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LAS APARICIONES Y MENSAJES DE EL ESCORIAL

Fue en el año de 1986 que tuve el privilegio de platicar privadamente con la Sra. Luz
Amparo Cuevas, quien en ese entonces era la vidente de las apariciones que ocurrían desde
5 años antes en la finca llamada Prado Nuevo, muy cercano al Monasterio de San Lorenzo
de El Escorial, España.

Los cerca de 15 ó 20 minutos que estuve con ella me causó una muy buena impresión; una
mujer sencilla y madre de familia, dedicada al servicio doméstico, con obvias limitaciones
intelectuales y culturales, pero imbuida de una notable virtud de la humildad y una palpable
espiritualidad de fe y devoción a la Santísima Virgen y a Nuestro Señor Jesucristo. De
hecho, Amparo sufría los estigmas de la Pasión como una gracia derramada por el Cielo
para su misión. Ella los padeció desde que sangrara por primera vez en 1980, medio año
antes de la primera aparición, cuando en plena calle brotó sangre de manos, rodillas, pies,
costado y frente. Esto sucedió ante distintos testigos. No era permanente, y solía ir
acompañado de una extraordinaria rigidez del cuerpo, que en ocasiones adoptaba la forma
de Cristo crucificado. Primero los recibía todos los jueves y viernes; luego todos los
viernes, y finalmente, el primer viernes de cada mes.

Días después pude confesarme con el mismo director espiritual de Luz Amparo Cuevas, el
fraile Alfonso María Sendín, carmelita descalzo, sacerdote de altos vuelos espirituales y
con el don de ver las conciencias; ocasión propicia también para hablar de las experiencias
que tenía la Sra. Luz Amparo con el Cielo, particularmente de las apariciones de la Virgen
de los Dolores y de los mensajes que recibía, que finalmente era lo que a este servidor le
interesaba conocer. Sin embargo, ahora puedo decir que Luz Amparo Cuevas había vivido
una gran cantidad y variedad de hechos extraordinarios y llamativos, además de los ya
referidos estaba el de la bilocación de su ser y el don de conocimiento de conciencias.
Además vivía también la translucidez, fenómeno místico consistente en la capacidad de
asumir los dolores y enfermedades de otra persona.
Debo dar testimonio, aunque no me gusta nada hablar de experiencias propias espirituales,
que fue en el lugar de las apariciones, un primer sábado de mes, que después de la aparición
de la Virgen, este servidor tuvo el privilegio de atestiguar con los ojos de la carne el
Milagro del Sol, y pude observar por varios minutos cómo el astro Sol giraba sobre su
propio eje a una velocidad vertiginosa y daba “saltos” de un lugar a otro. Para mí fue la
confirmación de que estaba ahí Dios presente, sin dejar de mencionar que en mi encuentro
con Luz Amparo, en la pequeña habitación donde nos encontrábamos, percibí un
inconfundible e intenso aroma a rosas que inundó todo el lugar, que luego supe
acompañaba a sus éxtasis con la Virgen.

Sirva lo anterior como preámbulo al conocer que el día de ayer, viernes 17 de agosto, nació
a la vida sobrenatural la Sra. Luz Amparo Cuevas, a la edad de 81 años.

Las Apariciones

El 14 de Junio de 1981 se iniciaron las denominadas "apariciones de El Escorial" a Luz


Amparo Cuevas. En la finca de "Prado Nuevo", sobre la copa de un fresno situado junto a
una fuente, la Virgen María se presentó como la "Virgen de los Dolores" y pidió que se
construyera una capilla en su honor para meditar la Pasión de su Hijo, tan olvidada de los
hombres. Añadió que si se cumplían sus deseos, habría curaciones, el agua de la fuente
curaría, y que bendeciría a los que acudiesen allí a rezar el Santo Rosario; además muchos
serían marcados con una cruz en la frente.

Luz Amparo nació en una aldea de Albacete llamada Pesebre en 1931. Criada con suma
pobreza, sacrificio y duro trabajo, desde niña, sin saber rezar invocó filialmente a la
Santísima Virgen. Enferma del corazón, se curó en Lourdes en 1977.

Casada con Nicasio Barderas y madre de siete hijos (uno fallecido) es el instrumento que
recibió los mensajes celestiales, compartidos con los devotos que acudieron a "Prado
Nuevo" a rezar el Rosario, hasta que finalizaron el 4 de Mayo de 2002.
Su director espiritual decía de ella que era sencilla, desinteresada, ferviente católica y
obediente.

Mensajes

Algunos de los Mensajes de El Escorial, y que hace más de 25 años inserté en la primera
edición de mi libro Advertencias Marianas a la Humanidad, son los siguientes:

“Muchas almas están errantes, esperando que alguien las salve. Gran parte del clero,
sacerdotes, obispos y cardenales van por el camino de la perdición, y por ellos se están
condenando muchas almas.

“Rezad mucho y haced mucha penitencia para que todos os salvéis; cuanto más sufráis y
más sacrificios hagáis, más os amo, porque así me ayudáis a sufrir y a pedir por tantos
pecadores que tanto lo necesitan. Muchas almas están condenadas porque no ha habido
nadie que haya rezado por ellas. A ver si por lo menos podemos salvar una tercera parte de
la humanidad; que enmienden sus vidas; que vistan con pudor sus cuerpos.

“El Santo Rosario es mi plegaria favorita; con él se puede salvar toda la humanidad y evitar
una gran guerra. Meditad un ratito después de cada misterio; es conveniente que recéis los
quince misterios. Yo prometo a todo el que rece el Santo Rosario diariamente asistirle en la
hora de la muerte. Todos los días estaré presente para bendecir a los que vengan a rezar el
Santo Rosario a este lugar.

“Que se reconcilien con Dios todos los días (acto de contrición), que se confiesen y
comulguen todos los primeros sábados. Es muy importante comulgar los primeros viernes
de mes con mucha devoción, en honor del Corazón de Mi Hijo. Hay que ser constantes en
recibir la Eucaristía. Hay que visitar mucho al Santísimo Sacramento.

“Los pecados de los consagrados claman al Cielo y atraen la venganza. Va a venir un gran
castigo a toda la humanidad como jamás se ha visto. Si no me escuchan, habrá muchas
muertes y la Iglesia irá decayendo, y no habrá trabajo y existirá otra gran guerra. El Papa
será martirizado. Estáis al borde de los últimos tiempos. El juicio de las naciones está muy
cerca. El día del Creador está próximo.

“Antes del castigo habrá un aviso en el cielo; Un astro iluminará la tierra. Todos lo verán;
parecerá que el mundo está en llamas, durará 20 minutos, muchos morirán de la impresión,
pero los que crean en Dios y en la Virgen quedarán mientras como en éxtasis. Después del
aviso y antes del castigo habrá un milagro.

“Mi Hijo arrancará de cuajo toda mala hierba y preparará un renacimiento esplendoroso
para el tiempo de su Misericordia. Entonces será la paz y la reconciliación entre Dios y los
hombres.

“Dad los mensajes de vuestra Madre Misericordiosa por todo el mundo; daros cuenta de
que hay muchas almas que no los conocen.”

Hoy en Día

Cada día, junto al fresno de las apariciones, se reza el santo Rosario y los viernes también
el Vía Crucis, actos piadosos en los que puede participar quien lo desee.

Prado Nuevo está abierto a lo largo del día para toda persona que quiera acudir a orar;
siempre hay miembros de la Asociación, encargados de velar por el recinto y ofrecer una
información más amplia sobre estos hechos religiosos.

El primer sábado de cada mes, como ha manifestado la Virgen, es un día muy especial. El
Rosario que se reza a las 5 de la tarde es masivo y atrae a personas procedentes de toda
España y de Europa.

Junto a Prado Nuevo se encuentra el local "Ave María", donde se imparten catequesis sobre
temas de actualidad eclesial.

Entre los miles de devotos que acuden a este lugar, especialmente los primeros sábados,
hay numerosos testimonios de conversiones auténticas que han derivado en un avivamiento
de su fe, confesión habitual, recepción frecuente de la Eucaristía, hasta llevarles a colaborar
en sus parroquias en apostolados y ejercicios de caridad. Asimismo, no son pocas las
vocaciones sacerdotales y de vida consagrada que han brotado de este lugar.

Congreso Mariano

Con motivo del 150º aniversario de las Apariciones de la Virgen María a Santa Bernardita,
se celebró en el Santuario de Lourdes (Francia), del 4 al 8 de septiembre de 2008, el 22º
Congreso Mariológico Mariano Internacional, organizado por la Academia Pontificia
Mariana Internacional de Roma.

En dicho Congreso participaron los mejores teólogos actuales, que trataron de las
apariciones de la Virgen a lo largo de la Historia de la Iglesia. Entre las conferencias, hubo
una sobre las apariciones de El Escorial, titulada: “Los fenómenos aparicionistas de El
Escorial: realidad y mensaje”, que presentó un eminente teólogo, especialista en temas
relacionados con la Virgen María.

El conferenciante se presentó a sí mismo como estudioso de los fenómenos y mensajes de


El Escorial, que comenzó a examinar hace 11 años. Ofreció una breve síntesis de los
hechos acaecidos en Prado Nuevo de El Escorial: inicio de los acontecimientos, breve
biografía de Luz Amparo, descripción de los fenómenos sobrenaturales, las apariciones, los
mensajes, la postura y los pasos de la Iglesia Diocesana de Madrid ante estos
acontecimientos, ofreciendo, para concluir, una valoración personal tras el estudio
realizado.

Finalmente, uno de los más conocidos y reconocidos expertos en apariciones, el mariólogo


René Laurentin, se ha ocupado de este tema. El año 1985 visitó personalmente y tuvo una
entrevista directa con Luz Amparo Cuevas. A ella se refiere en su libro publicado en
francés titulado “Apariciones actuales de la Virgen María” (Ediciones Rialp). Mucho más
reciente, 2007, es el “Diccionario de las apariciones de la Virgen María”. En este
diccionario dedica seis columnas al tema, aludiendo de nuevo a su encuentro con Luz
Amparo y ofreciendo una reseña muy favorable a los hechos relacionados con ella… Dijo
Laurentin:

“Lo que me ha impresionado ha sido la calidad humana y espiritual de la vidente, sometida


desde la infancia a desgracias y calamidades suficientes para haberla trastornado y hasta
destruido. La conocí en El Escorial en 1985 en la casa de la familia en la que sirve como
doméstica para ganarse el pan, porque su marido no trabajaba y tenía que hacer lo
imposible para sacar adelante a sus siete hijos. Es una mujer sencilla, sosegada, natural, que
no se apasiona, ni tiene pretensiones, ni se mueve por sentimentalismos; su atavío es
modesto, limpio y cuidado, pese a su pobreza… No se muestra azorada ante preguntas
difíciles y responde brevemente ante la principal cuestión planteada. Bien, nunca
encontraron en Amparo ningún signo patológico, sino una normalidad completa».

Hasta los días de hoy, la Jerarquía del lugar sólo ha establecido que no consta el hecho
sobrenatural de las apariciones. Una fórmula muy frecuente que las más de las veces revela
el poco interés de profundizar en el estudio de una pretendida revelación privada, con la
consecuencia que ello implica para el detrimento espiritual de las almas.

Una aparición que hace unos 20 a 25 años llamaba poderosamente la atención y era de las
más visitadas a nivel mundial. La vidente ha fallecido, pero su mensaje casi no es
conocido; y para no perder la costumbre, la aparición fue perseguida y calumniada,
particularmente en España.

Sirva este escrito de testimonio homenaje a Luz Amparo, con cuyo encuentro personal,
este servidor se abrió al estudio de las trascendentales mariofanías de estos tiempos para el
mundo y para la Iglesia.

Luis Eduardo López Padilla

18 de Agosto del 2012


El 14 de Junio de 1981– hace 32 años – se iniciaron las denominadas "apariciones de El
Escorial" a Luz Amparo Cuevas. En la finca de "Prado Nuevo", sobre la copa de un fresno
situado junto a una fuente, la Virgen María se presentó como la "Virgen de los Dolores" y
pidió que se construyera una capilla en su honor para meditar la Pasión de su Hijo, tan
olvidada de los hombres.

Añadió que si se cumplían sus deseos, habría curaciones, el agua de la fuente curaría, y que
bendeciría a los que acudiesen allí a rezar el Santo Rosario; además muchos serían
marcados con una cruz en la frente.

Luz Amparo nació en una aldea de Albacete llamada Pesebre en 1931. Criada con suma
pobreza, sacrificio y duro trabajo, desde niña, sin saber rezar, ha invocado filialmente a la
Santísima Virgen. Casada y madre de siete hijos fue el instrumento que ha recibido los
mensajes celestiales, compartidos con los devotos que acuden a "Prado Nuevo" a rezar el
Rosario, hasta que finalizaron el 4 de Mayo de 2002, día en que El Señor anunció:

«Sólo pido, hijos míos, que meditéis todos los mensajes, que todo se va cumpliendo (...)

No habrá más mensajes, pero habrá bendiciones muy especiales y marcas que quedarán
selladas en las frentes (...)

Acudid a este lugar, hijos míos, que todos seréis marcados y bendecidos con bendiciones
muy especiales; y meditad todos los mensajes».

Luz Amparo

Luz Amparo, dirigida espiritualmente por el Padre Carmelita Descalzo Alfonso María
Sendín, muerto en olor de santidad en 2002, confirmaba el carácter profundamente
espiritual y místico de la vidente. De hecho, Amparo sufría los estigmas de la Pasión como
una gracia derramada por el Cielo para su misión. Ella los padeció desde que sangrara por
primera vez en 1980, medio año antes de la primera aparición, cuando en plena calle brotó
sangre de manos, rodillas, pies, costado y frente. Esto sucedió ante distintos testigos. No era
permanente, y solía ir acompañado de una extraordinaria rigidez del cuerpo, que en
ocasiones adoptaba la forma de Cristo crucificado. Primero los recibía todos los jueves y
viernes; luego todos los viernes, y finalmente, el primer viernes de cada mes. También se le
ha visto en relieve un corazón en el centro del pecho, sangrante, atravesado por una espada
en figura.

Asimismo, el Poder de las Tinieblas se ha ensañado contra ella, pues sufrió todo tipo de
insultos, calumnias, difamaciones, golpes, y acciones preternaturales del demonio en su
persona, que sería largo exponer ahora. El viernes 17 de agosto, nació a la vida sobrenatural
la Sra. Luz Amparo Cuevas, a la edad de 81 años.

Prado Nuevo

"Prado Nuevo" es un lugar privilegiado de oración y recogimiento en el que se reciben paz,


alegría y fortaleza espiritual. Por ello, acuden miles de peregrinos, procedentes de diversas
partes del mundo, para elevar sus oraciones a la Madre de la Humanidad y conseguir
abundantes gracias especiales para su salvación:

«...derramaré torrentes de gracias para todos aquellos que son fieles a mi Obra de amor y de
unidad». La Virgen. El Escorial. 6 de Junio de 1992.

Cada día, junto al fresno de las apariciones, se reza el santo Rosario y los viernes también
el Vía Crucis, actos piadosos en los que puede participar quien lo desee.

Prado Nuevo está abierto a lo largo del día para toda persona que quiera acudir a orar;
siempre hay miembros de la Asociación, encargados de velar por el recinto y ofrecer una
información más amplia sobre estos hechos religiosos.

El primer sábado de cada mes, como ha manifestado la Virgen, es un día muy especial. El
Rosario que se reza a las 5 de la tarde es masivo y atrae a personas procedentes de toda
España y de Europa.
Junto a Prado Nuevo se encuentra el local "Ave María", donde se imparten catequesis sobre
temas de actualidad eclesial.

«Acudid, hijos míos, a este lugar; son tiempos muy graves, y aquí os enseño a amar a la
Iglesia, amar a Dios a todo lo que compone el camino recto y seguro para llegar al cielo».

La Virgen. El Escorial. 1 de Mayo de 1999.

Frutos

Siguiendo el criterio de Jesús "por sus frutos los conoceréis" (Mt 7, 16), éstos han sido y
continúan siendo abundantes en "Prado Nuevo". Entre los miles de devotos que acuden a
este lugar, especialmente los primeros sábados, hay numerosos testimonios de conversiones
auténticas que han derivado en un avivamiento de su fe, confesión habitual, recepción
frecuente de la Eucaristía, hasta llevarles a colaborar en sus parroquias en apostolados y
ejercicios de caridad. Asimismo, no son pocas las vocaciones sacerdotales y de vida
consagrada que han brotado de este lugar.

Otro fruto específico e importante es la "Asociación Pública de Fieles Reparadores de


Nuestra Señora la Virgen de los Dolores" en sus distintas ramas: Hermanas
Reparadoras; Comunidad Familiar y Comunidad Vocacional.

Fue erigida canónicamente por el Cardenal-Arzobispo de Madrid, D. Ángel Suquía y


Goicoechea, el 14 de Junio de 1994. Él mismo visitó las casas de El Escorial y celebró misa
en una de sus capillas. Para la atención espiritual de los miembros de la Asociación, el
actual Cardenal-Arzobispo, D. Antonio María Rouco Varela, ha nombrado a dos sacerdotes
como capellanes.

Actualmente, están abiertas varias casas de amor y misericordia, conforme a las peticiones
de la Virgen; son las residencias de "Virgen de los Dolores" en El Escorial (Madrid); "Jesús
del Buen Amor" en Griñón (Madrid); "Nuestra Señora de la Luz" en Torralba del Moral
(Soria) y "Nuestra Señora del Carmen" en Peñaranda de Duero (Burgos). En Pesebre,
Albacete, pueblo natal de Luz Amparo, ya se ha proyectado una nueva casa que se llamará
"María Dolores".

Mensajes

Las apariciones del Escorial aún no han sido aprobadas. Se continúa su estudio. Desde abril
1985 el estatus es el mismo: No consta la sobrenaturalidad de los hechos. O sea, que el día
de mañana pudiera variar la postura de la jerarquía de la Iglesia y pudiera constar la
sobrenaturalidad.

De momento lo más importante siguen siendo los mensajes que la Virgen de los Dolores
trajo a Prado Nuevo y que se dieron a conocer a través de Amparo desde 1981 hasta el
2002. Alrededor de 350 mensajes son los que se totalizan en esta mariofanía.
Eventualmente sería conveniente poder hacer un estudio resumido de todo el mensaje
mariano en su conjunto traído por la Virgen a la conocida aparición del Escorial (por su
cercanía del lugar al Monasterio de San Lorenzo del Escorial) para conocer la trascendencia
y urgencia del mismo y el inminente cumplimiento de sus profecías.

Haciendo un extracto, esencialmente el mensaje se reduce a lo siguiente:

- El Señor y la Virgen instan a los hombres a convertirse; de no hacerlo, vendrá un gran


castigo.

- Se quejan de los pecados de blasfemia, impureza, incredulidad, hipocresía, ingratitud,


difusión de doctrinas falsas, incumplimiento de votos religiosos, desamor al prójimo.

- En algunos sacerdotes: vida impura, abandono de la oración y del vestido distintivo.

- Recepción sacrílega de la sagrada Eucaristía; no se cree en la presencia real; olvido del


Sagrario.

- No hay agradecimiento ni compasión para el Corazón de Jesús al que se rechaza, así como
múltiples ofensas a la Santísima Virgen.
- Se inculcan la Confesión sacramental y la dirección espiritual.

- Se pondera el poder impetratorio del santo Rosario cuya devota recitación diaria se
recomienda.

- La Virgen promete asistir en la muerte a quienes lo rezan diariamente y comulgan los


primeros sábados.

- Aconseja un poco de meditación sobre cada misterio.

- Se piden sacrificios para que se salve el mayor número posible de almas.

- El dolor y el sufrimiento es camino ordinario para el cielo.

- Comunión los primeros viernes y sábados y también diaria, si es posible.

- Se insiste repetidamente en la humildad y la obediencia, así como en la necesidad y el


poder de la oración.

- Orar por los que no oran y hacer penitencia por los que no la hacen.

- Pedir mucho por España, especialmente por el País Vasco y por todo el mundo.

- Pedir por la conversión de Rusia y por el Papa que va a sufrir mucho.

- Oración especial por los sacerdotes, por los pecadores y los incrédulos.

- La Virgen Dolorosa está siempre pidiendo misericordia por nosotros. Dice la Virgen que
se ha manifestado en varios lugares de España, pero que no creen en Ella. Con sus lágrimas
está deteniendo el castigo que provocan nuestros pecados.

- No hacemos caso de sus avisos.

- El Señor y la Virgen dan sus mensajes valiéndose de los más incultos y humildes para que
se vea que no son falsos, que son de Dios.
La Virgen ha dicho:

- "El castigo está muy próximo. Será el juicio de las naciones, el día del Creador. Si no se
hace caso no habrá trabajo, habrá muchas miserias, sobre todo en España".

- "Di a todos que procuren hacer apostolado en cualquier parte del mundo; que necesitan
muchas almas el mensaje de su Madre celestial".

- "Haced, hijos míos, haced muchos sacrificios por los pecadores. Muchos están en el
infierno porque no han tenido quien rece por ellos".

- "Haced caso. Mandad mis mensajes por todo el mundo".

- "Sé humilde. Sin humildad no se ganan almas".

- "Muchos creen que esto tuyo es obra de Satanás. No lo creas, hija mía, Satanás destruye,
no construye".

- "Para darles las moradas celestiales a las almas su Padre misericordioso está esperando
que se conviertan".

El Señor ha dicho:

- "Me están crucificando diariamente por su falta de amor a los demás. Por su impiedad,
Dios va a castigar sin piedad".

- "Llamo a los que han sido humillados, calumniados por mi causa. Hijos míos, estoy en
vosotros ¿a quién podéis tener miedo?".

-"Tenéis que ser fuertes. Date cuenta, hija mía, de que Yo estoy con todos los que tienen
buena voluntad. Y, estando Yo, nada temáis".

- "Reparemos ¡pobres almas, qué pena me dan!".


- "Estoy día y noche en el Sagrario por todos. Me encuentro allí presente como el mejor de
los padres, como el amigo más fiel, con un amor inmenso ¡Pobres pecadores! No merecen
estos sacrificios tuyos, míos y los de tantas almas escogidas para su salvación. Tú, hija mía,
no te alejes de Mí. Te espero día y noche, Dame consuelo. Abandónate en Mí y diles a
todos que los espero, que quiero salvarlos a todos con mi Corazón. Que visiten a su
Prisionero".

- "Sé humilde. No te abandones. Haz penitencia por los pobres pecadores. Adiós, hija mía,
te doy mi santa Bendición."

En cuanto a profecías, el Cielo ha dicho:

- Que habrá un gran castigo al mundo si los hombres no se convierten.

- Que se dará un Aviso; un astro iluminará la tierra. Quedarán los hombres como en éxtasis.
Muchos morirán de la impresión de ver sus pecados. Que antes del Castigo y después del
Aviso habrá un gran milagro.

Que habrá una gran guerra que puede ser mitigada por el rezo del Santo Rosario.

Que ha llegado el final de los tiempos. Que el mundo está al borde del precipicio. Que
habrá grandes castigos, terremotos, enfermedades, erupciones, inundaciones, sequías,
huracanes, pobreza, crisis económica, revoluciones.

Que el Santo Padre será martirizado. Que la masonería se ha infiltrado en la Iglesia y que la
Iglesia tendrá una caída estrepitosa.

Pudiéramos seguir pero esto simplemente nos permite centrar en lo que el cielo ha venido
repitiendo en los diversos escenarios celestiales por muchos años y que lamentablemente la
inmensa mayoría de los hombres desconoce porque el mensaje de la Santísima Virgen ha
sido silenciado y no se ha difundido convenientemente.
Sirva todo esto en testimonio al XXXII Aniversario de las apariciones del Escorial
acaecidas el 14 de junio de 1981.

LUIS EDUARDO LÓPEZ PADILLA 14 DE JUNIO 2013

¿CONTINÚA DIOS MANIFESTÁNDOSE A LOS HUMILDES?


NOTA HISTORICA DE AMPARO CUEVAS

Nace en la provincia de Albacete el 13/3/31. Casada. Siete hijos. Reside en San Lorenzo de
El Escorial. Apenas sabe leer y escribir.

Gravemente enferma de corazón, sanó en una peregrinación a Lourdes. Su marido, de poca


salud, cultiva un huerto y es portero suplente en la casa donde Amparo trabaja de
asistenta...

Criada en suma pobreza, sacrificio y duro trabajo, desde niña, sin saber rezar, ha invocado
filialmente a la Stma. Virgen.

Siempre ha sentido tierno amor compasivo hacia el prójimo necesitado. Afirma ella que,
aunque suponía ha de haber un Ser Supremo, vivía despreocupada de sus deberes religiosos
que no practicaba.

Pero, a mediados de noviembre de 1.980, oye una voz que le dice: "reza por la paz del
mundo y por la conversión de los pecadores. Amaos los unos a los otros. Vas a recibir
pruebas de dolor".

Efectivamente, comienza a sangrar por la frente y las manos sintiendo agudos dolores y
clama:

"Pero ¿Qué es esto?".


Se le muestra el Señor clavado en la cruz y le dice:

"Hija mía, esto es la Pasión de Cristo. La tienes que pasar entera".

Dice Amparo: "Yo no lo resisto".

Le arguye Él:
"Si tú en unos segundos no lo resistes, ¿Cuánto pasaría Yo, horas enteras en una cruz,
muriendo por los mismos que me estaban crucificando? Puedes salvar muchas almas con
tus dolores".
Le pregunta Jesús si acepta, y ella responde: "Con vuestra ayuda, Señor, lo soportaré".

Desde este momento Amparo es otra: al mismo tiempo que intensifica ejemplarmente su
vida espiritual, se multiplican en ella tan raros como extraordinarios fenómenos:
sangraciones por la frente, ojos, boca, un hombro, espalda, costado, manos, rodillas, pies;
unas veces con llagas visibles, otras con sangre sin llagas y otras sin llagas y sin sangre,
pero con el correspondiente agudo dolor, según la escena de la pasión que contempla.

Se le ha visto en relieve un corazón en el centro del pecho, sangrante atravesado por una
espada en figura.

- Apariciones del Señor, de la Virgen y de ángeles.

- Intenso aroma como de rosas percibido de lejos y como a oleadas.

- Idioma desconocido.

- Bilocación.

- Repetidos mensajes.

- Profecías.

- Multiplicación de alimentos.

- Signos en el cielo.

- Numerosas conversiones.

- Levitación.

- Comunión mística.

- Inexplicable grabación de cintas magnetofónicas.

- Curación de ajenas dolencias tomándolas en sí misma, etc. Varios de estos fenómenos son
muy recientes.
Parece que el Señor permite al "Poder de las tinieblas" actuar contra ella, ya por el mismo
diablo, ya por quienes la insultan, se burlan de ella y de estas cosas, y la calumnian con
palabras por ella oídas o por escritos. Pero también parece que el Señor le tiene anunciado
todo esto y le da paciencia para soportarlo.

CONTENIDO DE LOS MENSAJES RECIBIDOS POR AMPARO:

Desde su conversión, Amparo considera su ideal preferente ayudar a Jesús a salvar almas.
Es lo que entiende que le pide el Señor con tan variados carismas. Así lo expresa sus
mensajes recibidos en éxtasis frecuentemente muy dolorosos. Veamos el principal
contenido de tales mensajes.

El Señor y la Virgen instan a los hombres a convertirse; de no hacerlo, vendrá un gran


castigo.

- Se quejan de los pecados de blasfemia, impureza, incredulidad, hipocresía, ingratitud,


difusión de doctrinas falsas, incumplimiento de votos religiosos, desamor al prójimo.

- En algunos sacerdotes: vida impura, abandono de la oración y del vestido distintivo.

- Recepción sacrílega de la sagrada Eucaristía; no se cree en la presencia real; olvido del


Sagrario.

- No hay agradecimiento ni compasión para el Corazón de Jesús al que se rechaza.

- Ofensas a la Stma. Virgen.

- Se inculcan la Confesión sacramental y la dirección espiritual.

- Se pondera el poder impetratorio del santo Rosario cuya devota recitación diaria se
recomienda.

- La Virgen promete asistir en la muerte a quienes lo rezan diariamente y comulgan los


primeros sábados.

- Aconseja algo de meditación sobre cada misterio.

- Se piden sacrificios para que se salve el mayor número posible de almas.

- El dolor es camino ordinario para el cielo.


- Comunión los primeros viernes y sábados y también diaria.
- Se inculcan repetidamente la humildad y la obediencia.

- Se insiste en la necesidad y el poder de la oración.

- Orar por los que no oran y hacer penitencia por los que no la hacen.

- Pedir mucho por España, especialmente por el País Vasco y por todo el mundo.

- Acudir al Padre Eterno. La Virgen nos protegerá siempre.

- Pedir por la conversión de Rusia y por el Papa que va a sufrir mucho.

- Oración especial por los sacerdotes.

- Rezar por los pecadores y los incrédulos.

- Ha tenido visiones del cielo y del infierno.

- Vida eterna feliz sobre los astros.

- La Virgen Dolorosa está siempre pidiendo misericordia por nosotros. Dice la Virgen que
se ha manifestado en varios lugares de España, pero que no creen en Ella. Con sus lágrimas
está deteniendo el castigo que provocan nuestros pecados.

- No hacemos caso de sus avisos.

- El Señor y la Virgen dan sus mensajes valiéndose de los más incultos y humildes para que
se vea que no son falsos, que son de Dios.

- A mediados de junio de 1.981 la Virgen Dolorosa, sobre la copa de un fresno, junto a la


fuente, en Prado Nuevo, le ha dicho:

"Soy la Virgen Dolorosa. Quiero que se construya en este lugar una capilla en honor de
mi nombre. Que se venga a meditar la pasión de mi Hijo que está completamente
olvidada. Si se hace lo que Yo digo, habrá curaciones: este agua curará... Haced
penitencia, haced oración."
"El castigo está muy próximo. Será el juicio de las naciones, el día del Creador. Si no
hacemos caso de la Virgen, no habrá trabajo, habrá muchas miserias, sobre todo en España.

Los que están en gracia de Dios, que no teman no les afectará en nada el castigo que
enviará el Señor".
- "Di a todos que procuren hacer apostolado en cualquier parte del mundo; que necesitan
muchas almas el mensaje de su Madre celestial".

- "Haced, hijos míos, haced muchos sacrificios por los pecadores. Muchos están en el
infierno porque no han tenido quien rece por ellos".

- "Haced caso. Mandad mis mensajes por todo el mundo".

- "Sé humilde. Sin humildad no se ganan almas".

- "Muchos creen que esto tuyo es obra de Satanás. No lo creas, hija mía, Satanás destruye,
no construye".

- "Para darles las moradas celestiales a las almas su Padre misericordioso está esperando
que se conviertan".

- "Me están crucificando diariamente por su falta de amor a los demás. Por su impiedad,
Dios va a castigar sin piedad".

- "Llamo a los que han sido humillados, calumniados por mi causa. Hijos míos, estoy en
vosotros ¿A quién podéis tener miedo?".

-"Tenéis que ser fuertes. Date cuenta, hija mía, de que Yo estoy con todos los que tienen
buena voluntad. Y, estando Yo, nada temáis".

- "Reparemos ¡Pobres almas, qué pena me dan!".

- "Estoy día y noche en el Sagrario por todos. Me encuentro. allí presente como el mejor de
los padres, como el amigo más fiel, con un amor inmenso

¡Pobres pecadores! No merecen estos sacrificios tuyos, míos y los de tantas almas
escogidas para su salvación. Tú, hija mía, no te alejes de Mí. Te espero día y noche, Dame
consuelo.

Abandónate en Mí y diles a todos que los espero, que quiero salvarlos a todos con mi
Corazón. Que visiten a su Prisionero"

- "Sé humilde. No te abandones. Haz penitencia por los pobres pecadores. Adiós, hija mía,
te doy mi santa Bendición."
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Las apariciones de la Virgen de Escorial

Nuestra Señora de los Dolores


Historia de las apariciones

Todo empezó el 14 de junio de 1981, domingo de la Santísima Trinidad. Luz Amparo


Cuevas, persona sencilla y humilde, casada y madre de 7 hijos, recibía en Prado Nuevo, (El
Escorial- Madrid-España), encima de un fresno, la aparición de la Santísima Virgen,
dejándole el siguiente mensaje:

"Soy la Virgen Dolorosa. Quiero que se construya en este lugar una capilla en honor a mi
nombre; que se venga a meditar de cualquier parte del mundo la pasión de mi HIJO, que
está muy olvidada. Si hacen lo que yo digo, el agua de esta fuente curará. Todo el que
venga a rezar aquí diariamente el Santo Rosario será bendecido por mí. Muchos serán
marcados con una cruz en la frente. Haced penitencia. Haced oración".

Este mensaje fue más tarde completado por la aparición, el 24 de Junio de 1.983, con estas
palabras:

"Fundad casas de amor y misericordia para los pobres. Hay muchos, muchos que necesitan
que se les hable la Palabra de Dios."

A este primer mensaje le siguieron muchos más. Se sintetizan algunos de ellos:

"El mundo está necesitado de almas víctimas, hijos míos, no solo hay que ser cristiano de
nombre, sino practicantes. Muchos rezáis con los labios, pero la oración no sale del
corazón. Quiero que la ORACIÓN salga del corazón, porque llegarán a las Moradas."(18-9-
83)

"Lo que os pido es humildad para poder salvar a las almas. Hay que dar ejemplo, hijos
míos: con la humildad y vuestra pureza podréis salvar a la humanidad".(26-5-84)

"Amad a vuestros semejantes, hijos míos, porque si no amáis a vuestros semejantes, no


amáis a Dios, porque Dios está en cada uno de vuestros semejantes".(31-5-84)

En la mañana del 26 de mayo de 1.983, hallándose Luz Amparo Cuevas sola, rezando ante
el árbol y la pequeña estampa de la Virgen, que los devotos habían puesto en él, Luz
Amparo recibe una cruel agresión por parte de tres encapuchados, dos hombres y una
mujer. La desnudan, la arrastran por el suelo, llenan su boca con una piedra para que no
grite... "Te vamos a ahorcar en un árbol a ver si la Virgen viene a salvarte". -Le dicen-
"Tienes que decir que todo esto es falso."... "¿Pero cómo voy a decir que es falso siendo
verdad?"

Un fuerte ruido les hace huir. Amparo tiene que ser hospitalizada y guardar cama varias
semanas para recuperarse y curar las heridas.
Con el inicio de los años noventa, brota una triple y hostil alianza contra estas apariciones
de la Virgen. Se encuentra en este grupo el alcalde socialista Mariano Rodríguez, el
administrador de la finca de Prado Nuevo donde está situado el "árbol" Tomás Leyún y el
párroco de El Escorial, Don Pablo Camacho Becerra.

Entre los años 1992 y 1995, Luz Amparo Cuevas y las personas que seguían asistiendo a
Prado Nuevo sufrieron una pertinaz persecución y agresión por parte de un grupo hostil,
(supuestamente alentados por la "alianza tripartita"), del pueblo de El Escorial, que terminó
con el cierre por parte del Ayuntamiento de la finca.

Más adelante, Don Pablo Camacho, estando hospitalizado por una enfermedad grave,
reconoce al periodista Neftalí Hernández: "Debo confesarle, amigo Neftalí, que era yo
quien instigaba toda aquella estrategia de acoso y persecución."

El cambio de signo político del Gobierno Municipal propició la apertura de la finca y la


vuelta al rezo del Rosario junto al árbol. (15-9-1995)

Prado Nuevo es hoy un lugar privilegiado de oración y recogimiento al que acuden miles de
personas para conseguir las más diversas gracias celestiales y fortalecer su espiritualidad.

El fruto de tanto raudal de gracias lo experimentan no pocos peregrinos, pero la señal más
luminosa la tenemos en las vocaciones salidas de Prado Nuevo. El día 15 - 7 - 2000 fueron
consagrados en la Catedral de Toledo 3 nuevos Presbíteros. Posteriormente se han
ordenado dos más. Ya son siete los sacerdotes ordenados que obtuvieron su vocación
gracias a Prado Nuevo. En el Seminario hay más chicos siguiendo sus mismos pasos. A
todo esto hay que unir las Asociaciones nacidas y autorizadas por el Iglesia de Seglares
Reparadores, de la Fundación Pía para el cuidado de ancianos y necesitados y de más de 80
novicias que se preparan para atender esta Obra.

El primer sábado de cada mes, a petición de la Virgen, es un día muy especial. El Rosario
de ese día es seguido por personas procedentes de los más diversos puntos de España y
Europa. Es el día que, por medio de Luz Amparo, la Santísima Virgen da las Bendiciones.

Biografía de Amparo Cuevas

Nace en la provincia de Albacete el 13 - 3 - 31. Casada. Siete hijos. Reside en San Lorenzo
de El Escorial. Apenas sabe leer y escribir. Gravemente enferma de corazón, sanó en una
peregrinación a Lourdes. Su marido, de poca salud, cultiva un huerto y es portero suplente
en la casa donde Amparo trabaja de asistenta.

Criada en suma pobreza, sacrificio y duro trabajo, desde niña, sin saber rezar, ha invocado
filialmente a la Stma. Virgen. Siempre ha sentido tierno amor compasivo hacia el prójimo
necesitado. Afirma ella que, aunque suponía ha de haber un Ser Supremo, vivía
despreocupada de sus deberes religiosos que no practicaba. Pero, a mediados de noviembre
de 1.980, oye una voz que le dice: "reza por la paz del mundo y por la conversión de los
pecadores. Amaos los unos a los otros. Vas a recibir pruebas de dolor". Efectivamente,
comienza a sangrar por la frente y las manos sintiendo agudos dolores y clama: "Pero ¿qué
es esto?". Se le muestra el Señor clavado en la cruz y le dice: "Hija mía, esto es la Pasión de
Cristo. La tienes que pasar entera". Dice Amparo: "Yo no lo resisto". Le arguye Él: "Si tú
en unos segundos no lo resistes, ¿cuánto pasaría Yo, horas enteras en una cruz, muriendo
por los mismos que me estaban crucificando? Puedes salvar muchas almas con tus dolores".
Le pregunta Jesús si acepta, y ella responde: "Con vuestra ayuda, Señor, lo soportaré".

Desde este momento Amparo es otra: al mismo tiempo que intensifica ejemplarmente su
vida espiritual, se multiplican en ella tan raros como extraordinarios fenómenos:
sangraciones por la frente, ojos, boca, un hombro, espalda, costado, manos, rodillas, pies;
unas veces con llagas visibles, otras con sangre sin llagas y otras sin llagas y sin sangre,
pero con el correspondiente agudo dolor, según la escena de la pasión que contempla. Se le
ha visto en relieve un corazón en el centro del pecho, sangrante atravesado por una espada
en figura.- Apariciones del Señor, de la Virgen y de ángeles.- Intenso aroma como de rosas
percibido de lejos y como a oleadas.- Idioma desconocido.- Bilocación.- Repetidos
mensajes.- Profecías.- Multiplicación de alimentos.- Signos en el cielo.- Numerosas
conversiones.- Levitación.- Comunión mística.- Inexplicable grabación de cintas
magnetofónicas.- Curación de ajenas dolencias tomándolas en sí misma, etc. Varios de
estos fenómenos son muy recientes.

Parece que el Señor permite al "Poder de las tinieblas" actuar contra ella, ya por el mismo
diablo, ya por quienes la insultan, se burlan de ella y de estas cosas, y la calumnian con
palabras por ella oídas o por escritos. Pero también parece que el Señor le tiene anunciado
todo esto y le da paciencia para soportarlo.

Peticiones y promesas del señor y la Santísima Virgen realizadas en El Prado Nuevo


(El Escorial)

«Os prometí que todos aquellos que hagan todos los días una visita al Santísimo, y que
confiesen los primeros sábados de mes sus culpas y comulguen, y recen el santo Rosario;
os prometí, hijos míos, que os preservaría del fuego del Infierno. Pues ahora, hijos míos, os
voy a prometer otra cosa:

Todos aquellos que cumplan con todas estas cosas, pasarán también por el Purgatorio; pero
no irán a pasar las penas de Purgatorio, sino sólo a ver las penas de las que se han librado
cumpliendo estas cosas. Por eso, sin sufrir tales penas, entrarán en las moradas celestiales.»
(La Virgen, 3-diciembre-1983)

«Todos los que acudáis a este lugar recibiréis gracias especiales y muchos seréis sellados
con este sello especial, el sello de los escogidos.» (La Virgen, 2-abril-1988)

«Prometo a todos los que hayan acudido a este lugar, en el momento de su agonía
manifestarme con todos los ángeles del Cielo, santos y bienaventurados.» (El Señor, 1-
julio-1989)

«Yo prometo a todo el que rece el santo Rosario diariamente y comulguen los primeros
sábados de mes, asistirles en la hora de su muerte.» (La Virgen, 5-marzo-1982)
«Haced apostolado por todas las parte del mundo, hijos míos, extended los mensajes, hijos
míos ¡Cuántos se ríen de mis mensajes, hijos míos! Llevadlos por todos los rincones de la
tierra. (La Virgen, 1-octubre-1983)

«Todos aquellos que ayudan a mi Obra les daré un galardón, y ese galardón será la entrada
para entrar en el Cielo.» (El Señor, 5-octubre-1991)

«Todo aquel que colabore a esta Obra, yo iré a recibirlo en la hora de la muerte.» (La
Virgen, 5-marzo-1994)

«Yo prometo que el que acuda a este lugar los primeros sábados de mes, acercándose al
sacramento de la Penitencia y de la Eucaristía, le daré gracias especiales para caminar en la
Tierra. Y le aseguro la vida eterna, porque lo conservaré en la luz y no se perderá.» (El
Señor, 7-marzo-1998)

"Todos los que acudís a este lugar, hijos míos, recibiréis gracias muy especiales en la vida y
en la muerte." (Mensaje del 1 - 1 - 2.000

Mensajes para el Mundo

Desde su conversión, Amparo considera su ideal preferente ayudar a Jesús a salvar almas.
Es lo que entiende que le pide el Señor con tan variados carismas. Así lo expresa sus
mensajes recibidos en éxtasis frecuentemente muy dolorosos. Veamos el principal
contenido de tales mensajes.

El Señor y la Virgen instan a los hombres a convertirse; de no hacerlo, vendrá un gran


castigo. - Se quejan de los pecados de blasfemia, impureza, incredulidad, hipocresía,
ingratitud, difusión de doctrinas falsas, incumplimiento de votos religiosos, desamor al
prójimo. - En algunos sacerdotes: vida impura, abandono de la oración y del vestido
distintivo.- Recepción sacrílega de la sagrada Eucaristía; no se cree en la presencia real;
olvido del Sagrario.- No hay agradecimiento ni compasión para el Corazón de Jesús al que
se rechaza.- Ofensas a la Stma. Virgen.
Se inculcan la Confesión sacramental y la dirección espiritual.- Se pondera el poder
impetratorio del santo Rosario cuya devota recitación diaria se recomienda.- La Virgen
promete asistir en la muerte a quienes lo rezan diariamente y comulgan los primeros
sábados.- Aconseja algo de meditación sobre cada misterio.- Se piden sacrificios para que
se salve el mayor número posible de almas.- El dolor es camino ordinario para el cielo.-
Comunión los primeros viernes y sábados y también diaria.- Se inculcan repetidamente la
humildad y la obediencia.

Se insiste en la necesidad y el poder de la oración.- Orar por los que no oran y hacer
penitencia por los que no la hacen.- Pedir mucho por España, especialmente por el País
Vasco y por todo el mundo.-- Acudir al Padre Eterno. La Virgen nos protegerá siempre.--
Pedir por la conversión de Rusia y por el Papa que va a sufrir mucho.- Oración especial por
los sacerdotes.- Rezar por los pecadores y los incrédulos.
Ha tenido visiones del cielo y del infierno.- Vida eterna feliz sobre los astros.- La Virgen
Dolorosa está siempre pidiendo misericordia por nosotros. Dice la Virgen que se ha
manifestado en varios lugares de España, pero que no creen en Ella. Con sus lágrimas está
deteniendo el castigo que provocan nuestros pecados.- No hacemos caso de sus avisos.- El
Señor y la Virgen dan sus mensajes valiéndose de los más incultos y humildes para que se
vea que no son falsos, que son de Dios.- A mediados de junio de 1.981 la Virgen Dolorosa,
sobre la copa de un fresno, junto a la fuente, en Prado Nuevo, le ha dicho:

"Soy la Virgen Dolorosa. Quiero que se construya en este lugar una capilla en honor de mi
nombre. Que se venga a meditar la pasión de mi Hijo que está completamente olvidada. Si
se hace lo que Yo digo, habrá curaciones: este agua curará... Haced penitencia, haced
oración."

"El castigo está muy próximo. Será el juicio de las naciones, el día del Creador. Si no
hacemos caso de la Virgen, no habrá trabajo, habrá muchas miserias, sobre todo en España.
Los que están en gracia de Dios, que no teman no les afectará en nada el castigo que
enviará el Señor".- "Di a todos que procuren hacer apostolado en cualquier parte del
mundo; que necesitan muchas almas el mensaje de su Madre celestial".- "Haced, hijos
míos, haced muchos sacrificios por los pecadores. Muchos están en el infierno porque no
han tenido quien rece por ellos".- "Haced caso. Mandad mis mensajes por todo el mundo".-
"Sé humilde. Sin humildad no se ganan almas".- "Muchos creen que esto tuyo es obra de
Satanás. No lo creas, hija mía, Satanás destruye, no construye".- "Para darles las moradas
celestiales a las almas su Padre misericordioso está esperando que se conviertan".- "Me
están crucificando diariamente por su falta de amor a los demás. Por su impiedad, Dios va a
castigar sin piedad".- "Llamo a los que han sido humillados, calumniados por mi causa.
Hijos míos, estoy en vosotros ¿a quién podéis tener miedo?".-"Tenéis que ser fuertes. Date
cuenta, hija mía, de que Yo estoy con todos los que tienen buena voluntad. Y, estando Yo,
nada temáis".- "Reparemos ¡pobres almas, qué pena me dan! ".- "Estoy día y noche en el
Sagrario por todos. Me encuentro. allí presente como el mejor de los padres, como el amigo
más fiel, con un amor inmenso ¡Pobres pecadores! No merecen estos sacrificios tuyos, míos
y los de tantas almas escogidas para su salvación. Tú, hija mía, no te alejes de Mí. Te
espero día y noche, Dame consuelo. Abandónate en Mí y diles a todos que los espero, que
quiero salvarlos a todos con mi Corazón. Que visiten a su Prisionero".- "Sé humilde. No te
abandones. Haz penitencia por los pobres pecadores. Adiós, hija mía, te doy mi santa
Bendición."

Mensajes para España

Hija mía, no dejar de rezar el santo Rosario. Diles que si no se me escucha, habrá muchos
muertos y la iglesia declinará; el trabajo llegará a faltar y habrá mucha miseria, sobre todo
en España...

Me he manifestado en muchos lugares, pero están vacíos y los hombres no quieren saber
nada. Si no se me escucha, habrá otra guerra en España y la Iglesia de España sufrirá.

Acercaos más al a Eucaristía, sed fieles en recibir el Cuerpo de Cristo, rezad por la paz en
España, especialmente por el País Vasco.
-Rezad el rosario con mucha devoción todos los días, meditar un ratito después de cada
misterio. Ofrecerlo por la paz del mundo, especialmente por la paz de España porque
España está a punto de ser castigada.

-La humanidad no quiere escuchar las palabras de mi Santísima y pura Madre. Se ha


manifestado en muchos lugares de España pero no creen en ella.

-Hija mía, di a todos que si no escuchan lo que les digo, el mundo conocerá un castigo
como nunca se ha visto antes y caerá sobre España en primer lugar.

-Hija mía, pide a todos que recen mucho por mi amado Hijo, El Papa Juan Pablo II y por la
paz de España, sino cambia será castigada.

-Hija mía, hija mía, rezad por la paz de España, Hijos míos, España está en un gran peligro,
haces oración y penitencia. Con el santo rosario, hijos míos se puede salvar a la humanidad.
Haced oración, que el mundo está en peligro; no hacen caso, hija mía. ¡Qué pena me da!
Reza mucho por España, que empezará el castigo por España. Hijos míos, soy vuestra
Madre gloriosa, hijos míos, La Virgen del Pilar, pedid que os escucho, hijos míos, con
María y por medio de María os salvareis. Todo el que no crea en María no entrará el reino
del cielo, hija mía. Os bendigo, como bendigo a España, en el nombre del Padre y del Hijo
y del Espíritu Santo.

-España no quiere salvarse, hijos míos no se quiere salvar.

- Hijos míos pedid por la paz en el mundo entero, pero también pedid por la paz en España.
Sed buenos apóstoles como vuestro Patrón fue un buen apóstol, pero no luchéis con la
espada, hijos míos, luchad con la adoración y el sacrifico en reparación para la salvación
del mundo, hijos míos.

Estos son los mensajes públicos de la Virgen Dolorosa a la vidente


Amparo Cuevas
 Relato de la Virgen sobre su Asunción a Amparo Cuevas vidente de El Escorial

 Indice de Mensajes de Virgen Dolorosa de El Escorial: España

 Listado de Mensajes de Virgen Dolorosa de El Escorial

 Mensajes de la Virgen Dolorosa, El Escorial, Año 2002

 Mensajes de la Virgen Dolorosa, El Escorial, Año 2001

 Mensajes de la Virgen Dolorosa, El Escorial, Año 2000

 Mensajes de la Virgen Dolorosa, El Escorial, Año 1999


 Mensajes de la Virgen Dolorosa, El Escorial, Año 1998

 Mensajes de la Virgen Dolorosa, El Escorial, Año 1997

 Mensajes de la Virgen Dolorosa, El Escorial, Año 1996

 MENSAJES DE LA VIRGEN DOLOROSA, EL ESCORIAL, AÑO 1995

 MENSAJES DE LA VIRGEN DOLOROSA, EL ESCORIAL, AÑO 1994.

 MENSAJES DE LA VIRGEN DOLOROSA, EL ESCORIAL, AÑO 1993.

 MENSAJES DE LA VIRGEN DOLOROSA, EL ESCORIAL, AÑO 1992.

 MENSAJES DE LA VIRGEN DOLOROSA, EL ESCORIAL, AÑO 1991.

 MENSAJES DE LA VIRGEN DOLOROSA, EL ESCORIAL, AÑO 1990, PARTE


2

 MENSAJES DE LA VIRGEN DOLOROSA, EL ESCORIAL, AÑO 1990, PARTE


1

 MENSAJES DE LA VIRGEN DOLOROSA, EL ESCORIAL, AÑO 1989

 MENSAJES DE LA VIRGEN DOLOROSA, EL ESCORIAL, AÑO 1988, PARTE


2.

 MENSAJES DE LA VIRGEN DOLOROSA, EL ESCORIAL, AÑO 1988, PARTE


1

 MENSAJES DE LA VIRGEN DOLOROSA, EL ESCORIAL, AÑO 1987

 MENSAJES DE LA VIRGEN DOLOROSA, EL ESCORIAL, AÑO 1986, PARTE


2

 MENSAJES DE LA VIRGEN DOLOROSA, EL ESCORIAL, AÑO 1986, PARTE


1

 MENSAJES DE LA VIRGEN DOLOROSA, ESCORIAL, AÑO 1985, PARTE 2

 MENSAJES DE LA VIRGEN DOLOROSA, ESCORIAL, AÑO 1985, PARTE 1

 MENSAJES DE LA VIRGEN DOLOROSA, ESCORIAL, AÑO 1984, PARTE 6 .

 MENSAJES DE LA VIRGEN DOLOROSA, ESCORIAL, AÑO 1984, PARTE 5.

 MENSAJES DE LA VIRGEN DOLOROSA, ESCORIAL, AÑO 1984, PARTE 4.


 MENSAJES DE LA VIRGEN DOLOROSA, ESCORIAL, AÑO 1984, PARTE 3.

 MENSAJES DE LA VIRGEN DOLOROSA, ESCORIAL, AÑO 1984, PARTE 2.

 MENSAJES DE LA VIRGEN DOLOROSA, ESCORIAL, AÑO 1984, PARTE I.

 MENSAJES DE LA VIRGEN DOLOROSA, ESCORIAL, AÑO 1983, PARTE II.

 MENSAJES DE LA VIRGEN DOLOROSA, ESCORIAL, AÑO 1983, PARTE I

 MENSAJES DE LA VIRGEN DOLOROSA, EL ESCORIAL, AÑO 1982.

 MENSAJES DE LA VIRGEN DOLOROSA, EL ESCORIAL AÑO 1980/1981.

 MENSAJES DE LA VIRGEN DOLOROSA, EL ESCORIAL.

Relato de la Virgen sobre su Asunción a Amparo Cuevas vidente de El


Escorial

El 15 de agosto de 1986 la Virgen María relata a Amparo Cuevas, la vidente de El Escorial


(España) como fue su asunción al los cielos. Comienza relatando algo de su vida para luego
contar su tránsito a los cielos: la llamada a los apóstoles, los preparativos de éstos, su
pedido para que su cuerpo no sea tocado por nadie, y la visión de la venida de el Señor a
buscarla, el recibimiento de Dios Padre en los cielos y del Espíritu Santo…

Hija mía, quiero que participes hoy de alguna parte del tránsito de mi vida terrestre a la del
Cielo, hija mía. Primero mi alma y todo mi cuerpo. Cuando acariciaba sus cabellos rubios
como el oro, hija mía, entre mis dedos tocaba las espinas que un día iban a punzar su
cabeza. Esa cabecita tan pequeña sería bañada en sangre por los pecados de los hombres.Mi
Corazón sufrió mucho tiempo, hija mía, porque vio, desde Niño, la amargura que iba a
pasar mi Hijo.Veía sus grandes ojos y ese rostro tan divino, lleno de hermosura, cómo iba a
quedar desfigurado por la maldad de los hombres, hija mía. Todo esto lo sufrió mi Corazón.

Cuando Dios mi Creador mandó a un cortesano para comunicarme que iba a ser Madre del
Verbo Humanado, mis entrañas se estremecieron de gozo en ese mismo instante.

Luego, hija mía, cuando nació el Verbo y lo tuve en mis brazos, también sentí un gran
gozo; esta criatura no era digna de ser Madre de Dios mi Creador, pero mi cuerpo se
estremeció de una gran alegría. Pero luego, el dolor atravesó mi Corazón de parte a parte
por una espada.
Cuando el Niño iba creciendo y acariciaba sus manitas, veía sus clavos en ellas y sus manos
manchadas de sangre; esa Víctima inocente…

Cuando le veía que venía con sus bracitos abiertos a abrazar a su Madre, veía sobre ellos la
Cruz que atravesaría sus manos de parte a parte. Cuando acariciaba sus pies, veía los clavos
atravesados de un lado a otro.

Luego, cuando iba creciendo, veía su rostro tan bello -esa belleza no era de este mundo-…

Luego, cuando mi Hijo iba creciendo, le acompañaba en sus predicaciones y mi Corazón


rebosaba de gozo, hija mía. Pero esa espada seguía clavada dentro de mi Corazón.

Y el dolor más grande fue cuando me quedé en este destierro tanto tiempo sola, en silencio,
para reparar los pecados que los hombres cometerían a la Iglesia de mi Hijo; y quedé aquí
para dar testimonio de esa Iglesia; porque mi Hijo la hizo santa, pero los hombres la han
“desartificiado”. ¡Con la santidad que tenía!…

Luego, cuando llegó mi hora, después de mucho tiempo de dolor y de silencio,


recogimiento y de reparación de los pecados de las almas, sentí este gran gozo de ser mi
alma transportada al Cielo. Dios, mi Creador, me hizo ver este momento feliz que vas a ver,
hija mía.
LUZ AMPARO: Veo a la Virgen orando en una cosa cuadrada de madera, de rodillas; está
orando por los pecados de la Humanidad. Dice que su hora se acerca, que sólo faltan tres
días.

Llama a los ángeles que la acompañan y les dice: “Id a Roma y avisad a Pedro. Que
también venga Pablo y vengan todos los Apóstoles. Comunícales que su Madre y Reina va
a dejar este mundo. Ha llegado la hora”…

Dice: “Gracias, Dios, mi Creador, que me vas a hacer participar de tu gloria”.

¡Ay, cuántos llegan! ¡Ay!, Pedro, Pablo, Juan también, Santiago -¿Es él?-, Andrés, él es.
Ése, ¿Cuál es? Manuel, otro… ¡Ay, cuántos llegan! ¿Quién son todos ésos? ¡Ah!, son
discípulos.

Los llama Pedro. ¿Qué va a hacer? Y les dice a todos… -¡Huy, cuántos!-:

“Sentaos, hermanos míos; tengo que daros una dura noticia; muchos no lo sabéis. Me ha
comunicado un cortesano que María, nuestra Madre, nos va a dejar. Siento un gran dolor
dentro de mi corazón. Siempre nos ha protegido y nos ha guiado. Ha sido nuestra Madre y
nuestra Reina y nuestro refugio aquí, en la Tierra”.

Está llorando; todos lloran… “No sé si podré seguir dándoos la noticia, hermanos míos; la
garganta se me hace…”.

¡Ay, pobrecito, cómo llora! “¡Ah! Se me despedaza el corazón. Se nos va, ¡Ay! Pero
tenemos que ser fuertes. ¡Ay!, tú, Juan, vete y dedica todo tu tiempo a estar con Ella y
prepara todo para su tránsito”.

¡Cómo lloran, pobrecitos! ¡Ay! Miran al Cielo y dicen: “Dios celestial…”.

¡Ay, los deja solos! ¡Ayyy! Pedro dice:

“Siempre estaremos con Ella. Esta amargura que siente nuestro corazón -¡Ay!-, un día se
convertirá en felicidad estando cerca de Ella. Tenéis que ser fuertes. Ya no tenemos una
Madre que nos proteja y nos guíe y nos aconseje; pero hay que seguir; y todos daremos la
vida por Jesús. ¡Seremos fuertes!”.

Se van; bendice a todos; se van llorando todos. Llegan ahí, a donde están esas mujeres de
ahí…
¡Ay! ¿Dónde estás, pobrecita? (Se refiere a la Virgen). ¿Ya estás preparada?… ¡Ay! Está
ahí acostada en esa…, eso es un tarimón de ésos, igual que lo que había allí, en mi pueblo.
El tarimón ese… ¡Ay! Está acostada ahí. Pero, ¡Qué guapa estás!

¡Ay! Llegan todos y se ponen ahí, a su alrededor. Inclinan la cabeza (Luz Amparo, de
rodillas, imita ese gesto e inclina la cabeza hasta el suelo).

¡Ay!, la saludan. Ella se levanta. Pedro no quiere. “No os mováis, Señora”, le dice.

¡Huy! ¿Qué va a hacer? ¡Pobrecita, si ya no puede!… No tiene fuerza. ¡Ay!, se pone de


rodillas.

Le dice a Pedro: “Pedro, quiero seguir dando testimonio de la Iglesia hasta mi último
momento aquí, en la Tierra. Os repito, como os decía mi Hijo: seguid predicando y amaos
unos a otros”.

¡Ay, pobrecitos todos!

(Prosigue la Virgen). “Quiero que uno por uno me deis vuestra bendición. He hecho en
todo la voluntad de Dios para dar testimonio de la Iglesia. He orado, he reparado los
pecados de los hombres.

Pero, si algo hice mal, o algo malo hice con vosotros, os pido perdón; dadme vuestra
bendición. Tú, Pedro, tienes que ser fuerte. Sufrirás mucho. Tú Pablo, también. Juan
también; Andrés y Santiago y todos vosotros. Yo he sido una buena Madre para todos; pero
perdonad si alguna falta he cometido contra vosotros”.

(Continúa Luz Amparo emocionada pintando la escena). Le da Pedro la bendición. ¡Ay,


pobrecito! ¡Ay, los otros también! Uno por uno, todos, todos… ¡Ay, ay, pobrecita! Pero si
Ella no necesita tantas cosas…

“Os pido que se cumpla, Pedro, mi última voluntad, la que pedí a mi Hijo: que mi cuerpo
no sea tocado por nadie.

Sé que has mandado a Juan para que las doncellas entren y perfumen todo mi cuerpo; pero
mi última voluntad es que mi cuerpo no sea tocado por nadie.

Toda mi vida, nadie ha visto mi cuerpo. Sólo mi rostro, para ser conocida, he dejado al
descubierto.
También te pido, Pedro: tengo dos túnicas de gran valor regaladas por mi prima Isabel.
Ruego las repartas a estas doncellas que tan bien y tan humildemente han vivido conmigo
durante toda su vida. También os digo: perseverad en la caridad y perseverad en la
humildad”.

Todos lloran. Agachan las cabezas y la saludan. ¡Ay, pobrecita! Se pone Ella sobre la
tarima. Todos agachan el rostro al suelo.

Pedro dice: “Adiós, Reina y Señora de todo lo creado. Madre nuestra, ruega ante Dios
celestial que nos dé fuerzas para poder amar hasta el fin de nuestra vida al Divino Redentor,
a Dios nuestro Creador y a Vos, Madre bendita. Que seamos fieles vasallos en la Tierra
hasta los siglos de los siglos”.

¡Oy!, ¿Qué tiene en el pecho? La Virgen tiene en el pecho una gran luz, como un sagrario,
ahí… ¡Oy, eso es!… ¡Ay!, ¿Qué es eso?

“En la hora de mi muerte doy testimonio de la Eucaristía. En este sagrario he conservado a


mi Hijo durante toda mi vida. He reparado las ofensas que han hecho los seres humanos y
los sacrilegios que han cometido con este divino Cuerpo”.

¡Oy, está ahí en el centro! ¡Ay, viene a por Ti! ¡Sale de ahí el Señor! ¡Ay, ay, ay, qué
cosas!… ¡Ay, y sale de ahí! ¡Ay!

“He llevado conmigo, durante toda mi vida, este tabernáculo sagrado”.

¡Ay, ay! ¡Huy, qué luz tiene! ¡Huy, qué guapa estás! ¡Ay, ahí estás Tú también! ¡Oy!, viene
a transportar a su Madre, ¿También? ¿Quién viene también ahí? ¿Todos? ¡Ay, ésa es la
madre de la Virgen!, ¿También? Y su padre. ¡Huy!, todos los que nac… ¡Huy!, los que se
murieron antes. Están todos ahí juntos. ¡Huyyy! Todos van a acompañarla, ¡Todos!

Ya se ha dormido. ¡Oy, pobrecita! ¡Ay, ay, no la toquéis, porque no quiere! (Luz Amparo -
según comentario posterior- intenta desdoblar un pliegue del manto de la Virgen y nota que
la ropa está rígida. En las imágenes se ve claro el ademán de Amparo, la cual expresa su
extrañeza). ¡Ay! Pero, ¿Cómo tiene esto así? ¡Está pegado! ¡Uh!…; ¡ay!, el traje está
pegado a la tabla, ¡Ay!, porque nadie podrá tocar su cuerpo. ¡Huy!… ¡Ay, el Señor,
pobrecito, va con Ella también! Pues, si te has muerto antes, ¿Cómo estás… todos ahí?
¡Puf, huyyy, cuántos ángeles, cuántos, cuántos!
¡Buuuy! ¿A dónde la vais a llevar ahora? ¡Ay, qué luz! Y ¡cómo cantan todos! Todos
cantan. Le hacen una reverencia con la cabeza hasta el suelo. Ya se la van a llevar. ¡Huy,
pobrecitos! ¡Pobrecita! ¿Dónde la lleváis? ¡Mira, qué día también, el Viernes Santo!…

¿También se muere Ella? O ¿Se duerme?… Y ¡qué calor! Hace el mismo calor que cuando
te -¡uh!-…, te estabas en la Cruz Tú. ¡Ay, Señor, qué grande eres! ¿Dónde la vais a llevar?

“La llevaré con todos mis cortesanos, todos los profetas, todos los mártires, todos los
santos, Adán y Eva…, al Valle de Josafat”.

¡Huy…, ay! ¡Ay!, don…, Otra vez la…? Pues, si es igual que lo Tuyo la piedra esa. ¿Van a
meter ahí? ¡Uuuh!

“Por ser Madre de Dios, resucitará igual que yo, al tercer día. Su alma será llevada al
Paraíso y su cuerpo permanecerá tres días en este mismo lugar”.

¡Huy…, bueno! Huy, una se queda y otra se va. ¡Es el alma! ¡Huy, cómo es!…

¡Ay, qué luz!… ¡Ay, sale una luz de ahí! ¡Ay!, ¿Dónde la lleváis ya?

Pues está ahí, está ahí. ¡Ay!, ése es el espíritu, y ése es el cuerpo.

¡Bueno, qué lío! ¡Ay!, ¿Dónde va a entrar? ¡Qué voz se oye! Una voz -¡Qué fuerte!- la
llama:

“Sube, hija mía, amada mía, entra en el trono que hay preparado para Ti. Nadie ha pisado
en este lugar. Sólo tu planta virginal es la que pisará”.

¡Uf! ¡Hala, todos!… ¡Qué luces! Ahora la misma que ha subido baja, ¡huy…, se mete ahí
dentro del sepulcro! ¡Huy, cómo se mueve ese otro cuerpo! ¡Huyyy, qué cosas…, qué
luz…, huy, qué luz! ¡Ay, se la llevan ya!… ¡Ay, cómo sube con todos los ángeles!

Se vuelve a oír la voz:

“Sube, María, hija mía. Ya has dejado ese destierro de dolor y te sentarás en el trono como
Emperatriz de Cielo y Tierra”.
Ahora se oye otra voz, que es la del Verbo:

“Madre mía, ¡Sube, sube!, que estamos esperando en el trono que tenemos preparado para
Ti. Gracias, Madre, por haberme alimentado y criado con tu leche virginal.
Serás casi igual a mí. Todos los títulos serán concedidos por las tres Divinas Personas; por
el Padre, por el Hijo, que soy el Verbo”.

Y el Espíritu Santo le dice:

“Ven, Esposa mía, amada mía, paloma mía, ven, que serás coronada y tendrás gran poder
sobre el mundo y para salvar a la Humanidad. Tu planta virginal aplastará al enemigo, y
serás Reina de Cielo y Tierra”.

¡Ay, ay, le ponen esa corona!… ¡Ay, qué guapa estás!

“Pero nadie pisará este lugar; ni aun los serafines ni los querubines. Está preparado sólo
para Ti”.

¡Ay, ay, qué grande es eso! ¡Ay, ay! ¡Ayyy!… Vuelven a reverenciar los ángeles todos.
¡Ay, ay!…

(Tras larga pausa interviene un ángel):

“Reina y Señora, aquí estamos postrados a tus plantas virginales. Somos vasallos tuyos;
ordénanos, que haremos cuanto nos ordenes”… (Luz Amparo expresa admiración).
MENSAJE DEL DÍA 5 DE ENERO DE 2002, PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, una vez más estoy entre vosotros como Madre de todos los hombres. Vengo, hija
mía, a buscar alivio en mi Corazón. En este lugar, alivian mucho mi Corazón tantas y tantas
avemarías. Los hombres, hija mía, están abismados en el mundo, en la tiniebla, y se
introducen en el pecado. Por eso quiero que aliviéis mi Corazón, hijos míos, porque todas
las fiestas aumenta más el pecado y el dolor de mi Corazón. Los hombres, cada día están
más metidos, hija mía, en los placeres del mundo.

EL SEÑOR:

Sí, hijos míos, yo grito tiernamente a mis almas: “No os introduzcáis en el pecado; velad,
orad, para que la tentación se aleje”; y vosotros, hijos míos, no escucháis mi voz. Yo llamo
a mis esposas con una voz tierna. A mis queridos sacerdotes, a todos mis hijos les grito:
“¡Sed fieles, hijos míos!”. Y vosotros cerráis los oídos a mis palabras. Os hablo con ternura,
pero no tenéis compasión de nuestros Corazones. El pecado de la carne, hijos míos, Satanás
lo saca en triunfo. ¡Ay, qué ingratitud la de los hombres!; los llamo con ternura, estoy en el
tabernáculo por su amor; todo lo di por ellos y todo lo realicé por ellos: el sacramento de la
Eucaristía, mi Iglesia… Y ¿qué hacéis, hijos míos, con tantas y tantas gracias que os he
otorgado para vuestra salvación? Mis llamadas son inútiles, hijos míos, mi mensaje lo
rechazáis, estáis sordos y ciegos. ¿Hasta dónde queréis llegar? La misericordia de todo un
Dios está agotándose. ¡Qué ingratos son los hombres! Mira nuestros Corazones, hija mía.

LUZ AMPARO: ¡Ay, Señor, ay!

EL SEÑOR:

Todas estas espinas, hija mía, están clavadas tan profundas, que no pueden moverse, hija
mía; sólo si los hombres hacen amor…, sus actos todos dirigidos a la Divina Majestad de
Dios. Actos de amor, hijos míos, son los que quiero; amor puro, sincero; no amores
pasionales, amores carnales, amores que destruyen al hombre.

Tened piedad, hijos míos, de nuestro Corazón. Los hombres están llegando como cuando
Sodoma y Gomorra, hijos míos; nada es pecado, hijos míos. Los hombres están fríos como
témpanos de hielo; por eso quiero, hija mía, que hagáis actos de amor y de reparación por
tantas y tantas ofensas que se cometen contra nuestros Corazones, aun de aquéllos que
dicen que me aman y que son míos, pero que la pasión les puede. Y mira nuestros
Corazones rodeados de dolor y de espinas. Vengo a este lugar para que los hombres alivien
nuestros Corazones.
LUZ AMPARO:

¡Qué tristeza, Dios mío! ¡Oy! ¿Qué puedo hacer, Señor, ante este dolor, ante esta
incomprensión de los hombres?

EL SEÑOR:

Echa el rostro en tierra, hija mía…

¡Hay tanto mal en el mundo, hija mía!… Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal,
líbranos, Señor Eterno, de las asechanzas de Satanás.

El hombre está junto a las asechanzas.

LUZ AMPARO: ¡Dios mío, Señor, Señor!…

EL SEÑOR:

La oración, hija mía, el sacrificio, la humillación, es tan importante en la vida, hija mía; que
el hombre no se humilla ante Dios.

Hijos míos, os pido humildad, penitencia y sacrificio. Los hombres se han olvidado de orar
con una oración sincera que salga de lo más profundo del corazón.

Repara, hija mía, los pecados que han ofendido tan gravemente en estos días nuestros
Corazones…

LUZ AMPARO: Padre nuestro, que estás en el Cielo, santificado sea tu Nombre. Venga a
nosotros tu Reino. Hágase tu voluntad en la Tierra como en el Cielo. Danos hoy el pan de
cada día. Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a nuestros ofensores. No
nos dejes caer en tentación. Líbranos de todo mal…

EL SEÑOR: Haced bien la oración, hijos míos, pausada y sincera.

Levántate, hija mía…

Quiero actos de reparación, hija mía, y los hombres: que aprendan a ser humildes. Orad,
hijos míos, la oración en familia es muy importante; en comunidades… Consolad nuestros
Corazones, ¡están tan afligidos por los hombres! Mira, hija mía, otra vez más, cómo dejan
mi rostro los pecados de los hombres…

LUZ AMPARO: ¡Dios mío! ¡No pareces Tú, Señor!

EL SEÑOR: Los hombres son tan ingratos que no miran el dolor de todo un Dios por sus
criaturas.
LUZ AMPARO: Dios mío, ¡ay!, te amo por los que no te aman, te glorifico por los que no
te glorifican, me sacrificaré por los que no se sacrifiquen.

EL SEÑOR: Hijos míos, acercaos a la Eucaristía, al sacramento de la Penitencia; visitad a


vuestro Jesús, que está triste y solo en el tabernáculo.

LUZ AMPARO: ¡Ay, Señor, qué dolor! ¡Ay, cuánto dolor! ¡Ay! Decidme, Señor, ¿qué
puedo hacer?

EL SEÑOR: Sé humilde, hija mía.

LUZ AMPARO: ¡Cuánto dolor siente mi corazón, Señor!

EL SEÑOR: Oración pido, oración que salga de lo más profundo del corazón, que no sea
una oración mecánica; que los hombres mueven, hija mía, los labios, pero el corazón no lo
ejercitan.

LUZ AMPARO: ¡Ay, Señor! Te amo, Señor, te amo. Te amo, Señor. Señor, ¡ay!, ¡si yo
pudiera quitarte todas esas espinas, Señor, y yo pudiera aliviarte un poco! Señor, ¿qué
tengo que hacer para poder aliviar tu Corazón?

EL SEÑOR: Sé obediente, hija mía. Eres instrumento de Dios, de reparación. Humildad te


pido.

LUZ AMPARO: Haz de mí lo que quieras, Señor. ¡Ay, Dios mío, ay, cuánto dolor, Señor!
Vamos a orar, Señor:

Padre nuestro, que estás en el Cielo, santificado sea tu Nombre. Venga a nosotros tu Reino.
Hágase tu voluntad en la Tierra como en el Cielo. Danos hoy el pan de cada día. Perdona
nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a nuestros ofensores. No nos dejes
caer en tentación y líbranos de todo mal.

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor está contigo. Bendita Tú entre las
mujeres, y bendito el fruto de tu vientre. Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra,
ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.

¡Ay, qué dolor! ¡Qué dolor, Señor!; ¿no se podrá quitar ninguna espina? ¡Ay!, a ver si
pudiera quitar alguna espina de tu Corazón. ¡Ay, ay, ay, ay, no se puede, Señor! ¡Ay, ay,
qué duras!

EL SEÑOR: Sólo la oración, hija mía, podrá sacarlas. Di a los hombres que consuelen mi
Corazón con la oración.

LUZ AMPARO: ¡Ay, ay, ay, ay, Dios mío! ¡Ay, Dios mío, Dios mío, ay, qué dolor…!
EL SEÑOR: Pues las almas, hija mía, no se enternecen ni ante este cuadro de dolor, ni ante
la Sangre derramada por ellos. Las leyes las ponen los hombres y las cumplen a su antojo.

LUZ AMPARO: ¡Ay, ay, ay, Dios mío! ¡Te amo, Señor!

EL SEÑOR: Sólo pido, hijos míos, a los padres: educad a vuestros hijos en el santo temor
de Dios, hijos míos. No los dejéis que se introduzcan en el mundo, donde el demonio y la
carne los arrastra. Velad por ellos, padres; ¡tendréis que dar una cuenta muy especial ante
Dios por vuestros hijos! Esposas, sed sumisas a vuestros esposos. Esposos, amad a vuestras
esposas. El demonio se ha apoderado de los hogares porque las esposas no son humildes y
los hijos no respetan a los padres. Las familias están desunidas, porque la madre no es
sumisa al esposo, y destruyen los hogares con su mal ejemplo, hija mía. Que la mayoría de
los hogares están destruidos, porque no se respetan unos a otros. Empiezan los hijos por no
respetar a los padres, y las esposas por no respetar a los esposos. Los hombres sólo se
quedan en la imagen del tiempo sin querer alcanzar la eternidad. No hay paz ni armonía
entre las familias. En el mundo está reinando Satán. Muchas almas consagradas se han
marchitado. ¡Hay tan pocos lugares donde poder refugiarnos! Por eso pido, hijos míos:
amaos unos a otros, respetaos, enseñad a los hijos la unidad de los esposos. Dad buen
ejemplo de santidad en vuestros hogares para que vuestros hijos sean igual a vosotros. Pero,
¿qué habéis hecho de los hogares, de los conventos? El mundo está precipitándose hace
tiempo en un abismo que sólo Dios puede sacarlo. Si el hombre no mira a Dios, el mundo
será destruido por la falta de amor entre los hombres. ¡Orad!

Y tú, grita, hija mía, que oigan mi voz, que no se hagan los sordos. No puedo darles más,
hija mía. Pisotean las gracias, rechazan mi amor y ponen ellos las leyes a su antojo. ¿En qué
lugar están dejando a todo un Dios? Amad a la Iglesia con todo vuestro corazón, hijos míos.
Amad al Santo Padre. Orad por los sacerdotes y los obispos, que cada uno seca…
(Admiración de Luz Amparo y palabras ininteligibles en voz muy baja) sepa cumplir con el
ministerio que le corresponde, para agradar a Dios y conquistar a las almas. Aliviad
nuestros Corazones, hijos míos. Cada avemaría vuestra llegará al Cielo y también aliviará a
las almas del Purgatorio.

Acudid a este lugar, hijos míos, recibiréis gracias para vivir en gracia. No os abandonéis en
los sacramentos. Acercaos diariamente a la Eucaristía. Fortaleceos de mí, hijos míos. Mi
Cuerpo es una verdadera comida y una verdadera bebida; alimentaos de él, hijos míos. E
instituí la Eucaristía por amor a vosotros. No me abandonéis, hijos míos, que muchas veces
estoy triste y solo esperándoos… una visita de vosotros, hijos míos.

LA VIRGEN: Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones
especiales para los pobres pecadores…

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 2 DE FEBRERO DE 2002, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, aquí estoy otra vez como Madre de los afligidos, Madre de los pecadores. Sé, hija
mía, que tu corazón está afligido, pues te has quedado huérfana de un director que tanto te
ha ayudado, a lo largo de tantos años, hija mía; pero te ha preparado y, desde el Cielo, te
seguirá ayudando y seguirá ayudando a esta Obra, que tanto y tanto ha amado.

PADRE ALFONSO MARÍA:

Dios permite que me veas, hija mía; qué diferencia la del Cielo a la Tierra: aquí no valen
los títulos, ni los nombramientos; aquí es todo a lo Dios. ¡Qué grandezas las del Cielo y ver
el rostro de Dios! Cuántas almas llegan aquí, por ese lugar(1), con una vida perfecta,
porque los hombres se llaman católicos practicantes, pero ¿cómo viven la doctrina?…

¡Qué maravillas las del Cielo! ¡Cuánto he anhelado este lugar y este momento! No te
quedas sola, desde aquí velaré por ti. Luchad todos para venir a juntarnos todos. ¿¡Cómo
los hombres pueden negar la existencia del Cielo y del Infierno!? Y muchos pastores que
niegan la existencia del Infierno no saben el mal que hacen a las almas; cuando se
encuentren ante el tribunal de Dios… Hermanos, sed sinceros en predicar el Evangelio tal
como está escrito; que los hombres sepan las verdades. No tengáis temor de explicarles las
verdades, porque ¡cuántos se pierden llegar aquí por no haberles dicho con claridad la
existencia del Cielo y del Infierno! ¡Qué grandezas las que hay aquí! ¡Qué diferencia en la
Tierra a este lugar!(2) En la Tierra todo atrae al hombre menos Dios, y aquí sólo te atrae
Dios. Esta grandeza infinita no la perdáis, hijos míos. ¿Cómo os atrevéis a no explicar las
verdades?

LUZ AMPARO: ¡Ay!… ¡Ay, qué grandezas, Dios mío! ¡Ay, Padre, ayúdeme!

PADRE ALFONSO MARÍA:

Ya he llegado aquí a ver el rostro de Dios; qué alegría siente todo mi ser, porque estoy
impregnado de la divinidad de Dios participando de estas grandezas. ¡Qué grandezas y
cuánto he deseado este momento! Esta es la grandeza infinita por la que tiene que luchar el
hombre, no hay otras grandezas en la Tierra mayor que ésta.

Dejad los halagos, vivid para Dios y no seáis centros, que los hombres son muy dados a
hacernos centros; y no os dejéis embaucar por unas palmaditas, que es fácil, como no
reflexionéis, de que el demonio os conquiste por la soberbia y la vanidad. Luchad —¡sólo
Dios basta!—, amad a las criaturas, pero Dios por encima de todas las cosas. ¡Cuántos se
quedan sin llegar aquí, hijos míos, porque se han creído dioses y todo lo que han hecho lo
han hecho para su vanidad y su persona! ¡No os dejéis conquistar por los hombres,
conquistad a los hombres para Dios y dejad que Dios conquiste vuestro corazón! Vivid una
vida entregada, amad mucho esta Obra. En esta Obra iréis por camino de perfección, pero,
¡ay, como os dejéis halagar y dar palmaditas en la espalda!; no seáis centros, hijos míos.
Cuánto me sirvió esto a mí, aunque yo amaba mucho a mi Dios, pero cuánto bien me ha
hecho.

¡Ay, hija mía, lucha para que un día estemos juntos! He dirigido tu alma, hija mía, todo lo
mejor que he podido para encaminarla a Dios; sigue por el camino perfecto, desprendido, y
humíllate, hija mía, que todo el que se humille será ensalzado. No olvides todo lo que te he
enseñado, y también gracias os doy por todos los bienes que he recibido de vosotros.
Criaturas que os habéis entregado a Dios: es el mejor camino, más perfecto y seguro. Que
nadie os confunda, nadie. Estad siempre unidos y ninguno que sea mayor que otro. Amaos.
¡Cuántas almas hay en este lugar participando de esta misma gracia, pero han tenido que ser
humilladas y pisoteadas para llegar tan alto! Sé muy humilde, hija mía, no olvides mis
consejos.

LA VIRGEN: Otras almas están en este lugar. Esta alma va a hablar porque Dios se lo
permite.

ALMA DEL PURGATORIO:

Yo estoy aquí, en el Purgatorio; soy un alma que me entregué a Dios, pero no fui fiel a mi
vocación y tenía otro lugar para ir, un lugar tenebroso, un lugar donde no existía la paz,
donde no existe el amor, pero, por la misericordia de Dios, aquí estoy. Gracias a vuestras
oraciones estoy esperando salir de un momento a otro de este lugar. Aunque es un lugar de
purificación, pero ¡somos tan felices purgando nuestras deudas! No cambiaríamos nada de
la Tierra por el Purgatorio, pues hemos visto a Dios, desde lejos, nos ha abierto un rayito
del Cielo y lo hemos visto y su Madre santísima nos consuela. No queremos nada ni
aspiramos nada que no sea Dios, que no sea la eternidad: estar con la Divina Majestad de
Dios.

Nada cambiaríamos, aunque sufrimos para purificar nuestras culpas, por este lugar. Llevo
aquí mucho tiempo, aunque mi tiempo no es vuestro tiempo, pero no importa el tiempo,
importa el lugar donde voy a ir. Y otras muchas están purificándose; aunque es un lugar de
dolor, también es un lugar de gozo.

EL SEÑOR: Mira a los condenados.

LUZ AMPARO: ¡Qué horror!

ALMA CONDENADA: No queremos saber nada ni de vosotros ni de Dios; no


cambiaríamos las penas ni el dolor para ir al Cielo. Nuestra misión es el odio, la
destrucción, el desamor; es un tormento que no acabará nunca y nunca nos consumirá; es
un fuego devorador que devora nuestras entrañas; pero somos malditos de Dios porque
nosotros no hemos querido amarlo. Pero sí que quiero que aviséis a los hombres los
tormentos tan grandes que hay en este lugar, para que no lleguen a él; así me lo ordena la
voz de Dios… Pero por mí arrastraría a todos a este lugar donde se consumieran con el
fuego, donde el odio, donde la destrucción, no dejan de existir. Todo es amargura, y nuestra
misión es destruir a las almas.

LUZ AMPARO: ¡Qué horror!

ALMA CONDENADA:

Muchos llegamos aquí porque nadie ha querido decirnos la verdad y nosotros tampoco
hemos querido comprenderla; era más fácil vivir en comodidad, en abundancia, en hacer
cada uno lo que nos da la gana, sin hacer la voluntad de Dios. Éste es nuestro sueldo, nos
pagan para quien hemos trabajado; sentimos odio, desprecio. Si Dios nos dejara,
destruiríamos el mundo. Sólo sentimos deseos de arrastrar a todos los hombres para que
participen de este dolor.

LA VIRGEN:

Hija mía, ¿ves qué diferencia del amor al odio? Fíjate la paz que hay en este lugar, y el
odio, el desprecio, el rencor que hay en el otro. Luchad, hijos míos, y no os dejéis
conquistar por palabras que regalen vuestros oídos, por comodidades para vuestro cuerpo.
Sed fieles a la voluntad de Dios, amad nuestros Corazones, hijos míos. Las almas buenas
gozan de la misericordia tan grande que Dios ha tenido con ellas, porque han sido capaces
de luchar, de desprenderse, de no aceptar vanidades, ni rencores, ni envidias, de ser pobres,
humildes, (de) sacrificados, de imitar a Jesús en la Cruz y a María en Nazaret. ¿No has
visto a tu padre espiritual, hija mía, qué gozoso está en la presencia de Dios? Toda su vida
entregada a Dios desde muy niño; desde nueve años ya empezó su camino, hija mía.

EL SEÑOR:

Se entregó todo, por eso yo le di el premio a él y a ti; a él, de ser tu director espiritual y a ti,
de aprender de él. Por eso pido a los hombres: acercaos a los sacramentos, hijos míos, no os
abandonéis en la oración, dejad el mundo y todas las vanidades que hay en el mundo y
llevad un camino recto y seguro. En el mundo hay una crisis de fe, que los hombres han
perdido, porque todo lo ven bien. El hombre ha perdido la moral y el mundo está lleno de
una inmoralidad, que nada es pecado, la carne la llevan en triunfo y te repito, hija mía, que
los hombres quieren cambiar las leyes, no aceptándose cada uno como es, en el camino de
la santidad, sino en la inmoralidad y adulterando su cuerpo: hombres con hombres, mujeres
con mujeres. ¡Pero, ¿hasta dónde vais a llegar criaturas, que no respetáis la Ley de Dios?!
Dios creó al hombre para procrear y a la mujer; no para gozar ni para placeres ni pasiones.
El hombre lo ha olvidado; te repito, hija mía: esto parece Sodoma y Gomorra. ¡¿Hasta
cuándo tiene Dios que avergonzarse de los hombres?! Orad, hijos míos, orad, para no caer
en tentación.

Acudid a este lugar, hijos míos, que sólo vengo a enseñar que cumpláis con el Evangelio tal
como está escrito y no pongáis leyes cada uno a vuestro antojo. Orad, sacrificaos, hijos
míos, acercaos al sacramento de la Confesión y de la Eucaristía para fortalecer vuestras
almas; que los hombres están en una tibieza, porque han dejado a Dios y cada día el
demonio se está apoderando más de las almas, y los guías no ven la situación del mundo.
Ciegos, que vuestra soberbia no os deja ver ni aceptar que Dios se manifieste a los
humildes para confundir a los soberbios y a los que se creen grandes y poderosos. Pedid,
hijos míos, por ellos.

LA VIRGEN:

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los
pobres pecadores…

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo con el Espíritu Santo.

(1) Se refiere a Prado Nuevo y a las personas que, por acudir a este lugar, han recibido
gracias.

(2) Quiere decir: “¡Qué diferencia entre la Tierra y este lugar!”.


MENSAJE DEL DÍA 2 DE MARZO DE 2002, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, aquí estoy otra vez más como Madre de los pecadores. Los hombres dicen que
son muchas veces las que me manifiesto, pero no ven la situación del mundo. ¿Cómo una
Madre, que ama tanto a sus hijos, no les va a avisar del peligro que les acecha? Hijos míos:
convertíos, orad, que los hombres cada día están más separados de Dios; y ¿cómo voy a
repetir que los hombres se vuelven fieras sin tener amor a Dios? ¡Cuánta pena me da esas
almas que no escuchan mi voz y se ríen de mis palabras!

EL SEÑOR:

Tú no tengas miedo, hija mía, de decir lo que te comunico; grítalo, que los hombres que
cierran sus oídos es porque quieren justificarse con la vida que llevan y no les conviene oír
nuestras palabras. Pero, hija mía, hay que ser ciegos para no ver la maldad y el pecado que
hay en el mundo. Muchas veces he avisado a los hombres el gran peligro que les acecha;
por eso pido oración, oración y sacrificio, porque Dios va a descargar su ira sobre esas
almas tan ingratas. Y gracias a las almas que aman a Dios y lo glorifican, no ha descargado
su brazo sobre la Humanidad. ¿Cómo sois tan incrédulos, hijos míos? ¡Cómo os ciega el
pecado, que no veis que el mundo está destruyéndose por la falta que hay en él de Dios! Por
eso hago un aviso, diciendo a todos los pastores de mi Iglesia, aquéllos que son
funcionarios del mundo, que dejen de funcionar en las cosas del mundo y funcionen en la
Iglesia, que pueden hacer tanto bien a las almas; que recojan los rebaños y que estén con las
ovejas; si el pastor se marcha, las ovejas se pierden. Por eso hago un llamamiento a todos
mis sacerdotes: que se dediquen al ministerio de la Iglesia, que hay muchas almas que se
han descarrilado (1) y desviado del rebaño de Cristo, que las recojan y sean fieles a su
ministerio, y prediquen la palabra de Dios. Sacerdotes queridos de mi Corazón: os ruego
que no os dejéis arrastrar por las mentiras de Satán, que os dediquéis a vuestra iglesia(2), y
que dejéis de ser funcionarios de las cosas del mundo, ya veréis cómo otra vez resurge la fe
en los corazones y se fortalece mi Iglesia. Obedeced, hijos míos, a los avisos del Santo
Padre, de vuestros obispos, no os abandonéis en la oración y, contritos y arrepentidos, os
daré un abrazo, hijos míos, y vuestro corazón lo dejaré limpio para que el demonio no haga
estragos en él; vuestro corazón pertenece a la Iglesia, a Cristo, a las almas, a los pobres
pecadores; pero hijos míos, no os dejéis engañar por el deslumbramiento del mundo, sed
fieles testigos del Evangelio.

Y vosotros laicos: ayudad a la Iglesia. Educad aquéllos vuestra alma para Dios, aquéllos
que queráis entregaros al sacerdocio, hijos míos; hay tanta necesidad de sacerdotes santos
para convertir a las almas… Hay mucho trabajo en la Iglesia, hijos míos, y pocos
trabajadores. Amad a la Iglesia, amad al Santo Padre.
Y tú, hija mía, que nada te afecte, piensa que yo estoy por encima de todo; si Dios está con
vosotros, ¿a quién podéis temer? Dios pondrá personas en vuestro camino que os protejan;
almas santas que guíen vuestro espíritu, pero amad mucho a la Iglesia con todo vuestro
corazón; Dios es despreciado, Dios es ultrajado. Hija mía, los pecados de los hombres
ofenden tanto a Dios; por eso pido almas capaces de donarse como víctimas para la
salvación del mundo. También mi corazón siente alegría cuando tantas y tantas almas
acuden a este lugar y de su boca desprenden tantas avemarías. Todo el que rece el santo
Rosario diariamente, lo protegeré durante toda su vida y lo visitaré en la hora de la muerte.
El Rosario es un arma poderosa contra todos los males que hay en el mundo, hijos míos.
Rezad el Rosario en familia. Acudid a este lugar, todos seréis bendecidos, hijos míos; os lo
prometí la primera vez, y muchos seréis marcados con una cruz en la frente; esa cruz será
una protección para no caer en el pecado. Os pido, hijos míos, que oréis mucho, orad; no
me canso de deciros, hijos míos: la oración es muy poderosa para tantos y tantos males
como hay en el mundo, y tantas catástrofes que vendrán sobre la Tierra. Hijos míos, estad
unidos en la oración, en el sacrificio, en la penitencia. Los hombres han olvidado a Dios y
se han introducido en las pasiones, en el mundo, ¡qué pena de almas, cómo se dejan seducir
por la astucia de Satanás!

Formad comunidades donde todos unidos glorifiquéis a Dios, porque los hombres unidos
en la oración y en el amor, glorifican y alaban a Dios. Formad comunidades cristianas
donde todos seáis uno y lo de uno sea de todos, respetándoos, amándoos y entregándoos a
hacer la voluntad de Dios. Es muy difícil, en la situación del mundo que hay, que los
hombres caminen por el camino de la salvación. Sí, hija mía, sí, se introducen las almas en
el Infierno, aunque los hombres no quieren gritar la verdad que hay en el Infierno, lo
esconden; ¿cómo ocultáis la verdad, hijos míos?, ¿cómo decís que los hombres estáis
salvados y que el Infierno no existe? ¡Cuántos seréis responsables, por no predicar la
verdad, ante Dios! Decid las verdades, hijos míos, porque la salvación de las almas está en
la verdad. Yo soy la Verdad, el Camino y la Vida, y el que no dice la verdad está con el rey
de la mentira, que es Satán.

Oración pido y sacrificios.

LA VIRGEN:

Acudid a este lugar, meditad la Pasión de Cristo, acercaos al sacramento de la Eucaristía,


primero pasando por el sacramento de la Penitencia. Amad nuestros Corazones, hijos míos,
sed mansos y humildes de corazón, amaos los unos a los otros, cumplid los mandamientos;
es a lo que venimos, hijos míos: a advertiros que cumpláis con las leyes de Dios, y a
repetiros una y otra vez, porque como Padre que avisa a sus hijos está repitiendo día a día:
hijos míos, tened cuidado, y cuando los hijos no cambian les repiten y les repiten y el padre
no se cansa, ni la madre, de aconsejar al hijo; así, hijos míos, nosotros repetimos una y otra
vez para que no estéis ciegos y hagáis caso a los consejos.
Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los
pobres pecadores…

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

(1) “Descarrilar”= En sentido figurado y familiar: salirse del camino recto, observar una
conducta irregular.

(2) Tomada aquí “iglesia” como edificio o templo; por eso se escribe con minúscula.
MENSAJE DEL DÍA 6 DE ABRIL DE 2002, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, aquí está mi Corazón, lleno de dolor, porque los hombres no escuchan, la mayoría
de ellos, mis palabras. ¡Ay, almas ingratas, si supierais lo mal que está el mundo, hijos
míos, lavaríais vuestros ojos y vuestros oídos, para quitaros esa viga que tenéis en ellos y
escuchar las palabras del Cielo! Os pido, hijos míos: renovad vuestro espíritu; no seáis
ciegos, sólo se puede quitar esa ceguera con la entrega a Dios, con la oración y con el
sacrificio. Por eso hago un llamamiento a los hombres de buena voluntad y a todos los
guías de los pueblos ciegos(1), que no quieren escuchar nuestras palabras. Haced un
llamamiento a los hombres, guías de los pueblos, quitaos la viga que tenéis en vuestros ojos
y ved la situación de las almas. Respetad las cosas sagradas, hijos míos, y obedeced al
Santo Padre; copiad de él, que es un santo varón, mártir por la Humanidad; quitaos esa
ceguera que tenéis, para poder conducir a las almas, hijos míos; enseñad a los hombres las
verdades, pagaréis por vuestras culpas y por las culpas de los hombres, porque no habéis
enseñado las verdades escritas en el Evangelio. ¿Desde cuándo está el mundo así, hijos
míos? Desde que los hombres han olvidado a Dios; desde que mis sacerdotes queridos se
han abandonado en la oración y en la entrega a su ministerio. Por eso pido, hijos míos, os
suplico: orad y haced que los hombres oren; enseñadles el valor del sacrificio y de la
penitencia; enseñadles a que se acerquen a la Eucaristía con el alma limpia. Estad en los
confesionarios, hijos míos, para que las almas se acerquen a descargar sus culpas.

Mira, hija mía, la situación del mundo. Mira los espíritus infernales cómo quieren hacer
desaparecer varias naciones, pueblos enteros. Harán perecer a las almas para apoderarse de
ellas. ¡Y todavía los hombres dicen que el mensaje es catastrófico! ¿No sabéis leer la
Biblia, hijos míos? ¿Tampoco creéis en la palabra de Dios? En la Biblia hay muchas
catástrofes, ¿también se lo inventan los hombres? ¿O qué pensáis de Dios, hijos míos?
¿Creéis en Él o no creéis? ¡Cómo se nota, hijos míos, que leéis poco el Evangelio! Y si lo
leéis, no reflexionáis las palabras que hay en el Evangelio. ¿Por qué vosotros os empeñáis
en poner un Evangelio nuevo? Los hombres tienen que saber las verdades, y lo vengo
repitiendo una, y otra y otra vez. Pero cómo cerráis vuestros oídos; sólo con la gracia se os
pueden abrir los oídos, hijos míos. Ya he dicho todo; sólo os pido, hijos míos, que lo
cumpláis.

EL SEÑOR:

Sacerdotes, volved a vuestro ministerio, entregaos en cuerpo y alma a las almas; religiosos
y religiosas, adorad a vuestro Dios; no os deslumbréis, muchas de vosotras, por el mundo.
Habéis cambiado las normas, salís al mundo y entráis libremente, y todo el que sale al
mundo, se contagia de él; así es como las vacaciones os hacen perder vuestra vocación,
hijos míos; por eso os pido a todos que renovéis vuestro espíritu y os entreguéis a Dios.
Dejad el bullicio del mundo, que en el mundo está reinando Satán. Os habéis marchitado,
hijas mías; flores lozanas había en los conventos, pero el demonio astuto se ha encargado
de destruir esas almas. Yo os di libertad, hijos míos, pero no libertinaje, y nada veis pecado;
por eso hay tan poquitas almas que quieren seguir el verdadero camino, porque el demonio
los arrastra al mundo, a las vanidades y a los placeres vanos que hay en él. Por eso hago un
llamamiento también a esas almas consagradas: que dejen el mundo y la libertad, y las
vacaciones, que son la perdición de sus almas. Si os habéis consagrado a Dios, hijas mías,
¿quién como Dios? No os aburráis en vuestros conventos, si está el tesoro más grande, y
habéis escogido el esposo más fiel, dentro de vuestro convento. Dedicaos a la oración, hijas
mías, y poneos al servicio de Dios; ahí está la verdadera felicidad.

También hago un llamamiento a los matrimonios: ¡ay, madres, que permitís que vuestros
hijos vayan por el camino de la perdición!, ¿qué amor es ése, hijas mías? Sólo buscáis el
gozo del tiempo, pero no pensáis en la eternidad. Padres, educad a vuestros hijos, para
Dios. ¿Sabéis por qué en los hogares no hay paz? Porque los hombres aman antes el mundo
que Dios, por eso no hay respeto unos hacia otros, y no buscan el camino de la salvación,
buscan el camino de la perdición, porque se han faltado el respeto, la dignidad y han echado
a Dios de sus hogares; porque donde triunfa el pecado, no puede triunfar Dios. ¡Seréis
responsables, padres, de los devaneos de vuestros hijos!, porque sólo os preocupáis de lo
material, sin enseñarles a compartir con los que lo necesitan. Vosotros mismos sois los que
les dais para disfrutar del mundo. No saben, por eso, hijos míos, lo que es sacrificarse para
tener un hogar, porque todo se lo dais fácil. ¡Qué pena de padres, hijos míos! Por eso
también hago un llamamiento a los padres: donde no está Dios, no reina la paz; todo es
discordia, todo es ruina, y todo es destrucción, y cada uno vive a su antojo. ¿Dónde está el
respeto a los padres, los hijos? (2)¿Y dónde está la educación de los padres a los hijos? Si
sólo pensáis en darles material, que lo material los introduce en el mundo y lo ven todo
fácil porque vosotros se lo ponéis todo fácil, hijos míos. Por eso no saben valorar el trabajo
de cada día: “Comerás el pan con el sudor de tu frente”. ¡Ay, hijos míos, ¿qué hacéis con
vuestros hijos?!

Laicos, hago un llamamiento sobre vosotros: vosotros tenéis que hacer una renovación,
porque seréis los que fortaleceréis la Iglesia con vuestra ayuda. Por eso pido, hijos míos:
adquirid virtudes, respetaos unos a otros, amaos, con un amor desinteresado, no amores
egoístas, amores destructores; un amor limpio y desinteresado. Vivid para Dios, hijos míos;
¿no os dais cuenta que los hombres, la mayoría de ellos, no viven nada más que para los
placeres? Dios está fuera de sus corazones, y ¡todavía dicen los hombres que no creen que
venga Dios a avisar! Os va a pasar, hijos míos,… (palabra ininteligible) el Diluvio, como
cuando Sodoma y Gomorra; os lo he avisado. Estad preparados, porque yo aplicaré mi
Divina Justicia contra aquellos destructores de los pueblos, destructores de las almas. Y
también pido a mis sacerdotes santos que no se abandonen y que sigan el camino que han
escogido, con sacrificio y oración; y también aquellas almas contemplativas, fieles a su
vocación…, ¡consuelan tanto nuestros Corazones! Almas queridas, no os abandonéis, que
el demonio está haciendo estragos en el mundo y quiere apoderarse, siendo el rey de todas
las almas. Vosotras, desde vuestros escondites, hacéis tanto bien a las almas, hijas mías;
que nadie os confunda, sed fieles a vuestra vocación; ¡cuánto consoláis nuestros Corazones!
Y aquellas almas que se entregan a los pobres y necesitados, recibirán el ciento por uno, por
sus buenas obras, y todo el que colabore a ayudar a las almas necesitadas, tendrán un lugar
seguro y sellado, que nadie podrá quitar ese sello en la eternidad.

Pido, otra vez, hijos míos: sed respetuosos unos con otros; amaos, no dejéis la oración,
enseñad a vuestros hijos el camino verdadero, no los dejéis que se envenenen del veneno
que hay en el mundo. Y hago otro llamamiento a los sacerdotes; ellos podrían hacer tanto
bien a las almas y recoger a tantos rebaños que están esparcidos perdiéndose en la
oscuridad, porque viven en tinieblas y la tiniebla es muerte.

Orad, visitad al “Prisionero”, hijos míos, “Prisionero” de amor por los hombres; a veces
estoy tan solo, que ni mis propias almas se acuerdan de estar un ratito ante mí. ¿No os da
pena de vuestro Jesús, hijos míos?, corazones endurecidos, llenos de maldad, muchos de
vuestros corazones. ¿Hasta dónde queréis llegar? ¿Cómo vais a amar al prójimo, hijos míos,
si no amáis a Dios? Sí, hija mía, sí, que nadie se asuste, pero naciones enteras, estos
espíritus inmundos, se han apoderado de ellas, y sólo reina el pecado, y en hogares, en la
mayoría de todos los hogares, mira, hija mía, el fruto de Satanás: cómo las madres
introducen a sus hijos en el mundo, dándole más valor al libertinaje que a los consejos de
Dios. ¡Qué pena de hogares! Por eso no reina la paz en ellos, porque os creéis, hijos míos,
que queréis más a vuestros hijos dándoles ese libertinaje. Si sois madres, ¿cómo ponéis
víboras en las manos de vuestros hijos, para envenenarlos? Uníos los dos, hijos míos, los
matrimonios, para ayudar a vuestros hijos, pero con la presencia de Dios; donde no está
Dios, no reina la paz. No seáis necios, hijos míos, y no os dediquéis a perder el tiempo,
aprovechadlo para vuestra salvación, hijos míos.

LA VIRGEN:

Acudid a este lugar, todos seréis sellados y no dejaré de dar la bendición, aunque no existan
mensajes, os sellaré las frentes y seréis bendecidos y protegidos.

EL SEÑOR:

Obedeced, hijos míos, son consejos de vuestra Madre, de una Madre corredentora del
género humano, que os ama y desea todo lo mejor para sus hijos.

LA VIRGEN:

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos para el día de las tinieblas: una
bendición muy especial, para ese día tenebroso…
Os bendigo como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

(1) Es decir, a todos aquéllos, entre los guías de los pueblos, que están ciegos.

(2) Es decir: “¿Dónde está el respeto de los hijos hacia los padres?”.
MENSAJE DEL DÍA 4 DE MAYO DE 2002, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, aquí estoy como Madre de amor y Madre de misericordia; hoy vengo con el
manto de oro, hija mía, este manto no tiene fin; en él está grabado el amor de los hombres.
Cada rosa, hija mía, es una oración que ha salido de boca de los hombres con amor. Quiero
que los hombres me den muestras de amor; con amor todo es fácil, hija mía, porque el amor
todo lo puede: con amor fue redimido el mundo, y con amor las almas recibirán la gloria;
por eso el mundo está en esta situación, hija mía; porque el hombre no ama, el hombre es
egoísta, el hombre no demuestra a Dios que la mayor prueba de amor son las obras. Pero
hoy el hombre confunde el amor con la pasión, con el halago. Yo quiero almas que me
demuestren su amor con obras; los halagos, hijos míos, no os benefician, y cuántas almas
les gustan los halagos, y cuántas almas les gusta ser señores, no servidores; sólo hay un
Señor de señores, no os guste recrear los oídos con halagos vanos.

EL SEÑOR:

Hija mía, yo quiero que me demuestres el amor como me lo estás demostrando: con dolor,
con sacrificio, con entrega. No te dejes halagar por nadie, huye de los que te halaguen, y
demuéstramelo con hechos, hija mía; tú deja todas tus miserias, que yo haré desaparecer
todas tus miserias y las consumiré en mi amor, pero ¡ay de aquéllos que os gustan las
alabanzas en la Tierra…, ya recibís aquí el premio, hijos míos, y os perdéis la eternidad!
¡Ay de aquéllos que les gusta poner a son de trompeta las cosas que hacen!, cuando yo os
digo: “Lo que haga tu mano izquierda, que no lo sepa tu derecha”, y cuántos dais, hijos
míos, bombo a lo que hacéis. Sólo quiero avisar a los hombres que el amor es el
mandamiento más importante para la salvación de las almas. Todas estas almas, hija mía,
han llegado por amor. (El Señor muestra a Luz Amparo una morada con muchas almas).
Donde no hay amor es destrucción, envidias, rencores. No seáis almas que os comportéis
como Caín, que decía amar a su hermano y lo mató por envidia. Su ira le convirtió en un
malhechor, por envidias.

Sólo pido, hijos míos, que meditéis todos los mensajes, que todo se va cumpliendo; meditad
desde el primero hasta el último, veréis cómo todo lo que se ha dicho, se cumple. Amad a la
Iglesia, no la critiquéis, porque los hombres fallen, la Iglesia prevalecerá en pie. Por eso
pido que los sacerdotes se dediquen al ministerio y recojan a las ovejas perdidas y dejen de
ser funcionarios, que con amor y con ternura conquisten a las almas para el rebaño de
Cristo, que todo se ha convertido en pasiones y placeres, ¡y todavía dicen que tanto
mensaje! Pero hijos míos, ¿estáis ciegos?; os repito una y otra vez: ciegos, sordos, y pido a
aquellas almas consagradas que oren mucho por la Iglesia, por el Santo Padre, y por las
ovejas descarriadas. Amad, hijos míos, pero con un amor puro y santo, venido del Corazón
de Cristo. Convertíos y arrepentíos, hijos míos; meditad los mensajes. No habrá más
mensajes, pero habrá bendiciones muy especiales y marcas que quedarán selladas en las
frentes.

Acudid a este lugar, hijos míos, que todos seréis marcados y bendecidos con bendiciones
muy especiales; y meditad todos los mensajes. Hijos míos, ¡qué duro está vuestro corazón!
¿No os enternecen estas palabras tan tiernas de vuestra Madre del Cielo, hijos míos?
Arrepentíos, hijos míos, y convertíos, no ofendáis más al Señor, ¡está tan ofendido!, que
sólo pido oración, sacrificio y penitencia para poder reparar tantos pecados como se
cometen en el mundo. Os dije que los siete pecados capitales el demonio los lleva en
triunfo; hace falta que los hombres vuelvan la mirada a Dios y se arrepientan, y vivan una
vida santa de amor y de entrega a Dios. Muchos fariseos viven no según el espíritu, sino
según la carne y los vicios.

LA VIRGEN:

Orad, orad, hijos míos, y acercaos al sacramento de la Eucaristía, pero en gracia, hijos
míos, que cometéis muchos sacrilegios.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los
pobres pecadores…

Yo os bendigo como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.
MENSAJE DEL DÍA 6 DE ENERO DE 2001, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR:

Hija mía, hay que seguir orando, pues el corazón de las almas está muy endurecido. ¡He
dicho tantas cosas, hija mía, tantas cosas!; y los hombres no quieren aceptar mis palabras.
Tienen ojos y no ven y orejas y no oyen, hija mía. Su corazón no está dispuesto para
aceptar mis palabras ni para aceptar la voluntad de Dios, hija mía. Por eso no quieren
aceptar mis leyes y quieren imponerme a mí sus leyes.

