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UNIVERSIDAD DEL VALLE - DEPARTAMENTO DE FILOSOFÍA

Curso​: Filosofía de la mente. La creencia como actitud deferencial


Estudiante​: Brian Barrera (1629041)
Ensayo​: Deferencialismo y metafilosofía

Abstract​:

Las exploraciones meta-filosóficas, como las de Daly y Ligins (2011), rechazan el deferencialismo
entendido como principio normativo para la aceptación o rechazo de teorías filosóficas en función de
su adecuación con las ciencias. No obstante, sus argumentos funcionan solo sobre la errónea imagen
proposicionalista de la ciencia que asumen pero no justifican. Lo cierto es que el contenido de las
ciencias no es única ni principalmente proposicional, y tampoco puede ser metodológicamente
reducido a proposiciones o enunciados. En este ensayo defiendo la tesis de que un análisis más
detallado de la ciencia y de la deferencia hacen plausible (e incluso necesario) el deferencialismo en
algún grado. Por una parte, la división del contenido de las ciencias en conceptos, teorías, modelos,
leyes, valores, etc. amplían las posibilidades de deferencia (Estanny, 1993). Por otra parte, el
establecimiento de la incomprensión incompleta de conceptos (problema epistémico) y de la
indeterminación de la referencia (problema semántico) como elementos transversales a casi cualquier
concepción de la deferencia (Thuns, inédito; Wikforss, 2017), debilitan el anti-deferencialismo
absoluto y justificaría la deferencia incluso entre “expertos”. Ilustro esto mediante las actitudes hacia
la ciencia que tienen filósofos como Dennett (2007), Bunge (2001) y Moulines (1997), y con sus
casos distingo entre relaciones de implicación y de compromiso entre teorías científicas y metateorías
(filosóficas). Concluyo que estas indagaciones contribuyen a aclarar el sentido en que la filosofía
habría de estar informada por y ser compatible con el conocimiento científico disponible.

Palabras clave​: deferencialismo, semántica, epistemología, metafilosofía, especialización.


1. El deferencialismo, como lo definen Daly y Liggins (2011), indica que si una teoría filosófica es
inconsistente con las ciencias (o con una ciencia particular), entonces debemos rechazar a la teoría
filosófica por esa razón. Esta es una postura meta-filosófica en tanto que propone “un criterio de una
meta-metateoría para decidir qué metateoría filosófica es la mejor a la hora de teorizar sobre la
práctica científica” (Estany, 1993, p.51). Esta definición del deferencialismo no es suficiente, puesto
que ella misma lleva a otra pregunta importante que deja sin responder. Preguntar en qué consiste el
deferencialismo es preguntar ​a qué deferimos cuando deferimos a la ciencia. Si ignoramos esto último
entonces realmente nunca podremos saber cuándo sí y cuándo no es ​consistente con las ciencias
alguna teoría filosófica.

En un intento de aclaración, Daly y Liggins (2011) dicen que separan “el contenido de las
matemáticas de las creencias matemáticas de los matemáticos” (p.324), pero no ahondan ni en el
contenido de la disciplina, ni en las variedades de las creencias que pueden tener los miembros las
comunidades científicas. Por la clase de cosas que toman como pertenecientes al dominio de las
ciencias, parece que toman por “ciencia” un cierto conjunto de proposiciones. Por ejemplo,
mencionan que el enunciado “individuos con daño en la corteza ventromedial hacen juicios morales
pero no están motivados para actuar con base en ellos” forma parte de la psicología. Si así fuera,
entonces cabría discutir si estamos justificados o no para aplicarle el principio deferencialista. Está
claro que, si -y solo si- la cuestión fuera como la han planteado Daly y Liggins (2011), entonces su
respuesta antideferencialista es punto por punto el camino correcto. Pero lo cierto es que podemos
idear algunas distinciones sobre "la ciencia" o “el conocimiento científico” y, por tanto, sobre lo que
podría ser deferir a estas cosas.

