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Miller, uh p ímer pasó .:para· recuperar la
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Eldrama delrtiño dotado, una obra _que ··
se ha conve:rüdo ya . rr un d asi'to, analiza.·
las causas de Ía represión afectivá y explora·
. los caminos que conducen a la recupera,-
. ció11 d el'\Jerdadern <, yo». · ·
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ALICE MILLER

Estudió filosofia, psicología y sociología en


Basilea. Tras el doctorado, se fonnó en Zurich
como psicoanalista, profesión que ejerció du-
rante veinte años. Desde 1980, Miller se ha
dedicadoa dar a conocer al gran público los
resultados de sus investigaciones sobre la in-
fancia, y, entre otros galardones, ha mere-
cido el Premio Janusz-Korczak 1986. Tras el
impresionante éxito de El drama del niño do-
tado (Ensayo 36, ahora también en la colec-
ción Fábula), sacó a la luz más de nueve libros,
entre ellos los ensayos titulados El saber pros-
crito, La llave perdida, Por tu propio bieny El
cuerpo nunca miente, todos ellos publicados
por Tusquets Editores (colección Ensayo 9,
15, 37 y 59).

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Miller , Alice
El drama del niño dotado. - 1a ed. - Buenos Aires : Tusquets Editores, 2009.
184 p. ; 20x13 cm. - (Fábula; 2B9) Índice
Traducido por : Juan José Del Solar

ISBN 97B-9B7-1544-37-0

1. Psicología. 2. Psiquiatría. l. Juan José Del Solar, trad. 11. Título


CDD 155.4

Tít ulo original: DoJ Drama des begabtm Kinde, 11n d die Suche nach
dnn walmn Selbst, Ei11e Um- und Fortschmlntng 1994
I. El drama del niño dotado y cómo nos hicimos
psicoterapeutas
l. ' edició n en Supe rinfimos: lebrero de 1985 Todo, salvo la verdad
l•. edición en Fábula: jnnio de 2009
••••• ' ••• 15 ' •• 1
•••••••••

El pobre niño rico . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 20


l.• edición argentina en Fábula: julio de 2009 El mundo perdido de los sentimientos ..................... 26
En busca del verdadero Yo ........................................ 33
© Suhrkainp Verlag, Frankfurt am Main, 19 4
Traducció n de Juan José del Solar La situación del psicoterapeuta . . . . . . . . . . . . . . . 42
El cerebro de oro . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 50
Diseño de la colecció n: adaptación de FERRATERCAMPINSMORALES de un diseño
o riginal de Pierluigi Cerri
II. Depresión y grandiosidad: dos formas de la re-
Ilustra ción de la cubierta: IO Alice Miller negación
www.alice-miller.com
Destinos de las necesidades infantiles 55
Reseivados todos los derechos de esta edición para La ilusión del amor • • • • • • • • • • • • • ' • • • • 1 ••••••• 63
Tusquets Editores, S.A. - Venewela 1664 - (1096) Buenos Aires Fases depresivas durante la terapia ....., .....
info@t usquets.com.ar - www.tusquetseditore s.com
85
La cárcel interior . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 90
ISBN : 978-987-1544-37-0 Un aspecto social de la depresión . . . . . . . . . . . . 98
Hecho el depósito de ley
La leyenda de Narciso . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 103
Se terminó de imprimir en el mes de julio de 2009
en Artes Gráficas Delsur S.A. - Aire. Solier 2450 - Avellaneda - Pcia. de Buenos Aires III. El círculo infernal del desprecio
Impreso en la Argentina - Printed in Argentina
La humillación del niño, el desprecio de la debi-
Q,ieda rigurosamente prohibida cualquier forma de reproducció n, distribució n, comuni- lidad y sus consecuencias. Ejemplos de la vida
cación pública o transformación to tal o parcial de esta obra sin el permiso escrito de los cotidiana . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 107
titu lares de los derechos de explotació n.
El desprecio en el espejo de la terapia . . . . . . . . 123
Epílogo 1995 . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 165
9

'" ······. ,, MfyY, 1 J t.14fhl :t. :>:>-... ··í•¡;-•


AGRADECIMIENTOS

Siento el deseo y la necesidad de agradecer


muy particularmente a la señora Heide Mers-
mann, de la editorial Suhrkamp, toda la dedica-
ción que ha venido prestando a mis libros. En el
curso de mi dilatada labor orientada a esclarecer
el problema de los malos tratos infligidos a los ni-
ños he podido contar siempre con su incondicio-
nal apoyo. Agradezco a la señora Mersmann no
sólo la lectura cuidadosa, comprensiva, empática
y muy atenta del presente libro, sino, en el fondo,
muchísimo más: desde la aparición, hace quince
años, de El drama del niño dotado, la editorial ha
recibido las peticiones más diversas de lectores,
lectoras e instituciones de todo tipo. Y siempre
fue la señora Mersmann quien se encargó de dar
respuesta a estas llamadas y cartas con la misma
amabilidad, esmero y claridad.
Quisiera asimismo agradecer al personal del
departamento de producción de la editorial Suhr-
kamp la esmerada y competente preparación de
mi manuscrito en todas las fases, pero sobre todo
en la última y más difícil. No siempre resultó fácil
hacer coincidir la técnica con las necesidades ob-

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jetivas, pero tanto el señor Rolf Staudt como el
Martín Miller, que con su espíritu abierto, perse-
señor Manfred Wehner hicieron todo lo posible
verancia y atención me hizo ver los bloqueos que,
para apoyar mis esfuerzos y asegurar la integri-
desde hacía tiempo, yo misma no me atrevía a ad-
dad del texto. A ellos quisiera expresarles aquí mi
mitir, y que seguramente no habría visto sin sus
más sincero agradecimiento.
lúcidos comentarios. Agradezco también a mis
Mi gratitud por las numerosas cartas de lec-
dos hijos, Martin y Julika, la confianza que me
toras y lectores se expresa ya en muchas de las
han demostrado en todos estos años, aunque no
páginas de este libro, aunque, de todos modos,
siempre me la mereciera, mientras mi conciencia
quisiera manifestarlo aquí de forma expresa.
seguía bloqueada. Espero que aún me queden los
Muchos de ellos han «colaborado» realmente,
suficientes años de vida para ganarme realmente
sin saberlo, en la redacción de este libro. Pero la confianza que ellos han depositado en mí.
han de permanecer en el anonimato porque el
contenido de sus cartas es confidencial. Sus his-
torias, sus destinos trágicos y a menudo incon-
cebibles, y, por último, sus experiencias decep-
cionantes con terapeutas incompetentes y poco
honestos de todas las tendencias posibles, me
hicieron ver una y otra vez con qué facilidad se
puede abusar de la tragedia de las personas mal-
trat das en su infancia.
Siempre me ha resultado doloroso no poder
responder personalmente a las numero¡;as cartas
recibidas. Los ,.motivos son diversos. Hoy dis-
pongo de nuevas posibilidades de abordar pre-
guntas específicas de lectoras y lectores, y hago
buen uso de ellas. Espero, sin embargo, que mu-
chos de los remitentes reconozcan fácilmente mis
respuestas a sus cartas (como también mi senti-
miento de profundo agradecimiento) en esta
nueva versión revisada de mi obra.
Por último, quisiera dar las gracias a mi hijo,

10
11
I
El drama del niño dotado
y cómo nos hicimos psicoterapeutas
Todo, salvo la verdad

La experiencia nos enseña que, en la lucha


contra las enfermedades psíquicas, únicamente
disponemos, a la larga, de una sola arma: encon-
trar emocionalmente la verdad de la historia
única y singular de nuestra infancia. ¿Podremos
liberarnos algún día totalmente de ilusiones?
Toda vida está llena de ellas, sin duda porque la
verdad resultaría, a menudo, intolerable. Y, no
obstante, la verdad nos es tan imprescindible que
pagamos su pérdida con penosas enfermedades .
De ahí que, a través de un largo proceso, inten-
temos descubrir nuestra verdad personal que, an-
tes de obsequiarnos con un nuevo espacio de li-
bertad, siempre nos hace daño, a no ser que nos
conformemos con un conocimiento intelectual.
Aunque en ese caso seguiríamos aferrándonos al
ámbito de la ilusión.
No podemos cambiar en absoluto nuestro pa-
sado ni anular los daños que nos hicieron en
nuestra infancia. Pero nosotros sí podemos cam-
biar, «repararnos», recuperar nuestra identidad
perdida. Y podemos hacerlo en la medida en que
decidamos observar más de cerca el saber al-

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macenado en nuestro cuerpo sobre lo ocurrido activa las torturas que alguna vez les infligieron;
en el pasado y aproximarlo a nuestra concien- por ejemplo, en clubes de flagelantes, en rituales
cia. Esta vía es, sin duda, incómoda, pero es la de tortura de todo tipo, en el ambiente sadoma-
única que nos ofrece la posibilidad de abando- soquista, y designan todo esto como liberación.
nar por fin la cárcel invisible, y sin embargo tan Hay mujeres que se hacen perforar los pezones
cruel, de la infancia, y dejar de ser víctimas in- para colgarse aros, se dejan fotografiar así en pe-
conscientes del pasado para convertimos en seres riódicos y cuentan con orgullo que no sienten do-
responsables que conozcan su historia y vivan lor alguno al hacerlo, y que incluso les resulta di-
con ella. vertido. No hemos de dudar de la sinceridad de
La mayoría de la gente hace justo lo contrario. tales afirmaciones, pues estas mujeres debieron
No quieren saber nada de su propia historia, y, de aprender muy pronto a no sentir ningún dolor.
por consiguiente, tampoco saben que, en el fondo, ¿Y qué no harían hoy para no sentir el dolor de
se hallan constantemente determinados por ella, la niña que fue víctima de los abusos sexuales del
porque siguen viviendo en una situación infantil padre y tuvo que imaginarse que así le estaba
no resuelta y reprimida. No saben que temen y dando placer? Una mujer que haya sufrido abusos
evitan peligros que en algún momento fueron rea- sexuales en su infancia, que reniegue de esa rea-
les, pero dejaron de existir hace tiempo. Son per- lidad infantil y haya aprendido a no sentir dolor,
sonas que actúan impulsadas tanto por recuerdos huirá continuamente de lo ya ocurrido recurrien-
inconscientes como por sentimientos y necesida- do a los hombres, al alcohol, las drogas o a
des reprimidas que, a menudo y mientras per- una actividad compulsiva. Necesita siempre el
manezcan inconscientes e inexplicadas, determi- «pinchazo» para no dejar aflorar el «aburrimien-
narán de forma pervertida casi todo lo que hagan to» ni dar paso al sosiego en el que sentiría la
o dejen de hacer. sofocante soledad de la realidad de su infancia,
La represión de los brutales abusos y malos pues teme este sentimiento más que a la propia
tratos padecidos en otros tiempos induce, por muerte, a no ser que haya tenido la suerte de sa-
ejemplo, a mucha gente a destruir la vida de otros ber que revivir y tomar conciencia de los senti-
y también la propia, a incendiar casas de ciuda- mientos infantiles no mata, sino libera. Lo que, en
danos extranjeros, a vengarse e incluso a calificar cambio, sí mata a menudo es el rechazo de los
todo esto de «patriotismo» a fin de ocultarse la sentimientos, cuya vivencia consciente podría re-
verdad a sí mismos y no sentir la desesperación velarnos la verdad.
del niño maltratado. Otros prolongan de forma La represión del sufrimiento infantil no sólo

l 16 17
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;
determina la vida del individuo, sino también los
tabúes de la sociedad. y podía perdurar. Pero las vivencias traumáticas de
Las biografías habituales ilustran claramente toda infancia permanecen en la oscur i da d.
este hecho. Al leer biografías de artistas famosos, Ocultas en esas tinieblas permanecen asimismo
por ejemplo, vemos que sus vidas comienzan en las claves para la comprensión de toda la vida ul-
terior .
algún punto más o menos cercano a la pubertad.
Antes, el artista pudo haber tenido una infancia
«feliz», «dichosa» o «sin preocupaciones», o bien
una niñez «llena de privaciones» o de «estímu-
los», pero cómo pudo ser la infancia de ese indi-
viduo es algo que parece carecer de todo interés.
¡Como si en la infancia no estuvieran oculta las
raíces de toda la vida! Quisiera ilustrar lo dicho
con ayuda de un pequeño ejemplo:
Henry Moore escribe en sus Memorias que,
siendo todavía muy niño, le permitían friccionar
la espalda de su madre con aceite antirreumá-
tico. Al leer esto, se me abrió de pronto una vía
de acceso totalmente personal a la obra plásti-
ca de Moore. En las mujeres grandes y yacentes,
de cabeza pequeña, vi a la madre con los ojos del
niño que reduce la cabeza materna de acuerdo
con su perspectiva y concibe la espalda cerca-
na como algo gigantesco. Puede que esto tenga
sin cuidado a muchos críticos de arte. Para mí,
en cambio, es sintomático de la intensidad con
que las vivencias de un niño perduran en el in-
consciente, y de las posibilidades de expresión
que pueden encontrar cuando el adulto es libre
de hacerlas valer.

.,. 18 Ahora bien, el recuerdo de Moore era inocuo

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envidiados , cosechan éxitos allí donde lo consi-
El pobre niño rico
deran importante, pero de nada les sirve todo
esto. Detrás acechan la depresión, la sensación de
vacío y de autoextrañamiento, de vivir una exis-
tencia absurda... en cuanto se esfuma la droga de
la grandiosidad, en cuanto dejan de estar on top,
Antes no podía evitar preguntarme si algún día de tener la seguridad de la superestrella, o cuando
1
nos sería posible captar la dimensión exacta de la los invade el repentino sentimiento de haber fa-
soledad y del abandono a los que estuvimos ex- llado ante cualquier imagen ideal que tengan de
puestos cuando niños. Entretanto sé que es posible. sí mismos. Y entonces son ocasionalmente tortu-
No me refiero aquí a los niños que, a ojos vistas, rados por miedos o serios sentimientos de culpa
crecieron sin cuidados y que se han hecho o de vergüenza. ¿Cuáles son los motivos de un
adultos con esta certeza. Me refiero más bien al trastorno tan profundo en este tipo de personas
elevado número de personas que llegan a. la te- dotadas?
rapia con la imagen de esa infancia feliz y pro- Ya en la primera sesión le hacen saber a quien
tegida que les vio crecer. Se trata de pacientes con los escucha que tuvieron padres comprensivos, al
muchas posibilidades, e incluso con talentos que menos parcialmente, y que, si alguna vez les ha
desarrollaron posteriormente y cuyas dotes y ren- faltado comprensión por parte de quienes les ro-
dimientos también han sido alabados con fre- deaban, esto se debía, en su opinión, a ellos mis-
cuencia. Casi todos estos niños controlaban su mos, al hecho de que no podían expresarse de
micción ya en el primer año de vida, y muchos forma adecuada. Presentan sus primeros recuer-
ayudaban con habilidad, entre el año y medio y dos sin compasión alguna para con el niño que,
los cinco años, a cuidar de sus hermanitos me- en su momento, ellos también fueron, lo cual re-
nores. sulta tanto más sorprendente cuanto que dichos
Según la opinión preponderante, estas perso- pacientes no sólo poseen una manifiesta capaci-
nas -orgullo de sus padres- deberían tener una dad de introspección, sino que, además, pueden
autoconciencia sólida y estable. Pero ocurre pre- compenetrarse con relativa facilidad con otras
cisamente lo contrario. Todo cuanto emprenden personas. Sin embargo, su relación con el mundo
f les queda entre bien y excelente, son admirados y sentimental de su infancia se caracteriza por la

l falta de respeto, el control obligatorio, la mani-


pulación y el rendimiento a presión. No es raro

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que en ellos se manifiesten el desprecio y la iro- 5. Los padres que no tuvieron este clima en su
nía, que pueden llegar hasta la burla y el cinismo. infancia se hallan necesitados, es decir, que bus-
En todos se advierte, además, la ausencia total de carán toda la vida aquello que sus propios padres
una auténtica comprensión emocional de su pro- no pudieron darles en el momento debido: un ser
pio destino infantil, que no es tomado en serio, que les acepte, comprenda y tome en serio.
así como una desprevención absoluta en lo que 6. Esta búsqueda no puede, desde luego, aca-
respecta a las necesidades realmente propias, si- bar bien del todo, pues guarda relación con una
tuadas más allá de la obligación de rendir. La in- situación irrevocablemente pasada, es decir, la pri-
teriorización del drama originario se cumple en mera etapa posterior al nacimiento.
forma tan perfecta que la ilusión de la infancia fe- 7. Pero una persona con una necesidad insa-
liz puede ser salvada. tisfechae inconsciente -porque rechazada- se
Para poder describir el clima psíquico de una verá sometida, mientras no conozca la historia re-
infancia . semejante, quisiera formular primero primida de su propia vida, a una compulsión que
unos cuantos presupuestos de los cuales parto. intenta satisfacer esta necesidad recurriendo a
1. Es una necesidad peculiarísima del niño, des- vías sustitutivas.
de el principio, el ser visto, considerado y tomado 8. Los más predispuestos a ello son los pro-
en serio como lo que es en cada caso y momento. pios hijos. Un recién nacido depende de sus pa-
2. «Lo que es en cada caso y momento» se re- dres venga lo que viniere. Y como su existencia
fiere a: sentimientos, sensaciones y la expresión de depende de que consiga o no el afecto de éstos,
ambas cosas ya en el lactante. hará todo lo posible por no perderlo. Desde el pri-
3. En una atmósfera de respeto y tolerancia mer día pondrá en juego todas sus posibilidades,
para con los sentimientos del niño, éste puede re- como una planta pequeña que se vuelve hacia el
a
nunciar a su simbiosis con la madre en la fase de sol para sobrevivir.
separación y dar los pasos necesarios para lograr
su autonomía.
4. Para que estos presupuestos del desarrollo A lo largo de mis veinte años de actividad
sano fueran posibles, los padres de estos niños como terapeuta me he visto confrontada sin cesar
tendrían que haber crecido también en un clima con un destino infantil que me parece significa-
parecido. Estos padres transmitirían a su hijo la tivo para personas con profesiones que suponen
sensación de seguridad y protección en la que algún tipo de ayuda a los demás.
puede medrar su confianza. 1. Es el caso, por ejemplo, de una madre pro-

