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X Prólogo 1.

INTRODUCCIÓN:
LAS MARCAS TERRITORIALES COMO NEXO
triciaValdez, participante activa del propio proceso que describe ENTRE PASADO Y PRESENTE
y anahza, aceptó nuestra invitación a elaborar un artículo sobre
el tema para este libro. Su trabajo permite ver la interacción en Elizabeth Jelin y Victoria Langland
tre organismos estatales y actores sociales en el emprendinüento,
y permite reflexionar sobre modalidades de negociación y con
vergencia entre actores que muy a menudo son vistos como
opositores. Finalmente, el encuentro y el diálogo establecido con
Michael Lazzam en el primer semestre de 2002 en Princeton se
plasmó en su artículo, en el que trabaja de manera compleja y
sutil el funcionanuiento del <‘lugar de enunciación» en relación
con un lugar especiflco,Villa Grimaldi/Parque de la Paz en San
tiago.
El libro no pretende cubrir —valga la metáfora— todo el Este libro elige tomar las marcas territoriales, los espacios fisicos
territorio de los lugares y sus marcas. Ofrece algunos trabajos, y los lugares públicos como puntos de entrada para analizar las
estudios de casos y reflexiones que pretenden abrir cuestiones y luchas por las memorias y los sentidos sociales del pasado re
preguntas sobre el sentido de estos lugares, y que pone en el es ciente de represión política y terrorismo de Estado en el Cono
cenario más amplio de debate la realidad de las vivencias del Sur de América Latina, y desde esos casos contribuir a la refle
Cono Sur. xión más general sobre las memorias territorializadas. De mane
Agradecenios a todos/as los/as autores por el fructifem diá ra análoga a las fechas de conmemoración 0dm. comp., 2002),
logo que hemos tenido a lo largo de la preparación del volu los registros y archivos de la represión y la resistencia (Da Silva
men. Agradecemos también a colegas y amigos/as que nos apo Catela y Jelin, comps.. 2002), y otros espacios tales como el sis
yaron en la publicación de este libro, ofreciendo comentarios y tema educativo —para no mencionar los espacios más clara
consejos: becarios/as del Programa, docentes invitados, colegas mente institucionales—políticos como la legislación y la justi
de nuestro trabajo cotidiano, colegas ligados al ssi&c. Nuestro cia—, los procesos de marcación pública de espacios territoriales
agradecimiento especial a Erie Hershberg y a Ludinfia da Silva han sido escenarios donde se han desplegado, a lo largo de la
Catela, quienes fueron interlocutores de lujo en esta tarea. historia, las más diversas demandas y conflictos.
En efecto, el territorio (y sus límites) ha sido y es una de las
manifestaciones de la soberanía estatal, y de ahí la larga historia
de guerras y conflictos para marcar fronteras. Es y ha sido tam
bién el punto de identificación y reclamo de las luchas de los
pueblos originarios. Siempre, estas luchas territoriales han estado
sentidas y justificadas en términos de derechos de «propiedad»
anclados en memorias del pasado, en reclamos ancestrales y en
esftierzos por recrear y traer al presente memorias e identidades
referidas a un pasado colectivo, sea histórico o nuitico.
El foco de este libro es mucho más acotado y restringido: la
investigación y el análisis se centran en espacios flsicos más redu
cidos que el territorio nacional o comunal. Son marcas fisicas y
2 Elizabeth Jelin y Victoria Langland Las marcas territoriales como nexo entre pasado y presente 3

territorios en espacios vividos y transitados cotidianamente —un claros y explícitos —anclados en una estética figurativa, realista,
edificio, tina placa, un memorial o un monumento—.Y el objeto descriptiva o literal—. Alternativamente, pueden estar formula
de la lucha y la memoria está ligado a un pasado reciente dolo dos de manera más ambigua, dejando abierta desde el proyecto
roso y vergonzoso, más que a los intentos monumentalistas he mismo la inevitable subjetividad de la interpretación de quien
roicos de los períodos históricos de construcción de la nación ((recibirá» el mensaje o visitará el lugar. Siempre, inevitablemen
moderna o de la ((historia oficial» (CUlis, 1994; Nora (dir.), 1984— te, el paso del tiempo, la presencia de nuevos sujetos y la redefi—
1992). El tema de análisis está focalizado en los procesos políticos nición de escenarios y marcos interpretativos traerán nuevos
ligados a marcar los espacios donde ocurrió la violencia estatal en sentidos —a veces inclusive contrarios a los originarios—. Otras
las dictaduras, y en los intentos de construir memoriales y monu veces, la indiferencia será el destino de esa marca, a veces tan la
mentos que recuerden y homenajeen a sus víctimas. boriosamente conseguida (sobre los distintos sentidos de los
Sabemos que la representación del horror y del trauma no es monumentos, Young. 2000). Estas y otras preguntas intrigantes
lineal y sencilla. La re—presentación supone la existencia de un son las que los autores recorren e intentan encarar en los capítu
algo anterior y externo (la «presentación» inicial) que será «re»— los de este libro.
presentado. ¿Cómo representar entonces los huecos, lo indeci Un primer eje analítico que atraviesa el tema hace referencia
ble, lo que ya no está? ¿Cómo representar a los desaparecidos? al proceso en que un espacio fisico adquiere y reafirma sentidos.
Si hablar y decir es dificil, los emprendimientos que intentan En otras palabras, cuando en un sitio acontecen eventos impor
marcar el espacio fisico parecen ser al mismo tiempo más fkiles tantes, lo que antes en un mero «espacio» fisico o geográfico se
y más complejos. Más fctles porque en muchos casos hay ras— transforma en un «lugar» con significados particulares, cargado de
tms, ruinas y restos; hay una materialidad que puede hablar por sentidos y sentimientos para los sujetos que lo vivieron. Esto ocu
sí mismi Más dificiles porque no se trata de marcas personales o rre sin duda en el plano personal (lugares cargados de sentidos
grupales, significativas para alguien en particular, con sentido porque traen memorias de lo vivido en ellos), que cobran nuevos
privado o íntimo. Más bien, nos referimos a espacios fisicos pú y complejos sentidos cuando lo que se recuerda rio es sólo lo vi

blicos, reconocidos por el Estado y la autoridad legítima, lo cual vido sino también las memorias posteriores a lo vivido —»una
implica procesos de lucha política por parte de quienes llevan memoria de una memoria», como dice Passerini (1992)—. Lo
adelante las iniciativas. Implica también luchas acerca de los cri que interesa aquí, sin embargo, no son exclusivamente esas me
terios estéticos para lo que se va a construir o preservar. ¿Existe morias individuales o aun intersubjetivas ancladas en espacios fisi—
una estética más «apropiada» que otras para representar el ho cos vividos y transitados, sino los lugares que son significativos
rror? ¿Quiénes serán los que van a decidir las maneras de hacer para uua colectividad, con valor simbólico y político qtte se ex
lo? L.os mensajes y objetivos de este proceso pueden ser muy presa en rituales colectivos de conmemoración, y que reciben su
reconocimiento legítimo por la sanción aprobatoria del Estado.
Sitios, lugares, espacios, marcas, son las palabras en juego. Más
aun, lo que intentamos comprender no es solamente la niultipli—
Este tema ha sido trabajado especialmente en lo referente al testimonio y
cidad de sentidos que diversos actores otorgan a espacios fisicos
la posibilidad de hablar. La posibilidad de testimoniar cuando se ha vivido lo
en función de stis memorias, sino los procesos sociales y políti
invivible» y lo «indecible» ha sido un tema trabajado especialmente por so
cos a través de los cuales estos actores (o sus antecesores) inscri
brevivientes de campos de concentración nazis, incluyendo los grandes escri
tores como Primo Levi. Levi habla del ‘deben de testimoniar cuando las ver— bieron los sentidos en esos espacios —o sea, los procesos que
dadens victimas no tienen voz para hablar por sí mismas (Len, 1989; también llevan a que un «espacio» se convierta en un «lugar»—. Cons
Againhen, 20(t)) -
truir monumentos. marcar espacios. respetar y conservar ruinas,
4 Elizabeth Jelin y Victoria Langland Las marcas territoriales como nexo entre pasado y presente 5

