Está en la página 1de 4

Primera Guerra Mundial

Desarrollo y fases de la Primera Guerra Mundial

El atentado provocó la indignada protesta del gobierno austrohúngaro, que por medio de un duro ultimátum amenazó a Serbia
con la guerra si no atendía sus exigencias de tomar medidas inmediatas contra los nacionalistas radicales serbios. La negativa
serbia condujo a una declaración de guerra y puso en marcha el sistema de alianzas: sucesivamente se implicaron Rusia, Alemania,
Francia e Inglaterra. Recibida con cierto entusiasmo entre la población de los países contendientes, comenzaba la «Gran Guerra»,
así llamada por aquel entonces; tras la nueva conflagración que asoló Europa entre 1939 y 1945, ambos conflictos serían
bautizados con ordinales: «Primera Guerra Mundial» (1914-1918) y «Segunda Guerra Mundial» (1939-1945).

Las fuerzas de los dos bloques enfrentados eran bastante equilibradas. La superioridad naval y numérica de la Triple Entente
(Francia, Inglaterra y Rusia) era compensada, en los Imperios Centrales, por la capacidad de movilización y un potencial bélico
mayor. El Imperio alemán y el austrohúngaro carecían de grandes dominios coloniales, pero formaban un bloque territorial
compacto y coordinado.

Con la idea de derrotar a Francia antes de que pudiese recibir la ayuda de Inglaterra y de que una ofensiva de Rusia los obligase a
combatir en dos frentes, los alemanes aplicaron de inmediato el plan Schlieffen (ya que su jefe del Estado Mayor alemán, se
llamaba Alfred von Schlieffen). Este plan de ataque preveía un vasto movimiento de las fuerzas alemanas que, en seis semanas,
impulsando una guerra rápida, habían de penetrar en Francia pasando por Bélgica, eludiendo así las tropas y fortificaciones
fronterizas francesas.

El espejismo de una guerra rápida (1914): guerra de movimientos.

El ejército alemán venció la resistencia belga, atravesó el país y en pocos días se adentró en territorio francés. Pero en el río Marne
las fuerzas francesas, resistieron el avance alemán, sin embargo carecieron a su vez del poderío militar suficiente para forzar su
retirada; la batalla del Marne (septiembre de 1914) resultó decisiva; representó asimismo un triunfo moral para los franceses y
marcó el curso ulterior de la guerra. Nuevas batallas y combates entablados desde el río Marne hasta el Atlántico tuvieron un
desenlace similar; el frente occidental se estabilizó y, a principios de 1915, ambos bandos se encontraban atrincherados en una
línea de ochocientos kilómetros que se extendía desde Suiza hasta Bélgica, situación que no cambiará hasta la primavera de 1918.

En el frente oriental, Alemania hubo de responder a la ofensiva lanzada por Rusia. Mal entrenadas y poco coordinadas, las tropas
rusas fueron vencidas por las alemanas, en la batalla de Tannenberg (agosto de 1914). Los rusos sufrieron numerosísimas bajas,
pero su acción posibilitó el éxito de Francia en el frente occidental, ya que obligaron al general alemán a trasladar diversas
divisiones del frente occidental al oriental para frenar la ofensiva rusa. La ausencia de estas divisiones fue decisiva para inclinar la
batalla del Marne en favor de los franceses.

Pese a la derrota frente a los alemanes, el Imperio ruso obtuvo algunas victorias sobre los austriacos; pero, aunque no tan
firmemente como el occidental, el frente oriental quedó también estabilizado en una línea que se extendía desde el mar Báltico a
el Mar Negro. A finales de 1914, estaba claro que la guerra sería larga. Ante los exiguos resultados conseguidos por la llamada
«guerra de movimientos» de 1914 (rápidas movilizaciones de grandes contingentes para aplastar al enemigo), los estados mayores
se prepararon para la «guerra de posiciones», es decir, para una agotadora guerra de desgaste que se prolongaría casi hasta el
final de la contienda.

La guerra de trincheras (1915-1916)

A principios de 1915, ambos bandos construyeron complejas líneas de trincheras que serpentearon por los cientos de kilómetros
del frente. La fortificación alcanzaría tal grado de virtuosismo que ninguno de los contendientes lograría una penetración decisiva.
Al quedar protegidos los soldados del alcance de las ametralladoras, la capacidad armamentística (morteros, lanzagranadas,
lanzallamas) y muy especialmente la artillería pesada se transformó en dueña campo de batalla. La industria siderometalúrgica
(hierro) se puso al servicio de las necesidades militares y produjo masivamente cañones, morteros y obuses. El consumo de
municiones en los primeros meses de la guerra rebasó largamente las previsiones, y la cuestión del aprovisionamiento acabó
trasformándose en un asunto esencial, que obligó a modernizar y planificar la producción y a utilizar mano de obra femenina.

