de Potemkin (1925) realizó el denominado montaje intelectual, respetando el desarrollo
lógico de la acción sobre un episodio de la revolución de 1905. Los protagonistas eran colectivos, como el pueblo o
los represores. Esta película es considerada una de las obras maestras de la historia del cine. Se trata de un filme
que se exhibió en todo el mundo y le otorgó gran prestigio al cine soviético. Otras de sus obras fueron Lo viejo y lo
nuevo y Octubre.
También debemos tener en cuenta en esta corriente a Pudovkin, quien fue actor, guionista, escenógrafo y se
convirtió en uno de los grandes realizadores del cine soviético. Se diferenció de Eisenstein, ya que sus
protagonistas no eran colectivos, sino que su tema preferido fue la toma de conciencia individual y la lucha
popular. Sus principales películas fueron La madre (1926), El fin de San Petersburgo (1927) y Tempestad sobre Asia
(1928).
Francia
En Francia, cabe destacar en los comienzos del cine a Pathe, quien formó en 1914 el 80% de la producción mundial
de proyectores de cine. Otra persona destacable fue Zecca, el director de los estudios Pathe. Su habilidad consistió
en darle al público lo que le pedía en el sentido de que adaptaba las obras, dándole un carácter popular. Su primer
éxito fue La historia de un crimen (1901), que se destacó por su escenografía. A partir de 1906 comenzó una
transformación de los géneros, los dramas realistas se desplazaron hacia un sentido más social, al tiempo que
apareció el erotismo cinematográfico en los llamados asuntos picarescos de carácter social. En 1908 tuvo lugar la
primera proyección de Asesinato de Guisa. Esta obra tuvo gran éxito entre los intelectuales de París y algunos
consideraron que, con obras como esta, el cine había alcanzado la categoría de arte.
La vanguardia y el cine en Francia
Después de la Primera Guerra Mundial, la producción cinematográfica francesa se paralizó. Algunos intelectuales
franceses se interesaron por el cine como el caso de Delluc y apareció la crítica cinematográfica. En algunos filmes
de Delluc se aprecian características impresionistas. En los autores de esta escuela se potenció la capacidad
expresiva de las imágenes donde, a partir de las atmósferas creadas, se obtienen símbolos y se lograr efectos
plásticos similares a los de la pintura.

Jean Epstein, otro importante realizador de esta época, insistió en realizar un cine psicológico y de introspección.
Adaptó La posada roja de Balzac y llegó a plantear, en sus obras, un lenguaje de los objetos.
La evolución de esta vanguardia fue abriendo camino a otros grandes autores del cine francés de los años 30 como
Jean Vigo, Rene Clair y Marcel Caná.
El cine sonoro
A mediados de la década del 20, el cine ya se había instalado como actividad recreativa, pero estaba compitiendo
con la reciente aparición de la radio. La Warner Brothers de Estados Unidos se ocupó del invento que venía
desarrollando Bell Laboratories: el cine sonoro. La primera película donde apareció el sonido fue Don Juan (1926),
filme que mostró varios efectos sonoros, pero sin diálogos. En 1927 el cine mudo comenzó su paso con la película
El cantante de jazz, con Al Johnson como protagonista con su rostro pintado de negro.
Después de la Primera Guerra Mundial, las salas de cine comenzaron a aumentar su tamaño, pero las grabaciones
acústicas y los fonógrafos de aquella época carecían del volumen necesario, por lo que tuvieron que luchar con
serios problemas técnicos.
El neorrealismo italiano
Luego de la Segunda Guerra Mundial, surgió en la devastada y empobrecida Italia un movimiento cinematográfico
llamado neorrealismo. Se caracterizó por su sencillez en la temática y en la estética. Abordó temas cotidianos de las
clases populares italianas con un estilo casi documental. Las películas se filmaban en exteriores, con numerosas
personas que no eran artistas, y aunque no tenían una ideología específica, era clara la opción por los pobres y
desposeídos de sus directores. Su estética era austera, coherente con la opción por el pueblo y con los mínimos
elementos que tenían para filmar.
Algunas de las películas que fueron referentes de este cine son Ladrón de bicicletas de Victorio de Sica y Roma
ciudad abierta de Rossellini. Otro de sus directores fundamentales fue Lucino Visconti.
Industria cinematográfica
La Primera Guerra Mundial paralizó la producción cinematográfica europea, lo que permitió que la industria
norteamericana pudiera desarrollarse y tornarse hegemónica. Lograr esa posición privilegiada requirió invertir
mucho dinero en las producciones cinematográficas y la construcción de grandes estudios con sus países y
ciudades de cartón. Esas inversiones provocaron que los financistas tuvieran control sobre lo comercial y lo
artístico.
En cuanto a los sistemas comerciales, se creó el block booking: la contratación por lotes de películas, dentro de los
cuales había uno o dos títulos de cabecera y el resto eran de regular o bajo costo. Por otro lado, el bling blocking es
la contratación por distribuidores y exhibidores a ciegas, sin posibilidad de opinión o selección.
Parte de estas reglas de juego está el género (románticas, policiales, western, etc.). Desde el cine mudo, los filmes
de Griffith, Chaplin e Eisenstein eran valorados por los críticos por el prestigio de sus realizadores. Esta concepción
de cine de autor sirvió durante un tiempo. Luego, los mensajes generados por las nuevas industrias culturales
sufrieron un fuerte proceso de estandarización. Así comenzó la etapa del star-system, es decir, la producción en
serie, la división del trabajo y los gigantes estudios como factorías del modelo Hollywood, que se mantiene hasta
nuestros días, salvo algunas excepciones de cine independiente.
Es posible hablar de tres actividades estratégicas involucradas en el mercado de la industria del cine: la producción,
la distribución y la exhibición. En el mercado capitalista, Estados Unidos domina las tres actividades. Aunque este
país no es el que más produce cine, ya que en primer lugar se encuentra la India, tiene el control de sectores claves
del mercado mundial.
El cine en Argentina
La historia del cine en Argentina se desarrolló casi simultáneamente a la de los países europeos y Estados Unidos.
Muy poco tiempo después de la proyección de los hermanos Lumière, en el teatro Odeón de Buenos Aires, se
proyectó la llegada del tren. En esos últimos años del siglo XIX, la actividad cinematográfica se limitaba a la
reproducción de obras que venían sobre todo de Francia. Recién en 1987 se recibieron las primeras cámaras en
Buenos Aires para realizar filmaciones y fue el fotógrafo Eugenio Py el que creó la primera obra argentina: un corto
de 17 metros de película llamado La bandera argentina. Su estructura era muy simple: solo se veía flamear la
enseña patria en un mástil de la Plaza de Mayo, frente a la Casa de Gobierno.

