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Thanatos en la Sociedad Contemporánea

Por Carla Johana Martínez García

En el presente ensayo intento mostrar la relación paz y guerra en la Sociedad contemporánea,


desde el predominio de la pulsión de muerte (Thanatos) sobre la pulsión vida (Eros), que expone
Marcuse en su obra el Hombre unidimensional en el prefacio, capitulo primero “Las nuevas formas
de control” (Marcuse, 1985, pág. 31) y capitulo segundo “El cierre del universo político” (Marcuse,
1985, pág. 49)

Para Marcuse el elemento político de Eros ha sido reprimido durante siglos impidiendo su
trascendencia hacia otras áreas del cuerpo y hacia su medio ambiente, limitándolo a lo meramente
genital coartando su oficio revolucionario y creador. “Allí donde hoy se despliega la libido como tal
fuerza, tiene que servir al proceso de producción agresivo y a sus consecuencias, integrándose en
el valor de cambio” (Marcuse, 1985, pág. 9). Las manifestaciones de agresividad y violencia se han
agudizado en la sociedad contemporánea totalitarista debido a la administración represiva que ha
relativizado el fenómeno de la guerra y lo ha convertido en una oportunidad para la producción de
bienes de consumo masivo. La industria de los videojuegos, la industria armamentista, incluso la
necesidad creada de seguridad ha generado una falsa necesidad de volcar todo el aparato
industrial hacia el fortalecimiento de los ejércitos, sistemas de alarmas, construcciones resistentes
a los impactos de los misiles y la preparación para la guerra, así como nuevas armas no solo
convencionales sino también químicas y atómicas. Fortaleciendo la pulsión de muerte (Thanatos)
que se encuentra presente no solo en los individuos sino también en toda la sociedad como
conjunto y que en la sociedad industrial avanzada ha ganado terreno sobre él Eros. “El Tanatos
está en constante tensión con el Eros: el sentimiento del amor, de la vida, de la creación; pero
cuando el equilibrio entre ambos se rompe a favor del Tanatos viene la violencia generalizada, la
muerte y el deseo de destrucción, la guerra” (Peña, 2017).

Incluso el discurso político en la sociedad contemporánea gira alrededor de la paz y la guerra, en


muchos países del mundo este tema ha sido últimamente factor decisivo frente a las decisiones
que toman los ciudadanos en las urnas. La guerra ha estado en la agenda de los gobiernos desde
que finalizó la Segunda Guerra Mundial, Marcuse describe esta situación y se pregunta si “Los
partidos políticos ¿Están compitiendo por la pacificación o por una industria del armamento cada
vez más fuerte y más cara?” (Marcuse, 1985, pág. 83). Esta pregunta orientada a la sociedad
norteamericana que representa para este autor, la sociedad industrial avanzada. También es
extensiva para Colombia, donde el discurso político de las últimas décadas ha girado en torno a la
Guerra. Tristemente frente a la realidad en Colombia cabe afirmar que Thanatos siempre ha sido
el ganador de esta disputa. Debido a la manipulación consentida por los medios masivos de
Comunicación. Este fenómeno propio de la sociedad contemporánea ha permitido que la
propaganda y la publicidad que en principio fueron instrumentos diseñados por la industria para
incentivar el consumo de bienes y servicios a partir de la aplicación de teorías psicológicas, usen
estas mismas estrategias para vender las ideas políticas como productos de mercado.

“¿Se puede realmente diferenciar entre los medios de comunicación de masas como instrumentos
de información y diversión, y como medios de manipulación y adoctrinamiento?” (Marcuse, 1985,
pág. 38), frente a esta pregunta considero que los medios masivos de comunicación han camuflado
el discurso bélico en medio no solo de las propagandas sino también en los espacios informativos,
justificando la carrera armamentista y las guerras en nombre de la paz; colaborando así con los
intereses de unos pocos. Algunas guerras se han justificado gracias a los medios
instrumentalizados, bajo la falsa idea de la búsqueda de la paz, cuando en realidad ha sido la
búsqueda de mercados, apropiación de recursos y supremacía del capital lo que las han originado.