son procesos que se desarrollan en el tiempo, que implican lu tra—marcas de otros grupos o por el rechazo de la legitimidad de
chas sociales, y que producen (o fracasan en producir) esta se— la demanda por parte del Estado.
mantización de los espacios materiales. Aunque usamos el lenguaje de «éxito» y «fracaso» delibera—
Este otorgamiento o transformación de sentido nunca es au damnente, para así poner el énfasis cii la i,zte,wio,ialidad narrativa
tomático o producto del azar, sino de la agencia y la voluntad de los esfuerzos por marcar espacios con memoria, sabemos que
humana. Los procesos sociales involucrados en «marcar» espacios no es posible dicotonúzar tan Pacilmente la evaluación de este
implican siempre la presencia de «emprendedores de memoria», tipo de proyectos. Dada la historicidad de estos procesos, lo que
de sujetos activos en un escenario politico del presente, que li puede ser vivido como «éxito» o «fracaso)) en un momento lle
gan en su accionar el pasado (rendir homenaje a víctimas) y el vará a cambios de sentido en momentos futuros, dependiendo
futuro (transnútir mensajes a las «nuevas generaciones») 0dm, de las interpretaciones que las generaciones futuras darán a lo
2002). En el nivel más básico, la instalación de placas conmemora que se está conmemorando, al sentido que adquiere el lugar para
tivas o la construcción de monumentos sólo pueden ser el resulta otros proyectos) incluyendo la posibilidad de indiferencia u olvi
do de la acción de grupos humanos. Por lo tanto, en el proceso de do. En efecto, tanto los acontecimientos y actores que se propo
analizar estos pasajes de un «espacio» a un «lugar» (histórica y so— ne rememorar como los lugares específicos están inscriptos en
cialmente anclado) nos encontramos con otro eje analítico, que un devenir histórico—temporal, y cambian su sentido en distintos
implica el reconocinüento de la diferencia entre el «lugar fisico» y contextos políticos y sociales 2 Hubo un «antes» de la marca te
el «lugar de enunciación», o sea, la ubicación social del sujeto que rritorial, y habrá un (después».
otorga sentido e incorpora en su memoria a ese espacio, o mejor Muchas veces, lo que se intenta construir no es algo nuevo,
dicho ese lugar —los emprendedores que promueven la marca y sino que se agrega una nueva capa de sentido a un lugar que ya
quienes, después. le otorgan su propio sentido. está cargado de historia, de memorias, de significados públicos
La centnalidad del lugar de enunciación y la consideración de y de sentimientos privados. Generalmente, no hay un proyecto
quién y en qué escenario y contexto da sentido al lugar resulta de rememoración explícitamente formulado, sino que el deve
de reconocer que, aun cuando los promotores y emprendedores nir de la acción humana incorpora nuevos rituales y nuevos
traten por todos sus medios de hñponerlos, los sentidos nunca significados al ya cargado «lugar)).
están cristalizados o inscriptos en la piedra del monumento o en
el texto grabado en la placa. Como «vehiculo de memoria», la
2
marca territorial no es más que un soporte, lleno de ambigüeda Así, los periódicos de todo el mundo reportan movimientos y demandas
des, pan el trabajo subjetivo y para la acción colectiva, política y de cambios en los «monumentos nacionales» existentes, debido a los cambios en
simbólica, de actores especificos en escenarios y coyunturas da la interpretación del pasado y a la ulcorponción de nuevos actores con voz en la
das. Todos los capítulos de este libro dan cuenta de casos específi esfera pública. Pan dar solamente algunos ejemplos recientes, hay demandas en
Estados Unidos por elinurur las estatuas a los nñlitares vencedores de sus gue—
cos en que esta activación de la memoria es producida.
ms con México qie resultaron en la incorporación de un vasto territorio (y su
A su vez, como esta activación ocurre en escenarios de con
población), y hay demandas de elinumuar las estatuas al general Roca (vencedor
frontación y debate cori otras interpretaciones y otros sentidos, de las campañas en contra de los indígenas de la zona) en el sur de Argentina.
se hace necesario trabajar no solamente sobre los éxitos —los Sturken (1997) analiza los conflictos ligados al Memorial de Vietnam en \Vas—
casos en que un grupo (o grupos) logró marcar un espacio con hington, que llevaron a la construcción de estatuas adicionales en respuesta a
un cierto conjunto de significaciones que han perdurado en el demandas específ cas de categorías sociales que no se sintieron representadas en
tiempo— sino también sobre los fracasos —los casos en que un el Memorial originaL En Europa del Este, la destrucción de estawas de héroes
grupo humano pierde «la batalla por la marca, sea por las con— del pasado acompañó los procesos de cambio de régimen político.
6 Elizabeth Jelin y Victoria Langland Las marcas territoriales como nexo entre pasado y presente 7

La Plaza de Mayo silencio —a diferencia de lo que acontecía en las plazas «peronis


tas» llenas de bombos y slogans, y de las plazas «oficiales» donde
En la actualidad, la Plaza de Mayo del centro de Buenos Aires se pronunciaban discursos desde el balcón o, más recientemente,
es para muchos «La Plaza de las Madres». Cada jueves por la tar las plazas de la protesta social en contra de la política económica
de, las Madres de Plaza do Mayo —movimiento de madres de dete gubernamental, de desocupados y excluidos, de las demandas ci
nidos-desaparecidos durante la dictadura militar 1976-1983— ha vicas por la inclusión—.
cen su «marcha», caminando alrededor de la Pirámide de Mayo. La Cada jueves, cada fecha de conmemoración ligada a la dicta
Pirámide fue construida hacia 1860 como monumento conmemora dura militar como los 24 de marzo (Lorenz, 2002), cada vigilia de
tivo de la libertad e independencia de 1810, año en que en ese mis- 24 horas a comienzos de diciembre —la Marcha de la Resistencia
mo lugar, con una manifestación de ciudadanos reclamando que «el conmemorando el Día Internacional de los Derechos Humanos—
pueblo quiere saber de qué se la Plaza de Mayo es apropia
trata» frente al Cabildo colo da por las memorias y el re
nial, se inició el proceso de pudio de la dictadura, y sus
construcción de la Argentina sentidos se actualizan y com
como país independiente de binan con las demandas so
la corona española. ciales de cada momento. Esta
Desde aquel momento funda presencia está inscripta «en
cional, la Plaza ha sido el es la piedra’, ya que alguien, en
cenario y el símbolo de las algún momento, pintó pañue

