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¿Qué puede un cuerpo con drogas?

La experimentación con drogas según Gilles Deleuze.

Altieres Edemar Frei


Ana Carolina Patto Manfredini

Resumen
¿Qué dijeron Gilles Deleuze y Félix Guattari sobre la experimentación con drogas? En este articulo
presentaremos algunas ideas y conceptos de los autores que nos sirven para pensar la problemática de
las drogas. Dada la amplitud que este análisis podría llegar a tener, nos limitaremos a presentar
algunos de los elementos que sirven de punto de partida para pensar el problema. ¿Qué es aquello que
caracteriza las drogas como drogas?, ¿cuál es su esencia? o aún mejor, como dicen los autores, ¿cuál
es su causalidad específica? Más allá de una valorización moral, ¿porque usamos drogas?, ¿no es
peligroso? Dejaremos para un futuro artículo el análisis de ejemplos concretos y la relación entre las
drogas con la máquina capitalista y las sociedades de control.
Palabras clave: drogas, Gilles Deleuze, velocidad, percepción, agenciamiento

Abstract
¿What did Gilles Deleuze and Félix Guattari say about the drugs experience? This article presents
some ideas and concepts the authors developed to help us think about drugs. Considering the amount
and lenght that this analysis could reach, we decided to present only the elements that we can use as a
start point: ¿What characterizes drugs as drugs? ¿what is the drugs essence? Or as these authors says,
¿which is its line of flight (ligne de fuite)? Further than a moral valoration ¿why do we use drugs? ¿is
it not dangerous? We will leave for a future article the analysis of some concrete uses of drugs, and the
relation with between them and the capitalist machine and the control society.
Keywords: drugs, Gilles Deleuze, velocity, perception, assemblage

Cualquiera que se ha acercado a la obra de Gilles Deleuze y Félix Guattari puede percibir el
carácter multifacético que ésta presenta. Los autores parecen hablar de todo. Partiendo de la
idea de una relación fundamental entre la filosofía y la no-filosofía (todo aquello que no es
filosofía, como el arte, las ciencias, etc.), Deleuze y Guattari hacen de su obra una verdadera
enciclopedia cuyo carácter rizomático y heteróclito nos aleja de los antiguos modelos
enciclopédicos de la antigua Barsa.

Los problemas y conceptos que aparecen en sus obras no son abstractos sino concretos, nacen
del encuentro del pensamiento con el mundo, con su presente. El pensamiento no se separa
del mundo, se da en él, nace de encuentros concretos, de afecciones que se dan en mundo.
Siento, luego soy. O mejor, siento, luego devengo. Por esto el pensamiento de Deleuze y
Guattari está siempre volteado a su presente, a los problemas que les eran contemporáneos: el
mayo de 1968, el feminismo, la sexualidad, el arte contemporáneo, el cine, la ecología, el
estructuralismo, Edipo, el psicoanálisis, el capitalismo y/o la resistencia son algunos de los
temas que podemos encontrar en sus escritos.

De esta gama problemática, nos interesa buscar las sendas trazadas en este mapa filosófico
que nos lleven por el camino de las drogas, para así comenzar a descubrir una cartografía de
la droga. Pero antes de pasar a la teoría, ¿usaban drogas nuestros autores? ¿Inventaban sus
conceptos bajo el uso de alguna sustancia?

Era la generación de 68, era la época de la contracultura, cuando el consumo de drogas se


volvió una experiencia política; cuando el sexo, la droga y la música se transforman en un ac-
to de resistencia, una afirmación política que empieza a ver otros sentidos en la existencia. El
LSD provocó un cambio de percepción incluso entre aquellos que no usaban LSD. Además,
fue considerado un peligro social.1 No tenemos datos bibliográficos que confirmen que los
autores experimentaron algún tipo de droga como mariguana, cocaína o LSD; sabemos, según
la biografía de François Dosse, que Deleuze era alcohólico, fumador con un solo pulmón y
que Guattari en algún momento tomaba ritalin para controlar su hiperactividad. Pero más allá
de eso, no sabemos más.