Durante todo ese periodo inicial fueron comunes las filmaciones sobre desfiles militares, actos religiosos o grandes
sepelios. Una de estas fue sobre las honras fúnebres de Mitre (1906). Es en este periodo que encontramos la
primera película argentina considerada como tal, llamada El fusilamiento de Dorrego (1909), de Mario Gallo. Entre
otros títulos de Gallo, quien hacía teatro filmado, podemos encontrar a Juan Moreira y a una película que se
acercaba bastante al largometraje, titulada Tierra baja.
En esta inicial del cine en Argentina, se fue avanzando lentamente en la constitución de un lenguaje y de la técnica
para la producción. Aparecieron los primeros largometrajes. En 1914, se produjo Amalia, basada sobre la novela de
José Mármol. Nobleza Gaucha (1915), de Eduardo Martínez de la Pera y Ernesto Gunche, fue realmente una obra
cinematográfica que recibió buenas críticas y tuvo gran éxito.
En la década del `30, la industria del cine comenzaba a afianzarse, surgieron directores y actores. Coincidió con la
incorporación del cine sonoro que le hizo muy bien a la industria cinematográfica argentina y el público masivo
comenzó a llenar las salas. El cine había invadido todos los ámbitos, tanto que el periodismo comenzó a ocuparse
de la crítica en la revista Caras y Caretas y en el diario Crítica.
El cine también quiso conquistar a la clase media alta que no se sentía identificada con temas populares, por eso la
industria argentina aprendió las lecciones de Hollywood e hizo hincapié primero en la estrella, luego en los
vestuarios y decorados, en tercer lugar en los recursos técnicos y por último en el director y el autor. Aparecieron
así figuras como Luis Sandrini, Mirtha Legrand y Amelia Benze, entre otras.
Aunque se aleja del tema común de la mayoría de las historias, de esa época data La Guerra Gaucha, de Lucas
Demare. Se trata de un clásico de nuestra cinematografía. Es una muestra de una obra histórica y épica. La película
fue importante, no solo por lo artístico, sino porque a partir de ella se consolidó la productora Cooperativa Artistas
Argentinos Asociados (AAA).
El cine argentino tuvo una época de oro en los años 60 a la que se le llamó la nueva ola, en semejanza con la
nouvelle vague francesa, y que dio grandes producciones (hoy clásicos del cine nacional) como La casa del ángel,
de Leopoldo Torre Nilson; Los jóvenes viejos de Rodolfo Kuhn y las perlas del cine de Leonardo Fabio: El Aniseto y
la Francisca, Crónica de un niño solo y El dependiente.

Luego de la última dictadura militar (periodo en el que las películas eran solo de entretenimiento y pasatistas, sin
ningún valor artístico), surgió un cine con mucha conciencia, que hablaba del pasado cercano. Entre ellas, podemos
mencionar La historia oficial, que ganó el Oscar a la mejor película extranjera.
A mediados de la década de los 90 se desarrolló una corriente que se dio a conocer como nuevo cine argentino,
configurada en estrecha relación con el contexto de un país con problemas económicos y sociales. Esto se plasmó
en filmes que expresaban los males que afectaban a la sociedad argentina en la representación de una colectividad
devastada por la crisis político-institucional, el desempleo y la discriminación reinante. A esta corriente
corresponden filmes como Pizza, birra y faso, de Pablo Trapero, y Bolivia, de Adrián Caetano.

La prensa
En esta unidad realizaremos un recorrido por los medios de comunicación tradicionales: radio, cine, radio y
televisión. Desarrollaremos cada uno de ellos a partir de cuatro lecturas resumidas de los diferentes documentos
compilados en paneoclip para abordar su historia: condiciones socio-técnicas o tecnológicas de su aparición,
desarrollo y transformaciones. Las cuatro lecturas son obligatorias para entender su trayectoria hasta llegar al
análisis actual de los medios.
Dra. María J. Villa
El invento más importante para la posterior aparición de los medios masivos de comunicación fue la imprenta,
atribuida a Juan G. Gutemberg a mediados del 1400. Este sistema fue la base de la impresión tipográfica, condición
que permitió la posterior aparición y florecimiento de la comunicación masiva.
Es importante que situemos el nacimiento de la imprenta como parte de un proceso que se venía desarrollando en
Europa desde hacía un par de siglos antes. Por ejemplo, los árabes ya habían introducido el papel a través de
España e Italia. También se supone que a mediados del siglo XIV el papel había alcanzado la franca occidental de
Alemania. Al mismo tiempo, comenzó un importante despegue económico con el nacimiento de la industria
metalúrgica moderna.
En China se conocía un sistema de impresión desde varios siglos antes, pero fueron Gutemberg y Fust quienes
perfeccionaron el sistema creando caracteres móviles de metal. Este invento revolucionó toda la técnica de
impresión, ya que permitió reproducir en serie textos e imágenes en forma rápida y más económica. En 1448,
Gutemberg y Fust imprimieron la Biblia latina de 42 líneas por página, una obra maestra del arte tipográfico.
Esta nueva técnica se extendió por toda Europa. En 1498 se contaba con alrededor de 110 imprentas.

