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Nombre: Mantuano Macías Diego Omar

Curso: Religiones comparadas


Profesora: Dorothea Ortmann
Resumen #4
Introducción al budismo Zen. El pórtico de la meditación y la vida.
Daisetz Teitaro Susuki
Entre las muchas corrientes del budismo se encuentra el budismo Zen que se desarrolla
en China y gran parte de Japón. En Japón, el budismo Zen se propago con la construcción
de monasterios. En el monasterio, el pórtico de la meditación (Zendo) es el lugar donde
el Zen educa a los monjes, mediante el trabajo continuo. Esto comenzó con Hyakujo,
quien a través del lema: “un día sin trabajo es un día sin comida” procuro que los monjes
cultiven hábitos de valorar el esfuerzo y por sobre la sola meditación. De esta forma se
convirtió en un remedio efectivo contra la indolencia del espíritu, es decir, una separación
entre cuerpo y el espíritu. En esta búsqueda por unidad entre cuerpo y espíritu, se logra el
Satori, que no es más que el estado de vacío. Si el cuerpo se mantiene en actividad
(trabajo) también el espíritu permanece vivo. Además de esto, la actividad física
contribuye a una sana capacidad de pensar, puesto que los pensamientos abstractos
pueden ser considerados como valiosos por el conocimiento obtenido. Sin embargo, para
el Zen, el conocimiento deberá fundamentarse en la experiencia vital o el trabajo.

Respecto al Zendo, es un edificio cuadrangular cuyas dimensiones dependen de la


cantidad de monjes. Entre 30 o 40 monjes ocuparían un espacio de 11 a 20 metros. Donde
cada uno es provisto un tatami de 1 o 2 metros donde desempeñan sus actividades
cotidianas: sentarse, meditar y dormir. Las propiedades o posesiones personales son
pocas: Kesa, Koromo (vestimenta), libros, un aparato de afeitar y un juego de escudillas
(recipiente). Esto se debe a que el budismo considera el deseo de posesiones y bienes
como una de las peores pasiones en el ser humano. Es una protesta callada contra el orden
social de nuestros tiempos. En sintonía con esta dinámica, los monjes toman el desayuno
muy temprano y luego se sirven la comida principal compuesta por arroz, sopa de
verduras y conservas. Alrededor de las 4, comen lo que ha sobrado al medio día. La
pobreza y la sencillez son la norma. No obstante, esto no debe considerarse como la
ascesis, a la manera occidental, sino más bien la idea dominante de la vida monacal es no
desperdiciar nada. La idea de que algo se nos he dado gratuitamente para incrementar las
fuerzas para el trabajo. En el momento de la comida, suena un gong, y los monjes
abandonan el Zendo en procesión solemne. Nadie toma asiento hasta que el superior no
lo haya indicado mediante una señal. Luego, se procede a servirse los alimentos
dedicando un recuerdo a los espíritus difuntos y se dejan siete granos de arroz fuera del
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plato. Todo esto en un ambiente de silencio, todos los deseos se interiorizan juntando y
frotando las manos. Por otra parte, los monjes brindan mantenimiento al monasterio.
Existen bienhechores que se encargan de un Zendo, en cuyas casas se recogen donativos
de arroz y verduras, aunque también ellos se proveen a sí mismos. Su formación no se
limita a la pura adquisición de conocimientos, sino que lo que reciben es práctico y eficaz.
Esta escasez exterior y el esfuerzo interior actúan sobre el carácter del monje.

La vida del monje debe hallarse tan penetrada del espíritu de humildad, que no tema
postrarse ante un pequeño niño. Tal es el ejemplo de Tanka, habiendo sentido frío, tomo
unas figuras del Buda, colocadas en el altar, e hizo fuego con ellas y se calentó. Pero
demostró que para entender este hecho hay que dejarse penetrar por el Zen. Es así, que el
orgullo del corazón debe ser aniquilado y se ha de apurar la copa de la humildad hasta las
heces. Además de esto, los monjes realizan el Sesshin (disciplina espiritual) y practican
el Sanzan o Sanzen, que significa ir al maestro y exponer las opiniones sobre el Koan
(lecturas), que en ellos han preparado para el examen crítico del maestro. El Sanzen se
realiza dos veces por día. El objetivo de esta práctica es poner de manifiesto la verdad del
Zen con toda sencillez de corazón. En la vida del Zendo, el progreso se observa en plazos
largo de tiempo. En muchos casos, se ve un progreso en veinte años después de haber
ingresados en las prácticas del Zen. Para llegar a ser un maestro consumado hay que
atravesar un periodo llamado: la madurez lenta del cuerpo sano. Aunque, poder aplicar
los fundamentos del Zen a la vida misma, tardaría mucho más que una vida para que se
lleve a cabo.

Con respecto a los conocimientos adquiridos en la práctica Zen, es sabido que deberá ser
probado en contacto directo con el mundo. Es por esta razón, que existen monjes que
salen del monasterio y llevan una vida oculta de trabajo cotidiano. Después de un tiempo
regresan al monasterio a seguir cultivando dicho conocimiento. Tal es el ejemplo de Isan,
quien paso varios años en el desierto comiendo nueces y domesticando monos y venados.
Luego, fue hallado fundando monasterios.

Finalmente, la disciplina monacal del Zendo puede parecer anticuada pero sus
fundamentos como la sencillez de vida, dominio del deseo y el no desperdicio tienen
validez para todos los países y todas las épocas. El principal rasgo de la práctica Zen, es
la “virtud oculta” donde se obra bien sin la sombra de un pensamiento que suponga
agradecimiento y reconocimiento. Es decir, hacer el bien y continuar con el propio
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camino, no volver al pasado. Esto es la acción sin mérito. Esto puede estar concordancia
con las enseñanzas de Jesús, acerca de “no digas a tu mano izquierda lo que hace la
derecha”, hacer el bien en lo oculto y sin esperar recompensa. Sin embargo, la existencia
de un Dios o Padre que nos va a pedir cuentas por aquello bueno que se ha hecho ya cabe
la práctica Zen. Debido a que un buen vestido de una sola pieza, nadie puede decir donde
comienza y cómo se ha tejido. Del mismo modo, una buena acción no deja vestigio de
vanidad o de altivez, ni mucho menos pensamientos de una futura recompensa. Es así
que, el Zen es la experiencia personal, pura en sí misma, donde el maestro Zen a
aprehendido la vida misma en medio de su devenir.

Reflexión Crítica

En primer lugar, el budismo Zen cultiva en la persona hábitos que no están relacionados
con el consumismo o el materialismo de nuestra época. En otras palabras, el Zen es una
práctica que valora los bienes en sí mismo, por el esfuerzo que tomo conseguirlos,
además, dejarse llevar por los deseos aleja a la persona del camino de la iluminación o el
nirvana. Esta lógica es contracultural, puesto que la lógica la cultura occidentalizada
pretende solo favorecer solo el capital económico y la acumulación de requisas en manos
de pocos. Además, es una concepción más ecológica y amigable con el ambiente. En
segundo lugar, el budismo Zen instruye a sus alumnos en el arte de no esperar alguna
retribución por el bien que se hace a otros. En otras palabras, se propone una lógica del
desinterés propio y mucho más interés en el bienestar común o el de los demás. Esto
también es contracultural, en medio de la actitud individualista del ser humano. Donde se
pretende solo la satisfacción propia a través del reconocimiento y la fama.