Corazones endurecidos, infieles, soberbios, ¿quiénes sois vosotros para decir lo que tiene
que hacer Dios y a quién tiene que manifestarse, dónde y cuándo? ¡Ay, incrédulos!,
corazones fríos, que no os dais cuenta de la situación del mundo y por eso predicáis que
todo está bien, porque vosotros vivís en abundancia; los graneros los tenéis llenos y no os
dais cuenta de la situación del mundo, hijos míos. ¿Hasta cuándo, necios, tengo que estar
avisando?

Hace mucho tiempo, hijos míos, os dije que mis palabras se estaban acabando. Y es que
todo lo tengo dicho, desde el principio hasta el fin. Y como veis, hijos míos, todo se va
cumpliendo.

Pero, ¿cómo sois tan crueles, hijos míos, y no aceptáis el mensaje de todo un Dios?, si sólo
os pido, hijos míos, que cambiéis vuestras vidas. No tenéis nada más que exterior, pero, ¿y
vuestro interior, hijos míos? Me arregláis el templo para atraer a la gente, pero, ¿y el templo
de vuestra alma, cómo está, hijos míos? Preferiría un cuchitril, hijos míos, lleno de
humildad, de fidelidad, de caridad, de ternura con las almas. ¿De qué manera atraéis a las
almas, hijos míos, si vuestro ejemplo no es bueno? Todo se queda en el exterior, hijos míos.
Vuestra función no es ésta, vuestra función es las almas; por eso me rechazáis y por eso
perseguís estas manifestaciones, hijos míos, porque os digo verdades que no queréis
aceptar, hijos míos. Por eso vuestra soberbia os ciega y no reconocéis y escogéis lo bueno
que hay en ello. Perseguís y claváis el aguijón e intentáis hacer desaparecer lo que yo he
manifestado a los hombres.

¿Cuántas veces os voy a decir, hijos míos, que soy dueño de vuestra vida? Y os estoy dando
oportunidad, pero que os puedo llamar a mi presencia, y aunque digáis que no, hijos míos,
mi justicia será terrible. ¿Cómo guardáis mi justicia y empleáis sólo mi misericordia?
Predicad a los hombres las verdades del Evangelio. No estéis siempre atacando, hijos míos.
¿Qué caridad es la vuestra? ¿Y vuestra conciencia está tranquila, hijos míos, persiguiendo y
atacando? Os creéis dioses y por eso no aceptáis mis consejos. ¿Cuántas veces he dicho,
hijos míos, que me oculto a los poderosos y me manifiesto a los humildes, porque me
comprenden más que vosotros? Sois tan soberbios, hijos míos, que no aceptáis mi divina
palabra. Cogéis, quitáis y ponéis a vuestro antojo, y los que lo cumplen y aceptan mi
voluntad les hacéis la vida imposible, hijos míos.

Yo pido, a aquellos sacerdotes santos, que no tengan miedo, que yo soy su fortaleza y no se
dejen arrastrar por aquellos infieles pastores que ni entran ni dejan entrar en el Cielo a las
almas.

¡Cómo podéis tener un corazón tan cruel, hijos míos! Yo, que os di un poder para hacer y
deshacer, hijos míos; sed justos, que cuando os presentéis ante mí, hijos míos, será terrible
no haber empleado bien vuestra justicia. Os repito: volved vuestra mirada a Dios, sed
pastores de mi Iglesia, que mi Iglesia está necesitada de pastores santos que reúnan todos
los rebaños. No seáis funcionarios, vuestra función está en la Iglesia. Obedeced a los
obispos. Obedeced al Santo Padre y habrá un orden y todo cambiará, hijos míos. Si
vosotros cambiaseis, hijos míos, el mundo iría mejor.

Por eso pido a esos sacerdotes fieles y santos, que sean fuertes y sigan adelante y lleven el
camino recto del Evangelio, sin darles vergüenza y dando testimonio de pastores santos de
la Iglesia.

Y aquéllos que juzgan ligeramente, sin tener motivos, ¡ay, cuando lleguéis ante mi divina
presencia!… Por eso os pido: bajad la cerviz y venid a mí y cambiad vuestras vidas. Yo
seré el que fortalecerá vuestro espíritu, pero que vuestro corazón esté dispuesto siempre a
aceptar mi palabra. Hijos míos, ¿queréis contentar a Dios?: sed pastores fieles, y que
vuestro interior esté resplandeciente y limpio, que no os fijéis tanto en el exterior, hijos
míos, preocupaos de vuestras pobres almas.

¡Qué tristeza ha sentido mi Corazón cuando muchos pastores han llegado a mi presencia y
no han sido fieles a las verdades del Evangelio y he tenido que decir: “No te conozco”! Por
eso os aviso, hijos míos, porque os quiero y no quiero repetir estas palabras, sino abriros los
brazos de par en par… Y venid, hijos de mi Padre, a gozar de la presencia de la Divina
Majestad de Dios. Que oigáis esas palabras, hijos míos. Sed humildes y no seáis témpanos
de hielo, que vuestro corazón está endurecido; tened compasión de las almas, no las
trituréis, ni las persigáis tan cruelmente, hijos míos. Muchos de vosotros intentáis hundir
esta Obra, hijos míos, pero es Dios el que la rige. Preocupaos y escoged lo bueno, para que
habléis, hijos míos, con la verdad.

Cuántas conversiones, cuántos pecadores han llegado a este lugar desesperados, en


tinieblas, y han encontrado la luz y la paz; porque han encontrado a Dios, y viven felices
perseverando años y años. ¿Por qué no os fijáis en eso, hijos míos?: en el cambio de vida
que dan las almas, en la gloria que me dan. Sed pastores justos, no seáis pastores ingratos, y
amad a las almas, que es vuestra obligación. Amad a todas las almas.
Y vosotros, pecadores, hijos míos, acercaos a mi Corazón, que mi Corazón llenará el
vuestro de gracias. Orad y no os abandonéis en los sacramentos. Confesad vuestras culpas,
hijos míos; confesad vuestros pecados con el sacerdote, que muchos de vosotros, hijos
míos, no os acercáis al sacramento de la Penitencia y comulgáis en pecado mortal.
Confesad vuestras culpas, hijos míos, arrepentíos y orad, e id al sacramento de la
Eucaristía, ahí está la vida.

Y tú, hija mía, ora mucho, porque las persecuciones no se acabarán, hija mía. Son
obstinados y crueles, a veces. Pero tú protégete en nuestros Corazones.

Oración y penitencia, hijos míos. Orad por los que no oran y haced sacrificios por los que
no lo hacen, que los hombres viven cómodamente; el sacrificio no existe y han olvidado la
oración; y la fe, cada día, va desapareciendo de los hogares. Por eso, en los hogares no hay
paz entre los padres y los hijos; no se entienden, porque Dios falta en esos hogares. Rezad
el santo Rosario en familia, hijos míos. Id a Misa y oíd el Santo Sacrificio de la Misa con
devoción, y acudid a este lugar, que yo fortaleceré vuestro espíritu.

Muchos de ellos, hija mía, míralos: fueron sellados con una cruz en la frente; y mira,
muchos de ellos, lo que han alcanzado: la eternidad. Ése es el mayor cielo: estar con Dios;
y el mayor infierno es carecer de la presencia de Dios, hija mía; no hace falta otro infierno
más tormentoso que ése. Por eso, mira cuántos han llegado a este lugar.

LUZ AMPARO:

¡Ay, ay, ay, Dios mío! ¡Qué grandeza, Señor!

EL SEÑOR:

¡Y que los hombres no se den cuenta de tantas gracias como he derramado en este lugar!
¡Qué necios sois, hijos míos, y qué ciegos estáis!

LA VIRGEN:

Oración y penitencia pido; visitas al Santísimo, que están olvidados, los hombres, de Dios.
Se han olvidado de visitar a Dios en el Sacramento del Altar. Sed humildes, hijos míos.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para la
conversión de los pecadores…

Tú, hija mía, acepta todas las pruebas que el Señor te mande y reza mucho por todos ellos.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 3 DE FEBRERO DE 2001, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR:

Hija mía, aquí está Jesús, consuelo de los hombres. Grita, hija mía, que Jesús quiere hacer
un llamamiento a los hombres, para que cambien sus vidas. Este llamamiento lo hace al
mundo, y el mundo le vuelve las espaldas.

Grita que yo vengo a salvar a las almas, a abrasarlas y a consumirlas en mi amor. Pide por
ellas, hija mía. Nada te asuste y nada te entristezca: ni las calumnias, ni las difamaciones.
Tú, sigue siendo fiel a nuestras palabras. Grita que eres portadora de la palabra de Jesús. Y
yo hago contigo lo que quiero, hija mía; por eso te digo que no tengas miedo a nada ni a
nadie. Tú, transmite mi palabra. Ten celo por las almas, hija mía. No dejes de orar, la
oración lo puede todo. Mira las almas que te encomendé, hija mía; ten celo por ellas, que
vendrán a mí, te lo aseguro, hija mía.

Yo te daré fuerzas para gritar que no enojen a Jesús los hombres, que Jesús está muy
enojado. Si sólo vengo a decir que tengo hambre y sed de almas, de almas que me
correspondan. Yo quiero, hija mía, abrasar a esas almas y consumirlas en mi amor. Pero
esas almas tienen que vaciar su corazón, para yo hacer un cielo de cada alma y poderme
refugiar en ellas; tienen que destruir lo que llevan dentro: la soberbia, el orgullo, que los
lleva a consumar todos los pecados.

Sólo os pido que os vaciéis de todo lo terreno, que yo os daré todo lo necesario. Yo soy la
Luz, venid a mí y os haré ver lo que no habéis visto, hijos míos. ¿Cómo siendo yo la Luz os
vais a la tiniebla, donde os quedáis ciegos, hijos míos? Si vengo a mostraros mi amor, mi
perdón y mi misericordia, hijos míos, ¿cómo no cambiáis vuestras vidas? No me enojéis
más, hijos míos, que mi Corazón sufre por los hombres y por mis almas consagradas, por
mis sacerdotes eternos. Limpiad vuestras culpas, hijos míos, y venid a mí y aprended la
mansedumbre de mi Corazón. Trabajad para la gloria de Dios y para vuestra salvación y la
salvación de las almas. Si es lo único que os pido, hijos míos: un poco de amor. ¿Me lo vais
a negar, hijos míos?

¿Cómo no me comprendéis? ¿No habéis meditado, hijos míos, que es que la tiniebla no os
hace ver y tenéis que buscar la luz? Entonces veréis, hijos míos, veréis maravillas. Pero
cambiad, no esperéis más tiempo, hijos míos, y reconoceos a vosotros mismos. Dad gracias
a todo un Dios, que viene a daros su amor y a invitaros, hijos míos, a que seáis amigos de
mi Divino Corazón. Convertíos, hijos míos; ¿no veis las calamidades que hay en el mundo,
las catástrofes?; todo es por falta de amor a Dios. El hombre se ha convertido en un dios, y
a Dios le quiere dejar como hombre, y Dios será siempre Dios, y la criatura tiene que estar
debajo del Creador. ¿Cómo las criaturas, hijos míos, intentáis ser más que Dios? Sed
humildes, amad a la Iglesia, hijos míos, sed sacerdotes eternos, entregaos a vuestro
ministerio, sacerdotes de mi Corazón.

Hago también un llamamiento a los hogares, a todos aquellos hogares… ¿Cómo pueden
funcionar vuestros hogares, hijos míos, si no está Dios en ellos? Por eso estáis en guerra
constantemente, por eso los hijos se vuelven contra los padres y los padres contra los hijos.
Reuníos todos, hijos míos, dialogad, y que haya paz en vuestros hogares. Rezad el Rosario
en familia, veréis cuántas gracias recibiréis en vuestros hogares; pero como no está Dios, la
esposa es infiel al esposo, el padre no aguanta al hijo, el hijo no respeta al padre, y sólo hay
guerras en esos hogares. En los conventos hay un relajamiento, que no viven una vida de
contemplación; salen a la calle, se contagian del mundo y abandonan a Dios; por eso hay
tan pocas almas donde yo pueda refugiarme; y las pocas que hay, aquéllos que no entran en
el Cielo, no las dejan que entren tampoco, porque quieren ser fiel a sus reglas. ¿Qué habéis
hecho, hijos míos, de vuestros votos, de vuestras promesas…; de vuestros sacramentos,
matrimonios; de los mandamientos, hijos de los padres, que no respetáis el cuarto
mandamiento de la Ley de Dios?

¿Hasta dónde quieren llegar los hombres, destruyendo las leyes que Dios ha impuesto? ¿No
veis, hijos míos, que nadie está conforme con la Ley de Dios? Parece Sodoma y Gomorra,
la Tierra, hijos míos; no se respetan unos a otros: el que es hombre, quiere ser mujer; la
mujer quiere ser hombre. ¿Cómo estropeáis las leyes de Dios, si Dios hizo al hombre y la
mujer? ¿Por qué extorsionáis los planes de Dios y no os respetáis cada uno como sois, hijos
míos? ¿Hasta dónde vais a llegar con vuestros escándalos, con vuestra inmoralidad, hijos
míos, con vuestro impudor? ¡Estáis ciegos, a dónde está llegando el hombre! E incluso,
hijos míos, quieren convertirse en creadores de hombres. Pero, ¿cómo? ¿No os dais cuenta
que muchas almas han sido castigadas por no aceptar la voluntad de Dios, por no obedecer,
hijos míos? El ángel cayó del cielo, el ángel más bello, por no obedecer a Dios, por su
soberbia. Vuestros primeros padres, hijos míos, en esa desobediencia fueron arrojados del
Paraíso.

La moral, hijos míos, no la respetáis. ¡Qué inmoralidad entre los hombres, qué falta de
amor y qué desobediencia a Dios y a la Iglesia de Dios! Obedeced al Santo Padre, hijos
míos, dejaos aconsejar.

Y vosotros, seglares, laicos, obedeced a la Iglesia, amadla con todo vuestro corazón y
cumplid con el Evangelio. Acudid a este lugar, hijos míos, que os enseñará a amar a la
Iglesia, a amar a los sacerdotes y a vivir el Evangelio. Haced visitas al Santísimo, acercaos
a la Eucaristía y lavad vuestras culpas, hijos míos, en el sacramento de la Penitencia.

Y tú, hija mía, sé fuerte y no escuches lo que te pueda enturbiar, hija mía; lo que enturbia,
hay que retirarse de ello. Humildad te pido, hija mía. Refúgiate en nuestros Corazones.
Oración, oración; pido a todos: rezad el santo Rosario, la plegaria que más me gusta, la que
en los hogares se ha olvidado. Amaos unos a otros, perdonaos y uniros, hijos míos, para la
gloria de Dios. ¡Ay de aquellos infieles a mi palabra! ¡Ay de aquéllos que buscan sus
gustos y sus caprichos, sin importarles abandonar lo que Dios ha puesto en sus manos! ¡Ay,
la infidelidad! ¡Ay, todos aquéllos que habéis abandonado la Obra de Dios, hijos míos,
buscando vuestros caprichos y vuestros gustos! Todos los que habéis sido desagradecidos a
tantas y tantas gracias como Dios ha puesto en vuestras manos, ¡pobres de vosotros, hijos
míos! Qué ingratos sois; decís que amáis a Dios, haciendo vuestro capricho y vuestro gusto.
¡Hipócritas fariseos! ¡Cómo os dejáis arrastrar por la influencia de Satanás! Muchos de
vosotros tenéis en vuestros hogares a Satanás revestido en ángel de luz. ¡Ciegos, que estáis
ciegos, y vuestra ceguera os lleva a renunciar las grandezas de Dios para meteros en las
miserias del mundo! Tenéis fuentes y bebéis en los charcos, hijos míos; fuentes limpias y
cristalinas, y bebéis cieno. ¿Hasta cuándo os voy a avisar que tengáis cuidado, hijos míos,
que el demonio es muy astuto y se reviste con piel de oveja, para engañaros? ¡Ciegos, más
que ciegos, vosotros os sembráis la condenación con vuestra propia voluntad! Infieles: la
infidelidad ante Dios es grave, hijos míos. Amaos los unos a los otros. Reuníos todos para
darle gloria a Dios. La unidad es muy importante, hijos míos. No os separéis de la cepa
donde podéis alimentaros.

LA VIRGEN:

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para el día
de las tinieblas…

Yo os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 3 DE MARZO DE 2001, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR:

Hija mía, aquí está la Divina Majestad de Dios ultrajada por los hombres. Hay que seguir
reparando, hija mía, por las almas. Las almas son obstinadas e ingratas; ni ante la cruz, ni
ante los ultrajes, el hombre se humilla, hija mía, y los hombres no ven la situación del
mundo: que cada día Dios es olvidado, ultrajado y despreciado. Hija mía, cuántas veces
grito a los hombres, desde la soledad del sagrario, que tengo sed y hambre de almas. Tengo
frío, hijos míos, porque los hombres no me dan calor, su corazón parece un bloque de hielo.
El hombre está más interesado en el mundo, y en las cosas que hay en el mundo, que en
Dios.

Hago un llamamiento, hijos míos, a las almas: visitadme en el sagrario, hijos míos, recibid
la Eucaristía. ¡Cuántas noches grito desde mi soledad: “¿Qué hacen las almas con la Divina
Majestad de Dios?”! Quiero que los hombres se reúnan a orar y a pedir por los pecadores.

También hago un llamamiento a los señores obispos, para que reúnan a los señores
sacerdotes y les enseñen a trabajar por su ministerio y que se dediquen sólo a las almas, que
hay mucha mies y pocos operarios, que dejen de ser funcionarios y que expliquen a las
almas la verdad del Evangelio; y que los señores sacerdotes hagan caso de los señores
obispos; que enseñen quién es el Creador y quién es la criatura, porque los hombres se
están convirtiendo en creadores y han dejado al Creador. No puede ser un creador el
hombre, cuando ha sido creado. El Creador es el Increado. Enseñad a los hombres, hijos
míos, las verdades, para que los hombres cambien sus vidas.

Se avecinan tiempos graves, hijos míos; con la oración, con el sacrificio ¡se puede evitar,
hijos míos, tantas catástrofes!… Sed humildes y comprended la palabra de Dios. No hagáis
como cuando el Diluvio, hijos míos, cuando Sodoma y Gomorra; siempre que Dios ha
avisado, hijos míos, vuestra soberbia no os ha dejado ver las verdades, que Dios ha dicho,
hijos míos. Dios no es catastrófico, es la verdad del Evangelio. Explicadles a los hombres
todas las verdades.

Queridos, hijos míos, sacerdotes: haced caso de mis queridos obispos, y predicad por todo
el mundo, para que los hombres vuelvan la mirada a Dios. ¿No veis que cada día Dios está
más olvidado? No os hagáis los sordos, hijos míos, escuchad mi palabra, dad ejemplo, hijos
míos, de vuestra vida.

Y vosotros, laicos, amad a la Iglesia, amad al Santo Padre, hijos míos, pedid por él.
Reuníos todos a orar, hijos míos, el mundo está necesitado de oración. Si los hombres
oraran, las almas se convertirían. Orad. Orad, hijos míos. Rezad el santo Rosario, hijos
míos; si podéis, rezadlo en familia, que los hogares están destruidos. Las familias se
separan unos de otros y crecen sin conocerse unos a otros. ¡Qué pena de familias, hijos
míos! ¿No os da pena de no respetar la Ley de Dios, hijos míos? Vivid en el santo temor de
Dios, seguid el Evangelio, amaos unos a otros.

Hay que enseñar al hombre para lo que fue creado. En primer lugar, sacerdotes queridos,
enseñadles a los hombres que han sido creados para amar y glorificar a Dios, no para
idolatrar a los hombres ni para idolatrarse ellos mismos, mientras Dios es despreciado y
olvidado. ¿No os da pena de las ofensas tan graves que cometéis contra Dios, hijos míos?
Frenad vuestros sentidos, hijos míos. El mundo está lleno de inmoralidad, y cuando el
hombre cae en lujuria se queda ciego. Ya la desobediencia es la primera, hija mía. Cuando
el hombre desobedece a la Ley de Dios se queda sordo y ciego; y el pecado de la lujuria es
el que está reinando entre la Humanidad. No le dan importancia, hija mía; los pecados los
ven virtudes y las virtudes pecados. ¿Por qué escondéis el Evangelio y no lo explicáis tal
como es, hijos míos, para que los hombres sepan las verdades?

Orad. Haced mucha oración. Confesad vuestras culpas, hijos míos. Haced visitas al
Santísimo, acompañadme alguna noche, hijos míos. Los hombres se han olvidado de mi
soledad. ¡Qué frialdad encuentro en muchos sagrarios, hija mía! En muchos sagrarios estoy
olvidado. Visitadme, hijos míos. Amaos unos a otros con un amor limpio y puro, hijos
míos. Sed humildes y comprended la verdad, hijos míos. ¿No os da miedo de frenar a Dios,
hijos míos?

Tú, hija mía, sigue reparando por estas almas, para ver si llegan a mí. ¡Qué duras son las
almas! Cuánto les cuesta, hija mía; con lo fácil que es amar, pero confunden el amor con la
pasión. No saben lo que es el verdadero amor, venido de Dios. El hombre ama con pasión y
por egoísmo. Así está el mundo, hijos míos. Sacrificio pido y penitencia. Os enseño a amar
a la Iglesia, hijos míos. Todos los que acudís a este lugar: confesad vuestros pecados, hijos
míos; amad mucho a la Iglesia, a los sacerdotes, al Santo Padre, y orad, para no caer en
tentación.

LA VIRGEN:

Sí, hija mía, es necesario sacrificarse y orar por las almas, aunque las almas sean ingratas,
hija mía, no te canses de orar por ellos.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos para el día de las tinieblas…

Yo os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 7 DE ABRIL DE 2001, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Aquí estoy, hija mía, como Madre Dolorosa, como Madre de los pecadores. Los hombres se
mofan de mis palabras y de mis mensajes; pero, ¡ay de aquéllos que les sirve de mofa, en
vez de arrepentirse y mirar a Dios! Mi nombre lo pisotean, y de mis palabras se mofan. Una
vez más me manifiesto, no para decir nada nuevo a los hombres, sino para abrir los oídos
de los sordos y los ojos de los ciegos; que no quieren escuchar la doctrina y les sirve de risa
y mofa. Y dicen que para qué tantos mensajes, hijos míos. ¿No veis, siervos inútiles, que el
mundo está en manos de Satanás, y os hacéis los sordos y los ciegos, y una Madre viene a
recordar a sus hijos el peligro que hay en el mundo? ¿Cuántas veces os he dicho, hijos
míos: mis mensajes se van a acabar? Pero los hombres no cambian, y cuántas veces una
madre avisa a sus hijos: “Hijos míos, no os aviso más”, y viendo que el hijo está metido en
la perdición, la madre sigue avisando el peligro que acecha al hijo. Pues eso hago yo, como
Madre de los pecadores: avisarles que vuelvan su mirada a Dios, porque el mundo no se
puede arreglar sin Dios. Y vosotros, guías de los pueblos, ¿cómo os podéis mofar de mi
nombre y del nombre de Dios? En vez de humillaros y bajar la cerviz, os sirve para
ensoberbeceros más. ¿Quién sois vosotros para limitar a Dios?

EL SEÑOR:

Sí, hijos míos, el Hijo de Dios vivo os habla y os dice, hijos míos, que no os moféis de las
palabras del Cielo. Os di poder para perdonar los pecados, os ungí de mis gracias, y vuestra
misión es aplicar la caridad con los hombres, con ternura a los pecadores, como un padre
aconseja a sus hijos. Pero, ¿qué clase de guías sois de los pueblos, si os mofáis, hijos míos,
de mi Nombre y os sirve de risión entre vuestras amistades?

¿Hasta cuándo, hijo mío (1), tengo que estar avisando? Implorad a Dios perdón por las
almas y luz para que vean; y para vosotros también, recibid la luz para discernir los dones
del Espíritu Santo. Hijos míos, cuántos de vosotros os reunís para destruir, no para
construir. No perdáis el tiempo, hijos míos. Sed un buen abono para la tierra, para que
salgan flores de vuestros corazones. No seáis abrojos que ahoguéis la semilla por vuestra
soberbia y vuestra infidelidad. Y todavía decís, hijos míos, que ¡tanto mensaje! Estáis
ciegos. Cambiad vuestras vidas, hijos míos. Y aquéllos que veis que llevan el camino recto
y seguro, les ponéis zancadillas, porque ni entráis ni queréis que entren en el Cielo. Cuántas
veces os he dicho que el que está conmigo no va contra mí, hijos míos. Vosotros vais contra
mí; que ni hacéis ni dejáis hacer. Dejad a los sacerdotes santos que cumplan su misión y
que prediquen el Evangelio como está escrito, y no les hagáis la vida imposible. Convertíos
y arrepentíos.
¡Ay, pueblo, que parece el pueblo de Israel! ¡Ay, guías del pueblo, que no encamináis a las
almas al camino de la salvación! ¿No sabéis, hijos míos, que todo el que va contra Dios
recibe su merecido? Estudiad el Corazón de Dios, y encontraréis en él dolor de vuestras
infidelidades y de vuestro mal ejemplo. No seáis funcionarios; sed pastores de almas, hijos
míos. Abrid las iglesias para que las almas puedan visitar al “Prisionero”. Dedicaos a las
almas, veréis qué paz tendréis en vuestro interior. ¡Ay, hijos míos, ¿hasta cuándo os tiene
que estar Dios avisando?! Y decís que cómo Dios va a manifestarse a los hombres. ¿Acaso
no hacéis motivos para que Dios dé avisos? La infidelidad a Dios es grave, hijos míos.
Venid, hijos míos, y refugiaos en mi Corazón; que por muy graves que sean vuestros
pecados, mayor es mi misericordia, pero bajad la cerviz y no seáis soberbios, hijos míos.
Yo me manifiesto a los humildes, a los incultos, para confundiros a los letrados y a los
poderosos. ¿Por qué no dejáis a Dios que obre? Sed humildes, hijos míos. Atraed a las
almas, no las persigáis y les clavéis el aguijón. Constantemente estáis clavando el aguijón.
Tened cuidado, hijos míos, que puede volverse contra vosotros el aguijón. Sólo quiero que
cambiéis. Hago un llamamiento a los seglares, a los sacerdotes, a los religiosos; que
reaviven la fe y que no se dejen arrastrar por las pasiones, ni la astucia del enemigo.
Predicad el Evangelio tal como está escrito; no lo dejéis en metáforas. El Evangelio es
siempre el mismo. Y ¡ay del que ponga o quite algo de él, cuando se presente ante la Divina
Majestad de Dios! ¿¡No tenéis temor de Dios, hijos míos!? Para temer a una cosa hay que
saber, hijos míos, que eso existe; y muchos de vosotros ni creéis en la divina majestad de
Dios.

A los hogares hago una familia (2)… —¡Ah! (Interrupción de Luz Amparo)—… Hago
familias santas a todos aquéllos que quieren aceptar mi divina voluntad. Hago un
llamamiento a todos los hombres: amad a la Iglesia, hijos míos, confesad vuestras culpas.
Satanás está reinando en la Humanidad. ¿No veis, hijos míos, que sin oración no se puede
vivir, hijos míos? El alma necesita alimentarse y comunicarse con Dios, y los hombres se
han abandonado. Confesad vuestras culpas y acercaos al Santísimo Sacramento del Altar,
hijos míos. Haced visitas a Jesús, que está triste y solo; obras de amor y misericordia unidas
a la oración y al sacrificio. Sed humildes, hijos míos, y respetad mi palabra. No hagáis mofa
de ella, que Dios hará justicia sobre todos vosotros, hijos míos.

Y vosotros, sacerdotes santos, caminad por el camino recto del Evangelio, y nada os
acobarde, ni nadie. Llevad el distintivo de sacerdote, hijos míos; pues los sacerdotes hoy no
se les conoce, porque no llevan ni un distintivo. ¡Qué pena de vestidura que arrinconan!,
una vestidura sagrada la tienen arrinconada; no os avergoncéis de ella: es un freno para
vuestras vidas, hijos míos.

LA VIRGEN:

Mis mensajes serán muy cortos, porque ya os he dicho que todo lo que he dicho se
cumplirá; y como sabéis, muchas cosas se han cumplido, y otras faltan que cumplir. Pero
recordaré la penitencia y la oración, porque los hombres os olvidáis de las obligaciones de
cristianos, hijos míos. ¡Y dicen que por qué me manifiesto! Si Dios es olvidado y los
hombres hoy no se acuerdan de los sacramentos, viven como animales, juntos, sin necesitar
sacramentos. ¿Y decís que está bien el mundo, hijos míos?… Por eso vengo a abriros los
ojos y los oídos. Ya hace muchos años que os vine avisando y habéis seguido sordos y
ciegos: humildad, oración y sacrificio; amad a la Iglesia. Respetad a los obispos: sacerdotes
y seglares; acercaos a la Eucaristía y al sacramento de la Penitencia; ayudad a los
sacerdotes y orad por ellos; sed humildes para reconocer vuestras culpas.

Todo el que acuda a este lugar será bendecido y marcado con una cruz en la frente.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos para los pobres pecadores…

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

(1) En la grabación se escucha “hijo mío”, en singular, como dirigiéndose a alguna


persona concreta.

(2) Frase inacabada y con falta de sentido; rectifica y completa a continuación.


MENSAJE DEL DÍA 5 DE MAYO DE 2001, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, aquí estoy como Madre Dolorosa, como Madre de los pecadores, como Madre de
los afligidos.

EL SEÑOR:

Sólo voy a dar un aviso a las almas; y a ti, hija mía, te voy a pedir: déjate manejar por mis
manos, que yo te manejaré para mi gloria y para el bien de las almas. No te angusties, hija
mía; a veces son pruebas dolorosas para probar la fe de los hombres. Tú no te angusties,
hija mía, por nada; yo permito todo. ¿Cómo le permití a Abraham que fuese al monte a
sacrificar a su hijo?: para probar su fe. Así, hija mía, quiero probar la fe de los que más te
aman.

LUZ AMPARO:

Señor, son pruebas tan duras… ¡Ay, Señor! ¡Ay, no permitas eso, Señor! A veces, Señor…

EL SEÑOR:

Tú di sí a todo lo que yo quiera, hija mía; y no a lo que yo no quiera, aunque no lo veas


claro, hija mía. Yo permito a los hombres… (Luz Amparo ve en este momento, según
explicación posterior de ella, que Dios permite atentar contra personas e instrumentos
divinos, sin especificar más).

LUZ AMPARO: ¡Ay, ay, ay, Dios mío! ¡Ay, Dios mío; haz lo que quieras, Señor! ¡Ay…,
todo lo que quieras, eso y más! Yo estoy en tus manos…

EL SEÑOR:

Por eso te pido, hija mía: déjate manejar por mí, que yo lo hago para mi gloria y para bien
de las almas; y pruebo la fe en lo más profundo de los corazones y, a veces, la pruebo para
que vean la oscuridad donde está la luz. ¡Cuántas veces, hija mía, te has quedado en
tinieblas, y yo lo he permitido!

LUZ AMPARO:

Señor, haz de mí lo que quieras, pero, sobre todo, dame fuerzas para saber decir sí a todas
las cosas, que no me defienda en nada.

EL SEÑOR:
Hija mía, yo quiero almas víctimas, almas dóciles, almas desinteresadas, y por eso, a veces,
pruebo a las almas con estas pruebas tan terribles. Sólo desde la santidad pueden
comprender el misterio de Dios. Tú obedece en todo, hija mía.

LUZ AMPARO:

Señor, haz de mí lo que quieras, pero a veces, ¡es tan duro! ¡Ay, perdóname, Señor, por
todas mis flaquezas y mis miserias! Quiero hacer lo que Tú quieras, aunque no lo
comprenda ni lo entienda, Señor.

EL SEÑOR:

Eso es lo que quiero enseñar a las almas, hija mía: a comprender sin entender.

Oración pido, hija mía. También pido un poco consuelo para nuestros Corazones afligidos
por los pecados de los hombres. Orad, hijos míos, mucho. Orad, y nunca desfallezcáis en la
fe, pase lo que pase, hijos míos. Yo, a veces, permito la tentación al diablo, para ver si los
hombres están fortalecidos en la fe.

No dudéis, hijos míos, no dudéis de mi palabra y de mis acciones. Oración pido, y pido a
los sacerdotes, obispos y cardenales que estén en constante unión con el Santo Padre, ese
varón lleno de santidad, sacrificado. Imitadle, hijos míos.

LUZ AMPARO:

¡Ay, qué capacidad de sacrificio!…

EL SEÑOR:

Toda su vida, hija mía, la ha dejado, mira, para la unidad de los cristianos y para el bien de
la Iglesia. Es un varón incansable, lleno de la sabiduría del Espíritu Santo, hija mía. Y que
no se asuste nadie si digo que es el varón más santo que pisa sobre la Tierra. Amadle
mucho, obedecedle, señores sacerdotes, obispos y cardenales; imitadle. Su vida la ha ido
dejando en todos los lugares que ha ido yendo, para bien de las almas y para beneficio de la
Iglesia. Hago un llamamiento para que os unáis a él, hijos míos, y oréis mucho, para que los
hombres de buena voluntad se reúnan en los rebaños que han dejado. Hijos míos, pastoread
a las almas; es el último aviso que os doy, hijos míos: amad mucho al Santo Padre, amad a
la Iglesia, hijos míos; predicad el Evangelio y conquistad a las almas para Dios.

Orad, que el mundo está en esta situación por falta de oración. Amaos los unos a los otros;
acercaos al sacramento de la Penitencia y de la Eucaristía; fortaleceos, hijos míos, y nunca
dudéis de la obra que Dios ha puesto en vuestras manos, hijos míos; estad todos unidos,
hijos míos.
Y tú, hija mía, oración pido; ofrécete víctima de reparación por los pecados de los hombres;
tiene mucho valor, hija mía, porque el dolor es más fuerte de los más allegados, de los que
más amas, hija mía.

LUZ AMPARO:

¡Ay, Señor, es muy duro esto, Señor! ¡Ay, ¿por qué me tienes aquí ya, Señor, si yo aquí ya
no hago nada?! ¡Llévame contigo, Señor! ¡Llévame contigo, Señor! ¡Ay, ay, yo no tengo
fuerzas, a veces, Señor! Y tengo que, en silencio, guardar tantas cosas, Señor…

EL SEÑOR:

Tienes nuestra fortaleza, hija mía, si no, no hubieras podido sobrevivir. Desde muy niña has
tenido nuestra protección, hija mía. Ofrécete víctima de reparación. Nunca, hija mía, hemos
desaparecido de tu lado. Sabes que en tus miserias y en tus dolores siempre has encontrado
una mano amiga que te ayudara, hija mía.

LUZ AMPARO:

Perdóname, Señor. Soy tan ingrata que, a veces, me quejo de todo, Señor. Perdóname y
ayúdame.

EL SEÑOR:

Aunque te aguijoneen, hija mía, aunque te persigan, y aunque oigas barbaridades, hija mía,
nunca des un paso atrás. Sé fuerte, que yo siempre estaré contigo, aun en la oscuridad.

LUZ AMPARO:

Gracias, Señor.

EL SEÑOR:

También quiero, hija mía, que recibas un gozo: apunta diez nombres en el Libro de la Vida;
te los doy a escoger, hija mía… Estos nombres, hija mía, no se borrarán jamás. ¿Ves cómo
tiene valor el sacrificio y el sufrimiento, hija mía? Y, a veces, el silencio.

LUZ AMPARO:

Gracias, Señor.

EL SEÑOR:

Todo el que acuda a este lugar, será bendecido y marcado con una cruz en la frente.

Rezad el santo Rosario, hijos míos; no olvidéis esa plegaria tan favorita de María, y que
tanto bien hace a las almas. Con el santo Rosario se puede evitar grandes catástrofes, hija
mía. El Rosario tiene mucho valor, y los hombres lo han olvidado. Rezad el Rosario en
familia, hijos míos. Padres, enseñad a vuestros hijos la oración del santo Rosario, que es
unidad. No os abandonéis y no abandonéis a vuestros hijos en la oración.

LA VIRGEN:

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los
pobres pecadores…

Reza, hija mía, por esas almas infieles; por esas almas ingratas, que las deslumbra el mundo
y abandonan a Dios por cualquiera placer y cualquier gusto, hija mía. Haz oración por ellos.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

Esta bendición sirve para la conversión de los pobres pecadores. Los objetos bendecidos
sobre las almas: se convertirán (1)

(1) Frase de difícil comprensión; quiere decir: “Estos objetos bendecidos, en contacto con
las personas, ayudarán a convertir sus almas”.
MENSAJE DEL DÍA 2 DE JUNIO DE 2001, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LUZ AMPARO:

¡Qué bella vienes!…

LA VIRGEN:

Mira, hija mía, hoy vengo con el manto de oro de tantas y tantas avemarías que he recibido
de este lugar. Por eso te digo, hija mía: ¿ves cómo hay muchas almas que me aman? Todas
las avemarías están recogidas, para cada uno colocarlas —los ángeles— en el lugar que le
corresponde en la eternidad [1].

EL SEÑOR:

Es una riqueza la oración. Pero la oración sin la obra no es nada. Hay muchos que mueven
los labios y no mueven el corazón, hija mía. Hay que mover los labios, para mover el
corazón. Por eso he pedido obras de amor y misericordia; porque todas estas almas, la
riqueza de su oración las ha llevado a la acción. La oración sin obras no sirve. Un alma que
ora y odia no puede servirle la oración. La oración sirve para amar, para ayudarse unos a
otros, para comprenderse; pero aquél que se da muchos golpes de pecho y luego ve a su
hermano que está desamparado y triste, y le dice: “Dios te ampare”, ¿de qué le sirve la
oración al hombre, si su corazón está paralizado? Y también quiero que vuestras obras no
las pongáis al son de trompeta: que lo que vuestra mano derecha haga, no lo sepa vuestra
izquierda. Te lo he dicho, hija mía, que muchas almas se quedan sólo en el tiempo, porque
les gusta que se vean sus obras. Por eso os digo, hijos míos: todo el que quiere seguirme no
tiene que ser halagado ni buscar glorias en la Tierra. Buscad la eternidad. Pero, ¡ay de todos
aquéllos que os gusta que os recreen los oídos con lo que hacéis: son obras muertas! Dejaos
reprender, hijos míos.

Tú, hija mía, quiero que obres con sencillez, con naturalidad. Cuánto me gusta que te
acerques a nuestros Corazones. Tú, hija mía, di las cosas, grítalas, para que las almas no
estén engañadas. Me gustan las almas sencillas, las almas naturales. Grita lo que yo te digo;
te buscarás enemistades, pero no perderás mi amistad, hija mía. Sé sencilla. Aprende a ser
humilde. Bienaventurados los que se humillan, porque ellos serán ensalzados. Ama a los
que te persigan, hija mía. Ora mucho y quiere mucho a los que te odian. Yo, por decir la
verdad, hija mía, fui a la Cruz; mi verdad fue mi crucifixión. Por eso tuve tantos enemigos:
por decir la verdad. Pero yo soy el Camino, la Verdad y la Vida; y el que hace lo que yo le
enseño y camina por donde yo camino, no será abandonado de mi gracia.

Orad, hijos míos, por los pobres pecadores. Qué tristeza siente mi Corazón cuando los
pecadores se alejan y me rechazan, pero qué alegría cuando vuelven arrepentidos a mi
regazo. Grita que yo soy un padre tierno, que espera a sus hijos, para abrazarlos y perdonar
todas sus miserias. Sí, hija mía, aunque sus pecados sean gordos, mi amor es grande para
todo aquél que se arrepienta.

Acudid a este lugar, hijos míos, y orad con devoción. Aprended a amar a la Iglesia.
Acercaos a la Eucaristía, pero antes pasad por el sacramento de la Penitencia. El que come
mi Pan y bebe mi Sangre tendrá vida eterna. Amaos los unos a los otros, hijos míos. Sed
pacientes unos con otros; ése es el mandamiento más importante, hijos míos: el que os
améis unos a otros. Padres, educad a vuestros hijos, enseñadles que no sólo de pan vive el
hombre, que tienen que alimentarse de la palabra de Dios. Si aman a Dios, hijos míos, os
respetarán y os amarán a vosotros. Rezad el Rosario en familia, no os acostéis ni una sola
noche sin rezar esta plegaria tan hermosa: Dios te salve, María, llena de gracia, el Señor es
contigo, bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. Ahí está la Madre y el
Hijo, los dos participaron en la Redención. Y el que ama a María, ama a Jesús. María y
Jesús son un Corazón. Por eso quiero que se la conozca como Madre de todos los
pecadores. Mi Madre tiene el Corazón tierno, tan tierno como un niño “chiquitito”, y os
ama tanto que le he dado poder para aplastar la cabeza del Dragón, para estar en la puerta
del Cielo y como refugio de los pecadores.

LA VIRGEN: Tú, hija mía, protégete bajo este manto, será tu alivio y tu fortaleza.
Protegeré a todos los tuyos y, sobre todo, hija mía, para que entren en el Cielo. Esto no
quiere decir que dejes de sufrir, hija mía; tu misión es sufrir desde que naciste, pero mi
protección nadie te la quitará, hija mía. Los hombres cambian pero yo no cambio. Yo te
escogí como instrumento de mi Obra para que hagas este trabajo, y te he ido puliendo, hija
mía, en dolores y sufrimientos, calumnias, desalientos, pero ése es el Cielo, hija mía. [2]

LUZ AMPARO: Yo te pido, Madre mía, por todos mis hijos, por todos los pecadores del
mundo, y amo a todos los que me odian y haré sacrificio por todos los que me calumnian.

EL SEÑOR: Madres, luchad por vuestros hijos, pedid por ellos. Las madres que sean
leales se salvarán por los hijos. Te dije, hija mía, en una ocasión, que la madre asciende o
desciende como el hijo. Procurad, madres, hacer oración por ellos y darles buenos
ejemplos. Pero tampoco os dejéis, aquellas madres, arrastrar por vuestros hijos; pedid por
ellos.

Ora por la Iglesia, hija mía, la Iglesia está en Getsemaní, y el mundo está cada vez peor,
aunque los hombres no quieren ver la situación del mundo. Ama mucho, hija mía, por eso
tu corazón se dilata, por el amor que tienes, hija mía; has sido como una gallina que protege
a sus polluelos. Tu vida la has basado en tus polluelos, hija mía, y aunque hayas recibido
sinsabores, también has recibido alegrías, hija mía. Yo pongo a prueba las almas, para ver
hasta dónde son capaces de no dejarse engañar y de no dudar nunca de la palabra de Dios.
Pero el demonio es muy astuto, no duerme, hija mía, y está siempre maquinando a ver
cómo puede hacer ver lo que no es, hija mía. A veces son pruebas dolorosas, pero el alma
víctima tiene que pasar por todas esas pruebas, hija mía. Ora y nunca te abandones, hija
mía, te pase lo que te pase; no te desanimes, sigue adelante. El tiempo aquí no va a ser
largo, hija mía, y allí es la eternidad. No cambies esto por aquello.

LUZ AMPARO: ¡Ay, qué felicidad!…

EL SEÑOR: Has sentido la felicidad. Bebe unas gotas del cáliz del dolor… Está amargo,
hija mía, pero éste es el camino de la reparación. Ahora vas a escribir en el Libro de la Vida
diez nombres; escógelos tú… No se borrarán jamás estos nombres, hija mía, están escritos
en el Libro de la Vida, en recompensa a tu dolor, a tu sufrimiento, a las calumnias, a las
persecuciones. ¡Ves cómo recompenso, hija mía!

LUZ AMPARO: Gracias, Señor.

EL SEÑOR: ¡Cuántos miles de almas se han salvado, hija mía! ¡Cuántos frutos! ¡Qué
alegría sienten nuestros Corazones por todas estas almas que han llegado a lugares como
éste, hija mía, porque han aprendido a orar y amar a la Iglesia!

LUZ AMPARO: ¡Ay, cuántas, Señor! ¡Gracias! ¡Gracias, Señor! ¡Oy, cuántas almas! ¡Ay,
cuántas! ¡Qué grandeza, Dios mío! Gracias, Señor, gracias.

EL SEÑOR: Todos son bienaventurados. Esta recompensa es la que te tiene que animar,
hija mía. ¡Adelante! Oración y amor, hija mía.

Seguid luchando. Y también derramaré muchas gracias sobre todo el que colabore en esta
misión.

LA VIRGEN: Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones
especiales para los pobres pecadores…

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

Gracias, hijos míos, por todas vuestras oraciones.

(1) Construcción gramatical extraña; el sentido parece ser: “Todas las avemarías están
recogidas, para colocarlas los ángeles —cada uno de ellos— en el lugar que les
corresponde en la eternidad, conforme a sus frutos”.

(2) No identifica las tribulaciones con el Cielo, al que no pertenecen, sino que las pone
como medio para alcanzarlo. Según esto, la frase podría quedar así: «Te he ido puliendo,
hija mía, en dolores y sufrimientos, calumnias, desalientos, pero ése es el camino del
Cielo»
MENSAJE DEL DÍA 7 DE JULIO DE 2001, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, aquí estoy otra vez más, para acompañaros, para fortaleceros y para protegeros,
hijos míos. Os vengo a pedir oración, sacrificio y penitencia; lo que los hombres hoy han
olvidado. El mundo está sin Dios y por eso camina hacia la perdición; pero los hombres
están ciegos y no ven que los hombres se han desmoralizado [1] y se han deshumanizado,
hija mía, y quieren vivir cada uno su libertad y cada uno gobernarse sin que nadie lo
gobierne. Pero los hombres siguen obstinados en no verlo. Repito otra vez más: que los
hombres sin Dios no son humanos, porque el hombre tiene un alma dentro del cuerpo, y el
alma pertenece a Dios, pero los hombres no se preocupan del alma. Por eso os pido a
vosotros: orad.

¿Y cómo los hombres no quieren que me manifieste, si cada día los hombres están más
olvidados de Dios, de los sacramentos, del sacramento del Matrimonio?; la mayoría de los
hombres no quieren el sacramento del Matrimonio. El hombre está como las fieras y no
quiere que nadie lo socorra espiritualmente. Por eso pido una vez más: oración, sacrificio y
penitencia. Amad mucho a la Iglesia. Visitad a mi Hijo en el sagrario; ¡a veces está tan
triste! Frecuentad los sacramentos, hijos míos, acercaos a la Eucaristía, amad al Santo Padre
y orad por él. No os abandonéis en la oración, hijos míos. Haced buenas obras, porque
muchos movimientos… Sólo mueven los labios, pero no se acuerdan de mover el corazón,
y el hombre, si no mueve el corazón, no le sirve para nada el movimiento de los labios.

EL SEÑOR:

Sí, hija mía, hay que pedir mucho. Nada te angustie, hija mía, ni las persecuciones ni las
calumnias. Yo puse esta Obra en tus manos, para que me glorifiques y para que todos los
que pertenecen a ella me glorifiquen, porque el mundo me glorifica poco, porque nadie
quiere vivir el Evangelio; lo ven crudo. Por eso hay muchos que son infieles, porque
quieren estar, como los fariseos, en los primeros puestos, con apariencias, pero sin vivir el
Evangelio. Te pido, hija mía, que corrijas; porque corregir es amar y hacer reconocer a
muchas almas sus heridas, porque no quieren reconocerlas. Sólo cuando se intenta
desinfectar la herida, para que no mueran —porque hay heridas mortales—, y les escuece,
es cuando se dan cuenta; pero su orgullo y su soberbia, hija mía, no les dejan reconocer, y
por eso no quieren ser corregidos.

Yo quiero que todo el que pertenezca a esta Obra me ame y me glorifique, ame a Dios
sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo, que es de lo que el hombre se ha
olvidado; pero algunos quieren ser glorificados, no glorificarme. Sólo uno es vuestro Señor,
vuestro Dios. Pero también hay algunos, hija mía, que se entregan a las medidas de sus
fuerzas y me alaban y me glorifican; se dejan corregir, porque aquéllos que hacen mi
voluntad, aquéllos son los que más me agradan. Pero aquéllos que piensan en sí mismos, en
los suyos, sin acordarse del que les tiende una mano, para ayudarle, protegerle… El amor,
hijos míos, es la moneda más grande para ganar el Cielo y para ir a la Patria celestial. Un
alma helada no sirve para nada, por mucho que mueva los labios; es un témpano de hielo
que, si no ama, de nada me sirven sus obras, hija mía. El hombre está creado para amar:
para amar a su Creador y a sus criaturas; por eso quiero que os entreguéis en cuerpo y alma
a los pobres y a los necesitados. Y ¡ay de aquéllos que sólo piensan en ellos y en los suyos;
y aquéllos que no ejercitan el corazón y mueven los labios, aquellos fariseos que no
socorren al pobre!

Los que pertenecéis a esta Obra entregaos en cuerpo y alma; ayudad, para que se extienda
por todos los rincones del mundo. No queráis estar en los primeros puestos donde todo el
mundo os vea; escondeos cuando hagáis las obras, y que nadie os dé palmaditas ni que
escuchéis halagos. Eso os gusta a algunos mucho, hijos míos, y esas palabras están vacías
de Dios, llenas de mundo, de orgullo y de vanidad. Matad vuestro orgullo, sed humildes y
aprovechad tantas y tantas gracias como estáis recibiendo, hijos míos. Yo os prometo que
todo el que colabore con los pobres y necesitados tendrá un lugar en la eternidad. Y el que
ama a Dios con todo su corazón, con todas sus fuerzas y con sus cinco sentidos, ama al
prójimo; por eso los hombres fallan en el amor, porque no aman a Dios como hay que
amarlo. Cuando Dios los pone a prueba, rechazan la cruz y no quieren que nadie les hable
ni de cruz ni de obediencia, porque quieren hacer su voluntad: la libertad de los hijos de las
tinieblas; porque la libertad que Dios da al hombre es para ser amante de Dios y del
prójimo. Por eso, otra vez más, pido que vuestras obras estén unidas al amor de Dios; y
tendréis el Paraíso ganado. Ésa es la moneda que yo doy a cambio del amor hacia los
necesitados.

Nada te angustie, hija mía; sé humilde y fortalécete cada día más en nuestros Corazones.

LA VIRGEN:

Acudid a este lugar, hijos míos, que seréis bendecidos y marcados con una cruz. Levantad
todos los objetos; todos serán bendecidos para los pobres pecadores…

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

(1) Como en otro mensaje anterior (1-3-1997), el verbo “desmoralizar” no significa aquí
caer en el desánimo o la desesperanza, sino perder la moral o vivir sin ella.
MENSAJE DEL DÍA 4 DE AGOSTO DE 2001, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hijos míos, mi Corazón viene de dol… (interrumpe Luz Amparo con expresión admirativa)
de dolor lleno, atravesado por tantas y tantas espinas. Los hombres ingratos no dejan de
clavar espinas en mi Corazón, hijos míos. Reparad todas estas ofensas. Por cada avemaría
vuestra, hijos míos, os prometo proteger vuestras casas de las asechanzas del enemigo, hijos
míos. Acudid, acudid a este lugar; recibe mi Corazón mucho consuelo.

EL SEÑOR: Hija mía, busco corazones donde refugiarme, y encuentro tan pocos…,
porque la mayoría de los corazones están apegados al mundo, a la carne y a la sangre. Los
hombres, hija mía, se han olvidado de Dios; su orgullo destruye el amor y no se aman
desinteresadamente; se aman egoístamente. Por eso pido oración y sacrificio, y los hombres
se hacen los sordos. Los hombres quieren estar por encima de Dios y quieren imponer a
Dios sus leyes, no aceptar las leyes de Dios, los hombres. Cuántas almas, hija mía, les he
dado millares y millares de gracias y las han convertido en destruirse, porque las han
rechazado y pisoteado; no aceptan la palabra de Dios. El hombre es tan orgulloso que le
impone a Dios lo que tiene que hacer.

Pero, hijos míos, yo soy el Todopoderoso, el Creador, el Increado. ¿Cuántas veces os voy a
decir que bajéis la cerviz y reconozcáis a Dios como Creador vuestro? No le impongáis a
Dios vuestros deseos y dejad a Dios que obre según su voluntad. Hijos míos, los hombres
se han convertido en fieras heridas y no aceptan la presencia de Dios, ni las
manifestaciones. Dios quiere que los hombres cambien, hija mía. El hombre ha sido creado
para amar y glorificar a Dios, no para glorificarse ellos mismos. ¿A dónde estáis llegando,
hijos míos?: a quitar a Dios el puesto que le corresponde; nadie como Dios, hijos míos. Su
soberbia no les deja aceptar que Dios se manifiesta donde quiere y cuando quiere. Yo
instituí la Eucaristía por amor a los hombres, y los hombres no saben amar, sólo odiarse y
no respetar la Ley de Dios. ¡Cuántas veces os voy a repetir, hijos míos, que reconozcáis el
pecado, que no veáis la virtud pecado y el pecado virtud!

¡Qué pocos siguen el Evangelio tal como está escrito! ¡Cuántas veces te lo he dicho, hija
mía!: anteponen a su madre, a su padre, a su hermano, a su hermana antes que a Dios. La
infidelidad de las almas consagradas es el apego a la carne y a la sangre. Las vacaciones,
hija mía, destruyen las vocaciones. Sí, te lo repito una y otra vez: las almas no son fieles a
su vocación. ¡Ay, almas ingratas, que no sois fieles a vuestros compromisos y a vuestros
votos! Vuestro compromiso y vuestro voto está en el Cielo escrito, y ¡ay de aquellas almas
que se introducen en el mundo y dejan su vocación, hijos míos! La infidelidad es algo que
ofende tremendamente a Dios, y cada día hay más infidelidad en las almas. ¡Ay, almas
ingratas: más os valiera no haber nacido! La infidelidad a Dios es más grave todavía que la
infidelidad a los hombres; es un pecado eterno. No hay que jugar con Dios, hijos míos. Id al
sagrario cuando encontréis dificultades, y allí me encontraréis, para daros fuerzas y ánimos
para que sigáis adelante. Pero no hagáis caso de la astucia de Satanás, que os introduce en
el mundo y os posee vuestras almas; y las almas que son fieles queréis destruirlas, hijos
míos. Dejad a aquellas almas que son fieles a Dios que vivan la vida que han escogido. No
seáis como los paganos, que ni entran ni dejan. Laicos: amad a la Iglesia, amad al Santo
Padre, amad a los obispos, respetadlos.

Y tú, hija mía, sigue siendo fiel a nuestros Corazones, hija mía. Vas a beber unas gotas del
cáliz del dolor… Está muy amargo, hija mía, pero fortalecerá tu espíritu. Vengo a
consolarme en tu corazón, hija mía. Tú sabes que te amo y que de niña, hija mía, te he
protegido de tantos y tantos peligros. Tu corazoncito tierno, hija mía, a veces lo he juntado
con el mío para protegerte de tantos y tantos peligros como había a tu alrededor y para
consolarte de tantos dolores y tantos sufrimientos; que ese corazoncito tan pequeño empezó
a sufrir la incomprensión de los seres humanos. Tú pedías socorro, hija mía, y yo te
protegía, te cogía con mis manos y te sentaba sobre mis rodillas. Yo he sido tu protector
cuando eras pequeñita, hija mía. ¡Cuántos peligros te acechaban, hija mía!; y de todos te
saqué.

Apriétame sobre tu corazón. Hija mía, no dejes de amarme, no antepongas a nadie a mí; tu
corazón y el mío que estén unidos, hija mía; unidos hasta la eternidad. Sé fuerte, hija mía,
mi Corazón te ama. Ámame mucho, y no temas a nadie, ni las difamaciones, ni la calumnia,
ni las habladurías, hija mía. Sé fuerte y sé fiel hasta la muerte, hija mía. Que tu corazón siga
compartiendo y amando a los seres humanos, a los pobres y a los necesitados, como
siempre has compartido, hija mía.

LUZ AMPARO: ¡Ay, Dios mío, perdóname si alguna vez me enfado o alguna vez peco de
omisión, de no hacer lo que me pides! Señor, perdóname porque tengo tantas miserias y
estoy tan llena de defectos, mi Señor, que no soy digna de amarte, Señor, pero te amo con
todo mi corazón y con mis cinco sentidos.

EL SEÑOR: Ámame, Luz querida; que las almas que me aman de esta manera, yo me
entrego a ellas y soy bálsamo que me derrito en ellas. A ver si reparamos, todo este mes, los
pecados de estas almas, hija mía, ya que son tan ingratas que no quieren reparar sus
pecados; vamos a reparar, hija mía. ¡Les he dado tanto y me han correspondido tan poco,
hija mía!…, pero todavía mi Corazón las sigue y las persigue. Vamos a ver, hija mía, si
somos capaces de ablandar sus corazones. Sé humilde, hija mía, la humildad es la base
principal de todo, y la obediencia; ésa es la virtud más hermosa. Ora mucho por los
pecadores. Los pobres pecadores, hija mía, son los que entristecen mi Corazón, ¡el
abandono que hay en el mundo de las almas, hija mía!… ¡Y que digan los hombres que el
mundo está bien!; están ciegos, porque cada uno vive según sus gustos y según sus
caprichos, no según la voluntad de Dios, hija mía. Son tan pocos, que yo a aquellas almas
consagradas que me son fieles, las ama tanto mi Corazón que siempre estoy con ellas y no
las abandono nunca.

Orad, hijos míos, orad. Haced penitencia y sacrificios, que el mundo está necesitado de
oración bien hecha, no de una oración mecánica que sólo mueve los labios. Amad a los
pobres y necesitados. Entregaos en cuerpo y alma a todos aquéllos que os necesiten, hija
mía: ésta es mi Obra de Amor y de Misericordia. Que seáis para los demás y os entreguéis
en cuerpo y alma a esta Obra venida de mis manos. El amor, hija mía, que resplandezca; el
amor a Dios y al prójimo.

Hijos míos, todos los que acudís a este lugar: protegeré vuestros hogares de las asechanzas
de Satanás. Acudid a recibir gracias, hijos míos, pero no me defraudéis y después las
pisoteéis. Ayudad al pobre y al necesitado; éste es el Evangelio: el amor.

LA VIRGEN: Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos para los pobres
pecadores…

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 1 DE SEPTIEMBRE DE 2001, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, aquí estoy, una vez más, para recordar a los hombres que cumplan la Ley de
Dios. Aunque los hombres dicen que no es necesario, para salvarse, cumplir con la Ley de
Dios; el Evangelio está escrito: ¿quién se salvará? El que cumpla con los mandamientos.
¿Quién cumple con los mandamientos, hija mía? ¡Qué pocos son los hombres que cumplen
con los mandamientos! Por eso me manifiesto una y otra vez, porque quiero que los
hombres cumplan los mandamientos de la Ley de Dios. Los hombres han hecho unos
mandamientos como ellos han querido, hija mía. Por eso, ¡cuántos se presentarán ante Dios,
y Dios no los reconocerá, hija mía! ¿Cómo los hombres se quejan que cómo me manifiesto
tantas veces, si los hombres no dejan de ofender a Dios y no cumplen con la Ley de Dios?

EL SEÑOR:

Hijos míos, cumplid con los mandamientos, acercaos a los sacramentos y no seáis tan
ingratos. Hoy el único “mandamiento” que resplandece, que el hombre lo ha creado [1], es
la pasión, el placer. Han deformado todos los sacramentos, hasta el sacramento del
Matrimonio.

Yo podía haber creado ángeles y querubines, y, sin embargo, quise que el hombre naciera
del hombre por amor. Por eso dejé la libertad al hombre y le hice racional; y a los animales
les dejé “brigidez”… ¿frigidez? [2], y no les di una inteligencia racional como al hombre.
El hombre fue creado con el fin de procrear, y ¿qué han hecho de este sacramento?:
aberraciones, placeres, pasiones…, y han destruido el amor; porque el hombre se ha
degenerado, y el amor ha desaparecido con la pasión y el placer. Por eso el hombre tiene
que dar cuenta a Dios de esos pecados de adulterio, de placer, de pasión. El hombre se ha
vuelto loco, sólo piensa en el sexo, hija mía; no encamina ese sacramento a la Ley de Dios
con el amor; que Dios está en ese momento tan hermoso, que es que el hombre ame con
todo su corazón, pero con la gracia que viene por el sacramento. El hombre hoy es como un
animal, pero racional. Los animales los he dejado yo, hija mía, con esa frigidez, pero al
hombre le he dado libertad para llegar a Dios por el amor, y la gloria que se le da a Dios en
ese matrimonio lleno de amor, de pureza y de belleza.

¡Ay, criaturas, que no hacéis nada más que cometer pecado tras pecado y lleváis el pecado
de la carne en triunfo! ¿No veis, hijos míos, que el mundo se ha desbocado en una
degeneración? El hombre no respeta la dignidad que Dios le ha dado; se ha vuelto un
animal salvaje; no le da importancia al pecado; por eso el mundo está en esta situación, hija
mía. Sólo pido, hijos míos, que conservéis la Ley de Dios, procreéis por amor, con ese
amor que viene del costado de Cristo y que, por la gracia del sacramento, se impregna en
vuestros corazones.

¡Ay, criaturas, hasta dónde llegáis con la pasión y el placer! Todo es la falta de amor que
hay entre los hombres, y todo lo han convertido en pasión y placer; no buscan nada más que
sus propios gustos y sus propios placeres. Es lo que vengo a recordar, hijos míos, y el
hombre no quiere oír. ¡Cuántos llegan ante la Divina Majestad de Dios y tienen que oír las
palabras: “¡No te conozco, porque no cumpliste mis leyes!”. Cumplid los mandamientos,
amad a la Iglesia y bebed de sus fuentes, hijos míos, pero que esas fuentes eleven vuestro
espíritu a la Divina Majestad de Dios; no os quedéis en los placeres del mundo.
Desprendeos del mundo, hijos míos; amad a vuestros hermanos. No existe el amor entre los
hombres, ni entre los mismos matrimonios, hija mía; lo han convertido todo en sexo y
pasión. Y repito, hijos míos, que yo quise que el hombre naciese del amor; si no, hubiese
creado ángeles y querubines y serafines. Respetad este mandamiento.

Acudid a este lugar, hijos míos, que aprenderéis a amar a la Iglesia, al Santo Padre; porque
las palabras que se dicen en este lugar son para ir al templo y para cambiar vuestras vidas,
hijos míos. Es la doctrina que se os enseña. ¡Cuántos se han salvado que estaban
condenados, porque el camino que llevaban era un camino de pecado y de destrucción, y
recibieron la gracia, y cambiaron sus vidas, confesaron sus culpas, y aquí están, hija mía!
Mira qué gran número de todos los que acudían a este lugar.

LUZ AMPARO: ¡Ay, ay, cuántos, Señor, ay!

EL SEÑOR: Este gran número de almas han recibido gracias muy especiales y han muerto
con los sacramentos y en gracia, y aquí están, hija mía.

LUZ AMPARO: ¡Ay, Dios mío! ¡Qué grande es Dios! ¡Ay, cuántos, Señor, ay, ay!

EL SEÑOR: Ésa es la grandeza de Dios, que derrama gracias para salvar a las almas. Unos
las pisotean y las rechazan; y el que las recibe y las cultiva, mira dónde se encuentra; y
otros muchos, hija mía, que han cambiado sus vidas totalmente para entregarse a Dios.

¡Cuánto le cuesta al hombre dejar el mundo y entregarse al pobre y al necesitado! Hijos


míos, ayudad a los pobres, a los necesitados; cambiad vuestras vidas y amad mucho a
nuestros Corazones, de Jesús y de María.

LA VIRGEN: Todos los que acudáis a este lugar recibiréis gracias muy especiales, hijos
míos.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los
pobres pecadores…
Yo os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

[1] Es decir, que el hombre lo ha introducido en el mundo, según una de las acepciones del
verbo “crear”.

[2] Al comunicar esta palabra, Luz Amparo la pronuncia mal primero, rectifica enseguida
y la repite, ya segura, líneas más abajo… Los animales, al faltarles una inteligencia
racional, se rigen por el instinto, que regula por épocas la procreación; por ello, Dios les
dejó “frigidez” o indiferencia en etapas determinadas.
MENSAJE DEL DÍA 6 DE OCTUBRE DE 2001, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Aquí estamos, hija mía; yo estoy como Madre y refugio de los pecadores, como Madre de
tantos y tantos afligidos.

EL SEÑOR:

Y yo estoy como Padre de justicia y de amor. Yo quiero consumir a las almas en mi amor;
pero las almas no se dejan modelar. Yo quiero destruir, de dentro de sus almas, todas las
miserias que hay en ellas y hacer maravillas en sus almas y fortalecerlas, para que luchen y
se retiren de tantas y tantas tentaciones que tienen en el mundo; y los arrastra, hija mía. Por
eso te digo que hay que orar mucho, hacer mucha oración y mucha penitencia. A las almas
las deslumbra el mundo y las pasiones; yo las llamo y ellas no quieren escuchar mi llamada.
¿No te da pena, hija mía? Por eso te pido, hija mía: hay que sufrir, hay que reparar, porque
yo me entrego a las almas, pero las almas se hacen los sordas. Yo me doy en alimento, para
fortalecerlas, y ¡cómo correspondéis, hijos míos, a tantas y tantas gracias como recibís de la
Divina Majestad de Dios! Por eso te digo, hija mía, que la única manera de conquistar a las
almas es con el dolor, con el sufrimiento. Te dije que estarías dos meses purificando los
pecados y las miserias de estas almas. Mira, hija mía, cuánto cuestan, pero así vine yo a dar
mi vida para salvaros, hijos míos. Por eso te pido, hija mía: hay que ir muriendo, muriendo
poco a poco, para que los culpables vayan resucitando, hija mía.

LUZ AMPARO: ¡Ay, Señor, yo ya no puedo más, ya no puedo, Señor, ya no puedo! ¡Ay,
no tengo fuerzas Señor! ¡Ay, ay, Señor, dame fuerzas para soportarlo todo! ¡Ay, ay, ay!…

EL SEÑOR:

Hija mía, tú sabes que yo estoy contigo también sufriendo, para salvar a las almas. ¡Qué
ingratas son, hija mía!; pero hay almas que son tan obstinadas que se les quita la gracia y se
les da a los demás, porque no quieren aceptar las gracias que yo les mando. Por eso, hija
mía, tienes que ser fuerte y aceptar el sufrimiento y el dolor. Ya sé, hija mía, que no tienes
nada en el cuerpo que esté a mi servicio [1], hija mía, que todo lo que tienes lo has puesto al
servicio de Dios. Toma unas gotas del cáliz del dolor, hija mía… Toma otro poco, hija
mía… Está amargo, hija mía; es la amargura de los pecados, que los hombres son tan
ingratos que se introducen en el pecado y se dejan arrastrar por la astucia del enemigo. Los
hombres quieren servir al enemigo, no quieren estar al servicio de Dios, hija mía; pero mira
los que están al servicio de Dios y los que han estado en la Tierra a su servicio en esta
Obra, hija mía.
PIERRE PIQUÉ: Gracias os doy a todos por haberme aceptado al servicio de esta Obra
bendita de Dios.

LUZ AMPARO: ¡Ay, Pedro, ay!

PIERRE PIQUÉ: Mirad las gracias que he recibido, que aquí estoy en este lugar
maravilloso de felicidad, de alegría y de paz. Dios me ha introducido en sus entrañas y me
ha hecho ver su vida interior, donde está el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo, y donde me
están haciendo comprender maravillas y misterios divinos; a través de las entrañas de Dios
Padre, está la grandeza de todo. ¡Qué feliz soy! Por eso pido a todos: trabajad para gloria de
Dios, que hay una recompensa bella y eterna. ¡Qué hermosura y qué grandezas las de aquí!
Pido a los míos que me imiten y sigan este camino para juntarnos en las maravillas de Dios.

LUZ AMPARO: ¡Ay, qué grandeza!

PIERRE PIQUÉ: No hay paz ni felicidad que se parezca a este lugar. Luchad, para que
todos podamos llegar a la paz y a la felicidad eterna.

LUZ AMPARO: ¡Ay, Dios mío…, Señor!

EL SEÑOR: ¿Ves, hija mía, como te digo, que nada quedará sin recompensa? Cualquier
cosa que se haga por los pobres, por los necesitados… Recibirán una recompensa tan
grande que es más del ciento por uno, hija mía; pero, ¡ay, aquéllos que son cobardes e
ingratos a lo que yo les he pedido, sólo por querer resplandecer en los primeros puestos, y
por recibir halagos y palmaditas!; todo lo han perdido. Cómo cambian, te lo he dicho
muchísimas veces, hija mía: ¡cambian la eternidad por el tiempo! ¡Ay, pobres, les gusta
estar en los primeros lugares! ¡Ay, que les gusta repetir su nombre y que estén dándoles
palmadas en la espalda!; han cambiado la grandeza de Dios por la vanidad y la vanagloria
de la Tierra.

Pero, hija mía, el modo de llegar al Cielo es la cruz, y el que la rechaza no caminará por el
camino que caminó Cristo. ¿No os dais cuenta, hijos míos, que el amor que sentía por
vosotros fue el que me dio muerte? Vosotros, ¿no podéis ofrecer cualquier humillación,
cualquier persecución o cualquiera de las contradicciones que hay en el mundo? Sed
humildes, hijos míos, y sabed ofrecer a Dios holocaustos, hijos míos. Los hombres se han
olvidado de los principios que los llevaba a la santidad y a la Gloria.

Sacrificio, sacrificio y penitencia pido, amor entre los hombres. Orad mucho, hijos míos,
porque el mundo, os lo he dicho otras veces, está al borde del precipicio; porque los
hombres, con su orgullo y su vanidad, no reconocen los misterios de Dios, ni la Ley de
Dios; la pisotean. Por eso, hija mía, si queremos ayudar a los débiles, tienes que ser fuerte y
seguir sufriendo. El sufrimiento es amor, hija mía. El sufrimiento es redención.
“Orad, hermanos…”, decís todos los días en el sacrificio de la Santa Misa; pero ¿sabéis lo
que significan esas palabras, o estáis de rutina oyendo ese Santo Sacrificio? Es la palabra
más hermosa: reunirse todos los hijos de Dios para comunicarse con Dios en la oración. No
vayáis a recibir mi Cuerpo de rutina y con esa tibieza que muchos vais, hijos míos. Yo soy
la Fortaleza, y el que ora con profundidad y su oración sale de lo más profundo de su
corazón, yo estoy en comunicación con él; por eso os pido oración, oración y sacrificio.
Haced visitas al Santísimo; a veces, ¡estoy en una soledad! ¡Cuánta sed tengo de almas en
esa soledad, hija mía! Tengo frío, pero frío de amor. Las almas no me abrigan, porque
vienen sus corazones como témpanos de hielo; no me dan calor, ese amor sincero, sin
egoísmo. Aquí estoy día y noche, hija mía, esperando a los hombres, en esta soledad
tremenda; todo por el amor a ellos; por eso instituí este sacramento de la Eucaristía, y ¡qué
mal correspondido soy!

Amaos los unos a los otros, y no carguéis cargas unos sobre otros. Y tú, hija mía, sé
humilde y acepta todo lo que yo te mande; no te desesperes.

LUZ AMPARO: Señor, con tu ayuda…, pero no tengo fuerzas, Señor; Tú sabes que no
puedo, a veces.

EL SEÑOR: No te separes de mí; yo soy la Fortaleza, el Camino, la Vida. Al que está


conmigo, lo fortaleceré.

LUZ AMPARO: Gracias, Señor.

LA VIRGEN: Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con
el Espíritu Santo.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para el día
de las tinieblas…

Orad mucho, pues el mundo está en un gran peligro constante, hijos míos.

[1] Entendida literalmente, la frase no corresponde a la intención expresada a


continuación en el mensaje y que es la adecuada: “…todo lo que tienes lo has puesto al
servicio de Dios”.
MENSAJE DEL DÍA 3 DE NOVIEMBRE DE 2001, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, mira cómo vengo: como Madre de los pecadores y Refugio de los afligidos. Mira
cuántas almas, hija mía, están bajo mi protección. Dios Padre, hija mía, les otorga un día
para comunicarse, por medio de la gracia, con sus seres queridos, pero no pueden llegar; la
Tierra está tan corrompida, hija mía, que las almas no pueden llegar hasta ella; por eso
vienen bajo mi protección.

LUZ AMPARO:

¡Ay, cuántas, Dios mío! ¡Ay, cuántas, todas conocidas!

LA VIRGEN:

Todas estas almas, gracias a la gracia que han recibido desde aquí, hija mía, sus vidas
estaban desorientadas y desde este lugar fueron orientadas a la Iglesia y a los sacramentos,
para su salvación. ¡Y cómo los hombres tan ingratos no aprecian esta grandeza!

LUZ AMPARO: ¡Ay, ay, cuántas almas, Dios mío!…

LA VIRGEN: Muchos vienen a dar las gracias, familiares de almas que están en esta Obra,
familiares de aquéllos que colaboran en ella, y muchos pecadores, hija mía, que han llegado
a este lugar y han conseguido la gracia de su conversión. Por eso dicen “gracias”, por todos
aquéllos que hacen oración por los pecadores. ¿Sabes, hija mía, la oración que le gusta a
Dios más que ninguna otra? La oración que se hace por los pecadores; esa oración nunca
queda sin respuesta; esa oración alegra nuestros Corazones, hijos míos. Acordaos de los
pobres pecadores, orad y rezad por ellos, hijos míos.

LUZ AMPARO: ¡Ay, ay! ¡Qué grandeza!…

EL SEÑOR: Mira la grandeza de Dios; qué lugares, hija mía, Dios prepara para sus almas
queridas. Dios tiene su corazón consumido de amor por las almas. Dios aplica la
misericordia con todas aquellas almas que se convierten y piden perdón. Dios es un Padre
muy amable con sus hijos y se derrite su corazón cuando los pecadores piden perdón de sus
pecados. ¡Qué grandeza la de Dios, hija mía! ¡Y cuántas almas no saben aprovechar estos
dones! Ni mi Sangre, hijos míos, ha servido para muchas de las almas. Mira, hija mía,
muchas de estas almas, valiéndose de su poder, maquinan el mal para destruir mi Obra.
Pero, ¿cómo, ingratos, podéis pensar que vais a destruir una Obra de Dios, aunque clavéis
aguijones, aunque persigáis a las almas?; pero Dios está por encima de vosotros, hijos míos.
Mira, hija mía, estas almas se dedican en maquinar para destruir mi Obra. Si yo quisiera,
hija mía, los haría desaparecer, pero quiero que tú repares sus ingratitudes y sus
manipulaciones, hija mía. Manipulan a las almas para hacer desaparecer mi Obra. Pide
mucho por ellos y ámalos con todo tu corazón. Si Dios con vosotros, nadie podrá contra
vosotros. Pide por ellos, hija mía, son dignos de lástima. Tanto como mi Corazón los ama y
se dedican a destruir; en vez de construir obras buenas, intentan destruir, hija mía, la Obra
que yo he creado. ¿No te da pena de ellos, hija mía? Otra oportunidad más.

Acudid a este lugar, hijos míos, que, desde este lugar, recibiréis las gracias para ir al
templo, hijos míos, para cambiar vuestras almas, para acercaros al sacramento de la
Eucaristía y al sacramento de la Penitencia. Mi corazón está triste, pero también siento gran
alegría al ver que tantas y tantas almas han llegado a la felicidad eterna. Vale la pena
luchar, hija mía, para encontrar la calma y la felicidad. No temas a nadie, hija mía, refúgiate
en nuestros Corazones y recibirás fuerza para luchar ante las tempestades.

Oración y sacrificio pido a todas las almas, pues la situación del mundo es grave, aunque se
empeñen en no ver la situación del mundo. Sólo Dios puede solucionar todas estas
calamidades. El mundo está al borde del abismo. Acudid a este lugar, hijos míos; este lugar
es lugar de amor, de oración, de perdón. Aquí aprenden las almas a amarse y a perdonarse,
aquí aprenden a amar a la Iglesia, e ir a la Iglesia a recibir los sacramentos y tantas y tantas
gracias como hay en ella. Por eso, quiero, hijos míos, que sigáis orando por los pecadores y
que os améis unos a otros, pues las almas que no aman, esas almas tienen una posesión
dentro que no pueden amar.

¡Cuántos rezan, cuántos aparentan ser lo que no son, pero su corazón está tan endurecido y
tan frío como un bloque de hielo que no aman a las almas; no piensan nada más que en
destruir! ¡Ay, aquéllos que se aprovechan de sus puestos para aguijonear a las almas!
Cuando lleguen ante mi presencia, ¿qué respuesta me van a dar ante las preguntas que yo
les haga? Aplicad la caridad, hijos míos; sin caridad no hay Cielo, pero no a los que queráis
vosotros y os agraden a vosotros, sino a todos los hijos de Dios; porque no es mejor aquél
que practica la “caridad” por el gusto de que lo vean y por la apariencia, y luego acorralan a
las almas para apedrearlas y difamarlas. Hijos míos, el mandamiento más importante: que
os améis los unos a los otros como yo os amo, sin diferencia ni de idioma, ni de color, ni de
clase.

Hija mía, refúgiate en nuestros Corazones, consúmete en nuestro amor y en amor para las
almas. Te he dicho muchas veces, hija mía, que te dejes como un juguete en nuestras
manos, como un juguete se pone en manos de un niño, para que nosotros hagamos lo que
queramos contigo. Repara las ingratitudes de tantas almas, almas que se creen elevadas y
que todo el mundo las admira por sus apariencias, pero, ¡ay, cuando lleguen ante la Divina
Majestad de Dios! ¿No os da miedo, hijos míos, vivir de apariencia? No seáis hipócritas ni
fariseos. Convertíos, hijos míos, amad a todas las almas, y no queráis destruir mi Obra. Si
yo tengo los brazos abiertos para todos vosotros, hijos míos, ¡cómo no os da miedo de
difamar y calumniar, y de aprovecharos de estas pobres almas que todo lo han dado y lo
han dejado por el amor a los hombres y el amor a Dios! ¿Por qué no imitáis, y escudriñáis
el camino que han escogido?, no que sin conocimiento actuáis(1). ¡Hijos míos, qué tristeza
que mis almas obren así! Y a pesar de todo, hijos míos, mi Corazón está abierto para
vosotros. Y tú, hija mía, no dejes de orar por ellos. La oración es buena y nunca se pierde,
hija mía. Vale la pena sufrir para luego encontrar la felicidad como estas almas.

LUZ AMPARO: ¡Qué lugar más hermoso! ¡Qué lugar, Dios mío!… ¡Ay!…

EL SEÑOR: Este lugar se lo tienen que ir labrando y cultivando las almas.

LUZ AMPARO: ¡Qué grandeza, Señor! ¡Cómo se perderán esto los hombres por el mundo
y las cosas que hay en el mundo!

EL SEÑOR: Los hombres, hija mía, la mayoría, han enloquecido por los placeres, por la
carne, por los vicios, por las comodidades; han enloquecido de tal forma que no ven el
pecado; para ellos nada es pecado, todo es virtud. Así está la Tierra, hija mía; los hombres
están, la mayoría, desesperados; nada más piensan en los placeres de la carne, el demonio
los ha absorbido y los tiene anulados como seres humanos, se convierten peor que fieras.
Por eso hay que pedir mucho por la situación del mundo, hija mía.

Oración os pido, hijos míos, oración, sacrificio y penitencia. Los hombres se han olvidado
de orar; por eso Dios no reina en sus corazones y el demonio es el rey del mundo. Gracias
por todas las oraciones que hacen por los pecadores. Las almas son tan felices, hija mía;
vuelve otra vez a verlas.

LUZ AMPARO: ¡Ay, qué grandeza, Dios mío! ¡Ay, Dios mío, qué belleza tienen!… Vale
la pena sufrir, Señor, para ver estas almas.

EL SEÑOR: Por eso piden las almas que estén en gracia sus seres queridos, para poderse
comunicar [2], por medio de la oración, con ellos; es la Comunión de los Santos.

LA VIRGEN: Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos para la conversión de
los pobres pecadores…

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

[1]Equivale a decir: “No, sino que actuáis sin conocimiento”.

[2]Para la recta comprensión de este párrafo, conviene aclarar: parece tratarse de almas
de bienaventurados; éstas desean que sus seres queridos estén en gracia para poder
comunicarse con ellos mediante la oración. Es el dogma de la Comunión de los Santos.
MENSAJE DEL DÍA 1 DE DICIEMBRE DE 2001, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, aquí estoy otra vez más como Madre y Señora de todo lo creado, Madre de los
pecadores, de los afligidos. Vengo a hacer un llamamiento a la oración y a la penitencia,
hija mía. Cada día, hija mía, los hombres tienen menos fe, en sus corazones; el mundo está
de mal en peor [1]. Dios es olvidado y ultrajado, y la naturaleza humana se rebela contra los
soberanos derechos del Creador.

EL SEÑOR:

Sí, hija mía, los hombres se quieren convertir en creadores del mundo. ¡Hasta dónde van a
llegar! ¡Cómo destruyen la vida humana! Te dije, hija mía, hace mucho tiempo, que el
hombre estaba estudiando con el ser humano, sin darle miedo a convertirlo en un ser sin
sentimientos. En muchos lugares, hija mía, están estudiando y mira qué monstruos.

LUZ AMPARO:

¡Ay, ay, qué horror! ¡Ay!

EL SEÑOR:

Hasta ahí quieren llegar, hija mía. El hombre sin Dios no tiene vida, porque es una vida
vegetativa; por eso os pido, hijos míos: orad, orad para que el hombre no sea tan soberbio y
orgulloso que quiere quitar el puesto al Creador… ¡Y nadie como Dios! Porque el hombre
es creatura creada por Él. El mundo está corrompido, hija mía, los hombres no tienen
moral. ¡Hasta dónde, creaturas de Dios, queréis llegar! El mundo está así porque los
hombres han perdido el sentimiento; por eso pido oración; sólo la oración y la penitencia
pueden ayudar a que el hombre baje la cerviz y se limite a no traspasar la Ley de Dios.

LA VIRGEN:

Orad, hijos míos, acercaos a los sacramentos, amad mucho a Jesucristo y refugiaos en
nuestros Corazones. El hombre está deshumanizado, y cuando el hombre no tiene
sentimientos es peor que una fiera, arrasa todo lo que pilla. Por eso pido: amaos los unos a
los otros, hijos míos, es lo que falta en el mundo; la caridad es el amor.

¿Qué más voy a decir, hijos míos, si ya lo he dicho todo? Sólo os pido que oréis y que no os
durmáis, hijos míos. En la oración os comunicáis con Dios, y el que tiene a Dios, no tiene
que temer a nadie, nada le falta.
Sed humildes, hijos míos, y amad a los que os persiguen y os calumnian. Acudid a este
lugar, que seréis bendecidos.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos para los pobres pecadores.

Hijos míos, os repito: orad, oración y penitencia, que al hombre se le ha olvidado orar; por
eso el hombre no se conforma con su naturaleza, que cada uno cambia porque no está
conforme con lo que Dios ha hecho en él. El hombre no es capaz de aceptar la ley divina y
por eso se marcan ellos sus leyes, no se aceptan como son; y repito: el hombre quiere ser
mujer y la mujer quiere ser hombre; no se aceptan a vivir limpia y puramente y aceptar la
voluntad de Dios y a ser cada uno como es. Se está convirtiendo el mundo como Sodoma y
Gomorra, hija mía; será horrible andar hasta por las calles. No os dais cuenta del peligro del
mundo ni de las asechanzas de Satanás. Vigilad vuestra alma, hijos míos, vigilad.

Os bendigo, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

[1] “De mal en peor”= Locución adverbial en castellano; ya explicada en nota (7-VI-
1997).
MENSAJE DEL DÍA 1 DE ENERO DE 2000, SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS,

PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR:

Siéntate, hija mía.

Hijos míos, orad mucho. Orad por la situación del mundo. Orad por mis pastores.

Sí, hijos míos, almas queridas de mi Corazón, os repito otra vez, hijos míos, aquéllos que
sois amigos míos y así os jactáis de decirlo. Un amigo no puede defraudar a otro amigo,
siendo un buen amigo, y muchos de vosotros, hijos míos, estáis en tinieblas; no tenéis
temor al pecado ni lo despreciáis; vivís una vida regalada, hijos míos. ¿Eso es amar a
vuestro Dueño y Señor?

Renunciad a tantas comodidades, hijos míos, a tantos gustos como le dais al cuerpo, hijos
míos. Hijos míos, no repudiáis el pecado y perdéis mi presencia, hijos míos. Cambiad
vuestras vidas, os lo exijo, hijos míos. Orad, haced sacrificios. Orad mucho y arrancad de
dentro de vuestro corazón la mala hierba que lleváis, hijos míos. Y cuando cambiéis de
vida, yo, con los brazos abiertos, os daré un abrazo de fraternidad y de amor, y llenaré
vuestra alma de gracias, hijos míos. Pero ¿cómo pensáis que viviendo, muchos de vosotros,
como vivís…, toda la Majestad de Dios, que es ultrajada y pisoteada, porque hicisteis un
pacto con Dios, hijos míos, que no lo cumplís…?

Sed pastores celosos de mi Iglesia, que mi Corazón tiene preferencia por vosotros, y
vosotros, en vez de defenderme, hijos míos, que tenéis más obligación que nadie de
defenderme, me pisoteáis y me despreciáis. ¿Sabéis por qué, hijos míos? Porque no es amor
lo que sentís por mí; y ¿sabéis por qué no habéis alcanzado el amor? Porque no habéis
alcanzado la humildad. Sed humildes, veréis cómo alcanzáis el amor. Habéis perdido la
presencia de Dios, porque no estoy presente ni en vuestras palabras, ni en vuestros oídos, ni
en vuestros paseos, hijos míos, ni en vuestros trabajos. No me tenéis presente en ninguna de
vuestras acciones, hijos míos; y por eso la presencia de todo un Dios la habéis abandonado.
Si yo estuviera presente en vuestros sentidos, estaría en esencia, presencia y potencia, hijos
míos, y nada ni nadie podría contra vosotros; venceríais las tentaciones.

Quiero una renovación en la Iglesia de pastores fieles a la doctrina del Evangelio.

Tú, hija mía, no te dé miedo de nada, no te calles ni una sola palabra de las que te digo; es
para bien de sus almas, hijos míos. Es para evitarles el caer, unos en la profundidad del
Infierno y otros en el Purgatorio. Muchos años llevan en el Purgatorio, hija mía; mira éstos:
éste lleva cincuenta años en el Purgatorio. Mira este otro, hija mía: lleva cuarenta años en el
Purgatorio. Mira sacerdotes y mira párrocos, hija mía. Años y años estarán sufriendo en el
Purgatorio. Y por una gracia muy especial no han caído en el Infierno, hija mía.

Corregid vuestras vidas, hijos míos, almas queridas de mi Corazón. Renovad vuestro
espíritu y sed celosos de la Iglesia y trabajad para vuestro Señor y Dueño. Soy dueño de
todo lo vuestro, hijos míos; me pertenecéis de la cabeza a los pies. Por eso, os pido que,
aquello que habéis dejado en el olvido, la oración, el sacrificio, os lo vengo a recordar. Pero
muchos de vosotros, hijos míos, sois tan soberbios que no reconocéis la situación de
vuestras almas, hijos míos. Pero sí que vuestra soberbia no os hace reconocer que yo me
manifiesto para salvar a los hombres, y entre los hombres estáis vosotros, hijos míos. Y
siempre estáis diciendo que tantos mensajes y tantos mensajes; pero ¿hacéis caso de los
mensajes, hijos míos? Os vengo a recordar que cumpláis el Evangelio. Si lo cumplierais,
hijos míos, no vendría a traeros tantos mensajes como vosotros rechazáis. Pero como no
cumplís, hijos míos, y os amo, os vengo a avisar y a recordaros lo que sois. Si arrancáis de
vuestra alma, hijos míos, todos los vicios y os ponéis en mi presencia, yo habitaré en
vosotros y no os abandonaré, porque os amo, hijos míos. ¿Qué más puede decir todo un
Dios a sus criaturas? Orad mucho, hijos míos, que os habéis abandonado, y dejad los
apetitos de la carne, de la gula y de toda esa vida regalada que lleváis, hijos míos. Imitad a
vuestro Jesús: cómo vine al mundo y cómo me fui del mundo. Os exijo, hijos míos, que
levantéis vuestra mirada a Dios y os convirtáis. Y dejad que os ayuden aquéllos que llevan
el camino recto del Evangelio. No seáis ingratos, que no entráis en el Cielo ni queréis que
entren los demás. Orad, haced sacrificios para luchar con las tentaciones.

Y tú, hija mía, te repito: nada temas; si estoy yo, ¿quién contra ti?

Todos los que acudís a este lugar, hijos míos, orad mucho por los que no oran, sacrificaos
por los que no se sacrifican y haced mucha penitencia.

¡Cuántas almas se han convertido en este lugar! ¡Qué gozo sienten nuestros Corazones
cuando los hombres se convierten! Orad, hijos míos, y amaos unos a otros; ése es el
mandamiento que los hombres han olvidado: el mandamiento del amor.

Todos los que acudís a este lugar, hijos míos, recibiréis gracias muy especiales en la vida y
en la muerte. Pedid a vuestros ángeles custodios que custodien vuestros pasos para
glorificar a Dios. Y gracias, hijos míos, por todos aquellos halagos y por tantos gozos y
alegrías como recibo de las almas que llegan a este lugar, habiendo cambiado su vida de
pecado y de destrucción. Recibieron las gracias y construyeron sus vidas; y hay muchos en
el Cielo de los que han recibido esas gracias en el Prado. Mira, hija mía, cuántos…

LUZ AMPARO: ¡Huy!, José, Carlos, Aquilina, Jesús, Antonio… ¡Huy, cuántos!

EL SEÑOR: Todos los que han recibido gracias especiales en este lugar, hija mía, están
salvos y gozando de la divina presencia de Dios. Para que los hombres digan que por qué
me manifiesto. Cuántas almas estarían entregadas a placeres mundanos si no hubiera sido
por mis avisos.

Orad, hijos míos, y haced bien los trabajos de cada día y ordenad vuestro espíritu. Muchos
de vosotros seréis sellados. Acercaos a los sacramentos, hijos míos, a la Penitencia; haced
visitas al Santísimo y amad nuestros Corazones.

LA VIRGEN: Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con es… peciales
bendiciones… (Interrumpe Luz Amparo con exclamaciones). Para evitaros de tantos males
como hay en el mundo, hijos míos. Llevad siempre vuestro rosario en el bolsillo, que os
protegerá de muchos lobos que están al acecho para devorar a la primera presa que cojan.
Han sido bendecidos para evitar las tentaciones.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 5 DE FEBRERO DE 2000, PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR:

No te avergüences, hija mía, ni te humille; yo soy el que te hiero, el que te enfermo, para
reparar las ofensas de los hombres, las desobediencias de los pastores, muchos de ellos.

LA VIRGEN:

Gracias, hijos míos, por todos los que acudís a venerar mi nombre. Cada avemaría que
rezáis en este lugar es un pétalo de rosas que tendréis en el Paraíso. El Rosario… los
hombres lo han olvidado: ¡una plegaria tan hermosa para las familias!, y todos los
principios religiosos los hombres los han echado en el olvido. Sólo piensan, hijos míos, en
tener carreras, en aprender, y cuanto más aprenden y más sabiduría se creen que tienen,
menos comprenden a Dios y menos creen en la sabiduría de Dios. ¡Ay, hijos míos!, ¿qué
han hecho los hombres, del globo terrestre?; sólo están pensando en la materia; ¿y el
espíritu, hijos míos?

EL SEÑOR:

Mirad, yo cojo lo flaco y lo hago fuerte, y lo inculto y lo hago sabio. ¡Ay de la sabiduría
que viene de Dios, ésa es la que puede regir al hombre en el cuerpo y en el alma! Pero, ¡ay,
todos aquéllos que sólo piensan en carreras y cuál de ellas mayor, para ver cuál es el mayor,
y han olvidado la mayor grandeza, que es la grandeza de Dios!

Por eso digo, hijos míos: el que se crea el mayor, que se reconozca como menor. Y no
despreciéis, hijos míos, ni anuléis a los más incultos, porque pueden ser los más sabios,
hijos míos. La sabiduría no se aprende en un libro, la sabiduría viene del Corazón de Dios,
ésa es la reina de las sabidurías; las otras sabidurías sirven al hombre para indagar y querer
llegar a las alturas para ser dioses. Ésas son sabidurías humanas, que muchas veces le
sirven al hombre para condenarse más que para salvarse; y ¡cuántas almas incultas,
humildes, tienen la sabiduría de Dios, sin haber leído un libro, hijos míos!

¡Ay, hijos míos, no os enloquezcáis por los que se creen sabios y poderosos! Son por los
que más sufre mi Corazón, porque la soberbia no les deja ser seres humildes y sencillos, se
creen superiores a todos los seres humanos. Sed limpios de corazón, hijos míos; amaos
unos a otros; pensad con el mismo pensamiento de Dios; vivid en unidad y amor, eso es lo
que agrada a mi Corazón. ¿De qué sirve un hombre sabio, si no sabe amar, ni compartir, ni
comunicarse con los demás? ¿Dónde iba yo, hijos míos?: a buscar a los pobres, a los
necesitados, a los incultos, a los desvalidos. Yo soy vuestro Maestro, y el Maestro es más
que el discípulo. El amor, ésa es la carrera más importante, que la habéis olvidado, y el
mundo se está destruyendo, porque los hombres no tienen amor unos con otros, han perdido
la alegría, la ilusión, porque sus corazones son bloques de hielo. Yo soy fuego que derrito
los corazones. Venid a mí, que yo derretiré vuestros corazones y haré vuestro corazón
semejante al mío, para que compartáis unos con otros vuestras penas, vuestras alegrías, y os
comuniquéis unos con otros, hijos míos. ¿Qué hubiera sido de vosotros si yo me hubiese
ocultado y no hubiese salido al mundo a enseñar a los hombres las verdades para salvarse?

Unidad pido unos con otros y que nadie se crea superior a otro. Por eso está el mundo en
estas condiciones, porque cada uno se cree mayor que el otro, en rango.

¡Qué palabra tan hermosa la sencillez y la humildad! Quien buscaba a Jesús lo encontraba,
y a María la buscaban y siempre estaba dispuesta a estar con los pobres y los necesitados.

Sed flores vivas, no seáis flores ajadas. La oración tiene que servir para ablandar el
corazón, no tiene que ser de rutina. Quiero corazones ardientes de amor divino. ¿No veis
que el mundo está en esta situación por falta de amor? Los hombres no se aman, se
desprecian, se creen superiores unos a otros, han perdido la mirada de Dios, todo lo han
hecho una rutina y se han olvidado de la grandeza del Creador.

Sed humildes, hijos míos, y retiraos de aquéllos que os halaguen y os den palmadas en la
espalda, y de aquéllos que os den títulos y honores. Sed sencillos y humildes, y haced
vuestro corazón semejante al de Jesús.

Acudid a este lugar, hijos míos. ¡Cuántas almas se han salvado viniendo a este lugar! Mis
pastores no quieren reconocerlo, pero ¿veis, hijos míos, por qué no quieren reconocerlo?
Porque a la mayoría de ellos les falta la humildad para reconocer que a una mujer inculta
puedo manifestarme y comunicarle mis grandezas. No son humildes, hija mía, para
reconocer que Dios puede hacer y deshacer lo que quiera. Por eso no son capaces de
aceptarlo y están constantemente clavando el aguijón y a ver cómo os van rodeando para
atacaros, hijos míos. Tenéis que defenderos con palabras humildes y con la verdad. No vais
con la mentira, hijos míos; la verdad es Cristo, y si vosotros estáis conmigo no estáis contra
mí. ¿Por qué os tienen que despreciar y anular de esta manera, hijos míos? Sois hijos de la
Iglesia, reconocidos por la Iglesia, aunque muchos de ellos no quieran reconocerlo.
Vosotros, hijos míos, amad mucho a la Iglesia, amad al Santo Padre, acercaos a los
sacramentos y pedid ayuda para poder soportar todos estos ataques directos e indirectos.
Pero sed valientes, hijos míos, y no os acobardéis, porque vosotros cumplís con la Iglesia y
servís a la Iglesia.

Sobre todo, os pido, a aquéllos que vivís en comunidad, que seáis valientes, y os repito que
sois hijos de la Iglesia, aunque no quieran, muchos de ellos, reconoceros como hijos de la
Iglesia. Pero no os arrinconéis y no os defendáis (1); defenderos con la verdad, hijos míos.
Sed humildes y amaos unos a otros.
LA VIRGEN: Y gracias, hijos míos, por vuestras oraciones y por tantas y tantas avemarías
como escucho en este lugar. Acudid a este lugar, que recibiréis muchas gracias, hijos míos,
para vuestra salvación y para vuestra salud.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los
pobres pecadores…

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 4 DE MARZO DE 2000, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, ya estoy aquí, como tantas y tantas veces, como Madre de los afligidos, como
Madre de los pecadores. Sólo vengo a pediros, hijos míos: os ruego que permanezcáis en la
fe, en la caridad y que no desfallezcáis, hijos míos. Que todas estas gracias que recibís de
este lugar, hijas mías, sepáis aplicarlas para la salvación de vuestras almas; para cambiar
vuestras vidas.

Orad, hijos míos, orad, que el mundo está falto de oración y de sacrificio. Pido a todos,
hijos míos, que os reunáis para orar y que cambiéis vuestras vidas y oréis por la situación
del mundo, hijos míos.

Orad por aquellas almas desvalidas que se han ido de mi rebaño, para que vuelvan; por mis
sacerdotes queridos de mi Corazón, para que sean fuertes y no tengan miedo a nada ni a
nadie y hablen con claridad las verdades del Evangelio; para que fructifiquen en sus almas
los frutos y las verdades que hay en el Evangelio; pedid para que sean fuertes, hijos míos.

No seáis cobardes, hablad con claridad a las almas y que vuestra voz llegue a lo más
recóndito de sus corazones. Os lo pide María, la Madre de Jesús, Madre de la Iglesia, a la
que tanto ama mi Corazón. Y como Madre de la Iglesia os suplico, hijos míos, que no os
abandonéis, que no estáis solos; yo, como Madre de la Iglesia, estoy con todos vosotros.
Pero lo que mi Corazón pide es que vosotros estéis conmigo, hijos míos. La situación del
mundo es grave, aunque los hombres están ciegos y no ven la consecuencia del pecado en
los desastres que hay en el mundo.

EL SEÑOR:

Pido a los seglares que sean buenos cristianos, buenos practicantes; y a mis sacerdotes, que
sean buenos pastores y que recojan todos los rebaños que hay esparcidos por todas partes.
Todos los que colaboráis, hijos míos, en esta Obra, os prometo un lugar en el Cielo, hijos
míos. Sed firmes y valientes y buenos trabajadores, hijos míos, porque hay mucho que
trabajar, muchas ovejas perdidas que el lobo las está acechando para devorarlas; no dejéis
que los lobos las devoren, hijos míos. Orad, haced penitencia y oración, practicad la
caridad, hijos míos, y permaneced en la fe.

Todos los que acudís a este lugar, hijos míos, os prometo que derramaré gracias sobre
vosotros y sobre vuestros familiares, y sobre vuestras almas en especial, hijos míos.
Aseguraos el Reino del Cielo; sólo se consigue con buenas obras, hijos míos. Guardad mis
mandamientos, especialmente el nuevo mandamiento: “Amaos los unos a los otros como yo
os he amado”, hijos míos. Amad nuestros Corazones, hijos míos, que nuestros Corazones
están sedientos de almas: de almas fieles, de almas humildes y de almas sacrificadas.

LA VIRGEN:

Levantad todos los objetos, hijos míos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales
para la conversión de los pobres pecadores…

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 1 DE ABRIL DE 2000, PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, estoy aquí, como siempre, como Madre de pecadores, como Madre de los
afligidos. Todo el que acuda a mí, yo intercederé ante mi Hijo para que perdone sus culpas,
y consolaré sus penas y sus tristezas. ¡Cuánta alegría sienten nuestros Corazones viendo
que miles y miles de almas acuden a este lugar, y siempre, hija mía, muchas de ellas se van
convertidas!

EL SEÑOR:

Repito: ¿cómo los pastores de mi Iglesia no ven el fruto que sale de este lugar? Examinad
el árbol, veréis cómo el árbol es bueno y sale buen fruto de él. Pero ¿qué hacéis, hijos míos,
muchos de vosotros?: negar que todo un Dios puede manifestarse a quien quiera y donde
quiera. Examinad los frutos, pero sin machacar el árbol.

Pido a todos vosotros, hijos míos, a los que acudís a este lugar: cambiad vuestras vidas,
hijos míos; renovaos en la gracia y nunca perdáis la fe; acercaos a los sacramentos de la
Eucaristía y de la Penitencia.

¡Qué tristeza ver el poco respeto que hay en mi Iglesia! Hijos míos, entrad con pudor ante
la Divina Majestad de Dios. Y vosotros, pastores, tenéis la obligación de avisar que entren a
mi iglesia con modestia. Se ha perdido el respeto al Tabernáculo. Los hombres pasan por él
como si nada hubiese dentro, sin hacer ni una genuflexión. ¿Qué respeto tenéis, hijos míos,
a la Divina Majestad de Dios?

He derramado muchas gracias en este lugar y seguiré derramando. Y también doy las
gracias para todos los que colaboran en esta Obra; les daré más del ciento por uno. Pero,
¿cómo muchos de mis pastores dicen que se piden limosnas? Pero, ¿cómo se realizan las
obras, hijos míos?: con la ayuda de unos y otros. Se pide para hacer buenas obras, como
vosotros pedís para ayuda de la Iglesia. ¿Y por eso es un negocio, hijos míos? Respetad,
respetad esta Obra, que todos los que me estáis negando, yo os negaré ante mi Padre.

LA VIRGEN: Gracias, hijos míos, a todos aquéllos que vienen con devoción, y por tantas
y tantas avemarías que llegan al Cielo. ¡Cuánto glorifican a Dios y honran mi nombre!
Gracias, hijos míos, por ser fieles a la Divina Majestad de Dios.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones muy especiales para
los pobres pecadores…

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 6 DE MAYO DE 2000, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN: Hija mía, otra vez aquí, estoy presente como Madre de los pecadores, como
Madre de los afligidos, hija mía. ¿Cómo una madre va a abandonar a sus hijos, si es una
verdadera madre? Y yo soy Madre de los hombres, porque así lo quiso Cristo al pie de la
Cruz, cuando dijo a Juan: “He ahí a tu Madre…; he ahí a tu hijo”. Por eso soy Madre de los
hombres y mi Corazón sufre por ellos.

EL SEÑOR: Porque el mundo está trastornado hasta los cimientos y los hombres se han
olvidado de Dios y muchos de los que le conocen se están olvidando porque no acatan mis
leyes. Sí, las leyes del Hijo de Dios vivo; no aceptan mis palabras ni creen en mi presencia.
¡Pero qué ilusos son los hombres! Tener que decir a Dios y planearle los caminos, a dónde
y cuándo y cómo… Pero, ¿cuántas veces tengo que decir que yo me manifiesto a quien
quiero, donde quiero y cuando quiero, y doy a los hombres para que escuchen mi palabra
(1)?; y, como los hombres se hacen sordos, sigo insistiendo en mi palabra. Mi palabra es la
verdad, y aquél que duda de mi palabra, duda del Espíritu. Y yo vengo a corregir a los
hombres, a ayudar a los hombres y a amar a los hombres, porque no he dejado de amarlos;
ellos han dejado de amarme a mí, pero yo no he dejado de amarlos a ellos. Van por el
camino de la tiniebla, muchas almas, y yo, que soy la Luz, no se acercan para dar luz a sus
pobres almas. Hijos míos, estoy con los brazos abiertos como el padre del hijo pródigo.
Venid a mí los que estéis agobiados, que yo os aliviaré, hijos míos. Por muy graves que
sean vuestras culpas, mayor es mi amor, hijos míos.

¡Cuántas gracias habéis recibido de este lugar! ¡Cuántas ovejas perdidas han vuelto al
rebaño! ¿Por qué los hombres, obstinados, están en que mis mensajes son largos, en que
tanto mensaje?… ¿Pero el mundo no necesita mi palabra, hijos míos?; porque hay muchos
oídos sordos que no la quieren escuchar. Mi palabra se quedó escrita; pero también hay
ciegos que ni la quieren leer ni la quieren escuchar. El tiempo es corto, hijos míos; por eso
os pido: venid a mí, que yo os descargaré de todo vuestro peso, hijos míos. ¡Cuántas almas
han subido al Cielo por pisar este lugar! ¿No es grande, hijos míos, alcanzar el Cielo las
almas? ¿Por qué os empeñáis en hacerme desaparecer? Escuchad mi ley, hijos míos, y
cumplid mi palabra. Cumplid con mis mandamientos, acercaos a la Eucaristía, al
sacramento de la Penitencia, hijos míos, y vivid una vida ordenada.

Reza, hija mía, y ora para que los hombres tengan orden en sus vidas y vuelvan su mirada a
mí. Muchos me han ofendido tanto que no serían dignos de mi amor. Pero yo, hija mía,
amo tanto a los hombres que, si di mi vida por ellos, sigo repitiendo: mirad mis manos y
mis pies, hijos míos. Mi cuerpo fue azotado y ultrajado por vuestras culpas, hijos míos, y
yo seguía pidiendo perdón a mi Padre por vosotros. Os amo, hijos míos; soy un padre con
un corazón tierno; pero pensad, hijos míos, que tengo que aplicar la justicia sobre los
hombres también. Amad a Dios con todo vuestro corazón y con todas vuestras fuerzas,
hijos míos, y amaos unos a otros como yo os he amado.

Gracias, hijos míos, a todos los que acudís a este lugar, porque cada conversión de cada
alma que acude a este lugar hay una gran fiesta en el Cielo. ¡Cuántas fiestas se han
celebrado en el Cielo por tantas y tantas almas como se han convertido! ¡Y que los hombres
sean tan testarudos y no vean la realidad de estos hechos! Gracias, hijos míos.

Bebe un poco del cáliz del dolor, hija mía…

LUZ AMPARO: ¡Ay, qué amargo!… ¡Oy!…

EL SEÑOR: Hija mía,… esta amargura, ofrécela por los pobres pecadores. Está muy
amargo: la amargura que siente mi Corazón cuando veo que las almas que yo he creado,
hija mía, no quieren acudir a mí.

Bebe otras gotas…

Hija mía, cuesta mucho redimir a los pecadores. Sé valiente y que tu corazón no se
entristezca, hija mía. Digan lo que digan, hija mía. Pero, ¿cuántas veces te he dicho, hija
mía, que no es el discípulo más que el maestro? Y si a tu Maestro le calumniaron, le
despreciaron…,¿qué van a decir de ti, hija mía? Pero que nadie te confunda, hija mía. Yo
soy la Verdad y soy el que te indico el camino día a día. Tú déjate, hija mía, influenciar por
mi verdad. No dudes ni de mis palabras ni de mi presencia, hija mía. Sé fuerte y no te dejes
“tamboledar”, hija mía, que te “tamboleas” (2) muchas veces para un lugar y para otro. Te
tambaleas, hija mía, porque te angustian las palabras de los hombres. Fíjate en tu Maestro y
verás cómo no te tambaleas. Ama nuestros Corazones, hija mía, que no sabes las alegrías
que han recibido nuestros Corazones, porque te hemos dado gancho para atraer a las almas.
No te retires de ellas. Llévalas, háblalas con ternura, con amor, hija mía, y preséntamelas
con el corazón enternecido; ésa es la alegría que sienten nuestros Corazones.

