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Modelo cognitivo-conductual integrado de

Goldstein (1990)
Goldstein (1990) sugiere un modelo de intervención pensado para su
aplicación en el marco escolar y familiar que consta de los siguientes pasos.

1. Definir la conducta. Este primer paso requiere una definición operativa de las
conductas que se desea modificar. Es necesario que, antes de comenzar ninguna tarea
de autoevaluación, el niño entienda la conducta que se desea valorar.
2. Enseñar a autorregistrar y autoevaluar. Para poder realizar la fase de
autorregistro debemos comenzar por ayudar al niño con DDAH a observar su propia
conducta. El siguiente paso, la autoevaluación, requiere que el niño realice juicios de
valor de lo observado. Durante esta fase es importante que el terapeuta, los padres o
el profesor graben y evalúen la conducta del niño con DDAH. El feedback que
pueden ofrecerle, cuando se realiza sin amenazas ni culpabilidades, puede ayudar al
niño a aumentar la exactitud de su autorregistro y autoevaluación.
3. Administrar contingencias externas. Si los autorregistros del niño con DDAH
son inexactos, puede ser de utilidad reforzar las autoevaluaciones que se asemejen a
las obtenidas por el terapeuta. El refuerzo positivo debe ser la primera técnica a elegir
dentro de un programa de contingencias. El coste de respuesta probablemente pueda
ser la segunda.
4. Enseñar técnicas autoinstruccionales y atribucionales. Si deseamos que el niño
cambie, debemos proporcionarle estrategias' cognitivas que le sirvan de guía para
modificar su propia conducta. De la misma forma se hace necesario un entrenamiento
atribucional que posibilite la reducción de ayudas externas y desarrolle un locus de
control interno.
5. Transferir el control de los refuerzos al propio niño. Una vez que el niño ha
demostrado cambios contingentes a los refuerzos externos, ha desarrollado nuevas
estrategias cognitivas y ha demostrado conocer su utilización, se le ofrece una
oportunidad para enjuiciar, evaluar y reforzar su propia conducta. Se recomienda
especialmente el refuerzo positivo, aunque en algunas ocasiones dejar en manos del
niño la elección de su propio castigo puede ser muy beneficioso.
6. Diseñar situaciones que favorezcan la generalización de lo aprendido. Este es
un paso crítico en todo el proceso de intervención. Es muy importante diseñar
situaciones controladas que posibiliten al niño la puesta en práctica de las estrategias
recién aprendidas. Aunque en ocasiones el proceso de generalización puede resultar
muy costoso, debe conseguirse antes de la eliminación de las contingencias de
refuerzo.
7. Eliminación progresiva de las contingencias de refuerzo. Para proceder a la
eliminación progresiva de las contingencias de refuerzo es necesario que, pre-
viamente, el niño haya interna liza do el refuerzo y haya relegado a segundo plano los
reforzadores temporales.

8. Registrar intermitentemente y ofrecer contingencias para el mantenimiento de


las conductas. Se recomienda que los intervalos sean primero de una semana de
duración para ampliados luego hasta un mes.