Está en la página 1de 5

PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DEL ECUADOR

FACULTAD DE FILOSOFÍA Y TEOLOGÍA


ESCUELA DE TEOLOGÌA

MATERIA: ADMINISTRACIÓN PARROQUIAL

EL CONSEJO PARROQUIAL DE ASUNTOS ECONÓMICOS


La Administración Parroquial requiere de una estructurada y efectiva
organización para realizar un servicio serio dentro de la comunidad, por ello se
ha observado en la Iglesia y se recomienda según las normas del Código de
Derecho Canónico a los administradores de cada parroquia eclesiástica, es
decir a los párrocos la conformación del consejo económico y el consejo
pastoral.
En este trabajo nos centraremos en el Consejo de Asuntos Económicos
de una Parroquia.
El Código de Derecho Canónico de 1983 establece que toda persona jurídica
en la Iglesia ha de tener su Consejo de Asuntos Económicos o al menos dos
consejeros que ayuden al administrador en el cumplimiento de su función
según el canon 1280.
Pero en relación con la parroquia, el canon 537 establece de manera explícita
que “en toda parroquia ha de haber un Consejo de Asuntos Económicos que se
rige, además del derecho universal, por las normas que haya establecido el
obispo diocesano, y en el cual los fieles, elegidos según esas normas, prestan
su ayuda al párroco en la administración de los bienes de la parroquia, sin
perjuicio de lo que prescribe el c. 532” (que reserva sólo al párroco la
representación legal y la administración de la parroquia).
El Consejo Parroquial de Asuntos Económicos debe, por tanto, existir
necesariamente en cada parroquia. La constitución de este consejo es una
obligación concreta. Obliga incluso cuando se trata de una parroquia confiada
a un instituto religioso, cuando existen varias parroquias confiadas a un mismo
párroco, cuando son varias parroquias confiadas a varios sacerdotes, o cuando
se trata de parroquias confiadas a personas que no tienen carácter sacerdotal
(en este último caso, la obligación recae sobre el sacerdote que realiza la
moderación de la cura pastoral).
El canon 537 deja en firme la responsabilidad personal del párroco en cuanto
representante legal y administrador. En consecuencia, el Consejo no sustituye
al párroco ni puede ser considerado un verdadero y propio “consejo de
administración” de la parroquia, en el cual todos los miembros, bajo la guía del
presidente, tendrían las mismas obligaciones y derechos. Tampoco sustituye al
párroco en el manejo de las cuentas bancarias o en la titularidad de los bienes,
ni al revisor fiscal u otros entes de control. La función del CPAE es colaborar
con el párroco, verdadero y único administrador de la parroquia, quien no

1
deberá separarse del parecer del CPAE sino por graves motivos; incluso el
obispo puede pedir el parecer favorable del CPAE como previa condición para
emanar las varias autorizaciones canónicas de las que el párroco requiere para
realizar actos de administración extraordinaria relativos a la parroquia (cfr.,
canon 127 § 2).
Para comprender la función consultiva del CPAE, es necesario reiterar que la
parroquia es una comunidad de fieles y no una asociación o sociedad de
personas. En efecto, en cuanto comunidad, la parroquia no es una persona
jurídica colegial en la cual tiene relevancia jurídica la voluntad de los asociados
o de los miembros individuales (así sea mediante la elección de los propios
representantes); es más bien una persona jurídica no colegial (cfr., canon 115
§ 2), en la que de manera diversa a una asociación o a un instituto religioso, se
es miembro, no por propia escogencia, sino por el sólo hecho de ser bautizado
y en comunión con la Iglesia Católica, por estar activamente vinculado en una
comunidad parroquial, y donde el párroco, pastor propio de toda la comunidad
y garante de la comunión con el obispo, tiene la responsabilidad última también
en el campo administrativo. En las asociaciones de fieles de estructura
comunitaria y no asociativa, no sólo no conviene que el Consejo tenga
funciones deliberativas, sino que es más coherente que tenga una función
consultiva. Los miembros del CPAE tienen una función de ayuda, de apoyo, de
corresponsabilidad, pero no administran los bienes parroquiales. La búsqueda
del bien común se realiza en el CPAE a través de una comunión de
pensamiento que integra los pareceres de los miembros y de la cual emerge la
solución idónea, y no a través del cómputo numérico de votos
Está compuesto además por los miembros de derecho -es decir, el párroco y
los vicarios parroquiales-, de por al menos tres fieles (laicos, religiosos,
presbíteros o diáconos) de adecuada competencia técnica y pastoral,
nombrados por el párroco después de escuchar el parecer del Consejo
Pastoral y por otros estamentos representativos de la comunidad parroquial.
Pueden ser miembros del CPAE los fieles cristianos adultos en la fe y mayores
de edad, domiciliados en la parroquia o comprometidos en ella de manera
estable. Los miembros del Consejo deben distinguirse por su integridad moral,
por estar activamente insertos en la vida parroquial, por su capacidad de
valorar las opciones económicas con espíritu eclesial y con competencia
profesional; no pueden ser consanguíneos o afines del párroco hasta el cuarto
grado de línea colateral, ni tener relaciones económicas o contractuales con la
parroquia, ni realizar cargos incompatibles con su oficio. Quien pertenece al
CPAE no debe recibir ninguna retribución económica por el simple hecho de
pertenecer a él. En cuanto sea posible, en el CPAE deben estar personas
competentes y formadas en los campos legal, contable y administrativo, pero
ante todo, que sean creyentes comprometidos y que orienten la gestión de los
recursos a la realización de la misión evangelizadora de la Iglesia
El CPAE constituido para un período estable y determinado (uno a tres años),
debe reunirse periódicamente en las fechas previamente establecidas, aunque