Ahora, ¿qué han escrito/pensado sobre la droga? En una primer acercamiento, podemos decir
que Deleuze y Guattari hablaron muy poco del tema, o no lo suficiente. Rastreamos algunas
apariciones: El problema de la droga es citado algunas veces en El antiEdipo pero sin ninguna
pretensión de análisis; aparece en Mil Mesetas, cuando hablan del uso de sustancias
alucinógenas en rituales chamánicos, en el capítulo sobre el devenir, y también aparece el
concepto de cuerpo drogado al hablar de las diferentes construcciones de cuerpos sin órganos,
en el capítulo ¿Cómo crear para si un cuerpo sin órganos?; en el trabajo de Deleuze solo
encontramos comentarios dispersos sobre el consumo de la droga en el video Abecedario
(letra B) y en su libro Conversaciones. En estas dos entrevistas, Deleuze básicamente se
cuestiona sobre el problema de la droga y el alcohol desde la perspectiva de sus potencias:
¿qué puedo con la droga?, ¿qué me impide?, ¿hasta donde?, ¿qué líneas estoy trazando,
vitales o mortales?2 No obstante, es en un artículo de 1978 que encontramos un análisis más
directo sobre el tema. En el texto intitulado en castellano “Dos preguntas sobre la droga”,
Deleuze hace una síntesis de lo que su filosofía podría pensar sobre el problema de las drogas.
Dos cuestiones sobre la droga

Es posible que la cuestión - sea una, dos o diez - sobre las drogas no haya aparecido en la obra
de Deleuze con mayor profusión porque, como el propio texto ‘dos preguntas sobre la droga’
dice,

“[…] vemos claramente que no se sabe qué hacer con la droga (ni siquiera los drogadictos), ni
tampoco cómo hablar de ella. Ora se invocan los placeres, difíciles de describir, que ya presuponen la
droga. Ora se invocan, al contrario, causalidades demasiado generales, extrínsecas (consideraciones
sociológicas, problemas de comunicación y de incomunicación, la situación de los jóvenes, etcétera).”3

¿Qué quiere decir Deleuze con esto? Que tenemos dificultad de hablar de las drogas porque
no encontramos su causalidad específica, al contrario, se busca en el placer y en causalidades
externas lo que sería una línea de causalidad o línea de fuga de la propia droga. Primero, no
tiene que ver con el placer porque, para Deleuze, el placer implica una falta, y como dice en
unas notas que escribe a Foucault en los años 70:

“La última vez que nos vimos, Michel, con mucha amabilidad y afecto, me vino a decir esto: no sopor-
to la palabra ‘deseo’; aunque usted la emplee en otro sentido, no puedo dejar de pensar ni de sentir que
deseo=carencia, o que el deseo se considera reprimido. Y añadía: puede que lo que yo llamo ‘placer’
sea lo que usted llama 'deseo’ pero, en cualquier caso, necesito otra palabra diferente de ‘deseo’. Evi-
dentemente, una vez más, no es una cuestión de terminologías. Puesto que yo, por mí parte, no soporto
la palabra ‘placer’. ¿Por qué? Para mí, el deseo no comporta carencia alguna. Tampoco es un dato na-
tural; es la misma cosa que una disposición [agencement] de heterogéneos que funciona; es un proce-
so, no una estructura ni una génesis; es afecto, no sentimiento; es ‘hecceidad’ (la individualidad de un
día, de una estación, de una vida), no subjetividad; es acontecimiento, no cosa ni persona. Y, sobre
todo, implica la constitución de un campo de inmanencia o de un ‘cuerpo sin órganos’, que se define
sólo por zonas de intensidad, de umbrales, de gradientes, de flujos.”4

En segundo, las drogas tampoco se explican por una causalidad externa. ¿Cuáles causalidades
son estas? Aquellas que justifican el uso de las drogas por un factor externo a la droga misma:
porque eres adolescente, porque estás deprimido, porque trabajas mucho, porque estás cele-
brando. Sea cual sea la explicación, para Deleuze estas no son las causalidades específicas de
la droga. Deleuze se pregunta en su texto:

“¿Hay una causalidad específica de la droga, y dónde puede encontrarse? Causalidad específica no
quiere decir ‘metafísica’ ni tampoco exclusivamente científica (química, por ejemplo). No se trata de
una infraestructura de la cual dependería lo demás como de su causa. Habría más bien que dibujar un
territorio o un contorno del conjunto-droga, que estaría relacionado, por una parte y en su interior, con
las diversas clases de drogas, y por otra parte y en su exterior, con causalidades más generales.”5

