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Capítulo 11~· PsIcoLOGi:\ CLÍNICA

LA EVOLUCIÓN DE U. PROFESIÓN

Augusto Pérez Gómez Universidad de los Andes

El proceso de cambios acelerados que caracteriza a nuestra época se ha

extendido prácticamente a todas las actividades humanas ya todas las ra- mas del saber. Tradicionalmente, como es bien sabido, los psicólogos clíni· cos se ocuparon básicamente de elaborar diagnósticos, de participar en al· gunas investigaciones -cuya relevancia muchas veces era fuertemente

discutible- y lucharon denodadamente por ser aceptados corno psicotera-

peutas. Pero antes de que la profesión se estructurara, con la creación en 1948 del Instituto de Psicología Aplicada, se dieron una serie de pasos por parte de grupos de médicos que se aventuraban en estos territorios de ma- nera rudimentaria, atraídos por el desarroUo de un área-que durante largo tiempo constituyó virtualmente el núcleo de la identidad de los psicólogos

clínicos: los tests. Desde 1917 se' emprendieron numerosos trabajos relacJonados con la evolución intelectual- a través de pruebas, al igual que estudios de persona- lidad· empTéanao'el' teSt de·Rorschach· e inclttso·el de Szondi; Se buscaban métodos para facilitar el diagnóstico de retardo mental y, especialm.ente. se trataba áe enrontnir estrategias para seleccionar adecuadamente candida- tos a la carrera de medidna. Fue preCfuam';n~ dentIv de este contexto que se contrató a la. psicóloga española Mercedes Rodrigo en 1939. y que, a través del ACue~o 231 de 1947, se creó ~ Institu~ de Psicología Aplicad.a,

dependientede la Facultad de Medicina, que se ocupaba de seleccionar

es-

tudi~tes~ ~- ti~po que Álvaro Villar·.Gaviria proporcionaba asesoría te- rapéutica a los estudiantes que la solicitaran en la Universidad Nacional. Los avatares de la politica convirtieron el proceso de selección en un tema

286

PsICOLOGÍA EN CoLOMBIA

de debate

tan candente

1950 (Roselli, 19(8).

que-la señora Rodrigo fue expulsada

- .

-

dei país en

~ - .-

clínica prácticmente no existe, y lo poco que por psiquiatras: Hernán Vergara, Ariel Du-

rán, Luis Jaime Sánchez, Félix Villamizar, Roberto Serpa Flórez, Jorge Gi-

se da, está claramente

En los años 50 la psicología

liderado

raldo, quienes muestran un

importante que, además de

y deslucida del testólogo y el clínicoo actual, es Guido Wilde, quien además

de realizar

marcado interés por los tests; la primera figura

ser una especie de puente

entre la figura opaca

del i'iú'vIPI, publica un libro titulado La

la primera adaptación

psicología clínica, una nueua profesión (1964), y un breve texto que se con-

El psicólogo cÜ-nico (1968).

virtió en lectura obligada para los estudiantes:

Wilde fue leído con entusiasmo por los candidatos

incomodidad por las legiones de médicos que consideraban

ba de una auténtica profesión,

a psicólogo, y con cierta

que no se trata-

interme-

sino de una "carrera paramédica

dia". Desafortunadamente, la deficiencia de recursos de laboratorio, de

pruebas, de técnicas de entrenamiento

cía en los psicólogos una especie de complejo de inferioridad que tomaría

largo tiempo en desaparecer.

lo

consideraban

hacer terapia resultaba inquietante: la gran mayoría de los psiquiatras

y de bibliografía actualizada,

produ-

En especial, el debate sobre quiénes podrían

feudo exclusivo de los médicos, con notables excepciones en-

tre quienes debe resaltarse el nombre de uno de los más notables decanos

que haya tenido la entonces Facultad (hoy Departamento)

la Universidad

de Psicología de

Nacional: Álvaro Villar Gaviria.

En 1965, la Federación

Colombiana de Psicología se re~e

en su IX

Asamblea (agosto 14 y 15) y propone lo siguiente:

El campo de actividad profesional del psicólogo clínico se halla en clínicas- y hospitales psiquiátricos, en hospitales generales y neuropsiquiátricos, en

cen~ ~ ~~mentaI

en centros de consejo familiar, etc. La tarea principal del psicólogo clínico

cons~ en analizar la estructura y problemas de la personalida~ _especial-_ meñte en ~;;o¡:;'d;rn~- a 'laS sig;i¿n~funCiones~ - - -,

en cárceles y establecimientos de reeducación

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1. Examina la- perSonálidad nornlliry mormal, mediante el em:pleo cie~:

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tiIic::O de' piüe5as ~obíetiva-sy proyé¡;Úvas. '

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2.

