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ACCION PAULIANA, FRAUDE EN CONTRA DE LOS ACREEDORES, COMO ELEMENTO DE LA. No


debe confundirse el fraude contra los acreedores, propio de la acción pauliana, con el dolo en
los contratos. En efecto, este último se compone de maniobras sobre el espíritu de la víctima,
para inducirlo a error, mientras que el fraude se practica en ausencia de la víctima y reside
completamente en el espíritu de su autor, que se trata de sustraer a las consecuencias de un
acto anterior. El fraude consiste en el conocimiento que el deudor tenía del perjuicio que iba a
causar a sus acreedores, y según una tradición jurídica constante, no es necesario que dicho
deudor haya tenido la intención de perjudicar y basta con que el acto haya tenido ese efecto.
Por tanto, el deudor que se empobrece voluntariamente en un momento dado y conociendo el
estado de sus negocios falta a la buena fe, por esto sólo comete un fraude; tal es para la acción
pauliana la condición que se ha llamado tradicionalmente de concilium fraudis.

( https://legis.pe/opera-fraude-acreedores/ )

¿En qué consiste la acción pauliana?

1. Introducción

El crédito como parte fundamental de nuestro sistema económico es uno


de los derechos subjetivos patrimoniales de relevancia constitucional
más discutidos y defendidos en el medio jurídico por su utilidad y
beneficio para el país. Así, vemos que diariamente a través de
intercambios de naturaleza contractual se dinamiza la economía y opera
el mercado.

En efecto, de acuerdo al Ministerio de Relaciones Exteriores y


PROINVERSIÓN, más del 90 % del PBI nacional es generado por
servicios, que no son otra cosa que relaciones obligatorias nacidas de
contratos, y actividades industriales y comerciales. De este modo, es
necesario que el Estado y los propios particulares provean mecanismos
de protección del crédito frente al incumplimiento contractual, que
brinden seguridad jurídica a los operadores económicos y den
predictibilidad al sistema jurídico en general, para asegurar el intercambio
o asignación óptima de recursos a través de la cooperación.

Entre los mecanismos de tutela otorgados por el ordenamiento jurídico


para proteger el crédito se encuentra la acción pauliana o acción
revocatoria por fraude a los acreedores, que se dirige a conservar
actual o preventivamente la garantía patrimonial del deudor frente a actos
de disposición que puedan mermar la integridad de su patrimonio y por
ello impedir o dificultar el cobro del crédito. No obstante su gran
importancia, su regulación y aplicación práctica es confusa, pues, como
veremos más adelante, sus fundamentos y elementos no han sido
abordados de manera unánime a nivel doctrinario ni jurisprudencial, lo
que en aras de proteger el crédito ha terminado desnaturalizando, en
ocasiones, la figura jurídica a lo largo de los años.

2. La responsabilidad patrimonial del deudor

El principio de la responsabilidad patrimonial del deudor implica, en


términos sencillos, que este deba responder frente a la deuda del cual es
titular con todos los bienes presentes y futuros que integran
su patrimonio. En este sentido, el acreedor cuenta con una garantía
genérica sobre el patrimonio del deudor que le permite a través de su
pretensión dirigirse contra los bienes de aquél y ejecutar su patrimonio
para satisfacer su interés creditorio en caso de incumplimiento.
Asimismo, esta responsabilidad entraña una restricción a las facultades
del deudor de disponer libremente de sus bienes, en tanto se busca
mantener la solvencia de su patrimonio para responder al crédito
impago, pues de lo contrario se crearía un perjuicio para el acreedor. De
acuerdo a Luis Moisset de Espanés, “el fundamento jurídico de la
acción revocatoria está en el principio de que el patrimonio del deudor
constituye la garantía común de los acreedores[1]”.

Del mismo modo, Michele Giorgianni sostiene que “la responsabilidad


patrimonial del deudor es el fenómeno por el que los bienes del deudor
están sometidos a la acción ejecutiva del acreedor, dirigida a conseguir
para este último la realización de su interés cuando éste no haya sido
satisfecho por el incumplimiento del deudor[2]”. Ambos juristas, argentino
e italiano respectivamente, dan cuenta del principio general por el cual el
deudor expone su patrimonio ante la ejecución de un crédito que no ha
sido honrado por su parte, consagrado tanto en el nuevo Código
argentino de 2015 como en el Código italiano de 1942.
Por otro lado y a pesar de que en el actual Código Civil de 1984 dicho
principio no es reconocido de manera explícita, coincidimos con aquella
doctrina que sostiene que sí se encuentra implícitamente consagrado a
nivel legislativo a partir de la regulación de la acción revocatoria, inserta
en el artículo 195° dentro del Libro dedicado al Negocio Jurídico.