El agenciamiento Droga

Hay otro nombre para esa construcción de un territorios con límites internos y externos: son
los agenciamientos. Donde Deleuze explica brillantemente este problema de la droga, en el
caso del alcoholismo, es en su entrevista El abecedario. Deleuze dice ahí que el alcoholismo
es una cuestión de límite, es establecerse en un límite. Dice que el alcohólico, no importa qué
tipo - hay borrachos de día, de noche, de whisky, de vodka, que beben solos, que beben para
socializar, etc. -, construye una serie que hace con que lo podamos llamar alcohólico. Su serie
implica vasos de su bebida alcohólica favorita. Por un lado, para seguir siendo alcohólico, el
borracho debe tomar su último vaso del día, decir, “la última y me voy”, con la condición de
poder seguir mañana. Una serie de vasos tras vasos, con pausas, hace un agenciamiento
alcoholismo. Pero aparte de este límite relativo - el último vaso del día, que Deleuze llama de
“penúltimo vaso”, por no ser realmente el último - hay un límite absoluto: el último vaso de la
vida. Si el borracho ya no toma, si decide romper el agenciamiento, debe llegar a un límite
absoluto: tomar su último vaso. Y ahí se rompe un agenciamiento, se deviene otro, se
relaciona con otras fuerzas, se construyen otras series de sentido o territorios existenciales.

Un agenciamiento tiene por lo tanto muchos límites: internos, externos, relativos, y absolutos.
Es también siempre concreto, actúa en cuerpos y palabras. Y tiene dos ejes: un eje de
territorialización (donde se construyen los sentidos, donde se organizan las fuerzas, donde
nacen las formas) y otro de desterritorialización (líneas de fuga que tratan de llevar el
territorio a otro lado, a nuevos agenciamientos, que pueden ser tanto vitales como
mortíferos).6

El concepto de agenciamiento maquínico puede ser tal vez es concepto más importante de Mil
mesetas.7 Podemos decir, junto a David Lapoujade, que en Mil mesetas tenemos tres grandes
conceptos: Plano de inmanencia o cuerpo sin órganos, Máquina abstracta, y agenciamientos
maquínicos concretos. El plano es la superficie donde se despliegan las fuerzas agenciadas
por las máquinas abstractas. Si hay un sujeto, un agente en esta teoría, serían las máquinas. La
máquina es abstracta solo porque no tiene un contenido previamente determinado, funciona
con diferentes materiales y en diferentes planos. Solo se concretiza en el agenciamiento. Es
pues el agenciamiento que aterriza o da cuerpo y palabras a estos conceptos, al plano y a la
máquina. Sin agenciamiento, nada se concretiza, nada existe todavía. Campo de pura
virtualidad.

Todavía podemos decir que el agenciamiento se define por dos ejes: uno horizontal, donde
encontramos expresiones de un lado y contenido de otro; y otro vertical que corta
perpendicularmente el primero donde tenemos territorialización de un lado y
desterritorialización en la otra punta.

¿Qué cuerpos, expresiones, territorios y desterritorializaciones están en juego en la


experimentación con drogas? ¿Qué es propio del agenciamiento Droga?¿Cuáles son sus
territorios y fugas? En Mil mesetas Deleuze define lo que se podría llamar agenciamiento
drogas:

“Todas las drogas conciernen en primer lugar a las velocidades, y a las modificaciones de velocidad.
Lo que permite describir un agenciamiento Droga, cualesquiera que sean las diferencias, es una línea
de causalidad perceptiva que hace que 1) lo imperceptible sea percibido, 2) la percepción sea
molecular, 3) el deseo invista directamente la percepción y lo percibido.”8

Tenemos con esta definición dos problemas centrales para pensar la droga, según Deleuze: se
trata de un problema de velocidad y un cambio de percepción. Marcelo D2, cantante brasileño
del grupo Planet Hemp (Planeta marijuana), quien probablemente no ha leído a Deleuze, dice
en una de sus canciones algo muy deleuziano sobre la experimentación con la marijuana:

Voy conduciendo por la ciudad, rompiendo vidrios


Sin ningún sentido, ocultado por el humo
Que me lleva más lejos que cualquier motor
Aumento la velocidad, yo veo todo, pero nadie me ve

Flashback, ahora yo sé
Es hora de prender, yo me precipité
Millas y millas ya viajé
Otros lugares arriba de la ley

Sube a la cabeza y antes que se me olvide


Veo cosas que tú no ves9
La velocidad intensiva

Empecemos por la velocidad. En sus clases sobre Foucault, recientemente publicadas en


castellano por la editorial Cactus, Deleuze dice: “hay una sola cosa peor, más atroz que el
poder: la velocidad.”10

¿Qué velocidad es esta, se trata de aquella que conocemos cuando un objeto se desplaza de un
lugar a otro? No. Deleuze separa la velocidad del movimiento, nos dice que la velocidad es de
otra naturaleza, una intensiva. Todo aquello que es espacial, que se trata de objetos y
movimientos, es del orden extensivo. Un campo extensivo puede ser dividido en partes, un
campo intensivo no. La intensidad y el campo intensivo, conceptos tan importantes en el
pensamiento de Deleuze, son del orden del tiempo, un tiempo que también se separó del
movimiento, un tiempo intempestivo donde ya no hay separación entre pasado, presente y
futuro. Aión, en vez de Cronos.11 La intensidad sólo puede ser medida por grados, se trata de
un campo de fuerzas en tensión y no de formas en desplazamiento.