-DiagnOOtiOi objetivamente cuáles son los aspectos estructurales-y fun- cionaIeidé IKPerSoIuilidii<f. Sugiere hipótesisfundadmr Ce diagnóstiéo y Pronostica~ en la medida-de lo posible, diversos:niveJes de ajuste y-- "

rendimient.G

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I

PslCOLOGL\

CUNICA

'lí3-7

3. Analiza las motivaciones de los sujetos, sus niveles de aspiración, re-

laciones interpersonales y, en general; todos los aspectos de las situa- ciones existenciales de cada persona. 4, Estudia los niveles de maduración de los individuos, sus aptitudes y actitudes, en relación con los dinamismos psicogenéticos y psicosocia- les de la conducta_ 5, Planea estudios experimentales de las diversas funciones psíquicas. 6, Estudia los conflictos familiares, diagnostica los problemas y aconseja

psicológicamente.

7. Asesora a las autoridades judiciales en cuanto al estudio de la perso-

del reo, las cÍrcunst.ancias que lo han inducido al crimen y las

normas readapt.ativas a que deba someterse, S, Colabonn:Orí las autoridades judiciales en la educación y protección de menores con trastornos de conduct.a y la de los abandonados moral y físicamente, 9, _ Emplea técnicas psicoterapéuticas, corno el psicodrama, la psicotera-

pia de grupo y otras adecuadas para la reeducación de grupos. 10, Presta asistencia psicoterapéutica individual, previo entrenamiento especializado (Federación Colombiana de Psicología, 1965, jJp. 103-

nalidad

104).

Además, la Federación sugiere un cambio curricular para que la carre- ra sea de 5 años (título profesional en vez de licenciatura) y propone incluir

en el currículum

más seminarios y prácticas (p. 110)_

cursos como consulta clínica y técnicas psicoterapéuticas,

I

A partir de este momento, la psicología clínica comienza a salir del es-

tancamiento en el que se encontraba.- La Universidad Javeriana abre la Facultad de Psicología en Hl66, con una clara orientación clínica y esencial-

mente dinámica"y

ciones para que también la Universidad de los Andes iniciara un programa con .una orientación novedosa en el país: el enfoque conductuaL -o: ,

antes de terminar

la década se habrán cread"o las condi-

Con tres Facultades

de- Psicología funcionando al comenzar los años

en pri-

setenta, la imagen del psicólogo clínico se modifica sustancialmente:

mer

lugar,

comenzó a adquirir unalt;o.estatus profesional, y dejó de ~ de

una

vez y para siempre,

una especie de asistente

o de laboratorist:a

de los

psiquiatras

sobre el comportamiento anormal y a- propuestas para--intentarresolver dificultades a ese nivel los psicoWgos estaban tomando una- ventaja muy; clara sobre los psiquiatras; y esto no sólo desde un punto de vista científico:

socialmente hablando, las comunidades empezaron a buscar mucho más:

Más aún, se hizo manifiesto que. en lo referente a explicaciones

288

PsICOLOGíA. EN COLOMBIA

asistencia de psicólogos ya rechazar la idea de que los problemas asociados

al hecho de ser humanos

se pueden resolver a través de píldoras, de gotas

y de choques eléctricos. Esto fu~ ·solamente

a los psicólogos para que fueran verdaderos profesionales de la psicotera-

pia, sino que también se inició un proceso de estructuración de líneas inves- tigativas que enfrentaban problemas ~ncretos y ofrecían soluciones con- cretas en distintos ámbitos: la sexualidad (Giraldo, 1971), las psicosis (Ardila, 1971), el counseling (Mansilla, 1971), el tL"O dí.!lÍco del castigo (Ra- mÍrez, 1974), el tratamiento de la tartamude-z (Ramírez, 1975), el empleo de técnicas operantes en el medio hospitalario (Guzmán, 1974) o en el ma- nej<Jdel retraso mental (Rodríguez de Valencia y Cifuentes, 1974), para no

citar sino algunos temas. Indudablemente, la psicología clínica en este período se desarroUa a un

ritmo acelerado, y el choque paradigmático entre las tendencias corlductuales

y las no conductuales alcanza su máxima

virulencia. En 1975 hay ya 8 pro-

gramas aprobados de psicología. y en cada uno surge la tendencia a polarizar los programas favoreciendo una sola orientación. Este fenómeno, natural en

el desarrollo de una disciplina, no siempre produjo resultados positivos, pero

ciertamente indujo a considerar con seriedad la variedad de las posiciones teóricas y estimuló la producción de innumerables trabajos de tesis de grado en los que las tradicionales validaciones de pruebas psicométricas ya no ocu-

paban el lugar de preferenÓa. La función primordial del clínico pasa a ser;

