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Ocho lecciones sobre el amor humano:

Más allá de la unión afectiva


Tomás Melendo

Introducción

• Definición de persona:
• Sujeto y objeto,
• Principio y término… del amor.
• Únicamente,
• las realidades personales merecen ser amadas
• puesto que sólo ellas se configuran formalmente como fines, como genuinas
destinatarias del bien.
• Sólo las personas son capaces de amar,
• el amor es querer o buscar el bien del otro y por él mismo.
• En el caso de Dios, autosuficiente y omnipotente, amar significaba:
• En primer término, conferir la existencia a aquellos seres a los que deseaba
comunicar su bondad.
• En segundo término, hacerlos partícipes de su propia dicha en la mayor
medida en que fuera posible.
• El mayor don que Dios puede transmitir a una criatura
• es el de introducirla en esa corriente de amor infinito que constituye al mismo
Ser divino.
• Con palabras más sencillas;
• la máxima felicidad que alguien puede conseguir
• es amar en plenitud a lo más digno de ser amado: Dios.
• Lo más definitorio del hombre radica en su capacidad de ser amado:
• Dios lo ha considerado digno de su amor infinito
• y en su capacidad correlativa para amar.

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• La mejor manera de adentrarse hasta el mismo núcleo de la persona humana consiste en
advertir que:
• El Absoluto la ha conceptuado digna de su amor
• Destinándola a ser interlocutora del Amor divino por toda la eternidad.
• El animal
• tiene perimundo, mientras que el hombre tiene mundo.
• El animal está dominado plenamente por sus instintos
• no sabe reconocer teórica y vitalmente a otros posibles centros del cosmos.
• Los animales sólo pueden percibir su propio bien y lo buscarán instintivamente
• pero no pueden percibir el bien en sí ni el bien de otros en cuanto otros.
• El hombre
• como vislumbró Heidegger es un ser ontológico
• capaz de captar el ente o la realidad
• y no necesariamente de forma utilitarista.
• En la misma medida en que el hombre es capax entis se configura como capax boni,
• como abierto al bien real, objetivo
• relativizando al bien-para-sí que reclaman sus instintos.
• El ser humano
• puede conocer y querer el bien en cuanto tal, el bien en sí.
• y, por tanto, el bien del otro en cuanto otro.

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1. LA ESENCIA DEL AMOR

• Amor de amistad o de benevolencia


• No tiene que ver con el sentimentalismo
• Ni mucho menos con el placer y el egoísmo.
• El amor es el acto supremo de la libertad:
• La actividad por la que una persona elige y realiza el bien del otro en cuanto
otro.
• Amor electivo.
• Aristóteles dice en su Retórica
• que amar es quere el bien para otro.
• Tres elementos definen al amor auténtico:
• el querer
• buscar el bien
• el bien del otro en cuanto otro.
• Querer
• es un acto lúcido de la voluntad
• no es el resultado de una potencia sensible
• tampoco de una conveniencia.
• La persona puede y debe querer lo que la perfecciona en cuanto persona (actos
racionales y volitivos que buscan el bien racional u honesto).
• Lo que el amor busca es el bien:
• El bien que se persigue es el bien real, objetivo.
• El bien es lo que perfecciona a la persona a quien se ama
• Ese bien la torna mejor persona y más libre.
• El amor busca el bien del otro en cuanto otro.
• En esta reduplicación –en cuanto otro– reposa la piedra de toque del
verdadero amor de amistad:
• de que efectivamente estamos queriendo bien.