Ante esa situación de estancamiento, durante el año 1916 alemanes y franceses intentaron romper el frente concentrando los
esfuerzos bélicos en un solo punto. Tal era el objetivo de la gran ofensiva alemana sobre la ciudad de Verdún, iniciado en febrero
de 1916, el ataque se encontró con la fuerte resistencia de los franceses, que frenaron el avance sobre la ciudad y recuperaron, ya
en noviembre del mismo año, las escasas plazas que había llegado a ocupar el enemigo. La ofensiva aliada en el norte tuvo carácter
masivo; iniciada en julio de 1916, concluyó sin éxito a mediados de noviembre del mismo año. Ambas campañas costaron
centenares de miles de vidas y sólo movieron los frentes unos pocos centenares de metros.

La guerra en el mar tuvo su episodio central en la batalla de Jutlandia (mayo de 1916), costas de Dinamarca, en la que se
enfrentaron la armada británica y la alemana, el resultado favoreció a los ingleses. La excepción fueron, obviamente, los
submarinos, que antes y después de Jutlandia obstaculizaron el aprovisionamiento por vía marítima de Gran Bretaña hundiendo
los barcos británicos o aliados que se acercaban a la isla. En mayo de 1915, el hundimiento del trasatlántico de pasajeros que había
zarpado de Nueva York, provocó una airada reacción estadounidense, y el alto mando alemán hubo de aceptar restricciones a la
guerra submarina. Pero en febrero de 1917, los alemanes anunciaron la extensión del bloqueo a todas las embarcaciones sin
importar su pabellón, decisión que pondría fin a la neutralidad de los Estados Unidos.

La intervención estadounidense y el final de la guerra (1917-1918)

Durante el año 1917, la población civil de muchas naciones en conflicto llegó a una situación límite: a las dificultades para la mera
subsistencia había que sumar los trastornos familiares por la pérdida o ausencia de los miembros más jóvenes y el agotamiento
psicológico. Hubo intentos de amotinamiento en las guarniciones, que fueron severamente reprimidos, y también huelgas de
protesta por la escasez de productos de primera necesidad.

La aceptación más o menos entusiasta que gran parte de la población de los países contendientes había manifestado al inicio de
la guerra se había convertido en un rechazo frontal a su continuación, sobre todo en las grandes ciudades industriales de Alemania.
También era especialmente crítica la situación en el Imperio austrohúngaro, donde el desabastecimiento y la falta de productos
básicos se agudizaban día a día. En octubre de 1917 triunfó en Rusia la revolución dirigida por Lenin y los bolcheviques, que se
hicieron con el poder; el agotamiento de la población y la promesa de poner fin a la guerra favorecieron el éxito revolucionario.

Pero el acontecimiento clave de aquel año fue la entrada de los Estados Unidos en la guerra (6 de abril de 1917). El motivo oficial
fue la decisión alemana de suprimir las restricciones a la guerra submarina; en adelante atacarían a todos los buques (militares o
civiles, aliados o neutrales) para sostener el bloqueo marítimo contra Inglaterra. También se dio difusión a un mensaje enviado
por el ministro de Asuntos Exteriores alemán, Arthur Zimmermann, a su embajador en México: el llamado «Telegrama
Zimmermann», interceptado por los servicios secretos británicos, reveló el propósito del Imperio alemán de incitar a México a
declarar la guerra a los Estados Unidos, brindando al país vecino ayuda militar y financiera para recuperar los territorios perdidos
en la Guerra Mexicano-Estadounidense de 1846. El motivo de fondo, sin embargo, era el temor a no recuperar los créditos
concedidos a Gran Bretaña y Francia en caso de que ganasen los Imperios Centrales.

El apoyo de Estados Unidos a Francia e Inglaterra decidió el desenlace de la guerra. En pocos meses desembarcaron en Francia
más de un millón de soldados y un gran número de tanques, aviones, camiones y piezas de artillería; con el respaldo de la llamada
Fuerza Expedicionaria Estadounidense, comandada por el general John Pershing, la superioridad bélica de los aliados se hizo
abrumadora.

