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Elementos de los negocios jurídicos

La concreta aplicación de la norma jurídica en Derecho romano depende de que se verifiquen


ciertos hechos por ella genéricamente prefijados. Los hechos que son presupuestos para tal
aplicación reciben el nombre de hechos jurídicos.

1-Elementos Esenciales: Son aquellos que representan el mínimo de requisitos que las partes
han de acordar en el momento que contrata, ejemplo: precio, mercancía en un contrato de
compraventa.

2-Elementos Naturales: Son aquellos que como su nombre lo indica van de acuerdo con la
naturaleza del contrato jurídico y se pueden aplicar durante un procedimiento siempre y cuando
tenga por fin un arreglo ejemplo: un convenio en un divorcio voluntario, un allanamiento o una
cumplimentación.

3- Elementos accidentales: Son aquellos incidentes que le dan a un contrato un camino diverso
al establecido.

- Clasificación de los hechos que producen consecuencias jurídicas: hechos voluntarios y


hechos no voluntarios

El hecho que produce consecuencias jurídicas tanto puede pertenecer al mundo humano como al
mundo de la naturaleza. Se distingue así entre hechos voluntarios y hechos no voluntarios.
Hechos no voluntarios

Hechos no voluntarios son los independientes de la voluntad del hombre, como el nacimiento o
la muerte de una persona, el transcurso del tiempo, la caída de un edificio. Mayor significación e
importancia tienen los hechos traídos a la vida por una determinación de la voluntad, como la
aceptación de una herencia, el matrimonio, la ocupación o el abandono de una cosa.

Hechos voluntarios o actos jurídicos

Los hechos voluntarios son llamados propiamente actos jurídicos. Dentro de ellos hay que
distinguir dos típicas categorías: a) el acto ilícito, perseguidor de un fin prohibido por la ley, y
contra el cual ésta reacciona, con miras a restaurar el orden jurídico; b) el negocio jurídico, acto
enderezado al logro de un fin que la norma jurídica reconoce y tutela.

- Concepto de negocio jurídico en el Derecho de la antigua Roma

El negocio jurídico es una manifestación de voluntad encaminada a la consecución de un fin


práctico permitido y protegido por la ley. Consecuencia del negocio jurídico es la adquisición, la
modificación o la pérdida de un derecho subjetivo, según conformidad con el fin práctico. Si
todavía no cabe hablar de identificación entre el fin práctico apetecido por el sujeto y el efecto
del negocio jurídico, debe señalarse la progresiva tendencia del Derecho a cohonestar uno y otro.

Los juristas romanos no han elaborado una teoría general del negocio jurídico.

El mismo término negotium no tiene, ni mucho menos, el significado que actualmente le


atribuimos. La teoría general del negocio jurídico es fruto de un proceso de abstracción, llevado
a los términos en que hoy se nos ofrece por obra primero de los pandectistas, y luego de los
civilistas.

Una de las características del temperamento latino es la tendencia hacia la concreción y la


tipicidad. Esto no significa, sin embargo, que los juristas de Roma no hayan tenido conciencia de
la generalidad de algunos conceptos e instituciones. Bajo determinados aspectos, agrupan y
aproximan determinadas figuras, siempre que la reunión y engarce no violente una cierta razón y
medida de homogeneidad. En cualquier caso, no cabe negar el fundamento romano de las
doctrinas de la condición y del término, de las relaciones entre voluntad y manifestación de la
causa, etcétera.

- Clases de negocios jurídicos en Derecho romano

La categorías del negocio jurídico está integrada por una amplia variedad de figuras. Atendiendo
a las particulares circunstancias con que las mismas se presentan, se formulan diferentes
clasificaciones. He aquí las principales:

Negocios unilaterales y bilaterales

Se llama unilateral al negocio jurídico puesto en existencia por la voluntad de un solo sujeto,
como sucede, v. gr., con el testamento, la aceptación de herencia, la emancipación. Es bilateral el
creado por las voluntades de dos sujetos, en cuanto venidas a concierto, es decir, a acuerdo –
consensus–, como la compraventa, la adopción, el matrimonio.
Negocios formales o solemnes y no formales o no solemnes

Se dicen formales o solemnes aquellos negocios respecto de los cuales está prescrita por el
ordenamiento jurídico la observancia de una forma precisa y taxativa. No formales o no
solemnes son los negocios en los que la manifestación de voluntad puede tener lugar de
cualquier modo. En el ámbito del ius civile, todos los negocios están dominados por el
imperativo de la forma. El principio de la libertad formal o, si se quiere, el de la no exigencia de
una forma determinada y rigurosa, encuentra su reconocimiento en las corrientes del ius
honorarium y del ius gentium.