según palabras de Castro (1972), ía investigación

fundamental en el área del

comportamiento anormal y en los métodos para modificar dicho comporta-

miento- (manuscrito inédito citado por Ardila. 1973, p_1l2)_

En el campo práctico, el rango de posibilidades de intervención de los psicólogos se amplió considerablemente, siendo la característica fundamental de esta transformación el abandono del consultorio privado como recinto úni- co de trabajo, y la relación diádica como única forma válida de intervención. La década de los años 70.ve aparecer, aun cuando de manera dispersa, psicó- logos queaaem.ás·de ser{m>fesores e investi~universitarios, trabajan

en clínicas y hospitales, en centros comunitarios de salud mental, ya sea como profesionales-o como asesores, enreformatorios y prisiones, en cortes-de con-

ciliaciórl y como consul tbres industriales

19ua.ln:iente;:sé diversifica el tipo de

personas y de problemas a los que presta asistencia: desde el infante en quien-

debe evaluar dañO- cerebral o retardo psicomotor y sugerir programas de

timulación, hasta el anciano desmotivado y sin esperanzas, pasando por 106'

el comienzo. No -soI~en:te ~ abri~ron las puertas

es-'-

-~::.::

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PslCOLOGiA

CI D.'ICA

289

preescolares, los escolares. los adolescentes,

dres, la familia, etc.; y desde las dificultades de relación interpersonal hasta los problemas en el uso de sustancias psicoactivas, pasando por los trastornos sexuales, los trastornos de lenguaje, los problemas relacionados con agresivi·

dad y delincuencia, la orientación vocacional y los conflictos conyugales (pé· rez, 1982a). La participación y la responsabilidad creciente en todas estas

actividades se reafirma y se amplía hasta la época actUal. En síntesis, la segunda fase del cambio proporciona una mayor identi·

dad al trabajo psicológico; lo aleja progresivamente del modelo médico; lo obliga a salir del Sancta sanClOnLm del consultorio particular ya pensar en términos comunitarios, lo cual exige nuevos modelos de intervención -como

en el caso del manejo de situaciones de crisisS de catást:rOfes= y)ª aparici~n de nuevos roles, entre los cuales sobresalen especialmente los de asesor, pla· nificador, evaluador de proyectoS y colaborador en el entrenamiento de pero sonas que pertenecen a otras. profesion~s o que no tienen ninguna profesión pero que constituyen recursos importantés y valiosos dentro de la comuni·

dad.

proiesional se precisa, los límites entre las áreas traciicionales -clínica, edu· catr.'a. organizacional. social- se hacen imprecisos :5' ;:.e impone un3. nueva

necesidad: la ¿el trabajo mUltidisciplinario e interdi

implica la integración práctica de aportes para resolver problemas específi· cos; el segundo de integración 'Ceórica y conceptual de los aportes de diferen· tes disciplinas tanto dentro del área de las ciencias numanas como dentro

los adultos, las parejas, los pa·

Curiosamente -casi paradójicamente-, al tiempo que la identidad

"-Ciplinario. El primero

de lo que Piaget llamaba "el círculo de las ciencias' lPérez, 1986).

Los últimos años· de la década de los setenta revela 'una ampliación de

intereses y de preocupaciones

importancia decisiva en la ciocencia. A partir de enronces se hizo cada vez

más notoria la preocupación por desarrollar investigaciones propias, al

tiempo

países, en particular México, Inglaterra y los Estados Unidos. Proliferan los congresos y encuentros, las conferencias y los coloquios, y aumenta con' siderablemente el número de publicaciones: así, RubénArdila (1977) subra· ya la importancia del manejo en profundidad del caso individual y esboza las diferencias entre el modelo médico y el modelo psj,cológico de aproxima· ción a los problemas del comportamiento; subraya una tendencia clara: el psicólogo latinoamericano se siente profundamente involucrado en el cam- bio social (p_ 260). Brenson (1970) publica un curioso libro de vulgarización

del último grito de la moda del momento en terapias desechables (pérez,

por parte de los CliniC06,

la cual tuVo una

que se otorgaba una atención constante a 10 que ocurría en otros

PsICOLOGÍA &'i COLOMBIÁ.