En otoño de 1918, tal superioridad comenzó a dar resultados concretos; a principios de noviembre, tras la destrucción de las líneas
austriacas en la batalla de Vittorio Veneto, el Imperio austrohúngaro aceptó el armisticio. En el frente occidental, un último intento
alemán de avanzar sobre el Marne fue desbaratado en la batalla de Château-Thierry (4 de junio de 1918); en septiembre, la
contraofensiva aliada había obligado a los alemanes a retroceder hasta la Línea Hindenburg, que sería aniquilada a primeros de
noviembre. En Alemania, una insurrección socialista se propagó de Baviera a Berlín, donde un gobierno provisional proclamó la
República y obligó al emperador Guillermo II a abdicar y a exiliarse en los Países Bajos. El 11 de noviembre de 1918, Alemania
firmaba el armisticio.

1914: La guerra de movimientos y fronteras

Alemania invadió Bélgica y se lanzó a tomar Francia. El plan alemán de guerra rápida, de no más de seis meses de duración, fracasó
en Marne gracias a la contraofensiva francesa que evitó la conquista alemana del norte Francia y de Flandes. El frente occidental
quedó estabilizado y los países beligerantes se prepararon para afrontar una guerra que se alargaría en el tiempo.

Mientras tanto, en el frente oriental, los alemanes vencieron a los rusos en Prusia Oriental; por el contrario, su aliado, Austria, debió
retirarse de Serbia por la ofensiva conjunta de serbios y rusos. En esta etapa Turquía se integró en la Triple Alianza cerrando los
Estrechos y atacando a Rusia.

1915-1916: La guerra de posiciones y desgaste. “Guerra de Trincheras”

La nueva estrategia militar tenía como objetivo defender y estabilizar los frentes. Para lograrlo recurrieron a las trincheras, un método
de guerra que requería un gran gasto militar, tanto personal como armamentístico, que definió un estilo bélico conocido por la
historiografía como guerra de posiciones y estrategia de desgaste.

En 1915, en el frente occidental se originan dos ofensivas que fracasaron, la de Artois y la de Aisne. Italia, neutral hasta el momento,
entró en guerra con la Entente y se enfrentó a Austria.

En 1916 se produjeron dos batallas especialmente sangrientas que duraron de febrero a agosto y que no cambiaron nada: la
batalla de Verdún y la de Somme. La última de ellas hizo retroceder la frontera alemana en occidente. En oriente los alemanes
también sufrieron la derrota a manos de los rusos en la batalla de Lontak. En este año, Portugal y Rumanía entran en guerra con la
Entente, aunque esta última nación fue conquistada por los alemanes a finales de año.
1917: El año crítico

Los frentes permanecían sin apenas cambios desde 1915. La Entente decidió agilizar el conflicto con distintas ofensivas en febrero
de 1917, mientras tanto, los Imperios Centrales lo intentaron utilizando la fuerza submarina. Pero estas opciones estratégicas no
propiciaron el cambio. Fueron la Revolución Rusa y la entrada de EE.UU en la guerra los dos acontecimientos históricos que
cambiaron el devenir de la Primera Guerra Mundial.

La nueva Rusia firmó la paz con Alemania y Austro-Hungria. El triunfo del bolchevismo priorizó la revolución frente a la guerra,
firmando el 15 de diciembre de 1915 el armisticio de Brest-Litovsk entre Rusia y los Imperios Centrales. Rusia abandonó Polonia,
Países Bálticos y Finlandia. La decisión de Rusia, junto a la capitulación de Rumania, borró prácticamente la tensión bélica en el
frente oriental.

Wilson rompió con Alemania y Austria y adentró a EE.UU en la guerra. El motivo se encuentra en la intensificación de los ataques
submarinos alemanes que torpedeaban el comercio anglo-americano.

En 1917 las masas sociales estaban agotadas y ansiosas de paz. Desde el emperador Carlos I hasta el Papa Benedicto XV,
pasando por socialistas alemanes o huelguistas, intentaron poner fin a tantos años de terror.

1918: El año decisivo

Los aliados, con el apoyo de EE.UU, se vieron reforzados moralmente, todo lo contrario que alemanes y austriacos que observaban
muy lejos la victoria bélica. Wilson realizó una propuesta esencial para acabar con el conflicto: la Declaración de los Catorce
Puntos, catorce nuevos objetivos bélicos de la Entente encaminados a buscar la negociación de paz con los Imperios Centrales
y poner fin a la Primera Guerra Mundial.

En esta etapa se pueden establecer dos fases: 1º) de enero a julio de 1918: ofensivas alemanas que oscilaron desde los bombardeos
de París hasta los ataques de Soissons-Marne; 2º) julio hasta octubre: ofensiva aliada. Se produjo una nueva y decisiva batalla en
Marme. Se multiplicaron los puntos de batalla: en el frente occidental: NE de Francia y Bélgica; en Grecia, Bulgaria fue derrotada
ante el ataque franco-serbio; en Oriente Próximo, enfrentamientos en Siria; Italia venció a Austria.