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La Convención contra la

Tortura
La Convención de las Naciones Unidas Contra la
Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o
Degradantes (Convención contra la Tortura) fue
adoptada en el año 1984 y entró en vigor en el año
1987.
Es el tratado internacional más completo frente a la tortura. El
Comité contra la Tortura supervisa la aplicación de la Convención
por parte de los Estados.

1. La Convención contra la Tortura establece una definición


de la tortura.
2. La Convención contra la Tortura obliga a los Estados a
adoptar medidas preventivas.
Según se establece en el artículo 2 de la Convención, todos los
Estados parte tienen la obligación de tomar las medidas
necesarias para impedir los actos de tortura. Esto incluye medidas
legislativas, administrativas, judiciales o de cualquier otra índole
que se estimen convenientes. Los Estados también tienen la
obligación de evitar otros tratos crueles, inhumanos o
degradantes, como se indica en el artículo 16.

3. No existe justificación alguna para la tortura - nunca


El artículo 2.2 de la Convención establece que “en ningún caso
podrán invocarse circunstancias excepcionales” para justificar la
tortura. Esto incluye las situaciones de guerra o amenaza de
guerra, la inestabilidad política interna, la lucha contra el
terrorismo o cualquier otra emergencia pública. No podrá
invocarse una orden de un funcionario superior o de una
autoridad pública como justificación de la tortura.

4. El principio de no-expulsión
El artículo 3 de la Convención establece el principio de no
expulsión, que exige que ningún Estado proceda a la expulsión,
devolución o extradición de una persona a otro Estado cuando
haya “razones fundadas” para creer que dicha persona estará en
peligro de ser sometida a tortura.

5. Delito específico de tortura


El artículo 4 de la Convención indica que cada Estado parte
velará por que todos los actos de tortura constituyan delitos
conforme a su legislación penal. El Comité contra la Tortura exige
que los Estados parte utilicen, como mínimo, la definición de
tortura contenida en el artículo 1 de la Convención.

6. La jurisdicción universal
La Convención obliga a que cada Estado parte establezca su
jurisdicción sobre las personas que se encuentren en su territorio
y que estén acusadas de haber cometido el delito de tortura, con
independencia de que el delito se haya cometido fuera de sus
fronteras y con independencia de la nacionalidad del presunto
autor, país de residencia o la ausencia de cualquier otro tipo de
relación con el país (artículos 5-9). Si el Estado no es capaz de
condenar dicho delito, se requiere la extradición del presunto
acusado a un Estado que sea capaz y esté dispuesto a condenar
dicho delito. Este principio de jurisdicción universal constituye uno
de los aspectos más importantes de la Convención.
7. La formación de los funcionarios
En el artículo 10 de la Convención se exige a los Estados parte
que tomen medidas para garantizar que en la formación
profesional que recibe el personal encargado de la aplicación de
la ley (sea éste civil o militar) el personal médico, los funcionarios
públicos y otras personas que puedan participar en la custodia, el
interrogatorio o el tratamiento de cualquier persona sometida a
cualquier forma de arresto, detención o prisión, se incluya una
educación y una información completas sobre la prohibición de la
tortura.

8. La revisión de los procedimientos de detención


En virtud del artículo 11 de la Convención, los Estados parte
están obligados a mantener sistemáticamente en examen las
normas e instrucciones, métodos y prácticas de interrogatorio, así
como los procedimientos de custodia. Estos deben cumplir con
las Reglas mínimas de las Naciones Unidas para el Tratamiento
de los Reclusos y con el Conjunto de Principios para la Protección
de Todas las Personas Sometidas a Cualquier Forma de
Detención o Prisión.

9. El derecho a una investigación lo más rápida posible


De acuerdo con el artículo 12 de la Convención, siempre que
haya motivos razonables para creer que dentro de su jurisdicción
se ha cometido un acto de tortura, las autoridades competentes
de cada Estado parte, deben de proceder a una investigación
pronta e imparcial. Esto significa que, incluso en ausencia de una
denuncia formal, las autoridades competentes deben realizar una
investigación imparcial, eficaz, independiente y exhaustiva en
cuanto se reciba información que indique cualquier indicio de
tortura o de malos tratos.
10. El derecho de las víctimas a reclamar y obtener
indemnizaciones
La Convención establece que las víctimas de tortura tienen
derecho a presentar una queja y a que su caso sea pronta e
imparcialmente examinado por las autoridades competentes
(artículo 13). Asimismo, en virtud del artículo 14, se garantiza a la
víctima de un acto de tortura la reparación y el derecho a una
indemnización justa y adecuada, incluidos los medios para su
rehabilitación lo más completa posible.

11. Pruebas inadmisibles


Según el artículo 15 de la Convención, ninguna declaración que
se demuestre que ha sido hecha como resultado de tortura puede
ser invocada como prueba en ningún procedimiento. Esta
disposición es fundamental puesto que, al ser tales declaraciones
consideradas inadmisibles en los procesos judiciales, uno de los
principales objetivos por el que se lleva a cabo la tortura se vuelve
superfluo.