3. Acción pauliana o fraude a los acreedores

La acción pauliana o revocatoria consiste en el poder jurídico atribuido al


acreedor de hacer declarar ineficaces (inoponibles), en relación a él,
ciertos actos de disposición a título gratuito u oneroso sobre el patrimonio
del deudor que irroguen perjuicio a su derecho de crédito. De este modo,
a través de esta acción personal se busca restablecer el patrimonio del
deudor a la situación en la que se encontraba previamente a la
realización de los actos de disposición fraudulentos, con el fin que el
acreedor pueda ver satisfecho su interés creditorio a través de la
ejecución de dicho patrimonio a raíz de su incumplimiento. En este
sentido, se hace necesario revocar los actos de disposición que afecten
la garantía genérica de la solvencia del patrimonio del deudor frente a las
obligaciones que este tiene con sus acreedores, pues de este modo se
evita el perjuicio ocasionado al crédito. No obstante, ¿qué entendemos
por fraude a los acreedores? ¿Tiene algo que ver con el fraude a la ley?.

De acuerdo a Oreste Roca, “en el fraude a la ley nos encontramos frente


a un acto de autonomía privada (un negocio jurídico) que se ampara en
una norma de cobertura para evadir los efectos de una norma de
carácter imperativo, denominada norma defraudada[3]”. En este sentido,
mediante un negocio celebrado en fraude a la ley se busca
intencionalmente obtener una finalidad o resultado prohibido por el
ordenamiento jurídico; no obstante, que dicho negocio tiene una
apariencia de licitud en la medida que su celebración se encuentra
amparada en una norma legal, son sus efectos jurídicos los que terminan
defraudando o burlando la norma que se pretende eludir y de este modo,
se consigue indirectamente un resultado prohibido.

Ciertos autores, con quienes coincidimos, consideran a los negocios


jurídicos en fraude a los acreedores como una especie de los
negocios jurídicos en fraude a la ley, debido a que el derecho de
crédito encuentra su fundamento en la ley, pese a que como hemos visto
el principio de responsabilidad patrimonial no se haya consagrado
expresamente en la legislación y la doctrina no es unánime respecto al
momento desde el cual opera; por tanto, una violación de este derecho
lleva necesariamente a la violación de la ley que lo protege. En este
sentido, en los negocios jurídicos en fraude a la ley se pretende
defraudar el ordenamiento jurídico afectando intereses generales,
mientras que en los negocios jurídicos en fraude a los acreedores se
busca lo mismo aunque de modo indirecto o mediato y afectando
principalmente intereses de naturaleza privada o particular.

A través del fraude a los acreedores se emplea una norma de


cobertura que permite al deudor disponer de sus bienes en ejercicio
de su capacidad de obrar. Por ejemplo, al amparo de su condición de
propietario y del vehículo jurídico adecuado como un contrato de
compraventa, el sujeto realiza el acto de disposición de manera
perfectamente válida. No obstante, con esta disposición se afectan
los intereses del acreedor, pues con este negocio jurídico el deudor
frustra los fines de otra norma que es de carácter imperativo:
aquella que asegura a los acreedores el derecho a obtener la
satisfacción de sus créditos, la cual se convierte en la norma
defraudada.

4. Elementos y requisitos

Si bien el fraude a los acreedores supone de antemano que el deudor


enajene parte de su patrimonio, disminuyéndolo y colocando al crédito en
una situación de imposibilidad o perjuicio respecto a su cobro, el fraude a
los acreedores actualmente y a diferencia del derecho romano, ya no es
entendido netamente en sentido subjetivo, como consciencia y
voluntad del deudor de realizar el perjuicio, sino que cuenta con matices
en la aplicación de sus elementos dependiendo de frente a que tipo de
actos de disposición nos encontremos.

