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Joffrey contra Joffrey

por Javivi 8-10-2019

Joffrey Ardides, siempre dispuesto a degradarse y ensuciarse, fue amigo de


embarullarlo todo.
Prefirió humillar a dejarse humillar, explotar a dejarse explotar, abusar a dejarse
abusar: fue el alumno aventajado de las relaciones de poder.
Se educó en un colegio donde los males de la sociedad eran amplificados y se
mostraban como bienes. Creció en un ambiente donde cualquier concepto relacionado
con la dignidad humana era borrado de manera sistemática y tajante.
Convencido de su realidad, entendía la justicia imponiendo venganza y no podía
admitir la tristeza, el miedo o la debilidad.
Para él, los otros, se mostraban como seres indignos, carentes de valor.
Amasó su fama y su fortuna destruyendo a la competencia.
Fiel a sí mismo, convertía en victorias los mayores fracasos y disfrutaba cuando le
adulaban por ser rico.
Decidió presentar su propia candidatura a la presidencia del gobierno ensalzando el
orgullo nacionalista, únicamente para reafirmar así su propio carácter narcisista y
garantizó la seguridad nacional para poder erigirse salvador y protector del mundo
entero.
Joffrey, en su lecho de muerte, acompañado únicamente por el frío resplandor de las
paredes metálicas del bunker diseñado por él mismo, sintió pánico, cuando, inmóvil, se
vio incapaz de vengarse de alguien. Era incapaz de someter, controlar, humillar… Esto
le llevó a experimentar la angustia de quien no conoce.
Admitió entonces que toda su vida había sido dependiente y que, inevitablemente, el
hombre más poderoso de la tierra, había vivido como esclavo intentando esclavizar.
Observó que su personalidad había sido configurada desde los demás e
irremediablemente dependía de ellos para existir.
Fue entonces, en la soledad, cuando pudo experimentar el terror del opresor, la
bofetada humillante y el horror del oprimido. Fue cuando no pudo reconocerse como
único, cuando se dio cuenta de que no era insustituible, de que su intimidad había sido
traicionada por él mismo.
Fue justo al expirar su último aliento cuando pensó en lo desesperadamente necesitado
de amor estaba y lo importante que es reconocer al otro como merecedor de respeto.
Justo antes de morir admitió ser uno más.