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CURSOS UNIVERSITARIOS / 29

José María Valverde

La Literatura,
al cabo del siglo
Con el ciclo de cuatro conferencias «La literatura, al cabo del siglo», que dio
José María Valverde en la Fundación Juan March entre el 2 y el 11 de octubre,
se reanudaron en esta institución las conferencias habituales dentro de la
programación de cada curso tras el paréntesis veraniego. José María Valverde,
catedrático de Estética, ensayista, poeta y traductor, habló el martes día 2 de
octubre de «Un orden amenazado: hasta la Primera Guerra Mundial»; el jueves
4, de «La experiencia vanguardista»; el martes 9, de «El virus lingüístico»; y el
jueves 11, de «El estado literario de cosas: ayer mismo y hoy».
Se ofrece a continuación un resumen de las conferencias pronunciadas por Valverde.

E n esa suerte de «final del siglo


XIX» que son los primeros años
del XX -en realidad muchos conside-
especialmente en el caso de Bergson,
yendo desde el «élan vital» a la mís-
tica.
ran que aquel siglo acabó realmente Y entonces surgía la «crisis del
en 1914, en el comienzo de la Pri- yo», tan grave para la literatura al po-
mera Guerra Mundial-, la aparente ner en cuestión la posibilidad de la
solidez del orden burgués europeo se sinceridad -más adelante se verá su
estaba minando por problemas que aspecto lingüístico, especialmente te-
saldrían a la luz poco después; en el mible para «el llamado Yo», como
orden de la política mundial, los cam- dijo Nietzsche-. A todo esto, acercán-
bios de posición e importancia de los donos ya a lo literario, el arte y las le-
imperios de entonces no dejaban pre- tras en general estaban en lo que He-
ver la radicalización de la guerra que gel había llamado «muerte del arte»,
vendría. esto es, la pérdida de su valor como
En lo social, el creciente empuje de expresión esencial del espíritu, el cual
la nueva clase obrera industrial no pa- se había llegado a sentir muy por en-
recía que fuera una amenaza para el cima de sus materiales y sus palabras
capitalismo. La ciencia seguía siendo -proceso que en Walter Benjamin se-
no sólo una fuente de progresos técni- ría la «pérdida del aura»-. El escritor,
cos, sino una sólida base de compren- socialmente, si era verdadero creador,
sión mental del mundo -ignorando quedaba marginado y se refugiaba po-
que ya comenzaba la desintegración lémicamente en el «arte por el arte»,
del átomo y que aparecían ideas como mientras crecía el consumo de mer-
las del «quantum» y la relatividad-. cancía literaria para el gran público
Ideológicamente, sólo entonces se -así, la novela realista, que es aban-
empezaba a leer a algunos grandes donada por los buenos escritores con
del siglo XIX, que habían dejado un el cambio del siglo.
legado inquietante (Kierkegaard, Se ponen en marcha los gérmenes
Marx, Nietzsche): los pensadores en- de lo que será «vanguardia» -Ma-
tonces en actividad y con prestigio llarmé, que en su busca de la belleza
parecían confirmar el orden de cosas, absoluta poética se ve condenado al
sin advertir la paradoja por la cual su silencio; Rimbaud, como vidente-.
presunto positivismo común llevaba a Mientras Valéry se entrega a la radi-
desarrollos más bien espiritualistas, calización de la inteligencia, usando
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den de la ciencia y la política -ésta,