Velad por la Obra, hijos míos. Velad todos juntos. No permitáis que nadie pueda dañar esta
Obra, hijos míos. Si la amáis, protegedla.

LA VIRGEN: Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con
el Espíritu Santo.

(1) Quiere decir: “…y doy a los hombres mi palabra para que la escuchen”.

(2) Al escuchar la grabación, se entiende “tamboledar” y “tamboleas”, que no


corresponden a verbos en español. Es probable que se trate de un error de pronunciación,
pues, seguidamente, dice “tambaleas” (del verbo “tambalear”), cuyo sentido ya es claro
conforme al contexto.
MENSAJE DEL DÍA 3 DE JUNIO DE 2000, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, aquí está tu Madre, Madre de todos los hombres; de los afligidos, de los tristes, de
los huérfanos, de los miserables. Yo vengo a dar un mensaje al mundo de amor y de paz;
pero los hombres se hacen los sordos y no quieren escuchar mi voz, hija mía. ¡Qué triste
está mi Corazón!

EL SEÑOR: Sí, hijos míos, orad, pero con una oración que salga de lo más profundo de
vuestro corazón. El mundo está corrompido.

Bebe unas gotas del cáliz del dolor, hija mía… Para que sientas la amargura de nuestros
Corazones por la perversidad de los hombres, hija mía.

LA VIRGEN: Orad, hijos míos, que si la oración sale de dentro de vuestro corazón, la ira
de Dios se calmará.

EL SEÑOR: Pero los hombres no escuchan mi voz y han perdido la confianza en mí. Ésa
es la mayor tristeza de nuestros Corazones: que el hombre no tenga confianza en Dios y se
comporte como las fieras; peor, te dije, que las fieras, hija mía, porque las fieras protegen a
sus cachorros, y los hombres se matan unos a otros. ¡Qué tristeza siente nuestro Corazón!; y
los hombres siguen haciendo los sordos. Y no siento tanto dolor por aquéllos que no se han
consagrado a mí, sino por los que se han consagrado a mí: por los sacerdotes, por los
religiosos y religiosas, por aquellas almas predilectas de nuestro Corazón.

Mira, hija mía, un día mi Corazón lo que sufrió por los hombres…

LUZ AMPARO: ¡Oy, veo un volcán de fuego y de a…! ¡Ay, dentro de ese Corazón…,
qué fuego siente ese Corazón! ¡Oy, qué Corazón! Es el Corazón de Jesús; dentro de Él es
como un volcán de fuego.

EL SEÑOR: Sufrí mucho, hija mía, con este volcán de fuego que me consumía de amor
por los hombres, e instituí la Eucaristía para ellos, para fortalecerlos. ¿Y qué es de todo
aquello, hija mía?: los hombres no tienen devoción a la Eucaristía; van muchos de ellos
como si fuesen al matadero. Mis sacerdotes, un gran grupo de ellos, es rutina lo que tienen;
después, tienen cansancio, hija mía; después desobediencia; y luego tibieza. Yo, que me
entregué en sus manos para que hiciesen lo que quisiesen conmigo, me llevasen y me
trajesen donde quisieran, y los veo, hija mía, que se han introducido en el mundo y se han
quedado sin la visión celestial. ¿Cómo no van a estar triste nuestros Corazones? Y si yo les
mando un mensaje, se enfurecen, porque no quieren reconocerse como son. Hijos míos, si
sois lo más amado de nuestros Corazones, ¿por qué os comportáis así, hijos míos? Tenéis
mucho trabajo porque el mundo está en un caos, sin Dios. Trabajad, pastores de la Iglesia, y
atraed a las almas al rebaño de Jesús. No digáis que tenéis mucho trabajo y os agotéis
enseguida, hijos míos; no lo toméis de rutina, sino que vuestros corazones estén llenos de fe
y de amor para poder transmitir a los hombres las verdades que no conocen. ¡Qué pena de
almas, hijos míos, que se desvían de los rebaños y se meten en los caminos de la perdición!
Vosotros sois también responsables de los actos de esas almas, hijos míos. Yo, vuestro
Dios, hijos míos, me entrego en vuestras manos y me humillo, para que vosotros seáis los
que me ensalcéis. ¡Y cuántos de vosotros os ensalzáis a vosotros mismos y disminuís a
Cristo!

¡Ay, criaturas de Dios, abrid vuestros oídos a mis palabras, hijos míos, que mi Corazón se
derrite de amor por vosotros! Sois privilegiados, hijos míos, y vosotros, ¿cómo
correspondéis a ese privilegio? Y a los que quieren seguir el camino recto y seguro,
tampoco los dejáis, hijos míos. ¡Ay, almas queridas de mi Corazón, cambiad vuestras vidas,
que hay mucho trabajo! No os agotéis tan pronto, hijos míos. El sacerdote es como el
médico, de día y de noche tiene que estar pendiente de las almas, porque es médico del
alma. ¡Y cómo os cansáis en seguida, hijos míos, y os introducís en el mundo, en los
placeres y en los gustos! Rechazad todos los placeres y todos los gustos, hijos míos, y
dedicaos a vuestro ministerio; veréis cómo encontráis la felicidad, la felicidad eterna.
Porque si no, hijos míos, la felicidad temporal os introducirá en la profundidad del Infierno,
hijos míos.

Pido a todos los hombres que cambien sus vidas, que el mundo cada vez está peor, sin fe.
El hombre ha olvidado a Dios; y donde no está Dios, hijos míos, no puede haber paz ni
amor ni tranquilidad, hijos míos.

Hija mía, no te dé miedo de comunicar a los hombres lo que yo te comunico; grítalo, que
cambien sus vidas, aunque no lo reconozcan, pero tú cumple con tu misión, hija mía. Te
quiero humilde, hija mía. Sabes que me gusta mucho la humildad. Y aunque estés llena de
miserias, si eres humilde, hija mía, jamás me separaré de ti. Yo desprecio a los orgullosos, a
los soberbios, a los hipócritas, a los fariseos. Hija mía, la humildad, te lo he dicho muchas
veces, es la base principal de todo. Sabes que te puse un director al que le di luz para
reconocer tus pecados y comprender tu alma. Sé que te aflige el día que él no esté, hija mía,
pero te ha preparado muy bien, y aunque tienes miserias, hija mía, tu amor es más grande
que tus miserias, y por eso nuestros Corazones te aman y te piden que seas humilde, hija
mía, y que nada te turbe ni te angustie. Sabes que el Creador está por encima de la creatura,
y yo te he protegido muchas veces de muchos peligros, desde muy niña, en muchas
situaciones. Sabes que no te he abandonado. No te entristezcas, hija mía, porque tu director
se va desgastando día a día, preparando su camino para ser bien recibido, hija mía. Cuántas
veces te he dicho: aprende de él, que todos los que se hacen como niños vendrán al Padre y
serán sentados en su rodilla y queridos y acariciados.
He puesto una Obra en tus manos y en las manos de todos los que pertenecen a ella; que
nadie diga que no le corresponde luchar por esta Obra. Todo el que está en esta Obra tiene
que mirar por ella, empezando por los sacerdotes, porque de ellos también reciben gracias
para sus almas y los he revestido de una gracia muy especial. ¿Cómo no van a preocuparse
como miembros de la Obra? Hijos míos, si sabéis que sois queridos por nuestros
Corazones, muy queridos, sed capaces, hijos míos, de entregaros en cuerpo y alma para la
salvación de las almas y para que esta Obra crezca —os he dicho— como las estrellas del
cielo.

Pido humildad para todos. Y todos los que acudís a este lugar, hijos míos, habéis recibido
gracias muy especiales. Seguid orando. Amaos unos a otros. Que en vuestros hogares haya
paz y amor, hijos míos, y especialmente unidad. Enseñad a vuestros hijos el camino de la
perfección, que es el camino del Evangelio. Pedid por el Santo Padre. Orad mucho por él,
hijos míos, y también pedid por religiosos y religiosas y sacerdotes, para que vuelvan al
camino de la perfección y maten el orgullo y la soberbia y no se vean nada (1). Que crezcan
en virtudes.

Que no crezcan en orgullo ni vanidad. Humildad pido, hijos míos, humildad.

LA VIRGEN: Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones
especiales para los pobres pecadores…

Yo os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

(1) “…no se vean nada”; es decir, que practiquen la humildad y no se consideren algo
importante, sino nada y miseria.
MENSAJE DEL DÍA 1 DE JULIO DE 2000, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN: Hija mía, aquí estoy, otra vez más, como Madre de los pecadores.

¡Cuánto cuesta salvar a las almas, hija mía,… estas tres almas, hija mía! Mucho sacrificio y
mucha penitencia, por ellas, hija mía, porque son ciegos que no quieren ver. Ofrécete
víctima por ellos. Otro mes más, hija mía, ofrece los dolores, las penitencias, por estas
pobres almas que no han querido ser fieles a su propia vocación; y les gusta, hija mía, estar
en el mundo y las cosas que hay en el mundo, ser asalariados. ¡Si no son fieles, primero, al
compromiso que han tenido con Dios desde el principio, y mudan de un lado para otro,
porque no les gusta la disciplina, ni el sacrificio!

EL SEÑOR: A ver, hija mía, sigue pidiendo por ellas. Oraremos juntos. Pero, luego, hija
mía, no les gusta aceptar la verdad. Son los que están primeros para ver cómo destruyen la
verdad; y la verdad siempre resplandece, por mucho que quieran escudriñar a ver lo
negativo y no quedarse con lo positivo, hija mía. Es lo que buscan, para echar abajo todo
esto, como en otros lugares lo han hecho, hija mía. Pero no hay nada en contra de la fe.

¡Ay, aquellos guías de los pueblos que se tragan el camello y cuelan el mosquito! ¿¡Cómo
tenéis tanto odio, hijos míos, a los seres humanos!? Pobres almas, hija mía; ¿¡cómo pueden
ver la paja en el ojo ajeno y no ven la viga en el suyo, hijos míos!? ¡Ay, aquéllos que no
siguen el camino recto y seguro, el camino de la verdad que sólo buscan aguijonear a las
almas!

Tú, hija mía, di lo que te digo. Y no tengas miedo, no temas. La verdad resplandece. La
mentira siempre, hija mía, es la tiniebla. Ya te he dicho muchas veces que lo que hacen en
la oscuridad, yo lo saco a la luz.

Y pido a aquellos pastores fieles, aquellos pastores fieles de mi Corazón, que sean fuertes y
firmes para seguir el camino con rectitud. Y que hagan una renovación aquellos religiosos y
religiosas que todavía permanecen frescos y lozanos; que renueven su vida y caminen con
fortaleza y no tengan miedo a nadie, ni a la persecución, ni a la calumnia, ni a la mentira,
porque Dios es la verdad y todo el que está con Dios no puede temer nada. Almas queridas
de mi Corazón, ¡cuánto sufre mi Corazón por aquéllos que se desvían del camino que
escogieron, de su ministerio! Tanta mies como hay, hijos míos, y tan pocos operarios para
cuidar esa mies. Pero todavía queda un gran grupo de sacerdotes amados por mi Corazón;
que sean fuertes y amen mucho nuestros Corazones, como nosotros los amamos con todo
nuestro Corazón.

Sí, hijos míos, conservaos en la fe, no la perdáis jamás; buscad la esperanza, y practicad la
caridad. Con vuestro ejemplo, hijos míos, podéis arrastrar muchas almas al camino de la
perfección. No os dejéis engañar por la astucia del enemigo. Quiero sacerdotes santos,
sacerdotes que amen nuestros Corazones, sacerdotes humildes que reconozcan la verdad y
que, desde el principio, hayan sido fieles al camino que escogieron. Pero si no han sido
fieles en sus principios, ¿cómo van a ser fieles, hijos míos, al final? Si han abandonado los
conventos buscando libertad, ¿cómo pueden ser buenos sacerdotes, si no han sido buenos
religiosos? Pedid por ellos, hijos míos. Que salga de sus corazones ese rencor que tienen
contra las almas y que dejen de calumniar y difamar. ¿No les da miedo de que puedo
llamarlos en cualquier momento para que den cuenta de sus actos, hijos míos? El Evangelio
dice: “Amaos los unos a los otros”; ¿por qué despreciáis a las criaturas? Hijos míos, si no
tenéis caridad, no tenéis nada. No seáis funcionarios, hijos míos, sed sacerdotes de mi
Iglesia. Renovad vuestras vidas, que os estoy esperando, hijos míos.

Mucho van a costar estas almas, hija mía, pero vamos a seguir orando por ellas.

LA VIRGEN: Sí, hijos míos, sacerdotes queridos de mi Corazón, aquéllos que todavía os
conserváis firmes en la fe, sed valientes. ¿No veis los hijos de las tinieblas cómo son
valientes? Vosotros, que sois hijos de la luz, tenéis que ser más fuertes y más valientes que
los hijos de las tinieblas.

Orad, hijos míos, orad mucho, pues el mundo está en una situación grave, hijos míos. Sólo
la oración, el sacrificio y la penitencia pueden detener el brazo de Dios, hijos míos. Orad,
haced penitencia, visitad al “Prisionero” y pedid por los pecadores, hijos míos. Orad para
que Dios detenga su brazo, pues en el mundo, hija mía, habrá grandes castigos de
cataclismos; cataclismos, hija mía, que no digo que sean al principio del 2000, pero
también digo que no serán tampoco al final del 2000. [1]

Astros con más de 12 kilómetros de longitud caerán sobre la Tierra y terminarán con la
mayor parte de ella. Por eso, hijos míos, os digo que oréis, que hagáis penitencia y
sacrificio, para que Dios tenga misericordia de las almas. Estad preparados, hijos míos, que
las almas no se preocupan de su alma; sólo se ocupan de diversiones, de placeres, de cosas
mundanas, y olvidan a Dios. Dios es olvidado por sus criaturas.

Rezad el santo Rosario, hijos míos; os pido que lo recéis en familia, pues no le dan
importancia al santo Rosario; pero Dios puede compadecerse de los hombres que rezan esta
plegaria diariamente. Ahora que el Rosario desaparece de los hogares y de muchos lugares
del mundo, yo lo sigo pidiendo: rezad el Rosario con devoción, hijos míos. Y también os
pido: meditad la Pasión de Cristo, sed devotos de ella, hijos míos; y meditad veinte minutos
la Pasión.

Orad, amaos unos a otros, hijos míos. Acudid a este lugar de bendiciones y gracias; aquí
recibiréis gracia para ir a los sacramentos, hijos míos. Amad a la Iglesia, amad al Santo
Padre. Hijos míos, os pido amor entre todas las criaturas. Refugiaos en nuestros Corazones,
que ellos no os abandonarán.
Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos, para la conversión de los pobres
pecadores…

Yo os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

[1] Consultada Luz Amparo, poco después de recibir el mensaje, para aclarar esta frase,
puntualizó que veía con claridad: 1º) La fecha del Castigo está condicionada a la oración,
penitencia y sacrificio que hagamos los fieles. 2º) Que el Castigo no se produciría ni al
principio ni al final del año 2000; es decir: no en ese período de tiempo.

MENSAJE DEL DÍA 5 DE AGOSTO DE 2000, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR:

Hija mía, aquí está el Hijo de Dios vivo. ¡Cuánto cuestan las almas, hija mía! Mira mi
rostro, mira mi cuerpo, mira mis manos, hija mía. Las almas ingratas, hija mía, son las que
me ponen así. ¡Cuánto cuesta un alma, hija mía, y qué desagradecidos son los hombres!
Mira, así es como agradecen la agonía de todo un Dios agonizando por los hombres. Hija
mía, y vuelvo otra vez a repetir: no estoy triste por los que no me conocen, sino por los que
se llaman míos y me siguen ofendiendo. El demonio está ganando la batalla en las almas
consagradas, en muchos de los sacerdotes. Se han abandonado a la oración y al sacrificio,
hija mía; y ahí es donde el demonio hace más daño, por el ejemplo que dan a las almas.
Mira qué letargo tienen, y es porque han dejado a Dios, hija mía, y los hombres sin Dios no
pueden caminar. La grandeza de todo un Dios pendiente de sus criaturas, y sus criaturas se
oponen a las gracias y a las palabras de Dios.

Pero, hijos míos, ¿cuántas veces os voy a decir que cogéis los frutos y no queréis reconocer
el árbol? Guías ciegos de los pueblos, ¿hasta cuándo hay que estar dando avisos, hijos
míos? Vuestro comportamiento no es bueno, hijos míos, y por eso bajo a la Tierra para que
os enmendéis; y os hacéis los sordos, hijos míos; y no sólo no entráis en el Cielo, que no
dejáis que entren los demás. ¿No os dais cuenta, hijos míos, que los que están conmigo no
están contra mí? ¿Por qué sois tan testarudos y queréis hacer desaparecer, como habéis
hecho en otros lugares, la obra de Dios vivo?

Hija mía, así ponen mi rostro mis almas: la belleza de todo un Dios la ultrajan con sus
pecados y con las lujurias. Los pecados que más ofenden al Señor son los pecados de la
carne, hijos míos, y son los que vosotros os dejáis arrastrar por el demonio y sus secuaces.
Conservaos limpios y puros, hijos míos. El que está en lujuria se queda ciego y va cayendo
en todos los pecados. Cuántas veces te lo he dicho, hija mía: que el pecado de la carne es el
que más ofende a la Divina Majestad de Dios.

LUZ AMPARO:

Señor, yo quiero reparar contigo. Yo quiero, Señor. Ayúdame a ser fuerte. A veces me
fallan las fuerzas.

EL SEÑOR:

Hija mía, tendrás que enfrentarte a muchos enemigos, pero yo soy la fuerza.

LUZ AMPARO:

Señor, yo te amo con todo mi corazón.

EL SEÑOR:

Porque me amas, hija mía, nunca te abandonaré. Piensa que cuando yo veo un alma que me
ama, siempre estoy con ella; y aunque sean sus miserias muchas, hija mía, yo aplico mi
amor y mi misericordia, y no me retiro del alma que me ama. Pero aquéllos que desgarran
mi Corazón, aquellas almas que sólo tienen el nombre, muchos, de consagrados o de
sacerdotes, pastores sin rebaño, porque habéis abandonado el rebaño y os habéis
introducido en el mundo y tenéis olvidado a Dios. Tomad ejemplo de aquellos sacerdotes
santos que llevan el Evangelio tal como está escrito. Os repito: que lo dejáis muchos en
metáforas y el Evangelio hay que explicarlo tal como está escrito. Cuántos, hijos míos, os
coméis el Purgatorio, el Infierno, y sólo existe la Gloria. Explicad a los hombres las
verdades del Evangelio, para que los hombres se santifiquen con las verdades que hay en él.
Tú, hija mía, no tengas miedo y di todo lo que yo te digo. El mundo está así porque se ha
olvidado de Dios, y muchas de mis almas, tan queridas por mi Corazón, están en un letargo
y no trabajan para la gloria de Dios, trabajan para el mundo y sus vanidades. Se han
olvidado de rezar el santo Rosario, y el santo Rosario, hijos míos, es muy importante
porque puede parar una guerra, ganar una batalla, curar enfermedades, sanar almas… Es
una plegaria tan hermosa, que a Dios le gusta que se rece. Hijos míos, no dejéis de rezar un
solo día el santo Rosario. Dios ha puesto a su Madre como Puerta del Cielo, como Refugio
de los pecadores, Madre de los afligidos; por eso, os pido esta plegaria; es la favorita de
Dios. El demonio rechaza a María porque María es la Puerta que ha puesto Dios para entrar
en el Cielo. Acudid a María, hijos míos, y Ella os llevará a Jesús...

LA VIRGEN: Hijos míos, acudid a este lugar, que seréis bendecidos y recibiréis muchas
gracias. Y orad, hijos míos, sin cesar. Haced sacrificios y penitencias, que los hombres las
han olvidado y por eso el demonio se ha apoderado de las almas. Rezad por la Iglesia, amad
al Santo Padre, hijos míos, amad a los obispos y rezad por todos.
EL SEÑOR: Y vosotros, hijos míos, no coléis el mosquito y os traguéis el camello.
Reflexionad, hijos míos, y escoged el buen fruto, pero no obréis a la ligera sin examinar el
árbol. ¡Ay de aquéllos que no oyen mi voz y los que la han oído y la abandonan! Pobres
almas; aquéllos que tienen este comportamiento los arrojo lejos de mí, porque no quieren
que aplique mi misericordia sobre ellos; son tan orgullosos y tan soberbios que ni el amor
de Dios ni su misericordia les importa para su salvación. ¡Ay, hijos míos, cuando llegue el
día que tengáis que presentaros ante la Divina Majestad de Dios! ¡Cuántos querréis entrar y
no podréis, porque no habéis sido dignos de estar en mi presencia! No dejéis de
sacrificaros, hijos míos. Haced oración, visitad al Señor en el Santísimo Sacramento, que se
encuentra solo, hijos míos. Amad nuestros Corazones, que todo el que ame nuestros
Corazones… no quedarán, hijos míos, en el olvido. El amor de todo un Dios se derrama
sobre sus criaturas. Orad, haced sacrificios, hijos míos.

LA VIRGEN: Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones
especiales para los pobres pecadores…

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

MENSAJE DEL DÍA 2 DE SEPTIEMBRE DE 2000, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Ya estoy aquí, hija mía, otra vez más, para avisar a los hombres, aunque los hombres siguen
obstinados en hacer su voluntad.

Permaneced, hijos míos, en el temor a Dios. Si permanecéis en el temor a Dios,


permanecéis en la luz, y el que permanece en la luz no está en tinieblas y sus obras son
buenas. Pero aquéllos que permanecen en la tiniebla, sus obras no vienen de lo alto, sus
obras son malas, porque odian la luz y no están en la verdad. El que está en la verdad no
pierde la mirada del Creador; pero aquéllos que están en las tinieblas obran como los
hombres que están en la Tierra, sin poner el pensamiento en Dios, que sólo hablan de las
cosas de la Tierra. ¿Cuántas veces, hijos míos, os he avisado que vuestro pensamiento esté
en Dios para que os despeguéis de la sangre y de la carne y de lo doméstico? ¡Cuántas
almas se pierden, hija mía, por los apegos mundanos, porque sólo adoran a un señor: al
mundo, a sus vanidades! Adoran los siete pecados capitales, que son los que están en
triunfo en la Humanidad; y la carne, hija mía, es la que los introduce en lo profundo del
Infierno. Pero los hombres siguen viendo que el mundo está en una situación buena. Sólo
los ciegos y los sordos pueden pensar así. ¡Ay, hijos míos!, los hombres se han olvidado de
orar, los hombres no quieren renunciar a las pasiones, y por eso el rey del mundo, que es
Satanás, está haciendo estragos en todos los lugares, hijos míos. Con oración, sacrificio y
penitencia el demonio huye de los hogares, de los conventos y de todas aquellas
comunidades que se han aletargado.

Hija mía, la mayoría de los hombres están poseídos por Satanás, y como hoy no ven, hija
mía, la posesión, ni tienen almas dispuestas a aplicar la gracia para echar los demonios de
sus cuerpos, hija mía, cada día el mundo está más poseído por el demonio. Hay posesos,
hija mía, a montones por todo el mundo; ¡que no aplican exorcismos para echar esos
terribles demonios de sus pobres almas!; no encuentran quien les ayude a liberarse de esa
esclavitud.

Por eso hago un llamamiento a aquellas almas que tengan una preparación para hacer
exorcismos, que liberen a estas pobres almas de los engaños y de la tristeza donde los ha
engullido Satanás. Almas, aquéllas que tenéis poder para hacerlo: orad mucho y haced
ayunos y penitencia, para poder liberar a tantas y tantas almas angustiadas.

Hija mía, mira, casi medio mundo está poseído por el enemigo…

LUZ AMPARO:

¡Ay, Dios mío, qué horror!, ¡ay!

LA VIRGEN:

El demonio se apodera de sus almas porque los hombres han abandonado a Dios y se
encuentran en tinieblas, y quieren salir de esas tinieblas pero no encuentran la luz, porque
no encuentran almas que les ayuden a salir de donde están metidos, hija mía. Orad mucho,
orad. Ayunad, hijos míos, haced penitencia, para que los hombres vuelvan la mirada a Dios
y se liberen, que están encadenados a Satanás, y sólo con la oración, el ayuno, se puede
echar a estos demonios, hija mía.

EL SEÑOR:

¡Ay, guías de los pueblos, ayudad a las almas, que hay almas necesitadas; ejerced vuestro
ministerio y no perdáis el tiempo, muchos de vosotros, en críticas, en murmuraciones y en
persecuciones! ¡Tanta necesidad como hay en las almas, hijos míos, y perdéis el tiempo!
¿No os da pena, hijos míos, que habéis olvidado de ejercer el ministerio que habéis
escogido? Que muchos de vosotros sois funcionarios, os lo repito, hijos míos, no sois
pastores de almas. Sed obedientes a la Iglesia, hijos míos. Obedeced al Vicario de Cristo y
cambiad vuestras vidas, que hay mucha mies, hijos míos, pero pocos pastores. Os dedicáis
muchos a sembrar, entre el trigo, cizaña, y esa cizaña no se puede sacar del trigo porque
estáis dañándolo, hijos míos. ¿Por qué no sabéis reconocer el bien del mal? Ni entráis en el
Cielo ni dejáis entrar. ¿No os da pena de perseguir tanto a los que quieren hacer la voluntad
de Dios? ¡Ay, aquellos pastores cobardes que no han sido capaces de defender esta Obra y
de seguir el camino que marqué para su propia salvación! ¡Ay, no rechacéis las gracias,
hijos míos, que cuántas almas se acobardan de seguir a Cristo tal como Él vivió en la
Tierra!; le siguen a medias. Os llamáis cristos, “cristificados”; pero, ¿os “cristificáis”, hijos
míos? Cristo se “cristificó”: Cristo fue crucificado, fue calumniado, fue abofeteado; y
vosotros no os dejáis aconsejar ni queréis escuchar la voz de Dios.

Bebe unas gotas del cáliz del dolor, hija mía, por estas pobres almas... Esta amargura, hija
mía, es la que sienten nuestros Corazones por los pecados de las almas tan queridas por
nuestro Corazón. Pedid por ellos, hijos míos.

LA VIRGEN:

Y vosotros, sacerdotes queridos de nuestros Corazones, cambiad vuestras vidas, volved y


recoged el rebaño, y dedicaos en cuerpo y alma a recoger los rebaños que están por ahí
perdidos, hijos míos. Sed sacerdotes queridos de nuestros Corazones. Mirad al Cielo, hijos
míos, y dejad las pasiones y retiraos del mundo. Aquéllos que no habéis tenido la fuerza de
seguir mi voz, hijos míos, cómo os atraen los halagos y la voz de los hombres, rechazando
la voz de Dios. ¡Qué triste está mi Corazón!

Vosotros, hijos míos, todos los que acudís a este lugar: llenad vuestro espíritu de fortaleza y
no os abandonéis, hijos míos; seguid el Evangelio, acercaos a los sacramentos, a la
Penitencia, y vivid en unión con Dios, hijos míos. Amaos los unos a los otros. Tened
caridad, hijos míos, unos con otros y perdonaos unos a otros. Y es cuando os podéis llamar
míos. Orad; no dejéis de orar, hijos míos, ni de alimentaros con el Pan de Vida. Acudid a
este lugar, que recibiréis muchas gracias, hijos míos, para vuestras pobres almas.

Levantad todos los objetos, hijos míos; todos serán bendecidos para los pobres pecadores…

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 7 DE OCTUBRE DE 2000, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LUZ AMPARO:

¿Me dais permiso, Señor, para sentarme?

EL SEÑOR:

Siéntate, hija mía.

Hija mía, aquí estoy, el Hijo de María Virgen e Inmaculada. Quiero que se venere a mi
Madre con los títulos que la Divina Majestad de Dios le ha otorgado. Que los hombres
quieren hacer desaparecer el nombre de María Virgen; la quieren dejar como mujer del
hombre no como Madre de Dios. Hijos míos, veneradla, porque es la Puerta del Cielo,
porque Dios la quiere para la salvación de la Humanidad.

Los hombres, hija mía, tienen ojos y no ven, y orejas y no oyen. Yo traigo la palabra para
hacer cambiar los corazones de los hombres, y los hombres, hija mía, en vez de escuchar mi
voz y convertirse, se mofan de mis palabras. Hija mía, hay que hacer mucha penitencia,
mucho sacrificio, para que las almas vuelvan la mirada a Dios. El mundo está sin Dios, y
los hombres son monstruos que matan sin respetar las leyes de Dios; profanan sus cuerpos,
hija mía, instrumento de santificación, y sus almas, herencias de Dios por el Bautismo.
Dicen que no sufro; ¿cómo no voy a sufrir, hija mía, viendo la situación de la Humanidad?
Y lo que más angustia mi Corazón es ver a mis almas escogidas cómo se desvían del redil.

LUZ AMPARO:

¡Ay, Señor!, yo pido por ellas y me ofrezco víctima de reparación.

EL SEÑOR: Todos los pecadores, hija mía, me causan dolor, pero mi Corazón siente
mucha amargura por mis almas, por mis sacerdotes, por mis consagrados.

Hijos míos, venid a mí, que por muy graves que sean vuestras culpas, mayor es mi
misericordia, hijos míos. Amad a la Iglesia, hijos míos, obedecedla. El mundo sin Dios está
enfermo; por eso, hijos míos, tenéis que trabajar mucho para sanar las almas. No os
abandonéis, hijos míos, ¡os ama tanto mi Corazón!; pero vosotros, hijos míos, me
despreciáis, me humilláis. Y aquéllos que sois buenos, hijos míos, no os dejan porque…

LUZ AMPARO: ¡Ay, ay, Dios mío!…

EL SEÑOR: Ni entráis ni dejáis entrar en el Cielo, hijos míos.

LUZ AMPARO: ¡Ay, Dios mío!, te pido por todos.


EL SEÑOR: Lo que más angustia mi Corazón, hija mía, es la infidelidad de mis almas
consagradas, es el desamor de mis sacerdotes. Los ama tanto mi Corazón, y cuántos de
ellos corresponden muy mal a este amor. Los hombres han olvidado el sacrificio y la
penitencia, y por eso el mundo camina hacia la perdición, hija mía.

Orad, hijos míos, orad, haced penitencia y sacrificios para poder salvar a la Humanidad. El
mundo está en manos de Satán. Sólo con oración, hijos míos, con sacrificio y penitencia
huirá el maligno, hijos míos. ¡Los hombres, hija mía, afligen tanto mi Corazón!

LUZ AMPARO: Señor, yo quiero reparar el pecado de todos los hombres. Ayúdame a ser
fuerte. Dame fortaleza, Señor.

EL SEÑOR: Hija mía, el sacrificio y la penitencia hacen mucho bien a las almas, pero las
almas no saben orar ni sacrificarse, y por eso a los hombres los posee Satanás.

¿No veis la situación del mundo, hijos míos?; que los hombres no se respetan unos a otros,
que en los hogares no hay amor ni paz, que las madres matan a sus hijos dentro de sus
entrañas, que en la mayoría de los conventos están aletargados, y mis sacerdotes queridos
se desvían de su ministerio; ora mucho por ellos, hija mía.

Sacrificio pido y penitencia. Oración, hijos míos. Haced visitas al Santísimo. Acercaos a la
Eucaristía y pasad por la Penitencia, hijos míos. Volved, hijos míos, al camino de la
perfección. Cumplid las leyes, los diez mandamientos, hijos míos. Amad nuestros
Corazones.

Y vosotros, sacerdotes queridos de mi Corazón, venid a mí, que yo os daré felicidad en la


Tierra y en la eternidad. Orad por los pobres pecadores, hijos míos, orad y haced
penitencia.

LA VIRGEN: Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos para los pobres
pecadores…Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el
Espíritu Santo.

MENSAJE DEL DÍA 4 DE NOVIEMBRE DE 2000, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR: Hija mía, hay que seguir reparando por estas almas. Estas almas están
introducidas en el mundo; su infidelidad, hija mía, no las hace retornar al verdadero
camino; sólo piensan, hija mía, en la sangre, en la carne, en el hogar que las vio nacer; se
han entregado a Dios, pero lo siguen a medias, hija mía. ¿No es triste que unas almas tan
queridas me sirvan a medias, hija mía?

¡Ay, pastores de mi Iglesia, que no os conducís por el camino de la verdad, y os dejáis


arrastrar por los halagos de la carne y de la sangre y vuestras amistades, hijos míos!
Renunciad a lo doméstico, a la carne y a la sangre, y seguid a Dios, vuestro Creador.
Ocupaos de las almas, hijos míos, que hay muchas almas que os necesitan, y no os
preocupáis de ellas.

Grita, hija mía, para que los pastores de mi Iglesia oigan mi voz y la transmitan a los
hombres; que Dios está triste, porque los hombres han abandonado la mirada de Dios, y han
cubierto la Tierra de crímenes y de pecados.

Guías de los pueblos, enseñad a los hombres el Evangelio. Enseñadles que vayan a la
Iglesia y que se alimenten de los canales que hay en ella, y beban de las fuentes de gracia.
Que los hombres se han abandonado y el mundo está en manos de Satanás. ¿No lo veis,
hijos míos? No os hagáis los sordos y coged los frutos buenos y seleccionadlos. ¡Ay, hijos
míos, que os hacéis los sordos y no queréis escuchar mis palabras! Vuestra soberbia no os
deja ver ni oír, hijos míos. ¿Quién sois vosotros para limitar a Dios? Dios se manifiesta a
quien quiere, como quiere y cuando quiere. ¿Cómo sois tan obstinados y os empeñáis en no
escuchar la palabra de Dios? Revisad vuestras vidas y veréis a lo que baja Dios a la Tierra:
a enseñaros que cumpláis con el Evangelio. Sólo a recordároslo, hijos míos; porque muchos
de vosotros os habéis desviado y vivís según vuestros gustos. Predicad a los hombres, hijos
míos, las verdades que hay escritas y no os dejéis dominar por vuestros gustos y vuestros
caprichos. Sed sacerdotes santos, que las almas están muy necesitadas, hijos míos. ¿No veis
la invasión, que hay en el mundo, de los demonios? Han invadido el mundo, hijos míos;
tenéis que ayudar a las almas a sacarlas de las tinieblas que las tiene Satanás. Muchas almas
no encuentran consuelo donde descargar sus culpas, y muchas quieren liberarse de Satán,
pero no encuentran sacerdotes preparados para expulsar los demonios de sus espíritus.
Hijos míos, sólo os pido que enseñéis a los hombres las verdades del Evangelio, para que
los hombres vuelvan la mirada a Dios y se arrepientan.

¡Ay, juventud, juventud empedernida! ¿No os dais cuenta, hijos míos, que el demonio
quiere apoderarse de vuestras almas y os introduce en los placeres, en los gozos?

¡Ay, hombres de poca voluntad, que no aceptáis ni las leyes naturales, ni las divinas!

¿No os aceptáis vosotros mismos como sois, hijos míos? Aceptaos como hombres los que
sean hombres y como mujeres las que sean mujeres. No adulteréis vuestro cuerpo, hijos
míos; son templos del Espíritu Santo. No toméis malas inclinaciones, hijos míos.

Bebe unas gotas del cáliz del dolor, hija mía, por tantas ofensas como cometen estas
almas... Hija mía, cuánto dolor causan a mi Corazón los pecados de impureza de los
hombres, de no aceptarse cada uno como es. Y cuánto dolor causan a mi Corazón mis
almas escogidas, que también hay muchas que no se aceptan como son. ¿Cómo Dios no va
a estar triste viendo a sus criaturas que se inclinan por el mal sin querer aceptarse a sí
mismos ni aceptar la voluntad de Dios?
¡Ay, hombres, que habéis dejado la oración y no conocéis el sacrificio ni la penitencia! Por
eso el mundo está en las condiciones que está, hijos míos; porque los hombres pisotean las
gracias y pisotean los sacramentos. Acercaos a la Penitencia, hijos míos, al sacramento de
la Eucaristía. Todo el que coma mi Cuerpo y beba mi Sangre tendrá vida eterna. Amad a la
Santa Iglesia, acercaos a ella, hijos míos; ella os enseñará a amar a Dios. Amad al Santo
Padre.

Y vosotros, sacerdotes, obispos, cardenales, obedecedle a ese santo varón, y protegedle.


¡Cuánto sufre por las desobediencias, hijos míos! Es un santo varón como jamás ha habido
en la Tierra; un varón entregado a Dios y uniendo a los hombres, sin importarle razas ni
colores, sin mirar por sí mismo, sino mirando por los demás constantemente. Imitadle, hijos
míos, imitadle, y veréis cómo camináis por el camino de la perfección.

Orad, hijos míos, no os olvidéis de la oración; con la oración, el demonio huye de las
almas. Y orad mucho para que haya sacerdotes santos, que puedan expulsar las almas de los
enemigos que se introducen dentro de ellas. (1) Satanás es muy astuto y se introduce dentro
de las almas, para ir contagiando unas a otras; tened cuidado, hijos míos, no os abandonéis
en los sacramentos, orad mucho, que Satanás huye con la oración.

Sí, hijos míos, quiero almas que sean capaces de darlo todo por mi amor, no que se queden
en el tiempo, en los apegos de la carne y de la sangre y del hogar; que la mayoría se
despegan de Dios para apegarse a lo mortal.

Seguid orando, hija mía. Mira cuántas almas hay, por vuestra oración, a punto de llegar al
Cielo.

Una de ellas va a ser portavoz de todas.

ALMA DEL PURGATORIO: Gracias, gracias por tantas oraciones dedicadas a nuestras
almas. Gracias porque muchas de nosotras no hemos recibido ni una sola oración de
nuestros seres queridos. Hemos recibido lágrimas, pero oraciones no, y las lágrimas no nos
han servido de nada. Mira, hermana mía, qué sufrimiento tan horrible sienten nuestras
almas, porque carecemos de la oración, y qué alivio sentimos cuando viene una oración a
nosotros; porque el más grande tormento que hay en la Tierra es el más pequeño que
sufrimos nosotros aquí. No se puede comparar los tormentos de la Tierra con los tormentos
del Purgatorio; el más pequeño es más doloroso que cualquier sufrimiento de la Tierra por
muy grande y muy doloroso que sea. Nuestro dolor es más grande que ningún dolor, porque
deseamos ver a Dios, tenemos ansias inmensas de ver a Dios. Orad por nosotras para que
podamos ir al Creador. Muchas estamos aquí millones de años porque hay muy poca
oración. Nuestras familias nos quieren y nos aman mucho, pero cuando dejamos de existir
sólo echan lágrimas, no hacen oración ni oyen el Santo Sacrificio de la Misa, que tiene
tanto valor para nosotras. Haced sufragios por nosotras, ofrecednos oraciones, que nosotras
también colaboraremos un día con vosotras, para ayudaros. Mira cuánto puede hacer una
sola oración llena de caridad y de amor.

LUZ AMPARO: ¡Ay, cómo vuelan al Cielo! ¡Ay…!

ALMA DEL PURGATORIO: ¡Gracias, gracias por las oraciones! No podemos decir otra
palabra, nada más que gracias.

LUZ AMPARO: ¡Ay, qué grandeza, Dios mío! ¡Ay…!

ALMA DEL PURGATORIO: La caridad vale mucho para calmar nuestras penas y para
llegar a la Gloria, la oración y el Santo Sacrificio de la Misa. Orad por nosotros. Gracias,
otra vez.

EL SEÑOR: ¿Ves, hija mía, cuánto sirve la caridad, el amor? Y los hombres no se aman
ellos mismos, ni unos a otros. ¡Cómo se van a acordar de los demás! Por eso, hija mía, la
Tierra es tan castigada. ¡Cuántos años, te dije que vendrían trombas de agua, huracanes,
mares desbordados, naciones engullidas bajo los escombros, porque los hombres no
vuelven su mirada a Dios! Hijos míos, sin Dios el hombre no es nada, está muerto, es un
muerto viviente, hija mía; y aquéllos que se llaman cristianos practicantes, y participan en
el pecado de los hombres y pecan de omisión, sin retirarse y olvidarse de aquéllos que
ofenden a Dios. ¡Qué crueles, hijos míos; cómo sois partícipes de la ofensa a Dios!
¡Cambiad vuestras vidas y amad a Dios sobre todas las cosas! ¿¡Quién cumple este
mandamiento, hijos míos!? Ni los laicos, ni los sacerdotes, ni los religiosos. Todos
anteponen antes a su padre, a su madre, a su hermano, a su hermana, antes que a Dios su
Creador. Amad a Dios vuestro Creador, hijos míos. Cumplid los mandamientos. Todo el
que cumpla los mandamientos se salvará. Amaos los unos a los otros, hijos míos; practicad
la caridad. ¡Cuántas almas, que han llegado a este lugar, se han salvado y están gozando de
la eternidad! Eso sí que es un gozo para nuestros Corazones.

Acudid a este lugar, hijos míos, que yo cambiaré vuestras vidas y os enseñaré a amar a la
Iglesia y a frecuentar los sacramentos. Amad nuestros Corazones, hijos míos. ¡Cuántas
almas de las que acuden a este lugar…!

LA VIRGEN: Mira qué gozo, hija mía, mira, qué gozo siente nuestro Corazón de tantas y
tantas avemarías que alegran nuestros Corazones, y son jardines que tienen preparados en el
Cielo por cada avemaría.

LUZ AMPARO: ¡Oy, qué belleza!…

EL SEÑOR: Sed firmes, hijos míos, y perseverad. No os hartéis, hijos míos. Venid, rezad
el santo Rosario. Acudid a este lugar, que yo os bendeciré, hijos míos. Amaos unos a otros,
ése es el mandamiento más importante, hijos míos.
LA VIRGEN: Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con
el Espíritu Santo.

(1) Frase de construcción equívoca. Al transmitir la vidente el contenido del mensaje, en


este punto, parece omitir una preposición y trasponer otra. Salvando el sentido que
consideramos propio, quedaría, pues, así: “Y orad mucho para que haya sacerdotes
santos, que puedan expulsar de las almas a los enemigos que se introducen en ellas”.

MENSAJE DEL DÍA 2 DE DICIEMBRE DE 2000, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, aquí estoy como Madre de los desamparados.

EL SEÑOR:

Bebe unas gotas del cáliz del dolor, hija mía… Es amargo, hija mía, pero al mismo tiempo
te fortalece. Ámame mucho, hija mía, y hazme amar. Repara tus miserias, hija mía, y las
miserias de los demás. Cuando yo veo que las almas reparan las miserias de los demás y las
suyas propias, mi Corazón se vuelca en ellas y yo me refugio en sus corazones. Cuando las
veo que tienen deseos de amarme, no me importan sus miserias, me importa su amor. Por
eso te pido, hija mía, que hagas porque las almas me amen, y no te angustien las
difamaciones, las calumnias. Pide por esas pobres almas que quitan del Evangelio y ponen
lo que les agrada; ellos hacen un Evangelio a su gusto; por eso, siempre ven la misericordia,
pero no ven mi justicia. Y mi justicia es igual que mi misericordia. Y la aplicaré con ellos
para que vean mi justicia, para que no vayan diciendo a los hombres que sólo empleo mi
misericordia. Soy Juez Supremo de vivos y muertos. Que mi Corazón se vuelca hacia las
almas que tienen deseos de amarme, de ser fieles y de respetarme. Pero, hija mía, ¡cuánto
sufre mi Corazón por la infidelidad de mis almas! Por eso pido, como un mendigo, un poco
de amor. ¿Y sabes quién detiene mi ira, hija mía? Esas almas que tienen deseos de amarme,
ésas son las que sujetan mi brazo. Mira, hija mía, los hombres dicen que no empleo mi
justicia. Si no emplease mi justicia, no estarían éstos en este lugar, estarían todos en este
otro, hija mía.

LUZ AMPARO: (Durante unos instantes, tiene una visión del Infierno). ¡Ay, ay! ¡Ay, qué
horror! ¡Ay, qué horror! ¡Ay!

EL SEÑOR: Pero no quiero que tu corazón sufra. Mira la felicidad de estos otros, hija mía;
todos han llegado a mí por el amor, por la obediencia, por la fidelidad. Todos han llegado a
este lugar, por muy pecadores que sean; si ellos tienen voluntad y vienen a mí, yo los
perdono, y les abro los brazos, y les doy un abrazo eterno. Pero aquéllos que no quieren
hacer mi voluntad, y matan a los seres, se convierten en fieras heridas por el odio y por el
desprecio a las almas, hija mía. Yo, todo amor, enseñé a los hombres a amarse, y ¿en qué
han convertido mi mandamiento, hija mía? En desunión, en odios, en destrucción. Yo, que
bajé a darles vida a las almas, hija mía, con mi muerte; mira qué mal correspondieron a ese
amor. Yo, que sufrí tanto por ellas, que mi Corazón era un volcán de fuego e instituí la
Eucaristía para que todos viniesen a alimentarse de mi Cuerpo y de mi Sangre; la instituí
por amor, y ¿qué hacen, hija mía? ¿Cómo corresponden a ese amor? Pisoteando mi Cuerpo.
¿Cómo me reciben muchas almas, hija mía? En pecado mortal. ¡Cuántos sacrilegios
cometen con mi Cuerpo, hija mía! Yo, que dije: “El que coma mi Cuerpo y beba mi Sangre
tendrá vida eterna”, también sufro porque veo que a muchos les sirve de condenación
porque me reciben en mal estado, hija mía.

Por eso pido: ¡hijos míos, id al sacramento de la Penitencia, confesad vuestras culpas!, y
después venid a recibir el Cuerpo de Cristo. Pero no sembréis vuestra condenación
recibiéndome en mal estado, hijos míos. Acercaos al sacramento de la Penitencia, que
muchos de vosotros no os acercáis, hijos míos. Confesad vuestras culpas, hijos míos, y
recibidme dignamente. No ultrajéis más el Cuerpo de Cristo, hijos míos. Id a la Penitencia:
el sacerdote perdonará vuestras culpas, y acercaos a la Eucaristía, que yo os daré fortaleza y
avivaré vuestra fe para que permanezcáis en mi amor. Todo aquél que permanece en mi
amor, yo estaré siempre con él. Hijos míos, amaos unos a otros; caridad pido entre los
hombres. Y todo aquél que siga mi camino, tendrá un lugar en la eternidad junto a mí, hija
mía.

Y vosotros, guías de los pueblos: explicad a los hombres las verdades del Evangelio; no os
comáis lo que queréis y añadís lo que queréis también, hijos míos. ¡Ay de vosotros,
aquéllos que quitáis o ponéis! ¡Cómo os asustan mis mensajes catastróficos —como decís
vosotros, hijos míos— y no os fijáis en la Biblia! ¿O es que no creéis en ella? Es palabra de
Dios; explicadla según está escrita, hijos míos, y enseñad a los hombres las verdades.
¿Cómo os coméis lo que queréis? Vuestra infidelidad, hijos míos, os ha dejado ciegos y,
por eso, escondéis lo que queréis y habláis lo que no debéis. ¿No os da miedo, hijos míos,
que puedo aplicar mi justicia sobre vosotros?

¿Cómo perseguís a los que intentan vivir el Evangelio, si el que está conmigo no está contra
mí? ¿Qué motivos tenéis, hijos míos, para perseguirlos, calumniarlos? ¿No os remuerde la
conciencia, hijos míos? ¿Dónde está vuestra caridad, vuestro amor al prójimo? Quedaos
con lo bueno y no busquéis siempre lo negativo. ¿Quién sois vosotros para decir a todo un
Dios a quién tiene que manifestarse, dónde y cuándo? Y me limitáis también el tiempo. Si
tuvierais fe, hijos míos, no os asustaríais de nada. ¿No será que no estáis tranquilos
vosotros? Buscad lo positivo y no destruyáis las almas.
Y vosotros, no tengáis miedo a aquéllos que os quieran destruir. Yo estoy con vosotros, ¿a
quién vais a temer? Y no escudriñéis tanto el mensaje. El mensaje divino es muy difícil
entenderlo, hijos míos. Tú, comunica todo mi mensaje y no te angusties, hija mía, que cada
uno lo entienda a razón de su inteligencia. Mi tiempo no es el tiempo de la Tierra y mis
palabras están impregnadas de gracia y de vida eterna. Hay almas en el Purgatorio, lo
repito, siglos de mi tiempo, no del vuestro, hijos míos.

Y sobre el Santo Padre, hijos míos, os lo repito: un varón santo en la Tierra, mártir por la
Humanidad, que une a los pueblos y a naciones enteras. Ése es un santo varón. Y repito:
después de Pedro, el santo más santo de todos los papas.

Pero, hijos míos, si el que está en gracia sabe discernir todo. Amad mucho a las almas, y
pedid mucho por la Iglesia y por los que la componen, hijos míos; por el Vicario de Cristo.
Orad, hijos míos, orad. No os abandonéis en la oración, el mundo está en esta situación
porque los hombres no elevan su mirada a Dios, y los hogares están sin Dios, y los hombres
anteponen todo a Dios. Y mi Corazón está triste por mis almas queridas.

Repito otra vez, hijos míos: no seáis funcionarios, sed pastores de mi Iglesia; reunid los
rebaños que están esparramados, hijos míos, y enseñadles las verdades del Evangelio; y,
sobre todo, os pido, hijos míos, la caridad; emplead vuestra caridad con el prójimo. El amor
es lo más importante. ¿Cómo, hijos míos, podéis tener vuestra alma tranquila persiguiendo
a las almas que intentan seguir el Evangelio? Y enseñad a los hombres que soy Juez, y que
los juzgaré según sus obras, y que Dios no es catastrófico, pero Dios es Juez y juzgará a
cada uno según su comportamiento. Y vendré a la Tierra y traeré la guerra, y la madre irá
contra el hijo, el hijo contra la madre, la suegra contra la nuera, la nuera contra la suegra,
hermanos contra hermanos, para todos aquéllos que hayan rechazado mi palabra y que
pisotean el Evangelio y que ponen y ponen lo que a ellos les gusta. ¡Ay de aquéllos que no
creen en mi justicia!, cuando la emplee sobre ellos, hijos míos, ¡qué horrible será!

Orad, haced sacrificios y ayunos, hijos míos. Pedid por los pobres pecadores. Amaos unos a
otros, estad unidos todos, hijos míos, para que todos caminéis juntos y nadie os derribe.
Vuestro silencio es importante, hijos míos, aunque el enemigo no aprende de vuestros
silencios. Pedid por mis almas, por mis pastores, y cambiad vuestras vidas, hijos míos.
Amad nuestros Corazones. Venid contritos y arrepentidos. Dad testimonio de vida, hijos
míos, con vuestro ejemplo, aunque el malvado no querrá ver, porque el que tiene la gracia
es el que ve, pero el que está en tinieblas nunca verá. Penitencia y sacrificio, hijos míos.

LA VIRGEN: Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones
especiales para los pobres pecadores. Acudid a este lugar, que recibiréis gracias corporales
y espirituales, hijos míos.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 2 DE ENERO DE 1999, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, mi Corazón está muy afligido por la ingratitud de los hombres. Los hombres no
aceptan mi palabra, les cansan mis mensajes, y vengo a recordarles el Evangelio. Sólo
vengo a decirles lo que está escrito, que Cristo lo dejó escrito, y no creen. ¿Cómo iban a
creer en cualquier doctrina que se les quisiera enseñar, hijos míos?

EL SEÑOR:

Sólo digo, hijos míos, que vendré a la Tierra y no encontraré amor entre los hombres, ni
paz. Y dije: “Yo bajaré con mi Padre y con el Espíritu Santo y moraré con aquéllos que
hayan cumplido los mandamientos y, sobre todo, con aquéllos que se amen unos a otros”;
eso es lo que he venido a recordar a los hombres, y los hombres cierran sus oídos a mis
palabras. ¡Ingratos!

Y tú, hija mía, no te angustien ni los anónimos ni las calumnias ni las palabras. Son seres
diabólicos, que se han dejado arrastrar por el enemigo y ellos tienen la verdad en su mentira
porque hablan por la boca de Satanás. ¿Quieres hacerme un gran regalo, hija mía?: ámalos
con todo tu corazón, ora por ellos y sacrifícate, sé víctima de reparación por ellos. No van
contra ti, van contra mí, hija mía. Por eso te pido: sé muy humilde, hija mía, y te repito que
el discípulo no es más que el Maestro. ¡Si a mí me llamaban Belcebú y tantas y tantas
perversidades, hija mía!, ¿cómo vas a ser tú más que el Maestro?

Ora por ellos, hija mía, y no guardes en tu corazón ningún resquicio. Yo prometo que con
todos tus sufrimientos, todas esas calumnias, hija mía, y toda esa persecución, vendrán
muchas almas a mi redil. Y prometo no desaparecer de este lugar. Mis palabras se acabarán
pero mi presencia seguirá.

LA VIRGEN: Acudid, hijos míos, a este lugar que recibiréis gracias en abundancia.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 6 DE FEBRERO DE 1999, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hijos míos…

LUZ AMPARO:

¡Ay, qué belleza!

LA VIRGEN:

Hija mía, hoy vengo con el manto de fiesta. Son tantas las avemarías que recibo en este
lugar, que aunque mi Corazón está dolorido por la situación del mundo, siente un gran gozo
porque estas avemarías que se rezan en este lugar, la mayoría de ellos vienen con ansia de
Dios, y sale de lo más profundo de su corazón. Pero ¡ay, hija mía, cuántos no quieren seguir
esta Obra!

EL SEÑOR:

Sé que te entristeces y que tu corazón sufre cuando ves que un alma ha recibido tantas
gracias de este lugar y se van por otros lugares donde los halagan y donde hurtan mi gloria,
porque los glorifican. Se glorifican, hija mía, en la oración ellos mismos; por eso muchos
no quieren seguir esta Obra, porque aquí, te lo he dicho: que son uno de tantos, y en otros
lugares resplandecen. Pero ¡cuántos se presentan ante mí, hija mía, con un celo negro, que
no es ese celo bajado del Cielo, sino es celo terreno, celo diabólico, a veces, porque se
presentan llenos de vanidades y de vanas glorias!

Y yo intercedo a mis hijos que oren con pureza de corazón para la gloria de Dios; que no se
vanaglorien de la oración ni de los trabajos que hagan; que no dejen que los hombres los
halaguen y los glorifiquen; que trabajen por los prójimos y para la gloria de Dios; que
hagan la voluntad de Dios en todo.

Sí, hija mía; por eso los hombres no quieren seguir esta Obra, porque aquí no son
halagados, son perseguidos, calumniados, difamados; pero eso hicieron con Cristo.

LA VIRGEN: Orad bien, hijos míos, orad bien, para que cuando os presentéis ante la
Divina Majestad de Dios, recibáis vuestro galardón.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos para la salvación de las almas, para las
almas del Purgatorio…

Yo os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 6 DE MARZO DE 1999, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR:

Hijos míos, una vez más, hago mi presencia, y no vengo a deciros nada nuevo, hijos míos,
porque ya os lo he dicho; pero no escucháis mi palabra. Yo soy la Puerta del Cielo, y mi
Madre es el Puente para venir a la Puerta. El que no pasa por esta Puerta es un ladrón que
quiere echar [1] a mi Iglesia, pero no vive para la Iglesia. Hijos míos, si fueseis sordos o
ciegos tendríais disculpa, hijos míos, pero ni sois ciegos ni sordos y no queréis ver ni
escuchar mi palabra; sois salteadores. Muchos de vosotros os saltáis lo que queréis, y todo
el que no pasa por esta Puerta, no tendrá vida eterna. Recoged los rebaños que hay
esparcidos, hijos míos, y llevadlos al aprisco, porque yo he dado mi vida por todos.

¿Cómo rechazáis a los que queréis y os quedáis con lo que os agrada, hijos míos? El que no
está contra mí, está conmigo; muchos sois asalariados y no queréis oír mi voz; huís del
rebaño y dejáis solo ese rebaño, porque os importa más el salario que las almas. Hijos míos,
el pastor que es bueno no abandona a sus ovejas y no huye cuando viene el lobo; y vosotros
huís cuando oís hablar del lobo. Yo tengo un rebaño al que he redimido con mi Sangre y
vosotros no queréis saber nada de él. Yo he ido llamando a este rebaño y mis ovejas han
conocido mi voz y me han seguido, tal como yo he pedido. ¿Por qué sois tan necios, hijos
míos, y no queréis escuchar mis palabras? ¡Pobres de vosotros, no tendréis disculpa, porque
mi palabra es la verdad y nada va en contra! ¡Sed pastores de almas y no seáis funcionarios
ni asalariados, dedicaros a las almas, que hay mucho trabajo, hijos míos!

[1] “Embullar”= “Animar a alguien para que tome parte en una diversión bulliciosa”.
“Imbuir”= “Infundir, persuadir”.

LA VIRGEN:

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantas ofensas como se cometen contra nuestros
Corazones…

Hijos míos, sed humildes, porque vuestra soberbia no os deja ver, y ¿quién sois vosotros
para limitar a Dios? Acudid a este lugar, que recibiréis gracias muy especiales, hijos míos,
para vuestra salvación.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos para la conversión de los pobres
pecadores…

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 3 DE ABRIL DE 1999, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Aquí estoy, hija mía, otra vez. Aquí está la llena de gracias, para enseñar a los hombres las
virtudes y para que no se les olvide la principal virtud que es la caridad, vínculo de
perfección. Hija mía, mis palabras dije que serían cortas; pero los hombres, hija mía, echan
en olvido todas las palabras que se les recomienda.

Toda esta multitud que viene a este lugar, ordenada y unida, sería una gran jerarquía para la
Iglesia. Hijos míos, todo lo que habéis aprendido y las gracias que habéis recibido de este
lugar, los hombres no saben aprovecharlas.

Estad todos juntos, hijos míos, tened una misma voluntad, amaos unos a otros y no os
desunáis ni separéis. Todo lo que es separado, te repito, hija mía, está roto y destruido; por
eso pido que os unáis unos a otros y que viváis juntos la palabra de Dios. Toda desunión no
es buena, hija mía; por eso pido que todos viváis la Ley, la Ley del Evangelio, que la tenéis
olvidada. Y es lo que quiero enseñaros, hijos míos: a conocer a mi Hijo, porque mi Hijo es
el gran desconocido.

Y todos, hijos míos, unidos en amor y unidad viviréis vida de ángeles y estaréis viviendo
un cielo; pero cuanto más os separéis, hijos míos, menos cumpliréis la Ley. Y es lo que
vengo a deciros a todos, hijos míos: que Dios está con todos vosotros y el Espíritu Santo
está para enseñar a las almas. Estad muy unidos y amaos unos a otros; este mandamiento
hay que repetirlo constantemente.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantas ofensas como se cometen en el mundo…

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para la
conversión de los pecadores…

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 1 DE MAYO DE 1999, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR:

Hijos míos, si es verdad que me amáis, respetad mis leyes y amad mis leyes, porque los
hombres se han abandonado en Dios. Los padres sólo piensan que sus hijos estudien buenas
carreras, y tienen, la mayoría, atados el pensamiento y el corazón a los libros; quieren mejor
que sean hombres de ciencia que hombres de Dios. Pero ¿hasta cuándo, hijos míos, puede
todo un Dios estar avisando a los hombres, del gran peligro que acecha al mundo? Sois
sordos a mis palabras y ciegos a la realidad de lo que hay en el mundo. Y todo es porque
falta Dios en los hombres. La mayoría de los hombres son desertores de Dios; han
desertado, y donde no está Dios no puede reinar la paz.

LA VIRGEN:

Orad mucho, hijos míos, orad, que se ha olvidado el diálogo con Dios. Los hombres sólo
mueven los labios y no meditan las palabras que hay en el Padrenuestro. Y fue el mismo
Jesús el que enseñó a los hombres esa oración.

Digo que mis palabras se acaban, pero mis gracias seguiré derramándolas sobre todos
vosotros. Acudid, hijos míos a este lugar; son tiempos muy graves, y aquí os enseño a amar
a la Iglesia, amar a Dios y a todo lo que compone el camino recto y seguro para llegar al
Cielo. ¡Ay, cómo los hombres desaprovechan tantas y tantas gracias y tantos y tantos frutos
como hay en este lugar!

Que los hombres no hagan la guerra entre las familias, ni entre las comunidades. Ya hay
bastantes desertores y almas que no quieren saber nada de Dios, para armar guerras,
matanzas, destrucciones. ¡Qué pena de almas! ¡Todo un Dios pidiendo a sus criaturas que
cumplan las leyes; la ley del espíritu, que a los hombres se les olvida esa ley!

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantas y tantas ofensas como se cometen contra
nuestros Corazones…

Sed humildes unos con otros y reuníos todos para practicar unos con otros, y que se
conserve la unidad entre los hombres. Quiero amor entre vosotros, hijos míos, y unidad.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los
pobres pecadores…

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo con el Espíritu Santo.
MENSAJE DEL DÍA 5 DE JUNIO DE 1999, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, aquí está tu Madre, Madre de los desconsolados, Madre del triste y afligido. Sé
que a veces tu alma siente una soledad muy grande, hija mía, pero no te angustie esa
soledad; aquí estamos nosotros para extenderte los brazos.

EL SEÑOR:

Tú, sigue reprendiendo a las almas, hija mía, aquello que no les beneficia y aquello que a
mí no me agrada. Las almas, hija mía, cuestan dolor y alegrías; pero tú, sigue aplicando la
caridad. Nunca, hija mía, abandones esa virtud, aunque te calumnien, aunque te desprecien.
Tú repréndelos, hija mía. Si ellos no tienen gratitud a esos favores son dignos de
compasión. Pero tu misión es ayudar a las almas y corregir la mala deformación. Pero, hija
mía, les cuesta mucho agachar la cerviz; el orgullo no las deja.

También hago un llamamiento a todos los monitores que traen almas a este lugar: que todos
unidos encuentren la paz unos con otros y que nadie forme discordia porque uno hace más
que otro; que todos lo hagan para la gloria de Dios; que no sea ni para beneficio propio ni
para vanidad ni para glorias terrenas; que todo sea para la gloria de Dios, hijos míos, y para
beneficio de las almas. Trabajad, hijos míos, que todos seréis remunerados con una gran
recompensa en la eternidad; pero que nadie se crea más que el otro, ni que ninguno se vea
más valores que los demás, todos trabajáis para la gloria de Dios.

Conducid a las almas para que beban de esta fuente, que muchas vienen sedientas, hijos
míos. Eso es lo que os tiene que preocupar: la salvación de las almas, hijos míos; pero no
arméis discordias unos con otros y queráis unos abarcar todas las cosas. Compartid, hijos
míos, y ayudaos unos a otros. Todo el que trabaje para mi Obra recibirá gracias especiales,
pero no encendáis una vela a Dios y otra al diablo, hijos míos; el que está conmigo no está
contra mí.

Amaos unos a otros, ése es el mandamiento más importante: la unidad, el amor y la paz,
hijos míos.

LA VIRGEN:

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los
pobres pecadores…

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 3 DE JULIO DE 1999, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, aquí está tu Madre y Madre de todas las almas. Vengo como Consoladora de los
afligidos. Pocas palabras me quedan que decir, hija mía, porque ya he dicho todo lo que hay
en el Evangelio.

EL SEÑOR:

Mira, hija mía, cuántos cadáveres pasan por el mundo. Desde el principio de sus vidas son
cadáveres; están muertos, hija mía, porque para ellos no hay ninguna ley; la única ley que
hay es su pensamiento. El pensamiento lo tienen puesto en el mundo, y allí donde está el
pensamiento está el tesoro, hija mía.

Yo he creado hombres vivos, no cadáveres. He creado hombres con luz, no con tiniebla.
Quiero hombres alegres, no tristes. Almas que pongan el pensamiento en Dios, no en las
cosas caducas, hija mía. Pero los hombres no hay más ley para ellos que la que a ellos les
gusta, hija mía; por eso te digo que, desde el principio de su existencia, son cadáveres que
han pasado por el mundo y no han llegado a la luz; son almas lánguidas, hija mía; almas
que no piensan nada más que en sí mismas, nunca piensan en la existencia del Creador.

LA VIRGEN: Hijos míos, cambiad vuestras vidas. Acercaos al sacramento de la


Eucaristía, al sacramento de la Penitencia. Haced visitas al Santísimo. Trabajad con ilusión,
hijos míos, que en el trabajo se aprende a ser humilde. Pero los hombres se han olvidado
del trabajo y se han olvidado de las leyes, de los mandamientos. Y el hombre está hecho
para trabajar y para glorificar a Dios. Y el hombre se enfrasca en la carne, en los vicios, y
su pensamiento lo tiene en las cosas terrenas.

No penséis tanto en vosotros mismos, hijos míos, y pensad en vuestra alma. No miméis
tanto vuestros cuerpos.

Amaos los unos a los otros. Unidad pido entre todos los hombres; amor, hijos míos, entre
todas las criaturas.

Acudid a este lugar, que seréis bendecidos y marcados en la frente con una cruz. Orad,
hijos míos, y haced penitencia.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para el día
de las tinieblas…

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 7 DE AGOSTO DE 1999, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR:

Hija mía, quiero que todos los días me repitas muchas veces: “Gracias, Dios mío; te adoro,
espero en Ti, te amo y te glorifico”. En este mundo, hija mía, tan moderno como los
hombres lo han hecho, es poco glorificado Dios. Se glorifican los hombres, ellos mismos,
unos a otros, y olvidan al Dios Creador.

Repito que pocas palabras quedan que decir, hija mía. No vengo a decir nada nuevo y nada
que no sepáis, hijos míos; sino a recordaros que tenéis un alma y que tenéis que alabar y
glorificar a Dios. Os impongo la ley del amor, hijos míos. Los hombres no se aman, no se
soportan unos a otros, porque no hay amor en sus corazones. ¿Sabéis por qué vencí la
muerte, hijos míos? Por la Cruz. ¿Y por quién me puse la Cruz en las espaldas y di mi vida?
Por el amor a los hombres. Con amor todo lo comprenderéis y todo lo entenderéis; pero sin
amor, hijos míos: las guerras, las discordias, las envidias, la destrucción del mundo. Los
hijos se emancipan de los hogares sin respetar a los padres.

Yo les di una libertad a los hombres, pero una libertad moderada; y ellos la convierten en
libertinaje, y se quieren gobernar por sí mismos, y no quieren que exista el poder
eclesiástico ni el civil. Y todo esto está llegando, hijos míos. Y os dije que cuando llegase
todo este tiempo, echaos a temblar, hijos míos; pues todo está sucediendo: los hijos han
perdido la moral y la dignidad, y la atracción del mundo los embulle y no ven el pecado en
nada, hijos míos. Sabed que los tres enemigos mayores son el mundo, el demonio y la
carne. Ésos son los que vosotros buscáis, hijos míos, y os persiguen.

Amaos unos a otros. Penitencia, oración y sacrificio, hijos míos.

LA VIRGEN:

Acudid a este lugar, que todos seréis bendecidos y marcados con una cruz en la frente.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos para el día de las tinieblas…

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 4 DE SEPTIEMBRE DE 1999, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN: ¡Cuánto gozo siente mi Corazón, hija mía, por tantas y tantas avemarías
como se han desgranado en este lugar! ¡Cuántas conversiones, cuántos frutos salen de él!
¡Qué gozo sienten nuestros Corazones!

Hijos míos, acudid a este lugar con pureza de corazón, para alegrar nuestros Corazones.

EL SEÑOR: ¡Ay, guías de los pueblos, que no queréis reconocer los frutos que salen de
este lugar! ¿No os dais cuenta, hijos míos, que exigís cumplir las leyes y vosotros las
infringís y no dejáis a los que las cumplen? Cogéis el fruto y apaleáis el árbol. Pero, hijos
míos, ¿no tenéis orejas para oír ni ojos para ver? ¿Cómo no os dais cuenta, hijos míos, que
coláis el mosquito y os tragáis el camello? ¿No os dais cuenta de vuestra soberbia, que no
os deja reconocer que Dios puede manifestarse a quien quiera y donde quiera? ¿Por qué
ponéis un límite a Dios? Queréis coger vosotros los signos, no los signos que yo mande,
sino los que vosotros queráis. ¿Hasta cuándo os tengo que estar avisando, hijos míos?
Cambiad vuestras vidas, dejad el hombre viejo y revestíos del hombre nuevo. Algunos de
vosotros, hijos míos, sois un desierto helado. Yo quiero almas que sean como la mostaza,
que sean levadura y que crezcan las virtudes en su alma. Sólo el amor os puede ayudar,
hijos míos. ¿Cómo podéis atropellar y perseguir y calumniar así a los que se llaman míos y
me quieren seguir? Ni entráis en el Cielo ni dejáis entrar, hijos míos. ¡Ay de vosotros, que
no queréis escuchar mi palabra!

Hija mía, sigue pidiendo por ellos. Mi Corazón los ama, a pesar de todo.

Orad, hijos míos, orad, para no caer en tentación.

Y vosotros, guías de los pueblos: el que no está contra mí está conmigo. Quedaos con lo
bueno. ¿Cómo un árbol bueno puede dar mal fruto, hijos míos? ¿Por qué reconocéis el fruto
y pisoteáis el árbol? ¡Ciegos, necios! ¿Hasta cuándo, hijos míos? No os deja ver vuestra
soberbia. Si sois puros de corazón, creeréis en los signos. Es Dios el que hace al hombre, no
el hombre a Dios. El hombre es la criatura. No queráis quitarle el puesto al Creador.

Orad, hijos míos, pedid por ellos. Sacrificio y penitencia. Mi Corazón sufre porque hay una
rebelión entre ellos, que no quieren reconocer.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de todas las ofensas que cometen contra mi Corazón.

LA VIRGEN: Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos para la conversión de
los pobres pecadores…

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 2 DE OCTUBRE DE 1999, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR:

Hija mía, mira la situación del mundo: el mundo está salvaje; el mundo está sin amor, hija
mía; el mundo está pere… perezoso para los rezos, para las oraciones, y ¡cómo se ejercita
en los estudios, hija mía, en los trabajos! Está el mundo a punto de perecer, porque el
hombre está sin Dios. No piensan nada más que en las cosas materiales. Dejad a Dios, hijos
míos, que os enseñe la caridad y el amor perfecto. El amor de la sangre, el amor de la
carne… y ¿dónde dejáis el amor a Dios, hijos míos? Antes, los hombres dejaban la sangre y
la carne por Dios. Ahora cogen la sangre y la carne y dejan a Dios, hijos míos. ¿No os da
pena de la Majestad de Dios?

LA VIRGEN:

Convertid muchas almas, hijos míos; contentaréis a Jesús y le pondréis una corona. Orad,
hijos míos; tened ilusión. Ya te lo digo, hija mía, que en esta Obra hay que tener ilusión,
para sacarla adelante. Con ilusión y con alegría trabajad todos para la gloria de Dios.
Convertíos, hijos míos, y arrepentíos. Dejad la materia y uníos al espíritu.

EL SEÑOR:

¡Ay, los conventos, muchos cerrados y otros relajados, hija mía! ¿Sabes por qué, hija mía?
Por las salidas, las idas y venidas; les han relajado y han perdido su vocación.

Amaos los unos a los otros en el mandamiento del amor. Convertíos y arrepentíos. Acudid
a este lugar, que todos seréis bendecidos y marcados con una cruz en la frente.

LA VIRGEN:

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los
pobres pecadores…

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 6 DE NOVIEMBRE DE 1999, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR: Siéntate, hija mía; que no te sirva de humillación. Soy yo el que quiero y el
que te escojo para sufrir, hija mía. Tu cuerpo está enfermo. Tu espíritu está sano y fuerte.
Nada tienes que temer, nada te preocupe, hija mía. Es la señal clara de los hijos de Dios: la
persecución, la calumnia, la difamación; por los mismos defensores de la fe. Sí, hija mía,
muchos guías de los pueblos son los que se dedican a perseguiros.

¡Ay, guías de los pueblos, sois defensores de la fe y perseguís a los que la tienen! Tenéis
obligación de coger lo bueno, protegerlo y defenderlo; pero, en vez de protegerlo y
defenderlo, os juntáis para clavar el aguijón.

Sí, hija mía, la historia se repite, hija mía; si se lo hicieron a Jesús, ¿cómo no van a seguir
haciéndolo a la criatura?

Guías orgullosos, que muchos de vosotros estáis llenos de soberbia y no comprendéis ni


queréis entender que Dios se manifiesta a los humildes, para confundiros y para enseñaros;
pero vosotros no lo aceptáis, hijos míos. ¿No veis que están conmigo? ¿Por qué vais en
contra de ellos?

Sí, hija mía, la persecución y la calumnia duele más de los propios que están dentro que de
los de fuera. Pero no tengas duda de que eres hija fiel de Iglesia, hija mía. Ocúpate de traer
almas y de contentar nuestros Corazones, hija mía.

¡Ay, muchos de vosotros!, ¿por qué no miráis para abajo y veis el mal que tenéis dentro, los
odios —el que os odia a vosotros me odia a mí—, y sacáis todo lo que tenéis dentro, hijos
míos? Entonces podréis levantar la cabeza para que se os vea el rostro, porque vuestro
corazón, en muchos de ellos, está lleno de desamor a Dios, de mundo y de apegos del
mundo. Quitad la viga para ver la paja, hijos míos, y venid a mí, que mi Corazón os espera.
Dad un giro a vuestra vida y cambiad, hijos míos. Dad buen ejemplo e imitar a Jesús.

Orad, hijos míos, orad mucho por ellos y seguid con la Obra, hijos míos; que muchos de
vosotros todavía no os habéis entregado bien a ella. Extended la mano al necesitado, al
desvalido y al pobre, hija mía. Esto os llevará a conseguir la eternidad. Entregaos en cuerpo
y alma, que yo prometo a todo el que trabaje y ayude para esta Obra, para los pobres y los
necesitados, estar en este lugar para toda la eternidad. No perdáis la eternidad, hijos míos,
porque estáis apegados al tiempo, y el tiempo se acaba, y la eternidad no se acaba nunca,
hijos míos.

Orad por el mundo, hijos míos. Orad por las pasiones de los hombres, para que los hombres
amen a Dios. Los hombres han dejado de amar a Dios, y por eso la Naturaleza se está
rebelando con los hombres, contra los hombres, hija mía. Porque el hombre sin Dios está
muerto; por eso pido a todos los que vienen a este lugar: convertíos, hijos míos, acercaos al
sacramento de la Confesión, al sacramento de la Eucaristía, y confesad vuestras culpas y
poneos a bien con Dios. Dios mendiga el amor de los hombres.

Criaturas todas del Señor, amad al Señor. ¿No veis el mundo que está en manos de Satanás?
Los hombres han dejado de amar a Dios. Los conventos, la mayoría, están vacíos. Muchos
de mis pastores no son pastores de mi rebaño, son funcionarios y abandonan el rebaño. El
mundo se arreglaría, hija mía, si los pastores se ocuparan del rebaño y en los conventos no
salieran; porque las vocaciones han fallado desde que los conventos se han abierto a esa
libertad, que luego la han convertido en libertinaje.

Las pocas almas consagradas que quedáis, hijos míos, en los conventos con la reglas
antiguas, no las modernicéis, hijos míos. Seguid y orad por los pecadores, que el mundo
necesita oración y sacrificio, y los hombres se han olvidado de la oración y del sacrificio.

Orad, para no caer en tentaciones. Amaos unos a otros. El hombre está sin corazón. El
hombre se ha olvidado de amar, sólo piensa en gozar. No se aman los hombres, unos a
otros.

Hija mía, qué tristeza siente mi Corazón cuando veo que los hombres, cada día, se olvidan
más de nosotros. Ámanos mucho, hija mía. Ámanos y sigue trayendo almas; que nuestro
Corazón tiene sed de almas.

Y vosotros, guías de los pueblos, he dicho que tenéis obligación a preocuparos de las almas
y de lo bueno, y defenderlo y protegerlo. No de poner trabas y obstáculos en sus caminos.
Muchos de vosotros no aceptáis la “manifestación”, porque no estáis limpios por dentro y
no sois humildes. Dejad a Dios, que Él haga a su antojo lo que quiera, y caminad por el
camino de la verdad y sed pastores de almas. Mi Corazón os ama, hijos míos, y ¡qué habéis
hecho de ese amor! Vivís en el mundo y para el mundo, no para Dios. Y a aquéllos que
quieren vivir el Evangelio y caminar por el camino de la verdad, entorpecéis el camino.

Venid a mí, hijos míos, que por muy graves que sean vuestras culpas, yo las limpiaré y nos
daremos un abrazo de amigos.

LA VIRGEN: Acudid a este lugar, hijos míos; todo el que acuda a este lugar será
bendecido y marcados con una cruz en la frente, de protección, hijos míos. Amaos unos a
otros. El mundo está necesitado de amor, un amor sin egoísmos, un amor sincero y limpio.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los
pobres pecadores…

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 4 DE DICIEMBRE DE 1999, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR:

Hija mía, oración pido; oración, sacrificio, penitencia. El mundo está en esta situación
porque los hombres se han olvidado de la oración, del sacrificio y de la penitencia. Sí, hija
mía, la Iglesia está pasando por unos momentos… Mira el Santo Padre, hija mía.

LUZ AMPARO:

Está el Santo Padre en un habitación muy grande; está apoyado sobre una mesa, muy triste,
fatigado, enfermo, desconsolado; hay muchos sacerdotes, obispos y cardenales a su
alrededor.

EL SEÑOR:

Hija mía, mira todos los obispos; el Santo Padre cree que son amigos fieles de él; la
mayoría, hija mía, son falsos amigos; muchos de ellos no cumplen las órdenes que él da y
se rebelan contra sus palabras; otros, mira, hija mía, cómo son sumisos, obedientes a la
Iglesia y al Santo Padre, los de esta parte; pero estos otros, hija mía, son infieles, no son
leales.

¡Ay, hijos míos, empezasteis con el espíritu y habéis terminado con la carne!

LUZ AMPARO:

Empujan como para demoler la Iglesia los de esta parte, pero estos otros la sostienen con su
fidelidad y con su amor.

LA VIRGEN:

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y tantos pecados y ofensas como se cometen
contra mi Iglesia…

¡Sacerdotes de mi Iglesia, dejad el mal y haced el bien! Predicad el Evangelio y dad frutos
buenos de la palabra de Dios. ¡Oración, sacrificio, penitencia! Que lo habéis olvidado, hijos
míos.

Ora por ellos, hija mía, haz sacrificio y penitencia.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para el día
de las tinieblas…

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 3 DE ENERO DE 1998, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR:

Hijos míos, os empiezo diciendo: orad, orad, para que los hombres no provoquen la ira de
Dios con sus maldades. Hijos míos, a la Divina Majestad de Dios le dan arcadas las
maldades de los seres humanos. Yo pido a los hombres que vengan a mí, para conocerme,
amarme y servirme; pues es la misión que tienen aquí en la Tierra. Que vengan a mí y yo
los cogeré en mis brazos y los meteré en mi Corazón, y los llevaré a beber de fuentes de
agua viva. Es lo que quiero: que me sirvan y me amen y me conozcan en la Tierra para
verme en el Cielo y glorificar mi nombre eternamente. Éste es mi mensaje, hijos míos.

LA VIRGEN:

Acudid todos, hijos míos, a este lugar, para bendeciros. Mi Corazón Inmaculado ama a los
pecadores que se arrepienten. Orad y haced sacrificios, hijos míos.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos, con bendiciones muy especiales, para
los pobres pecadores…

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

Todos los objetos han sido bendecidos con una bendición muy especial, hijos míos.

MENSAJE DEL DÍA 7 DE FEBRERO DE 1998, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR:

Hija mía, aquí estoy con mi misericordia para emplearla con los miserables.

Hijos míos, sólo os pido: orad, convertiros y arrepentiros. Recordad vuestro pasado, hijos
míos, y reparad todos vuestros pecados. Sed fieles a las leyes que hay impuestas, cumplid
con los mandamientos; el que no sea fiel a esta ley no comerá del “maná” del Cielo; pero
aquél que sea fiel le cogeré con mis brazos, le reclinaré en mi pecho y le sentaré en mi
mesa. ¡Ay, hijos míos, cuánta infidelidad hay hoy en las almas! La infidelidad a Dios es
algo que Dios no olvida, hijos míos. El que ha sido infiel no verá el rostro de Dios.

Vosotros, religiosos, religiosas, todos aquéllos que habéis hecho promesa y no lo cumplís,
ni cumplís vuestros votos, jamás veréis el rostro de Dios.
Mujer: sé fiel a tu marido. Hijos: respetar a vuestros padres. Consagrados: sed firmes en
vuestras promesas. ¡Pobres almas, siempre vivirán en la tiniebla!

Acudid a este lugar, hijos míos; todos los que acudáis, seréis bendecidos, y muchos
marcados con una cruz en la frente. Es la hora de las tinieblas, hijos míos; buscad la luz. El
mundo está al borde del precipicio.

LA VIRGEN: Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones
especiales para el día de las tinieblas… Todos han sido bendecidos, todos los objetos.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

MENSAJE DEL DÍA 7 DE MARZO DE 1998, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN Hija mía, aquí estoy como Pura Dolorosa y Madre de los afligidos. Pido
oración, hijos míos; oración, sacrificio, penitencia. Lo habéis olvidado, hijos míos; el
sacrificio y la penitencia, la oración es la que ayudará a los hombres a cambiar sus vidas.
Dios ama tanto al mundo y le amó, que mandó a su único Hijo a él, para salvarlo. Para
salvar el mundo mandó a su único Hijo para sacar a los hombres de la tiniebla y
transportarlos a la luz; pero los hombres quieren vivir en la tiniebla, y el que vive en la
tiniebla no se salvará.

EL SEÑOR: Yo vine para salvarlos pero ellos permanecen en la oscuridad. El que está en
la oscuridad hace malas obras y no hace el bien. El que está en la luz está en la verdad y
camina con pasos firmes y seguros, haciendo buenas obras que le agraden a Dios. El que
quiera salvarse que permanezca en la luz y el que quiera condenarse que permanezca en la
tiniebla. Yo soy la luz, el que venga a mí, tendrá vida eterna.

Yo prometo que el que acuda a este lugar los primeros sábados de mes, acercándose al
sacramento de la Penitencia y de la Eucaristía, le daré gracias especiales para caminar en la
Tierra, y le aseguro la vida eterna, porque lo conservaré en la luz y no se perderá.

LA VIRGEN: Penitencia, hijos míos, oración y sacrificio.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos para el día de las tinieblas, con
bendiciones especiales…

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 4 DE ABRIL DE 1998, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR: Hija mía, lo primero vas a beber unas gotas del cáliz del dolor. Quiero
fortalecer tu espíritu, débil por el sufrimiento y el dolor… Estas gotas, hija mía, son
amargas, pero fortalecerán tu espíritu.

LA VIRGEN: Orad, hijos míos. Si vuestra oración es buena, oiré vuestros gritos y vuestros
lamentos, y os llevaré un día al Reino de los Cielos, pero todos aquéllos que tienen falta de
oración, de sacrificio, no habrá Reino para ellos. Alimentad vuestro espíritu, hijos míos.

La oración es el alimento del alma. Como el trabajo edifica al hombre y lo ejercita


físicamente, la oración ejercita el espíritu. No puede haber una cosa sin otra, hijos míos.
¿Cuántas veces te he dicho, hija mía, que la oración lleva al hombre a la acción?

En este lugar he derramado muchas gracias, es mi lugar preferido, es mi jardín. Aquí estaré
siempre con vosotros. Aquí he consolado a muchos tristes. Aquí se han convertido muchos
pecadores. Aquí muchos atribulados han sentido la paz.

EL SEÑOR: Hijos míos, la paz, la unidad entre los hombres es lo más importante. Tú, hija
mía, sigue repitiendo a los hombres que a Dios no le agrada la discordia, ni la desunión. Tu
misión es unir. Unidad, amor… es lo que enseño a los hombres. Los hombres que se
dedican a discordar y a desunir no viven el Evangelio. Me gusta mucho que los hombres
sean pacíficos. Sigue uniendo, aunque te encuentres en el camino desprecios, calumnias…
Tu misión es unir y, donde haya guerra, intenta llevar paz, hija mía.

LA VIRGEN: Quiero que se excave al lado del manantial y que las aguas vuelvan a su
cauce; así lo pido, como sigo pidiendo una capilla de oración. Oración y exposición del
Cuerpo de Cristo.

Acudid a este lugar. Este lugar es sagrado, pues ha sido bendecido muchas veces por la
Divina Majestad de Dios y he plantado mis plantas en él.

Orad, hijos míos, orad y amaos unos a otros. La caridad no debe de faltar entre los
hombres.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los
pobres pecadores…

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 2 DE MAYO DE 1998, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN: Hija mía, hoy vengo con un manto de rosas. En este manto, hija mía, están
puestas todas las oraciones de tantos y tantos peregrinos como han pasado por este lugar.
Mira qué manto más inmenso y qué flores más bellas. Aunque a veces la oración ha sido
pobre, pero ¡cuántas almas han consolado mi Corazón con tantas y tantas avemarías!

LUZ AMPARO: ¡Ay, qué bonito es el manto!…

LA VIRGEN: Así quiero que los peregrinos cubran mi cuerpo con un manto blanco y
amarillo, para tapar sus miserias, hija mía. Mira qué inmensidad tiene este manto y cuántos
pecadores he protegido con él. Las rosas son avemarías, hija mía. Aquí están todos los
frutos de mi manifestación. Mira las obras en esta parte. Mira los pecadores que han vuelto
al rebaño de Cristo. Mira todos los que han muerto, que han pisado este lugar: están bajo mi
manto, hija mía. Hoy también está tu hijo por ser un día tan especial como el que es; mira,
aquí te lo muestro.

LUZ AMPARO: ¡Ay, hijo mío, hijo mío! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay, qué belleza!

LA VIRGEN: ¿Ves las oraciones de una madre cómo tienen mucho valor, hija mía?

LUZ AMPARO: ¡Ay, Jesús! ¡Ay! ¡Ay, Dios mío! ¡Ay! También están ahí Aquilina,
Rosa… ¡Huy, cuántos de los que venían aquí! ¡Ay! ¡Ay!

LA VIRGEN: ¡Cuántas gracias he derramado en este lugar, hija mía, y los hombres no
quieren reconocer los frutos!

LUZ AMPARO: ¡Ay! ¡Ay, hijo mío! ¡Ay! ¡Ay!

LA VIRGEN: Por eso te digo, hija mía, que quiero que esta Obra sea una empresa de
amor; que tu caridad sea perfecta; cuanto más perfecta sea tu caridad, hija mía, más fuerza
tiene la oración y más perfecta es la oración.

Cubrid mi cuerpo con un manto amarillo y blanco, hijos míos, bordado de amarillo y el
fondo en blanco.

¡Cuántos consuelos han recibido las almas en este lugar, que han venido tristes y afligidos!
¡Cuántos pecadores se han convertido! ¡Cuántos males físicos y morales se han curado en
este lugar! Hijos míos, reconoced los frutos. ¿Pero cómo sois tan ciegos que no queréis
reconocer el árbol del fruto?

LUZ AMPARO: ¡Qué felicidad! ¡Ay, Dios mío, todos ahí tan felices y aquí abajo lo mal
que se está!
LA VIRGEN: Hijos míos, no mováis sólo los labios, moved el corazón, pues la oración os
tiene que servir para llegar a la obra, pues la oración sin obra es vana, hija mía. ¡Cuántos
hay que mueven los labios sin mover el corazón y luego se encuentran a un pobre
necesitado y le dicen: “Dios te ampare, hermano”! ¿Qué clase de oración hacen los
hombres? Sí, te lo dije, hija mía, y te lo repito: que grites que no todo el que dice “¡Señor,
Señor!” entrará en el Reino de los Cielos, pues sin amor el hombre no entrará en el Reino
del Cielo.

Amaos unos a otros, hijos míos, ése es el primer mandamiento, unido al de “amarás a Dios
sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”. El que ama a Dios, ama al prójimo;
pero el que le ama con perfección.

Acudid a este lugar, hijos míos, y recibiréis gracias muy especiales.

Amaos unos a otros.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con una bendición especial para la
conversión de los pobres pecadores…

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

MENSAJE DEL DÍA 6 DE JUNIO DE 1998, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Aquí estoy, una vez más, como Madre de todos los pecadores, como Madre de la Gracia,
para derramar la gracia sobre todos los que acudan a este lugar. Tú, hija mía, eres el
instrumento que mi Hijo ha escogido para comunicar a los hombres las palabras de mi
mensaje. No temas, ¿a quién puedes temer, hija mía, si Dios es poderoso, el más poderoso
que todos los hombres? Tú di los mensajes que mi Hijo te comunique. Sé que tu corazón
sufre porque ves nuestros Corazones lastimados por las desobediencias de los hombres, y
no de aquéllos que no nos conocen, sino de los que nos conocen. No digas, hija mía, como
dices muchas veces: “Es que no te conocen”. Sí conocen a mi Hijo, por eso hieren más
nuestros Corazones. Las desobediencias angustian mucho nuestro Corazón. Tú di siempre
lo que mi Hijo te diga, pero no te angusties. La responsabilidad caerá sobre los demás,
sobre los que escuchen la palabra y no la pongan en práctica.

¿¡Hasta cuándo mi Hijo tiene que estar dando avisos, y a las almas que más aman nuestros
Corazones!? Anteponen los apegos a la carne y a la sangre, hija mía, a las palabras de todo
un Dios. Tú ora, hija mía, y no desperdicies ni un solo instante en reparar las
desobediencias y las infidelidades. ¡Cuántas almas, hija mía, huyen de nuestra voz, porque
nuestra voz no da nada más que cruz y no gozos temporales: gozos eternos!; y ¡cuántas
almas, hija mía, después de haber lavado sus iniquidades, sus pecados, sus infidelidades,
sus desobediencias, con la Sangre de Cristo, cuando mi Hijo les dice “ven”, huyen
despavoridos, sin querer escuchar sus palabras! ¡Qué ingratitud la de los hombres, hija mía!
Corren a lo que les ofrece el mundo y los enemigos que hay en el mundo. Hacen caso, hija
mía, del mundo, del demonio y de la carne; ésos son los tres enemigos más grandes a los
que obedecen. ¿Cómo no va a estar triste mi Corazón? Sí, hija mía, aunque todavía hay
almas, aunque sea un número reducido, que consuela nuestros Corazones; pero, ¡qué
tristeza, los hombres, hija mía, cómo cierran sus oídos a la llamada de salvación!

Orad, hijos míos, acercaos al sacramento de la Eucaristía y de la Penitencia, amad a la


Iglesia, reconciliaos con ella.

Yo os prometo, hijos míos, que todos los que acudáis a este lugar seréis protegidos el día de
las tinieblas… Así protegeré a todos, hija mía. Y yo cumplo mis promesas.

Amaos unos a otros como Cristo os ama.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para el día
de las tinieblas… Todos han sido bendecidos.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

MENSAJE DEL DÍA 4 DE JULIO DE 1998, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Ya estoy aquí, hija mía, como Madre de todos los pecadores.

EL SEÑOR:

¡Cuánto gozo siente mi Corazón cuando un pecador se convierte y, cuando, andando en la


muerte por el pecado, han buscado la vida por la gracia! Por eso quiero que a mi Madre se
la venere y se la dé culto, porque los hombres no la ponen en el lugar que la corresponde.
Mi Madre se merece algo más; Ella es la llena de gracia, el instrumento que mi Padre
escogió para participar en el misterio de la Encarnación. Si veneran a María, los hombres
conocerán más a Jesús y lo honrarán más, pues el que rechace a María rechaza a Jesús. Mi
Padre la ensalzó a los Cielos y la hizo participar de todos los misterios. La dio por Madre a
los hombres, fue Corredentora con Cristo, y ¿cómo los hombres dicen que María no puede
aparecerse?; es Madre de los hombres, y una madre no puede olvidar a sus hijos.

LA VIRGEN:

Hija mía, yo me consagré toda a Dios mi Creador, toda mi vida, con estas palabras: “He
aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. Y ahí consagré toda mi vida y
presenté a mi Hijo a los hombres y lo entregué para su redención. Hijos míos, ¿cómo puedo
olvidar a los pecadores, si Dios me ha nombrado Madre de ellos? Acudid, hijos míos, a
protegeros bajo mi manto, que yo aliviaré vuestros dolores y vuestras penas y os consolaré.

Acudid a este lugar, que estoy distribuyendo muchas gracias, para los pobres pecadores.
Todo el que acuda será bendecido y recibirá muchas gracias para su salvación.

Amaos unos a otros, hijos míos. Amad a la Iglesia, amad al Santo Padre, el Vicario de
Cristo, al que mi Corazón ama y ha protegido de muchos males.

Os repito, hijos míos, como Madre de la Iglesia: acercaos a los sacramentos y a la


Eucaristía; no la dejéis, hijos míos, ésa es vuestra fortaleza. Amaos unos a otros como
Cristo os amó, hijos míos; no olvidéis su Pasión, que su Pasión está olvidada. Fue el amor
que tuvo a los hombres su Pasión y su muerte.

Levantad todos los objetos, hijos míos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales
para el día de las tinieblas…

Yo os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

MENSAJE DEL DÍA 1 DE AGOSTO DE 1998, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR:

Yo, el Hijo de Dios vivo, el Hijo de María, Jesús, quiero que conozcáis su nombre, quiero
que sepáis el poder de María. María tiene poder de aplastar la cabeza del enemigo. María es
la Joya pura del Cielo. María es el Canal de todas las gracias. María es la Medianera de los
hombres y yo. ¿Cómo los hombres no acuden a María? Es la hora de María y yo he puesto
el mundo en sus manos.

¡Qué alegría siente mi Corazón cuando los hombres van a María a comunicarle su dolor, su
pena, sus alegrías, sus tristezas y angustias; y Ella con sus manos maternales me las
presenta a mí! Yo no puedo negar a mi Madre las gracias que me pide, por eso pido que se
conozca el nombre de María y que no la rechacen los hombres; y ¡ay de aquéllos que
merodean por estos lugares, picando aquí y allí, con mentes destructoras, enfermizas, para
destruir mi Obra! ¿No se dan cuenta que todo lo que estorba en ella lo he ido retirando? Lo
mismo va a pasar con vosotros, hijos míos, aquéllos que os dedicáis a coger de aquí y de
allí calumnias, mentiras, guerras, para destruir esta Obra, que he puesto en las manos de mi
Madre. ¿No tenéis miedo a la Divina Majestad de Dios? ¡Mentes enfermas por la soberbia y
por el pecado, cómo perdéis el tiempo queriendo destruir mi Obra y las almas! Días cortos
os quedan en la Tierra, como sigáis intentando destruirla. ¡No perdáis el tiempo, que toda la
vida lo habéis estado perdiendo en destruir vuestras familias y en el pecado y en la ofensa a
Dios vuestro Creador! Sed humildes y arrepentiros, hijos míos, y pedid perdón de vuestras
culpas, y vuestras culpas quedarán perdonadas; pero no os unáis todos los que estáis en
tinieblas, que os buscáis unos a otros para maquinar en la oscuridad la mentira y el engaño.

Haced penitencia, y no pidáis largos años, porque pedís largos años, porque no me
conocéis, y os da miedo presentaros ante lo desconocido, porque todo el que me conoce no
le da miedo de mí. Aquéllos que temen, hija mía, es porque no me conocen; soy un
desconocido para ellos y piden aplazar su vida. No les importa las guerras, no les importa el
pecado, la destrucción; destruyen hasta a sus propios hijos, porque sus corazones están
llenos de tibieza.

Penitencia pido, hijos míos, penitencia y sacrificio. Amaos unos a otros; éste es el
mandamiento que más insiste Dios en que cumpláis. Sed humildes, hijos míos; acudid a
este lugar y seréis revestidos de mi gracia.

LA VIRGEN:

Levantad todos los objetos, hijos míos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales
para los pobres pecadores…

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

MENSAJE DEL DÍA 5 DE SEPTIEMBRE DE 1998, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Aquí estoy otra vez, avisando a los hombres, aunque los hombres se hacen los sordos a mis
llamadas; pero una madre insiste constantemente, para bien de sus hijos. Los hombres sólo
quieren libertad, hija mía, y en esa libertad pisotean las virtudes teologales, las leyes de
Dios; no quieren que nadie los gobierne y no quieren tener conciencia de Dios; sólo
piensan, hija mía, en el mundo, en lo doméstico, en la sangre. Los padres no educan a los
hijos en el santo temor de Dios y ¡cuántos participan con ellos en las ofensas y en los
pecados que hacen contra la Divina Majestad de Dios! El rey de la mentira siembra cizaña
y discordia en el mundo y se está haciendo el dueño de los corazones, porque el hombre sin
Dios no puede vivir, hija mía, es como una planta que no tiene luz ni agua, acaba
muriéndose; así está el hombre sin Dios. ¡Qué pena, se hacen los sordos a mis llamadas!
Están materializados en el mundo y tienen unos apegos carnales y materiales; por eso yo he
querido formar una Obra y desprenderlos de todos esos apegos mundanos, carnales y
materiales. Por eso quiero que huyan de la sangre y de la carne, porque muchos mueren en
una trampa mortal por el apego de la sangre y de la carne. ¡Hay tan pocos, hijos míos, que
estén desprendidos de las cosas del mundo y de lo doméstico!

EL SEÑOR:

¿¡Hasta cuándo tiene la Divina Majestad de Dios que estar avisando a las criaturas!?…
Porque quiero hacer un gran rebaño, donde pueda yo refugiarme y consolarme, pero es tan
difícil poder consolarme en sus corazones, porque sus corazones están ocupados en la
materia. ¡Ay, qué pocos hay que amen el espíritu, o que se amen por el espíritu, de alma a
alma, que se transmitan el amor, no de carne a carne ni de sangre a sangre!; esos amores
son deformados, interesados; no lo consigo, hijos míos.

Mi Corazón goza con los retoños, los retoños que yo he traído a la luz. Y los hombres se
amargan, están amargados, porque no han sido fieles un día a su palabra. ¡Ay, cómo veis la
paja en el ojo ajeno, hijos míos, teniendo una viga tan grande en el vuestro! No podéis ver
esa pajita, hijos míos, porque tenéis una gran viga en vuestros ojos. Amad a los niños. Mi
consuelo ha sido los niños. Dejad que los niños se acerquen a mí; son querubines con los
querubines, que adornan una corona de gloria y dan un gozo a nuestros Corazones; sed
amables y cariñosos con ellos.

Y tú, hija mía, repara las infidelidades de los hombres. Los hombres, la infidelidad, no le
dan importancia, no cumplen las promesas ni los votos que hacen, hija mía. ¡Cuán dolido
está mi Corazón por esas almas que falsean sus promesas!

LA VIRGEN:

Haced penitencia, hijos míos, haced oración. Amaos unos a otros. Sed buenos cristianos. Es
lo que viene a avisaros vuestra Madre celestial, pero los hombres están sordos y ciegos, y
quieren hacer una doctrina a su antojo. ¡Cuán pocos serán los que entren por la puerta
estrecha, y muchos llegarán a la puerta ancha!

Acudid a este lugar, que seréis bendecidos y derramaré muchas gracias sobre vosotros,
hijos míos.
Yo os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para el día
de las tinieblas…

Os bendigo, hijos míos, con una bendición especial para todos vosotros.

MENSAJE DEL DÍA 3 DE OCTUBRE DE 1998, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hijos míos, aquí está otra vez vuestra Madre. Mi Corazón está lleno de dolor por la
situación del mundo. Aunque muchas veces mi Corazón siente un gozo de tantas y tantas
avemarías como suben al Cielo de este prado. Pero aunque los hombres se empeñen que el
mundo está bien, el mundo está cada día peor, hija mía. Los hombres están ciegos y no
quieren ver. Las madres no quieren dejar nacer a sus hijos. Los hijos no respetan a los
padres. Los hogares están destruidos. Los religiosos, muchos de ellos, después de haber
hecho votos y promesas, buscan una vida más fácil y se salen de los conventos para ser
funcionarios en el mundo, no ministros de Dios. Muchos de los conventos, hija mía, están
marchitos. La moral en la juventud se ha perdido; el pudor, la modestia no existen, hija mía.
Y dicen los hombres que el mundo está muy bien. Sólo los ciegos, que no quieren ver,
protestan contra los mensajes, porque no les conviene escucharlos, hija mía.

Mi Corazón siente gozo de tantas y tantas almas como se convierten en este lugar y tantos y
tantos años retirados de los sacramentos y del camino del Evangelio, y han vuelto a nuestro
rebaño. Pedid, hijos míos, para que los padres enseñen a los hijos el camino del Evangelio,
antes que las carreras y los estudios; que sólo se preocupa el hombre por el estudio y por las
carreras, olvidando la carrera más importante, que es la carrera del Evangelio.

Amad mucho a la Iglesia, hijos míos, amad mucho al Santo Padre. Pedid por los sacerdotes
y por aquellos religiosos que son fieles a su ministerio. Seguid acudiendo a este lugar, hijos
míos, que derramaré gracias especiales sobre vuestras almas.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los
pobres pecadores… Todos han sido bendecidos, hija mía, con bendiciones especiales para
los pobres pecadores.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 7 DE NOVIEMBRE DE 1998, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR:

Aquí estamos, hija mía, otra vez más, avisando a los hombres. Los hombres siguen
obstinados en no obedecer a Dios. La ingratitud de los hombres aflige mucho nuestros
Corazones. Te pido, hija mía: no te aflijas, ten seguridad en mi amor. Yo, ya sabes que te
voy poniendo almas para realizar mi Obra. Sé que las flaquezas humanas te angustian y te
afligen, y que tus fuerzas se agotan, hija mía, pero acércate a la savia de mi Corazón, que
yo te fortaleceré. No es el discípulo más que el Maestro. A mí me perseguían, me
calumniaban, me maldecían e incluso decían que estaba endemoniado, porque decía la
verdad. A los hombres no les gusta que se les diga las verdades, hija mía, ni que se les
reprenda. Tú sé humilde y piensa que te escogí víctima, y prefiero tu sufrimiento al oro y la
plata, hija mía.

Los hombres, a veces, son ingratos, y quieren escudriñar y sacar de donde no hay; pero sé
valiente y ten fortaleza. Si Dios está contigo, a nadie puedes tener miedo, hija mía. Por eso
te pido humildad, y a los hombres les pido buena voluntad, sobre todo aquéllos que os
llamáis míos. Escoged los frutos y reconoced el árbol. Y el que está conmigo no puede ir
contra mí. No persigáis tanto. Si yo estoy con ellos, ¿qué podéis hacer contra ellos?

¡Cuántas gracias se han derramado en este lugar, hija mía! ¡Cuántas almas se han
convertido, cuántos pecadores han cambiado sus vidas, y los hombres se hacen los sordos,
sin querer coger los frutos!; por eso está triste mi Corazón.

Acudid a este lugar, hijos míos, que recibiréis gracias muy especiales. Amad mucho a la
Iglesia, amad al Santo Padre. Orad, hijos míos, orad mucho, para que los pastores vean la
luz. Y tú, hija mía, que nada te angustie, y no desfallezcas. Nada hay que ocultar. Te he
dicho que todo es transparente como el cristal.

Haced apostolado, hijos míos. Amaos unos a otros y sed muy humildes.

LA VIRGEN:

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos para los pobres pecadores…

Yo os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 5 DE DICIEMBRE DE 1998, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, una vez más, estoy aquí como Madre de los afligidos, como Madre de los
pecadores. El mundo está necesitado de oración y de sacrificios, penitencias. Ya sé, hija
mía, que los hombres pierden el tiempo en persecuciones, en calumnias y en difamar. Tú,
ten confianza en nosotros, hija mía. Yo te impregnaré de mi amor. El que participa en mi
dolor, participa en mi gozo. Ya he dicho todo a los hombres, hija mía, y los hombres siguen
sordos a mis palabras.

Se necesitan almas que prediquen el Evangelio, pero que crean en él, no que lo prediquen y
no lo practiquen ni lo crean. Hay mucha mies, hija mía, y pocos operarios; pero los
hombres, cada día, escuchan menos la palabra de Dios; por eso el mundo camina a pasos
agigantados a la perdición. Sólo pido, hijos míos, que no os abandonéis en la fe, que
perseveréis en la oración. Oración pido y sacrificio; lo demás, todo está dicho, hijos míos.

Acudid a este lugar que recibiréis gracias especiales para los pobres pecadores y para
vuestras propias almas, hijos míos.

Orad y amaos unos a otros. Amad a la Iglesia y amad al Papa, hijos míos.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con una bendición especial para las
almas del Purgatorio. Estas gracias, que hoy reciben los rosarios, servirán para salir muchas
almas del Purgatorio. Todo el que rece con él sacará un alma del Purgatorio [1].

Todos han sido bendecidos con unas bendiciones especiales para las almas del Purgatorio.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

[1] “Todo el que rece con él sacará un alma del Purgatorio”. Según aclaración de Luz
Amparo, el rezo con estos rosarios benditos contribuirá a que muchas almas salgan del
Purgatorio para entrar en el Cielo, dependiendo su liberación definitiva del grado de
purificación de cada alma.
MENSAJE DEL DÍA 4 DE ENERO DE 1997, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR:

Hija mía, ora mucho por el mal que hay en el mundo. ¡Cuánta hipocresía, cuánta mentira
hay entre los hombres; entre los hombres, especialmente en aquéllos que se llaman míos!
Sí, hija mía. Yo bendigo a los incultos e ignorantes y rechazo a los maliciosos y a los
maquinadores. ¡Cuántas almas, hija mía, que están dentro de mi Iglesia, se sirven de mi
Iglesia, pero no sirven a mi Iglesia!

A algunos sacerdotes, ministros de Cristo, diles, hija mía, que sepan recoger los frutos y
que recojan el rebaño que hay esparcido por todos los lugares. Que se dediquen a su
ministerio. Que no sean asalariados, que hay mucho trabajo en la Iglesia. Que se dediquen,
como hijos de Dios entregados a su ministerio, a reunir todo ese rebaño. Pero, ¡cómo podéis
hablar, hijos míos, vosotros, si no sabéis recoger los frutos buenos y dar testimonio de los
frutos que recogéis! No que cogéis los frutos, os servís de ellos y los escondéis, sin dar
testimonio del fruto que recibís. Cogéis los frutos, pero no queréis reconocer el árbol de los
frutos. ¿Cómo, hijos míos, un árbol malo puede dar buen fruto? Un árbol bueno da buen
fruto, pero nunca un árbol malo puede dar buen fruto, hijos míos. ¿Cómo cogéis los frutos
del árbol y no queréis reconocer de dónde viene el árbol?

Reza, hija mía, y ora para que se den cuenta. Como no cumplan con su ministerio serán
rechazados por la Divina Majestad de Dios. Que sepan valorar lo que es el sacerdote y a lo
que se han entregado; pero ¡ay de vosotros, que no servís nada más que para criticar, para
difamar y calumniar a las almas de buena voluntad! Vuestras obras no sirven y vuestros
frutos son estériles, porque no sois humildes, hijos míos; vuestro orgullo no os deja
reconocer que la Divina Majestad de un Dios tiene poder para hacer y deshacer lo que
quiera. Pero muchos de vosotros habéis hurtado el puesto a Dios; y por eso hay que dejar a
cada uno el puesto que le corresponde. Vuestro puesto está en la Iglesia, hijos míos, pero si
os llamáis ministros de Cristo, “cristificaros” con Él. Por eso está el mundo en estas
condiciones, hijos míos, porque muchos de vosotros sois los primeros que no enseñáis a los
hombres la verdad del Evangelio, hijos míos. Vuestra soberbia y vuestro orgullo no os deja
reconocer que Dios puede manifestarse donde quiera, cuando quiera y a quien quiera, hijos
míos.

Y mirar en el hombre a Dios, no mirar al hombre por el hombre, sino a Dios en el hombre.