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fundamente insegura en el plano emocional, que, impulsó luego al adulto a ejercer una profesión
para mantener su equilibrio sentimental, depen- asistencial, se hallan también las raíces del tras-
día de un comportamiento determinado o de torno.
cierta manera de ser de su hijo. Esta inseguridad Este trastorno lleva una y otra vez a estos
podía muy bien quedar oculta, de cara al niño y a «asistentes» a querer satisfacer con personas sus-
todo el entorno, tras una fachada de dureza, titorias las necesidades no satisfechas en la infan-
autoritarismo e, incluso, totalitarismo. cia.
2. A esto se añadía una asombrosa capacidad
del niño para captar y responder con intuición, o
sea, también en forma inconsciente, a esta nece-
sidad de la madre o de ambos padres, es decir,
para asumir la función que inconscientemente se
le encomendaba.
3. De este modo el niño se aseguraba el
«amor» de los padres. Sentía que lo necesitaban,
y eso daba justificación existencial a su vida. La
capacidad de adaptación se amplía y se perfec-
ciona, y los niños en cuestión no sólo se convier-
ten en madres (confidentes, consoladores, conse-
jeros, puntos de apoyo) de sus madres, sino que
también asumen responsabilidades de cara a sus
hermanos y acaban desarrollando una sensibili-
dad muy particular para captar ciertas señales in-
conscientes de las necesidades del otro. No es de
extrañar, pues, que más tarde elijan a menudo la
profesión de psicoterapeuta. Pues, ¿quién, sin esta
prehistoria, pondria tanto interés en intentar des-
cubrir todo el tiempo lo que ocurre en el incons-
ciente de otros? Sin embargo, en la ampliación y
el perfeccionamiento de esta capacidad perceptiva
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que, en su momento, ayudó al niño a sobrevivir e
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descubrieran nada» al ver, a los ocho años, a su
El mundo perdido de los sentimientos madre embarazada; que no sintieran «ningún
tipo)) de celos cuando nació su hermanito; que, a
la edad de dos años, al haberse quedado solos du-
rante los años de ocupación, tolerasen la irrup-
ción de grupos militares y los allanamientos de
morada sin llorar, tranquilos y «muy valientes».
Ya habían desarrollado todo un arte para man-
tener alejados de sí los sentimientos, pues un niño
La adaptación temprana del lactante lleva a la sólo podrá vivenciarlos si tiene a su lado a una
necesaria represión de las necesidades que el niño persona que lo acepte, comprenda y acompañe
tiene de amor, respeto, eco, comprensión, soli-
con estos sentimientos. Si esto falla, si el niño
daridad y reflejo. Lo mismo puede decirse de las
debe arriesgarse a perder el amor de su madre, o
reacciones afectivas ante los fracasos serios; ello
de quien la sustituya, no podrá vivenciar en se-
conduce a que determinados sentimientos propios
creto, «para sí solo», las reacciones más naturales
(como, por ejemplo, los celos, la envidia, la ira, el
en el plano de los sentimientos: tendrá que repri-
abandono, la impotencia o el miedo) no puedan
mirlas. Pero éstas permanecen en su cuerpo al-
vivirse en la infancia ni luego en la edad adulta.
macenadas como informaciones.
Esto resulta tanto más trágico cuanto que, en este
A lo largo de toda la vida posterior de esta per-
caso, se trata de personas capacitadas para vi- vir sona, estos sentimientos podrán resurgir como
sentimientos diferenciados. Uno lo advierte una reclamación al pasado pero sin que el con-
cuando describen aquellas vivencias de su infan- texto original resulte comprensible. Descifrar su
cia carentes de dolor y de angustia. Por lo general sentido sólo es posible cuando se logra la unión
se trata de v,ivencias relacionadas con la natura- de la situación originaria con los intensos senti-
leza, que ellos podían experimentar sin herir a sus mientos revividos en el presente. Los nuevos y re-
padres ni crearles inseguridad , sin mermar su po- veladores métodos terapéuticos toman como pun-
der ni poner en peligro su equilibrio. Sin em- to de partida esta regularidad y nos permiten sacar
bargo, llama mucho la atención que estos niños provecho de ella.
tan atentos y sensibles, capaces de recordar exac-
Tomemos como ejemplo la sensación de aban-
tamente cómo, por ejemplo, a la edad de cuatro
dono. No la sensación de una persona adulta que
años descubrieron la luz del sol en el resplandor de
se siente sola y por ello ingiere pastillas, toma
la hierba, no mostraran curiosidad alguna «ni
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drogas, va al cine, busca a conocidos o hace lla- rapia, esas viejas sensaciones de abandono emer-
madas telefónicas innecesarias para superar de al- gen en el adulto, se presentan con un dolor y una
gún modo el «bache)>. No, estoy refiriéndome a la desesperación tan intensos que nos damos per-
sensación originaria del niño pequeño, que des- fecta cuenta de una cosa: aquella gente no habría
conoce todas estas posibilidades de distraccióny sobrevivido a sus dolores. Para ello hubieran ne-
cuyos mensajes, verbales o preverbales, no llega- cesitado un entorno empático y concomitante del
ban a los pad res. No porque tuviera padres es- cual carecían. De ahí que hubiera que rechazar
pecialmente malos, sino porque los padres mis- todo eso. Pero afirmar que no estaba ahí supon-
mos tenían sus necesidades, dependían de un eco dría negar una serie de experiencias obtenidas en
determinado del niño, necesario para ellos, que las respectivas terapias.
en el fondo eran también, a su vez, niños en En la defensa contra la sensación de abandono
busca de un ser humano disponible. Y, por pa- de la primera infancia, por ejemplo, encontramos
radójico que esto pueda parecernos... un niño es muchos mecanismos. Junto a la simple renegación
algo disponible. Un niño no se nos puede escapar, tropezamos por lo general con la lucha perma-
como en otros tiempos nuestra propia madre. Po- nente y agotadora por conseguir, con la ayuda de
demos educar a un niño para que sea como nos símbolos (drogas, grupos, cultos de todo tipo, per-
gustaría que fuese. Podemos hacer que un niño versiones), la satisfacción de las necesidades re-
nos respete, podemos imponerle nuestros propios primidas y entretanto pervertidas. A menudo tro-
sentimientos, reflejarnos en su cariño y admira- pezamos con intelectualizaciones, pues ofrecen
ción, podemos sentirnos fuertes a su lado, enco- una protección de gran fiabilidad, que, sin em-
mendarlo a una persona extraña cuando nos re- bargo, puede resultar fatal cuando el cuerpo
sulte excesivo: al final nos sentiremos el centro de -como en el caso de enfermedades graves-
la atención ,. pues los ojos del niño seguirán cada asume la plena responsabilidad [cf. mis comen-
paso de su madre. Si una mujer ha tenido que tarios sobre la enfermedad de Nietzsche en La
ocultar y reprimir todas estas necesidades ante su llave perdida, y en Der Abbruch der Schweige-
madre, al ver a su propio hijo, por más educada que mauer, 1990] .
sea, esas necesidades se agitarán en las pro- Todos estos mecanismos de defensa se presen-
fundidades de su inconsciente y exigirán ser sa- tan acompañados por la represión de la situación
tisfechas. El niño lo advertirá claramente y muy originaria y de los sentimientos respectivos.
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pronto dejará de manifestar su propia necesidad. La adaptación a las necesidades de los padres
Pero cuando, más tarde, en el curso de la te- conduce a menudo (aunque no siempre) al des-
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arrollo de la «personalidad-como-si>, o de lo que «Veo una pradera verde y, en ella, un ataúd


con frecuencia se ha descrito como el «falso Yo ». blanco. Temo que mi madre esté encerrada en él,
La persona desarrolla una conducta en la que pero abro la tapa y, por suerte, no es mi madre,
sólo muestra lo que de ella se desea, y se fusiona sino yo mismo ».
totalmente con lo mostrado. El verdadero Yo es
incapaz de desarrollarse y diferenciarse porque Si, de niño, Kurt hubiera tenido la posibilidad
no puede ser vivido. Es perfectamente compren- de manifestar sus decepciones con respecto a la
sible que estos pacientes se quejen de sensacio- madre, es decir, de vivir también sentimientos de
nes de vacío, absurdo o derelicción, pues ese vacío ira y rabia, habría permanecido vivo. Pero esto
es real. De hecho, se produjo en ellos un vacia- hubiera llevado a la madre a retirarle su amor,
miento, un empobrecimiento, una matanza par- lo cual para un niño equivale a la muerte. De modo
cial de posibilidades. La integridad del niño fue que « mata », pues, su ira y con ella un trozo de su
herida, y de ese modo se recortó lo vivo y espon- propia alma, a fin de conservar a la madre.
táneo. De esta dificultad de vivir y desarrollar senti-
De niños, estas personas solían tener sueños mientos propios y auténticos, resulta una penna-
en los que se sentían en parte muertas. Quisie- nencia de la ligazón que no permite delimitación
ra ofrecer aquí dos ejemplos de estos sueños. alguna. Pues los padres han encontrado en el
falso Yo del niño la aprobación que buscaban,
«Mis hermanitos están en un puente y arrojan una sustitución de la seguridad que les faltaba, y
una caja al río. Sé que estoy encerrado en ella, el niño, que no ha podido construir seguridad
muerto; pero siento latir mi corazón y siempre propia alguna, sigue dependiendo de sus padres,
me despierto en ese momento.» primero conscientemente y luego a nivel incons-
., ciente. El niño no puede confiar en sentimientos
Este sueño recurrente conjuga las agresiones propios, no ha hecho ninguna experiencia en ese
inconscientes (envidia y celos) frente a los her- campo, desconoce sus verdaderas necesidades y
manitos, para los que Lisa siempre había sido una es un perfecto extraño ante sí mismo. En esta si-
«madre» previsora, con la «m atan za » de los pro- tuación no puede separarse de sus padres, y tam-
pios sentimientos, deseos y reivindicaciones, rea- bién en la edad adulta dependerá constantemente
lizada con ayuda de la formación reactiva. Kurt, de la aprobación de las personas que representen
veintisiete años, sueña: a los «padres», tales como parejas, grupos y, sobre
todo, sus propios hijos. Los herederos de los pa-

30 31

/ . ..°J?.:/,

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dres son los recuerdos inconscientes y reprimidos En busca del verdadero Yo
que nos obligan a ocultar profundamente el ver-
dadero Yo ante nosotros mismos. Y así,a la so-
ledad en la casa paterna, seguirá el posterior ais-
lamiento dentro de nosotros mismos.

¿Cómo puede ayudar la psicoterapia en estos


casos? No puede devolvernos nuestra infancia
perdida, no puede modificar hechos ni anularlos.
Con ilusiones no pueden curarse heridas. El pa-
raíso de la armonía preambivalente, en el que tan-
tos heridos depositan sus esperanzas, resulta inal-
canzable. Pero la experiencia de la propia verdad
y su conocimiento postambivalente posibilitan, en
una fase adulta, el retorno al propio mundo afec-
tivo... sin paraíso, pero con la capacidad de sentir
el duelo , que nos devuelve nuestra vitalid ad .
Entre los puntos de inflexión de la terapia se
cuenta la toma de conciencia emocional por parte
de ciertas personas en el sentido de que todo el
amor que con tanto esfuerzo y autoentrega con-
quistaran no tenía por objeto ese ser que en rea-
lidad eran ellos; de que la admiración por su be-
lleza y sus logros tenía por objeto la belleza y esos
mismos logros, y no realmente al niño tal corno
era. En la terapia, el niño pequeño y solitario se
despierta detrás de su rendimiento y se pregunta:
«¿Qué habría ocurrido de haberme presentado
ante vosotros como un ser malo, feo , colérico , ce-
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32
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loso, atolondrado? ¿Qué hubiera sido de vuestro
sarcasmos, aunque de forma inconsciente sigan
amor? Y, sin embargo, yo he sido también todo siendo atropelladas o, sencillamente, descuidadas.
aquello. ¿Querrá esto decir que, en realidad, no Esto sucede de la misma forma sutil en que los
fui yo el amado, sino aquello que yo mismo fingía padres lo hacían antes con el niño, cuando éste
ser? ¿Aquel niño sensato, fiable, sensible, com- no poseía aún lenguaje alguno para expresar sus
prensivo y nada problemático que, en el fondo, no necesidades. Como niño grande, tampoco le es-
era nada niño? ¿Qué ha ocurrido con mi infancia? taba permitido decir, y ni siquiera pensar: «Podré
¿No me ha sido acaso escamoteada? Nunca podré estar triste o contento cuando algo me ponga triste
volver a ella. Jamás podré recuperarla. Desde un o contento, pero a nadie le debo una alegría
principio fui un pequeño adulto. Mis capacida- ni tampoco tengo por qué suprimir mi aflicción,
des... ¿no fueron sencillamente objeto de un temor o cualquier otro sentimiento en función de
abuso?». las necesidades de otros. Puedo ser malo, y nadie
Estas preguntas van ligadas a una gran dosis se morirá ni tendrá dolor de cabeza por ello;
de duelo y de dolor antiguo y hace tiempo repri- puedo tener rabietas si me hacéis daño, sin per-
mido, pero, gracias a ellas, se alza siempre una deros a vosotros, padres míos».
nueva instancia interior (como un heredero de
En cuanto el adulto puede tomar en serio sus
aquella madre que nunca existió): la empatía
sentimientos actuales empieza a darse cuenta de
-surgida delduelo- para con el propio destino. la manera en que había actuado antes con sus
En una fase semejante, un paciente soñó que ha- sentimientos y necesidades, y de que ésta había
cía treinta años había dado muerte a un niño sin sido su única posibilidad de supervivencia. Se
que nadie lo hubiera ayudado a salvarlo. (Treinta sentirá aliviado cuando perciba en sí mismo cosas
años antes, quienes rodeaban al niño se sorpren- que hasta entonces había estado acostumbrado a
dieron de. que éste se volviera hermético, de que reprimir. Cada vez verá más claramente cómo,
fuera valiente y educado, pero no manifestara para protegerse, a veces se burla de sus senti-
emociones de ningún tipo.) miento se ironiza sobre ellos, cómo intenta eva-
Ahora bien, resulta evidente que, tras varias dirlos o bien los trivializa o no se hace cargo de
décadas de silencio, el verdadero Yo puede des- ellos, o tal vez sólo los percibe al cabo de varios
pertar a la vida con la recién adquirida capacidad días, cuando ya han pasado. Poco a poco, el
de sentir. mismo interesado irá dándose cuenta de cómo
A partir de entonces, sus manifestaciones de- busca distracción compulsivamente cuando se en-
jan de ser trivializadas, de ser objeto de burlas o cuentra triste, inquieto o conmovido. (Cuando
34
35
O le molesta ver caras nuevas en la sala de espera.
murió la madre de un niño de seis años, su tía le
¿Por qué? Desde luego no por celos. Es un senti-
dijo: «Hay que ser valiente y no llorar; ahora vea
miento que desconoce del todo. Y, sin embar-
tu habitación y ponte a jugar».) En muchas situa-
go... «¿Qué buscan éstos por aquí? ¿Viene aquí más
ciones él se sigue percibiendo a partir de los otros,
gente aparte de mí?» Hasta entonces no lo ha-
preguntándose a cada momento qué impresión
bía notado. Celosos sólo podían ser los demás;
causará, cómo deberla ser ahora, qué sentimientos
él, de ninguna manera. Y resulta que ahora los
debería tener. En líneas generales, sin embargo, el verdaderos sentimientos son más fuertes o más
paciente se siente ahora un poco más libre. poderosos que las normas de la buena educación.
Una vez que ha comenzado, el proceso natural
Por suerte. Pero no resulta fácil descubrir de in-
de la terapia continúa. La persona en tratamiento
mediato los verdaderos motivos de la rabia por-
empiezaa articularse y rompe con su docilidad
que al principio se dirigen contra personas que
acomodaticia, aunque, debido a sus experiencias
quieren ayudarnos, por ejemplo, contra los tera-
infantiles, no pueda creer que esto sea posible sin
peutas y nuestros propios hijos, contra personas
poner en peligro la vida. A partir de su antigua
que nos dan menos miedo y son, sin duda, los de-
experiencia, espera y teme el rechazo, la repri-
sencadenantes, mas no los causantes de la rabia.
menda o el castigo cuando se defiendeo aboga
Al principio le resultará humillante no ser sólo
por sus derechos, para luego vivir unay otra vez
bueno, comprensivo, generoso, moderado y, sobre
la liberación que supone poder soportar el riesgo
todo, carente de necesidades, si, hasta entonces,
y defender su propia causa. Este proceso puede
la autoestima se había apoyado exclusivamente
empezar en forma totalmente inocua. Uno es sor-
en todo esto. Pero tendremos que abandonar este
prendido por sentimientos que hubiera preferido
edificio del autoengaño si de verdad queremos
no advertir, pero ya es demasiado tarde, la recep-
ayudarnos. No siempre somos tan culpables como
tividadp a ra .l a s emociones propias ha quedado al
nos sentimos, ni tampoco tan inocentes como nos
descubierto y volver atrás se hace imposible.
gustaría creer que somos. Sin embargo, esto no lo
Y, entonces, el niño que alguna vez fue intimi- sabremos mientras vivamos sin sen timientos, con-
dadoy condenado al silencio, podrá vivirsea sí fusos, mientras no conozcamos con precisión
mismo como nunca lo había creído posible. nuestra propia historia. No obstante, la confron-
El hombre, que hasta entonces nunca había
tación con la propia realidad ayuda a desmon-
sido exigente y satisfacía incansablemente las exi-
tar ilusiones que han mantenido oculta la visión
gencias de los otros se pone de pronto furioso
del pasado y a ver las cosas con más claridad.
porque el terapeuta vuelve a «tomar vacaciones».
37
36