2
puede ser convocado con anticipación para reuniones extraordinarias.
Presidido por el párroco, debe contar con una Secretaría, a la cual
corresponderá realizar, firmar y hacer firmar las actas, que serán leídas al inicio
de cada sesión, organizadas y archivadas posteriormente en el Libro de Actas
de la parroquia.
Los miembros del CPAE tienen el deber y el derecho de intervenir en todas las
sesiones. La pertenencia cesa por expiración del tiempo para el cual el
miembro fue nombrado, por renuncia voluntaria presentada por escrito,
motivada y aceptada, o cuando por ausencias sistemáticas injustificadas o por
graves motivos, el párroco se ve en la necesidad de agradecer y dar por
terminado este servicio; en estos dos últimos casos, el párroco deberá nombrar
su sustituto lo antes posible. El CPAE no cesa con el nombramiento de un
nuevo párroco, salvo indicaciones diversas dadas por el ordinario del lugar.

LIBROS PARROQUIALES

Según el canon 535 § 1. En cada parroquia se han de llevar los libros


parroquiales, es decir de bautizados, de matrimonios y de difuntos, y aquellos
otros prescritos por la Conferencia Episcopal o por el Obispo diocesano; cuide
el párroco de que esos libros se anoten con exactitud y se guarden
diligentemente.

§ 2. En el libro de bautizados se anotará también la confirmación, así como


lo que se refiere al estado canónico de los fieles por razón del matrimonio,
quedando a salvo lo que prescribe el ⇒ c. 1133, por razón de la adopción, de la
recepción del orden sagrado, de la profesión perpetua emitida en un instituto
religioso y del cambio de rito; y esas anotaciones han de hacerse constar
siempre en la partida del bautismo.

Es importante recordar que adjunto a los libros parroquiales es indispensable


cierta premura para otros documentos importantes. De esto nos hablará los
siguientes parágrafos:

§ 4. En toda parroquia ha de haber una estantería o archivo, donde se


guarden los libros parroquiales, juntamente con las cartas de los Obispos y
otros documentos que deben conservarse por motivos de necesidad o de
utilidad; todo ello debe ser revisado por el Obispo diocesano o por su delegado
en tiempo de visita o en otra ocasión oportuna, y cuide el párroco de que no
vaya a parar a manos extrañas.

§ 5. También deben conservarse diligentemente los libros parroquiales más


antiguos, según las prescripciones del derecho particular.

3
SOBRE EL LIBRO DE LOS BAUTISMOS

Cuando se lleve a cabo un bautismo es necesario tener en cuenta los


siguientes cánones

877 § 1. El párroco del lugar en que se celebra el bautismo debe anotar


diligentemente y sin demora en el libro de bautismo el nombre de los
bautizados, haciendo mención del ministro, los padres, padrinos, testigos, si los
hubo, y el lugar y día en que se administró, indicando asimismo el día y lugar
del nacimiento.