ci ceremonias del poder —la


corta y solemne caminata en
tre la Casa de Gobierno y la
Catedral acompañó festejos
patrios e investiduras de auto
los blancos, simbolo de las
Madres, en el piso, alrededor
de la Pirámide’.
Así, coexisten en la Plaza
capas y niveles de historia y
ridades—. También, y esto de sentidos del pasado, «un
especialmente a partir de la significante —ciertamente no
histórica Plaza Peronista del arbitrario— que fue acumu
17 de octubre de 1945, allí se lando una pluralidad de signi
estableció el espacio físico y ficados» (Sigal, 1999:365).
simbólico donde se escenifica
la relación entre las autoridades nacionales y las fuerzas popula
res. Perón hablando desde los balcones de la Casa de Gobierno,
manifestaciones obreras reclamando y demandando, celebracio
nes de victorias electorales, conmemoraciones de todo tipo— toda Plaza. Sin embargo, prefieren decir «marcha» y no «ronda» a ese recorrido
la historia política del país puede leerse desde el embaldosado de alrededor de la pirámide, porque «la ronda es sobre lo mismo, pero marchar
sus senderos y el verde de sus canteros, es marchar hacia algo...» (Memoria Abierta, 2002).
En abril de 1977, allí se encontraron un pequeño grupo de se - Es difícil determinar con precisión el origen de estos pañuelos. A partir
ñoras que iban de lugar en lugar tratando de averiguar el paradero de la transición (1983) era costumbre pintar, en días de manifestación y
de sus hijas e hijos, presumiblemente secuestrados por las fuerzas marchas, consignas tales como «Aparición con vida», o «cárçel a los gene
militares. Allí comenzaron a reunirse y a hacer su «marcha»’, en cidas» en calles y veredas. También en esa época empezaron a ser pinta
dos los pañuelos. La pintura cuidadosa de los pañuelos alrededor de la pi
rámide —y la renovación y mantenimiento de esa pintura— sin embargo,
Cuentan las Madres que caminar alrededor de la Pirámide fue el es una tarea más sistemática y planificada, llevada a cabo por jóvenes cer
resultado de una orden policial. »Circulen!» cuando se iban reuniendo en la canos a tas Madres.
8 Elizabeth John y Victoria Langland Las marcas territoriales como nexo entre pasado y presente 9

Otras veces, se trata de proyectos con intencionalidad, donde


los emprendedores ponen su energía en lograr establecer la ma
terialidad de un monumento, una placa o un nombre, con un
sentido relativamente unívoco y claro del pasado que quieren
conmemorar. Este sentido, sin embargo, puede no corresponder
necesariamente a la memoria de quienes fueron los actores y
participantes del acontecimiento a rememorar, sino al escenario
político y el marco interpretativo presente en el momento del
proyecto de rememoración. Los actores del ahora pueden ser al
gunos de los protagonistas de entonces, pero como muestra Hite
en su análisis del debate chileno sobre la construcción del mo—
numento a Salvador Allende, sus posturas políticas e interpreta
ciones del pasado han cambiado. Por lo cual aun la presencia fi—
sica de actores portadores de una historia no garantiza que sigan
promoviendo los mismos proyectos y valores de entonces —a
veces pueden ser inclusive anacrónicos; otras reflejan cambios de
postura o aun una renegación de su pasado—.
El proyecto de rememoración del pasado en sus marcas te
rritoriales puede también ser de actores de otra generación, con
otro proyecto. La apropiación de la memoria del edificio de la
Unión Nacional de Estudiantes en Río de Janeiro por parte del
liderazgo estudiantil en la época de la «apertura», que analiza
Langland en este volumen, se hizo poniendo el énfasis sobre una
parte de la historia (en realidad, la lucha antidictatorial en el pe
riodo 1964-1968, cuando el edificio ya había sido incendiado),
silenciando u olvidando los proyectos y propuestas del periodo
anterior. El mismo edificio y el mismo lugar, en este caso, co
bran sentidos diferentes, y remiten a memorias de períodos dife
rentes de una misma historia.
El debate estético es, como ya se ha dicho, parte constitutiva de
los proyectos de marcas, monumentos y memoriales. En este de
bate se juega la cuestión representacional (si la representación
del horror sólo puede hacerse en una estética realista, si hay gé
neros más «apropiados» que otros, y quién tiene el poder para
dictaminar), el debate entre lo representacional y lo performati—
yo (Van Mphen, 1997) y las expectativas acerca de la participa
Plaza de Mayo durante la «Marcha de la Resistencia», 10 de diciembre ción de la sociedad en ese espacio público Young, 2000). Si
de 2000. bien el itionumentalismo realista de los héroes nacionales ha ido
lo Elizabeth Jelin y Victoria Langland Las marcas territoriales como nexo entro pasado y presente 11

dejando su lugar a formas de representación más diversas, el La reflexión de Achugar (en este volumen) se centra en el
terna de la «literalidad» está muy presente en este campo, y a lugar del monumento corno «objetivación de la memoria», en
menudo hay luchas por el poder «estético» entre emprendedores los peligros de la indiferencia y en la realidad de las «contrame—
de los proyectos (por lo general, victimas, sobrevivientes y acto monas’). Más que ver al monumento como mensaje univoco,
res del movimiento de derechos humanos), los expertos (cura consensuado y gestor de nuevos consensos, lo que se despliega
dores, artistas, museólogos, etc.) y la acción gubernamental. es un escenario de luchas de sentido, de definición de distintos
Sin embargo, aun cuando el monumento «realista» intenta «nosotros» y de competencia entre distintas memorias.
cristalizar en la piedra y en la inscripción el sentido que sus Hablamos de espacios materiales que, por la acción de gru
constructores le quieren dar, naturalizando la narrativa que se pos humanos y por la reiteración de rituales conmemorativos en
intenta transmitir, está claro que esta ilusión no se mantiene en ellos, se convierten en vehiculos para la memoria. No todos
el tiempo, ya que la subjetividad de quien se encuentra con esas ellos son iguales o equivalentes, sin embargo. Están los espacios
piedras le dará sus propias interpretaciones y sentidos. La cues fisicos en los cuales ocurrieron acontecimientos y prácticas re
tión estética de esta época es, entonces, cómo incorporar en el presivas del pasado reciente —campos de detención, lugares
diseño de la marca territorial esa misma posibilidad de reinven— donde ocurrieron matanzas, edificios donde actores socio—políti
ciones de sentido y la ambigüedad que invita al trabajo activo de cos del pasado fueron reprimidos—. Estos espacios se convierten
la memoria y la sensibilidad de quien se acerca a ella. en lugares de luchas entre quienes intentan transformar su uso y
Las cuestiones estéticas en los debates sobre las marcas territo de esa manera (o para) borrar las niarcas identificatorias que re
riales aparecen en varios de los trabajos incluidos Brito, Lazzara, velan ese pasado, y otros actores sociales que promueven iniciati
Hite,Valdez).Y es que, como señalaYoung al referirse a la corriente vas para establecer inscripciones o marcas que los conviertan en
,
«contramonumeliton en Alemania contemporánea «vehículos,) de memorias, en lugares cargados de sentidos. Villa
Grimaldi transformada en el Parque de la Paz en Santiago (ana
Aun cuando los monumentos continúan siendo encargados y diseñados lizada por Lazzara) es un claro caso de este tipo de iniciativa.
por gobiernos y agencias de publicidad ansiosos por asignar un significado También lo son las iniciativas que se desarrollan en Buenos Aires
particular a ciertos hechos e individuos ‘complejos, los artistas siembran en por recuperar el edificio de la ESMA (Escuela de Mecánica de la
ellos cada vez más semillas de perplejidad e inconstancia. Se admite la tic— Armada), donde funcionó el más conocido centro clandestino
cesidad de monumentos que tienen los Estados, incluso cuando las formas
de detención durante la dictadura militar o las excavaciones ar
y ftinciones tradicionales de los monumentos son crecienteinente desafia
queológicas que se están desarrollando en lo que fuera «El Atlé
das. A fines del siglo veinte, los monumentos nacen entonces resistiendo
tico», campo clandestino de detención en el centro de la ciudad
las premisas de su nacimiento. El monumento se ha transformado en un
lugar de combate y pugna de significados. Algo más parecido a un sitio de
(Memoria Abierta, 2002). 0. en otro plano y de otra manera, las
conflicto cultural que de valores e ideales nacionales compartidos (Young, luchas por recuperar el predio donde funcionó el edificio de la
2000: 93). UNE en Río de Janeiro, analizadas por Langland.
En segundo lugar, están los intentos de honrar y conmemorar
los eventos y actores del pasado, con iniciativas de establecer mo
numentos, dar nombre a calles y plazas, construir memoriales y
La preocupación de este movimiento es que los monumentos trndicio— museos, no necesariamente en los lugares fisicos en los que ocu
nales en realidad promueven e1 olvido público, tranquilizando las ansiedades rrieron los eventos aludidos —aunque es común que se busque
de la memoria activa y reemplazándola por un objeto que luego se vuelve in alguna asociación especial entre el lugar de la memorialización y
diferente. el acontecimiento al que se hace referencia—. El debate sobre el
12 Elizabeth Jetin y Victoria Langland Las marcas territoriales como nexo entre pasado y presente 13