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Cuando descubrimos en el presente nuestra cul- vertirá conmigo? ¿Qué tengo yo que prefiere ver
pabilidad real, tenemos que disculpamos ante el per ju a otra gente? ¿Qué puedo hacer para que se que-
d ica do. Así quedamos libres para eliminar de? ¡Sobre todo no llorar! ¡Sobre todo no llorar!».
los sentimientos de culpa inconscientesy no jus- En aquel momento, el niño no podía pensar
tificados de la infancia. Pues, aunque no éramos en lo que estaba diciendo, pero al cabo del tiempo
culpables de las crueldades vividas, nos sentíamos aquella persona pasó a ser ambas cosas: el adulto
y también el niño de dos años, y fue capaz de llo-
responsables de ellas.
Este sentimiento de culpa pertinaz, destructor rar con amargura. No era un llanto catártico, sino
e irreal, sólo puede elaborarse si no lo rechaza- la integración de su deseo temprano por la ma-
mos mediante una nueva culpa real en el pre- dre, del que él, hasta entonces, siempre había re-
sente. Muchas personas transmiten a otros la negado. Durante las semanas siguientes el pa-
crueldad vivida en otros tiempos,y obtienen así ciente experimentó la torturante rabia ante su
la imagen idealizada de sus padres. En el fondo madre, que había sido una pediatra de gran éxito
siguen siendo unos niños pequeñosy dependien- profesional y no había podido darle continuidad
tes, inclusoa una edad avanzada. No saben que alguna en la relación. «Detesto a esos canallas
podrían ser más auténticos y sinceros consigo eternamente enfermos que siempre me han de-
mismosy con los demás si se permitieran read- jado sin ti, madre. Te odio, porque prefería s estar
con ellos que conmigo.» En este caso se mezcla-
mitir viejos sentimientos de la infancia.
Cuanto más a fondo podamos admitiry vivir ron sensaciones de desamparo con la rabia largo
sentimientos tempranos, más fuerte. sy coherentes tiempo contenida ante la madre no disponible.
nos sentiremos. De este modo podremos expo- Gracias a la vivencia, al esclarecimiento y a la jus-
nernosa sentimientos de nuestra más temprana tificación de los sentimientos violentos, desapa-
infanciay e,x p erim entar el desamparo de aquella recieron una serie de síntomas que torturaban ha-
etapa, cosa que, por otra parte, consolida nuestra cía tiempo al paciente y cuyo sentido ya no
resultó difícil descifrar. Sus relaciones con muje-
seguridad. . res perdieron el marcado carácter de relaciones
Tener sentimientos ambivalentes ante una per-
sona siendo adulto es totalmente distintoa sen- de poder, y la compulsión a conquistar y aban-
tirse, de pronto, tras una larga prehistoria, como donar fue desapareciendo con el tiempo.
un niño de dos años que, mientras la criada le da Todos los sentimientos de impotencia, rabia y
de comer en la cocina, piensa desesperado: «¿Por abandono son vividos en la terapia con una in-
qué saldrá mamá cada tarde? ¿Por qué no se di- tensidad que antes hubiera sido impensable. Van

39
38

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abriendo poco a poco, hacia los recuerdos repri-
los sentimientos que la censura interior, heredera
midos, la puerta hasta entonces cerrada con cerro-
de los padres, tolera y admite. La depresióny el
jo. Sólo puede recordarse lo que se ha vivido
vacío interior constituyen el precio que hay que
conscientemente. Pero el mundo afectivo de un
pagar por este control. El verdaderoYo no puede
niño herido en su integridad es ya el resultado de
comunicarse porque ha permanecido en un plano
una selección en la que lo esencial quedó elimi-
inconsciente, y por ende no desarrollado, en una
nado. Sólo en la terapia se experimentan conscien-
cárcelin ter i or . El trato con los guardianes de esa
temente y por primera vez estos sentimientos tem- cárcel no favorece un desarrollo vivo. Sólo des-
pranos, acompañados por el dolor del no-poder- pués de la liberación empieza el Yoa articular-
comprender propio del niño pequeño. De ahí que se, a crecery a desarrollar su creatividad.Y allí
1 I· siempre parezca un milagro observar cómo, pese donde antes sólo era posible encontrar el temido
r a todo, han podido sobrevivir y manifestarse tan- vacíoo los temidos fantasmas de la grandiosidad,
td tos elementos propios detrás de semejante defor- se abre una riqueza vital realmente inesperada.
mación, renegación y autoalienación, cuando se No es una vuelta al hogar, pues éste nunca había
1¡ encontró el acceso a los sentimientos. No obs- existido. Es el descubrimiento de un hogar.
1 tante, sería desorientador pretender que, detrás
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1
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del falso Yo, se oculte conscientemente un ver-
dadero Yo desarrollado. Pues el niño no sabe lo
Ir
fl que oculta. Kurt formuló el problema en los si-
guientes términos: «Yo vivía en un invernadero de
cristal al que mi madre podía echar una ojeada en
cualquier momento. En un invernadero es impo-
sible ocultar nada sin traicionarse, salvo deba-
jo del suelo. Pero entonces uno mismo tampoco
lo ve».
Una persona adulta sólo puede vivir sus sen-
timientos si en la infancia tuvo padres o sustitutos
de los padres que le prestaban atención. Esto es
algo que les falta a las personas maltratadas en la
infancia, y por eso no pueden ser sorprendidas
por sentimientos, pues sólo tienen acceso a ellos
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40
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La situación del psicoterapeuta
tir de vivencias propias lo que significa «haber
traicionado» a su Yo.
Así pues, creo que nuestro destino podría ca-
pacitarnos para ejercer la profesión de psicotera-
peuta, pero sólo con la condición de que, en la
propia terapia, se nos dé la posibilidad de vivir
con la verdad de nuestro pasado y renunciar a las
más burdas ilusiones. Esto supondría aceptar
Se oye afirmar a menudo que el psicotera-
la idea de que nosotros, a costa de nuestra au-
peu ta padece de un trastorno de su vida afectiva.
torrealización, nos vimos obligados a satisfacer
Las explicaciones precedentes han querido dejar
las necesidades inconscientes de nuestros padres
en claro hasta qué punto esta afirmación podría
para no perder lo poco que teníamos. Supondria
apoyarse en hechos certificados por la experien-
además poder vivir la rebelión y el duelo ante la
cia. Su sensibilidad, su capacidad de compenetra-
no disponibilidad de los padres de cara a nuestras
ción, su excesiva provisión de «antenas» indican
necesidades primarias. Si nunca hemos vivido
que de niño fue, cuando no abusivamente explo-
nuestra desesperación y la rabia inconsolable que
tado, sí utilizado por personas con necesidades.
de ella deriva, y, por consiguiente, nunca las he-
Claro está que, a nivel teórico, existe la posi-
mos elaborado, podemos correr el riesgo de trans-
bilidad de que un niño haya crecido junto a unos
ferir al paciente la situación de nuestra propia
padres que no tuvieran necesidad de semejante
infancia, que ha permanecido a nivel inconscien-
abuso, es decir, que vieran y entendieran al niño
te. Y nadie se asombraría de que necesidades in-
en su esencia, que toleraran y respetaran sus sen-
conscientes hondamente reprimidas puedan llevar
timientos. Este niño habría desarrollado luego un
al terapeuta a disponer de un ser más débil en lu-
sano sentimiento de autoestima. Sin embargo, ape-
gar de los padres. Esto es fácilmente realizable
nas cabe suponer:
con los propios hijos, con subordinados y con
1. que vaya a seguir luego la profesión de psi-
coterapeuta; pacientes que, a veces, dependen de su terapeuta
como niños.
2. que llegue a constituir y a desarrollar la
Un paciente con «antenas>) para captar el in-
sensibilidad adecuada para captar al otro tal
consciente del terapeuta reaccionará muy pronto
como lo hacen los niños «utilizados»;
ante ello. Pronto se «sentirá» autónomo y se com-
3. que llegue a entender suficientemente a par-
portará como tal cuando intuya que para el te-
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43

,w., ..... ,.
rapeuta es importante recibir pacientes con una me parece la eliminación de la represión. Tene-
conducta segura y que se independicen pronto. mos que conocer emocionalmente nuestro pasado
Puede hacerlo, podrá hacer todo cuanto se espe- no sólo como padres, sino también como terapeu-
re de él. Pero esta autonomía desembocará en la tas. Tenemos que aprender a vivir y esclarecer
depresión, porque no es auténtica. La auténtica nuestros sentimientos infantiles para que ya no
viene precedida por la experiencia de la depen- tengamos necesidad de manipular inconsciente-
dencia. La auténtica liberación sólo se encuentra mente a nuestros pacientes a partir de nuestras
más allá del sentimiento, profundamente ambi- teorías, y dejar que lleguen a ser lo que son. Sólo
valente, de la dependencia infantil. Los deseos del la vivencia dolorosa y la aceptación de la propia
terapeuta de obtener aprobación y eco, así como verdad nos libera de la esperanza de encontrar,
de ser comprendido y tomado en serio, son satis- pese a todo, a los padres comprensivos y empá-
fechos por el paciente cuando éste aporta un ma- ticos -tal vez en el paciente-- y poder convertir-
terial que se aviene bien con el bagaje cultural del los, mediante interpretaciones inteligentes, en se-
terapeuta, con sus teorías y, por consiguiente, con res disponibles.
sus expecta tivas. De este modo, el terapeuta prac- Esta tentación no debe menospreciarse. Raras
tica el mismo tipo de manipulación inconsciente a veces, o quizá nunca, nos habrán escuchado nues-
la que también él, de niño, estuvo expuesto. tros propios padres con la atención con que un
Tiempo atrás pudo detectar quizá la manipula- paciente suele hacerlo; nunca nos habrán reve-
ción consciente y liberarse de ella. También lado su mundo interior en forma tan sincera y
aprendió a mantener e imponer sus opiniones. comprensible para nosotros como a veces lo ha-
Pero la manipulación inconsciente nunca puede cen ciertos pacientes. Sin embargo, el trabajo del
ser detectada por un niño. Es el aire que respira, duelo -nunca concluido- de nuestra vida nos
no conoce otro y le parece el único normal. ayudará a no ser víctimas de esta ilusión. Unos
¿Qué ocurre cuando nosotros, como adultos y padres como los que nos hubiera hecho falta en
como terapeutas, no advertimos cuán peligroso su momento -empáticos y abiertos, comprensi-
puede ser este aire? Que de modo irreflexivo ex- vos y comprensibles, disponibles y utili zables ,
pondremos a sus efectos a otras personas, afir- transparentes, claros, sin contradicciones incom-
mando que lo hacemos por su propio bien. prensibles, sin el angustiante cuartito de las, tra-
Cuanto más hondo calo en la manipulación in- moyas-, unos padres así no los hemos tenido
consciente de los niños por sus padres, y de los nunca. Toda madre sólo podrá ser empática
pacientes por los terapeutas, tanto más urgente cuando se haya liberado de su infancia, y tendrá
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que reaccionar de forma no empática en la me- Durante toda su infancia, el hijo había inten-
dida en que renegar de su destino le imponga ca- tado ser alegre y sólo podía vivir su verdadero Yo,
denas invisibles. Lo mismo se puede decir del sus sentimientos y premoniciones, a través de
padre. perversiones compulsivas que, hasta el momento
Lo que sí existe es este tipo de niños: inteli- de la terapia, le habían parecido extrañas, vergon-
gentes, despiertos, atentos, hipersensibles y, por zosas e incomprensibles.
estar totalmente orientados hacia el bienestar de Estamos totalmente indefensos frente a· este
los padres, también disponibles, utilizables y, so- tipo de manipulación durante la infancia. Lo trági-
bre todo, transparentes, claros, predecibles y ma- co es que también los padres se hallarán a merced
nipulables... mientras su verdadero Yo (su mundo de este hecho mientras se nieguen a contemplar
afectivo) permanezca en el sótano de esa casa su propia historia. Sin embargo, en la relación
transparente en la que tienen que vivir, a veces con los propios hijos se perpetúa inconsciente-
hasta la pubertad y, no pocas veces, hasta que mente la tragedia de la infancia paterna cuando
sean padres ellos mismos. la represión sigue sin resolverse.
Así, por ejemplo, Robert, de treinta y un años, Otro ejemplo contribuirá a ilustrar con mayor
no podía, cuando . niño, estar triste ni llorar sin claridad lo expuesto: un padre que de niño se
sentir que iba sumiendo a su querida madre en asustaba con frecuencia de los ataques de angus-
una atmósfera de infelicidad y de profunda inse- tia de su madre, víctima de una esquizofrenia pe-
guridad, pues la «alegría serena» era la cualidad riódica, sin que nadie le diera explicación alguna,
que a ella le había salvado la vida en su niñez. Las disfrutaba contándole a su adorada hija historias
lágrimas de sus hijos amenazaban con romper su de terror. Se burlaba del miedo de· la niña para
equilibrio. Sin embargo, ese hijo sensibilísimo luego tranquilizarla siempre con la siguiente
sentía en sí· mismo todo el abismo oculto tras las frase: es una historia inventada, no tienes por qué
defensas de aquella madre, que de niña había es- sentir miedo, estás en mi casa. De este modo po-
tado en un campo de concentración y jamás le día manipular el miedo de la niña y sentirse
había mencionado este hecho. Sólo cuando el hijo fuerte al hacerlo. Conscientemente quería darle
se hizo mayor y pudo hacerle preguntas, ella le algo bueno a la hija, algo de lo que él mismo ha-
contó que había estado entre un grupo de ochenta bía carecido: tranquilidad, protección, explicacio-
niños que tuvieron que ver cómo sus padres eran nes. Pero lo que . también le transmitía, sin ser
conducidos a la cámara de gas. ¡Y ninguno de consciente de ello, era el miedo de su infancia, la
aquellos niños había llorado! expectativa de una desgracia y la pregunta no es-
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clarecida (también de su infancia): ¿Por qué la de cuestionar una y otra vez tanto estos métodos
persona a quien quiero me da tanto miedo? como también a todos los terapeutas que los prac-
Todo ser humano tiene en su interior un cuar- tican.
tito, más o menos oculto a su mirada, en el que Cuanto mejor conozcamos la historia de nues-
guarda las tramoyas del drama de su infancia. tra vida, mejor podremos detectar las manipula-
Los únicos seres humanos que con seguridad ten- ciones allí donde aparezcan. Es nuestra infancia
drán acceso a este cuartito son sus hijos. Con los la que tan a menudo nos impide hacerlo. Es nues-
propios hijos entrará nueva vida en el cuartito, tra antigua nostalgia, no vivida del todo, de unos
el drama hallará su continuación. En solitario, el padres buenos, sinceros, inteligentes, conscientes
niño no tenía posibilidad alguna de actuar libre- y valientes, la que nos puede inducir a no percibir
mente con esas tramoyas: su propio papel lo ha- la deshonestidad o la inconciencia de los terapeu-
bía fusionado con la vida; tampoco podía salvar tas. Corremos el peligro de tolerar demasiado
recuerdo alguno relacionado con esa «actuación» tiempo las manipulaciones si algunos terapeutas
remitiéndolo a su vida posterior, a no ser con poco honestos saben promocionarse y presentarse
ayuda de la terapia, donde su papel podría resul- como particularmente probos y maduros. Cuando
tarle cuestionable. Las tramoyas le daban miedo la ilusión se corresponde tanto con nuestras ne-
a ratos, no podía relacionarlas con el recuerdo cesidades y urgencias, tardamos más en detec-
consciente de su madre o de su padre. De ahí que tarla. Pero mientras sigamos poseyendo plena-
desarrollara síntomas. Y luego, durante la terapia, mente nuestros sentimientos, esta ilusión tendrá
el adulto puede resolverlos cuando los sentimien- que ser enterrada, tarde o temprano, en favor de
tos ocultos detrás de los síntomas afloran a su la verdad terapéutica.
conciencia: sentimientos de espanto, desespera-
ción y protesta, de recelo y de rabia inconsolable.
No hay nada que proteja a los pacientes contra
las manipulaciones inconscientes de sus terapeu-
tas. Tampoco ningún terapeuta es totalmente in-
mune a tales manipulaciones. Pero el paciente
tiene la posibilidad de hacérselas ver cuando las
descubre, o de dejar al terapeuta si éste perma-
nece ciego e insiste en su infalibilidad. Mis reco-
mendaciones tampoco eximen a nadie de la tarea