Deleuze también da otro nombre para esa velocidad: el Afuera o la Exterioridad absoluta. Ya
no es el mundo de las formas, pero tampoco de la relación entre fuerzas. Es el lugar de la
fuerza en sí, de la línea abstracta que se pliega en sí misma creando “adentros”,
invaginaciones de su misma superficie como un espacio agujereado. ¿Y que es esta línea
abstracta, esta línea de alta velocidad que nos arrastra? No es otra cosa que la línea del
pensamiento.

“Me dirán que es extraña esa historia: ‘¿qué significa pensar?’ viene a reemplazar a (…) ‘para qué
sirve la droga?’ Para mí es obvio, en el punto en el que estamos. (…) Si la mescalina solo vale por las
velocidades moleculares que nos comunica, es evidente que la pregunta que no ha cesado de
plantearse es: ¿qué es la velocidad del pensamiento? ¿por cuáles velocidades moleculares estamos
atravesados cada vez que pensamos? (…) ¿cómo puede vivir al ritmo de mi cerebro? Eso es lo que
significa pensar. ‘¿Qué es lo que significa pensar?’ no es que hay que pensar esto o aquello. ¿Qué es la
filosofía? Es afrontar la velocidad del pensamiento. No es ninguna otra cosa. Es afrontar la velocidad
del pensamiento y, literalmente, salir adelante como se pueda.”12

Si la velocidad es del pensamiento, se refiere a un pensamiento desterritorializado, a un


pensamiento que está en contacto con su Afuera, es decir, con lo impensable. Deleuze hace
que el pensamiento llegue a su límite.13

Otra característica de la velocidad es la desterritorialización, esa línea de fuga que se traza al


ir de un agenciamiento a otro, un vector que descompone una relación establecida. El
problema de la desterritorialización tiene que ser considerado a partir de sus límites. No hay
sólo un tipo de desterritorialización: podemos tener una desterritorialización positiva, una
negativa, una relativa, una absoluta, etc. La desterritorialización siempre lleva el
agenciamiento a otro lado, produce cambios en la composición de cuerpos y expresiones.
Cuando tome el ultimo vaso de alcohol de mi vida, me desterritorializare de un agenciamiento
alcohólico. Puede ser que esto me deprima. Puede ser que yo logre atravesar la abstinencia y
conjugar con otras fuerzas que no son las del alcohol. La desterritorialización, la velocidad,
siempre aporta un riesgo de descomposición, desarreglo, o destrucción; un riesgo de que una
nueva composición no se forme, que se trace una línea de abolición o de muerte. De ahí su
peligro, su atrocidad aún más potente que aquella que provocan los agenciamientos de
poderes. Por eso Deleuze reafirma varias veces la necesidad de extrema prudencia en toda
desterritorialización.

La prudencia y los diferentes usos

Hay un peligro en la experimentación con las drogas: su constante amenaza de la


desterritorialización, de trazar una línea mortífera, de que no logre componerse con otras
fuerzas. El agenciamiento drogas sólo es “válido”, a los ojos de Deleuze, si sirve para
componer, o para trabajar, como dice en sus entrevistas Abecedario.