en cuanto a economía- ya se ha anti-
cipado; la radicalización de la con-
ciencia del lenguaje se verá más ade-
lante. Como introducción al van-
guardismo poético deben conside-
rarse, aunque sea brevemente, los ca-
sos de la arquitectura -que entonces
descubrió su esencia funcional, en el
uso y en las formas materiales, aun-
que con medianas consecuencias, por
su exceso de pureza para el gusto ge-
neral- y en el orden de la pintura, con
el vuelco desde el impresionismo
-positivista y «sincero»— al juego ge-
ométrico cubista y a la abolición de la
imagen.
La poesía desarrolla su experiencia
José María Valverde (Valencia de de vanguardia bajo un fuerte influjo
Alcántara, Cáceres, 1926) es de la pintura al tener su centro en la
desde 1955 catedrático de cuestión de la «imagen»: los poemas
Estética de la Universidad de vanguardistas tienen algo de collage
Barcelona, con un paréntesis de o fotomontaje de imágenes a primera
doce años, desde 1965, diez de vista inconexas, pero que en su con-
ellos en universidades
canadienses. Autor de varios junto forman un ambiente o un estado
libros de poesía agrupados ahora de ánimo. Así se señala en el caso
en Poesías reunidas (1945-1990), francés de Apollinaire, temprano
ha publicado numerosas obras, amigo de los cubistas. O en el caso
entre ellas Vida y muerte de las italiano del futurismo de Marinetti,
ideas (Pequeña historia del también manifestado en pintura y es-
pensamiento occidental), Breve cultura, con exaltación de la veloci-
historia y antología de la estética, dad, la modernidad y el dinamismo.
y una Antología de la poesía El experimentalismo poético no
española e hispanoamericana. sólo se desarrolla en Francia: es inte-
Destacada es su actividad como resante el caso ruso, donde un Jliébni-
traductor, habiendo obtenido el kov está en comunicación con los lin-
Premio Nacional de Traducción güistas del «círculo de Moscú», y es
en 1958, 1978 y 1990. importante el caso de los americanos
britanizados Pound y Eliot, cuyo van-
guardismo no tendría mucho desarro-
llo en su propia lengua. Todo esto
la poesía como juego irónico, Proust empieza antes de la Primera Guerra
crea una nueva obra: en reviviscencia Mundial: durante ella, en la neutrali-
del proceso de la «memoria involun- dad de Zurich, estalla el dadaísmo
taria», ni ensayo ni novela; no por como experimento destructor de poe-
nada, diría Benjamin, hablando de él, sía y arte, que luego enlaza -por
que «todas las grandes obras de la li- Tzara- con el naciente surrealismo
teratura funden y disuelven un gé- francés de Breton.
nero: son casos únicos». En él, el material del inconsciente
Desde el cambio de siglo hasta vale como poesía, no sin una hábil
aproximadamente 1930 todos los as- manipulación a pesar de su aparente
pectos de la cultura analizan hasta la espontaneidad. En nuestra lengua, el
raíz sus respectivas esencias: en el or- chileno Vicente Huidobro y el espa-
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ñol Gerardo Diego iniciaron el crea- pontaneidad en bruto, se ve el fluir