El penallshopping del país. El Punta Carretas Shopping forma parte de esa edeniza
*
Hugo Achugar ción del país a la que aspira el discurso modernizador y «pacifica
dor» al presentarse como un espacio »seguro» en que la antigua
La lucha en tomo al legado de la dictadura y el intento de ad violencia ha sido erradicada.
ministración de la memoria p4íblica por parte del Estado uruguayo Sin embargo, y a diferencia de los otros centros comerciales
tuvieron un hito fundamental en 1989 en ocasión de la campaña en de Montevideo y del resto del país, Punta Carretas representa un
tomo al referéndum contra la llamada «Ley de caducidad de la ca escenario particularmente elocuente de eliminación de la violencia
pacidad punitiva del Estado». Simultáneamente con la lucha por el tanto política como de los delincuentes comunes y su sustitución
referéndum se procesó el cierre del antiguo Penal de Punta Carre por la ordenada y legitimada violencia del mercado. Un escenario
tas —penal del que en 1921 se hablan fugado un grupo de anar donde la historia ha sido borrada, demolida o reconstruida de un
quistas y del que en 1971 se tugaron más de cien tupamaros— y modo eficiente, o al menos favorable a los designios del discurso
se comenzó el proyecto de su transformación en el actual Punta hegemónico.. -

Carretas Shopping Center. Obviamente, el debate en torno al refe Quizás hoy el Punta Carretas Shopping, más que un espacio
réndum relegó a un segundo término la discusión sobre el futuro seguro sea una metáfora. Un espacio metafórico donde la me
del Penal de Punta Carretas, que sólo pareció interesar a los veci moria ha sido demolida parcialmente, pues a pesar del poder
nos del barrio, a algunos de los antiguos presos políticos, a los in que lo sostiene y de la resistencia vencida, no se ha terminado
versores del proyectado Shopping y al Gobierno del presidente de borrar, y como decía uno de los arquitectos, se trata de un
Sanguinetti.. -
«mali de presidiarios». En ese sentido, la cita posmoderna que
El debate se organizó en torno a dos líneas de argumentación: los arquitectos del Punta Carretas Shopping Center hacen de las
por un lado, la necesidad de rescatar un predio que luego de servir Careen de Piranesi revela el carácter de palimpsesto de este lu
durante ochenta años como Penal poseía, a fines de 1989, un va gar de memoria. Pues si bien este Shopping es un involuntario
lor inmobiliario varias veces millonario. Por otro lado, el debate en lugar de memoria en el que se celebra la voz del poder que lo
torno al destino o a la función de la mencionada construcción ar hizo posible, también registra la huella de una resistencia que,
quitectónica. Este segundo aspecto, aun cuando estaba relaciona aun cuando aparezca vencida por la lógica del mercado, se
do con temas como el patrimonio arquitectónico, la necesidad de constituye como una imposibilidad de que la gangrena del ovto
espacios educativos y culturales así como de viviendas para los cubra la totalidad del discurso.
«sin techo», de hecho se relacionaba con un debate sobre la me
moria pública. O mejor sobre la «fractura de la memoria» que la
dictadura supuso e impuso en la sociedad uruguaya.
Entre comienzos de 1989, cuando se inicia la discusión del lugar donde emplazar el monumento a Salvador Allende en San
proyecto de transformación del Penal de Punta Carretas, y el 14 de tiago, la elección del lugar donde emplazar el monumento Tontura
julio de 1994, cuando se inaugura el Punta Carretas Shopping jJiuica Muís en Recife, o la elección del río como lugar simbóli
Center, se produce la instalación y consolidación del discurso he co para el Parque de la Memoria CLI Buenos Aires, son claros ca
gemónico reordenador de la memoria pública en la sociedad uru
sos donde la territorialidad, los sentidos simbólicos y los usos po
guaya. Este discurso representa al país como una comunidad de
mocrática y sin mayores violencias, y se articula a un proyecto tenciales ingresan de manera explícita en los proyectos de
económico que proyecta transformar a Uruguay en un país de ser quienes intentan dar forma a un homenaje o conmemoración .

vicios... En el marco del proyecto de un Uruguay moderno que Que la memoria esté inscripta en un lugar específico y con
busca su nueva función histórica en el proceso de integración del un sentido univoco, o que haya multiplicidad de niveles y capas
Mencosun, el discurso hegemónico promueve una versión edénica

*
Tomado de «Tenitoños y memorias versus lógica del mercado (a propósi
to de cartografías y shopping malls)», httpi/acd.ufrjbr/pacdartelatinafliugo.html
Un interesante anMisis comparativo de tres lugares en Santiago se en
cuentra en Richard, 2001.
E—,

14 Elizabeth Jelin y Victoria Langland Las marcas territoriales como nexo entre pasado y presente 15

de sentidos para diferentes públicos y actores (coiiio ocurre con son de distinta escala alcance, tanto en lo que hace a los em
-