48 49

1
El cerebro de oro le amaba, aunque no más que a los preciosos ves-
tidos que de él recibía a manos llenas. Se casó
con ella y fue feliz, pero la esposa murió al cabo
de dos años y, para pagar su entierro, que tenía
que ser grandioso, el marido gastó el resto de for-
tuna que le quedaba. Déb il, pobre e infeliz deam-
bulaba un día por las calles cuando, en un esca-
parate, vio un par de hermosos botines que a su
En las Cartas desde mi molino de Alphonse mujer le hubieran quedado perfectos. Olvidando
Daudet encontré un relato que, aunque parezca que su esposa había muerto -tal vez porque su
un tanto raro, tiene mucho en común con estas cerebro vacío ya no podía trabajar-, entró en la
observaciones. Para concluir este capítulo sobre tienda para comprar los botines. Pero en ese ins-
el niño explotado, quisiera resumir aquí su con- tante cayó a tierra y el vendedor vio en el suelo a
tenido. un hombre muerto.
Érase una vez un niño con un cerebro de oro. Daudet, que habría de morir de una enferme-
Sus padres lo advirtieron por azar cuando, a con- dad de la médula espinal, escribió al final: «Esta
secuencia de una herida en la cabeza, le brotó oro historia parece inventada, pero es real de princi-
en vez de sangre. Empezaron a proteger cuida- pio a fin. Hay personas que tienen que pagar las
dosamente al niño y le prohibieron el trato con cosas más insignificantes de la vida con su sus-
otros niños, para evitar que le robaran. Cuando el tancia y su médula espinal. Se trata para ellos de
niño creció y quiso recorrer mundo, su madre le un dolor eternamente recurrente. Y luego, cuando
dijo: «Hemos hecho tanto por ti que también no- se cansan de padecer...».
sotros deberíamos participar de tus riquezas». El ¿No se cuenta el amor maternal entre las co-
hijo se sacó entonces un gran trozo de oro del ce- sas más «i nsignificantes », pero también más im-
rebro y se lo dio a su madre. Durante un tiempo prescindibles, de la vida, que mucha gente -pa-
vivió a lo grande con su riqueza, en compañía de radójicamente- ha de pagar con la renuncia a su
un amigo que, sin embargo, le robó una noche y espontaneidad vital?
desapareció. El hombre decidió entonces proteger
su secreto en el futuro y trabajar, porque las pro-
visiones disminuían a ojos vistas. Un buen día se
enamoró de una muchacha hermosa que también

50 51

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II
Depresión y grandiosidad:
dos formas de la renegación

..
.:
Destinos de las necesidades infantiles

Todo niño tiene la legítima necesidad de ser


observado, comprendido, tomado en serio y res-
petado por su madre. Durante las primeras se-
manas y meses de vida le es imprescindible poder
disponer de su madre, utilizarla y ser reflejado
por ella. Una imagen de Winnicott ilustra esto
con bella precisión: la madre contempla al niño
que lleva en brazos, el niño contempla la cara de
su madre y se encuentra a sí mismo en ella... su-
poniendo que la madre observe realmente a ese
ser pequeño, único y desamparado, y no proyecte
sobre él sus propias expectativas, sus miedos o los
planes que haya forjado para el niño. En el último
caso, éste descubrirá en el rostro materno no la
,,, imagen de sí mismo, sino las necesidades de la
madre. Él mismo se quedará sin espejo y en vano
lo buscará durante el resto de su vida.

El desarrollo sano

A fin de que una mujer pueda darle a su hijo


lo que le es indispensable para toda la vida, es im-

55

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j"'

'fi
11¡
i' prescindible que no se la separe del recién nacido. miento de dicha técnica, sino también la que se
J'. La distribución hormonal que despierta y «ali- practica en los grandes hospitales generales, de

1. menta» su instinto maternal se produce inmedia- suerte que pronto redunde en beneficio de todos.
,¡i ,¡, tamente después del parto y se prolonga en los días Una mujer que experimente el bonding con su
y semanas siguientes gracias a la familiaridad cada hijo correrá menos peligro de abusar de él, y es-
vez mayor con su hijo. Si el niño es separado de la tará en mejores condiciones de protegerlo de los
madre, como era normal hasta hace poco en casi malos tratos del padre.
todas las clínicas, y sigue ocurriendo hoy día en Pero también una mujer que debido a su pro-
todo el mundo por comodidad e ignorancia, la ma- pia historia reprimida no haya tenido ese contacto
dre y el niño habrán perdido su gran oportunidad. con su hijo, podrá ayudar más tarde al niño a su-
El bonding (contacto ocular y epidérmico en- perar esa carencia si, gracias a su terapia y a la
tre la madre y el recién nacido después del parto) superación de su represión, toma conciencia de
les da a ambos la sensación de ser una sola per- la importancia de dicha carencia. También podrá
sona, una unidad que, de un modo natural, ya es- compensar las consecuencias de un parto difícil si
taba idealmente presente en el momento de la no las trivializa y es consciente de que un niño que
procreación y que luego creció con el niño. Ese haya sufrido un serio trauma al comienzo de su
contacto da a la criatura la seguridad y protección vida necesita una atención y dedicación especiales
necesarias para que pueda confiar en su madre para superar el miedo ante lo ya sucedido.
y le transmite a ésta una seguridad instintiva que Si un niño tiene la suerte de crecer junto a una
la ayuda a entender y dar respuesta a las señales madre que lo refleje y esté disponible, es decir,
de su hijo. Esta primera familiaridad mutua se que resulte funcionalmente «utilizable)> para el
vuelve luego irrecuperable, y su carencia puede desarrollo del niño, poco a poco irá surgiendo en
impedir muchas cosas desde el principio. él, a medida que se haga grande, una sana auto-
r¡ El conocimiento científico de la importancia conciencia. En el mejor de los casos es también
decisiva del bonding es aún muy reciente.* Cabe la madre quien brinda un clima afectivo cálido y
esperar, sin embargo, que no sólo la obstetricia de comprensión de las necesidades del niño, aun-
practicada en las maternidades tome conoci- que las madres no demasiado afectivas también
pueden hacer posible esta evolución, limitándose
* Entre los numerosos libros de información sobre este tema simplemente a no impedirla. El niño, entonces,
(Janus, Leboyer, Odent, Stern), el libro de Desmond Morris me parece
el más útil para padres que esperan un hijo. (Desmond Morris, Baby- puede buscar en otras personas aquello que le
watching, Londres, Jonathan Cape, 1991.) falta a su madre. Diversas investigaciones han

56 57

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puesto de manifiesto esta inaudita capacidad del tará satisfacer sus propias necesidades con ayuda
niño para utilizar cualquier «alimento» afectivo, de su hijo. Esto no excluye una entrega afectiva,
cualquier estímulo de su entorno por pequeño pero a esta relación explotadora le faltan com-
que sea. ponentes de vital importancia para el niño, tales
Por autoconciencia sana entiendo la incuestio- como fiabilidad, continuidad y constancia, y le
nable seguridad de que los sentimientos y deseos falta sobre todo ese espacio donde el niño podría
experimentados pertenecen al propio Yo. Esta se- vivir sus propios sentimientos y sensaciones. De-
guridad no es reflejada sino que está allí, como sarrollará, por tanto, algo que la madre necesita
el pulso, que pasa inadvertido mientras no se al- y que, si bien entonces le salva la vida (el amor
tera. de la madre o del padre), suele impedirle ser él
En esta vía de acceso, no reflejada y evidente, mismo durante toda su vida. En este caso, las ne-
hacia sus propios deseos y sentimientos, encuen- cesidades naturales propias de la edad del niño
tra el ser humano su asidero y su autoestima. Allí no pueden ser integradas, sino que son escindidas
le estará permitido vivir sus sentimientos, estar o reprimidas. Esta persona vivirá más tarde, sin
triste, desesperado o falto de ayuda, sin temor a saberlo, en su pasado.
crear inseguridad a nadie. Le será lícito tener La mayoría de las personas que me han pe-
miedo al verse amenazado o ser malo cuando no dido ayuda debido a depresiones tenían, por lo
pueda satisfacer sus deseos. Sabrá no sólo qué general, madres inseguras en grado sumo que a
no quiere, sino también qué quiere, y podrá ex- menudo padecían ellas mismas d_e depresiones y
presarlo sin que le importe ser amado u odiado contemplaban a ese hijo, el único o con frecuen-
por ello. cia el primero, como su propiedad. Lo que la ma-
dre no haya recibido de su propia madre en su
_ ,,, momento lo puede encontrar en su hijo: es un ser
El trastorno disponible, puede ser utilizado como eco, se deja
controlar, está totalmente centrado en ella, nunca
¿Qué ocurre cuando la madre es incapaz de la abandona, le brinda su atención y admiración.
ayudar a su hijo? ¿Qué ocurre cuando no sólo no Cuando él la abruma con sus necesidades (como
está en condiciones de adivinar y satisfacer las ne- en otros tiempos lo hiciera su madre), ella deja de
cesidades de aquél, sino que ella misma está estar tan inerme, no se deja tiranizar, puede edu-
necesitada, cosa por lo demás muy frecuente? car al niño para que no grite ni moleste. Y al final
Ocurre que, inconscientemente, esa madre inten- puede procurarse consideración y res peto , o tam-
58 59

,,
bién exigirle al niño que se preocupe por su vida orgullosa de su hija, contó Barbara. Pero ya había
y su bienes tar , una preocupación que sus propios envejecido y estaba achacosa, y Barbara se preo-
padres le debían todavía. Vaya un ejemplo a cupaba mucho por la salud de su madre, soñaba
modo de ilustración. a menudo que le había pasado algo y se desper-
Barbara, treinta y cinco años, sólo en la tera- taba presa de una gran angustia.
pia empezó a vivir sus temores, hasta entonces re- Gracias a esos sentimientos emergentes, esta
primidos, que acompañaban una situación terri- imagen de la madre fue modificándose. Sobre
ble para ella. Al volver un día de la escuela , todo cuando surgió el recuerdo de la educación
cuando tenía diez años -era justamente el cum- relacionada con la higiene, Barbara revivió a su
pleaños de su madre-, la encontró tumbada en madre como un ser dominante, exigente, que la
el suelo del dormitorio con los ojos cerrados. La controlaba y manipulaba, una mujer mala, fría,
niña creyó que la madre estaba muerta y rompió necia, estrecha de miras, obsesiva, capaz de ofen-
a gritar desesperada. En ese momento la madre derse por cualquier nimiedad, exaltada, falsa y
abrió los ojos y dijo casi extasiada: «Me has hecho avasalladora. La vivencia y la explicación de la ra-
el regalo de cumpleaños más hermoso; ahora sé bia tanto tiempo contenida evocaron en la hija re-
que alguien me quiere». La compasión con el des- cuerdos de la infancia, que, en efecto, remitían
tino infantil de su madre impidió a la hija, du- a rasgos de este tipo. Ahora Barbara podía des-
rante décadas , sentir que el comportamiento de cubrir realidades y era capaz de comprobar la le-
aquélla suponía una terrible crueldad. Más ade- gitimidad de su rabia. Descubrió que, efectiva-
lante pudo reaccionar de forma adecuada en la te- mente, la madre había sido a veces fría y mala
rapia, con rabia e indignación. con ella, cuando se sentía insegura frente a su
Barbara, madre ella misma de cuatro hijos, hija. Se había preocupado mucho por la niña, ya
sólo tenfa. escasísimos recuerdos de su propia ma- que con esta preocupación podía defenderse de
dre, pero sí podía recordar la permanente com- la envidia que ésta le inspiraba. Como de niña la
pasión hacia ella. Al principio la describió como madre había sido muy humillada, tenía que ha-
una mujer sensible y de gran corazón, que siendo cerse respetar por su hija.
ella niña le «contaba ya abiertamente sus preo- Poco a poco las distintas imágenes de la ma-
cupaciones», se preocupaba mucho por sus hijos dre fueron fusionándose en la imagen de una per-
y se sacrificaba por la familia. En el interior de la sona que, por su propia debilidad, inseguridad y
secta en que vivía la familia, con frecuencia le pe- fragilidad, había hecho de la niña un ser dispo-
dían consejo. La madre estaba particularmente nible. En el fondo, esa madre que tan bien fun-

60 61

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[I donaba de cara a los demás, seguía siendo una La ilusión del amor
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I r niña ante su propia hija. Ésta, en cambio, aceptó
- !. el papel de personaje comprensivo y solícito hasta
que, a la vista de sus propios hijos, descubrió en
sí misma sus necesidades hasta entonces ignora-
das, que intentó satisfacer con ayuda de ellos.