Mira, hija mía, cuántos de los que se han reído de mi doctrina y han predicado una doctrina
falsa, mira el lugar donde están, hija mía… (Luz Amparo muestra admiración ante lo que
ve). Su soberbia los ha conducido a querer ser más que Dios y no dejar al Creador dirigir a
sus creaturas. Yo doy mis tesoros de gracias a quien quiero, hijos míos. ¿Quién sois
vosotros para limitar a todo un Dios? Dios no tiene límites.

Orad, hijos míos, orad, para que los sacerdotes, ministros de Cristo… —muchos de ellos
estos sacerdotes jóvenes—, que sepan guiar el rebaño y amar a la Iglesia, obedeciendo al
Santo Padre, representante de Cristo en la Tierra. Pero si no obedecéis ni al representante
de Cristo en la Tierra, ¿cómo vais a obedecer a Dios? Trabajad en mi Iglesia, que muchas
almas se retiran de ella porque vosotros, hijos míos, no pensáis nada más que en vosotros
mismos; estáis quitando a Dios y a su Santa Madre el lugar que les corresponde. Orad
mucho y haced sacrificios y penitencias, para que los hombres vuelvan su mirada a Dios. Y
vosotros, hijos míos: orad, sacrificaos y renunciad a la materia y vivid más con el espíritu, y
entregaos a Dios en cuerpo y alma, hijos míos. Dios abrirá los brazos y os recibirá en la
Patria Celestial.

Orad mucho por mis sacerdotes, por mis almas consagradas. Los conventos están relajados,
la mayoría de ellos; se ha infiltrado Satanás dentro y no piensan nada más que en
diversiones y en vacaciones, hija mía. Y te lo he dicho muchas veces; por eso no hay
vocaciones, por eso se destruyen las vocaciones, hija mía, porque se introducen en el
mundo y Satanás los atrapa en los gustos, en las comodidades y en los placeres del mundo,
hija mía.

Acudid a este lugar, que recibiréis muchas gracias, hijos míos. Entronizad el Corazón de
María y el Corazón de Jesús en vuestros hogares, para que reine la paz en ellos.

Orad, confesad vuestras culpas, hijos míos; que los hombres cometen muchos sacrilegios
acercándose al sacramento de la Eucaristía en pecado mortal, sin lavar sus manchas, sin
confesar sus culpas. Amaos unos a otros.

LA VIRGEN:

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para el día
de las tinieblas. Con un solo objeto dará luz durante los tres días con las tres noches, para
aquéllos que conserven la gracia, hijos míos.

Yo os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 1 DE FEBRERO DE 1997, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR:

Hija mía, el mundo está corrompido hasta sus cimientos, y los hombres, hija mía, no hacen
caso a mis llamadas; no quieren tener conciencia de la corrupción que hay en el mundo, y
qué pocos quieren aliviar mi Corazón.

Sí, hija mía, muchos seglares, religiosos, sacerdotes, falla la oración en ellos y hay un
relajamiento en sus almas que les hace no cumplir con su ministerio y sus obligaciones.
¿No os da pena, os repito, que todo un Dios esté avisando constantemente a sus creaturas?
Y sus creaturas se hacen los sordos. ¿Hasta cuándo, hijos míos, la Divina Majestad de Dios
tiene que sostener su brazo para no castigar a la Humanidad? Muchos de vosotros, hijos
míos, no queréis reconocer, os repito, mis mensajes, ni mis llamadas; pero sí que cogéis los
frutos que salen sin querer reconocer el árbol de donde vienen. Vuestra soberbia, hijos
míos, os deja ciegos. ¡Ay, Iglesia mía, cuánto te amo, pero qué poco te aman muchos de los
ministros!

Sí, hija mía, piensa que tu camino no es fácil, que tu camino es lleno de espinas y de dolor;
pero yo te prometo, como Hijo de Dios vivo, que ayudaré a esta Obra en sus necesidades, y
me valdré de las creaturas para esos fines. ¡Ay, hijos míos, qué ingratos sois, con ese
corazón de bronce, y tantas gracias como habéis recibido en este lugar!

Hija mía, todas esas lenguas difamadoras, calumniadoras, son lenguas infernales que,
¡cuántas veces te he dicho, hija mía, que tenías que arrancar la cizaña y retirarla del trigo, y
tu corazón, una y otra y otra vez te ha traicionado! Te digo, hija mía, que las perlas no se
pueden dar de comer a los puercos. Y esas almas que han formado parte de la Comunidad y
Grupo, que se han salido, tenías que haber retirado antes la cizaña, porque no son dignos de
recibir gracias.

¡Ay, lenguas malvadas, yo me encargaré de juzgaros por vuestro comportamiento! ¿Cómo


vais metiendo cizaña de un lugar a otro, sin reconocer que el demonio os está dirigiendo,
hijos míos? No entraréis en el Reino del Cielo por difamadores y calumniadores.

Hija mía, son mentes perturbadas que el demonio les muestra la mentira, para destruir mi
Obra; pero tú no tengas miedo a nada, sé valiente; no hay nada que ocultar en esta Obra,
hija mía, todo es limpio y cristalino. Y el que quiera hacer lo mismo que se niegue a sí
mismo, que deje sus cosas y me siga; pero sois como los paganos: ni vais a entrar en el
Cielo, ni dejáis que entren los demás. ¡Pobres almas, si pensarais el lugar que os espera!
¿Cómo sois tan crueles, hijos míos, y tenéis el corazón tan endurecido?
Orad mucho, hijos míos; donde hay oración, no entra Satanás. Donde hay comodidad,
placer, gustos… hay relajamiento y hay tibieza, y Satanás conduce a esas almas de acá para
allá.

Amaos los unos a los otros, éste es el mandamiento, que está unido al primer mandamiento
de la Ley de Dios: amarás a Dios con todo tu corazón, con todas tus fuerzas, con tus cinco
sentidos, y al prójimo como a ti mismo. ¡Ay de quien no cumpla con este mandamiento!

Hijos míos, seguid pidiendo y orando para que los pobres pecadores se conviertan y para
que pueda triunfar el Corazón Inmaculado de María y mi Divino Corazón. Y ¡ay de
aquéllos que escuchan o dicen doctrinas falsas! Retiraos de aquellas almas que quieren ir en
contra de la fe católica, apostólica, de la Iglesia de Cristo, ¿cómo creéis en algo que la
Iglesia no manda creer? Aquí llega uno por uno para purificarse, no para nombrarse ni
santos, ni apóstoles, ni reyes; eso es falso, esa doctrina. Enmendad vuestras vidas, hijos
míos, si no, no podréis ver la mirada de vuestros seres queridos. No habléis lo contrario de
lo que la Iglesia dice. Si la Iglesia dice que no existe la reencarnación, ¿cómo vosotros os
reencarnáis en el nombre que un péndulo o un adivino brujo os diga? Hijos míos, retiraos
de esa doctrina. Todos los que acudís a este lugar no tengáis el Nombre de Dios en vano.
Dios es vuestro Creador y Él es el que nombra, el día del Juicio, quién es santo, y en cada
lugar que le corresponde estar.

Pero, hijos míos, si me amáis, consolad mi Corazón y no digáis palabras que pueden
herirlo. Amad al Vicario de Cristo, amad a la Iglesia. Yo dije: “Tú eres Pedro y sobre esta
piedra edificaré mi Iglesia”. ¿Por qué buscáis, como los ángeles caídos, descubrir más
misterios e indagar donde no podéis llegar? ¡Pobres almas, me da tanta pena que pierdan el
tiempo! Su soberbia no les deja reconocer que Dios es el que pone las leyes, y el Evangelio
ahí quedó escrito.

LA VIRGEN:

Acudid a este lugar, que todos seréis bendecidos con bendiciones muy especiales, hijos
míos. Educad a vuestros hijos en su religión y amad a vuestros enemigos, hijos míos.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para el día
de las tinieblas… Todos los objetos han sido bendecidos con bendiciones especiales para el
día de las tinieblas.

Yo os bendigo como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.
MENSAJE DEL DÍA 1 DE MARZO DE 1997, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR:

Hija mía, nuestros Corazones están muy afligidos, porque el mundo camina hacia la
destrucción. Cada día, el mundo está en peor situación, hija mía. Ora, hija mía, y haz
sacrificio, y enseña a los hombres que el mundo está necesitado de amor, de caridad. Con tu
caridad, hija mía, tráeme muchas almas a mi rebaño. Enseña a amar a los hombres a tu
santa Madre, la Iglesia de Cristo. Diles, hija mía, que la Iglesia es la luz que alumbra a las
almas; en ella está el Manjar que las alimenta; que se acerquen a comer de ese Pan vivo,
para que sus almas estén fortalecidas. Diles que ahí está el banquete eterno, el canal donde
pueden beber los sedientos, que es el camino y la verdad.

Hija mía, el mundo está trastornado, no hay respeto hacia el Creador; quieren adaptar al
Creador a la ley de la criatura, hija mía, y no quieren aceptar la Ley de Dios. ¡Qué pena!
Sufro mucho por mi Iglesia, hija mía, más que sufrí por mi Pasión. Hay muchos de mis
sacerdotes que reniegan mi verdad y olvidan mis enseñanzas, hija mía, y no predican el
Evangelio tal como está escrito. El Evangelio lo están convirtiendo sólo en metáforas, hija
mía. Sufro mucho por la Iglesia; mi Corazón sufre, hija mía; amadla mucho. Y sacerdotes,
aquéllos que os desviáis del Evangelio, ¿cómo queréis caminar bien, si estáis ciegos, hijos
míos? Nuestros Corazones están muy afligidos, hija mía, pues los hombres han perdido
todo el respeto hacia Dios. Hay mucha necesidad de oración y de acción, hija mía. Los
hombres quieren convertirse en dioses y no saben que puede venir la destrucción del
mundo, porque Dios es el Creador Increado. ¿Cómo quieren igualar a Dios con la criatura?

Pido a aquellos sacerdotes, que se retiran del camino del Evangelio y que convierten el
Evangelio en metáforas, que prediquen la verdad que hay en él; y a aquéllos que
verdaderamente caminan hacia el camino de la verdad: sed fuertes, hijos míos, fuertes y
valientes; no os dejéis destruir, hijos míos, ni engañar. Mi Iglesia tiene muchos enemigos.
¡Ay, sacerdotes —muchos de vosotros—, vuestra desobediencia al Santo Padre, a vuestros
obispos…, ¿hasta dónde queréis llegar, hijos míos?! Estáis quitando la devoción al hombre
y queréis dejar al hombre por el hombre; no queréis encaminar el hombre hacia Dios. ¡Ay,
qué pena, hijos míos, vuestra soberbia no os deja reflexionar y estáis convirtiendo las almas
en destructores de la Humanidad! Dedicaos a vuestro ministerio, hijos míos, que hay
muchas almas en mi rebaño que necesitan que les habléis de Dios. Dios está
desapareciendo en los corazones de los hombres. ¿Cómo queréis que el mundo, hijos míos,
camine hacia la paz, hacia el amor, si los hombres quieren convertirse… en hacer un
mundo nuevo, en ser creadores de la Humanidad? Sólo uno es vuestro Señor, al que tenéis
que amar, respetar y adorar. Pero, ¡ay, sacerdotes, muchos de vosotros, que aconsejáis al
hombre que no hinque su rodilla ante la Divina Majestad de Dios! ¡Que toda rodilla se
hinque ante Dios su Creador, del Cielo, de la Tierra y de los Infiernos!

¿Cómo vosotros, muchos, estáis haciendo desaparecer, hijos míos, el respeto a Dios? Ya te
lo dije, hija mía, que se aboliría el poder eclesiástico y el civil, y cada individuo se
gobernaría por sí mismo.

Vosotros, almas queridas de mi Corazón, aquéllos que seguís el Evangelio sin quitar ni
poner nada de lo que hay escrito, reuníos todos, hijos míos, y sed valientes y defended mi
Iglesia y mi Evangelio tal como está escrito. No os dejéis trastornar por el enemigo, hijos
míos. El enemigo, cada día, está quitando más de mi Evangelio. Igualan Dios al hombre.
Pero ¡cómo, hijos míos, la Divina Majestad de Dios, el Increado, el que siempre ha
existido, el que nunca jamás dejará de existir, queréis igualaros a Él! Porque el hombre
quiso igualarse a Dios fue arrojado del Paraíso por su desobediencia. Porque el ángel más
poderoso quería ser más y más, quería ser más que Dios, mirad dónde está: en la
profundidad del Infierno. Si hasta los ángeles fueron arrojados del Cielo a los Infiernos,
hijos míos, ¿cómo no tenéis respeto y temor a Dios? Y no queráis que Dios se adapte a las
leyes del hombre; adaptaros vosotros a las leyes de Dios. No seáis destructores de la
verdad. ¡Ay de aquéllos que su sabiduría la emplean para destruir a la Humanidad!

Sacerdotes de mi Iglesia: dejad de ser funcionarios y dedicaros a ser buenos pastores, para
que la Humanidad cambie. Conquistar a las almas y acercarlas a vuestro rebaño, a la
Iglesia, que el Fundador de la Iglesia os lo pide, hijos míos. Cristo, vuestro Redentor, os
pide que seáis mansos y humildes y reflexionéis si dais buen ejemplo, hijos míos, a la
Humanidad, muchos de vosotros. Que aquellos santos pastores que hay, aquellos santos
sacerdotes, que no se dejen engañar, ni arrastrar como… (Luz Amparo muestra admiración
ante lo que contempla). Hija mía…, ¡mira cómo se arrastraron los ángeles unos a otros! El
ángel más poderoso arrastró a los otros y millares de ellos se dejaron arrastrar, porque
querían ser como Dios, y como Dios nadie puede llegar a ser, hijos míos.

Os pido amor, hijos míos, a nuestros Corazones. Sí, yo creé al hombre y le creé para
glorificar y para amar a Dios su Creador, a la Divina Majestad de Dios. Yo, vuestro Dios,
hijos míos, fui el Creador del mundo, y yo mandé a mi Hijo para salvar a la Humanidad. Y
yo me compadezco del hombre desde hace siglos, y el hombre tan cruel no tiene compasión
de su Dios. ¿Hasta dónde vais a llegar, hijos míos, con vuestras ideas destructoras?
Respetad a la Iglesia. Amad al Santo Padre. Obedeced. Veréis cómo vuestro camino es
suave y ligero. Pero ¿sabéis por qué no podéis con la carga, hijos míos? Porque os falta
humildad y no queréis aceptar ni reconocer las verdades que están escritas. Cumplid con los
mandamientos, hijos míos. Acercaos a los sacramentos. Renovad vuestra vida. Perseverad.
LA VIRGEN: ¡Ay, hija mía, qué dolor siente mi Corazón, mi Corazón de Madre, hija mía!
Dicen que mi Corazón no sufre; mira cómo está mi Corazón, hija mía: atravesado y lleno
de espinas.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos pecados como se cometen contra mi
Inmaculado Corazón… El mundo, hija mía, está desmoralizado (1). Mi Corazón puro e
inmaculado sufre por la Humanidad. No le dan importancia al pecado, hija mía; por eso los
pecados los convierten en virtudes y las virtudes en pecados, hija mía.

Orad mucho, orad mucho, hijos míos, y amaos unos a otros. Es la falta de amor, la falta de
respeto hacia Dios, la que hace caminar al mundo a este trastorno. Por eso hago una
llamada a mis sacerdotes, a todos aquéllos que sean limpios de corazón: hijos míos, no
retrocedáis, caminad con paso firme y seguro por las huellas que caminó Cristo. No seáis
cobardes, hijos míos.

EL SEÑOR: Yo quiero que el hombre conozca mi Evangelio tal como está escrito; sin
deformación, hijos míos, porque los hombres están confundidos, porque muchos de
vosotros los habéis confundido, hijos míos. Por eso el hombre no cambia, porque cree que
está salvado haga lo que haga; y por eso comete pecados, porque les habéis enseñado que
los pecados no son pecados, ni tienen importancia los pecados. ¿Hasta dónde queréis llegar,
hijos míos?

Y vosotros laicos, seglares casados, caminad y renovad vuestro espíritu, y haced todos una
gran masa, con el Evangelio en la mano y defendiendo y amando a la Iglesia, al Santo
Padre, y a los obispos, para que ellos puedan trabajar sin temor y con fortaleza. Orad, orad,
hijos míos. Extended la Comunidad, para que las almas se multipliquen y viváis como los
cristianos. ¡Ay, hijos míos, aquél que deje a su padre, a su madre, a su hermano, a su
hermana, por mi amor, le daré un premio en la eternidad! Quiero, hijos míos, comunidades
donde el maligno puede menos atacar. Donde hay varios juntos en mi Nombre, allí estoy yo
presente. Yo soy vuestra fortaleza. Yo soy la Verdad, el Camino y la Vida. No busquéis la
vida en el ser humano, que es corrupto; buscad la vida en el Incorrupto.

LA VIRGEN: Acudid a este lugar. Amaos unos a otros, hijos míos, como Cristo os ama, y
sed valientes, sin fanatismo, hijos míos, pero sí con humildad y con la verdad. Y amad
mucho a la Iglesia de Cristo.

Nunca está el mundo como está en esta situación, hijos míos.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para la
conversión de las almas…

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
1) “Desmoralizar” no significa aquí “desalentar”, sino “corromper las costumbres con
malos ejemplos o doctrinas perniciosas”, según la primera acepción del verbo. Cf.
Mensaje 7-7-2001.

MENSAJE DEL DÍA 5 DE ABRIL DE 1997, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR:

Hija mía, el mundo está cada vez peor, los hombres se han recrudecido, hija mía. Mira
cómo está el mundo: el hombre no quiere aceptar la Ley de Dios. Dios es despreciado, hija
mía. Los hijos no respetan estar bajo el mandato de Dios, ni bajo el mandato de sus padres,
ni la obediencia, hija mía. Ya te dije que el mundo está tan corrupto, desde sus cimientos,
que los pecados ya han colmado todo el globo terrestre, hija mía. Los hombres sin Dios son
fieras salvajes, hija mía; no intentan nada más que destruir; se destruyen ellos mismos y
destruyen a la Humanidad. El hombre sólo piensa en sus intereses. El hombre, hija mía,
Dios ha aparecido de su pensamiento, pero él le ha hecho desaparecer. Todos sus
pensamientos están en el desenfreno del mundo; cada uno mira para sí mismo. Los pecados,
la inmoralidad, el desamor, los crímenes, todo, hija mía, es lo que rodea al globo terrestre.
Y aquí está todo un Dios paciente, a pesar de los hombres ser tan crueles, esperando aplicar
la misericordia sobre todos los que quieran llegar a mí.

El hombre ha perdido la fe. El mundo sin amor perece, hija mía. Yo quiero amor, buenas
obras; no quiero palabras, y los hombres sólo se quedan en la palabra. ¿Hasta cuándo, hijos
míos, todo un Dios tiene que estar esperando al hombre que se convierta y pida perdón? El
mundo camina hacia la destrucción, hija mía; por eso pido y hago un llamamiento a
aquéllos que llevéis una vida correcta, aquéllos que améis a Dios y cumpláis sus leyes.
Hago un llamamiento a todos, hijos míos: a obispos, sacerdotes, familias, jóvenes, viudos, a
todos los que amáis a Dios, hijos míos: ofreced sacrificios, penitencias, oración, para
nivelar la balanza, que está desnivelada, con vuestras buenas obras, vuestros sacrificios y
vuestras penitencias; pero sobre todo, hijos míos, el hombre que no ama no tiene vida; el
amor es vida. Yo vine por amor a dar vida a los hombres; por eso hoy, hijos míos, os repito
que todos los que améis mi Divino Corazón y el Inmaculado Corazón de mi Madre, no
tengáis miedo a nada ni a nadie, pues yo os protegeré pase lo que pase, hijos míos.

LA VIRGEN:

Y yo, hijos míos, os cubriré con mi manto a todos, porque al final mi Corazón Inmaculado
triunfará.
EL SEÑOR: ¡Qué pena de mundo! ¡Si todo se volviera a su lugar, el mundo cambiaría! Si
las familias —están destruidas— se reunieran en el santo temor de Dios; los sacerdotes que
se han retirado del camino del Evangelio fueran obedientes a sus obispos, al Santo Padre…
Si las parejas se respetasen y no hubiese esta inmoralidad, todo el mundo estaría en calma y
en paz, y Dios reinaría en cada uno de estos corazones. Por eso hago este llamamiento a
todos aquéllos que renunciáis a vosotros mismos, a los placeres del mundo, a las
comodidades; y aquéllos que hacéis buenas obras, hijos míos: la caridad es lo que falta en
el mundo; el hombre ha olvidado que tiene corazón.

¡Ay, hijos míos!, cambiad vuestras vidas y volved…

LUZ AMPARO:

¡Ah…, lo que puede suceder, Dios mío!

EL SEÑOR:

Volved vuestra mirada y cumplid, hijos míos, los mandamientos de la Ley de Dios.
Confesad vuestras culpas. Acercaos al sacramento de la Comunión y de la Penitencia; y
vosotros, pastores, aquéllos que os habéis retirado del camino recto y seguro, volved a
vuestro camino, que yo os espero, hijos míos, y os colmaré de gracias, y llenaré vuestros
corazones de amor, y pondré imán en ellos, para que podáis conquistar a las almas. Para
que el mundo cambie, hijos míos, tenéis que cambiar todos. Os repito: el mundo sin amor
camina hacia una destrucción.

Acudid a este lugar, hijos míos, que todos los que acudáis a él tendréis gracias muy
especiales y nada de lo que pueda suceder os afectará. Pero os pido, hijos míos: tened
cuidado, porque hay mucho falso profeta. Mira, hija mía, por todas partes, los falsos
profetas están invadiendo el mundo; no vayáis detrás de ellos, hijos míos. ¿Sabéis cómo se
conoce el profeta que no es falso?: por su obediencia a la Santa Madre Iglesia, por sus
mensajes universales para el mundo, por no creerse superiores a los demás; por su
humildad. Pero muchos de vosotros vais detrás de ellos, porque os gusta que os digan que
estáis salvados, que sois escogidos, que tenéis un puesto que cumplir en la Tierra, porque
Dios os ha escogido a cada uno; y ¡cuántos de vosotros, hijos míos, vuestra vanidad os
pierde! Dios viene a corregir a los hombres, no viene a alabarlos ni a glorificarlos. Ahí es
donde tenéis que daros cuenta si es un profeta enviado del Cielo. Retiraos de los que os
halagan, y aceptad, hijos míos, la corrección. Muchos profetas falsos no obedecen a la
Iglesia, y cuántos han destruido a muchos sacerdotes y teólogos buenos, diciéndoles que
son escogidos y que tienen una misión, y van detrás de ellos, haciéndolos ídolos. ¡Cuántas,
hija mía, almas son arrastrados por todos ellos!; quieren sacar a las almas del lugar donde
Dios manda gracias y se manifiesta, para ellos tener su propia secta. Sí, hija mía, muchos de
ellos no dan un men…
LUZ AMPARO:

¡Ay, qué horror, todos los que van detrás!

EL SEÑOR:

Son engañados, porque les gusta, hija mía, porque no dan un mensaje universal al mundo,
sino un mensaje para cada uno. No les dicen: “Compartid con los demás, amad a vuestro
prójimo, hijos míos; no seáis soberbios, sed humildes”. Al hombre no le gusta nada más
que la alabanza; no le gusta la corrección ni el consejo; por eso muchos —míralos, hija
mía— van detrás de ellos, porque no se les nota; muchos de ellos Satanás los dirige, hija
mía. Cuántos dicen que hablan con el Espíritu Santo por teléfono, que hablan con Dios
Padre; pero, hijos míos…, pero, ¿hasta dónde queréis llegar? ¿No tenéis miedo a la Divina
Majestad de Dios, hijos míos? Cometen sacrilegios con la Eucaristía, diciendo que tienen
comuniones místicas. ¡Ay, cuando os presentéis ante Dios, hijos míos, vuestro juicio será
terrible! Dios viene a enseñar al hombre y a recordar al hombre el Evangelio, la unidad, el
amor, la entrega, la pobreza, la oración, el sacrificio; pero muchos de vosotros sólo movéis
los labios en esas reuniones, hijos míos, sin distinguir la falsedad y la hipocresía. ¡Qué pena
siente mi Corazón! Todo es una manera de sacar a las almas donde Dios se manifiesta para
confundirlas, envanecerlas y destruirlas. Todos son centros que quieren llamar la atención.
Tened cuidado, hijos míos, que hay muchas almas que se dedican a destruir.

No quiero que te aflijas, hija mía; ya sé que el mundo te ha tratado mal, hija mía, desde
muy niña; pero desde muy niña fuiste escogida para sufrir, padecer por el bien de la
Humanidad; y para corregirte tus miserias apliqué mi misericordia, hija mía; pero no quiero
que nada te aflija. Yo dije, hija mía, que no te angustiaras, que yo pondré en tu camino
almas que ayuden a sacar esta Obra adelante; piensa que es una Obra de Dios y Dios te
pondrá en el camino a las almas, para ayudarte.

Muchos se benefician de estas manifestaciones para lucrarse de ellas, no para los pobres,
hija mía, y muchos se lucran vendiendo cosas religiosas para emplearlo en orgías y pecados
de inmoralidad. ¡Qué pena me dan esas almas, hija mía! Pedid por ellos y amaos unos a
otros como yo os he amado, y sed humildes, hijos míos, muy humildes; sin humildad no se
consigue el Cielo.

LA VIRGEN:

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantas ofensas como se cometen a mi Inmaculado
Corazón…

EL SEÑOR:
Hija mía, tu corazón está triste; tú me has pedido que corte de ti por donde quiera. Yo estoy
cortando, hija mía, y corto; pero todo, hija mía, tiene un valor para la conversión de las
almas. No te entristezcas, hija mía, tu corazón sufre mucho.

LUZ AMPARO:

(Entre sollozos). Señor, ayúdame, Señor…, ayúdame. Ayúdame, Señor. ¡Ay, ay, ay,
ayúdame, Señor! ¡No me abandones, Señor; ay, yo sin Ti no puedo vivir! ¡Ay, ayúdame…!
Te pido, Señor, que me ayudes y me pongas a personas para ayudar a sacar esta Obra
adelante… Por mí sola no puedo nada, Señor, pero Tú lo puedes todo. (Con fatiga). ¡Ay,
ay, ay…! Señor…, también, si no puedo ver a mi hijo… Tú lo quieres por el bien de la
Humanidad… Hago tu voluntad, Señor… ¡Ay, ay, ay…! ¡Ayúdame, Señor, a ser
humilde…, a ser paciente, Señor…!

EL SEÑOR:

Te he dicho, hija mía, que te pondré almas buenas en el camino; y en sí, muchas veces, te
las he puesto.

LUZ AMPARO: Es una Obra tan grande la que quieres, Señor…

EL SEÑOR: Ya se verá la luz, hija mía.

LUZ AMPARO: Ayúdame, que no tengo fuerzas, Señor… No tengo fuerzas…

EL SEÑOR:

Soy la Fortaleza, hija mía; de mí sacarás la fuerza para caminar y para que todo crezca
como yo te he pedido, hija mía.

LUZ AMPARO: Perdóname, Señor, por mi soberbia… Perdóname, Señor.

LA VIRGEN: Vuelve a besar el suelo, hija mía, en reparación de los pecados de la


Humanidad…

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para el día
de las tinieblas, hija mía…

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 3 DE MAYO DE 1997, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, hoy vengo con mi manto de oro, de todas las oraciones y avemarías que recibo en
este lugar. Aunque hay muchos curiosos, hija mía, pero muchas almas se han convertido y
han cambiado la vida de pecado por la vida de la gracia; por eso hoy protegeré a todos con
mi manto, sus cantares llegarán a la corte celestial. El mes de María: en la mayoría del
mundo se ha olvidado este mes tan hermoso y tan bello, cuando los hombres y mujeres y
niños levantaban su corazón y lo juntaban junto al mío con plegarias y canciones. Los niños
elevaban su corazoncito, y se juntaba junto a los ángeles, esas poesías que salían de lo más
profundo de su corazón inocente. En muchos lugares, hija mía, se ha perdido esa devoción:
la devoción a María.

Yo soy María, vuestra Madre Pura e Inmaculada, que Dios hizo un paraíso dentro de mí e
hizo maravillas en ese paraíso. Él tuvo sus complacencias y se recreaba en mi Corazón.
Permitió que fuese el Verbo encarnado en mis entrañas; se encarnó dentro de mí y me
divinizó. Por eso, hija mía, pido que los hombres se acerquen a mí, aquéllos que estáis
afligidos y apenados, aquéllos que estáis lejos de mi Hijo; yo soy el camino más corto para
llegar a Él. Yo os amo, hijos míos, y quiero conduciros a mi Hijo. Por eso os digo que el
que ama a María, ama a Jesús. Por eso Dios quiere que sea la Puerta del Cielo, el Refugio
de los pecadores, el Consuelo de los afligidos, y tantos y tantos títulos como he adquirido:
ser Pura e Inmaculada en el parto, después del parto, y antes del parto. ¿Cómo los hombres
quieren apartarme como la mujer que tiene al hijo por medio de varón, y quitarme todas las
gracias y los títulos que Dios ha querido para mí? Dios quiso que los adquiriera y por eso
soy la llena de gracias.

LUZ AMPARO: ¡Ay! ¡Qué belleza, Madre mía!

LA VIRGEN: La bella entre todas las mujeres.

LUZ AMPARO: ¡Ay, qué belleza, ay!

LA VIRGEN: No me arrinconéis, hijos míos; que no contentáis a Dios, si me quitáis del


lugar que me corresponde como Madre de Dios.

EL SEÑOR: Sí, hijos míos, es el mes de María. María, la Madre del Redentor, de toda la
Humanidad. El que no ama a María, no ama a Jesús. ¡Cuántas veces os he repetido que
somos dos Corazones en uno!: el Corazón de mi Madre está unido al mío y nadie lo puede
separar. Pero los hombres han perdido toda la atención y devoción a esta Madre Pura e
Inmaculada. Si es la Puerta del Cielo, hijos míos, tendréis que entrar por ella. Es el Arca de
la Alianza, el Paraíso donde yo me recreé en Ella. No la apartéis, hijos míos, que yo le he
dado muchas gracias para derramarlas sobre la Humanidad. Ella es la que intercede por
vosotros. Es la Madre de todos los pecadores. Quiere que se arrepientan todos y vengan a
mí; constantemente, hijos míos, está intercediendo por todos vosotros. Amadla mucho. Si
no amáis a mi Madre, no me podéis tener contento a mí. En el mundo ha desaparecido el
amor, la unidad entre los cristianos. Sed misericordiosos como yo fui misericordioso. No
juzguéis y no seréis juzgados; con la medida que midáis, con esa medida seréis medidos.

Tú, hija mía, ama a los que te calumnian, ora por los que te difaman. Piensa que el hombre
malo no puede hablar cosas buenas. El hombre malo habla de lo que lleva en su corazón. El
hombre malo es parecido al árbol malo. Un árbol malo no puede dar buen fruto; el fruto
estará podrido; pero un árbol sano y bueno su fruto será sano y bueno, hija mía. Piensa que
de un espino no se pueden sacar manzanas, hija mía; ni de un enebro, peras. Son árboles
punzantes y amargos. Por eso te digo que no te angusties, hija mía, por todas esas lenguas
malvadas y perversas, que quieren tapar su perversidad y su maldad ante los hombres
repartiendo libros y aparentando hacer buenas obras. Un alma perversa, hija mía, y
soberbia, que sólo se dedica a ir de lugar en lugar, a sacar toda la maldad que lleva dentro y
hacer la vida imposible a todo el que vive a su alrededor. ¿Cómo crees, hija mía, que esas
almas pueden estar en gracia? Sigue pidiendo por ellas, para que su maldad y su
perversidad desaparezcan de sus mentes desequilibradas y trastornadas. Piensa que donde
está Dios no podrá el enemigo.

Orad mucho, hijos míos, porque hay muchas almas trastornadas, que no aparentan su
trastorno y dañan a la Humanidad, y arrastran a las almas, hijos míos.

LA VIRGEN: Orad, orad y haced penitencia, hijos míos, por los que no oran ni hacen
penitencia. Amaos unos a otros como Cristo os ama.

Acudid a este lugar, que recibiréis gracias especiales en vuestros corazones, hijos míos.
Este mes de María será un mes que yo derrame todo mi Corazón en rayos de luz hacia los
hombres.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para el día
de las tinieblas…

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 7 DE JUNIO DE 1997, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, hoy mi vestidura es de gracia para todos los que acudan a este lugar; serán
protegidos con mi manto. El mundo, hija mía, sigue de mal en peor (1). Muchos de los
católicos dicen vivir para Dios, pero están muy materializados, hija mía, y les atrae más el
mundo que el sacrificio y la penitencia. El mundo ha llegado a este límite, porque el
hombre ha abandonado a Dios. Los pecados de impureza han invadido el mundo, hija mía,
y los hombres no le dan importancia a este pecado. Muchas almas se condenan por los
pecados de impureza. El mundo está corrupto por una inmoralidad que cubre los cuatro
continentes. Los hogares se han destruido, porque no hay diálogo entre los hombres y
porque la mujer quita la dignidad al marido, y da malos ejemplos a sus hijos. ¿No veis,
hijos míos, que si no ponéis un freno en sus vidas estáis destruyendo sus almas? Si en la
Humanidad no hay moral, ¿cómo no vigiláis a vuestros hijos, hijos míos, y los dejáis al
libre albedrío de Satanás? ¡Qué pena de Humanidad! La juventud se corrompe por las
pasiones y por no saber dominar los sentidos de la carne. ¡Madres: educad a vuestros hijos;
y padres: sed severos con ellos!, que la severidad no quita el amor que sintáis por ellos,
hijos míos. Cuando caen en lujuria, ya se quedan ciegos; los ha cegado la pasión, y ya el
mundo los arrastra, y caen en todos los pecados del mundo; pero hoy el ser humano no le
da importancia al pecado.

Mira mi Inmaculado Corazón, hija mía… Acudid a este lugar, que mi Inmaculado Corazón
os protegerá de ese pecado de impureza, que habéis perdido el pudor, hijas mías. Venid a
mí, que yo os enseñaré esa virtud tan hermosa de la pureza y de la virginidad. Mi Corazón
Inmaculado reinará al final de los tiempos.

EL SEÑOR:

Sí, hija mía, quiero que los hombres veneren a mi Madre. En el mundo, criatura como Ella
no la hubo, ni la habrá jamás. Aprended de Ella, hijos míos; Ella será una buena Madre, que
os protegerá bajo su manto, y no caeréis en las garras del enemigo. Quiero que en vuestros
hogares esté el trono de mi Madre junto a mi trono. Que haya dos tronos en vuestras casas:
Jesús y María.

LA VIRGEN:

Hija mía, ¿ves cómo todo tiene un precio?; al final hemos triunfado. Yo dije que no me
movería de ese lugar y que quién eran los hombres para decir dónde tenía yo que
manifestarme. A mí me gustó ese lugar y vine a este pueblo, porque este pueblo me
necesita; aunque muchos de ellos han intentado echarme de él. Hace muchos años me
manifesté en ese lugar, y los hombres, en vez de formar paz, hicieron guerra. Unos decían
que de aquí y otros decían que de allí, y al final ninguno me puso en el lugar donde me
manifesté bajo la advocación de la Virgen Pura Dolorosa. Para que veáis cómo mi Corazón
triunfa. Sed constantes, hijos míos, pues todos los que sois constantes en recibir las gracias
y en acudir a este lugar, os prometo que no os abandonaré jamás… Por eso sigo repitiendo:
quiero que se haga una capilla en honor a mi nombre, a la Virgen Pura Dolorosa, Madre del
Redentor y Corredentora de la Humanidad. Y que en estos tiempos, donde los hombres
abandonan a Dios, me tengan al lado del trono de mi Hijo, y adoren a mi Hijo día y noche;
esto lo he pedido muchas veces, hijos míos, y derramaré muchas gracias sobre todos
vosotros. ¿Veis cómo sirven vuestras oraciones, hijos míos, veis vuestra constancia? El que
es constante, Dios le concede las gracias que pide.

Orad, hijos míos, mucho, y haced mucha penitencia, aunque los hombres digan que no hace
falta la penitencia. El mundo se ha corrompido por falta de oración y de penitencia. Amad a
la Iglesia. Amad al Vicario de Cristo.

LUZ AMPARO: (Con admiración y sorpresa). ¡Huy!...

SACERDOTE FALLECIDO (2):

Yo estoy en un lugar donde todavía no he sido revestido con la vestidura de la vida. Estoy
vestido con la vestidura de la muerte; pero, hijos míos, quiero avisaros: yo fui el
contaminador, yo fui el que me uní a todos vosotros, corruptos, incrédulos. Y nos
juntábamos para maquinar y para hacer el mal a estas pobres almas, a estos cristianos; y
muchos de vosotros habéis bebido, porque la justicia de Dios nos ha hecho beber, la misma
amargura que hicimos beber a ellos. Os pido que os quitéis la mascarilla y no vayáis
diciendo que sois una asociación de paz, porque ni amáis a la Iglesia, ni creéis en Dios. No
seáis fariseos. Id contritos y arrepentidos, y confesad vuestras culpas, y escupid el veneno
que lleváis dentro, hijos míos, ese odio, ese rencor de vuestros antepasados. Venid
contritos, y levantad vuestros ojos a la Divina Majestad de Dios.

Yo hice mal por bien, pero lo reconocí tarde. Por eso quiero leer esta carta que llevo en mi
corazón, (a) la que los míos no me dejaron leer ante el pueblo, ni ante mis superiores. Yo
quise dar testimonio, y sólo tendré paz ahora que os he leído esta carta, hijos míos. Yo me
junté junto a ellos para maquinar la mentira, y abolir muchas veces la Ley de Dios.

Si no amáis a la Iglesia, hijos míos, ¿cómo habláis tanto de la Iglesia? Si yo con…

(Luz Amparo manifiesta admiración ante lo que ve).

…algunos de vosotros, hijos míos, ha cogido los diezmos y primicias de la Iglesia. ¿Cómo
hablas de la Iglesia, hijo mío, si sólo has robado a Dios? ¿Cómo hablas de secta, si la secta
sois vosotros, hijos míos, que no queréis acercaros a la Iglesia y estáis separados de ella? Si
no la amáis. ¿No veis la grandeza de Dios? La Santa Madre de Dios, la Virgen María, ha
conseguido lo que quería. ¿No lo veis, hijos míos, que ha ido quitando todos los obstáculos
que estorbaban en su camino para realizar lo que Ella quería? Y tened cuidado, que podéis
ser vosotros los próximos, hijos míos. No difaméis ni calumniéis. Id a confesar vuestras
culpas. Hijos míos, a alguno de vosotros os dije que qué equivocados estábamos, y seguís
en la guerra y en la discordia.

Vengo a dar las gracias a estos ángeles que me han protegido y cuidado, a los que he
sentido paz en los últimos días de mi vida junto a ellas, orando y consolando mi alma de
esa tristeza tan terrible que había dentro de ella.

He gemido hasta llegar a leer esta carta que tenía dentro de mí. Aquí hay un paraíso, hijos
míos, hecho con las manos de Dios, no con las manos del hombre, al que todavía no he
llegado. Rezad por mí, hijos míos, y orad y haced sacrificios, para que pronto llegue a
vestirme con la vestidura de la vida.

Y tú, hija mía, perdóname tanto daño como hice a tu corazón. Hice mucho daño, hija mía,
mucho daño, y abrí una herida en tu corazón, de la que nunca podrás cerrar. Yo fui el
promotor. No creí que podían llegar tan lejos… (Luz Amparo llora con dolor y
desconsuelo).

Sí, hija mía, sí; yo fui el promotor…

Confesad vuestro pecado, almas corruptas. Yo fui el escarnio de tu corazón con todos ellos.
¿Cómo todavía, hijos míos, tenéis valor? Pedid perdón por vuestro pecado horrendo.

EL SEÑOR: Besa el suelo, hija mía, por esos pobres pecadores… Perdónalos por todas las
injurias, por todos los pecados que han cometido. El que a hierro mata… —aunque vine a
rectificar las leyes—. Hija mía, Dios hará que paguen su castigo.

SACERDOTE FALLECIDO: Ahora sí que siente paz mi alma. Gracias, hermanos míos,
por todo el bien que habéis hecho a mi alma.

EL SEÑOR: Sí, hija mía, sella tus labios. Esa herida no se cierra jamás. Y perdónalos. Te
digo lo que le dije yo a mi Padre: “Perdónalos, que no saben lo que se hacen”.

LA VIRGEN: Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones
especiales… Todos han sido bendecidos, para el día de las tinieblas.

Hija mía, esto conlleva el amor a Dios. Sé muy humilde, hija mía, ama a la Iglesia, a los
obispos y a su Vicario.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

(1) “De mal en peor”= Locución adverbial en castellano; significa: “Cada vez más
desacertada e infaustamente (con desgracia o infelicidad)”.
(2) “Sacerdote fallecido”: opuesto a las manifestaciones de Prado Nuevo y al movimiento
surgido de ellas, se arrepintió en los últimos días de su vida. A Luz Amparo le es concedido
contemplarlo al poco de fallecer.

MENSAJE DEL DÍA 5 DE JULIO DE 1997, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hijos míos, aquí está vuestra Madre, la Virgen Pura Dolorosa. Mi Corazón sigue sufriendo
por los pecados de la Humanidad. Los hombres no cambian. Cada día, el ser humano está
más deshumanizado, y los hombres no quieren comprender ni entender los misterios de
Dios, ni cumplir sus leyes. Por eso hago un llamamiento: sacerdotes de Cristo, despojaos
del espíritu que os obstaculice en vuestro camino y no os siente bien, y regocijaos del
Espíritu de Dios y aprended de Él su sabiduría y llenaos de Él, y explicad a las almas que
esta vida no es el final de todo.

Muchas almas están confundidas, porque hay sacerdotes que confunden la doctrina, y creen
que, con la muerte, aquí se acaba todo; por eso muchos, hijos míos, cuando llega este
momento de este desenlace fatal, miran a su alrededor y no encuentran nada más que
tinieblas y oscuridad; para ellos es un horror, un gemir y un sufrimiento. Y llegan ante Dios
y Dios los manda a otro lugar, porque no han querido saber nada de Él, y por eso no pueden
estar con Él; tienen que estar donde Él no esté, porque lo han rechazado y no han querido
saber las verdades ni los caminos de Dios. Eso es terrible, hijos míos, cuando llega ese
momento para estas almas. Por eso os pido, hijos míos: arrepentíos, confesad vuestras
culpas; amad a la Iglesia, hijos míos, que en ella hay un banquete que, si coméis de él,
conseguiréis la vida eterna. Id a ella y amadla, y veréis la grandeza que hay en ella y la
hermosura.

EL SEÑOR: Hijos míos, sacerdotes que camináis por el sendero de Cristo, no os


acobardéis, y enseñad a las criaturas las verdades que hay en el Evangelio. Y os pido a
todos, hijos míos: sed mansos y humildes; con humildad conseguiréis no rebelaros contra
Dios. El hombre quiere ser más que Dios, y cuántas veces he dicho que ¡nadie como Dios!
El hombre se queda en lo humano y olvida lo divino, pero, cuando llega ante Dios, nada
puede hacer, porque Dios tiene que aplicar su justicia; los hombres sólo piensan en su
misericordia, y ¿dónde dejan la justicia de Dios? Dios os ama a todos, hijos míos, pero a
todo el que quiere doblar la rodilla ante Él y pedir perdón de sus culpas.

Por eso os digo, hijos míos: venid a mí, todos los que estáis agobiados y todos los que
tenéis angustia, que yo aliviaré vuestra carga y curaré vuestras angustias, hijos míos. No
penséis que Dios no os ama, hijos míos; Dios os ama, pero ¿le amáis vosotros a Él? Por
eso, hijos míos, en vuestra libertad, os salváis u os condenáis. Porque yo os quiero, hijos
míos, pero no os obligo. Por eso os pido, hijos míos, que busquéis a Dios, que todo el que
busca halla. Y yo espero, como el padre pródigo, que llegue el hijo pródigo. Y cuando
llegan los hijos pródigos a mí, los perdono y los visto con las mejores vestiduras y hago una
fiesta en el Cielo; porque esas almas estaban perdidas y las he recuperado. Por eso os pido
oración y penitencia, hijos míos. Sin oración y sin penitencia, el hombre se deja arrastrar
por las asechanzas del enemigo.

Sed muy humildes, hijos míos, y acudid a este lugar, que os daré la gracia de la conversión,
y amad mucho a la Iglesia de Cristo, hijos míos, a su Vicario, y respetad a los obispos. Por
eso sigo repitiendo que el que no deja a su padre, a su madre, a su hermano, a su hermana
por mí, no es digno de llamarse hijo mío. Muchos han dejado el mundo, pero tienen tanto
apego a las cosas carnales que aman antes a cualquier ser humano que al Creador. Venid,
hijos míos, que os espero con los brazos abiertos, para bendeciros y para perdonaros.
Confesad vuestras culpas e id al sacramento de la Eucaristía. Veréis cómo encontráis paz en
vuestro espíritu. Sed humildes, hijos míos.

LA VIRGEN: Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones
especiales para la conversión de los pobres pecadores…

Yo os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

MENSAJE DEL DÍA 2 DE AGOSTO DE 1997, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Aquí estoy, hija mía, como Reina y Señora de todos los hombres. Yo soy la fuente de todo
lo creado, fuera de la unidad de la Santísima Trinidad. Soy la chispa que Dios quiere que
alumbre los corazones. Soy la Reina del Cielo. Soy el puente para que los hombres se
acerquen a la Iglesia. Y es lo que vengo a decir a los hombres, y lo que les he estado
diciendo tantos y tantos años: que mi Inmaculado Corazón será el que reine sobre la
Humanidad; que no olviden que soy la Madre de Dios, Corredentora con Cristo y Madre de
todos los hombres. Los hombres quieren arrinconarme, no saben que es la hora de María.
¿Por qué los hombres son tan obstinados y se empeñan en hacerme desaparecer? ¿Cómo
una madre no va a avisar a sus hijos la situación del mundo, y el peligro que los acecha?

EL SEÑOR: ¡Ah, hijos míos!, salid de la tiniebla, aquéllos que estáis atrapados por ella, y
venid a la luz, pues la luz se ha hecho para alumbrar la tiniebla, no la tiniebla para alumbrar
a la luz. Sólo un alma en tiniebla no puede discernir los frutos. Quedaos con los frutos
buenos, hijos míos, y no seáis discordia y sembréis calumnia por muchos lugares. El que no
está contra mí, está conmigo. ¿Por qué no aprovecháis todos los buenos frutos?

Hija mía, tú no sufras ni por la calumnia ni por el desprecio. Esto es de Dios y lo que es de
Dios nadie lo podrá derribar. Es el sello más seguro, la persecución y la calumnia, de que
esta Obra es de Dios, hija mía. Sólo los ciegos, que viven en la oscuridad, no quieren abrir
sus ojos para ver la luz. Pero, hija mía, tú sé fiel al “sí” que diste, y cuanto más persecución
y más calumnia, más cierto es el sello de Dios.

Amaos unos a otros. Orad, hijos míos, haced penitencia y sacrificio por los pobres
pecadores. Amad mucho a la Iglesia. Amad al Santo Padre. Todo el que ama a la Iglesia,
como Cristo la amó, es perseguido, y muchos condenados a muerte, hijos míos. No
desfallezcáis, hijos míos, que vuestra fe sea firme y vuestra caridad profunda, y que nadie
os…, hija… (Luz Amparo muestra sorpresa).

Sí, hija mía, sí, así se dedican los hijos de la tiniebla a destruir las obras de Dios: de un
lugar a otro sembrando discordia y cizaña.

Pero los hombres tienen que ser fuertes, y el que tiene a Dios nada tiene que temer. Yo odio
la mentira, el engaño y la calumnia. Yo soy vuestro refugio. Y los que hoy os persiguen, un
día estarán con vosotros.

Orad, hijos míos, y haced penitencia y sacrificio, pues los hombres se han olvidado que la
penitencia y el sacrificio es lo que puede reparar los pecados de la Humanidad.

Y vosotros, sacerdotes, aquéllos que sois fieles testigos del Evangelio, sed firmes y
valientes; convertid a las almas y orad mucho, para que los religiosos, religiosas formen
jardines frescos y lozanos en los conventos, y no se acobarden. Las que sean fuertes, que se
afiancen en Cristo y por Cristo, y no desfallezcan. Desde vuestros escondites, hijas mías,
podéis salvar muchas almas, con vuestra oración y vuestro sacrificio. No os aletarguéis,
hijas mías, orad y sacrificaos por los pobres pecadores. El espíritu se conserva fuerte con la
oración, hijos míos. Sin la oración vuestra acción…

LUZ AMPARO: (Ve a muchos rezando). ¡Oh! ¡Cuántos!

EL SEÑOR: Mueven los labios, sí, hija mía, pero no sale la oración de su corazón. Es una
oración pobre, pero, aun así, la recojo; la recojo y la aplico por los pobres pecadores. Pero
mira la oración salida del corazón, hija mía, el fruto que tiene. ¡Cuántas almas han llegado a
ver la Divina Majestad de Dios por la oración bien hecha y profunda! El mundo está
necesitado de oración y de penitencia.

Todo lo he dicho, y a todos he avisado. ¿Qué más palabras puedo decir, hijos míos? No os
hagáis los sordos, y escuchad mi mensaje.
LA VIRGEN: Acudid a este lugar, hijos míos, que recibiréis muchas gracias para vuestras
pobres almas. ¡Pobres pecadores! Venid a mi Corazón y refugiaos en él, que yo os
conduciré al Corazón de Cristo, y Cristo al Corazón del Padre, y todos juntos haréis morada
en ellos.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantas ofensas como se cometen contra mi
Corazón, y desprecios, hija mía…

Amaos unos a otros, hijos míos. La unidad de hijos de Dios… ¡Es tan bella esa unidad,
hijos míos!

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos para los pobres pecadores… Todos han
sido bendecidos.

Yo os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

MENSAJE DEL DÍA 6 DE SEPTIEMBRE DE 1997, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR:

Hijos míos, aquí estoy otra vez, avisando a mis hijos, y dando un mensaje a todos los
hombres. Los hombres cierran sus oídos a mis palabras. ¡Pobre Humanidad!

Sí, hija mía, los hombres dicen que no me encuentran; pero ¿cómo podéis decir, hijos míos,
que no me encontráis, si estoy en el tabernáculo todos los días, pidiéndoos: venid a mí, que
yo os consolaré? Hacedme una visita, hijos míos, que todos los días estoy solo y triste,
viendo cómo camina la Humanidad hacia la destrucción. ¡Qué pena de hombres, y qué pena
de sociedad! No me buscan, hijos míos, ¿cómo me van a encontrar? Si yo estoy aquí, para
que todo el que venga contrito y arrepentido darle un abrazo de amigo. Venid a mí, hijos
míos, que tenéis vuestras conciencias dormidas. ¡Despertad, despertad, hijos míos!
¡Cuántas almas se pierden porque no quieren escuchar la Palabra de Dios!

Cada vez, la Humanidad se mete más en las pocilgas cenagosas de la inmoralidad. ¿No os
da pena de vuestro Jesús, hijos míos? ¡Qué tristeza sienten nuestros Corazones, cuando
damos gracias a raudales y los hombres las pisotean, como pisotean mi Sangre, cuando el
hombre va diciendo que el Infierno no existe! Yo les hablo de mi misericordia, pero
también les hablo de mi justicia. “¿Quién se salvará?”, les digo hace muchísimos años, hija
mía: los que guarden mis mandamientos. Yo no soy un padre castigador; los hijos son los
que ofenden a mi Divina Majestad. ¡Hijos míos, si yo os estoy dando fuentes de gracias,
para que vayáis a beber y para que no os perdáis y estéis eternamente conmigo!
Ya os he dicho todo, hijos míos, y sigo repitiendo y repitiendo a los hombres el mismo
mensaje: amor entre unos y otros, compasión a mi Divino Corazón y al de mi Pura e
Inmaculada Madre, que está rodeado de tantas espinas, de tantas espinas de aquellas almas
escogidas que confunden a los hombres. ¡Ay de todos aquellos fariseos que confunden la
Palabra de Dios! ¿Cómo vais a ver la luz, hijos míos, si muchos de vosotros estáis en
tinieblas, llenos de lujuria y de pecado? La luz alumbra a la tiniebla, lo he dicho
muchísimas veces, hijos míos; pero la tiniebla a la luz no alumbrará nunca. Ya he dicho
todo, hijos míos, ¿qué más puedo decir? Arrepentíos, hijos míos, confesad vuestras culpas y
haced sacrificio y penitencia.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y tantos pecados como se cometen en el
mundo, y por tantas ofensas a nuestros Corazones…

Sacrificio pido y penitencia. Amaos unos a otros y que vuestras conciencias no se duerman.
Estad despiertos, hijos míos.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para la
conversión de los pobres pecadores…

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

MENSAJE DEL DÍA 4 DE OCTUBRE DE 1997, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Aquí estoy, hijos míos, llena de amor y de misericordia. Mi Corazón rebosa de amor por los
hombres, pero los hombres, cada día, están más fríos y más distanciados de las cosas de
Dios, hija mía.

EL SEÑOR: Amad mucho, hijos míos, amad a los que os persiguen, pedid por ellos; a los
que os calumnian, a los que os difaman, seguid rezando por ellos. No tiene mérito orar por
los que os aman; el mérito está en pedir, orar y hacer sacrificios por los que os desprecian.
El amor es vida, hija mía, el amor es redención.

Los hombres, hija mía, están tan obstinados que no ven ni oyen; hacen mofa de mi palabra,
de mis gracias; ¿no lo ves, hija mía, que el hombre está ciego y sordo? ¿¡Hasta dónde
quiere, el hombre, que todo un Dios esté dando avisos!? ¿Hasta cuándo? Dicen los hombres
que no hace falta manifestarse, que el mundo está en muy buenas condiciones. ¡Corazones
fríos, ingratos, fariseos!, ¿hasta dónde habéis llegado? Quitáis de mi Evangelio lo que os
conviene, hijos míos, y añadís, también, lo que os place. El Evangelio es uno, hijos míos. El
Evangelio no es metáforas, es una realidad. Cuando toca morir, hay que aceptar la muerte,
y cuando toca resucitar, hay que aceptar la resurrección. Pero no lo dejéis todo en gloria y
en resurrección, sin pasar antes por la purificación y por la muerte.

Antes, nuestros Corazones tenían donde refugiarse, porque las almas estaban llenas de
fuego y su corazón estaba lleno de amor; y ahora las almas están frías, aletargadas.
Despertad de ese letargo, hijos míos, amad nuestros Corazones. No hagáis mofa de mis
palabras, ni de mis leyes las confundáis. Os lo he repetido muchas veces, cuando me habéis
preguntado quién se salvará: el que cumpla mis mandamientos. Cumplid los mandamientos,
hijos míos, y os salvaréis. Todo un Dios, amante de las criaturas, y ¿todavía estáis ciegos y
sordos? ¡Más señal, hijos míos, que os dejé! Las señales en mi cuerpo están patentes, hijos
míos, del amor que tuve a los hombres, y los hombres sólo piensan en sí mismos, en
funcionar en el mundo.

¡Hay mucho trabajo, hijos míos! Todos: laicos, religiosos y sacerdotes, hay mucho trabajo
y pocos operarios. Las almas están cada día más tibias y no aceptan las leyes de Dios; las
pisotean y se ríen. ¿Cómo todo un Dios no va a estar presente de sus criaturas, si el mundo,
cada día camina hacia la destrucción? Mis palabras van a ser cortas, hijos míos, os lo vengo
avisando, porque todo está dicho, todo, desde el principio hasta el fin. Os he venido a
recordar el Evangelio, tal como está escrito; no me añadáis ni quitéis nada de él. ¡Ay del
que añada y quite!

Amad a la Iglesia, hijos míos, amad al Vicario de Cristo, mártir de ella. El Vicario de Cristo
es un mártir de la Iglesia; no hace falta que muera para saber que es mártir; obedecedle,
hijos míos. Todos tenemos que obedecer.

LUZ AMPARO: Sí, Señor, todos tenemos que obedecer. Yo quiero obedecer a la Iglesia, y
amarla. Por eso te pido, Señor, que me ayudes a saber cómo tengo que comportarme con
ella.

EL SEÑOR: Obedece, hija mía, como hasta ahora has obedecido. La obediencia es la señal
de la Iglesia, de que la amas y la proteges; por eso, repito, que todos tienen que obedecerla,
que el que no obedezca a la Iglesia y la proteja y la ame, no es digno de llamarse hijo mío.
El que vive para sí mismo y está en el mundo, no se puede llamar que está al servicio de mi
Iglesia, ni que ama a mi Iglesia. Amadla todos juntos, porque el que no está conmigo está
contra mí, y el que está conmigo no está contra mí. Vosotros, hijos míos: es un momento de
recoger frutos, pues cada día los hombres están más distanciados y sus oraciones son más
superficiales. ¡Ay, hijos míos, cuántos apegos del mundo y de las cosas que hay en él!
Despojaos de todas las cosas del mundo, y no tengáis apego a las cosas materiales. Laicos,
sacerdotes y religiosas: sed flores frescas, quiero lozanía en vosotros; no quiero que os
marchitéis aquéllos que todavía permanecéis frescos. Seguid adelante, hijos míos, para que
nuestros Corazones encuentren un refugio en vosotros.
Y ¡ay, padres, que no educáis a vuestros hijos en el santo temor de Dios! Que vuestra
doctrina es el mundo, y los inculcáis para el mundo. Madres, que os salvaréis por vuestros
hijos, pero también os podéis condenar por ellos y con ellos por inculcarles y no
corregirles. Enseñadles que tienen que amar a Dios, que es el primer deber del cristiano; si
no se quedarán en lo temporal. Y muchas madres adoctrinan a sus hijos para conducirlos
por el mundo… ¡Ay de vosotras, que los tapáis y los conducís por el camino de la
perdición, porque queréis que vuestros hijos tengan libertad! Esa libertad, en cuanto salen
de vuestras casas, la convierten en libertinaje. Enseñadles la primera carrera, hijos míos,
que es el Evangelio. Os preocupáis, cada uno, de que vuestros hijos tengan la mejor carrera,
de que vayan para acá y para allá, pero no les inculcáis que lo primero de todo, y por
encima de todo, están sus almas, y cuando les mandáis que cumplan con los mandamientos
y oren, sienten rechazo y fastidio. ¿Quién es culpable de todo esto, hijos míos?: las madres,
muchas veces las madres, que no queréis que vuestros hijos sean de Dios y para Dios. ¡Qué
pena de hijos!; ¿para qué los enseñáis, hijos míos? Toda esa juventud, mira, hija mía, se
queda en lo que pasa (1). Todo lo de aquí pasa. La eternidad no pasa, es eterna.

Todo se queda aquí, hijos míos. Las herencias, las cosas materiales no podéis bajarlas al
sepulcro, hijos míos. Los padres se afanan para que los hijos tengan carreras y vivan las
cosas del mundo; y ellos están fatigados y agotados para dejarles herencias y riquezas, que
sólo les sirve luego para contiendas y para guerras, y a muchos para condenación; porque
no les hacen comprender y entender que tienen que trabajar, cada uno, para formar su
hogar; ya se lo dan todo preparado. ¿Qué hacéis con los hijos, padres? Enseñadles a
caminar por el sendero de Cristo, y luego, lo demás, no os preocupéis tanto por ello; porque
las madres abolís las leyes de Dios para vuestros hijos y les dais libertad con tapujos y
mentiras para su condenación. Enseñadles a vivir cristianamente, como buenos hijos de
Dios, y preocuparos primero por el alma y después por su cuerpo.

Muchos de vosotros no hacéis nada más que amontonar, amontonar, y no sabéis, luego, ni
quién lo va a disfrutar, ni para quién lo dejáis, si puede ser para la condenación de vuestros
propios seres queridos…

Amad a Dios y al prójimo como a vosotros mismos, pero no digáis nunca que amáis a Dios,
si no amáis a los que están cerca de vosotros, que los veis con vuestros propios ojos. No
podéis amar a Dios, que no le veis, si no amáis a los que estáis viendo diariamente.

LA VIRGEN: Hijos míos, ¡qué pena de mundo, porque los hombres se han olvidado de lo
más importante, de lo eterno, y viven sólo de lo que pasa, y se quedan en el tiempo! Mis
palabras serán pocas, las próximas, hijos míos. Seguid acudiendo a este lugar, porque
recibiréis gracias muy especiales en las bendiciones, aunque mis palabras sean cortas;
porque todo lo que he dicho se cumplirá. Y prometo a todo el que rece este mes el santo
Rosario con devoción, le prometo paz en su hogar, armonía; y meditando bien las palabras
de los misterios: salir al encuentro en la hora de su muerte. Vendré toda vestida de luz, para
acogeros, hijos míos; os lo promete la Madre de Dios y Madre vuestra.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos para el día de las tinieblas…

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

(1) “Pasar”= Dicho de una cosa: cesar (acabarse); es decir, “toda esa juventud” se queda
en lo que se acaba y es caduco.

MENSAJE DEL DÍA 1 DE NOVIEMBRE DE 1997 (TODOS LOS SANTOS),


PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hoy vengo, hija mía, con el manto de oro, con todos los santos y con los bienaventurados;
muy en especial por todos aquéllos que se han convertido en este lugar. Hoy estarán
presentes con todos vosotros. Mira las gracias, hija mía, y mira para qué sirve la gracia…

Por eso hago un llamamiento a mis sacerdotes, aquellos sacerdotes entregados, frescos y
lozanos, a religiosos y religiosas: sed firmes, hijos míos, y sed fieles a vuestra vocación. Y
pido a esos sacerdotes que unan sus corazones a los corazones de los fieles en Dios; y que
sean manantiales santos, para ayudar a los pobres pecadores. Quiero que sufran con los que
sufren y participen de la alegría de los que son felices. Sacerdotes queridos por nuestros
Corazones: sed luchadores de la Iglesia de Dios.

Sabéis que la Iglesia es el tesoro más grande que Jesucristo puso para las almas, y que hay
manantiales divinos en ella, y almas que están sedientas para beber de esas fuentes. Vivid
vuestro ministerio, hijos míos, conquistad a las almas. Hay mucha necesidad de que el
sacerdote conquiste a las almas. Sed obedientes al Santo Padre, hijos míos, obedeced a los
obispos. Vuestra obediencia será la que guarde vuestra vocación, porque la fidelidad ante
Dios, hijos míos, es lo más importante.

Mis palabras se van acortando, porque, hijos míos, todo lo he ido recordando: el Evangelio,
palabra por palabra, para que a los hombres no se les olvide. Tú, hija mía, piensa que estás
para sufrir, y que los enemigos más dolorosos son los que más cerca están de ti. No sufras
porque esas almas se hayan ido, hija mía. Al final ha triunfado el demonio en ellas, porque
se han dejado conducir por él. Tú les diste confianza, hija mía, y ellas, a cambio, te han
clavado el aguijón; pero el demonio está moviendo el Infierno entero contra esta Obra; pero
Dios está por encima de todas las cosas, hija mía. Esa traición que han hecho en esta Obra,
hija mía… Dios es el autor de dar y quitar las gracias. La infidelidad de un alma es muy
grave. ¡Cómo, con engaños y mentiras, el demonio las ha deslumbrado! No hay nada, hija
mía, oculto aquí. Que nada te asuste; son venganzas que el demonio mete en las almas, pero
todo está cristalino y transparente.

Te calumniarán, te ultrajarán, te levantarán falsos testimonios; ¿no te lo he dicho? Y sabes,


hija mía, que te lo he repetido últimamente muchas veces. Claro, hija mía, el demonio los
deja ciegos, y les hace ver donde no hay; y él no se fue solo, arrastró a un montón de almas.
Ha sido mejor, hija mía, que se vaya ese alma que intentaba arrastrar a las demás. ¡Si Dios
saca de los males bienes, hija mía!… Lo mejor que ha podido pasar. Tú diste confianza,
amor y cariño, y te devuelven desprecios, calumnias y mentiras. Pero yo te he enseñado a
no luchar contra el enemigo(1), sino a dar bálsamo, caridad y amor. La lucha no es buena,
hija mía; sólo para vencer el pecado. Tú refúgiate en nuestros Corazones y nuestros
Corazones te protegerán, hija mía.

LUZ AMPARO: ¡Ay, Señor, si yo no tengo nada que darte! Nada, Señor…

EL SEÑOR: Tienes algo muy grande, hija mía: el sacrificio para los pobres pecadores; eso
es algo grande. ¡Cuántos pecadores se han convertido, hija mía! Mira cómo gozan de la
presencia de Dios… Hoy, muchos de ellos, estarán presentes en este lugar. ¿Ves, hija mía,
cómo se ven los frutos? Esto es lo que te tiene que alegrar; pero no te inquietes, hija mía. Y
el que se va de esta Obra es porque no la ha amado ni la ama, y lo mejor de todo es que
salga de ella. Un alma infiel en ningún lugar permanecerá en paz.

Mis mensajes se van acortando, hija mía, pero mi bendición estará presente en todos
vosotros. Que nada te angustie. Tú les has dado amor, dulzura y comprensión, y ellas, a
cambio, te clavan el aguijón y seguirán, hija mía, intentando clavarlo; pero Dios está por
encima de las cosas. Y ¡ay de aquél que critique y levante falsos testimonios contra esta
Obra! ¡Ciegos, más que ciegos, que al final os habéis dejado arrastrar por la astucia de
Satanás! ¡Ay, hija mía, cuánto les he dado a estas almas, que las he sacado de la tiniebla
para llevarlas a la luz, y cómo el demonio las ha cogido! Una arrastra a la otra, como hizo
él mismo arrastrando a millones de ángeles. ¿Sabes por qué, hija mía? Por falta de oración
y de sacrificio. Reza y sacrifícate por ellas.

LA VIRGEN: Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones
especiales para la salvación de vuestras almas…

Hoy será un día muy importante, porque los santos se comunicarán con vosotros por medio
de la oración, hijos míos.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 6 DE DICIEMBRE DE 1997, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR: Hija mía, te dije que mis palabras iban a ir acortándose, porque todo lo tenía
dicho. Sólo pido que aprovechen los frutos de este lugar, que haya pastores donde las almas
puedan acercarse al tribunal de la Penitencia; que no desaprovechéis los frutos, hijos míos.
Las almas llegan sedientas y hay que darles de beber de la gracia de la Penitencia y de la
Eucaristía. Enséñales a amar a la Iglesia, hija mía. Muchos vienen enfermos de cuerpo, pero
más vienen enfermos de alma. Quiero médicos de alma más que de cuerpo. Aprovechad los
frutos, hijos míos.

Hijos míos, os dije que seréis perseguidos y así es. Hay un sembrador de cizaña que va de
boca en boca sembrando la cizaña, la calumnia y la mentira. Yo, el Hijo de Dios vivo, me
veré obligado a aplicar mi justicia implacable sobre la injusticia, sobre el odio y la mentira.
Tú pide por esas almas, hija mía, especialmente por ésta que te voy a enseñar; te la enseño
para que pidas por él. Es el que siembra cizaña, discordia y mentira, pero ¡amo tanto su
alma, porque también derramé mi Sangre por ella! Haz sacrificio y penitencia, para que vea
la luz, hija mía. Está obsesionado en la tiniebla y no quiere ver la luz; es obsesión la que
tiene, hijos míos, y nada será bueno de lo que hagáis.

LUZ AMPARO: Yo te pido, Señor, que descargues tu justicia sobre mí, y no sobre él; es
un alma a imagen y semejanza tuya. Yo repararé sus pecados, sus incomprensiones y su
falta de caridad y amor. Ya sé quién es.

EL SEÑOR: Te la he enseñado para que pidas por ella, hija mía. Ora y haz sacrificios, para
que vea la verdad.

LUZ AMPARO: Carga sobre mi tu justicia, Señor, que yo la acepto; para eso me
escogiste.

EL SEÑOR: Y otras almas que las gracias las rechazan, hija mía…

LUZ AMPARO: ¿Quiénes son todas ésas que hay en esa parte, Señor?

EL SEÑOR: Son matrimonios, hija mía, que no han cumplido con sus deberes; han sido
malos cristianos.

LUZ AMPARO: ¿Y son castigados tan fuertemente?

EL SEÑOR: Sí, hija mía, son castigados porque no tienen dolor de contrición, porque ellos
no le dan importancia al pecado del matrimonio, y en el matrimonio, la mayoría de ellos,
viven de la concupiscencia de la carne, cometen aberraciones, hija mía. Ya te lo he dicho
muchas veces, pero ahí, hija mía, el demonio no toca ese tema, y por ahí no se dan cuenta
que, si el hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios, los actos tienen que ser
morales, limpios; no vivir bajo esa concupiscencia que les trastorna los sentidos. En la
pareja, hija mía, tiene que existir la unidad, el diálogo, el amor. Ya te lo he dicho muchas
veces; por eso, sin darse cuenta, mira cuántos hay en ese lugar; el demonio los tapa bajo la
apariencia de que el uno es del otro, pero no para respetarse y amarse, sino para cometer
barbaridades, hija mía. Pide mucho por ellos, porque la mayoría de los matrimonios no se
dan cuenta de estos pecados feos e impuros.

Acudid a este lugar, hijos míos, que os bendeciré cada vez que llegue a presentarme ante
vosotros. Mi bendición seguirá, hijos míos, aunque mis palabras se acaben.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los
pobres pecadores…

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 4 DE ENERO DE 1996, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR:

Hoy vengo lleno de majestad, pero lleno de tristeza, porque los hombres no escuchan los
avisos de mi Madre. El mundo, hija mía, está lleno de ingratitud y de malicia. Los hombres
viven, hija mía, aferrados al pecado. Mi Padre está indignado, hija mía, con todos aquéllos
que no cumplen con las leyes que se instituyeron para la Tierra. Mi Padre está indignado,
hija mía, que nada ni nadie va a poder sostener su ira.

Un espantoso castigo va a caer sobre el mundo, hija mía. En los hogares no se habla casi de
Dios. En los colegios tampoco, hija mía. La juventud está enferma con una enfermedad
mortal que sólo yo podría curar, hija mía. En las iglesias estoy casi solo. Los hombres
rechazan mis gracias; cierran sus oídos a la oración y al sacrificio. Me abandonan todos,
hija mía; todos o casi todos.

¿No os da pena de mí, hijos míos, no os da pena que yo todavía sigo abriendo mi Corazón
para todos los seres humanos? Mi Corazón está triste, hija mía, con una tristeza muy
grande. ¿No os da pena del Prisionero, que estoy prisionero de amor por vosotros, hijos
míos? Tened compasión del Prisionero rendido a vuestro amor. Estoy cerrado aquí por
vosotros; para daros alimento de vida eterna, hijos míos. ¡Amadme!

¿Dónde están esas almas, ese gran grupo que había antes, hijos míos, grandes grupos que
amaban a mi Corazón? Pero ahora, cuando presento a mi Padre esas almas, me responde:
“¡No me sirven, no me sirven! Te han abandonado aquéllos que estaban entregados en la
oración y en el sacrificio”. Se han abandonado, hijos míos; no encuentro almas capaces de
reparar los pecados de la Humanidad. Aquéllos que se llaman cristianos rechazan la cruz;
se acobardan para hablar del Evangelio, hijos míos. Meditad mi Pasión para que veáis que
yo di mi vida para salvaros, hijos míos, para salvaros y daros vida eterna.

Quisiera hacer comprender a los humanos lo indignado que está Dios Padre con ellos, hijos
míos, con vosotros, porque ya no es capaz de detener su brazo. Ni la vista de mi Cruz, ni el
espectáculo de mis sufrimientos son capaces de sostener su ira, hijos míos.

Os pido mucho amor. También os pido que pidáis por aquéllos que se llaman hijos míos y
me ofenden constantemente, cometiendo grandes sacrilegios, al recibirme en sus cuerpos…
(Luz Amparo se lamenta con dolor).

Amadme, hijos míos, que yo todavía os sigo amando. ¡Qué pocas almas hay, hijos míos,
capaces de entregarse víctimas, víctimas de holocausto, hijos míos, para la salvación del
mundo!
Y a ti, hija mía, te pido humildad, mucha humildad, porque la humildad va acompañada de
todas las virtudes, hijos míos. Sed humildes. Amad a vuestro prójimo. Sed mansos…
(Pausa en la que Luz Amparo vuelve a lamentarse) y sed pobres de espíritu, porque
poseeréis la Tierra, hijos míos. Hija mía, mi Corazón está triste, muy triste, porque los que
sí eran míos me han abandonado; y aquellas almas consagradas lozanas y frescas también
están marchitas, hijos míos. ¡Qué pocos hay que amen de verdad a Cristo! Porque antes,
hijos míos, cuando el ser humano me ofendía, me refugiaba en mis almas consagradas. Pero
ahora, ¿dónde busco refugio, hijos míos? ¡Qué pocos son los que me dan consuelo!

Vas a beber una gota, hija mía, del cáliz del dolor… Cada día queda menos, hija mía; y
aviso, aviso a los humanos, pero cierran sus oídos a mi llamada. Di que la Divina Majestad
de Dios está gravemente ofendida, hija mía, gravemente ofendida. Que ya traspasan los
pecados de los hombres la bóveda del cielo, hija mía. Por eso os pido a este pequeñito
grupo: estad unidos. Uníos, hijos míos, en el amor, en la caridad y en la fe; también en la
esperanza, hijos míos. Y ayudad a esas almas, que son débiles, hijos míos, aunque hay
muchas almas cobardes, y a mí no me gustan los cobardes;. me gustan los fuertes que sean
capaces de dejar todo por mí. Que no sirvan a dos señores: al mundo, al dinero y a la
carne… Y Dios, ¿dónde lo dejáis, hijos míos?

Tenéis que ser muy puros, puros, muy puros, porque la pureza también es una gran virtud.
Mortificad vuestra carne, hijos míos, vuestros sentidos; hasta que no mortifiquéis vuestros
sentidos, no llegaréis a mí, hijos míos. Cuesta mucho, pero a mí me gusta lo que cuesta.

Sed amables, hijos míos, amables y cariñosos con los demás. ¿No os da pena cuando esas
personas, hijos también de Dios, se ven ofendidos por vosotros, hijos míos? Tened mucho
cuidado; vosotros tenéis que ser modelos, modelos de perfección. En vuestro carácter, hijos
míos, tenéis que llevar alegría, alegría y simpatía para los demás. Lo que se lleva dentro del
corazón se refleja en la cara, hijos míos; por eso tenéis que reflejar en vuestro rostro que
estáis llenos de Dios. Dad ejemplo, hijos míos.

Y tú, hija mía, sé muy humilde, muy humilde. Y da ejemplo de humildad.

LA VIRGEN:

Hija mía, no podía faltar vuestra Madre; vuestra Madre, aunque viene transida de dolor
porque los hombres no paran de cometer crímenes atroces. No respetan la vida del ser
humano; se entregan en el placer, en los vicios; y matan, matan sin respetar los diez
mandamientos.

Consolad a mi Hijo, hijos míos. Mi Hijo está triste, triste y solo, hijos míos, porque ve que
el mundo se mete en el precipicio y cada día está más cerca de la condenación, hijos míos.
¡Amo tanto a las almas, hijos míos!… Pero ya no puedo, no puedo sostener más el brazo; es
pesado, hijos míos, y no puedo más. El brazo de mi Hijo va a descargar sobre la
Humanidad la cólera de Dios.

Amad mucho a vuestra Madre. Venid, hijos míos, que yo os llevaré a mi Hijo, y mi Hijo os
presentará al Padre.

Hijos míos, avisad a esas almas que acuden a ese lugar. Están ofendiendo gravemente.
Juegan con el Padre Eterno, hija mía, juegan. ¡Pobres almas! Avisad de que no acudan a ese
lugar. Aquí no hay interferencia diabólica, hijos míos. Repetidlo: aquello es falso, hijos
míos. Poned el mensaje, que todos lo escuchen. Allí no está Dios; allí está Satán
engañando, hija mía, a todas las almas. Me estoy manifestando en muchos lugares, pero en
ese lugar no estoy, hija mía; en muchos lugares del mundo. Pero cuidado, hijos míos,
cuidado; aún estáis a tiempo; salid de ahí; sois engañados. ¡Qué pena! ¿Cómo habrá almas
capaces de jugar con nuestros nombres, hija mía?

Mi Corazón también está triste porque veo cómo reaccionan los humanos hacia donde no
tienen que ir. Son soberbios, hija mía; por eso no quieren escuchar mis palabras. Quitaos
vuestro “yo”, hijos míos, humillaos y venid a mí.

LUZ AMPARO: (Entre sollozos). No hacen caso. No hacen caso… ¡Ayyy! ¡Ay!

LA VIRGEN: ¿Cuántas veces voy a repetir que están jugando con nuestros nombres?
Rezad por ellos, hijos míos, son engañados, rezad por ellos. Son vuestros hermanos y la
oración lo puede todo, hijos míos.

Vas a besar el suelo, hija mía, por esas pobres almas que son engañadas. Son engañadas,
hija mía; pero aman mucho a mi Corazón. Pedid por ellas, para que reviva la luz que yo les
mando. Que vean dónde está la verdad, hijos míos.

Y vosotros, hijos míos, sed fuertes y publicad el Evangelio por todos los rincones de la
Tierra, por todos, hijos míos; no seáis cobardes. O sois de Dios, o sois del mundo. Y pensad
que se os dará según vuestras obras, que se os dará ciento por uno.

Voy a dar una bendición especial, hija mía. Esta bendición va a coger a todo el ser humano.
Pero antes voy a bendecir todos los objetos, hijos míos.

Levantad todos los objetos… Voy a bendecir… (palabra ininteligible) todo el género
humano. (Pausa. Las siguientes palabras hasta el final son casi ininteligibles).

…Os bendice el Hijo y con el Espíritu Santo.

Adiós, hijos míos, adiós.


MENSAJE DEL DÍA 1 DE FEBRERO DE 1996, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, hace mucho tiempo que mi Corazón sufre por el ser humano, porque veo, hija
mía, lo que Dios tiene preparado sobre la Humanidad. Oro día y noche para evitar que seáis
castigados, hijos míos. Pero ya no puedo más. Se hace duro este brazo pesado de mi Hijo,
hija mía. Yo quiero evitar la cólera de Dios. Pero Dios —está escrito—, Dios es Juez y
Creador del mundo. Yo oro constantemente día y noche; oro a mi Hijo, hijos míos, para que
os perdone; pero sólo vuestra oración, vuestro sacrificio y vuestra penitencia podrá
salvaros. Refugiaos en mi Inmaculado Corazón.

Amad a vuestro prójimo, hijos míos, y que vuestra oración salga de lo más profundo de
vuestro corazón. Amad mucho a mi Hijo, escuchadle, hijos míos.

EL SEÑOR:

Estoy muy indignado con los hombres. Quiero que vuelvan al buen camino; por eso estoy
derramando gracias sobre ellos, ¡y me vuelven su espalda! ¡Qué desconsuelo siente mi
Corazón cuando veo que aquéllos que amo tanto me vuelven la espalda, hijos míos! “Venid
a mí –les grito–. Venid a mí todos aquéllos que estáis cargados, que yo os descargaré.
Venid a mí todos aquéllos que tenéis hambre, que yo os daré de comer”. También grito:
“Venid a mí todos aquéllos que estáis sedientos, que yo os daré de beber. Venid a mí todos
los que estáis tristes, que yo os consolaré”. Pero cerráis los oídos, hijos míos, a estas
llamadas. Mi Corazón está desconsolado.

Soy el padre, hijos míos, del hijo pródigo, que tengo preparado un banquete para todos
aquéllos que queráis venir a mí. Pero, ¿qué hacéis, hijos míos? Cuando os llamo, rechazáis
mi llamada. Sí, abrís los oídos a Satán, hijos míos, porque él os pone el manjar, el placer;
pero, ¿sabéis para qué, hijos míos? Para que caigáis en esa trampa maldita y sellar vuestras
frentes y vuestras manos y hacerse dueño absoluto de vosotros.

El mundo está corrompido, hijos míos. Los hombres no piensan nada más que en el gozo y
en el placer. La carne, hijos míos, es la que lleva a muchas almas al Infierno. Los pecados
de la carne… Pero no escuchan mi llamada cuando grito: “Venid a mí”… (Se oye llorar a
Luz Amparo).

Han transformado la Tierra, hijos míos. La habéis transformado en escenario de crimen, de


envidia y de placer. Hay muy pocos hogares virtuosos, hijos míos. A los hijos se les educa
en el escándalo y en la desunión, en el adulterio y en toda clase de vicios, hijos míos. Por
eso pido oración, porque en las familias la oración está muerta.
¿Sabéis lo que hace un Rey poderoso y creador?: valerse de dolores y calamidades para
poder salvar a las almas; cuando con un solo dedo —como he dicho otras veces— podría
hacer arder al mundo entero. Me valgo de las almas para purificar a la Humanidad, hijos
míos, y mando a esta Humanidad dolor, calamidad, catástrofes, terremotos, para purificarla,
hijos míos.

¡Cuántas veces te he dicho, hija mía, que donde hay dolor no existe el pecado! ¿Sabes por
qué? Porque el ser humano se ocupa de su dolor, no se ocupa del mundo. Pero yo estoy allí.
Donde hay dolor, estoy, hijos míos.

Sólo la oración puede llegar a mí, hijos míos. Vuestra oración y vuestro sacrificio… (Se
expresa en idioma extraño). Mira si está próximo, hija mía.

Será terrible la calamidad que caiga sobre la Tierra. Jamás se ha visto ningún castigo
semejante a éste… Cuando esto suceda, hija mía, habrá grandes monstruos gobernando y
no respetarán los Sacros Alimentos de las iglesias. Porque los dictadores del mundo serán
verdaderos demonios encarnados y destruirán todas las cosas santas. Martirizarán a mis
almas consagradas. Aquellos pocos que queden santos, serán martirizados por las manos de
un verdugo, hija mía.

¿Y mi Vicario? Mi Vicario será atormentado.

LUZ AMPARO: ¡Pobrecito…, pobrecito!…

EL SEÑOR: Haced mucha oración y mucho sacrificio, hijos míos. Comunicaos con Dios
constantemente. Todavía es la hora de la misericordia. Pero, dentro de poco, será la hora de
la justicia.

Besa el suelo, hija mía, por mis almas consagradas… ¡Pobres almas, las ama tanto mi
Corazón!

Voy a dar una bendición especial sobre estos objetos. Levantad todos los objetos... Todos
han sido bendecidos.

Amad mucho a mi Madre, hijos míos; sufre mucho por la Humanidad. Amadla mucho.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 1 DE MARZO DE 1996, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, bajo del Cielo a la Tierra, para que aviséis por todos los lugares del mundo que
quiero que se haga triunfar a mi Corazón Inmaculado. Moveos, hijos míos, trabajad, que
estáis en unos momentos críticos. Id de pueblo en pueblo llevando a todos los hogares la
devoción a mi Inmaculado Corazón.

Soy Madre, hijos míos, de todo el linaje humano; por eso mi Corazón sufre; porque veo lo
que se avecina sobre la Humanidad.

Quiero, hijos míos, que reparéis por vuestros pecados y por los pecados de las almas que
ultrajan y ofenden constantemente a Dios, mi Creador. No estéis en la oscuridad, hijos
míos; moveos y extended la palabra de Dios por todos los rincones de la Tierra. Dios es
gravemente ofendido, hijos míos; hay que reparar esas ofensas.

También ruego a mis almas consagradas que sean fuego que inflame la Tierra; no sean
tibios, hijos míos. Quiero fuego en las almas. Mis almas consagradas, que se embriaguen de
Cristo; que Cristo las ama.

Sed firmes en vuestro ministerio, hijos míos. Aquellas almas consagradas que se desvían
del camino del Evangelio, que vengan a mi Inmaculado Corazón, que yo les daré gracias
para ser fieles en su ministerio.

Mi Hijo me manda a muchos países del mundo para avisar que hagan oración y penitencia.
Mi Hijo lo exige, hijos míos, la oración y la penitencia.

Es tanto el amor que siento por los hombres, que mi Corazón, hija mía, se derrite en ese
fuego. Haced triunfar mi Corazón. Venid a mí, hijos míos. Yo os llevaré a mi Hijo. Mi Hijo
será la Puerta del Cielo; y yo, hijos míos, cerraré la puerta del Infierno para que no entréis
en él. Pero es preciso la oración, hijos míos; rezad el santo Rosario con mucha devoción,
hijos míos. El santo Rosario os salvará...

Cuando llegue el momento que venga Cristo, hijos míos, yo vendré con Él, porque Dios
Padre así lo ordena. Dios Padre ordenó que viniese la Luz al mundo engendrándose en mis
entrañas; y Dios Padre ha ordenado que venga la segunda vez con mi Hijo a ayudarle a
salvar el mundo.

Mi Corazón Inmaculado triunfará, hijos míos; por eso os pido extender la devoción a mi
Inmaculado Corazón.
Penitencia pido, hijos míos; no cerréis vuestros oídos a mis llamadas. ¡Mi Corazón ama
tanto las almas!… Por eso da avisos constantemente.

El Nombre de Dios, hijos míos, es ultrajado gravemente, y su cólera está a punto de caer.
Los hombres no hacen caso a tantas calamidades como hay en la Tierra. Todo lo ven
natural. Mi Hijo está purificando la Tierra. Satán quiere reinar en las almas, hijos míos; y
está haciendo sus estragos en muchas naciones. La oración y la penitencia espantarán a
Satán, hija mía. No os abandonéis en la oración. Amad mucho a mi Hijo y amad a vuestra
Madre.

Quiero templos vivos para, cuando llegue el momento, ayudar… (Habla en idioma
desconocido). Tú, hija mía, no te abandones… Besa el suelo, hija mía, en reparación de
todos los pecados del mundo…

Refúgiate en mi Inmaculado Corazón. Él será tu consuelo, hija mía. Y vosotros, hijos míos,
amad mucho a mi Corazón. Es preciso extender la devoción a este Inmaculado Corazón...
Vuelve a besar el suelo, hija mía, por mis almas consagradas; para que se embriaguen de
Cristo… Quiero que sean la sal de la Tierra para ayudar a las almas a salvarse, hijos míos;
pedid mucho por ellos. ¡Mi Corazón los ama tanto!… Pero muchos de ellos se han
desviado de su camino, hija mía. Mi Hijo los ama tanto, que se entrega a ellos diariamente.
Aunque sus manos estén manchadas, se deja que lo conduzcan donde quieran. Les pido a
esas almas que sean fieles a su ministerio; que tengan compasión de mi Hijo. Sólo les pido
amor. ¡Amor!… Besa el suelo, hija mía, por esas pobres almas…

Levantad todos los objetos, hijos míos; todos serán bendecidos; y esta bendición servirá
para todas las almas que pisen este lugar, hija mía. No tengas duda que esta bendición sirve,
como te dije. Para nosotros cuenta el presente, hijos míos. Mi bendición abarca todo el
mundo… Levantad todos los objetos… Todos los objetos han sido bendecidos.

Os voy a pedir, hijos míos: quiero que todos llevéis mi escapulario sobre vuestro cuello. El
verdadero escapulario será hecho de la misma tela. Que esta tela sea de lana. Mortificaos un
poco si os molesta, hijos míos.

Quiero que llevéis el rosario constantemente con vosotros. Y vuelvo a repetir que muchos
de los que acudan a este lugar, serán marcados con una cruz en la frente. Hay muchas
marcas en las frentes, hijos míos; marcas de mis escogidos. Pero, ¡cuidado con vuestras
obras y con vuestra vida, hijos míos; que Satán está sellando en la frente y en las manos!
Con la oración y con el sacrificio Satán no vendrá, hijos míos, a vuestras frentes.

Poneos a bien con Dios todos aquéllos que todavía no lo hayáis hecho; que es muy
importante que en estos momentos todos estéis preparados, hijos míos. Os repito que la
muerte llega como el ladrón, sin avisar. Si estuvieseis preparados y supieseis cuándo llega
la muerte, sería espantoso antes que llegase este momento.
Mira, hija mía, cómo salen rayos de luz de mis manos sobre todos vosotros, sobre todo este
lugar, salen gracias especiales.

LUZ AMPARO: ¡Ay, qué rayos! ¡Ay, qué rayos en todo el cuerpo! ¡Ay, de las manos, de
la… Uh… de la cabeza! ¡Ay, de los pies, del Corazón…! ¡Ay, qué cosa más bonita! ¡Ay,
qué luz! ¡Ay, ay…!

LA VIRGEN: Derramo esta luz sobre todos los corazones que quieran venir a mí, que soy
Madre de amor, de gracias y de misericordia.

Sé muy humilde, hija mía; ¡muy humilde! Te repito que la humildad es muy importante en
las almas.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

Adiós, hijos míos. ¡Adiós!

MENSAJE DEL DÍA 5 DE ABRIL DE 1996, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, aunque mi Corazón sigue con mucho dolor, hoy no vengo vestida de dolor.
Vengo vestida de blanco, porque hay muchas almas que todos estos días, hija mía, se han
ofrecido víctimas de holocausto por la salvación de los pecadores. Han correspondido
mucho a la oración y al sacrificio. En agradecimiento a sus oraciones, hija mía, vengo
vestida de blanco.

La sociedad, hija mía, sigue, sigue ofendiendo gravemente a la Divina Majestad de Dios. Y
grandes calamidades van a seguir cayendo sobre la Humanidad.

Cuidado, hijos míos, que los espíritus de las tinieblas rondan el mundo para apoderarse de
las almas. Esos espíritus con su malicia se introducen dentro de aquellos corazones que
todavía están calientes en la oración y en el sacrificio. Se introducen para hacerlos bloques
de hielo y para que la oración la abandonen y sus almas queden tibias y aletargadas, hija
mía.

No os abandonéis en la oración, hijos míos. El espíritu de Satán está entre la Humanidad.


Quiere hacerse dueño de esos corazones; hacerse dueño de los corazones, de las almas que
están entregadas a mí, hija mía.
En el globo terrestre, hija mía, las malas lecturas abundarán; dirán terribles cosas y
calumnias atroces contra las cosas santas; y aquéllos que verdaderamente están entregados
a Dios, al oír estas cosas, dudarán de su existencia. No hagáis caso, hijos míos, porque los
poderosos quieren destruir las cosas santas y que reine en el mundo el ateísmo y el
espiritismo poco a poco, hija mía. Y querrán hacer desaparecer toda palabra de Dios.

Cuidado, hijos míos, que Satán tiene mucha astucia. El rey de las tinieblas ha hecho un
pacto con varias naciones; y estas naciones, hija mía, serán la ruina de la Humanidad. Sólo
con oración y con sacrificio se podrá evitar un gran Castigo, hija mía. Satán enturbia las
almas de los hogares. Los matrimonios, por cosas sin importancia, arman grandes guerras.
Se apodera de sus almas con la pereza. Muchos, hija mía, serán sellados con el sello de
Satán. Pero aquellas almas que vengan a mí, yo las llevaré a mi Hijo, y mi Hijo las llevará
al Padre.

Mi Hijo no hace justicia sobre el globo terrestre si no es obligado por las almas. Primero
derrama gracias, amor, misericordia. Y, si estas almas rechazan esas gracias y ese amor, mi
Hijo, con la espada de la justicia, hará justicia sobre la Tierra.

Amaos los unos a los otros, hijos míos. No seáis materialistas. No seáis perezosos, hijos
míos. No os abandonéis en la oración.

Siguen las discordias entre los seres humanos. En los hogares, hijos míos, no hay amor
entre vosotros. Amaos como Cristo os ama, hijos míos. Mirad si os ama Cristo, que todas
estas gracias las derrama sobre el mundo. Abarcan a toda la Humanidad. No mira ni raza ni
color. Todos son hijos míos y sobre todos derrama las gracias.

También pedid mucho por los guías de la Iglesia, porque Satán introducirá en los
seminarios y en los conventos a espíritus del mal encarnados, para destruir las órdenes
religiosas. Satán, con su astucia, hija mía, quiere hacerse dueño. Pero venid a vuestra
Madre, que vuestra Madre es el camino seguro para ir a Cristo.

No os dejéis sellar por Satanás. Dejaos sellar por el Ángel del bien con la señal de los
escogidos, hijos míos. No os abandonéis en la oración. Si os abandonáis en la oración,
vuestras almas quedarán tibias y aletargadas; y es un modo de Satán poderse aprovechar de
ellas. Pedid gracias, hijos míos, que, si vuestras oraciones salen de dentro de vuestro
corazón, todo lo que pidáis se os concederá, hijos míos.

El Anticristo, hija mía, se apoderará de Roma. Hay muchos secuaces del Anticristo; y él
quiere sentarse en la Sede. Pedid mucho por mi Hijo, mi Vicario. Es muy perseguido, hijos
míos; y el Anticristo está cerca para hacerle sufrir, hija mía. Uníos a él en oración y ofreced
vuestras oraciones por él. Nuestros Corazones le aman.

Oración y sacrificio, hijos míos. Haced mucha oración para que vuestra Madre pueda venir
vestida de blanco y se quite la ropa de dolor. Muchos no rezáis el Rosario todos los días. Os
habéis abandonado, hijos míos. Os lo pido: ¡rezad el Rosario en familia todos los días!
Educad a vuestros hijos en un hogar cristiano. No debe de faltar la Palabra de vuestro
Cristo ni de vuestra Madre María Santísima, Pura, Dolorosa, hijos míos. ¡Mi Corazón os
ama tanto!…

Dios Padre ama tanto a la raza humana, que no ha querido extinguirla. Le da oportunidad,
oportunidad para salvarse.

Besa el suelo, hija mía, por los pobres pecadores…

Sé muy humilde, hija mía, muy humilde. A todos mis hijos, a todos les pido humildad.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con gracias especiales, hijos míos…
Todos han sido bendecidos.

Penitencia, hijos míos, penitencia y oración. Pedid por las almas consagradas, porque
quiero pastores de almas; pastores santos, que ayuden a mi Iglesia a salvar almas.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

Adiós, hijos míos. ¡Adiós!

MENSAJE DEL DÍA 3 DE MAYO DE 1996, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN: Hijos míos, sigo haciendo llamadas de urgencia a la oración. También


quiero que escuchéis mi voz…, que viva en vosotros para que Él os conduzca vuestra vida.

Gritad a los pueblos que Cristo tiende la mano a todo el ser humano para sacarlo de la
ciénaga del pecado. Es preciso la oración, hijos míos, para estar siempre con nosotros.

Muchos de los que habéis llegado a este lugar estáis cambiando vuestras vidas por un
camino recto y seguro para ir a Jesús. Seguid adelante, hijos míos; no os acobardéis, que, si
antes habéis cerrado vuestros oídos a mis palabras, ahora estáis a tiempo. Estáis en el
rebaño de mi Hijo; ¡no os salgáis de él! Ahí estáis seguros, hijos míos, porque Cristo es la
Luz, que donde hay luz no existe la tiniebla.

Os pido, hijos míos, que obréis de la palabra de Dios y que habléis de la palabra de Dios a
todos aquéllos que están fuera de mi rebaño, para que participen de estas gracias que día a
día derrama mi Corazón.

Orad, hijos míos, para fortificar vuestro espíritu.


Todo el que sigue el camino del Evangelio recibirá una gran recompensa. Yo estoy con
vosotros y nunca abandono a aquéllos que vienen a mí.

Quiero, hijos míos, sacaros de la esclavitud del pecado. Vuestra vida depende de un hilo,
hijos míos. Por eso os pido: dejaos conducir por Cristo, que Él es el camino seguro y recto.
Y no escondáis la luz bajo el celemín; sacadla, que todos la vean; y hablad por todos los
pueblos. Gritad que Cristo los ama, y Cristo los espera a todos.

Grandes calamidades, hija mía, van a caer sobre la Humanidad, porque muchas almas
cierran sus oídos a mi llamada. Sigue hablando, hija mía, porque aquellos corazones
endurecidos se están ablandando.

Tu misión en la Tierra es ayudar a las almas, hija mía.

LUZ AMPARO: Yo quiero, claro. ¡Ay! Quiero ayudarlas; pero si se dejan ayudar. Pero yo
también quiero que me ayudes. ¡Ayyy!…

LA VIRGEN: No puedo hacerte feliz, hija mía. Tu misión no es ser feliz en la Tierra. Tu
misión es sufrir para salvar a las almas. Pero te prometo que no te haré feliz aquí, pero te
haré feliz toda una eternidad.

LUZ AMPARO: Bueno, pero es que cuesta. ¡Ay, lo que cuesta!…

LA VIRGEN: No se hace lo que yo he pedido, hija mía. ¡España será castigada! He pedido
que en este lugar se construya una capilla en honor a mi nombre y que se venga de todos
los lugares del mundo a meditar la Pasión de Cristo que está olvidada, hija mía.

Muchas almas consagradas se han desviado del camino de la oración y del sacrificio. No
son pastores de almas; son destructores de almas.

Grita que no robo almas de la Iglesia; que llevo almas a la Iglesia. Que me manifiesto en
muchos lugares para que las almas vayan a la Iglesia a cumplir con los mandamientos; pero
que ellos mismos quieren confundir mis palabras.

Grita a los sacerdotes que sean pastores de almas; que están tibios muchos de ellos y se
abandonan en la oración y en el sacrificio. Que se ocupen de su ministerio. Que los quiero
pastores de mi Iglesia santos, para llamar a mi rebaño y conducirlo por el camino de la
caridad, de la fe, de la pureza, de la humildad y de la esperanza. Que hablen de Cristo y que
prediquen el Evangelio. Que hacen sufrir mucho a mi Corazón. Y ¡ay de aquéllos que
cierran sus oídos a mis llamadas, hijos míos!

Besa el suelo, hija mía… Besando el suelo se salvarán muchas almas. Cuando alguien te
grite que es de fanáticos… Mi Hijo besaba el suelo diariamente, ¡siendo el Hijo de Dios!
No te avergüences de besar el suelo, hija mía, por la salvación de las almas.
Bebe unas gotas del cáliz del dolor… ¿Está amargo, hija mía? Mi Corazón siente esta
amargura cuando mis almas consagradas no son fieles a mi Hijo, y mi Corazón ¡los sigue
amando! Besa el suelo, hija mía, en reparación de todos los pecados de las almas
consagradas… Y ámalos mucho, hija mía; sacrifícate por ellos.

Mis mensajes van a ser muy cortos, de ahora en adelante. Os recordaré la oración y la
penitencia. Pero estaré presente, hija mía, seguiré presente, porque el mundo sigue
obstinado en los placeres y en los pecados. Por eso, hijos míos, porque os amo, no puedo
dejaros solos. Tengo que derramar gracias sobre vuestros corazones para alentaros y para
fortificaros.

Hablad mucho, hijos míos: que las almas vayan al templo de Cristo y que laven sus pecados
en el sacramento de la Penitencia. Que el tiempo se acaba. Que quiero salvar a todas las
almas. Y seguid adelante fuertes, hijos míos. Y pedid a vuestra Madre, que Ella no os
abandonará.

Yo soy el camino para ir a mi Hijo, y todo el que venga a mí, irá a Cristo.

Tú, hija mía, ya te he dicho que no te puedo dar la felicidad en este mundo; pero, si eres
fiel, la felicidad será eterna; porque vas a sufrir mucho físicamente. Para las almas que mi
Hijo coge víctimas no existe la felicidad del mundo. La felicidad está en nosotros. Sigue
amándonos y fortifícate en la oración y en el sacrificio, hija mía; y déjate conducir por mi
Hijo, que mi Hijo es el Camino, la Verdad y la Vida; y todo el que crea en Él vivirá
eternamente.

Amaos los unos a los otros. Sed todos uno, hijos míos, que estoy muy orgullosa porque veo
que vuestros corazones ya no son bloques de hielo. Tenéis fuego y se está derritiendo ese
hielo en amor hacia Cristo, hijos míos.

Sed fuertes en el amor de Cristo, valientes para no negarle. Y pedid mucho al Ángel de la
Paz, porque el mundo está en peligro y grandes calamidades, grandes catástrofes caerán
sobre él.

Hace muchos años pedí por la conversión de Rusia. Pero no se hace lo que yo pedí. Pido la
consagración a Rusia particular.

Y estad unidos al Papa, hijos míos, al Vicario de mi Iglesia, al representante de Cristo en la


Tierra. Sufre mucho, hijos míos, porque le rodean lobos revestidos con piel de cordero.
Pedid mucho por él, hijos míos. ¡Mi Corazón le ama tanto!… Sed muy humildes.

Y prometo que todo el que pise este lugar recibirá gracias especiales, porque mis ángeles
están custodiando este lugar…

Levantad todos los objetos, hijos míos; todos van a ser bendecidos…
Conservad vuestro cuerpo, hijos míos, como sagrario limpio, para que mi Hijo pueda
esconderse en él, hijos míos. Sed muy puros, muy puros y muy humildes.

Amad mucho a la Iglesia y amad a vuestra Madre; que vuestra Madre os ama con todo su
Corazón.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

Adiós, hija mía.

Adiós, hijos míos. ¡Adiós!

MENSAJE DEL DÍA 7 DE JUNIO DE 1996, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Mira, hija mía, qué gloria espera a todos aquéllos que recen con devoción el santo Rosario.
Son perlas preciosas, cada cuenta del Rosario; perlas preciosas para llevarlas a las moradas.

Mira el Infierno que había preparado para muchas almas, hija mía.

LUZ AMPARO: (Exclama con horror). ¡Ay! ¡Ayyy! ¡Ayyy! ¡Ay!

LA VIRGEN: Tú hubieras estado entre ellas.

(Luz Amparo vuelve a lamentarse).

Pero mi joya, que es el Rosario, librará muchas almas de este gran peligro.

Mira, cada avemaría es una rosa que sale por la boca de cada ser humano y llega
directamente al Cielo. Procurad rezar el Rosario de rodillas con mucha devoción. Después
de la santa Misa, es la memoria de la Pasión más grande. Se renueva la Pasión de Cristo en
cada cuenta del Rosario.

Mira las luces que salen de esas cuentas del rosario. Y mira cómo vengo vestida de oro, de
tantos y tantos rosarios como me han rezado en este lugar. Otras veces me has visto con
ropa, casi como una mendiga; ¿sabes por qué? Porque las almas no rezan el Rosario con
mucha devoción. Pero mira el valor que tiene rezándolo con devoción, pausadamente y
bien meditado.

LUZ AMPARO: ¡Ay, qué grandeza! ¡Ay, qué grande!…


LA VIRGEN: No os acostéis ni un solo día sin rezar esta plegaria que tiene tanto valor.
Cuando un alma está en gracia, hija mía, y reza el santo Rosario bien meditado, se le
perdonan muchos pecados de su vida pasada, hijos míos.

LUZ AMPARO: ¡Ay, qué hermosa eres! ¡Ay, qué grande eres! ¡Ay, qué hermosura!

LA VIRGEN: Pedid mucho, que soy Madre de todas las gracias… Y sigo repitiendo: todo
el que venga a este lugar, será bendecido. Y muchos hoy serán marcados con una gran cruz
en la frente, que unos a otros la verán… (Luz Amparo expresa admiración).

Pero no me defraudéis vosotros, hijos míos. No os acostéis sin renovar la Pasión de Cristo.

LUZ AMPARO: ¡Ayyy, ya llegó (casi inaudible), ay!…

EL SEÑOR: Os voy a dar un consejo a todos. Son palabras del Evangelio: amaos los unos
a los otros, como yo os amé y os sigo amando.

(Le muestra el cáliz de la Pasión y Luz Amparo se lo pide).

LUZ AMPARO: Dame un poquito…

EL SEÑOR: Todavía sigue habiendo almas ofendiendo gravemente la Divina Majestad de


Dios. Os sigo repitiendo: con la medida que midiereis, seréis medidos. No queráis para
otros lo que no queráis para vosotros. No juzguéis, y no seréis juzgados. De la manera que
juzguéis, seréis juzgados, hijos míos. No seáis hipócritas, que queráis quitar la mota en el
ojo de tu hermano, teniendo una viga en el vuestro. Quitad vuestra viga y veréis con
claridad. Y después podéis quitar la paja en el ojo de vuestro hermano. Dad y se os dará.
Por media medida que deis, se os dará rebosando, hasta arriba. Es un consejo que os doy,
hijos míos.

Cumplid con el primer mandamiento: amad a Dios sobre todas las cosas. Dejad todo por Él,
si Él lo pide. Y amad a vuestros hermanos con todo vuestro corazón.

Pero no los juzguéis: ¿quién sois vosotros para juzgar? Amaos con todo vuestro corazón.
Pido que haya paz en los hogares. Es la hora de la misericordia todavía. También pido que
todo el que quiera, vaya a los pueblos predicando el Evangelio…

LA VIRGEN: Hija mía, sé humilde, muy humilde. Con la humildad, ¡podrás ayudar a
tantas almas!… No te abandones en la oración. La oración fortalece, hija mía.

Voy a dar una bendición especial. Servirá para la conversión de las almas y para todos
aquellos enfermos que padecen gravemente dolores y no saben ofrecerlo por la salvación de
las almas. Esta bendición va acompañada de la de mi Hijo.
Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos…

Amad mucho a vuestra Madre, que vuestra Madre os ama con todo su Corazón, y extended
la devoción al santo Rosario, hijos míos, en reparación de todos los pecados del mundo.
Acercaos al sacramento de la Eucaristía; pero antes al de la Penitencia, hijos míos.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

Hijos míos, penitencia y sacrificio pido.

¡Adiós!…

MENSAJE DEL DÍA 5 DE JULIO DE 1996, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR: Ruego, hijos míos, perseveréis en mi amor, como yo permanezco en el amor


de mi Padre. Estad unidos a mí como yo a Él, para que la unión sea perfecta, hijos míos.
Sin mí no sois nada. Cumplid con mi doctrina, hijos míos. No ocupéis los primeros puestos.
Amad sin esperar ser amados. Si sois capaces, hijos míos, de amar de verdad y dar la vida
por vuestros hermanos, vuestro Padre Celestial os recompensará, hijos míos. No deis a
cambio de que os devuelvan más. Los pecadores dan para que les recompensen dobles a
medida. No estéis apegados a las cosas del mundo, hijos míos.

Cuántas veces os voy a repetir: quiero que seáis todos uno; hasta que no seáis todos uno,
vuestro Padre Celestial no os recompensará, hijos míos. Amad si queréis, hijos míos, recibir
vuestra recompensa.

También pido que améis con amor de hijos a mi amantísima Madre. Sufre por toda la
Humanidad, y la cólera de Dios va a caer de un momento a otro. Os ocupáis, hijos míos,
más de lo que tenéis que comer y vestir que de vuestro Creador. Cumplid mi doctrina,
porque quiero apóstoles para los últimos tiempos. Pero para apóstoles de los últimos
tiempos tenéis que desprenderos de las cosas materiales. No se puede servir a dos señores: a
Dios y al mundo, el dinero y la carne. Si estáis entretenido con uno no podéis amar al otro.

Perfeccionad vuestras vidas, hijos míos. Sólo pido amor, desprendimiento, caridad.

LA VIRGEN: Hija mía, soy vuestra Madre, Madre de amor y de misericordia, pero Madre
de dolor porque sufro por todos mis hijos. Yo ruego a mi Hijo que tenga piedad de
vosotros. Quiero salvaros, hijos míos; pero basta ya de sacrilegios, de desprecio hacia mi
Hijo. Los humanos, hija mía, no sienten en su corazón la Pasión de mi Hijo. No aman a
Dios su Creador. No sois capaces, hijos míos, de entregaros víctimas de holocausto por la
salvación de las almas. Mi Hijo derramó hasta la última gota de su Sangre. ¡Qué poco
respeto hacia la Eucaristía, hijos míos! ¡Cuántas veces he dicho: no me agrada, ni agrada a
mi Hijo, que manos que no estén consagradas toquen su Cuerpo, hijos míos!