la Plaza de Mayo), no niega la posibilidad de un funcionanüen—

Hl
prendedores que lo proponen y luchan como para los «otros»
co más dinámico y movible de la territorialidad de las memo —otros coetáneos o de generaciones y tiempos posteriores—.
rias. La territorialidad puede no ser un “lugar» fisico especifico, Así, el monumento Tort;aa Nicslcd fais en Recife tenía incor
sino —como muestra Moriibello en Neuquén— un trayecto, porada una vocación universal, rechazando la tortura en todas
un itinerario, una manera de enunciar y denunciar, plasmados sus formas y todos los lugares, desde su propia concepción y di
en tina práctica territorializada. De origen religioso y ligada al seño 6 En otros casos, lo que comienza siendo algo muy local,
papel protagónico que en el proceso histórico ha tenido el que afecta e involucra a grupos específicos en espacios comu
Obispo de Neuquén, la marcha que recorre y marca lugares re nales, cobra sentido para otros muy lejanos, a través de comple
cuperando la peregrinación y las (‘paradas)> de las prácticas po jos procesos de identificación y de reconocimiento. En esto, sin
pulares católicas —más que cada lugar en sí mismo— se con duda, tienen un papel importante los medios de comunicación,
vierte en la manifestación, siempre renovada, de una doble la ficción cinematográfica, el turismo cultural y otra niuhiplici—
memoria: la de los aconcecilmeritos que se quieren recordar, y dad de canales que permiten identificaciones, acercamientos y
la de la marcha y el recorrido mismo, con su carga de práctica rechazos virtuales.
anclada y de acción colectiva recreadora de comunidad y de Este eje de negociación y conicto —entre victimas «direc
identidad colectiva. tas» y sociedades más amplias, entre espacios y lugares concretos
Es que tina vez que un lugar se convierte en convocante, el y «literales» y sentidos «ejemplares» (Todorov, 1998)— está en el
juego de memorias sobre memorias se torna central. La Plaza de corazón de la relación entre memoria e identidad de grupos y
Mayo recuerda la represión que ocurrió en distintos lugares del actores sociales, estableciendo cuán amplio o limitado va a ser
país (y quizás para muchos se ha tornado un lugar de memoria definido el «nosotros» que rememora y conmemora. Como ya
«ejemplarx y universal), pero también es memoria de la propia fue dicho y vale la pena reiterar, aunque se quera cristalizar en
Plaza de Mayo —tanto de las violencias que ocurrieron allí la piedra o en la ruina preservada, aunque la materialidad de la
como de la sucesión de protestas y marchas en las que cada uno marca se mantenga en el tiempo, no hay ninguna garantía de
de quienes se juntan allí particip6— o que se transmiten de los que el sentido del lugar se mantenga inalterado en el tiempo y
«viejos» a los «nuevos» partícipes de la comunidad que se gesta para diferentes actores. Siempre queda abierto, sujeto a nuevas
en la propia acción. A su vez, las marcas o prácticas establecidas en interpretaciones y resignificaciones, a otras apropiaciones, a olvi
un lugar se pueden transportar a otros espacios, inclusive a otros dos y silencios, a una incorporación rutinaria o aun indiferente
países o ciudades. Hay marchas de Madres en muchas plazas en en el espacio cotidiano, a un futuro abierto para nuevas enuncia
ciudades y pueblos del interior de Argentina, y también en mu ciones y nuevos sentidos.
chas ciudades del mundo.Y hay procesos de generalización de Esta apertura del sentido de las marcas territoriales en el es
sentidos ligados a pasados dolorosos y represivos que se comuni pacio público, sin embargo, no es azarosa, sino que sigue ciertas
can y equiparan en el mundo entero, de Camboya a Guatemala,
pasando por Africa del Sur, Ruanda, Alemania y el Cono Sur.
Este planteo de los tipos de lugares de memoria y la com
El memorial de Hiroshima, ¿es un homenaje a los residentes de la ciudad
plejIdad y multiplicidad de capas y niveles de análisis, implica la que fueron victimas de la bomba atáillica? ¿O es un memorial con un sentido
necesidad de incorporar la noción de escala. Las marcas territo universa) de «nunca mas» o de exhortaciñn a la paz? Yoneyama, 1 ¶fl9). Igual
riales son, por su propia naturaleza, locales y localizadas. Están mente, Huyssen sostiene que el Holocausto se ha convertido en un «tropos
en un espacio delimitado y específico. Sin embargo, sus sentidos universal» (Huvssen. 2000).
16 Elizabeth Jelin y Victoria Langland REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
reglas, ligadas a discursos hegemónicos, luchas ideológicas y pro
yectos politicos. El trabajo de Portelli, que trae a este volumen
un caso referido a otra historia de represión y violencia —el na
zismo y el fascismo en Italia—, sirve claramente para mostrar el
lugar de las luchas ideológicas y políticas en la construcción de
sentidos del pasado y de los diversos lugares de enunciación.

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192 Hugo Achugar El lugar de la memoria, a propóafto de monumentoa 193

((El monumento asegura, ratifica, tranquiliza, al conjurar el ser


MOTIVO del tiempo. Garantiza los orígenes y cai.ma la inquietud que cau
sa la incertidumbre de los conüenzos» (Choay citado por Salda—
El fantasma de un Alzheimer colectivo recorre el presente fin de si rriaga Roa, 1988: 18). Vencer tiempo y olvido, de eso trata el
glo. Todos están, estamos o parecen, parecernos estar atemorizados monumento, reafirmar un origen. Pero todo lo que se «abarque
por una pérdida de la memoria.Todos están, estamos, parecen, pare con la vista como patrimonio cultural tiene por doquier una
cemos estar angustiados por la imposición del olvido, O, si no es lo procedencia en la que no se puede pensar sin espanto. No sólo,
mismo es parecido, todos parecen estar, estamos o están preocupa debe su existencia a los grandes genios que lo han creado, sino
dos por democratizar el pasado, descentralizar la historia o descolo también al vasallaje anónimo de sus contemporáneos. No existe
nizarla memoria. Pierre Nora dice que hablarnos tanto de memoria un documento de la cultura que no sea a la vez de la barbarie»
porque queda muy poco de ella (Nora, 1989).Mgo parecido sostie (Benjanñn, 1996: 52). Esto lo decía o lo escribía Walter Benja—
ne Andreas Huyssen, al afirmar que la obsesión actual con la menio— mm en la década de 1930. La mención de la fecha no es trivial;
ria choca contra el pánico o temor a olvidar (Ruyssen, 2000). Benjanñn escribía o razonaba en pleno nazismo.
El tenu de la memoria es central en el debate que, en la socie El problema es si la afirmación sigue teniendo sentido hoy.
dad uruguaya y por razones propias, se abre con la década de los Pues si Benjamin sigue teniendo razón, no es posible el monu
ochenta. Por un lado, por el trauma de la dictadura y el proceso de mento democrático. Pero ¿qué seda un monumento democrático?
elaboración de dicho trauma durante la llamada «posdictadura», y ¿Cuál seda la memoria no autoritaria? ¿Es posible esa memoria, ese
por otro, por la integración regional del Mercosur, que Ñnciona a monumento democrático? ¿Democracia es sinónimo de consenso?
la vez como «bendición» y como «amenazadora catástrofe». Por si ¿Es deseable el monumento consensuado? Quizá la pregunta clave
Ñera poco, a lo anterior cabe agregarse que durante ese mismo es: ¿necesitan monumentos las democracias contemporáneas? 2•
período se intensifican tanto el proceso de globalizadón económi
ca como la globalizadón producida por la actual revolución tecno
lógica y la transformación de los medios de comunicación. Todo
esto ha implicado una reevaluacióü del pasado nacional así como PRIMER PARÉNTESIS
la discusión acerca de la propia viabilidad de Uruguay como Esta
do-nación. Todo esto ha implicado la búsqueda de orígenes y de Ea primera versión de este trabajo comenzaba con una serie de
claves que den cuenta del momento presente preguntas referidas a la memoria y a las políticas del conoci
Por eso pienso que en el monumento está la clave. En el mo miento. Se trataba de un ensayo que se había originado, por un
numento y en los que vienen detrás de los que construyeron el lado, en la preocupación por establecer el lugar desde donde se
monumento. En el monumento como signo que intenta vincular habla, y por otro, en la voluntad de participar en la discusión que
pasado y flituro está la clave. En el monumento o en la lápida que se venia desarrollando en el ámbito de la crítica cultural a partir
se supone habrá de avisarles a los que vienen detrás qué fue lo que de nociones/probleiarns como nación, desterritorialización, centro
pasó antes. En el monumento como objetivación de la memoria,