Quisiera intentar exponer unas cuantas ideas


que mi trabajo me ha ido sugiriendo a lo largo de
los años. Mi actividad comprendía también múlti-
ples encuentros breves con personas que sólo ha-
blaron una o dos horas conmigo. Precisamente en
estos breves encuentros sale a la luz la tragedia del
destino individual con una claridad muy particular.
Lo que se denomina depresión y se siente como va-
cío, absurdo existencial, temor al empobrecimiento
y soledad, se me presenta siempre como la tragedia
de la pérdida del Yo o de la extrañacíón frente a
uno mismo, que se inicia en la infancia.
En la práctica podemos encontrar diversas
formas mixtas y matices de este trastorno. Por ra-
zones de claridad intentaré describir dos formas
extremas, considerando una de ellas como el en-
vés de la otra: la grandiosidad y la depresión.
Detrás de una grandiosidad manifiesta acecha
continuamente la depresión, y tras el humor
depresivo suelen ocultarse a menudo intuiciones
rechazadas sobre nuestra historia trágica. De he-
cho, la grandiosidad es la defensa contra el pro-
fundo dolor que produce la pérdida del Yo, pér-

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dida que es resultado de la renegación de la rea- globo» (sueño de una paciente), y, si bien se elevó
lidad. muy alto al soplar vientos favorables, de pronto se
agujereó y ahora yace en el suelo como un mi-
núsculo guiñapo. Del componente específico de
La. grandiosidad como autoengaño ese individuo no podía desarrollarse nada que,
más tarde, pudiera ofrecerle un asidero. Pues
El hombre «grandioso» es admirado en todas junto al orgullo que despierta un niño se oculta,
partes y necesita de esta admiración, no puede vi- peligrosamente cerca, la vergüenza de que no sa-
vir sin ella. Tiene que realizar con brillantez todo tisfaga las esperanzas en él depositadas.*
cuanto se proponga, y es capaz de ello (pues pre- Sin terapia, el grandioso no puede renunciar a
cisamente no intentará hacer otras cosas). Tam- la trágica ilusión de confundir admiración con
bién él se admira... a causa de sus atributos: su be- amor. No pocas veces se dedica toda una vida a
lleza, inteligencia, talento, y también por sus éxitos esta sustitución. Mientras las verdaderas necesi-
y rendimientos. Mas, pobre de él si algo de esto le dades de respeto, de comprensión y de ser to-
falla: la catástrofe de una grave depresión se vuelve mado en serio que sentía el otrora niño no pue-
entonces inminente. En general, nos parece natural dan ser comprendidas ni vividas conscientemente,
que las personas enfermas o viejas, que han per- proseguirá la lucha por el símbolo del amor. Una
dido mucho, o bien las mujeres menopáusicas, paciente me dijo un día que tenía la impresión de
por ejemplo, se vuelvan depresivas. Pero no suele
tenerse en cuenta que también hay personalida- * En un trabajo práctico efectuado en Chestnut Lodge se inv estigó ,
en 1954, el entorno familiar de doce pacientes con psicosis maniaco-
des que pueden soportar la pérdida de la belleza, depresiva . Los resultados corroboran en gran medida mis conclusion es,
salud, juventud o de algún ser querido, con duelo, obtenidas por vías mu y disti ntas , sobre la etiología de la depresi ón .
«Todos los pacientes provenían de familias que se consideraban so-
pero sin deprimirse. Y a la inversa: hay personas cialmente aisladas y poco respetadas en su entorno. De ahí que hicieran
con grandes talentos que sufren graves depresio- todo lo posible por aumentar su prestigio ante los vecinos recun-iendo
al canfor-mismo y a una serie de rendimientos especiales. Entre estas
nes. ¿Por qué? Porque uno está libre de depre- aspiraciones se le atribuyó un papel par ticular al niño que más ta1·de
habría de enfermarse. Tenía que garantizar el honor familiar y sólo era
siones cuando la autoestima arraiga en la auten- amado en· la medida en que, gracias a ciertas ca pacidades y talentoses -
ticidad de los sentimientos propios y no en la po- pecia/es, a su belleza, etcétera [la cursiva es mía - A.M .], se hallara en
condiciones de satisfacer las exigencias ideales de la familia. Si falla-
sesión de determinadas cualidades. ba en su intento, era castigado con una frialdad total , la exclusión del
El colapso de la autoestima en el individuo círculo familiar y la certeza de haber cubierto a sus familiares de un
profundo oprobio.• (Citado según M. Eicke-Spengler, 1977, pág. 1.104 .)
«grandioso» nos mestra con toda claridad cómo, en También he encontrado en mis pacientes el aislamiento social de las
familias, que, sin embargo, no era causa, sino consecuen cia de la ne-
realidad, ésta pendía en el aire, «colgada de un cesidad de los padres.
64 65
haber andado siempre sobre zancos hasta enton- se relacionaba sobre todo con la falta de contactos
ces. Y una persona que anda todo el tiempo sobre sexuales, aunque en el fondo se agitaban tempra-
zancos, ¿no debe acaso envidiar constantemente nas angustias de abandono, que esta mujer ya no
a quienes se valen de sus propias piernas al correr, podía contrarrestar con una conquista nueva. To-
aunque esta gente le parezca más pequeña y «me- dos sus espejos sustitutivos se habían roto, y ella
diocre» que ella misma? ¿Y no llevará en su in- volvía a estar ahí, confusa y desamparada, como en
terior un odio contenido contra los responsables otros tiempos la niña pequeña frente al rostro de
de que no se atreva a caminar sin zancos? En el su madre, en el que no se descubría a sí misma,
fondo, la persona sana es envidiada porque no sino la confusión de aquélla. De forma parecida
tiene que esforzarse de continuo por merecer ad- pueden vivir su envejecimiento los hombres, aun- ·/.1::f,;
miración, porque no necesita hacer nada para que algún nuevo enamoramiento pueda devol-
producir tal o cual efecto, sino que, con toda tran- verles por un tiempo la ilusión de la juventud e
quilidad, puede permitirse ser como es. - introducir así fases maniacas en la incipiente de-
t
El hombre grandioso nunca está realmente li- ¡¡¡ presión por envejecimiento.
bre, porque depende en una medida enorme de la M 2. En este relevo por fases entre grandiosidad
1.
admiración de otros y porque esta admiración f y depresión, y viceversa, se pone de manifiesto su
está vinculada a atributos, funciones y rendimien- parentesco. Se trata de las dos caras de una ¡
misma medalla que podría calificarse de falso Yo
tos que pueden fallar de improviso.
1 y que, de hecho, fue concedida en alguna ocasión r\ ,
1 por buenos rendimientos. Así, por ejemplo, un ac-
r
l

La depresión como envés de la grandiosidad t tor podrá reflejarse en los ojos del público entu-
1 siasmado la tarde del éxito, y vivir sentimientos
'
11
de grandeza y omnipotencia divinas. Y, sin em-
En los pacientes con los cuales tuve tratos la !
depresión se hallaba unida a la grandiosidad en 1 bargo, a la mañana siguiente podrán presentarse
formas muy diversas. r' sensaciones de vacío, absurdo y hasta vergüenza
1. A veces la depresión aparecía cuando, debido ' e indignación, si la dicha de la tarde anterior no
a enfermedades graves, invalidez o envejecimiento, sólo tenía sus raíces en la actividad creativa de la
la grandiosidad se derrumbaba. Así, por ejemplo, la actuación o de la expresión, sino, sobre todo, en
fuente de éxitos externos había ido secándose len- la satisfacción sustitutoria de la vieja necesidad
tamente en el caso de una mujer soltera y senes- de encontrar eco y reflejo, de ser visto y com-
cente. La desesperación ante el hecho de envejecer prendido. Si su creatividad se halla relativamente

66 67

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libre de estas necesidades, nuestro actor no ten- 3. Sucede a veces que una persona consigue
drá depresión alguna a la mañana siguiente, sino mantener la ilusión de la atención y disponibi-
que se sentirá animado y empezará a ocuparse de lidad permanentes de los padres (de cuya ausen-
otras cosas. Pero si el éxito obtenido la víspera ser- cia en la temprana infancia reniega exactamen-
vía para renegar la frustración infantil, sólo le te como de sus reacciones afectivas), gracias a
aportará -como toda sustitución- una satisfac- ción una serie de rendimientos extraordinarios e inin-
momentánea. Ya no podrá producirse una sa- terrumpidos. Por lo general, esta persona estará
tisfacción real, pues su tiempo habrá transcurrido en condiciones de impedir con renovada brillan-
irrevocablemente. El niño de otros tiempos ya no tez una depresión inminente y deslumbrar tanto a
existe, como tampoco los padres de aquella época. quienes lo rodean como a sí mismo. Sin embargo,
Los actuales -en caso de que aún vivan- habrán no pocas veces elige a la vez a un cónyuge que
envejecido entretanto y se habrán vuelto depen- haya aportado ya fuertes rasgos depresivos o, al
dientes, ya no ejercerán violencia alguna sobre el menos, asuma y actúe inconscientemente en el ma-
hijo, y quizá se alegrarán de sus éxitos y de sus ra- trimonio el componente depresivo de lo grandioso.
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ras visitas. En el presente hay éxito y reconoci-
y
De este modo, la depresión queda fuera. Uno se
miento, pero éstos no pueden ser más de lo que preocupa por el «pobre» cónyuge, lo protege como
son, no pueden colmar el viejo agujero. Por otra a un niño, se siente fuerte e indispensable y ad-
parte, la vieja herida no podrá curar mientras sea quiere un contrafuerte adicional en el edificio de la
renegada en la ilusión, es decir, en el delirio del propia personalidad, que carece de fundamentos
éxito. La depresión nos acerca a las proximidades sólidos y depende de los pilares del éxito, del ren-
de la herida, pero sólo el duelo por lo perdido, por dimiento, de la «fortaleza» y, sobre todo, de la re-
lo que se perdió en el momento decisivo, conduce a negación del mundo afectivo de la propia infancia.
la auténtica cicatrización.1 '
, . " t
Aunque en el cuadro fenoménico exterior la
depresión se oponga diametralmente a la grandio-
* Como ejemplo de un trabajo del duelo logrado podemos citar una sidad y, gracias a la atmósfera que crea, tenga de
confesión de Igor Stravinsky: « Estoy convencido de que, en mi caso, la
desgracia provino del hecho de que mi padre me resultaba interiormente algún modo más en cuenta la tragedia de la pér-
un extraño, y de que tampoco mi madre me brindaba cariño . Cuando mi
hermano mayor murió inesperadamente, mi madre no canalizó hacia mí
los sentimientos que él le había inspirado y mi padre continuó siendo tan talento para ser feliz. Mis padres hicieron todo lo necesario para hacer
reservado como siempre: yo decidí entonces que algún día les diría cualrn feliz a un niño . Pero con frecuencia me sentía muy solo». (Ambas eitas
verdades. Pues resulta que el día aquél llegó y se fue. Nadie, salvo yo provienen de un artículo de H. Müller-Braunschweig, 1974.) En este
mismo, recuerda ese día, cuyo único testigo ocular sigo siendo yo». En caso, el drama infantil fue totalmente reprimido, la idealización de los
total contraste se halla la declaración de Samuel Beckett: «Puede de- padres pe1·duró con ayuda de la renegación, pero el aislamiento infinito
cirse que tuve una infancia feli1. aunque yo mismo no tuviera mucho de su infancia encontró su expresión en los dramas de Beckett.

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dida del Yo, ambas presentan, sin embargo, mu- produjo una pérdida de ciertos ámbitos afectivos
chos puntos en común. que hubieran conducido a la formación de una
Podemos observar los siguientes: autoconciencia estable. Hay niños a los que no se
l. Un falso Yo, que ha conducido a la pérdida les permitió vivir con libertad sus sentimientos
del Yo verdadero; más tempranos, tales como el descontento, la ira,
2. la fragilidad de la autoestima, que tiene sus los dolores, la alegría ante el propio cuerpo e in-
raíces no en la seguridad del propio sentiry que- cluso la sensación de hambre. A veces se oye a
rer, sino en la posibilidad de realizar el falso Yo; madres contar con orgullo que sus bebés han
3. perfeccionismo; aprendido a contener el hambre y, distraídos con
4. renegación de los sentimientos desprecia- halagos, esperan tranquilamente la hora de la co-
mida.
dos;
S. relaciones de explotación; He conocido adultos con este tipo de experien-
6. un gran miedo a perder el cariño; de ahí cias infantiles, atestiguadas en cartas, que nunca
una gran disponibilidad a adaptarse; sabían a ciencia cierta si tenían hambre o «sólo
imaginaban tenerla», y sufrían de miedo a des-
7. agresiones escindidas;
8. proclividad a las humillaciones; mayarse de hambre. Entre ellos se contaba Bea-
9. proclividad a los sentimientos de culpay de trice. La insatisfacción o el enojo de los hijos des-
pertaban en la madre dudas acerca de su papel
vergüenza;
materno, los dolores físicos· de los hijos le pro-
1O. desasosiego.
vocaban miedo, y la alegría serena ante el propio
cuerpo generaba en la madre envidia y sentimien-
La depr esión como renegación del Yo tos de vergüenza «frente a los otros ». Los miedos
de la madre condicionaban por completo la vida
•·
La depresión puede entenderse, pues, como un afectiva de la niña, y Beatrice aprendió ya muy
síntoma directo de la pérdida del Yo que consiste pronto qué no le estaba permitido sentir para no
en la renegación de las propias reacciones afec- poner en juego el «amor» de la madre.
tivas y sensaciones. Esta renegación empezó al Si desechamos las claves para la comprensión
servicio de la adaptación necesaria para la vida, de nuestra vida, las causas de la depresión -así
por miedo a perder el amor durante la infancia. como las del sufrimiento, la enfermedad y la cu-
De ahí que la depresión remita a un trauma muy ración- seguirán siendo a la fuerza un enigma
temprano. Ya al principio, durante la lactancia, se para nosotros.

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·•·::i ; r,r fJ t I ! lW1t. W,mlí."-fi\'\f.F}·0·'•·· •• -· · ·-·---,· - - = •-- =·=•='fi" - .."'.., .. ,,,..,.,,,",,."."'°• '
Un psiquiatra, cuyo libro me fue remitido por nos al paciente en cuestión cuando, de niño, era
un lector, afirma que los malos tratos, la falta de vapuleado sin compasión? ¿Fue realmente la gra-
atención y la explotación en la infancia difícil- cia de Dios la que asistió a ese hombre en la edad
mente pueden ser causas suficientes para explicar adulta? ¿O podría ser la explicación mucho más
la posterior aparición de enfermedades psíquicas. sencilla?
Según él, tendría que haber motivos irracionales Si ese hombre tuvo una madre que, pese a la
de índole totalmente distinta que serían los res- pobreza, fue capaz de darle verdadero amor, pro-
ponsables de que una persona no se vea afectada tección y seguridad en su primer y tan decisivo
por las consecuencias catastróficas de los malos año de vida, después estuvo mejor preparado para
tratos, o de que se cure con mayor rapidez que elaborar los malos tratos posteriores que alguien
otra. En su opinión, tendría que entrar en juego cuya integridad se vio herida desde el primer día
la «gracia». de vida , que no tuvo derecho alguno a vivir su
Cuenta la historia de un paciente que pasó su propia vida y que, desde el principio, hubo de
primer año de vida con su madre soltera en con- aprender que el único sentido de su existencia
diciones de extrema pobreza, y al que, más tarde, consistía en «hacer feliz» a su madre.
las autoridades acabaron separando de ella. El Tal fue el destino de Beatrice, mi paciente. En
niño fue pasando de un centro de acogida a otro, su juventud no fue brutalmente maltratada, pero
y en todos ellos recibió durísimos malos tratos. de muy pequeña tuvo que aprender a no llorar, a
Sin embargo, cuando empezó un tratamiento psi- no tener hambre ni necesidades para «hacer feliz»
quiátrico, su estado mejoró mucho más rápido a su madre. Primero padeció de anorexia, y más
que el de sus compañeros de infortunio, cuyas tarde, durante toda su vida adulta, de profundas
historias personales presentaban abusos menos depresiones.
espectaculares ·¿Cómo pudo ese hombre, víctima Aferrarse a las ideas tradicionales sobre el
de tantas crueldades en su infancia y juventud, li- amor y la moral sin criticarlas es un buen método
berarse tan rápidamente de sus síntomas? ¿Fue para ocultar o reprimir los hechos reales de la
acaso por obra y gracia de Dios? propia historia. Pero sin el libre acceso a tales he-
Mucha gente prefiere este tipo de explicacio- chos, las raíces del amor permanecerán cortadas.
nes y evita así las cuestiones decisivas. Pero ¿no No es de extrañar, pues, que el deseo de tener rela-
deberíamos preguntarnos quizá por qué. Dios ciones cariñosas, generosas y comprensivas re-
no se mostró dispuesto a ayudar también a los sulte infructuoso. No podemos amar realmente si
otros pacientes de aquel psiquiatra, y mucho me- nos está prohibido ver nuestra verdad, aquella so-

