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Agradecimientos

Moderadoras:
LizC

Niii

Staff de traducción:
BrendaCarpio Little Rose Rihano

Eve2702 LizC Suri

PokeR Mari NC Susanauribe

alexiia☮♪ Simoriah TwistedGirl

Gry Niii Vannia

Kathesweet Paaau

Staff de corrección:
Kathesweet Majo2340 Marina012

LizC Mari NC Nanis

Niii Paaau

Recopilación y Revisión: Diseño:


Niii Paovalera
Índice
Sinopsis

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Capítulo 15

Capítulo 16

Capítulo 17

Sobre el autor
Sinopsis

A
nnika Truman de diecisiete años de edad sabe del poder del
pensamiento positivo. Con un hermano pequeño enfermo de cáncer,
eso es todo de lo que siempre ha oído. Y con el fin de ayudar a
Jeremy, irá a los confines de la tierra —o por lo menos al lejano
Hollywood— para ayudarlo a sobrevivir a su próxima cirugía.

Pero el plan de Annika para convencer a Jeremy de que un genio mágico le


concederá cualquier deseo le lanza una bola curva cuando él,
inesperadamente, desea que su ídolo de televisión lo visite. Annika se
encuentra repentinamente en la desesperante situación de obtener acceso
a un actor estrella muy fornido y convencerlo de que vaya a casa con ella.
¿Pan comido, verdad?

El conocido talento de JanetteRallison por hacer reír a carcajadas, el


romance adolescente, y la narración conmovedora brilla en una novela que
tendrá a los lectores riendo y llorando al mismo tiempo.

Traducido por Niii


Capítulo 1
Traducido por Paaau

Corregido por Niii

H
ubiera esperado ver esta clase de fila si, digamos, Elvis hubiera
regresado de la muerte para dar un concierto. O si algún
excéntrico y ultra genial billonario estuviese bendiciendo las vidas
de adolescentes merecedores entregándoles autos deportivos gratis. Pero
no había esperado ver esta cantidad de gente en fila en la oscuridad
esperando la venta del Día después de Acción de Gracias en Toys “R” Us1.
De verdad, ¿Qué sucedió con la antigua usanza de la procrastinación2?
Aparentemente, cada residente de Henderson, Nevada, había salido, y aun
eran solo las 4.50 am. La tienda ni siquiera habría hasta dentro de diez
minutos.

Madison subió aún más el cierre de su chaqueta mientras nos


bajábamos de mi minivan.

—Este es un buen ejemplo del comercialismo fuera de control.

No respondí, porque estaba demasiado ocupada corriendo a través


del estacionamiento hacia el final de la línea. Además, Madison no tenía
derecho a hablar: cada año tenía tantos regalos que debías escucharla
quejarse hasta año nuevo sobre cómo tuvo que reorganizar su cuarto para
hacerlos caer a todos.

Madison no es solo mi mejor amiga, sino que probablemente la única


amiga que puedo convencer de despertarse a esta hora para rastrear una
figura de acción parlante de TeenRobin Hood para mi hermano de seis
años. Ni yo misma me hubiera despertado a las 4.30 si no fuera tan
importante.

1Toys-R-Us: Juguetes SON lo nuestro, una de las más grandes cadenas de juguetería en
EUA.
2
Procrastinación: Se refiere a la tendencia de las personas a dejar las cosas para último
momento.
Madison cruzó sus brazos a su alrededor para entrar en calor.

Solo usábamos chaquetas delgadas porque no esperábamos esperar


afuera mucho tiempo, pero incluso el desierto de Nevada es frío diez para
las cinco de la mañana. Por lo general Madison usaba el cabello hasta los
hombros—lo llama rubio fresa pero es más fresa que rubio—y parecía
como si ni siquiera tuviese que cepillarlo. Yo me había puesto una
sudadera y había tomado mi cabello en una cola de caballo. Ahora deseaba
haber traído un sombrero.

Madison miró la línea en frente de nosotros.

—Sabes, Annika, si no puedes encontrar un TeenRobin Hood, estoy


segura de que Jeremy estará bien con un regalo diferente. Quizás puedas
darle un set de arco y flechas real, como el tuyo.

Pensé en mi arco, pero no pude imaginar a Jeremy con algo como


eso. Era casi tan grande como él, y quizás no tendría toda la fuerza para
jalarlo hacia atrás. El pensamiento hizo que mi garganta se sintiera
apretada.

Negué con la cabeza.

—Tiene que ser un TeenRobin Hood.

Jeremy había dicho que quería la figura de acción de TeenRobin


Hood, y lo seguía diciendo cada vez que veía el show en televisión, así que
ese era el juguete que debía conseguirle.

La pareja delante de nosotros estaba ocupada planeando su


estrategia.

—Te llamaré tan pronto tenga el PlayStation en mis manos. Toma


una de esas bicicletas que están en oferta. Lánzate sobre ella si es
necesario.

Cubrí mis manos con las mangas para protegerme del frío.

¿Por qué a Jeremy tenía que gustarle Robin Hood? Apuesto a que
nadie se estaba lanzando sobre los juguetes de Hércules.

A las cinco en punto las puertas se abrieron, pero nos tomó otros
veinte minutos entrar. Para ese momento los pasillos zumbaban con gente
sacando juguetes de los estantes, y ya se habían formado filas en las cajas
registradoras.

Le dije a Madison: —¿Por qué no vas a ponerte en fila mientras


busco las figuras de acción? Nos tardaremos menos de esa forma.

No esperé que respondiera, solo seguí mi camino por un pasillo.


Quería pasar rápidamente a las personas pero me encontraba
continuamente atrapada detrás de carros con gigantes juguetes que
bloqueaban el camino.

Doblé por el pasillo de la muñeca Barbie y consideré


momentáneamente tomar una novia para TeenRobin Hood, una que fuera
un poco más adecuada para él que Lady Marion. Lo siento, pero la actriz
que la interpreta es una total inútil. Todo lo que hace es revolotear, llorar,
y esperar a que la rescaten. No habría durado ni dos días en la Edad
Media real, esa es la razón por la que comencé a animar a Robin Hood
para que la dejara luego del tercer episodio. Apuesto a que incluso Barbie
podría haberle dado un grave golpe.

Finalmente encontré la fila de las figuras de acción. Caminé de


arriba abajo escaneando los estantes por las cajas verdes de los personajes
de Nottingham. El set de 10 centímetros que Jeremy ya tenía estaba en un
lugar destacado del estante, pero no vi la nueva versión de 30 centímetros,
la que se suponía estaba disponible a partir de hoy.

¿Dónde estaban?

El stock de la tienda no podía acabarse el primer día a las cinco y


veinticinco de la mañana, ¿verdad? ¿No deberían tener un gran
cargamento guardado? Fui al siguiente pasillo.

Nada. Y luego vi la tapa superior y los estantes de las cajas verdes de


Nottingham.

Un nombre con una docena de cajas en su carro de compras estaba


de pie, cernido sobre ellas. Usaba una chaqueta de cuero sintético que se
estiraba sobre su estómago y un anillo de ópalo tan grande que podría
haberse usado como bandeja.

Troté hacia la exhibición, mis ojos escaneando las cajas por Robin
Hood. Lady Marion, Lady Marion, el Pequeño Juan, el Sheriff…
—¿Queda algún Robin Hood? —pregunté.

Él no me miró, simplemente siguió levantando las cajas y


verificándolas.

—Creo que los tengo todos.

—¿Qué? Necesito uno para mi hermano pequeño.

Ahora me miró, su mirada tanteándome.

—Entonces estás de suerte. Te venderé uno en ciento cincuenta


dólares.

—¿Ciento cincuenta? Cuestan 39 dólares.

—No una vez están en mi carro. Entonces cuestan ciento cincuenta.


—Envió una sonrisa grasosa en mi dirección—. Así es el libre mercado,
niña.

Podía ver las cajas en su carro. Estaban tan cerca.

Me giré hacia el hombre, finalmente dándole toda mi atención. Mi


madre dice que tengo un sexto sentido con la gente. Sé justo después de
conocer a alguien cómo son, cuán perceptivos son y qué es lo que los
motiva.

Cuando era pequeña, solía desear tener algún tipo de súper poder.
Quería volar como Superman o trepar edificios como el Hombre Araña.
Pero cuando lo piensas, no hay muchas aplicaciones prácticas para los
súper poderes. Sin embargo, ser capaz de leer a las personas es útil. Me
ayuda a negociar con los profesores y a desplazarme por la secundaria. Sé
lo que puedo obtener.

Mirando a este hombre ahora, busqué a través de las posibilidades


en mi mente. No era el tipo—incluso si yo hubiese estado con maquillaje—
con el que pudiera haber movido mi largo cabello rubio a su alrededor y él
bajaría el precio porque una chica bonita se lo pidió. El dinero lo motivaba,
y nada más. No detecté ni siquiera un gramo de simpatía circulando a
través de su corazón, pero aun así traté. Le diría sobre Jeremy y esperaría
por una vez estar equivocada.
Con mis manos en posición de rogar, dije: —Mira, mi hermano está
enfermo; tiene cáncer, y de verdad quiere un TeenRobin Hood. ¿Puedes
dejarme solo uno?

—Por ciento cincuenta dólares, puedo.

Saqué mi billetera y tomé ciento veinte.

—Esto es todo lo que tengo, y necesitaré 40 dólares para comprarlo


en la caja.

Él bufó y volvió hacia las cajas.

—Entonces quizás tus padres pueden encontrar uno en eBay. Claro


que quizás valgan más de trescientos cincuenta ahí. Robin Hood es el
muñeco de esta temporada.

Volví a meter mi billetera en el bolsillo de mi abrigo y me giré hacia


los estantes. Si él aún estaba buscando entre las cajas, entonces también
yo. Quizás todavía quedaba uno.

Tenía que quedar uno.

Busqué entre el Rey Juan, el Fraile Tuck, Lady Marion—incluso su


figura plástica parecía que fuese a desmayarse—el Sheriff, otro Fraile
Tuck, y Robin Hood. ¡Robin Hood! Jadeé y agarré la caja.

Desafortunadamente, el hombre la alcanzó al mismo tiempo y la


sacó de mis manos.

—¡Hey! —grité—, esa era mía.

—Lo siento, niña. Estaba aquí primero. A demás —sonrió mientras


tomaba la caja—, la posesión es nueve décimos de ley.

Miré alrededor de la tienda para ver si alguno de los empleados


estaba cerca: cualquiera que lo hubiera visto sacar la caja de mis manos y
pudiera ayudarme. Pero todo lo que vi fue otros compradores que estaban
demasiado ocupados para notarme. Esta es otra razón por la que la vida
real no se parece en nada a la serie de Robin Hood.

El hombre volvió a buscar en el resto de las cajas, riéndose, pero


mantenía una mano en su carro, protegiéndolo.
Madison es una gran creyente en el karma. No cree que deba tomar
venganza porque tarde o temprano las malas acciones se pondrían al día
con la gente. Tenía mis dudas sobre el concepto. Si era verdad, ¿por qué
no eran alcanzados hombres como este por un meteorito?

Como sea, imaginé que era momento de apurar al karma. Di un paso


hacia él.

—¿Alguna vez has jugado fútbol americano?

Me miró sospechosamente.

—Seguro.

Dejé caer mi mirada sobre su estomago abultado.

—Pero a puesto que no has jugado por un tiempo.

—¿Qué importa eso?

—Porque puedo correr más rápido y esquivarte, especialmente con


ese carro.

Entendió el significado tan pronto como hablé. Fingí que iba a la


derecha. Él se movió para bloquearme. Giré a la izquierda, tomé un Robin
Hood de su carro, y me eché a correr.

Mi hermana mayor, Leah—quien nunca ha tocado un balón de


fútbol porque podría romper sus uñas—dice que he gastado la mayor parte
de mi adolescencia jugando deportes, pero obviamente esto no es verdad.
Correr por la tienda hacia las cajas era como correr por una anotación,
excepto que los otros compradores no trataban de tumbarme. Solo el
hombre con la chaqueta de cuero sintético corría hacia mi, pero él no
soltaría su carro de compras, por lo que cada vez quedaba atrapado detrás
de otros carros.

Lo perdí mucho antes de encontrar a Madison. Ella estaba en las


filas, ahora a plena vista de las cajas registradoras.

—Aquí, compra esto. —Empujé la caja y mi billetera en sus brazos—


.Y no dejes que un hombre con chaqueta negra, sobrepeso y medio
psicótico, te lo quite. Grita si intenta hacerlo.
Sus ojos se abrieron con pánico, y aferró la caja a su pecho.

—Annika, ¿qué hiciste?

—Nada. —Miré sobre mi hombre por alguna señal de él—. Bueno,


nada que Robin Hood no haría. Esperaré afuera.

Luego corrí a la salida antes de que pudiera hacerme más preguntas.

Esperé en mi minivan con las puertas cerradas. No es que haya


esperado que el hombre saliera sin su cargamento de Robin Hood, y no
había forma en que pasara las cajas antes que Madison.

Aun así, siempre vale la pena ser cauteloso.

Me acurruqué en el asiento del conductor, mirando el cielo oscuro y


deseando que las nubes no cubrieran las estrellas. Las nubes siempre lo
hacían parecer más como invierno y menos como Nevada.

Madison salió veinte minutos después. Desbloqueé la puerta, y ella


se deslizó en el asiento delantero, luego volví a bloquear su puerta. Me
entregó la bolsa y me dio una larga mirada.

—Así que, ¿quieres decirme por qué un enfadado hombre que


empujaba cajas de Robin Hood por la tienda seguía gritando “¡Sal y
muéstrate, criminal! ¡No puedes esconderte por siempre!”?

—No realmente. —Miré dentro de la bolsa, lo suficiente como para


asegurarme que contenía a Robin Hood, luego encendí la camioneta.

—Arriesgaste mi vida por un estúpido juguete, ¿verdad?

—No. Él no sabía que te di el juguete. A demás, no te habría


lastimado con todos esos testigos alrededor.

Madison fijó su cinturón de seguridad.

—Las venas resaltaban en su cuello. Un par de empleados fueron a


hablar con él, y él gritó algo sobre unos ladrones en la tienda, luego
amenazó con demandarlos por su falta de seguridad.

Salí del estacionamiento, revisando para asegurarme de que ningún


farol se encendía repentinamente y me seguía.Solo unos cuantos autos se
movían por la calle, y apreté el acelerador, instando a la minivan a ir más
rápido para poder moverme entre ellos.

—Técnicamente no le robé la caja. Es como lo que me dijo cuando


me quitó la caja de las manos primero. La posesión es nueve décimos de
ley.

Madison se cruzó de brazos, su disgusto grabado claramente en su


rostro.

—No necesitas convertir las compras en un deporte extremo, Annika.


No se supone que sea un duelo a muerte.

—Jeremy quiere el TeenRobin Hoodparlante.

—También quiere vivir en la calle Sésamo, no puedes simplemente…


—Su expresión se suavizó. En una respiración, su voz cambió de
regañando a tranquilizadora—. Jeremy va a estar bien. Muchas personas
con cáncer se recobran por completo. Probablemente tiene mejores
posibilidades que, digamos, cualquiera que viaje en un auto contigo.

Saqué mi pie del acelerador y dejé que la velocidad disminuyera pero


no le respondí. Las personas seguían diciéndome que Jeremy estaría bien.
Tenía médicos de primer nivel. Los tratamientos para el cáncer mejoraban
todo el tiempo. Él era joven y resistente. Mis padres eran siempre
optimistas en frente de mí, que quizás era la razón por la que tenía mis
dudas. Sabía que fingían. La situación de Jeremy era más seria de lo que
dejaban ver.

Estaban especialmente preocupados por su siguiente cirugía para


remover el tumor de su cerebro el próximo viernes.

Mamá apenas podía hablar acerca de ella sin tensarse. Esta era la
desventaja de ser capaz de leer a las personas. A veces es mejor no saber
cuando tus padres te están mintiendo.

Madison me miró, su voz una mezcla de frustración y simpatía.

—Mira, Annika, no importa lo que le regales a Jeremy para Navidad,


él sabe que lo amas.

Me moví en mi asiento, mirando determinadamente hacia el tráfico.


No quería hablar más acerca de Jeremy o de su cáncer. No quería
pensar en el miedo que día a día estaba en sus ojos, o la forma automática
en que él se asustaba cuando mencionabas a los doctores. Un mes y medio
de tratamiento de quimio lo habían hecho odiar los hospitales. La noche
anterior le había dicho a mi mamá que no quería ir a la cama, porque si lo
hacía, significaría que la cirugía estaba un día más cerca.

De la nada, él decía cosas como “¿La gente vuela después de que


muere, o solo los ángeles?” Otras veces se balanceaba de atrás hacia
adelante, preocupado, y nos decía que no quería ser enterrado en la tierra.
Sabía que estaría frío y oscuro ahí. Ni siquiera sé en donde aprendió
acerca de los cementerios. Ninguna de nosotros hablaba de esas cosas.
Pero ahora se negaba a apagar la luz cuando dormía.

—Además —siguió Madison—, probablemente no se interesará en


ese juguete dos días después de que lo abra. Si quieres hacer algo lindo,
entonces pasa algunas horas jugando con él. Eso significaría más para él
que cualquier cosa que puedes comprar en una tienda.

Ella me hizo parecer como uno de esos padres negligentes que


ignoran a sus hijos y luego intentan comprar su afecto.

—Solo déjalo —dije—. No entiendes esto.

—¿Qué es lo que no entiendo? En un caso de libro de tratar de alejar


tus sentimientos. Las personas lo hacen todo el tiempo, y solo digo…

Claro. Me negaba a creer que alguien podía buscar en un libro y


llegar al capítulo sobre cómo me sentía.

—Detente —dije—. Hasta que tu hermano pequeño tenga cáncer, no


me digas cómo me siento.

Ninguna de las dos habló por algunos segundos. Madison miraba


por la ventana con sus labios apretados en una línea.

—Lo siento —dijo ella en un tono cortante—, estaba tratando de


ayudar.

Sabía que había sobre-reaccionado. Parecía como si no hiciera más


que reaccionar exageradamente desde que tuvimos las noticias a mediados
de octubre. Le espetaba a la gente que me tranquilizaba. Discutía con la
gente que me ofrecía consuelo.

Sabía que debía disculparme con Madison, pero no podía hacerlo.

Condujimos por las calles de Henderson viendo la oscuridad


desvanecerse, atravesada por la salida del sol. Aun no hablábamos.
Madison encendió la radio, pero la música no alejaba el silencio entre
nosotras. Estacioné en frente de su casa.

—Gracias por venir conmigo —dije.

Ella tomó la manija de la puerta.

—No hay problema. Fue divertido. Especialmente la parte en donde


tuve que proteger tu figura de acción con mi cuerpo para que el señor
Gárgola no la viera mientras irrumpía alrededor de la tienda.

Dejé salir un suspiro.

—Solo porque el hombre estuviese desequilibrado no significa que te


habría matado.

—Por supuesto que no. —Ella abrió la puerta—. Además, creo que es
bueno enfrentar a la muerte de vez en cuando. Te hace apreciar la vida. —
Hizo una pausa a medio camino de bajar de la camioneta y me miró, su
rostro pálido—. Lo siento,Annika. No quería decir eso.

Ni siquiera había conectado los dos temas en mi mente, y mi corazón


se apretó dolorosamente en mi pecho.

—Deja de disculparte. Jeremy no va a morir.

—Lo sé. Eso es lo que sigo diciéndote.

—Hablaré contigo más tarde —dije. Simplemente quería irme.

—Claro. Juntémonos y hagamos algo.

—Claro.

Cerró la puerta. Me alejé de su casa demasiado rápido, lo que era


normal, y agarré el volante con los nudillos blancos, lo que no era normal.
Mientras conducía a casa, inhalé profundamente y miré la bolsa en el
asiento a mi lado. Esto funcionaría. Había leído docenas de historias
acerca de cómo los pensamientos positivos había salvado la vida de las
personas. Leí estudios que decían lo mismo. La revista de Investigación
sobre el Cáncer decía que reducir el estrés podía disminuir la diseminación
de algunos tipos de cáncer.

E incluso los investigadores que dudaban de la relación entre los


pensamientos positivos y la curación no podían negar el efecto placebo.
Cuando los doctores hacían test en los participantes de drogas placebo,
siempre había un cierto porcentaje de personas que se mejoraba
simplemente porque pensaban que estaban tomando el medicamento. Sus
creencias los curaban.

Si una tableta de azúcar podía hacer que un adulto se mejorara,


entonces Jeremy podía mejorarse si realmente lo creía. Todo lo que yo
tenía que hacer era convencerlo de que saldría bien de la cirugía, y él lo
haría.

Si la cirugía era exitosa el próximo viernes—si eran capaces de


extraer todo el tumor—entonces todo estaría bien. Pero si no podían
extraerlo todo, o algo salía mal… ni siquiera quería pensar en el hecho de
que algunas veces las personas morían en la camilla de operaciones. Yo
también debía pensar positivamente.
Capítulo 2
Traducido por LizC y kathesweet

Corregido por Niii

M
e dirigí a nuestra casa, una estuco color beige de una sola planta
en una fila de casas casi idénticas. El calor de Nevada no permite
una gran diversidad de materiales de construcción, y nuestra
asociación de propietarios de casa no permite una gran diversidad en todo
lo demás. Te lo juro, mis padres pusieron la alfombra que dice: LOS
TRUMAN LE DAN LA BIENVENIDA solo para asegurarse de que entramos
en el lugar correcto. Pero en el último mes, no puedo evitar la sensación de
que nuestra casa ha cambiado.

A veces la miro y siento como si estuviera mirando una foto, a un


espejismo, algo que podría desaparecer al parpadear. Un día conduciré a
casa y solo habrá un terreno baldío allí.

El garaje estaba vacío. Mis padres debían haber ido a desafiar las
multitudes también. Me fui en línea recta hacia mi habitación, empujé mi
bolsa de compras en el armario, y volví a la cama.

Tres horas más tarde, me desperté con el sonido de cosas sonando


en la cocina y Jeremy gritándole a la TV. Parece pensar que sus juegos de
video funcionan mejor si les grita mientras que los juega.

Me salí de la cama, luego tomé el TeenRobin Hood de la bolsa para


asegurarme de que realmente lo había conseguido. No había examinado el
juguete de cerca antes, pero la figura de acción tenía realmente un
parecido sorprendente con Steve Raleigh, el actor que interpretaba a Robin
Hood. Tenía el mismo cabello rubio, mandíbula cuadrada y facciones
perfectamente hermosas. Sus cálidos ojos castaños miraban directamente
hacia mí con una expresión de confianza, y casi me lo podía imaginar
paseándose por el Bosque de Sherwood ordenando a los MerryMen3
alrededor.

Lo miré un poco más. Probablemente más de lo normal para una


chica de diecisiete años de edad mirando a un muñeco de plástico. A
veces, cuando veo TeenRobin Hood —y, bueno, admito que nunca me he
perdido un episodio— siento una conexión con Steve Raleigh. Siento como
si fuera alguien que ya conozco, alguien que se ajusta a mí.

No puedo explicarlo mejor que eso; a decir verdad, no estoy segura


de que estoy en realidad deduciéndolo bien de todos modos. Es más
probable que mi conexión sea con Robin Hood. Admiro a una persona que
dedica su vida a la justicia, que puede vivir de la tierra, y que todavía se ve
caliente después de dormir en el bosque. Eso es un verdadero talento.

Steve Raleigh, por otra parte, es probablemente una de esas


celebridades mimadas que nunca pone un pie en la tienda de comestibles,
y mucho menos en el desierto.

Deslicé la caja debajo de mi cama para más adelante. Esperaría


hasta que Jeremy y yo estuviéramos solos, hasta que todo fuera perfecto y
mi plan no pudiera ir mal. Entonces se lo daría.

Cuando fui a la cocina, papá y mamá estaban limpiando los platos


de un desayuno de panqueques, el favorito de Jeremy. Aunque ahora
mamá compraba la mezcla para panqueques y el jarabe de una tienda de
alimentos orgánicos saludables. Ella no servirá nada que no sea 100 por
ciento natural nunca más.

—Hola, Bella Durmiente —me llamó papá—. Te hemos guardado un


par, pero tendrás que volverlos a calentar.

Mamá cruzó la cocina y me dio un abrazo. Ella insiste en abrazarnos


todos los días. Leyó que es bueno para el sistema inmune4.

—¿Has conseguido alguna buena ganga?

Tomé un panqueque y le di un mordisco.

3MerryMen: Nombre que recibe la pandilla de forajidos compañeros de Robin Hood en el


cuento original; algunas ediciones en español los denominan: La Hermandad del Bosque.
4Sistema Inmune: Sistema encargado de las defensas del organismo.
—De hecho, lo hice como una bandida. ¿Qué hay de ustedes?

—Conseguí algunas buenas ofertas. —Mamá bajó la voz y miró hacia


la sala de estar, donde Jeremy estaba plantado delante de la televisión—.
No pude encontrar un TeenRobin Hood en ninguna parte. Le dijimos a
Jeremy que las tiendas los vendieron todos y ahora quiere ir al centro
comercial a pedirle a Santa uno. —Sus ojos se arrugaban con
preocupación.

—No te preocupes —dije, tratando de restar importancia a mi


sonrisa—. Algo podría surgir.

—¿Ah, sí? —Mamá esperó por mi explicación, pero cuando no lo


hice, no me preguntó más. Después de que hube comido, jugué Súper
Mario Kart con Jeremy por un par de horas. Traté de buscar a Leah para
jugar y así poder tomar un descanso, pero ella estaba demasiado ocupada
mientras saturaba nuestra línea telefónica y mandaba mensajes de texto a
personas en su teléfono móvil al mismo tiempo.

Leah va a la Universidad del Sur de Nevada. Lo que básicamente


significa que vive con nosotros pero es desdeñosa acerca de ser forzada a
pasar tiempo con nosotros. Por lo general, cuando no está en clase está en
algún lugar trabajando en su vida social.

La gente dice que me parezco a Leah, y me lo tomo como un


cumplido. La diferencia es, que la belleza y el coqueteo siempre le sale
naturalmente a Leah. Todo lo que sé sobre ambos temas, lo he copiado de
ella. A veces cuando estoy con chicos, no estoy segura si estoy siendo yo
misma o simplemente canalizando a mi hermana. Prefiero jugar al
baloncesto con los chicos que batir mis pestañas hacia ellos.

Cuando Jeremy se cansó de chocar autos fuera de la pista de


carreras, lo desafié a un partido de tiro con arco. Fijamos el objetivo cerca
de la pared al borde de nuestra propiedad, luego Jeremy se puso a un
metro de distancia y yo a seis. No utilicé mi arco compuesto para este
juego. Los dos utilizamos el juego de arcos para principiantes de Jeremy
para hacerlo justo. Cada vez que dábamos en el blanco, dábamos un paso
atrás. El que fallara primero perdía.

Debería mencionar que soy la presidente del club de tiro con arco.
Como mis padres exponían, soy excelente en el deporte. Soy la única de la
familia que puede estar en la acera en frente de la casa, con las puertas
delanteras y traseras abiertas, y alcanzar un objetivo en el patio trasero.

Hoy, mientras jugaba con Jeremy, solo di unos pocos pasos y fallé a
propósito.

—No lo puedo creer —le dije—. Creo que el objetivo saltó fuera del
camino o algo así. Si haces tú siguiente tiro, me vas a vencer.

Me miró, y luego empujó la flecha hacia atrás en el cordel. Me di


cuenta de que no estaba apuntando. Su flecha cayó por debajo del objetivo
por más de unos treinta centímetros.

—Amigo, ¿siquiera lo intentaste? —le pregunté.

Se encogió de hombros.

—Está bien, Annika. Sé que te gusta ganar.

Sus palabras me hicieron contener el aliento.

—No, yo... —No pude decir nada más por un momento—. No siempre
tengo que ganar.

Pero ese es el problema. No se puede borrar un carácter competitivo


con un día. Todo lo que podía hacer era cambiar de tema.

Mientras sacaba las flechas del objetivo, dije:—Oye, ¿no es hora de


ver lo que está sucediendo en el Bosque de Sherwood?

Él inclinó la cabeza como si yo debería saberlo mejor.

—No sino hasta después de la cena.

Lo sabía mejor. Solo quería cambiar de tema a Robin Hood.

—Bueno. No queremos perdérnoslo. Robin Hood es realmente genial,


¿eh?

Jeremy se acercó al objetivo y recogió las flechas del suelo.

—Voy a conseguir un TeenRobin Hoodparlante para Navidad. Su


arco funciona de verdad.
Me dirigí hacia la casa e hice un gesto para que me siguiera.

—Vamos a mi habitación. Quiero contarte un secreto.

Corrió detrás de mí hacia la casa, con su arco todavía en la mano.

Cuando llegamos a mi habitación, me senté con las piernas cruzadas


sobre la cama. Él se subió a mi lado, jugueteando con la cuerda de su arco
y mirándome serio.

—¿Cuál es tu secreto?

Me incliné hacia él, bajé mi voz.

—Bueno, nunca le he dicho a nadie antes esto, pero hace tiempo


atrás encontré una lámpara mágica, del tipo en la que los genios viven.
Froté la lámpara, liberé al genio, y obtuve tres deseos. Pero no utilicé todos
ellos. Todavía me quedan dos.

Jeremy inclinó la barbilla hacia abajo, y sus labios por un momento


se arrugaron juntos.

—Estoy en primer grado, Annika. Yo sé que no hay tal cosa como


genios.

Esto del niño que quería pedirle a Santa su figura de acción y que, al
ser interrogado, decíase convertiría en un MerryMan cuando creciera.

—Es cierto —insistí—. Me quedan dos deseos, y quiero dártelos a ti.

Sus ojos se estrecharon con escepticismo.

—¿Cuál fue tu primer deseo?

—Um... —Se podría pensar que había pensado en una respuesta a


esta pregunta, pero no lo había hecho. Quiero decir, ¿qué puedes decirle a
un niño de seis años de edad cuando le das dos deseos y te pregunta qué
deseaste?

—Te lo diré en otro momento. En este momento quiero explicar las


reglas sobre los deseos porque no puedes desear más deseos o cosas
imposibles como súper poderes. Y ni siquiera pienses en desear volar,
porque mi genio es uno de esos genios difíciles, y podría convertirte en un
pájaro o algo así.

Jeremy se quedó pensativo, y yo añadí:

—Mamá estaría muy molesta si te conviertes en un pájaro, y luego


tendría que usar el último deseo para convertirte de nuevo en humano otra
vez. Sería una total pérdida de deseos. Quiero que utilices el último deseo
para asegurarte de que la operación saldrá bien. De esa manera no
tendrás que preocuparte más por eso.

—¿Por qué no deseo no tener que someterme a la cirugía en primer


lugar? —preguntó, y sus ojos se iluminaron en esta perspectiva.

Me dolió tener que decepcionarle.

—Mamá y papá te harían hacer la cirugía de todos modos. Ellos no


creen en genios, así que no importa lo que les contemos sobre esto. Es
mejor simplemente desear que te vaya bien.

Jeremy asintió, aceptando esta explicación, entonces me miró con


ojos escépticos.

—Annika, ¿me estás engañando?

—No. Ahora cierra los ojos y di: “Este es mi segundo deseo oficial”, y
desea algo que realmente quieres. Verás que estoy diciendo la verdad. —
Me incliné hacia él, con los ojos sin dejar los suyos—. ¿Qué juguete te
gustaría tener más que nada en este momento?

Cerró los ojos.

—¿Tengo que llamar al genio primero?

—Vendrá cuando digas: “Este es mi segundo deseo oficial.” Es por


eso que tienes que cerrar los ojos. Él es tímido en torno a cualquier
persona que no haya frotado su lámpara. No se supone que debas verlo.

Jeremy entreabrió un ojo un poco.

—Cierra los ojos por completo —le dije.

—No puedo evitarlo. Nunca he visto a un genio antes.


Le di una mirada severa.

—No va a funcionar si no cierras los ojos. El genio se irá pataleando


y perderás tus deseos.

Jeremy cerró los ojos, pero inclinó la cabeza.

—¿Se irá pataleando? ¿Los genios tienen pies?

—Sí. Bueno, más o menos, de todos modos. —Pongo mi mano debajo


de la cama, lista para agarrar la caja de Robin Hood—. Bien, ¿cuál es tu
deseo oficial? Piensa en algo que realmente, realmente quieres.

Se inquietó, pensando, luego aplaudió con decisión.

—Este es mi segundo deseo oficial. Deseo que el verdadero


TeenRobin Hood, el de la televisión, venga y me enseñe cómo disparar
flechas.

No me moví. Mi mano se congeló sobre la caja, todavía queriendo


agarrarla, a pesar de que no había una razón para hacerlo. Sentí como la
respiración era expulsada de mis pulmones como si hubiera recibido un
puñetazo.

Jeremy abrió los ojos y miró a su alrededor.

—¿No debería haber sucedido algo?

Sí, debería haber considerado la posibilidad de que pediría algo más


que la figura de acción. Pero, ¿cómo podía saberlo? Esto era todo de lo que
había hablado durante las últimas dos semanas.

—¿Dónde está TeenRobin Hood? —preguntó Jeremy. Pude ver la


decepción filtrarse en sus grandes ojos castaños—. Solo me estabas
engañando, ¿no?

—No —dije—. Me olvidé de decirte que tienes que poner un marco de


tiempo en estos deseos. No le dijiste al genio cuando querías que
TeenRobin Hood venga. Él podría aparecer mañana, dentro de un año, o
cuando tengas sesenta y cinco años.

Jeremy se quedó boquiabierto en frustración, y luego cerró la boca


de nuevo.
—Voy a usar el tercer deseo para decir ahora.

—No —grité—. El tercer deseo tiene que ser para tu cirugía. No te


daré el tercer deseo hasta justo antes de entonces.

Jeremy tocó la cuerda en su arco, y me di cuenta que estaba


decidiendo si creerme o no.

—Los genios deben saber que quieres que tu deseo sea inmediato.
¿No han estado haciendo esto por mucho tiempo?

—Sí, pero ya te dije que éste era difícil. Esperemos que sea pronto...
—dije.

Las esquinas de su boca tiraron hacia abajo.

—El genio probablemente arruine el deseo de la cirugía también.

¿Qué había hecho?

—No, no lo hará —dije rápidamente—. Nos aseguraremos de que lo


haga bien.

Jeremy levantó su mirada a la mía, y me di cuenta que quería


creerme, pero no estaba seguro. Recogió el arco que yacía junto a él sobre
mi edredón.

—Tal vez debería practicar un poco más. Tal vez cuando Robin Hood
vea lo bueno que soy me haga un MerryMan.

—Tal vez —dije.

Se deslizó fuera de la cama y se dirigió a la puerta.

—No le digas a mamá y papá sobre esto —le dije—. Sabes cómo se
sienten acerca de los extraños en la casa. Se volverían locos si supieran
que un genio andaba por ahí.

Jeremy asintió y salió de la habitación.

Me recosté en mi cama por un minuto y cerré los ojos. La situación


no era desesperada, ¿verdad? A veces, las celebridades hacían visitas de
caridad. Tal vez la Fundación Make-A-Wish5 podría ayudar. Ese era el tipo
de cosa que hacían. Por supuesto, nadie estaría en su oficina hasta el
lunes, así que ni siquiera podía preguntarles hasta entonces, y él tenía que
ir a cirugía la mañana del viernes. ¿Podrían ser cuatro días el tiempo
suficiente para procesar una solicitud? Parecía tan poco tiempo, pero si
Steve Raleigh sabía, si alguien le explicaba la situación a él, seguramente
querría ayudar, ¿cierto?

Cuatro días.

Me quedé en mi cama pensando en las estrellas de cine.


Exactamente, ¿cuán ocupados estaban durante la filmación de los
programas de televisión? ¿Alguna vez hacían cosas espontáneas para los
aficionados? ¿Eran abrumados por peticiones como estas?

Cuanto más pensaba en todo ello, más imposible parecía. Pero tenía
que intentarlo al menos.

Fui al estudio y me senté frente a la computadora de la familia.

Tal vez podía encontrar alguna información sobre Steve Raleigh y


contactarlo a él mismo. Cuando busqué en Google su nombre, me dieron
300.000 enlaces. Hice clic en un par al azar, pero eran simplemente
charlas donde las niñas hablaban y hablaban de lo caliente que Steve
era.Le di clic en unos cuantos con Robin Hood en el título, pero no eran
nada más que fotos del elenco y chismes de Hollywood. La mayoría de las
páginas de discusión se dedicaban a la pregunta: ¿Steve Raleigh estaba
viéndose con la actriz que interpretaba a Lady Marión, EsmeKingsley, para
recuperar a su ex novia rockera, KarliRoller?

Honestamente, ¿a quién le importaba? Bueno, además de a Esme,


Steve y posiblemente a Karli.

Encontré el club de fans de Steve Raleigh. Tenía una foto de él como


Robin Hood, sus musculosos brazos ondulándose mientras tiraba una
flecha con su arco. Alejé mi mirada de la foto de Steve y busqué la
información de contacto. No vi una dirección de correo electrónico en
ningún lugar, pero podías escribirle a un tipo llamado Spanky Tyler en

5
Make-A-Wish: Fundación norteamericana que se especializa en cumplir deseos
relacionados con gente famosa u otros especialmente a niños enfermos o huérfanos.
Burbank, California. Traté de encontrar un número de teléfono de Spanky
para llamar por asistencia de directorio, pero no tenían una lista.

Entonces, le escribí a Spanky una carta contándole sobre Jeremy.


Adjunté una foto, mi número de teléfono, y una larga petición rogándole
que me llamara. Pasé toda la noche con ésta y esperaba que fuera abierta
el lunes en la mañana. Sabía que era una apuesta arriesgada, pero la cosa
con las apuestas arriesgadas es que algunas veces cuando eres afortunada
pueden dar en el blanco.

***

El resto del fin de semana pasó lentamente. Se hizo más y más doloroso
observar la expresión expectante de Jeremy, tenerlo susurrándome: —
¿Has escuchado del genio? ¿Dijo cuándo vendrá Robin Hood?

Llamé a Make-A-Wish tan pronto como sus oficinas abrieron el


lunes, abandonando una clase en el proceso. Me paré en el interior del
baño de chicas mientras explicaba el deseo de mi hermano a la mujer al
otro lado de la línea. Ella fue simpática, pero me dijo que la fundación
tenía que hablar con el doctor de Jeremy, sus padres, y con Jeremy antes
de que pudieran siquiera iniciar el proceso de su sueño.

Sabía que posiblemente todo eso no podría pasar antes del viernes,
pero aun así tuve que preguntar: —Si eso fuera hecho de inmediato,
¿cuánto tiempo tomaría?

—El tiempo de los deseos varía —dijo—. Reunirse con celebridades…


bueno, eso siempre toma más tiempo. Tenemos que esperar a que los
agentes nos respondan y luego realmente depende del horario de la
celebridad. Algunas veces ellos están contratados por meses.

En otras palabras, no hay oportunidad de que esto pudiera pasar


antes del viernes.
Cuando llegué a casa, llevé a todas partes mi móvil por horas,
esperando que Spanky hubiera abierto mi carta y me diera una llamada.
¿Cuánto correo recibía Spanky en un día promedio?

Sin embargo, nadie llamó.

No dormí mucho esa noche, aunque eso no era inusual. Desde el


diagnóstico de Jeremy, mi mente no se desconectaba lo suficiente para
dormir. Una corriente constante de qué-si me mantenía despierta.

Nadie llamó el martes tampoco.

Cuando me senté en clase el miércoles en la mañana, sentí como si


la burocracia estuviera trepándose por mis piernas, alrededor de mi
cuerpo, apretándome el pecho con tanta fuerza que no podía respirar.
Sabía que tenía que hacer algo. Simplemente no podía sentarme allí y
aceptar la derrota.

Después del tercer período, falsifiqué una nota diciendo que tenía
una cita con el doctor y me fui a casa. Luego me senté en nuestra casa
vacía mirando fijamente al computador como si éste fuera un prisionero
enemigo. En algún lugar entre sus miles de millones de vínculos, tenía que
haber información que pudiera ayudarme. Tenía que llegar a esto de otra
manera, pensar en una manera diferente de llegar al problema.

Puse en Google “Set de grabación para TeenRobin Hood” e


inmediatamente aparecieron fotos de Producciones Ballard en Burbank,
California.

Las miré fijamente por un largo momento, dejando que las ideas se
convirtieran en posibilidades. ¿Podía llamarlos y pedir hablar con Steve?
No, eso no funcionaría. Había una enorme pared impenetrable colocada
alrededor de las celebridades. Además, sería demasiado fácil quitarse de
encima a una extraña llamando por teléfono. La única manera de que
alguna vez fuera capaz de convencerlo de ayudarme en un plazo tan corto
era si se lo pedía en persona.

Finalmente se me ocurrió un plan. Era desesperado, estúpido, y


obviamente imposible para una chica adolescente promedio. Pero al final,
eso fue lo que inclinó la balanza. Si alguien podía averiguar una manera de
violar esa pared impenetrable, era yo. Al menos, esperaba que fuera yo. En
realidad no quería pensar en mis oportunidades. Solo tenía que ir y
hacerlo.

Imprimí las indicaciones de Henderson, Nevada a Burbank,


California, un viaje de cuatro horas, y le mandé un mensaje a Madison
mientras empacaba cosas en mi bolsa de lona. “Necesito tu ayuda para
que me cubras. Voy a decirle a mis padres que estoy durmiendo en tu casa
esta noche.”

En lugar de contestarme con un mensaje, ella me llamó. Pude


escuchar las voces de fondo y el tintineo general de la cafetería.

—Entonces, Annika, ¿qué vas hacer realmente esta noche?

—Oh, es algo que tengo que hacer. Es privado.

—Soy tu mejor amiga. Puedes decirme. —Su voz sonaba


sospechosa—. No vas a hacer nada estúpido, ¿cierto? No vas a encontrarte
con un chico o algo así.

Puse mi cepillo de dientes y pasta dental en la bolsa.

—No, nada así. No tienes que preocuparte.

—¿Entonces qué? —Los sonidos de la cafetería empezaron a


desvanecerse, y podía decir que estaba caminando a algún lugar más
privado para escucharme mejor.

—Voy a conducir a California y a intentar que Steve Raleigh visite a


Jeremy.

Hubo una pausa larga.

—Y pensar que estaba preocupada de que esto pudiera ser algo


estúpido.

Entonces tuve que decirle toda la historia del genio y los deseos.

—Tengo que al menos intentar hablar con Steve Raleigh —dije—.


Jeremy está preocupado de enfermar antes de la cirugía.

—No puedes simplemente saltar en un auto y conducir a California


—dijo.
—Sí, sí puedo.

Ella dejó salir un suspiro frustrado.

—¿No tienes esa pequeña voz en tu cabeza que te dice cuando algo
es una mala idea?

Dejé caer mi rizador en la bolsa, luego fui a la cocina.

—Es como siempre dice mi papá: Cuando no estás ganando, tienes


que poner más esfuerzo en ello. Funcionó para el tiro con arco. Funcionó
para el voleibol. Incluso funcionó para mi final de Historia Mundial.
Funcionará para vencer el cáncer de Jeremy.

Hubo una pausa en la línea.

—Annika, hiciste trampa en el final de Historia Mundial. —Eso es lo


que pasa con Madison, algunas veces los pequeños detalles la sacan del
tema.

—No hice trampa —dije—. Estudié con el asistente del profesor. Eso
es diferente a hacer trampa.

—Él te dijo lo que iba a salir en el examen.

—No, él me dijo lo que podría estar en el examen. Cubrimos mucha


información. Confía en mí, sé más sobre Esparta de lo que alguna vez
usaré en mi vida real.

Aun cuando no podía verla, podía decir que Madison estaba


poniendo sus ojos en blanco. Madison saca solo As. De hecho, ella es del
tipo que leerá más de lo que es requerido en cualquier materia. Su mente
probablemente está llena con tan enormes cantidades de información
innecesaria que es sorprendente que pueda atravesar todo eso para tener
una conversación normal.

—¿Al menos sabes dónde vive Steve Raleigh? —preguntó.

—Sé dónde trabaja, y está lo suficientemente cerca. Si no está en el


estudio, entonces alguien tiene que saber cómo puedo contactarlo. O
puedo husmear por el set. Deben tener su dirección y número telefónico
enlistado en su archivo personal.
—Tienen guardias de seguridad en esos lugares.

—Improvisaré algo. Me conoces… Puedo pasar a cualquiera.

Hubo otra pausa, y luego la voz de Madison sonó más como una
madre que como una amiga.

—Esto no es lo mismo que evadir las cosas en la escuela. Los


guardias de seguridad están entrenados por profesionales. Además, no
pasaste a la Sra. Aron.

La Sra. Aron fue nuestra profesora de inglés en tercer año. Ella nos
asignó reportes de libros orales así podíamos practicar nuestros discursos
en público, pero había estado tan ocupada con el club de tiro con arco y
las finales de baloncesto que no tuve tiempo de leer nada. Había esperado
que ella no me llamara durante el primer día de reportes, pero lo hizo, así
que me paré en frente de la clase e inventé una novela. La trama, los
personajes, todo.