El presente trabajo fue realizado antes de que con,enzara la crisis econó— 2


Algo similar se pregunta Saldarriaga Roa al decir oaNecesita monumen
r
196 Hugo Achugar El lugar de la memoria, a propósito de monumentos 197

para mi generación. Mejor todavía, podía llegar a ocurrir que el de globalización—, nos vemos enfrentados a la amenazante cer
monumento que se construyó en Uruguay como «Memorial tidumbre de que ya somos individuos del siglo pasado. Es decir,
para los detenidos/desaparecidos durante la dictadura» en el Par— pronto dejaremos de ser parte del presente para ingresar en la
que yaz Ferreira, en las laderas del Cerro de Montevideo no sig categoría de sobrevivientes del pasado; perteneceremos a la his
nificara nada para los más jóvenes. O peor aún, que significan toria. La memoria viva será sustituida, en el mejor de los casos,
algo que pertenecía al mundo de los viejos; es decir, al mundo de por la historia y en el peor, por el mero olvido. Seremos ya ma
los otros.Y en este caso los otros éramos nosotros, los viejos para teria para el documento, memoria de piedra ya desgranada
,

quienes dictadura, democracia, política, etcétera, tenían sentido materia, involuntario y no elegido olvido. En ese sentido, la an
por el simple hecho de que habían formado parte de nuestra ex gustia nace no sólo de la más que probable posibilidad de trans
periencia de vida. Porque, precisamente, el tema de la memoria y formarnos de sujetos de la memoria en objeto de la memoria,
el del lugar desde donde se habla estaban y están relacionados sino también de transformarnos de amos de nuestra memoria en
para nosotros con el debate sobre democracia, ciudadanía, mo esclavos de la niemoria de otros.
dernidad, así como con el realineaniiento tanto del debate políti Para los más jóvenes —aquellos que no han ingresado toda
co como del intelectual en este presente fin de siglo. vía en la adultez o no han siquiera abandonado la niñez—, la
Es imprescindible aunque evidente señalar que el «nosotros» memoria viva está en pleno proceso de construcción e incluso
acechado no es universal. No es universal por el hecho de que, es todavía parte del futuro. Para éstos, categorías como «olvido»
además de la obvia diferencia marcada por la pertenencia ideoló y «memoria» apenas comienzan a cargarse de sentido. En el caso
gica o por la extracción socioeconómica o por aquellas que sur de estos jóvenes lo que están construyendo no es sólo, como
gen de las diversas identidades marcadas por el género, la etnia, suele decirse, su Futuro, sino fundamentalmente su memoria.
la religión y la orientación sexual, está la de la edad; es decir, la ¿Quiero decir que la memoria y el lugar de la memoria no tie
diferencia establecida por la marca etaria. Una marca etaria que nen continuidad? ¿Que mi memoria o la memoria de otro son
diseña un mapa diferenciado en el que por un lado están aque imposibles de integrar, aunque más no sea, parcialmente en una
llos cuya experiencia histórica es básicamente la del siglo xx, y memoria colectiva e Instórica?
por otro, aquellos que, por su juventud, están más volcados al si Hemos atacado la memoria congelada por el autoritarismo
glo xxi4. de los sectores hegemónicos, objetivada en el «canon» artístico y
Los primeros —junto al milenarismo apocaliptico, a la ex literario, y hemos estado dispuestos a crear una cultura más de
plosión de las «pestes» contemporáneas y al inexorable proceso mocrática. Estábamos y estarnos convencidos de que había y hay
una instancia de constitución del poder y de batalla por el po
der, que se concentra en el ámbito configurado por la proble
mática de la memoria. En ese sentido y tal como afirma Miquel
No resulta impertinente recordar que, por ejemplo, en Paraguay o en lzard, «el poder del poder es tan colosal que le pernúte tergiver—
Venezuela, cerca del 50 por 1(10 de ia población es menor de 18 años. O
sar la actualidad y, asimismo, el pasado» (lzard, 1994: 9).
que pan un altísimo porcentaje de los argentinos, chilenos o uruguayos que Más aun, como sugiere Singh:
vivirán su adultez en ci siglo xxi, personajes como Allende o hechos corno
la Guerra de las Malvinas o ci golpe del 27 de junio de 1973 en Uruguay
serán meros datos de una historia si no remota, muy alejada: mientras que
para «nosotros» —los que hemos vivido la mayor parte de nuestra adultez O como sugiere Mauricc Halbwacl,s, «la historia comienza cuando la
en el siglo XX— son parte central de la historia de nuestras respectivas so— memoria termii,a». Es decir, cuando la memoria viva termina, comenzaría la
ciedades. historia (citado por Koonz, 1994276).
r
198 Hugo Achugar El lugar de la memoria, a propósito de monumentos 199

Como parte del inteijuego entre historia y memoria, los grupos margina— numento como signo que intenta vincular pasado y futuro. En
¡izados a menudo intentan mantener en ei centro de la memoria nacional el monumento o en la lápida que se supone habrá de avisarles a
lo que e1 grupo dominante querría a nenudo olvidar. Este proceso tiene los que vienen detrás qué fue lo que pasó antes. En el monu
como resultado una memoria colectiva siempre en flujo: no una memoria
mento como objetivación de la memoria. De vencer tiempo y
sino móhiples memorias luchando constantemente por ocupar y atraer la
olvido, de eso trata el monumento. Pero... ¿la indiferencia puede
atención cr1 el espacio cultural. (Singh e: gil., 1996: 6)
llegar a ser un modo de vencer al monumento? ¿Cómo evitar la
irrisión del monumento? ¿Cómo hacer que el monumento no
Las aGrmaciones de ízard y de Singh son elocuentes: una ha
termine siendo un modo de la perversión? ¿Cómo hacer pan
bla del poder y la otra de la lucha por el poder. Izard afirma que
que el monumento no sea el ejercicio del autoritarismo?
el poder puede cambiar el relato de la historia. Singh, por su
parte, señala que la conflictiva relación entre historia y memoria
lleva a que no existe ni una memoria ni un relato histórico sino
que hay una constante batalla por el poder librada por las diver
SEGUNDO PARÉNTESIS: MONUMENTALIZACIÓN DE LA MEMORIA
sas nienorias.
O LA MEMORIA EN PIEDRA
A diferencia de lo que se podría creer, el hecho, considera
do en larga duración, no es nuevo. Honrar la memoria de la
Leo que, en 1974, Phillipe Ariés responde al pedido de Orest
comunidad ha estado presente en todos los pueblos conocidos;
Ranum de que hable sobre «historia y conciencia nacional» pro
borrar la memoria del enemigo es algo tan antiguo como la
poniéndole una serie de conferencias que luego se titularon En-
destrucción de Cartago 6 Memoria, comunidad y relato o pre
sayos sobre la historia de la ¡ituerte en Oeddente. Muerte, historia y
servación del pasado han estado ligados desde siempre en la cons
conciencia nacional se me vuelven a unir.
trucción de monumentos, especialmente en los funerarios. Más
La muerte y los ritos fúnebres no han permanecido inmuta
aún, muerte y monumento, memoria y comunidad, pasado y
bles a lo ]argo de la historia. Es cierto que hay una historia diná—
relato del pasado han sido materia permanente de las más di
nñca y extremadamente variada de) modo en que los seres hu—
versas sociedades a lo largo de la historia.También lo ha sido la
nianos henios vivido y conmemorado la muerte pero también es
indiferencia, otro de los nombres que adquiere el olvido. El pro
cierto —incluso es obvio— que los seres humanos hemos hecho
blema —o la duda— es si en el proceso de deconstruir la
de la muerte una instancia particular. Muerte y olvido, muerte y
memoria autoritaria de las clases hegemónicas no habremos
recordación, son temas permanentes de nuestras culturas.
perdido algo fundamental.
Pero la cultura y el cultivo de la memoria han tenido desde la
antigüedad una misma actividad: la de la conmemoración. Según
cuentan, la poesía más antigua conservada de la Grecia clásica
nace de los epitafios grabados en las estelas funerarias. En ese sen
MOTIVO/ESTRIBILLO
tido, los grafliti —inscriptos en la piedra o en el mármol de las lá
pidas— constituyen la primera escritura poética entre los griegos.
En el monumento está la clave. En el monumento y en los que
Esta poesía en piedra, esta poesía monumental es una forma
vienen detrás de los que construyeron el monumento. En el mo—
especial de la conmemoración: la de la memoria de los nvem—
bros de la polis ofrecida a la polis mediante el monumento
Al respecto es más que elocuente el caso de Haití y en parncular el de como un modo de la autocelebración y de la ideunficación. Esa
Sans Sonci estudiado porTrouillot (1995). parece haber sido la función central del monumento o de la
202 Hugo Achugar El lugar de la memoria, a propósito de monumentos 203

