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Polaroid de locura neoliberal.

La hegemonía sobre la futuridad


y los devenires ético-políticos de liberación

Gustavo Salerno
CONICET-UNMDP

Resumen. Todo futuro es político, imaginación de praxis que modalizan la colectividad


y la individualidad. La imaginación, sin embargo, es lo menos libre en el presente.
Imaginamos siempre desde una red semiótica determinada, hoy hegemonizada por la
razón neoliberal heterosexual. En este trabajo intento dos cosas: por una parte,
pretendo ilustrar una de las formas en que impera el neoliberalismo sobre la posibilidad
de proyectar futuro(s): el modo en que oferta ficciones performativas atomizantes y la
consecuente (auto)precarización (afectiva) a que da lugar; por otra parte, trato de
recuperar los esfuerzos por proponer devenires ético-políticos de liberación colectivos e
individuales. Para cumplir con uno y otro objetivo aquí articulo un conjunto de
reflexiones provenientes de Sara Ahmed, Isabell Lorey y Virginia Cano. Propongo, en
definitiva, interpretar la crítica de la razón heterosexual que estas pensadoras llevan a
cabo como un discurso que muestra la necesidad, pero también la posibilidad, de
promover futuridades no-hegemónicas.

[Trabajo en progreso]

1. Ficciones atomizantes y (auto)precarización (afectiva)

El futuro como tiempo por-venir, trazado sobre una línea constante al modo de
experiencia de una proximidad, a la que nos acercamos sin que por esto quede
eliminada la distancia, es probablemente el significado más extendido de su concepto.
Y también, seguramente, el más empobrecedor. Lo que falta en esa comprensión es
toda la trama de enredos, potencias y artimañas que tiene nuestra imaginación para
articular, gestar y corporizar futuros, futuros otros, futuros múltiples y futuros de
liberación. Un futuro cargado de imaginación subvierte la continuidad, la monotonía de
esa espera recostada sobre el reloj. El futuro imaginado forma parte de las narrativas
que nos constituyen ética y políticamente. Por eso es central qué, cómo y cuánto
podemos imaginar hoy en las presentes condiciones materiales de nuestra existencia
social, para decirlo por medio de una fórmula conocida.

Claro que imaginamos distopías, ficciones coercitivas y parábolas represivas. Sin


dudas esta función crítica de la imaginación nos alerta sobre un desenlace que las
condiciones materiales de la existencia actual ya contienen in nuce. Son los casos, por
ejemplo, de “Un mundo feliz” (Huxley), “1984” (Orwell) y “Farenheit 451” (Bradbury), o
“Mercaderes del espacio” (Pohl y Kornbluth), “La pianola” (Vonnegut), “El cuento de la
criada” (Atwood) y prácticamente todos los capítulos de “Black Mirror” (Brooker). Lo que
singulariza a este conjunto de producciones es el hecho de que en ellas la atención no
está puesta en la predicción política, sino en el rechazo satírico y sarcástico del
presente (cf. Galdón Rodríguez, 2014).
La imaginación que articula, gesta y corporiza futuros de liberación es distinta -o, por lo
menos, distinguible- de estos ardides. Liberación, asunto que voy a recuperar más
adelante, es devenir otro del que se es, en el sentido de desaprender(nos),
explorar(nos) y crear(nos) como sujetos ético-políticos.

¿Qué, cómo y cuánto podemos imaginar en-desde hoy? Más precisamente: ¿cuáles
son las ficcionalidades que la maquinaria neoliberal habilita, organiza y distribuye? Me
parece que una forma esclarecedora de dar respuesta a estas preguntas -forma que no
cierra el análisis, sino que lo multiplica- consiste en introducir y caracterizar el
fenómeno que Lorey (2006, 2014, 2016, 2018) llama “autoprecarización” o
“precarización de sí”. Esta expresión captura un cambio decisivo en el modo de
producción contemporáneo, que se agudiza a partir de la década de los años setenta
del siglo pasado, y que se identifica como el proceso a partir del cual “los individuos se
encuentran en una dinámica de auto-gobierno disciplinario, que asegura no solo la
productividad, sino también la obediencia” (2018: 15).