Eso totalmente enojó a Madison cuando la Sra. Aron me dio una A+,
mientras que Madison solo recibió una A en un libro que ella en realidad
había leído. Y me habría salido con la mía también, excepto porque la Sra.
Aron le gustó tanto mi reporte que trató de encontrar el libro para así
poder leerlo.

Después de eso me bajó mi nota a una C: una F por el reporte del


libro, pero una A+ por la parte de hablar en público. Me dijo que me
regresaría la A+ si escribía la novela y se la dejaba leer. Algún día podría.

Sin embargo, no le señalé eso a Madison. Dejé caer algunas


manzanas en la bolsa de lona y dije: —Encontraré una manera de pasar la
seguridad.

La voz de Madison cambió a preocupada.

—Annika, la gente no solo se escabulle a California. ¿Estás segura


que esta no es una mala reacción al estrés o una crisis nerviosa o algo
así…?

Apreté el teléfono más fuerte y traté de hacer que Madison


entendiera.
—Esto es algo que tengo que hacer. Si no puedes cubrirme, entonces
házmelo saber y llamaré a alguien más.

Ella jadeó en voz baja para hacerme saber que no estaba feliz con
esto.

—Bien. Te cubriré.

Después de que colgué, lancé más comida dentro de la bolsa de lona.


De esa manera no tendría que detenerme en ningún lugar a lo largo del
camino. Ahora que había decidido ir, todo se sentía urgente, como si Steve
Raleigh desaparecería si no hacía esto a tiempo. Puse dentro todo el dinero
que tenía. Incluso metí mi colección de monedas conmemorativas. Traté de
averiguar si tendría suficiente dinero para gasolina y hotel. Probablemente
no. Dormiría en la minivan y me cambiaría en un lugar de comida rápida.

También empaqué un DVD de TeenRobin Hood, la primera


temporada. Eso me diría los nombres de las personas que trabajaban en el
programa. Alguna de ellas tenía que saber cómo ponerse en contacto con
Steve Raleigh. Repasé el álbum de fotos y saqué una foto de Jeremy, la del
último Halloween donde estaba vestido como Robin Hood. Se la mostraría
a cada persona que pudiera ayudarme. ¿Cómo alguien podría decirle no a
un niño enfermo que se había disfrazado como Robin Hood para
Halloween?

¿Qué más necesitaba? Miré alrededor de la habitación con una


sensación que bordeaba el pánico. Probablemente necesitaba muchas
cosas, pero no podía pensar lo suficientemente claro ahora para averiguar
qué. Era casi la una.

Jeremy… llamé a la madre de su mejor amigo, la Sra. Palson, y le


expliqué que no estaría en casa después de la escuela. ¿Podía él llegar a
casa con Gabe y quedarse allí hasta que mis padres regresaran?

Ella estuvo de acuerdo sin vacilación. La Sra. Palson adora a Jeremy


ahora.

Luego llamé a mi madre al trabajo.

—Hola, mamá, ¿sabes que te dije que iba a estar en la casa de


Madison después de la escuela para trabajar en el proyecto de química?
—Um… —dijo, y pude decir que estaba tratando de recordar la
conversación que nunca se había llevado a cabo. Este era el único
beneficio de tener a tus padres completamente estresados. Mamá ni
siquiera trata de seguir lo que está pasando en mi vida ahora.

—Y Jeremy va a casa de los Palson después de la escuela —sugerí.

—Oh. Uh-huh —dijo mamá, pretendiendo que sabía de lo que yo


estaba hablando.

—Bueno, el profesor de química nos dio un resumen en clase de


todo lo que tenemos que cubrir, y va a tomar más tiempo del que
planeamos. Ya que va a ser una noche en vela de todos modos, ¿está bien
si me quedo a dormir en casa de Madison? Está bien con los padres de
Madison si está bien contigo.

—¿En una noche de escuela?

—Mamá, el proyecto es el treinta por ciento de nuestra nota.

Se detuvo por un momento, y me preocupé de que podría salir con


otra objeción, pero en su lugar dijo: —Muy bien, pero no holgazanees ni te
quedes despierta toda la noche. Necesitas dormir.

—Gracias, mamá. —Después de que colgué el teléfono, tomé la


figura de acción de Robin Hood de debajo de mi cama y la puse sobre la
almohada de mi mamá. Si era atrapada, quería que estuvieran de buen
humor cuando averiguaran que no estaba en la casa de Madison.
Capítulo 3
Traducido por Mari NC

Corregido por Paaau

M
ientras me ponía el abrigo, el timbre sonó. Abrí la puerta y vi a
Madison de pie al lado de una maleta de mano. Me sonrió como
si hubiera estado esperándola y rodó la maleta hacia adentro.

—Decidí venir contigo.

La miré fijamente.

—¿Qué?

Ella se apoderó de mi mochila y la balanceó hasta ponerla en la


parte superior de su maleta.

—Llamé a mi mamá y le dije que pasaría la noche en tu casa para


ayudarte a estudiar. Ella no podría decir que no. Sabe que estás teniendo
un momento difícil. ¿Esto es todo lo estás trayendo?

No me moví, aunque Madison ya estaba acercándose lentamente a


través de la habitación familiar.

—Madison, tú no puedes venir. Si las dos estamos desaparecidas,


hay una mayor probabilidad de que nos extrañen. Además, no quieres
conducir cuatro horas a California simplemente para acechar a alguna
estrella de televisión.

Ella se mantuvo caminando a través de la habitación familiar, a


través de la cocina y hacia el garaje. Al final, no tuve más remedio que
seguirla. Ella tenía mis cosas.

Al abrir la puerta del garaje, dijo: —Si ambas vamos, tendremos una
mejor probabilidad de éxito. Dos cabezas piensan mejor que una, y todo
eso. Además, sabes que no puedes leer un mapa ni para salvar tu vida. Si
fueras por ti misma, probablemente terminarías en México o algo por el
estilo.
Tomé mi mochila lejos de su maleta y la arrojé adentro de la parte
trasera de la minivan.

—Tengo direcciones paso a paso.

—Tengo una computadora portátil con internet inalámbrico.


Podemos investigar a Steve Raleigh mientras conducimos. Además,
empaqué una hielera con bebidas, bocadillos, y chocolate.

Tomé las llaves de la minivan de mi bolso y no le contesté.

—Barras de Snickers —dijo—. Y TakeFive6.

—Está bien, puedes venir.

Ella se rió, pero no fue por el chocolate. Madison no hace cosas


tontas. Si ella viniera también en el viaje, de alguna manera eso significaba
que había una mejor oportunidad de llevarlo a cabo.

Condujimos hacia un estacionamiento del centro comercial, donde


esperamos que el auto de Madison se mezclara bien con la gente que
trabajaba toda la noche en el Walgreens y no ser detectadas hasta que
hubiéramos regresado. Este viaje tenía que ser rápido. Llamaría a la
escuela mañana, pretendiendo ser mi madre, y me reportaría a mí misma
enferma. Incluso podría volver a llamar a la Sra. Palson y pedirle que
cuidara a Jeremy después de la escuela, pero absolutamente necesitaba
estar en casa para cuando mis padres volvieran del trabajo. Teníamos
veintiocho horas para encontrar a Steve Raleigh y convencerlo de visitar a
mi hermano.

Conduje primero mientras Madison se estiró en el asiento trasero,


una almohada detrás de su cabeza, una bolsa de patatas fritas a su lado, y
la computadora portátil yaciendo a través de su cintura. Mientras ella
lanzaba patatas fritas en su boca, fue a los sitios de fans de Steve Raleigh
y revisó información en su mayoría sin importancia. Su cumpleaños era el
9 de abril, lo cual lo hacía un Aries. Tenía diecinueve años, realizaba sus
propias acrobacias, y poseía dos caballos. Madison me recitaba todo esto.

6TakeFive: Dulce con caramelo, galletas, maní y relleno con mantequilla de maní cubierto
de chocolate.
—¿Sabías que además de la serie, ha hecho dos espectáculos de
Broadway y tres películas? —Larga pausa—. Comenzó a actuar cuando
tenía nueve años. Hizo un comercial de pasta dental.

—No es de extrañar que tenga tan bonitos dientes. Probablemente le


pagaron en hilo dental. ¿Dice en alguna parte que él es agradable?
¿Alguna vez hace cosas caritativas?

El pensamiento de realmente hablar con Steve Raleigh hacía que mi


estómago se sintiera como si hubiera hecho doscientos abdominales.

—Creo que debe ser un buen tipo porque no he encontrado nada


malo acerca de él aún. Ninguna rehabilitación, ninguna destrucción de
cuartos de hotel, nada de estar cronometrando a sus sirvientes con
teléfonos móviles. En su mayoría es simplemente todo ese triángulo
amoroso entre él, Esme y Karli.

—Él podría hacerlo mejor queEsme —dije, como si fuese algo que los
miembros de la audiencia pudieran someter a votación—. ¿En qué parte de
la historia de Robin Hood se supone que Lady Marion es una rubia boba?

—Tal vez no es boba en la vida real. Ella tiene que ser mejor que
Karli. Quiero decir, Karli se deshizo de Steve, así es que no sé por qué es la
que escribe todas esas amargas canciones de amor que todo el mundo dice
están dirigidas a él. Es como lo que dijo el fan más grande de Steve en su
blog: Karli necesita crecer y seguir adelante con su vida.

Los dedos de Madison golpeaban a través del teclado.

—Voy a dejar un comentario acerca de eso.

Madison también se sintió obligada a dejar comentarios en un sitio


dedicado a comparar quien era más bonita, si Esme o Karli —votó por
Karli— y dejó un comentario muy largo, probablemente un ensayo de cinco
párrafos, en el blog de alguien intercambiando opiniones sobre si las
relaciones de las celebridades estaban condenadas al fracaso. En su
opinión, sí, lo estaban.

Entonces ella dijo: —Oh, aquí hay algo. —Y se quedó en silencio por
un tiempo molestamente largo mientras leía.

—¿Qué averiguaste? —pregunté finalmente.


—Él demandó a sus propios padres. Tú sabes, fue uno de esos casos
donde pidió ser hecho legalmente un adulto a los dieciséis. Tenía algún
tipo de orden judicial en contra de sus padres para que no pudieran gastar
su dinero. Bien, eso es gratitud para ti. No es como si estas personas te
dieron a luz ni nada.

Esperé que no fuera tan malo como parecía. ¿Cómo podría este chico
entender cómo me sentía por mi hermano si no se preocupaba por su
propia familia?

Madison deslizó la computadora fuera de su regazo y se recostó


sobre el asiento delantero.

—Entonces, ¿Cuáles son tus ideas acerca de realmente encontrar a


Steve Raleigh? Quiero decir, ellos no van simplemente a dejarnos entrar en
el set para hablar con él.

—Vamos a esperar a que él termine de trabajar y lo seguiremos a


dondequiera que vaya —dije.

Ella negó con la cabeza.

—Leí en uno de los blogs que las estrellas son conducidas en autos
con vidrios polarizados. Probablemente terminaríamos siguiendo al gordo
que interpreta al Fraile Tuck.

—Está bien… —Dejé salir una respiración lenta—. Plan B: Nos


introducimos sigilosamente en el set.

Hubo una larga pausa de Madison.

—¿Introducirnos sigilosamente cómo? El lugar tiene que estar


plagado de guardias de seguridad.

—Todo lo que necesitamos para pasarlos es una buena cubierta.

Ella dejó salir un gruñido incrédulo.

—¿Una buena cubierta? Tenemos diecisiete años. ¿Qué negocio


podríamos tener en un set?

—Oh, vamos, un portapapeles y una mirada determinada conseguirá


que seas admitida en la mayoría de los lugares.
Madison se giró y me miró, su cabeza inclinada, midiéndome. Con
una voz lenta, calculadora dijo: —Supongo que podrías pasar por una
aspirante a estrella. Tienes ese aire de mujer fatal sobre ti. Como si
aplastaras los sueños de los chicos en tu tiempo libre.

No contesté. Nunca he tenido la intención de aplastar a nadie. Y


para decirte la verdad, mi último novio, Nick, se deshizo de mí, aunque sé
que lo llevé a eso. Todo había ido muy bien entre nosotros hasta que
Jeremy fue diagnosticado con cáncer. En un momento, pasé de ser una
novia divertida a una mujer de la inquisición. Noche tras noche, me
mantenía preguntándome por qué Dios haría esto. Nick había intentado
encontrar respuestas y, mejor aún, con consuelos, pero no había aceptado
nada de eso.

Después de que desmenucé sus intentos para defender la divinidad,


él finalmente había dicho: —Bien, tómalo a tu manera. Cree que no hay un
Dios.

Lo cual me había dejado incluso más indignada.

—¿Así que estás diciendo que la vida es alguna especie de accidente


cósmico? ¿Todo lo que sentimos, pensamos y hacemos carece de
significado? Si mi hermano muere, ¿todo lo que él es simplemente es
extinguido?

Nick me había mirado cansadamente, las manos arriba como si


esperara el tiempo suficiente para poder percibir algunas respuestas del
cielo. Él había negado con la cabeza lentamente y dejado caer su voz hasta
el tono de una confesión.

—No puedo seguir con esto, Annika. No puedo. Mira, siento lo de tu


hermano. Realmente lo hago. Pero tú no quieres un hombro para llorar,
quieres alguien a quien gritarle, y estoy cansado de ser yo.

Él estaba en lo correcto, por supuesto, lo cual es el por qué no había


salido con nadie desde entonces. Me había convertido en cristal roto.
Frágil, incompleta, y cortando a cualquiera que tratara de tocarme.

Podía hacerlo a través de escuela, sonriendo para ocultar el


entumecimiento, pero no podría mantener una pequeña conversación con
un novio.
Todavía sondeándome, Madison dijo: —Tal vez si te hacemos ver
glamurosa, los guardias de seguridad pensarán que eres una estrella
invitada.

—No. No podemos ser alguien lo suficientemente importante que las


personas nos presten atención. Solo tenemos que ser uno de los
trabajadores sin cara que tienen un sitio allí. Ya se me ocurrirá algo.

Después de eso, Madison y yo intercambiamos lugares. Ella condujo


y yo me acomodé en la parte trasera con la computadora portátil. Busqué
en Google algunas variaciones de “excursiones al set de la película”,
tratando de obtener una idea de cómo podría ser un estudio, qué
podríamos esperar encontrar cuando lográramos llegar, y más importante
aún, dónde podrían estar sus debilidades en seguridad. Entonces, intenté
usar el internet para encontrar dónde estaban los lugares al aire libre de
TeenRobin Hood, en caso que estuvieran rodando allí en lugar del estudio.
La computadora no produjo ninguna pista en ese aspecto, pero me figuré
que no podía estar muy lejos del estudio. Revisé las vistas aéreas de
Burbank buscando áreas abiertas, áreas boscosas y escribí las pocas
posibilidades que vi.

Puse el DVD en la computadora portátil y vi unos pocos minutos de


un episodio, en su mayor parte ignorando la historia y mirando el fondo.
Los hombres del sheriff montaban a caballo sobre colinas, y había también
un río. No había visto un río en cualquier lugar cerca del estudio. ¿Tenían
los fabricantes del programa de televisión que fingir el río? ¿Era eso
posible? Solo tenía que esperar que el elenco estuviera trabajando en el set
en este momento, era eso o que la gente del lugar supiera dónde estaban
los lugares al aire libre.

Mi atención, sin embargo, se mantuvo abandonando el fondo y


descansando sobre Robin Hood. Bueno, ¿cómo podía evitar clavar los ojos
en él? Ellos tenían todas esas capturas en primer plano. Capturas que
mostraban su mandíbula cuadrada, penetrantes ojos marrones, y una
sonrisa imposible. Su cabello caía hasta sus hombros en desordenadas
ondas rubias, y él incluso hizo que el ridículo sombrero de plumas se viera
bien.

Se movía sin esfuerzo, congelado en el tiempo y espacio en la


computadora portátil, pero en realidad estaba allí afuera en alguna parte
ahora mismo. Me pregunté qué estaba haciendo en este mismo instante.
Eventualmente rompí mi atención de su sonrisa, salté hasta el fin
del episodio, y escribí todos los nombres de las personas que figuraban
trabajando en el set. Desde el director, Dean Powell, hasta abajo al mejor
chico —no tenía ni idea de qué era eso realmente. Lo mismo con el gaffer7.
Siempre pensé que un gaffer era un hombre realmente viejo, pero
aparentemente no.

Tenía la esperanza de memorizar algunos de los nombres, de forma


que, cuando llegara al set, lograra parecer alguien que pertenecía allí,
pero el gran número de ellos me abrumó. ¿Qué hacían todas estas
personas? Podrías invadir un país con menos gente.

Corrí una búsqueda en internet de Dean Powell así sería capaz de


reconocerlo si lo viera. Me encontré con una entrevista y una foto de un
hombre que, a pesar de su vestimenta informal y su cabello hasta los
hombros, se las arreglaba para parecer severo, temperamental, y no como
el tipo que apreciaría a dos chicas adolecentes introduciéndose
sigilosamente dentro de su set. No compartí esta impresión con Madison,
sin embargo.

Mientras estudiaba enlaces del estudio, otra cosa se hizo evidente:


Las personas del cine tenían su propio lenguaje. Repetí el vocabulario en
voz alta: imágenes sin editar, plataforma de cámaras, doblaje, dunning 8…
memorizando las palabras de una manera que habría asombrado a mi
profesor de español.

Al mismo tiempo, examiné cuidadosamente ideas para entrar en el


set. Podría hacerme pasar por un reportero de una revista para
adolescentes o quizá alguien entregando algo a vestuario, tal vez la
asistente de un agente. Cerré los ojos intentando considerar todas las
posibilidades. El zumbido de las ruedas se mezclaba con mis
pensamientos, girando y girando, y la siguiente cosa que supe fue que
eran las cinco treinta y Madison se había acercado a una gasolinera en
Burbank. El estudio estaba justo bajando la calle.

***
7Gaffer: Es el jefe del departamento eléctrico en un set de una película.
8Dunning: Proceso que se le aplica a películas en blanco y negro.
Mientras Madison ponía gasolina, entré en la tienda y compré bebidas. Me
quedé de pie en la caja registradora, todavía intentando deshacerme de las
últimas embotadas sensaciones del sueño, y miré al dependiente entrado
en años. Podría decir que era solitario.

Algunas veces ser capaz de leer a las personas me pone triste. Al


principio, me molestaba darme cuenta cuantas personas son, en el fondo,
egoístas. Ahora lo tomo con calma, pero la soledad de las personas todavía
me llega.

Supe que no le importaría hablar conmigo, sin embargo. Todo lo que


tenía que hacer era preguntar y él me diría todo lo que sabía sobre el
estudio.

Intentando sonar como a un turista, pregunté: —¿Dan ellos


excursiones en ese estudio calle abajo?

Él negó con la cabeza.

—No cuando están rodando la serie. Podrías comprobar con ellos en


el verano, sin embargo.

No se me había ocurrido que podrían no estar filmando ahora, y di


un suspiro de alivio. ¿Qué habría hecho si hubieran estado en pausa?

Manoseé la goma de mascar ubicada a la par de la registradora como


si tratara de decidir el sabor.

—¿Están filmando ahora mismo, en este mismo instante?

—No, estoy seguro que han terminado por el día. Siempre salen
temprano cuando los Lakers tienen un juego de baloncesto, ya que el
Señor Powell es un gran fan, y todo eso. —Él tomó el paquete de goma de
mis manos y lo pasó a través del escáner—. El estudio incluso tiene su
cubículo en la arena deportiva. Una suite de lujo. Una de las ventajas de la
fama.

Le di mi dinero.

—¿Todos ellos van hasta allá?


Él abrió la caja registradora y asintió con la cabeza.

—EntertainmentTonight siempre está reportando sobre a quién


sorprendió con quién allí. Ese chico que interpreta a Robin Hood es un
cliente habitual.

—¿De verdad? —La palabra salió de mi boca demasiada ansiosa, y el


hombre se rió ahogadamente de mí.

—Sí, los jóvenes siempre van por él. Las señoras mayores tienen un
gusto por el Sheriff de Nottingham. —Él me dio el cambio—. Debería haber
sido un actor. Piensa en el dinero que desperdicié en colonia, cuando todo
el tiempo simplemente tenía que lanzar algo lejos en la televisión con un
acento inglés.

Él habría dicho más, pero había recogido mis cosas y ya me estaba


moviendo hacia la puerta.

—Gracias —grité de regreso, entonces me apresuré a través del


estacionamiento hacia la camioneta.

Eso significaba que no tenía que esperar hasta mañana. Podríamos


intentar y encontrarlo esta noche. El pensamiento me hizo sentir tanto
nerviosa como excitada. Apenas podía quedarme quieta. ¿Podría hacer
esto? Tenía que, ¿no? ¿Por qué otra razón habría hecho todo este camino?

Mientras comíamos una cena muy apresurada, utilicé MapQuest


para tener direcciones del Staples Sports Center en Los Ángeles.

—Vale la pena intentarlo —dije, mi mente haciendo clic a través de


las opciones, procesando un plan.

—¿Dónde vamos a conseguir las entradas? —preguntó Madison—.


No traje mucho dinero.

Eché un pedazo de emparedado en mi boca y no contesté.

Madison bajó la manzana que estaba comiendo, su rostro tenso. Me


envió una mirada incrédula.

—¿Quieres meterte a hurtadillas en el juego ¿verdad?


—No. Esperaremos hasta después del medio tiempo para aparecer.
En ese momento la seguridad no es tan fuerte.

Madison se relajó lo suficiente como para tomar otro mordisco de su


manzana.

—Bueno, eso podría funcionar.

—Por supuesto, todavía tenemos que meternos a hurtadillas en el


cubículo.

Ella agarró su manzana.

—Mi estómago de repente me duele.

—Dijiste que querías venir conmigo —le recordé a ella.

—Sí, porque pensé que podría impedirte hacer algo estúpido.


Comienzo a preguntarme si eso es posible.

Manoseé la corteza de mi emparedado y no dije nada. Eso parecía


estúpido, pero ¿qué importa si no funciona? No estaríamos peor de lo que
estamos ahora. Y podría funcionar. Realmente, todo eso del pensamiento
positivo que he leído debe estar teniendo efecto en mí.

Le sonreí a Madison para mostrarle que estaba confiada.

—Va a estar bien. Solo necesitaremos detenernos primero en una


tienda de segunda mano y ver si podemos encontrar algo que luzca como
un uniforme. Tal vez algunos delantales o chalecos. —Agarré la
computadora portátil otra vez y volví al sitio MapQuest.

Ella no dejó de agarrar firmemente su manzana.

—Sabes, toda esta escapatoria es un mal karma. Regresará a


morderte algún día. E incluso si no lo hace —dijo, anticipándose a mi total
falta de preocupación en el departamento del karma—, nuestros padres
nos matarán si quedamos arrestadas.

—No vamos a ser arrestadas. Dios me debe mucho.

Madison se acomodó y miró la pantalla de la computadora, donde


había levantado un listado de tiendas de segunda mano.
—Pensé que no creías más en Dios.

—Nunca dije eso. Dije que no hablaría con él nunca más.

Madison dejó escapar un suspiro.

—Oh, estupendo. Estamos a punto de hacer algo riesgoso, y tú vas a


reprender a Dios de antemano. —Madison volteó su cara hacia arriba y
gritó—: Ella no quiso decir eso.

Puse mis ojos en blanco.

—No me mires así —dijo—. Cuando estés en la cárcel y yo no, vamos


a ver quién está poniendo los ojos en blanco.

Le di a Madison la computadora portátil y eché a andar la


camioneta.

—Hay una Buena Voluntad a un par de kilómetros de distancia.


Capítulo 4
Traducido por Eve2707

Corregido por Paaau

E
l problema con las direcciones de internet es que no siempre son
claras. Esa es la única razón por la que nos tomó una hora llegar a
la tienda y no, como dijo Madison, porque manejo demasiado
rápido, paso por las calles, y doy vueltas en U imprudentemente en medio
de cuatro carriles de tráfico. Pero llegamos a salvo lo que, le dije a
Madison, probaba que no estaba exiliada del rebaño de Dios después de
todo.

Compramos un par de pantalones negros y camisetas blancas con


botones, que es prácticamente el uniforme típico de una mesera. Después,
fuimos a la tienda de artículos de belleza por el toque final: redecillas para
el cabello. Redecillas que gritaban “servicio de comida”, porque ninguna
persona sana las usaría de otra forma. Nos cambiamos en McDonald´s,
condujimos a LA, y llegamos al Staples SportsCenter cuando terminaba el
medio tiempo.

Puse en mis bolsillos monedas, llaves, y mi foto de Jeremy, después


empujamos nuestros bolsos debajo de los asientos para desalentar a los
ladrones. No podíamos llevar nada con nosotros porque teníamos que
vernos como si estuviésemos trabajando en una de las cabinas de comida.

Nos apresuramos a través del estacionamiento y entramos al edificio.


Ninguno de los porteros nos hizo preguntas. Esa parte, al menos, no podía
haber sido más fácil. Entrabamos y salíamos de la multitud que estaba
regresando a sus asientos, hasta que encontramos una cabina de comida.
Compre dos bolsas de palomitas, tres hotdogs, un pretzel y seis bebidas.
Nos dieron una charola plana para cargar las bebidas, pero aun era
suficiente comida para que nuestras dos manos estuviesen llenas. Esa era
la cosa importante.

Mientras nos alejamos, le dije a Madison: —Ahora solo tenemos que


encontrar el palco correcto.
Sabríamos que era el correcto porque el palco que las estrellas
frecuentaban tendría un guardia de seguridad en la entrada. El plan era
caminar y decir que el Sr. Raleigh había ordenado la comida. El guardia de
seguridad o bien nos miraría raro y diría “¿Quién es el Sr. Raleigh?” o nos
dejaría subir.

Caminamos alrededor del estadio, pasamos guardias de seguridad y


los alrededores del cordoncillo, pero no veía ningún guardia en las
entradas de las escaleras o elevadores. Comencé a creer que había
pensado mal. Pero tal vez los guardias de seguridad estaban del otro lado
de la puerta. Tal vez nadie del elenco de Robin Hood había venido al juego
esta vez. Tal vez el hombre de la gasolinera estaba solamente contando
cuentos para impresionar a los turistas.

Y después lo vi. Un chico tan grande que pertenecía al campo de


fútbol. Llevaba un auricular y una mirada seria. Sus manos estaban
cruzadas frente a él con una señal neón que decía EN SERVICIO. De pie al
lado de la puerta del elevador, me recordó a un toro en un pastizal. Podía
decir en ese momento que él no solo era un guardia de seguridad, él en
realidad estaba vigilando algo.

—Este es —le susurre a Madison—. Recuerda actuar. —Mi paso


disminuyo involuntariamente. Me había forzado a mantenerme dando
pasos hacia la dirección del chico. Trate de parecer segura.

Caminé hacia el hombre, asintiendo con la cabeza.

—Hola, esta es la comida que el Sr. Raleigh ordenó. ¿Quieres


presionar el botón del elevador por mí? Mis manos están llenas.

Me miró sin impresionarse.

—¿Tienes un pase?

Saque mi cadera hacia afuera y descanse las bebidas en ella.

—No, pero tengo una llaga real en mis pies. ¿Vas a presionar el
botón por mí?

—No puedo dejar pasar a nadie sin un pase VIP, pero puedo llamar a
alguien que baje y se lleve estas cosas. —Alcanzó el botón en su auricular.

Ajusté la bandeja en mi cadera, moviéndola más lejos de él.


—No puedo simplemente entregar la comida. Todavía no ha sido
pagada.

Ahora los ojos del hombre se redujeron.

—¿No lo pusieron en su cuenta?

—Vaya, bien. Su cuenta. —Sabía que me había vencido, pero traté


una última vez—. Mira, ¿sería mucho problema que nos dejaras
entregarlo? Nunca he estado en una suite lujosa.

Se encogió de hombros desdeñosamente.

—Lo siento. Sin un pase no dejaría a mi madre subir ahí. Alguien


estará aquí en un minuto.

Así que esperamos, atrapadas por nuestra mentira. Madison estaba


de pie a mi lado, temblando lo suficiente para que cada cierto tiempo, un
pedazo de palomita caía de su contenedor al piso. Me preguntaba si quien
fuera que viniera sabría que estábamos mintiendo y nos gritaría o nos
entregaría. Pero de nuevo, tal vez sería Steve Raleigh.

Las puertas quizás se abrirían y vería su desgreñado cabello rubio y


su sonrisa arrogante. Tal vez él incluso diría algo con ese irresistible
acento inglés. Oh, espera, el acento probablemente era fingido. Traté de
imaginar a Steve Raleigh sonando como americano, pero solo por un
momento. Tenía que pensar en algo para decirle. ¿Cómo alguien se arroja
a la voluntad de alguien mientras se le entrega un refresco?

Finalmente, la puerta del elevador se abrió y un chico que no


reconocí salió. Un cordón con una etiqueta azul pálido en la que se leía
PRODUCCIONES BALLARD colgaba de su cuello. Solo una simple pieza
azul de papel estaba manteniéndome aquí abajo.

El chico miró sobre la comida.

—Hombre, ellos tienen costilla de primera allí arriba ¿y alguien


ordenó hotdogs? —Sacudió su cabeza—. Ahí es cuando sabes que estás
sobre alimentando el talento: cuando se enferman de costilla de primera.

Alargó sus manos para tomar mi bandeja y se la di a regañadientes.


Todo junto tenía un costo de cuarenta y cinco dólares. La comida del
Estadio es demasiado cara. Y yo no solo la había pagado, sino que no
podía comer nada de ella.

El chico miró hacia Madison.

—Tendré que hacer dos viajes para llevarme esto.

—Está bien —dijo ella. Su voz salió como un graznido. La puerta del
elevador se cerró y nos quedamos paradas silenciosamente mirándonos la
una a la otra.

El guardia preguntó: —Chicas, ¿necesitan regresar al trabajo? —Y


extendió sus manos para tomar las palomitas.

Madison se me quedó viendo.

—Creo que será mejor.

Yo asentí, y le dio la comida. Tomamos pequeños pasos lejos del


elevador. Madison susurró: —Estábamos tan cerca.

Si, tan cerca. Si solo hablara con Steve Raleigh, podría explicar…

Mire sobre mi hombro al guardia de seguridad. Él ya no estaba


viéndonos, de hecho, se estaba comiendo algunas de las palomitas. Di
unos cuantos pasos más para asegurarme que no podía escucharnos
hablar.

—¿Crees que hay alguna forma de que podamos hacer uno de esos
pases VIP?

—En realidad no —dijo ella.

Mire más allá de ella, mi vista a la deriva en dirección a las gradas

—Tomaría algo de tiempo. Necesitamos encontrar una tienda para


oficina que venda papel azul claro y esas etiquetas para nombre, después
tendríamos que tener acceso a una impresora con la letra correcta.
También necesitaría cambiar por completo mi apariencia. ¿Cuánto tiempo
supones que le quede al juego?

Ella no contestó, pero no importaba porque en ese momento noté a


un chico que caminaba en nuestra dirección. Él era alto, probablemente
1,87 metros, y vestía una chaqueta del equipo de los Lakers y una gorra de
esquí por lo que solo algunos mechones de cabello castaño se veían en su
frente. Lentes con el borde negro puestos en su nariz, lo que le daba el
aspecto de un atleta tratando de pasar como un intelectual.

Era lo suficientemente guapo que automáticamente me encogí por


dentro. Empujé al azar todo mi cabello dentro de la redecilla, la que sin
duda me hacía ver como si un castor rubio enojado estuviera atacando mi
cabeza. Era así de guapo, pero lo más llamativo acerca de él era su pase
azul de Producciones Ballard que colgaba alrededor de su cuello.

Yo lo quería.

Miré sus ojos café oscuro, tratando de calcular su personalidad


mientras se acercaba a mí. Es difícil hacer esto con gente realmente
atractiva porque algunas veces atrapo lo que yo quiero que ellos sean en
lugar de lo que son. Este chico definitivamente me hizo difícil el
concentrarme, pero tenía un sentimiento familiar con él. Como un viejo
amigo. Podía decir que era un tipo de chico decente, uno que se detendría
a ayudar a alguien que se quedóatascado a un lado de la carretera. Y yo
estaba a punto de quedarme tan atascada como podía estar.

Tomé varios pasos hacia él por lo que lo intercepté antes de que


llegara al guardia de seguridad con el auricular.

—¿Vas hacia el palco? —le pregunté.

Se me quedo viendo, sorprendido.

—Sí.

—¿Trabajas para el estudio de TV?

Se encogió de hombros.

—Cuando tengo que.

Mi mirada regresó al pase tendido contra su chaqueta. No podía


pensar en la mejor forma de preguntarle, así que lo dejé escapar.

—Esto te parecerá una solicitud extraña, pero tengo una razón


perfectamente legítima para preguntar. ¿Puedo tomar prestado tu pase por
unos pocos minutos?
Madison se había unido a mí para este momento pero no dijo nada.
Se quedó lanzando nerviosas miradas al guardia de seguridad.

Una mirada intrigada pasó por el rostro del chico.

—¿Y cuál es tu perfectamente legítima razón?

Yo dudé, no segura de cuanto de la verdad debería decirle. Bajé mi


voz.

—Necesito hablar con Steve Raleigh.

—¿De verdad? —El chico levantó su cabeza, una sonrisa divertida en


sus labios—. ¿Qué son ustedes, admiradoras, escritoras o…? —Sus ojos
viajaron sobre nuestros pantalones negros, camisas blancas y redecillas—.
Supongo que esperanzadas actrices. —Se movió como si fuese a pasar de
largo—. Lo siento. Steve no tiene nada que ver con el elenco.

—Espera. —Me puse en su camino para que no pudiera rodearme—.


No es eso. Solo soy una admiradora. Una gran admiradora, en realidad, y
tengo este favor que necesito pedirle… es una cosa de caridad, pero puede
ser buena publicidad para él también, y…

Levantó una mano para detenerme.

—¿Eres una gran admiradora? —Me miró, claramente con duda.

—Si. —Para probarlo añadí: —Puedo decir que él realiza casi todos
sus trucos. —Lo que había sido uno de los hechos que Madison me había
recitado—. Ha hecho dos shows de Broadway y tres películas. —Recité los
títulos, aunque nunca he visto ninguno de ellos. Después tomé dos hechos
más que pude recordar—. Tiene una pareja de caballos, e hizo su primer
comercial cuando tenía nueve años. Un comercial de pasta dental. Le
pagaron con hilo dental. Bueno, no realmente, inventé esa última parte,
pero el resto es verdad. Así que como puedes ver soy una gran admiradora.
¿Podrías, por favor, prestarnos tu pase?

Él miró hacia arriba, pensando, luego regresó su mirada a mi cara.

—¿Qué tal si hacemos un trato? Te haré una pregunta acerca de


Steve Raleigh. Si puedes contestar correctamente, yo me quedo aquí abajo
y te dejo mi pase para que puedas ir al palco.
—Está bien. —La ansiedad picó en mi interior, y casi reboto en las
puntas de mis pies. Una parte de mi mente ya estaba trazando un plan
para el siguiente paso. Tenía que cambiar algo más para que el guardia no
me reconociera. Si me pusiera mi ropa normal probablemente no fuera
suficiente. ¿Podría obtener unos lentes de sol? ¿Un sombrero?

—Aquí está la pregunta —dijo el chico—. ¿Cómo luce Steve Raleigh


en la vida real?

Vacilé, porque era una pregunta obvia.

—Él tiene… —Quise decir cabello rubio, pero de pronto no estaba


segura. Solo asumí que era rubio porque es como lo vi en Robín Hood. Pero
en una de las fotos que vi en mi búsqueda de internet, él tenía el cabello
negro hasta los hombros y un bigote—que fue cuando había tenido un
papel como pistolero del Oeste. Y tenía ojos cafés. Pero en las fotos de la
película de la Guerra Civil, él tenía cabello rubio. Del mismo modo que
para la película del Vikingo. En su sitio de internet, tenían fotos de él como
Robín Hood, fotos de sus películas, y una de él sentado en una silla
sosteniendo una guitarra: tenía cabello castaño en esa, pero imaginé que
era una foto de una de sus obras.

De pronto, deseé haber hecho más búsquedas. Madison había sido


la que había ido a todos los sitios de internet acerca de él. Yo pasé mi
tiempo durante el viaje memorizando nombres del DVD, aprendiendo la
jerga de la película, estudiando los sets y tratando de encontrar la locación
exterior.

Miré a Madison por ayuda, pero ella estaba viendo con los ojos muy
abiertos al chico y no me estaba viendo a mí para nada.

Como el chico estaba esperando que terminara mi oración, balbuceé:


—Él tiene…ojos cafés.

El chico se me quedó viendo en silencio, esperando a que dijera más.


Una sonrisa tiraba de las esquinas de su boca. Madison dejó salir un
sonido que era medio jadeo, como si hubiera dicho la cosa incorrecta, lo
que me molestó ya que él sí tenía ojos café. A menos que usara lentes de
contacto en la serie de Robín Hood. Decidí no considerar esa posibilidad, y
continué, ignorando todo el asunto del cabello.

—Y es alto, y tiene mandíbula cincelada…


Madison jadeó de nuevo. No estaba segura por qué. Yo conocía esa
parte bien.

—Y está en buena forma. Él tiene, mmm, realmente buenos


músculos en sus brazos, y…

—¿Cabello rubio o castaño? —me preguntó el chico.

Me quedé mirando a Madison otra vez. Ella seguía mirando al chico,


su boca medio abierta como si fuera a decir algo, pero no lo hizo. Decidí
adivinar. Se veía muy bien rubio; debía ser su color natural.

—Rubio —dije.

Se encogió de hombros y me dio una sonrisa conciliadora.

—Lo siento, fallaste el test de gran admiradora. Realmente es


castaño. —Nos adelantó antes de que pudiera protestar o pensar en algo
más que decir.

Lo vi irse, con un “Pero…” suspendido en mis labios.

Antes de que él hubiera dado unos pocos pasos, el guardia de


seguridad se nos acercó. Nos gruñó a Madison y a mí, después volteó su
mirada al chico.

—Espero que estas chicas no lo estén molestando, Sr. Raleigh.

El chico nos envió otra sonrisa, la misma sonrisa arrogante


satisfecha, que ahora me daba cuenta, había visto una y otra vez en
TeenRobin Hood.

—No, solo estábamos hablando. Son grandes admiradoras mías.

Y con una inclinación muy a la Robín Hood en nuestra dirección,


desapareció en el elevador.
Capítulo 5
Traducido por Simoriah

Corregido por majo2340

M
adison yacía en una de las camas de nuestro cuarto del motel, y
yo yacía en la otra. Había sugerido dormir en la minivan porque
ya habíamos gastado la mayor parte de nuestro dinero, pero
Madison había traído la tarjeta de crédito de sus padres. Se la habían dado
para usarla en caso de emergencias, y ella se imaginó que tener que
dormir en una minivan en un estacionamiento en California constituía una
emergencia. Para cuando sus padres notaran el gasto, ya estaríamos en
casa para explicarlo.

Aun así, habíamos ido al motel más barato que pudimos encontrar
en Los Ángeles. Las paredes estaban sucias, la alfombra estaba opaca, y
las sábanas estaban tan gastadas y eran tan delgadas que podrías
haberlas usado como papel de calcar.

Era tarde, pero no podía obligarme a ponerme los pijamas o a


lavarme los dientes. Yací ahí vestida mirado el techo. Deseé poder tener un
buen y largo ataque de llanto, pero por alguna razón no puedo llorar.

Mi mamá llora. Llora mucho ahora. Puedes decir algo perfectamente


normal como: “¿Has visto mi tarea de matemática?” y ella estallaría en
lágrimas y correría a su cuarto. No tiene sentido intentar reconfortarla.
Tiene que sacarlo de su sistema antes de emerger y estar optimista una
vez más.

Leah es una experta en el llanto. La he visto llorar cuando Mamá y


Papá le gritan, y luego parar tan pronto como dejaban el cuarto. Y no estoy
hablando de gimoteo, algo que cualquiera puede hacer, estoy hablando de
verdaderas lágrimas chorreando por sus mejillas.

De pequeñas, cuando nos metíamos en peleas y mis padres oían su


lado de la historia en un llanto y luego el mío, con lo ojos limpios, siempre
me metía en problemas. Así que definitivamente veo el beneficio de llorar.
Es solo que cuando algo sale mal en mi vida y estoy sobrepasada por la
frustración, hay un momento donde me balanceo entre la ira y las
lágrimas. Puedo sentirlo, pero de alguna forma mis emociones siempre se
deslizan hacia la ira.

Realmente no quería llorar mientras yacía ahí pensando en mi


encuentro con Steve Raleigh. Quería gritar, fuerte y repetidamente. Pero no
podía. Esa es una cosa de nuestra sociedad; entendemos completamente
cuando una persona tiene una crisis y llora, pero si esa persona grita a
todo pulmón en un cuarto de motel, es bastante seguro que los otros
huéspedes huirán del edificio y el gerente del motel llamará a la policía.

―Si pensaste que era él ―le dije a Madison por tercera vez―, ¿por
qué no dijiste nada? ¿Por qué no me detuviste?

Por tercera vez, ella me respondió pacientemente. Se sentó en el


borde de su cama aplicando loción en sus piernas y apenas mirándome.

―Porque no estaba segura y, no hubiéramos lucido aún más


estúpidas si en la mitad del interrogatorio yo hubiera dicho: “Ey, ¿no eres
Steve Raleigh?” ¿Y si resultaba que no era? Además ―agregó más
quedamente―, cuando me di cuenta de que podía ser él, perdí toda la
habilidad de hablar.

Extendí los dedos sobre el cobertor añejo. En lugar de ser suave, se


sentía vagamente como papel encerado.

―Bueno, preferiría lucir estúpida frente a un tipo que resultara no


ser Steve Raleigh que ante uno que sí resultara serlo.

Terminó con sus piernas y comenzó a esparcir loción en sus brazos.

―Todavía no puedo creer que fuera él. Steve Raleigh. De pie frente a
nosotras. Nos habló.

―Sí. Y quedamos como tontas. ―Di un respingo cuando dije eso.


Dolía recordarlo.

―Sí, pero quedamos como tontas frente a Steve Raleigh ―dijo ella
soñadoramente―. No creí que fuera tan apuesto en la vida real, ¿y tú?

―Obviamente no pensé mucho en cómo lucía en la vida real, o lo


hubiera reconocido... pero tú, Madison, tú viste todas esas fotos en
Internet, ¿por qué no dijiste algo?
Dejó la botella con un ruido sordo, y su voz se hizo más punzante.

―Sí, porque de esa forma él te hubiera dado un pase para que


puedas ir al palco... donde él claramente no estaba. Estuvimos arruinadas
en el momento en que le hablaste sin saber quién era.

Ella tenía razón. Debería haberlo reconocido. Aparte del color de


cabello, el sombrero, y los lentes, lo había visto suficientes veces en su
papel de Robin Hood para saber quién era. Pero uno no espera ver
celebridades, sin anunciarse y vistiendo ropas normales, allí de repente, en
el mundo ordinario. Además, había estado concentrándome tanto en
conseguir un pase, había estado tan ocupada descifrando el siguiente paso
en mi plan, que mi mente solo no había procesado lo que debería.

Rodé hacia un costado en la cama y puse mi mano en la sien.

―Lo lamento, Madison. Sé que fue mi culpa, no tuya. Debería haber


sabido que era él, y debería haber dejado en claro que era mi hermanito
quien era su gran fan.

El silencio llenó el cuarto, y no estaba segura de si Madison


aceptaba mi rama de olivo o no. Después de un momento, se volvió para
verme mejor y su voz se suavizó.

―Aún si lo hubieras hecho, podría no haber resultado diferente. Él


no parecía muy interesado en hacerle favores a nadie. ―Abrió los
cobertores y se deslizó debajo de ellos―. Al menos podemos decir que lo
intentamos. Piénsalo de esta manera, tendrás una historia realmente
divertida para contarle a tu hermano sobre cómo conocimos a Steve
Raleigh.

Solo que Jeremy no pensaría que era divertida. No podía ir a casa y


decirle que le había mentido sobre todo y que no había un verdadero genio
para ayudarlo en la cirugía. Simplemente no podía.

Me recosté sobre la espalda y una vez más miré el techo.

―Tengo que intentar verlo una vez más. Iremos al estudio mañana e
intentaremos hablar con él allí.

La duda relampagueó en el rostro de Madison.


―Annika, fue un milagro que lo viéramos esta noche. ¿Cómo vamos
a entrar al set?

Cómo, sí. Era momento de decidir eso. Pensé en el sitio web sobre
todo la jerga técnica que la gente de la televisión usaba, dejándolo correr
por mi mente. Parecía que tenían un nombre diferente para todo. Ni
siquiera llamaban proveedores de comida a los proveedores de comida.
Eran artesanos de la comida. Pero probablemente todos vestían el mismo
tipo de uniforme. ¿Quién tenía acceso al lugar si no llevaba un uniforme?
Y entonces pensé en eso.

―Tenemos que encontrar una tienda de mascotas antes de ir al set


―le dije a Madison―. Seremos entrenadoras de animales. Eso nos hará
pasar por seguridad. Una vez que estemos en el set, nosotras...