72 73

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f :¡ ·. -, · ;¡:r0rt íf.i. l'! 1-«. t,w'f; ·Y·· · - - -
bre nuestros padres y educadores, y también la tenté desoír todas mis reflexiones críticas. Tam-
verdad sobre nosotros mismos. Sólo podemos ac- poco quise advertir las primeras manifestaciones
tuar como si amáramos. Pero este comporta- de una enfermedad latente, llamada esclerosis f'
miento hipócrita es lo contrario del amor. Con- múltiple, así como el incremento de mis crisis de-
¡t
¡
funde y engaña y, sobre todo, produce en el otro
una rabia impotente que deberá ser reprimida,
presivas. Ahora, al cabo de tres años de terapia,
sé por fin cómo llegaron - y quizá tuvieron que
¡
J
que nunca podrá vivirse conscientemente y, por llegar- a producirse estos síntomas angustiantes Í\l
-
tanto, tendrá efectos destructivos. En especial para que yo pudiera tomar en serio mis percep-
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cuando el afectado dependa de su fe en ese su- ciones y mis síntomas. ,!j
·
puesto amor. »Durante las reuniones me indignaba siempre A'!
Ser más sincero, es decir, también menos des- que se hablaba del "amor incondicional" que, su- j
't
tructivo, es algo que ayudaría a mucha gente si puestamente, nos brindaban todos los integrantes !
los líderes religiosos reconocieran estas simples del grupo. Yo misma me explicaba mi indigna-
leyes psíquicas. En vez de ignorarlas, tendrían ción por el hecho de no haber tenido ninguna ex-
que mezclarse un poco más entre la gente y ob- periencia de amor verdadero, que nunca me fue
*M
¡j.
servar el inmenso daño que ocasiona la hipocresía dado de niña, y no poder, por tanto, cimentar en l
f:I
en las familias, en la vida pública y en la socie-
mí la confianza en que éste existiera realmente. 1§ '';_
dad en general. Eso, al menos, era lo que nos decían. Como es- l,¡
La carta que me envió Vera, y de la que cito
aquí un pasaje por deseo suyo, ofrece un claro
ejemplo de la confusión producto de la hipocre-
taba tan hambrienta de amor, yo quería creer en
esas afirmaciones. Y si pude creer en ellas, fue
porque la hipocresía era el pan de cada día, ese
¡
sía. La historia de Maja, que seguirá a la de Vera, pan que mi madre me daba, y yo nunca había lf
muestra, a su vez, cómo pudo sentir un amor es- probado otro. Pero ahora lo tengo claro: sólo el
pontáneo por su propio hijo después de que lo- niño necesita sin falta el amor incondicional. Y tt·i
grara eliminar la represión de su pasado.
Vera, de cincuenta y dos años, me escribió:
sólo al niño podemos y debemos dárselo. Es de-
cir, querer y aceptar al niño que se nos confía ,
l.,;
f!;•
i'f:''

haga lo que haga, ya llore o sonría contento. Pero


«Fui alcohólica durante muchas décadas y me if:
liberé del alcohol gracias a los grupos de AA.
amar incondicionalmente a un adulto, al margen
de lo que haga, nos llevaría a intentar querer tam-
rt-
Quedé tan agradecida por esta liberación que du- bién a un frío asesino de masas o a un mentiroso
¡t,.
rante once años asistí a todas las reuniones e in-

t
redomado por el mero hecho de que pertenezca a
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- t. 1 g im,x 1t1-.¡WW: tViit{\t J.M-:,
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1,-
nuestro grupo. ¿Podemos hacer . esto? ¿Debería- se rebeló contra las justificadas exigencias de éste, ,r--
mos hacerlo? ¿Por qué? ¿A quién le aprovecharía? por lo que se sintió totalmente mala al hacerlo, J
Cuando afirmamos querer incondicionalmente a separada de sí misma como en la depresión . ;
Pensó que tal vez era una rebelión contra las exi- !,
un adulto, no hacemos sino demostrar nuestra ce- :!:I
guera y falta de sinceridad». gencias de su madre, actitud que antes sólo se /
daba con los propios hijos. Pero esta vez no ocu- -,
· : -l
i"J
j
Vera tiene razón. Los adultos no necesitamos rría nada parecido. El amor por el que allí había '>j

un amor incondicional, ni siquiera de nuestros te- luchado le llegaba ahora con total espontaneidad, ';!
:\¡
ra peu tas . Ésa es una necesidad infantil que, más añadió. Estaba disfrutando de su unidad con el
j
tarde, ya no puede ser satisfecha. Quien no ha he- hijo y consigo misma. Luego empezó a hablar de
cho el duelo por esa pérdida en la infancia, está su madre en los siguientes términos:
jugando con ilusiones. Lo que necesitamos de
l(j

nuestros terapeutas es sinceridad, respeto, con- « Yo era la perla en la corona de mi madre . ,¡


a
fianza, empatía y comprensión, así como la ca- Ella decía siempre: En Maja se puede confiar, .l
sabe hacer las cosas. Y, efectiva m ente , eduqué a
q
pacidad de esclarecer nuestros propios sentimien-
tos sin dejarnos agobiar por ellos. Y esto podemos sus hijos pequeños para que ella pudiera ejercer
su profesión. Se fue haciendo cada vez más fa-
l
conseguirlo. Pero cuando alguien nos prometa
1,
amarnos «incondicionalmente», tenemos que cui- mosa, pero nunca la vi feliz. ¡Cuán a menudo la i
darnos de él. Si Vera encontró en tres años algo añoraba por las tardes! Los pequeños lloraban; yo t
¡
que no había podido encontrar durante largas dé- los consolaba, pero jamás lloraba. ¿Quién hubiera
utilizado a un niño llorón? Sólo podía disfrutar
i
cadas de búsqueda, fue gracias a su determina- t
ción a encontrar la verdad, y a no dejarse engañar del amor de mi madre si me mostraba hábil, com- 1!- ' •-., ... ,\f_ ..

por más tiemp . En este camino contó con el prensiva y moderada, si nunca ponía en duda su {

apoyo de las experiencias con su cuerpo. forma de actuar, si nunca manifestaba lo mucho 1¡
,·,
Ma ja, de treinta y ocho años, llega unas se- que la echaba de menos: todo esto hubiera limi- ¡ , ,:· .
manas después del nacimiento de su tercer hijo y tado su libertad, tan necesaria para ella. Todo ,l,
cuenta lo libre y vital que se siente con el bebé. esto se hubiera vuelto contra mí. A nadie se le hu- r
lríl
Lo más llamativo es la diferencia con respecto a biera ocurrido pensar entonces que esa tranquila,
cómoda y hábil Maja era tan solitaria y sufría
i"
las dos veces anteriores, en las que tuvo la sen-
sación de ser utilizada en forma constante e in- tanto. ¿Qué me quedaba, aparte de estar orgullosa ¡l
discriminada, y hasta «explotada», por el niño, y
76
de mi madre y ayudarla?
77
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pezones. ¡Dios mío, qué desagradable! Y al cabo


»Cuanto mayores son las perlas en la corona de dos horas volvía a la carga: y otra vez... lo
de una madre, más profundo es el agujero de su mismo... Cuando empezaba a succionar, yo au-
corazón. Mi madre necesitaba de esas perlas por- llaba y profería maldiciones. La cosa empeoró
que, en el fondo, todas sus actividades servían tanto que no pude probar alimento y llegué a te-
para reprimir algo en sí misma, una nostalgia tal ner cuarenta de fiebre. Entonces me permitieron
vez, no lo sé... Tal vez ella misma lo hubiera des- dejar de amamantar y en el acto me sentí mejor.
cubierto de haber tenido la dicha de ser madre en Durante bastante tiempo no advertí sentimiento
un sentido no simplemente biológico. Al parecer maternal alguno. Si el niño se hubiera muerto,
se esforzaba muchísimo y era muy consciente de me hubiera dado igual. Y todos esperaban que me
sus deberes. Pero la alegría del amor espontáneo sintiese muy feliz. Una amiga, a la que llamé en
nunca le fue dada. un arranque de desesperación, me dijo que el ca-
»¡Y cómo se repitió todo esto con Peter! riño sólo vendría con el tiempo, cuando empezara
¡Cuántas horas absurdas hubo de pasarse mi hijo a ocuparme del niño y lo tuviera constantemente a
con las criadas para que yo pudiera sacar mi di- mi lado. Esto tampoco era cierto. Sólo desarro-
ploma, que me alejó aún más de mí mismay de llé un cariño cuando pude ir de nuevo a trabajar
él! ¡Cuántas veces lo he dejado solo sin darme y, al volver a casa, encontraba al pequeño y veía
cuenta del mal que le estaba haciendo, porque yo en él una especie de distracción y de juguete. Aun-
misma nunca pude vivir mi propio abandono! que, honestamente, un perrito me hubiera "ser-
Sólo ahora empiezo a intuir lo que puede ser la vido" de igual manera. Ahora que poco a poco
maternidad sin corona, perlas ni aureolas de san- empieza a crecer y advierto que puedo educarlo,
tidad». que me tiene cariño y confía plenamente en mí,
ahora es cuando se va desarrollando una relación :--.7:..··,•..· ;
En una revista femenina alemana que en los tierna y estoy contenta de tenerlo aquí. [Las cur-
años setenta se preocupaba por expresar abierta- sivas son mías - A.M.] Os escribo todo esto sim- ,,·;'.'\.:,

l
mente verdades tabuizadas, apareció la carta de plemente porque me parece bien que alguien
una lectora que narra sin tapujos la trágica his- diga, de una vez por todas, que no existe el amor . -'
toria de su maternidad. El relato se cierra con las
maternal en este sentido... y menos aún un ins- ¡

,
siguientes frases: tinto maternal» (Cf. Emma, julio de 1977). - )

«¡Y encima amamantarlo! No le daba de ma- Lo esencial del problema radica en que la au-
mar correctamente y no tardó en morderme los
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tora de esta carta no pudo vivir realmente su pro- cinos cuando ella tenía tres meses. La edad pudo
pia tragedia ni la de su hija, porque la suya, su
infancia emocionalmente inaccesible, habría sido
establecerse porque la familia se mudó más tarde.
Gracias a estar tan familiarizada con sus propios rl
,¡¡
el comienzo de_ esta historia. Su afirmación pesi- sentimientos, Johanna pudo vivir plenamente la ¡j,
rabia producto del engaño, y el horror de haber ¡J
mista es, en consecuencia, desorientadora e in- d
correcta. En realidad sí que existe algo como sido violada a una edad tan temprana. Lo que kl
«amor maternal e instinto maternal». Podemos más la indignaba ahora era darse cuenta de l1r,

observarlo en animales que no hayan sido maltra- que la capacidad de seguir sus instintos se hu- ·!
,:"!

tados por los hombres. También la mujer nace biera visto dañada de manera tan seria. Éste fue ·i',
:!
con el «programa» instintivo que la capacita para para ella el mayor delito cometido por sus padres.
amar, proteger, apoyar y alimentar a sus hijos, y Más ta rde dijo: «Me robaron mis sentimientos J
para alegrarse de ello. Pero a menudo nos arre- maternales cuando yo tenía tres meses. Al prin- 11

batan a muy temprana edad estas capacidades cipio no podía amamantar a mi hijo pese a de- ,A¡
searlo intensamente». rj
instintivas, como por ejemplo en la infancia, ;i

cuando nuestros padres nos explotan para satis- Transcurrió mucho tiempo antes de que Jo- rl
facer sus deseos. Por suerte, como lo demuestra hanna pudiera enfrentarse a sus padres en un diá- ;:1í
·
-
la historia de Johanna, podemos recuperar esas logo interno, expresar la rabia e indignación al-
macenadas en su cuerpo, reclamar sus derechos y a
capacidades en cuanto nos decidimos a dar ca- r¡
bida a la verdad.
Johanna, de veintisiete años, inició su terapia
elaborar los abusos a que fue sometida. Pero in-
cluso antes de que pudiera iniciarse este proceso, !
reveladora poco antes de quedar embarazada. Es- la simple disponibilidad a dar cabida a la incon- ¡1 -
taba bien preparada para el parto, muy contenta cebible verdad hizo que la fiebre bajara y se le l
del bonding ..con su sano bebé, y se alegraba de curaran los pechos. Pudo darle de mamar al bebé, l .............._... . ,..,.-;_
u
poder amamantarlo de forma tan satisfactoria . que muy pronto aprendió a renunciar al biberón,
Pero de pronto, sin ningún motivo aparente, se le cosa que la nodriza había considerado «total- Jt'
r,
endurecieron los pechos y empezaron a dolerle, y mente imposible». ¡,
,'t,
cayó en cama con fiebre alta, mientras la nodriza Johanna disfrutó de su maternidad y de la di- ,¡
t

i

tenía que darle al niño el biberón. cha de poder amar, de que le estuviera permitido -,
rl
En sus pesadillas, entre los delirios febriles, re- amar, proteger, alimentar, serenar y atender a un l
vivía una y otra vez con todo detalle escenas de ser inocente, así como adivinar sus necesidades. ¡f.
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abusos sexuales por parte de sus padres y sus ve- Sin embargo, esta dicha se veía interrumpida sin t
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cesar por periodos de duda en los que se pregun-
taba si no lo estaría haciendo todo mal, si la dicha este amor que, según sospecho, es "falso". ¿Por
no tendría un final desgraciado, si ella misma po- qué? ¿Cómo habéis logrado que yo haga esto?
día «abandonarse» tanto a esa felicidad. Como Muy pronto me enseñasteis que un niño pequeño '.y··
antes había estudiado psicología, se preguntaba no merece ningún respeto, que no es una persona,
ahora si no estaría actuando de forma compul- que, en el mejor de los casos, es un juguete con -'; (<

siva, si no estaría mimando peligrosamente al el cual se puede jugar, pero al que también está
niño por puro egoísmo, etcétera. Esta angus- permitido amenazar, explotar y maltratar a volun-
tiante autocrítica se vio reforzada aún más por tad, sin cargar por ello con ningún tipo de res-
consejos de amigos que pensaban que al niño ponsabilidad. Este mensaje vuestro es el que tan
había que ponerle límites desde un principio, a menudo me hace sentir insegura, estresada y so-
para que aprendiera a estar solo; de lo contrario, brecargada, aunque a veces sigo sin atreverme a
se convertiría en un tirano. Aunque Johanna hu- sentir la rabia que me inspiráis, y la vuelco en mi
biera rechazado tiempo atrás estas opiniones, en propio hijo. Es muy fácil pensar que Michael po-
el caso de su propio hijo no logró eludir la in- dría impedirme vivir y ser libre porque ahora me
seguridad que se abría paso en ella. necesita todo el tiempo. Pero no es él. Me basta
La terapia la ayudaba continuamente a orien- con mirarle a los ojos, ver en ellos su inocencia y
tarse, y todo el tiempo descubría lo importante sinceridad, para saber lo siguiente: que otra vez
que para ella era poder amar y demostrar su lo estoy utilizando como chivo expiatorio en vues-
amor sin peligro, sin necesidad de temer que tro lugar. Un niño querido aprenderá desde el
fuera explotado, engañado o violentado. Eso la principio lo que es el amor. Un niño descuidado,
hacía sentirse otra vez ella misma, como antes de despreciado y explotado no podrá aprenderlo , ......

los malos tratos que tan temprano le infligieran. nunca. Pero yo quiero saberlo, y lo estoy apren-
, .. ....;.. .r-
En sus enfrentamientos internos con los padres, diendo con Michael, lentamente, cada día de
no tenía más remedio que decirles: nuevo, a pesar de lo que me habéis enseñado. Sé
que algún día sabré con certeza que soy capaz
«Quiero a Michael, y quiero quererlo. Mi alma de amar»
necesita este amor como mi cuerpo necesiia aire.
Pero corro muchas veces el peligro de reprimir La lucha de Johanna por recuperar sus senti- ¡ .,
i
esta necesidad y preciso de toda mi energía e in- mientos verdaderos salvó no sólo el futuro de su
teligencia para hacerlo, sólo para "liberarme" de hijo, sino también el suyo propio. La historia de
Anna muestra lo que, sin esta lucha (sin terapia),
82
83

f
- - >

puede ocurrirle a una niña que sufrió en edad Fases depresivas durante la terapia
temprana abusos sexuales. Anna, una mujer de
cincuenta años, me escribió unos días antes de su
muerte:

«Hoy recibí la visita de mis hijos ya mayores,


y por primera vez en mi vida me di cuenta de que
me querían y siempre me habían querido, y de
que, hasta hoy, yo no había sentido nunca ese El grandioso sólo recurrirá a una terapia
amor. A menudo he abandonado a mis hijos por cuando sus estados depresivos lo impulsen a ha-
irme con distintos hombres, cuando en realidad cerlo. Mientras funcione la defensa en la grandio-
lo que hacía era huir del amor que mis hijos me sidad, esta forma del trastorno no mostrará nin-
inspiraban, huir de mis verdaderos sentimientos guna presión visible del sufrimiento, salvo el
para buscar el placer sexual con hombres que me hecho de que los parientes (cónyuges e hijos) con
hacían mucho daño sin darme nunca lo que yo en depresiones y problemas psicosomáticos tendrán
realidad necesitaba: amor, comprensión, acepta- que buscar ayuda psicoterapéutica. En el trabajo
ción. Ya de muy pequeña, mi padre me condi- terapéutico, la grandiosidad se nos revela en su
cionó a buscar el placer asociándolo al dolor y a forma mixta con la depresión. La depresión, en
la rabia, y a temer y reprimir el anhelo del ver- cambio, la encontramos en casi todos nuestros
dadero amor, es decir, a evitar el trato con per- pacientes, ya sea en forma de sintomatología ma-
sonas capaces de amar. ¿No era esto una perver- nifiesta, o en las distintas fases del humor depre-
sión? Nunca en mi vida he podido librarme de sivo. Estas fases pueden tener funciones diferentes.
ella. Y ahora que la veo, es demasiado tarde». El rasgo común a todas ellas es el de desaparecer
cuando se logran vivir y esclarecer los sentimientos
Era demasiado tarde porque Anna podía al fin recordados y las situaciones antiguas.
sentir rabia e indignación, aunque sólo ante sus
parejas. A su padre, en cambio, lo seguía «que-
riendo» y respetando igual que antes, según me Función señalizadora
escribió.
Suele ocurrir que algún paciente llegue que-
jándose de depresiones y abandone después la