El dispositivo de la autoprecarización es complejo. De entre las líneas de fuerza -en el


sentido señalado por Deleuze (1990)-1 que se intersectan en su campo, voy a destacar
las siguientes tres, que juzgo indispensables para sostener la reflexión que aquí
propongo. En principio, las vulnerabilidades en la reproducción de la existencia
(servicio de salud, educación, seguridad social) corren a la par de la precarización en el
mercado de trabajo. De acuerdo a esto, se gestionan políticas que buscan incrementar
el empleo a través de un crecimiento económico basado en la austeridad, la reducción
de salarios y las pensiones. Bajo la égida neoliberal, querer trabajar puede significar
tanto acatar una profunda flexibilización de las condiciones laborales como escapar de
ella a través de la autogestión y la autorresponsabilización de las condiciones de
subsistencia y progreso (próximo al “emprendedorismo” y la meritocracia celebrados
por el macrismo).2

En segundo lugar, la precarización entrama con una crisis de las democracias


representativas, pues la justificación de las medidas que adoptan las administraciones
neoliberales no procede de consultas populares o de un referéndum, sino de “la
legitimación moralista del discurso del endeudamiento” (Lorey 2014: 6). Esto quiere
decir que cada individuo (por ejemplo, cada español, portugués o griego) es un deudor,
“alguien que vive por encima de sus posibilidades” (loc. cit.), lo que lo convierte, en
consecuencia, en un culpable. La masa de deudores-culpables hace inevitable y hasta
imprescindible -según la lógica neoliberal- la profundización de la regulación social y el
incremento del control gubernamental a tal punto que la precarización no es
experimentada como algo excepcional. Más bien, por el contrario, ella se hace norma,
se normaliza.

1 “La línea de fuerza se produce ´en toda relación de un punto con otro´ y pasa por todos los lugares de
un dispositivo. Invisible e indecible, esa línea está estrechamente mezclada con las otras y sin embargo
no se la puede distinguir. Es la línea que corresponde a Foucault y cuya trayectoria él vuelve a encontrar
también en Roussel, en Brisset, en los pintores Magritte o Rebeyrolle” (Deleuze 1990: 155).
2 Cf. el caso de “los productores y las productoras culturales” reseñado por Lorey (2006).
En tercer lugar, es fundamental advertir que la precarización excede la problemática de
la “economización de la vida”, en el sentido de presuponer un dispositivo que se
encuentra por fuera y por encima de cada unx de nosotrxs. Lo notable es, más bien,
que la precarización involucra directamente nuestros modos de subjetivación, nuestros
deseos y nuestros cuerpos. La existencia casi en su totalidad queda presa en el
ejercicio paradójico, loco, de medir lo inconmensurable, de calcular lo incalculable, de
fiscalizar la contingencia.

Es por este último aspecto señalado -el que, sin embargo, está en estrecha relación
con los anteriormente mencionados (trabajo y endeudamiento)- que puede advertirse la
importancia que tiene una situación que se inscribe en el centro del tema de estas
jornadas, a saber: que el neoliberalismo explota para sí por medio del contrato del
préstamo las diferentes formas en que lidiamos con la contingencia. Se trata de una
extensión suscripta financieramente de nuestro ser deudores-culpables. De acuerdo a
esto, afirma Lorey, la persona endeudada, “en su precarización, debe estimar algo
inestimable, a saber, el futuro” (2018: 18); es decir, “se contrae deuda en vistas de la
fantasía de un futuro mejor y asegurado” (loc. cit.). Por consiguiente, “lo que se
abandona en esta proyección del futuro es la opción de empezar algo nuevo en el
presente” (loc. cit.).

Todo lo reseñado forma parte del marco desde el que provienen las posibles
respuestas a las preguntas qué, cómo y cuánto podemos imaginar hoy. Pero aún resta
hacer un señalamiento decisivo, que es el que deja abierta la posibilidad para diseñar
otras futuridades. La precarización gubernamental -de otros y de sí mismo- es el
dispositivo que gestiona y tramita la precariedad, entendida ésta como forma histórica
de inseguridad, desigualdad y dominación que implica constitutivamente procesos de
alterificación (processes of Othering). Una y otra (precarización gubernamental y
precariedad) son posibles como formas de intrusión y control de nuestra condición
precaria (precariousness), esto es, de nuestra ontología relacional, de cuidado y de
reproducción social. Se trata entonces de una co-precariedad de los cuerpos y de las
existencias, sobre la cual ha llegado a imperar un modo hegemónico y normalizado, de
subjetivación: la auto-precarización.

- Pero el neoliberalismo impera sobre la posibilidad de proyectar futuro(s) también por


medio de la oferta de ficciones performativas3 atomizantes que provocan una
(auto)precarización afectiva. Aportes de S. Ahmed y V. Cano.

- El recurso a la afectividad por parte del dispositivo neoliberal (Ahmed 2019; 35-36, 39-
40, 66-67, 70) vs. una nueva economía afectiva (los “archivos de la infelicidad”, Ahmed
2019: 123 ss.; identidades-agenciamientos-invenciones, Cano 2015: 13-14).

