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PRIMER PARCIAL DE ETICA PROFESIONAL

PEREYRA IRIS

Explicite los contenidos conceptuales, procedimentales y actitudinales


correspondientes a las siguientes temáticas:

A)-Caracterización del abogado:


Las características de un buen abogado deben ser conocimiento de la ciencia jurídica y
el ejercicio de virtudes propias como son la justicia y la prudencia.
Debe formarse el “buen sentido”, que es como el “ojo clínico” del médico, para descubrir
en la complejidad de las cosas, donde está lo justo.
La formación del abogado no se agota en la universidad. La abogacía es un “quehacer”,
un “arte” que se aprende haciendo, más allá de los libros. La carrera que desempeña el
abogado se trata de una profesión libre e independiente destinada a colaborar con la
justicia y que tiene como objetivo o meta llegar a la paz social, a la defensa de los
derechos e intereses públicos, y para llegar a alcanzar dichos objetivos, es necesario
que siempre se sienta necesidad de justicia, de orden, para poder llegar luego a obtener
un equilibrio o proporcionalidad entre lo justo y lo injusto.
El abogado es un técnico preparado por la comunidad para satisfacer su legítima
apetencia de justicia.
El abogado debe ser sobre todo un hombre prudente, que posea cualidades como:
sentido de justicia, la fortaleza, el optimismo, la perseverancia y el orden.
Justicia: el abogado, en todo su accionar, debe procurara hacer justicia; con su consejo
al cliente, en su labor del proceso, intentando evitar los litigios mediante soluciones
extrajudiciales razonables. “Ser justo” significa saber analizar las cosas con la mayor
objetividad, de modo que el propio interés no interfiera en las buenas soluciones.
Prudencia: “prudente” es quien calcula los riesgos en relación al resultado buscado, y
mide sus pasos de manera de evitar efectos indeseados. Prudencia en el abogado, hace
referencia, a confrontar su propio pensamiento con elementos más firmes de modo de
no llevar al cliente por caminos aventurados o de altos riesgos, y más aún cuando el
objetivo final no lo merece. También se refiere a un examen de costos, para que el
cliente pueda saber de antemano lo que tendrá que gastar en tiempo y dinero para
conseguir determinado logro.
Fortaleza: El abogado debe tener iniciativa, decidir y luego llevar a cabo lo decidido,
aunque le ocasione un importante esfuerzo; es decir, que no debe ser indiferente, pues
la iniciativa es un poco soñar con lo que podría ser mejor.
Optimismo: supone que el abogado sea realista y que conscientemente busque lo
positivo antes de centrarse en las dificultades
Perseverancia: una vez tomada una decisión, el letrado debe llevar a cabo las actividades
necesarias para alcanzar lo decidido aunque le surjan dificultades internas o externas o
que disminuya su motivación personal como consecuencia del paso del tiempo.
Orden: cuando en un Estudio se llevan muchos juicios, en el que los pasos procesales
deben sujetarse a un ritmo preestablecido en el que vencen términos y fenecen
derechos si no se los ejercita en tiempo, resulta indispensable trabajar ordenadamente;
tener carpetas de cada asunto, divididas en secciones: cartas, escritos, documentos.
Controlar vencimientos de términos, llevar agendas, listado de audiencias, etc. Crear
mecanismos seguros, dentro del Estudio, para no omitir nada.

B)- Conveniencia y/o necesidad del patrocinio letrado:


Al “pleito” se llega por enemistad, no por amistad de las partes, si desaparecieran los
abogados y el juez se pondría al frente de esta situación podríamos ver que, ante dos
posturas diferentes en reclamo, el magistrado no podría brindarle a ninguna de ellas la
paz y la conciliación o posible solución dado a que, el juez es imparcial en el papel que
deberá cumplir. Por ello el patrocinio letrado es necesario. Se requiere ante estas
situaciones que se presente una persona capacitada de ciencia jurídica que medie y
defienda los derechos públicos en controversias y así mediante esa representación ante
los tribunales de justicia, se pueda llegar a obtener el mejor resultado conjuntamente
con el juez quién será el encargado final de hacer justicia; para que un proceso técnico
pueda desarrollarse con participantes eficaces, a la par del juez debe haber
profesionales libres (que el litigante elija con completa libertad) dedicados a la ciencia
jurídica que ayuden o representen a sus clientes ante los tribunales de justicia,
procurando para ellos el mejor resultado en sus pleitos, y que a la par cooperen con el
juez para que éste pueda cumplir con su cometido de hacer justicia.
El patrocinio letrado debe corresponder al derecho constitucional de la defensa en
juicio para que así el Estado podrá brindar el servicio de justicia.