“Michaux lo ha dicho todo (a mi juicio los problemas de drogas y los problemas de alcohol no
están tan separados). Llega un momento en el que la cosa se vuelve muy peligrosa, porque
aquí también hay una cresta. Cuando hablaba de la cresta entre el lenguaje y el silencio, o el
lenguaje y la animalidad – hay una cresta, un desfiladero muy estrecho. Está muy bien beber,
drogarse. Uno puede siempre hacer lo que quiera si ello no le impide trabajar, si es un
excitante; además es normal ofrecer algo del propio cuerpo en sacrificio, todo un aspecto muy
sacrificial. En las actitudes de beber, de drogarse, ¿por qué uno ofrece su cuerpo en sacrificio?
Sin duda, porque hay algo demasiado fuerte, que uno no podría soportar sin el alcohol. El
problema no es aguantar el alcohol, sino más bien que uno cree que necesita, que uno cree
ver; lo que uno cree experimentar, cree pensar y que hace que uno experimente la necesidad,
para poder soportarlo, para dominarlo, de una ayuda: alcohol, droga, etc. (…) es evidente que
cuando todo se da la vuelta y beber impide trabajar, cuando la droga se convierte en una
manera de no trabajar, estamos ante el peligro absoluto. Aquello ya no tiene ningún interés, y
al mismo tiempo uno se da cuenta cada vez más de que, mientras que uno consideraba
necesarios el alcohol o la droga, estos no lo son en absoluto, es decir, tal vez haya que pasar
por ahí para darse cuenta de que todo lo que uno creía que podía hacer gracias a la droga o el
alcohol, lo podía hacer sin ellos.”14
Podemos decir con esto que el agenciamiento Droga debe ser distinguido de acuerdo a la
naturaleza de la relación con la desterritorialización o velocidad. Primero, en la relación con
las drogas tenemos experimentaciones vitales cuando el cuerpo soporta la velocidad y se
potencializa con ellas y logra hacer composiciones que antes no hacía.

“La experimentación vital tiene lugar cuando una tentativa cualquiera que emprendemos se apodera de
nosotros e instaura cada vez más conexiones, nos abre a otras conexiones: esta experimentación puede
implicar una especie de auto-destrucción, puede utilizar productos auxiliares o estimulantes, tabaco,
alcohol, drogas. No es una tentativa suicida mientras el flujo destructivo no se vuelva sobre sí mismo,
sino que sirve para la conjugación de diferentes flujos, sean los riesgos cuales sean.”15

Después, tenemos empresas mortíferas o suicidas cuando el cuerpo no soporta la velocidad y


revienta. En vez de una conexión entre diferentes flujos, “todo se vuelca sobre ese único flujo:
‘mi’ dosis, ‘mi’ vaso”. Sería lo contrario a las conexiones, dice Deleuze, un tipo de
desconexión organizada:

“En lugar de un ‘motivo’ que sirve para verdaderos temas y actividades, tenemos un desarrollo único y
plano, como en una historia de intriga esteriotipada, donde la droga sólo es para la droga y conduce a
un suicidio cretino. No hay más que una línea, ritmada por los segmentos ‘dejo de beber - vuelvo a
beber’, ‘ya no soy drogadicto - puedo volver a serlo’. (…) El drogadicto es el desintoxicado
perpetuo.”16

Separar las conexiones vitales de las empresas suicidas puede ser una tarea díficil.
¿Tendríamos que pasar por las drogas para experimentar esa velocidad? ¿Se puede estar
drogado sin la droga? Deleuze encuentra en Michaux, en Burroughs y en Henry Miller, esa
idea de experimentar la velocidad sin la necesidad de la droga o del alcohol como activador.
Emborracharse de agua. Y esto es posible si pensamos que lo que está en juego en las drogas
no es la droga en sí sino aquello que se logra percibir, sentir, por medio de ellas. Se percibe
algo demasiado fuerte, tal como percibe aquél que paso por una situación terminal y logró
sobrevivir. Se percibe que hay algo demasiado fuerte en la vida, algo que no podemos
soportar.

“Hay algo demasiado fuerte en la vida, no es en absoluto algo necesariamente aterrador, es algo dema-
siado fuerte, algo demasiado potente en la vida. Entonces, uno cree de manera algo estúpida que be-
biendo puede ponerse al nivel de aquello más potente. Si examinas todo el linaje de los estadouniden-
ses, de los grandes estadounidenses...
De Fitzgerald a uno de los que más admiro, Thomas Wolfe. Se trata de toda una serie de alcohólicos,
lo que al mismo tiempo les permite y sin duda les ayuda a percibir algo demasiado grande para
ellos.”17
La percepción háptica o las micropercepciones

Y es en este punto que pasamos a la segunda característica del agenciamiento especifico de


las drogas, el problema de la percepción. La percepción de esta grandeza de la vida no se
consigue por la visión, olfato o tacto. Se trata de una micropercepción, de trata de una
percepción molecular a la que no estamos acostumbrados, a la que fuimos educados a no
reconocer.

Deleuze llama de percepción háptica aquella que es propia del espacio liso. Esta se diferencia
de la percepción óptica, propia del espacio estriado.18 La primera es una percepción de las
fuerzas, que Deleuze encontrara en el arte nómada, y la segunda una percepción de las
formas, propia del Aparato de Estado.