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• Buscamos y realizamos el bien del otro no por motivos o intereses personales
egoístas (para-mí);
• sino por el otro, porque es digno de amor,
• ni siquiera porque así me hago yo bueno y me perfecciono.
• Corroborar en el ser
• ¿Qué bien hemos de querer para la persona amada?
• a) que esa persona sea y
• b) que sea buena.
• Que viva y alcance la perfección.
• El hecho
• Querer bien a alguien
• Supone, en primer lugar, querer que posea el bien fundamental: la
vida.
• El primer sentimiento del amante podría expresarse en los siguientes
términos: “es muy bueno que tú existas”, “yo quiero, con todas las
fuerzas de mi alma, que tú existas”.
• La instauración de un egoísmo animalizante, la desaparición del amor
• comporta la supresión del ser del otro.
• El otro
• pierde su subsistencia y autonomía, su dignidad, y
• pasa a ser un objeto útil o placentero para mí.
• Es eliminado del universo de lo que existe: el hijo no deseado,
abortado, asesinado, violentado, etc.
• Con palabras de José Ortega y Gasset:
• Amar a una persona “es estar empeñado en que exista; no admitir en
lo que depende de uno, la posibilidad de un universo donde aquella
persona esté ausente”.
• Su confirmación:
• El sentimiento de alegrarse por la existencia del amado
• tiene dos confirmaciones:
• Enamorarse y
• la pérdida del ser querido.

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• Enamorarse
• Cuando uno se enamora, el cosmos adquiere un sentido, una
plenitud y un esplendor de los que carecería cuando nuestros
ojos no estaban potenciados por la fuerza del amor.
• ¡Todo parece brillar con una luz nueva!
• La pérdida del ser querido
• La segunda prueba de que el ser amado resulta imprescindible
para nuestro universo es también bastante clara, aunque
dolorosa.
• Al menos en un primer momento –y con las reservas a las que
aludiré a continuación–,
• La muerte de un ser querido provoca en quien lo ama
• La pérdida de sentido del mundo entero; parece como
si, con la ausencia de la persona amada, todo dejara de
tener significado.
• Las reservas a que antes me refería cabría resumirlas así:
cuando se ama a un amigo, esposo o esposa, novio o novia,
padre o hijos,
• de la manera más alta en que cabe hacerlo –es decir, en
Dios y por Dios–, no provoca sino un inicial y pasajero
sentimiento de total desconsuelo:
• porque el amor divino engloba cualquier otro amor y
conserva el sentido de todo lo que existe.
• El amor no correspondido
• Estrecha relación con la muerte del amado guarda el amor no
correspondido.
• Se trata de que muestra aprobación del ser ajeno es rechazada
precisamente por aquel a quien se la otorgábamos.
• En consecuencia, la persona querida no deviene
“realmente real” para nosotros,
• procurándose lo que podríamos calificar como un
“vacío de ser”; y, en consecuencia
• nuestro universo queda como nosotros mismos
incompleto, inacabado sin brillantez ni sentido.

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• Deseos de plenitud
• El amor no aspira exclusivamente a que el ser querido viva, sino, en el mejor
sentido de la expresión,
• a que viva bien, a que llegue a la plenitud del propio ser, a que alcance
su perfección.
• No puede ratificarse el ser de una persona, su acto de ser, sin que le estemos
deseando
• que adquiera las perfecciones que harán de ella un hombre, una mujer
cabales.
• El amor es perspicaz
• En primer término, el amor hace ver cuál puede ser esa conclusión perfecta.
• Sólo una mirada intensificada por el cariño será capaz de advertir la
grandeza que un ser personal encierra.
• Únicamente, el amor permite penetrar hasta los entresijos ontológicos
de una persona y descubrir las maravillas acumuladas –¡siempre!– en
el fondo de su ser.
• En segundo término, como recuerda Max Scheler, el amor es capaz de
anticipar su proyecto perfectivo futuro… lo que la persona amada puede
llegar a ser.
• Y puesto que el amor busca el bien de quien se ama, y el bien es la
perfección
• la misma fuerza del querer, en la medida en que sea hondo y
auténtico,
• nos lleva a “afirmar” al amado no sólo en lo que es, sino
también en la grandeza que puede –y debe– alcanzar.
• Y amablemente exigente
• El que ama tiende a poner todos los medios a su alcance para que la
persona querida
• logre esa integridad conclusiva a que se encuentra destinada.
• ¿Cómo es que puede amarme?
• El amante siente que el amado merece ser amado,
• pero no se siente merecedor del amor del otro (que le corresponde).
• Ahora, no sólo se aman en lo que son actualmente,
• sino en lo que pueden lograr a lo largo de su vida.