cho, lo que ha ocurrido es que las políticas de la memoria he chando y que no surgen sólo de esa tercera revolución tecnoló
redadas del siglo XIX y que tuvieron vigencia durante la primera gica.
mitad del siglo xx han sido fuertemente cuestionadas, y la na El fantasma de un Mzheimer colectivo del que hablé al co
rración que organizaba las memorias latinoamericanas ha sido mienzo inunda las páginas de los periódicos La proliferación
«contaminada» por nuevas memorias que complican el relato. de textos autobiográficos y testimonios así como la abundancia de
Es como si esa turbulencia de transformaciones sociales y polí reflexiones teóricas concentradas en el examen de las herencias
ticas hubiera estimulado la reflexión sobre la historia y la me histórico—culturales o de los legados de las memorias silenciadas
moria en función del cuestionamiento de las antiguas situacio muestran no sólo una suerte de «espíritu apocalíptico de los
nes de dominación y de las nuevas configuraciones sociales y tiempos» sino y fundamentalmente la profunda necesidad de la
culturales que volvieron obsoleto el relato del conocimiento sociedad humana por saldar las cuentas pendientes de la historia
hasta entonces dominante, si no para la totalidad de estas socie en este fin de siglo.
dades al menos para aquellos sectores que han dejado de ser Pierre Nora, además de señalar que hablamos tanto de me—
<(invisibles,) (Hannah Arendt citada por Lefort, 1988). En ese mona porque queda muy poco de ella, precisa que:
sentido, el debate sobre la visibilidad o la invisibilidad de la me
moria se relaciona estrechamente con el debate sobre la consti [...j en una sociedad donde el sentido de una identidad común y de his
tución de la ciudadanía a nivel nacional y transnacional no sólo toria ha sido convulsionado j...j los lugares de la memoria [son] la apro
en el ámbito político general sino también en el de las políticas piación vehemente de lo que sabemos que ya no es nuestro [••1• [La] jus
del conocimiento. tificación fundamental al [fijarj Un lugar de la memoria es parar el tiempo,
Más todavía, la actual suerte de frenética sucesión de mues detener el trabajo del olvido, y fijar un estado de las cosas (citado por En—
tras plásticas, simposios, coloquios e investigaciones centradas en glund, 1992: 304).
el tema de la memoria (las ha habido a lo largo de toda América
Latina pero también en los Estados Unidos y en Europa) parece Es cierto que en el lamento de Nora hay un tono «elegíaco,
indicar que, en un mundo consciente de sus múltiples orígenes, un tardío lamento imperial por la herencia clásica que inexora
se ha vuelto imprescindible la reVisión del o de los pasados. El blemente desaparece.. » (Englund, 1992: 304). Pero la observa
principio rector de la memoria en estos tiempos, multiculturales ción de Nora es acertada al señalar el hecho de que se ha per
dido «el sentido de una identidad común». Esta pérdida tiene
y politicamente correctos, ya no está sintetizado en la imagen de
la raíz o de las raíces —a pesar de eventos mediáticos que osten que ver con las transformaciones sociales y culturales de las úl
taron la metáfora de las raíces en sus propios títulos— sino que timas décadas, pero además se relaciona con la descentralización
parece ser sustituido por el del rizoma. Es decir, no por el con de los discursos teóricos y con la erosión del poder del sujeto
junto articulado de orígenes o mitos fundadores de una única de la enunciación de la modernidad. La sensación de una acele
memoria colectiva sino por esa proliferación de raíces que es el ración del tiempo, alimentada por la transformación de los me—
rizoma de las contramemorias.
Pero si bien es posible pensar que esta suerte de inflamación Al respecto y sólo como una muestra, restringida al ámbito de algunas
lezamiana del universo en torno a la memoria ha sido alimenta ptibhcaciones del mundo anglosajón, de la generalización de preocupación
da también por las transformaciones tecnológicas —en particu por el pasado, vale la pena revisar el número de febrero de 1997 de W’rId
lar de los medios de comunicación—, creo que en las horas fi— Press, cuya nota de upa, «Healing Nations», se refiere precisamente a la revi
nales del siglo xx y en el comienzo del presente siglo XXI se han sión del pasado. También es significativa la serie de artículos bajo el título
despertado otros fantasmas de los muchos que nos están ace— «The Puture of the European Pasrt
210 Hugo Achugar El lugar de la memoria, a propósito de monumentos 211