El libro
Debido a su naturaleza material, la evolución del libro está estrechamente ligada al progreso de las técnicas de
impresión. Los primeros libros imitaban la apariencia de los manuscritos, con detalles elaborados a mano, como las
letras iniciales o los bordes coloreados y muy trabajados. La aparición del libro:
Hizo posible nuevas formas de lectura, más rápidas y más individuales y nuevas formas de utilizar los libros para
que se abriera la puerta a nuevos reinos de enriquecimiento intelectual que, a la vez, ampliaron el abismo entre la
literatura cultivada y la cultura oral o semi oral de la gran mayoría. (Williams, 1992, p. 24).
Poco a poco el libro se convirtió en objeto de ganancias y facilitó la alfabetización, ya que se volvió cada más
económico, lo que permitió que no solo una elite pudiera tener acceso al saber y, por lo tanto, al poder.
Desarrollo de la prensa. Los periódicos
Dos siglos después de la aparición de la imprenta, comenzó a publicarse en Francia el primer periódico de difusión
de noticias con tirada regular. Se trata de La Gacette, que aparecía semanalmente, contaba con 8 páginas y con
una tirada de 1200 ejemplares. Para hacer posible la salida de periódicos como este y otros tantos similares,
existían en toda Europa los anunciantes que financiaban los proyectos editoriales. Los periódicos de todo ese
primer período, no solo eran producidos y financiados, sino igualmente concebido, escrito y realizado por un solo
hombre. Esto último no significa que no tuviera quien colaborara con él, sino que era concebido por sus propias
ideas y distribuido en su comunidad. Es por ello que los primeros periódicos y posteriores diarios se consideraban
tribunas de debates El diario
Pasará casi un siglo desde la aparición de los periódicos, el primer periódico fue La Gazette en Francia (1631) y casi
un siglo después aparece el primer diario (o sea de tirada diaria). Algunos historiadores afirman que el primer
diario del mundo fue de habla inglesa y que apareció en 1702: el Daily Courant. Su editora fue una mujer, Elizabeth
Mallet, que disimulaba su sexo poniendo solo las iniciales de su nombre. El Daily Courabnt era una hoja de
pequeño tamaño, impresa en una sola cara, que incluía información sacada de periódicos holandeses y franceses.
Este primer diario tuvo una evolución muy rápida: al poco tiempo de nacer cambió de manos, pasó a las de Samuel
Buckey, quien rápidamente comenzó a imprimir en dos caras y luego en cuatro y en seis. Posteriormente, incluyó
avisos.
A partir de aquí, la historia de la prensa de diario se desarrolló a lo largo y ancho del mundo. El proceso se afianzó
en el siglo XIX. A mediados del siglo, el desarrollo técnico perfeccionó la prensa masiva. Se hizo realidad el telégrafo
y, aunque no es en sí mismo un medio masivo de comunicación, constituyó un recurso importante para que la
prensa diaria pudiera acceder a la información que se originaba en puntos muy distintos. Para el afianzamiento de
la prensa, también influyeron factores económicos y el aumento de la alfabetización.
A mediados del siglo XIX, la prensa ya estaba al alcance de todos los sectores sociales. Los ejemplares eran
económicos y ya no se dirigían a una aristocracia adinerada e instruida, sino a un público masivo y heterogéneo. La
calidad de impresión mejoró cada vez más y se comenzaron a incorporar las ilustraciones.
Los primeros diarios eran concebidos, producidos y distribuidos por un solo hombre, eso quiere decir que llevaban
la impronta opinativa de quien escribía. El folletín y la novela popular
En 1830, varios aspectos convergen para facilitar la aparición de un nuevo fenómeno: lo que se ha dado llamar
novela de folletín, novela por entregas o novela popular.
Además, se intensifica en Europa, especialmente en Francia, el auge de la literatura social. La literatura deja de ser
exclusiva de un sector privilegiado y, favorecida por la democratización que imperaba en todos los ámbitos y por la
ampliación de la franja de alfabetizados, pasa a convertirse en una industria al servicio de los periódicos, que se
regían por la ley de la oferta y la demanda.
Novelas que hoy están consagradas en la literatura clásica comenzaron como folletines o novelas por entregas en
los periódicos. Tal es el caso de escritores como Alejandro Dumas (Los tres mosqueteros, El Conde de Montecristo)
o Eugenio Sue (Los misterios de París, El Judío errante).
En el Río de la Plata, la novela romántica se difundió rápidamente y a mediados del siglo XIX ya se había impuesto
de manera rotunda la publicación del folletín. Un claro ejemplo es Juan Moreira, de Eduardo Gutiérrez. A
comienzos del siglo XX, los diarios, además de los conocidos folletines, comenzaron a publicar la llamada novela
semanal. Muchas de ellas no se presentaban en episodios, sino que comenzaban y terminaban en una sola entrega,
pero el suspenso igual se creaba al anunciar los números futuros con avances del argumento, lo que dejaba
sembrada la intriga.
La prensa amarilla
En Estados Unidos, el fenómeno del folletín fue diferente. Se difundían los cuentos de Edgar Alan Poe, cuentos de
suspenso con el formato de magazín. Los dueños de los diarios comprobaron que el policial y el suspenso vendían
ejemplares, por lo que vieron la necesidad de desplazar a la opinión por la información. Es así como nació el nuevo
periodismo de la mano de los colosos que hicieron fortunas con la venta de periódicos. El cuento comenzó una era
floreciente, ligado al desarrollo de los magazines y de la mano de Edgar Alan Poe. La novela y el cuento policial y de
terror aparecieron casi paralelamente con el desarrollo de una nueva prensa sensacionalista.
En 1880, los periódicos norteamericanos tenían una buena aceptación en las distintas capas de la sociedad. Pero la
permanencia de esta aceptación dependía fundamentalmente de la venta de ejemplares, razón por la cual se
agudizó la competitividad. Los propietarios de los diarios más importantes de Estados Unidos se lanzaron en una
guerra feroz por captar lectores, dejando de lado aspectos éticos del ejercicio de la profesión.
Esta etapa fue conocida posteriormente como prensa amarilla. Este nombre hacía alusión a un personaje llamado
yellow kid, quien se encargaba de los chimes de la clase política y la artística. El periodismo amarillo se
caracterizaba por no reparar en la ética ni en la responsabilidad profesional. De hecho, todos los temas eran
plausibles de ser convertidos en melodramas, aun a costa de falsear la realidad.
Concentración económica de los periódicos
Con esta nueva manera de pensar el periodismo, se produjo una gran concentración y aparecieron los llamados
colosos del periodismo en Estados Unidos, es decir, grandes monopolios económicos de la información (por
ejemplo, el New York Herald, de Bennet). Se definió así un nuevo periodismo: la información desplaza a la discusión
y a la reflexión.
Uno de los colosos, Pulitzer, compró en 1883 el New York World y en 10 años lo llevó de 50 000 a 700 000
ejemplares. El contenido de sus medios tiende a campañas reformistas pero también a una mezcla de noticias
sensacionalistas con posturas de defensa del bien público. Hearst, quien llegó a dominar 38 periódicos y 12 revistas
con una tirada de 12 000 000 de ejemplares, a través de la utilización de cualquier recurso para ganar lectores,
también adquirió gran poder. Esta concentración económica de los periódicos nació con Pulitzer, Hearst y otros
como Mc Rae (creador en 1907 de la United Press).
Con la concentración monopólica de la prensa y la organización industrial, se acentuó la estandarización y lo
individual quedó reducido a algunos columnistas. Además, se produjo la consolidación de las agencias de noticias
que controlan la información y así el periodismo pasó a tener un dominio total sobre la opinión pública. También
debemos señalar la importancia del desarrollo del papel de fotografía y las nuevas técnicas de diagramación.
Agencias de noticias
Debido a la distancia entre el lugar en el que ocurren los acontecimientos y el costo que implicaba para cada diario
tener corresponsales en todo el mundo, se crearon las agencias de noticias, que son empresas (privadas

estatales o mixtas) cuya función es relevar y receptar información a través de corresponsales, colaboradores o
enviados espaciales, almacenarla, procesarla en sus oficinas y distribuirla entre sus abonados, que pagan un precio
por dicho servicio.
l Las agencias de noticias más importantes son: Associated Press (AP) y United Press Internacional (UPI), ambas con
sede en Estados Unidos, Agence France Press (AFP), EFE (Nombre de fantasía) perteneciente a España, Agenzia
Nazionale Stampa Associata (ANSA) Italia; Deutsche Press Agentur (DPA) Alemania; Telam perteneciente al sistema
federal de comunicación de Argentina.

l Es importante mencionar que las agencias de noticias, sobre todo las de origen norteamericano, han tenido un
papel determinante en las políticas internas de los países latinoamericanos.