“En el espacio liso, la línea es, pues, un vector, una dirección y no una dimensión o una determinación
métrica. Es un espacio construido gracias a operaciones locales con cambios de dirección. (…) El
espacio liso está ocupado por acontecimientos o haecceidades, mucho más que por cosas formadas o
percibidas. Es un espacio de afectos más que de propiedades. Es una percepción háptica más bien que
óptica. Mientras que en el estriado las formas organizan la materia, el en liso los materiales señalan
fuerzas o le sirven de síntomas. (…) En él, la percepción está hecha de síntomas y de evaluaciones
más bien que de medidas y de propiedades. Por eso el espacio liso es ocupado por las intensidades, los
vientos y los ruidos, las fuerzas y las cualidades táctiles y sonoras, como en el desierto, la estepa o los
hielos. (…) El espacio estriado, por el contrario, está cubierto por el cielo como medida y las
cualidades visuales mensurables derivadas de él.”19

Suely Rolnik llama esa percepción de cuerpo vibrátil, la capacidad de sentir las fuerzas del
mundo. Dice la filósofa brasileña que esa percepción es confirmada por las neurociencias a
través de la diferenciación entre una capacidad subcortical y otra cortical. La capacidad
cortical de los órganos del sentido es aquella que conocemos en tanto percepción, aquella
“que nos permite aprehender el mundo en sus formas para luego proyectar sobre ellas
representaciones de las que disponemos, y así atribuirle sentido. Esta capacidad (...) está pues
asociada al tiempo, a la historia del sujeto y el lenguaje.”20

Pero tenemos otra capacidad, más reprimida históricamente y que se propaga en el tejido
social solamente a partir de la década de sesenta del siglo pasado, con el movimiento que
conocemos bajo el nombre de contracultura. Se trata de una capacidad subcortical que “nos
permite aprehender el mundo en su condición de campo de fuerzas que nos afectan y que
hacen presente en nuestro cuerpo bajo la forma de sensaciones. El ejercicio de esa capacidad
está desvinculado de la historia del sujeto y del lenguaje.”21

En otras palabras, regresando a Deleuze y Guattari, estamos hablando de una dimensión


inconsciente - subcortical - y una dimensión consciente - cortical. No debemos asumir que la
experimentación con droga nos permite acceder a una dimensión profunda, escondida en los
rincones de nuestro ser. Mas bien se trata de una experimentación, de la producción del
propio inconsciente, lo que estos autores llaman de la producción de una máquina deseante y
de un cuerpo sin órganos.

“Este plan del Inconsciente se opone molarmente al sistema percepción-conciencia. (...) Todo cambia
en un plan de consistencia o de inmanencia, que es necesariamente percibido de por sí al mismo
tiempo que se construye: la experimentación sustituye la interpretación; el inconsciente, que ha
devenido molecular, no figurativo y no simbólico, está dado como tal en las micropercepciones; el
deseo inviste directamente en el campo perceptivo en el que lo imperceptible aparece como objeto
percibido del deseo, ‘lo no figurativo del deseo’. (...) El inconsciente no hay que encontrarlo, hay que
construirlo.(...) La droga proporciona al inconsciente la inmanencia y el plan que el psicoanálisis no ha
cesado de fallar”.22

¿Y qué es que se percibe molecularmente? Se percibe lo imperceptible, es decir, se percibe en


el límite de la percepción misma. Así como el pensamiento debe llegar hasta lo impensable, y
lo visible hasta lo invisible, en esta filosofía de los límites hay que ir hasta el límite de la
percepción. Las micropercepciones no deben ser confundidas con alucinaciones, fantasías o
“arrebatos paranoicos”, ya que estas parecen siempre recubrir de antemano las verdaderas
micropercepciones disparadas por la droga en cuestión.