que tampoco necesariamente es un sistema controlado por el Es ámbito del debate académico. En ese sentido, la niernona públi
tado. Pero también es posible entender la memoria pública como ca en tanto campo de batalla puede también ser identificable
lo hace Koonz cuando sostiene que «la memoria pública es el con la esfera pública o con esa forma jibarizada de la esfen pú
campo de batalla en el que los dos tipos de memoria [la memoria blica que es el ámbito académico de la iglesia universitaria
oficial y la memoria populari compiten por la hegemonía» (1994: El ‘(lugar de memoria» que propone Pierre Nora, aunque
261 mi traducción).
,
podría parecer eficaz, necesita de una ronceptualización más
Lo anterior obligaría a preguntarse si las distintas memorias cuidadosa, pues dicha noción termina por admitir cualquier ám
establecen o funcionan en distintos espacios. Más aun, cabría bito como «lugar de memoria» (Nora, 1992). En ese sentido, el
preguntarse si en algunos casos los monumentos o los lugares “lugar de memoria» de Nora debe ser acompañado por otra no
históricos donde se localiza la memoria no terminan por ser la ción que además de apuntar al lugar del enunciado incluya la
materialización de ese campo de batalla de la memoria pública enunciación; es decir, dé cuenta del «lugar desde donde se habla»
donde se combate por el poder El monumento o el lugar his (Achugar, 1994) o como dice Mignolo (1996) de los «loci de la
tórico 1» puede también no tener una materialidad o tina locali enunciación» 2i• Entender el «lugar de la memoria» conio un es
zación flsica sino ser un espacio intelectual o, a los efectos de la pacio geoctiltural o simbólico no es suficiente si no se tiene en
presente argtinsentación, puede estar constituido por el propio cuenta la enunciación —en su dimensión pragmática— y, sobre
todo, el horizonte ideológico y el horizonte político o la «agen
da» política desde donde se construye dicha enunciación.
Como parece ser ci de los campos de concentración nazis tanto en las También cabría la posibilidad de preguntar si el lugar de la
dos Alemanias corno en los otros paises ocupados por los nazis, según sostiene
memoria es o sigue siendo el lugar del pasado. O, quizá debería
Koonz (1994).
preguntarse: ¿cuál es el tiempo de la memoria?, ¿el pasado?, aun
Aunque no podemos discutir en esta oportunidad lo que argumenta
que, parafraseando a Habernias, se debería preguntar: ¿el pasado
Koshar (1994). cii el sentido de «lugar» como «edificio» o paninionio histórico,
es necesario señalar que en esa línea de pensamiento el lugar de memoria es
como futuro? Esto vuelve necesario conjugar Ja noción «lugar
también el lugar fisico o lo que se conoce como «landmark» o «patrimonio his de memoria» con la de «enunciación de la memoria» y con la de
tórico». Al respecto, también se podría considerar la noción de «patrimonio de «tiempo de la memoria». La evaluación del pasado es central en la
la humanidad” que maneja UNESCO y analizar sus implicaciones dentro de las construcción de la memoria, sobre todo, en el diseño de las po
políticas multicultunles y universalistas. Ver además lo planteado por García líticas de la memoria. Así, la memoria se constituye en el campo
Canclini (1992) en su capítulo «El porvenir del pasado». de batalla en donde el presente debate el pasado como un modo
El lugar histórico —pienso en especial en aquellos lugares donde ocu
rrieran hechos principales de las gestas independentistas de América Latina—
funciona de hecho como un «espacio monumental” adonde se remite la me— Otro aspecto, que merecería un tratamiento más detenido del que po—
mona oficial que sacnhiza lo que e1 poder hegemónico entiende conio cons drenios hacer en este ensayo, lo presenta la memoria no registrada por la es—
titutivo del Estado—nación. La particularidad de este tipo de’ noiiuinentaliza— critura; es decir, la memoria oral y también la memoria fijada a través de lo
ción del espacio histórico» por el poder hegeiiióiiico resulta tisis clan cuando visual.
2i
se lo confronta con lo realizado por individuos de ia sociedad civil en relación La idea del «lugar desde donde se habla” (Achugar, 1994) es aun a lo
con sus vidas privadas. Al respecto. resultaría interesante considerar casos planteado por Walter Mignolo en relación con los «lucí de enunciación’ y a lo
como el irnv reciente de un grupo de ciudadanos argentinos —fannliares de planteado por Micliel de Certeau en relación con el ‘lugar donde se discute
212 Hugo Achugar El lugar de la memoria, a propósito de monumentos 213

de construir el futuro. De ahí que tanto los niovintientos de «res frente a la «celebración neopopulista de lo existente y de los
tauración del pasado)> —a nivel politico en varios países del prejuicios elitistas que socavan la posibilidad de articular una
Cono Sur— corno de ((normalización del pasado)) —corno el perspectiva democrática» (1994:197—198) existe otro lugar, otro
realizado por Kohl en Alemania— tengan una peculiar atracción discurso, un lugar para el que sin embargo y corno ella dice:
para quienes no desean un revisión del pasado 22•
Lo anterior nos llevada al tema de la memoria nacional, de Dificilmente haya deunsiada competencia pan apropiarse del lugar desde
la nación y del posnacionahsmo y al de los lugares de la enun donde ese discurso pueda arricularse. A diferencia del pasado, donde mu
ciación de las políticas de la memoria.Y quizá más todavía, nos chos quedan hablar al Pueblo, a la Nación, a la Sociedad, pocos se desvi
llevada a discutir el lugar desde donde se formula el conoci— ven hoy por ganar esos interlocutores lejanos, ficcionales o desinteresados.
miento. Un lugar donde los distintos sujetos batallan o negocian (Sano, 1994: 198).
no sólo la memoria sino también el conocimiento; es decir, el
diseño de las políticas de la memoria que están indisolublemen ¿Desde dónde habla el intelectual latinoamericano hoy? Ha
te ligadas a las del conocimiento. bla desde un espacio preciso. Un espacio que no es sólo físico,
pues no todo es geografía. La «tierra)) es algo más que árboles y
calles, son árboles y calles que tienen un sentido dado por la
memoria. Pero la memoria del periférico —Ariel o Cahbán—
«EL LUGAR DESDE DONDE SE HABLA Y LAS POLÍTICAS ya no constituye el privilegio epistemológico del esclavo ç se
DE LA ACADEMIA» gún dice Appadurai, ya tampoco tiene sentido hablar de centro
y periferia (Appadurai, 1993).
No es novedad que el lugar y el tiempo desde donde se habla es Hay un paisaje y una localización que no son considerados
también el lugar desde donde se construye el conocimiento. por Appudarai y que necesitan ser explicitados y reivindicados.
Pero, ¿cómo y quién determina lo que es conocimiento? Me refiero al paisaje y a la localización de la memoria corno lugar
En la ciudad letrada, el intelectual o el letrado de Angel de construcción de la identidad, pero también del conocimiento
Rama (1984) tenía poder y serVía al poder de Próspero. Un y de las agendas político—sociales. Memoria plural, por supuesto, y
Próspero que habitaba la ciudad y que en cierto modo legitima que hoy en día representa para el intelectual latinoamericano el
ba la ciudad. En Beatriz Sarlo, el letrado o el intelectual ha sido mayor de sus desafíos pues no sólo no se trata de la memoria del
destronado; al menos el intelectual tradicional y el intelectual intelectual sino de las múltiples memorias que los múltiples nne—
orgánico. Los letrados ya no ocupan un único lugar como en la vos y tradicionales sujetos sociales defienden e intentan rescatar o
«ciudad letrada)) de Rama, ese lugar que era el «anillo protector preservar. Memoria o memorias que suponen, además, inexora
del poder [...] y el ejecutor de sus órdenes». Pan Beatriz Sarlo, bles olvidos y sobre todo imprescindibles negociaciones en torno
a los «olvidos elegidos)) y a los «olvidos impuestos’.
Sin embargo, como sostiene Habermas con referencia a la situación ale
22 Pero ¿no será que el debate entre memoria y olvido, la opo
mana posterior a la reunificación: «los 90 no son los 50. Pero la tentación de sición que esos térnúnos parecen imponer debe ser resuelto con
elegir modelos del pasado pan interpretar ci futuro parece imposible de wsis— la pregunta que propone Yerusbahni al final de sus «Reflexiones
dr. La ‘futuridad” del pasado pudo haber funcionado con creación autocons sobre el olvido»? Es decir, ¿no será ?si que «el antónimo de
214 Hugo Achugar REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

con el monumento y con las políticas del conocimiento? (Ye—


rushalmi, 1989).

FINAL

¿Existe una justicia del monumento? ¿Es posible una justicia en


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monía—. Por lo mismo, tanto la evaluación de los distintos pasa
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dos como la propuesta de los diversos frituros y el posiciona— gen Haberuias inren’ieived h1’ 3&hael Haller, Lincoln: University of Ne—
miento en relación con el poder determinan el tipo o los tipos bnska Press.
de monumentos que permiten construir los respectivos nosotros Huyssen, Andreas (2000), «En busca del tiempo futuro”, Puentes, año 1,
inclusivos y excluyentes desde los que se habla núm. 2, diciembre.
lzard, Miquel (1994), «Memoria, creación e historia: Luchar contra e1 oh’i—
do)), en Pilar García Jordán, Miquel lzard,Javier Lavina (eds.), Menil,ria,
creadó i história: BuHar contra l’oblit, Barcelona, Universitat de Barcelona.