De esta manera, el ejercicio de la acción pauliana o revocatoria implica la


concurrencia de ciertos elementos (objetivo y subjetivo) que deben ser
verificados en el acto de disposición para configurar el supuesto de
fraude a los acreedores. A continuación, plantearemos en qué consiste
el requisito objetivo del perjuicio pauliano o también llamado “eventus
damni”, así como delimitaremos sus alcances de acuerdo a la nueva
concepción que se tiene del mencionado elemento.

4.1. Elemento objetivo o “eventus damni”

En principio se entiende que existe perjuicio en contra de los acreedores


desde el momento en que a raíz del acto de disposición se genera un
daño en su esfera jurídica, producido por la disminución patrimonial que
afecta al deudor y por ende perjudica la posibilidad de realización y
satisfacción de su derecho de crédito.

Como señala Oreste Roca[4],en Roma se consideraba a


la insolvencia absoluta del patrimonio del deudor como presupuesto
para el ejercicio de la acción pauliana, por lo que el acreedor debía
probar la insolvencia por parte del deudor a través un procedimiento
ejecutivo. Hoy en día, se ha ido flexibilizando este requisito, pues se le ha
dotado de un alcance relativo, en la medida que se toma en cuenta
la imposibilidad en que se encuentra el acreedor de lograr la
satisfacción de su crédito a raíz del desprendimiento patrimonial
realizado, afectando la garantía patrimonial genérica que constituye el
patrimonio del deudor respecto al crédito asumido frente al acreedor.
Esto se complementa cabalmente con la exigencia normativa de que no
se conozcan otros bienes libres del deudor, aunque estos pudieran
existir. A medida que ha pasado el tiempo, el tema ha sido aún más
debatido, primando las opiniones doctrinarias que dan mayor relevancia
a la protección del crédito; por lo cual, se ha eliminado la necesidad de
que el crédito impago sea exigible, admitiendo aquellos créditos sujetos a
condición e inclusive a plazo, dándole un contenido de tutela
preventiva a la acción pauliana.

De este modo, en sede nacional, Roger Merino sostiene que “no es


necesario que el daño sea actual, la revocatoria es también un remedio
cautelar, por lo que basta un estado patrimonial el deudor, que deje
prever su futura insolvencia y pueden ejercitarla los mismos, cuya
obligación está sujeta a plazo o a condición[5]”.

Asimismo, recientemente “la perspectiva ha cambiado, en el sentido de


que tanto la doctrina y la jurisprudencia sostienen que no sólo el daño,
sino el simple peligro de daño puede integrar el eventus damni, en
función de que es lo que afecta el acto dispositivo[6]”. En el mismo
sentido, un sector de la doctrina italiana sostiene que,

El eventus damni parece haberse ampliado progresivamente, hasta ser


identificado no sólo en la incapacidad del patrimonio del deudor para
cubrir sus deudas, ni, por consiguiente en la depauperación que se haya
verificado en el mismo como consecuencia del acto impugnado, sino y
también en la simple mayor dificultad, onerosidad o incertidumbre de la
realización coactiva del derecho del acreedor[7].

Por otro lado, este peligro de daño debe ser analizado desde un punto
de vista tanto cuantitativo como cualitativo, en la medida que no
basta con apreciar la disminución del patrimonio del deudor en función a
la suma del valor de los bienes que posee, sino que además se debe
verificar que dichos bienes sean cualitativamente idóneos de afrontar la
deuda en su etapa ejecutiva, esto es, que sean suficientes y además que
no se genere perjuicio al acreedor complicando o impidiendo la ejecución
forzada. En este sentido, es perfectamente posible que el patrimonio en
cuanto a su valor económico se mantenga indemne y que aun así
proceda la acción pauliana en tanto el acto impugnado genera
peligrosidad para la futura y eventual ejecución, pues afecta de manera
cualitativa la conformación del patrimonio del deudor para satisfacer el
crédito. En conclusión, siguiendo a Roca:

El perjuicio pauliano tiene que definirse en que se presenta cuando la


disminución del patrimonio del deudor o parte comprometida ocasiona la
imposibilidad o dificultad del cobro del crédito, mejor dicho, de la
satisfacción de los intereses creditorios o contractuales en sede
ejecutiva, por lo que resulta pertinente señalar que el eventus damnis es
el daño o lesión presumida, porque se está a fin de cuentas,
presumiendo un daño que aún no se verifica en la realidad pero que en
esas condiciones definitivamente ocurriría[8].