―Si Steve Raleigh no nos quiso ayudar esta noche ―dijo Madison,
interrumpiendo mis pensamientos―, ¿qué te hace pensar que querrá
ayudarnos mañana?

―Nunca tuvimos la oportunidad de explicarle nada. Si pudiera


hablar con él, podría convencerlo de visitar a Jeremy. Además. ―Me apoyé
en los codos―. Vestíamos uniformes del servicio de comida y nuestro
cabello estaba metido en redecillas. Estoy dispuesta a apostar que no le
será más fácil reconocernos de lo que nos fue a nosotras reconocerlo a él.
―Sostuve un mechón de mi largo cabello rubio―. ¿Cómo crees que luciría
con el cabello castaño?

Madison levantó las manos para protestar.

―Oh, no... No voy a teñir mi cabello. Ni siquiera lo pidas.

―Puedes volver a cambiártelo después ―dije―. Vayamos a la tienda


ahora mismo. ¿Quieres ser una castaña, rubia platinada? O podrías
probar con negro azabache.

―Estoy cansada ―dijo―. No voy a ir a ninguna parte esta noche


excepto al otro lado del cuarto para apagar la luz.

Hice esa concesión. Lo bueno de Madison es que mientras la deje


ganar alguna de las batallas, ella me deja ganar la guerra. Me puse mis
pijamas, me metí en la cama, e intenté revisar todos los detalles en mi
mente para estar preparada para todo mañana.
Después de unas horas de escuchar el calentador del cuarto
encenderse y apagarse, eventualmente me quedé dormida. Mi mente volvió
a mi barrio: A filas de patios de piedra, a cactus y palmeras, a pequeños
oasis circulares de césped creciendo entre patios de piedra decolorados por
el sol, a todas las cosas comunes, familiares, y reconfortantes. Ahora estaba
en mi sala de estar, su habitual desorden rodeándome, arrullándome con
una sensación de seguridad.

Y miré por la ventaba y vi a la Muerte.

Caminaba por nuestra calle, volviendo su larga y encapuchada


cabeza de una casa a la otra, buscando. Parecía deslizarse sin esfuerzo, y
sin embargo cada paso golpeaba el pavimento con el sonido del hielo
rompiéndose. El miedo explotó en mi pecho, y le grité a Jeremy que se
escondiera. Corrí hacia afuera, cerrando la puerta con llave detrás de mí. No
pude encontrar un arma y no tenía tiempo de volver a entrar por mi arco y
mi flecha, así que tomé una pala. Caminé hacia la figura de túnica,
sosteniendo la pala frente a mí con manos temblorosas.

―Pasa de largo por nuestra casa ―le dije―. No te dejaré entrar.

Ella se detuvo y se apoyó en su guadaña, largos dedos similares a


insectos aferrándose a ella buscando apoyo. No podía ver su rostro, solo
una negra abertura bajo su capucha, pero podría ver que me estaba
considerando. Luego, su rostro oscuro se alejó del mío y miró más allá hacia
nuestra casa. Se enderezó como si estuviera por caminar en esa dirección.

―Llévame a mí a cambio ―dije. Mi voz no era más que un susurro,


pero sabía que ella me había oído.

Sacudió la cabeza lentamente, y cuando habló, su voz, era hueca y


rechinante, dejó frío el aire alrededor de mí.

―¿Piensas que trato con años o décadas? Estarás conmigo pronto. No


necesito negociar con tu tipo.

Se movió como para continuar, pero antes de que pudiera pasarme,


hice un movimiento rápido con la pala y saqué la guadaña de su mano.
Cayó a la calle con el estertor de infinitas cadenas.

Intenté tomarla, pero se alejó de mí de un salto y voló de vuelta a las


manos de su amo.
―No tienes el poder para vencerme ―dijo.

―Entonces te retrasaré.

Pero no podía. Ella caminó a través de mí y luego estaba más allá,


deslizándose hacia mi casa.

Mi corazón golpeaba con tanta fuerza que parecía catapultarse de un


lado de mi pecho al otro.

―¡No! ―grité.

La Muerte desapareció, y me encontré sentándome en la cama del


motel.

Madison se estiró torpemente hacia la luz entre nosotras.

―¿Qué sucede?

Puse la mano sobre mis ojos para escudar mi rostro de la luz.

―Nada. ¿Qué hora es?

―Tres treinta. ¿Tuviste una pesadilla?

Pestañeé, intentando localizar mi móvil entre los contenidos


desparramados de la mesa de noche. La frustración hizo que mis manos se
sintieran torpes. Aun cuando la luz estaba encendida, aun cuando sabía
que solo había sido un sueño, la sensación de pánico no me había
abandonado.

―Creo que debería llamar a casa a ver si Jeremy está bien.

―¿A las tres y media de la madrugada?

―Solo... creo que debería asegurarme de que todas las puertas estén
cerradas.

Ella frotó una mano sobre sus ojos.

―Annika, ¿quieres despertar a toda tu familia para preguntarle por


las puertas? ¿Quién temes que entre?
No pude encontrar mi móvil en la mesa de noche, y levanté mi bolso
para buscar allí. Mi voz salió demasiado rápido.

―Cualquiera. La Muerte, quizás. Siempre deberías asegurarte de que


tus puertas están cerradas con llave.

Ella me miró en silencio, sus ojos intentando ajustarse tanto a la luz


como a mi lógica. Ella podría haber dicho lo obvio, que era: “¿Estás loca?”
O algo un poco menos obvio pero todavía directo, como: “No creo que la
Muerte use la puerta del frente. Usa la chimenea como Papá Noel.”

En cambio dijo.

―Oh, Annika. ―Salió de la cama, y caminó hacia la cómoda. Revisó


entre sus contenidos hasta sacar mi móvil, pero lo puso en la mesa de
noche.

―No puedo llamar. Me dirían que vuelva a casa, y estoy a cuatro


horas. Lo llamaré en la mañana.

Asintió y volvió a la cama.

―Él va a estar bien.

―Lo sé ―dije.

Apagó la luz, y me estiré, tomé mi móvil de la mesa de noche. Apoyé


mi mejilla en la almohada y cerré los ojos, aun cuando sabía que no sería
capaz de volver a dormirme.

***

En la mañana, comimos la mayor parte de nuestra reserva de


comida, luego condujimos hacia una farmacia a comprar tintura de
cabello. Madison no dijo nada sobre nuestra conversación en la mitad de
la noche. Ni siquiera comentó cuando llamé a Jeremy antes de la escuela y
le conté una historia sobre una hermana que amaba tanto a su hermanito
que fue al inframundo para traerlo de vuelta. Usualmente le contaba a
Jeremy historias sobre un niño valiente, pero hoy yo necesitaba que la
hermana fuera la heroína.

―Se supone que es sobre una madre y una hija ―me dijo Jeremy―.
Tú sabes, Perséfone.

Jeremy siempre dice su nombre como Pursé-n-fone, probablemente


porque así es la forma en que mi papá lo pronunció cuando le leyó la
historia. Ninguna insistencia de mi parte de que se pronunciaba Per-sé-fo-
ne fue suficiente para hacer mella en la pronunciación de Papá o de
Jeremy. Me volví una eterna agradecida cuando Jeremy dejó de idealizar a
Hércules y ya no teníamos que escuchar las versiones despedazadas de
mitos griego y romanos de Papá.

―Esa es una historia diferente ―le dije a Jeremy―. En esta, una


hermana y un hermano estaban jugando a lanzarse una bola de béisbol
uno al otro fuera de su casa. Vivían junto a un acantilado y sus padres les
habían dicho que no jugaran cerca del borde, pero ese día no escucharon.

―¿Cuál es el nombre de la hermana? ―preguntó.

―¿Cómo quieres que se llame?

―Annie ―dijo―. Y el nombre del hermano es Jeremy.

Dudé. No quería usar su nombre en esta historia, como si siquiera


conectar su nombre con el inframundo lo pusiera en peligro.

Sin embargo, él no esperó a que se me ocurriera una razón lógica


para protestar esta decisión.

―Así que Jeremy y Annie estaban jugando afuera ―apremió―. ¿Y


luego qué sucedió?

―Bueno, el hermanito corrió a atrapar la pelota, y cayó por el borde


del acantilado hasta el inframundo. De hecho, cuando Hades lo encontró,
Jeremy estaba intentando recuperar la pelota de Cerbero, el perro de tres
cabezas. Sabes cómo son los perros. Ellos aman jugar a atrapar la pelota.
Una cabeza tenía la pelota, y las otras dos no dejaban de lamer el rostro de
Jeremy.

Jeremy rió pero no comentó, así que continué.


―La familia de Jeremy lo extrañaba terriblemente, así que Annie
decidió ir por él y traerlo de vuelta.

―¿Cómo entró al inframundo? ―preguntó Jeremy.

―Lloró tanto que sus lágrimas formaron un río, y las lágrimas de


dolor siempre llevan al río Estigia. Ella simplemente siguió el camino hacia
allá. Bueno, por supuesto, Hades no quería dejar ir a Jeremy. Hades tiene
una política de prohibición de salida cuando se trata del inframundo. Pero
Annie fue directo hacia Hades y explicó que tenía que llevar a Jeremy con
ella.

―¿Qué dijo Hades?

En mi mente intenté imaginar el personaje de animación de Hades


de la película “Hércules” de Disney. Quería responder con su voz, con
acento de Nueva York y todo. Pero no pude verlo. Solo vi a la Muerte de mi
sueño, con su rostro oscuro y vacío. La vi tan claramente que me hizo
jadear, y una ola de ansiedad me recorrió. Estaba de pie en el acantilado
más alto en una infinita caverna gris, una nunca atravesada por la luz del
sol.

Como no respondí, Jeremy continuó.

―¿Hades se enamoró de Annie porque ella era muy hermosa?

―No, la Muerte no tiene corazón, así que no le importa cuán


hermosa sea una chica.

―¿La Muerte? ―repitió Jeremy―. Pensé que era Hades.

―La muerte es solo otro de sus nombres ―dije.

―¿Así que cómo rescató Annie a su hermano?

Quería decirle que ella se había cortado todo el cabello, había tejido
una soga, y había usado su arco y flecha para lanzar la soga de cabello
hasta el borde del inframundo. Luego ambos salieron juntos. Pero la visión
de la caverna gris era demasiado fuerte en mi mente. Todavía podía verla,
y no había borde.

―Ella se cortó todo el cabello ―dije.


La Muerte volvió su mirada de hielo hacia mí.

―No funcionará.

―Y lo trenzó hasta formar una soga, como la historia de Rapunzel.

La voz hueca de la Muerte hizo eco.

―Es imposible.

―Luego ella usó su arco y flecha para disparar la soga hasta el


mismo borde del inframundo.

No debe haber sonado convincente porque Jeremy dejó salir un “no-


oh” de descreimiento.

―Tu cabello no es tan largo ―dijo.

―Creció durante la caminata hacia al inframundo.

―¿No es un camino largo hacia el inframundo?

Aparentemente ese final no lo iba a satisfacer. En el fondo, oí a mi


padre llamando a Jeremy.

―No terminé la historia ―dije―. Cuando la flecha voló, ella vio que la
soga no era lo suficientemente larga. Pero tomó la mano de Jeremy y le
dijo que encontrarían una forma de escapar juntos del inframundo.

La voz de mi padre se hizo más fuerte, y supe que él estaba cerca de


Jeremy.

―Vamos, amigo. ―Lo oí decir―. Es hora de irse.

―Pero Annika me está contando un cuento ―dijo Jeremy.

―Puede terminarlo después. El bus está llegando. ―Después la voz


de mi padre apareció en la línea―. ¿No deberías estar en clase?

―Estoy tomando un descanso. ―Lo cual, técnicamente, era verdad.

Él no lo cuestionó. En cambio dejó que su voz cayera hasta un


susurro y agregó.
―Gracias por el ya-sabes-qué que dejaste en tu cama. Ya-sabes-
quién va a adorarlo.

―No lo hagas esperar hasta Navidad para abrirlo ―dije―. Puedes


dejarlo que lo tenga en cualquier momento.

―Quizás más tarde esta noche ―dijo―. Ahora mejor vuelve a clases.

Colgué, llamé a la escuela para decir que estaba enferma, luego


telefoneé a la Sra. Palson y le pedí que una vez más fuera a buscar a
Jeremy a la escuela. Tenía hasta la una, bueno, una y media si conducía
rápido, hasta que tuviera que partir hacia Nevada.

Tomó una buena parte de la mañana teñir nuestro cabello. Madison


y yo elegimos un castaño dorado. Ella compró tintura temporal que se va
con unos pocos lavados, pero yo elegí la permanente. Una parte de mí
quería un cambio permanente, como si cambiando mi color de cabello,
pudiera dejar todo atrás.

Madison hizo una conmoción por su cabello, pero a mí me gustaba


el mío. Hacía que mis ojos azules parecieran más oscuros, más
misteriosos. Ricé mi cabello para que estuviera ondulado y voluptuoso. Lo
moví hasta que cayó sobre mi rostro, y luego lancé miradas candentes al
espejo. Así, pensé, debe ser cómo se siente ser Leah todo el tiempo.

Madison se paró detrás de mí, aplicándose base de maquillaje, pero


mirándome.

―Pensé que ibas a ser entrenadora de animales, no una aspirante a


estrella.

―Soy una entrenadora de animales. Solo una con potencial de


estrella.

Madison estabilizó su rostro para aplicar rímel y pestañeó.

―No puedo creer que esté haciendo esto.

―Tampoco yo creo que lo estés haciendo. ―Dejé mi cabello y tomé


una sombra de ojos compacta―. Aunque noté que ninguna de nosotras dijo
que no podía creer que yoestuviera haciendo esto.
Ella rió pero no comentó. A veces me pregunto si no soy una mala
influencia para Madison.

Encontramos una tienda de mascotas y tuvimos que esperar hasta


las diez de la mañana, cuando abrió. Usando la tarjeta de crédito de
Madison, compramos una jaula llena de conejos y una pecera con una
pitón de Birmania de un metro y medio de largo. Intencionadamente elegí
una serpiente porque había suficiente gente a la que no le gustaban para
que si, digamos, yo caminaba por el estudio con una grande sobre mi
brazo, la gente pudiera querer mantenerse lejos de mí.

La señora en la tienda de mascotas me aseguró que la serpiente —


Herman, lo llamó—, era adorable y para nada venenosa. Lo sacó de su
tanque y lo colgó alrededor de su cuello como una boa de plumas para
probar su punto. Él sostuvo su cabeza en alto, examinándome con sus
penetrantes ojos negros, y lamió el aire. Luego la señora puso la serpiente
alrededor de mi cuello y sentí los músculos de su cuerpo pulsar mientras
su suave piel sedosa se deslizaba sobre la mía.

―Oh, sí ―dije en una voz varios grados más alto que mi voz normal―.
Puedo decir que es adorable. Lo llevaré.

Fui capaz de volver a la furgoneta antes de comenzar a temblar sin


control.

Además de los conejos y la serpiente, compramos unas palomas en


una gran jaula de alambre para que nuestra furgoneta luciera de forma
convincente como una que perteneciera a un par de entrenadoras de
animales. Era una buena idea, excepto que tanto las palomas como los
conejos aparentemente se habían dado cuenta de que había una gran
serpiente carnívora en la furgoneta con ellos. Mientras conducía, los
conejos rebotaron en su jaula, alternativamente chocándose entre ellos y
con los muros, mientras cada tanto las palomas aleteaban con frenesí.
Causaban casi tanta distracción como Madison aferrando la perilla de la
puerta y diciendo en voz sibilante.

―¿Podrías por favor bajar la velocidad?

Casi como para responder a su deseo, llegamos a una construcción


en Burbank y progresamos por la ciudad a paso de tortuga. Eran casi las
once cuando tomamos una calle que llevaba al estudio. Tomé la vieja gorra
de béisbol de papá de debajo del asiento y la puse en mi cabeza con la
esperanza de que me haría lucir mayor de alguna forma, o al menos
reconocible. Luego me apoyé en mi asiento, pasé un brazo de forma
informal sobre el volante mientras nos deteníamos en el puesto del
guardia. Un hombre de mediana edad en un uniforme blanco me miró con
la misma expresión que un gato te dirige cuando interrumpiste su siesta.

Le sonreí.

―Hola, vengo a dejar unos animales para la filmación.

Él miró las jaulas, y las palomas hicieron un impresionante intento


de liberarse al intentar volar a través de su plato de comida. Oí semillas
para pájaros esparciéndose por la furgoneta.

―¿Dónde está tu pase? ―preguntó el guarda.

Miré alrededor como si lo hubiera dejado en algún lugar equivocado.

―Sé que lo traje... recuerdo tenerlo en mi mano... ―Revisé papeles


que había en el asiento entre Madison y yo, luego volví a revisarlas―.
¿Crees que esté debajo de alguna de las jaulas?

Madison se encogió de hombros.

―Podría ser.

Me volví hacia el guardia.

―Esto podría tomar un minuto. Voy a necesitar levantar todas las


jaulas. ¿Podrías ayudarme y tomar la serpiente por un minuto?

Madison dejó salir un quejido de impaciencia.

―No podemos llegar tarde. Sabes cómo se pone el Sr. Powell cuando
tiene que esperar.

―No tomará mucho ―le dije.

Ella levantó ambas manos.

―De acuerdo, pero él no me va a gritar. Tú puedes decirle que tuviste


que jugar a mostrar y contar con el guardia de seguridad.
El guardia dejó escapar un suspiro y nos dejó entrar con un
movimiento de su mano. Tuve que reprimir un chillido de alegría cuando
pasamos. Estábamos dentro.
Capítulo 6
Traducido por TwistedGirl

Corregido por majo2340

A
parcamos fuera del estudio. Tomé mi móvil y la imagen de Robin
Hood de Jeremy de mi bolso, deslizándolos en el bolsillo de mis
vaqueros; entonces puse mi bolso debajo del asiento.

Bajé el acuario de la serpiente de la camioneta.

—Ahora solo tenemos que encontrar el remolque de Steve Raleigh.

Madison asintió con la cabeza, pero mientras caminábamos por el


edificio, seguía lanzando miradas nerviosas sobre su espalda.

No llevábamos mucho tiempo caminando antes de que el acuario se


hiciera muy, muy pesado.

Cambié su peso, tratando de conseguir un mejor agarre.

—¿Supones que tiene él tiene su propio remolque?

—No tengo idea.

—Ese es el problema con el Internet. Es muy bueno dándote datos


inútiles cómo cuantos caballos tiene una estrella; pero no te da cosas
importantes cómo la manera para invadir su remolque.

Madison me miró con recelo.

—¿Cuándo dices “invadir”, significa “tocar la puerta”, ¿cierto? No vas


a forzar la cerradura o algo así, ¿no?

—Forzar cerraduras es muy difícil. Prefiero entrar a través de las


ventanas...

Dejó escapar un gruñido, así que añadí:


—No te pongas tan tensa. Hollywood está acostumbrado a personas
tratando de entrar en los negocios.

—Eso no es lo que quiero decir, y lo sabes.

Dimos vuelta en la esquina del edificio. Y, en lugar de los remolques,


podía oler la comida.

El aroma de algo picante y caliente flotando sobre mí.

Decenas de personas estaban sentados en la mesas para comer.


Muchas personas se mezclaban frente a las mesas de buffets. Era extraño
ver a gente vestida con trajes medievales sentada al lado de otras personas
vestidas con vaqueros y sudaderas.

Automáticamente mis ojos buscaron la marca del sombrero de Robin


Hood. No lo vi. Varios de los sheriffs de Nottingham estaban ahí, vestidos
con sus trajes, sentados juntos para comer, pero Steve no estaba con ellos.

También vi a un corpulento hombre vestido con una camisa azul


marino del estilo de los policías. Un guardia de seguridad.

Cambié el peso del acuario a mi cadera y dije:

—Tal vez Steve no ha llegado aún a comer.

—Ya sabes —dijo Madison—. Tal vez las estrellas más famosas
comen en sus remolques. No veo a ninguno de ellos aquí.

Solo teníamos un par de horas para encontrarlo; esperando que él


no nos reconociera como las idiotas de la noche anterior; y buscar la
manera de hablar con él. El almuerzo sería perfecto para eso, pero, ¿quién
sabía cuál era su horario? Si almorzaba en su remolque, no nos gustaría
gastar tanto tiempo esperándolo.

Y no podía permitirme el lujo de perder el tiempo.

Tampoco podía llevar a Herman conmigo a los buffets. Estaba


totalmente segura de que los animales reales no eran como él.

—Creo que debemos separarnos —dije.


Madison dejó escapar una chillona protesta; y me apresuré, antes de
que ella hablara:

—Camina por las mesas de comida. Come algo. No es muy difícil: Si


alguien te pregunta, dile que trabajas en accesorios. Quédate hasta que te
saquen a patadas, o hasta que yo vuelva. Si es que Steve Raleigh aparece,
siéntate a su lado y no importa a cuántos MerryMan tengas que enfrentar
para hacerlo. Pero habla con él. Explícale la situación.

Ella asintió con la cabeza.

—¿Qué vas a hacer tú?

—Voy a buscar su remolque... Revisar el edificio del estudio... —


Sonaba patético incluso para mis propios oídos y miré hacia arriba—. Sí
Dios me ama, después de todo, me encontraré con Steve Raleigh en la sala
de descanso.

Ni siquiera estaba segura de que los estudios tuvieran salas de


descanso. Esa era otra manera en la que el internet me había fallado.
Alzando la mirada aún, agregué:

—No es como si pidiera un milagro, ¿cierto? Solo quiero cinco


minutos en la máquina de refrescos.

Madison puso su mano sobre mi hombro y su voz tomó ese suave


tono que usa cuando está preocupada por mí.

—Tal vez no sea prudente juzgar el amor de Dios por los hábitos de
Steve Raleigh en la sala de descanso.

Miré a Herman, que ahora estaba tratando de escalar las paredes del
acuario. Probablemente no le gustaba estar encerrado.

—Deséame suerte —dije, y luego me di la vuelta y me alejé del área


de buffets antes de que pudiera cambiar de opinión.

Continué mi camino alrededor del estudio. Y, en esta ocasión,


cuando doblé en la esquina, vi una hilera de remolques que flaqueaban al
edificio.
Al menos una docena de enormes Winnebagos9 se extendían sobre el
pavimento. Me dirigí hacia ellos, en busca de alguna pista que me dijera
cuál pertenecía a Steve Raleigh. Habría estado genial sí los remolques
tuvieran nombres en las puertas; pero no lo tenía. Caminé por la parte
delantera de los remolques, esperando escuchar algo de alguno de ellos.
Tal vez la voz de Steve. Pero, sin embargo, no oía nada.

En el momento en el que llegué al final de la fila de tráileres —había


catorce—, los músculos de mis brazos quemaban con el esfuerzo de cargar
el acuario y mis manos picaban. Herman siguió mirándome con sus ojos
de desaprobación. Quizás no creas que las serpientes puedan darte una
mirada feroz; pero, créeme, realmente pueden.

Más allá de los remolques pude ver un corral con caballos. Los
débiles sonidos de cascos y relinchos. Necesitaba permanecer lejos de ahí,
así no me encontraría con alguno de los animales reales que los vaqueros
usaban.

Apoyé el acuario contra mi cadera y volví a mirar los remolques.


¿Cuál sería el remolque de Steve? Bueno, era buena interpretando a la
gente, quizá podía interpretar los remolques también.

Mi mirada subió y bajó por ellos. Iba a intentar en el azul de la


mitad.

Corrí, apurándome esta ocasión e ignorando el dolor en mis manos.


Llamé a la puerta del remolque antes de pudiera arrepentirme.

Nadie respondió.

Puse el acuario en mi cadera de nuevo, accidentalmente


inclinándolo, Herman se deslizó a un lado. Por un momento parecía que
estaba haciendo una versión de serpientes en una ola.

Tal vez era el remolque de Steve Raleigh y él no estaba. Traté de


abrir la puerta y se abrió.

Y nada de mi capacidad de interpretar los remolques: Era el


remolque de maquillaje. El espejo iluminado tenía fotografías de los

9Winnebagos:Es una marca que fabrica remolques, un tipo de vehículo recreacional, en


los Estados Unidos.
miembros del reparto pegados a él. Botellas de maquillaje y pasadores
para el cabello estaban desordenadas sobre el mostrador.

Bajé el acuario con un ruidoso golpe, y lo deslicé debajo del


mostrador. No podía llevarlo por un segundo más. Sacudí mis manos para
intentar regresar el flujo de sangre a ellas.

Después de unos minutos de hacerlo, me di cuenta de que no podría


llevar el acuario de nuevo.

Me incliné para enfrentarme cara a cara con Herman.

—Mira, solo se una buena serpiente por el resto del día y luego te
llevaremos de regreso a la tienda de mascotas, ¿de acuerdo? —Tomé la
tapa y traté de recordar cómo lo había recogido la señora de la tienda de
mascotas cuando lo entregó. ¿Era por la cabeza o por el medio? Metí la
mano y lo saqué de su jaula. Entonces, él se envolvió alrededor de mi
brazo, y esperé que no fuera una señal de que estaba tratando de
comerme.

Puse el acuario detrás de algunas cajas y me dirigí afuera,


recordándome que la gente normal no se detiene a charlar con chicas que
pasean con grandes serpientes. Así que Herman era mi amigo, y no tenía
que preocuparme porque quisiera trepar por mi brazo. Que es lo que en
ese momento estaba haciendo. Tal vez tenía frío. Después de todo, había
estado sin una lámpara de calor desde la tienda de mascotas. La mayoría
de las personas que compran serpientes probablemente las llevan a su
casa para conectar las lámparas de nuevo; en lugar de utilizarlas para
acechar celebridades.

Tal vez si tocaba en las puertas de los remolques, podría encontrar a


alguien que me pudiera decir dónde estaba Steve. Me dirigí al siguiente
remolque; pero antes de que lo hubiera alcanzado, la puerta se abrió y
Lady Marion —EsmeKingsley, en realidad— salió. Una mujer sostenía una
lata de spray para el cabello detrás de ella. La mujer hacía su mejor
intento para rociar los rizos rubios de Esme mientras caminaba; pero todo
lo que lograba era crear una nube de aerosol.

Las miraba, paralizada. Ni siquiera me gustaba Lady Marion; pero


verla justo frente a mí, hizo que todo pareciera irreal.

Esme se detuvo, y su peluquera casi se golpea con ella.


—Este vestido no está bien. —Esme tiró de su cintura—. ¿Ves lo
suelto que está?

No estaba tan suelto; pero la mujer asintió con la cabeza de todos


modos.

—Les dije claramente que lo quería ceñido al cuerpo. Me veré gorda


en esto. Ve con Angelique. Ahora mismo.

Esme me dio la impresión de un jarrón lleno de rosas. Hermosa.


Elegante. Pero era para el espectáculo y no tenía ninguna intención de ser
de otra forma. Y tenía espinas afiladas.

Ella giró sobre sus talones y volvió al remolque. La otra mujer se


dirigió al edificio del estudio, todavía sosteniendo la lata de spray. Estaba
tan absorta observándola, que ahora me daba cuenta de que había un
guardia de seguridad atravesando el camino en mi dirección. Sin pensarlo,
me fui detrás de la chica del spray, corriendo para alcanzarla.

—Hey, ¡espera!

Herman no apreció el paseo agitador. Sentí sus músculos


flexionándose alrededor de mi brazo, y se deslizó hacia mi hombro.

Sin embargo, ahora que caminaba junto al personal de peinado de


Esme, esperé que el guardia de seguridad creyera que pertenecía aquí. Le
sonreía a la chica.

—Voy a necesitar a alguien que abra la puerta por mí. Como puedes
ver, mis manos están ocupadas.

Ella miró a la serpiente, con desdén.

—¿Es real?

Solo en un estudio de Hollywood alguien te preguntaría si la


serpiente que se arrastra en tu hombro es real.

—Es inofensivo —dije.

Ella abrió la puerta por mí, se apresuró a mi lado; ya sea porque


quería cumplir las órdenes del vestuario de Esme, o porque quería poner
distancia entre ella y un pitón de metro y medio.
Ya que me encontraba dentro del estudio, y había un guardia
caminando por los remolques, decidí que podía dar una vuelta para buscar
a Robin Hood. Me dirigí por el pasillo. ¿Tendrá el lugar una sala de
descanso? No tenía idea de a dónde estaba yendo, pero caminé con
determinación de todos modos.

En poco tiempo sentí como si estuviera entrando en las entrañas de


una extraña tierra de fantasía.

Tuve que evitar quedarme mirando los grandes telones pintados de


bosques y montañas. Pasé por una habitación llena de cabezas de
maniquíes. Estoy segura de que la habitación tenía otras cosas
almacenadas también; pero una vez que ves a una multitud de rostros
mirándote, en realidad no te das cuenta de nada más.

Seguí caminando, todavía buscando. Algunas personas le daban a la


serpiente miradas curiosas, pero nadie me dijo nada.

Un reloj que pasé decía que eran las 11:45. Había estado aquí por
casi una hora.

Traté de no contar el tiempo que me quedaba hasta que tuviera que


regresar. A lo lejos oí voces y me pregunté sí estaban rodando algo justo
ahora. ¿Qué pasaba sí una chica en vaqueros y una gorra de béisbol —sin
mencionar la enorme serpiente— vagaba en medio de una tierna escena de
Robin Hood y Lady Marion?

Pasé a un hombre hojeando una pila de papeles. Él dejó su


portapapeles cuando me vio.

—¿Para qué es la serpiente?

Estaba en problemas. En los tres segundos que le tomó hablarme,


sentí sus cualidades. La autoridad fluyó de él como las olas de calor en el
pavimento. No iba a ser capaz de salirme con la mía alrededor de él. Le
sonreí y me encogí de hombros, de cualquier modo.

—Ellos lo necesitan para el rodaje.

—¿Cuál rodaje? —preguntó—. Solo estamos utilizando caballos hoy.

Mis entrañas se pusieron frágiles.


—Oh. Tal vez miré el programa equivocado. Pensé que mi jefe me
dijo que era el día de la serpiente.

—¿Día de la serpiente? ¿Qué guión necesita una serpiente?

—Ee... En realidad, no lo sé. Solo hice lo que él me dijo.

—¿Quién te dijo que trajeras una serpiente?

Dije el único nombre que tendría sentido:

—El sr. Powell.

Con el nombre del director, el hombre retrocedió un poco y se quedó


pensativo; se dijo a sí mismo:

—¿Para qué necesitaría Dean una serpiente en un convento? —


Entonces, habló más fuerte—: Hey, Jim, ¿puedes venir un segundo?

Este habría sido el momento apropiado para ver mi vida pasar ante
mis ojos, pero mi mirada se mantuvo firme en el hombre frente a mí. Sin
embargo, mi estómago cayó a mis rodillas.

Cuando Jim no contestó, el sujeto se volvió hacia mí y dijo:

—Quédate aquí. Voy a averiguar lo que se supone que haces aquí.

Oh, sabía lo que estaba haciendo. Se suponía que debía salir


corriendo por el pasillo llevando una serpiente que, durante la
conversación, había decidido que mi cuello era el lugar más cómodo de mi
cuerpo. Él estaba envuelto en mi clavícula, como un collar de reptil.

—Está bien —dije.

Tan pronto como el hombre se apartó de mí, caminé lo más rápido


que pude por el camino que había llegado. No podía correr, sin contar que
llamaría demasiado la atención; además, sí Herman se asustaba y tensaba
sus músculos ahora; podría estrangularme. Y eso no es lo que alguien
quisiera para que los periódicos informaran: Joven muere estrangulada por
un pitón nervioso, mientras huía de un set de cine.
Caminé por el pasillo por donde había llegado, empujando la puerta
para salir; y me dirigí a los remolques. ¿Tenía que esconderme, o podía
tener un par de minutos antes de que llamaran a seguridad?

Antes de que pudiera analizar la pregunta, me di cuenta de que un


hombre de seguridad rodeando la esquina del edificio. No estaba segura sí
él me estaba buscando; pero no iba a ponerme a pensar. Me metí en el
remolque más cercano. Que era el remolque de vestuario.

Bastidores de ropa se extendían por el remolque; filas de vestidos


medievales de todos los colores me rodeaban. Pañuelos y tocados estaban
colgados en una pared. Estantes de zapatos en otra pared. No podía ver lo
que había en la tercera pared, porque había muchas cajas apiladas contra
ella.

Tendría que salir del estudio lo más rápido que pudiera. Me dirigí a
la caja más cercana y la abrí. Contenía arreglos florales de seda, de color
rosa pálido. Bueno, ya no... Ahora contenía los arreglos florales y una gran
serpiente pitón. Cerré las solapas de la tapa y luego busqué algo para
poner sobre la caja para que Herman no pudiera escapar. Más tarde haría
una llamada anónima desde algún teléfono público en Burbankdiciéndole
a la recepcionista cómo rescatarlo. Puse un par de botas en la parte
superior de la caja. Él no podía ser capaz de quitarlas, ¿cierto? ¿Qué tan
fuertes eran los pitones birmanos?

En lugar de quedarme a reflexionar sobre las habilidades de las


serpientes, saqué de mi bolsillo mi móvil y la foto de Jeremy, entonces me
desnudé y metí la ropa en una esquina. Tomé un vestido largo de
terciopelo de la estantería y me la puse por la cabeza. Seguridad estaría
buscando a una chica con una gorra de béisbol, no a un extra errante.
Sería capaz de hacerlo y regresar con Madison y decirle que teníamos que
salir. El vestido no tenía bolsillos; así que puse la foto de Jeremy y mi
móvil en mi cinturón y lo até con fuerza, para evitar que se cayeran. Tomé
una cinta de tela circular y lo puse sobre mi cabeza, como un halo de baja
altitud. He visto a otras chicas usarlo, así que funcionaría.

Abrí la puerta y me asomé para ver sí todo estaba despejado. Y lo


primero que vi fue la espalda de Robin Hood caminando hacia el edificio
del estudio.
Capítulo 7
Traducido por Paaau

Corregido por kathesweet

R
econocí el sombrero de pluma de Robin Hood y su túnica incluso
desde atrás. Él ya estaba a medio camino del edificio, pero
apresuré el paso, levantando mi larga falda para poder correr.

Acorté la distancia, diciendo en voz alta: —¡Señor Raleigh! ¿Puedo…?

Él giró y me detuve en seco. No era Steve Raleigh para nada. Solo era
un hombre vestido como él. Mi boca se abrió y lo miré fijamente.

Él me sonrió.

—Te engañé, ¿verdad? —Cuando no respondí, levantó sus manos


como si hubiese dicho una broma que yo no entendí—. Soy el doble de
acción. Apuesto que por un momento pensaste: Wow, Steve Raleigh de
verdad se ve diferente en la vida real.

No, la verdad, pensé que los últimos vestigios de mi cordura se


habían disuelto repentinamente, pero no le dije eso. Simplemente sonreí
débilmente.

—Simplemente me sorprendí. —Luego de que pude respirar, la


incongruencia me golpeó—. Pensé que Steve Raleigh hacía sus escenas de
acción.

—Hace muchas de ellas. Más de a las que el estudio le gustaría que


hiciera, de todas formas. Eso es lo que pasa con los adolescentes. Creen
que son inmortales. Steve tiene un caso particularmente grave de creer en
su propia prensa.

Las botas medievales de cuero no hacen mucho ruido en el suelo, la


cual es la única razón por la que no escuché a nadie acercándose hasta
que una voz cerca de mi hombro dijo: —¿Qué no hay que creer?
Entonces salté medio metro. Cuando me giré, estuve frente a frente
con Steve Raleigh. Se veía como lo había visto cada noche en la TV: un
Robin Hood de cabello rubio brillando con confianza y masculinidad. Sus
hombros parecían más amplios hoy. La túnica enfatizaba su musculatura,
y sus ojos tenían una calidez que no se veía en televisión.

Dije: —Uh… uh… —A lo que con suerte prestó poca atención porque
el doble de acción volvió a hablar.

—Estarás feliz de escuchar que todos los caballos sobrevivieron.

Steve le envió una de sus sonrisas de marca registrada.

—Oye, si vas a seguir cayendo sobre ellos desde los árboles será
mejor que disminuyas las hamburguesas. Eso es todo lo que digo.

Steve cambió su atención hacia mí, y la calidez permaneció en sus


ojos.

—¿Eres nueva aquí?

Asentí con la cabeza.

—Déjame ser el primero en advertirte. No puedes creer nada de lo


que estos hombres te digan.

Ambos caminaron hacia el edificio de nuevo, y yo caminé entre ellos,


manteniendo mis ojos en Steve. ¿Cómo podía sacar el tema de Jeremy? Lo
había arruinado tanto ayer; necesitaba pensar en la forma perfecta para
pedirle su ayuda.

Cuando llegamos a la puerta del estudio, Steve la mantuvo abierta


para mí. Me miró con ojos inquisitivos mientras pasaba a su lado.

—Te ves familiar. ¿He trabajado contigo antes?

Mi corazón comenzó a latir más rápido.

—No, acabo de empezar como extra.

Caminamos por el pasillo, pero sus cejas se fruncieron. Sabía que


estaba tratando de descubrirlo, y si lo hacía, él no estaría feliz conmigo.

—Mi hermano pequeño te idolatra —dije—. Tiene seis años.


Por un momento pareció detenerse de examinar mi rostro.

—Bueno, tiene buen gusto para alguien de seis años. ¿Superé a


Superman?

—Oh, sí. Superaste a Santa Claus.

Miró al doble de acción con una sonrisa.

—¿Y quién dijo que los chicos de hoy no están bien educados?

Nos acercamos a una puerta; incluso desde varios metros, pude oír
el ruido de maquinas y voz de personas. En un minuto nuestra
conversación habría acabado, pero no me atreví a hacer mi petición.
Habría sido demasiado fácil decir no de esa forma. Necesitaba que Steve
supiera más sobre Jeremy.

—Quiere ser un MerryMan cuando crezca —dije.

El doble inclinó la cabeza y rió entre dientes.

—Dile que sea un abogado. Conducen autos mejores.

Miré los ojos de Steve, tratando de mantener su atención con mi


mirada.

—El Halloween pasado se vistió como tú. —Quería sacar la fotografía


de mi cinturón, pero no estaba segura si Steve entendería si
repentinamente comenzaba a desvestirme en frente de él—. Incluso tenía
un arco y flechas. —Estaba a punto de añadir “él tiene cáncer”. Solo que
nunca llegué a decirlo.

Una mujer mayor salió desde la puerta, y cuando vio a Steve, le hizo
una señal para que fuera.

—Ahí estás. Dean quiere hacer algunos acercamientos más antes de


que hagan la toma principal.

—Pensé que estaba trabajando con Esme.

—Y Esme está atrasada. Otra vez. Así que ahora ella hará su parte
después de la toma principal, y tú harás la tuya ahora.

Steve dejó salir un suspiro de disgusto.


—Lo juro, uno de estos días simplemente voy a dejar que el Rey
Juan la mate. —Él se adelantó y pasó a través de la puerta. Lo seguí, pero
ambos, él y el doble de acción, habían perdido el interés en conversar
conmigo. Luego de algunos pasos más de ver dos espaldas a juego alejarse
de mí, deje de intentar alcanzarlos.

Al aire, dije: —Él está muy enfermo.

Nadie me escuchó.

Mi vista dejó por un momento a Steve y me fijé en el set. El espacio


era gigante. De verdad, si no hubiese sido por todas las cosas dentro,
podrías tener varios jugadores de la NBA jugando baloncesto. A mi
izquierda, una réplica en miniatura de una aldea medieval estaba en el
suelo. La reconocí como una de las aldeas de la serie. Tenía pequeñas
cabañas, techos de paja, granjas y mucho heno.

No la miré por mucho tiempo. Frente a mí, y mucho más


impresionante, había una reproducción a tamaño real de un jardín
medieval con muros de piedra gris, grandes estanques de peces y bancos
rústicos. Los arbustos que rodeaban el estanque parecían reales, como
también lo hacían las enredaderas que crecían en la pared del edificio.

Pero los jardines más allá del estanque eran simples telones
pintados, y los troncos de árboles no eran de arboles reales, para nada.
Las ramas que colgaban estaban sujetas a andamios de madera en el
techo. La pared de piedra solo medía unos diez metros y luego no había
más. No había edificio, ninguna otra pared ni techo.

Todo se sentía surrealista, como si este lugar estuviese capturado


entre dos mundos.

Un hombre le entregó a Steve una espada, dándole una instrucción


de último minuto, y luego abandonó el set. Steve caminó frente a la pared
en donde una gran cámara sobre ruedas se deslizó hacia él.

Alguien dijo: —¡Silencio en el set! —Miré hacia la voz y reconocí a


Dean Powell por una fotografía que había visto en internet. Se sentó frente
a un monitor de video, sostuvo un megáfono en su boca y gritó—: ¡Acción!
Steve balanceó su espada, peleando con el aire frente a él. Hizo esto
por casi media hora, lanzándose de atrás hacia adelante con una
expresión de seguridad. Me quedé ahí mirando, esperando.

Las manecillas del reloj dejaron de marcar las doce y media y se


arrastraban hacia la una. Un guardia de seguridad caminó cerca, mirando
la multitud. Habló en su auricular mientras estudiaba la habitación.

—No veo a nadie que concuerde con esa descripción, pero seguiré
buscando.

Caminé y me quedé de pie junto a las otras chicas en vestidos


medievales para parecer menos sospechosa.

Luego de que el hombre de la cámara terminara los acercamiento de


la pelea de espada de Steve, trajeron a otro hombre con para hacer tomas
sobre el hombro10. No era el actor que interpretaba a Sir Guy de Gisborne,
sino un hombre que estaba vestido para parecerse a él de espaldas.

Cada minuto de la pelea había sido ensayado. Cuando la espalda


cayó de las manos de Steve durante la primera toma, repitieron la
ejecución paso a paso, balanceo por balanceo, la segunda vez. El director
les hizo repetirla una tercera vez porque quería que Steve se viera más
determinado.

Una de las chicas, que estaba cerca de mí lo miraba con ojos


hambrientos.

—Me pregunto si alguna vez se cansa.

La otra dijo: —Nunca me canso de mirarlo.

Fue cuando me di cuenta de que lo había estado mirando a él en vez


de parecer seria.

Cuando la escena terminó, uno de los miembros de la multitud le


llevó a Steve una botella de agua. Mientras él bebía, el director fue a
conversar con él. Hablaron por unos segundos, luego se dirigieron hacia
donde yo estaba. Di algunos pasos hacia mi izquierda para asegurarme de

10Tomas sobre el hombro: Toma que da la perspectiva de estar mirando por sobre el
hombro de alguien.
que pasaran por donde yo estaba, luego deseé que el Señor Powell se
alejara para poder tener dos minutos a solas son Steve.

No lo hizo. Lo que quizás no importaba, ya que Steve no me notó


para nada. Su atención se enfocó en algo tras de mí. Cuando giré, vi a
Esme caminando hacia nosotros, seguida por el estilista, quien aun le
hacía ajustes a sus rizos.

Aunque yo parecía ser invisible para Steve, la mirada de Esme se


detuvo en mi rostro. Mi primer pensamiento fue que ella me había
reconocido: me había visto llevando la serpiente junto a su tráiler y ahora
se preguntaba por qué estaba vestida con un traje medieval en el set.

Sin dirigirme una palabra, y mientras el estilista aun ponía


horquillas en su cabello, Esme se giró hacia el Señor Powell con los labios
fruncidos.

—Creí que había dejado claro que ninguna de mis damas de


compañía debía ser bonita. Se supone que la audiencia me mire a mí, no a
las extras detrás de mí.

Ambos, Steve y el Señor Powell se giraron y me apreciaron. Sentí mis


mejillas sonrojarse, y toqué la tela de mi vestido, nerviosa.

Steve dejó de mirarme, y le dio una sonrisa fácil a Esme.

—No seas ridícula. Ninguna es tan bonita como tú. Oí que te lo


decías a ti misma.

—Cállate —le dijo, y se giró hacia el Señor Powell enarcando las


cejas.

Él movió una mano en mi dirección.

—Ve a cambiarte a uno de esos trajes de monja.

—¿Es eso mejor? —preguntóEsme—. ¿Quieres que la audiencia vea


la pelea, o que se pregunte quien es la monja atractiva?

Steve miró hacia el techo, luego hacia Esme.

—Te diré un secreto. Los hombres no suelen mirar a chicas vestidas


como monjas. Sería espeluznante.
Esme colocó sus manos en sus caderas, pero el Señor Powell se
encogió de hombros.

—La cámara no estará lo suficientemente cerca para mostrar sus


facciones. —Volvió a mover una mano en mi dirección—. Ve. No tienes
mucho tiempo antes de que filmemos la toma principal.

Fui. Mientras me iba, escuché a Esme protestar que su contracto le


garantizaba ciertas cosas. Estuve tan cerca, tan cerca de hablar con Steve.
Y tan cerca de ser atrapada.

Volví al remolque usado como guardarropa. Llegaría tarde a Nevada,


pero, ¿Cómo podía irme ahora?

Pensaría en alguna excusa y llamaría a mis padres más tarde.