3“Podríamos caracterizar la ciencia de la felicidad como un conocimiento de tipo performativo que, al


encontrar la felicidad en ciertos lugares, los constituye como buenos lugares, como aquello que debería
ser promovido a la categoría de bien” (Ahmed 2019: 29). En rigor, estas correlaciones entre la
designación del sitio o la conducta feliz y su valoración como bueno o deseable impone un deber por la
propia felicidad.
(…)

2. Devenires ético-políticos de liberación

- recuperar esfuerzos por proponer devenires ético-políticos de liberación colectivos e


individuales. La “crítica de la razón heterosexual” los contiene.

- Liberación = Foucault, entrevista 1984. Aclaración: libertad-ética-política.

- La crianza de una “lengua del desacato” (v. flores, V. Cano). Por la reevaluación de
las ficciones yoicas y una nueva economía afectiva. Recuperar la “condición precaria”
(Lorey, Butler).

(…)

3. Polaroid de locura neoliberal. ¿Hay futuridades no-hegemónicas?

Respuesta: sí.

- La crítica de la razón heterosexual comienza entonces por la politización del presente.


Para esto hay que dar voz a “lxs caídxs en desgracia” (cf. W. Benjamin): crítica del
deber de felicidad (los performativos devastadores) por medio de las narrativas y las
agencias de las aguafiestas, lxs infelices, lxs melancólicxs, lxs desilucionadxs (Ahmed).

- La politización del presente debe entenderse, entre otras formas, como un


cuestionamiento de los modos en que imperan en la actualidad el (no) hacer (a) tiempo
y el (llegar a) decir. La im-productividad.

- La imaginación como campo de batalla, esto es: lo que la reflexión acerca de las
futuridades no-hegemónicas ponen como urgente en cualquier agenda ético-política.

Ya para Aristóteles la imaginación alimenta a la sensación y hace posible el juicio, sin


identificarse con una ni con otro (cf. Aristóteles 1994: 427b 14-18). La imaginación no
hace ciencia, pues está referida a lo contingente, esto es, ayuda a calcular los medios
que hacen posibles las cosas que pueden ser de otra manera. Justamente en ello
vemos su relevancia para una episteme ético-política que aspira a hacer viable
desaprender(nos), explorar(nos) y crear(nos) como sujetos.4

(…)

Bibliografía

4 El viejo Kant también dijo: “El problema sobre cómo determinar precisa y universalmente qué acción
promoverá la felicidad de un ser racional es completamente irresoluble; por consiguiente, no es posible un
imperativo que mande en sentido estricto hacer lo que nos haga felices, porque la felicidad no es un ideal
de la razón, sino de la imaginación” (Kant, 2012, Ak. IV 418, A47). Pero imaginación práctica
AHMED, Sara (2019). La promesa de felicidad. Una crítica cultural al imperativo de la alegría, Ciudad
Autónoma de Buenos Aires, Caja Negra.
ARISTÓTELES (1994). Acerca del alma, Madrid, Gredos.
BUTLER, Judith (2010). Marcos de guerra. Las vidas lloradas, Buenos Aires, Paidós.
CANO, Virginia (2015). Ética tortillera. Ensayos en torno al ethos y la lengua de las amantes, Ciudad
Autónoma de Buenos Aires, Madreselva.
CANO, Virginia (2018). “Solx no se nace, se llega a estarlo. Ego-liberalismo y auto-precarización
afectiva”, en: Nijensohn, Malena (comp.). Los feminismos ante el neoliberalismo, Adrogué, La Cebra, pp.
27-38.
DELEUZE, Gilles (1990), “¿Qué es un dispositivo?”, en: Balibar, E. (et. al.), Michel Foucault, filósofo,
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GALDÓN RODRÍGUEZ, Ángel. (2014). Espacios urbanos y naturales como escenarios opuestos en la
literatura distópica. Ángulo Recto. Revista de estudios sobre la ciudad como espacio plural, 6 (2), 85-100.
https://doi.org/10.5209/rev_ANRE.2014.v6.n2.47585.
KANT, Immanuel (2012). Fundamentación para una metafísica de las costumbres, trad. cast. R.
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productores y las productoras culturales”, en: Instituto Europeo para Políticas Culturales Progresivas
(EIPCP), 01, smp. Disponible en: http://eipcp.net/transversal/1106/lorey/es.html. Consultado: 01-09-19.
LOREY, Isabell (2014). “El régimen de la precarización. Crisis, deuda y gubernamentalidad neoliberal en
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http://www.youkali.net/youkali16-1-a-Lorey.pdf. Consultado: 15-08-19.
LOREY, Isabell (2016). Estado de inseguridad. Gobernar la precariedad, Madrid, Traficantes de sueños.
LOREY, Isabell (2018). “Preservar la condición precaria, queerizar la deuda”, en: Nijensohn, Malena
(comp.). Los feminismos ante el neoliberalismo, Adrogué, La Cebra, pp. 13-25.