Negocios onerosos y gratuitos

Los primeros importan la adquisición de un derecho o de una ventaja económica mediante una
contrapartida. Se trata, en todo caso, de un cambio de prestaciones, de un recíproco
desprendimiento patrimonial, como ocurre, por ejemplo, en la compraventa. En los negocios
gratuitos, la adquisición se verifica sin una pérdida correspondiente, como en la donación.

Negocios causales y abstractos

En los primeros, el fin práctico que, de modo inmediato, persiguen las partes, se unimisma con el
negocio, dotando a éste de una estructura y de una función uniformes. Así, v. gr., el negocio
"compraventa" es inseparable del fin práctica que se sustancia en el cambio de cosa por precio.

Este fin práctico, que técnicamente se llama "causa", no aparece en los negocios abstractos. Tal
no significa, sin embargo, que no exista, sino que se prescinde de su inmediata consideración,
habida cuenta de que el acto sirve a varios fines. En la stipulatio, por ejemplo, se hace una
promesa –centum dari spondes? spondeo–, pero no se indica el fin de la misma. No se dice aquí
si la promesa obedece a una donación, a un pago, a una prestación de garantía a una constitución
de dote, etc.

El negocio causal no produce efecto alguno cuando resulte probada la ilicitud del fin o su propia
falta; el negocio abstracto, en iguales circunstancias, es llevado a sus últimas consecuencias, si
bien sea dable neutralizar o paralizar con remedios particulares sus efectos.

Negocios "mortis causa" e "inter vivos"

Negocios mortis causa son aquellos que tienen por objeto regular el destino del patrimonio o de
particulares bienes después de la muerte del disponente. De modo contrario, los negocios inter
vivos gozan de eficacia en vida de ambas partes.
Invalides de los negocios jurídicos
Llamamos invalidez a la negación de la fuerza jurídica vinculante de un negocio por ser
contrario a Derecho, como sanción por su ilegalidad. El efecto propio de todo contrato es
vincular a las partes, constituirse en norma de su conducta y criterio de valoración de la misma.
Podrá todavía no surtir otros efectos, no crear obligaciones actuales a cargo de nadie, por no
existir aún, ni acaso nunca, los hechos que el negocio pretende regular (distintos, por lo demás,
dependiendo del negocio); pero siempre, como efecto mínimo y común a todos, habrá surgido un
vinculum iuris del que ninguno de los contratantes puede desligarse. A la negación de la fuerza
jurídica vinculante de un contrato (de su significado, entidad o "relevancia" como contrato),
denomina LACRUZ BERDEJO (siguiendo a SCOGNAMILIO) invalidez; la negación o
alteración de los posteriores efectos de un contrato, distintos según su contenido, lo que podemos
llamar efectos finales -obligaciones de entregar cosas o prestar servicios, justificación de las
atribuciones que tienen su fundamento en el contrato -será el terreno de las distintas formas de
ineficacia. Todo contrato inválido es ineficaz, o presenta anomalías en su eficacia, pero la
proposición inversa no es cierta. No hay contratos inválidos plenamente eficaces, pero sí hay
contratos ineficaces plenamente válidos.

Invalidez e ineficacia operan en planos distintos, y aunque pueden coincidir en un mismo


contrato, no es siempre así; por ello es importante esta distinción conceptual, aun advirtiendo que
no es aceptadas . La doctrina, por lo demás, da a veces sentidos muy diferentes a los términos
invalidez e ineficacia que, con sus modalidades, corresponden a categorías conceptuales que el
intérprete elabora con cierta libertad, ante unos textos legales En ese sentido, indica DÍEZ PI
CAZO que no cabe distinción entre invalidez e ineficacia, puesto que el negocio inválido es
ineficaz y viceversa (Cfr. DÍEZ PI CAZO, L., "Eficacia e ineficacia del negocio jurídico"

En la terminación de un contrato hay que distinguir entre lo que suele denominarse ineficacia del
contrato y extinción propiamente dicha. La ineficacia supone una sanción jurídica en
determinadas circunstancias, por lo que el contrato no surte efectos o no surte los efectos que
corresponden a su contenido. En definitiva, no produce los efectos pretendidos o queridos por las
partes. La ineficacia puede obedecer a invalidez o nulidad, por operar alguna causa de rescisión o
por concurrir motivos de resolución o revocación.

La nulidad puede ser absoluta o radical y relativa, que da lugar a lo que suele denominarse
anulabilidad. Un contrato es nulo de pleno derecho cuando no produce efectos jurídicos. El
contrato es inválido "ab initio" y no es confirmable. Se trata de la máxima sanción del
ordenamiento jurídico, y suele basarse en que el contrato carece de los requisitos esenciales que
el Ordenamiento impone por razón del tipo negocial concreto o bien porque se ha traspasado el
límite de la autonomía privada o porque el contrato presenta una causa ilícita.