Esta vez, una mujer de mediana edad estaba de pie entre los
disfraces, tomando de la bolsa de ropa limpia varias versiones del mismo
vestido de Lady Marion y colgándolos. No me preguntó por qué necesitaba
un vestido de monja, simplemente sacó uno del bastidor, lo sostuvo en alto
para revisar la talla, y luego me dio un toca a juego.

Me cambié mientras daba miradas nerviosas a la caja en la que puse


a Herman. Había puesto un par de botas sobre la caja, ¿verdad? Quizás la
señora del guardarropa las había visto ahí y las había sacado. No veía a
Herman por ninguna parte, así que quizás se había enrollado dentro y
tomado una siesta. Al menos eso esperaba. Lo último que necesitaba era
que la señora del guardarropa encontrara una pitón de metro y medio en
su remolque y llamara a los guardias de seguridad.

Gracias a Dios, el traje de monja tenía bolsillos. Al menos así podría


mostrarle la fotografía de Jeremy a Steve sin parecer que me desvestía
para hacerlo. Y necesitaba hablar con Steve pronto, o parecía probable que
me prepararía para la toma principal, fuera lo que fuera eso. Esperaba que
no necesitaran que de verdad supiera algo sobre actuar.

Cuando volví al set, vi a Steve, pero antes de poder caminar en su


dirección, el asistente de director me condujo a una esquina del set en
donde otras cuatro monjas estaban de pie, esperando. Aparentemente,
estábamos a punto a hacer una especie de procesión religiosa. Mientras
los miembros del equipo ajustaban la iluminación, y esponjaban el follaje
junto al estanque, las otras religiosas me indicaron lo que se suponía que
debíamos hacer. Lo cual fue el único beneficio que le pude ver a mi
reciente cambio desde dama de compañía a una monja. Tenía un motivo
para parecer despistada.

Estábamos a punto de hacer la EPO —escena de pelea obligatoria—


y en este episodio en particular, Lady Marion estaba atrapada en un
convento. Sir Guy había capturado a Robin Hood antes, lo había encerrado
en un calabozo, y la había dicho a Lady Marion que sería ejecutado si ella
no accedía a ser su esposa.

Cuando Sir Guy saliera en escena demandando la respuesta de Lady


Marion, la madre superiora y algunas otras monjas intentarían evitar que
la viera, como si no solo fuésemos santas hermanas, sino que también
aparentemente no grandes fanáticas de Sir Guy.

Sus hombres nos vencerían, luego Sir Guy levantaría a Lady Marion
y diría: —Te has burlado de mí lo suficiente. ¿Cuál es tu respuesta?

Robin Hood, quien, como es lógico, ha escapado de la mazmorra con


ayuda de sus MerryMen, aparecería galantemente en las ramas del árbol y
diría: —Mi respuesta es que eres un tonto y siempre lo serás.

Entonces, Robin Hood usaría su arco y sus flechas para derribar a


varios de los hombres de Sir Guy. Robin Hood, por lo demás, nunca le
dispara a Sir Guy, incluso cuando él está frecuentemente de pie justo en
frente de él. Esta es una de las cosas que más me molesta acerca del
programaTeenRobin Hood, pero no iba a decir eso. Simplemente seguí
asintiendo con la cabeza mientras las otras monjas me indicaban la
escena.

De todas formas, Robin Hood se bajaría del árbol por una cuerda —
los espectadores cínicos quizás se preguntarían cuando había tenido
tiempo de ponerla— y tendría una pelea de espadas con Sir Guy.

El resultado sería Sir Guy cayendo en el estanque y Robin Hood


gritando: —¡Haces el ridículo muy bien! —Antes de que se alejara con Lady
Marion.

Incluso aunque toda la escena tomaría solo unos pocos minutos en


la televisión, el elenco la había estado filmando todo el día.
Acercamientos, tres cuartos11, y tomas por sobre el hombro.
Estábamos a punto de comenzar a rodar la escena de principio a fin.

—Noventa por ciento de todo lo que hagamos será sacado en el


cuarto de edición —me dijo la madre superiora—, pero eso no implica que
el Señor Powell no nos colgará de nuestras tocas si nos equivocamos.

Me mostró nuestras marcas, dónde se supone que debíamos


pararnos cuando la escena comenzara y hacia dónde debíamos movernos
cuando los hombres de Sir Guy nos sacaran del camino. Asentí con la
cabeza e intenté recordar todo lo que me decía, pero otras cosas seguían
distrayéndome. Como el guardia de seguridad rondando los extremos del
set y el caballo que los manipuladores trajeron. También noté que Steve
Raleigh subía hacia una plataforma y probaba la soga.

—Recuerda —me dijo la madre superiora—. No actúes. Sé parte de


esto.

Justo cuando el Señor Powell nos pedía que tomáramos nuestros


lugares, sentí mi móvil vibrar en mi bolsillo. No lo saqué para mirar quién
llamaba, como si no pensara que esto sería algo que hiciera una monja de
la Edad Media. En cambio, seguí a las otras religiosas hacia el set tratando
de parecer santa.

El director gritó: —¡Ambiente! —Que era la señal de los extras para


comenzar a moverse, y luego—: ¡Acción!

Sir Guy cabalgó en su caballo e intercambió palabras con la madre


superiora. Ella dijo sus líneas con la misma medida de miedo y disgusto.

Personalmente, pensé que era muy considerado de su parte cabalgar


su caballo hacia el convento, ya que así Lady Marion y Robin Hood tenían
alguna forma de alejarse juntos hacia el atardecer, pero de todas formas
traté de mirar a este hombre con reproche.

Me giré cuando la madre superiora golpeó el suelo. Me acerqué para


ayudarla, pero uno de los hombres de Sir Guy agarró mi brazo.

Fue entonces cuando los reflejos tomaron acción. Me retorcí lejos del
hombre, tratando se soltarme de su agarre. Esto debe haberlo tomado

11Tres cuartos: Toma en que se hace énfasis en el perfil de la persona, pero logra verse el
rostro completo.
fuera de guardia porque sus pies no se movieron, a pesar de que mantenía
mi brazo agarrado. Se tambaleó, maldijo, luego cayó en el suelo frente a
mí.

Lo miré sorprendida.

—Oh, lo siento —susurré.

El señor Powell se levantó y gritó por el megáfono: —¡Corten!


Capítulo 8
Traducido por Susanauribe

Corregido por kathesweet

E
l movimiento de los cuerpos inmediatamente se detuvo, y todos se
voltearon para mirar al director.

—¡Tú, la monja hermosa! —gritó—. ¡Qué crees que estás


haciendo!

Cada par de ojos me encontraron. Apreté mis manos tan


fuertemente que mis uñas se clavaron en mis palmas.

—Lo siento. Fue un reflejo. Ya sabes, si alguien te ataca,


automáticamente…

—No, no lo haces —dijo en una voz cortada—. Eres una monja. Las
monjas no pelean. Comete otro error y no trabajarás en este escenario de
nuevo. —Se sentó de nuevo y movió una mano en nuestra dirección—.
Todos tomen sus posiciones… ¿Y qué está mal con ese caballo?

Todos volvieron sus miradas de mí al caballo. El caballo no parecía


ni de cerca tan humillado por la atención como yo había estado,
probablemente porque los caballos nunca han estado en la secundaria y
no se dan cuenta cuando todos los demás lo miran como si eso significara
muerte social.

El domador caminó hacia el set, le susurró al caballo, el cual siguió


moviendo su peso de una pierna a otra y moviendo sus orejas.

—Algo debe estar mal con la silla —respondió el domador—. Lo


revisaré.

El Sr. Powell movió su mano en dirección al caballo.

—Eso debería haberse hecho antes. Al paso que vamos, pondrán la


repetición de Jeopardyen nuestro espacio. ¿Dónde está nuestro caballo de
remplazo?
El domador se agachó para soltar las tiras de la silla y
calmadamente respondió: —No tenemos otro caballo. Sansón es un
profesional. Estará bien.

—¿Un profesional? —gritó el Sr. Powell—. Te daré un descanso de


diez minutos y luego Sansón será un caballo de circo profesional —dijo
otras cosas, pero ya que no fueron gritadas en el megáfono, no las
escuché. Al anuncio de un descanso, docenas de conversaciones en
murmullos comenzaron. Varios de los secuaces de Sir Guy se sentaron en
el suelo. Unas pocas personas se alejaron del set y recogieron botellas de
agua. Un artista de maquillaje caminó hacia Esme y puso polvo en su
frente mientras otros arreglaban el cabello en sus hombros.

Relajé mis puños. Pequeñas marcas rojas de uñas marcaban mis


palmas. Las otras monjas se movieron lejos de mí, como si asociarse
conmigo las fuera hacer lucir mal con el director.

Bueno, la Vida Hollywoodense ya lucía menos brillante. En media


hora de ser una actriz había sido insultada por la chica líder, gritada por el
director, y evitada por un grupo de monjas.

—No puedes tomártelo personal.

Miré hacia arriba ante el sonido de la voz de Steve. No lo había


escuchado caminar hasta aquí, pero ahora estaba de pie frente a mí.

—Los directores son así. Todas sus habilidades humanas son


removidas quirúrgicamente durante la escuela de filmación. —Él se inclinó
hacia mí y bajó su voz—. Además, Dean obviamente nunca ha estado en
una escuela católica o sabría que muchas monjas pueden dar su propia
pelea.

—Gracias —digo, porque sabía que él estaba tratando de hacerme


sentir mejor—. No quise arruinar las cosas para todos.

Él se encogió, y no pude evitar notar la forma en que su túnica


enfatizaba su físico musculoso.

—Si no hubieras sido tú, él hubiera buscado alguna otra razón para
detener la escena. Solo observa. Nos hará hacerla docenas de veces. Para
el momento en que hayamos terminado, no habrá agua en el estanque de
peces. El atuendo de Sir Guy la habrá absorbido toda.
Sobre el hombro de Steve noté a Esme acercándose, y sabía que no
tenía tiempo que perder en una pequeña charla.

—¿Puedo pedirte un favor?

Sus ojos inmediatamente se ensombrecieron, y me pregunté cuantas


veces un extraño le había pedido favores. Sin embargo, él movió su cabeza
y su voz adquirió un tono de burla.

—Bueno, siempre puedes preguntar.

Esme llegó a su lado, la desaprobación haciendo lucir su rostro


fuerte y frío. Sabía que ella estaba a punto de alejarlo de mí. Lo sentí
sucediendo.

Estiré una mano hacia Steve, casi tocando su manga.

—¿Puedo tenerte a solas por dos minutos?

Su cabeza se movió hacia atrás, y él me alzó una ceja, que fue


cuando me di cuenta que no había hecho bien la pregunta.

Con una ceja todavía alzada, dijo: —¿Oh?

Esme bramó en mi dirección: —¿Dos minutos? Bueno, debes


trabajar rápido.

—No, yo…

Steve dio un paso lejos de mí.

—Estoy seguro de que has escuchado toda clase de historias sobre


celebridades, pero yo en verdad no soy así.

Esme le sonrió y cruzó sus brazos sobre su pecho.

—Eso es cierto. Una mujer bonita es casi como el resto para él.

—¿De dónde sales con esas cosas? —le preguntó él.

Dije: —Quiero hablarte sobre mi hermano. Tiene cáncer.


La atención de Steve regresó a mí, pero él solo lucía gentilmente
interesado. Nada del impacto o simpatía que la mayoría de la gente me
mostraba apareció en su rostro.

—¿Quieres una donación? Tendrás que hablar con mi asistente. Él


se hace cargo de esa clase de cosas. —Escaneó la habitación—. Él está…
¿dónde está Ron?

Esme cerró su brazo sobre el de Steve y lentamente lo alejó de mí.

—Él probablemente está arreglando una toma hostil de alguna


compañía pobre y desafortunada. ¿No es eso por lo que le pagas?

Levanté una mano.

—No quiero tu dinero, solo tu tiempo.

Steve dejó salir una corta risa.

—Tendrás mejor suerte pidiendo dinero. Tengo más de eso.


Encuentra a Ron y habla con él. —Luego el mismo Steve se alejó.

Di un paso para seguirlos, pero Esme me dirigió una mirada


penetrante por encima del hombro.

—Es poco profesional molestar a las estrellas durante una escena. Y


es completamente inconcebible pedirle dinero.

Los miré, al principio entumida, hasta que la humillación se filtró.


Luego mis mejillas se ruborizaron con vergüenza. Nunca había sido tan
singularmente despachada en mi vida. Y esto después de que le había
dicho que mi hermano tenía cáncer. Yo no era una estafadora. No era
alguna clase de vividora. Le pedí dos minutos de su tiempo, y él no había
estado dispuesto a darme tanto. ¿Cómo una persona se vuelve tan
insensible al sufrimiento de los demás? ¿Bueno, qué esperaba de una
persona que había demandado a su propia familia?

Me alejé de la vista de él y caminé cruzando el set. Quería irme.


Quería caminar de vuelta hacia Madison y decirle que nos íbamos a casa.

El director gritó: —¡Posiciones, gente!

Seguí caminando.
—¡Hey, monja hermosa! —me gritó el director—. ¡Ponte con las otras
monjas!

Me detuve aunque me moví de lado. Tanto como quería irme,


atraería demasiado atención si salía del set ahora. Los guardias de
seguridad, que seguían quietos merodeando en las esquinas del patio,
seguramente me notarían. Apreté mis dientes y caminé fuertemente hacia
las otras monjas.

El director sostuvo una mano en el aire.

—Y no luzcas tan enojada—gritó, como si lo estuviera atormentando—.


Eres una monja, ¡por el amor de Dios!

Tomé varias respiraciones profundas y miré al suelo, tratando de


recuperar mi compostura. Cuando miré hacia arriba, vi a Steve a unos
centímetros, escalando su escalera pero viéndome.

—Sigues enojada —dijo él.

—Soy solo una extra—le dije—. No necesitas preocuparte por mí.

—Escucha, lo siento por tu hermano.

—Sí. —Le envié una sonrisa fría—. Le voy a decir a Sir Guy dónde
estás escondiéndote tan pronto como llegue.

Steve movió su cabeza hacia atrás y rió. Lo cual solo me hizo querer
lanzarle algo.

—¡Atmósfera! —dijo el director. Sabía que no se suponía que debiera


mirar a la cámara, así que miré alrededor del set donde Esme y sus damas
de compañía estaban sentadas en el estanque. Era la primera vez que
notaba las rosas de color rosa pálido. Rosas como las que había visto en
esa caja. ¿Cuándo habían sido traídas esas rosas?

—¡Acción!

Sir Guy y sus hombres vinieron. Tragué y no tuve que fingir mi


expresión preocupada. Me resultó difícil, de todos modos, mirarlos cuando
en verdad quería registrar el set en busca de una serpiente. Mi mirada
seguía girando por el escenario. Ésta vez cuando los secuaces de Sir Guy
me tomaron por la cintura, no peleé. Dejé salir un “¡Ah!” de sonido
lastimero y luego estiré el cuello alrededor para revisar por algo
deslizándose en el suelo debajo de mí.

Sir Guy guío el caballo hacia Lady Marion, soltó sus riendas, y puso
a Marion de rodillas. El caballo meneó su crin y dio un paso lejos de las
rosas, pero el director no lo notó o no le importó.

—Te has burlado de mí lo suficiente —dijo Sir Guy—. ¿Cuál es tu


respuesta?

Lady Marion pestañeó hacia él, una expresión lacrimógena en su


rostro.

Robin Hood saltó fuera de la rama del árbol.

—Mi respuesta es que eres un tonto y siempre lo serás.

Robin Hood dejó que dos flechas volaran en rápida sucesión, aunque
no eran de la clase con puntas que en verdad pueden herir a alguien.
Supuse que esas partes las editaban después. Sin embargo, Steve se las
arregló para golpear a dos de los hombres de Sir Guy, incluyendo al
hombre que me sostenía. El secuaz lanzó un gruñido de impresión y cayó
al suelo.

El director debía haber estado prestando atención a la actuación del


secuaz y no al rostro de Steve, o se hubiera quejado. Porque Steve me
miró, al principio fue solo una mirada breve porque estaba en su línea de
visión, pero luego una mirada cuestionadora brilló en su expresión. Él
estaba tratando de averiguar algo. Después de un momento, pareció
recordar que necesitaba seguir con la escena y se agarró de la soga. Saltó,
pero en el aire sus ojos volaron de vuelta a mí.

Reconocimiento llenó su rostro, y supe que él me había ubicado. Lo


cual es probablemente por lo que, en vez de caer al suelo frente a Lady
Marion, él en verdad pasó por ella y la envió volando al estanque.

Un impresionante splash sonó, seguido de un grito aún más


impresionante. A penas pude escuchar al director gritar: —¡Corte! —Por
encima de eso.
Sir Guy empezó a reír, lo cual no ayudó. Mientras Lady Marion
luchaba por mantenerse a flote, tratando de ponerse de pie con un vestido
ahora empapado, él le gritó: —Cambié de parecer. ¡Robin puede tenerte!

Steve se paró en la piscina para ayudar a Esme, pero ella se puso de


pie y lo empujó.

—¿Crees que esto es gracioso? ¡Hay peces en el estanque! ¡Una


carpa pasó encima de mí! Probablemente tengo mierda de carpa en mi
cabello ahora.

No estoy segura si fue el grito o el splash lo que convenció a Herman


para hacer su aparición —o más bien deslizamiento— pero salió de los
arbustos, barriendo el piso haciendo una “S” gigante.

El caballo notó este nuevo evento de inmediato. Relinchó, agitó sus


patas traseras, y probó que en efecto, era un profesional. O al menos
podría haber sido un bailarín de tap profesional, ya que así fue como lució
mientras pisaba fuertemente el suelo en un esfuerzo de mantener a
Herman lejos.

Digas lo que digas sobre la inteligencia de las serpientes, Herman


fue lo suficientemente inteligente para hacer una línea, o en este caso una
línea en S lejos del caballo, y hacia el grupo de damas de compañía. Todas
gritaron y saltaron encima de los bancos, excepto por una que corrió hacia
el estanque, empujando a Esme hacia abajo de nuevo mientras lo hacía.

Más salpicaduras. Más chillidos. Toda ésta conmoción asustó más al


caballo, y galopó fuera del set, dispersando a las monjas a su paso. Lo
último que vi de él, fue que varios miembros del equipo y el domador
estaban persiguiéndolo por la villa miniatura de paja.

El director gritó con todas las fuerzas de sus pulmones, la mayoría


no eran en realidad órdenes. De todos modos, en medio de un montón de
insultos, nos dijo:

—¡Despejen el set! —E intentamos hacerlo.

Me volteé hacia mis compañeras monjas. Había dado varios pasos en


su dirección cuando Steve agarró mi brazo y me giró.

—Tú eres esa chica del juego de baloncesto, ¿verdad?


Él me agarró más fuerte, y sus ojos se volvieron fríos. A penas podía
respirar. Lo miré con mi boca formando una respuesta que no salió.

Dos guardias de seguridad aparecieron detrás de él. No dije nada,


solo observé a Steve hablándome.

—Eres alguna clase de acosadora, ¿cierto? —dijo él.

—No. —Traté de dar un paso lejos de él pero no pude deshacerme de


su agarre—. Mira, una acosadora habría sabido que tenías cabello marrón.
Solo quería hablar contigo.

—¿Cómo pasaste la seguridad? ¿Cómo conseguiste un disfraz y una


parte en ésta serie?

Miré a los guardias de seguridad, que se veían más amenazantes


esta vez.

—¿Eso es una pregunta retorica o en verdad quieres saber?

—Qué te parece esto… puedes decírselo a la policía. —Steve soltó mi


brazo, lo cual aparentemente era señal para que me flanquearan en ambos
lados.

—No necesitas hacer eso —dije.

Uno de los guardias de seguridad agarró mi hombro.

—Iremos y contactaremos a la policía por usted, Sr. Raleigh.

Mantuve mis ojos en Steve.

—No. Por favor.

Él me observó, su expresión inmóvil, y no respondió.

El otro guardia asintió en dirección a Steve.

—La llevaremos a la estación de vigilancia hasta que la policía llegue


aquí. Necesitará regresar y hacer una declaración para ese entonces.

Negué con mi cabeza, buscando algo más que odio en el rostro de


Steve. Apenas podía hablar.
—No hagas que me lleven a la estación de vigilancia.

El guardia apretó su agarre en mí. Por un segundo, la mirada de


Steve viajó de mi rostro a la mano del guardia. Podía notar que estaba
decidiendo algo.

—Llévenla a mi remolque —le dijo Steve al hombre—. Trataré con


ella después de que termine aquí.

—¿A su remolque? —preguntó el primer guardia.

—Sí. Y asegúrense de que no se vaya.

Los guardias se miraron, y tal vez habrían dicho algo más, pero
cuando se voltearon de nuevo, Steve ya se había ido.

Se volvieron a mirar, y el primero, un isleño del Pacifico que


probablemente destrozaba camiones en su tiempo libre, gruñó con
incredulidad.

El segundo se encogió de hombros y dijo: —Entonces llevémosla a su


remolque.

El primer guardia me jaló del brazo, y caminamos fuera del set.


Traté de decidir si era una buena cosa que estuviera yendo al remolque de
Steve en vez de a la estación de vigilancia. Probablemente no. Steve no
lucía como si quisiera sentarse y tener una charla amigable. Él más bien
solo quería descubrir cómo me las había arreglado para encontrarlo dos
veces, para así poder evadir acosadores futuros, y luego me delataría con
la policía.

Salimos del edificio en un paso rápido. No tenía opción excepto


seguirlos. El guardia nunca aflojó su agarre en mi brazo. El segundo
guardia tenía mechones grises en su corte al cero. Él probablemente tenía
al menos cuarenta, pero sus bíceps eran tan grandes como mi cabeza, así
que seguía siendo imponente. No dijo nada en absoluto, solo siguió
asintiendo y gruñendo aprobaciones mientras el primer guardia me daba
un sermón sobre invasión, privacidad, y cómo las celebridades tenían
derecho a vivir una vida normal sin preocuparse sobre fanáticas que no
tenían sentido común para saber cuándo no cruzar la línea.
—He aprendido mi lección —les dije—. En verdad, me pueden dejar
ahora…

Pero no lo hicieron. Corte al cero me guío hacia un largo tráiler


verde.

Así que el de Steve era el verde. Lo supuse. Robin Hood usaba verde,
y no se me había ocurrido que su tráiler podría ser verde.

El guardia polinesio soltó el agarre de mi brazo.

—¿Cuántas personas han venido contigo hoy cuando decidiste


invadir el set?

No iba a delatar a Madison.

—Solo yo.

—Estás mintiendo —dijo con una seguridad que me sorprendió.


Usualmente las personas no podían notar cuando mentía—. Cuántos de
tus pequeños amigos tenemos que acorralar… la verdad esta vez.

No respondí, incluso aunque él me preguntó dos veces más. Esto


llevó a los guardias a tener una conversación de un minuto sobre cómo
necesitaban dividirse y continuar buscando en los terrenos. Decidieron
que el hombre polinesio buscaría por los tráileres mientras que el hombre
viejo se quedaría conmigo. Él montaría guardia fuera del tráiler así podría
mantener un ojo en otros invasores adolescentes y se aseguraría de que yo
no me escapara.

Corte al cero abrió la puerta y señaló dentro.

—Espera aquí. Y no toques nada. No quieres meterte en más


problemas de los que ya estás.

Me alejé de ellos y subí los escalones hacia la Winnebago. La puerta


se cerró detrás de mí con un determinado golpe.

Supongo que esperaba que el interior del tráiler de una estrella fuera
glamuroso. Tal vez un jacuzzi, una chimenea, y un estante lleno de
Oscars. En cambio lucía como un apartamento estrecho.
La sala tenía unos muebles empotrados y un televisor que colgaba
del techo. Detrás de eso, gabinetes revistiendo una pequeña cocina. Una
puerta estaba detrás de la cocina, probablemente llevando a una
habitación y no hacia afuera. Mini persianas dejaban que la luz entrara
por ventanas en ambos lados de la pared. No había nada glamoroso
respecto a esto.

La única cosa inusual respecto al tráiler de Steve Raleigh era que no


estaba vacío. Un hombre de mediana edad estaba sentado en el sofá
directamente frente a mí.
Capítulo 9
Traducido por Gry

Corregido por LizC

P
arecía bastante agradable, como mucha gente con la que te cruzas y
no le das ningún pensamiento. Pero me recordaba a un libro: lleno
de creatividad por dentro. Miraba su ordenador, y lo sentía pasando
las ideas como alguien algo loco revisando el canasto de la ropa sucia en
busca de una media perdida.

Alzó la vista hacia mí, me juzgó como indigna de su atención, y


volvió al tipeo.

—Um... ¿quién eres? —pregunté.

Su mirada se quedó en el ordenador mientras sus dedos se


deslizaban en las teclas.

—JimBlasingame, uno de los escritores del programa. Estoy


esperando para hablar con Steve sobre el siguiente guión. ¿Quién eres tú?

—Una monja que acaba de ser despedida.

—Ah. —Él no dejó de escribir—. ¿Qué haces aquí?

—No creas que no me he hecho esa pregunta ya. —Me senté en el


sofá delante de él pero echando un vistazo sobre mi hombro. Pude ver la
espalda del guardia de seguridad parado al lado de la puerta.

Cuando devolví mi atención al Sr. Blasingame, había parado de


tipear el tiempo suficiente para considerarme, pero entonces negó con su
cabeza.

—Ah, no importa, realmente no quiero saber. Tengo que terminar


este guión. ¿Vendrá Steve pronto?

—Sí.

Agitó una mano en mi dirección.


—Bueno. Entonces haz lo que sea que las monjas despedidas hacen,
en silencio.

El sonido de su tipeo —y luego casi de una forma obsesiva el empuje


del botón de suprimir— llenó la habitación.

Me senté en el sofá y tiré mis rodillas hasta mi barbilla. No podía


creer que esto fuera a terminar de esta forma. Me había preocupado por no
ser capaz de hablar con Steve Raleigh; incluso había considerado la
posibilidad de que no me ayudara, pero nunca había imaginado estar
atrapada en su remolque esperando a la policía para que me arrastrara
lejos.

Deseé poder llorar. Podría haber ganado un poco de compasión del


escritor —o de Steve cuando viniera. No estoy segura de dónde el cuerpo
mantiene la reserva de lágrimas, pero como siempre las mías no estaban
allí. Habían sido contenidas, congeladas, drenadas. Solo tenía un gran
espacio vacío en el que ocasionalmente vagaba alrededor, levantando el
polvo.

Me senté por un rato largo escuchando el sonido del teclado


mientras el sentimiento de estar condenada penetraba en mis huesos.
Quería decir una oración, pero no iba a hacerlo. Mi última oración oficial
había sido antes de la primera RMN12 de Jeremy. Dije: Dios, si me amas en
absoluto, incluso un poquito, harás que la RMN muestre que todo está
normal. Cuando esto resultó ser un tumor, no pude rezar más.

Parte de mí sabía que estaba siendo infantil. Cosas malas les pasan
a las personas a veces. Y cada uno muere tarde o temprano. Pero cosas
como estás no deberían pasarle a niños de seis años. Simplemente no
deberían pasar. Se sentía como si Dios hubiera abandonado a mi familia,
como si no le preocupara lo que nos pasara.

Me levanté, fui hasta la pequeña cocina, y me incliné contra la


mesada. Tenía que llamar a Madison y decirle lo que había pasado.
Mientras giraba buscando privacidad noté un arco compuesto apoyado
contra la pared. Un ConquestFour13. Era más grande y más nuevo que el

12RMN:abreviatura para Resonancia Magnética.


13ConquestFour: es un tipo de arco perfeccionado que vende la empresa llamada
Mathews Inc.
mío, pero básicamente el mismo tipo. Un quiver14 lleno de flechas se
apoyaba sobre la mesada. Steve debía de usarlos para practicar.

Toqué el arco, deslizando mis dedos por el cable. Me recordaba la


historia que le contaba a Jeremy, y que todavía necesitaba encontrar la
manera de sacarnos del inframundo. El cabello trenzado no había
funcionado… ¿tenían ellos cuerda tirada alrededor del inframundo? ¿Cómo
deberíamos escapar?

Antes de que mi mente pudiera pasar al próximo pensamiento, el


sentimiento de una helada oscuridad pasó rápidamente alrededor de mí.
Luché por respirar. Era como si la Muerte misma estuviera parada
directamente tras de mí. Podía sentirla inclinándose sobre mi hombro,
podía escuchar su vacío, pasando su respiración cerca de mi oreja.

—No puedes escapar —dice—. Nunca encontrarás la forma.

Jadeé y giré alrededor.

—¡Para! —grité. Pero no había nada allí.

Para alguien que siempre tenía una buena reputación por su


cordura, ésta no era una experiencia agradable. Puse una mano a través
de mis ojos.

—No es sorprendente que no pueda dormir más.

Ahí fue cuando noté que el tipeo había parado. Miré más allá y vi al
Sr. Blasingame contemplándome. Pasé mi mano por mi cabello.

—Estoy trabajando en unas líneas para una audición.

—Ah. —Él asintió y por primera vez su voz arrastró admiración—.


Eres realmente buena.

—Gracias.

Volvió a su ordenador, y yo me incliné contra la mesada, tratando de


calmar los latidos de mi corazón. Parecía que mi interior había chocado
contra una ventana. Me pregunté qué pasaría si Jeremy no se recuperaba
de su cáncer. ¿Caminaría alrededor para siempre con estos fragmentos de
cristal cortando mis pensamientos?

14Quiver: contenedor de flechas para arco.


Saqué mi teléfono del bolsillo con mis manos todavía temblando.
Tenía un mensaje de Madison. Me había perdido su llamada durante mi
breve pero accidentado período como actriz. Lo escuché, pero
principalmente porque quería aplazar de decirle que había sido atrapada.

En el mensaje, decía: —¿Entonces nos vemos parecidas?


Aparentemente la gente de seguridad de aquí piensa que sí porque cuando
vinieron buscando a una chica que se había metido sigilosamente dentro
usando una gorra de béisbol y llevando una víbora, sencillamente me
botaron. —Razón por la cual, me di cuenta rápidamente, era por qué el
guardia de seguridad sabía que estaba mintiendo cuando le dije que había
ido sola. Ellos ya habían atrapado a Madison.

Podía oír su suspiro descontento en el mensaje.

—Y no te atrevas a decirme que fue mi culpa por no parecer que


perteneciera aquí. Me senté ahí con el resto del equipo comiendo donas.
De hecho estoy bastante segura que gané dos kilos. Pero me atraparon. —
Sonaba avergonzada de admitir eso, y no estaba segura de si era porque
no había sido bastante sigilosa como para evitar la detección o si la
humillación de haber sido atrapada haciendo algo malo era demasiado
para ella. Probablemente lo último.

»Los guardias de seguridad siguen preguntándome qué hice con la


serpiente —continuó ella—. Les dije que no sabía de qué estaban
hablando. Lo que fue mucho menos creíble cuando me escoltaron a tu
camioneta y vieron las jaulas de conejos y palomas.

»De todos modos, me dejaron ir y me dijeron que llamarían a la


policía si volvía. Así que acabo de devolver las palomas y los conejos a la
tienda de mascotas. —Hubo una pausa, y me pregunté si había terminado
su mensaje, pero entonces agregó—: Espero que estés teniendo mejor
suerte. Llámame cuando puedas.

Supongo que había sido demasiado esperar que ella estuviera en


algún lugar cerca, o que tuviera una gran idea para rescatarme. Cuando la
llamara, sabía que insistiría en llamar a nuestros padres.

Pero sería mejor si yo les daba la noticia. El reloj de mi móvil decía


1:52. Recorrí los botones de mi teléfono y me pregunté a quién debería
llamar. ¿Iba a estar mamá más enojada o sería papá? ¿Y qué iba a decir?
Papá, tengo buenas y malas noticias. Las buenas son que,
dependiendo de cómo se editen las cosas, puede que aparezca en un futuro
episodio de TeenRobin Hood.

La mala noticia es que tienes que venir a sacarme de la cárcel en


Burbank.

O: Entonces, mamá, ¿sabes como siempre me has alentado a seguir


mis sueños? ¿Alguna vez se te ocurrió que algunos de esos sueños pudieran
llevarme a la cárcel?

No importa quién atendiera, tenía que enfrentarlos a los dos


sabiendo cuán horriblemente había fallado.

Miré mi móvil, pero no pude llamar. Me senté ahí, reclinada contra


la mesada viendo pasar los minutos apareciendo y desapareciendo de la
pantalla del móvil hasta que se volvía negro de nuevo. Solamente quería
hablar con una persona, Jeremy.

Pensé eso por unos momentos. Él estaba en la escuela. No debería


interrumpir su clase por una llamada, no debería molestarlo. Pero, otra
vez, era primer grado… ¿qué si se perdía unos minutos de cortar y pegar?
Quería escuchar su voz. Además, tenía que decirle que no iba a estar en
casa después de la escuela otra vez.

Llamé a la escuela, y ellos me pasaron con su clase. La profesora me


dijo que la clase estaba en música. Le dije que la Sra. Palson iba a recoger
a Jeremy luego de la escuela y necesitaba decirle sobre el cambio de
planes. Debo haber sonado lo suficientemente desesperada, porque me
dijo que iría por Jeremy.

Un minuto después, su voz vino, sonando más viejo de lo que


realmente era.

—Hola, compañero. —Forcé algo de alegría en mi voz—. Voy a estar


ocupada después de la escuela, así que vas a ir a la casa de Gabe otra vez,
¿está bien?

—Bien —dijo él.

Sonaba como si estuviera a punto de cortar, por lo que rápidamente


agregué: —No llegué a verte anoche. ¿Qué hicieron ustedes?
—Mamá y yo comenzamos a planear mi fiesta de cumpleaños —
dijo—. ¿Crees que tienen fiestas de cumpleaños en el Cielo?

—Um… —Ese tipo de preguntas siempre me atrapaban con la


guardia baja.

—Papá me dijo que sí, pero mamá comenzó a llorar y no me


respondió.

—Bien, probablemente lo hacen, pero creí que querías hacer tu fiesta


en Chuck E. Cheese. Recuerda, se supone que tienes que pensar
positivamente. Visualizar siete velas en tu torta y un gigante roedor
cantante parado detrás de ti.

Debo haber dicho esta última parte demasiado alto porque el Sr.
Blasingame me miró peculiarmente. Me aparté de él y bajé mi voz para que
así no pudiera oírme más.

—Yo, um, probablemente no estaré llegando a casa antes de bien


entrada la noche, tal vez no antes de que ya estés en la cama…

—Entonces ¿cuándo vas a terminar la historia sobre nosotros y la


Muerte?

—No estoy segura de querer terminar esa.

—Pero tienes que hacerlo. Estamos atrapados en el inframundo.

Sabía que tenía razón. No podía terminar la historia sin sacar a


Jeremy.

Miré sobre mi hombro, pensando que eso prevería que la Muerte


apareciera otra vez.

—¿Dónde lo había dejado? —Sabía exactamente dónde lo había


hecho, pero se lo pedí para poder darme tiempo para pensar.

—Estamos atrapados en el inframundo —dijo Jeremy—. Pero le


gusté al perro.

—Cierto. A todos les gustaba Jeremy porque muchos abuelos vivían


en el inframundo, y ya sabes cómo se sienten sobre los niños.

—¿Qué pasó después de que la flecha no funcionara?


—Annie se sintió tan triste que su corazón se partió en miles de
piezas, y cuando lloró las pequeñas piezas fluyeron desde sus lágrimas a
las palmas de su mano. No se desvanecieron, en cambio, se cristalizaron
en polvo de diamante.

»Los pájaros siempre andan buscando cosas brillantes, y un


pequeño cuervo vio el destello de los diamantes y voló de vuelta al mundo
y le contó a todos sus amigos. Pronto una gigante bandada voló hacia
ellos. Cuando Annie los vio venir, sopló el polvo sobre Jeremy hasta que
centelló, por supuesto los cuervos querían llevárselo a sus casas en los
bosques.

Oí el ruido de voces en el fondo. El resto de su clase debía haber


vuelto.

—¿Pero cómo los cuervos pueden dejar el inframundo? —preguntó


Jeremy—. Pensé que una vez que algo entraba se tenía que quedar,
incluso los animales.

—Los animales son diferentes —dije.

—Nuh-uh —dijo—. Los animales mueren; los veo aplastados en la


calle todo el tiempo.

Escuché la voz de la profesora diciéndoles a los niños que se


acomodaran y tomaran sus asientos. No tenía mucho tiempo para
terminar mi historia.

—¿Has visto alguna vez a un cuervo muerto en la calle?

Se detuvo por un momento, pensando.

—No.

—¿Ves? Los cuervos son diferentes.

—Pero los cuervos no son lo suficiente fuertes para llevar a una


persona —dijo esto con preocupación, y me pregunté si estaba a punto de
darle una fobia de por vida a los cuervos—. Bueno, no los cuervos
normales de nuestro mundo.

—Pero dijiste que eran de nuestro mundo.

Los cuervos, parecía, no iban a funcionar como una ruta de escape


del inframundo.
Escuché a la profesora pararse cerca de Jeremy.

—¿Estás listo para unirte a la clase?

—Terminaré la historia luego —le dije—. Tienes que irte.

—Te quiero, Annika —dijo, porque por instrucciones de mamá ya


nunca debemos decir adiós.

—Te quiero, también —dije, pero creo que ya había cortado.

Después llamé a mamá. No tenía sentido atrasarlo más.

Ella atendió el teléfono al primer llamado.

—¿Estás fuera de la escuela ya? —Antes de que pudiera responderle,


dijo—: Tuve un cliente a última hora, así que estoy en la tienda de
comestibles. Estoy comprando unas enchiladas congeladas para que
puedas comer mientras estoy en el hospital con Jeremy. Pensé que
disfrutarías un cambio ya que hemos comido cosas orgánicas por tanto
tiempo.

—Es genial, mamá. Gracias. —Casi añadí: “es probablemente mejor


que la comida que me servirán en prisión”. Pero no lo hice.

—Sin embargo, si prefieres que te cocine algo sin conservantes


puedo hacerlo. Puedo hacer algo y congelarlo para ti.

—No tienes que hacerlo.

Ella soltó un grito ahogado, y oí que la caja crujía en sus manos.

—Esto dice que tiene mono y di-glicéridos. No parece sano. No


quieres comer esto.

—Sí, quiero.

Hubo un golpe como de una caja de vuelta en la sección de


congelados, y sus palabras salieron atascadas con emoción.

—No, debería estar preocupada por tu salud tanto como lo estoy con
la de Jeremy. Te haré algo nutritivo.

—Mamá. Eso estará bien. No puedes agarrarte cáncer por comer


enchiladas.
Hizo una pausa por demasiado tiempo.

—Lo sé. Solo me preocupo. Encontraré algo más.

Quise decirle todo a mi madre. Quise enroscarme en su regazo, del


modo en que lo hacía cuando era pequeña, y dejar que ella arreglara todo.
Pero no podía. No cuando casi lloraba sobre las enchiladas. Ella me
necesitaba fuerte ahora, la que solucionara los problemas en vez de crear
nuevos.

Mis pies no estaban en tierra firme, pero pisaría firme sobre el agua
mientras pudiera impedirle que lo notara.

—La escuela no ha terminado aún —dije—. Llamaba para decirte


que nuestro profesor de química nos dio una extensión de un día para
nuestro proyecto; que realmente necesitamos. Si no estoy en casa cuando
llegues, significa que Jeremy está en lo de Gabe y yo con Madison.

Ella soltó un suspiro infeliz.

—Deberías pasar más tiempo con tu familia. Tenemos que estar


juntos ahora mismo…

—Lo sé. Estaré en casa tan pronto como pueda. Lo prometo.

Suspiró otra vez, pero al final lo aceptó. Dijimos nuestro no-adioses,


y entonces colgué el teléfono y eché un vistazo alrededor del remolque.
Tenía que escapar y volver con Madison. Solo que no estaba segura de
cómo hacerlo.

Tomé unos pasos hacia la sala de estar. Todavía podía ver la espalda
del guardia de seguridad fuera de la ventana delantera del remolque.
Algunas veces echaba un vistazo sobre su hombro para comprobar que
estuviera, pero ahora mismo miraba hacia el frente. El Sr. Blasingame
todavía estaba sentado en el sofá, absorbido en su escritura.

Caminé a la ventana en la cocina. Estaba completamente sellada,


sin manera de abrirla. Fui hacia a la ventana en la sala de estar en el lado
opuesto de donde estaba el guardia. Tenía palancas a ambos lados y las
palabras de SALIDA DE EMERGENCIA impresas en el fondo del marco de
la ventana. Podía salir por esta ventana si pudiera hacerlo de una forma
que no llamara la atención del guardia o el Sr. Blasingame.
Mi mente corrió, tratando de formular un plan. ¿Cuánto iba a
tomarle al equipo rehacer la escena y pasar por ello otra vez? El reloj en el
microondas decía 2:15. Lady Marion tenía que cambiar su ropa mojada y
secar su cabello. Podía tener suficiente tiempo.

Abrí la puerta del fondo de la habitación. Un dormitorio completo


con vestidor y armario se encontraba frente a mí.

—Estoy yendo a cambiarme el traje de monja —grité al Sr.


Blasingame—. Así que, no entres aquí o dejes a alguien más entrar, ¿sí?

—Bien. —Él puso una pierna sobre su rodilla, y noté que llevaba dos
calcetines diferentes, ambos marrones, pero diferentes tonos. Claramente,
no era el hombre más observador. Podría usar eso a mi favor.

Cerré la puerta del dormitorio, luego llamé a Madison mientras


miraba el vestidor de Steve. Tenía que encontrar alguna ropa que me
entrara.

—Oye, Madison.

—Gracias a Dios que llamaste. Tenemos que irnos a Nevada. ¿Dónde


estás?

Encontré una camiseta azul clara y la lancé en la cama.

—Estoy prisionera en el remolque de Steve Raleigh.

—No, en serio, ¿dónde estás?

—Hablo en serio. Steve me reconoció en medio de una escena, fue


vencido por la sorpresa, o tal vez el karma, y terminó por empujar a Lady
Marion en un estanque. Luego la serpiente se soltó y asustó al caballo, y
hubo muchos gritos, la mayoría del director pero también de algunos de
los miembros del elenco, y entonces Steve les dijo a los guardias de
seguridad que me llevaran a su remolque, y es donde estoy. Creo que va a
llamar a la policía después de que termine de re-filmar la escena.

—¿La policía? —La voz de Madison salió en casi un susurro—. ¿Has


llamado a tus padres?

Steve tenía pantalones vaqueros en sus cajones, pero sabía que


ninguno de ellos me serviría. Después de todo, medía más de un metro
ochenta y tres de alto. Tal vez podía encontrar algún pantalón de
gimnasia.

—Voy a cambiarme de ropa, subir por la ventana, y tomar uno de los


caballos. Entonces montaré a caballo por la ciudad y te encontraré.

Hubo una pausa larga.

—¿Estás loca?

Me quité la toca15 y la arrojé sobre la cama.

—No me hagas esa pregunta. Podría no gustarte la respuesta.

Madison soltó un aliento agravado.

—Annika, no pudiste navegar tu camino por Burbank con el


MapQuest y una camioneta. Nunca lo harías en un caballo.

Abrí los cajones de Steve con demasiada fuerza, y casi se me cae


todo el armario.

—Es mejor que quedarme aquí y esperar a que la policía me recoja.


¿Qué tengo que perder?

—El movimiento en la mayor parte de tu cuerpo si el caballo te lanza


al piso. Solo comienza a caminar hacia Burbank, y te recogeré en la
minivan.

Abrí el último cajón. Tenía que encontrar algo. Tiré un par de


pantalones bermudas. Tendrían que funcionar.

—Voy a llamarte cuando pase la guardia delantera. No estaciones en


ningún lugardemasiado cerca del estudio. No puedes dejar que te vean.

Colgué, me desabroché el traje de monja, y salí de ello. Entonces me


metí en la camiseta y tiré de los pantalones cortos de Steve. Se deslizaron
de mis caderas. Busqué algo para usar como un cinturón. En su armario,
encontré un surtido de zapatos. Tomé los cordones de uno de ellos,
pasándolo por dos de los lazos del cinturón, y los tiré fuertemente juntos.
Finalmente puse mi teléfono móvil y la foto de Jeremy en el bolsillo de los
pantalones cortos de Steve. No me molesté en comprobar si la ventana del

15Toca: es la tela que está sobre la cabeza en el hábito de las monjas.


dormitorio de Steve estaba abierta. Aun si lo hiciera, me llevaría al frente,
donde el guardia de seguridad estaba de pie.

Sosteniendo el uniforme de monja, caminé hacia la sala de estar.


¿Cómo iba a deshacerme del Sr. Blasingame para poder salir por la
ventana?

Caminé y estuve de pie delante de él.

—Um, me gustaría practicar algunas líneas más. Si es demasiado


ruidoso para usted aquí, tal vez, quiera volver al dormitorio para trabajar.
Es realmente tranquilo allí atrás.

—Aquí está la cosa —dijo como si hubiéramos estado en medio de


una conversación completamente diferente—. No sé qué hacer con Lady
Marion. Siempre es la misma historia. Ella es capturada, y Robin la
rescata. Simplemente no puedo escribir esto una vez más.