1976), a saber~ el- análisis transaccional. Manrique (1979) escribe un. libro destinado a la·docencia, en el que busca puntos en común entre 4 enfoques (psicoanálisis; terapia comporl?mental, terapia primaria y terapia centra-o da en el cliente), Y'analiza la utilidad del silencio.y la forma como operan los mecanismos básicos de [a terapia. Alfredo Ardila, como director del De- partamento de Psicología de la Universidad Nacional, propone trabajos de investigación básica en el área de esquizofrenia, que darían lugar a un pro-

yecto de largo alcance (pérez, 1976, 1977, 1982b, 1984b, 1988b). La Revista Latinoamericana de Psicología consagra un número (1977, Vol. 9, No. 1) al comportamiento sexual, con 4 trabajos colombianos: el de González, Cómez

y Cortés, el de Vélez, el de Giraldo y el de González- y la Universidad

Andes inicia la publicación-de las MonografíaS 7Üi:01ógiCai (pérez, 1976) con un número dedicado a la psicología clínica

de los

LA DÉCADA DE LOS Ac'\¡OS80

Los eventos

La

consolidación y el avance

de la clínica en los años 80 es indiscutible.

1

j

i

-,

,1

1.4

Señalarnos algunos de los fenómenos más sobresalientes:.

L El entrenamiento y la capacitación de los estudiantes mejoró notable- mente. Las prácticas que durante los años setenta se hacían todavía de manera vacilante e insegura, se hicieron. más específicas, se aseguró una supervisión adecuada y se diversificaron los campos de acción. Por ejemplo, Universidades como la J a veriana. la de los Andes; la· Católica; el Instituto Konrad Lorenz y la Universidad del Norte; disponen de:

centros de· asesoría. psicológica propios;. ya sea para. apoyar a su propia:c comunidad estudiantil-o para ofrecer-servicios externos a muy bajo cos- to_ Además, virtualmente todos los. programas del país tienen vínculos;

forniales con ceritros dé salud-~hospi tal~,-cárceles y otras instituciones

en las cuales se llev·an. a cabo programas específicos. de· intervención

clínica

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2 Tres uní versicfades crearJn. programas, de. Posirádo-:- en el- área- clínicii:.,~ ':;;~~

la Universidad! Santo. TomáS (magíster);. desde. 1977; la· Universidad de,

los Andes graduó tres promociones de eSpecialistas en clínica de adul-¡· -:

~~k

tos

o infantil entre 1985 y 1988; y desde 1989 tiene un posgrado (e5pe-> .'

291

cialización) en terapia de pareja.

especialización en clínica infantil en 1989.

La Universidad del Norte abrió una

3.

La legalización de la profesión (Ley 58 de 1983) confirmó de- manera- perentoria las atribuciones del psicólogo en general, y del clinico en particular. De esta forma se suprimieron las restricciones que las aso- ciaciones médicas ejercían sobre los psicólogos, que en la actualidad se limitan a no poder-pertenecer a sociedades psicoanaliticas ortodoxas en

el estilo norteamericano l.

4.

Varias asociaciones de psicólogos (véase Capítulo 10) tienen secciones consagradas a la clínica, y algunas de ellas tienen el propósito exclusivo de organizar eventos académicos y científicos sobre estos temas (ejem- plo: [a Asociación Colombiana de Psicólogos·Clínicos y la Asociación

D .

Colombiana de Análisis y Terapia

La práctica privada, especialmente en lo que concierne a los adultos, se

del Comportamiento).

. amplió gracias a los esfuerzos por- realizar estudios de

posgrado, tanto se modificó la

como en eLpaís. Por lo demás, también

forma concreta de intervenir: se tiende desde entonces a emplear estra-

en elenerior-

tegias multimodales, se busca mayor eficacia y eficiencia, se in'iolucr-a

a familiares

rece una inclinación a abandonar las posiciones demasiado ortodoxas.

y apa-

y a personas

cercanas en los casos que lo ameritan

6. La mayoría de las universidades y de las asociaciones se preocuparon por llevar a cabo actividades (seminarios, talleres, conferencias) que permitieron mantener un buen nivel de actualización. Así, por ejemplo,

la Federación Colombiana de Psicología llevó a cabo ciclos de conferen-

cias sobre diferentes tópicos; la Sociedad Colombiana de Psicología rea-

los Andes organizó la 1 Confe-

rencia Internacional de Psicoterapias, a la cual asistieron 18 ponentes extranjeros y dio lugar-a. la publicación de dos libros (Pérez y Barrera, 1983; S-unek-DoWniñ~ 1989) y un artículo (Pére:z, 19843); y aumentó la presencia de Colombia en eventos internacionales, tales corno congre-

lizó cuatro congresos; la Universidad de

sos de la Sociedad Interamericana de Psicología, los de la Society fol" the Exploration of Psychothempy Tntegration. y los encuentros mun- diales· sobre el problema- de las drogas: Londres. 1990 (Cumbre ?v1inis- terial Mundial); Madrid (vé:lse Pérez y Escallón., 1990); Orlando, Esta-

Esta preciSión es importmte, ¡me:oto que "n Europa no"'" médioo pare ejercerel psicoan8lisZs.