De lo dicho anteriormente, podemos concluir que el acto impugnado por


ineficacia relativa y limitada (inoponibilidad), es uno que genera perjuicio
al acreedor, en la medida que afecta el patrimonio del deudor y genera
actual o potencialmente, bajo un criterio tanto cuantitativo como
cualitativo, la dificultad y/o imposibilidad de realizar la ejecución de los
bienes pertenecientes al patrimonio del deudor, por lo cual se habilita la
tutela incluso preventiva del crédito.

4.2. Elemento subjetivo o “consilium fraudis”/ “scientia damni”

Si bien poco a poco el elemento subjetivo del fraude se ha ido


objetivando en la medida que hoy en día el fundamento de la acción
revocatoria o pauliana es entendido por la doctrina mayoritaria como la
tutela del crédito y por tanto centra su atención en la protección de la
figura del acreedor, ello no significa que no deba ser tomado en cuenta
por la doctrina y la jurisprudencia para analizar si frente a determinada
controversia jurídica nos encontramos frente a un acto de disposición
susceptible de ser atacado vía acción de ineficacia
pauliana.

Esto significa, que ya entendamos al elemento subjetivo como intención


o volición fraudulenta de perjudicar (consilium fraudis) a la manera
francesa o más modernamente como conocimiento o posibilidad de
conocimiento del perjuicio o posibilidad del mismo respecto de la
garantía patrimonial (scientia fraudis) a la manera italiana, este
requisito es clave para configurar un verdadero supuesto de fraude
a los acreedores. De este modo, la presencia del elemento subjetivo en
la estructura del fraude a los acreedores y por consiguiente en la
procedencia de la acción pauliana, es imprescindible, ya sea
considerándolo bajo su noción objetiva o subjetiva, lo que dependerá
del caso concreto.

El problema con la existencia y probanza de este requisito subjetivo, a


diferencia del primero, se produce por el tratamiento disímil que da
nuestro Código al mismo dependiendo del carácter gratuito u
oneroso del acto de disposición cuya ineficacia se pretende. En este
sentido de acuerdo a nuestra norma, artículo 195 del Código Civil, la
regulación es la siguiente:

El acreedor, aunque el crédito esté sujeto a condición o a plazo, puede


pedir que se declaren ineficaces respecto de él los actos gratuitos del
deudor por los que renuncie a derechos o con los que disminuya su
patrimonio conocido y perjudiquen el cobro del crédito. Se presume la
existencia de perjuicio cuando del acto del deudor resulta la imposibilidad
de pagar íntegramente la prestación debida, o se dificulta la posibilidad
de cobro.

Tratándose de actos a título oneroso deben concurrir, además, los


siguientes requisitos:

1.- Si el crédito es anterior al acto de disminución patrimonial, que el


tercero haya tenido conocimiento del perjuicio a los derechos del
acreedor o que, según las circunstancias, haya estado en razonable
situación de conocer o de no ignorarlos y el perjuicio eventual de los
mismos.

2.- Si el acto cuya ineficacia se solicita fuera anterior al surgimiento


del crédito, que el deudor y el tercero lo hubiesen celebrado con el
propósito de perjudicar la satisfacción del crédito del futuro acreedor. Se
presume dicha intención en el deudor cuando ha dispuesto de bienes de
cuya existencia había informado por escrito al futuro acreedor. Se
presume la intención del tercero cuando conocía o estaba en aptitud de
conocer el futuro crédito y que el deudor carece de otros bienes
registrados.

Incumbe al acreedor la prueba sobre la existencia del crédito y, en su


caso, la concurrencia de los requisitos indicados en los incisos 1 y 2 de
este artículo. Corresponde al deudor y al tercero la carga de la prueba
sobre la inexistencia del perjuicio, o sobre la existencia de bienes libres
suficientes para garantizar la satisfacción del crédito.
A partir de la literalidad de la norma, la doctrina mayoritaria en sede
nacional sostiene que respecto a los actos de disposición a título gratuito
la noción de “fraude” en sentido netamente subjetivo desaparece, pues
solamente se exige el conocimiento o posibilidad del mismo (scientia
fraudis) o inclusive sólo se da importancia al elemento objetivo o perjuicio
respecto del acreedor, dejándose de lado todo lo demás.