En el Evangelio de Cristo dice: todo humano de Cielo y Tierra, hasta los que están en la
profundidad de los Infiernos, doblegarán la rodilla ante su Rey, ante este Rey Celestial.
¡Qué poco respeto, hijos míos, y qué poco amor a mi Hijo! Mi Hijo está indignado con el
ser humano.

LUZ AMPARO: Yo quiero reparar, pero yo no puedo sola. ¡Ay, ay, qué pocos me siguen!
¡Ay! ¿Qué queréis que haga? ¡Yo no puedo ya más! ¡Ay, ay, ay, ay! Pero ayudadme,
porque yo ya no puedo más. ¡Ay, ay!

EL SEÑOR:

Sí, hija mía, unos son víctimas para que otros se salven, hija mía. El ser humano es cruel,
hija mía. Pero hay muchas almas, que acuden a este lugar, que te ayudan a sufrir en
silencio. Estamos contigo, hija mía, no te abandonaremos, aunque te encuentres en la
soledad y a veces en la tristeza. Estamos contigo. Ofrécete más víctima, más, hija mía, y
por mis almas consagradas, por esos pastores fríos, tibios, que han abandonado la oración.

LUZ AMPARO:

¡Ayúdame, ayúdame, Madre mía!

LA VIRGEN:

Hijos míos, buscad la humillación voluntaria. La soberbia no conduce al hombre a grandes


fines, hija mía. Sed humildes, hijos míos, y amaos con todo vuestro corazón. Sólo pido un
poquito de amor para mi Hijo, tened compasión de Él. Pido a los seres humanos amor a
Cristo. Basta de sacrilegios y de profanaciones. No recibáis el Cuerpo de Cristo sin antes
haber ido al sacramento de la Penitencia.

¡Qué ofendido está mi Hijo, hijos míos! Necesitamos almas para reparar los pecados.
Amaos, hijos míos, con todo vuestro corazón. Y tú, hija mía, sé muy humilde, muy
humilde. Ya sé que tu corazón sufre, pero es preciso sufrir, hija mía, por las almas. Han
olvidado los humanos que el camino del dolor es el camino del Cielo. Besa el suelo, hija
mía, por las almas consagradas… Quiero pastores de almas, hijos míos. Aquellas almas
consagradas que os habéis desviado del Evangelio, volved al camino del Evangelio, hijos
míos. Mi Corazón os ama tanto.
Y vosotros, hijos míos, también sois almas mías, que os amo con todo mi Corazón. Amad a
mi Hijo, tened compasión de Él, y tened compasión de María.

LUZ AMPARO:

¡Tened compasión! ¡Ay, pobrecito! ¡Ayyy, ayyy, cómo sufre! ¡Ayyyy! ¡Yo también les
pido que tengan compasión! ¡Ayyy, ayyy, ayyy!

LA VIRGEN:

Olvidaos de los placeres, hijos míos, y llenaos de la oración. No estéis tan materializados y
amaos unos a otros. Sólo el amor es el que recibe la recompensa, hijos míos. Mi Hijo va a
dar una bendición especial. Recibid todas estas gracias, hijos míos. Quiero templos vivos,
los templos muertos no sirven.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales…

LUZ AMPARO:

¡Ay, Madre! Yo te quiero mucho, aunque no te quieran los demás. ¡Ay! Yo te prometo
hacer lo que me pedís, pero ayudadme. ¡Ayyy, ayyy, ayyy!

LA VIRGEN:

¡Adiós, hijos míos! ¡Adiós!

MENSAJE DEL DÍA 2 DE AGOSTO DE 1996, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Mi Corazón está triste, porque los hombres siguen en el mundo llenos de pecado; y grandes
desgracias, hija mía, van a caer sobre toda la Humanidad. Aumentarán las catástrofes, hija
mía: terremotos, trombas de agua, que casi cubrirán del cielo a la Tierra; fuertes huracanes,
que los hombres temblarán, pero no se arrepentirán muchos de ellos.

Y lo que más aflige mi Corazón, hija mía, es el poco amor y el poco respeto de mis almas
consagradas —de ese gran número— hacia mi Hijo y hacia la Eucaristía, hijos míos. La
Eucaristía es sacrílegamente profanada por muchas manos… (Pausa larga y llanto de Luz
Amparo). Este gran número, hija mía, de almas profanan diariamente la Eucaristía. Reparad
—os pido a aquel pequeño número que todavía queda— un poquito de amor dentro de
vuestro corazón hacia mi Hijo y hacia mí, hijos míos.

Reparad por estas pobres almas. Todos no son así, hijos míos. Hay otro número de almas
consagradas que aman a mi Hijo y son fieles a su vocación. Pero sufren mucho, hija mía,
por estos otros, porque son calumniados y ultrajados. Pero, que sean valientes y que sean
fieles hasta el final, que recibirán su gran recompensa.

El Dragón de las siete cabezas, hija mía, se está adueñando de la mayor parte del mundo,
especialmente de mis almas consagradas, de muchos altos puestos de la Iglesia. Se
introduce Satán para arrebatarlos de nuestro Corazón, y ellos se dejan arrastrar. Triunfó en
el mundo, hija mía, los siete pecados capitales.

Los hombres se dejan inducir por las fuerzas del mal. Pedid a mi Inmaculado Corazón. Él
reinará, hijos míos; y triunfará. Aplastará la cabeza a ese Dragón cuando haya nuestro
número de escogidos.

Rezad, hijos míos, rezad aquella oración que mi Hijo enseñó a sus Apóstoles, que es la
oración tan sencilla del Padrenuestro. Es sencilla, para los sencillos. Pero no añadáis
muchas palabras a vuestra oración. No hagáis lo que hacen los paganos, que hablan y
hablan sólo porque les gusta ser oídos, pero dentro de su corazón hay odio y su corazón está
empedernido por los rencores.

Rezad con amor, hijos míos, porque esta oración lo dice todo. En ella existe el amor, la
caridad y la oración y la penitencia. Rezad muchas veces el Padrenuestro; pero no os
pongáis a rezar para que regalen vuestros oídos, porque os guste ser escuchados. No me
gusta la oración mecánica, hijos míos.

Vuestra caridad tiene que ser escondida. No hagáis la caridad al son de trompeta, hijos
míos, porque os aseguro que todo aquél que haga su caridad al son de trompeta, ya ha
recibido su premio, hijos míos. Pero todo el que la haga en silencio, el Padre Celestial, que
está en los Cielos, les dará una gran recompensa.

Cuando ayunéis, hijos míos, no andéis cabizbajos y desfiguréis vuestro rostro para que la
gente lo note. Sólo vuestro Padre que está escondido en lo más alto del Cielo, será el que os
tiene que ver. Lavad vuestro rostro, hijos míos, para que no os noten vuestro ayuno; y
perfumad vuestros cabellos. Pero no andéis cabizbajos ni angustiados como los farsantes
para ser vistos y oídos. No tendrá valor ni vuestra oración ni vuestro sacrificio, hijos míos.

Meditad mucho la Pasión de Cristo, hijos míos. Veréis qué gran valor tiene para las almas.

Y tú, hija mía, une tu sacrificio, tu sufrimiento, al de Cristo, para que tenga más valor para
la salvación de las almas.
Os pido oración, hijos míos, oración meditada. La oración y la penitencia es lo que más
valor tiene, hijos míos. Pero que salga de lo profundo de vuestro corazón. No recéis como
los fariseos, hijos míos, ni os guste ocupar los primeros puestos.

Amad con todo vuestro corazón… Hay que reparar, hijos míos, los pecados de los hombres.
Os pido, a aquéllos que queráis seguir a Cristo, oración. El mundo está necesitado de buena
oración, hijos míos. Os repito: ¡oración!

Hoy vas a beber unas gotas, hija mía, del cáliz del dolor. Es preciso que te prepare mi Hijo
con esta amargura, porque tienes que sufrir mucho. Te confortará aunque sientas amargura,
hija mía. Te dará fuerza para el dolor… Tienes que ayudar, hija mía, y es preciso recibir
esta amargura. Si no, no podrías soportar el sufrimiento ni el dolor. Después serás
reconfortada, hija mía. Piensa que no puede haber felicidad aquí y felicidad allí. Las almas
que escoge mi Hijo, las fortifica con el cáliz del dolor y las purifica con su Sangre para que
éstas unan su dolor al de Él.

El mundo sigue cada vez peor, hija mía. Sigo dando avisos, ¡y qué pocos cambian su vida!
No se desprenden de lo terreno, hija mía. Mi Hijo dice: “Entregaos a Dios, hijos míos, y no
os preocupéis del mañana. Rezad y orad, que lo demás se os dará por añadidura”. Pero
piensan más en la añadidura que en rezar y en meditar y en desprenderse, hija mía.

Al hombre le cuesta mucho dejar lo terreno. Y si no se desprende de aquí, no podrá llegar a


conseguir el Cielo.

Amaos, hijos míos, y oración y penitencia pido a todos los seres humanos. Os lo pide
vuestra Madre, que os ama con todo su Corazón. Quiero salvaros, hijos míos; pero abrid
vuestros oídos, porque mi Hijo me ha puesto para refugio de la Humanidad. Refugiaos en
mi Inmaculado Corazón; él triunfará al final, hijos míos.

Pedid por la conversión de Rusia, hijos míos. Y pedid también por mi amado hijo, el
Vicario de Cristo. ¡Mi Corazón le ama tanto! Y es despreciado por muchos altos puestos de
la Iglesia, hijos míos… Su corazón sufre mucho, hija mía, porque ve cómo están los
pastores. ¡Qué gran número de pastores de almas se aletargan y se abandonan en la oración!
Haz mucho sacrificio por ellos. Hijos míos, vosotros también.

Besa el suelo, hija mía, por mis almas consagradas…; para que sean leales y fieles pastores
y prediquen el Evangelio. Hace mucha falta predicar el Evangelio por todo el mundo, hijos
míos.

¡Humildad os pido, oración y penitencia!

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con una bendición especial para la
conversión de las almas…
Todos han sido bendecidos.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

Adiós, hijos míos. ¡Adiós!

MENSAJE DEL DÍA 15 DE AGOSTO DE 1996, LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN


MARÍA

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, quiero que participes hoy de alguna parte del tránsito de mi vida terrestre a la del
Cielo, hija mía. Primero mi alma y todo mi cuerpo.

Cuando Dios mi Creador mandó a un cortesano para comunicarme que iba a ser Madre del
Verbo Humanado, mis entrañas se estremecieron de gozo en ese mismo instante.

Luego, hija mía, cuando nació el Verbo y lo tuve en mis brazos, también sentí un gran
gozo; esta criatura no era digna de ser Madre de Dios mi Creador, pero mi cuerpo se
estremeció de una gran alegría. Pero luego, el dolor atravesó mi Corazón de parte a parte
por una espada.

Cuando el Niño iba creciendo y acariciaba sus manitas, veía sus clavos en ellas y sus manos
manchadas de sangre; esa Víctima inocente… Cuando acariciaba sus cabellos rubios como
el oro, hija mía, entre mis dedos tocaba las espinas que un día iban a punzar su cabeza. Esa
cabecita tan pequeña sería bañada en sangre por los pecados de los hombres. Cuando le
veía que venía con sus bracitos abiertos a abrazar a su Madre, veía sobre ellos la Cruz que
atravesaría sus manos de parte a parte. Cuando acariciaba sus pies, veía los clavos
atravesados de un lado a otro.

Mi Corazón sufrió mucho tiempo, hija mía, porque vio, desde Niño, la amargura que iba a
pasar mi Hijo. Luego, cuando iba creciendo, veía su rostro tan bello —esa belleza no era de
este mundo—… Veía sus grandes ojos y ese rostro tan divino, lleno de hermosura, cómo
iba a quedar desfigurado por la maldad de los hombres, hija mía. Todo esto lo sufrió mi
Corazón.

Luego, cuando mi Hijo iba creciendo, le acompañaba en sus predicaciones y mi Corazón


rebosaba de gozo, hija mía. Pero esa espada seguía clavada dentro de mi Corazón. Y el
dolor más grande fue cuando me quedé en este destierro tanto tiempo sola, en silencio, para
reparar los pecados que los hombres cometerían a la Iglesia de mi Hijo; y quedé aquí para
dar testimonio de esa Iglesia; porque mi Hijo la hizo santa, pero los hombres la han
“desartificiado” , ¡con la santidad que tenía!…

Luego, cuando llegó mi hora, después de mucho tiempo de dolor y de silencio,


recogimiento y de reparación de los pecados de las almas, sentí este gran gozo de ser mi
alma transportada al Cielo. Dios, mi Creador, me hizo ver este momento feliz que vas a ver,
hija mía.

LUZ AMPARO:

Veo a la Virgen orando en una cosa cuadrada de madera, de rodillas; está orando por los
pecados de la Humanidad. Dice que su hora se acerca, que sólo faltan tres días. Llama a los
ángeles que la acompañan y les dice: “Id a Roma y avisad a Pedro. Que también venga
Pablo y vengan todos los Apóstoles. Comunícales que su Madre y Reina va a dejar este
mundo. Ha llegado la hora”…

Dice: “Gracias, Dios, mi Creador, que me vas a hacer participar de tu gloria”.

¡Ay, cuántos llegan! ¡Ay!, Pedro, Pablo, Juan también, Santiago —¿es él?—, Andrés, él es.
Ése, ¿cuál es? Manuel, otro… ¡Ay, cuántos llegan! ¿Quién son todos ésos? ¡Ah!, son
discípulos. Los llama Pedro. ¿Qué va a hacer? Y les dice a todos… —¡huy, cuántos!—:
“Sentaos, hermanos míos; tengo que daros una dura noticia; muchos no lo sabéis. Me ha
comunicado un cortesano que María, nuestra Madre, nos va a dejar. Siento un gran dolor
dentro de mi corazón. Siempre nos ha protegido y nos ha guiado. Ha sido nuestra Madre y
nuestra Reina y nuestro refugio aquí, en la Tierra”. Está llorando; todos lloran… “No sé si
podré seguir dándoos la noticia, hermanos míos; la garganta se me hace…”. ¡Ay, pobrecito,
cómo llora! “¡Ah! Se me despedaza el corazón. Se nos va, ¡ay! Pero tenemos que ser
fuertes. ¡Ay!, tú, Juan, vete y dedica todo tu tiempo a estar con Ella y prepara todo para su
tránsito”.

¡Cómo lloran, pobrecitos! ¡Ay! Miran al Cielo y dicen: “Dios celestial…”. ¡Ay, los deja
solos! ¡Ayyy! Pedro dice: “Siempre estaremos con Ella. Esta amargura que siente nuestro
corazón —¡ay!—, un día se convertirá en felicidad estando cerca de Ella. Tenéis que ser
fuertes. Ya no tenemos una Madre que nos proteja y nos guíe y nos aconseje; pero hay que
seguir; y todos daremos la vida por Jesús. ¡Seremos fuertes!”.

Se van; bendice a todos; se van llorando todos. Llegan ahí, a donde están esas mujeres de
ahí…

¡Ay! ¿Dónde estás, pobrecita? (Se refiere a la Virgen). ¿Ya estás preparada?… ¡Ay! Está
ahí acostada en esa…, eso es un tarimón de ésos, igual que lo que había allí, en mi pueblo.
El tarimón ese… ¡Ay! Está acostada ahí. Pero, ¡qué guapa estás!
¡Ay! Llegan todos y se ponen ahí, a su alrededor. Inclinan la cabeza (Luz Amparo, de
rodillas, imita ese gesto e inclina la cabeza hasta el suelo). ¡Ay!, la saludan. Ella se levanta.
Pedro no quiere. “No os mováis, Señora”, le dice.

¡Huy! ¿Qué va a hacer? ¡Pobrecita, si ya no puede!… No tiene fuerza. ¡Ay!, se pone de


rodillas. Le dice a Pedro: “Pedro, quiero seguir dando testimonio de la Iglesia hasta mi
último momento aquí, en la Tierra. Os repito, como os decía mi Hijo: seguid predicando y
amaos unos a otros”.

¡Ay, pobrecitos todos!

(Prosigue la Virgen). “Quiero que uno por uno me deis vuestra bendición. He hecho en
todo la voluntad de Dios para dar testimonio de la Iglesia. He orado, he reparado los
pecados de los hombres. Pero, si algo hice mal, o algo malo hice con vosotros, os pido
perdón; dadme vuestra bendición. Tú, Pedro, tienes que ser fuerte. Sufrirás mucho. Tú
Pablo, también. Juan también; Andrés y Santiago y todos vosotros. Yo he sido una buena
Madre para todos; pero perdonad si alguna falta he cometido contra vosotros”.

(Continúa Luz Amparo emocionada pintando la escena). Le da Pedro la bendición. ¡Ay,


pobrecito! ¡Ay, los otros también! Uno por uno, todos, todos… ¡Ay, ay, pobrecita! Pero si
Ella no necesita tantas cosas…

“Os pido que se cumpla, Pedro, mi última voluntad, la que pedí a mi Hijo: que mi cuerpo
no sea tocado por nadie. Sé que has mandado a Juan para que las doncellas entren y
perfumen todo mi cuerpo; pero mi última voluntad es que mi cuerpo no sea tocado por
nadie. Toda mi vida, nadie ha visto mi cuerpo. Sólo mi rostro, para ser conocida, he dejado
al descubierto. También te pido, Pedro: tengo dos túnicas de gran valor regaladas por mi
prima Isabel. Ruego las repartas a estas doncellas que tan bien y tan humildemente han
vivido conmigo durante toda su vida. También os digo: perseverad en la caridad y
perseverad en la humildad”.

Todos lloran. Agachan las cabezas y la saludan. ¡Ay, pobrecita! Se pone Ella sobre la
tarima. Todos agachan el rostro al suelo. Pedro dice: “Adiós, Reina y Señora de todo lo
creado. Madre nuestra, ruega ante Dios celestial que nos dé fuerzas para poder amar hasta
el fin de nuestra vida al Divino Redentor, a Dios nuestro Creador y a Vos, Madre bendita.
Que seamos fieles vasallos en la Tierra hasta los siglos de los siglos”.

¡Oy!, ¿qué tiene en el pecho? La Virgen tiene en el pecho una gran luz, como un sagrario,
ahí… ¡Oy, eso es!… ¡Ay!, ¿qué es eso?

“En la hora de mi muerte doy testimonio de la Eucaristía. En este sagrario he conservado a


mi Hijo durante toda mi vida. He reparado las ofensas que han hecho los seres humanos y
los sacrilegios que han cometido con este divino Cuerpo”.
¡Oy, está ahí en el centro! ¡Ay, viene a por Ti! ¡Sale de ahí el Señor! ¡Ay, ay, ay, qué
cosas!… ¡Ay, y sale de ahí! ¡Ay!

“He llevado conmigo, durante toda mi vida, este tabernáculo sagrado”.

¡Ay, ay! ¡Huy, qué luz tiene! ¡Huy, qué guapa estás! ¡Ay, ahí estás Tú también! ¡Oy!, viene
a transportar a su Madre, ¿también? ¿Quién viene también ahí? ¿Todos? ¡Ay, ésa es la
madre de la Virgen!, ¿también? Y su padre. ¡Huy!, todos los que nac… ¡Huy!, los que se
murieron antes. Están todos ahí juntos. ¡Huyyy! Todos van a acompañarla, ¡todos! Ya se ha
dormido. ¡Oy, pobrecita! ¡Ay, ay, no la toquéis, porque no quiere! (Luz Amparo —según
comentario posterior— intenta desdoblar un pliegue del manto de la Virgen y nota que la
ropa está rígida. En las imágenes se ve claro el ademán de Amparo, la cual expresa su
extrañeza). ¡Ay! Pero, ¿cómo tiene esto así? ¡Está pegado! ¡Uh!…; ¡ay!, el traje está
pegado a la tabla, ¡ay!, porque nadie podrá tocar su cuerpo. ¡Huy!… ¡Ay, el Señor,
pobrecito, va con Ella también! Pues, si te has muerto antes, ¿cómo estás… todos ahí? ¡Puf,
huyyy, cuántos ángeles, cuántos, cuántos! ¡Buuuy! ¿A dónde la vais a llevar ahora? ¡Ay,
qué luz! Y ¡cómo cantan todos! Todos cantan. Le hacen una reverencia con la cabeza hasta
el suelo. Ya se la van a llevar. ¡Huy, pobrecitos! ¡Pobrecita! ¿Dónde la lleváis? ¡Mira, qué
día también, el Viernes Santo!… ¿También se muere Ella? O ¿se duerme?… Y ¡qué calor!
Hace el mismo calor que cuando te —¡uh!—…, te estabas en la Cruz Tú. ¡Ay, Señor, qué
grande eres! ¿Dónde la vais a llevar?

“La llevaré con todos mis cortesanos, todos los profetas, todos los mártires, todos los
santos, Adán y Eva…, al Valle de Josafat”.

¡Huy…, ay! ¡Ay!, don…, ¿otra vez la…? Pues, si es igual que lo Tuyo la piedra esa. ¿Van a
meter ahí? ¡Uuuh!

“Por ser Madre de Dios, resucitará igual que yo, al tercer día. Su alma será llevada al
Paraíso y su cuerpo permanecerá tres días en este mismo lugar”.

¡Huy…, bueno! Huy, una se queda y otra se va. ¡Es el alma! ¡Huy, cómo es!… ¡Ay, qué
luz!… ¡Ay, sale una luz de ahí! ¡Ay!, ¿dónde la lleváis ya? Pues está ahí, está ahí. ¡Ay!, ése
es el espíritu, y ése es el cuerpo. ¡Bueno, qué lío! ¡Ay!, ¿dónde va a entrar? ¡Qué voz se
oye! Una voz —¡qué fuerte!— la llama: “Sube, hija mía, amada mía, entra en el trono que
hay preparado para Ti. Nadie ha pisado en este lugar. Sólo tu planta virginal es la que
pisará”.

¡Uf! ¡Hala, todos!… ¡Qué luces! Ahora la misma que ha subido baja, ¡huy…, se mete ahí
dentro del sepulcro! ¡Huy, cómo se mueve ese otro cuerpo! ¡Huyyy, qué cosas…, qué
luz…, huy, qué luz! ¡Ay, se la llevan ya!… ¡Ay, cómo sube con todos los ángeles! Se
vuelve a oír la voz: “Sube, María, hija mía. Ya has dejado ese destierro de dolor y te
sentarás en el trono como Emperatriz de Cielo y Tierra”.
Ahora se oye otra voz, que es la del Verbo: “Madre mía, ¡sube, sube!, que estamos
esperando en el trono que tenemos preparado para Ti. Gracias, Madre, por haberme
alimentado y criado con tu leche virginal. Serás casi igual a mí. Todos los títulos serán
concedidos por las tres Divinas Personas; por el Padre, por el Hijo, que soy el Verbo”. Y el
Espíritu Santo le dice: “Ven, Esposa mía, amada mía, paloma mía, ven, que serás coronada
y tendrás gran poder sobre el mundo y para salvar a la Humanidad. Tu planta virginal
aplastará al enemigo, y serás Reina de Cielo y Tierra”.

¡Ay, ay, le ponen esa corona!… ¡Ay, qué guapa estás!

“Pero nadie pisará este lugar; ni aun los serafines ni los querubines. Está preparado sólo
para Ti”.

¡Ay, ay, qué grande es eso! ¡Ay, ay! ¡Ayyy!… Vuelven a reverenciar los ángeles todos.
¡Ay, ay!…

(Tras larga pausa interviene un ángel): “Reina y Señora, aquí estamos postrados a tus
plantas virginales. Somos vasallos tuyos; ordénanos, que haremos cuanto nos ordenes”…
(Luz Amparo expresa admiración).

LA VIRGEN: Hijos míos, ¡qué grandeza cuando me presenté ante estas tres divinas
Personas! Sufrí mucho en la Tierra, hijos míos, pero tened esperanzas, porque están las
moradas preparadas. Ya se lo dijo mi Hijo a los Apóstoles: “En la casa de mi Padre hay
muchas moradas”. Y en cualquier morada será una felicidad, hijos míos. Aprended a amar,
aprended a sufrir, aprended la humildad, la castidad… Veréis cómo un día estaréis cerca de
mí. Y tú, hija mía, sé muy humilde, muy humilde, para que un día no muy lejano, puedas
participar con nosotros de tu morada, que también está preparada, hija mía.

LUZ AMPARO: ¡Ay…! Pero, ¿cuánto? ¡Ay!, ¿cuándo? ¿Cuándo me vas a tener aquí?
¿Hasta cuándo? ¡Ay, yo no quiero ya estar aquí, llévame!, ¡ay, llévame ahí, aunque sea en
el otro sitio más allá!, ¡ay, llévame, llévame, yo no quiero estar aquí, yo no quiero! ¡Ay, ay,
ay!

LA VIRGEN: Todavía te queda un poco de purificación, hija mía. No te abandones en la


oración. Reza por los que no rezan, hija mía, y haz penitencia por los que no lo hacen. Ama
mucho a nuestros Corazones y refúgiate en ellos, hija mía.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con unas gracias especiales…

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

Adiós, hijos míos. ¡Adiós!…


MENSAJE DEL DÍA 6 DE SEPTIEMBRE DE 1996, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, gracias por acudir a mi cita, hija mía. Me gusta que acudas a este lugar. Mi
Corazón sigue triste, hija mía, porque los hombres siguen obstinados en cerrar sus oídos a
mis llamadas de oración y de sacrificio. No se dan cuenta, hija mía, que están viviendo los
últimos tiempos y que viven una falsa paz, y dentro de poco se acabará esta falsa paz. Sigo
dando avisos, hija mía, y sus corazones siguen endurecidos.

Los gobernantes, hija mía, quitan todos los principios religiosos, para que dentro de los
corazones se meta el vicio y el pecado. No hay lugar dentro de los corazones para mi
amado Hijo Jesús, hijos míos. Los tenéis ocupados en el mundo, en los placeres, en el
dinero. Sigo, sigo dando avisos como una madre que ama mucho a sus hijos, y los avisa del
peligro que les acecha; pero ellos siguen cerrando sus oídos sin escuchar mis llamadas.

Quiero, hija mía, que se haga una llamada de urgencia a aquellas almas que están
escondidas en el olvido, en la oración, en el sacrificio, en el desprecio, en la castidad, en el
olvido de ellos mismos… Ya va siendo hora, hijos míos, que salgáis de vuestros escondites
para llevar la luz a la Tierra. Almas que viven la luz del Evangelio, quiero que salgáis
porque sois los apóstoles de los últimos tiempos.

Todo el que quiera seguir a Cristo, tiene que vivir el Evangelio. Pero, ¡cuidado, hijos míos,
mucho cuidado! Hay millares y millares de profetas falsos que se llaman apóstoles de los
últimos tiempos, y viven en la abundancia, en el placer. Muchos de ellos están acudiendo a
este lugar y arrastran grandes masas de almas; y estas pobres almas se dejan arrastrar por el
orgullo y la soberbia. Hijos míos, os sigo avisando: no abráis vuestros oídos a todos esos
profetas falsos, porque todos están sellados con el número del enemigo y quieren
arrastraros a vosotros para caer en sus redes. Abrid vuestros oídos a mi llamada, hijos míos.
La penitencia y la oración y el sacrificio os hará humildes y veréis la luz, hijos míos.

No os dejéis engañar, porque es el tiempo del precursor del Anticristo, que se reúne con
grandes ejércitos de ángeles del mal y está sellando frentes y manos para el día final, que
está no muy lejano. Harán la guerra, hijos míos, pero ¡mucho cuidado!, estáis viviendo el
fin de los tiempos, y Satán está suelto haciendo su guerra.

Almas imitadoras de Jesucristo, vuestra oración, vuestro dolor, vuestro sacrificio y vuestras
lágrimas llegan al Cielo, hijos míos, y ayudarán a todas estas almas que, por ignorancia, se
dejan arrastrar.

Hijos míos, pido más oración y más sacrificio… (Habla en idioma extraño). Mira si está
próximo, hija mía. Muchas almas, cuando llegue este momento, gritarán a la muerte, y
dentro de sus entrañas recibirán… (Idioma extraño). Y cuando griten a la muerte, la muerte
no les querrá oír. Dios está muy enfadado con el ser humano. El ser humano… (De nuevo,
palabras en idioma extraño).

LUZ AMPARO: ¡Ay! Perdónalos, perdónalos, ¡ay!, dales más tiempo, ¡ay!, dales más
tiempo.

LA VIRGEN: La cólera de Dios está próxima, hija mía. El hombre no respeta la vida
humana. Ni aun la propia naturaleza del planeta es respetada. Sólo la idea del hombre es
destruir, hija mía.

Parte del mundo quedará como en un desierto; hasta las fieras, cuando llegue este
momento, saldrán de sus guaridas y darán terribles aullidos. Sólo una parte de la naturaleza
no será tocada, porque Dios no permitirá que ni los árboles ni las plantas de ese lugar sean
arrasados. Pero las demás partes del mundo quedarán desiertas por grandes catástrofes;
grandes terremotos, hija mía, engullirán todo lo que los hombres han hecho, porque la
perversidad de los hombres sigue en sus corazones y no escuchan la llamada de Dios, hijos
míos.

Os pido, a aquéllos que todavía estáis a tiempo, sacrificio, hijos míos, sacrificio y oración.
No dejéis de rezar el santo Rosario todos los días. El santo Rosario es un arma muy potente
para salvar a la Humanidad, hijos míos. No os abandonéis en los sacramentos. Haced
visitas al Santísimo; mi Hijo está triste y solo.

Cuando llegue el momento terrible, los malvados entrarán en los hogares y matarán a todos
los seres inocentes. Será terrible, hija mía. Haz sacrificio y penitencia y ama mucho a
nuestros Corazones, hija mía.

Besa el suelo por los pobres pecadores, hija mía…

Y os repito: cuidado con los profetas falsos; acuden a este lugar para destruir a las almas.
Yo sigo derramando gracias sobre este lugar. Todo el que venga aquí recibirá gracias
especiales; y muchos, hija mía, sigo repitiendo, serán marcados con una cruz en la frente,
que será la protección de Satán. Hay un precursor del Anticristo que acude a este lugar para
arrastrar a las almas. Muchas de ellas han sido selladas en la mano izquierda y en sus
frentes con el número 666. Sabréis distinguir esta marca porque se verá en las frentes.

No os abandonéis, hijos míos, ni os dejéis arrastrar. Imitad a los verdaderos apóstoles y


predicad el Evangelio.

Tú, hija mía, conocerás las marcas; pero, ¡cuidado!… (Idioma desconocido).

LUZ AMPARO: ¡Ay!… ¡Ay, ya lo siento! ¡Ah, ese rechazo, sí!


LA VIRGEN: Te haré sentir dentro de tu alma ese rechazo hacia esa marca. Ayuda a los
pobres pecadores y diles que mi Corazón Inmaculado los espera para refugiarlos en él. Que
en el corazón de una madre caben todos sus hijos. Que mi Corazón es tan grande, que cabe
el mundo entero dentro de él. Que vuelvan al buen camino, que su Madre los espera, y que
este Corazón será el que triunfe sobre toda la Humanidad.

Pedid mucho por mi amado hijo, el Vicario de Cristo. Es muy perseguido, hija mía, por
aquellos corazones endurecidos y perversos que no quieren llevar la doctrina de Cristo,
como está escrita, sino quitar y poner a su gusto lo que ellos quieren. Por eso es perseguido,
hija mía, porque nuestro Corazón le ama con todo… (Idioma extraño).

Amadlo mucho, hijos míos, y seguid su doctrina. Estad en constante unión con él.

Sacrificio pido, penitencia, hijos míos.

Acudid a este lugar, que recibiréis muchas gracias, hijos míos.

Y tú, hija mía, sé muy humilde, muy humilde. Sin humildad no se consigue el Cielo.

Levantad todos los objetos, hijos míos; todos serán bendecidos… Y te repito, hija mía: esta
bendición sirve en todos los momentos; como te dijo el ángel: para nosotros el pasado y el
futuro no existe, existe el presente.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

Adiós, hijos míos. ¡Adiós!

MENSAJE DEL DÍA 4 DE OCTUBRE DE 1996, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR:

Venid, hijos de Adán, venid a mí; dejad los placeres del mundo y sus vanidades. Quiero
reuniros a todos; no quiero que os salgáis de mi rebaño, hijos míos; os quiero a todos en un
mismo rebaño. Yo sufro, hijos míos, vuestra desunión, vuestra vanidad, vuestra soberbia,
vuestra falta de caridad. Os quiero congregar a todos para enseñaros a llevar el estandarte
de mi Cruz. Pero para llevar este estandarte, hijos míos, tenéis que ser humildes, muy
humildes, y no ocuparos de las cosas del mundo. Sólo ocuparos de las cosas divinas.

Necesito gran número de almas, y busco a gritos; dejaos encontrar, hijos míos, que necesito
almas de buena voluntad, para llevar el estandarte de mi cruz. Venid a mí, que yo no os
rechazaré como los mortales rechazan al ser humano. Yo os busco porque os amo, y quiero
revestiros de Gloria y desnudaros del mundo.

Retiraos de aquéllos que os alaban, hijos míos, y buscad a aquéllos que os desprecian. Yo
vendré a ensalzar a los humildes y a revivir a los poderosos…; a juzgarlos, no redimirlos.
Vendré a derribar a todos los soberbios, hijos míos. Bienaventurados los limpios de
corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados aquéllos que son calumniados y
perseguidos a causa de mi nombre…

Repite, hija mía: vendré a redimir a toda aquella alma de buena voluntad, pero, ¡ay de
aquellos poderosos que su mente está sólo en las riquezas y en su sabiduría, y que esta
sabiduría la emplea para las cosas del mundo! Más le valiera no haber nacido, hijos míos;
porque me manifiesto a los humildes, para confundir a los grandes y poderosos.

Y vosotros, almas consagradas, ¡despertad de ese sueño tan profundo! Satán os tiene
engañados y no reconocéis la ofensa a vuestro Dios ni reconocéis vuestras culpas. Volved
al buen camino, hijos míos, mi Corazón sufre porque os ama.

Repetid diariamente las palabras de “Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo,
ten misericordia de nosotros”; porque yo seré el que tendré misericordia de toda la
Humanidad que quiera seguir el Evangelio.

Amaos, hijos míos, y pensad que los humildes serán los que conquistarán el Cielo. Mis
ángeles armarán una gran guerra contra los soberbios y contra los poderosos que no quieran
oír mi voz.

Y vosotros, almas consagradas, os repito: venid a mí que soy el Camino, la Verdad y la


Vida. No os dejéis dominar por Satán; es un tiempo crítico para las almas. Satán quiere
reinar y armará la guerra, pero mis ángeles congregarán a todos los escogidos y los sellarán,
para que Satán no se apodere de ellos. Pero alimentaos de la oración y del sacrificio, para
que Satán no haga estragos en las almas. Os ama tanto mi Corazón, hijos míos, que os grita
de lo más profundo de lo su corazón: venid a mí que os espero, hijos míos.

Y tú, hija mía, cuanto mayor dolor, mayor prueba, mayor sufrimiento… mayor premio, hija
mía; más cerca estarás de nosotros.

Sed humildes y rechazad a aquéllos que os alaben. La vanidad es un pecado peligroso para
el alma, hijos míos.

Como te he dicho en otras ocasiones, hija mía, sólo Dios puede reinar en las almas.

No os creáis el centro, eso te lo he enseñado a ti: sólo el centro es Dios…

Luz, te repito, ámame mucho; ¿me amas?, quiero oír de tus labios esas palabras, ¿me amas,
Luz?
LUZ AMPARO: ¡Ay, te amo, Señor! ¡Te amo con todo mi corazón, con todas mis fuerzas!
¡Ay, cuánto te amo Señor! ¡Ayyy!

EL SEÑOR: Ya sabes que me gustan los corazones sedientos de amor.

LUZ AMPARO: ¡Ay, ay! ¡Ah! ¡Cuánto te amo, Señor!

EL SEÑOR: Sigue amándome, porque quiero almas que me amen, pero que se entreguen
enteras a mí, que no pertenezcan al mundo.

LUZ AMPARO: ¡Ay! ¡Ay, qué guapo eres! ¡Ay, qué belleza! Te amo, Señor, te amo. Mi
corazón está inflamado de tu amor. Aunque soy débil a veces y me dejo dominar por mis
sentidos. Pero quiero ser tuya, ¡tuya, Señor! ¡Ay, Señor!, ¡qué amor tan grande!… ¡Ay, ay!

LA VIRGEN: Hijos míos: amad mucho a mi Hijo. No desfiguréis su rostro con vuestros
pecados, mi Corazón sufre mucho porque os ama. Mi Corazón Inmaculado, hijos míos, será
el que triunfe en la Humanidad. Habrá grandes purificaciones en la Tierra; grandes
catástrofes, hijos míos. No os abandonéis en la oración ni en el sacrificio; sed humildes,
hijos míos; sin humildad no se consigue el Cielo.

Y tú, hija mía, sigue ofreciéndote víctima de reparación por los pecadores, hija mía. Besa el
suelo en reparación de todos los pecadores del mundo…

Yo os sigo repitiendo: amad a la Iglesia, hijos míos, amad a mi Vicario; obedecedle en todo
y pedid por él; sigue en un gran peligro.

Repito: en este lugar, mi Corazón está derramando muchas gracias, hijos míos. Habrá
muchas curaciones de alma, y también de cuerpo, hijos míos. Seguid acudiendo y rezad el
santo Rosario con mucha devoción.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con gracias especiales, hijos míos…
Todos han sido bendecidos.

Os repito, hijos míos: humildad, y no salgáis de mi rebaño, porque el rebaño de mi Hijo, es


el mío; y en este rebaño seréis vestidos de Gloria, hijos míos, si cumplís con nuestras
palabras. Predicad el Evangelio por todos los rincones de la Tierra.

Hoy va a bendecir mi Hijo.

EL SEÑOR: Os bendigo como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

LA VIRGEN: ¡Adiós, hijos míos! ¡Adiós!


MENSAJE DEL DÍA 1 DE NOVIEMBRE DE 1996 (TODOS LOS SANTOS)
PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, hoy vengo revestida de salvación para los hombres. Vengo a buscar a aquellas
almas que se encuentran en las tinieblas y en la oscuridad para conducirlas por el camino de
Cristo. Estáis viviendo, hijos míos, unos momentos graves sobre el globo terrestre. Grave
para vuestra alma, hijos míos. Invocad mucho mi nombre. Decid: “Oh María, concebida sin
pecado, ruega a la Divina Majestad de Dios que tenga misericordia de esta pobre
Humanidad”.

Invocad a san Miguel, hijos míos. Satán está haciendo la guerra.

También os pido: entronizad en vuestras casas el Corazón de Jesús y de María, para que
Satán no entre en vuestros hogares. Venid a vuestra Madre, que todo el que me busca, me
encuentra, hijos míos. Rezad el santo Rosario, orad por los sacerdotes, haced sacrificios por
los pobres pecadores.

Mira, hija mía, hoy vengo vestida de luz. Y sobre mi pecho vas a ver el tesoro que tengo
escondido. Dentro de mi pecho está el arca de oro, donde están escondidas las Tablas de la
Ley, hijos míos. Dios las escondió en esta arca, para que no volviesen a ser destruidas, para
el Día del Juicio presentarlas ante cada nación, a ver si han cumplido con estas santas
Leyes; y, ¡ay de aquéllos que no hayan cumplido con las santas Leyes de Dios, hijos míos!
Mira cómo son las Tablas, hija mía… Aquí están los mandamientos: amarás al Señor, tu
Dios, con todo tu corazón, con todas tus fuerzas; amarás al prójimo como a ti mismo; no
jurarás el Santo Nombre de Dios en vano; santificarás las fiestas; honrarás a tu padre y a tu
madre; no matarás; no cometerás pecados impuros; no levantarás falsos testimonios ni
mentirás; no robarás lo de otra persona… Y todo aquél que tenga deseos de lo que no le
pertenece, tampoco cumplirá con estas leyes… Todo el que cumpla con estas leyes será
salvo, porque la justicia de Dios está próxima. Mira, cuando se abre el arca, el tesoro que
lleva dentro. Y también verás la justa ira de Dios.

LUZ AMPARO:

¡Ay!, ¿ahí dentro?… ¡Ay, qué cosa más bonita! Pero hay ángeles, custodiando esto que hay
ahí dentro. ¡Ay, está Jesús, ahí en un trono! Hace una señal a un ángel. Un ángel coge… —
¿qué es eso?— una guadaña; se la entrega al Señor, y el Señor con la guadaña en alto le
dice al ángel: “Vete y siega toda la hierba seca de la Tierra y arrójala lejos, muy lejos, para
que el fuego la consuma”.
Manda a otro ángel otra señal, y le trae otra guadaña. La coge el Señor en la mano y le
manda: “Vete por la otra parte y siega todos los racimos que no dan fruto y tráelos a este
lugar, donde también serán arrojados y consumidos en ese fuego”.

Y al otro también le manda traer otra guadaña, y le manda por la otra parte de la Tierra y le
dice: “Aparta la cizaña de la buena cosecha y tráela a este lugar, donde será arrojada al
fuego”.

Manda a tres más y les dice: “Tocad la trompeta, para que todos aquéllos que estén sellados
con una cruz en la frente y con el número doce, sean puestos en este lugar al lado del arca”.

¡Ay! ¿Qué hay ahí?

EL SEÑOR: Éstos participarán de este jardín. Y aquéllos serán malditos y arrojados al


fuego para toda la eternidad. Tendrán sus mentes puestas en el mal y rechazarán el bien,
porque la perversidad de su corazón no les permitirá amar. Todos éstos serán sellados con
el número del enemigo y no podrán entrar donde está el tesoro de la alianza de Dios.

LUZ AMPARO: ¡Ay, Dios mío, sálvalos a todos, Señor, sálvalos!

EL SEÑOR: Por eso pongo a mi Madre de portadora del Evangelio.

LUZ AMPARO: ¡Ay!, la santísima Virgen trae un libro en su mano. ¡Ay!, son los
Evangelios. ¡Ay, madre mía!, ¿qué hay que hacer para salvarse todos éstos?

LA VIRGEN: Hija mía: id por el camino del Evangelio. Llevad a todos los rincones del
mundo el Evangelio de Cristo. Todo el que cumpla con los Santos Evangelios, será salvo,
hija mía. Quiero almas, almas preparadas para estos últimos tiempos. Orad, hijos míos,
orad. El tiempo está próximo.

LUZ AMPARO: ¡Ay, Madre mía, ay! ¿Yo te puedo preguntar algo? ¡Ay! Yo quiero que
se salven muchas almas. ¡Ayúdales tú, Madre mía! ¡Ay! Muchos vienen a este lugar, Señor
y Padre mío. Tú que estás ahí también, ¡ayúdalos!

LA VIRGEN: Hija mía, pide que tengan fe. No que vengan sólo a este lugar, sino que sus
corazones estén inflamados del amor a Cristo. Sin fe no se salvarán. Pide la fe, hija mía. Y
pide que respeten este lugar. Y respeto a la Eucaristía. Que vengan a mí, hija mía, que soy
la Madre del Salvador; y yo imploraré a mi Hijo que tenga compasión de todas las almas.
Para mí todos son hijos míos. No me importa el color de la carne, ni la clase de lenguas;
porque todo está bajo el dominio de mi Hijo.

LUZ AMPARO: ¡Ay! Yo te voy a pedir que ames mucho a los hijos que te quieren, Madre
mía, porque te aman y vienen a este lugar. Si no, no pasaban frío ni calor. ¡Madre, ámalos
mucho!
LA VIRGEN: Diles, hija mía, que tengan más fe y que pidan el don de oración y el don de
sabiduría, para poder transmitir el Evangelio por todas las partes. Todos, hijos míos, tenéis
que hablar del Evangelio.

LUZ AMPARO: ¡Ay, qué grandezas hay ahí, Señor! ¡Ay qué corona llevas! ¡Ay! ¡Como
Rey, ahí en el trono!

LA VIRGEN: Ese trono es el de la justicia.

LUZ AMPARO: ¡Ay!, pues cuando yo me presente ahí, yo quiero llevar todo limpio, para
que tu justicia sea santa. ¡Ay, Señor, cuánto te amo, Señor! Pero yo quisiera todavía amarte
más y más. Y a ti, Madre mía, tú que has sido siempre mi protección, te pido me guíes, para
que pueda presentarme ante el trono de la Divina Justicia, limpia y reluciente, como todas
esas almas que hay ahí. ¡Ay, Madre mía, ámanos mucho, porque nosotros te amamos! Tú
eres mi Madre. Ya lo sé que eres Madre de todos. ¡Ay, Dios mío, te amo!

LA VIRGEN: ¡Mi pequeña Lucecita! Sigue amando; amando con todo tu corazón a tu
Jesús.

LUZ AMPARO: ¡Te amo, Señor, te amo! No permitas que te ofenda. Antes quiero morir
que ofenderte, Señor. Yo voy a hacer este pacto contigo: antes que cometa un solo pecado
mortal, ¡quítame la vida, Señor! ¡Ay, qué feliz soy amándote, Señor! ¡Ámalos a todos, que
todos te aman, Señor!

EL SEÑOR: Repito: cumplid con las Leyes y amad a Dios, vuestro Creador. Él os espera a
todos. Pero tenéis que doblar la rodilla ante Él. La vanidad, el orgullo, la soberbia, la ira, es
un pecado grave, hijos míos.

LUZ AMPARO: ¡Ay, Madre mía! ¡Danos humildad, Señor y Madre mía! ¡Ay, yo quiero
ser muy fiel a Ti y amar mucho a las almas y sufrir por los sacerdotes, para que sean santos!
Amo mucho al Santo Padre, porque sé que es un santo varón. Amo a la Iglesia y quiero
sufrir para que los sacerdotes sean santos y amen mucho también a tu Vicario, Madre mía.
Y te pido por los pecadores, para que no te ofendan.

LA VIRGEN: Seguid rezando, hijos míos, el santo Rosario diariamente, y acercaos a la


Eucaristía. Y entregaos, como os he dicho otras veces, no a medias. Me gusta la entrega,
pero total, de las almas.

LUZ AMPARO: ¡Ay, Madre mía! Hazme una cruz, Señor, en la frente. Quiero que los
selles a todos; porque todos quieren amarte, Señor. Son débiles, pero te aman. ¡Ámalos
mucho Tú! Yo te voy a pedir por un enfermo. ¡Ay, Señor! Pero haz lo que quieras con él.
¡Ay! Ya sé que ese alma te ama mucho y ha trabajado mucho por tu gloria, Señor. Pero
sobre todo no le hagas sufrir, ¡pobrecito! Y te pido también por tantos como hay
enfermos… ¡Ay!
EL SEÑOR: Me interesa la curación del alma más que la del cuerpo. Aunque habrá
grandes prodigios en este lugar. Pero primero, las almas tienen que venir con mucha fe.

LUZ AMPARO: ¡Gracias, Señor, gracias! ¡Ay!… ¡Dame humildad, Dios mío!

LA VIRGEN: Besa el suelo, hija mía, en reparación de todos los pecados del mundo…
Hijos míos, amad mucho a vuestra Madre, que vuestra Madre os ama ¡con todo su
Corazón! Y pensad que mi Corazón triunfará, este Corazón Inmaculado, sobre toda la
Humanidad. Hoy vamos a dar una bendición muy especial, pero antes vas a ver cuántas
almas, por medio de la oración, dejan de sufrir las penas del Purgatorio, hija mía.

LUZ AMPARO: ¡Ay, cuántas! ¡Son palomas todas! ¡Miles y miles de palomas llenas de
luz! ¡Huyyy, Dios mío!

LA VIRGEN: Para que veas el valor y el poder de la oración, hijos míos.

LUZ AMPARO: ¡Ay! ¡Ay, cuántas, Dios mío! ¡Ay, cuántas, Señor! ¡Ay! ¡Si se ha tenido
que quedar vacío! ¡Ay!

LA VIRGEN: Todavía hay muchas almas, hija mía, que tienen que purgar sus faltas y sus
pecados. Seguid rezando por ellas. Y seguid rezando por los pobres pecadores, para que no
participen de las penas del Infierno. Satán es muy astuto; no duerme. Estad alerta, hijos
míos.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos…

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

¡Adiós, hijos míos! ¡Adiós!

MENSAJE DEL DÍA 6 DE DICIEMBRE DE 1996, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, mira qué poco vale la oración mal hecha, mira cómo vengo vestida, como una
mendiga. Cuando la oración no sale de lo más profundo de vuestro corazón, tiene menos
valor, hija mía. Cuando la oración es bien hecha vas a ver cómo me visto, hija mía. Cada
oración bien hecha es una flor que sale de vuestra boca, hijos míos, y llega al Paraíso y allí
se forman hermosos jardines para la eternidad. Haced la oración bien hecha. Ahora más que
nunca, hijos míos, es necesario orar, porque cada día aumenta la cizaña en el trigo y sólo
con la oración, hijos míos, podéis ser árboles que deis buenos frutos. No sufráis por
aquellos sarmientos secos. ¿Cómo comprendéis que el árbol malo dé buen fruto, hijos
míos? El árbol malo seguirá dando malos frutos y el árbol bueno dará buen fruto, hijos
míos.

EL SEÑOR:

Mirad, hijos míos: no os duela que os calumnien, que se rían de vosotros, que seáis
perseguidos. Todo el que ama a Cristo es perseguido y calumniado. Yo fui calumniado,
hijos míos, en aquel tiempo, por defender la verdad. ¡Cristo fue calumniado, hijos míos!

Mira la Divina Majestad. Yo fui calumniado, hijos míos, gravemente en aquellos tiempos
por amar a los pobres, por curar a los ciegos, por hacer andar a los paralíticos, por defender
la verdad. Fui calumniado gravemente y sigo en este tiempo; sigo calumniado gravemente
con palabras que en mis labios casi no puedo pronunciar. En aquel tiempo me llamaban
endemoniado, me llamaban “el impostor”, me llamaban farsante. Y en este tiempo, hija
mía, ¿cómo me llaman los hombres? ¡Qué palabras más vergonzosas, hija mía! En aquel
tiempo me dieron muerte, pero mi muerte no tiene importancia, porque era como uno de
tantos, un fracasado, hija mía, según los hombres. ¡Qué poco valor le dieron a mi dolor, hija
mía!

Mi Iglesia llora, llora amargamente, porque mi Iglesia la han convertido… casi en un


negocio, hija mía. Se sirven de mi Iglesia, pero no sirven a mi Iglesia. Se ha introducido
Satanás en esa amada Esposa mía.

Pedid mucho por mis almas consagradas. ¡Yo grito a mis almas consagradas que se retiren
del mundo, que no pertenecen al mundo que pertenecen a Dios! Yo les he dado poder para
hacer y deshacer. Pero lo mismo que pueden salvar muchas almas, pueden destruir muchas
almas. ¡Almas consagradas mías, volved al camino del Evangelio! Os habéis abandonado
en la oración y en la penitencia, y vuestra alma está anémica, hijos míos.

Bebe unas gotas del cáliz del dolor…

LUZ AMPARO: ¡Ay, qué amargo! ¡Ay! ¡Ay, qué amargo!

EL SEÑOR:

Esta amargura siente mi Corazón por mis almas consagradas, ¡las ama tanto mi Corazón…,
y qué mal corresponden a mi amor! No le dan importancia al pecado. Quitan y ponen a su
antojo. ¡Pobres almas! Volved a mí, que mi Corazón os espera.

Y vosotros, pueblo mío, convertíos; no os vaya a pasar como cuando Noé: los hombres
comían, bebían, fornicaban, hasta que Noé se metió en el Arca y perecieron todos.
Pueblo mío, pedid perdón a Dios, vuestro Creador. Y hago una llamada a la oración y a la
penitencia. Y vosotros: no os importe ser calumniados y perseguidos. La mejor prueba de
que sois míos es el silencio, hijos míos. Amaos los unos a los otros.

LUZ AMPARO: ¡Ay, ay, qué grande eres! ¡Ay, qué grande, Dios mío! ¡Ay, ay, te amo
Señor! ¡Ayúdame, Señor! ¡Ayúdame! ¡Ay, Madre mía, qué hermosura, qué grandes sois!
¡Ay, ay! ¿Qué quieres, Madre mía?…

(Durante unos instantes, se escucha hablar en idioma desconocido).

Yo se lo diré, Madre, ¡ay!… en secreto…

(De nuevo, palabras en idioma desconocido).

¡Ay, qué grande! ¡Te amo, Señor, te amo! ¡Ay, ay! ¡Señor, haznos que todos te queramos!
¡Te amo! ¡Ay!

EL SEÑOR: Pedid por mi Iglesia, hijos míos. Mi Iglesia sufre porque el rebaño de Cristo
está dividido. Y dije: habrá una sola Iglesia con un solo rebaño y un solo pastor.

LA VIRGEN: Los hombres, hija mía, están ansiosos de ver y van de un lugar a otro con el
deseo de ver. ¡Cuidado, hijos míos, que el enemigo es muy astuto y os puede hacer ver lo
que no existe, hijos míos! ¡No andéis de un lugar para otro! Amad mucho nuestro Corazón,
que nosotros os amamos con nuestros Corazones.

Hoy voy a dar una bendición muy especial, hijos míos. Besa el suelo, hija mía, en
reparación de todos los pecados del mundo…

Amaos unos a otros y sed humildes, hijos míos. Si no hay humildad, no hay caridad.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos…

Todos los objetos han sido bendecidos, hijos míos.

Aunque martiricéis vuestro cuerpo, y aunque os creáis que estáis cumpliendo por poneros
en los primeros puestos en las iglesias para que os vean, si no amáis, no tiene ningún valor
aquello que hagáis, hijos míos. Haced honor a vuestro nombre: amor, unión y paz. A ver si
meditáis estas palabras, hijos míos. Y haced mucha oración. Velad mucho por los
sacerdotes. Mi Corazón los ama. ¡Pobres almas, cómo corresponden a ese amor!

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

¡Adiós!
MENSAJE DEL DÍA 7 DE ENERO DE 1995, 1er SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, mi Corazón viene transido de dolor, porque los pecados aumentan cada día más
en esta Humanidad. Yo intercedo a mi Hijo por toda la Humanidad, pero los pecados han
traspasado la bóveda del cielo, hija mía, y Dios ha querido dejar las cosas en mis manos.

Rezad el santo Rosario, hijos míos -os lo exijo-, todos los días…..

El Rosario será la salvación de la Humanidad. Amaos unos a otros; el mundo está falto de
amor, hijos míos.

Mi Corazón está muy afligido porque no puedo sujetar el brazo de mi Hijo.

Los hombres hablan de paz, mueven los labios, hija mía, pero su corazón no lo ejercitan en
el amor; tienen un corazón frío y tibio; sólo piensan en almacenar riquezas.

Y el segundo mandamiento de la Ley de Dios, la mayor parte de los hombres no lo


practican: amar al prójimo como a ti mismo. Cada uno, hija mía, mira para sí mismo y para
los suyos.

¡Ay, ¿Hasta cuándo, hijos míos, os voy a avisar que de un momento a otro la Divina
Majestad de Dios va a mandar a sus ángeles a hacer justicia a la Tierra?!

Los hombres se ocupan del cuerpo pero no se ocupan del alma.

Hijos míos, mi Corazón está triste. Yo quiero con mis lágrimas ablandar el Corazón de mi
Hijo; pero mi Hijo ha dejado las cosas en mis manos.

Yo soy la llena de gracias, yo soy la puerta del Cielo; yo traje la luz al mundo y os daré la
luz para vuestra salvación. Así lo quiere mi Hijo, y los hombres me retiran de sus
corazones. Muchos mueven sus labios y creen que vale la plegaria, pero no ejercitan su
corazón; sólo se preocupan en almacenar y guardar y tener llenos sus graneros. ¡Qué pena,
hijos míos!

Mira, hija mía, el lugar reservado para todos aquéllos que han dejado padre, madre,
hermanos, hermanas, herencia y haciendas; un lugar privilegiado tendrán en el Cielo.

Pero aquéllos que mueven los labios y no mueven el corazón, Satanás es dueño de su alma,
y vendrá por su alma, hija mía, y la transportará con él a un lugar tenebroso.

Mis palabras son cortas, porque lo he dicho todo ya, hija mía. Mi Corazón está muy
afligido. Yo derramo gracias y Dios quiere que me manifieste en muchos lugares del
mundo para salvar a la Humanidad, pero los hombres se hacen los sordos y no quieren
escuchar mis palabras; están encenagados en el pecado.

Hija mía, mira mi Corazón, me lo han puesto los pecados de los hombres. Los pecados de
la carne afligen mucho mi Corazón, hija mía.

Sed puros, hijos míos, amaos los unos a los otros y rezad la plegaria favorita del santo
Rosario, que agrada tanto a mi Corazón.

Levantad todos los objetos, hijos míos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales
para vuestra salvación. Yo derramaré gracias en abundancia sobre todos vosotros.

Acudid a este lugar, hijos míos, que, aunque se acaben mis palabras, no se acabarán mis
gracias, hijos míos.

Todos han sido bendecidos con bendiciones especiales para la salvación de las almas.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

MENSAJE DEL DÍA 4 DE FEBRERO DE 1995, 1er SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN: Hija mía, mis palabras van a ser muy cortas, porque la Humanidad cada día
está peor.

Los gobernantes de las naciones sólo piensan en subir al poder; los gobernantes de los
pueblos, muchos de ellos, se aprovechan del Nombre de Dios para sus fines políticos, hija
mía.

El mundo está en un caos terrible, que sólo acudiendo a mi Inmaculado Corazón el mundo
podrá cambiar.

Quiero, hija mía, que durante tres meses, me saquéis en procesión por todos estos lugares y
cantéis cánticos de alabanza. Todo el que acuda a mi Inmaculado Corazón no quedará
defraudado, hijos míos.

Haced penitencia, haced oración; sacrificaos, hijos míos. El mundo está cada día en una
situación más grave.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para la
salvación de las almas… Todos han sido bendecidos, hijos míos.
Acudid a este lugar, que todo el que acuda a este lugar mi Corazón Inmaculado lo llenará
de gracias. Orad mucho, hijos míos, orad.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

MENSAJE DEL DÍA 4 DE MARZO DE 1995, 1 er SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hijos míos, mi Corazón está triste, os sigo repitiendo, porque la situación del mundo es
grave, muy grave.

El hombre no llega a comprender la gravedad de la situación, hijos míos. La misericordia


de todo un Dios está dispuesto a derramarla sobre la Humanidad; pero la Humanidad se
hace la sorda, y no escucha mis palabras. Sólo el mundo se puede arreglar porque Dios-
Amor derrame su amor sobre los hombres.

¡Ay, insensatos!, pero ¿Hasta cuándo, hijos míos, os tienen que estar avisando?

EL SEÑOR:

Sí, hijos míos, si los hombres no cambian y rechazan mi misericordia, aplicaré mi justicia.

Si mi Madre hubiera dejado un solo instante de interceder por todos vosotros, por toda la
Humanidad, la Humanidad estaría ya reducida a cenizas.

Podéis dar gracias a mi Madre, hijos míos, a sus plegarias y a sus lágrimas; esas lágrimas
de dolor, que salen de lo más profundo de su Corazón, enternecen mi Corazón.

Si los hombres cambiasen y los cristianos fuesen buenos cristianos, y los buenos más
buenos y los malos menos malos, el mundo se arreglaría; pero falta oración, penitencia y
sacrificio. Los hombres viven en tinieblas, en las comodidades, en la materia.

También, si los pastores -muchos de ellos-, los pastores de la Iglesia, no estuviesen tan
relajados y se diesen cuenta la importancia de su ministerio y la misión que tienen tan
importante, que Dios ha puesto esa belleza de la Iglesia en sus manos y las almas para
salvarlas.

Pero hay una relajación en la mayoría de los conventos, en la mayoría de los sacerdotes.

Y lo que más duele al Corazón de todo un Dios es la tibieza de sus almas consagradas.
Tienen que hacerse “cristos” para realizar el misterio tan importante que hay en la Santa
Misa; no se dan cuenta su misión.

El sacerdote tiene que ir a por las almas y conquistarlas para Dios y ocuparse de la Iglesia.
¡Mal aman a la Iglesia y mal me aman a mí muchos de ellos!

Almas escogidas, cambiad vuestras vidas; la oración la habéis abandonado, el sacrificio y la


penitencia; por eso estáis tibios, hijos míos.

La misión más importante que tenéis en la Tierra es la de pastores de almas, y muchos de


vosotros es lo que menos os ocupáis, hijos míos.

Rezad mucho por los sacerdotes, por las almas consagradas, hijos míos; que amen nuestros
Corazones y prediquen el Evangelio a
las almas y las conquisten para el rebaño de Cristo.

LA VIRGEN:

Orad, hijos míos, haced penitencia y oración. No lo toméis a broma, hijos míos, que el
mundo está en esta situación por falta de oración y de penitencia.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y tantos pecados como cometen mis almas
escogidas…

Acudid a este lugar, hijos míos y no rechacéis las gracias. Yo derramaré muchas gracias
sobre todos vosotros. Acudid a este lugar; este lugar está bendecido y hoy pongo mis
plantas sobre él.

Hijos míos, cuánto me agradan vuestras plegarias y vuestros cánticos, ¡Cuánto alegráis mi
Corazón!

¡Me agrada tanto cuando vuestras plegarias salen de lo más profundo de vuestro corazón!
Consoláis mi Corazón afligido con vuestros cantares, hijos míos.

¡Gracias, hijos míos! Seguid acudiendo a este lugar, que seréis bendecidos y derramaré
gracias sobre vosotros. No os dejéis conducir por profetas falsos, y vais de aquí para allá. El
mundo está invadido de profetas falsos, hijos míos. Yo doy un mensaje universal al mundo;
que el mundo no se haga el sordo.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los
moribundos…

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 1 DE ABRIL DE 1995, 1 er SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN: Hijos míos, os empiezo diciendo: oración, oración y penitencia. Satanás está
suelto en el mundo. Hijos míos, unid vuestras oraciones, vuestras lágrimas y vuestros
dolores, vuestros sufrimientos, a mi dolorido Corazón.

Con Satanás hay varios secuaces para apoderarse del mundo: el secuaz de la soberbia, el
secuaz de la lujuria, el secuaz del adulterio, el secuaz de la envidia, el corruptor de los
pueblos, el secuaz del desenfreno, hija mía; y el secuaz de la tibieza adormece a las almas y
las entibia y las dirige para donde quiere. Y esas almas se dejan conducir por las manos del
enemigo; abandonan la cruz por los placeres y los goces del mundo.

Mi Corazón tiene una herida muy profunda, hija mía, por esos movimientos modernos que
suavemente se van infiltrando en mi Iglesia Santa, para confundir la doctrina y para destruir
la palabra de Dios.

Muchas iglesias las han convertido en recreo con la tapadera de confirmaciones y


preparaciones.

No hay respeto en el tabernáculo. ¿Cómo no va a estar triste mi Corazón, si muchos de los


hombres que están manejando la Iglesia no respetan a los sacerdotes santos?

Se ha perdido todo el pudor en el mundo, ¿Cómo no voy a llorar, hija mía, y cómo no va a
estar triste mi Corazón?

Los que tenéis fe, hijos míos, no os dejéis arrastrar por los deslumbramientos del mundo y
por las vanidades del mundo; permaneced en Cristo, y Cristo permanecerá en vosotros.

Qué mala formación y qué uso hacen de mis iglesias, diciendo que catequizan a las almas,
hija mía; las preparan para el mundo, hija mía, no para Dios.

¿Cómo no va a estar triste mi Corazón, si en muchos seminarios, ya te lo he dicho, hija mía,


no preparan a las almas para el servicio de Dios, sino para que los sirvan?

Les gustan los halagos. Te lo he repetido muchas veces: las comodidades, los halagos y el
mundo, en muchos seminarios, son triunfadores.

Yo quiero almas entregadas a Dios, no entregadas para idolatrar a los hombres.

¡Qué tristeza siente mi Corazón, porque quiero pastores de almas, pastores que den su vida
por las ovejas!

Por eso sufro, hija mía, porque en muchos lugares esas almas salen de los seminarios
idolatrados y “mundanizados” (1).
Necesito almas fuertes, hija mía, almas víctimas que reparen los pecados de todas esas
almas.

Sé fuerte, hija mía. ¡Si supieran los hombres lo que mi Corazón los ama, resbalarían por sus
mejillas lágrimas de gozo y alegría! Se mofan de mi Obra muchos de los que se llaman
cristianos, ¡qué tristeza siente mi Corazón!

Si yo les digo que les daré el ciento por uno… ¡Cuántas almas ya han recibido el ciento por
uno y están gozando de la Divina Presencia y de la Divina Majestad de Dios!

LUZ AMPARO: Te pido por María Luisa, Madre mía, ¡Llévala contigo!

LA VIRGEN: Hija mía, ya te lo dije ayer: cuando hoy doblen las campanas, en el Cielo
estarán tocando a gloria por su entrada triunfal, gracias a tantas gracias como ha recibido en
este lugar.

No te entristezcas, hija mía, alégrate, hoy está gozando de Dios; ¡Mayor premio!, hijos
míos.

Se hace poca oración y poco sacrificio, y el mundo está necesitado de oración y de


sacrificio. Los hombres se ríen de la palabra de Dios. ¡Ay, cuánto rechinar de dientes y
cuántos llantos habrá el día del Juicio Final!

Amaos los unos a los otros, hijos míos. Acudid a este lugar, que yo derramaré gracias sobre
vosotros, para que os conservéis fuertes en la fe y ante las tempestades del enemigo.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y tantos pecados como se cometen en el
mundo…

Amad mucho a la Iglesia, amad al representante de Cristo y pedid por él. Amad mucho a
los sacerdotes, pedid por ellos, pedid por su santidad, para que sean santos pastores.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para el día
de las tinieblas…

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

(1) No existe la palabra en castellano; es equivalente a “mundano”= “Que atiende


demasiado a las cosas del mundo, a sus pompas y placeres”.
MENSAJE DEL DÍA 6 DE MAYO DE 1995, 1 er SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR: Hijos míos, venid a mí que yo os abriré mi costado y beberéis de él. Venid y
me conoceréis, hijos míos.

Yo os embriagaré con el fuego de mi amor, abrasaré vuestros corazones. Yo, que derramé
mi Sangre para redimir a la Humanidad a cambio de desprecios y de desamor, hijos míos.

Yo amo a los hombres de buena voluntad. Venid, que yo derramaré gracias sobre vosotros.

Yo bajé a la Tierra, para que vosotros, hijos míos, pudieseis alcanzar el Cielo.

Yo pasé hambre, para dejaros alimento hasta el fin de vuestras vidas. Pasé sed, para dejaros
fuentes de agua viva, para que os saciaseis en ellas, hijos míos.

Yo pasé por la muerte, para que vosotros pasaseis por la Gloria. ¿Os parece poco amor,
hijos míos, que todo un Dios esté pendiente de sus criaturas?

Y ¡Qué poco caso hacen, hija mía, a mis palabras!

Quiero oraciones con obras, no oraciones sin obras, hijos míos. La oración sin obra es
pobre. También quiero recuperar a todos esos hijos perdidos; yo les llamo, hijos míos, les
abro mi Corazón, les doy mis gracias, y me rechazan.

¿Hasta cuándo quieren las criaturas que el Creador se humille y se haga gusano por ellas,
hijos míos?

Venid a mí, hijos míos, todos los que estáis agobiados y cansados, que yo os fortaleceré.

Hija mía, los hombres han olvidado la penitencia, la oración y el sacrificio, y el mundo va
cada día peor. Amenaza un gran castigo sobre el mundo, al que yo no voy a retirar,
hijos míos. Si los hombres con sus oraciones, sus sacrificios y penitencias lo paran…; pero
si no, hijos míos, yo no vuelvo a sostenerlo.

¡Cuántas gracias estoy derramando sobre las almas, y cómo las almas se dejan arrastrar por
este mundo corruptor!

¡Los deja tibios y ciegos, hija mía, y en esa ceguedad sólo hacen la voluntad que ellos
quieren, no la voluntad de Dios, hijos míos!

Os he dicho muchas veces que yo amo a los hombres, pero ellos ni ante el espectáculo de
mi Cruz, ni ante mi muerte se arrepienten; y rechazan las gracias.
Penitencia, penitencia pido, sacrificio y oración. No os dejéis arrastrar por el
deslumbramiento del mundo, hijos míos; es la hora del reinado de Satanás y quiere destruir
a las almas.

Sed fuertes, hijos míos, acercaos a la Penitencia, a la Eucaristía, amad a la Iglesia; en ella
encontraréis las fuentes que necesitáis para fortalecer vuestra alma. Yo no sólo alimento
vuestra alma, sino os doy el pan de cada día, hijos míos.

LA VIRGEN:

Sí, hija mía, hoy vengo con mi manto de oro, por las oraciones, hija mía, que salen de lo
más profundo de los corazones y por las obras que los seres humanos realizan para la gloria
de Dios.

Aquí estoy como la Madre de Dios, como la Puerta del Cielo, Refugio de los pecadores y
Consoladora de los afligidos.

Así me llaman los hombres y así es vuestra Madre:


Pura e Inmaculada. Yo velo por vosotros, hijos míos, porque mi Hijo al pie de la Cruz me
lo dejó dicho.

“He ahí a tu Madre”, le dice al hombre; y a mí, hijos míos, me dice: “He ahí a tu hijo”.

Soy Madre de todos los hombres y Corredentora con Cristo.

Él quiso que participase en la Maternidad divina y lo amamantase a mis pechos.

Y Él quiso que estuviese al pie de la Cruz como Corredentora del género humano.

Por eso Dios deja el mundo en mis manos, porque es la hora de Satanás, y Satanás me
desprecia y me odia, pero yo apretaré su cabeza y no permitiré que arrastre a las almas.

Sed humildes, hijos míos, y amaos unos a otros como Cristo os amó.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y tantos pecados como se cometen en el
mundo… Sí, hija mía, mi Corazón Inmaculado es ultrajado y mi Hijo quiere que sea
venerado.

LUZ AMPARO: Madre mía, ¿qué hago yo, si no tengo fuerzas, si no puedo más? Madre
mía, ayúdame, ayúdame, Madre mía. No quiero que mi tiempo sea aquí muy largo.

LA VIRGEN: Hija mía, tu tiempo no será muy largo en la Tierra. Te prometo que no
tardaré mucho en llevarte, hija mía, pero todavía tienes una misión en ella. Sabes que tu
misión es sufrir, hija mía, y desde que naciste te escogí para ello.
LUZ AMPARO: ¡No tengo fuerzas! Madre mía, ayúdame y dame fuerzas para todo lo que
me das.

LA VIRGEN: Tú sé obediente, hija mía, como lo has sido hasta ahora, y sé humilde.
Refúgiate en nuestros Corazones. Ámanos mucho, hija mía, que nuestros Corazones te
aman. Tú eres el instrumento para extender al mundo el mensaje.

Levantad todos los objetos, hijos míos; todos serán bendecidos con bendiciones
especiales…

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

MENSAJE DEL DÍA 3 DE JUNIO DE 1995, 1 er SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR: Hijos míos, aquí estoy una vez más, ofreciendo a los hombres fuentes de
salvación. Yo ofrezco a los hombres que vengan a beber del agua de esta fuente de vida
eterna, y los hombres no hacen caso.

Yo me ofrezco como amigo y me rechazan; les enseño mi palabra y mis leyes, y se hacen
los sordos, hija mía; me quedo como alimento de sus almas para alcanzar la vida eterna, y
alimentan sus almas de pasiones, de gustos, de placeres y vicios.

¿Hasta dónde, hija mía, han llegado los hombres? Ya lo he repetido que los pecados de los
hombres han traspasado la bóveda del cielo.

Yo les ofrezco mi voz y no quieren escucharme. Os he ofrecido mi Madre para vuestra


salvación, hijos míos, y grito fuertemente que mi Madre os ama con todo su corazón.

LA VIRGEN: Sí, hijos míos, os amo con todo mi Corazón Inmaculado. Parece que todo
está perdido, porque Satanás tiene abierto el abismo, pero yo lucharé, hijos míos, lucharé
porque sois obra de Dios y fuisteis redimidos con su Sangre.

No permitiré que Satanás os arrastre, hijos míos. Uníos a esta Obra, hijos míos, que os
enseñaré a que vuestros corazones sean generosos y sacaré fruto de ellos para vuestra
propia salvación.

Haced caso, hijos míos, de las palabras de mi Hijo; cumplid sus leyes y, sobre todo, la ley
del amor, hijos míos, esa ley tan importante: amarás a tu Dios y al prójimo como a ti
mismo.
Los hombres, hijos míos, tenéis la conciencia dormida y también vuestra fe está
empobrecida. Sacad vuestra fe, hijos míos, y sed fuertes y bebed de las fuentes que Dios ha
puesto para vuestra salvación.

Os pido austeridad, y muchas veces os lo he pedido, hijos míos, y vosotros vivís en


comunidad… Los que vivís en comunidad seguid, hijos míos, el Evangelio, para aquéllos
que se acerquen a vosotros aprendan la austeridad y lo que vosotros habéis dejado para la
salvación de vuestras propias almas.

Yo pido a los hombres que sean austeros y ellos viven en las comodidades; derrochan el
dinero en gustos y en placeres, sin acordarse de los que pasan hambre, de los necesitados.

¡Ay, hijos míos, cumplid las bienaventuranzas! Bienaventurados los pobres, porque ellos
serán hartos, y bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Hijos míos, os pido que renunciéis a vuestra propia vida de gustos y de placeres. Imitad a
Cristo, hijos míos, Él os dio ejemplo y os lo dejó para que vosotros lo practicarais, hijos
míos.

¿Hasta cuándo nuestros Corazones tienen que estar sufriendo por la ingratitud de los
hombres?

Pedid por los sacerdotes; si los sacerdotes fuesen santos y viviesen una vida de santidad,
¡Cuántas almas salvarían!, pues mi Hijo les dio poder para hacer y deshacer.

Pido que los sacerdotes estén en su puesto al servicio de las almas, día y noche.

El sacerdote es hombre de Dios, no es hombre del mundo y tiene que ocuparse del rebaño
que Dios le ha encomendado, que son las almas. Vosotros respetadlos, hijos míos, que
ellos, si no cumplen, serán juzgados.

¡Cuántas almas salvarían con su ejemplo de santidad! Pero también arrastran muchas almas
con su mal ejemplo al abismo, hijos míos.

Pedid por ellos, que sean hombres de Dios y se dediquen por todo el mundo a predicar el
Evangelio, para que resurja y resucite la fe en los corazones.

Pedid por las almas consagradas que se consagraron para Dios, y ¡Cuántos conventos están
más en el mundo que orando y pensando en la salvación de las almas!

¡Pobres almas! ¡Si muchos se avergüenzan hasta de un distintivo que los distingue como
hombres de Dios! Más parecen hombres mundanos que sacerdotes y almas consagradas. Se
avergüenzan de esa vestidura que es sagrada y que un día fueron revestidos con ella; la han
arrinconado y viven, hija
mía, como cualquier hombre, sin importarles aquella vestidura.
¡Cuánto agrada a mi Corazón ver a un sacerdote vestido con el distintivo de sacerdote y a
un alma consagrada con su vestidura!

Muchos se avergüenzan de ella. ¡Qué pena, hija mía, avergonzarse de una vestidura tan
hermosa como la que, en el día que renunciaron al mundo, cubrió todo su cuerpo!

El mundo se arreglaría si los religiosos y religiosas estuviesen orando y sacrificándose por


los pecadores -en muchos conventos no hay más que tibieza-, y si los sacerdotes, en vez de
dedicarse a las cosas del mundo, se dedicasen al rebaño de Cristo, a la salvación de las
almas.

El sacerdote es como el médico, tiene que estar pendiente, día y noche, de las almas.

Pedid por ellos, hijos míos. Y vosotros, aquéllos que habéis dejado todas las cosas, vuestras
haciendas y vuestro dinero, para los pobres, Dios os dará ciento por uno.

¡Qué pocos quieren seguir este camino, hijos míos! ¡Cuánto les cuesta renunciar!

¡Cuántos se pierden la eternidad por gustos y caprichos y vanidades del mundo!

Sed fuertes, hijos míos, los que estáis dentro y los que están fuera; orad, haced penitencia y
haced oración por los pobres pecadores.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos pecados como se cometen a mi Inmaculado
Corazón…

Y tú, hija mía, transmite a las almas que si no cumplen con los mandamientos de la Ley de
Dios, no se salvarán.

Transmíteles el amor; ése es el mandamiento más importante: que compartan con los que
necesitan. Hay muchas almas necesitadas, hijos míos, acordaos de ellas.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los
pobres pecadores…

LUZ AMPARO: (Elevando un rosario con su mano). Bésalo, Madre mía.

LA VIRGEN: Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con
el Espíritu Santo.
MENSAJE DEL DÍA 1 DE JULIO DE 1995, 1 er SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR: Hija mía, aquí está tu Jesús clavado en una cruz; mira a mi Madre al pie de
ella.

¿Sabes quién me causó este dolor y el dolor del Corazón de mi Madre?: los pecados de la
Humanidad, los pecados de los hombres.

Tu Jesús desnudado, en la Cruz, azotado, sediento, hambriento de almas. Y las almas, hija
mía, ni viéndome sediento, ni hambriento, ni despreciado, ni ensangrentado, renuevan su
vida, hija mía.

Muchas palabras, muchas promesas, hija mía, muchos propósitos. Ignorad vuestras
palabras, si no van unidas al arrepentimiento y a las obras.

Muchos prometen, hija mía, y muchos mueven los labios, pero es una mentira. Yo quiero,
hija mía, que cumplan la ley de mi Evangelio; por eso les busco, porque son obra de mi
creación.

¡Qué ingratos son los hombres, hija mía! Yo les he dado todo y ellos ¡Qué poco dan! Piensa
en mi dolor, hija mía.

Yo aquí purgando los pecados que no había cometido. ¡Qué tristeza siente mi Corazón, hija
mía!

También quiero que tú participes de esa tristeza, hija mía. Yo fui inocente y te lo he dicho
muchas veces: que pagué por los culpables. Los hombres dicen amar a Dios y ¡qué poco
consuelo recibo de ellos, hija mía!

El mundo está en un caos muy grave: las familias, destruidas, hija mía; las parejas que
quieren contraer matrimonio no quieren mi sacramento, lo rechazan; las parejas que quieren
ir al matrimonio pierden todo su candor, pierden toda su pureza y yo los unjo de mi gracia y
ellos rechazan esa gracia, hija mía. El mundo está corrompido por el pecado.

¡Ay, juventud, cuánto hacéis sufrir a nuestros Corazones, hijos míos!

¿Y los pastores de mi Iglesia?… ¡Pobre Iglesia! La Iglesia es flagelada por la mayoría de


los sacerdotes; se han descarriado, hija mía, y viven en un rebaño sin pastor.

Yo hago un llamamiento a todos los sacerdotes para que vuelvan a su ministerio y cumplan
la misión de pastores del rebaño; ellos, que son pastores del rebaño de Cristo, se desvían y
cada uno va contagiando al otro.
La Iglesia está flagelada, hija mía, está pasando por Getsemaní, está en el Gólgota, hija
mía; por eso hago esta llamada a los ministros de la Iglesia; que vengan y se refugien bajo
el manto de mi Inmaculada Madre.

Hijos míos, vosotros os habéis desposado con la Iglesia y ¡qué mal correspondéis a vuestro
ministerio! Abandonad el mundo y pedid al Espíritu Santo luz, y Él acrisolará vuestras
almas y las dejará puras, obedientes, pobres, humildes y sacrificadas. Sois desleales a la
Iglesia, hijos míos.

LA VIRGEN: Y yo, como Madre Dolorosa, sufro esta pasión incruenta que está pasando
la Iglesia. La Iglesia tiene una herida muy profunda de sus almas, de esas almas preferidas
por Dios, de esas almas que tanto ama Dios: sus sacerdotes.

Hijos míos, ¡cómo os dejáis arrastrar por la astucia de Satanás y herir tan gravemente a la
Iglesia, a vuestra esposa!; no olvidéis que estáis desposados con ella.

No seáis desleales, hijos míos, y venid aquí, a vuestra Iglesia, y todos juntos oraremos por
la infidelidad de los sacerdotes, de las almas consagradas, de todos los fieles, hijos míos.

Los conventos están bloqueados, muchos de ellos, por el hielo; no hay calor en ellos ni
unidad.

Pedid, hijos míos, para que mis sacerdotes queridos por mi Inmaculado Corazón sean fieles
a lo que se comprometieron.

Olvidaos del mundo y dedicaos a la Iglesia. Hay mucha mies y pocos operarios para
trabajar en ella.

Venid todos, hijos míos, y consagraos a mi Inmaculado Corazón y pasad conmigo los
dolores y las angustias que está pasando la Iglesia de Cristo.

No seáis desobedientes a vuestro Pastor, al representante de mi Hijo en la Tierra;


obedecedle, hijos míos, que le hacéis sufrir mucho, y obedeced a vuestros superiores.

Hijos míos, ¿Cómo os dejáis arrastrar por Satanás, que ni os deja orar ni obrar?

Sed muy humildes, vuestra misión es la de pastores de almas. Tenéis grandes rebaños para
trabajar.

Muchos os habéis dedicado a los trabajos del mundo y os habéis olvidado para lo que
habéis sido llamados: para la dedicación de las almas, hijos míos.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y tantos pecados como se cometen por mis
almas escogidas…
Y tú, hija mía, repara con nosotros los pecados de toda la Humanidad. La mayor parte de la
Humanidad está sin Dios, hija mía, y Satanás se apodera de sus almas.

Orad mucho y haced penitencia.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para la
salvación de las almas…

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

MENSAJE DEL DÍA 5 DE AGOSTO DE 1995, 1 er SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR: Hijos míos, tenéis que pedir mucho y orar mucho por la situación del mundo.
La situación del mundo es grave, los hombres están viviendo como en los tiempos de
Sodoma y Gomorra.

La mayoría se han apartado de Dios y ninguno está en el puesto que le corresponde. Los
sacerdotes, en vez de ocuparse a pastorear a las almas y que coman de ese pasto sagrado
que hay en mi Iglesia, la mayoría son asalariados del mundo, sin olvidarse… (Luz Amparo
expresa admiración ante lo que ve)...de que son almas para estar al servicio de las ovejas.

Las almas consagradas, en vez de dedicarse a la oración y a la penitencia, muchos de ellos,


han abandonado su vestidura y se han introducido en el mundo.

Las familias no enseñan a sus hijos que tienen un deber sagrado de cumplir con la Ley de
Dios; se les olvida enseñarles la fe y la moral.

Los seglares, hija mía, la mayoría viven como malos cristianos, sin querer aceptar la
palabra que yo mando y mi palabra que está escrita.

Pongo a instrumentos para comunicarles mi palabra, pero se olvidan de mi palabra, porque


están ocupados en sus negocios y les interesa más el negocio y vivir según la carne más que
según el espíritu.

Esas madres que matan a sus hijos dentro de sus entrañas, esos crímenes tan horribles que
cometen con esos seres inocentes.

Las parejas, hija mía, van al matrimonio sin la vestidura de la gracia, porque esa bestia
feroz de las siete cabezas, con tres ojos en cada una, que es la lujuria, el placer de la carne,
les ha quitado la gracia y muchos de ellos van a contraer matrimonio por la ilusión de ese
traje, que lo llevan para que todos se deslumbren; pero si oyeran, en ese momento, en el
templo la voz de Dios, les diría:

“Pero, hijos míos, ¿Cómo habéis venido a participar de mi banquete, si vuestra vestidura es
muy resplandeciente por fuera pero vuestra alma está desnuda y llena de harapos?”.

¿Hacia dónde camináis, hijos míos, que habéis perdido vuestra dignidad y vais hacia el
camino de una cárcel oscura y tenebrosa, porque vivís en los placeres y no vivís según la
Ley de Dios?

¡Qué pena de sociedad! Rezad, hijos míos, para que esta sociedad cambie y abrace en sus
corazones mi Reino, y que los gobernantes gobiernen con nobleza, justicia y santidad.

¿Qué han hecho del mundo, hija mía? Lo han cambiado. Los hombres han cambiado mis
leyes y nada lo ven pecado, hijos míos.

LA VIRGEN: Sí, hijos míos, mi Corazón está muy afligido, porque no guardan los
hombres las leyes ni los mandamientos y muchos llegarán a la presencia de mi Hijo y
tendrán que oír las palabras tan terribles de “Id, malditos, al fuego del Infierno, porque no
sois dignos de estar en la Casa del Padre”.

No habéis querido cumplir con las leyes que se os han impuesto para la salvación de
vuestras almas y vivís según vuestros gustos, hijos míos, en los placeres, en la abundancia,
en las comodidades… ¡Qué pena de almas!

Mi corazón sufre y no hace nada más que dar avisos a las almas para que se conviertan, y
mi Hijo me manda a la Tierra para dar mensajes a los hombres y para recordarles a cada
uno que no cumplen con sus obligaciones.

Orad mucho, hijos míos, haced penitencia, no clavéis más espinas a mi pobre Corazón, que
os ama con todo mi Corazón.

Intercedo a mi Hijo, pero no cambiáis, hijos míos, vuestra conducta; seguís pecando
gravemente y cometiendo crímenes atroces.

¿Hasta cuándo, hijos míos? El tiempo se aproxima y no cambiáis vuestra vida; sólo os
preocupa la materia y os olvidáis del espíritu, hijos míos.

Honrad a vuestra Madre y amad a Dios, vuestro Creador.

¿Cómo, hijos míos, no pensáis que el hombre no puede vivir sin Dios, y que el que vive sin
Dios vive en la tiniebla y en la oscuridad?
Buscad la luz, hijos míos, retiraos del mundo y poneos al servicio de Dios, vuestro Creador.
No os preocupe tanto las cosas de la Tierra. Sí, hija mía, mira este paraíso; ¡Cuántos lo
pierden porque se enfrascan en los pecados y se apegan a la materia!

Vas a beber unas gotas del cáliz del dolor, hija mía, porque los hombres siguen obstinados
en pecar sin hacer caso al Evangelio, ni a los mandamientos, ni a mis palabras, ni mis
mensajes…

Está amargo, hija mía; quedan pocas gotas, porque los hombres no quieren cambiar sus
vidas y el cáliz ya se ha derramado.

¿No veis, hijos míos, cómo Dios, vuestro Creador, os ayuda con la oración? La oración
tiene poder.

Se ha acabado la batalla. Los ángeles han luchado contra vuestros enemigos y han ido
cayendo uno a uno, han conseguido la victoria.

Por eso os digo, hijos míos, que aunque aún queda algún enemigo, también irá cayendo
como no se convierta y sea capaz de reconocer sus pecados y sus miserias.

Amaos los unos a los otros, hijos míos; ya sabéis que Dios es el que gana siempre la
batalla.

Si vosotros venís a Él, hijos míos, Él os extenderá los brazos y os perdonará vuestros
pecados y os acogerá en su rebaño y participaréis de su herencia.

Seguid viniendo a este lugar, hijos míos. En este lugar se reciben muchas gracias. Ya sabéis
que para mí no ha habido distancias, que he seguido derramando las gracias desde este
lugar, hijos míos.

Pensad que aquí también ha venido vuestra Madre a daros avisos y a derramar sus gracias.
Todos estos lugares han sido bendecidos por mi mano virginal y por la mano divina de mi
Hijo.

Sed pacientes y, con paciencia, alcanzaréis todo, hijos míos.

¿No veis, hijos míos, que después del martirio viene la gloria? Ahora recibiréis la gloria,
hijos míos; sed humildes y pacientes; seguid acudiendo a este lugar que tantas gracias ha
derramado mi Corazón.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y tantos pecados como se cometen en el
mundo…

Muchas almas os habéis convertido en estos lugares, hijos míos; nunca lo olvidéis y dad
testimonio de ello.
Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para la
conversión de los pecadores… Todos han sido bendecidos.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

MENSAJE DEL DÍA 2 DE SEPTIEMBRE DE 1995, 1 er SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR: Hijos míos, aquí estoy para derramar gracias sobre vosotros, pero también me
gustan los corazones agradecidos.

Sed agradecidos, hijos míos, por tantas y tantas gracias como habéis recibido en este lugar
y también dad gracias todos aquéllos que tenéis bienes, porque todo es venido de la mano
de Dios; pero no es por vosotros mismos, ni por vuestros esfuerzos, porque muchos de los
que vivís bien, hijos míos, no os acordáis de los que sufren, de los que padecen hambre y
sed y están desnudos.

Tú, hija mía, no te angusties por esas lenguas difamadoras; son lenguas que yo un día
maldeciré, porque no les importa la calumnia ni la mentira.

Yo dije que se fundaran obras de amor y misericordia, y tú haces mi voluntad. Nada te


importe de lo que digan, hija mía; si de mí dijeron que estaba poseído por Belcebú, y si
oraba me criticaban, y si comía y bebía me criticaban igual, hija mía.

Esas almas dicen dar doctrinas. ¿Qué clase de doctrina y de catequesis pueden dar las almas
que son capaces de difamar, de calumniar y de vivir en el mundo según sus gustos?

Son como los paganos que ni entran en el Cielo ni dejan entrar a los demás.

Que cada uno de los que difaman contra esta Obra haga lo mismo que han hecho los que
viven en ella… (Palabras ininteligibles. Luz Amparo expresa admiración).

Sí, hija mía, mira: hablan, hablan pero ni son capaces de ir a recibir la Penitencia; no
necesitan sacramentos.

Hablan de los sacramentos pero no los practican, hija mía. Mira lo que le espera a las almas
ingratas que viven
según sus gustos y según el cuerpo, no según el espíritu.

No escucharé sus lamentos ni sus lágrimas porque sus lágrimas en ese día serán lágrimas de
plañideras y no las escucharán mis oídos.
Nada te angustie, hija mía. Yo soy el Todopoderoso y el que te ha pedido fundar estas obras
de amor y misericordia; y yo te he pedido que lo mejor para el pobre y es lo que estás
haciendo, hija mía; lo mejor se lo estás dando al pobre. Nada hay oculto, hija mía, pueden
comprobarlo.

El hombre se cree poderoso y son siervos inútiles la mayoría; dicen amar a la Iglesia sin
entender la palabra de Dios; dicen que mis mensajes son catastróficos, ¿Pero están ciegos y
sordos, hija mía? ¿Pero no ven que el mundo está lleno de catástrofes?

¡Ay, hijos míos, si a mí me gustan las almas humildes, no las vanidosas que se envanecen
ellas y me rebajan a mí!

Creen tener poder para hacer las cosas; el hombre siembra y riega, pero si yo no mando el
agua y el sol, el fruto no puede salir.

Luego, ¿Cómo es el hombre tan soberbio y tan inculto diciendo que los mensajes son
catastróficos? Entonces, la palabra de Dios -¡está escrita!- también es catastrófica.

¡Incultos, que no entendéis ni hacéis y tampoco queréis dejar a los que entienden y hacen!

¡Ay, madres que preferís que vuestras hijas estén en el mundo en pecado mortal, en la
concupiscencia de la carne!

No os importa, hijos míos, la concupiscencia; no la entendéis.

No os importa que vuestros hijos estén en pecado ni os preocupáis de ellos, y cuando


sienten la llamada de Dios os angustia y los queréis introducir donde vosotros estáis
introducidos, haciendo vuestra voluntad, no la voluntad de Dios.

¿Hasta cuándo vais a acabar de ofender a estas criaturas que han dejado todo para dárselo a
los pobres?

El camino lo tenéis abierto, haced vosotros lo mismo. No hagáis lo que el joven del
Evangelio que, cuando le digo que venda sus bienes y se los dé a los pobres y me siga, no
escucha mis palabras y no vuelve otra vez a caminar junto a mí, sino quiere seguir a Dios
pero sin dejar nada.

¡Qué ingratos sois, hijos míos, que muchos de vosotros ni os vais a salvar ni queréis que se
salven los demás!

Yo enseño a los hombres a amar a la Iglesia; y a los sacerdotes a estar en su ministerio, a


pastorear a las almas, no (a) que muchos de ellos son esclavos de sus pasiones y les atrae
más el mundo que Dios.

¿Cómo vais a enseñar a todo un Dios lo que tiene que decir a sus almas?
Yo amo a mis sacerdotes y, como los amo, los corrijo; y lo primero que hice, cuando llegué
ante mi Padre, fue pedir por todos los sacerdotes, para que fuesen pastores, no fuesen
asalariados; y luego pedí por el mundo, para que todo el mundo hincase la rodilla ante Dios
su Creador.

Y ¿Qué habéis hecho, hijos míos?, como os dije: habéis vuelto el mundo al revés; no veis
las impurezas que hay en el mundo.

El pecado de la carne está invadiendo el mundo, y el hombre que cae en lujuria cae en
todos los pecados. No se le da importancia al pecado, hijos míos; por eso está el mundo en
esta situación. Por eso, madres que amáis tanto, según vosotras –muchas de ellas-, a
vuestros hijos, ¿Cómo no los vigiláis para que vayan por el camino del Evangelio?

Y, ¡Cómo os preocupáis cuando encuentran ese camino! Ni soy tirano, como decís, que
“¡Vaya un Dios!” o “¡Vaya una Madre, que amenaza a sus hijos!”.

¿Cuántas madres estáis amenazando a vuestros hijos, porque no les dejáis libertad para
vivir el camino que han escogido?

¡Ay, ingratos, ¿hasta cuándo un Dios Todopoderoso tiene que dar avisos a sus criaturas?!

Permitís que vuestros hijos se condenen junto a vosotros y no sois buenas madres, cuando
no os ocupáis dónde están vuestros hijos; cuando llegan a encontrar a Dios es cuando os
preocupa; eso hacen los secuaces del Anticristo: introducirse en familias, en amistades, para
destruir a las almas. Una madre quiere la felicidad de sus hijos…

LA VIRGEN:

Y eso quiero yo, hijos míos, vuestra felicidad. Yo reprendo a mis hijos, porque os he dicho
muchas veces que cuántas madres habéis reprendido una y otra y otra vez a vuestros hijos,
y viendo que vuestros hijos se introducen en el camino de la perdición habéis vuelto a
decir:

“Hijos míos, ¿no veis que os estáis perdiendo, que Dios hizo el Cielo y los Infiernos?”.

Y el hombre se le olvida que existe el Infierno; sólo piensa en ir a la Gloria sin obras.

Todos los que hacéis buenas obras y todos los que estáis sin purificar venid a mis manos y
entregádmelas, hijos míos, y entregaos vosotros, que yo, con mis manos puras y virginales,
os purificaré a vosotros y a vuestras obras y se las entregaré a la Divina Majestad de Dios.

Pero no seáis necios, hijos míos, y sed como las vírgenes prudentes; tened siempre la
lámpara encendida y para que una lámpara luzca tiene que estar llena de aceite y
combustible, hija mía; por eso el hombre que está sin Dios y que dice amar a Dios y no ama
al prójimo no cumple los mandamientos.
Dejad libertad a vuestros hijos, esa libertad santa para seguir el camino del Evangelio, y no
seáis tan ingratos vuestros corazones que martirizáis a vuestros hijos porque sois egoístas y
los queréis para vosotros.

Si toda criatura es de Dios y Él toca cada uno de los corazones, y coge y deja lo que quiere,
¿Cómo vais a ponerle trabas a Dios, hijos míos?

Sed todos uno, hijos míos, y tened un solo corazón para amar a los que lo necesitan, hijos
míos.

¡Cuántos, mira, de los que aparentan ser buenos y cumplir la doctrina, mira dónde se
encuentran, hija mía!; han aparentado ante los hombres, pero cuando han llegado ante el
Juez Supremo, ha aplicado la justicia, porque no habían, hija mía, obrado nada más que con
palabras y no pude aplicar mi misericordia. Por eso se encuentran en ese lugar.

¡Ay, padres y madres de familias, caminad por el camino firme y seguro!, no os quedéis en
el tiempo y no viváis falsamente, aparentando ante los demás lo que no sois.

Que los matrimonios se respeten mutuamente unos a otros; pero ¡Ay de aquéllos que son
infieles!

El adúltero no entrará en el Reino de los Cielos. El mundo está invadido por la carne, por
los pecados de impureza.

Yo odio, hija mía, la impureza. Amo mucho los corazones puros, pero los hombres hoy se
han desenfrenado, viven en un desenfreno que no hay quien los frene, hija mía; se han
abandonado y (se) han dejado de amar a Dios su Creador.

Y la criatura sin Dios está hueca. Y los fariseos e hipócritas tampoco entrarán en el Reino
de los Cielos.

Y yo ensalzo a los humildes y oculto a los poderosos. A mi Hijo le agrada más un alma
humilde que todos los poderosos que hay en la Tierra.

¿Quiénes son los hombres para decir a quién tengo que manifestarme? ¿Es que no hay
motivo de manifestarse una madre a sus hijos viendo la situación del mundo, para avisarles
el gran peligro que hay en él y para recordarles el Evangelio?, para eso bajo a la Tierra.
Porque los hombres cambian, quitan y ponen a su antojo lo que les agrada.

¡Ay de aquéllos que quitan y ponen, más les valiera no haber nacido! ¡Ay, aquéllos que
deforman la doctrina!, cuando se presenten ante mí les diré: “¡Retiraos de mí, que habéis
deformado la palabra de mi Hijo en la Tierra y muchas almas habéis arrastrado hacia la
perdición por vuestras falsas doctrinas!

¡Id, malditos, al fuego eterno!”; ésas serán las palabras y así lo digo y así se cumplirá.
Aunque mi Corazón de Madre intercede por todos los hombres, pero ¿Por los hombres que
reniegan de Dios?

Yo no admito aquellos hombres que reni


egan de mi Hijo.

Amad a la Iglesia, hijos míos, amad al Papa; sufre mucho viendo la situación que hay en el
mundo, y sufre mucho por aquellos pastores infieles y desobedientes a sus palabras.

Y tú, hija mía, digan lo que digan, no te angusties; si comes, van a decir, y si ayunas, van a
seguir diciendo, hija mía. No te importe nada más que el Reino del Cielo y amar a los
necesitados. Todo está limpio, que se puede ver. Nada te angustie, hija mía.

Y todos los que habéis recibido gracias en este lugar, dad testimonio de ellas, hijos míos; y
amad a la Iglesia y confesad vuestras culpas. Acercaos al sacramento de la Penitencia, que
muchos de vosotros no lo hacéis, hijos míos.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los
pobres moribundos…

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

MENSAJE DEL DÍA 7 DE OCTUBRE DE 1995, 1er SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR: Hija mía, aquí tienes, hija mía, al Cristo Redentor, al Cristo crucificado.

¿Cómo los hombres pueden decir que Cristo no sufre por la Humanidad? Aquí me tienes,
hija mía. Aquí estoy desgarrado por los pecados de los hombres. Los hombres son ingratos,
hija mía, y pocos se compadecen de mi pobre Corazón.

Yo vengo, hija mía, a advertirles y pongo a mi Madre por mensajera para que los advierta;
y a cambio de eso recibo ingratitudes y desprecios, hija mía.

¡Qué pocos se compadecen de mi pobre Corazón, tan afligido por la Humanidad! Yo sigo
mi Pasión porque los hombres ingratos, con mi muerte, no quisieron llegar a mí y aceptar
las leyes de Dios; por eso falta en mi Pasión, porque en mi Pasión no pude redimir a toda la
Humanidad.

No, hijos míos, porque yo no quisiese redimirlos, porque yo bajé a la Tierra para redimir a
los hombres, sino los hombres son los que no quieren ser redimidos con mi Sangre.
¡Cómo los hombres pueden mutilar mi Evangelio!; muchos de mis pastores lo mutilan.

Y el Evangelio se compone de un Cristo bondadoso, amoroso, misericordioso, que perdona


los pecados; pero también hay palabras escalofriantes en mi Evangelio de un Cristo juez y
severo, para los que no aceptan la voluntad de mi Padre.

Son palabras escalofriantes cuando en mi Evangelio digo: “Id, malditos, al fuego eterno,
que está preparado para Satanás y sus secuaces”.

¡Cómo adornáis el Evangelio, hijos míos! No prediquéis el Evangelio que a vosotros os


gusta, hijos míos, predicad mi Evangelio tal como es; así fue escrito para la salvación de los
hombres.

¿Cómo lo podéis mutilar, hijos míos?

¡Ay de aquéllos que os calláis y adornáis las palabras del Evangelio! Predicad al Dios–
Amor y misericordioso, pero no os comáis al Dios de justicia, al Juez de vivos y muertos.

¡Cómo escondéis a los hombres la palabra del Infierno, hijos míos!

¡Qué pena de almas!…, que yo tengo dicho en mi Evangelio que ¡Ay del que quite o añada
alguna palabra que no sea la mía!

Cuando vienen las palabras crudas, hijos míos, las adornáis. El hombre se puede salvar por
el amor y por el temor, hijos míos.

No escondáis al hombre lo que Cristo dejó a la luz y lo dejó escrito; no son palabras sólo
del Antiguo Testamento, son palabras del Nuevo Testamento.

Yo vine a perfeccionar el Evangelio, las leyes, a formar una Iglesia para que todos los
hombres se acercasen a beber de esos canales para su salvación, y puse unas leyes, unos
mandamientos. El que cumpla con los mandamientos se salvará; el que practique mi
Evangelio vendrá al Reino de Dios.

¿Cómo a los hombres podéis decirles que ya están salvados, hijos míos, si les salva la
gracia, el amor, el camino recto y seguro para ir a Cristo?

Sed humildes, hijos míos, y no queráis recomponer lo que a Cristo le costó tanto para la
salvación de los hombres: el Evangelio, tal como es, hijos míos; hay partes dulces y hay
partes amargas; así, es la muerte dolorosa y la resurrección es gloriosa.

Pero aquí me tienes, hija mía, al Cristo viviente, desgarrado, clavado, coronado y
agujereadas sus manos por los clavos.

¿Quién me pone así, hija mía, si no son los pecados de los hombres?… (Llanto de Luz
Amparo).
Participa conmigo, hija mía, en la agonía, en el Gólgota, en mi Pasión. Para mí no hay
pasado ni futuro, hija mía, todo es presente; por eso los hombres creen que todo pasó.

Para Dios no hay pasado, repito, hijos míos, ni hay futuro. Para Dios hay un presente. El
futuro de los hombres está en mis manos, hijos míos.

Sí, hija mía, sí, desgarrado mi Corazón. Todo mi cuerpo fue desgarrado por los pecados de
los hombres y no sólo fue desgarrado, sino que siguen desgarrándome, hija mía.

¡Ay de mis almas consagradas! ¡Ay de aquellos sacerdotes que no siguen el Evangelio y lo
predican a su antojo y se ríen de aquéllos que lo hacen como Dios quiere que lo hagan!

Esas almas fieles, hijos míos, pastores fieles míos de mi Corazón: ¡Sed valientes y predicad
el Evangelio tal como Cristo os lo enseñó!

¡No os comáis nada, hijos míos! ¡Cómo no va a estar triste mi Corazón viendo la situación
del mundo, si en el mundo cada día hay más males y los hombres cada día son peor!

Predican un Cristo-hombre pero no un Cristo-Dios. Mi divinidad se juntó con la humanidad


y se hizo hombre para enseñar a los hombres, pero yo no perdí la divinidad.

La divinidad estaba “creada”(1), pero bajó a la Tierra y se engendró en las entrañas de


María para enseñar a los hombres las verdades y el camino recto y seguro.

Y yo grito a los hombres: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida; el que venga a mí tendrá
vida eterna”.

Pero ¿Cuántos vienen a mí, hija mía? ¡Son tan pocos y su vida es tan poco entregada y es
tan superficial!…

LA VIRGEN:

Hija mía, mira a mi Hijo. Yo fui Corredentora con Él y sigo siendo Corredentora con
Cristo, porque sigue sufriendo mi Corazón por los pobres pecadores, hija mía.

Sólo vengo a recordar a los hombres el Evangelio que ya está escrito; que lo prediquen y lo
practiquen tal como está, hija mía; que no lo mutilen, ni lo recorten.

¡Ay, sacerdotes tan amados de mi Corazón y del de mi Hijo, tened compasión de estos
pobres Corazones que tanto os aman, y que vosotros, muchos de ellos, pagáis con
ingratitudes y con desamor!

Buscad a Dios y no os retiréis del camino de la luz, hijos míos. Pensad que la luz alumbra,
hijos míos, y la tiniebla ciega.
La palabra sin obras no sirve, hijos míos, pero las obras sin palabra y sin oración tampoco
tienen mérito ante la Divina Majestad de Dios.

Yo te enseñé, hija mía, que tenías que ver a Dios en los hombres, pero que no vieses a los
hombres Dios, porque los hombres no son Dios.

Un día, si son capaces de aceptar mi gracia, llegaré a interceder por ellos en la puerta del
Cielo, como ahora pido a mi Hijo por todos los pecadores, para que Dios los haga dioses.

Amaos los unos a los otros, hijos míos; como mis hijos que sois, hijos míos, os pido que
tengáis un poco de misericordia de nuestros Corazones. Hace muchos años que mi
Inmaculado Corazón viene avisando a los hombres y los hombres se quedan sordos y
mudos.

LUZ AMPARO: Jesús, Jesús, yo quiero amarte por los que no te aman. Yo pediré por
todos los sacerdotes, para que sean fi
eles. Yo no quiero que sufras, yo quiero compartir contigo, Jesús…

EL SEÑOR: Sí, hija mía, por eso escojo almas víctimas para ayudar a los pobres
pecadores.

LUZ AMPARO: Jesús, que los hombres te vieran, que no pareces ni Tú.

EL SEÑOR: ¿No me vieron en aquellos tiempos, hija mía?, y muchos se salvaron y otros
se condenaron, hija mía. Si me volvieran a ver, pasaría lo mismo, hija mía; por eso los
hombres no pueden decir que todos están salvados, porque si los hombres hubieran estado
salvados, no hubiera habido necesidad de poner el planeta Tierra para que los hombres, con
sus sacrificios y sus penitencias, repararan sus pecados.

Repito: soy un Dios de amor, de misericordia y de dulzura, pero soy el Juez Supremo; que
nadie se asuste por estas palabras, son palabras escritas en el Evangelio, ¡No las comáis,
hijos míos! Y si alguien os predica lo contrario es anatema, hijos míos. El Evangelio hay
que explicarlo desde el dolor hasta la gloria.

LA VIRGEN: Sed muy humildes, hijos míos, y amad mucho nuestros Corazones. Yo
seguiré derramando gracias para los pobres pecadores.

¡Cuántas almas se han salvado en este lugar, y mis pastores no quieren aceptarlo!

Pero, ¡Hijos míos, no seáis soberbios! Yo me manifiesto a los humildes y les comunico mis
palabras, y rechazo a los orgullosos y a los poderosos.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y tantos pecados como se cometen en el
mundo…
Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los
pobres pecadores. Amaos, hijos míos, y amad a Dios con todo vuestro corazón.

Amad a la Iglesia, hijos míos, amad al Santo Padre y a los representantes de la Iglesia…

Todos los objetos han sido bendecidos con bendiciones especiales para la salvación de las
almas.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

(1) En sentido figurado; es como decir: “La divinidad ya estaba, existía”.

MENSAJE DEL DÍA 4 DE NOVIEMBRE DE 1995, 1 er SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN: Hija mía, hoy voy a derramar muchas gracias sobre todos los que acudan a
este lugar. Los ángeles serán encargados de sellar todas las frentes.