La guerra se ha convertido en un medio de dominación de los países industrializados,


principalmente de Estados Unidos. Todos los esfuerzos en el mundo actual se direccionan hacia la
preservación de las condiciones idóneas para que su poder permanezca, valiéndose de los ideales
de progreso y paz. Tal es así que incluso las instituciones al servicio de la paz tales como la ONU
(organización de naciones unidas) y la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), han
sido instrumentalizadas y utilizadas para persuadir y justificar los actos de guerra. En la guerra del
golfo se justificó el uso de la fuerza no en razón a los principios del derecho internacional sino en
razón a la racionalidad tecnológica descrita por Marcuse en su obra, para este la astucia de la razón
opera en interés de los poderes preestablecidos así la racionalidad tecnológica se ha orientado
hacia la competencia armamentista.

En la actualidad la competencia es sinónimo de guerra y viceversa. Los términos se confunden


incluso en el argot popular y se escucha hablar de “guerra de precios”, o “batalla de la voz kids”
para referirse a la competencia del mercado o a una competencia de talento entre niños. Así
mismo en el sentido contrario escuchamos hablar de competencia armamentista para hablar de
guerra. Claramente ambos términos son diferentes pero la comunicación funcional permite
relativizar los conceptos y subordinarlos a la significación que los medios requieren.

Para Tugendhat la competencia o mejor “el factor de la competencia o factor futbolístico” esta
relacionado con la “identidad”1, que en la mayoría de los casos vincula a determinado colectivo y

1
“El concepto de identidad humana tiene en sus antecedentes discrepancias tanto en su denominación como en las
implicaciones teóricas. William James (1890) considera a la identidad humana como un concepto de sí (self concept),
Erikson (1959), la denomina identidad y Allport (1943) la define como ego. En la actualidad la tesis constructivista
vemos como diferentes los otros colectivos. No vemos allí “Seres Humanos” como iguales por la
condición de la existencia misma. solo relacionamos la diferencia que se agudiza cuando esta
enmarcada bajo el aspecto de la “superioridad o la inferioridad" (Tugendhat, 1978). Este autor
encuentra que la solución a esta problemática es posible si “las personas interpretaran su identidad
de otro modo” (Tugendhat, 1978); lo cual significaría una concepción de “identidad”2 enmarcada
primero en la condición de seres humanos y luego como miembros de un colectivo. Pienso que
solo es posible una comprensión sin violencia del otro, impregnando dicha comprensión de
fraternidad y respeto, lo cual implica reconocimiento y amor “Eros” por el otro.

La fraternidad es un concepto que toma valor en la revolución francesa con la Declaración


Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano; son precisamente la Igualdad, la Libertad
y Fraternidad los cimientos de lo que conocemos actualmente como los derechos humanos, que
sin duda han permitido una sociedad encaminada hacia la pacificación. Sin embargo, la
industrialización y con ella el avance de la sociedad de mercado, ha hecho que nos alejemos de la
significancia que estos valores poseen. Desde el concepto cristiano fraternidad significa “Ama a tu
prójimo como a ti mismo”. Esta es contrapuesta a cualquier forma de individualismo. Bajo esta
mirada el conflicto es admitido como parte de un proceso para lograr un mayor entendimiento,
situando el amor por encima de las posiciones personales, en el marco del reconocimiento. Para
Fromm “Respeto no significa temor y sumisa reverencia”. Es la capacidad de ver al otro bajo su
singularidad tal como lo denota la raíz de la palabra (respicere=mirar). Es así como el respeto
implica la ausencia de explotación. Se hace necesario retomar estos valores en la sociedad
industrial avanzada porque considero que la violencia que emerge en la sociedad actual esta
justificada en el “deseo” y la “instrumentalización del otro” la mercantilización de las relaciones
humanas.