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consulta bañado en lágrimas, pero muy aliviado y de unos días se quejan de autoextrañación y va-
sin depresión. Tal vez haya podido vivir un ataque cío, e intuyen de forma vaga que han perdido el '; .
de ira largo tiempo contenida, o raya manifes- acceso a sí mismas. Inconscientemente, se han re- :i
tado al fin el recelo que la madre le inspirara du- producido en este caso estados que, al repetirse, ni

rante muchos años, o sentido por vez primera


cierta tristeza ante tantos años de vida pasada y
podían iluminar ciertas situaciones que les tocó
vivir de niños: cuando, al jugar, se sentían a sí
il
no vivida, o bien se haya enfadado una vez más mismas, cuando estaban consigo mismas, les exi-
por la inminencia de unas vacaciones del tera- gían que rindiesen, que hicieran algo «inteli-
peuta y la consiguiente separación. No importa de gente», y su mundo en estado naciente era así
qué tipo de sentimientos se trate, lo importante atropellado. Es probable que, ya de niños, estos
es que hayan podido ser vividos, posibilitando así pacientes reaccionaran sumiéndose en un estado
el acceso a recuerdos reprimidos . La depresión depresivo, pues no les estaba permitido reaccio- j
1
había anunciado su proximidad, pero también su nar como hubiera sido normal, en este caso tal 1
renegación. Por algún motivo actual, se hizo po- vez con rabia. Cuando el adulto se toma tiempo J
sible la irrupción de estos sentimientos, tras lo
cual desapareció el estado depresivo. Un estado
para hacer suyas en el presente tales reclamacio-
nes, a fin de elaborarlas, la rebelión puede ini-
j
de este tipo puede señalizar que ciertas partes re- ciarse entonces, gracias a los sentimientos des-
negadas del Yo (sentimientos, fantasías, deseos, pertados, y la necesidad reprimida (permanecer
1
miedos) están consolidándose sin haber encon- consigo mismo) resultará evidente. Como con- 1
ij
trado una descarga en la grandiosidad. secuencia casi automática, el estado depresivo
remite: su función defensiva ya no es necesaria. t
i
También el actuar pierde su función en el mo- 1f
(< Atropellarse» "' mento en que está permitido saber lo que de ver- f '-' <..,,,.:,'
1

Hay personas con heridas muy profundas que,


dad se necesita. En este caso, quizá tiempo para
sí mismo y no la distracción en fiestas. f
siempre que se han acercado muchísimo a sus zo- -1 t
nas más internas y se han sentido a gusto y com-
prendidas, organizan una fiesta o cualquier cosa «Estar embarazado» de afectos intensos ff ...
que les resulte totalmente indiferente en aquel 1
i
momento, y vuelven a sentirse entonces solitarias Las fases depresivas pueden durar a veces
y víctimas de toda suerte de exigencias. Al cabo varias semanas antes de que irrumpan emocio- l
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nes fuertes provenientes de la infancia. Es como si el trabajo me salía muy fácilmente, pude hacer :¡
la depresión hubiera retenido esas emociones. por mi examen más de lo que me había propuesto ,¡
1
Cuando son vividas, uno recupera su vitalidad hacer en toda la semana. Entonces pensé: tienes ¡
hasta que una nueva fase depresiva anuncia algo que aprovechar esta buena disposición, prepara
nuevo. Tales estados son descritos en los siguien- un capítulo más por la tarde. Me pasé toda la
tes términos: «He dejado de sentirme. ¿Cómo es tarde trabajando, pero ya sin ganas, y al día si-
posible que me haya vuelto a extraviar frente a mí guiente la cosa no funcionó: me sentí el último de
mismo? No tengo relación alguna con mi inte- los idiotas, incapaz de retener algo en la cabeza.
rior. Todo carece de esperanza... Nunca mejo- Tampoco quería ver a nadie; era como en las an-
rar á. Nada tiene sentido. Anhelo recuperar mi vi- teriores depresiones. Entonces empecé a "hojear
talidad)), Luego puede sobrevenir un estallido de hacia atrás" y encontré el pasado en el que había
rabia con violentos reproches y quejas; si estas empezado aquello. Me había arruinado el placer
quejas son legítimas, se producirá un gran alivio, al querer sobrecargarme más y más. Y ¿por qué?
pero si son injustas -por estar transferidas a
personas inocentes-, la depresión durará hasta
Entonces recordé lo que decía mi madre: "¡Qué
bien que has hecho esto! ¡Podrías hacer también
l

que sea posible una explicación. esto otro!"... Me enfurecí y dejé los libros. De .¡
pronto tuve la seguridad de que me daría cuenta
si volvían a entrarme ganas de trabajar. Y claro :
Enfrentamiento con los padres que me di cuenta. Sin embargo, la depresión de- ¡,1,
1
sapareció mucho antes... Cuando advertí que yo ,¡

!!
Hay también momentos de depresión después mismo había vuelto a atro pella r me » . ¡;
\
de que alguien empieza a resistirse a las exigen- ,,
cias de sus. padres hasta entonces reprimidas en i' .........
_!)
el inconsciente -por ejemplo, la exigencia de ren- ,i
¡\ , ·
dir-, aunque todavía no se halle realmente libre f•
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de ellas. En esos casos recae una vez más en el
callejón sin salida de la exigencia absurdamente
excesiva que se impone a sí mismo, y sobre la
cual sólo le alertará el estado depresivo en que ha
vuelto a sumirse. Esto lo expresa en los siguientes
términos, más o menos: <,Anteayer me sentía feliz,
¡:
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La cárcel interior Un niño aún no tiene esta posibilidad. El me-
canismo de la autonegación no se deja entrever
todavía en él; por otro lado, el niño, a diferencia
del adulto, estará realmente amenazado por la in -
1
tensidad de sus sentimientos si no cuenta con un ,1
'j
entorno de apoyo o empático. Pero también el J
adulto podrá temer sus sentimientos como un i
·j
nifi.o mientras no sea consciente de las causas de
Es probable que, por experiencia propia, cual- este miedo. Esta fortísima intensidad de los sen-
quier persona conozca el estado depresivo que timientos sólo vuelve a encontrarse en la puber-
también puede manifestarse u ocultarse en un tad. Sin embargo, el recuerdo de los sufrimientos
malestar psicosomático. Si se presta atención, no de la pubertad, del no-poder-comprender-ni-cla-
es difícil observar que la depresión surge casi con sificar los propios impulsos, permanece mejor
regularidad y frena la vitalidad espontánea grabado en nuestra memoria que los primeros
cuando se ha reprimido algún impulso propio o traumas que a menudo se ocultan tras la imagen
un sentimiento intenso y no deseado. Así, por de una infancia idílica o tras una amnesia infantil
ejemplo, cuando un adulto no puede vivir el duelo casi total.
por la pérdida de un ser querido, sino que intenta Esto podría explicar por qué la gente adulta
olvidar su aflicción distrayéndose, o cuando por recuerda menos a menudo con nostalgia la época
miedo a perder una amistad suprime ante sí de su pubertad que la de su infancia. En la mez-
mismo la indignación que le produce el compor- cla de nostalgia, expectativa y miedo a la desi-
tamiento del amigo idea lizado, tendrá que contar lusión que en mucha gente acompaña a ciertas
probablemente con un estado depresivo (a no ser festividades conocidas desde la niñez, se refleja
........ ....

que la defensa de la grandiosidad estuviera per- probablemente la búsqueda de la intensidad afec-


manentemente a su disposición). Pues la situa- tiva de la propia infancia. Pero justo por ser los ·¡

ción actual le recuerda la dependencia anterior, sentimientos del niño tan intensos, su represión
que él mantiene reprimida. Cuando empiece a no puede quedar sin consecuencias relevantes.
prestar atención a este contexto, podrá sacar pro- Cuanto más fuerte sea el recluso, más gruesos ha-
vecho de su depresión: ésta le permitirá enterarse brán de ser los muros de la prisión que dificulten,
de una serie de provechosas verdades sobre sí o incluso impidan, su posterior desarrollo emo-
mismo. cional.

90 91

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11
Si hemos llegado a experimentar varias veces Este paciente estaba describiendo, en realidad, :w

que la irrupción de sentimientos intensos de la el proceso del conocimiento emocional. Las inter- ..¡

pretaciones de terapeutas que no han descubierto ,·!
primera infancia, impregnados por el atributo es- 1
nunca la verdadera historia de su infancia pueden 1
pecífico del no-comprender, puede hacer desapa- J
recer un estado depresivo prolongado, nuestro perturbar este proceso, o también ·alterarlo, fre-
trato con los sentimientos « no deseados», sobre narlo, dilatarlo e incluso impedirlo, o bien redu-
todo el dolor, irá modificándose a medida que pase cirlo al nivel de conocimiento intelectual. Pues el
el tiempo. Descubriremos que no tenemos por paciente estará dispuesto a renunciar muy pronto
qué seguir forzosamente el esquema inicial (de- a la alegría del descubrimiento y de la propia ex-
silusión-represión del dolor-depresión), pues en presión para adaptarse a los planes de su tera-
adelante tendremos otra posibilidad de tratar con peuta... por miedo a perder la simpatía, compren-
las frustraciones, vale decir: la vivencia del dolor. sión y empatía que ha estado esperando a lo largo
Sólo así se nos abrirá el acceso emocional a nues- de toda su vida. Que esto no tenga por qué ocurrir
tras vivencias tempranas, es decir, a las zonas siempre es algo que él, debido a las experiencias
hasta entonces ocultas de nuestro Yo y de nuestro con los padres, no puede creer. Pero, si cede a este i
)

destino. Un paciente que se hallaba en la fase fi- miedo y se adapta, el tratamiento se deslizará ha- il
nal de su terapia formuló esta situación en los si- cia el plano del falso Yo, y el verdadero permane- ii

guientes términos: cerá oculto y atrofiado. De ahí que sea importan- ¡,
4
tísimo que el terapeuta no tenga que formular,
«No eran los sentimientos bellos y agradables movido por su propia necesidad, contextos que el I¡
los que me transmitían nuevos conocimientos, paciente está precisamente a punto de descubrir ¡
1
sino aquellos contra los que yo más me había de- con ayuda de sus sentimientos. De lo contrario se 1l
il
fendido: sentimientos en los que me veía como un comportaria como un amigo que llevase buena co- µ
I! ,,
ser mezquin·o;' pequeño, malo, impotente, aver- mida a la celda de un prisionero en el preciso ins-
tante en que éste tuviera la posibilidad de aban-
gonzado, pretencioso, rencoroso o confuso. Y, so-
bre todo, triste y solitario. Pero precisamente des- donar su celda y pasar una primera noche tal vez
''·
!
,,
·!
:i

pués de estas vivencias, tan largo tiempo evitadas, sin protección y hambriento, pero en libertad.
tuve la certeza de haber comprendido algo de mi Como, de todas formas, este paso hacia lo incierto
vida partiendo desde dentro, algo que no hubiera exige un gran valor, puede ocurrir que el prisione-
podido encontrar en libro alguno». ro pierda su oportunidad y permanezca en la cár-
cel, consolándose con su comida y la «protección».

92 93

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··:\·1; .i-r;-.{ Ni. ffi r'?\P,,7.; -,--,-

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t:_...
Pero si se respeta la necesidad de descubrir :¡:
lizado por sus rendimientos, éxitos y cualidades, , i.
del paciente, podrá revivirse conscientemente y ¡
si puede darse cuenta de que sacrificó su infancia .,¡
por vez primera una situación antigua y jamás re-
cordada, percibida también por primera vez en
por este supuesto «amor», dicha constatación le 1
producirá hondas conmociones internas, pero un :.¡
toda su tragedia y por fin sometida al trabajo ¡
buen día sentirá el deseo de poner fin a su ma-
del duelo. Es propio de la dialéctica del traba-
jo del duelo el que esas vivencias estimulen, por
niobra publicitaria. Descubrirá en sí mismo la ne- ¡

cesidad de vivir su verdadero Yo y no tener que
un lado, el encontrarse a sí mismo y, por el otro,
seguir ganándose ese amor, un amor que, en el
lo tengan como condición previa.
fondo, lo deja con las manos vacías porque su ob-
La contrapartida de la depresión den tro del
jeto era ese falso Yo al que él mismo ha empe-
trastorno es la grandiosidad. De ahí que un pa-
zado a renunciar.
ciente pueda verse temporálmente liberado de la
La liberación de la depresión no conduce a
depresión cuando el terapeuta, o el grupo de te-
un estado de alegría permanente o de carencia
rapia, lo hacen participar de su propia grandio-
total de sufrim ien tos , sino al dinamismo vital, es
sidad, es decir, cuando, como parte de ellos, le
decir, a la libertad de poder vivir los sentimien-
permiten sentirse en cierto modo también grande
tos que afloren de manera espontánea. Es propio
y fuerte. En ese caso el trastorno asume otro
de la pluralidad de lo vivo el que estos senti-
signo durante cierto tiempo, pero sigue exis-
mientos no siempre sean alegres, «hermosos» y
tiendo. No obstante, la liberación de ambas for-
« buen os» , sino que pongan de manifiesto toda la
mas del trastorno apenas será posible sin un pro-
escala de lo humano, es decir, también la envi-
fundo trabajo de duelo sobre la situación de la
dia, los celos, la ira, la indignación, la desespe-
infa ncia.
ración, la nostalgia y la aflicción. Pero esta aper-
La capacidad de vivir el duelo, es decir, de re-
tura y esta libertad para dar cabida a los senti- , ..... ...,.
nunciar a la ilúsión de la propia infancia «feliz»,
mientos, al margen de lo que nos revelen, resultan
y de percibir emocionalmente toda la magnitud
inalcanzables si sus raíces fueron cortadas en la
de las heridas padecidas, devuelve al depresivo su
infancia. Así, a veces, el acceso a nuestro verda-
vitalidad y creatividad, y puede liberar al gran-
dero yo sólo nos es posible si ya no hace falta te-
dioso de los esfuerzos y la dependencia de su tra-
mer el mundo afectivo de nuestra infancia.
bajo de Sísifo. Si una persona puede darse cuenta,
Cuando éste haya sido vivido ya no nos resultará
a través de un largo proceso, de que nunca fue
extraño ni amenazador. Nos será conocido y fa-
«querido» por haber sido el niño que fue, sino uti-
miliar, y ya no tendrá que continuar oculto tras
94
95

- ---:--•-- - -•· --- - ••- • ... - -·••- HH- --• ·•-----· ,• f

-- - -.,;-_-¡,:::·;7,'[TF t,fst * t ?á( ;'.;-:·


los muros de la cárcel de la ilusión. Sabremos en- él un proceso «disuasivo», el descubrimiento tam-
tonces quién y qué nos «e ncerró», y precisamente bién quedará excluido y la depresión podrá cele-
este saber nos liberará, también, por fin, de anti- brar con tranquilidad sus triunfos.
guos dolores. Tras una larga fase depresiva, acompañada de
Muchos de los consejos vinculados al «trato» ideas de suicidio, Pia, una mujer de cuarenta años
con pacientes depresivos presentan un carácter que había sido duramente maltratada en la infan-
netamente manipulador. Según algunos psiquia- cia, pudo por fin vivir y legitimar la violenta y
tras, debería demostrarse al paciente que «su de- largo tiempo reprimida rabia contra su padre. A
sesperanza no es racional,,, o bien hacer que tome ello no siguió en un principio ningún alivio visi-
conciencia de su «hipersensibilidad». Este proce- ble, sino una etapa llena de duelo y lágrimas. Al
dimiento apuntalaría, en mi opinión, el falso Yo finalizar este periodo dijo:
y la adaptación emocional, es decir, en el fondo,
también la depresión. Pero si no deseamos esto, «El mundo no ha cambiado, la maldad y la
tendremos que tomar en serio todos los senti- crueldad me rodean por todas partes y lo advierto
mientos del paciente. con mayor claridad aún que antes. No obstante...
Precisamente su hipersensibilidad, su pudor, por primera vez encuentro que la vida merece
sus autorreproches (¡cuán a menudo sabe un pa- realmente ser vivida. Tal vez porque tengo la im-
ciente depresivo que está reaccionando en forma presión de vivir por vez primera mi propia vida.
hipersensible, y cómo se lo reprocha!) van Y ésta es una aventura fascinante. Sin embargo,
creando el hilo conductor de los antiguos senti- ahora entiendo mejor mis planes de suicidio, so-
mientos y de la queja verdadera y oculta, aunque bre todo los de mi juventud: en realidad, me pa-
él no entienda todavía a qué se refieren en reali- recía absurdo seguir viviendo porque de algún
dad. El sentimiento de desesperanza puede, de modo había vivido una vida extraña, que en nin- .. ,
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hecho, corresp nderse exactamente con la situa- gún momento había deseado y que estaba dis-
ción real de la infancia. puesta a echar fácilmente por la borda».
Cuanto menos realistas sean estos sentimien-
tos, cuanto menos «se avengan» con la realidad
actual, más claramente mostrarán que son reac-
ciones ante situaciones desconocidas que están
aún por descubrir. Pero si el sentimiento en cues-
tión no es vivido, sino que el terapeuta opera con