La prensa en Argentina
El primer periódico argentino es el Telégrafo Mercantil, Rural, Económico e Historiográfico del Río de la Plata.
Comenzó a aparecer en 1801 y duró hasta 1802, ya que fue clausurado por orden del virrey a raíz de un artículo
donde se criticaba el abandono del Gobierno y la corrupción de las costumbres.
El 7 de junio de 1810, a muy poco tiempo de la Revolución de Mayo, aparece la Gazeta de Buenos Aires, fundada
por Mariano Moreno, en ese momento secretario de la Primera Junta de Gobierno. Era un órgano oficial que
aparecía semanalmente. Los fundamentos de la Gazeta aparecen en el primer número. La idea de tener un
gobierno de puertas abiertas, siempre dispuesto a la crítica y a las sugerencias. Los patriotas querían dar cuenta de
sus actos de gobierno al pueblo que les había confiado su destino; y sobre todo, deseaban extender la Revolución y
asegurar la independencia. El objetivo principal de la Gazeta de Buenos Ayres fue difundir ideas de soberanía,
igualdad y libertad, fomentar el comercio y arraigar costumbres.
Justamente las ideas libertarias de La Gazeta lo llevaron a Mariano Moreno a su muerte. A él lo sucedió el deán
Gregorio Funes, cuya posición no fue tan severa y firme como la de Moreno, sino más moderada y controlada por
la Iglesia.
Después de 1820 y hasta la caída de Rosas, nacieron y murieron cientos de periódicos. Fue una etapa de luchas
ideológicas encarnadas en los problemas de la religión y el avance de los partidos de los ganaderos terratenientes y
saladeristas porteños. Con Rosas en el Gobierno, se decretó la suspensión de varios periódicos opositores, se negó
la libertad de imprenta y se sometió a la prensa a un férreo control oficial.
Los grandes diarios
En 1852, después de la caída de Rosas, apareció en Buenos Aires El Nacional, editado por Bartolomé Mitre y
Domingo Sarmiento. Paralelamente en Paraná, Urquiza fundó El Nacional Argentino. Comenzó así una etapa en las
que las grandes figuras de la política, exiliadas durante periodo de Rosas, se lanzaron a la competencia periodística,
lo que desembocó en la creación de los grandes diarios argentinos, varios de ellos todavía vigentes.
Tal es el caso de La Nación. Después de dejar la presidencia de la república, Mitre compró La Nación Argentina, de
que en ese momento le pertenecía a Gutiérrez, y fundó La Nación, cuyo primer número salió el 4 de enero de 1870
con el lema La Nación será una tribuna de doctrina, que aún sale en diario actual, al igual que siempre fue dirigida
por diferentes generaciones del apellido Mitre. Desde sus inicios fue un diario conservador, la voz de los
terratenientes argentinos, pero también se caracterizó por contar con la participación de importantes periodistas.
De la mano de Natalio Botana nació en 1913 el diario Crítica, el más original y revolucionario de los diarios
argentinos que tuvo una gran tirada. No solo innovó en la diagramación, agregando secciones, titulando con verbos
conjugados e incorporando ilustraciones y fotografías, sino también en la forma de presentar la noticia. Escribieron
en Crítica destacados literatos como Roberto Arlt, Jorge Luis Borges, González Tuñón, etcétera. Allí apareció
también por primera vez la historieta de Paturuzú.
Noticias Gráficas fue el gran competidor de Crítica. Fue fundado en la década del 30 por Jorge Mitre. Hacía un buen
uso de las ilustraciones y notas de fondo.
El 10 de marzo de 1905 apareció por primera vez La Razón, un diario popular al estilo de Crítica pero menos
sensacionalista. De hecho, le disputaba la tarde al diario de Botana y tuvo la mejor tirada en la década de los 60, ya
que salían varias ediciones cubriendo las noticias de toda la tarde. En los años 60 apareció Crónica, con la intención
de disputar la venta a Crítica y La Razón. Fue un diario popular y amarillista.
En 1945 y de la mano de Roberto Noble, político peronista que había pasado por el partido socialista y había escrito
en La Nación, apareció Clarín. Según Noble, el diario fue creado para despertar a la ciudad dormida. Hoy conforma
una empresa multimedia, la más importante del país.
En la década de los 70, Jacobo Timermann ideó un diario diferente a los que circulaban por el país, sobre el modelo
de Le Monde, y se llamó La Opinión. Su característica principal fue desplazar a la información por la opinión con
largas columnas de pensamiento crítico y sin ilustraciones. Fue sancionado por la última dictadura militar.
En 1987 apareció un matutino diferente que rompió con los esquemas tradicionales: Página/12. Surgió como un
diario diferente que se atrevía a hacer los que otros no hacían. En la forma, es un tabloide alargado, en la
diagramación, atrae con su primera plana en la que se confunden los límites entre el diario y la revista, y lo
asombroso fueron sus titulaciones.
Cronología de los principales diarios cordobeses
En 1894, se creó el primer diario de Córdoba, Los Principios, dirigido por el presbítero José Yañez. Después de la
Primera Guerra Mundial se hizo cargo Antonio Nores hasta que dejó de publicarse en 1982. Este diario perteneció a
la Acción Católica. La hemeroteca que conserva sus ejemplares está en el Arzobispado de Córdoba.
En 1904, apareció La Voz del Interior como un diario independiente. Su fundador fue Silvestre Remonda.
Actualmente pertenece al Grupo Clarín y la familia Remonda tiene una pequeña participación.
En 1928, apareció el vespertino Córdoba. Luego de diferentes dificultades, cierre y reintento de aparición, dejó de
publicarse definitivamente en 1991.
En 1977, se creó Tiempo de Córdoba, fue el primero en Córdoba publicado en offset como semanario los días
domingo. Luego, salió diariamente hasta su cierre definitivo en 1983.
En 1984, se publica El País, vespertino que dura muy poco y cierra ese mismo año. En 1992, Página/12 abrió una
redacción en Córdoba, para agregar al diario nacional información local, que funcionó hasta 1994.
Hoy, en Córdoba, en soporte papel perduran La Voz del Interior y su segundo diario, Hoy día Córdoba, y La mañana
de Córdoba que imprime solo los días lunes (los demás días aparece solo en versión digital).
La televisión
Es importante conocer algunas características tecnológicas de la televisión que nos permitirán distinguirla de los
demás sistemas de comunicación en general y de los audiovisuales en particular, como cine, video, etcétera. Con
estos últimos solo comparte el doble código verbal-sonoro y visual, ya que sus modos de producción, circulación y
consumo son totalmente diferentes. Por ejemplo, el cine se ha consagrado, fundamentalmente, a la producción de
relatos de ficción y a su difusión en lugares públicos, mientras que la televisión se ha transformado en el gran
productor de la actualidad pública, de los acontecimientos como realidad en constante devenir, y su difusión se
concentra en el ámbito privado, cotidiano y familiar.
Lipfert (1945, 1992) define a la televisión como “una máquina captadora y transmisora en el lugar del suceso, un
receptor radiotelevisivo en donde debe ser recogida la imagen y, entre transmisor y receptor, la combinación
eléctrica alámbrica o inalámbrica” (p. 11).
La historia de la televisión resulta indisociable de la historia de otro medio electrónico de telecomunicación, la
radio, ya que ambas utilizan las ondas hertzianas. Por lo tanto, podemos considerar como primer antecedente para
la aparición de la televisión a la radiofonía.
Desde principios del siglo XX, sucedieron una serie de inventos que dieron como resultado el desarrollo de la
tecnología televisiva.
En 1907, el científico ruso Rezing patentó el primer receptor de televisión de haz electrónico y en 1911 diseñó un
sistema a través del cual se podía transmitir la imagen a distancia. En las primeras décadas del siglo, y sobre todo
en los años 20, proliferaron las investigaciones en torno a lo que luego sería la televisión. A finales de la década de
los 20, se efectuaron las primeras transmisiones experimentales.
En los años 30 se realizaron las primeras transmisiones regulares en las principales potencias: en 1932 la British
Broadcasting Corporation (BBC) de Londres realizó las primeras transmisiones regulares; en 1934, la Unión
Soviética; en 1935, Alemania; y en 1936, se inauguró en la torre Eiffel la emisora televisiva más potente del mundo
en esa época. Durante esos primeros años de televisión, el medio no trascendió popularmente A finales de los años
30 y principios de los 40, comenzó a realizarse la explotación comercial del medio, hecho que crecerá de manera
vertiginosa hasta nuestros días. El gran impulso del desarrollo del medio televisivo se vio momentáneamente
interrumpido durante la Segunda Guerra Mundial, sobre todo en Europa, y se reanudó con mayor vigor a partir de
1945.
Desde los inicios de los sistemas televisivos, se delinearon diferentes modelos:
El modelo norteamericano: deja la explotación de las ondas en manos de la competencia entre particulares, ya
que concibe a la televisión, fundamentalmente, como un negocio como cualquier otro. En este sistema el Estado
debe limitarse a controlar que se cumpla con lo indicado, al igual que a cualquier comercio. Este modelo de
competencia es de alta teledensidad.
El modelo europeo: en este modelo las ondas audiovisuales (de radio y televisión) debían permanecer como
patrimonio exclusivo de la soberanía de los Estados nacionales y ser explotadas por entidades públicas (pero no
necesariamente estatales, sino también de diferentes sectores de la sociedad civil). Este modelo, a diferencia del
anterior, es de baja teledensidad. En la actualizad, debido a la lógica del mercado propia del modelo
norteamericano, el modelo europeo se ha ampliado.
Por último, reconocemos el modelo soviético ‒hoy inexistente‒, que se caracterizaba por exigir que las ondas
estuvieran al servicio del Estado, lo que lo convertía en un simple vehículo de propaganda política.