—Ah. —Miré el traje en mis manos y luego los almohadones tirados


en el sofá. El guardia de seguridad no se había dado vuelta para
investigarme durante algún tiempo, pero no podía contar con que siguiera
ignorándome. Mientras hablaba, apoyé la toca en un almohadón—. Bien,
podrías escribir algo completamente diferente, como, supongamos,
¿arrojar a Lady Marion en un estanque?

—¿Qué cosa buena haría eso? —El Sr. Blasingame alzó la vista de
su ordenador, pero no pareció pensar que era raro que estuviera
convirtiendo un almohadón en una monja.

Me encogí de hombros.

—Me daría, como espectador, mucha satisfacción verla sentarse en


medio de un estanque.

Las esquinas de los labios del Sr. Blasingame se elevaron, y se apoyó


en su sofá.

—Eso podría darme satisfacción también, pero dudo que pudiera


desarrollar eso en un capítulo de cuarenta y cuatro minutos.

—¿Podría matarla?

—Ella tiene un contrato, pero... —Se inclinó adelante, escribiendo


otra vez—. Tal vez creamos que ella ha muerto pero realmente tiene
amnesia… —Casi inmediatamente puso su dedo en el botón de suprimir—.
No. Ellos no podían curar la amnesia en la Edad media. Me metería en un
problema. ¿Qué más tienes?

Apoyé el almohadón contra el respaldo del sofá y el almohadón


superior para que así pareciera que mi cabeza estaba descansando en el
sofá.

—Podrías hacer que se volviera loca. Tal vez pudiera sentir que la
Muerte está hablando con ella.

—No, demasiado aterrador. Perdería todo el encanto de la audiencia.

Ignoré las implicaciones de ese comentario y recosté el hábito en el


sofá. Desde afuera del remolque se vería, esperaba, como si estuviera
sentada ahí.

El Sr. Blasingame escribió por otro minuto, luego se paró.

—Tiene que haber algo más. Algo más grande.

Caminé a la ventana de salida de emergencia, tiré el cerrojo, y miré


afuera como si comprobara el tiempo.

—Ella podría morir, terminar en el inframundo, y Robin Hood


tendría que salvarla. Él podría averiguar probablemente la manera de
hacerlo.

El Sr. Blasingame alzó la vista de su teclado tan atentamente, que


estaba segura de que me preguntaría lo que hacía. En cambio dijo: —Eso
ya se ha hecho antes.

—¿Cuándo?

—Hércules. Disney. Cada niño de la audiencia ha visto esa película.


De Shakespeare yo podría robarlo, pero no de Disney.

—Hércules tenía una ventaja que el resto de nosotros no tiene —dije


y no pude mantener la amargura fuera de mi voz—. Él era inmortal. Mi
hermano y yo estamos atrapados allí abajo con solamente una bandada de
cuervos para ayudarnos.

El Sr. Blasingame no contestó, solo volvió a su tipeo con una mirada


pensativa. Me sorprendió que incluso mi declaración extraña no lo
desconcertara. Quizás no estaba loca después de todo. Quizás solo me
estaba convirtiendo en una escritora.

El reloj decía 2:28. No podía perder más tiempo tratando de


conseguir que el Sr. Blasingame se moviera.

Saqué el pestillo de la ventana de un lado y luego el siguiente. Aflojé


el cristal para que así no se estrellara en el suelo. Había estado preparada
con una explicación de por qué disfracé las almohadas con mi traje de
monja —necesitaba que alguien leyera mis líneas— y podría decir quizás
que había sacado la ventana porque quería aire fresco, pero no tenía
ninguna justificación razonable de porqué gateaba lentamente por el
remolque. Tenía que tener esperanza de que él no lo notara. Una vez que
saqué la ventana, suavemente la bajé en el suelo del remolque. Contra la
alfombra, no hizo ningún sonido.

Tomé una última mirada al Sr. Blasingame para asegurarme que


todavía estuviera absorto en su trabajo, luego tan silenciosamente como
podía, me moví a través de la ventana. Aterricé en la tierra con un golpe.
No esperé a ver si notó mi salida y si estaba a punto de mirar afuera por la
ventana para ver lo que estaba haciendo.

Los remolques estaban alineados el uno al lado del otro, no


tocándose pero bastante cerca para hacer una buena pantalla de todo en
el frente. Ahora solo tenía que quedarme detrás de ellos hasta que pudiera
correr. Me apresuré hacia la parte delantera del remolque de Steve,
tratando de estar lo más silenciosa posible. Estuve atenta de escuchar la
voz del guardia de seguridad.

No lo oí, pero oí gritos que venían del interior del remolque. La voz de
Steve. Había regresado.
Capítulo 10
Traducido por Suri

Corregido por LizC

M
e asomé por el borde del Winnebago. El espacio entre los
remolques estaba despejado ahora, pero podía oír las
estruendosas pisadas fuera de la puerta de Steve y su voz
vociferando: —No puede estar lejos. Tírate al suelo y busca sus pies.

Lo que significaba que de un momento a otro verían lo cerca que


estaba. Hice lo único que se me ocurrió. Corrí a la parte trasera del
siguiente remolque, salté a la defensa, y trepé por las escaleras. Una vez
que llegué a la parte superior del remolque, me coloqué boca abajo,
esperando que a nadie se le ocurriera mirar hacia arriba.

El calor del sol quemaba el techo al cual mis brazos, piernas y cara
estaban presionados, junto con pequeños trozos de escombros que
cortaban mi piel. Permanecí allí, esperando que mi cuerpo se fundiera con
el Winnebago.

No me atreví a levantar la cabeza para mirar, pero las voces sonaban


debajo de mí. Corte al cero dijo: —No veo nada. ¿Hace cuánto tiempo dijo
Jim que se había marchado?

—Hace un par de minutos —dijo Steve—. No pudo simplemente


desaparecer.

—Voy a llamar a los otros guardias. Vamos a dispersarnos y


encontrarla. —Una serie de pasos trotaron a lo lejos.

Traté de escuchar el sonido de la voz de Steve, o sus pasos. No


escuché nada, tal vez porque el sonido de mi respiración, viniendo en
estallidos frenéticos, era muy ruidoso.

Entonces escuché pasos en el techo. Alcé la vista y vi a Steve, aún


vestido como Robin Hood, de pie sobre la parte superior de su remolque.
Caminó lentamente hacia el espacio que nos separaba. Me puse sobre mis
manos y rodillas, insegura de qué hacer o qué dirección tomar. Me sentí
como un velocista esperando el disparo de partida, solo que no sabía hacia
dónde correr.

Él puso sus manos sobre sus caderas.

—Pensé que dijiste que querías hablar conmigo durante dos


minutos.

—Y yo pensé que habías dicho que me estabas entregando a la


policía.

—Todavía puedo. ¿Cómo lograste pasar la vigilancia del frente y


llegar hasta el set?

Me puse de pie y limpié los escombros de mis manos.

—Mira, no puedo ir a la cárcel ahora mismo. No te diré nada a


menos que prometas no llamar a la policía.

Me contempló sin preocupación.

—Estás atrapada en la parte superior de un remolque. No creo que


estés en condiciones de negociar.

Di un paso lejos de él, y luego otro.

—En el tiempo que te tomará regresar a tu escalera, bajar, caminar


por aquí, y subir esta escalera, me habré ido.

Inclinó la barbilla hacia abajo.

—Los remolques no están tan alejados. ¿Qué te hace pensar que no


saltaré?

—Porque eres el tipo de hombre que necesita un doble.

Me envió una sonrisa arrogante, luego retrocedió para darse


impulso. Ya me había planteado una manera de regresar a la orilla, lo que
me daba un segundo para pensar mis opciones. ¿Podría dar el salto? Él
tenía la ventaja de ser más alto y más fuerte.

Él corrió hacia mi remolque, y yo corrí hacia el suyo. Ambos


saltamos. Lo que me faltó en habilidad lo compensé con determinación.
Nos cruzamos en el aire, y luego aterrizamos con dos fuertes golpes.

Se dio la vuelta y me miró.


—No puedo creer que hicieras eso.

—No me dejaste muchas opciones, ¿verdad?

Sus labios estaban apretados en determinación. No era solamente el


disfraz —un destello de Robin Hood pasó por sus ojos. Sabía que a él no le
gustó ser derrotado por una fraudulenta extra. Tomó otra carrera hacia mi
remolque. Corrí hacia él. Pero fue uno de esos momentos en el que ser
capaz de leer a las personas valía la pena. Sabía que él no completaría el
salto. Él planeó pararse en el borde y mirarme saltar hacia su remolque.

Me detuve en el borde también. Nos miramos fijamente el uno al


otro, a solo centímetros de distancia.

Él me sonrió, sorpresa y respeto se mezclaban en su expresión.


Luego retrocedió.

—¿Sabes cuál es el problema de jugar Piedra, Papel o Tijera?

Yo también retrocedí, igualando su velocidad.

—¿Qué?

—Tarde o temprano te equivocas.

Corrió hacia mi remolque. Yo corrí hacia el suyo. Esta vez, sabía,


que ambos saltaríamos. Hacía que saltar remolques pareciera fácil, pero
no lo era. Impulsé mis brazos con fuerza y empujé mis piernas para ir más
rápido. El ruido del golpeteo de nuestros pies se detuvo momentáneamente
mientras nos deslizamos pasándonos por delante del otro en el aire.

Aterricé en el remolque y sin aliento me volví para enfrentarlo.

—En realidad, nunca pierdo en Piedra, Papel o Tijera.

Tomó algunas respiraciones profundas, y su mirada me recorrió de


arriba hacia abajo, fijándose completamente en mí por primera vez.

—Oye, estás usando mi ropa.

—Sí, lo siento por eso. El traje de monja era un poco llamativo.

Con irritación en su voz dijo: —No puedes robar eso. Esa es mi


camisa de póquer de la suerte.

Miré hacia abajo.


—Pues, no creo que esté funcionando. No he teniendo mucha suerte
hasta ahora.

Él sacudió su cabeza y rió. Lo había visto hacer esto en cada


episodio de TeenRobin Hood, pero aun así me deslumbró. No podía hacer
nada más que mirarlo fijamente.

Oí pasos en la parte de abajo y miré para ver a Corte al cero


corriendo hacia el remolque.

—¡Allí está! —gritó.

—Sí, me di cuenta —dijo Steve en respuesta—, pero no subas. Ella


es medio gata y no se da cuenta que no tiene nueve vidas.

El guardia de seguridad se detuvo debajo de mí y, todavía jadeando,


habló a su auricular.

—Ya no tienes opción —dijo Steve con calma—. Tendrás que bajar.

—¿Me vas a entregar a la policía?

—Tal vez. ¿Por qué tanta preocupación? ¿Ya tienes un récord


policial?

—No. Tengo un hermano con cáncer que entrará a cirugía el viernes


por la mañana. —Las palabras salieron de prisa, y mi voz se quebró—. No
puedo hacer que mis padres conduzcan cuatro horas para venir a pagar la
fianza y sacarme de la cárcel.

Los rasgos de Steve momentáneamente se suavizaron, y me miró


más de cerca.

—¿Cuántos años tienes?

—Diecisiete.

Maldijo por lo bajo, y sus ojos brillaron con una emoción que no
pude comprender.

—Baja y reúnete conmigo en mi remolque. No te entregaré a la


policía.

Cuando llegué al frente del remolque de Steve, tanto él como Corte al


cero me estaban esperando. El guardia Polinesio anduvo rápidamente a
través del estacionamiento hacia nosotros. Quizás pensaban que huiría.
Steve me tendió una mano, haciendo un gesto hacia la puerta del
remolque.

—Las damas primero.

Subí las escaleras sin hablarle, fui dentro, y me senté


malhumoradamente en el sofá. Si no iba a entregarme a la policía, no
entendía por qué no me dejaba ir y terminaba con esto. Probablemente iba
a ser una gran charla, y francamente no quería oír qué leyes había violado
o lo horrible que era por venir aquí cuando solo estaba tratando de ayudar
a mi hermano.

Si Steve hubiera sido franco conmigo en el juego de baloncesto, todo


esto podría haberse evitado. Habría aprendido anoche que no tenía ni una
gota de sangre compasiva en su cuerpo, y podría haber estado en mi
camino a casa para esta hora. En casa para afrontar el fracaso.

Steve y los guardias de seguridad entraron en el remolque. El Sr.


Blasingame estaba de pie en la ventana, inclinándose hacia afuera y
mirando detenidamente el cielo.

—¿Qué fue todo ese ruido en el techo?

Steve se quitó su sombrero y lo lanzó a un sofá.

—Ese fue el sonido de mi club de fans adolescente y yo saltando de


remolque a remolque.

—No soy tu fan —le dije.

—Eso no fue lo que dijiste anoche.

—Y que yo recuerde, anulaste esa posibilidad con bastante rapidez.

El Sr. Blasingame señaló con el dedo a Steve en acusación.

—¿Saltaste a través de los remolques? Dean te mataría si lo supiera.


La gente del seguro te mataría. ¿Te das cuenta que estamos solo a mitad
del rodaje de la temporada? ¿Estás tratando de que me dé un ataque al
corazón?

Steve se giró hacia mí.

—Esa, por cierto, es la razón por la cual tengo un doble de acción.

El Sr. Blasingame me miró y agitó una mano en mi dirección.


—¿Y qué es lo que pasa con esta muchacha, de todos modos?
¿Desde cuándo comenzaste a usar el remolque como un calabozo, y
cuándo me convertí en un carcelero?

—Nunca dije que fueras a ser un carcelero. —Steve se cruzó de


brazos y me dio una mirada cortante—. Solo dije que una persona normal
habría preguntado por qué alguien crearía a una monja de señuelo y luego
se arrastraría fuera de la ventana.

El Sr. Blasingame recogió su ordenador del sofá y lo metió bajo su


codo.

—Pues, no soy una persona normal; soy un escritor. —Caminó hacia


mí, estrechó mi mano y asintió con aprobación—. Sabes, me has dado la
idea perfecta para el siguiente episodio. Lady Marion se escapa por su
cuenta y huye… solo que no se da cuenta que es de Robin Hood de quien
está huyendo. Esto va a ser oro.

Con eso, salió del remolque silbando. Todos lo miramos marcharse.

—Él tiene razón —dijo el guardia Polinesio—. No es normal.

Steve se sentó en el sofá delante de mí. Los guardias se situaron a


cada lado de la puerta, como si todavía estuvieran en servicio, lo que
supongo que así era.

—Bien —dijo Steve, inclinándose hacia adelante—. En primer lugar,


¿quién eres?

—¿Prometes que no me entregarás a la policía?

—Lo prometo.

Me relajé un poco en los cojines del sofá.

—Mi nombre es Annika Truman.

—Muy bien, entonces, Annika Truman. ¿Cómo entraste hoy en el


set?

Mi nombre sonó extraño viniendo de su boca. No estaba actuando


esto en la televisión. Estaba sentado frente a mí, mirándome con unos ojos
que podrían dejar muda a una chica. Dejé de lado la sensación y le conté
toda la historia. Desde la parte en la que le había prometido a Jeremy que
le podía dar dos deseos, hasta el punto en puse la serpiente en la caja de
utilería.

Steve sacudió la cabeza lentamente.

—¿Trajiste una serpiente a un lugar con caballos?

—No lo habría hecho si hubiera sabido que estaban usando esas


flores para la escena. Siento mucho todo el griterío, y las personas
chocando en el estanque, y el caballo pisoteando tu pequeño pueblo…

Detrás de mí escuché la risa ahogada del guardia Polinesio. Steve lo


fulminó con la mirada.

—¿Encontraron a la serpiente? —pregunté—. Su acuario está en el


remolque de maquillaje.

Corte al cero dijo: —Sí, uno de los tramoyistas16 la tiene. Les avisaré.
—Sacó una radio portátil y dijo en ella.

—Mira, Annika —dijo Steve, el sonido de mi nombre en sus labios


me distrajo durante algunos segundos—. Siento mucho lo de tu
hermano…

—Jeremy, su nombre es Jeremy.

—Siento mucho lo de Jeremy…

—¿Quieres ver una foto de él? —Antes de que pudiera contestar,


saqué la foto de mi bolsillo. La expresión de Steve se hizo más recelosa; ya
me estaba rechazando con la mirada. Así que les di primero la foto a los
guardias de seguridad. Ellos no tuvieron ningún recelo en mirar la foto de
Jeremy.

—Ese es Jeremy en Halloween —dije—. Insistió en ser Robin Hood.


Tuvimos que buscar por todas partes para encontrarle botas que se
parecieran bastante a los de la serie.

Corte al cero tomó la foto.

—Es un niño bien parecido. —Cabeceó con aprobación y pasó la foto


al otro guardia.

16Tramoyista: persona que trabaja entre bastidores o detrás de las escenas de teatros,
películas o televisión, encargándose de las máquinas, instrumentos, cambios de escenario
y efectos especiales que se utilicen.
El guardia Polinesio sacó la billetera de su bolsillo.

—Permíteme donar algo de dinero para él.

Tomé la foto de sus manos.

—Está bien. No vine aquí para pedir dinero.

Corte al cero sacó su billetera también. Presionó un billete de veinte


dólares en mi mano.

—Estoy seguro que las facturas médicas están acumulándose.

Steve cruzó el remolque para unirse a nosotros.

—Ya le ofrecí dinero. No soy completamente cruel, sabes. —Él tomó


la foto de mi mano—. ¿Por qué los niños enfermos siempre son tan lindos?
¿Por qué no podría por una vez solamente, uno de ellos lucir como un
pequeño monstruo para no sentirme culpable diciendo que no?

Di un paso más cerca a Steve, con una mano sobre mi pecho,


suplicante.

—Por favor ven a verlo. Eso significaría mucho para Jeremy. Le


prometí que su deseo se haría realidad. Le hice creer. Si él cree que su
deseo se hizo realidad, él creerá que puede salir bien de la cirugía.

Él me devolvió la foto y sacudió la cabeza.

—Lo haría si pudiera, pero el resto de mi semana ya está reservada.


Se supone que hoy debo encontrarme con alguien a las cinco. Tengo que
trabajar mañana, tengo una ceremonia de premiación que estaré
presentando mañana por la noche, y en algún momento de la semana
tengo que repasar el siguiente guión.

—Henderson está a solo cuatro horas de distancia; probablemente


tres y media si conduces tan rápido como yo. Si nos marchamos ahora y
conduzco directamente hacia allá, podrías volver a tiempo…

—Para estar agotado hasta el punto en que estaré incoherente en el


rodaje de mañana.

—Puedes dormir mientras conduzco —ofrecí, pero me di cuenta por


su expresión que ni siquiera estaba considerando la posibilidad de venir
conmigo. Mi garganta se sintió apretada, y de repente fue difícil hablar,
pero lo hice. Expresé mi más oscura preocupación, la que había apartado
cada vez que esto había emergido. Lo saqué al exterior, crudo y doloroso,
para mostrárselo a Steve.

—Jeremy tal vez no sobreviva a la cirugía; tiene seis años, y podría


irse para siempre después del viernes por la mañana. Lo que más quería
en el mundo entero era que tú lo fueras a visitar. Lamento entrar en tu
vida de esta manera, pero pensé que si hablaba contigo, si entenderías...
—Mantuve mi mirada en la suya, buscando una señal de que pudiera
ceder—. Te necesito para concederle solo un deseo.

Él cerró sus ojos, como si rechazara mi mirada.

—No sé cuánto tiempo me queda con Jeremy —continué—. Y


renuncié a mi tiempo con él ayer para conducir aquí y hablar contigo. ¿No
puedes tomar medio día de tu horario para verlo?

Nuestras miradas se encontraron, y durante un momento no dijo


nada. No respiré, como si eso de alguna manera ayudara a mi situación.
Entonces, apartó su mirada de mí.

—Puedo hacerle una llamada a tu hermano antes de la cirugía.


Puedo firmar una foto. Incluso le daré una de mis flechas, pero no tengo
tiempo para ir a verlo…

Estaba segura de que podía persuadirlo para que viniera conmigo.


Incluso los guardias de seguridad, que habían comenzado a actuar como si
pudieran desprender ágilmente mis brazos, habían sido conmovidos. Pero
no Steve Raleigh.

Sentí agudos pinchazos de decepción punzando mi corazón. Éstos se


habrían convertido en lágrimas para la mayoría de la gente, pero para mí
se convirtieron en puñaladas de ira. Aun así, mantuve mi voz firme.

—El verdadero Robin Hood habría venido conmigo.

Steve se cruzó de brazos.

—Sí, bien, tal vez sea porque el verdadero Robin Hood no tiene que
gastar todo su tiempo promoviendo su programa. Tampoco tiene que
reunirse con sus instructores de esgrima, boxeo, y tiro con arco, y tampoco
tiene que ejercitarse en el gimnasio por dos horas al día en caso de que
alguien quisiera filmar una escena de él sin camisa.
Sabía que no serviría de nada que Steve se enfadara conmigo
cuando aún podía acusarme de allanamiento, pero en este momento solo
quería hacerle daño.

—No eres para nada como Robin Hood. De hecho, si vivieras en la


Edad Media serías la clase de sujeto que se pasea en la corte del Rey Juan
para que todos supieran lo famoso e importante que eres. A ti no te
importa ayudar a las personas en absoluto.

Dejó escapar una lenta respiración, sus ojos se endurecieron.

—No sabes nada de mí. —Barrió su mano alrededor del remolque


como prueba de lo que dijo—. Paso más tiempo siendo Robin Hood de lo
que Robin Hood lo hizo, y apuesto a que podría tirarle también.

—Apuesto a que ni siquiera podrías tirarme a mí.

—Sí, pues, perderías esa apuesta.

Di un paso hacia él.

—¿Estás dispuesto a apostar por eso? Vamos a tener un concurso de


tiro. Si gano, serás mío por las próximas… —decidí añadir un colchón de
tiempo—… once horas. Si ganas, nunca te molestaré de nuevo, y te
prometo no llamar a los tabloides y decirles lo horrible que eres.

—¿Lo horrible que soy, porque no dejo todo y conduzco a Nevada con
una extraña? ¿Crees que los tabloides comprarían esa historia?

Me encogí de hombros y sonreí.

—Soy una bonita chica adolescente con un pequeño hermano


enfermo. Una habitación llena de gente vio la orden que les diste a los
guardias de seguridad para que me mantuvieran cautiva en tu remolque.

La mirada fija de Steve me recorrió, evaluándome.

—¿Qué eres, algún tipo de mercenario adolescente?

—Puedo llorar bajo demanda frente a las cámaras de los noticiarios


—mentí, y le tendí la mano para estrechar la suya—. ¿Tenemos una
apuesta?

Alzó la vista al techo y luego enfocó su mirada en mí, su frustración


era evidente.
—¿Y cuando gane prometes que no me rogarás, acosarás, o tratarás
de chantajearme más?

—Correcto.

Él estrechó mi mano.

Y era tonto, lo sé, pero no pude evitar la sensación de hormigueo que


sentí donde me había tocado.

Pensé: Steve Raleigh está sosteniendo mi mano.


Capítulo 11
Traducido por rihano

Corregido por Nanis

F
ijamos el objetivo detrás de los remolques, entonces Steve y yo nos
paramos a unos veinte metros de distancia. Steve colocó una flecha
y tensó la cuerda del arco sin mirarme. Los músculos de sus brazos
flexionados, y sus ojos entrecerrados en el blanco, examinándolo. Sostuvo
la flecha en posición por un momento, luego la dejó volar. Yo sabía que era
un buen tiro, incluso antes de que llegara al objetivo, justo dentro de la
diana.

Sería muy difícil ganarle, pero no imposible.

Me entregó el arco y una flecha.

—Lo siento, Annika.

—No te disculpes hasta que sepa por qué lo estás haciendo. ―Ajusté
la flecha en la cuerda. El arco de Steve era más grande que el mío, y
esperaba que no me rebotara. Mantuve el arco estable y juzgué la
distancia. Había hecho miles de tiros, hecho más blancos exactos de los
que podía contar, pero ninguno importaba tanto como éste. Podría llegar a
la marca si el nerviosismo no hiciera temblar mi mano.

Esto es por Jeremy, me dije. Tiene que ser bueno.

Solté la flecha, deseando que volara en línea recta. Era casi una
oración, pero no del todo.

La flecha cantó mientras volaba por el aire. Golpeó, el mismo centro


de la diana.

Sonreí y le entregué a Steve su arco Steve.

—Ahora ya sabes por qué lamentarte. Sientes tener que conducir a


Nevada con un extraño.
Miró al blanco con la boca abierta y luego se volvió hacia mí.

—¿Cómo hiciste eso?

—Soy presidente del club de tiro con arco de mi escuela. ―Me encogí
de hombros y le di una sonrisa muy mía―. Bueno, no creerías que veía tu
programa por el sofisticado drama, ¿verdad?

Los guardias se acercaron, al mismo tiempo que movían sus


cabezas.

—Ese fue un buen tiro ―dijo Corte al cero.

—Gracias. ―Le sonreí a Steve―. Y he cambiado mi opinión acerca


de tu camisa. Puede ser de suerte, después de todo.

Steve hizo un gesto con la mano en mi dirección.

—¡Ella es presidente del club de tiro con arco de su secundaria!


Nunca llegó a mencionar ese hecho.

—Debe ser un buen club si te pudo ganar ―dijo Corte al cero—.


¿Cuántas horas practicas a la semana?

Steve se cruzó de brazos y le dio al guardia una mirada oscura.

—No quiero hablar de eso.

Me encogí de hombros otra vez.

—Si te sirve de consuelo, estoy segura de que podrías ganarme en


esgrima.

Su oscura mirada se volvió hacia mí.

—¿Quieres una revancha, entonces?

—No. Hicimos una apuesta, y gané. ¿Quieres llevar tu auto o mi


minivan? Aunque probablemente debería advertirte que puede haber
palomas y conejos en el interior. No estoy segura si Madison se las arregló
para deshacerse de ellos o no.
Steve se pasó los dedos por el cabello, y luego levantó las manos
hacia mí como si me enseñara algo.

—No puedo ir. Tengo cosas que necesito hacer aquí. Escenas que
rodar mañana, y la entrega de premios es algo muy importante. Un
productor con el que necesito hablar estará allí…

—Lo prometiste. ―Puse mis manos en mis caderas―. ¿Mantienes tu


palabra o no?

—No puedo solo irme contigo. No sé nada acerca de ti. ¿Tus padres
siquiera saben que estás aquí haciendo esto?

Le envié una sonrisa lenta.

—Creo que esas son cosas que deberías haber pensado antes de
comprometerte a venir conmigo.

Steve miró al cielo por un momento, y luego a mí.

—Está bien. Me tienes por once horas y solo once horas. Menos, si
no nos toma tanto tiempo. Voy a hablar con tu hermanito, y me iré. No voy
a chatear con tus amigos, posar para fotos, o dar una exclusiva al
periódico de tu ciudad natal. Estoy ahí y me voy. ¿Entendido? ―Él volvió a
su remolque, agarrando el arco. Lo seguí, sacando mi teléfono móvil para
comprobar la hora. Era un poco después de las tres y media.

—Está bien. No me importa lo demás. Pero, bueno, ¿puedes traer tu


traje? Tendrás que vestirte como Robin Hood.

Me miró, los músculos de su mandíbula apretados.

—¿Quieres que llegue a tu casa usando una peluca rubia, una


túnica, y medias verdes?

—Jeremy está en primer grado. No se da cuenta que eres un actor.


Piensa que realmente eres Robin Hood.

—Esto se pone cada vez mejor. ―Steve abrió la puerta del remolque.
Yo lo seguí.

Lo primero que hizo Steve cuando entramos fue telefonear a su


asistente personal y explicarle la situación a él. Llegó al remolque de
inmediato. Steve me lo presentó como Ron Bosco, y lo llamó Ron mientras
hablaban, pero era claro desde el momento en que entró que todos los
demás lo llamaban Sr. Bosco. El hombre estaba muy serio. De hecho,
puede haber sido una calculadora en una vida anterior. Tuve la sensación
de que toda su existencia consistía en filas y columnas de números.

El Sr. Bosco me miró otra vez, claramente disgustado, y luego entró


en la cocina con Steve y le dio un discurso en voz baja de por qué esto era
una mala idea. Steve se mantuvo diciendo: —Lo sé, lo sé, pero hice una
promesa. Voy a volver tan pronto como pueda.

El Sr. Bosco abrió su portátil, e insistió en comprobar en internet


para ver si sería más rápido tomar un avión a Las Vegas y manejar hasta
Henderson, que no lo era. Y además, Steve no quería tener que lidiar con
las multitudes en el aeropuerto. El Sr. Bosco entonces revisó para alquilar
un avión charter, lo cual era aún más complicado y costoso, pero no pudo
conseguir un hangar de alguien en la compañía que quería, y no estaba
seguro de cuando ellos contestarían su mensaje.

Sin embargo, pensaba que la mejor idea era alquilar un avión


mañana después del trabajo y tratar de estar antes de la ceremonia de los
premios.

Steve vetó esa idea, ya que no habían sido capaces de conseguir un


hangar de la compañía de aviones, y además pensaba que estaría forzando
las cosas demasiado. No quería llegar tarde para la entrega de premios.

Yo respondí a esto mirando obsesivamente el reloj y mordiendo todas


mis uñas. El Sr. Bosco perdió media hora tratando de ahorrarle tiempo a
Steve. Finalmente este se alejó de la computadora y dijo que sería más
sencillo solo conducir hasta allí ahora mismo.

Cuando el Sr. Bosco se había resignado al hecho de que no podía


convencer a Steve de no irse conmigo, me miró de nuevo, esta vez con una
expresión agria, y luego me hizo firmar un formulario de confidencialidad.
Lo digo en serio. Tenía la documentación en su maletín. Básicamente, me
dijo que nunca hablaría con ningún tabloide o periodistas acerca de
cualquier cosa que Steve dijera o hiciera en mi presencia. Asimismo, no
podía demandarlo por ninguna razón.

¿Cuán paranoico tienes que ser para llevar contigo ese tipo de
documentos?
Steve llamó al departamento de vestuario y les pidió que le trajeran
un nuevo traje de Robin Hood. También les pedí que trajeran mis ropas, ya
que las había metido en una esquina del remolque de vestuario cuando me
había puesto un vestido medieval.

Steve entró en el cuarto de atrás para empacar una maleta de viaje y


cambiarse a ropa regular, pero antes de irse, me dijo que esperara en la
sala de estar.

—Ron te hará compañía ―dijo.

En un tono de voz que se supone que no iba a escuchar, le dijo a


Ron: —No la dejes que se meta en problemas, y hagas lo que hagas, no te
metas en ninguna apuesta con ella, especialmente las que implican el tiro
con arco o Piedra, Papel o Tijera.

Una Señora del vestuario llegó con el traje de Steve pero informó que
alguien había encontrado mi ropa antes, pensando que eran de Esme, y
las envió con la otra ropa sucia para ser limpiada al seco. Dijo que las
enviaría a mi casa cuando las regresaran.

Si te digo la verdad, no me importaba llevar la ropa de Steve.

En cierto modo me gustaba su camisa de póquer de la suerte.

Antes de irnos, y en ese momento eran casi las cuatro y media, el Sr.
Bosco le dio a Steve un fajo de billetes. Las estrellas de la televisión, al
parecer, no van a los cajeros ellos mismos, eso es algo que sus asistentes
personales hacen por ellos. El dinero era para combustible y alimentos. Me
sentó mal que Steve tuviera que pagar por todo, pero mi bolso estaba con
Madison, y Steve ya había rechazado mi oferta para llevarlo a Nevada en
mi minivan. Sus palabras exactas fueron: —Tengo que encontrarme con
Karli a las cinco, y no voy a llegar al restaurante en una camioneta con dos
adolescentes y una variedad de vida silvestre.

Él había intentado llamar a Karli, para cancelar, pero ella no agarró


su teléfono móvil, y no quería dejarla embarcada. Me dijo que solo
pasarían por el restaurante y le diría que no podía quedarse.

Traté de darle el dinero que los guardias de seguridad me habían


dado para pagar el combustible, pero me había mirado incrédulo, como si
lo hubiera insultado.
—No voy a tomar tu dinero. Ni ahora. Ni nunca.

Durante la investigación del Sr. Bosco de las horas de los vuelos,


había llamado a Madison y le dije que podía volver a casa porque estaría
viajando con Steve. No es que realmente quisiera pasar tiempo con el Sr.
Yo-debo-tener-un-formulario-de-confidencialidad-antes-de-que-tú-puedas-
salir-conmigo. Solo pensé que sería demasiado fácil para él romper su
promesa si yo no estaba allí en el auto con él.

Madison estaba toda preocupada por mí yendo en un viaje de cuatro


horas en auto con un desconocido, aunque en gran medida estaba
preocupada de que no fuera capaz de encontrar mi camino a casa. Tuve
que asegurarle que el BlackBerry de Steve tenía GPS y ya había
programado mi dirección en este.

—Llámame de vez en cuando, así sé dónde estás ―había dicho ella,


y luego agregó―: Oh, espera, tengo el cargador de tu móvil en mi auto.
¿Esta tu batería a punto de agotarse? ¿Steve dispone de un teléfono?

—Vamos a estar bien ―le dije. Pero después de colgarle, apagué mi


teléfono móvil para conservar la batería.

Al final resultó que, en realidad, no nos llevamos el auto de Steve.

Steve, como la mayoría del elenco, tenía un chofer que lo llevaba al


estudio, por lo que pidió prestado uno de los autos del estudio, un BMW
beige. Al parecer, esta es una de las ventajas de ser una estrella: Puedes
pedir prestados los vehículos costosos sin previo aviso.

Al principio, Steve no dijo nada mientras conducía. Me imaginé que


estaba molesto por tener que hacerme este favor, así que escuché la radio
y no dije nada. Estábamos casi en Beverly Hills antes de que Steve me
dijera una vez más que haría su reunión con Karli lo más corta posible.

—Pensé que tú y Karli rompieron ―le dije.

—Lo hicimos. Mayormente recogeré algunos libros que le presté.

Me volví en mi asiento y lo miré.

—¿En serio? ¿Qué clase de libros?


Él me miró.

—¿Te sorprende que lea?

—No, me sorprende que ella lo haga.

Me lanzó una mirada interrogante.

—Bueno, la gente que graba vídeos de sí mismos rodando en la


arena con un pelotón completo de salvavidas por lo general no son muy
literarias.

—Los salvavidas no vienen en pelotón.

—No has respondido a mi pregunta acerca de los libros.

Miró al tráfico y no a mí.

—Libros de historia, en su mayoría.

—Impresionante. Me retracto de todo lo que dije de ella.

Las esquinas de su boca se levantaron.

—Bueno, podría haber sido impresionante, si alguna vez los hubiera


leído, pero no lo hizo.

Yo sonreí, porque había tenido razón.

—Todavía estoy impresionada de que tú los leyeras.

—No lo estés. Empecé a leer sobre la Edad Media para prepararme


para mi papel, y luego descubrí que me gustaba la historia. ―Miró al reloj
del auto e hizo una mueca. Se leía cinco en punto.

—Voy a llegar con diez minutos de retraso.

—Lo siento. ―Sentí una punzada de culpabilidad por llevármelo,


luego, un pensamiento peor vino a mí―. Estabas tratando de arreglar las
cosas con ella, ¿no?

Se volvió a mirarme.

—No. ¿Por qué piensas eso?


—Por lo general, si has roto con alguien y luego quieres reunirte con
esa persona para la cena, hay motivos ulteriores.

Él negó con la cabeza.

—No esta vez. De hecho, ella fue la que sugirió que nos
encontráramos para cenar.

—Oh, no. ―Puse mis dedos sobre mi boca―. Eso es aún peor. Ella
quiere regresar contigo, y yo lo estoy arruinando.

Sus cejas se juntaron.

—No, solo está regresando mis libros. Es solo una especie de


amistosa e inocente cena.

Esto no me eximía de la culpa, ya que él era, obviamente, ignorante


de cómo las mujeres tratábamos de recuperar a los hombres.

—Podrías ofrecerte a llevarla con nosotros. En el camino tendrías un


montón de tiempo para volver a conectar.

—No vamos a volver a conectar ―dijo él con firmeza―. No deberías


saltar a sacar tus conclusiones. ―Y luego, no dijo mucho en el resto del
camino al restaurante.

De vez en cuando le echaba un vistazo, a sus bronceadas manos


sobre el volante, sus brazos musculosos, su perfil intachable. Parecía
injusto para el resto de la humanidad que sus rasgos fueran tan perfectos.
Era especialmente molesto para mí porque mi mente seguía a la deriva en
esa dirección y luego era difícil pensar en otra cosa.

Su aspecto podía intoxicar incluso a una chica racional, y lo último


que necesitaba era empezar a tener un enamoramiento con un chico al
que nunca volvería a ver después de unas horas.

Me obligué a mirar por la ventana y dejar de mirarlo. Él no pareció


darse cuenta.

Llegamos al Holland Grill, un café pintoresco con cestas de flores


colgantes, grandes ventanas con persianas, y música deslizándose hacia la
acera. Varias parejas comían en un gran patio, que estaba rodeado por
una valla de madera. Manteles ondeaban en la brisa. Era una puesta en
escena perfectamente romántica, y me pregunté si Karli había elegido el
lugar.

Los autos se alineaban en la carretera en frente del restaurante, así


que Steve estacionó en el otro lado de la calle un poco más abajo.

Antes de cerrar la puerta, se volvió hacia mí con ojos graves.

—No salgas del auto. Voy a tratar de hacer esto rápido.

Me incliné hacia él.

—Por lo menos reprograma con ella para que sepa que no estás
dejándola.

—No estamos volviendo a conectar. ―Mientras cerraba la puerta del


auto, Inclinó la cabeza y me dio una media sonrisa―. Mientras esperas,
puedes trabajar en todo ese asunto de saltar a sacar tus conclusiones del
que hemos hablado.

Se apartó de mí y cruzó la calle.

Lo vi y tuve que admitir que tenía un caminar agradable.

Confiado. Masculino. Pobre Karli. Apuesto a que cuando lo vio deseó


no haber roto nunca con él.

Karli estaba esperando en frente del restaurante. No la había notado


al principio porque llevaba lentes de sol y, bueno, porque llevaba ropa
normal, pantalones vaqueros y una blusa, tan opuesto a la minifalda de
cuero negro y alguna clase de medias de rejilla que había estado usando
desde que salió su último disco.

Mientras Steve se acercaba, Karli colocó sus lentes de sol en la parte


superior de su cabeza y le sonrió. Caminó hacia él, y cuando se
encontraron le cogió la mano y lo besó en la mejilla. Cuando terminó de
besarlo, no le soltó la mano. Ellos estaban hablando, y su mirada lo
recorrió. Su lenguaje corporal no era tan amistoso como sensual. Además,
no llevaba ningún libro.

Y él me acusó de sacar conclusiones precipitadas. Los hombres


pueden ser tan despistados a veces. Me aparté de ellos dos, y fue entonces
cuando vi a un fotógrafo escondido detrás de un convertible dos autoss
delante de mí.

Estaba bastante segura de que Steve, el Señor confidencialidad, el


Señor “estamos apenas teniendo una cena amistosa”, no apreciaría esta
violación de su privacidad. Así que hice la primera cosa que me vino a la
mente. Toqué la bocina.

Esto captó la atención de Steve. Miró nuestro auto. Yo utilicé


movimientos exagerados de mis brazos para apuntar delante de mí.
Incluso desde tan lejos donde estaba sentada, vi sus ojos volverse fríos,
como si hubiera sobrepasado mis límites. Se volvió hacia Karli con un
encogimiento de hombros, como si no supiera quién era yo.

Bueno, eso era gratitud para ti.

Por desgracia, no fue solo Steve, el que había visto el movimiento de


mis manos, también lo había hecho el fotógrafo. Ahora volteó su cámara
hacia mí. Yo me hundí en el asiento, pero eso solo le animó a acercarse.

Me di cuenta de que no era el único fotógrafo alrededor. Vi uno


detrás de un árbol. Otro sentado en una mesa en el patio, pero
casualmente aún tomaba fotografías de Karli sujetando la mano de Steve.

El fotógrafo de la calle llegó hasta el BMW, con su cámara haciendo


clic en mi dirección. Con su teleobjetivo, estaba bastante segura de que
podía obtener una imagen de los empastes en mis dientes si abría la boca
para decir algo.

Alternó sus fotos de mí con fotos de Karli, quien ahora estaba


seductoramente cerca de Steve, su mano en su brazo y su rostro levantado
en un puchero.

Abrí la puerta del auto, la cerré de golpe, y me apresuré a cruzar la


calle. Incluso mientras me acercaba, Steve todavía enfrentaba a Karli. Ni
siquiera reconoció que me conocía. Fui y me paré a su lado. Karli me lanzó
una mirada mordaz, como si no tuviera derecho a acercarme a ellos. Ahí es
cuando dejé de sentir lástima por ella.

—Odio tener que interrumpirte ―dije―, pero la razón por la que


trate de llamar tu atención antes fue para decirte que hay fotógrafos por
todo el lugar. ―Hice un gesto detrás de mí―. ¿Ves? Hay uno justo más
allá, cerca del auto.

La cabeza de Steve giró, por primera vez dándose cuenta de las


cámaras. En este punto, todos ellos habían salido de su escondite. Uno
caminaba por el lado del edificio hacia nosotros, tan cerca que podía oírlo
disparar la cámara.

Karli entrecerró sus ojos hacia mí.

—¿Quién es esta chica, y por qué está contigo? ―Entonces dejó


escapar un jadeó y dio un paso atrás―. ¿Y por qué está usando tu ropa?

Dijo esto en voz muy alta. El ruido de los disparadores aumentó.

Steve se agarró de mi brazo, pero mantuvo su mirada en Karli. Su


expresión se oscureció, y bajó la voz.

—¿De dónde vinieron todos estos fotógrafos? Tú les avisaste, ¿no?

Los ojos de Karli brillaron y levantó la barbilla.

—¿Qué pasa si lo hice? No es más de lo que mereces. No puedo creer


que rompieras nuestra cita para cenar, ¡mientras otra chica esperaba por
ti en tu auto! ―Su mano se cerró en un puño, como si quisiera golpearlo, o
a mí, en vez se dio la vuelta sobre sus talones y se alejó.

No tuve tiempo de ver a dónde iba porque Steve se apoderó de mi


codo y me llevó al otro lado de la calle. Los fotógrafos conservaban cada
paso que dábamos en película.

—¿Quién es tu nueva novia? ―gritó uno de ellos.

—No digas nada ―me dijo Steve.

No lo hice. No podía.

—¿Cuál es tu nombre? ―me gritó el fotógrafo otra vez.

Otro añadió: —¿Dónde se conocieron?


Se pararon en nuestro camino para llegar al auto. Steve se detuvo
frente a ellos, pero todavía aferraba mi brazo. Me pregunté si pensaba que
ellos podrían alejarme de él.

—Aléjense de mi auto ―les dijo.

Pero no se movieron, y el fotógrafo que había estado en el


restaurante se acercó por detrás de nosotros. Me sentía rodeada, atrapada.

—¿Por qué has venido aquí para encontrarte con Karli si tienes otra
novia? ―le preguntó.

—¿Esme sabe de esto?

—¿Es realmente tu ropa la que ella está usando?

El fotógrafo del árbol se había unido a los demás.

—¿Cuántos años tienes? ―Él tomó otra foto de mí, y bajó la


cámara―. No pareces de más de catorce.

Dejé escapar un suspiro ofendido.

—Tengo diecisiete años.

Steve dio un respingo, y me acordé de que se suponía que no dijera


nada. Él dijo: —Ella es solo una amiga. Ahora, les importaría a todos
alejarse de mi auto. Estamos a punto de ir a visitar a su familia.

Aún no se movían. La acera se sentía claustrofóbica.

—Si es solo una amiga, ¿por qué está usando tu ropa?

Steve no respondió. En su lugar, se volvió y tiró de mí a través del


grupo al otro lado de la calle y hacia el restaurante.

Entramos. El olor de la comida me envolvió, pero no me hizo sentir


hambre. Mi estómago se había endurecido en una bola de nervios,
mientras había sido empujada por los fotógrafos. Steve le preguntó a la
anfitriona si podíamos tener una habitación privada para hacer una
llamada telefónica. Sin preguntarle, ella nos llevó a una oficina y le dijo
que le dejara saber si necesitaba algo más. Agitó las pestañas y le sonrió
mientras decía esto.
Solo después de que la puerta se cerró Steve soltó mi brazo. Sacó su
teléfono móvil y me miró.

—Dos minutos ―dijo―. No puedo creer que no duraras ni dos


minutos antes de decirle a un grupo de reporteros que tenías diecisiete.

—¿Realmente no parezco de catorce, verdad?

—No. ―Él presionó marcación rápida y sostuvo el teléfono en su


oído―. Ese tipo te engañó para que le dijeras que edad tenías y tú caíste.
Ahora todos van a informar que… ―La llamada entró y se detuvo a mitad
de la frase y comenzó una nueva conversación―. Hola, Sargento García, es
Steve Raleigh. Estoy en el Holand Grill, y tengo tantos fotógrafos
bloqueando mi auto que no puedo llegar a este. ¿Puede enviarme un oficial
para alejarlos? ―Una breve pausa siguió, y a continuación, Steve dijo―:
Genial. Realmente lo aprecio.