En el mundo del consumismo todo se puede comprar y vender y el ser humano pasa a ser una cosa
medible y cuantificable, está cosificación permite incluirlo en los costos de producción, y por que
no en los costos de la guerra, donde la relación daño-beneficio está enmarcada pensando solo en
el bien que los bienes y servicios adquiridos pueden traer a un colectivo especifico. Nos
encontramos como lo explica Marcuse ante la razón instrumentalizada a la cual se ha subordinado
la sensibilidad. “La instrumentalización del otro se presenta ante todo como un hecho social”.
(Marcuse, 1985). Por tanto, como se ha dicho anteriormente debemos resignificar y sacar el Eros

incluye la responsabilidad social e interactiva en el análisis de la identidad personal. Para James y Mead el yo es un
producto social, no determinista ni estático, sino dinámico y construido a partir de las interacciones sociales. Rosa
Ana Clemente citada en González Cuenca 1995, asume que la identidad personal es un proceso por el que los
humanos nos reconocemos como nosotros mismos, como entidad que cambia con el tiempo, pero que permanece
reconocible e identificable a través de esos cambios”. (Barreiro, noviembre 2009)
del área genital para extender su potencial creador y liberador hacia la sociedad, a fin de una
comprensión real lo que significa ser humanos.

Por otro lado, aunque el estado de bienestar a través de la industrialización ha intentado brindar
confort y bienestar a un mayor número de individuos en muchos países, las desigualdades
económicas y la represión de los individuos se acentúa cada vez, los impulsos de muerte se han
agudizado en la sociedad contemporánea. “En todas partes reina la agresión de la lucha por la
existencia: a escala individual, nacional, internacional, esta agresión determina el sistema de las
necesidades” (Marcuse, 1985, pág. 9). Por tanto, si bien es cierto que “la supresión del sentimiento
de ser menospreciado o despreciado o despreciado presupone por su parte la supresión de la
injusticia en la estructura de la sociedad” (Tugendhat, 1978, pág. 123), considero que esta injusticia
es sólo la punta de iceberg. Con esto no quiero decir que la justicia social deja de ser importante
en la búsqueda de la paz, solo quiero mostrar que no es suficiente, se hace necesario además una
liberación del Eros.

Finalmente, si aceptamos que en toda sociedad hay una contradicción permanente entre Eros y
Thanatos, se puede suponer que la razón tecnológica instrumental de la sociedad industrial
avanzada reprime tanto al Eros como al Thanatos, al tiempo que determina una disputa entre
ambos, y los intentos de pacificación son cada vez más violentos.
Así mismo las nuevas formas de control llevadas al totalitarismo sin duda alguna gestionan
individuos más violentos. Se hace necesario como lo afirma Marcuse una liberación del Eros y una
subordinación de la razón tecnológica a la sensibilidad para que el hombre contemporáneo abrace
en primer lugar la pulsión de vida y se reencuentre con la fraternidad, el respeto y la paz interior
que es sin duda un camino para que la sociedad contemporánea permanezca en la búsqueda de
paz y no de la guerra.

Bibliografía
Barreiro, M. C. (noviembre 2009). El papel de la Educación en la Identidad Humana. Eikasia. Revista
de Filosofía , http://www.revistadefilosofia.org .

estrellaiquique. (s.f.). Obtenido de


(http://www.estrellaiquique.cl/prontus4_nots/site/artic/20090831/pags/2009083100101
9.html., s.f.)

http://www.estrellaiquique.cl/prontus4_nots/site/artic/20090831/pags/20090831001019.html.
(s.f.). Obtenido de
http://www.estrellaiquique.cl/prontus4_nots/site/artic/20090831/pags/20090831001019
.html.
Marcuse, H. (1985). El hombre unidimensional. Barcelona: Planeta.

Peña, G. B. (2017). El Eros y el Tanatos colombiano. Revista sur.

Tugendhat, E. (1978). Un judiìo en alemania. (T. d. Sasche, Trad.) Gedisa.