Quiero, hijos míos, que me saquéis en procesión. Los hombres han olvidado que este lugar
también es sagrado. Sacadme en procesión, para que los hombres eleven sus plegarias a
Dios su Creador.

A Dios le gusta que los hombres oren de buena voluntad y que sus oraciones salgan de lo
más profundo de sus corazones; le gusta que le pidan; ya lo dice el Evangelio: “Pedid y
recibiréis”.

Pedid la lluvia, hijos míos, pues el hombre, por mucho que quiera meterse en los misterios
de Dios, nunca podrá alcanzarlos, porque Dios manda la lluvia a la Tierra cuando quiere y
hace crecer las plantas con el sol y el agua.

¿Quién puede llegar al Sol, ni mandar el agua a la Tierra?; por eso os pido que quiero que
vuestras oraciones salgan de lo más profundo de vuestro corazón.

Los hombres oran, pero muy pobremente; su oración es muy pobre y, a veces, piden, piden
pero no dan. Dad un poquito de amor a Dios, vuestro Creador.

EL SEÑOR: ¡Cómo huís de mí, hijos míos, y yo voy tras de vosotros para enseñaros mi
doctrina, y vosotros os escondéis y os hacéis los sordos, hijos míos!

No os escondáis, hijos míos, si yo vengo a enseñaros la verdad y a recordaros que la verdad


está escrita en el Evangelio y, repito, que los hombres lo mutilan. ¡Ay, pastores que
mutiláis el Evangelio, y no enseñáis a los hombres las verdades que hay en él, todas las
verdades, hijos míos!

No ocultéis al hombre lo que está escrito. ¡Cómo os inventáis un evangelio a vuestro gusto,
hijos míos! Os da miedo, muchas veces, de decir las verdades porque os podéis quedar
solos en el templo de Dios.

¡Ay, hijos míos, si tenéis muchos que acuden al templo pero no les explicáis las verdades y
la doctrina tal como está escrita, malos pastores sois, hijos míos!; muchos sois funcionarios,
no sois pastores del rebaño de Cristo; funcionáis en el mundo.

¡Ay, almas tan queridas por nuestros Corazones!, ¿Cómo no escogéis los buenos frutos de
donde salen los frutos, que os da lo mismo que se contagien los buenos y los malos, con tal
de que vuestro templo se llene, aunque no amen a Dios, vuestro Creador?

¡Ay, pastores cuando os presentéis ante la Divina Majestad de Dios!

Dios os ha dado muchas gracias y os va a pedir mucha responsabilidad a aquéllos que no


cumplís la palabra de Dios y no sois valientes para enfrentar a… (palabra ininteligible).

LUZ AMPARO: ¡Ay, Dios mío, estamos igual! ¡Ay, éste tampoco nos quiere! ¡Ay…,
ay…, Dios mío…!

EL SEÑOR: ¡Qué cobardía, hijos míos! Los que no van contra mí, están conmigo. ¿Cómo
vosotros vais contra ellos?

Sólo os gusta coger a aquellos fariseos que gritan mucho pero obran poco. ¡Ay, hijos míos,
enseñad la doctrina como Cristo os la enseñó y os la dejó escrita!

Hijos míos, ¡qué apodo os han puesto más hermoso, el apodo de “los virginianos”!

¡Qué hermosura, hijos míos, virginianos por María, por la Virgen, Madre de todos los
hombres!

¡Ay, aquellos sacerdotes que no escogéis del árbol bueno los frutos buenos! Si yo sólo
vengo a recordaros que prediquéis el Evangelio como es, ¿Por qué tenéis miedo a
predicarlo tal como es?

No engañéis a los hombres, hijos míos; enseñadles a amarse, pero enseñarles a orar y
enseñarles el sacrificio y la penitencia; o ¿A qué vine yo al mundo?, ¿No vine a
sacrificarme por los hombres?; ¿Cómo ocultáis el sacrificio?

Hijos míos, os repito: sólo os quedáis con el Dios-Amor; pero a los hombres no enseñáis el
Juez Supremo de vivos y muertos.
Hijos míos…, y aquéllos que sois fieles a mi doctrina, no os acobardéis por nada ni os
avergoncéis de vuestra vestidura; sed fuertes, hijos míos, y dad ejemplo a los que no lo
hacen.

Yo pido a los hombres que amen un poco a nuestros Corazones, y vengo a enseñarles las
verdades, a enseñarles a amar. Hijos míos, no seáis árboles estériles, sed árboles fértiles;
allí donde estéis dad buen fruto, hijos míos.

Yo vengo a enseñar el amor, la misericordia hacia los necesitados, pero los hombres viven
entre los hombres sin conocerse y sin amarse, sin preocuparse del desvalido ni del que
sufre. Hijos míos, tened misericordia de aquéllos que os extienden la mano.

Mira mi Corazón, hija mía.

LUZ AMPARO: ¡Qué amor sale de ese Corazón! ¡Oy, Dios mío, qué llamaradas de amor!

EL SEÑOR: Hija mía, con un poquito de este amor que yo doy a los hombres, si los
hombres fuesen capaces de darme un poquito de amor y consolarme…

Pero, ¿Qué recibo, hija mía?: ingratitudes, desprecios, persecución; pero sería capaz de
abrasar a la Humanidad con un poquito de este amor que sale de mi Corazón, hija mía.

Yo, hija mía, doy este amor a los hombres, pero los hombres no abren su corazón para que
penetre la gracia dentro de él. Hijos míos, ¡Qué amor tan inmenso tengo a los hombres y
qué poco amor recibo de ellos!

LUZ AMPARO: ¡Ay, Señor!, ¡Ay, qué Corazón!, ¡Ay, de fuego!…

Eres el fuego que abrasa a la Humanidad. Si la Humanidad se dejase abrasar por ese
fuego… ¡Ay, qué grandeza, Dios mío!… ¡Ay, qué Corazón, Dios mío!… ¡Ay…, que
quema y abrasa! ¡Ay!

EL SEÑOR: Así es el amor de Dios, hija mía, que abrasa a los hombres, pero los hombres,
la mayoría, son bloques de hielo que no dejan derretir el hielo que llevan en su corazón con
este volcán de fuego que tengo yo dentro del mío. Hijos míos, cuántas gracias habéis
recibido en este lugar y cuántos las habéis rechazado, hijos míos.

Mira, hija mía, vas a ver una escena muy dolorosa… ¿Ves estas cinco jóvenes, hija mía?

LUZ AMPARO: ¡Ay, sí!, estuve hablando con ellas.

EL SEÑOR: Cuatro de ellas perecieron en un accidente, hija mía; rechazaban tus palabras,
decían que no existía el Infierno. Ellas mismas te van a hablar, hija mía.

ALMA CONDENADA: Estamos aquí no por nuestra voluntad(1), sino por la voluntad de
Dios.
Si no, nosotros por nuestra voluntad no haríamos nada más que maldecir, pero Dios es el
que quiere que venga a deciros que estamos condenadas.

¡Yo, que decía que nadie había venido a decir que había Infierno, que nadie me lo había
dicho, que no lo creía y me reía junto con mis compañeras!; no creía en la existencia del
Infierno y me reí de todo, de la Iglesia, de los componentes de la Iglesia, de las palabras
que tú me decías; acuérdate que te dije: “Yo todavía no he visto ese Infierno, tendrían que
venir y verlo yo con mis propios ojos para creer en él”; pues aquí estoy gritando: ¡Estoy en
el Infierno! Me dejé llevar por los placeres, por mis gustos…

LUZ AMPARO: ¡Ay, Dios mío!

ALMA CONDENADA: Y aquí estoy sufriendo. Si no fuera porque Dios ha querido


mandarme a decir la existencia de Él (2)… hay una barrera entre la Tierra y los Infiernos.

Yo rechacé a Dios, renuncié a Dios, igual que mis compañeras.

Una de ellas no está aquí, pero nosotros estamos aquí para toda la eternidad,
maldiciéndonos y maldiciendo.

Yo oí a muchos pastores que el Infierno no existía, pero ni creía en la misericordia de Dios


ni en la existencia del Infierno.

Yo viví mi vida junto con mis compañeras; viví los placeres; viví rodeada de comodidades;
todo lo quería alcanzar.

Tenía ansias de vivir, del placer. ¡Maldita hora que no creí en el Evangelio ni en las
palabras de Dios! Digo estas palabras porque Dios me hace decirlas, si no, os digo que sólo
desearía arrastraros conmi… noso…

LUZ AMPARO: (Con espanto). ¡Ay! ¡Ay, cómo los arrastran, unos a otros!

ALMA CONDENADA: Éste es el deseo de los condenados: arrastrar almas… El demonio


lo muestra todo bello, como nos lo mostró a nosotros, y caímos en su trampa; y nuestra
soberbia, nuestra lujuria…

LUZ AMPARO: ¡Ay, ay, Dios mío! ¡Ay, Dios mío, tan jóvenes!

EL SEÑOR: Ni juventud, ni vejez, hija mía. El hombre no respeta a Dios.

LUZ AMPARO: ¡Ay, qué tristeza todo el que llegue a ese lugar, Dios mío! ¡Ay, os lo
decía, que creyerais en Dios!; ¡Ay, y os reíais de mis palabras!

ALMA CONDENADA: ¡Pero no tengas compasión de nosotros, porque seguiremos


maldiciéndoos, y cuántas más palabras hayamos oído de vosotros, más os maldeciremos y
nos maldeciremos unos a otros!
Que sepáis que no estoy aquí por mi voluntad, que estoy aquí por la voluntad de Dios para
gritaros: “¡Estoy en el Infierno, estamos en el Infierno!”.

No oréis por nosotros, no queremos oraciones ni plegarias, sólo nuestros labios


pronunciarán maldición.

LUZ AMPARO: ¡Ay, qué tristeza, Dios mío! ¡Ay, Dios mío! ¡Ay, Dios mío! No permitas,
Dios mío, que se condenen las almas, Señor… ¡Ay, Señor…!

EL SEÑOR: Ellas, hija mía, con su libertad se condenan.

Yo no las condeno, hija mía. Mira esta otra, también estaba entre ellas.

Quedó con una hora de vida y, en esa hora de vida, acudió a Dios y recordó el Infierno, y
recordó la misericordia de Dios y pidió perdón a Dios de sus pecados, y pedía las gracias
que Dios dejó a los hombres para la salvación en la Tierra; y mira, hija mía, está en un
lugar donde pronto, con vuestras oraciones y sacrificios, saldrá de él.

Mira dónde está, hija mía.

LUZ AMPARO: ¡Ay, ahí también está sufriendo!

ALMA DEL PURGATORIO: Sí, estoy sufriendo, pero ¡Gracias, gracias que me acordé
de las últimas palabras!…

Y aquí estoy esperando que Dios purifique todos mis pecados, pero yo quise recibir esa
gracia y pedir perdón a Dios de todos ellos.

Yo, que había vivido tan mal, pensando en los placeres del mundo, olvidándome de Dios,
en la última hora, Dios se apiadó de mi alma, porque yo sentí esa luz divina y me acordé
del Infierno y pedí perdón a Dios de todos mis pecados, y Dios me los perdonó; pero tengo
que purificarlos.

Pero he visto el rostro de María. ¡Gracias! Orad por mí y orad por todos los que estamos
aquí.

Sólo os pido oraciones. Yo tengo que pagar mis culpas; Dios es justo y misericordioso. Os
suplico oraciones, oraciones… Y ¡gracias!

EL SEÑOR: ¿Ves, hija mía, cómo las almas… la que abre sus labios para invocar mi
Nombre recibe la gracia y la salvación eterna?

Yo vine a derramar mi Sangre por toda la Humanidad para la salvación de los hombres,
pero muchos de los hombres la pisotean y me rechazan y me desprecian; pero aquéllos que
abren sus labios y siento un poquito de amor en su corazón, mi Corazón se derrite por ellos
para salvarlos.
Por eso, soy misericordioso y soy juez. Y quiero que se hable de mi misericordia y de mi
justicia.

Sacerdotes míos santos, los que seguís mi Evangelio y los que sois perseguidos por los que
confunden mi doctrina: sed valientes; tenéis una misión muy importante en la Tierra,
pastores de almas.

Enseñad, como pastor, que el pasto está en la Iglesia y que los hombres se salvan si quieren
acudir a ella. El que come mi Cuerpo y bebe mi Sangre tendrá vida eterna, pero hay
muchos de vosotros que coméis mi Cuerpo y bebéis mi Sangre sacrílegamente; recibiréis
condenación eterna.

LA VIRGEN: Amad a nuestros Corazones y nuestros Corazones os inflamarán, pero


dejaos, hijos míos, inflamar por nuestro amor; yo soy Madre de los pecadores y quiero
salvaros a todos.

Acudid a este lugar, que recibiréis muchas gracias, hijos míos, y amaos unos a otros como
Cristo os amó, que dio su vida por vosotros, hijos míos. Mi Corazón Inmaculado reinará en
toda la Humanidad.

Acudid a mí, que yo os llevaré a mi Hijo, hijos míos. Amad mucho a la Iglesia. Amad al
Santo Padre.

Amad y pedid por los que la componen y por aquéllos que se han desviado y más que
pastores son asalariados, para que vuelvan al rebaño y no dejen a las ovejas.

Las ovejas siempre tienen que tener un pastor para guiarlas a comer donde haya buenos
pastos.

Hijos míos, dedicaos a vuestro ministerio y no confundáis a las almas. Si no seguís el


camino del Evangelio, no confundáis a las almas y salíos de ese camino para no dañar el
rebaño. El pastor tiene que dedicarse a su rebaño.

Pedid, hijos míos, para que los hombres cambien, pues en el mundo no hay paz, porque
Dios no está en él.

¡Ay, almas que tanto aman nuestros Corazones!, no seáis ingratos y volved al camino de
Cristo para predicar el Evangelio entero, sin mutilar; así ayudaréis más a las almas. No
creáis, hijos míos, que porque tengáis los templos llenos es mejor para vosotros, sino hay
que ver el fruto de los que van al templo.

Pecadores, a todos os pido que por muy graves que sean vuestros pecados, Dios siempre
está dispuesto a perdonarlos, hijos míos.
Acudid a Él. Frecuentad el Sacramento y haced visitas al Santísimo. ¡Qué triste está Cristo
en el sagrario viendo que los hombres le desprecian, le rechazan!

Yo voy detrás de vosotros, hijos míos, y sois vosotros los que tenéis que venir detrás de mí;
pero como también tengo una gran misericordia, quiero agotarla para salvaros.

Sed humildes, hijos míos, y orad y desprendeos de las cosas materiales (3) antes de que
vuestro corazón deje de latir; estad muertos antes a las cosas que os apeguen y que sean
obstáculo para llegar a mí.

Yo derramaré muchas gracias sobre todos vosotros, hijos míos. Oración, oración, hijos
míos, y obras de amor y misericordia pido. Entregaos todos a mis obras.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales. También
serán bendecidos todos estos lugares y todos estos objetos.

Yo os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

(1) Es decir, “estamos aquí, ante vosotros, manifestándonos, no por nuestra voluntad…”.

(2) Se pone con mayúscula el pronombre “Él” por entenderse que se refiere a la existencia
de Dios.

(3) La frase en cursiva no se percibe en la cinta de audio, quizás debido a algún fallo en la
grabación; sí está atestiguada por testigos presenciales y se incluye en el texto que se
transcribió en su momento.

MENSAJE DEL DÍA 2 DE DICIEMBRE DE 1995, 1 er SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN: Hijos míos, aquí estoy otra vez avisando a los hombres del gran peligro que
hay en la Humanidad. Mira, hija mía, si hay corrupción en el mundo, cómo van en triunfo
los siete pecados capitales.

Mira cómo los hombres, hija mía, adoran… Mira cómo están hundidos en el pecado…

LUZ AMPARO: ¡Qué horror…! ¡Ay, Dios mío!

LA VIRGEN: ¡Qué ofendido está mi Corazón, hija mía! Mi Corazón está lleno de espinas
por la ingratitud de los pecadores…

LUZ AMPARO: ¿No podría sacar ninguna espina?


LA VIRGEN: No, hija mía, están muy profundas, porque el hombre hoy al pecado no le da
importancia, hija mía, y cada día nuestros Corazones están más afligidos.

Pide mucho, hija mía, para que todos estos pecadores que clavan las espinas en nuestro
Corazón, cambien sus vidas y se arrepientan, hija mía.

Sólo puedes sacar una…

Mira, qué agujero más profundo has dejado en mi Corazón… Hija mía, sigue pidiendo por
ellos, hija mía. Por eso sigo dando avisos a los hombres; sus pecados han atravesado, hija
mía…

Mira, la bóveda del cielo está atravesada por el pecado. Y por eso sigo dando avisos, para
que los hombres cambien y no se dejen arrastrar por las mentiras de Satanás, hija mía.
Satanás está reinando en el mundo; por eso van los siete pecados capitales en triunfo,
porque los hombres se dejan arrastrar por la astucia del enemigo.

EL SEÑOR: Yo fundé la Iglesia, hijos míos, y la fundé para que dijesen la verdad que hay
en ella; por eso pido que el Evangelio lo prediquen como está escrito.

Acercaos a la Iglesia, hijos míos. En la Iglesia está vuestra salvación, ahí hay fuentes de…

LUZ AMPARO:

¡Huy…, cuántas fuentes de gracias salen del Corazón del Señor! ¡Ay, y todas caen sobre
los hombres!

EL SEÑOR:

Yo la fundé para que los hombres se reunieran en ella y bebieran de esas fuentes, y
encontraran el amor, la paz y la verdad.

Algunos pastores predican lo contrario de la verdad, predican un Evangelio descabezado;


pero, hijos míos, ¿Hasta cuándo tengo que estar dando avisos a aquellos pastores que no
viven el Evangelio?

Hijos míos, cambiad vuestras vidas y no arrastréis a las almas al camino de la perdición;
decid la verdad de la Iglesia, hijos míos.

La Iglesia fue fundada por Cristo para que los hombres hablen de Cristo; hablad de mi
Pasión, de mi muerte, hablad que, siendo el Hijo de Dios, me anonadé y bajé a la Tierra
para salvar a los hombres.

Por eso vengo a recordaros que el Evangelio no lo explicáis, muchos de vosotros, tal como
es.
Dedicaos a las almas, hijos míos, que las almas necesitan que se les hable de las verdades
que hay en la Iglesia, para que acudan a esas fuentes y sacien su sed en ellas.

Pero, hijos míos, ¡Si no predicáis la penitencia, la oración y el sacrificio! El sacramento de


la Penitencia es muy importante, hijos míos, para vuestra salvación.

¡Ay, aquellos pastores que confundís a las almas, aquellos pastores que os rebeláis contra la
verdad, que no sois imitadores de Cristo y que no obedecéis al representante de Cristo!

¡Ay de vosotros, hijos míos! ¿Y quién sois vosotros para decir a quién tiene un Dios que
manifestarse?

Me manifiesto a los humildes para confundir a los soberbios y a los poderosos; y no entráis
en el Cielo, muchos de vosotros, ni dejáis entrar a las almas.

¡Ay, hijos míos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello!; volved al Evangelio, hijos
míos, tan amados del Corazón de Cristo y tan poco correspondid
o mi Corazón a ese amor. Vivid, hijos míos, en caridad, en amor, en pobreza, y no
confundáis a los hombres las verdades que hay en el Evangelio.

¡Ay, hijos míos, que os quedáis en lo humano y olvidáis lo divino! Yo fundé la Iglesia para
alcanzar el Cielo, no para vivir la Gloria en la Tierra.

Todo el que camine por el camino de la verdad irá a la Ciudad Futura.

No os quedéis, hijos míos, en esta ciudad hecha por los hombres, porque lo que los
hombres han hecho será destruido por el dedo de Dios. Por eso os digo, hijos míos, fabricad
con vuestras obras y con vuestro ejemplo la Ciudad Eterna.

Y vosotros, los que sois perseguidos, bienaventurados seáis, porque sois perseguidos a
causa de mi Nombre, hijos míos. No os angustie, hija mía, ni la calumnia ni la persecución;
ésa es la señal del cristiano.

Y sed siervos trabajadores, siervos fuertes, no seáis siervos perezosos y siervos inútiles,
para no oír un día la palabra de “No me has servido, hijo mío, siervo inútil; vete al fuego
eterno”.

No os separéis de la vid, hijos míos, que el que se separa de la vid se seca; y la Iglesia es la
vid y vosotros sois los sarmientos, y el sarmiento tiene que estar unido a la cepa para
alimentarse de la vid. No quiero sarmientos secos, quiero sarmientos que den fruto y que,
cuando lleguen a la Ciudad Eterna, puedan encontrar su casa construida.

Hija mía, no quiero que nada te angustie y nada te entristezca; te dije que pondría personas
en tu camino para esta Obra, para que las obras de amor y misericordia crezcan como yo he
pedido, y yo mandaré para que esta Obra crezca como las estrellas.
Pero, hija mía, no te angustie nada. Que conozcan el árbol por el fruto que dé. Ya sabes,
hija mía, que el árbol malo no puede dar buen fruto, te lo he dicho muchas veces; sino el
árbol bueno es el que da buen fruto. Pues es lo que pido, hija mía.

LUZ AMPARO:

¡Ay, ay, ay, Señor! ¡Ay, Señor! ¡Es tan triste estar aquí, Señor! ¡Ay!… ¿Hasta cuándo,
Señor?, ¿Hasta cuándo…?

EL SEÑOR:

Te dije, hija mía, que no fueses soberbia y que, cuando yo quiera, hija mía, entonces
llegarás a este lugar a gozar eternamente; pero la felicidad no está en la Tierra, hija mía,
para ti; no ha estado nunca desde que naciste, pero sabes que fuiste protegida desde muy
niña, hija mía; pero aquí felicidad, como tú pides, en la Tierra y felicidad en el Cielo no
puede haber.

Tú dijiste que sí cuando te cogí por instrumento, hija mía, y ya sabes que los instrumentos
son perseguidos, calumniados y tienen que sufrir para la conversión de los pecadores.

En ese “sí”, hija mía, te lo he dicho muchas veces, que puse un cheque en blanco; y en ese
“sí” está todo el sufrimiento y, a veces, la agonía.

Que los hombres piensen en mi agonía, en mi pasión y en mi muerte. Vine a salvarlos, vine
a darles vida y ellos me dieron muerte. Por eso te digo, hija mía, que la ingratitud de los
hombres, cada vez, aumenta más; y es porque Satanás está reinando en la Tierra.

LUZ AMPARO: ¡Oy! ¡Ay, Dios mío…!

LA VIRGEN: Se dejan arrastrar, hija mía. Es su hora; por eso quiero sellar a los hombres,
para que no se dejen arrastrar.

Todo el que acuda a este lugar será sellado con un sello en la frente.

Mira qué sello, hija mía; una protección para que no se dejen arrastrar por Satanás. Orad
mucho, hijos míos, y haced penitencia y oración; extended vuestra mano al desvalido; orad,
orad. En el mundo está en el fin de los tiempos. ¡Sacrificio y penitencia pido, hijos míos!

LUZ AMPARO: ¡Ay, Dios mío, ay!

EL SEÑOR: Si los hombres no oran y vuelven su mirada a Dios, la Tierra quedará como
un desierto; por eso os pido, hijos míos, aquellos sacerdotes queridos de mi Corazón,
aquéllos que lleváis el Evangelio tal como está escrito, os pido, hijos míos: orad mucho y
predicad el Evangelio, porque hay mucha mies y pocos segadores.
No os avergoncéis los que seguís la doctrina, hijos míos, que luego os abrirán la puerta del
Cielo. Todos los bienaventurados saldrán a vuestro encuentro.

Mira, hija mía, es estrecha la puerta para los que no quieren aceptar las leyes del Evangelio;
pero mira también esta otra puerta cómo es ancha, y por aquí entran los que cumplen mis
leyes.

LUZ AMPARO: Hay doce puertas de oro… -¡ay!- custodiándolas los ángeles.

¡Huy…, ay! En medio está el Señor. ¡Ay…!, con un libro muy grande. ¡Ay!

EL SEÑOR: El Libro de la Vida.

LUZ AMPARO: ¡Ay, todos los que están apuntados ahí en él! ¡Ay!…

EL SEÑOR: Hoy, hija mía, voy a darte un gozo también; vas a escribir en el Libro de la
Vida siete nombres…

Estos nombres no se borrarán jamás, hija mía. ¿Ves cómo también recompenso tu dolor y
tu angustia? Sé muy humilde, hija mía.

Humildad pido, oración y penitencia, para la salvación de los pobres pecadores.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantas ofensas hechas a mi Divino Corazón…

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los
moribundos, hija mía…

Entregaos a esta Obra, hijos míos, y ayudadla a que crezca. Mira cuántas almas hay en el
Cielo gracias a las gracias que han recibido en este lugar. ¿Cómo los hombres pueden ser
tan ingratos?…

LUZ AMPARO: ¡Ay, ay…, ay, cuántas! ¡Ay, cuántas, Dios mío! ¡Dios mío! ¡Ay, ay,
cuántas! ¡Ay, ay, gracias, Dios mío, gracias por haber salvado a tantas y tantas almas!

EL SEÑOR: Y sigue pidiendo, hija mía, por todos aquéllos que te calumnian y te difaman;
ellos son los que siembran el camino de la salvación.

LA VIRGEN: Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con
el Espíritu Santo.
MENSAJE DEL DÍA 1 DE ENERO DE 1994, PRIMER SÁBADO DE MES EN
PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, Yo soy la Madre de Dios, Yo soy la Madre de los hombres; la Divina Majestad
de Dios así lo quiso: que la Divinidad increada entrase dentro de mis entrañas y se juntase
con la humanidad creada. Cuando el Arcángel San Gabriel me dijo: "María, darás a luz un
Hijo al que pondrás el nombre de Jesús, que quiere decir Salvador". Yo no comprendí esas
palabras, pero la humanidad se juntó con la Divinidad y la Divinidad me empujaba. Sentí
un gozo en mi corazón y una alegría (Amparo expresa alegría, y me empujaba esa
Divinidad a decir sí sin comprender esas palabras. Yo di mi sí y el Verbo encarnado salió
de mis entrañas, para que los hombres entendiesen el misterio de la creación, pues los
hombres estaban deshumanizados. Los hombres actuaban como animales y Dios quiso que
su propio Hijo se encarnase de una Virgen pura e inmaculada para enseñar al mundo las
verdades de la creación. Los hombres no tenían corazón (Amparo musita: "¡Ay... qué
cosas!"); estaban tan enfrascados en el pecado, que habían perdido la razón y actuaban
como animales. Los padres no respetaban a los hijos y se convirtió la creación en pasión, en
placer. Dios creó al hombre para amarle y glorificarle, y el hombre en su desobediencia se
metía en los planes de Dios. El Verbo se engendró dentro de mis entrañas y, cuando nació,
los hombres habían perdido el amor y la caridad. Con mi esposo José busqué refugio para
que mi Hijo naciese. Todos los corazones de los hombres estaban endurecidos, y encontré
un establo sucio y pobre donde mi Hijo se pudo reclinar (Amparo muy bajito: "¡Ay, Madre
mía...!") para enseñar a los hombres la humildad y la pobreza, pues sólo vivían para sí
mismos y cada día deseaban más y más meterse en la profundidad del abismo. Por eso vino
un Redentor para redimir sus almas. Treinta años enseñando a los hombres (Amparo dice
con dolor: "¡Ay, Dios mío!") cómo tenían que humanizarse y aprender a divinizarse. Puso
unas leyes para que los hombres se arrepintiesen y caminasen con pasos firmes el camino
de la verdad. El Redentor de las almas quiso que fuese Corredentora con Él. Así enseñamos
a los hombres a vivir ocultos para resplandecer en la gracia. Mi Hijo murió en la Cruz para
que los hombres alcanzasen una morada eterna; dejó un Evangelio y unas Leyes, unos
profetas para explicar a los hombres esa verdad de la creación. Pero los hombres siguen sin
ver ni oír; los hombres están como en aquel tiempo que vino Cristo a engendrarse para que
los hombres se salvasen.

¿Hasta cuándo, hijos míos, os van a estar enseñando la verdad y los misterios de Dios?
Escuchad, hijos míos, y abrid vuestros oídos: el tiempo se aproxima y vuestros corazones
cada día están más endurecidos. No habéis sabido aprovechar el misterio de la Encarnación
ni el misterio de la Redención. Acudid a este lugar, que Yo, la Madre de Dios, os prometo
que os conduciré a Él por el camino de la verdad. Yo soy la Madre de la Iglesia y Yo os
conduciré a ella, y ahí lavaréis vuestras almas por esos canales de vida y de gracia que hay
en ella, Yo soy vuestra Madre, así lo dijo mi Hijo al pie de la Cruz, y como Madre de la
humanidad me preocupo de los males que hay en ella: de la corrupción de la juventud y de
la maldad que hay en los corazones.

EL SEÑOR:

Venid, hijos míos, que Yo os prometo derramar gracias sobre vuestras almas. Por eso
quieren los hombres hacer desaparecer mi Nombre, porque los secuaces del anticristo están
extendidos por todo el mundo, para hacer desaparecer el Nombre de María, pues María es
odiada por Satanás, porque en María vino y por María, por el sí de su palabra, vino la
salvación al mundo.

Ella trajo la luz en sus entrañas. Ella trajo la salvación de los hombres. ¿Cómo los hombres
son capaces de despreciarla y ultrajarla? Quiero que en todos los hogares reine el Corazón
Inmaculado de María. La Madre tiene que estar junto al Hijo y el Hijo junto a la Madre. Yo
estoy siempre junto a mi Madre porque la amo.

Sed buenos hijos, hijos míos, y respetad a vuestros padres.

También os digo que luchéis por este lugar; todos juntos podéis formar un gran rebaño. Los
hombres intentan hacer desaparecer este lugar; pero mi Madre puso sus plantas virginales
en él y, aunque los hombres se jacten y se burlen, aquí dejó sus plantas y aquí seguirá
posándolas. No hay lugar ni distancia, puede ser más largo o más cerca, pero este lugar lo
he escogido Yo y no se moverá de aquí. Si no estáis dentro estáis fuera, pero ya sabéis que
para Dios no hay distancia. Acudid, hijos míos, no sólo a pedir, sino a dar gracias por tantos
favores recibidos.

Pedid hoy a la Madre de Dios que no os desampare, hijos míos, porque ninguno de los que
acuden a mi Corazón es desamparado. Acudid, hijos míos, a impregnaros de mis gracias.
Amad a la Iglesia, amad al Papa y amad a los componentes de ella. Los hombres la quieren
hacer desaparecer, y la Iglesia no puede desaparecer, porqué es la Piedra Angular la que la
sostiene; es Cristo, y contra Cristo los hombres no tienen poder.

Hijos míos, defended este lugar sagrado donde las plantas virginales de María han posado
sus pies.

LA VIRGEN: Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos pecados como se cometen
en el mundo.

Tenéis que ser fuertes, hijos míos, Yo estaré con vosotros. Si Yo estoy con vosotros, ¿a
quién podéis temer? Hoy derramaré gracias como Madre de Dios y Madre de los hombres
sobre vuestras almas; hoy es un día especial, hijos míos, hoy está la Madre de Dios entre
vosotros, y serán vuestras frentes selladas y os protegeré de las asechanzas de Satanás.
Llevad mi Escapulario, hijos míos, pues el Escapulario es una protección para vuestra alma.
Sed humildes y caritativos y amaos los unos a los otros; que se os distinga por el amor y la
unidad.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales.

Todos han sido bendecidos con bendiciones especiales para la salvación de vuestra alma.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

MENSAJE DEL DÍA 5 DE FEBRERO DE 1994, PRIMER SÁBADO DE MES EN


PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR: Hija mía, mira mi imagen, hija mía, mira la crueldad de los hombres cómo
ponen a Jesús.

AMPARO: Veo a Jesús suspendido en el aire con los brazos en forma de Y griega. De sus
cinco llagas vienen grandes rayos de luz... ¡Ay, ay qué potencia! ¡Ay!

LA VIRGEN: Esos cinco rayos caen sobre los hombres de buena voluntad; -Amparo
muestra admiración- son gracias que el Señor derrama en este lugar.

AMPARO: ¡Ay, Señor, qué ejército de ángeles! ¡Ay, ay tu Madre! ¡Ay, qué belleza,
Madre mía, ay!

EL SEÑOR: Hija mía, mira, ni, hija mía, ni el tormento de la cruz, ni las espinas en mi
frente, ni la lanzada en mi costado, ni los clavos en mis manos, ni el camino del Calvario,
hija mía, me dolió tanto como la burla y la mofa que los hombres hacían y siguen haciendo
hacia mi Divina Pasión, hija mía. Los hombres se mofan de mi Pasión. El dolor más
inmenso que sentí en mi alma fue que los hombres de mala voluntad se iban a mofar de la
Divina Sangre del Cordero Divino. Ni la negación de los sacerdotes, ni el desprecio de los
impíos, ni la burla de Pilatos ni de Caifás, ni la negación de Pedro, ni la traición de Judas,
hija mía, iban a hacer tanta mella y tanto dolor (doloroso "¡Ay!" de Amparo) dentro de mis
entrañas, como ni la perversión y la corrupción que vi antes y después, sino la burla a la
Divina Majestad de Dios. Ése es el dolor que sintió mi alma, la irreverencia de la Divina
Majestad de Dios de los hombres y la Sangre pisoteada del Verbo humanado y, ni por esa
Sangre, hija mía, los hombres iban a querer salvarse. ¡Qué crueldad la de los hombres! ése
fue el mayor dolor que sintió el alma del Hijo de Dios, que se humanizó para redimir al
hombre, y el hombre se burlaba y se mofaba de la Redención. Ni aún mi Padre tuvo
compasión de Mí, para que (interrumpe Amparo con un "¡Ay, Dios mío!, ¡Ay, qué
ingratitud!") para que se cumpliese la obra de la Redención. La Divina Majestad de Dios
cerró los cielos y no tuvo compasión de su propio Hijo. Dios quiso que el Verbo encarnado
bajase a la tierra y se engendrase en las entrañas de una doncella humilde y virgen, para el
bien de la humanidad. Ni ante todas esas cosas, hija mía, los hombres tuvieron compasión
del Hijo de Dios, sólo la humildad de María y la virginidad de María hizo que Dios
mandase a su Hijo y se engendrase dentro de sus entrañas por obra y gracia del Espíritu
Santo. Dios ya tenía en su mente el pensamiento de María para Madre del Redentor; ¿cómo
los hombres ingratos y crueles quieren hacer desaparecer el nombre de mi Santa y Pura
Madre? Quiero que mi Madre sea venerada y quiero que la imagen de mi Madre salga en
procesión y todos los hombres canten himnos de alabanza para María. Ella fue
Corredentora del género humano, y los seres humanos ¡qué ingratitud hacia Ella! Quiero
que se la venere en todos los lugares y que se la lleve por todos los pueblos creyentes y no
creyentes, mahometanos, budistas, jóvenes, niños, mayores, que veneren la imagen de mi
Madre. Quiero que todos vean su rostro doloroso y las lágrimas que derrama por toda la
humanidad; quiero que mi Madre sea honrada como se merece. Cuántas veces te he dicho,
hija mía, que en los tiempos de mi Nacimiento y mi vida oculta mi Madre se ocultó por su
humildad; ahora es el tiempo de María y quiero que en todas las iglesias haya un trono y en
todos los hogares un trono del Corazón de Jesús y del Corazón Inmaculado de María.
¡Hombres ingratos que con vuestras astucias queréis hacer desaparecer el nombre de María
tan amado por la Divina Majestad de Dios! ¿Cómo podéis creer que vosotros, criaturas
desagradecidas, corruptas, vais a poder hacer desaparecer el nombre de la Reina de cielos y
tierra?

Son profecías que se están cumpliendo, hija mía.

Os lo dije, que intentarían hacer desaparecer de este lugar el nombre de María. No harán
desaparecer el nombre de María; intentarán, pero los cristianos tenéis que ser fuertes y los
hijos buenos defienden a su madre; defendedla con dignidad y con justicia. Que no pongan
excusas, hijos míos, de que se deterioran los prados y de que se deteriora (fuerte
exclamación de Amparo) la naturaleza, cuando ellos mismos están haciendo desaparecer de
la creación la belleza de los campos y la hermosura de la obra de Dios. No hagáis caso,
hijos míos, os dije que Yo no permitiría que mi Madre dejase de plantar sus plantas
virginales en este lugar, la distancia es igual, hijos míos. La voz de los cristianos llega al
cielo y para Dios esta distancia es muy corta. Cantad alabanzas a María y rezad el Rosario y
no me defraudéis, hijos míos.

El mundo está corrompido y a veces, hija mía, no merecería la pena salvarlo; pero por ese
reducido grupo que hay de almas orantes, almas consagradas en los conventos, aquéllas
pocas que todavía quedan frescas y lozanas, por ese número de almas estigmatizadas que la
Divina Majestad de Dios escoge para los bienes espirituales, gracias a esas almas la
humanidad, (exclamación contenida de Amparo) la humanidad sigue viviendo en la tierra,
hija mía, si no ya se hubiera destruido el mundo. Pero Dios coge a sus almas. En cuanto hay
un reducido número de almas que oren con profundidad y con amor, Dios sigue
derramando gracias sobre la humanidad. Aunque los hombres son crueles, hija mía, y no
tienen compasión y pisotean mi Sangre, Yo derramo misericordia sobre ellos; pero también
aplicaré mi justicia, porque mi justicia será Santa.

AMPARO: Veo que la Iglesia va decayendo. Veo a muchos clérigos que no obedecen al
Santo Padre. ¡Ay, Dios mío!

EL SEÑOR: Por eso, hija mía, es necesaria una purificación en el mundo y aquellos que
aman a Dios y rezan con lo más profundo de su corazón, gustosos participarán de esa
purificación.

¡Cómo los hombres pierden el tiempo en buscar discordias, hijos míos, mientras sus
hermanos están muriendo de hambre y de frío por otros lugares! Quiero que pidáis por esas
guerras, hijos míos, porque los hombres hablan de la paz y les gustan las guerras.

Quiero que se saque la imagen de mi Madre en procesión y que se pida por esas guerras
para que acabe la violencia entre los hombres. Y no quiero que os abandonéis, hijos míos,
en la oración y en el sacrificio. Orad, hijos míos, orad; el mundo está necesitado de oración
y penitencia. La sociedad está pasando por el huerto de Getsemaní. Mi Iglesia agoniza y
quiero que haya una renovación en ella y que florezca mi Iglesia con sacerdotes santos que
prediquen el Evangelio. Pedid por aquel número de sacerdotes santos que llevan el
Evangelio con santidad y justicia; se mofan de ellos, hijos míos, pero hay que ser valientes;
los vasallos de Cristo tienen que coger la cruz y crucificarse con Él. Hay muchas formas de
crucificarse, hijos míos: aceptando el desprecio, la persecución, la calumnia; sed valientes
que Yo quiero un rebaño valiente, limpio y con la verdad. La verdad es Cristo; Él es la
vida; Él es la resurrección; Él es el camino.

LA VIRGEN: Por eso, hijos míos, os pido que vengáis a mi Inmaculado Corazón y Yo os
llevaré al Divino Corazón de Jesús. Yo soy Madre de amor, Madre de misericordia.

La Divina Majestad de Dios es tan buena y tan santa, hija mía, que, ¡cuántas veces, te lo he
dicho! que los hombres están hechos de amor, ¿cómo los hombres ("¡Ay!", de Amparo) son
tan crueles que han olvidado ese Mandamiento importante: Amarás a tu Dios con todo tu
corazón, con todas tus fuerzas y al prójimo como a ti mismo? Ese Mandamiento lo han
olvidado los hombres; y ven ficticiamente y viven las comodidades del mundo, ¡qué pena
de humanidad! Mira mi manto, hija mía, Yo soy la que protejo a mi Iglesia, soy Madre de
la Iglesia y la amo con todo mi Corazón, como os pido que la améis vosotros, hijos míos.
¿Ves, hija mía? en algunos templos sólo queda en pie el Sagrario. Los hombres se olvidan
de ser templos vivos, hija mía, porque acuden a los templos con las almas muertas, hija
mía; porque están llenos de pecados, llenos de soberbia y de lujuria y, donde está el pecado
y la mentira, no está Dios, sus almas están muertas. ¡Qué tristeza siente mi Corazón por
esas almas, hija mía! Yo seré con mi luz...

AMPARO: ¡Ay, llena de luz toda! ¡Ay, si parece el sol! ¡Ay, ay! ¡Cómo pisa a todos los
enemigos, montones y montones de secuaces del anticristo! ¡Ay, cómo los aprieta y caen!
¡La luz que trae la Virgen! ¡Ay, y con las Llagas de Jesús, parece un sol todo lo que se
envuelve en ese lugar! ¡Ay, ay, Dios mío! ¡Ay, ay, ay qué cosa, ay, que traspasa el alma!
¡Ay, que traspasa todo el ser! ¡Ay, Dios mío cómo penetra la luz! ¡Ay, qué grandeza, una
luz abrasadora, para todas las almas que quieran abrasarse en esa luz! ¡Ay, cómo protege
con ese manto lleno de luz a muchos sacerdotes que hay santos, que llevan el Evangelio.
Otros muchos se han quedado fuera del manto de la Santísima Virgen porque se mofan de
Ella y se ríen de la Pasión de Cristo.

LA VIRGEN: ¡Ay, hasta cuándo, almas ingratas, os va a estar avisando mi Corazón


Inmaculado, para que os salvéis! No déis mal ejemplo y dejad vuestro ministerio si no
cumplís con él. Os quiero almas santas, almas que caminéis por las pisadas de Cristo.
¿Hasta cuándo vais a ser capaces de estar haciendo tanto daño a las almas, hijos míos?

Y no os preocupéis, hijos míos, hay muchos lugares por todo este alrededor para rezar. No
abandonéis este lugar, pues seguiré manifestándome en él; mi Hijo así lo quiere, hijos míos.
Sed humildes, que Yo derramaré gracias sobre vuestras almas y sobre vuestros hogares.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantas ofensas hechas a la Divina Majestad de
Dios.

Quiero humildad y sacrificios; quiero que renunciéis a tantas comodidades del mundo,
quiero que andéis en la verdad, no en la tiniebla, hijos míos, en el enredo y en la mentira.
Los hijos de la luz están en la luz y los hijos de las tinieblas se esconden en los escondrijos
para maquinar el mal.

¡Ay, pobres de vosotros, qué difícil será vuestra salvación, hijos míos, si no cambiáis
vuestras vidas!

Amaos los unos a los otros, no forméis querellas, hijos míos. Cómo odiáis a los hijos de la
luz, porque no la veis, hijos míos, porque estáis en la tiniebla. Sed mansos y humildes de
corazón.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales para
vuestras pobres almas.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 5 DE MARZO DE 1994, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, el mensaje va a ser corto, porque ya lo he dicho todo a los hombres y mis
palabras, hija mía, las echan en olvido.

Alzad vuestros ojos al cielo, hijos míos, y contemplaréis la Divina mirada de Dios que os
protege. Trabajad para su Gloria, hijos míos, que todo el que trabaje para su Gloria recibirá
el fruto en la Eternidad. Yo mando operarios a esta Obra para que unos siembren y otros
recojan; pero que cada uno trabaje con alegría y con amor para glorificar a Dios.

Quiero que los hombres amen, no de lengua, sino de obra, porque muchas almas piensan
que sólo van a salvarse de palabra. ¡Ay de aquellos que tienen bienes en el mundo y ven a
sus hermanos padecer hambre y no abren sus entrañas para socorrerlos! No entrarán en el
Reino de los Cielos. Os quiero, hijos míos, con un solo corazón y una sola alma: amaos
unos a otros. ¡Ay de aquél que habla de su hermano y lo aborrece!, porque es un suicida y
los suicidas no entran en el Reino del Cielo. Amad a Dios con todo vuestro corazón, hijos
míos, y que las obras que hagáis salgan de lo más profundo de vuestra alma, que no os
sirvan para envaneceros.

He dicho que esta Obra la dejo en manos de todos. ¿Cómo os escondéis unos, hijos míos,
para ayudar a esta Obra? Y ¡Cómo la herís cuando oís una conversación de persecución!
Bienaventurados los que son perseguidos a causa de la justicia de Dios. Pensad en los
cristianos, hijos míos, que fueron perseguidos a muerte. Y vosotros queréis estar en las
cúpulas sin pasar por la persecución. ¡Ay, hijos míos!, cuando lleguéis arriba no habrá
halagos y no habrá alegrías, porque os gustan abajo, hijos míos. Haced las obras y
escondeos; os quiero ocultos, hijos míos.

Todo el que acuda a este lugar recibirá gracias muy especiales. Todo aquel que colabore a
esta Obra, Yo iré a recibirlo en la hora de la muerte.

Tened cuidado, hijos míos, que es el tiempo del anticristo y el anticristo anda de acá para
allá llamándose Cristo. Que nadie os engañe. Cristo vendrá en una nube lleno de gloria con
gran poder y gran majestad. No escuchéis cuando os digan que Cristo está aquí. Está el
anticristo y sus secuaces queriendo, hijos míos, apoderarse de la mayor parte de las almas.
No os dejéis engañar: hablará en varios idiomas, hijos míos, incluso hará milagros. Pero
Cristo viene de arriba, porque Él se fue arriba y el anticristo, hijos míos, saldrá de entre los
hombres de mala voluntad. Ya está haciendo estragos en el mundo.

Reuníos todos y alabad a Dios, y glorificadlo como los primeros cristianos.


EL SEÑOR: Hija mía, así vendré ("¡Ay!", gozoso de Amparo). Vendré lleno de gloria,
pero no dejaré mi cruz. Y esta señal se verá de todas las partes del mundo. Vendré lleno de
gloria y con ejércitos de ángeles.

AMPARO: ¡Ay, Dios mío! (Sigue expresando asombro) .

EL SEÑOR: Amad mucho nuestros Corazones; amad a María, porque María es el camino
para llegar a Jesús. (Nuevamente: "¡Ay!", de Amparo).

Amaos los unos a los otros. Éste es el Mandamiento de la salvación. El que no ama y no
tiene caridad con su hermano, no entrará en el Reino de los Cielos.

Mira qué belleza, hija mía; mira los ejércitos de ángeles; mira mi poder y mi Majestad.
(Pausa en la que se escuchan: "¡Ay, ah, ah...!" de Amparo).

Seguid acudiendo a este lugar, hijos míos, este lugar es sagrado; el Hijo de Dios vivo lo ha
escogido. ¿Cómo los mortales quieren emplear un poder temporal contra el Eterno? ¡Ay de
aquellos que se oponen en este camino!

¡Ay, hija mía, compadécete! (más ayes de Amparo) Su orgullo, su vanidad, su soberbia,
hija mía, no los deja humillarse. Pedid por ellos.

Pedid por el Papa, hijos míos, es muy perseguido, como fue Cristo, por decir las verdades.

LA VIRGEN:

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales para la
salvación de las almas.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

MENSAJE DEL DÍA 2 DE ABRIL DE 1994, PRIMER SÁBADO DE MES EN


PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hijos míos, mi Corazón viene muy triste y desconsolado, porque veo que los hombres me
rechazan de todos los lugares.

Todos aquellos que sois perseguidos, calumniados, no os desconsoléis y luchad, hijos míos,
con paciencia, energía y con amor. Pero gritad, hijos míos, que sois católicos de obras y
palabras.

¡Qué tristeza siente mi Corazón con este pueblo tan desagradecido!

EL SEÑOR:

Hijos míos, descargáis vuestros rencores por un pasado contra almas inocentes y pacíficas.
Levantaré mi mano y la descargaré sobre vosotros, porque todo el que me ama y me sigue
lo quiero más que a las niñas de mis ojos. Pero sois paganos, hijos míos, y los paganos no
aman a la Iglesia; y el que no ama a la Iglesia no entrará en el Reino del Cielo.

Hijos míos, revisad los mensajes, veréis cómo se están cumpliendo las profecías. Dije que
seréis golpeados, calumniados y echados; y así se ha cumplido, hijos míos, mi mensaje.

LA VIRGEN:

¡Ay, pueblo desagradecido, que habéis recibido gracias como los hijos de Israel, y las
habéis rechazado!

Ya te dije, hija mía, que no dejaría de manifestarme en este lugar y que el espíritu no tiene
distancia, porque tú me sigues viendo con el espíritu en el mismo lugar, hija mía.

Y hago un llamamiento a todos los que habéis acudido a este lugar y habéis recibido miles
y miles de gracias, que correspondáis a esas gracias, hijos míos; no tengáis miedo, no os
preocupéis tanto por el cuerpo; vale más el alma que el cuerpo, hijos míos, y no cambiéis la
eternidad por los miedos que os infunde el demonio. Yo seguiré derramando gracias muy
especiales para las almas. Pedid, hijos míos, por vuestros enemigos y amadlos con todo
vuestro corazón. Os repito, hijos míos, que son dignos de lástima; no buscan nada más que
discordia y enfrentar a los pueblos, y hermanos contra hermanos, y padres contra hijos. Ésta
también es una de las profecías: que los hijos se enfrentarán con los padres, las hermanas
con los hermanos, la nuera con la suegra y la suegra con la nuera, hijos míos. Es el tiempo
del anticristo, es su reinado; pero vosotros, hijos de la Iglesia, con la gracia de la Divina
Majestad de Dios, no os turbéis ni os desconsoléis; tened paciencia, hijos míos, y seguid
amándonos; y Yo seguiré manifestándome en el mismo lugar. Acudid de todas las partes
del mundo a rezar. Ahora, más que nunca, es necesaria la oración y el sacrificio, hijos míos.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantas ofensas como cometen a mi Inmaculado
Corazón.

Yo seré honrada y venerada por todas las generaciones; así está escrito y así se cumplirá,
hijos míos. Venid a mi Corazón, que Yo os llevaré al Corazón de mi Hijo.

EL SEÑOR: Y, ¡ay de aquéllos que dicen servir a la Iglesia y se dedican a discordias y a


enfrentar a unos contra otros!, más les valiera no haber nacido. ¿No has visto que mi mano
se ha descargado sobre ti? ¡Y todavía sigues incordiando, hijo mío, y formando discordia
entre el pueblo! ¡Pobre alma, qué compasión siente mi Corazón por ti, hijo mío!

Los hijos de la luz se unen a los hijos de la luz y los hijos de la tiniebla, también se unen,
hijos míos. Estás en el lado de las tinieblas y aparentas estar en la luz.

Pide mucho por él, hija mía, porque está ciego y no ve que mi mano se está descargando
sobre él y sigue con discordias y enfrentamientos. ¡Pobres almas, hija mía! Haz sacrificio y
penitencia por ellas.

Acudid a este lugar, hijos míos, no abandonéis el lugar donde mi Madre ha puesto sus
plantas virginales. Seréis protegidos, hijos míos, y vuestra arma que sea el Rosario y las
alabanzas a Dios, hijos míos.

LA VIRGEN: Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones
especiales.

Yo os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

MENSAJE DEL DÍA 7 DE MAYO DE 1994, PRIMER SÁBADO DE MES EN


PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN: Hija mía, aquí está vuestra Madre Dolorosa, que también participa de
vuestro dolor.

Pensad, hijos míos, que, aunque los hombres dicen y piensan en el pasado y en el futuro,
Yo estoy en el presente sufriendo con mis hijos; pues mi Hijo me dejó como Madre de los
mortales, y una madre sufre cuando ve sufrir a sus hijos. Hijos míos, tenéis que ser muy
humildes, pues la guerra, hijos míos, cuando los hombres malvados la empiezan, tardan en
acabarla. No tengáis miedo, tened gozo, porque Cristo os ama y Dios pone sus delicias en
vosotros y el pórtico del cielo está abierto para todos los que sufren y padecen persecución
por mi causa, hijos míos. Bienaventurados los que sois perseguidos a causa de la Justicia,
porque entraréis en el Reino de los Cielos.

¡Qué tristes están nuestros Corazones por la perversidad de los hombres! Conservaos en la
verdad, hijos míos; la verdad está en Cristo, y Cristo es la vida, y el que no está en Cristo
está muerto.

EL SEÑOR: ¡Ay, hombres malvados que habéis apostatado de vuestra fe y empleáis mi


nombre para vuestras maldades!. Los ángeles se entristecen cuando en vuestros labios oyen
la palabra de Dios, porque no la empleáis para convertiros ni arrepentiros, sino para hacer
el mal y dividir a los hombres. ¡Ay de aquéllos pastores de la Iglesia que en vez de dirigir a
las almas dirigen los partidos! Mi mano seguirá cayendo sobre ellos y aplicaré mi Justicia.
Yo soy testigo de vuestras maldades, de vuestra perversidad, hijos míos, de la persecución
hacia los cristianos; y el día del Juicio seré testigo de vuestras mentiras, vuestras calumnias.

(Pausa.) ¡Qué ingratos sois, hijos míos! Alimentáis vuestro vientre de la corrupción y de las
maldades y luego vuestra boca vomita ese mal que maquináis sobre la religión, hijos míos.
Dejad a los cristianos que cumplan su misión, y, si vosotros no entráis en el Reino de los
Cielos, dejad que entren ellos. No hay nada oculto, hijos míos, podéis averiguar, si tanto os
preocupa, hijos míos, ¿por qué no hacéis vosotros lo mismo: dejáis vuestros bienes a los
pobres y vivís como viven estas criaturas? ¡Yo os convertiré en yesca y haré arder la yesca
junto a vuestros pecados y cae...

AMPARO: ¡Ay! (se interrumpe la palabra por el lamento de Amparo)

EL SEÑOR: Caeréis reducidos en cenizas. ¡Cómo os dedicáis a dividir a los hombres de


buena voluntad! ¿Cómo, hijos míos, no pensáis nada más (que) en maquinar el mal; y
hacéis que los hijos (estén) contra los padres y las familias se pongan en contra, hijos míos?
Ya he repetido que soy testigo de todos vuestros males; y vuestros males serán juzgados,
porque han traspasado la bóveda del Cielo. ¿Hasta cuándo queréis estar persiguiendo a los
cristianos, hijos míos? Habláis del Dios de misericordia, y vosotros no sentís en vuestro
corazón nada más que odios y rencores. ¿Vosotros conocéis y aplicáis la misericordia; hijos
míos? ¿Cómo decís que Dios es misericordioso, que Dios no es justo? Dios aplica la
Justicia sobre los malvados y la misericordia sobre los justos y sobre los pecadores
arrepentidos. Dejad ya de dividir los pueblos y de armar contiendas, que sólo os preocupáis,
hijos míos, de maquinar el mal. (Pausa)

Vosotros, hijos míos, juntaos todos humildemente; orad mucho para ser fuertes y no
escuchéis sus palabras, porque quieren guerra, hijos míos; no os metáis en su guerra y en su
mentira.

Bebe unas gotas del cáliz del dolor, hija mía. (Amparo bebe el cáliz entre angustia y
arcadas.) Esta amargura siento Yo por la perversidad de la humanidad, hija mía; mira mi
rostro, cómo lo ponen los pecados de los hombres y, especialmente, hija mía, algunos
pastores infieles que se dedican a encizañar a los pueblos, en vez de poner paz y predicar el
Evangelio tal como está escrito, no como vosotros, algunos pastores, lo confundís. (Pausa
larga en la que Amparo expresa dolor.)

No hagáis caso, hijos míos, de palabras vanas, ni de insultos, ni ultrajes; sólo puede hablar
así el que no tiene a Dios, el que tiene dentro a Satanás, porque Dios es amor, Dios no es
discordia; y todo el que se dedica a la discordia y a la desunión está con Satanás, hijos
míos. Sed fuertes y orad, la oración lo puede todo.

¿De dónde queréis, ingratos, echar de un pueblo a unos cristianos, (que el único mal que
han cometido es dejar sus bienes para los pobres y recoger a los pobres) engañando a la
gente con calumnias y con mentiras? ¡Ay, pobres de vosotros, hasta dónde habéis llegado!
Vuestro odio y vuestro rencor se están consumiendo. No sólo queréis hacer desaparecer el
nombre de María, sino que queréis hacer desaparecer a los católicos, porque odiáis a Cristo.
No engañéis al pueblo, que el pueblo sabe, la mayoría, cómo sois, hijos míos.

Pueblo, no os dejéis engañar, ¿no veis que están llenos de mentira y de odio, hijos míos?

Desde niños enseñáis a vuestros hijos a odiar y a despreciar a las criaturas, ¿cómo vais a
tener paz dentro de vuestra alma? y soy Yo, el Hijo de Dios vivo, el que lo dice, porque Yo
tengo poder para manifestarme, donde quiero y cuando quiero, a los hombres. Yo vine a la
tierra con un mensaje de amor y los hombres han destruido ese mensaje, por odios y
guerras.

Amaos los unos a los otros como Yo os he amado; ése es el verdadero Mandamiento de la
Ley de Dios.

LA VIRGEN: Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos pecados como los hombres
cometen contra nuestros Corazones.

Mira, hija mía, mi Corazón está rodeado de espinas por todos ellos, y ¡qué profundidad
tienen las espinas!

Retiraos de las almas perversas y orad y haced sacrificios, hijos míos; la oración lo puede
todo.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales para la
salvación de las almas.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

MENSAJE DEL DÍA 4 DE JUNIO DE 1994, PRIMER SÁBADO DE MES EN


PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR:

Hija mía, te dije que la lucha iba a ser larga, y así actúan los hombres, hija mía. Todo aquél
que es buen cristiano, hija mía, y ama a Dios y lo sigue con todo su corazón, es perseguido.
Yo traje un decreto del Cielo que me dio mi Padre; era morir en la Cruz para enseñar a los
hombres el amor, para que los hombres se amasen como hermanos; pero las criaturas, hija
mía, con su soberbia y su altivez reniegan de Cristo; están metidos en un abismo de maldad
y de malicia y de odios que los deja ciegos y ellos mismos creen sus propias mentiras. Yo
bajé del Cielo y me hice hombre y me igualé al hombre en todo menos en el pecado, para
dar testimonio de la verdad. Pero, ¿qué ha hecho el hombre de todo esto, hija mía?; lo ha
desfigurado. No piensan en el amor, hija mía, sólo piensan en guerras sangrientas, donde
miles y miles de almas mueren inocentes.

Sed fuertes y no tengáis miedo; estoy más cerca de vosotros que nunca. Yo haré que
resplandezca la luz. ¿Cómo voy a permitir que los hijos de las tinieblas destruyan mis
obras? Reuníos todos y animaos unos a otros como los primeros cristianos. Era tanto el
amor que sentían unos por otros, que sólo los odiaban por ese amor que se tenían. Así
fueron caminando hacia el martirio, hija mía. Hay muchas maneras de ser mártires; a veces
la impiedad de los hombres y maldad, y la injusticia, las calumnias, pueden llegar a hacer
mártir a la criatura.

Cada día crece más el rebaño y, por eso, Satanás cada día está más revolucionado. Sois un
gran número, hijos míos, los que camináis por el camino de la verdad y del Evangelio, pues
el camino por el Evangelio es la verdad. Todo aquél que camina recto y seguro, practica el
Evangelio de Cristo. Hay pocas almas, hijos míos, que vivan el Evangelio como lo vivieron
aquellos cristianos. Por eso, hijos míos, que vuestra arma sea el Rosario y vuestra defensa
sea una justicia santa.

¡Ay pueblo! ¿Cómo sois capaces, hijos míos, de tratar a las criaturas con esta impiedad?
¿No veis, hijos míos, que los hombres de mala voluntad lo que quieren es dividir a los
hombres? ¿Qué os han hecho, estas criaturas, para que os comportéis con ellos así, hijos
míos? No os dejéis engañar, pueblo de Dios; pensad, hijos míos, que Satanás tiene mucha
astucia y, con palabras conquistadoras, os ofrecerán grandes cosas que luego no cumplirán.
¿Cómo Dios puede estar en esas almas que desunen, si Dios es unidad, si Dios vino a
enseñar a los hombres el amor?

Sed pacientes, hijos míos, que la luz resplandecerá. Si os he dicho que nada tenéis que
ocultar, nada temáis; Dios está por encima de todas las criaturas. Amaos como Yo os he
amado, dice el Señor: Amarás al Señor con todas tus fuerzas, con todo tu corazón y, al
prójimo, como a ti mismo. El que no ama al prójimo no ama a Dios.

¿Hasta dónde queréis llegar, criaturas despiadadas? Averiguad por todos los lugares, hijos
míos, que aquí no hay nada que no vaya encaminado al Evangelio. Para vosotros Cristo es
un sectario; y las sectas dividen, y estáis dividiendo a los pueblos con palabras mentirosas y
con maldades y rencores que tenéis dentro de vuestro corazón. Arrepentíos y convertíos que
todavía estáis a tiempo, hijos míos, pero no sembréis vuestras maldades entre los hombre,
porque vosotros odiáis al Creador.

Y vosotros, criaturas inocentes, que os dejáis arrastrar sin saber dónde os llevan con
promesas mentirosas y engañosas, ¿cómo os dejáis vender así, hijos míos, si el alma no
tiene precio? Guardad vuestra alma para el Creador, que el Creador la puso dentro de
vuestro cuerpo, hijos míos. No sembréis maldades ni mentiras. Amaos como buenos
cristianos, hijos míos, donde no hay paz no está Dios; y vosotros no hacéis nada más que
buscar la guerra, hijos míos. Amaos como hermanos, que Yo di mi vida por toda la
humanidad y no tuve distinciones de razas ni colores, hijos míos, porque todos fueron
creados por la mano del Creador. Respetad la libertad de los cristianos como ellos respetan
vuestra libertad.

Pedid por ellos, hijos míos, pues muchos siguen las patrañas del enemigo sin conocer las
verdades, hijos míos. Pedid para que vean la luz y no se contagien de la tiniebla.

Seguid acudiendo a este lugar, hijos míos y venid de todos los puntos del mundo, que Yo
derramaré gracias para todos vosotros, y pedid por vuestros enemigos, pues son dignos de
compasión. Sed humildes, hijos míos, pero defendeos con la justicia, con esa justicia santa,
no a golpes como ellos, porque el que a hierro mata, a hierro muere.

Para Mí no hay distancias, hijos míos, os he repetido. Os han quitado ese lugar sagrado,
pero Yo sigo en él y la distancia para el alma no existe; sólo existen las distancias para el
cuerpo. Por eso parece que las criaturas se han quedado sin alma y les gusta distanciar a los
cristianos. Reuníos todos y animaos, como aquellos primeros cristianos se animaban unos a
otros para ir al martirio. Yo estoy con vosotros, hijos míos, y la luz puede más que la
tiniebla. Y cada día voy derramando más gracias sobre las almas.

LA VIRGEN:

Hijos míos, mi Corazón dolorido sufre por todos vosotros; uníos a mi Corazón, pues Yo fui
Corredentora con Cristo del género humano; y ¿cómo una madre no va a sufrir por sus
hijos?

Sed pacientes, hijos míos, y humildes, y amad mucho nuestros Corazones. Amad a la
Iglesia con todo vuestro corazón, amad al Vicario de Cristo, amad a los sacerdotes, hijos
míos.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos pecados y tanta crueldad como tienen esos
corazones.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los
pobres pecadores.
Pedid por este pueblo, para que aquellos que no creen, crean y vean la luz de la verdad.

Yo os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

MENSAJE DEL DÍA 2 DE JULIO DE 1994, PRIMER SÁBADO DE MES EN


PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR:

Hija mía, ¿ves cómo a tu dolor hay una recompensa? Siempre te he dicho, hija mía, que
daré el ciento por uno a las almas. Yo te he dado ese ciento por uno. Nada te angustie, hija
mía; piensa que esos hombres de mal espíritu, que sus venganzas y sus odios los vuelcan
contra vosotros, hijos míos.

¡Pero cuántas veces voy a decir, que el Creador está por encima de la creatura! Hay
creaturas, hija mía, en la tierra que descienden del mal, que dentro de ellas hay un mal
espíritu. (Amparo expresa dolor con un "¡Ay!" repetido).

Al perder la gracia, el hombre se convirtió en una bestia, y Yo vine a morir en una cruz
para que su espíritu alcanzara la gracia, hija mía, pero muchos espíritus no quisieron recibir
esa gracia ni aun muriendo Yo por ellos. Por eso los hombres de mala voluntad actúan
como bestias contra vosotros, hijos míos.

No niegues la verdad, hija mía, ni tengas temores por las palabras de aquellos que hablan de
la Iglesia sin amar a la Iglesia; ¿cómo ellos van a entender de Iglesia si se encuentran en la
tiniebla, hija mía? Que ni la muerte ni la vida, ni los poderosos, que se creen poderosos en
la tierra, ni ninguna criatura te haga negar mi palabra, hija mía. Nada te asuste, hija mía, el
que está en la luz busca la luz y el que está en la tiniebla busca la tiniebla. ¿Cómo pueden
decir los hombres que Dios sólo es amor y que no es un catastrofista, hija mía? Son los
hombres los que cometen las catástrofes porque no aceptan la gracia; y poco entienden esas
almas de la palabra de Dios que está escrita. Yo dije que el Hijo de Dios vendría a formar la
guerra no la paz, contra aquellos hombres de mala voluntad, y que enfrentaría a la suegra
con la nuera, al padre contra el hijo, al hermano contra la hermana, y todo esto está
sucediendo en mi profecía, hija mía. ¿Cómo los hombres dicen que el mundo está mejor
que nunca y que hay una juventud bella y hermosa, cuando la juventud está corrupta, hija
mía, y en el mundo hay un cáncer que se va extendiendo cada día más, porque los hombres
no aceptan la palabra de Dios y ese cáncer sólo Dios puede curarlo? Todos aquellos que se
acerquen a Mí, aunque hayan puesto su mano sobre mi garganta y el látigo sobre mis
espaldas, les abriré los brazos. Pero, ¡ay de aquellos pastores que predican una doctrina fría
y confundida! ¡Ay, más les valiera no haber nacido, hija mía! Enfrentan a los hombres en
vez de enseñar al rebaño las verdades de el Evangelio. Dios es amor, pero Dios es justicia.

Hay un Cielo y un infierno, hijos míos, un cielo para los justos y un infierno para los
ingratos.

¡No, hija mía, Yo no soy el que los condena! se condenan ellos mismos, hija mía, porque
no aceptan mi Ley. Ellos se aplican la Ley a su manera y se dejan guiar por los espíritus
malignos, y luego se llaman hijos de la Iglesia.

¡Arrepentíos y convertíos, hijos míos, y haced penitencia! Si queréis llegar a Mí, tenéis,
hijos míos, que guardar mi Ley.

Las Leyes quedaron para los hombres, porque Yo mandé al Consolador para que consolase
a los hombres de buena voluntad; pero muchas almas ingratas han rechazado al Espíritu
Santo y se dedican, hija mía, a la mentira y a la hipocresía.

¿Qué clase de doctrina habéis aprendido, hijos míos?

¡Ay de aquéllos de mala voluntad que intentan hacer desaparecer el nombre de mi Madre
de este lugar! ¡Ay de aquellos pastores, repito, que predican una doctrina fría y falsa! ¡Ay
de aquéllos que no enseñan los Mandamientos, de aquéllos que se llaman Iglesia y se sirven
sólo de la Iglesia para negociar en Ella! Pedid por ellos, hijos míos, y no tengáis miedo,
porque Yo todos los días pido a mi Padre por vosotros; y el que está conmigo está con mi
Padre y el que no está conmigo no está con mi Padre.

Amaos los unos a los otros. Ése es el verdadero Mandamiento, no los odios ni los rencores,
ni las mentiras, ni las falsedades, ni la hipocresía. Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida, el
que me siga tendrá vida eterna.

LA VIRGEN: Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y tantos pecados como se
cometen en la humanidad.

Hija mía, sé muy humilde y nada te angustie. Nuestros Corazones están contigo, hija mía.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 6 DE AGOSTO DE 1994, PRIMER SÁBADO DE MES EN
PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hijos míos, vengo a deciros una vez más que os fortalezcáis en Cristo; Él tiene la fuerza y
el poder. Él es el Hijo de Dios vivo y Dios le ha dado poder y majestad para reunir a los
hombres.

SEÑOR: Ceñid vuestra cintura con la verdad; revestid vuestro espíritu de justicia; calzad
vuestros pies con celo por el Evangelio; buscad el estandarte de la Cruz; no hagáis caso de
serpientes que muerden el alma y la dañan. Guiaos, hijos míos, por el Evangelio. Habéis
tenido tiempos malos y vendrán tiempos peor, pero con la oración y con el sacrificio
venceréis la astucia del enemigo.

Yo os revestiré con una corona de chapitel a aquellos que sean fieles y celosos en mi
Evangelio y gozarán por su celo eternamente de las glorias de Dios.

LA VIRGEN: Sí, hijos míos, sed humildes, hijos míos, amaos unos a otros. No os durmáis,
hijos míos, y estad en vela, pues el demonio nunca duerme. Yo os prometo, hijos míos, por
tantas y tantas Avemarías rezadas a mi Corazón, cuando me rogáis: "ahora y en la hora de
mi muerte", que Yo no os abandonaré ni en esta hora ni en la otra. Pero tenéis que ser fieles
testigos de Cristo, hijos míos, y tenéis que renunciar a muchas cosas del mundo. No se
puede servir a dos señores, porque los hombres no se ocupan de Dios, porque están
sirviendo a otro señor que es el mundo; es el que arrastra a los hombres a la tiniebla.

Hija mía, tienes que ser firme; te dije que habías nacido para sufrir y cuando hoy repetías
unas palabras, hija mía, que te habían regalado un rosario sin Cristo y decías: "¿Tiene valor
la cruz sin Cristo?; falta el Crucificado en él". Crucifícate, hija mía, por el amor a los
hombres. Ahí falta el Crucificado, como tú has dicho, una cruz sin Cristo no tiene valor.

Mis palabras son cortas, hijos míos, porque ya he dicho tantas cosas. He venido a repetir el
Evangelio y los hombres siguen fríos y obstinados en los placeres del mundo y en las
vanidades.

Mira, hija mía, cómo está mi Inmaculado Corazón rodeado de espinas sangrantes que, están
tan profundas, que no podrás tocar ni una sola, hija mía. Las oraciones son tan pobres, de
los hombres, que no salen las espinas de mi Corazón.

Quiero que vuestras oraciones, hijos míos, salgan de lo más profundo de vuestro corazón.
Os pido humildad, hijos míos, si no tenéis humildad y caridad, por mucho que mováis
vuestros labios vuestras oraciones son vanas, hijos míos.

EL SEÑOR: Quiero formar un gran rebaño, hijos míos, y reuniros a todos; pero todos, con
la fuerza del Evangelio, sin miedos. Y retiraos de aquellas almas que os dañen, hijos míos.
Todo lo que dañe vuestra alma tenéis que arrancarlo y tirarlo muy lejos.

Levantad vuestro espíritu a Dios, vuestro Creador, Él ama a sus creaturas.

LA VIRGEN: Acudid a este lugar, hijos míos, que os sigo repitiendo que para mi Corazón
no hay distancias, hijos míos, la distancia es corta y las gracias las recibís igual, hijos míos,
desde aquel lugar que desde éste, hijos míos.

Sed firmes y luchad para caminar por el Evangelio de Cristo.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos pecados como se cometen en el mundo...
(pausa) y refúgiate en nuestros Corazones, y todo lo que obstaculice tu camino, retíralo,
hija mía.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales para el día
de las tinieblas.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

MENSAJE DEL DÍA 3 DE SEPTIEMBRE DE 1994, PRIMER SÁBADO DE MES


EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, quiero que des un consejo, lo primero, hija mía. (Luz Amparo se acerca a uno de
los presentes.)

Quiero, hijo mío, llevaros a Dios con un celo, un santo celo para que lleguéis a la Iglesia
como casta virgen que se desposa con un solo marido. No quiero, hijos míos, que os
prediquéis unos a otros, sino que vuestra predicación sea para la salvación de las almas.
Pensad que tenéis que ser pastores apóstoles de Cristo y no tenéis que separaros de la cepa.
El sarmiento tiene que estar unido a la cepa para alimentarse de Él.

EL SEÑOR: Mira, hija mía, todos los que se han separado de la Vid, dónde han parado. Se
han dejado tentar como Eva por Satanás y, el demonio ha hecho que Eva tiente a Adán. Y
así os pasará a vosotros, hijos míos. Quiero que seáis pastores de almas no falsos pastores.
Pensad, hijos míos, si Luzbel cayó en la tentación, ¿cómo pensáis vosotros que vais a estar
fortalecidos si Luzbel estaba junto a Dios y cayó?, vosotros que estáis ante los hombres
tenéis que alimentaros de la doctrina de Dios. La Iglesia la han desfigurado los hombres. La
Iglesia es fundada por Cristo; pero los hombres, los pastores que se han dejado tentar por la
astucia del enemigo, son los que están destruyendo la Iglesia.

Chupad de la Vid, hijos míos, y no os halaguéis unos a otros; perjudicáis vuestra propia
alma. La paz te dejo, hijo mío. (Pausa; Luz Amparo retrocede y cae de rodillas, como es su
posición habitual).

Y vosotros, hijos míos, Yo escudriñaré vuestras entrañas como os escudriño vuestros


corazones y, aquellos que sean fieles a mi Palabra y no nieguen mi Nombre y hagan buenas
obras, Yo pondré una piedra blanca en sus manos con un nombre que estará inscrito en el
Libro de la Vida.

Yo sé donde se esconden los hijos de Satán, hija mía. Mira, hija mía, cuantas almas se
condenan porque reniegan de su fe.

AMPARO: (Llora desconsoladamente y dice): Entre ellos hay sacerdotes... (Luz Amparo
aclara: y hay muchos conocidos).

Sí, hija mía, también hay almas consagradas, (el llanto de Amparo continúa por algún
tiempo) todo aquél que reniega de su fe, hija mía, vive en la guerra, en la desunión, en la
discordia; divide los pueblos, hija mía.

Por eso os pido que pidáis por ellos, hijos míos. Yo pondré una espada de dos filos en mi
boca, y haré justicia con los malvados.

¿No ves, hija mía, que están hechizados, que hay un hechicero entre ellos, que se dejan
hechizar? Sus corazones están hechizados y llenos de mentira y de odio.

¡Hasta dónde llega vuestro odio, hijos míos! Os haré beber de la amargura que beben los
cristianos.

¡Ay de aquellos que persiguen a los cristianos! Serán castigados gravemente, hijos míos.
Pero aquellos que los respetan y respetan mi Ley no serán dañados. Que nadie os turbe,
hijos míos, ni nada os angustie. Sed pacientes, hijos míos, esa es la insignia de Dios. Si sois
pacientes, hijos míos, veréis triunfar el nombre de Dios.

Quiero, hijos míos, que esta Obra se multiplique como las estrellas del cielo; así quiero que
se extienda mi Obra, hijos míos. Alimentaos de las gracias que derramo sobre vosotros. No
seáis infieles a tantos y tantos favores como habéis recibido, hijos míos.

Ya te lo he dicho, hija mía, en otras ocasiones, ¡cuántas almas han recibido gracias y qué
infidelidad a esas gracias! Tú sigue pidiendo por ellas y sigue pidiendo, hija mía, por los
pastores de mi Iglesia.

LA VIRGEN: Amad mucho al Santo Padre y amad a la Iglesia con todo vuestro corazón,
hijos míos.

¡Cuántas veces os he dicho que las distancias no cuentan para Mí! ¿Veis cómo Yo me
muevo entre vosotros, hijos míos? Yo seguiré derramando gracias para los pobres
pecadores. Amad nuestros Corazones que están muy ofendidos, hijos míos; amad el
Corazón Inmaculado de María y el Divino Corazón de Jesús.

Este lugar quedará bendecido, hijos míos, todos los que habéis colaborado en él, con la
Cruz del Redentor, hijos míos. Amaos en caridad, en caridad fraterna, amaos los unos a los
otros; enseñad la palabra de Dios a los hombres, que están sedientos de conocerla.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales, para la
conversión de los pobres pecadores.

Os bendigo, hijos míos; como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y tantos pecados como se cometen en el
mundo. (Pausa).

EL SEÑOR: Vuelve a besarlo, hija mía, no es ninguna humillación, hija mía, Yo puse la
cabeza en tierra muchas veces para orar. Adiós, hijos míos.

MENSAJE DEL DÍA 1° DE OCTUBRE DE 1994, PRIMER SÁBADO DE MES EN


PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, aquí estoy una vez más cumpliendo mi promesa de manifestarme a los hombres,
para derramar gracias sobre todos ellos. Aflige mi Corazón mucho la incomprensión de los
hombres, hija mía, ¿quiénes son los hombres para poner a Dios un límite?

EL SEÑOR:

Yo vine a salvar a la humanidad, soy el Hijo de Dios vivo, el Cristo Verbo hecho Hombre
para salvar a los hombres. Yo me manifiesto a las almas humildes y sencillas para
comunicarles mis misterios. Pero los hombres con su soberbia no aceptan que Yo me
manifieste a los humildes e incultos para revelar mis misterios, y se los oculte a los grandes
sabios y poderosos. Me manifiesto a los humildes, porque su humildad me llena de gozo y
entienden mejor mis palabras que los grandes y los poderosos. Su soberbia no les deja ver
que Yo revele a un alma sencilla los misterios de mi Iglesia. Tú no te aflijas, hija mía, y
habla con la misma sencillez; que Dios se manifiesta a los humildes y sencillos para
confundir a los poderosos. Las almas, hija mía, no buscan nada más que títulos y subir de
nombre, pero no subir su espíritu hacia el Creador; no entienden la doctrina, que Cristo
vino la primera vez a un pesebre a traer la luz al mundo. Y luego se ocultó en el Sagrario
para quedarse con los del mundo. Ahí está la grandeza del misterio de Dios. Y ¡cuántos
guías de la Iglesia confunden a las almas, porque no entienden o no quieren entender la
doctrina de Cristo!, y predican una doctrina pobre y no enseñan a las almas las grandes
riquezas que hay en la Iglesia. Hay canales que desembocan en fuentes de agua viva para
sanar a los hombres de todos sus males.

Acudid, hijos míos, a esa fuente y bebed de ella, porque todo el que beba de esa fuente no
morirá. Os preocupáis más por los alimentos corruptos que por el alimento incorrupto, hijos
míos. Ahí en mi Iglesia hay un alimento incorrupto, que todo el que come de ese alimento
vivirá eternamente. Y yo me valgo de las almas sencillas y humildes para derramar mis
gracias y mi amor y me refugio dentro de sus corazones, porque encuentro solaz en ellos
para olvidarme de los pecados de los hombres. ¡Hay tan pocos corazones humildes y
sencillos donde refugiarse!..., que cuando encuentro un corazón sencillo y humilde, lo
modelo a mi gusto y me refugio en él y me encuentro a gusto en él. ¡Es tan reducido el
número de almas capaces de olvidarse del mundo y de las cosas del mundo, para glorificar
a Dios, su Creador! También gozo de aquellas almas que se entregan a Mí con ese voto de
virginidad; me glorifican más que los ángeles, porque los ángeles no han luchado contra las
miserias para conservarse como los ángeles; y estas criaturas luchan contra las miserias
humanas y conservan su virginidad y su humildad. Tienen más mérito que los ángeles,
porque ellos no han conocido esas miserias. Por eso pido que todas esas almas que se han
entregado a Dios, su Creador, sean fieles y construyan su casa en el cielo, luchando contra
todas las tentaciones del enemigo. Dios es despreciado y ultrajado; por eso Yo escojo almas
para reparar los ultrajes que los hombres hacen a la Divina Majestad de Dios.

¡Hasta cuándo tengo que avisar; que no seáis soberbios y que Dios es el Creador y está por
encima de todas las creaturas!

LA VIRGEN:

Seguid acudiendo a este lugar, que recibiréis gracias muy especiales para vuestra salvación.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y tantos pecados como se cometen en el
mundo.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los
pobres moribundos.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 5 DE NOVIEMBRE DE 1994, PRIMER SÁBADO DE MES EN
PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR:

Hija mía, aquí está tu Jesús, mira mi rostro afeado por los pecados que siguen cometiendo
los hombres. ¡Mira cómo está mi rostro, mira cómo han puesto mi Cuerpo, hija mía!... Y
los hombres siguen sin hacer caso a mis mensajes ni a los mensajes de mi Pura y Santa
Madre. Sí, hija mía, el mundo está en un caos de corrupción; su corrupción transpasa las
bóvedas del cielo. Los gobernantes, hija mía, son corruptos, y quieren gobernar los pueblos
sin Dios; y cada uno piensa nada más que en el poder y en llenar sus graneros, sin ocuparse
de los graneros de los pobres que están vacíos. Las almas consagradas, hija mía, gran
número de ellas, ya te lo he dicho, hija mía, muchas veces, están marchitas; no quieren
cumplir con sus reglas ni con los compromisos que han adquirido con Dios; hay un
relajamiento en los Conventos. La juventud, hija mía, está desenfrenada en las pasiones de
la carne y del alcohol y de las drogas. Gran número de pastores de mi Iglesia son infieles a
su ministerio y a su vocación. Yo llamo a la puerta de mis pastores, hija mía, y no me abren
la puerta, cierran sus oídos; si abriesen la puerta, Yo entraría en sus corazones y me
comunicaría con ellos y comería con ellos y les enseñaría mis misterios. Pero, ¡ay,
ingratos!, ¿cómo podéis juzgar si estáis ciegos? ¿Cómo vais a poder comprender que la
Divina Majestad de Dios se manifiesta a los humildes, a los incultos, para confundiros en
vuestra soberbia? ¿Cómo queréis, hijos míos, condicionar a Dios, a quién tiene que
manifestarse y qué palabras tiene que hablar a las almas? Yo comunico mi Palabra a las
almas y las escojo por miserables, y se dejan moldear por mis manos. Pero los sabios y
poderosos no los deja su soberbia ver porque tienen una viga en el ojo y no pueden ver, hija
mía. ¿Tendrán que quitarse esa viga para ver la paja?

¡Necios! ¿Hasta cuándo, hasta cuándo queréis condicionar a Dios, hijos míos, que coláis el
mosquito y os tragáis el camello? ¿Cómo os angustian unas palabras que no van contra Mí
y no os angustia la situación de vuestras almas y la situación del mundo? Mandad oración y
penitencia a las almas; que vosotros podéis, hijos míos, con vuestro ejemplo, sostener la ira
de Dios. Pero ¿cómo os rebeláis contra la Divina Misericordia de Dios?

Esta generación no es digna de mi perdón y de mis gracias, pero por aquel número reducido
de almas que viven el Evangelio, por aquel número pequeño que viven escondidos
cumpliendo con las Leyes de Dios, voy a derramar mi Misericordia. Voy a dar otra
oportunidad a las almas haciendo una llamada a la oración y a la penitencia.

¡Necios!, ¿hasta cuándo os van a estar avisando que estáis ciegos y un ciego no puede guiar
a otro ciego? Sed fieles ministros de la Iglesia y llevad a las almas por el camino del
Evangelio y la Verdad.
Hija mía, tú no tengas miedo ni te acobardes; di las palabras como se te comunican, hija
mía. Piensa que Yo me he fijado en tus miserias, en tu nada; que Yo te amo, hija mía, y el
amor no puede temer. Sé humilde, hija mía; no me gusta la soberbia. Ya te avisé, hija mía,
que tendrías pruebas muy duras, más duras que las que habías pasado; ésta es la prueba más
dura porque va contra los que se llaman míos.

Dejad a las almas, hijos míos; si no van contra Mí están conmigo. ¿Por qué os empeñáis en
destruir mi Obra? Vuestro orgullo y vuestra soberbia os deja ciegos.

También las conversiones se copian, hija mía; también los frutos que salen de mis gracias
son copiados.

¡Ciegos! que estáis ciegos y no queréis ver ni oír. No queréis que mi Obra se extienda como
las estrellas; por eso estáis poniendo impedimentos en ella. Dejad a Dios que obre como
quiera, cuando quiera y en quien quiera.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de esa soberbia que tienen los hombres; tú tienes que
repararla, hija mía, para no descargar mi cólera sobre ellos. (Pausa.)

¿Hasta cuándo todo un Dios tiene que estar dando avisos a las almas? No hacen caso de mi
Misericordia ni de mi Justicia.

Todo el que acuda a este lugar recibirá gracias especiales para su alma y su cuerpo. Y que
vuestra oración, hijos míos, sea rica, no sea pobre; que salga de lo más profundo de vuestro
corazón.

LA VIRGEN: Acudid a este lugar, que Yo seguiré bendiciéndoos, hijos míos. Levantad
todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

MENSAJE DEL DÍA 3 DE DICIEMBRE DE 1994, EN PRADO NUEVO DE EL


ESCORIAL

(MADRID)

PRIMER SÁBADO DE MES

Sí, hijos míos, éste es el perfume de los bienaventurados.

Hijos míos, vuelvo a repetir que el mundo está hundido. Muchos gobernantes de los
pueblos -corruptores de ellos y corruptores de la juventud- con promesas que no cumplen y
con palabras de engaño, conquistan a la juventud. Sí, hija mía, para sus fines diabólicos.
Los hombres han perdido la mirada de Dios, buscan cosas que Yo no les he prometido en
mi Evangelio. Yo soy Divino y los hombres no me ven como Divino; y como soy Divino
soy purificador. Yo vendré a purificar la tierra. Quiero acrisolar a los hombres como al oro.
Yo vendré a poner fuego a la tierra y arderá toda.

¡Ay, ingratos, cómo os reís de mis palabras y de mis mensajes! ¿Hasta cuándo la Divina
Majestad de Dios tiene que avisar a los hombres? Mi voz es como juez y mis Palabras son
de Justicia.

Ya he dicho todo lo que tenía que decir, hijos míos, y los hombres siguen obstinados en el
pecado. Yo haré retirar el grano de la tierra; haré que metan los trigos en los graneros y
prenderé fuego a la cizaña.

¿Hasta cuándo, corruptores de los pueblos, queréis desafiar a la Divina Majestad de Dios?

Aquellos que cumplís mis leyes, permaneced unidos, hijos míos, que vuestra conducta sea
santa, y permaneced en oración, en penitencia y en sacrificio; combatid al enemigo con
buenas obras. No os importe que os llamen fanáticos, hijos míos, que os llamen locos, que
os llamen despreciables. Cumplid mis Leyes, hijos míos, y coged el arma del Evangelio
para que nadie os confunda: "Tuve hambre y me disteis de comer, estuve desnudo y me
vestisteis, en la cárcel y me visitasteis..."

Sí, hija mía, ahí se conocerá quién cumple mi Evangelio. El que no está conmigo está
contra Mí; el que quiere seguirme tiene que coger su cruz, negarse a sí mismo y seguir mis
pasos. Ahí está la Ley, que nadie os confunda, hijos míos. El que quiere a su padre, a su
madre, a su hermano, a su hermana más que a Mí, no es digno de llamarse hijo mío; ése es
el Evangelio, hijos míos. Que nadie os confunda. Ahí está toda la Palabra de todo un Dios.
Amaos los unos a los otros y permaneced unidos, que nada os afectará. Pero ya es hora de
segar la cizaña y traspasar el trigo a los graneros.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y tantos pecados como se cometen en el
mundo.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales para el día
de las tinieblas.

Todo el que acuda a este lugar recibirá gracias muy especiales.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espiritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 2 DE ENERO DEL 1993, PRIMER SÁBADO DE MES, EN
PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR:

No busquéis, hijos míos, nada más que el reino del Señor Dios aquí en la tierra pues lo
demás se os dará por añadidura. Reuníos todos los cristianos hijos míos y formad un gran
rebaño para defender mi Iglesia. Todos unidos invocad al Espíritu Santo y orad, hijos míos,
para que no venga la tentación a vosotros. Defended a mi Iglesia y vuestra Iglesia y a los
componentes de ella, hijos míos. Los hombres quieren hacer desaparecer de la tierra la
Palabra de Dios; ¡cuidado, hijos míos, que el rey de las tinieblas quiere apoderarse de la
humanidad! ¡Despertad aquellos que estáis dormidos, estad alerta, hijos míos! Todos juntos
podéis formar un gran rebaño. Las malas lecturas, hijos míos, y los malos libros
confundirán a la humanidad. ¡No hagáis caso, hijos míos!

El Verbo vive en el seno del Padre; Él no es engendrado de Adán; Él es nacido de una


Virgen sin pecado, de una Virgen pura e inmaculada. En El no existe el pecado original ni
el actual. El Verbo vive en la divinidad; se hace carne y muere para resucitar a los hombres
del pecado. Y El muere para que el hombre viva, pero en El no existe la concupiscencia de
la carne ni los estímulos, hija mía, de las pasiones. (Pausa) Todo en Él es divino, aunque en
El hay parte humana. ¡Que nadie os engañe, hijos míos!; El vino a vosotros para que
participéis todos aquellos de buena voluntad en el reino del Padre. Mira, hija mía, en el
reino del Padre hay muchas moradas; mira, hoy vas a ver una de ellas. En ésta están, hija
mía, aunque en menos visibilidad, aquellos de otras doctrinas que creen en un sólo Dios y
respetan las Leyes del Padre, aunque no participan de la morada de los verdaderos
cristianos y viven en menos visibilidad que los otros. Pero mira, también son felices; viven
revoloteando ejércitos y ejércitos de ángeles por encima de ellos (Pausa).

La misericordia de Dios es grande. Pero mira, hija mía, la grandeza que hay en este otro
lugar, donde los verdaderos católicos practicantes, bienaventurados mártires, participan de
la gran Divinidad. Mira, hija mía, el que llega a este lugar, bebe de esta fuente y se abre su
inteligencia, y sus sentidos no existen, (Amparo emite un ¡¡Ay!! gozoso), porque las
potencias se le han abierto al beber de esta fuente, que ven las grandezas.

AMPARO:¡Ay! ¡Ay, qué perfumes, qué rosas, qué jardines, qué prados! ¡Ay, qué frutos
hay en estos árboles! ¡Ay, ay, ay...!

EL SEÑOR: Todos quiere la divina majestad de Dios que pasen por el Paraíso que Dios
preparó para la primera pareja y gocen de todo lo que había creado para ellos.

AMPARO: Con expresión de gran gozo: ¡Ay, ay...! ¡Hay de toda clase de frutos, flores,
arroyos,! ¡ay!, riachuelos... ¡Ay, esto no tiene fin!, son praderas sin final, ¡ay, qué ramajes
de flores de colores! Todos están vestidos con vestiduras de todos los colores. ¡Ay...! ¡Ay,
qué grandeza! ¡Ay, ay, ay, ay!

EL SEÑOR: Aquí, en estas grandezas es donde Dios puso al hombre, hija mía. (Amparo
sigue emitiendo gran gozo). Por eso quiere Dios que el alma participe primero de este lugar
y coma de todos estos frutos sabrosos y respire el aire puro que existe en este lugar.

AMPARO: ¡Ay, ay... ay! (Con extraordinaria admiración)

EL SEÑOR: Ni el animal, ni la fiera, ni las criaturas, ni las piedras preciosas, ni el oro, le


hacen falta al hombre para subsistir en este lugar; pero todo eso está aquí, y al hombre no le
hace falta ni venderlo, -gozo de Amparo-, ni cogerlo, hija mía, sólo es para gozarlo.

AMPARO: ¡Qué grandezas, Dios mío! ¿Cómo el hombre fue capaz de dejar esta grandeza
para meterse en la oscuridad? Por eso... ¡Ay, Dios mío, qué grande eres! Por eso avisas
tantas veces al hombre.

EL SEÑOR: Por eso quiero que se despierten los que están dormidos, para que gocen
todos juntos. Hija mía, tú eres el instrumento que he puesto para contar estas maravillas.
Por eso en la prueba, hija mía, se abre más tu inteligencia y avanzas más hacia la sabiduría,
para que puedas explicar las grandezas que ha creado Dios para la creatura. Y aún hay otras
grandezas mayores después de este lugar, hija mía.

AMPARO: ¡Ay, Dios mío!...

EL SEÑOR: Por eso os pido, hijos míos, ¡no os apeguéis tanto a la materia, para que todos
juntos podáis vivir en este lugar! Aquí nadie se cansa.

AMPARO: ¡Ay, ay...! Todo lo que existe aquí es belleza y grandeza.

EL SEÑOR: Mirad, hijos míos, si el Creador quiere a su creatura y por qué no quiso
destruir a su creatura; porque quiere que participe del Edén que creó para él. Por eso, hijos
míos, tenéis que luchar contra vosotros mismos, renunciad a los apetitos carnales que
Satanás os muestra y aquél que forme pareja que la forme santamente y con el amor que
sale del Costado de Cristo. ¡Hay tan pocos seres humanos que se aman! Si ésta es la señal
de Dios, el amor, inflamad vuestros corazones, 'hijos míos, (gozo de Amparo), amaos unos
a otros, que ésta es mi señal: os conocerán por el amor. Que no haya entre vosotros
discordias, que os améis como hermanos.

LA VIRGEN: Levántate, hija mía, (pausa), adora a la divina majestad de Dios. (Pausa
larga) Canta a la divina majestad. (Amparo canta en idioma desconocido)

Cantad y alabad a Dios, hijos míos, a Dios le gusta que se le cante y se le alabe. Voy a
derramar muchas gracias sobre este lugar. Hijos míos, acudid a él, y todos los que acudáis
recibiréis gracias en abundancia.
Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones muy especiales. Esto
servirá para inflamar los corazones del amor de Dios y para los moribundos.

Arrodíllate.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu.
Santo.

MENSAJE DEL DÍA 6 DE FEBRERO DE 1993, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, ¡cuánto sufre mi Corazón, por tantos y tantos males como hay en el mundo! La
maldad de los hombres, hija mía, ha convertido el mundo en escenario de crímenes, en
escenario de violencias, en escenario de odios, hija mía. El espanto de los hombres, hija
mía, es terrible, pero ni aún en este espanto miran con una mirada compasiva la divina
Majestad de Dios. Dicen que Dios no sufre, hija mía; Dios sufre por sus creaturas como
cualquier padre sufre por sus hijos. Mira la divina Majestad de Dios, cómo los ultrajes de
los hombres la han dejado, hija mía. (Pausa, en la que en tono bajo se queja Amparo) . La
mayor parte de los hombres han apostatado de su fe; se llaman católicos de nombre, hija
mía, pero no conocen la doctrina; los hombres no conocen a Dios. Ora mucho, hija mía,
para que los hombres derritan ese hielo que llevan en el corazón y lo abran a la divina
Majestad de Dios. Por eso está mi Corazón entristecido y dolorido. ¿Cómo los hombres
dicen que a qué vengo a manifestarme tantas veces? Vengo a recordar a los hombres la
verdad del Evangelio, porque la verdad está escondida; cada uno se aplica el Evangelio
según le conviene. Pero, hijos míos, si el Evangelio es la vida, la verdad. ¿Hasta cuándo,
hijos míos, hasta cuándo vais a tener vuestro corazón endurecido en las maldades del
mundo? Dejad de ofender a Dios, hijos míos, pues Dios es misericordia, pero su justicia
será terrible ante los hombres.

EL SEÑOR:

¡Ay, vosotros gobernantes de los pueblos que gobernáis sin Dios! Sin Dios el hombre no
puede gobernar. ¡Ay, vosotros, que habéis negado vuestra fe! Y el arma de vuestras
mentiras, vuestras hipocresías, hijos míos, y vuestras ideologías, quieren hacer desaparecer
todo principio divino. Pero, ¿cómo el hombre puede pensar que tiene más poder que Dios,
si Dios es el Creador y el hombre es la creatura? ¡Ay de vosotros, mentirosos y engañosos
que arrastráis a la mayor parte de la humanidad a la tiniebla y a la oscuridad! Sois sagaces,
sois hijos de la tiniebla y trabajáis en la oscuridad; pero todo el que trabaja en la oscuridad,
Dios lo saca a la luz.

No os durmáis vosotros, hijos míos, que los hijos de las tinieblas trabajan de noche para
destruir el santo Nombre de Dios. Han renegado de su fe y se han dejado llevar por el
enemigo, por el poder y el orgullo. ¡Ay cuando os presentéis ante la divina Majestad de
Dios! ...

Y vosotros, jóvenes, sed celosos del Evangelio y reuníos todos e id extendiéndolo por todo
el mundo, que los hijos de las tinieblas no puedan más que los hijos de la luz; llevad la luz
por todo el mundo. Os llaman sectarios, hijos míos, pero, ¿qué entienden ellos de sectas?;
las sectas son las que separan a los hombres del Evangelio y de las fuentes vivas de la
Iglesia; esos son las sectas, los que están separados de la Iglesia. Como no entienden la
doctrina, a los cristianos les llaman sectarios, y ellos, que viven separados de la Iglesia, no
se reconocen como sectas. ¡Ay de todos aquéllos que renegáis del santo temor de Dios!

Id de pueblo en pueblo vosotros y tocad los corazones dormidos y despertad la fe en los


hogares. Que todo aquel que se llama católico apostólico, practique la doctrina de Cristo.
No miréis lo que os van a decir aquí o allí; vais acompañados de vuestros Ángeles
Custodios. Los hombres tienen poca devoción a los ángeles custodios. Y son los que todos
los días los protegen de las maldades del enemigo y presentan a Dios todas sus obras y
sacrificios; ellos mismos lo escriben en el libro de la vida. Pero ¡tened cuidado!, que hay
ángeles del bien y ángeles del mal. No os dejéis arrastrar por los ángeles del mal. Hoy todos
los Ángeles Custodios estarán con todos vosotros.

AMPARO: (Llena de admiración) ¡Ay, ay, ay, qué belleza... ay!

EL SEÑOR: Cada uno tiene su Ángel Custodio. Encomendad vuestra alma diariamente a
èl , pero no os apliquéis el Evangelio según vuestros gustos y vuestros caprichos, hijos
míos, pensad siempre: Cristo pobre, Cristo en la Cruz; ése es el verdadero Evangelio, hijos
míos. Todo el que quiere seguir a Cristo tiene que despojarse de sí mismo y de sus cosas
para seguirle; no se puede servir a dos señores a la vez, al mundo, a sus cosas y a Dios; si el
hombre está ocupado en el mundo, no puede ocuparse de las cosas de Dios. Trabajad, orad,
para la gloria de Dios y para la vuestra propia. El hombre perdió el paraíso por la soberbia,
por el orgullo, por la desobediencia; y con la humildad, con la sencillez, con la pobreza y
con la obediencia lo volverá a recuperar.

Amaos los unos a los otros, hijos míos, este Mandamiento es el más importante, el del
amor; porque el que ama a Dios ama al prójimo, y el que ama a Dios no hace daño al
prójimo.

Y vosotros, hijos míos, ¡ay! cuando os presentéis ante Dios, por no haber cumplido las
leyes... ¿Quién se salvará? -me preguntaban Yo respondía: El que guarde los
mandamientos. El que no guarde los Mandamientos no entrará en el Reino de los cielos;
será maldito. Venid todos los que estáis cargados y agobiados que Yo seré vuestro alivio y
vuestro consuelo.

Extended el Evangelio por todas las partes del mundo, pero sin fanatismos, hijos míos, con
sencillez; y si llegáis a un pueblo y no quieren escuchar mi Palabra, ¡sacudios ahí, hijos
míos! y no echéis las cosas de Dios a los cerdos. Idos a otro lugar y conquistad almas para
el cielo. Amad mucho a la Iglesia, hijos míos, y pedid por los que la componen.

Todo el que acuda a este lugar, recibirá gracias especiales de cuerpo y alma. No os
abandonéis en la oración, orad, que los hombres están faltos de oración y de sacrificio;
amaos unos a otros, esto es muy importante hijos míos, el amor es el fruto de la caridad.

Tú, hija mía sé humilde. Besa el suelo en reparación de todos los pecados que se cometen
en el mundo.

Formad comunidades, hijos míos, y vivid como los primeros cristianos, despojaos de las
riquezas del mundo y del mundo; el mundo vive en tinieblas por los egoísmos; no piensan
nada más que en la hacienda y en el tesoro. ¡Ay!, que vuestro tesoro esté en el Reino de los
cielos, hijos míos, no pongáis vuestro tesoro en la tierra, que por ese tesoro podéis perder el
tesoro eterno, por el tesoro material. No os hagáis los sordos, hijos míos; éste es el
Evangelio: Es más difícil que entre un rico en el Reino de los cielos, que un camello por el
ojo de una aguja. ¿Hasta cuándo tengo qué avisar a los hombres, que no viven el Evangelio
que cada uno vive para sí mismo, sin acordarse del otro y sin despojarse de su rango? Si
Yo, el Hijo de Dios vivo, me despojé de mi rango para que el hombre se despojase y
pudiese participar eternamente de los dones divinos ¿cómo el hombre se cree más que su
Creador?

Imitad a Cristo, hijos míos, no viváis en comodidades, vivid en comunidades y no os


apeguéis a la materia. Los males que hay en el mundo son a causa de la materia, ya sea de
carne, ya sea de dinero, ya sea de haciendas; el hombre vive materializado, -no está
espiritualizado. El hombre se cree que sólo está hecho de carne y vive según la carne, no
según el espíritu. Vivid según el espíritu, hijos míos, no viváis según la materia. Orad,
sacrificaos, si queréis vivir el Evangelio, hijos míos; es el camino de la salvación; no
queráis entrar por la puerta de la felicidad eterna, habiendo tenido la felicidad en la tierra.
El hombre sin Dios no es feliz. ¡ay habitantes de la tierra! ¿hasta cuándo todo un Dios tiene
que dar avisos para vuestra salvación? Estáis ciegos, no veis la situación del mundo, no veis
que el mundo está corrompido por las maldades de los hombres, hijos míos. ¡Despertad!,
despertad de ese letargo, hijos míos, y mirad al cielo; no os quedéis en el tiempo. Amad a la
Iglesia, amad al Papa, hijos míos; no os importen ni la persecución ni la calumnia; todo el
que vive el Evangelio es perseguido, pero repito que no es más el discípulo que el Maestro.
LA VIRGEN: Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo con
el Espíritu Santo.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales.

AMPARO: Te pido Señor, por un alma que han operado de corazón y por otras que tienen
cáncer que se haga tu voluntad en todo.

Todos los objetos han sido bendecidos con bendiciones especiales para cuerpo y alma.

La paz os dejo, hijos míos.

MENSAJE DEL DÍA 6 DE MARZO DE 1993, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Velad, hijos míos, por este lugar. (Pausa larga)

Besa el suelo, hija mía, en reparación de las ofensas hechas al Inmaculado Corazón de
María.

Aquí estoy como Madre de amor y misericordia, como Madre de todos los pecadores.
Velad, hijos míos, por este lugar; que los hombres ingratos quieren hacer desaparecer mi
Nombre de él.

¡Cuántas veces te dije, hija mía, que donde no está María no está Jesús!; son dos corazones
en uno. Si dentro de mis entrañas vino la luz al mundo. ¿Cómo los hombres quieren hacer
desaparecer a la Madre de Dios que trajo la luz al mundo para el bien de la humanidad? Los
hombres quieren destruir todas las cosas creadas por Dios, hija mía. Dios dio al hombre una
inteligencia para que comprendiera los misterios de la naturaleza; dejó grandes tesoros para
que cuando un día necesitase el hombre de esos tesoros, de esas grandes riquezas, las
aprovechara para el bien de toda la humanidad; pero el hombre ha hecho mal uso de esas
riquezas. Dios dejó al hombre la tierra en sus manos para que siguiera su obra creadora;
pero el hombre no coopera con Dios, hija mía, quiere hacer desaparecer toda la belleza de
la creación. ¿Qué es de los campos, hija mía, qué es de la imagen del campesino?; el
hombre quiere hacer desaparecer esa imagen noble del campesino. Dios quiere que el
hombre cultive la tierra y la surque con sus manos, que ponga la mano en el arado y la labre
para sacar fruto para todos sus hermanos; y los hombres cada día buscan las ciudades y
abandonan los campos donde el hombre se comunica más con Dios. La imagen del
campesino, hija mía, se levanta de madrugada y su corazón lo eleva hacia el Creador;
curtida su piel y encallecidas sus manos, Dios bendice ese trabajo tan hermoso de la
creación; pero el hombre está intentando hacer desaparecer toda esa belleza creada por
Dios. ¿Hasta dónde vais a llegar, creaturas? Sembrad los campos, sembrad cosechas, hijos
míos, que Yo bendeciré vuestras cosechas y sus frutos serán en abundancia. Vosotros vivid
en comunidades y sembrad la tierra, y no busquéis ciudades donde dañan el alma por los
pecados del cuerpo. Los hombres quieren liberarse de los principios de sus antepasados y se
introducen en el veneno de las ciudades donde van dañando sus cuerpos y sus almas. ¡Ay
creaturas del Señor, qué ciegos estáis hijos míos! Trabajad todos juntos, que trabajando
todos juntos os reconoceréis como hermanos. Si trabajáis juntos, hijos míos, vuestros
corazones estarán unidos y todos participaréis de la misma fe, de la misma esperanza, de la
misma caridad, del mismo dolor y sufrimiento y de las mismas alegrías. ¡Qué grandezas
tienen los hombres que pueden compartir todas estas cosas, hijos míos! ¿No os dais cuenta
que quiero que todo mi rebaño esté unido y no se vaya por prados desconocidos? Quiero
que todos pasten en mi mismo prado y coman de este mismo alimento. No comáis
alimentos venenosos, hijos míos, que antes o después son mortíferos. Estad juntos, como
hermanos, y defended a la Iglesia y a los componentes de ella, hijos míos. Los tiempos van
a ser graves para mi Iglesia, porque los hombres quieren hacer desaparecer todos los
principios religiosos. Pero, hombres de poca fe, ciegos, topos, ¿cómo podéis vivir sin Dios?

Orad mucho, hijos míos, y reuníos todos y hablad de Dios como buenos cristianos. ¡No
permitáis que desaparezca el Nombre de María de este lugar! Luchad, hijos míos, y orad y
sacrificaos.

Todos los que acudan a este lugar recibirán gracias muy especiales de cuerpo y alma.

Orad, orad para no caer en tentación, hijos míos.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de los ultrajes al Corazón Divino de Jesús y al
Corazón Inmaculado de María.

Orad unos por otros, hijos míos, y vivid el Evangelio tal como está escrito, no viváis según
vuestros gustos, sino según el espíritu de Dios, hijos míos.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales para la
conversión de los pobres pecadores.

Todos han sido bendecidos con bendiciones especiales para los pobres pecadores.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 3 DE ABRIL DE 1993, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Aquí está vuestra Madre, hijos míos, llena de amor y misericordia. Prometí no dejar de
pisar este lugar. Muchas almas se convierten en este lugar, hija mía, ¿cómo los hombres son
capaces de querer hacer desaparecer mi Nombre de este lugar? Yo estaré presente siempre
en este lugar, aunque los hombres quieran hacer desaparecer mi Nombre. ¡Qué pena me dan
esos hijos que se engendraron dentro del vientre de sus madres con el espíritu de Dios y
cómo han apostatado al nombre de Dios! Orad, hijos míos, ¿cómo sois capaces de vivir sin
Dios?; no gobernaréis santamente ni aplicaréis las leyes justas, hijos míos. Tomad el
ejemplo de vuestros padres; todavía tenéis tiempo para volver a Mí.