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• “Te quiero con tus defectos”
• La enseñanza de Josemaría Escrivá de Balaguer:
• que ningún esposo quería verdaderamente a su cónyuge hasta que no
lo amaba con sus defectos, siempre que no fueran ofensas a Dios.
• El término del cariño auténtico del amor electivo es siempre la persona
íntegra a quien van dirigidos nuestros anhelos;
• quererla , por otro lado, es confirmarla en su ser.
• Confirmar en el ser es, por tanto, querer con los defectos y poner todos los medios
para que,
• por la fuerza del amor, esas imperfecciones vayan siendo superadas.
• Es anhelar que el ser se afirme con toda su plenitud en la persona del amado.
• “No quiero decepcionarte”
• ¿No es el propósito de mejorar la primera resolución a la que llega cualquier
enamorado, con independencia absoluta de la edad, temprana o tardía,
• en que el cariño anide en su alma?
• Se trata de hacerse “algo menos indigno” del amor de quien lo quiere.
• No podemos decepcionar las esperanzas que, basándose en el
proyecto perfectivo futuro descubierto
• y en la pujanza de nuestro propio ser personal, ha depositado en
nosotros quien nos ama…
• silenciosa y casi inadvertidamente, movido por la sola fuerza del
amor.
• Querer a alguien como a uno mismo
• Significa, en primer término, quererlo como persona que eso somos uno y
otro.
• Manuel García Morente en relación con la amistad:
• “Cada uno de los amigos ayuda al otro en la empresa de vivir.
• Son dos vidas que se han acercado y paralelas transcurren sosteniéndose una
a otra.
• Pero no se confundan, ni pretenden confundirse, sino que ambas conservan
íntegramente su peculiar y propio modo, su especial dedicación y empeño.
• Para cada uno de los dos amigos es incumbencia cordial y profunda el ayudar
al otro a realizar su ser y esencia, a vivir su vida,

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• pero sin intentar torcerla y cambiarla y desviarla por cauces
impropios, distintos de los que el otro sueña para sí…
• La amistad quiere que el amigo siga en las vías que le son propias;
• hace cuanto puede por que el amigo sea él mismo, fiel a su singular
destino y vocación” (Manuel García Morente, Ensayo sobre la vida
privada, 1972, p. 38).

ENTREGA
• Constituye el momento terminal o culminación del amor de amistad o benevolencia.
• Motivos para darse en plenitud
• Quien ama percibe al otro como una apasionada aventura perfecta,
• digna de vivirse; y hasta tal punto aprecia su nobleza y queda prendado de
ella, que se siente impulsado a exclamar:
• ¡Vale la pena que me ponga plenamente a tu servicio, con el fin de
que tú te eleves hasta las cimas del amor perfeccionado a que te
encuentras llamado!
• Quien ama desea completar su querer con la donación total de sí mismo, con la
entrega de su propio ser.
• La intuición metafísica asegura que sólo en este punto queda completa el
amor.
• En efecto, toda acción verdaderamente eficaz exige una armonía entre el
modo de obrar de quien actúa y el efecto que pretende conseguir con su
operación.
• La confirmación en el ser de la persona querida, esencia del amor, sólo puede
llevarse a término con y desde el propio ser:
• comprometiendo íntegramente el propio ser personal, sin dejar de
lado ni una sola de las esferas que nos configuran como hombres; y
entregando plenamente todos los ámbitos de nuestra propia persona,
nuestro ser completo.
• El animal no puede obrar de este modo, no puede ofrendar su ser, por la sencilla y
esencial razón de que éste no le pertenece.
• El hombre, por el contrario, es persona precisamente porque Dios le ha
conferido el ser en propiedad privada.
• Por eso es dueño de sí mismo y de sus actos: es libre.