Dijo adiós, cerró el teléfono, y se lo guardó en el bolsillo.

—¿Tienes a la policía en tu marcación rápida? ―le pregunté.

Dejó escapar un gruñido.

—Y no creerías con que frecuencia viene muy bien. ―Fue a la


ventana y miró a través de una de las rendijas de las persianas. Me quedé
mirando su perfil, trazando las líneas de su rostro con mis ojos. Era en
realidad increíblemente guapo.

—¿Todavía están ahí? ―le pregunté.

—Oh, sí, y en sus teléfonos móviles. ―Se puso una mano en su sien
como si hubiera desarrollado un dolor de cabeza―. ¿Por qué no pudiste
haberte quedado en el auto como te lo pedí?

—Debido a que pareces tan preocupado por tu privacidad, que pensé


que te gustaría saber acerca de los fotógrafos. No parecía solo un
encuentro amistoso entre Karli y tú, de todas formas.

—Sí, ella tenía otras ideas.


—Te dije que te quería de regreso. ―Las palabras me picaban,
aunque sabía que no debería. No debería importarme con quién salía él.

—Lo más probable es que quería algo de publicidad para su nuevo


álbum. ―Él negó con la cabeza―. Debería haber sospechado algo cuando
quiso reunirse para cenar a las cinco en punto. Cada vez que una
celebridad quiere reunirse fuera cuando la iluminación está en su mejor
momento, es sospechoso.

—No tiene sentido. ―Consideré a Karli por un momento: las


canciones de ruptura amarga que había escrito, la forma en que lo había
atraído al restaurante y envolvió sus brazos alrededor de él, cómo había
gritado y pataleado―. Está actuando más si hubieras sido tú quien rompió
con ella y no al revés.

Él no dijo nada, solo miró por la ventana.

Y entonces todo tuvo sentido.

—Tú rompiste con ella, ¿no?

Se volvió hacia mí y me di cuenta por su expresión que tenía razón.


Se encogió de hombros en vez de admitir eso, sin embargo.

—Eso no importa. Lo que importa ahora es que si vamos a pasar


varias horas juntos, tienes que hacer un mejor trabajo en lo de
escucharme. En el futuro, si te digo que no salgas del auto, no salgas del
auto.

—No lo habría tenido que hacer si me hubieras prestado atención


cuando traté de informarte sobre los fotógrafos por primera vez.

—Pensé que me estabas diciendo que me diera prisa para que


pudiéramos irnos.

Me acerqué a la mesa y me senté en la silla con un ruido sordo.

—No sería tan grosera.

Se echó a reír, pero yo no veía lo que era tan divertido, así que
arquee mis cejas.

Se apoyó contra la pared y me observó.


—Te colaste en un estadio y los terrenos del estudio, pretendiendo
ser una persona que no eras, trajiste una serpiente en un lugar con
caballos, te escabulliste de mi remolque, y robaste mi camisa de la suerte
del póker, pero ¿estás ofendida que pueda pensar que eres grosera?

Me eché hacia atrás en la silla y crucé los brazos.

—Hay una diferencia entre ser determinado y ser grosero.

Él se rió de nuevo.

—Tú de toda la gente deberías entender. A veces tienes que tomar el


asunto en tus propias manos. Solo estoy haciendo lo que Robin Hood
habría hecho.

La diversión no dejó su rostro.

—Lo cual es el por qué muchos personajes en el programa quieren


encadenar a Robin Hood.

—No me des un mal rato. Harías exactamente la misma cosa si eso


significara ayudar a tu hermanito.

Su expresión se tensó momentáneamente, y me acordé que estaba


emancipado de su familia.

Traté de suavizar mi última declaración.

—Quiero decir, si tuvieras un hermanito. No sé si lo tienes.

—Sí, lo tengo ―dijo―. Él es de tu edad.

—Oh. ―La habitación se quedó incómodamente silenciosa. Parecía


que debería decir algo más―. ¿Son cercanos?

—Solíamos serlo, pero mi familia vive en Apple Valley ahora.

Debe haber visto mi mirada en blanco, porque agregó: —Está cerca


de noventa kilómetros de distancia, así que ya no lo veo mucho.

Noventa kilómetros no parecía tan lejos, pero no presioné el punto.


Después de unos minutos más, un vehículo de la policía llegó y
dispersó a los paparazzi. Caminamos de regreso al auto, esta vez sin Steve
guiándome por el brazo.

No debería haberlo extrañado, pero lo hice.


Capítulo 12
Traducido por Niii y LizC

Corregido por Nanis

N
os fuimos del restaurante e hicimos nuestro camino a través de las
calles de Beverly Hills. Casi de forma inmediata, nos introdujimos
en la hora punta del tráfico. Y no la hora punta normal a la que
estaba acostumbrada. Sino al insano, “hay demasiadas personas en esta
ciudad”, tráfico. Nos tomó más de una hora lograr atravesar LA y luego fue
todo parar y continuar hasta la I-15.

Mientras nos arrastrábamos a lo largo de la carretera, Steve me


preguntó sobre Jeremy y lo que él esperaba que Robin Hood hiciera. Así
que hablé de Jeremy por un rato. Entonces alterné entre mirar los
automóviles a nuestro alrededor, mirar el velocímetro y esperar a que el
reloj digital cambiara los números: 6:37… 6:38…

—Dime más sobre Jeremy —dijo Steve.

—¿Por qué?

—Porque solo te relajas cuando estás hablando sobre él. Me temo


que si pasamos demasiado tiempo más en el tráfico desgarres
completamente tu apoyabrazos.

—No podría desgarrar nada —dije—. Me comí todas mis uñas en tu


remolque. —Aun así, le dije más sobre Jeremy. Seguí con eso durante más
de una hora. Lo solté todo, incluso cosas que normalmente no le habría
dicho a un extraño, como mi viaje a Toys “R” Us y el tipo en chaqueta de
cuero que me había perseguido a través de la tienda.

Esa parte hizo sonreír a Steve.

—El pobre diablo. No sabía contra quién se estaba enfrentando: la


encarnación de Robin Hood en una adolescente.

Finalmente dije: —Ya he terminado de hablar. Es tu turno. ¿Por qué


no me dices algo acerca de ti?
Él mantuvo sus ojos fijos en la carretera.

—Pensé que ya sabías todo sobre mí. Dos espectáculos en Broadway,


tres películas, un comercial de pasta dental…

—Estoy segura de que algunas cosas se me han escapado.

—Probablemente no. No soy tan interesante.

Luego de haber derramado mis entrañas frente a él, esto se sentía


como un balde de agua fría. Era como si me hubiera dicho que todavía
éramos extraños, o, peor aún, que no confiaba en mí. Lo que, ahora que lo
pensaba, era probablemente el caso. Nunca le había dado ninguna razón
para confiar en mí.

Miré por la ventana.

—Supongo que no.

—¿Supones que no soy tan interesante? —dijo él.

—Simplemente estoy demostrando mi acuerdo contigo. Pensé que las


celebridades esperaban ese tipo de tratamiento.

Una sonrisa se deslizó por su cara.

—¿Ahora soy la típica estrella de televisión ególatra?

—Bueno, ¿cómo se supone que lo sepa si no vas a decir nada sobre


ti?

Él miró en mi dirección, contemplándome.

—¿Cómo supiste que fui yo el que rompió con Karli?

No sabía por qué él estaba tomando este desvío en la conversación.


Me encogí de hombros.

—Podía decirlo por la forma en que ella te miraba.

—Y sabías que Karli quería más que solo cenar antes de que siquiera
me detuviera en el restaurante. ¿Cómo supiste eso?

Me encogí de hombros otra vez.


—Soy una chica. Sé cómo piensan las chicas. —Especialmente
cuando hay chicos guapos involucrados.

Él me dirigió una mirada penetrante.

—Eso es por lo que no quiero decirte nada sobre mí. ¿Sabes qué es
lo que yo sé sobre ti, Annika? Eres el tipo de chica que obtiene lo que sea
que quiere. Sonríes y las puertas se abren para ti, pero si eso no funciona,
no estás por encima de manipular a las personas ni los eventos. Conozco a
las de ese tipo. Karli era igual.

Abrí mi boca para protestar, pero él me detuvo con su mano.

—No estoy diciendo que no admire tu confianza, porque lo hago.


Pero la cosa es, que ya puedo decir que eres más inteligente que Karli y
más intuitiva que la mayoría de las personas, y eso me preocupa. Estoy en
el auto con una versión más inteligente y más astuta de Karli. Tú también
serías cautelosa sobre lo que dices de ti misma.

Me recliné contra el asiento.

—No estoy segura de si sentirme alagada o insultada.

—Y tienes solo diecisiete… —dijo para sí.

—Tú tienes solo diecinueve —señalé.

—Sí, pero nueve de esos años han transcurrido en Hollywood. Los


años en Hollywood son como los años de los perros, así que en realidad
tengo…

—Setenta y tres.

—Y puedes resolver problemas de matemática en tu cabeza. —Dejó


escapar un suspiro—. No diré una palabra más a tu alrededor.

—¿Por qué? ¿Estás escondiendo algo?

Él sonrió.

—Por supuesto que lo estoy. Todos esconden cosas. Apuesto que tú


escondes cosas también.

Me pasé los dedos por el cabello.


—Te diré una confesión si tú me dices una.

Él asintió como si lo estuviera considerando.

—Está bien.

—Realmente no puedo llorar a mi antojo. Esa fue una completa


mentira. En realidad, no lloro jamás.

Pensé que eso le haría reír, pero en su lugar sus cejas se juntaron.

—Eso no es saludable.

—Correcto. Agregaré eso a mi lista, justo después de conducir


demasiado rápido y envolver serpientes alrededor de mi cuello.

Él sonrió, pero sus ojos mostraban decisión.

—Creo que eres la clase de persona que se rehúsa a tomar las cosas
en serio.

Eso venía de un tipo que se ganaba la vida usando medias.

—Tomo algunas cosas en serio. Tomo la enfermedad de Jeremy en


serio.

Me miró, leyéndome como si se hubiera podido pasar una señal.

—Sí, lo haces. Y estás acostumbrada a sobrepasar todos los


obstáculos para obtener lo que quieres. Debe ser difícil para ti finalmente
encontrarte con algo que no puedes controlar.

—No necesito controlarlo —dije—. Solo necesito encontrar una


manera de inclinar la balanza a favor de mi hermano. —Estaba mintiendo,
sin embargo. Necesitaba controlarlo. Esta vez necesitaba ganar más de lo
que jamás hubiera necesitado ganar algo. Para cambiar el tema, dije—:
¿Entonces, cuál es tu confesión?

Me miró, y podía decir que esta debatiendo qué decir. Finalmente se


giró hacia la carretera.

—Mi confesión es que soy intuitivo también.

—¿Esa es una confesión?


—No tenía que decírtelo. Podría haber seguido averiguando cosas
sobre ti sin advertírtelo.

Lo que me hizo sentir como si acabara de confesar haber leído mi


mente.

—¿A qué te refieres exactamente cuando dices “intuitivo”?

—Intuitivo significa que puedes decir cosas sobre las personas,


sabes, como cuando te están mintiendo.

—Oh, te refieres a como cuando confesaste ser intuitivo, pero yo


podía decir que esa no era tu confesión original. Querías decir algo más y
cambiaste de parecer.

Él se removió en su asiento con incomodidad.

—De acuerdo. De esa manera.

—¿Qué era lo que ibas a decir?

—Que estoy hambriento. Creo que me bajaré en esta salida, pondré


gasolina, y compraré algo de comer.

—Oh, ves… puedo decir que estás mintiendo.

No, realmente estoy hambriento. Son casi las ocho.

Puse mi mano sobre el respaldo de su asiento y me incliné más cerca


de él.

—Vamos, ¿qué era lo que ibas a decir?

Pero él ni siquiera me miró. Se detuvo en la salida a Barstow, miró


su GPS, y me dijo que todavía teníamos cerca de 240 kilómetros por
delante. Dos horas. Entonces dijo: —Entonces, nunca me dijiste… ¿Saben
tus padres dónde estás?

—Bueno, no. En cierto modo me olvidé de decirles. —Había querido


llamar a mis padres en cuanto había dejado la ciudad con Steve. Estaba
bien decirles lo que había hecho ahora que Steve había accedido a venir
conmigo. No podían gritarme por salir en una búsqueda inútil cuando
traía a la presa a conocer a Jeremy.
Saqué el móvil de mi bolsillo y lo encendí. Tenía tres mensajes de
mis padres. Los escuché mientras Steve encontraba una estación de
servicio. Primero escuché la voz de mi madre diciéndome que viniera a
casa. En el segundo mensaje sonaba más desesperada, preguntándome
dónde estaba y por qué no había llamado. ¿No me había dado cuenta de
que la última cosa que mis padres necesitaban en este momento era que
desapareciera y no respondiera el móvil? Era irresponsable de mi parte, e
íbamos a tener una larga charla sobre mi comportamiento cuando llegara
a casa.

El tercer mensaje había sido dejado solo unos cuantos minutos


atrás. Era mi padre usando su forzada voz calmada, lo que significaba que
mi madre estaba demasiado alterada para hablar conmigo. Él dijo que
había hablado con los padres de Madison y sabía sobre nuestro viaje por
carretera hasta California. Pensaba que era la cosa más estúpida que
había hecho en toda mi vida, y no podía creerlo de mí. ¿No me daba
cuenta del peligro en que me había puesto, el peligro en que había puesto
a Madison? ¿No me daba cuenta de los inconvenientes que le había
causado a Steve Raleigh? ¿Realmente valía la pena todo eso para que
Jeremy pudiera conocer a alguien que veía en televisión? Jeremy hubiera
sido igual de feliz con un viaje a ver a Santa al centro comercial. Papá
agregó que quería que lo llamara de inmediato.

Mientras que Steve se detenía frente a la estación de servicio y


apagaba el motor, dejé mi móvil sobre mi regazo y me sentí enferma.
Realmente había pensado que papá entendería. Una parte de mí incluso
pensaba que estaría orgulloso de mí por hacer algo así de grande por
Jeremy.

Steve abrió la puerta del auto pero se dio la vuelta para observarme.

—Voy a buscar algo de comer. ¿Quieres algo?

—No tengo hambre.

—Deberías comer algo de todos modos. —Miró el móvil en mi regazo,


luego mi cara—. Vamos, sabías que tus padres estarían molestos.

—Tal vez no soy tan intuitiva como pensabas.

Él sonrió, pero sus ojos estaban serios.


—Lo sabías… de otra forma, se los hubieras dicho antes.

Lo observé caminar hacia la estación de servicio, pero ni siquiera la


vista de sus hombros anchos y vaqueros desgastados pudieron alejar mi
mente de la inminente llamada telefónica.

Seleccioné el marcado rápido a casa. Jeremy respondió justo


después de dos segundos. Él dijo: —Annika, ¿dónde estás?

—Conduciendo de vuelta a Nevada. Y, oye, hablé con mi genio sobre


tu deseo de TeenRobin Hood. Lo obtendrás pronto… antes de que te
ingresen para la cirugía.

En lugar de estar emocionado, su voz tenía un borde de reproche.

—Mamá y papá están realmente preocupados por ti. Mamá lloró


durante la cena.

Genial.

Oí el teléfono ser arrebatado de Jeremy y luego la voz de Leah: —¿Te


das cuenta de que estás en un barco lleno de problemas, verdad?

—Sí.

Su voz cayó a un susurro: —¿Realmente condujiste todo el camino


hasta California para tratar de encontrar a Steve Raleigh?

—Sí, él está conmigo en este momento.

—¿Steve Raleigh está contigo? —Podía oír la duda en su voz—. ¿El


Steve Raleigh?

No, algún Steve Raleigh al azar que me encontré vagando por las
calles. Honestamente, Leah se niega a creer que soy una persona
competente. En su mente siempre tendré trece años de edad.

—Sí —le dije—. Está viajando de vuelta a Henderson conmigo.

—Uh-huh. —Todavía dudaba—. ¿Puedo hablar con él?

—Bueno, en realidad no está conmigo en este mismo segundo. Está


dentro de la estación de servicio comprando algo para cenar.
—Ahh. Por supuesto. Porque las celebridades comen en las
estaciones de servicio todo el tiempo.

—Realmente es él. —No pude decir más porque mi papá se apoderó


del teléfono.

Él preguntó dónde estaba, si estaba bien, y entonces se concentró en


mí, repitiendo todo lo que ya había dicho en su mensaje, pero con un tono
más duro esta vez. Este viaje mío era irresponsable, peligroso, y les había
mentido sobre dónde estaba yendo.

Pero no podía dejar de pensar que él era justo como Leah. Estaba
enojado porque todavía pensaba en mí como una niña de trece años.

―Siento haberte mentido acerca de todo esto ―dije―. Pero tenía que
tratar de ayudar a Jeremy, y sabía que no me dejarías ir de otra manera.

―Por supuesto que no te hubiéramos dejado ir. Nunca más vas a ir a


ninguna parte, a ningún lugar sin nuestro consentimiento previo primero.

Dijo un montón de cosas después de eso, pero mi mente seguía


dando vueltas alrededor de esas frases. Me di cuenta de que mis padres
habían estado aferrándose a Jeremy con tanto fervor, que habían reforzado
su control sobre mí. Y tal vez era tan culpable como ellos al aferrarme a
ellos. Pero sin importar lo que pasara con Jeremy, tenía que crecer y tomar
decisiones, incluso las malas, por mí misma. Ya lo había hecho.

Dije: ―Papá, me voy a la universidad en menos de un año. ¿No


puedes confiar un poco en mi juicio? Logré esta cosa imposible para
ayudar a Jeremy. ¿No puedes estar feliz por eso?

Hubo una larga pausa. Cuando volvió a hablar su voz sonó más
suave.

―Mira, entiendo que el cáncer de Jeremy ha sido muy duro para ti.
Tal vez más duro de lo que tu madre y yo pensábamos. Sé que no hemos
estado dándote la atención que necesitas. ―No estaba segura de lo que
quería decir con eso, pero tenía miedo de que estuviera dando a entender
que este viaje había sido parte de algún ataque de nervios. Me preguntaba
qué le había dicho Madison.
―Estaremos allí en dos horas ―le dije―. Dejen que Jeremy se quede
hasta que Steve y yo lleguemos, porque Steve va a dar la vuelta y regresar
a California después.

Mi padre se quejó de esto, dijo que lo llamara cuando llegáramos a


Nevada, luego volvió a añadir que tendríamos una larga conversación
sobre esto cuando llegara a casa. Lo cual no esperaba con muchas ansias.
Cerré el teléfono y lo guardé en mi bolsillo.

Steve volvió a salir de la tienda y me tendió una botella de agua, un


ponqué, un yogurt, y una cuchara de plástico.

―Fue la cosa más saludable que pude encontrar.

Lo miré, pero mi mente se quedó atrás en la conversación de mi


padre. ¿Cuánto de su enojo era porque pensaba en mí como una niña?
¿Qué tan delgada es la línea entre una buena idea y un ataque de nervios?

―No has cenado ―dijo Steve―. Tienes que comer algo.

No había comido desde el desayuno, pero no tenía hambre. Cuando


seguí sin moverme, añadió: ―No pienso encender de nuevo el auto hasta
que no vea la comida yendo a tu boca.

Lo que en cuanto a las amenazas se trataba, era bastante eficaz.


Abrí el yogurt y tomé una cucharada. Él me dirigió una mirada satisfecha
y se fue a poner gasolina.

Mientras comía lo miraba poner la boquilla de la gasolina en el


tanque.

Poner gasolina era una cosa tan ordinaria por hacer, que era difícil
creer que la gente famosa alguna vez lo hiciera. Mientras que la gasolina
corría, tomó una escobilla de goma y limpió la ventana del frente.

Eché un vistazo a los autos a nuestro alrededor, preguntándome si


alguno de ellos lo había notado. Todo el mundo parecía ajeno a excepción
de un auto gris. Un hombre se detuvo a poner gasolina, pero su mirada
volvía a Steve.

Había visto ese auto gris detrás de nosotros en medio del tráfico.
Miré más de cerca al hombre, y mi estómago se apretó. Lo había visto en el
restaurante también. Había sido el que dijo que parecía de catorce años.
Tenía que estarnos siguiendo. Cuando Steve bombeó la boquilla de nuevo,
sacó su PDA17 y apretó botones en él. Traté de llamar su atención, pero
solo miraba a su PDA y no a mí. Habría salido del auto y le habría dicho,
pero mi último viaje fuera del auto delante de los fotógrafos no había ido
muy bien.

Además, si Steve sabía que había paparazzi siguiéndonos, ¿habría


llamado a la policía de nuevo? ¿Por cuánto tiempo nos demorarían esta
vez?

Me quedé donde estaba, y en un minuto Steve puso la boquilla en la


bomba y abrió la puerta del lado del pasajero.

―Jim me acaba de enviar por correo mis nuevas líneas. ¿Te molesta
conducir mientras las repaso?

―Está bien. ―Me deslicé en el asiento del conductor y él se metió en


el lado del pasajero, todavía leyendo en su PDA.

Cuando nos retiramos de la estación de servicio, también lo hizo el


auto gris. Me dirigí a la autopista, de vez en cuando miraba en el espejo
retrovisor. El auto se mantuvo a distancia, pero los faros nunca se
quedaban muy detrás de nosotros.

Steve comió y leyó. Pensé en mis opciones. ¿Cómo perder un auto en


la autopista? Seguí aumentando mi velocidad. El auto gris mantuvo el
mismo ritmo.

Steve se rió entre dientes.

―Jim va a hacer ahora que Lady Marion salga por la ventana del
castillo de Sir Guy y salte en un árbol. ¿Me pregunto cómo Esme hará eso?

―¿Recibe algún empujón a un estanque en cualquier parte de la


historia?

Steve negó con la cabeza.

17PDA:Asistente Personal Digital, Ordenador de Mano, dispositivo móvil que funciona


como un administrador de información personal.
―No que yo pueda ver.

―Es una pena. Le sugerí un giro de la trama también.

Steve miró el velocímetro por primera vez.

―Vas a noventa y cinco. Si te paran yendo a veinticinco millas sobre


el límite de velocidad, es un delito penal.

―¿En serio? ¿Cómo sabes eso?

Steve sonrió.

―No preguntes. Solamente ralentiza un poco.

―Estoy tratando de perder a ese auto detrás de nosotros. Es uno de


los sujetos del restaurante.

―¿Qué? ―La cabeza de Steve se giró de inmediato hacia atrás para


revisar―. ¿Dónde? ―Pero no tuve que señalarlo. Lo vio y maldijo.

―Lo reconocí en la estación de servicio. Es el tipo que piensa que me


veo de catorce años.

Steve pasó los dedos por su cabello y miró hacia atrás al auto de
nuevo.

Le pregunté: ―¿Cómo sueles deshacerte de ellos cuando te siguen?

―Por lo general no les doy suficientes historias interesantes para que


me quieran seguir durante horas y horas.

―Debes tener algún método para disuadirlos ―repliqué.

―Sí, conduzco a casa y me siento en mi casa hasta que se cansan y


se van.

―Bueno, solo tenemos que pensar en otra cosa. Vamos, ¿qué podría
hacer Robin Hood?

Steve levantó una mano en exasperación.

―¿Dispararle? Robarles todas sus cosas y dárselas a los pobres


campesinos Sajones...
Puse los ojos en blanco. ―Está bien. Si no vas a ser de alguna
ayuda, me encargo de esto por mí misma. ―Aflojé bastante mi velocidad.

―Esta es la vía rápida ―dijo Steve―. Tu plan es molestar a los otros


conductores, hasta que ellos…

Pero no terminó la frase porque en ese momento desvié el auto hacia


el camellón que dividía la autopista para poder regresar a la dirección
opuesta. Y déjenme decirles, para un tipo que puede hacer sus propias
acrobacias, no habrías esperado que agarrara firmemente el tablero y
maldijera como un marinero mientras nos dirigíamos hacia el otro lado.
Quiero decir, de acuerdo, aplanamos un arbusto y algunas ramas volaron
contra el parabrisas. Todavía podía ver. Y, además, los arbustos son
resistentes. Volverían a crecer con el tiempo.

Nos sacudimos y rebotamos en la grava al otro lado.

Miré por el espejo retrovisor y no vi ningunos faros siguiéndonos a


través del desvío.

―¿Lo perdimos?

Steve todavía sostenía el tablero como si esperara que saltara sobre


su regazo.

―¡No puedo creer que hayas hecho eso! ¿Estás loca?

Me aferré al volante más fuerte.

―¿Por qué la gente me sigue preguntando eso?

Se volvió para mirarme, sus ojos lucían preocupados.

―¿Quién más te sigue preguntando eso? ¿Alguno de ellos son


médicos?

Presioné mi pie en el acelerador, dirigiéndome por el camino


equivocado pero llegando allí muy rápido. Necesitaba un lugar para salir
de la autopista y dar la vuelta.

―No estoy loca. Porque al menos cuando cosas locas me pasan, sé


que son locas. Los locos se creen que son normales.
Steve todavía tenía una mano en el tablero.

―No me estás tranquilizando para nada. Detente y déjame conducir.

―Me voy a detener en la siguiente salida.

Resultó que la siguiente salida era en Barstow, a trece kilómetros de


vuelta por el camino en que veníamos; y conducir ciento veinte kilómetros
por hora allí y luego de vuelta añadía doce minutos al viaje.

Realmente soy bastante buena en los problemas de matemáticas.

Steve no dijo nada durante todo el camino allí. Siguió tamborileando


con los dedos sobre la manija de la puerta, como si calculara sus
posibilidades de supervivencia en caso de que necesitara tirar de la puerta
y saltar.

Finalmente, me detuve a la orilla de la carretera y detuve el auto. No


salí. Tenía un poco de miedo que si lo hiciera él cerraría las puertas y se
iría.

Steve se reclinó en su asiento y me miró con expresión seria.

―Entonces, ¿qué clase de cosas locas te han pasado?

Mantuve las manos en el volante y no contesté.

Estiró la mano, sacó la llave de la ignición, y se recostó en su asiento


de nuevo.

―No me importa estar aquí. Tú eres la que tiene prisa. ¿A qué hora
Jeremy tiene que irse a la cama, de todos modos?

―Eso es chantaje ―le dije.

―Eso es lo que Robin Hood haría.

Dejé caer la cabeza contra el asiento en derrota.

―Bueno, ven hacia el lado del conductor, y yo te hablaré mientras


conduces.

Lo hizo. A pesar de que condujo lentamente al principio. Quería


asegurarse de que el auto gris no se habría detenido a la orilla de la
carretera en alguna parte, esperándonos pasar para que pudiera reanudar
su persecución. Esto agregó más tiempo al viaje, pero no tuve el corazón
para calcular cuánto. Estúpido paparazzi.

―Habla ―me dijo Steve.

Mi pie de inmediato comenzó a temblar. Hice que se detuviera.

―Anoche soñé que la Muerte venía a nuestra casa... y hoy, a veces se


siente como si el sueño no hubiera terminado, como si ella estuviera
todavía aquí, mirándome.

Steve se encogió de hombros.

―Algunas pesadillas son así. Eso no es una locura.

―En tu remolque, se sentía como si la Muerte se hubiera inclinado


sobre mi hombro y me hubiera dicho que Jeremy y yo no podíamos
escapar de los infiernos. ―Me froté la frente, tratando de que la memoria
desapareciera―. Cuando una persona está siendo seguida a todas partes
por la Muerte… bueno, o bien me estoy deslizando hacia la locura, o esto
tiene mal augurio escrito por todas partes.

La atención de Steve se alejó de la carretera a mi cara, pero no


mostró ningún impacto ante mi confesión, solo preocupación. Después de
un momento, volvió a mirar a la carretera.

―¿Cuánto tiempo ha pasado desde que has tenido una buena noche
de sueño?

―No recuerdo.

―¿Cuánto dormiste anoche?

―Cuatro horas. Tal vez cinco.

La voz de Steve se volvió suave, acariciante. Sus cálidos ojos


castaños parpadearon hacia los míos de nuevo.

―No es locura o un mal presagio. Cuando estás bajo mucho estrés y


falta de sueño, cosas pueden sucederle a tu mente. ―Como ofreciendo la
prueba, dijo―: Mi padre solía ser un policía de Los Ángeles. Tuvo que lidiar
con toda clase de cosas malas: asesinatos, pandillas, traficantes de drogas.
Una vez, cuando estaba tratando de detener una pelea, recibió una
puñalada. Mientras estuvo en casa recuperándose, todo volvió a él; cada
escena de un crimen violento que alguna vez le había pasado estuvo de
repente justo delante de él, como una presentación de diapositivas.

Contuve mi aliento con fuerza, y Steve siguió, tratando de


tranquilizarme.

―Eso solo ocurrió una vez. Y él había escuchado sobre este tipo de
cosas de otros agentes de policía, por lo que ni siquiera estaba demasiado
preocupado por eso. Mi punto es, que estás pasando por un momento
difícil justo ahora. No sería normal si no te afectara un poco.

Eso tenía sentido, pero parte de mí no podía evitar la sensación de


que la Muerte era real, un ser vivo, mirándome, justo afuera de mi visión
periférica. Tal vez un buen descanso nocturno se haría cargo de eso.
Ciertamente, después de que la cirugía saliera bien, todo volvería a la
normalidad.

Y ahora que Steve estaba conmigo, realmente pensaba que las cosas
saldrían bien.

Todo estaba viento en popa.

Pero a mitad de una hora de Barstow, en medio del Desierto de


Mojave, el auto se averió.
Capítulo 13
Traducido por BrendaCarpio

Corregido por Mari NC

A
l principio el auto redujo la velocidad. Steve continuó presionando
el gas, pero el auto siguió derrapando, perdiendo velocidad.

—Esto es malo —dijo.

La luz del motor se encendió, y él dirigió el auto al lado de la


carretera, donde rodó hasta detenerse. Giró la llave para apagar el motor y
salió. Lo seguí, a pesar de que todo mi conocimiento de mecánica
automotriz consiste en dónde introducir la gasolina. El poco aire de la
noche acariciaba mis piernas desnudas, y crucé mis brazos sobre mi
pecho.

Levantó el capo y revisó el motor.

—¿Qué tiene de malo? —le pregunté.

—No sé. —Más revisión de motor—. Sea lo que sea, voy a tener que
llamar a una grúa.

Lo primero que pensé, mientras miraba en la oscuridad fue: ¿Por qué


Dios me odia?

Lo que probablemente fuera un pensamiento absurdo. Dios tiene


mejores cosas que hacer que sabotear el auto de Steve. Pero aun así.

Steve sacó una tira larga y delgada de metal del motor.

—Nuestro líquido de transmisión se ha ido. Debimos haber roto un


cable cuando pasamos sobre el camellón. Todo se salió.

Eso me hizo sentir aún peor. No había sido una venganza de Dios.
Había sido yo, conduciendo el auto como una loca sobre los arbustos.

Steve llamó al servicio de información y luego hizo otra una llamada


telefónica a una compañía de remolque en Barstow.
—No hay nada que hacer más que esperar —dijo—. Esto va a
tomarles alrededor de una media hora, o cuarenta y cinco minutos. —Lo
que significaba que serían entre nueve o nueve y cuarto, cuando llegaran
aquí, luego, otra media hora de viaje de regreso en Barstow, donde
esperábamos poder encontrar un auto de alquiler.

Llamé a mis padres y les expliqué lo que pasó, bueno, menos la


parte en que corté a través de un camellón.

—Dile a Jeremy que lo despertaremos cuando lleguemos allí.

Me estremecí cuando volví al BMW. Steve encendió la calefacción del


auto, pero también sacó su chaqueta del asiento trasero y me la dio.

—¿No quieres llevarla tú? —le pregunté.

—Estás usando únicamente pantalones cortos y una camisa.


Además, de esta forma, tienes la línea completa de ropa Steve Raleigh.

—Gracias. —Me puse la chaqueta, disfrutando del olor de Steve que


se aferraba a ella, una especie de suave olor amaderado. Traté de que no
me viera acurrucándome en ella para así poder conseguir más bocanadas
de su olor. Finalmente, incliné mi cabeza contra el asiento y miré por
encima de él—. A pesar de la forma en que me gritaste antes y, tú sabes,
que me hubieras arrastrado hasta los guardias de seguridad, eres
realmente un buen tipo.

Incluso en la oscuridad pude ver sus ojos brillando y su sonrisa de


marca registrada.

—Gracias. —Me miró por un largo momento—. Y tienes diecisiete


años.

—De acuerdo. No he tenido un cumpleaños desde la última vez que


señalaste mi edad. —Sabía que me estaba diciendo que era demasiado
joven para él, y eso me molestó. No era demasiado joven, y él no debería
asumir que me sentía atraída por él. Incluso si así era.

Me incliné lejos de él, y usé mi voz más casual para demostrar que
no me importaba.

—¿Cuál era tu confesión? No me las has contado.


—Todavía no te lo diré.

—Me debes una confesión. Es lo justo. Ya te he dicho cosas acerca


de mí que nadie más sabe.

Inclinó la cabeza hacia mí.

—¿Es esto una especie de juego que las niñas juegan en las fiestas
de pijamas? ¿Por qué quieres meterte en mi mente?

—Estoy aburrida. ¿Qué otra cosa vamos hacer en un auto averiado


en medio de la nada?

Él levantó una ceja, y me ruboricé, dándome cuenta de cómo había


sonado. Un destello malvado pasó por su expresión.

—Mira, es por eso que señalo que solo tienes diecisiete años. A los
diecisiete años de edad sigues siendo ingenuo.

—No soy ingenua, y tú solo eres dos años mayor.

Se sentó más lejos de mí e hizo caso omiso de mi declaración.

—¿Por qué no ahorramos tiempo, y en lugar de mí tratando de


encontrar una confesión que te satisfaga, puedes simplemente
preguntarme lo que sea que quieras saber?

Quería preguntarle sobre su familia. Quería saber por qué había


presentado una demanda para emanciparse a los dieciséis años, pero
consideraba que eso era demasiado personal.

—Háblame de Karli. Se me hace difícil imaginármelos a los dos


juntos.

Él miró hacia el techo de la cabina y frotó sus dedos sobre su


barbilla.

—No estoy seguro de que sea un buen tema.

—¿Muy doloroso?

—No. Si hablo de ella, entonces te darás cuenta que no soy un buen


tipo después de todo.
—¿Debido a que le rompiste el corazón?

—Porque yo salía con ella por las razones equivocadas en el primer


lugar.

—¿Y cuáles fueron esas razones?

Volvió su mirada hacia mí, pero me di cuenta que estaba siendo


reacio. Finalmente dijo: —He trabajado en este negocio toda la vida. No
recuerdo un momento en que mi madre no estuviera transportándome
hacia las audiciones. Incluso hice algo de dinero cuando era niño. Pero
nadie sabía quién era hasta que Robin Hood se convirtió en un éxito. Antes
de eso, dudo que Karli se hubiera detenido el tiempo suficiente para darme
un autógrafo, y mucho menos para darme su número de teléfono. Salí con
ella porque podía. Porque eso significaba que lo había logrado. Tenía una
novia que miles de chicos querían. —Él me miró de nuevo—. ¿Aún piensas
que soy un buen tipo?

Me acerqué y puse mi mano en su rodilla.

—Sí. Debido a que sabías que estaba mal. Y por eso rompiste con
ella.

—Bueno, eso y porque realmente comenzó a elevarme los nervios.


Ella tenía esa necesidad obsesiva de embellecerse. Todavía no puedo
caminar por un espejo sin sentir que debo alejar a alguien.

No movió mi mano lejos de su rodilla, pero lo vi observarla. Su voz


era suave, adormecedora.

—Solo nos hemos conocido por un día.

—Me doy cuenta de eso.

Su mirada se quedó en mi mano.

—Nunca has tratado con los tabloides. No tienes idea de los


paparazzi o la forma de evitarlos. —Su voz se ralentizó mientras añadía a
su lista—: Y vives en Nevada, el cual es un viaje de cuatro horas de
distancia.

Me incliné hacia él.


—¿Hay alguna razón por la que estés sacando a colación estos
pequeños hechos?

Entonces su mirada se trasladó a la mía, deslumbrante e intensa.

—Estoy recordándome a mí mismo que esto no funcionaría entre


nosotros, porque no quiero hacer nada estúpido.

Probablemente tenía razón, pero por el momento yo no estaba


pensando de manera inteligente. O cautelosa. Nunca hubiera llegado a
California si no hubiera estado por sobre todo eso. Me incliné y lo besé.

No esperaba que me besara también, pero lo hizo. Puso su mano


contra mi mejilla y regó suaves besos por toda mi boca. Me besó como si
fuera frágil y no quisiera romperme.

Yo había besado a otros chicos, pero eso nunca me había puesto tan
nerviosa antes. Me atrajo más cerca de él, y me preocupé de que sintiera el
pulso de mi corazón que latía en mi pecho como un pájaro asustado. Pero
no tenía miedo. Simplemente no podía creer lo que estaba sucediendo.
Había visto a este chico a través de la pantalla de mi televisor, y ahora
estaba sentado aquí besándome. Quería mantener el momento y nunca
dejarlo ir.

Él se apartó de mí y dejó escapar una respiración entrecortada.

—¿Hay alguna posibilidad de que cuando te gradúes vayas a la


Universidad en California?

—Siempre me ha gustado la UCLA.

Se inclinó y me besó de nuevo, esta vez de forma menos suave.


Envolví mis brazos alrededor de su cuello.

Luego casi tan rápidamente como me besó, me empujó lejos de él, y


caí en mi asiento.

—Esto es una mala idea.

Parpadeé por la confusión.

—¿Qué?
—Estás vulnerable y estás cansada. Yo no tomo ventaja de mis fans.

Dejé escapar una respiración lenta. Estaba lo suficientemente cerca


para hacerme sentir vértigo.

—Está bien, a pesar de que me desperté antes del amanecer para


comprar una figura de acción que se parecía a ti, técnicamente, no soy tu
fan.

Se echó a reír, un sonido rico que envió chispas por mi columna


vertebral.

—Eso es lo que me gusta de ti, Annika. Mantienes las cosas en


perspectiva.

Le devolví la sonrisa, tratando de calmar los rápidos latidos de mi


corazón. Tuve que pretender que mi mente no seguía girando por la
reciente experiencia. Tenía que fingir que no era gran cosa haberlo besado,
o ser tan profundamente apartada. Quería pensar en algo casual, pero no
pude.

Su PDA se cayó de alguna manera al piso, y él lo recogió.

—Tengo que aprenderme las líneas. ¿Quieres ayudarme?

Y así lo hicimos. Durante la siguiente hora —el conductor de la grúa


al parecer había sido optimista en el tiempo que se tardaría para llegar a
nosotros— le leí sus señales y escuché cuando decía sus líneas, con la
expresión facial y la inflexión de voz. Probablemente me habría reído de su
seriedad, salvo que todo el tiempo mi mente se quedó en nuestro beso,
procesando las consecuencias. ¿Había significado algo para él?

¿Significaba yo algo para él?

¿Podríamos volver a vernos alguna vez después de esto?

Él probablemente utilizaba a las chicas que se le lanzaban, y yo era


una más en una larga lista de disponibles “groupies” adolescentes. No me
dedicaría otro pensamiento una vez que nos separáramos.

Me pareció duro tener que lidiar con esto, porque en algún lugar de
ese beso, mis sentimientos habían surgido, vibrantes y fuertes.
Desesperadamente fuertes. A medida que decía sus líneas para mí, apenas
podía concentrarme en sus palabras. Seguí perdida en la curva de su
mandíbula, la forma en que sus ojos tenían un poder para hablar por si
solos, y el movimiento de sus labios.

Había sido capaz de hablar con él tan fácilmente. Le había contado


todo sobre a mí. Estar con él me hizo sentir como si todo fuera a salir bien.
No quería renunciar a eso. No quería volver a estar sola, otra vez.

Había estado contando los minutos hasta llegar a Henderson. Ahora


los contaba por una razón diferente. No quería que se acabaran.

Llegamos al punto culminante del guión, donde Robin Hood


finalmente se encontraba con Lady Marion y esta se daba cuenta de que
era él y no el partidario de Sir Guy siguiéndola. Mientras corría a través
del bosque, él se abalanzaba de un árbol y la tomaba entre sus brazos. Al
principio ella trataba de luchar contra él, pero luego él la llamaba por su
nombre y ella dejaba de luchar y ponía sus brazos a su alrededor.

—Robin —decía yo a Steve, tratando de imitar a la angustiada Lady


Marion con la mejor voz que pude—. Eres tú.

Él me dio la sonrisa de Robin Hood.

—Por supuesto que soy yo. ¿Se te olvidó que te invité a nuestra
fiesta del Primero de Mayo? No pensaste que iba a permitir que evitaras la
invitación tan fácilmente, ¿verdad?

—Oh, Robin... Yo pensaba que... y luego... estaba tan asustada. —


Era este tipo de diálogo el que me daba ganas de abofetear a Lady Marion,
pero leí la línea de todos modos.

—No necesitas tener miedo. —Se acercó a mí, su voz


intencionalmente tierna—. Eres más fuerte de lo que piensas.

Alcé la vista de la PDA.

—Esa no es la línea.

—¿Qué?

—La línea es: No necesitas tener miedo, no mientras tenga algo que
decir al respecto.
—Debería ser de la otra manera —dijo, y entonces supe que en
realidad la lectura de la línea era para mí y no para Lady Marion. Esto
debería haber hecho que me sintiera mejor, pero no lo hizo. Yo no quería
ser fuerte, quería ser consolada.

Bajé mi mirada hacia el PDA y esperé a que él dijera su línea de la


manera correcta.

—¿Qué sucede después de la línea? —preguntó.

Escaneé a través de la dirección de escena.

—Besas a Lady Marion.

Él asintió con la cabeza como si se sumara una lista de tareas


mental.

—No necesitas tener miedo, no mientras tenga algo que decir al


respecto.

Luego se inclinó y me besó.

Me quedé helada. Por un momento, no le devolví el beso. No quería


ser una práctica de Lady Marion, y me negué a ser solo otra de sus
groupies adolescente disponibles. Pero eso solo duró un momento y luego
me apoyé en él. Era estúpida o estaba enamorada. Probablemente ambas
cosas.

Unos faros se aproximaron detrás de nosotros, y nos alejamos.

—¿Cómo está eso en sincronización? —preguntó Steve con un


sonrisa. No esperó mi respuesta antes de abrir la puerta del auto y salir.

Por un momento me senté en el auto, mirando al frente y tratando


de ordenar mis pensamientos. Entonces lo seguí. Tuve que hacerlo. No sé
qué se supone que debía hacer cuando remolcan un auto.

Steve y el conductor de la grúa estaban junto al camión. Eran de la


misma altura, pero el conductor era el doble de ancho. Él negó con la
cabeza, una gorra de béisbol cubría sus canas y cola de caballo. Su barriga
sobresalía más que un poco de sus vaqueros, y todo lo que podía pensar
era que Steve no me obligara a sentarme al lado de este tipo.
—Son cincuenta dólares por venir aquí y cuatro dólares por cada
kilómetro y medio después de eso. —Mientras hablaba, masticaba algo.
Pensé que era goma de mascar hasta que escupió parte de ello. Era tabaco
de mascar. Apuesto a que el interior de la cabina era un desastre—.
¿Tienes una tarjeta de crédito, niño?

Steve le entregó cincuenta dólares de su dinero en efectivo.

—Tengo el dinero para pagar el resto, pero no aquí. No he traído mi


cartera conmigo, pero cuando lleguemos de vuelta a su tienda, haré que
mi asistente personal le pague el resto.

El conductor dejó escapar un resoplido.

—¿Tu asistente personal? ¿Por qué? ¿No será tu hada madrina?


¿Cuántos años tienes, chico?

Me acerqué, pero Steve no me miró. El conductor lo hizo, sin


embargo. Su mirada pasó por encima de mí en una forma que no me
gustó.

Steve dijo: —Tengo el dinero. Soy Steve Raleigh.

El conductor mordió el tabaco sin mostrar ningún reconocimiento.

—El actor —dijo Steve.

Todavía no había señal de reconocimiento.

—Ustedsabe, Teen Robin Hood.

El conductor movió su portapapeles hacia abajo y asintió hacia Steve


una vez más.

—Correcto —dijo sin emoción—. No lo reconocí sin todos los


MerryMan.

—Así que ya sabe que puedo pagar el resto de la carga. Ahora bien,
si puede solo tomar mi auto…

El hombre dejó escapar un suspiro de contrariedad.

—¿Tienes tu nombre en el registro del auto?


—Bueno, no, en realidad, el auto es del estudio.

—Y déjame adivinar, no tienes licencia de conducir, ¿o sí?

—No conmigo.

El conductor empujó el dinero de Steve en el bolsillo de su pantalón.

—Así que lo que me estás diciendo es que estabas conduciendo


temerariamente con tu novia en un auto que no es tuyo. Te metiste en
problemas, y ahora quieres que te lleve de regreso al pueblo, pero ha sido
una concurrida noche, y tengo cosas que hacer además de esperar al
Sheriff de Nottingham porque al aparecer tengo un robo de auto en mis
manos. También mucho papeleo.

Las palabras de Steve salieron en un gruñido.

