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Trastornos Psicofisiológicos

Cuando estamos sometidos a situaciones que suponen mucha exigencia, emocional o física,
durante prolongados periodos de tiempo, es frecuente que nuestro organismo se vea afectado.
Los recursos biológicos que se ponen en marcha para poderlas afrontar llegan a agotarse o a
alterarse en su funcionalidad, dando lugar a los llamados trastornos psicofisiológicos.
El organismo se activa como un todo, poniendo todos los recursos disponibles en marcha para
alcanzar la consecución de nuestros objetivos. Así pues, los sistemas biológicos se activan de
manera coordinada. Cuando la activación de nuestros sistemas biológicos de respuesta se
mantiene de manera prolongada en el tiempo, pueden desencadenarse diversos tipos de
padecimientos como: arritmias, cefaleas, problemas gastrointestinales, problemas
dermatológicos, hipertensión esencial, dolor crónico, asma, etc.
Hay diferencias entre las personas que determinan qué sistema biológico es más vulnerable a
alterarse funcionalmente. Hablamos de las diferencias psicobiológicas que existen entre las
personas cuando nos activamos al enfrentar situaciones altamente exigentes. Este patrón de
activación puede llegar a diferenciarnos tanto como nuestra huella dactilar.
Así, en algunos de nosotros predomina la respuesta del sistema músculo-esquelético, lo que nos
hace más propensos a padecer, por ejemplo, cefaleas tensionales o dolores de espalda. Otros
podemos responder predominantemente con el sistema cardiovascular y, en consecuencia, tener
más probabilidad de que el mecanismo responsable de controlar la tensión arterial se altere
funcionalmente, con el consiguiente de problema hipertensión arterial.
En otras ocasiones es el sistema inmunitario el que se ve afectado, un campo extensamente
investigado en las últimas décadas y que se ha dado en denominar Psiconeuroinmunología.
Dichas investigaciones han puesto de manifiesto, sin lugar a duda, como lo psicológico puede
influir en el funcionamiento del Sistema Inmunitario, protegiéndonos o vulnerabilizándonos.

Las emociones se manifiestan mediante un triple sistema de respuesta: cognitivo, fisiológico y


motor. El sistema cognitivo se refiere a los pensamientos que tenemos cuando experimentamos
las distintas emociones. Por ejemplo, cuando la ira nace en nosotros, nuestros pensamientos son
del tipo «lo hace para fastidiarme», «no me puedo creer que me haga esto», etc. Sin embargo,
este discurso interno es completamente distinto cuando estamos tristes. Ahora bien, el sistema
motor es el conjunto de conductas que llevamos a cabo según las emociones que sintamos. Así,
cuando aparece el miedo, tratamos de protegernos o huir, conductas que no se darán si sentimos
alegría. Por último, el sistema fisiológico serían las sensaciones corporales que se dan. En este
sentido, hay emociones que nos activan más o menos, igual que hay otras que nos desactivan en
distintos grados. La ansiedad, para que nos entendamos, es una emoción que nos activa mucho a
nivel fisiológico, de forma que nuestra frecuencia cardíaca o nuestra respiración se aceleran.

Yadira Lisbeth Damas Ch. Psicopatología II


Son numerosos los trastornos psicofisiológicos. Pueden ser cardiovasculares (hipertensión
arterial), respiratorios (asma bronquial), endocrinos (diabetes), gastrointestinales (úlcera péptica),
dermatológicos (urticaria) o inmunológicos, así como el dolor crónico o la artitris reumatoide.
Estos son algunos ejemplos, pero hay más. En ellos, va a influir la manifestación fisiológica de
las emociones. Sobre todo de la ansiedad y la ira.
Ambas emociones conllevan una alta activación fisiológica cuando las
experimentamos. Aparecen la tensión muscular, la hiperventilación o la aceleración del ritmo
cardíaco, entre otros síntomas fisiológicos. En un primer momento, nuestro cuerpo se energiza de
esta manera para hacerle frente al peligro que ha hecho que aparezcan estas emociones. Por lo
tanto, no es una activación mala por sí sola. El problema es cuando sentimos estas emociones de
forma muy intensa, muy a menudo o de manera muy prolongada en el tiempo. Entonces nuestro
cuerpo se mantiene en tensión por encima de nuestras posibilidades, ya que esta activación
debería desaparecer una vez que superamos aquello que ha hecho nos sintamos así. Pero como
no es así, nuestros órganos se van sobrecargando y se producen en ellos cambios morfológicos y
funcionales.
Los trastornos psicofisiológicos más frecuentes son:
 Enfermedad coronaria: infartos de miocardio, anginas de pecho y, en general, trastornos
cardíacos derivados de la falta de riego sanguíneo.
 Taquicardia.
 Arritmias cardiacas episódicas.
 Hipertensión arterial.
 Úlcera péptica.
 Enfermedad de Raynaud.
 Síndrome del intestino irritable.
 Colitis ulcerosa.
 Otras alteraciones gástricas: molestias digestivas, digestiones lentas, estreñimiento,
aerofagia, dificultades para tragar por espasmos esofágicos, etc.
 Asma bronquial.
 Artritis reumatoide.
 Hipertiroidismo.
 Hipotiroidismo.
 Síndrome de Cushing.
 Diabetes.

Yadira Lisbeth Damas Ch. Psicopatología II


 Hipoglucemia.
 Prurito.
 Sudoración excesiva.
 Dermatitis atípica.
 Otros trastornos dermatológicos: alopecia, urticaria crónica, seborrea, acné, hiperhidrosis,
neurodermatitis, etc.
 Dolor crónico.
 Cefaleas.
 Dismenorrea.
 Trastornos urinarios: polaquiuria, enuresis secundaria.
 Trastornos osteomusculares: tortícolis, mialgias.
 Enfermedades por bajadas o fallos del sistema inmune.

¿Cuál es la influencia de los factores genéticos, fisiológicos, psicológicos de los trastornos


psicofisiologicos?

Yadira Lisbeth Damas Ch. Psicopatología II

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