La televisión y los avances tecnológicos


Los enlaces entre diferentes estaciones televisivas pueden realizarse, desde el punto de vista tecnológico, de tres
maneras: por cables coaxiales, por microondas o por satélites.
El satélite es un medio de enlace ubicado en una órbita espacial a 36 000 km de altura de la superficie terrestre (es
geoestacionario, es decir que está siempre a la altura del Ecuador, ya que se mueve al mismo tiempo que la Tierra)
y permite hacer transmisiones en directo y simultáneo entre estaciones ubicadas a miles de kilómetros, desde y
hasta cualquier punto de la superficie del globo, siempre que se posea la instalación técnica necesaria para recibir
sus señales (una antena parabólica). El satélite vino a sustituir y a perfeccionar las telecomunicaciones
internacionales que antes se realizaban por onda corta o por cable submarino, fundamentalmente.
Los satélites de comunicación comenzaron a utilizarse en el mundo con fines civiles a principios de los años 60,
pero a Argentina llegaron a fines de esta década cuando se creó la Estación Terrena Balcarce (1969). Durante los
años 60 se necesitaban equipamientos muy costosos en las estaciones terrenas para que las señales fueran
recibidas con calidad óptima. Gracias a la evolución de la tecnología, esto se fue simplificando y se abarataron los
costos, tanto que hoy es común tener una antena satelital a nivel familiar (por ejemplo, la señal de DirecTV).
La asociación que administra las comunicaciones satelitales a nivel internacional es Intelsat. Nuestro país es
miembro de Intelsat y alquila cuatro transpondedores que permiten la transmisión de señales: telefonía, audio,
televisión y banco de datos.
En Argentina, el uso de las antenas satelitales y el transporte de ondas era monopolio del Estado, según lo
dispuesto por la Ley de Telecomunicaciones de 1972.1
Debido a la gran accesibilidad de las antenas por parte de los particulares y ante la falta de una nueva ley, el
Gobierno nacional en 1986 decretó la autorización de la tenencia de antenas parabólicas a centros de distribución
de señales (estaciones de radio, canales de televisión y empresas multimedia) para fines de investigación y
desarrollo. Recién en 1988 se decretó la tenencia de antenas parabólicas domésticas por parte de cualquier
particular (sin embargo, estas están comercializadas por empresas como DirecTV).
La televisión por cable
La historia de la televisión por cable como hecho tecnológico es casi tan vieja como la televisión por aire, pero su
constitución como sistema de comunicación masiva es más reciente. Debido a los altos costos y a la complejidad
tecnológica, la televisión por cable no se extendió socialmente hasta la década de los 70 en Europa y Estados
Unidos. En nuestro país, los primeros sistemas de cable como meros repetidores de las señales de los canales de
televisión abierta datan de principios de los 60; recién en 1982 sufrieron una expansión. A partir de 1987, los
mismos, adquirieron la característica fundamental que distingue hoy a estos canales: comenzaron a transmitir un
abanico de opciones de programación destinada a públicos específicos y segmentados. Este proceso significó el
paso del broadcasting (propio de la televisión abierta dirigida a públicos masivos y heterogéneos) al narrowcasting
(propio de la televisión por cable que fragmenta a sus públicos en segmentos como sexo, edad, ocupación,
intereses, gustos y preferencias, etc.).
El crecimiento del sistema de televisión por cable ha sido vertiginoso en nuestro país. De hecho, a fines del siglo XX
Argentina era el país con más suscripciones a televisión por cable de todo Latinoamérica. Este éxito del cable en la
Argentina puede tener que ver con la oferta abundante que proponen las empresas a costos relativamente bajos.
Ahora bien, ¿qué hacen los telespectadores con tanta oferta? Las estrategias de recepción inducidas por el cable y
el control remoto parecen haber modificado los hábitos de consumo: zapping, zipping, flipping, grazing y planning.
Aunque nosotros solemos decirle zapping a cualquiera de estas prácticas, cada una tiene una característica
particular.
El zapping propiamente dicho, acto de cambiar de canal cuando llega la tanda publicitaria que corta un programa.
El zapping, que consiste en acelerar el pasaje de un programa que el individuo ha grabado en videocasete, con el
fin de “saltar” los spots publicitarios. El flipping, que cambia de programa durante una emisión, sin que ese cambio
tenga ninguna relación con la tanda publicitaria. Y por último el grazing, que es una ida y vuelta permanente entre
dos o más programas y que traduce la voluntad de seguir varias emisiones simultáneamente.
Por último, el planning consiste en la posibilidad de seleccionar con anticipación lo más interesante de la oferta
televisiva por aire y por cable de cada semana.