—No es robado. Soy quien digo que soy.

—Lo es —agregué.

Pero el hombre se devolvió y se dirigió a su camioneta.

—He visto la publicidad. Robin Hood tiene el cabello rubio.

—¡Es una peluca! —grité, pero él ya había subido en el cabina y


cerrado la puerta. Me volví a Steve—. ¿Por qué no…

Él Levantó una mano para cortarme.

—No. No vamos a saltar en la parte trasera de la camioneta o lo que


sea la descabellada idea que acaba de entrar en tu cabeza. —Tomó mi
mano como si fuera a enfatizar el punto y me alejó unos pasos de los
vehículos—. No soy realmente Robin Hood, y tampoco tú. En la vida real, a
veces tienes que aceptar los reveses.

—Yo iba a decir: ¿Por qué no buscamos tu traje que está en parte de
atrás del auto y se lo mostramos?

Steve dejó escapar un gemido y dejó caer el brazo, pero ya era


demasiado tarde. La grúa se había retirado a distancia. Steve entró de
nuevo al auto, murmurando airadamente. Me fui tras él, y los dos subimos
al auto.
—¿Dónde están los paparazzi cuando los necesitas? —se preguntó—.
Se presentan en cada ocasión especial y acontecimiento mundano, pero no
cuando el conductor de la grúa no te reconoce.

Me recosté en mi asiento, acomodé su chaqueta a mí alrededor y la


apreté más contra mí.

—Sí, si uno se presenta ahora nos podría dar un aventón.

Eran las nueve y media. Y aún seguía estando a casi una hora y
media de distancia de mi casa.

Steve cogió su PDA desde el asiento y lo encendió. Miré por encima


para tratar de ver lo que estaba haciendo.

—¿Estás llamando a otra compañía de remolque? Uno de ellos debe


estar obligado a saber quién es quién en Hollywood.

—Voy a llamar a quien debí haber llamado en primer lugar.

—¿A quién?

—Mi hermano.
Capítulo 14
Traducido por Little Rose y Vannia

Corregido por Mari NC

F
ue una llamada corta, al grano, y cuando Steve colgó, no podía decir
cuál era la reacción de su hermano ante la situación. Steve dijo: —
Mi hermano está por llamar a una compañía de remolques, y nos
intercambiará su auto. Desafortunadamente, pasarán cincuenta minutos
hasta que llegue. Vienen de Apple Valley.

—Pensé que no te llevabas mucho con tu familia.

—Solo con mis padres. Mi hermano y yo todavía hablamos a veces.

Su voz dio a entender que había quedado mucho sin decir, pero no
lo presioné.

—Tengo unos correos electrónicos que ver —dijo—. Mejor intenta


dormir. Aún tenemos una noche larga por delante.

Sabía que no sería capaz de dormirme. Después de todo, solo eran


las nueve y media, y normalmente me cuesta dormirme en mi propia
cama. Aun así, recliné el asiento del copiloto y cerré los ojos.

Me gustaba estar junto a Steve. Oírlo moverse me reconfortaba.


Parecía tan concentrado, tan concreto. Cerré los ojos y lo vi en mi mente
como lo había visto tantas veces en la televisión, rodeado de árboles y luz
solar. Sonreía con una confianza contagiosa. Como Robin Hood, podía
hacer cualquier cosa y sabía todo.

Abrí los ojos y vi su perfil, hermoso, perfecto, y concentrado en su


PDA.

—¿Cuál crees que es el sentido de la vida? —le pregunté.

Me miró, sus ojos cálidos, pero sin la seguridad de Robin Hood.

—No lo sé. Quizás sea diferente para todos.


Eso era decepcionante. La visión del Robin Hood que todo lo sabía se
difuminó. La mirada de Steve pasó de su PDA a mi rostro.

—¿Y tú cuál crees que es el sentido de la vida?

Ese era el problema. Ya no lo sabía.

—Mi abuela Truman solía decir que era hacer del mundo un mejor
lugar. Dijo que a todos se nos habían dado dones para hacer feliz a las
personas. Siempre planeé convertirme en, no lo sé, una abogada defensora
o una detective o algo, porque puedo descifrar bien a las personas. Pensé
que así podría hacer del mundo un mejor lugar.

—¿Ya no lo crees?

—Quizás Jeremy nunca tenga la oportunidad de utilizar sus dones


para mejorar al mundo. No todos lo hacen. ¿Entonces cómo puede ser ese
el propósito de la vida?

No respondió. Su expresión era ilegible en la oscuridad, finalmente


dijo: —No tengo ninguna respuesta. Ni siquiera soy un buen modelo a
seguir. Tú quieres usar tus talentos para mejorar el mundo. Yo solo he
usado los míos para hacer dinero.

—Tu actuación hace feliz a la gente.

—No hablaba de actuar. Tomo clases de negocios cuando el show


termina. He hecho algunas inversiones, y ser capaz de descifrar a las
personas ayuda durante los tratos. Sé cuando están decididos, cuándo
pueden bajar el precio… —Se cortó en medio de la frase—. Quizás tienes
razón. No soy muy parecido a Robin Hood. No creo que a Robin alguna vez
le importaran las tasas de interés ni los márgenes de ganancia.

Más para mí misma que a él, dije: —¿Por qué la vida no puede ser
como en tu programa: pulcra y con los tipos buenos ganando al final? ¿Por
qué esas historias no son reales?

Se estiró y quitó un mechón de cabello de mi rostro, un toque


pequeño, pero de consuelo.

—Algunas son reales. Y muchas que no lo son siguen siendo verdad.

—¿Cómo puede ser verdad algo que no es real?


Su voz se volvió más suave.

—Puede ser que Robin Hood no haya existido. Quizás nunca hubo
una banda de MerryMen en el Bosque de Sherwood que esperaban que
volviera el Rey Ricardo. Pero me gustaría pensar que ocurrió. Lo hemos
visto en otros tiempos y lugares. Algunas personas defienden lo que está
bien, algunos protegen a los indefensos, algunos pelean por lo que es
justo… y eso es lo que hace que la historia de Robin Hood sea verdad.

No real pero verdadera. Me gusta el pensamiento.

Volví a cerrar los ojos, volviendo a la imagen de Robin Hood. En mi


mente me vi con él, el mítico Robin Hood, y después me dormí.

***

Soñé que caminaba con Robin Hood en un bosque luminoso. Pero mis
sueños nunca son luminosos mucho tiempo. Eventualmente el bosque se
volvió oscuro, y caminaba sola. Incluso los pájaros dejaron de cantar, y
sabía que la muerte estaba ahí, escondida entre los árboles, tomando toda
la vida con su manto. Me encontraría pronto.

Entonces oí voces a mi alrededor: Steve y alguien más, y recordé que


estaba en el auto, pero demasiado adormilada para moverme.

Una voz que se parecía a la de Steve, pero no lo era, dijo: —Veo que
tienes una chica nueva. ¿Qué pasó con la otra?

—¿Cuál otra? —preguntó Steve.

—No creo que realmente importe, ¿verdad?

Ahora estaba totalmente despierta, pero no me moví. No quería que


supieran que los estaba oyendo hablando de mí.

Steve dijo: —Rompí con Karli hace un par de meses.


—Supongo que no sigo muy de cerca los titulares. Pensé que tenías
algo con la chica Lady Marion.

—Eso es solo publicidad. —Sentí a Steve inclinándose a mí para


sacudirme suavemente—. Annika, mi hermano ha llegado. Es tiempo de
irnos.

Abrí los ojos y parpadeé por la luz. La puerta estaba abierta, y


entraba por ella una ráfaga de viento. Cuando mis ojos se adaptaron, lo vi.
Su cabello era más claro y era unos centímetros más bajo que Steve, pero
el parecido era sólido. Tenía la misma quijada y los mismos ojos marrón
suave. Incluso tenía la misma sonrisa.

Steve me ayudó a bajar. Me miré en el espejo retrovisor cuando lo


hacía. Mi cabello estaba tieso y rebelde, como si acabara de salir de la
jungla.

—Este es mi hermano, Adam. Nos dejará usar su auto.

—Hola —le dije, con la voz pesada por el sueño.

Adam caminó hacia su auto, una especie de deportivo, que no podía


identificar y estaba muy cansada para que me importara. Sacudió la
cabeza.

—Puedes usar el auto, pero no hasta que vengas a casa y pases la


noche donde mamá y papá.

—Ese no fue el trato —dijo Steve.

—Es demasiado peligroso conducir de noche. —Adam abrió la puerta


y se sentó al volante—. Te dormirás manejando.

—Son solo las diez y cuarto —dijo tensamente Steve.

—Pero será mucho más tarde cuando estés volviendo a California.


¿Quieres usar mi auto o no?

Steve avanzó un paso hacia su hermano.

—Yo lo pagué, sabes.


—Sí, y pusiste el título a mi nombre. —Adam cerró la puerta, pero se
inclinó por la ventana—. ¿Qué? ¿Crees que dormir bien por una noche te
matará?

Steve se cruzó de brazos.

—Mama y papá no querrán que pase la noche.

—Sí lo hacen. Además, serán más de las once cuando lleguemos, por
lo que estarán dormidos.

Sabía que Adam estaba mintiendo. Probablemente Steve también.


Dije: —Tenemos que ir a Henderson ahora. Steve debe estar en el estudio
en la mañana.

Steve miró su reloj con resignación.

—Jeremy está dormido. Y aunque llegáramos allí, no querrías que lo


despertara a medianoche para enseñarle a usar un arco y una flecha.
Dormiremos unas horas y llegaremos temprano en la mañana. Llamaré al
estudio y les pediré grabar en la tarde.

Steve avanzó otro paso hacia el auto, pero no me moví.


Técnicamente su obligación de once horas ya habría concluido en ese
entonces. Esperaba que eso no le importara. Se volvió y tomó mi mano.

—Vamos Annika, estás temblando. —Lo dejé meterme en el auto y


llamé a mis padres para explicarles.

No estaban felices por el nuevo giro de las cosas. Mi papá seguía


diciendo que conduciría y me recogería, y yo seguía señalando que estaría
mejor en lo de Steve que sentada junto a la ruta por una hora y media
esperándolo.

—¿Quieres que te deje ir a casa de unos desconocidos? —dijo papá.

Lo que me molestó a nombre de Steve. Después de todo estaba


gastando tiempo y esfuerzo en ir a visitar a Jeremy, quien era un
desconocido para él. Pero no podía decirlo con Steve sentado en el auto
frente a mí.

—Steve es un buen tipo —susurré en el teléfono—. Esta es una de


esas cosas de criterio en las que debes confiar en mí.
Hubo una larga pausa y después papá dijo: —Solo hay una razón
por la que no estoy en el auto en este momento: confío en tu criterio. —
Otra pausa—. Pero igualmente quiero que me llames cuando llegues a la
casa.

Eso me hizo sonreír. —Lo haré. Y estaremos en casa primera hora en


la mañana.

—Más te vale. Es nuestro día para pasar con Jeremy.

No tenía que recordarme eso. Todos íbamos a dejar la escuela y el


trabajo para pasar el último día antes de la operación con Jeremy.

—Allí estaré —le dije—. Y llevaré su sorpresa especial.

El viaje a la casa de los Raleigh fue tranquilo. Me senté en el auto


deseando que no estuviéramos deshaciendo camino en la I-15. Steve y
Adam charlaron, poniéndose al día, pero de una manera formal. No sabía
qué pensar de Adam. Parecía estar resentido y admirar a su hermano al
mismo tiempo, y no sabía cómo dos emociones tan contradictorias podían
estar juntas.

Finalmente, cuando el reloj marcaba las once, llegamos a una gran


casa de piedra franqueada a ambos lados por Palo Verdes. La luz del
porche brillaba levemente contra la puerta principal, opacada por las luces
interiores. Adam metió el auto en el gran garaje con espacio para cuatro,
salió y tomó la mochila de Steve.

—Parece que alguien está levantado, después de todo. —Adam


intentó fingir sorpresa, pero no le salió. Sabía que nos había traído porque
quería un rencuentro de Steve con sus padres. Adam se colgó la mochila
por el hombro y entró sin siquiera volverse a vernos.

Steve y yo salimos del auto. Puso su mano en mi espalda,


guiándome hacia la puerta, pero lo hizo tan tensamente que me pregunté
si me estaba usando de escudo.

Caminamos a través de un cuarto de lavado hacia una cocina


brillante. Un piso de madera se extendía ante nosotros. Nada estaba fuera
de lugar ni abarrotado en los aparadores, seguramente una cocina no muy
frecuentada por niños de seis años. Lo asimilé todo por un momento, luego
me volví hacia los padres de Steve. Estaban sentados en una mesa
elegante esperándonos.

No sé que había esperado. Quizás gente lo suficientemente


glamorosa para haber dado a luz a una estrella de televisión. Pero se veían
como unos padres normales. El señor Raleigh era alto y bastante delgado.
Nos sonrió, pero tenía una expresión seria. La señora Raleigh tenía el
cabello rubio que se veía perfecto incluso a esta hora, y tenía rastros de
maquillaje. Solo el peso de más que tenía le evitaba ser perfecta. Pero la
suavizaba y parecía abrazable. Aunque Steve solo les hizo un gesto con la
cabeza.

—Mamá, papá.

Su madre se levantó y caminó hacia nosotros, con la mirada


pasando de Steve a mí. Al parecer no sabía qué hacer con sus manos.

—Hola Steven. —Posó en mí sus ojos—. ¿Vas a presentarnos a tu


amiga?

Aunque podía sentir la tensión de su cuerpo, la voz de Steve sonó


casual.

—Esta es Annika Truman. Estábamos conduciendo a su casa en


Nevada cuando tuvimos problemas con el auto…

Pasó la mirada a su hermano que estaba inclinado contra la mesada.

—Llamé a Adam, quien insistió en que pasáramos aquí la noche.

La señora Raleigh forzó una sonrisa.

—Oh, vas a conocer a sus padres. Entonces debe ser algo serio. —
Me examinó más a fondo—. Bueno, me alegro de que también podamos
conocerla, incluso si solo es porque el auto se rompió…

—No es así… —dijo Steve.

Rápidamente añadí.

—No vamos a mi casa para que conozca a mis padres. Solo ira a
conocer a mi hermanito pequeño. Jeremy es un gran fanático de su show,
y van a operarlo el viernes. Steve accedió a venir a charlar con él un rato.
—Oh. —Sonaba muy amable—. Vas a pasar tiempo con el hermano
de Annika. Qué lindo. —Lanzó una mirada furtiva a Adam, supongo que
para ver si él veía el desaire.

—Mi hermano tiene seis años —dije. Sentía que estaba metiendo
datos al azar en la conversación, pero quería aclarar que no era posible
que fuera ninguna especie de rival para Adam.

Entonces nadie dijo nada. Casi podía saborear la tensión en el


cuarto. El señor Raleigh estaba sentado en silencio, mirando a su hijo.
Adam pasaba la vista de su padre a su hermano, mirándolos con
esperanza y reproche. Quería que algo pasara; no sé qué. La mamá de
Steve ni siquiera lo miraba, seguía examinándome. Aún no había decidido
si le agradaba o no.

No podía ver la expresión de Steve porque estaba detrás de mí, pero


silenciosamente lo maldije por no advertirme cómo debería actuar. Había
esperado que les dijera a sus padres que acababa de conocerme, pero no
dijo nada sobre mí. Ni de nada más de hecho.

Aparentemente era la única que no estaba cargada emocionalmente,


por lo que yo debería hablar.

—Gracias por dejarnos quedarnos aquí —le dije—. Realmente lo


apreciamos.

—De nada —dijo la señora Raleigh—. Nuestro hogar siempre está


abierto para ustedes. —Sonrió al decirlo, pero sabía que era una acusación
más que una invitación. Estaba dolida porque él no había ido por voluntad
propia—. Entonces, ¿hace cuánto están saliendo?

Steve dijo: —No mucho. —Y puso su mano en mi espalda otra vez—.


Miren, es tarde, y Annika está cansada. Por qué no le dan el cuarto de
huéspedes, yo dormiré en el sofá.

El señor Raleigh finalmente habló:—¿No te hemos visto en tres años


y quieres que nos vayamos a la cama?

Steve suspiró.

—Tienes que trabajar en la mañana. Me imaginé que preferirías


dormir, pero si quieres hablar, de acuerdo. ¿De qué quieres hablar?
La señora Raleigh avanzó un paso hacia su marido.

—Todos estamos cansados. Nos sentiremos mejor después de una


noche de un buen sueño. —Se volvió hacia mí—. Te mostraré el baño, y
podrás ponerte tu pijama.

—En realidad, no tengo.

La señora Raleigh alzó las cejas por lo que añadí: —Planeábamos


llegar a mi casa antes de la hora de dormir. Tengo ropa allá.

—Oh. —La Sra. Raleigh dejó escapar un suspiro de alivio—. Tengo


un camisón que puedes tomar prestado, entonces. Por qué no me das tu
ropa para que la lave y esté limpia para mañana. —Recorrió mi atuendo
con una mirada crítica, y se detuvo en la camiseta de Steve. Se la quedó
mirando, y me pregunté si la reconoció.

—En realidad, ésta no es mi ropa. Solo la tomé prestada de Steve. —


Lo cual era algo malo para decirle a la madre del chico. Sus cejas se
alzaron de nuevo—. Pero solo porque era una monja. Y… no podía irme a
casa en un hábito de monja…

Las cejas de la Sra. Raleigh siguieron alzadas.

—Supongo que no.

Adam miró a Steve con asombro.

—¿Estás corrompiendo monjas?

—No es una verdadera monja —dijo Steve—. Estaba actuando en el


programa.

—Salimos para Nevada realmente pronto —añadí—, y el


departamento de vestuario había enviado mi ropa a lavar.

—¿Entonces eres una actriz? —preguntó la Sra. Raleigh.

—No, no realmente. Bueno, más o menos. Fui un extra


temporalmente. —Para este momento, me imaginé que no la tranquilizaría
si le decía que era una estudiante de preparatoria que había entrado a
escondidas al set para acechar a su hijo, por lo que no ofrecí esa
información.
Ella no insistió al respecto. En cambio me sonrió y me indicó que la
siguiera.

—Te traeré algo para que te pongas. Ya tendremos tiempo en la


mañana para hablar. Me podrás decir cómo es que tú y Steve se
conocieron.

La seguí fuera de la cocina pero le lancé una mirada preocupada a


Steve. No iba a decirle a su madre cómo nos conocimos, y no quería que él
le dijera, tampoco.

Steve se encogió de hombros y me sonrió, lo cual no era alentador.

Seguí a la Sra. Raleigh a través de la casa y me detuve en la puerta


de su dormitorio mientras ella buscaba en un cajón del tocador
murmurando: —Ése no… te congelarías con éste…

Mientras la Sra. Raleigh esculcaba entre sus camisones, miré las


cosas sobre su tocador: una foto en un portarretratos dorado de Adam, un
arreglo de flores, un joyero, y candelabros de adorno. En mi casa, los
únicos candelabros que teníamos estaban abandonados en un cajón en
caso de que la electricidad fallara. Por fin la Sra. Raleigh encontró un
camisón que consideró adecuado. Tomó una prenda de franela doblada del
cajón y caminó hacia mí.

—Esto estará perfecto para ti. La abuela Nora lo hizo para mí hace
años, pero nunca lo he usado.

Y tan pronto como lo desdoblé, la razón se hizo evidente. No solo


estaba hecho de franela de resistencia industrial —me refiero a que,
honestamente, podría haber sido usada para una línea de sacos de
dormir— volantes de encaje subían y bajaban en la parte de enfrente.
También tenía volantes que rodeaban el cuello alto y las mangas. Se veía
como algo que una institutriz exploradora usaría.

Luego, la Sra. Raleigh encontró un cepillo de dientes para mí, me


mostró el baño, y luego esperó en el pasillo a que me cambiara para que
pudiera llevar a lavar mi ropa.

—Puedo encontrar algo en mi armario para que uses mañana si lo


prefieres —dijo.
Le entregué la pila de ropa.

—No hay problema. Lo de Steve está bien. —Después de ver su


elección de camisón, no iba a confiar en ella para que me escogiera ropa.

Me metí a la cama en la habitación de huéspedes y traté de dormir,


pero mi mente continuaba repitiendo la escena de la cocina, volviendo a
examinar la conversación. Pensé en lo que triste que estaría si llegara a
casa y no me sintiera bienvenida.

Escuché voces viniendo de la habitación principal. Aunque eran


silenciosas, pude captar las notas de dureza en la conversación. Los
padres de Steve no estaban felices. ¿Haber visto a Steve los había
molestado, o simplemente estaban heridos de que él no los hubiera
saludado más cálidamente?

Las voces en la habitación de Adam llegaban más claras. Él y Steve


hablaban de forma más natural de como habían hecho en el auto, tal vez
porque yo no estaba ahí. De vez en cuando escuchaba la voz de Adam,
alegando, pero no pude entender lo que decía, a excepción de una vez.
Steve dijo, como haciendo una observación: —No vi ninguna foto reciente
de mí colgando en las paredes.

—Ellos no necesitan colgar fotos tuyas en las paredes —dijo Adam—.


Estás en las repeticiones todas las noches de la semana. Nunca se pierden
tu programa.

Luego las voces se suavizaron nuevamente en murmullos


irreconocibles.

Es difícil relajarse cuando se está en medio de la tensión de alguien


más. Y es aún más difícil dormir cuando sabes que la Muerte podría estar
esperándote al borde de la conciencia.

Pensé en mi historia para Jeremy y traté idear un final que a él le


gustaría. ¿Cómo se conseguía salir del inframundo? ¿Cómo se podía ser
más astuto que la muerte? Le di vueltas a mi imaginación, viajando al
abismo cavernoso de la otra vida. Palpé las paredes, buscando grietas.
Solo tenía mi arco y mis flechas, una bandada de cuervos —lo que puede o
no ser de utilidad— y mi ingenio. Con este pequeño arsenal, tenía que
averiguar la forma de traer a Jeremy de regreso a casa conmigo.
Era como uno de esos enigmas en los que no puedes quebrarte la
cabeza lo suficiente para hallar la respuesta. O quizá no existía una
respuesta en absoluto. Si la muerte pudiera ser engañada, seguramente
alguien más inteligente que yo ya habría averiguado la manera.

Entonces un pensamiento peor me vino: ¿Cómo es que cualquier


cosa que hayamos hecho en vida importaba cuando al final todos
moriríamos de todas formas?

Nunca me quedaría dormida a este paso. Salí de la cama. Bien


podría conseguir un vaso de agua para aclarar mi mente e intentarlo de
nuevo.

Las voces se habían detenido en ambas habitaciones, así que no


esperaba encontrarme con nadie en el pasillo, pero Steve salió del baño
mientras yo pasaba.

Me miró de arriba abajo. —Veo que mi madre trató de hacerte sentir


cómoda proporcionándote un camisón que una monja aprobaría.

Se dio vuela para caminar a mí alrededor, por lo que me paré frente


a él y bajé la voz.

—No sé lo que se supone tengo que decirle a tu familia mañana. De


hecho, no sé lo que se supone tengo que decir en absoluto.

Su voz se convirtió en un susurro.

—Nos iremos temprano, y no va a haber tiempo para mucha


conversación. Te levantaré a las cinco y media, ¿de acuerdo?

Debí haberme sentido aliviada, pero no fue así. Solo pensaba en la


forma en que los ojos de la Sra. Raleigh habían reflejado dolor cuando dijo
“Nuestro hogar siempre está abierto para ustedes”.

—¿Tus padres quieren hablar contigo y tú te irás antes de que


siquiera tengan la oportunidad?

—Tenemos que llegar a tu casa a una hora decente. Está a dos horas
y media conduciendo.

Él hizo un ademán como si fuera a rodearme, y cambié de posición


para que no pudiera hacerlo.
—¿Por qué no quieres hablar con ellos?

Me miró de frente, su expresión repentinamente cansada, y se frotó


la nuca.

—¿Qué es lo que ya sabes? ¿Qué dice el internet?

—Que presentaste una demanda en la corte cuando tenías dieciséis


años para que se te considerara un adulto porque no querías que tus
padres gastaran tu dinero.

Él dejó escapar un suspiro, miró por el pasillo hacia el dormitorio de


sus padres, y luego me metió al baño. Incuso después de que cerrara la
puerta, él mantuvo la voz baja.

—No es que yo no los quisiera gastando mi dinero, fue solo que… —


Dejó escapar otro suspiro—. ¿Recuerdas que te dije que hice mucho dinero
cuando era un niño?

Asentí.

—Hice más de tres millones de dólares cuando llegué a los dieciséis,


pero mis padres habían gastado casi todo. No dejaban de comprar lindas
casas, y lindos autos. Yo dije que lo quería invertir, así que ellos
compraron joyas y obras de arte, lo cual podría haber funcionado si es que
alguno de ellos hubiera sabido de joyería y arte. Pero no sabían.
Simplemente les gustaba vivir como millonarios.

»Los niños actores suelen tener carreras cortas. Robin Hood es


popular ahora, pero las modas pasan rápidamente, y hay una gran
posibilidad de que yo pase de moda a los veintiún años. Cuando conseguí
el papel de Robin Hood, traté de hablar con ellos sobre manejar mis
finanzas, pero eso no cambió nada. Así que hablé con los abogados del
programa.

Sacudió la cabeza e hizo una mueca.

—Si alguna vez quieres tomar una mala situación y convertirla en


horrible, solo añádele un par de abogados. Yo solo quería algo de control
sobre cómo se estaba gastando mi dinero, pero mis padres no lo vieron de
esa manera. Mi papá me dijo que si me sentía de ese modo, entonces podía
salirme de su casa y vivir por mi propia cuenta. —Steve se apoyó contra el
mostrador y miró más allá de mí hacia la nada—. Así que lo hice. Y ellos se
mudaron aquí, y no nos hemos hablado desde entonces.

—¿Has intentado hablar con ellos?

Me lanzó una mirada para mostrarme que claramente me había


perdido el punto de su historia.

Dije: —¿Entonces ahora tienes tu dinero, pero perdiste a tu familia?

Él se enderezó, recordándome con ese simple movimiento lo alto que


era.

—¿Crees que debería haber dejado que mis padres lo gastaran todo?

—No, ¿pero no deberías haber intentado hacer las paces? ¿No los
amas?

Apretó la mandíbula.

—Nunca fue sobre no amarlos, pero después de que los abogados se


involucraron, mis padres me trataron como a un extraño. —Extendió su
mano hacia mí como para ofrecer pruebas—. En los cinco minutos que
acabo de pasar con ellos, mi padre no pudo decir nada bueno, mi madre
lanzó una acusación tras otra, y mi hermano piensa que estoy
corrompiendo monjas. —Las comisuras de su boca se inclinaron hacia
arriba mientras lo decía, como si no pudiera mantener la ira en su rostro
ante tal sugerencia.

Volví a verlo fijamente. Yo no había hecho nada el último mes más


que preocuparme por mi familia cayéndose a pedazos, y él y sus padres se
habían alejado entre ellos. Parecía un desperdicio.

—Así que tomas represalias negándoles a que formen parte de tu


vida.

—Eso no es verdad.

—No les dices nada de lo que está pasando contigo, ¿verdad?

—No tengo que hacerlo. Para eso está la revista People.


Puse una mano en mi cadera, inmediatamente envolviendo la
franela.

—Ni siquiera les dijiste la verdad sobre nosotros.

Se encogió de hombros. —Me preguntaron por cuánto tiempo


habíamos salido. ¿Qué quieras que hiciera, que revisara mi reloj y dijera
“cerca de seis horas y media”?

Le lancé una mirada incrédula.

—¿Consideras que esto es una cita?

Él se inclinó sobre el mostrador con los brazos cruzados y evitó la


cuestión.

—Te compré la cena. Te besé.

—Fue un yogurt y un ponqué de la estación de servicio, y estabas


pretendiendo que yo era Lady Marion cuando me besaste.

—Te besé antes de eso.

—No, yo te besé antes de eso.

Dejó escapar un gruñido exasperado y cerró la distancia entre


nosotros.

—Bueno, está bien. ¿Cuenta esto?

Antes de que me diera cuenta de lo que estaba haciendo él puso sus


manos sobre mis hombros, se inclinó, y me besó. Algunas personas harían
cualquier cosa para ganar una discusión. No debería haberlo dejado. Debí
haberlo alejado y acusado por tratar de corromper monjas de nuevo. Pero
no lo hice. Envolví mis brazos en su cuello, le devolví el beso, y sentí que
los latidos de mi corazón se duplicaban.

Finalmente él levantó la cabeza y me sonrió.

—Muy bien —dije—. Eso cuenta, pero aun así no cambia el hecho de
que no estás tratando de resolver las cosas con tu familia.

Él dejó escapar un gruñido y se apartó de mí.


Lo vi distanciarse.

—Yo pagaría cualquier cantidad de dinero para seguir teniendo una


relación con mi hermano cuando tenga diecisiete años. Tú puedes tener
eso si quieres. Piensa en lo que estás perdiendo.

Nos miramos en silencio por un momento. Sus ojos seguían siendo


duros. No lo había hecho cambiar de opinión. Él pasó una mano por su
cabello.

—Mira, es tarde. Ambos necesitamos dormir.

Mientras él pasaba a mi lado, dije: —Después de ir a Henderson,


¿nos volveremos a ver otra vez?

Hizo una pausa en la puerta.

—Me gustaría.

—A mí también me gustaría. —Le sonreí, a pesar de que su


afirmación fue menos que decisiva.

Él dijo buenas noches, y cada quien tomó su camino. La frase “Me


gustaría” hizo eco en mi mente todo el camino de vuelta a mi habitación.

Me gustaría. Y también me gustaría viajar por el mundo. Me gustaría


ganar una medalla de oro en tiro con arco. Me gustaría volar. Me gustaría
salvar la vida de mi hermano.

Él era una gran estrella que podía elegir a su actriz estrella de


Hollywood, y yo era una don nadie de Nevada. No, era peor que un don
nadie; era cristal roto. ¿Por qué él me elegiría a mí cuando había mujeres
como Esme y Karli pelando por él? Dudaba de que fuera a verlo alguna vez
de nuevo después de mañana.
Capítulo 15
Traducción SOS por alexiia☮♪, Little Rose y Poker

Corregido por Niii

M
e tomó un tiempo conseguir dormir, pero si soñé con la Muerte
no lo recordaba. La siguiente cosa que supe; la Sra. Raleigh abrió
la puerta del dormitorio. Puso la pila de mi ropa en el vestidor, y
yo parpadeé en la tenue luz que entraba por un espacio entre las cortinas.

—¿Qué hora es?

—Casi las siete. Pensé que querrías tu ropa cuando despertaras.

—¿Siete? —Salí de la cama tan rápido que estuve momentáneamente


mareada.

Traté de hacer los cálculos. Si estábamos a dos horas y media de


distancia de Henderson, y luego pasara media hora con Jeremy… Steve no
iba poder llegar a las dos. Tendríamos que apurarnos en ambas cosas.

—¿Dónde está Steve? —pregunté—. ¿Está listo para irnos?

—Oh, no, él acaba de salir de la ducha. Ni siquiera ha desayunado


todavía. Estoy haciendo panqueques y huevos.

—Eso es muy amable de su parte, pero Steve quería salir temprano.


—Agarré la ropa del armario. Tenía que cambiarme, y no podía hacerlo con
ella parada en la habitación.

Se acercó a las cortinas y las abrió por completo.

—Creo que tiene cosas que hacer en el estudio. Los llamó esta
mañana. —Había una ligereza en su paso que no había estado allí la noche
anterior, y su voz sonaba feliz—. Dijo que un gran desayuno estaba bien.
Estará hecho en el momento en que salgas de la ducha.
Me di una ducha rápida y me apresuré a cambiarme de todos
modos. Era extraño verme con el cabello castaño en el espejo, como si ni
siquiera mi reflejo estuviera seguro de quién era yo.

Cuando entré en la cocina, toda la familia estaba sentada alrededor


de la mesa comiendo. Parecían muy tranquilos. Si no hubiera sido parte de
la escena en la cocina la noche anterior, no me hubiera enterado que no se
llevaban bien.

La Sra. Raleigh le extendió una jarra de jugo de naranja a Steve.

—¿Quieres más?

Él untó un poco de mantequilla en su panqueque.

—No, gracias. Estoy bien.

Un asiento vacío me esperaba, pero no lo tomé. En lugar de eso


llamé la atención de Steve: —¿Tenemos tiempo para comer?

Hizo un gesto a la silla.

—Todo está bien. Siéntate y toma el desayuno.

—Sí —agregó Adam—, no vamos a dejar que te vayas hasta que nos
digas cómo conociste a Steve.

—Steve no nos quiere decir —La Sra. Raleigh aclaró con una sonrisa
encantadora que me recordó a la de su hijo—. Dijo que tendríamos que
escuchar la historia de ti.

Me senté.

—¿Lo hizo?

La Sra. Raleigh me pasó el plato con los panqueques, y tomé uno.


Me alegré de que Steve estuviera hablando con sus padres, pero estuve
menos que emocionada por su elección de tema. Me serví un vaso de jugo
de naranja.

—¿Así que se conocieron en el rodaje de Robin Hood? —preguntó el


Sr. Raleigh.
Eché un vistazo a Steve. Él tomó un bocado de sus huevos para no
tener que hablar. Ya que probablemente nunca iba a ver a estas personas
de nuevo, decidí que podía perfeccionar la verdad.

—En realidad, no. Nos conocimos en un concurso de tiro con arco.


Le gané a Steve, por cierto.

—¿Venciste a Robin Hood? —Adam se río mientras partía por la


mitad su panqueque—. ¿Es eso posible? Mi fe en el programa ha sido
completamente destruida.

—Fue su exceso de confianza lo que le costó el combate —le dije.

—No —dijo Steve—, creo que tenía algo que ver con que ella es la
presidente de su club de tiro con arco. No me lo dejó saber de antemano.

Le sonreí a Adam.

—Puedes ver que es un tema delicado con nosotros.

—Uno de estos días vamos a tener que tener una revancha —dijo
Steve.

Me reí y comí mi panqueque. Entonces tomé otro. El desayuno


estuvo en el mismo tono ligero, con Steve y su familia haciendo una
pequeña charla sobre el programa y los viejos amigos de la familia.

Pensé que el tema de mi relación con Steve había pasado


desapercibido por completo, pero de repente, la Sra. Raleigh dijo:

—Me sorprende que no haya visto nada de ti y Annika en los


tabloides.

—Bueno, eso no va a durar —dijo Steve—. Nos atraparon ayer y nos


siguieron hasta la mitad del camino aquí. Así es como hemos averiado el
auto. Pasamos sobre camellón para perderlos.

Adam se reclinó en su silla.

—Es agradable ver que tu forma de conducir no ha cambiado con los


años.

Steve me miró, pero no corrigió a su hermano.


Le dije: —Espero que hoy no nos enfrentemos con los paparazzi.
Estoy con la misma ropa. O bien van a pensar que tengo un sentido de la
moda muy limitado, o que has tomado a una chica sin hogar.

Steve ni siquiera esbozó una sonrisa. Miró hacia abajo y bajó su


tenedor poco a poco.

—Acerca de hoy —dijo, volviendo a mirarme a la cara—. Llamé al


asistente de Dean y le dije que no estaría allí hasta la tarde, pero Dean me
devolvió la llamada y dijo que me necesitaba esta mañana. Tengo que irme
a Burbank tan pronto como la compañía de alquiler de autos traiga uno.
—Miró su reloj—. Que debería ser en cualquier momento.

Mi boca se abrió para protestar, pero él siguió.

—He hablado con Adam sobre esto, y puede llevarte a Henderson


hoy. Ron me reservará un vuelo a Las Vegas mañana en la noche. Voy a ir
al hospital tan pronto como terminemos de filmar.

Me dolió tragar. Las palabras se sintieron miserables cuando


salieron de mi garganta.

—Ya le dije a mi familia que te estaba trayendo conmigo.

—Lo sé. Desafortunadamente, el estudio me necesita.

—Mi hermano te necesita más.

Su voz estaba cargada de resignación.

—Lo siento. Lo intenté, pero no funcionó. Estaré allí mañana por la


noche.

El tenedor tembló en mi mano, y tuve que ponerlo de nuevo sobre la


mesa. Podía sentir el peso de las miradas de todos en mí. El tintineo de los
cubiertos en la mesa había desaparecido por completo.

Traté de no entrar en pánico, o al menos no demostrar que lo estaba.

—Jeremy tiene que verte antes de la cirugía. Él tiene que creer que
sus deseos tienen el poder para que no tenga miedo, para que le vaya bien.
Te lo expliqué…
Steve se inclinó hacia mí.

—Annika, mi visita no va a hacer una diferencia en el resultado de


la cirugía.

Él podría haber dicho que no le importaba. Se sentía como si todo el


aire se hubiera ido de mis pulmones.

—No digas eso. No es cierto.

Su tono de voz salió suave, sin dolor.

—No puedo cambiar la programación de la producción. Estoy bajo


contrato.

Quería decir: "¿Cómo puedes hacerme esto?", pero era una pregunta
estúpida. Solo lo había conocido por un día. ¿Qué había esperado? ¿Y qué
había sucedido conmigo, de todos modos, para que después de un día
sintiera que los dos nos conocíamos íntimamente?

Había movido cielo y tierra para cumplir el deseo de Jeremy. Steve ni


siquiera se saltaría un día de trabajo.

La familia de Steve había vuelto a sus desayunos, deliberadamente


pretendiendo que no era raro escuchar todo esto.

—Dile a Jeremy voy a estar allí mañana por la noche —dijo Steve—.
Él va a entender.

Jeremy podría, pero yo me negué a entender. Mi voz salió como un


susurro.

—¿Qué pasa si mañana por la noche es demasiado tarde?

Sonó el timbre. Steve miró en esa dirección y luego a mí.

—No lo será. —Él empujó su silla de la mesa—. Tiene que ser el


auto.

Todos lo miraron. El calor, todos los sentimientos de familiaridad se


habían esfumado del cuarto.

Steve se puso de pie pero se volvió a su padre.


—Haré que Ron envíe dinero para pagar el remolque. Hazme saber
cuánto es.

La voz de su padre sonó afilada. —No tienes que hacerlo. Podemos


cubrirlo.

—No deberías hacerlo. No es tu auto.

—No tienes que pagarnos nada. No necesitamos tu dinero.

Steve entrecerró los ojos.

—Estás siendo ridículo.

—¿Lo estoy?

La señora Raleigh se puso una mano en la boca, pero no dijo nada.


Adam miraba el techo.

—De acuerdo —dijo secamente Steve—. Haz lo que quieras. Fue


lindo verlos a todos de nuevo. —Se volvió y llegó a la puerta de la cocina.

La señora Raleigh me habló… aunque claramente en beneficio de Steve: —


Siempre ha sido así. Su trabajo va sobre todas las cosas.

Steve se tensó y murmuró algo por lo bajo, pero no se volvió.


Después de un momento, la puerta se cerró.

Volví mi atención a la mesa y me sentí entumecida.

Steve tuvo razón al darme las noticias después del desayuno. De


otra manera no habría podido comer. Nadie habló. Los sentía mirándome,
compadeciéndose de mí. Encontré mi voz, y miré a Adam.

—¿Cuándo quieres irte?

—Dame unos minutos. Tengo que llamar a alguien por mis tareas.

Lo iba a hacer faltar a la escuela. Me hizo sentir peor.

La señora Raleigh se levantó y levantó los platos de la mesa.

La ayudé, intentando ser amable, intentando hacer algo así no


tendría que pensar en qué decirle a Jeremy cuando llegara a casa.
El genio tuvo un problema con Robin Hood. ¿Después de esto Jeremy
volvería a creerme algo jamás?

Si hubiera estado pensando habría hecho que Steve hablara con él


por el móvil antes, pero quizás a Jeremy no le habría gustado eso. Robin
Hood nunca usaba un móvil en el show.

Mientras la ayudaba a recoger todo, la señora Raleigh me miraba


preocupada.

—Lamento que haya sido un viaje difícil para ti —me dijo—. Espero
que a tu hermano le vaya bien.

—Gracias. Y gracias otra vez por dejarme quedarme aquí.

—Quizás puedas volver alguna vez.

Dudé.

—Quizás.

Entendió el significado de mi duda.

—Nunca fue así entre Steve y su padre. Solían llevarse tan bien.
Espero que ellos… —Puso un plato en el lavavajillas—. Quizás podrías
hablar con él sobre ello. A veces la influencia de la mujer puede…

No la dejé terminar. No podía explicarle por qué no tenía influencia


en Steve y por qué cualquier charla que fuera a tener con él después de
hoy sería muy limitada.

—He hablado con él al respecto —dije. Era, después de todo, cierto.


Habíamos hablado en el baño anoche—. Ya le dije que debería trabajar en
su relación con ustedes.

—¿En serio? —preguntó la señora Raleigh. La gratitud en su voz me


hizo sentir culpable—. ¿Qué dijo?

—Bueno… —No podía decirle que él había descartado mis palabras,


no cuando ella me miraba tan esperanzada—. Es terco, eso ya lo sabes,
pero dijo cosas bastante buenas sobre ustedes. —Mientras hablaba, Adam
y el señor Raleigh vinieron a la cocina. Su conversación murió al oír la
nuestra.
Luché para pensar en alguna otra cosa que Steve me hubiera dicho
sobre ellos. Cuando eso falló, decidí elaborar algo. Después de todo, no le
debía ni mi honestidad a Steve. Había huido y me dejó con su familia.

Miré al señor Raleigh.

—Me dijo que usted era un oficial de policía y lo mucho que se


preocupó cuando lo apuñalaron. Dijo que cuando trabaja en Robin Hood y
necesita ejemplificar el valor, piensa en usted.

El señor Raleigh me devolvió la mirada, sorprendido, y no habló.


Para la señora Raleigh dije: —Steve me contó todos los sacrificios que ha
hecho por él todos estos años y cómo él nunca habría tenido éxito si usted
no lo hubiera acompañado a todas esas audiciones.

En lugar de poner el vaso en el lavavajillas, la señora Raleigh se


detuvo a mitad de camino, y se aferró a él. Me volví a Adam.

—Steve te extraña. Desearía que fueran más cercanos.

No era real, pero era verdad de todas formas, por lo que Steve no
podía enojarse conmigo por decirlo.

***

El viaje a Henderson tomó bastante tiempo —especialmente porque


Adam jamás rebasaba el límite de velocidad. No sabía que la gente además
de Madison condujera así. Aparentemente había encontrado su alma
gemela. Aunque el viaje no fue tan incómodo como había imaginado.
Quiero decir, no conocía a Adam. Después de todo apenas había hablado
con él, pero de alguna manera la charla en la cocina nos había convertido
en confidentes. Acabábamos de remontar la autopista cuando me contó su
lado de la historia.

—Yo también quiero ser más cercano con Steve, pero él me ha


puesto en medio de todo. ¿Cómo puedo llevarme bien con mis padres y
estar de parte de Steve al mismo tiempo? —Adam mantuvo los ojos en la
carretera, pero sabía que no estaba concentrado en ella.

—Además, no creo estar de acuerdo con lo que hizo Steve. Después


de todos, nuestros padres lo apoyaron por años —papá estaba recibiendo
balas en la calle para traernos comida— Steve le debe algo de gratitud por
eso. —Su voz sonaba amarga—. ¿No puede entender Steve cómo se sintió
papá al ver que no solo su hijo era más exitoso económicamente, sino que
además le cortó?

Me golpeé mentalmente por preocuparme por esto. Si alguna vez


volvía a ver a Steve, probablemente solo serían unos minutos, pero aun así
aquí estaba, intentando resolver sus problemas. Escuché a Adam estando
de acuerdo, asegurando, sugiriendo, y más que nada buscando maneras
de aligerar la tensión entre ellos.

Lo raro es que mientras hablaba con Adam, encontré una parte de


mí soltándose, volviendo a la vida, representado en el gesto de que solté mi
puño después de haberlo mantenido apretado un largo rato.

Comprendí que las cosas en mi casa podrían estar peor. Había


muchas formas de perder un hermano.

Pero mientras llegábamos a Henderson toda la ansiedad por ver a


mis padres y decepcionar a Jeremy regresó… con un poco más de
intensidad. Habíamos hablado tanto sobre la relación de Steve con su
familia que apenas hablamos de mí. Sin embargo, algo estaba claro: Adam
creía que yo vivía en California y volvía a casa a visitar a mi hermano.

Lo había dejado creer esto porque era más fácil que intentar explicar
estos dos últimos días. Steve ya les había dicho que salíamos —y, además,
los Raleigh estuvieron tan dispuestos a conocerme y conmovidos mis
palabras… ¿Cómo podía echar abajo todo eso ahora y confesarles que
apenas conocía a Steve?

Mientras conducíamos por las calles familiares de mi hogar, se me


ocurrió que tendría que invitar a Adam a pasar. Y una vez que conociera a
mis padres, seguramente diría algo que para ellos no tendría sentido,
como: —Fue lindo pasar tiempo con Annika. Normalmente no conocemos a
las novias de Steve.
Esto daría pie a un montón de explicaciones raras donde parecería:
o una novia falsa, o como que había estado en una relación clandestina
con un chico de otro estado detrás de las espaldas de mis padres.