EL SEÑOR:

Y vosotros, hijos míos, todos los que seguís esta Obra, alzad vuestra mirada al cielo y
clavad vuestros ojos en Aquél que os ha creado; no desmayéis ni os aflijáis; seréis
perseguidos, hijos míos, intentarán destruiros, pero no temáis, Yo estoy con vosotros; ¿a
quién podéis temer estando Dios con vosotros, hijos míos? Yo soy el Creador y estoy por
encima de la creatura, y derribo a los poderosos de su trono, de su poder, y ensalzo a los
humildes de corazón. Vais a ser perseguidos, hijos míos, pensad que lo único que quieren
es hacer desaparecer nuestros Nombres. Si han apostatado de su fe, han renegado de Dios,
¿qué esperáis de ellos, hijos míos?; ni aplicarán la justicia santa, ni reinará la paz entre
ellos. Los hijos de la iniquidad cuando se hacen apóstatas no piensan nada más que en
destruir; piensan en ellos mismos, hijos míos, no les importan los pobres ni los
menesterosos, ¡me dan tanta pena esas almas!; sólo viven por un ideal y por un poder, están
vacíos de Dios, hijos míos. Pedid por ellos, ¿creéis que ellos pueden ser felices? Yo como
Pastor reuniré a todas mis ovejas y formaré un gran rebaño, y apartaré a los machos cabríos
de las ovejas, y recogeré a los corderos y los apretaré contra mi seno y los transportaré a un
lugar seguro y volveré a por las madres paridas que han querido dar a luz a sus hijos y han
cumplido mis Leyes y mi doctrina; y los transportaré a un monte muy alto donde serán
instruidos de mi doctrina y donde todos os conoceréis porque todos tendréis mi señal.
Todos los que acudáis a este lugar seréis señalados, hijos míos, extenderé un toldo sobre
vosotros y quedaréis protegidos de la maldad de vuestros enemigos. No temáis, hijos míos,
defendeos y luchad con amor, con caridad, pero no os dejéis vencer, hijos míos; ellos
buscan una lucha larga y remueven el pueblo contra vosotros. ¡Ay apóstatas, ay cobardes,
que queréis hacer todo lo que va en contra de Dios!, y no sólo vosotros no queréis entrar en
el Reino de los cielos, que no dejáis a vuestros propios hijos que entren; ¿no os da pena de
vuestros propios hijos? Tendréis que dar cuenta de sus pecados; ellos no son culpables de
vuestro ejemplo.

Seguid extendiéndoos, hijos míos, como las estrellas del cielo, multiplicaos y vivid como
buenos cristianos; amad mucho a nuestros Corazones. Y cuidado todos los que vais detrás
de falsos profetas. Mi Madre se manifestó en este lugar para dar un mensaje al mundo,
¿cómo os dejáis engañar por unos y otros? Tomad más en serio la palabra de Dios.

Hija mía, están invadiendo este lugar los falsos profetas, pero las criaturas son tan poco
inteligentes que se dejan arrastrar con mentiras y engaños; en cuanto los halagan se van
detrás de los falsos videntes. Retiraos de aquellos que os halaguen, hijos míos; si os halagan
y recibís los halagos en la tierra no alcanzaréis el Reino de Dios; retiraos de todos ellos,
hijos míos, y cumplid mi Ley, y todos los que estáis en mi Obra trabajad, que Yo un día os
daré vuestro salario; irá delante de vosotros vuestra paga y a vuestra obra añadiré el ciento
por uno. Ayudad a los pobres y necesitados, hijos míos, os necesitan los menesterosos. ¿No
os da pena de la ancianidad, hijos míos?; son rechazados como si no fuesen seres humanos;
ayudadles a bien vivir los últimos días que les queden de su vida, hijos míos, y a bien
morir. Amadlos con todo vuestro corazón, jóvenes, que os entregáis a esta Obra ¡cuánto os
ama mi Corazón! amad mucho a los necesitados. ¡Ay, de aquéllos que han recibido gracias
y no quieren aprovecharlas! Las rechazan y se las quito para dárselas a otros que están
sedientos de mi amor. ¡Ay, almas ingratas que renegáis de Dios vuestro Creador! ¡Ay, que
os habéis salido de su rebaño y os introducís en el rebaño de Satanás! Ahora, hijos míos, os
enseña la luz, la luz del tiempo, pero, hijos míos, Satanás nunca os llevará a la Luz, porque
estaréis en la tiniebla aunque vosotros creáis que estáis en la Luz. Me rechazáis, despreciáis
mis gracias y queréis vivir según vuestros gustos, ahí los tenéis, Satanás os va dando los
gustos que necesitáis en el mundo, pero nunca alcanzaréis la eternidad, porque os quedáis
ciegos y sordos. ¡Ay, almas que renegáis de Dios, qué tristeza siente el Creador por su
creatura! En vuestra libertad, hijos míos, habéis buscado el camino de la tiniebla.

Yo os reuniré a todos los que lleváis mi señal y estaréis eternamente, hijos míos, en mis
brazos, porque seréis conducidos por ellos a la eterna gloria.

Hija mía, ¡cuántas veces he dicho que los hombres se quedan en el tiempo porque el hijo de
las tinieblas; el maligno, les muestra las cosas agradables del mundo!

Orad, hijos míos, orad.

Mira, hija mía, cuántas almas han recibido gracias, y mira el lugar que les espera, porque
las han rechazado. (Llanto de Amparo). Mira, hija mía, no es Dios, el Creador, el que los
conduce por este camino, ellos se dejan conducir porque les agradan los placeres y los
gustos del mundo. Muchos de ellos los conocerás.

(Pausa, aflicción de Amparo)


Yo he intentado enseñarles mi doctrina y darles gracias, hija mía, pero mira de qué les sirve
y el lugar que tienen preparado.

¡Ay, padres, que educáis a vuestros hijos para el mundo y os interesa más su cuerpo que su
alma! Cuando los veis enfermos en seguida buscáis a un médico y estáis preocupados, y
cuando el alma la tienen enferma, hijos míos, no sois constantes en buscarles ese médico
que necesitan. ¿De qué os sirve todo, hijos míos, si perdéis vuestra alma? (Amparo no deja
de llorar). Los hijos de las tinieblas nunca estarán en paz, siempre tendrán discordias y no
habrá paz entre ellos.

Repara, hija mía, por estas almas que tantas gracias les he dado y las han rechazado
buscando el mundo. Besa el suelo en reparación de sus ofensas. (Pausa)

Hija mía, la verdad ya sabes que es amarga para los hombres; en cuanto les dices la verdad
se hacen los sordos y se vuelven contra ti. Por eso Yo reuniré mi rebaño y sacudiré el polvo
que va en ellos de la tierra, y los transportaré a un lugar seguro. Hay mucha hierba
marchita; y la hierba marchita, hija mía, se deja secar y cuando está seca se la prende. Yo
retiraré las flores para que no sean dañadas.

Entregaos al Evangelio, hijos míos, id de pueblo en pueblo hablando de Dios. Tendréis


muchas contiendas contra los paganos, contra los apóstatas, contra los que reniegan de mi
Nombre, pero mi Nombre no lo hará nadie desaparecer, porque soy el Creador y puedo
reducir en polvo a la creatura, porque tengo autoridad para ello. Pero muchas veces aplico
mi Misericordia para ver si vuelven su mirada a Mí y me olvido de la Justicia; pero los
hombres son ingratos y siguen obstinados en el pecado; sólo buscan la Misericordia de
Dios, no ven que Dios también aplicará su Justicia.

Acudid a este lugar y no os dejéis arrastrar por esos falsos videntes, hijos míos; ¿cómo
podéis jugar con el Nombre de Dios?

Tú, hija mía, sigue reparando y sé humilde.

Amad a la Iglesia, hijos míos, y a los componentes de la Iglesia; Yo quiero que mi rebaño
esté dentro de mi Iglesia. Amad el Evangelio y amaos unos a otros.

LA VIRGEN:

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales para la
salvación de las almas.

Todos han sido bendecidos.

Os bendigo, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.
MENSAJE DEL DIA 1 DE MAYO DE 1993, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Lo primero, hija mía, vas a beber de las gotas del cáliz del dolor; por esas lenguas ingratas,
por las difamaciones de los hombres. (Pausa mientras se oye la deglución angustiosa.)

Está amargo, hija mía, pues esa amargura siente mi Corazón por la ingratitud de las almas.
(Pausa.)

Mira, hija mía, Yo soy el paraíso de la Encarnación; el Espíritu Santo descendió y me hizo
su Esposa, hija mía; y me fertilizó, dejándome tabernáculo del Hijo eterno de Dios, dándole
carne humana y haciéndolo Hijo natural mío; y después de nacer mi Hijo y antes de nacer,
me dejó pura e inmaculada. El mayor don fue ser Madre de Dios y, siendo virgen antes y
después del parto, me llenó de todas las gracias, hija mía, y participé con El en su obra
redentora, siendo corredentora con El del género humano; y al pie de la Cruz me dejó por
Madre de toda la humanidad; y después de muerto mi Hijo, me retiré a Éfeso. Mira, hija
mía, donde pasé mi vida orando, con Juan y María, mi hermana, y María de Magdala; en
esta montaña, hija mía, en comunicación con la divina Majestad de Dios, pasé toda mi vida
orando, para dar testimonio de la Iglesia de Cristo. Aquí Juan escribió el Evangelio.

AMPARO: ¡Ay! ¡Ay, qué belleza, ay...!

LA VIRGEN: Este fue mi segundo paraíso.

AMPARO: Ay, qué grandeza!

LA VIRGEN: Toda la vida, hija mía, la pasamos orando para el bien de la humanidad.
Desde este lugar, (exclamación gozosa de Amparo), fui transportada por los ángeles al
cielo.

AMPARO: ¡Ay, qué belleza, ay! ¡uf...! ¡Ay, qué belleza, qué casa, qué arcos tan bonitos!
¡Ay, qué árboles! ¡Ay, ay...!

EL SEÑOR: Sí, hijos míos, mi Madre quedó para dar testimonio de la Iglesia; pero los
hombres, hija mía, ¡qué poco caso hacen al Evangelio! (Exclamación de Amparo.)

Venid a Mí, todos los que estáis en tinieblas, que Yo os conduciré a la luz. Escuchad mi
voz, hijos míos, y reuníos todos y venid a Mí que Yo os enseñaré el camino, dejaos guiar,
hijos míos, por los Mandamientos, por los Evangelios. Muchos de vosotros, hijos míos,
tenéis la cerviz de hierro y vuestros corazones son duros. ¿Hasta cuándo, hijos míos,
queréis que la divina Majestad de Dios esté avisándoos que viváis según el Evangelio?
Habéis visto muchas cosas, hijos míos, pero estáis ciegos; os he enseñado mi Palabra, pero
no la habéis querido escuchar, hijos míos ¡Cuán pocos son los que viven el Evangelio
según está escrito! ¿No veis, hijos míos, que Yo soy Dios, que soy el primero y el postrero;
que soy el que da la vida y el que da la muerte; que sin Mí el hombre no puede vivir? No
hay otro Dios; Yo soy el Dios que tiene potestad en los cielos y en la tierra. ¡Ay,
gobernantes que vivís sin Dios! ¡Ay, pueblos! ¿Cómo queréis dirigir vuestros pueblos, sino
tenéis a Dios? Yo derribaré a los poderosos y los bajaré de su trono, porque tengo poder
para ello. ¿Cómo creéis, ingratos, que los hombres cumplan vuestras leyes si no cumplen
las Leyes de Dios? Yo soy el Camino y la Verdad, y vosotros no andáis en la Verdad, hijos
míos. ¿No comprendéis que el hombre está creado por Dios y no puede obrar bien si no
tiene a Dios? ¡Qué ingratos sois, hijos míos! Yo derramé mi Sangre por todos vosotros y
vosotros la pisoteáis y la despreciáis con vuestros ideales falsos. Acudid a Mí, hijos míos, y
habrá paz en vuestros pueblos. El hombre no puede gobernar sin Dios, pues será un mal
gobernante. Si no tiene a Dios, no obrará con justicia.

Y vosotros los que amáis, o decís que amáis a Dios, vivid el Evangelio según está escrito;
reuníos todos, hijos míos, y formad un gran rebaño y hablad a las gentes que se vive un
Evangelio según sus gustos; que el Evangelio hay que vivirlo como está escrito. Yo soy un
Dios de amor y misericordia, pero también soy un Dios de Justicia y daré a cada uno según
sus obras.

¡Ay, almas ingratas, almas que profanáis mi Nombre! ¿No sabéis que Yo puedo aplicar mi
Justicia sobre vosotros? ¿No sentís miedo, hijos míos, de perder vuestras almas? Escuchad
y atended mis ruegos; orad y haced penitencia; enseñad en vuestros hogares a vuestros hijos
que son creaturas creadas por Dios. Vais a tener que dar cuenta de vuestros pecados y de
los pecados de vuestros hijos. Oíd mi voz, hijos míos, Yo os aviso: luego no habrá oídos, ni
lamentos, ni llantos; luego no digáis que es un Dios injusto, pues habéis tenido suficientes
avisos y gracias para salvaros, hijos míos. Que el mundo está falto de amor; amaos unos a
otros como Yo os he amado. ¿Quién es capaz de amar como Yo he amado, dando la vida
por su hermano? Despertad corazones dormidos, corazones duros y agachad la cerviz; y
acudid a Mí, hijos míos, que Yo os perdonaré todos vuestros errores y reinará la paz entre
vosotros. Yo haré que los pueblos tengan paz si vuelven la mirada a Mí; y que los campos
crezcan, porque mandaré la lluvia a su debido tiempo; y todo el que me siga no será dañado
ni por el viento ni por la escarcha ni por las maldades del mundo. Todo el que me siga
tendrá vida eterna, y haré que tenga buenas cosechas; pero que no sean avarientos y dejen
los graneros repletos para ellos; que compartan con los pobres su heredad y sus riquezas.
Así es como Yo he creado al hombre, sin egoísmos, sin envidias, hijos míos, con amor, con
unidad, con paz entre vosotros, hijos míos. Así os lo promete el Hijo de Dios vivo; si
vosotros volvéis vuestras mirada hacia Mí, tendréis paz en la tierra y cosecha en
abundancia.
Pero, ¡ay, de aquéllos que cargan sus yugos cargados, sobre las espaldas de sus hermanos!
Aplicaré mi Justicia y no tendré compasión de ellos.

Despertad de ese letargo, hijos míos.

Y tú, hija mía, oración y sacrificio, por los pobres pecadores.

AMPARO: Señor, te pido por un alma; ¡sánalo Señor, si es tu voluntad! Te pido por
Carlos; que se haga tu voluntad, pero piensa que tiene unas niñas pequeñitas que lo
necesitan. ¡Señor, te lo pido, que se haga tu voluntad, Tú que lo puedes todo, Señor, Tú
sabes mejor lo que necesita, pero te lo pido! ¡Ay, Señor, que se haga tu voluntad!, pero Tú
dices que pidamos; yo haré los sacrificios que pidas, Señor, pero Tú sanas; enfermas a las
almas y las sanas cuando quieres. Te pido por él, Señor. (Amparo no ha dejado de llorar,
suplicando)

SEÑOR: Hija mía, a veces escojo a las almas porque las amo, de esta forma, hija mía, las
amo tanto que no quiero que se escapen de mis manos, hija mía. (Pausa en la que se oye el
llanto de Amparo.)

Orad todos, hijos míos, para que vuestras tentaciones sean cada vez más débiles, y amaos
unos a otros.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantas ofensas cometidas a mi divino Corazón y al
Inmaculado Corazón de mi Madre.

Amad mucho a mi Madre, hijos míos, os la dejé por Madre al pie de la Cruz, Ella intercede
día y noche por todos vosotros, hijos míos, amadla mucho; no podéis decir que amáis al
Hijo si no amáis a la Madre, pues Yo amo mucho a mi Madre y me gusta que los seres
humanos también la amen.

LA VIRGEN: Besa el suelo, hija mía.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos para los moribundos, hijos míos, con
bendiciones especiales. ¡Cuántas almas han llegado al Sacramento de la Confesión por
medio de estos objetos y se han salvado, hija mía!

Todos han sido bendecidos con bendiciones especiales.

¡Hijos míos, amad mucho mi Corazón! Mi Corazón Inmaculado ama a toda la humanidad.
Acudid a Mí y Yo os refugiaré bajo mi manto. Yo soy la Puerta del Cielo, hijos míos.
Venid, que Yo os conduciré a mi Hijo y mi Hijo os conducirá al Padre.

Yo os bendigo, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.
MENSAJE DEL DÍA 5 DE JUNIO DE 1993, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN: Hija mía, ¡qué tristeza siente mi Corazón viendo la perversidad de los
hombres; los que están entre vosotros, pero que no son de vosotros, hijos míos! Tendréis
una gran persecución en ellos. Os lo dijo mi Hijo, que seréis perseguidos, queriendo
destruir la Obra de Dios.

EL SEÑOR: No temáis, vosotros hijos míos, estáis ungidos por la gracia de Dios. Sed
fuertes, hijos míos y venceréis al malo. Estando la gracia con vosotros, ¿a quién podréis
temer?

Piensa, hija mía, que los hijos de la luz son perseguidos; pues los hijos de la luz no ponen
tropiezos sobre los hermanos, y los hijos de las tinieblas son avispas que os rodean, hija
mía, para clavar el rejón sobre vosotros. Donde está la luz no hay tropezones, hija mía; los
hijos de las tinieblas hacen el mal; los hijos de la luz buscan el bien.

En eso se diferencian los hijos de la luz de los hijos de las tinieblas; el que está en la luz
está en la verdad; el que está en la tiniebla está en la mentira, hijos míos; sois odiados y
perseguidos por ser hijos de la luz. Si fuerais hijos de las tinieblas, hijos míos, no seríais
perseguidos, porque el hijo de la tiniebla no ama; ni ama ni deja amar. Fijaos en Caín, hijos
míos, era de la raza del mal porque se fue a la tiniebla, y mató a su hermano por hacer
buenas obras.

Seguid, hijos míos, abriendo vuestras entrañas a todos los que os necesiten. Esto es lo
primero que el hombre oyó: "Amaos los unos a los otros como Yo os he amado". ¡Ay, los
destructores!, ¡ay, de aquéllos que destruyen a sus hermanos!, ¡ay, perseguidores de los
hijos de Dios! ¿Qué daño os hace a vosotros, que los hijos de Dios practiquen el bien, hijos
míos? ¡Ay, que sólo os amáis a vosotros mismos y amáis el mundo, despreciando- a ~ ¡Ay
de vosotros, Caínes, que ni amáis ni sois capaces de dejar amar! No dejáis a vuestros
hermanos hacer las buenas obras ni vosotros tampoco las hacéis, hijos míos. Vivís para
vosotros y para los vuestros; ¿qué clase de hijos sois, hijos míos? El que permanece en el
mundo no está en la caridad, y si alguno de vosotros está en el mundo no permanece en la
caridad, hijos míos. El que permanece en la caridad está pendiente del hermano y se olvida
de si mismo. Y vosotros, gobernantes incultos, ¿qué podéis gobernar, y cómo vais a poder
gobernar vuestro pueblo, si no amáis a vuestros hermanos, si los estáis introduciendo en la
tiniebla?; los arrastráis hacia el mal, como vosotros estáis metidos en el mal. ¿Cómo podéis
decir que la Madre de Dios no está pendiente de sus hijos? No hay pasado ni futuro para
nosotros, es el presente en el que estamos presentes, hijos míos, y por eso aviso al hombre
del presente que camine en Dios hacia el futuro. Vosotros, que no abrís vuestros hermanos,
sois homicidas.

Hijos míos, el mal que habéis cometido es el de hacer el bien a los demás. Por eso sois
perseguidos, y seguiréis siendo perseguidos, hijos míos. Los hijos de las tinieblas no
permiten que los hombres amen, porque ellos no pueden amar; están ciegos y el que está
ciego no permanece en la luz ni en el amor. Vosotros, hijos míos, obrad con justicia, que
obrando con justicia estaréis en el camino de Dios. Defendeos, hijos míos, pero con justicia
santa, pues el que está en la justicia ha nacido de Dios, y el que no obra con justicia es el
hijo del mal. Quieren hacer desaparecer todo principio religioso y todo amor hacia los
hermanos.

Vosotros, hijos míos, que no sois capaces de amar ni dejar vuestra herencia para los pobres,
¿por qué no dejáis a los que aman en paz y en gracia de Dios? ¡Si no podréis contra ellos,
porque el que está ungido de Dios está por encima del hombre que es hijo del diablo! Y sí,
repito, ¡apóstatas! ¿O es mentira, hijos míos, que habéis apostatado de vuestra fe? Cuando
os presentéis ante Dios, hijos míos, ¡qué juicio os espera! ¡Ah, ingratos, que tantas gracias
he derramado sobre vosotros y las habéis rechazado por un ideal destructor, hijos míos!
¡Con qué desprecio nombráis el nombre de María! María es la puerta del cielo; es la Madre
de toda la humanidad. Todos los que queráis ir a María, por muy pecadores que hayáis sido,
hijos míos, Ella os llevará a Jesús y Jesús os llevará al Padre. Pero, ¡ay de vosotros,
destructores con vuestras mentiras, que aplicáis la ley a vuestro gusto con mentiras y
engaños! El hombre sin Dios no es nada. Toda rodilla será doblada ante Dios El Creador.
¡Ay de vosotros! ¿Qué entendéis por secta, si las sectas sois vosotros, hijos míos, que os
dedicáis a destruir y a separar a las almas de la Iglesia y a renunciar de Cristo? Esas son las
sectas, hijos míos; ¿cómo podéis llamar a los hombres de buena voluntad, a los hombres
que siguen el camino del Evangelio, a los hombres que aman a los hombres como a sí
mismo, cómo podéis llamarlos sectas, hijos míos? Mirad vuestros corazones y recapacitad
si sois vosotros las sectas; pues una secta se dedica a destruir no a construir, y vosotros
estáis destruyendo el nombre de Dios, y estáis separados de Dios y de su Iglesia.
¡Ignorantes!, ¿sabéis, acaso, lo que es la secta? ¡Vosotros sois las sectas, hijos míos! La
secta se dedica a separar, no a unir y a amar. Vosotros os reís de mis mensajes, pero ¡ay,
cuando lleguéis ante los ojos de la divina majestad de Dios! No será escuchado vuestro
llanto ni vuestro rechinar de dientes.

Y vosotros, hijos míos, os repito, obrad con justicia santa, pero no os dejéis engañar y
defendeos, y defended el Evangelio, defended la Iglesia, hijos míos, aunque tengáis que dar
la vida por ella. ¿No veis que quieren hacer desaparecer este lugar, y se valen de medios
comunicativos, y se valen, hijos míos, del mal para destruiros? Pero el bien está por encima
del mal. Dad ejemplo de cristianos y seguid amando a los necesitados y protegiendo a los
necesitados. ¿Qué pueden decir de vosotros, hijos míos, que os amáis unos a otros y habéis
dejado vuestros bienes unos para otros, para los pobres y necesitados? Si éste es el
Evangelio: "Vende todo lo que tienes, dáselo a los pobres y sígueme."

Pero ¡ingratos!, que dañáis a vuestros hermanos por no perder vuestros puestos, ¿cómo sois
tan hipócritas y fariseos, si no estáis en la verdad?, y hay que defender la verdad, y la
verdad un día lucirá y aplastará a la tiniebla. Sed fuertes, hijos míos, que estáis rodeados de
avispas con un gran aguijón persiguiéndoos a ver dónde pueden clavar el aguijón. Amad a
la Iglesia, amad al Papa, hijos míos, amaos unos a otros; éste es el primer Mandamiento de
la Ley de Dios: Amarás a Dios con todo tu corazón, con todas tus fuerzas y con todos tus
cinco sentidos y al prójimo como a ti mismo. Cumplid mis Mandamientos, hijos míos, y no
os importe la persecución; ahí se nota que sois hijos de Dios; por eso sois perseguidos, hijos
míos. No penséis que los apóstatas y paganos os persiguen por otra cosa que no sea porque
quieren hacer desaparecer el Nombre de Dios y de María. Luchad con vuestras fuerzas, con
la unción del Espíritu Santo y amad a nuestros Corazones, hijos míos. ¡No temáis!, si el
alma no la puede matar nadie, y ellos están muertos a la gracia; su alma la tienen totalmente
muerta; ¿cómo hablan de alma, si no la tiene ejercitada en el amor?

Seguid acudiendo a este lugar y no hagáis caso de la calumnia y de la falsedad, hijos míos.
Os repito que la luz resplandecerá y todos la veréis; y, por mucho que la tiniebla quiera
acercarse a la luz, te lo enseñé, hija mía, que nunca puede la tiniebla dar luz; pero la luz a la
tiniebla la puede alumbrar. Por eso los hijos de la luz se buscan y los hijos de la tiniebla
también se buscan, hijos míos, porque no se pueden acercar los de la tiniebla a destruir la
luz. Y os repito que si alguno de vosotros está en el mundo, no permanece en la caridad,
porque se jacta de los bienes del mundo y olvida a su hermano, no tiene entrañas y no es
nacido de Dios.

Orad y haced sacrificios, hijos míos, lo vais a necesitar. Pero contra Dios no puede el mal.
Intentarán destruir vuestros cuerpos, pero no podrán tocar vuestras almas. Ya que ellos no
os aman, hijos míos, amad vosotros y conquistad almas para el rebaño de Cristo.

Acudid a este lugar sagrado, donde nuestras plantas han posado y muchos recibiréis
curaciones de cuerpo y, otros muchos, curaciones de alma, hijos míos.

LA VIRGEN:

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los
pobres pecadores.

Todos han sido bendecidos con unas gracias especiales para fortalecer vuestras almas.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo. Adiós, hijos míos.
MENSAJE DEL DÍA 3 DE JULIO DE 1.993, PRIMER SÁBADO DEL MES, EN
PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR:

Hija mía, la situación del mundo es grave, muy grave. (Pausa) . Mira, hija mía, hasta dónde
traspasan los pecados de la humanidad. (Pausa larga.)

Todos los pecados capitales, hija mía, han revuelto a las almas. Mira cómo piensan, hija
mía.

¿Hasta dónde, hijos míos, hasta dónde queréis llegar, con tanta ofensa a la Divina Majestad
de Dios? Hijos míos, mirad a Cristo Crucificado. ¡Cómo crucifican los pecados de los
hombres al Hijo de Dios, hija mía! El hombre está aletargado por el pecado.

¡Moveos, hijos míos!; la oración, el sacrificio y la penitencia es lo que salvará al mundo,


hijos míos. Estáis dormidos; os dejáis engañar, hijos míos, por los hijos de la tiniebla.

¡Ay, gobernantes de las naciones, que hacéis creer a las almas que estáis unidos en la
victoria para luchar por una libertad para el hombre! ¡Ay, hijos míos, que por culpa vuestra
el mundo vive un flagelo! Aparentáis con palabras engañosas llevar a los hombres a un
ideal constructor. ¿Hasta dónde vais a llegar, hijos míos? Queréis hacer desaparecer todos
los principios de Dios... si Dios es el principio y el fin, ¿cómo creéis que podéis quitar el
principio de Dios? ¡Ay! cuando os presentéis ante Dios, ¡qué palabras os responderá la
Divina Majestad de Dios por vuestros errores!

El mundo está corrupto, ¿cómo os dejáis engañar, almas inocentes? Con palabras engañosas
y con mentiras queréis, hijos míos, apartar a los hombres del camino de la verdad.

Y vosotros ¡ciegos!, ¿no os dais cuenta que os hablan de paz y ellos están en guerra, hijos
míos? Se unen para aparentar en la victoria y es para luego aplicar la venganza. Ellos unos
con otros, hijos míos, están divididos y hacen lo que los hijos de las tinieblas. Ellos están
divididos y quieren dividir al pueblo. ¡Despertad de ese letargo que tenéis, hijos míos! El
hijo de la iniquidad quiere engañaros con promesas y mentiras. Despertad, hijos míos.
Orad... sacrificio y penitencia. ¿No veis, hijos míos, que os quieren golpear y herir para que
neguéis la palabra de Dios, hijos míos? Pero no saben que ningún arma podrá con los que
viven la fe, con los que viven el Evangelio, con los hijos de Dios. Vivid, hijos míos, el
Evangelio. Todo el que vive el camino recto, el camino de el Evangelio, es perseguido,
hijos míos. ¿Por qué me perseguían a Mí?, por hacer el bien, hija mía. Yo vine a dar vida al
mundo y el mundo me condenó a la muerte.

Amad, hijos míos, con todo vuestro corazón y no os hundáis. Dios está por encima de los
hijos de las tinieblas. Los hijos de las tinieblas, hija mía, aparentarán ser mejor: moverán
los labios, ellos mismos se creerán santos; pero no ejercitan el corazón porque están en
tinieblas y no viven nada más que para sí mismos y no piensan en el flagelo de los
necesitados, hija mía.

¡Ay, almas ingratas, que ni amáis ni dejáis amar!

Orad, orad mucho, hijos míos, y reuníos todos; quiero que se forme un gran rebaño; y no os
importen las persecuciones y las calumnias. Sed firmes y seguid amando, pues la caridad es
tan hermosa, hijos míos. ¿No veis que los hombres no cumplen las Leyes de Dios? Sí hay
diez Mandamientos, hija mía, y el más firme de todos es amar a Dios y al prójimo como a
vosotros mismos. ¡Ay de aquéllos que se aman a sí mismos sin acordarse de los demás!
¿No os dais cuenta, hijos míos, que os dije que tendríais una persecución constante y recibís
la persecución de aquéllos que más cerca están de vosotros? No os angustiéis, hijos míos,
estad alegres, y que nada ni nadie os turbe. Os golpearán y os herirán, hijos míos, pero si
estoy Yo con vosotros, ¿a quién podréis temer?

¡Ay, vosotros, que habéis cambiado la fe por el orgullo y la venganza, y os dedicáis a


dividir los pueblos, a dividir las almas! Con vuestras tramas y mentiras, hijos míos,
engañáis a los inocentes. ¿No os dais cuenta, hijos míos, de la situación del mundo, que el
mundo cada día está peor? Sólo los hijos de Dios sois los que tenéis que luchar y estar
unidos como hermanos y vencer todas las batallas y todos los golpes, hijos míos.

Hija mía, vas a ver la fuerza de la oración. Mira cómo está el mundo, aunque los hombres y
los dictadores dicen que el mundo está en una situación buena. No os lo creáis, hijos míos,
el mundo tiene un flagelo y está herido de muerte. Pero, mira el poder de la oración y mira
cuántas almas se han salvado por tantas y tantas oraciones. Y mira también los miles de
almas salvadas por las gracias que han recibido en este lugar. Vas a ver, hija mía, el valor
que tiene la oración. Mira todos los pecadores que hay en el mundo y, mira a estas almas
que interceden a los santos y a los bienaventurados. Mira cómo llegan a Mí, los santos y
bienaventurados y me dicen: "Dios eterno y Divina Majestad de Dios: nosotros fuimos
justos en la tierra... y odiamos el pecado y nos retiramos del mundo y lo despreciamos,
siguiéndote a Ti en todo el camino del Evangelio tal como está escrito y renunciando a las
comodidades y los gustos. Todas estas almas no se atreven, por temor y respeto hacia Ti, a
pedirte perdón y vienen a nosotros para que intercedamos por ellas. Mira, hija mía:

AMPARO:

¡Ay, cuántos miles y miles de almas! ¡Ay! ¡Ay!, pero están como si estuviesen en una
tierra; ¡ay!, parece que tienen miedo, ¡ay!, son pecadores. ¿Qué va a ser de ellos, Señor?
¡Ay! ¡Ay! todos los santos y bienaventurados llegan a Ti, Dios mío! ¡Ay!, a pedirte perdón
por todas ellas. Y por todos sus sacrificios y penitencias, por su ignorancia y por su
desconocimiento de Ti. ¡Ay, Señor!, ¿qué va a pasar con todos ellos, Dios mío? ¡Ay, son
tantos...! ¡Ay! El Señor levanta la mano. ¡Ay!, y bendice a todos ellos por la intercesión de
todos los santos y bienaventurados. ¡Ay, están salvos! ¡Ay, ya no se condenan! ¡Ay, ay, ay!
El Señor les dice: "id y pagad vuestras culpas". ¡Ay, ay, ay, ay! Pero no estaréis
eternamente condenados, por los méritos de los bienaventurados y de los santos; y de tantas
y tantas almas como rezan por los pecadores, estáis absueltos del pecado". - ¡Ay, cuántas,
cuántas! ¡Ay, cómo van todas en bandadas! ¡Ayyyy, pero hay tantas aquí en este lugar!
¡Señor, mira todos los que hay en este lugar! ¡Ay!

EL SEÑOR: Muchos no quieren salvarse, hija mía.

AMPARO: ¡Ay!, viene la Virgen llena de luz, ¡ayyy! ¡Ay, qué manto tan bonito!,
resplandeciente; pero su cara triste, porque ve tantos y tantos pecados como hay en la
humanidad. ¡Ay!, se acerca a su Hijo y el Hijo le dice:

EL SEÑOR: ¿Qué quieres ahora; Madre mía?

AMPARO: ¡Ay!, la Virgen llena de dulzura, con su cara y los ojos llenos de lágrimas se
arrodilla ante el Hijo y le dice:

LA VIRGEN: ¡Hijo mío, ten compasión de todos estos hijos, porque sus madres han
derramado caudales de lágrimas de dolor por ellos.

EL SEÑOR: El amor de la madre, hijos míos.

AMPARO: ¡Ay!

LA VIRGEN: Mira, Hijo mío, el amor en los corazones de las madres, cómo interceden
por sus hijos. Y esas lágrimas las traigo aquí; ¡cuántas lágrimas traigo de todas esas madres,
Hijo mío, ten compasión de sus hijos; ellas se han sacrificado y se han inmolado orando por
todos ellos!

AMPARO: ¡Ay, qué grandeza, Dios mío! ¡Ay! El Hijo levanta a la Madre y con palabras
fuertes dice..

EL SEÑOR: ¡Levantaos todos! Todos sois perdonados por el amor y las lágrimas de
vuestras madres. Pecadores habéis sido, pero vuestras madres han sido mártires del
sacrificio y la oración por vosotros. ¿Cómo puede un Dios de amor y misericordia dejar
esas lágrimas dolorosas de las madres; y cómo puede olvidar las oraciones que salen de lo
más profundo de sus corazones? Levantaos y volad a otra tierra. Tendréis que purgar
también vuestros pecados, pero no estaréis eternamente sin ver la presencia de la Divina
Majestad de Dios.

AMPARO: ¡Ay, qué alegría y qué gritos todos!; todos gritan con gritos de alegría. ¡Ay...
cómo suben todos hacia otro lugar. Todos están salvos!
EL SEÑOR: Mira, hija mía, éste otro lugar; éste otro lugar es triste y fúnebre. Aquí no
quieren mirar a la Divina Majestad de Dios, aquí no hay súplicas, aquí hay rechinar de
dientes, aquí hay lágrimas; no querían salvarse, querían vivir en comodidades, querían hija
mía, vivir los siete pecados capitales.

AMPARO: ¡Ay, Dios mío! ¡Ay, cuántos hay también en ese lugar! ¡Ay, ay...!

EL SEÑOR: No merecen lágrimas, hija mía; han tenido profetas y han tenido fuentes de
gracias y se han hecho los sordos, y no han querido caminar por el camino de la luz, y se
encuentran en tinieblas para toda la eternidad.

AMPARO: ¡Ay, Dios mío, que se haga tu voluntad! Tú eres el que lo hace todo bien. ¡Ay,
la Virgen, cómo da gracias a su Hijo por haberla escuchado! ¡Ay, cuántas almas se salvan
por las plegarias que se le rezan a María! ¡Qué Madre tan grande eres y cómo te has
acordado de las madres para salvar los hijos! ¡Ay, qué grandeza, Madre mía! ¡Ay, ay, ay,
qué belleza tienes! ¡Ay... qué dulzura y qué... cosa más hermosa, Dios mío, es tu Madre!

EL SEÑOR: Todo el que interceda a mi Madre será escuchado, pues mi Madre vale más y
tiene más méritos que todos los santos juntos; y si las oraciones de los santos y la
intercesión de los santos es escuchada, ¿cómo no voy a escuchar el ruego de mi Madre? ¡Si
somos dos Corazones unidos en uno! ¡Acudid todos a mi Madre y mi Madre os encaminará
hacia el camino del Evangelio! Estos tiempos los dejo en sus manos. Ella es la Puerta del
Cielo; Ella os enseñará, porque Ella fue el primer Apóstol para dar testimonio de la Iglesia.

Seguid orando y seguid acudiendo a este lugar, que seguiréis recibiendo gracias especiales
para los pobres pecadores. Todas las oraciones son recogidas para los pobres pecadores. y
¡ay, mis almas frescas y lozanas consagradas que oráis e intercedéis por los pecadores!;
vuestras oraciones también llegan a lo alto del cielo y ¡cuántos pecadores se salvan por
medio de vuestra caridad y vuestras oraciones! ¡Conservaos lozanas y frescas, aquéllas que
estáis escondidas en la oración y retiradas del mundo! y orad mucho; el mundo está en una
situación grave, hijos míos.

AMPARO: Lo que no sabéis... ¡Ay, ay, ay, ay qué grande, Dios mío! ¡Ay! No sabéis las
grandezas que hay ahí arriba. ¡Ay, Dios mío, ay...! Jardines frondosos, arroyos cristalinos y
bellos, ¡amor!, ¡ay, paz; ay, la que se siente Dios! ¡Ay... ay! ¡Qué grandeza, Dios mío! ¡Ay,
qué los hombres se pierdan todas estas grandezas; ay, por un placer, por un ideal! ¡Ay, por
envidias y soberbias!... ¡Ay, Señor, ay, yo te pido por todos que gocen de esta grandeza!

EL SEÑOR: Seguid orando, hijos míos, para que todos puedan participar de esta tierra
prometida. ¡Gracias a todos los que oráis por los pobres pecadores! y a mis almas
consagradas les pido que caminen por el camino recto del Evangelio. Y a las que estáis
escondidas en los conventos hijas mías, ¡sed fuertes, y con fortaleza y con energía defended
vuestra fe! Llenaos de Dios, porque el que está lleno de Dios no teme a ningún mal. No hay
ningún arma que pueda hacer desaparecer la fe en los corazones ni la alabanza en los labios
de los hombres de buena voluntad, hacia Dios, su Creador. Por mucho que hiráis y por
mucho que golpeéis, hijos míos, ¡el hijo de Dios no se rinde, es fuerte, porque la fortaleza
está en Dios.

Y vosotros, aquéllos que oráis moviendo sólo los labios, moved vuestro corazón, hijos
míos, para que vuestra oración tenga poder y se pueda recoger y aprovechar para los
pecadores.

Hijos míos, os promete el Hijo de Dios vivo, que todo el que cumpla las palabras del Hijo
de Dios vivo, será protegido con una señal que nadie podrá borrar. Serán selladas vuestras
frentes a todos los que acudáis a este lugar y recibiréis una protección especial.
Desprendeos del mundo, hijos míos, amaos los unos a los otros y haced obras de amor y
misericordia. No tengáis el corazón apegado a las cosas materiales de la tierra; vuestro
corazón y vuestro tesoro tienen que estar en el cielo.

LA VIRGEN: Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones muy
especiales para los pobres pecadores.

¡Sed fuertes, hijos míos!

Os bendigo, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

MENSAJE DEL DÍA 7 DE AGOSTO DE 1993, PRIMER SÁBADO DE MES EN


PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hijos míos, quiero que en este lugar sigáis honrando y venerando mi Nombre de Madre
Dolorosa. No permitáis, hijos míos, que hagan los hombres de mala voluntad desaparecer
de este lugar sagrado, esta cadena de mi Rosario, que os unirá del cielo a la tierra. Reuníos
todos juntos, de un extremo a otro del mundo, en este lugar sagrado y juntad todas vuestras
plegarias para que los secuaces de Satanás, hijos míos, no puedan hacer desaparecer algo
tan grandioso.

El ejército del infierno se ha desencadenado, y los hombres impíos y apóstatas que viven en
la tiniebla, se refugian en la oscuridad para maquinar sus males y no quieren buscar ni
acercarse a la luz, porque serán descubiertos, hija mía.

Este ataque es contra la Iglesia, hijos míos, es contra Dios y contra los hijos de Dios. No
saben los hijos de las tinieblas que la Iglesia está protegida por ministros fieles al Evangelio
y apóstoles celosos y no podrán destruir el Nombré de Dios. Cuantos más ataques, hijos
míos, mayor será el triunfo. Luchad; el arma del Rosario es muy poderosa, hijos míos, por
eso el enemigo está furioso, luchad todos juntos como buenos cristianos y rezad la plegaria
favorita de mi Corazón. Mi Corazón Inmaculado triunfará en el mundo, aunque los
hombres se opongan. Quieren destruir vuestra fe, hijos míos, intentan destruir las grandezas
de Dios.

¿Pero, cómo pensáis, criaturas corrompidas, que vais a poder hacer desaparecer el Nombre
de Dios en los corazones?

Luchad por este lugar, hijos míos, no os dejéis vencer. El enemigo es muy astuto

y os repito que trabaja en la tiniebla, pero la tiniebla no ve y la luz resplandece. Sed fieles
hijos de la Iglesia, hijos míos, amadla con todo vuestro corazón. Si estáis con Dios, ¿quién
contra vosotros? si Dios es el Poderoso, el principio y el fin de todas las cosas. Os dije,
hijos míos, hace tiempo, que vosotros teníais que luchar para sacar este lugar adelante. En
Lourdes, hijos míos, los hombres fueron los que lucharon; los hijos de Dios con los hijos de
las tinieblas; y ¿quién venció? La luz, hijos míos. Pero tenéis que ser valientes; no os
acobardéis. Os persiguen y os persiguen, pero no podrán con vosotros. Mi Hijo aplicará la
justicia y una justicia severa sobre todos aquellos de mala voluntad, y el árbol podrido será
cortado con el hacha. Por eso os pido, hijos míos, oración, oración. El mundo va de hora en
hora cada día peor, porque los hombres de mala voluntad ni entran en el cielo ni dejan
entrar a los demás y los arrastran con palabras y mentiras. Ahí tenéis el Evangelio, hijos
míos, no os dejéis conducir por la astucia de Satanás. Satanás destruye, hija mía, y todas
sus obras son destructoras; hace desaparecer el Nombre de Dios, intenta arrebatar la vida de
los inocentes. ¡Y cómo, hijos míos, estáis ciegos y no os dais cuenta que es una obra de
Satanás! El dragón de las siete cabezas está desatado, y llegará el momento, hijos míos,
como os dije al principio, que cada individuo se gobernará a sí mismo. Y quieren hollar el
poder eclesiástico. Pero la Esposa de Cristo triunfará, nadie podrá derribarla, porque es la
piedra angular, es el mismo Cristo el que la fundó.

Por eso os pido a todos, hijos míos: sed Iglesia y sed apóstoles celosos y amadla con todo
vuestro ser. Los que aman a Cristo, los que aman a la Iglesia, el poder de Satanás no podrá
contra ella.

Hija mía, los hombres hieren mi Corazón, porque Yo soy Madre de amor y suplico por
ellos; pero ellos, a cambio me rechazan y quieren hacer desaparecer mi Nombre. Orad,
hijos míos, orad y reuníos todos y formad una gran familia unida, para que los hijos de las
tinieblas huyan; invocando el Nombre de María. Defended la Palabra de Dios y no os dejéis
engañar por palabras de mentira y palabras destructoras, hijos míos, ¿cómo un árbol malo
va a dar buen fruto, hijos míos? Estáis ciegos. ¡Ay pueblo, que estáis como el pueblo de
Israel! Os habéis quedado ciegos, os habéis dejado invadir por la tiniebla.

EL SEÑOR:

Sí, hija mía, serán castigados severamente, porque Dios aplica la justicia contra los
hombres de mala voluntad. Intentan destruiros, pero está Dios con vosotros, hijos míos.
Ahora es el tiempo de la batalla; coged el arma poderosa del Rosario y derribaréis al
enemigo. Todo el que ha acudido a mi Corazón jamás ha sido defraudado. Tenéis vosotros
las mejores armas, hijos míos, las más potentes: el Rosario, el Evangelio, la gracia, hijos
míos, y con esa gracia podréis rebatir al enemigo. No os durmáis, hijos míos, os repito, y
sed valientes, que nadie rompa esta cadena del santo Rosario que tanto agrada a mi Madre y
que tanto poder tiene contra el enemigo. Sois odiados y despreciados por el Nombre de
Dios. Bienaventurados aquellos que son perseguidos por la justicia a causa de mi Nombre.

Quiero que este lugar sea un lugar de oración y donde se construya una casa de amor y
misericordia para los pobres y necesitados. En vuestras manos lo dejo, hijos míos.

AMPARO: ¡Ay, Señor, Señor!, te pido por Carlos, ¡ten misericordia, Señor!

EL SEÑOR:

El, hija mía, está más en el otro lugar que en este, y encontrará más felicidad que aquí. Yo,
cuando veo que un alma se pierde, la cojo para Mí y la pulo y la refino para mis fines, hija
mía. Él es la vasija, Yo soy el alfarero, y lo estoy refinando y quedará limpio como la nieve.
(Llanto muy contenido de Amparo). Y llegará a este lugar a gozar con los bienaventurados.
Él es más feliz que otras muchas almas que no han tenido la dicha de conocerme.

Pedid por los que no me conocen, pedid por los que me desprecian; esos son dignos de
lástima, hija mía, y pedid por los hombres de mala voluntad. Él estará conmigo en el
paraíso; le digo, como le dije al Buen Ladrón, porque él ha invocado mi Nombre, y todo el
que invoca mi Nombre, lo amarro con unas cadenas de oro y lo llevo a la mansión eterna
para que goce con los bienaventurados.

Para que veáis, hijos míos, el poder de la gracia y la misericordia de Dios. Orad por los
pobres pecadores y haced sacrificios y seguid, hijos míos, con vuestras obras de amor y
misericordia. Ayudaos unos a otros para que mi Obra crezca como las estrellas. Y sonreíd
ante la persecución y amad a vuestros enemigos; pero luchad y defended vuestros
principios, hijos míos. Y el principio y el fin es Dios. No temáis, hijos míos, ya os dije que
los ataques serían fuertes, y mirad cómo se están cumpliendo.

¡Ay, hombres ingratos!, ¡ay, malvados, que tenéis sed de venganza y no os importa destruir
vuestras almas por la venganza de un pasado! si no perdonáis no seréis perdonados. No
perdáis el tiempo, hijos míos, en refugiaros en las tinieblas y enseñad a vuestros hijos el
camino del Evangelio, porque tenéis conocimiento de él y, ¡ay, de los que tenéis
conocimiento de Mí y me negáis! Yo no condeno a los que no me conocen, sino a los que
me conocen y me desprecian y me odian.

Levantad vuestro corazón a Dios, que, si no, cuando os presentéis ante su divina Majestad,
seréis arrojados. ¡Cómo os habéis dejado envenenar por un ideal satánico!

Orad y pedid por todos, hijos míos; reuníos todos aquí y defended este lugar sagrado. Yo
derramaré gracias en abundancia sobre vosotros y sobre vuestros hijos.

LA VIRGEN: Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones
especiales para los pobres pecadores.

Os bendigo, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

MENSAJE DEL DÍA 4 DE SEPTIEMBRE DE 1993, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, mi Corazón viene abierto, lleno de heridas, porque los hombres siguen
obstinados en pecar y hacerse daño unos a otros.

¿Hasta cuándo, creaturas, vais a seguir siendo perseguidores de Cristo? Yo me manifesté en


este lugar, para que todos bebieseis de la fuente de gracias que derramo en él y vosotros,
hijos míos, queréis convertir este lugar en juegos y recreos. ¡Ay, hombres de mala voluntad,
que sólo pensáis en los galardones de la tierra y no habéis ofrecido vuestra hacienda a Dios
vuestro Creador! ¡Ay, sólo buscáis apariencias, hijos míos, y os perderéis los galardones del
cielo! Yo os he pedido este lugar para orar y para hacer obras de amor y misericordia y
vosotros sólo pensáis en explotarlo, hijos míos, en hacer desaparecer mi Nombre de él.
¡Pobres almas! ¿De qué os sirve la apariencia y los galardones terrenos?

Y vosotros, hijos míos, no os amedrentéis, porque los hombres de mala voluntad fomentan
el poder para hacer el mal y para dividir los pueblos.

¡Ay, hijos míos, no habéis querido beber las gracias que se han derramado en este lugar!
¿Cómo habláis, hijos míos, que sois demócratas y hacéis unas leyes a vuestro antojo y
perseguís a los cristianos? ¿Dónde está la libertad, hijos míos? Sois dictadores y siempre os
habéis quejado de la dictadura, ¡pobres almas! para ser dictadores, hijos míos, tenéis
primero que saber dictar. Habláis de paz y dentro de vosotros lleváis la guerra. ¡Ay, hijos
míos, vuestros planes y vuestros proyectos serán derribados! ¿Pero cómo pensáis que Dios
Creador tiene menos poder que vosotros? Los hijos de la luz no se rinden. Los cristianos
fueron capaces de morir por Cristo, lo que vosotros no hacéis ni por vosotros mismos.

Reuníos, hijos míos, de los cuatro continentes y orad en este lugar y haced penitencia, por
tantos males y tantas ofensas de los hombres de mala voluntad, que hacen a nuestros
Corazones. ¡Ay, ingratos! Sí, queréis destruir, y vosotros, hijos míos, sois los que
contamináis el agua para que los hombres no acudan a este lugar. Todos los manantiales del
mundo son potables, es la gracia de Dios en la tierra, para que los hombres beban y sacien
su sed. ¿Cómo sois capaces de hacer daño, hijos míos a criaturas inocentes y almas de
buena voluntad que acuden a este lugar, dejando mezclar el cieno con el agua? ¡Pero qué
rencores tenéis dentro de vuestro corazón, hijos míos, qué odios, os repito, por un pasado;
que no os importa que caigan inocentes y perseguir a los hijos de la Iglesia por el hecho de
ser cristianos, hijos míos! No han hecho otro daño contra vosotros, nada más que el de amar
a Dios. Intentáis hacer desaparecer mi Nombre y os dije que, dentro o fuera, no dejaría de
manifestarme. No me moveré de este lugar, hijos míos, donde las almas reciben las gracias
y donde tantas y tantas almas han llegado al paraíso por medio de estas gracias, hijos míos.

Sí, hija mía, los malvados no les importa calumniar, perseguir, difamar. Con la mentira
quieren subir al poder; pero Yo haré arrancar su rastrojo y sembrar un nuevo trigo donde
salgan frutos buenos.

Sois hierba seca, hijos míos, y quitaré las pocas flores buenas que quedan entre vosotros y
las trasplantaré entre el trigo bueno.

AMPARO:

¡Ten compasión de ellos, Madre mía! También te pido por ellos. ¡Ellos también tienen un
alma!

EL SEÑOR:

Hija mía, si ellos abrieran sus labios para pedir perdón, mi Corazón está abierto de par en
par para todos los hombres, pero la cizaña es mala, hija mía y perjudica la cosecha. Están
haciendo desaparecer todas las cosas que elevan el alma a la divina Majestad de Dios. ¿Qué
han hecho de la creación, de los campos, si todo lo que eleva el espíritu quieren destruirlo,
hija mía? El mundo cada día va peor porque los hombres de mala voluntad gobiernan sin
Dios y, sin Dios, el hombre no tiene sabiduría para gobernar. Quiero que se construya en
este lugar una capilla donde día y noche esté expuesta la Eucaristía olvidada por los
hombres. Y sigo pidiendo una casa de amor y misericordia.

¿Pero, vosotros os preocupáis por los necesitados, hijos míos? Decís que ayudáis a los que
os necesitan y cada uno vivís cómodamente en vuestros hogares sin echar una mano al
necesitado; sólo os importa hacer desaparecer todo principio religioso.
Os dije, hijos míos, que estaban trabajando en la oscuridad y saldría a la luz. La luz la ven
tiniebla y la tiniebla la ven luz; la verdad la ven mentira y la mentira la ven verdad. Yo
descargaré mi cólera sobre ellos y pondré mi mano, y les haré beber de la misma amargura
que ellos hacen beber a los cristianos.

¿Hasta cuándo vais a estar con esos odios y esos rencores contra la divina Majestad de
Dios? ¡Ay de vosotros, hombres de poca fe, que queríais arrastrar a los hombres al camino
de la mentira y de la destrucción! ¿Cómo un ciego puede guiar a otro ciego? ¡Sí estáis
ciegos, hijos míos! Y esto os lo dice el Hijo de Dios vivo. ¿Y quién sois vosotros para decir
dónde la divina Majestad de Dios tiene que hacer su manifestación o dónde queréis que me
manifieste, hijos míos? ¿Os tiene que pedir todo un Dios a vosotros, criaturas, dónde y
cuándo el Creador puede y debe hacer sus obras? Yo he permitido que mi Madre se
manifieste en este lugar para avisar a los hombres la verdad del Evangelio, y quiero que
todos os reunáis en él y que nadie os amedrente ni os asuste, hijos míos. La fuerza la lleváis
dentro, porque lleváis a Dios, y los hijos de Dios no se rinden ante las injusticias.

Hija mía, Yo amo a todos por igual, pero ellos desprecian nuestros Corazones, nuestras
gracias y no quieren dones divinos. Quieren resplandecer en la tierra y les importan los
galardones y los halagos terrenos; no quieren eternidad, y por eso quedarán en el tiempo.

Orad mucho y luchad con humildad, y amad a la Iglesia con todo vuestro corazón. Amad al
Papa, hijos míos, y reuníos como los primeros cristianos. Todos unidos, todos juntos,
defended la palabra de Dios.

Mira cuántos bienaventurados han llegado a este lugar, por medio de tantas y tantas gracias
como han recibido. Y muchos de ellos, sí, porque han bebido del manantial.

Pero, ¿cómo podéis decir que no es potable el manantial, cuando años y años y peregrinos
de todos los lugares han bebido de él? Ésa es vuestra jugada, hijos míos, cerrar el
manantial, para que los hombres no acudan a rezar. ¿No pensáis que los hombres de buena
voluntad acuden a este lugar sin manantial y con manantial?

Seguid luchando, hijos míos; y el arma del Rosario es poderosa contra los enemigos de la
Religión. Acercaos a la Eucaristía y confesad vuestras culpas, hijos míos, y estaréis fuertes
para vencer todas las batallas. Que no os venzan, hijos míos, que os dije que os perseguirían
y os rodearían con aguijones de avispa, y eso están haciendo, hijos míos. ¡Hay tantas cosas
donde preocuparse y sólo se ocupan de vosotros y sólo os persiguen a vosotros! ¿Por qué,
hijos míos?, por un solo fin, por ser hijos de Dios. Sed fuertes y animaos unos a otros.
Intenten lo que intenten hacer a este lugar, no dejéis de acudir a él.

AMPARO: ¡Ay, Dios mío, ay, qué grandeza! ¡Ay, cuánta grandeza!

LA VIRGEN: Todo para los bienaventurados. (Amparo expresa gran gozo.)


Desde ese lugar también ellos os ayudarán a no hacer desaparecer el Nombre de aquí.

Sed humildes, hijos míos, y amad a vuestros enemigos; pero con la lucha del rezo del
Rosario que es lo que va contra Satanás.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los
moribundos, hijos míos. Todos estos rosarios son bendecidos con grandes bendiciones para
la conversión de los pecadores.

Invocad al Espíritu Santo, hijo míos, que de Él recibiréis los dones y la luz para actuar
como hijos de Dios. No hagáis lo que hacen los hijos de las tinieblas en sus escondrijos,
maquinar el mal para emplearlo contra sus hermanos. Que os conozcan por el amor.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

MENSAJE DEL DÍA 2 DE OCTUBRE DE 1993, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN: Hija mía, mi corazón viene lleno de dolor porque los hombres cada día
están más obstinados en hacer desaparecer mi Nombre. Soy la Madre de Dios y los
hombres no quieren reconocerme como Madre de Dios, me ven como madre del hombre.

EL SEÑOR: Sí, hijos míos, mi Madre es la Madre de Dios y los hombres tienen que
reconocerla como Madre de Dios. Ella me trajo en sus entrañas para redimir al mundo,
¿cómo es tan despreciada y tan poco venerada?

Seguid acudiendo a este lugar, hijos míos, donde mi Madre ha puesto sus plantas virginales.
Yo soy el Buen Pastor que di la vida por mis ovejas, y vosotros sois mi rebaño, y Yo os
conozco a todas mis ovejas y mis ovejas me conocen a Mí; y el Pastor está pendiente
siempre de sus ovejas para protegerlas del mal. No tengáis miedo, hijos míos, Yo no huí de
los lobos, Yo os defendí de los lobos y os sigo defendiendo de los lobos, hijos míos. Estáis
entre lobos que quieren hacer desaparecer el Nombre de María.

¡Ay, hombres de poca fe!, ¿hasta dónde queréis llegar con vuestras maldades? Vuestro
corazón está lleno de odio y de egoísmos; habéis apostatado de Cristo, ¿cómo podéis
gobernar sin Él, hijos míos?

Y vosotros no tenéis nada, hijos míos, que temer, ni esconder. Todo se puede ver, hijos
míos, y no tenéis ningún secreto que puedan revelar. Todo está a la luz, hijos míos, porque
los Hijos de Dios trabajan en la luz y los hijos de la tiniebla trabajan en la oscuridad. Por
eso, hijos míos, tenéis que amar a vuestros enemigos; pero defended con amor y con
energía la verdad. No tengáis miedo por vosotros, tened compasión por sus pobres almas y
por sus pobres cuerpos. Yo les di la luz y se arrastraron a la tiniebla, ¿no son más dignos de
lástima ellos que vosotros, hijos míos? Y no sólo reniega de Cristo, sino que se deja
arrastrar por los que aborrecen a Cristo. Yo le di luz y tuve su alma en mis manos, pero él
se dejó arrebatar por la astucia del enemigo.

¡Ay, alma infiel!, ¿hasta dónde quieres llegar? ¿No has tenido bastante con ser infiel al
Creador, que quieres que las criaturas también sean infieles a las leyes de Dios? Yo te amé
y te tuve en mis manos. Tú me despreciaste y te fuiste a la tiniebla; ¿cómo puedes gobernar
un pueblo sin Dios, hijo mío? Nada te saldrá bien.

Pedid por ellos, hijos míos, son dignos de compasión. ¿No os dije, hijos míos, que esa sería
la "jugada", hacer desaparecer la fuente de este lugar? Y miles y miles de almas han bebido
del manantial. No os dejéis engañar por mentiras y palabras engañosas. De ese manantial
han bebido miles de peregrinos que han pasado por él. Es la "jugada" para hacer
desaparecer de aquí el Nombre de María.

¡Ay, hijos míos!, ¿hasta dónde queréis llegar? Rechazáis mis mensajes, hijos míos. Os
aseguro que si en Sodoma y Gomorra hubiera habido tantos milagros como aquí, no
hubieran desaparecido; pero seréis castigados peor que Sodoma y Gomorra. Si no pido a los
hombres nada más que amar a Dios, ¿por qué os interponéis en su camino? Dejad la
libertad cristiana, hijos míos. ¿Creéis que los hombres se rinden? Los verdaderos hijos de
Dios no se rinden con vuestras "jugadas", hijos míos. Vosotros habéis apostatado y no
dejáis a los cristianos que vivan su fe. No vengáis con buenas palabras hijos míos, que esas
palabras son mentirosas. Sólo os importa hacer desaparecer de aquí el Nombre de Jesús y
María.

Y vosotros, como hijos de Dios, defended este lugar; no permitáis que desaparezca mi
Nombre de aquí ni el Nombre de María. Han desviado esas aguas, hijos míos, pero vosotros
bebéis de otras fuentes que os ensalzan a la eternidad, que ellos no son dignos de beber. Y
gracias a tantas y tantas almas como oran y hacen penitencia, detendré mi Justicia. Pero,
hijos míos, ¡ay de los culpables, porque mi... (interrumpe Amparo con un "ay. . . !"
doloroso) caerá sobre vosotros.

Ya estáis recibiendo el mal que estáis haciendo, hijos míos; estáis encolerizados y vuestro
corazón está lleno de odio para perseguir a los cristianos y a los hijos de Dios. ¿Dónde está
la libertad de los cristianos?; habláis de libertad y ponéis condiciones. Sólo Dios es el que
pone condiciones.

Orad y amad a la Iglesia, hijos míos, que nosotros esperamos a los pecadores y, al más
pecador que venga y se arrodille a las plantas de Jesús; por muy graves que sean sus
pecados le diré lo que a la Magdalena: "Vete y no peques más, tus pecados te son
perdonados". Acercaos al Sacramento de la Penitencia y al Sacramento de la Eucaristía,
fortaleceos en él. ¡Cómo se nota el sello de Dios, hijos míos!, si no, ¿cómo comprendéis
que tanta y tanta persecución iban a ser capaces de aceptar, si no es por Dios Creador?

Nada os asuste porque nada tenéis que ocultar, hijos míos, todo está en la luz, no tenéis
escondrijos. Orad mucho, hijos míos y haced mucha penitencia. Y acudid a este lugar y
todos seréis bendecidos y marcados con una cruz en la frente.

Besa el suelo, hija mía, por la conversión de todos los pecadores.

Y el que quiera ser mi discípulo que se niegue a sí mismo, coja su cruz y me siga; porque
aquél que me niegue ante los hombres Yo lo negaré ante mi Padre; y aquél que dé
testimonio de Mí ante los hombres, Yo daré testimonio a mi Padre de él. No seáis cobardes,
hijos míos, sed valientes; pensad en los grandes santos que cantando iban al martirio. Hay
muchas maneras de martirizar a las almas, hijos míos, sed pacientes y hablad con caridad y
energía. Defended mi Obra y seguid haciendo obras de amor y misericordia. Les pasa lo
que a los paganos, ni hacen ni dejan hacer; viven para sí mismos, sin repartir con les
pobres. ¿Y cómo hablan de solidaridad, si la solidaridad es amar al prójimo? Eso es la
solidaridad, hija mía, el amor al prójimo. Hablan de paz y ellos forman la guerra; hablan de
amor y no extienden la mano al necesitado. ¿Eso es compartir con los demás?

Vivís para vosotros mismos y no dejáis que los demás ayuden a los necesitados. Ni entráis
en el cielo ni queréis que los demás entren.

Reuníos todos juntos, hijos míos, y amaos como los primeros cristianos y defended a
Cristo, no seáis cobardes. Los hijos de Dios tienen que ser fuertes. Amad al Santo Padre,
amad a la Iglesia; éste es el camino directo del Evangelio. Y pedid por por ellos, hijos míos.

LA VIRGEN: Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones
especiales para los pobres pecadores. Todos han sido bendecidos con una bendición
especial.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

MENSAJE DEL DÍA 6 DE NOVIEMBRE DE 1993, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN: Hija mía, sé que sufres hija mía pero no quiero que nada te turbe. Piensa,
hija mía, que tu vida en la tierra no es fácil. Desde niña, hija mía, fuiste escogida para
sufrir, para padecer. Tu felicidad en la tierra, hija mía no puedes alcanzarla, pero Yo te
recompensaré por todo este sufrimiento. Sé que también sufres por esas almas obstinadas
en hacer desaparecer mi Nombre de este lugar; sé que también las amas.

AMPARO: Te pido, Madre mía, por Lucas. No es malo, Madre mía, concédele la gracia de
que te conozca.

LA VIRGEN: Yo no digo que es malo hija mía, pero los malditos ideales son los que lo
revolucionan, y por los hombres que buscan las guerras y las discordias se rebelan contra
Dios, como si Dios fuese el culpable de los males que hay en el mundo. Son los hombres,
hija mía, que esa libertad que tienen la convierten en libertinaje destructor. Sé que tu
corazón sufre por todos ellos; pero piensa, hija mía que has sido creada para sufrir. Desde
muy pequeñita no sentiste el calor del hogar, ni la alegría ni los besos de una madre; pero
Yo no te abandoné en ningún momento, hija mía. Yo soy Madre de los que sufren.

AMPARO: Te pido por todos ellos, ¡conviértelos, Madre mía! (Luz Amparo solloza.)

LA VIRGEN: Hija mía, si los hombres están en tinieblas, no quieren la luz. La sociedad
camina hacia la ruina y los hombres siguen ciegos; no piensan que sin Dios no pueden
gobernar. La juventud busca una vida fácil y cómoda; se refugian en las drogas, en el
alcohol, en los placeres del mundo, y el enemigo les tiende esa trampa mortal de la que no
pueden salir porque no tienen fe, hija mía y no mueven sus labios para pedir ayuda; se
dejan hundir en el pecado.

Venid a Mí, hijos míos, todos los que estáis necesitados, que mi Corazón está lleno de
ternura y os protegeré bajo mi manto y os daré mi amor y mis gracias serán derramadas
sobre vuestros hogares.

¡Ay, pobres almas, no quieren salir, hija mía, de donde están metidos! El demonio les ciega
y se ven felices sin Dios.

Yo quiero fijar mi morada en este lugar; este pueblo me necesita, pues son muy pobres,
porque tienen pan, hija mía, pero no tienen a Dios, y el que no tiene a Dios aunque tenga
pan es pobre de espíritu. Yo derramo gracias sobre todos los hombres, pero muchos las
desprecian, aún de los mismos que dicen llamarse hijos de Dios. Yo quiero corazones
fuertes, no quiero corazones que se tambaleen.

Tenéis que ser fuertes, no permitáis que hagan desaparecer mi Nombre de este lugar, Dios
lo ha escogido para Mí. Este lugar me gusta, hija mía, porque Yo sé que me necesitan.

EL SEÑOR: Acudid a este lugar, hijos míos, acudid, y no tengáis miedo. Yo soy el
principio y el fin de todas las cosas. Estoy por encima de las creaturas y su mandato será
temporal, pero mi reinado es eterno. Amaos unos a otros, hijos míos, ahí se notará que sois
hijos de la verdad. Yo soy la Verdad, el Camino y la Vida, el que está conmigo tendrá vida
eterna. No os desmoronéis por la calumnia y la difamación, hijos míos, seguid adelante. No
hay nada oculto, repito: las puertas están abiertas para todo el que quiera ver la verdad.

Seguid amando a los necesitados y no os preocupen las calumnias ni las difamaciones. Yo


he prometido que todo el que acuda a este lugar recibirá gracias especiales.

Hija mía, me pediste por el chico del accidente, se ha salvado, su alma está en el cielo, lo
recogí Yo con mis propias manos y lo llevé a beber de un licor más delicioso y más dulce
que el que estaba bebiendo; lo llevé a la tierra que mana leche y miel; a la tierra de los
prometidos.

AMPARO: .... (Expresando gozo.)

EL SEÑOR: Muchas almas no me conocen por ignorancia, hija mía, a esos no les puedo
tomar en cuenta, pero si a aquéllos que me conocen y me desprecian y reniegan de mi
Nombre.

Rezad con mucha devoción el santo Rosario, hijos míos, que Yo lo escucharé como si
saliera de los propios labios de mi Santísima Madre y recibiréis gracias en abundancia, y
vuestras frentes quedarán selladas, para que no os dejéis engañar por palabras mentirosas y
engañosas.

Yo os quiero fuertes, hijos míos, y dejo mi Obra en vuestras manos; y los hijos de Dios no
se rinden, con justicia y con verdad.

Todos los que acudís a este lugar no seáis flacos, sed fuertes, porque si vuestros corazones
se tambalean, es porque vuestra fe es floja, si sois valientes y firmes, vuestra fe es firme
también. Sois hijos de la luz, y los hijos de la luz pueden más que los hijos de las tinieblas,
porque la luz resplandece y la tiniebla se oculta, hija mía. Amaos unos a otros, éste es un
Mandamiento principal de la Ley de Dios y acudid todos juntos a orar. Orad hijos míos, y
no esté vuestro espíritu flaco. Los que están conmigo no están contra Mí, y si Yo estoy con
vosotros, ¿a quién podéis temer, hijos míos? ¡Cuántos primeros serán últimos y últimos
serán primeros! Y os repito que quiero fijar mi morada en este lugar; sed fuertes, pues en
este lugar se ha manifestado mi Madre, y donde está la Madre está el Hijo.

Seguid luchando, hijos míos, con oración y sacrificios; el enemigo se vence ante la oración
y ante el sacrificio; puede trabajar en la oscuridad, pero al final resplandecerá la luz a los
hijos de la verdad.

LA VIRGEN: Besa el suelo, hija mía, por tantos y tantos agravios que cometen contra
nuestros Corazones.

Dije, hija mía, que consolaras mi Corazón; mira, cómo lo tengo de dolor. Por eso quiero
que participes conmigo, hija mía. (Voz entrecortada por el llanto). Mi Corazón está rodeado
de espinas por la ingratitud de los hombres, hija mía, Yo los amo a todos, pero me
desprecian y me odian, hija mía. No puedes tocar ninguna espina, están muy profundas, hija
mía.

Con vuestro dolor podéis consolar mi Corazón; participáis conmigo para la salvación de las
almas, hijos míos. El dolor es redención y Yo soy Redentora con Cristo, porque fui
Corredentora con Él en toda la Pasión y amargura de mi Hijo.

Hija mía, encontrarás dificultades por todos los sitios, pero Yo fortaleceré tu espíritu. Los
hijos de la verdad están en la paz, los hijos de la mentira están en la guerra; hablan mucho
de paz y hacen la guerra constantemente.

¿No veis, hijos míos, hacia dónde camina la sociedad? Camina a pasos agigantados hacia la
destrucción, porque el mundo está corrupto por la maldad que hay entre los hombres.

¿Cómo podéis culpar a Dios de vuestros males?, si sois vosotros, hijos míos, la sociedad,
los que no queréis mirar hacia Dios, vuestro Creador.

Yo tengo los brazos abiertos para todos los que vengan a Mí, perdonarlos y hacer que
busquen la paz con oraciones y sacrificios, hijos míos. Orad, orad para que vuestras almas
estén en comunicación con Dios. (Pausa larga.)

Quiero una vida mejor para vosotros. Yo quiero que todos los hombres se amen como
hermanos, que no se odien ni se desprecien.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales para la
conversión de los pobres pecadores.

Todos han sido bendecidos con bendiciones especiales.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

MENSAJE DEL DÍA 4 DE DICIEMBRE DE 1993, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hijos míos, quiero empezar diciendo que, todos arrodillados, hagáis una consagración a
nuestros corazones y digáis: "Oh Corazón divino de Jesús y Corazón Inmaculado de María,
yo me entrego a Vos y os entrego todo mi corazón. Quiero conservar mi fe y cumplir los
mandatos y las Leyes de la Iglesia. Quiero ser firme en esta consagración".

Yo, hijos míos, derramaré gracias sobre vosotros; pero no quiero corazones inestables,
quiero corazones firmes, no quiero corazones que se dejen guiar por los chismorreos que
hay en el mundo. ¿Cómo, hijos míos, os dejáis guiar por las maldades del mundo y las
mentiras; las calumnias y las difamaciones? si vuestra fe es firme, nadie os la podrá
arrancar. Pero el que se deja engañar, es porque no está seguro de estos hechos. Dad gracias
por las gracias que habéis recibido, hijos míos, no os acongojéis ni os angustiéis por las
persecuciones. ¿No veis, hijos

míos, que lo que intentan es destruir el Nombre de Dios? Orad mucho, rezad por los que
gobiernan los pueblos, porque ellos no tienen tiempo, hijos míos, su tiempo lo emplean en
guerras y discordias; van de acá para allá, para ver, hijos míos, dónde os pueden atacar.
Pero todo lo que hacéis está limpio y no pueden sacar nada a la luz, sólo pueden decir que
ellos son culpables de no ayudar a los hombres para hacer obras de amor y misericordia.
¿No veis, hijos míos, que sus propias palabras se volverán contra ellos? Vosotros seguid
haciendo el bien a todo el que os necesite. ¿No veis, hijos míos, que se creen los más
grandes, y, por encima de ellos hay Otro más grande? Si Dios es el Creador que ha creado
al hombre, ¿cómo el hombre puede vivir sin su Creador?

Todas las cosas que el hombre hace sin Dios, hija mía, no pueden salir bien. Se creen
triunfadores, pero al final Dios triunfa. No quiero, hija mía, que nada de la tierra te
angustie. ¿No ves a qué precio, hija mía, conseguirás el Paraíso?

AMPARO: ¡Madre mía!, hay otros lugares en este mismo pueblo que ofrecen prados
hermosos para que Tú hagas la capilla que pides.

LA VIRGEN: ¡No, hija mía!, Yo he sido la que he escogido este lugar; este lugar me
gusta, y vosotros sois los que tendréis que luchar por él. ¿Quién es el hombre para cambiar
la plana de Dios? No, hija mía, si Yo escojo un lugar, quiero seguir en el lugar que he
escogido y, aunque el hombre cambie la plana de Dios, seguiré manifestándome en este
lugar, Dios lo ha querido.

Orad, hijos míos, y haced mucho sacrificio. El mundo camina cada día hacia el abismo, la
corrupción cada día es mayor; la juventud se deja cada día arrastrar más por las drogas y el
alcohol, hijos míos, y los gobernantes de los pueblos hablan de paz y ellos buscan las
guerras.

El mundo está en un gran peligro, hija mía, sólo Dios puede sacar al hombre del abismo
donde se ha metido. Si no mira el hombre a Dios, habrá desgracias en el mundo como
jamás se han conocido.

Yo estoy con vosotros, hijos míos, una madre no abandona a sus hijos.
Tú, hija mía, ayuda al necesitado y tiende la mano al afligido, y coge a todos los que te
necesiten.

EL SEÑOR: Y vosotros, todos los que peregrináis a este lugar tantos años, hijos míos, que
habéis recibido tantas gracias, tenéis que ser fuertes; los hijos de Dios ni se rinden, son
valientes. Caminad el camino del Evangelio; es lo más hermoso, hijos míos, y seguid
pidiendo por estas almas ingratas que no buscan nada más que discordias y hacer la guerra.
Donde está la guerra está la tiniebla; no pueden ver porque les falta la luz. Sed valientes y,
aunque los hombres se rían de mis mensajes, el día del juicio final rechinarán los dientes y
llorarán amargamente; y no tendré oídos para escuchar ni palabras de compasión para que
oigan.

LA VIRGEN: Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos para la salvación de las
almas. Todos han sido bendecidos con bendiciones especiales.

Hijos míos, sed firmes en vuestra fe.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 4 DE ENERO DE 1992, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN: Hija mía, sigo viniendo con mi manto de misericordia y de amor; ya ves,
hija mía, este manto es tan grande como todo el universo. Mis palabras son de amor, pero
dentro de poco pueden ser, hija mía, de pena, de lágrimas y de dolor. El mensaje se acabará,
pero mis bendiciones seguirán. Quiero en estos tiempos bendecir a los hombres. Mi Hijo
me ha mandado para dejaros en el camino, en el camino del Evangelio. Dios os ha creado,
os ha redimido y os ha santificado; vuestros corazones están hechos para la eternidad. Por
eso, Dios mi Creador, me ha puesto como puerta del cielo. (Pausa, palabras ininteligibles)

Venid a Mí, que Yo soy Madre de amor y misericordia. Y Yo intercederé a mi Hijo y mi


Hijo llevará al Padre. Cumplid con las leyes, hijos míos, y que nadie añada ni quite una
palabra del Evangelio; mientras el cielo y la tierra existan nada se quitará de las leyes que
están escritas.

Hija mía, mira dónde están todos a mi derecha. Por eso, sigue repitiendo, hija mía, una y
otra vez las palabras que te comunico.

Pero, ¡pobres de los que están a la izquierda, hijos míos! ¡Hombres de poca fe!, ¿por qué
dudáis de la palabra del Evangelio? porque habéis dudado y no habéis querido seguir el
camino del Evangelio os encontráis en este lugar. ¡Ay de aquéllos que no cumplan la Ley!
Mi Corazón está traspasado de dolor viendo que los hombres cada día se endurecen más y
su mente y su corazón están en la tierra.

AMPARO: ¡Madre mía, ayúdame; ayúdame que yo no puedo, no puedo más! ¡Ayúdame,
Madre mía! Yo quiero ser fiel, pero no tengo fuerzas. (Llanto de Amparo)

LA VIRGEN: Hija mía, en tu debilidad tiene que estar tu fortaleza. Tú dijiste sí, y el
cheque lo tienes en blanco, hija mía.

AMPARO: Con tu ayuda, Madre mía, podré seguir adelante. (Amparo no deja de gemir)

LA VIRGEN: ¡Ay de aquéllos que sois infieles a las gracias y aquéllos que no os dejáis
guiar por el Evangelio!, más os valiera haber muerto, hijos míos, antes de que llegue la hora
suprema de Dios. Todavía os ofrece mi Corazón amor; venid, que Yo tengo un Corazón
grande de Madre y os puedo impregnar de mi amor. Y cuando se acaben los mensajes en
este lugar, no hagáis caso cuando os digan que aquí o allí, cerca de estos lugares se siguen
repitiendo los mensajes. Mi mensaje ha sido universal, hijos míos, y ya os lo he dicho todo.
Cumplid con las leyes y os salvaréis; pero no juguéis con mi Nombre. No os dejéis arrastrar
por esos falsos videntes, por esos falsos profetas, hijos míos, que se adoran ellos mismos
sin adorar a Dios, su Creador.
Os he dicho, hijos míos, que mis mensajes se acabarán, pero mi bendición y mi palabra de
amor seguirán en este lugar. Sed fieles, hijos míos, fieles testigos del Evangelio; id por todo
el mundo a predicar estas palabras de verdad y de vida.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantas y tantas ofensas como se cometen en el
mundo.

Acudid a Mí, hijos míos, que Yo seguiré derramando gracias muy especiales para la
salvación de vuestras almas. A todo el que acuda a este lugar, derramaré gracias especiales
sobre él.

Levantad todos los objetos, hijos míos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales
para la salvación de los moribundos.

Todos han sido bendecidos para la salvación de las almas. Aplicad estos objetos sobre los
moribundos.

Y tú, hija mía, sé fuerte; la fortaleza está en Nosotros; refúgiate en nuestros Corazones, y si
te dan en una mejilla pon la otra. Ya te he dicho muchas veces que el discípulo no es más
que el Maestro, y ya sabes lo que hicieron con el Maestro, hija mía.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

MENSAJE DEL DÍA 4 DE FEBRERO DE 1992, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN: Hijos míos, mi Corazón viene lleno de gracias para derramarlas sobre todos
vosotros. Os voy a decir, hijos míos, que quiero que mi Obra se multiplique como las
estrellas que hay en el cielo.

EL SEÑOR: Sí, hijos míos, todo el que pertenezca a esta Obra y dé testimonio de fe y de
caridad derramaré sobre ellos todo género de gracias; y especialmente para todos aquellos
que vivan según el espíritu, no según la carne. Dad testimonio de fe y de caridad, hijos
míos. Todos aquellos que ayudéis mi Obra seréis recompensados y estaréis muy cerca de la
morada de mi Padre; y os recordaré las palabras del Evangelio donde dice: "Tuve hambre y
me diste de comer, sed y me diste de beber, desnudo y me vestisteis, enfermo y me
visitasteis"; os recordaré aquellas palabras, hijos míos.
Para todos aquellos que ayudéis a los mayores en su ancianidad, os prometo una
recompensa eterna.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos pecados como se cometen en el mundo.

LA VIRGEN: Mis palabras han sido cortas pero muy exquisitas, hijos míos. Todo el que
practique el Mandamiento del amor será recompensado.

Mi mensaje se acaba, pero mi amor, hijos míos, seguiré derramándolo sobre vosotros.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

MENSAJE DEL DÍA 7 DE MARZO DE 1992, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hijos míos, sólo unas palabras, pero exquisitas palabras: guardad vuestra alma, y vuestras
acciones y obras encaminadlas hacia el espíritu; y Yo protegeré vuestras almas, hijos míos.

Acudid a este lugar, que todo el que acuda a este lugar recibirá gracias especiales en vida y
en muerte.

No os hagáis caso, hijos míos, si os dicen que cerca de estos lugares me manifiesto, pues
todo os lo he dicho, hijos míos. Cumplid la doctrina.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos pecados como se cometen en el mundo.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales para
moribundos y para el día de las tinieblas.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 4 DE ABRIL DE 1992, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR:

Hija mía, sólo vengo a pedirte que me ames, y me glorifiques y me hagas amar por las
almas; salva almas, hija mía. Los hombres no paran de ofender a Dios, y Satanás hace
tiempo que ha desencadenado su mal y lo ha extendido por todo el mundo. Por eso pido a
los hombres que todo el que pueda se retire del mundo y viva en comunidad, pues no es
fácil salvarse en el mundo, porque el que está en el mundo vive del mundo. Retiraos todos
los que podáis con vuestra familia y vivid en comunidad, hijos míos. Yo sellaré con un
sello especial vuestros nombres, si os entregáis a la gloria de Dios, hijos míos.

Los hombres viven en la tiniebla. Buscad la luz, hijos míos, y amad a Dios y glorificadle.

El Santo Padre sufre mucho, hija mía, porque muchos de sus pastores y muchos fieles de la
Iglesia se desvían del camino del Evangelio; y ese sufrimiento lo va agotando y acortando
sus días en la tierra; porque muchos de los sacerdotes no hacen caso al Pastor que hay en la
Cátedra de Pedro. Obedeced al Representante de Cristo, hijos míos, que muchos de
vosotros os habéis desviado. Amad a la Iglesia; pertenecéis a ese cuerpo místico y no os
alimentáis de su savia. Pido a todos los seglares que quieran seguir el camino del
Evangelio, que vivan en comunidades como los primeros cristianos, que Yo, como Hijo de
Dios vivo, tengo poder para sujetar el relámpago en mis manos y hacer que mis carros de
fuego cojan a todos mis escogidos y los transporten a este lugar, hija mía. Mira mis carros,
hija mía, y cuenta cómo son.

AMPARO:

Veo grandes carros, con grandes ruedas; van dentro de ellos hombres vestidos de león y de
águila con grandes alas, mirando siempre hacia adelante; se juntan unas alas con otras;
bajan. Hay millones y millones de ojos alrededor de ellos. Salen brazos de hombres para
coger a las criaturas; se posan en la tierra con pezuña de león, llevan sobre sus cabezas
escafandras de zafiro y sobre su cuerpo piedras de jaspe; esas ruedas se dirigen hacia los
cuatro puntos cardinales. Vienen envueltos en una nube de luz, millones y millones se
posan en la tierra, abren sus ojos y salen sus brazos y escogen a todas esas criaturas.
(Amparo expresa gozo incontenible). ¡Ay, Dios mío, ay...! Todos están dentro, cierran sus
ojos y meten sus pezuñas, y sus ruedas se dirigen hacia el mismo lugar. (Amparo no deja de
expresar su gozo). Van juntos unos contra otros -sólo se ven las alas- que viven hasta otro
mundo, otro mundo distinto; hay resplandor y belleza... ¡Ay, ay,... Se paran todos, se
vuelven a abrir los ojos, empiezan a salir todos. ¡Uy, cuántos, y cuántos y cuántos...! ¡Ay
qué belleza hay en ese lugar! Ahí estarán hasta el día del juicio final. Hay un gran altar; ese
gran altar es muy grande, alto, muy alto. Todos llevan libros en la mano. En medio del altar
hay un hombre con cuerpo de león y cabeza de águila. Coge un gran libro, lo abre y explica
el Evangelio tal y como está escrito. ¡Ay, qué belleza!, ¡ay, qué belleza! ¡Ay...! Todos son
transportados, todos estos carros. Se oirán sonidos como de truenos y trompetas de gloria.
¡Ay, qué grandeza, ay, qué grandeza!

EL SEÑOR:

Por eso os pido, hijos míos, vivid el Evangelio, que la mayoría de la humanidad no vive el
Evangelio; y no podrán ser transportados a la tierra del Edén. ¡Y cuántos...! Unos serán
tomados y otros serán dejados; entre padres e hijos, unos quedarán y otros serán
arrebatados.

Por eso os pido, hijos míos, que dejéis el mundo y os dediquéis a vuestro espíritu y a
vuestra alma. Cumplid el Primer Mandamiento de la Ley de Dios que es el Amor. Si los
hombres no se aman no podrán llegar a la tierra del Edén. Aquí sólo hay amor, sólo paz y
unión. Todos seréis marcados los que acudáis a este lugar, y protegidos de las asechanzas
del enemigo.

LA VIRGEN:

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales, para el día
de las tinieblas.

MENSAJE DEL DÍA 2 DE MAYO DE 1992, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR:

Hijos míos, hago un llamamiento para toda la Humanidad; todos aquéllos que podáis vivir
en comunidad, hijos míos, hacedlo. Reuníos en una sola familia y vivid según mi espíritu.
Yo hago un pacto con todos vosotros de fidelidad y de amor, para todos aquéllos que
queráis vivir según el Evangelio en una gran familia. Os pido, hijos míos, que seáis unos
mismos y viváis como hermanos; todos seáis unos, hijos míos, como el Padre y Yo somos
Uno; así os pido, hijos míos, que viváis todos unidos.

Es difícil, hijos míos, os repito, que podáis salvaros en el mundo porque en el mundo vivís
según vuestros gustos y para vosotros mismos. Sin olvidar, hijos míos, que habéis sido
creados con un solo fin, cumplid el primer mandamiento: amarás al Señor tu Dios y al
prójimo como a ti mismo. Y, para vosotros, hijos míos, el prójimo no existe; sois vosotros
mismos los que pensáis en sí mismos.

Quiero que viváis una vida litúrgica, y para vivir esta vida litúrgica, hijos míos, sólo tenéis
que hacer una cosa: RETIRAROS DEL MUNDO Y VIVIR COMO AQUELLOS
PRIMEROS CRISTIANOS AMANDOOS UNOS A OTROS, SIN PENSAR EN
VOSOTROS MISMOS.

Es hora, hijos míos (de) que abráis vuestros oídos; no queráis escuchar el día de vuestro
juicio: "id, malditos, al fuego eterno que está preparado para Satanás y sus ángeles... porque
tuve hambre y no me disteis de comer, sediento y no me disteis de beber, desnudo y no me
vestisteis, enfermo y no me visitasteis". En ese momento, hijos míos, no escucharé los
llantos, ni el rechinar de dientes. Vivid según el Evangelio para que oigáis las palabras de
"venid, benditos de mi Padre a gozar todos de lo que mi Padre tiene preparado para todos
aquellos que han hecho su voluntad. Hijos míos, ya es hora (de) que viváis el Evangelio
según está escrito; no que cojáis la parte del Evangelio según os conviene a vosotros, hijos
míos. Yo os amo y por eso os aviso.

Derramaré muchas gracias sobre vosotros, hijos míos. Todos aquéllos que acudáis a este
lugar, seréis bendecidos con bendiciones especiales.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos, hijos míos.

Estos objetos, hijos míos, han sido bendecidos con bendiciones especiales para el día de las
tinieblas.

Repito, hijos míos, que TODOS LOS QUE PODÁIS, VIVÁIS EN GRANDES
COMUNIDADES Y VIVÁIS LITÚRGICAMENTE.

La paz sea con vosotros, hijos míos.

MENSAJE DEL DIA 6 DE JUNIO DE 1992, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, hoy vengo con el manto lleno de gloria. Derramaré muchas gracias sobre todos
los que han sido fieles y han acudido a este lugar. Muchos, hija mía, empezaron bien y
terminaron mal; pero mira todo lo que tengo preparado para los que han sido fieles a este
lugar donde mis plantas se han posado, hija mía. Te digo muchas veces que no es bueno
empezar bien y terminar mal; sino empezar, hija mía, y ser fiel hasta el final. Yo dije que
todos los que acudiesen a este lugar serían bendecidos y marcados con una cruz en la
frente, pero para todos aquellos que han sido fieles y constantes, hija mía. Dije que la
capilla orante saldría si ellos eran fieles, pero buscan la mala oración sin querer hacer la
acción. Quiero capillas vivas, capillas obrantes para llegar a las orantes. Eso te lo he
repetido muchas veces, hija mía, ¿qué es la palabra sin obras? Hoy derramaré todas estas
gracias sobre todos los que acudan a este lugar; sobre sus almas, hija mía. Y, sobre todo,
derramaré torrentes de gracias para todos aquéllos que son fieles a mi obra de amor y de
unidad.

EL SEÑOR:

Sí, hija mía, todos los que acudan a este lugar recibirán gracias especiales; los amamantaré
como una madre amamanta a sus hijos; los sentaré sobre mis rodillas y bendecirán mi
nombre; les enseñaré la sabiduría y nunca jamás se les olvidará, para todos los que sean
fieles y vivan según el Evangelio, que muchos dicen vivir el Evangelio y lo viven a medias,
hija mía. Para vivir el Evangelio tienen que seguir mis huellas y mis huellas son de
desprendimiento, de humildad, de obediencia, de caridad. Dije que el primer mandamiento
y segundo, en él están todas las leyes, hija mía, el que cumple esos dos primeros, cumple
los ocho siguientes (*)

Desprendeos del mundo y de los apegos del mundo para que vuestros corazones puedan
sentir paz, hijos míos. Os pido que, todos los que podáis viváis en comunidad; desprendeos
de vuestra herencia y ponerla como los primeros cristianos, hijos míos; pero no hagáis lo
que Ananías y Safira. Servid a un solo Señor de Señores. Quiero que vuestros corazones
reverdezcan como la hierba y vuestros frutos sean dignos, hijos míos; y para esto tenéis que
dejar los apegos mundanos. Muchos dicen cumplir la doctrina de Cristo y sólo viven para
sus intereses propios. Por eso, un día no muy lejano, muchos serán los llamados y pocos los
escogidos, porque pocos viven según el Evangelio. Vivid como los primeros cristianos,
hijos míos; y para no tener apegos mundanos, tenéis que retiraros del mundo y que lo de
todos sea de uno y lo de uno sea de todos.

Alabad y glorificad a Dios, hijos míos. No os glorifiquéis a vosotros mismos. Alabad mi


Nombre.

AMPARO:

(Amparo extiende los brazos como lo hace un sacerdote en las oraciones de la misa) ¡Santo,
santo, Dios de los ejércitos, lleno está el Cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el Cielo,
bendito el que viene en el nombre del Señor! Santo es el nombre de Dios... Santo es el
nombre de Dios. (Aquí Amparo se inclina hacia adelante en actitud orante y de sumisión y
deja la cara a ras del suelo sin tocarlo... Se incorpora). Bendito, bendito, bendito sea Dios,
los ángeles cantan y alaban a Dios.

EL SEÑOR:

¡Cuánto le gusta a mi Padre esta alabanza, hijos míos! Alabadlo y glorificadlo. Trabajad
con alegría y dad con alegría para que Yo pueda amaros, hijos míos. Todo este mes
derramaré gracias muy especiales para la salvación de las almas y la protección de las
familias.

LA VIRGEN:

Humildad pido, y que vuestra obra sea el nombre de unión, amor y paz. Y quiero que se
extienda por todas las partes del mundo. La paz, el amor entre los hombres y la unidad es
muy importante, hija mía.

Levantad todos los objetos; todos serán bendecidos con unas bendiciones muy especiales
para los moribundos.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo. La paz sea con vosotros, hijos míos.

(*) La idea que late en este punto no es otra que la evangélica expresada por Jesús en el
Evangelio de San Mateo, capitulo 22, versículos 38 y siguientes.

MENSAJE DEL DÍA 4 DE JULIO DE 1992, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hijos míos, hoy vengo con mi manto de amor, mi manto de misericordia, para enseñaros a
refugiar a todos los necesitados dentro de vuestros corazones. Mira, hija mía, como están
dentro de él protegidos. (Amparo está viendo muchas personas bajo el manto de la Virgen).

Os quiero enseñar el amor, ese Mandamiento tan importante en estos tiempos tan graves.

EL SEÑOR:

Hijos míos, os tengo a todos en mis manos para que estéis seguros y os tengo atados con la
cadena del amor, para que no podáis separaros de Mí, hijos míos; por eso pido que rompáis
con todos los obstáculos que hay en la tierra, que os desprendáis de la materia para que
podáis estar junto a Mí, hijos míos. Perfeccionad vuestras vidas para vuestro provecho,
hijos míos. Os pido que seáis fieles testigos del Evangelio, para vuestra salvación, hijos
míos. No os pido nada para Mí, Yo no necesito nada del hombre, lo tengo todo por Mí
mismo y me valgo por Mí mismo; pero amo tanto al hombre, porque lo hice a imagen y
semejanza de Dios, y quiero que el hombre ame con esa semejanza.

Amaos los unos a los otros, hijos míos, como Yo os he amado. Haced buenas obras, hijos
míos, para que podáis ir a la región de los vivos. Todos aquellos que os dediquéis a
consolar a los afligidos, a dar de comer al hambriento, de beber al sediento, de vestir al
desnudo, a todos, hijos míos, aquellos, os sacaré de esta tierra estéril y seca y os conduciré
a la nueva tierra donde seréis regados con fuentes vivas y os conservaréis lozanos y frescos,
hijos míos. Por eso os pido, hijos míos, que sigáis el Evangelio, para que podáis ir a la
nueva tierra donde mana leche y miel, donde está la hermosura y la belleza. Pero si no
practicáis el Mandamiento del Amor, hijos míos, en estos tiempos tan graves, no podré
conduciros a la tierra prometida.

Y tú, hija mía, instrumento cogido por mis manos, sigue adelante con mi obra, que nada ni
nadie te angustie, pues Yo pondré ángeles en la tierra, hija mía, para que traigan alimento a
tus necesitados. Yo iré tocando los corazones, uno por uno, hija mía, pero que nada ni nadie
te angustie. sé fiel instrumento a mi Obra, hija mía. Quiero que se multiplique como las
estrellas que hay en el cielo. También hay ángeles buenos en la tierra, que Yo los conduciré
para que crezca mi Obra, hija mía. Tocaré a sus corazones como sediento, como
hambriento, como desnudo, como enfermo, y los ablandaré para curar mis heridas como
bálsamo suave, hija mía, porque todos aquéllos que hagan una pequeña obra con alguno de
estos hijos de la tierra, lo harán por Mí. Por eso os pido, hijos míos, amaos los unos a los
otros y practicad el Mandamiento del Amor. Si me amáis, hijos míos, ¿cómo Yo voy a
olvidar vuestra Obra y mía?

Pero sólo se consigue llegar aquí desprendidos de la materia, hijos míos, y la mayor parte
de los seres humanos, su corazón lo tienen apegado al mundo y a las cosas del mundo.
Amaos, hijos míos; ése es el Mandamiento más importante, el Mandamiento del Amor.
Amad a Dios vuestro Creador y al prójimo como a vosotros mismos, hijos míos.

Sé firme y fuerte, hija mía, hay muchas almas necesitadas y sólo con fortaleza y con amor
se puede llegar a ellas, hija mía. Preocúpate de mis cosas, que Yo me ocuparé de las tuyas,
hija mía.

LA VIRGEN:

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales para las
almas de los moribundos, hijos míos.

Todos han sido bendecidos con bendiciones especiales para la salvación de las almas.
Yo os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

La paz os dejo, hijos míos.

MENSAJE DEL DÍA 1 DE AGOSTO DE 1992, PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, aquí está vuestra Madre. Mira lo que traigo en la mano, hija mía: las tablas de la
salvación; sin estas tablas, el hombre no se salvará, hija mía. Mis palabras van a ser cortas,
hija mía. Yo tengo las tablas en mis manos. Mi Hijo me ha dejado como puerta de
salvación, con estas tablas, las tablas de la ley. Sí, hijos míos, esas tablas son las tablas del
amor; ésa es la ley de Dios; sin esa ley, el hombre no se salvará.

EL SEÑOR:

Quiero que se me reconozca como al Creador del género humano. El hombre no me


reconoce; soy un desconocido para ellos. ¿No os da pena, hijos míos, que las bestias
irracionales reconozcan a sus dueños y vosotros, creaturas racionales, creadas a imagen y
semejanza de Dios, no reconozcáis a vuestro dueño absoluto? El hombre fue creado con el
único fin del amor. El hombre se desconectó de Dios por el pecado y quedó muerto a la
gracia; y la Deidad de todo un Dios se juntó a la humanidad del hombre y lo injertó con su
amor, lo mismo que cuando lo había creado; pero ni eso le afectó al hombre. Tuvo que
venir el Verbo y hacerse hombre y derramar su sangre para injertar al hombre del amor
(pausa larga) y para que hubiera vuelto el hombre.

AMPARO: ¡Ay...!

EL SEÑOR: Mira, hija mía, cómo todos son caídos por el pecado, y cómo la mayoría de
los hombres son levantados con la sangre del Dios hecho hombre. Pero muchos de ellos, ni
con la sangre del Hijo de Dios hecho hombre, quieren salvarse, hija mía... ¿Qué más puede
dar todo un Dios que, después de ser ofendido y ultrajado, dio a su propio Hijo para salvar a
la Humanidad?... Dios ama al hombre; es el hombre el que se desconecta de Dios por su
pecado. El pecado es muerte y Dios es Dios de vivos. El que está muerto a la gracia está
desconectado de Dios; por eso os pido, hijos míos: APLICAD BIEN LA LEY DEL
AMOR, que es la ley de la salvación, es mi única ley.

No seáis corazones estériles. A Dios no le gusta que el hombre viva de la palabra, sino de la
obra. Amarás al Señor tu Dios con todas tus fuerzas, con todo tu corazón, con todo tu
entendimiento, y al prójimo como a ti mismo. Ahí está la LEY.

El hombre, cada día, se endurece más, y es peor que las fieras; porque las fieras protegen a
sus cachorros y el hombre destruye a sus propios hijos. Cumplid con los mandamientos,
hijos míos; no os quedéis sólo en el movimiento de labios. Son tiempos graves y sin amor
el hombre no se salvará. ¿Qué más quiere el hombre que le diga? Acudid a este lugar y
seréis bendecidos y protegidos. He puesto a mi Madre como puerta de salvación. No os
dejéis engañar por falsos profetas, hijos míos. Muchos de vosotros os dejáis arrastrar por el
fanatismo.

Amad a la Iglesia, amad al Vicario de Cristo. Mira hija mía...

AMPARO: ¡Uy...!

EL SEÑOR:

...todos los ángeles que rodean este lugar. Dejaos, hijos míos, sellar vuestras frentes por
vuestros ángeles custodios. Todos los que acudan a este lugar serán sellados y bendecidos;
pero apartaos de aquellos lugares que no os enseñan a amar a la Iglesia y a cumplir con la
doctrina de Cristo.

Los tiempos son graves, hija mía, y el hombre sigue obstinado en no reconocer a su único
dueño y señor. Dejaos injertar de mi amor, hijos míos, Yo soy el Camino, la Verdad y la
Vida. Comed mi cuerpo y bebed mi sangre; pero comedlo y bebedlo en gracia para que
podáis tener vida eterna y gozo infinito. Pero, ¡ay de aquéllos que comen mi cuerpo y mi
sangre y están muertos por el pecado!; ellos mismos siembran su condenación.

LA VIRGEN:

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los
moribundos.

La paz sea con vosotros, hijos míos. Os bendigo como el Padre os bendice por medio del
Hijo y con el Espíritu Santo.
MENSAJE DEL DÍA 5 DE SEPTIEMBRE DE 1992, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hijos míos, aquí está vuestra Madre, Madre del amor. Mis mensajes son de amor porque
los tiempos son graves, hijos míos, y es necesario que el hombre se ame para poderse
salvar. Quiero poneros un sello en vuestro corazón, de amor; por eso vengo llena de amor y
de misericordia, para derramarla sobre todas las almas, hijos míos.

El que ama, hija mía, está en la vida; el que no ama está muerto. Por eso pido que se
formen comunidades y que vivan todos como hermanos, porque la mayoría de los mortales
viven sin practicar la doctrina de Cristo. Cada uno, hija mía, vive para sí mismo y se
preocupa de su hacienda, y cuando ve a su hermano que tiene hambre o está desnudo le
dice: "¡Dios te ampare, hermano!" Viven de palabra, hija mía, pero no viven de obra, y el
que vive de palabra no puede tener a Dios. Aquél que abre sus entrañas a los pobres y les
tiende su mano y aquel vive de Dios. Pero; ¡ah, hijos míos, cuántos llegaréis a la puerta del
cielo y seréis rechazados porque en vuestro corazón no ha habido nada más que intereses
propios! Quiero que se formen comunidades y que la raíz sea ésta, y las ramas se extiendan
por todas las partes del mundo de este árbol de la caridad.

Quiero, hijos míos, que deis vuestras vidas y vuestra hacienda y viváis en pobreza,
entregándosela a los pobres. ¡Qué pocos quieren vivir en pobreza, hijos míos!, por eso
muchos serán los llamados y pocos los escogidos. Cuando lleguéis aquí, hijos míos, os
responderán: "Ya tuvisteis quien os lo dijera, hijos míos, ahí estaba el Evangelio, ahí os lo
dejó escrito Cristo". Cuando renunciéis a todo y viváis como aquellos primeros cristianos,
viviréis en la verdad, hijos míos. Entonces si que os podrán decir que sois imitadores de
Cristo y que vivís según el Evangelio. Pero, ay de aquéllos que no abren las entrañas a sus
hermanos y viven como el rico avariento en la abundancia, mientras su hermano le pide
ayuda y sólo le contestan de palabra: "¡Dios te bendiga!" La palabra está muerta sin la obra.

Son tiempos de amor. Practicad este primer mandamiento, hijos míos, os lo estoy
repitiendo constantemente como Madre de amor y de misericordia. Os aviso como aquella
madre buena que avisa al hijo, porque quiere lo mejor para él, así, hijos míos, es vuestra
Madre del cielo: quiere vuestra salvación. Vivid según el Evangelio, que muchos os dais
muchos golpes de pecho, hijos míos, pero os olvidáis de las obras de misericordia.

Quiero que en este lugar se construya una obra benéfica de pobres, hijos míos. Esta es mi
respuesta a tu pregunta, hija mía. Quiero que se haga la capilla y quiero que se funde una
casa de amor y misericordia. Quiero que los pobres estén cerca de donde vuestra Madre del
Cielo ha puesto sus plantas virginales. Esta es la mejor obra, ayudar al desvalido, hija mía,
ayudar al necesitado; pues los hombres tienen el corazón puesto donde está el tesoro de la
tierra que para ellos es el dinero, el oro y las riquezas.

Vosotras, hijas mías, y todo aquel que pertenezca a esta obra, poned el corazón en el mayor
tesoro, que es la Iglesia; allí está Cristo; amadla con todo vuestro corazón y haced que los
hombres la amen.

Dad ejemplo, hijos míos, de humildad y fortaleza, no os acobardéis por nada.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantas y tantas ofensas como se cometen en la
Sagrada Eucaristía, hija mía.

Quiero, hija mía, que enseñes a amar a mi Hijo, y que mi Hijo sea adorado día y noche en
este lugar, cuando se construya la capilla.

Yo hoy sellaré todos los corazones con el sello del amor, para que los hombres se amen
unos a otros y en el mundo haya paz.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales.

Todos han sido bendecidos con bendiciones especiales para la conversión de los pobres
pecadores.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

MENSAJE DEL DÍA 3 DE OCTUBRE DE 1992, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, mi Corazón viene lleno de dolor porque los hombres quieren explotar este lugar
sagrado, hija mía. Los dones que reciben de Dios, cuando Dios se los pide, hija mía, se los
rechazan y sólo buscan intereses. ¡Ay, de estos que se llaman católicos; qué manera de
practicar la doctrina, hija mía! Lloro, hija mía, porque los hombres son tan crueles que no
son capaces de aceptar las gracias que Dios derrama sobre ellos. Este lugar, hija mía, es
sagrado porque mis plantas virginales han posado sus pies.

No permitáis, hijos míos, [de] que este lugar sea explotado. Os dije, hijos míos, que querían
hacer desaparecer mi Nombre de este lugar. Ahora es el momento de trabajar. También os
dije, hijos míos, que vosotros seréis los que tendríais que sacar esta Obra adelante.
¡Adelante, hijos míos!, luchad para que se haga lo que Yo digo. Quiero obras de amor y
misericordia en este lugar y una capilla en honor a mi Nombre; que se venga de todos los
puntos del mundo a rezar y a recibir gracias. ¡Sed valientes, hijos míos!, y no permitáis que
desaparezca mi Nombre de este lugar.

Y vosotros, pastores de la Iglesia, haced crecer mi Iglesia. Aquí hay gracias y semilla para
que la dejéis crecer y desarrollarse. Aprovechad estos frutos, hijos míos, son tesoros que os
pongo para beneficio de mi Iglesia. No os engañéis vosotros mismos, hijos míos, no
rechacéis a vuestros hermanos, aceptadlos y gozad todos del don de Dios. Aquí hay gracias,
hijos míos, de toda esta semilla que podéis recoger para engrandecer mi Iglesia y hacerla
majestuosa. Aquí tenéis verdaderos seguidores del Evangelio. Yo planté un árbol en este
lugar; mirad los frutos, hijos míos. No los desaprovechéis ¡hacen tanto bien a mi Iglesia!
No seáis ciegos, hijos míos. Los hombres quieren hacer desaparecer el Nombre de Cristo, y
Cristo os pone en vuestras manos tesoros de gracias y los rechazáis... Pastores santos,
reunid todo este rebaño y encaminadlo y dirigidlo a la Iglesia. Cristo no quiere que
desaparezca el diseño de su Iglesia que dejó imprimido en Ella; y por eso dentro de la
Iglesia, hijos míos, hay un árbitro santo que dirige con santidad y justicia; es el
representante de Cristo, hijos míos; obedecedle. Y vosotros, pastores de mi Iglesia, renovad
vuestro espíritu y llenadlo de el Espíritu Santo para saber discernir los frutos buenos de los
malos. El fruto de la caridad, hijos míos, es el primero que Dios vertió sobre los hombres y
que quiere que todos los hombres viertan ese fruto sobre sus hermanos. Sabed distinguir los
signos de Dios. Otro signo de Dios, hijos míos, es el signo de la obediencia; ¿estáis ciegos,
hijos míos? no [os] dejéis desaprovechar tantos y tantos frutos aquí acumulados. Despertad
los que estáis dormidos.

Y vosotros, todos los que acudís a este lugar, os toca un duro trabajo, hijos míos; pero he
derramado gracias suficientes para que correspondáis a ellas, hijos míos. Ahora es vuestra
hora.

EL SEÑOR:

Mira, hija mía, todos aquéllos que sólo han pensado en intereses sin ocuparse de Dios. Los
hombres se creen que son eternos y luchan por los intereses olvidándose de Dios.

Repito, como Hijo de Dios vivo, las palabras de mi Madre: Quiero que este lugar sea sitio
de oración y refugio de necesitados. Tú, hija mía, ora y sufre. Con la oración todo se puede,
hijos míos.

No os dejéis engañar, hijos míos, con palabras astutas. Quieren hacer desaparecer mi
Nombre de este lugar.

AMPARO: (llorando) ¡Madre mía, Tú que lo puedes todo, Madre mía, no permitas que
este lugar sea de recreo y de pecado! Los hombres son capaces de todo, Madre mía.
LA VIRGEN:

Vosotros tenéis que trabajar, hijos míos. Dios no quiere tantos males en la humanidad, y los
hombres los provocan, hija mía. No piensan en los bienes celestiales; sólo están apegados a
los bienes materiales, hija mía.

Haced oración y sacrificios, hijos míos. Yo seguiré derramando gracias sobre este lugar; a
ver si los hombres son capaces de derretir su corazón helado, hija mía.

Besa el suelo, en reparación de tantos y tantos pecados como se cometen en el mundo, hija
mía. Pide por los pastores de mi Iglesia, para que sean fuertes, para que sean otros cristus
en la tierra. Levántate, hija mía, sella la frente.

(Amparo en éxtasis se levanta y se dirige a cuatro de las personas presentes)

Hija mía, sé fuerte y acepta las gracias que Dios derrama sobre ti.

Y tú, hijo mío, desde muy niño derramé gracias sobre ti, sé fuerte. San Agustín también fue
un gran pecador y es un gran santo, hijo mío. Acepta con alegría, hijo mío, las cruces que
Cristo te pone en el camino; ése es el cambio de tu caridad, la cruz, hijo mío.