Sobre el particular, dedicaremos un artículo específico para tratar sobre


este tema importante respecto a la necesaria verificación del elemento
subjetivo en los actos de disposición a título gratuito. No obstante,
queremos dejar en claro de manera preliminar que mientras el crédito no
haya sido contraído y por tanto no exista deuda alguna, no puede
hablarse de actos de disposición, ya sea a título oneroso e inclusive a
título gratuito, que vulneren la garantía patrimonial del deudor y por tanto
puedan ser declarados ineficaces. Salvo, y he aquí la relevancia del
elemento subjetivo, se ha haya determinado que existía una dolosa pre
ordenación en la realización del acto de disposición con el propósito de
perjudicar al futuro acreedor y la satisfacción del crédito (consilium
fraudis)

Lo dicho anteriormente, con cargo a ser desarrollado más adelante, tiene


como finalidad mantener el propósito de proteger el crédito a través de
esta acción personal, pero sin desnaturalizar la institución jurídica ni
atentar contra la seguridad jurídica del ordenamiento, pues parece
lógico sostener que el crédito del impugnante vía acción pauliana debería
ser anterior al acto de disposición que se busca cuestionar. Esto en la
medida que cuando una persona realiza un acto de disposición sin tener
en cuenta a alguien que pueda más adelante reputarse su acreedor,
difícilmente cabrá considerar que ha actuado con el propósito o al menos
la consciencia de perjudicarle. En este sentido, la inexistencia de un
acreedor real parece excluir la posibilidad de la actuación fraudulenta de
quien mal puede proponerse perjudicar unos intereses que para
entonces no tienen presencia ni relevancia jurídica alguna o si quiera,
tener conocimiento del grado de perjuicio que se puede generar a ese
eventual acreedor aún inexistente.
5. Algunas precisiones más

Cabe mencionar que el acto de disposición no comprende sólo


enajenaciones que impliquen la traslación de dominio de un bien
fuera del patrimonio del deudor, pues la condonación de una deuda, el
sometimiento de bienes libres, la constitución de garantías, etc., también
pueden representar un menoscabo que empeora la situación del deudor
y pone en riesgo el cobro del crédito. De acuerdo a Vidal Ramírez, “los
actos que pueden ser atacados por la acción revocatoria, son todos
aquellos de disposición o afectación patrimonial, pues la finalidad del
remedio pauliano es la reconstitución del patrimonio del deudor que ha
perjudicado a sus deudores[9]”.

Asimismo, respecto a la legitimidad para obrar en este tipo de acción,


queda claro que por tratarse de un supuesto de inoponibilidad, solo
aprovecha al acreedor demandante y es respecto de él que se declaran
ineficaces los actos de disposición que perjudiquen su crédito, no
pudiéndose considerar el daño de otros acreedores que no hayan
interpuesto la demanda o se hayan incorporado al proceso.

Finalmente, se debe precisar que no solamente el acreedor originario


puede demandar por fraude a los acreedores, pues inclusive
sus herederos o causahabientes con cualquier título, pueden incoar la
acción, debido a que esta significa una garantía del crédito impago.

(https://es.wikipedia.org/wiki/Acción_pauliana )

¿Qué es la acción paulatina o pauliana?

La acción pauliana o revocatoria, es un mecanismo de defensa de los acreedores, dentro del


derecho de obligaciones, mediante el cual éstos pueden solicitar la revocación de actos
realizados por el deudor en su perjuicio.

Para poder ejercer la acción pauliana, el deudor tiene que estar en estado de insolvencia, pues
de lo contrario, este puede disponer de sus bienes a su antojo, siempre que conserve la
capacidad de honrar las obligaciones que ha contraído.
Por ejemplo, en caso que un deudor insolvente, con el objetivo de no perder sus
bienes, los vende a una tercera persona por una suma muy inferior al valor real de
ellos. Debido a esta venta, el patrimonio del deudor insolvente se reduce
considerablemente, perjudicando a los acreedores. Bajo esta situación, los acreedores
pueden ejercer la acción pauliana y pedir que el bien vendido regrese al patrimonio del
deudor.

Requisitos:

Para ejercer la acción pauliana, es necesario que:

 Que el deudor lleve a cabo una enajenación o renuncia de derechos.