cionismo, una poesía de imaginería mental en lenguaje, marchando a me-
en «fotomontaje», a veces incluso con nudo por simples asociaciones sonoras
pretensión de «no figurativa». más bien tontas.
Joyce introduce la «palabra inte-
El virus lingüístico rior» a veces de forma coherente;
otras, en cambio, en vetas al azar. El
Me voy a referir a un hecho general escándalo que hizo que no se pudiera
que, si afecta quizá sobre todo a la fi- publicar el Ulises en el ámbito anglo-
losofía, también modifica la situación sajón no fue tanto por las indecencias
para la literatura a partir de entonces: de tipo sexual del señor Bloom, el pro-
la toma de conciencia del hecho de tagonista, pues el pobre realmente no
que la vida mental sólo se da mediante comete ninguna, sino por las indecen-
el lenguaje, y precisamente en cuanto cias que le pasan por la cabeza. Joyce
estructuras y categorías, en las cuales finge que pone en el papel todo lo que
se inserta el léxico. Esto, que empezó pasa por la cabeza del protagonista, tal
a tenerse en cuenta por algunos ro- como pasa, en bruto, pero indudable-
mánticos alemanes, llega a plena luci- mente está fingiendo. El Ulises se en-
dez en Nietzsche, aunque sólo recien- tiende todo, pero para ello se necesita
temente se haya valorado bastante ese —y yo lo sé bien, porque lo he tradu-
aspecto previo a sus «transvaloracio- cido— tener memoria para recordar
nes de valores». todo lo dicho por Joyce anteriormente.
En todo caso, en la segunda década Cuando pensamos hablamos, aun-
del siglo XX se pone en marcha esta que no hagamos ruidos, nuestras cuer-
toma de conciencia -Saussure, Sapir- das vocales vibran. El pensarhablar
que gradualmente se va haciendo pre- —lo digo en una sola palabra— podrá
supuesto común del pensar y del escri- registrarse en el futuro. Esto es lo que
bir. A principios de siglo, en Viena, ocurre con el Ulises, que se juega con
hay diversos escritores -Hofmanns- las palabras pensadas, lo que da origen
thal, Kraus-, que parten de la concien- a juegos de palabras, a chistes; lo cual
cia lingüística; en los años sesenta, en indudablemente resulta divertido,
Paris, esto será también una situación siempre que se entiendan, porque no
común para otros escritores, dentro de todo el mundo comprende los juegos
una generalización del tema lingüístico de palabras. Hacerlos a Joyce le diver-
como algo que afecta a la cultura en- tía mucho, demasiado diría yo, porque
tera. se corre el riesgo de abusar, y Joyce,
Para la literatura, tal situación re- quién lo duda, abusaba. Esto se puede
presenta a la vez un estímulo y un peli- percibir examinando en facsímil la pri-
gro: el escritor, al hacerse plenamente mera versión del Ulises, viendo lo que
consciente de lo que es manejar el len- añadió para ser publicado en forma de
guaje, siente un nuevo placer en su ta- libro. Añadió como un 30 por ciento
rea, pero, por otro lado, puede quedar más de texto y yo creo que fue un
obsesionado con el desarrollo mismo error. Todo lo que añadió sobra y, ade-
de las palabras, dedicándose a obser- más, lo hace ilegible. Si se quitara este
varlo y analizarlo -«escribir», enton- lastre, si se publicara la primera ver-
ces, como dirá Barthes, llegará a ser sión reducida, podría resultar más legi-
«un verbo intransitivo». ble, más accesible su novela. Joyce,
Esta cuestión tiene su más visible obsesionado por el desarrollo del len-
exponente en el Ulises de Joyce: entre guaje por sí mismo, pasaría luego a es-
sus diversos estilos -uno por cada ca- cribir Finnegans Wake, un exceso des-
pítulo- aparece una veta intermitente bordado de juegos de palabras.Yo no
de «palabra interior», sobre todo del he leído entero Finnegans Wake, en
protagonista, en que, con aparente es- ocasiones abro el texto y leo unas pá-
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ginas, me río con ciertos chistes, con Desde los años cincuenta surge lo
ciertos juegos de palabras. Si Ulises que cabe llamar «neovanguardia», en
abarca un día, Finnegans se limita a parte prolongación de aquélla en sus
una noche, y mezcla realidad y sueño. experimentos, en parte, simplemente,
Así, la toma de conciencia lingüística, aprovechamiento de sus logros ante un
que ha puesto en cuestión la filosofía público que no había comprendido
en su forma hasta entonces vigente, al aquélla en su momento oportuno. De
reducir los conceptos a palabras, se re- hecho, hoy domina entre nosotros un
vela también peligrosa para la litera- sentido neo-surrealista de la poesía.
tura misma. Pues el escritor que juega Pero tal vez el aspecto un tanto epi-
con las palabras ya no se responsabi- gónico, de segundo nivel, de ese me-
liza de ellas; no opina, no cuenta nada dio siglo de literatura tenga una razón
y acaba, por tanto, convirtiéndose en externa: aparecen los medios audiovi-
un escritor vacío. suales, cine y pequeña pantalla, que no
sólo absorben, sino que modifican la
El estado literario de cosas imaginación de todos, quitando razón
de ser a la narrativa tradicional.
Tal vez por un efecto óptico de Por otra parte, la educación y la cul-
perspectiva, soy de la opinión de que tura de hoy han ido reduciendo la sen-
los escritores de los últimos cincuenta sibilidad del oído y la memoria del
años resultan menos importantes que lenguaje, con lo cual la poesía deja de
los inmediatos anteriores, y pienso ser algo disfrutable -y la literatura en
también, y sobre todo, que la literatura cuanto poética-. Lo cual viene a coin-
se ha hecho menos importante dentro cidir con un íntimo agotamiento del re-
de la vida de todos. En todo caso, deja- pertorio de formas métricas y estrófi-
das atrás las vanguardias, hay una gran cas heredadas de una experiencia de
variedad de hechos y movimientos siglos: la poesía, pues, quizá en trance
que, aun en una relación sólo indirecta de extinción, y como ya se ha señalado
con el vanguardismo, lo tienen muy en anteriomente, el exceso de conciencia
cuenta. del lenguaje y la literatura cohibe a los
Así, la experiencia de la narrativa escritores en su tarea.
italiana, desde Moravia hasta, por Finalmente hay que aludir a la situa-
ejemplo, Bassani, partía de la sobrie- ción real de la literatura en su conexión
dad expresiva del grupo «La Ronda», con el público -un público adicto a la
no narrativo, y quedaba flanqueada por televisión y al cine, y con poco oído
el desarrollo de la poesía ermética, re- para lo literario-, ante un mercado
ducida a un mínimo esencial donde no donde se lee sólo una pequeña parte de
había espacio para el experimenta- lo que se vende y se publican demasia-
lismo. dos títulos, dejando al libro, en cambio,
En otro sentido, en la narrativa in- una función de fetiche cultural.
glesa, Virginia Woolf formaba paralelo Con todo, el lenguaje sigue vivo y
con Joyce, pero su novedad formal pa- hay escritores que hacen algo valioso,
recía menos llamativa que la de éste -y a la vez movidos por impulsos huma-
de ambos deriva mucho de la narrativa nos universales y con una refinada
posterior de lengua inglesa; Faulkner, experiencia que han de tomar irónica-
por ejemplo-. Otra línea sería el trán- mente para que no les paralice. Pero,
sito del expresionismo al marxismo en como tantas veces en la historia, es
Brecht, sin pasar por el vanguardismo posible que lo mejor que se escriba
propiamente dicho. Y otro caso podría no esté donde se suele situar valorati-
ser el «boom» de la narrativa hispanoa- vamente: acaso la mejor literatura ac-
mericana, aunque no fuera esto adver- tual está en ciertos periódicos, en co-
tido, que derivaba de la poesía enrique- lumnas de aire fugaz y sin pre-
cida por el vanguardismo. tensiones de perennidad. •