La televisión en Argentina: un recorrido histórico


La historia de la televisión no puede disociarse de la historia del medio de comunicación masivo que la precedió: la
radio. Esto lo demuestra el hecho de que los primeros pasos de la prehistoria de la televisión en Argentina los dio el
radioaficionado Ignacio Gómez Aguirre, quien logró trasmitir imágenes fijas en su casa. Las tecnologías asociadas a
la comunicación ocupan un lugar importante en el imaginario tecnológico de una sociedad en la que la radio ya era
un hecho y la televisión aún un sueño lejano.
En 1942 se realizó la primera demostración oficial de televisión en nuestro país. Las primeras demostraciones se
realizaron con carácter experimental hasta la década de los 50, debido a la falta de inversión en la materia y la
inexistencia de una industria avanzada. Se recurrió entonces a la industria electrónica norteamericana. Así es como
en 1950, Jaime Yankelevich, un pionero de la radiofonía, viajó a Estados Unidos para comprar equipamiento
necesario para instalar un canal de televisión en Argentina. El 17 de octubre de 1951, se iniciaron las transmisiones
de canal 7, y la primera imagen transmitida fue el discurso de Perón y Evita desde el balcón de la Casa de Gobierno.
Los años iniciales: la década de los 50
Durante la década de los 50, el canal 7 de la ciudad de Buenos Aires fue el único canal que operó en el país y, si
bien estaba bajo el control del Estado (el mismo que hoy transmite la Televisión Pública), su financiamiento tuvo,
desde el comienzo, origen publicitario.
Durante esta primera década de televisión argentina, las programaciones fueron muy precarias: ocupaban pocas
horas diarias y de manera relativamente inestable. Todavía no existían géneros ni un lenguaje específicamente
televisivo: los programas les copiaban al teatro y a la radio y no existía lo que hoy se conoce como producción. Por
esa época llegaron las primeras series norteamericanas: Yo quiero a Lucy, Lassie entre otras. En 1954, comenzó a
emitirse el primer noticiero televisivo y en 1956 empezó su larga trayectoria el reconocido programa Odol pregunta
por cien mil pesos, pionero en los programas de concursos.
Segunda etapa: la década de los 60
Los años 60 fueron la década de la irrupción y el desarrollo de la televisión privada en la Argentina. En 1960, se
crearon los tres primeros canales privados del país: los canales 13 y 9 de la Capital Federal y el 12 de Córdoba. En
1961, comenzaron a transmitir el canal 11 de Buenos Aires y, paralelamente, el 8 de Mar del Plata y el 7 de
Mendoza. A mediados de esa década funcionaban, además de los cuatro canales porteños, alrededor de 20 canales
en el interior del país, mientras que el único canal estatal era el 7, cuya programación en esa época tuvo un
carácter cultural en el sentido clásico del término.
Si bien el desarrollo del sistema televisivo fue importante durante los 60, la programación estaba concentrada en
pocas manos y en el interior los canales eras subsidiarios de los canales capitalinos. Los canales del interior se
convertían en repetidoras de los de la capital, pero pagaban por ese material y lo comercializaban a través de la
publicidad.
“Los canales del interior se convertían en repetidoras de los capitalinos pero pagaban por ese material que
comercializaban. A partir de allí, la publicidad era controlada por estos canales y ese aporte económico quedaba
dentro de la ciudad del interior a la que pertenecía el canal. El ingreso publicitario dejaba de entrar en una sola
emisora de origen para distribuirse entre muchas otras; este capital iba permitiendo que se formaran
conglomerados locales económicamente importantes que a la vez se iban expandiendo a otros medios de difusión”
(Landi: 1992, P163/4)
En cuanto a la producción, esta fue una etapa de crecimiento y consolidación. Comenzaron a aparecer géneros
específicos como, por ejemplo, el humorístico con personajes como Olmedo, Biondi, Minguito, entre otros.
También crecieron los programas musicales. Por intereses comerciales de las discográficas, aparecieron programas
de gran éxito como El club del clan, en este caso para jóvenes de la década del `60 y que lanzaron músicos como
Palito Ortega, Violeta Rivas, Chico Novarro, Jonny Tedesco entre otros.
Se realizó también la primera transmisión en directo desde el extranjero, en 1969, canal 11 emitió el partido entre
Estudiantes de la Plata y Nacional por la Copa Libertadora de América, desde el estadio Centenario de Montevideo.
También aparecieron los primeros noticieros modernos de la televisión argentina, de frecuencia diaria (de lunes a
viernes), con una duración que fluctuaba entre 30 y 60 minutos y con cierta producción propia. Así comenzó a
librarse la guerra del rating entre los canales capitalinos. Durante el tramo final de los años 60 se destacaron los
almuerzos televisivos de Mirtha Legrand. Tercera etapa: los años 70
Durante la primera mitad de la década de los 70 hubo un auge de los programas periodísticos: los informativos
siguieron compitiendo con tres ediciones diarias por canal y aparecieron varios programas políticos, entre los que
se destacó Tiempo Nuevo, de Bernardo Neustadt.
Esta también es una década de gran éxito de los teleteatros. Las programaciones televisivas se consolidaron y
establecieron la lógica de horarios, formatos y géneros más o menos dominantes hasta hoy. A los géneros ya
mencionados se agregaron en un lugar destacado los programas ómnibus. Un hito fue Sábados circulares,
conducido por Pipo Mansera.
La última dictadura militar (1976-1983) tuvo una política estatista y mantuvo un férreo control sobre los contenidos
emitidos (censura previa, prohibición de programas, persecuciones ideológicas, etc.,). Los cuatro canales de la
Capital Federal (los más importantes del país) se repartieron entre el Gobierno y cada una de las fuerzas armadas:
canal 7 estaba controlado por la Presidencia de la Nación; canal 9, por el Ejército; canal 11, por la Fuerza Aérea; y
canal 13, por la Marina. A partir del golpe militar de 1976, la televisión argentina se empobreció en sus contenidos
y estuvo marcada por las listas negras y el clima de persecución ideológica: no hubo mayores novedades ni
producciones con alguna cuota de imaginación. Mucho deporte, especialmente Futbol y mucho control ideológico
sobre los espacios informativos.
En este periodo fue introducida la televisión a color para la transmisión del Campeonato Mundial de Futbol de
1978. Canal 7 se transformó, entonces, en ATC (Argentina Televisora Color) con la incorporación de una enorme y
carísima tecnología en la que invirtió la dictadura, debido a los objetivos políticos que perseguía con la realización
del Mundial. De todas maneras, la tecnología a color solo sirvió para que el resto del mundo viera el Mundial, ya
que, a Argentina, dado que no había aparatos de televisión a color, recién llegó en 1980.
Esta etapa también está signada por la Guerra de Malvinas (1982), la televisión tuvo una importancia fundamental
en la información que difundía, haciendo creer a millones de argentinos que se estaba ganando la guerra cuando
eso no era cierto. Un hito importante en ese contexto fue el programa 24 horas por Malvinas conducido por Cacho
Fontana y Pinky (famosos conductores del momento) que el 28 de mayo de 1982 y durante 24 horas llamaban a la
solidaridad al pueblo que donó a través de llamados de teléfonos, muchísimo dinero y joyas, que se dudó llegaron
a los soldados en Malvinas.
Los 80 y los 90
La vuelta a la democracia supuso un lento camino hacia las privatizaciones, fundamentalmente en el gobierno
menemista. En ese periodo se formaron varias empresas multimedia. El diario Clarín se convirtió en el multimedio
más poderoso del país (concentra, además del diario, a la mayoría de los diarios del interior del país, como La Voz
del Interior, y es dueño de Canal 13, Radio Mitre, Papel Prensa y la agencia de noticias DYN).
Con la llegada del color, la programación no cambió con respecto a lo que se veía en blanco y negro. En 1982 la
televisión estaba signada por la guerra de Malvinas. En efecto, controlada por el Gobierno militar, la televisión
exacerbó el nacionalismo, promovió la actitud belicista y convalidó con desinformación lo que los militares
pretendían. Después de la derrota de Malvinas, la dictadura militar entró en crisis y se abrió la etapa de transición
democrática que se extendió hasta la asunción de Alfonsín en 1983.
Durante este periodo se produce el auge de los ciclos testimoniales, en los que se ponían en escena, en capítulos
unitarios, problemas sociales más o menos candentes con la participación de actores serios, muchos de los cuales
habían sido prohibidos en los años anteriores. Durante este período tuvieron altos ratings los programas políticos,
entre los que se destacó Tiempo Nuevo.
Durante los primeros años del Gobierno alfonsinista, se amplió esta apertura hacia los programas serios en
televisión, sobre todo en el canal oficial, que se destacaba por una programación cultural.
En 1986 aparecieron algunos programas novedosos para la televisión argentina como Yo fui testigo, que trataba
sobre temas de la historia contemporánea argentina, Semanario insólito y La noticia rebelde, que discutía sobre la
realidad con ironía.
Sobre todo a partir de 1987, tuvieron alto rating los programas de juegos y concursos, especialmente el programa
de Susana Giménez.
A fines de los 80 y los 90 pueden detectarse las siguientes características en la evolución de la programación:
1) Las comedias blancas parecen haberse constituido en ejes de programación, tales como Amigos son los amigos y
¡Grande, pa!, entre otras.
2) El auge de los programas cómicos, en general de muy buen nivel, como El mundo de Antonio Gasalla y Peor es
nada.
3) Las telecomedias ocupan una franja considerable en la programación y tienen altos niveles de rating.
4) Los programas para adolescentes producidos por Cris Morena como Jugate conmigo o Video Match con Marcelo
Tinelli.
5) Las telenovelas nacionales y extranjeras ocupan también un lugar preponderante en las programaciones y se
exportan muchas de ellas a otros países latinoamericanos y europeos.
6) El avance tecnológico es liderado por Canal 13, que es el primero en transmitir con efecto tridimensional, en
producir en formato full digital y en hacer una transmisión vía satélite en directo desde Antártida.
7) América 2 les da un espacio a los artistas provenientes del underground porteño con De la cabeza y Cha cha cha.
8) Otro aspecto importante de las programaciones es la constante dramatización de los padecimientos de la gente
en los programas periodísticos de todo tipo: los talk shows consisten en llevar gente al estudio para que exprese
sus problemas. Este género todavía perdura en la televisión actual.