“Artaud, Michaux, Bourrughs, que lo saben, odiaban estas ‘percepciones erróneas’, estos ‘malos
sentimientos’ que les parecían al mismo tiempo una traición y no obstante una consecuencia
inevitable. Es ahí donde se pierde todo control y se instala el sistema de la dependencia más abyecta,
dependencia del producto, de la dosis, de las producciones fantasmales (...) etc. Abstractamente,
habría que distinguir dos cosas: todo el dominio de la experimentación vital, y de las empresas
mortíferas.”23

No sabemos lo que puede un cuerpo

Por más conscientes de los riesgos que comporta una desterritorialización, y sea recomendada
toda la prudencia, es imposible saber de antemano lo que puede un cuerpo acoplado a
cualquier tipo de sustancia o moléculas. Deleuze no cesa de repetir la frase de Spinoza: no
sabemos lo que puede un cuerpo. ¿Cuáles sus potencias? ¿Con qué se relaciona? Por lo tanto,
no sabremos, tal vez nunca, lo que puede un cuerpo acoplado a alucinógenos, psicodélicos o
los llamados psiconautas. Desdoblando la afirmación según el animismo chamánico de los
pueblos Guaranis (Brasil), tal como lo hace Viveros de Castro, podemos decir “no sabemos lo
que puede también el espíritu” bajo la influencia de estas sustancias.

Esta incertidumbre es propia de la experiencia deseante, de la dimensión inconsciente de la


vida. No sabemos donde va emerger una nueva relación, una nueva conexión, o incluso si se
descomponga el conjunto. Todo está en juego en el mismo momento de la experimentación,
no hay nada por descubrir, por encontrar, por develar. El éxito o el fracaso de cualquier
agenciamiento sólo puede ser evaluado conforme al mismo agenciamiento se despliega.

Al afirmarse “no sabemos lo que puede un cuerpo” o “no sabemos lo que puede un espíritu”,
se ratifica la potencia de las máquinas de guerra nómadas. Un cuerpo en devenir es difícil de
ser controlado. Y esta falta de control puede ser justamente aquello que obsesiona al Estado
en relación a las drogas. No se trata, por lo tanto, de una preocupación por el cuidado y la
salud colectiva; tampoco se trata de un argumento económico el que explica su interés por las
drogas. El aparato de captura, el Estado, se interesa por aquello que puede controlar o no con
el incentivo al consumo de ciertas sustancias y la restricción de otras.

Al final, estos agenciamientos, las conexiones con estas sustancias, podrían, incluso, crear
nuevas formas de amor: afectos, por lo tanto, que escapan a aquellos que nos ofrece las
sociedades de control.
Bibliografía

1. Deleuze, Gilles, Lógica del sentido, trad. Miguel Morey, Paidós, Barcelona, 1989.
2. —, Conversaciones, Pre-Textos, Valencia,1995.
3. —, Dos regímenes de locos. Textos y entrevistas (1975-1995), Pre textos, Valencia,
2007.
4. —, Mil Mesetas. Capitalismo y esquizofrenia, Pre textos, Valencia, 2010.
5. —, La subjetivación: curso sobre Foucault III, Cactus, Buenos Aires, 2015.
6. Dosse, François, Gilles Deleuze y Félix Guattari: biografía cruzada, 1ª edición, Fondo
de Cultura Económica, Buenos Aires, 2009.
7. Guattari, Félix y Rolnik, Suely, Micropolítica.Cartografías del deseo, Traficantes de
sueños, Madrid, 2006.
8. Rolnik, Suely, Geopolítica del chuleo, en Brumaria 7: Arte, máquinas, trabajo inma-
terial. Documenta 12 Magazine Project, Madrid. Disponible en pdf:
http://70.32.114.117/gsdl/collect/revista/index/assoc/HASH011a/801bf971.dir/r67_05
nota.pdf (consultado el 4 de noviembre de 2018)
9. SeisDedos, Ike, “O novo apóstolo da psicodélia”, en El país semanal
(https://brasil.elpais.com/brasil/2018/10/22/eps/1540216778_993145.html?fbclid=Iw
AR1shnoP-GIV34W0kjTxsdTNMhTdOy6mx7yNLuaD4HZP8n0VAqWrqTraJBE)
(consultado el 15 de noviembre de 2018)