C)- Obligaciones del abogado para con su cliente:


Cumplimiento de los deberes propios de la función: el abogado debe estudiar cada
asunto con detenimiento, de modo que los argumentos a favor de su cliente adquieran
la mayor eficacia posible; asimismo los escritos que éste realiza deben contener en
forma breve y concisa todo lo que quiera decir y lo decirlo de la manera más convincente
posible, apoyándose en doctrina y jurisprudencia; por lo tanto podemos decir que la
“brevedad y la claridad” cuando están juntas, son los medios seguros para corromper
honestamente al juez.
Debida información al cliente: el abogado debe hacerle conocer a su cliente que a la par
de sus razones existen otras, también n valederas, que su contradictor esgrime con
justicia, que el caso puede verse con una doble óptica y que es tan legítimo un punto
de vista como otro.
Actitud de servicio: llamados los abogados a prestar servicio, en principio, deben aceptar
la tarea encomendada, salvo que existan circunstancias especiales que los inhiban de
intervenir en el caso, como pueden ser las siguientes:
Impedimento moral grave: como ocurre con el juicio de divorcio vincular para el
abogado católico.
Cuando debe asumir una postura absolutamente contraria a sus convicciones más o en
temas en los que haya asumido públicamente otra tesitura.
Interés particular en el caso o cuando cualquier circunstancia pudiera afectar la
necesaria libertad moral para dirigir y atender el proceso.
Cuando el letrado actúe en defensa del otro.
Causas que exigen una preparación especial, cuando la derivación del caso a un
especialista pueda resultar más conveniente al requirente.
Identificación con la causa del cliente: El abogado está obligado a asumir la defensa de
su cliente con el mayor vigor posible, sin contemplaciones, aunque con corrección. No
debe ser imparcial en una causa en la que justamente se lo ha buscado para ser parcial,
defendiendo a una de las partes. Debe iluminar los argumentos que favorezcan a su
cliente y palidecer los de la contraria; resaltar las pruebas aportadas por su parte y
quitarle trascendencia a los de su contenedor. Será el juez, el verdadero “imparcial”,
quien sopese argumentos y valore las pruebas para el dictado de una sentencia justa.
En la defensa del cliente, el abogado debe extremar la utilización de todos los recursos
que la ley admita. Tratándose de los recursos ordinarios, éstos deben ser planteados; en
cuanto a los extraordinarios deben ser utilizados si se advierten ciertas posibilidades de
éxito. La corrección obliga al abogado a la cortesía con el letrado contrario y con su
defendido, pero siempre anteponiendo los derechos de su propio cliente.
Examen de la causa: Este estudio –a fondo- debe hacerse antes de asumir la defensa en
el terreno judicial o administrativo, de modo de poder disuadir a quien no tiene razón,
evitándole así un mayor desgaste de tiempo y dinero y prestando al mismo tiempo una
ayuda indirecta a los tribunales judiciales que se liberan de la carga de una demanda
infundada o carente de razonabilidad.
Para hacer este examen el abogado debe solicitar al cliente le haga conocer todos los
antecedentes del caso de modo de poder extraer de su relato las pautas para la
demanda o la defensa, y especialmente cuáles serán los medios probatorios que se
usarán en el proceso, procurando la mayor exactitud en la valoración de esas probanzas,
tal como el mismo juez deberá hacerlo al momento del dictado de la sentencia. Este
examen previo de la causa tiene que ser documentado mediante un memorándum
dirigido al cliente con una síntesis del caso, la solución legal con cita de las normas
aplicables, las posibles defensas de la contraria, el valor de las pruebas y, como
consecuencia, las reales posibilidades de litigio, el costo, el tiempo que insumiría, y el
consejo final.
D)- Obligaciones del abogado como auxiliar de la Justicia:
Presentar la pretensión del cliente en forma científica: El abogado debe expresarse
frente al juez –ya sea lo haga a través de escritos o in voce- con corrección técnica. El
derecho es una ciencia que tiene su propia terminología y es necesario utilizarla con
precisión; por lo tanto, se debe utilizar una correcta redacción y un estilo claro y muy
concreto.
Sobre todo, los escritos de demanda, contestación y pruebas deben ser especialmente
concisos y precisos, de modo que el juez pueda rápidamente conocer con exactitud cuál
es el reclamo, cuales las defensas, y cuales los elementos probatorios. En el alegato, el
abogado puede explayarse, glosando todos los elementos introducidos en el proceso,
profundizando la cuestión jurídica planteada, examinando su tratamiento por la
doctrina y la jurisprudencia.
Ser parcial: A pesar de la obligación del abogado de defender la postura de su cliente
con vigor y fuerza, nunca debe perder el estilo y caer en la torpeza o en el agravio
personal hacia la contraparte, sus abogados o en contra del juez o de los funcionarios
judiciales. Tal actitud comporta una grave falta al deber del letrado de “colaborar con la
justicia”; pues habría trastocado en perturbación la colaboración exigida, y éste,
además, caería en un grave error estratégico respecto a su misión de “defensor de la
parte”, pues seguramente se habría ganado el disfavor de los magistrados que deben
juzgar la causa.
Búsqueda de justicia a través de la lealtad para con el juez: el abogado debe actuar con
honradez en relación a la exposición de los hechos y al material probatorio que se aporta
al proceso. El falseamiento comporta una actitud ilícita e inmoral. Se debe actuar con
lealtad procurando que el juez reciba de ambas partes, por igual, todos los elementos
que le son menester para el dictado de un fallo justo. No perturbar, entonces el
desarrollo de la prueba contraria, no distraer el proceso mediante argucias procesales,
conforman una conducta profesional correcta y moralmente ética.
Evitar pretensiones irrazonables e inexcusables: el abogado nunca puede guiarse por
cualquier sugerencia del cliente; de allí que el letrado es responsable individual o
solidariamente responsable con su cliente de reclamos o defensas temerarias, debiendo
cargar con las costas provenientes de su accionar. Está obligado a resistir la pretensión
de su cliente, temeraria o maliciosa, pues su obligación principal es impeler el
procedimiento con un carácter ético y profesional.
E)- Obligaciones del abogado para con sus colegas profesionales:
Mantener un trato cordial de respeto mutuo, de consideración profesional; los abogados no son
partes, ni se enfrentan en el pleito como directamente interesados, son solamente
profesionales, eventualmente colocados el uno frente al otro que con su saber y su experiencia
procura que los derechos de sus defendidos, estén bien representados.