absoluto indispensable ser'

"

292

PsICOLOGÍA EN COLOl\ffiIA

1990), y Viena,. 1987. Estos encuen-

tros, promovidos por las Naciones Unidas, mostraron que hay mucho que aportar a la comunidad.

dos Unidos (véase Pérez y Jiménez,

7. La producción

de libros en este período no ha sido muy alta (pérez,

1981, 1982a, 1987; Pérez y Barrera, 1983); sin embargo, hay un consi- derable número de artículos publicados tanto en revistas nacionales

(Cuadernos de Psicología de la Universidad del Valle; Anuario Científi·

co de la Universidad del Norte; Revista de Psicolo",aía de la Universidad

)1acional; Razón)' Fáóula, Texto)' Contexto y Foros Interdisciplinarios,

de la Universidad

de los Andes), como internacionales (Revista Latino-

americana de Psicolog{a, Avances en Psicología Clínica. Latinoamericana, Ps)'chotheropies, de Suiza, y Revista Interamericañ.a de Psicolog{a). -- - -- - -

Esta síntesis apretada de actividades indica que se ha dado una evolu- ción positiva demostrable en el campo clínico, que aun cuando hay muchas mejoras por realizar (especialmente en el campo docente y en el estímulo a las publicaciones), las actividades ejecutadas en los años 80 por el gremio de p"icólogos clínicos abrieron l<ls expectativas más positivas para los tiempos ¡J<)r venir.

La apertura do nuevos campos de acción

El trabajo comunitario

Luego de un período inicial de desconcierto, durante el cual se debatió am- püamente -y a veces agriamente- sobre lo que había de psicológico en el trabajo comunitario, los psicólogos reaccionaron involucrándose en la situa-

ción más práctica que teóricamente

se hablara menos y se actuara más, y que se propusieran

para contribuir a ~lver

absolutamente inabordables individualmente-: _~

En efecto, la realidad social exigía que

planes concretos

una ingente cantidad de p~blemas que resultan

,

,.

Las estra~ias de intervención grupal tDmai-on-y sin duda tomarán

aún más- una importancia inusitada, esto no. tan!:o a J,live~ terapeutico

-probablemente

prefiriendo la psicoterapia individual-, sino, y sobre todo, a nivel preven- tivo. Hay tres programas que ameritan especial atención en este campo:

la mayoría de las personas que pueden financiarla siguen

PsICOLOGÍA CLiNICA

293

1. El de la Universidad del Norte, conocido como Proyecto Costa Atlántica, y que le valió al doctor José Amar el'Premio Nacional de Psicología en

1988. Este proyecto global. además de contener varios sub proyectos

trabajo con comunidades marginadas, se ha articulado con el trabajo del doctorJairo Cepeda en el ámbito del consumo de sustancias psicoac-

tivas (véase en elAnuario Científico de la Universidad del Norte, Vols_

2,4,5

riaga, 1984, 1986; Amar, Abello y Madariaga, 1986; Cepeda, De Vengoe- cnea y De Barranco, 1988, 1989; Cepeda, 1983; Cepeda y De Vengoe-

chea, 1984; Gómez, Field y De Mulford, 1984; Y otros).

dirigido por Eisa Strauss y centrado en

el trabajo con consumidores de drogas. En este programa se han hecho adaptaciones de materiales preventivos y se han producido textos pro-

pios que desafortunadamente han tenido poca difusión.

3. El de la Universidad de los Andes, c9nocido como Programa La Casa, consagrado a la prevención, el tratamiento y la investigación en los campos del consumo de sustancias psicoactivas, el sida y el suicidio. La Casa participó en el desarrollo del Plan )1acional de Prevención de la Drogadicción; ejecutó el Plan Distrital de Prevención (1983-1989); lide- rÓ dos encuentros interinstitucionales sobre el problema del consumo de drogas (1988); ha ejecur.ado dos estudios epidemiológicos (uno en Bogotá y otro en Neiva), y ha publicado una cantidad importante de documentos que van desde manuales de prevención (Escallón y Pérez, 1987; Quintero y Pérez, 1988), pasando por una H~to";.a de la droga- dicción en Colombia (1988), hasta tres manuales sobre grupos de au- toayuda (Prieto, 1989), grupos de familiares y de consumidores de SPA (Álvarez, Martínez y Villa. 1989) y el empleo del teléfono como instru- mento de ayuda (Rocha y Peñuela, 1989). Actualmente ~ trabaja inten-

2. El de la Universidad del Valle,

de

y.,7, los trabajos de Amar y De la EsprieUa, 1983; Abello y Mada-

samente en el desarroÚ¿ de programas de prevención del sida y de asis- tencia psicológica para personas afectadas por este mal, así como para

sus familias.