§ 2. Cuando se trata de un hijo de madre soltera, se ha de inscribir el nombre


de la madre, si consta públicamente su maternidad o ella misma lo pide
voluntariamente por escrito o ante dos testigos; y también se ha de inscribir el
nombre del padre, si su paternidad se prueba por documento público o por
propia declaración ante el párroco y dos testigos; en los demás casos, se
inscribirá sólo el nombre del bautizado, sin hacer constar para nada el del
padre o de los padres.

§ 3. Si se trata de un hijo adoptivo, se inscribirá el nombre de quienes lo


adoptaron y también, al menos si así se hace en el registro civil de la región, el
de los padres naturales, según lo establecido en los § § 1 y 2, teniendo en
cuenta las disposiciones de la Conferencia Episcopal.

878 Si el bautismo no fue administrado por el párroco ni estando él presente, el


ministro, quienquiera que sea, debe informar al párroco de aquella parroquia en
la cual se administró el sacramento, para que haga la inscripción según indica
el ⇒ c. 877 § 1.

SOBRE EL LIBROS DE CONFIRMACIÓN:

895 Deben inscribirse los nombres de los confirmados en el libro de


confirmaciones de la Curia diocesana, dejando constancia del ministro, de los
padres y padrinos, y del lugar y día de la administración del sacramento, o,
donde lo mande la Conferencia Episcopal o el Obispo diocesano, en el libro
que ha de guardarse en el archivo parroquial; el párroco debe notificarlo al
párroco del lugar del bautismo, para que se haga la anotación en el libro de
bautismos a tenor del ⇒ c. 535 § 2. En el libro de bautizados se anotará
también la confirmación, así como lo que se refiere al estado canónico de los
fieles por razón del matrimonio, quedando a salvo lo que prescribe el ⇒ c.
1133, por razón de la adopción, de la recepción del orden sagrado, de la
profesión perpetua emitida en un instituto religioso y del cambio de rito; y esas
anotaciones han de hacerse constar siempre en la partida del bautismo.

4
SOBRE EL LIBRO DE LOS MATRIMONIOS

1121 § 1. Después de celebrarse el matrimonio, el párroco del lugar donde se


celebró o quien hace sus veces, aunque ninguno de ellos hubiera asistido al
matrimonio, debe anotar cuanto antes en el registro matrimonial los nombres
de los cónyuges, del asistente y de los testigos, y el lugar y día de la
celebración, según el modo prescrito por la Conferencia Episcopal o por el
Obispo diocesano.

§ 3. Por lo que se refiere al matrimonio contraído con dispensa de la forma


canónica, el Ordinario del lugar que concedió la dispensa debe cuidar de que
se anote la dispensa y la celebración en el registro de matrimonios, tanto de la
curia como de la parroquia propia de la parte católica, cuyo párroco realizó las
investigaciones acerca del estado de libertad; el cónyuge católico está obligado
a notificar cuanto antes al mismo Ordinario y al párroco que se ha celebrado el
matrimonio, haciendo constar también el lugar donde se ha contraído, y la
forma pública que se ha observado.

1122 § 1. El matrimonio ha de anotarse también en los registros de bautismos


en los que está inscrito el bautismo de los cónyuges.

§ 2. Si un cónyuge no ha contraído matrimonio en la parroquia en la que fue


bautizado, el párroco del lugar en el que se celebró debe enviar cuanto antes
notificación del matrimonio contraído al párroco del lugar donde se administró
el bautismo.

1123 Cuando se convalida un matrimonio para el fuero externo, o es declarado


nulo, o se disuelve legítimamente por una causa distinta de la muerte, debe
comunicarse esta circunstancia al párroco del lugar donde se celebró el
matrimonio, para que se haga como está mandado la anotación en los registros
de matrimonio y de bautismo.

SOBRE EL LIBRO DE LOS DIFUNTOS

Sobre el libro de los difuntos se trata en el canon 1185

1182 Una vez terminado el entierro, se ha de hacer la debida anotación en el


libro de difuntos conforme al derecho particular.