La radio
Hoy nos preguntamos por qué en un mundo plagado de imágenes sigue existiendo la radio como medio masivo de
comunicación. Las razones son varias:
Es unisensorial, es decir que solo se necesita un sentido, el oído, para captar la señal radiofónica, y eso nos
permite hacer varias cosas a la vez.
Es instantáneo: si queremos trasmitir una noticia por radio lo podemos hacer con mínimos requisitos. Con un
celular hoy nos alcanza para comunicarnos con la emisora y transmitir desde el lugar de los hechos.
Es el medio más barato.
Es el medio más creíble, porque tenemos las voces de los protagonistas de los hechos.
Produce empatía con el oyente. porque del otro lado del receptor de radio está la voz (los diferentes matices y la
emoción que trasmite) y el cuerpo de aquel que nos habla.
Porque está cerca del receptor: a través de la radio podemos organizar nuestro día, saber qué temperatura hará,
qué calles están cortadas, etcétera.
Porque permite segmentar los públicos a través de las frecuencias (AM o FM), de las diferentes emisoras, de los
distintos horarios de transmisión.
Porque su mensaje está constituido por componentes que permiten imaginar, evocar, situar: la palabra, la
música, los efectos sonoros y los silencios.

Cuán importante será la radio cuando hablamos de un medio informativo, y especialmente por la mañana, que la
televisión salió a competir con ella. Si recorremos los diferentes canales de aire en ese horario, veremos programas
muy similares a los de la radio, donde los conductores sentados alrededor de una mesa imparten las noticias, con
el valor adicional de intercalar algunas imágenes, ya que el medio lo permite.
Oscar Bosetti (1994) propone pensar en las diferentes condiciones de la radio:

Positivas Negativas

Instantaneidad. Falta de percepción visual entre el


Inmediatez. emisor y el receptor.
Simultaneidad. Condicionamiento temporal de la
Rapidez. decodificación del mensaje
Sugestión. radiofónico.
Gran alcance. Peligro de fatiga.
Bajo costo. Peligro de distracción.
Acceso directo a los hogares. Dependencia.
Poder de sugestión. Fugacidad
Empatía.
Comunicación afectiva.

Entre dichas condiciones, también propone un equilibrio del lenguaje radiofónico y sus potencialidades:
o Ser atractivo y capaz de interesar la atención del escucha sin exigirle a éste un esfuerzo excesivo de
concentración.
o Utilizar creativamente el poder de sugestión del medio, estimulando la imaginación y suscitando imágenes
auditivas capaces de referenciarse en un símil visual.
o Construir un abanico de recursos expresivos que no se remitan exclusivamente al uso de la palabra articulada
(componente lingüístico) sino que también contengan los eslabones propios del componente paralingüístico: la
música, los efectos sonoros y los silencios.
o Desarrollar una comunicación afectiva que convoque a la sensibilidad y la participación emotiva de los
perceptores.
o Ofrecer a los oyentes, estrategias de identificación que desarrollen la capacidad empática de la radiodifusión,
haciendo que la audiencia se sienta protagonista del programa en cuestión. (Bosetti, 1994, p. 66).

Para alcanzar este objetivo, resulta necesario partir de las necesidades socioculturales de los destinatarios y
responder a los interrogantes y enigmas que estos se formulan. Rincón (2006) defineala radio:
Somos orales, anónimos e individuales. Somos silencios, música, voces, sonidos, ruidos. Somos espontaneidad y
flujos. Somos participación desde lo que mejor sabemos hacer para expresamos: hablar. Somos acontecimiento
oral. Nuestra sociedad de los medios es, sobre todo un ambiente sonoro, de hablas de conversaciones. Y eso es la
radio.
(Pág.155)
La radio en Internet
No es radio en sentido tradicional, es más que radio es sonido contextualizado con imagen e información escrita,
además de la emisión estricta de la programación convencional que oferta cada una de las cadenas radiofónicas
(…) Por eso en Internet descubrimos dos prestaciones sonoras: por un lado, la radio tal como la conocemos, y por
otro, una serie de informaciones escritas apoyadas por imágenes y enriquecidas con material sonoro (Rodero,
2005, Pág. 123/24).
Internet impone nuevos hábitos de consumo y brinda opciones diferentes a usuarios con comportamientos e
intereses distintos a los que tiene la audiencia radiofónica. El usuario de internet busca rapidez e inmediatez en la
información ofrecida.
Por este motivo, internet se transforma en un espacio ideal para la “oferta de contenidos personalizados o
contenidos “a la carta””. (Bosetti, 1994)
La audiencia de radio siempre es menor a la que tiene internet ya que debido a una limitación técnica se restringe
la zona de cobertura mientras que internet se amplía globalmente.
Escuchar radio por internet no es nuevo, sino que la novedad radica en la creciente masividad y en la velocidad de
la migración de oyentes de aire a la web. El comportamiento de la escucha online es similar al de los oyentes FM,