La investigación

y el desarrollo

teórico

A lo largo de la historia

clínica, la fuvestigación y la teoría han desempeñado un papel secundario, a pesar de que en principio todo el mundo está de acuerdo en que son im- portantes. La realidad es que muchas veces la- investigación se ha centrado

de la psicología, y en particular

de la psicología

294

PsICOLOGiA E

CoLO¡,mIA

sobre problemas que no tienen mayor relevancia práctica, y que por otra

parte no se puede hablar de la teoría psicológica, sino de una gran variedad

de aproximaciones vagas, especulativas, mal formuladas, contradictorias y

poco articuladas (Pérez. 1982a).

También en este campo se han presentado algunos cambios, y se pue-

den prever más. Primero que todo, se requiere crear nuevos paradigmas

investigativos y nuevas formas de pensar los problemas, pues la mayoría

de los asuntos que deben ser analizados en el campo clinico no se acoplan a

las exigencias y requisitos de [os modelos experimentales y correlacionales

consagrados por la tradición (pérez, 198')

requiere ampliar el rango y el tipo de problemas que suelen ser examinados

por los investigadores, y en esto ya se ha avanzado algo. La inve::.-tigación evaluativa, por ejemplo, ha puesto en cuestión muchas creencias que ha-

bían sido aceptadas como ciertas y que resultaron ser solamente producto

de prejuicios o de efectos de halo derivados de la novedad de un enfoque o

de una técnica; tal es el caso de la excelencia de las terapias se=ales de :-.tnstcrs y Johnson (Pércz y Santamaría. 1984), la indiscutible superioridad

1983, 1989). Por otra parte. se

a,

~

.~

de las terapias comporta mentales frente a las otras formas de terapia que cart.--cian de eficacia, () la pureza conceptual y técnica de los diferentes enfo- ques terapéuticos.

Otra forma de investigación particularmente importante, y a la que serú necesario darle mucho más énfasis en el futuro, es la epidemiológica.

El país está desbordado de problemas frente a los cuales se toman decisio-

nes y se trazan politicas con base en impresiones generales o en datos anec- dóticos, como sucede con todo lo que rodea el cultivo, procesamiento, tráñco

y consumo de ~ustancias psicoactivas. En tales casos por lo menos se le

presta atención al problema, pero, ¿qué ocurre con otros como la esquizo-

frenia, el maltrato infantil. la delincuencia juvenil y la prostitución? Es virtualmente imposible encontrar un dato, así sea aproximativo, que per- mita considerar con un mínimo de objetividad qué medidas tomar.

Finalmente: se requiere mostrar la articulación entre la teoría, la prác-

tica y la investigación, y esto constituye de por sí la esencia del proceso científico_ El campo clínico, con su proliferación de enfoques y su falta de

cri~rios para rechazar o aceptar como válida una determinada

propuesta,

se

ha revelado como crecientemente caótico desde hace cerca de 30 años. En.

la

década pasada surgió. una tendencia a la integración, que se encuentra

apenas en los primeros balbuceos. Ciertamente, existen muchos anteceden-

PsICOLOGÍA CLi~ICA

295

tes a ese interés, pero fueron más esfuerzos individuales y aislados que

. De todas formas sería miope dejar de lado los trabajos que se están Ue- vando a cabo en el área investigatiua clínica. Por una parte, en todas las universidades con programas de psicología se hacen anualmente decenas de tesis que, por su misma naturaleza, tienen un alcance limitado y suelen tras- cender muy poco. Pero por otra parte, es significativo que en general sean las mismas personas o equipos que están desarrollando actividades que involu-

verdaderas empresas comunes.

cran a la comunidad. quienes proponen y ejecutan la mayor parte de los pro-

yectos investiga ti vos de alguna envergadura. Esto se debe a varias razones:

• Conseguir finañc¡acTóñ'para proyectos de investigación fundamental es

muy difícil en Colombia.

• Ejecutar proyectos socialmente relevantes sin investigaciones parale- las provocaría la muerte de los proyectos, en la medida en qu~ no se

podría justificar el mantenerlos o ampliarlos.

• Los trabajos investigativos han alimentado y contribuido a mejorar tanto los proyectos dentro de los que se inscriben, como la práctica do· cente y la práctica clínica, de manera que en ese sentido la rentabilidad

es muy elevada.

