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NINGUNA MUJER NACE FEMINISTA

Cada quien tiene una idea preconcebida sobre el feminismo, prejuicios, pero
qué es realmente. Para intentar develar esta incógnita podríamos leer claro está y es
muy necesario para saber de lo que estamos escribiendo y opinando el día a día en
redes sociales, pero no hay una sola forma de acercarse a este movimiento, existen
muchas clases y periodos distintos. Por nombrar algunos están las tan bulladas olas:

En la primera ola el feminismo nació como la vindicación de los derechos a la


propiedad, en el matrimonio y cívicos, en este momento el lugar y los valores de una
mujer no son cuestionados propiamente y se ven como una virtud. Las mujeres
activistas se centran en el sufragio, esto ocurre en sitios como Inglaterra y en los
Estados Unidos, sumándose a otros movimientos como el abolicionismo de la
esclavitud y la demanda obrera donde Argentina tuvo un rol importante con la creación
de la Federación obrera regional.
En la segunda ola se ampliaron las temáticas a abordar como los derechos
reproductivos, la sexualidad, la familia, el lugar de trabajo. Esta fue una etapa
paradójica y caótica. La segunda guerra mundial favoreció que las mujeres pudieran
ingresar al mundo laboral fuera del hogar, pero no por un reconocimiento a sus
capacidades igualitarias a los hombres, sino porque estos dejaron puestos vacíos que
necesitaron ser llenados para los intereses económicos de las empresas. Quizás no
fue un logro del movimiento, pero esto sentó un precedente sobre las habilidades y
fue puesto en cuestión que el único lugar que pudiera utilizar una mujer fuera el hogar.
Claro que al término de la guerra se les compelió a renunciar, pero probar esta nueva
posibilidad lo cambió todo.
La tercera ola es contemporánea, aquí nos “desatamos”, ponemos en cuestión
el lugar que se nos asignó en un “mundo de hombres” o quizás por qué no abolir esa
idea y construir un nuevo mundo, las posibilidades son infinitas, por eso los tipos de
feminismo que tratan de explicar la raíz de la desigualdad y cómo abordarlo son
muchos.
Cuando observamos el pasado nos damos cuenta de todas las cosas que han
cambiado, pero ha sido una lucha, sumando condiciones externas que nos han
beneficiado, pero a pesar de ello no podemos decir que ya no existe desigualdad.
Seguimos formando parte del grupo más oprimido, más aún cuando le sumamos otros
factores como la raza y la clase social. En este momento reinvindicar se ha
transformado más en demostrar merecer derechos que obtenerlos. Por eso pareciera
haber nacido una especie de super mujer que tiene que hacerlas todas, ser buena
madre, exitosa y buena ama de casa. Las múltiples exigencias que la sociedad y
nosotras mismas nos demandamos, lo cual nos atraerá más que alguna amargura,
por esta sensación de injusticia.
Quizás debamos comenzar por no juzgarnos entre nosotras, que aparezca la
sororidad y el amor por estar entre mujeres, realmente disfrutamos cuando estamos
en compañía de otra, pero nos cuesta reconocerlo. El camino debería apuntar a dejar
de competir y apuntar a la cooperación, vencer juntas a nuestros machismos internos
y no apuntar a ser súper mujeres, pues no tenemos nada que demostrarle a nadie
para obtener un derecho y ser tratadas con justicia. Va a ser un logro cuando podamos
ir a un lugar y no sentirnos mal porque nos atiendan, cuando podamos juntar un
acervo cultural, porque tendremos tiempo para el ocio. Va a ser un camino lleno de
resistencias propias, resistencias externas, de equivocaciones, de aciertos, de ideas
medias esotéricas a las científicas, pero como sea, va a ser nuestro camino. ¿Estás
lista para unirte?

Teresa Olivares