Hay una diferencia importante entre los usos deferentes del término "evolución" y la deferencia
manifestada cuando se acude a "la teoría de la evolución por selección natural". La desigualdad es
entre esos casos es un indicio de la riqueza del lenguaje científico. ​No es mi intención
comprometerme con alguna de las visiones dominantes sobre la ciencia (o el lenguaje científico) y, de
cualquier forma, este no es un espacio para profundizar en las concepciones sintáctica, semántica,
estructural, etc. Espero que baste con especificar que en la primera ocasión se habla de un concepto y
en la segunda de una teoría, y en que ésta puede desempeñar el rol de ser una concepción de aquel
concepto. Ahora bien, además de teorías y de conceptos, encontramos también en el cuerpo de las
ciencias algunas entidades particularmente interesantes: las leyes. La ciencia es legal. De acuerdo con
Bunge (2001), podemos (necesitamos) trazar algunas distinciones más para comprender
adecuadamente de qué hablamos cuando hablamos de ​ley científica​. El problema es perenne, dado que
“es habitual encontrar en la literatura filosófica un identificación (implícita o explícita) entre ​ley
científica y ​ley de la naturaleza.​ Esta idea se remonta a los griegos y se ha mantenido en nuestros
días” (Estanny, 1993, p.150). Es así que la nomenclatura propuesta por Bunge (2001) divide las leyes
científicas en: 1) leyes como ​simplemente leyes, 2) enunciados nomológicos, 3) enunciados
nomopragmáticos y 4) encunciados metanomológicos.

2. En el sentido usual del término, la deferencia tiene lugar cuando el ​significado de lo que decimos
está determinado por el ​entendimiento que otros tienen de eso que estamos diciendo o pensando. Los
problemas con esta noción de la deferencia surgen, según creo, por la dependencia del ​entendimiento
de otros. Es un lugar común caer en la trampa de que el conocimiento científico tiene que ver más con
la psicología (asuntos mentales) de los científicos que con cualquier otra cosa. Esta perspectiva
normalmente se esfuerza por rastrear las ideas de los científicos hasta su origen, así como de describir
la convicción que el científico promedio deposita en las teorías o evaluar la justificación que es capaz
de proporcionarnos. Aunque proceder de esta manera puede resultar una actividad interesante (más
para el psicólogo cognitivo), en tanto ejercicio filosófico es poco conveniente. Esto ya ha sido
suficientemente desarrollado por Frege (1998) en su investigación sobre el pensamiento: nadie puede
decir que los procesos mentales del matemático que resuelve cierto problema son parte de la
demostración de que efectivamente ha encontrado la prueba correcta de cierto cálculo. Aunque un
buen día Kekulé haya despertado con la imagen del benceno en su mente, que sea verdad que así
podamos representar el elemento químico depende de cómo él justifica su propuesta a sus colegas
científicos (Popper, 1967). Ninguna de estas aproximaciones nos dirá algo acerca del conocimiento
científico.

En este orden de ideas, el conocimiento científico no debe buscarse en las cabezas de cada científico
individual, sino en lo que éstos ​arrojan al mundo mediante la objetivación que les permite el lenguaje
(Russell, 1983), ya sea en forma de leyes o de teorías. Continuando con Frege (1998), debería
interesarnos el contenido objetivo de los pensamientos -que puede ser propiedad de muchos-, y no el
proceso subjetivo de pensar. Como lo explica Wikforss (2017), si insistimos en las capacidades
epistémicas y sémanticas de una comunidad de expertos, continuamos con la creencia de que existe un
concepto definido que los no expertos entienden de manera incompleta. La verdad es que, por
ejemplo, "los biólogos no están de acuerdo en cómo individuar las especies y usar diferentes
conceptos de especies, y esto hace que sea problemático hablar del concepto de especie” (Wikforss,
2017, p.17). Si la realidad tira de las palabras en diferentes direcciones y nadie sabe a ciencia cierta
cuál es la “correcta”, entonces cualquier teorización sobre la deferencia debe lidiar con los problemas
de la comprensión incompleta generalizada (problema epistémico) y con la indeterminación de la
referencia (problema semántico).