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• Por eso es dueño de sí mismo y de sus actos: es libre.
• Por eso cada hombre singular y concreto tiene sentido en sí y por sí.
• Por eso se configura como un cierto fin, como un valor.
• Y, por eso, se configura como un cierto fin, como un valor.
• La persona que no ha hecho operativa su libertad, extendiendo el imperio de la
voluntad y del entendimiento al resto de sus facultades y potencias, la persona
dominada por las pasiones, por el ambiente, por los vaivenes de un humor
incontrolado,
• esa persona, si no lucha por dorminarse, es incapaz de amar cabal y
adecuadamente.
• Sólo quien ejerce el señorío de su propio ser puede,
• en un acto soberano de libertad,
• entregarlo plenamente a los otros, al hombre o mujer elegidos,
• a quien haya hecho objeto de sus amores.
• La voluntad tiende también hacia un bien, pero gracias a la incomparablemente
mayor categoría ontológica del ser que la posee,
• no simplemente necesita recibir perfección, sino que también puede y tiende
a darla.
• La voluntad no se dirige hacia el bien en cuestión como hacia algo
• que forzosamente requiere,
• sino que puede querer dicho bien en sí mismo y, por ende, quererlo para-otro
y ofrecérselo.
• Efectos de la entrega
• Sólo des-viviéndose, obtiene el hombre la dimensión completa de su propia
vida.
• La cuestión puede entenderse, con relativa facilidad, si traemos de nuevo a la
memoria el carácter “onto-lógico” de todo ser humano:
• Su intrínseca y constitutiva apertura hacia el ser-en-sí, hacia la
verdad-en-sí, hacia el bien-en-sí y consecuentemente, hacia el bien
del-otro-en-cuanto-otro.

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• El hombre sólo se eleva hasta su estricta índole personal cuando actualiza la
inclinación hacia el bien del otro que lo configura intrínsecamente como hombre:
• cuando ama, cuando se da.
• Por el contrario, en la medida en que persigo el bien-para-mí de los instintos, a la
manera de los seres irracionales, me animalizo, me embrutezco.
• “Dios, que cuida de todos con paterna solicitud, ha querido que los hombres
constituyan una sola familia y se traten entre sí con espíritu de hermanos.
• Todos han sido creados a imagen y semejanza de Dios, quien hizo de uno todo el
linaje humano y para poblar toda la haz de la tierra (Hch 17, 26) y todos son
llamados a un solo e idéntico fin, esto es, Dios mismo. Por lo cual, el amor de Dios y
del prójimo es el primero y el mayor mandamiento…” (Gaudium et Spes, n. 24).
• Ha escrito Juan Pablo II:
• “El ser persona significa tender a la propia realización (…), cosa que no
puede llevarse a cabo si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás.
• El modelo de esta interpretación de la persona es Dios mismo como Trinidad,
como comunión de Personas. Decir que el hombre ha sido creado a imagen y
semejanza de este Dios quiere decir también que el hombre está llamado a
existir “para” los demás, a convertirse en un don” (Mulieris Dignitatem, nn.
481-482).
• La traducción del ser que se da
• En manos de la voluntad –coordinada con el entendimiento– se encuentran
las riendas que dirigen todas las potencias y facultades de la persona y, en
último término, la persona misma: el propio ser.
• Por eso, ofrecer la voluntad es entregar, en la medida de lo posible, el ser
mismo.
• ¿Cuáles son los motivos por los que un enamorado decide entregarse a la persona
amada?
• El amor genuino no se instaura, ni acaba de comprenderse, hasta que se abre
paso la primacía radical del tú.
• “La madurez afectiva depende de la capacidad de amar, y es el egocentrismo
lo que incapacita para el amor, sea el amor humano, sea el divino.
• Para madurar es necesario salir del vivir para mí –egótico– y alcanzar un
vivir para ti” (Giambattista Torelló).

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