Llegamos a mi barrio. Tamborileaba con mis dedos en el


apoyabrazos mientras buscaba una salida de todo esto.

—¿Qué está mal? —preguntó Adam—. Suena como si trataras de


enviar un telegrama a través de la puerta del auto.

Detuve mi tecleo.

—Lo siento. Solo estaba pensando en nuestros perros. Se ponen


excitados cuando ven gente nueva entrar a la casa.

Sonrió como si le gustaran lo perros.

—¿De qué raza son?

—Tenemos dos Pitbull —mentí—. Dagger y Deathwish18, pero no te


preocupes; mamá y papá por lo regular les ponen bozal cuando saben que
alguien vendrá. Tienen que hacerlo. Ordenes de la policía. —Señalé a la
calle entrante—. Gira a la izquierda en Brooksfarm.

Él giro a la izquierda.

—¿Ordenes de la policía?

—Sí… tus perros simplemente persiguen a un vendedor hasta un


árbol, y la policía está toda encima del caso.

—Oh… —dijo.

—No es que fuera un gran problema. Me refiero a, de acuerdo, lo


perros probablemente no debieron haberse comido los zapatos del chico,
especialmente mientras los llevaba puestos, pero tampoco es que fueran
costosos. —Me encogí de hombros casualmente—. Además, si no puedes
escalar lo suficientemente rápido, esa clase de cosas están destinadas a
ocurrirte.

Adam no dijo nada, pero noté su agarré apretarse en el volante.

18Dagger y Deathwish: Daga y Deseo de Muerte.


—No es como si la gente no tuviera zapatos extra —dije.

Su cuerpo se tensó.

—Mi casa esta justo ahí —dije—. Aquella con las grandes marcas de
garras en la puerta.

Él se estacionó en la entrada de los vehículos, pero no apagó el auto.


Me miro sin soltar el volante.

—Fue realmente muy agradable conocerte, Annika. Estoy feliz de


que tuviéramos tiempo de hablar durante el viaje.

—Fue genial llegar a conocerte también. —Abrí mi puerta.

Recorrió el volante con los dedos.

—Te acompañaría hasta adentro, pero, este, tengo prisa y tengo que
regresar.

Salí del auto.

—Está bien, en otra ocasión entonces. Gracias por traerme.

Lo vi alejarse y luego caminé lentamente hacia mi casa. Solo había


estado fuera un par de días, pero me pareció mucho más tiempo. Todo
parecía diferente, cambiado sutilmente de alguna manera. Abrí la puerta y
grité: —¡Estoy en casa!

Esperaba que Jeremy fuera el primero en saludarme, pero mamá y


Leah entraron la habitación del frente. Mamá de hecho se detuvo en seco
cuando me vio.

—¡Dios mío!, ¿qué le has hecho a tu cabello?

Me había olvidado de él, y me toqué las puntas.

—Oh, eso. Lo teñí para que así Steve Raleigh no me reconociera. —


Leah inclinó la cabeza hacia mí interrogante—. ¿Y por qué Steve Raleigh te
reconocería? —Mamá me miró por encima del hombro y alrededor de la
habitación—. ¿Dónde está?

—Fue llamado de regreso al estudio esta mañana. Su hermano,


Adam, me trajo.
—¿Fue llamado de regreso al estudio? —repitió Leah.

—¿Su hermano no entró contigo? —preguntó mamá. Me di cuenta


que ninguna de las dos me creyó, lo cual solo demuestra que el karma
existe, después de todo. Había mentido a los Raleighsy y no me habían
pillado, así que imaginé que ahora, cuando estaba diciendo la verdad, mi
propia familia no me creería.

—Mira, ¿No le hablaste a Madison? ¿No te dijo cómo conocí a Steve


Raleigh en el set?

Leah y mamá intercambiaron una mirada que no pude interpretar.


La incredulidad no abandonaba sus rostros

—Está bien —dije—, Madison en realidad no me vio reunirme con él


porque fue sacada del set por transportar una serpiente, solo que ella en
realidad no hizo eso. Yo lo hice. Quiero decir, yo conocí a Steve Raleigh. Y
tuvimos un desafío de tiro con arco, y gané, así que tuvo que venir a casa
conmigo. Solo que lo llamaron de regreso al estudio esta mañana por lo
que dijo que vendría mañana por la noche, y creo que lo hará, pero no
estoy segura porque, bueno, él dijo que vendría esta vez y no lo ha hecho.

Mi madre y mi hermana me miraron en silencio, así que añadí: —


Miren, estoy usando su ropa. Eso lo demuestra.

—¿En serio? —dijoLeah, sin emoción—. ¿Escribió su nombre en ella


o algo así?

No le hice caso.

—No estoy segura si debo decirle a Jeremy sobre la visita de Steve


mañana. Quiero decirle, porque entonces él va a tener algo que esperar,
pero no quiero decepcionarlo otra vez. Creo que Steve vendrá porque es un
buen tipo, y después de todo, le dijo a sus padres que estábamos saliendo.
No haces eso y luego no apareces en la casa de una chica. Así que tal vez
debería decirle a Jeremy. ¿Qué creen?

Leah dijo: —Creo que has perdido la cabeza.

Mamá, con una voz suave, dijo: —Cariño, no creo debas decirle nada
Jeremy ahora mismo.
—Les estoy diciendo la verdad —dije—. Los paparazzi, incluso
tomaron fotos de nosotros juntos.

Leah dejó escapar una respiración lenta y sacudió la cabeza.

—Esto es tan triste.

No pude discutir el hecho más porque papá y Jeremy entraron en la


habitación.

—Mira quién está en casa —dijo mamá con alegría, pero ambos se
quedaron mirándome sin decir palabra.

Me arrodillé y abrí los brazos para darle un abrazo a Jeremy. En


lugar de correr a mis brazos, se acercó y tocó mi cabello con cuidado.

—¿Qué pasó con tu cabello?

—Lo teñí.

—¿Murió? —Antes de que pudiera explicar, añadió—: ¿Te refieres a


cuando te lo cortaste en el inframundo?

—¿El inframundo? —preguntóLeah—. ¿Fuiste allí antes o después


de que fuiste a Hollywood?

Le dije a Jeremy: —Eso fue una historia. Solo un invento.

—Pero el inframundo es real —dijo.

No sabía qué contestar. Antes de que pudiera pensar en qué decir,


me acarició el cabello y dijo: —Apuesto a que los cuervos te dieron cabello
nuevo, ¿no es así?, porque querían que te vieras bonita. ¿Cuándo
terminarás esa historia?

Tiré de él en un abrazo, ya que así no tendría que mirar a su cara.


Su cuerpo se sentía tan pequeño contra el mío. Yo temblaba y no sabía
cómo detenerme.

—La terminaré más tarde. No te preocupes, no nos dejaré en el


inframundo, pero acabo de llegar a casa. Tengo que cambiarme de ropa

Se apartó de mí.
—Mamá y papá dijeron que me trajiste una sorpresa. ¿Qué es?

No dije nada, pero su mirada me detuvo, esperando una respuesta.


Me lastimaba físicamente hablar.

—La sorpresa no salió como yo había esperado. Tendré que dártela


más tarde.

Por el rabillo de mi ojo, pude ver a mamá sacudiendo la cabeza. Ella


no quería que dijera nada más al respecto.

Jeremy se inclinó hacia mí.

—¿Se trata de el genio?

Puse mi dedo en sus labios.

—Shhh. No se supone que hables sobre eso.

El timbre sonó. Me di cuenta por las expresiones de mis padres que


no esperaban a nadie. En ese momento, una sensación de hundimiento se
apoderó de mí. Sabía que era Adam. Debía de haber dejado algo en el auto,
o tal vez había tenido algún tipo de problema con él. En un momento
tendría que presentarlo a todo el mundo como el hermano de Steve.

No ayudaría a mi historia, o a mi cordura, que él entrara con


nerviosismo en la sala murmurando: —¡No dejes que Dagger y Deathwish
me agarren!

Mi padre fue a la puerta. Me mordí el labio y me pregunté cómo


siempre me meto en estos líos. En ese momento juré que nunca mentiría
de nuevo. A partir de ahora el karma no tendría ninguna razón para
morderme.

Mi padre abrió la puerta, y Steve entró.


Capítulo 16
Traducido por Paaau

Corregido por Marina012

S
teve usaba el disfraz de Robin Hood, el arco en sus manos y las
botas en sus pies. Debo admitir que se veía imponente, vestido de
verde Lincoln en nuestra puerta. Por muchos segundos, se me hizo
difícil respirar.

Steve se giró como si se dirigiera a alguien en nuestra entrada,


saludó, y en un perfecto acento inglés dijo: —Gracias, genio, parece que
ésta es la casa correcta.

Jeremy corrió directo hacia él.

—¡Eres Robin Hood!

Steve se rió y dijo: —Lo soy. Y tú debes ser el jovencito que necesita
lecciones de tiro con arco.

—Mi nombre es Jeremy —dijo él.

Steve se agachó para estar al nivel de Jeremy.

—¿Cuándo quieres comenzar? Tenemos trabajo que hacer si


queremos alcanzar el punto en que puedas vencer a Annika.

—Nadie puede vencer a Annika —dijo Jeremy, y luego pensó mejor


en eso—. Excepto tú. Eres el mejor arquero en el mundo entero.

Steve miró en mi dirección y sonrió.

—Bueno, algunas personas dirían lo contrario.

En este punto, recordé mis modales y presenté a Robin Hood a mi


familia. Leah, lo juro, casi se desmayó. Mientras Steve estrechaba las
manos de mis padres, ella tomó mi brazo y susurró: —Tengo que ir por mi
cámara. Y por todos mis amigos.
—No te atrevas a llamar a tus amigos —le dije—, este es el momento
de Jeremy.

Dejó salir un quejido, pero no me contradijo.

Jeremy tomó a Steve de la mano y, saltando de arriba a abajo con


entusiasmo, se giró hacia papá.

—¿Podemos sacar el blanco ahora? ¿Podemos?

Así que mi papá lo sacó fuera del garaje hacia el patio trasero, y
Jeremy corrió a su cuarto para recuperar su arco y sus flechas. Después
de que él se fue, mamá puso sus manos contra su pecho y dijo: —De
verdad no puedo agradecerle lo suficiente por esto, Sr. Raleigh.

—Llámeme Robin —dijo él—. Hoy soy soloRobin.

—Robin —repitió ella con una sonrisa.

Di un paso hacia él y bajé la voz en caso de que Jeremy volviera.

—¿Pensé que te necesitaban en el set?

—Llamé a Dean y le dije que tenía una cita que no me podía perder.

—¿Qué te hizo cambiar de opinión?

Dio un paso hacia mí y susurró: —Mientras conducía fuera de


Appley Valley, seguía recordando que dijiste que el verdadero Robin Hood
vendría a ver a Jeremy. —Se encogió de hombros de manera informal, pero
sus ojos eran intensos—. He pasado tanto tiempo interpretándolo, que por
una vez quería saber como se sentía en verdad ser él.

—¿Cómo se siente? —pregunté.

Me sonrió de vuelta.

—Bien.

—¿Cómo llegaste aquí tan rápido?

Frotó su mandíbula, reacio a decirme.

—En ocasiones he sabido conducir rápido.


Jeremy regresó a la habitación con el arco sujeto en su mano.

—¡El blanco está listo!

Todos fuimos afuera. Steve y Jeremy se mantuvieron cerca del


blanco; el resto de nosotros observamos de lejos. No podía quitar mis ojos
de ellos. Era como un sueño: Robin Hood y mi hermano tirando flechas en
nuestro patio trasero.

Mamá se las arregló para hacer un video y muchas más fotos de las
que necesitaríamos jamás. Seguía repitiendo “Esto es tan hermoso”. Me
abrazó y dijo: —Hiciste algo bueno, Annika.

Incluso mi padre, quien me había gritado por ir a California, puso su


mano en mi hombro y dijo: —Hiciste a Jeremy muy feliz hoy. Pero nunca
vuelvas a hacer algo como esto. Nunca. Lo digo en serio.

En general, Steve nos ignoró y le dio toda su atención a Jeremy.


Además de ser un buen actor, era también un buen profesor. Incluso
después de una hora, su entusiasmo no desaparecía. Se agachó y puso
sus brazos alrededor de Jeremy, ayudándolo con el objetivo del arco.

—Lo tienes ahora. Eso es un buen tiro.

La flecha aterrizó justo fuera del centro de la diana. Steve puso su


mano en el hombro de Jeremy.

—Ese es el tipo de tiro que preocupa al Rey Juan. Por este medio, te
hago un honorario MerryMan.

Jeremy dejó salir un gritito de felicidad.

—¿De verdad?

Steve levantó una mano.

—¡Lo juro por el mismísimo Rey Ricardo!

Él evaluó a Jeremy, luego añadió: —No tenemos un traje verde


Lincoln de tu talla, pero me atrevo a decir que Lady Marion puede hacerte
uno. Lo traeré tan pronto como esté cosido.
Jeremy se inclinó por encima de Steve y nos gritó, como si no
hubiésemos escuchado ya la conversación: —¡Llegué a ser un MerryMan!
—Se giró hacia Steve—. ¿Obtengo mi propio caballo?

Steve se rió y nos miró.

—Debes discutir eso con tu mamá.

—Quizás a ustedes dos les gustaría tomarse un descanso y comer


algo —llamó mamá, en un claro intento de borrar los pensamientos sobre
caballos de la mente de Jeremy.

—¿Podemos tener un festín? —preguntó Jeremy—. ¿Podemos


dispararle a un ciervo?

—Bueno, podemos ordenar pizza —dijo mamá.

Jeremy puso sus manos en sus caderas.

—Robin Hood no come pizza, mamá.

Steve puso una mano en el hombro de Jeremy.

—¿Te gusta la pizza?

Jeremy asintió con la cabeza.

—Entonces estaré feliz de probarla.

Ellos fueron hacia la sala. Yo fui hacia mi cuarto y me cambié a un


par de vaqueros y una camiseta; algo un poco más favorecedor que la
camisa de póker de la suerte de Steve. Doblé sus ropas en una ordenada
pila, así podía dársela más tarde.

Cuando me uní a mi familia en la sala, Jeremy estaba acribillando a


Steve con preguntas acerca del Bosque Sherwood, el sheriff de
Nottingham, y las responsabilidades de un MerryMan.

Seguí mirando a Steve, tratando de ver a la persona que había visto


esta mañana, el que tenía corto cabello castaño y conversaciones casuales.
Era difícil recordar a esa persona porque su Robin Hood salía tan
vibrantemente. No había apreciado realmente esto acerca de él en el set, o
cuando lo vi haciendo cosas tontas como jugar a las espadas con el aire.
Pero ahora sus ojos brillaban mientras hablaba acerca de los peligros del
bosque. Incluso yo le medio creí.

Cuando la pizza llegó —solo pizza de queso para Jeremy porque


mamá no lo dejaría comer los nitratos en el peperoni— nos sentamos todos
en la mesa de la cocina. Jeremy hizo una gran demostración mostrándole
a Steve como comerla, y Steve sonrió y siguió sus instrucciones.

Traté de no mirarlo constantemente, y luché para encontrar algo


más en donde descansar mi vista. Pero seguía mirando a Steve. De vez en
cuando él enviaba una sonrisa en mi dirección, lo que me robaba por
completo los pensamientos coherentes.

Tenía que seguir repitiéndome que me detuviera. Él solo estaba aquí


porque prometió ver a Jeremy. Probablemente no volvería a verlo después
de hoy.

Cuando terminamos la pizza, él cabeceó en dirección a mi madre.

—Gracias por su hospitalidad, mi dama, pero me temo que mi


tiempo aquí ha terminado. No me atrevo a estar lejos de Sherwood por
mucho tiempo, para que no sea invadida por bribones y asesinos o peor,
no vaya a ser que el FraileTuck se coma toda la comida.

Mi mamá se inclinó hacia él.

—Otra vez, gracias por venir. Esto ha significado tanto para Jeremy.

La última parte de la afirmación probablemente no era necesaria,


porque Jeremy se lanzó hacia el regazo de Steve. Tuvieron unas últimas
palabras de MerryManque intercambiar y luego Steve se levantó y papá
alejó a Jeremy.

Steve les dio las gracias a mis padres otra vez por la exquisitez de
pizza, luego me miró.

—Antes de irme me gustaría tener unas palabras a solas son lady


Annika. —Bajó su mirada hacia Jeremy y le guiñó un ojo—. Necesitamos
discutir asuntos de genios.

—Por supuesto —dijo mamá—. Annika, ¿por qué no lo llevas a la


puerta? y nosotros nos quedamos aquí limpiando los platos.
—Tenemos este fantástico aparato llamado lavavajillas —le dijo
Jeremy a él—. ¿Quieres verlo?

—Quizás la próxima vez.

El rostro de Jeremy se iluminó con esperanza.

—¿El genio te hará venir otra vez?

—¿No dije que volvería para darte tu Lincoln verde? Lo tendrás


pronto, con genio o sin genio.

Jeremy levantó sus manos y saltó triunfante.

—¡¡¡Sí!!!

Tomé la mano de Steve y lo llevé hacia la cocina antes de que Jeremy


quisiera mostrarle cómo funcionaban todos los electrodomésticos.

Mientras caminábamos, dije: —Primero que todo, eres increíble. De


verdad. Aunque yo sabía todo, descubrí que también te creía.

—Gracias —dijo él usando su voz normal.

—No recuerdo la última vez que Jeremy estuvo tan emocionado.


Todo esto funcionará. Sé que volará a través de la cirugía mañana.

Un destello de duda cruzó los ojos de Steve, pero apretó mi mano.

—Bien. Me alegra que seas feliz.

—Oh, y la otra cosa que necesito decirte. Cuando tu hermano


pregunte, dile que nuestros pitbulls te amaron.

—¿Tus pitbulls?

—Sí, Dagger y Deathwish, y deja de levantarme tu ceja. Tenía que


pensar en una excusa para que él no entrara. Jugué a ser tu novia toda la
mañana, y no podía presentárselos a mi familia ya que ellos saben que no
vivo en California.

Steve se encogió de hombros.

—Podríamos estar teniendo una de esas relaciones a larga distancia.


—¿Podríamos? —pregunté, y luego sentí como si hubiese dicho
demasiado. Lo había sacado a relucir. Antes de que él pudiera hablar,
dije—: Espero que no te hayas metido en muchos problemas por arruinar
el horario de producción.

—Se las arreglarán. —Levantó su cabeza y me dio una de sus


famosas sonrisas—. Aunque si en el próximo episodio me tienen nadando
a través de ríos congelados o soy repetidamente abatido por los hombres
del Rey Juan, sabrás que Dean aún está disgustado.

Sonreí y traté de memorizar cómo se sentía su mano en la mía.


Sabía que en cualquier momento él alejaría su mano de mí y se iría.

En vez de alejarla, dio un paso más cerca de mí.

—Mira, Annika, probablemente deberíamos hablar de nosotros —dijo


esto en esa voz vacilante que usan los chicos cuando en realidad no
quieren discutir algo, pero se sienten obligados.

No quería escuchar sus próximas palabras. Dejé ir su mano y puse


la mía en los bolsillos traseros de mis vaqueros.

—No tienes que decirlo. Lo entiendo. —Miré hacia el jardín delantero


por la ventana de la sala. Su auto no estaba a la vista—. ¿En dónde
estacionaste?

—Calle abajo. Si Jeremy estaba en tu patio delantero, no quería que


viera a Robin Hood llegando a su casa en un Lexus. Arruinaría toda la
ilusión medieval.

Estiré mi cuello para ver más lejos en la calle, pero aun así no vi su
auto.

—Sí —dijo Steve—. De hecho caminé por enfrente de la casa de


todos tus vecinos usando medias verdes, un sombrero puntiagudo con
plumas, y acarreando un arco.

Me reí a pesar de mí misma.

—Lo siento. ¿Quieres que te lleve de vuelta a tu auto?

—¿Estás bromeando? He visto como manejas.


Le di un empujón juguetón.

—Creo que estarás a salvo por una cuadra.

Se inclinó más cerca de mí, y su voz perdió su tono burlón.

—Podríamos.

—¿Podríamos qué?

—Podríamos tener una relación a larga distancia.

Las palabras me sorprendieron tanto que simplemente lo miré.

—Oh.

Puso sus manos en mis hombros.

—Sé que solo han sido un par de días, pero me conoces mejor de lo
que alguna vez lo hizo Karli. Te preocupas por las personas, y te apasiona
ayudarlos. Además, siento como si… —Su voz se apagó como si no supiera
como decirlo—. Como si nos conociéramos desde hace mucho. Siempre he
sentido eso.

Di un paso más cerca de él y sonreí.

—De acuerdo, puedo decirlo por la forma en que me ignoraste en el


estadio.

Él sonrió, recordando.

—Está bien, quizás no fue una conexión inmediata. Fue un poco


más tarde… la verdad, fue cuando saltaste delante de mí entre los
remolques. Supe desde entonces que estaba en problemas. Eso fue lo que
casi te confieso en el auto. —Se inclinó para besarme, pero escuché pasos
y giré mi cabeza. Jeremy había entrado al cuarto. La sincronización me
hizo saltar. Si hubiese entrado cinco segundos después, tendríamos que
haberle explicado porquéRobin Hood estaba engañando a Lady Marion.

Jeremy nos apuntó con su cabeza.

—¿Qué están haciendo?


—Robin estaba a punto de decirme un secreto —dije—, y se supone
que tu te quedarías en la cocina.

—Quería ver al genio antes de que se llevara a Robin Hood de vuelta


al bosque de Sherwood. Estoy listo para pedir mi último deseo. —Pasé una
mano por mi cabello tratando de alejar mi mente del modo Steve-casi-me-
besa y de volver al modo genio. Miré tras de Jeremy para ver si mamá o
papá estaban a punto de venir a buscarlo.

—Probablemente deberíamos hacer eso en el estudio.

—Está bien. —Jeremy tomó la mano de Steve y lo jaló hacia el


pasillo—. El estudio está por aquí. ¿Desaparecerás en una nube de humo?

—No, no lo hará —dije—, y recuerda, tienes que mantener tus ojos


cerrados o el genio no vendrá. —Le dirigí una mirada de disculpa a Steve
mientras guiaba el camino hacia el estudio. Una vez dentro, tuve a Jeremy
sentado en una silla frente al computador. A Steve de pie junto a la puerta,
la cual dejé parcialmente abierta. Para Steve articulé las palabras: “Una
vez que cierre sus ojos, vete”.

Steve asintió con la cabeza.

—Recuerda —le dije a Jeremy—, para el tercer deseo oficial vas a


desear que todo salga bien durante la cirugía.

Jeremy cerró los ojos, pero luego los abrió de nuevo.

—Nunca me dijiste cual fue tu primer deseo.

—Bueno, fue hace mucho tiempo… —Me estanqué. Aun no había


pensando en una buena respuesta para esa pregunta. ¿Qué podía haber
deseado para que él lo creyera? Si solo algo increíble hubiese ocurrido en
mi pasado, algo que pudiera apuntar y decir: “Ves, eso fue obviamente
producto de la magia”.

—¿Recuerdas lo que deseaste? —preguntó Jeremy.

—Lo recuerdo… es solo que es privado.

Jeremy bajó la voz.

—No lo diré. Lo prometo.


Desde la puerta, Steve dijo: —Sé lo que ella deseó. —Lo miré
interrogativamente y añadió—: Le pregunté al genio. Tenía que saber a que
clase de deseo seguía. Cuando eres parte de un segundo deseo, siempre
quieres que sea más espectacular de lo que fue el primero.

—¿Fue más espectacular? —preguntó Jeremy.

Steve caminó hacia el escritorio y se arrodilló para quedar al mismo


nivel de los ojos de Jeremy.

—Nop. Sabía que no podía ser más espectacular, así que ni siquiera
lo intenté.

Los ojos de Jeremy se ampliaron y se inclinó hacia Steve.

—¿Qué deseó ella?

Steve lo golpeó gentilmente en la nariz.

—Un hermano pequeño.

Jeremy se hizo hacia atrás y se rió. Me hizo ver como si yo fuera


tonta.

—¿Por qué no me dijiste eso?

—No quería que le dijeras nada a mamá o a papá. Todo el tiempo


ellos creyeron que fue su idea.

—No les diré —dijo él.

Impulsivamente me agaché, levanté a Jeremy y lo abracé. En el


último mes había adelgazado tanto que podía sentir sus cotillas
presionando a través de su camisa.

—Todo va a ir bien —le dije—.No puedo perder a mi primer deseo.

Él me abrazo también, pero solo por un momento. Luego se deslizó


de mis brazos y trepó de vuelta a la silla.

Antes de que alguien tuviera oportunidad de decir algo, él cerró sus


ojos. Las palabras flotaron de su boca.
—Éste es mi tercer deseo oficial. Deseo que sin importar qué pase
con el cáncer, mi familia siga siendo feliz. Especialmente Annika. —Abrió
sus ojos—. ¿Estuvo bien añadir esa última parte? Eso no es engañar
porque no es un deseo distinto.

No podía responderle. Me sentía como si me hubiesen golpeado con


algo. Simplemente miré a Jeremy hasta que pude decir: —Eso no es lo que
se supone que debías pedir.

Él se encogió de hombros.

—Pensé que necesitabas más el deseo. Ya no quiero que estés triste.

—Pero… —Pero todo lo que había hecho no significaba nada


entonces. Solo que no podía decirlo, por lo que la oración colgó en el aire,
sin terminar. Jeremy se giró hacia Steve.

—¿Cómo es que el genio no te desvaneció?

—El genio creyó que necesitaba quedarme y hablar un poco con


Annika.

—Oh. Está bien. Iré a decirles a mamá y a papá que ya no estás


triste. Estaban realmente preocupados por ti antes de que llegaras a casa.

Se bajó de la silla, le dio a las piernas de Steve un último abrazo, y


luego salió rápidamente de la habitación.

Lo vi marcharse, sintiendo los efectos de mi horrible derrota


asentándose a mí alrededor.

Steve puso su mano en mi brazo.

—Esto no quiere decir que la cirugía no va a salir bien.


Probablemente vaya maravillosamente.

Apenas lo escuché.

—Mamá y papá deben haber dicho cosas de mí mientras no estaba,


y preocuparon a Jeremy. Es porque me fui a buscarte que él pensó que yo
necesitaba más el tercer deseo. —La misma sensación de estar atrapada
en el inframundo se deslizó en mi corazón—. No importa lo que haga, no
puedo ganar.
—Él te ama, Annika. Eso es algo bueno, algo real. Los deseos nunca
fueron reales.

Su frase me devolvió a mi habitación, de regreso al presente. Asentí


con la cabeza. Inhalé profundamente.

—Tienes razón. La cirugía aún puede ir bien. —Me las arreglé para
sonreír—. Quizás algún día cuando Jeremy y yo seamos mayores, nos
reiremos de todo esto.

—Y cuando le cuentes toda la historia, asegúrate de no dejar fuera la


parte en que Esme fue volando hasta el estanque de peces.

Asentí con la cabeza.

Steve se quedó un poco más, dándome más palabras de ánimo.


Seguí asintiendo con la cabeza, pero por dentro me sentía vacía. Le di su
ropa y mi número de móvil. Él dijo que trataría de conseguir la ropa de
MerryMan en una talla pequeña para Jeremy lo antes posible.

—¿Estarás bien mañana? —me preguntó.

Asentí con la cabeza, pero no estaba segura.

Se agachó y me dio un beso de despedida, y entonces sí sentí como


si fuera a estar bien. Después de todo, era la chica viva con más suerte.
Las cosas irían bien mañana. Tenían que ir bien.
Capítulo 17
Traducido por Niii

Corregido por Marina012

N
o fui a la escuela el viernes. Quería ir al hospital con mi familia, y
además, mis padres pensaban que sería mejor si evitara la escuela
hasta que la gente dejara de hablar de las fotografías que habían
mostrado en EntertaintmentTonight.

Porque lo habían hecho. Junto a una entrevista con KarliRoller en la


que me culpaba de su ruptura con Steve Raleigh. “Sabía que había alguien
más en su mente. Una mujer siempre lo sabe”.

Correcto. Dudaba que ella pudiera decir qué dirección era arriba sin
utilizar un elevador.

Madison había sido quien había llamado para decirme que la


entrevista estaba en televisión, pero un par de mis amigas llamaron
después de eso.

La conversación fue así:

Ellas: Oye, están estas fotografías de Steve Raleigh con alguna chica
misteriosa que se parece mucho a ti.

Yo: ¿En serio?

Ellas: Sí, sin tener en cuenta lo del cabello castaño, ella podría ser
tu gemela.

Yo (haciendo una nota mental de la necesidad de aclarar mi cabello a


rubio antes de ver a cualquiera de mis amigas): ¿En serio?

Porque no tenía la intención de decirle a ninguna de ellas la verdad.


No quería que ellas se volvieran locas o empezaran a molestarme para que
se las presentara, y ciertamente no quería repetir el espectáculo con los
paparazzi. Por supuesto, esto no significaba que no quisiera que Steve me
llevara al baile de graduación, porque, oye, ¿qué tan genial sería eso?
Mis padres observaron la entrevista con expresiones de
preocupación. Creo que ellos medio esperaban que los reporteros llamaran
a casa. No lo hicieron, para decepción de Leah. Ella estaba más que
dispuesta a ir a la televisión y dar una exclusiva sobre el viaje de Steve a
visitarnos.

—La gente debería saber la verdad sobre el maravilloso hombre que


es —dijo.

—Jeremy no —dije, y eso fue el final de la discusión. Todos


coincidimos en que jamás diríamos nada de nuestra reunión con un
famoso actor.

Mamá solicitó a una de sus amigas que era estilista que viniera y
cambiara mi cabello. Cuando terminó, se veía… más rubio, pero no como
lo tenía antes de cambiarlo. Mi cabello, aparentemente, iba a necesitar
tiempo para recobrarse.

El viernes en la mañana toda la familia partió a Las Vegas, hacia el


Hospital para Niños Sunrise. Antes de ir a la escuela Madison había
pasado por la casa con un osito de peluche para Jeremy y un abrazo para
mí. Su cabello ya había regresado a su color natural. Se veía como su
cabello de siempre. Envidié la forma en que ella podía brillar de regreso a
su vida normal.

Durante el viaje a Las Vegas, jugué a las cartas con Jeremy,


intentando robar un par de momentos más de normalidad antes de que
llegáramos al hospital.

—Nunca terminaste la historia —me dijo él—. ¿Qué ocurrió después


de lo de los cuervos?

¿Sí, qué? Él no había creído ninguno de mis intentos sobrenaturales


de escape. Decidí optar por lo obvio.

—Decidimos escalar. ¿Recuerdas esas veces en que fuimos a escalar


esas murallas? Las paredes del acantilado en el inframundo eran iguales a
esas. Bueno, excepto que mucho más grandes.

—¿Entonces por qué no las escalan todos?


—Porque las paredes del acantilado son tan empinadas y tan altas
que la mayoría de las personas se rinden luego de un tiempo. Pero tú no te
rendirás, ¿no es verdad?

Él me miró, sus ojos serios, y no respondió.

—¿Prométeme que jamás te rendirás, está bien?

Sus ojos continuaron serios.

—¿La muerte no intenta atrapar a las personas que tratan de subir?

—Yo le distraeré mientras escalas. Estarás bien.

Lo dejé ganar el juego. Luego lo dejé ganar otro. Tal vez estaba mal
que lo hiciera. Después de que hubo ganado el tercer juego, me miró
críticamente y susurró: —Se supone que estés feliz… lo deseé.

—Algunas veces toma un poco de tiempo que el deseo se haga


realidad —dije.

—¿Cómo cuando Robin Hood no vino de inmediato? —preguntó él.

—Exacto. Justo así.

—Muy bien. Pero estarás feliz pronto… ¿verdad?

—Estaré feliz si no te rindes —dije.

Llegamos al hospital y mis padres firmaron el ingreso de Jeremy.


Entonces esperamos. Mis padres ingresaron a una habitación posterior
para revisar los papeles del seguro. Leah y yo tomamos turnos para leerle
historias. De vez en cuando, su voz se atoraba en su garganta, lo que
hacía que la situación se sintiera incluso más dolorosamente real. Era la
única en la familia que se había mantenido en calma durante el
tratamiento de Jeremy, y ahora incluso ella se estaba rompiendo. Tomé su
mano y la apreté, justo como lo hacía cuando éramos niñas.

Mis padres salieron y esperamos otra vez. El hospital nos había


dicho que estuviéramos aquí a las once y media: dos horas antes de la
cirugía. Aparentemente ese tiempo era el necesario para realizar todo el
papeleo. Todos regresamos a la habitación pre-operatoria, y la enfermera
tomó su presión sanguínea, controló su peso, esa clase de cosas. Entonces
Jeremy se cambió a un pijama del hospital y se puso a jugar Nintendo
mientras la enfermera les hacía unas preguntas a mis padres. Esperamos
un rato más. Un especialista en niños vino y le explicó el procedimiento a
Jeremy. Un anestesiólogo vino a hablar con Jeremy e hizo un par de
preguntas más.

Me pregunté cómo lograban todos sonar tan normales, tan alegres,


cuando esto era cualquier cosa menos eso.

Finalmente salimos al pasillo, le dimos a Jeremy un último abrazo, y


ellos se lo llevaron.

—Continúa escalando —susurré, pero él estaba demasiado lejos


para oírme.

Veintiocho personas se sentaban en la sala de espera. Las conté,


muchas veces, entre las veces que miraba a la nada y mascaba mi goma
tan fuerte que mi mandíbula dolía. Finalmente boté la goma de mascar.
Mamá y papá hablaban entre ellos en voz baja. Leah revisaba las páginas
de una revista sin leer ninguna de ellas.

Esperamos, y esperamos, y esperamos.

Les dije a mis padres que necesitaba estirar mis piernas. Dejé la sala
y caminé lentamente a lo largo del pasillo. Extraños circulaban junto a mí,
pasando a mi lado como escombros en un riachuelo. No sabía dónde ir.
Eventualmente terminé en la capilla. Miré fijamente la puerta, pero no la
abrí. Cuando no estás en buenos términos con Dios, no te dejas caer por
su casa. Probablemente no estaría feliz de verme.

La gente seguía pasando junto a mí, pero no me moví.

Realmente, cuando uno miraba todas las cosas horribles en el


mundo, ¿qué evidencia había de que un Dios o un mundo espiritual
existieran?

Pero incluso mientras pensaba en esta posibilidad, no podía creerla.


Las personas no eran petardos que estallaban en el cielo nocturno con
brillo y gloria, y un momento después desaparecían en la nada. Nuestras
almas tenían que ser más duraderas que eso.
Pensé —casi dije las palabras en voz alta— Dios, si me amas aunque
sea un poquito, te asegurarás de que extraigan todo el tumor. Lo harás para
que mi hermano esté bien. Entonces recordé que había orado exactamente
de la misma manera antes de la primera Resonancia magnética de Jeremy.

Y eso no había salido bien; obviamente ya sabía la respuesta de si


Dios me amaba o no. Aun así, cerré mis ojos y susurré: —Por favor, haz
que se mejore. —Entonces caminé de regreso por el pasillo, escuchando el
arrastre de mis pies contra el suelo.

Regresé a la sala de espera y observé las manecillas del reloj


avanzar. Escuché el roce de las páginas al ser volteadas, como hojas secas
crujiendo contra el pavimento. Finalmente el médico vino a la habitación y
pidió ver a mis padres en uno de los cuartos privados adjuntos.

Leah y yo no estábamos invitadas a la conversación, pero no


importaba, podía decir cuáles eran las noticias tan pronto vi el cansado
rostro del médico.

Algo había salido mal.

Me senté sin moverme, casi como si pudiera detener el tiempo de


esta manera, como si pudiera mantener las malas noticias a distancia si
me convertía en piedra.

Veinte minutos pasaron. Mi padre reapareció en la sala de espera,


sus ojos bordeados de rojo. Hizo un gesto para que Leah y yo lo
siguiéramos a la habitación. Cuando entramos, mamá no nos miró.

—Ellos no pudieron remover todo el tumor —dijo papá—. Está


demasiado conectado. Ya está en partes vitales de su cerebro…

No dijo más, pero nosotras sabíamos lo que quería decir. El cáncer


eventualmente ganaría esta batalla. No pude obligarme a preguntar cuánto
tiempo le quedaba a Jeremy. ¿Eran meses? ¿Semanas?

Estaba equivocada sobre lo de no ser capaz de llorar. Porque las


lágrimas llegaron, instantáneamente, implacablemente. No pude
detenerlas. Mi papá me abrazó, pero eso no ayudó. Di un paso atrás,
ahogándome con la emoción. No podía controlar nada de ello.
Finalmente dije: —Voy a ir a la furgoneta. —Porque no quería
desmoronarme de esta manera frente a mi familia.

No caminé, corrí a través del hospital.

Ninguno de mis esfuerzos hizo ninguna diferencia. Ninguna de mis


oraciones había sido escuchada.

No continuaré, pensé. No lo haré. Lanzaré mi alma al viento y


explotará en un millón de pedazos. Me ahogaré en una costa en algún
lugar desteñido y desprovisto de vida. Me secaré en el sol hasta que yo —y
cualquier don que jamás hubiera tenido— nos marchitáramos para
fundirnos con la arena.

No estoy segura de cuánto tiempo me senté en la furgoneta. Lo


suficiente para que mis costillas dolieran por el llanto y las lágrimas
dejaran de salir. Mis pensamientos no se secaron tan fácilmente. Cerré mis
ojos, intentando borrar la frase que resonaba dentro de mi mente: ¿Dios,
por qué no me amas?

Escuché la puerta abrirse. Me imaginé que era papá, pero cuando


levanté la mirada, era Steve quien estaba entrando.

—Viniste —dije. Fue todo lo que pude pronunciar.

Se deslizó junto a mí, sus ojos llenos de consuelo.

—Ron programó un vuelo para mí, ¿recuerdas?

Lo recordaba, pero me imaginé que Steve cambiaría los planes ya


que vino ayer.

—Le traje a Jeremy sus cosas de MerryMan. El departamento de


vestuario las hizo tan pronto como les dije por qué las necesitaba. —
Extendió su mano y acarició mi cabello—. Tus padres me contaron sobre
la cirugía. Lo siento.

No respondí. Solo me incliné en su dirección, y él me abrazó.


Ningunos de los dos habló durante un rato.

Cuando se separó de mí, dijo: —Tu familia está en la sala de


recuperación con Jeremy. Deberías estar ahí con ellos cuando despierte.
—No puedo. —Las palabras emergieron de mi garganta—. Sé que se
supone que sea fuerte, y se supone que continúe de algún modo, pero no
quiero hacerlo. Jamás. Quiero estar resentida y furiosa y destruir cosas. —
No dije el resto, que era que quería herir a Dios. Sonaba como una tarea
imposible, tan imposible como escapar de la muerte.

Steve pasó su mano por mi espalda.

—Ayer me preguntaste cuál es el propósito de la vida. He pensado en


ello desde entonces. Pienso que es hacer el bien sin importar lo que la vida
te ponga por delante, es no dejar que el dolor te amargue. Es algo que
tenemos que aprender, algo en lo que tenemos que convertirnos.

—¿Qué hay sobre los niños pequeños que mueren? ¿Cuál es su


propósito entonces?

—Los niños pequeños no tienen que aprenderlo. Ya lo saben. —Steve


puso su mano sobre la mía—. Tú no te amargarás, porque Jeremy quiere
que seas feliz. Para eso utilizó su último deseo. Al menos tienes que
intentarlo.

No respondí, ni siquiera lo miré. Sabía que tenía razón, pero no


podía ponerme la felicidad como si fuera un suéter o algo así.

—Piensa en una cosa por la que ser feliz. Solo una cosa. —Mientras
él decía esto, me di cuenta que hablaba por experiencia. Él se había
abierto paso a través de la devastación en algún punto, y ahora estaba
traspasando su consejo de supervivencia.

—Pero nada compensa esto —dije.

—Lo sé, pero puedes encontrar algo por lo que ser feliz cada día. Él
te ama, eso es algo grande.

Y luego supe que su devastación había sido su pelea con su familia.


Era más fácil hablar sobre ellos que sobre Jeremy. Mi voz se volvió más
estable.

—Tus padres sí te aman. Antes de irme, tú mamá me dio un abrazo


y me dijo que te cuidara bien.

Sus cejas se elevaron.


—¿Ella te abrazó? Ni siquiera me abraza a mí.

—Tal vez lo hubiera hecho si no te hubieras ido de esa manera.

Ladeó su cabeza, analizándome.

—¿Qué les dijiste de todos modos? Cuando regresé a casa, habían


dejado un mensaje en mi contestador. Mi mamá dijo que esperaba que
hubiera tenido un buen viaje, y mi padre estuvo muy cerca a disculparse
por su poco temperamento durante mi visita. No sonaban para nada como
ellos.

—No les dije nada que no fuera real, o al menos verdad.

—Uh-huh. —Sabía que no me había creído, pero sonrió de todos


modos.

Le di un apretón a su mano.

—Estoy feliz de que vinieras.

Steve miró su reloj.

—Y es mejor que yo me vaya a cambiar. Robin Hood tiene que


entregar las ropas.

—Dile a mis padres que entraré cuando mis ojos se deshinchen. No


quiero que Jeremy me vea de esta forma.

Él asintió.

—Se los diré.

Lo observé atravesar el estacionamiento e ingresar al hospital.


Intenté pensar en todas las cosas que tenía por las que estar feliz. Una
familia que me amaba. Más tiempo con Jeremy, aunque fuera un tiempo
reducido. No pude pensar en nada después de eso porque comencé a llorar
otra vez.

Nunca lograría entrar al hospital a este paso.

Media hora después, Steve salió vestido en su disfraz de Robin Hood,


atrayendo la atención de cada persona en el estacionamiento.
—Jeremy está despierto y preguntando por ti.

—No puedo entrar así —dije, pero salí de la furgoneta—. Ni siquiera


seré capaz de hablar de forma coherente.

—A él eso no le importa —dijo Steve.

***

Cuando entramos a la habitación, todo en lo que podía pensar era en lo


pequeño que se veía Jeremy en una cama de hospital. Gasas blancas
envueltas alrededor de su cabeza, cubriendo la herida.

Me vio y levantó su cabeza un poco. Esto debe haberle causado dolor


porque la bajó inmediatamente otra vez. Me hizo señas para que me
acercara. La medicación entorpecía su voz, pero todavía podía sentir su
emoción.

—Annika, ya no tienes que seguir preocupándote por la historia. Ya


sé cómo termina.

Mi corazón se detuvo. No podía hablar. ¿Qué le habían dicho acerca


de su condición?

—Soñé sobre ello —dijo—. Fui al inframundo, y escalé las paredes


como tú me dijiste.

Sus palabras pintaron una imagen inmediata en mi mente. Podía ver


los oscuros acantilados y la pequeña figura de Jeremy presionado contra
ellos, escalando. Andrajosos picos se elevaban sobre él, empinados,
imponentes, presentado una tarea imposible.

—No te vi, no veía a nadie. Estaba completamente solo, pero sabía


que la muerte estaba esperando al fondo, y no me quería quedar con ella.

Vi los dedos de Jeremy rasguñando para encontrar agarraderas en la


fría muralla de roca, pero se estaba deslizando. No sería capaz de
aferrarse. Lo sabía, y no podía ayudarlo.
—Lo siento tanto —dije.

—Pensé que me caería —dijo—, pero entonces una enorme luz vino,
y Dios me tomó de la mano. Dijo que no tenía que seguir escalando porque
podía volar. —Jeremy sonaba bastante orgulloso de saber algo que yo no—
. Así que no tienes que preocuparte sobre cómo salir del inframundo. Dios
se encarga de eso.

Lo vi también, vi a Jeremy rodeado de luz y por un momento sentí


que Dios se giró y me miró… no con reproche, sino con una sonrisa de
amor.

Entonces estuve de regreso en la habitación del hospital, sin aliento


y parpadeando.

—Esa es una historia hermosa —dije, tanto para mí como para


Jeremy—. Y ese es exactamente el final perfecto.

A mi lado Steve tomó mi mano y la apretó. Me aferré a su mano pero


mantuve mis ojos en Jeremy.

—Te contaré tantas historias como quieras cuando lleguemos a casa.

—Cuéntame algunas sobre mí como un MerryMan —dijo.

—Oh, tú eres el mejor MerryMan. Tienes un montón de aventuras.


Robin Hood te lleva a todos lados, y tus tiros son mejores que los de
cualquiera.

—Bien. —Él dejó escapar un suspiro feliz, y nos miró a Steve y a mí


con una sonrisa astuta—. No te preocupes —susurró—. No le diré a Lady
Marion sobre ti.

—Gracias —dije. Entonces me incliné y le di a Jeremy un beso.

Fin
Sobre la autora:

JanetteRallison
JanetteRallison ha estado escribiendo desde que tenía siete años, aunque
la calidad de su trabajo ha mejorado sustancialmente desde entonces. Es
la autora de varios libros, entre los que se encuentra: All´sFair in Love,
War, and Higschool.

Vive en Chandler, Arizona, con su esposo, Guy, y sus cinco hijos.


I ♥ Purple Rose
www.purplerose1.activoforo.com

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