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Subida al [Monte Carmelo] Tepozteco

Roberto Martínez Garcilazo

1.
El libro del Doctor de la iglesia universal lleva en la entrada una imagen del Monte
Carmelo con sus distintos caminos de ascenso. En el lado izquierdo leemos:
Para venir a gustarlo todo no quieras tener gusto en
nada. Para venir a saberlo todo no quieras saber algo
en nada. Para venir a poseerlo todo no quieras poseer
algo en nada. Para venir a serlo todo no quieras ser
algo en nada.
Las dos sendas de la subida llevan, cada una, estos textos:
Senda del Monte Carmelo espíritu de perfección: nada,
nada, nada, nada, nada, nada, y aún en el monte nada.
Camino de espíritu de imperfección del suelo: poseer,
gozo, saber, consuelo, descanso.
Después de la imagen del Monte, esto:
Este libro trata de cómo podrá un alma disponerse
para llegar en breve a la divina unión. Da avisos y
doctrina, así a los principiantes como a los
aprovechados, muy provechosa para que sepan
desembarazarse de todo lo temporal y no embarazarse
con lo espiritual, y quedar en la suma desnudez y
libertad de espíritu, cual se requiere para la divina
unión. Compuesta por el Padre Fr. Juan de la Cruz,
Carmelita Descalzo.
El argumento del libro es explicado de esta manera por su autor:
Toda la doctrina que entiendo tratar en esta Subida del
Monte Carmelo está incluida en las siguientes
canciones, y en ellas se contiene el modo de subir hasta
la cumbre del monte, que es el alto estado de la
perfección, que aquí llamamos unión del alma con Dios.
Y porque tengo de ir fundando sobre ellas lo que dijere,
las he querido poner aquí juntas, para que se entienda
y vea junta toda la sustancia de lo que se ha de escribir;
aunque, al tiempo de la declaración, convendrá poner
cada canción de por sí y, ni más ni menos, los versos de
cada una, según lo pidiere la materia y declaración.
Dice, pues, así: CANCIONES en que canta el alma la
dichosa ventura que tuvo en pasar por la oscura noche
de la fe, en desnudez y purgación suya, a la unión del
Amado.
Y en el libro segundo, en el capítulo uno, utiliza la expresión “por la secreta escala”
para significar los grados del sentido y entendimiento que se desvelan al hombre
cuando asciende trabajosamente por este camino ascético. Confrontándose
dolorosamente con sus límites naturales y racionales el hombre sube por esta
divina montaña y penetra hasta lo más profundo y oscuro de sí mismo, en la noche
del alma. Lo sagrado es para el alma una noche oscura.
2.
José Agustín, en “La panza del Tepozteco”, escribe:
Subieron casi corriendo las empinadas escaleras de
piedra construidas por los toltecas muchos siglos antes,
entre el agua que caía por todas partes y la vegetación
de un verdor que se les echaba encima. Llegaron
jadeando a la cumbre, desde donde se desplegaba la
gran vista de los valles de Tepoztlán, de Cuautla y de
Cuernavaca. Los misteriosos montes de Chalcatzingo
eran visibles muy a lo lejos y la curvatura de la tierra
era bien notoria. Los muchachos estaban de lo más
contentos. Todos subieron a la pirámide tolteca y
vieron que, a sus espaldas, el Ajusco no parecía tan alto
desde allí. (…) Para no quedar atrás, ellos volaron de
regreso y bajaron tan rápido que de milagro no se
desplomaron como alud, ni se resbalaron con la
humedad o se dieron de golpes contra los pedruscos.
Abajo, todos sentían que las pantorrillas les temblaban
por el esfuerzo. (…) Subieron a la sierra del Tepozteco
por una falda que primero era muy árida, polvosa y
empinada, pero que pronto se convirtió en vegetación
profusa que cerraba los caminos. Subieron sin
dificultades hasta que llegaron a los Corredores y a la
Cueva. (…) Ya habían subido un largo trecho; cuando
reencontraron la luz del espacio abierto, Tepoztlán
estaba cada vez más abajo y a la derecha. (…) A esa
altura todos iban en silencio, cada vez más cansados,
entre la maleza, que siempre era exuberante, y los
arroyos-cascada, que surgían cada vez más. La
aparición del paisaje, cuando llegaban a los
acantilados, les levantaba el espíritu, aunque el cielo
empezaba a cargarse de nubes allá a lo lejos, por el
Popocatépetl. (…) Arriba de la grieta, donde las líneas
del acantilado formaban el diseño de una serpiente que
se muerde la cola; la forma era muy borrosa, pero con
un poco de atención se podía ver, y apreciar, un posible
estilo tolteca en el tallado, si es que acaso lo era y no
sólo una formación natural de la piedra como hay
tantas. (…) Entraron. La grieta se fue abriendo poco a
poco a lo que parecía una cueva, pero pronto se vio un
poco de luz en el fondo…

3.

La ascensión es la faena del hombre —creatura pedestre, prosaica— para llegar al


cielo, al lugar que no es el suyo. Ergo, es una labor que significa la ruptura —
fractura teológica— del orden o cosmos de la vida. Es la confrontación con los
límites biológicos y ontológicos de la persona. Porque no se sube la montaña, se
asciende en el eje axial de los chacras. Se cambia el centro de la energía, del élan
vital. Subir es ascesis. El sufrimiento es la purga del alma. El terror a la muerte
educa a la persona iluminando su oscuro corazón, es la pedagogía estoica de la
aceptación de la finitud. La ascensión es la faena del hombre que busca llegar a sí
mismo.

Finalmente, aunque es evidente hay que decirlo: Este montañismo místico nada
tiene en ver con la frenética hiperactividad de las turbas de homúnculos que
metidas en sus frenéticos zapatos tenis de plástico y en sus acéfalas gorras
siniestras suben corriendo el Tepozteco para tomarse la selfie.

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