 Que se reúnan dos condiciones, una, que el acto perjudique la solvencia del deudor de
manera significativa y por ello perjudique al acreedor, y por otra parte, que exista
consilium fraudis o el acto sea a título gratuito.

¿Qué es la insolvencia económica?

El concepto de insolvencia es una situación jurídica en la que se encuentra la empresa cuando


no posee liquidez suficiente para hacer frente al pago de las obligaciones de la empresa. De
esta forma, la insolvencia se define como la imposibilidad de una persona o empresa de pagar
sus deudas.

La insolvencia de una empresa se produce, en términos de contabilidad cuando su activo


circulante es menor al pasivo exigible. Los graves problemas de solvencia de una empresa,
pueden acarrear que entre en suspensión de pagos. Esto no implica que la empresa se
encuentre en quiebra, ya que la quiebra se produce cuando el activo total de la empresa es
menor a todas las deudas contraídas.

Cuando una empresa es insolvente, no se libra de la obligación del pago de sus deudas, sino
que entra en concurso de acreedores para ver que la empresa no puede pagar y se establece
un plan de pago de sus obligaciones. Además, la insolvencia posee consecuencias como la
imposibilidad de obtener nuevas líneas de crédito que permitan financiar a la empresa.

DEFINICIÓN DE INSOLVENCIA

Se denomina insolvencia a la ausencia de solvencia. La idea de solvencia, a su vez, alude a la


falta de deudas o a la capacidad de pago que permite satisfacer lo adeudado.

La insolvencia, por lo tanto, refiere a la incapacidad de abonar una deuda. Quien es insolvente
no está en condiciones de cumplir con una obligación financiera.

Por ejemplo: “Tuvimos que modificar el proyecto ya que nos conducía a la insolvencia
económica”, “El aumento de los costos y la caída de pasajeros hacen que casi todas las
empresas de transporte se encuentren en una situación de insolvencia”, “Me preocupa la
insolvencia de mi cuñado, le presté dinero hace un año y aún no me ha devuelto nada”.
En el terreno de la contabilidad, la solvencia es el indicador que relaciona los activos y los
pasivos de una persona, ya sea jurídica o física. Si una empresa tiene un activo total de 10.000
pesos y un pasivo total de 5.000 pesos, la relación activo total / pasivo total es de 2 (por cada
peso de pasivo, dispone de 2 pesos de activo). Si la situación fuera inversa, con un activo total
de 5.000 y un pasivo total de 10.000 pesos, la entidad estaría en una situación de insolvencia,
ya que tendría 2 pesos de pasivo por cada peso de activo.

A nivel jurídico, la idea de insolvencia se emplea respecto a la persona que no tiene la liquidez
necesaria para afrontar el pago de sus obligaciones. La insolvencia supone la imposibilidad de
satisfacer una deuda: al entrar en suspensión de pagos, se lleva a cabo un concurso de
acreedores y se establece un plan para que el deudor pueda cumplir.

Qué es solvencia económica:

La solvencia económica hace referencia a la capacidad para hacer frente a las obligaciones
contraídas como, por ejemplo, el poder pagar una vivienda, unas facturas, un auto o cualquier
otra cosa. En otras palabras, se refiere a la capacidad de pago para cumplir con las obligaciones
pertinentes.

Las personas que tienen solvencia económica suelen contar con el dinero suficiente como para
hacer frente a sus compromisos o deudas diarias o mensuales.

En definitiva, un individuo se considera solvente cuando puede pagar; mientras que si no


puede la persona se considera insolvente.

Esto se puede traducir a las empresas o entidades también. En este caso, la solvencia
económica se basa de dos factores fundamentales que son la solvencia técnica y la efectiva:

 La solvencia técnica es aquella que la empresa posee cuando tiene la capacidad de


generar con su propia actividad la autofinanciación suficiente para poder hacer frente
a sus deudas.
 La solvencia efectiva es cuando la empresa o entidad no es capaz de hacer frente a sus
deudas con la tesorería generada por la propia actividad. Por lo tanto, para poder
hacer frente a sus deudas necesita vender activos o conseguir financiación adicional.
De esta manera, conseguirá ser solvente de forma efectiva, pero no técnica. Es decir,
será solvente a corto plazo, aunque a largo plazo no. La solvencia efectiva solo es
efectiva en la puntualidad de pago.

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