1
“[Timothy] Leary fue considerado ‘el hombre más peligroso de los EUA’ (en la definición de Nixon), y - para
aterrorizar los potenciales consumidores -, la prensa, padres y profesores divulgaban noticias falsas sobre jóve-
nes que consumieron ácido y se quedaron ciegos mirando el sol.” Ike Seisdedos, O novo apóstolo da psicodélia.
2
“Sí, es una línea mortal, demasiado violenta y demasiado rápida, que nos introduce en una atmósfera irrespira-
ble. Como la droga a la que renunció Michaux, destruye todo pensamiento. No es más que delirio o locura, como
la “monomanía” del capitán Achab. Sería preciso franquear la línea y, al mismo tiempo, hacerla susceptible de
ser vivida, practicada, pensada. Hacer de ella, en la medida de lo posible y durante todo el tiempo que fuera po-
sible, un arte de vivir. ¿Cómo salvarse, cómo conservarse en el enfrentamiento con esta línea?” Vid., Gilles De-
leuze, Conversaciones, ed., cit., p. 178-179.
3
Gilles Deleuze, Dos regímenes de locos. Textos y entrevistas (1975-1995), ed., cit., p. 145.
4
Ibídem., p. 127.
5
Ibídem., p. 145.
6
“La noción de territorio se entiende aquí en un sentido muy lato, que desborda el uso que recibe en la teología y
en la etnología. El territorio puede ser relativo a un espacio vivido, así como a un sistema percibido en cuyo seno
un sujeto se siente ‘en su casa’. El territorio es sinónimo de apropiación, de subjetivación encerrada en sí mismo.
El territorio puede desterritorializarse, esto es, abrirse y emprender líneas de fuga e incluso desmoronarse y des-
truirse. La desterritorialización consistirá en un intento de recomposición de un territorio empeñado en un proce-
so de reterritorialización. El capitalismo es un buen ejemplo de sistema permanente de desterritorialización: las
clases capitalistas intentan constantemente ‘recuperar’ los procesos de desterritorialización en el orden de la pro-
ducción y de las relaciones sociales. De esta suerte, intenta dominar todas las pulsaciones procesales (o phylum
maquínico) que labran la sociedad.” Félix Guattari y Suely Rolnik, Micropolítica. Cartografia del deseo, ed.,
cit., p. 372-373.
7
“Cuando Catherine Clément pregunta cuál es la unidad de esta obra, particularmente heteróclita, Deleuze res-
ponde: ‘Acaso sea la noción de agenciamiento (que reemplaza las máquinas deseantes)’.” François Dosse, Gilles
Deleuze y Félix Guattari: biografía cruzada, ed., cit., p. 318.
8
Gilles Deleuze y Félix Guattari, Mil Mesetas. Capitalismo y esquizofrenia, ed., cit., p. 283.
9
Canción HC3, del disco “A invasão do sagaz homem fumaça”, 2000.
10
Gilles Deleuze, La subjetivación: curso sobre Foucault III, ed., cit., p. 90
11
“La pregunta fundamental que nos propone este texto es: ¿Cuál es este tiempo que no precisa ser infinito, sino
solamente «infinitamente subdivisible»? este tiempo es el Aión. Hemos visto que el pasado, el presente y el futu-
ro no eran en absoluto tres partes de una misma temporalidad, sino que formaban dos lecturas del tiempo, cada
una completa y excluyendo a la otra: de una parte, el presente siempre limitado, que mide la acción de los cuer-
pos como causas, y el estado de sus mezclas en profundidad (Cronos); de otra parte el pasado y el futuro esen-
cialmente ilimitados que recogen en la superficie los acontecimientos incorporales en tanto que efectos (Aión).
Gilles Deleuze, Lógica del sentido, pp. 80-81.
12
Gilles Deleuze, La subjetivación: curso sobre Foucault III, ed., cit., p. 192-193.
13
Sobre esta relación del Afuera con el pensamiento, ver Gilles Deleuze, La subjetivación: curso sobre Foucault
III, ed., cit., pp. 31-34, 46-55.
14
Video Abecedario, letra B.
15
Gilles Deleuze, Dos regímenes de locos. Textos y entrevistas (1975-1995), ed., cit., p. 147.
16
Ídem.
17
Video Abecedario, letra B.
18
“Varias nociones, prácticas y teóricas, sirven para definir un arte nómada y sus desarrollos (bárbaros, góticos y
modernos). en primer lugar la ‘visión aproximada’, por oposición a la visión alejada; también el ‘espacio táctil, o
más bien ‘espacio háptico’, por oposición al espacio óptico. Háptico es mejor término que táctil, puesto que no
opone dos órganos de los sentidos, sino que deja entrever que el propio ojo puede tener esa función que no es
óptica.” Gilles Deleuze y Félix Guattari, Mil Mesetas. Capitalismo y esquizofrenia, ed., cit., p. 499.
19
Ibídem., p. 487-488.
20
Suely Rolnik, Geopolítica del chuleo, p. 3 del documento electrónico.
21
Ibídem.
22
Gilles Deleuze y Félix Guattari, Mil Mesetas. Capitalismo y esquizofrenia, ed., cit., p. 285.
23
Gilles Deleuze, Dos regímenes de locos. Textos y entrevistas (1975-1995), ed., cit., p. 146-147.