Esto es precisamente lo que ha notado Thuns (inédito) en su crítica a Recanati y en el consecuente


desarrollo de una noción más abstracta de deferencia: fijamos los significados sobre una base mínima
mediante [lo que Thuns (inédito) denomina] deferencia semántica por defecto (​default​), a pesar de que
no haya manera de llegar a una interpretación definitiva siguiendo la cadena deferencial hasta el final,
ni aunque no exista un entendimiento pleno para creer por parte de los miembros de la cadena. De
hecho, anota Thuns (inédito), "la creencia precede al entendimiento. En realidad, la comprensión
puede posponerse para siempre. El proceso de interpretación prevalece sobre los resultados
esperados" (p.16). Esta es una solución al problema doble esbozado unas líneas arriba, puesto que los
hablantes defieren por defecto a ideales epistémicos, normativos o cognitivos en lugar de a personas
reales (y a sus estados mentales).

3. Con todo, mi argumento podría parecer sumamente segmentado y, en efecto, es posible que fuera a
la deriva si no usamos las anteriores consideraciones sobre ciencia y deferencia para articular y
ejemplificar la relación entre ciencia y filosofía (o entre los científicos y los filósofos). Para ello puede
ser útil fijarnos en la relación que algunos filósofos contemporáneos mantienen con las ciencias. El
autodenominado cientificista Mario Bunge es el caso aparentemente más radical acerca de los
principios para evaluar filosofías. Para Bunge, cualquier tipo de idealismo ha de ser rechazado sobre
la base de que no solo violaría las leyes consideradas como meros enunciados nomológicos y
nomopragmáticos, sino que apuntaría también contra las leyes en el primero de los sentidos -esto es,
como leyes naturales.

Daniel Dennett mantiene un punto de vista algo más moderado sobre cuestiones similares. Dennett
(2007) cree que e=mc y, sin embargo, apunta que apenas un grupo muy reducido de las personas que
aceptan dicha ecuación como una verdad fundamental de la física, son también quienes la entienden
por completo; "por fortuna, el resto de nosotros no tenemos que hacerlo; tenemos físicos expertos en
los que hemos delegado amablemente la responsabilidad de entender la fórmula" (p.202). No obstante,
Dennett acude a las conferencias de Feynman para mostrarnos cómo ni siquiera los expertos
comprenden fórmulas que tomamos como verdades fundamentales de ciertas disciplinas. Feyman es
famoso, entre otras cosas, por frases como que "nadie entiende la mecánica cuántica", y en general por
mantener esa actitud en sus conferencias, como la citada por Dennett (2007), en la que le dice a su
audiencia: "verán, mis estudiantes de física tampoco lo entienden. Eso es porque ​yo no lo entiendo.
Nadie lo entiende. Éste es un problema que los físicos han aprendido a manejar".

Para Dennett, la diferencia más importante en la división de la labor doxástica que observamos en
ciencia y en religión, estriba en el sentido en que sería verdad que al menos alguien entiende aquello
que yo no comprendo completamente. La comprensión incompleta que tienen los científicos de
conceptos, teorías, leyes, etc. de su propio campo no implica una total incomprensión ni, mucho
menos, conlleva que nuestra deferencia fracase. A decir verdad, "los expertos sí entienden los
métodos que utilizan -no entienden absolutamente todo sobre ellos, pero sí lo suficiente como para
explicarse, no sólo entre sí sino también a sí mismos, por qué producen resultados tan
impresionantemente acertados-. Sólo porque confío en que los expertos realmente entienden las
fórmulas es que puedo honesta y desvergonzadamente, cederles la responsabilidad de precisar dichas
proposiciones (y, por lo tanto, de entenderlas)" (Dennett, 2007, p.263). Algo distinto ocurre con
"Dios" y muchos otros asuntos metafísicos, que por definición nadie comprende.