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porque éste transmite una sensación de conten-


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Un aspecto social de la depresión ''(·
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ción y apoya la ilusión de que las necesidades de ¡
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amor, comprensión y seguridad reprimidas en la J
infancia pueden ser satisfechas, pese a todo, por 1í
el grupo. Pero a la larga, esta «droga» tampoco
puede eliminar la depresión mientras los senti- l1
mientos infantiles sigan reprimidos. Este apo- '{
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yarse en el propio Yo, es decir, en el acceso a los
Podríamos plantearnos la pregunta: ¿Tiene la propios sentimientos y necesidades reales, así
adaptación que desembocar a la fuerza en la de- como la posibilidad de articularlos, siguen siendo
presión? ¿No podría ocurrir, y no hay acaso ejem- necesarios para el individuo si quiere vivir sin de-
plos de ello, que las personas emocionalmente presiones ni adicciones.
1
adaptables vivan muy contentas? Tal vez ha habido También en el niño adaptado dormitan fuer- lj
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casos similares en el pasado. En culturas que con- zas que oponen resistencia a esa adapta ción. En 1:

tinuaban viviendo dentro de un sistema de valores la pubert ad, muchos jóvenes eligen nuevos valo- ,j
aislado de otros, un hombre adaptado no era cier- res que son diametralmente opuestos a los de sus ,1

padres; forman, pues, nuevos ideales e intentan :I


tamente autónomo ni tenía un sentimiento de
identidad propio e individual que le diera apoyo, hacerlos realidad. Pero cuando esta tentativa no 1
1
pero encontraba su apoyo en el grupo. Claro que se halla arraigada en la vivencia de las propias ne- ,j

también había excepciones que, no satisfechas por cesidades y sentimientos auténticos, el joven se 1·,
todo esto, eran lo suficientemente fuertes como adaptará a los nuevos ideales de modo parecido a 9

para evadirse. Hoy, sin embargo, semejante encap- como, en otros tiempos, se adaptaba a sus padres.
Volverá a renegar de su verdadero Yo para ser re- ,
sulamiento de un grupo frente a otros con otras es- 1i
calas de valores, resulta apenas posible. Exigiría conocido y amado por el grupo de jóvenes de su
i
una firme seguridad del individuo en sí mismo, si edad o por su pareja. Sin embargo, nada de esto
no quiere convertfrse en marioneta de distintos in- sirve en realidad contra la depresión. Pues esa
tereses e ideologías. persona tampoco será ella misma cuando sea
Cierto es que hoy día existen numerosos gru- adulta, y no se conocerá ni se querrá; lo hará todo
pos que se denominan terapéuticos y consideran para ser amado por alguien, tal y como lo hubiera
que su tarea es este fortalecimiento de sus miem- necesitado con urgencia en otro tiempo, siendo
bros. Puede surgir incluso una adicción al grupo niño. Y esperará conseguirlo al fin mediante la
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adaptación. Los dos ejemplos siguientes pueden africana, creció solo con su madre; el padre mu-
ilustrar lo expuesto. rió cuando él era aún muy pequeño. La madre in-
l. Paula, de veintiocho años, quisiera libe- siste en la observación de ciertos modales e im-
rarse de su familia patriarcal, en la que la madre se pide por todos los medios que el niño sienta y,
halla sometida al padre. Se casa entonces con un menos aún, exprese sus necesidades infantiles.
hombre sumiso, y parece haber hecho algo to- Por otro lado, le hace con regularidad masajes en
talmente distinto de lo que hiciera su madre. El el pene hasta la pubertad, supuestamente por
marido consiente que ella duerma en casa de sus consejo de los médicos. Ya adulto, el hijo se se-
amigos. Ella misma se prohíbe sentimientos de para de la madre y de su mundo, y se casa con
celos y de ternura, y quisiera poder relacionarse una europea que, además, pertenecía a un estrato
con muchos hombres sin atarse sentimentalmen- te social totalmente distinto al de su casa paterna.
a fin de sentirse autónoma como un hombre. Pero No hay que atribuir a un azar, sino a la historia
tiene tal necesidad de «progresismo» que se deja infantil de Amar, almacenada en su cuerpo pero
maltratar y humillar por sus amigos cuando a aún inconsciente para él, el que eligiera una mu-
éstos les viene en gana hacerlo, reprimiendo a la jer que lo torturara, humillara y le diera insegu-
vez todos sus sentimientos de humillación y de ridad hasta un grado extremo, y que él no pudiera
rabia en la creencia de que así quedará libre de hacerle frente en modo alguno ni tampoco aban-
prejuicios y será una mujer moderna. A través de donarla. Este torturante matrimonio es, como el
estas relaciones ha salvado, pues, su docilidad in- ejemplo anterior, un intento por evadirse del sis-
fantil, pero también ha hecho suya inconsciente- tema social de los padres con ayuda de otro sis-
mente la sumisión de su madre. Como sufría de tema. El hombre adulto pudo liberarse sin duda
depresiones agudas y era dependiente del alcohol, de la madre de su adolescencia, pero emocional- •
comenzó mrn,.terapia reveladora que le ha per- mente quedó ligado a la imagen materna de su in-
mitido sentir los efectos que en ella había tenido fancia, que seguía siendo inconsciente, y que su
aquella sumisión de la madre. Con el tiempo, es- mujer sustituía mientras él mismo no podía vivir
tas confrontaciones directas e internas con la ma- sus sentimientos de aquellas etapas. En la terapia
dre le permitieron no seguir incorporando, in- fue para él terriblemente doloroso darse cuenta
consciente y compulsivamente, la actitud de su de la medida en que había admirado a su madre
madre en sus relaciones de pareja, y poder amar siendo niño y, al mismo tiempo, cómo en su in-
por fin a gente digna de su amor. defensión se había sentido manipulado por ella,
2. Amar, de cuarenta años, hijo de una familia en qué medida la había amado y odiado, y había

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adaptación. Los dos ejemplos siguientes pueden africana, creció solo con su madre; el padre mu-
ilustrar lo expuesto. rió cuando él era aún muy pequeño. La madre in-
1. Paula, de veintiocho años, quisiera libe- siste en la observación de ciertos modales e im-
rarse de su familia patriarcal, en la que la madre pide por todos los medios que el niño sienta y,
se halla sometida al padre. Se casa entonces con menos aún, exprese sus necesidades infantiles.
un hombre sumiso, y parece haber hecho algo to- Por otro lado, le hace con regularidad masajes en
talmente distinto de lo que hiciera su madre. El el pene hasta la pubertad, supuestamente por
marido consiente que ella duerma en casa de sus consejo de los médicos. Ya adulto, el hijo se se-
amigos. Ella misma se prohíbe sentimientos de para de la madre y de su mundo, y se casa con
celos y de ternura, y quisiera poder relacionarse una europea que, además, pertenecía a un estrato
con muchos hombres sin atarse sentimentalmen- social totalmente distinto al de su casa paterna.
te a fin de sentirse autónoma como un hombre. No hay que atribuir a un azar, sino a la historia
Pero tiene tal necesidad de «progresismo» que se infantil de Amar, almacenada en su cuerpo pero
deja maltratar y humillar por sus amigos cuando aún inconsciente para él, el que eligiera una mu-
a éstos les viene en gana hacerlo, reprimiendo a jer que lo torturara, humillara y le diera insegu-
la vez todos sus sentimientos de humillación y de ridad hasta un grado extremo, y que él no pudiera
rabia en la creencia de que así quedará libre de hacerle frente en modo alguno ni tampoco aban-
prejuicios y será una mujer moderna. A través de donarla. Este torturante matrimonio es, como el
estas relaciones ha salvado, pues, su docilidad in- ejemplo anterior, un intento por evadirse del sis-
fantil, pero también ha hecho suya inconsciente- tema social de los padres con ayuda de otro sis-
mente la sumisión de su madre. Como sufría de tema. El hombre adulto pudo liberarse sin duda
depresiones agudas y era dependiente del alcohol, de la madre de su adolescencia, pero emocional- •
comenzó una)erapia reveladora que le ha per- mente quedó ligado a la imagen materna de su in-
mitido sentir los efectos que en ella había tenido fancia, que seguía siendo inconsciente, y que su
aquella sumisión de la madre. Con el tiempo, es- mujer sustituía mientras él mismo no podía vivir
tas confrontaciones directas e internas con la ma- sus sentimientos de aquellas etapas. En la terapia
dre le permitieron no seguir incorporando, in- fue para él terriblemente doloroso darse cuenta
consciente y compulsivamente, la actitud de su de la medida en que había admirado a su madre
madre en sus relaciones de pareja, y poder amar siendo niño y, al mismo tiempo, cómo en su in-
por fin a gente digna de su amor. defensión se había sentido manipulado por ella,
2. Amar, de cuarenta años, hijo de una familia en qué medida la había amado y odiado, y había

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indignación y otros sentimientos indeseados ya
no vuelve a plantearse si se parte del supuesto de
que todo los sentimientos que el paciente des-
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sentimientos libera en el paciente una serie de ne-
cesidades y deseos antiguos, largo tiempo repri-
midos, que, sin embargo, no pueden ser satisfe-
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pierta en la persona del terapeuta forman parte chos sin autocastigo o no pueden satisfacerse ya
del intento inconsciente por contarle su historia y, porque guardan relación con situaciones pasadas.
al mismo tiempo, ocultársela, es decir, protegerse. Este último caso queda ilustrado por el ejemplo
El paciente no tendrá otra posibilidad de contar del deseo inaplazable y apremiante de tener hijos,
su historia que haciéndolo exactamente en la deseo que expresa, entre otras cosas, el de tener
forma inconsciente en que lo hace. En este sen- ¡
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una madre disponible.
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tido, todos los sentimientos que vayan surgiendo f.1


Pero hay también una serie de necesidades
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en el terapeuta pertenecen a esa historia críptica que pueden y deben ser satisfechas sin falta en el
y no pueden ser rechazados por él. El terapeuta presente y que surgen regularmente en la terapia.
deberá ser capaz de dar cabida a sus sentimientos Entre ellas figura, por ejemplo, la necesidad esen-
y de explicárselos a sí mismo. Sólo entonces po- cial a todo ser humano de articularse con liber-
drá experimentar hasta qué punto los sentimien- tad, es decir, de poder presentarse en público tal
tos que en él hace surgir la persona que busca su cual es en su lenguaje, en sus gestos, en su con-
ayuda le recuerdan su propia historia reprimida, ducta, en el arte y en toda expresión auténtica que
requiriéndole que elabore esa parte en sí mismo. se inicie con los berridos del lactante. Las perso-
Esto se aplica también a asistentes que trabajen nas que, de niños, tuvieron que ocultar su ver-
con drogodependientes y otras víctimas de abusos dadero Yo ante sí mismas y ante los demás se
sexuales y físicos en la infancia. Por lo general, sienten fuertemente impulsadas a derribar las
sólo dejan paso a un asomo de su propio miedo, antiguas barreras, aunque este primer paso hacia
y lo tapan -h er m ética mente ante sí mismos con fuera vaya unido a un gran miedo.
teorías abstractas, ideologías, trivializaciones o El primer paso no conduce siempre a la libe-
comportamientos autoritarios. ración, sino a la repetición de los miedos de la
constelación infantil, es decir, a vivir una serie
de sentimientos torturantemente vergonzosos y de
La articulación quebrantada del Yo una dolorosa desnudez, que acompañan la ope-
en la compulsión a la repetición ración de «mostrarse». Estos miedos a desnu-
darse recuerdan a los antiguos. Cuando son vivi-
La capacidad adquirida de abrirse a ciertos dos, comprendidos y explicados en relación con la

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tente y a merced de los demás, como también el
dones del paciente con otras personas y consigo
niño incómodo y díscolo, siguen siendo despre-
mismo, y lo torturarán, pero serán inasequibles a
ciados. Una serie de sueños de Hans puede ilus-
cualquier elaboración. Los contenidos inconscien-
trarlo:
tes permanecen inmutables y son intemporales.
Hans, cuarenta y cinco años, que consultó con
Sólo al volverlos conscientes empieza la transfor-
un segundo terapeuta debido a las obsesiones que
mación. le torturaban, soñaba constantemente que estaba
en una atalaya situada sobre un pantano, en la
periferia de una ciudad muy querida por él. Desde
La soledad del despreciador
esa torre gozaba de una vista panorámica sobre
la ciudad, pero se sentía triste y abandonado. En
El desprecio que el paciente manifiesta puede
la torre había un ascensor, y a menudo surgían
tener diversos antecedentes en su historia perso-
dificultades con el billete de entrada o bien im-
nal, pero su función común es la defensa contra
pedimentos en el camino hacia la atalaya. En la
los sentimientos indeseados. Ésta puede desapa-
realidad, aquella ciudad no tenía tal torre, pero
recer cuando dichos sentimientos logran ser vi-
ésta pertenecía claramente a su paisaje onírico y
vidos; por ejemplo, la desesperación y la ver-
le resultaba muy conocida. El sueño siguió repi-
güenza ante el amor no correspondido del niño y,
tiéndose a menudo, acompañado siempre de sen-
sobre todo, la rabia ante la no disponibilidad de
saciones de abandono. Durante la terapia acabó
los padres. Mientras se sea capaz de despreciar y
sufriendo transformaciones decisivas. Primero,
se sobrevalore el propio rendimiento («él no
Hans se sorprendió al soñar un día que, si bien
puede lo que yo puedo»), no será preciso vivir el
ya tenía su billete de entrada, la torre había sido
duelo de haber sido amado por el rendimiento. La
demolida y ya no tenía la vista panorámica. En
grandiosidad garantiza la pervivencia de la ilu-
cambio pudo ver un puente que unía el pantano
sión: yo he sido amado. Pero, al .evitar este duelo,
con la ciudad. Fue, pues, a pie hasta la ciudad y
se sigue siendo, en el fondo, el despreciado. Pues
vio «no todo», pero sí «unas cuantas cosas de
tendré que despreciar todo cuanto en mí no sea
cerca». Hans, que tenía fobia a los ascensores, se
grandioso, bueno e inteligente. De este modo pro-
sintió de algún modo aliviado, pues el viaje en as-
longo la soledad de mi infancia; desprecio la im-
censor siempre le había provocado no poca an-
potencia, la debilidad, la inseguridad, en pocas
gustia en el sueño. Al referirse a éste, dijo que tal
palabras: al niño desamparado que hay en mí y en
vez ya no era importante para él seguir mante-
el otro. Tanto el niñito desamparado, impo-
153
152

r w,
/::"J'<'
Epílogo 1995

Han transcurrido dieciséis años desde la apa-


rición del libro El drama del niño dotado, unos
años en los que se han producido muchos cam-
bios en el ámbito de las terapias. Se han desmo-
ronado estructuras anquilosadas y han surgido
nuevos métodos terapéuticos, a veces incluso pe-
ligrosos. Por muy compenetrado que un autor
esté con su libro, éste nunca sustituirá á un buen
terapeuta. Pero sí puede hacemos ver que nece-
sitamos una terapia al ponemos en coritacto con
nuestros sentimientos suprimidos o incluso repri-
midos, con lo cual a veces se pone en marcha un
proceso curativo. Ésta parecía ser, desde un prin-
cipio y hasta hoy, la función de El drama...
tc'"' Las tentativas que inicié hace diecisiete años
con este libro de convencer a los exponentes del
psicoanálisis de la gran importancia de las emo-
ciones para el desarrollo humano han encontrado
un eco cada vez mayor en el tra.nscurso de los
años. A ello ha contribuido también la ampliación
de nuestros conocimientos sobre los traumas de
la infancia y las consecuencias de su represión.
Debemos esta ampliación en parte a las infor-

165

m
yi?
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