• Los proyectos e investigaciones han permitido el acercamiento entre personas que de otra forma se mantendrían sin contacto. Por ejemplo, el proyecto llamado Efectos Médicos y Neuropsicológicos del Basuco en 5 Ciudades de Colombia puso en relación a tres psiquiatras, un toxicó- logo, un neuropsicólogo y un clínico (Pérez, Climent, Cepeda, Castilla y Velásquez de Pabón, 19S9/l990); las necesidades del Plan Nacional de Prevención de la Drogadicción llevaron a un proyecto conjunto con el Programa La Casa (1v1inisreriode Educación Nacional, 1989); la empresa

privada y las empresas públicas han apoyado el proyecto Costa Atlántica de la Universidad del Norte; y de las interacciones institucionales en el campo de las prácticas clínicas han surgido en diferentes ciudades tra- bajos valiosos que solamente están a la espera de una mayor difusión

Aliado de los trabajos empíricos también se están realizando esfuerzos teóricos: se trata de. interpretar la realidad con patrones aj ustados a nues-

tras condiciones- Así. Santamaría por el problema del aborto;Pérez,

varez y Villa (1990) por la reinterpretación del fenómeno terapéutico; Pérez

(1990) y Salas (1980) se han interesado Escallón y Quintero (1989), y Pérez. Ál-

j i'

296

PsrcoLOGL-\

E.'< CoLOMBL-\

y Jiménez reflexionan sobre las implicaciones de un abordaje integral del problema de las drogas (1990), sobre las consecuencias de la legalización de las mismas (1989), o sobre el significado de conceptos como reinserción so- . cial (Jiménez, 1990); y el equipo de la Universidad del Norte busca modelos evaluativos para los programas de prevención (Abello y Madariaga, 1986). Se discuten tendencias metodológicas, se modifican perspectivas, se ajus- tan posiciones teóricas: en una palabra, el terreno está en plena ebullición yes de esperar que en un lapso de algunos años todo aquello que hasta hace poco tiempo definía en exclusiva la actitud de- los psicólogos clínicos sea simplemente un conjunto de actividades que sólo encuentran sentido en un contexto social mucho más amplio, de horizontes ilimitados, y en el cual la reflexión teérica-no tenga el papel de pariente pobre (academicismo fútil), sino el de fuente de hipótesis y de actividad intelectual aplicable a proble- mas de la realidad concreta.

HACIA EL SIGLO XXI

La psicología en general, y la clínica en particular, no pueden mantenerse separadas de las otras ramas del conocimiento, y menos aún en esa torre de marfil invioluble que fue una vez el consultorio, donde todo era secreto, cunndo en realidad lo único que debe ser secreto allí es la identidad del consultante. Esto implica _rcformular toda la estructura conceptual de nuestra área, recurriendo a los aportes de las otras ciencias -sociales, na- turales y formnles-, y trabajando en la búsqueda de una metateoría (Es. callón, Quintero y Pérez, 1986; Legrand, 1983; Mahoney, 1981; Pérez, Ál- vurez y Villa, 1990). Quizás incluso la noción de psicología clínica debe ser reemplazada por la de psicologr.a de la salud., puesto que es precisamente de eso de lo que nos ocupamos: de la relación equilibrada, armóni~ pro- ductiva y satisfactoria, en ocasiones, 'del individuo con su medio ambiente, con los demás y consigo mismo, con todos los altibajos y desviaciones que se encuentran implícitas en la naturaleza- de tal relación y que haCen parte de la riqueza de loS"seres humanos.

Todo lo anterior requerirá numerosas transformaciones: desde las acti- tudes hacia· lo- que somos como área· profeSional y científica, hasta-los cu- rrículos de los centros de formacion universitaria y de pregrado. Pero quizás nunca-tanto como ahora esas transformaciones son indispensables y para beneficio de todos: se obtendrá una imagen profesional más sólida; nuevos

PsICOLOGÍA C"L.b.-¡CA

297

campos de acción y una posibilidad notoriamente acrecentada de influir sobre la sociedad en que vivimos. Si nos mantenemos dentro de la óptica de la intervención comunitaria, las siguientes serían algunas de las actividades en las que los clínicos po- drían tener una participación directa, no solamente como ejecutores, sino también como diseñadores de proyectos, como evaluadores y como profesio-

nales interesados en la concepción de políticas claras y definidas de acción social (pérez, 1986).

1. Investigaciones en crisis. Las grandes ciudades, en particular, se ca· racterizan por el aislamiento de sus habitantes, que no tienen a quién ni a dónde recurrir en caso de situaci~~es de emerge-~cia-:-E-n

este sentido, será necesario desarrollar iniciativas como los centros de atención a mujeres víctimas de violencia marital, centros de aten· ción para niños golpeados y sus familiares (como lo demuestra Gó- mez, 1988, lo ideal en esos casos no es ni mucho menos retirarle el niño a los padres), centros de atención a suicidas, alcohólicos, perso- nas con sida y consumidores de sustancias psicoactivas, líneas tele- fónicas de emergencia que proporcionen información o que remitan a sitios apropiados, etc. Algunas de estas cosas ya existen, pero com- paradas con ia magnitud de los problemas correspondientes, son in-

tentos toda

¡a muy tímidos.