Ser prestigiosos y respetados por sus clientes, colegas y jueces, (en realidad se deberá respetar
a la abogacía como Institución). Cuando el respeto prime entre los colegas, el proceso será otro
y la justicia habrá ganado.

Ser solidarios entre colegas fomentando así la ayuda mutua entre los colegiados y defender el
interés general de la abogacía manteniéndose dentro de los límites del honor y de la dignidad.

El rol idéntico que los abogados de ambas partes cumplen en el proceso debe moverlos al
respeto del colega. Si alguno de ellos faltara a sus deberes, transgrediendo las normas éticas, el
contradictor debe ponerlo a conocimiento del juez o del colegio para su castigo

De ningún modo los abogados deben deslizar frases ofensivas que desmerezcan al eventual
colega; en principio en los escritos se debe hablar en nombre de la parte, y los abogados deben
pasar desapercibidos en la polémica. El hábito de tolerancia, el trato cotidiano, crea un
sentimiento de recíproca estimación entre los abogados, la que no puede debilitarse por la
fuerza que el adversario pone en la defensa de su cliente. Los combates judiciales no deben
dejar heridas: los abogados deben limitarse a defender sin animosidad y sin pasión. Deben ser
moderados y corteses al refutar a su adversario, sin utilizar la injuria ni la ironía.