es decir un fuerte consumo de lunes a viernes, alguna performance menor los fines de semana.
En la actualidad, hay emisoras que sólo transmiten sus programas a través de internet y no lo hacen por FM o AM.
Generalmente, son radios que no tienen contenidos equiparables a las tradicionales, sino que apuntan a lo
temático y a la música segmentada por tipo o época.
Si bien la radio tradicional sigue estando vigente, el centro de consumo se trasladó a las tabletas, computadoras o
celulares. El hábito de escuchar radio mientras se realiza otra actividad. Se transforma y suma nuevas alternativas a
internet.
Historia de la radio
El origen histórico de la radiodifusión se remonta a finales del siglo XIX. Mientras el maquinismo terminaba de
transformar estructuralmente las sociedades europeas y en nuestro país, los ferrocarriles de propiedad inglesa
creaban pueblos, Alexander Graham Bell en Estados Unidos lograba trasmitir por primera vez la voz humana a
distancia. Con la invención del teléfono quedó registrado el primer paso en la historia de las tecnologías destinadas
a la comunicación no presencial.
Pero quien dio el paso inicial de la evolución tecnológica que desembocará en la radiodifusión fue el escocés James
Maxwell, el que predijo teóricamente la existencia de ondas electromagnéticas. La demostración empírica estuvo a
cargo de Heinrich Hertz, quien creó un artefacto capaz de generarlas y captarlas. Es por ello que las ondas de radio
y televisión se llaman ondas hertzianas.
Pocos años más tarde, el joven italiano Guillermo Marconi realizó la primera aplicación efectiva de los
descubrimientos de Maxwell y Hertz. En 1896, en presencia del Ministro de Correos, envió a una distancia de tres
kilómetros una señal telegráfica en código morse.
Apoyado por este bagaje de conocimientos, le tocó al canadiense Reginard Fossenden trasmitir por primera vez la
voz humana a través de un sistema de alternadores. El enlace tuvo como protagonistas a los barcos que navegaban
en la costa de Nueva Inglaterra (EE. UU.) en la noche del 24 de diciembre de 1996. Como regalo de nochebuena los
marineros escucharon asombrados la voz de varias personas y hasta los acordes de un violín “Fue Sarnoff, un
empleado de la fábrica Marconi, el que envió un memorándum fundamental para el futuro de la radiofonía. “He
concebido -escribía Sarnoff- un plan de desarrollo que convertiría a la radio en un “artículo para el hogar” en el
mismo sentido que pueden serlo un piano o un fonógrafo. La idea es llevar música al hogar por transmisión
inalámbrica (…) Por ejemplo podría instalarse un transmisor radiotelefónico con un alcance de 40 a 80 km, en un
punto fijo donde se produzca música. El receptor puede ser diseñado como una simple “caja de música con radio” y
adaptado para que posea diferentes longitudes de onda, entre las que pueda alternarse con un simple giro o
apretando un botón. La caja de música de la radio puede ser entrega con amplificadores y con un altavoz, todo ello
debidamente acondicionado en una caja…” (Cristiano, 1996, P.246)
Si bien la pionera misiva de Sarnoff no tuvo impacto inmediato, menos de cuatro años pasaron hasta el surgimiento
de la primera emisora radial de la que la historia tiene registro: la KDKA de Pittsburgh (EE. UU.), que transmitió
regularmente desde fines de la década de 1910. Desde entonces la radiodifusión experimentó un desarrollo
vertiginoso. En Estados Unidos aparecieron la Columbia Broadcasting System (CBS) y la National Broadcasting
Company (NBC).
Acompañando este proceso, se fue produciendo un rápido crecimiento en el número de receptores para el público.
El auge de la radiodifusión trajo aparejado un fuerte incentivo para la experimentación y la invención, que tuvo
como consecuencia un sinnúmero de perfeccionamientos. La marcha nunca se ha detenido, pero mientras duró la
denominada edad de oro de la radio (1930-1940) los nuevos descubrimientos significaron no solo avances
tecnológicos, sino profundas transformaciones en los usos sociales y los contenidos del medio. El principal avance
fue la invención de la frecuencia modulada (FM) y de los transmisores.
El reemplazo de la vieja válvula por los transistores terminó con la era del consumo radial en familia y abrió paso al
consumo individual, a la posibilidad de trasladar el aparato de un lugar a otro y al uso de la radio en los
automóviles.
Durante los años de posguerra, se va configurando un nuevo perfil de programación, en el cual la noche deja de ser
un momento central del consumo (que pasa a concentrarse en la mañana y la tarde) y los contenidos informativos
y de seguimiento de la cotidianeidad comienzan a ocupar un espacio protagónico. Con algunas transformaciones y
variantes, este perfil se mantiene hasta nuestros días, especialmente en las emisoras de amplitud modulada (AM).
La experiencia más significativa del uso de la radio con fines propagandísticos se dio en la época de la Segunda
Guerra Mundial cuando el Tercer Reich hitleriano recomendó su uso a Joseph Goebbels a partir de la irrupción del
nazismo al poder en 1933. La importancia de la radio en la concientización de las masas alemanas y de los
sucesivos países ocupados por el régimen nazi puso a los ojos del mundo la potencialidad del nuevo instrumento
para influir en los sentimientos y en las opiniones colectivas.
Hubo un caso, sin duda menos dramático que el anterior pero sí dramatizado, que incentivó las miradas sobre el
poder de la radio. En la noche del 30 de octubre de 1938, la CBS emitió la adaptación de la novela La guerra de los
mundos de H. G. Wells, realizada por Orson Welles, quien ganaría fama a partir de este episodio. La utilización
correcta de todos los códigos radiofónicos (narración desde estudio, consulta a expertos y reportajes en las calles)
hizo que la gente entrara en pánico, ya que creyó que la invasión extraterrestre era real.
Con respecto a los modos de explotación del medio radiofónico, podemos considerar tres grandes modelos: el
privado, el estatal y el mixto. Del primero se ha rescatado, históricamente, su distanciamiento del control estatal
sobre los contenidos difundidos; como contrapartida, se ha llamado la atención sobre la tendencia a la
concentración del poder comunicacional en pocas manos. El segundo modelo, el estatal, ha sido exaltado en
nombre de la supuesta pureza que supone su no sometimiento a la lógica comercial (lo que permitiría una
elevación cultural y estética del material difundido).
El modelo comercial norteamericano es, hoy por hoy, la matriz básica de la radiodifusión en la mayor parte del
mundo. Rápidamente la publicidad se constituyó como una fuente segura de ingresos para las transmisiones
radiofónicas.
A finales de la década de 1920, casi todas las personas podían comprar un receptor a un precio razonable. Desde
los años 50 en adelante se desarrollan procesos de sucesivas y rápidas aceleraciones. Hoy podemos escuchar radio
tanto de la manera tradicional, con transistores, como de manera digital a través de Internet. La radio en
Argentina
Hacia 1923, nada más que cuatro años después del surgimiento de la primera emisora del mundo, ya podía
hablarse en Argentina de la locura de la radio. La trasmisión inaugural se había realizado el 27 de agosto de 1920.
En esa célebre ocasión el otorrinolaringólogo Enrique Susini y un grupo de colaboradores emitieron desde la azotea
del Teatro Coliseo la representación de la ópera Persifal, de Richard Wagner, por lo que se les llamó “los locos de la
azotea”. Ellos no imaginaban que el nuevo divertimento tecnológico se convertiría en poco tiempo en el mayor
competidor de la prensa gráfica.
Después de aquella primera transmisión, el desarrollo de la radiodifusión en Argentina fue tan vertiginoso como en
los países pioneros. Más allá de sus comienzos románticos y signados por el particular ensueño de la tecnología, la
radio argentina fue adquiriendo una identidad específica, inspirada en el modelo norteamericano: orientada al
divertimento popular y basada en la explotación comercial privada.
En el imperio del modelo de show comercial se sustenta el fenómeno más relevante de la edad de oro de la radio:
el radioteatro, antecedente de las actuales telenovelas, es una fortuita combinación de teatro, cine y novela
literaria tradicional con una raigambre en el folletín. Además, tenía cautivos a los oyentes para continuar la
historia. Para los sectores populares, el radioteatro y, más globalmente, la radio de las décadas de 1930 y 1940
acompañaron la incorporación de la nueva sociedad caracterizada por la urbanización progresiva y la creciente
masificación.
El tiempo del radioteatro es el de la consolidación de las grandes cadenas, constituidas por una emisora madre de
Capital Federal, con múltiples repetidoras en las provincias.
Mientras el radioteatro acaparaba la atención de grandes masas de la población, la radio pasaba a ser también un
agente más de los procesos políticos, realidad que se acentuaría a lo largo del convulsionado proceso institucional
iniciado con el golpe de Estado de 1930. Esos procesos políticos sufridos en nuestro país, signados por diferentes
dictaduras, afectaron a la radiodifusión y su programación.
Con el retorno de la democracia, luego del último golpe militar, la radiodifusión ingresó a una nueva etapa. Al igual
que los otros medios, la radio posterior a 1983 fue un ámbito propicio para el redescubrimiento de

voces silenciadas a lo largo de la dictadura y el surgimiento de algunos exponentes, especialmente en el campo de


la información y el periodismo político.
En la actualidad, conviven, en un sistema mixto, radios privadas, la cadena de radiodifusión argentina a la que
pertenecen las radios nacionales en todo el país, algunas radios mixtas, como es el caso de Radio Universidad en
Córdoba, y también radios populares y comunitarias.