Podemos ilustrar este último punto con el caso del filósofo Carlos Ulises Moulines. En una ocasión le
preguntaron, con asombro, cómo es que alguien como él podía no ser materialista. Moulines (1997)
decidió poner en orden sus ideas y publicar su respuesta -que comienza así: “si se cree que el
materialismo es una doctrina clara, es porque afirma que sólo existe la materia y porque se supone que
todo el mundo sabe lo que es la materia. Pero este supuesto es falso. Nadie ​sabe hoy día a ciencia
cierta lo que es la materia. (Otra cuestión es la de que muchos ​crean saberlo.) Tampoco lo saben los
físicos de partículas, los especialistas a quienes el resto de los mortales deberíamos preguntar qué es la
materia. Ciertamente, si se les hacen preguntas ontológicas de este tipo, algunos físicos (los más
osados) darán ciertas respuestas esotéricas acerca de ‘ondas de probabilidad’ o de ‘puntos de
singularidad del espacio-tiempo’, o algo por el estilo. Se trata de respuestas que la mayoría de las
personas que se auto titulan materialistas no entienden; por lo demás, tales respuestas cambian de
sentido cada cinco o diez años, y en ellas ni siquiera los propios especialistas están de acuerdo” (p.25).
Esto se debe a que en las cimas de la abstracción hay expertos en muchas cosas, pero ninguno de ellos
es – ni se declararía a sí mismo como – ​experto de lo abstracto​. La ascendencia semántica nos resta
competencia epistémica. Por eso mismo es que, por ejemplo, alguien como Douglas Hofstadter
(2008), solo ​en cierto modo o ​en cierto sentido,​ se presentaría como un especialista. Si se viera
obligado a hacerlo, la descripción más apropiada sería -en sus propias palabras- “especialista en
pensar sobre el pensamiento” (p.18), pero entonces – como él mismo advierte – ya no sería un
especialista en el sentido habitual del término.​

4. Con base en lo anterior, sugiero que el deferencialismo ha de ser un principio plausible para
muchos pero no todos los conceptos de las ciencias y que es imperativo para las leyes científicas. Mas
-junto a Daly y Liggins (2011), aunque por razones distintas, como ya hemos visto- rechazo el
deferencialismo tanto al nivel de los conceptos de significación más abstracta y estado público más
polémico, así como lo rechazo hacia concepciones meta-metateóricas y trascendentales (perspectivas
epistemológicas, ontológicas y éticas). Bajo estos preceptos, creo que Mario Bunge no se equivoca al
rechazar toda filosofía de la mente que contradiga la conservación de la energía. Estas consideraciones
(acerca de la deferencia semántica o epistémica, el deferencialismo, el lenguaje científico, los
compromisos ontológicos, etc.) en última instancia se deslizan hacia la meta filosofía, pues sugieren
una forma general de filosofar. Los casos brevemente abordados nos permiten diferenciar entre la
implicación y el compromiso que puede haber al aceptar la ciencia. A un nivel teórico, aceptar los
enunciados nomológicos de Newton ​implica aceptar los enunciados nomopragmáticos de Galileo,
pero no conlleva al ​compromiso con la metafísica newtoniana (de las leyes de dios) ni con la galileana
(de la naturaleza como un libro escrito en matemáticas). Si esto es así, entonces hay una distinción
todavía más importante en el plano meta filosófico. La investigación filosófica y sus resultados han de
estar ​informados por la ciencia, esto es, ha de deferir al nivel de las leyes y de algunos conceptos de
las ciencias; y ha ser ​compatible/consistente con el conocimiento científico, es decir, con todo lo que
implica​ lógicamente, pero no con todo con lo que un científico u otro se ​compromete​ metafísicamente.

Referencias

Bunge, M. (2001). ​La ciencia, su método y su filosofía.​ Argentina: Editorial Sudameticana.

Daly, C., & Liggins, D. (2011). Deferentialism. ​Philosophical Studies,​ ​156(​ 3), 321-337.

Dennett, D. (2007). La creencia en la creencia. En ​Romper el hechizo. La religión como fenómeno


natural​ (pp.241-290). Madrid: Katz.

Frege, G. (1998). ​Ensayos de semántica y filosofía de la lógica. ​España: Tecnos.

Hofstadter, D. (2008). ​Yo soy un extraño bucle.​ Barcelona: Tusquets.

Moulines, C. U. (1997). ¿Por qué no soy materialista? ​Crítica,​ ​9(​ 26), 25-36

Popper, K. (1967). Conocimiento: subjetivo contra objetivo. En Miller, D. (comp.). (1995). ​Popper:
escritos selectos (​ pp.61-82). México: FCE.

Russell, B. (1983). ​El conocimiento humano.​ España: Orbis.

Thuns, A. (inédito). Lexicalizing semantic deference. [La versión más reciente del manuscrito es del
año 2017 y puede encontrarse en el blog del autor ​https://antoninthuns.wordpress.com/​]

Wikforss, Å. (2017). Incomplete understanding of concepts.