Y tú, sé fiel, y que tu corazón no lo invadan los vicios del mundo. Trabaja para esta Obra,
hijo mío, y recibirás tu recompensa. (Amparo vuelve al sitio que ocupaba).

He sellado vuestras frentes, hijos míos, sed fieles testigos de Cristo.

Hoy derramaré muchas gracias sobre este lugar a todos los que acudan. Recibirán fortaleza,
pues el hombre es débil y pobre en las cosas de Dios. Amaos unos a otros, hijos míos, ése
es el signo del cristiano.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

La paz os dejo.
MENSAJE DEL DÍA 7 DE NOVIEMBRE DE 1992, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

(Amparo se lleva las manos al corazón y se queja dolorosamente)

EL SEÑOR: El fuego de mi amor, hija mía, ha traspasado tu corazón.

LA VIRGEN: Aquí estoy, hijos míos, como Madre de Dolor, pero también vengo llena de
amor. Gracias, hijos míos, a todos los que habéis correspondido a esta gran Obra. Os dije
hace tiempo, hijos míos, que querían hacer desaparecer mi Nombre de este lugar. No lo
permitáis, hijos míos. Orad y luchad para sacar mi Obra adelante.

EL SEÑOR: Yo soy el Hijo de Dios vivo, hijos míos. Y vengo a repetir a los hombres:
¿cómo se disputan un lugar sagrado? Unos para beneficio, otros para hacer desaparecer mi
Nombre y el Nombre de mi santa y pura Madre. Yo me manifesté en este lugar e hice
manifestarse a mi Madre. Como dueño y corredentora, porque donde está el Hijo, está la
Madre; Ella es Corredentora conmigo y Yo soy el Redentor. Todo me pertenece porque
todo fue creado por mis manos. ¿Cómo sois capaces, hijos míos, de negociar tantas veces
con este lugar sagrado? ¡Ay, aquellos que os llamáis católicos practicantes y no sois
capaces de dar un pequeño trozo de vuestra hacienda para los fines que pido, hijos míos!
¿No sabéis que soy dueño de vuestras vidas y de vuestra hacienda? ¿Y que os puedo dejar
sin vida y sin hacienda? ¡Ay, qué poco correspondido soy a tantas gracias como os he dado,
hijos míos! No os falta de nada, y vuestro corazón está pendiente de atesorar y atesorar en
la tierra.

Y vosotros apóstatas que habéis renegado a vuestra fe y no habéis querido cumplir las leyes
de Dios, ¿cómo vais a ser capaces de cumplir bien las leyes de la tierra?, con engaño y con
mentira, hijos míos, también a muchos de vosotros. Habéis recibido gracias suficientes para
seguir mi camino y habéis apostatado de la fe de Cristo. No sentiré dolor por vuestros
males ni oiré vuestros gritos, hijos míos, he venido a vosotros y vosotros no me habéis
correspondido. ¡Ay pueblo ingrato, cuando os presentáis ante Mí os gritaré: fuera de aquí
que no sois de mi estirpe! ¡No pensáis nada más que en materiales corruptos, y habéis
abandonado lo incorrupto! ¡Ay pobres de vosotros cuando os presentéis ante mi divina
mirada! Seréis rechazados porque os he dado mucho y ¡qué mal habéis correspondido a ese
amor! Yo pedí el corazón de algunos de vosotros y vosotros habéis convertido vuestros
corazones en bloques de hielo y en destrucción. No habrá excusas cuando os presentéis ante
Mí, porque habéis tenido una buena enseñanza. ¡No os habéis dejado dirigir por Dios,
vuestro Creador, y os dejáis dirigir por criaturas ciegas! ¿Que dónde os pueden guiar esas
criaturas? si un ciego nunca puede guiar a otro ciego a la luz porque los dos carecen de esa
luz.
¡Ay dictadores de vuestras propias familias, que ni amáis a Dios ni dejáis que ellas lo
amen! ¿No os da pena, hijos míos, de enseñar a vuestros propios hijos a renegar de Dios?
Yo di una libertad al hombre, ¿por qué vosotros se la quitáis? Vivid mi verdadera vida y
seguid mis pasos y escuchad mi dulce voz desde la cuna de Belén que siendo el Hijo de
Dios, Rey de reyes, nací pobremente para enseñar a los hombres que las riquezas no son
buenas para el alma.

Muchos de vosotros decís que vuestro ideal es ayudar al pobre. Hipócritas fariseos, vivís
para vosotros mismos y construís vuestras grandes casas sin pensar en el necesitado ni en
aquél que tiene hambre y os pide ayuda. ¡Ay de vosotros engañadores!

Este lugar me pertenece a Mí, como toda la tierra, y Yo escojo el lugar que quiero. ¿Quién
sois vosotros para decir si aquí o allí si Yo lo he creado todo? Sois como el pueblo de
Israel, hijos míos, y seréis castigados como el pueblo de Israel. No me compadeceré de
vosotros ni oiré vuestros lamentos si vosotros no sois capaces de humillaros ante vuestro
Creador. Todo el que dice vivir mi vida y no practica los mandamientos vive una vida falsa.
Y vosotros, dueños de esta hacienda, teníais que estar dando gracias de que el mismo Dios
mandó a su Madre a posarse en este lugar y que alguno de vosotros podíais estar siendo
pasto de gusanos y habéis recibido gracias suficientes haciendo volver a la vida. Y todavía
vuestra soberbia y vuestra avaricia.. . ¿no lo entendéis, hijos míos?, si habéis recibido
gracias suficientes para dar gracias. No discutáis más y dad a Dios vuestro Creador lo que
os pide. Vivís en la abundancia y no os acordáis del rico Epulón. Mira dónde se encuentra
el rico Epulón, hija mía, ¿de qué le sirvieron tantas riquezas y tanta servidumbre si su
corazón estaba endurecido y no daba ni las migajas al pobre Lázaro?; pero mira, hija mía, el
pobre Lázaro hoy es el rico Lázaro, y el rico Epulón hoy es el pobre Epulón. No estéis tan
afanosos y penséis tanto en el dinero, hijos míos. Yo pido vuestro corazón para poner en él
fuego de amor y para que viváis el Evangelio según está escrito, hijos míos. Recapacitad,
hijos míos, todavía estáis a tiempo.

Y vosotros, apóstatas, es grave apostatar de vuestra fe. No seáis dictadores y dejad a


vuestros hijos libremente que sean bautizados y vivan el camino del Evangelio. ¿Cómo
renegáis de Dios si sois criaturas del Creador? Despertad, hijos míos, Yo he venido a
vosotros y vosotros no me habéis oído. No enseñéis a vuestros hijos el camino de la
destrucción y del engaño. Dejadlos vivir como buenos cristianos.

Y vosotros todos los que acudís a este lugar, hijos míos, vivid el Evangelio, ayudad a
vuestros hermanos, amad a la Iglesia, que la Iglesia es de Cristo. No os fijéis tanto en las
faltas que los guías del pueblo cometen. Pedid por ellos, hijos míos, y mirad vuestras
propias faltas, ayudad a la Iglesia de Cristo, amad mucho al vicario de Cristo; no tiene
fuerzas para seguir luchando y caminando. Pedid por él, hijos míos. Haced sacrificios y
penitencias y amaos unos a otros como Yo os he amado; éste es el mandamiento principal
de la ley de Dios. El que ama no hará daño a nadie ni querrá intereses ajenos ni los suyos
propios, repartirá con los demás lo que ha recibido.

Tú, hija mía, grita y extiende el mensaje por todo este pueblo y grita que es como el pueblo
de Israel, y como el pueblo de Israel será castigado, porque he derramado gracias
suficientes y han cerrado los oídos. ¿Hasta cuándo quiere el hombre que Dios Creador se
humille a la criatura?

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los
pobres pecadores.

Todos han sido bendecidos, hijos míos. Y bendigo a todos los que acuden a este lugar con
bendiciones muy especiales.

Humíllate ante Dios tu Creador, hija mía. (Amparo, de pie, hace una inclinación profunda).
La humildad es un don muy especial para el alma. La paz os dejo.

MENSAJE DEL DÍA 5 DE DICIEMBRE DE 1992, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Besa el suelo, en reparación de esas almas infieles que no saben apreciar el sacrificio del
dolor y del sufrimiento por su salvación. (Pausa)

EL SEÑOR:

Y vosotros, pueblos y hombres de poca fe, que vivís dando la espalda al Evangelio, ¡qué
poco entendéis de Evangelio, hijos míos! ¿Cómo podéis pensar que el Creador no está
pendiente de sus criaturas? todo el que es padre, ¿no está pendiente de sus hijos? ¡Qué poco
entendéis el Evangelio, hijos míos! Si hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados!,
¿cómo podéis pensar que Dios Creador no puede pensar en cada uno de vosotros? Lo he
dicho muchas veces, hijos míos, amo a cada hombre como si fuera un sólo hombre, como
aquel padre que sólo tiene un solo hijo y se vuelca todo su cariño sobre él; así amo Yo a las
criaturas, a una por una, individualmente, como si fuese un solo hijo. Por eso os aviso, hijos
míos, porque os amo y quiero que entendáis el Evangelio. ¿Quién sois las criaturas, para
decir que un Dios no puede estar pendiente de una criatura?

Y vosotros, gobernantes de los pueblos, que estáis sembrando mala semilla, engañando a
los hombres, para que haga...

AMPARO: (interrumpiendo:) ¡Ay! ¡Ay, ay Dios mío! ¡Ay, ese pobre hombre...!, ¡ay, qué
va a ser de ese pobre hombre! ¡Ay, ay... Ay!

EL SEÑOR:

Te he dicho muchas veces que no estoy triste, hija mía, por el que no me conoce, sino por
aquél que me conoce y me desprecia; por aquél que teniendo fe, renuncia a su fe
haciéndose apóstata.

AMPARO:

Pero yo te pido por ellos, ¡perdónalos, Señor! Mándame a mí el sufrimiento que quieras,
pero perdónalos.

EL SEÑOR:

¿Cómo podéis guiar a los hombres sin Dios, hijos míos, si el hombre no es nada sin Dios?
El hombre necesita a Dios para gobernar y para vivir, ¿cómo podéis gobernar un pueblo si
estáis secos y en tinieblas? Una planta para que crezca necesita luz y agua. ¿Qué semilla
vais a recoger vosotros en esa oscuridad que vivís? ¡Y ay de vosotros que arrastráis a miles
y miles de almas con vuestras mentiras y engaños, hijos míos! Sólo vosotros, aquellos que
no tenéis fe, aquellos que renunciáis de Cristo, podéis hablar palabras tan crudas contra el
mismo Cristo. Ya lo dije, hija mía, hace tiempo, que hablarían contra Cristo cosas tan
horribles que hasta los mismos que se llaman creyentes dudarían de la verdad. ¿Como se
atreven los hombres a ultrajar la Divinidad y la pureza de todo un Dios?; así son los
hombres de crueles, hija mía, a cambio de la Sangre de Cristo, recibe ultrajes.

Cambiad vuestra actitud, hijos míos, y gobernad con Dios, y de ahí vuestro pueblo crecerá,
se agrandará y participará un día del Paraíso. Pero no engañéis con mentiras, diciendo que
vais a ayudar a los pobres y necesitados. ¿Cómo podéis hablar de esta forma, hijos míos, si
en vuestros corazones existe la maldad no puede existir la caridad y el amor? os amáis a
vosotros mismos y os lucráis vosotros mismos, pero no beneficiáis a los necesitados, hijos
míos. Todavía estáis a tiempo; mirad a Dios, vuestro Creador, hijos míos.

Y vosotros, aquellos sacerdotes y almas consagradas que pisoteáis las Leyes de Dios, venid
a Mí, hijos míos, que Yo os recibiré y os llenaré de gracias para que podáis ejercer vuestro
ministerio como pastores de almas. Volved vuestra mirada a Dios, hijos míos.

Y todos los que os llamáis católicos, apostólicos, practicantes, ayudaos unos a otros y
defended vuestra Iglesia, hijos míos. Los hombres que están llenos de tinieblas quieren
hacer desaparecer el Nombre de Dios y todo lo que es religioso. Uníos todos, hijos míos, y
defended la Iglesia. Y defended a todos los componentes de Ella, porque la fuerza.

AMPARO: Ay, Dios mío.


EL SEÑOR: La fuerza está en Dios. Mira, hija mía, los que se fortalecen con la gracia y
los que viven en la tiniebla.

AMPARO: ¡Ay, ay, ay... ay...!

EL SEÑOR:

¡Pobres almas! Yo hago una llamada a todos los pueblos, como Dios de amor y
misericordia, para que se conviertan y vivan el Evangelio.

Vivid según el Evangelio, hijos míos. Fijaos en Cristo que se despojó de su rango y se hizo
pobre para ayudar al pobre. Amad a los necesitados y favorecedlos, hijos míos. Y que se
extienda por todas las partes del mundo vuestra mano para ayudar a todo aquel que os
necesite. Ese es el amor, ése es el fruto que sale del costado de Cristo, la caridad. Muchos
os llamáis católicos practicantes, pero no sois capaces de compartir con el pobre; ¡cómo
despreciáis al pobre y al desvalido! ¡Malos hijos de Dios sois, hijos míos! si no extendéis la
mano a aquel que os necesita, porque ya lo digo en mi Evangelio: No todo el que dice,
Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos. Y ¿qué es la palabra sin la obra? Está
muerta. Amaos unos a otros, hijos míos, y luchad todos para que mi Obra salga adelante. Y
repito que quiero en este lugar una casa de amor y misericordia y una capilla en honor al
Nombre de la Madre Dolorosa. Ella fue corredentora con Cristo para salvar a la humanidad.
Veneradla, hijos míos, no la despreciéis; el que desprecia a la Madre desprecia al Hijo.

Todos seréis bendecidos con bendiciones especiales, para vuestra pobre alma. Y todo el que
cumpla con la Ley de mi Evangelio tendrá vida eterna.

LA VIRGEN: Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones muy
especiales para el día de las tinieblas. Todos han sido bendecidos, hijos míos.
MENSAJE DEL DÍA 5 DE ENERO DE 1991, PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, como siempre mi Corazón viene lleno de dolor, porque los hombres tienen sólo
hambre de guerras, matanzas y sangre. El mundo está gobernado por la ira, por el odio, por
la envidia, por la lujuria; los hombres no piensan nada más que en el poder y en la gloria
terrena; su corazón está henchido de odios y rencores. ¿De qué manera los hombres honran
mi Nombre? Sólo mueven los labios en voz alta, para que se los oiga.

No seáis fariseos, hijos míos, que la maldad y la impureza viene de dentro de vuestro
corazón y cubre vuestro cuerpo. ¿De qué os sirve lavar el exterior, hijos míos, si vuestra
alma está sucia? Serán malditos todos aquéllos que cuelan el mosquito y dejan pasar el
camello; malditos todos aquéllos que les ha dado poder para gobernar los pueblos; aquellos
pastores que se les ha dado poder para predicar la doctrina y la cambian, y ponen y quitan a
su antojo lo que les gusta. Serán malditos todos aquéllos que han cerrado sus corazones a
sus hermanos.

Mira, hija mía, la situación del mundo es grave, muy grave; los hombres no hacen caso a
mis palabras; las Leyes de Dios los hombres las han adulterado. Todos aquéllos que pesan
la ofrenda del comino y esconden sus riquezas donde nadie las encuentre, serán malditos;
aquéllos que esconden la luz bajo el celemín para que sus hermanos no puedan participar de
esa luz, serán malditos. ¡Ay, sepulcros blanqueados que cuando se vaya la cal de vosotros,
pobres de vosotros!; oleréis, hijos míos, y apestaréis. No seáis sepulcros blanqueados, que,
cuando desaparezca la cal de vosotros, quedará la basura y sólo quedarán los huesos.
Amaos unos a otros, hijos míos, ése es el Mandamiento de la Ley de Dios. Compartid con
vuestros hermanos no lo que os sobre, hijos míos, sino lo que Dios os ha dado.

¡Ay de aquéllos que sólo buscan el poder y quieren gobernar con orgullo y buscan la
vanagloria para ellos solos! ¿Sabéis cómo se limpiará vuestro cuerpo y esas impurezas que
lleváis dentro? Con alabanzas a Dios vuestro Creador, hijos míos. Entregaos unos a otros y
amaos unos a otros como Cristo os ama, hijos míos. ¡Ay de vosotros, hijos míos, que echáis
las culpas de vuestros pecados sobre las espaldas de vuestros hermanos! Si no cambiáis
seréis malditos, hijos míos, y no, hijos míos, porque no os ame mi Corazón, sino porque
vosotros, hijos míos, no queréis acatar las Leyes que Dios os ha impuesto.

Mira, hija mía, si Dios ama al hombre y lo que creó para él. Mira por el ojo del tiempo,
verás lo que ves, hija mía. Mira, hija mía, qué paraíso. Este paraíso está preparado desde la
creación del mundo, desde el principio, para todo hombre de buena voluntad. Mira cómo
pacen el toro y la vaca; mira el cordero y la oveja, mira la serpiente más venenosa cómo
está entre el hombre y el niño sin afectarle, hija mía. Mira qué riachuelos, mira qué belleza
hay en estos universos. Esto era, hija mía, y sigue siendo lo que Dios tenía preparado para
el hombre. Pero el hombre, con su maldad y queriendo ser más que Dios, quiso quitar
atributos al Señor; y a Dios no se le pueden quitar atributos, hija mía, porque El lo tiene
todo y lo es todo. Mira, ésta es la parte positiva del hombre y a donde el hombre irá si con
humildad acepta las Leyes de Dios. Pero verás este otro ojo del tiempo, lo que el hombre
hizo y sigue haciendo; la causa del pecado, hija mía, y la destrucción. Mira, hija mía,
grandes guerras sangrientas, grandes terremotos, fuertes huracanes, mares embravecidos,
terremotos donde quedará engullida la mayor parte de la tierra. Esto es lo que el hombre,
hija mía, con su pecado y con su falta de amor ha conseguido.

Hijos míos, acatad las Leyes de Cristo; amad a la Iglesia con todo vuestro corazón. Dios os
ama a todos, hija mía.

Orad, hijos míos; los tiempos son graves. Y, ¡ay de aquéllos que se hacen los sordos ante
las palabras del Evangelio y no quieren escuchar a los instrumentos que Dios pone para
comunicarles el peligro que acecha a su alma! Hijos mios, los tiempos son muy graves.
Seguid rezando el santo Rosario con mucha devoción, hijos míos. Y practicad el primer
Mandamiento de la Ley de Dios: amaos unos a otros como Cristo os ama. El hombre ha
olvidado este Mandamiento.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y tantos pecados como se cometen en la
humanidad.

AMPARO:

Te pido, Madre mía, por la paz del Golfo y para que esos hijos vuelvan a sus hogares sanos,
y salvos. Dios mío, si es tu voluntad, te lo pido.

LA VIRGEN:

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales para la
salvación de vuestras almas.

La paz sea con vosotros, hijos míos.


MENSAJE DEL DÍA 2 DE FEBRERO DE 1991, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR:

Hija mía, mi Corazón viene herido, porque el mundo está sumergido en el dolor. Los
gobiernos de las naciones se han levantado, hija mía, unos contra otros; se han convertido
en demonios encarnados para destruirse mientras los hombres hablan de paz, hija mía. Te
repito como otras veces: construyen las armas mortíferas para destruir a la humanidad. Los
pecados de los hombres han traspasado la bóveda del cielo, hija mía, y los hombres han
olvidado a Dios; y, al olvidar a Dios, olvidan al prójimo. El hombre fue creado para amar,
Dios es amor, hija mía, y Dios transmitió ese amor al hombre para que el hombre lo
transmitiese a sus hermanos. Pero ¿qué han hecho de ese amor, hija mía?; lo han convertido
en impurezas, en pasiones, en odios, en envidias, en rencores. La situación del mundo, hija
mía, está así por el producto del pecado. Dios le transmitió al hombre el amor de los
ángeles, para que correspondiesen como los ángeles en la tierra, pero la mayoría de los
hombres, hija mía, se han convertido en ángeles rebeldes y no acatan las Leyes de Dios;
dicen amar a Dios sólo con mover los labios pero no mueven sus corazones; dicen tener
caridad y no aman al prójimo, hija mía; luego permanecen en la mentira; y todo el que
permanece en la mentira no entrará en el reino del cielo. Sólo atesoran en la tierra, hija mía,
sólo se preocupan de... (pausa y queja de Amparo). Mira, el tesoro donde lo tienen, hija
mía, para cuidar su cuerpo; pero se olvidan del espíritu. Allí donde está el tesoro está su
corazón, y todo el que tiene el corazón puesto en el tesoro de la tierra no puede alcanzar el
tesoro del cielo. Los hombres se matan por almacenar y por amontonar riquezas, hija mía, y
se han olvidado de la mayor riqueza que es la eternidad. La eternidad no se compra con las
riquezas de la tierra, la eternidad se compra con el sacrificio y con la penitencia, con el
amor.

Angustiaos todos aquéllos que no estáis con Cristo; decís que lo admitís, pero no cumplís
con sus Mandamientos. Amontonáis sólo para vosotros, hijos míos, no sois capaces ni de
pagar al César lo que es del César, ni aun de vuestras riquezas compartirlas con los pobres.

El último remedio está aquí, hija mía, mira el ojo del tiempo.

AMPARO: Se abre el ojo del tiempo. Aparece María en esa puerta. Es el Corazón de
María. El Corazón se abre... (Profundo suspiro de Amparo). Entran por el Corazón de
María todas estas almas, y de ese Corazón pasan a otro lugar en que hay una puerta que se
llama "La puerta de la felicidad". Se abre esa puerta; nadie ha entrado por ella todavía. ¡Ay!
... (Admiración grande de Amparo). Hay ahí un caballo lleno de sangre con un jinete
montado; el jinete lleva la cara tapada; también está lleno de sangre el jinete. El Ángel dice
que es el Cordero degollado el que está encima de ese caballo, el que ha ordenado que
desaparezca la paz de la tierra. Hay cuatro hombres; cuatro profetas. Uno tiene un libro de
oro en la mano. Se abre el ojo del tiempo y dice uno de los profetas: "Este es el ojo del
tiempo y los hombres están viviendo la mitad del tiempo del ojo del tiempo. En esta mitad
del ojo del tiempo, sólo queda un remedio: este libro. El libro está sellado, nadie puede
abrirlo". Y dice otro de esos hombres: "Ni del cielo ni de la tierra, ni del mar ni del espacio,
nadie podrá abrir este libro. Sólo tiene autoridad para abrirlo el Cordero degollado; el que
ha derramado su Sangre para la salvación del mundo". Abre el libro y dice: "Todo el quiera
pasar por este lugar..." (Se ve el Costado de Cristo que se dilata y se abre; y dentro de ese
Costado hay fuego).

"¡Ay, Dios mio, ay cómo se abre el Costado!" Ese otro espíritu dice:

"El Costado de Cristo se dilata para que entren los hombres por El. Pero no entrará aquel
que no haya sido perseguido, calumniado, despreciado, ultrajado; aquel que no haya pasado
hambre, frío... Por aquí entrarán los limpios de corazón. Porque todos los seres humanos
tienen el espíritu de Dios y lo han despreciado. Bienaventurados aquellos que lo han
conservado y se han mantenido limpios, que pasarán por el Costado y entrarán a la tierra
prometida. Esta es la tierra prometida, hija mía, (Amparo expresa mucho gozo), donde se
predicará el Evangelio tal como es, donde los hombres no adulterarán el amor ni la doctrina
de Cristo, donde se predicará la doctrina que hay escrita en este libro, el libro de San Juan,
el del Amor, hijos míos, que los hombres han olvidado que fueron creados para amar
puramente y limpiamente, el amor de los ángeles. ¡Ay, qué felicidad!

EL SEÑOR:

Pero todos los que llegan a esta felicidad han sido infelices en la tierra, hija mía, no han
buscado las comodidades; pero aquí tendrán comodidades eternamente. ¡Ay de aquéllos
que no cumpláis las Leyes tal como están escritas, hijos míos! Decís cumplir los
Mandamientos pero, ¿amáis a Dios como a vosotros mismos? No lo amáis ni como a
vosotros mismos, hijos míos. Ya no os pido que améis a Dios sobre todas las cosas, porque
si no sois capaces de amar al prójimo como a vosotros mismos que lo estáis viendo
diariamente, ¿cómo vais a amar a Dios que no lo veis, sobre todas las cosas? ¿Santificáis
las Fiestas, hijos míos? ¡De qué forma santificáis las Fiestas!; ¡os santificáis vosotros con
fiestas y juergas, hijos míos! ¿Honráis a vuestro padre y a vuestra madre? Los despreciáis,
los abandonáis; ¿qué clase de amor, hijos míos, es el de vosotros? ¿Cuántas veces juráis en
nombre de Dios con mentiras y enredos, hijos míos? ¿Cuántas veces matáis al prójimo con
palabras y con obras, hijos míos? ¿Cuántas veces adulteráis vuestra carne? y ¿cuántas veces
no os conformáis con los dones que Dios os ha dado para participar con los pobres, que
deseáis los dones de los demás? ¿Cuántas veces deseas la mujer de tu prójimo y no amas a
la mujer propia ni la de tu prójimo? El amor, hijos míos, tiene que salir de lo más profundo
del corazón; ése es el verdadero amor entre los ángeles, hijos míos. Mi Costado se dilata de
amor por los hombres, y del Costado irán a la luz; como la madre se dilata para dar a luz el
hijo así mi Costado se dilata de amor a los hombres. Esta es la puerta de la felicidad, todo el
que quiera entrar por ella tiene que atesorar en el cielo, no atesorar en la tierra, hijos míos.
Decís que amáis a Dios, ¿de qué forma lo amáis, hijos míos? no mováis los labios tanto y
ejercitad vuestro corazón. Decís que amáis a Dios, ¿y no tenéis caridad? Sois unos
mentirosos; luego no estáis en la verdad, hijos mios, estáis en la mentira y la mentira es de
Satanás.

Yo soy la Verdad, el Camino, la Vida; todo el qué venga a Mi tendrá vida eterna. Amad a
mi Madre; Ella es el camino para conduciros a mi Costado. Ahí está la felicidad. Yo os
enseñé a amaros; Yo os ensené la caridad; Yo os enseñé la mansedumbre. Y vosotros, hijos
míos, ¿qué habéis hecho de mis palabras?: odios, desamor, iracundos. ¡Despertad, hijos
míos, que estáis en la mitad del tiempo del ojo del tiempo! El mundo se está purificando
con su propia sangre, pero las ofensas a Dios son graves, hijos míos. La ofensa al Espíritu
Santo no tiene perdón. Todo el que ofende al Espíritu Santo no tendrá. vida eterna, hijos
míos. Y a todos se os mandó el día de Pentecostés el Espíritu Santo, para que todos fueseis
iluminados, pero muchos de vosotros habéis rechazado la luz y os habéis metido en la
tiniebla; la tiniebla de Satanás. Amaos, hijos míos, éste es mi Mandamiento amaos los unos
a los otros, como Yo os amo. Y todos los que estáis conmigo tened calma y paz, que no
seréis afectados, hijos míos.

Pero angustiaos los que estáis contra Mí; vuestras horas serán amargas y vuestros días serán
largos en la tribulación y en la oscuridad.

Orad mucho, hijos míos, y despegaos de las cosas de la tietra, que estáis materializados,
hijos míos; así no se puede amar a Dios. Estáis pendientes de vuestro tesoro, el tesoro
material de la tierra. Son tiempos de amor, de unión y de paz, hijos míos. Cumplid con mis
Mandamientos.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantas ofensas cómo se cometen en el mundo.

Hija mía, repara los pecados de la humanidad y que tu corazón ame como los ángeles. Toda
la semana te voy a dejar mis clavos, hija mía, para que repares las ofensas que los hombres
hacen a la divina Majestad de Dios.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales, hija mía,
para la conversión de las almas.

La paz sea con vosotros, hijos míos. Mi paz os dejo.


MENSAJE DEL DÍA 2 DE MARZO DE 1991, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, así quiero que mueras tú, día a día, agonizando. Coge la cruz, hija mía. Cárgatela
sobre los hombros.

(Amparo emite quejidos en los que demuestra gran sufrimiento)

LA VIRGEN:

Ayuda a mi Hijo, hija mía, a llevar la cruz.

(Amparo durante 14 minutos gime diciendo varias veces: "¡Dios mio!". Cae al suelo siete
veces, mientras camina de rodillas con la cruz a cuestas; expresa sin palabras que el peso
que lleva es insoportable. Se oye el ruido de la cruz arrastrándose por el suelo. Al concluir
estos momentos, Amparo está completamente agotada).

LA VIRGEN:

Besa el suelo, hija mía.

Es necesario, hija mía, que los hombres reparen las ofensas que hacen a la divina Majestad.
¿Ves, hija mía, cómo los hombres han convertido la tierra en escenario de crímenes? Dicen
los hombres, hija mía, que luchan por la paz. Luchan por el poder, hija mía. Mira, hija mía,
la sangre que ha caído de tantos y tantos inocentes, hija mía. Mi Hijo manda a los ángeles
recoger toda esta sangre para purificar a la humanidad tan desagradecida, hija mía. Los
hombres no escuchan la voz de Dios y sus corazones están endurecidos, hija mía. Los
gobernantes no piensan nada más que en subir al poder y hablan falsamente del nombre de
Dios. Sus creencias son falsas, hija mía; es la astucia del enemigo para destruir las almas.
Sus corazones están endurecidos a la gracia y como fieras furiosas se destruyen unos a
otros. Mira mi pobre Corazón, hija mía, sangra por todos mis hijos.

Vuelve a besar el suelo, hija mía, para reparar tantas y tantas ofensas.

Los hombres, hija mía, se han olvidado de las Leyes de Dios y aplican ellos sus leyes a su
antojo y como les conviene. Mira mis mejillas, hija mía, cómo caen las lágrimas. (Amparo
solloza desconsoladamente)

LA VIRGEN: Mi Corazón está traspasado por una lanza, hija mía. La juventud se pierde,
hija mía, en un camino sin retorno. Ora con la cabeza en el suelo, hija mía. (Amparo sigue
llorando con la cabeza en el suelo).
LA VIRGEN:

Hija mía, este camino no tiene retorno; ellos lo escogen, hija mía. Primero sienten el gozo y
luego sienten el dolor, hija mía, físico, en el cuerpo. Por eso, hija mía, te pido que es
necesario agonizar con Cristo para redimir a tantas y tantas criaturas que Satanás los
introduce en su mundo. Son débiles, hija mía, y se aprovecha de su debilidad para
trastornarlos y destruirlos. Pide por sus almas, hija mía, porque Satanás podrá con su
cuerpo, pero no podrá con sus pobres almas.

Yo soy Madre del Amor, Madre de la Misericordia; y todo el que invoque mi Nombre en
mis brazos maternales los conduciré a mi Hijo. Por eso sufre mi Corazón, hija mía, porque
los hombres están cada día peor y más aferrados a la materia, al gozo. Satanás se cree
victorioso, pero no podrá con sus almas, hija mía. El gozo del cuerpo será purificado con el
dolor. Por eso exige mi Hijo que se repare tantas y tantas ofensas como se cometen en la
humanidad; esta pobre humanidad amenazada de muerte por el pecado.

Yo soy la Madre de todos los pecadores, hija mía. Ora, hija mía, por esta pobre humanidad.
(Pausa). Invoca al Padre, hija mía.

AMPARO:

Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre, venga a nosotros tu Reino,
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy el pan de cada día, perdona
nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en
tentación y líbranos de todo mal.

LA VIRGEN:

Acudid a Mí, hijos míos, acudid a Mí que soy la Madre de los angustiados, de los
marginados, de los pecadores. Soy Madre de Amor y Misericordia. Mi Hijo en Caná, en las
bodas de Caná, hija mía, ya quiso que hiciese esa familia apostólica. Ahí empezó la primera
familia, hija mía. Por eso las palabras de mi Hijo: "Mujer..." era como Madre de los
pecadores, como Madre de la humanidad. Ahí mi Hijo quería olvidar los lazos de carne
para formar esa familia; allí fue donde mi Hijo me nombró la segunda Eva, donde El, el
segundo Adán, hija mía. Desde ahí ya recorrí todo el camino de la vida pública de Cristo
hasta llegar a la cruz, hija mía, donde las palabras de mi Hijo fueron: "Ahí tienes a tu
Madre", "Mujer, ahí tienes a tu hijo". A Mí me dio por Madre de toda la humanidad.

Por eso os pido, hijos míos, acudid a Mí, que mi Hijo me ha dado gracias para todos los
pecadores, para aplicarlas sobre todas las almas, sobre todos mis hijos, hija mía. Mi pobre
Corazón sufre por todos, por buenos y malos. (Amparo no deja de llorar a lo largo de todo
este mensaje.)

Pide a los hombres que se humillen, hija mía, que la humildad los purificará. Yo los amo a
todos y quiero que todos se salven, hija mía.

Ayudadme, hijos míos, a reparar tantos y tantos pecados y para hacer que los hombres
cumplan las Leyes de Dios. Acudid a este lugar, que todos los que acudáis a este lugar
seréis bendecidos y protegidos y transportados a la tierra prometida. Todos recibiréis
gracias.

Y tú, hija mía, tu misión es sufrir y reparar. Tu tiempo se acorta y tu eternidad será larga.
Desgástate por los pobres pecadores. Las almas víctimas tienen que dar su vida por los
demás, hija mía. Oración y penitencia quiero, sacrificios y renuncias al mundo, hija mía.
Los hombres están materializados y no piensan nada más que en sí mismos. Grandes
castigos van a caer sobre la humanidad. Pensad que estáis en el último tiempo de la mitad
del tiempo. No os durmáis, hijos míos, estad preparados para que cuando llamen a vuestra
puerta salgáis con la lámpara encendida. Cumplid el Evangelio y extended el Evangelio por
todos los rincones de la tierra. Los hombres necesitan de la palabra de Dios. Sed humildes,
hijos míos, y amaos unos a otros.

Voy a dar una bendición especial para todas las almas. Levantad todos los objetos, todos
serán bendecidos con una bendición especial para la conversión de los pecadores.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

Moved el corazón cuando mováis los labios, hijos míos. La fe sin obra está muerta.

Tú, hija mía, refúgiate en mi Corazón; mi Corazón te protegerá. Pero tu misión es sufrir,
hija mía.

La paz os dejo.

MENSAJE DEL DÍA 6 DE ABRIL DE 1991, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, ¡qué tristeza siente mi Corazón al ver que las criaturas rechazan mi Nombre!
Deseo ser honrada e invocada con el nombre que me corresponde de Madre de Dios. Los
hombres se empeñan en dejarme como Madre del hombre, y mi Hijo quiere que invoquen
mi Nombre como Madre de Dios.

Invocad a menudo mi Nombre, hijos míos, que Satanás está juntando una gran batalla y
aboliendo las Leyes santas. A la juventud le tiende una trampa mortal que pica como el pez
en el anzuelo y muere mortalmente. Por eso pido, hijos míos, que invoquéis mi Nombre,
porque al invocar mi Nombre Satanás y sus secuaces pierden toda la fuerza satánica. Mi
Hijo me ha nombrado embajadora y me ha dado potestad para aplastar la cabeza del
enemigo destructor. Por eso soy odiada, hija mía; por eso los hombres me arrinconan,
porque mi Hijo quiere que mi Corazón triunfe. La mayoría de aquellos que se llaman
discípulos de Cristo no siguen al Maestro; el discípulo siempre tiene que ir detrás del
maestro, y los hombres quieren estar por encima del maestro y confunden las leyes y las
doctrinas, y diciendo que el infierno no existe, incluso mis almas consagradas. ¡Ay, almas
consagradas! no queráis vosotros renovar el Evangelio a vuestro capricho y a vuestro gusto.
¡Ay de aquéllos que confunden la doctrina y quitan a mi Hijo la autoridad de su palabra!
Serán los primeros en participar en el fuego eterno, porque mi Hijo les dirá como a Satanás
y sus secuaces: ¡Id malditos al fuego eterno!, que está preparado para todos aquellos que no
aceptan la doctrina ni la palabra de Dios. Vuestro orgullo y vuestra soberbia os hace como a
Satanás ansiar ser más que Dios; y más que Dios, hijos míos, no puede elevarse nadie. Por
eso os pido, hijos míos, que os reunáis de todas las partes del mundo y que invoquéis mi
Nombre y todos unidos en el mismo espíritu del Evangelio y con espíritu de pobreza, de
humildad, de obediencia a la santa Madre Iglesia, os llamaréis discípulos de Cristo. Pero
¡ay de aquellos apóstoles de nombre y de palabra, pero sin obra! A mi Hijo le gusta, hijos
míos, la palabra con la obra, no la palabra sin obra. Por eso mi Hijo me ha otorgado ser
Madre de todas las gracias. Y también me ha dado la llave del cielo para que los hombres
entren por mi Corazón Inmaculado a su Divino Corazón. Para ser apóstol de Cristo hay que
renunciar a sí mismo y a todas las cosas del mundo y seguir a Cristo; pero ¡de qué forma
queréis llamaros apóstoles, hijos míos, a vosotros mismos ni a vuestras cosas, hijos míos!
No mováis tanto los labios y no recreéis tanto vuestros oídos en alabanzas y glorias
mundanas, y practicad la obra.

Hoy os prometo, hijos míos, que todas las frentes serán selladas y muchos de los que no
creéis sentiréis esa gran señal de vuestra frente y creeréis, hijos mios. Quiero formar un
gran grupo, hijos míos, con espíritu de sacrificio, de renuncia, de oración y de penitencia;
pero si no renunciáis al mundo y a vosotros mismos, ¿cómo podréis seguir a Cristo, hijos
míos?

Invocad mi Nombre, que cada vez que se invoca mi Nombre el infierno se estremece y se
queda sin poder ni fuerzas para tentar a los seres humanos. Por eso soy tan rechazada.
Durante todo el día, hijos míos, invocad a María, a la Madre de Dios. Ella os protegerá del
maligno. Muchas almas son arrastradas por su debilidad, pero arrastran al cuerpo pero no
pueden con su alma, porque por eso mi Hijo me nombró al pie de la Cruz Madre de la
humanidad. Una madre está pendiente de sus hijos. El cuerpo no sirve para nada. Satanás
arrastrará el cuerpo, pero el alma será protegida por la Madre de Dios y Madre vuestra.
Porque mi Hijo no se entristece por aquellos que no le conocen o su debilidad los arrastra;
mi Hijo se entristece por aquellos que le conocen y su fortaleza les arrastra al pecado y al
fondo del abismo, porque rechazan su Nombre. ¡Ay sabios y poderosos!, ¿de qué os sirve
vuestra sabiduría si la habéis empleado en dejaros arrastrar por el enemigo? En los
conventos se ha perdido la fe, en la mayoría de ellos, y no acatan el Evangelio tal como
Cristo lo enseña y cada uno cumple las reglas como le apetece, sin hacer caso a su
fundador. ¡Almas rebeldes y desobedientes, la puerta será estrecha para entrar por ella!,
pero aunque fuese ancha vuestra soberbia impediría entrar. Sed humildes, hijas mías, y
cumplid con las reglas que instituyeron los grandes santos; sólo por ese camino os podréis
salvar, hijos míos. Os introducís en el mundo y el demonio, hijos míos, os tiende la trampa
mortal de sus goces y os aparta de la cruz de Cristo; la cruz que es redención. Practicad el
Mandamiento del Amor y amaos como Cristo os enseña.

Hoy, hijos míos, estarán los ángeles sellando vuestras frentes para protegeros del enemigo
destructor.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

Adiós, hijos míos.

Humildad os pido para que pueda protegeros bajo mi manto.

MENSAJE DEL DÍA 4 DE MAYO DE 1991, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, la situación del mundo es grave; los hombres se dejan regir por el espíritu de
Satanás. Mira, hija mía, cada vez es peor esta situación. El espíritu de Satanás está reinando
en todos los lugares; en las familias se mete para destruirlas; en la juventud los arrastra a
los vicios y a los placeres; en los conventos para endurecer las almas, las entibia y las
arrastra para ver el mundo y sus placeres, y para olvidarse de las oraciones y de los
sacrificios; a los guías del pueblo, a muchos de ellos, los arrastra predicando doctrinas
falsas; a los gobernantes para gobernar hablando de paz, y ellos forman la guerra. Satanás
está metido, hija mía, en la mayor parte de los corazones, haciendo ver a los hombres que
no tiene importancia el pecado ni la maldad del mundo y no haciendo reconocer a los
hombres... Mira, hija mía, los hombres no reconocen cómo son y mira, cómo el enemigo
los arrastra, ¿sabes por qué, hija mía?, porque no dejan que entre el espíritu de Dios; y al no
entrar el espíritu de Dios no reciben la gracia y sus corazones no se humillan, hija mía, ni se
arrepienten y se ven superiores, ¡qué pena de almas, hija mía! Es gravísimo todo lo que está
sucediendo en el mundo: crímenes sangrientos, guerras que destruirán la mayor parte de la
humanidad, los hogares destruidos, la juventud perdida, los guías de los pueblos no se
dedican la mayoría de ellos a predicar el Evangelio, sino a vivir según sus gustos.

Yo pido a los hombres, que son casi mis últimas llamadas, a la oración, al sacrificio, que
dejen que en su corazón entre la gracia para que se vean tal como son, hija mía, y no hagan
lo que el fariseo, presentarse en el templo diciendo: "Yo soy bueno, Jesús, yo no peco; yo
cumplo con todas las Leyes". ¡Ay, hijos míos!, sed como aquella pobre alma humilde y
contrita que se presentaba en el templo diciendo: "Señor, soy un pecador; he pecado contra
el cielo y contra Ti, perdóname, Señor". La gracia cuando entra dentro de los corazones el
hombre se reconoce tal como es, pero ¡ay, hija mía, cuántos corazones endurecidos no
dejan entrar la gracia por su soberbia y su vanidad! Yo los quiero proteger porque mi
Corazón los ama, pero no se dejan, hija mía, ¡qué pena, cuánto sufre mi Corazón! Yo soy
Madre de todos los pecadores, pero de todos los pecadores contritos y humillados. El
hombre es humilde cuando se ve pecador y miserable.

Mira, hija mía, grandes catástrofes irán aumentando en la tierra; la tierra quedará desolada,
como un desierto, todo el desierto de... (llanto de Amparo) crímenes tras crímenes, hija mía,
e inocentes morirán junto a los culpables, para purificar a los culpables.

Dejaos guiar, hijos míos, por el espíritu de Dios, seguid el Evangelio, no pongáis vuestra
vida en la hacienda. Dejaos guiar, hijos míos, por los guías santos del pueblo; no vayáis a
aquellos guías, hijos míos, que han confundido la doctrina y os confunden vuestra alma,
hijos míos. Leed el Evangelio, y ahí está la Palabra de Dios.

Cuántos, hija mía, se quedan en el tiempo porque cogen del Evangelio lo que les conviene y
dejan lo que no les agrada.

Penitencia pido y sacrificio. Mis últimas llamadas son a la oración, a la penitencia y al


sacrificio. Los hombres se han olvidado de que el sacrificio y la penitencia es el camino de
la salvación.

Sed humildes, hijos míos, y dejaos guiar por el espíritu del bien que es el del sacrificio y el
de la penitencia. Olvidad todas las cosas del mundo y no tengáis vuestro pensamiento fijo
en las riquezas y en las vanidades. No penséis tanto en el mañana. El mañana corresponde a
la Divina Majestad de Dios, y vosotros pensáis en el mañana como si dependiese de
vosotros mismos, hijos míos, ¡qué ingratos sois! No irritéis a vuestros hermanos ni
maltratéis a vuestros hermanos, hijos míos; todo el daño que hagáis a vuestros hermanos
recaerá sobre vosotros. Amaos los unos a los otros. Este es el primer Mandamiento, el amor
a Dios y al prójimo. Y ¡ay de aquéllos que se amen a sí mismo y a los suyos y olviden a
Dios y al prójimo! Estad alerta, hijos míos, que vuestro Amo os vigila. Sed siervos fieles y
prudentes; y estad preparados con la lámpara llena de aceite. Tenéis tiempo para reparar,
hijos míos. Ofreceos en sacrificio por aquellas pobres almas que se han desviado del
camino del Evangelio. Y vosotros, hijos míos, que tenéis la dicha de oír mi voz y recibir
mis mensajes, vivid según el Evangelio, porque muchos serán los llamados y pocos los
escogidos; porque pocos cumplen el Evangelio, pocos renuncian a su hacienda. ¡Qué pena
de almas, hija mía! Se está viviendo en el sexto tiempo, el tiempo de Satán, hija mía.

Dios os espera, hijos míos, pero quiere corazones contritos y humillados. El sabe lo más
profundo de vuestros pensamientos; y sabe, hija mía, que los hombres no vuelven la mirada
a Dios y cada día se rebelan más contra El. ¡Qué tristeza siente mi Corazón cuando veo que
mis hijos rechazan mis palabras!

Tú, hija mía, háblales y explícales todo lo que has visto y oído para conquistarlos, para que
gocen un día eternamente. ¡Ay qué tristeza siente mi Corazón, hija mía! Mi Corazón está
sangrando por los pecados de los hombres. Ya desde su nacimiento, hija mía, el hombre
lleva la inclinación hacia el mal y se deja arrastrar y seducir por el enemigo.

¡Despertad, padres e hijos! Despertad y educad a vuestros hijos en el santo temor de Dios.
Y vosotros, hijos, respetad a vuestros padres y con sinceridad y con la Verdad pedid
consejo, que ellos os ayudarán, hijos míos, pero no os introduzcáis en la mentira. La
mentira es la muerte, hija mía, ya sabes que te lo he dicho muchas veces, que les hables
sobre la verdad. Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida, donde está la mentira no está la
vida; la mentira es la muerte.

Humillaos, corazones, ante la Divina Majestad de Dios y reconoceos polvo y nada.

Mira, hija mía, miles y miles de hombres caerán bajo la espada, grandes calamidades,
muertes atroces, crímenes sangrientos... Es terrible, hija mía, la situación del mundo. El
hombre se ha olvidado de Dios; en su mente está el espíritu satánico de Satanás
destruyendo la humanidad. (Amparo llora). Mira, hija mía, cómo reina el enemigo en los
corazones. No oyen mis llamadas, hija mía, ni mi llamada a la oración y al sacrificio. Los
hombres quieren vivir según sus gustos y se dejan arrastrar por el espíritu maligno que se
cree victorioso. Pero todo el que invoque mi Inmaculado Corazón triunfará sobre toda la
humanidad y, sobre todo, aquellos que se consagren a mi Inmaculado Corazón. (Amparo no
deja de gemir).

Yo os protegeré, hijos míos, y aplastaré la cabeza del enemigo; pero despertad y abrid
vuestro corazón a la gracia.

¡Es terrible, hija mía, la situación del mundo! Mi Corazón está traspasado de dolor; no
queda ni un hueco de mi Corazón donde no hayan clavado los hombres una espina. Mira,
hija mía, que dolor siente mi Corazón y cómo está rodeado de espinas por los pecados de
los hombres. Hace mucho, hija mía, que no mueves ninguna espina, están tan profundas
porque los hombres no cambian profundamente; sus promesas son superficiales, hija mía.
El dolor que siente mi Corazón invade todo mi cuerpo, hija mía.

Por eso pido, hijos míos: el mayor remedio es el ayuno a pan y agua, hijos míos; ayunad a
pan y agua los viernes y ofrecedlo para que Satanás no pueda apoderarse de vosotros;
ayunad, hijos míos, el ayuno es muy importante; ayunad todos, hijos míos, menos aquellos
que estén delicados gravemente. Eso os sacará de la tibieza en que os encontráis.

Y tú, hija mía, humíllate y habla tal como Yo te enseño, con energía y con fortaleza, hija
mía. El día del reinado, de la segunda venida de Cristo, está próximo. Quiero tocar todos
los corazones. Todo el que acuda a este lugar recibirá gracias especiales; pero todo aquel
que venga de buena voluntad su corazón será abierto de par en par para que entren las
gracias dentro de él.

Humillaos, hijos míos, y no os avergoncéis de la humillación. Cristo se humilló hasta la


muerte y se anonadó. El discípulo no puede ser más que el Maestro.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantas y tantas ofensas como hacen a mi pobre
Corazón.

Yo soy Madre del amor, Madre de misericordia para todo el que venga a mi Corazón,
contrito y humillado, protegerle y conducirle a mi Hijo. Pero quiero almas de buena
voluntad.

Sed fuertes, hijos míos, leed mucho el Evangelio y meditad la Pasión de Cristo; está
totalmente olvidada. Si el hombre meditase la Pasión de Cristo su vida cambiaría. Retiraos
del Espíritu maligno, hijos míos, él os mostrará los placeres del mundo, los gustos, las
riquezas para que acumuléis sin saber si las vais a usar, porque el mañana depende del
Creador. No cumplís el Evangelio, hijos míos, cuando os dice en el Evangelio Cristo: "No
penséis lo que vais a comer mañana ni lo que vais a vestir; pensad en las aves y en las flores
del campo, que no tienen dueño en la tierra, y el Dueño del cielo las alimenta, y las viste y
las protege." Olvidaos de vosotros mismos; pensad en los demás, hijos míos. Todos los que
habéis tenido el don de adquirir riquezas, hijos míos, distribuid a los pobres y veréis como
descansa vuestra pobre alma. No tengáis vuestro corazón donde está vuestra hacienda.
Vivid más del espíritu que de la carne. No penséis tanto en alimentar la carne que os
olvidéis del alimento del espíritu. ¡Ay de aquéllos que hipócritamente mueven los labios y
que dentro de su corazón hay odio, rencores, envidias, destrucción! Aún estáis a tiempo,
hijos míos, arrepentíos y convertíos. La salvación sólo es una vez, y la condenación
también, hija mía. Eso te lo he enseñado que se lo repitas a las criaturas, que sólo se pueden
salvar una vez y condenar una vez.

Pagad vuestras deudas, hijos míos, con el cheque del amor, con el cheque de la
comprensión y de la caridad. Y no os critiquéis unos a otros. Aceptaos todos tal como sois
y ayudaos mutuamente con oración y con sacrificio.

Una bendición especial voy a dar hoy para la conversión de todos los pecadores. Y todos
los primeros sábados de mes estaremos sellando frentes contra la asechanza del enemigo.
La protección de esta señal os hará contritos y humildes.

Yo prometo que a todo el que venga de buena voluntad su frente quedará sellada, y en su
frente quedará una marca y una protección del enemigo. Muchos sentirán en su frente esta
señal.

AMPARO:

¡Ay, Dios mío, gracias!, ¡gracias, Dios mío! ¡Ayúdalos, protégelos, Señor! ¡Ay, qué
grandeza, Dios mío, ay!

LA VIRGEN:

Mira, hija mía, todos los marcados y escogidos en este lugar.

AMPARO: ¡Ay, ay, qué grandeza, Dios mio, ay!

LA VIRGEN:

El sacrificio y la oración tienen mucho valor, aunque sea un pequeño grupo reducido. Mira
a Jesús, como da el ciento por uno a las almas, hija mía.

AMPARO: ¡Ay, gracias, Madre mía, gracias!

LA VIRGEN:

Tú, hija mía, humíllate, sé humilde; la humildad llega a la santidad; pero no dejes de hablar
con energía y con fortaleza; y con claridad como Yo te enseño.

Levantad todos los objetos. Todos serán bendecidos con bendiciones especiales para los
pobres pecadores.

Todos han sido bendecidos, hija mía, con bendiciones especiales.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 1 DE JUNIO DE 1991, PRIMER SÁBADO DE MES,

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

¡Ay, habitantes de la tierra y guías de los pueblos!, que os rebeláis contra la palabra de Dios
y no observáis sus Leyes; os dejáis conducir por el rey de la iniquidad; en vuestros
corazones ha desaparecido la piedad, el amor. ¡Ay, de aquéllos que os llamáis cristianos
practicantes y os rebeláis contra las Leyes de Dios y hacéis abrigo de la mentira y refugio
de la lujuria! Os habéis dejado de apoyar en la piedra angular que es la vida y la fortaleza; y
con engaños os dejáis arrastrar por la astucia de Satanás; venid y refugiaos en mi
Inmaculado Corazón, que Yo derribaré el abrigo de la mentira y el refugio de la lujuria.

La Iglesia llora por tantos crímenes contra inocentes de aquellos que os llamáis cristianos
practicantes de la doctrina de Dios; sois consentidores del derramamiento de sangre de
víctimas inocentes; habéis perdido las tres potencias del espíritu, os habéis quedado sin
voluntad y sois peores que las fieras, porque las fieras protegen a sus cachorros y vosotros
los matáis dentro de vuestras propias entrañas; cubrís la sangre de vuestro cuerpo con los
crímenes de esos inocentes; la tierra queda cubierta por la mancha del crimen.

¡Ay, de vosotros habitantes de la tierra!, estáis viviendo en un mundo tenebroso, lleno de


tinieblas y de tentación. Acudid, hijos míos, a nuestros Corazones; todavía podéis, hijos
míos, salvaros de tantos y tantos crímenes como habéis cometido. Pero ¡ay, de aquéllos que
no os arrepintáis! pereceréis todos juntos; aquellos que os llamáis buenos pereceréis junto a
los malos. Me honráis con los labios, hijos míos, y ¡qué lejos está vuestro corazón de Mí!
Orad, haced penitencia, haced sacrificios. Decís que estáis cumpliendo las leyes, y en
vuestro corazón no hay nada más que perfidia, hijos míos.

Yo soy vuestra Madre, Madre de los pecadores. Venid, hijos míos, que soy Madre de
Misericordia. Sigue mi Corazón intercediendo por vosotros. Pero cada día, hijos míos, os
introducís más en la tiniebla, en el vicio, y vuestras mentes quedan oscurecidas y vivís
según la carne, no según el espíritu.

EL SEÑOR:

Yo soy Jesús, el Hijo de Dios vivo, el que quiera seguirme tiene que renunciar a sí mismo,
a su hacienda; no anteponer a su padre, a su madre, a su hermano, a su hermana, a sus hijos,
a sus hijas, antes que a Mí. Ese es el primer Mandamiento de la Ley de Dios: Amarás a
Dios con todo tu corazón, con toda tu mente, con todas tus fuerzas, y al prójimo como a ti
mismo. Os amáis a vosotros mismos y a los vuestros, y olvidáis a Dios, hijos míos. ¿Dónde
está el Mandamiento del Amor? Lo habéis olvidado. Es el Mandamiento de la salvación. La
cólera de Dios caerá sobre vosotros si no hacéis penitencia y sacrificio. La justa ira de Dios
derramará su cólera. Escuchad mis palabras, hijos míos, el tiempo se acorta y vuestros
corazones siguen endurecidos. Orad, haced penitencia y sacrificios, renunciad a vosotros
mismos y a vuestra hacienda, hijos míos. El corazón lo tenéis puesto en la hacienda; por eso
vuestro corazón está tan lejos de Mí. (Llanto de Amparo). El castigo vendrá como el
relámpago, sin avisar, hijos míos, estad preparados, no seáis como las vírgenes necias.

LA VIRGEN:

Yo intercedo a mi Hijo, hijos míos, que tenga compasión de todos vosotros. Arrepentíos y
convertíos. No alimentéis tanto vuestra carne de tantos y tantos gustos y practicad ese
primer Mandamiento del Amor de Dios. Si los hombres se amasen el mundo se salvaría,
hijos míos. Orad y presentad buenos frutos para que mi Hijo tenga compasión de vosotros.

Soy Madre de los dolores: de los dolores de la humanidad. Ayudad a reparar tantos y tantos
pecados y ofensas como se cometen contra la Divina Majestad de Dios. El mundo ha
perdido la moral. (Amparo sigue llorando). No hay nada más que zozobras, hijos míos, ¿no
os dais cuenta? Amaos los unos a los otros. Si no hay amor no habrá salvación.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantas y tantas ofensas como se cometen en el
mundo.

Y tú, hija mía, sigue adelante; refúgiate en nuestro Corazón y recibirás fuerzas para tantas y
tantas pruebas como se te presentarán. Bienaventurados los que sois calumniados a causa
del nombre de Dios. Hija mía, ámanos mucho y refúgiate en nuestros Corazones. El tiempo
es corto y la eternidad es larga. ¡No desfallezcas, hija mía, sé fuerte, la fortaleza está en
Cristo!

Acudid a este lugar, que todo el que acuda a este lugar recibirá gracias especiales para su
salvación. Amad mucho a la Iglesia, hijos míos, amad al Vicario de Cristo. Pedid por los
guías del pueblo para que sean pastores de almas, que muchos viven de la Iglesia pero no
viven para la Iglesia.

Levantad todos los objetos. Todos serán bendecidos con bendiciones especiales.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.
MENSAJE DEL DÍA 6 DE JULIO DE 1991, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

"Hija mía, mi corazón sigue sufriendo porque los hombres siguen viviendo en la maldad y
han dejado que se refugie en sus corazones el rey de la iniquidad; el rey de la iniquidad,
hija mía, está al acecho como el águila para atrapar las presas y hundirlas en el lodo del
pecado.

¡Despertad, hijos míos, oíd nuestras llamadas y cumplid las leyes, las leyes del Evangelio,
hijos míos! Os estáis dejando arrastrar por el rey de la mentira y el mundo se está
convirtiendo en una carnicería. Hija mía, ¿cómo no va a estar triste mi Corazón? Mira en él
las espinas que hay tan profundas, hija mía. (Llanto de Amparo). No las puedes tocar, hija
mía, porque los hombres viven una fe superficial. ¿Hasta cuándo, hijos míos, no vais a
renunciar a vuestra soberbia y a vuestro orgullo y no os vais a dejar conducir por la verdad
del Evangelio? El orgullo y la soberbia, hijos míos, vienen de la iniquidad. ¡Despertad a las
llamadas que se os hacen, no endurezcáis vuestros corazones!

Hija mía, mi boca no para de dar avisos a los hombres, y los hombres siguen obstinados en
el pecado, en el odio, hija mía, en la envidia. Mi Corazón quiere, como Madre, recogeros a
todos bajo mi manto y protegeros del gran castigo que va a caer sobre la humanidad, hija
mía. (Amparo no deja de sollozar).

Despertad, hijos míos, no os hagáis los sordos a las llamadas de vuestra Madre. Mi Corazón
derrama misericordia. ¡Dichosos aquéllos, hijos míos, que sois corregidos, y aquéllos que
sois avisados y escucháis esta llamada, hijos míos! Pensad que Dios os ama; os da la herida
y está pendiente de vosotros para vendárosla, hijos míos. El os hiere y El os cura, hijos
míos. ¡Hasta cuándo, hijos míos, vais a hacer sufrir a mi Corazón! Pensad que soy vuestra
Madre, y una madre no abandona a su hijo, si es una madre buena, hija mía.

Orad, hijos míos, que por eso no conseguís el verdadero amor y el puro amor que viene del
costado de Cristo, por vuestra falta de oración y vuestra falta de renuncia y de sacrificio.
Renunciad a vosotros mismos, hijos míos, y amaos unos a otros; ése es el Mandamiento de
la salvación: el Mandamiento del amor.

Y vosotros, almas consagradas, que vivís en la oscuridad y camináis en las tinieblas, buscad
la verdad que está en el Evangelio. Id a Cristo, hijos míos, y Cristo sacará la tiniebla de
vuestro corazón y la convertirá en luz. Sed constantes, hijos míos, en la oración; fuertes en
el amor, hijos míos, y preocupaos de que vuestro tiempo sea para el apostolado de las
almas, hijos míos. No empleéis vuestro tiempo en el mundo, dedicadlo a vuestro ministerio.
La mayoría de vuestros corazones están tibios, hijos míos. Cristo es el fuego que derrite los
corazones, no os desviéis de su camino. Mi Corazón os ama, hijos míos, y el pueblo
necesita buenos pastores de almas que se dediquen al pueblo, a conquistar el rebaño de
Cristo. ¿A quién engañáis, hijos míos, llamándoos almas consagradas y sacerdotes del
Señor? Y muchos de vosotros estáis entregados a las cosas mundanas y habéis olvidado
vuestro ministerio. Volved, hijos míos, que Cristo os espera como conductores de su
Cuerpo, entregados, humildes y sacrificados. Dad buen ejemplo, hijos míos, a las almas y
estimulad a la Iglesia con verdadero amor. No hagáis sufrir más al Vicario de Cristo, hijos
míos. Mira, hija mía, cómo sufre el Vicario de Cristo; está triste.

AMPARO: El Santo Padre está muy triste, lo veo muy triste.

LA VIRGEN:

Porque ve la impiedad de sus almas consagradas. La Iglesia está desolada, muy desolada,
¡cómo no va a sufrir mi Corazón si soy Madre de la Iglesia! Pide mucho por el Vicario de
Cristo, hija mía, ¡qué triste está su corazón!

Almas consagradas, obedecedle, no seáis rebeldes. Y aquéllos que tenéis votos, renovad
vuestros votos y consagraos a mi Corazón; y mi Corazón os protegerá de las asechanzas del
enemigo. Mi Corazón os ama, hijos míos, sed fuertes y no busquéis las comodidades del
mundo. Imitad a Cristo: El no buscó comodidades, hijos míos, toda su vida estuvo llena de
incomodidades y de sacrificios.

Acudid a este lugar, hijos míos, todos los que acudáis a este lugar recibiréis gracias
especiales y seréis bendecidos contra las asechanzas de Satanás. Aunque sufre mi Corazón,
también siente gozos de ver que muchas almas han renunciado a muchas cosas del mundo y
se han introducido en el rebaño de Cristo. Sed fuertes, hijos míos, y no os apartéis de la
gracia. El que se aparta de la gracia se queda muerto, y la muerte, hijos míos, es tenebrosa y
oscura.

Tú, hija mía, humíllate y sacrifícate; piensa que eres víctima y las víctimas se tienen que
inmolar para la salvación de las almas. Sí, hija mía, mi Obra y la Obra de Cristo es tu Obra
y tienes que preocuparte por ella; y tienes que poner, hija mía, todo tu amor en ella. Sé que
sufres. Bebe unas gotas del cáliz del dolor (Deglución, tos, angustia de Amparo). Está muy
amargo, hija mía, queremos que participes de la amargura de nuestro Corazón, hija mía.
Tienes que ser fuerte, hija mía; encontrarás muchos obstáculos, pero piensa que es mi Obra
y la Obra de mi Hijo; y todo el que ame esta Obra se tiene que entregar a ella, cada uno a la
medida de sus fuerzas. Y Yo derramaré gracias sobre vosotros. Pensad, hijos míos, que es
el Mandamiento del Amor esta Obra; es amar al desvalido y protegerlo y recogerlo; ahí
están las Bienaventuranzas: "Tuve hambre y me disteis de comer; mendigo y me
recogisteis; desnudo y me vestisteis; enfermo y me visitasteis". ¿Qué es la fe, hija mía?, te
lo he enseñado muchas veces, ¿qué es la fe sin obras? La fe tiene que estar acompañada de
la caridad. El que no ama y no tiene caridad no entrará en el Reino del Cielo; el que no
comparte con el hermano su hacienda y la guarda para que se la coma la polilla, no entrará
en el Reino de los Cielos. Ese es el Mandamiento del Amor; ésta es mi Obra, ésta es tu
Obra y también es la Obra de todos los que han recibido gracias de este lugar.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos pecados y tantas ofensas de las almas
consagradas.

Humildad pido; sin humildad, hija mía, no se consiguen las demás virtudes.

Voy a dar una bendición especial para todos los objetos contra las asechanzas del enemigo
y para los moribundos. Levantad todos los objetos (pausa). Todos han sido bendecidos con
bendiciones especiales.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

La paz sea con vosotros, hijos míos.

MENSAJE DEL DÍA 3 DE AGOSTO DE 1991, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR:

"Hija mía, Yo, Jesús, el Hijo de María, quiero dilatar todos los corazones del fuego de mi
amor, pero los hombres escuchan mi palabra pero no toman mi ejemplo. ¿Qué es la palabra
sin obras? Yo digo, hija mía, que quiero acrisolar todos los corazones con el fuego de mi
amor. Es muy importante en estos últimos tiempos el Mandamiento primero de la ley de
Dios: ama a Dios con todo tu corazón, con todas tus fuerzas y con tus cinco sentidos y al
prójimo como a ti mismo; pero los hombres han convertido este Mandamiento en desamor,
en desunión, en discordias, en odios. No entraréis en el Reino del Cielo si no practicáis el
Mandamiento del Amor, hijos míos. Mucho habláis de Cristo pero poco practicáis sus
obras. Practicad, hijos míos, el sermón de la montaña. Dar de comer al hambriento, de
beber al sediento, de vestir al desnudo, dar posada al peregrino, eso es lo más importante en
estos tiempos, hijos míos, el amor, la caridad.

El hombre está destruyendo el mundo con su desamor. Ya es tiempo de cumplir mis


palabras. Traeré fuego a la tierra para que arda y acrisolaré todos aquellos corazones que
han seguido mis Mandamientos; los acrisolaré y los dejaré limpios como las aguas de los
arroyos. Y a todos aquellos que han convertido mis Mandamientos en odio, en lujuria, en
egoísmo, en impiedad, en soberbia, los reduciré a cenizas y los apartaré de mi mirada, hija
mía. Va siendo hora de segar la mies, ¡y los hombres creen que no va a llegar ese día! Ese
día está próximo. No cerréis vuestros oídos, porque mi Corazón primero ha querido
acrisolar con el fuego de mi amor todos los corazones, con mis avisos, y vosotros, necios,
os habéis dejado engañar por el enemigo y vuestros corazones están empedernidos y el
enemigo os hace ver en la verdad de Dios la mentira y en su mentira la verdad.

Ya va siendo hora, hijos míos, de apartar la cizaña. Y ya va siendo hora de que caiga el
fuego sobre la tierra y consuma vuestros graneros, que están llenos de egoísmo y de lujuria.
¿Hasta cuándo, hijos míos, os vais a dejar engañar por la astucia del enemigo?

Mira, hija mía, estos cuatro ángeles en los cuatro ángulos de la tierra están preparados para,
con una sola palabra que salga de mi boca, destruir todo lo malo que hay en esta tierra.
Mira la posición de los ángeles, hija mía.

AMPARO:

Hay cuatro ángeles en los cuatro puntos de la tierra: del Este al Oeste y del Norte al Sur.
Tienen cuatro alas y bajo esas alas, en las de abajo llevan una rueda que da la vuelta sobre
su ala. Hay fuego debajo de ese ala y mete la mano uno de ellos, y sólo con meter la mano,
tocando esa rueda, veo arder la mayor parte de la tierra. ¡Qué horror: niños y mayores arden
en ella; parece un volcán de fuego! ¡Ten compasión, Señor, de todos ellos!

EL SEÑOR:

Pronto será la hora de mi justicia, porque estoy derramando la misericordia y los hombres
ingratos se baten en el pecado, en el odio, en el egoísmo, en la carne. Dentro de poco, hija
mía, no habrá compasión. Mi Misericordia se agota y mi justicia se aproxima. ¡Ay,
hombres ingratos! ¡Hasta dónde habéis llegado, hijos míos, con la perversidad de vuestro
mal! Habéis convertido la luz en tiniebla, porque Yo, hijos míos, a todos os he mandado
gracias para vuestra salvación y Sacramentos para mantener las gracias, ¿y qué habéis
hecho de todo esto?; ultraje a la Divina Majestad de Dios, desprecio a los Sacramentos,
odio, envidias, rencores.

Orad, hijos míos, y haced penitencia; no penséis en almacenar, extended la mano al


desvalido, practicad el Mandamiento del Amor. Sin este Mandamiento no hay salvación. El
hombre fue creado para amar y glorificar a Dios y para vivir en el Paraíso y participar del
conjunto de todo lo bueno con todos sus hermanos. ¿Qué habéis hecho de mis leyes, hijos
míos?: corrupción y destrucción. Yo acrisolaré los corazones de todos aquellos que han
aceptado mi voluntad y los transportaré a la tierra prometida. Pero, ¡ay, de vosotros
ingratos, que no habéis pensado nada más que en vosotros mismos!, oiréis estas palabras:
Id malditos al fuego eterno que Satanás tiene preparado para todos sus secuaces. ¿Hasta
cuándo, hijos míos?

Almas consagradas... ¡despertad a la gracia, no os dejéis arrastrar por el apetito carnal!


Acudid a Mí, hijos míos, contritos y arrepentidos, todavía queda un poco tiempo; entregaos
a vuestro ministerio de la Iglesia, sed piadosos, hijos míos, y practicad la virtud de la
caridad. Por eso mi Corazón grita: Amaos los unos a los otros, como Yo os he enseñado a
amar. El tiempo es corto y vuestros pecados son muchos, hijos míos. La Humanidad está
corrompida.

LA VIRGEN:

Hijos míos, acudid a mi Inmaculado Corazón, que mi Corazón os protegerá y os llevará al


Corazón de Cristo.

Mira mi Corazón, hija mía, mis lágrimas caen por mis mejillas y mi Corazón está
traspasado por siete espadas de dolor, porque los hombres siguen y siguen cada día más
cometiendo crímenes y destruyendo el mundo, hija mía. (Llanto de Amparo)

Soy Madre de los Dolores, Madre de la Humanidad; mi Corazón sufre por todos mis hijos.

Acudid a Mí, hijos míos, que Yo os llevaré al camino de Cristo. La cólera de Dios está
cerca y su justicia santa va a ser derramada sobre toda la Humanidad. Sacrificios y
penitencia pido.

Mira mi Corazón, hija mía, cómo está traspasado por el dolor, ¡tantas ofensas hechas a la
Divina Majestad de Dios y tantas almas como se introducen diariamente en las penas del
infierno!

¿Qué es la fe sin obras, hijos míos?, muchos movéis los labios, pero vuestro corazón está
frío como un témpano de hielo. De nada os sirve mover los labios, hijos míos. Mi Hijo os
dejó la mejor oración, meditadla despacio y practicadla: la oración del Padrenuestro. No os
inventéis oraciones largas, con que practiquéis esta corta, ahí está todo el Evangelio. Amad
a Dios, vuestro Creador, hijos míos, perdonad a vuestros enemigos, no penséis tanto en el
mañana, haced la voluntad de Dios, hijos míos. Pensad que Dios está en el Cielo y que
pronto vendrá su Reino sobre vosotros.

Quiero protegeros a todos bajo mi manto. Mi súplica constante a la Divina Majestad de


Dios, hijos míos, es la que está alargando un poco el castigo, hijos míos. Ya lo tengo todo
dicho; pocas palabras, hijos míos, me quedan para hacer recomendación a vuestra alma.
Desde hoy mis mensajes serán muy cortos, hijos míos, mis palabras serán de amor.

Y tú, hija mía, ama con todo tu corazón y enseña a amar a los hombres, aunque te
desprecien, aunque te difamen. Pero, hija mía, cuando llega un alma al rebaño de Cristo,
¡qué alegría siente mi Corazón! Sigue sufriendo, hija mía, para la conversión del mundo;
ama con todo tu corazón y entrégate a los demás.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantas ofensas como se cometen contra la Divina
Majestad de Dios.

Tu misión es amar, hija mía, y sufrir.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos.

Desde hoy mis mensajes serán cortos, pero mis gracias serán cada día más en abundancia.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

MENSAJE DEL DÍA 7 DE SEPTIEMBRE DE 1991, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

"Dije, hija mía, que mis palabras iban a ser cortas, pero llenas de amor.

Todo está dicho, hijos míos, sólo os falta, hijos míos, que acudáis a mi Inmaculado
Corazón, que él os protegerá. Mira qué manto, hija mía, más inmenso, el manto del amor.
Todo el que viene a mi Inmaculado Corazón, es protegido bajo este manto y no le dejaré
salir de él. Es tan inmenso, hija mía, que todos caben debajo de él. Mira si hay miles y
miles de billones metidos bajo mi manto. Soy Madre del amor, y por eso aviso a mis hijos.

EL SEÑOR:

Yo vengo como amigo y por eso quiero explicar a los hombres que el amigo da la vida por
el amigo. Yo amo tanto a los hombres, que de Padre me hice Hijo, y, estando en la
eternidad, vine al tiempo, y, dando vida, vine a buscar la muerte, y, sin necesitar la palabra,
me hice Palabra. Yo no necesitaba la palabra. La palabra fue hecha para los hombres. Me
hice hombre igual a los hombres en todo menos en el pecado, para recobrar la amistad que
había perdido con ellos. Vine a hacerme hombre y a morir en una cruz. Derramé mi Sangre
para la redención y la salvación de las almas. Os comunico mi misterio, hijos míos, porque
os amo. Sólo un amigo es capaz de morir por el amigo; por eso os digo, hijos míos, sed
pacientes, amaos unos a otros y practicad ese mandamiento del amor.
Todo el que da la vida por el amigo tendrá vida eterna (en voz baja habla palabras
ininteligibles)

Tienes que ser valiente, hija mía, y comunicar a los hombres mi palabra. Ni el desprecio, ni
la calumnia, ni la crítica te tienen que angustiar, hija mía. Sé fuerte. Tienes que luchar
mucho contra grandes batallas, hija mía; pero que prevalezca en ti el mandamiento del
amor, hija mía.

Si Nosotros estamos contigo, ¿qué te importa los que vayan contra ti, hija mía? tu misión es
sufrir. Tu misión es amar.

Se han derramado gracias suficientes para que los hombres cambien sus vidas; pero aún
quiero decir a los hombres que son mis amigos y que todo el que quiera venir, lo espero, y
que soy el mejor amigo, el pastor que busca a su oveja cuando se pierde; el que dio la vida
por su rebaño.

LA VIRGEN:

Sólo estas palabras, hijos míos. HUMILDAD OS PIDO.

Levantad todos los objetos. Todos serán bendecidos con gracias especiales, hijos míos.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

La paz os dejo, hijos míos.

MENSAJE DEL DÍA 5 DE OCTUBRE DE 1991, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

"Hija mía, mira mi manto; es el manto de la misericordia, el manto del amor. Mira, en este
libro van las obras de misericordia. Yo soy Madre del que sufre, del que llora, del que es
perseguido, del que tiene hambre, del limpio del corazón. Y yo harto al que tiene hambre,
consuelo al triste y llevo al Cielo al limpio del corazón; y escondo al que es perseguido a
causa de nuestro Nombre. Confiad en mi Hijo, hijos míos, y refugiaos en mi Inmaculado
Corazón. Mis palabras son breves porque mi Corazón sólo piensa en la misericordia.
EL SEÑOR:

Venid a Mí todos los que estáis agobiados y cansados, confiad en Mí que Yo os enseñaré la
verdad y todo el que quiera escuchar la verdad estará conmigo. Todos aquellos que ayudan
a mi Obra les daré un galardón, y ese galardón será la entrada para entrar en el Cielo.

Hijos míos, aquellos que dais limosna, vuestra limosna servirá de sacrificio y de alabanza a
Dios, y con vuestra limosna vuestro corazón y vuestra alma, aunque esté manchada de
pecado y oscura como el carbón, quedará limpia como la nieve, para todos aquellos que
cumplan mis Leyes; venid a mi Corazón, hijos míos, aquellos que estáis cargados de
crímenes y de pecados, no os recriminaré, hijos míos, ni echaré en cara vuestros pecados,
los lavaré con mi Sangre y con la Llaga de mi Costado quedarán purificados, hijos míos.

Tú, hija mía, sigue siendo miseria y amor, porque por tu miseria el hombre volverá la
mirada a Dios y con tu amor volverá a la vida.

¡Dónde podréis encontrar un Padre como Yo, hijos míos, con un corazón tan compasivo!
Yo derramaré gracias sobre vuestras almas y os haré mi herencia que es la eternidad. ¿Qué
más queréis que os ofrezca, hijos míos?

Tú, hija mía, sigue aceptando la humillación, la calumnia, el desprecio; ¿ves cómo te
recompenso a todo tu dolor, hija mía?

Y acudid a mi Madre, que es el tiempo de la misericordia; y ese manto que cubra toda la
tierra para proteger al desvalido, al débil, al despreciado, al calumniado, al cansado, al
hambriento, al sediento.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y tantos pecados como hay en el mundo.

Todo está dicho; ahora mi Corazón está derramando la misericordia sobre todos vosotros,
hijos míos. Cumplid mis Leyes.

LA VIRGEN:

Os bendigo, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu Santo.

EL SEÑOR:

La paz sea con vosotros.


MENSAJE DEL DÍA 2 DE NOVIEMBRE DE 1991, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

"Mira, hija mía, mi Corazón Inmaculado sigue viniendo con el manto de misericordia y de
amor.

Hoy hago una llamada más a aquellos pastores infieles, a aquellos que se han retirado de su
ministerio, porque no cumplen con el Evangelio. ¿De qué les sirve a los hombres estar en
primeros puestos, hija mía, si luego no son fieles al camino que han escogido?

Venid, hijos míos, venid a mi Inmaculado Corazón, Yo os protegeré y llenaré vuestro


corazón de gracias para que podáis ejercer el ministerio de pastores con la gracia del
Espíritu Santo. Sed fieles, hijos míos, al camino que habéis emprendido; venid a Mí, que
Yo os llevaré a Jesús. Todos aquellos pastores, hijos míos, que habéis conservado vuestra
inteligencia y vuestra sabiduría, proteged el rebaño de Cristo.

EL SEÑOR:

Protegedlo, hijos míos, de tantos lobos como les acechan y multiplicad mi rebaño; traedlos
a mis manos para que Yo los pueda poner a mi derecha y revestirlos con una vestidura de
luz como la mía y transportarlos a la tierra que tengo preparada donde habrá frondosos
jardines y riachuelos de miel y leche.

Mira, hija mía, la tierra prometida, (expresión de gozo de Amparo) , ¡qué belleza…! estos
manantiales divinos son la felicidad de las almas, hija mia.

Por eso pido a mis pastores fieles a mi Evangelio, que protejan mi rebaño, para que pueda
participar de estos pastos exquisitos.

Mira, hija mía, aquí hay leche y miel, aquí hay frutos frondosos, aquí está la belleza del
Paraíso (pausa y gozo de Amparo), para todos aquellos que quieran venir a Mí.

Todos los que estéis agobiados y cargados, venid a Mí, hijos míos, que Yo os descargaré de
vuestra aflicción y de vuestras penas, hijos míos.

LA VIRGEN:

Besa el suelo, hija mía, en reparación de las ofensas que los hombres cometen en el mundo.

Aquí este alimento será eterno. Y todo el que acuda a este lugar recibirá gracias especiales
para su salvación. Mis palabras se acaban, hija mía, porque lo he dicho todo. Sólo falta que
los hombres cambien, hija mía.

Venid, que os esperamos, hijos míos, y seguiré multiplicando las gracias en este lugar para
todo el que acuda a él, hija mía.

Levántate, hija mía, mira la belleza del Paraíso; haz una reverencia ante el Cordero, hija
mía, (pausa, Amparo hace una inclinación profunda y luego hinca la rodilla), hinca tu
rodilla.

Hoy habrá una bendición muy especial para todos aquellos que vengáis a este lugar, para
poder participar de este Paraíso, hija mía.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con una bendición especial para
protegeros del mal que hay en la tierra, hijos míos. (Pausa)

Todos han sido bendecidos con esta bendición especial.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

MENSAJE DEL DÍA 7 DE DICIEMBRE DE 1991, PRIMER SÁBADO DE MES

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

"Ya estamos aquí, hija mía, nuestros Corazones vienen llenos de amor y de misericordia.
Yo os conduzco a mi Hijo; como Madre de todos los pecadores me preocupo por todos, hija
mía.

EL SEÑOR:

Yo soy el Hijo de Dios vivo. Yo como un gigante di un salto del cielo a la tierra; dejé mi
Patria y vine a sufrir, a la tierra, para que el hombre dejase de ser siervo y para llamarle
amigo. Yo dejé que mi Costado fuese abierto y en él se abriese un canal donde los hombres
bebiesen y se saciasen de El. Mi Corazón, hija mía..., mira qué Corazón tan inflamado de
amor por los hombres; es un volcán de fuego lo que hay dentro de mi Corazón para abrasar
todos los corazones de todos los pecadores del mundo. Venid a Mí todos los que estáis
cargados, que Yo os descargaré, hijos míos. Por el Bautismo, hijos míos..., mira cómo es
destruido el pecado, por ese Sacramento del Bautismo. Por el Bautismo morís, hijos míos,
en Cristo, al pecado; y las obras del cuerpo son destruidas, y dejáis atrás ese hombre viejo y
os convertís en cristos; por el Bautismo morís al pecado y morís al mundo, hijos míos. Y
vosotros cada día queréis vivir más en el mundo y en las cosas del mundo. Por eso ya no es
destruido vuestro cuerpo que con el Bautismo fue destruido, sino que destruís vuestra alma.
¡Que pena de humanidad!, ha perdido la noción del pecado y no ven pecado donde hay
pecado, hija mía, y la virtud la ven pecado.

Cuidad, hijos míos, vuestra alma, no os dejéis engañar por la astucia de Satanás. ¡Ay
juventud, cómo os dejáis arrastrar por las pasiones, por la soberbia! Venid a mi Corazón,
que mi Corazón os llenará de aquello que os falta, hijos míos, y, teniendo la gracia, vuestro
corazón estará lleno y no necesitaréis placeres mundanos. Mi Corazón os ama, hijos míos,
por eso os ha ido trayendo uno a uno para retiraros de las asechanzas de Satanás; y vuestros
corazones siguen, hijos míos, dejándose arrastrar por la astucia del enemigo. ¡Ay jóvenes,
qué pena siente mi Corazón por vosotros, hijos míos!

LA VIRGEN:

Mira, hija mía, cómo los introduce Satanás en el mundo para luego introducirlos (llanto de
Amparo). Uno a uno, los va introduciendo. . . ¡Con qué astucia, hija mía, reinan los siete
pecados capitales en el mundo! ¡Cómo endurece los corazones de los hombres! Ni la
gracia, hija mía, ni el dolor de Cristo, ni mi Corazón atravesado compadece a los hombres.
(Amparo no deja de sollozar). Dicen los hombres que no existe el infierno, hija mía,
¡eternamente! Ya los ha introducido, ya echa la llave en su mansión, y no saldrán jamás de
la mansión y de las garras de Satán, hija mía. Por eso es el tiempo de la misericordia; por
eso digo que mis palabras se están acortando; pero mi Corazón está lleno de amor para todo
el que quiera venir a él; derramaré gracias especiales para su salvación.

EL SEÑOR:

Cumplid los Mandamientos, hijos míos. Es la hora del primer Mandamiento:

"Amarás a Dios con todo tu corazón, con todas tus fuerzas y al prójimo como a ti mismo".
Hijo mío, cumpliendo ese primero no faltarás contra los otros.

Y todos aquellos que trabajáis, hijos míos, en mi Obra, beberéis del canal de mi Costado y
seréis protegidos. Pero practicad el Mandamiento del amor, hijos míos.

Mira, hija mía, qué diferencia de la astucia de Satanás a la misericordia de un Dios. Todo es
gozo, todo es alegría, todo es belleza, todo amor, hija mía.

No os dejéis arrastrar, hijos míos; Satanás quiere vuestra alma. Acudid a este lugar, que en
este lugar no faltarán jamás las gracias. Ya os he dicho toda la palabra, hijos míos, ahora
cumplid con mi Obra que es amar a vuestros semejantes. No todo el que diga: ¡Señor,
Señor!, entrará en el Reino de los cielos, sino aquéllos que cumplan con mi palabra: "Tuve
hambre y me disteis de comer; sed y me disteis de beber; desnudo y me vestisteis; en la
cárcel y me visitasteis; enfermo y estuvisteis conmigo". Eso es, hijos míos, la Obra de
Amor y Misericordia, ¡la Obra! No os quedéis en la palabra, extended vuestra mano al
desvalido, dad consuelo a aquel que lo necesita. No sólo moviendo los labios los hombres
se van a salvar. ¡Qué engañados están los hombres, hija mía!, sólo cogen del Evangelio
aquello que les conviene; aquéllos que verdaderamente dicen amar a Dios, sin preocuparse
del prójimo, cuando lleguen aquí, hija mía, ¡a la mansión eterna!, les diré: "No os conozco,
hijos míos, habéis movido los labios, pero vuestro corazón..."

LA VIRGEN:

Y, ¡ay también de aquellas madres que introducen a sus hijos en el camino de la felicidad y
del placer dándoles gustos y caprichos y, luego, cuando los han introducido en la muerte
echan lágrimas de plañideras baratas! ¡Ay de aquellas madres que conducen a sus hijos a la
perdición por los caprichos y los gustos! Enseñadles a amar a Dios y a seguir el camino,
hijas mías. En el Evangelio está dicho, hijas mías: "Cristo es el camino, la verdad y la
vida". No os vayáis a la muerte, acercaos a la vida. La vida sólo está en el Verbo que se
hizo hombre para estar entre los hombres y enseñarles el Camino y la Verdad.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y tantos pecados como se cometen en el
mundo.

Y refugiaos en nuestros Corazones. Nosotros seremos vuestros Guías; pero dejaos guiar,
hijos míos, con humildad.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales para vuestra
salvación.

Todos han sido bendecidos con bendiciones especiales.

La paz sea con vosotros, hijos míos.


MENSAJE DEL DÍA 6 DE ENERO DE 1990 (PRIMER SÁBADO DE MES)

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, los hombres no cambian, porque su suciedad y su dureza de corazón no les hace
ni les deja comprender la Ley de Dios. La Ley de Dios es pisoteada y ultrajada por los
hombres; ¡no se dan cuenta! hija mía, de la gran tribulación que va a caer sobre la tierra.

Mira mi Corazón, hija mía, míralo bien. Mí Corazón está herido gravemente por la maldad
y la perversidad de los hombres. Los hombres confunden las Leyes, hija mía. Mira mi
rostro, cómo se ruboriza. Las mujeres, hija mía, han perdido el pudor y la modestia. Satanás
les ha hecho perder la vergüenza y perder su dignidad, hija mía. Se ocupan de las modas
inmodestas y el pecado de la carne, de la lujuria está haciendo estragos en la humanidad. El
demonio, hija mía, también ha seducido a la mayor parte del clero y se vale de la Ley
divina de la Escritura para confundir las palabras y arrastrar a grandes masas hacia
doctrinas falsas, hija mía; se han dejado seducir por satanás, se han abandonado en la
oración y en el sacrificio, hija mía, y la soberbia les ha hecho caer en la lujuria. Por eso mi
Corazón está herido gravemente, hija mía.

Besa el suelo, por tantos y tantos pecados como cometen a mi Inmaculado Corazón, hija
mía.

Por eso mis ojos, hija mía, derraman sangre y lágrimas de dolor, porque amo a todos mis
hijos. Lloro porque rechazan mis avisos; lloro porque los hombres se odian, hija mía; lloro
porque mis almas consagradas han perdido la fe verdadera. Por eso sufre mi Corazón de
Madre.

Hago un nuevo llamamiento a todas estas almas que han perdido la dignidad y que pisotean
las Leyes de Dios: que cambien su vida, que hagan una buena confesión y comunión.

El Padre Eterno va a rechazar mis súplicas y va a aplicar su Justicia sobre los hombres. Por
eso está mi Corazón entristecido, hija mía, porque los hombres se olvidan de Dios y se
ocupan de sí mismos. Por eso quiero almas capaces de reparar los pecados de la
humanidad, hija mía; porque los hombres se entretienen en las cosas del mundo y no se
ocupan de Dios. ¡Qué tristeza siente mi Corazón, hija mía! Quieren esconder mi Nombre,
porque Satanás me odia, como odia la Eucaristía. Por eso, hija mía, el enemigo hace que las
almas tengan escrúpulos para recibir a Cristo; y también hace que odien mi nombre, porque
somos los dos caminos de salvación: la Eucaristía y María.

Venid todos los que estéis atribulados a mi Inmaculado Corazón, hijos míos, que Yo seré
vuestro refugio y vuestra guía. ¡No me defraudéis, hijos míos!
Y todos aquellos que os habéis desprendido de vuestros bienes materiales, olvidaos de ellos
y pensad en los bienes espirituales. Ya sabéis que mi Hijo os da el ciento por uno, hijos
míos. Amad nuestros Corazones, que ellos os preservarán de las asechanzas del enemigo.

Os quiero desprendidos, hijos míos; quiero que os queráis como hermanos y que os
humilléis, pues el hombre que se humilla en la tierra es grande ante los ojos de Dios. Sed
humildes, hijos míos, y no dejéis de rezar el santo Rosario todos los días; es mi plegaria
favorita. Acercaos a la Eucaristía, hijos míos, dadle valor al santo Sacrificio de la Misa, es
la renovación de Cristo en el Calvario. Sed mansos y humildes de corazón.

Y vosotros, almas consagradas, volved a vuestro ministerio y sed pastores limpios. No


estéis ciegos, hijos míos, ¿no véis que Satanás quiere apoderarse de vuestras pobres almas?
Volved a Mí, que Yo soy la Madre pródiga del hijo pródigo y mi Corazón Inmaculado os
espera para protegeros.

Vuelve a besar el suelo, hija mía, en reparación de tantos pecados que se cometen en mis
almas consagradas.

Y tú, hija mía, sé humilde, muy humilde; y repara los pecados de la humanidad. No puedes
tener gloria en la tierra y gloria en el cielo. Las almas víctimas tienen que ser víctimas en
todo, hija mía.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales para
vuestras pobres almas, hijos míos, para que se pueda trocar el hielo de vuestros corazones
en fuego divino.

Todos los objetos, todos los que rodean a este lugar, han sido bendecidos, hijos míos, con
bendiciones especiales.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

Adiós, hijos míos. Adiós.

MENSAJE DEL DÍA 3 DE FEBRERO DE 1990 (PRIMER SÁBADO DE MES)

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Mira mi rostro, hija mía, cómo refleja el dolor de la amargura que siente mí Corazón al oír
gritar a los hombres que no conocen a Cristo.
Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y tantos pecados como se cometen en la
humanidad.

Hoy, hija mía, vamos a recorrer el Calvario; tú me vas a acompañar, hija mía. (Amparo ve a
Jesús en Getsemaní)

Mira mi Hijo orando. Mira, ¡cómo mana la sangre de su Rostro! Mira, hija mía, la
ingratitud de los hombres. Toca, hija mía. (Llanto de Amparo. Toca la cara de Jesús y sus
manos aparecen a la vista de los presentes ensangrentadas)

Vuelve a besar el suelo, hija mía, por el dolor que siente mi Corazón.

Y así es derramada la Sangre de mí Jesús. ¡Hasta dónde llega la ingratitud de los hombres,
hija mía! Copioso sudor, hija mía, brota de su Cuerpo; sus venas se abren como
manantiales y su divino Cuerpo queda ensangrentado, hija mía. (Amparo no deja de gemir
con mucha angustia).

Mira mi Hijo: para enseñar a los hombres la oración y el amor, hija mía, ora con la cabeza
en el suelo. (Largo y profundo sollozo de Amparo) . Mira, hija mía, y nadie es capaz de
alargar su mano para consolar a Cristo. Se sigue repitiendo la negación de Pedro, hija mía,
y la traición de Judas; pero con una diferencia, hija mía, de la negación de Pedro: que Pedro
lloró su negación durante toda su vida, y los hombres se regocijan en el pecado; ¡qué
ingratitud, hija mía!

Jesús es condenado a muerte; pero El no siente su condena. Su Corazón está entristecido


por la condenación de las almas, por la ingratitud. ¡Consoladle, hijos míos! Se sigue
repitiendo la historia.

Los hombres, hija mía, han ofendido gravemente a Dios y siguen ofendiéndole. Satanás
está construyendo una nueva sociedad y los hombres quieren vivir en esa sociedad de
odios, de envidias, de rencores, hija mía, y de crimen; las madres matan a sus propios hijos
dentro de sus entrañas; los hogares están destruidos, hija mía, y los padres dan un mal
ejemplo a los hijos con su falta de amor. Satanás, hija mía, se apodera de la humanidad; lo
hace tan invisiblemente, que los hombres no se dan cuenta de que Satanás con su astucia
quiere ir demoliendo el mundo, hija mía. (Amparo no deja de llorar angustiada)

Mira la juventud: los padres no se preocupan de su alma, sólo piensan en que disfruten de
su cuerpo y Satanás los introduce en el vicio de la carne, de la droga, del alcohol, y los
arrastra al camino de la perdición.

Mira mi Hijo, hija mía, ¡tened compasión de El! ¿Cómo los hombres pueden decir que mi
Hijo no sufre, si el pecado cada día aumenta más en la humanidad? También hay un gran
grupo de almas consagradas víctimas de Satanás que se dejan arrastrar y seducir por él y no
cumplen el Evangelio y llevan consigo millares y millares de almas al camino de la
perdición; y muchos de aquellos que se llaman hijos de Dios, hija mía, su cobardía no les
deja dar testimonio de su verdadera fe y hacen una entrega a medias; no se entregan
totalmente a Cristo; y cuantas veces responden: "No le conozco, yo no conozco a ese
hombre". La historia sigue, hija mía, y gran número de masas de almas, se quedan sordos y
ciegos a las verdades del Evangelio. No escuchan mis llamadas a la oración y a la
penitencia, hija mía, y sus corazones están tibios y bloqueados por grandes bloques de
hielo. Quieren la paz, hija mía, y en su boca la palabra paz es vana; no conseguirán la paz,
si ellos no construyen la unidad, el amor. Sólo se construirá la paz si los hombres se aman y
no se odian a muerte.

¿Cómo puede sonreír mi Rostro, hija mía, si los hombres malvados se dejan arrastrar por
las asechanzas del enemigo, y arrastran a cantidad de almas hacia el abismo, hija mía?

Aprended a orar, hijos míos, y sed mansos y humildes de corazón. Haced vuestro corazón
semejante al de Cristo. Míradle, hijos míos, míradle crucificado en la Cruz, por el amor a
los hombres. Y mi Corazón traspasado de dolor viendo que la humanidad se introduce cada
día más en el cieno del pecado. Sólo se puede hacer un reinado de paz cuando el hombre
aprenda a amar y a practicar la caridad. Ese es el primer Mandamiento de la Ley de Dios.

Por eso, hija mía, necesito víctimas de reparación para salvar a la humanidad y quiero que
estas víctimas se vayan desgastando, día a día, por los pobres pecadores.

Quiero que todos los días me acompañéis un ratito, hijos míos, en el camino del Calvario.

Pon el rostro en tierra, hija mía, y ora como Cristo, hija mía, con el rostro en tierra. Si los
hombres se humillasen, comprenderían la verdad del Evangelio. Aprende de Cristo orante
en la oración en el Huerto, hija mía. Los hombres no saben orar, por eso no saben amar,
hija mía.

Sólo cuando el hombre sea capaz de humillarse e hincar la rodilla ante Dios, su Creador, el
mundo dará un giro. Los hombres son cobardes y muchos, aun después de recibir tantas y
tantas gracias, se quedan en la mitad del camino por su cobardía; por miedo a ser
despreciados y marginados. Dad testimonio de la verdad, hijos míos, y refugiaos en mi
Corazón. Yo soy el camino para ir a Cristo. Y seguid, hijos míos, el Evangelio, tal como
está escrito. Quiero que la juventud aprenda el Evangelio tal como es, y vayáis de pueblo en
pueblo enseñando a los hombres la verdad y la palabra de Cristo. No os durmáis, hijos
míos, y haced una renuncia de vosotros mismos. Aquellos que han renunciado a sus bienes,
que renuncien a sus gustos, que no se queden a medias.

Hija mía, otro día seguiremos el camino del Calvario, sigue siendo víctima de reparación
por la humanidad. Pero te quiero humilde, muy humilde. Y haz que conozcan los hombres
la verdad. La verdad es Cristo; Cristo en la Cruz por el amor a los hombres. ¿Cómo los
hombres son tan ingratos, hija mía? ¡Pobre Hijo de mis entrañas!

El mundo cada día aumenta en esa falsa paz. Amad a la Iglesia, hijos míos; Jesucristo es la
piedra angular de ella, no le despreciéis porque los hombres no cumplan con las leyes tal
como están escritas; todo aquél que no cumpla será juzgado y recibirá su castigo, hija mía,
pero no hagáis lo que ellos hacen, ya que ellos no entran en el Reino del Cielo.

Orad vosotros, hijos míos, formad grandes comunidades donde reine el amor, la unión y la
paz. Y gritad fuertemente que sois católicos, aunque los hombres quieran confundirlo.
Cumplid como buenos católicos y amad a la Iglesia con todo vuestro corazón. Amad al
Papa, hijos míos; él sufre también mucho viendo que los pastores, muchos de ellos sus
corazones están tibios. Rezad por ellos, para que vuelvan a su Ministerio, para que vuelvan
al rebaño de Cristo y para que todas aquellas almas que escuchan doctrinas confundidas,
invoquen al Espíritu Santo y vean la luz y la verdad de la doctrina.

Amaos unos a otros, hijos míos, como mi Hijo os ama.

Y tú, hija mía, sigue contemplando el Rostro de Cristo despreciado y ultrajado por los
pecados de los hombres. (Llanto angustiado de Amparo)

AMPARO:

¡Ay, Dios mío, Dios mío! ¿Qué puedo hacer, Dios mío, para ayudarte a reparar tanto dolor?

¿Y a Ti, Madre mía? ¡También tu Corazón está traspasado por grandes espinas! ¡Enséñame
a orar, Señor! ¡Enséñame a ser más víctima, para consolar vuestros Corazones y para
enseñar a los hombres que consuelen vuestros Corazones!

LA VIRGEN:

Enseña a los hombres que aprendan a orar con el corazón, no con la boca, hija mía. Sólo
mueven los labios, pero su corazón no se ejercita.

Como he dicho, hija mía, sí los hombres se pusieran por penitencia la caridad, conseguirían
el amor, hija mía. Pero los hombres no aman porque no practican la caridad. Sólo piensan
en rezar mecánicamente, como los fariseos, hija mía, hipócritas fariseos.

Moved vuestro corazón y no mováis tanto vuestros labios. Me gusta la oración que sale del
corazón porque es la oración que se comunica con Dios.

Hoy habrá una bendición especial para todos aquellos que acudan a este lugar y todos
quedarán sellados de cualquier parte del mundo que vengan. Será una protección para su
alma, hija mía.

Levantad todos los objetos. Todos serán bendecidos, hija mía, con bendiciones especiales
para su salvación.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

La paz os dejo, hijos míos. Adiós.

MENSAJE DEL DÍA 3 DE MARZO DE 1990 (PRIMER SÁBADO DE MES)

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

LA VIRGEN:

Hija mía, ya estoy aquí llena de dolor; pero mi Corazón también viene lleno de compasión.
Vengo otra vez, hija mía, y hoy mi Corazón está más dolorido porque vengo a avisar a los
centinelas del pueblo de Dios que se han dormido y dejan arrastrar el rebaño de Cristo en
las manos del enemigo. Hija mía, las almas tibias y débiles no se esfuerzan para luchar
contra las pasiones; las almas atribuladas no buscan el consuelo y la paz en Cristo, y cada
día su corazón está más atribulado y el enemigo hace mella en sus corazones; las almas
piadosas cada día están más tibias y no ven la profundidad del pecado; las almas
consagradas han abandonado el camino de su ministerio, que es enseñar a los hombres el
amor a la Iglesia y su doctrina. ¡Ay, almas consagradas que no avisáis a los pueblos el gran
peligro que hay en el mundo! Grandes calamidades caerán sobre la tierra; grandes
catástrofes destruirán la mayor parte de la humanidad. ¿De qué le sirve al hombre construir,
si lo que el hombre ha construido va a ser derribado por el producto del pecado?

¡Pastores de la Iglesia, volved a vuestro ministerio y practicad la doctrina y vigilad el


rebaño de Cristo!

Y vosotros, aquellos que os llamáis católicos, ¿de qué os sirve el nombre de católicos si no
practicáis la doctrina de Cristo? Volved a vuestro camino y practicad los Sacramentos, hijos
míos. Orad, hijos míos, que como no oréis ni hagáis penitencia todos pereceréis juntos,
hijos míos.

Mi Corazón está triste porque el hombre no conoce los planes de Dios, y como te he dicho
otras veces, hija mía, sólo esperan en su Misericordia, pero sin acatar sus Leyes.

Orad, almas consagradas, ayunad. Sólo con el ayuno y la oración podréis entregaros en
cuerpo y alma a la "piedra angular". ¿De qué os sirven, hijos míos, todas las cosas del
mundo si vais a perder vuestra alma? Enseñad a los hombres, pastores de la Iglesia, que se
amen como hermanos; enseñadles a orar. Sólo por el camino de la oración y de la
penitencia el hombre podrá salvarse. Desprendeos de las cosas terrenas, hijos míos, y
luchad contra la tentación de la carne. Mi Corazón está herido por la perversidad de los
hombres.

Siento tanto dolor, hija mía, porque los hombres no son capaces de humillarse ante Dios su
Creador... La situación del mundo es grave, gravísima, hija mía, y la tiniebla los ciega; y el
poder de Satanás está apoderándose de la mayor parte de la humanidad. Quiero que se salve
por lo menos la tercera parte, hija mía, pero veo que aún de esta tercera parte el enemigo
está apoderándose de ellos.

Venid a este lugar, hijos míos, y dejaos señalar vuestras frentes para que el enemigo no
haga mella en vuestras almas. La astucia de Satanás, hijos míos, está invadiendo el mundo.
No os durmáis; orad, orad, hijos míos, y comunicaos con Dios, vuestro Creador. No os
dejéis arrastrar por el rey de la mentira. Venid contritos y arrepentidos a nuestros
Corazones; dejad la soberbia, hijos míos, que la soberbia no vale nada más que para
introducir al hombre en las mazmorras eternas. Humildad, unidad, hijos míos, amor y
entrega.

Todo el que acuda a este lugar recibirá gracias especiales para su alma; y muchos también
las recibirán para el cuerpo.

El mundo está al borde del precipicio y a los hombres los ciega la tiniebla.

Besa el suelo, hija mía, en reparación de tantos y tantos pecados como ofenden a nuestros
Corazones.

Y vosotras, almas consagradas, aquel pequeño número que todavía queda, no os digo, hijas
mías, entregadas totalmente a vuestro Dios, sino entregadas a medias, olvidaos del mundo,
hijas mías, y trabajad para Dios. Que mi Corazón pueda refugiarse para recibir consuelo de
aquel pequeño grupo de almas; ¡es tan reducido, que casi no encuentro consuelo en ellos!

Dios está mandando a la tierra grandes calamidades; el fin de los tiempos se aproxima.
Grandes terremotos caerán sobre la tierra; fuertes huracanes; el agua se desbordará de los
mares y arrasará grandes ciudades. Cuando todo esto suceda, un pequeño número de almas
quedará en la tierra en una desolación, porque la tierra quedará como en un desierto y el
hombre no encontrará ni alimentos ni bebidas, y ni aún en esa situación el hombre clamará
a Dios, ¡hasta dónde llega la perversidad de los hombres!

¡Es tan sencilla la salvación, hijos míos, con el amor! El hombre si se impregnara del amor
del Costado de Cristo, se salvaría.

Orad, hijos míos, que cada vez que oréis Yo estaré con vosotros, para que esa oración sea
más valiosa ante los ojos de Dios. Hincad vuestra rodilla, hijos míos, no seáis soberbios,
sólo hay un Señor de señores al que toda criatura tendrá que hincar su rodilla.

Y tú, hija mía, únete a los dolores de Cristo y repara con El tantas y tantas ofensas como se
cometen en el mundo. Si los hombres se amasen como hermanos Dios tendría compasión
de ellos; pero son como fieras heridas y devoran las presas como lobos hambrientos.
(Pausa) Mira, hija mía, hasta dónde llega la perversidad del hombre: se matan unos a otros,
matan a los inocentes, sus corazones están empedernidos de odio y malicia. ¡Tened
compasión del Corazón de Cristo y del Corazón de vuestra Madre! ¡Pedidme, hijos míos
que Yo soy Madre de todas las gracias y Yo os las concederé! Acercaos al Sacramento de
la Penitencia y buscad el sacrificio, que no sólo de pan vive el hombre, hijos míos, y
vosotros sólo pensáis en el pan, no pensáis en el sacrificio.

Tú, hija mía, sigue siendo víctima por los pobres pecadores.

Todo lo tengo dicho, hijos míos, tomaos en serio mis mensajes, que cuando queráis
arrepentiros no habrá tiempo, hijos míos.

Levantad todos los objetos, todos serán bendecidos con bendiciones especiales para la salud
del cuerpo y del alma.

Os bendigo, hijos míos, como el Padre os bendice, por medio del Hijo y con el Espíritu
Santo.

MENSAJE DEL DÍA 7 DE ABRIL DE 1990 (PRIMER SÁBADO DE MES)

EN PRADO NUEVO DE EL ESCORIAL (MADRID)

EL SEÑOR: Hija mía, Yo como Hijo del Dios vivo, ordeno a todos mis ángeles que sellen
todas las frentes de mis hijos. Por eso, hija mía, es la insistencia tan grande de que acudan a
este lugar. Todas las frentes serán selladas y ésta es la señal que el rey de la mentira, de la
envidia, de la lujuria y de la perversidad, perseguirá; pero no podrá con esta señal, hija mía,
porque las puertas del infierno no prevalecerán abiertas.

Pero todos los habitantes de la tierra, hija mía, que no quieran reconocer a Dios como
Creador, tendrán que apurar las heces del cáliz de la cólera de Dios, producto de todos sus
pecados y de tantas y tantas ofensas como han hecho sufrir a nuestros Corazones.

Cuando los hombres me reconozcan el poder que tengo, aplacaré mi justicia. Quiero que se
reconozca a mi Madre como Madre de la naturaleza Divina, no como los hombres la
reconocen sólo como Madre de la naturaleza humana.
LA VIRGEN:

Aquí estoy, hija mía, como Madre de la Iglesia.

Amad a la Iglesia, hijos míos; cuanto más améis a la Iglesia más amaréis a Cristo. Cristo
dio su vida por la Iglesia y para la Iglesia. La santidad de la Iglesia viene de la santidad de
Cristo, hijos míos. La Iglesia es rica porque en ella hay canales de gracias para la salvación
de los hombres; la Iglesia es rica, hijos míos, porque en ella está el Manjar exquisito de
Vida eterna.

¡Ay, pastores que os retiráis de la Iglesia y hacéis sufrir nuestros Corazones!, tened
conciencia, hijos míos, de lo que hacéis; que mí Hijo os dio poder para hacer y deshacer,
pero con justicia y con santo temor de Dios, no a vuestro antojo y a vuestro capricho. ¡Ay,
hijos míos, qué cuentas tan estrechas tenéis que dar a Dios! ¿No os da pena, hijos míos, del
Corazón de todo un Dios entristecido? Vuestros corazones de bronce, hijos míos, hacen
sufrir a nuestros Corazones. Volved a vuestro ministerio, hijos míos, que todo el Corazón
de un Dios, sale todos los días a vuestro encuentro para que os humilléis e inclinéis vuestra
rodilla ante su Divina Majestad. ¡Ay, guías del pueblo!, ¿no os da pena de tantos malos
ejemplos como estáis dando a la humanidad? Mi Corazón os ama, hijos míos, por eso os
aviso, porque vuestro pecado es terrible; al cielo está clamando venganza, hijos míos. Sed
buenos pastores de almas y dedicaos a vuestro ministerio y dejad las cosas del mundo.
Satanás quiere aprovecharse de vuestras almas, y nuestros Corazones sufren, hijos míos. El
pueblo necesita de vosotros, hijos míos, necesita de que prediquéis el Evangelio tal como
está escrito, hijos míos. Enseñad a