2. Intervenciones en casos de catástrofes y de situaciones de pánico. Como ocurre con una buena parte de las acti,idades preventivas, hay una

~ enorme cantidad de cosas por hacer para elevar la educación en este

~ " campo. La situación de Armero, en la cual intervinieron muchos psicó- logos, seria un buen ejemplo; pero además debe prepararse a la pobla- ción para que aprenda a responder en casos de incendios, accidentes de tráfico, temblores, desórdenes públicos y otros similares, en donde fre- cuentemente la pérdida de control resulta responsable de más daños que la tragedia misma.

Entrenamiento masivo de agentes multiplicadores. Como es obvio, ni los psicólogos, ni los miembros de otras profe;iones, ni todos ellos reunidos, tienen la capacidad de resolver los problemas propios de

los que lo hagan, con

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3.

--- una sociedad: deben ser los mismos ciudadanos

~:

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el apoyo del Estado y de otras entidades. Pero para ello se requiere que quienes posean formación e información específicas se las propor-

cionen a otros.

298

PsICOLOGíA

&'1 COLOMBIA

4.

Trabajo en instituciones de servicio a la comunidad y_centros de reha- bilitación, hospitales, cárceles y centros de salud. En estos casos se com- binan claramente algunas de las actividades de carácter más individual con otras de carácter grupal: asistencia para preparación de cirugías,

partos, disminución

de la tensión y el dolor en urgencias;

cursos para

padres, enfermeras, guardianes, médicos, etc., en el manejo de situa- ciones específicas en las que las variables psicológicas tienen especial

relevancia; entrenamiento para la reinserción social en el caso de pri-

sioneros: ayuda a moribundos y enfermos terminales; asesoría desarrollo de proyecros novedosos, y atención a los ancianos.

para el

o.

Desarrollo de nuevas estrategias de rehabilitación que superen

los mo-

delos clásicos individuales. Es bien sabido que una buena proporción de-

/j.

problemas socialmente relevantes no son manejables por medio de las formas de psicoterapia convencionales: la prostitución, la vagancia, la delincuencia juvenil, la esquizofrenia, el uso de sustancias psicoactivas, la \;olencia, algunas desviaciones sexuales, presentan índices de fraca- so superiores al9Q01Ócuando se intenta resolverlas de esa manera. Pero los grupos de autoayuda, las comunidades terapéuticas, las organiza· cionéS de pudres, presentun resultados mucho mejores. Los psicólogos pucden desempeñar en estos casos un pupel import.ante a través de su tlsesol"Ía.

E$ import 1ntc

Itltino. en vC7. do improvisur cuando ya tengamos el problema delante nucstro. no:! adelantemos y hagamos prevención con nosotros mismos:

que, contrariando uno de los rasgos de nuestro carácter

se no

'CCSitancursos,

talleres, programas de especialización y de maes·

tría, que entrenen a los profesionales de la psicología en el abordaje de

esta cl~ de problemas. Una reflexión incluso muy superficial permite ver que virtualmente la totalidad del trabajo cllnico- puede ubicarse dentro de un esquema de prevención (primaria, secundaria y terciaria), y que en tal contexto se generan alternativas de intervención que pro- porcionan a la actividad clínica un conjunto virtualmente infInito de posibilidades de trabajo, de enriquecimiento de la profesión y de apor- tes a la sociedacL

¿Significa todo esto que los psicólogos clínicos deberán abandonar el trabajo de diagnóstico, el de terapeutas y el de investigadores? De ninguna

la la-

bor de evaluación psicológica sólo puede tener como objetivo la intervención

manera. Pero estas actividades ya no tendrán sentido aisladamente:

PsiCOLOGÍA

CLb.-¡CA

299

terapéutica, y no existen razones teóricas o prácticas para que una parte la realice un tipo de profesional y la otra parte un profesional diferente. ¿y qué propósito puede tener una actividad que no aporta nuevos conocimien- tos, que no permite refinar estrategias, que no crea espacios de-reflexión, de crítica y de formación para otras personas? No son las actividades lo que cambiará y está cambiando, sino el con· texto dentro del cual se desarrollarán esas actividades; ya no será el espacio restringido de un consultorio la única posibilidad: muy al contrario, ese espacio se~ un sir:::lple recurso técnico. El interés por el :"'''ldividt.:onunca desaparecerá del ámbito clínico --eso sí implicaría la desaparición de la esencia de la prot'esión-, pero ese individuo no será visto como un ánima sola, sino como parte integral de la sociedad-a la que pertenece.

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